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11tí~t1ea
A:Ro XII

- - - - - - -·+

BARCELONA

20

DE MARZO DE 1893

NúM. 586

Próximamente comenzaremos la publicación de la interesante novela de Héctor Malot &lt;ANIE,&gt; traducida por Antonio Sánchez Pérez,
con preciosas ilustraciones del célebre dibujante Emilio Bayard

EL MEMORIALISTA, cuadro de Salvador Viniegra

�186

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Texto. - llf11rnmracio11es europeas, por Emilio Castelar: - Don
Pedro el Cruel. Cró11ica relativamente antigua (continuación),
por Luis de Llanos. -Las islas d(Tenerife y Gran Canaria,
por X. - llfiscelá,tea. - Nuestros grabados. - La victoria de
César. Bocelo de verano, por Cordelia. - SECCIÓN CIENTf Fl·
CA: Temperatura de la la1.•a. Experi111mlo de eleclrowltura.
- Libros recibidos.
Grabados. - El memorialista, cuadro de Salvador Viniegra.
- El eminente poeta italiano Carlos Goldo11i, copia de un retrato de Alejandro Longhi, existente en el Museo Carrer, de
Venecia. - Un asalto (recuerdo de Carnaval), cuadro de Ramiro Lorenzale (Salón Parés). - Roma. Jubileo episcopal de
S. S. León XIII. La bendición papal en la óasllica de San
Pedro. - Isla de Tener((e: Campesinos de la Laguna(de una fotografía); Plaza de la Conslit11ció11 en Santa Cru:: de J'eneri·
fe¡ El pico de Teide; Procesión del Viernes Santo en la pla,;a
de la Comtitución de las Palmas; Panorama del puerto de la
Orotava, cinco grabados. - A orillas del mar, dibujo de
Eduardo Patry. - Valeutina, cuadro de Guillermo Wolff. llf. .Ju/iQ Ferry, presidente del Senado francés, fallecido repentinamente en Par!s en 17 del corriente. -Acto de desmbrir
el busto de Tomás Car/y/e m la Biblioteca pilblica de Londres.

...... ......... ......,......,......,....................,......,..............................,......,.........,......,......,.....
MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTl!LAR

Dificultad en la elección de asuntos por exceso de éstos. - Capitales de la quincena última. -El Jubileo Pontificio. - Reconciljaciones con Roma de los partidos liberales y de los
pueblos protestantes. - Reflexiones sobre las últimas fiestas
vaticanas. - Grandeza de León XIII y acierto de su elevada
política. -Crisis de Portugal. - Estado en que tal pueblo se
halla. - Imperiosa necesidad, dada su presente situación, de
anteponer á toda otra cuestión las cuestiones económicas. Ligeros recuerdos de otras cuestiones. - Conclusión.

Quien jamás pare su atentión en la grande abundancia de hechos ocurridos durante período tan breve como una cualquier quincena, costarále trabajo
comprender cómo en las Revistas quincenales, cual
esta redactada por mí bajo el título de «Murmuraciones Europeas,» la dificultad mayor está en la
selección de lo más histórico y trascendental, pues
sería el cuento ·de nunca acabar un propósito tan
desatinado como el propósito de referirlo todo. Hay
cuestiones graves que subsisten de pie y se desarrollan así con espacio, pero que no pertenecen al medio mes transcurrido, sino á los meses anteriores,
según la fecha de su origen, ó pertenecerán al mes
próximo por lo lentísimo de su desarrollo. La ley
militar de Prusia, hecha y deshecha en larga urdimbre de proyectos mil veces; los planes de Gladstone relativos á la organización que necesita revestir
en el imperio británico Irlanda, contrastados por invectivas como las de Balfour, aferradísimo á la idea
de un empeoramiento del pueblo irlandés desde que
han subido los liberales al gobierno, y por discursos
como el de Chamberlain acusando al primer ministro de trastrocar el imperio británico, tan caracterizado por su índole nativa y por su vieja historia en
una especie de república federal á usanza yankee ó
americana, y por palabrotas como las de Churchill,
parecidas á frases de club ó de melodrama, según lo
mucho que retumba en ellas el vulgar vocablo traición; las porfías entre Suecia y omega, por si esta
última debe tener, como tiene, constitución y cámaras y gobierno aparte de la otra, representación diplomática y consular en los gobiernos extraños también aparte; los matrimonios de Oriente, como el celebrado entre una princesa británica y el heredero de
Rumanía, como el reconstituído entre cónyuges antes divorciados cual Natalia y Milano en Servia, como el convenido entre Fernando de Bulgaria y una
infanta de Parma; todos estos asuntos pertenecen á
meses anteriores por su origen y pertenecerán á meses venideros por su desarrollo, cual hemos dicho ya;
pero están un poco separados del público interés hoy
por encubrirlos y asombrarlos estos que á la quincena corriente corresponden: jubileo pontificio y crisis
lusitana. Sobre todo y ante todo privan hoy el Vaticano y León XIII. Los esplendores de un escenario
tan sublime, los recuerdos despedidos allí por cada
piedra, la reunión de fieles idos á San Pedro desde los
cuatro puntos cardinales, el concurso y el homenaje
de las potencias herejes y cismáticas al centro del
catolicismo, la política de un Papa reconciliado con
la libertad y con la democracia generadas por el Evangelio en la sociedad antigua y mantenidas por el Pontificado en sus luchas con los Césares clásicos y con
las irrupciones bárbaras, conmueven por tal manera
nuestra sociedad positivista y materializada, que parecen una fulguración de idealismo, en la cual cobra
nueva luz el cielo y vida nueva el planeta. Por esta
causa me detengo ante un jubileo como el pontificio,
que tiene inmensa importancia y que llueve sobre

NúMERO

586

nuestros espíritus sedientos de fe Yiva muchas y muy á una fe de veinte siglos, los ánimos y los espíritus
consoladoras esperanzas. Miremos Roma primero, más rebeldes no dejan de reconocer que si alguien
puede gloriarse de reinar sobre la universalidad de
después el Para, y por último el j~bileo.
los espíritus es aquel cuyas bendiciones aguardan
innumerables fieles desde las nieves boreales del he!ado Báltico hasta las nieves australes del patagón
¡Cuán sublime y grandiosísima nuestra Roma! estrecho. Imaginaos qué grande confusión de lenguas
Pues á pesar de tales grandezas y sublimidades, mien- habrá y que mezcla de pueblos, cuando sesenta mil
tras una mitad del mundo cristiano, los católicos, ben- peregrinos llegados de las cuatro partes del horizondecían á Roma de continuo, maldeclala otra mitad, te se congregan, movidos por un comtfn afecto y una
los cismáticos y herejes, con maldiciones horribles. común idea, en la primera Basílica del planeta, con
Babilonia la llamaban de común acuerdo los sajones, propósito de festejar al primer jefe de la cristiandad
apodándola centro así de todas las infamias idolátri- católica. El Papa, llevado sobre la sede gestatoria,
cas. Bestia del Apocalipsis la creían los calvinistas. circuido del sacro colegio, abanicado por las blancas
Prostituta que mercadeaba sus favores con todos los plumas que agitan los acólitos; con su capa· pluvial
tiranos la proclamaban desde \Váshington á Esto- Teluciente de oro en los hombros, con su tiara ceñikolmo todos aquellos que disentían de la fe romana. da por tres coronas en la cabeza, con su báculo en
En Inglaterra un pelele servía de Pontífice anual- la mano; pálido y enjuto, nervioso y agitado, cual si
mente al pueblo para que cebase las viejas cóleras desde nuestro bajo mundo aspirase á otro mejor, sighistóricas en sus trapos, y lo despedazaba, mientras nifica y representa la condensación de un éter de
las demás comuniones luteranas solían celebrar como ideas, por el cual bien podemos llamará su palabra un
una fiesta de libertad é independencia su separación Verbo casi divino y á su persona un símbolo de lo sode la sede romana. ¿Por qué no decirlo? Nosotros, los brenatural y de lo revelado. Asf, en estas ceremonias
demócratas, en el combate titánico y antiguo con el resalta y sobresale á la continua el principio de uniabsolutismo, teníamos á la Iglesia por su madre legí- dad, que hace doblar la rodilla y la frente á católicos
tima, y la tratábamos con bien poco respeto. En el de diversos orígenes, impelidos por la misma emoviaje de Lutero mozo á la Roma del Renacimiento, ción, cuando se levanta la Hostia con el Cáliz en la
escrito por el reformador mismo en sus elocuentes misa; y mientras, abajo suenan las campanillas con el
memorias, hállanse todos estos lugares comunes con- salterio y arriba las campanas con aquellas argénteas
tra la Ciudad Eterna, renovados desde la revolución trompetas angélicas en la cúspide puestas y que paacá por los liberales y puestos en circulación y hasta recen tocadas, según lo melodioso de sus vibraciones
en boga por varias generaciones. ¡Qué diferencia en- y de sus acentos, por invisibles ángeles venidos, como
tre los odios con que Lutero entraba en Roma, cuan- en las pinturas religiosas, desde los cielos á exaltarlo
do todavía era católico, á maldecirla por modo inde- y á bendecirlo todo. ¿Por qué no decirlo? Siempre
liberado, y la tolerancia con que, tras cuatro centu- grandiosas estas festividades vaticanas, hoy reciben
rias de guerra, entran hoy los luteranos á celebrar el mayor grandeza del Papa que las celebra, cada día
aniversario de la exaltación de León XIII al Episcopa- más reverenciado y más querido por toda la cristiando, reconciliadísimos, en lo que puede caber entre dad. El dogma político suyo reconociendo en todos
aquellos imposibilitados de abandonar sus creencias, cuantos ejercen autoridad y poder legítimos igual
reconciliadísimos con la Iglesia romana. El ~mpera- origen divino y aconsejando á los católicos igual obedor Guillermo II, cabeza visible de la Iglesia evangé- diencia y sujeción á ellos, ora sean reyes hereditarios
lica y personificador del nuevo gobierno,que ha reem- é históricos, ora magistrados electivos ó presidentes
plazado al imperio austriaco en la dirección de Ale- de repúblicas; este dogma difunde un soplo tan bemania, envía un expreso y extraordinario mensajero á néfico de paz y amor sobre los espíritus, que no ha
felicitar al Papa. La reina Victoria le ofrece presentes podido menos de trascender á los pueblos y de inde primer orden y le saluda desde la sede altísima don- fluir con salvadora influencia sobre la vida y la natude puede con razón echárselas de representar y ejer- raleza de los Estados contemporáneos. Así, cuantos
cer otro pontificado. El mismo czar de Rusia, eleva- de veras aman la libertad y la democracia comprendo por los caprichos del nacimiento y de la herencia den que León XIII ha surgido para prestar á las faen el más vasto imperio de nuestro continente al milias de pueblos libres, pertenecientes á la pura vieja
ejercicio de un despotismo entre militar y eclesiás- sangre romana y á la tradicional Iglesia católica, lo
tico, no deja de reconocer la grandeza del Pontífice que les faltaba y tenían los pueblos sajones, aventalatino y de saludarlo con homenajes respetuosísimos jándonos en esto: una base moral y religiosa para soy casi religiosos desde la grande Iglesia que Focio bre sus sólidos cimientos asentar todas las reivindicaseparó de la Roma católica en la Bizancio fundada ciones del derecho. Y lo conveniente será que todo
por Constantino como rival de la Roma cesárea por esto dure y perdure.
los siglos primeros del cristianismo. Al hojear, así lo
dicho por la prensa protestante de Inglaterra como
***
lo dicho por la prensa protestante de Suiza, con moCuando quería continuar en estas reflexiones lletivo de las fiestas religiosas últimas, quédase uno atónito de ver cómo han ido creciendo las ideas de re- gan varias noticias á cual más importante y que
conciliación cristiana entre todas las sectas divididas deseo referir. Nuevo ministerio en Portugal, donde
y separadas del centro común por la herejía ó por el 11a caído un Ferreira para ser sustituido por un Ricisma. El Diario de Ginebra, sesuda representación beiro, y la noticia de orientaciones nuevas en la polídel calvinismo histórico reinante sobre aquella her- tica francesa con el nombramiento de Ferry para la
mosísima ciudad, que se llama todavía hoy la ciudad presidencia del Senado. ada enseña tanto el cambio
de Calvino por excelencia, proclama con verdadero de las ideas y de las cosas en este nuestro mundo
acatamiento á Roma la primera entre todas las ca- político cual esos ministerios, ya derruídos ó ya exalpitalidades cristianas por presidir la comunión más tados por los intereses, no como antes por las ideas.
numerosa é importante del mundo cristiano. Y con Así, divertidos los ánimos de la cuestión política, naefecto, no puede al catolicismo disputársele un carác- die piensa en mejorar ó empeorar los Estados; todos
ter cuya virtud lo eleva sobre todos los cultos naci- piensan en los presupuestos. Quédense, dicen á una
dos del Evangelio, no puede disputársele de modo los previsores, quédense las instituciones donde se
alguno por nadie la universalidad, que se adapta lo hallan, pues no hay otra cosa que hacer sino á la
mismo á las variedades múltiples del espacio que á economía ocurrir. Cuando, bajo la pesadumbre de los
las variedades mültiples del tiempo. Mientras el cul- cupones impagados, un gobierno desaparece y surgen
to griego no ha podido pasar jamás de Oriente y el los pretendientes con las insignias de los viejos particulto protestante se ha circunscrito á las zonas ger- dos en sus manos y los ideales de las viejas escuelas
mánicas del planeta, entra la religión católica en el en sus frentes, parécele á uno soñar, y soñar despiermundo esclavón por los polacos y por los cheques y to. ¿Qué piden tales importunos factores? El regenepor los croatas, en el mundo alemán por los bávaros rador Pimentel con sus procedimientos conservadoy por los austriacos, en el mundo griego por las colo- res, cuando no hay cosa ninguna que conservar; el
nias varias de origen italiano, en el joven mundo de progresista Castro con sus ideas de reforma, cuando
América y hasta en el viejo de Asia por tantos pue- no pide la opinión más que progresos económicos,
blos de nuestra raza hispánica como se dilatan des- parécennos almas en pena, venidas del otro mundo
de las orillas del Mississipí hasta el estrecho de Ma- á este. Un arreglo con los acreedores extranjeros pagallanes y por tantas iglesias como han fundado nues- ra no verse de modo alguno en esta vida con intertros misioneros desde la desembocadura del Nilo venciones y sindicatos abrumadores; un tiento de las
hasta Filipinas y Australia. Por eso cuando las cam- fuerzas contributivas del país para conocer qué puepanas de San Pedro repican en celebración de una den dar sin esquilmos y aniquilamientos suicidas;
festividad religiosa como la última de Roma, y el unas vigorosas economías yendo á la constitución de
Papa desciende, llevado en hombros, desde sus salo- presupuestos que afianzen los ingresos y disminuyan
nes vaticanos al grandioso altar mayor, una vez co- los gastos; un propósito consciente y deliberado de
locado de rodillas ó de pie en la rotonda parecida cambiar el régimen económico vigente por un régipor su magnitud á un arco del cielo y sobre la tum- men del trabajo y de la industria, se imponen bajo
ba de los Apóstoles alimentada de oraciones merced leyes á que nadie puede hoy por modo alguno eva-

N úMERO

586

dirse, dado el imperio de fatalidades que nos dominan y
nos abruman bajo su fuerza
incontrastable. Los excesos
del régimen feudal trajeron
el nuevo régimen político, en
que dominaba el derecho; los
excesos del régimen económico vigente traerán por fuerza
un régimen industrial, tan
distante del que ahora impera con la terrible paz armada,
como puede distar la fábrica
del castillo y una sociedad
cooperativa de una señorial
mesnada. Bueno que Heintze Ribeiro hable de amnistía
indispensable al apaciguamiento de los ánimos; bueno
que devuelva el derecho antiguo consuetudinario á una
prensa tan libre por tradición
como la prensa lusitana; bueno que trate de ir aumentando la facultad preciosa de gobernarse á sí mismas en las
regiones y en las municipalidades, todo esto excelente;
mas resultaría de seguro lo
mejor una concentración de
todas las potencias gubernamentales del pueblo y del Estado en aquello que más al
pueblo y al Estado importa,
en la formación de un buen
presupuesto. El escándalo de
las acusaciones infamantes á
los primeros y más conspicuos repúblicos, el derroche
- de todos los ingresos en la sustentación de organismos inútiles, el despilfarro sistemático que ha hecho quebrar á
factores del progreso püblico
tan importantes como las
compañías ferroviarias, el
fraude crónico en las percepciones y cobranzas de tributos piden á una remedios
enérgicos, sobre los cuales
hay que multiplicar todos los

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL EMl'.IIENTE POETA ITALIANO CARLOS GOLDONI, fallecido en París en 1793 Copia de un retrato
de Alejandro Longhi, existente en el Museo Carrer, de Venecia

UN ASALTO (RECUERDO DE CARNAVAL), cuadro de Ramiro Lorcnz:ile {Sal6n Parés)

esfuerzos, dividiéndolos y separándolos de las cuestiones
polfticas. Y precisa proceder
así con reflexión racional y
con voluntaria energía, porque no caigan en la neurosis
los pueblos de referir á la política y su influjo el mal económico y el malestar consiguiente á errores antiguos,
tan fáciles de cometer por un
partido reaccionario como
por un partido avanzado. Luego que, dentro de lo existente, haya Portugal ocurrido á
sus males, podrá verse con
espacio si el origen de todos
ellos está en la raíz de su
vida nacional, y si los remedios exigen resignaciones á
sacrificios de algo quizás mayor que la forma del Estado
vigente y que la existencia
del régimen reinante. Mas
ahora, hoy, en este minuto
psicológico, que di ría Bismarck, como donde no hay
harina todo es mohina, se nos
antoja lo más urgente y necesario acudir al presupuesto, y
así pedimos á pueblo tan
amado de nosotros como el
pueblo portugués que no se
descarríe de ningún modo
por las trochas de cuestiones
políticas baldías, y entre de
lleno en los problemas económicos, de cuya buena solución
hoy depende, no solamente
su libertad y su paz interior
y sus buenas relaciones con
las naciones extrañas, sino su
existencia en el mundo. Quizás incapacitado para comprender desde lejos los matices de la politica portuguesa,
no entiendo bien por cuál
causa ó motivo estaban los
republicanos, tan exaltados y
radicales de suyo, más complacientes con el gobierno an-

�188
terior que con este, quien acaba de darles á sus amigos descarriados amnistía; ni por cuál causa ó motivo, repúblico tan eminente de suyo como nuestro
antiguo amigo Casal Ribeiro, se indigna contra el
gobierno anterior y le promete su apoyo á este nuevo y reciente. Todo gobierno que logre un presupuesto nutrido de recursos buenos y limpio de gastos inútiles, el cual presupuesto le permita ocurrir al
pago de la deuda y fundar sobre sus bases un arreglo
conveniente con los acreedores todos y especialmente con los acreedores extraños, será un buen gobierno, venga de donde viniese y compóngalo quienquiera.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

discípulo... , ya recordará usted..., el del varazo... , solía
decir el padre de la criatura.
- Sí, ya recuerdo. ¡Era muy bruto el infeliz!
- Como que á los seis años ya descargó un tal varazo en la cabeza de la mula la Cascabelera... , que
era negra y sin cerrar y más rica que la canela ... , que
¡velai!.. la dejó séca. Por eso le decimos el del vanzo.
Pues aunque me esté mal en dicirlo... digo, yo no entiendo de letras, que es una mala vergüenza, y el
chico, digo, entiende poco... , vamos á un dicir, pero
•entiende algo. Y como, eso sí, ¡canastos!, él es cerril
y fantástico y no hay Dios que lo gobierne, cogí y dije: pues á Valpalencia con él, en ca D. Pedro que
tiene la mano pesá y está avezado á lidiar con burros.
Y aquí estamos y ahí se queda el chico pa que me lo
desuelle usted vivo, si á mano viene.
El haber comenzado nuestras Murmuraciones por
- No tenga usted cuidado, respondía D. Pedro con
la relación de todo aquello que se dice y susurra en modestia; se hará lo que se pueda.
Europa hoy, por espectáculo tan relacionado con la
- Pues firme en él. En cuanto á los 7 riales de la
política como el jubileo pontificio, transmutó mal de soldada, ¡canastos!, D. Pedro, como si fueran panconuestro grado esta crónica, usualmente literaria, en mido, ¡y así que tuviera usted tan segura la Hostia á la
una crónica de hechos verdaderamente políticos. Y hora de la muerte! Pero tenga ojo, mucho ojo, solía
diciendo verdad, en esta manifestación del espíritu añadir, que el chico es mañoso y está muy resabiado
social moderno hay tanto de artístico y de literario, y es más voluntarioso y avieso que la mi mula la
como que si volvemos los ojos, por ejemplo, á Oriente, Perra... , con perdón sea dicho. Conque D. Pedro,
parece con la reconciliación matrimonial de los mo- diquiá á otro ratico y lo dicho..., mucho palo y dé en
narcas servios Milano y Natalia, con la boda entre sin malicia,· que eso sf, ~l chico tiene naturaleza pa
una princesa de Parma y el príncipe reinante sobre todo y come más que los galgos de casa, y eso que
Bulgaria Fernando de Coburgo, con las fiestas nup- son cuatro y muy majos.
Y con este discurso se lanzaba el padre, tan conciales entre la hija mayor del duque de Edimburgo
y el inmediato heredero de la corona rumana, todo el solado el pobrecillo, y con razón, porque se quitaba de
Oriente un extraordinario epitalamio. Ya sabernos quebraderos de cabeza, y desde aquel momento se
que donde impera mucho la razón de Estado, impera abrían las puertas del palenque y la lucha comenzaba
poco el sentimiento de amor. Ya sabemos por ende entre la brutalidad del chico y la barbarie del dómicomo no se han reunido al mutuo amor entre sí los ne: lucha sangrienta, cruenta, sin cuartel, en la que ó
divorciados monarcas de Servia, sino al amor del entraban en la cabeza de la fiera adverbios y declinahijo, víctima primera y capital de sus discordias; ya ciones ó entraba él de patitas en el cementerio.
Si todas las súplicas y recomendaciones de nuessabemos como no se han casado los hoy príncipes de
Rumanía por preferencias sendas de sus corazones tros padres y de nuestras. madres, cuando éramos
enamorados, sino por arreglos diplomáticos que nada chicos finos y de buena casa, eran para D. Pedro casi
en cuenta tienen tal superior linaje de sublimes cari- letra muerta, y sin que lo remediara ni la paz ni la caños; ya sabernos que ha bebido los vientos para ca- ridad, palos se recibían, ó bien directos ó bien de resarse Fernando de Bulgaria con dama de sangre real, chazo, palos que nos callábamos en casa religiosapretendiendo prestar á un trono lanzado sobre revo- mente y que ni en el tormento confesáramos, ¡tal era
luciones como sobre tormentas y suspenso de la vo- el pavor que el dómine nos inspiraba!, ¿qué no haría
luntad nacional como de un cabello esas raíces di- D. Pedro autorizado á barbarizar y hasta suplicado
násticas, por las cuales hay monarcas muy capaces de para que barbarizase?
Y la verdad es que aquellos internos de los 7 riales
parecerse á las encinas en robustez y en duración y
en arraigo; pero con esto y con todo las bodas y sus eran de tal calibre como á juzgar por sus fachas los
fiestas y sus blancos velos y sus coronas de azahares amantes hermanitos Caracalla y Jeta; si Caracalla no
.y sus versos y sus himnos epitalámicos alegran un revienta á Jeta, Jeta reviente á Caracalla: así en casa
poco la vida y perlan y opalan sus horizontes con de D. Pedro, si él no se impone brutalmente á los
auroras de ilusiones y esperanzas. Nada tendríamos baturros, los baturros le devoran.
que decir de pesimista si al mismo tiempo no viéraEn mis tiempos, de los ocho internos, quitando
mos junto á esas auroras tan risueñas culebrear si- uno, sobrino también del dómine, que era listo y
niestros relámpagos de guerra. El emir de Bukhara aprovechado, los otros siete más parecían mulos de
en el Asia central se ha puesto bajo la soberanía y artillería. El Cuervo que antes cité, natural de Cebopatronato del czar, como en la Edad Media solían los lleta del Cerro, y otro chico, un tal Sinforoso, de Bacaballeros feudales ponerse á una so el patronato de rranco de los Pinares, hacían este singular juego: en
reyes y emperadores eminentes. Rusia, para des- el pasillo obscuro que comunicaba la calle con el palumbrarlo, y deslumbrándolo someterlo mejor, le tio, se volvían de espaldas, se apoyaban con las maha mostrado sus ferrocarriles que llegan al Báltico nos en unos maderos que de una parte y de la otra
desde la Mogolia; sus ciudades históricas coronadas había, y se coceaban, pero de tal modo, que hasta
por cúpulas de oro, cual Moscou, y sus ciudades mo- hubo piernas rotas en varias ocasiones, en vista de lo
dernas formadas por calles de palacios, cual Peters- cual aquel juego vino á ponerse muy de moda entre
burgo; los ejércitos en que hay desde alemanes y los internos; por de contado que cuando jugaban á
griegos hasta cosacos y armenios y persas; el poder pa?o metían los nudillos y daban espolique en pleno
de un hombre idolatrado corno si fuera un Dios en cráneo, y cuando á capazos, echaban piedras entre e!
la tierra. Pero todas estas ostentaciones tienen por embozo y la capa y los capazos se convertían en golobjeto espolearlo, para que le sirva corno de van- pes mortales.
Con respecto al trato de la casa, siempre guardaguardia en la irrupción del imperio moscovita, que
sigue los caminos de Alejandro hacia los senos de la ron la más absoluta reserva; y cuando un tal ManzaIndia, perteneciente hoy á Inglaterra, encendiendo y no, llamado de apodo «Tabardillo» por lo chinchoso
atizando así la guerra universal.
y preguntón, que todo lo husmeaba porque era la curiosidad misma, les preguntaba, por ejemplo: «Si coMadrid, 4 de marzo de 1893
mían pan repicoteado de los tres picos ó bollos de
leche,» ó no contestaban ó guiñaban el ojo diciendo:
«Buena magra y buen vino de Toro;» pero no debía
DON PEDRO EL CRUEL
ser verdad por la risa que les entraba á los ocho juCRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA
ramentados. Tampoco pudimos· saber nunca si comían en la mesa de D. Pedro ó en otra aparte, y
( Conti1111ación)
más nos inclinábamos á esta versión, porque caso de
comer juntos, de fijo D. Pedro gastaría más de los
V
7 ria/es de la soldada en vajilla rota en sus cabezas.
LOS INTERNOS
Barrían las clases y los pasillos, eso sí, todo lo peor
que podían; hadan recados, abrían la puerta y hasta
Eran los internos ocho robustos mozos, anchos de limpiaban las botas de D. Pedro. Pero cuando algupecho, enjutos de carnes y cerrados de mollera... , en no faltaba á las clases y preguntábamos por él, sus
general de una bestialidad poco común.
compañeros se callaban como muertos y no había
Cuando á un labrador ricacho de los pueblos ve- medio de sacarles nada. En estos casos suponíamos
cinos le salía un hijo cazurro é ingobernable, ya se que les estarían bizmando las costillas, ó cosa así,
sabía, lo traía á desasnar á casa de D. Pedro, cuya máxime cuando D. Pedro solía decir:
fama de domador de fieras era tanta que cundía, co«¡Voto á todos los demonios del infierno! Me pamo la grama en las viñas, por toda la comarca.
rece que te voy á dar otra paliza como la de anoche .. . ))
- Aquí le traigo á usted á Robustiano, que es priPrueba de que había palizas nocturnas.
mo carnal de Trifón, el hijo del tío Palominos... , su
Las consejas que entre nosotros corrían cuando
............. , ...... ......., ......... 1 ••••••, ............ ........, .... ,., ...... ........... ...... , •••• ,.,, ... , ... , 1., .... , •••••• , .... .

NúMERO

586

desaparecía algún interno, definitivamente no son
para contadas. Dáb¡imos el exequátur á las bolas más
garrafales... «Que D. Pedro le había reventado de una
patada... Que le había metido en el calabozo y no le
daba de comer... Que se oían gemidos en la bodega ... Que olía á muerto del lado de las tapias delcorral... Que le había emparedado...»Todo esto murmurando al oído, ya en la calle y muy lejos de la de
Cárcaba.
La verdad es que el mozo que resistí~ aquel régimen era mozo de chapa; porque con frecuencia sucedía que cuando D. Pedro se encolerizaba con los
se11oriti11gos, y los lapos que nos repartía no le satisfacían bastante, con el pretexto más fútil, si se rió, si
fué el autor de la mosca con cucuruchito, caía sobre
Cuervo ó sobre Sinforoso, y ahí que no peco, les hartaba de golpes sin atender á sus lamentos y protestas.
- ¡D. Pedro, por Dios!.. ¡Ay madre!.. ¡Que no fuí
yo, D. Pedro!.. ¡Madre!..
- Toma..., toma, cochino, indecente, le respondía
el dómine arreciando el nublado, y así irás aprendiendo algo.
¿Qué?.. Jamás lo pude saber.

VI
LA REVISTA

Lo primero que hacía D. Pedro al entrar en la clase era pasarnos revista. Con la capilla terciada, el
bonete sobre el vértice derecho anterior del cubo, la
colilla de puro en la boca y la vara en ristre, se ponía á pasear por delante de los bancos en actitud meditabunda y triste. Sus ojos, abotargados por el sueño
é imperfectamente lavados, tenían la frialdad de ojos
de cetáceo. Carraspeaba fuerte y esputaba á la casualidad.
El paseo, que solía durar mucho, daba el vértigo
por el cuidado con que estudiábamos sus movimientos, hasta que á lo mejor se plantaba y con voz de
mando decía:
- ¡Abajo esas patas, so brutos! ¿Os pensáis estar
en la coadra?
Un rápido movimiento automático, mili tar, desmontaba de golpe todas las piernas y quedábamos
mucho más incómodos que antes, pegados á la pared, en nuestros fementidos bancos.
El paseo seguía... seguía como el de una fiera enjaulada, hasta que plantándose de nuevo de golpe
delante de un chico le gritaba:
- ¡Las uñas!
El primer movimiento del chico, ¡lo que son las
conciencias sucias!, era el de esconder las manos en
lo más recóndito de sus bolsillos; pero á la segunda
intimación «¡¡las uñas!!,» dos manos mugrientas, temblorosas de miedo, con uñas de riguroso luto, se presentaban en forma de piña; y no sé qué era más
pronto, si aparecer las manos ó caer sobre ellas un
tremendo palmetazo, instrumento que para este género de ejecuciones se usaba. El chico lanzaba un
rugido de dolor y salía dando vueltas y soplando por
el cuarto. La ejecución era dolorosísima, pero expeditiva; y mientras aquel chico se chupaba los dedos
con toda su alma, ya estaba D. Pedro con igual intimación ante otro penitente, y los demás muchachos
de la clase buscando la solución á este complicado
problema: coger el libro con las dos manos, como era
de rito, sin que se vieran las uñas; cosa dificilísima
y que daba por resultado: r. 0 , libros por tierra; 2. 0 , estacazos á destajo.
Este suceso se registraba principalmente los sábados, pero también podía suceder otro día cualquiera.
No obstante, los chicos no se hacían por esto más
limpios; lo que hacían era mondarse las uñas en seco
con la navaja.
Terminada ó interrumpida por la distracción de
D. Pedro esta faena, seguía paseando y su faz se tornaba por momentos más torva y su tez más plomiza.
Se comprendían sus sufrimientos... , sus dolores insoportables de hígado enfermo ... , hígado enorme, inconmensurable, bajo cuyo peso abrumador nos sentíamos
asfixiar.
Y como el disimulo, por grande que sea, no alcanza á encubrir un canguelo de las dimensiones del
nuestro, no podíamos remediarlo... Según pasaba el
dómine por delante de nosotros, maquinalmente preparábamos el brazo derecho redondeándolo y metiendo el puño cerrado para adentro como si empuñáramos una rodela y levantándolo á la altura de las narices para proteger institivamente la cara. Este movimiento automático, repelido por todos los chicos del
banco sucesivamente, sacaba á D. Pedro de su meditación y aun diré de quicio, y tanto, que sin medir
las consecuencias, que podían ser fatales, nos soltaba
en los ijares puñetazos de calibre que resonaban en
los vacíos del busto como si pegase en un armario va-

ROMA. -JUBILEO EPISCOPAL DE S. S. LEON XIII.-LA BENDICIÓN PAPAL EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

�LA

lLUSTlv\CIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

586

iba marchando regularmente hasta el segundo
ejercicio, que ya comenzaba Cristo á padecer, y
que consistía en preguntar D. Pedro, por ejemplo, en la primera declinación:
- ¡Genitivo singular!,
señalando á un chico
con la vara.
- Ro~.c!
- ¡Dativo plural!, á
otro.
- ¡Rosis!
- ¡Acusativo singular!
-¡Rosarum!
- ¡Bruto, animal, zoquete!..; otro.
- ¡Rosas~
-¡Salvaje, zanganote!.. ; otro.
-¡Rosam!
- Eso es, adelante.
Y el chico adelantaba
VII
dos puestos en el banco.
Este ejercicio requería
profunda atención, porLA CLASE DE PRIMERO
que si bien perder puesUna vez acomodado D. Pedro en su poltrona, que
tos no divierte, era además peligrosísimo por
era de esas de cuero con clavos gordos, y después de
dar un par de palmetazos sobre el pupitre, so pretexl as consecuencias; ya
que, como dije, los últito de restablecer un orden que él solo alteraba, un
gran silencio envolvía la clase, rara vez turbado por
mos eran los primeros
los entrecortados jipidos de los últimos ajusticiados,
cerca de las botas y de
que sollan ser los nuevos; los avezados á la mazmola vara del dómine; aderra concentraban en cuatro gritos muy fuertes todo
más con frecuencia coincidían dos acontecimiensu dolor y se bebían las lágrimas.
Esta entereza gustaba mucho á D. Pedro.
tos: perder puesto y gaLa lección comenzaba por los de primero. El prinarse un estacazo.
mero del bando de Roma recitaba con voz nasal, chiTras de las declinaciollona é insoportable una declinación.
nes de nombres, venían
las de adjetivos y los
SINGULAR
pronombres personales,
posesivos y demostratiNominativo.
rosa, la rosa.
vos hasta los interrogatiGenitivo. .
rostZ, de la rosa.
Dativo. . .
rosa, para la rosa.
vos y relativos, y aquí geAcusativo. .
rosa111, á la rosa.
Isla de Tenerife. - Cam~inos de la Laguna (de una fotografía}
neralmente se armaba la
Y ablatirn .
rosa, en con por de la rosa.
gorda... en el famoso
en cañones, se arrancaba de nuevo con creciente ve- relativo conocido por el «puente de los asnos.»
- ¡Otro!, gritaba D. Pedro.
Después de largarnos de retahila las declinaciones,
Y otra voz aún más tiple, de un escarabajito que locidad:
empezaba el rompecabezas siguiente:
no levantaba ni tanto así, continuaba con extraordinaSINGULAR
- ¡Nominativo plural!
ria rapidez:
- Qui... qure... qure.
Nominati\'o. . . rosa, la rosa.
PLURAL
- ¡Acusativo singular!
Genitivo. . • . ros,e, de la rosa.
- Quem, quam, quid.
Dativo,
etc,
etc.,
etc.
Nominath o. . rostZ, las rosas.
- ¡Dativo singular!
Genitivo. . . rosar11111, de las rosas.
y así seguía la retahila hasta el último probablemente
- Cui.
Dativo, etc., etc., etc.
- ¡De plural!
sin ninguna equivocación y recitado á estilo de co- ¡Otro!, decía D. Pedro.
- Quorum, quarum, quorum.
torra. Y después de rosa se deslizaba dominus-doY el tercero, con voz acatarrada y bronca, de pollo mini y luego vir-viri y princeps-principis y... la cosa
- ¡Burro!, ¡acémila!, ¡maleta!
- ¡Ah!, sí, señor..., quos, quas, qu.e.
- ¡Cernícalo!, ¡cesto de vendimiar!..; otro.
- Caret.
- ¡Tú sí que careces de sentido común, incapaz de
sacramentos, ladrón, perro judío!.. ; otro.
- ¡Quibusl
- ¡Finalmente! Quisquam... Venga deahf.
Pero no venía nada. Al cabo de dos horas de este
ejercicio embrutecedor; sudábamos tinta... , estábamos
mareados... , con vértigo y entre quidlibet, quodlibet,
quidquam, quicquam, quidpiam, quodpian y otras
atrocidades de igual jaez, perdido el aplomo, contestábamos á la casualidad, sin ton, ni son, ni sentido,
ni nada: á unos el miedo les paralizaba la lengua, y se
quedaban tiesos y mudos como estatuas; á otros se la
desataba, y los desgraciados se lanzaban de cabeza en
declinaciones vertiginosas. Se perdían y se ganaban
puestos con tal rapidez, que se dió el caso de un chico ser en diez minut9s tres veces el primero y tres el
último de la clase y encontrarse al fin como al principio. No hay aquelarre que dé mejor idea del mismísimo infierno que aquel fuego graneado de vocablos latinos equivocados, lanzados con voces tímidas
unos, chillonas otros, desesperadas todas; era como
el paso de las merinas... , un balar incesante, entrecortado por las toscas injurias de D. Pedro, el perro mastín rabioso de aquel ganado.
Y poco á poco la atmósfera se cargaba y las blasfemias de D. Pedro comenzaban á tomar vuelo, á llegar al cielo y á tropezar en los santos hasta dar de
lleno en las cosas más sagradas; y entonces, ya loco
de cólera... , enronquecido y furibundo se levantaba,
se terciaba el manteo, empuñaba la vara, y á este
quiero, á este no quiero, nos llovía sobre las costillas
Plaza de la Constitución en Santa Cruz de Tenerife
tal granizada de palos y tan rápida que no se com-

N úMERO

LA 1LUSTRACIÓN

586

ARTÍSTICA

rectas y algunas plazas, como las de Weyler y
de la Libertad con hermos~s alamedas. Los
edificios particulares son de lindo aspect~ y entre los públicos descuellan los do~ hospitales,
el civil y el militar, e~ n~evo palacio
_la Capitanía general, el ed1fic10 de la Asoc1ac1ón_
Socorros mutuos, el casino de Santa Cecilia,
con un salón de conciertos capa~ para 700 personas, y la iglesia de la Concepción, templo de
cinco naves, ricamente adornado, en cuya sacristía consérvanse varias joyas de gran valor.
En la plaza de la Constituci~n, que reproduce
uno de nuestros grabados, existe un monumen·
to de mármol de Carrara, obra de Can_ova, que
representa á la Virgen de la Candelana apare·
ciéndose á los guanches: la imagen de la Virgen descansa sobre un obelisco que arranca ?e
un pedestal octágono, en cuatro de cuyos angulos se ven las estatuas ?e los cuat_ro reyes
guanches que se unieron a los conqmstadores
españoles.
.
La villa de Orotava extiéndese al fondo de
un valle de belleza superior á toda ponderación,
por donde serpentean multitud de arroyos que
fecundan con sus aguas una de las más feraces
comarcas de aquellas islas y una de la_s más encantadas regiones del mundo, que hizo exclamar á Humboldt: «Después de haber recorrido
el Orinoco, las cordilleras del Perú y los hermosos valles de México, confieso que no he
visto en ninguna parte un cuadro más atracti-

cío; y diz que de resultas de algunos de éstos, tuvo
serios disgustos con padres de se,ioritingos; que de
padres de internos y otros de igual jaez, más bien recibiera plácemes y enhorabuenas á hallarse allí presentes.
Estas escenas vandálicas eran como una especie de
prólogo ó prefacio de lo que iba á suceder después;
según el número de las ejecuciones y lo más ó menos encarnizadas de éstas, podíamos nosotros echar
nuestras cuentas y calcular, con dos ó tres garrotazos
de defecto, la ración diaria que nos tocarla á cada
uno.
En ocasiones aquellos escarceos desahogaban algo
los alterados nervios de D. Pedro, que tomaba posesión de su poltrona y con aire hasta jocoso nos decía:
- Conque ahora, amiguitos, vamos á ver quién es
el majo que se sabe la lección.
Pe ro en otras el golpear le excitaba como á los caballos el combate, cuando sin jinete ni guía se precipitan frenéticos sobre los cuadros de bayonetas, ciegos de cólera, enloquecidos con el olor de pólvora y
de la carnicería. Esos días eran verdaderas hecatombes... , aunque en ninguno faltase, á decir verdad, mucho que rascar.

?e

?e

Isla de T enerife. _ El pico de Teicle, cuya altura sobre el nivel del mar es de 3. 730 metros

nadas las llamaron por esta ra·
zón los antiguos, y en ellas se
supuso por autores de edad remota que estu\'ieron situados los
Campos Elíseos; y en Yerdad
que bien merecen el nombre de
paraíso esas islas donde se pro·
&lt;lucen casi todas las plantas intertropicales y adonde acuden
Luis DE LLANOS
millares de extranjeros, especial( Co11duirá)
mente ingleses, en busca de
,.,,,..,.,,..,,.,,..,.......,.............,....,..........,,.,...,,.............,.., ..,...,......,..,,................,......,.....
aires sanos que fortalezcan sus
cuerpos minados por crueles doLAS ISLAS DE TENERIFE
lencias y de hermosos paisajes
Y GRAN CANARIA
que distraigan sus espíritus gastaMucho podríamos decir acerca de estas dos i~las dos por e! trabajo ó estragado,5
que forman parte del archipiélago de _las ,Cananas; por los placeres.
En el fondo de extensa bahía
pero ni el espacio de que disponemos m la 1~dole ~el
periódico nos permiten extende:nos en con~1derac10- y mal resguardada por el castines históricas y geográficas, debiendo red~c1~se nues- llo de San Cristóbal, ante cuyos
tro trabajo á trazar algunos apuntes descnptivos ~ue fuegos retrocedió en otros tiemsirvan de explicación de los grabados que publica· pos el gran almirante Nelson,
surge ante el viaje:º que á T~mos en el presente número.
.
,
.
La principal belleza de Cananas esta, por decirlo nerife llega la capital del ar~h1así, en su clima, benigno hasta tal punto, en las r~- piélago, Santa Cruz de Tenenfe,
giones bajas, que ni en invierno la temperatura baJa ciudad de aspecto marcadamen·
de 17º ni en verano excede de 26 ó 27: las Afortu· te moderno con calles anchas y

prendía cómo un solo hombre y una so~a. vara _Pudiera levantar tanta ampolla en tan poqu1s1mo tiempo.
Y mientras nosotros mohínos y maltrechos ~o~ limpiábamos el polvo, la sangre, los mocos y l:ls lag:1mas,
él se arrojaba sobre su poltrona sofocado, ~ haciéndose viento con un paño de la cap:i. nos dec1a:
.
- ¡Pues ya veréis lo que es bueno en las conJugaciones! ¡María Santísima del Carmen!

Isla de Tcncrife. - Panorama del puerto de la Orotava

Isla de la Gran Canaria. - Procesión del Viernes Santo en la plaza de la
Constitución de Las Palmas

vo, más armónic~ por la distribución de las
masas de vegetación y de las rocas.)) Orotava la villa de las flores, como algunos la lla·
m;n por ser los jardines adorno casi indispensable en todas las casas y crecer en ellos
las flores con profusión asombrosa aun en
los meses de invierno, es población de sello
aristocrático, por ser residencia d~ l~s familias más nobles de la isla. Sus ed1fic1os son
poco notables, y como único monum_ento puede citarse la iglesia de la Concepción, en la
cual se admira un precioso tabernáculo de
mármol labrado en Génova. En sus alrededores e~iste un notable Jardín Botánico, fundado en 1788 por el marqués de Villanueva
del Prado, para la aclimatación de plantas
exóticas. Pero la mayor fama de la Orotava
dé't&gt;ese á sus excepcionales condiciones climatológicas, que hac~n ~e ella estación i_n·
vernal muy superior a N1za y aun á la mis·
ma vecina isla de Madera.
La Orotava es el punto de partida para
verificar la ascensión al pico de Teide, lla·
mado también de Echeide, ó del Infierno:
hállase éste situado en el centro de Tenerife
y rodeado de un inmenso círculo de montañas llamadas las Cañadas, cuyos altos cerros
se elevan á 2. 700 metros sobre el nivel del
mar, siendo de 3. 730 metros la altur~. del
pico, cuyo cráter tiene 553 metros de d1ametro. La ascención es difícil y para ella se emplean dos días desde la salida de la Orotova;

�A ORILLAS DEL MAR, dibujo de Eduardo Patry
VALENTINA, cuadro de Guillermo Wolft

�1 94

..

pero una vez llegado el excursionista á lo alto del
pico, el espectáculo que á su vista ofrecen aquellas
formaciones volcánicas y el hermoso panorama que
desde allí se descubre le compensan de todas las penalidades sufridas.
Siguiendo nuestra descripción de los grabados que
en este número figuran, dejaremos la isla de Tenerife para decir algo de Las Palmas, capital de la Gran
Canaria, asentada en medio de un extenso valle lleno de palmeras y bañada al Este por el Atlántico. Su
clima, de excepcional benignidad, y los infinitos encantos que en sus alrededores ha prodigado la naturaleza, justifican la predilección que por ella demuestran los que en invierno huyen de los fríos del Norte, ansiosos de temperaturas primaverales. La ciudad,
dividida por el riachuelo Guiniguada en dos barrios,
el de la Vegueta y el de Triana, tiene bonitas calles,
amplias plazas, bellísimos paseos y un magnífico teatro inaugurado no hace mucho tiempo. En la plaza
de Santa Ana ó de la Constitución se encuentran,
uno enfrente de otra, el Ayuntamiento y la Catedral,
que son los principales monumentos de Las Palmas;
soberbio edificio el primero, coronado por el escudo
de la ciudad, y hermosa fábrica la segunda, de estilo
gótico con rica fachada, concluida en nuestros días.
Digamos para terminar que los hijos de Canarias
son vivos, agudos y amant-es de la instrucción y del
trabajo; pronuncian el castellano con una dulzura especial, que parece reflejo de su bondadoso carácter.
En algunas islas los habitantes del campo llevan trajes sumamente típicos, aunque poco estéticos, como
por ejemplo, los campesinos de La Laguna (Tenerife), conocidos con el nombre de magos, que reproduce uno de nuestros grabados. - X.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
estrenado con excelente éxito una ópera titulada La fuente de
oro, original del difunto cvmpositor Goring Thomas: algunas
piezas que éste había dejado sin terminar han sido compuestas
por P. Waddington.
París. - En la Comedia Francesa se han estrenado: Saplw,
drama lírico en un acto y escrito en hermosos versos por Armando Silvestre, y La paix du 11wzage, comedia en dos actos de
Guy de Maupassant, muy bien escrita, pero de argumento ver·
dadcramente repulsivo.
Londres. - En el teatro de la Royalty se ha representado con
buen éxito una versión inglesa del interesante drama alemán
Alexandra, de Ricardo Voss, y en el teatro de la Court se ha
estrenado también con buen éxito una comedia de A. \V. Pine-

586

nos que artículo de lujo; no fallan, sin embargo, entre ciertas
clases del pueblo clientes, hembras en su mayoría, gracias á los
cuales aún se conserva ese tipo tradicional con más letra menuda que buena letra, ajustador de cuentas ad uswn famulan,111
que el Gran Capitán envidiaría y más conocedor de la gramática parda que de la académica, depositario de multitud de secretos, confidente de amores más 6 menos desinteresados y confeccionador de ciertas fórmulas de estilo con que embellece las
ideas que en forma rudimentaria le suministran sus parroquianos. Tal es el personaje que ha inspirado al ilustre pintor Viniegra el hermoso cuadro que reproducimos, cuadro tan bien
concebido que nos parece asistir á la escena real que representa,
y tan acabado en su conjunto y en sus menores detalles que cabe dudar si la bellísima decoración que le sirve de: fondo ha sido hecha para que sobre ella destaquen mejor los personajes ó
si éstos están puestos en el lienzo sin otro objeto que dar mayor vida á aquélla. Viniegra ,que prodiga un raudal de sentimiento y poesía en La bendició11 de los campos, que describe magistralmente las costumbres de nuestros antepasados en cuadros
como Un bautizo y La firma del contrato de matrimonio, que
hace asomar á nuestros ojos las lágrimas en La muerte del !ore·
ro y á nuestro labio la risa en Para dos perdices... 11110, obras
todas conocidas de nuestros lectores por haberlas reproducido
LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA, aborda en El 111e111orialista un
nuevo género para el que demuestra las mismas excepcionales
aptitudes que en todos los demás ha patentizado.
El eminente poeta italiano Carlos· Goldoni,
retrato de Alejandro Longhi. - Hace poco se ha con·
memorado en toda Italia el centenario de la muerte de Carlos
Goldoni, el famoso poeta veneciano nacido en 1707, el que á la
edad de ocho años componía una comedia, el que á poco de haber cumplido los veinticinco comenzaba por toda la península
italiana su vida errante y su gloriosa carrera de autor dramático,
el que después de triunfar en los teatros de su patria triunfaba
también en París, donde se estableciera en 1796, obteniendo
éxito con Le Bourm bienfaisa11t, comedia en tres actos representada en el Teatro Francés en 1771; el Moliere italiano, como
le llaman unos; el Terencio de las lagunas, como le denominan otros. El retrato de Goldoni que publicamos es del famoso
retratista y grabador, contemporáneo y compatriota suyo, Alejandro Longhi, y se conserva en el Museo Carrer, de Venecia.

M.

JULIO FERRY, presidente del Senado francés

fallecido repentinamente en París en la tarde del 17
del corriente

Bellas Artes. - En las cercanías de la tumba de Ti (Egipto) ~e han e~contrado dos hermosas estatuas de madera que por
el v1g?r realista de la e~presión superan á la famosa figura que
hace t_1empo se descubnó y merece por lo mismo ocupar uno de
los pnmeros puestos en la historia ele la plástica egipcia.
-'!arcelo11a. - De notables bajo todos conceptos merecen ser
calificadas las conferencias recientemente dadas en el Ateneo
Barcelonés por D. Felipe Pedrell y D Francisco Soler y Rovir?sa, maestro en ~l arte ele los sonidos el uno y maestro en la
pintura escenografica el otro. Tres han siclo las conferencias
del maestr? Sr. Pedrel,1:_ la primera, preparatoria, versó sobre
los dos pen~os de mus1ca homófona y polífona que precedieron al_ armómco mod~rno; fué objeto de la segunda Palestrina,
de quien expuso el disertante los hechos biográficos el carácter, esencia y sublimidad de su música y su influen~ia en los
compositores m?dernos; en la tercera, finalmente, ocup6se el
S~. Pedrell d~l 1l_ustre maestro español Tomás Victoria, descri·
b_iendo sus principales hechos biográficos, enumerando las edi·
c!ones ~onumentales de sus obras, definiendo el carácter y esencia y senalando la sublimidad exp~esiva de sus composiciones,
hac_1endo un paralelo entre Victoria y Palestrina, estudiando detemda,mente los Ca,z/os de la Pasión, de Victoria, probando que
el caracter de_ la antigua escuela música española es esencialmente expres1~0 y afirma_ndo que Victoria figura entre los primeros co~P?s1tores del siglo xv1 y que en él está la génesis de
n_uestr~ mus1ca y el fundamento psicológico que legitima su nac10nahdad. Cada una de estas conferencias, en las cuales ha
hech? _gala el Sr: Pedrell de sus conocimientos profundos, de su
eru?1c1ón va_stís1ma y de su corrección en el decir, ha siclo, por
decirlo así, J!ustracla con audiciones de los más selectos trozos
el~ los maestrosJ.de _quienes se ocupaba, trozos perfectamente
~Jecutados, en la primera por varios distinguidos profesores de
instrumentos de cuerda y viento, dos solistas y una pequeí1a masa coral, y en las otras dos por _una numerosa masa de voces, y
que causaron verdadero entusiasmo en el numeroso auditorio.
La conferencia del Sr. Soler y Rovirosa fué interesanlísima y
en. extremo amena: versó sobre el espectáculo teatral desde su
ongen, moderno, en Florencia hasta nuestros dfas con sus evoluciones y vicisit?des desde el punto de vista dec~rativo, tema
que e! conferenciante enriqueció con sinnúmero de anécdotas,
reflex10nes y rec~erclos sobre vario~hechos, ·artistas y costumbres, así de E~pana como del extran3ero. El Sr. Soler y Rovirosa, cuyas admirables o~ras han sido por doquier aplaudidas, demo_stró en la conferencia que conoce á fondo la técnica y la histona del arle qu~ ejerce y demostró también poseer no comunes d?tes de escntor y sobre todo de contezer, haciéndose notar
su e~l!lo por la sencillez, gracejo, sobriedad y naturalidad, que
cautivaron al numeroso y escogido auditorio hasta el punto de
hacerle p~recer breves los cinco cuartos ele hora que duró la
conferencia. A modo de_ ilustraciones de ésta había expuestos
e? el salón bocetos, láminas, apuntes, etc., de los principales
p_intores _escenógrafos antiguos y modernos, y en otro local vanos teatnnos representando las principales decoraciones pintadas por el Sr. Soler y Rovirosa.
. Ambos conferenciantes obtuvieron sendas ovaciones entusiastas: al enviarles nuestra más sincera felicitación, hacérnosla
extensiva á nuestro. querido amigo y distinguido colaborador
D. José '!~a.rt,. presidente del Ateneo Barcelonés, por sus inteligentes 1mc1al!~as, que buena falta hadan en el que tiene de·
r~cho á ser el pnmer centro de la vida artística, literaria y cienllfica de nuestra ciudad.

NúMERO

ro, The amazom, graciosa sátira contra las mujeres que sienten
inclinaciones y gustos varoniles En Covenl Garden se prepara
una temporada wagneriana que durará desde 7 de junio á 11 de
julio: se estrenarán Las Walkirias y Sieg:frido en alemán, para
lo cual se han contratado los principales artistas de Berlín, y
ús maestros cantores en italiano con Lassale y Rezké; con éstas alternarán otras obras del gran maestro ya conocidas .en
Londres.
Madrid. - Se han eslrenado con éxito satisfactorio: en Lara,
Carranza y compailla, graciosísimo sainete en un acto de don
Tomás Luceño; en Apolo, La 11111jer del molinero, zarzuela en
un acto de D. Fiacro Yrayzoz y D. Jerónimo Jiménez, de argumento interesante, desarrollado con habilidad y gracia y de música agradabilísima¡ y en Eslava, Triple alianza, zarzuela en un
acto, del Sr. Jackson Veyán, con m{1sicadel maestroCaballero.
En la Comedia se ha verificado el beneficio de doña Julia Martínez con la repn·se de la bellísima comedia en tres actos, &lt;le
Vital Aza, El sombrero de copa.
Barcelona. - En el Tívoli se ha puesto en escena, entre otras,
la ópera de Bretón ús amantes de Tem e/; en el Circo Barcelonés se ha estrenado una bellfsima opereta en tres actos del
maestro Carlini, / diavoli della corte, obra graciosa, con música
muy bonita y muy bien puesta en escena y representada por la
aplaudida compañía Tani; y en Novedades se ha verificado el
estreno de un drama en tres actos y un epílogo de D. Manuel
Rovira y Serra, L' hereu del mas, que el público ha recibido
con aplauso.

Necrología. -Han fallecido recientemente:
Guillermo Czerwinski, notable pianista y compositor polaco.
Luis Lindenschmitt, fundador y director del Museo central
Romano·Germár.ico de Maguncia, autor ele importantes obras
de arqueología, entre ellas Manual de la arqueología alemana
y Las autigiiedades de nuestro período pagano.

Femando Quinquerez, pintor ele historia, cuyos cuadros tie·
nen generalmente por asuntosepisodios de la historia de Croacia.
Víctor de Meyenburg, escultor suizo, notable por sus bustos,
retratos y también como coleccionista artístico.
Juan Pettie, ilustre pintor de historia y de género, inglés, individuo de la Academia de Londres y especialmente conocido
por sus cuadros militares y por sus retratos.
Enrique Schlessinger, pintor alemán que se dedicó con gran
éxito á la pintura histórica y de género.
Augusto Wittig, profesor de escultura en la Academia ele
Dusseldorf.
D. Eusebio Martínez &lt;le Velasco, distinguido escritor y re·
dactor en ;efe de La Ilustración Espaliola y Americana.
Julio Ferry, dos veces ministro de Instrucción pública, ministro ele Negocios Extranjeros, dos veces presidente del Con•
sejo de Ministros, candidato en las {1ltimas elecciones para la
presidencia de la República, recientemente elegido presidente
del Senado: fué uno de los hombres que mayor influencia han
ejercido en la política francesa contemporánea.

Teatros. - En el teatro de la Corte, de Cotha, ha obtenido
gran éxito un drama en tres actos, de Víctor Naumann El
El ·.memori~lista, G\ladro de Salvador Viniedereclw d la moralidad, que es una protesta contra la mocierna gra. - Desde que la instrucción se ha generalizado un tanto
escuela realista alemana.
~ás que a~les, ha p~rdido el memorialista buena parle de la
- En Liverpool los individuos de la sociedad Car! Rosa han 1mportanc1a que tuviera cuando el snber escribir era poco me-

Un asalto (recuerdo de Carnaval), cuadro de
Ramiro Lorenzale (Salón Parés). - Una escena de Carnaval, desarrollada en el zaguán de una vivienda señorial de
esta ciudad, una de las pocas joyas del Renacimiento que por
fortuna ha respetado la demoledora piqueta, ha sen,ido ele tema á Ramiro Lorenzale para producir un cuadro que atrae desde luego 1or su armonía y por su acertada tonalidad. El escenario escogido por el artista, rico en su ornamentación, avalora
el cuadro que en él se desarrolla, sin que la heterogénea diversidad de trajes y sus abigarrados matices produzcan mal efecto.
Ahí es donde el pintor ha podido dar muestras de sus aptitudes
y de su buen acierto y discreción en armonizar tonos y colores
vivos y brillantes. No en balde tuvo por maestro á su respetable padre Claudio Lorenzale, á quien tanto debe el arte de
nuestra región.
Jubileo episcopal de S. S. León XIII. La bendición papal en la basílica de S. Pedro. - Grandiosas han sido las fiestas celebradas en Roma con motivo del
· ubileo episcopal del Papa León XIII, habiendo sobresalido
por su magnificencia las que se verificaron en la hermosa basílica de San Pedro el día 19 de febrero último. El momento en
que el virtuosísimo y sabio Pontífice sentado en la silla gestatoria dió la bendición papal á la inmensa multitud que le rodeaba fué imponente é indescriptible: precedido por varios trompeteros y llevando á los lados cardenales, obis_P?S, guardias nobles, caballeros de honor con su clásico traje a la española, caballeros de capa y espada y demás dignatarios de la corte pontificia, Su Santidad recorri6 las amplias naves de San Pedro en
medio de las aclamaciones de los fieles, que sintetizaban en
aq~e! momento la satisfacción, el entusiamo inmenso con que la
Cnsllandad toda ha conmemorado el quincuagésimo aniversario
del episcopado de León XIII.
A ~rilla~ del mar, dibujo de Eduardo Patry. Bellísimo ba30 todos conceptos es el dibujo del artista inglés Patry: asi la figura, esbelta, natural, elegante en su conjunto y de
rostro v~rdaderamente hermoso, como el mar cuya superficie
apen~s nzada por tenue brisa materialmente se aleja hasta confundirse con el horizonte, todo en este dibujo denota un dominio complel~ _de la técnica artística, puesto al servicio ele un
asunto s1mpahco y encantador.
Valentina, cuadro d e Guillermo Wolff. -Mucho
han discutido y escrito los filósofos desde la más remota antigileda_cl hasta nuestros días sobre el concepto de la belleza sin
que nm¡runo ha~a logrado dar una dt!finición exacta y completa
ele la misma, ysm embargo, pocos hombres hay que no sientan
aunque_ no _se la expliquen, esa calidad de las cosas que produ'.
ce adm1rac1ón y delelle. Cualquiera que vea el hermoso busto
ele Val~ntina, ele Wolff, ¿no admirará en él la expresión ele lo
bello? ¿No se deleitará contemplando aquellas facciones correctas, aquel!as líneas puras, aquellas morbideces superiores á todo encomio? Obras como esta no es menester analizarlas deten!damente! seducen ~lesde luego, f el que las produce se acredita de arl!sta ele gemo y se conquista lugar preeminente en el
mundo del arte.
Acto d,e ~escubrir, el busto de Tomás Carlyle
en la Blbhoteca publica de Chelsea en Londres. - Hace poco se ha verificado en Chelsea, q~e hoy forma
parte de Londres, una intesesante ceremonia, la de descubrir el
b1~st_o del ilustre filósofo é historiador inglés Tomás Carlyle,
e~1g1~0 en una d~ las salas de la Bibloteca pública. El busto, copia de otro admirablemente modelado por sir Edgardo Boehm,
fué d~scubierto por el reverendo Geraldo Blunt, el cual, antes
de qmtar la tela q_ue cubría la escultura, pronunció un discurso
recordando la anustad que le unió con el autor de la Historia
rlr la Revolución francesa y de Los héroes.
Recomendamos el verdadero Hierro Bravals, adoptado en los Hospitales de Paris y que prescriben los
mcdicos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad; dando
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el mejor de todos los tónicos
y reconstituyentes. No produce estreñimiento ni diarrea, teniendo además la superioridad sobre todos los
ferruginosos de no ratigar nunca el estóma¡¡o.

NúMER0

586

LA

1 95

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA VICTORIA DE CESAR
BOCETO DE VERANO
POR CORDKLIA

I
La campana había dado el primer toque para la comida, y los bañistas se
iban reuniendo poco á poco en el salón para esperar el segundo. Las señoras
entraban elegante y cuidadosamente vestidas, se cambiaban saludos ojeadas y
se detenían formando corrillos.
'
- ¡Qué bien le sienta á su cuñada de usted ese vestido azul!, dijo la condesa
Altobelli á Clelia Orlandi.
- Sí, el azul es el color predilecto de Paulina, contestó Clelia · pero dí&lt;Yame
0
usted, condesa, ¿cómo no ha bajado usted hoy á almorzar?
'
- He tenido jaqueca; ni siquiera las duchas sirven para mi mal; todas las curas son inútiles.
- Ponte derecha, María, dijo la señora Ferrini á su hija, jovencita alta, angulosa y desgarbada, que entraba en aquel momento.
- Por más que haga, dijo en voz baja Clelia Orlandi á la condesa, por más
que la traiga á los baños, temo que tampoco consiga nada este año; no se presenta un marido para un remedio.
- ¿Con semejante abundancia de jóvenes?
- Como no se la dé al Sr. Bianchelli.
- Creo que está tan desesperada que se la daría hasta á un viejo tan achaco·
so como él. Falta saber si Bianchelli la aceptaría.
- Pero ¿no toca nunca esa campana?, dijo el Sr. Franchi, dejando sobre la
mesa el periódico que estaba leyendo. El baño me abre un apetito ... ¿Quién es
ese majadero?, añadió fijando la vista en un desconocido que entraba por pri·
mera vez en aquel salón.
Todos se volvieron para observar al recién llegado, y Rita Alfieri, avispada
muchacha de quince años, no pudo contener una carcajada.
Era en verdad cosa de risa el ver aquel cuerpo largo, negro, con la barba
erizada, el cabello largo, la corbata puesta sin gracia y anteojos azules.
Entró tan distraído como si se estuviese paseando por el campo, y cuando le•
vantó la vista y se encontró entre tanta gente, se quedó cortado, descubrióse y
corrió en derechura al comedor, mientras resonaba el segundo toque de la campana que los bañistas reunidos en el salón acogieron con unánime exclamación
de contento.
Pero no se movieron, antes bien siguieron aguardando y charlando, porque
sabían que no se servía en seguida la comida. El capitán Baldi pasó en su cochecito de mano y todos acudieron presurosos á preguntarle por su salud.
Aquel arrogante joven, en la flor de su edad, condenado á ir en un coche de
manubrio porque estaba paralítico de las piernas, interesaba á todos. El capitán
meneó la cabeza, indicando que no encontraba alivio, y se dirigió al comedor.
Tenía que ocupar su puesto antes que los demás porque, estando la estancia
llena, no habría podido pasar.
- ¡Pobrecillo!, exclamó Clelia Orlandi siguiéndolo con la vista. ¡Tan joven y
condenado á la inmovilidad!
- Y solo, respondió la señora Ferrini; si al menos estuviese casado, tendría
compañía, consuelo; pero los hombres cuando están buenos no piensan en el
porvenir, y ese es un ejemplo.
- Ya salió la señora Ferrini con su preocupación sempiterna, dijo la señora
Alfieri al Sr. Franchi: ¡Cuántos despropósitos le obliga á decir esa hija que no
puede casar! Por verla colocada se la daría á cualquiera.
- Es que usted no sabe lo que significa buscar diez años infructuosamente. Su
hija de usted, Rita, es muy niña; es bonita y no estará soltera á los treinta años;
pero si acaso...
- Aseguro á usted que procuro educarla de modo que pueda pasar sin marido, y de todos modds no seré nunca tan ridícula como esa señor,a.
- ¿Quién es ese tipo raro que ha llegado hoy?, preguntó la Orlandi á un caballero que entraba en aquel momento, después de saludarle.
-Lo ignoro.
- ¿Lo ignora usted que siempre está tan bie? informado?
.
. - ¡Si viese usted qué facha!, dijo Rita Alfien. Yo no he podido contener la
nsa.
- Pero ¿quién será?, preguntó Paulina Orlandi.
- ¡Qué curiosa eres!, le dijo su cuñada.
, .
- Por lo que á mí toca, desearé que no lo hayanyuesto en la ~esa a m1 lado,
dijo la condesa Altobelli; esa cara bastaría para qu1_tarme el apettto.
- ¿Quién sabe de dónde ha salido?, añadió P~ulma_._
_
..
- Es un profesor, una persona muy distinguida, dtJO la senora Femm acercándose al corro.
-Apuesto algo á que está disponible, indicó el marqués Rinaldi ofreciendo
el brazo á la condesa y pasando con ella al co~edor. . .
.
Imitando su ejemplo, entraron todos en la m1sm~ hab1_~c1ón, donde re~nó un
momento de confusión, y cuando cada cual llegó a su s1t10 resonó un rU1do de
sillas, de roce de vestidos de seda y después choques d e platos y pasos, y finalmente voces, conversaciones y risas.
Se habló del recién llegado, y todas las mi~·adas lo bus~aban en . aquellas dos
largas mesas,. hasta que lo divisaron sentado Junto ~l capitán Bald1, con el cual
había entablado una conversación que parecía muy interesante.

_ ¡Pobre capitán!, exclamó la condesa. Está ,condenado _sin poder escapar
á oir todos los discursos de cuantos se acercan a él; yo hubiera _mandado que
me trasladasen el cubierto si me hubiese tocado ese ent~. por vecmo.
.
.
_ En estos sitios se ven tipos de todas las razas, d1Jo el marqués Rmald1;
¿quién sabe de dónde ha salido?
.
_ Parece que venga del mundo de la luna, exclamó la condesa néndose de
la ocurrencia.
,
El marqués, que no quería ser menos, dijo que le ~arecía e~ mago ~erl!n. .
- ¿Y por qué no puede se~_un sujeto excelente?, obJetó Cleha_Orland~.1ené1s
muy poca caridad con el prÓJlmO .. . Juzgar de la gente así, á pn~era vista ...
Clelia tenía algo de caballeresco en su na,turaleza, y cu~ndo ve1a que todos se
pronunciaban contra una sola persona quena -~ef~nd~rla a todo trance.
_ Pues guárdese usted para sí ese pollo, d1JO irónicamente la condesa; pero
no nos lo presente usted.
Clelia comprendió que había cometi?o una torpeza, Y. q,ue por romper una
lanza en favor de un individuo desconocido se exponía qU1zas á perder la popularidad alcanzada entre aquellas señoras por su aspecto simpático y por la elegancia de sus trajes.
- No hagas caso de esa gente, le dijo su hermana, sólo se pagan de las apariencias: son necios.
- Me callo porque no quiero enfadarme; mientras permanezca aquí deseo estar en paz con todos.
- ¿Hasta con el recién llegado?
.
- Hasta con él, y si se presenta la ocasión le ~aré ~uena cara; me conduele
que todos lo ridiculicen cuando tal vez sea muy s1mpát1co. Desde luego se echa
de ver que es un hombre estudioso.
.
- ¡Ya lo creo! Como que es profesor de ciencias naturales, hombre de er~d1ción que ha hecho mucho bien á la humanidad con las cosas que ha descubierto y sabe además muchas otras.
- Pero ¿quién te ha dicho todo eso?
.
- María Ferrini, que ha ido á preguntar por él al médico.
- Es muy curiosa esa muchacha.
Y volviéndose á su vecino de mesa añadió:
- ¿Sabe usted que el recién llegado es persona muy distinguida, hombre docto, un pozo de ciencia?
- Para mí será siempre un salvaje, dijo la condesa; ¿y se puede saber el nombre de ese gran personaje?
. .
- Lo ignoramos, contestaron las Orl~nd1.
,
.
. .
Pero el marqués, siempre galante y dispuesto a satisfacer la cunos1dad de una
dama hermosa, lo preguntó al camarero que le servía en aquel momento.
- Es el profesor César Uberti, dijo luego volviéndose á la condesa.
- ¡Cómo! ¿Ese tipo excéntrico es el hombre de quien tanto se ha hablado,
que ha ido á Asia á estudiar el cólera? Se comprende que no le haya atacado.
-¿Por qué?
- Porque el cólera habrá tenido miedo de su cara.

Oyó al doctor que hablaba con el protesor Uberti
Todos se creyeron obligados á reir este nuevo chiste de la condesa.
- Pues no es tan feo, dijo la señora Ferrini; me parece que si se quitase esos
horribles anteojos parecería otro hombre.
- Y sobre todo si tuviese una mujer que le cuidase la ropa y le hiciese el lazo
de la corbata, añadió sonriendo la señora Orlandi.
- Precisamente estaba pensando en ello.
La condesa sonrió, y volviéndose al comensal de al lado, le dijo:

�196

Nú.l\1ERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

586
NúMERO

,,

- Lo que es ahora se arregla la boda.
- Pues harán buena pareja, contestó éste. Pero me parece que en lugar de
mirar hacia aquí y ocuparse de la señorita Ferrini, escucha con interés lo que
le dice el capitán.
- ¡Pobrecillo! Le estará refiriendo sus males, esperando sin duda que haga
algún milagro con su ciencia.
- ¡Qué poca educación demuestra el estar hablando siempre en voz baja!,
dijo la señora Ferrini á su hija mirando a la condesa; luego echó una ojeada al
profesor, cada vez más animado en su conversación con el capitán, y añadió:
Apuesto á que bajo esos anteojos hay dos ojos hermosos é inteligentes.

II
Era una mañana fría y nebulosa, y Paulina Orlandi no tenía ganas de tomar
duchas.
La bañera había ido á llamarla hasta tres veces, pero ella se había vuelto del
otro lado y continuaba durmiendo.
Aún no estaba despierta del todo cuando oyó llamar por cuarta vez, y una
voz que le decía:
- Si no viene usted se lo diré al médico, que no quiere que dejen de cumplirse sus órdenes.
- Voy, voy, gritó Paulina.
Y casi sin pensarlo saltó de la cama, ·se puso una bata y bajó corriendo al
gabinete de duchas.
Era una verdadera tortura en aquella mañana húmeda y fría el tener que re·
cibir en la espalda aquella lluvia helada; sólo al pensar en ello temblaba con
todo su cuerpo y daba al diablo al inventor de semejante medio curativo.
Pero entretanto la lluvia helada interrumpió sus meditaciones cayéndole entre
cabeza y cuello, Paulina se puso á correr, á saltar, quería escaparse por cualquier lado; pero si huía de la ducha la perseguía una columna de agua; no había escapatoria; era forzoso someterse á la voluntad del médico y de la bañera.
Cuando se sintió envuelta en una sábana seca dió un suspiro de satisfacción,
y lista como un corzo se dejó enjugar y frotar hasta que se le puso colorada la
piel; luego se puso más que de prisa el vestido y salió corriendo al campo sin
hacer caso de la mañana fresca y de la liuda enojosa, menuda, que caía del
ciclo y le calaba los huesos.
- Debo moverme, dijo, pero por aquí no habrá nadie; sería una locura salir
con este tiempo. No encontraré un perro al que decir dos palabras, siquiera
para distraerme.
Aún no había acabado de hacer estas reflexiones cuando divisó á lo lejos a
las Fcrrini, madre é hija, que cogidas del brazo paseaban resguardándose de la
lluvia con un paraguas.
- ¡Cosa más rara!, pensó. No salen nunca cuando hace sol, y ahora...
Acordóse de que la señora Ferrini odiaba el sol y no se exponía á sus rayos
sino cubierta con un espeso velo, sin duda porque no se le estropeara el cutis,
6 quizás también porque no estaba ya tan fresca y lozana que pudiera presentarse
impunemente á una claridad intensa, y prefería salir con su hija á la dudosa de
un día nublado.
Paulina no podía detenerse, y siguiendo su camino, se encontró con las dos
mujeres; las saludó al paso mientras se encaminaban por un sendero al término
del cual se divisaba al médico del establecimiento, que iba hacia ellas dando el
brazo al profesor Uberti.
Paulina comprendió que la Ferrini daba caza al profesor, y curiosa por saber
cómo lo pararía, dió una carrera para llegará una senda paralela á aquella en la
que debían encontrarse y separada únicamente por un cercado que, mientras
permitía oir cuanto se decía, servía de escondite.
Oyó primero al médico que hablaba con el profesor Uberti de la enfermedad
del capitán Landi, y le confesaba que no la entendía y deseaba que lo visitase
y le pudiese dar algún consejo.
Las Ferrini llegaron cerca de ellos, y la madre pidió al medico un remedio
para ciertos dolores que la atormentaban, y luego le rogó que la presentase al
profesor. Hizo muchos elogios de él y le dijo que lo conocía de nombre, le habló de su viaje á Asia y de sus estudios sobre el cólera, y charlando de este modo se unió á ellos para volver juntos al establecimiento, mientras el tiempo era
cada vez más amenazador.
Paulina siguió paseando para entrar en calor, y pensado que también le hubiera gustado hablar con Uberti. Tenía una curiosidad irresistible por todas las
cosas nuevas, originales, desconocidas.
Aquel hombre, que repugnaba á todas las señoras delicadas y del que todos
decían que era un sabio, picaba su curiosidad, del mismo modo que su cuñada,
llevada de un sentimiento generoso, había salido en defensa de aquel hombre,
tratado injustamente y sólo por causa de su aspecto exterior.
Cuando entró en el salón lo encontró junto a la chimenea encendida, hablando todavía con el médico y acosado á preguntas por la señora Ferrini.
Acercóse al fuego, atraída por la llama que chisporroteaba alegremente.
El profesor suspendió la conversación y se puso á observarla al través de los
cristales de sus gafas con mirada fija, insistente, que la obligó á bajar los ojos.
- ¿Quién es esa señora?, preguntó en voz baja al médico.
- La señorita Orlandi.
Paulina se cansó de que la mirasen con tanta insistencia é hizo un movimiento para marcharse.
- Pl:!rdone usted, señorita, le dijo el profesor; ¿es usted acaso pariente de la
señorita F?..
- No la conozco; ¿por qué me lo pregunta usted?
- Se parece usted tanto á ella... Perdone usted mi indiscreción.
- ~e hay de qué.
El médico presentó el profesor á Paulina, y luego prosiguió su interrumpida
conversación. Explicaba á Uberti la enfermedad del capitán Baldi, y le decía
que éste había sido siempre un joven sano y robusto; pero que un año húmedo
y lluvioso, después de las grandes maniobras sintió un dolor agudísimo en todo
el nervio isquiático, dolor que aumentaba de continuo; de nada sirvieron cuantos remedios se prescriben en casos semejantes; sobrevino luego la atrofia muscular, y ahora estaba allí sin poder moverse, en la flor de su edad, y sin que los
baños le produjesen el menor alivio.
- ¿Ha ensayado usted la congelación de la parte enferma, como se ensaya
ahora con buen éxito?, preguntó Uberti.

- No administro más que curas hidroterápicas, ni hago nuevos experimentos;
si le parece, asuma usted la responsabilidad.
- Ese joven me interesa, repuso el doctor; acompáñeme usted á verlo.
Así diciendo, saludaron á las señoras y salieron.
La Ferrini continuó junto al fuego haciendo mil elogios del profesor. No le
parecía tan feo, sino un poco descuidado en el vestir; comprendíase que los estudios no le dejaban tiempo para ocuparse de otra cosa; en cuanto á ella, le
gustaba más hablar con él que estar en compañía de todos aquellos necios, todo
apariencia y llenos de viento; al menos con el profesor siempre se aprendía algo.
¡Cómo se había distraído oyéndole hablar por el camino de los recientes descubrimientos científicos, y cómo aprovechaba la ocasión al ver un insecto.que pasaba 6 al coger un plantita para explicar un tratado de historia natural! Por más
que todos lo llamaban oso mal criado, á ella le parecía muy amable; en su concepto, sólo le faltaba una mujer que cuidara de su ropa, pues en lo demás sería
perfecto.
Paulina, sin estar tan entusiasmada como la señora Ferrini, sentíase, sin embargo, llevada de la curiosidad y del deseo de aprender, que podía en ella mucho, á mostrarse amable con el profesor; pero temía ponerse mal con las demás
señoras y no sabía qué partido tomar.
Por más que decía á sus amigas que el hábito no hace el monje, la condesa
Altobelli sostenía que, lo primero que le saltaba á la vista era el hábito, y que
por su parte sentía cierta repugnancia en tratar á personas mal vestidas, por lo
cual no quería oir hablar más del profesor, del que se habían ocupado ya bastante.

III
Hacía dos días que el capitán Baldi no salía de su cuarto ni recibía á nadie.
Este retraimiento trastornaba algo las costumbres de los bañistas, pues por lo
general se aarupaban alrededor del capitán, que no podía moverse sin que le
ayudasen, y pasaban largos ratos con él en el ángulo más resguardado de la terraza, adonde hacía que le llevasen después de almorzar.
Todos se compadecían de aquel joven condenado á la inmovilidad, se acercaban á él por bondad y permanecían á su lado atraídos por su agradable conversación. En aquellos momentos el capitán olvidaba su mal, y estaba muy
agradecido á cuantos le demostraban cariño; pero cuando se encontraba solo
en su cuarto, le entraba tal desaliento que habría deseado morir antes que verse
allí inmóvil y necesitando el auxilio de todos; únicamente le sostenía la esperanza de su curación que le infundían los médicos para animarlo y en la cual
casi no creía al ver que en vez de mejorar empeoraba diariamente.
Estaba más desalentado y abatido que nunca cuando la llegada del profesor
Uberti vino á reanimar su casi perdida esperanza. Estaba cansado de aquella
vida y se hubiera sometido á cualquier cura con tal de restablecerse, aunque
esta cura pusiese en peligro su existencia.
El profesor Uberti se había consagrado por completo á la ciencia, y cuando
podía hacer algún experimento era hombre feliz. A fuerza de hacerlos. en sí
mismo había echado á perder tanto su físico, que para recobrar lo perdido se
veía obligado á sujetarse al régimen de aquel establecimiento balneario. Decía
que se había tragado varias especies de microbios para experimentar el efecto
en su propio cuerpo.
.
Por lo que respectaba á la enfermedad del capitán, le aseguraba su curación
si se sometía ciegamente á su plan.
Ocupado del enfermo, apenas se dejaba ver de los bañistas, que no cesaban
de hablar de él y calificaban de imprudente al capitán por confiar en un hombre que tenía todas las trazas de un charlatán.
.
El médico estaba asediado á preguntas por parte de todos. los ~unos.os que
deseaban noticias de aquella cura famosa; pero él guardaba s1lenc10, y a veces
prorrumpía en un «veremos» un tanto sibilítico.
Cuando el profesor estaba en la terraza 6 en el salón, Paulina Orlandi procuraba siempre acercarse á él; llevada de su curiosidad por la cien~ia, le hacía mil
preguntas sobre el estado del capitán. El profesor no quería decir nada, y cambiaba de conversación hablándole de sus descubrimientos científicos y de los
microbios, cosas por las cuales mostraba la joven gran interés.
- Si huhiera sido hombre habría estudiado medicina, decía siempre; tanto es
lo que me interesan todas esas cosas. ¿Me enseñará usted algún microbio?
- Con mucho gusto, contestaba el profesor; cuando la enfermedad del capitán no me tenga tan ocupado.
- ¿Y de dónde lo sacará usted?
- Es cosa fácil: en todas partes hay microbios: en el agua que bebemos, en
el pan que comemos, en el aire que respiramos; los hay inocuos, provechosos y
dañinos.
- Deseo ver los dañinos.
- Pues enseñaré á usted el bacillus virgula, el del cólera, si no tiene usted
miedo.
- Yo no tengo miedo de nada.
- En ese caso comprendo que hubiera usted podido dedicarse en efecto á la
ciencia.
Un día la señora Ferrini dijo á Clelia Orlandi que se murmuraba de su cuñada porque hablaba siempre y con mucho interés con un joven.
- ¿Con quién? ¿Con el profesor? ¿Y le llama usted joven? En todo caso no es
comprometedor.
- Yo se lo aviso á usted por su bien, replicó la Ferrini; lo cierto es que ella
le manifiesta preferencia y que hablan mucho. Ténganlo ustedes en cuenta.
Otro día Clelia preguntó al profesor por qué mostraba tanta simpatía á su
cuñada.
- En primer lugar porque es muy apreciable, y luego porque ... , si usted supiese, es toda una historia.
- Pues cuéntemela usted.
- Temo que se burle usted de mí.
- ¿Tan mala me cree usted?
- No quiero decir eso; pero la gente se ríe de los sentimientos que no experimenta 6 no comprende; sin embargo, usted debe ser buena y me tendrá lásti
ma cuando sepa lo mucho que he sufrido.
- Cuente usted, cuente usted, dijo Clelia, que esperaba oir una historia interesante.
- Es una cosa muy sencilla. Yo estaba solo en el mundo; no tenía más que

197

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

586

cuando la tenaz señora conseguía detenerle, ~l pretextaba siempre que tenía
~ue ir á ver al capitán, motivo plausible para deJarla plantada.

IV
Era una tarde pesada y calurosa de agosto: el sol, que de vez en cuando _se
ocultaba entre las nubes, enviaba un bochorno so_focante; era _uno de esos d1as
en que se necesita una gran distracción para olvidar la opresión de la temperatura.
A la sombra de los árboles y plantas del bosquec1·11o h ab'1a u? grupo de personas, en su mayoría señoritas, que rodeaban al pro~esor U~ert1, el cual les enseñaba mil mi1ravillas al través de las lentes de su m1croscop1~.
.
La más atenta era Paulina Orlandi, 1~ ~ual, desd~ que h~b1a descubierto bajo aquellas lentes muchas maravillas inv1S1bles, quena exammar todo cuanto tenía á mano.
.
En aquel momento estaba el profesor enseñando el mundo contenido en una
gota de agua.
,
.
,.
.
- Mire usted, decía a Paulina, una belhs1ma a1111b~.
.
.
- Se mueve, observaba Paulina, acercando el OJO al m1croscop10, ¿es un
animal?
_ No· es el principio de la vida animal; repare usted cómo_ se mueve y cambia de f~rma en su continua rotación; es un mundo ~n pequeno.
.
y empezó á contar el origen del universo y á .exph.car la teoría de Darwm.
- ¡Es cosa bellísima, maravillosa!, exclamaba Paulina.
Todas las demás quisieron verla.
_
. .
Rita Alfieri decía que el profesor les contaba patranas; María Fe~r1111 hací~
que le repitiese la explicación porque no .enten?ía una p~lab~a; Cleha Orland1
quería en aquel momento ponerse ~ estud_iar seriamente ciencias.
U nicamente la condesa Altobelh segma charlando con ~¡ .marqués, sentada
junto á una mesita, como si todas aquellas cosas _fuesen p_uenhdades. Pero cuando las jóvenes quisieron ver su sangre con el m1croscop10 para saber cuál contenía más glóbulos rojos y se _pincharon con alfile~es, h~ta la condesa se acercó
al grupo y deseó ver su propia sangre. Se le habm. met1~0 en 1~ cabeza que estaba anémica; la curiosidad de observar por sí misma s1 era cierto y su, amor
propio habían vencido la antipatía que tenía al profesor: ad~más, no quena co~fesarlo, pero empezaba á acostumbrarse á su aspecto rudo, a su modo de vestir
descuidado, y decía:
.
.
.
. , .
Se mueve, dijo Paulina acercando el ojo al microscopio
- Se comprende que es hombre de mgemo y persona muy estudiosa: ,lastima
que no se cuide de su apariencia exterior!
.
La condesa se había pinchado animosamente un dedo con una aguJa de oro,
dos afectos, pero ambos muy intensos: mi ciencia y _una joven_ á quien _conocía y el profesor extendió sobre un ped&lt;!ZO de cristal una gota de sangre.
desde Ja infancia y con la cual debía casarme. Estudiaba, quen~ conqmstar re- Será sangre azul, dijo en voz baja un caballero que quería echársebs de
nombre, ser algo solamente por ella; soportaba las luchas, los disgustos, los magracioso.
.
.
.
les, todo con gran paciencia, porque contemplaba su rostro 9ue me_ sonr~ía ~
- ¡Dios mío!, exclamó la condesa mirando con el m1croscop10; esa sangre es
me animaba. Tuve que pasar al extranjero para completar mis estudios, y a m1 verde, amarilla: ¿cree usted que sea causa de enfermedad?
regreso cuando adquiriera el título de profesor, debía obtener su mano. Puede
El profesor se echó á reir.
.
..
usted figurarse el afán con que yo esperaba aquel _día. ~artí, y al volver después
- Bajo la lente del microscopio. toda sangre adquiere ese color, d1JOj pero
de muchos meses de ausencia corrí á casa de m1 novia ... : ya ~o er~ la m1s~a tranquilícese usted; la suya, como nea en ~lóbulos, es muy buena.
.
que antes; me recibió con frialdad, y cuando le ha~lé de mat~1~omo me d1JO
Paulina había cogido una mosca y quena arrancarle un ala para exammarla,
que ¡0 lamentaba, que no se sentía nacida para la vida de fam1ha Y.que querí~ cuando todos volvieron la cabeza para mirará la entrada del bosquecillo y promorir soltera. No comprendí ya nada, creía perder la ~abeza; le ~e?1 una explirrumpieron en una exclamación de sorpresa.
cación, fuí insistente hasta el extremo de hacerme enoJoso Ypor ~ltimo_ me confesó que Je era antipático. Una tía suya, gazmoña y beata, le hab1a ~et1d_o en la
cabeza que yo estaba condenado, porque quería desentrañar los n:i.1stenos q_ue
la religión prohibe indagar. Traté de persuadida d~ su error; 1~ d1J~ que Dios
· e1 progreso de la human1'dad·, que debía averiguar
esos•m1stenos para
qmere
.
d ¡ el
alivio de la humanidad doliente: nada me vahó, y s,e puso a hablar~e. e os
· 1es que sacnºficaba • La tí'a la había llevado. un d1a•ocultamente a m1 laboamma
¡ d'
ratorio y enseñado perros descuartizados y coneJos. mut1l~dos, y desde aque . 1a
me tuvo por un verdugo. Yo Je hablé de nuestra_ mfanc1a, le rogué que deJara
asar al ún tiempo antes de tomar una resolución tan exa:em_a, pues con ~¡
iiempo
vez cambiase de parecer. Nada conseguí, al día. s1gu_1ente me escndec1a que iba. ~ encerrarse en
b1.6 una carta desPidiéndose de mí para siempre;
· 1 ·
h e era abandonar
un convento para rogar al Señor que me abriese os OJOS, me 1 1 .
·
·
¡
me
envi'aba
las
cartas
que
yo
le
había
escrito, y asegura1ª c1enc1a y me sa vara;
ba que todo había concluído entre nosotros.
- ¿Y qué hizo usted?
. .
• ·6
..
d
_ Caí enfermo y creí morir; pero m1 vigorosa constituc1 n y m1 .iuv~ntu m~
salvaron la vida; desde aquel día me entregué por completo á la c1enc1a y sent1
gran desconsuelo por los errare~ de_ los hombres.
- Pero ·qué tiene que ver m1 cunada con todo eso?
e e1 vivo
·
- Q ue es
re trato de mi· novia·· siempre que
. la. veo
. me da un vuelco
1 hel
corazón y me siento atraído á ella por una fuerza mes1st1ble; me c,o?sue ~ abiar con ella; tanto más, cuanto que si se parece á la otra, en loi~1co, ¡f1ensa
de mu distinto modo y esto me anima. Y ahora ¿no se ne uste e ~
_ T~do lo contrari~, respondió Cielia estrechándole la mano y alejándose
para no dar á conocer su emoción.
.
Había defendido al profesor porque los demás se burlaba~ de él sm conocerlo ahora empezaba á apreciarlo formalmente. Aquel sencillo relat? la había
e~t~rnecido· aquella vida consagrada enteramente_al.estudio la entus1~smab~, y
por otra pa;te lo que de él se refería, sus descubnm1entos, su. mod~stla Y~~m1dez, todo contribuía á que adquiriera en su mente las proporciones e un roe
y de un mártir.
• ·
h 'é d ¡
1 Clelia hablaba siempre de Uberti con adm1rac_1_6n, ac1 n o e eco a se~ora
Ferrini la cual aunque veía que hacía de su h1Ja tan poco caso como s1 ?º
existie;e no d~jaba de abrigar una secreta espera_nza de que acabaríf por fiJar
su atención en la muchacha, que tenía toda la senedad que ~e r;querd~ para ser
esposa de un hombre de ciencia y de un profesor; Yaun 1eg un. . a e_~ q~e
habló á Clelia de sus esperanzas; pero ésta le aconsejó que no se hiciera i us10nes y Je contó la historia del profesor.
¡ •
-Tanto mejor, dijo la señora Ferrini; un clavo saca otro clavo, y con e tiempo todo se olvida: ahora tengo más esperanza que antes.
y seguía acosando al profesor; inventaba males para que él se los curase Y
· '
h
¡
t de que había llegado á ser su espanpara hacerle ir a su cuarto, asta e p~n o
I
t . Uberti decía
tajo y huía de ella siempre que la ve1a asomar por a guna par e.
bº
¡Cuánto me gustarla tenerlo por maestro!
que aquello era una verdadera persecución, peor que la de una mosca ra 10sa,

fa¡

r

�LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

N ú MERO

586

campo, donde se trataría de la época del matrimonio tranquilamente y sin las
charlatanerías de las personas indiferentes.
E l capitán expresaba á Uberti toda su gratitud por su curación, asegurándole
que no lo olvidaría en toda su vida.
E l día de la partida del profesor todos rodeaban el carruaje para despedirse
de él y desearle buen viaje. Todos estaban disgustados por su marcha, pues
ausente él, les parecía que ya no estarían tan bien asistidos en caso de enfermedad, y se proponían marchar también de allí á pocos días.
La señora Ferrini y su hija estaban ya preparadas, vestidas de viaje, para subir á uno de los coches que aguardaban en el patio; la madre quería ir en el del
profesor, y al efecto fué á quitar una maleta que había en el asiento.
- Poco á poco, le dijo el profesor, esta maleta debo llevarla conmigo; no
puedo confiarla á nadie, porque contiene cosas demasiado preciosas.
- ¿Qué cosas son esas?, preguntó la señora Ferrini con su curiosidad habitual.
- Nada menos que bacilos del cólera que me han enviado de Nápoles, y que
me pondré á estudiar en cuanto llegue á mi casa.
- ¡Un cultivo de bacilos!, exclamó la señora Ferrini. Muchas gracias; ya no
voy con usted. Vamos, niña, añadió llevando á su hija á otro carruaje. No faltaría más sino que por ir con él me diese el cólera.
- ¡Bravfsimo!, dijo Paulina que presenciaba aquella escena. Pero si se difunde ese rumor se quedará usted solo.
- Mejor, así podré pensar en usted á mis anchas, contestó el profesor estrechándole la mano.
- ¡Cuidado, Paulina, que lleva microbios!, gritó la señora Ferrini.
- No me dan miedo.
- Es usted digna de ser esposa de un hombre de ciencia, le dijo el profesor.
- Silencio, replicó Paulina, no le qu itemos esta última ilusión.
- Buen viaje.
- Hasta muy pronto.
- Adiós, profesor, acuérdese usted de nosotros.
Los cocheros fustigaron á los caballos y los coches salieron á galope por la
carretera rodeados de una nube de polvo, mientras los bañistas ~eguían en medio del camino ag~tando los pañuelos y despidiéndose del profesor á gritos que
el viento se llevaba~ lo lejos por la dilatada campiña.

NúMERO

LA ILUSTRACI ÓN

5~6

campo al autor p~ra describir sus asombrosos fen6menos Ysuir
causas. En el Calor nos da á con&lt;&gt;&lt;;er los gran~es ~rogresos
hechos en su estudio, del que han d1ma~ado aphcaci~nes t_an
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquma~ m·
dustriales y otras. Por último, en la Meteorolog{a se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
M
f
Por esta rapidisima reseña. d~l contemdo del U:!'! ºº F •
s1co podrá venirse en conoc1m1ento de la gran ubhdad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACION

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN DB: D. MANUIL ARANDA Y SANJUÁN

GRAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,

CONDICIONES DE LA SUSCRI PCIÓN

ELECTRICI DAD, METEDROLOGIA, FISICA MOL ECULAR

Edici6n ilustrada con grabado, inttrcalado, ¡¡ lamina,
cromolitografiada,
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la flsica del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente P?PU~ar. ~iguiendo en_ él el .
Plan admitido por cuantos de la ciencia física han escrito, lo di·
· secciones
·
· 1es, e n cada una de ellas se enunvide en vanas
pn·ncipa
cia la ley que preside á los fenómenos de que trata, el descubrimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
é d t t de los ren6menos y le
i d
de 1 G
Asexplica
, espudes une modo
ra ar comprensible
"
yes fenómenos
a raveáad
cómo esos
y

Muestra de los grabados de la obra. _ Audiciones
telefónicas teatrales

la
esas leyes han traldo consigo el péndulo, la balanza, pre~
bidrául1'ca, los pozos artesianos, las bo_mbas, la navegación
aérea, etc. A la teorfa completa del Sonz~ agrega u_na enume·
ración de todas las aplicaciones de laAcúSftca Y de los mStrumen·
tos musicales. La Luz da la descripción detallada de t&lt;?&lt;los los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, m1crosco.
•
p10, etc. El Magnetismo
y la E lectn'cúlad proporcionan
ancho

El capitán se acercaba andando naturalmente y apoyado tan sólo en un
bastón.
El profesor se levantó presuroso abandonando sus observaciones y acudió al
encuentro del capitán riñénd'ole como á un niño.
- ¿Por qué ha salido usted tan pronto? No era eso lo pactado. Esa prisa puede comprometer la curación.
El capitán ¡;e dis¡::ulpó; estaba cansado, aburrido de permanecer encerrado en
su cuarto; había oído las voces alegres de las jóvenes en el jardín y le dió la
tentación de echar á andar; no había cometido ningún exceso, pues su cuarto
estaba en la planta baja y. daba al jardín; sin embargo, por obediencia al profesor, que le había devuelto la vida, se acercó á una _silla y se sentó. Todos le rodearon felicitándole á porfía por la curación obtemda; el profesor era ya un héroe á los ojos de todos.
La señora Ferrini era la única que no quería convencerse de que fuese él quien
había curado al capitán; decía á todos que á ella se le debía, pues había regalado al enfermo una botellita de agua de Lourdes y que esta agua había hecho el
milagro, y aunque lo afirmaba, el capitán le aseguró que no había hecho uso alguno de la botella milagrosa, y que si la quería se la devolvería para que pudiese dársela á alguien que la necesitase más que él.
El médico del establecimiento hubo de convenir también en que la cura efectuada por el profesor Uberti había sido maravillosa, pero estaba malhumorado
al ver la popularidad que éste iba alcazando.
Todas las señoras le rodeaban y querían de~cribirle sus dolencias; hasta la
condesa se mostraba muy amable co~ él y le rogaba que le curase su jaqueca;
en una palabra, era ya un personaje de moda; todos le querían, todos le llamaban y nadie reparaba en el descuido de su tx:aje.
E l profesor estaba tranquilo, humilde en medio de su gloria, hablando con
preferencia con Paulina, la cual se mostraba cada vez más ganosa de ciencia.
- ¡Cómo me gustaría tenerlo por maestro!, decía á cada momento..
El á su vez habría querido decirle que se con¡;ideraría feliz teniéndola por
compañera toda la vida, pero no se atrevía; temía una negativa.
La misma Paulina debía al fin dárselo á entender. En un mes había pasado
su mente por muchas evoluciones; primero observó al profesor con curiosidad;
luego con admiración, y por último, conociendo que se tendría por dichosa
uniendo su suerte á la de Uberti, se lo dijo claramente.
En cambio él encontraba en Paulina toda la gracia de la joven que había sido
su primer amor, pero con la ventaja de que aquélla estaba dotada de una inteligencia superior y exenta de prejuicios, y le halagaba la idea de poder casarse
con ella.
.
Pero antes le exigió la promesa de que no se opondría á _sus estudios científicos, ni tendría excesiva compasión á los animales que sacnficaba en aras de la
ciencia.
- La ciencia es una divinidad á la cual debemos sacrificar hasta nuestra vida,
y yo estoy pronta á poner la mía á disposición de usted, dijo la joven.
Pero el asunto debía guardarse secreto para evitar las hablillas que en tales
casos suele haber en los establecimientos balnearios.
EntrP.tanto el profesor continuaba perseguido por la señ9ra Ferrini, que lo
quería absolutamente por yerno; así fué que cuando le oyó fijar el
de su
marcha, dijo que también ella partiría por tener el gusto de hacer el v1aJe en su
compañía.
.
- Ya encontraré yo el medio de alejará esa cócora, dijo el profesor á Paulina
cuando le daba el parabién por sus compañeras de viaje.
.
Esta debía marchar una semana después porque su cuñada necesitaba prolongar su cura, y luego el profesor debería ir i reunirse con ellas en su casa de

.........
-

?~ª

?.ª

(De La Nature)
(1) Por la mt1cha extensión clcl artículo ilustrado La victoria de C,Jsar, hemos suspendido
on el prc;entc número la continuación de La Cro11ofotografla, que publicaremos en el próximo.

,.,. • ■amta 011 •ru, e1s1,.
CAi , LENTE.1A8, TEI AIOL

LA SAGRADA BIBLIA

SARPULLIDOS, TEZ BARRO

I DIC IÓN ILUITIIADA

•

• tO o• ntlrno• de pe ■eta. l a
entr ega de ti p ágina■

~

-

ARRUGAS PRECOCEI
EFLORESCENCIAS
~
ROJECES

~

S. ca,rlu pro1pccto1 A ~• I•• IN aollc1t1
Mri«!ha4- AIOI Sm. Ko~iaaer y Simba, editora

SECC I ÓN C I ENTÍFI CA

EXPERIMENTO DE ELECTROCULTURA. -·Para comprobar las conclusiones de
M. Spechnew, director del jardín botánico de Kiu, que durante algunos años
ha verificado multitud de experimentos sobre la influencia que en la vegetación
ejerce la electricidad, M. E . Lagrange ha hecho duran te el año pasado algunos
ensayos muy interesantes de electrocultura. Al efecto ha cultivado patatas en un
campo dividido en tres partes cuyo suelo y cuya exposición eran idénticos. El
primer sector ha sido cultivado por el método dinámico de Spechnew, habiéndose colocado las patatas entre planchas de cinc y de cobre puestas en comunicación por encima del suelo por medio de un hilo conductor; el segundo ha sido
sometido al procedimiento ordinario, y al tercero se le ha provisto de una serie
de pararrayos hundidos en el suelo de manera que sus pies estuviesen situados
al nivel del plano de la sementera. La cosecha obtenida en este tercer sector ha
sido mucho más notable que en los otros y se ha podido recoger por lo menos
quince días antes. El primer sector ha producido 68 kilogramos, el segundo 80
y el tercero 103. H ay que notar que el primer sector ha dado plantas más precoces en cuanto á la aparición de las hojas y de las flores, y además el follaje
sido en ~l más alto y más espeso.

UJT .llfriPRIILIQUI -

LECHE .ANTEFi:L

.........,....,.,......,.........,........,....,....."'.'·''•'··········..·············•.••..•·········••..••...........,....,.........,.,,.,......,......,......,...... ,.......................,.....

TE~tPERATURA DE LA LAVA. - Hasta el presente no ha sido bien determinada
la temperatura de la lava en fusión. La primera dificultad con que se lucha
para determinarla es que no siempre se tiene á mano esta materia en tal estado;
y cuando uno se encuentra cerca de un volcán en erupción no deja de ofrecer
ciertos peligros aproximarse á la lava inflamada para hacer el experimento,
pues una corriente de lava incandescente produce una radiación que hace imposible acercarse á ella. Es difícil también introducir termómetros en la lava,
porque ésta aun en estado fluido presenta una resistencia tal, que los pedazos de
hierro que en ella se arrojan flotan á menudo como la madera en el agua.
La última erupción del Etna ha ofrecido, sin embargo, al profesor Bartoli un
campo de exploración más favorable, puesto que le ha permitido aproximarse á
dos metros de una corriente de lava en el sitio mismo en que ésta salía de una
galería subterránea, lo cual era una garantía contra el enfriamiento.
Apresuróse Bartoli á aprovecharse de esa ocasión é imaginó para sus experimentos un termómetro especial: al efecto, partió á lo largo y en dos pedazos
una pistola del cali bre 1 2, afiló uno de los extremos hasta formar en él una
punta aguda á fin de poderla introducir con más facilidad en la lava incandescente, y en la cavidad interna colocó una barra de platino que se ajustaba perfectamente á ella, fijando esta pistola de nuevo género á una barra de hierro
fijada á su vez al extremo de una larga pértiga de madera de.castaño.
M. Bartoli, aproximándose á la corriente de lava, arrojó en mitad de la misma su arpón, haciendo fuerza en la pértiga para hundir el cañón de la pistola
que contenía la barra de platino. Una inmersión de seis minutos bastaba para
obtener el equilibrio de temperatura; pero para mayor seguridad él la prolongó
hasta nueve, pasados los cuales extrajo rápidamente el aparato y colocó en la
boca de un calorímetro el cañón de la pistola, y como las dos partes de éste eran
móviles las separó, dejando caer el pedazo de platino en el agua del calorímetro, y midiendo la temperatura de ésta pudo averiguar la de la lava.
Al salir del canal subterráneo la lava presentaba á un metro de profundidad
las temperaturas siguientes: 1060, 990, 980 y 970 grados; y la misma corriente
después de un curso de dos kilómetros á la velocidad de 80 kilómetros por hora
perdía wo grados, dando como resultados 870, 800 y 750.

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimen,io•
nes divididos en unos 2 0 cuadernos cada uno, los que pro•
cur~remos repartir semanalmente.
•
.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el ~o de qu~ lo ?esea•
ran los suscriptores ó de que por activar la termmaci6n de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
.
Además de los grabados intercalados en el!texto, ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores, r~presentando
algunos de los fenómenos más notabl_es de la Físi~, asl, como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas u otras
que afectan á la constituci'6 n de1g¡obo. .
.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 págmas.
Por el primer cuaderno, que se halla de n_iues~ra en ~sa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del musitado luJo col!.
, .
b
que ofrecemos al pub11co esta nueva o ra.
.

. 6 n , c alle d e Aragón , n úms· 309 y 311, Barcelona.
Se enviarán pr ospectos á. quien los reclame á. los Sres. Montaner Y Srm

TRADUCIDO POR M. ARANDA

Los bañistas agitaban los pañuelos
despidiéndose del profesor á gritos desde la campi11a

1 99

ARTÍSTICA

contra las diversas
arab 9 d8-,191ta l de Afeccionesd1ICorazon,
lllpl\ •

J

•

Hydropeslas,
Toaee nerviosas;
Empleado con el mejor exito Bronquitla, Aama, etc.

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racional, aeguro y de inmediato• reaulta~o• de to~os los ferrugmoso.e
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.A.dh. DETILUf, Fannaoeutloo en P.UUS

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118eomendadot contra lu Afeoolonea del Est6·
m ago, Falta de Apetito, Dlgeatlonea labo•
rloosaa, ACMd.iaa, Vomltoa, Eruotoa, y C611cos;
regularizan las Funolonea del Eat6mago 7
de loa IIKeatlnoa,
E1/flr III el rotulo a tfrma dt J. FAYARD.
A.db. DETIUN, Fann&amp;041utloo en PDJII'

MEDICACION TONICA

CARNE HIERRO y QUINA

PILDORAS vJARABE

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E xijase la firmayel sello
de g-arantia.

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PARISt

40, rue Bonapar e, 40

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VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS LOS HINCIPIOS NtrralTIVOS DB U CARNE
c,.a.an ..Eaao Y. ,,111u 1 Diez añoa de exlto continuado y las aflrm~ctonea de
todas las cininenclu médícaa preubaD que esta ISOciaclon de la «Janae, el Hierro y la
consUtuye el reparador mas enenrtco que se conoce para curar : la Clordm, la
J.ntmfa las .llm1t~
ao1oro1a1, el Jlmpobr«'mfento y la .Alteracwn ae la Sangre,

•u-

el .RaqÚmsmo las .Afeuwna ucro/lUOIIU y escor&amp;utú:as, etc. .El l'I•• FerrastaoH de
erecto el único que reune lodo lo que entona y !ortalece los organos,
regulariza' coordena' y aumenta considerablemente las tuerzas 6 tnCunde a la aan¡re
empobrOOÍda y descolorida : el Vigor, la COlorlJCWft_ y la Bnerg"! tn~IU.
Por u11or en Paria en casa de J. FERÚ,Farmaceutico, 10!, rue Richeheu, Sucesor de AROUD.

.&amp;reu.a es en'

•

p

J:o:08(

='AROUD

VJOO&gt;B BN TODü U.S PB.ll'ICIP.lLBS BOTICAS

EXIJASE

11
:

0

VELO U TI NE FAY
El mejor y mas cél ebre polvo de tocador

PDL?!pa!!do~,nR!?m!~TRA
por Ch. Fay,perfumista
9, Ruede la Paix, P ARIS

�LA

200

NúMERO

ILUSTRACIÓN Á RTÍSTICÁ

mo de los Reyes Católicos á favorecer la empresa
del navegante genovés.

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

por autores ó editores

...

Nu EVAS POESIAS, deJuan A lcover. - Colección
de bellísimas poesía~ del inspirado vate balear se·
ñor Alcover; forma el segundo tomo de 150 páginas de laBibliote,;a Literaria que publican en Pal·
ma de Mallorca los editores Sres. Amengua! y
Muntaner, y se vende al precio de 50 céntimos de
peseta y encuadernado en tela una peseta.

MEMORIAS ÍNTIMAS, por Ernesto Rend11. - Se
ha publicado el tomo segundo y (1ltimo de estas
famosas /J,femorias, que es tan ameno, instructivo
é interesante como el anterior. Los articulas sobre
El amor y la religión, La reina de Holanda y Federico A miel son insuperables, y el consagrado á
la muerte de Enriqueta Renán no tiene parecido
en la historia de la literatura ele su génerc..
UN DESESPERADO, por /vá11 'furguenif. Nueva novela del famoso publicista ruso. ¡Qué interesante es el tipo de este hombre, perdido si los
hay, que realiza hechos prodigiosos, que pasa de
la opulencia á la miseria, y á quien todos consi·
deran loco hasta que encuentra una mujer de la
cual se enamora! Es el eterno perdido á quien el
amor transforma de león en cordero.
LA FAUSTI N, por Go11court. - Pertenece este
libro al grupo de novelas en las cuales el autor
retrata la sociedad elegante de París. La Faustin
es la actriz de moda, la amada de un lord rico;
pero antes que enamorada, antes que mujer, an·
tes que todo, es artista. Por eso al agonizar el -lord
quiere dedicarle la última mirada, y al abrir con
dificultad los ojos ve que aquella mujer, en vez de
sentir el dolor natural por la muerte de él, se ocu¡m en estudiar detenidamente su agonía, la agonía
de un noble.
Estas tres obras forman parte· de la Colección de
libros escogidos y se venden al precio ele tres pese·
tas cada una en las principales librerias.

VIAJES ENOLÓGICOS , EXCURSIONES VINÍCO·
LAS, por E zequiel Cemuda. - Se han publicado
las series sexta, séptima y octava de esta obra, en
la que el Sr. Cernuda hace gala de sus conocimientos en la interesante materia de que trata;
comprenden Grecia, Tenerife, China, Turquía,
Champaña, la América meridional, Persia, Cana•
dá y Australia. - Véndense éstas series y las anteriores en las principales librerías.
TRATADO COMPLETO DEL NARANJO,por Bernardo G,'ner A li11ó. - Con los cuadernos 4 y 5 ha
quedado terminada esta importante obra que inte·
resa conocer á cuantos se dedican al cultivo del
naranjo, del limonero, del cidro, del bergamoto y
del limetero y que va ilustrada con profusión de
grabados y cromos. La obra completa véndese al
precio de 6 pesetas en casa del editor D. Pascual
Aguilar (Caballero, 1, Valencia).
ELEMENTOS DE GRAMÁTICA FRANCKSA EN
SUS RELACI0NKS CON LA DE LA LENGUA CAS·
TE LLANA (primer curso), por D . Cayetano Caste·
l.ón y Pinto. - Comprende esta obra la Prosodia
y Ortografia y dentro de un sistema rigurosamente
científico aparece la explicación tan clara y tan
metódica y al propio tiempo tan práctica que no
vacilamos en recomendar el libro d~l Sr. Caste·
llón, catedrático del Instituto de Jerez de la Fron·
tera. El tomo, elegantemente encuadernado, vén·
deseen las principales librerías á 7,50 pesetas.

PosRS(As, per Frederich Soler. -El nombre ele
Federico Soler, más conocido por el seudónimo
ele Sera/t Pitarra, hace ociosos cuantos elogios
pudiéramos dirigir á sus poesías, inspiradas todas,
todas llenas de ese sabor de la tierra catalana que
tan simpáticas las hace, con hermosos pensamien·
tos y bellísimas descripciones, re,·estidas de forma
intachable. Algunas de ellas han sido reunidas en
un volumen, que es el primero de la Biblioteca popular catalana, y se vende al precio de 50 céntimos de peseta en las principales librerías.
Los DOMINICOS Y COLÓN, por D. R. ll:lo1111er
y Sa11s. - Interesante folleto en el cual se estudia
con gran caudal de conocimientos y datos históri·
cos la grandísima influencia que en el descubrimiento de América tuvieron los dominicos, apo·
yando en Salamanca los proyectos de Colón por
boca del padre Deza, cuya opinión inclinó el !mi-

ACTO DE DESCUBRIR EL BUSTO DE TOMÁS CARLYLE EN LA BIBLIOTECA
PÚBLICA DE CHELSEA1 EN LONDRES

i"'tllDES del E8 ro.\...,i -u- ~,,

Pepsina Boudault
.&amp;prellda por la ,mm.&amp; DE IEDICIII.&amp;

PREMIO DELINSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
lilodallu tn laa Z.po1lclont1 lnteraaclonal11 dt

PUIS - LTOI • TIEI! • PIILiDELPBU - PARIS
1887

M!'ll

1873

,.

1878

1178

u llim.a.. COR

IL -~,ea tsira D LOS
O1seEP8IAI
CASTRIT18 - OASTRALOIAI
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
PALTA DE APETITO

t

OT&amp;Ot DUO&amp;DI•■■ DI Ll Dl.llTIGII

•·

P.&amp;111, Purmaait COLLAS, 1, ne Daaplae

, '" "" """",,.... "'"""""'· ..

PARA LA NOCHE, NOVELAS CORTAS, por Alfonso P,!rez Nieva. - ¿Quién no ha leído alguna de
esas bellísimas novelas cortas que constituyen la
especialidad de Pérez Nieva? ¿Quién no se ha deleitado saboreando esas narraciones llenas de sen·
timiento y escritas con admirable galanura de estilo y sencillez encantadora? Los que quieran pasar un rato agradable compren Para la noche, que
forma el tomo 6o de la Biblioteca selecta que pu•
blica en Valencia D. Pascual Aguilar y se vende
al precio ele 50 céntimos de peseta.

CARNE y QUINA

Lu

ll Alimento mas reparador, unido al 'l'6Dico mas enei¡ico.

PILDORAS~DEHIUT

VINO IROUD CON QUINA

............. w
011: PAAIS

.ao titubean en parganf, euaado lo
12ecNiwi. No temen el asco nf el c1n1Uclo, porque, contra lo que ncede coll
lo, demu pargantu, este no obra bien
t:iao cuando ,e toma con buenos alimento•
1 bebldu lortiliCaJJtu, caal el vino, el call,
el ti. Cada euaJ ucoge, para purgan,e, 11
llora 1 la comida que m11 le convienen,
•evrm 1111 ocupacione,. Como el CSDSIUI
cio que II parga oculona queda compfetamenteealadoporelelec&amp;odela
baea1 allmentacion emple1da,ano
,e decide licilmente a volver
.._ empenrcuantu vecsa
,a neceurio.

B.UO U FORll.l DI

ELIXIR- . de PEPSINA BOUDAULT
VINO · • de PEPSINA IOUDAULT
POLVOS, ie PEPSINA BOUDAULT

586

T CON TODOS LOS PlltNOIPIOS mrrarnvos SOLtlBLBS DB u CAl\NE
ci.1a.u y 91111u1 son los elementos que entran en Ja comoosicfon de este potente
lel)&amp;rador de las tuerzas vitales, de este fenllleaa&amp;e per eaee(eaela. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la .Anemia y el ..4,:,oca,ntmto, en las Clllffltura,
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DEL

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de los D'ª' JORET &amp; HOMOLLE
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Pero con frecuencia es falsiflcado.El API oL

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Jarabe -Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

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3A.RA.EIB

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1u afecciones nemoau.
·,1

' Füriu, lapediciones: J.-P. L!l\OZE

. t, l'lle•es Liom-SI-Paal, 1 Pula.

Deposito en toclaa la• pl'inclpaJea Botica• y Droguerfu

• .Querido enfermo. -Ffese Vd . é mi larga experiencia,
y haga uso de nuestros GRANOS de SALUD, puea ellos
le curarán. de su const,paoion, le darán apetito y le
derolverén el sueño y la alegria. - As, rIrirfl Vd,
muchos años. disfrutando siempre de una buRna salud.

D1p61lto ,n toda, las Farmacia,

destroye hasta las RAIOES el V ELLO del rostro de las damu (Barba, Btgote:\tc.), lla
Dingun peligro para el cutlJ. SO Año• de :í:nto, ymillares de testimonie&amp;garantlun la eficacia
ltde esta p~paracion. (Se ,ende en oaJu, ppa la barba, J en 1/2 oaJu para el bigote ligero). Para
loa brazos, empléese el P I.Ll JIUllE, D'C'SSER, t,rue J ••J,•Rou111eau, P arla,

PITE EPILATOIRE DUSSER

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
. IMP, DB M0NTANER Y SIMÓN

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