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                  <text>A~o XII

BARCELONA 6 DE FEBRERO DE 1893

SUMARIO
Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. Exposición americana en 11/adrt'd. Las salas de ll1éxico, por
Eduardo Toda. -El tío .Rollas (episodio del año 9), por Angel R. Chaves. -Salón Parés. Décima Exposición, por A.
Carda Llansó - llfiscelá11ea con varias noticias de Bellas
A rl6S, Teatros y Necrología. - Nuestros grabados. - Cargo de
cou(ie,uia (continuación), por Juana Mairet, con ilustraciones de A. llforeau. - SECCIÓN c1 ._NTfFJCA: Elviolonce/o-pia·
110, por C. Crepeaux. - Exploración de las alias regiones de la
atmósfera.

Grabad os. - San Fra,uisco de Asís, escultura de Manuel
Fuxá (premiada en la Exposición internacional de Bellas Ar·
tes de I 892). - Exposición /1istórito·amerfra11a de llfadrid
Semifn mexicana. El dios Tzo11/e111oc (de fotografía de J.
Prieto). 11/azeppa, cuadro de Isidoro Gil Gavilondo (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). -Exposición
histórico-amencana de llfadrid. Seaión mexicana. La diosa
Coa/ligue (de fotografia de J. Prietol. - La comedia de mag·ia,
dibujo de Ford. - El armero, escultura de Emilio Dittler.E/ sue,10 de la inocencia, cuadro de L. Rosenberg. -La silla
de Felipe JI en el Escorial, cuadro de Luis Alvarez (Exposición nacional de Bellas Artes de 1890). - En el salón, cuadro
de P. Salinas. - Violoncelo·piano y viola-piano. - Fig. I .
Termógrafo ligero destinado á medir la temperatura en las
altas regiones de la atmósfera. - Fi¡;. 2. Disposición del ba·
r6gmfo en Sll jaula de junco y bambu para evitar los choques.
- f'istageneral de Poulevedra (de fotografia de J. Prieto) .
.....••••••••••••••''"''"''•'• .. ••o,1••••••••••'••1•v•••••••••••••••i.•1,,•,.•,,,, .., ••••••••••••• ,,., •• ,,,.,,.,.,,,,.,.,... ,,.,.,, ..

VERDADES Y MENTIRAS
Las altas corporaciones oficiales, como el gobierno
mismo, acaban de demostrar de un modo inequívoco
cuan distantes están de rendir parias al arte. Verdaderamente desconsoladora es la preterición que del
arte hacen las supremas colectividades, á cuyo cargo
corre la cura de aquella entidad, la más sublime de
todas cuantas manifestaciones de la humana inteligencia palpitan en el complejo organismo cósmico.
El pueblo madrileño ha presenciado cómo el gobierno a las Academias de la Lengua y de San Fernando
desdicen con hechos lo que con palabras - aun cuando éstas sean escritas - afirman. Nada más ramplón,
nada más cursi, nada más denigrante para la tierra
donde las artes literaria y plásticas tuvieron en todos
tiempos excelsos cultivadores como el entierro del
poeta que llenó un siglo con la armonía de sus rimas,
con los colores de su paleta, con las descripciones de
tipos y hechos genuinamente españoles, con la magia
de su fantasía.
La tradición académica con sus orgullosas mezquindades y absorbente dictadura, la estéril política
con sus desdenes y egoísmos letales se dan las manos para anular todo sentimiento estético que pueda
arrancar del escepticismo adonde le llevan las negativas soluciones que, ya en el orden moral, ora en el
material, vienen ofreciendo á la nueva generación.
Nunca como en la ocasión presente se advirtió el
divorcio que existe entre la entidad oficial Estado español y el Arte. Nunca como ahora pudo echarse de
ver cuán indiferente es para todo organismo é individualidad que tengan carácter democrático el artista. La Academia de la Lengua no puede alegar el sentimiento que á algunos - ó á todos sus individuos, es
lo mismo - ha podido producirles la muerte del primero de nuestros poetas, como demostración del culto que les merecía. Zorrilla no fué, para el efecto exterior del duelo nacional, para la imperiosa necesidad
espiritual que sentía el pueblo de dar expansión á su
gratitud, haciendo del entierro de su poeta favorito
una apoteosis, más que un académico, uno de tantos
académicos que van á la casa de la calle de Valverde á calentar el sillón rojo unas cuantas veces al mes.
Allí estuvo expuesto, en el mezquino salón de actos, donde se reunen seis ó siete notabilidades y treinta ó treinta y cinco que no lo son, para limpiar, fijar
y ~a~ esplendor á la lengua castellar.a, el cuerpo del
ex1m10 poeta. Allí estuvo, tendido sobre un lecho

SAN FRANCISCO DE ASÍS, e3cultura de Manuel Fuxá,
(Premiada en la Exposición internacional de Bellas Artes de 1892)

NúM. 580

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

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NúMERO

mortuorio, pomposamente adjetivado de imperial, insigne que acaba de franquear las puertas de la in- 1 cabo sin que sus costados hayan recibido la embesque ha servido para soportar los cadáveres de cien- mortalidad. Ahí está el magnífico y rico templo de tida de un enemigo de la patria.
Vean esas gentes á quienes aludo cuántos héroes
tos de ricachos perfectamente ignora.dos del mundo San Francisco el Grande, cuajado de pinturas de los
donde vivieron. Allí estuvo, rodeado 'de bayetas ne- más ilustres pintores españoles contemporáneos, de- fueron ensalzados y admirados por todas las generagras, llenas de girones por todas pa.ites, salpicadas corado con colosales estatuas debidas al cincel de ciones como lo fueron Cervantes y Calderón, Lope y
por la cera de cirios y velas que habían ardido para distinguidos escultores patrios; enriquecido con mo- Quevedo, Goya y Velázquez. Señalen un solo geneotros, el genio que no tuvo igual en nuestra patria saicos y vidrieras historiadas, de mármoles y jaspe ral, no quitando de la cuenta al mismo D. Juan de
hace un siglo. El arte salió despedido á puro trom- revestido. Allí, bajo la colosal cúpula, en alto catafal- Austria, que como Velázquez tenga un lugar en Ropicón académico. Verdad es que no cabía en aquel co de terciopelo y oro, rodeado de gruesos cirios y ma y en París en las plazas públicas, y no como el
lugar estrecho, que huele á burguesía oficial á cien de ánforas conteniendo esencias olorosas que al que- insigne Churruca sirviendo de motivo de gloria á
marse perfumaran el ambiente, dándole guardia de Nelsson .en Trafalgar square.
leguas.
Verdad es que con y sin exequias Zorrilla será ZoY si de la docta casa el arte salió huído, en la ce- honor soldados de todas armas, podía y debió ser exrrilla hasta la consumación de los siglos.
remonia fúnebre del entierro no apareció por ningu- puesto al pueblo el cadáver del genio.
Pero no podía ser. Las descargas de fusilería y arna parte. En un coche-estufa, que está á disposición
R. BALSA DE LA VEGA
del que deja á sus herederos dinero suficiente para tillería, el honor de tener por capilla ardiente la iglepagarse ese gustazo póstumo, seguido por dos ó tres sia más rica y artística de España, etc., etc., son holandeaus atestados de coronas y precedido de unos nores que tan sólo deben reservarse para reyes ó prín- .................................................................................................................,.,. ..............
cuantos guardias civiles, fué transportado al cemen- cipes de la milicia. ¡Claro! Zorrilla no había conquis- EXPOSI CIÓN AMERICANA EN MADRID
terio de la sacramental de San Justo el cantor de tado laureles á la patria en los campos de batalla.
LAS SALAS DE MÉXICO•
¡Ay! Si algún laurel conserva en su mural corona
Granada. Al cementerio llegó acompañado de los ateneístas y del pueblo de Madrid casi en masa. El la nación española, si algún prestigio le resta todavía,
La República mexicana ha respondido noblemenduelo oficial se despidió en la Cuesta de la Vega; no si con algún respeto es saludado nuestro pabellón, no
pudieron pasar de allí el dolor y la admiración de á los príncipes, ni reales, ni de la milicia, ni á los po- te al llamamiento que dirigiéramos á toda la Amérirúbrica. En vano esperé que, en nombre de la Aca- líticos, ni á nuesttos Metternichs se deben; tan sólo á ca para reunir la importante Exposición que estamos
estudiando. Envió desde luego al personal más escodemia, del gobierno, del arte, alguna de nuestras lum- nuestros grandes artistas de la pluma y del pincel.
gido é idóneo entre los cultivadores de las ciencias
breras hiciera saber al pueblo, aglomerado en ,el patio
históricas, que en México forman legión: nombró pade la sacramental, la magnitud del vacío que en el
¿Qué se hizo el rey Don Juan?
Los infames de Arag6n
ra presidirlo al director de su Museo nacional Sr. don
arte poético dejaba Zorrilla. Vana esperanza. El acto
¿Qué se hicieron?
F. del Paso y Tronc:iso, y agregó á la comisión un
se convirtió en merienda de negros. Trompicones,
presbítero, tan modesto como sabio, el Sr. D. Franvoces descompasadas, interjecciones de todos cali¿Dónde están esas tierras conquistadas por los cisco Plancarte, que ha sido uno de los más activos
bres: he aquí lo que presencié.
Cuando Larra bajó á la tumba, sobre aquella tie- O'Donnell, Prim, Serrano, Narváez, Concha? ¿Qué coleccionistas de antigüedades de su país. Con el serra removida se alzó un gigante. Las letras hispanas se hicieron de Flandes, de Italia, de Portugal, de esa ñor Plancarte debían naturalmente venir á España
perdían un talento y la plétora artística del movi- gran parte de América sometida por los Pizarros y sus colecciones: accedió desde luego á ello su promiento romántico ofreció, á cambio, un genio. En- Hernán Cortés? ¿Qué fué de aquellos prestigios san- pietario, y digamos de una vez que constituyen la
gran masa de la Exposición mexicana, siendo su más
tonces batallábase por las ideas; hoy batállase..., digo grientos junto al Atlas alcanzados?
mal, hoy nos reímos de entonces. El arte de aquellos
Nuestros novelistas atravesando el Océano llevan importante contingente.
Tan valiosos elementos debían figurar en modo
días con sus candorosos entusiasmos divinos ofreció al seno mismo de la gran república norte-americana
incondicional apoyo á las doctrinas políticas que más la influencia de nuestro carácter, pesando en el ánimo conspicuo en el palacio del paseo de Recoletos, y en
ancho campo ofrecían á la inteligencia para su expan- del yankee tan hondamente, que logran ser tenidos en efecto, México ocupa cinco de los vastos salones del
sión. Y vino ofreciéndoles su apoyo, el más fuerte, el la estimación de los mejores novelistas nacionales, edificio: en extensión no le aventaja ninguna otra
más hondo, porque habla al corazón y á la carne de sin descontar al tradicional Walter Scott. Nuestros República, y sólo le iguala la de los Estados Unilas sociedades, hasta que los ideales políticos vencie- poetas son saludados en las repúblicas del nuevo dos: en importancia no me atreveré á afirmar que
ron. Combatir con Goya, con Martínez de la Rosa, continente como lo son en el viejo, rindiéndose á la ocurra lo propio. Porque si bien es muy interesante
con Alenza, con Larra, con Villaamil, con Espronce- evidencia de un originalismo artístico y nacional in- la exhibición de objetos hecha por el pueblo norteda, con Zorrilla, con Gisbert, con Bretón de los He- discutible. Esos pedazos de tierra española al otro americano, sin embargo, como luego hemos de ver,
rreros, con Hartzenbusch, con Rosales... y ahora, lado de los mares asentados sienten la necesidad de fáltale la unidad en las series, la continuidad en los
alcanzada la victoria, el más grande de los campeo- elevarse hasta aquellas regiones donde solamente re- objetos y el sistema en la muestra, condiciones todas
nes artísticos desciende al sepulcro entre el regateo side el alto concepto de la vida psíquica de un pue- reunidas con notable acierto en las salas mexicanas.
Las incomprensibles dilaciones administrativas de
que las conveniencias oficiales de un estado demo- blo culto, y sangre de nuestra sangre, carne de nuescrático hacen de los honores que de derecho le co- tra carne, buscan en la tradición y en la historia de la Exposición americana han hecho que á la hora
rresponden; desciende al sepulcro entre los bostezos su raza aquellos elementos necesarios para dar carác- presente carezcamos aún del catálogo de los objetos
de la inteligencia que á las gentes políticas les pro- ter á sus nacionalidades y prestigios á sus sociedades. que encierra. Tampoco están indicados por explicaduce el arte; desciende al sepulcro sin que la misma Y he ahí las letras y las artes españolas prestando su tivos rótulos la inmensa mayoría, mejor diré, la casi
gente que rima, pinta y esculpe le dedique un re- savia civilizadora, formándoles caracteres á la imagen totalidad de estos objetos, co11 lo cual se ha conseguiy semejanza de la madre patria, á esos pueblos ado- do que el público que los visita salga del local sin
cuerdo.
Magnífica y grande es la manera que tienen las lescentes, que si viriles supieron emanciparse del yu- conocer sus nombres ni aprender su uso ó su signipersonalidades á cuyo cargo está la tarea de impulsar go doméstico, no por eso han renegado de su abo- ficado. Y ello amenaza durar hasta que se cierren los
salones, si la actividad empleada en actos de menor
el movimiento de avance de los intereses morales del lengo ni desligado de sus vínculos morales.
¡Valientes laureles y valientes prestigios los que cuantía no se dedica á apresurar esta publicación,
país. En verdad que es co~solador el cuadro que
ofrecen nuestra instrucción pública, las artes y las nos recabaron las armas y la diplomacia y las escue- que todos reclaman y que sólo ha satisfecho en míniciencias. Ponen todo su empeño en que se agosten las políticas en todo lo que va del siglo XIX! El pue- ma parte la impresión de algunos sumarios y listas
esas grandes flores, esencias psíquicas que brotan es- blo tuvo que rechazar las huestes napoleónicas; los parciales, hecha por los comisionados extranjeros.
Así tenemos que ir á través de México sin guía
pontáneas en la patria de Calderón y de Velázquez. brillantes hechos de armas en la campaña de Africa
Las manifestaciones del espíritu nacional, debiendo realizados sirvieron para que hoy Inglaterra imponga alguna, excepto el catálogo de la colección del señor
tener en las artes, como la han tenido, forma concre- sus caprichos y Francia nos detente posesiones. Los Plancarte, ·que acaba de publicarse en la capital de
ta, vense reducidas hoy á no salir á la luz, á rriorir heroísmos del Callao fueron estériles. Por su parte esa República. Tal catálogo, hecho sin duda con gran
sin dar frutos, porque altas razones de conveniencia los políticos que nos han cantado las delicias de Ca- precipitación, cuida poco de reseñar los 2 . 802 objepolítica así lo exigen. La sal esterilizadora de ciertas pua, no miran ya sino los intereses de los poderosos, tos que co·ntiene, limitándose á dar de los mismos
ideas y escuelas es arrojada por arrobas, en estos úl- y no atienden sino á su propia conservación, dándo- una sumaria explicación de su forma, materia, proce·
timos días del siglo, sobre las ruinas del templo del seles un ardite de los intereses morales del país. dencia y dimensiones, sin detenerse á definir los nom·
arte.
Mientras nuestras escuelas de Bellas Artes, la Cen- bres propios, las especiales significaciones ni los sim·
Mientras el decadente pueblo francés, despertando tral por ejemplo, no cuenta ni con lo preciso para la bolismos á ellos inherentes.
La instalación· de México se halla situada en la
de su sueño de valetudinario se yergue con entusias- enseñanza, y á pesar de no contar con lo más perenmo respetuoso al tronar del cañón que le anuncia la torio aún se ve obligada á suprimir la calefacción; planta baja del·edificio de Recoletos, á la derecha de
muerte del gran Rugo, y en aras de su cariño acude mientras nue¡stros artistas emigran á otros países en la puerta de la calle de Serrano. Comprende, como
ansioso al arte en busca de sus poetas, escultores, busca de lo que aquí el gobierno les niega en nom- he dicho antes, cinco salones. El primero está ocu·
pintores y músicos que hagan la apoteosis del autor bre ó á pretexto de las economías; mientras se supri- pado por reproducciones en yeso de colosales ídolos
de Notre Dame, y logran, en efecto, responder á ese men en Fomento los créditos para material de biblio- de piedra que posee el Museo nacional de la Repúblimovimiento íntimo, sublime, que tan sólo por medio tecas populares, para sostenimiento de revistas y pe- ca. Allí se ve la piedra circular que representa á Tzonde aquella entidad puede ser manifestado, aquí, en riódicos técnicos, de necesidad reconocida por todos témoc, el dios de las tinieblas, con la alta y trenzada
España, en Madrid, centro de las energías psíquicas los pueblos cultos; mientras se les hace imposible á diadema que tiene el sabor de un peinado asirio, y
de la nación entera, se pesan con una y otra mano los maestros de primeras letras cobrar sus sueldos, los complicados adornos en torno que combinan los
los inconvenientes que ofrecer pueda una manifesta- algunos de ochenta céntimos de peseta diarios; mien- sim bolismos de plumas y caracteres: allí hay la diosa
ción de duelo que rebase el carácter de lo vulgar. Y tras se suprimen las pensiones para el estudio en el Coatligue, oculta la cabeza en ancha toca, con manos
el pueblo, atento tan sólo á lo que de un modo per- extranjero del arte, precisamente cuando elevan el perfectamente humanas y pies de fiera, que bien pue·
ceptible, de un modo plástico, haga vibrar su sensi- número de sus pensionados los demás pueblos de den ser las garras de alguna alimaña andina; la vesta
bilidad, respondiendo así á su sentir, al ver que le Europa y América; mientras se escatima la subven- formada por un trenzado de serpientes, el cinto defalta turquesa donde vaciar ese algo íntimo que en lo ción al hombre de ciencias, al de letras ó al artista corado con la cabeza de un felino y desnudo el pecho,
hondo de su alma se agita sin forma, mira con indi- para que nos devuelva con creces ese insignificante cuya forma debe significar el sexo: vese también al
ferencia, si no con asombro escéptico, al que se en- sacrificio pecuniario con el producto de su inteligen- dios Tezcalzontalt de las razas nahuas, colosal en
corva y encanece empeñado en crear con el pincel ó _cia, se sostiene en cambio un ejército enorme; se sus proporciones, tendido más que sentado para sos·
con la pluma tipos y paisajes, escenas ó ~istorias que gasta un dineral en ensayos de armamentos y mate- tener con las dos manos sobre el vientre el vaso don·
contarle.
rial de guerra, que se oxida sin haber servido para de recibía las ofrendas de los fieles, llevando por úniNo, no faltaban medios para llevar á efecto una nada; se levantan reductos y fortificaciones, se alzan ca vestidura la orlada diadema de caracteres mayas,
verdadera manifestación gloriosa en honor del poeta cuarteles, se construyen barcos que se desguazan al anchos brazaletes de hierba en los brazos, aros de
0

580

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

91

alto relieve, que debieron
á. un sacerdote hallado en
ser de oro, bajo la rodilla
el estado de Chiapa: lleva
y en los tobillos, yla abieren la cabeza monumental
ta sandalia de gruesa suediadema con elaborado
la que recuerda algo la gueadorno; los brazos unidos
ta de los japoneses."
sobre el pecho, y en la maInteresaríte y curiosa es
no un o de los infinitos
la vista de estas divinidaado:nos del culto maya; en
des, que sin embargo no
su cmtura una como estola
alcanzan á dar idea del panque le pende de la siniesteón de los antiguos dioses
tra y otros varios adornos
que un día fueron objeto
en su cu~rpo: son los sigde veneración y culto por
nos extenores de las funciolos indios del Centro Aménes que ejercía en los rerica. . Mientras que entre
cintos de su templo.
las razas del Norte sólo pudo desarrollarse una senciDe estos templos mexilla y primitivá idea religiocanos hay algunas reconssa, que correspondía á la
trucciones en la actual Exextremada simplicidad de
posición. Pero más interesus representaciones y fórsantes que ellas son, á mi
mulas externas, entre los
juicio, las representaciones
pueblos centrales, desde las
que en su interior ostentanaciones mayas que vivían
ban, los adornos que luen .Tabasco, Yucatán y
cían, porque ellos descuGuatemala, hasta las razas
b:en muchas páginas de la
pobladoras del Ecuador y
historia é infinitos detalles
del Perú, desarrolláronse
de la vida de aquellos crecomplejas mitologías con
yentes que se postraban al
su.s correspondientesycompie de sus altares. Así he
phcados cultos. La religión
~isto con mejores ojos la
mexicana consistió en un
mteresante lápida maya,
exagerado politeísmo, con
procedente también del escentenares de divinidades
tado de Chiapa, que reprede .divers~s funciones y de
senta á un cautivo de guevanos atn butos, que nos
rra agarrotado al pie de simson conocidas por las imb.ólica columna. Su expreperfectas relaciones de los
sión es feroz á pesar de la
antiguos viajeros y por el
especial rudeza de la escu1carácter peculiar de sus tot~ra que, sin embargo, sacados y sus trajes, que vati_sface las mayores exigenrían hasta lo infinito. Por
cias del canon artístico.
la cabeza conocían los meEXPOSICIÓN HISTÓRICO·AME'.RICANA. - SECCIÓN MEXICANA. _ EL DIOS TZ
É
Lleva
en sus carnes los caONT MOC (de fotografia de J. Prieto)
xicanos á sus dioses como
racteres que el día en que
de igual manera l~s clase lean nos dirán á qué puesificaban los egipcios; coincidencias de la historia que
'
.
blo
ó á qué raza perteneen suma, ~ada prueban á favor de la comunidad d~ dotes. Estos era.n en México así los ministros del cia el vencido, como aquellos famosos relieves de los
altar
y
los
maestros
de
su
ciencia
como
los
adivinaprocedencia ó de origen de los pueblos.
templo~ de Medinet Abú, que nos han permitido
Al lado de los.dioses nos es dable contemplar en dores de un fut~ro estado y los médicos omniscien- construir. con las representaciones de los cautivos la
tes d~ los remed10s para las enfermedades materiales
la sala que estudiamos la representación de los sacer- Una
1magen de mita
· d del tamaño natural representa· larga sene y los brillantes hechos de las conquistas
de Sesostris en el Asia Menor. La posición de la ima-

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

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gen mexicana no puede ser más expresiva; pero acer- dudosa, que se supone habitaban distintas comarcas pintados de varias formas, pies y tapas para los misca de su significado sólo cabrían hipótesis más ó me- y se hallaban divididos en varias tribus ó fracciones. mos y dos pequeños incensarios de barro. Los objenos aventuradas, y siempre inciertas mientras no se Esta serie comprende 108 objetos, subdivididos en tos de culto son figurillas humanas, ídolos y amuleresuelva el problema de la interpretación de la escri- utensilios domésticos, utensilios de transición entre tos de distintas clases y materias. Entre los instruel hogar y el templo, objetos de culto, instrumentos mentos músicos se ven pitos, sonajas, flautas y un
tura maya.
caracol grande. Finalmente, entre las armas de esta
Y vamos á describir muy sumariamente la gran para las artes, adornos é insignias y armas.
El tercer grupo contiene los objetos de los taras- sección vense puntas de lanza de cobre, púas del
colección del Sr. Plancarte, que se compone de la
friolera de 2.802 objetos, todos de suma importancia. cos, poderosa nación que habitaba la mayor parte del mismo metal, lanzas de pedernal, cuchillos y flechas.
E l cuarto grupo comprende los objetos de los inDiremos en primer termino que no cabe dudar de la estado de Michoacan, y extendía sus dominios hasta
autenticidad de ninguno de ellos, pues todos ó su los vecinos estados de Querétaro, Guanaja to y J alis- dios matlatzincas, en número de 174, también clasiinmensa mayoría proceden ele excavaciones y buscas co. Esta serie, la más importante de la colección, ficados. en utensilios domésticos, instrumentos para
las artes, Adornos é insighechas por el propio colecnias, objetos de transición
cionista. Empezó el Sr. Planentre el hogar y el templo y
carte por recoger varios huelos destinados al culto.
sos, un idolillo de barro, pun·
tas de flechas, navajones .Y
Siguen en el quinto grupo
otros objetos, descubiertos
los objetos otomites, en núen los trabajos del ferrocamero de r 48.
rril que atraviesa el río de
El sexto grupo comprenJ acona para ir á la vecina
de los tepanecas (nahuas), en
ciudad de Zamora. Su segunnúmero de 728 objetos.
da expedición se dirigió á
Séptimo grupo. Acolhúas
un lugar cercano á las fuen(nahuas), con 29 objetos.
tes del mismo río J acona,
Octavo grupo. Mexicanos
donde sólo halló algunas
(nahuas), con 6 objetos.
puntas de flechas y varios
Noveno grupo. Chalcas
tiestos de poca importancia.
(nahuas) con 2 r objetos.
Más feliz fué su tercera
Los demás grupos de la
expedición, hecha en una
colección abrazan los objepequeña altura en extremo
tos de los tlaxcaltecas, huexotmeridional del valle de Zazincas, cuetlaxtecas, mixtecas,
mora, llamada Los G{Jtos,
zapotecas y mayas, y sólo tres
donde descubrió una extencon toda evidencia pertenesa necrópolis india y en ella
cientes á las razas protohis48 esqueletos, tendidos algutóricas que poblaron aquella
nos y los más sentados en
parte del continente americano.
cuclillas. Entre las tumbas
aisladas pudo r eco nocer
No he podido ser más conunos muros de piedras de
ciso; pero á menos de dar á
torrente sobrepuestas, sin arestas reseñas límites imposigamasa ni cal alguna, forbles para el carácter de la
mando un cuadrado cuya
I LUST~AClÓN, no me sería
parte interior estaba llena
fácil_explicar toda la importambién de esqueletos hutancia de estos frágiles objemanos, acompañados con vatos expuestos en las vitrinas
sijas de barro, instrumentos
d_e las salas mexicanas, que
y armas de piedra y de cosm embargo nos revelan puebre y adornos de diversas
blos y gentes sin páginas en
materias. En uno de los ánla historia de las grandes ragulos del recinto había una
zas americanas.
construcción de adobes casi
calcinados, conteniendo vaEDUARDO TODA
rios restos carbonizados de
......,......,.........,......,.............. ,.,....... ..,,.....,,.,.
huesos humanos entre utensilios de concha, laminitas
EL TÍO ROÑ"AS
de oro, fragmentos de discos
(EP I SOD IO DEL AÑO
dorados y pedazos de tela
que probablemente vestirían
I
los cadáveres al ser reducidos á cenizas en aquel que¡Por Dios, que era lástima
madero.
que aquel retoño hubiera
A tres leguas de este lugar,
brotado de tal cepa, y que
donde además hizo otros
no se comprendía que un
descubrimientos, halló el sepaloma tan sin hiel como
ñor Plancarte el sitio donde
era el bendito de J enaro, hu•
estuvo la antigua ciudad de
biese sido engendrada por
Jacona, cuyas ruinas son aún
un perro de entrañas más ne:
visibles, distinguiéndose engras que las de Judas,
tre todas las del templo macomo el tío Roñas!
yor, cuya curiosa construcA este último sí que 1
ción hizo reproducir en mateníamos todos mala volun
dera. Las excavaciones practad, y mala voluntad me
ticadas en el sitio le produjecida.
Aún le hubiéramos p
ron varios cráneos y objetos
EXPOSICIÓN HISTÓRICO•AMl!RICANA. - ~ltCCIÓN M2x!CANA. - LA !')¡OSA CÓA'l'LIGUE (&lt;le folograf'ía de J. Prieto)
donado el haber reunido 1
muy curiosos de barro y
peluconas que, según se d
cobre.
Finalmente, el Sr. Plancarte puso á contribución cuenta con 1.~98 nt'trnetos, debidamente clasificados. cía, guardaba en no sé qué rincón de su miserabl
los buenos oficios de sus amigos, enriqueciendo sus Abundan en ella los utensilios domésticos, que con- guarida, sacando hasta la última gota de sangre á 1
colecciones con objetos que le fueron remitidos de sisten en jícaras, platos, vasos, cazuelas, ollas, cánta- que tenían que dejarse esquilmar por el ruin usu.
Pajacuarán, J acona, Santiago Tangamandapfo, ran• ros, tapaderas y demás útiles que prueban un avanza- ro; pero lo que no podíamos perdonarle era el 1
cho de Miraflores, Tarímbaro, Purépero, Tangantzf- do estado de civilización doméstica. Numerosos son digno tráfico á que se dedicaba desde que había
cuaro, Copándaro, Tenancingo, Coatepec Harinas, también los utensilios para las artes, consistentes en tallado la guerra.
Como nuestro pueblo tan pronto caía en poder d
valle de Toluca, valle de San Martín y Teotihuacán. aplanadores, cuñas de piedra, bruñidores, cinceles,
La colección Plancarte está clasificada en quipce navajas de piedra obsidiana y agujas de cobre y de los franceses como era rescatado heroicamente
grupos y un apéndice. El primer grupo comprende hueso. La sección de adornos é insignias es tan va- alguna de las ·muchas partidas que vagab~n por.
los objetos de los tecoxines, nación indígena de Ta- riada como curiosa, pues comprende, entre muchas contorno, el tío Roñas, que se arrastraba a los pi
lisco, de filiación dudosa, que vivía al Noroeste del otras cosas, orejeras de piedra y hueso, anillos para el del vencedor, fuera quien fuera, sin dejar de mant
actual estado en lo que hoy es territorio de Tepic, labio, conchas perforadas, bastones, anillos de cobre, ner por eso relaciones con el vencido, había enco
extendiéndose por el Poniente hasta el mar y por espejos, cuentas de collares, cascabeles, pomos de trado medio de hacerse pagar un espionaje que
Oriente hasta la población de Ameca en Jalisco. En vidrio y un vestido hallado en las excavaciones de nía indistintamente al servicio de la causa nacio
él figura un solo objeto; un ídolo de barro gris ro- Jaéona, cuya forma no puede precisarse por la ex- ó de las armas del rey intruso.
Talento, ó si se quiere mejor, gramática parda,
jizo con restos de pintura roja, y representa un hom- trema fragilidad de las telas de algodón que lo combre con rostro de animal, por la superposición proba- ponen. Entre los objetos que el Sr. Plancarte ha cla- le faltaba, y esto hacía que aunque se sospecha~a
ble de una careta.
sificado, no muy acertadamente á mi juicio, como de juego, no dejara nunca las cartas tan al descubt~~
El segundo grupo abraza los objetos de los leeos, transición entre el hogar y el templo, figuran pipas para que gabachos ó españoles pudieran con justt
indios del estado de Michoacán, también de filiación de barro de diversos colores, fichas de juego vasos imponerle el castigo que merecía,

N úMERO

580

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

93

,

LA COMEDIA DE MAGIA,

d E~toy por decir que si alguien sabía lo que había
e cierto ~n la c?sa era el infeliz Jenaro, que á fuerza de suf~1r desv10s de todos los que barruntábamos
los mapejos que se traía su padre, acabó por quedarse _seco como un espárrago y taciturno como un cartujo.
Cuando alguno cruzaba la palabra con él y esto
era muy pocas veces, teníamos buen cuidad~ de hacerle notar ~o desmedrado que andaba, y acabábamos,_ no sé s1 con buen deseo ó con algo de mala int~nc1ón, _por aconsejarle corno ,remedio á sus dolencia;_t aire puro que se respiraba en las partidas.
. .fimovía la cabeza tristemente, como si quisiera
~~gm car co~ ello qu_e buenas ganas tenía de irse con
sdqu:, no sm trabajo, mantenían enhiesta la bandera e o que los franceses llamaban la rebelión· pero
no/or ,eso se iba, ni hacía nada por desvane!er las
an~pat1as que le íbamos cobrando.
ara esto había una razón poderosa. El tío Roñas,

dibujo de Forcl

q~e parecía incapaz de dar abrigo á ningún sentimiento humano en su corazón de piedra berroqueña
tenía, sin_ em ba~~o, en el fondo de él tal tesoro d~
~m_or hacia su hijo, que por él hubiera dado hasta el
ultim? ochavo de su tan negado como abundante
pe,culio, y antes se hubiera dejado ·cortar en tajaditas
as1 como e_l blanco de la uña, que dejará Jenaro exponer s_u vida por una cosa de tan poca monta como
saber s1 nuestro rey se había de llamar José 6 F nando.
er

. El _resultado de tal~s funciones de guerra era casi
mvanablemente el mismo. Los guerrilleros hostilizaban du,rante unas cuantas horas, y al cabo de ellas,
cuando el esfuerzo de los enemigos redoblaba, dejaban_ m~destamente que los oficiales superiores de Su
Majestad botellesca redactaran sus partes dando
c_uenta de una nueva victoria para las armas impenales.
La única contra estaba en que si el triunfo no les
había hecho g~nar más q_ue algunas pulgadas de terreno, en cambio las pérdidas eran tan considerables
11
qu~ unas cuantas victorias de aquellas bastaban para
~as cosas de la guerra parece que no andaban mu dejar en cuadro los batallones espanto del mundo y
al!a para los fran;eses en nuestca comarca. Los uf- Sojuzgadores de media E uropa.
El general francés que operaba en nuestra comarrnlleros, 9ue crec1an y se multiplicaban á más y m!·or
ca,
Y cuyo enrevesado nombre no puedo recordar
no l~s dejaba1'. hora de vagar, y ni un solo día se pisa~
ba sm que tuvieran que empeñarse en un encuentro ó por ~ás que hago, de9ió comprender que por aquel
~ammo no se acabaría nunca la jornada, y resolvió
en alguna escaramuza.
mtentar, costara lo que costara, un golpe de mano

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

94

NúMERO

580
NúMERO

que diera al traste por lo menos con una de las más
temibles partidas.
Era ésta la que mandaba el Chantre, hombre de
singulares recursos estratégicos y mano de hierro·para
mantener la disciplina entre los suyos; pero por lo
mismo que tales condiciones tenía el jefe, y además
por estar aquélla apoyada por lo más florido del país,
era difícil, ya que no imposible, copar á la temible
partida.
Sólo la delación y las noticias suministradas por
un hombre conocedor de los accidentes del país podían ayudar á la empresa, y como, á lo que es de suponer, ya el general había tenido tratos con el tío Roñas, por más que las cajas de la división francesa anduvieran algo mermadas, decidió tener una entrevista
con el malhadado usurero.
Este no tardó en comprender que se presentaba
un buen negocio, y valiéndose de cuantas precauciones le sugi~ió su astucia, ausentóse del pueblo por un
par de días, tomando por pretexto la compra de unas
reses para abastecer al pueblo en el caso de que los
gabachos interceptaran las comunicaciones por donde se recibían las vituallas.
La entrevista fué larga, porque el tío Roñas era
hombre que sabía hacerse pagar su trabajo, y en estas cosas regateaba hasta el último maravedí; pero
no debió quedar completamente descontento de ella
el general francés, puesto que por térmiho y remate,
animándosele los ojillos grises, casi ocultos bajo las
blancas cejas, lanzó un sacre nomme que hirió un poco los sentimientos religiosos del usurero, y dirigiéndose á éste, dijo en mal castellano:
- Si es verdad todo eso, la partida del Chantre
está en mis manos y usted tendrá las cinco onzas que
pide. Pero le advierto que entretanto se queda en
rehenes, y que si las cosas no salen como me promete, en vez de cinco onzas lo que obtendrá como recompensa serán cinco tiros.
Dicho esto, el galoneado militar volvió la espalda
al usurero, después de haberle dejado encomendado
á la custodia de cuatro m\meros, y se fué sin duda á
prevenir el plan del próximo ataque.
El tío Roñas palideció un poco; pero debía tener
gran confianza en sus revelaciones, puesto que frotándose las manos, exclamó con codicia:
- ¡Cayeron cinco peluconas más!

Algo le sorprendió que el enemigo no se lanzara á
la persecución con los arrestos que él esperaba; pero
gruñó para su coleto: «Mejor: así entrarán de golpe
y se perderán menos balas.»
Y siguió apoyando el movimiento de retirada hasta
situarse toda su gente en lo más espeso del Carrascal.
Allí estaba hacía algunos minutos, más que otra
cosa aguardando á que el grueso del enemigo se metiera en aquel callejón sin salida, cuando de repente
notó entre las gentes más próximas un extraño movimiento de concentración, y no tardó en oir repetir
más lejos las pavorosas voces de: «¡Traición! ¡Traición!»
¿Qué ocurría? La cosa no podía ser más sencilla
ni más trágica. Aquel paso desconocido había sido
revelado por alguien á los franceses, que prudentemente divididos avanzaban al propio tiempo por la
vanguardia y la retaguardia de los guerrilleros. Estos
estaban, pues, cogidos entre dos fuegos por fuerzas
muy superiores á las suyas.
El problema no tenía más que dos términos, que
después de todo podían reducirse á uno solo: ó había que morir en el acto luchando, ó rendirse para
morir después. Por entonces ni franceses ni españoles daban cuartel á nadie.
En el momento de mayor an-gustia, un hombre,
gallardo mozo por cierto, pero pálido y demacrado
como un difunto, se acercó al C!tantre y murmuró
con acento breve, echándose al suelo del poderoso
caballo que montaba:
- Por ese claro y picando espuelas de veras puede salvar un hombre solo la vida. No hay que perder
tiempo, yo protejo la retirada.
El Chantre le miró con aire de inteligencia y estrechó con fuerza su mano.
- El único favor que le pido, añadió el mozo, es
que si algún día encuentra medio de vengar la traición de hoy, no olvide que me debe la vida.
Un momento después el ruido de la fusilería se
había hecho insoportable.
De la partida del Cliantre no se salvó ni una rata.
La mayor parte de aquellos héroes prefirieron morir
peleando.
El bravo mozo que tan generosamente había salvado la vida á su jefe no fué por cierto de los que
menos bajas causaron en las filas francesas, pero tampoco fué de los últimos en caer.

III

IV
El encuentro de aquel día iba á ser más terrible
que todos los habidos hasta allí. Los franceses habían concentrado sus fuerzas y parecían dispuestos á
caer sobre la partida del Chantre, que á su vez había
reunido con las suyas algunas otras de menor importancia, que aunque de ordinario se las arreglaban por
su cuenta y riesgo, en las ocasiones solemnes se supeditaban á la autoridad del más afamado de los guerrilleros del contorno.
Para que todo contribuyera á dar mayor lustre al
nuevo hecho de armas, en él iban á hacer las suyas
por vez primera algunos paisanos que, un poco rehacios hasta allí, habíanse al cabo decidido á dejar la
esteva por el fusil, acudiendo al socorro de nuestra
amenazada independencia.
Como siempre, el Chantre no contaba con la victoria; pero estaba seguro de hacer caer á los franceses en una emboscada que había de costarles algunos centenares de bajas. Además, para los suyos había menos peligro que nunca. Todo lo que tenían
que hacer en el momento de la retirada era internarse en el Carrascal, y como la espalda la tenían guardada porque había pocos en el país mismo que conocieran el único acceso que por el lado de Oriente
tenía la maleza, todo sería cuestión de irse con la
mayor tranquilidad al monte cuando les viniera en
mientes, que siempre sería cuando se hubieran cansado de matar perros gabachos.
E sto era lo que decía el Chantre con su robusta
voz de barítono á su estado mayor, mientras sentado
ante una desvencijada mesilla de pino mermaba el
contenido de su zaque bastante regular de lo añejo,
esperando á que con los primeros rayos del sol se
rompieran las hostilidades. Y la verdad es que debía
estar muy seguro de ello, puesto que, hombre ordinariamente de pocas palabras, andaba dicharachero
y expansivo como nunca aquella mañana.
Los primeros disparos se dejaron oir á cosa de las
seis. Los franceses cargaron duro y parecían poner
todo su empeño en hacer huir á los guerrilleros por
la parte del Carrascal, lo cual hacía sonreír al Chantre, que decía de cuando en cuando: «¡Buena os espera!»
Pero como si quisiera retardar el resultado de su
plan, aquel Viriato de canana y sable de tirantes, hasta más de las nueve no mandó á su corneta de órdenes que tocara retirada.

El tío Roñas recibió aquella misma noche el precio de su hazaña.
Después de todo, á los franceses no les salió caro.
Con gran desahogo pudieron pagarle, empleando en
ello sólo una pequeña parte del botín cogido á los
guerrilleros.
Las cinco onzas estipuladas, y que por cierto eran
brillantes y nuevecitas que daba gozo verlas, estaban
encerradas en un bolsillo de torzal verde, manchado
de sangre fresca todavía.
Tal y como se le presentaban al tío Roñas acababa de encontrarse sobre el mutilado cadáver del infeliz J enaro.
ANGEL

R.

CHA VES

.,.,,,,,,.,,.,,,,,,..,,,.,,,,.,.,.,,,,.,,,,,,.,,,,,,.,,.,......,......,......, ...,,,.,,.,,,,,,,,,,.,,.,,,,,,.,,.,,,,,,.,..,,,,v•••''•''

SALON PARÉS
DtCIMA EXPOSICIÓN

La décima Exposición anual del Salón Parés, á
pesar de su indiscutible inferioridad, comparada con
las anteriores, dadas la cantidad y calidad de las obras
expuestas, ofrece al visitante vasto campo de estudio
y de observación. No figura en ella una producción,
una nota saliente, una obra que revele genio, que manifieste la valía y la personalidad de un artista; pero en
cambio denuncia un -movimiento de vacilación, . da
muestras de debilidad, de incertidumbre, y hace conocer de modo indudable que algunos de nuestros
artistas no tienen en cuenta las tradiciones artísticas
de nuestra patria, dejándose seducir por el aplauso
tributado á los que, aparte de otros títulos, tienen
arraigadas convicciones.
Casas y Rusiñol, los decididos y consecuentes
campeones del modernismo, los importadores de una
de las escuelas transpirenaicas, no han remitido á
esta exposición un solo lienzo, y sin embargo tienen
en ella aprovechados imitadores, tan hábiles como el
pintor suburense Sr. Almirall, cuyo Cementerio de
Sitjes podría firmarlo Ramón Casas. A éste sigue en
la escala aproximativa Mas y Fontdevila, que presenta tres pinturas al pastel que atestiguan su nueva
fase, inspiradas ó sugestionadas por el ambiente de
Sitjes y hermanas del gran lienzo que figura en la
Exposición de Bellas Artes de Madrid, y un interior

de ermita ó iglesia de villorrio, ejecutada con la
maestría que se observaba en todas las obrll¡s que antes producía este artista, que cuenta con sobrados
méritos y recomendables aptitudes para tener carácter propio, personalidad artística.
Juan Llimona hase presentado ahora como siempre, esto es, como pintor y como artista. Tal vez,
plásticamente considerado su Dios es caridad, resulta inferior á La viuda ó al Párroco; pero aun en este
supuesto y en el de que haya podido ejercer también
en él influjo la nueva corriente, está delicadamente sentido, cristianamente inspirado. Completan el
grupo de los regionalistas, de los discipulos de la escuela iniciada por Joaquín Vayreda, El pastor del
Pirineo, de Dionisio Baixeras, que al escoger otra
senda no ha parado mientes en que no podía caminar por ella con igual seguridad; dos bellos paisajes
de Galvey; otras .fierbaxadoras, de Pinós; dos estudios ó recuerdos de Sitjes, de Modesto Texidor, uno
de los cuales aseméjase á una bella nota de Rusiñol,
que figuró en otra Exposición: un .Jímio, de Mariano
Vayreda, que revela en el artista el cansancio producido por la estación estival y que nada tiene de común con sus bellísimos cuadros de la comarca olotense; seis cuadros de Brull, un tanto faltos de luz,
entre los que descuella El combregá, que por su defectuosa perspectiva pier~e gran parte del efecto que
produciría y resulta un tanto inarmónico, no pocos
cuadros de inferior mérito, obra de artistas noveles que
en esta Exposición vienen á representar el personal
que constituyen los coros en las producciones líricas.
Párrafo aparte merece también Roig Soler, ya que
parece abandonar su mefter. Ya no se distingue en La
playa de Levante aquella factura peculiar y distintiva,
aquellos efectos producidos por el amasijo del color,
por los toques de tonos vivos, que sólo él sabía aplicar; pero aun así, bella es también su última obra.
En igual caso hállase Manuel Cusí, por más que
sus últimas producciones patenfüan la evolución que
francamente ha realizado. La bonita cabeza de estudio, iluminada por la luz artificial, es superior á algunas de las que antes brotaban de su paleta, que en
el empeño de interpretar la belleza resultaban un tanto aporcelanadas.
Román Ribera, el correcto y elegante pintor, el fe.
liz intérprete de la pintura de género, nos ha reservado una verdadera sorpresa en esta Exposición con
sus dos lienzos titulados En el baile y La cita. El bello
tipo de la dama representada en este segundo cuadro en nada se asemeja á la dama de Le coup d' (}Jt/,
que tantos aplausos mereció; pero, como en aquélla,
obsérvase la misma distinción. La tonalidad de ésta
no es tan vagarosa, tan delicada como la de aquélla;
pero sí es igual la calidad, idéntica la exactitud y semejante la corrección. Ribera ha querido sin duda
demostrar su dominio de la paleta, su pericia en el
empleo del color, y si es así, justo es confesar que ha
conseguido su propósito. La cita es una preciosa producción, ajustada psíquica y plásticamente á los modernos conceptos, á las nuevas corrientes; pero á pesar de ello, no puede confundirse, tiene el carácter,
nótase el sello de la personalidad artística de un verdadero pintor.
José Masriera, á quien no en balde se considera
como uno de nuestros más notables paisajistas, ha
aportado á esta Exposición un bellísimo paisaje acuático - como diría nuestro querido y malogrado amigo
Luis Alfonso, - recuerdo de su última excursión veraniega, que revela al artista, al infatigable admirador de la naturaleza en todas sus brillantes manifestaciones, al distinguido artista que procura imprimir
en todas sus obras el sello de nacionalidad, de regionalismo, trasladando al lienzo la tierra catalana en
toda su grandiosidad y belleza. Modesto U rgell, el
siempre aplaudido autor de El toque de oración, el
que ocupa preferente lugar entre los artistas con que
se envanece nuestra patria, ha presentado dos lienzos, Ma11ana de invierno y Anocheciendo, que justifican una vez más su maestría y el sentimiento que
rebosa en el corazón de este cantor de la naturaleza,
de este artista-poeta. Acreditan la discreción del
autor los dos lienzos de Aurelio Tolosa, así como los
que ha presentado Junyet, Sans, Joaquín Vancell,
recientemente premiado en la Exposición de Bellas
Artes de la coronada villa, cerrando el grupo Armet
y Marqués con sus jugosos paisajes de las regiones pirenaica y cantábrica.
Tamburini no abdica y continúa alimentando idénticos ideales, convencido que para el artista existe algo
más importante que la exactitud material, y que aun·
que ésta se realice, es precisa la expresión íntima del
asunto. De ahí que las producciones de Tamburini, ya
se titulen La gota de agua, Ensue17o ó El beso, no sig·
nifiquen un pretexto pictórico, sino la labor de aquel
que siente y discurre. El beso es una delicada nota que
embelesa por su elegante tonalidad y por su belleza.

580

L A I LUSTRACIÓN ARTÍST!CA

95

Luis Graner ha redel lienzo. U na escecobrado la castiza pana de Carnaval, desleta que momentáarrollada en el zaneamente perdió, y
guán de una vivienda
sus Juga'tiores, agruseñorial de esta ciupados alrededor de
dad, una de las pomugrienta mesa, afacas joyas del Renacinosamente interesamiento que por fordos en los azares del
tuna ha respetado la
juego, tienen algo
piqueta, ha servido
que revela la buena
de tema á Ramiro
escuela, que da á coLorenzale para pronocer las obras en
ducir un cuadro que
que hubo de inspiatrae desde luego por
rarse este artista, que
su armonía, por su
por la índole y asunacertada tonalidad;
. to de sus producciotres cuadros, uno de
nes, genuinamente
ellos de costumbres,
españolas, ha podido
ha remitido Félix
lograr que su nombre
Mestres, que patensea ventajosamente
tiza sus notables proconocido en el ex- ·
gresos; cuatro de
tranjero. Su alegoría
asuntos militares J odel nacimiento del
sé Cusachs, en cuyo
Niño Dios debe congénero ha tiempo se
siderarse como una
distingue; una marimuestra del ingenio,
na, que recuerda la
de la fantasía del arque obtuvo premio
tista.
en la Exposición de
Extremadamente
Bellas Artes de Barbello, muy distinguicelona, ha expuesto
do es el Turno imJuan Baixas, y cuapar, de Francisco
tro lienzos, entre los
Masriera; pero estas
que merece especiason siempre las notas
lísima mención La
características de las
plaza
de la Concorobras de este artista,
dia,
por
la exactitud
que en su anhelo de
de
su
entonación,
el
embellecer, rebasa allaborioso Elíseo Meigunas veces el límite
frén, hoy residente en
que existe entre la
la capital de la veciEL
ARMERO,
escultura
de
Emilio
Ditller
verdad y el ideal arna república.
tístico. Esto no obsCensurable omitante, todos los detalles, los más nimios pormenores, Miralles Darmanin: con decir que se asemeja al que
sión sería la nuestra si no mencionáramos la preciod~~ues~ran el _buen gusto y la rara habilidad de este adquirió el Municipio barcelonés para el Museo de
s~ cabeza-retrato del hoy doliente doctor Letamendi,
d1stmgmdo artista. Otro Taller de tapices ha remitido Bellas Artes, basta para comprender la importancia
pmtada con notable maestría por Galofre Oller, el

EL SUEÑO DE LA INOCENCIA,

cuadro de L.-Rosenberg

�LA SILLA DE FELIPE II EN EL E S CORIAL, cuadro de Luis Á lvarez (Exposición nacional de Bellas Arles de 1890)

EN EL SALON, cuadro de P. Salinas

�98

L A ILUSTRACIÓN ART ÍSTICA

NúMERO

580
'.NúMERO

·laureado autor de Pena de azotes, y el retrato del señor Zulueta, obra de nuestro paisano Carbonell Selvas.
En resumen: la exposición de que nos ocupamos
no reviste, por más que sea duro consignarlo, el interés que despertaron algunas de las anteriormente
celebradas. En esta la nota dominante es la vacilación. No combatimos en absoluto á los luminosos ni
á los fotofóbicos, puesto que abrigando el convencimiento de la ilimitación del arte, aceptamos siempre las producciones que se ajusten á sus ideales.
Duélenos únicamente ver muestras de la imitación.
Casas y Rusiñol ha tiempo sentaron plaza en el modernismo; sus producciones han sido siempre resultado de sus convicciones, de su modo de ser, de la
savia artista que en ellos se filtró en otro país, en
otra región que no es la nuestra; pero quien se ha
iniciado en otro dogma, podrá corregir errores, aquilatar conceptos, mas debe continuar comulgando en
la misma parroquia y disponiéndose para realizar una
evolución justa, razonable, ajustada á los ideales del
país en que nació y á las corrientes de la época.
Los lienzos de Meifrén, pintados en París y reproduciendo París, se hallan dentro de los términos de
lo justo, como discretas son las obras de los artistas
que mencionamos, que reproducen fielmente las tonalidades de nuestra región, más brillantes que las de
, allende los Pirineos y de inferior potencia lumínica
que las de la región andaluza.
Cuanto al concepto artístico, transcribiremos, para
terminar, un párrafo del artículo recientemente publicado por el peritísimo crítico de arte D. Federico
Balart, que puede apl icarse á buen número de las
obras que figuran en la Exposición Parés:
«En arte hay algo más importante que la exactitud
material; y ese algo es el sentimiento íntimo del asunto; es decir, la e&gt;.-presión de lo que en concepto del
artista constituye la esencia del objeto representado.
Conforme á ese principio fundamental, el pintor ha
de elegir un tema cuya expresión cabal y completa
quepa en los recursos propios de la pintura; y después lo ha de presentar de modo que el espectador
lo comprenda intuitivamente sin necesidad de analizarlo. Por ambos extremos suelen flaquear las obras
de nuestros artistas contemporáneos; sus asuntos, más
que motivos pictóricos, son pretextos para pintar.
Muchos de ellos están elegidos sin más propósito que
lucir un traje, un mueble ó un utensilio, tratado sin
esmero y á veces sin conocimiento del natural.»
A. GARCÍA LLANSÓ

B e llas Arte s . -Al escultor Moest, de Karlsruhe, le ha
sido confiada la ejecución de la estatua sedente y coronada con
diadema de la emperatriz Augusta que ha de figurar en el monumento que se erigirá en Coblenza á la memoria de tan ilustre
soberana. Para el proyecto del monumento se ha anunciado un
concurso que se cerrará en J. 0 de abril, y para la ejecución del
mismo se dispone, por ahora, de la cantidad de 81.250 pesetas.
Barcelona. - «Salón Parés. » Exposición extraordinaria. Continúan instaladas en el local predilecto del ·público barcelonés
aficionado á las artes bellas las obras que constituyen la Exposición extraordinaria de este año, que son noventa y siete cuadros y nueve esculturas. Como en las anteriores, figuran en esta
los nombres de nuestrns primeros artistas: Ribera, Más y Fontdevila, Llimona (Juan), Urgell, Baixeras, Graner, Meifrén, Pinós, Masriera, Tamburini, Baixas, Texidor, Llimona (José),
Atché, etc.
Si pudiera el público contemplar junto á las obras expuestas
este año las que figuraron en la primera con que se inauguró
el Salón Parés podría convencerse el más indiferente de que la
producción artistica en nuestra ciudad, dentro de los modestos
límites en que se desarrolla, ha seguido y sigue progresivamente su camino adelante, ganando cada dfa más en sinceridad, en
observación y en esa luz que colora la evolución moderna, y que
tan lúgubre y sombría hace aparecer la pintura de generaciones
anteriores.
- El número extraordinario con que la revista Blanco y Negro que con tanto éxito se publica en Madrid ha querido honrar la memoria de Zorrilla, es notable bajo todos conceptos:
consta de veinte páginas y contiene fragmentos de las principales obras de Zorrilla, ilustradas por varios artistas, una alegoría
de Gros, apuntes y fotografías de la capilla ardiente y del entierro, pensamientos y poesias de los más distinguidos escritores, el último trabajo de Zorrilla, sus Declaraciones íntimas, y
otros muchos trabajos literarios y dibujos en extremo interesantes.
T e a tros. - En el teatro Lessing, de Berlín, se ha verificado
la primera representación del nuevo drama de Ibsen El arquitecto Solness. Al terminar el primer acto, los admiradores del
escritor noruego aplaudieron ruidosamente, pero la mayoria
del público protestó de estas demostraciones, aumentando el
escándalo durante los actos sucesivos. La obra fracasó, y al decir de los periódicos alemanes el fracaso fué debido á la pobreza de la acción y á lo enigmático del diálogo.
- En el teatro de la Corte, de Munich, se ha estrenado con
gran éxito una comedia en cinco actos de Carlos Bleibtreu, titulada Bo11aparte, en la cual se trazan los episodios más culmi-

nantes del gran emperador hasta su entrada triunfal en Paris
después de la campaña de Italia.
- En el teatro Kroll, de Berlín, ha sido muy aplaudida una
ópera cómica en un acto, El coronel L11111p11s, cuyo interesante
libreto y agradable m{1sica son de T eobaldo Rehbaum,
París. - Se han estrenado con buen éxito: en los Bufos Parisienses, La Cadeau de noces, ópera cómica en cuatro actos, letra
de Liorat, Stop y Hue, música de Lacome; en la Gaité, Le talirman, ópera cómica de gran espectáculo en tres actos y cinco
cuadros, letra de A. Dennery y P. Burani y música de Planquette; en Vaucleville, L' invitte, comedia en tres actos, de
Francisco Cure!, interesantísima, de gran originalidad y admirablemente escrita, que ha hecho verdadera sensación en el público parisiem-e; y en el Odeon, La filie IÍ Blanchard, drama en
cinco actos, dt: Humblot y Darmont, que Sarah Bernhardt, para
quien fué expresamente escrito, ha representado mucho en el
extranjero.
Londres. - Los periódicos londinenses hacen grandes elogios
de la ópera cómica de I saac Albéniz, Et ópalo mdgüo, de cuyo
estreno dimos cuenta en la anterior l\liscelánea. Thc Craphic
hablando de ella se expresa en los siguientes términos: «La música es mucho más importante que el libreto: su autor, el señor
Albéniz, habíase hasta ahora dado á conocer ventajosamente en
algunas piezas para piano. En El ópalo mágico no se ha ceñido
exclusivamente al estilo nacional español, aunque este es el carácter que predomina en buen número de piezas; en otras, en
cambio, ha seguirlo la escuela melódica de Súllivan y los aires
brillantes de Offenbach. Dos de los mejores números de la obra,
una deliciosa serenata de barítono en el primer acto y un baile
en el segundo, son genuinamente españoles. Sobresalen entre
las demás piezas varias romanzas de bellisima melodía, un preludio y entreacto musical, una hermosa pieza descriptiva de la
salida de la aurora, un magnífico sexteto final del segundo acto
y un gracioso dúo de amor.» El Black and White, á su vez, califica la música del Sr. Albéniz de deliciosa, fresca, ingeniosa y original, y dice que seguramente El ópalo mifgico se' representará
largo tiempo y que á cada nueva audición se apreciarán más y
más sus muchas bellezas.
llfadrid. - Se han dado funciones en honor de Zorrilla en el
Español y en la Comedia. En Lara se ha estrenado con buen
éxito un gracioso juguete cómico en un acto, El hijo del casero,
de D. Mariano Muzas. El segundo de los conciertos que bajo
la dirección de Mancinelli se dan en el Príncipe Alfonso fué
brillante, como todos los de la Sociedad ele Conciertos de l\1adrid, habiéndose aplaudido muy especialmente Los 1111mmdlos
de la selva y La muerte de /solda, de Wagner, la sinfonia fantástica de Berlioz y una gavota de Echevarría.
Barcelona. Se han estrenado con excelente éxito: en Romea
La mort de Zorrilla, inspirada loa escrita por D. Federico Soler para la función organizada á la memoria del gran poeta; en
Novedades Here,uia de sang, drama en tres actos y en prosa
de D. Felipe Dalmases Gil y D. Arturo Guasch, de argumento
original é interesante, ~obrio de efectos y muy bien escrito; en
el Eldorado La ce11cerrada, zarzuela en un acto, letra de los señores Perrin y Palacios, música del maestro J iménez, y en el
Tívoli El gorro de Fer111!11, zarzuela en un acto, letra de don
José M.• Pons y música de D. Francisco Pérez Cabrero. En el
Circo Barcelonés ha debutado la compañia italiana de opereta
Tani, que hasta ahora ha representado con aplauso Le Ca1:1argo
y Flick e Flock. En el Liceo se ha verificado el ben~fic1~ del
aplaudido barítono Sr. Blanchart, que obtuvo una entusiasta
ovación en Il vasccllo fantasma y en el primer cuadro del acto
cuarto de Un bailo iu 111asdiera.

580

99

LA ILUSTRACI ÓN A RTÍSTICA

asunto para sus producciones de mayor mérito y de verdadero
interés, según la valía del pintor. No debe, pues, sorprender
que el laborioso y discreto artista guipuzcoano Gil Gavilondo
se haya inspirado en un episodio eminentemente dramático
cual es aquel en que por milagro salvó la vida l\lazeppa el het'.
man de los cosacos, que después de haber sen·ido como paje
del rey Juan Casimiro de Polonia, intantó sacudir el yugo del
czar de Rusia, aliándose con Carlos XII, que á excitación suya
libró la batalla de Pultava.
E l gran lienzo que reproducimos revela estudio y da á conocer los alientos ele su autor, siendo uno de los cuadros que niás
llamaban la atención de los visitantes en la Exposición interna,
cionel de Bellas Artes.
La comedia de magia, dibujo de Ford. - Es este
un trabajo de impresión y tan lleno de naiuralidad que parece
obra de fotografía por la verdad con que el artista ha sorpren.
&lt;licio la expresión y las actitudes de esos cuatro personajes que
compendian lo que, al presenciar una comedia de espectáculo
en que el argumento entra por poco y el decorado, atrezzo y de,
más por mucho, sienten los distintos elementos que componen
el público de esta clase de funciones: la alegría del niño por las
bufonadas del gracioso, el interés de la ni11a por la fábula en
que sin duda hay esos amores contrariados que son la base de
todas las comedias de magia, el aburrimiento del abuelo para
quien nada hay ya nuevo, y la curiosidad del elegante que ases,
ta sus anteojos para mejor contemplar las gracias de la actriz ó
las formas más ó menos esculturales ele la bailarina.
El armero, escultura de Emilio Dittler. - Aun
cuando la escultura no ha podido sustraerse á la revolución que
el modernismo ha producido en todas las artes bellas, no faltan
artistas de valía que aún no han olvidado por completo la escue,
la clásica y tienden en punto á idea, si no en los procedimientos, á inspirarse en los grandes modelo5 de la an tigi.iedad. Ejem,
plo de ello es El armero del escultor alemán Dittler, obra en la
cual aparecen armónicamente combinados fa sobriedad y pureza de líneas con cierto carácter modernista que se evidencia en
la ejecución.
El sueño de la inocencia, cuadro de L. Rosenberg. -No hay que analizar mucho este cuadro para com,
prender cuán admirablemente ha expresado el artista la idea en
que se inspirara: basta contemplar esa hermosa cabeza de niño pa·
ra sentir la impresión del plácido descanso que sólo disfruta el infante y que no tarnan en turbar en la vida del hombre los cuida•
dos de la adolescencia primero, los afanes y los pesares de la
edad viril más tarde y el agotamiento de las fuerzas fisicas y de
la energía moral eo la vejez.

La silla de F elipe II en el Escorial, cuadro de
Luis Alvarez ( Exposición nacional de Bellas Artes de 18go~
- Compañero Luis Alvarez de Rosales y Palmaroli, con ellai
partió para Roma á fines de 1857, y desde entonces sólo en determinadas ocasiones y siempre temporalmente ha venido á España. Sus triunfos pueden casi contarse por el número de sus
obras, ya que ha llegado á imponerse por la fuerza en sus crea•
ciones. El s1wJo de Caljmmia, premiado en 1861, La boda di
Paulina Borghese, El sarao, La re.-epción de un cardenal, ú'11
besamanos en 18o4, Stella matutina, indecisión, El se11or ft'tt•
da/ y otras más han obtenirlo señaladas recompensas y figuran
en varios museos ó en las principales colecciones de Europa 1
América.
En La silla de Felipe II &lt;lió á conocer Luis Alvarez sus prodigiosas facultades, puesto que en tal lienzo logró simbolizar la
Necrología. - Han fallecido recientemente:
última época de Felipe II, el difícil período de su reinado
Enrique Chabrillat, libretista y novelista francés.
Luis Goldhann, celebrado dramaturgo alemán, presidente de que la pérdida de la armada invencible inició la serie de los q
la Asociación de escritores y periodistas alemanes de Moravia. después se sucedieron. El artista representó al taciturno monar
Rutherford Ricardo Hayes, presidente que fué de la repúbli- ca sentado en la granitica roca que escogiera para descansar, '1,
desde ella, con el auxilio de un anteojo, examinar, cual si fuera
ca ele los Estados Unidos de 1877 á 1881.
Ana Kemble, famosa actriz inglesa y poetisa que se distinguía desde una atalaya, las obras y el acarreo de materiales para
especialmente en la interpretación de las obras de Shakespeare. construcción del monasterio fundado para conmemorar la vict
l\fr. Blaine, leader del partido republicano en el Senado fe- ría de San Quintin.
Tal es el cuadro de este distinguido pintor, cuyo nombre, por:
deral de los Estados Unidos, campeón intransigente del proteccionismo, secretario de Estado desde 188o basta la última elec- la valía de sus obras, merece respetuosa CO!]sideración.
ción presidencial.
En el salón, cuadro de P. Salinas. - Pertenece esDoña Margarita de Borb6n, hija de los grandes duques ele
Parma, Carlos III y Luisa M. • T eresa de Borb6n, y esposa de te cuadro á un género completamente distinto al del mis
autor, titulado Primavera, que publicamos en el número 544
D. Carlos de Borb6n, pretendiente á la corona de España.
LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA: el de entonces es un himno en,
tonado á la naturaleza; el de ahora es un tributo rendido á 1
refinamientos de la civilización, que no dejan de tener tambi
sus bellezas para el artista. En la obra de Salinas que hoy
..~ . producimos, manifiéstanse éstas en las figuras elegantemente ata
viadas, en los muebles, en los adornos, en todos los detalles,
suma, que actualmente constituyen el encanto de los salon
aristocráticos. T odo lo ha tratado el distinguido pintor españ
con mano maestra, demostrando que si sabe sentir el campo
sus galas, conoce y expresa con igual acierto los atractivos d
gran mundo.

-~.

U,Í!

S an F ran cisco d e Asís, escultura de Manuel

Vista general de Pontevedra, tomada desde San
Margarita, Noroeste de la capital (de fotografia de J. Pri

Fuxá (premiada en la Exposición internacional de Bellas Ar- to). - Cuenta González Zúñiga, en su Historia de Pontevedra
tes de 1892). - Si bien Manuel Fuxá había demostrado, por que cuando el mariscal Ney se dirigía hacia ella con sus tro
medio de sus obras, que es un escultor de grandes alientos, pre- con ánimo de arrasarla por su rebelión, no pudo menos de ex•

ciso es confesar que su última producción supera á cuantas ha
dado forma. El gran apóstol del ascetismo, el ferviente predicador del dominio del espiritu sobre la materia, Francisco ele Asís,
ha cobrado nueva vida, y del informe barro ha podido el artista,
por el esfuerzo de su genialidad, representar la gran figura del
santo, que rebosando su alma de abnegación y misticismo levantó su potente voz en favor del desvalido, atreviéndose á combatir las crueldades del poderoso á la vez que aconsejaba la humildad y la cristiana resignación al desvalido.
La sencilla actitud del apóstol, la inefable expresión de su
rostro demacrado por la predicación y el ascetismo, sus ojos casi
cerrados cual si buscaran la divina luz, su boca entreabierta
dando paso á su arrobadora palabra y sus manos afinnándola
con la acción revelan, además de un gran estudio y de grandes
aptitudes para el cultivo del arte, un caudal de sentimiento, de
mística im:piración.
Justificado es á todas luces el premio concedido por el Jurado de la Exposición de Bellas Artes á la que consideramos como la mejor de las obras producidas por nuestro amigo el distinguido escultor catalán Manuel Fuxa.

M azeppa, cuadro de I sidro G il G avilondo (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). -En leyendas,
tradiciones y hechos históricos han buscado siempre los artistas

clamar al divisarla: «¡Tu belleza me desarma!» Y preciso
confesar que razón sobrada tenla el caudillo francés, ya que
cualquiera de los caminos que á ella conducen no podrá el vía·
jero menos de sorprenderse ante el bello espectáculo que á
vi~~ se presenta. Cobijada por un cielo claro y transparente,
cemda por un cmturón de agua, rodeada de colinas siem
verdes y teniendo por fondo el mar, tal es Pontevedra, la ciu
dad fundada por Tenero, el hijo de Telanión, el griego. Difl
seria relatar en breve espacio las bellezas de la ciudad galle
bastará consignar que cuenta edificios y monumentos de re
nocido mérito artistico y arqueológico, tales como las igles'
de Santa María, San Francisco, Santo Domingo, etc., y que
la belleza de su suelo reune el atractivo del bondadoso caráct
de sus habitantes, laboriosos, sobrios y hospitalarios como t
el pueblo gallego.
................, ...••..,......, .•, .••, ••, ••.••., ......,.......................,... ,•.¡,,,,,.,,.•••. ,.••.,.,,,,..., ••,.•.,..,•••• ,.,

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais, adoptado en los Hospilales de Paris y que prescriben los
medicos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad; dando
á la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el mejor de todos los tón icos
y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni &lt;11ar•
rea, teniendo además la superioridad sobre todos Jos
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

Si, hu hiera usted ido á introducir la perturbación en medio de la alegría!

CARGO DE CONCIENCIA
POR J UANA M AI RET, CON PRECIOSAS ILUSTRACIONES DE

A.

MOREAU

(CONTINUACIÓN)

- J?éjele .usted estar,, ~eñor cura, dijo la tía Aurelia; le sienta muy bien y
ademas es ligero y portátil como el pecado veriial.
'
-: Pues bien, señor cura; yo tengo una amiga, no muy devota se ún creo
- ¡~um, pecado venial, pecado venial!.. Cuidado, señora Despois no olvide se Sirve de las casullas viejas y de los venerables ornamentos de iglesia d~ 1ue
que q~ien no tem~ el pecado venial incurre fácilmente en el mortaÍ. Con fre- cu~le,s :crt~ las magníficas flores y arabescos para aplicarlos sobr/seda 'ó felp~s
cuencia no hay mas que un paso desde una parroquia á otra.
ro edan, 0 os espués de ~ordados fantásticos algo semejantes á los míos ¿Llam'
uste
a esto pecado vemal?
.. ·
a
fi .- Puesto que hablamos de asuntos tan graves, repuso la tía, me alegraría inmtdo que me aclarase usted una duda. Usted tiene la bondad de admirar mis d t- ¡S~crileto, ;verdade~o sacrilegio, mi buena señora Despois! En cuanto á
b or ados...
e ermmar esde luego s1 tenemos aquí un pecado mortal 6 venial ne ·t ,
. - E~ cua~to á eso, señora, sus manos son de hada. Me ha dado usted ara p~ral.ebsto cdonsult~r,. meditar, pues no recuerdo haber hallado est; e1•e:ps;oª:~
mi reclmatono un almohadón que es una maravilla, pero demasiado hemfoso mis 1 ros e casu1st1ca.
para que yo ose apoyar en él mis viejas rodillas.
- Pues bien, señor cura; yo me inclino al pecado venial, ligero y portátil.

�100

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMElW

580
N úMERO

nunc:t asaz frecuentes ni prolongadas para que su hermana viese en él un pretendiente á su mano.
Roberto de Ancel, por su parte, no pudo facilitar ningún dato de interés para
la instrucción del sumario; y cada vez que se le interrogaba sobre el asunto parecía irritado é inquieto, enojándole sobre todo, á causa de su antigua intimidad
con la víctima, verse mezclado en aquella lúgubre historia. Un sirviente de la
señora Robinsón declaró que en el momento de ir á buscar los restos del almuerzo en la «Fuente de Virginia» había oído voces como de un altercado entre
el barón de Anee) y el capitán: interrogado Roberto sobre este punto, confesó
que, en efecto, había habido un principio de discusión; pero tan poco formal
que dió cita al capitán para el viernes ó el sábado siguiente en Trouville. Esto fué
conftrmado por un conocido de Bertrand á quien éste había dicho algo sobre
el particular. Por otra parte, en el joven oficial, de carácter basfante violento y
quisquilloso, era tal la costumbre de dar voces y hablar alto, que se acabó por no
dar importancia á sus disputas ni á los conatos de tales.
Después la información languideció. El hermano del capitán se había presentado á reclamar el cuerpo, y heredó la parte de fortuna de su hermano, muy
modesta. Los diarios dejaron de hablar muy pronto del asunto, y á todos pareció evidente que algún merodeador se había aprovechado de la completa soledad del sitio para asesinar y robar al oficial, quedándole luego tiempo suficiente para desaparecer. El asunto pareció destinado á caer en el olvido más absoluto; y por lo demás, pocas víctimas fueron menos lloradas que J orge Bertrand,
huérfano desde su infancia é indispuesto con los pocos parientes que le quedaban.
La señora de Anee! hizo una visita al castillo, y excusó á su hijo por no haber
ido ni una sola vez, diciendo que parecía haberse entregado de nuevo al trabajo
con mucho afán y que solía estar retraído y muy sombrío. Marta no contestó
nada; pero Edmunda, muy resentida, y extrañando sobre todo que le fuese posible vivir sin verla, tomó cierto aire digno que llamó mucho la atención á la señora de Anee!. Hubiérase dicho que Edmunda era la prometida y la que tenía
derecho de incomodarse con su hijo ...
Al fin volvió súuitamente el buen tiempo, más radiante que nunca, con el sol
abrasador del mes de agosto, cuyos ardientes rayos se reflejaban en el verde
sombrío del bosque, madurando los albérchigos á la simple vista y creciendo
las uvas, verdes aún.
Cierta mañar.:t, Edmunda, que había tomado á empeño alegrar el antiguo
salón, un poco austero, con grandes ramos de flores, fué á buscar algunas ramas
de serbal cargadas de baps de color rojo vivo, atocha de la que cubría entonces
los declives·, helechos y digitales. Las rosas del jardín apenas bastaban para adornar los enormes ramos que EJmunda se complacía en poner muy á menudo en
los vasos.
Aquel día estaba muy contenta sin saber por qué; tal vez porque era agradable vivir bajo aquel hermoso cielo, de un azul algo obscuro, y aspirar las fuc:tes
emanaciones de las plantas humedecidas aún por las lluvias de los tíltimos días
y brillantes ahora bajo los ardores del sol. Con la falda recogida y el gran sombrero de paja caído sobre las espaldas, Edmunda se aventuraba atrevidamente
por_el tallar, con su hoz en la mano, en busca de alguna rama de serbal que estuviese muy cargada de bayas de vivos colores, y mientras hacía su cosecha,
cantaba á voz en cuello, con su fresca y bien modulada voz. Marta carecía de
ella, y la música alemana, á que se había dedicado con preferencia, molestab:t mucho la pequeña parisiense. La hermana mayor, por el contrario, hacía can tar
á Edmunda y escuchábala con deleite aunque la elección de sus piezas musicales
le pareciera algo ortodoxa. Edmunda recordaba ciertas canciones que había
aprendido de su prima, la cómica, y á veces las entonaba con mucha gracia,
tanto que la tía Aurelia se desternillaba de risa al oirla, al paso que Marta, muy
escandalizada, ponía una mano sobre la boca de la cantante.
Pero aquella hermosa mañana, con aquel sol tan hermoso, no era una copla
de café-concierto lo que se oía en el aire puro, sino una romanza de .Afireille,
que era muy en particular del gusto de Edmunda. De pronto detúvose la joven
comprendiendo que la miraban; volvióse con viveza, y vió en el camino, junto á
ella, á Roberto que la escuchaba y miraba, sin saher cuál de estas dos cosas le
gustaba más. Edmunda se ruborizó hasta los ojos, enojada de que la viesen así
en traje matinal, con la falda recogida y el cabello enredado. Tenía mucho gusto
para el tocador, y parecíale que cuanto más se engalanaba más linda era. A decir verdad, jamás había estado tan adorable como en aquel momento, ruborizada, con los brazos cargados de su cosecha de ramos y con el cabello formando una aureola, iluminada en parte por un rayo de sol.
- Eso es sorprender á las personas á traición, dijo Edmunda haciendo un liIX
gero mohín, borrado muy pronto por una sonrisa.
- ¿Por qué?, preguntó R oberto. ¿Porque no es la hora reglamentaria de las
El mal tiel"!1Pº duró cerca de dos semanas, con raras intermitencias, y Ed- visitas? Aquí no estamos en París, sino en el campo, y mi vecina Marta no se
munda persistió e n sus bu~nas relaciones de una manera admirable, aplicándose enojó nunca cuando la sorprendí en traje de mañana, si bien es verdad que
~n el b_ordado como una mña muy juiciosa. La señora Despois le enseñó á jugar Marta no tiene nada de coqueta.
- Lo cual la perjudica, repuso Edmunda con gravedad mientras seguía cora los cientos, revelan~o en esto instintos de juventud, y hasta la entretuvo un
po~o _co~ la lectura; pero los lil;&gt;ros no eran muy de su agrado. Su buen humor tando ramas á derecha é izquierda.
- Creo, á fe mía, que usted tiene razón, señorita Edmunda, y que las mujeres
res1st1ó a la lluvia y á los días largos y fríos; mas por la noche le sobrecogía muy
pronto el sueño y acostábase temprano.
sencillas y sinceras rara vez son apreciadas como deberían serlo.
Estas palabras fueron dichas con una especie de amargura y de arrebato que
~n Marta influyó más_ la lluvia; no _p~día estar quieta en ninguna parte; trabapba_ mucho como muJer casera, fatigabase cuanto era posible y después per- extrañó mucho á Edmunda, y como Roberto lo observase, añadió:
- ¿Me permitirá usted ayudarla, señorita? Diríase que se ha propuesto des·
mancc_ia horas enteras aparentando leer y sin dar vuelta á una sola hoja del libro. Sm embarg_o, I_a t~rnura que manifestaba á su hermana parecía más bien montar todo el bosque, y el trabajo es tal vez un poco duro para tan pequeñas
aumentar que d1sm111uir, y tomaba un carácter apasionado que extrañó mucho manos.
á la tía Aurelia.
'
- Hace ya algunos minutos que espero sus ofrecimientos, dijo Edmunda.
. Los rumores del exterior llegaban hasta las castellanas en medio de su reclu- Tome usted, añad ió, llenando de ramas los brazos del joven.
~1ón forz?sa. E n t?do el país no se hablaba más que del misterioso crimen, y la
- ¿No hay bastante aún?
- Sí tal; ya me disponía á regresará casa. En el camino encontraremos aún
111for11_1ac1ón practicada no produjo ningún resultado; algunos vagabundos fueron
?etemdos, n~as fué necesario ponerlos en libertad por falta de pruebas. Después digitales y algunos claveles silvestres para variar los tonos de mis ramos. Me pa·
mterrogóse a todas las personas que habían conocido algo íntimamente al capi- rece que todavía no está usted bastante cargado.
tán, Y hasta la~ señoritas de Levasseur hubieron de sufrir un interrogatorio.
-¡Muchas gracias! ¿Me condena usted á tan duros trabajos como expiación
Pretendíase abiertamente que el malogrado joven estaba locamente enamorado ele alguna falta? ¿Qué crimen he cometido?
de la menor y que decía á cuan tos querían escucharle que se casaría con ella á
Las movibles facciones de Edmunda cambiaron otra vez de expresión, y fijó
pesar d~ to~as las resistencias. Marta contestó por Edmunda, muy intimidada en su compañero una mirada de enojo, exclamando:
~l ver disc~t1das así públicamente sus coqueterías, que el capitán Bertrand había
- ¡Bien lo sabe usted!
ido_ al castillo c~n el ~ismo título que otros muchos convidados; que si había
- No, señorita, le aseguro á usted que no.
temdo algunas 1~tenc10nes para el porvenir, no hahía hecho por lo menos de- ¿No es un cri men faltará la palabra dada? ¿No es un crimen hacerse espc·
manda alguna 111 la menor declaración, y que sus visitas al castillo no fueron rar inútilmente? ¿No es un crimen no venir al punto á pedir humildemente per•

-· En suma, señora, ¿dónde encuentra usted esas antiguallas que introduce en
sus magníficos corti najes y colgaduras?
- ¡Hum!.. Rebusco en París las tiendas de los prenderos, donde á veces se
encuentran los magníficos brocados que nuestras abuelas llevaban á los bailes
de la corte, y también otras telas...
- ¡Ese París ... , exclamó el cura, allí se encuentra todo, absolutamente todo!
- Como quiera que sea, murmuró la tía, siento que no se arrodille usted en
mi almohadón, pues seguramente le santificaría, con lo cual volvería á su primer
destino...
El cura no oyó estas últimas palabras, porque Marta entraba, llevando el vino
caliente que ella misma había preparado y que humeaba de una manera muy
apetitosa.
.
- Permítame usted enviar á decir á Francisca, señor cura, que hoy comerá
usted con nosotras; ya no llueve, pero los caminos estan muy malos.
- ¡Oh, querida hija, esto sí que fuera exponerme á una reprensión! Los años
no hacen mella en la viveza de esa excelente mujer; muy por el contrario, tiene
una facilidad en el decir que muy á menudo la envidio cuando se trata de pro·
nunciar un buen sermón; y me censuraría por preferir la comida de vigilia del
castillo á la sopa de col que tiene preparada para mí. Además de esto, Francisca es muy curiosa, y le he prometido todos los detalles que yo recogiera respecto
al asesinato de ese desgraciado joven.
- ¿Qué asesinato?, preguntaron á la vez las tres mujeres.
- ¡Cómo! ¿No saben ustedes?.,
- No, nada sabemos.
- ¡Toma, toma!.. Esta mañana, á primera hora, se ha encontrado en el bosq~e, e n la bifurcación del sendero que baja por un lado á la (Fuente de Virgima,» desembocando por el otro á la carretera de Pennedepie, el cadáver de un
joven oficial, un tal Bertón ó Bertrand, muerto de un tiro de revólver. El crimen
se cometió ayer por la tarde, pues el caballo fué hallado por unos campesinos
que,le reconocieron y llevaron á Trouville, de donde, según parece, el joven sahó a eso d~ las dos ... ¿Le conocían ustedes?, preguntó el cura, al observar la
consternación de sus amigas.
- Sí, murmuró Marta, sí, había venido á vernos con bastante frecuencia, y
nos fué presentado por Roberto de Ancel.
- Eso es. Apenas se hubo probado la muerte, el juzgado se presentó en casa
del Sr. de Anee!, que había salido á pesar del mal tiempo; pero volvió antes
de marcharse aquellos señores. El joven Roberto estaba muy conmovido, y parece que tenía una cita con su amigo en Trouville para hoy ó mañana; pero la
te~pestad le r_etrajo de asistir. Dió las señas de un hermano del capitán, t\nico
pariente del difunto que él conoce y que hace años estaba indispuesto con él.
Edmunda, que se había dejado caer en una silla, pálida y temblorosa, murmuró:
- ¡Y yo que le esperaba y estaba resentida porque había faltado á su promes:i! ..
- ¿De quién se sospecha?, preguntó Marta.
- ¡Diantre! T odos se pierden en conjeturas, pero tal vez el sumario arrojará
alguna luz sobre el asunto. El sitio estaba muy solitario y el cadáver ha quedado
durante toda la tarde y la noche en el sendero donde cayó; de modo que el
n:iaihechor habrá tenido tiempo de huir después de robar á su víctima; los bols1}los estaban vacíos, reconociéndose que habían sido registrados para sacar el
dme_ro; pero ~1asesino dejó el reloj y también una sortija, porque estos objetos
l;ub1eran po?1do denunciarle. Estén seguras de que ahora se halla muy lejos.
i fa~ tranqm!o 9ue era nuestro país!.. Ahora tendrá mala reputación y los extranJeros v_acilaran antes de alqu ilar una qu inta ... ¿Por qué no se ha de ir por la
carretera siendo tan sencillo? En los caminos, por lo menos se tiene la segurid~d de no morir asesinado y de no ocasionar molestias á muchas personas pacificas.
Marta no pudo menos de sonreir, á pesar de la impresión que en ella producía este lúgubre accidente.
- El ca~itán, dijo, despreciaba altamente los caminos y siempre iba por las
alturas cubiertas de bosque; algunas veces se perdía; pero gracias á su instinto
topográfi~o, acababa por encontrar el camino. Era un hombre violento y ha
muerto v10lentamente ... ¡Desgraciado joven!
- if\Y de mí!, exclamó el buen sacerdote. ¡Una muerte repentim, sin prepararse piadosamente, es cosa muy triste! Dícese que la muerte debió ser instantánea, y que el miserable, sea quien fuere, había apuntado bien.

a

580

LA

IOI

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dón?.. En tal caso no entiendo una palabra. ¿Sabe usted que hace muy cerca de
dos semanas que no nos ha hecho ninguna visita?..
Luis XIV no hubiera dicho de otro modo la famosa frase «He pensado esperar. .. » Pero Roberto no sonrió, y súbitamente pareció triste y preocupado.
- No me fué posible, repuso al fin, haciendo un esfuerzo, ir á casa de la señorita Robinsón, y después me impidió pensar en nada el doloroso accidente
que usted conoce. Además, añadió en voz más baja, yo creía que la muerte súbita de Bertrand sería para usted motivo de profunda tristeza· mas hace · poco,
al oírla cantar, me tranquilicé sobre este punto.
'
Edmunda reconoció en la voz de Roberto una extrañeza que parecía indicar
una censura; ruborizóse, y se detuvo bruscamente.
- Expliquémonos ahora mismo, Sr. de Anee!, dijo. Si no entiendo mal, usted
me vitupera por haberme mostrado algo indiferente ante ese de5graciado suceso,
que en su opinión de usted debía interesarme de cerca ...
- Dispense usted, señorita. Bertrand estaba locamente enamorado de usted;
y á mi me había parecido ... creí ver ... que ese amor no era para usted indiferente ...
- O de otro modo, repuso Edmunda, que yo estaba enamorada del galante capitán y que pensaba casarme con él.
- Así lo temía.
- Nada de eso. ¡Ah! Bien veo que usted me vitupera. Su frase sobre las mujeres que no son coquetas se dirigía contra mí, y no se necesitaba mucha malicia
para adivinarlo. Ahora consentiré en disculparme una vez para siempre. Es muy
cierto que.necesito admiración: cuando el mozo del jardinero se vuelve para mirarme, olvidando su azada ó su rastrillo, me siento complacida, y convengo en
que los elogios del capitán Bertrand no me eran en modo alguno desagradables;
mas no creía en esa gran pasión de que usted habla. Le agradé y pudo entrever
un casamiento g.ue hubiera sido más ventajoso para él que para mí; mas apenas
hube comprendido que la cosa iba demasiado lejos y que el capricho del señor
Bertrand tomaba un carácter de violencia, adopté al punto mi partido. Pensaba
rogar á ~i hermana que no le recibiese más; pero no ha sido necesario apelar á
esta medida, como usted sabe. La muerte de ese desgraciado joven ha producido
en mí, como en los demás, una conmoción nerviosa y una compasión mezclada
de horror, pero no otra cosa.
Sigui~se u~a pausa: Roberto respiró con fuerza y andaba con la cabeza más
alta, casi radiante de alegría. Edmunda, admirada de este cambio, exclamó á pesar suyo:
- Usted... ¿estaba usted acaso celoso?
Y como confusa por lo que había dicho, la joven prosiguió su marcha, mirando las puntas de sus zapatitos.
- Sí, murmuró Roberto, sí, estaba celoso. Era un absurdo, ¿no es verdad?
¿Con qué derecho podía estarlo?.. ¿Lo sé yo acaso, ni me atrevo siquiera á preguntármelo? Lo que puedo asegurar es que sufría, es que acabo de atravesar por
un pe~í?do muy triste, durante el cual todo el mundo me era indiferente, excepto
una v1s1ón que yo trataba de alejar y que sin cesar volvía.
. ~ vo~ de Roberto temblaba. Durante su reclusión voluntaria parecióle haber
VIVldo anos enteros; acusándose de locura y casi de deslealtad, habíase esforzado
para olv~dar á la joven que le encantaba; pero no le fué posible. Conocía mejor
que nadie todas las razones que se oponían á un matrimonio semejante: si Marta
parecía haber nacido para ser la mujer de un trabajador, de un hombre formal,
a~ante ?e la so)edad y del aislamiento, Edmunda, por el contrario, parecía exigir el luJo, el rmdo, la sociedad, todas las cosas, en fin, que él odiaba. Y todo
esto no tenía ahora importancia alguna para él, ni existía siquiera; estaba domi•
n~do por aquella locura que de vez en cuando se apodera de los hombres estudiosos que pasaron su juventud con los libros más bien que con las mujeres.
No sabía más que una cosa, esto es, que aquella joven era adorable, que estaba
locam~nte enamorado de ella... Y en el torbellino de esta insensata pasión, la
? ulce imagen de Marta no era ya sino una visión lejana, apenas visible y hasta
1m~ortuna. Durante aquellos días solitarios en que luchaba contra sí mismo, su
pas1? n había progresado probablemente mucho más que si hubiera proseguido
su vida normal.
~~munda, avanzando siempre á paso muy corto, parecía escuchar todavía con
delicia aquellas palabras que acababa de pronunciar Roberto, y al fin murmuró
dulcemente como en un suspiro:
- ¡Qué felicidad!
Roberto dejó ~aer las fl~res q~e llevaba, y temblando de emoción y cogiendo
las manos de la Joven, obhgóla a mirarle.
- ¿Es cierto, es cierto?.. ¿Ha dicho usted qué felicidad?
- Sí.
-¿Y no_ la ofende á ust~d que yo la ame? ¿Y no la amedrento yo, que soy tan
P?COprop10 para agradar a una mujer como usted, para quien la alegría y la
dicha perpetuas ~on tan necesarias como para las flores el sol?.. Usted no sabe,
Edmunda,. cuán imperfecto soy y cuán soñador... Al ver á usted renació en mí
por vez pnmera _la alegría y el amor á la vida... Comprendo que digo cosas incoherentes... y sm duda le parezco á usted un amante triste... Pero no es posib,le_ que usted me ame. ¡Tengo tan poco que ofrecer á usted, á quien sería tan
fac!l ser duquesa ó princesa si lo quisiese! Por dondequiera que vaya será adorada, porque ha nacido soberana de la hermosura. Déjeme usted oir su voz...
P ?rque no estoy seguro de que esto no sea un sueño. Hable usted, yo se lo sup1ICO...
- Amo á usted...
- ¿Es posible? ¡Ah, qué dicha!..
. -:- De~de la primera hora me agradó usted, y algunos días después resolví en
1111 mtenor s~r su esposa. ¿Cómo no lo adivinó usted al instante? Al parecer no
l? comprend1~ usted, pues hablaba con Marta más que conmigo, aunque al mismo
~emp~ me miraba. Si yo he sido algo más coqueta de lo necesario con ese pore seno'. Bertrand, es porque le quería á usted celoso... Ya ve usted que no me
h ago meior de lo que soy...
·
- Usted es usted, y esto basta. ¿Quién podría ser tan insensato que exigiese
otra cosa?
d El pasa~o. no existía ya para Roberto. Olvidaba que poco antes había esperao una felicidad tranquila junto á la hermana mayor; pero después de todo
¿~or q?é hab~a de tener remordimientos? Si era libre de unirse con aquella deli:
f-~sa Joven, a Marta lo debía, pues ella lo había querido así, devolviéndole su
i ertad de tal modo que no tuvo más remedio que inclinarse ante su voluntad
¿Debía llevar siempre luto por no haberse efectuado un enlace que él aceptab¡

por razón y aun por deber? ¡Vamos, nada de eso! Tenía derecho á la felicidad,
á la vida, y Marta era quien le había dado este derecho.
Desde la ventana de su gabinete, Marta vió de pronto aparecer á Roberto
cargado de ramas y de flores, inclinado hacia su hermana y hablándole con
animación, mientras Edmunda, siempre tan habladora, guardaba silencio entonces y alldaba despacio, mirando al suelo. Una vez levantó su lindo rostro para
sonreír al joven, y Marta observó en él una expresión que antes nunca había
notado.
La desgraciada no pudo reprimir un grito sordo, inclinóse para ver mejor y
después murmuró:
- ¡Ya!.. ¡Ah, no hubiera creído sufrir tan cruelmente!
X

Marta dió pruebas de valor; mostróse estoica y hasta risueña, si bien es verdad que en la ruidosa alegría ocasionada por aquellos desposorios, que fueron el
acontecimiento de aquella estación veraniega, la hermana mayor quedó algo
eclipsada. Aunque hubiese dejado ver parte de la profunda tristeza que la dominaba, nadie lo habría notado.
La hermana mayor esperaba una explosión de quejas por parte de su antigua
amiga la señora de Anee!, y creía sobre todo que Roberto se vería muy apurado
en su situación; pero nada de esto sucedió. El amor es un sentimiento tan violentamente egoísta, que no ve ni quiere ver nada que no sea él mismo. Parecía
que aquel desenlace estaba previsto hacía largo tiempo, que era inevitable; todo
el pasado caía en el olvido, era relegado á la categoría de hechos consumados,
era una cosa muerta, que no se quería recordar.
En cuanto á la señora de Anee!, aunque amaba mucho á su joven vecina, no
había pensado, naturalmente, más que en la felicidad de su hijo, y para obtenerla necesitábase ahora un matrimonio que no era el que ella había deseado: suspiró al ver desvanecidas sus ilusiones, sonrió ante las nacientes, y á esto se redujo todo. Desde su primera juventud Marta había manifestado repugnancia al
matrimonio; y si un momento pensó en vencerla, este momento había pasado
ya. Decididamente, su vocación al celibato se anteponía á todo, y nada se podía
hacer. Roberto no era hombre para querer una mujer que se sustraía á todo intento amoroso.
Por otra parte, ya era tiempo de que se casara. Edmunda, lo mismo que su
hermana, sería un excelente partido; era un poco joven y algo loca, y su origen
daba qué pensar; pero después de todo, se había separado completamente de la
familia de su madre. Con los años y la maternidad se calmaría al fin, sin que de
su exuberancia quedase más que la viveza y de su coquetería el deseo natural
de agradar. La vida de su hijo sería más alegre, gracias á la hermosa niña, y
Edmunda, orgullosa de su esposo, se guardaría bien de entorpecerle mucho en
su carrera. Muy lejos de esto, sabría ayudarle, mostrándose ambiciosa por los
dos. Roberto_ no era más que un soñador; trabajaba por la alegría de trabajar;
pero una muJer encantadora, obsequiada, que sabe recibir bien y que tiepe á la
vista un objeto determinado, puede mucho para favorecer á su esposo ... Y la
b~ena ~eñora de Anee! entrevió vagamente la cúpula del Instituto... Además,
bien Il!rrado, el hombre no busca en su mujer un compañero de trabajo; ella le
da su Juventud, su belleza, su encanto, y llena así sus funciones de esposa. La
gravedad natural de Roberto parecía reclamar la alegría, la frescura, la juventud
exuberante de Edmunda; Marta sabía sonreír, y muy dulcemente, pero no tenía
costumbre ~e hacerlo. Y de este ~od_o, el e~oísmo maternal después del egoísmo
del amor cmdábase poco del sacnfic10 realizado sin frases y silenciosamente.
~in embarg?., cu~~1do la baronesa volvió á ver á Marta, después de los desposorios de su hiJo, diJole con un tono de dulce reprensión:
- ¡Ah, Marta, Yº, esperaba, sin embar~o, otra cosa, y no me explico que no
haya usted amado a R oberto! En fin, bien ve que no todas las jóvenes hacen
ascos al matrimonio como usted.. .
Marta no contestó y su antigua amiga le habló acto contiruJo con efusión dü
su «encanta~ora ~ermanita.» Estaba en la luna de miel de las suegras, la que precede al matnmomo.
La señora Despois no se sorprendió lo más mínimo cuando recibió la noticia
y en cambio quedó muy satisfecha de aquel arreglo, que volvía á dejar las cosa~
tal como estaban antes de la llegada de la «intrusa.» La alegría de verse libre de
Edmunda bastó para que se mostrara excesivamente amable y se dispuso á
ofre~er sus más hermosos bordados como regalo de boda. Cuando consultó á la
novia sobre el color de la seda que prefería para el cortinaje de su gabinete
Edmunda la miró con malicia.
'
- ¿~e muestra usted tan generosa para recompensarme por mi marcha, tía
Aureha?, preguntó. Note usted que desde mi desposorio me permite llamarla así·
un poco más y te?drá u?ted ~n mí una verdadera sobrina. Esto será para el dí¡
después del de 1111 matnmomo. ¿No es cierto?
Y como _Edmunda soltase la carcajada, la señora Despois tomó el partido de
hacer lo mismo.
Edmunda trataba de mostrarse para con su hermana más cariñosa y zalamera
que _antes,_per? notábase en ella u~a ligera diferencia; ya no se hacía tan peq~ena y_mna a su l~do, y pensaba sm duda que su dignidad de novia la enaltec1a, pomén_dola al mvel ?e ~arta. H ~blaba sosegadamente, casi como mujer casada que tiene _alguna c1e~cia de la vida y que ve el lado práctico de las cosas.
Despu~s del pnmer entusiasmo, cuando se hubo acostum brado un poco á la
adoración ~e Roberto y á sus mur.mullos de_ amor, se ~epuso muy pronto y ocupóse de mil cosas que Marta hubiera descmdado en situación análoga.
- Ya comprenderás, Marta, dijo un día, que hace dos años he debido informarme del_ estado d: mi fortun~; y mi tutor, hombre desagradable, pero honrad_o, ha _temdo empeno en explicármelo todo. Mi esposo y yo tendremos unos
cien !1111 francos al año: lo cual es una bonita renta. Roberto me agradó desde
la primera vez que le v1; después, aparentando indiferencia, hice hablar de él á
los que le conocían, y por este medio he sabido que es hombre de costumbres
muy ordenadas Y que me:ece el aprecio de todos. Por lo demás, el afecto que le
profesas e:a ~ara mí sufic1e:1te garantía. Me ha sido preciso arreglar mis asunto~ P?r _m1 ~usma... ,T ú conoces el_ mundo mu_c ho menos que yo, á pesar de tus
vemtiséis a_nos, Y asi he comprendido en segmda que necesitaría casarme lo más
pronto po~1ble y es_tablecerme. Sé que eres una hermana como hay pocas; pero
al fin hubieras podido cansarte de mí. .. ¿no es cierto?
- ¡Jamás, Edmunda, jamás!
(Continuará)

�LA ILUSTl{ACIÓN ARTÍSTICA

100

N úMEH0 580

nunca asaz frecuentes ni prolongadas para que su hermana viese en él un pretendiente á su mano.
~oberto_ de Anee!,
su parte, no pudo facilitar ningún dato de interés para
la ms!ru.cción d~l su_mano; y cada vez que se le interrogaba sobre el asunto parecía 1rnta?o é mquieto, enojándole sobre todo, á causa de su antigua intimidad
con la víctima, verse mezclado en aquella ]úaubre historia. Un sirviente de la
señora Robinsón declaró que en el momeito de ir á buscar los restos del almuerzo en la «Fuente de Virginia)) había oído voces como de un altercado entre
el barón de Anee! y el capitán: interrogado Roberto sobre este punto, confesó
que, ~n e~ecto, ha~ía habido un principio de discusión; pero tan poco formal,
que dió cita al capitán para el viernes ó el sábado siguiente en Trouville. Esto fué
conrm:1ado por un conocido de Bertrand á quien éste había dicho algo sobre
el part~cular. Por otra parte, en el joven oficial, de carácter bastante violento y
qmsquilloso, era tal la costumbre de dar voces y hablar alto que se acabó por no
dar importancia á sus disputas ni á los conatos de tales. '
Después la información languideció. El hermano del capitán se había presentado á reclamar el cuerpo, y heredó la parte de fortuna de su hermano, muy
n~ode~ta. Los diarios dejaron de hablar muy pronto del asunto, y á todos pareció evidente que algún merodeador se había aprovechado de la completa soledad del sitio para asesinar y robar al oficial, quedándole luego tiempo suficiente para desaparecer. El asunto pareció destinado á caer en el olvido más absoluto; y por lo demás, pocas víctimas fueron menos lloradas que Jorge Bertrand,
huérfano desde su infancia é indispuesto con los pocos parientes que le quedaban.
. La _señora de Anee!_ hizo una visita al castillo, y excusó á su hijo por no haber
ido m una sola vez, diciendo que parecía haberse entregado de nuevo al trabajo
con mucho afán y que solía estar retraído y muy sombrío. Marta no contestó
nada¡ per~ Edmunda, muy resentida, y extrañando sobre todo que le fuese posible vivtr sm verla, tomó cierto aire digno que llamó mucho la atención á la señora de Anee!. Hubiérase dicho que Edmunda era la prometida y la que tenía
derecho de incomodarse con su hijo ...
Al fin volvió súuitamente el buen tiempo, más radiante que nunca, con el sol
abrasador del mes de agosto, cuyos ardientes rayos se reflejaban en el verde
sombrío del bosque, madurando los albérchigos á la simple vista y creciendo
las uvas, verdes aún.
Cierta mañar.a, Edmunda, que había tomado á empeño alegrar el antiguo
salón, un poco austero, con grandes ramos de flores, fué á buscar algunas ramas
de serbal cargadas de bayas de color rojo vivo, atocha de la que cubría entonces
los declives, helechos y digit:i.les. Las rosas del jardín apenas bastaban para adornar los enormes ramos que E&lt;lmunda se complacía en poner muy á menudo en
los vasos.
Aqu~l dí~ estaba muy contei_1ta sin saber por qué; tal vez porque era agradable viv1~ baJO aquel hermoso cielo, de un azul algo obscuro, y aspirar las fuertes
emanac10nes de las plantas humedecidas aún por las lluvias de los últimos &lt;lías
y brillantes ahora bajo los ardores del sol. Con la falda recogida y el gran sombrero de paja caído sobre las espaldas, Edmunda se aventuraba atrevidamente
por_ el tallar, con su hoz en la mano, en busca de alguna rama de serbal que estuviese muy cargada de bayas de vivos colores, y mientras hacía su cosecha,
cantaba á voz en cuello, con su fresca y bien modulada voz. Marta carecía de
ella, y la música alemana, á que se había dedicado con preferencia, molestaba mucho á la pequeña parisiense. La hermana mayor, por el contrario, hacía cantar
á Edmunda y escuchábala con deleite aunque la elección de sus piezas musicales
le pareciera algo ortodoxa. Edmunda recordaba ciertas canciones que había
aprendido de su prima, la cómica, y á veces las entonaba con mucha gracia,
tanto qu~ la tía Aurelia se desternillaba de risa al oirla, al paso que Marta, muy
escandalizada, ponía una mano sobre la boca de la cantante.
Pero aquella hermosa mañana, con aquel sol tan hermoso, no era una copla
de café-concierto lo que se oía en el aire puro, sino una romanza de .Afireille,
que era muy en particular del gusto de Edmunda. De pronto detúvose la joven
comprendiendo que la miraban; volvióse con viveza, y vió en el camino, junto á
ella, á Roberto que la escuchaba y miraba, sin saber cuál de estas dos cosas le
gustaba más. Edmunda se ruborizó hasta los ojos, enojada de que la viesen así
en traje matinal, con la falda recogida y el cabello enredado. Tenía mucho gusto
para el tocador, y parecíale que cuanto más se engalanaba más linda era. A decir verdad, jamás había estado tan adorable como en aquel momento, ruborizada, con los brazos cargados de su cosecha de ramos y con el cabello formando una aureola, iluminada en parte por un rayo de sol.
- Eso es sorprender á las personas á traición, dijo Edmunda haciendo un liIX
gero mohín, borrado muy pronto por una sonrisa.
- ¿Por qué?, preguntó Roberto. ¿Porque no es la hora reglamentaria de las
El mal t!ei:npo duró cerca de dos semanas, con raras intermitencias, y Ed- visitas? Aquí no estamos en París, sino en el campo, y mi vecina Marta no se
mun da persistió en sus buenas relaciones de una manera admi rable, aplicándose enojó nunca cuando la sorprendí en traje de mañana, si bien es verdad que
en el b_ordado como una niña muy juiciosa. La señora Despois le enseñó á jugar Marta no tiene nada de coqueta.
- Lo cual la perjudica, repuso Edmunda con gravedad mientras seguía corá los cientos, revelando en esto instintos de juventud, y hasta la entretuvo un
po~o _co~ la lect~ra; péro los libros no eran · muy de su agrado. Su buen humor tando ramas á derecha é izquierda.
- Creo, á fe mía, que usted tiene razón, señorita Edmunda, y que las mujeres
resistió a la lluvia y á los días largos y fríos; mas por la noche le sobrecogía muy
sencillas y sinceras rara vez son apreciadas como deberían serlo.
pronto el sueño y acostábase temprano.
Estas palabras fueron dichas con una especie de amargura y de arrebato que
~n Marta influyó más la lluvia; no podía estar quieta en ninguna parte· traba¡aba, mucho como mujer casera, fatigábase cuanto era posible y después' per- extrañó mucho á Edmunda, y como Roberto lo observase, añadió:
- ¿Me permitirá usted ayudarla, señorita? Diríase que se ha propuesto desmanec_ia horas enteras aparentando leer y sin dar vuelta á una sola hoja del Ji.
bro. Sm embargo, la ternura que manifestaba á su hermana parecía más bien montar todo el bosque, y el trabajo es tal vez un poco duro para tan pequeñas
aumentar que disminuir, y tomaba un carácter apasionado que extrañó mucho manos.
á la tía Aurelia.
'
- Hace ya algunos minutos que espero sus ofrecimientos, dijo Edmunda.
. Los rumores del exterior llegaban hasta las castellanas en medio de su reclu- Tome usted, añadió, llenando de ramas los brazos del joven.
- ¿No hay bastante aún?
~1ón forz?sa. En t?do el país no se hablaba más que del misterioso crimen, y la
- Sí tal; ya me disponía á regresar á casa. En el camino encontraremos aún
mforn:iac1ón practicada no produjo ningún resultado; algunos vagabundos fueron
~etemdos, ~as fué necesario ponerlos en libertad por falta de pruebas. Después digitales y algunos claveles silvestres para variar los tonos de mis ramos. Me pamrerrogóse a todas las personas que habían conocido algo íntimamente al capi- rece que todavía no está usted bastante cargado.
- ¡Muchas gracias! ¿Me condena usted á tan duros trabajos como expiación
tán, Y hasta las señoritas de Levasseur hubieron de sufrir un interroaatorio.
Pretendíase abiertamente que el malogrado joven estaba locamente ena~orado &lt;le alguna falta? ¿Qué crimen he cometido?
Las movibles facciones de Edmunda cambiaron otra vez de expresión y fijó
de la menor y que decía á cuantos querían escucharle que se casaría con ella á
'
pesar d~ tod_as las resistencias. Marta contestó por Edmunda, muy intimidada en su compañero una mirada de enojo, exclamando:
- ¡Bien lo sabe usted!
~l ver disc~tidas así públicamente sus coqueterías, que el capitán Bertrand había
- No, señorita, le aseguro á usted que no.
ido_ a l castillo c~n el mismo título que otros muchos convidados; que si había
temdo algunas mtenciones para el porvenir, no hahía hecho por lo menos de-:-¿~? es u1\crimen faltar~ la palabra ?ada? ¿No e_s un ~rimen hacerse espemanda alguna ni la menor declaración, y que sus visitas al castillo no fueron rar mut1lmente. ¿No es un cnmen no vemr al punto a pedir humildemente per-

-- En suma, señora, ¿dónde encuentra usted esas antiguallas que introduce en
sus magníficos cortinajes y colgaduras?
- ¡Hum!.. Rebusco en París las tiendas de los prenderos, donde á veces se
encuentran los magníficos brocados que nuestras abuelas llevaban á los bailes
de la corte, y también otras telas...
- ¡Ese París..., exclamó el cura, allí se encuentra todo, absolutamente todo!
. - Como quiera que sea, murmuró la tía, siento que no se arrodille usted en
mi almohadón, pues seguramente le santificaría, con lo cual volvería á su primer
destino...
El cura no oyó estas últimas palabras, porque Marta entraba, llevando el vino
calie_nte que ella misma había preparado y que humeaba de una manera muy
apetitosa.
.
- Permítame usted enviar á decir á Francisca, señor cura, que hoy comerá
usted con nosotras; ya no llueve, pero los caminos están muy malos.
- ¡Oh, querida hija, esto sí que fuera exponerme á una reprensión! Los aiios
no hacen mella en la viveza de esa excelente mujer; muy por el contrario, tiene
una f~cilidad en el decir que muy á menudo la envidio cuando se trata de pro·
nun?iar ,un buen sermón; y me censuraría por preferi r la comida de vigilia del
castillo a la sopa de col que tiene preparada para mí. Además de esto, Francisca es muy curiosa, y le he prometido todos los detalles que yo recogiera respecto
al asesinato de ese desgraciado joven.
-¿Qué asesinato?, preguntaron á la vez l&lt;,ts tres mujeres.
- ¡Cómo! ¿No saben ustedes? ..
- No, nada sabemos.
- ¡Toma, toma!.. Esta mañana, á primera hora, se ha encontrado en el bosq~e, en la bifurcación del sendero que baja por un lado á la «Fuente de Virgi!11a,» des~mbocando por el otro á la carretera de Pennedepie, el cadáver de un
J0ven oficial, un tal Bertón ó Bertrand, muerto de un tiro de revólver. El crimen
se cometió aye: por la tarde, pu.e~ el ca_ballo fué hallado por unos campesinos
que.le reconocieron y llevaron a frouv1lle, de donde, según parece, el joven saltó a eso de las dos ... ¿Le conocían ustedes?, preguntó el cura, al observar la
consternación de sus amigas.
- Sí, murmuró Marta, sí, había venido á vernos con bastante frecuencia, y
nos fué presentado por Roberto de Anee!.
- Eso es. Apenas se hubo probado la muerte, el juzgado se presentó en casa
del Sr. de Anee!, que había salido á pesar del mal tiempo; pero volvió antes
de marcharse aquellos señores. El joven Roberto estaba muy conmovido, y parece que tenía una cita con su amigo en Trouville para hoy ó mañana; pero ta
te~pestad le r_etrajo de asistir. Dió las señas de un hermano del capitán, único
panente del difunto que él conoce y que hace años estaba indispuesto con él.
Edmunda, que se había dejado caer en una silla, pálida y temblorosa, murmuró:
- ¡Y yo que le esperaba y estaba resentida porque había faltado á su promesa!..
- ¿De quién se sospecha?, preguntó Marta.
- ¡Diantre! Todos se pierden en conjeturas, pero tal vez el sumario arrojará
alguna luz sobre el asunto. El sitio estaba muy solitario y el cadáver ha quedado
durante toda la ,tard~ y l~ noche en el sendero donde cayó; de modo que el
n:iathechor habra temdo tiempo de huir después de robar á su víctima; los bols1_llos estaban vacíos, reconociéndose que habían sido registrados para sacar el
dme_ro; pero ~I asesino dejó el reloj y también una sortija, porque estos objetos
hubieran po?ido denunciarle. Estén seguras de que ahora se halla muy lejos.
¡Ta~ tranqm_lo que era nuestro país!.. Ahora tendrá mala reputación y los extranJeros v_acilaran antes
alqmlar una q_uinta ... ¿Por qué no se ha de ir por la
carretera s1end? tan sencillo? En los cammos, por lo menos se tiene la segurid~d de no monr asesinado y de no ocasionar molestias á muchas personas pacificas.
Marta no pudo menos de sonreír, á pesar de la impresión que en ella producía este lúgubre accidente.
- El ca~itán, dijo, despreciaba altamente los caminos y siempre iba por las
alturas.cubiertas de bosque; algunas veces se perdía; pero gracias á su instinto
topografi~o, acababa por encontrar el camino. Era un hombre violento y ha
muerto v10lentamente ... ¡Desgraciado joven!
- i'\Y de mí!, exclamó el buen sacerdote. ¡Una muerte repentina, sin prepar~rse p1adosamen~e, es cosa muy triste! Dícese que la muerte debió ser instantanea, y que el miserable, sea quien fuere, había apuntado bien.

?e

Pº:

NúMERO

580

LA

dón?.. En tal caso no entiendo una palabra. ¿Sabe usted que hace muy cerca de
dos semanas que no nos ha hecho ninguna visita?..
Luis XIV no hubiera dicho_ de otro _modo la famosa frase «He pensado esperar ... » Pero Robert? no sonnó, y súbitam~nte pareció triste y preocupado.
- No me fué posible, repuso al fin, haciendo un esfuerzo irá casa de ta señorita Robinsón, y después me impidió pensar en nada el doloroso accidente
q~e usted conoce. A?emás, añadió en_ voz más baja, yo creía que ta muerte súbita_ de Bertrand sena para usted motivo de profunda tristeza· mas hace · poco
a l 01rla cantar, me tranquilicé sobre este punto.
'
'
Edmunda recon?ció en la voz de Roberto una extrañeza que parecía indicar
una censura; rubonzóse, y se detuvo bruscamente.
- ~xpliquémonos ahora mismo, Sr. de Anee!, dijo. Si no entiendo mal, usted
me vitupera
haberme mostrado algo indiferente ante ese desgraciado suceso,
que en su opmión de usted debía interesarme de cerca ...
- Dispense usted, señorita. Bertrand estaba locamente enamorado de usted·
Y á mi me había parecido ... creí ver... que ese amor no era para usted indife~
rente...
. -; O de otro modo, repuso Edmunda, que yo estaba enamorada del galante capitan y que pensaba casarme con él.
- Así lo tem ía.
. - Nada de eso. ¡Ah! Bien veo que usted me vitupera. Su frase sobre las muJeres que no son coquetas se dirigía contra mí, y no se necesitaba mucha malicia
i:ara adivinarlo. _Ahora ~on~entiré en disculparme una vez para siempre. Es muy
cierto que_ necesito admiración: cuando el mozo del jardinero se vuelve para mirarme, olvidando su azada ó su rastrillo, me siento complacida y convengo en
que los elo ios del capitán B~rtrand no me eran en modo algun¿ desagradables;
mas no c~eia en esa gran pasión de que usted habla. Le agradé y pudo entrever
un casamiento que hubiera sido_ más ventajoso para él que para mí; mas apenas
hube comprendido que la cosa iba demasiado lejos y que el capricho del señor
Bertrand ~ornaba un carácter de violencia, adopté al punto mi partido. Pensaba
rogar á ~1 hermana que no le recibiese más; pero no ha sido necesario apelar á
esta medida, como usted sabe. La muerte de ese desgraciado joven ha producido
en mí, como en los demás, una conmoción nerviosa y una compasión mezclada
de horror, pero no otra cosa.
Sigui~se u~a pausa: Roberto respiró con fuerza y andaba con la cabeza más
alta, casi radiante de alegría. Edmunda, admirada de este cambio, exclamó á pesar suyo:
- Usted... ¿estaba usted acaso celoso?
Y como confusa por lo que había dicho, la joven prosiguió su marcha, mirando las puntas de sus zapatitos.
- Sí, murmuró R oberto, sí, estaba celoso. Era un absurdo, ¿no es verdad?
¿Con qué derecho podía estarlo?.. ¿Lo sé yo acaso, ni me atrevo siquiera á preguntármelo? Lo que puedo asegurar es que sufría, es que acabo de atravesar por
un pe:í?do muy triste, durante el cual todo el mundo me era indiferente, excepto
una v1s1ón que yo trataba de alejar y que sin cesar volvía.
La voz de Roberto temblaba. Durante su reclusión voluntaria parecióle haber
vivido años enteros; acusándose de locura y casi de deslealtad, habíase esforzado
para olv!dar á la joven que le encantaba; pero no le fué posible. Conocía mejor
que nadie ~odas las razones que se oponían á un matrimonio semejante: si Marta
parecía haber nacido para ser la mujer de un trabajador, de un hombre formal,
amante de la soledad y del aislamiento, Edmunda, por el contrario, parecía exigir el lujo, el ruido, la sociedad, todas las cosas, en fin, que él odiaba. Y todo
esto no tenía ahora importancia alguna para él, ni existía siquiera; estaba dominado por aquella locura que de vez en cuando se apodera de los hombres estudiosos que pasaron su juventud con los libros más bien que con las mujeres.
No sabía más que una cosa, esto es, que aquella joven era adorable, que estaba
locamente enamorado de ella... Y en el torbellino de esta insensata pasión, la
~ulce imagen de Marta no era ya sino una visión lejana, apenas visible y hasta
importuna. Durante aquellos días solitarios en que luchaba contra sí mismo, su
pasión había progresado probablemente mucho más que si hubiera proseguido
su vida normal.
Edmunda, avanzando siempre á paso muy corto, parecía escuchar todavía con
delicia aquellas palabras que acababa de pronunciar Roberto, y al fin murmuró
dulcemente como en un suspiro:
- ¡Qué felicidad!
Roberto dejó caer las flores que llevaba, y temblando de emoción y cogiendo
las manos de la joven, obligóla á mirarle.
- ¿Es cierto, es cierto?.. ¿Ha dicho usted qué felicidad?
- Sí.
- ¿Y no la ofende á usted que yo la ame?¿Y no la amedrento yo, que soy tan
poco propio para agradar á una mujer como usted, para quien la alegría y la
dicha perpetuas son tan necesarias como para las flores el sol?.. Usted no sabe,
Edmunda, cuán imperfecto soy y cuán soñador... Al ver á usted renació en mí
por vez primera la alegría y el amor á la vida... Comprendo que digo cosas incoherentes... y sin duda le parezco á usted un amante triste... P ero no es posible que usted me ame. ¡Tengo tan poco que ofrecer á usted, á quien sería tan
fácil ser duquesa ó princesa si lo quisiese! Por dondequiera que vaya será adorada, porque ha nacido soberana de la hermosura. Déjeme usted oir su voz...
Porque no estoy seguro de que esto no sea un sueño. H able usted, yo se lo suplico...
- Amo á usted...
- ¿Es posible? ¡Ah, qué dicha!..
- D esde la primera hora me agradó usted, y algunos días después resolví en
mi interior ser su esposa. ¿Cómo no lo adivinó usted al ins!ante? Al parec~r no
lo comprendía usted, pues hablaba con Marta más que conmigo, au?que al mismo
tiempo me miraba. Si yo he sido algo más coqueta de lo necesano con ese pobre señor Bertrand, es porque le quería á usted celoso... Ya ve usted que no me
hago mejor de lo que soy...
·
- Usted es usted, y esto basta. ¿Quién podría ser tan insensato que exigiese
otra cosa?
El pasado no existía ya para Roberto. Olvidaba que poco antes había esperado una felicidad tranquila junto á la hermana mayor; p~ro después de tod~,
¿por qué había de tener remordimientos? Si era libre de umrse con aquella deliciosa joven, á Marta lo debía, pues ella lo había querido así, devolviéndole su
libertad de tal modo que no tuvo más remedio que inclinarse ante su voluntad.
¿Debía llevar siempre luto por no haberse efectuado un enlace que él aceptaba

Pº:

9

IOI

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

por razón y aun por deber? ¡Vamos, nada de eso! Tenía derecho á la felicidad,
á la vida, y Marta era quien le había dado este derecho.
Desde la ventana de su gabinete, Marta vió de pronto aparecer á Roberto
cargado de ramas y de flores, inclinado hacia su hermana y hablándole con
animación, mientras Edmunda, siempre tan habladora, guardaba silencio entonces y a cidaba despacio, mirando al suelo. Una vez levantó su lindo rostro para
sonreír al joven, y Marta observó en él una expresión que antes nunca había
notado.
La desgraciada no pudo reprimir un grito sordo, inclinóse para ver mejor y
después murmuró:
- ¡Ya!.. ¡Ah, no hubiera creído sufrir tan cruelmente!

X
Marta dió pruebas de valor; mostróse estoica y hasta risueña, si bien es verdad que en la ruidosa alegría ocasionada por aq uellos desposorios, que fueron el
acontecimiento de aquella estación veraniega, la hermana mayor quedó algo
eclipsada. Aunque hubiese dejado ver parte de la profunda tristeza que la dominaba, nadie lo habría notado.
La hermana mayor esperaba una explosión de quejas por parte de su antigua
amiga la señora de Anee!, y creía sobre todo que Roberto se vería muy apurado
en su situación; pero nada de esto sucedió. Et amor es un sentimiento tan violentamente egoísta, que no ve ni quiere ver nada que no sea él mismo. Parecía
que aquel desenlace estaba previsto hacía largo tiempo, que era inevitable; todo
el pasado caía en el olvido, era relegado á la categoría de hechos consumados,
era una cosa muerta, que no se quería recordar.
En cuanto á la señora de Anee!, aunque amaba mucho á su joven vecina, no
había pensado, naturalmente, más que en la felicidad de su hijo, y para obtenerla necesitábase ahora un matrimonio que no era el que ella había deseado: suspiró al ver desvanecidas sus ilusiones, sonrió ante las nacientes, y á esto se redujo todo. Desde su primera juventud Marta había manifestado repugnancia al
matrimonio; y si un momento pensó en vencerla, este momento había pasado
ya. Decididamente, su vocación al celibato se anteponía á todo, y nada se podía
hacer_ Roberto no era hombre para querer una mujer que se sustraía á todo intento amoroso.
Por otra parte, ya era tiempo de que se casara. Edmunda, lo mismo que su
hermana, sería un excelente partido; era un poco joven y algo loca, y su origen
dab~_qué pensar; pero después de todo, se había separado completamente dela
familia de su madre. Con los años y la maternidad se calmaría al fin, sin que de
su exuberancia quedase más que la viveza y de su coquetería el deseo natural
de agradar. La vida de su hijo sería más alegre, gracias á la hermosa niña, y
Edmunda, orgullosa de su esposo, se guardaría bien de entorpecerle mucho en
su carrera. Muy lejos de esto, sabría ayudarle, mostrándose ambiciosa por los
dos. Roberto no era más que un soñador; trabajaba por la alegría de trabajar;
pero una mujer encantadora, obsequiada, que sabe recibir bien y que tiene á la
vista un objeto determinado, puede mucho para favorecer á su esposo... Y la
buena señora de Anee! entrevió vagamente la cúpula del Instituto... Además
bien ~ irado, el hombre no busca en su mujer un compañero de trabajo; ella 1~
da su Juventud, su belleza, su encanto, y llena así sus funciones de esposa. La
gravedad natural de Roberto parecía reclamar la alegría, la frescura, la juventud
exuberante de Edmunda; Marta sabía sonreir, y muy dulcemente, pero no tenía
costumbre de hacerlo. Y de este modo, el egoísmo maternal después del egoísmo
del amor cuidábase poco del sacrificio realizado sin frases y silenciosamente.
Sin embargo, cuando la baronesa volvió á ver á Marta, después de los desposorios de su hijo, díjole con un tono de dulce reprensión:
- ¡Ah, Marta, Yº, esperaba, sin embar~o, otra cosa, y no me explico que no
haya usted amado a Roberto! En fin, bien ve que no todas las jóvenes hacen
ascos al matrimonio como usted...
Marta no contestó y su antigua amiga le habló acto continuo con efusión de
su ((encanta~ora ~ermanita.}) Estaba en la luna de miel de las suegras, la que precede al matnmomo.
La señora Despois no se sorprendió lo más mínimo cuando recibió la noticia
y en cambio quedó muy satisfecha de aquel arreglo, que volvía á dejar las cosa~
tal como estaban antes de la llegada de la «intrusa.» La alegría de verse libre de
Edmunda bastó para que se mostrara excesivamente amable y se dispuso
ofre~er sus más hermosos bordados como regalo de boda. Cuando consultó á la
novia sobre el color de la seda que prefería para el cortinaje de su gabinete
Edmunda la miró con malicia.
'
- ¿?e muestra usted tan generosa para recompensarme por mi marcha, tía
Aureha?, preguntó. Note usted que desde mi desposorio me permite llamarla así·
un poco más y te?drá u~ted ~n mí una verdadera sobrina. Esto será para el dí~
después del de m1 matnmomo. ¿No es cierto?
Y como Edmunda soltase la carcajada, la señora Despois tomó el partido de
hacer lo mismo.
Edmunda trataba de mostrarse para con su hermana más cariñosa y zalamera
que _antes,__per? notábase en ella una ligera diferencia; ya no se hacía tan peq~ena y_nma a su !~do, y pensaba sin duda que su dignidad de novia la enaltecia, pomén_dola al mvel ~e ~farta. H~blaba sosegadamente, casi como mujer casada que tiene alguna c1enc1a de la vida y que ve el lado práctico de las cosas.
Después del primer entusiasmo, cuando se hubo acostumbrado un poco á la
adoración ~e Roberto y á sus murmullos de amor, se repuso muy pronto y ocupóse de mil cosas que Marta hubiera descuidado en situación análoga.
- Ya comprenderás, Marta, dijo un día, que hace dos años he debido informarme del_ estado de mi fortuna; y mi tutor, hombre desagradable, pero honrad_o, ha _temdo empeño en explicármelo todo. Mi esposo y yo tendremos unos
cien ;11!1 francos al año,. lo cual es una bonita renta. Roberto me agradó desde
la pnmera vez que le vi; después, aparentando indiferencia, hice hablar de él á
los que le conocían, y por este medio he sabido que es hombre de costumbres
muy ordenadas y que merece el aprecio de todos. Por to demás el afecto que te
profesas e:a ~ara mí suficiente garantía. Me ha sido preciso a:reglar mis asunto~ P?r _m1 ~usma... Tú conoces el mundo mucho menos que yo, á pesar de tus
vemt1sé1s anos, y así he comprendido en seguida que necesitaría casarme lo más
pronto po~ible y es_tablecerme. Sé que eres una hermana como hay pocas; pero
al fin hubieras podido cansarte de mí. .. ¿no es cierto?
- ¡Jamás, Edmunda, jamás!

a

(Continuará)

�102

L A I LUSTRACI ÓN ART ÍSTICA

por medio del arco pueden conseguirse todos los
efectos del instrumento cual si se tocara naturalmente (sonidos filados, ligados, sueltos, picados, etc., staccatos, pizzicatos),· merced al teclado la precisión es
forzosa, puesto que es independiente del artista y reS1ilta de un mecanismo invariable. Las teclas están
unidas de una manera tan perfecta con los martillitos
que oprimen la cuerda, que puede obtener hasta ese
EL VIOLONCRLO-PIANO
temblor llamado expresión.
Los instrumentos músicos más bellos, los que por
El sistema de M. Vlaminck permite ejecutar la masu parecido con la voz humana hablan más al alma yor parte de combinaciones á doble cuerda, y á fuerson indudablemente los de cuerda: el violín, la vio- za de práctica se llega á obtener los sonidos armónicos. Lo único imposible son las notas

IT:-~r'q:::;:;::::::;;¡:;::;;:;;;;::;;;¡¡;::;;:;;;;;;¡:¡.=====-:::;;;-:;:;c===ir.~
- :.:.:.;¡.-:¡,+;---_--!
7,::1 arrastradas y las diferencias de coma
"
·' (por ejemplo, del do sostenido al re
bemol).
M. de Vlaminck ha estudiado dos
tipos, el violoncelo-piano y la viola-piano, que nuestro grabado representa. El
primero es bastante incómodo: su teclado tiene tres octavas de extensión, y por
el cambio del la en una cuerda que tocada en vacío da el re permite que el
instrumento tenga una extensión de
cinco octavas á partir del do ·grave del
violoncelo. Por esta razón el violoncelopiano podría ser también denominado
melotetráfono, puesto que en él pueden
tocarse todas las piezas escritas para
cualquier instrumento del cuarteto.
La viola-piano es más pequeña, más
elegante y será sin duda preferida al
violoncelo-piano; puede ir encerrada en
una caja de 25 x 28 x 80 centímetros y
en ella puede tocarse música escrita
para viola ó para violín.
El violoncelo-piano y la viola-piano
son instrumentos verdaderamente serios y se prestan perfectamente á la
música de conjunto: mis lectores darán
crédito á lo que digo cuando sepan que
escribo esta nota después de haber toVioloncelo-piano y viola-piano
cado en aquéllos sonatas de Beethoven
y de Haydn y la obertura de 'Poeta y
la, el violoncelo y el contrabajo. Superiores al piano, Aldeano, de Suppé, que tiene movimientos bastante
puesto que permiten al artista prolongar la misma nota acelerados.
haciendo á la vez variar su intensidad, están también
Creo que el invento de M. Vlaminck tendrá gran
por encima del armonio por la calidad del sonido y éxito, pues muchas señoritas e~pecialmente se tendrán
no ofrecen los inconvenientes de los instrumentos por dichosas pudiendo, gracias á la viola-piano,'dejar
de viento, como la flauta, el clarinete, etc., cuyo dia- un poco el piano para tocar á dúo, casi sin necesidad
pasón es casi siempre fijo, de suerte que es imposi- de nuevos estudios, algunas de las admirables roble acordarlos con el piano cuando éste no está exac- manzas sin palabras de Mendelssohn ó algunas metamente al diapasón normal, cosa muy frecuente.
lodías de Schubert arregladas para piano y violín.
Desgraciadamente, sabido es cuán difíciles de toc. CREPEAUX
car son tales instrumentos, dificultad que para algunas personas llega á ser verdadera imposibilidad: en
efecto, la precisión de los sonidos es una facultad
con la cual se nace y que el trabajo puede sólo per- EXPLORACIÓN DE LAS ALTAS REGIONES ATMOSFÉRICAS
feccionar. En el violín, en el violoncelo y demás instrumentos análogos esta precisión depende de la posiMucho se ha hablado del proyecto de M. Capazza
ción de los dedos, que coincide mejor ó peor con la de explorar las regiones superiores de la atmósfera
distancia matemática necesaria para que la cuerda elevando lo más alto posible un pequeño globo pro•
produzca el número de vibraciones. correspondientes visto de instrumentos registradores. La comunicación
á una nota determinada. Esta longitud, que varía de M. Capazza á la Academia de Ciencias de París
con cada nota, disminuye á medida qué el sonido se ha hecho que se publicara un proyecto análogo muy
hace más agudo: así, por ejemplo, en la prima el primer
tono grave de la á sise midé por una distancia•de siete
centímetros, .al paso que, á dos octavas más altas, el
mismo interva1o tónico se consigue.con una de·dos
solamente. De aquí que muchos toquen con afinación las notas graves y sean menos afortunados en
las agudas, y de aqu( también que el niímero de violoncelistas sea tan reducido en comparación con el
de los _pianistas. Y sin embargo, ¡cuán hartos estamos
y~ d.~ J?ia_no y cuá~to talento se necesita_yara que ~n
p1a111sta'se haga 01r con gusto! En camb10 la más 111significante pieza para instrumento de cuerda deleita,
con tal de que su ejecución sea perfectamente afinada.
Partiendo de este orden de ideas, un distinguido
profesor de música, M. de Vlaminck ha ideado una
manera de combinar la sonoridad y expresión de los
instrumentos de cuerda con la precisión matemática
de los de teclado, como el piano y el armonio.
Después de muchas probaturas y de tanteos impuestos por la necesidad de aislar de un modo absoFig. r. Termógrafo ligero destinado á medir la temperatura
luto la cuerda para que emita sonidos perfectamente
en las altas regiones de la atmósfera
puros, M. de Vlaminck ha logrado al fin lo que se
proponía y obtenido patente de invención por un
aparato que se aplica á los instrumentos de cuerda estudiado y desde hace mucho preparado por el coque forman cuarteto, y que permite sustituir la ma- mandante Renard, director del establecimiento de
no izquierda del artista por un mecanismo que fun- aerostación militar de Chalais-Meudon, el cual lo ha
ciona por medio de las teclas de un teclado de comunicado á la Academia y á la Sociedad francesa
de Física, no para reivindicar la prioridad de una idea,
piano.
De esta suerte se toca el piano con la mwo iz- que naturalmente se habrá ocurrido á todos los mequierda y el violín ó el violoncelo con la derecha: teorólogos y á muchos aeronautas, sino para exponer

' NúMERO

580

las dificultades del problema y hacer participar á
hombres competentes de las esperanzas que despiertan los cálculos fundados en un profundo conocimiento del asunto. A primera vista no parece más difícil elevar un globo á 15 kilómetros que á 20 ó á 2 S,
y sin embargo esto último es casi imposible ámenos
de un gasto enorme.
. El aeronauta no puede elevarse más allá de 8. 500
metros; pero este inconveniente no existe para los
instrumentos registradores; y así como cuando se trata de la vida de un hombre hay que busctir el mayor
coeficiente de seguridad, tratándose de algunos aparatos puede arriesgarse mucho más ante la idea de
ganar algunos kilómetros de altura.
El programa trazado por el comandante Renard
consiste en elevar á 20 kilómetros de altura un conjunto de aparatos como el termógrafo, el barógrafo,
el actinógrafo y otros destinados á registrar los fenómenos eléctricos ó á recoger aire de las regiones superiores, todos los cuales pueden ser subidos sucesivamente, debiendo el barógrafo formar parte de todas
las expediciones.
Los dos primeros registradores no ofrecían dificultades, pues éstas habían sido vencidas por M. Richard por medio de ingeniosos instrumentos; el actinógrafo es más delicado; pero gracias al interés con
que M. J. Violle ha estudiado el proyecto, es de esperar que también se resolverán las que á él se refieren. M. Leduc, que se ha dedicado á investigar la
composición del aire, ha preparado globos que se abrirán automáticamente y se cerrarán en seguida. El
volumen del globo no había de exceder de rno metros cúbicos á fin de reducirá un mínimo los gastos
de henchimiento y ,de aument;u en igualdad de gasto
el número de excursiones. Dada la fuerza ascensional del hidrógeno, el peso de los instrumentos con
sus parachoques y la red no podía ser mayor de 5 kilogramos. Para conseguir esta condición se ha reducido el peso de los aparatos mediante un empleo racional del aluminio y un aligeramiento prudencial de
las piezas de los mismos: en cuanto á los parachoques, destinados á evitar que se estropeen los instrumentos al llegar á tierra, están formados por una especie de jaula de junco y de bambú en la que el instrumento va suspendido por cauchos fijados en los
ocho ángulos. La fig. 1 representa el conocido termógrafo de M. Richard: la espiral destinada á tomar la
temperatura del aire va encerrada en un cilindro perforado que se ve en la parte posterior del grabado y
contiene alcohol en una cavidad interior de 2 milímetros de espesor. La fig. 2 representa el barógrafo
en su jaula: ésta lo protege tan bien, que arrojado el
instrumento con violencia al suelo no ha dejado de
funcionar el movimiento de relojería.
El punto capital del proyecto consiste en la adopción de una envoltura ligera. Un cálculo muy sencillo demuestra que, en igualdad de circunstancias, el
volumen del globo destinado á ascender, sin exceso
de carga, á una altura dada, aumenta en proporción
del peso del metro cuadrado de la envoltura; este
peso es de 300 gramos en las envolturas ordinarias,
y teniendo en cuenta el peso de los instrumentos,
considerable para un pequeño globo aunque insignificante para un globo grande, se llega para éste en las
condiciones ordinarias á la cifra de 4. 200 metros cú-

580

NúMERO

103

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos y sus
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dima~ado aplicaci~nes lan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas m·
dustriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
Por esta rapidísima reseña d~I contenido del MU:~DO FÍ·
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad ele
esta obra.

NUEVA PUBLICACI ÓN

EL MUND O FÍ SICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN DE D . MANUl!t. ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN , SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA MOLECULAR

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

La presente obra formará 3 tomos de rC1,TUlares dimensio•
Edici6n ilustrada con grabados intercalados y láminll$
cro11wlitografiadas
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la física del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente popular. Siguiendo en él el
plan admit_ido po~ cuanto~ de la ciencia física han escrito, lo di·
vide en vanas secciones prmc1pales, en cada una de ellas se enunr ia la ley que p reside á los fenómenos de que trata, el descu•
brimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
Así, después de tratar ele los fenómenos y leyes de la Graverfad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

Muestra de los grabados de la obra - Audiciones
telefónicas teatrales
esas leyes han traído consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teoría completa del Sonido agrega una enume·
ración de todas las aplicaciones de la A ctfstica y de los instrumentos musicales. La L11z da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, microscop•o, etc. El l',fagnetismo y la Electricidad proporcion:in ancho

nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el ~'\SO de qu~ lo ?esea·
ran los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en el;texto, ilustrarán
la obra magníficas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la Física, asl como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas Ú otras
que afectan á la constitución del globo.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo con
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á .}os Sres. Montaner y Simón, calle de Aragón, núms. 309 Y 311, Barcelona
Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ¡LUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin.
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficin a de publicida d de los Sres. Calvet y Rialp, P aseo de Gracia, núm. 21

..........
-

LllT !NTÍ PdLIQUI -

LECHE ANTEF1:L

1t1t9lDES del E8 ro.i-+-\i
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Pepsina Boudault
!prohada por la motil! DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
lfodallM en 1&amp;1 Jhpo1loloo11 lotunaclonaloo do

PWS - LTOR - nm
18117

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- P!RIS
1878
1118

U DfLI.&amp;. COR I L ■,nea j 11TO D LAa

DISPEPSIAS
0 A8TRITIS - OA8TRALOIA8
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
l'ALTA DE APETITO
~ OT&amp;OI DIIOUIRII DI L4 DltllTlOII

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. ltntW M II rot#II • /ll'1IUI

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ENFERMEDADES

ESTOMAGO
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IDICIÓN ILUITIIADA
• tO o6ntimo• de pe■eta la

entrega de ti

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Tose• nervloue¡
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B.UO 1.4 FORIU DE

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OAS, LENTEIAS, TEii ASO
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PATERSON
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J

~ 0 1 eo11tra lu ~loDN del Est6·
aac,o, Falta de Apetito, Dlge■Uonea lallo,
rt- , Aoedtu, V6m1to■, Eruoto■, y C61t-;
nplu:lull ... l'lmoloDN del ER6mago .,
a loe IDle■Ulloa,
blllrtulr■tvlo 11,-1 dt l . FAYAIID.
DZTBAlf, F--utloo t111 P.IBJII

CARNE HIERRO y QUINA

ll .lllmuto maa ~~ Wlido a loa 'r6Dicoa maa reparado.._

VINO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS

,aneemos ironrrrvos DB u

CARNE

.

e , ~ mm• .,_ ••111u 1 Dles añoe de extto continuado y 118 a11rmac1011e1 ele
todu las eminenelll mMicaa preub&amp;D que esta uoclacion de la Clarae, el Biern 7 la

._ oonaUtuye el repan4or maa enel'1!1co que ae conoce para curar í la Clorólfí, la
!n,;m_,
..,_,~ las Jlemt ~ fe«UWIUdolM'Olal,
el lm110wectmlfflto 7 J.a Álteraclon de la Sangf'~
ucro{WOlal y ua,rwt1&lt;:M, etc. El Yi ae Pe11T11ct■eH dé
el único que reune lodo lo que entona 1 rorlaleee loa organoe,
coordena•y aumenta considerablemente lu tuerzas ó tnrunc1e a la 111111'9
'empobrOOÍda 7 descolorida : el f flor, la Color-acwtt_ J la .8Mr~ "'~"'·

t!"?.":f.
reaui'ar1za'"':'!1~

Fig.

2.

Disposición del barógrafo en su jaula de junco
y de bambú para evitar los choques

bicos; de modo que intentar en estas condiciones un
experimento sería costosísimo.
Todo el valor del proyecto que acabamos de exponer no está tanto en la idea primera, sino más bien
en el estudio profundo de la cuestión, que ha conducido á una situación muy económica.
(De La Nat11re)

PorM"Or e11 Paria encuade J. FERU,Fannu.entico, 10!, rae Richelieu. Sawar41 ilOUD,
"

'

'p VJll(DJI BM T OD~ LA.S PJU?CCIP.ilJIS BOTIQ1S

EXIJASE e1:=' ARDUO

pecetarlo por verdaderat !minenc~as, no tiene rival y es el remedio más
racional,_se.~uro .Y de 1n~ed1atos resultados de todos los ferruginosos
y de la med1ca_01~n tómco- reconstituyente para la Ánemia, Raquitismo, Colores pálidos, Empobrec11111ento de _sang,·e, Debilidad ¿ inapetencia y menstruaciones difíciles.
T~nemos numerosos certificados de los médicos que lo r ecomiendan y recetan con adm~rables resul tados.-Cuidndo con las falsificaciones, po1·que no darán resultado. Exi•
!J ,r la firma y marca de garantía.

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Farmacia

VIVAS PEREZ

VE LOUTINE FAY PO~J!,!RS!m,EJ~RA
El meJo:r y mas céleb.re polvo de tocado:r

por Ch. l'ay, pertum1sta
9, Rue de la Paix, F ARIS

�104

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

VISTA GEN ERAL D E PONTRVEDRA

APEL WL

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Catarroa,llal de garganta,BronquiU., Resfriado•, Romadizo•,
de los Reumatismo•, Dolorea,

Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito J&gt;Ol'
todos los méclicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómego, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los intestinos.

Lumbago■,

etc., 30 años del mejor
bito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo r.ecomendado por
101 primero• médicos de Paris.

J.AR..ABE

-

a1Bromuro de Potasio

D1p61tto ,n toda, tal Farmacia,

Lu

J. Prieto)

Jarabe Laroze

•Soberano remedio para rápida cu•r••
cion de las Afecciones del pecho,

Pll'IOIIU ... CHOCH

(de fotografía de

580

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Es f'!l remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del coraz9p,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los niftos durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.
Fábrir.a, Espediciones : J.-P. LAROZE
!, rae des Lions-Sl-Panl, i Paris.
Deposito en todas las princi11ales Boticas y Drogueriaa

!u

PILDORAS~~DEHAUT
DS PARIB

GRANO DE LINO TARIN r':.&amp;t;á"c1üs

ao titubean en purgarse, cuando lo
aecesitan. No temen el asco ni el ca11ra11c/o, porque, con&amp;ra lo que sucede con
Jos demas purgantes, este no obra bien
SÚlo cuando se toma con buenos alimento,
1 bebidas fortificantes, cual el vino, el ca",
el U. Cada cual NCOge, para porgarse, l•
bora , 1, comida que mas le conrtenen,
•evun ,u, ocupacfone,. Como el caosu
CJo que la porga ocufona queda completamenfunulado porel electo de la
buena alimentacion empleada,uno
,e decide fácilmente II volver
11 empeur cuantas veces
sea aecesario.

IIT1tERIMIENT08, CÓLIC08.

Part!Ci'l)9.lldo de las propiedades del Iodo
f del Hierro, estas Plldoras se emplean

-La caja: lfr, IO,

es_peclalmente contra las

APJ:O L IIIIIIEillrl 1,-..,,...;,.J.1
de los D'e. JORET &amp; HOMOLLE

~,A~J}s Farmartntlca, en Parl.s,
~Rue lonaparte, 40
de hierro Impuro 6 alterado
N, B, Elesioduro
un medicamento Infiel é Irritan te.
somo prueba de pureza y de autenticidad de

MEDA L1.AS Eip'" Unir''" LOH DRE8188Z•PA RIB 1889

Far" BRI.l!IT, 150, m4elll,oll, PillS

CARNE y QUINA

VINO ARDUO CON QUINA

T COM TODOS LOS l'IINOIPIOS ffl!TB.ITIVOS SOLUBLBS J&gt;B U CAl\NB
C,Aan y 01111u1110n los elementos que entran en la comool!iclon de este potente
teparador de las tuerzas vitales, de este foniSea■&amp;e por -efe■eia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la Ántmfa y el Á1)0Camifflto, en las CillfflturtU
1 Conoalecmcúu1 contra las I&gt;'4N'eas y las Á(eCCúYIIU del B1tOfMQo y los ,ntut,no,.
Cuando se tma de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzu,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epldemiu ~TOcadai por los calores, no se conoce nada superior al l'iae de 1tlli■• de Aroa41.
.P(ll' fM.Vor. eA Paria,., en casa de J. FERRt, Farmauutico, 10!, rue Ricllelien. Sucaor de'1lOUD.
11&amp; VBMDB KM TODAS L.\.~ PRIMCllPA.Llli IIOTIQA&amp;

EXIJASE i: t:' ARDUO
11

0

la

obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya para
provocar 6 re¡ulartzar su curso perlc)dlco,

El APIOL cura los do/orea, retruo,, 1upre·
s/one1 '1e tas Epoou, as! como las p4rdldu.
Pero con frecuencia 68 falsificado.El APIOL
verdadero. único eficaz, 68 el de los inventores, los Drt• JORE~ y BOIIOLLE.

ll .t.llmuato DW reparador, 1111ido al Tbioo 11111 ener¡ir.c&gt;.

E■crotuJaa,

Tiids y la Debilidad de temperamento
as! como en todos los casos(Pálldo■ colorea:
Amenorrea,••&gt;, en los cuales es necesario

las verdaderas Pl.ldoraa de Blaneard,
englr nuestro sello de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
,Querido infirmo. -Flese Vd.• mi l•rt• uperleno/1, vorde y el Sello de garantla de la Uni6n do
1 hq1 u10 denuestroe 6RAN0Sde8ALUO,puea ello, loa
Fabricantes para larepreslón de lafllat•
le ourarAfl.de~u con1t1p1olon, /e d1rAn apetito 1 le lcaclóu. •
·

derolrer•n e/ ,ueño 1 la aletrla. - A1/ r1rir• Vd,
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PATE EPILATOIRE DUSSER

destruye hasta las FIAIOES el VELLO del rostro de las damas (Rarba, Bl¡¡ote, elt.), sta
oiaguo pehgro para el c.utis. 50 Años de Éxtto, l millares de teslimonios garantiun la eficacia
de esta preparacioo. \8' vende en cajas, para la harha, y en 1/2 oajae para el blgolt ligero)'. Para
los !Jrazos, emsi.c:• e~,t!ll,l. l'UIJ.J!). D'O'SSER, l, rue J .. J.-Rouaseau, Paria.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMl', PR MONTANU y S1M6~

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