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                  <text>A!\fO XII

___________..,..

BARCELONA 27 DE MARZO DE 1893

SUMARIO
Texto. - ll(editado,us cristianas, por Emilio C'lstebr. - la
Vuym Madre al fíe de la Cru=, ~r E: Almonacid, l'b_ro. El 11aci111imto de judas, por J. r.1 iró F olguern. - Crh1ua de
-lrk por R. Balsa de la \ 'ega. - .Nuestros grabados. -El
Crisio de las !tlgrimas, leyenda por Cayetano del Castillo Tejada ilustrada por J. L Pellicer. • SKCCIÓN CIENTIFICA:
La :ro110/otografía (continuación). - Los 1111tvos sellos de correos de los Estados Unidos.

Gra bados. - Ave .Maria, cuadro ele IIéctor Cercone. - «Flevit super illam,&gt; cuadro de Enrique Simonet !premiado con
medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes de 1892). - La traslacióll dd werpo de la Virgen, cuadro
de C. Maccari. -Pondo Pilatos lavtfndose las manos, cuadro
de Rembranclt. • Jesils m el lago de Cmesaretlz, cuadro de
Enrique Serra. - La Virgm Maria al pie de la Cruz, cuadro
de José Uria. - Desa11di111ünto de la Cru:;, cuadro de Rubens. - Cristo llorado por la Virgen y por los ángeles, cuadro
de Antonio Van Dyck. - Figs. 15 y 16, dos grabados correspondientes á La cron~(otografía. - IAs nuevos u/los de correos
de los Estados Uni,Jos, quince grabados.

..... .................................................... ....., ............ '•' .....,........................, ..,.,......,......
MEDlTACIONES CRISTIANAS

I
El tiempo santo en que nos encontramos, oblfgame por esta sola vez á suspender mis volanderas narraciones habituales, y sustituirlas con esta evocación
al cristianismo, en cuya luz el espíritu nuestro se ha
esclarecido y vivificado siempre. ¡Cómo renovó esta
religión celeste la vida! Cuando parece que más se
conforman las sociedades con ciertas instituciones;
cuando parece que más los entendimientos con ciertas creencias se conforman; cuando parecen los cielos del humano espíritu más tranquilos ¡ah, centellea
una revolución, que ha venido sordamente preparándose por una serie de múltiples hechos, apenas perceptible, y sin embargo, sistemática, enlazada, vigorosa, como una serie de ideas científicas. Vista enseñanza tal, no podemos menos de decir que el movimiento es eterno, que es eterna la revolución, y que,
si las transformaciones cosmológicas no tienen número, tampoco lo tienen las transformaciones humanas, las cuales se dilatarán y extenderán hasta donde
se dilate y extienda nuestra misma naturaleza. Estos
planetas apagados, cuerpos opacos que reciben del sol
su lumbre, allá lucieron en otras edades geológicas,
cual brilla nuestro sol ahora con propios resplandores. Hoy mismo llevamos en las entrañas de esta tierra fría un océano incandescente, oculto por una
corteza helada, la cual, en comparación del diámetro
de la tierra, ni siquiera representa lo que representan
las películas en los frutos. Imaginaos cuántas revoluciones habrá exigido no más el paso de las rocas,
donde no se hallan organismos, ni vegetales ni animales, por lo que halas llamado la ciencia moderna
faltas de vida ó azodias, á las rocas llenas de fósiles,
petrificaciones innumerables de antiguas y vividoras
especies. El fuego destructor puede considerarse como
el arquitecto de nuestro templo, de la tierra; y el
agua, que ahonda los valles, que abre las estrías, que
dibuja las laderas, como el escultor. Mas, ¡qué serie
de movimientos, qué número de revoluciones, cuántas catástrofes para llegar á esta tierra habitable por
el humano espíritu! A los ojos del geólogo aparece
cada monte como un túmulo, cada planicie como un
cementerio, cada planeta como una grande aglomeración de sobrepuestos sepulcros; porque en la tierra
entera reina con una horrible tiranía la muerte, destructora y generadora también de la vida. Cuántas revoluciones para subir desde las criptógamas primi tivas á los cedros del Líbano y á las rosas de Jericó;
para subir desde los infusorios perdidos en las gotas
de agua á los ruiseñores que llevan ya el arpa del arte en su garganta y el presentimiento del espíritu en

AVE MARfA, cuadro de Héctor Cercone

NúM. 587

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

202

••

sus nervios; para subir desde el molusco, todo estómago, al humano cerebro, todo espíritu. La materia,
desde el átomo imperceptible hasta los huesos del
cráneo; desde la estela en las ondas hasta la masa
encefálica, ha necesitado pasar por innumerables revoluciones, que apenas puede medir el tiempo eterno
y apenas comprender el infinito pensamiento. Pues
si esto ha sucedido en la materia, imaginaos lo que
habrá sucedido en la sociedad. Los grandes hombres,
á los cuales prestan culto los siglos, resultan grandes
personificaciones, cada cual de su respectiva revolución. No hay creencia religiosa, ni teología preponderante, ni sistema alguno, que no cuente con su
respectiva revolución en su seno. Tendrán los unos á
Confucio y tendrán los otros á Buda; entrará en el
rudimentario mazdeísmo antiguo Zoroastro y en la
instintiva religión del patriarca nómada Moisés, con
sus sendas doctrinas más ó menos adelantadas y maduras; verá el politeísmo antiguo un Homero que representa, además de una revolucióo literaria, una revolución artística, y verá el politeísmo romano un
Virgilio, con tendencias á innovaciones religiosas
también; engendrará el judaísmo al Bautista y al Cristo; ¿por qué ha de extrañarnos, pues, que engendre el
cristianismo, tal como lo organizaran y sistematizaran
sus grandes pensadores, desde San Pablo hasta Gregario VII, sus innovaciones también, representadas
por Francisco de Asís, por Savonarola, por todos los
grandes oráculos de la democracia religiosa? Nadie
puede contrastar el empuje de las sociedades humanas hacia adelante; nadie impedir el progresivo crecimiento de la humanidad; nadie detener las fases
del espíritu; nadie ahogar las transformaciones sociales. Por consiguiente no se podía impedir que así
como el politeísmo engendrara en sus catacumbas la
idea católica, esta idea católica en su movimiento
progresivo engendrara paulatinamente, á su vez, una
nueva evolución de todo punto inevitable, dadas las
leyes que rigen así á los mundos como á las almas.
Las grandes instituciones se hallan condenadas á engendrar hijos á quienes aborrecen y maldicen. El
Egipto engendró la Sinagoga y la maldijo; la Sinagoga engendró á la Iglesia y la maldijo; la Iglesia engendró la democracia y la maldijo también. Pero el
historiador filósofo, elevándose con vuelo raudo so·
bre todas las pasiones, debe estudiar estos hechos
universales, que determinan cambios en la dirección
social, que generan nuevos pueblos, que inspiran nuevas artes, que fundan nuevas civilizaciones, como un
resultado de fuerzas muy superiores al radio que puede tener y á la virtud que puede alcanzar la voluntad
individual.

II
~ unca, en ningún tiempo, se mostró con tanta
claridad, como en este tiempo del advenimiento de
Cristo, las dobles fuerzas de descomposición y de recomposición que hay escondidas en el seno de las
sociedades humanas. Por la primera, por la fuerza de
descomposición, el paganismo se morfa; por la segunda, por la fuerza de recomposición, nuevas creencias se formaban para satisfacer la necesidad de sentir y de esperar que tiene el humano espíritu. Asómbrase el ánitno y queda como suspenso al ver qué
larga vida tienen las instituciones todas, cuando religión, á primera vista tan frágil y ligera, como el paganismo, sufre, para caer, todos los golpes que desde
Thales á Séneca le han asestado los primeros pensadores de la historia en tantos y tan fecundos siglos.
Así es que en el advenimiento de Cristo las almas
todas de primera magnitud habíanse apartado de los
altares paganos, y todos los dioses mayores y menores se morían al hielo de la duda, que se cuajaba
hasta en las cimas del Olimpo. Sí: la muerte de la
religión pagana fué obra de una descomposición interior del paganismo. Mal avenida el alma humana
con aquel reposo, que se hallaba en el seno de los
dioses antiguos; con el destino trágico, que destruía
la libertad; con la compenetración del fondo y de la
forma, que daba al arte una paz destinada á romperse
en los choques tremendos con el dolor, iba, muy
hastiada del sensualismo, en busca de una idea superior que apagase su sed de lo infinito. Y en este
momento supremo llega, para realizar la conjunción
divina del espíritu antiguo con el espíritu moderno,
el Salvador de los hombres, el prometido á las naciones, el Mesías de los judíos, el Dios único de los
filósofos, el Verbo de los alejandrinos, Jesucristo.
Nunca se verificó transformación tan maravillosa
como esta transformación de la Humanidad en el
momento de la aparición del Cristianismo. Si la Jerusalén semítica había realizado la síntesis teológica;
si la Atenas griega había realizado la síntesis filosófica; si la Alejandría egipcia había realizado la síntesis
religiosa; si la Roma política había realizado la sínte-

sis jurídica; la Roma conquistadora, la Roma guerrera había á su vez realizado la unidad posible del
mundo, la paz posible de la tierra. Quedaban fuera
del imperio regiones que, con excepción de la India,
apenas influyeran sobre la humanidad; y en cambio,
vivían á su sombra los eternos soldados que se llamaban iberos y celtíberos; los sacerdotales celtas que
presentían la inmortalidad; los helenos, grandes hasta
en su decadencia; la raza judía, que se levantaba del
montón de cenizas, donde yaciera tanto tiempo de
rodillas y se iba errante por la tierra, ora en virtud de
sus peregrinaciones, ora en virtud de sus cautiverios;
los persas que combatían, pero que combatían cediendo y retirándose; al extremo Occidente España,
la estrella de la tarde, civilizada y sometida, aunque
no en sus tribus del Norte; entre los Alpes y los Pirineos, los galos, que abrasaran el Capitolio, ya vencidos; desde los montes julianos á los montes tracios
las tribus, verdadera vanguardia de la barbarie; en el
Pindo, ese Apenino de Grecia, la fuerte Macedonia,
armada hasta los dientes, y á pesar de haber engendrado á Alejandro, sirviendo de centinela al Imperio;
en la hermosa península del Peloponeso, Grecia esclava, tiñendo con sus inspiraciones el palacio de los
dueños del mundo, convertido en su propio calabozo;
cerca de Grecia, Sicilia arruinada y desierta después
de tantos días, por los estragos de las guerras Ptfoicas, renovadas en las guerras serviles; Creta, donde
las larvas de las ideas orientales se convirtieran en
esas mariposas llamadas los dioses helénicos; entre el
Ponto-Euxino y el mar de Chipre, el Asia Menor,
cuyo Haliso separaba dos familias pertenecientes á
dos grandes razas; al Oeste los pueblos de raza indoeuropea, al Este los pueblos de raza siro-arábiga, y
entre ambos los frigios, esos divinos flautistas, que
habían sido los discípulos de Apolo y los maestros
de Safo, conquistados por un paseo militar y sometidos á un procónsul y á unos cuantos lictores; entre
el mar de Chipre y el Eufrates, en las grandes ramificaciones del Tauro y del Líbano, el imperio sirio,
para quien la esclavitud era un refugio; en el interior
del Asia, el pueblo escogido de Dios, rezando su oración sublime y leyendo sus libros revelados al pie de
su santuario, último refugio de su esperanza, y bajo
el látigo romano, que le amenazaba con un c1utiverio
más terrible aún que el cautiverio de Babilonia; á las
puertas del Africa y del Asia el Egipto, con sus dioses muertos, y sus oráculos suspensos; y sus esfinges
mudos, y el áspid venenoso en el corazón como la
reina Cleopatra; dentro del espacio que cierran el Atlas, el desierto y el Mediterráneo, arenales inmensos,
cementerios de pueblos, en los cuales erraba el kabila, envuelto en su manto del color de la tierra, y
surgían, como islas, Cirene, embriagada de placer, y
Cartago, muerta sin gloria; por todas las fronteras
pueblos, todavía no sometidos; al Norte britanos,
germánicos y dacios, al Sur árabes y nómadas africanos, al Oriente escitas, parthos y armenios; de suerte
que la tierra toda conocida, con raras excepciones,
sometíase tranquila al cetro de Roma y á su espada,
como si esta paz y este silencio y este recogimiento
del universo fuesen necesarios para escuchar la voz
divina que bajaba del cielo como llamada por esta
fija y absorta atención de la humanidad.

III
Escuchemos la bien apercibida palabra del Salvador. Según dice San Lucas en el capítulo X de
su Evangelio, al acercarse la Pascua, no contento
Jesús con los doce discípulos predilectos, escogió setenta y dos más, enviándolos á las poblaciones y diciéndoles, según San Marcos, estas sublimes palabras:
«Os envío como corderos entre lobos; sed cautos
cual serpientes y sencillos cual palomas.» Después
de esta misión, y al día siguiente de su triunfal entrada en Jerusalén, dirigióse al templo, donde penetró en medio de la emoción universal, tranquilo como si estuviese absorto en sobrenaturales contemplaciones; cruzados los brazos sobre el pecho como para
contener y ahogar los latidos de su corazón; radiosa
la frente con aquella mística aureola que irradiaba
resplandores en los cuales se han abrasado, como leves mariposas, tantas y tantas almas; y dirigióse á la
teba, ó mesa, donde se deponían los libros santos, y
comenzó á enseñar la palabra de Dios. Entonces los
fariseos, temerosos de que tan ardiente palabra encendiera los ánimos y suscitara perturbaciones, mucho más temibles que en ningún otro tiempo en los
días de Pascua, preguntáronle por sus títulos y sus
derechos para dirigirse al pueblo. Y Jesús les contestó que se los presentaría cuando ellos le dijesen si
el bautismo de Juan sucedió por divina ó por humana ordenación. Suspendiéronse á tan extraño problema los grandes sacrificadores, y recapacitaron, reconcentrando en lo interior el pensamiento, que si de-

NúMERO

587

cían por divina ordenación, argüiríales Jesús de inobedientes á Dios por no haberle seguido, y si por
humana, de contrarios al pueblo que aún creía y adoraba en su profeta. Y buscaron el expediente fácil de
burlar la cuestión diciendo que no podía tratarse entonces de Juan y su misión, sino de él, de Cristo y
sus predicaciones. Y les respondió el Salvador con
aquellos apólogos, los cuales contenían la esencia de
su doctrina como el cáliz contiene la miel de las
flores. Y habló de dos hijos que recibi~on de su padre orden de trabajar en las viñas, y entre los cuales,
el uno, después de haber rehusado largo tiempo ir,
fué, mientras el otro, después de haber convenido en
ir, no fué; alusión á quienes le imputaron un día tardanza por comenzar sus predicaciones y luego le
abandonaron y aun le persiguieron. Por todo lo cual,
J est1s da rienda suelta con serenidad al espíritu democrático que alienta á su persona y que vivifica su
doctrina, contando la parábola de aquel rey que convidara muchos poderosos á la boda de su hijo, y como no asistieran, envió á sus criados á que recogieran las gentes encontradas en las calles al acaso y las
condujeran en tropel, y sin preguntarles siquiera por
sus nombres, á la honra y al goce del festín. Oyendo
estos apólogos morales, tan contrarios al sentido estrecho con que el materialismo farisaico destruía la
ley; viendo estas tendencias republicanas de un joven
galileo no permitidas en Roma ni á los patricios romanos, debieron los sacerdotes temblar y estremecerse por sus privilegios teocráticos, y decidir la perdición del reformador que podía concitar contra
ellos las iras exterminadoras del César. Y Jesús redoblaba en su contra las invectivas, cuando decía que
gustaban del primer lugar en los festines, del primer
asiento en las sinagogas, del primer saludo en los
mercados, y les reconvenía por llamarse, á guisa de
reyes, señores, cuando sólo debe haber para los hombres, iguales en naturaleza, un Señor, nuestro Dios
que está en los cielos; y terminaba con estas elocuentísimas palabras: «Sois dignos descendientes de los
que inmolaron á los profetas; Jerusalén, Jerusalén,
que matas á los santos y apedreas á los enviados á
ti, ¡cuántas veces he intentado reunir tus hijos dispersos, como la gallina sus polluelos, y no lo has consentido!&gt; Indignados los judíos, cogieron piedras
para arrojárselas, y Jesús les dijo que habiendo hecho tantas buenas obras; en nombre de su padre celestial, ¿por qué le apedreaban? Y ellos le respondieron que no le apedreaban por sus obras, sino por sus
palabras; porque, siendo hombre mortal, se llamaba
á sí mismo Dios. Y Jesús, extrañado de estas reconvenciones, respondió con una pregunta en verdad
sencillisima: (¿Pues no dicen los salmos que somos
igualmente hijos de Dios?» Al considerarle tan sereno en medio del peligro, tan pronto á la respuesta,
tan sublime en sus sentencias, sonriente cuando todos se enfurecían, superior á las pasiones humanas
cuando todos á sus iras se entregaban, muchas gentes del pueblo se sintieron tocadas en el corazón por
aquella avasalladora dulzura y comenzaron á decir
que si el Mesías llegara de veras no hiciera tantos milagros ni tantas maravillas como aquel hombre. Y
hubo una gran diferencia. en el pueblo de Jerusalén
por su causa, pues mientras unos gritaban que le prendieran, otros se interponían entre su persona y los
que le amenazaban para guarecerle y para salvarle.
Y Jesús tuvo que salir del templo á causa de las divisiones y de las diferencias que suscitaba su palabra
en el pueblo. Y al salir, habló de su divino ministerio en estas sentencias llenas de compasión para sus
enemigos é inspiradas indudablemente por la fortaleza que da el socorro y el auxilio de una elevada
conciencia. «Vosotros sois de aquí abajo, y yo de lo
alto; vosotros de este mundo, y yo del otro. Y ninguno entre vosotros podría ir donde voy yo.» Estaba
de tal suerte pervertida la conciencia de los judíos,
ignoraban con tan profunda ignorancia el divino misterio de espiritualismo ante el cual se veían y encontraban, que creyeron á Jesús capaz de darse, como
cualquier estoico, la muerte. No sabían que en sus
palabras iba encerrada la vida. No sabían que en su
predicación iba contenida la conciencia universal. No
sabían que cada una de aquellas ideas era un mundo,
como la mayor parte de los puntos luminosos sembrados en las esferas son como otros tantos soles. No
sabían que la tierra se llenaba de nueva vida, los
hombres de nuevo espíritu y los cielos de nueva luz.
En estos días celebraban los judíos la Pascua, relacionada, como todas sus festividades, con el éxodo
de Egipto y el viaje á la tierra prometida. Los ritos
figuraban, por tanto, la hora solemne de un adiós
postrero, la comida apresurada de quien se apercibe
á una larga peregrinación y los preparativos propios
de tamañas empresas. En cuanto la media noche sonaba, reuníanse para tal cena pan sin levadura que
indicaba la precipitación y la prisa, hierbas amargas

N ÚMERO

587

(FLEVIT SUPER ILLAM, &gt;

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

203

cuadro de Enrique Simonet (premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes de 1892)

reco~idas al bor~e del camino y el r,ordero Pascual,
man¡ar_e~ bendecidos todos por el patriarca ó jefe de
la familia, el cual explicaba sencillamente toda su
si_gnificación y describía los hechos históricos y religiosos que en todas aquellas ceremonias se conmem~raban y el s~ntido oculto de sus menores particuland~des y a~c1dentes. Al partir el pan ázimo y es~anc1~r las primeras copas de vino, levantábanse los
maehtas; mas se asentaban al comer las hierbas y el
cordero, con lo cual quedaba concluida la ceremonia
q~e se completaba con deliciosfsimo cantar en cor¿
d1gn_o de las aptitudes músicas de esa raza semítica,
sublime cantora del desierto, cuyas melodías tienen
la monótona pero sublime resonancia del viento en

las playas. En todo~ los siglos y en todas las religiones, sentarse~ la m1~ma ~es~, partirse el mismo pan,
~purar el mismo vmo s1gmfica una comunión de
ideas y de sentimientos que aliméntan y sostienen á
las ~lmas, ;orno l?s manjares comunes alimentan y
sostienen a los cuerpos. Así nada más social que un
~anqu~te, 9ue un~ co~ida ~n común, y nada más íntimo m mas cord1~l _m mas propio para despertar
toda suerte de sent1m1entos que la conversación amistos_a durante. una comida y en torno de una mesa.
Cristo, al s~hr_ del templo, sintió que sonaba la hora
de su ~ac~1fic10, _y al sentir que sonaba la hora de
~u sacnfic10 . aspiró á ~na ~ltima cena en companfa de sus discípulos, a quienes debía convertir en

LA TRASLACIÓN DEL CUERPO DE LA VIRGEN

, cuadro de C. u,.,accan·

apóstoles p~ra ª?octrinar á todos los hombres y esclarecer é _iluminará toda la tierra. Dos discípulos
fueron e!lv1~dos, Pe~o y.Juan, para que alquilaran
una hab1tac1ón y d1spus1eran todo lo necesario. y
allf, en aquella cena dejó instituída la comunión eterna de las almas entre sí por medio de la caridad y
del ~mor, y de las almas con Dios por medio de la
oración ~ de la fe. Y para que nada faltase á esta
obra sublime y redentora, le ofreció su preciosa vida
Y la consagró con su divina muerte. Y desde lo alto
de la Cruz, patíb~lo i~nominioso, quedó promulgada
en todas l~~ con~1~ncias y transmitida á todos los siglos la religión d1vma del espíritu.
EMILIO CASTELAR

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ta en ningún idioma, se encuentra en los diccionaLA VIRGEN MADRE AL PIE DE LA CRUZ rios de todos los pueblos civilizados. Antes de que el
himno, que con esa palabra empieza, fuese cantado
Stabat :uxta crucem [estt Mater ejus
por los más célebres músicos, Palestrina, Astorga, PerfJOAN., 19,)
golesse, Haydn, Bocherini, Rossini ... , el cristianismo,
Dios había ordenado en la antigua Ley que hu· que es la religión del sentimiento, porque es la religión
biese delante del tabernáculo en el templo de Jeru· de la verdad, la había impreso en todas las inteligensalén dos altares contiguos: el de los holocaustos y cias y grabado en todos los corazones. Palabra de preel de los perfumes. En el uno se ofrecía el sacrificio cisión sublime, recuerda á los afligidos sus lágrimas,
perpetuo, corría la sangre y se quemaba la carne de sus llagas y sus angustias; á los cristianos, los socolos animales sacrificados; en el otro ardía el incienso rros de la gracia, la ley del sacrificio, la unción de la
en honor al Altísimo. En el primero se oía el ruido piedad; á los fieles hijos de la Cruz, la resignación,
de los instrumentos del sacrificio, los gritos de las el recogimiento, la magnanimidad de la Madre santa
víctimas y la voz de los sacrificadores¡ en el segundo del Dolor.
¡Stabat! De pie estaba María junto á la Cruz; ¡esa
subía el humo de los perfumes aromáticos en el profundo recogimiento de un silencio religioso. ( E xod., 2 7 Cruz de madera que ha salvado al mundo! Por una iny 30.) Expresiva figura de la realidad que un día se versión del orden natural, cuando los hombres tiemvería en el Calvario, donde el Hombre del dolor, nues- blan, los apóstoles se alejan y los discípulos de Jesús se
tra Hostia y nuestro Pontífice, se ofrece en sangrien- ocultan temerosos y cobardes, unas cuantas mujeres
to sacrificio para la salvación del mundo y pronuncia no se asustan ni intimidan, y ellas solas, con el disaquellas Palabras que, dominando todos los clamo- cípulo amado, permanecen constantemente fieles á su
res y todas las imprecaciones y blasfemias de los ver- divino Redentor (1). No las acobarda el odio de los
dugos, repercutirán por doquiera al través de los fariseos, no las amedrenta el furor del populacho, ni
siglos, y donde la .Madre del dolor va á la hora santa el poder de los magistrados las detiene, ni la rabia de
del incienso, para ofrecer callada é interiormente el la Sinagoga las espanta, ni la licencia de la soldadesca las desalienta. Llenas de valor, parece que desasacrificio de su corazón.
Estos dos altares que Dios había hecho levantar fían el encono ciego y la cruel fiereza de los enemien el centro del antiguo santuario, no son ya sino gos de Jesucristo. Vertiendo lágrimas y manifestando
uno solo para nosotros. Conmovedor espectáculo se- abiertamente su dolor, públicamente condenan la inría asistir al santo sacrificio de la misa celebrado justicia y la barbarie con que es tratado su Salvador
sobre un Calvario, en un altar cuyos cuatro ángulos y su Maestro. Nada puede apartarlas de su lado, naestuviesen marcados por las estatuas alegóricas del die es capaz de hacer que le abandonen. Desde el
Dolor, de la R esignación, de la Fortaleza y de la Pretorio de Pilatos hasta la cima del Calvario no le
Bondad. Por encima de unas rocas, sembradas de perdieron de vista ni un solo instante; llorosas y deplantas funerarias, se levantaría la imagen del Salva- soladas le siguieron siempre. Deseosas de escuchar
dor Jesucristo crucificado, y otra imagen de María sus últimas palabras, de admirar sus últimos ejemplos,
Santísima de los Dolores, reflejando en su rostro, es- de recibir sus tfüimas lecciones, de meditar sus últipejo transparente de su alma grande, los sentimientos mos misterios y de recoger su último suspiro, quieren
expresados por aquellas estatuas, estaría de pie junto asistir á su muerte, prontas á sacrificar todo por El,
á la Cruz de Jesús, como estuvo en el Gólgota. Sta- y á morir, si es preciso, por El. ( Corn. á Lap.)
bat juxta crucem Jesu .Mater ejus.
Pero más cerca de la Cruz que aquellas mujeres
¡Stabat!Cerca de Jesús, María: junto al Hijo, la Ma- generosas y fieles estaba María, la Santísima Madre
dre: fiel siempre á su Hijo, hasta la muerte de Cruz, de Jesús. Al pie de la Cruz llegó, no llevada solaestaba junto á la Cruz. María con Jesús, al darle á mente por su amor de Madre, sino también por su
luz en el establo de Belén; María con Jesús, presen- celo de Corredentora; no sólo para ser testigo de los
tándole en el templo de Jerusalén; María con J esús, grandes misterios que va á consumar su Hijo, sino
junto á la Cruz, viéndole morir en el Calvario. No también para tomar parte en ellos, y cooperar, con
pueden separarse jamás los que están unidos por la su amor y su dolor, á la vida que Jesucristo nos va
caridad más perfecta. ¡Stabat! Estaba de pie la Ma- á dar con su sangre y con su muerte. En tan solemdre, estaba crucificado el Hijo: no apartando sus nes instantes tiene un ministerio personal y un cargo
ojos, como Agar para no ver morir á su hijo Ismael propio señalado por las disposiciones de la Divina
en el desierto, sino fijándolos en las llagas del Hom- Providencia. Por eso está junto á la Cruz, separada
bre Dios, como si las quisiera. imprimir en su cora- de las mujeres que piadosas y compasivas la habían
zón. ¡Stabat!, 110, como débil mujer, sollozando con fe- seguido, y más cerca del árbol misterioso, en que esmenil sentimiento, sino con toda la fuerza de $U vida, taba suspendido el Salvador de la humanidad, el
para apurar del todo el amargo cáliz de la aflicción y Hijo de su ternura, la causa de su profundo dolor.
del dolor. ¡Stabat!, no para consuelo de su Hijo, á ¡Stabat! María estaba de pie, según la hermosa frase
cuyos secos labios no podía acercar ni una gota de de San Ambrosio, absorta en un éxtasis de inmensa
agua que calmase la sed ardiente que los abrasaba, si- pena y de contemplación sublime. Su actitud firme é
no para mayor dolor suyo y del Hijo de sus entra- inmóvil expresa toda la intrepidez, toda la grandeza
ñas. / Stabat!
y todo el noble valor de su corazón. La compostura
El Hijo había llevado su Cruz desde el Pretorio y serenidad de su rostro revelan su absoluta resigna( Et bajulans sibi Crucem, J oan., 19, v. 17.) Si un ins- ción y su dolor intenso; sus ojos entristecidos recotante la dejó á Simón de Cyrene, obraba como un rren, una por una, en el cuerpo de su Hijo, las llagas
rey que ordena á sus siervos que lleven en pos de él sangrientas de donde mana la salvación de los homsu cetro, su manto, su corona y su trono, para sen- bres. Lejos de temer la rabia de los verdugos, cuantarse en él cuando sea preciso revestirse con todo el do su Hijo se ofrece á la justicia del Eterno, Ella se
brillo de su majestad, y Jesucristo al ser clavado en adelanta queriendo también ser inmolada. El amor
la Cruz se presentará revestido de la púrpura precio- tan puro y tan generoso, la constancia tan invencisa de su sangre y coronado con su diadema de espi- ble, el valor tan heroico que María manifiesta junto
nas. La Tierra Santa, la Grecia antigua, la poderosa á la Cruz de su Hijo, son los que convienen á la eleRoma, colocaron la inscripción rea/sobre su cabeza, vación de su rango. Todo lo que Jesucristo sufre en
y millones de súbditos, fieles adora.dores suyos, acu- su cuerpo, el amor maternal, más cruel entonces
dirán bien pronto á besar los lugares santos hollados que los mismos verdugos, dice San Bernardo, lo repor los pies de Jesús, su Redentor.
produce en el corazón de María. ¡Sólo un hombre
Si diez y ocho siglos después el desgraciado Rous- que es al mismo tiempo Dios, podía morir como
seau no podía, sin conmoverse profundamente, con- muere J esucristo! ¡Sólo una mujer que tiene á un
siderar moribundo al Cristo, de quien se había apar- Dios por Hijo, podía asistirá esa muerte como asiste
tado infiel; si la evidencia del relato evangélico arran- María!
caba á su corazón destrozado esta confesión solemne:
A la fuerza é intensidad de ese amor á su Hijo, que
La vida y la muerte de Sócrates son las de un sabio; es su Dios, siente la Virgen Santa oponerse en su cola vida y la muerte de J esucristo son las de un Dios, razón otro amor, no menos intenso y fuerte, hacia los
¿quién se extrañará de que los testigos de la Pasión, hombres, desgraciados descendientes de la Eva cullos mismos verdugos y los soldados, golpeándose el pable. Estos dos amores luchan en su corazón, como
pecho al descender del Calvario, se digan: Verdade- los gemelos Esaú y J acob en el seno de Rebeca luramente éste era el Hi:fo de Dios? (Math., 27, v. 54.) chaban al nacer. Lo que un amor busca, el otro lo
Habían visto á la n-aturaleza entera estremecerse do- huye; lo que un amor pide, el otro lo aborrece; lo que
liente en la muerte de su Creador, chocar y hendirse el uno desea, el otro lo rechaza. No puede satisfacer
las piedras, desgarrarse el velo del Templo, abrirse al uno sin sacrificar al otro. No puede pedir la salvalas tumbas, temblar la tierra, eclipsarse el sol, obscu- ción de la humanidad sin la muerte de Jesús, ni puerecerse el firmamento ... , y entre tanta desolación y de pedir la vida de su Hijo sin consentir en la peruniversal trastorno, lo que más debió excitar su aten- dición de los hombres. ¡Querer la salvación del munción fué la calma divina de Jesús y la inalterable se- do por la muerte de J est1s le es muy doloroso, y querer
renidad.de María, su Madre, que de pie estaba 11mto
á la Cruz. ¡Stabat!
(r) Vide ordinem conversum: discipuli siquidem fugerunt,
¡Stabat! Esta palabra, que no tiene traducción exac- discipulre assistcntcs rermancbunt rE11ti111io).

NúMERO

587

la vida de su Hijo con la perdición del mundo le es
muy cruel! ¡Qué lucha! ¡Qué combate el de esos dos
vehementísimos amores en un solo corazón! ¡Y en esa
lucha no desfallece, y en ese combate no desmaya!
¡Stabat!
¡Stabat.' Y la muerte de su Hijo no es instantánea.
Esa muerte dolorosa y cruel va precedida de una
agonía lenta, no menos cruel y dolorosa. En aquel
patíbulo, entonces inf~mante, de la Cruz, está Jesucristo clavado, sufriendo los más atroces tormentos
las angustias más amargas, y elevando al cielo la vo;
de su dolor y el grito de su aflicción, como pidiendo
un consuelo que la tierra le niega ingrata. El infierno
lan_za co~tra el Crucificado todo su furor; escribas y
fanseos, Judíos y romanos, jueces y pueblo, verdugos
y soldados, todos se recrean feroces en aquella esce?ª tremenda, y arrebatados de odio ciego y de goce
mhumano, prorrumpen en blasfemias afrentosas, en
provocaciones insolentes, en burlas amargas, despechados al ver que la mansedumbre de J esús es mayor
que la barbarie suya, y que El es más paciente para
sufrir que ellos crueles para atormentarle. María, que
~staba allí, oía aquellos sangrientos ultrajes y aquellos
msultos sacrílegos que se dirigían á un Dios que era
su Hijo y á un Hz/o que era szt Dios. ¡Stabat!
Esa Madre, más esforzada que la de los Macabeos,
no aparta su mirada de tan trágica escena. Superior
á sí misma, en actitud firme y majestuosa, en medio
de las angustias que oprimen su corazón, manifiesta
toda la elevación y nobleza de su alma, y se eleva al
más alto grado de la más heroica fortaleza. Colocada
entre la admiración y el dolor, entre la compasión y
e_l amor, contempla resignada y sufrida el gran misteno de la bondad de un Dios crucificado para la salvación del hombre, y causa el asombro de cuantos
la ven y saben que Ella es la Madre del Hombre
que muere clavado en la Cruz. ¡Stabat /uxta Crucem!..
¡Artistas sin nombre y sin fe, sin genio ni erudición!, ¿qué idea os habéis formado del Hijo de Dios,
al representárnoslo abatido en Gethsemaní, tembloroso ante Pilatos ó retorciéndose como desesperado
en la Cruz? ¿No sabéis que El era el que con una
mirada aterraba á los que iban á prenderle en el
Huerto, y se declaraba Rey, Mesías é Hijo de Dios
en el Pretorio? ¿Cómo os habéis atrevido á tocar, ¡sacrílegos!, la aureola de gloria de Jesucristo en la
Cruz, trono augusto de su dolor, en la que los sufrimientos humanos quedan transfigurados con el brillo
de su grandeza y el esplendor de su divinidad?
¿Quién os enseñó, ¡insensatos!, á presentarnos como acobardada y débil á la Mit:fer fuerte? ¿Qué idea
tenéis de la Madre de un Dios? ¿Pensáis, podéis pensar que María, junto á la Cruz, estaba postra.da y desfallecida? ¿Creéis, podéis creer, que estaba como abatida y trastornada.? ¿No oisteis nw1ca cantar, no leisteis jamás el Stabat? ¿No sabéis, no acertáis á comprender cómo la Hija de las promesas, la esperanza
de los Patriarcas, la descendiente de los Reyes, la
Reina de los Profetas, la Madre del Dios-Homure
estaba junio á la Cruz? ;Estaba junto á la Cruz concibiendo en su corazón, engendrando en su alma á los
hijos de la redención, por el fervor de su caridad,
por la intensidad de su dolor! - ¿No sabéis por qué
estaba? ¡Porque sufría su Hijo, agonizaba su Hijo,
moría su Hijo para redimirnos y salvarnos, y Ella
quería cooperará tan grandiosa empresa. - ¿No sabéis
para qué estaba? ¡Para, aun antes de morir su Hijo,
hacerse ya nuestra Madre!

E.

A LMONACID,

Pbro.

,.•.,......,......,.........,............,••.,.,,..,,.,...,,.•..•••.•..•••.,,.••,........,¡.,,,....,.,....,,,.,,.,,,.,,.....,1.,.....

EL NACIMIENTO DE JUDAS
Había en las afueras de Iscariot, hacia el ocaso,
una _choza cuya puerta se abría en el camino de Samaria.
Y aunque la puerta estaba siempre abierta de par
en par, jamás la traspasaba ninguno de los vecinos
de Iscariot, que á veces acudían á tirar, desde lejos,
algo que comer á los leprosos encerrados en un terreno cercado por tapias de adobes junto á la misma vía.
De la choza salía el día antes del sábado una mujer arrebujada en un mantón de lana griega, y se
aprovisionaba. en la villa; sus monedas eran de todas
las naciones, menos del pueblo de Dios. Y como wia
vez fuese á la compra el santo día del sábado, la
apedrearon en la puerta de la villa cuando regresaba
á su tugurio, y se disputaron luego el botín que había
soltado en su fuga la mujer.
Mas si los iscariotes no se acercaban á la choza
solitaria, casi todos los viandantes salvaban aquellos
dinteles, siempre francos; no había arriero, mercader

�206
ó legionario que no aceptara el hospedaje de la solitaria.
Y· sin embargo, más de
una doncella iscariote, de
acecho en su azotea, envidiaba á la apestada sus guedejas teñidas de rojo, sus
ojos relucientes dentro del
marco negro de alcohol, su
contoneo lascivo que hacía
saltar chispas de las miradas de los hombres.
'Contábanse de Gomer
cosas tremendas; un centurión que volvía á Samaria
para ganar la orilla del mar,
abandonó á los hombres
que mandaba hechizado
por ella; y postrado de rodillas como un esclavo,
adoró á aquella mujer que
le sonreía sacando dos dientes bruñidos, ceñido el casco de acero, resguardado
el pecho por la coraza de
cuero batido.
Cuando el centurión hubo dilapidado los caudales
que custodiaba y que no
eran suyos, dejó á Gomer
en la cama, se acostó en la
vía y se degolló.
Un mercader egipcio que
pernoctó en la choza &lt;lió un
veneno á su padre, que con
él iba, y le robó los zarcillos de oro, las cuentas cie
perlas, los camafeos, los
brazaletes labrados, los esmaltes de mil colores, para
alegrar á la meretriz.
Gomer lloró, 'pero muy
pronto se fatigaba. Así es
que no pasaba día en que
no se la oyese cantar melopeas áticas ó canciones
latinas llevadas hasta la tierra de J udá por los presidios que la subyugaban.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

587

llozos y congojas la desdichada, tendida en el suelo
regado con llanto; hágase
conforme tu palabra.
Sobrecogida por un desfallecimiento, recobró sus
sentidos al sentir magullados sus huesos y aterido su
pecho por el frío de la
tierra.
.
Se levantó y encendió
lumbre en un brasero trípode de plata, donde quemó incienso de Sebá; sacrificó en holocausto las tórtolas que en su huertecillo
se arrullaban incesantemente, y luego fué echando al
fuego los diamantes deOfir,
las telas transparentes, los
cintos de , lana, las alhajas
cinceladas.
Y luego incendió la morada del pecado; y vestida
de saco, se ungió la frente
con la ceniza, hija del fuego purificador.

III

Emprendió el camino de
Jerusalén, resuelta á rescatar su alma con el ayuno y
el arrepentimiento, esperanzada de que lograría apartar d e su cabeza el castigo
de Dio~.
Mendigando pasó por lugarejos y villas; mas sus
ojos la delataban y á menudo la llamaban desde los
patios las voces roncas de
los lujuriosos. Entonces se
le nublaba el entendimiento y se pervertía nuevamente, hasta que el remordimiento la despertaba y volvía á emprender el camino
interrumpido.
¡Qué desfallecimiento!
¡Qué espanto le corrió por
la sangre al sentir por vez
II
primera palpitar en su seno
la obra de la ira de Dios!
Como á pesar de los fre¡Cómo se afirmó en su procuentes dones que le hapósito de redimirse y redicían Gomer no atesOiaba,
mir
al fruto de su vientre!
sucedió que las tropas de
Pero los designios del
Roma que merodeaban por
Todopoderoso la necesitaaquellos contornos ahuyenban para la redención de
taron á los ordinarios vianla humanidad; el pobre gudantes, y al tercer día no
sano que hace á la tierra
tuvo ella qué comer.
fecunda, no ha de tener alas
Dormida estaba cuando
para surgir del fango.
oyó abrirse la puerta y lleAcercábase el día trenarse de claridad de luna.
mendo
cuando Gomer vió
Pero no era la luna, sino un
al caer de la tarde la ciudad
mozo con blancas é impalde Betlehem encaramada
pables vestiduras.
encima de una colina, coCreyó ella soñar ó tener
JESÚS EN l!:L LAGO DE GENESARETH, cuadro de Enrique Serra, grabado por Sadurní
ronada de murallas encenaún llenos los ojos de las
didas
por el sol-moribundo.
quimeras del sueño; mas
El frío era punzante; Gono se amedrentó su alma,
sino que, chorreando alborozo, -le puso en los labios gendrado de sangre, ni de carne, ni por obra de va- mer subía jadeante la cuesta, cuando entre los tronuna sonrisa y dictó á su lengua una cariñosa bien- rón, sino por voluntad de Dios, que en tus entrañas cos carbonizados de los olivos distinguió á un homquiere que lleves la encarnación de toda la maldad bre que sostenía á una mujer, andrajosos y polvovenida.
Levantóse para ceder su lecho al forastero y correr de los hombres. Sabe que una virgen galilea de Na- rientos como ella.
Cuando Gomer les alcanzó vió á la mujer reclinaen busca de agua fresca y ungüentos con que lavarle zaret lleva en su seno la encarnación del Espíritu
los pies. Mas he aquí que el mozo tendió el brazo, Santo, que ha de ser el Redentor del mundo, el hijo da la cabeza sobre el hombro de su acompañante, y
único del único Dios. Los hombres le harán burla, tan fatigada, que cada paso era un espasmo de dolor.
deteniéndola, y le dijo:
- Te engañas, Gomer. Yo soy Gabriel, que estoy le prenderán, le azotarán, le pasearán afrentado y do- Y como les saludara en el nombre del Señor y les
lorido por la ciudad de Jerusalén, y le matarán en el examinara con más pausa, conoció que la mujer iba
delante de Dios.
suplicio
que han traído los paganos de Roma. Y ha- á ser madre.
Estas palabras derribaron á Gomer, que arrastránLas tinieblas subían del valle, pero no tocaban á
dose fué para besar al enviado la orla del vestido, brá un hombre que entregará al Unigénito á los malque era impalpable, de manera que solamente sus vados, á fin de que le escarnezcan y le martiricen y la mujer desconocida, de cuyo semblante irradiaba
le crucifiquen; y este hombre brotará de tu carne un nimbo de luz, tan dulcísima como el rosicler de
dedos le pudo besar.
Y por instinto de mujer tentadora levantó la cabe- mancillada, y las generaciones le maldecirán y abo- la alborada.
Transportada Gomer, olvidaba su propio padecer;
za y miró al forastero con el blanco de los ojos, y rrecerán el pelo rojo, y la mirada falsa, y el cuerpo
con
un impulso que arrebataba todos sus sentidos
blanco
que
tú
le
vas
á
dar.
abrió sus brazos de alabastro, que parecían sucios y
- ¡Y desde ahora me dirán malaventurada todas preguntó á los pobres viajeros quiénes eran; y como
ásperos bajo aquella claridad purísima.
- Son vanos tus alardes, prosiguió el enviado de las generaciones! .. ¡Señor, Señor! ¿Por qué castigas le contestaran que eran nazarenos, Gomer se desploDios. Tu destino está escrito. Tus pecados serán re- tan horrorosamente mis culpas, de que nunca me dí mó en la gleba y gritó arrobada:
- ¡Oh, sí! ¡Tú eres la Virgen madre del Mesías,
dimidos por el castigo. Tus entrañas concebirán al cuenta?
que
no ha sido concebido por obra de varón, sino
Son
vanas
tus
lamentaciones,
Gomer.
Rasga
tus
peor de los hombres.
- El pecado me ha esterilizado, señor, replicó inmundas envolturas, desciñe los riñones, purifícate por obra del Espíritu Santo!
Y la adoró, y fué ella la primera criatura que ben·
y espera resignada que se cumpla tu destino.
Gomer.
dijo
la venida del Redentor.
Aquí
tienes
á
la
criada
del
Señor,
dijo
entre
so- ¿Qué importa, mujer sin fe? Tu hijo no será en-

N úMERO

587

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¡Oh, tú, quienquiera
que seas, que te has compadecido de mí, le contestó la
Virgen María, en verdad te
digo que todos tus pecados
te serán un día perdonados!
María y José se resguardaron en una covacha, donde los labradores solían dejar sus arados y sus yuntas.
Puesto el sol recostáronse encima del cielo verde y
translúcido, los murallones
negros y las torres de la ciudad; y surgió el primer lucero que prodigiosamente
cayó hasta posarse sobre la
cueva de la Virgen.
Gomer se tapó la cara de
vergüenza y huyó á la ciudad para no contaminar á
la madre sin mancilla.
En Betlehem fué recogida por un rico labrador que
la había conocido en I scariot, que la asistió en memoria de sus anteriores relaciones.
En el ambiente tibio de
una cámara cerrada vino al
mundo Judas, hijo de Gomer, mientras tiritaba en un:t
cueva Jesús, hijo de María.
Judas fué ladrón; se embriagó con vino y con cidra; creyó en la divinidad
de Jesús, de quien fué apóstol, á quien vendió por treinta dineros de plata, y se
mató corroído por el remordimiento.
Gomer fué quien descolgó el cadáver de su hijo,
lo enterró y lo consagró á
la mayor gloria de Dios.
Fué hasta más de cien
años predicando por las villas su misión divina, pues
comprendió que sin ella,
sin sus dolores y sus humillaciones no habría sido
redimido el mundo.
Gomer fué un cabeza de
la secta de los cainitas, que
ponían en los altares á
todos cuan tos han sido
malos en este mundo para
cumplirla voluntad de Dios.

J. M IRÓ FOLGUERA
~ ~

CRÓNICA DE ARTE
El Círculo de Bellas Artes repartió en el baile que,
como el año pasado, &lt;lió á
LA VIRGEN MARfA AL P IE DE LA CRUZ, cuadro de José Uria
su beneficio en el teatro
Real, gran número de países de abanico. Varios de
los que asistieron á la fiesta hacen subir á mil y pico por causa de la época· fría y lluviosa en que, defirienlas vitelas repartidas, algunas de las cuales se paga- do á los deseos del mismo Círculo de Bellas Artes
ron en el mismo teatro á ocho y diez duros; y... pa- se celebró, y por último, con sala para conciertos s~
sado este chispazo de vida artística, volvió á sumirse creía en un éxito financiero. Ahora si al cabd la
en el mayor silencio cuanto de cerca ó de lejos tiene sociedad artística se determina á lle~ar á efecto su
algo de común con las bellas artes. Y como si no fue- Ex~osición, será, como siempre, en la estufa del
se bastante grave la indiferencia que, por miles de Retiro.
causas (algunas capaces de levantarle el estómago á
Uno de los cuadros premiados con medalla de oro
u~ camello) se mira en e~ta villa y corte, centro sot' La cuna vacía, ha sido vendido á un rico amateur ga~
dzssant de las energías intelectuales del Estado, lo que llego, propietario en Ribadeo. El autor de la obra
al arte en todas sus manifestaciones se refiere hace Sr. Menéndez Pida!, debe pedirá Dios que haya mu~
,
'
poco mas de dos semanas apareció en las columnas chos Martí~ez Bengoechea; porque, aun en el caso de
de la Gaceta una real orden clausurando definitiva- que el gobierno adquiera (que no sé por qué se me
mente la Exposición de Bellas Artes, la cual se pre- figura _que no los :3-dquirirá) los cuadros premiados
tendía volverá abrir en el próximo mes de abril uni- c~n primeros premios, nunca lograría cobrar quince
da á la anual del Círculo de la calle de la Libertad. n;i1l pesetas el distinguido artista; cuando más, le da~ o me ha sorprendido la real orden de que hago na el Estado, por lo que representa un año de labor
ménto. En alguna de mis Crónicas he dicho que me y de gastos enormes, veinticuatro ó veintiséis mil
parecía perfectamente descabellada la idea de la re- reales.
apertura del certamen, y además de descabellada, irreEsto en _cuenta, me parece que hacen muy bien
glamentaria; pero con la citada orden, y según los los Sres: S1monet, y Cutanda, autores de los celerum_ores hasta mí llegados, se hizo casi imposible la brados henz~s Flevit super_ illam ,y Una huelga de
realización de la Exposición del Círculo, que contan- obreros en Vizcaya, en rem1tulos á Chicago donde
do .c~n los alicientes de un local á propósito para seguramen!e alcanzarán los mismos aplau~os que
exh1b1r cuadros y estatuas, con el de las obras del aquí obtuvieron.
certamen internacional, apenas conocidas del público

207
U na cuestión de gran
trascendencia para las artes industriales está en estos momentos esperando
pacienteinente á que, así
por parte del Gobierno y de
las Cortes (cuando se debata el presupuesto de Fomento) como por la de la
prensa, le presten la atención debida. No sé hasta
qué punto llegará á interesarnos la referida cuestión,
ó mejor dicho, problema,
aun cuando se me antoja
que por lo mismo que se
trata de algo tan grave y
digno de estudio como es la
nueva marcha que el señor
Moret pretende imprimir
á las escuelas de Artes y
Oficios, pasará la cosa casi
inadvertida, en medio de
la balumba política, de los
relatos que á porfía hacen
y seguirán haciendo los periódicos de cuanto acontece en los consejos de Ministros, de cuanto se disputa en el salón de Conferencias del Congreso, amenizando la novela política
con capítulos de crímenes
repugnantes, donde ni siquiera hay estímulo de analizarun algo de carácter distinto al efectivo de la brutalidad nauseabunda de los
hechos.
Doloroso es consignarlo;
pero ante la realidad, no hay
más remedio que inclinarse,
siquiera sea protestando de
que, á fines del siglo x1x,
los asquerosos detalles de
crímenes como el de El Escorial y de la calle de Carretas obliguen á los periódicos á aumentar el doble ó el
triple sus tiradas, para saciar la curiosidad de cientos
y cientos de personas que se
complacen en leer detalles
de un naturalismo espantoso, y que al mismo tiempo
abominan de las novelas de
Zola y de otros escritores
ilustres, y no permiten que
esas obras del ingenio traspongan los umbrales de sus
casas. La decantada Socie-

dad de padres de famt'lia,
fundada para combatir la
inmoralidad, enemiga acérrima (seguramente) de
Pot B out'lle, de la Béte H um a t' ne, de La sonata de
Kreutzer, de La Honrada,
de Bucólica, de tantas otras
obras de arte, no tiene una
censura para la bestialidad pública que saborea el relato de la vida de mujeres y hombres á quienes, bien
la fa!~ de t?da educación, bien la inopia moral en
que VIV~n, bien la necesidad ó el ejemplo, arrojaron
en medio de la cloaca, adonde van á unirse y á fomentar todas las podredumbres emanadas de los orgasmos de la animalidad humana.
Y mientras conmuevan tan hondamente á las gentes estos hechos y estas suciedades, no hay esperanza de que cuestiones de un orden tan elevado corno
el á que perte~ece la enseñanza pública, merezcan un
poco de atención por parte de nadie. Solamente así
se concibe que el actual ministro de Fomento, campand~ por sus resI_&gt;et?s, imbuído por ideas ajenas, y
es~as ideas extranJ,enzas, se proponga desorganizar
mas de lo que esta la enseñanza de las Escuelas de
Artes y Oficios. Nadie se preocupa de averiguar si
puede ó no causar males irreparables á cientos de
obreros la organización proyectada, de si se tirarán
por el balcón unos cuantos millones. Acostumbrado
el pueblo español á ~ue_ los gobie:nos piensen y dispongan según sus cntenos, no da importancia alguna
á los trascendental~s, á los vitalísimos problemas
que en favor de la vida y desarrollo de los intereses
morales y materiales se están ofreciendo para su solución continuamente.

�DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ, cuadro de Rubens, grabado por Baude, existente en el Museo de Amberes

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

210

,.

NúMERO

587
NúMERO

!las como ha trazado el gran pintor durante su larga nacional de Bellas Artes de 1892). - La última producción del
artista valenciano ofrece la particularidad de represen·
carrera artística. Les engañó su buen deseo y olvida- laureado
tar un asunto mlstico con los elementos que suministra el mo·
ron cómo se forjan las reputaciones en París y cómo dernismo. El cuadro del Sr. Simonet reproduce la grandeza de
se agigantan las que no son gigantescas. Les engañó una blblica escena, representa á Jesús en el solemne momento
su exagerado chauvint's111e y su desconocimiento de de profetizar la destrucción de Jerusalén y de la Sinagoga, la
ingrata ciudad y la enemiga de su salvadora doctrina; y sin ~mlos ideales estéticos del día, y sufrieron una decep- bargo,
el artista se ha ajustado al concepto moderno, obtemención, pues el primer día que se expuso al público la do tonalidades admirables con los sencillos pero seguros efecobra toda (ó casi toda, pues faltan algunos pamzeaux, tos que sólo se log:'1n del natural. El cuadro ~~tá admira~le·
cuadros y retratos) no acudieron más que ciento mente pintado, y s1 resulta acertada la compos1aón, recom1éndase también por la corrección del dibujo, pudiendo considerar·
ochenta y dos personas, contando al presidente de la se
este lienzo como la obra maestra del Sr. Simonet.
república M. Carnot y á su esposa. Verdad es que
Merecida ha sirio la primera recompensa otorgada por el Ju•
el precio de entrada era de cien francos; pero este rado de la Exposición internacional ele Bellas Artes al distindato mismo viene en apoyo de mis afirmaciones res- guido pensionado de la Academia y al ya laureado autor de La
pecto de la equivocación sufrida por los organizado- decapitación de San Pablo, premiado en la Exposición de 1887.
res de la Exposición citada. No pudieron suponer
La traslación del cuerpo de la Virgen, cuaque en París, donde tanta gente hay que tira el dine- dro de C. Maccari. - Al ocurrir el tránsito de la Virj!en
ro, y adonde afluyen los aficionados y artistas del María, dicen los autores eclesiásticos, los Apóstoles y disclpulos
Salvador, milagrosamente transportados al lugar en donde
mundo, un acontecimiento como el de que me ocu- del
Aquélla expirara, untaron su cuerpo con preciosos ungüentos,
po atrajera tan escasa concurrencia. Así lo hacen envolviéronlo en bella mortaja y sembraron el suelo de olorosas
constar varios periódicos parisienses, no atinando con flores, cuyo perfume, sin embargo, quedaba desvanecido por el
la causa de tamaña indiferencia, aun cuando, con el suavísimo aroma que de aquel cuerpo se exhalaba. En la ma·
del 15 de agosto los Apóstoles llevaron en hombros las
dicho Mirbeau, la indicaron hace algún tiempo otros ñana
parihuelas en donde descansaba el sagrado cadáver, cantando
críticos á quienes no ciega enteramente el amor á en unión de los fieles las alabanzas á la Santísima Virgen. En
cuanto de bueno produce la nación francesa, califi- este texto se ha inspirado para su bellísimo cuadro, el pintor Maccando lo de los demás países de secundario ó poco cari, celebrado artista sienés que comenzó su carrera dedicándose á la escultura, y que después, encantado ante los primores
menos. Cuantos hayan visto un cuadro de Meissonier de
la escuela veneciana, convirtióse en el pintor de asuntos bíno tienen necesidad de ver más que las reproducciones blicos, sagrados é históricos que hoy admira toda I talia.
fotográficas ó fototípicas de los restantes para juzgarPilatos lavándose las manos, cuadro de Remlos. Todo el mundo sabe que la paleta del autor de
brandt. - E l gran pintor flamenco del siglo XVII fué verdadeLa retirada de Rusia es «sorda,» dominando en ella ro
revolucionario en el arte: arremetiendo contra el clasicismo
la «siena.» Todo el mundo sabe que la cualidad italiano en su época imperante, busca en la naturalidad y en la
plástica saliente de este pintor es el dibujo; por lo pintura en plena luz y con tonos cálidos los elementos artísticos
tanto, para admirarle como intérprete de ciertos tem- para sus composiciones, revolviéndose contra la afectación y la
sobriedad de colores de que hacían gala los grandes maesperamentos, como «compositor» admirable, como fría
tros italianos. Y aún va más alllá, pues llega á desdeñar el color
psicólogo que realiza con minuciosidad y cariño su histórico hasta tal punto que en algunos de sus lienzos aparecen
tipo - y no le demos vueltas, pues desde el último con trajes de la época del pintor los personajes de la antigiiesoldado de sus cuadros napoleónicos hasta el mismo dad, como sucede en Pilatos lavándose las manos, en el que el
procónsul va vestido á la usanza de los burgomaestres
Napoleón son todos uno mismo, - no es necesario romano
holandeses del tiempo de Rembrandt. To ha faltado quien crigastarse cien francos que costaba la primer visita á la ticara ese procedimiento que alg(m pintor moderno ha querido
sala Petit.
resucitar;.pero aun sus mas severos censores no han podido mePor otra parte, los nuevos ideales van por derrote- nos de admirar su portentoso genio, la riqueza de su colorido,
incomparable maestría en el clarobscuro, la frescura y la viros distintos, así en lo que á la plástica corresponde su
da de sus carnaciones y la finura y armonía del conjunto.
como en lo que al concepto atañe. Los grandes hechos de armas, la vida ordinaria de las gentes de si- Jesús en el lago de Genesareth, cuadro de
glos como el xvm, la representación de una figura Enrique Serra. - Nuestro ilustre compatrioti., entre cuyas
dotes artísticas descuella la de identificarse con los asuntos por
de hombre que lee ó que examina una espada, no él
tratados, hallando para cada uno los toques más propios, ha
convence, no emociona, y ha menester de la paleta dado repetidas muestras de sus felices disposiciones para los
de Ticiano ó de Velázquez el pintor que tales figu- cuadros religiosos, algunos de los cuales conocen nuestros lecras pinte, para que se le perdone la insub¡;tancialidad tores, como el de Jes1ís y los 11i11os, que reprodujimos en el número 488 de LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA y que valió á su
del motivo en gracia de las maravillas del color.
autor grandes plácemes cuando lo expuso en Roma primero y
Algo interesante hay en esta Exposición Meisso- luego en la primera Exposición de Bellas Artes celebrada en
nier; los croquis y estudios para sus cuadros más fa- esta ciudad en 1891. L-i obra que hoy publicamos no es menos
mosos. Vésele al celebrado artista, íntimamente, en digna de elogio. La figura del Salvador está perfectamente sen·
tida, y el fondo sobre el cual destaca su luminosa figura es de un
los dibujos, acuarelas, apuntes, etc., hechos todos efecto
hermoso, obtenido, no con recursos exagerados, sino mercon la espontaneidad de que tenía que privarse cuan- ced á una sobriedad admirable que se amolda por completo á
do ejecutaba la obra definitiva. Se ven, pues, como la escena representada, es decir, á la predicación de Jesucristo
dice Luis Cardou, las cartas ~on que jugaba Meisso- en aquel lago donde tantos milagros realizó nuestro Redentor.
*
nier, se le ve todo su juego: he aquí lo más digno de
La Virgen María al pie de la Cruz, cuadro de
**
Tocóle el turno de los fracasos pictóricos á Fran- examen y lo más importante de esta exhibición.
José Uria. - Mejor que pudiéramos hacerlo nosotros, descriEntre las obras notables que del maestro francés be en este mismo numero el asunto de este cuadro el elocuentísicia. Desde la 1.füima Exposición internacional de París la decadencia del arte de la pintura se acentúa en se exponen figuran: 1807-1814, Retour de Moscou, mo orador sagrado Rdo. P. Almonacid: en su hermoso trabajo
pinta con frase elegante y sublimes conceptos el dolor de la
la nación vecina de un modo grande. A remediar en L'Auberge, Les amateurs de peinture, Le lt'seur bla.nc, Divina Madre que estaba al pie de la Cruz, no «acobardada y
lo posible esto responde el reciente acuerdo tomado L'homne á l'epée, Joumrs de boules, A Antibes, Le Ha- débil, no postrada y desfallecida, no abatida y trastornada,&gt;
por la sociedad de artistas que preside Bonnat, de no llebardier, La barricade,Jena 1806, Le Voyageur, La sino «en actitud firme y majestuosa, manifestando en medio de
las angustias que oprimen su corazón toda la elevación y nobleadmitir en el salón sino las obras de los que hayan lecture chez Diderot, Le guide.
za de su alma y elevándose al más alto grado de la más heroica
expuesto, previo examen del jurado de admisión, cinfortaleza,¡¡ Parece cornil que en estas palabras se haya inspirado
*
co veces consecutivas por lo menos. Y á mi entenel distinguido pintor ovetense Sr. U ria para pintar el cuadro
**
Sorolla está terminando el cuadro que le encargó que reproducimos. ¿Qué mejor elogio cabe hacer de la pintura?
der hacen bien. Deben haberse convencido de que
la recla111e no hace arte. Hoy no se acuerda nadie de el Senado, que representa la jura de la reina regenEl descendimiento de la Cruz, cuadro deR uMillet, de Courbet, del mismo Corot, y la fama de te; Domínguez un techo del cual me ocuparé en otra bens.
- Fecundo como pocos ha sido el pintor de María de
los Puvis de Chavanne, de los Beraud y de tantos Crónica, y Cutanda ha comenzado á pintar un asun- Médicis, de Felipe IV y de Carlos I de Inglaterra; sus cuadros
forman una lista larguísima y en gran número figuran en los
otros descendió bastante. Ultimamente el gran Meis- to místico.
Los escultores se disponen á disputarse la ejecu- principales museos del mundo, constituyendo en ellos valiosas
sonier pudo hacerse algunas reflexiones, bastante
joyas. Rubens cultivó todos los géneros, el histórico, el mitolóamargas, cuando supo que en Nueva York sus oqras ción del grupo que en Manila se alzará á Legazpi y gico, el religioso, el de costumbres, el retrato, el paisaje, y en
no alcanzaban los precios de las de otros artistas. De al célebre fraile agustino que compartió con el pri- todos ellos sobresalió por su composición, por su dibujo, por su
tal suceso me ocupé en las páginas de LA ILUSTRA- mero el mando del archipiélago en tiempos de Feli- colorido, por su vigor, por el movimiento de sus figuras, por el
CIÓN ARTÍSTICA, y como corroboración de mis afir- pe II. He aquí á lo que se reduce cuanto sé del mo- sentimiento, por el carácter de vida y realidad que supo imprimir en todas las representaciones de la naturaleza humana y que
maciones, con las cuales trataba de rebajar un poco vimiento artístico de esta capital.
antes de él era desconocido en la pintura. Todas estas cualidade la cuenta el entusiasmo de los admiradores del
des aparecen en grado máximo en el Descmdimiento de la cmz,
R. BALSA DE LA VEGA
lienzo que se considera como la página más hermosa y más inautor de La retirada de Rusia, Mirbeau, con motivo ..,,., ..••,•••.•.,......, ................, ........,•.•••.••••.••
,, .• ,,.,,...... , ••••• .,...... 1., •••• , ••.•••, ...... , •• , ••. 1,,,-, ....,
mensa de Rubens, que lo pintó para regalarle, al gremio de arde las Exposiciones del Campo de Marte y del Palacabuceros de Amberes como transacción de un litigio que con
cio de la Industria, enderezó sus críticas más duras
NUESTROS GRABADOS
él tenía. Los arcabuceros quedaron tan satisfechos que gratifiá fustigar á cuantos seguían los procedimientos de
caron el trabajo entregando al pintor 2.400 florines y á su es·
Meissonier, el cual, según el crítico de El Fígaro,
Ave María, cuadro de Héctor Cercone. - La posa un par de ~antes. El cuadro, que estuvo en la catedral de
no tema inconveniente en falsear la verdad simulan- imagen de la Madre del Redentor constituye sin duda alguna la Amberes, figura hoy en el Museo de aquella ciudad.
de inspiración más inagotable para los artistas: conjunto
do con harina la nieve que cubre el paisaje donde se fuente
de todas las perfecciones, personificación de los más cruentos
Cristo llorado por la Virgen y por los ángedesarrolla la escena de su cuadro «1814.»
dolores, manantial de gracias y consuelos, elegida por Dios pa- les, cuadro de Van Dyck. - Discípulo predilecto de Ru•
Todo esto se me ocurre á propósito del fracaso de ra la más sublime y más santa de las misiones, presentida por bens, apóstol de las teorlas y procedimientos por éste creados,
la Exposición que de las obras del insigne pintor pa- los profetas, adorada por los santos y bendecida por los hom- Van Dyck super6 á su maestro en punto á nobleza de formas,
en Ella se suman todas las bellezas, Ella encarna todos á profundidad de expresión, á delicadeza de sentimiento y á
risiense se celebra en estos momentos en la capital bres,
los sentimientos que serán siempre el más hermoso fundamento corrección de dibujo: como retratista ha sido equiparado porun
de la república vecina.
del arte. El celebrado pintor italiano Cercone en su Ave lifarla ilustre crítico á Ticiano y á Velázquez; y hablando de sus cuaCreyeron sin duda los organizadores que el nom- ha sabido interpretar con notable acierto esa bellísima figura, dros religiosos, ha dicho otro que nadie pintó Cristos tan admibre de Meissonier, que la inmensa popularidad de dándole una expresión mlstica y presentándola en una actitud rables como los suyos. El cuadro que reproducimos puede ser
considerado como modelo de sentimiento y de ejecución acaba·
que parecían gozar sus cuadros atraería desde luego de arrobamiento que mueven á la piedad y á la oración.
da: el Cristo yacente es de una verdad asombrosa, y el dolor de
número infinito de admiradores, los cuales pagarían
«Flevit super illam,&gt; cuadro de Enrique Si- la Virgen se ajusta perfectamente á la concepción cristiana de
á buen precio el placer de contemplar tantas maravi- monet (premiado con medalla de oro en la Exposición inter- esa Madre que ve morir al amado Hijo para redimir al mundo.

El señor ministro de Fomento pretende establecer
cuatro grandes escuelas de Artes y Oficios donde se
les enseñen todos los oficios é industrias imaginables
á mil doscientos jóvenes que ingresarán como internos. Las enseñanzas durarán tres años. Excusado es
apuntar que la idea de esta organización está inspirada por las tres escuelas centrales que del mismo
carácter hay establecidas en la vecina república. Pero
el Sr. Moret se olvida de las que sostienen, además
de los distintos departamentos de Francia, el municipio de París y la fundación Diderot. Pero el señor
Moret se olvida de que además de estas otras escuelas, el E stado francés viene costeando hace siglos fábricas de artes suntuarias, como la de Gobelinos y la
de Sevres. Pero el Sr. Moret olvida que solamente el
ayuntamiento de la ciudad d el Sena destina millón y
medio de francos para ayudará subvenir á los gastos
que ocasionan las secciones elementales de la capital.
Pero podrían perdonársele al Sr. Moret todos estos
olvidos si al propio tiempo que estudió la organización de las tres centrales de Francia, hubiese meditado acerca de la mt:moria últimamente dirigida á su
colega de Comercio y Bellas Artes por una comisión
nombrada al efecto para que expusiera su criterio
respecto del estado de la industria francesa, pues se
necesitaba saber si tantos gastos eran reproductivos.
Y por seguro tengo que si nuestro ministro de Fomento hubiese leído la memoria á que me refiero,
no hubiera caído en la tentación de imitar ni á losfranceses (á éstos menos que á nadie) ni á ninguna
otra nación. ¿Las razones?, ya se las daré al Sr. Moret en otro lugar. Ahora bástele saber que montar
esas cuatro escuelas, si se han de montar medianamente, no bien, le cuesta al Estado doce millones de
pesetas, y todo este dinero para hacer de un centenar de obreros que saldrán de esos centros un centenar de infelices condenados á morirse de hambre.
Créame el Sr. Moret; no es imitando como hemos
de avanzar en el camino del progreso; es dedicando
profunda, tena'z é inteligente atención al estudio de
las necesidades y de los elementos característicos de
las distintas regiones de España. Suponer, por ejemplo, que por artes de encantadores hemos de lograr
que la cristalería española ha de llegará competir con
la de Clichy ó de Venecia, donde existe esta fabricación hace siglos, y sobre todo donde las primeras
materias son especialísirnas, es lo mismo que pedirle
al cocinero del mejor transatlántico que nos sirva en
pleno golfo cotufas frescas. ¡Ay! No es lo mismo hablar de elecciones ó á propósito de cualquier cuestión política, siquiera el que hable lo haga con tanta
elocuencia como el Sr. Moret, que legislar respecto
de estas otras cuestiones. Lo primero lo hace cualquier ateneísta, lo segundo ... lo segundo tan sólo pensadores de la talla de los más grandes sociólogos.
Y aquí hago por hoy punto final de esta cuestión.

~

LA

587

2II

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL CRISTO DE LAS LÁGRIMAS

LEYENDA POR CAYETANO DEL CASTILLO T EJADA. - ILUSTRADA POR J. L. PELLICER

I
A mediados del
siglo xvn vivía en
el Albaicín de
Granada una pobre familia de tejedores de cintas, cristiana de corazón y de abolengo, y tan sobrada .de necesidades como falta de otras rentas y adehalas que no fueran el
reducido jornal que á costa de mil trabajos ganábase
honradamente, y apenas si alcanzaba nunca á remediar los más apremiantes menesteres de la vida.
Componíase esta familia de Pedro Sánchez y Juana,
su mujer, y de una hija que Dios les había deparado
corno fruto de bendición y cuya belleza y arrogancia eran tales, que aunque llamábase María, nadie
conocíala en el barrio sino por Mari/inda.
Y á fe que estaba el nombre justificado, y nunca
con más razón pudo decirse que cuando Dios niega
los bienes de fortuna, otorga dones de más estima,
que no se mercan ni truecan con maravedises de oro:
pues allí donde puso pobreza y estrecheces, quiso
también poner aquel dechado de hermosura, alegría
de una casa y de un barrio, pulido cristal en que los
Sánchez se miraban y anhelo constante de enamorados galanes que tendían celadas al recato de la doncella, y más de una vez dieron con riñas y acuchillamientos bastante que indagar á la justicia y no poco
que correr á alguaciles y corchetes.
Andaba Mari/inda en los veinte años, y aunque tenía cristiana el alma, llevaba en todo su cuerpo el
sello típico de aquella voluptuosa raza árabe, que
mezclando su sangre con la de Castilla, dejó en nosotros rasgos fisonómicos y característicos que no han
podido borrar las herrumbres del tiempo y que aún
se muestran con todo su realce en las mujeres de
nuestras viejas ciudades musulmanas.
Mari/inda era elegante y esbelta como las palmas
valencianas; de talle un poco largo y tentadoramente
cimbrador; de nariz fina y rosada que contrastaba con
sus labios encendidos y un tanto abultados como fresas en madurez; de ojos grandes y negros, cuyos ardores velaban largas pestañas á modo de finas celosías, ·y de pelo negro también y abundante y espeso,
que recogido sobre la nuca realzaba la gallardía del

busto, exuberante de belleza, y suelto y desmadejado
hacíala parecer á María Magdalena antes de que el
arrepentimiento la llevara á arrojarse á los pies del
Salvador.
La hija de Pedro Sánchez, aunque nacida y criada
en las estrecheces de la miseria, no vivía resignada
con su suerte.
La vista y el contacto de aquellos capullos de finísima seda que su madre hilaba, tejía su padre y ella
acicalaba hasta dejarlos trocados en hermosas cintas
de brillantes colores, que adornarían más tarde guardapiés y faldellines de alguna dama de linajuda alcurnia, habían engendrado en la moza instintos de refinamiento y de lujo, que mal se avenían con la modesta urdimbre de las sayas de estameña y de los
jubones de pañete en que encerraba Marilüzda el
espléndido tesoro de sus paganas formas. Y así, más
de una vez sucedió que la muchacha mirara con
tristeza y envidia los ricos trajes de damas y caballeros que con frecuencia escalaban las alturas del Albaicín é iban á dar cumplimiento á algún voto ú ofrenda ante la imagen del viejo Cristo de piedra, que,
lleno de trágica majestad, se destacaba pendiente de
su cenicienta cruz de granito, en el centro de la destartalada plazoleta donde hallábase la casa de Ma-

ri/inda.
No una vez sola los mortecinos rayos del farolillo
que pendiente de una escarpia de hierro se balanceaba á impulsos del aire, animando con tristes destellos la dolorida faz del Cristo, habían alumbrado los
pasos de galanes apuestos que imploraban, rendidos,
los favores de Mari/inda. Pero todo era inútil. La gallarda doncella, insensible á las súplicas y sorda á las
ternezas, soñaba con algo más que con el modesto
porvenir que un menestral honrado pudiera brindarle, y aguardaba un día y otro á aquel galán de sus sueños, que sacándola de tan humilde condición le ofreciera lindas arracadas, gargantillas de piedras preciosas, trajes de brocado y cuanto para sí estaba pidiendo la soberana hermosura con que á Dios plugo
dotarla.
La vanidad habíase apoderado del corazón de
Mari/inda, y á medida que el tiempo pasaba, sin que
sus anhelos de lujos y riquezas se satisficiesen, aumentaban sus ansias y crecían sus odios á la pobreza,

que era para la hija de Pedro Sánchez cadena insoportable que la amarraba á todo género de privaciones.

II
Hablábase mucho por entonces en el barrio de
una viejecilla apergaminada y rugosa que habitaba
camino del monte Ilipulitano, en una cueva obscura
y hedionda, que el vulgo aseguraba ser antro de brujas y de demonios y lugar de cabrunos conciliábulos,
en que más de una vez había fijado su mirada escrutadora y vigilante el tribunal del Santo Oficio. Nada,
sin embargo, contrario á la fe ni á la religión habíase
logrado hallar en el inmundo cubil de la vieja, y la
tía E nsalmos, que así la llamaban, vivía en paz con
la justicia, y mendigando aquí y allí su sustento, recorría los barrios vecinos con torpe é inseguro paso,
apoyada en su nudosa muleta y llevando en los lívidos y grieteados labios una eterna y sarcástica sonrisilla que amortiguaba la punzante impresión de sus
ojos, hundidos en las huesosas cuencas y verdes y
redondos como los del buho ó la lechuza.
Entre el pueblo corrían, no obstante, mil historias
estupendas y medrosas acerca de aquel carcomido
engendro de Satanás. Contábase que la tía Ensalmos poseía el secreto de untos maravillosos para devolver la frescura y lozanía de la juventud aun en la
más provecta vejez, y de filtros que ligab¡m los -corazones de los amantes desdeñosos, tornándolos en
apasionados y rendidos; que una mirada suya y el
conjuro de algunas palabras cabalísticas bastaban á
hechizar á una persona; que guardaba escondidos tesoros de inmenso valor con los cuales compraba las
almas para ofrecérselas al demonio, de quien era ferviente devota é instrumento de perdición, y que más
de un sábado los mozos trasnochadores la habían visto salir por la chimenea de su cueva, á horcajadas en
una escoba de mugriento palo, remontarse volando
sobre las alturas del Cerro del Sol y desaparecer por
el horizonte corno negruzca nube empujada por el
soplo del huracán.
Mari/inda había oído todas estas cosas y las había
dado crédito, arrastrada por su imaginación soñadora, propensa siempre á dejarse seducir por lo mara-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

212

,.

villoso y lo fantástico. Por otra parte, ¿quifo podría
dudar un solo momento de la existencia de las brujas, cuando la Iglesia las condenaba, tostábalas el
Santo Oficio y no había comadre en el barrio que no
las hubiera visto volar en tales ó cuales noches con
dirección al aquelarre? Indudablemente la tía Ensalmos era bruja, y bruja de buena cepa, á la que como tal estaba reservado el privilegio de operar cosas
sobrenaturales. Aquella vejuca carcomida y verdinegra, que mendigaba de puerta en puerta y á quien se
le cerraban casi todas; que metía miedo aun á los zagalones del barrio y llevaba sobre sí más andrajos que
lustros y pecados y tantas necesidades como andrajos , era no obstante dueña de inmensos tesoros . .Afárilinda no lo ignoraba, y muchas noches había soñado con las riquezas de la bruja y se había visto poseedora de ellas, habitando un encantado palacio,
prendida con joyas de esmeraldas y diamantes y rodeada de numerosos y sumisos criados, que adivinaban sus deseos y satisfacían sus más raros caprichos.
Pero el alba llegaba y desaparecía la.ilusión al ruido del telar que Pedro Sánchez comenzaba :í. mover,
recordando á la muchacha la cotidiana faena de
aquellas cintas, que mil veces maldijera por ser, al
par que signos y testigos de su condición humilde,
estímulos y acicates de sus ambiciones locas.

do con lo que la doncella consideraba como la dicha más apetecible?.. Nada, menester era decidirse
y no dejar huir la loca suerte, que suele ser como aire
sutil que al menor descuido escápase aun por los más
ertrechos resquicios. Jlfarilinda iría :í. ver :i la tía

Nú.MERO

587

chuzas y un buho; una nube de murciélagos dormía
pegada á las húmedas paredes y algunos sapos se revolcaban en la ceniza del hogar, mientras de piedra
á piedra tendían sus viscosas redes varias gigantescas
y repugnantes arañas.
E11s11!111os.
Cuando entró la tía Ensalmos todos aquellos bichaAsí lo determinó tras de dos días de vacilaciones, rracos pusiéronse en movimiento. l\Jedia decena de
temores y dudas.
murciélagos posáronsele en la cabeza, ciñéndola con
negruzca diadema; la lechuza favorita subiósele al
IV
hombro y pareció que le hablaba al oído, y.dos 6 tres
sapos comenzaron á hacer monadas ante la bruja,
Rendidos los Sánchez del trabajo, recogiéronse lcvant:\ndose sobre las patitas y mo~trando al descucomo de costumbre en su lecho después de oracio- bierto sus hidrópicas y verdinegras panzas.
nes. .A-farilindti se entró en su desván, apagó el can- ¡Fuera arrumacos!, polilla, dijo la vieja, sacudil, y en la obscuridad aguardó, entre impaciente y diéndose los animaluchos.
temerosa, á que se durmieran sus padres.
Y libre ya de ellos encendió con el candil una linPasó una hora y luego otra. De pronto el aire se ternilla, sacóse del seno mohosa y torcida llave y
agitó con una vibración metálica, á la que siguió abrió una ferrada puerta, en que 1lfc1rili11dcz no había
otra ... y otra ... y después un eco, que poco :í. poco reparado hasta entonces.
fué dilatándose y muriendo, hasta confundirse con
- Sígueme, dijo la tía Ensalmos.
los misteriosos rumores de la noche. Habían dado
Y alumbradas de la linterna descendieron ambas
las ánimas.
por un estrecho caracol que se hundía en los abismos
Cobijóse Afari!i11d11 en su paiiolón de lana y sigi- lle la tierra.
losamente abandonó el desván. Puso oído atento,
- ¡Uno!.. ¡tres!.. ¡diez!.. ¡ciento!.. ¡mil!, iba dicienaguantando la respiración fatigosa: nada oyó. Sus pa- do la bruja; y bajaban... bajaban sin que el descenso
dres dormían. Bajó la dt:svencijada escalera, abrió á pareciera tener remate.
tientas la puerta de la casucha y se encontró en la
Por fin llegaron á su término. Un obscuro subteIII
calle.
rráneo se abría ante ellas. Entraron y siguieron caLa noche, aunque serena, era obscura, y sólo en d minando. A intervalos, la luz de la linterna hacía
Terminaba ya casi la cuaresma, cuando una tarde centro de la destartalada plazoteta se veía luchar con relucir en las paredes brillantes veteados.
1}farili11da, llevando al cuadril su cántara, dirigióse la sombra la tenue luz del mugriento farolillo del Cris- Eso que reluce, decía la vieja, son los filones
por agua al aljibe de donde acostumbraba á tomarla. to, que como una soñolienta pupila proyectaba tris- de metales preciosos. Las arterias de la madre tierra
Pegada al arco de herradura de aquél, como sala- tes destellos sobre el trágico rostro de la escultura.
cuya ~angre codician los hombres... ¿Oyes ese ruido
manquesa que en la humedad se esponja, estaba la
Jlfízrilinda miró al Nazareno y sintió que el rnlor que comienza á retumbar sobre nuestras cabezas con
tía E11sa/111os, -con su eterna sonrisilla en los repug- le faltaba. Hizo un supremo esfuerzo para serenarse, el estruendo de una avenida? Es el Dauro: por bajo
nantes labios, apoyada la diestra mano en su nudosa y con rápido andar cruzó la plazoleta, pasó por delan- de él pasamos.
muleta y teniendo en la otra una miserable escudilla te de la imagen apartando de ella la mirada, y se in1Jfarili11da miró hacia arriba, sintió caer sobre su
I
de colorado barro.
ternó en el confuso laberinto de medrosos y torcidos frente algunas gotas heladas y vió que de la bóveda
.A-farilinda reparó en la bruja y detúvose un tanto callejones que conducían al camino del monte llipu- salían finas agujas de piedra, que ornadas de diatemerosa de hallarse á solas con ella.
litano.
mantes, pareda11 temblar á los reflejos de la luz.
- No temas, pimpollo, díjole la abuela con casCuando llegó ante la cueva de la bruja estaba jaPronto cesó el ruido y comenzó á notar la doncella
cada voz, que aunque mal de ojo haga, nunca hícelo deante, pero ya no sentía miedo.
una claridad tenue al principio y que á medida que
:í. mozas como ttí, tan garridas. ¿Quisieras darme agua?
Ante? de que llamara, la puerta se abrió y la tía adelantaban iba creciendo y llenándolo todo. HalláEchó Manlind,i el acetre al aljibe, tomó agua y Ensalmos ofrecióse á su vista, apergaminada y rugo- ronse por fin ante una enorme puerta de bronce, que
llenó la escudilla de la vieja, que después de beber sa como siempre, pero erguida, derecha y sin la inse- abriéndose por sí sola, hizo lanzar á .lfarilinda un
añadió, clavando en la muchacha su mirada punzante: para ble muleta, que era apoyo de su vacilante andar. grito de espanto y de alegría. Tan maravilloso fué el
- ¡Lastima que tan gran hermosura ande tan mal
- Te aguardaba, niiiita, dijo la bruja. Entra y no espectáculo que miraron sus ojos.
cuidada! ¡Cuántas princesas envidiarían esos colores tengas cuidado por tus padres, que los he dormido
Lo que vió era una amplia cuadra, á modo de las
de arrebol y ese pelito de cuervo! .. ¡Ay, niña, qué bien y no despertaron hasta la aurora.
árabes, cuyo pavimento, muros, bóveda y encendinecia es la que pudiendo ser señora empéf1ase en moY alargando su huesuda diestra, cogió á Jlfari- das lámparas que de ella pendían estaban construirir villana!
linda de la mano y la hizo pasar, atrancando luego la dos de finísimo oro. J\I frente arrancaba una sober- ¡Qué dice usted, tía Ensalmos.', exclamó sobre- des,·encijada puerta.
bia escalera baldosada del mismo metal; todo lancogida la doncella.
Un humoso candil colgado de la saliente de un zanclo tales resplandores que cegaban la vi~ta.
- Digo, hijita, que si tú quieres, medios tengo yo guijarro iluminaba la covacha, en la cual nada veíaEl asombro paralizó á la hija de Pedro Sánchez:
para que en princesa te trueques y cuanto ambicio- se que revelara las malas artes que á la tía Ensalmos pe:ro la bruja la hizo volver en sí y la condujo por la
nas tengas.
se atribuían.
escalera al interior del encantado palacio, que tarda- Yo no ambiciono nada, replicóM.zrilinda, asusLa abuela hizo sentarse á .Mari/inda en una silla ron en recorrer largas horas.
tada de ver cómo aquel carcamal leía en sus pensa- de anea, y t0rnando ella otra, díjole después:
¡Oh y cuántas riquezas vió juntas la ambiciosa donmientos.
- Vamos, palomita, cuéntame tus penas y dime lo cella! Pavimentos, paredes, techos, todo de oro; y en
- Pues si nada quieres, ahí te quedas. Mas si por que quieres; que como fuere cosa á que mi poder al- muchas salas de esmaltados muros, montones de ceacaso soñaste con ser dama principal, dueña de te- canee y tú pusieras lo que de ti dependa, lograda la quíes, de doblas y de marevedises excitaban la codisoros que nunca se acabasen, vé cuando quieras, oído tienes de fijo.
cia y espléndidas joyas de primorosa orfebre halael toque de ánimas, á buscarme á mi cueva y á fe
Entonces .A-fárili11da expuso su deseo y pidió á la gaban la Yanidad más exigente ... ¡Oro por todas parque podré darte cuanto necesitares.
vieja parte de sus tesoros, de aquellos tesoros con tes!.. ¡Oh y cómo iba á ser dichosa Afarili11da si dejá
Y esto dicho, y acentuando su sonrisilla, alejóse la que tantas veces soñara y en que cifrábanse todas banla á ella henchir siquiera un halda!..
bruja del aljibe, dejando :í. la doncella sumida en un sus ambiciones.
Así pensó, y yéndosele el deseo tras el pensar, alargó
laberinto de negras confusiones.
- ¿Y qué me darás á cambio de lo que anhelas?
la mano á un arcón de oro,que repleto de rubias moPor la noche Mariltizda durmió inquieta y desaso- Le que queráis.
nedas encontrábase próximo. Pero antes de que tosegada, y se vió de nuevo poseedora de los tesoros
- ¿Lo que quiera?.. Veremos ... veremos después. cara el codiciado metal, hundióse el fondo del arcón
de la vieja... «Si por acaso soñaste con ser dama Por lo pronto voy á llevarte á un sitio donde jamás y rodó el tesoro al abismo, llenando el aire de agudas
principal. .. , yo podré darte cuanto necesitares.» Esto penetró nadie. Allí has de ver maravillas con que y cristalinas vibraciones.
había dicho la bruja, y sus palabras no se apartaban nunca soñaste. ¿Tendrás valor para seguirme?
.Afarili11da retrocedió espantada.
un momento de la imaginación de la muchacha. El
Jlfcmlinda vaciló; después dijo:
- Esas monedas, como todo lo que aquí ves, díjole
demonio de la vanidad había acabado de apoderarse
- Sí.
la bruja, no pueden tocarse sin haber antes prestado
de ella y concluyó por sugerirle un pensamiento de
- Pues ven.
acatamiento á su dueño.
perdición.
La doncella siguió á la tía Ensalmos, que llevando
- ¿Y á quién pertenecen?, preguntó la doncella.
Buscaría á la bruja; le pediría oro mucho oro, y en la mano el candilejo, 11egó á un rincón de la cue-Al Rey del Oro. Si juras prestarle adoración y
si la tía Ensalmos cumplía su promesa, abandona- va, apartó una gran maraña de zarzas que allí había obedecerle, tuyas serán y tú la envidia de los homrían sus padres el telar y otras manos hilarían y teje- y dejó al descubierto una negra abertura.
bres. Pero ve que has de cumplir sus mandatos, aun
rían la seda con que .Afarili11da se acicalase. Las moPor ella pasó seguida de la muchacha, y encontrá- antes que los del mismo Dios.
zas del barrio y las damas de la ciudad envidiarían ronse ambas en una segunda cueva, á cuyo lúgubre
- ¡Antes que los de Dios!.., murmuró vacilante la
su suerte; y la que antes con su hermosura puso con- aspecto volvió el temor á invadir el alma de Mari- muchacha.
gojas en el corazón de tanto villano y prendió yescas linda.
- Sí, repitió la bruja. ¿Juras?...
al deseo de tanto gran señor, sería solicitada por caErase aquel antro un reducido espacio de desiguaAfarilinda vaciló, miró en torno suyo... ¡oh! y cómo
balleros linajudos, que á dicha tendrían el entroncar les paredes, que se unían en forma de tosca bóveda. deslumbraba aquel oro.
con la familia de los Sánchez.
Sobre polvorientos vasares empotrados en los pedre- Juro, dijo al fin.
Para conseguir todo esto, ¿qué necesitaba la don- gosos muros veíase abundante porción de pucheretes,
- Pues óyeme, exclamó la tía E11sa/111os, cuyos
cella? Atreverse una noche á abandonar su casa y á cantarillas y redomas conteniendo menjurjes de dis- ojos brillaron como dos encendidos tizones. Dentro
buscar á la tía Ensalmos en su cueva, que Mari/in- tintos colores. En un rincón y sobre una hornilla de tres días es Viernes Santo. A las doce de su noche
da, como todos los vecinos del barrio, conocía. Pero de barro, cocíase á fuego lento en cobriza marmita los vasallos de nuestro rey, que lo son algunos villa¿cómo tener el valor suficiente para ir á aquel antro, un obscuro brebaje, del que se escapaban á interva- nos y muchos magnates y aun príncipes purpurados,
que el vulgo aseveraba ser nido de embrujamiento y los lívidas llamaradas. De las piedras salientes pen- le han de prestar adoración ante un helado trono,
maleficios? Aunque, por otra parte, ¿no era mucho &lt;lían ensartados en ramalillos de cáñamo, á guisa de que tiene asiento sobre las nieves eternas de la Sierra.
más horrible resignarse á pasar toda una vida de tra- cuentas en rosario, enrolladas nóminas y amuletos Al pie de la abrupta cumbre del Mulhacén, en el Cobajos por dejarse asaltar de pueriles temores? ¿Qué de extrañas formas; sobre una cañeja, á modo de ne- rral de Veleta, celebraráse el conciliábulo. Allí has de
daño podría hacerle la bruja, cuando habíale brinda- blíes emperchados, veíanse tres viejas y pelonas le- ir, y cuando hubieres adorado al gran señor, cabro-

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

neador de brujas y árbitro de los hombres, tuyas serán fuerza sobrenatural llegó ante la cruz y cayendo de I imagen cada minuto para seguir las fases del_ movirodillas golpeó con' la hermosa cabeza' el pedestal de miento. Finalmente1 la abert~ra d~ una flor? s1 tarda
sus riquezas.
. ¡aman d o..
10 horas en producirse, permite deJar 24 minutos de
- ¿Y cómo, dijo Mari/inda, podré trepará las ne- grant·to, exc
. ,
.
_
¡Perdón
Dios
mío!
..
¡Perdón!..
intervalos
entre dos 1magenes sucesivas.
.
vadas cumbres?
La mirada' de Cristo brilló con ¡05 esplendores de
El m~nub~io col~cado en la parte posterior d~l
- Por la fuerza de este amuleto de negras bayas
una aurora, y de sus marchitos labios salieron estas a~arato 1!11pnme al JUe~? .de ruedas ~otor un mm 1miento rap1do y sería d1f1c1l hacerlo girar con bastanconso1ad oras frases:
'
.
.
.
_ y 0 troqué en símbolo de salvación lo que era te lentitud para reducir la frecuencia de las imágenes
siano de tu eterna desdicha. Tú vuelves á mí y lloras á menos de una por segundo; por esto se proce?e de
tuº pecado. También yo ¡0 lloro. Abraza mi cruz, y mi J distinta manera cuando s~ ha de establ~cer un mterllanto y tu arrepentimiento te darán riquezas que para valo largo entre los sucesivos alumbramientos.
·
El eJ·e de los discos obturadores se prolonga delans1empre permanecen.
y alzó Mari/inda los ojos y á los últimos destellos te del aparato en _forma de un cuadrado al que se
de aquella claridad que envolvía Ja cruz, vió que por adapta el manubrio, el cual entonces no produc~ en
las mejillas de Cristo descendían dos purísimas lágri- c~da una de sus vueltas m~s que u~a vuelta del disco,
mas como tembladoras gotas de rocío.
s1end~ en tal ca~o !11uy fácil r_educ1r á voluntad la fr~Después todo quedó en la obscuridad; y cuando cuenc1a de las 1magenes haciendo que. el manubrio
despuntó el alba y el alegre voltear de cien campa- dé una vuelta cada segundo, cada mmuto ó rada
nas cantó el himno de la resurrección, Mari/inda ya- hora.
.
cía sin sentido al pie de la imagen de piedra, en cuya . En los casos en que las imágenes deban tomarse á
marmórea faz veíanse congeladas dos cristalinas gotas mtervalos muy largos, e~ vez de dar vueltas a~ m~nude llanto. Un año después, en un convento de Carmeli- ?rio con la mano e~ _meJor con~ar est~ trabaJO ª. ~n
tas descalzas tomaba Mari/inda el hábito de religiosa, Juego de ruedas auxiliar, que lo eJecuta a la perfecc1on.
cambiando su nombre por el de Sor María de la DoC. Duración de los alu111bram,;11tos - La duración
lorosa Pasión.
El pueblo conservó el relato del prodigio; la t_ía de los alumbramientos guarda una relación natural
Ensalmos desapareció para siempre, y la piedad cris- con la frecuencia de las imágenes, lo cual resulta de
tiana rindió culto fervoroso al Cristo de las lágrimas, la misma construcción del obturador. En efecto, si el
que todavía se eleva, lleno de trágica majestad, en la disco grande tiene un metro de circunferencia y las
que te doy. A la media noche, sal de tu cas:i, échatelo destartalada plazoleta del Albaicín, donde estuvo la ventanas alumbradoras un centímetro de diámetro,
la coincidencia de las ventanas producirá el alumbraal cuello y hallaráste en el acto en el conciliábulo. casa de Marilinda.
miento durante 1/200 de vuelta de disco aproxima¡Ay de ti si faltares á tu juramento!, porque nadie te
damente
(2). Ahora bien: ámedida que el disco giralibrará de las iras de nuestro rey... Ahora vuélvete á
rá más rápidamente, esta duración absoluta del alumtu casa, porque el alba se acerca.
bramiento será más corta: con una rnelta de disco
Y dicho esto, ciñó con el amuleto la garganta de
por segundo se obtendrá una imagen cuyo tiempo de
.Afarilinda que por ensalmo vió desvanecerse la encanexposición
será de 1/200 de segundo; con dos vueltada mansión y se encontró en su desván.
tas, dos imágenes con exposición de 1/400 de segunLa luz del día comenzaba á esclarecer el horizonte.
do, y con diez vueltas, diez imágenes con exposición
de 1/2.000 de segundo.
V
LA CRONOFOTOGRAFÍA
Esta relación natural entre la frecuencia de las
NUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIF.NTO
imágenes
y la duración del tiempo de exposición es
Era la noche del Viernes Santo, noche medrosa y
EN LAS CI ENCIAS FfSICAS Y NATURALRS
en
general
ventajosa, pero algunas veces es convelúgubre, en que aún parecían flotar en el ambiente
(Continuación)
niente cambiar esta relación en interés de las pruebas
los últimos ecos de la desenfrenada muchedumbre
Sabido es que bastan diez imágenes sucesivas por fotográficas, sin lo cual podrían éstas tener un tiempo
que escarnecía al mártir del Calvario y los doloridos
acentos de la víctima heroica demandando el perdón segundo para que los ojos experimenten la sensación de exposición demasiado corto ó demasiado largo (3).
de un movimiento continuo, y como la cronotografía Este resultado se consigue modificando la anchura
de sus verdugos.
Los fieles habían conmemorado con todo recogi- puede dar por segundo hasta 40 ó 60 imágenes, si se de las ventanas.
miento la solemnidad del día, y cuando las tinieblas hace girar una de estas tiras en el zootropo á razón
D. Elección de objetivos según la índole del objeto
envolvieron la ciudad, por las solitarias callejas no de diez imágenes por segundo se consigue la sensaque
se estudie. - En todo aparato fotográfico debe
ción
de
un
movimiento
cuatro
ó
seis
veces
más
lento
cruzó persona.
El templo, cubiertas sus hornacinas con morados que el natural, y por consiguiente mucho más fácil de cambiarse de objetivo según las dimensiones y la discrespones, desnudos sus altares y apagadas sus lám- seguir en todas sus fases. Este método nos sirvió hace tancia del objeto cuya imagen deba tomarse. Esta.
paras, como ojos que velaron largo tiempo y duermen algunos años para el análisis del movimiento del necesidad es aún mayor en el cronofotógrafo, porque
el sopor del cansancio, semejaba un sepulcro vacío, vuelo de los pájaros, cuyo resultado consignamos en este instrumento se aplica á los más diversos estudios. Todos los objetivos que se utilicen deben estar
por donde el aire se arrastraba quejumbroso, hacien- la obra Vol des Oiseaux.
Este método, sin embargo, no es suficiente para el montados en una caja análoga á la que representa la
do chirriar las vidrieras y crujir las celosías de los
análisis delicado de un movimiento, pues todavía figura 6 (4) y que permite cortarlos en su parte media
confesonarios.
Densos nubarrones presagiando tormenta cubrían adolece de las incertidumbres propias de las sensa- para dejar pasar los discos obturadores en el centro
el horizonte, y en la destartalada plazoleta en que ha- ciones sujetivas; de suerte que es muy inferior á la mismo del objetivo.
Sin embargo, cuando la cronofotografía se aplica
bitaba Marilinda todo era misterio, soledad y calma. cronofotografía sobre placa fija que reproduce direcEl mugriento farolillo pendía apagado ante la cruz, tamente el plano geométrico del movimiento estudia- al estudio de los movimientos en el campo del miy sobre la figura de Cristo expirando echaba la noche do (fig. 1) ( 1). Ahora bien: es posible llevar la segunda croscopio debe utilizarse una disposición especial.
forma de la cronofotografía á la primera, es decir,
En todas las circunstancias y cualquiera que sea el
el fúnebre sudario de sus sombras.
Dieron las doce. La puerta de la casa de Sánchez aplicar en una misma superficie las imágenes obteni- objetivo empleado, la cronofotografía puede practise abrió, y á la luz de un relámpago remoto se vió sa- das en superficies diferentes; este resultado se consi- carse en sus dos formas, es decir, sobre placa fija delir á Mari/inda, llevando en la mano el amuleto que gue, en algunos casos, por medio de la superposición lante de un campo obscuro y sobre la película móvil
de clisés transparentes; otras veces por una serie de si se trata de objetos que se destacan sobre un fondo
le diera la bruja.
La doncella anduvo algunos pasos, y preparándose calcos sucesivos, ó también por una serie de opera- luminoso.
á concluir la obra de perdición, ciñóse á la garganta ciones del género de las que F. Galton ha denomiAPLICACIONES
el collar por cuya virtud había de encontrarse de re- nado fotograflas compuestas.
En
un
gran
número
de
casos
basta
para
hacer
perpente en pleno conciliábulo.
.
Al definir la cronofotografía la hemos representado
Pero no ocurrió así; porque en aquel momento sm- fectamente inteligibles las fases del movimiento distió que sus plantas se aferraban á la tierra, mientr~s poner las imágenes en serie vertical: para obtener en como el desenvolvimiento más completo del método
sobre su cabeza rodó un trueno espantoso y ardió la tira pelicular esta disposición de imágenes en serie gráfico y como un medio precioso para estudiar los
cárdeno relámpago, que la hizo esconder la faz en el vertical, no hay más que cambiar la colocación del fenómenos de la naturaleza. Todo fenómeno, en efecseno y reparar en que el amuleto habíasele trocado aparato echándolo sobre uno de sus costados, con lo to, consiste en una serie de cambios de estado de un
que el desarrollo de la tira pelicular y su paso de un cuerpo bajo la influencia de determinadas condicioen un rosario.
Y cuando cesó el pavoroso ruido, del centro de la carrete á otro se hacen en sentido vertical.
(2) Estos cálculos son aproximados y ~ería muy dificil ha·
plazoleta de la cenicienta cruz de granito salió una
B. Frecuencia de las imágenes. - La frecuencia de cerios más exactos, como lo ha demostrado M. de la Baume·
voz suave, más dulce que el balido del tierno recenPluvinel.
tal, que exclamó con acento de dolorosa amargura: las imágenes debe variar según la velocidad del movi(3) Asl en los casos en que el intervalo de las imágenes
- ¡Mari/inda!.. ¡Mari/inda.'.. ¿Por qué me has aban- miento que se quiere analizar; generalmente se nece- fuese de 24 minutos, si los discos obturadores giraban unifor·
sitan diez durante la realización de un acto para que memente, la duración de la exposición sería de más de 7 sedonado?..
gundos : en este caso es preciso dejar el juego de ruedas paraY miró ella, aterrada, al sitio de donde la voz salie- puedan percibirse todas las fases del mismo. Así para do en el intervalo de las exposiciones y dar vueltas rápidamen·
ra, y vió la cruz envuelta en celestiales resplandores, analizar el aleteo de un pájaro, si este acto dura un le al manubrio cuando se quiere producir una imagen. A igual
y pendiente de ella, no la imagen de piedra, sino el quinto de segundo, los alumbramientos y por consi- velocidad de rotación del disco, la frecuencia de las imágenes
mismo Verbo hecho carne. Por las atarazadas manos guiente las imágenes deben sucederse á razón de aumenta 6 disminuye según que aumente ó disminuya el númede ventanas del obturador, y si estas ventanas conservan el
y el abierto costado derramábase su sangre preciosa; cuarenta por segundo. El paso de un hombre, que es ro
mismo diámetro, la duración del alumbramiento no varía. Fimucho
más
lento,
sólo
exige
diez
imágenes
por
seel cuerpo contraído acusaba las horribles !Orturas del
nalmente, á igual velocidarl de rotación y á frecuencia igual de
martirio; agudas espinas taladraban sus sienes; fl?ta- gundo, y para otros actos aún más lentos los interva- imágenes se varia la duración ele los alumbramientos haciendo
ba el viento la desgreñada guedeja, y en su dulcísima los han de ser más largos. Por ejemplo, una astería variar el diámetro de las ventanas. A~! para los movimientos
faz, acardenalada por los bárbaros sayones, pintábase puesta boca arriba en el fondo de un acuario emplea extremadamente rápidos como los ele las alas ele los insectos,
hay que transformar, por medio de una corti11a-venta11a, las
con lúgubres tintas el cruento padecer de la agonía. unos 10 minutos para volverse, bastando tomar una aberturas del disco en aberturas estrechas. De este modo hemos
La ambición villana sintió entonces en el alma las
podido reducir el tiempo de exposición á 1/25.000 de segundo,
(1) Véase el núm. 582.
(4) Véase el núm. 583sacudidas del arrepentimiento; y arrastrada por una

I

�L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

2 14

nes. Estudiar un fenómeno es observar sucesivamente la serie de estos cambios y compararlos entre sí.
¿Es necesario decir que la insuficiencia de nuestros
sentidos ó la imperfección de nuestra memoria hacen
á menudo defectuosas, si no imposibles, estas óbservaciones?
Los aparatos inscriptores han remediado en parte
las dificultades de la observación directa, pero sólo
son aplicables á casos relativamente sencillos, pues
los fenómenos que traducen deben haber sido previamente reducidos al caso uniforme del movimiento de
un punto sobre una línea recta.
De este modo las oscilaciones de la columna termométrica ó barométrica se inscriben bajo la forma
de una curva sinuosa que traza los cambios de altura
de esta columna, según el tiempo.
La cronofotografía abarca un campo- mucho más
extenso, pues no sólo reproduce los movimientos de
un punto sobre una línea recta, sino que también los

Fig.

VI. - LOCOMOCIÓN TERRES'l'RE,
MOVIMIENTOS DEL HOMBRE V DE LOS CUADRÓPEDOS
1. Movimientos del hombre. - En el siglo xvn Borelli demostró á los fisiólogos que las leyes de la mecánica poco antes descubierta por Galileo se aplicaban á los seres vivientes: el análisis que aquel sabio
hizo de los movimientos de los animales denota extraordinaria sagacidad; pero la carencia de medios
exactos para medir el tiempo, el espacio y las fuerzas
no permitió al sabio profesor de Nápoles resolver los
múltiples problemas de la mecánica animal. A principios de este siglo, los hermanos Weber, que dispo-·
nían de instrumentos menos imperfectos, han dado
algunas nociones más exactas acerca de la locomoción del hombre; pero si se tiene en cuenta la complejidad del asunto estudiado, se comprende la insuficiencia de los recursos hasta ahora empleados. La

15. Fases sucesivas de un salto á lo largo. Cronofotografia sobre placa fijaj'.

movimientos de todos los puntos de un objeto, ó por
lo menos de todos los que serían visibles desde un
mismo punto de vista: todos estos movimientos son
recogidos por ella, cualquiera que sea el sentido en
que se efectúen.
Como en otras formas del método gráfico, la cronofotografía sigue las fases de los fenómenos que escapan á la observación por su lentitud extrema, lo
propio que los actos muy rápidos; pero cuando se
manifiesta su superioridad es cuando se aplica á movimientos de extremada complejidad.
Cierto que nuestro método no reproduce la expresión continua de los cambios que traza; pero las imágenes que toma pueden estar tan aproximadas unas
de otras que, mediante una interpolación legítima, se
pueden concebir las fases intermediarias á las que
están representadas.
Lo que desde luego sorprende en las aplicaciones
de la cronofotografía es su potencia para el análisis
de los actos rápidos. Cuando se ve que las alas de un
insecto que vuela están tan claramente.representadas
como si estuviesen inmóviles, y cuando se sabe que
para.obtener esta limpieza es preciso reducir la duración de cada exposición á 1/25.000 de segundo, concíbese que entre los actos más rápidos haya bien pocos que no puedan ser sorprendidos por la cronofotograffa.
Menos bien se conciben las ventajas de este método para el análisis de los movimientos lentos, y sin
embargo, debe existir una infinidad de fenómenos que
escapan á nuestro examen por su lentitud. Es de esperar que algún día podremos seguir sobre imágenes
tomadas á intervalos muy largos los movimientos
lentos de los ventisqueros ó los cambios de la configuración geológica de un país, y con mayor razón las
fases mucho menos lentas del crecimiento de un animal 6 las del desarrollo de ciertos embriones observados al través de sus membranas transpare_ntes. Sobre esto ha trazado un curioso programa de experimentos el profesor March, el cual dice que si se han
recogido en intervalos iguales y durante un gran número de años los retratos de un individuo á partir de
su infancia hasta su vejez y se dispone la serie de
imágenes así obtenida en el phenakisticopo de Plateau,
esta serie de cambios que en realidad se habrán producido durante un largo transcurso de tiempo, pasará
en pocos segundos por la vista del espectador, y éste
verá, en forma de movimiento extraño y maravilloso,
desarrollarse ante sus ojos todas las fases de una
existencia humana.
.
Pero volvamos á las aplicaciones inmediatas de la
cronofotografía y veamos sus relaciones con los problemas usuales de las ciencias: ahí tendremos tan ancho campo de observación que apenas podremos hacer otra cosa que tratarlo someramente, comenzando
por los diferentes tipos de la locomoción animal.

cronofotografía traduce del modo más exacto en todos
sus detalles los movimientos del hombre que anda,
corre, salta ó se entrega á diversos ejercicios corporales.
A. Cinemática de la locomoción del hombre. - En

presencia de algunas fotografías que representen en
placas fijas las imágenes sucesivas de un hombre que
anda y de un hombre que corre, podemos seguir en
ellas las principales fases de los movimientos que,
mejor que las palabras, expresan los caracteres propios de cada marcha, de modo que guiándose por ta-1
les imágenes, es fácil imitar la manera de andar y de
correr del sujeto que ha servido de modelo y reproj
&lt;lucir su modo de extender ó doblar las piernas, de
balancear los brazos, de poner el pie en el suelo y de\

NúMERO

587

po se apoya se extiende·vigorosamente é imprime á
éste un impulso vertical; al mismo tiempo levántanse
los brazos, lo cual da un aumento de energía al esfuerzo impulsivo. Las imágenes sucesivas presentan
al saltador separado del suelo con los brazos primeramente levantados y las piernas separadas; luego los
brazos se bajan y las piernas se juntan, echándose
cada vez hacia más adelante, de modo que los pies
vuelven á tocar el suelo con los talones más lejos del
centro de gravedad, á fin de evitar una caída de cara,
y finalmente en el momento de la caída las 'piernas se
doblan para amortiguar la fuerza de que está animado el cuerpo.
Según que esta serie de actos sea más ó menos
bien ejecutada, el espacio recorrido es más ó menos
extenso, y el saltador cae mejor ó peor en el suelo: si
ha calculado mal su velocidad, si no ha adelantado
bastante los pies en el momento de la caída, no podrá
permanecer quieto en el sitio en donde cae, sino que
habrá de seguir corriendo algunos pasos hasta que
esta velocidad se extinga.
En cuanto al salto de la garrocha (fig. 16), sus fases sucesivas pueden seguirse en la fotografía con la
misma facilidad. El corredor clava en tierra el extremo de la pértiga al mismo tiempo que se levanta del
suelo extendiendo vigorosamente la pierna. La ac~ión
combinada de este impulso vertical y de la velocidad
horizontal hace que el cuerpo describa un arco de
círculo, cuyo radio es la pértiga: si el que salta siguiera siempre esta curva, su cuerpo caería más allá del
centro del movimiento á una distancia igual á la del
punto de partida; pero u:n buen saltador apela á un
artificio que le permite aumentar considerablemente
el espacio que franquea, y que consiste: primero, en
prolongar el radio del círculo recorrido subiendo á lo
alto de la pértiga en el momento en que ésta pasa
por la vertical, y luego en inclinar el cuerpo en una
dirección casi horizontal, es decir, normal al radio
del círculo recorrido. De este modo el saltador cae
naturalmente á una distancia mucho mayor de aquella de donde había partido.
De modo que en el salto de la garrocha el impulso inicial no es, como en el salto en longitud, la única fuerza de que la extensión del salto depende, sino
que esta distancia puede aumentar por los actos que
el saltador ejecuta apoyándose en la pértiga mientras
está en el aire.
Si queremos hacer un estudio más detallado de los
movimientos ejecutados en un ejercicio corporal, tendríamos que valernos de esas fotografías parciales de
que hemos presentado un ejemplo al hablar de la
marcha del hombre. Así un hombre vestido de terciopelo negro que lleve á lo largo de los brazos y de
las piernas líneas brillantes produce la fig. 17 en un
salto de altura precedido de una carrera: en este
ejemplo, todas las fases del movimiento se presentan

587

N Ú MERO

215

LA ILUST RACI ÓN A RT ÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fen6menos y sus
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dimanado aplicaciones tan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas in·
dustriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
.
Por esta rapidísima reseña_d~l contemdo del Mu.~oo Ff·
stco podrá venirse en conoc1m1ento de la gran u!lhdad de
esta obra. ,

NUEVA PUBLICACIÓN

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TRADUCCIÓN D lt D. MANUIL ARANDA Y SANJUÁN

UAVEOAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,
ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA , FISICA MOLECULAR

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

Edici6n ilwtrada con grabado8 intercalado8 y lámina.,
cro11wlitografiada8
El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la física del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente popular. Siguiendo en él el
plan admit_ido por_cuanto~ d~ la ciencia física han escrito, lo di·
vide en vanas secciones prmc1pales, en cada una de ellas se enunria la ley que preside a los fenómenos de que trata, el descul,rimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
As!, después de tratar de los fen?menos y leyes de la Graveiad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

Muestra de los grahados de la obra - Audiciones
telefónicas teatrales
esas leyes han tra!do consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teorfa completa del Sonido agrega una enume·
ración de todas las aplicaciones de la Acústica y de los instrumen·
tos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, m1croscop,o, etc. El Alag-netismo y la Electricidad proporcionan ancho

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que pro•
curaremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el caso de que lo desea•
ran los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Adémás de los grabados intercalados en el:texto, ilustrarán
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escalonadas sin transición brusca á causa del gran
número de imágenes (veinticinco por segundo) tomadas mientras dura el salto.
A fin de hacer más instructivas las cronofotografías del movimiento sería preciso que los individuqs
que estas imágenes reprodÚjeran fuesen escogidos
entre los más fuertes y los más hábiles, que fuesen,
por ejemplo, los premiados en los concursos de gimnasia. Estos sujetos escogidos revelarían · de esta
suerte el secreto de su habilidad inconscientemente
adquirida y que ni ellos mismos podrían de fijo definir.
·
El mismo método se prestaría igualmente á la enseñanza de los movimientos que hay que ejecutar en
los diferentes trabajos profesionales y evidenciarían
en qué se diferencia el martillazo de un herrero hábil del de un aprendiv, lo propio sucedería con todos
los actos manuales y con todos los géneros del sport.
( Co,;ti1111rmf)

-

PATERSON
• IISIIUTBO J IIHRSl.l

EDICIÓN ILUSTRADA

Fig. 16. Fases sucesivas de un salto con la garrocha. Cronofotografía sobre placa fija

. . . 1:Joe _,,. tu ~ D. . del .....
--.O, J'ala de ApeU\o, Dlfe■UODN lalton.M, .Aoediu,T6m1toe, Zrootoe, 7 C611-:
~ 1u l'aaoloa ul J:ei611111110 ~
..... llltaUaoe.
ldllr • ti Nl•le 1 ,,_, fe l . fAYA/10.

to o6ntiJ:no ■

de pe■ eta la
entrega de t8 pé.gina■
~

Se ea'l'lu praopcclOI A•úea i. llllidte
~ A l o a Sra. Moallller '1 Slm6a, ~

AA. DJr'IWAJl, rarma-t.loo -

CARNE, HIERRO y QUINA-

El Alimento was fortificante unido -a los 'ró111coa mu reparadores,

......

T

COK TODOS LOS PJIINCIPIOS MUTB.ITlVOS DB U
C1&amp;■111!l• BJEll■o y_ JIJlll&amp;I Die: años de ento continuado

CARNE

y las aftrmaelones de
todas las eminencias médícas preuban que esta asoclaclon de la Clame• el Hierro y la
9uiaa cousmuye el reparador mas enerirtco que se conoce para curar : la Clordstl, la
lnemía, las Memt~ ao1qrosa,, el Jlmpotwectmtfflto Y la J. lteracton de la Sangre,
el Jlaqutttlma, las J.fece1otla ~cro(Ulosa, Y escorbutlcal, etc. El l'in• Ferru,;lno■o de
Areud es, en efecto, el único que reune todo lo que entona y fortalece los organos
regular1~~1 coordcna y aumenta considerablemente l as tuerzas ó tn!unde a la san¡re
empobrecida
y descolorida : el Vl(lor, la Coloracwn y la 8ntr(l"1 ottal.

Por fllavor, en Paria, en casa de 1. FEW, Farmaunlico, 10!, me Richelieu, Suceso: de !ROUD.
8B VBNDB BN TOD.4.S L.lS PaINCIP.lLIIS BOTIQ.4.S

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1 hagauaodenueslro8/JRAN0SdeSALUD,pue1 el/os
le curarán de su const,paclon, le darán apetito y le
dero/rerán el sueño y la alegria. - As, rtrirá Vd,
muchos años, d,sfrutando siemDre de una buena salud.

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Aprobadu por l&amp; Academia de MedloJna d• Parls.

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y de la medicación tónico-reconstituyente para la Anemia, Raqtdtismo, Colorea páli-

dos, Empobrecimiento de sangl'e, Debilidad é inapete11cia y mensfrtiaciones difíciles.

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rncional, seguro J de inmediato• reeultadoe de todos los ferruginosos

• Soberano remedio para rápida cu~acion de las Afecciones del pecho,
Catarros,Mal de garganta, Bronquitis . Resfriado■• Romadizos,
de los Reumatismo■ • Dolores ,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor

separarlo de él. Mucho más difícil sería imitar estos
mismos actos procurando copiarlos del modelo mismo, porque especialmente en las marchas aceleradas,
los movimientos son demasiado rápidos y escapan á
la observación.
Esta enseñanza por medio de las imágenes podría
aplicarse muy bien· á los diferentes ejercicios corporales, siendo desde este punto de vista de verdadera
utilidad.
La fig. 15 representa á un gimnasta que ejecuta un
salto á lo largo, y aunque el número de imágenes es
sólo de cinco por segundo, basta para definir la serie
de actos que en un salto de este género deben efectuarse.
Siguiendo las imágenes en su orden de sucesión se
ve que el saltador adquiere mediante una carrera previa la velocidad que le hará recorrer un largo espacio
durante su período de suspensión.
En el momento del salto, la piérna en que el cuer-

con!ra las diversas
Afecciones del Corazon,
Hydropesias,
Toses nerviosas;
Bronquitis, Asma, etc.

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O El mas actioo, et mas

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inorenstoo y _et mas
poderoso medicamento O
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CONTRA EL DOLOR 1
PARIS, rue Bonaparte, 40
O
~111.
. . . . . . . . . . . ..

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N úMERO 587

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

216

LOS NUEVOS SELLOS DE CORREOS DE LOS ESTADOS ,UNIDOS

En conmemoración del cuarto centenario del descubrimiento de América ha puesto en circulación la gran república norte·
a,nericana una nueva serie de sellos de correos que únicamente
circularán durante el presente año de 1893. En estos sellos, que
se distinguen por su forma diferente de la que por lo general
tienen los de todas las naciones, ha hecho la American Bank
Note Company, encargada de su ejecución, ostentoso alarde de
la superioridad que en esta materia la coloca por encima de todas las demás de su clase: grabados al acero, son indiscutiblemente lo mejor y más artístico que en su género se ha producido. Todos llevan en la parte superior la inscripción [Jnited
States ofA merica con las fechas I 492 y 1892 á los lados y de·
bajo el valor del sello; en la parte inferior hay el titulo del
cuadro ó escena reproducidos.
He aquí ahora el valor, el color Y. el asunto que representan
los quince sellos que forman la colección y cuyas dimensiones
son 25 miHmetros de alto por 36 de largo:
5 dollars, negro; el busto de Cristóbal Colón y á amhos lados figuras simbólicas de América, repre~entada·por una india, á

la derecha, y de la Libertad, por una matrona, á la izquierda.
4 dollars, carmín; los retratos de Colón y ele Isabel en medallones separados.
3 dollars, verde-amarillo¡ Colón describiendo su viaje, copia
del cuadro de Francisco Jover.
2 dollars, encarnado¡ Colón encadenado, copia de un cu&lt;idro de Lenze.
1 dollar, color de salmón; Isabel empeñando sus joyas, copia
del cuarlro ele Muñoz Degrain.
5 0 centavos, azul obscuro; Colón llamado á España, copia
de un cuadro de A. G. Heaton, existente en la Casa Blanca de
Wáshington.
30 centavos, ocre claro; Colón en la Rábida, copia ele un
cuadro de Felipe Masó.
15 centavos, verde obscuro; Colón recib\do por los Reyes
Católicos al regreso de su primer viaje, copia del cuadro de Ricardo Balaca.
10 centavos, pardo; Colón presentando á los Reyes Católicos
tos indígenas ele los países nuevamente descubiertos, copia del

GRANO DE LINO TARIN

Jarabe Laroze

Farmacéutico, place des Petits-Péres, 9, PARIS

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PREPARACION

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todos los médicos para la curacion de las ?astritis, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar,
la digestion y para regularizar todas las funciones del estómago y de

para combalir
con dxito

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tina cucharada

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por l a manana
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"-.., •••
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coolenido en l&amp; economia. Experimeolado por Jo, prineipalea médicos del
mondo, pua iDmedialameole eD l&amp;
aorre, oo oeuiooa estrellimiento, DO
t'aU¡a el ealdmaco, DO ennerrece 101
dleolea. Tl■mrniltt gtlu lltlWIHiia.
WJue la f1ru4111 ltrea.

P111&amp;711: 40 J42,r, st-Luare, Paril.

Pepsina Boudault

!, roe des Lions-St-Paol, i Paril.

Deposito en todas las princii,ales Boticas y Drogueriaa

!probada por la füDHU DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1856
Mé311ta1 en la■ Expo1leiooe1 inte?naclonalea de

CARNE y QUINA

P.lBIS - LYOI • VIENA - PBIUDELPBl! • P!RIS

11.&amp;llmento mu repnlor, anido al TóDioo mu enqico.

1867

VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS PllJNCJPIOS fflJTlllTIVOS SOLUBLBS DB U CABNE

c,,1a.u y 91111u I son los elementos que entran en

la composiclon de este potente
reparador de las fuerzas vitales, de este fenl8ea■&amp;e per Neele■ela. De un gusto sulll&amp;mente agradable, es soberano contra la Anemia y el Apocatnúnto, en las Calentura,
'1' Con11alecencúU1contra las Dtarreas y las Afecctona del Bltomago y los ,ntutltm.
Cuando se trata de despertar el apetito, asegurar las digesUones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epldem1aa provoCldli por los calores, no se conoce nada supei'!or al l'i■• de gaiaa de A.reud.
.PM' tMyor. en Paria_, en casa de J. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu. Saceaor deAl\OUD.
,

,

l:IB VBNDB BN TOD.t.S LAS PRINCIP.U.U BoTIQA&amp;

EXlJASE el i: r.: J ARDUO
0

'

l ffi

18i3

1876

l ffi

11 IWPL14. COK I L IUTOt ÍXITO 11' LJ.I

DISPEPSIAS
OASTRITI S - 0ASTRAL0IA8
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'f OT&amp;OI DBIORDI MII DB L.i. DI0IITl0 lf

BAJO LA FORMA. DE

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POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
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y en las principalt , (aNn&lt;lcilu.

PITE EPILATOIRE DUSSER

HIERRO

De Venta en todu l11 Farmaola,. ·

~,•t9ADES del EBro,,,

Es i,l remedio mas eficaz para combatir las enrennedades del corazon,
la epilepsia, bistéria, migraña, baile de _S•-Vito, insomnios, con•
"YUlsiones y tos de los nifios durante la denticion; en una palabra, todas
lu afecciones nerviosas.

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

E:rijarae /a,
caja, de hoja de/ala

. • ..

,

ESTRENIMIENTOS

los intestinos.

a1

I

cuadro ele Luigi Gregori, existente en la U niversicla~ de Notre
Dame de South- Bend (Indianópolis).
6 centavos. p{1rpura; entrada triunfal de Colón en Barcelo·
na, copia del cuadro de Randolfo Roger, existente en la Casa
Blanca; á un lado la figura de Fernando el Católico y á otro
la de Bobadilla.
5 centavos, chocolate¡ Colón pidiendo protección á Isabel,
copia de un cuaclro existente en el llfetropolitan Jl,f11se11111 ofArt,
ele Nueva York.
4 centavos, azul marino¡ las tres carabelas Santa llfarfa,
Nil1a y Pinta, copia de un grabado español.
3 centavos, verde; la Santa llJarla, buque almirante de Co·
Ión, en alta mar.
2 centavos, morado; desembarco ele Colón, copia deun cuadro de Vanderlyn, existente en la Casa Blanca.
1 centaVO¡ azul; Colón en el momento de divisar In tierra
nuevamente descubierta, copia de un cuadro de Guillermo II.
Powell; á la derecha un indio en traje guerre10 y á la izquierd&lt;i
una india con un niño.

Lu

Pet10w q1e conoc81 lu

PILDORAS~~DEHAUT
DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando Jo
necesitan. No temen el asco ni el cansancio, por que, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
si.uo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el vino, el cal6,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida 9'Ue mas le convienen,
seuun sus ocupaciones. Como el causaZJ
c10 que la pur ga ocasiona queda completamente anulado porel efecto de la
buena alimentacion empleada, uno
se decide fácilmente á volver
á empe6ar cuantas veces

sea necesario.

destruye basta las RAICl!:9 el VE~LO del rostro de las damas (Barba, Blgole, etc.), slu
uingun peligro para el cutis. SO Años de É i:ito, 1millarts de testimonioagarantlzaD la eficacia
de esta preparacloD, (S, vende eo cajas, para la harha, T ec 1/2 oa)aa para el bl¡;olt. ligero). Para
los Lrazus, omrt~c'.• r• ,! !J l.,1.J'UU.l!l. DUSSER, 1, r ue J .•J .-Rouaaeau, Paria.

Quedan reservarlos los derechos de propiedad arl!stica y literaria
~MP, DR MONTANER Y SIMÓN

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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