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                  <text>a~t.rtélC101J
Ftí~t1ea
A~o XII

BARCELONA 27 DE FEBRERO DE 1893

NÚM. 583

Con el próximo número repartiremos á nuestros suscriptores el primer tomo de la interesantísima obra del notable y castizo escritor
D. Antonio Flores, titulada AYER, HOY Y MAÑANA,
ilustrado con numerosos grabados por D. Nicanor Vázquez y elegantemente encuadernado

UNA ELEGANTE EN 1889, cuadro de Van den Boa

�138

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

583
N úMERO

,1

"

Texto. -.Afurmuracion~s europtas, por Emilio Castelar. - El
caso del conde de los ÍAurek s, por Carios Frontaura. - Bocetos.
Una fiera, por Juan Ü•Neille. -Afisceldnea. · Nuestros gra•
bados. - Cargo deco,,de,u ia (continuación), por Juana l\fairet,
con ilustraciones ele A. Moren.u. - SECCIÓN CIENTÍFICA: La

del remordimiento natural. Pero surgió Verdi tras
tantos milagrosos cantores de la resignación, y con él
surgió un comienzo de formidable protesta. Italia
dejó de reírse como se había reído en la Italiana en
Argel, en el Barbero de Sevilla; dejó de quejarse como se había quejado en la Beatrice y en la Linda,
para mostrar en el romántico Heniani el noble de

truos artísticos todas las :rntiguas costumbres, como
que \Vagner se presentaba poeta y compositor al
mismo tiempo, escribiendo los libretos y las partitu-

ras en inconmensurable suma de facultades extrañas.
Los franceses, enamorados de la claridad y de la
proporción y de la lógica y de la tersura, no podían

las comunidades insurrectas desafiando á. todo un echar su ingenio ateniense de matemática regularidad

Carlos V, de quien eran criados los papas y cómpli- bajo el carro chillón á sus oídos en que iba un dios, cu-

ces los cielos. Desde tal aparición el ritmo vigoroso, yos cantares le SOAaban á címbalos inacordes y co nfuparecido á una espada centelleante, resonó en el sos de una sinfonía mágica y endiablada, en la cual
soplasen los fuelles de un órgano tañido por brujas,
produciendo notas que daban acedias y denteras al

ao,wfotograf/a. Nutvo mttodo para a,uiii:ar el movimiento
Atila y en el Afacbetl,, indicando un desarrollo de
m las ciencias /fsicas y 11at11ra/es (continuación). - Libros en·
fuerzas hercúleas, una crispación de músculos férreos,
viados á esta Redacci6n por autores 6 editores.

Grabados. - Una elegante m t88g, cuadro de Van den Bos.
- Granada por los Reyes Católicos, boceto al 61eo de Isidoro
Marln (de fotografía de J. García Ayoln). - Tnsle recuerdo,
cuadro de Amonio Coll y Pí (Sal6n Parés). -Noble y p!ebe;•o1
acuarela ele W. Strutt (Exposición ele acuarelas celebrada en
el «Royal lnstitute) de Londres, 18g2). -Felicidad, cuadro
ele Ram6n Pulido y Fernández (Exposición internacional de
Bellas Artes de 18g2). -El entierro del piloto, cuadro de Juan
Martlnez Abades (premiado en la Exposici6n internacional
de Bellas Artes ele t8g2. -La &lt;ar/ti d4/ 11ovio1 cuadro de 1'.
B. Doubek. -1.A pruel&gt;a de ima tiple, cuadro de F. B. Doubek 1Exposici6n internacional de Bellas Artes de Munich,
18g2). - La cronofotograffa, cinco grabados. -En e/vestíbulo,
cuadro ele Renato Reinicke.
•
~

..,........,..........."••·•·"••·••"•,.···•,,·········•"'•'·•········... ,.·,···--············"·•·•·"·'······"•·"'•'·"····.

con otra fil osofía menos positivista que la filosofía de
los tiempos últimos, para que las óperas de Wagner

tomaran vuelo y transpusiesen las fronteras, entrando
vencedoras en los escenarios de Occidente. Así á la
malquerencia de los decenios anteriores contra \Vag•
ner, ha sucedido un culto confinante con la supersti•
ción; pues todas las reacciones resultaron por igual
fanáticas en la historia siempre,._y todas propendieron al desquite sugerido por la exaltación del apasio-

versal, asiática en su oriente, africana en su medio• namiento. Mas sea de esto lo que quiera, ocupa un
día, griega en su norte, hispana en su ocaso, trocóse, trono enla poesía dramática tan sublimado Shakespea-

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON KMILIO CASTKLAR
Rea¡xi.rici6n de Verdi. -Carácter de su música. - Diferencia entre él y Bellini. - Verdi en el esfuerzo y en el comba.te ¡&gt;ar la
independencia italiana. -Fragor y estruendo de sus óperas. Carácter que han tomado éstas después de las victorias italianas. - lníluencia ele Wagner en Eu ropa. - Extrañeza de los
franceses á su música. - l lipnotizaci6n de Verdi por Wagner.
-Argumentos extraídos de los dramas shakesperianos por el
compositor lombardo. - El O/ello. - Recuerdos ele Rossini. L.-i ópera c6mica en Verdi. - Consideraciones sobre FalslalJ.
- Conclusi6n.

I

.

una voluntad de combates ciclópeos, como si los es• cuerpo, neurosis y enloquecimientos al espíritu. Hase
clavos se hubieran trocado en titanes y erguídose :i necesitado una generación joven, sucediendo rl. las
recoger el rayo de Prometeo al firmamento para lan- generaciones antiguas, con gusto novísimo, con con0zarlo sobre la cabeza de los déspotas. No significa- cimiento mayor del arte y del mundo, con una conban menos aquellas indignadísimas estrofas en que ciencia viva de la historia, con otra religión estética,

un pueblo esclavo, como el pueblo de Dios, con salmos tan fuertes que sus gritos de águila hendían el
cerrado cielo y hacían bajar la frente de Jehová, en
otros tiempos impasible, á los calabozos babilónicos,
anatematizaba enfurecido al Nabucodonosor de sus
enemigos y le derretía en las sienes al fuego de los
cielos el oro de su corona. La música del treno lloroso y del trágico lamento, compuesta por Bellini, el
dulce Jeremías de Sicilia, tierra cosmopolita y uni-

¿No creéis oir hablar de un resucitado si de Verdi
oís hablar/ Su fuerte ritmo que al combate moviera
y empujara con belicosos acentos, inspirábase de
suyo en el esfuerzo empleado por Italia para sacudir
sus cadenas, trocando el hierro de aquellos pesadísimos eslabones en espadas apercibidas á vibrar y centellear y fulminar contra las irrupciones y los irruptores históricos. De aquí, del afecto bélico, sus obras,
enérgicas como la voluntad de un general victorioso
y resonantes como la carrera de un ejército heroico.
Ningún arte se ha inspirado tanto en la libertad como el arte músico. El Guillermo, de Rossini; la
Mutta, de Auber; el Rúmzi, de \Vagner; los Foscaris,
de Verdi; los Puritanos, de Bellini, están ahí para
decirlo y demostrarlo del modo más concluyente.
Pero si escucháis la melopea beliniana, veréis que
dentro de su cadencia heleno-semita, propia del nido
de corales y flores donde naciera el melodioso músico de la melancolía dulce y del amor profundo, se
halla una désesperación rítmica y compasada, como
la famosa de Leopardi, junta con una resignación

al advenimiento de Verdi, en una especie de clarín re y Wagner en la música dramática otro tan elevado
entre apocalíptico y guerrero, que conjuraba vivos y y singular, que no podlan dejar de imponerse á un
muertos al combate, como cumplía perfectamente á genio como el genio de Verdi, abierto á todos los
quien representaba con Garibaldi de Niza, con Mazzi- vientos.
ni de Génova, con Cavour y Víctor Manuel de Saboya, con Azeglio, con todos los piamonteses y lomIII
bardos, el esfuerzo de un pueblo esclavizado :i favor
de su independencia, para cuya reivindicación se neLa influencia de \Vagner en Verdi se muestra por
cesita desde los atrevimientos de Mina y el Empeci- las dos grandes óperas dadas á la escena durante el
nado hasta la elocuencia de Argüelles y la poesía de primero de los cuatro lustros últimos, por Don CarQuintana, cual sucedió en el pueblo que supo ense- los y A1da, como la influencia de Shakespeare á su
ñar á todos los demás pueblos cómo se pelea y cómo vez por las dos grandes óperas dadas á la escena duse muere por la libertad y por la patria.
rante los años del lustro que corre ahora, por Otello y
II

583

LA !LUSTRACIÓN

A RTÍSTICA

se presta mucho; porque
habíala ya ungido la sobre-

y queriendo que los goces
le penetren por todos los
poros del cuerpo, abierto
á la visita de sensaciones

natural mano de Rossini.
Coloso, verdadero coloso
Verdi, al conseguir que no

innúmeras, me da más que
risa; me da, no diré horror,

pidamos en el acto último de sus óperas lo que
oíamos en la ópera de Ros-

pero sí diré asco, y faltándole por necesidad en el
drama lírico los profundos

sini, la canción del sauce
llorada por Desdémona ó
el arribo de Otelo por las

pensamientos con que Shakespeare lo atem\a todo y

lagunas venecianas al palacio de su esposa entonan-

desnudo en las naturales
vagas ondas de la mtlsica
¡oh! debe resultar una gran-

do los tercetos de Dante

como un miserere del amor

de indecencia.

desesperado que pide refugio y piedad á la muerte
implacable. Pero todavía

,·,,,.,,.,,, •.,.,.,.,,.,,.,,,.,, .. ,,.,, ••• r ,,••,n,•••••••••••••

EL CASO
DEL CONDE DE LOS LAURELES

se conoce más la influencia shakesperiana en Verdi
que por el atrevimiento de
tocar al Ole/lo, por el atrevimiento de haber puesto
en ópera el Falstaff, y en
ópera cómica . Dada su
grandeza le sucede á Verdi
algo de aquello que le sucede á Víctor Rugo; está
privado del chiste y no po-

- ¿Vienes al teatro Real
esta noche?..
- ¿Al baile? No, querido
tío; el año pasado fuí por úl-

tima vez, no pienso volver.
- Pues yo, aunque he
GRANADA POR LOS REVES CATÓLICOS, boceto al óleo ele Isidoro Marfn
(de fotografía de J. García Ayola)

drá nunca promoverá risa.

Falstalf. No puede, no, explicarse la extrañeza pro-

recortan las arias de sus alegros y los dúos de sus
conjunciones, reduciéndolo todo á los recitados y á
los monólogos y á los diálogos, más bien dramáticos

que lfricos, fuera de convenciones antiguas, cuya virtud y eficacia por tal modo en nosotros obraban que
nos ingenian una indeleble naturaleza estética y un

alma y un sentimiento á la verdad inextinguibles, con
un gusto instintivo tan duradero cual el propio é íntimo
ser nuestro. Confieso que no entendí el Don Carlos
wagneriano de Verdi la noche que lo llegué á oir, la

noche de su estreno en París, el año setenta y siete.
Lo contrario me sucedió con el A1da. Tan soberanamente influida por \Vagner como el Don Carlos mismo, la melopea suya tiene tanto de gitana y andalu-

za, que me recuerda el arte cuya magia más priva en
mi ánimo; la serenata de nuestras noches en que las
notas parecen estrellas y las estrellas notas; la elegía

de nuestras saetas, que os clavan sus espinas invisi•
bles en el corazón y os beben la sangre del senti-

miento; las playeras y las malagueñas, que os mecen
que sólo se ablandan con sangre. Rossini, tan ena- quienes ha coronado ya la humanidad; con uno muer- á una con sus cadencias, sugeriéndoos sueños entre
morado de la libertad como el cantor de la poética
Elvida y del dúo de los republicanos, buscaba la libertad victoriosa dentro de la historia en aquel Fígaro que trajo la revolución á Europa y en aquel

to hace tres centurias, con otro muerto hace algunos
años: con Sbakespeare y con \Vagner. La estética moderna en su natural universalidad ha divinizado todos aquellos ingenios eximios, distinguidos, que se ca-

Guillermo que puso á la república en sus sandalias, racterizan por su temperamento humano, como el
como zafiros, el azul de los lagos helvecios, y en sus genio de Shakespeare, y ha hecho del noble afecto de
coronas, como diamantes, las nieves de los Alp~s admiración á este desordenado y sublime pensador
eternos. Bellini con Donizetti, pertenecientes al pe- poeta una especie de dogma literario. l.&gt;ero no fué

rfodo de la conformidad y de la paciencia, se plañían siempre así, no; dos espíritus de tan conspicuo y proen elegiacos cantares, exhalados del alma, por la es- fundo criterio, como Voltaire y Moratín, tacharon de
clavitud irremediable de su patria, pero á la manera brutal á tan eximio poeta y le pusieron en largo eny guisa del esclavo heleno en la decadencia, quien tredicho, excomulgándolo á nombre del buen gusto

marcado con el sello de la servidumbre, ornaba de y cayendo en el extremo de arrastrarlo como un esbellísimas estatuas los palacios y henchía de arengas clavo ebrio al pie de las tres unidades aristotélicas y

voluptuosos y místicos cual aquellos prestados por
el hatchis de los harenes musulmanes, unido al picante aroma de las algas y de las brisas mediterráneas.
Y si \Vagner ha influido en el método y en el gusto
postreros de Verdi, ha influido Shakespeare en el genio. Digan lo que quieran, el gran poeta inglés tiene
pocos argumentos apropiables á la mtlsica. En cosa
ninguna se conoce la superioridad increíble de \Vagner como en lo !frico de sus libretos, donde todo
canta, y la mediocridad de Thomas como en haber
musiqueado las tartamudas perplejidades é incertidumbres de Ifdmlet. J11lietta y Romeo es el drama
por excelencia músico que tiene Shakespeare; porque
las noches embalsamadas de Verona, los diálogos
amantes en el balcón al brillo de los astros, el dilo

el oído de sus infames tiranos. ¡Qué aire tan delicio- de la poética horaciana observadas por los prosaicos
so de respirar aquel aire de Italia, esmaltado por los maestros de la última centuria. Y algo así ha sucedi- de las alondras matinales y de los nocturnos ruiseñoiris de innumerables paletas y por las chispas de in- do con \Vagner. Durante mucho tiempo su género res en las rayas perladísimas del alba despiden notas

numerables mosaicos, así como saturado con los aro- músico y sus obras maestras han aparecido como de cristal y componen escalas cromáticas. Así me
mas de mirtos y azahares al par que con las notas de asunto de chacota y burla, tenidos por cuentos de mu- contaba una vez Azevedo, ilustre crítico de música,

Lucia y de S011dmb1tla/ Los autores de óperas tan chachos, á los cuales ponía un maestro de pega con-

que habiéndole llevado á componer el Afacbeth al

encantadoras como estas dos perfectísimas, aurnen- fusos acompañamientos propios tan sólo para pegar ingenioso y talentudo Rossini, exclamó, después de
taban á una con tales cadencias dulces y tales mela- al más pintado espantosa jaqueca. En verdad al carác- leer y meditar tal argumento: «Mucha y muy grande
dfas por todo extremo angélicas el hechizo de su pa- ter humano de la ópera transalpina y de la ópera trans- ambición, mucha y muy audaz política, nada de
tria, y como que retenían á los conquistadores en pirenaica y al argumento de tragedias ó dramas co- amores, nada de religión, nada de libertad: esto no
aquel templo aromado por una sobrenatural inspira- nacidos y vulgarizados ¡oh! sucedía bruscamente una canta.» Para conocer lo que ha fascinado á Verdi
ción, promovedora de la felicidad material y destinada con una finalidad inconsciente á ir amortiguando
en las sie11es del déspota cruel hasta los martilleos

letra medio in fantil y medio teológica, tomada de na- Shakespeare, basta con recordar lo que ha hecho la

1rraciones germánicas semi rrea)istas y semi fantásticas, musa del gran compositor, osada de suyo á poner
1

entre fábulas y leyendas. Para mayor aturdimiento mano sobre figura tan colosal como la figura de Ote·
lo. Y no porque deje de prestarse Otelo á la música;

pasado ya con bastante exceso del medio siglo, no he
perdido la afición á los
bailes de máscaras. En los
del teatro Real he logrado

Pasma y maravilla la copia de notas guardada por maravillas literarias que se llama Teatro Español.
siempre mis mejores conquistas. Esta bulliciosa fiesnuestros grandes autores dramáticos españoles, quie- Cuando Víctor Rugo quiso hacer un gracioso á la
ta ha perdido mucho, sobre todo en la concurrencia
nes llegan desde los más altos conceptos teológicos española, hizo el bufón Triboulet, quien resulta el
femenina;
en mis buenos tiempos encontrábase allí
hasta los más humildes dichos populares, uniendo en más triste personaje de toda la literatura francesa;
lo mejorcito de Madrid ... Ahora ya sabes tú qué
incomparable consorcio lo sublime con lo ridículo y pues lejos de haceros reirá mandíbulas batientes, os
clase de bello sexo se encuentra en esos bailes. Por
lo elevado con lo grotesco á cada instante, como los hace llorar á moco tendido toda la noche. ¡Habrá
esto yo, más que á conquistar busconas, voy á sabo·
reunen la realidad y la vida. Para com·encerse de lo Verdi en Falstaff dado con la gracia que desplegaexacto de mi observación, basta con recordar el Prín- ron Rossini en el Papatache y en el Don Bario/o, rear bajo aquella legendaria lucerna central el recuercipe Constante y Clarín en Calderón, ó saber que es Donizetti en Don Pascua/e y el Elixir tI' Amorel Lo do de tantas agradables aventuras del tiempo dichoso
uno mismo quien creó la Villana de Va/tecas y el dudo muchísimo: aquel D. Juan Británico, todo pan- en que, sin fantasía, podía competir con los mejores
mozos de la corte, y desconocía en absoluto los pa·
Condenado por desconfiado en esta maravilla de las za, llevando como los pulpos un estómago por cabeza
vorosos dolores reumáticos, el terrible lumbago y

ducida en espíritu latino, como el mío, á las innova•
ciones
que someten esta humana voz, con la divina
En cuanto cambió la suerte de Italia, y no se neconsonante,
á orquesta sin verbo y sin alma; ó que
cesitaban ya el clarín y la espada, Verdi se volvió ha-

cia la contemplación del ideal puro, y cantó por la
necesidad exclusiva de cantar, embebido en oirse á
sí mismo y en atender al coro de ideas y al concierto
de notas encerradas dentro de su espíritu y que habían surgido en grandes erupciones volcánicas, todas
ellas tonantes como himnos de un sublime fragor. Ya
no necesitaba evocar Atila para infundir en los suyos
el horror á la irrupción; destronará salmos apocalfpticos los déspotas del Eufrates; mostrar en Rigo/e/to
las maldades que traen aparejados los regios devaneos: redimida Italia de un extremo á otro extremo,
podía dejarse de fines políticos abrumadores por su
natural pesadumbre y contemplar los ideales puros en
la insondable inmensidad. Por una tendencia del genio y espíritu heleno romano al culto y cultura de lo
plástico, Verdi buscó más los tipos hechos hombres
por la encarnación de su verbo en la forma humana
casi oriental á los mandatos de la Providencia, como que los tipos abstractos y lucientes como un radioso
aquella de Silvio Pellico, que se recluía en los cala- éter en el espacio invisible de las ideas puras. ¿Y con
bozos, creyendo ablandar con lágrimas las cadenas quién se halló? Pues con dos hombres del Norte, á

1 39

derogábanse á la increíble aparición de tales mons-

TRISTE 11.ECUKRDO, cuadro de Antonio Coll y Pí (S1tl6n Pnrés)

�LA ILUSTRACtÓN ARTÍSTICA

1111

NúMERO

583

- Pues yo, admirando tu virtud y deseando que
todos los alifafes con que ha empezado ya á favore- su lenguaje, todo en ella me denunciaba una mujer
de superior sentimiento y de singular travesura. ¿Có- Dios te haga un santo, me voy ahora, que ya son las
cerme la próvida naturaleza.
- Usted es un solterón empedernido y no pierde mo podía yo sospechar que la dama que se apoyaba doce y media, á dar unas vueltas por el salón del
temblando en mi brazo temblaría de rabia al con- teatro Real, dispuesto á convidar á un par de maslas malas costumbres. Yo estoy casado...
- ¡Gran tunante, casado estabas estos últimos años, Yencerse de qué casta de pájaro era su maridito? caritas y á gastarme con ellas en el buffet hasta un
y todo el mundo te veía en el baile, y bien recuerdo ¿Cómo había de creer que era la jovencita tímida, billete de los que tienen el retrato de Mendizábal soque el año pasado se apoyaba en tu brazo la masca- medrosa y doliente que necesitaba visita diaria de bre fondo verde. Siquiera durante un par de horas
ra más gallarda de cuantas allí había, una máscara médico y vino de Peptona á todo pasto?.. Por for- olvidaré los años que tengo y los males que me aqueque á legua se conocía que era dama principal! .. Yo tuna no me habló de mi mujer. .. Esto prueba su can- jan. ¿Quién sabe si el año que viene llevarás luto por
tengo para esto un olfato superior. ¿Quién era aque- dorosa inexperiencia. Me espanta pensar lo que yo tu tío?..
hubiera podido decirle de mi mu ier...
lla mujer?.. Nunca me lo has querido decir.
CARLOS FRO:-JTAURA
.., ..,.,.... ,.,,....., .., ............., .................................., ...., ......................................................
- Y vamos, ¿qué pasó?.. ¿La llevaste al nido?..
- Fué la aventura más extraña.
- Sí, tío, sí, la llevé al nido... La hice salir del bai- ¿Me la cuentas? Me perezco por estas historias,
DON RAFAEL
y me parece que no temerás que sea indiscreto y la le y entrar en un coche...
Y
en
derechura
al
nido.
¡Hombre!,
me
alegro
de
divulgue.
- ¡Esto no dice nada: esto es explotar al público!
- ¡Oh! No, señor. Voy a contar á usted el extraor- que tu mujer te diera tu merecido ...
- Llegamos; eran las tres de la madrugada. Abrí ¡Ni siquiera un muerto conocido!, dijo Luis Barzo,
dinario lance, si no nos interrumpen.
la puerta de la calle, subimos los pocos escalones arrojando con desdén el número de La Correspon- No, nadie entrará. Cerraré la puerta.
Así hablaban una de estas noches en un gabinete hasta el entresuelo, apoyándose ella convulsivamente dencia sobre la mesa del Suizo, á cuyo alrededor nos
senfábamos todas las noches, á última hora, media
del casino de Madrid el marqués del Viento, el ca- en mi brazo ...
- Ahora sí que creo que temblaría la pobre Pe- docena de amigos para gobernar el mundo, en prinlavera más osado y más temido en la corte hace
cipio.
veinte años, y su sobrino el conde de los Laureles, pita.
Barza tenía su modo propio de leer el diario noti- Entramos; la solté un momento para hacer luz...
tan conocido y estimado en la buena sociedad matritense y cuyo enlace con la hija única de los duques Iluminé el salón, encendiendo l.ts bujías de los can- ciero, que consistía en limitarse siempre á la lectura
de la Tenaza, celebrado el año 1888, le ha proporcio- delabros, y luego... vi con la estupefacción que puede de la cuarta plana. El resto del periódico capitalista
nado una brillantísima posición en el gran mundo. usted suponer á mi mujer que acababa de arrojar al no le inspiraba el menor interés. En cambio la cuarta
plana le atraía, segtín su frase, con la eterna atracción
- Efectivamente, empezó el conde, confieso mi suelo la careta y me miraba con ojos de hiena...
- ¡Bonita escena y bonito símil! ¡Llamar hiena á de la verdad. «Porque observad, añadía, que desde el
culpa, después de mi casamiento con Pepita debí renunciar á las aventuras galantes; pero la costumbre, la dulce Pepita! ¡Una mujer que no te la mereces!.. boletín religioso, incuestionable, hasta las señas in- No es posible que yo repita, porque es imposi- equívocas de las nodrizas; desde el cartel auténtico de
el ejemplo, las malas compañías, la pícara vanidad...
Y luego, que en este Madrid un hombre de nuestra ble que las recuerde, las frases llenas de ira, de ren- los teatros, hasta los anuncios mortuorios, que nadie
clase encuentra tantas ocasiones de pecar... y aunque cor y de odio que me dirigió Pepita. Yo estaba ano- ha desmentido nunca, todo en ella es positivo, seguro é interesante. '1
nadado...
quiera evitarlas no hay manera...
Pero lo más interesante para Luis, que era un pe- ¡Justo castigo á tu perversidad!
- ¡Ya lo creo! El hombre es débil... observó riendo
simista
acérrimo, un pesimista en razón directa de su
Aquel
aluvión
de
reconvenciones
y
de
insultos
el marqués.
-Además, el carácter retraído, melancólico de mi sólo cesó cuando Pepita cayó ccn terrible convulsión penuria sistemática, era la que él llamaba lista fúnemujer, la anemia que padecía, su absoluta confianza en una chaisse-longue. ¿Qué hacer?.. En aquel estado bre de fallecidos desde cinco duros en adelante; pano era posible bajarla en brazos al coche que espera- tente de las generaciones difuntas, acomodadas y suen su marido...
- ¡Pobrecilla! ¡No sabía qué alhaja le había toc-ado ba á la puerta. Pepita castañeteaba los dientes y se periores al anónimo, con quienes nos hemos codeado;
retorcía como una poseída. La toqué y sentí el frío despedida cortés, aunque indirecta, de los que se nos
en suerte!
- En suma, la impunidad me alentaba. Tenía com- de la muerte. Dudé un momento y luego la cogí en anticipan en el Yiaje final. Y corno conocía á todo el
Madrid capaz de figurar en esa lista, y como además
pleta seguridad de no ser sorprendido en mis aven- brazos y la acosté en el lecho...
- Comprendo que en aquel momento, ante el pe- teníp. un carácter quisquilloso, el carácter corresponturillas... El año pasado, pocos días antes de Carnadiente á su eterna escasez de valores metálicos y fi.
ligro que corrías de quedarte viudo...
val, me proporcioné un cuartito de soltero...
- ¡Oh! Por suerte, era la primera vez que entraba duciarios, resultaba que, sin poderlo remediar, la
- ¡Ah, bribón!
- Un preciosísimo nido que me costó un dineral, una mujer en aquel nido, y siendo esta mujer la mía... noche que no encontraba un difunto conocido en le- Era ya casa honrada la que tú habías preparado tras de molde, se sentía hondamente contrariado.
en un entresuelo en la plaza de Afligidos.
Gracias á que La Correspondencia que leía no era japara mujeres perdidas.
- Al otro extremo de Madrid.
más suya; que de haberlo sido, hubiera reclamado en
Abrigué
á
Pepita,
murmuré
á
su
oído
palabras
- Una plaza que mi mujer, seguramente, no sabía
de arrepentimiento y de amor, la acaricié con toda el entonces palacio de Santana la devolución de los
que existiera en el mundo.
cinco céntimos. Pero él nunca había comprado nada.
- No estaba mal elegido el sitio. ¡Y qué callado la efusión de mi alma...
Consolamos á Luis con la reflexión de que en el
-¡Ah,
tuno!..
me lo tuviste, grandísimo libertino!.. ¿Lo tienes to- Cayó luego en una gran postración, lk,ró mucho... número próximo sería sin duda otra cosa, dados los
davía?
quinientos mil condenados á muerte que en Madrid
- No era para menos.
- No. ¡Dios me libre!
y sus afueras se guarecen. Y otro de los circunstanY
ya
había
amanecido
cuando
la
pude
bajar
al
- Yo te lo hubiera tomado en subarriendo.
tes, Pepe Costa, un estudiante de derecho, rico (dos
- Y ahora vamos á mi aventura del año pasado en coche y llevarla á casa.
mil reales mensuales por su casa) y liberal hasta el
- ¿Y después?..
el baile de Escritores y Artistas. Desde el casino me
punto
de que pagaba el café de todos siete días á la
Después
...
llegarnos
á
casa,
y
en
la
puerta
de
su
fuí al baile ...
gabinete se detuvo y con acento de profundo enojo semana, por término medio, tomó, por hacer algo, el
- Con la llave del nido en el bolsillo... ¿eh?
- Naturalmente. A poco de ocupar el sitio que me dijo: «De hoy más no pasará usted de esta puer- diario que Barza había arrojado, y se puso á leerlo
me correspondía bajo la lucerna del teatro, llegóse á ta. Viviremos bajo el mismo techo, pero sin vernos maquinalmente. El contagioso espíritu de imitación
le hizo también recorrer con sus ojos la susodicha
mí aquella máscara y me dijo unas cuantas frases de hasta que yo haya conseguido el divorcio.»
cuarta plana, y de pronto vimos resplandecer en ellos
- ¡Miren la tímida!..
esas con que se comienza una conversación entre
- «Hoy diré, añadió, á mis padres lo que ha su- la emoción ó la sorpresa de una inesperada noticia.
una mujer elegante con antifaz...
- ¡Estás en Babia, Luis!, exclamó; ya no te enteras
- Y un marido sin careta y sin vergüenza como td. cedido, y ellos me aconsejarán ...»
- No sospechaba yo semejante resolución en mi de Jo que lees, ó calumnias por costumbre á la com- Le ofrecí mi brazo; dijo unas palabras al oído á
mujer. Quedé aterrado ante la amenaza de un escán- petente. ¿Sabéis, señores, quién ha muerto? Oíd; y leyó:
otra máscara que la acompañaba ...
dalo, y porque conociendo el carácter inflexible y se- «El Ilmo. Sr. D. Rafael Martínez Villalba, jefe supe- La mamá ó la tía, la tía probablemente.
rior honorario de administración, ha fallecido. Sus
-Aceptó mi brazo temblando ... No, no se ría us- vero del duque, no podía esperar misericordia.
- ¿Y en qué fundaría la demanda de divorcio?.. albaceas testamentarios ruegan á sus amigos, etc.»
ted, temblando. Yo sentía, bajo la presión de mi bra- Y bien, ¿y qué?, preguntó Luis agriamente. ¿Qué
zo, cómo temblaba todo el cuerpo de aquella másca- ¿De qué te acusaría?
significa ese Martínez menos, ni quién Je conocía?
- De adulterio frustrado.
ra encantadora.
- Le conocíamos todos, y tú el primero.
- ¿De adulterio con tu mujer?.. Caso nuevo y no
- ¡Pobrecilla!.. Probablemente sería la primera
- Martínez Villalba... , repitió Barza, que me emvez que se veía en semejantes trabajos, dijo el mar- previsto en el Código.
plumen
si hago memoria...
Pues
mire
usted,
dos
meses
viví
sin
obtener
inqués irónicamente.
- Yo tampoco.
- Me confesó su amor de la manera más ingenua, dulgencia de mi mujer ni de mis suegros. Y el duque
- Ni yo. Ni yo, afirmarnos los demás.
consultó con algún eminente abogado para saber códelicada y pudorosa que pueda usted imaginar...
- ¡Oh mezquina especie de Adán, inventora del
mo
podría
presentar
su
hija
la
demanda
...
Pero
á
los
- '?ero aunque pudorosa, no era corta de genio.
dos meses, el médico declaró que mi anémica, inape- olvido, añadió Costa. ¿Conque no conocíais á ese
¿Cuánto te costó la cena?..
tente y dolorida esposa estaba en estado interesante. Martínez? ¿Conque no conocíais á Martínez II?
- No quiso cenar.
- ¡Martínez II! ¿Es ese el muerto?
- Vamos, ahora creo que te amaba. Pero ya adi- Mis suegros, que hacía cuatro años deseaban un nie- Ese es.
vino el fin de tu aventura. Tu máscara misteriosa era to y ya desesperaban de que Dios les concediera esta
- Yo le creía hace mucho tiempo en la eternidad.
una vieja verde... ¿La marquesa del Traspaso?.. ¿La gracia, recibieron la noticia con extraordinario jtíbilo.
- Pues ya lo ves, está ahora atravesando sus umviuda de Solomillo?.. Son las dos viejas más enamo- Mi mujer empezó á mejorar de salud y de humor,
radizas de los tiempos presentes. A mí las dos me tuvo apetito, vió con alegría, mirándose al espejo, brales, después de haber pasado solitariamente la
eternidad preparatoria de tres años de extenuación.
han declarado su atrevido pensamiento, y soy más color natural y sano en sus mejillas ...
¡Pobre Martinez II! Era verdad: todos le habíamos
- Y es claro, los presuntcs abuelos y la madre del
viejo que ellas.
niño que había de nacer á los nueve meses llamaron conocido. ¿Quién no conocía en Madrid aquel mode- No era vieja ni verde aquella máscara; era...
lo de caballeros, de amigos, de hombres cultos y
- ¿El hijo de los condes del Repesó, que parece al autor y le perdonaron.
- En efecto, y hace hoy noventa días que posee- bondadosos? ¿Quién no recordaba su simpática y oriuna dama?..
mos Pepita y yo un ángel encantador que nos sonríe ginal figura?
- No, por Dios. ¡Era mi mujer!..
y nos tiende sus bracitos nacarados, y por él me ha
- ¡Caracoles!
JI
- Sí, querido tío, mi mujer. Y yo, hecho un ju- perdonado mi dulce compañera y por él he renunciamento, no la conocí. Me pareció más alta y esbelta do yo á otros placeres que á los puros incomparables
Era alto, delgado, fibroso, con grandes ojos expreque mi mujer, y ni por un instante sospeché que pu- placeres del hogar. Ya sabe usted por qué no voy este
sivos y espaciosa frente, presidida por el tupé de sus
diera ser ella. Su actitud, su elegancia, su locuacidad, año ni volveré nunca al baile de máscaras.

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

.,,

cabellos grises, á la usanza de los elegantes de su ju- se enorgullece el rey famoso del mundo físico. Ya no de doce años vió á Martfnez volver del entierro de
ventud: el tupé de Larra, de Espronceda y de Mar- podemos viajar sin el vapor, ni alumbrarnos sin el su padre, y le preguntó llorando si la iba á llernr al
tínez de la Rosa. Se parecía á éste extraordinaria- hidrógeno, ni comunicarnos sin la electricidad; y sin Hospicio, Martfnez le contestó que la iba á llevar á
mente, y á ello debió el título de Martínez II que le embargo, sostenemos que todos esos elementos son su casa. Tres años después habían sucedido muchas
nuestros criados, cuando no hacemos otra cosa que cosas en ese cuarto segundo de la calle de la Cruz
inventamos.
Era distinguido por instinto, y pulcro por respeto pedirles con la inteligencia favor y ayuda. En resu- que acabarnos de visitar. Alguna de ellas, como por
propio. Tenía el temperamento de todos los aseos, la men: la criatura pensadora, que no puede hacer lo ejemplo, el cambio radical de vida y costumbres en
honradez inclusive. Sus largas levitas de Caracuel, que hace el último irracional, que no puede salir im- D. Rafael, la supimos y la comentamos todos á tiemsus amplios chalecos blancos de gran solapa, sus es- punemente de su casa sin vestirse, que no puede ali- po. El amigo de medio Madrid se había dedicado por
trechos pantalones de trabillas, sus abultadas corba- mentarse sin comprar y guisar su comida, que no completo á las funciones de padre adoptivo. Ya no
tas de raso, cuyo nudo sujetaba grueso alfiler artísti- puede dormir tres noches seguidas al sereno sin coger existían para él más ocupaciones ni más. placeres ni
co, sus sombreros de anchas alas, sus guantes empu- un reumatismo, me parece, como rey de lo creado, más espectáculos que los que podía compartir con
su hija de adopción. Apenas obtuvo ser jubilado diñados siempre en la mano izquierda, mientras. la de- un rey de Offenbach, un rey bufo.
»En el orden social, añadía, ¿qué cosa hay tam- rigió por sí mismo, con ayuda de su experiencia y
recha aplicaba á sus ojos el doble lente con asidero
de carey ó de oro, su andar pausado y majestuoso, poco más pequeña, baladí é impotente que el hombre de sus varios conocimientos, la educación de la huérsus saludos de gran señor afable, su amena conversa- entre los hombres, ni menos independiente ni con fana; cuidaba por sí mismo hasta los trajes que la nición instrucfo·:1 y sobre todo su indesmentida galan- menos derecho al orgullo? El poderoso vive á expen- ña usaba; y así le veíamos rebosando de orgulloso
tería para el bello sexo completaban la semejanza con sas de los que sufren su poder; el rico á expensas de contento cuando la paseaba ó la llevaba al teatro,
los que le facilitan la aplicación y el goce de su ri- hecha un primor de elegancia y reflejando el buen
el ilustre autor del Estatuto.
La buena sociedad madrileña le distinguía y le queza; el genio y el talento funcionan para los que no gusto externo de su director. En una palabra, la mumimaba.
lo tienen; el sibarita depende de los placeres que otros chacha, que se llamaba Inés, había venido á ser el
Había sido el coco de las beldad~s de cocas y mi- le proporcionan; el rey, de los súbditos; el general, de centro moral de la vida del buen Martínez. Aquel co-.
riñaques. Había reinado como un príncipe verdade- los soldados; el comerciante, de los trabajadores; el razón afectuoso, que á fuerza de querer á todo el
ro, él, modesto hijo de la clase media, en el Prado, gobernante, de los gobernados. La vida del individuo mundo y de practicar su filosofía propicia, no sintió
en Vista-Hermosa, en los Basilios, en los mentideros es la demanda incesante del socorro colectivo. Vivi- nunca un cariño concreto, decisivo y trascendental,
de la calle de la Montera y del atrio de San Ginés. mos por la familia, por los amigos, por los enemigos, había concentrado en aquella criatura todas las terHabía alternado y brillado en los espectáculos y pla- por los protectores, por los servidores, por los demás. nezas y todas las bondades genéricas de su corazón.
ceres de los ricos, él, modesto heredero de dos mil ¿Qué monarquía le queda al rey de la sociedad el día Inés, como también sabéis, era guapísima: blanca,
duros de renta, jefe de Administración de tercera en que se encierra solo en su domicilio? ¿Qué poderío con la mejor de las blancuras, que es la pálida mate
clase, jubilado después de treinta años de servicio é es ese que hasta para dar un paseo tiene que contar y ajazrninada; con dos ojos negros como la endrina,
hijo único de un quincallero de Sevilla.
con el zapatero? ¿Concíbese nada de tan mínimo llenos de luz acariciadora y festoneados por magnífiHabía sido camarada mundano de todos los nota- valor absoluto como el vecino aislado, nadie que cas pestañas; con dos cerezas garrafales por labios,
bles de su tiempo; había tuteado al duque de Rivas; tenga deberes y necesidades más generales que el dos azucenas por manos y dos pequeños dijes artísticos
por pies. De su talle y sus contornos poco ó nada se
había figurado como tertuliano asiduo de Salamanca caballero particular?
&gt;Pero en ningún orden de ideas resalta tanto la ne- supo al principio de la adopción; pero un par de años
y de la Avellaneda; había sido el D. Rafael, por antonomasia, de Montes y el Chiclanero. Y cuando la cia vanidad masculina como en el amoroso, en el de después vinieron en tropel las mejores y más gustotriste eliminación natural de hombres y cosas le ha- sus relaciones con la mujer. Nos pasamos la vida de sas noticias. La virgen andaluza se desarrolló de un
babía traído hasta nosotros; cuando había forzosa y rodillas ante ella como niños, como galanes, como golpe, con la precocidad que su tierra impone, y yo
paulatinamente aparecido en el seno de las personas maridos, como amantes y como viejos, y decimos, sin recuerdo que, al verla de lejos, algunos de vosotros
y costumbres sucesoras de las de su tiempo; sin dejar embargo, que la mujer es nuestra esclava, ó nuestro os quedabais con la boca abierta, y otros, los más
de ser fiel, de fondo y de forma, á sus recuerdos, á pasatiempo, ó nuestro juguete. No poseemos ni la creyentes, bendecíais á la divinidad, fuente y origen
sus hábitos; sin dejar de ser figura obligada de tea- décima parte de su finura intelectual, de su astucia, de las bellas formas .. .
tros, paseos y convites; sin acortar un centímetro el de su energía moral, de su valor, de su humanitaris- Es verdad, dijimos todos, pagando tributo al refaldón de sus levitas; sin alterar un ápice la forma mo, de su ternura, y sin embargo, la tenemos por un cuerdo exacto.
- Pues bien, siguió el orador: ¿necesito aseguraros
del cuello de sus camisas, y sin dejar de actuar como ser inferior. Hacemos girar la máquina social sobre
el más fino, servicial y discreto servidor de damas, el anhelo de su posesión, y nos creemos sus dueños. que la boca más abierta y la gratitud más religiosa
en presencia de aquel precioso ejemplar femenino,
había hecho reinar también en sus nuevos círculos la Nos enseña á creer, á sentir, á gozar, á padecer,
afectuosa atracción congénita y biográfica de su per- vivir, y nos damos aires de ser sus maestros. No hay eran las de D. Rafael, las del gran perito en el ramo?
sona.
felicidad de hombre que no cuente en ella su parte Aquella belleza le sorbió el sexo, hasta el punto de
Una noche nos explicó en el antiguo casino el se- integrante; ella labra con una mirada nuestra desdi- que vivía por ella y ante ella en éxtasis. Su ama de
creto permanente de sus éxitos, la causa de haber cha, y nos creemos los dispensadores de su ventura llaves, la setentona doña Jacinta, llegó á sospechar
agradado durante más de medio siglo á todo el mun- y los árbitros de su destino. Hemos cargado en su que aquel cariño y aquel entusiasmo pasaban de casdo, el motivo esencial de haber tenido tantos amigos obsequio con todo el trabajo intelectual y material de taño obscuro é implicaban un enamoramiento inmeny ni un solo enemigo.
la existencia; fundamos imperios, inventamos institu- so. Y un día se atrevió, con la audacia orgánica de
Martínez II era un filósofo. Aún nos parece estar ciones, ciencias, grandezas, placeres, para ofrecer á las de su especie, á preguntar á su amo por qué no se
oyendo, sentados de vuelta del Real, junto á una de sus pies el resultado, y luego convenimos seriamente casaba con la se,iorita. Y su amo le contestó que ya
las chimeneas del salón grande del casino, la exposi- en no darla otra importancia que la de un pretexto había pensado en ello, y que era una de las cosas que
ción de su filosofía. Nos la hizo en defensa propia. Le de nuestra actividad. ¡No somos, en suma, desde la pensaba hacer in articulo mortis, si antes Inés no lo
habíamos visto en el palco de una de las bellezas de cuna al sepulcro, más que unos mendicantes de sus había hecho por su cuenta y con otro. Y cuando doña
moda, que no tuvo durante su visita ojos ni oídos, caricias, y decimos que vive de la limosna de nuestro Jacinta le preguntó también por qué lo dejaba para
al parecer, sino para el visitante. Uno de nosotros, corazón y de nuestra fuerza!
tan tarde, D. Rafael le contestó también que las
que estaba hacía un año bebiendo los vientos por
&gt;Para concluir: el hombre no vale un comino, desde viudedades no se cobran hasta que los maridos mueaquel astro moreno, cuyo escote era una verdadera ningún punto de vista. Los hombres son, como con- ren, y que_él quería dejar á Inés la viudedad corresapoteosis escultural, exhaló,aunque cariñosamente, su junto, lo único que vale algo; pero una sola mujer pondiente á su jubilación de veinticuatro mil reales.
mortificación. «¿Pero cómo diablos hace usted, don vale más que todos ellos. Y como no soy más que Inés no llegó á gozar, sin embargo, de la proyectaRafael, dijo, para gustar tanto á las mujeres?» Y uno, ciño mi conducta á la conciencia de mi nuli- da pensión civil, porque una tarde se asomó al bal
D. Rafael, ajustando el lazo de su corbata blanca, dad. Sirvo á los demás con interesada buena fe, en eón y vió á un joven de buena figura que la miraba
acercándose de espaldas á la chimenea y dirigiéndo- lo poco que puedo, para que ellos me sirvan en lo mucho desde el suyo, y que ya no cesó de mirarla
nos, como preámbulo, una complaciente sonrisa, nos mucho que les es dable. Y para gustar á las mujeres, con igual intensidad todas las tardes á la propia hora.
reveló su sistema.
lo único que hago es demostrar que ellas me gustan Total, que en aquel joven había el germen de un
á mí mucho más, infinitamente más de lo que yo novio y que este novio se apareció un día en la casa
III
puedo gustarlas.
.
de D. Rafael acompañado de su padre, tendero acre»Cuyos mandamientos se encierran en dos, á sa- ditado de ropas hechas y en corte, el cual padre piEl buen Martínez II profesaba el principio funda- ber: ser bueno con los hombres, y mejor con las mu- dió á Martínez la mano de su pupila para el hijo.
mental de la insignificancia del hombre. «No hay error, jeres. No hay otro medio para pasarlo medianamente Martínez llamó á Inés, que nada le había dicho del
decía, más craso y lastimoso que el de llamar rey de en este planeta.»
noviazgo, la cual se lo dijo todo en presencia del inla creación á ese ser mísero, que sólo ocupa en ella
teresado. La mano, pues, fué acordada y la boda se
un lugar secundario. De este error principal nacen y
IV
efectuó á los quince días, yéndose inmediatamente
se derivan los infinitos que sirven de causa á las deslos recién casados á establecer en Barcelona, que es
dichas y á las necesidades humanas. El hombre cree,
Martínez II murió en carácter: murió de bondado- gran país para el comercio, un comercio idéntico al
por ejemplo, en el orden físico, que la Naturaleza so á los sesenta años. Yendo con el cortejo fúnebre del suegro de Madrid. D. Rafael hizo donación á
está hecha para él; siendo así que, por el contrario, la desde la casa mortuoria, calle de la Cruz, á la patriar- Inés de todo su patrimonio y se quedó otra vez solo
Naturaleza le tiene despótica y absolutamente á su cal de San Martín, Costa nos refirió en el landó de con doña Jacinta y con su haber pasivo. A la vuelta
servicio, y le impone sus leyes inmodificables, sus alquiler cómo había muerto.
de la estación del Mediodía, donde despidió á los
intemperies, sus apetitos, sus dolencias, sus rigores y
- ¿Recordáis, dijo, que hace algunos años, á raíz del jóvenes, se sintió un poco malo; le parecía ver todos
malos tratos, más que á ningún otro animal, puesto cólera, apareció Martínez acompañado siempre de los objetos de un color obscuro. Era una ictericia
que es el más naturalmente indefenso.
una linda niüa enlutada, cuya paternidad ilegal le negra que le entraba y que ya no debía salirle del co·
»Cuando yo me veo acatarrado en invierno, sin res- atribuyó al momento la -maledicencia? Pues la male- razón sino con la vida. Su tristeza se desarrolló y dupiración en verano, débil el día que almuerzo tarde, y dicencia se equivocó, contra su costumbre, entonces. ró tres años. El pobre Martínez sólo tenía un día
rendido de cansancio si trasnocho; cuando considero El verdadero padre de aquella niña, empleado de de alivio en la semana, el día en que recibía carta de
que sin el gabán, y los baños de mar, y la cocinera, Hacienda con 3.000 pesetas anuales, acababa de I nés: los demás los pasaba esperando la carta siguieny la buena cama, mis manos no podrían sostener el morir en su respectivo sotabanco. Había sido con- te. Doña Jacinta le instaba para que volviese á su
cetro de la Tierra, que dicen que constitutivamente temporáneo, paisano, subalterno y protegido de don antiguo vivir agasajado y divertido. D. Rafael se netengo en ellas, no puedo menos de reírme de mi or- Rafael; y cuando pidió á éste en su agonía amparo gaba bajo el pretexto de que, según decía, no estaba
ganización regia. Y nada digamos de lo que signifi- para su hija, que no tenía madre ni parientes, don ya para jolgorios, pero en realidad porque seguía
can, en puridad, los progresos material~s de que tanto Rafael se lo prometió; y cuando la linda adolescente viendo negro, muy negro, el mundo. Al principio sa-

a

•f-'

583

NúMERO

LA

583

lió á paseo todas las tardes, después alguna que otra, l~~go ninguna. Empezó
á sentir gran deb1hdad, que en breve no
le permitió moverse de u~a butaca. J?oña Jacinta llamó al médico: el médico
fué, observó y dijo que aqu~ll? no tenía
remedio que era una anemia incurable,
una luz'que se apaga. Doña Jacint,a 11?·
raba á hurtadillas. D. Rafael sonreia sm
cesar á doña Jacinta, y se pasaba las mañanas contemplando la gran fotografía
iluminada de J nés, que presidía su cuarto y las tardes mirando á través del cristai del balcón la tienda del suegro. Una
noche se acostó con gran fiebre y el ama
de llaves le oyó delirar y decir: «¿Por qué
no me llamas á tu lado? ¿Qué hago yo
aquí yo que te quiero tanto, yo que sin ti
me :i.mero?» Y doña Jacinta lloró doblemente al considerar la ingratitud de la se17orita. Por la mañana llegó el correo con
carta de Barcelona, y tuvo que leérsela
al señor, que ya no podía leer. Era del
marido de Inés participando el segundo
feliz alumbramiento de su mujer. Cuando acabó la lectura, doña Jacinta alargó
el papel á su amo; pero éste no pudo tomarlo porque, aunque seguía so_nriendo,
estaba muerto. Aquella era la última sonrisa del buen Martínez.
¡Pobre D. Rafael!

s. LÓPEZ

GUIJARRO

................,.............,....... ,....................,..,..~·····••'••········•,.•··••J'••"·•·..

BOCETOS
UNA

F IERA

Aterrorizan los relatos de esas fieras
que silenciosas y traidoramente, ó rugientes y amenazadoras, se abalanzan sobre
los confiados viajeros al pasar por la estrecha garganta de un precipicio, al cruzar una estrecha llanura del desierto, atravesando un enmarañado bosque, al vadear un río ó flotando sobre un resto de
buque en la inmensidad del Atlántlco.
Si el relato y la sola idea de eso pone los
pelos de punta, calcúlese el espanto que
ha de causar la realidad al encontrarse
con el tremendo y poderoso león de las
vertientes del Atlas, el astuto tigre de
Bengala, la cautelosa pantera del Ganges,
el repugnante cocodrillo del Nilo, el as-

143

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

FELICIDAD, cuadro:de Ramón Pulido y Femández
( Exposición internacional de Bellas Arles de 1892

queroso hipopótamo de la Abisinia, el
estúpido y feroz oso blanc? de la Laponía el fétido candor del H1malaya, la retor~ida serpiente de las Pa?1pas, e) voraz
tiburón del Océ~no, la hed1?nda hiena... ,
figúrese cualqmera la real_1dad de tales
encuentros, sin amparo y sm defensa.
y sin embargo, ¡lo que es la cost~mbre!, vivimos tan confiada y tranquilamente como si tal cosa, rodeados de fieras semejantes, apenas sin reparar en
ellas aun sabiendo los estragos y destrozos que causan, no sólo á diario, sino á
cada momento.
La cuestión es sencilla, se reduce á
cambio de nombre y variación de escena.
Pongamos por caso.
El tremendo y poderoso león aparece
revestido con la prepotencia de alto funcionario ocupando un s_illón de..., primera categoría; el astuto t1gr~, &lt;letras de la
mesa del estrado de un tribunal; la cautelosa pantera, el que dirige el t~je ma_neje de un banco de crédito; el mmóVJl y
repugnante cocodrilo, el ca~ita)ista que
absorbió el dinero de los candidos que
se lo entregaron; el asqueroso hipopótamo esos ricachones ó herederos de gran
fortuna que se pasan la vida sin idea de
algo superior á ella; el torpe y feroz oso
blanco esos brutales asesinos de encrucijada,' buhardilla ó chiribitil, que como
valen poco con poco se contentan, y suelen ser, quizá precisamente por eso, los
únicos que dan trabajo al verdugo; ~l
candor y demás géneFO de pluma y rapiña la gente de ídem; la retorcida serpiente' desde la boa Constrictor á la venenos; víbora, la chusma que invad~ y llena
las curias) el elefante, esos caciques de
localidad dispuestos siempre á tumbar
de un trompazo á quienes les estorben
en sus trapisondas; el voraz tiburón de
encajados dientP.s, esos letrados de ancha tragadera, á quienes, con tal que dé,
lo mismo da sostener blanco que negro
y contrariar hoy lo que ayer defendieron;
la asquerosa hiena, esos usureros en pequeño para realizar en grande mayores
saqueos... , los cuales sobrepujan en nauseabunda asquerosidad á toda la repugnancia junta de los demás, ¡y eso que cada cual presenta un buen contingente!
Esas fieras, que lo son y de veras, no

EL ENTIERRO DEL PILOTO, cuadro de Juan Martlnez Abades (premiado en la Exposición internacional de Bellas Arles de 1892)

�~

.a.

LA CARTA DEL NOVIO, cuadro de F. B. Doubek

LA PRUEBA DE UNA TIPLE, cua dro d e F. B. Doube k (Exposición internacional de Bellas Artes de M unic h, 1892)

�LA

11111

nos espantan ni nos horrorizan, porque estamos familiarizados con ellas: nos acechan, nos preparan emboscadas y sorpresas, y cándidamente sin escarmiento caemos en ellas; y nos aprietan, estrangulan y
destrozan, y nos quedamos tan amigos, viviendo en
santa pa_z ~ compa?a: apen~s ~ensamos en vengarnos; m s1qmera movidos por msunto de conservación
intentamos unirnos para la común defensa.
Pudiendo añadir aún que cuanto más dañina y
mala sea esa fiera social, tanto más motivo de respeto y deferencia impone; y llevándolo al extremado
límite, parece como que nos envanezcamos de frecuentar su guarida con aspecto de suntuoso palacio,
y hasta sus zarpazos nos parecen graciosas caricias,
sus groserías lindezas y sus bramidos chistes, y...

¡Cosi va il mondo bimba mia!
. La pintura no es subida de color, es más bien pálida: seguramente la mayor parte de los lectores dis~ondrán de propia paleta para recargarla, dejándola
a su gusto y en su punto.
Pero al fin, aquellas fieras de por allá, sencillament~ entrega~~s á sus instintos, entre sus géneros, especies y fam1has, no se dañan, ni se destrozan , ni se
matan unas á otras: satisfechas sus funciones naturales y llenadas sus
. .necesidades, nada extreman·, como
no conocen el v1c10, no se abandonan á ningú n exceso. En cierto modo pueden considerarse como brutos
racionales.
Pero entre los hombres, parece que el espíritu de
conservación individual estriba en destruir, y sus
funciones naturales han de ir más allá de su línea, y
sus goces y necesidades han de hallarse dentro de los
excesos del vicio: su concupiscencia no conoce valla
ni freno, y para satisfacerla cualquier medio le parece
aceptable y lo estima como excelente, y sobre todos
el mejor y de resultado seguro la destrucción de sus
semejantes. Diríase que para él lo más sabroso son
las lágrimas y el sudor y la sangre de otro hombre
de su semejante, de su hermano. Y así los tales,
sean las fieras de por acá, en cierto modo invirtiendo la idea pueden ser considerados como racionales
brutos ... ó embrutecidos, que es peor. ¿No es verdad
que el hombre inocente y cándido es lo más cándido
y má_s inocente que puede darse? ¿No es verdad, que
la Fiera Homb1'e es una gran fiera?

6

J UAN Ü-NEILLE

Bellas Artes. - La Galeria Nacional de Berlín envía á la
Exposición universal de Chicago ocho esculturas y veinte cuadros que firi1:1an, entre otros, los escultores Begas, Eberlein y
Brutt y los pintores Keller, Schuch, Liebermann y Knaus.
S~!ón Parls. - Como todos los años, los pintores Casas y
Rusin_ol_ en compañía del escultor Clarasó han organizado una
expos1c1ón con varios de los trabajos realizados desde la anterior, en )a que tomó parte el desgraciado Canuda, muerto el verano últuno _en la villa ele Sitjes, donde todo el sol esplendente
de, f!uestro_ htoral, re fl~jaclo por la~ azules ondas mediterráneas,
fue msufic1ente remedio á la dolencia contraída allá en las cimas
ele Montmartre junto á las aspas del molino ele la Galette, cuando. en compañia ele los expositores que nos ocupan luchaba
vah1;ntemente para resolver el dificilísímo problema ele ganar
su. vida y pracllcar el arte, sueño y aspiración de toda su misera
ex1stenc1a. Descanse en paz el buen amigo, el hombre honrado
y el ferviente artista.
Como en sus anteriores manifestaciones, preséntanse Rusiñol
y Casas consecuentes y fieles á su manera de sentir, aunque esta
vez sea~ _sus estudios, á la par que en número más reducido,
algo mas interesantes en su concepto y ejecución que otras veces:
muchas de las notas, impresiones y verdaderos cuadros expuestos no son parisienses, son impresiones recibidas, sentidas entre
nosotros y entre nosotros reproducidas; diferencia digna de tener en c~enta, dada la filiación con que se ha caracterizado á
estos artistas, y que explica la mayor benevolencia con que el
público las ha recibido.
Curioso es en verdad, y prueba una vez más la insignificanc!a de nuestro movimiento artístico, el anatema que han merecido generalmente del público y de la crítica Casas y Rusiñol
por ~l solo hecho de presentarse sinceros y espontáneos, en
trabaJOS que más que resultados son medios para producirlos
algún día, estudios y observaciones de temperamento verdaderamente de artista, revelaciones que en otras partes se miden por
el valor que manifiestan, no por la novedad de procedimientos
que supongan, al propio tiempo que entre éstos presentan obras
que reunen condiciones suficientes para ser apreciadas seriamente, sean unas ú otras las tendencias que signifiquen. Y afirma_ nuestr~s palabras el hecho de que se m9teje á esos artistas
de 1mpres1omstas, cuando tanto distan en su pintura de las cualidades típicas que caracterizan á los representantes genuinos
de esa escuela.
Sea como fuere, Rusiñol y Casas exponen en su variada labor
muestras de valer suficiente para que se les aplauda, aplauso
que debe hacerse extensivo á Clarasó por la gallarda muestra
que de su talento presenta con el modelo monumental que
expone.
Teatros. - En el teatro de la Residencia, de Berl!n, se han
eslren~do en un mismo &lt;lía tres obras en un acto del poeta sue·
co Stnncl?erg, ~e las cuales la tragicomedia El acreedo1 causó
profun?a 1mpres1ón, al paso que la comedia Signos de oto11o y la
tragedia Antes de la muerte apenas gustaron. Según los perió-

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

dicos alemanes, este notable representante de la escuela natu·
ralista del Norte también escudriña con preferencia los aspectos malos del alma humana, asl es que los personajes de las tres
obras citadas acusan ímicamenne sentimientos é ideas de debilidad, bajeza y brutalidad.
Parls. - La pantomima en todas sus aplicaciones teatrales ha
prevalecido en la última quincena en París, en donde se han estrenado: en el Nuevo Circo París Clown, revista pantomima de
Sartac y Alevy; en el teatro de Aplicación, Une soirée ehez 1)1.
le sous-prefect, monomima de Galipaux con bellísima música de
Thomé, y en el Circo de Invierno, Les Fra11,ais au Daho111ey,
mimodrama militar. En los Bufos Parisienses se ha reproducido
L' E11/a11t prodigue, pantomima de Carré con deliciosa música
ele Wormser. Se han estrenado además con buen éxito: en Variedades Le premier 111ari de France, vaucleville en tres actos de
Albin Valabregue; en Cluny, Les Ca111bn'olesde l' a1111le, ~evistr,
en tres actos de .Milher y Numés; en el Palais Royal Le Vcglione, graciosa comedia en tres actos de A. Bisson y Carré;
en el Gimnasio, Les amants legitimes, co"1cdia en tres actos de
A. Janvier y M. Ballot; en el Circo Fernando, A bride abattue,
revista ecuestre, e¡1 la que los clowns, amazonas, gimnastas, etcétera, etc., con gran aparato de caballos, coches y velocípe·
dos, representan los principales acontecimientos ocurridos dur~nte ~I año en París; y en el Chateau d' Eau, Le cri111e d' Orczval, interesante drama en cinco actos y ocho cuadros, de E.
Mendel y E. Pourcelle, tomado de la novela del mismo titulo
de Emilio Gaboriau.
A-ladrid. - En el Real el tenor Tamagno ha cantado con gran
apla~so Guillermo Tell y Otello, ópera esta última en que comparttó_con él la ovación la Sra. Tetrazzini: en ambas logró nue·
vos triunfos el Sr. Mancinelli: para debut ele la Sra. Fabri, que
fué muy bien recibida, se ha puesto en escena Orfto. En el Español se ha verificado el beneficio de la señc,rita Conlreras con la
represent~ción de Un dra111a n11e1.'o, en la que obtuvo, junto con
el Sr. Vico, muchos aplausos. En el Príncipe Alfonso sigue
contando por conciertos el número de triunfos la Sociedad de
Concierto_s de Madrid dirigida por Mancinelli: en el quinto fueron espec_ialmenle aplaudidas la marcha fúnebre de Siegfried,
el preludio ele Tristán l l solda y la cabalgata de Las Walkirias,
de Wagner, y la quinta sinfonía de Beethoven. Se han estrenado
con _buen éxito: en la Comedia, Abogar contra si mis1110, comedia en tres actos de D. Miguel Echegaray, ele interesante argumento, muy bien estrita y abundante en chistes cultos, y en
Lara, El moclmelo, juguete en un acto de los Sres. Limendoux
Y Rojas. En este último teatro se ha verificado el beneficio de
la Sra. Valverde, una de las artistas predilectas, y con razón,
de) público madrileño. En la Zanuela han comenzado con gran
éxito las representaciones de Miss Hclyet, cosechando en ellas
muchos aplausos la señorita Pretel y el Sr. Banquells.
Barcelona. - Se han estrenado con aplauso: en Romea, La
111os~a al nas, comedia en un acto ele D. Federico Soler, bien
esenia y abundante en chistes; Nit d' aygua, graciosa pieza en
un acto del Sr. Ferrer y Codina, y Lada111a de Reits, interesan·
le drama en tres actos, de D. Manuel Rocamora; en Novedades, El marqués de Carqui11yoli, chistoso juguete en un acto,
de G. Gumá; en el Eldorado, Las fiestas de Villaca,1as, graciosa zarzuela en un acto, de D. Bernardo de Pablo, con agrada·
ble música del maestro Estellés, y La boda de Sera/In (a) el
Zapater/11, letra de D. Constantino Gil y música del Sr. Val·
verde (hijo). En el Circo Barcelonés, la compañia Tani ha pues1? ~n escena Don Pedro dei A-fedina, opereta del maestro Lanzm11 Y Ka~atoa, opereta en tres actos, de Offenbach y Ricci,
habiendo sido aplaudidos el director de la compañia, Sr. Tani,
las _señoritas Tani y los Sres. Delecesse y Navarrini. Mme.
Juchc ha dacio cuatro representaciones en el Principal y una extraordinaria en el L!rico, ésta con el solo objeto de poner en esc~na Le pa,fum. En el Tívoli ha comenzado sus representa·
c1ones u~a compañía ele ópera italiana. La Sociedad Catalana
ele Com:1erlos ha ciado los dos primeros de esta temporada, que
~an v~hdo entusiastas ovaciones á la misma y á su director senor_ ~1colau por_ lo selecto de los programas y la excelente ejecuc10n de los IIl!Smos: en el segundo se estrenó la introducción
al poema sinfónico L' Atlántida, del joven compositor Sr. More~a, que se ha revelado en e lla como lltaestro inspirado y peritís1m? en materia ele instrumentación y que fué aclamado con
entusiasmo.

A.

Necrología. - Han fallecido recientemente:
Doña Concepción Arenal, renombrada escritora, admirada
p~r los más eminentes publicistas por sus profundos conocin11entos en las ciencias jurídica y sociológica, autora ele multitud de obras universalmente celebradas, entre ellas llfa1111al del
pobre, Derecho de gentes, Cartas á w¡ sel1or, Cartas á un obrero,
Cuadros de la guerra, La esclavitud, La be11ejice11cia la filantropía y la caridad? llfa1111al _del preso y otras mucha~, algunas
de las cuales han SICio traducidas al polaco, al inglés, al italiano, al francés y al alemán.
J osé Alfredo Foutón, cardenal arzobispo de Lyón y primado
de las Galias.

583

miado en el concurso celebrado en Granada con motivo de la
coronación del hoy llorado poeta D. J osé Zorrilla, y el no menos interesan re que reproducimos, titulado Granada por los Reyes CatJlicos, premiado también por la Municipalidad granadina en el concurso celebrado para conmemorar el cuarto cente·
nario de la Reconquista. La producción del Sr. Marín repre·
senta con notable originalidad y completa exactitud histórica la
toma de posesión de la capital ele Boabdil, ocurrida el día 2 de
enero de 1492, en el que, como saben nuestros lectores, Colón
descubrió un nuevo mundo y realizóse la unidad nacional.

N úMER O

583

147

L A ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

CARGO DE CONCIENCIA
POR J u ANA MAIRET, CON PRECIOSAS ILUSTRAC I ONES DE

A.

MOR EA U

(CONTINUACIÓN)

Triste recuerdo, cuadro de Antonio Coll y Pí
(Salón Parés). - Innegable es que el cariño de nuestros padres,
hermanos ó deudos nos sostiene y anima, ~ienclo el alimento
moral de nuestras almas. Nacidos para amar, nuestra existencia pierde sus atractivos al desaparecer los seres que desintere·
saclamente nos prodigaron inequívocas y señaladas muestras de
verdadero afecto. Y si en la criatura humana no existiera el instintivo convencimiento de su conservación, sucumbiríamos anegados por la fuerza del dolor que nos domina.
Tales son las consideraciones que han inspirado al joven
cuanto inteligente pintor Antonio Coll el sentido cuadro que reproducimos, digno compañero del que ha tiempo dimos á conocer á nuestros lectores, titulado Viudo, que al igual de éste lla•
mó Justamente la atención de los inteligentes. En una y otra
composición revélase el a rtista que siente y discurre y que, convencido de su misión, pinta cuadros ele la vida real, escenas que
se desenvuelven á nuestro alrededor, episodios sentidos que interesan por su delicada intención. Además es recomendable el
cuadro del Sr. Coll por la.. discreta disposición de las figuras y
por la sobriedad del colorido, que se armoniza perfectamente
con la índole de la escena representada.

Noble y plebeyo, acuarela de W. Strutt. - El
contr3:5te que á nuestros ojos ofrece no puede ser más completo,
y el pmtor al reproducir en el lienzo esos dos tipos nos ha presentado el modo ele ser de una época en que entre las distintas
clases sociales existía una barrera infranqueable, época afortunadamente destruida por las leyes y las costumbres que cada
día tienden más á apreciar al hombre por sus propios méritos y
á facilitar aun al más humilde los medios para encumbrarse por
su propio esfuerzo.
Felicidad, cuadro de Ramón Pulido y F ernán-

dez (Exposición internacional ele Bellas Artes de 1892). - El

Sr. Pulido forma parte de ese grupo de jóvenes artistas que por
sus especiales aptitudes representan ya la venidera generación
artística. De ahí que al examinar sus obras lo hagamos siempre
tratando de adivinar en ellas algún rasgo de genialidad, algo
que revele una personalidad, un pintor que llegue á honrar con
s~s producciones el arte patrio. Si el pensionado por la Diputac1~n de Madrid llegará á _la meta, imposible es adivinarlo, por
mas que sus obras patentizan ya las recomendables cualidades
que posee y un temperamento de artista. Preciso es, pues, limi·
tarnos_á_consignar que los cuatro lienzos que han figurado en la
Expos1c1ón ele Bellas Artes, entre ellos el que reproducimos, son
tan bellos por el concepto como por su factura, no titubeando
en afirl?ar que si por tal senda sigue el Sr. Pulido, logrará alcanzar JUSta recompensa á sus afanes.

- Pues entonces ... murmuró, ¿por qué razón han detenido á Roberto, si tú
La señorita de Levasseur se había levantado á su vez, con dignidad, pero
dijiste?..
horriblemente pálida, si n poder ocultar todo cuanto sufría, y Edmunda se sintió
- El procurador no ha creído en mi palabra, y tú misma inocentemente le al fin un poco avergonzada.
has confirmado en la convicción de que yo había mentido para salvará Ro~erto.
- Te pido perdón, Marta, dijo; pero... ¡si supieras cuán desgraciada soy!
- Y en efecto, ¿has mentido?..
-¡Ay de mí, pobre niña!, replicó Marta, abrazando á su hermana tiernamente,
- He dicho la verdad.
á mí me COQtrista tu pesar tanto como mis angustias.
Edmunda hablaba con trabajo, sofocada y con el rostro enrojecido.
Y después de aquella explosión de violencia y de injustas recriminaciones, siEntonc_es, in~apaz de dominarse é indiferente á los golpes que dirigía, excla- guióse una pausa y se trató de hablar de otras cosas, pero sin conseguirlo. Al
mó con v10lenc1a:
cabo de otra pausa, la señora de Anee! dijo al fin:
- ¡Pues entonces... tú eres la causa de todas estas miserias! ¡Ah! ¡Malhaya
- Voy á proponer una cosa. Yo vuelvo á casa, donde mi presencia es necede las personas que toman los asuntos de los demás con más interés que uno saria; pero la soledad me atemoriza. Si Edmunda quisiese acompañarme, podría
mismo! Yo no tenía ninguna necesidad de tu ayuda, pues siempre supe condu- tomar posesión de las habitaciones preparadas para ella, y estaría allí como en
su pequeño reino, en casa de su esposo. Y cuidaré, querida niña, añadió con
triste sonrisa, de que no se la llame nunca «señorita,» y Marta no quedará sola
puesto que su tía le ha servido de madre hace muchos años. Es tan buena y ge'.
nerosa, que me cederá durante algún tiempo á su hermanita ...
Así se hizo, y esta solución produjo una agradable expansión en los ánimos.
Edmunda, niña mimada y voluntariosa, una vez disipada su cólera y no comprendiendo bien su violencia, trataba de hacerla olvidar, mostrándose como
antes zalamera y seductora; pero la complació mucho marcharse con su suegra.
Cuando se atestiguó en lontananza el ruido del coche que conducía á las dos
m~jeres, Marta fué á sentarse en un taburete, como cuando era niña, y muy
fatigada apoy~ 1~ ~beza sobre las rodillas de su _tía. E l silencio de aquel gran
salón le parecia mvttar al reposo, y las dulces caricias de la mano regordeta de
la señora Despois le hicieron mucho bien; ahora podía callarse ó hablar según
se le antojara, y no debía esforzarse para disimular.
Al cabo de un rato de silenciq, la tía Aurelia se inclinó y le dijo en voz muy
baja con la mayor dulzura:
- ¡Pobre Marta!.. Yo no había comprendido al pronto. Tú le amabas y Je
has cedido á tu hermana.. .
Marta n_o tuvo f~erza para protestar... ni sus labios pronunciaron la palabra
«no;» hubiera quendo desahogarse llorando; pero hacía ya largo tiempo que se
habían secado las lágrimas en sus ojos.
. Las caricias, ~atern~l~s y las palabr~s dulces acabaron por calmarla, pruduc1éndola much1sm_1_0 alivio, y al fin la tia exclamó como á pesar suyo:
- ¡Cuando te dije que la desgracia entraría aquí con la hija de la actriz!..

El entierro del piloto, cuadro de Juan Martínez Abades (premiado en la Exposición internacional de
Bellas Artes de 1892). - España, que cuenta con dilatacllsimas
costas bañadas por dos mares, ofrece al observador la anomalía
de ser ~l pals en donde sus artistas han rehuíclo por largo tiempo dedicarse al e~tuclio de la marina. Hace pocos años que contamos entre los I?mtor;s un grupo de marinistas, si bien éstos,
aunque en reducido numero, han logrado justa y merecida nombradía. Juste, Monleón, Meifrén y Martinez Abades son nombres ya conocidos y sus obras apreciadas en todos los centros de
arte.
. El Sr.. l\Iartínez Abades, que ya se distinguió en la Exposi·
c1ón nacional de 1890 por su notable lienzo titulado El Viático
á bordo, ha logrado en el certamen de 1892 otra nueva recompensa por su gran cuadro El entierro del piloto, tan sentido como el_ anterior y tan bellamente pintado que revela el profundo
estud1? del artista asturiano y sus cualidades excepcionales para
el cultivo del género especial á que se dedica con singular éxito.
El asunto desarrollado por el Sr. Martínez Abades interesa
extraor?inariam~nte. En un buque anclado en el puerto acaba
de monr un marmo, el piloto, cuyo cadáver transportado en una
lancha recíbenlo en el muelle sus deudos y amigos para que des·
cansen sus restos en la tierra que le vió nacer. La muerte le respe·
tó cuando el buque por él gobernado era juguete de las olas, y
cuando podía hallar en el seno del hogar calma y reposo, encontró la muerte al di,~sar las casas blancas de su pueblo.
Tal es el asunto del lienzo, y á la vez que aplaudimos al artis·
ta, bueno es consignar que como suponemos el cuadro inspirado
en un hecho ele la vicia real, debemos al pensar en él acatar los
fallos de la Providencia.

La carta del novio. -La prueba de una t iple,
cuadros de F. B. Doubek. - El autor de estas dos obras
p~rte~ece á la tan celebrada escuela de Munich, cuyas excelencias bien se advierten en estos cuadros. Hállase en ambos tratada,con especial cuidado l.~ parte plástica; pero Jo que en ellos
mas atrae es la reproducc1on del elemento psíquico, sin el cual no
puede haber verdadera obra de arte. En efecto, examínense una
P?r una las figuras. q~e en las dos composiciones entran, y en
ninguna de el_las deJara de encontrarse la expresión propia, perUna elegante en 1889, cuadro de Van den fectamente aJustac)a, al estado ele ánimo en que el autor quiso
Bos. - Los que visitaron nuestra Exposición internacional de r~presentarl~s; y s1 a es~o se añade la corrección del dibujo, la
1891 recordarán sin duda el magnífico cuadro de Van den Bos,
b_1en entendida agr!1pac1ón de las personas, la acertada disposi·
El heredero, que en ella figuraba y que reprodujimos en el núc1ón de los accesorios y la irreprochable distribución de luz se
mero 497 de LA ILUSTRACIÓN ARTIST!CA. Todas las cualidacomprenderá ,el :1plauso con que han sido recibidas por la c;ítides notabillsimas que en aquella obra resplandecían a parecen
ca Y por el pubhco estas dos obras del pintor alemán.
con m~yor realce, si cabe, en esa figura que hoy publicamos,
concebida dentro de las leyes del gusto más exquisito y ejecuta·
E n el v~stí~ulo, cuadro de Renato Reinicke.
da con todos los primores que la perfección artística exige.
- Pocos artistas igualan á Reinicke en la pintura de tipos y
del gran mundo, como son los del cuadro En el vestíGranada por los Reyes Católicos, boceto al asuntos
bulo: la finura de su lápiz, la delicadeza de su pincel y la suavi·
óleo de Is_idoro Marín (de fotografía ele J. García Ayola). dad
c)e su colorido hacen de sus obras modelos acabados de co·
- . Cua~do I sidoro Maria expuso su cuadro representando la Purrecc1ón
y de buen gusto. Todo en sus cuadros es elegante, torijicacúfo_ de los moriscos por el arzobispo Fr. Ilemando de Talavera, h1c1o:ios observar las relevantes condiciones que reconocía- do se presenta en ellos saturado por una atmósfera aristocrática,
mos en el Joven artista granadino para la composición de asun- de buen to~o_, que cautiva; lodo en ellos, además, es natural:
porque Reuucke busca y reproduce la verdad pero la busca
tos &lt;le car~cter histórico, augurándole, á seguir por tal camino,
allí donde hay belleza y sentimiento y color y 1~ reproduce con
seguros triunfos. Y que no nos equivocamos en nuestras apresin !g:iml cariño, dando á cada uno de los eiementos ele su com·
ciaci~nes, han v~~ido á demostrarlo después su magnifico cuapos1c1ón todo el valor que ha de tener á fin de que ésta sea com·
dro titulado Prmon de Boabdil en la batalla de Lucena) prepleta en su conjunto y en sus detalles.

XIV

Marta se arrodilló é hizo un esfuerzo para orar

Acercábase el día del proceso, señalado para principios de diciembre, y el
verdadero asesino no se encontraba.
La señora de Anee! f _Edmunda habían conseguido al fin que se les permitiera ver al preso, ,Y sus v1s1tas les proporcionaron un poco de calma y esperanza.
~o?erto p~rec1~ tan seguro del resultado y hablaba tan tranquilamente del
viaje á Italia_, fij~ndo la fecha después de terminarse el asunto, que su confianza se comunicó a las dos mujeres. Había tenido una larga entrevista con su
abogado, ~o~bre, célebre de arrebatadora elocuencia, que el marqués de San
Pedro hab1a ido a ~uscar á París; y este abogado, llamado Bourdoin, no parecía
dudar de la absolución. Entretanto Roberto trabajaba con afán en su Histo ·
de
duq~es de Saboya, y había casi co!1cluíd_o _el primer capítulo, capítulo rJ:
cons~der~c10nes generales, cuya redacción ex1g1ó un trabajo muy prolongado
y mmuc10so.
Estas n?~icias llegaba~ al castillo á intervalos. El tiempo era espantoso y
hasta las v1s1tas entre vecmos se hicieron difíciles. Con frecuencia algunas b:e.
ves cartas consolaban á las dos reclusas.
·
Entre las h~rman;s,_ cuando se veían manteníase una tensión visible. Las Jarg~s conversac!ones 1~ttmas que tanto les complacían y en que las dos se comunicaban sus 1mpres10nes eran ya imposibles; pero mostrábanse muy cariñosas
una con ot~a. Ed~rnnda coqueteaba casi para reconquistar el terreno perdido
pues neces1ta~a siempre ser adorada de aquellos y aquellas que la rodeasen. Po;
lo demás ha?1a recob~a~o en. gra~ parte su alegría y buen humor, y era tal en
ella, la necesidad de !1v1r ~ d1vert1rse, que la tristeza y la desesperación no Je
hacian gran_ mella. Bi~n m1rado, la alegría es más bien cuestión de temperament~ que de c1rcunsta~c1as. La p_rimera vez que Marta oyó la franca carcajada de
~ódmudndRa ebstremec1óse, pareciéndole que el eco debía resonar hasta en la pris1 n e o erto...

'º!

~ir mi barca yo sola. Si no te hubieras mezclado en nada, Roberto habría ido
a casa de la señora Robinsón; allí habría sido visto de todos, y nadie hubiera
pensado en acusarle de ese estúpido crimen ... y yo no me vería en la situación
equívoca y ridícula de mujer casada, sin esposo...
- ¡Edmunda!, exclamó Marta dolorosamente.
- Sin embargo, todo cuanto te digo es verdad...
Cuando yo era niña me llevaron á un teatrito, y recuerdo que allí había una
casada cuy~ m~trimonio se declaró irregular á causa de no sé qué... ; se la veía
en el acto s1gmente vestida siempre de blanco, pero entre las flores de su corona llevaba naranjitas verdes y otras casi maduras, lo cual hacía reir mucho.
- ¡La llevaban á usted á ver cosas bonitas!, murmuró la tía Aurelia.
- P ues bien, continuó Edmunda hablando más precipitadamente, yo miraba todas las mañanas mi corona de flores de azahar, buscando las naranjitas
verdes._.. Y esto me producía tales accesos de furor, que ayer mismo la quemé.
Los c: 1ados me llamaron aquí casi siempre señorita Edmunda; los campesinos
~ e, miran ~on sorna cuando pasan cerca de mí, y yo os digo que mi situación es
nd1cula é intolerable.
.
En el silencio de asombro que siguió á estas palabras, oyóse á la tía Aurelia
murmurar:
- Esta ~ez, el nudo ha roto la aguja... en seco...
·
- Quenda Edmunda, dijo Marta dulcemente, cuando recobres la calma te
arrepentirás de tu violencia, pensando que es horriblemente cruel haber sido
~on las . mejores intenciones del mundo la causa involuntaria de una sensible
esgrac1~... que esto hace pasar días penosos y noches terribles...
La senara de Anee!, pensando sólo en su hijo, exclamó:
- ¡Ah, Marta! ¿Por qué haber callado en el momento mismo? ¿Por qué ocultarse para que ahora no baste su palabra de usted para salvar á mi hijo? ...
~ ¿Por qu.é, por qué?, repitió Edmunda. ¿Quién sabe si todo este misterio no
encierra·un sentimiento oculto? En el país, según me han dado á entender últimamente, se cree que cuando Marta era más joven se trataba de casarla con
R oberto.
- No he merecido tus duras palabras, Edmunda, dijo Marta, y por esto mismo no las toleraré.

La señora_ D~spois ?ejá~dose llevar otra vez completamente de la antipatía
~~ 11 un J?nnc1p10 le msp1rara Edmunda, decíase para sí: «i Diantre, ha sido ama61 1s1 mientras se trató de aprovechar del afecto que tan bien sabía granjearse!·
mas a ora, ¿?e que le serviría? Nos ha robado el marido que deseaba y ahor¡
1
no nos necesit~ ya por el pronto; pero quiere dejar una puerta abierta. En tanto
0
qu~ C?m vecmas del .:ampo, y al fin parientes, no pongamd.; mala cara, todo
t
eS a _bt~• P,ues no ~e nne en tales condiciones; pero la intimidad, la verdadera... 1a l .... esta munó de ve:as. ¡Y_ pensar que Marta sufre, que le ama... con ese
af~cto e_xagerado que e_n. la mfa~c1a manifestó á sus muñecas hasta las más feas
Yª¡ s~s jug~etes más viejos! ... S1 aún se debiera hacer el sacrificio lo haría y si
se. a 1mp~s1ese otro más doloroso, lo aceptaría también ... »
'
'
bl~~o ¡reta s~g~ramente la tía Aurelia que pronosticaba tan bien! No había haá 11º su sf nna más d~l secreto adivinado, y Marta no la excitaba tampoco
e 0, pues a menor alusión bastaba para que sufriese.
A p~sar ~e. todo, la señorita de Levasseur esperaba: sin duda se descubriría
ª1as_esmo a tt:mpo, y,no sería ya necesario su doloroso sacrificio. En diversas
ocas10nes hab1ase cre1do estar sobre la pista del culpable y todo el mundo .
cluso aquellos qu_e al _principio se mostraron más hostiles'á Roberto acabó' mcreer en aquel m1stenoso malhechor desaparecido y en que bastaría 'una cas~~~

~
n;t

�LA I LUSTRACIÓN

..

ARTÍSTICA

NúMERO

583

lida_d ~ualquiera para e~contr~rle. El criminal, estimulado por!ª impunidad, no I encontró_palabras; p~r? representóse el horror del sacrificio con una claridad que
se hm1ta comúnmente a su primer atentado, y un segundo delito conduce con estremec1óla, comumcandole como una idea de las angustias de la muerte.
frecuencia á descubrir el primero...
Marta comprendió que hasta entonces no había creído realmente que se exiGracias á su amigo el marqués de San Pedro, Marta pudo seguir estas peri pe- giría de ella aquel sacrificio en el último instante; esperaba que sucediera oporcias; cada vez creía más en el triunfo, sin duda !Jorque necesitaba mucho creer en I tunamente alguna cosa - no sabía cuál - que la dispensaría de hacerlo; y de este
él, y á cada nueva decepción recaía en su pesar. Su salud comenzó á resentirse modo, su desgraciado amor, exhalado en quejas dolorosas, no llegaría á ser asunmuy de veras de aquellas terribles agitaciones, y nada era más curioso que ver to de conversación para todos; su conducta, su sacrificio, el afecto á su hermael contraste entre sus facciones pálidas y enflaquecidas y el fresco y tranquilo na y su modo de pensar sobre ella no serían conocidos y criticados, y sobre
rostro de Edmunda, que después de las primeras semanas había recobrado su todo, no llegarían á conocimiento de Roberto...
buen apetito, y persuadida de que todo marcharía bien, hacía sus preparativos
Más de una vez, presa de un acceso febril habíase levantado de noche para
para una prolongada permanencia eri el extranjero.
irá coger su diario y arrojarlo al fuego, pues destruída esta prueba: le bastaría
Al fin se llegó á la víspera del día en que iba á verse el proceso; no se había guardar silencio. Nadie sospechaba la existencia de aquel escrito; ella afirmaría
descubierto nada; y la impresión general, tan voluble y traidora, volvía á ser hos- la verdad, es decir, que había dado cita á Roberto en el parque y que estaba
ti! para aquel acusado que llevaba un nombre distinguido.
allí en el momento del crimen, y aunque no se la creyera en absoluto, este tesUn gran diario de París, célebre por su violencia para todo acusado, fuera timonio tendría sin embargo algún peso. Al proceder así, seguramente se hablaquien fuese, publicó un artículo, á la verdad muy notable, sobre la cuestión ría de ella, y su reputación podría resentirse. No pocas personas dirían, como la
Bertrand-Ancel, que era una verdadera requisitoria, y contundente.. El redactor misma Edmunda dijo: «¿Por qué tanto misterio? ¿Qué se oculta bajo todo eso?&gt;&gt;
judicial daba muchos detalles sobre la juventud de los dos condiscípulos, sus
A pesar de todo, Marta no había arrojado el libro al fuego; lo conservaba y hadisputas de colegiales y su antipatía natural, insistiendo mucho sobre la rivalidad ría uso de él; pero la lucha interior era terrible.
de los dos jóvenes enamorados de la misma mujer, rivalidad que desde los priLa señorita de Levasseur había olvidado dónde estaba, sin recordar tampoco,
meros días tomó un carácter inusitado de violencia y de pasión. Dos palabras entregada á su lucha, como Jacob con el ángel, para qué había entrado; pero
dichas al paso respecto á la destreza muy conocida del capitán como duelista una mano se apoyó suavemente sobre su hombro: era el cura, que hacía algunos
y á la vida estudiosa y sedentaria de Roberto de Anee!, que por tal concepto minutos observaba á la joven.
era incontestablemente inferior á su adversario, terminaban el artículo con pér- Es usted muy desgraciada, mi pobre Marta, le dijo.
fida intención.
- Sí, señor cura, muy desgraciada.
Después de leer aquello, todo jurado debía decirse que el hombre á quien
El sacerdote quedó asombrado ante la expresión trágica de la joven.
iba á juzgar no podía menos de ser el asesino de Jorge Bertrand, un asesino á
- Confíe usted en mí, le dijo, ya verá cómo se alivia. No es solamente la anquien se trataría de reconocer inocente á causa de la respetabilidad de su fami- gustia de ese desgraciado proceso lo que así la martiriza; estoy seguro que hay
ha y de su fortuna.
otra cosa. Yo soy eclesiástico, y mi más grato privilegio es consolar á los que
Marta no leyó aquel diario hasta la víspera del proceso, y creyó volverse loca. sufren.
Al día siguiente debía marchará Caen á primera hora, pues había sido citada
Marta movió la cabeza negativamente.
como testigo, dispensándose de la comparecencia á la madre y á la joven espo- El sacerdote, dijo, no puede hacer nada por mí, porque no me es dado basa del a~usado, pues nada tenían que decir que no fuese conocido ya.
blar. Tengo un deber que cumplir, y aún no sé si le cumpliré.
Lo primero que hizo fué correr á casa de su amigo y consejero él marqués de
- Cualquiera que sea, usted hará lo que debe, pues la conozco.
San Pedro: aquel día el frío era muy seco y riguroso.
- No sé si usted me conoce, ni aun si me conozco á mí propia. Me siento ca. Al entrar en la habitación del marqués, que no podía salir por hallarse aque- paz de cosas malas, y lo que es peor, de cobardías.
pdo de un ataque de gota, apenas pudo Marta balbucear algunas palabras.
- Pues yo no temo nada sobre ese punto; y ya no es el sacerdote quien le habla
- Ya ~o sé, hija mía, dijo el anciano; he leído el artículo...
á usted, sino el antiguo amigo. Llega un momeuto en que todos, lo mismo el
- Y bien, ¿qué hacer?...
anciano débil, como yo, que una hermosa joven, pura y noble como usted, nos
- Nada tenemos que hacer. El Sr. Bertrand remueve cielo y tierra para ob- vemos en la precisión de llevar á cabo un acto heroico: bien esté el heroísmo
tene_r lo q~e él llam~ justicia y tiene muchos amigos periodistas. Roberto co- oculto en el corazón, ó ya se revele á los ojos de todos, siempre será heroísmo;
metió_ una 1mp_rudenc1a al tratarle con cierta ligereza en el momento de la pri- y en la hora en que nos sentimos desfallecer, siempre hay algún auxilio próximo:
mera mformac1ón; y ahora ese hombre está persuadido de que su misión es sa- no dude usted, Marta; yo no he dudado jamás...
grada, Y de q~e debe hacer condenar á su cuñado de usted; de modo que
Y como la joven no contestase, el anciano se alejó lentamente. Un momento
como adversario el tal Bertrand es muy temible. Nosotros hemos estado en de- después, al levantar la cabeza, Marta vió en la penumbra, á la vacilante claridad
masía seguros de _nuestr? buen derecho, y convencidos de que las pruebas con- de la pequeña lámpara, la cabeza blanca del sacerdote, que estaba arrodillado
tra Roberto eran insuficientes; después la opinión se modificó en nuestro favor, en un reclinatorio.
Y esto nos .t:anquil_izó, pareciéndonos que, así de lejos como de cerca, se reco•
Tal vez no era el cura del pueblo un «gran talento,» sino simplemente un
no~ería la mocenc1a del acusado. No ha sido así; sucede todo lo contrario; pero ,buen hombre,» como él mismo había dicho, que solamente deseaba seguir su
felizmente, tengo 1~ mayor confianza en el abogado de usted, y estoy seguro de camino en paz consigo y con los otros; pero tenía un alma cándida y creyente,
que su defensa sera una obra maestra...
y oraba por Marta con todo el fervor posible.
- ¿Y no se ha descubierto nada?
Entonces parecióle á la joven que todo cuanto se había acumulado en ella de
- Absolutamente nada; ust~d se aferra á esta esperanza, pobre Marta; pero pasiones arrebatadas y de dureza se desvanecía poco á poco, y que su corazón
Y~ lo ve uste~, estamos en ,la ~1~ta del proceso y no se ha hecho ninguna detcn- se dulcificaba; sufría menos, y en medio de sus angustias experimentó una espec1ón que pudiera e)evarse ~ prisión.
cie de tranquilidad; después lloró dulcemente, ella, que no encontraba lágrimas
- Pero se han visto delmcuentes que se denunciaron en el último instante hacía tanto tiempo.
antes que permitir que se condenara á un inocente...
Cuando se levantó, ya no temblaba, y cuando salió de la capilla, arrostrando
- Sí, en las novel~s de Víctor Rugo; pero no en la vida real... ¡Vamos, no el frío glacial de aquel día, sintióse fortalecida, casi serena. El sol, semejante á
crea ~sted que un m1setable, capaz de asesinar á un hombre disparando sobre una inmensa bola de fuego, desapareció en el horizonte, y á Marta le pareció
él á ~iro seguro desde la espesur~ de un bosque, sea capaz de una abnegac_ión que sus últimos rayos eran para ella y que le comunicaban nuevo valor.
heroica!. .. Pero yo estoy tranquilo sobre el resultado. Después de una habil
defensa, no se podrá sostener una acusación apoyada en pruebas tan poco
XV
concluyentes y el jurado absl1iverá. Tranquilícese, y sobre todo cálmese, querida Marta, pues ya está usted medio enferma y el día de mañana será terrible.
La «sociedad? de Caen estaba casi orgullosa de la «hermosa causal que de- Sí, verdaderamente terrible, murmuró la pobre jow~n.
bía verse muy pronto. Los forasteros, sobre todo durante la temporada de ba- Y yo no puedo acompañar á. usted, porque esta maldita gota me tiene cla- ños, iban de vez en cuando á visitar las antiguas iglesias, la Abadía de hombres
vado en el sillón.
y la Abadía de mujeres; mas por lo regular la ciudad dormitaba con sueño proMarta contestó solamente con un ademán; prefería estar sola, y por eso había vincial. Las mujeres no variaban mucho sus conversaciones cuando estaban de
resistido á las instancias de su tía, que deseaba acompañarla en su viaje.
visita; pero desde hacía tres meses no sucedía así. Hablábase en pro ó en con-Absuelto ó no, repuso, fija en su idea, sobre Roberto pesará siempre esa tra de Roberto de Ancel.con verdadera pasión; las jóvenes solteras y casadas se
monstruosa acusación, á menos que...
interesaban sobre todo por la pobre esposa del preso, herida por la desgracia en
- ¡Diantre!.. exclamó el marqués algo confuso; Roberto viajará y en este medio de su felicidad y en el momento en que iba á emprender su viaje de boda.
país se olvida todo tan pronto...
Comentábanse de antemano las peripecias del proceso, los magníficos debates
Marta se levantó para marcharse:
que se esperaban; se sabía que Roberto había trabajado en su prisión con tanta
- Ha sido usted muy bueno para mí, dijo al marqués, y no lo olvidaré nunca. calma como si se hallase en sn propio gabinete; y si los unos veían en esto la
El anciano conservó un instante la mano de la joven entre las suyas.
tranquilidad de la inocencia, otros lo consideraban como una afectación, ya que
- ¡Valor, Marta, dijo, valor! Al menos no estará usted sometida á la curio- no como el cinismo de un hombre seguro de antemano de que no era uno de
s!dad de los otros ~estigos, _pues_ ha inspirado usted tanto respeto como compa- aquellos á quienes un jurado condena.
sión, y he consegmdo, no sm dificultad, que le permitan esperar su turno en un
Así se explica que, llegado al fin el día, se llenase de bote en bote la sala del
saloncito contiguo á la sala de audiencia.
tribunal; las damas elegantes se habían dado cita allí como si se tratase de ver
Marta dió las gracias maquinalmente, pues todo le era igual. En la obsesión un drama de sensación; los magistrados, los abogados con su toga, los doce jude su idea fija, miraba con indiferencia las molestias y las contrariedades.
rados, y en fin, todo el imponente aparato de la justicia, apenas bastaban para
Cuando estuvo fuera, sobrecogióla el frío y comenzó á temblar.
reprimir el rumor vago de una multitud que se divierte.
Entonces sintió haber ido allí; mas érale preciso no estar enferma.
Roberto de Anee], aunque muy sereno, estaba bastante pálido; había enflaqueA pesar de su pena y de su indisposición, admiróla el espectáculo que en cido, y un círculo rojizo rodeaba sus ojos. Contestó á todas las preguntas que
aquel momento presentaba la campiña. El sol de invierno se había salido súbita- se le dirigieron con voz clara y firme; mas por aquel interrogatorio no se supo
mente de entre las nubes, y próximo ya al horizonte, enviaba sus rayos deslum- nada nuevo: repitió la declaración que había hecho al día siguiente del crimen,
br~dores á través del ramaje cargado de escarcha: el pueblo parecía aletargado, y nada más; pero cuando el presidente le preguntó qué había hecho en la tarde
remando en él un silencio de muerte; por encima de la tierra helada y triste, el del jueves, 27 de julio, hubo en su respuesta cierta vacilación que no pasó inadsol parecía hablar de alegría y de esperanza: era un cuadro encantador.
vertida para nadie.
puerta de la pequeña iglesia estaba abierta, y Marta, aunque temerosa de
- Estaba de mal humor, y salí á pasear.
subir la cuesta en aquel instante, porque apenas podía tenerse en pie, llegó
. - ¿Por dónde fué usted?
hasta ella y entró.
- En dirección á la costa.
La paz profunda de aquel campo, silencioso por el rigor del frío, era más
- ¿Nadie le vió á usted salir?
tranqmla aún en la sombría capilla, donde brillaba como una estrella la peque- Supongo que no, señor presidente. La disposición de la casa es bien conoci1ia lámpara del santuario. Marta se arrodilló, hizo un esfuerzo para orar, y no da, toda vez que en el momento de procederse á mi detención fué examinada de-

1:ª

NúMERO

583

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tallada mente. La ventana de mi despacho se halla á tan corta distancia del suelo,
que por una costumbre adquirida y~ en la infancia, yo saltaba siempre al jardín
e~ vez de ,atravesar la casa para salir por la P,uerta. Rara vez los criados ó el jar- 1
dinero estan en aque~ lado, donde no ~ay mas que una pendiente cubierta de
césped con algunos arboles. Desde alli se puede pasar al bosque en pocos minutos.
- Según el sistema de defensa empleado por usted, por esa ventana es por
donde el supuesto malhechor puede haberse introducido para robarle el revólver. ¿No es así?
- Esto es lo que me parece probable.
- ¿Y habrá usted dejado pasar cerca de dos meses sin pensar en abrir la caja
donde guardaba usted el arma, ni en levantarla siquiera, echando de ver así que
se la habían robado?
- No pensé en ello, señor presidente. Mi madre es quien había colocado ese
revólver á mi alcance, y á mí me parecía la precaución imítil, porque nuestro
país es muy pacífico.
-¿Nos~ le esperaba á usted en casa de uno5 amigos el día en que secometió el cnmen? .
- Sí, señor presidente.
- Sin embargo, aunq~e la señorita Levasseur, en quien ya pensaba usted, debía estar allí con sus amigas, usted no compareció. ¿Por qué?
- Ya s_e lo he dicho, señor presidente; aquel día no estaba de muy buen humor Y.qmse busc~r la so(edad.
.
El mterrogatorio contmuó, contestando siempre el acusado, como al principio,_con mucha ;~lma. El pr_ólo~o y la exposición de los hechos carecían un poco
de 1~terés dramattco; _el_ aud1to:10 esperaba alguna cosa mejor.
Sm embargo, la op1món vacilaba; las mujeres en general mostrábanse favorables al joven acusado, de expresión inteligente y dulce; los hombres, sobre todo
los que afectaban exageradas pretensiones de igualdad, censuran su título, y eso
que apenas hacía uso de él, sus modales sencillos y su aire de distinción. Evidentemente hacía poco aprecio de pruebas que hubieran agobiado á un mísero
culpable.
.
.
C_uand~ el pre~tdente le mterrogó sobre sus relaciones con la víctima, contestó sm vacilar un mstante:
..
.
- Jorge Bertrand y yo contra11mos amistad, como sucede á menudo, por la
circunstancia casual de nuestra igualdad de rango y por nuestra emulación al
disputarnos l~s puestos; No existía e~tre nosotros una verdadera si~patía,_pero
nuestra~ relaciones teman ese _atra:llvo que resulta con frecuencia de ciertas
desen;ieJanza?. ~os agradaba d1?cut1r, seguros de antemano que cada cual sostendria, por mstmto, lo contrano de lo que el otro afirmase; pero rara vez las
discusiones llegaban á su fin, porque Bertrand no podía sufrir contradicciones
y yo no quería disputas. Sin embargo, él era quien trataba siempre de hacer las
paces.
,
.
,
.
- De esto resultana, observó el presidente, que usted tema más atractivo
para el capi~án que éste para usted.
.
.
.
- ~~ posible, sobre todo en n~estra pnme:a JUv~ntud; pero ese atractivo se
conv1rt1ó,en ~¡ muy pron~o en_ odio apenas fuimos nvales.
- Segun dicen, ese cdio e~istía por ambas partes.
.
.
. ,
- No del todo; tal vez yo_1uzgaba severamente al capitán; pero m1 ant1patia
no lle&amp;ó nunca al aborrec1m1~nto.
.
- Sm embargo, usted ha dicho que buscaba ocasión de provocarle.
- E~ efecto, señor presidente, estábamos en esa ~ituación en que yo no v_eía
otra salida; pero buscaba un pretexto, pues no quena mezclar en esta cuestión
el nombre ~e la joven que ?espués_ fué mi esposa.
- El cap!tán era u~ due!tst~ ternble.
. .
-. No )o 1,gnoro, s~nor presidente, y se ha msmuado que el te~or fué lo que
me mduJo a ser asesmo; en una p~labra, se me ac~sa de C?bard1a;_pero yo ape1~ á to~os los hom~res de honor, a todos cuantos tienen m1educación, para que
d1gan s~ esto es posible.
. .
.
.
Hab1a en la voz de Ro~ert? tal acento de verdad y una md1~nac1ón tan v1bran_te,_que en todo el a~d1tono resonó un murmullo de a~robac1ón, muy pronto
repn m1do, pues el presidente recordó al acusado con cierta sequedad que estaba allí para contestar á las preguntas que se le hiciesen y no para defender
su causa.
.
Después comenzó el desfile de lo~ t~st1gos.
.
.
El Sr. Bertran~, hermano de ,I~ v1ct1m~, cura ~e~larac1ón ~ra con~c1da de ~nten:an?, no contnbuyó mucho a ilustrar a la JUst1c1a, pero s1 produjo u~a viva
cuno~1da~: er~ hom br~ de ~nos cuarenta ~~os, muy. flaco, d~ tez amanllenta,
de mirar mqmeto y OJOS bnllantes; muy b1hoso y v10lento sm duda, como su
hermano. Su declaración, muy moderada en la forma, era abrumadora; era evidente que para él no admitía ~uda que Robert? fu~se el autor del crime?} y
cuando s~ le recordó que el capitán y él no hab1an s1?0 hermanos muy cannosos, abstuvose de protestar. Pero los dos eran de la misma sangre, y después de
to?o, esta sangre_ ~edía_ve~g~nza. El testigo aseg~ró gue jamás recobraría la paz
m1entr~s. no se h1c1es~ JUStlc1a. Después ~abló m1?uc_1~samente de su llegada al
país, d1c1e_ndo por últ:mo que no había visto al princ1p10 en el Sr. de Anee! más
que el antiguo compane_i:o de su h_erm~no.
.
.,
. - El Sr. de Anee], d1Jo, fué ,qmen d1ó orden ~e env1_a~~e el telegi:ama, y a dec1,r verd_ad, s?la~ente él conoc1a las señas ~e m1 dom1c1lio. En su JU;entud ,hab1a vemdo a m_1 c~s~ ~lgu~as veces _con m1 hermano para pasar el d1a; y as1 es
que apenas le v1, dmg1me a él ofreciéndole la ma~o; mas aparentó no vei:la y
saludóme_como si yo fuera un desconocido. Parec1a ~uy preocupado y tac1turn?, y eno¡ado sobre todo por las preguntas que se le h1c1eron. Es_to me sorprend1? mucho, pues habíanme dicho ya que el barón de Anee! y m1 hermano corteJaban á la mism~ joven_y que las probabilidadesya~ecían estar más en favor ~e
Jorge que de su nval. M1 hermano, por lo &lt;lemas, a pesar de su rudeza, hab1a
t .d .
.
.
b'
b" d 1 "fi
e111 o siempre mucho partido, entre las mu1eres; sa ia muy 1end u c1 caúrb_su
1
voz y sus miradas cuando hac:a el amor, y e contraste entre esta u1zura s ita
Y su acostumbrada dureza tema algo de seductor. Cua,ndo el Sr. de Anee! me
n~gó su mano, asaltóme la idea de que no era extraño a la muerte del desgraciado Jorge.
..
- Sm embargo, nada d1Jo usted entonces.
.
.
- ¿Podía hacerlo, señor presiden~e~ El :3r. de Anee!, conoc~do y apre~1ado en
todo el país, parecía tener una pos1c1ón ~natacable; y ademas no P?d1a alegar
prueba alguna contra él absolutamente mnguna, y en su consecuencia me callé;
pero cuanto más reflexi~naba en aquel triste asunto, más me convencía de que

149

mi primera impresión no me engañó. Jorge, extraño en este país, no podía te•
ner enemigos; si promovió .discusiones, como le ?ucedía c~si en todas partes, ~o
debe admitirse que estos ligeros ~ltercados pudieran excitar contra él ~n odio
implacable. Todo el mundo conviene en que el Sr. de Anee! estab~ apas10nadamente enamorado y de que su amor era el de un hombre de estudio, que no ha
conocido verdadera juventud, en el que se produjo una explosión súbita con una
violencia que rayaba en locura. Cuando se vió solo para hacer la corte á la señorita Levasseur, libre de un rival peligroso y temido, su humor sombrío cambió súbitamente; no ocultaba ni podía ocultar su alegría, y era tal su aire de
triunfo, que el contraste con su estado de ánimo anterior llamó la atención de
todo el mundo. Cuando recibí la noticia de que se le había reducido á prisión,
no me extrañó, porque la esperaba desde el día en que le vi de pie junto al cadáver de mi hermano.
A la declaración de Bertrand siguió la del criado Isidoro Benoist. Decididamente el público comenzaba á divertirse. El aspecto del testigo no le recomendaba por cierto; tenía la frente deprimida, boca bestial, y hubiérase dicho que
estaba muy orgulloso de la importancia que le daba aquel asunto. Habíase acicalado cuanto era posible; llevaba el cabello muy lleno de pomada y la camisa
sumamente blanca. Parecía como si midiese sus palabras, buscando frases escogidas, sobre todo al principio del interrogatorio; pero después no se esmeró
tanto, sin duda por estar seguro de que toda aquella brillante asamblea le escucharía con recogimiento. Al tratarse de la jira campestre, el presidente le dijo:
-¿Usted pretende haber oído una discusión violenta entre el acusado y la
víctima?
- Sí, señor presidente. Yo iba r,on algunos compañeros á buscar las cestas que
contenían el almuerzo; pero en aquel instante me hallé solo, y como no oía bien,
me acerqué.
- ¿Tiene usted la costumbre de escuchará las puertas?
- A las puertas no, porque es fácil ser sorprendido; pero confieso que soy curioso; y por 0tra parte, deseaba informarme bien.
- ¿Por qué?
- ¡Diantre! Señor presidente, en el campo hay poca distracción y en las cocinas se hablaba mucho de las ocurrencias del país. Cada cual tenía su candidato, y el mío era el capitán. Al principio, la señorita de Levasseur le animaba
mucho; después ...
- ¿Qué más, qué más?
- Después, señor presidente, las personas bien informadas del país decían que
la hermana mayor era la que debía casarse con el Sr. de Anee!, y no la menor.
En fin, todo ese asunto me divertía, y por eso tuve empeño en informarme bien.
No llegué hasta el fin de la disputa pero afirmo que oí amenazas de muerte.
- ¿De parte del Sr. de Anee!? '
- Aquellos dos señores estaban muy encolerizados, y hablaban á la vez sin
e_scucharse apenas; pero al fin el capitán marchó corriendo, y apenas tuve el
tiempo suficiente para ocultarme detrás de un árbol. ..
- A causa de esas habladurías después del crimen se le despidió de la casa
donde estaba; y entonces decía usted, sin prueba alguna, á quien quería escucharle, que el culpable no era otro más que el Sr. de Ancel.
- Yo estaba seguro ... En cuanto á mi despedida, la señora era una extranjera, y yo no estaba contento en una casa donde al servirá la mesa no comprendí~ una palabra_ d~ lo que decían. Ya estaba yo dispuesto á dejarla cuando ]a
senora me desp1d1ó pero muy pronto encontré colocación. Antes de transcurrir
una semana, todo el país estaba tan seguro como yo de que el barón era quien
había dado el golpe.
- ¿Y le fué entregado á usted el revólver por el campesino que le encontró?
- Sí, señor p~esidente, y no quiso entregármelo sin que Je diera dos duros;
pero no me dolió desprenderme de ese dinero. Acto continuo, frotando bien
el arma, d~scubrí las iniciales R. A .. . y llevé el revólver al señor procurador de
1~ República. En un principio tuve la idea de hacer que dos gendarmes detuv1era:1 al acusado antes de la ceremonia; pero hubo dilaciones; y por otra parte,
el s~nor procurador, que cono~ía de nombre las dos familias y deseaba evitar el
esca1:dalo en cuanto fuese posible, fué en persona al castillo donde, según se me
ha dicho, le tomaron por un convidado ...
I?espués de la declaración del testigo Benoist, el interés languideció, pues los
testigos no era~ num;rosos y nada nuevo tenían que decir.
Muy pront~ iban a s~r llamados los testigos de descargo, que eran principalment~ los vec1?os y amigos de campo, personas de buena educación, que desde
los pnmeros d1as se habían pronunciado en favor de Roberto.
_Hubo c?mo un estremecimiento seguido de un silencio de muerte cuando el
senor presidente dijo:
- Que entre la señorita Levasseur.
. ~sto era en r~alidad interesante; se penetraba en el corazón del asunto; y 0¡.
v!dando~e la fatiga, no se pensó más que en mirar y escuchar con toda la atenc1ón posible para no perder ni una palabra.
Hací~ ya dos h?ra,s que Marta esperaba: al llegar al Palacio de Justicia, donde
la multitud se opnm1a, pudo apreciar lo que su amigo el marqués había obtenido p_ara ella, pues en el estado de enervamiento en que se hallaba le habría sido
h?rnblemente doloroso verse o~jeto d~ _la curiosidad y hasta de la compasión.
Sm embargo, ~quella noche hab1a dormido un poco, agotadas sus fuerzas y casi
contenta tamb1é,n de acabar de una vez y quedar libre de la pesadilla que la
atormentaba, as1 como _el herido llega á desear la presencia del cirujano, diciéndose que una vez practicada la operación se le dejará en paz ...
. No obstante, ~ pesar de todo, Marta creía en el milagro esperado hacía tanto
tiempo, persuadiéndose de que en el último instante el mismo culpable se
_
sentaría á decir. «¡Ese hombre es inocente!» ¡Cuántas veces su imaginació1 p~e?í,a evocado ya la escena!.. Después veía á Roberto libre, orgulloso y feliz; ; etfa
ma á encerrarse en su soledad llevando consigo su secreto Todo 1· , b.
,_
R b
.
,
'
.
na ien a.si,
. o ,erto ¡amhás ,sa?ria que ella le había amado apasionadamente, y Edmunda
Jamas sospec ana a qué precio compraba su felicidad. El pudor de su alma, ese
santo pudor, sería respetado y no se le exigiría el horrible sacrificio.
Y ei: la p~queña habitación solitaria donde estaba, Marta retenía el aliento
para 01r me)or. ~lgun~s veces l)egaba á sus oídos un murmullo confuso desde la
sala de aud1enc1a; sabia muy bien que si la escena evocada por su cerebro fatig~do se ~roducfa en ~fecto, aquel murmullo suave se transformaría en aclamac1ones rmdosas que nmgún reglamento podría impedir. ¡Qué alegría ara su tierno corazón!..
P
( Co11ti1111ará)

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

condiciones especiales, delante de un fondo enteramente obscuro, pues se escapa gran número de fenómenos, los movimientos de las nubes, los del mar, la
marcha de los barcos, la de los animales silvestres, etc.
Para obtener una serie de imágenes en estos disLA CRONOFOTOGRAFÍA
C'IUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIENTO
EN LAS CIENCIAS FÍSICAS Y NATURALES

( Couti1111arió11)

Para velocidades de traslación diferentes, el número de imágenes que se pueden sacar en un tiel11po
dado sin que haya confusión es tanto mayor cuanto
más rápida la traslación, de lo cual es fácil convencerse comparando las imágenes sucesivas de un hombre que corre (fig. 3) ( r) con las de un hombre que
anda; las del primero están más desviadas entre sí,
aunque la frecuencia de las iluminaciones haya sido
la misma en uno y otro caso.
Así pues, la confusión de las imágenes por _sup~r- Fig. 5. Nueva disposici6n del aparato que se presta á todas las
aplicaciones de la cronofotogrnfía (escala de I por IO)
posición es el límite que se impone á las aplicaciones de la cronofotografía sobre placa fija. Sin embargo, en muchos casos se obvia este inconveniente por
tintos casos es preciso recogerlas en una placa senmedio de ciertos artificios.
sible
que se mueve y presenta sucesivamente puntos
El medio más natural consistía en reducir artifidiferentes de su superficie al foco del objetivo fotogra.fico: el revólver astronómico con que M. Janssen
recogió un1 serie de imágenes del planeta Venus al
pasar sobre el disco luminoso del sol, esta basado en
el principio de este procedimiento; pero las imágenes
de los astros estaban tomadas á intervalos bastante
largos; de suerte que para sorprender los movimientos tan ra.pidos que ejecutan los animales, era preciso
encontrar un procedimiento también muy rápido. A
este efecto construímos hace algunos años una especie de fusil cuyo cañón contenía un objetivo y en
cuya culata había un cristal fotográfico circular: apuntábase con este aparato al objeto en movimiento, y
oprimiendo el gatillo poníase en movimiento el mecanismo, el cristal sensible giraba sobre sí mismo y
se paraba doce veces por segundo para recibir las
imágenes del objeto, siendo el tiempo de exposición
de 1/720 de segundo aproximadamente.
A pesar de las dificultades mecánicas que habían
tenido que vencerse para obtener tal frecuencia de
imágenes, el resultado conseguido no era absolutamente satisfactorio, pues las imágenes eran demasiado pequeñas y al ser ampliadas no daban sino detalles insuficientes.
Si hemos eliminado sistemáticamente los aparatos
de objetivos, como el de Muybridge, que ha dado sin
embargo tan admirables resultados, ha sido porque
en estos aparatos los diversos objetivos ven, si así
puede decirse, el objeto fotografiado en incidencias
diferentes. Ahora bien: esos cambios de perspectiva,
que no ofrecen inconvenientes cuando se opera sobre objetos apartados y de grandes dimensiones, no
permitirían estudiar los objetos de pequeño tamaño
-que deben ser observados muy de cerca y con mayor
razón los seres microscópicos: por esta razón nos
1, ¡¡,
hemos decidido á emplear un objetivo único por cuFig. 4. H ombre \·estido ele negro y por consiguiente invisible
yo
foco pasa una película sensible que se detiene
cuando pasará por delante del campo obscuro y no quedarán
marcadas en la imagen cronofotográfica más que las líneas para recibir cada imagen, vuelve á pasar y de nuevo

..

blancas que lleva en los brazos y las piernas.

cialmente la superficie del cuerpo estudiado. Ennegreciendo las partes que no es indispensable representar en la imagen se las hace invisibles, y por el
contrario, se iluminan aquellas cuyo movimiento se
desea conocer. Así por ejemplo, un hombre vestido
de terciopelo negro (fig. 4), y que lleve en los miembros galones y puntos brillantes, no_da en su imagen
sino líneas geométricas, en las cuales se reconocen
sin embargo las actitudes de los diferentes segmentos de los miembros.
En el plano ó dibujo que así se obtiene, el número de imágenes puede ser considerable y la noción de
tiempo completa, puesto que el espacio ha sido voluntariamente reducido á lo estrictamente necesario.
II. -

p

CRONOFOTOC.RAFÍ A SOBRE PELÍCULA MOVIBLE

Los resultados dados por la cronofotografía para
el análisis de los movimientos son, pues, muy suficientes cuando sólo se quiere conocer sus caracteres meca.nicos; más adelante los examinaremos. Pero
este método no puede satisfacer al fisiólogo que desea analizar los movimientos de conjunto de·un órgano, como tampoco satisfaría al artista que, en un
grupo de personajes, quisiera seguir las actitudes y
expresiones de cada uno de ellos. Además la cronofotografía sobre placa fija no puede realizarse sino en
(1 ) Véase el núm. 582.

NúMERO

583

tentativas que han sido precisas para realizar este
programa, y nos limitaremos á dar la ~escripció~ _del
aparato único, en el que se han reumdo defimt1vamente todas las disposiciones necesarias para la cronofotografía, sea sobre placa fija, sea sobre película
móvil. Este aparato recoge igualmente bien las imágenes reducidas de los objetos situados á larga distancia, que las imágenes en su verdadero tamaño de
los pequeños objetos cercanos, que las imágenes muy
ampliadas de los seres que se mueven en el campo
del microscopio.
•
Añadamos que la dificultad de recoger un movimiento no depende siempre de su excesiva velocidad,
puesto que los hay que se nos escapan también por
su gran lentitud; así por ejemplo, nos parece inmóvil
la aguja del reloj. Y sin embargo otros son más lentos que éste é importa hacerlos perceptibles, y lacronofotografía se presta también perfectamente al análisis de esos movimientos.
III. -

DESCRIPCIÓN DEL CRONOFOTÓGRAFO COM PLETO

El cronofotógrafo completo (fig. 5) contiene, como
hemos dicho, todo lo necesario para recibir imágenes,
bien sobre una placa fija, bien sobre una tira pelicular móvil: su tirado variable y la posibilidad de cambiar el objetivo que se utiliza permiten obtener, se-

NúMERO

583

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA
campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos Ysu~
causas. En el Calor nos da á cono7er los grand.es ~rogresos
hechos en su estudio, del que han d1ma~ado aphcac1~nes t_an
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquma~ industriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
Por esta rapidísima reseña. d~l contemdo del M~~oo FÍ•
s1co podrá venirse en conoc1m1ento de la gran utilidad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACIÓN

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO G UILLEMIN
TRADUCCIÓN DE D. MANUIIL ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ,

CALOR, MAGNETISMO,

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA MOLECULAR

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procur;remos repartir semanalmente.
.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de
de peseta;
peropor
enacllvar
el ~aso ladetermmac1ón
qu~ lo ?esea•
ran50
loscéntimos
suscriptores
ó de que
de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o paginas, á peseta cada uno.
.
.
Ademas de los grabados intercalados en el,texto, ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notabl_es de la F!sic~, asl, como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféncas u otras
que afectan á la constitución de g¡obo. .
, .
1
Cada una de estas láminas ó mapas
eqmvaldrá á 8 paginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
. • d
•
nues~os corres~n~~~¿os:srai~!J:l~:del musita o 1UJO c01
que o recemos a pu 1
·

Edic-i(m, ilustrada con grabados intercalados ¡¡ lámina.,
CT()ITWlitografia.dai
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza ~ue se relac!onao con Ja física del globo, pero con tal senc11lez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente P?PU!ar. ~iguiendo en. él el
Plan admitido po~ cuanto~ de_: la c1enc1a física han esenio, Jo di· secciones prmci pales, en cada una de ellas se enunvide en vanas
cia la ley que preside á los fenó~en?s de que trata, el descubrimiento de estas le_yes y las apli~c1ones de cada una de las
d
b ta
d
fu~~ ::!~és
~!1~~nf~6:nos y leyes de la Graveáad e;plica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

~~~;~:r

Muestra de los grabados de la obra, -Audiciones
telefónicas teatrales

ª

esas leyes han traído consigo el péndulo, la balanza, I pre~sa
h1'dráu11·ca, los pozos artesianos, las bo_mbas, la navegación
aérea, etc. A la teoría completa del Soni'do agrega u_na enumeración de todas las aplicaciones de la Acú5hi:a Y de los IDSt rumentos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografía, microscopio, etc. El Magnetismo y la Electricidad proporcionan ancho

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., ... ,aoEROIO
rgo
se conoce, en poclon O
.;..:=r.-...........~•iiPll"'W•"' en tnjeccton tpodermtca.

Fig. 7. Marco ele cristal opaco V parn la postura á foco en la
cronofotografía sobre placa fija

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rncional seguro y de inmediatos resultados de todos los ferrugmoso.s
y •de la meJicación t6nico-reconstituf~nte par~ la Áne"!ia, Raquíti~mo,. Colore~ p_,füdos, Empobrecimie11to de sangre, Deb1l1dad é inapetencia y _me11st1 uaciones dific,les.

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,~'-"''ºEFUta148
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...

~
~~

CARNE y QUINA

~ii
~1

Bl Allmento mu reparador, IIDido al 1'6Dioo mu ener¡ico.
Fig. 8. Marco en donde se coloca el cristal sensible en la cronofotografía sobre placa fija; el postigo que cierra el marco
está levantado.

gún las necesidades, imágenes reducidas 6 ampliadas; la frecuencia y la extensión de estas imágenes,
la duración del tiempo de exposición y la intensidad
de los alumbrados pueden ser regulados á voluntad.
Comenzaremos por describir las piezas necesarias
para la cronofotografía sobre placa fija, es decir, para
el caso más sencillo.
A. Piezas que sirven para la cronojotografla sobre
placa fija. - Ya hemos visto que para aplicar este método basta un aparato fotográfico muy sencillo al
cual llegue la luz de una manera intermitente. Estas
piezas son fáciles de reconocer en la figura 5 donde
se ven los dos cuerpos del aparato reunidos por medio de un fuelle: la parte trasera se desliza sobre un
riel por medio de un botón de cremallera según las
necesidades de la postura ó foco. El objetivo que se
utiliza debe ir siempre encerrado en una caja hendida por debajo (fig. 6) y que penetra en una corredera del cuerpo delantero del aparato, al que se ajusta
perfectamente. La hendidura de la parte inferior de la
caja corta en dos el objetivo en sentido perpendicular á su eje óptico principal y deja pasar los discos
con orificios, que al girar producirán intermitencias
en la admisión de la luz.
El fuelle se adapta por uno de sus extremos á la
caja del objetivo, al paso que el otro, pegado al cuer:F'ig. 6. Objcti,·o en parte encerrado en su caja. La planchita po posterior, se encuentra por su ancha abertura en
colocada en la parte anterior penetra en una corredera de la
parte saliente del aparato. La ranura que hay debajo de la relación, sea con el marco de vidrio opaco (fig. 7), sea
con el marco fotogra.fico (fig. 8).
caja deja pasar los discos obturadores (escala de I por 3)
Las únicas piezas que merecen descripción especial son los dz'scos obturadores y el arbol que sirve
se para con tal velocidad, que pueden obtenerse hasta para transmitirle el movimiento.
60 imágenes por segundo, cada una de las cuales emLos discos obturadores giran en sentido contrario
plea para formarse un tiempo de exposición cortísimo uno de otro y el encuentro de las aberturas de que
que varía entre 1/r.000 y 1/25.000 de segundo.
van provistos produce los alumbramientos.
No nos detendremos en describir las numerosas
( Co11ti1111ará)

~

~

VINO ARDUO CON QUINA
,nm""°'·

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contenido en la economía. Experimentado por Jo1 principales médicos del
mundo, pasa inmediatamente en la
sangre, no ocasiona estreftimiento, no
fatiga el estómago, no enne¡reee 101
dientes. Tó11111 m1te ~ta, u cua eniáL
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no titubean en purgarse, cuando lo
VOZ y BOCA
necesitan. No temen el asco ni el csu•
1
rancio, porque, contra lo que sucede C!)D
DE
los demas purgantes, este no obra bien
Recomendadas contra los Malee de la Garganta,
sino cuando se toma con buenos alimentos
Extlnolonea de la Voz, lnfiamaolonea de la
Booa, Eleotoa pernlolo■oe del Merc~o, Irl•
y bebidasfortifican tes, cual el vino, el caftJ,
taolon !Jlle produo■ el Tabaoo, y 1pee1almente
el té. Cada cual escoge, para purga,:se, la
6
los Son PREDICADORES, ABOGADOS,
hora y la comida 9ue mas le convienen,
PROFESORES y CANTORES para facili\ar la
segun sus ocupaciones, Como el causan
em101on de la voz.- PnClo, 12 Ra.u.a,.
c10 que la purga ocasiona queda com•
aaxg,r en el.rotulo a ttrma
pletamente anulado por el efecto de la
Adh. DETIIAN, Farmaoeutloo en PAJU'.8
buena alimentscion empleada, uno
se decide fácilmente ll volver
ll empezar cuantas veces
sea necesario.

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6t¡lfadoac l loe Sra. Mo,uanu 7 Sla6a, eolltora

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mago, Falta de Apetito , Dlgeatlonee labo•
rlOll&amp;II, Ao■dlaa, V6mlto■, Eruoto■ , y Cólloo■;

regularlzul laa Funolonee del Eatómago y
de lo■ lnte■tlno■ ,
E1t11, 111 el rotulo a firma d• l . FAYARD.
Adh. DETIUN,Farmao■utlooen P ~

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reparador de las tuerzas vitales, de este for11■eaace por eHele■ela. De un rusto sumamente agradable, es 110berano contra la .tnemta 1 el .41'0Cllmtfflto, en las Caüntura,
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enriquecer la sangre, entonar el orgánismo y precaver la anemla_y las epldemlaa provocadai por los calores, no se conoce nada 1111penor al l'lao de O•... de .&amp;rolld,
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�LA

I LUSTRACIÓN ARTISTtCA
aquel padre sublime muere
en el mayor nbandono des·
pués de haber presenciado
la desgracia y penlici6n de
sus hijas
Estos cuatro libros forman
parte ele la Colecció11 de li·
bros est"Ogidos que con tanto
éxito se publica en )ladrid y
se venden en las princip:iles
librcrfas á 3 pesetas tomo.

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓl'I

tJor autores ó editores

EL NATURALISMO EN RL
Los EJ KM l'LOS, por
Emilio Zola. - En esta obra
estudia el ilustre novelista
francés la relación que con
la escena tienen la tragedia,
el drama, la comedia, la pantomima, el vaudeville, la
obra ele magia, la opereta,
etcétera, constituyendo un
trabajo de muy interesante
lectura.
RAMILLETE DI! CUI'::-TOS.
- llermosa colección de los
mejores cuentos publicados
en todas las naciones, que
firman Tolstoy, Copée, Ver•
ga, Balz:ic, l\louton, Loti,
Richepin, l\lerimée, Dauclet,
Pontmartin, Feval, Dosto·
yeusky, Bam·ille y Bourget:
este es el mejor tlogio que
puede hacerse de la obra.
) [EMORIAS INTIMAS, por
Ernesto Rmáu. - Resplan·
dece en esta obra tanto la
inteligencia como el corn16n
del ilustre filósofo que la ha
escrito, y contiene páginas
delicadísimas, como cuando
describe las postrimerfas ele
Nocmi, la novia famosa del
autor, y de sin igual ternura,
como las cledicatbs á Berte•
lot, Víctor llugo, Cousin y
Jorge Sancl.
PArÁ GoRIOT, por Bal·
::ac. - El protagonista de es•
ta novela es el símbolo del
amor paterno: trabaja para
ciar millones á sus dos hijas,
á las que casa con un ban·
quero y con un aristócrata, y
al verlas brillar en los más
altos circulos de París se con•
siclera dichoso; pero llegan
luego los días malos, la rui·
na, la lucha con los yernos,
que resultan dos bribones, y

TEATRO.

Los Ar(,:NDICES AL C,íCtVIL", por D. León
Bouel y Sduchez. · Se ha pu·
blicado la entrega 7.• ele esta
importantísima revista, indispensable á cuantos por su
profesión 6 por sus inclina·
cioncs necesitan conocer las
cli,·ersas manifestaciones de
la ciencia jurídica. Contiene
intere&lt;antes trabajos en sus
cuatro secciones ( &lt;loctrinal,
legal, jurisprudencia, cues·
tionarius y fueros). - Suscrí·
hese en la calle de Fontane·
lla, 44, pral., al precio de 9
pesetas en Barcelona, 10 en
provincias y 15 en Ultramar
las 12 entregas, "endiéndose
las entregas sueltas á una pe·
seta cada una.
nJG()

ANUA R 10 ESTAOÍSTCO
LA REPÚBLICA ÜRIF.N·
TAL IIEL UR UC.UAV. - La
Dirección de Estadística ge·
neral de aquella república ha
publicado el anuario de 1891
que en un voluminoso tomo
contiene intercs:rntí. irnos da·
tos referente, á territorio, po·
blaci6n, comercio, na,·cgación, hacienda, riqueza pÚ·
hlica, instrucción, heneficen·
cia, ferrocarriles, legislación,
administración, etc., etc.,
por los qut: se ,·iene en conocimiento del graclo de acle·
lanto á que allí han llegado
los distintos elementos que
constituyen el bienestar y el
progreso de un pals.
OE

EN

EL VKSTIRULO, cuadro de Renato Reinicke

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartín
núm. 61, París.- Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publioidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace ~as de ,o años, el ~arabe Laroze -~~ prescribe con éxito por

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todos los médicos para la curac1on de las qastnt1s, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómago, estreñimientos r ebeldes, para facilitar
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los int.estinos.

J.A.R..A.BE

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

,. Soberano remedio para rápida cúra•
cion de las Afecciones del pecho,

Catarros,Mal de garganta,Bronquitis. Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos . Dolores ,
Lumbagos, etc. , 30 años del mejor
éxito atesti guan la eficacia de este
poderoso denvativo recomendado por
los primeros médicos de Par1s,

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la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con•
vulsiones y tos de los niños durante la denticion ; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones: 1.-P. LAROZE

!, ruedes Lions-St-Panl, AParis.

Participando de las propiedades de! Iodo
y del Hierro, estas Pfldoras se emplean
e!j.pcclalmente contra las E scrofuJas, la
Tísb y la D ebilidad de temperamento,
as! como en lodos los casos(Pálldos colorH,
Amenorrea, 4 •&gt;, en los cuales es necesario
obrar sobre la sangre, ya sea para devolverla
su riqueza y abundancia normales, 6 ya oara
provocar ó l'egulurlzar su curso perióélco.

Deposito en todu las principales Boticas y Drogueriaa

CARNE HIERRO y QUINA

ll .U-u&amp;o 11111 l ~ llllido a los '16Dico1 mu npandOIII.

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T 001' TODOS LOS UDICIPIOI tnJftlTIVOS DII U CARBB
C,&amp;an, mr.aa• 1 flllll&amp;I Dles afl01 de ano continuado 1 lu &amp;1lrmactonet de
todu w emlnenCIII médicaa pNN.b&amp;D que esta uoellclon de la Clanae, el alern 7 I&amp;
e■1- oonaUtuye el repan4or mu en~l'ldco que ee conoce para curar: la Ck&gt;rdlú, I&amp;
llltfflla, 1U .llt111t~ dolOt'Olal, el lmpobr«lmlfflto 11&amp; ÁlttrllCúHl 14 14 sa11gr1,
el R/JQ141t"1M, i..1 Á { ~ ucro/'lllolal 1 acorlnltCc41, etc. &amp;I Wlae FerrastaeH de
&amp;nu~ ea, en erec&amp;o, el único que reune lodo lo que entona 1 tol1alece loa organ01,
regularlsa coordena 1 aumenta conalderablemedte lu tuerzu ó tntunde a la l&amp;llll'9
empobiécíd&amp; 1 descolorid&amp; : el YIQor, I&amp; Color/lCIOft 11&amp; 6Mrpúl "''"'·

IM' uvor, 111 P&amp;ril, en eua de J. FBW, rarmauntico, tO!, nie Richeliea. &amp;lceNr 4e ülOtJD.
p VUDS SM TODU LU nIMCIP.U.U IOTICU.S

EXIJASE .a:=' AROUD

~//1,.?JJ-5

Farmacenuco, en Par!!,

I ~Rue Bonaparte, 40
El 1odurode hierro Impuro óalterado
, , es un medicamento infiel é Irritan te.
Corno prueba de pureza y de aulenlleldad de
las verdaderas Piltloras tle ntancard,
exi gir nuestro se llo de plata reactiva,
nuestra firma puesta al pié de una etiqueta
verde y el Sello de garanlla de la Unión de
los Fabricantes para la represión de la falsiUcaclón.

NB

Querido enfermo. - Flese Vd. 4 mi /arta experiencia,
y haga uao de nue,tro, ORANOS de SALUO, puea e//01
le curarán de au const1paclon, le darán apetito y le
derolrerAn el sueño y la alegria. - A11 r1rir4 Vd.
mucho, año,, d11frutando s11mpre de una buena ,alud.

PATE EPILATOIRE DUSSER

'SE HALLAN EN TODAS LAS FARMACIAS

destruye basla las RAICES el YELLO del rostro de las damas (Barba, Bl,:nte, etc.), llu
nlDgun peligro ~ra el cuus. SO Anos de Éi:lto, l millartt de te1Umonio1 garaoU&amp;ao la e6cada
de esla preparac1on•. (S, vende en oaJu, para la barba, y en 1/2 oajaa para el blgott. llgrro). Para
101 bruos, empléW !!ll,l tfl.U.IJJ• .DVSSER, i , rue J .•J ,-Roueaeau, Paria.

e,

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
JMl', PIS MONTANBR Y SlM~1'

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 583, Febrero 27</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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