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                  <text>U~Í-11é!Cl0t)
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A&amp;o XII

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BARCELONA 16 DE ENERO DE 1893

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GALILEO GALILEI, retrato pintado por G. Substermans, grabado por G. Cantagalli
· Existente en la ¡¡aleri¡i, de¡:li 1Jffizi1 de Floren~ia (fotogro.fia de C. Bro&amp;i, de Florencia)

NúM. 577

�42

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tener dentro de· ~í una lógica inconsciente que las
constituya en verdadero sistema, y unas proporciones
Texto. - llf11rmuracio11es europeas, por Emilio Castelar. - Ga- que· Jes presten la medida y la regularidad indelibelileo Galilei, por M. A. - La dama negra (conclusi6n), por radas de los grandes monumentos arquitectónicos. Y
F. Moreno Godino. - La broma, por J. F. Amador de los la escena, para la cual hay que pensar en el público
SUMARIO

Ríos. - Miscelánea. - Cargo de conciencia (continuación), por
Juana Mairet, con ilustraciones de A. Moreau. - SECCIÓN
CIENTÍFIC&lt;'\: Werner de Sie111em, eminente físico, por E.
Hospitalier. - Cerraduras de alanna. - El trabajo de los 1mís-

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L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

local y particularista como el go$1~no de los griegos, y nada tan humano y eterno como el arte de los
griegos. Sus dioses reinan todavía, no en los templos
y en los altares, pero sí desde los jardines hasta las
estrellas. No hay adornada floresta de pueblo ningu-

por Pericles al imperio terrible organizado por Filipo
y por Alejandro. Tal ministerio le toca representar
en el mundo á los que se ríen mucho. La carcajada
epiléptica de todos estos burlones resulta más triste,
mucho más triste que los lamentos de todos los poetas elegiacos. Cuando uno lee Jeremías ó Isaías, cree
oir en sus lamentaciones y en sus trenos el acento de
un mundo en plena conciencia de la suerte que le
aguarda y con la compostura y la tristeza dignas de
sus trágicas agonías. Pero cuando ve uno al buen
Aristófanes riéndose á todo reir, entristece, ya porque
no encuentra en él aquella penetración de su triste
suerte, ya porque agobia más el dolor cuando se burla y ríe que el dolor cuando se plañe y llora.

t11los. -El ferrocarril de Beira ( A/rica Austral J.
Grabados.-Galileo Galilei, retrato pintado por G. Substermans, grabado por G. Cantagalli (de foto~afla). - La célebre
lá111para de Galileo en la catedral de Pisa, obra de Vincenzo
Possenti. - F!1lhada del Bo en tiempo de Galileo. - Casa en
que vivió Galileo en Padua. - Un autógrafo de Galileo. - Mo1111 mento á Galileo e,i Santa Croce de Florencia. - Monumento á Galileo en la plaza Prato della Valle de Padua. - Carta
del inquisidor de Flormcia al arzobispo Ni.-colini sobre la
sentencia de Galileo. - Quinta v!rtebra lumbar del esquele·
to de Galileo. - La torre del Gallo cerca de Florencia, habitada por Galileo. - Casa &lt;Ílmde 11acw Galileo cerca de la pgrta
Florentina en Pisa. - Patio de la torre del Gallo. - El 111useo
galileiano. - Werner de Siemem. -Cerraduras de alarma por
medio de detonaciones y timbres. - Busto de Galileo.

III

,..,.,_,...,......,,._, . ., ......,,,r,.,..,, .. ,,,,,,.,,.,,,.,,,,.,.,,,,,._,,,,,,.,,,,,.,,,J,,.•,,1,.,•,,1•,,••·•• .. ·•·''•'''•"•I'•••

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTl!.LAR
Resumen. ~ Fin de un año y comienzo de otro. - Cuán funesto
el noventa y tres· para las repCiblicas. - Paralelo entre la
Convención del siglo pasado y la Convención de nuestro siglo. - Superioridad de la guilloúna sobre la deshonra. - Mo·
vimiento teatral en París. - U na novela de los Goncourts
convertida en comedia. - La Lysistrata, de Arist6fanes, trasladada del griego al francés. - Carácter de las obras helénicas. - Influjo de la mujer en política. - Manifestaciones cat6licas de nuestras damas. - Conclusión.
FACHADA Dl!L BO EN TIEMPO DE GALILEO (del Gymnasium Patavimmz del I. F. Tomasini)

I
¡Un año! Parécenos la eternidad cuando comienza; y al acabar, parécenos un soplo. Si convertimos
los ojos con impaciencias naturales á cualquier dicha
esperada en el transcurso de un año, creemos el tiempo muy tardo; y si los convertimos al recuerdo de
dichas concluidas y olvidadas en otros años, creemos
el tiempo muy rápido. Este noventa y tres que comienza debe dar mal de ojo á las repúblicas, porque pasa en el mundo como año clásico del terror.
Lo cierto es que al acercarse, al surgir de nuevo en
la escena del siglo XIX este año nefasto, como si fuera su antecesor del siglo xvm, las Cámaras francesas, erigidas á costa de tantos esfuerws, hanse trocado en una especie de Convención revolucionaria, y
los republicanos franceses en una especie de terroristas, entretenidos en mandarse mutuamente unos y
otros por medio de recíprocas delaciones, no á la
guillotina, donde tantos de ellos descabezara el verdugo sin arrancarles por eso la honra, entre aquellas
fulguraciones, tan terribles, pero tan luminosas, del
volcán revolucionario, á la picota del deshonor y de
la infamia, donde mueren las almas. No puedo figurarme lo que sucede hoy en Francia, sin verme
abrumado por el peso de una intensísima tristeza. El
espesísimo aire de calumnias en que respiran, aunque ahogándose, los republicanos del gobierno; los
terribles acusadores suscitados y las enormes acusaciones dirigidas contra la Cámara y puestas en circulación y selladas con señales de legitimidad por la
Cámara misma y sus increíbles comités; el desplome
de ministros honradísimos en procesos infamantes,
los cuales procesos en el solo propósito de procesar
no más, traen aparejadas la pena y el castigo, pues
para la sospecha y la maledicencia no hay sobreseimientos posibles; el ingreso en calabozos inmundos
de personajes designados á la vindicta pública por
LA CÉLEBRE LÁMPARA DE CALIL1!.0 EH LA CATEOII.At DE l'fSA, obta de Vincento Possent
disposiciones ministeriales más ó menos arbitrarias;
todo este conjunto de.incidencias trágicas han hecho
de la realidad un teatro más .vivo y más interesante ante todo, tiene un conjunto tal de reglas, no pro- no que destierre las simulacras ó estatuas de las diviy más embargador que todos los habituales teatros mulgadas por academia ni legislación alguna, pero nidades helénicas, ni aparece ninguna estrella en el
del arte. Así no puede maravillarme la poca fortuna sabidas por todos los genios dramáticos, que no po- cielo infinito sorprendida por los escudriñadores teobtenida por las nuevas representaciones en la co- drán sustraerse á ellas ni aquellos dramas de Shakes- lescopios modernos á la cual no le pongan sus descurriente parte del año, tan propicia de suyo á los re- peare y de Calderón, que parecen más personales y bridores los celestiales nombres mitológicos. Y esto
creos y á los espectáculos; pues en estos días las fies- más sujetivos y más desordenados. Pero la imagina- sucede más todavía que con su religión, de seguro
tas artísticas han de sucederse por ley natural, como ción de los hermanos Goncourts, tersa, clarís_ima, con su teatro. Prometeo anticipa la historia de todos
correspondencia debida con las festividades religio- diáfana, parece un cristal de Venecia que contra el los descubridores; Medea la historia de todos los cesas. Nueva tentativa de acomodar al género dramáti- suelo se ha estrellado en mil fragmentos, maculados losos. Orestes ha pasado á las literaturas íntegro; y el
co el novelesco acaba de frustrarse ahora mismo en todos ellos por la rotura, aunque algunos de un ex- símbolo eterno de todas las fatalidades mecánicas,
París. Autores muy acostumbrados al teje maneje de traordinario brillo y de un deslumbrante resplandor. fisiológicas, atavas que pesan sobre nosotros los morla escena se han decidido por arreglar al teatro uno Así Carlos Demazlly, que bajo tal título se nos pre- tales, representados eternamente por la figura casi
de los libros realistas hechos por los hermanos Gon- senta el drama de los Goncourts, no ha conseguido arquetípica del inmortal Edipo. Pues en el teatro cócourts en colaboración y bautizados por ellos con la el favor de la opinión y de la prensa, quedando entre mico hay personajes que aparecen como verdaderas
denominación extraña de psicológicos estudios. Y así las tentativas teatrales marradas por ignorancia ó por figuras típicas y que duran casi tanto como los persocomo para la psicología les falta sistema y lógica in- olvido de todo cuanto deba ser en el mundo un teatro. najes trágicos. No conozco ninguna obra cómica del
dudablemente á tales autores, para el arte les falta
mundo que haya en veinticinco siglos representado
proporción y armonía. Las ideas más puras toman
II
la oposición entre las creencias del sentido común y
en ellos el carácter de las sensaciones más fuertes. Y
las ideas del criterio filosófico cual Aristófanes la
segtín lo roto y lo fragmentario de sensaciones tales,
Más feliz hame parecido el acuerdo de un poeta representa en su comedia Las nubes, que tanto connadie diría que hubieran pasado de los nervios y su- dramático que priva en la Chat-Noir y que se llama tribuyó á la inmolación del divino Sócrates. Pues la
bido al centro de un común sensorio, coino llamaban M. Dounsaz. Este ha puesto en escena con una tra- Lysistrata, puesta en los teatros de París hoy, repreal cerebro nuestros padres. Y las obras de arte deben ducción feliz la Lysistrata, de Aristófanes. Nada tan senta como ninguna otra la oposición entre los ho-

43

gares y las plazas, entre la vida pública y la vida vida política también. Y su método peculiar de maprivada, entre los deberes del hombre para con su nifestar todas las verdades que cree y que siente por
familia y los dei,eres del hombre para con su Estado medio de la caricatura grotesca, de la ironía cruel,
y patria. Esta comedia política es la comedia por de los sarcasmos amarguísimos, presta un relieve inexcelencia de Aristófanes, el cual castigaba con furor dudable á todos sus pensamientos y les da un carácen ella todos los excesos de los dos grandes poaeres ter cómico muy asequible á todas las muchedumbres.
que fundó el genio incomparable de Peri eles, la ciencia Mucho ha reído la humanidad hasta verter lágrimas
y la democracia. Pero ¡ah! que le suL.ede al buen Aris- á fuerza de reirse. Y en todas las épocas que repretófanes en su papel histórico mucho de lo que al sentan las verdaderas transiciones históricas aparece
buen Horacio le sucede también; perteneciendo por un satírico encargado de poner en contraste la sociesu nacimiento, por su educación, por su altura inte- dad que se va con la sociedad que se acerca. La velectual, por su gusto depurado á una época de per- jez ríe tanto cuanto la juventud llora. El amor, que
fección clásica, les toca señalar el tristísimo período tiende á lo trágico en el púbero, tiende á lo cómico
de una incipiente decadencia. ¡Ay! Así como el arte en el anciano. Cuando una sociedad se ríe mucho,
simbólico, digámosle oriental, concluye, según las esta sociedad se halla en los umbrales de la muerte.
profundas observaciones de Hegel, cuando el símbo- Ved cómo los satíricos romanos, vedlos, Juvenal,
lo y lo por él significado se apartan, concluye á su Marcial, señalan el tránsito de las edades clásicas á
vez el arte clásico cuando se divorcian las serenas las edades cristianas. Ved los satíricos del siglo XIV
armonías, en él reinantes, entre la forma y el fondo, señalando otro grande tránsito, el de las edades teo•
entre la idea íntima y su expresión perfecra. La risa, cráticas al Renacimiento. Ved Erasmo, Hutten, Rala caricatura, lo grotesco, lo ridículo, caen abrumado- belais, Pulci, Ariosto, Cervantes, señalando la transiramente sobre la paz y serenidad antiguas. Descon- ción de los siglos medios al mundo moderno. Ved
ciértase la incomparable armonía que ha hecho com- Voltaire señalando la transición de los siglos mopenetrar la forma con el fondo en todo el teatro y en nárquicos á los siglos revolucionarios. Pues bien:
todo el arte clásico. Lejos de acercarse la realidad al Aristófanes con sus burlas y con sus carcajadas tamideal, se divorcia de él y presenta por lo mismo un bién señala el tránsito desde las edades áticas á las
~ esconcierto muy contrario á la plenitud de tranqui- edades macedónicas, desde la república organizada
lidad representada por aquellos bajos relieves armoniosísimos, por aquellas estatuas serenas que caracterizan con caracteres indelebles el clasicismo. La comedia griega, como la sátira latina, señala el comienzo
de un desconcierto entre la realidad y la idea, desconcierto que ha de concluir tarde ó temprano por
un irremediable decaimiento. Aristófanes, como los
primeros fundadores del teatro cómico, se nos ofrece
y presenta poseído por una borrachera, no de vino,
como ellos, de genio ciertamente. Pocos escritores
~uar?a la hist_oria dotados tan largamente de gracia
mfimta, tan dispuestos á la carcajada ruidosa continua, tan idóneos para descubrir el lado ridículo de_
todo individuo y objeto, tan ricos en verdaderas indignaciones é invectivas. Cierto que la desvergüenza
del cómico llega en su desenfreno adonde pueda llegar la br:utali~ad asquerosa del rústico peneque. Quiere con licencias de lenguaje corregir licencias de costumbres. Los actos más carnales y los vicios más inmundos allí aparecen todos á una en desnudez in.
'
comprensible
á nuestro gusto moderno.
Entablan
marido y mujer conversaciones sobre temas de alcoba que i:io ~odemos leer hoy sin asco y que no podría presenciar el público nuestro sin levantársele á
una la conFiencia y el estómago. Entre los estiércol~s y los detritus de tantas indecencias, no quiero decir~s cómo estarán de sucias y manchadas las pobres
mu3eres en su escena. Pero bajo la suciedad se descubre, muy principalmente aquí en el tipo de Lysistrata y en el argumento de la comedia que preside y
caracteriza el\a, tocio el importante papel representa~º en la~ sociedades helénicas por sus hermosas muJer~s. Anstófanes quiere mostrar á la sociedad cuán~º m~porta para _el concierto mejor de los negocios el
mf:lu30 de la mu3er, no sólo en la vida privada, en la

L1 índole capitalísima del genio aristofanesco hállase por consentimiento universal en su carácter político. Las caricaturas nuestras de los periódicos batalladores, las invectivas del artículo de oposición
diaria sugerido por sentimientos exaltadísimÓs, las
arengas vehementes dichas en las izquierdas y en las
montañas de todos los congresos, cualquier proclama
de las muchas vertidas por labios populares en los
clubs facciosos de nuestros días, os granjearán la noción precisa de la comedia verdaderamente aristofanesca, tan propia para provocar á un tiempo risas y
tempestades. Pero la política de Aristófanes ciertamente responde á ideas y afectos de conservación
más que á ideas y afectos de progreso. Grecia, organizada por Solón, había recibido profundas alteraciones en la guerra con los persas, cuando el enemigo
común que hollara el suelo helénico demostró cómo
necesitaba el territorio aquel de todos sus hijos, si
quería vencer. La severa lógica de los hechos dijo
que si valían todos los atenienses para el combate,
valían también todos los atenienses para el comicio.
Así es que la guerra de su independencia no solamente puso á la divina Hélade aparte y fuera del influjo extraño, sino que también la inspiró una idea
bien h1minosa, la idea de regirse á sí misma democ1aticamente. Arístides, el virtuosísimo Arístides, llamó todos los ciudadanos á las asambleas. Y cuando ya estaban todos en las asambleas, Pericles, el
gran Pericles, retribuyó el ejercicio de las funciones
políticas, lo cual abríales de par en par á las democracias las puertas del poder. Tal política no andaba
tan fuera de camino como pretendían los reaccionarios, cuando, merced á ella, gozó Atenas de una larga paz, y esta larga paz acertó á coronarse con la diadema de todas sus glorias. Mas á la vuelta de algu~os lu_stros se desnaturalizó, alterada por las grandes
mupc10nes demagógicas. Una democracia, siquier
tuviera esclavitud y esclavos, no podía vivir á sus
anchas ni desarrollarse con verdadera pujanza sino
en el trabajo y en la paz. Ya lo dijo Pericles en su
maravillosa oración á los difuntos. Empeñada una
guerra, las democracias tenían que divertirse de su
actividad trabajadora y hundirse por su mal en competencias, á cuyo fin y término sólo podía encontrar-

CASA l!N QUE VIVIÓ G&lt;'\L!LKO KN PADUA

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

44
se la muerte. Sacada de su quicio, metida en los
combates, desnaturalizada por el cambio de su finalidad propia en otra finalidad extraña, los hondos sacudimientos guerreros le generaron una demagogia
desconocedora del freno de las leyes, tentada por sus
malos hábitos de una irremisible holganza, con todos
los vicios del campamento y todos los extremos del
combate, falta poco á poco de aquellas nociones jurídicas y de aquella eficaz actividad que dan á las
repúblicas libres la necesaria complexión para gobernarse á sí mismas y todas las virtudes naturales en
una progresiva democracia.
IV

Madrid, 3 de enero de
,

1893

...........................,., ...........,.,..,.,............., ......,.........,....................,....,.,,,,...,.,,......,....•.
GALILEO GALILEI

Hace poco más de un mes, el 7 de diciembre último, la antigua y famosa universidad de Padua celebraba con gran solemnidad y aparato la fecha en que
trescientos años atrás había tomado Galileo posesión
de la cátedra de Física de aquel establecimiento docente.
Con este motivo se han evocado recuerdos y detalles de la vida de aquel grande hombre, que consideramos oportuno reproducir á nuestra vez, dispuestos,
como siempre tstamos, á tributar un homenaje de
consideración al genio, máxime cuando el genio es
tan útil á la humanidad como el docto italiano.
Nacido en Pisa en 1564 de una noble familia
oriunda de Florencia, sus padres le hicieron seguir
la carrera de Medicina y Filosofía en la Universidad
de su ciudad natal; mas las doctrinas peripatéticas
que á la sazón predominaban no lograron satisfacer
su penetrante inteligencia. Desde entonces dejó adivinar las luchas que había de sostener en su vida,

577

deciendo á las leyes deducidas experimentalmente
por Kepler.
Copérnico, Galileo, Kepler, Newton son otros tantos nombres indisolublemente unidos al descubrimiento de la gravitación universal y á las nuevas ideas
sobre el U ni verso.
Todo se mueve, decimos ahora generalizando el
e pur si muove atribuído á Galileo. La idea fecundísima del movimiento nació, á decir verdad, con el
sistema de Copérnico; pero el talento del físico italiano supo hacer de ella una nueva ciencia. En un
principio la reconoció y aplicó al gran sistema solar,
y en su desarrollo siguió una senda opuesta á la universalmente trillada; del sistema solar descendió á
los sistemas menores de todos los planetas, de éstos á
los planetas mismos, á cada cuerpo cósmico, á cada
cuerpo terrestre y hasta á cada molécula.
P ero estos importantísimos descubrimientos, estos
triunfos del talento y de la observación de Galileo,
no los alcanzó este grande hombre sin concitarse el
odio de los teólogos y peripatéticos que, rechazando
sus ideas, mostrábanse ardientes partidarios de la inmovilidad de la Tierra. Comenzóse á calumniarle
cerca de la corte pontificia, diciendo que sus opiniones astronómicas y sus descubrimientos estaban en
contradicción con varios pasajes de las Sagradas Escrituras.
Antes de atreverse á acusarle abiertamente se le tendió un lazo; denunciáronse á la
Santa Sede las doctrinas de Copérnico con
el objeto evidente de obligarle y comprometerle á salir á su defens_a, c9mo era fácil
suponer. En efecto, Galileo las defendió
porque sabía que eran la verdad, pero lo
hizo con una hábil ºprudencia. Dijo que los
pasajes de la Biblia que se oponían á la verdad · científica habían sido mal interpretados, y que además el fin de las Sagradas
Escrituras era la salvación de los hombres
y no la enseñanza de la Astronomía. Estas
declaraciones no dejaron satisfechos á los
jueces, que pronunciaron la sentencia siguiente: «Sostener que el Sol está colocado
inmóvil en el centro del mundo es una opinión absurda, falsa en Filosofía y formalmente lzerética, porque es expresamente contraria á las Escrituras. Sostener que la Tierra no está colocada en el centro del mundo, que no es un punto inmóvil y que tiene
un movimiento de rotación, es también una
proposición absurda, falsa en Filosofía y no
menos herética en la fe.»
Al comunicar esta sentencia á Galileo se
le
advirtió, por medio del cardenal Bellar'UN AUTÓGRAFO DE GAi 11 EO
mino, que se abstuviera de defender en el
porvenir las ideas condenadas. Prometió
pero no tuvieron intuición del verdadero y apelaron Galileo todo lo que se le exigió y se apresuró á volarbitrariamente al axioma geométrico de que en el uni- ver á Florencia. Una vez allí no se creyó obligado
verso todo debe explicarse por medio del movimien- á obedecer, y en lugar de cambiar de opinión sobre
to circular y uniforme. Así lo admitieron como base el movimiento de la Tierra y la rotación del Sol so·
de principios abstractos, sujetivos, ni demostrados bre su eje, sostuvo el nuevo sistema con más ardor
ni demostrables, á los cuales procuraron reducir el que nunca, y se dedicó á reunir las necesarias pruebas que debían darle el triunfo. Concibió la idea de
mundo, como en un lecho de Procusto.
Los antiguos desconocieron la ciencia del movi- escribir un libro que pusiera al alcance de todas las
miento, esto es, el conocimiento de las leyes que lo inteligencias las verdades que había descubierto, y lo
rigen y lo ligan indisolublemente á las fuerzas que lo publicó en 1632 con este título: Dialoghi quatro, soengendran; ignoraron, á la vez que dicha ciencia, la pra i due mas$_Í1lli sístemi del mondo, Ptolomaico et
ley física de la gravitación universal, ciencia y ley que Copernicanum. La obra fué entregada á la Inquisihan transformado el problema del U ni verso, y de geo- ción, y Galileo, á los setenta años, hubo de comparemétrico, como antes se consideraba, lo redujeron á cer ante aquel tribunal. Llegó á Roma el 10 de febrero y fué encerrado en el palacio de la Trinidad
ser pura y esencialmente mecánico.
Galileo fué el creador de la ciencia en cuestión; el del Monte, residencia del embajador de Toscana,
primero que analizó la aceleración que adquiere el siendo tratado materialmente con ciertas consideramovimiento por efecto de la acción de una fuerza ciones. Se le aconsejó en secreto que reparara el
constante, que fundó bajo los conceptos de inercia, enorme escándalo que había dado al mundo proclaaceleración y movimientos componentes y resultan- mando el movimiento de la Tierra, que es absurdo,
tes la teoría completa de los cuerpos graves que caen puesto que está escrito: Terra autem üi ceternum
con movimiento rectilíneo, y que analizó exactamen- stabit quia in ceternum stat. A todas las razones astrote el movimiento curvilíneo parabólico de los lanza· nómicas que daba el sabio oponíase la imposibilidad
dos oblicuamente. También fué quien abrió, quien de que Josué hubiera podido detener el Sol si este
despejó, según la expresión de Foscolo, las vías del astro estaba fijo, como Galileo sostenía. Las pruebas
firmamento á Newton, el sabio inglés que tan alto científicas eran acogidas con indiferencia.
El proceso duró veinte días; Galileo, intimidado
supo remontar su vuelo por ellas.
Copérnico devolvió á la Tierra la teoría de su mo- por el rigor de sus jueces y viendo que sus razona·
vimiento, columbrado, más bien que demostrado, por mientos no podían ser comprendidos por inteligencias
algunas escuelas antiguas; Galileo defendió con todas tan obtusas, abandonó, por decirlo así, su propia de•
sus fuerzas, difundió, emitió el atrevido concepto de fensa. El 30 de abril de 1637 declaráronse cerrados
que la Tierra se mueve, y nosotros con ella, por el los debates y se le ordenó que pronunciara solemne·
espacio interplanetario, y estudió el movimiento de mente la abjuración de su doctrina. De antemano se
los graves que en la superficie de la Tierra tienden á había establecido el ceremonial: el ilustre anciano se
su centro; Kepler descubrió las leyes experimentales arrodilló delante de sus jueces, y con la mano colo·
del movimiento central; Newton, reduciéndolo todo cada sobre el Evangelio y con la frente inclinada
á síntesis y coordinándolo, demostró que la causa en pronunció las siguientes frases: &lt;!Yo Galileo Galilei,
virtud de la cual caen todos los cuerpos en la super- florentino, de setenta años de edad, constituído perso·
ficie de la tierra es de la misma naturaleza que la que nalmente en juicio y arrodillado ante vosotros, emi·
obliga á los planetas á circular alrededor del sol, obe· nentísimos y reverendísimos cardenales de la Iglesia

oponiéndose á las doctrinas de Aristóteles, lo cual le
atrajo el antagonismo de sus profesores. Era aún
alumno de aquella Universidad cuando á la edad de
diez y nueve años hizo uno de sus más hermosos
descubrimientos. Hallábase un día en la catedral;
su mirada reflexiva fijóse en una lámpara suspendida
en la bóveda y á la cual acababa el sacristán de
comunicar un movimiento oscilatorio al ir á encenderla. Notó Galileo que las oscilaciones eran de la
misma duración por más que su amplitud disminuía
poco á poco, y esta observación le inspiró la idea de
aplicar el péndulo á la medida del tiempo, idea sobre la cual volvió á meditar más tarde y que no se
realizó sino después de su muerte.
Pero el descubrimiento que verdaderamente le ha
inmortalizado fué el de las leyes del movimiento de
los cuerpos sometidos á la acción de la gravedad.
Para comprender bien la gran parte que tuvo Galileo en los modernos descubrimientos cósmicos, basta abarcar con mirada sintética las ideas que acerca
del universo predominaban en las mentes de los hombres hasta él y aun después de él.
Los antiguos, para obtener una explicación racional de los movimientos de los astros, necesitaban un
principio, racional también, al que coordinarlos todos;

El buen Aristófanes sintió las desgracias de Atenas
y la decadencia que aquejara en la guerra del Peloponeso á la excelsa ciudad, atribuyéndolas sin fundamento, no á la degeneración y enfermedad agudísima
del gobierno democrático, al gobierno democrático en
esencia. Para él, Cleón, es decir, la demagogia, equivale á Pericles, ó sea en puridad á la democracia. De
aquí, de tal idea, parten sus invectivas terribles al
pueblo, sus movimientos desordenados contra toda la
igualdad democrática, sus acerbos discursos, sus sátiras lanzadas no sólo sobre todo cuanto
hay de perturbado y excesivo en los gobiernos democráticos cuando se pervierten,
sino sobre todo lo que hay de justo y recto
en esa plena vida de la libertad y del derecho. Confesemos, sin embargo, que hombres como Cleón, elevados á las alturas sin
méritos propios, tenían que halagar las malas pasiones del pueblo para sobreponerse
ú él, alzándose tristemente sobre sus de·
fectos y sobre sus vicios. ¿Quién podía reemplazar la elocuencia de Pericles? ¿Quién po•
día ejercer aquella fascinación ejercida por
su alma? ¿Quién podía dirigir una guerra
con su incomparable prudencia? Así cuando les abandonó el genio de Pericles cayeron en la guerra perpetua, y tal guerra perpetua con sumo empeño Aristófanes ridiculiza en su Lysístrata. Pocas veces hase
burlado satírico ninguno con tanta gracia
del excesivo influjo que pretenden alcanzar
las"•mujeres sobre las determinaciones políticas de los hombres. ¿Qué hubiera dicho
si viera nuestras más excelsas y hermosas
damas, tenidas en culto idolátrico por nosotros, yendo á las presidencias de nuestros
gobiernos en demanda y requerimiento de
clausura y prohibición del templo evangélico, que recordará una herejía y una separación lamentables, pero que también representa una iglesia del Espíritu, del Verbo,
del Dios cristiano? En esta edad materialista, cuando
á cada paso un abismo se abre, cuando hasta los ejercicios con la pelota y el recreo de los trinquetes provocan el juego de azar y las ruinosísimas apuestas,
cuando el desenfreno en los bailes llega, según dicen
las publicaciones diarias, hasta los últimos excesos,
un templo más nos recuerda en último término que
nuestro Dios está en el cielo y que á nuestra muerte
se le reserva una perdurable inmortalidad. Y contra
el ateísmo que devasta las conciencias, contra la moral utilitaria que rompe todos los grandes resortes de
nuestra voluntad, contra el arte realista que apaga el
ideal, no queda otro recurso más que una identificación de las almas creyentes y piadosas en el espiritualismo cristiano.

NúMERO

NúMERO

universal cristiana, inquisidores generales contra la
malicia herética, teniendo ante mis ojos los santos y
sagrados Evangelios, que _toco con mis propias manos, juro que he creído siempre y que cr~o ahora, y
que, Dios median~e, creeré _en el porvemr, !odo lo
que sostiene, practica y ensena la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana. He sido juzgado vehementemente sospechoso de
herejía por haber sostenido y creído que
el Sol era el centro del
mundo é inmóvil, y
que la Tierra no era
el centro y que se movía; por eso hoy, queriendo borrar de las
inteligencias de vuestras eminencias y de
las de todo cristiano
católico esta sospecha
vehemente concebida
contra mí con razón,
con sinceridad de corazón y una fe no fingida, abjuro, maldigo
y detesto los antedichos errores, y en general todo otro error,
etcétera.»
Según dice la tradición, al levantarse Galileo dió con el pie en
tierra y exclamó: E
pur si muove. Si pronunció esta frase, sin
duda fué mentalmente, puesto que se hallaba enfrente de enemigos demasiado feroces para perdonársela.
Mas no importa que
así fuera: la voz del género humano, al pronunciarla por él, le
vengará eternamente
de sus perseguidores.
Mostráronse satisfechos los jueces con
esta retractación, pero
aún quisieron continuar su venganza y
dictaron contra él la
sentencia siguiente:

45

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

577

censuras y penas conminadas por los Sagrados Cáno- nación los tomó como guía infalible de sus estudios.
De~ostró que los hechos recogidos en virtu~ de
nes, concluyendo así la sentencia:
una observación constante se pueden luego dommar
»Para que este grave y pernicioso errnr t11yo y irans~rei;ión con la labor de la mente; que si la imaginación no
no quede por completo i¡np1mti, y seíls más flªl!tQ en lo s¡¡cesl- precede la observación, sino que va en pos de ella,
vo, y sirvas de 11jtl111p\Q á \Q~ dtin~s para _qqe se ~bsitin!!:in d_ll siempre halla modo de ejercer en la naturaleza su
delitos i;emej;mt13s, ordpnamos que por edicto publtco Sil prohicombinado de la obba el f,i/¡1·q de las /iiá{pffgs ck Qi¡ljjQQ G:üilei¡ y te condenamos poder creador·1 que del trabajo servación
con el pensamiento surgen maravillosos edificios,
sencillos en sí mismos, complejos como
la propia naturaleza
en sus manifestaciones.
En los principios fecundos iniciados por
Galileo se inspiraron
los hombres de ciencia que le sucedieron,
y á esos principios se
debe el gran movimiento científico moderno que hace maravillar con los milagros
de sus descubrimientos, con el genio de
sus aplicaciones técnicas.
Galileo es así el verdadero iniciador de la
ciencia moderna: no
se presentó entre dos
siglos armados uno
contra otro para erigirse en árbitro de sus
discordias; sino que,
circundado de la aureola de gloria más envidiable, aparece entre dos eras científicas, la antigua y la
nueva.
Su figura descuella
entre los contemporáneos y ningún progreso de sus sucesores
puede disminuir su
esplendor. Es el primer hombre verdaderamente moderno.

«Siendo tú, Galileo, hijo &lt;le! difunto Vicente Galileo, florentino, de edad
á la presente de 70 años,
el que fuiste denunciado en
1615 á este Santo Oficio:
»Que tienes por verdadera la falsa doctrina enseñada por muchos de que
el Sol sea el centro del
mundo é inmóvil y que la
Tierra se mueva también
con movimiento diurno;
»Que tenías algunos discípulos á los cuales enseñabas la misma doctrina;
»Que sobre ella has tenido correspondencia con
algunos matemáticos de
Alemania;
»Que has hecho imprimir algunas cartas tituladas De las ma1tchas solares, en las cuales desarrollas igual doctrina como
verdadera;
»Y que á las objeciones que á las veces se te hacían tomadas
&lt;le la Sagrada Escritura, respondías comentando dicha Escritura
conforme ~ tu sentido; y sucesivamente se presentó copia de un
escrito en forma de -carta, que se decía escrita por ti á un diccípulo tuyo, en la cual siguiendo la proposición de Copérnico
se contienen varias proposiciones contra el verdadero sentido y
autoridad de la Sagrada Escritura;
)&gt;Queriendo este Santo Tribunal prevenir el desorden y el daño que de aqui puede seguirse y crecer con perjuicio de la San·
ta Fe; de orden de Nuestro Señor y de los Eminen1ísimos se·
ñores Cardenales de esta suprema y universal Inquisición fueron por los cali_ficarlores Teólogos calificadas las dos proposiciones de la estabilidad del Sol y del movimiento de la Tieua, es·
to es:
»Que el Sol sea centro del mundo é inmóvil de movimiento
local,_ e~ proposición absurda y falsa en Filosofía y formalmente
heréltca por ~er expresamente contraria á la Sagrada Escritura:
»Que la T1er_ra no sea el centro del mundo inmóvil, sino que
se ~~eva también con movimiento diurno, es igualmente proposición absurda y falsa en Filosofía y considerada en Teología
ad minus errónea en Fe.»

Después de estas premisas dignas en verdad de
gentes que tan gran prueba daban de su ignorancia,
se agregaba que Galileo había incurrido en todas las

a

Los grabados que, referentes á la existencia de
este grande hombre, incluímos en el presente nÚ·
mero, merecen explicación
aparte, aunque á continuación de las líneas que le
hemos dedicado.
Es el primero uno de los
mejores retratos ele Galileo, pintado por Julio Su bstermans, y que se conserva
en la Galería de los Oficios
de Florencia. En él está
Galileo presentado casi de
frente, descubierto, con los
ojos reflexivos, y la frente,
como diría un poeta, grávida de inmensas ideas.
Julio Substermans fué uno
de los pintores flamencos
enamorado del bello cielo
italiano: nacido en Ambe·
res en 1597, pasó, aún joven, á Florencia, donde
fué bien acogido por CosMONUMENTO Á GALILEO EN SANTA CROCE DE FLORENCIA
me II, logró adquirir re·
nombre y murió en 1681.
Entre las muchas me·
la cárcel formal de este Santo Oficio por el tiempo que nos morias del ilustre físico existentes en Pisa figura la casa en
plazca y á nuestro arbitrio; y para penitencia saludable te im- que nació el 18 de febrero de 1564, como se lee en la inscrip·
ponemos que durante tres años digas una vez por semana los ción fijada en ella en 1864. - Pendiente del centro de In cúpula
siete salmos penitenciarios, reservándonos la facultad de mode- de la catedral de la mismá. ciudad se conserva aún la lámpara á
rar, cambiar ó levantar toda ó parte de dicha pena y penitencia.» que antes nos hemos referido y que fué fabricada por Vicente
Possenti: conócese hoy con el nombre de lámpara de Galileo.
En Padua existe la casa habitada por él y en la que instruía
El papa Benedicto XIV anuló muchos años desá numerosos discípulos.
pués esta absurda sentencia: los partidarios de la veLa fachada del Bo, representada en otro grabado, no es otra
tusta idea de la inmovilidad y fijeza de la Tierra fue- sino la de la antigua Universidad paduann. Donde hoy está este
ron desapareciendo poco á poco, y hoy día la teoría edificio habla en el siglo XIII un palacio con dos torres de los
En 1364 este palacio fué convertido en posada, y en
del movimiento de nuestro globo se enseña en todas Carrara.
él se puso una muestra en que habla un buey ( bo en dialecto
partes, hasta en Roma_
veneciano); en 1492 fué adquirido por el gobierno de la RepÚ·
Galileo fué el vigoroso atleta que logró comunicar blica véneta para instalar en él las cátedras universitarias clise·
á las inteligencias nueva costumbre de pensar. Antes minadas á la sazón en varios puntos de la ciudad de Padua.
de él todo se basaba en el apriorismo y en el racio- Donde estaban las cuadras surgieron las aulas; al antiguo nombre de Hospitium Bovis su,tituyó el de Sapientia; pero todo el
cinio deductivo; considerábanse los hechos como mundo siguió llamando el Bo al edificio y Universidad, y aun
cosa secundaria, y dehían plegarse, retorcerse, hasta hoy los pacluanos viejos para decir U niversiclad dicen el Bo y
reducirse y adaptarse al cuadro para ellos concebido nada más.
En esta Universidad y precisamente en el gabinete ele Física
por el pensamiento. Galileo &lt;lió al traste con tan fu.
se conserva una reliquia de Galileo; es In quinta vértebra lum·
nesto y estéril orden de cosas; vió en los hechos los bar de este grande hombre. Encargado el célebre médico y ma·
verdaderos é insustituibles maestros del pensador, y temático Antonio Cocchi de trasladar los huesos de Galileo
en vez de reducir los hechos á esclavos de la imagi- desde el claustro á la iglesia de Santa Cruz, sustrajo esta vérte·

a

�LA
bra y se la lcg6 á su hijo Raimundo. La preciada reliquia pasó
luego de mano en mano hasta que el doctor Thienc la donó en
1823 al Ateneo de Padua. No cabe duda sobre su autenticidad,
probada con documentos.
En el Prado del Valle se elevó en el siglo pasado la est.a tua
del físico italiano representada en .nuestro grabado, obra del
escultor paduano P. Danicletti, el cu~! to· figuró en actitud ele
contemplar el sol, con la mano diestra levantada, mientras que
la siniestra empuña un telescopio.
Extramuros de Florencia subsiste aún la Torre del Gallo, célebre por haberla habitado Galileo. y sobre tocio porque le sirvió de obser\'atorio astronómico. Esta torre, propiedad hoy del
conde Paolo Galletti, ha sido restaurada en 1877.
El museo galileiano de dicha torre contiene manuscritos preciosos de Galileo ó referentes á él. Damos los facsímiles de dos
ele ellos: uno es la carla del inquisidor de Florencia al arzobispo Nicolini, en que trata de la sentencia dictada contra aquél;
otro el de un autógrafo de Galileo, que revela las miserias con
que debió turbar r.quel hombre eminente.
Finalmente, el monumento de Galileo, erigido en la iglesia
ele Santa Cruz, es obra del escultor José Signorini, muerto en
1821. - M. A.
,.,,.,,,........,,.,,,,,,.,, .. ,,., .•,,,.,,.,,,.,,.,.,........ , •.•.•. ,,., ... ,,.,,,.,,.,,.....,,• •.••••••••••••••••,1••••••1••••••r,,·,,,.

LA DAMA NEGRA
( Co11d11sziJ11)

Inmediatamente me vino á las mientes el recuerdo
de la dama negra.
- ¿Una francesa llamada Genoveva?, le pregunté.
- Justamente.
- ¿La conoce usted?
-Algo.
Entonces me asaltó otro recuerdo: una pregunta
que me había hecho la dama negra.
- ¿Sería usted Jorge Manrique?
- Quiz.'Í, me contestó sonriendo el doctor Almagro. Es un nombre de guerra como otro cualquiera;
pero ¿quién se lo ha dicho á usted?
- La dama negra.
-¿Cómo?
- Así la llamábamos en el Suizo.
- ¡.\h, ya!, ¿porque viste de negro?
-Sí.
- ¿Y le preguntó á usted por mí, es decir, por Jorge :\lanrique?
- Sí, en un revuelo de la conversación.
- ¿Y·qué opina usted de esa señora?, me preguntó
el doctor, mirándome con fijeza.
- Que es una persona muy simpática, muy discreta y algo misteriosa. Siento que haya desaparecido
del Suizo.
- Puede que el mejor día aparezca.
- ¿De modo que usted la conoce?
El doctor tardó en contestarme; parecía como que
titubeaba. Luego prosiguió diciendo:
- La historia de la dama negra, como usted la
llama, es una historia.
- Probablemente lastimosa como casi todas.
El doctor sacó el reloj y miró la hora. Luego dijo:
-Tengo que ver á un enfermo de cuidado. ¿Va
usted todas las noches al Suizo?
- Todas hace veinticinco años.
- ¿A qué hora?
- Desde las once y media hasta que se cierra.
- Pues mañana le buscaré á usted allí. Hablaremos
de la dama negra. Por causa suya me hallo en un
conflicto, y no me vendrá mal un buen consejo, aunque sé que los consejos se piden para no seguirlos.
V

A la noche siguiente, en el café Suizo supe in pártibus la historia de la dama negra.
-A últimos del pasado mes de junio, según costumbre anual, dijo el doctor Almagro, me hallaba en
París, en excursión veraniega. Vivía en la calle de
Castiglioni, y todas las noches, antes de entrar en el
hotel, me daba una vuelta por la plaza del Palais
Royal.
- Lo comprendo, le interrumpí. Allí van muchas
beldades acaloradas á tomar el fresco.
- Pues bueno: allí conocí Genoveva, ó sea la
dama negra.
Yo hice un gesto.
- Comprendo lo que significa esa mueca, prosiguió el doctor. Abordé á la susodicha, que desde un
principio me llenó el ojo. Estaba sentada en una silla
y sola. Fuí bien acogido y paréceme que conseguí
entretener á Genoveva, no sé si con mis chistes ó con
mis atropellos de gramática francesa. Usted sabe que
el que entretiene á una mujer la tiene medio vencida,
y con esto y con no creer yo en la virtud en el Palais Royal, comencé á permitirme ciertas libertades.
- Lo supongo.
- Pues amigo mío, desde un principio Genoveva
me paró los pies.
-¡Vaya!
- Como usted lo oye. Es honrada hasta la inverosimilitud: tengo motivos para asegurarlo. Hízome es-

a

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tar con juicio. Desde luego, como á usted, me atrajo
su conversación. Es sencilla y discreta. Me contó su
pequeña historia (galicismo). Encontrándose sola y
desamparada en Angulema, se vino á París á trabajar, y hacía siete años que estaba empleada en el bazar del Louvre ganando ciento cinco francos mensuales. Su vida era monótonamente triste: desde su cuartito de la calle de Rívoli se iba al bazar; almorzaba y
comía en un restaurant barato; por las noches paseaba ó se sentaba á tomar el fresco en el jardín de las
Tullerías ó en el del Palais Royal, hasta que se retiraba á su casa. ¿Comprende usted esta vida en París
á fin de siglo?
- En las mujeres lo comprendo todo.
- Entonces no hallará usted inverosímil el que Genoveva se me resistiese días y días.
-¡Pst!
- Desde un principio se me cuadró. (Es inútil, me
dijo, cuanto usted haga; yo... fuera del matrimonio no
tendré amores.» La propuse traérmela á España y asegurarla una posición desahogada. Todo fué en vano,
no quiso aceptar de mí ni una taza de café; pues, según
decía, la que toma se obliga á dar. Aburrido de aquellas relaciones menos que platónicas, dejaba de verla
durante dos ó tres días, pero volvía á buscarla, encontrándola siempre invariablemente sola en alguno de
los dos jardines ya mencionados. Me recibía con
amabilidad, no preguntándome nunca el motivo de
mis ausencias. Procuraba descartar las conversaciones amorosas. Hablábamos de Francia, de España,
de música, de los astros, ¡qué se yó!
El doctor hizo una pausa y prosiguió diciendo:
- Pues bien, amigo mío, ¿creerá usted que no podía pasarme muchas noches seguidas sin aquellas
pláticas abstractas?
- Lo que creo, amigo doctor, que estaba usted y
tal vez esté todavía abulelado por la francesa.
- Quizá sí, y me lo confirma el resto de esta historia, que no sé si hallará usted interesante.
- Mucho, porque conozco á la protagonista y admiro su virtud ó su habilidad.
- Pues bueno, continuó diciendo, que la resistencia de Genoveva me tenía en un constante estado de
excitación nerviosa, cuando la suerte, que á veces
ayuda á los pícaros, vino á calmarla.
- ¡Hola, hola!
- A fuerza de ruegos y de repetirla que sería por
última vez, conseguí que el día de mi cumpleaños
aceptase Genoveva una modesta comida en un modesto restaurant, en donde hay unos gabinetes muy
cucos.
-¡Ah! ¡Ya!
- No sé lo que allí pasó... os excedimos en la
bebida, sobre todo ella, que no estaba acostumbrada.
Hablamos de descubrimientos, y yo... la hipnoticé.
-¡Demonio!
- Desde entonces ignoro lo que sucedió. Creíme
metido en un lío y me azoré. Pagué al mozo la cuenta
de la comida. Con el gabán y el sombrero puestos la
desperté del sueño hipnótico, y antes de que ella pudiera darse cuenta, salí del restaurant y al día siguiente me fuí á Bruselas.
.
- ¿Despedida á la francesa?
- No, á la española, del peor género.
- Si yo no hubiese visto en Madrid á esa buena
demoiselle hipnotizada, supondría que aquí acababa la
historia; pero es de creer que tiene segunda parte.
- Y como todas, no buena. Oiga usted.
VI
- Estuve un mes en Bruselas y cerca de dos en
Londres. Volví á París á mediados de septiembre. Me
escarabajeaba el deseo de ver á Genoveva, con tanto
más motivo,cuanto que después de la sesión de hipnotismo del restaurant sentía escrúpulos de conciencia;
pero recelaba presentarme á ella. Vacilé durante dos
ó tres días, como estoy vacilando hace seis meses.
Me decidí por fin, y como hacía un calor rezagado, la
busqué á la hora de costumbre en Palais Royal. No
estaba, pero no tardé en verla venir por una galería.
Había engruesado.
- ¡Ya lo creo! Con los disgustos se echan carnes á
la entrada del otoño.
- Búrlese usted, pero le aseguro que me temblaban las mías al abordar á Genoveva. Apenas me vió
hizo una mueca indescriptible y quedóse parada. Yo
la saludé con un ademán y con el sombrero en la
mano. Ella entonces aproximóse á mí, me dijo en voz
muy baja: &lt;tEs usted un mal hombre,» y siguió andando sin volver á mirarme. La seguí; se sentó en una
silla del jardín, yo volví á acercarme á ella con aire
contrito, y algo aturdido la dije con humilde acento:
«Permítame usted dos palabras,)) como ella no contestó me senté á su lado, y no fueron dos sino muchas con las que yo traté de disculparme. Le pinté

NúMERO

577

mi amor inmenso é indestructible, apelé á su bu
juicio respecto á los peligros de una comida en q
se hace algún exceso de bebida, le reiteré mis ofer
de traerla á España y atenderla siempre, lo cual, p
el extremo á que habían llegado las cosas, era un d
ber en mf. Estuve elocuente y caluroso, pues me h
liaba verdaderamente conmovido; pero ella me oy
impasible. Mientras yo hablaba me miraba con fije
como si quisiera escudriñar la verdad de mis pal
bras, y cuando concluí de hablar, dijo: «Las prueb
valen más que las palabras. - Yo probaré á usted
eterno cariño. - Ya conoce usted mis ideas: no co
cibo el amor fuera del matrimonio,»y al decir esto
puso la manteleta que se había quitado y se levant
en ademán de irse. La palabra matrimonio siemp
me ha sonado fatídicamente y mucho más pronuncia
da por una mujer á quien apenas conocía. Quedém
sin saber qué decir, hasta que al fin dije: ePero, G
noveva, ¿es posible que siendo usted tan discreta s
fije en i.tn¡t nimiedad?» Ella no contestó y echó á a
dar. La acompañé hablándole á mi parecer persuasi
vamente. Ella me oía en silencio y cada vez anda
más de prisa. &lt;tGenoveva, insistí yo, en el estado á qu
han llegado las cosas no tiene usted derecho á rehus
mis ofertas. - ¿No tengo derecho á no ser una 111a11te11i
da1 ¿Por qué?» Yo respondí titubeando: «Porque den
tro de poco su vida de usted va á ser... muy difícil.
- La sobrellevaré. No tenga usted cuidado de qu
falte á mis deberes. - ¡Pero Genoveva!.. - Buenas noches, caballero.&gt; Habíamos llegado á la puerta de su
casa de la calle de Rívoli. Yo no supe qué decir, ni
aun contestar á su despedida, y me quedé, como
quien dice, con un palmo de narices. Estuve dos ó
tres días sin procurar ver á Genoveva. Otras dos
tres noches seguidas la busqué en vano en los sitios
de costumbre: el calor continuaba, pero ella no tomaba el fresco ó le tomaba en otra parte. Ocurrióme la
idea de que pudiera estar enferma, pero la vi en el almacén del Louvre despachando, Cuando se quedó sola
me aproximé á ella y le dije en voz baja: «Tengo que
hablar con usted. ¿Irá usted esta noche al Palais Royal.
- No ando ya de noche, me contestó, me siento pesada... &gt; Dijo estas palabras en un tono tan seco y tan
frío, que me exasperó. Salí del Louvre resuelto áno volver á verla. Determiné anticipar mi regreso á España.
Después de todo, aquella aventura había sido como
otra cualquiera, pensaba yo; pero la voz de mi conciencia me desmentía... Porque yo, amigo mío, á pesar de mi despreocupación y de los juicios que de mí
se hacen, tengo conciencia...
- Lo creo, interrumpí al doctor. Tiene usted conciencia mezclada con cierta dosis de abulelamiento,
como ya he dicho otra vez. ¡Es tan bella la mujer que
se nos resiste!
- La dama negra, como usted la llama, me ha puesto á mí verde: Hámlet en el monólogo de la incertidumbre no es nada, comparado conmigo.
El doctor Almagro parecía sofocado c◊n el relato
de su aventura; así es que pidió la segunda botella de
cerveza, bebióse de un sorbo una copa, y siguió diciendo:

NúMERO

577

LA

47

_ Añadía algunas otras naba. A la baronesa le gustaban la jm·~ntud Y la alecosas en mi cart~, siguió gría, no tanto por ella c?mo p_?r sus metas, do_~ mudiciendo el doctor, pero jercitas de catorce y qumce anos que? como d1JO almostraban en esperanza fruto cterto.
las omito por poco impor- guno,
La noche aquella había bastante gente en la casa
tantes. Metí mi carta en de la calle de Atocha: allí estaban Mad. de Saxe,
un sobre y con ella seis billetes de cien francos; fuí extranjera que tant? llwnó la ~tención á ,su llegada ~
al almacén del Louvre, en Madrid por sus bnllantes traJes y magmficos trenes,
donde encontré á Geno- la joven condesa de Fuertes, la señ~ra ,de San or~e;
veva muy ocupada despa- una jamona que hace la competencia a cu~lq~1er JOchando, le entregué la car- ven, el académico Errando, Paredes el penod1sta ... ,
en fin una sinji11idad de gente, como afirma un seta y saH apresuradamen~e,
como dicen en las acotacio- ñor q~e yo conozco y tiene sus ribetes de 1?scalada
nes de las.comedias. Por la que debiera decirse para expresar una cosa sm fin.
Yo había llegado de los primeros .Y recue~do ~ue
tarde tomé el rápido y reme encontraba muy ocupado en expltcar á miss (,ay,
gresé á Madrid:
.
_ Por lo visto, amigo sobrina del embajador inglés de entonces, el :irgudoctor, esa carta fué un mento de un drama de ese pobre Barco que hace
tres noches se ha pegado un tiro, cuando sobre ~l
paliativo.
_ Sí, un modus vz·vendi, ruido de todas las conversaciones se oyó un campamhasta ver lo que resuelvo. llazo, y tras de breves momentos se presentó Elvirita
_ Debería usted haberla Travado en la habitación.
Pequeña, morenita, con dos ojazos_ ne~ros quepoescrito en verso.
nian
malo y movimientos de gato_ c~1qmto, l~ r~c1én
-¿Por qué?
_ Porque supongo que llegada, que representaba unos Yemt¡trés ó vem!1cua]a firmaría usted: «Jorge tro años, pertenecía al número de 1:1~j~res que tienen
el privilegio de hacer perder el JUtc10 á todos los
Manrique.&gt;
_ ¡Ay, amigo mío, con hombres.
Madrid entero la conocía, y algunos seguramente
qué chacota se ven los torecuerdan
todavía sus coqueterías, causa de un desaros desde la barrera!
- ¿Y ha visto usted á fío entre un conocido marqués y un joven artillero
Genoveva?
_ De Jejos,águisa_de espía.
_ Pero ¿qué ptensa usted hacer?, porque á ella
no la encuentro muy satisfecha en Madrid.
_ ¿Lo sé por ventura?
¿Qué me aconseja_ usted? ,
_ No le aconseJo, voy a
indicarle lo que probablemente haría yo en su caso.
¿Usted tiene una fortunita
independiente y una profesión lucrativa?
-Sí, señor.
_ Pues me casaría con
MONUMENTO DE GALILEO, en la plaza Prato della Valle de Padua
Genoveva.
-¡Casarme!
- A la corta ó á la larga casi tod~s hacen esa ~acuentra, y r no me haga usted el homLrc _más desdi- niobra. 'Csted tiene ya andada la mitad del cammo.
chado de la tierra. ¡Hasta Yernos en Espanal ¿Verdad
_ Pero es que tengo un lío anterior.
que sí?»
- ¡Ah! ¡Ya!
- Lío insoportable, que me pesa
mucho, pero del que no sé cóm_o
evadirme. ¡Ah! ¡Cuán caro pago mis
locuras· estas complicaciones van á
' la vida!
.
quitarme
- Al revés, si consigue usted sobrellevarlas.
- ¿Por qué?
- Por lo que dice Ayala en esta
redondilla:

J

VII
- Cansado de cavilar y de combatir psicológicamente, encomendé á la Providencia la resolución de
mi problema, lo cual no obsta para que todavía esté
por resolver. Yo no podía resignarme á abandonar
definitivamente á Genoveva, y como me urgía ya la
vuelta á España, hice lo que los irresolutos: me proporcioné una tregua. Escribí una carta que decía así,
poco más ó menos:
«Mi adorada Genoveva: deberes imprescindibles
me llaman á mi país, pero yo no puedo dejar á usted
para siempre. He aquí lo que la propongo. Venga.
ustedáMadrid, donde la espero. Mis negocios me obligan á recorrer algunas provincias, y por lo tanto no sé
si podré recibir á· usted allí. De todos modos sólo
será cuestión de semanas. Usted no tiene derecho á
rehusar mis ofertas, porque dentro de poco estaremos
unidos por un afecto común. Venga usted á Madrid,
allí resolveremos lo que hemos de hacer y usted descansará por lo menos una temporada de su vida de
trabajo. Con la cantidad adjunta puede usted hacer
viaje de ida y vuelta, si usted resuelve volver á París,
lo que Dios no quiera. Si por casualidad me retardo
en ver á usted, retenido por ocupaciones ineludibles
(que procuraré abreviar), no pase usted cuidado:
mientras permanezca en Madrid puede usted contar
con doscientos francos mensuales, que cobrará usted
de uno de los socios del café Suizo (calle de Alcalá)
cuya tarjeta le incluyo. La cantidad no es grande,
pero usted es tan virtuosa que se resigna á vivir con
menos. Nada pierde usted en este viaje, amada Genoveva, y ambos podemos ganar mucho. Piense usted
en los deberes que le impone el estado en que se en-

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

«Un amor puede importuno
Matar al hombre más grave:
Dos amores, no se sabe
Que hayan matado á ninguno.&gt;

que en él perdió l_a vi?ª• así como los co~~tos de suicidio de un estud1ant1llo que tuvo la deb1hdad de tomar en serio dos ó tres miradas que ella tuvo á bien
•••.•••••••••• , •••••.•• , •.• ••• , •••••., ......... ...... ,, ••••.••••••••, ••••••, .... ,.1• .. •··
concederle. Después se había casado y todo el mundo estaba conforme en que llevaba una vida ejemLA BROMA
plar. Como las priPcesas de los cuentos para niños,
¿Lo que hombre dice de burla había tenido muchos hijos, es decir, había tenido
cuatro, que en cinco años de matr\monio e~ una cos~
de veras vas á tomar?
muy regular, y vióse consagrada a ellos y a su man(Romancero )
do un hombre tan bondadoso, que según aseguraban
La baronesa recibía los jueves. algunos malévolos todas las noches le tenía Elvira
Era una señora que frisaba en los de Ceca para Meca, vigilando á las amas, cuidando
sesenta años: tez blanca, ojos azu- de que no se desarropasen los mayorcitos, dando
les, cabello de plata, dientes menu- agua á quien se la pedía, y á veces, para librar á la
dos y blanquísimos, claro talento, señora de los gritos más ó menos desaforados de algracia, educación distinguida..., una guno de sus retoños que se desvelaba y tenía miedo,
de esas mujeres, en fin, que en el contando en traje de franela las aventuras de Pulgarocaso de la vida subyugan con su cilio ó de Caperucita roja, hasta que conciliaba el
excelente trato, ya que no lo hagan sueño el mocosuelo.
Elvira se sentó y al poco rato la conversación se
como en otros tiempos por la fuerhacía general. Sin que recuerde cómo, púsose sobre
za de su excepcional hermosura.
A casa de la baronesa iba yo mu- el tapete la cuestión de los ca11ards periodísticos, y el
chas veces. Allí se hablaba de todo, bueno de Paredes tuvo que ponerse hilas en los oídos
se cantaba, se tocaba el piano, se para aguantar todo lo que aquellas señoras le dijeron.
jugaba al tresillo, y hasta algunas Con la mayor formalidad aseguraban que no se poveces había su poco de baile. Acu- día creer á un periodista, y como él se permitiese ha- 1
día mucha gente de distintas con- cer una débil defensa de la clase, por poco le exco•
diciones y diversas edades, pero el mulgan.
- Pero ¿qué cosas tan horribles escribimos nosotros
elemento joven era el que predomiF. MoRENO GoDINO

Carla del inquisidor de Florencia al arzobispo Niccolini
sobre la sentencia ele Galileo

Quinta vértebra lumbar del esqueleto de Galileo, conservada
en el Instituto de Física de la Universidad ele Padua.

�LA TORRE DEL GALLO CERCA DE FLORENCIA, HABITADA POR GALILEO,

CASA DONDE NACIÓ GALI LEO CERCA DE L A PORTA FLORENTINA EN PISA

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propiedad hoy del conde raolo Galletti

�50

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

para que se nos haga tan cruda guerra?, decía el pobre buscando con la vista un auxiliar que le ayudara
á luchar con tanta improvisada amazona.
- Pues mentiras, bolas, embustes.
- ¡Señor! ¿Qué mentiras?
La de Travado tomó entonces la palabra y encarándose con él le preguntó cómo se atrevía á sostener lo contrario.
- Esta misma mañana, sin ir más lejos, dijo después,
he leído en un periódico una cosa capaz de matar de
risa á cualquiera. ¿No adivinan ustedes qué ha sido?
Pues voy á decirlo. Estos señores, y señalaba á Paredes con sus miradas, estos señores que nada creen, y
como él hiciese un ademán de protesta volvió á repetir que nada creen, se han empeñado en hacer
creer á los demás hasta que los burros vuelan; sí, sí,
que vuelan; y si no, dígame usted, hombre de Dios,
¿quién le ha dicho á ese señor que firma sus crónicas
en extranjero que ahora existen hechiceros capaces
de averiguar sólo por los signos de la mano, no lo pasado, sino lo que está por venir? ¿Quién le ha dicho
que seamos tan tontos los que ya lo somos bastante
para leerle que vayamos á darle crédito? ¿Quién? ..
- Perdone usted, Elvirita, dije yo en este punto
saliendo de mi silencio, ó más propiamente hablando,
de mi conversación con la inglesa; no defiendo á los
periodistas ni voy ~ romper lanzas con usted sobre
si dicen ó no verdad generalmente; pero en lo que
al caso presente se refiere, perdone usted que le diga
que no soy de la opinión de usted.
- ¡ Cómo! .. , exclamó ella algo desconcertada al
ver mi fingida seriedad. ¿Usted cree en semejantes
paparruchas?
- Sí creo, pero no en paparruchas, sino en verdades que quizá nuestros hijos han de considerar como
axiomáticas.
- ¿De manera que usted afirma que con un simple estudio de las líneas de la mano se puede?..
- Sí, señora.
Envolvióme en una mirada burlona, y exclamó:
- ¡Es lástima que no haya hecho usted esos estudios!
Resuelto á llevar la broma hasta el último extremo, conteniendo á duras penas la risa que me retozaba, le pregunté:
- ¿Y quién le ha dicho á usted que no los haya
hecho, Elvirita?
Miróme fijamente como para leer en mis ojos si
me estaba burlando, y después, como el que toma de
repente un partido, me alargó la diestra, diciendo:
- Vaya, señor brujo, señor adivino, aquí está mi
mano: dígame usted, explíqueme usted todos los males que me esperan, todas las venturas que tengo reservadas.
Tomé su mano, y durante algunos instantes me contenté con apretarla entre las mías, acariciando aquella
piel tan suave, sin saber qué decir; después, espoleado
por una de aquellas salidas que tanto le criticaban las
gentes, empecé á decir todos los desatinos que se
me vinieron á la boca con el aire más convencido
que pude.
Las conversaciones se habían interrumpido entonces, y todos contemplaban la escena con la misma
complacencia y curiosidad que si se tratase de la predicción de una gitana; yo noté que alguno reía disimuladamente y que la misma Elvira, sin decir palabra, se estaba burlando de mí con los ojos, y fuí
vengativo; quise, aun cuando sólo fuese por un instante, llevar el temor al alma de aquella burlona sempiterna, y por desgracia realicé mi pensamiento.
- Elvira, le dije con tono lo más profético que
p ude fingir, aquí hay una línea de funestos presagios:
esta línea..., yo no quisiera decirlo, quisiera equivocarme, pero está bien claro..., el día que cumpla usted
los treinta años, entre once y .doce de la noche, esto
es, á la misma hora en que estamos, le sucederá á
usted una terrible desgracia.
Sentí que la mano que tenía entre las mías se enfriaba, vi á Elvira palidecer horriblemente, y ya casi
arrepentido de mi broma iba á declarar que lo era,
cuando se oyó sonar la campanilla y un hombre serio
y empolvado se presentó en la puerta de la habitación.
- ¡Juan!, exclamó E lvira levantándose y dando un
grito que nos llenó de espanto. ¿Qué sucede?
- Señorita, no se asuste usted... ; ha habido fuego
en casa.
- ¿Y los niños?
- El más pequeño ...
No terminó; ella no rodó por el suelo porque hubo
quien se lanzó á socorrerla. Yo noté que alrededor
mío se formaba el vacío, y presa de un malestar que
disimular no podía, loco, desatentado, cogí mi sombrero y salí de la casa.

J. F.

AMADOR DE Los Ríos

MISCELANEA

Bellas Artes. - Han sido nombrados Miembros de Honor de la Sociedad de Artistas de Munich nuestros compatriotas Francisco Pradilla y José Benlliure, al mismo tiempo que lo
han sido Alma Tadema y Leighton, de Inglaterra, Menzel, de
Berlín, y algunos otros de los más célebres artistas contempo·
ráneos.
- El escultor berlinés Brunow ha terminado el segundo y último relieve que ha ele adornar el pedestal de la estatua ecuestre del gran duque Federico Francisco, erigida en Schwerin: es
una obra de complicada composición por las muchas figuras que
en ella entran, mide un metro y medio de ancho y representa la
entrada triunfal del gran duque en Schwerin en 1871. El otro
relieve reproduce la inauguración de la Universidad de Rostock.
- La Galería de Dresde ha adquirido el magnifico cuadro de
Federico Uhcle Noche Santa.
- En una asamblea recientemente celebrada en Berlín y á la
que asistieron 630 individuos acordóse la fundación de una nue·
va asociación artística que se propone proteger y estimulará los
artistas jóvenes berlineses, adquiriendo sus principales obras y
desenvolviéndose de esta suerte dentro de las mismas tendcn·
cías que tanta importancia han dado á las asociaciones análogas
de Munich, Dresde, Dusselclorf y Westfalia. A este efecto nombróse un comité de artistas y aficionados, cuya presidencia ha sido confiada al ilustre pintor Achernbach.
- En la Galería de Pinturas de La Haya está expuesto un
cuadro de Rembrandt adquirido de la colección del pintor parí·
siense Zorn: representa una figura de anciano cuyo rostro recibe intensa luz por el lado izquierdo y cuya cabeza calva cubre
·una gorrita de color obscuro y pertenece á los primeros tiempos del inmortal artista flamenco.
- En el j~rdín del Louvre, frente á la columnata y junto al pabellón Sud, va á colocarse la estatua ecuestre de Velázquez, obra
del escultor Frémiet, que debe formar parte del conjunto de
decoración monumental proyectado por Guillaume, que entre
otros trabajos contendrá )as estatuas de Meissonier y de Raffet.
- La «National Gallery,» ele Londres, ha recibido un interesante legado ele Sir \V. Gregory, conteniendo, entre otras obras
importantes, dos cuadros de \lelázquez representand.o á Cristo
en casa de JI/arta y U1t duelo en el Prado.
- Gustavo Geoffroy acaba de publicar en París con el nombre de Vida artística un libro de literatura y de crítica ele Arte,
presentado al público por un prefacio de E. de Goncourt. Ocúpase el libro preferentemente de las escuelas modernas, conteniendo interesantes estudios sobre Manet, Claudio Monet, Carriére, Rodin, Pissarro, Raffaelli, l\leissonier, Puvis de Cha·
vannes, Jonckrind, Whistler, etc. Contiene además un corto
trabajo literario El sarcófago, que unánimemente la critica califica de verdadera obra maestra.
- Los vaciadores de los Museos del Trocadero, de la Socie·
dad de las Artes decorativas y del Louvre han ejecutado por
encargo del Estado y de acuerdo con la comisión organizadora
de la Exposición de Chicago reproducciones cuyo coste asciende á unos·115.000 francos El embalaje, transporte y otros gastos corre á cargo de esa comisión, destinándose las obras reproducidas á constituir en•América un núcleo de museo de escultura comparada desde el siglo XII al XIX.
- Recientemente, bajo la presidencia de León Bonnat, acordó la junta directiva de la Asociación ele los Artistas franceses
la modificación del reglamento para el Salón rróximo venidero, en el sentido de que sólo sean electores del Jurado los artistas premiados ó que hayan sido por cinco veces expositores.
Reunida en asamblea general la Sociedad, á petición de más
de cien asociados, fué mantenida la decisión de la junta, después
de un animado debate, por 294 votos contra 194, quedando por
consiguiente abolído el sufragio universal.
- El eminente artista, el pintor ruso Vereschaguine, que ha
producido tantas obras maestras dando fama gráfica á las impresiones que recibiera en las campañas de Oriente y del Asia
central, al acompañar los ejércitos de su país, dió recientemente en l\foscou, donde reside y donde tiene, junto al Kremlin,
su monumental estudio, una conferencia sobre la guerra, que
ha suscitado animadas polémicas y por una parte de sus com·
patriotas violentas y acres censmas. Vereschaguine, que en su
obra de pintor expuesta en París años atrás y de la que ha reproducido alguna muestra LA I LUSTRACIÓN ARTfSTICA, puso
magistralmente de relieve, al lado del aspecto pintoresco, el
cúmulo de horrores y atropellos de que es causa la guerra, completó con su enérgica palabra el anatema que á toda conciencia
honrada inspira el batallar de unos hombres con otros.
Con este motivo algunos de sus compatriotas, excitados por
un falso patriotismo, le han combatido duramente por las tendencia,; manifestadas en su discurso; probablemente por deseo·
nocer la repugnante y odiosa realidad que en si entraña la ~uerra, símbolo de falsa gloria para el vencedor, y de desolación,
de barbarie y de ruina para vencedor y vencido.
- Un gran número de zodtchis, ó arquitectos, artistas de la Academia Imperial de Rusia, que son los que proyectan las construcciones, junto con los ingenieros civiles encargados de su realización, verdaderos constructores, reuniéronse en asamblea en
la residencia del gran duque Wladimiro para tratar de imprimir una nueva dirección á la arquitectura nacional, oponiéndose á la invasora monotonía europea con el renacimiento de su
estilo propio, amalgama de los estilos indio, mogol, bizantino
y eslavo. Buen ejemplo para nuestros arquitectos y maestros
de obras.
- Actualmente está expuesto en Berlín un gran cartón de
una pintura mural que Maximiliano Koch ha de pintar para las
Casas Consistoriales de Lubeck y que representa la institución
del primer burgomaestre de la ciudad por Enrique el León. Es
una composición grandiosa perfectamente calculada para las
condiciones del muro en que ha de colocarse, que está dividido
por tres altos arcos góticos. Del mismo artista son dos lienzos
destinados á un nuevo salón de dicho edificio, cuyos asuntos
son la cabalgata que lleva á la ciudad la carta de libertad otor·
gada por Barbarroja y la entrada de Carlos IV en Lubeck.
- Dícese que la humedad ha perjudicado grandemente al
rico museo de Lille, en donde se conservan preciosos lienzos
de los más grandes maestros antiguos y modernos de las escuelas flamenca, italiana y francesa.
- En el Salón artfstico de Schulte, de Berlín, se han expuesto últimamente tres magníficos cuadros de grandes dimensiones:
El emperador Guillermo I I pescando ballenas á bordo del «Du1tcan Grey,» de K. Salzrnann; Regata marítima celebrada por el
Club Imperial de Kiel en 29 de junio de 1892, de H. Bohrdt, y
Pesca de Polifemo, de M. Pietschmann.
- Se han inaugurado en la Real Colección de tejidos de ]&lt;.re-

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N úMERO

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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feld (Prusia) las nuevas salas que contienen ricas telas y bordados de todas épocas.
- El pintor noruego Eduardo Munch, cuyas obras no fueron
admitidas en la última Exposición berlinesa, lo cual fué causa
de la escisión surgida entre los artistas de la capital de Prusia
ha expuesto en el edificio que en dicha ciudad tiene La Equi'.
tativa una porción ele obras suyas, algunas de ellas nuevas, que
han hecho renacer las discusiones que cuando su primera exposición se promovieron.
- En Burlington House, Londres, se ha inaugurado la trigésima cuarta exposición de obras de artistas difuntos, que ofrece
tanto interés, ó mayor si cabe, que las celebradas en años anteriores. Algunos de los cuadros expuestos se exhiben ahora por
vez primera, y tanto éstos como los ya conocidos son preciosos
ejemplares de las antiguas escuelas flame¡;¡ca, alemana, italiana
é inglesa.
- Llama actualmente la atención de artistas y cr!ticos londinenses la exposición de las obras del eminente pintor inglés
Mr. Burne Jone que se celebra en la New Gallery: l\1r. Burne
es de los artistas que poseen un estilo más individual y propio
y de los que menos se han dejado influir por los gustos, tendencias y j uicios contemporáneos; es al mismo tiempo uno de los
artistas más originales, de mayor imaginación y más fecundos.
Próximament~ daremos á conocer á nuestros lectores algunas
de sus más notables obras.
Bara lona. «Salón Parés. »- U na buena copia del hermoso
cuadro de Lhermitte que figuró en uno de los Sa/011es de París
pocos años ha, es la nota culminante de esta semana y al que
acompañan un cuadrito de Coll, figurando una señora en el
palco ele un teatro, y una marina de Sans, monótona y fría ele
entonación, que reproduce (al parecer) una localidad holandesa.
Por unos dias se halló expuesta una gran placa sepulcral de
bronce destinada al enterramiento del Cardenal Payá en la catedral de Toledo, proyecto de Paseó y primoro~amentc fundida en los talleres de Federico Masriera. Es una nueva obra que,
al honrar al artista y al fundidor, prueba el renacimienlo de las
artes del metal en nuestra ciudad.

Teatros. - En el teatro Federico Guillermo, de Berlín, se
ha estrenado con muy buen éxito una opereta titulada El tfo
de los millones, letra de Zell y Genée y música de Adolfo
)1uller.
- La ópera en un acto El juramento, letra de Maximiliano
Singer y música de Guillermo Reich, ha siclo recibida con aplauso en el teatro Kroll, de Berlín, en donde se ha estrenado recientemente.
- En Turín se ha verificado con éxito extraordinario la pri·
mera representación de Los maestros cantores, de \\'agner.
- En el teatro de la Opera nacional húngara, de lludapest,
en donde hace poco se representó con gran éxito la ópera de
Wagner El trep,isculo de los dioses, se pondrá en breve en escena
las cuatro partes de la tetralogía del gran maestro El anillo del
Nubebmgo.
En el teatro de la Moneda, de Bruselas, se ha estrenado
con éxito regular un drama musical titulado Yolanda, de Albe·
rico l\Iagnard, cuya música está inspirada en el procedimiento
wagneriano.
París. - Se han estrenado con buen éxito: en Menus Plaisirs
una revista en cuatro actos, Tararaboum-Revue, de los señores
Ferrier y Delila; en el teatro Moderno otra revista en cuatro
actos de Cottens y Gaveau, titulada Tout á la sa!11e, y en el
Nuevo Teatro una fantasla lírica de gran espectáculo, en cua·
tro actos, Bouton d' or, de Carré, con música de Pierné; las dos
primeras son el resumen de los principales acontecir;nientos
ocurridos en París durante el año 1892 y están escritas éon gracia y bien presentadas; la tercera es una obra entretenida, conjunto de cuadros pintorescos enlazados por la ligera trama de
una historia amorosa, y ha sido puesta en escena con gran lujo;
la música de los ,ouplets y bailables es ingeniosa y seductora.
Londres. - Ha sido un verdadero acontecimiento el estreno
en el teatro Haymarket de la tragedia Hypatia, de G. Stuart
Ogilvie, no sólo por la obra en sí, sino que también y muy principalmente por la magnificencia y propiedad con que ha sido
puesta en escena. La acción del argumento se basa en el conflicto religioso entre la población cristiana y la pagana de Alejandría en el período de la decadencia del Imperio romano; la
dirección artística de la obra estuvo á cargo del ilustre Alma
Tadema, que dibujó los trajes, decoraciones y accesorios, é inútil es decir cómo resultaría el espectáculo tratándose de artista
tan eminente y de una época y unas costumbres que tanto se
prestan á hacer alarde de pompas y esplendore~.
Jlfadrid. - En el teatro Lara ~e ha estrenado con gran éxito
una comedia en un acto, de D. Antonio Sánchez Pérez, titulada
El son q11e tocan: la idea de la oura es bellísima y está hábil·
mente desarrollada, los caracteres están perfectam~nte dibujados y el diálogo es fácil, naturalísimo y abundante en chistes.
Para el teatro de Apolo ha terminado D. Ricardo de la Vega
un sainete titulado Do1t Pa11li110 Caparró1t ó Vámonos á la ven-

ta del Grajo.
Barce/011a. - En el teatro Principal, terminadas ya las tareas de
la compañía que dirigian D. Ricardo Calvo y D. Donato Jiménez,
actúa la compañia infantil que dirige D. José Bosch y que había
trabajado recientemente en el Circo Barcelonés. En el Eldorado
se han estrenado con buen éxito las zarzuelas en un acto El organista, letra de Estremera y música de Chapí, y Guas/11, paro·
dia de Garln, de D. Salvador M. Granés, con música de varias
óperas, arreglada por el maestro Rubio.

¡Cuán seductora estaba Edmunda entregada á aquella ocupación!

CARGO DE CONCIENCIA

Negrologia. - Han fallecido recientemente:
Francisca Rheinberger, notable poetisa y prosista alemana.
Vicente Stoltenberg Lerche, pintor de género y arquitectura
de la escuela de Dusseldorf y uno de los más ilustres miembros
de la colonia de artistas noruegos de aquella ciudad.
Alberto Delpit, notable escritor francés, autor de varias novelas y dramas, entre las primeras Le 111ariage d' Odette y Com111e dans la vie y entre los segundos Le.fils de Coralie, y colaborador .en los principales periódicos y revistas franceses.
El Excmo. Sr. D. Ignacio M. del Castillo, conde de Bilbao,
grande de España, teniente general, ex ministro de la Guerra,
ex comandante general de alabarderos: entre sus muchos y notabilisimos hechos de armas es sin duda el más brillante la heroica defensa de Bilbao en 1874, pues gracias á su valor y ener·
gía no pudieron los carlistas penetrar en la plaza á pesar de los
125 días de sitio, 70 de ellos de terrible bombardeo, ~iendo esta
defensa tanto más meritoria cuanto que los sitiados carecían casi
de víveres y municiones. El general Castillo no se había suble·
vado nunca en sus 57 años de carrera militar y estaba condecorado con las principales cruces de las órdenes militares'y civiles

POR

Ju ANA MAIRET, CON PREéIOSAS ILUSTRACIONES DE A , MOR EA U
(CONTINUACIÓN)

- ¿Verdad que me amas, Marta?

Edmunda guardó silencio un instante, y después dijo con cierta expresión de

- Sí, con ternura y con abandono. Hasta ahora mi corazón estaba un poco gravedad:
cerrado, pero se ha abierto para ti, por más que al principio no te quisiera. Y te
aseguro que has entrado bien, pues te amo como hermana y casi como madre.
Quiero que seas feliz y buena, sobre todo esto último, y no perdonaré nada para
hacerte dichosa.
A lo cual replicó Edmunda:
-¿Nada?
-Nada.

- Escucha, Marta, me parece que te robo. Tú me crees mejor, más afectuosa
y más digna de ser amada que lo que realmente soy. Ya he tratado de hacerte
comprender cuantos defectos tengo y tú no das crédito á mis palabras; mas no
quisiera que te engañases respecto á mí, tú que vales diez mil veces más que yo
- Amame, Edmunda, y esto será suficiente.
- ¡Ah! ¡En cuanto á eso!..
Y un prolongado beso terminó la frase.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

577
NúMERO

b~n en el salón. La señora de ~ncel, tranquilizada por su última visita á la coV
cina y al comedor, est.aba ya dispuesta á recibir á sus convidados.
Desde la mu_erte de su esposo la señora de Anee!, que le había adorado, vivía . Se entendía muy bien con la señora Despois, y sin embargo difícil hubiera
su~amente retirada; por pnmera vez pensó ahora en abrir su casa para dar re- sido en~ontra: dos personas que menos se pareciesen. La baronesa, mujer conuniones. Todo aquel bonito país de los alrededores de Honfleur está muy po- te~platlva ~ Joven por el corazón, conservábase en cierto modo por el aislablado durant~ el verano; allí abundan los castillos, las quintas y las heredades, miento; hab,a parado su reloj en el mo~ento en que su esposo la dejó sola y no
palabra fav~nta de los normandos, y la señora de Anee! no tenía que hacer más pensa~a ya e!1 darle cuerda; t~n sólo ~,vía en el pasado, y su amor maternal,
n:iuy vivo Y tierno, no había sido suficiente para hacerle seguir la marcha del
q~e una sena! par~ verse rodeada al punto de gente amiga. En su consecuencia siglo.
d,ó ~n~ gran comida en honor de Edmunda Levasseur, cuya llegada al castillo
Su vecina, por el contrario, resignada muy pronto á no conocer felicidad perbabia s,d~ mur comentada en el país. En el campo todo se sabe: cada cual cofecta.,
habíase. crea~o una füoso~a que 1~ sirviese de apoyo, pretendiendo que
nocía la histona de la «pobre señora Levasseur,» como aún se decía muerta de
las
h~eras
sat1sfa&lt;;c!ones de la v1Ela, hábilmente ordenadas, proporcionan algo
pesar ó cuando menos por haber acelerado su fin el dolor y la adopción de
aquella ~ermanastra por la s~ñorita Levasseur, es decir, la ¡dmisión de la hija semeJ_ante á la fehc1dad, al fin y al cabo muy aceptable; que déspertar las penas
dormidas es una i:iecedad, y que siendo la risa propia del hombre, loco era quien
de la a~1ga en casa de la víctima, habíase juzgado muy diversamente.
se
abstenía de reir, tanto mas, c_uanto que la risa, según ella, suponía muchas
b' El seno: cura aprobaba con entusiasmo á su joven feligresa, diciendo que ha1ª cumphdo _con un deber, un deber difícil y hasta penoso; pero que aquí por cosas agradables, c?mo comer bien, rodearse de lujo, hablar con personas de
lo menos la V1:!ud había alcanzado su propia recompensa. Al arrancar aquella talento cuando se tiene la sue~te de encontrarlas, y á falta de éstas contentarse
encantadora ?111ª de un ~entro peligroso, donde su alma hubiera estado en peli- con las .que son agradables y tienen buena educación. Sin duda comprendía en
esta última clase á la señora de Anee!.
gro, Y de panentes relacwnados de cerca ó de lejos con el teatro Marta había
- ~e paree~ 9ue su hij~ de usted se humaniza, dijo á la baronesa. Hele ahí
e?contrado una compañera alegre y joven, una hermana muy cariflosa y agrade_ne ~orno s, Jamás hubiera asomado la nariz en los empolvados archivos del
f'da que _alegraba á cuantos la veían. El señor cura, hombre excelente en toda q~e
min,steno de Estado.
~ extensión de la palabra, al pronunciar su breve sermón del domingo compla- ¡A Dios &amp;racias! Y~ recordará ~sted,, querid~ amiga, que siempre dije que
ciase en ver el ?anco_d_el castill? tan bien ocupado; Edmunda asistía con perfecta gra~edad a los d1vmos oficios, y _hasta una vez hizo la cuestación; de modo Roberto se reJuvenecena con los anos; a los vemte era demasiado serio cosa
que no parecía natural, y después...
'
que el senor cura, _como todos sus feligreses, quedaron sometidos al encanto de
La señora de Anee] ardía en deseos de manifestará la tía Aurelia todas sus esaquella seductora Joven.
La morada de la señora de_ Anc~l ~o tenía nada de castillo: era una casa grande pe:anzas; mas_ no l? _haría, p~esto que prometió á Marta el silencio; pero... ¡si la
muy modern~, remedo de qumta 1t~hana, co~ e~ tejado muy plano y una serie sen.ora Despo1s qms1ese ad1vmar!.. A ella le parecía, sin embargo que la nueva
'
de balaustres, desde la parte supenor del ed1fic10 disfrutábase de una vista tan actitud de Roberto era bastante significativa.
además,_
i.nterrumpió
la
señora
Despois,
no
hay
nada
como
dos hermo:agnífica 9ue con, frecuencia se trasladaban allí todos los de la casa, y detrás
sos
OJOS
p~ra
d1s1par
las
brumas
del
estudio.
Veamos,
amiga
mía,
no
tome usted
sta
e é , asi C?mo a lo largo de la cuesta de la colina, extendfanse grandes bosesa
expresión
de
alarma;
ya
sabe
usted,
como
yo,
que
desde
la
llegada
de Edques. La afi~ión de la viuda á las flores tenía ancho campo en que desarrollarse
munda, Roberto se muestra más amable; si él no sabe aún que está enamorado
vasto Jard_fn que en pendient~ muy rápida descendía hasta la carretera, y yo
sí lo sé.
'
ie en la vecindad podía competu con la señora de Anee! por sus prados de
- ¡S~ engaña usted, se engaña usted!, exclamó la señora de Anee! sofocada.
~mertldas, de césp~d fin.o y compacto y particularmente sus rosas. Estas flores
- ¡1 a, ta, ta! Muy rara vez me equivoco yo en esas cosas. Desde que no soy
egra an los canastillos, invadían las paredes, presentando las más raras varie~ades, o~tentábanse lozanas en todos los rincones de la propiedad y embalsama- más que espectadora_ tengo mi anteojo bien limpio, miro, y me divierto en granan el aJ~e alrededor de ella. La única queja que la viuda tenía de Marta era d~. Bien .muado, amiga mía, usted deseaba que la señorita Levasseur fuese su
ut pr~finese sus bosque~ á su jardín, y se perdiera durante horas en las som- h1Ja política, y no puede quejarse. Edmunda es lindísima; á mí no me agrada
. r as a amedas, complac1éndose en meditar más bien que en ocuparse en su much~; pero en fin, debo reconocer que es muy linda .
- Si, repuso la baronesa, que comenzaba á reponerse de la sacudida y usted
Jardín, expurgar los rosales y persiguiendo sin tregua á los purgones que los
se
daría
por muy contenta si pudiera desembarazarse de ella casándol; cuanto
am{:1azaban. ¡Pero la perfección no es de este mundo!
antes.
d' d s
her!11anas, acompañadas de la tía Aurelia, llegaron muy temprano el
- ¡Ya lo creo que sf! Esa niña perturba mis costumbres; y aunque no la quieJarf e ª co_m_ida para ver el fin de una magnífica tarde de julio en medio del
ro,
temo mucho que al fin me seduzca su encanto. Me es preciso violentarme
u_:e bdebcioso de las rosas, que se ostentaban entonces en todo su esplen.,
'
or. m as vestí~n de blanco; pero el traje de Marta, de lana muy suave era y no hay nada tan fatigoso como esto.
Entonces,
replicó
la
señ~ra
de
Ai:ic~),
cuyo
egoísmo
maternal
se
despertaba
un poco severo, s~n el menor adorno, mientras que el de Edmunda, de m~selina de seda ~uy hgera, tenía lazos de color sonrosado muy pálido que hacían Y que en u~ momento entreVIó la pos1b1lidad de que su hijo prefiriese la hermare~1~r ~u delicada belleza de mujer rubia con ojos negros. La tía Au~elia aunque na menor a _la mayor, puesto que no había ningún compromiso formal, entonre un una!:do de una manera belicosa, debió confesarse que rara vez ;ra dado ces usted m1sma reconoce el encanto que esa niña ejerce ...
ver una mna de ' t tº
·
. . .
Ed
da
mas a rae ivo m tan encantadora. ¡Y 1u1c1osa como una imagen! , -: ¡Sí _que lo recon.ozco!, tanto que al estudiar á esa joven llego casi á excusar
brilru~ no s_e aparta_ba_ de su he~mana mayor, hacía lo posible por apagar el a m1 cunado. J.,a a~tlpua leyenda d~ las sirenas se continúa á través de los si0 ~ sus OJOS, repnm1r su sonnsa y no ser en nada coqueta á fin de mere glos Y se continua~ a través de los tiempos. Edmunda es la imagen de su macer elo~t0s Y evitar un sermón. De este modo su belleza era suficiente para con~ dre, except? los OJOS, que son de su padre. Yo iba ocultamente á ver trabajará la
!en~r u,n 1ª~t Cuando sus párpados bajados se elevaban de pronto los ojos mad_re, actnz co~o se ven pocas; todo lo tenía aquella mujer: naturalidad, encanto,
n n mas n o Y )os hoyuelos de las mejillas reaparecían de repent¿ más se- grac1~ en el decir... ; en fin, todo,_ menos c~razón. yuelvo á encontrar en la hija
d uctores y provocativos.
las mismas entonaciones de voz, 1~al sonnsa, que ilumina su rostro de repente,
Con:io ~dmunda no había visto aún más que el salón y el jardín Roberto c?mo el rayo de sol cuando pasa a través de una nube. Mírela usted cuando se
con~~JO a las dos h~rmanas para dar la inevitable vuelta del propi~tario. La sienta... Nosotras tomamos una sill~ para descansar buenamente, y nuestras falpen iente era tan rápida que la casa tenía casi un piso menos detrás que delan d~ se acomo~n como pueden, mientras que la de Edmunda se extiende en
Desde una avenida pasábase á una vasta habitación llena de estantes de Ji~ pliegues armonios?s; cuando habla, ·sus ademanes tienen una gracia tan infinita
os, un poco severamente amueblada, con una mesa de despacho cubierta de ~orno natural, y s1 u~ted la escucha observará que nunca tartajea; cada sflaba
~ap~dlesdy volúmenes bastante desordenados. Edmunda alargó el cuello con cu tiene su valor; el s~nido de ~u v?z se modula con un arte que ni ella misma coTIOSI a .
. noce, Y la el?cuencia le ha sido inculcada sin que lo echara de ver, pues bastóle escuchar a su madre.
-t¿Es ª.hí donde trabaja usted, Sr. Anee!, y donde escribe una obra terrible- Pero, observó la baronesa, usted ha dicho que su madre lo tenía todo exme~ ;rse~ia, según m: ~n dicho?, preguntó.
cepto corazón. ¿Se le parece también la hija en esto?
'
está ~i~mente, s~nonta, Y aquí estoy muy tranquilo; este rincón del jardín
Es
cosa
que
toqos
los
días
me
pregunto
y
nada
sé
aún;
pero
es
posible
que
clabsi siempre desierto, y como ve usted me bastan dos pasos para trasladarme a osque.
te?ga un_poc? _de corazón. AI_verla, con Marta, cualquiera lo creería así. No hay
- Codnfiese. usted, dijo Marta sonriendo, que para ir allí salta por la ventana mimos_ ni canc,as que no prodigue a su hermana; la sigue por todas partes como
una cnatura; trata de ayudarla en el arreglo de la casa, con lo cual, dicho sea
en vez e sa1u por la puerta.
ca - ~n efecto, es una costumbre de la infancia á que no pude renunciar nun- de paso, lo ~rastorn~ todo; corre á casa de nuestros dos colonos para darles órtr~tJ
me parece muy cómoda, y no se necesita ser buen gimnasta para en- denes, y olv1dand? a éstos, se entretiene en jugar con los perros y los pollos
t" d e mismo m~do. Ya ve u~ted que las casas edificadas, contra el buen sen- porq_ue sabe que a Marta le agradan también. Siempre alegre, todo le paree~
admirable: se _extasía an~e una bu_en~ vista, se chapuza en el agua alegremente,
1 en una pend1en_te muy empinada, tienen algo bueno.
cas- ¿Y no ha expenmen~ado usted nunca algún temor? Si entra usted en su ~nda, corre, siempre está. en mov1m1ento y arrastra en él á su hermana. Pero el
ª dehesa ~anera, también otros podrían hacerlo. Yo soñaría en ladrones todas Juguete es :~ora nuevo; en el mes de julio, el campo, con sus animados cami1
asdnoc es si ocupara semejante habitación... , exclamó Edmunda que no era nos, los bamstas en to~s partes y los castillos llenos de gente, está muy bien.
na a va1erosa.
'
Yo espero el mes de noVIembre, porque entonces la niña se verá obligada á concretarse á nuestra sociedad.
-d No hay pel'g
•
·t
d
,
1
. ro, senon a, Y a emas en ese mueble que ve usted ahí mi
- La juventud sabe alegratse en todas partes y siempre murmuró la señora de
ra Ja_e me obliga á guardar un magnífico revólver que hace años descansa e~ su
~ncel
de indulgencia; y en todo caso, como Marta ~ma á su hermana ha~~ d~
otra parte me ha dispuesto esa magnífica panoplia que hay enci- ra todollena
cuanto ésta quiera.
'
d
imenea, menos como adorno que para hacer creer que soy hombre
.
Si
se
la
lleva
á
París
un
mes
ó
dos
antes
que
de
costumbre,
yo
no
me
quee ~r~as tomar. Yo me fío más bien de la tranquilidad del país que de una recr n us urpada... Y ahora, señorita Edmunda, añadió Roberto si cree usted taré; pero Ma~ no es débil, y si cree de su deber oponerse á un capricho de nina, se opondra, esté usted segura de ello. Entonces veremos. Edmunda me hace
_ª e~ ~ne1uído con dirigir una mirada á través de la ventana abierta se enga p~nsar
en las bonitas sedas flexibles y suaves de mis bordados; se enhebran fáfoª us e h mu~fo. Aún le falta admirar nuestro corral, un verdadero cor;al mode:
, due umi a al del castillo, y además nuestras cuadras y campos nuestras cilmente, su ~ontacto es dulce para los dedos y se hace lo que se quiere; pero
phra, eras Y. bosques. ¡Venga usted! Aún tenemos para una hora larga 'y esto nos de rep~nte, sm que yo sepa cómo, se forma un pequeño nudo imperceptible, y en
ara apreciar meJ·o I
'd d
·
•
'
bonita seda suave_ se rompe la aguja en seco. En esa niña no se ha formado
á usted
r a com1 a e m1 madre. Dicho sea entre nosotros, advertiré la
nudo aún; mas no diré que no se produzca.
esté , es que hace una semana que no duerme por temor de que su comida no
El nud~ se formó antes de terminar la noche.
• ª la altur~ de la solemnidad. Años hace que apenas ha recibido más que al
La
co~md~ fué d~ las más alegr~s. l!n_a veintena de convidados, todos ansio!;~~i:o~ura Y a nuestras dos amigas del castillo. ¡Ea, vamos á buscar un buen
sos de d1vertuse y Jóvenes los mas, ~1c1eron honor á los numerosos platos; la
Mientras que los jóvenes se paseaban en el jardín, las dos matronas conversa- m~sa estaba adornada con las más lmdas rosas del jardín y por las ventanas
abiertas de par en par, penetraba la brisa suave de aquella hermosa tarde de ve~

-Y

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LA

577

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

rano. Edmunda olvidaba un poco sus buenas resoluciones; adivinaba que de
toda la juventud reunida alrededor de la mesa ella era la reina sin rival; sabía
que era mucho más bella, más admirada y obsequiada que las demás mujeres, y
la alegría de su triunfo se desbordaba un poco en el sonido de su risa y en el
brillo de sus ojos. Casualmente tenía por vecino al capitán Bertrand, y divertlase
en volverle completamente la espalda. Roberto, como dueño de la casa, hallábase colocado entre dos señoras de edad respetable y dirigía envidiosas miradas
al sitio donde Edmunda hacía gala de su locuacidad parisiense. La traviesa joven, fijándose muy pronto en aquellas miradas, redobló su coquetería. Marta,
colocada en la otra extremidad de la mesa, nada podía hacer para moderar un
poco el proceder de su hermana; pero bien mirado, como todos estaban alegres
aquella noche, se hallaban en el campo y eran vecinos, nadie podía formalizarse
demasiado por alguna carcajada más ó menos. Además, ¡era tan linda la pequeña Edmunda y se la admiraba tanto! La idea de que pudiera inspirarle un sentimiento de celos aquella recién venida que la eclipsaba tan completamente, no
cruzó por su espíritu ni una sola vez; muy por el contrario, enorgullecíase de la
belleza y del triunfo de su hermanita.
Después de comer tratóse de tomar el café en el jardín, cosa rara á orillas del
mar, y Marta enlazó con su brazo el talle de Edmunda. Los jóvenes de ambos
sexos formaban un grupo ruidoso y alegre; la luna tenía aquella noche un brillo
extraordinario, tanto que todos se veían casi como en pleno día, y la hermana
mayor notó que Edmunda tenía las mejillas muy encendidas y los ojos en extremo brillantes.
- Sin duda tienes mucho calor, le dijo. Ponte este céfiro alrededor del cuello. ¿Sabe usted, señorita, añadió Marta en tono de broma, que hacía usted mucho ruido en su rincón? ¿Qué hemos hecho de esa formalidad ejemplar?
- Te la he trasladado á ti, Marta, porque á ti no te molesta, y yo al cabo de
una hora no puedo conservarla ya. ¡Ah! Déjame ser un poco loca; es muy grato
loquear, y no se tienen diez y ocho años más que durante doce meses ... Si tú
supieras... Hemos formado mil proyectos, ¿no es verdad, capitán? ¡Ah! Vamos á
divertirnos mucho.
- Y ¿cuáles son esos proyectos?, preguntó Marta risueña é indulgente.
- ¿Tomaré yo parte en ellos?, preguntó Roberto á su vez, atraído por las dos
hermanas y no osando preguntarse si se declaraba más en favor de una que de
otra.
- Ya lo creo, contestó Edmunda, y el capitán y todos esos señores. Piensen
ustedes en que seremos ocho damas y que necesitamos caballeros. Por lo pronto, el lunes almorzaremos en la cFuente de Virginia... » ¿No es verdad, Marta?
- Con mucho gusto, hija mía.
- Después queremos representar alguna comedia; esto es muy divertido en
sociedad, y sobre todo en el campo, y ya sabes que el salón grande con el gabinetito en el fondo es lo más á propósito. El capitán repr~senta muy bien, y yo...
Edmunda se interrumpió¡ su hermana había retirado el brazo con que rodeaba su cintura, y parecía muy pálida á la luz del astro de la noche.
- Eso no, Edmunda, eso no, dijo, cambiando de tono.
- ¿Por qué?, preguntó la joven con cierto calor.
Era la primera vez que veía contrariado uno de sus caprichos, y su lindo rostro parecía descompuesto.
- La comedia de salón es sin duda cosa muy divertida para los actores improvisados, y sobre todo para las actrices; pero enojosa para los demás, yo te lo
aseguro.
- Puesto que todos seremos actores, cuando menos los jóvenes, los demás no
se cuentan.
- En mi casa, Edmunda, los demás, por el contrario, se han de tener en
cuenta, y de consiguiente no habrá comedia.
Esto fué di~ho con un tono que no admitía réplica. Todos adivinaron que
Marta no manifestaba la verdadera razón de su antipatía á las cosas de teatro;
y Edmunda, comprendiéndolo así también, irguió altiva su graciosa cabeza· su
rostr? tomó repentinamente cierta expresión de dureza, y repuso con indiferencia:
- ¡Cómo tú quieras, naturalmente! Sr. de Anee!, añadió, ¿quiere usted darme _el brazo? Deseo contemplar la vista del paisaje desde la altura. ¿Se puede
subir? Vengan ustedes, señoritas; me parece que el mar á la luz de esta luna
tan clara debe estar magnífico.
Marta no siguió á los demás convidados.
En la manera de tomar Edmunda el brazo de Roberto observó alguna cosa
que la sorprendió súbitamente.
Fué á sentarse junto á la señora de Anee!, que cogió cat'jñosamente su mano.
En el fondo pedíale que la dispensase, como de una infidelidad por su conversación con la tía Aurelia.
'
- ¿Está usted indispuesta, Marta? ¿Quiere usted que volvamos á casa?
- ¡Oh! No, se está bien aquí.
- ¿Pues entonces?
-~o es nada; estoy un poco triste, pero no haga usted caso. Es una rareza
de m, carácter que. me hace pen~ar en cosas no_muy alegres cuando á mi alrededor se rí_e demasiado. ¡Qué qmere usted! Yo paso ya de los diez y ocho años,
Y segtín dice Edmunda, no se tiene esta edad más que durante doce meses.
¿Los habré tenido yo alguna vez? Temo mucho que no.
- Los tendrá usted un poco más tarde, y á eso se reduce todo. Lo mismo
que le _sucede á Roberto, se rejuvenecerá usted á medida que vaya transcurriendo el tiempo.
- ¡Tal vez!, murmuró la joven. Efectivamente, Roberto es muy joven esta
noche ...
Y Marta comenzó á meditar algo tristemente.
VI
Para ir á la «Fuente de Virginia&gt; se deja la carretera de Villerville á fin de
franquear una cuesta bastante rápida entre muros de vastas propiedades. A través de las verjas se ven jardines bien cultivados, muy en oposición con el carácter salvaj~ de las s?ledades de los bosques que tanto agradaba á Marta Levasseur, castillos y quintas nuevas y flamantes y granjas de aspecto tranquilo y
próspero.
Después de franquear la cuesta es preciso tomar un atajo donde apenas se
aventuran los vehículos; aquí se ve á veces, por encima de los tejados de las

53

granjas ó de las praderas donde pacen los rebaños, la extensión del mar iluminada por el sol de verano y surcada por grandes sombras de color azul obscuro que algunas nubes vagabundas proyectan. Es un sendero muy solitario y silencioso, donde el ladrido de un perro de guarda toma sonoridades singulares;
á medida que se avanza, el bosque presenta un carácter más salvaje; el tallar es
intrincado, ya no se ve el mar y tampoco se oye rumor alguno, como no sea el
súbito vuelo de un ave espantada y el roce del follaje movido por la suave brisa del verano. Después el tallar cesa súbitamente, é inmensos árboles, hayas seculares, verdaderamente magníficas, elévanse por todas partes en libertad. Poco
después se atraviesa un puentecillo sobre el riachuelo formado por las aguas de
un manantial, y llégase á un claro sombreado por otros árboles de troncos enormes y circuido por el bosque. En el centro, casi al pie de la más venerable de
aquellas hayas, se ve un segundo manantial muy abundante, que antes de formar arroyo se extiende como una cristalina sábana, constituyendo un gracioso
estanque. No se podría encontrar un rincón de tierra más seductor para ser feliz
y vivir enamorado y algo loco también: es el dominio de la reina Mab, de Titania y de Oberón.
Para complacer á su hermanita, Marta había organizado en aquel delicioso
sitio una verdadera jira campestre. No se había hablado más de la comedia de
salón, y para que se olvidase esta ligera contrariedad, Marta redoblaba su ternura y sus bondades. Cierto que Edmunda no ponía mala cara; pero de vez en
cuando una ligera nube pasaba por su tersa frente, manteníase silenciosa, y un
suspiro apenas perceptible indicaba que aquella joven pensaba en cosas de que
no podía hablar. Por primera vez uno de sus caprichos no había sido satisfecho; estaba asombrada, resentida también; pero concedía su perdón. Marta era
muy buena; hacía cuanto le era posible, y no podía esperarse que se antepusiera del todo á las preocupaciones de su casta. Edmunda, por el contrario, educada en la sociedad de su madre, se había acostumbrado á mirar muy por encima todas esas preocupaciones del campesino; y como en su pequeña cabeza no
estaban at\n bien determinadas las ideas, comprendía en aquéllas tal vez más cosas de las que hubiera debido, permitiéndose para ciertas libertades excesivas
indulgencias, que á veces hacían abrir mucho los ojos á la tía Aurelia. Delante
de Marta, Edmunda dejaba ver poco su imperfecta ciencia del mundo, comprendiendo que su hermana mayor era realmente mucho más «niña&gt; que ella
en el verdadero sentido de la palabra.
'
La mayor parte de los convidados de la señora de Anee! tomaban parte en
la merienda. Varias jóvenes con sus madres, entre otras, dos americanas muy
alegres y algo locas, que habitaban en una antigua heredad situada casi al pie
de la colina y á quienes Edmunda quería mucho, y cierto número de jóvenes
que l? eran demasiado en su mayor parte, como sucede á menudo en el campo:
constituían un grupo muy agradable de ver. Los trajes claros de las mujeres se
destacaban como notas vivas y alegres sobre el fondo sombrío del follaje.
El alma de aquella sociedad era el capitán Bertrand, que había llegado á galope desde Trouville. Su caballo, cubierto de espuma y lanzado á escape, habíase espantado en el momento de atravesar el puentecillo; el capitán, viendo
que todos le miraban, damas y caballeros, había obligado al cuadrúpedo, que
se encabritaba, á retrocederá cierta distancia y atravesar una y otra vez el puen·
tecillo de madera, cuyo sonido intimidaba al animal; pero e~to á fuerza de latigazos administrados tan despiadadamente, que el caballo, con los ojos coloreados de sangre, temblaba de una manera visible.
- Capitán, exclamó al fin Marta indignada, suplico á usted que no maltrate
más á ese pobre animal; el espectáculo es poco agradable, y ya nos ha demostrado usted lo suficiente que es un jinete consumado.
- A la orden de usted, señorita; pero si la encargasen conducir un regimiento ó amaestrar un caballo, aseguro á usted que necesitaría endurecer un poco
su corazón demasiado bueno.
- Sin embargo, crea usted que también sé hacerme obedecer cuando conviene.
. - Yo s_oy la prueba de ello, repuso el galante capitán inclinándose y con irómca sonnsa.
Ac~o continuo ofreció sus sen-:icios, ayudó á los d_emás, se mostró muy alegre
y decidor y hasta un poco atrev1do. Edmunda le miraba con evidente satisfacción. Aquel día, el equilibrio que conservaba sabiamente entre sus diversos admiradores - á todos los jóvenes que veía considerábalos como tales- se desconcertó un poco en favor del capitán.
El oficial no trataba de ocultar en manera alguna su admiración; devoraba
con la vista á Edmunda de la manera más atrevida, casi brutal, admirando sin
duda ~u ligero traje de batista de color azul claro, muy sencillo, que le sentaba
maravillosamente y realzaba su belleza. Edmunda tomaba las más graciosas posturas de mujer casera, arremangándose hasta el codo y levantando su falda lo
bastante para que se vieran los más lindos pies del mundo. Mientras las demás
jóvenes abrían los enormes cestos que se habían llevado de antemano pues no
se querían criados para servir, Edmunda se encargaba de llenar las b~tellas en
el manantial y ~! capitán era quien debía llevarlas; pero la joven tenía empeño
en coger ella misma el agua, tan pura y fresca, que el cristal se empañaba al
punto. Algunas piedras colocadas en sitio conveniente permitían acercarse al
arroyuelo; mas después era preciso doblar el cuerpo y no mojarse demasiado el
borde de la bonita falda. ¿Cómo no aceptar la nervuda mano que Bertrand Je
ofrecía y no permitir que la sostuviera? En buena ley no había medio de evitar·
lo. ¡Cuán seductora estaba Edmunda entregada á aquella ocupación, arrodillada
en parte, con cierta seriedad y teniendo en la mano derecha una botella mientras ~ue daba la. ot,ra al capitán! Est: último ~e inclinó también, y en el agua
límpida las dos 1magenes se confundieron un instante. La voz del oficial fué
trémula al decir por lo bajo:
- Vea usted, señorita Edmunda, el manantial nos casa; es la divinidad de
este sitio, y la voluntad de los dioses es sagrada.
- Eso no es más que agua, contestó Edmunda riendo, sin escandalizarse en
lo más mínimo; y los poetas dicen que la onda es pérfida.
- Permftame usted decirle que la adoro; estoy loco por usted, y esto desde
el día en que la vi por vez primera ...
.- En «:' ferrocarril, interrumpió Edmunda, ya lo sabe usted, los silbidos, los
«cmco mm utos de parada,» el humo que ensucia y huele mal. .. Lodo esto no es
nada poético.
- ¡Burlona! Sin embargo, le diré y le repetiré tanto que la adoro, que al fin
acabará usted por creerlo.
( Co11tin11ará)

,

�54

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO

SECCIÓN CIENTIFICA

tánea. Sus tra~ajos en materia de electricidad índustrial son muchos y muy importantes: citaremos entre
WERNER DE SIEMENS
ellos la armadura en doble T de su máquina dinamo,
La ciencia y la industria eléctrica han tenido re- el principio de la auto-excitación presentado á la Acacientemente una pérdida sensible en la persona del demia de Ciencias de Berlín en 17 de enero de 1867,
algunos días antes de la comunicación
de Wheatstone sobre el mismo asunto, el
primer ferrocarril eléctrico establecido en
1879,,- el sistema de los despachos neumáticos que introdujo en Berlín desde
1865 y un gran número de otros inventos menos conocidos, pero no menos
útiles.
Este sabio eminente fué colmado en
vida de honores de toda clase. En 1860
la Universidad de Berlín le concedió el
título de doctor en filosofía honoris causa
y en 1874 la Academia de Ciencias de la
propia ciudad le llamó á su seno.
Su autoridad en los congresos científicos en que tomó parte era reconocida
por cuantos á ellos concurrían y sus consejos eran con frecuencia seguidos.
En 1888 contribuyó con 300.000 marcos (37 5.000 pesetas) á la creación de un
laboratorio nacional científico y técnico.
Por, la importancia de sus descubrimien~os y de sus trabajos; por su habilidad, en llevarlos á la práctica, á sacar de
ellos un provecho material para la industria y á obtener de ellos resultados útiles
para la ciencia, Werner Siemens deja en
pos
sí el recuerdo de un trabajador
mfatigable, de un sabio distinguido, de
u? inventor fecundo y de un hábil ingemero.
Bajo un aspecto algo rudo, Werner Siemens ocultaba un fondo de benevolencia
y de afabilidad que pudieron apreciar
cuantos con su trato se honraron.

?e

E.

HOSPITALIER

CERRADURAS DE ALARMA
WERNER DE SIEMENS,

eminente fisico recientemente fallecido

doct:&gt;r Werner de Siemens, fallecido en Berlín en 6
de diciembre último, á la edad de setenta y seis
años.
El doctor Siemens, nacido en Lenthe (ltannover)
en 1816, hizo sus primeros estudios en el gimnasio
de Lubeck y entró e n la artillería prusiana en 1834.
Su inteligencia llamó desde luego la ~tención de sus
jefes, y después de haber pasado algún tiempo en la
Escuela militar fué nombrado teniente en 1837, sirviendo hasta 1850. E l tiempo que le dejaba libre el
servicio dedicábalo al estudio de las ciencias físicas,
inv~ntando entonces el dorado eléctrico, un regulador diferencial y un telégrafo impresor eléctrico automático.
Siendo individuo de una comisión de estudios
nombrada para la sustitución del telégrafo óptico por
el eléctrico, propuso en 184 7 el empleo de conductores ó cables aislados por medio de gutapercha, y fué
el primero que consiguió cubrir el alambre de cobre
con este precioso aislador por medio de una prensa
de su invención que hoy emplean todas las fábricas
de cables. Estos alambres aislados sirvieron en r 848
para proteger el puente de Kiel contra los ataques
de la flota dinamarquesa, pues fueron utilizados para
préi;ider fuego á ias minas submarinas por medio de
la electricidad.
En aquel mismo año establecióse bajo su dirección la primera línea telegráfica aérea alemana entre
Berlín y F raqcfort en el Mein- y en 1849 la primera
línea telegráfica subterránea entre Berlín y Colonia.
Asociado con Halse fundó en 1847 los establecimientos de Charlottenburgo que muy pronto adquirieron una reputación universal, creando sucursales,
que luego fueron establecimientos independientes, en
Londres bajo la dirección de Guillermo Siemens, fallecido en 1884, y en ~an Petersburgo, bajo la de
Carlos Siemens, ambos hermanos de Werner.
Por espacio de cuarenta años Werner Siemens distribuyó sus trabajos entre la ciencia pura y la ciencia
aplicada: á él se debe el patrón de resistencia en
mercurio, adoptado hoy como prototipo internacional
que representa un valor fijo, invariable, de fácil reproducción en cualquier tiempo y lugar con sólo tomar por base su sencilla definición. Werner Siemens
ha creado una serie de métodos para medir los cables subterráneos y submarinos que todavía se siguen
actualmente. La telegrafía le debe el relevador polarizado de su nombre, la prensa de gutapercha y el
descubrimiento de un sistema de transmisión simul-

577

perfecta por su fuerza de resistencia: además, á la menor tentativa de los ladrones produce la alarma en toda la casa y en toda la vecindad. Cuando desde afuera se intenta abrir las hojas de las puertas, las cadenas representadas en nuestro grabado se estiran y solicitan un resorte colocado en el interior del cilindro
central, al cual van unidas, y hacen estallar un cartucho que produce una detonación. La fig. 2 representa la cadena para las puertas de las habitaciones; la
figura 3 el aparato para cercados, vedados de caza,
huertos, corrales, etc. Este aparato de detonación de
mucho calibre y de pequeñas dimensiones se deja oir
perfectamente á una distancia de 1.200 á 1.500 metros: tendido por medio de alambres, sea de árbol á
árbol, sea en lo alto de una pared de cerca ó de cualquier otro modo, puede disimularse fácilmente y permanecer indefil')idamente expuesto á la humedad, sin
que se altere el cartucho que contiene.
Las fi_gs. 4 y 6 representan un pequeño aparato móvil de detonación, que se coloca en el suelo detrás de
las hojas de la puerta: un clavo puesto en su extremo en-la madera del suelo ó entre dos ladrillos lo fija
suficientemente para que el menor choque en el gatillo,
que est;r:en el otro extremo, produzca la detonación.
La fig. .5 reproduce el aparato para las ventaI)as:
una pequeña escarpia colocada en cada hoja de la
ventana.permite colgar y quitar instantáneamente el
aparato, que,· en un modelo más pequeño, puede ponerse también en las arcas para guardar caudales,
en los muebles, cajones, baúles, maletas, etc., y los
protege contra los ladrones, á quienes denuncia.
Las figs. 7 y 8 representan una cerradura y un cerrojo con detonación, timbre y luz eléctrica: para mayor precaución cada cerradura tiene dos clases de
llaves: la de seguridad, que abre todas las partes de la
misma, y una para· los entrantes y salientes, la cual sólo puede abrir la puerta cuando ésta está simplemente
cerrada de golpe y no da idea de la llave de seguridad.
Finalmente, para _que nada falte á esta cerradura,
un contacto colocado en el interior y puesto en .movimiento por la doble vuelta alumbra, cuando se q uiere, una ó varias lámparas de incandescencia cuyo en- '
tretenimiento no exige más que unos momentos de
cuidado cada dos ó tres· meses y un gasto insignifi;cante. Este alumbrado, obtenido al abrir la cerrad ura, puede ser de gran' utilidad para el que entra de noche en su casa ó en una habitación obscura.
El pestillo de la fig. 8 está destinado á las puertas
interiores y á las escaleras de servicio y produce la
alarma sin necesidad d~ que lo abran, desde que se
intenta forzar la puerta. Inútil es decir que el mecanismo está dispuesto de tal suerte que la detonación
no puede producirse nunca en el uso ordinario del
pestillo.
X ..., inge11iero

Los periódicos publican continuamente noticias de robos con fractura, para
evitar los cuales se han inventado una porción de sistemas de cerraduras, de seguridad unas y avisadoras ó
de alarma otras. Uno de los inventos más interesantes en este último género es el de M. Pablo Blanchet:
con los aparatos que vamos á describir, apenas se in·
tenta forzar una cerradura ó introducir en ella llaves
falsas ó violentarla con una palanqueta para hacer
saltar la armella ó romper los goznes de una puerta ó
aserrar las hojas de ésta, se produce una fuerte detonación y suena un timbre continuo, lo cual basta y
***
sobra para poner en alarma á todos los habitantes de
la casa y aun de la vecindad, sin que el ladrón haya
EL TRABAJO DE LOS lfÚSCULOS
conseguido abrir, forzar, ni fracturar la puerta.
La detonación se produce por la explosión de un
Si se considera la máquina animal como una mácartucho inofensivo y el timbre funciona merced á un quina térmica, se encuentra uno con una dificultad
;_ _

- - --=i

1~ - ~

r

-

- - - - - -·
~

de r6o grados por lo menos,. aun suponiendo que no
hubiese ninguna nueva pérdida.
.
. .
Algunos pretenden eludir 1~ cuest1ó~ d1c1endo que
un músculo no es una máquma térmica, pero esta
explicación nada resuelve. M. T. E~gelma~n h~ presentado recientemente á la Acade~1a de Ciencias de
Amsterdam una impor tante memon~ _con la c~al este
problema delicado da un paso dec1s1vo. L~ 1_dea de
M. Engelmann es que, contra lo que )a opuuón generalmente admitida afirma, el orgamsmo prese?ta
enormes diferencias de temperatura. La co1:1bu~tlón
que se produce en los mtfaculos engendra mfimdad
de fuentes de calor de temperatura elevada? al paso
que la masa del músculo funciona como refng~rante.
Si un termómetro, por pequeño q ue sea, está siempre
sometido á la acción de un gran númer~ d~ focos ,Y
de una gran masa refriger~nte, no pu~de md1car mas
que una temperatura media. Ahora bien: está demostrado que por efecto de la temperatur~ los elementos birrefrigerantes del músculo expenmentan una
contracción, hecho que, además, prueba el autor con
un experimento curioso. En una probeta llena de

=-~

***
EL FERROCARRIL DE BEIRA (ÁFRICA AUSTRAL)

Esta vía férrea que los ingleses construye~ actualmente á lo largo del río Pungoné atravesara los te-

(De La Nature)

t.1.IT ! ~'TÉPBÍLIQIIII -

LECHE ANTEFÉL
,111 t ■amia Oll lfll; 1111,.
8, LEN;l'EJ.U, TEZ ASOL
SARPULLIDOS, TEZ BARROS

A~g~S~~~8

Las
Personas qae conocen las

GARGANTA

ROJECES

PILDORASi~DEHAUT

VOZ y BOCA

PASTILLAS

DE

DE PARI S

DETHAN

' flecom•O&lt;l•dU f.&lt;111tra lot Malea de la Garganta,
EsUnolonea de la Vo&amp;, l.nllamaolonea de la

Boca. Eleo~os pernloloeos del Mercurio, lrl•
taolon que prodnoe el Tabaco, y spec,almenle
l 101 Sñn PREDICADOR.ES ABOGADOS,
PROFESORES y eüTORES ~r• rac11tt&amp;t la
emtoion de la •oa.-Puoo, 1:¡ Rui.u.

BIIXQ,r m el rotulo a ttrma
Aclh. DETIIAN, Farmaoeutloo en PAIII8

no ti tubean en purgarse, cuando lo
necesi tan. No temen el asco ni el cau,ancio, porque, contra lo que ,ucede con
los demas purgantes, este no obra bien
eino cuando se toma con buenos alimen&amp;os
y bebidas fortificantes, cual el vino, el car,,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida que ma, le convienen,
sequn ,u, ocupacfone,, Como el causan
cio que la purga ocasiona queda com•
plelamenle anulado porel efecto dela

bue.na alimentacio.n empleada,uno
,e decide fácilmente II volver
11 empe.ar cuanta, veces
sea necesario.

GRANO DE LINO TARIN r':.R~1üs
n

IITIERIMIENTOI, CÓLICOI. - La oaja: lfr,

' Jara

HIERRO

ªº·

• •ta l de Afeccionesd1ICorazon,
contra las diversas
b 9 de:e191

BBlVAIS

representa w elamente el hierro
contenido en la economía. Experimentado por los principales médicos del
mundo, pua inmediatamente en la
uncre, no ocasiona estreliimienlO, no
íatira el utllmaro, no enne¡rece 101
dientea. t111m 11il1t eotu II cw et11'1.

o
• Soberano remedio para ráp1'da cura•
cion de las AfeooioDH del pecho,

WJ11t la firud111 lar1&amp;.

O• Venta en tod11 /11 Farmao/11.
0

Tosee nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc.

,,;~";!o!!:ª!o':i::• 1, G:rageasalLactatodeHierrode
Anemia, Clorosis,

GELIS&amp;CONTÉ

E■p1brul■lllltl •• 11 lu1re,

Debilidad, etc.

éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros ~ de París.

LA SAGRADA BIBLIA

Hydropeslas,

Rmpleado con el mej or exito

Catarro1,Mal de garganta,Bron•
quit11, Resfriado,, Romadiso1,
de los Reumatl1mo1 . Dolores,
Lumbagos, etc. , 30 años del mejor

Pvh711:40742,r,st L11ar1, Paria.

Aprobada, por /&amp; Academia dt Mtdrcloa dt Pam.

""'g0t1'
""'ª
y eragaas de que
HEIOST&amp;TICO
11 mu
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,..
se conoce,
en PODEROSO
poclon o

E

l~itdou~,i:t•U8)#J:i mcn

Depdslto en tottas tas Farmacias

• tO o6ntirno• de pe ■ eta la
entrega de 18 pé.gina■

- - ~ "'_

rritorios portugueses para ir á parar al Mash~aland
inglés. Este ferrocarri_l, q~e, t~ndrá una ivan 1~portancia para el comerc1? bntamco, quedara tern:mado
hasta Chimoio ( 75 millas) antes de que termme el
presente año. El pu~to tér~ino de 1~ vía, que es el fuerte Salisbury, esta situado a 250 millas de_ la costa.
La tonelada de mercancías cuyo prec10 de transporte es actualmente de 1. 125 francos desde el Cabo al fuerte Salisbury, no costará más ,que 3 75, Y, el
trayecto que hoy dura tres meses. sera de tres d1as
por Beira. Mientras no quede t~rmmada la vía férre~
hay entre Chimoio y fuerte Sahsbury un bue_n camino carretero, y desde el mes de febre~o próximo podrá expedirse desde Inglate:ra máqumas y_aparatos
para la explotación de las mmas que adqumra pronto un gran vuelo; pues hasta ahora lo que, ha_ retardado esta explotación ha sido la falta de maqumas, cuyo transporte por el Cabo era imposibl_e, ya que el
ferrocarril no llegaba más que hasta Unbury, punto
distante 1.000 millas del fuerte Salisbury.

agua se introduce una cuerda _d e tripa, provista de un
peso que la mantiene e1; tensión y _rodea_da á p~queña distancia de una espiral de platmo: s1 se calienta
la probeta por medio de una lámpara, la_ cuerda se
acorta lentamente; pero si, por el contrario, se hace
pasar una corriente por la espiral de mod~ que ésta
adquiera una elevada temperatura, la longitud de la
cuerda disminuye bruscament~ y se alar~a de nuevo
en cuanto la corriente q ueda mterrump1da; durante
este tiempo, la columna de un termómetro colo~ado
en la probeta no ha subido más q~e en una ~ant1dad
insignificante. Repitiendo el expen1!1ento vanas veces
se produce un trabajo muy apre~iable y,. lo que _es
muy digno de notarse, esta maquma térmica func!ona con excelente producción, algunas veces supenor
á la de un músculo.

I·

.....,.._
-

55

L A I LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

577

IDICl6N ILU8TIIADA

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NóMERO

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~ª~~~m1:ay~

enL1~nj;~;;~:.
el labor del par to

Medalla de Oro de la S• de F • de Paria itettenen las perdtdO-$,

Se eariu pro1pecto1 i ~uiea lo, aoUcnc

LABELONYE y C1• , 99, Calle de Abouklr, Paris, y en todas las farma.cia.s.

4lrigib,d.ose l loa Sra. Mootaacr y StmOn, cditorca

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VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS PllINClPIOS NOTBITIVOS SOLUBLBS DB U CAE\NE

los elementos que entran en la comwslc1Ón de este Potente
reparador de las fuerzas vitales, de este ronideaase por e■eeleaeia. De un gusto sumamente agrall.alJle, es 11oberano contra la .Anemta y el .Apocamtento, en las Calffltura,
y Conv~ enciaJ, contra las Diarrea&amp; y las .Afeccwnes del JJ1tomauo y los fnt est,no,.
Cuando so trata de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzaa,
enriquecer ta saugre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias provo,.
cadas por los calores, no se conoce nada superior al Yiao de Qaiaa de .t.roud.
.Por ma,11or. en Paria, en casa deJ. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Ricllelieu, &amp;r.esor d,ABIJUD.
· C7Aa~1: y 01111u, 1 son

· Cerra.duras de alarma por medio de detonaciones y timbres

circuito eléctrico que las tentativas del ladrón cierran.
N uestro grabado representa los principales aparatos
de M. Blanchet. La fig. 1 es la cadena de seguridad
con detonación para ventanas, miradores y postigos y
constituye un género de cerradura suplementaria y

casi insuperable desde que quiere explicarse su producción muy elevada, de 30 por 100 aproximadamente: sabido es, en efecto, que, según el principio
de Carnot, esta producción exigiría qu¡:; a lgunas
partes de la máquina estuviesen á una temperatura

.¡

SB VBNDB BN TODAS LAS PRINOIPA.LU BoTtOU.

EXIJASE eli: ri: J ARDUO
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Tenemos numerosos certificados de los médicos que lo recomiendan y recetan con ad1rnirables resultados.-Cuidado con las falsificacio11es, pol'que 110 dardn resultado. Exil &lt;J ir la firma y ma,·ca de garantía.

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De venta en todas las farmacias de las provincias y puJblos de Espalia,
Ultramar y Al)lérica del Sur.

Depósito general:

ALM ERIA,

Farmacia

VIVAS PEREZ

�L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTtCA

NúMERO

portancia de la materia tratada en este libro
indica sobradamente su título, y en cuanto á
competencia de su autor, tiénela éste bien acre
clitada como profesor de Física general de la
Universidacl de Chile. Es una obra que merece
ser consultada por cuantos quieran estudiar el
importante problema que en ella se trata co11
gran caudal de conocimientos científicos: está
escrita, como pueden ver nuestros lectores por
el título, según las reglas de la ortografia castellana reformada, que cuenta con muchos parti•
darios en América, y ha sido impresa en Santiago de Chile, en la Imprenta de Barcelona, San.
to Domingo, 86.

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

POR AUTORES Ó 1!.DITORl!S
ALMANACH DE cLA CAMPANA DE GRACIA.)
- Se ha puesto á la venta este notable almanaque que en lo~ diez y siete años que lleva ele publicación ha merecido constantemente el favor
del público: el correspondiente al año 18Q3 con•
tiene artículos, cuentos, epigramas, poesías, etc.,
firmados por nuestros más conocidos escritores,
y excelentes dibujos y chispeantes caricaturas de
los reputados artistas Apeles Mestres, Pellicer,
Moliné y Foix. - Véndese al precio de 2 reales
en casa del editor Sr. L6pez, librería española,
Rambla del Centro, 20.

•••

•••

LA REFORMA DE LA ORTOGRAFfA QASTP.•
LLANA, por/. Jimeno Ag-it1s. Se ha '¡lublicado
la se~nda edición de este folleto, en el cual están
reunidos los notables articulos que el Sr. Jimeno
Agius publicó en la Revista Contemporánea de
)1adrid, en defensa ele una reforma radical de la
ortografía castellana. El Sr. Jimeno Agius aduce
en defensa ele su sistema poderosas razones dignas de ser meditadas.

IvÁN EL I MBÉC IL, por el ,011de Leó11 Tolstoi.
- De un asunto sencillo ha hecho el eminente
novelista ruso un libro hermoso, como todos los
suyos, cuyo argumento tiende á demostrar que
la verdadera dicha no está en la gloria ni en la
satisfacción de los apetitos de las pasiones, sino
en la tranquilidad y placidez de un obscuro rin·
eón de una aldea. - Este libro forma parte de la
Colecció,i de libros escogidos y se v~nde á 3 pe·
setas en las principales librerías.

•••
Los APÍ:NDICRS AL Cónico CILIL, po, do11
Leó11 Bonel y Sá,uhez. - Interesante como todas
las anteriores es la entrega 6. • de esla importan•
te revista que con tanto éxito publica el digno é
ilustrado magistrado de esta Audiencia Sr. Bonel. Contiene la sección doctrinal con la sección
inaugural de la Academia de Derecho además de
la memoria del Secretario saliente y el discurso
del Presidente, Sr. Bonel, del que oportunamente
nos ocupamos, la legal, la de sentencias del Tribunal Supremo y decisiones ele la Dirección ge·
neral de Registros y la de Cuestionarios y Fue•
ros, en la que comienza la publicación de la legislación de Navarra. - Suscríbese en la calle de
Fontanella, 44, pral.

•••
INCOHERENCIAS POÉTICAS, por A Femá11dez Casado. - Es este libro un:t colección ele poe·
sías inspiradas y bien escritas en las que, como
el título indica, se tratan distintos asuntos y se
cultivan diversos géneros, notándose en su autor,
el distinguido poeta gijonés Sr. Fernández Ca·
sacio, la influencia del incomparable Campoa·
mor, influencia que aquél confiesa modestamen·
te en la prólogo con que comienza el libro. - Im·
preso en Gijón, en la imprenta del Muse! (Ras·
tro, 24), se vende al precio de una peseta.

•••

•••

MARTfN ALONSO P INZÓN, por D. Josl ¡)f.
Asemio. - Ha visto la luz este hermoso libro,
original del presidente ele la Academia de Buenas Letras de Sevilla, en el cual se hace la historia de la parte que los hermanos Pinzón,
principalmente Martín Alonso, tomaron en el
descubrimiento del Nuevo Mundo. - St: vende
á 3 pesetas en las principales librerias.

EL PESIMISMO EN EL SIGLO XIX, por D. E.
Caro, de la Academia Francesa. - En este volu·
men estudia el renombrado filósofo la influencia
que las ideas pesimistas de Leopardi, Schopen·
hauer y IIartmann han tenido en la vicia intelectual, moral, social y política del siglo. Obra
de tanto renombre en el extranjero, no necesita
por nuestra parte, después de las muchas edi·
ciones que en varios idiomas ha logrado en bre•
ve tiempo, recomendación ningun:t es 1Jecial. Se vende en las principales librerías al precio de
3 pesetas cada ejemplar.

•••
LA ENERJÍA MEQÁNIQA TRASPORTADA POR
LA ELEQTRIZIDAD,por L11is L. Zegers. - La im-

577

BUSTO DE GALILEO, obra del siglo XVII, conservado en Villa Galletti, Florencia

La.s ca.sa.s extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTB.ACIOÓN AI!.'11fSTlOA dirlja.nse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, Pa.ris.-La.s ca.sa.s españolas pueden hacerlo en la oftcina. de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento

llla.\

ío~le wúdo a los 'l'ó111coa mu

116\DADES del E8

repuadoru.

~

t-+.\~

ro,,,,

r,fqo

VINO FERRUGINOSO ARDUO Pepsina Boudault
T COM TOJ&gt;OS LOS HDICIPIOS KlJTBITIVOS J&gt;B U CAllNE
Diez años de exJto oonUnuado y las aflrmactone1 de
todu las emlnenciu médlcu preub&amp;D que est.a UOC11C1on de la CJarae, t:l llle...,. y la
oouauiuye el repan4or mu en.:nrtco que ae conoce para curar : la Clordl1í, la
l11e111'4 las l l f f l l t ~ dolof'olal, el lmpobf'«'mtento y la: '-lttracton de la sangre,
el aaqÚm,mo 1~11 ' - / ~ e.cro{Wto,a, 1 ucorbutwu, etc. El l'lne l'err•ct■-■• de
&amp;.r•u•
ea en' erecto el li.nlco que reune todo lo que entona y !orl.alece loa orpnoa,

c,.a.m, •n•.a•• 1 •IJlll.11

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regulartza' coordena' y aumenta conslderableméll&amp;e las ruerzu ó tn!undti a la 8&amp;lliT'9
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! probada por la .lUDEIU DE IEDICIU

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Medalla• en la, Expo1lciont1 lnternaclonalea de

PUIS · LYOI - llEU - PilL!DEM'BU - PABIS
1867

lffi

1813

11 IMPLl.l COR' IL JU.TOI.

1876

tino

Y OTl.01 DIIOUSKH DI U. DIOIITIO•

es_peclalmen te contra las llacrofulu, la

as! como en todos los casos(Pálldoa colorea,
.&amp;menorrea, ••&gt;, en los cuales es necesario

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ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA .BOUDAULT
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OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
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J del BJ.erro, estas Plldoras se emplean

18i8

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llecomendadoa conlra lu .Lleoolonn del Est6·
mago, Falta de Apetlt.o , Dlgoetlonea !abo•
rto,saa, A.oedlaa, V6mltoa, Eruotoa, y Cóllooa;
regulartsan laa Funolonea del Eat6mago y
de loa In&amp;eeUnoa.
Ex/tir en e/rotulo• firmad• J. FAYARO.
A.dh. DETB4N, Farmaoeatloo en P.UUS

. , ft lliLLil U TOJ&gt;.lS L.U P.UK.lQIUÍ

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
l MP, DE MONTANER Y SIMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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