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11tí~t1ea
Aílo XII

BARCELONA 3 DE ABRIL DE

1893

,.. _ _ _ _ _ __

NúM. 588

En el presente número comenzamos la publicación de la interesante novela de Héctor Malot &lt;ANIE,&gt; traducida por Antonio Sánchez Pérez,
con preciosas ilustraciones del célebre dibujante Emilio Bayard

EXPOSICIÓN MEISSONIER CELEBRADA EN PARIS

GENTILHOMBRE DE LA ÉPOCA DE LUIS XIII, estudio pintado por Meissonier

�218

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SUMARIO

588

Nosotros mismos por muy ufanados que nos mos- que mece la cuna de los pueblos nuevos. Lamartine

Texto. - Murmuraciones etiropeas, por Emilio Castelar. -: Ex· tremos con la ciencia nuestra y por mucho que ha- nunca se creyó poeta, nunca jamás, sino después de
posición Meissonier, por X. - D. Pedro el G_ruel (contmuación), por Luis de Llanos. - Do11a Concep_cuJn Arenal, p~r
X. -Miscelánea. -Nuestros grabados. -Ame, novela traducida por A. Sáncher. Pérez. - La cro11ofotografla (continuación).
Grabados. - Exposición Meissonier celebrada en Parls: Gentilhombre de la época de Luis XIII; Soldado de la Repdblica;
El café; Meisso11ier en S11 taller; Estudio de guía; Gentillw~11bre. - la vida en Egipto. Vistas del Cairo, dibujos de H. Trmcham. - Doíla Concepción Arma/. - Ni,be de verano, cuadro
de G. Taldi. - Esperando al 111ari110, cuadro de J. Bartels. Federico el Grande y el Stteílo del general Zieten, cuadro de
A. Karr¡pf. - la iglesia de San foaquín, ofrecida á S. S. León
XIII con motivo de m jubileo episcopal. - Afedalla ,'Olzmemorativa de dichos jubileo é iglesia. - Hipólito Adolfo Tawe. La cro11ofotograffa, seis grabados. - D. Ricardo Palma.
.. ,.,.1••••••,.,,.,,,••,••,,.,,.,,••,,.,,.,,,.,,..........,.. ,........................... ,..••.. ,•. ,•.,,•.•.•.,.•...••••.•.,....... ..

MURMURACIONES EUROPEAS
P1lR DON EMILIO CASTKLAR

Quien desconozca el influjo ejer~ido sobre los hechos contemporáneos por la serie y la genealogía natural de los hechos anteriores en el tiempo, como
quien desconozca el influjo ejercido sobre los hechos
nacionales nuestros por los hechos extraños y alejadísimos en el espacio; quien desconozca todas estas
correlaciones, debe consagrarse á cualquier oficio alejado de la gobernación de los pueblos y de la política
general. Aquellos emperrados por indiferencia ó por
pereza en ignorar cuanto dicen los periódicos, ó aquellos que suelen á la vista de cualquier político huir,
cual huye á la escopeta el gamo, siguieran otro proceder y observaran otra norma de vida, si entendiesen cómo puede un Stambuloff cualquiera, desde un
villorrio búlgaro por cualquiera capricho personal
arrojar una chispa sobre los montones de pólvora por
todas partes hacinados en el continente y hacer saltar
en pedazos el edificio en que vivimos con todos los
nuestros, la nación y patria propias, cual nos importa
como si saltara en pedazos la máquina celeste ó estallase como una bomba el planeta mismo. Un propietario debía saber cómo la propiedad querida y cultivada por él se estremece bajo sus plantas á terremotos políticos, peores que los terremotos naturales;
y una madre debía presentir cómo el hijo de sus
entrañas puede perecer en cualquier tromba guerrera
y no encontrar para sus carnes otra sepultura que
las entrañas de los buitres por causa de los fenómenos sociales, más interesantes y más trascendentes á toda su vida que los fenómenos de la Naturaleza. Así, los interesados en la suerte del mundo
convierten á todas partes los ojos en busca de la incipiente nubecilla, la cual amenaza traerle una tormenta que lo detenga en su carrera triunfal por los
espacios, ó que lo anegue, como buque desarbolado,
en mares de sangre. Y como le tiene uno á la guerra
horror tan grande, recela del Oriente, donde hay más
torpedos cargados, en la tierra y en el aire más tonantes chispas que aquí entre nosotros. Mientras por
Occidente sólo hay una cuestión, la de Alsacia y Lorena; en Oriente hay cien cuestiones contradictorias
y diversas á cual más peligrosa. Y por encima de todas ellas existe una trascendente á muchas otras por
su importancia y perdurable por muchísimo tiempo,
y es á saber, la competencia entre los Imperios austriaco y ruso por la tutela exclusiva que ambos quieren ejercitar sobre los pueblos cristianos del bajo Danubio y de la península balkánica. Así es que no hay
en Bulgaria, en Servia, en Rumanía misma tantos
partidos conservadores y radicales como partidos austriaco y moscovita. En Servia, por ejemplo, el partido liberal está con Austria y el partido radical está
con Rusia; así como el rey y su esposa, los monarcas
de aquella región, más que por otras causas, han reñido por la preferencia de cada cual á un Imperio,
al austriaco Milano, al ruso Natalia. Lo mismo pasa
en Bulgaria; el príncipe Fernando Coburgo se nos
aparece allí un pupilo del Austria, y tanto, que lo han
unido á la parte más reaccionaria de tamaña familia
imperial, enlazándola con una princesa destronada,
perteneciente á la dinastía de Parma. Y con este motivo se propuso en Sofía una reforma constitucional,
tendente nada menos que á consentir en los jefes d el
Estado la profesión de un culto contrario al culto nativo y oficial del Estado mismo; disposición de una
inmensa trascendencia, porque si en todas partes las
cuestiones religiosas alcanzan suma gravedad, esta
se recrudece y encona por modo muy extraordinario
cuando se complica, como sucede respecto de Bulgaría, con la índole casi asiática de aquel pueblo, con
lo reciente de su independencia muy frágil tras larguísima servidumbre, con el tránsito peligroso de un estado social á otro estado, con el prolongadísimo período constituyente, con lo indeterminado de sus pretensiones territoriales extensivas así sobre una parte
de Servia como sobre una parte de Macedonia, con
la triple natural tutela de Rusia y Austria y Turquía.

yamos puesto en olvido las viejas pasiones religiosas,
no podemos prescindir del clero y de la Iglesia, ni
tratar como cosa baladí el asunto de sus relaciones
con la política y con el Estado. ¿Qué le pasará en
este momento á un pueblo, todavía no criado, y en el
término de una serie social evolutiva muy separada
de la nuestra, consecuencia del movimiento de una
civilización muy duradera, la cual se ha desarrollado
en una vida muy culta y muy larga? Nadie puede,
por modo alguno, desconocer que en Oriente la religión predomina sobre las otras manifestaciones del
espíritu, como nos aconteció á nosotros durante la
Edad media. El Korán en los turcos, el Phanar en
los griegos, el Patriarcado en todos los esclavones ortodoxos ejercen una grande autoridad, aunque subordinadísima de suyo á los Estados y monarcas respectivos, incomprensible para los que hace tanto tiempo
hemos en las Iglesias occidentales apartado el poder
laico y temporal del poder espiritual y religioso. El
búlgaro influyó hasta en la crisis grave de nuestra
religión propia, cuando constituía un grande imperio, antes de caer sobre la cimitarra turca. Nadie
puede olvidar el influjo ejercido por los albigenses
en la cultura de Occidente y en Provenza y en Cataluña y en Francia toda; como nadie puede olvidar la
correlación de los albigenses con el dualismo persa,
bebido en Persia por los búlgaros al paso desde las
mesetas centrales del continente asiático al territorio
tracio y por los búlgaros imbuído en el espíritu religioso de Occidente, tan conmovido y agitado en el
período de la Edad media. Al fin, pareciéndose á las
tribus germánicas en esto, aceptaron casi todos la religión del imperio griego, á quien habían reemplazado, y más tarde una parte importantísima de ellos la
misma religión mahometana y las circuncisiones semíticas para congraciarse con los turcos. Pero así
que al calor del espíritu nuevo pugnaron por constituir nación aparte, y con la nación Estado, separáronse los cristianos del Patriarca bizantino, y constituyeron á una su Iglesia nacional junta con su Patriarcado independiente. No evoco esto, no, á humo
de paja, no lo evoco por mero alardeo de remembranzas históricas; lo evoco para probar la importancia
inmensa de los asuntos religiosos en Bulgaria con lo
trascendente de todos ellos á la política. Y sin embargo, el partido antirruso, allí comandado por hombre
tan diestro como Stambuloff, no solamente ha puesto un príncipe católico á la cabeza de un pueblo así;
pretende ahora estatuir la exención para la dinastía
del deber constitucional de profesar la religión del
Estado. Así que propósito tal se ha divulgado, dos
graves dificultades se han atravesado en las vías de
su resolución suprema y definitiva: una interior y otra
exterior, la protesta del Patriarca Clemente y la protesta del imperio ruso. Con el Patriarca se las ha tenido tiesas el buen Stambuloff, al extremo de cogerlo
como pudiera coger cualquier criminal y encerrarlo
en apartadísimo convento, como pudiera encerrarlo
en cualquier cárcel ó en cualquier manicomio. Pero
¿qué hará con Rusia el 'apremiado y atribuladísimo
primer ministro? ¿Cómo se podrá zafar de una reprimenda, en que le amenazan, niño malcriado, con unos
azotes? De someterse perderá toda su autoridad, y de
resistirse podría recoger el triste destino y ministerio
de suscitar una guerra europea que tanto puede sobrevenir un día por la rivalidad entre Prusia y Francia en el centro europeo como por la rivalidad entre
Austria_y Rusia en el Oriente. Lo cierto es que Bulgaria ppdría contraer con tantas temeridades una inmensa responsabilidad ante la conciencia universal,
si se suscitase la guerra.

*

**

La verdad es que todo el mundo ve una fragilidad
y una inconsistencia irremediables en la situación
política oriental. Hasta de la solidez del único factor
verdaderamente robusto que hay en el imperio austriaco, su emperador, hasta de tal solidez la gente
duda viéndolo partirse á un viaje misterioso por l¡¡.5
orillas del poético Lemán y volverse tan meditabundo como entristecido. Con efecto, el emperador se ha
partido de Viena y se ha entrado en Helvecia, sin
más objeto que verse con su mujer, aquejada de una
monomanía, la nómada y errante, como la que aquejó al Childe Harold de Byron y al René de Chateaubriand en los comienzos de nuestro siglo. ¿No habéis notado cuántas gentes superiores adolecieran del
mismo afán de la emperatriz por los viajes? No fuera
Byron el tínico desterrado, el único que pidió inspiraciones al mudéjar alcázar de Sevilla y al gigantesco
esqueleto del Coliseo y á las ruinas del Partenón;
como no fuera Chateaubriand el único en recorrer
desde los sepulcros de J erusalén, donde yacen las
sociedades antiguas, hasta la catarata del Niágara,

ir á consagrar su genio en Oriente; Goethe se apartó
de Alemania, no como L_utero, en son de guerra, no,
para besar como peregrino de\ arte los mármoles,·
griegos so los arcos triunfales y las rotondas católicas
de Roma; la guerra lanzó á ,Víctor Rugo en España,
y después de haber maldecido desde su islote los tiranos de su tiempo y ~e su pueblo, la guerra, únicamente la guerra le abnó el Panteón de"Francia tras
veinte años de ausencia en un destierro casi t~do él
voluntario, por lo cual tuvo su cuna ca~i en la patria
de Lope y su tumba casi en la patria de Shakespeare;
Fóscolo, con su sangre completamente griega y su arpa completamente itálica, fué á cantar entre las nieblas boreales; el Rhin acarició la infancia de R eine y
el Sena lloró sus agonías, como si fuera su genio el
ánfora única, donde pudiesen mezclarse ambas corrientes enrojecidas de sangre; Mazzini escribió sus
profecías sociales desde Londres y Quinet sus libros
desde las orillas mismas del lago Lemán frente á los
Alpes eternos, en ese átomo de tierra ll~mado Suiza
que ha convertido la libertad en átomo de sol espiritual; nuestro Espronceda trajo la enfermedad subli1:1e y divina ?e BJron á las letras españolas, adquin éndola en ?1ez ano_s de sombría expatriación, infligida P?r el mas repuls1v? de los déspotas á sus ideas, y
Zornlla, con parecer inadaptable á ningún otro suelo
q_ue el patrio te_rruño, respiró los jaramagos amarguísimos de las rumas romanas y las flores embriagadoras ?el Nuevo Mun~~ en esa inquietud nerviosa, producida por los martmos anejos al carácter y á la índole de cuantos llevan en sí la llama sobrenatural
d~l genio y reciben la visita en el alma estremecida
de sus divinas sugestiones. Pues análoga enfermedad
aqueja hoy á la emperatriz Isabel, enfermedad encerrada en aquel natural suyo, recrudecida desde los
primeros años y enconada por las desgracias que han
caído sobre su alma y tronchádola en su edad madura. Como la Pie~ de nuestra liturgia, se nos aparece con el amado h1Jo muerto en los brazos rígidos á
la intensidad del dolor más horroroso que hay entre
los humanos dolores. Y como no puede sufrirlo necesita con el movimiento cansarse hasta el ext;emo
de acallar la crispación de sus músculos electrizados
por las chispas de internas emociones, más devastadoras que los culebreos del rayo en cuerpo carbonizado por las devastadoras centellas de una terrible
tempestad. Así la Odisea de madre tan infeliz nos ha
interesado á todos por la desdicha que recuerda y nos
ha conmovido á todos por las agonías que significa.
Natural verla desesperada, vestida de negro, envuelta
en los !~tos de una pena eternal, huyendo de las gentes á quienes tan sólo puede comunicar expresiones
de un dolor sin alivio, entregada por completo á los
vientos y á las olas en una especie de navegación
que le recuerda la navegación de nuestra mísera vida
por un Océano que le recuerda en sus espacios sin
fin la eternidad sin término, pues no se comprende
pena semejante á la pena de una mujer que ve un
hijo suyo, criado para el bien y la dicha, morir como
ha muerto el archiduque Rodolfo.

NúMERO

588

duque recluido en una preciosa isla española comentando á la continua los arqueológicos trabajos de un ilustre pensador medioeval, y aquel otro archiduque desaparecido en los mares australes, del cual á lo
mejor hay noticias varias, como las recibidas por los portugueses del monarca enterrado en los líbicos desiertos. Leyendas tales parecen incompatibles con el carácter
prosaico de nuestra edad positivista. Y no
hay cosa tan grave como que tengan temperamento de poetas ó de artistas, no completados por la razón y la experiencia del político, los hombres puestos por su providencial nacimiento á la cabeza de los pueblos.
La eventualidad terrible de legar máquina
tan complicadísima como el imperio austriaco, en cuyo increíble organismo entran
tantos órganos diversos y aun opuestos, razas, religiones, historias en combate perdurable, á un romántico, enamorado de la
Edad media y del papel representado por
su divina familia en estas épocas de Pontificado é Imperiü, trae á mal traer muchas
gentes, amigas de la estabilidad y temerosas de cambios, en los cuales puede por
cualquier descuido estallar el torpedo de la
guerra. No debe, pues, extrañarnos que se
haya tomado por una consulta para cumplir
un propósito de abdicación el viaje último
de Francisco José al retiro de su esposa Isabel en las orillas del hermoso lago de Ginebra. Mas en cuanto el rumor se ha divulgado, la corte de Austria lo ha desmentido.
Y hace bien. El emperador, dotado de una
flema germánica, la cual no empece á la
nativa dignidad suya, como demostró el día
de su reprimenda terrible á Strossmayer,
que asociara su Iglesia por entusiasmo esclavón á una festividad cismática rusa, ejerce tan grande poder moral sobre sus pueblos, que á los políticos más superficiales é
inexpertos, no digo á los expertos y consumados, les parece de todo punto insustituíble. Ningún otro príncipe, n inguno podría
como él armonizar los contrarios allí enemistados en guerra perpetua, y como él sistematizar y ordenar aquel caos, donde pugnan mil elementos con estruendo parecido
al que describen y recuerdan los primeros
versículos del Génesis. Hoy mismo parece
desquiciarse Hungría bajo la pesadumbre
de un problema por nosotros resuelto hace
tiempo ya, bajo la pesadumbre del proble-

***

No debía, no, haber extrañado á la opinión europea
que, sintiéndose tan malherida en su preciosísima salud la emperatriz, fuera el emperador de Austria en
los días últimos á visitarla. Pero suscita recelos tales
y tantos la natural agrupación de esta familia cesárea
en la política, hoy que todo el mundo teme algo extraño de ella y en ella percibe algo misterioso. Numerosísimos los archiduques: divídense por una ley lógica,
tan implacable como las leyes mecánicas, en dos
agrupaciones, la transigente y la intransigente. Aquélla,' muy conciliadora, en política interior proclama la
necesidad imprescindible de sosténer el régimen parlamentario, como en la política exterior sostiene la
necesidad imprescindible de sostener el tratado de
alianza con Alemania. Repulsiva de suyo á todo lo
moderno la otra innegable agrupación, se adscribe al
culto de las instituciones muertas y detesta con odio
implacable á la Germanía, protestante, revolucionaria, socialista. Pues bien: así como el archiduque Rodolfo, el heredero malogrado, pertenecía, sobre todo
en política· interior, al grupo transigente, y en política
exterior si amaba más á Francia que á Germanía seguramente amábala por puro liberalismo, el heredero
vivo pertenece al grupo irreconciliable y presta fervorosa devoción á las instituciones muertas. Y hay que
cuidar mucho de cómo piensan y sienten los a rchiduques austriacos, pues todos ellos en razón de un
atavismo, demostrado por la historia, suelen poseer
una grande inteligencia, pero acompañada de una
exaltación muy nerviosa y de unas alucinaciones muy
extraordinarias. Por no recordar los muertos, veamos
vivos muy meritorios, pero muy singulares; el archi-

219

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL CAFÉ,

e,tudio pintado por Meissonier

ma ~elativo al matrimonio y al registro civil. Clero y
gobierno andan á la greña. Dentro del Parlamento
sobrexcitado hasta la demencia, obstrucciones si~
m11:1ero, d~bates sin medida, escándalos sin tregua,
pasiones sin fre_no, una guerra civil encrespada por
hur~cán encend1?0 en las pasiones religiosas. Todo á
la dia_bla P?r ali~. Fuera del Parlamento, agitaciones
parecidas ª. t~rnble~ asonadas. Y sin embargo, hay
u~yersonaJe !~móvil y sereno allí, transigente sin debilidad, co?c1l_1ador sin abdicaciones, pacientísimo
aunque_ no indiferente, harto dueño de sí mismo para dominar sus afectos religiosos sin caer en apostasías, observador con estudio y cuidadoso sin detrimento de su neutralidad constitucional, y es el emperador de Austria.
Madrid, 27 de marzo de 1893
I'.

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LA EXPOSICIÓN MEISSONIER

Soldado de la República, estudio de Meissonier
para el cuadro «Los Ordenanzas))

. Actualmente está abierta al público en el Salón Pet1t de la c_all~ de ~éze de París una exposición de
obras_ del insigne pmtor francés, que en realidad son
estud!os y apuntes d~ v~~ios de sus cuadros, pero que
constituyen una exh1b1c1ón de las más instructivas.
Muchas de esas obras yacían amontonadas en un
sótano dond_e Meissonier las había a rrinconado después de serv1_rle para completar los cuadros para que
e~taban d~stinadas, y que ahora se pueden apreciar
bien clasificadas y ostentando su mérito á la luz d'
las salas de exposición. Entre ellas figura el retrat~

d_el maestro tal como era en los últimos años de su
vida, con su mirada viva, su luenga y ondulante barba, el rebelde mechón de su cabellera corta y de pie
delante de su caballete.
M_e!ssonier, c:n cuanto artista, se distinguía por la
prec!s1ón en la energía, la elección en la verdad y la
sobnedad en la fuerza. F~ltanle la elegancia y la ligereza, pero ¿eran compatibles con sus demás cualidades? Pintaba co~ la vo~u?tad de escoger entre
todo cuanto determina la onginalidad de encerrar en
cada trozo un sent_ido, ~na aspiració~; no se preocupab~ de ~er moralista m filósofo, y teniendo horror
del_ enfas~s, d e la declamación y de la sensiblería,
aphcab~ a· la naturaleza y á la vida los únicos medios
de la pintura, los que la definen y sólo á ella pertenecen.
Empezó_ s~ carrera pictórica en 1834, ósea en pleno rom~ntJc1smo, época en que la historia de Thierry Y M1chelet, la poesía y la 1~ovela de Víctor Rugo,
e) dr~ma de Shakespeare, excitan y caldean las imag~nac1_on~s de los artistas; pero no le gustaban en la
~1stona sm_o las épocas inmediatas á la nuestra y cuya
1?terpretac1ón pudiera basarse en documentos auténticos~ por esto en sus cuadros no se remonta más allá
del siglo xvr.
~ase hablado mucho de los escnípulos de Meissomer Y de su resuelta voluntad á no dejar salir de
s~ tal_ler más que lienzos irreprochables ante su conciencia d~ artist_a. ~iel al asunto, quería rodearlo de
cuanto exigía, 111 mas ni menos.
Se le ha censurado también por las escasas dimen

�LA

220

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

plo en un tratado de equitación; otro tanto puede
decirse en cuanto á los detalles de los arneses, á la
actitud del jinete, á los grupos ecuestres, etc.
Y es que Meissonier veía en el caballo lo que es
en realidad, la más sorprendente combinación mecánica de que los animales puedan ofrecer ejemplo, y
habría creído hacer, como decía, ((un insulto á la naturaleza si lo hubiera representado de capricho.» No le
gustaba la fotografía instantánea aplicada á este estudio, y sin dejar de hacer justicia al talento de los
pintores que la practican, creía con razón que estos
movimientos no tienen interés sino desde el punto de
vista anatómico y fisiológico. Y en efecto, su vista le
bastaba: era quizás una de las mejores y más perspicaces de cuantas la naturaleza ha concedido á un pintor.
Por la combinación singular y tal vez única de dos
afecciones, la del miope que no ve bien sino de cerca. pero que aprecia el menor detalle, y la del présbite, que sólo Ye bien de lejos, pero que abarca los
conjuntos, poseía un instrumento de observación,

~{eissonier en su-taller, pintado por él mismo

siones de sus cuadros, á lo cual hubiera podido contestar que no le asustaba la pintura en
crrandes superficies: ejemplo, los «Coraceros de
~805» y ((1807-» Pero ¿quién ignora que la dimensión en arte y la extensión c:n literatura es
cuestión de preferencia y no de talento? La
medianía suele ostentarse en metros cuadrados de lienzo ó en muchos volúmenes, y hay
cuadrito ó novela que contienen considerable
suma de invención y de verdad. En Francia,
donde gustaban mucho los grandes lienzos y
se creía que para que un cuadro fuese digno
de exponerse al público había de tener un tamaño imponente, Meissonier fué de los primeros en comprender que la dimensión rara vez
es una necesidad del asunto, y que hay asuntos en que la extensión es un contrasentido.
Si se quiere pintar la consagración de Napoleón ó la batalla de los Cimbros, cabe el derecho de adaptar la tela al espacio que tales escenas ocuparían en la realidad; pero también
se podría concebir el asunto de modo que cupiera enteramente en un metro cuadrado. Pero ¿por qué dar á la reproducción artística más
importancia de la que los originales tienen en
realidad? Un jinete, un infante, un transeunte
cualquiera interesan por la impresión rápida
que producen en la vista y en la imaginación,
y si se trazan estos «muñecos&gt;&gt; con bastante
verdad y vigor para advertir en ellos los caracteres profundos de una acción, de una profesión, de una vida humana, puede calificarse el
autor de verdadero artista, y si á mayor abundamiento se revela en ellos un alma, si se crea
un ser viviente con los elemei1tos que proporciona la naturaleza, ese artista es grande.
En tal caso se halla Meissonier y tal es la impresión que producen esos pequeños seres llenos de vida
y de verdad que se ha calificado mucho tiempo de
«muñecos~ con cierto desdén, y que ahora son los
testimonios más expresivos de su tiempo, lectores,
jugadores, fumadores y bebedores y sobre todo jinenetes tal como al artista le gustaba representarlos,
como escuchas ó centinelas avanzadas. Curtidos por
el sol de España ó de Egipto, sólidos y ligeros, infantes y jinetes, Meissonier los pinta con especial predilección, predilección que hace extensiva á toda clase
de soldados y caballos. Toda su vida estuvo haciendo estudios de este noble animal, y ya es sabido que
era el pintor de caballos en toda la extensión de la
palabra, habiendo merecido justa fama sus monturas
y arreos. Muchos de esos animales, blancos como el
legendario caballo de Napoleón I, ó alazanes, han
tenido su celebridad: los montaba y los guiaba con
una energía y una fuerza de voluntad que su escasa
estatura hacía meritorias. En sus cuadros de batallas
cada uno de los jinetes podría figurar, por la verdad
particular con que están representados, como ejem-

NÚMERO

588

desde 1791 y habían llevado el uniforme blanco de
las tropas reales, el azul de las levas republicanas, y
los brillantes y pesados de la guardia imperial.
Y cosa digna de mención, este pintor de soldados
jamás ha representado batallas, porque era un realista muy respetuoso de la verdad, y para pintar verdaderas refriegas se necesita haberlas visto. Limitábase,
pues, á figurar soldados descansando, preparados al
combate ó emprendiendo el galope de carga, como
los «Coraceros de 1805» y los de ((I8b7.» Así ha representado todos los tipos militares del ejército imperial
desde Napoleón y el mariscal de Francia hasta el simple recluta, dándoles actitudes de estatuas ecuestres.
Meissonier era colorista, por más que se haya supuesto lo contrario con notoria injusticia. Cierto que
no era un Veronese, un Velázquez ni un Teniers: tiene el color de su género de observación; pero no por
ello deja de ser color, y tan justo, tan verdadero, tan
variado como el de los seres, hombres, países y luz
que pintaba. Otros pintores hacen resaltar los esplendores de España ó de Italia ó reunen cuanta variedad
pueda haber en un cielo de Flandes en un hermoso
día; él reproducía los cielos velados, los uniformes
ajados por la lluvia y el polvo, los adornos de oro sin
brillo, las botas polvorientas. No cabe negar que en
cuanto á dibujante sea mejor que colorista; pero ¿no
sería justo reconocer que tan perfecto dibujo exige
ese color, que es su consecuencia necesaria y forzosa;
que sus «muñecos» y sus escenas, examinados en
conjunto ó aparte, son tan verdaderos de color como
de estructura, y que es tan impecable para distribuirles la luz como para trazarlos? Hay que tomará Meissonier tal cual es, con su marca poderosa y sobria,
como un maestro que tiene sus más y sus menos, como todos los maestros.
No faltan críticos que deseen en él más gracia y
atractivo; es una injusticia decir que no sabía representar una mujer, pues en los muchos croquis femeninos que figuran en la Exposición actual, prueba
que no temía dedicarse á tales asuntos y que si hubiera querido habría sobresalido en ellos.
El encanto de los contornos, los cambiantes de luz
en la epidermis, la seducción de las carnes, los estremecimientos de la vida, todo esto le era indiferente;
prefería las armas, las ropas, los muebles, los caballos.
Habría sido de desear que lo hubiera preferido todo,
el hombre y la mujer y los animales y cuanto lleva
impreso el sello de los seres vivientes. Era posible,
porque otros lo han hecho; pero tal cual es, su ol,ra
es bastante hermosa y vasta, y Meissonier es una glo·
ria de la pintura francesa contemporánea.

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Estudio de guía, pintado por Meissonier,
para el cuadro «18o7»

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merced al cual abrazaba al mismo tiempo conjunto y detalles. De aquí ese género de pintura
sin par, minuciosa y amplia, precisa y compacta,
que se puede examinar lo mismo á la distancia de
una pulgada que á muchos pasos del lienzo.
Meissonier ha pintado muchos jinetes, caballeros ó soldados, trompetas ó portaestandartes,
generales ó simples soldados, desde el siglo xvr
hasta nuestros días. No se habrá olvidado el soberbio heraldo de Luis XIII, encargado de anunciar la fiesta de París-Murcia, ni los mosqueteros
de la misma época. Pero entre tantos jinetes, los
más numerosos son los de la época imperial, preferencia que se explica. Meissonier buscaba sobre todo el carácter, es decir, el sello especial,
expresivo, que la naturaleza, la profesión, el hábito, la acción prolongada de las mismas circunstancias y del mismo género de vida imprimen al
ser humano, y en ninguna época el soldado ha
sido más soldado que en tiempo del primer imperio, pues entre esos dragones y coraceros, granaderos y cazadores, los más veteranos servían

.

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Gentilhombre de la época de Luis XIII,
clibuio de Meissonier

LA VIDA EN Ji:GIPTO, - VISTAS DEL CAIRO,

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dibujos del natural de I-Iolland Trincham. - BOTES EN BULAK• - UN RINC
• ó
N DE CALLE , - EN EL CAMINO DE HELUÁN

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

222

NúMERO

588

chas: hasta los más comedidos, á sus preguntas con- poder obrar con premeditación y alevosía. Y en efec·
to, uno de los momentos en que Mi/hombres, entusiastestaban con insolencias.
CRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA
- A ver, niño, ¿tiene usted la bondad de decirme mado con sus éxitos, ensayaba una de sus treinta y
( Co,ui1111ación)
cuatro caras feas, bizcando, sacando la lengua y moel genitivo de singular de dóminus?
viendo con extraordinaria vclocidad la oreja derecha,
Mecachis,
respondía
el
chico.
VIII
cosa que hacía desternillar de risa á la clase, D. PeRisotada general.
DON PABLITO
dro recogió la pierna como para rascársela, pero en
O bien:
realidad para tomar bien la puntería, y á un momento
- ¿Podría usted declinarme vulpes?
A las diez nos daba suelta al corral, y era cosa de
- Nominativo, vulpes; genitivo, borrico; dativo, dado ¡válgame Dios! descarga sobre el hombro, cara
ver cómo salíamos del tormento, los saltos que dá- avestruz; acusativo, cabrón con pintas; vocativo, el y cuerpo de Mi/hombres tan terrible patada, que él y
bamos y las barbaridades que en un santiamén llevá- ladrón de tu padre, etc., etc.
los otros siete chicos que ocupaban el banco salieron
bamos á cabo. El agua de un depósito, que rompe el
El pobre D. Pablito perdía los estribos, y cuando disparados por la otra punta como flechas por ballesdique que la contiene, y se arroja de golpe fuera, y nervioso y acongojado' se creía obligado á emplear ta. Mi/hombres quedó muy malparado en aquel caso,
tala campos, y desarraiga árboles, y anega casas, no la fuerza para restablecer el orden y empuñando la pero no se corrigió; en cambio los otros siete llevaron
era más terrible y rumorosa que nuestra bajada en palmeta hacía actitud dé levantarse, no podía ... por- tan grande susto al sentirse inesperadamente arrojavilo, sesenta chicos á una, salvando de un solo salto que le habían cosido los faldones de la levita á los dos al espacio, que uno de ellos de resultas contaban
una veintena de escaleras. ¡Así estaban ellas de des- brazos del sillón, ó porque los buenos, por debajo de que quedó bizco... , pero ¡vayan ustedes á creer dichos
vencijadas y r'1fermizas!
la mesa, le habían trabado las piernas como á un ca- de chicos!
Y una vez en el corral ó nos dábamos en el acto ballo; y mientras se desataba, descargaba sobre él un
Este ejemplar y otros que por igual sistema ó por
de sopapos, ó nos coceábamos como los internos, ó nublado de bolas de papel, de chinas y de mendru- otros sistemas se realizaron, ya nos daban que pensar
armábamos pedreas peligrosísimas para nuestras ca- gos de pan duro, y la desmoralización y la algarabía bastante; pero no por eso dejábamos de cazar mosbezas y para todos los cristales de la vecindad, que llegaban á su colmo.
cas y ponerlas cucuruchitos en el rabo, ni dejábamos
celebraba nuestra llegada cerrando á piedra y lodo
En estos momentos era cuando jugábamos con de pellizcarnos y pincharnos con alfileres y agujas,
mayor fruición á la (parida,&gt; que consistía en apretar ni de hacernos cosquillas en las orejas con pajitas y
todos sus huecos.
Si por rara casualidad sorprendíamos alglín gato, los chicos de la mitad de un banco contra los de la otros excesos: solamente que cada día eramos más hiya se sabe, no lo contaba. Cosas bárbaras, diversiones otra mitad, prensando á los del centro, que aullaban pócritas, silenciosos y reconcentrados en nuestras barpropias de salvajes, cnreldades indignas..., todo nos como lobos.
baries, hilaridades y farsas, caracterizadas cada día
parecía poco con tal de movernos, de gritar, de saltar,
- ¡Mecaaachis!.. ¡Que maogo.'.. ¡Madre!.. ¡Brutos, con peor intención.
de correr, de golpear, por sacudirnos del tremendo que me mancáis! ¡Córclzolis, que me revientan!, gritaban
Entretanto seguía la traducción de los Comentamiedo que durante dos horas nos había tenido para- unos, y otros: «¡Anda con él!, ¡más puede!, ¡más aguan- rios en esta ó parecida forma:
El número primero de la clase lee este parrafito:
lizados.
ta!;» y la fiesta, como todas, concluía á moquete limPara vigilar nuestros juegos y evitar grande$ estra- pio, sin que remediarlo pudiera el pobre D. Pablito,
«Gallia es! omnis divisa in partes tres, quarum imam
gos, D. Pedro nos destacaba á D. Pablito, al angeli- que de la contienda salía aporreado y maltrecho, con t'ncobmt Belgce, alliam Aquitani, tertiam, qui 1psoru111
cal D. Pablito, en el que cruelmente vengábamos los anteojos rotos y robada la merienda.
li11g11a Celta nostra Galli appellantur.»
nuestro odio reconcentrado contra el tío, haciénY cuando cansado de luchar inútilmente caía des- La Galia está... está. .. está... formada.
dole blanco de mil crueles mofas y dolorosas ase- plomado sobre la poltrona, lanzaba un quejido y se
- No tienes tú mala forma, zo... zoquete... ; ¡otro!
levantaba de un salto, indescriptibles explosiones de
- Está... está... dividida...
chanzas.
.
Unas veces eran éstas de palabra, otras más fre- alegría celebraban el triunfo de los malvados, que ha- Eso es, adelante.
cuentemente de hecho. Nos acercábamos á él con el bían colocado maliciosamente en el asiento de la pol- Dividida... dividida...
aire más bondadoso del mundo á preguntarle dudas trona agujas y alfileres punta arriba.
- ¡Si lo repites más te divido yo á ti, maleta!.. ¿No
de la traducción ó de la composición, que D. Pablito
Ni sus súplicas ni sus lágrimas nos conmovían. sabes más?
se apresuraba á resolvernos con su incansable longa- Más humildemente nos rogaba, más cruelmente le
- En tres partes...
nimidad, y tanta era nuestra mala fe que cuando maltratábamos, seguros de que se tendría que aguan- Y ¿por qué dices en tres partes?
luego se enfurecía D. Pedro al leer nuestras bárbaras tar y que de ningún modo iría á dar parte á D. Pedro
-No sé...
composiciones, todos á una exclamábamos: «¡Así nos de lo ocurrido. Y no sólo por bondad de alma... , que
- ¿Cómo que no sabes, gandul? ¡A ver... otro!
lo ha explicado D. Pablito!» Con lo cual la cólera. del era muy grande la suya..., sino porque D. Pedro con
- Porque... , porque... , porque.
dómine descargaba atronadora sobre el pobre ino- el ataque al hígado dicen que superaba su ferocidad
- Eso digo yo: ¿por qué?.. ¡Otro!
cente, que no por estas traiciones se curaba de sus á los mismos leones del Atlas cuando sufren la ca- Porque dice tres, y el significado de tres en castellano es tres.
sublimes virtudes.
calentura.
Huérfano de padre, su pobre madre enferma é im- ¡Por vida del Chápiro! Y ¿no se os había ocurriEl martirio duraba hasta que el desgraciado, no pupedida no contaba con más recursos que los merma- diendo resistir más, levantaba la sesión y nos echaba do antes ... cestos de vendimiar? Tú ... el primero... y
dísimos que D. Pablito la proporcionaba; así que á la calle, exponiéndose á que D. Pedro, sabedor del vosotros, mastuerzos, ¿por qué no habéis respondido?
para sufragar los gastos de médicos y botica, amén de suceso, le hiciera morcilla ó le arrojase de su casa, perUno. - Creí que ...
los corrientes, necesitaba ahorrar en la comida y en diendo así su único sostén y el sustento de su pobre
Otro. - Pensé que ...
el vestir, y tanto ahorraba que de la pitanza que en madre inválida.
- ¡Ah! ¿Conque creíque y penséque? ¿No os he recasa de D. Pedro le servían hacía dos partes: una
¡Ah, sí! Nuestra incalificable inquina y profunda petido mil veces que todo lo sufro menos esos dos esmuy pequeña, que era su manutención, y otra que maldad contra aquel santo varón, autorizaba y justi- túpidos vocablos? ¿No os he contado que Creíque y
cuidadosamente guardaba, para la enferma, envuelta ficaba los tremendos procedimientos de D. Pedro. A Penséque eran dos ladrones de caminos que acabaen papelotes con que llenaba de continuo sus bolsillos. fieras así hay que tratarlas á palo limpio..., jarabe de ron ajusticiados en las Moragas ... y que murieron sin
Nosotros, tan pronto como descubrimos este juego palo... , mucho jarabe de palo... , como decían los pa- descendencia?.. Pues para que no se os vuelva á oldimos en el cruel y bárbaro de extraerle cautelosa- dres de los internos.
vidar... , á ver... , la mano.
mente las viandas del bolsillo de su raída levita y
Los tres culpables, mejor dicho, las tres vktirnas
sustituirlas con papeles llenos de tierra, barro, cantos
de aquella pega traicionera de D. Pedro se alínean.
IX
y mil porquerías é inmundicias. Cosa cruel y brutal
Los tres traen las caras compungidas y se frotan las
que celebrábamos con risas silenciosas de pieles rojas
TRADUCCIÓN Y COMPOSICIÓN
palmas de las manos en las nalgas para mejor prepa•
ó caníbales.
rarlas al correazo.
Algunos chicos, y éstos eran de los m1oritingos,
- ¡La mano!.. ¡¡La mano!!.., grita el dómine.
Desde las diez y media, que acababa el recreo, hascuando estaban bien hartos y les sobraba algo de la ta las doce, tocaba el turno á los grandes, á los que
- Si D. Pedro... D. Pedro, por Dios... D. Pedro de
merienda se lo ponían sobre la mesa con letreros de andaban en los Comentarios y á los que andaban en mi alma ...
este jaez: «Para la vieja.» cPara la bruja.» «Para la tía Ovidio y Virgilio, que como más avezados á las bruta- Yo no soy D. Pedro de nadie... ¡La mano!
Marizápalos,» cuando no «para la tal de tu madre» ... Y lidades de D. Pedro, daban otra clase de juego y luEl muchacho ta adelanta tímidamente y tan poco
el angelical D. Pablito guardaba los desperdicios, sí, gar al empleo de nuevos y más refinados tormentos. que casi queda oculta por la chaqueta; pero la habipara darnos lección de humildad; pero se le caían las
Durante estas dos horas y otras dos por la tarde, los lidad de D. Pedro era tanta corno la flexibilidad de
lágrimas y nos miraba con ojos tan desolados, con tal pequeños eran público, como lo habían sido los gran- Minerva: el golpe alcanza de lleno... , el chico lanza
expresión de conmiseración y pena, como debió mirar des en la media corrida de la mañana y en otra me- un grito y se comprime la mano contra el muslo, bael Salvador á sus verdugos al exclamar: «Perdónales, dia idéntica que los esperaba de una á tres de la tar- lanceando con priesa el cuerpo de atrás adelante y
Padre mío; no saben lo que se hacen.&gt;
de; y como es natural, los menudos, sin dejar de tem- gritando á voz en cuello:
Y no paraban ahí las burlas. En cuanto se descui- blar, no cesaban de hacerse tretas los unos á los otros.
- ¡Madre! ¡Madre!
daba, los niños más tiernos de su clase, á los que más Milhombres, así llamado por su corta estatura y por
- ¡La mano!, insiste el dómine... Y viendo que en
mimaba, á los que más tormentas conjuraba declarán- su mucha maldad, ocupaba el primer sitio en el ban- vez de avanzarla sigue gimoteando: «¡D. Pedro, por
dose ante D. Pedro culpable de faltas que ellos co- co que correspondía á la pata derecha de D. Pedro, Dios!.. ¡D. Pedro, por Dios!,&gt; se carga y le cruza la
metían, le acusaban de mil mentiras, le llenaban el que sin cesar le vigilaba. No obstante, era tanta la cara de un correazo, de cuyas resultas salta el chico
tintero de borra, le robaban los libros, le emporcaban malicia y socarronería de aquella criaturita, que de- como un condenado y se frota desatentadamente las
la silla, le prendían de los faldones en la espalda car- jando inmóvil el perfil izquierdo de su cara de pito, orejas.
telones tan brutales y torpes que en ocasiones el que veía D. Pedro, con el ojo derecho y con toda la
- ¿Conque creíque y penséque?.. Ahora os expli·
mismo bruto de D. Pedro, al verlos, en vez de mon- media cara derecha hacía los más graciosos visajes que cará Minerva quiénes eran Creíque y Penséque... ¡La
tar en cólera se dignaba reírse y preguntaba el nom- imaginarse puedan, tan divertidos que en ocasiones mano!
bre del autor para premiarle. El nombre jamás se hasta arrancó explosiones ruidosas de risa á algunos
El segundo la adelanta con relativa tranquilidad Y
supo, pero la risita del ogro caía sobre nuestros mar- desgraciados y ¡ábates! de admiración, que con sangre recibe sin pestañear su ración correspondiente: sólo
chitos corazones como el rocío en los abrasados cam de sus venas - que por allí también debe haberlas - al último latigazo no se puede contener y exclama:
pos de Valpalencia.
pagaron su falta. En mucho tiempo D. Pedro no no- ¡1Concho!!.. Me tal en tal...
Aún me parece estar viendo al pobre D. Pablito tó nada; pero su fina nariz de pachón le hacía mali- ¡Ah! ¿Conque conchos también?.. La mano... Y
los días que por enfermedad de D. Pedro él daba la ciar algo, y en fuerza de estudiar las caras de los chi- la ejecución continúa.
clase.
cos y notando que todas las miradas convergían en
¡Qué desorden, qué desconcierto, qué serie no in- Mi/hombres, cayó en la cuenta del caso y tomó cauteLUIS DE LLANOS
terrumpida de salvajadas! Nadie éontestaba á dere- losamente sus medidas, como era de costumbre, para
(Continuará)
DON PEDRO EL CRUEL

N úMERO

588

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tre sus poesías sobresalen particularmente aquellas que escribió en su o~o
á las tiranías y en su amor á la patria
y á las conquistas del progreso humano.
La lista de sus obras ocuparía mayor
espacio que el de que podemos disponer: por esto nos limitaremos á añadir
á las que citamos en la sección necro:
lógica del número 583, Manual del ~zsitador del pobre, Cartas á los delin-

DONA CONCEPCIÓN ARENAL
Una inteligencia privilegiada para el
estudio de lo~ problemas más trascendentales un corazón abierto á todos
los afec;os nobles, una voluntad infati.
gable en el servicio de las causas J~Stas: esto fué la ilustre pensadora dona
Concepción Arenal..
. .
La cuestión pemtenc1ana, la cuestión social y la cuestión de las relaciones internacionales de los pueblos ofrecieron especialmente ancho cam~o á
su esclarecido talento, y al exammar
los males que á la humanidad afligen
en esos tres aspectos del desenvolvimiento de la vida del individuo y de
las sociedades, no sólo estudió con
elevación sublime las causas que los
originan, sino qu_e señaló con ~drnirable espíritu practico los remedios que
deben, si no curarlos del todo, por fo
menos mitigarlos en gran parte.
A la realización de su difícil cuanto
hermosa tarea llevó la señora Arenal
algo que vale y puede tanto como el
talento cuando con el talento se acompaña: el sentimiento. Así vemo~ j~ntarse en ella el filósofo que rac1ocma
y la mujer que compadece, el sociólogo que investiga y el ángel que consuela, el tratadista que diserta y la hermana de la Caridad que cura.
Para el logro de sus levantadas aspiraciol)es desarrolló una actividad
prodigiosa. Dondequiera que se ponÍan á discusión los temas á cuyo estudio se consagrara, alli acudía, y ora
alcanzaba en públicos concursos premios que los hombres más eminentes
le disputaran en noble lid, ora cautivaba con sus memorias á las más ilustres
personalidades de nuestra patria y del
extranjero, congregadas en científicas
asambleas.
Fué también inspirada poetisa: en-

223

cuentes, Estudios penitenciarios, El derecho de gracia ante la justicia, Elpueblo el reo y el verdugo, Estado de las
prisiones y de las t'?zstitucümes destt'nadas á la protección de los niños en los
países civilizados, Estado de las prisiones en Espa1ia, Las colonias penales de
la Australia y la pena de la deportación, Juicio crítico de las obras d~ Feijoo, La mujer de m casa, La mu;~r del
porvenir, Estado actual de la 1~1u;er en
Espa11a. Entre sus obras poéticas merecen citarse en primer término su oda

A la abolición de la esclavitud, sus cantos Espa11a en A/rica y Gerona, sus
Fábulas y sus Romances. Además fundó y dirigió el periódico La V~z de la
Caridad, revista de beneficencia y de

DOÑA CONCEPCIÓN ARENAL,

eminente pensadora y escritora.

Naci6 en el Ferro! en 30 de enero de 1820, falleci6 en Vigo en enero ele- 1893

NUBE DE VERANO,

cuadro de G. Taldi

cárceles, que sostuvo por espacio de catorce años.
Doña Concepción Arenal nació en
el Ferro! en 30 de enero de 1820;
huérfana á los ocho años de edad, vivió en La Liébana (valle de Potes) en
unión de dos hermanas menores al
lado de sus abuelos, hasta los catorce,
en que pasó á Madrid; casóse á los
veintisiete, y ocho años después enviudó, trasladándose entonces nuevamente al valle de Potes con sus dos hijos
hasta que la necesidad de dar educación á éstos sacóla otra vez de su apacible retiro y de nuevo llevóla á la
corte. En 18641 á los cuatro años de
haber sido premiada por la Academia
de Ciencias Morales y Políticas su obra

�ESPERANDO AL MARINO, cuadro de J. Bartels

FEDERICO EL GRANDE Y EL SUEÑO DEL GENERAL ZIETEN, cuadro de Arturo Kampt

~--------

�226

LA I LUSTRACIÓN

NúMERO

ARTÍSTICA

588
N úMERO

588

LA

ILUSTRACI ÓN A RTÍSTICA

227

F ederico el G rande y e l s u eño
d el general Z ieten, cuadro de Art u ro Kampf. - Cuenta la historia del
gran rey de•Prusia, entre otras anécdotas,
que cierto día en la mesa del monarca durmióse e l general Zieten, el reorganizador
de la caballería prusiana, el vencedor en
cien batallas, y como los otros comensales
quisieran despertarle, Federico les contuvo
diciéndoles: «Dejadle que descanse, que en
los días de peligro bien ha velado por to·
dos nosotros.» De Arturo Kampf también
publicamos en el número 513 de LA ! LUSTRACIÓN ARTfSTJCA otro episodio de la
vida de aquel soberano, «¡Se11ores, buenas
noches!» Lo que entonces dijimos del ilustre pintor alemán nos releva de ensalzar las
cualidades del cuadro que en el presente
número figura, pues habría ele ser una repetición rle los elogios en aquella ocasión consignados.
La iglesia de San Joaquín ofrecida á S. S. León XIII con motivo de su jubileo episcopa1 y medalla conmemorativa. - 1..,on ocasión del jubileo episcopal del Sumo Pontifice, el Vicario de Cristo ha recibido testimonios de afecto y veneración del orbe entero y valiosos regalos, no sólo de los prín·
cipes católicos, sino que también de aque·
llos soberanos que sin profesar la religión
verdadera han querido rendir un tributo de
admiración y respeto al sabio y respetuosísimo Papa que hoy es la cabeza visible de
la Iglesia. Los fieles de Roma han hecho
donación a S. S. de un hermoso templo
consagrado á San J oaquin, el Santo patrón
de León XIII, que como es sabido se llaROMA. - LA IGLESIA DE SAN JOAQUÍN, OFRECIDA Á S. S. LEÓN Xlll CON MOTIVO DE SU JUBILEO EPISCOPAL
ma J oaquín Pecci, y han acuñado una art!stica medalla conmemorativa en la que se
ve en el anverso el busto del Santo Padre
La beneficencia, la ji,antropía y la caridad, fué nom- blica. Mil plácemes á los iniciadores de este proyecto y felici- y en el reverso el templo regalado. Uno y otra reproducen los
tamos al artista.
dos primeros grabados de esta página.
brada por el Gobierno Inspectora gene ral de las cár- Se ha constituido la Comisión para la gran Exposición Ar·
celes de mujeres, cargo que d esempeñó poco m ás d e
tlstica de Berl!n del presente año, nombrando presidente y se·
El eminente historiador y crítico francés Hiun año, e n e l que fué repuesta á raíz de la revolu c ió n cretario respectivamente á los profesores Carlos Becker y Juan p ó~to ~dolfo T aine, recientemente fallecido. Nació Tame en 21 de abril de 1828 en Vauziers (Ardennes 1y
de 1868 y d e l que se vió d estituída d esen 1853 obtuvo el diploma de doctor en Letras. Fué profesor
pués de la proclamación de la RepLí.blien Navers, en Poitiers y Besanzón; pero pronto renunció á la
ca. Cuando estalló la última g uerra c ivil
carrera de la enseñanza y se estableció en Paris, en donde se
fué al Norte como Secretaria geneconquistó rápidamente una reputación envidiable que no tardó
en ser europea, escribiendo en los principales periódicos arral d e la Asociación inte rnac ional de la
ticulas de crítica, de filosofía y de historia. Publicó muchas é
Cruz Roja y dirigió el hos pital de Miimportantes obras, ele las que enumeramos las principales al
randa . Terminada la guerra, r etiróse á
consignar su fallecimiento en la sección correspondiente del núVigo, e n donde ha fallecido e n e nero del
mero 585 de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA .
presente año.
D . Ricardo P alma, eminente literato, delegado
E l diario d e Orense El Derecho ha
del gobi~rno del Perú en los congresos celebrados en España
abierto una su scripción para e rigir una
con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de Améestatua á la ilustre escritora, objeto d e
ri&lt;;a, - No vamos á escribir ni someramente la biografia de don
Ricardo Palma, tarea que reservamos para cuando publiqueadmirac ión de propios y más aún de los
mos, que será en breve, sus hermosas Tradiciones peruanas:
extranjeros, y es d e esperar q ue el Gohoy nos limitaremos á dar la más cordial bienvenida al ilustre
Medalla conmemorativa del Jubileo episcopal de S. S. León XIII
bierno. las Sociedades, las Academias y
americano
que no ha querido regresar á su patria sir. honrar
y de la iglesia de San J oaquin
el pueblo esp~ñol_ e n general cont_ri~uicon su presencia nuestra ciudad, a l ·literato insigne cuya prosa
rá n á la reahzac1ó n d e tan patnótico
puede competir con la de nuestros más castizos hablistas del
p e nsamie nto y á que de esta sue rte se h~n~e y per- ?,,feyer. En este certamen, que se abrirá en 14 de mayo y se ce· siglo de oro y en cuyos versos admírase la inspiración de nuestros
mejores poetas, al político eminente que ha ocupado los más
petúe la m em o ria de la q ue pensó y escnb1ó como rrará en 30 de junio, se ha concedido á los secesionistas muniqueoses, gracias á las gestiones de los representantes de éstos, altos puestos en el gobierno y en el parlamento de su país, al
un sabio y sintió y vivió como una santa. - X.
Piglhein y Dill, un local y un jurado especiales, concesión que. valiente patriota que luchó denodadamente en el Callao prime·
••••• , ......, ••••••, ....,,,,,;•,, .. ,, •••.•., ••.••.••••••• , •. ,., •••• , ..... ,, ............ ,, ••••••, ...... , •• , ...1,..·,.1•,,•,., •••,.,.
ro y en los reductos de Miraflores después, al sabio bibliófilo á
se otorgará también á las demás corporaciones alemanas.
......,.............,......,.............,......,......,....,.,......,................, .,.............,.,........, ,......,......,.
MIS C ELÁNEA
NUES TROS GRABADOS
B e llas Artes. - La Asociación de los Once, que personifica la tendencia más moderna dentro de las artes plásticas, ha
Vistas del Cairo, dibujos del natural de Hoinaugurado en el Salón Schulte, de Berlin, una nueva Exposi· lland Trincham. - Es la capital de Egipto una de las ciución en la que figuran 8o obras, en su mayor!a cuadros al óleo y dades de Oriente que más interés ofrecen al viajero, contribu·
pasteles. Llaman en primer término la aten_ción las del presi- yendo á ello principalmente el extraño contraste entre la actual
dente Maximiliano Liebermann y en especial sus Huérfanas civilización y la forma más genuina de la antigua barbarie; as!,
/10/andesas. Juan H ermann presenta también algunas escenas de por ejemplo, al lado de barrios hermosos con magnificas edifi·
H olanda; Skarbina, siete cuadros al óleo y otros tantos pasteles, cios encuéntranse otros de estrechos y lóbregos callejones con
que son magn!ficos estudios de aire y de luz;. Hugo Vogel, un viejas casas, en las cuales son, sin embargo, de admirar belllretrato de señora y un niño que toca el orgamllo; Stahl, J. Al- simos detalles ele la arquitectura y deC0ración árabes. Un rinberts, Muller-Kurzwelly, Schars-Alqvist, Leistikow, Mosson y cón de una de estas calles representa el dibujo q ue reproduci·
H ofmann exponen también notables pinturas. .
. mos y en el que aparece reflejado con toda verdad el modo de
Barcelona. - SaMn Parés. - Interesante ha sido la exposi- ser de aquella ciudad y de sus pobladores indígenas. ,Los otros
ción de algunas obras del escultor Campeny, desde la estatua c1os detalles del dibujo son referentes á Bulak, barrio industrial
de carácter monumental, como La formiga, joven espigadora situado á la orilla derecha del Nilo y unido al Cairo por amplia
que se agacha para recoger entre el rastrojo la mies abandona· avenida, y el camino de Heluán, estación termal situada en los
da, hasta el boceto ligeramente ejecuta? º y aproxim~ndose á 1~ alrededores de la capital, adonde van las gentes acomodadas de
caricatura del Sacamuelas, forzudo é impetuoso, dispuesto a ésta y numerosos turistas á pasar una parte del invierno.
arrancarlo todo. En ella destacábanse un satirillo echado fasci·
nando una culebra, los bustos de D. Víctor Balaguer y del
Nube de verano, cuadro de G , Taldi. - Causa verDoctor Andreu, el grupo de los chicos jugando al salto, el del dadera pena contemplar á esa pobre joven que acaba de rom·
picador en la suerte de vara y el estudio de un oso, que merecen per con su novio; pero ya dice el título del cuadro Nube áe ve• 1
un aplauso, probando con los demás trabajos expuestos las rano, con lo cual quiso indicarnos el artista que la tormenta
~'
cualidades de su temperamento a~t!stico.
.
. será pasajera y que no tardará en lucir el iris, signo de bonanza
EL EMINÉNTE HISTORIADOR Y CRfTICO FRANCÉS
Con decir que se hallaba junto a esas obras un cuadnto de Ri· y, en el caso presente, de reconciliación. De la ejecución del
lllPÓLITO ADOLFO TAINE, RECIENTEMENTE FALLECIDO
bera, basta para indicar con qué placer los visitantes, en par· asunto poco cabe decir, pues basta fijarse en la expresión ele
ticular los inteligentes, contemplaban aquella figura elegante de las figuras y en las bellezas del paisaje para comprender que el quien el Perú debe su mejor joya, la Biblioteca de Lima, sa·
una señora, joven y bonita, sentada, abanicándose y pensando pintor italiano Talcli es de los que siguen con provecho las mo·
queada por los chilenos y que el Sr. Palma ha logrado reorga·
en lo que piensa una señora bonita, joven y elegante.
ciernas tendencias y emplean con acierto los procedimientos nizar, ó por mejor decir, crear con un entusiasmo, paciencia,
SaM11 de cLa Vanguardia.» - Durante la semana pasada se adecuados a las mismas.
constancia é inteligencia muy superiores á todo encomio. LA
ha expuesto una curiosisima colección de bocetos y re~roducILUSTRACIÓN ARTfSTICA envía el testimonio de su admiraci6n
ciones de pintura escenográfica junto con algunos figurines de
Esperando a l marino, cuadro de J. Bartels. - y la expresión del más sincero afecto al ilustre huésped que hoy
trajes correspondientes á espectaculos de los siglos último y ac· Siente el célebre pintor alemán , Bartels especial predilección alberga Barcelona, y se honra publicando el retrato del literato
tual, exposición que es una pequeña parte, si bien selecta, de por las playas, que constituyen el tema de la mayoria de sus
eminente, como se ha honrado en otras ocasiones con la inser·
la numerosa é interesante que sirvió de decoración cerrada á obras: dos de éstas hemos publicado en los números 453 y 46o ción de algunos" de sus más notables trabajos.
nuestro buen amigo Soler y Rovirosa al dar la conferencia en de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, Venta de pescado en las plael Ateneo Barcelonés. Entre a lgunas muestras de Bibiena y yas holandesas y En las dunas de Katwyk, y en ambos puede verRecomendamos el verdadero Hierro Dravals. adopotros italianos hay en grabados diversas reproducciones de fes- se con cuánto talento sabe desarrollar esta clase de asuntos. El
tado en los Hospitales de Parls y que prescriben los
tejos y escenarios franceses, alemanes é ingleses, como al~unos cuadro que reproducimos hoy contiene además otra nota hermedlcos, contra la Anemia, Clorosis y Debilidad ; dando
bocetos originales de Luccini, de los Planella, de Pablo Rtgall 1 mosa, y son las figuras de esa anciana, de esa joven y de esa nia la piel del bello seto el sonrrisado y aterciopelado
de Cambon, Thierry, de Plá, etc.
ña que esperan la llegada del hijo, esposo y padre para gozar
que tanto se dese a Es el melor de todo~ loll 1.. n ros
- El laureado escultor Blay ha recibido, al parecer, el en• juntos de los placeres del hogar que les compensen de los tray recoustlluyent.es. .No produce esLrt!ñlm1entu, n! d.larcargo de modelar la estatua del insigne olotense F ontanella, bajos y amarguras que son poco menos que el pan nuestro de
rea, teniendo además la superioridad sobre todos los
para erigirle un monumento que se costeará por suscripción pÚ· cada dia en la vida del marino y de su familia.
ferruginosos de no fatigar nunca el estómago.

.

..

El Sr. Barincq lleva á su hija del brazo, procurando cobijarla con su para:;¡uas

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT.-ILUSTRACIONES DE EM ILI O BAYARD

I
En el balcón d e u na casa d e la ronda de Bonne-Nouvelle puede leerse e n letras de grandes dimensiones Oficina cosmopolita de los inventores; y en dos planc has de cobre clavadas en la pue r~a que, en el primer piso de esta casa, da e ntrada á los despachos, h á llase repetida la misma muestra con el aditamento d e

un~ nota expresiva de los negocios que en el establecimiento se realizan: Concesz~nes Y venta de prz:vz!egz~s de invención en Francia y en el extranjero; impi,gnaáó~ c~ntra ie,~os _pn~;tlegzos_y defensa de otros en todos los países; investigaciones
d~pnorzdad; dz'bttJOS mdustnales; «El Cosmopolita,» periódico semanal ilustrado,
director M. Chabertó11.
Cuando se d a vuelta al p estillo d e esta mampara como lo indica una inscrip -

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

588
NúMERO

1

1

ción adherida á la misma, se encuentra uno en una pieza espaciosa, dividida en
varios despachos separados por rejillas y entre los cuales un pasillo central conduce al despacho del director; una alfombra de hule va desde uno hasta el otro
extremo de ese corredor, y por lo muy gastada que se encuentra dice elocuentemente, sin que sean menester otras indicaciones, cuán numerosos son los que
arrastrados por las ruedas dentadas del privilegio de invención, metidos en sus
laminadores, pasan y tornan á pasar por aquel camino de amarguras sin poder
nunca huir de él, y vuelven allí todos los días hasta que se ha sacado de ellos, por
procedimientos perfeccionados, todo lo que algo vale: dinero ó ideas. La víctima, mientras que le queda un soplo de vida, grita, lucha, procura defenderse, y
en las ventanillas de los enrejados, detrás de los que aquellos dependientes permanecen impasibles, sobrevienen explicaciones, se oyen súplicas y ruegos y
quejas, que es el cuento de nunca acabar; después llega el aniquilamiento; pero
la víctima que desaparece es en seguida reemplazada por otra que padece los
mismos tormentos con iguales quejas, idénticos dolores y análogo fin; esta víctima es sustituída por otra y así sucesivamente. En general los clientes de las
primeras horas de la mañana no son de la misma categoría de los que acuden
por la tarde.
A primera hora, casi siempre antes que Bernabé, el mozo de la oficina, haya
abierto la puerta y arreglado los despachos, llegan los impacientes, los inquietos, aquellos á quienes las ruedas dentadas han cogido ya y no dejarán nunca;
desde el período de las esperanzas grandes y risueñas han entrado en el de las
dificultades y los pleitos; llevan indicaciones decisivas para su negocio cuya duración es de muchos meses ó de muchos años y que en aquel mismo día va á
recibir un poderoso impulso, ó bien se trata de una nueva entrega de fondos en
la que se han retrasado y tjue por último han conseguido procurarse realizando
el último sacrificio; estos clientes, mientras esperan la llegada de los empleados
ó del director, refieren sus dolores y sus angustias á Bernabé, el cual los envuelve en nubes de polvo que levanta su escoba.
Inmediatamente después de éstos llegan los que por primera vez pisan los
umbrales de aquella casa; éstos saben, si bien con alguna vaguedad, que los privilegios de invención ó bien las marcas de fábrica deben proteger lo que ellos
han inventado ó garantir la propiedad de sus productos, y vienen por lo tanto á
desvanecer su i¡¡;norancia. ¿Qué es preciso hacer? Estos llegan con toda la confianza y todos los atrevimientos de los que van en alas de la fortuna ó de la gloria. ¿No están seguros de transformar el mundo con su invención que va á enriquecerlos y á enriquecer al propio tiempo á cuantos con ella se relacionen? Y
allá en su imaginación calenturienta los millones ruedan, se amontonan, formando masas deslumbradoras y elevadas cuya vista marea y desvanece.
- ¿Que si es necesario adquirir un privilegio de invención en Inglaterra?, dice
M. Chabertón, contestando á sus preguntas; no solamente en Inglaterra, sino
también en Italia, en España, en Alemania, en Europa, en Asia, en América,
dondequiera que la legislación protectora de los privilegios haya penetrado. Indudablemente el gasto puede ocasionar alguna extorsión, sobre todo ahora cuando con ensayos costosos se han agotado todos los recursos; pero sería una locura que dejásemos escapar tan excelente negocio cuando estamos tocando ya
sus resultados.
Y saliendo de su despacho M. Chabertón, lleva por sí mismo al nuevo cliente
á las oficinas y le confía al empleado que ha de guiarle en la senda que conduce al logro del privilegio y al buen éxito de la explotación.
- Oiga usted, Sr. Barincq; oiga usted, Sr. Spring; oiga usted, Sr. Jugu .. .
Y el cliente admitido en la jaula de aquel a quien se le confía, queda encantado cuando ve al Sr. Barincq, ei delineante de la oficina, trasladar al papel las
ideas que más ó menos vagamente expone el interesado, ó cuando contempla al
Sr. Spring preparando ante el inventor las importantísimas piezas de las patentes inglesas; porque en la oficina cosmopolita se trabaja á la vista del interesado; esta es justamente una de las especialidades de la casa, gracias al Sr. Spring
que escribe con la misma facilidad francés, inglés, alemán, italiano y español,
pues antes de caer en la ronda de Bonne-Nouvelle ha rodado por todos los países
en que se hablan esos idiomas, y gracias también al Sr. Barincq que tiene habilidad para dibujar con unas cuantas líneas un croquis improvisado.
Después de un día muy ocupado durante el cual no había sido posible a los
dependientes darse un punto de reposo, las oficinas empezaban á quedar desiertas; eran ya las seis y veinticinco minutos, y los clientes que tenían empeño en
hablar al Sr. Chabertón en persona sabían por experiencia que éste, cuando
diese la media, saldría de su despacho sin que pudiese detenerle consideración
alguna ni un minuto más, pues había de tomar al paso el ómnibus del ferrocarril
para trasladarse á Champigny, donde, lo mismo en invierno que en verano, habita una extensa propiedad que se traga la mayor parte de sus beneficios.
Cuando la campanada de la media sonó, el director abrió la puerta de su despacho y apareció con el sombrero puesto y en el brazo el abrigo, en uno de cuyos ojales mostraba una condecoración de varios colores; el director llevaba el
bastón en la mano. Un cliente miserablemente vestido le seguía y le rogaba.
- Bernabé, gritó el Sr. Chabertón, esté usted al cuidado para avisarme cuando venga el ómnibus.
Colocado el mozo en el hueco de la ventana no apartaba sus ojos de la calle,
en la cual podía ver a lo lejos hasta la bajada de la ronda de Montmartre, pues
su mirada penetraba libremente a través de las ramas de los castaños que apenas
empezaban á poblarse de hojas.
Sin embargo, el cliente sin soltar al Sr. Chabertón se arreglaba de manera que
le estorbase el paso.
- Trate usted, pues, decía, de obtener de los Sres. Strifler que me presten
cinco mil francos; están ganando más de quinientos mil francos anuales con mis
privilegios de invención; ya pueden hacer esto en favor del que se los ha vendido.
- A esto contestan que ya han hecho mas de lo que debían.
- A usted menos que á nadie pueden los Sres. Strifler decir eso; usted ha visto cómo han chupado mi sangre. Que me den esos cinco mil francos y por mi
parte renuncio á cualquiera otra reclamación; pasa de un millón lo que sacrifico.
- Sr. Barincq, interrumpió el director, ¿cómo esta ese grabado para el periódico?
- Muy adelantado.
- Es menester que esté concluído esta misma tarde.
- No saldré de aquí sin haberlo acabado.
- Con esos cinco mil francos, prosiguió el cliente, pongo acabamiento mi

a

aparato calorimétrico, que será seguramente la mas trascendental de m_is invenciones; su influencia en el progreso de nuestra artillería puede ser considerable.
No se trata, pues, únicamente de miras egoístas: mis intereses personales que,
como usted ha visto siempre, estoy dispuesto a sacrificar, son ahora los intereses
de la patria.
- Usted, Sr. Ruffín, acabará en una voladura con sus experiencias sobre la
presión de las materias explosivas en recintos cerrado,.
- Valiente cosa me importa eso.
- ¡El ómnibus!, gritó el mozo.
El Sr. Chabertón se dirigió precipitadamente hacia la puerta, acompañado
siempre por su cliente. Reinó en las oficinas profundo silencio, como·si los empleados temiesen una vuelta posible, aunque poco probable.
- ¡Embarcado el jefe!, gritó Bernabé que había permanecido asomado a la
ventana.
Pero de pronto lanzó una exclamación de sorpresa.
- ¿Qué sucede?, le preguntaron.
- Ese viejo, el Sr. Ruffin, ha subido con el jefe al coche para ir fastidiándolo
hasta la estación.
Entonces cambió de pronto el aspecto de la oficina; al silencio sucedió algarabía de voces y ruido de pasos, dominado todo por el cacareo que hasta desgañitarse empezó a imitar el encargado de la correspondencia.
- Cállese usted ya, Sr. Belmanieres, dijo el cajero asomandose á la puerta de
la habitación en que trabajaba solo; no podemos oírnos.
- Mejor para usted.
- ¿Por qué razón?, preguntó el cajero, que era un personaje muy serio, pero
bonachón y sencillote.
- Por una razón muy sencilla, Sr. Morisette de mi alma: porque si dice usted
majaderías, como ocurre á menudo, no se fijaran en ellas.
·
Morisette paró muy aturdido un momento, preguntándose indudablemente si
procedía incomodarse y buscando una contestación.
- ¡Ah! ¡Qué nombre tan mal aplicado tiene usted!, dijo por último el cajero
después de un largo rato de meditación.
En efecto, precisamente porque se llamaba Belmanieres el encargado de la
correspondencia alardeaba de insolente con sus compañeros, procurando en todas ocasiones y sin motivo alguno herirles, para que no tuviesen nunca motivo
de aludir a su nombre, cuya ridiculez no le dejaba un momento de tranquilidad:
otro cualquiera hubiese llegado tal vez al resultado mismo con habilidad y con
dulzura; pero éste, que por naturaleza era díscolo, malévolo y brutal, no había hallado otro medio de defensa que la grosería; la réplica del cajero lo exasperó extraordinariamente, sobre todo porque fué saludada por una carcajada general en
la que solamente Spring no tomó parte.
No fueron sin embargo ni la amistad ni la simpatía las c~usas de esta abst~1~ción; si Spring no se reía como sus camaradas, tanto de la respuesta de Monsette cuanto &lt;le! enfurecido semblante de Belmanieres, era porque estaba completamente abstraído en su trabajo, del cual nada podía distraerlo. No bien el
jefe se había embarcado en el ómnibus, como decía Bernabé, Spring abriendo
con viveza un cajón del pupitre había sacado de él una batería de cocina: una
lámpara de alcohol, un platito de hoja de lata, un frasco con aceite, sal, pimienta, una chuleta de cerdo envuelta en un papel y un trozo de pan; encendida la
lámpara, Spring había colocado encima su plato, no sin haber puesto antes en
él un poco de aceite, y ahora estaba esperando que se calentase para freír allí
su chuleta. ¿Qué le importaba lo que hiciesen ó lo que dijesen en rededor suyo?
Spring se consagraba por completo á disponerse su comida.
Sobre Spring fué sobre quien Belmanieres quiso desahogar su cólera.
.
- Vamos, dijo, apoyando la frente en el enverjado del despacho de Spnng;
vamos, ya empiezan estas porquerías inglesas.
- Esto no es una porquería, replicó Spring con marcado acento inglés.
- Para las narices de usted no, respondió Belmanieres remedando ese acento, pero para mis narices sí. Y aseguro á usted que es insoportable que todos
los martes nos fumigue usted con los vapores de su desaseada cocina.
- Ya sabe usted que los martes y los viernes no puedo irá cornera casa porque trabajo toda la noche en este barrio.
- ¿Y no puede usted comer como todo el mundo en una fonda?
- No.
La energía de esta réplica contrastaba con la insignificancia evidente d~ la
pregunta de Belmanieres y venía á explicar una parte de las costumbres misteriosas de Spring, que había dado en la manía de creer que la policía rusa quería
envenenarle. ¿Por qué? ¿Por qué la policía rusa perseguía a un súbdito inglés?
Nadie sabía de esto una palabra. Contadas eran las personas á quienes se había
dado explicaciones sobre este punto, y aun estas mismas nunca llegaron a saber
las causas de la persecución de que Spring era víctima; pero al cabo esta persecución, evidente de toda evidencia para el interesado, obliga.bale a tomar todo
linaje de precauciones. Para huir de ella se había visto precisado á dejar todos
los países en que sucesivamente fijara su residencia. Odessa, Génova, Málaga,
San Francisco, Rotterdam, Melbourne, el Cairo, etc., y continuaba en París
cambiando de domicilio todos los meses para despistar á los espías, saltando
desde Montrouge hasta Charonne y de las Ternes a la Maisonblanche. También
el sentirse rodeado por esta peligrosa vigilancia hacía que Spring no tomase más
alimentos que los preparados por él mismo, convencido como estaba de que al
penetrar él en un establecimiento de comidas un polizonte de los que encarnizadamente le perseguían hallaría el medio de echar en su plato ó en su copa
una gota de cualquiera de esos terribles venenos cuyo secreto solamente los
gobiernos poseen.
- ¿Sabe usted siquiera por qué no puede comer en una fonda?, preguntó Belmanieres con el firme propósito de exa'Sperar a Spring.
- Sé lo que sé.
- Entonces sabrá usted que está chiflado.
- Déjeme usted en paz; no hablo con usted.
Salió una voz entonces del despacho contiguo a la puerta, el del Sr. Baring,
que dijo:
- El Sr. Spring tiene razón, cada uno tiene sus ideas:
- No pierda usted su tiempo en darlas de O. Quijote de Gascuña; no le quedará a usted tiempo para concluir ese grabado y llegara usted tarde á su recepción de esta noche.
Belmanieres, dejando entonces el enrejado de Spring, se plantó en medio del
. pasillo.

588

LA

229

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Digan ustedes, caballeros, ¿saben ustedes que hoy da el Sr. Barincq un baile en sus salones de la calle del Abreuvoir? Un sarao en la calle del Abreuvoir,
en Montma:tre, en l_os salones del Sr. Barincq, de oficio inventor en otro tiempo,
en la actualtdad delmeante en el establecimiento de Chabertón· vean ustedes una
c?sa divertida: «Los Sres. Barincq y de Saint-Christeau suplic;n al Sr. de ... les
~1spense la honra ~e p~sar la velada en casa de los mismos el martes 4 de abril,
a las nueve; se b~tlarf.» La !erdad es que esto es gracioso por lo grotesco y
hace reventar de nsa a cualquiera.
- Pues reviente usted, dijo el cajero, nos divertirá mucho ver eso; no deje usted de hacerlo por nosotros. Bernabé, barre bien un gran trozo del pavimento
para que el Sr. Belmanieres pueda reventar á su gusto.
. - ¿Por qué no nos ha convidado usted?, preguntó Belmanieres sin responder
directamente.
-A usted no se le podía convidar, respondió el encargado de lo contencioso,
que hasta entonces no había pronunciado una palabra porque estaba entretenido en charolar sus zapatos.
- ¿Y por qué, Sr. Jugu?
- Porque para concurrir a los bailes de sociedad· es necesario tener ciertas
maneras.
Belmanieres exasperado manifestó visiblemente el propósito de anonadar á
J ugu, pero la contestación necesaria para esto no acudía á su imaginación; después de un mom~nto de espera dirigióse á la puerta con intención de salir, pero
según estaba de mcomodado no podía abandonar así la partida; se le motejaría
de ~-obarde; se burlarían de él no bien desapareciese de allí: retrocedió, pues,
y dlJO:

- ~s ciert? que yo no habría estado bien en los salones de los Sres. de Barincq
de Samt-Chnsteau, pero no habría sucedido lo mismo al Sr. J ugu, y es segurísimo que cuando Bernabé - el cual desempeñará esta noche funciones de introductor, de embajado:es - anunciase con su hermosa voz de bajo te! Sr. Jugu,)&gt;
causana gran sensación en los mencionados salones, como es natural á la entrada de un caballero
eso sin contar con que tan
, tan disparatadamente eleoante·
b
J
e1evado personaJe podía ser un buen marido para la señorita de Saint-Christeau.
- Caballero, dijo Barincq en son de mando, prohibo á usted que asocie el nombre de mi hija á sus necias bromas.
- Nada tiene usted que mandarme ni prohibirme y ese tono es impertinente.
Acaso podría haberse ~dmitido cuando era usted el Sr. de Saint-Christeau; pero
a~ora, cuando _ha perdido usted su nobleza y su fortuna para convertirse en un
s1_mpl,e S~. Barmcq, empleado en las oficinas del Sr. Chabertón, lo mismo que yo
111 mas m menos, es soberanamente ridículo con un camarada igual á usted. Por
lo que se refier~ á la señorita Saint-Christeau tengo derecho á juzgarla, á criticarla y hasta re1rme de ella ...
.__ ¡Caballero!
·
- Sí, ~eñor mío, á burlarme de ella, a ridiculizarla... toda vez que esa señorita es ~rt1sta. Cuando _á consecuencia de muchas desgracias (porque aquí son
conoc1.~as las desgracias de usted) deja un padre á su hija que concurra al taller
de J u)ian y que exponga en el salón obritas no del todo malas, para las cuales se
mendiga una recompensa en todas partes, no es posible manifestarse altanero.
- ¡Calle usted; le digo á usted que calle!
El a~ento con q~e fueron pronunciadas aquellas palabras debió advertir á
Belmam;res que sena prudente no continuar; pero dado el papel de provocador
que babia tomado, obedecer a estas indicaciones hubiese parecido huir y abdicar; además la idea de una disputa no le asustaba, al contrario.
- No callaré, dijo, no, mil veces no.
- ¡Está usted fastidiándonos!, gritó Morisette.
- Razón de más para que yo continúe: son las seis y cincuenta y dos minutos; t9davía tengo á mi disposición ocho, porque entre todos ustedes no hay uno
so!o bastante resuelto para abandonar su sitio antes que hayan dado las siete.
Diga usted, Sr. Barincq, ¿su hija de usted no se llama Anie?
Barincq no respondió.
- He ahí un nombre muy extraño. ¿No ha pensado usted cU1ndo se lo puso lo
extravagante que es un nombre que principia por Ani? ¿Ani qué? ¿Anisete?
Eso sería un calificativo de su carácter.
- Otra cosa hay que principia Ani, dijo un empleado que hasta entonces no
había dicho nada.
- ¿Cuál es?
- Ani-mal, que es el nombre de usted.
- Sr. Ladvenue, es usted un grosero.
-¿De veras?
- También hay, dijo Morisette, Ani-mosidad que es el calificativo del carácter de usted. ¿No podría usted dejar tranquilos a sus compañeros, sin provocarl?s de ese modo con el pretexto más fútil? Es en realidad insoportable la nece~1dad de soportar todas las tardes las insolencias de usted; insolencias que acaso
a usted parecerán ingeniosas, pero que para nosotros, se lo digo á usted en nombre de _todos, son estúpidas.
.
Precisamente porque todos estaban contra él quiso Belmanieres mantenerse
firme. ·
- También existe la palabra Ani-mación, continuó perseverando en su idea
con !ª tenacidad propia de quien no confiesa jamás que va por mal camino; y
frec1same~te por eso deploro no haber sido convidado á la recepción de los senor~s Banncq; habría yo celebrado cómo maniobraba esta noche para pescar
mando _una joven que para acudir al taller cubre su cabeza con una boina azul,
lo cual mdica á un mismo tiempo sencillez y buen gusto...
•
De pronto la puerta del despacho del Sr. Barincq se abrió bruscamente, y ant~s de que Belmanieres volviendo de su sorpresa hubiera podido tomar la defensiva, recibió en medio del rostro un monumental puñetazo que le hizo caer en la
mesa del Sr. J ugu.
- Le había dicho a usted que se callase, gritó Barincq.
T?dos los empleados salieron precipitadamente al pasillo, y antes de que Belmameres se levantase se colocaron entre el agresor y el agredido.
Esta intervención, sin embargo, no parecía del todo necesaria; veíase claramente que ni Belmanieres deseaba devolver la corrección recibida ni Barincq
se proponía continuar la lección comenzada.
- ¡Es una cobardía!, gritaba Belmanieres. ¡Entre compañeros!.. ¡Y sin avisar!..
Y agitando el brazo á distancia amenazaba á su compañero, irguiéndose y
ech~ndo hacia atrás la cabeza. Sin duda Belmanieres hubiera podido ser muy
temible para su adversario porque era vigoroso, ancho de espaldas, fuerte de

piernas y de unos treinta años solamente, circunstancias todas que le habrían
dado ventajas en un combate con un hombre de más edad y menos vigoroso;
pero era indudable que Belmanieres no quería comenzar esta lucha.
- No tiene usted sino lo que merece, dijo Morisette; el Sr. Barincq había
avisado a usted.
Solamente Spring había permanecido quieto; cuando hubo devorado la comida que estaba preparándose salió de su despacho, se acercó á Barincq y estrechando su mano y sacudiéndola con fuerza le dijo: Ali rigllt.
Inmediatamente los otros empleados siguieron el ejemplo y unos en pos de
otros se acercaron á estrechar la mano de Barincq.
- Si no respetase esas canas, gritó Belmanieres cada vez más exasperado, lo
trituraba á usted.
- No diga usted esas majaderías, respondió Morisette; de sobra sabemos que
no quiere usted triturará nadie.
- Insultar sí, dijo Ladvenue; triturar no.
- Son ustedes unos cobardes; todos se ponen contra mí.
- Diez villanos contra un caballero, dijo Jugu riéndose.
- ¡Ea, caballero, salga á relucir la vengadora espada!
Belmanieres movía con viveza sus ojos que lanzaban fuego y se fijaban ya en
uno ya en otro de los empleados; buscaba en su imaginación una injuria que
fuese su venganza; por último, como no la encontrase suficientemente enérgica,
abrió la puerta con estrépito, y amenazándolos á todos con el puño gritó:
- ¡Volveremos á vernos!
- Así lo esperamos, gracias á Dios.
- ¡Qué pena sería para todos nosotros perder un compañero tan amable como
usted!
- Acepte usted el homenaje de nuestro respeto, camarada.
Todas estas bromas cayeron como una granizada sobre Belmanieres antes de
que él cerrase la puerta.
- Señores, dijo Barincq luego que Belmanieres desapareció, pido a ustedes
que me perdonen.
- Nada de perdonar; lo que nosotros hacemos es felicitarle.
- Oyendo hablar así de mi hija no me ha sido posible dominarme; debía de
saber ese joven que hiriéndome en mi ternura paternal me mortificaba cruelmente.
- Y lo sabía, esté usted seguro, dijo J ugu.
- Supongo, sin embargo, replicó Spring con la boca llena, que él no creyó
nunca que usted llegase á golpearle.
- Y ahí tiene usted por qué aprobamos todos que lo haya usted hecho dijo
Morisette, á quienes las funciones de su cargo y lo avanzado de su edad daban
cierto prestigio; espero que esta lección le será provechosa.
- ¡Oh! Si cue?ta usted con eso es usted demasiado inocente, dijo Ladvenue; ese personat pertenece á ~na clase de la cual se encuentran ejemplares
en todas las oficmas y que no tienen más gusto que fastidiará sus camaradas·
éste nos ha fastidiad~ Y. nos fastidiará á todos mientras no empleemos, por rigu~
roso turno, el procedimiento empleado por el Sr. Barincq.
- Yo, dijo Jugu, no apruebo el puñetazo.
- Pues ha sido bueno.
- Hablo poniéndome en lugar del Sr. Barincq.
- Había yo creído que se colocaba usted en lugar de Belmanieres.
- Explíquese usted, señor filósofo.
- Eso excita los nervios, y la excitación nerviosa no puede ser conveniente
para que el Sr. Barincq termine su grabado.
La primera campanada de las siete interrumpió esta conversación· antes de
que se oyese la últ!ma todos los _empleados, incluso Spring, habían saÍido y sólo
quedaba en la º?cma el Sr. Banncq que ha?ía reanudado su trabajo mientras
Bernabé encen?1a un me~hero de gas y termmaba apresuradamente su limpieza
deseando tamb1_én conclmr pronto. Cuando estuvo listo preguntó:
- ¿Me necesita usted para algo, Sr. Barincq?
- N,o, váy:se usted y coma pro~to; si llega usted á casa antes que yo, entere
us:ed a la senora de la causa de m1 retraso y dígale que de todos modos estaré
all1 antes de las ocho y media.
- Por lo menos no vaya usted á retardarse.
- No tengas cuidado, no daré ese disgusto á mi hija.

II
Creía el Sr. ~arincq tener trabajo ~ara tres c~artos de hora; sin embargo, en
menos de med~a hora acabó su d1bu¡o y á las siete y media salía de la oficina.
Como co~ el vigor de sus piernas, que debía á su naturaleza vasca podía recorrer en vemte minutos la distancia que hay desde la ronda Bonne-Nouvelle hast~ lo más alto de Montmartre, no debía retrasarse mucho. Por la ronda Poissonmere y el arrabal M_ontmartre se deslizó con rapidez, no disminuyó la velocidad
de su paso P!l-ra subtr la calle de los Mártires y se encaramó como un muchacho
por las escalmatas que dan acceso á la cuesta. En lo más elevado de ella se hall~ la ca)le ~el Abreuvoir, que entre dos paredes que sostienen la tierra move~1za de ¡ardmes plantados de arbustos baja por un trazado sinuoso hasta las vertt_entes de San Di?nisio. El barrio es!á bastante desierto y su aspecto es Jo sufic1ente1:1ente salva¡e para que sus vecmos puedan creerse á cien leguas distantes
de Pans.
En uno de estos jardines elévase un gran edificio dividido en unos veinte departament_os, Y alr~dedor de sus quebradas pendientes se ven algunas casitas
cuya sencilla arqmtectura sólo puede compararse con la de las casas de madera
que suele hab~r en las cajas de juguetes_para niños: un cubo prolongado en el
que s.e han abierto tres ventanas en el piso bajo, el piso principal, una cubierta
de_ te¡as; esto es la casa. Bosque~illos de lilas sirven para separar a unas de otras
de¡and~ entre r.llas algunos macizos de flores y una senda cubierta de pámpanos
Y que s1&amp;ue las ondulaciones del terreno da acceso á cada una de las casas· cada ~na tiene su jardincito, y_desde todas puede gozarse .un prodigioso pa~orama, Pª?orama que es su umco encanto, el que determina á las personas de piernas sólidas Y de s~nos pulmones á subir diariamente esta montaña en cuya cima
se encuentran mas separados de París que si habitasen en Ruen ó en Orleans.
( Co11ti1111ard)

�LA ILUSTRACIÓN

230

ARTÍSTICA

Supongamos que deseamos conocer la fuerza con
que el pie aprieta en el suelo en los diversos instantes de su período de apoyo: ,para ello recogeremos al
mismo tiempo las fotografías parciales de la pierna
durante un semipaso (fig. 18) y el trazado del dinamómetro registrador de la presión del pie ( fig . .19).
Para resolver el problema que acabamos de plantear, hay que establecer las coincidencias entre cada
LA CRONOFOTOGRAFÍA
una de las imágenes cronofotográficas y la ordenada
)IUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOV I MIENTO
que
le correspondería en la curva del dinamógrafo: á
EN LAS CIENCIAS FfSICAS Y NAT URALES
este efecto contemos en la figura 18 cuántas imáge· ( Continu~ción)
nes corresponden al período de apoyo del pie y enEn varias series de figuras recogidas en tiras peli- contraremos que son doce. Es claro que el trazado
culares en movimiento puede de este modo seguir- dinamográfico tomado en toda su longitud corresse perfectamente la serie de los movimientos de un ponde á la duración de las doce actitudes de la pier-

NúMERO

588
NúMERO

Y sin embargo, quedan aún muchos puntos P?r dilucidar con relación al mecanismo de las acciones
del caballo y de las reacciones que imprimen en la
masa del cuerpo y en la del jinete, y con relación á
la medición de los esfuerzos ejercidos sobre el suelo

-

bio es muy posible, en _ciertos casos, obtener una determinación experimental de las fuerzas puestas en
juego, que se consigue combinando las indicaciones
de un dinamómetro inscriptor con las de la cronofotograffa. El siguiente ejempló dará á comprender esta combinación.

(2)

Edii:ión ilustrada con graJJados intercalados II lamina,

cromolitografiada,

(3)

El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta .obra un , cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la física del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente JJ?PU(ar, ~iguiendo en. él el
plan admit_ido por. cuanto~ d 7la c1enc1a fis1ca han esenio, lo di·
vide en vanas secciones p rmc1pales, en cada una.de ellas se enuncia la ley que preside á los fenómenos de que trata, el descubrimiento de estas leyes y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas y conqcidas.
Así, después de tratar de los fenómenos y leyes de la Grave&lt;iad explica de un modo comprensible cómo esos fenómenos y

Muestra de los grabados de la obra - Audiciones
telefónicas teatrales

e~s leyes han traído consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teoría completa del Sonido agrega una enumeración de todas las aplicaciones de la A cústica y de los instrumentos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografia, microscopio, etc. El Magmtismo y la Electn'cidad proporcionan ancho

Fig. 21. Movimiento del miembro posterior del elefante

miembros piezas homólogas, óseas ó musculares que
no difieren de una especie á otra más que por sus
proporciones relativas, por su desarrollo desigual,
por la fusión, atrofia ó deformación de algunas de
ellas.
Ahora bien: si la anatomía comparada señala en la
conformación· de las diversas especies de animales
esas analogías y diferencias de estructura, la tarea de
explicar unas y otras incumbe á la fisiología comparada.
La cronofotograffa muestra claramente cómo fun-

, -1}1HllE8PErar,""
, Faub. Baint-D
PARié

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Fig. 22. Movimiento del miembro posterior del caballo

e~~nJ;~;;~:, ~a~~~m!~~

-•-•••• !Adl el labor del parto y
Medalla de Oro dela S•4 deFiadeParia detienen las perdidas,

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ENFERMEDADES

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( Co11ti1111ará)

La p resente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes, divididos en unos 20 cuadernos cada uno, los que procuraremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el caso de que lo desearan los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en eljtexto, ilustrarán
la obra magníficas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la Física, así como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas ú otras
que afectan á la constitución del globo.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas.
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo cor
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á los Sre!", Montaner_y_ Simón, calle de Aragón,_núms. 309 y 311, Barcelona

gir la firma y marca de garantla.

cionan en la marcha los diferentes segmentos de los
miembos homólogos de diversos animales: las figuras 20, 21 y 22, cronofotografías parciales sobre placas fijas, representan, reducidos aproximadamente á
la misma escala, los cambios de lugar de los diversos
segmentos del miembro posterior durante un semipaso de la marcha del hombre, del elefante y del caballo. Demuéstrase en ellas que un mismo radio óseo
tiene movimientos distintos en dos especies diferentes, es decir, toma una parte desigual en las flexiones
y extensiones alternativas de los miembros. Así se
concibe por qué los músculos encargados de mover
estos radios óseos presentan en los diversos animales
Las man·has del caballo estudiadas por el método gráfico. diferencias de longitud y de volumen con relación á
ele la Academia de Ciencias, 4 de noviembre ele 1872.
los movimientos que producen.
A11álisis ci11e111ático de las marchas del caballo, Marey y

Pagés. C. R. 12 de septiembre ele 1885 y 27 ele septiembre de
1888.

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

ELECTRICIDAD, METEOROLOGIA, FISICA MOLECUÜR

encuentra una gran pista circular perfectamente horizontal, de
500 metros de circunferencia, en la que pueden ser estudiados
el hombre y los animales en sus marchas normales; un campo
obscuro de II metros de ancho por 4 de alto permite aplicar la
cronofotografía sobre placa fija al análisis de los movimientos
muy extensos. Un campo uniformemente iluminado y de igual
superficie se presta á la cronofotografía sobre película móvil:
dinamómetros inscriptores, espirómetros, contadores de pasos,
aparatos diversos destinados á los sujetos sometidos al experi·
mento, están destinados á los estudios sobre la locomoción del
hombre. Por otra parte, varios pneumógrafos, esfigmógrafos y
cardiógrafos permiten estudiar los efectos de los ejercicios físicos en las funciones de la vida orgánica y seguir paso á paso
los progresos de la fuerza ele los sujetos. Finalmente, algunos
departamenlos especiales sirven para criar en libertad diferentes especies de animales cuya locomoción normal ó modificada
ha de estudiarse.
C. R.

EL MUNDO FÍSI~O
GRAVEDAD, GRAVITACION, SONIDO, LUZ, CALOR, MAGNETISMO,

3. 0 Locomoción comparada en los diferentes mamíferos. - Sabido es que el hombre y los demás mamíFig. 17. Análisis de las fases de un salto en altura precedido de una carrera. Las imágenes paralelas, líneas brillantes
feros presentan entre sí manifiestas analogías desde
sobre un traje obscuro, son recogidas en placa (25 imágenes por segundo)
el punto de vista de su conformación general. Los
miembros inferiores del hombre corresponden á los
hombre que sube ó baja de su velocípedo; las imáge- na apoyada: si dividimos la abscisa de esta curva en miembros posteriores de los cuadrúpedos y en toda la
nes cronofotográficas en esta última forma obtenidas doce partes iguales y trazamos las ordenadas corres- serie de los mamíferos puede reconocerse en estos
pueden ser examinadas con el zootropo, con lo que pondientes á estas doce divisiones, cada una de ellas
el estudio de las mismas hácese más fácil y más expresará el esfuerzo vertical ejercido sobre el suelo
durante la actitud correspondiente de la pierna que
exacto.
B. Estudio dinámico de los movimientos del Jwmbre. en aquél se apoye. Los números de orden trazados en
- En la mayor parte de las figuras que acabamos de cada una de las dos figuras facilitan la comparación.
No entraremos en los detalles de los diferentes
estudiar, las variaciones de velocidad del cuerpo se
traducen en variaciones de espacio recorrido entre dos problemas de mecánica animal que de esta manera
imágenes consecutivas, es decir, en tiempos iguales, pueden resolverse: sobre este particular hemos hecho
de modo que puedan apreciarse las aceleracion~s y numerosos experimentos con el concurso de M. Delos retardos de la masa del cuerpo. Ahora bien: meny, nuestro preparador en la Estación fisiolócomo la balanza nos da á conocer esta masa, las ero- gica (1).

F ig. 19. Trazado del dinamógrafo que representa las fases
de la presión del pie sobre el suelo en la marcha

campo al autor para describir sus asombrpsos fenómenos y sus
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dimanado aplicaciones tan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas in•
dustriales y otras. Por último, en la Meteorología se explican
minuciosamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
Por esta rapidísima reseña del contenido del MUNDO Fl·
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACIÓN '·

POR AMADEO GUI LLEMIN

en los diferentes instantes. En esto intervendrá la
cronofotografía sobre placa fija, combinada con el
empleo de los dinamómetros inscriptores.
A propósito de la locomoción humana, acabamos
de ver en las figuras 18 y 19 los preciosos datos que
suministra la combinación de estos dos métodos para
estudiar esta función desde el punto de vista dinámico. Indudablemente se llegará á determinar lamanera cómo las fuerzas del caballo deban ser aplicadas
para producir el máximo de efecto útil, lo cual constituye el fin práctico de esta clase de estudios.

Locomoción de los cuadriípedos. - De todos los
animales cuadrúpedos el caballo es el mejor conocido desde el punto de vista de la· locomoción. Hace
mucho· tiempo que hombres especiales se han dedicado á estudiar sus marchas francas ó defectuosas y
á 'definir los caracteres de cada una de ellas, y de esta
suerte .han adquirido una habilidad sorprendente en
la: óbservación. Pero por muy preciso que sea su golpe de·vista, siempre resulta insuficiente, y de ello son
buena prueba las incertidumbres y las divergencias
de opinión de los diversos autores acerca de · 1os caracteres y del mecanismo de las marchas del caballo.
Bajo este concepto creemos haber prestado un buen
servicio aplicando al análisis de las marchas del caballo y al mecanismo de las transiciones de una marcha á otra la cronografía ( 2 ), que traduce con gran
Fig. 18. Cronoíotografía parcial de los movimientos del
precisión la sucesión de apoyos y levantamientos de
miembro inferior del hombre en la marcha
fos ·pies en toda marcha. Pero la que ha dado el conofotograíías sobre placa fija contienen los elementos nocimiento completo de las marchas del caballo,. ya
necesarios para apreciar las fuerzas puestas en juego explicadas perfectamente por los memorables experien la locomoción del hombre, puesto que estas fuer- mentos de M. Muybridge, es la cronofotografía (3).
zas son proporcionales á las masas en movimiento y
( 1) Este establecimiento, undado en el parque de los Priná las aceleraciones que en ellas imprimen. Pero en la
cipes, gracias al concurso del Estado y del Consejo Municipal
práctica es bastante delicado determinar la posición de Pans, se presta á esle género ele estudios, que no podrían
de la masa, es decir, del centro de gravedad del cuer- hacerse en los laboratorios ordinarios. Es un campo de experi·
po en las distintas fases de un movimiento; en cam- mentos como no le hay igual en ninguna otra parte: en él se

23 1

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA '

TRADUCCIÓN DE D, MANUJrL ARANDA Y SANJ UÁN

Fig. 20. Movimientos de los diversos radios del miembro
inferior del hombre en un paso de marcha

2.0

LA

588

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T CO!f TODOS LOS· PlllMCIPIOS mrramvos DB l i CARNE
ClAa!IIC, mEIUlo 1 •IJIJl.u Diez años de ento continuado y las afirmactonea de
todu laa eminenclu médicaa preubln que esta aaocilclon de la Clanae, el Hierro y la
conaUtuye el reparador mas enemco que se conoce para curar : la Cwrdlú la
J.fltmta, las J l e n , t ~ &lt;Solorolal, el llmpolw'ectmffflto y lá J.lteracwn ae la Sangre
el Raq1"tllnw, las .A.fecdoflU escrofUlola, 1 UCIJ1'1Jutk4s, etc. .El l'i•• Ferract•■■• dé
.t.reatl ea, en erecto, el único que reune lodo lo que entona y !ortalece los organoa
regulariza coordena y aumenta considerablemente las tuerzas 6 ln!und
la
'
empobrecida Y descolorida : el V(lor, la Cowracto1t y la Btierg'4 trltlll.
e
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El meJo:r y mas célebre polvo de tocado:r

POL?!,!!.~•iJ~~RA
por Ch. J'ay, perfumista
9, Ruede la Pm, p ARIS

�23 2

L A I LUST RACI ÓN ART Í S T1CA

NúMERO

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

58~

Aires, el primero en la imprenta ele R. Puig, Mé•
jico, 382, y el segundo en la de Jacobo Peuser,
esquina San Martín y Cangallo.

por autores ó editores
MADRIO FIN DE SIGLO, por P. Safludo Ati·
Irán. - El distinguido periodista madrileño señor

EL BUENO DE PÉREZ, por Eugenio Seda110 y
Go11zález. - Novela de argumento interesante, es·

Sañudo Autrán ha publicado una colección de ar·
tkulos describiendo tipos y costumbres de Ma•
drid en estas postrimerías del siglo: escritos con
verdadera gracia, sin la menor chocarrería, y
dentro de los moldes del naturalismo fino, no del
grosero, resultan todos ellos cuadros animados,
reflejo fiel de la realidad y embellecidos por un
lenguaje castizo y elegante. E l libro, editado por
D. Fernando Fe, de Madrid, merece ser leído
por todos los amantes de la literatura buena y
amena, que pueden adquirirlo en todas las libre•
rías por sólo 2 pesetas.

crita con gran facilidad y gracia, en la que los
personajes están bien estudiados, la acción bien
desarrollada y las escenas descritas con naturalidad, cualidades que revelan excelentes elotes de
observador y escritor en el Sr. Serrano y Gonzá.
lez. Impresa en Sevilla, imprrnta de «El Universal,» véndese la novela a l precio de r peseta.
MAL DEL SIGLO, 11bVela de Ma:r Nordan, traducida al castellana por D. Nicolás Sa/111enfn y
García. - Con ser esta una novela en el fondo fi.

losófica, hay tanto interés en su argumento, tanta
verdad y vida en los tipos, tanta amenidad en su
argumento y en su forma, que el libro resulta ele
agradabillsima leccura, sin que lo de agradable
redunde en perjuicio ele lo provechoso ele las en·
señanzas que de él se desprenden. El contraste
entre el pesimismo y elevación de miras personificados en Eynhard y la estrechez ele ideas y sentido práctico encarnados en Haber está admirablemente tratado, sin que el autor, dejándose llevar de exclusivismos de escuela, se incline cleci·
diclamente de un lado ó ele otro. La traducción
hecha directamente del alemán es esmeradísima,
como del Sr. Salmerón y García, y la edición es·
pañola, elegante, como tocias las que salen de la
casa Fernánclez y Lasanta, ele Madrid. Véndese
ni precio de 3'50 pesetas.

ENSAYO DE NUEVAS TEORÍAS F ISIOLÓGICAS
[)E u FUNCIÓN AS I MILATRIZ, por el Dr. F.

Zenftram. - Creemos que ha prestado un verda·
clero servicio á la ciencia el doctor Zenítram con
el libro que modestamente titula Ensayo: en él
trata de demostrar, entre otros trascendentales
problemas fisiológicos, que ni la sangre encierra
en sí virtud alguna nutritiva, ni las substancias
que hace asimilables el tubo digestivo van al torrente sanguíneo, ni este Hquido influye directa•
mente para nada en el fenómeno reparador de los
organismos animados; y si esto es cierto, como pa•
rece cle,prenderse de los razonamientos y experi•
mentus que les sirven de b'ase del doctor Zení·
tram, es de creer que sus descubrimientos formarán época en la historia de la Medicina. Espera·
mos la nueva. obra que el doctor Zenítram anun•
cía publicar en breve, que no dudamos tendrá la
misma buena acogida que la que nos ocupa. El
libro, editado por D. Fernando Fe, de Madrid,
véndese á 3 pesetas en las principales libre rías.

L-' H ISTORI A DF:L MATRIMONIO, por D. A11·
fonio Flores. - L'l Bibliotera Seleda, que con tanto éxito publica en Valencia D. Pascual Aguilar,
acaba ele ciar al público, formando los tomos 61 y
62 de la misma, La historia del 111atri111011io, «gran

LIIVE NDAS DE LOS INDIOS QU1CHUAS. LR·
VKNDAS DE LOS INDIOS GUARAN(ES, por Fi/i·

colección de cuadros vivos matrimoniales pintados
por varios solteros malogrados en la flor de su
inocencia.» ¿Quién no conoce cuánto vale el auto,
ele esta obra, que lo es también de la joya de
nue~tra literatura titulada Ayer, ltoy y 111a,la11a,
cuyas bellezas han comenzado ya á saborear los
suscriptores de LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA?
Los cuadros pintados por D. Antonio Flores
abarcan, puede decirse, todo cuanto con el matrimonio se relaciona, y estan tratados con una
gracia y escritos con una elegancia ele estilo que
les hace por tocio extremo recomendables por lo
que deleita su lectura. Véndense los dos tomos al
precio de una peseta en casa del editor (Caballeros, 1, Valencia) y en las principales librerías.

berto de 0/iveira Cézar. - Las razas quichua y
guaranitica eran las principales que poblaban la
América del Sur en la época del descubrimiento,
habitando la primera las cordilleras y las costas
del Pacífico, desde Panamá á Chile, y la segunda
el gran triángulo oriental del continente que limi•
tan el Orinoco, el Plata y el Atlántico. Como en
todos los pueblos de aquellas regiones, consérvan·
se entre ellos multitud de leyendas llenas de poesía, interesantes, algunas de las cuales han sido
coleccionadas por el distinguido escritor bonaerense Sr. Olíveira de Cézar en dos elegantes tomos,
ilustrados por F . Fortuny é impresos en Buenos

o. RICARDO PALMA, eminente literato
delegado del gobierno del Perú en los Congresos celebrados en España
::or: motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América

/

~,11tDADES ••1E1ro,i
~,

-

JI

~,,

PILDORAS~DEHAUT

Pepsina Boudault

D11 ..AAla

ao titubean e.11 pDJ'gane, eaando lo
aecai&amp;a.11. /fo temen el 11co ni el c1aNllcio, porque, ooacr1 Jo que ncecle coa
Jo, dem11 purguc.., e,te no obra biea
IIÜloca1ndo1efom1conbaeno1llimento1
7 bebillu IOrt.tliCIJJC.., cual ehino, el CIII,
el U. C1d1 nll ,ecoge, para pDJ'garse, la
lora 7 11 oomid• que mu le ooa~enu,
Nf1UI IU OCIIJNICÍODN, como el OIIIIU
cio que 11 par,1 ocufon1 queda complela.me11te111al1doporel eleetadel1
bue.111 alimen&amp;lcion emplead1,uno
,. decide fllcilmente II volver
·~ empeHr cua.11&amp;11 vece,
_1e1 aecenrio. · •

Aprtu•• por 11 !UDEIU II mmu

PREIIO DEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
lhdallu • • l&amp;t lbpo1lolonH latenaelonalH ·•

PUIS • LTOI • TIEU • PIIUDELPBU • P!RIS
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DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOHTIOII LENTAS Y PIN08A8

PALTA Da APITITO
Dqouuu D■ u •••ur1•

~ OT&amp;ol

BAIO Lt. l'ORJU 111

ELIXIR- • de PEPSllU IOUDAULT
VINO · · de PEPSINA IOUDAULT

11 ~ t o 1111 npndor, nido al T6Dloo maa eaer,1ct.

VINO ARDUO CON QUINA

T COK TODOS 1.01 nmamos lnJTUTITOS IOLlJBLBI J&gt;a u CAMB
C!.&amp;a.u 1 011n.u 1011 1011 elementos que entran en la com1)()8fclon de este potente
leplrador de las 11lerzu 'ftlales, de este f•nu1e-1e ... -•le■eia. De un ~ mmamenle agradable, es aoberano contra la .lne1111a y el ÁJK)C4m~to, en las CiuefiltlNI
1 C011t1/U4CfflCúU1 _contra las IH4f'f'llll 7 las .lfetX1Uifa del 111tom4qo 7 loe ,n1u"no,
Cuando ae traia de despenar el apetito, asegurar lu digesUonea reparar las
enriquecer la sangre, entonar el organtamo y precuer la anemia y lü eptdemtu l)rOTOCldu por loa calores, no ae conoce nada superior al Ylae de
do .u.ut1.
,P(l'I' mqor. • Paril, ea asa de J. FERU, Farmauutico, tO!, ra, Riekelleu. SilcelGr deAJIOtJD.
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le curarán de au con1t1pac/on, le darán apetito y le
derolrerán e/ sueño y la aletr11. - A,, ririrá Vd.
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de esta prepanclon. (Se ,ende en 11)11, ppa la barba, r en 1/2 oaJaa para el bigote tiren&gt;). Para
los bl'UOI, empl~ el PILl 'f'OH.E. D'IJ'&amp;S ER, l ,rue J .•J .•Rouaaeau,Parta.
Quedan reservados los derech os de p ropiedad artística y literaria
l MP, PB MONTANRR y SIMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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