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                  <text>·. ·1: tt11&lt;Uc100_
Ftí~t1ea
A&amp;o X

BARCELONA 28 DE DICIEMBRE DE 1891

LA NINFA HERIDA, grupo en mármol de Gustavo Eberlein. (Exposición de Bellas Artes de Berlín,)

NÚM. 522

�. LA
SUMARIO
Texto. -ftfur11mracio1tes europeas, por Emilio Castelar. -No

/a,i/o pensarlo, por Antonio de Valbuena. - SECCIÓN AM K·
RICANA : El ratltro, por Manuel ~·ernández Juncos. -Boceto.
Las pompas de jabóJt, por Juan O-Neille. -Nuestros Gra•
liados. - /ifarcela, por Pedro Valdagne, con ilustraciones de
V, Corcas, traducción de E. L. Verneuil-S&amp;cc16N CIEN·
TÍFICA: Conservación de ejemplares de Historia Natu ral,
por Ju les Rise6n. - Física recreativa. Nai~s mecdn[c~s. La /otografla de los colores, por G. T. - Libros rec1b1dos.
Grabados. - La nú:(a herida, grupo en márm ol &lt;le Gustavo
Ebtrldn t ti:xpo3ici6n de Bellas Artes de Berlín !. - U/timos
rayos, cuadro de D. Dionisia Baixeras. -El comprom;so de
Caspe , cuadro de A. Parladé (premiado en la Exposición de
Bellas Artes de BerHn¡ . - U,i voto, cuadro de D. José Maria
Tamburini (Exposición general de Bellas Artes de Barcelo•
na •. -En el harén, copia de la notable acuarela &lt;le G. Si•
moni. - Cn'stJbal Colón, busto en bronce de D. Félix P. de
Tavera (propiedad del señor marqués de Comillas). - La ca·
rrttilla, grupo escult6rico de D. Féhx P. de Tavera 1Sal6n
&lt;le los Campos Elíseos de Paris1. - Grupo de cigarreras en
la fábrica dt tabaco! de StVifla, cuadro de Th. von der Beck
1 l'.:xposición de Bellas Artes de Berlín) - ¡Horrible halla:•
gol, cuadro de Adolfo Hering {Exposición· de Bellas Arres
de Berlío). -Fig. I. Na ipes preparados para juegos de ma·
nos: t, ocho de espadas que tiene un punto movible; 2 1 sota
de oros con una punta cortada que se puede reponer. - fj .
gura 2. Naipe que se cambia tres veces; 1, naipe triple; 2 1
parte posterior del naipe triple. - Entrada de ttna /merla m
Sroilla, cuadro de D. Manuel Garda Rodríguez (Exposi·
ci6n general de Bellas Artes de Barcelona) .

MURMURACIONES EURü.PEAS

NúMERO 5+2

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 522

LA I LUSTKACICiN

AKTISTICA

do todos los labios prontos á engañarnos, menos sa, el aire purísimo de las regiones, inaccesibles; _los
aquellos labios suyos que han fluido en el espíritu ' pies, calzados por la media luna de argénteos refle¡os,

nuestro divinas e □ señanzas; la culpa, el error, el pecado, las consecuencias de la primer humana caída,
él vínculo de males mayorazgado en la humana estirpe, no hemos creído nunca que pudieran llegar
hasta nuestras madres, ni entrarse por los hogares
que santifican ellas como verdaderos templos. Si á
esto se hari unido ensueños é imaginaciones de la
primera juventud, aíectos puros en los cuales no ha
penetrado nunca la menor sensualidad, apariciones
de musas divinas que os traían ,\ una idea ó un cincel ó un arpa, el culto á la mujer, el culto sobre todo
á la Madre Santísima, el culto al numen verdadera·
mente creador, el culto' al ideal femenino se os impone con soberana imposición y os lleva como llevó
al poeta por excelencia católico en pos de idolatrada
Beatrice, sobre la cual veis levantarse una idt:alidad
femenil más alta, flores místicas, increadas melodías
religiosas incomunicables de infinita dulzura, lumínico éter semefante al espíritu del espíritu, almas de
ángeles en coro ideas divinas en arquetipo, la virginidad inmaculada que ha mantenido con su atracción magnética la pureza del ser entre las tentaciones y los combates propios de nuestra tumultuosa
combatiente adolescencia, la maternidad que después de daros el aliento "de la vida y el calor de la
sangre os )la dado también la inspiración que forma
como la esencia del espíritu; en fin , un culto íntimo
á la Inmaculada. Marfa.
1

POR OON ltMILIO CASTELAR

11
El día de la Concepción. - Recuerdos. - La Yirgen Madre Proclamación del dogma de la Purísima en los concilios lyo•
nesc:&gt;. -Consideraciones. - La Concepción en el arte pictÓ·
rico. - .\turi!lo. - Ideas acerca de la reconstitución del pueblo
de Israel. - Galilea. - El tetrilorio de Judá. -Conclusión .

despréndense por siempre de las fatahdades reman.
tes sobre nuestro bajp suelo; ángeles representantes
de una nueva efloresceacia de la vida, en que la
niñez recobra sus antiguos paradisíacos bienes, la
sigue y acompaña; crúzanse las mano? como agitadas
por los sacudimientos del amGr místico; y allá, en la
mirada sobrenatural de sus ojos extáticos, alzados á
las alturas vese resplandecer en una revelación in ·
creíble y ~isteriosa el espíritu de Dios. i Bendito dogma, que ha dado al mundo la Concepción de Murillo!

111
Todas estas exaltaciones del tipo de María me
traen á la memoria los espacios consagrados por el

recuerdo místico de su natividad. Ahora que, tras
los malos tratamientos dados á los jqdíos en Rusia,
piensan muchos príncipes de la raza per¡eguida en
reconstituir el pueblo de Israel sobre su viejo territorio, y se tropieza con las dificultades ofreddas por
la desolación del suelo y por la durez~ del chma, parece bien recordar que Galilea, donde naciera la
Virgen, se diferencia mucho de la Judea propiamente dicha, donde muriera Jesús. Sobre todo la villa
de Nazareth es hermosísima. La desolación de Palestina no alcanza, no, á este sitio de habitantes felicísimos y de huertos verdes. La fuente aquella reunió en tiempo de María todas las muchachas de la
población, que iban allí á escanciar el agua. Antonio
Mártir, citado por el mismo Renán refiérenos cómo
los tipos de sus mujeres, todas ellas medio sirias,
tenían una belleza tal, que de común acuerdo las
gentes piadosas en el siglo vi la imputaban al nacimiento y presencia en aquel sitio de María, quien
legó, como vínculo hereditario, gracia y belleza de
consuno á sus amadas convecinas hasta la consuma·
ción de los siglos. Dice también el gran escritor
francés que desde la hoya donde Nazareth está, el
cielo es muy esttecho; mas así que subís á cualquiera de las vecinas alturas y miráis por todas partes,
entrevéis los valles del Jordán, las altas llanuras de
la Perea esmaltadas por las reverberaciones de un
cielo candente, las tierras de Siquem realzadas por
las sacras figuras patriarcales; á un lado aquel Thabor, comparable á blando hermosísimo seno y que
muchas veces semeja rotonda esférica de lapislázuli;
á otro lado el Carmelo, despidiendo incienso de poesía y reverberando el sol en su seno abrupto que
toma tintes de ópalo, esmeralda, zafiro y rubí, según
las reíracciones de los rayos solares en sus aristas; y
allá, tras las cordilleras de Safed, el golfo de Raifa,
cuyas aguas confundidas á la simple vista con el
aire, presentan una línea imperceptible azul, tan
celeste como todas las que dibuja y colora el Medi·
terráneo en sus espléndidos horizontes, dignos por
cierto de aquellas almas que volaban a) impulso de
sus brisas y se sumergían en los resplandores de
su éter.
·

Estas ideas religiosas han animado mucho el arte
cristiano y han tenido su encarnación ideal en obras
de primer orden Lits tradiciones respecto de la serpiente bíblica, tentadora de nuestra madre común
Eva, y respecto del quebrantamiento de su cabeza
por los pies de María, se han revelado en esas maraEl mes de diciembre se distingue y se caracteriza villosas creaciones del humano espíritu, resplandepor su fiesta de la Concepción. En mi casa y en mi cientes con el resplandor de lo ideal. Aunque la
familia fué siempre un día de regocijo, y es hoy un Iglesia católica, desde los más apartados siglos, bien
día de duelo. Recuerdos piadosos y tradiciones sacras al revés de la Iglesia bizantina y de las Iglesias
han surgido este día en términos que aparece su fies- orientales, se ha guardado mucho de regir coa códita como capitalísima entre las fi,estas del año. Nom- gos rr,ás ó menos rigurosos las artes plásticas, puesbre poco usado en otras naciones católicas, úsalo tas al servicio suyo, ciertos atributos y símbolos comucho la nación española. Caprichos del común rresponden á un convenio tácito, pero universal, y
lenguaje han convertido el nombre de Concepción por voluntario de suyo, rigurosamente obedecido.
en Concha, muy prodigado á la verdad y por ende El primer carácter de una Concepción es el acto
festejadísimo entre todas las clases de nuestra socie- de quebrar la cabeza con su pie al reptil maléfico.
dad, que han convertido un asul) tO propio de piado· Entre las nubes, ora perladas por los albores, ora
sas devociones en asunto de visitas y de recreos. purpúreas y enrojecidas por arreboles; entre los iris
Pasa con el nombre de Concha entre las mujeres lo que componen como un himno de matices en el
mismo que pasa con el de José entre los hombres: inmenso·espacio azul; por los coros ,de querubes, de
los celebran á porfía y con preferencia las gentes. No ángeles y de astros deslizaráse forzosamente, cuando
hace muchos años este concepto de la Concepción se trace la lnmaculada Concepción, el reptil, simbo·
dió materia inacaba.ble á disertaciones literarias y re• lo de la culpa original, vencida por el advenimiento
ligiosas, que llegatoa al apasionamiento y á la dis de María sobre la tierra. El cielo debe aparecer como
cordia. Hoy todo se ha tranquilizado, y nadie recuer· un santuario para su figura; la modestia y humildad
da el dogma de la Concepción en España sino para deben brillar en todas sus actitudes; el globo terráfestejarlo. En el siglo xu comenzó á fijarse creencia queo y la luna creciente servirle de pedestal; la pu·
tan piadosa como esta creencia de la Virgen Madre reza inmaculada envolverla por completo; las alas de
concebida sin mácula ni sombra de pecado. Entre los ángeles al empíreo subirla en vuelo raudo; la
las ciudades europeas Lyón ha brillado siempre, no increada luz coronarla y la Trinidad Santísima recisólo á causa de hallarse sobre la confluencia de dos birla en lo infinito. El dogma de la Concepción emríos tan caudalosos como los que besan sus plantas y bargó en términos á los piadosos artistas de la Edad
llevan sus ideas y sus productos al comunicativo media . que nos presentaron en sus cuadros María
Mediterráneo, no sólo á causa de esto, á causa de sin mancha en el vientre mismo, de su madre Ana.
hallarse en las encrucijadas donde se verifica la in- Girolamo de Mazzuola, Dosso Dossl, Carlos Marata
tersección de tantos caminos como desde allí condu- y otros muchos nos han ofrecido la Virgen Inmacucen á Suiza y á Italia. Ora fuese por su posición lada en composiciones complicadísirnas, donde se
geográfica, tan excelente; ora fuese por sus tradicio - descubren desde la escena de la expulsión de nues
nes históricas de colonia romana; ora fuesé porque tras primeros padres al salir de su Paraíso, hasta las
su colocación entre Italia, Suiza y Provenza le daban meditaciones que poseen y embargan á los más esexcepcional influjo, es lo cierto que dentro de sus clarecidos filósofos de la Iglesia, cuando comentan
muros hanse concilios ecuménicos reunicJo, y que ó predican ó defienden el tierno dogma de la divitales reuniones han gozado de una excepcional in- na Inmaculada. Mas realmente quien ha logrado
fluencia en el :desarrollo de las ideas cristianas y en entre todos los pintores expresar1a Concepción es
el esplendor ,d e la Iglesia ~atólica. Quizá por con· nuestro inmortal Murillo, que parece haber tenido
gregarse allí n\uchos fieles, quizá por tener éstos un en su paleta el medio de retrotraer nuestra humani·
fondo y acervo colectivo de ideas propias, brotó en dad á sus tiempos edénicos y restituirle toda la inoLyóa el culto primero á la Inmaculada Concepción cencia perdida en su primera culpa. No busquéis
de María Desengañémonos: cuanto más fuertes re allí, no, la perfección clásica y griega que ostenta
sultan las generaciones1 y lo eran mucho aquellas Rafael, en quien resucita la destreza de Fidias para
que iniciaron las cruzadas; cuanto más valerosos y el dibujo No hay, no, las exactísimas proporciones,
más arriesgados los pueblos, han de sentir por fuerza las acabadas armonías, la correspondencia entre los
mayor ternura en su corazón y en sus entrañas hacia miembros, la matemática exactitud que disti □ guen y
todos los dogmas que divinizan á la mujer y la en- enaltecen al pintor entre los pintores clásicos. Mas
grandecen . Los corazones más abiertos al odio, por aquellas figuras incorrectas parecen la forma de una
razón de sus combates y de sus porfías, ven con ma• oración mística subiendo á lo infinito. Viento espi yor facilidad la mujer colocada ea una especie de ritual, como de una inspiración profética, la impulsa;
atmósfera inaccesible á las debilidades humanas. luminoso éter increado, que semeja como una ,diíuTodos hemos nacido de mujer y todos adorado á sión de la idea del Verbo, la circunda; concierto
nuestras madres como á la imagen más perfecta del celestial, cuyas cadencias adivináis sin comprenderCreador sobre la tierra. Hemos creído á todos los las, absorben aquellos oídos abiertos á todas las diviseres capaces de 'faltarnos menos á ellas; hemos creí- nas armonías; recoge su pecho, en respiración inten •
1

ÚLTIMOS RAYOS,

cuadro de 0. Dionisio Baixeras

y hemos bebido . todos algunas gotas del torrente su Miserere arrasan nuestros ojos y los trenos de sus
Cedrón· todos hemos prestado alguna vez nuestra lamentacioaes arrancan gfmidos de dolor á nuestra
voz al ~oro de sus sacerdotes, y alguna vez hemos garganta; á los trances amargos de la vida llamámosrepetido con las manos plegadas y las rodillas en les calles de amargura; al dolor eterno, á que nues tierra el eco de sus salmos. Todavía los acentos de tra contingencia y nuestra debilidad nos condenan,

¡

llamámosle crucifixión 6 _calvario; y cuando queremas pensar en la mmortahdad, recordamos que sólo
en su valle de J osafat podrer_nos reveshr n~est".' carne regenerad~; y cuando s?namos con lo invisible y
con lo eterno, ¡ah! nos fingimos una Jerusalén mísh-

IV
¡Ah! No hay tierra tan fecunda en ideas como la
Tierra Santa. Estos tres desierto, de. Arabia, de
Egipto, de Judea, puede decirse que han dado las
tres religiones fundamentales á los pueblos cultos de
la moderna historia. El Sinaí de Moisés tiene á un
lado la Meca del Islam y á otro lado la Jerusalén
del Evangelio. Así como Grecia es la patria de la
libertad y del arte, Judea es la patria de la religión
y del dogma. Espectáculo maravilloso para un alma
que sepa levantarse á las alturas de la historia y
evocar el pensamiento de los siglos. Aquella Je.rusa·
lén, asentada en el desierto, adonde han bajado
tantas veces los ángeles del cielo y adonde lantas
veces han subido los pensamientos y las oraciones

del hombre; circuída por sus vastos mares de arena,
en que los rayos del sol rebotan; bajo Jas reverberaciones de un horizonte asiático, enrojecido por el sol
como la bóveda de un horno de cal ardiente· entre
sus guirnaldas de nopales, ·semejantes á una ~orona
de espinas; ostentando los muros fortísimos bruñidos
por aquella luz, las rotondas de sus iglesias y de sus
mezquitas, los minaretes de sus alcázares, el seCo lecho
de sus torrentes, cuyas aguas se han mezclado con
las lágrimas de los Profetas, la suave línea de sus
colinas sembradas por olivos tan seculares como si
fueran fósiles de la historia, Jerusalén es todavía en
su viudez y en su servidumbre, tendida sobre su estercolero, con su esqueleto fuera de su piel y profanado por las hienas de Tartaria, la ciudad del mundo que más holocaustos ha merecido al género humano y más confidencias á la divina verdad. Todos
hemos llorado en las amargas aguas del mar Muerto

.L

&amp;L COMPROMISO DE CASPE cuadro de A. Parlaclé, {Premiado en la Exposición de Bellas Artes de Berlin.)

�8fo

LA

lLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

gundas nupcias y tiene ya d?s niños pequeños... Mañana puede mom su padre,
y ¿cómo abandono yo esos niños?
- Pues no los abandones.
~ Y ¿cómo los sostengo?...
- Pues no los sostengas... ¡ Chico,
chico, si lo piensas tanto y reparas en
todo no te casas nunca!
- ¡Ah, si, sí, ahora sí me caso! Ya lo
verás. Estoy ya en relaciones con otra.
¡Si vieras qué buena y qt·é hermosa es!
¡Tiene unos ojos negros!. .. El otro día
la hice unos versos á los ojos, que la gustaron mucho.
- ¡Malo, malo! Eso de andar con
versos viene á ser lo mismo que andarse
por las ramas... ¡Cuando yo digo que no
te casas nunca!
- No lo creas: eso de los versos fué
así medio en broma, ¿sabes?... Empezaba
diciéndola:

ca, poblada_de_ángeleu bendecida_por
profetas en los celajes y en los arreboles de lo infinito. Ocasos.enrojecidos en
cuyos vapores ardientes las nubes de
fuego toman formas apocalítipcas y fingen las legiones de ángeles que han de
esparcir á los cuatro puntos del horizonte los planetas, en cenizas disipados y
desvanecidos por los espacios en duelo;
desiertos interminables por cuyas arenas los solitarios han vivido, los penitentes han llorado, los redentores han
muerto, y que convidan con sus yermos
al silencio y al retiro, como cementerios que se hubieran tragado, no sola•'
mente los cadáveres, sino también sus
sepulturas; ruinas calcinadas por el incendio de los pensamientos religiosos y
ungidas por las oraciones y por las lágrimas de innumerables sectas, hijas
todas á una de la exaltada fe; monumentos contradictorios como la rotonda
del Santo Sepulcro y los minaretes de
la mezquita de Ornar, en cuyas piedras
ciclópeas se cuajaban religiones opuestas acercadas allí por las circunstancias
históricas como para que se viera su
contradicción eterna; las colinas de la
muerte, las grutas de los profetas, las
calles de amargura, los sitios de la
expiación universal, la cumbre del Gólgota, las honduras del Josafat: he ahí
cuanto despide á una en corto espacio
grandísima tormenta de ideas. Pero
¿serán habitables tales regiones por los
mismos que nacieran en ellas después
de haberse transformado al helor de
Rusia? El tiempo lo dirá. Unicamente
nos toca hoy meditar sobre los cambios del Hombre y la perennidad del
Eterno.

«Iba sin rumbo cruzando
Verdes y amenas campiñas
Un día de junio, cuando
Vi que me estaban mirando
Dos hermoslsimas niñas &gt;

- Bueno, bueno; pero no te molestes
en recitárr:1elos, porque ya sabes que no
me gustan los versos.
- Es que no te los voy á recitar todos,
sino que mira, después de decirla que
aquellas dos niñas me gustaron mucho
y que me enamoré de ellas, y que siempre quisiera estar mirándolas y que hasta
las veo en sueños, concluyo:
«Y... pero, bien mío, siento
Que con celos te atormento...
Aparta fieros enojos;
Que las 11illas de mi cuento
Son las ,iiflas de tus ojos ...

Madri'..113 de diciembre de 1891

NO TANTO PENSARLO
La última vez que le he visto, hará .
poco más de do,5 años estaba el pobre
.Eugenio paseándose , en· la galería del
Hotel Iberia una tarde de febrero.
Allí, entre cristales,_como una planta
tropical, él que había nacido entre la
nieve, al pie de los picos de Europa, tosía de cuando en cuando, hablaba por
entregas y tomaba el sol muy arrebuja·
do en la capa.
- He cogido un catarro terrible, me
decía, y no sé cómo, porque... me cuido
mucho; pero lo peor es que... por más
que hago no puedo deshacerme de él...
Ya ves, no salgo de casa ... me paseo
aquí que ...-hay muy buena temperatura ... y nada ... siempre lo mismo.
Después de un rato de conversaoión
le dije:
- Pero ¿no te fastidia ya la vida de '
fonda? ¿Por qué no te casas? ...
- Sí, sí, pienso hacerlo, me contestó.
Me fastidia mucho esta vida, y eso que
aquí se está muy bien; pero de todas maneras, pienso
casarme: no sé si podré hacerlo este año... Ya ves
que es cosa seria y hay que pensarlo mucho.
- Me parece que lo piensas demasiado y no lo
vas á hacer nunca. Ya oo eres niño, y si lo dejas un
poco más ...
- ¡Qué he de dejarlo, hombre! Si tengo novia y
todo ... ·una andaluza monísiina ... y nos vamos á
casar muy pronto. He cumplido cuarenta y tres
años... y reconozco que no tengo tiempo que perder.
Por eso te aseguro que si no puede ser este año, lo
que es del que viene no pasa.
Así lo dijo; pero no lo crean ustedes, porque está
diciendo lo mismo hace veinte años.
Eramos todavía estudiantes cuando le conocí ya
una novia morena, que sin ser lo que se llama una
hermosura, tenía mucho atractivo y mucha gracia.
Hubiéranle ustedes aicho que había de pasar un
año redondo sin que estuviera casado con ella, y no
se hubiera contentado con menos que con rechazar
tan absurda afirmación á bofetones.
Y efectivamente, antes de que acabara de pasar el
año ... ya tenía otra novia.
Porque dió en pensar que aquella morena tan
graciosa y que á él le gustaba tanto no iba á ser del
agrado de su familia, por razones que él sabía ó se

NóMERO 522

UN vo-ro, cuadro de D. José M. Tambnrioi.
(Eicpoii~ión eeneral de Bellas Arte, de Barcelonn.)

figuraba saber; y éó~o dió la casualidad de .que p~r .
entonces tuvo ocasión de volver á verá una rubia
muy espiritual que había conocido de niña, olvidó á
Isabel, que así se llamaba la morena, y se enamoró
de Emilia, que éste era el nombre de la rubia.
Por supuesto, con el firme propósito de casarse
con ella antes de un año. Ya había _él cumplido veinti?ós y no estaba por gas_tar má.s tiempo en amoríos
m en tonterías. Aquello iba á ir formalmente y por
la posta. Al siguiente mes hablaría al padre de la
chic:\, y si éste no se oponía, que por qué se había
de oponer, á los dos meses después la boda.
Dos años habían pasado ya cuando volví á encontrarme con Eugenio en Madrid en la caye del Hor·
no de la Mata, cerca de )a del Desenga~o, y apenas
nos saludamos me faltó tiempo para decirle:
- Ya te hab~ás casado, por supuesto.
- No, todav1a no; pe~o ahor~ an~o tratando de
eso, me contestó con evidente smcendad.
- Pues ¿cómo _has tardado tanto?
.
- Porque te dué... ya no me voy á casar con Em1lia ¿sabes?... Aunque estaba muy enamorado de ella,
y ella lo merecía, eso sí, porque es una criatura ideal;
pero pensándolo todo bien, pues estas cosas hay que
pens~rlas _mucho, he cr.eído que no me convenía ese
matnmomo, porque, mira, su padre se casó en se-

¿No te parece un pensamiento muy
delicado?
- Bagatelas, Eugenio, bagatelas, y bo' bada~. Déjate de esas cosas y al gráno,
t al grano. No te andes en romanticismos,
~ ronte en lo práctico y á casarte pronto
con esa ó con otra, pero pronto.
- Con esa, con esa precisamente será y
será pronto; no lo dudes. Ycuenta que voy
á hacer una gran boda, porque Matilde,
que así se llama mi novia, además de ser
muy guapa y muy buena es muy rica.
- ¡Bien, hombre, bien! Miel sobre
hojuelas. Adelante, y que sea pronto.
Nos despedimos y no volví á verá
Eugenio en muchos años. Creo que habrían pasado ya onceó doce cuando nos
volvimos á encontrar en San Juan de
Lin una tarde en el camino de la plaza.
- Yo iba y él venfa: le detuve, le di
un abrazo, y tratando él de desasirse,
me dijo:
.
- Déjame; ya te veré á la noche: voy
siguiendo á mi novia. ¿No has encontrado á un caballero alto y cano con una
señorita vestida de luto?,..
'
- ¡Pero, hombre!, le dije reteniéndole. ¿En esas me andas todavía? Me
figuraba yo que tendrías ya hijas casaderas, y resulta
que todavía andas tratando de buscar mujer con
quien casarte .. Francamente, yo te creía casado con
aquella Matilde de los ojos negros.. Como me Jo
ponías todo tan llano y tan plano...
- Y así estaba, no creas que no· pero después lo
pensé mejor y me conrencí de qu~ tampoco me con.
venía aquel matrimonio tan ventajoso en apariencia.
¡Ay, amigo mío! Es necesario mirar mucho esas cosas, porque ya comprendes que una boda no se hace
para un día ni para un año, sino para veinte ó treinta ó cuarenta si á mano viene...
- Lo que es tú no creo que la harás para muchos
s~ la haces. Al paso que llevas, se te va á pasar 1~
vida pensándolo y te vas morir soltero.
- No lo creas, como no me muera este año.
- Dios quiera que no; pero, en fin, .. ¿Por qué no
te casaste con Matilde, si se puede saber?
- Sf, hombre: tú lo puedes saber todo. Pues mira:
recordarás que te babia dicho que Matilde, además
de ser muy guapa...
,
- Es verdad, recuerdo que me dijiste que tenía
muy hermosos ojos.
- No solamente tenía bonitos ojos, sino que era
muy g~apa y muy buena, y además era rica.
- Cierto. Recuerdo que también eso me dijiste.

�822

NúMERO 522

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Vamos, ¿y qué? ¿Resultó que no había tal riqueza y aquel convencimiento, se fija en una, en la que más
le gusta, y la pide en seguida. Pero á Eugenio le papor eso lo dejaste? No te creía yo tan positivista...
- Ni lo soy; pero no adelantes el discurso: no es reció que la cosa merecía pensarse, y que lo primeeso. Realmente era rica, es decir, lo era su padre y ro era estudiar á las hijas del conde y conocerlas.
Del estudio resultó que las chicas parecía que se
lo habría de ser ella con el tiempo; pero casi todo lo
que su padre tenía eran bienes nacionales, ó mejor afligían poco por las dolencias de su padre, que adedicho, bienes eclesiásticos, comprados por un zoque- más le decían alguna mentira por disculparse en cote allá al principio de la desamortización, cuando, sas de poca importancia, que leían novelas á esconpor temor á las censuras de la Iglesia, apenas se pre- didas, y en fin, que á Eugenio ninguna de las dos le
sentaban compradores y se daban las fincas al pri- pareció bastante buena, y á pesar de que el conde
siguió mucho tiempo echándole indirectas, no dió
mero que ofrecía algo por ellas.
lumbres.
-Pero tú...
Y eso que ya entonces estaba, por s·upuesto, deci- Sí, ya sé lo que vas á decir, yo no lo había comprado, ni siquiera iba á ser su dueño, pero lo serían dido á casarse, y casarse pronto. Como seguía estánmañana mis hijos, y yo mismo iba á aprovecharme dolo unos años después, cuando le vi paseándose en
la galería de cristales, según referí al prin6pio de
de aquel caudal maf adquirido; y... ¿qué quieres?...
- Nada, yo no quiero nada. Por• no querer, ni esta historia,
Mas con toda su decisión, yo sigo creyendo que
quiero ya verte casado. Es decir, querer bien lo quino se casa nunca.
·
siera, pero no te veré de seguro.
Lo piensa mucho.
- Pero, hombre, ¿y qué culpa tengo yo de?...
- Culpa tienes. No me refiero al caso que me esPOSDATA. - En este momento, apenas había acatás contando. Mira, yo respeto tu manera de ver esa
cuestión, y á mí tampoco me gustaría casarme con bado de escribir lo que antecede, llega el cartero y
una mujer que tuviera un caudal mal adquirido, por- entre otras cosas me trae una esquela ... ¿A ver?...
que casi viene á ser lo mismo que entrar en un~
DON E UGENIO V!LLAMOROS...
compañía de ladrones. Bueno, no tendrás culpa s1
quieres en este caso particular; pero ~n gener~l sí
Ustedes creerán que me da cuenta de su casatienes culpa, porque en todo encuentras mcon_veme~tes. ¿No tiene ninguno esa muchacha que ibas si- miento con aquella novia andaluza de que me habló
la última vez. Ustedes creerán que la esquela, desguiendo?
- El caso es que ya me quitaste de seguirla hasta pués del nombre de mi amigo, sigue diciendo:. óarel Hotel de Francia, que es donde vive; y como todas ticipa á usted su efectuado enlace, etc.
Pues se equivocan·ustedes.
las tardes la pago este tributo, puede ser que se enLa esquela dice sencillamente:
fade al ver que hoy ,me he quedado por el camino.
- Vamo~ á ver, y ¿quién es?
HA FALLECIDO
- Es hija de un brigadier; del brigadier Abril, que
es ese señor que iba con ella: no tiene madre, ni más
¡Pobre Eugenio!... Toda la vida pensando en cahermanos que uno que está. en la Aca?~mia de_ in•
genieros en Guadalajara; es bastante bien parecida, sarse y se ha muerto soltero, como yo le pronosticomo habrás notado, si la reparaste, y se llama Flora. caba.
¡Bueno es pensarlo, pero no tanto!
- Flora ... Abril... No puede darse otra novia más
primaveral. Es un amor que parece que se le está
ANTONIO DE VALBUENA
viendo florecer, y sin embargo, se me figura que no
grana ... Pero te estoy entreteniendo: anda, vete tras
de ella.
- No: ya ¿para qué? Ya están en casa. Me vuelvo
SECCIÓN AMERICANA
á la plaza contigo,
Nos fuimos efectivamente hacia los baños y me
EL GALLERO
fui contando Eugenio con mucho lujo de detalles el
estado de sus relaciones con la hija del brigadier,
I
No me acuerdo ya de muchos pormenores; pero bien
sé que desde luego me formé idea de que aquel proCon harta razón ha dicho un ingenioso escritor
yecto de matrimonio tampoco prosperaría, porque portorriqueño q?e un p~eblo de esta provincia puedespués que el novio diera en pensarlo había de en- de pasar largo tiempo sm espectáculos públicos sin
contrar alguna dificultad insuperable.
festividades _religiosas y hasta sin alcalde que le ~priTres semanas estuve yo en San Juan de Luz, y ma ó le gobierne, pero que no podía pasar sin una
todavía cuando me vine para Madrid dejé allí á Eu gallera.
genio tan entusiasmado con su brigadiercita; como . En efec~o, no hay una sola población de alguna
que no pensaba salir de allí mientras ella no se mar· 1mp0rtanc1a donde no se encuentre un edificio octácbara, ni podía sufrir que yo pusiera en duda que se gono cuyo techo, en forma de paraguas, se eleva á
habían de casar al año siguiente en la primavera, veces por encima de las casas particulares, con ese
aspecto de superioridad que distingue generalmente
pero muy temprano.
Y ... ¡qué se había de casar!... Tres. a~os desp~és á los edificios públicos.
me escribió diciéndome que había desistido también
Es la casa que más conocen y visitan nuestros ;1ba•
de aquella boda por motivos graves que él refería á ros; es el lugar donde periódicamente se reunen y se
su modo, y que yo no recuerdo cuáles eran ni lo copfunden todas las clases sociales, atraídas por una
afición común.
puedo averiguar porque no co?serv? la carta...
Algún tiempo después, por 1dent1dad de opm1ones
!)eja_ndo pa~a otra ocasión el trabajo de averiguar
políticas llegó Eugenio á trabar conocimiento con un qmén rntroduJo y fomentó en este país el juego de
conde acaudalado y achacoso que tenía dos hijas gallos, y desde cuándo data la notable afición que
muy lindas. Aflig(ale al padre la suerte de éstas, pen- hacia él sienten nuestros campesinos y una parte no
sando que el día en que él muriera, d(a que, á juzgar escasa de la que allí llamamos alta sociedad sólo
por lo averiado que se encontraba, no podía estar diré, pór hoy, que el gobierno ha cpntribuído e~ gran
lejos, quedaban solas en el mundo. Le atormentaba parte al desarrollo de aquel juego, reglamentándolo
la idea de que, mal guiadas por su candor é inexpe- y cuidando de que no faltaran galleras en los pueblos
riencia, pudieran ser presa de algún par de perdidos, para que no disminuyesen las rentas que sobre ellas
de esos que no llevan al matrimonio ffi:ás q_ue. los cobrab~ el Esta~º•. rentas 9~e pasaron después á la
restos de una juventud gastada en el hbertmaJe y categoria de arb1tnos mumc1pales. Hoy mismo los
en la crápula, y que al'año de casados abandonan á A:yunta~ieritos anuncian con insistencia en el periósu mujer y á lo mejor la pasan por delante de la dico ofictal. lo~ remates de sus respectivas galleras,
vista el lujoso tren de una m·anceba costeado con su como cosa indispensable para el bien común y necepropia dote. Y como conociera la honradez, el ta- saria para el fomento de los fondos públicos.
lento, la formalidad y demás excelentes cualidades . Sea, pue~, por estas ~ por otras causas, que conde Eugenio, creyó que podía ser para él una adqui- Viene d1luc1dar en tra~aJos de distinto género al que
sición, y empezó á intimar con él y á hablarle de lo ahora me ocupa, lo cierto es que la afición á los gamalo que estaba el mundo y de lo que sentiría morirse llos se mantiene tan viva como cuando la describiesin dejar colocadas á sus hijas, y de que él no querí~ ron nuestros antiguos historiadores.
para ellas novios ricos, ni sietemesinos de.esos que no
D~ aquí el gran aprecio en que se suelen tener los
saben una palabra de nada, sino nombres honrados y gallos de pelea llamados ingleses, y el exquisito cuiformales y de talento, porque para él la honradez y el dado que se emplea en la propagación y cultivo de
talento valían más que todos los títulos nobiliarios ... su raza.
En fin, que se lo puso tan claro á .Eugenio, que . Para un jugador entus~asta u~ gallo no tiene preéste, á pesar de su modestia y timidei, se convenció cio. P_or eso no n?s e~trana verá unjíbaro, lleno de
completamente de que no tenía más que pedirle al neces1da.des y m1senas, despreciar crecidas sumas
que_se le ofrecen en cambio de uno de aquellos aniconde una de sus hijas y casarse.
Otro cualquiera en su lugar, una vez adqufrido malitos.

Pero entre el jugador y el gallo existe un mediador inteligente y activo, que representa un papel de
suma importancia.
Este mediador es el gallero, cuyo tipo me propongo bosquejar á grandes golpes de brocha.

LA 1l.OSTRACION

NCM~RO 522

A1&lt;.T1STICA

.

La palabra gallero no se encuentra en él Diccionario de la· Academia Española.
Esto me hace creer que jamás gallero alguno ha
tenido la honra de formar parte de aquel conclave
docto que fija, limpia y da esplendor á la lengua
castellana.
Difícil sería, por lo tanto, dar aquí una definición
autorizada de la palabra consabida.
En su etimología encuentro también algunas dudas
que no me atrevo á resolver.
Gallero se deriva de gallo, y éste viene de la palabra latina gallus, que lo mismo significa rallo que
francés.
Ahora pónganse ustedes á averiguar si los gallos
dieron nombre á los franceses, ó viceversa.
Uno de esos investigadores incansables que todo lo
averiguan, lo examinan y lo comparan, tal vez encontraría entre unos y otros, además del nombre latino,
cierta analogía ó afinidad de caracteres, cierta tendencia á cacarear y alzar el gallo, que pudiera justificar basta cierto punto la homonimia de la palabra
en cuestión.
Por mi parte renuncio de buena gana á meterme
en tales honduras, aun á trueque de que se me tenga
por un escritor superficial.

progenitores de cada uno, cuyas noticias le
comunica el criador con escrupulosa exac•
titud.
Sigue después el examen y filiación de
cada gallo, para saher si es papelón, giro,
blanco, negro, pinto, canagiiey, cenizo, guinea
ó ala de mosca; si es bolo, gallina,pava, rosón ó cinqzmio; si tiene las espuelas largas
ó cortas, altas ó bajas, derechas ó encorvadas, etc., etc.
Hecho esto, abre el gallero sus cátedras
y da principio á la instrucción de los gallos
neófitos, sometiéndolos á infinidad de prueb!J.S y ejercicios repetidos, con objeto de observar sus disposiciones para la pelea, y
sacar de ellas el mejor partido posible.
·
Desde este día hasta aquel en que los
gallos quedan muertos ó victoriosos en el
campo del honor (vulgo gallera), nuestro
tipo no se separa de ellos un solo instante:
con ellos vive, con ellos duerme, y á ellos
consagra - por decirlo así - todos sus pensamientos.
De día pone todo su cuidado en regular
con granos de mafa y tragos de agua el alimento que debe suministrarles, para que
no suba ni baje el peso en que conviene
mantenerlos, según el resultado de las botas
y coleos á que han sido sometidos oportunamente; de noche se complace oyéndolos cantar y distinguiendo la voz de cada
uno entre las de todos sus compañeros.

el encontrar á cada paso, ya en las plazas
públicas, ya alrededor de las iglesias ó al
revolver de cadá esquina, un respetable
escuadrón de belicosos gallos, simétricamente ordenados en diversas filas y atados
uno á uno á distancia conveniente á fin
de evitar entre ellos toda clase de duelos
y escaramuzas.
No lejos de aquel lugar, y á guisa de
general en jefe de aquella alada y bulliciosa
división, se destaca la interesante figura del
gallero que, siguiendo con la vista el más
leve movimiento de sus subordinados, pa•
rece dispuesto á mantener á todo trance entre ellos el orden y la paz establecidos.
Acérquense ustedes á él y pídanle informes de cualquiera de sus pupilos, y al
punto les contestará- por ejemplo - que el
tal gallo es giro patinegro, tataranieto del
famoso Picaflores de Utuado, biznieto del
Culebrina de Humacao, nieto del Conde de
R eus, hijo de Cofresí, sobrino por entrambas vías de Verdugo, hermano legítimo de
liierabrás y del Cólera, y padre de Maceta,
juancaliente, Trabuco, R ewlón, Avispa, Garibaldi, Lanza, Bismarck, Peladilla, Cánovas y el Cura Santa Cruz.
Y en seguida les referirá á ustei:les, punto
por punto, todas las circunstancias y peripecias de las peleas que lleva hechas, con qué
gallos peleó y cuáles eran las cualidades y
defectos de sus contrarios,

III

VI

VII

Tampoco _es menester. que me remonte á edades
anteriores para buscar el origen de este tipo.
Baste decir que el primergallerofué aquel á quien
primero se le ocurrió poner un gallo enfrente de
otro con el fin nada caritativo de verlos matarse mutuamente. Luego se ha ido propagando y perfeccionando la especie hasta llegar á la categoría IJ.e tipo,
merced á los grandes adelantos que se han hecho en
el arte de gallear.
Bien es verdad que la profesión de gallero es bastante lucrativa.
· Un buen gallero gana por lo regular algo más que
un maestro de escuela. No es extraño, pues, que algu~o de éstos cambie á veces su palmeta y demás
atributos de la instrucción primaria por la cuchilla y
las tijeretas del gallero.
Al fin y al cabo todo es enseñar, y tan maestro es
el uno como el otro.
Ambos tienen la delicada misión de instruir y cortar la pluma á sus alumnos respectivos.

Durante el tiempo que media desde el
día de Todos los Santos hasta el de San
Fernando Rey de España - y perdonen ustedes el modo de señalar, - nada hay más
frecuente en las poblaciones de la isla que

Cuando los gallos se encuentran en condición y el dueño de ellos está también en
condiciones de poderlos jugar, los llevan á
la gallera, metido cada gallo en su correspondiente saco, y allí nuestro tipo se con.

II

CRISTOBAL COLÓN,

busto en bronce de D. Félix P. de Tavera

IV
El gallero es ~n ciudadano pacífico y honrado
~asta do~de permite serlo esta profesión, y está casi
s1~mpre en. el pleno goce de sus derechos imprescr_1ptibles é 1~ah_enable!t, incluso el derecho de subsidio Y gasto pubhco, que es el más imprescriptible de
todos.
Su edad varía desde treinta á ~incuenta años y su
color de negro á blanco inclusive, aunque este t1'itimo
es más d~ ley, como se verá más adelante.
El ~ra¡e es ~umamente sencillo y adecuado á la
profesión: consiste en un pantalón de dril obscuro y
~na ~amisa de arabia ó cosa así, en regular estado de
hmp1eza. L_o~ domingos ó días de gran festividad
suele permitirse el lujo de usar chaqueta, y se dan
casos en qu~ llega á encarcelar sus pies en un par de
z~patos de l:iadana.
Cu_ando está en ejercicio activo lleva unas tijeras
pendientes de un cordón rtegro amarrado á la garganta, y su ropa está sembrada de plumas de diferentes colores, lo que indica bien á las claras que
e) desplu11tar es una de sus más frecuentes ocuha.
c10nes.
t'

V
. Par~ ser buen gal,ero es indispensable tener voc·a•
~1ón; s~n ell~ no podría sufrir por mucho tiempo las
impertm~nc1as y contrariedades del oficio.
Neces1ta además estar dotado de un gran instinto
observador' mucha paciencia
·
· Y una memoria
. capaz
,
de retener la genealogía y hoja de servicios de cada
un~&lt; del los ~allos que le confíen, cuyo número varía
seguná as c1rcunstanetas,
· pero que no pocas veces
11 ega C?ntarse por centenares.
· del gallero al hacerse cargo
1 igencia
d La
¡ prtmera dT
_e os gallos que ha de tener por discípulos es averiguar el color, nombre, historia y cualidades de los

LA CARRETILLA,

grupo escult6rico de D. Félix P. de Tavera, (Sal6n de los Campos Elíseos de París,)

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�LA 1LUSTRACION

826
vierte en heraldo de sus plumados campeones, anunciándolos en alta voz, poco· más ó menos del modo
siguiente:
- ¡Tengo un tres y dos de á pulgada, con veinte
pesos!
Que es como si dijera:
A qui estd D. fuan Tenorio,
Y rto hay GALLO para I!.

No tarda mucho tiempo en presentarse un compe
tidor, que acepta con arrogancia el reto, y entonces
dan principio los preparativos del combate.
Aquí el gallero se reviste de nuevos y distintos caracteres.
De maestro pasa á ser padrino de desafío: el gallero se convierte en coleador.
Esta variedad de nuestro tipo exige un artículo por
separado.

VIII
El gallero se identifica, hasta ciert9 punto, con sus
gallos.
Cuando ganan se llena de regocijo: cuando pierden
se entristece y se avergüenza.
La muerte de un buen gaHo suele ocasionarle lágrimas de dolor y otros excesos.
Si fuera posible la metempsicosis de Pitágoras,
tengo para mí que los galleros, al morir, habían de
convertirse en gallos.
Tal es el cariño paternal que profesan á estos animales.
Por su parte los gallos corresponden á tan entrañable afecto, y (después de las gallinas) suele ser
nuestro tipo el objeto de su mayor predilección.

Bien mirado, para lo que valen tantas balumbas
de oropel y relumbrón, tantas glorias de talco y tanto grajo cubierto con las doradas plumas del pavo
real, verdaderamente puede decirse que la humanidad, fautora, actora y espectadora de tanta fars~,
está en lo justo jugando con su obra, como los m·
ños con las pompas de jabón.
J UAN O-NEILLE

NUESTROS GRABADOS

LAS POMPAS DE JABÓN

Todos corrían y se agrupaban con infantil alegría,
levantando sus mahecitas para cogerlas.
Con una explosión de chillidos y gritería se saludaba la aparición de cada una de ellas.
¡Eran tan bonitas!
Ostentaban al brillo de la luz del sol los más
vivos y puros colores del prisma, la combinación de
todas sus tintas, la armonía de todos sus contrastes,
con la dulzura y la suavidad, firmeza y valentía del
más armonioso acorde ... desesperación de los más
hábiles y consumados coloristas.
.
Aquellos brillantes colores, formando manchas
como el conglomerado y las vetas de un jaspe, se
movían y removían al contacto del aire, corriendo
como el agua por los brazos de un río por esmaltada
pradera, tomando tornasolados cambiantes.
¡Eran tan hermosas como las ilusiones!
¡Tan hermosas como la infantil alegría de los
niños y el inocente alborozo con que corrían tras
ellas para asirlas!
La suavísima brisa las levantaba, sostenía, dejaba
caer y remontaba. de nue!o, .abandonán'dolas al fin
á su destructor alcance.
Con una explosión de chillidos y gritería se celebraba la d«:strucción de cada una de ellas.
¡He ahí la ley del movimiento en manos de la
humanidad!
Hacer ó deshacer, crear ó destruir, levantar ó derribar. Jamás permanecer inactiva, saludando con
alegría la aparición de una cosa nueva, celebrando
con alborozo la destrucción de una cosa vieja, mirando poco sea lo que fuere; lo importante es hacer,
hacer algo; destr~r, destruir algo.
¡¡Las pompas de jabón!!
Todos ... ¡y cuántas veces! hemos formado de nuestro cerebro como una pompa de jabón.
¡Con pompas de jabón juega la humanidad!
Estudios, desvelos, afanes, sacrificios, abnegaciones ... proyectos ilusorios; y aparecía la pompa brillante, reluciente, y al tender la mano para asirla,
como el feliz resultado del cálculo, como el premio
de las penalidades, la pompa desapareció, dejando
por rastro el triste desencanto de la ilusión desvanecida y la amargura del desengaño.
Creación de familia, bienes de fortuna, importancia social, posición, poder y mando; talento, genio
y sabiduría, arra~tradora voluntad... ¡pompas de
jabón! ¡Efímeras pompas de jabón arrebatadas y estrelladas por el aire que las acariciaba, ó secadas por
el rayo del sol que les prestaba un momento de
brillo, ó destruidas por las manos de la turba que las
contemplaba y admiraba!

522

LA

NúME}{O 522

ILUSTRACION ARTISTICA

La· separación, la muerte, arrebata uno á uno á sentidas composiciones. Un voto sintetiza la conjunción de sentimientos y creencias, de cariño y fe religiosa que se anida en
los individuos que fermaban la familia, que se des· el corazón de la madre cristiana, que reconocida á las bonrlatruye y desaparece y se forman otras, ¡y todas desapa- des de la Providencia, p6strase humilde y reverente murmurando una plegaria por haberse salvado su hijo querido de la
recen del mismo modo!
Los bienes de fortuna se acumulan con la misma dolencia que le aquejaba, en tanto que su esposo, destacándo·
de la penumbra de la nave del templo, lleva en sus brazos
facilidad que las pompas de jabón, y por descalabros, se
al ser querido.
por torpezas, por descuidos y por infamias se evapoAqui demuéstrase el artista tal cual es, pintor por la forma,
ran¡ y pasan de una mano á otra para desaparecer poeta por el sentimiento.
del mismo modo
el harén, acuarela de G . Simoni. - Bella es
La importancia social, graduada por -la opinión la En
acuarela de Simoni titulada En ti ha,·b,, que cual todas las
pública, por esa cosa que está en todas partes y en SU)'as y especialmente las qu~ representan asuntos de carácter
ninguna se encuentra, se ve ponderada con igual oriental, revelan, no s6lo el dominioen el género de pintura en
que sobresale, sino también su profundo estudio tle las coslumligereza, lo mismo en pro que en contra.
bres, &lt;le la caprichosa arquitectura y de la indumentaria de
¡Todo lo mismo! Mando, talento, sabiduría, genio, esos
pueblos en que la mujer no ha llegado todavía á conver•
fuerza de voluntad, impotencia y poder, riquezas y tirse en compañera del hombre.
,
La nueva producci6n de este distinguido acuarelista, que ha
miserias ... ¡pompas de jabón!
Aplausos y gritería del vulgo inconsciente; niños logrado igualarse á su compatriota el romano Corelli, á pesar
su falta de novedad, es una obra muy recomendable por los
y nada más que niños crecidos, y como tales más de
bellísimos contrastes que ofrece.
destructores, entusiasmados en el momento de su
Cristóbal Colón, busto en bronce.-La carretiaparición por la viveza y el brillo de sus colores.
grupo escultórico de D. Félix P.de Ta vera. Gritería y aplausos al verlas desaparecer rompién- lla,
Nuestros lectores recordarán agradablemente la reproducción de
dose al choque con ºotro cuerpo, y frenético delirio la bella estatua titulada ¡Soy yo! que publicamos, por haber sido
al poder destrozarlas con sus propias manos.
tal vez la que más interés despertó entre las esculturas que fiY chillidos y exigencias para ver aparecer otras guraron en la Exposici6n general de Bellas Artes de Barcelona.
De Tavera es asimismo el bonito grupo La carretilla, que
prontamente y verlas desaparecer del mismo modo ha
figurado en el Salón de los Campos Eliseos. En ésta como
y alcanzarlas para destruirlas.
en el malicioso tipo del rapazuelo ha dejado impreso el artisla
¡La humanidad juega con pompas de jabón!
filipino el sello de su genialidad. De dos asuntos al parecer

MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS

BOCETO

NO MERO

ART1STICA

triviales, ha sabido ejecutar dos obras de verdadera importancia, ya se las considere psíquicamente 6 como manifestaciones
de la nueva escuela escult6rica. Realistas son ambas, pero
dentro del limite marcado por la razón y el buen gusto. De ahí
que resulten simpálicas y agradables y que se descubra en ellas,
no sólo al escultor, sino también al artista, ya que Tavera, si
bien modela, piensa, discurre y siente.
El busto de Cristóbal Coló11 fué ejecutado por este excelente
escultor por encargo especial de la Comisión que se constituy6
en la capital de la República Argentina para festejar al gene·
ral Mitre y ofrecido al Sr. Marqués de Comillas por las atenciones que la Compañia Transatlántica española guard6 con
aquel ilustre hombre público durante el viaje que llev6 á cabo
en uno de sus vapores. Aunque esta obra se separe por completo ·de las anteriores, no por eso es menos digna de elogios.

Andaba á la ventura, sin hacer caso de los faisanes qu~ se levantaban á su paso...

MARCELA

La ninfa herida, grupo en mármol de Gustavo
Grupo de cigarreras en la fábrica de tabacos
Eberlein 1Exposición de Bellas Artes de Berlin). - Las de Sevilla, cuadro de Th. von der Beck (Exro,ición
de Bellas Artes de Berlín). - Cierto es que en los vastos talleres
de la fábrica de tabacos de Sevilla hallan el sustento algunos
millares de cigarieras y que en su conjunto descúbrense reunidos todos los tipos de la mujer andaluza, ya la de ovalado rostro, rasgados y soñadores ojos y delicadas formas, ya la de
pronunciados rasgos y duras líneas; pero al examinar el lienzo
del pintor alemán no es posible descubrir á las hijas de la ciudad del Guadalquivir. El Sr. von der Beck, artista de mérito,
que cultiva con éxito la pintura de género y costumbres, incurre en los mismos errores que los artistas y lileratos extranjeros
cuando tratan de dar á conocerá España. Su obra, como ma·
nifestación pictórica, es bella y altamente recomendable, ya
por su entonación, como por sus líneas y bien dispuestas agrupaciones, mas corno antecedente resulta falso. El Sr; von der
Beck ha pintado su cuadro en Alemania, y sus sevillanas podrán
Ultimas rayos, cuadro de D. Dionisia Baixe- record;ir quizás las que embelesaron á nuestros abuelos, pero
ras.-La vida artlstica de Baixeras data casi desde su infan· no á los bellisimos y airosos tipos de hoy, que no usan más arcia, pues no había cumplido aún los diez y seis años y su nom- mas que el abanico. Esto no obstante, el Crupo de cigarreras
bre ocu¡)aba ya uno de los primeros puestos entre la aléyad~ de von der Beck ha sido de los que más han llamado la atencion.
de pintores que honran á Cataluña. Si bien antes cultiv6 con
provecho el género hist6rico, hoy apenas exislen en su paleta
¡B.orrible hallazgo!, cuadro de Adolfo Hering.
otros tonos que los pardos del tejido burdo que visten los hom- (Exposición de Bellas Artes de Berlin). - Los ar1is1as de todos
bres de mar y el obrero, avalorados y enriquecidos siempre los países abandonan paulatinamente la representación de
asuntos y hechos de otras épocas, difíciles de interpretar, inspor sus aptitudes artísticas.
·
U/timos rayos titúlase el gran lienzo que reproducimos, en pirándose en todo cuanto les rodea, vive y se agita. Los nueel que se representan á varias campesinas horquillando la paja, vos conceptos del arte exigen del pintor profundo estudio psides pué~ de la trilla, para finalizar la jornada; y aunque la com- cológico de la sociedad moderna, para poder representarla en
posici6n parezca trivial, es tal el relieve y la tenue gradación el lienzo y facilitar interesantes antecedentes para la historia
de la luz en el ocaso del d!a, que bien puede decirse que el de nuestra época, puesto que hoy como ayer persigue la humaarlista ha reproducido la Naturaleza.
nidad dP.termínados ideales y las pasiones y las virtudes agítanse violentas en el magín del hombre. Por eso los pintores
El compromiso de Caspa, cuadro de.A. Parla- de la escuela moderna buscan las fuentes de su inspiraci6n en
dé (premiado con medalla de oro en la Exposición de Bellas e~os ~ramas latimos que de continuo nos conmueven y que
Artes de Berlinl. -Con buen acuerdo troc6 el Sr. Parladé su smtet1zan nuestro modo de ser.
bufete de abogado por el estudio del artista y los alegatos I
Adolfo Hering figura entre ellos, y su notable cuanto sentida
informes -por sus composiciones pict6ricas~ ya los triunfos que composici6n reproduce un · accidente real y tristísimo, que si
ha logrado en un breve período de tiempo demuestran incon- por fortuna no es frecuente, prodúcese en las grandes capitales.
testablemente sus excepcionales aptitudes para el cultivo de la Una amorosa madre, después de infructuosas pesquisas en bus•
profesi6n que tan resueltamente ha emprendido. Joven, pue9 ca de su hija, que era el encanto de su vida, acude al depósito
cuenta apenas treinta y tres años, y ostentando un titulo nobi- judicial con el ánimo acongojado por cruel incertidumbre.
liario, tráslad6se á Roma apenas terminada su carrera de leyes, Allí, sobre una mesa, halla tendido el inanimado cuerpo de su
adonde le atra!an sus entusiasmos artísticos, para dedicarse al hija, extraída pocas horas antes de las cenagosas aguas del rio
estudio bajo la experta direcci6n de D. José Moreno Carbone- e_n el que se arrojó para ahogar las torturas de su corazón, víc'.
ro. Rápidos fueron los progresos que realiz6, pues á los dos tima de cruel desengaño.
años alcanzó un premio en la Exposici6n internacional de
Tal es el hermoso cuadro del pintor alemán, premiado en la
Madrid de 1884 por su notable cuadro titulado Gladiadores Ex posici6n her linesa.
victoriosos ofreciendo sus armas d Hlrcieles. En la Nacional de
1887 logr6 nueva recompensa por otro lienzo representando
Entrada de una huerta en Sevilla, cuadro de
la Entrega del trofeo en ta bata!!a del Salado al Papa Bmedic· D, Manuel García Rodríguez (Exposición general de
to XII en AviiJón, que fué después premiado en la de Londres, Bellas Artes de ~arcelona): - Mu'y joven emprendi6 Garda
en donde fué adquirido por el coronel Worth. Et-compromiso Rodrlguez, con éxito y entusiasmo, sus primeros estudios bajo
de Caspe, inspirado en un hecho hist6rico de gran interés para la dir~cción de D. José de la Vega, abandonando presto el ·
nuestra patria y especialmente para Cataluña, cual fué la elec- estudio de l~s )etras por el de las-Bellas Artes. Sus progresos
ci6n de monarca para Arag6n que recay6, gracias á los 'esfuer- fue.ron tan ~ap_1_dos como notables, distinguiéndose como inzos de Vicente Ferrer, en Fernando de Antequera, el vencedor tehgente pa1saJ1sta en todas c~antas Exposiciones y Concursos se
del desgraciado conde de U rgel, es un cuadro de suma impor- ha presentado. Sus c~adros titulados On"llas del Guadalquivir,
tancia, perfectamente estudiado y dispuesto, que revela en el Í:ª. tarde y s_an Benito de Calatt"ava, premiados en las Expoautor profundij estudio y perfecto conocimiento de la época y s1c1on,es ~ac1onales ?e 1888 y 1890, asi como el adquirido por
de la situaci6n de los personajes representados, como también ·,los p~nc1pes ~e Bav1era1 patentizan las cualidades y aptitudes
cualidades artisticas muy recomendables.
~el •p!ntor sevillano, que aunque novel artista, ha logrado &lt;lisJusto ha sido el acuerdo del Jurado calificador de la Expo- tmgu1~se hasta el punto de haber sido nombrado recientemensici6n de Berlín al conceder al Sr. Parladé medalla de oro á te socio corresponsal de la Academia de San Fernando.
su último cuadro.

obras de Eberlein distíoguense todas ellas por el sentimiento
que revelan y por su notable ejecuci6n. De ahí que gocé en
Alemania de justo y merecido renombre, figurando á la cabeza de los escultores que más honran á su patria.
Lá ninfa herida, precioso grupo que tanto ha llamado la
atenci6n en la Exposici6n de Bellas Artes de Berlín, es la última obra que ha producido este distinguido artista, en la que
son de admirar los opuestos sentimientos que ha sabido imprimir en las dos figuras y su notable ejecuci6n. El rostro de la
ninfa expresa perfectamente la dolorosa impresi6n que le produce la extracci6n de la espina que ha herido uno de sus pies,
en tanto que el del joven parece se halla extasiado en admirar
su belleza, olvidándose, quizás, de la causa que produce la
molestia que experimenta su amada.

Un voto, cuadro de D. José María Tamburini
(Exposici6n general de Bellas Artes dé Barcelona!. -·Nueva
ocasi6n nos ofrece Tamburini para poner de manifiesto sus
cualidades por medio de la reproducción de una de sus más

JABON REAL

IVJ:OLETI

JABON

DE T HRI Ditc E 29,~d';1~;ñ;t,uu VEL ouTI NE
&amp;teo■at1Jo1

,er autorifúu ■ülcu para ta li(lm 41 11 Plll y 8111•.n hl Cole.,

POR PEDRO VALDAGNE.-ILUSTRACIONES DE V. CORC0S

.\ B Lo

Trenier,
aquel buen
muchacho,
por lo regular
tan alegre, estaba muy triste en la mañana del día
en que le pre·
sentamos eA
escena; con
su chaquet6n
de terciopelo, su gorra de
guardabosque y sus
grandes botas amarillas, andaba á la ventura, sin
hacer caso de los faisanes que se levantaban á su
paso, aleteando ruidosamente, ni tampoco de las liebres que de un salto cruzaban el sendero, mostrando la mota blanca de su cola levantada,
Marcela estaba á punto de marcharse: debía seguir
como camarera á la condesa de Vertval, su madrina,
que regresaba á París mu, tarde aquel año, es decir,
en los últimos días de diciembre, pues la estación
había sido magnífica, y el conde de Vert~al, gran
cazador resistiéndose hasta entonces á privarse de
su div;rsión favorita, había multiplicado las invitaciones.
Marcela se iba, y Trenier adoraba á Marcela.
Ciertamente estaba tranquilo, porque volvería en la
próxima estación, tan linda, tan graciosa, con la mis•
ma mirada serena y dulce, y con su largo cabello
negro, que era su orgullo; también volv~ría fiel al
amor que poco tiempo antes la declarara sinceramente de la manera más sencilla y sin frases pomposas,
que era una simple aldeana; pero en fin, iba á
partir, y aquella separación de al&amp;unos meses parecía muy dura al bue~ Pablo Tremer..
Los dos se habían criado en el castillo de Vertval,
en el centro del Perigord, sin separarse nunca. Marcela era bija de uno de les colonos de 1~ condesa,
quien había consentido en ser su madrina en las
fuentes bautismales, dándole el nombre de Marcela,
nombre que los campesinos alat_garon muy pronto,
según su costumbre, sin duda para que fuese más
sonoro. Después, muerta su madre, Marce.lota, se-

y;

gún dieron en llamarla, fué recogida en el castillo,
donde creció junto al pequeño Pablo Trenie'r, hijo
del guardabosque del conde.
La condesa de Vertval, por lo demás, no había
vuelto á ocuparse de su ahijada, pues al consentir en
ser madrina de Marcela no pensó jamás en comproter en lo más mínimo su responsabilidad; y hasta
ignoró largo tiempo que la niña habitaba en su castillo, donde ella no pasaba más que algunos meses
del año.
·
Pablo Trenier fué quien condujo allí á la huérfana, y muy pronto llegó ésta á ser la alegría de algunos viejos criados que habitaban el castillo todo el
año, después de haber servido largo tiempo á los
condes de Vertval, que por una antigua y respetable
costumbre tenían en aquella morada sus inválidos.
Marcela cautivó muy pronto á toda aquella buena
gente, que la mimaba y admiraba. Un viejo servidor
que había vigto morir al padre del conde actual, enseñóle á leer y dió principio á su educación rudi•
mentaria, al mismo tiempo que á la de Pablo, huérfano á su vez, pues el guardabosque había sido
muerto por la bala de un cazador furtivo á quien
nunca pudo descubrirse. Marcela aprenqió poco á
poco á prestar servicios; más tarde, cuando ya era
grandecita, eligiósela para ayudar en sus trabajos á
la costurera, pobre anciana cuya vista comenzaba á
debilitarse, y todas las atenciones que se dispensaban á Marcela pagábalas ésta con su cariño, su solicitud r sus gracias.
Pablo Trenier, robusto y fuerte, aprendía el rudo
oficio de su padre. Los años pasaron así, y Pablo
cumplió veinte la víspera del día en que Marcela
llegó á los diez y ocho.
Y era agradable durante las veladas de invierno
ver alrededor de la colosal chimenea de la cocina
al joven guarda sentado junto á Marcela, mirándola
tímidamente con una admiración de que apenas comenzaba á darse cuenta; mientras la niña, con su
ai~e picaresco y adivinando sin dud_a alguna cosa,
mJTaba á Pablo sonriente.
Marcela era para Pablo un ídolo; una palabra suya
habría sido suficiente para inducirle á prender fuego
á los bosques del conde, á pesar del inmenso cariño
que les profesaba, porque allí podía pensar en ella
en medio de un silencio profundo y durante horas
enteras. No se creía feliz sino cuando ella le prometía aceptar su auxilio en cualquier trabajo demasiado
fatigoso para sus fuerzas, y entonces entregábase á

su tarea con tanta alegría, que á pesar"suyo entonaba alguna ruidosa canción.
Y era porque en aquella joven tan fina y delicada
parecíale observar un marcado sello de distinción
cuando cruzaba las salas del castillo. Muy pronto
Trenier comprendió que era un inmenso amor lo
que llenaba su corazón, y entonces tuvo miedo.
En cuanto á él, bien sabía que era tosco y nada
simpático ni elegante, como ella, y á menudo renegaba de su rudo aspecto, que le hacía parecer muy
vulgar, y sobre todo de su limitada inteligencia, falta
que él mismo reconocía con pesar al cometer alguna
torpeza delante de Marcela, 6 cuando la esperanza
de ser amado de ella colmábale de alegría, manifestándose ésta por una ruidosa carcajada ó las JnáS
toscas frases. Marcela le miraba entonces con el aire
de una gran señora y Pablo quedaba confuso, desesperando de refinar nunca sus modales, ni reducir
aquella exuberancia de vida, por la cual debía pa·
recer demasi'ado ordinario á los ojos de la joven,
¡Cuánto hubiera dado por poder imitar los graciosos
modales de los señores del castillo! Pero cuanto más
los observaba, menos podía aprender; no, jamás llegaría á tener su desenvoltura, ni le sería daao hablar
como ellos. ¿Cómo lo hacían para encontrar tantas y
tan agradables frases, mientras él permanecía silencioso cuando estaba solo con la mujer adorada, do·
minado por una timidez _que le paralizaba la lengua?
Muchas veces quiso declarar su amor; muchas veces
parecióle que Marcela estaba dispuesta á escucharle;
mas no podía decidirse, temeroso de oir su propia
voz al declarar su pasión en medio del largo silencio
de sus entrevistas, y poseído de angustia al pensar
que tal vez la joven le contestaría con una cruel carcajada.
Marcela había adivinado esta adoración; su instinto de mujer le advirtió que existía algo más que
buen compañerismo en las atenciones que Trenier
la prodigaba, y agradecí:1selo mucho en el fondo. En
su inmaculado corazón de joven, el amor se formula·
ba independiente de todo atractivo físico¡ comprendía la vida de ºlos dos como una asociación de esfuerzos y de buenas voluntades, y veía, sin tratar de
explicarse por efecto de qué misterio, la prole que
podrían tener y de la cual cuidarían ambos. No se
le ocultaba á Marcela que entre maridt') y mujer debe
reinar la mayor confianza, y en este punto era para
ella una garantía el carácter franco y leal de Pablo.
También estaba segura de que la respetaría y protegería; pero no sospechaba que p1;1diera producirse_

�LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO 522

Apenas llegada, encontróse muy á su gusto en la secretario, Renato Berard, es un hombre inteligente
una embriaguez loca en el amor, y di6 su corazón al
hombre cuyos menores ademanes y más insignifican- ciudad monstruo, sin que la perturbase su continuo y digno, por lo cual me propongo hacerle progresar.
tes palabras revelaban su adoración.
estrépito; pero como el conde de Vertval habitaba en
Pero como á pesar de su ingenuidad y candor era la plaza de Malesherbes, en un barrio muy rico y
III
muy maliciosa y traviesa, divertíanle las vacilaciones aristocrático, la joven no conocía las míseras calles y
El conde de Vertval distraía sus ocios escribiendo
del enamorado mancebo,. quien no osaba hacer la de- los centros cuajados de populacho, que sin duda la
una obra sobre cinegética, bastante voluminosa, para
claración que ella veía próxima; y sin echarlo de ver, hubieran infundido temor.
El palacio del conde fué para ella una maravilla: la cual necesitaba nmrierosos documentos; y por lo
mostrábase coqueta con su adorador.
Cierto día Marcela cayó enfermaj poca cosa ... , el gusto exquisito de la condesa y los caprichos de su tanto había buscado un secretario: todas las mañacasi nada, una ligera fiebre que se cortó muy" pronto; esposo, sumamente aficionado á las artes, habían nas Renato Berard trabajaba con él, y el señor de
pero Pablo, sombrío é inquieto, fruncía el ceño y contribuido poderosamente á convertir cada habita- Vertval estaba muy satisfecho· de su colaboración,
porque el joven era inteligente, sumamente instruí·
murmuraba imprecaciones que se perdían en su espe- ción en una obra maestra.
El gabinete de la condesa, tapizado de seda al es• do y con muy buen criterio. Hombre de veinticinco
..so bigote rojo; mostrábase muy reservado y apenas
contestaba á los que arrostrando su aspecto hostil le tilo de Luis XV, con sus elegantes sillones dorados años, de aspecto varonil, era muy pobre y vivía solo
dirigían alguna pregunta. Más de cien veces al día y todos sus adornos á la Pompadour, era una precio- con su madre, á quien un cataclismo financiero
s~ acerca~a á la puerta del aposento de la joven, sidad; en el monumental comedor, algo sombrío por privó á la vez de fortuna y de esposo. Renato, edudispuesto a entrar y sin atreverse á ello, temeroso de eíecto de la altura del techo y las tapicerías de una cado para más brillante porvenir, llevaba clentro de
ver s~ rostro pálido, antes tan sonrosado, y temeroso sola pieza, en las cuales brillaban dieciséis aplicacio• si con resignación una profunda melancolía; era de
también de que su voz bronca resonase demasiado nes de plata maciza, veíase en el fondo, por un lado carácter ardiente, fácil de entusiasmarse y soñaba en
~n la habitación de la enferma. Después, cuando me- ,la gran chimenea y por el o~ro un enorme aparador grandes cosas. Ahora bien: la casualidad quiso que·
Jor6 el estado de la joven, su inmensa alegría se cargado de lujosa vajilla; el gran salón, del todo mo- se enamorase de Marcela, sin tratar de ocultárselo, y
d~sbordó; y el día en que entró por fin á verla, tí- derno, estaba cuajado de ricos muebles, estatuas, desde aquel instante la pobre joven se creyó permido y torpe como siempre, y Marcela le dijo «Va- adornos raros y plantas; y por último, la habitación dida.
•
mos, Pablo, ya v~s que estoy bien, aunque algo débil,» de la condesa, tapizada de seda de China de color de
Hacía algún tiempo espantábase ella misma de
dos gruesas lágrimas cayeron de los ojos del buen rosa con blondas, las arañas de Venecia y los cuadros los enormes progresos de su imaginación y veíase
Pablo é hizo una mueca, porque sentía al mismo de celebrados maestros, completaba el magnífico en un todo diferente de lo que antes era. En vano
tiempo deseos de reir y de llorar.
conjunto.
trataba de luchar contra aquella inc1inación, cada
Y _aquel mismo día fué cuando Marcela, muy conMarcela se juzgaba muy feliz en medio de aquellas vez más fuerte, á todas esas cosas finas y elegantes
movida á su vez, cogi6le de las manos y Je dijo:
elegancias, porque satisfacían dulcemente muchas que constituyen el cqdigo mundano; pero sus aficio-.
- Escuch~, Pablo, no se me oculta que me amas inclinaciones mal definidas que en ella se desperta- nes se imponían cada vez más. Comprendía cuán
hace largo tiempo; tú no te atreves á decir nada bao. Hubiérase dic~o que en la joven se producía peligroso era hacer~e muy superior á Paj:)lo Trenier,
pero lo adivino... ¿No es así? Pues bien: yo te am~ una nueva naturaleza, al parecer muy refinada y co- aquel hombre sencillo que nada de esto comprendía,
igualmente, me casaré contigo y seré buena y fiel; nocedora de las bellezas del arte. A veces permanecía y hubiera querido evitarlo.
ya lo verás.
largo rato ante el lienzo ahumado de un maestro ht&gt;·
Per.o he·aquí que de pronto se produjo una metaDe este modo, sin muchas frases ni rodéos se landés, que representaba con viva expresión existen- morfosis en su corazón; poco á poco, el amor tomacomprometió con Pablo para toda su vida.
.'
cias adivinadas"por el artista, admirando las raras fi. ha cuerpo en el alma de Marcela en forma muy dis
Hacia_ la misma época, la condesa de Vertval fijó nezas de un clarobscuro prodigiosamente hibil. Y tinta que hasta entonces, y con sus ideas sobre el
su atenc19n en Marcela, á quien había olvidado casi. esto era tante más singular, cuanto que personas más matrimonio mezclábanse a:hora consideraciones de
Er~ ya una joven a.Ita, de talle muy esbelto, seno ilustradas, más conocedoras de las manifestaciones elección y deseos de mejorar. Era menos sano, tal
promm~nte, cuyos l~tid?s, marcándose con regulari- del arte, solamente habrían visto allí una pintura vez, pero seguramente menos rudo que la concepdad b~Jo el corsé, rnd1caban vigor y salud; manos tosca, una iluminación ennegrecida por el tiempo.
ci6n brutal del amor en la gente del campo; era una
pequenas y brazos redondos bien modelados; pero
En el medio ambiente donde entonces vivía sen- cosa delicada, con dulces ensueños, graciosos mocfalo que más llamó la atención de la Sra. de Vertval tfase Marcela también más en contacto (aunque in- les, palabras armoniosas y elegantes costumbres.
fué la expresión inteligente de Marcela, sus ojos ne- directo todavía) con el mundo exterior, con la sacie-· Y precisamente Renato Berard llegó en el roogros, q_u~ revelaban la actividad del espíritu, el deseo dad elegante, agitada de esa fiebre parisiense que mento más oportuno para dar cuerpo á todas estas
de ant1c1parse á todo y también la graciosa sonrisa multiplica las facetas de la impresionabilidad, que meditaciones peligrosas. Marcela resistía, protestaba
q_ue entreabría sus labios, comunicando al rostro complica las sensaciones centuplicándolas y hace con todas sus fuerzas; mas á pesar suyo, un amor
srngular dulzura, la más propia para atenuar la mali- vivir á varias existencias en una.
nuevo, mucho más conforme con sus íntimas aspiracia de su mirada. En todo el conjunto notábase un
En el castillo de Vertval, Marcela había manifesta• ciones, posesionábase de ella, haciéndola pasar por
marcado sello de distinción, y á pesar de su natural do ya inclinación á retraerse de quehaceres puramen- crueles alternativas.
desenvoltura. sabía mostrarse reservada y digna.
te materiales; pero esto no la condujo sino á una
La pasión que á Renato había inspirado Marcela
- Pero, Marcela, ¿estoy soñando?, dfjole un día la vana medítación mal definida y sin objeto: ahora era sincera; en primer lugar, la belleza de la joven le
condesa. ¿Eres tú la misma que yo tuve en brazos el veía claramente seres que tan sólo se alimentaban de habla impresionado vivamente; admiraba su gracia
día de tu bautizo? ¡Pues ya eres toda una mujer! las cosas de espíritu; adivinaba una actividad del ·su esbeltez, sus finos modales, y además (pues y~
¿Sabes que esto me envejece mucho?
pensamiento en aquellas cabezas de la gente de mun- habían hablado con frecuencia) había entre ellos
- He crecido bastante, en efecto, señora con- do, y comprendía que era una existencia muy &lt;lis- mucha afinidad de inclinaciones y marcada prevendesa ...
tinta de la que ella_ había conocido ~asta entonces, ción contra todo lo que era vulgar. for otra parte,
- Y eres muy linda ... Ya debes saberlo. ¿Qué ha- pero mucho más mteresante y apasmnada. Hasta como Renato era pobre y demasiado orgulloso para
ces tú aquí?
Marcela llegaban ecos de refinamiento de las co·stum- buscar en el matrimonio una situadón que no hu~arce!~ ~anifestó cuál era su ocupación en el bres ~ue la se?ucfan.
..
.
.
biera debido á su valer, la pobreza de Marcela era
castillo, d1c1endo que entonces tenía á su cargo toda
~~JO el _traJe
campesina de la JOvén, ba¡o su una causa más para que desease tomarla por esposa.
la ropa blanca, y además llevaba el libro de cuentas se~c~llez é mgenu_1dad, 1~ condesa de _Yertval había
En es~e sentido habló con franqueza al conde,
de la cocina, porque escríbía y contaba bien.
ad~vmado la mu1er curiosa, que ans~aba sabe~ y á como úmca persona de quien la joven dependía; el
- ¿Quién t~ ha hecho ese vestido?, preguntó la quien halagaba todo cuanto era bomto y gr~c10so. Sr.. de Vertval se lo comunicó á su esposa, y aquella
condesa, admirada al observar el corte sencillo, pero Interesábase mucho en aquella brusca revelación, y umón·pareció á los dos muy razonable. En cuanto
en extremo correcto, del traje.
·
ayudó á que se desarrollara la inteligencia de su á Marcela, muy pronto tuvo conocimiento de la de- Pues yo misma, señora condesa.
nueva camarera. Complacíala mucho hablar con la manda oficial hecha por Renato.
- Te sienta perfectamente.
jove?, y div_e~tíanle e~ extremo sus- co_ntestaciones
Ape?as la condesa pronunció las primera~ pala- Le he copiado, añadió Marcela, ruborizándose, y ch1st~s ?rigmales. Cierto día sorprend~ó á Marcela bras, srntió latir su corazón apresuradamente; estaba
de un grabado del Diario de la Moda de la señora en la bibhoteca del conde leyendo un libro de que persuadida de que amaba "á Renato y de que á na·
c?ndesa ... ; tal vez haya hecho mal, porque es dema- se hab!a apoderado y que tenía por título La muier die amaría sino á él, y también comprendía, con el
siado elegante y se ciñe mucho.
en el siglo _xvm.
..
espanto que inspiran las cosas irreparables, que su
- Nada de eso; estás encantadora así.
- ¿Te mteresa eso, h1Ja mía?, preguntó la señora compromiso con Pablo Trenier había sido temeraDe repente ocurrióle una.idea á la condesa.
Vertval un poco admirada.
río; que su cor-az6n fué sorprendido en el aislamien- Escuc~a, Marcela, dijo, ya debes saber que mi
¡Oh! Sí, señora, mucho.
.
to en que vivía; que no le amaba ni había experi•
cam~rera Lrna cesa en el servicio, porque se casa.
Desd~ enton:es Marcela fué _d1scfpula de la con- mentado nunca por él más que una sincera afección
¿Quieres ocupar su puesto? Vendrás á París conmi- d';!sa, quie~ se mter~só en desp~Jar de su ruda ~?rte• fraternal y una inconsciente piedad ante su muda é
go, yo te enseñaré pronto, y serás muy feliz.
za á la muJer superior que adivmaba en su ahiJada; inmensa adoración.
Marcela vacilaba. .
~escu~rfa en ella un nuevo ser,_ c~n el cual. encariLa condesa de Vertval gued6 sorprendida al eir
.- ¡ifola!1 exclamó la señora de Vertval, ¿es que no ~óse smceramente. No le fué difícil co~seg~1r qµe la á Marcela pedir un plazo de tres días para contestar
quieres saltr del castillo? ¿Tienes algún amorío por Joven confesas~ ctnt? sentía en su mfitendor, Y. así definitivamente. ¡Ah! Hubiera podido dar una resaquí?
supo q~e sus ~n: mac10_nes eran muy re_ na as; ms- puesta inmediata, porque ya estaba resuelta sobre Jo
- ¡Oh! No, señora.
trur6Ia con s?l~c1tud, de¡ándole todo el tiempo nece- que d.ebía hacer; habfa prometido su mano al pobre
Marcela no osaba confesar el amor de Pablo sano, y_ perm1t1ó que lle~asen hasta Marcela los ecos mozo que la esperaba en el -castillo, y no se creía
Trenier.
de 1~ vida de la alta socie~ad.
con derecho para rechazar ahora á un hombre que
La proposición fué admitida, y la condesa se ale·
Cierto día que hablaba con su esposo de esta es- se le había ofrecido y á quien aceptó s·
b
. d d .6 ' .1 d l
ó
. d
. m em argo,
gró muchísimo, porque estaba segura de convertir pec1eE
opc1b?• e hcon ~ e contest_ s?nn~n o: deseaba tres días para ponerse sobre sí, para que su
muy pronto á la joven en una camarera elegante y
- Is muy iei:i:h__ !gíamllos udnal senont~ó e esa voz nq . t~mblara al pronunciar la negativa, rehusande buen tono.
Marce a, que ya me au a ama o a atenci n cuan- do la felicidad con que le b~indaban
t b'1é0
do estábamos
en
V
ertval...
Noté
que
tenía
cierto
para
retardar
el
momento
en
que
serí
·
·
·
y
ª1!1 re. · '6 · ·
¡
¡
•
a necesano
II
se 11 o de distmc1 n, y siempre ere que a mu~er del nunciar para siempre á esa dicha y exclamar: «Todo
colono, ~uy her!llosa según re&lt;:uerdo, de~16 ser ha concluido.» ¡Qué pronto pasaron aquellos tres
Mientras Pablo permanecía en el castillo, frío y sorprendida algún día por cualquier gran senor, de días! Y cuando llegó Ja hora de la d 1
1
· M' ¡
h"
d d
p
.
.
o orosa reso u•
solitario para él desde que la joven no le animaba quien
arce a _es 1Ja ver a era... or o!rª. parte, c16n, Marcela pronunció enérgicamente el no, auncon sus idas y venidas, ~arcela por su parte tomaba no eres tú la úmca en hacer tales descubrimientos, que con una fuerza algo ficti·c·
I
t b'é
·
ád
b·
..
ia, con a que apenas
posesión de París.
· . .
pues yo am I n com1enz0' escu nr que mi Joven pudo reprimir un sollozo, al ver detrás de una corti-

1e

~t

NúMERO 522

LA

ILUSTRACIÓN ARTISTICA

nilla á Renato Berard, que se retiraba tristemente, tenecientes á un mundo distinto, que él no podría
llevándose consigo, sin saberlo, el corazón de la nunca comprender. ¡Cómo aquella delicada y elejoven.
gante joven había de ser esposa de un pobre y obscuro guardabosque, de un palurdo desgraciado!
IV
¡Alto aquí, Trenier! ... ¡Has sido un Joco!
Pablo pensó que esto serla una humillación para
El conde de Vertval había ido á inspeccionar ella, y quiso evitarla.
algunas cortas en sus bosques en los primeros días
Y mientras la contemplaba, observando su delicade marzo.
do rostro, muy pálido, y su expresión dolorosa, rasAcompañábale su guarda Trenier.
g6se el velo que aún cubría sus ojos, y ºadivinó que
Hacía ya algunos días que Pablo esperaba aque- Marcela amaba á Renato Barard y que se sacrificalla oportunidad, y arregl6se muy pronto para que la ba en aras de su promesa.
conversación recayese sobre Marcela,
¡Pues no, de ningún modo consentirla esto! Su
- ¿Sabes ttí, díjole el conde, que la niña ha rehu- deber estaba bien marcado esta vez ... y era angussado un buen partido en París?
tioso, pero debía cumplirle, y lo haría sin desfaUna viva alegría iluminó el rostro de Trenier.
llecer.
- Marcela, continuó el Sr. de Vertval, ha llegaComprendió además que Marcela, por su parte no
do á ser demasiado ambiciosa; se formó muy pronto, confesaría nada, y adoptando su resolución bruscay ahora tiene aspiraciones que no guardan relación mente, disimuló sus impresiones. Aquel hombre
con su estado. ¿No recuerdas sus aires de gran seño- franco y leal.Jas encubrió bajo una máscara; él, que
ra? Pues bien: su estancia en París ha desarrollado jamás había faltado á la verdad, inventó una mentisus tendencias aristocráticas ... Y hétela aquí en un ra, y con falsa timidez se excusó ... «Ignoraba lo que
callejón sin s~lida. Mi secretario la pidió por esposa, había pasado en él, y por criminal que fuese, había
y el pobre chico está desconsolado.
olvidado á Marcela, amando á otra, con quien debía
- Si Marcela no le ama ... , se aventuró á decir casarse ... Era preciso... Estaba completamente obliTrenier.
gado á ello.»
- A decir verdad, es difícil en su elección, tal vez
- ¡Mientes!, exclamó Marcela; á mí es á quien tú
demasiado. Berard es un partido muy ventajoso para amas.
ella, porque está muy bien educado, es inteligente
Ni un instante se dejó engañar por a.que! heé instruido, y yo me intereso mucho por él, lo cual roísmo.
ya es algo. Si el ministerio se sostiene algunos meses
- ¿No habré podido disimular lo bastante para
más, haré que le nombren subprefecto. ¿Qué más consumar hasta el fin mi sacrificio?, preguntábase
podría pretender ella?
Marcela.
Pablo Trenier se había mostrado muy alegre al
Pero dispuesta á pesar de todo á llevarlo á cabo,
principio, no viendo en la negativa de Marcela sino mostr6se dulce, buena, seductora. Pablo Tre.nier, sin
una prueba de su fidelidad á su palabra; pero de re- embargo, no cedió.
pente se entristeció. En cambio de aquel porvenir
- Vamos, dijo, lo que me dices no es cierto ... Yo
brillante que la joven rehusaba, ¿qué podría él ofre- sé que me amas ... y también te amo yo ... Te he
cerle? Su negativa era una prueba de amor de aque- dado toda mi vida ... ¿No es verdad que me engañas?
lla á quien tanto adoraba; ¿pero Je bastaría á Marce-No.
la el suyo? Según acababa de oir, era completamen- He vuelto para casarme contigo; quiero que me
te una señorita, y ahora le parecería el guardabos· tomes por esposa, y tú no puedes rechazarme.
que más tosco y rudo que antes. Había hecho tllal
¡Ah! Si ella hubiese podido arrancarle una confeen dejarla marchar... Le habían transformado su sión, Pablo se habría visto obligado á ceder, aceptan·
Marcela. «Ya no me amará,» pensaba el infeliz.
do la felicidad ... porque Marcela le hubiera hecho
Pero el alma de Pablo se sublevaba y sentía na- dichoso.
cer la cólera contra aquel Berard que había osado
Sí, la joven procedía de buena fe; deseaba ser esamar también á Marcela. Por otra parte, ¿debía ella posa de Pablo Trenier, y comprendía, por más ·que
preferirle á él, ignorante y tor¡.,e, al joven superior él dijese lo contrario, que ella lo era todo para él,
de quien el conde le hablaba? ¿Estaría Marcela se- que Pablo había contado con su palabra; estaba adegura de amarle lo suficiente? .¿Y era justo que él, más segura de que le amaría... Poco á poco olvidaTrenier, aceptara aquel amor si la joven había de ser ría sus ilusiones, para adaptarse al carácter rudo,
menos feliz?
pero leal, de aquel hombre; pero Pablo se mantuvo
Con estas reflexiones despert6se en Pablo un sen- inflexible.
timiento de angustia dolorosa; era preciso cumplir
Entonces Marcela experimentó dolorosa angustia
un deber, averiguar con certeza dónde estaba la di· ante aquel sacrificio sublime cuya grandeza comprencha de Marcela, y obligarla á que la aceptase, aun· día y que le parecía más hermoso que el suyo proque con ello sufriera su corazón. Sin embargo, ¡qué pio ... y aquel hombre le pareció entonces superior.
penoso fué para él jugarse la felicidad de toda su
·- No quiero ... ¡Se ha concluido!, había dicho
vida! Durante las largas semanas que precedieron al Trenier, pronunciando estas palabras con voz dura
regreso de la joven, aquella incertidumbre del por- y baja la cabeza, como fiera acorralada por el cazavenir le martirizó cruelmente, y cuando llegado el dor. El guardabosque se mostró más rudo, más
verano Márcela volvió al castillo con la condesa de grosero de lo que era en realidad y consiguió repreVertval, Pablo no tuvo valor para ir á verla; tanto sentar su papel. .. pero no engañar á Marcela.
temía reconocer que la joven se había transformado,
Pablo Trenier encontró alguna campesina, con la
en efecto, lo bastante para que le fuese forzoso re- cual se casó . muy pronto ... y aquel día vagó en sus
labios la sonrisa del mártir que se sacrifica, feliz en
nunciar á ella.
medio del suplicio, adorando como antes á la mujer
Sin embargo, era preciso ir.
•- Pablo, díjole Marcela, he vuelto tuya, cot¡10 te que amaba y perdiéndose para ella para toda la
lo había prometido. Casémonos, pero que sea cuan- vida.
to antes.
TRADUCIDO POR E. L. VERNEUIL
· - Pero ¿á qué viene ahora esa prisa, y cuál es la
causa de la tristeza que se indica en tu voz?
- La señora condesa, añadió Marcela, lo sabe y
consiente en ello ... ¿No estás contento?
La señora de Vertval estaba prevenida, efectivamente, porque Marcela, apurada por sus preguntas,
confi61e que había dado su palabra á Trenier, lo
cual produjo en la condesa el mayor asombro. ¡Cómo
podía creer que rehusase la mano de Renato Berard,
joven instruido que conocía el mundo y podía, gracias al apoyo del conde, hacer una brillante carrera,
para unirse con Pablo Trenier, hombre honrado,
ciertamente, pero simple guardabosque, tosco y sin
educación, que comprendiendo las aspiraciones de
la joven no podía hacerla feliz!
·
Pero Marcela se mantuvo inexorable, limitándose
á contestar con lágrimas en los ojos: «Lo he pro·
metido.»
Sin embargo, Trenier la miraba, y veía que todo
era verdad. Había cambiado más aún de lo que él
suponía; su andar era gracioso, sus ª?emanes revelaban desenvoltura, su sonrisa, sus miradas y sus fra·
ses eran propias de una mujer de buen tonb, una
de aquellas que Pablo veía en el castil_lo entre los
convidados de la condesa, y que él consideraba per-

8:29
SECCIÓN CIENTiFICA
C_ON S ERV ACI Ó N DE EJEMPLARE S
DE HISTORIA NATURAL

La conservación de objetos ó ejemplares de estudio reviste para los naturalistas gran importancia.
Los zoólogos y los botánicos precisan ya piezas anat6m~cas·, ó he_rbarios, flores y frutos conservados en
alcohol, para practicar determinados experimentos
cuando no es posible realizarlos en la época ó estación verdaderamente indicada.
Cierto es que los botánicos tienen el recurso de
obtener por medio de conocidos procedimientos la
reconstitución de las plantas secas y practicar su
correspondiente análisis, contando asimismo en sus
colecciones con semillas y frutos que son á modo de
complemento del herbario; pero como quiera que su
consistencia es variable, presentan cuando están secos sus verdaderos caracteres, mas no así cuando
son carnosos, en cuyo caso para sostener su real in·
terés es preciso conservarlos en alcohol. Las mismas
flores, conservadas en este líquido, son más fáciles
de estudiar, y los organogenistas aprecian entonces
su valor. Por último, hasta los anatómicos procúranse con frecuencia ejemplares conservados por este
medio para estudiar los tejidos.
Recomiéndase invariablemente á los exploradores
á quienes se conífa el encargo de formar colecciones
de histo:ia natural obtener el mayor número posible de e¡emplares en tal estado de conservación, y
hasta el presente es el alcohol el agente por excelencia y al que se recurre eficazmente.
Numero~os ensayos se han practicado con el agua
salada, femcada ó conteniendo pequeñas dosis de
bicloruro de mercurio, pero en ninguno de los casos
en que se ha empleado ha podido asegurarse la
conservación de un modo satisfactorio y sobre todo
duradero.
Desde larga fecha busco el medio de suprimir el
empleo del alcohol, siempre caro y no siempre fácil
de obtener en los viajes, sustituyéndolo por un antiséptico disuelto en '!I agua, sin olor, á ser posible,
y que pueda transportarse con facilidad.
He. recurrido, al efecto, á tod?s los a_ntisépticos
conocidos para hacer un estudio comparativo de
cada uno de ellos. El agua fenicada obscurece seguramente los objetos que en ella se sumergen. El
bicloruro de mercurio en presencia de las materias
vegetales se descompone y las muestras se deterioran al .cabo de algunas semanas. Igual resultado ob·
tuve con cuatro ó diez gramos de sulfato de cinc y
con diez gramos de alumbre por cada litro de ?igua.
No recurrí á los Hquidos compuestos, tales como
el licor de Awen y licor de Barrols y el ácido arsenioso, de que se sirven los zoólogos. No sin desconfianza me atreví en ~ 877 á colocar una orobancha
fresca en un cubo de agua en la que había disuelto
una pequeña cantidad de ácido salicílico. Con gran
sorpresa pude notar al cabo de dos ó tres años que
la conservación de la orobancha no dejaba nada
que desear.
Reanudé los ensayos con dos ó tres plantas ente·
ras, que se conservan en buen estado desde el año
1883 1 en que las sumergí en la disolución. Una de
ellas, Saxífraga cranifolia, con rizoma, hojas y flo·
res, conservó durante dos años el color rosado de
sus pétalos. Entonces coloqué el cubo á la acción
del sol durante un mes, cubriéndolo simplemente
con un papel, decolorándose algunas partes de la
planta, sin que perdiera respecto de su buen estado
de conservación.
Este año he• comenzado los ensayos con igual
éxito, sometiendo al experimento una Lagenaria, con
sus hojas y flores. En otro cubo coloqué una Hippophrerhamnoides, conservándose desde el mes de
agosto en buen estado de coloración y conserva·
ci6n .
Las dosis que me han dado mejores resultados
son de dos gramos de ácido salicílico por cada litro
de agua dulce ordinaria. Intenté disolver tres gramos
de ácido, pero prodújose saturación, y una parte po·
sóse en el fondo del recipiente. Con un gramo por
litro he obtenido algunas veces resultados, mas no
debe considerarse como regla. Cuando se mezcla
una pequeña cantidad de alcohol, la disolución se
efectúa rápidamente y se puede entonces por este ·
medio aumentar la dosis del ácido. La disolución de
los dos gramos, que fué suficiente, no se efectúa
inmediatamente en el agua pura; es preciso agitar
durante algún tiempo la botella 6 la garrafa, completándose la disolución al cabo de cinco 6 diez mi·
nutos.
Desde el punto de vista económico y además por
la facilidad del empleo de este antiséptico, creo que

�830

LA

LA 1LUSTRACIÓN

NúMERO 522
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 52.2

Otro curioso naipe preparado es el que se apeda• dos, agitándola violentamente. Preténdese que por
za (fig. 1, núm. 2) El operador toma uno cualquiera este procedimiento de introducción, la evaporación
al que le falta una punta, y al pasar la mano por de- es mucho más rápida y por consiguiente la potencia
lante resulta completo. Para conseguirlo se hace uso relativa del _aparato por la cantidad de vapor em·de un naipe compuesto, como el anterior, de dos pleado es más considerable que en los demás. Para
pegados por los bordes y rotos en seguida por una la misma cantidad de agua destilada son mucho
de las puntas. Entre estos dos naipes hay un pe- menores las dimensiones y el peso del aparato
queño vástago de metal K, montado sobre un eje y Yarian. Además en los grandes modelos de este
puesto de manera que sobresalga un poco de los dos tipo no existe constantemente más que una pequenaipes por abajo. Por arriba este vástago lleva la ña cantidad de agua en reposo, lo que produce una
JULES RISEON
gran economía de peso con relación á los demás
Ayudante naturalista del Museo punta que falta á la carta de encima. Conviene aña
aparatos
de otros sistemas; así, por ejemplo, un apadir
que
el
eje
está
fijo
en
una
plaquita
de
metal
pede Historia Natural
rato Yarian puede producir cincuenta toneladas de
gada á la carta de debajo.
Aplicando un dedo á la parte del vástago que so- agua destilada por día con un cilindro de 2• 1 128 de
bresale de las cartas, se le hace girar sobre el eje, y longitud por 1•,604 de diámetro En resumen, por
entonces toma la posición indicada por la línea de efecto de la agitación constante del agua, las mate·
FÍSICA RECREATIVA, - NAIPES MECÁNICOS
puntos, volviendo á poner en su sitio la punta des- rias depositadas son poco adherentes y desaparecen
Los juegos de manos hechos con naipes (prescin- prendida, punta que, vista á corta distancia, parece con facilidad.
diendo de los que ofrecen poco interés y están basa- formar parte de la carta misma.
El tercer juego consiste en presentar un naipe que
dos en combinaciones que sólo requieren alguna
cambie
tres veces de palo, y que en segtfida se agranmemoria) exigen mucha destreza, la cual se adquiere
de. Este naipe está compuesto de
LA FOTOGRAFÍA DE LOS COLORES
otros tres diferentes que suponemos
son el caballo de espadas, el as de
Grethe, en su teoría de los colores, nos dice que
copas ( ca:ur) y el siete de oros (ca·
rreau). En la fig. 2 1 núm 1, se ven es- el cloruro de plata expuesto á los rayos solares toma
tas dos últimas cartas. Colócanse las del espectro las mismas tonalidades En 1~50, Nietres 1,ma encima de otra por el lado, y pee de Saint·Víctor obtuvo fotografías coloridas que
están unidas entre si, como con una se sostuvieron durante algunas horas,
Después de Nieppe, Poitevin en Francia _Ze~cker
charnela, por medio de una tira de
caucho que, al doblarlas, deja ver su· en Alemania y Simpron en Inglaterra pers1gu1eron
cesivamente una de las tres cartas, la resolución del mismo problema. Por último, rey al volverlas desplegadas por com cientemente M. Lippmann presentó á la Academia
pleto, que se presenten por la parte de Ciencias una fotografía del espectro, en la que
posterior, en la cual hay pintada una todos los colores se hallan reproducidos de modo
sola carta tan grande como las tres estable y duradero, sin que á pesar de ello pueda
(fig. 2, núm, 2). En el grabado esta afirmarse que sus repetidos ensayos hayan obtenido
carta es un siete de bastos ( trcjle de una solución práctica.
Justo es asimismo mencionar los experimentos
la baraja francesa)
. Para que el cambio de doblez sea llevados á cabo por algunos prácticos con idéntico fin,
invisible se requiere alguna destreza: esforzándose en obtener pruebas en color obtenidas
se hace teniendo el naipe en la mano por medios ó procedimientos indirectos. En 1865, el
izquierda, y mientras se finge frotarla barón Ransonnet, en Austria, propúsose alcanzar
con la derecha, se cambia el naipe los mismos resultados, utilizando al efecto tres obje·
Fig 1. - Naipes preparado_s para jueg~s de mano~. - 1. Ocho &lt;le ~spadas
primeramente presentado. Cuando se tivos del mismo objeto colorido, ó sea á través de
que tiene un punto movible por medio de una cnn y puede cambiarse de
han enseñado las tres cartas se da cristales rojos, azules y amarillos, transportándolos
lugar para transformar el naipe en un siete -2. Sota de oros con una pun·
vuelta
á todo, siempre en la mano, después sobre la piedra por medio de la fotografía.
ta cortada que se puede reponer.
sujetando con la punta de los deEl año de 1869 determina una fecha que debe
dos la carta de en medio y se suel• consignarse especialmente en la historia de la fotocon ensayos continuos y esfuerzos constantes. Hay, tan las otras dos; entonces las tiras de caucho se es- grafía. Dos hombres eminentes, M. Cros y M. Dusin embargo, algunos experimentos de este género tiran y los tres naipes no forman más que una sola cos de Hauron, aportaron una nueva solución á tan
bastante curiosos, hechos con cartas preparadas de superficie en la cual está pintado el siete de bastos. interesante problema. ::M. Ducos de H.auron, gracias
un modo más ó menos mecánico y que cualquieAsí pues, este aparato, construido como queda á su extraordinaria perseverancia, llegó á alcanzar
ra puede practicar con buen éxito. Tres de estos me- dicho, da cuatro transformaciones.
resultados prácticos, tomando tres clisés de colores
canismos interesantes, combinados en un simple pe·
Antes de conocer los varios mecanismos que aca- primitivos, rojo, amarillo y azul, interponiéndolos
&lt;lazo de cartulina, son los que vamos á describir á bamos de explicar, hemos visto presentar estas car· entre las placas sensibles dotadas de propiedades
tas en familia, y supusimos que los experimentado- órtocromáticas y el original. El análisis de los tres
continuación.
Hablaremos ante todo de una carta preparada, res tenían una destreza sorprendente que estaban colores, rojo, amarillo y azul, habíase realizado, es
que se cambia con facilidad de ocho de un palo en muy lejos de poseer'.
decir, obtuviéronse los negativos monocromos, losiete y recíprocamente (fig. 1, núm. 1, A y B). El
grándose la síntesis de los tres colores positivos, rojo,·
•
palo escogido para la fabricación de este naipe es el
amarillo
y azul, cuya superposición produce la ilu••
de espadas (pique en la baraja francesa). El punto '
sión de los colores.
que forma el ocho es movible, como se ve en, la figu- NUEVO APARATO DESTILADOR PARA EL AGUA DE MAR
Posteriormente, en 1875, M. León Vida!, recibió
ra D (fig. 1, núm. 1 ); basta empujar con el d~do ~n
el encargo de instalar algunos talleres en el muelle
pequeño vástago D, que asoma por _la parte 1~fer:or
Varios buques de la marina de guerra inglesa aca- Voltaire, para obtener pruebas en colores por medio
del naipe, para transportar por medio de un hilo in- ban de recibir á modo de ensayo un nuevo aparato de un procedimiento de fotocromía simple. Empleávisible, un cabello ó una crin, uno de los puntos destilador, que lleva el nombre de Yarian Distín- ronse tantas piedras litográficas como colores debían
sobre otro punto angular, con el cual se confunde
reproducirse. Las tintas imprimiéronse sucesivamencuando le está sobrepuesto.
te sobre el papel, colocándose después sobre las tin·
Esta maniobra se hace procurando que el naipe
tas p(anas ó modeladas una prueba positiva fotográesté boca abajo, y los espectadores no la ven, por
fica pelicular. La prueba produjo entonces todas las
consiguiente, sino por el revés. El punto movible
medias tintas y las ºsombras que no se habían 'todaestá montado sobre dos crines blancas que, por mevía ohtenido, lográndose, en suma, un lisonjero redio de una palanca interior, lo con,focen con toda
sultado. Los objetos metálicos reprodujéronse admiexactitud hasta dejarlo colocado sobre el otro punto,
rablemente y de una manera completa. Sin embargo
ósea sobre el palo (copas ú oros) fijo. El mecanis · ·
y por causas independientes del procedimiento, no
mo va metido entre dos naipes pegados uno á otro,
se prosiguieron los ensayos con tanto éxito co·
pero de modo que no formen al parecer sino uno
menzados. M. Albert, de Munich, y Bierstad, de
solo. Este mecanismo está representado en C (fig. 1 ).
Nueva York, aportaron una piedra más al edificio.
El punto movible, siguiendo el camino trazado por
La casa Orell Tussli, de Zurich, Eckstein de La
las crines y arrastrado por ellas, cambia de lugar
Haya y otros establecimientos importantes dedicáhasta sobreponerse al punto del lado de arriba para
ronse _á la impresión de fotografías en color.
formar un siete. Si se mueve en seguida la palanca
Gracias al descubrimiento de placas sensibles orhacia el otro lado. el punto cambia otra vez de lugar
tocromáticas con la gama de los colores verdaderos,
y recobra su posición primitiva para formar un ocho.
la aplicación de los colores en la fotografía ha reaEl extremo de la palanca, que se debe empujar á la
lizado un progreso considerable. Preparáronse priderecha ó á la izquierda para obtener la transformamero coti el colodión, y después, en 18831 Clayton y
ción, aparece en la parte inferior del naipe Además,
Attout Tailfer prepararon las primeras placas isocrola figura C, en la que se ve el interior de ~s_te, mue~
máticas con la gelatina. El profesor W. Vogel y
Fig. 2. • Naipe que se cambia. tres veces. - 1. Naipe tri•
tra el punto movible separándose de su s1t10 para 1r
MM. Lobse, Eder y León Vida! han hecho dar un
ple. -2. Parte posterior del naipe triple, figurando uno
á ponerse sobre el punto de un lado y formar el siete
gran paso al ortocromatismo, de manera que puede
tres veces mayor que un naipe común.
del palo.
obtenerse con fidelidad la gama de las tintas, pro•
'La carta así construída es una maravilla de pacien. greso que abre un vasto campo de acción á nuevos
cia y de ingenio, teniendo también la ventaja de po· guese este aparato de los conocidbs hasta hoy en ensayos.
derla presentar de cerca sin que sea posible ver la que el agua de mar en vez de hallarse en con~tante
G. T.
reposo introdúcese por medio de movimientos rápi(De La Nature)
treta.

es conveniente emplear este sistema, tanto para las
colecciones de los museos como para los envíos que
efectúan los viajeros naturalistas.
No he terminado todavía los ensayos que he practicado con los hongos y las materias animales, pero
confío poder dar á conocer prqnto los resultados. Si
á ellos me refiero es porque espero que mis tenta·
tiYa~ no han de ser infructuosas.

ARTÍSTICA

CIFRAS 1DECORATIVAS·- PARA -AR·TES E INDUSTRIAS

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DISPEPSIAS
O4STR1TIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
1' OT&amp;OI DIIOI.Dlftll D■ U

C)AD'.IE

.GOT

DE PARIS

no t1_tubean en purgarse, cuando lo
nec~s1tan. No temen el asco ni el,causanc10, porque, contra lo que sucede con
l(!s demas purgantes, este no obra bien
smo c_uando se toma con buenos alimentos
Y bebidas fortificantes, cual el vino, el caf6,
o/ '6. Cada cua~ escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas Je convienen
•egun sus ocupaciones. Como el causSJJ'
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena alimen&amp;acion empleada uno
,e decide fllcilmente II volv~r
4 empeHr cuantas veces
,ea aecesuio.

t&gt;IOIITlOII

BASO LA FOR'IU. DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
P&amp;RIS, Phar:mie COLLAS, 8, nie Daapfüe
, '"" 'ª' pr1..cfnn~,

1.:1

ANÉMIA.

'ª"""na,.

LINFATISMO

Et Proto-I'?duro de Hierr_o es et_r~parador de la :,angre,
el t ort,flcante y el m1crob1c1da por excelencia.
BJJarabey Ju Grajeas con proto ioduro delierrod6F. Gille,

:iJ::if!~b~Úd::;~~~ ~~~bi~~f:J':c,:a':,:!~,~ de 1u pure;a qi.fmíca,a,:
111actta de lo~ Ho1pitalt1),

•·

nEróSITO (lF,NERAL: 45, Rue Vauvllllers:!ARIS. 01rnsil(l en iodU las hrmAdas.

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ILUSTRACIÓN

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NóMERO 521

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cia y d¡
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treta.

famosos escritores. Dlns hace'que
algunos literatos tratan de des•
cubrir quién es el verdadero au,or de ese mirlo blanco, pero hasta hoy nada se sabe.
Cuesta una peseta en las prin•
cipales librerlas.

ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN
por autores ó editores
RECUERDOS DE MI VIDA, po~
Ricardo Wagn.er. - He aquí un
libro indispensable á los aficionados á la música y no menos á
los que gustan, sin serlo, de la
buena literatura. El ilustre maes•
tro refiere en este libro multitud
de anécdotas todas curioslsimas,
referentes á sus óperas y á los
grandes músicos, actores y empresarios de su tiempo. Cuenta
en estas Memorias suyas multitud
de detalles de su vida Intima, y
de cómo poco á poco fué venciendo dificultades basta imponer al
mundo su sistema musical.
La relación de cómo fué repre·
sentado Ta1111ahusser en Paris es
un capitulo bermoslsimo: el entierro de Weber es una joya lite•
raria por el sentimiento y corrección con que ha sido descrito.
Otro encanto tiene el libro:
las ilustraciones, entre las que fi.
guran cincuenta caricaturas gracioslsimas de l· ilustre maestro,
hechas por los más afamados ar•
tistas y publicadas en la prensa
de todo el mundo.
F.ste volumen, de 350 páginas
y" correctamente traducido· del
alemán y profusamente ilustrado,
se vende á 3 pesetas en las principales librerfas.

Dos HISTORIAS \"ULGARES,
por D. fosé Castro y Serrano, de
la l{eal Academia Española. Dice el ilustre autor de Las cartas trasce11denta/es y de La novela del Egipto que en los banque•
tes modernos se sirven dos clases
de sopa: una picante y otra dul•
ce, al igual de lo que sucede con
las lecturas contemporáneas, re•
firiéndose á las dos novelas cortas que contiene este libro. Picante podrá ser á su juicio La
serpie11te mroscada, pero lo es de
buena ley, saturada del delicado
aroma del tomillo y la retama
que se aspira sin molestia, revestida, como El reloj de arma, con
las hellezas de nuestro lenguaje,
y extiuestos los cuadros, perso •
najes y situaciones con natural
senc:llez y claridad.
,
El libro del Sr. Castro Serrano
podrá contener dos historias vul•
gares; pero como todas sus prpducciones, no pueden caer jamás
en la vulgaridad ..
Editado por D. Fernando Fe,
de Madrid, y profusamente ilustrado por Angel Pons, forma un
honito vofu_men, que se vende á
3'50 pesetas en las principales
librerlas.
,

Dos GENERACIONES. Nueva
novela del Conde Ltón Tolstoy,
en la que se refiere cómo dos militares aristócratas, padre é bijo,
juegan, se baten y se enamoran,
La narración es sencilla y delicada, pero tienen los personajes
ese relieve que sólo sabe dar á
sus protagonistas el famoso autor
de La sonata de Kreutzer. El
episodio del oficia l prisionero
que se escapa y logra llegar perseguido de cerca al campamento
de los suyos es en extremo interernnte.
El libro está muy bien traduci •
do é impreso, y se vende á 3 pesetas en las principales librerías.
¿ACADÉMIC:AS?- Es un folleto
anónimo que unos atribuyen á
D. Juan Valera y otros á la señora Pardo Bazán. Sea quien fue•
re el autor, es indudable que por
el estilo, la gracia y la picardfa
de cuanto allí se dice es uno de
los más preciosos libros escritos
hace muchos años y que podrfa
firmar cualquiera de nuestros más

TROZO; ESCOGIDOS DE l.lTF.·
RATURA FRANCESA, en prosa y
verso, por /J. Cayel&lt;pro Castdlón
y Pinto. - Obra de suma utilidad
para cuantos se dedican al esturlio del idioma francés es la "que •
bajo el titulo que antecede acahn
de publicar nuestro distinguido
amigo Sr. Castdlón y Pinto, cateórálico del Instituto provincial
de Jerez de la Frontera. Aparte
de las utilísimas reglas que con•
tiene, figuran recopilados en el
lil,ro trozos escogidos de literatura francesa, en prosa y verso, •
desde el siglo xv11 hasta nuestros
días, inteligentemente coleccio·
nados, clasificados y anotados
para servir de ejercicios de traducción á los alumnos de Institu•
tos y Escuelas especiales, as i
como un vocabulario al final del
texto.
Bien impreso, forma un volumen en 4. 0 , perfectamente encuadernado. Vénd~se al precio de 7
pesetas cada ejemplar.

El(TRADA DE UNA HUERTA EN SEVILLA, cundro ue D. Manuel Garda Rodriguez
(Exposición general de Ilellas Artes de Bnrcelona.)

-MI-

LAIT A~,-, PffllLIQUE -

LECHE ANTEFÉL
pin • ••mala m agaa, •i~p¡
S, LENTEJAS, TEZ ABOLE
ARPULLmos, TEZ BARROS

~.~Jl41t4,!!f!~i~IJl~9.!tl8.1Jll~

A~g~s~::~s
ROJECES

au 1&gt;rtactpto por 101 proreaorea
ano t8!9 obtuvo el pr1Ttle~o ele tnnDctón. VHIADEH CHFm PEITDIALL~on bue
4e ¡oma 'J df l.blbolea, eonTtene 101&gt;r1 ioao a 1u peraonu 4ellcadu como
ma,Jerea 'J Dinos. su rueio e1.ce1ente no perJud.1ca t.n modo ala,mo i 1u incacta
1&gt;.
eonira los IDFIUIOI y toda■ la■ lllLUl.lCIOIES del PECIO y ele I Oll IITESTll8S. ...i
B1 .TA.R.AB.Jr D.Jr BHIANTrecomend.ad.o 41141

~ e o , TUJIU'd, Guernnt, etc.: ha recibido 11 con■a(!'actóa 4el tiempo: en el

Enfermedadesd., Pee/lo

Jarabe Pectoral
DE

I

GRANO DE LINO TARIN
Farmacéutico, place de.s Petits-Peres, 9, PARIS
PREPARACION
ESPECIAL

para combatir
con txito

.

ESTRENIMIENl'OS

• • ••

'

•

Erijarse liu

•

C4Í04 de ho¡a delata
Una cucharada

por la manana

COLICOS
., yotraporlatarde
IRRITACI
•
~..
•'(I' en la cuarta parte
ONI .S
.,; •
de un vaso
ENFERMEDADES En tod,u de agua 6 de.leche
DEL HIG~D&lt;;&gt;
/a,
Y DE LA. VEJIGA farm,ci••
LACAJA: 1n.30

.P. LAMOUROUX
Antt11 F1rm1°'uti0{)

••• oau,i vaanlllera, l'al'le.

El Jarabe de Pierre Lamouroin

e,

el Pectoral por excelencia
como edulcorantd de la, tisanas, cí

la, cual11 comunica ,u gusto agradabl, y 11,11 propiedade, calmante,.
(8aceta de 111 HOlpltalea)

hphilo Cneral: ¿5, caJle Ymllllm, '5,!WS
Be rende tn tod11 /1t buena, farmao/11,

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,___

Quedan reservados los derechos de propiedal n ~1iteraria

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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