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•
Aflo X

- - - - - - -.- BARCELONA

21

DE DICIEMBRE DE

1891

EPILOGO, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de la Excma. Diputación provincial de Barcelona

NÚM.

521

�LA

802

SUMARIO

•

1

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 521

y el ya citado de Pradilla, recuerdo además E l te, con sinceridad y aplomo, franca y simplemente

, • R I'bera, por J . y xar.
t - El 1r.ant asma, por entierro
de San Sebastián, lde Ferrán;
de' preocupada
de ·la verdad, que no excluía,
T ext o. - R 0111"n
·
, ¡·
• ¡ Los
Ed orígenes
·t d l
·
' sin embarF M. Godino.-La duda/atal, por E. G. Ladevese. - Cró- la repub tea romana, de P asenc1a; a
ucactun e go, la viveza, m tampoco cierta otra elegancia pecunica de arte, por R. Bals:1 de la Vega. - La tela del padre, por príncipe D . fuan, de Martínez Cu be lis ... O el dile- liarísima que luego había de acentuarse en las ulteA.

González Ruano. - Noticias - Libros recibidos.

tantismo de los coloristas ó la declamación de los riores obras del ()intor. E l cafl cantante y El cofl ambu-

Grabad?8·
-Epílogo; Tam/,or flamenco; Descanso de_l mude- pensionados. Alguien llamó á F'ortuny el «Marivaux /ante se han reproducido mucho en grabado, yen ellos
lo; ilfilszca clásica¡ La vispera de la fiesta; Una pa,-tzda com.
.
,

prometida; Coup d' a:il; Percances del carnaval; La visita; de la pintura.)) Pues bien: allí no hab1a más que puede verse con su excelente dibujo, la naturalidad y
Demanda de hoJpitalidad; Sa!tda de tm baile, cuadros de don Marivaux ... y Echegaray.
expresión de las figuras y el carácter del conjunto;

Román Ribera_.-Sietedibujos d;l álbum d_e d(choartista. En el.reducido entrepaño que dejaban vacío uno pero lo que en los grabados no se ve es la propia
D .. Román Rzbe,-~ (d~ lotografia). - Meditación, apunte a.J y otro figuraba una nota nueva original. Allí había manera de pintar del autor, su maestría, su vigor y el
lápiz por D. Roman Ribera.
.
.
'
,
colocado Ribera sus tres cuadros, El caft a111bu- equilibrio y reposo de su pintura. Se revelaba perfeclante, El café cantante y La vendedora de gallinas. No ta menté• allí todo un artista sincero y convencido,
ROMÁN RIBERA
eran los primeros que pintaba en París (donde se de robusto temperamento y du~ño por completo
había establecido pocos meses antes, recién llegado de su arte.
Conocí á Ribera en París, durante la Exposición de Roma); pero fueron sí los que atrajeron definitiHe dicho que á Ribera no le era necesaria aquella
del 78. ¡Cuánto ha cambiado el criterio artístico vamente los elogios y la atención de la crítica sobre ' exhibición para darse á conocer entre los más famodesde entonces! Con esto no disos amateurs. Ya en Roma, Gougo que no existieran, ya en gerpil menudeaba los encargos: en
men, ya en estado de madurez,
cuanto tuvo el pintor en París,
todas y cada una de las escuelas
acaparó cuanto producía. Alejaque hoy privan, el japonismo ó el
do el artista del tumulto y los
paroxismo inclusive; pero ni toreclamos ruidosos, su vida era la
das habían obtenido sanción ofide tantos pintores parisienses,
cial ni el- público· les concedía
consagrados á un incesante y
igual atención. No era todavía el
regular trabajo de benedictinos,
público quien admirase en el Sapara quienes la fascinadora ciulón del mismo año á Bastien Ledad de los bulevares no es sino
page, ni en las secciones de pinun vastísimo convento, y el taller
tura de la Exposición Universal
de antaño con sus orgías, masá Israels, á Menzel, á los paisacaradas y guitarreo, una celda
jistas y pintores de escenas íntiapaci.ble, cerrada á los importumas, de Holanda, Inglaterra y
nos á piedra y lodo. Ni ruido,
Suecia. Entre los de Francia estani interrupciones, ni asalto de
ban en los mejores días de su reamigos intrusos que traen al esputación Laurent, Bretón y Bontudio el desorden y las tumulnat, que exhibía su célebre Cristuosas preocupaciones de fuera,
to; de los belgas eran los más fa.
y arrebatan á los artistas á su
mosos Wauters, Stevens y Deobra. La calle, el barrio entero
Vriendt; de los ingleses, Millais
son pacíficos, solitarios, melany Alma Tadema con sus arqueocólicos; largos muros de jardines
logías. La mayoría de los especparticulares ó de vastos edificios
tadores acudía á contemplar cuaextienden su dormida sombra
tro grandes cuadros: Las antorsobre la acera limpia, lustrosa,
chas vivas, de Seymiradsky; La
poco transitada. La casa es tranentrada de Carlos V, de Makart;
quila; los vecinos apenas se coel Mlíton, de Munkacsy, y .fuana
nocen ni se ven; el artista puede
la loca, de Pradilla. Este último
trabajar horas, días enteros, segucuadro triunfaba en la sección esro de sí mismo: dejar á la puerta
pañola á competencia con la intodas
sus preocupaciones, sus
completa colección de Fortuny,
amores, sus reyertas, sus diversioque ocupaba el testero. Tras el
nes, sus contratiempos; abrir en
deslumbramiento produci~o por
ellas
un paréntesis, levantar ó
el sol de Fortuny, polarizado y
cerrar
la exclusa de la corriente
derramado sobre la tela, subvirde
la
vida;
en una palabra, puetiendo - decían - todo principio
de
dejarse
llevar
por ella cuando
de unidad, la primera obra de Prale
acomoda
y
detenerla
cuando
dilla fomentó la esperanza de una
le
conviene.
Cuanto
le
atrae
está
reacción hacia la gran pintura,
lejos,
muy
lejos
de
allí;
en
otro
como resultado de la fundación
mundo ... ó al menos á la otra
de nuestra Academia en Roma.
parte del río. Sólo esta distancia
Apenas figuraban en la sala otros
es bastante para cambiar la exiscuadros que los de las dos opuestencia del artista, y no sólo favotas tendencias, pues el maestro
rece su trabajo, sino que le obliga
catalán no había perdido su presá
él. Su pereza, sus desmayos
tigio, ni se había apagado el rastro
carecen
de adulaciones y tentade luz chispeante y rutilante que
ciones. Para hacer una visita hay
brotó de sus pinceles. Particuque perderá veces un día entero:
larmente la crítica francesa se veía
trasladarse
á otro barrio, comer
obligada á combatir y admirar á
en otro restaurant, hacer cola
un tiempo á toda una pléyade de
aguardando un tranvía. Para
pintores españoles é italianos,
asistirá
una recepción ó á un esembriagados de colores y fascitreno, disponerse con horas de
nados por aquella luz cruda y
anticipación: gestionar los bille•
difusa. Todo se volvía entonces
tes unos días antes, revocar la
reprocharles que en sus obras preD, ROMÁN RIBERA (de fotografía de D. Juan Martí)
cita al modelo, introducir en la
dominaba el procedimiento sobre
labor el desorden .. . Lentamente,
la idea, y que derrochaban ·su
tales
acostumbran ·á la
energía creadora en la investigación microscópica de su autor. Recuerdo perfectamente la viva impresión soledad y fomentan con elobstáculos
cariño al estudio la tenacilos efectos lumínicos y luciendo una habilidad manual que causaban á todos, y por supuesto, más y mejor la dad de las vocaciones verdaderas. Hacen más: alejan
refinadísima y prodigiosa en la reproducción del que me causaron á mí. No podía darse mayor con- al artista de la perturbación maléfica de las disputas
matiz y del detalle. Su visión del color era una traste con el resco de las obras expuestas, ni el efecto de camarilla, y le sustraen á la d~letérea influencia
sobrexcitación enfermiza de la sensibilidad óptica; de una obra más propia y singular Ribera era 'allí el
del parecer ajeno, frívolo ó alevoso. Si este aislalocura, empeñarse en pintar al aire lihre el sol de único que echaba por su camino, reposada y serena- miento puede serle á la larga perjudicial, para obviar
verdad «sin escamotear un solo rayo;» borrachera, mente, sin preocuparse de nada ni de nadie El ineste inconveniente se .establecieron las reuniones
aquella exuberancia &lt;ie primores y matices. Aunque terior de un café cantante del día ó el espectáculo periódicas de literatos y artistas en día fijo, bolsa ó
no todos los émulos y amigos de Fortuny podían de una calle parisiense á las primeras horas de la
llamarse con justicia sus imitadores, los mismos tér- mañana, habían de resaltar forzosamente entre la mercado de ideas y de impresiones, donde hallar la
minos se aplicaban, con más ó ¡nenos restricciones muerte de un Pizarro ó la elegante silueta de una c?ti~ación del día y una acogida retenida y culta que,
· y;variantes, á las marinas venecianas de Rico, á la Pierre/te. Era aquel el realismo urbano de la vida s1 disfraza las mismas flaquezas y rencores de todas
Salida del baile, de Madrazo; al Taller, de Casanova; contemporánea, pero de la vida contemporánea y partes, las templa y suaviza con la forma exterior
á Jiménez Aranda, y hasta á la Aventura del Quijote, parisiense entr~ burgueses y obreros. El mismo que acaba siempre por modificar el fondo. La caren'.
de Moreno Carbonero. Lo repito: no había más que contraste que en el asunto existía en la pintura, equi- cia del roce continuo y vulgar en la misma carne
frescos y brillantes fragmentos de colorista en pleno distante de los tonos agrios y severos de la triste y viva - grave molestia de los círculos pequeños - hace
menos acre y envenenada la lucha, y por tanto suele
sol, orgías de blanco y rosa, son'oridades inusitadas sangrienta historia y los matices tornasolados de un ser
más digna y soportable.
.
hasta entonces, ó trágicos y sombríos cuadros de I forro de seda. Ni sobrexcitaciones de la visión, ni
Estas
condiciones
de
vida,
no
sólo eran las más
historia,' legado de Rosales, Con la Lucrecia de éste tumulto de tonos: una pintura construída sólidamen·
convenientes á un pintor como Ribera, sino las más

NúMERO 52 I

LA I LUSTRACIÓN

adecuadas y conformes con su carácter y sus aficiones, con sus gustos
selectos en toda suerte de artes,
además de la pintura. En tal aislamiento se afirmaron sus convicciones, se depuró su criterio artístico;
á él debió sus rápidos progresos. Su
laboriosidad era la de cuantos han
sobresalido; su trabajo, incesante.
Todavía buscaba sus asuntos en los
cuadros de la vida actual: los grupos de obreros parisienses, el tipo
del égoutier, reproducido en tablitas
primorosas con extraordinario carácter, ó los accidentes y episodios de
la calle: el pierrot beodo, tendido
en la acera, rodeado del guardia y
el cochero, y -alguna de esas figurillas de niña adolescente, espigada
y agraciada, que suele colocar el
autor como una nota tierna y simpática junto á los hombronazos, groseros del pueblo de París. Pero sus
fruiciones de colorista le fueron atrayendo día tras día hacia otros asuntos menos triviales y que le ofrecieran ocasión de ejercitar los tonos
más exquisitos de su paleta. A la
vida y á la verdad se añadía otro
atractivo; la seducción y la exquisita
elegancia de la mujer parisiense y
de la misma modelo, con su peculiar
desenfado y aptitud para comunicar
á la moda del día una inexplica0le
gracia artística. La Salida del baile
es la obra maestra de Ribera, que
resume estas cualidades: distinción
singular aliada á una animación y
verdad superiores. Sus modelos,• sus
testas femeninas, de expresión tan
delicada y de facciones tan bellas,
tienen los mismos atractivos. En la
interpretación de la mujer contemporánea parisiense, Ribera tiene su
tipo peculiar que le distingue de todos los que forman la infinita serie

que va modernamente de Stevens á
los últimos caricaturistas. Los estudios femeninos de Ribera animan
con una gracia propiamente moderna, verdaderamente indefinible é indescriptible, porque no está en las
líneas, sino en el juego de la fisonomía, y no está sólo en éste en absoluto, sino en sus más pasajeras modificaciones, mezcla de picaresca ironía y de nativa bondad.
Tras estos tipos, ó alternando con
ellos, vinieron los bebedores, músic?s, soldados y palaciegos; los setecientos con sus golas de encaje, sus
anchos calzones, mangas acuchilladas y sombrero de fieltro. Esa indumentaria pintoresca y de tan varia
ca!idad, raso ó terciopelo, níveos enca3es y ante flexible; el mobiliario
de ~iglo xvn, los instrumentos músicos de maderas preciosas, los ja•
rros _esmaltados, las irisadas y quebradizas copas de Venecia, bañándose en la luz tamizada de los vidrios
de las ventanas; los cuerpos sanos y
robusto:, las cabezas enérgicas y características, eran los materiales más
propios para satisfacer las crecientes fruiciones de un diletante del
color, de un enamorado de una
pintura primorosa sin ser detallista
y sólida y brillante al propio tiempo'.

J.

YXART

~~

EL FANTASMA
( Co11clt1sió11)

TAMBOR FLAMENCO,

DESCANSO DEt MODELO,

".

ARTISTICA

cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Jorge de Maldá

cuadro de D. Román Ribera (de fotograrla de D. Juan Martí)

- ¿Pues entonces? ... interrumI&gt;_ió
D. Pedro.
- Es que eso fué anteanoche.
Pero anoche la gente que salía del
rosario de Nuestra Señora de Gracia
y todos los vendedores del mercado

�LA
de la Cebada vieron, ó mejor dicho, sintieron al
fantasma, porque no se hizo visible.
- ¿Pues entonces, repitió el indiano, cómo notaron su presencia?
- Por el ruido de una cadena que sonaba tan
pronto en el suelo, como en los balcones ó en los
aleros de los tejados. La gente estaba despavorida,
los cazadores de á caballo de la plaza cerraron su
cuartel, hasta que habiendo salido el cura párroco de

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

regalo algo extemporáneo estando en enero, Quizá
el joven supuso que su adorada hallábase tan sofocada como él, y con pretexto de la solemnidad del día
se le pasó casi todo en casa de su tío. Llegó la hora
de la comida, que fué alegre y sabrosa, especialmente para el joven de Arévalo; pues notoria es la satisfacción que produce el comer bien, sentado cabe la
novia. El párroco de San Pedro era un sacerdote
amable, que se expresaba muy bien, y el boticario
derrochó aquella noche un caudal de chistes y dicharachos. Con tales alicientes y con sentir tan próxima á su prima, Juan estaba encantado, y él y todos
los demás hicieron (con mod~ración) honor á los
buenos vinos con que les obsequió el indiano, así
como también á las clásicas natillas con bizcochos.¡
La hora del café no fué tan agradable para el joven
librepensador, porque se suscitó la eterna. cocversación del fantasma que la noche anterior había traído
alborotado el barrio. Algunos supusieron que el tal
aparecido era el alma de Godoy, príncipe de la Paz,
fallecido en Roma; suposición errónea á todas luces,
puesto que dicho personaje ha muerto hace unos
cuarenta años pobre y olvidado en París. Después de
comentar este rumor, los tertulianos de D. Pedro
comenzaron á hacer disquisiciones respecto á aparecidos y fantasmas, y muy especialmente el cura de San
1 Pedro, que era un pozo de ciencia en esta materia.
Según él, el flamante fantasma debía pertenecer
á la clase de mixtos, es decir, á los que aunque
espectros tienen algo de corpóreos, pues de no
haber sido así, no podría soportar el peso de la
cadena que llevaba. Juan, á pesar suyo y no
obstante la proximidad de su prima, iba prestando atención á estas disertaciones fantásticas.
Parecíale imposible que el buen sacerdote, que
demostraba tener muy buen juicio, y los demás,
que no le tenían huero, desbarrasen hasta el
punto de irse á las Batuecas. La creencia, como
la locura, son contagiosas, y había momentos
,') en que el joven librepensador pensaba en que
Voltaire y él podían estar equivocados. Tal vez

)

\:~

¿-- ,

~-;&gt;6Y~~-~
'
.

San Millán, hisopo en mano, cesó
~l rumor de la cadena y restable·
cióse la tranquilidad.
Juan, el librepensador de Arévalo, oía todas estas cosas silencioso de estupefacción,
hasta que porf1n, no pudiendo contenerse, se
permitió un ligero desahogo y dijo de pronto,
porque no se atrevió á protestar por completo, metiéndose en cosas más hondas:
- Vamos á ver, ¿hablan ustedes formal ·
mente ó se chancean?
- ¿Chanceamos de qué?, preguntó don
Jerónimo.
- Respecto al fantasma. ¿Creen ustedes
todas esas majaderías?
- ¿Cómo no creer, lo que se ve ó lo que
.se oye?, observó el indiano.
- La historia sagrada está llena de apa- 1
riciones, dijo el místico D. Jerónimo.
- Y además, reforió el boticario con leve
•acento socarrón, si no hubiera aparecidos, · ·
almas en pena, espectros y visiones, ¿de qué L, __ _
servirían los exorcismos que la iglesia recomienda en tales casos?
IIojas del álbum de D. Román Ribera
Juan iba á desbordarse, pero por un supremo esfuerzo de voluntad se contuvo, y
para mejor tragar la bilis fijóse mucho en los pie- los horrores de la digesti6n hacíanle vacilar en sus
cecitos de Inés, que pasado el susto del relato del convicciones.
fantasma seguía meciéndose.
Pero al salir á las once de la noche de casa de su
tío, el fresco nocturno devolvióle su fuerza de racioIV
cinio, y se dijo que sólo existía un fantasma muy
lindo, cuyas suaves manitas no arrastraban más caLlegó el día 2 r de enero y con él la fiesta onomásti- denas que las del amor. «¡Ah, Voltaire, !» pensaba el
ca de Inés, la bella americanita. Su padre, como es na- joven de .Arévalo, subiendo lentamente por el hoy
tura!, quiso celebrarla, invitando á comer á Juan y derripado pretil de Santisteban. «¡Hace más de cuademás amigos íntimos y contertulios, á los que agre- renta años que tú naciste, y aún se reproducen los
gó al cura párroco de la contigua iglesia de San Pe- fantasmas que barriste á escobazos!»
dro, el cual por la mañana había enviado á su joven
Pensando en su prima y en el filósofo francés
feligresa una preciosa medalla de la santa y un rosa- desembocó Juan en la calle del Almendro, que estario de filigrana. Aunque D. Pedro acostumbraba á ba obscura como boca de lobo, cuando sintió un leve
comer á las dos de la tarde, convínose en que el ruido que p~recfa provenir del pretil. Supuso que
banquete de aquel día se celebrara á las seis de la sería producido por algún transeunte, y siguió annoche, á fin de no perturbar en sus diurnas ocupa- dando.
ciones á los comensales. Juan regaló á su amada
Al torcer el recoveco que hace la susodicha calÍe
prima un abanico chinesco con varillaje de concha creyó oir una especie de alarido y detuvo el paso. '
y clavillos .de oro; lo cual á mi modo de ver fué un
Luego oyó como el ruido de una cadena que arras-

j

NúMERO 52 I

trase por el suelo, y retrocedió hacia el pretil para ver
si era seguido por alguien.
·
·
Miró y no vió nada ni 'Oyó ruido alguno.
Entonces prosiguió el camino que seguía, pensando en si aquellos rumores eran sólo imaginarios, ó
en si la excitación y los vinos
de la comida habíanle hecho
efecto.
La noche estaba obscurísima
y el cielo muy nublado. Juan, casi palpando las tinieblas, llegó á
la plaza de San Andrés, encáminándose hacia la de Puerta de
Moros.
No h:i.bía vuelto á oir nada,
,
y estaba tranquilo, aunque algo
nervioso; pero al pasar por frente á un a tienda de pastelería
(entonces cerrada por supuesto)
oyó en lo alto el ruido metálico que antes el había sorpren' dido, y que parecía sonar en la
muestra muy saliente de la pastelería.
Detúvose sobresaltado. La
cosa iba siendo grave: no había
medio de creer que aquel ruido era ilusorio.
Al fin era hombre, y un junio
temblaron los nervios del hombre,
v un punto temió, como ha di •
cho Espronceda.
Encendió un fósforo de cristal, que fueron los primitivos que se conocieron en este siglo de las luces, y
miró hacia lo alto, tratando de examinar la muestra;
pero desistió de su propósito porque una ráfaga de
aire apagó aquella imp·erfecta luminaria, y además
porque el ruido del hierro arrastrando sonaba hacia
la esquina de Puerta de Moros.
Ibansele poniendo á Juan los pelos de punta, y
comenzaba á sentir escalofríos.
Prosiguió andando, no me atreveré á asegurar que
con tambaleos.
Mientras desembocaba en la plaza de Puerta de
Moros, receloso y mirando hacia todas partes, ocurriósele una idea: él, á solas con D. Lesmes el boticario, había asomado la oreja de librepensador;
¿no podía ser aquello una chanza del farmacéutico,
que era muy bromista?
Al atravesar la plaza, dióse á sí propio la contestación, pues al entrarse pensativo en la calle del Humilladero, en vez de por la de las Tabernillas, que
era la suya, volvió á oir el ruido metálico sobre
una arca de agua monumental que hay á la entrada de la antedicha calle.
¿Cómo, pues, suponer, que un boticario viejo, de
ocho arroba~ de peso, podía encaramarse á aquellas
alturas?
No cabía duda: aquel incidente -era sobrenatural.
Admitido esto, era forzoso admitir por engranaje filosófico todo lo que negaba y escarnecían Voltaire y sus
s~cuaces.
Entonces bulló en la mente del joven de Arévalo la
levadura de su educación cristiana, y recordó con
respetuosa fruición los tiempos en que ayudaba á dos
ó tres misas diarias... ·
Continuó andando, y como no volviera á sentir rumor alguno, íbase reponiendo de su susto, pero al
llegar al fin de la calle de Luciente, por la que se
había metido para tomar la
de las Tabernillas, volvió á
oír el temeroso rumor sobre
la cornisa de la tapia de la
Escuela de los doctrinos.
Desde entonces el paso
de Juan fué casi de fuga.
Llegó á su casa, abrió la
puerta de la calle y luego
la de su cuarto; azarado y
trémulo encendió luz y dejóse caer en una silla.
Después que húbose serenado un tanto, se acostó,
y el calor y reposo de la
cama apaciguaron un tanto ·
la tensión de sus nervios.
Sin embargo, no podía dormirse, y su imaginación
combatida por mil ideas
opuestas era una jaula de
grillos. Por fin, el dios
Morfeo, 6 el dios de Voltaire, que venía en su
ayuda, comenzaba á cerrar sus ojos, cuando súbito
oyó ruido en su balcón, cuyas maderas estaban· entornadas. Parecía como que una mano impaciente
golpeaba los vidrios.

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NúMEKO 521

LA ILUSTKACJON ARTISTICA

61

fué aleándose en direccióa á la plaza de la ConcorLevantóse Juan despavorido y despeluzn~do, tom dí B~scaba un sitio solitario donde con~um~r el
una pistola que tenía sobre su cómoda, hizo un es- suª·remo sacrificio. Después de dejar á su izquierda
fuerzo supremo y abnó el balcón.
l fi d la calle el ppuente Real y antes de acercar~e á la Gran ~•za¡
En el balcón no había nadie, pero a n ': d d . se detuvo junto al parapeto, volviendo la espa a a
sonaba el ruido del p~voroso metal, acompana o e
un grito agudo, estndente, que de_ seguro
00 pertenecía a criatu-

f

ra humana ...
A la mañana siguiente levantóse el joven
de Arévalo más pálido
que un vampiro. N_o
quiso hablar con nadie
ni tomar chocolate. Se
vistió apresuradamente, fué á la iglesia de
San Pedro, buscó al
cura párroco, que aca·
baba de celebrar la misa, y pidióle ~ue le
oyera en confesión ...
Más tranquilo ya
con estos auxilios espirituales se trasladó á
casa de' su tío el indiano, en donde estaba
convidado á almorzar.
Halló abierta la
puerta de la calle, que
daba á una especie de
vestíbulo ó zaguán, entró en éste, y la primera persona con quie~
tropezó fué con su pnma Inés, en bata chinesca y zapatillas de
tafilete encarnado, que
le dijo:
_ ¿Sabes que se ha
escapado Míster Górriz?
-¿El mono?
_ Si, ha roto ,la argolla de la cadena. Esta mañana le hemos
echado de menos.
F. M.

apóstrof~, dirigido á Estela en voz alta para que lo
oy~i°puente de la Concordia _estaba desierto. Estela
penetró por él. Sólo á larga d1stanc1a, al pie del palacio Borbón, movíanse dos -ne~ras soámbras. Mduó
la Joven
su a1re edor: no había nadie.
Después miró al cielo,
bañado ya en la naciente luz del día. Luego se
llevó la mano á la fren te como para detener
en 'su fuga á la razón,
que se le escapaba. Por
fin . se subió sobre la
balaustrada de piedra,
y con la mirad~ de~••·
necida en el infinito,
mientras se marcaba
en su pálido rostro una
expresión de angustia
sublime, se arrojó al
Sena, que re apresuró
á recoger en sus turbias
aguas á aquella arrogante hermosura, cuya
codiciada posesión tantos galanes hubieran
envidiado al caudaloso rio. Avaro éste de
su tesoro1 ó temiendo
quizás que alguno se
lo disputara, lo ocultó
en su seno instantáneamente, haciéndolo des•.
. aparecer bajo sus heladas caricias.
En aquel momento
asomó su proa por en• . tre los pilares del puente un vapor que salía
para el mar. Junto al

vapor, que aún avan_zaba con lentitud, iba
una chalupa ayudando
á la maniobra. El hombre que dentro de la
chalupa seguía al barco sintió caer algo en
el Sena; fijó su aten·
ción en el sitio donde
la caída se produjo,
guiado por los clrculos
que formaba en la superficie el agua removida, y no tardó en
ver flotar á pocas brazas de la chalupa un
vestido de mujer.
Los marineros del
Sena son diestros como
nadie en esta clase de
salvamentos, y Estela
fué extraída del rfo con
prontitud en cuanto
volvió á flor de agua.
una vez á bordo del
vapor, observóse que
aún vivía y se la instaló en el camarote del
capitán.
Tornó el capitán á
su tarea y confiósele el
cuidado de la joven á
un pasajero que viajaba gratis por especial
favor, un hombre onginal y extraño, medio

GODINO

LA DUDA FATAL
SEGU NDA PARTE

ºª

LA CADENA INYlSlBLE (1)

Apenas la infeliz E_stela se vió sola, ba¡o
el peso cruel _d_e la
ignominia, martm~da
el alma por la verguenza y el dolor, llena de
espanto y pers_eguida
por las 111 ás trá~cas VI·
siones, convertidos todos sus sueños de amor
y de ventura en ~na
especie de pesadilla
horrorosa, de cuya realidad no cabía duda de
ningún género, decidió
poner fin á aquel tormento superior á sus
fuerzas poniendo fin á
.
su vida, y huyó dejand O de o Román Ribera 1 grabado por Sadurni
LA v(SPERA DE LA FIESTA, coa ,
.
do á su espalda la algazara y el ruido á la
. .
ó
ebria muchedumbre. En carrera verttgmosa cruz_ .ardín de las Tullerías para observar si era vista por sabio y medio poeta, y en su doble ca_lidad dos veces
~l uien. Al volverse, vió á su l~do á un hombre que pobre que no habiendo logrado descifrar el problecalles y plazas, atravesó los bulevares /sfué
mándose rápidamente á los mue)les de henb~- rr:1ar- h;bía ido siguiéndola y en quien ella, en su locura, ma d~ la vida iba á encerrarse en la soledad, entre
no había reparado. Era un hombre ~legantemente las olas, en u~o de esos faros aislados que se alzan
una vez en su hermano, cuya ex1stenc1a a ia a
pu- sobre una peña.
t1'do que, al mirarla de cerca condmflamadas
r·
ves
..
gad• para siempre con la relajón
t~n;~: .; :~~
1
pilas
y
cogiéndola
de
un
brazo,
e
,¡o
con
voz
ar1
Llamál,ase J enaro; tenía treinta añ?s ya _cump i;
tremendos infortunios, y se figur vo ver
dos: En sus ojos había cierta fiereza mdórruta m_ezlos brazos abiertos al ir en ellos á estrecharla; pero diente:
.
· 1
_ ·Hermosa mujer! ¡Vas á venirte conmigo.
clada á una inocencia infantil. Era morena su tez y
esta visión fugitiva pasó como un rel~m¡agop:~;:~
~ joven lanzó un gtito, se des~sió de las manos su barba negra é inculta.
el huracán que sacudía sus atrope a os
ue la sujetaban y corrió despavorida.
.
Desde que Estela fué recogida á bordo, J en aro,
mientas...
ó
1 puente q Cuando llegaba Estela á 1~ plaza de la Concordia
que parecía babor hecho estudios especiales ~obre el
Llegó al maelle del Louvre, acere se a í
ba por allf un carro que iba á los mercados Cen- caso de que se trataba, dirigió todas las ~ed1d~s qt~
Nuevo Por el muelle y por el puente haba tra~ptrasla
de la deses- se tomaron para devolver á la joven la ex1stenc1a.
seunte; que pasaban y guardias vigilantes e~ ~d~r~ a es. El carretero distinguió ellrostro
óh'd
perada
á
la
_
luz
de
un
farol,
y
exc
am
'
ac1en
o res- mismo la colocó en la postura que más convenía; enla del río. Clareaba ya la luz de la a_u:ora a
tallar
su
látigo:
.
.
.
1
del
Sena
un
leve
reflejo
cemc1ento.
Estela
cendió un fuego muy vivo junto al cuerpo de 1~ aholas aguas
_ iHe ahí una que se ha divertido demasiado ~ gada y aplicó todo el procedimiento que la c1enc1a
que vuelve tarlle á su _casa! ¡Para ellas es el mundo. prescribe.
·
.
Véase LA ILUSTRACIÓN ARTlSTICA _n~ms. 501 y 502,
y el carretero añadió á estas palabras un obsceno
Al pasar el vapor por Mantes, al pie de la gran,
(11
d'enles
á los días 3 y 10 de agosto ultimo.
correspon
1

ªt:º:~

te

NúMERO 52 I

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

diosa alameda, Estela abrió sus ojos en soñadora
actitud sin fijarse en Jenaro. Aunque fué aquella
una mirada vaga é indecisa, J enaro quedó en ella
absorto contemplando la hermosura de aquellos
grandes' ojos negros. Lanzó Estela un suspiro, cerró
de nuevo sus párpado~, y J en aro, viendo que nadie
más estaba en el camarote, besó aquellos ojos, apretando bien las frías manos de Estela para provocar
una reacción salvadora.
Antes de que el vapor llegase á Rouen los ojos

de la triste realidad. J enaro se esforzó de tal manera por ir borrando todas las huellas del pasado en
su mente, que al dejar atrás el rfo iba ya Estela creyendo en una vida nueva y en la vanidad de aquella
siniestra fantasmagoría de la que aún se figuraba
sentir en su espíritu la carga abrumadora.
Deseando el capitán del vapor instalarse á sus
anchas en el camarote, y hallándose ya Estela fuera
de cuidado disponíase á hacerla desembarcar en el
primer pue;to por donde pasase; mas J enaró supli-

UNA PARTIDA COMPROMETIDA,

807
estos cuadros grandiosos de la Naturaleza regocijada
y radiante de hermosura, las miserias de nuestr_a
vida se achican de tal manera que apenas las percibimos.
·
- Pero ¿qué es esto?, exclamó Estela con asombro, mirando extasiada en torno suyo. ¡Estoy en
medio del mar!
Luego clavando en Jenaro sus ojos, le interrogó:
- ¿Y ~os quién sois? ¡Por qué estoy aquí? ¿Por
qué os halláis á mi lado? ¡Explicádmelo todo!

cuadro de 0. Román Ribera, propiedad de D. Manuel de Camps

de Estela volvieron á abrirse y de sus labios salieron có al capitán que le dejara llevarse consigo á Esdébilmente estas palabras:
tela para tenerla en su compañía en el islote deEstela estaba bellísima en su marmórea palidez.
- ¿Es un sueño?
sierto.
Jenaro, esclavo ya de los encantos de la joven y
_ ¡Sí!, contestó Jenaro con ansiedad. ¡ Es un
Estuvo tan persuasivo, hfzole con tanta elocuencia embriagado por el deleite que la contemplación de
sueño!
, ver cuán conveniente sería un .cambio completo de aquella belleza peregrina vertía en su alma, dijo á su
Entonces la joven miró á su compañero y su fiso- vida para aquella desesperada, le convenció hasta hermosa y ya amada compañera:
J1omía ·comenzó á animarse.
tal punto de la neéesidad de seguir con ella un tra- · - Esto que veis es la dicha. Un rayo de sol, la
- Pero ¿es un sueño que estoy viva ó ha sido un !amiento especial que nadie mejor que él podría libertad, el amor y un horizonte inmenso ... De eso
sueño cuanto por mi ha pasado?
aplicarle, que el capitán cedió al fin. Además, el vie- se compone la dicha humana. ¡Mirad! El sol derra- Todo cuanto creéis haber sufrido ha sido un jo lobo marino temía las enojosas y múltiples forma- ma torrentes de luz sobre nuestras cabezas; aquf sosueño únicamente, murmuró Jenaro al oído de Es- lidades á que tan aficionados son los hombres de mos libres, tan libres que jamás sobre esta isla se
tela, comprendiendo cuán delica_d~ y crítica era la . tierra; y como, por no detener su marcha al salir de proyectó la sombra de un rey, de un juez ni de un
situación. Ahora es cuando no sonáis; todo lo demás París, había infringido los reglamentos continuando verdugo; es tan poro nuestro amor que nunca podrá
fué sólo una pesadilla de la que no hay que volverá á bordo con la joven extraída del rfo, quiso evitar empañarlo ni la más ligera -nube; ni el vil interés ni
. acordarse ya nunca.
declaraciones y trámites y accedió á la pretensión los celos llegan hasta aquf; sólo el cielo y el mar son
-¿Es verdad lo que me decís?
de Jenaro.
testigos de nuestra ventura; volved en torno la vista:
- ¡Cuanto os digo es verdad! Ahora ~s cuando
Al ir el vapor aproximándose á la aislada roca de nuestro horizonte ·no tiene límites; la creación preempieza vuestra vida. Hasta ahora habéis sido es- cuyo faro iba, el extraño pasajero á ser el guardián, senta á nuestros ojos sus mayores magnificencias y
clava de un prolongadísimo letargo.
compuso éste á la joven una bebida que la sumió en el infinito nos descubte sus más indescifrables mis- ¿Y dónde estoy?, exclamó Estela incorporán- profundo sueño, y dormida desembarcaron á Estela terios.
d
Al escuchar maravillada este lenguaje, Estela miró
enb el solitario islote,
desded el cual la costa
se diviose.
. '
f
1·
Su fatiga era extrema, y la joven volvió á desplo- sa a como una ranja ver e, á la que os arenales á Jenaro con viva atención, observando los rasgos
marse rendida sobre.ti lecho en que reposaba.
formaban un festón de oro sobre la nfvea espuma de su fisonomía expresiva y original. Comprendió la
- ¡Vamos! No os agitéis. Procurad ahora 'dormir de las olas.
sínceridad profunda con que aquel hombre babia
algunos momentos. Os conviene descansar. ¡Sobre
Estela se despertó sobre el faro blanquísimo. El hablado. Sus teorías sobre la dicha humana hallaron
todo, que vuestra imaginación no trabaje!
mar estaba en calma y brillaba el sol entre las dos eco en. su corazón. Se dió cuenta del sentimiento
y al decirle -esto Jenaro colocó á Estela en una azules inmensidades, la inm~nsidad oceánica y la in- que en el alma de Jenaro habla hecho y, al cabo,
posición que le impidiese _ver el río.
mensidad celeste. El vapor que iba alejándose deja- .pudo éste un día proclamarse dichoso, viendo á EsLa joven volvió á dormirse.
ba á ~u popa un prolongado su¡co que poco á poco tela suya y feliz, subyugada por el encanto que para
Pasaron muchas horas. Cada vez que Este!• se se borraba en la líquida superficie. Una bandada de ella tenía aquella vida nueva.
despertaba Jenaro prodigábale cuantas atenciones gaviotas cerniase alrededor del faro, lanzando esos
Pas3ron las horas, los días, las semanas y los mesu estado ~xigfa. Aunque ignoraba por completo las alegres chillidos con que las palomas del marcele- ses en verdadera fascinación. Cuando llegó el buen
causas que la impulsaron á tomar la resolución fatal bran sus fiestas, Diríase que, contentas, saludaban tiempo, una golondrina fué á colgar su nido en le
más alto de la torre.
del suicidio, era evidente que ~quella _desgracia~• á Estela por su venida.
habla sido azote de extraordinarias desdichas. Vema
Jenaro había querido que ,il abrir Estela sus ojos
Ni una sola vez Jenaro quiso preg•ntar á Estela
á ser un acto humanitario apartar su pensan¡1ento viese aquel admirable espectáculo. En medio de !e que la indujo á suicidarse. Ni una sola.vez se atrevió á hablarle de las causas que la decidieron á Jan-

�COUP D.' CEIL, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Isidoro Llovet
(De fotografia de Juan Marti.)

PERCANCES DEL CARNAVAL, cuadro de D, Román Ribera, propiedad ele D. Adolfo $014

�8JO

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 521

LA

NúMEkO 521

zarse al río ni de nada siquiera que pudiera evocar
Dos ó tres veces Jenaro evitó, invocando diver- doselos oir á su amada, ¿no la sacaría del sueño en
el pasado en su memoria.
sas razones, que visitasen el faro algunos bañistas que se deslizaba su existencia y la haría sentir la
Sin embargo, una tarde, mientras Estela al pie del que paseando en sus botes llegaban del puerto vecifaro regaba unas flores y él en la altura miraba ha- no. Varios de entre ellos hablan insistido con singu ·
cia la costa, pensó que en aquella tierra que estaba lar tenacidad en que se les permitiera la visita. Mas
viendo, Estela había vivido, y había sido hermosa, y Jenaro se mantuvo inflexible.
había sido amada, y .. . ¡quién sabe! ¡qu izás había
U na tarde creyó sentir voces del lado (je tierra. Vió
amado!... ¡Oh! ¿Existiría sobre el mundo algún hombre
que hubiera poseldo el amor
de Estela?.. . Jen aro al pensar

en ello se estremecía. Siendo
tantos los que en el mundo

corren tras de 1a dicha, era
diíícil que alguno de ellos no
hubiera pasado junto á Estela
y difícil también que deje á la
dicha huir el que logra encontrarla en su camino ... Y si
existía sobre la tierra alguno
á quien Estela había enrique-

cido con su amor ... ¿quién era
aquel hombre? ¿Cómo se llamaba? ¿Dónde vivfa? eLe había
amado Estela más de lo que le
amaba á él? ¿Cuál era el pa·
sado de aquella mujer encantadora que á sus brazos llevó
un simple capricho del azar?
¿Cuál era el secreto que se
ocultaba en aquella ignorada

existencia?
J en aro, que con un afán tan

constante se esforzaba por impedir que Estela volviera al
pasado la vista, empezaba él
mismo á sentir la atracción
del insondable misterio. Era
su dicha tan grande, que comenzó á dudar de ella.
- ¿Seré realmente tan feliz
como me creo?, se preguntaba.
¿Quién es esta mujer? ¿De
dónde viene?
En aquel instante miró bacía abajo y la vió en gallarda

apostura, siguiendo con sus
ojos el vuelo de las gaviotas y
recibiendo el beso de las olas,
que en rizos de espuma que-

rían cercarla.
Entonces Jénaro dióse prisa á alejar de su mente las ne ·
gras ideas que lo asaltaban;
descendió del faro, corrió don·
de Estela y, cautivo de sus
seductores encantos, sintióse
en plena felicidad.
Era ya la época del estío y
aquellos dorados arenales que
en la costa se distinguían pob!ábanse de parisienses y de
forasteros llegados de las grandes ciudades más próximas.
Algunos botecillos de recreo
iban hasta el faro en las tardes

serenas, lo que animaba un
poco la vida ordinaria del islote, pues hasta que principió el
verano sólo se acercaba .á
aquella roca un pequeño batel
que cada dos ó tres días llevaba á J enaro y á Estela sus

iLUSTkACIÓN ART!STICA

periódico El Liberal, siguió el concurso último, de cuyo resultado hemos dado cuenta á los lectores de
LA ILUSTRACtÓN ARTÍSTICA. Cuan·
do todo parecfa normalizado, un
incidente viene á poner de relieve la
necesidad de rehacer por completo
el reglamento de la Academia, para

realidad de un pasado lleno de tormentos crueles?
¿No serla peligroso hasta para la vida misma de la
joven un despertar brusco que disipase el encanto
de la ilusión que la hada dichosa?
Mas ¿cómo aquellos jóvenes que iban en el bote
la conocían? ¿Y quién era Gaultjer, por quien le preguntaban?

anverso y reverso. Se compone de dos episodios medianlsimamente ejecutados del viaje primero de Co•
Ión á América, y que lo mismo servirían para bajos
relieves -cuadrados y aislados, que para otra cosa
cualquiera.
· Como se ve, estos son defectos de fu □ d!mento.
La medalla debía sintetizar una idea, y esta idea no
existe; la medalla debía tener reverso y anverso y no
ción ordinaria y por un solo voto, los tiene. Es decir, que no tendremos medalla, tal y
el Sr. Suñol logró que se le adjudi- como se entiende la medalla de este género.
casen los dos esfinges, habiendo decidido dich_o acuerdo los votos de
el de que voy á ocuparme.
El Jurado, nombrado del seno .de
la corporación consultiva á que vengo refiriéndome, propuso al escultor
académico Suñol para que ejecutase
un esfinge y al Sr. Moratilla para
el otro, con arreglo á las observado,
nes del dictamen técnico. En vota-

el hombre á quien Estela habla
hecho feliz con su amor! Aquellos jóvenes, quizás, eran pari·
sienses que habían con Estela
reído y gozado y sahlan de ella
lo que Jenaro ignoraba.
A la tarde siguiente otro bo. teci!lo fué aproximándose, y al
pasar junto á la peña de la
ligera embarcación sa_lieron

los mismos gritos: ¡Resigna•
ciónl t Y Gaullie,1 Las impre•

"El gran acontecimiento de estos días, y el cual obscureció el éxito de Concha Castañeda, fué el articulo de mi compañero Mariano de Cavia, llamando_ la
atención de los poderes públicos respecto de la m-

siones dé la noche pasada sacudiéronle á Jenaro con mayor fuerza, y una terrible sospecha surgió en su espíritu:

minencia de un incendio que destruyese nuestro Mu•

¿sería Estela una de esas mu-

seo de pinturas. La emoción producida en Madrid
aquella mañana y después en toda España y Europa,
aún hoy la reflejan periódicoscomoI/ Seco/o, L, Temps,
The Daily Chronic/e, etc. En esta corte no se habló
de polftica, del nuevo ministerio, de nada absolutamente más que del famoso articulo. En el salón de

jeres de desastrosa vida que

en París tanto abundan, sumidas en el fango de los place res y hábiles en engañar y en
fingir, y reducirfase aquel sueño de felicidad en que parecía
encantada á una simple fic-

conferencias la nota saliente era el incendio supues•
to, su trascendencia y las medidas que _debla tomar
el ministro de Fomento. Yo, que he tenido el honor
de hablar varias veces aquellos días con el Sr. Linares Rivas, á propósito de la cuestión palpitante, puedo
afirmar que el nuevo ministro agradeció en lo que
valfa el aviso, llegando su galanterfa conmigo hasta

ción, á una vana mentira? Je ·
naro, no pudiendo resistir al

man á alguno!
J enaro guardó silencio; Estela puso grande atención,
queriendo oir lo que gritaban ...
Pero llevábase el viento las
voces que del botecillo sa-lfan .. . Por fin, una ráfaga las ·
hizo llegar á los oldos de Estela y ésta oyó claramente:
-¡Rmgnación! t Y Gau,hú1
La pobre estela, al oir aquello, se figuró que soñaba. Luego, convulsa, apretándose los

ojos con las manos, cerrándolos y abriéndolos con agitación febril, como quien despierta de un penoso y largo
sueño y aún no está seguro
· de haber salido de él completamente, llevó á cabo un

esfuerzo decisivo, dió un grito
desgarrador y, rompiendo á

reir en ruidosas carcajadas,
exclamó de una manera inco·

herente, dándose golpes contra las paredes del cuarto:
provisiones.
- ¡Pobre loca! ... ¿Y tú creías
Creyó Jenaro advertir que
que lo pasado era un sueño? .. .
muchos de los jóvenes alegres
LA VISITA, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Federico Marcet
¡Ja! ¡ja! ¡ja!. .. ¡Qué ha de ser
que, remando y cantando, sosueño! ¡Pues no eras poco amHan pasar junto á la peña, mibiciosa! ¡Ser feliz!. .. ¡Gaultier!
raban á Estela con esp_ecial curiosidad siempre que á pocas brazas del islote un botecillo que pasaba. ¡Samsón! ¡Los reyes de Etruria! ¡La guillotina! ¡Mi
al pie del faro la velan, ó buscábanla dirigiendo Patecióle á Jenaro que los que iban en él llamaban hermano! ¡El Sena! ¡Jenaro!... ¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¿Todo versus anteojos de mar hacia la venfana de la joven á alguno y escuchó atento. No tardó en· percibir este dad ó todo mentira? ¿Estoy viva 6 muerta? ¡Ja! ¡ja! ¡ja!
cuando se hallaba ésta dentro del faro. Con un grito que del bote salfa: ¡Resignación/ Después oyó
Jenaro, lleno de terror, corrió hacia Estela, gripretexto fútil cambió la habitación de Estela, que gritar: t Y Gaullier1
tando:
. se abría hacia la costa, por otra que miraba al ili·
¿Qué quería decir aquello? Jenaro se perdla en
- ¿Qué es lo que he hecho?
mitado horizonte. Además el faro, que era de có- las más hondas confusiones. Como Estela se hallaba
Fué á abrazarla, mas ella lo rechazó enérgicamenmodo acceso por el lado ·que hacia la costa caía, ha- en aquel momento en su habitación, del lado que te, diciéndole:
llábase defendido mirando á alta mar por una larga cae á alta mar, no llegaron á su oído las voces. E l
- ¡No os conozco! ¿Quién sois?
y complicada serie de escollos que hacfanlo inacce- bote pasó; hundióse el ,o! tras del horizonte lejano, , - ¡Estela, yo te adoro!, exclamó él, queriendo essible.
y en medio de las tinieblas J enaro creía seguir oyen- trecharla en sus brazos.
A Estela no le contrarió aquella mudanza que au- do los dos misteriosos gritos ¡Resignación/ t YGaul- ¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡Abrazará una muerta!, respondió
mentaba su aislamiento. El torrero á quien reempla- tierl Se despertó durante la noche ·sobresaltado; las Estela, y lanzando estridentes carcajadas volvió á
zó J en aro había.se dejado ali{ varios libros, inspira- dos voces resonaban en sus oídos con persistencia golpearse contra las paredes.
·
dos todos ellos en la salvaje poesía del mar, y la lec- invencible. J en aro tenía un vago presentimiento de
- ¡Oh! ¿Qué es lo que he hecho?, gritó Jenaro
tura de aquellos libros completaba el poético ensue- que en aquellos dos gritos encerrábase la clave del con indecible desesperación. ¡Eramos dichosos y la
ño en que la joven vivla.
secreto que ocultaba el pasado de Estela. Hacién- he V{\elto loca! ¡Estela! ¡Estela mía!

la opinión de los artistas y de la crítica otorgando
la ejecución de la medalla al que se le otorgó. Cuando se supo el acuerdo, la prensa toda disparó con
bala rasa sobre el artista y sus protectores, llegando
algún periódico al extremo de pedir que de ahora en
adelante □ o se someta á las decisiones de la Academia de San Fernando ningún asunto de arte.

La medalla en cuestión tiene, entre varios, un de•
evitar que se repitan hechos como fecto capital: el de no ser medalla por carecer de

¡Ah! ¡Gaultier era, sin duda,

impulso de aquella sospecha,
corrió donde Estela, que notó
en él cierto temblor; la cogió
de la mano, y llevándola á su
antigua habitación la hizo asomarse á la ventana desde donde se distingue la costa.
-¿Ves aquel bote?, le dijo.
¿Qué es lo que gritan los que
van dentro? ¡Dirfase que lla-

811

-¡Ja! ¡ja! ¡ja!, continuaba Estela, riendo

sin cesar.
Cuanto más grande era el dolor de Jenaro, más fuertes y más seguidas eran las
carcajadas de Estela.
Penetraba en la habitación el último rayo
del sol poniente. Jenaro cayó de rodillas y
dijo á la desdichada:
- ¡Perdóname!
Pero la joven al mirarlo prorrump10 en

nuevas carcajadas estrepitosas.
Entonces J en aro leva~tóse, extraviado el
juicio, y llevándose las manos á la cabeza
se dirigió rápidamente á la ventana, se arrojó por ella y cayó sobre las peñas, donde
Ilojas del álbum de D. Román Ribera
quedó hecho pedazos su cuerpo.
Como habla cerrado la noche y la luz del
faro no brillaba, acudieron del puerto vecino á saber la numerosa sección de música, que entenderá mulo que ocurrfa. Las carcajadas de Estela guiaron á los cho de fusas y semifusas, pero de artes plásticas ni
marineros enviados con dicha misión. Las frases una sola palabra.
ininteligibles de aquella desgraciada y los restos del
El escultor Moratilla, aconsejado, según dicen, por
cuerpo de J en aro fueron los únicos datos obtenidos varios individuos académicos, presentó una protesta
,obre aquella doble catástrofe que quedó para siem- para ante el Consejo de Estado pidiendo la anulapre envuelta en el misterio más profundo.
ción del acuerdo definitivo, fundándose para esto en
Fué así, con la razón perdida, como el conde_ de que el Sr. Suñol, faltando á la• bases de la convoqEtruria volvió á hallar á su hermana, de cuya última toria, que exige un modelo para cada estatua ó esfindesdicha había llegado hasta él el rumor. Solía con ge, no presentó más qde uno, y llamando la atención
frecuencia ir á vi¡itarla al establecimiento donde la del Consejo acerca del hecho de que se retirasen del
tenía y, en sus arrebatos de locura, la infeliz Estela salón en el acto de procederse á la emisión de los
creía siempre ver brillar u □ faro cuya luz la hacia votos gran parte de los individuos del Jurado.
sonreír, calmaba su fiebre y acababa por adormecerSea lo que quiera, lo cierto es que todavía no se
la en un sueño reparador, durante el cual mostraba comunicó oficialmente á los escultores premiados la
en su rostro una expresión de dicha inefable y de orden de dar comienzo á los modelos definitivos;
que en el seno de la Academia d~ San Fernando
sup¡ema ventura.
existe un desacuerdo latente, y que este desacuerdo
ERNESTO GARCÍA LADEVESE
hubo de alcanzar su período álgido con motivo del
concurso de proyectos para una medalla conmemo·
rativa del centenario del descubrimiento de América;
CRONICA DE ARTE
desacuerdo tal, que ocasionº6 sesiones muy agitadas
allf donde hasta hace poco todo era tan sereno como
Un incidente. - La Academia de San Fer~ando. -Las ~~da- la superficie de un lago.
llas conmemorativas del cuarto :enten~no del descubnm1enVerdaderamente las secciones técnicas de esculto de América y la critica. - El mcen_d10 del Museo del Prado._ El fantasma de fuego. - Carolina Méndez en el papel tura, pintura y arquitectura tienen razón para sentir•
de· Marquesi/o.

La odisea de la decoración escultórica del nuevo
d"fi • •destinado á Biblioteca y Museos de esta
e i t c,oO ha terminado todavla. A, la desaprobación
c~r ~ tn •a¡ que del reparto de obras habla hecho en
mmis en
· d e Ia A cad em1a
.. d e
• · -0 la sección técmca
~
n=i
.
..
B II p A ies haciéndose eco el mimstro de Fornentoe d:\0 ~icho e□ contra del reparto aludido por el

se molestadas con la ingerencia de la musical, que
viene decidiendo, hace algún tiempo, de la marcha
ele nues!ro arte P?r la fuerza del nú~ero. La medalla premiada es sm duda de las primeras entre las
medianas. Disputábanse el premio un proyecto de
un artista catalán, otro de un vienés, otro de un beld ·¡ . N d "
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ga y otro d.e un ma
. n eno. a 1e cre1a, a pesar . e
las fuertes influencias del autor que resultó premiado, que llegase el cuerpo académico hasta desafiar

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DEMANDA DE HOSPITALIDAD, cuadro de D. Román Ribera, propiedad de D. Man uel de Camps
(De fotografía de D Juan M.irtí.)

�LA i LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

reseñarme de antemano las medidas que inmediatamente pensaba tomar, alguna de las cuales se está
llevando á cabo.
El mismo día que el Sr. Linares visitaba el edificio
del Museo, cumpliendo la orden recibida por el
director de Et Liberal visitaba yo también sótanos
y buhardillas de dicho Museo, y pude observar como
el peligro de incendio era una verdad. Lo mismo
creyó el ministro de Fomento al decirme que había
visto horrores, y que nuestra Pinacoteca tenía dos
enemigos, uno en los 'pies y otro ea la cabeza, es
decir, dos bosques de madera seca en los sótan~s y
en el tejado. La campaña comenzada por Cavia y
seguida por mi desde las columnas de El Liberal,
fué secundada por toda la prensa sin di stinción de
matices políticos. La unanimidad de pareceres dió el
resultado apetecido, puesto que al desaloje de los
sótanos se seguirá inmediatamente Ja construcción
de dos pabellones para. los empleados del Museo y
la instalación de los calorlferos de vapor.

Debiendo ... ¡Eso de que todos los oficios han de por terminada. Acompañamos al padre á su domiciempezar con gerundio tiene mucha droga!
lio, y allí, bajo el dintel de su puerta, nos dió á todos
¿Pero qué póstula es esa, ni qué tela, ni qué pa- las gracias y se disolvió la reunión.
dre, ni qué falta hago yo para todo eso?
Mohíno por demás regresaba yo á mi casa, dicién•
En fin: vamo¡ á obedecerá la autoridad local, no dome: &lt;¿Qué será lo que el padre hará con eso? ¿Se
vaya á hacer conmigo una alcaldada, Quizá en el lo irá .á comer? Entonces revienta,» cuando, corno si
Ayuntamiento habrá quien me explique el enigma.
hubiera adivinado mi curiosidad, se me acercó el alSeguía yo á la sazón tendido en una c/1aise lo11g,1e guacil á hablarme.
junto á un balcón de mi casa en Montemayor, desde
- ¡Qué buena ha estado la póstula, me dijo; ya
donde se dominaba toda la campiña que se extiende tiene el padre tela larga!
entre este pueblo, los de Espejo, Montilla y Castro
- ¡Ya lo creo, si se lo come todo!.. , le contesté.
del Río, ócupando gran parte del término de Córdo- ¡Ca, no, señor! Es para la tela.
ba A Levante y sobre la línea del horizonte se des- Per.o, homcre, ¿qué tela es esa?.
tacaba en la sierra el célebre santuario de la Virgen
- Una tela que se compra con el dine ro que den
de Cabra; á Poniente las grandes masas de olivar de mañana en subasta por cada cosa separada para ha•
la Rambla, de Aguilar y del mismo pueblo de Mon- cerle al padre calzoncillos y camisas,
temayor, corriéndose hacia el Sur y ocultando á
- Pero diga usted, ¿se ha venido el padre al puemedias entre los pliegues del terreno el lindo pueblo blo si,1 calzoncillos?
de Feman- :rúñez, con sus famosas estacadas, tam·
- Yo no sé; pero es costumbre que lo que se re·
bién de olivar, y el monte de la Mota al final del cua• coge de la póstula se venca, como le he dicho á usted,
dro. Al N arte, la negra barra de Sierramorena, á cuyo para comprar al padre cuantas varas de lienzo quepie está Córdoba, la sultana, la odalisca, ó lo que se pan en el dinero que produzca la venta de lo que
quiera, de las regiones del Occidente.
hemos postulado, el cual lienzo ha sido hilado y teLa pintura escenográfica está mirada en España
Por entonces los habares en flor enviaban al aura jido por las mujeres de este pueblo con algunos mepor la crítica con total indiferencia. No as( en el ex- sus perfumes; los olivares vestían su trama blanca,
ses de anticipación.
tranjero, especialmente en Francia y Alemania, don'de esmaltando las verdes copas de los árboles; las arna,
- ¡Gracias á Dios que ya lo he comprendido todo!
este género pictórico se aquilata como todos_ los de- polas abrían entre los trigos su espléndido manto de
Hemos
ido nosotros con el padre cuaresmal para
más, discutiéndose la mayor ó menor propiedad y grana, y el aire tibio de la primavera saturaba de ox{.
estimular
la piedad del vecindario en su favor; y el
justeza del asunto desarrollado en los telones, en geno vivificadQr los pulmones. Más cerca de la torre
padre
va
á
quedar de esta hecha bien surtido de
dibujo y factura, etc., etc.
ó mirador estaba, en el pueblo mismo, el castillo
Digo esto á propósito del melodrama ó lo que sea de los duques de Frias, con sus tres tprres per- ropa blanca al menos, si es que no saca otra cosa de
sus sermones .
estrenado en el teatro Circo de Parish de esta corte, fectamente conservadas: la de la Paloma, a•alaya al- ¡Que si quieres! Eso no es más que una friolera.
hace escasamente tres semanas, y que se titula El tlsima que se descubre á gran distancia; la de las
En buenos pesos duros le pagan al padre lo que
fantasma de fuego.
Armas, ósea la del Homenaje, y la torre Af0t:ha, llaLa escena tiene lugar en las profundidades de una mada así porque carece de almenas y matacanes: es- predica; y además comido y bebido toda la Cuaresabandonada mina de carbón de piedra. Las mutacio- pecie de bloque enorme que parece con su pesadum• ma y la Semana Santa. Lo de la tela es un plus de
nes son muchas y los telones están, como pintura, bre amenazará los barrios del pueblo que en decli- campaña, como el que me dieron á mi muchas veces
en el servicio del rey.
·
bien ejecutados, pero la verdad brilla por su ausencia. ve se extienden á sus pies.
-¿Y
todos
los
años
es
lo
mismo?
Figúrense mis lectores las negruras de una mina
Abandonar aquel magnífico panorama para ir á ver
-Lo mismo.
de hulla; supónganse el aspecto dramático de esas al alcalde y en busca de lo desconocido era toda una
Pero, hombre, ¿no sería más decoroso hacer la
galerlas subterráneas, donde brillan, al reflejo de la decepción; pero como de decepciones está llena la
póstula
en dinero, dárselo al padre y que éste se
linterna del minero¡ las cristalizaciones de la madera vida, no hubo más remedio que resignarse, vestirse
comprase lo que más falta le hiciera?
petrificada en miles de años, dé existir falta de todo y acudir á la cita.
· - No, señor; porque en dinero no se juntaría en
contacto con el aire y la luz solar en las entrañas de
Cruzando las calles de la población, cubiertas por el pueblo ni cien reales. La mayor parte de las mula tierra, y supondrán algo parecido á la verdad, tan un pavimento completamente primitivo que precisabien descrita por Zola en Germinal. Pero no se íma· mente se sostiene por indicación y á instancia de ca• jeres que dan una libra de tocino, que vale dos peginarán - seguro-que el pintor escenógrafo enten· llistas y pedicuros, llegué sano y salvo á la casa mu• setas, ó un celemín de trigo, que vale una, si tuvieran
que dar d inero no pasarlan de cuatro ó seis cuartos.
diese que esas negruras dramáticas debla desterrarlas nicipal.
-Me quedé convencido, aunque por afán de replide su paleta, sustituyéndolas con los brillantes maNo eran las tres de la tarde todavla, y ya la sala car, le dije:
tices de las rocas que existir puedan en las caverna,s capitillir contenía todo lo más granado del sexo
- Pues si el padre viene por aquf muchos años,
á flor de la tierra ó en la superficie de los montes. masculino del pueblo con el vicario eclesiástico, el
en muy pocos junta una tienda.
Resulta de esta manera singular de interpretar la alcalde, el regidor sindico y otros tres ó cuatro conce- Es que á éste no le volvemos á llamar hasta que
verdad y el efecto escénico,que desaparece la ilusión jales. Abajo y á la puerta de la entrada principal del
se
calcula
que la tela se ha roto. Llamamos.á otro y
que en el espectador debiera producir la mayor apro• edificio se hallaba el alguacil tenienao del ronzal una
vao alternando.
ximación al natural, quedando tan sólo en la me- burra aparejada y sobre el aparejo un gran serón vaA semejante abrumadora lógica nada tuve que
moria y en la retina el recuerdo y la imagen de colo- cío, y con el alguacil estaba el pregonero con otra
contestar;
pero el alg uacil, que tenla gana de converres, luces y formas completamente distintas á lo que burra y otro serón semejante. .
sación, me dijo:
realmente deblan ser.
Al cabo de poco tiempo se presentó en el salón el
- La póstula de este año ha sido buena porque el
Nada digo de la decoración en que se representa el padre cuaresmal que habla predicado en la parroquia,
campo
se presenta bien; porque anteanoche se le díó
fondo de la mina teñida de azul y de aquellos volan- no sólo todos los domingos de la última Cuaresma,
tes, ruedas, transmisores y otros artefactos; segura· sino también el septenario de Dolores, a¡( como los una paliza al comisionado de apremio que vino de
mente obedece á exigencias del libreto tan extraña sermones de Pasión en la iglesia y el llamado del Córdoba y se volvió más que de prisa, y porque el
padre ha dado gusto.
como inaudita ignorancia de lo que una mina de car- Paso en la plaza pública.
- ¿Cómo gusto?
bón es. Julio Veme lo perdone á sus glosadores.
Ya encontré descifrada la personalidad, det padre,
- Porque ha hecho llorar á todas las mujeres y á
Respecto de las decoraciones de paisaje, de case- pero aún no sabia yo una jota ni de la póstula ni de
muchlsimos hombres.
río y de marina, tan sólo elogios merece el pintor.
la tela.
- ¡Vaya un gus to!
Cambiados los saludos de rúbrica con la mayor
- Sf, señor; y ha arreglado dos docenas de matri·
cordialidad, salimos todos del ay untamiento proce- monios mal avenidos, convenciendo á los maridos
R. BALSA DE LA VEGA.
sionalmente. Primero iban las dos burras con el al• de que no deben reparar en pequeñeces.
guacil y el pregonero. Después los ya dichos señores
- ¡Ah! SI, como en la corte, donde ha tiempo que
del pueblo, presididos por el alcalde, el vicario y el no se repara en esas pequeñeces.
padre cuaresmal.
LA TELA DEL PADRE
- Y las mujeres ...
Pronto averigüé lo que significaba la póstula. Los
-¿También convence á las mujeres?
ARTÍCULO DE RARAS COSTUMBRES
postulantes éramos nosotros; el objeto de la póstula,
- De que cuanto más tiempo están les hombres
el padre y su tela. Esto último es lo que me faltaba en la taberna, más libres están ellas en su casa para
- ¡Señorito!
entender. Llegam©s á todas las casas: á las de los hácer su santísima voluntad. Y luego ... ¡vaya un pico
-¿Qué hay?
medianamente acomodados y á las de los pobres; y de oro! ¡Cómo relata aquello de la Magdalena cuan- Este oficio han tra(do para usted ,
el pregonero y el alguacil, ambos de buenas pulmo- do limpió el sudor y la sangre del rostro del Señor,
-¿Un oficio? ... ¡Pues está bien! ¡Yo que he venido nes, se entraban por los patios adentro gritando desá pasar una temporada en este pueblo, que es,.si bien aforadamente: «;Para la tela ·del padre!» volviendo y de la Verónica, que derramó sobre los píes de
peqi1eño, uno de los más pintorescos de Andalucla, fuera con Jas manos ocupadas, ya c.on una sarta de J esucristo ungüento de nardo, que dicen que huele
huyendo de informes, oficios y expedientes ... ¿Quién chorizos, ya con un pedazo de jamón, ya con un trozo muy bien, y se los secó con los cabellos!
- ¡Hombre, eso no lo pudo decir el padre! Pasó
lo trae?
de tocino rancio, un celemín de trigo, de garbanzos
todo lo con trario. La Verónica fué la que en un lien·
- El alguacil.
ó de habas secas, algunas gallinas, huevos á veces,
-¡Cáscaras! ¡Esta es más negra! Yo respeto mu- medio queso ó algunos cuartos. En ciertas casas nos zo sacó estampada la cara del, Señor, al querer secar
ch(simo á la autoridad; pero la verdad es que siempre daban, no jamón, sino huesos de jamón, lo cual no el sudor y la sangre que brotaba de su divina faz, y
he procurado, y Dios me conserve en mi propósito, es lo mismo; un puchero c,on miel, tres panes muy la Magdalena la que se presentó en el cenáculo y
no tener relaciones de ninguna clase con ella. En fin, morenos ó un puñado de alpiste ó de lentejas. En ungió los pies de Jesús.
-Tiene usted razón : eso fué lo que dijo, sino que
veamos. Justo: un oficio del alcalde, que á la letra las tabernas, ya se sabe, un frasco de aguardiente ó
siempre
que se habla del cenáculo me trabuco y no
dice asl:
una mediana cantimplora de vino malo.
pienso
más
que en Ju das. Si está usted aqul para
&lt;Debiendo verificarse en la tarde del dla de· hoy
Pronto se llenó el seno de ambos serones y tuvila póstula para la lela del p adre, espero que se sirva mos que hacer alto en medio de la calle hasta que otro Sábado Santo, verá usted cómo fusilamos áaquel
usted concurrir á las casas capitulares á la tres en volvieran con las burras el alguacil y el pregonero, perro traidor.
- Pero hombre, ¡si J udas se hizo justicia á sf propunto. Dios, etc.&gt;
que hablan ido á descargar en casa del padre toda
·
Si el oficio hubiera estado escrito en chino, creo aquella vitualla. De este modo se hicieron cuatro ó pio ahorcándose de un árbol!
No
importa.
Para
Judas
no
hay
cuartel.
Ahor•
que lo entendería mejor.
cinco viajes, y allá á las oraciones se dió la póstula cado y todo lo fusilamos.

LA

N ú MER0 521

NúMERO 521

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

- ¡Muy bien hecho!
Le recomendé encarecidamente que siguiera arre• el principal testero, se veían tres ó cuatro rollos de
Llegamos á casa y me despedí del alguacil.
glando muchos matrimonios q ue aún estaban en pe- lienzo blanco y prensado.
A los pocos días tuve que hace r mis visitas para cado mortal, ya por las pequeñeces de ellas, ya por
Aquello era la tela del Padre.
despedirme de las personas notables del pueblo. Una el extravío de ellos, y me lo ofreció evangélicamente.
de las de rigor era la del padre cuaresmal.
Sobre un an tiguo sofá que en la estancia ocupaba
A GUSTÍN GONZ ÁLEZ R UANO

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••ll■ 1&amp;

1.0lfl)UI 1861

,l!tdalla,

con LAC'l"C'041UtJX (lago lechoso de Lechuga)

dÍ llour.

1

Ap , ubadoti
~.,. Ja Academia de Medlolna de Parie,tneertadoeen Ia C..oJecCJ6.o
Onc1al de :6rmalae Legal•• por deoreto mlni•ceriaJ de 10 de Atarz-o d e 1 854.

1

JA.RABE

-

-~~

PASTA
de H. AUBERGIER

PREIIJO

Dude hace mu de años, el l arall• Laro-■ •• prescribe con ~xito par
lodos los médicos para la curacion de las gutrltla, gut.raljlu, 4elo,_
J ntortiJonu de eatómago, ntreilim.lento• nbeldN, para facililar
l&amp;
re¡ulamar
las
loa41gutlon
illlealilloa. y para__
._ _ _IOdu
__
_funciones
_ __ del ■alóma¡o y de

w!Blone■ y to■ de los nil!os
lu afeccione ■ nervio■aa.

-

e Una completa tnnocutdad, una encacla petfect.amenie comprobada en el Catarro
tr,'4t mtco, las Bro11qut1,i, Catarro,, .Reuma,, 1'ot, a,ma e ,rn,acwn de la gar¡ auta ban
iran geado al JAR.A.BE!h P .lSTA de AOBEBGIER u na tnmenlll rama •
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Eztracto ú l Fomulario U ito 4'l S-• BOll(hrú l nUdr4tt, o 4, ta Fa:IUtU" lft4ie,111 (te- , dicWJIJ
·?
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DEPOSITO I N' LAS P II JNCJPALES BOTIC.U

-

·-

-

-

-

-

APJ:OL

LA SAGRADA BIBLIA

de 101

lDICIÓN ILUITltA.DA.

o·•· JORET &amp; HOMOLLE

El APIOl. cura los dolore,, retra,o, , u,,;..
•fonn .,, ,., Zpooa■, ast como las P4rt11d

• to o6n timo a

de pe e eta la
entrega de 11 p á g i na ■

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APrót

Pero conrrecuencta taislflcado.EJ
verdat1ero. único eOcaz, ea el de los tnven•
lores, los D rb J0RET y H0lf0 L LE.

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4irifth4He , J,. s,.. liouuer ySi.a♦■ , KIio,.

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MEDALLA SEzpN Unfr1• LON DRES 1862 ·PA RfS 1889

F11" BRUIT, 150.rul11lnll.Pil!s -

Lu
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PILDORAS~DEHAUT
DIE ~AFIia

•• tftnbeea u PDl'fll'N, naacfo Je

•~aJ&amp;a. No C,mea el Hco aJ el ca.a;:.11cJo, porqae, co.a&amp;ra lo que .acede eoa
demu purgue,•, erte ao obra bien
Uo caa.ado •• &amp;omaco.a bae.ao, alimeneo.
1bebldufortilit:11ace,, caalelríao elcat,
el U. Cada caaJ acoge para p.ar,áne la'
libra 111 oomid1 ga, 'ma, le coarleaÍ.a
re,a11 n.r ocapac1oau. Como eJ caa,u'
cio fDt la PWV• oca,toaa queda comle •n ulado por o/ oleclo do ¡1
a1111 •Umen&amp;acioa empJ,ada,aao
H ,ec1do t•e11.mea1o • ro/r,r
4 tmpe11r cua.ata rae.,

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CLORÓSlS . -

ANÉMJA. -

LINFATISMO

El Proto-Iodlll'o t. Hjerro u ,1 r eparador ,, lo •&amp;D(lr•,1 t oritllca.nt.t!I y d mlcr ol:úcido. 1or el[cel encJa,

mJ a ra be1 lu Graj ea■ ,.. ,,.,._JN,r, 1, 11,m 1oF. Glllt,9
podrfll,. ' " ""-nodo ,...~dadoi ffl ,..,o,. ,u n.,,_,..~ g,.I (ca
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DaPdltTO GtlfllU.L: 45. Rue Y1UY1lllers. PARIS. lt,isltou toilu Ju r..,..¡u.

. J..4R41~.4,!lf!~§~IJJ.~9Jt«lff.l~Jl

El ~ABB' DB' BRlANT recomen dallo d eade au Pr1 Dc1PIQ por loa proreaorea
~ennec, Tlulnard, Oueraani. etc. ; 111 rec ibido la consagracfón del tiem po· en 1

con n.:e

ano 18211 obtuvo et vrt,lleglo de Invención. VUDADERD CDl flTI PICTDUL
de goma Y df J.l&gt; U&gt;ol.81, conviene. aobro todo , 1aa personu l1iJ.1caaü como
mUj erea T nlnos. Su gu sto e1.ce1ente no perJ ud lca en modo alguno á su 8n 1
contra los H!FRI4.DOS y todas 188 IIFLiU CIGll'ES del PECIO y de 108 IITESrrn1~c a

~
Las caaas ex tra.i,Jeras que deseen anunciarse. en LA ILUSTRACIÓN ART!STICA: diríjanse para Informes á los Sres. A . Lorette, Rue Chaumartfn,

núm. 16, París. - Las casas españolea pueden hacerlo en la librería de D. Arturo Simón, Rambla de c analeta.e, núm. , Barcelona
6

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 5 2 1

NOTICIAS VARIAS

Cannes. - Exposición industrial y artlstica durante los meses de enero, febrero,
marzo y abril.
Evreux. - Concurso de grabados, du·
rante el mes de enero.
Glasgow. - Instituto de Bellas Artes.
Exposición desde el 2 de febrero al 2 de
mayo.
Lisboa. - Desde el 10 de marzo al 10
de abril.
Lyón. - Desde el 28 de febrero.
Madrid. - Exposición histórica europea de arte retrospectivo, desde el 12 de
septiembre al 31 de diciembre.
~unich. - VI Exposición internacional de Bellas Artes, desde el 1. º de julio
hasta fin de octubre.
•
Nantes. - Desde I.0 al 30 rle marzo.
París. - Salón de la Rosn Cruz, desde
el 10 de marzo al 10 de abril.
Pau·. - En el Museo. Exposición desde
el , 5 de enero al 15 de mayo.
Rom:,.. - Palacio de Bellas Artes. A
partir del 31 de enero.
Tolosa. - Exposiciones y Concurso~,
desde el 15 de mayo.

El ingeniero M. Alphand, á quien
París debe su embellecimiento y las
transformaciones que se han realizado
en el periodo de estos cuarenta últimos
años, falleció el 6 del actual, á consecuencia de una congestión cerebral. A su
actividad y á su poderosa iniciativa debe
la capital de la vecina República sus
más importantes mejoras, entre ellas su
saneamiento, por medio de su gran red
de alcantarillado, y la desaparición del
dédalo de callejuelas de la ciudad anti·
¡:ua, que constitulan verdaderos focos de
infección.
Nacido en Grenoble en 1R17, cursó la
carrera de ingeniero en la Escuela poli·
técnica, de la que salió en 1837 para diri•
gir algunas obras en Burdeos, tales como
puentes, caminos y canales en los aire·
dedores de la capital de la Gironda. En
1853, llamado por el barón de I lausmann,
traslad6se á París, en donde empezó á
dar las señaladas muestras de su carácter
emprendedor y clara inteligencia, á cuyas
cualidades ha debido la justlsima consideración que ha merecido del municipio
de Parls. La transformación en Parque
de los bosques de Boulogne y de Vincen•
ne~, la construcción de los inmensos
parques de Chaumout, de Vinceánes1
de los jardines que existen dentro de
la ciudad, la apertura de grandes vlas y
otras obras de gran importancia fueron
concebidas y ejecutadas por este inteligente ingeniero, que también tomó acti•
va parte en la organiuición de las Expo•
siciones Universales de 1867 y 1878, no
habiéndole servido de obstáculo su avan•
zada edad ni sus achaques para prestar
su valioso concurso al Certamen de 1889.
La ciudad de Parls ha perdido uno de
sus más celosos funcionarios y el arte
uno de sus más entusiastas admiradores.

.•.
LIBROS
ENVIAOOS Á F.STA RRl)ACClf'&gt; N
por autores ó editores
TRATAOO l)E QUÍMICA BIOLÓGICA,
por Ad. l1'urt=, lracluaión y aái&lt;io11es
de D. Virmte l'eset )' Cervera. - Se ha
publicado el cuaderno 8. 0 de esta obra, reconocida como una de las más importantes en su género.
Suscrlbese al precio de una peseta el
cuaderno en la casa del editor D. Pascual Aguilar, calle de Caballeros, número 1, Valencia, mandando el importe de
cinco cuadernos, y en las principales (i.
brerías; en Barcelona en la de D. Arturo
Simón, Rambla de Canaletas, 5.

•••
En la creencia de que ha de tener interés para nuestros artistas, consignare•
remos á continuación el nombre de las
localidades y las fechas en que se cele•
brarán Exposiciones y Concursos duran·
te el próximo año de 1892.
Amiens. - Desde el 5 de junio al 14
de julio.
Bruselas. - Febrero á marzo.
Budapest. - Exposición de invierno de
la Sociedad húngara de Bellas Artes,
desde t. 0 de enero al 25.

•••
EL SACI\IIE'iT0 DEL N1&lt;;0 Oros LA AD0RACIÓ;&gt;; nE 1.0S SANTOS RF.\'ES
12.• parte de El 11ari111it11to dtl Ni,,o
Dios). Zarzuelas en cuatro y un actos respectivamente, por el P. José Felis, de las
E. P ., músici. de D. Jos.é Silvestre.
Véndense al precio de una peseta cada
una en la librerla de D. PnscJal Agui •
lar, calle de Caballeros, nt'1m. 1, \'a•
lencia.

'JEl)JTACIÓN, apunte al lápiz por D Román Ribera

CARNE , QUINA

~,t1t.DADESd,1Esro41.

D ~ t o IWrtpndar, aido al 'HDlco • - -

~
"''º
VINO ARDUO CON QUINA Pepsina
Boudault
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DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
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