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11tí~t1ea
A~o XII

- - - - - -~

BARCELONA

10

DE ABRIL DE 1893

__. _ _ _ _ __

PARQUE DE BARCELONA.-JARRÓN DECORATIVO, obra del escultor José Reynés

�LA

2 34

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

589
NúMERO

Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. - La
morada de Alfo11so Daudet, por X. - D. Pedro el Cruel (con•
clusión ), por Luis de Llanos. - Máiquez y Pedro Romero, por
Angel R. Chaves. - Rlo abajo, por Manuel Amor Meilán. Miscelánea. - Nuestros ~rabados., - AÚie (continuación). SHCCIÓN CIENTIF1c,: La cro11ofotogmfla (continuación).
Grabados. -Jarrón de,orativo e11 el Parque de Barcelona,
obra de José Reynés. -AIJ01tso Da11det y m esposa; La quin•
ta d_e Champrosay, residencia de Alfonso Daudet; El lawn·
tems en dicha q11i11ta. - Wáshi11gto11. Toma de posesión del
1111evo presidente de la Raptlblica de los Estados Unidos mlster
C~over Cleveland. - La moda en fin de siglo. 1793 J' 1892, dibujos ele G. A. Storey. - La cencerrada al viudo, dibujo de
J. García Ramos. - Rewerdo de Navidad: Los paveros; La
matanza, dibujos de Daniel Urrabieta Vierge. -La cro11ofoto•
grajla. cuatro grabados. -El ca/¡! de los watro vientos, dibu·
jo de Carlos Arregui.
..,.,,,.,,.,,..,,., ...,,.,....•.............•........, .. ,.,..,..., ..,......,.....,,.,,.,,,.,,.,........,.....,.,,.,,,.,,........... .

VERDADES Y MENTIRAS
Prodúcese en estos instantes un fenómeno para los
políticos, ó por lo me.nos para la mayor parte de los
políticos que vienen gozando del turno pacífico desde
la restauración, nunca soñado por ellos, y que les
pone en grave caso de hondas meditaciones, concluyendo al cabo por echar la culpa de lo que sucede,
unos á las pícaras libertades en que nadamos, otros á
cuatro imaginaciones violentas, á cuatro soñadores
galleguistas ó catalanistas, como dice mi querido amigo D. Luis Vidart, que pretenden desmembrar lapatria, desconociendo lo que deben dichas gentes regionalistas á la patria española, etc., etc.
Verdaderamente que, á propósito de las reformas
de Guerra, se ha puesto de relieve de un modo enérgico y poderoso el sentimiento regionalista que alienta en cuantas regiones puede alentar, pues si hay otras
en la península donde la autonomía tiene escasos prosélitos, esto se explica, bien porque la federación les
arrancaría la preponderancia adquirida, gracias á la
centralización y merced á la cual viven, bien porque
la escasísima variedad de sus producciones y la más
escasa todavía de aptitudes de sus hijos para la lucha
por la existencia, les imposibilita la vida fácil que les
proporciona el actual estado de cosas.
Y este movimiento poderoso que habrá de irse
acentuando á cada hora que transcurre, no deben
buscarle los asustados políticos que nos gobiernan .en
los casuismos políticos de ningún partido. Sí, este sentimiento regional no ha nacido ayer; es tan viejo como
la unidad de la península. Y á quien se debe que no
se haya extinguido ese sentimiento, el cual desde los
Reyes Católicos hasta el presente han tratado de extinguir todos los gobiernos, no reparando en los medios, puesto que á Galicia la anularon intelectual y
materialmente, anegándola en sangre además; á quien
se debe, repito, que hoy lata pujante el regionalismo y que se presente como nuevo problema á resolver, es al arte, así literario, como plástico y tónico.
Al arte.
Tiempo ha decía yo desde las columnas de El Lt:
beral: «La tendencia á reivindicar cada pueblo y
cada raza su hogar, sus leyes y su templo, como advierte Dumas en el prólogo de La Femme de Claude,
es un signo de vitalidad tan grande como lógico. El
arte cumpliendo la misión que en lo psíquico le está
encomendada, marcha al frente de las aspiraciones
más sublimes; y el amor á la tierra natal, la religiosa
aspiración del arte mismo á vivir y producirse dentro
de la adoración por la naturaleza, lleva al artista con
sin igual fuerza á encontrar ideas y motivos en su tierra y dentro del medio de su raza.»
Nada más anulador, nada más estéril en todo or·
den de las manifestaciones de la inteligencia y actividad humanas que la centralización; pero para el arte,
que ha menester en primer término que quien se dedique á ser su sacerdote esté desligado de todo preceptismo, desconozca toda traba que puede ser óbice
de la espontánea y personalísima manifestación de
su sentimiento; para el arte, digo, la centralización
equivale á someterle á un ambiente, á una temperatura estética dada, á que no pueda manifestarse sino
de un mismo moco, con una misma fisonomía, con
un mismo carácter. Y porque la belleza es· y será
siempre el ideal constantemente perseguido por el
artista, por eso es menester libertad amplia sin límite
alguno para producir esa belleza; y así como la orografía, las razas y las costumbres son distintas, así la
estética, así la apreciación y concepto de la entidad
arte se exteriorizan por modo distinto también; resultando que aun dentro de un Estado, donde, como
en España ó Italia, hay diversidad de gentes, de naturaleza, es una herejía la centralización artística.

Hoy, como hace años, al tratar esta cuestión, interesantísima desde cualquier punto de vista que se
la estudie, pero singularmente por lo que respecto al
valor inmenso, á la importancia que en el desenvolvimiento y desarrollo, así co'mo en su iniciación de los
grandes ideales que tienen· por base el sentimiento,
tuvo, tiene y seguirá teniendo el arte, repetiré lo dicho en otras ocasiones análogas. No es el movimiento regionalista uno de esos síntomas pasajeros, de
tantos como en este período· de gestación de una
evolución social se manifiestan, no; es la señal de que
llegamos al momento de las emancipaciones, así individuales como colectivas, pidiendo cada cual lo
suyo, lo que de derecho le corresponde. Y como en
España, el arte alentó en las demás naciones las
ideas de autonomía, llegando en algunas de aquellas
á imponerlas al poder central.
Inglaterra, la fuerte y temida nación inglesa contará muy pronto un Estado autónomo, Irlanda; y ve•
remos seguir á Escocia y al país de Gales el camino
del home rule, quizás antes de que termine este siglo.
Y el arte ha sido el que vino sosteniendo el espíritu
autonómico en estos pueblos, y al presente sigue en
su misión con más ahinco, misión perfectamente lógica desde el punto de vista de los originalismos. En
la Universidad de Dublín se enseñan literatura y arqueología kinra, y existen escuelas pictóricas, no solamente regionalistas, sino que dentro de la región se
dividen y forman núcleos distintos. En Edimlmrgo,
la Academia escocesa de Bellas Artes celebra sus exposiciones periódicas, y á ellas concurre número grande
de artistas, que miran de reojo la Royal Academy de
Londres. Las escuelas rurales pictóricas de Suffalk y
de Nowick, fundadas hace más de siglo y medio,
compiten con las ya dichas en hacer arte exclusivamente local y en alejarse por completo de la pintura
urbana y de la mortal monotonía del asunto burgués.
Macpherson resucitando ó contrahaciendo según
los sabios los poemas de Osián, pero de un modo ó
de otro, haciendo conocer la poesía gaelica; Jainsborough riéndose de los preceptismos del gran Reynolds, y Crome el Viejo, como más tarde Constable,
protestando rudamente contra las imposiciones del
arte centralista que rinde parias siempre al convencionalismo - siquiera sea el científico, - no hicieron
más que recabar la legitimidad de una manifestación
estética de la vida propia de un pueblo, ahogada por
la de la centralización igualitaria, que mide con la misma medida y del mismo modo el llano y la montaña.
Las escuelas regionalistas en el Reino Unido valen tanto en el orden artístico como las escuelas todas de la raza latina de hoy; y su influencia, la expansión dinámica de un sentimiento expresado por ese
arte es tal, que obliga á que el jefe de los demócratas
ingleses reconozca la autonomía de Irlanda, como
reconocerá la de Escocia.
Pero no es solamente Inglaterra la que se conmueve ante las reclamaciones de los detentados en su libertad, reclamaciones indicadas é iniciadas por el
arte. Ahí están Italia y Alemania aquejadas del mismo
mal. Ved la península italiana y reparad cómo la des•
aparición - momentánea indudablemente - de los
Estados de que se componía, trajo de la mano la
desaparición de los caracteres más originales de su
preponderancia civilizadora. Literatura, artes plásticas, ciencia militar, todo yace en decadencia sólo
comparable á la nuestra. Unicamente la escuela antropológica de los Mosso, Galofaro, Lombroso, etc.,
da fe de vida de un pueblo cuya historia es la de la
cultura europea. Cuando Florencia, Milán, Parrna,
Nápoles, Venecia, tenían por pintores y escultores á
Sanzio, al Sarto, Miguel Angel, Ticiano, Sansovi no, y poetas camo Tasso y Ariosto y Dante y Petrarca, es decir, cuando eran Estados independientes
aquellas ciudades, Europa miraba la península italiana como el lugar en donde vibraba más alta la
nota del concepto estético y de donde venía más pura la corriente de la sabiduría. Pero al presente la
centralización á que obligó la unidad dió importancia
enorme á la escuela llamada de Roma, la peor de
todas las de Italia, y á ella van los artistas en busca
de fórmulas definidas ya en todos los centros urbanos
del mundo; á sus aulas van á recoger los moldes de
hacer arte burgués, de una uniformidad estúpida,
somnolienta, desesperante. La centralización pretende hacer de la escuela pictórica de Roma una amalgama de todas las deficiencias de las antiguas escuelas, unificando aquellas opuestas tendencias que por
razones históricas y etnográficas distinguieron á unas
de otras; y lo que logró fué un verdadero desastre,
que si nos descuidamos nos envuelve á los españoles,
haciendo desaparecer nuestra paleta.
Sin embargo, al irredentismo italiano se le siente
agitarse, algunas veces violentamente, y Venecia y
Nápoles y aun Florencia luchan por conservar sus
escuelas frente á frente del poderío acumulado en

Roma per l' mzitá. Como en Inglaterra, la tierra, el
mar, el ~ipo, las costumbres populares son los asuntos
que oponen los artistas venecianos, florentinos y napolitanos á la pintura de patrón romana; y artes plásticas y literatura, las más· brillantes, las más originales residen fuera de la Ciudad Eterna y militan en el
campo del gli irredentisti.
Pasemos un vistazo á las letras y á las artes francesas. Desde Dumas hasta Thierry los ideales autonómicos fueron estudiados y cantados, repitiendo con
Villamarque cuando habla de los estados de Bretaña:
¡No; 110 ha muerto el rey Arthur/ Cientos de políticos,
poetas, novelistas, están aportando continuamente á
la contienda del autonomismo con el centralismo el
estudio de las originalidades, de las artes, de la poesía, de las razas de los distintos Estados de que se
compone Francia. Hoy las escuelas pictóricas auvernesa 'y bretona son las únicas que sostienen con sus
originalismos y la verdad de su plástica el arte decadente de la república vecina. Claro está que las obras
de esas escuelas que tienen á Bretón, á L'Hermitte y
hasta hace poco á Peloux entre sus eximios autores,
son regionalistas, puesto que reproducen tipos y cos•
tumbres que se convierten, en el campo de las ideas,
en otras tantas manifestaciones de aquel ideal.
Por su parte Alemania está probando de un modo
evidente cómo protestan los antiguos ducados de la
confederación de la unidad realizada por Bismarck y
el viejo Guillermo. Aparte de los continuos ataques
que la prensa de Prusia y de los ducados dichos se
dirigen continuamente, ya aprovechando los estudios
filológicos de la lengua germánica para demostrar la
escasa capacidad intelectual del prusiano, ya oponiéndose á la absorbente centralización de todos los
grandes centros de la administración pública en sus
diferentes ramos en favor de Berlín, la literatura y
las artes plásticas, como entidades que por su carácter eminentemente irreductible á todo casuismo político, científico ó de otra especie, son las que con
más energía sostienen la bandera del autonomismo de
las diferentes provincias germanas.
Las escuelas pictóricas de Munich, Dusseldorf, etc.,
cuya pujanza va rapidamente en aumento, mientras
la de Berlín apenas si cuenta con carácter propio, á
pesar de las personalidades· que procedentes de las
escuelas citadas le prestan su ayuda. Aquéllas siguiendo las novísimas corrientes estéticas, se inspiran
en el ambiente regional, y sus obras, como las de todas las demás escuelas que en las distintas naciones
de Europa existen alejadas de los grandes centros
burocráticos y políticos creados por la centralización,
responden á los ideales del autonomismo, poniendo
de relieve - sin que esto signifique que el arte pierda
de vista su misión, cual es la de conmover nuestro
corazón y nuestra alma - los originalismos de las costumbres y de las razas, el amor á la naturaleza, desconocido ú olvidado en las grandes capitales, las aspiraciones de los habitantes de cada región á conservar la forma que les es peculiar, de sus leyes y de su
vida social.
El arte, enemigo declarado de cuanto sea uniforme, de cuanto signifique una legalidad, sea en el orden que quiera - no se asombren los timoratos, - de
todo sistema, porque todo esto es la traducción de
ideas elaboradas según los distintos ambientes sociales y períodos históricos lo exigen; el arte no puede
supeditarse á ningún término escrito, y libre como
la imaginación, espontáneo como el sentimiento, busca siempre cuanto es susceptible de ser admirado y
sentido por su forma, por su color, por su concepto,
por su verdad, por la fuerza de un espiritualismo suficiente á impresionar y suspender nuestros sentidos;
y pomo quiera que marchamos en la actualidad equivocándonos continuamente, así en el orden político
especialmente, como en el filosófico y en el científico, por eso abandona el falso y monótono ambiente
artificial de los grandes centros y de las formas y repliegues sociales que la centralización formó en fuer~
za de acumular medios y modos y organismos que m
de hecho ni de derecho les corresponden, y va en busca de otros ambientes donde la verdad aparezca sencilla y grande, no contrahecha y artificiosamente implantada. Por eso, repito, el arte, presintiendo siempre las grandes evoluciones de las ideas, en busca del
ideal que eternamente el hombre persigue, abandona
lo exento de los tres elementos de que necesita para
sus obras, y va allí donde esos elementos existen.
Nos prueban los críticos franceses examinando la
obra pictórica de Meissonier, actualmente expuesta
en París, como es cierto que el arte ha menester otra
atmósfera más sana que la que respira en las grandes
capitales. Ya no estudian los motivos de los cuadros
del célebre pintor; reconocen, en vista de que todos
sus elogios se dirigen á ensalzar la paciencia de benedictino (frase textual) y á sus resortes de ejecución Y
de _savoir-fiiire, que sus caballeros rosa y blanco Y

LA

589

2

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

35

una gran idea; faltáb~le la fa~ultad de poder a~arcar con la imagi~ación ~na
composición vasta, sm recurm á completar la idea con accesonoi faltabale dominio de la forma y de la paleta, para, en el tamano en que pmtan los
genios, en el natural, en el gigantesco de la decorativa, desarrollar sus concepciones. El pintor·que pinta grande, pint'a pequeño; pero no así el que usa la
lente. Para concebir, como para el desarrollo de un asunto con el cual debe
cubrirse un espacio de algunos metros cuadrados, no sirven esas tranquillas y
atildamientos que se adquieren en el continuo trabajo del cuadro de caballete.
Por otro lado, Meissonier fué incapaz de abordar el estudio psico-físico de
la mujer. Reparad en las testas de sus soldados y generales, de sus caballeros, de todas sus figuras de hombre en fin, y veréis cómo todas son angulosas,
acusadas, duras; veréis asimismo cómo solamente supo expresar una fase de
la vida del espíritu, la clara y determinada del entusiasmo bélico; en las fisonomías de las demás figuras de sus cuadros no se advierte ni el menor síntoma de movimiento alguno pasional. Fríos, indiferentes aquellos soldados, como aquellos caballeros, sin descontar los que aparecen en su celebérrima obra
Lectura en casa de Diderot, no dicen ni expresan nada. Por eso la mujer era
para el artista de que me ocupo poco menos que imposible de reproducir. A
la delicadeza de los contornos, á la finura de su colorido, á la movilidad de
expresión, uníase la inmovilidad. Todos sabemos que Meissonier hacía estar
á sus modelos quietos como estatuas. La cámara obscura era un auxiliar del
cual el celebrado artista no prescindía; y aun cuando apuntaba del natural directamente los movimientos de los caballos, nunca logró hacer el apunte de
primera intención, obligando á los palafreneros á que sostuvieran en posición
aproximada á la que deseaba á cualquiera de los caballos que poseía.
Por lo demás, todos sabemos que á falta de nieve hizo cubrir de harina
una gran extensión de suelo, por donde pasó la artillería que figura en el lienzo citado de la R etirada; demostrando así cuán lejos estaba la retina de
Meissonier de ser la de un colorista mediano.

:1

R.

BALSA DE LA VEGA

Marzo 29 de 1893

ALFONSO DAUDET Y SU l!SPOSA

sus tipos de lectores y soldados, además de ser un tipo mismo, no ejercen impresión duradera en el ánimo del espectador. Y aun cuando esto último no lo digan
los citados críticos de Le Fzgaro, de L' E venement, de Le Temps y de otros diarios
importantes, se saca en consecuencia de sus escritos, puesto que todas sus admiraciones son para la habilidad mecánica de que hizo alarde en sus cuadros el autor
de La retiradn de Rusia.
Para mí Meissonier no fué más que un talento. Faltábale para ser un genio, como nos han venido diciendo durante cuarenta años desde las orillas del Sena, la
brillantez de imaginación que caracterizó siempre á los artistas quf! la posteridad
señala como tales genios; faltábale la energía que requiere el desarrollo plástico de

LA QUINTA DE CHAMPROSAY, RESrDKNCIA DE ALFONSO DAUDET

LA MORADA DE ALFONSO DAUDET

EL LAWN·TENIS EN LA QUINTA DE CHAMPROSAY, -ALFONSO DAUDET, SU l!IJO LUCJANO Y SU IITJA EDMtE

En otro tiempo, el conocido escritor francés
h_abitaba en un pequeño molino desmantelado,
situado en el fondo de Provenza en una loma
pedregosa y abrasada por el sol. Hoy su «molino» está á orillas del Sena, á la sombra de la
iglesia de Champrosay. En torno del «molino))
se extienden hasta perderse de vista prados,
cotos, huertas, alamedas majestuosas; y hasta
el «molino» mismo se ha convertido en una residencia suntuosa, que contiene objetos de arte, cuadros, muebles raros y cerámica histórica. Pero si el «molino» se ha transformado el
molinero ha conservado su buen humor y' la
vivacidad de su ingenio.
Su parque de Champrosay no se parece á
los demás parques; está salpicado de construcciones pintorescas y de casitas que le dan el
aspecto de un caserío escondido entre verdura.
Aquí está el naranjal; allí, el pabellón de M. Ebner, secretario de Daudet; más allá, el chalet
donde el escritor se refugia de los ardores de
la canícula y disfruta de las dulzuras de la siesta, pues todo en él convida al reposo.
La esposa de M. Daudet es también escritora
y su talento corre parejas con el de su marido:
todo el mundo conoce su precioso libro La infancia de una parisiense, en el que se admira el
arte de esos análisis minuciosos de esas acertadas observaciones, de esas evo~aciones del pasa~o. Durante la buena estación, Mad. Daudet
deJa á un lado la psicología para dedicarse al
c~ltivo de sus _plan~s; y como su esposo, encomia con toda smcendad las dulzuras de la vida
campestre y desea poder disfrutarlas todo el
año, lejos de las vanas agitaciones de París. - X.

�LA

236
DON PEDRO EL CRUEL
CRÓNICA RELATIVAMENTE ANTIGUA

(Conclusión)

Y aquellas manos, agrietadas por los sabañones,
sangran, y los chicos gritan y blasfeman ... , y la puerta
del foro se abre para dar paso á la acongojada cabeza de D. Pablito que, pálido de miedo, balbucea con
su vocecita blanda:
- iPor amor de Dios... , D. Pedro!..
- Métase usted en su camisa... so mandria... ó le
mando á usted de una patada en la barriga al infierno á interceder con Pedro Botero por los perros sin
amo. ¡Fuera de aquí!
¿Lo querrán ustedes creer? Los mismos ajusticiados celebraban con sonrisitas estas brutales salidas
de D. Pedro contra nuestro único defensor.
La ración de correazos variaba entre seis y doce en
cada mano y el dolor que se experimentaba era horrible. Para atenuarlo corrían entre nosotros cantidad
de recetas: untarse con ajo, ponerse aceite, estirar mucho, mucho, la mano, etc., etc., pero de resultados
anodinos.
Se podían calcular, uno con otro, á razón de dos
docenas de correazos semanales, menos los internos
y los malos de nota, que recibían el triple, amén de
las raciones de palo y sopapos correspondientes.
La traducción continuaba con esta pregunta á raja
tabla de D. Pedro, dirigiéndose al que menos lo esperaba:
- ¿En qué quedamos?
Profundo estupor del aludido.
- Digo que ¿en qué quedamos?
-Andábamos... , andábamos...
- ¡Estamos frescos!.. ¿Quién lo sabe?
- Yo, dice un cándido.
- ¿Tú?, pues dilo.
- En tres.
Otro imprudente. - En partes.
- Divinamente. Pues sigue traduciendo tú ..., el de
las partes...; pero cuenta con que te parto si te caes.
El chico, pálido de miedo, se arranca como una
carretilla:
- Tres partes, .. , tres partes... De las cuales... , de
las cuales una está habitada por bergas.. ,, digo... blegas ... , digo...
D. Pedro le mira con su ojo de cetáceo y comienza á sonreír con sonrisitas de ogro.
- ¿Conque bergas?.. No estás tú mal bergajo, ¡cochino!
- Belgas... , quería decir; otra... , otra..., otra por los
aquitanos y la tercera por... por. .. por:
- ¡Tú!.. ¿por quién?, dice D. Pedro señalando á un
chico distraído que apresuradamente mira al libro y
exclama:
- ¡Por los ipsorum!
- ¡De rodillas!.. Tú -á otro - ¿por quiénes?
- Por los tertulianos.
- ¡Bruto...,animal... , de rodillas! ¿Por quienes? Tú...
dilo (señalando á uno muy importuno).
- Por los gallegos.
- ¡Voto á Dios, que esto no lo suf,e ni Job!... De
rodillas..., y vosotros también ..., gansos... , que no con·
testáis ..., de rodillas.
El grupo de las víctimas se arrodilla lentamente
entre los huecos de los bancos de los pequeños.
Aquí D. Pedro echa un discurso entreverado de
blasfemias sobre lo estt1pido de los chicos, sobre su
falta de atención, su distracción continua, etc., etc., y
dice que se propone en adelante emplear·medios enérgicos ... , nada de paños calientes (¡á _aquello llamaba el
bueno del hombre paños calientes!..), palo y mucho
palo... hasta restablecer la disciplina, y concluye así:
- Y para empezar, señores de tercero, vamos á ver
quién es el torero que se sabe la composición. ¿Alguno se sabe la composición? ¿No hay por ahí algún
guapo que se sepa la composición?
Silencio absoluto. Los que mejor se la sab(an, al
oir lo de torero y lo de guapo se les olvida de golpe.
Sólo un infeliz, nuev.o, se levanta diciendo:
- D. Pedro, yo me la sé.
- ¡Ah! ¿Ustedddd se la sabe?.. Lo de usted pro·
nunciando mucho la d era siempre pésima señal.
- Pues venga de ahí, continuaba, y más pronto
que la vista... ; pero mucho ojo, hijito mío, porque yo
no estoy de humor de oir más disparates.
Con lo cual le fija la mirada tan intensamente que
el chico se sobrecoge, palidece ... , tartamudea ... y se
calla ... , las palabras se le hielan en los labios.
- Vamos anda..., pronto..., anda... ¿Pero no andas,
condenado?..
Y al ver su silencio le trinca de una oreja y le sacude como si fuera la rama de un árbol.
- ¿No la dices, ladrón? Pues entonces, granuja,

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

piojoso, desvergonzado, ¿quién te autoriza á decir que
la sabes?
- Creí que...
- ¡Ah! ¿Conque tú también me sacas á Creíque?..
¡La mano!.. ¡La manooooo!..
La ejecución resulta esta vez fenomenal. El chico
chilla como si le desollaran vivo, y algo de esto sucedía porque traía las manos hechas una lástima.
Y ahora, de rodillas y en cruz. Y vosotros... , á
ver... ¿Quién se sabe la composición?
Esto ya venía dicho con tal cólera, que sin el anterior tremendo escarmiento bastaba para quitar al más
templado las ganas de responder.
- ¿Nadie? ¿Nadie sabe la composición?.. ¿Conque
nadie sabe la composición?.. Pues todos en cruz.
Sesenta brazos y pico se alzaban en el mayor silencio. El aire comenzaba á hacerse denso y pesado ... ,
las rodillas dolían sobre los ladrillos rotos y desquiciados... ; decididamente... , malos vientos soplaban ...;
aquella postura traía trazas de durar un par de horas.. .
¿Podría empeorarse? No parecía ºprobable á primera
vista..., pero se empeoraba y mucho de esta manera:
- Poma dat autumnus, formosa est messibus testas,
decía D. Pedro con voz solemne; y luego, señalando
á un punto, decía:
- Continúe usted.
El aludido se calla. Designa á otro que se calla
también, como el tercero y el cuarto y todos los
demás.
- ¡Coronillas de canónigos!, exclama el dómine.
¿No sale?.. ¡¡¡No sale!!! ¡Paciencia! Vamos á ver: «Ut
capianl vüzimz, in moveantur aq11te.1&gt; Venga de ahí.
¿Igual silencio? ¿Tampoco sabéis esta? ¡Recoronillas
de canónigo!.. Y de un puñetazo hunde el pupitre y
grita más y más: ¡¡¡Recoronillas de canónigo!!! Esto
no puede seguir así. .. Yo hago un dos de mayo. Tú,
gandul, seiioritingo de la plaza ... , tt1, sobrino del ladrón del escribano, contesta ... más pronto que la
vista, gritaba levantando por los pelos al aludido, que
abría más boca que el buzón del correo, pero sólo
para lanzar gemidos. Tl1, hijo del archipreste... , contesta... ¡Ah! ¿No contestáis? ¿No contestáis?.. Os caliáis como tales que sois... Pues ahora veredes, dijo
Agrajes.
Y empuñando la vara se lanió sobre la masa y
emprendió tal vapuleo que aquello parecía el fin del
mundo.
Gritos, lamentos, imprecaciones, chicos rodando
por el suelo, otros volando por los aires ó volteados
de resultas de las punteras...; una confusión... , un tumulto atronador.
D. Pablifo, abriendo la puerta para interceder por
nosotros y contestado con un sopapo monstruoso que
dió con él por tierra, fué motivo de que arreciase la
tormenta, hasta que desarmado, con la vara hecha
astillas y rendido de pegar se desplomaba D. Pedro
sobre su silla, sudando la gota gorda y diciendo en
son de consuelo:
- Ya veréis mañana... , ya veréis mañana; y dar
gracias á Dios que hoy me siento algo flojo.

! -

X
jHECATO!IIBE!

Y ¿cómo es posible, preguntarán mis l!!ctores, que
escenas canibalescas como esta se verificasen en la
culta Valpalencia y á no más de cuarenta años de antigüedad? ¿Cómo había padres desnaturalizados que
allí enviasen sus hijos, y cómo había muchachos que
soportasen tal régimen? Pues ¡ve/ay!, como dicen por
allí; así era y así sucedía y fácil es comprenderlo to·
do con sólo ponerse dentro de la situatión.
Por de pronto D. Pedro el Cruel era el dómine menos malo de Valpalencia. U rquijoso y Zarrapieta eran
mucho peores; Urquijoso tenía 80 años el año 50 y
jamás llegó á cortarse la coleta ni á usar pantalones.
Su régimen era, pues, de ~oleta y calzón, con todas
las atrocidades de su época. Por de pronto, sólo tenía internos, y en su mucha avaricia, so pretexto de
castigos, les mataba de hambre. Era en esto el fiel
trasunto del licenciado Vidriera; y tales cosas hizo
que si no toma el buen acierto de morirse, acaba de
mala manera de resultas de un trancazo, arrimado
con el martillo de su muleta sobre el cráneo de un
chico con tan mala fortuna, que le dejó tieso. Zarrapieta no sabía latín y era un bufón de sus discípulos.
Quedaba el instituto; p~ro era tanta la pillería que
allí acudía y tan tierna nuestra edad, que las madres
no se decidían á mandarnos, y nuestros padres, educados aún más bárbaramente que nosotros por los
frailes benitos y los mostenses y gente toda de bronce, aún polvorientos de la última guerra, tenían entusiasmo por D. Pedro... , y entusiasmo justificado,
porque lo que es latín se aprendía ... y tres más nueve.
En cuanto á los padres de los internos.ya he pre-

NúMERO

589

sentado á ustedes un botón de muestra en el tío Zancajos. Nuestro heroísmo al soportar el régimen dompedruno también se explica. De una parte, porque
los padres de entonces no eran como los padres de
ahora; ese género de padre blanducho, mimón y dominable, ahora tan frecuente, era desconocido en
Valpalencia. Lo de tutear y pateará los papás vino
después; y de otra parte, era tal el terror que á don
Pedro teníamos, como poca la esperanza de encontrar defensa en casa. Si vamos con soplos y estos soplos no son suficientes para decidir á los padres á sacarnos del antro y D. Pedro se entera, ¿qué no hubiera hecho aquella fiera con nosotros?.. Algo que contaban de las hienas, que desentierran los cadáveres y
se los comen vivos.
No obstante, la cátedra: de D. Pedro concluyó de
mala manera, como quien dice, á capazos y por cosa
baladí. El que tantas atrocidades cometió en su vida, con la buena sombra de no matar de golpe á nadie en veinte años de dómine, tuvo la desgracia de
que una.vez el juego saliera mal..., y fué de esta manera:
Bromeando un día entre nosotros, Millzombres preguntó á Robustiano:
- ¿Cuántos señoritos sois en Cebolleta?
Y el hijo del tío Zancajos, que se la daba mucho de
plancheta porque su padre era concejal del ayuntamiento, le contestó:
- Pues quince con D. Yo.
La respuesta, que era espontánea muestra de su
vanidad, nos hizo la mar de gracia, y como cosa de
chicos... , tanto molimos á Robustiano llamándole:
«¡Oye tú!.. Donyó y Dontú,» que llegó á cargarse y á
responder á morradas á la pregunta cada vez que se
la hacían.
Cursábamos tercero y ya faltaba poco para concluir el curso y perder de vista al dómine, cuando vino á la clase un chico nuevo, hijo del Presidente de
Sala trasladado á la Audiencia de Valpalencia de la
vecina de Burgos, y que por cierto era muy inocentón
y muy buen muchacho.
Preguntó los nombres de todos, y como es natural,
le decíamos los motes, y de Robustiano le dijimos
que se llamaba Do11y6, esperando que del error resultase algo gracioso.
En efecto, un día, antes de la entrada en clase de
D. Pedro, al volver Robustiano de cerrar la puerta
de la calle, que él estaba de guardia, se dejó abierta
la de la cátedra, y Pepe Carrillo, el nuevo, le dijo con
la mayor naturalidad:
- Oye tú, Dony6, ya podías cerrar la puerta.
Robustiano que tal oye, arremete contra Carrillo, lo
pilla desprevenido, lo derriba y lo harta de coces.
Nosotros, aplaudiendo la peripecia de la lucha, palmoteando y aguzando á los combatientes, olvidamos
que era la hora de la aparición de D. Pedro.
Carrillo se alza frenético de cólera al verse víctima
de tan alevoso ataque, toma del suelo un ladrillo de
los que andaban sueltos, y con toda su alma y casi á
boca de jarro se lo dispara á la cabeza á Robustia_no,
y en el momento mismo que éste se baja para evitar
el certero golpe, la puerta se abre y D. Pedro, que en·
traba, recibe en plena boca el proyectil, llenándosela
de sangre y de dientes partidos.
El dómine ... tal se ve tratado, él, de suyo como
queda dicho, cae veloz sobre Carrillo, paralizado por
el susto, lo sujeta y levanta del cuello, y sin recordar
que él mismo mandó poner rejas para e'!'itarse el peligro de estropear á algún chico tirándolo al corral, le
estrella contra la ventana.
Al grito desgarrador de Carrillo acudió D. Pablito,
y levántale del suelo casi exánime y casi muerto, con
la cabeza abierta por dos partes y un brazo fracturado.
El terror de esta escena nos paralizó á todos. Sólo
Robustiano, sintiéndose culpable, salió escapado y
no paró hasta su pueblo.
D. Pedro estuvo á la muerte de resultas de un fenomenal ataque al hígado, y esto le libró de ir á la
cárcel, porque el padre del herido puso el grito en el
cielo, y aunque el chico sanó, logró que se le formara
causa y se cerrase la clase.
D. Pedro, emigrado en un pueblecito de Navarra,
duró poco. No pudiendo pegarla con los chicos, !ª
pegó consigo mismo, y la sangre se le pudrió. Munó
blasfemando, como pasara la vida; pero Dios le t~c6
en el corazón y á su última hora legó á su sobnno
cuanto tenía, que era bastante.
D. Pablito ya no es D. Pablito; es el Excmo. señor
D. Pablo Varela de los Nardos, y este dulce y oloroso segundo apellido Nardos borra al primero de
Varela el marcado sabor á paliza que tuvo mientras
con él se designaba al feroz D. Pedro. Es rector de
la Universidad de Valpalencia, el hombre más ilustrado y más virtuoso de la provincia y acaso de _España entera. Orador, literato, político y hasta vahen·
te, estimado de todos, cada vez que lo vemos es, pa-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
NúMERO

ra nosotros sus antiguos verdugos, motivo de sonrojo
y vergüenza.
- No podré olvidar nunca, le decía una vez que
comíamos juntos el año pasado, que yo fuí el que te
puso aquel pícaro alfiler en la silla, que tanto daño te
hizo.
- Más daño me haces ahora al recordármelo, querido Luis. Si algo soy
y algo valgo, lo debo á
vosotros, que tanto me
hicisteis sufrir en aquel
llos años; que el resto de los trabajos de
mi vida se me han figurado más que trabajos
placeres, y estudiar cómodamente sin las
molestias que me cau·
sabais, mi mayor di·
cha. Dios se conoce
que se dió por satisfecho con aquella prueba mía, y en su inmensa misericordia
me deja vivir feliz.
¡Bendito sea!
·

mundo profesión digna de respeto y consideración,
excepción hecha de la suya.
De aquí provenía el que más de una noche, Romero, algo amostazado por .las silbas y denuestos que
desde su barrera le había dirigido su gran amigo
aquella tarde, porque una estocada le salió atravesada, ó por haberse obstinado en matar en los medios

f

f

LUIS DE LLANOS

MAIQUEZ
Y PEDRO ROMERO

I
Todos saben que el
gran Isidoro Máiquez,
aquel cómico (todavía
no se les daba el nombre de actores) que sorprendió como ninguno
entre nosotros los airados acentos de la sombría Melpómene, era
asombro de sus contero·
poráneos, sobre todo
cuando in ter pre taba
caracteres de la trágica
magnitud del Otelo y
del Edipo. Pero lo que
no saben muchos, es
que su afición á los toros era tan grande que,
no una, sino varias veces, tuvo graves disgustos con el comisario
protector de teatros,
porque llevado del de·
seo de presenciar una
corrida entera, dejaba
los ensayos señalados
para el día, y retrasaba
con ello un estreno con
que tal vez contaban
los Hospitales, á los que
pertenecía en gran parte el producto de las
funciones que se daban
en el Príncipe, que era
donde con preferencia
á la Cruz trabajaba de
ordinario el ilustre comediante.
Y tanto era su amor
al animado espectáculo,
que él, que por aspereza de carácter y altivez
de cond\ción, huía del
trato de personajes de
alto valimiento, no desdeñaba la amistad de los diestros más famosos, entonces socialmente menos considerados que lo son
hoy.
A Pedro Romero manifestaba particular predilección, y hasta dícese que no era raro ver entrar juntos
y mano á mano, no pocas noches, al histrión y al lidiador de reses bravas, en cierta hostería de la esquina formada por la calle dé la Gorguera al desembocar en la plaza de Santa Ana, y en la que según
noticias se servía sobre no siempre limpios manteles
el más sabroso estofado de vaca y el más picajoso salpicón con que se regalaron nunca paladares madrileños.
Mas no era ho'mbre Isidoro que por _amistad que
le ligara con persona alguna, dejara pasar en silencio
sus defectos, ni su orgullo, que era el suyo más saliente, le permitiera comprender que hubiera en el

LA MODA FIN DE SIGLO. 1793.

Dibujo de G. A. Storey

un toro que tenía la muerte en las tablas, pidiera en
el tono más humilde y amistoso á Máiquez explicaciones de su intolerancia.
- Increíble parece, decía el famoso matador, que
vuesa merced que vive del favor del público, haga
blanco de su enojo á quien al ruedo sale á ganarse
unas cuantas peluconas para su vejez y un poco de
fama para que su humilde nombre no quede en el
olvido.
- Lo que encuentro yo, no sólo increíble, sino hasta insoportable, contestaba el pasmo de la escena
frunciendo el entrecejo, es que un hato de haraganes
y de gente perdida como sois vosotros, gane más dinero en una tarde que yo en media temporada.
- Cosas son, Sr. Isidoro (del don no se había
hecho merced todavía á los actores), replicaba el

émulo de Costillares y Pepe Hillo, que tienen su explicación, aunque no lo parezca. Vuesa merced ha
necesitado muchos estudios y muchos libros para
morirse de mentirijillas todas las noches, y nosotros
muchas veces, sin saber leer ni escribir, nos exponemos cada día á que nos agujeree la piel de veras un
toro de la tierra. Hay que desengañarse, todas las cosas tienen su porqué, y
cada cual hace lo que
sabe y nada más.
- Pero supongo que
,
no querrás equiparar tu
profesión con la mía.
- ¿Y por qué no había de hacerlo?
- Porque mientras
que lo que tú haces lo
puede hacer cualquiera
que tenga un poco de
arrojo y valentía, lo que
hace I sidoro Máiquez
no lo hace ni lo hará
nadie.
Pedro Romero que,
aunque sabía disimularlo mejor, no cedía
en orgullo á su ilustre
amigo, se mordió los
labios con despecho;
pero no contestó.
Máiquez, envalentonado por aquel silencio,
aunque con más benévolo tono, se contentó
con añadir:
- Las tres ó cuatro
onzas que te da el señor corregidor de Madrid, como representante de la Junta de
Hospitales, ó los caballeros maestrantes de
Sevilla ó Ronda, cada
tarde que toreas, cuesta
muy poco ganarlas.
- ¿Lo cree así vuesa
merced?, preguntó Romero con cierta sorna.
- Y ni frailes descalzos me harán pensar
otra cosa.
- Pues siento no poderle probar que se engaña, replicó el que
después había de ser
· profesor de la Escuela
de Tauromaquia de Sevilla.
Y como hubieran dado ya hacía rato fin á
la por cierto nada frugal cena, los dos interlocutores se pusieron
de pie, salieron de la
hostería y tomaron
rumbo hacia la calle
de las Huertas, donde
vivía el gran Isidoro.
Algo débían haber herido el amor propio del
matador las palabras del
comediante; pues a unque, como siempre, le
acompañó hasta la puerta de su casa, en el corto
trayecto, ni una sola vez
desplegó los labios.

II
La merienda había
sido espléndida, porque además de que Pedro Romero, que era el que la pagaba, fué siempre rumboso
y espléndido, no había de andarse con mezquindades
aquella tarde, cuando al que trataba de obsequiar
era hombre de tanta valía para todos y de tanto aprecio para él como Isidoro Máiquez.
El gran actor, de suyo taciturno y retraído, había
estado como nunca decidor y alegre, y la fiesta pro·
metió dejar gratfsimos recuerdos á la memoria de todos los comensales.
Próximos estaban ya á montar en las calesas y
en los caballos que á las frondosas alamedas de la
Muñoza les habían llevado, cuando la voz de los va·
queros, advirtiendo que una res brava se había salido de la piara, sembró el espanto en todos los cora·
zones.

589

LA

Sólo dos personas hubo allí que no hicieron la menor demostración de huir. Pedro R omero, que se
contentó con descolgar de la grupa de su caballo la
manta jerezana que le servía de adorno é I sidoro
Máiquez que, cruzado tranquilamente de brazos miraba al anfitrión, como diciéndole:
'
«Para que veas que no es el valor patrimonio tuyo exclusivo.))
La res escapada era,
por suerte, un becerro
eral, aunque bastante
granado; pero bravuconcillo y alegre que
era un primor.
Pedro Romero al verle se sonrió con desdén,
y volviéndose á Isidoro
le dijo con sorna:
- No es mala ocasión de demostrar lo
que me decía vuesa
merced la otra noche.
Máiquez, po r toda
contestación , l e miró
con altivez, y arrebatándole de las manos la
manta, la flameó.
E l becerro no se hizo esperar. Rápido como el rayo acudió al
engaño y se empapó
en él con gran bravura.
E l primer lance hubiera merecido justas
palmas si los espectadores hubieran pensado
en otra cosa que en salvar sus personas.
Pero el becerro se
revolvía tan rápidamente, que aunque Romero
quiso meter el castoreño para recortarle, ya
era tarde, y la corpulen ta figura del intérprete del Ores/es y del
García del Casta1iar
volaba por los aires.
Que la cosa no tuvo
consecuencias, no hay
para qué decirlo. R omero, convirtiendo en
manso borrego al denodado aprendiz de toro,
le llevó á la piara, y el
gran Isidoro no tuvo
que lamentar más que
algunas contusiones.
Sin embargo, como
éstas, una vez conducido á Madrid, le hicieron guardar dos ó tres
d!as de cama, hay quien
dice que, conversando
desde ella con Romero,
le decía la noche siguiente á la ocurrencia:
- Mira, mira, déjame en paz con· tus cuchufletas; pero ten por
seguro que ahora no me
parecen tan mal ganadas las onzas que te dan
por cada corrida.
A NGEL

R.

CHAVES

.....

,,,.,,.,,,.,,......,..,..,,.,...., ,,.,..,.,.,, .. ,,.,

RIO ABAJ O
Deslizábase el bajel,
rasgando con su aguda y cortante quilla el azulado
~anto de las olas; á uno y otro lado del misterioso
no alzábanse hermosas umbrías salpicadas de flores,
q_ue semejaban otras tantas pinceladas brillantes; el
c1elq m~straba la limpidez más pura y el ambiente
parecía impregnado de sutilísimos y embriagadores
perfumes.
Impuls~do el bajel por la ligera brisa que azotaba
s~ vela teJ1da con alas de mariposa, iba dejando tras
~1 un reguero de perlas que irradiaban alegremente
a la luz del sol, luz vivfsima que lo inundaba todo
con resplandores de oro. Sobre las bordas, corona? ªs de gu irnaldas, apoyábanse las almas con subli me
mdolencia. Arpas de oro tañían las unas, entonaban
las otras melodiosos cantares, oraban las demás en
éxtasis sublime, y n i en músicas ni en rezos ni en

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

plegarias advertfase nada que recordase lo deleznable, lo ruin, lo rastrero, lo terreno en suma. Era el
coro de las almas que empezaba á cruzar la corriente engañosa y traidora. de la vida.
Eran sombras más bien que cuerpos, eran algo intangible, hermoso y puro como el sueño de los ángeles; parecían formadas de girones de nubes y ani-

239
te entre una negra y asfixiante humareda. Las almas
seguían su expedición, sin embargo, á través de las
olas, y sus cantos, aunque más dé biles, percibíanse
no obstante entre aquel revuelto caos.
Rasgando oblicuamente el humo de la nube, desfiló un cortejo que por un momento fascinó todas las
miradas. Torrentes de oro¡ formábanle el camino,
olores de incienso le
aturdían, gentes de hinojos le adoraban; acordadas músicas poblaban los aires; pero eran
músicas solemnes,
triunfales , majestuosas ... Desfilaron púrpuras y armiños, oro y pedrerías, penachos y vistosos arreos ... Pasó como una exhalación. Era
el cortejo de la Sober-

bia ..
Las almas vieron con
hondísimo pesar cómo
una_de sus compañeras,
fasetnada por la brillantez del espectáculo, cegada por tanta y tan
viva luz, puestos en la
visión los ojos y los
sentidos todos, fué arrebatada por una negrísima oh que arrastró consigo una guirnalda
arrancada á la borda
del bajel...
¡Un alma perdida!

Cuando ecos y fulgores se extinguieron en
el espacio, nuevo y más
deslumbrante séquito
se apareció en la nube.
Formábanlo hasta
una docena de mujeres
de inenarrable hermosura y de contornos
ideale3, según lo que
dejaban transparentar
los flotantes y vaporosos ropajes de sutilfsima urdimbre. Sus mantos eran de rojos matices, sus coronas de rosas
encendidas, sus ojos
despedían relámpagos
de lumbre y sus mejillas ostentaban los más
hermosos colores. Ajorcas de oro cubrían sus
brazos y sus piernas·
en la diestra mano em~
puñaban cráteras y ánforas de precicsos metales rebosando preciosos vinos de Smirna
de Corinto y Chio. Su~
c~ntare? eran alegres,
vivos, p1cantes,sonoros,
voluptuosos...
Pasaron por sobre el
bajel, y todo el néctar
en las ánforas aprisionado vino á dar sobre
una de las almas que
embriagada por ¡l peLA MODA • 1N DE SIGLO. 1892. Dibujo de G. A. Storey
netrante y enervador
perfume que exhalaba
.
y no pudiendo resistir~adas por Utl. suspiro. Y sin embargo, nada más gent1_lmente he~moso bro~ó _nunca de los cinceles griegos lo, cayó desvanecida sobre la borba al tiempo mismo
m de los pmceles cnstianos. Se las puede imaginar que una ond~ la recogía entre las insolentes carcaja.
no describir. Figuraos los más hermosos ensueño~ das del corteJo de la Lujuria...
¡Otra alma perdida!
de vuestra primera juventud; figuraos cómo serán
esos seres que allá en las alturas caminan sobre tapices d~ es_trell~s y tienen por artesonados techos los
***
espacios mfimtos, y os habréis imaginado cómo eran
. Río abajo ... , río abajo seguía su marcha el bajel
las almas del bajel de mi cuento.
sm detenerse á recoger las almas que eran devoradas
por el negro monstruo del pecado.
***
¡Tercer cortejo ... , tercera pérdida!
Pasó
la Gula con todo su coro deslumbrador de
De pronto palpitó en la atmósfera una caliente
frutos
herm?sos
y fragantes recogidos en los más herbocanada de aire; nublóse el cielo, y densos nubarrones envolvieron la fantástica nave. Lo brillante lo mosos penstles del Asia, de vinos espumosos y alealegre, lo hermoso, lo sublime extinguióse de repen- g~es extraíd~s de los pámpanos que florecen bajo el
cielo de Italia y de España, de cristales que fulgura-

�RECUERDO DE NAVIDAD. LOS PAVEROS, dibujo d e Danie l Urrabie ta Vie r ge, propiedad de Santiago Rusiñol

RECUERDO DE NAVIDAD. LA MATANZA, dibujo de Danie l Urra bieta V ierge, p ropiedad de Santiago Rusiñol

~

�LA
ban, de músicas enervantes, de pebeteros que humeaban, de todo cuanto regala los sentidos y es aliciente
poderoso al apetito ... Una de las almas alzó sus brazos hasta ella. La Gula la recogió entre los suyos ...
Otra baja en la nave .. . ¡Adelante!..
De idéntico modo pasaron la Avaricia, la Ira, la
Pereza, la Envidia..., todo lo que de innoble y de horrible puede esconderse bajo apariencias deslumbradoras y alegres, todo cuanto oculta el áspid bajo la
flor, todo lo que enerva y fascina para matar á la postre; los Pecados Capitales coronados con las flores
que el mundo ciñó á sus sienes.
La Ira, avasalladora, sublime en su indignación
lanzando rayos como Júpiter; la Avaricia, abstraída,
silenciosa sobre su pedestal de oro y pedrería; la Pereza, indolente, muelle, sensual, regalada, colmada
de cuanto puede hacer grato el tránsito por la tierra;
la Envidia, por último, queriendo atesorar y recabar
para s( las deleznables y efímeras grandezas de sus
otras compañeras, disputándoselas con desapoderado
empeño...
·
U na tras otra, las almas fueron abandonando el
bajel; la nube las arrebató ó las arrastraron las olas,
¿qué importaba? El hecho fué que el bajel perdió sus
viajeras y sus flores.

Al final de la jornada, sólo un alma entre todas
pudo mostrarse ufana, radiante y pura á los rayos del
sol que volvió de nuevo á lucir en un cielo que tenía
toda la brillantez del más inmaculado zafiro, pregonando cuánto es difícil surcar la corriente del mundo
sin que en el infecto fango se enloden las sutiles y
blanquísimas alas de los espíritus...
MANUEL A MOR MEILÁN

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mos hace algún tiempo, se titula Crepúsculmn: constituye una
trilogia, cuya primera parte, Médicis, se representará en el teatro de la Opera, de Berlin. Las otras dos partes se titularán
Savonarola y Borgia. Cada uno de estos tres dramas musicales
formará una ópera completa.
- El tenor Cardinali, tan aplaudido por el publico de Barce·
lona, ha obtenido en el teatro de la Argentina, de Roma, un
gran triunfo cantando Lohengn·n.
Parls. - Se han estrenado con buen éxito: en el Odeón Une
page d' amour, excelente adaptación á la escena de la interesante novela de Zola del mismo titulo, hecha por M. Carlos Samson; en Chateau-d'-Eau La Mere la Victoire, drama en cinco
netos de G. Marot y L. Pericaud; en Chatelet La filie prodigue,
comedia de gran espectáculo de Mr. Harris y Pettitt, traducida
del inglés y adaptada á la escena francesa por Pablo Milliet;
en Dejazet La Vpyage des Berlttrom, graciosísimo vaudeville
en cuatro actos de Mauricio Ordonneau, Grenet-Dancourt y
Keroul; en el Vaudeville Les drames sacrés, en un prólogo y
diez cuadros, representación de los principales episodios de la
vida de J esí1s, escrita en hermosos versos por Armando Silves·
tre y Eugenio Morand y con deliciosa musica del maestro Gounod: esta obra ha sido puesta en escena con gran lujo y propiedad; en el Palais Royal una graciosa comedia en tres actos, de
Blum y Touché, La maison Tamponin; en el Ambigú, un dra·
ma histórico en cinco actos y nueve cuadros, Le capitaine Be·
1/e-Humeur, de Duchez y Bompar; y en el teatro Libre, Mirages, drama en cinco actos de Jorge Lecomte, obra de análisis
psicológico, pesimista y algo monótona.
Londres. - En Saint James's Hall y bajo la dirección de mis·
ter Daniel Mayer se ha dado un magnifico concierto wagneriano, en cuyo programa entraron los mejores fn,gmentos de las
principales obras del gran maestro, escogidas por orden crono·
lógico, desde Ta,mhauser, escrita en 1844, hasta Parsifal, compuesta en 1874.
Madrid. - El Real ha cerrado sus puertas después de haber
dado con gran éxito tres representaciones de Los ,11aestros can·
tores de Nuremberga, ele Wagner, en cuya ejecución fueron
muy aplaudidos la señora Tetrazzini y los Sres. De Marchi, Menotti y Baldelli y sobre todo el maestro Mancinelli. En el Español se ha estrenado con excelente éxito El castellallO del Duero, d.ama en tres actos de D. Agustin Fernández Laserna, de
interesante argumento y admirablemente versificado, y en la
Comedia ha obtenido un verdadero triunfo el Sr. Feliu y Co·
dina con su hermoso drama La Dolores, que se estrenó en el
pasado invierno en nuestro teatro de Novedades. Se han estre·
nado además con buen éxito: En Lara El distrito, juguete en
un acto de Limendoux y Rojas, y Pabellones militares, también
juguete cómico en un acto de D. Ricardo Monasterio; En Eslava Los invasores y Las varas de la justicia, zarzuelas en un
acto de Gullón y Larra la primera y de Perrin y Palacios la se·
gunda, con música del maestro Val verde (hijo) y Nieto respectivamente, y en Novedades El lego del parral y Tijerilla, zarzuelas en un acto, de Redondo de Menduiña y música de Taboada aquélla, y de Arpe y Escobar, con musica de Juarranz
ésta, y Alfomalab1111olera, gracioso sainete de Jackson Veyán.
Barcelona. - Después de los conciertos en que tantos apla~sos conquistó la Sociedad Catalana dirigida por el maestro N1·
colau, ha comenzado á actuar, en el Prmcipal la compañía de
ópera que debla funcionar en el Liceo, habiendo comenzado
sus funciones con la ópera Afejistofele1 en la que se ha hecho
aplaudir el tenor De Marchi. En el Circo, la aplaudida com 1Ja·
ñia Tani ha estrenado Ridzelieu, preciosa opereta en tres actos
del maestro Sauvage. En Novedades se ha estrenado con buen
éxito un melodrama en seis actos y siete cuadros del Sr. Moreno Gil, Los héroes del Bruch, para el cual ha pintado el señor Soler y Rovirosa una decoración final digna de la grande y
merecida fama de que 'goza tan renombrado artista. En Romea se ha estrenado con gran éxito L' ase del hortolá, sainete
del reputado y popular escritor D. Emilio Vilanova.

NÚMERO

589

lles. Artistas de gran mérito esculpieron fuentes monumenta
les y jarrones de extraordinario valor artistico, que aún hoy
constituyen el mayor encanto de aquella residencia de los monarcas españoles. No menor importancia reviste ya el parque
de Barcelona, embellecido y enriquecido con un crecido numero de obras escultóricas de nuestros mejores artistas. Entre ellas
figura el precioso jarrón decorativo, recientemente terminado,
obra del laureado escultor José Reynés, que al igual de lo que
acontece en Aranjuez y la Granja, es uno de los más artísticos
objetos que adornan los jardines. De elegante y caprichosa for•
ma, embellécenlo algunos niños en distintas actitudes, habiendo utilizado el Sr. Reynés iguales elemento~ que los escultores
franceses del pasado siglo en los jarrones que se conservan en
los museos, después de haber servido de medios de decoración
de los jardines que creó la poderosa voluntad de Luis XIV.
Toma de posesión del nuevo presidente de
la República de los Estados Unidos Mr. Grover Oleveland. - Oportunamente dimos cuenta de la elec·
ción de Mr. Cleveland que por segunda vez se encuentra al
frente de la gran república norteamericana y nos hicimos eco
de las esperanzas que en él funda aquel pueblo: hoy diremos
algo del acto de toma de posesión del nuevo presidente, Llegó
éste á Wáshington el día 1. 0 de marzo, y el d(a 4, á las doce de
la mañana y después de haber pronunciado el discurso reglamentario, tomóle juramento Mr. Fuller, juez del tribunal superior del Estado del Illinois, á la entrada del Capitolio y en pre·
sencia de centenares de miles de ciudadanos. Acto seguido desfilaron ante el presidente las comisiones, los delegados y representantes oficiales y gobernadores de los estados, autoridades,
corporaciones, etc., en número de más de 50.000 individuos.
La ciudad de Wáshington ha celebrado además con grandes
festejos la proclamación de Mr. Cleveland, cuya segunda presidencia marca una nueva era para la nación americana.

589

LA

2 43

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT.-ILUSTRACIONES DE EMILIO BA VARD
(CONTIN UACIÓN)

Una de estas casitas era la de la familia Barincq, pero la hermosura de aquellas vistas no había influído para nada en la elecci6n impuesta por contrariedadades de la vida. Arruinados, desposeídos de su hacienda, encontrábanse sin
recursos cuando un a migo de los muy pocos á quienes su miseria no había alejado de ellos ofreció á Barincq la administración de aquella finca sin otro sa-

La moda fin de siglo. 1793 y 1892, dibujos de
G. A. Storey. - Parece como que la moda al acercarse al fin
del siglo pasado y al del presente ha tendirlo á la sencillez que,
dicho sea en honor de la verdad, es lo que mejor sienta á las
mujeres. Después de los recargados vestidos y complicarlísimos
tocados de la época de los ultimos Luises de Francia, vino el
traje Directorio, relativamente sencillo, á iniciar una nueva tendencia que desterró por completo las antiguas exageraciones; y
aun cuando en distintos periodos de este siglo ha habido algu·
nas tentativas para restablecerlas, bien que notablemente atenuadas, poniendo en uso el miriñaque, las faldas con colosales
volantes y el polissón, vuelven las damas al acercarse al fin de
la actual centuria al buen camino, del cual, si hubiesen ele seguir los consejos desinteresados de los que bien las quieren, no
se apartarian nunca. Estas reflexiones y muchas más nos sugieren los dos hermosos dibujos del célebre artista inglés Storey
que, aparte &lt;le su valor desde el punto de vista de la indumentaria, son dos bijoux considerados como obra de arte.

La cencerrada al viudo, dibujo de J. García
Ramos. - Cual si al contraer el viudo nuevos lazos significara
olvido completo de la que fué su primera compañera, el pueblo
muestra su desagrado, obsequiando al beneficiado por medio de
una serenata en la que se utilizan los más discordantes y estri·
dentes instrumentos. Esta costumbre, esta censura, aunque no
consignada en ningún código, tenia antes la misma fuerza que la
ley escrita, y raro era el reíncidente que podía rehuir la cence·
rra&lt;la que le dedicaban sus convecinos, ya cometiera el cielito
en ciudad, pueblo ó aldea. El modo de ser de la sociedad mo,
derna ha logrado desterrar esta costumbre en las grandes poblaciones, fubsistiendo unicamente en las de escaso vecindario.
Nuestro distinguido colaborador artistico Sr. Garcia Ramos ha
utilizado para una de sus más beUas composiciones el movimiento, el abigarrado conjunto que ofrece una cencerrada, en
la que se manifiestan de modo incontestable sus relevantes cualidades artisticas. Los tipos, las actitudes, las agrupaciones y
Necrología. - Han fallecido recientemente:
Alois Gabl, famoso pintor de historia alemán, antiguo pro· hasta los más nimios pormenores revelan perfecto movimiento,
fesor de la Academia de Bellas Artes de Munich, especialmente detenido estudio del natural. No en balde goza el Sr. Garcia
conocido por sus cuadros de escenas de la vida popular tirolesa. Ramos de justa fama como dibujante y como pintor genuinaBenjam(n Ball, célebre alienista francés, catedrático é indi- mente espai1ol.
viduo de la Academia de Medicina de Paris.
Recuerdos de Navidad. - Los paveros. - La
Sayid Ali ben Saíd, sultán de Zanzibar.
matanza., dibujos de Daniel Urrabieta Vierge.
Pablo Girardet, reputado grabador francés.
Antonio Caccia, artista, literato y filántropo italiano, autor - Ni los continuos aplausos ni la producción de obras en
de varias tragedias, comedias, poemas musicales, obras filosófi- un ambiente distinto del suyo han podido borrar en Urrabieta
cas y sociales y gran mecenas del arte: ha legado á las ciuda- Vierge ese algo que caracteriza nuestra raza y que se revela en
des de Trieste, Pirano y Udine sus palacios y propiedades y á todas las manifestaciones de la inteligencia Esforzado paladin
la ciudad de Lugnano la mayor parte de sus bienes y su mag- del arte moderno, h:i. logrado tener personalidad tan vigorosa
que se impone é infunde respeto. Sus figuras se distinguen por
nifico palacio para fundar un Museo tessinés de Bellas Artes,
El profesor W. llfinto, notable filósofo y literato inglés, cate• rasgos tan característicos cual se manifiestan las producciones
drático de Literatura inglesa y de Lógica en la Universidad de de Goya, ofreciendo sus manchas el vigor y la frescura de las
Aberdeen, autor de varias obras literarias y de crítica y colabo· aguas fuertes del autor de Los caprichos.
Urrabieta nos deslumbra en sus dibujos con los derroches de
rador de la Enciclopedia Británica.
luz, cual si fueran pintados al óleo, demostrando su temperaAngel Zanardini, conocido libretista italiano.
D. Constantino Llombart, distinguido escritor é inspirado mento de colorista español. Innumerables son sus producciopoeta valenciano, autor de un Diccio11ario valenciano caste· nes, reproducidas la mayor parte de ellas en las principales pu·
blicaciones ilustradas del extranjero, en las que se refleja ese
llano y de una Gramática valenciana, uno de los fundadores espiritu viril de españolismo característico del maestro.
de la Sociedad literaria Rat Penal y de otras sociedades, como
Nosotros, que tanto admiramos al Sr Urrabieta Vierge, nos
L' Oronella y La Cruz Blanca.
complacemos en publicar los dos preciosos dibujos que recuerdan escenas de nuestro pais, rindiéndole por este medio un tri·
bulo de consideración.
Teatros. - En el teatro Nuevo, de Leipzig, se ha estrenado
con gran éxito una ópera en un acto, El asceta, libro de GuiEl café de los cuatro vientos, cuadro de Carllermo Schriefer y música de Carlos Schroder. Con esta obra,
los Arregui. - Si cada país, cada pueblo tienen una fisono·
la ópera alemana contemporánea ha dado el primer paso afor,nia particular y exclusiva, preciso es confesar que la coronada
tunado hacia el género rtalista que tantos triunfos ha valido á
villa ofrece mayores caracteres distintivos. Mezcla de corte y
la escuela italiana de nuestros días. La música es verdaderavillorio, presenta la fastuosidad aristocrática y cuadros, escenas
mente dramática, pero el libreto resulta un tanto crudo.
y tipos genuinamente democráticos. En ellos es en donde se
- El Consejo de Administración de las representaciones de
conservan todavia los rasgos caracteristicos de aquel pueblo que
Baireuth ha resuelto que durante la temporada de 1894 se can·
tan admirablemente describieron Mesonero Romanos, Larra y
ten en aquel teatro Parsifal, Ta111zha11ser y Lohengrin, esta ulJarrón decorativo en el parque de Barcelo- Flores; y á pesar de la influencia que ejercen las modernas co·
tima no puesta todav(a en escena en dicho coliseo.
na., obra del escultor José Reynés. -Los romanos,
- En el teatro Libre, de Paris, se representará en breve una que supieron dará todas sus instituciones caracteres de grande- rrientes, adivinanse bajo el mantón de la chula y las alas del
traducción francesa del drama alemán W eber, de Gerardo za, embellecieron sus jardines con obras de arte que han pasado sombrero gacho, las agudezas y humorismo, verdaderamente
Hauptmann, cuya representación fué prohibida gubernativa- á la posteridad, cual acontece con algunas de las que figuraron local, de la manola y el chispero. La decoración y los trajes han
variado, los tipos son los mismos, y hoy como ayer ofrece el
mente en Berlín y en Breslau.
en los de Pompeyo, Lítculo, Mecenas, etc. En los tiempos me·
- La ópera de Leoncavallo / pagliacci se ha estrenado con dios decayó el buen gusto; pero en el glorioso periodo del pueblo madrileño campo de estudio y observación. Los artistas
hallan asunto para sus producciones, habiendo loj?fado celebri·
gran éxito en Munich.
Renacimiento y á la par que aumentaba la esplendidez de las
- La actriz francesa recientemente fallecida en París Alicia viviendas, manifestóse la afición de los jardines. Italia fué la dad algunos de ellos por la feliz interpretación de cuadros de
Ozy ha dejado su fortuna, consistente en tres millones de fran· primera en poner en sus principales ciudades esta clase de costumbres. Tal sucede con Carlos Arregui, discipulo discreto
cos, á la Asociación de Artistas dramáticos: además ha legado sitios de esparcimiento y recreo. En España Felipe II esta· del malogrado Plasencia, que profundo conocedor del modo de
50.000 francos á uno de sus ejecutores testamentarios para que bleció jardines en el Escorial y comenzó los de Aranjuez, ser del pueblo en que vive, pinta bonitos lienzos, como El café
con los intereses de esta cantidad auxilie á los escritores pobres, pero unos y otros no alcanzaron la importancia de los que creó de los cuatro vientos, que reproduce fielmente una escena mate·
- La ultima obra del maestro Leoncavallo, de la que habla- Felipe V deseando emular en la Granja las bellezas de Versa- rial, el modesto desayuno de los obreros en 110 improvisado
café emplazado en la confluencia de tres calles.
Bellas Artes. - El día 1. 0 de julio se inaugurará en Mu·
nich la E,eposición internacional de Bellas Artes que anualmente se celebra en la capital bávara.
- En Milán se celebrará desde el 15 de abril al 15 de mayo
una Exposición internacional de acuarelas cayo protectorado ha
sido ofrecido y aceptado por el príncipe de: Nápoles: se verificará en el Palacio de Bellas Artes, y en ella se concederán una
medalla de primera clase y dos de segunda que adjudicará una
comisión nombrada por los mismos expositores.
-En una subasta celebrada en Nevets ha sido vendido á un
arquitecto de la población por 50 francos un cuadro que los inteligentes atribuyen á Rubens y estiman en 300.000.
- El grupo colosal de la Germanía, de Reinaldo Begas, ha
sido fundido en bronce y será inmediatamente enviado á Chicago. Este grupo, de ocho metros y medio de altura, representa
la imponente figura de Germania, montada á caballo, cuyas ríen·
das sostienen el genio de la Fama y un guerrero que lleva en la
mano la espada y la palma, simbolo de la paz.
- La Asociación Artlstica de Munich conocida con la denominación de los &lt;Veinticuatro&gt; ha sido oficialmente invitada
por el profesor Schwarr-Allquist, en nombre de la comisión artistica del Comisariado del Imperio, para que envie á la Expo·
sición U ni versal de Chicago todas las obras que figuraban en
una exposición particular que recientemente ha celebrado en el
Salón Schulte, de Berlín.
Barcelona - Salón Parés, - Moragas ha expuesto un buen cuadro que próximamente reproduciremos.
Significa una evolución en el artista muy digna de aplauso.
Abandonando lo que para él constituía una cariñosa tradición,
moros, chupas y casacones, ha abordado en su reciente obra el
arte sincero y espontáneo, por más que en esa transpiren todavía resabios de su hechura anterior, dando predominio exagerado á la materialidad de la pincelada. Así y todo es una buena
obra, seria por su concepto é impregnada de luz y por consi·
guiente de vida, de verdad.
Salón de &lt;La Vanguardia.» - Coincidiendo con la santidad
de estos últimos días hanse expuesto buen número de pinturas
religiosas, propiedad del inteligente aficionado Sr. D. Eusebio
Gl\ell, antiguas las más, muy dignas de estudio. Como notas
modernas hay obras de Graner y de Clapés: éstas últimas singularísimas como todo Jo que produce su vigorosa paleta.

NúMERO

Un cliente miserablemente ,·estido le seguía y le rogaba

!ario que el alojamiento en una de aquellas casitas. Tan apurada era su situación, que aceptaron; por lo menos así podían vivir bajo techado. Con algunos
muebles salvados del naufragio habíanse instalado allí para esperar mejores
tiempos durante algunas semanas ó algunos meses. Las semanas y los meses se
habían convertido en años; más de quince hacía ya que habitaban en la calle
de Abreuvoir y aún no sabían si alguna vez podrían abandonarla.
Y sin embargo, cuanto más tiempo transcurría tanto más duramente se hacían sentir las desventajas de aquel aislamiento, si no para el padre, á 9-uien los
diarios y largos paseos no asustaban, para la hij,a. Cua~do. ésta e;a m~a ~oco
importaba que la casa estuviese alejada de Pan s; la cb1qmlla tema los Jardines
para correr y para jugar, labraba la tierra, cavaba, sembraba, ha~ía ejercicio al
aire libre, contemplando un horizonte sin límites que abr!a sus OJOS y ensanchaba su espíritu, mientras que su madre la seguía con su mirada, pensando en un
porvenir de justas compensaciones que la fortuna no podía menos de otorgarles. Por la noche el padre, al regresar de la oficina, hacíala trabajar; y co~o él
sabía de todo, letras, ciencias, dibujo, música, la muchacha no_~abía ne~es1tado
otros maestros; su educación se había conseguido sin que la nma conociese por
experiencia las amarguras y tristezas de la escuela ó del convento.
Pero había llegado un día en que las lecciones paternales no bas~aban; era
necesario prepararse para ganar la vida; lo que hasta entonces había sido entretenimiento había de convertirse en profesión. La jove_n había ~ntrado en ~n taller, y todos los días y con cualquier tiempo, con lluvia, con meve, con v1e_nto,
habíase visto obligada á bajar desde las alturas de Montmartre, por ~ammos
resbaladizos y llenos de lodo, hasta el pasaje de los Pa,noram~s. El cammo era
largo y más duro que largo. El Sr. Berincq llevaba a su htJ~ del brazo, procurando cobijarla con su paraguas ó sosteniéndola en las ~scalmatas; en la otra
mano llevaba una cestita que contenía el almuerzo de la Joven: dos huevos cocidos ó una loncha de carne fría y un trozo de queso. Pe:o por la_ tarde, como
muy frecuentemente el Sr. Barincq se detenía en la oficma, no siempre le era
posible ir en busca de su hija; entonces la joven volvía sola.
.
. ¡Qué intranquilidad y qué inquietud para unos padres educados e~ ciertas
ideas el saber que su hija recorre completamente sol~ las calles de Pans! ~obre
todo, tratándose como se trataba de una joven muy lmda que atraía las m1rada_s
de los transeuntes, tanto por los hechizos de los ,·einte años cuanto por la on-

ginalidad del traje que ella misma había ·adoptado sin que ni el padre ni la madre hubiesen tenido energía para prohibírselo: una falda algo corta sujeta por un
cinturón azul que formando lazo en la cintura caía después á lo largo de los
pliegues de la falda; un gabancito ~orto que se ab~ía dejan~o ~e_r un ~haleco, y
en la cabeza una boina, aquella boina que Belmameres hab1a nd1culanzado.
Este traje, que se apartaba mucho de las insubstancialidades de la moda, era
indudablemente demasiado original para la calle, sobre todo cuando la que lo
llevaba era tan bonita. Pero ¿cómo prohibírselo? La madre se enorgullecía viéndola vestida de aquel modo y aseguraba que ninguna hija podía compararse á
la suya; el padre á su vez se sentía conmovido. ¿No era efectivamente aquel traje, salvas algunas modificaciones encaminadas á darle rasgos femeninos, el mismo de sus paisanos? Cuando el Sr. Barincq contemplaba delante de él á su hija
esbelta y elegante andando con la firmeza y la rapidez características en su raza,
inundábase su corazón de alegría y no se sentía con fuerzas para reñida porque
fuese fiel á las tradiciones de su origen. Barincq había querido que su hija se
llamase Anie, que era desde tiempo inmemorial el nombre de las hijas mayores
de su familia materna, y en París el nombre de Anie era casi tan extravagante
como la boina azul.
No era solamente esta caminata de mañana y de tarde lo que hacía molesto
el vivir en la calle del Abreuvoir, también era incómodo el aislamiento en que
aquellas distancias tenían á la hija y á la madre para relaciones y convites. ¿Cómo volver ya adelantada la noche hasta aquellas alturas al pie de las cuales se
detienen los ómnibus? ¿Cómo exigir de los amigos ó conocidos que vayan hasta
allí para devolver las visitas que se les hacen?
En los años que siguieron inmediatamente á su ruina la señora de Barincq no
había pensado ni en relaciones ni en visitas; anonadada por aquella catástrofe
permanecía encerrada en su casita, desesperada y feroz, sin salir, sin querer nunca ver á nadie, hallando quizá algún lenitivo á su dolor en el aislamiento; ¿para
qué dejarse ver pobre y miserable si aquella situación sería pasajera? Pero aquella disposición de ánimo había cambiado en el tiempo; el aburrimiento había
influido en su ánimo, el rubor de la pobreza habíase alejado y po::o á poco se
desvanecía la esperanza de dias mejores. Además, Anie se desarrollaba y era necesario pensar en ella, en su porvenir, es decir, en su matrimonio.
El padre admitía que su hija trabajase para vivir y que en un oficio, si no Jo
alcanzaba por su talento, asegurase la independencia y la dignidad de la vida;
pero la madre no opinaba del mismo modo. Según ésta, quien debía trabajar
era el marido, no la mujer; solamente el marido debía sostener la familia. Era
menester, por lo tanto, encontrar un marido para su hija. Pero ¿cómo encontrar
un marido en la calle del Abreuvoir, donde estaban tan perdidos como si se hallasen en una isla desierta en medio del Océano? Anie era en verdad muy linda,
muy encantadora, muy inteligente; reunía, en fin, condiciones bastantes para llamar la atención dondequiera que se presentase; p ero así y todo, era necesario
que hubiese ocasiones de presentarla.
La cariñosa madre las había buscado, pero como al cabo de quince años de
interrumpidas era imposible reanudar sus relaciones antiguas con la sociedad á
la que había pertenecido la señora de Barincq, se había contentado con aquellas
que la casualtdad y sobre todo su voluntad firme aplicada con perseverancia al
logro de un objeto podían proporcionarla. Después de su prolongado aturdimiento, la madre de Anie había sacudido de la noche á la mañana su apatía, y
desde aquel momento sólo tuvo un propósito: abrirse casas, cualesquiera que
fuesen, en que su hija pudiera presentarse y llevar á la suya personas entre las
cuales hubiese probabilidades de encontrar un marido para Anie. Como la señora de Barincq no pedía á las personas cuya casa frecuentaba ni posición ni
I
fortuna, sino solamente un salón, espacioso ó reducido, en el cual se bailase logró fácilmente la realizac~ón de la primera parte de sus propósitos; pero
segunda parte, la que consistía en hacer que subiesen hasta las alturas de Montmartre personas que no tenían coche propio y que aun para usar los de alquiler
se reservaban mucho en la mayor parte de los casos había presentado más
dificultades.
'
Esto no obstante, la señora de Barincq había logrado sus fines contentándose
co~ dos re~~iones al año; reun!ones que se fijaban en una época en que había
mas probab1lt~ades de ~o expenmentar contratiempo en las pendientes de Montmartre, es de?ir, en abnl ó en mayo, cu~ndo las noches son más templadas, las
cuestas practicables y cuando lo floreciente del jardín de la casita daba á ésta
un encanto que compensaba su pobreza. En el año anterior, algunas personas de
esas que no reparan en obstáculos cuando en el término de ellos han de hallar
u~a distracción, habían arriesgado la subida; la señora Barincq esperaba también que en el presente año fuesen más numerosos todavía los concurrentes á
su reunión y que eritre ellos se encontrase un buen marido para Anie.

1a'

III
Bajo el cielo de un azul sombrío, las tres ventanas del entresuelo lanzabanresplandores viol~11tos que _iban á perderse en medio de los árboles y á lo largo
del pa~eo e_n el aire tr~nqml? de la noche; farolillos de papel pendientes de las
ramas tlummaban la d1stanc1a comprendida entre la habitación del portero y la
casa, _alumbrand~ con su luz anaranjada las flores de primavera que comenzaban
á abrirse en los tiestos de los arriates.
Dura~te. muchos años se_ ha?ía entrado directamente al comedor por una
p~erta v1dnera que daba al Jardm, pero cuando la señora Barincq había organizado su~ recepciones, como le fuese necesario un vestíbulo habíale hallado
en la cocma transformada para el caso. Para que esta transformación fuese
completa, el vestíbulo improvisado _se amuebló con chirimbolos más de ornato

�LA l LUSTRACIÓN
que de utilidad, pero que le daban cierto carácter; en la elevada chimenea, reemplazando á la campana antigua, un hornillo diminuto; en las paredes, panoplias con armas de teatro _6 con objetos extraños de esos que en los gr~ndes almacenes compran los aficionados tocados de la monomama de lo exótico.
Cuando Barincq entró en el vestíbulo improvisado, la puerta se hallaba abierta de par en par; en la chimenea ardían algunas astill_as, lo cual acaso no era
del todo indispensable según lo templado de la estación, pero de todos modos
resultaba grato.
.
.
..
Al ruido de los pasos del Sr. Banncq apareció su h1Ja.
- Cuánto has tardado, dijo acercándose á él. ¿Te ha ocurrido alguna desgracia?
- No, respondió Barincq besándola cariñosamente; es que el Sr. Chabertón
me ha entretenido.
- ¡Entretenido! ¡Y en un día como hoy!, exclamó la señora de Barincq apareciendo en aquel instante.
Entonces él explicó los motivos del entretenimiento, á lo cual le contestó su
esposa:
.
.
- No, si no te doy queJas; pero me parece que debías h~ber explicado _al
Sr. Chabertón que no podías hoy entretenerte; bastante ha sido que nos deJemos arruinar por él para que tú ahora, resignado como un cordero, permitas que
te explote miserablemente.
.
Realmente la señora de Barincq no daba quejas á su marido, pero hacía ya
veinte años que no le dirigía una sola observación sin comenzarla por la misma frase, la cual, aun siendo muy concisa, expresaba mucho, porque al fin y al
cabo ¡con cuántas quejas habría podido la señora de Barincq abrumará su esposo si no fuese un modelo de resignación!
- Ven á comer, dijo Anie.
Barincq se dirigía hacia el comedor, que venía á ser la continuación del vestíbulo; pero su mujer le detuvo diciéndole:
- ¿Crees que hemos podido dejar la mesa puesta? Es necesario que comas en
la cocina.
- Cerca del fuego, dijo Anie.
- Yo voy á vestirme, dijo la señora de Barincq que estaba todavía de bata; no
tengo más tiempo que el preciso antes de que lleguen los convidados.
El Sr. Barincq pasó á la cocina, que era un simple cobertizo agregado á la
casa después de construida; como en aquella dependencia doméstica jamás entraba nadie, el mobiliario era completamente primitivo: una _mesita, una silla,
una cocina económica cuyo tubo salía por un agujero practicado en el techo,
constituían el contenido de aquella cocina.
- ¿Quieres tomar tu cubierto en el hornillo?, dijo Anie; yo no puedo entrar
en la cocina.
-¿Por qué?
Entonces Barincq se volvió hacia su hija, porque aunque al llegar la había
besado tiernamente con los ojos y al mismo tiempo con los labios, no había
visto de Anie más que el rostro sin reparar en el traje que llevaba; mirándola
ahora halló contestación á la pregunta que le había dirigido.
Su vestido era de papel pintado con flores y sujeto á la cintura por una cinta
de moaré; era evidente que con aquel traje no podía penetrar en la reducida cocina sin temor de incendiarse al menor movimiento.
Esto fué lo primero que se presentó á la imaginación del padre.
- ¡Qué locura!, exclamó; si te acercas á una luz 6 al fuego te expondrás á la
más espantosa desgracia.
- No me acercaré.
- Pero no se puede pensar en todo.
- Cuando se quiere sí; ya ves que no te sirvo la comida. Puedes estar tranquilo y no preocuparte sino de una cosa: ¿me está bien esto? Mírame despacio.
Y al pronunciar estas palabras retrocedió hasta colocarse debajo de la luz de
una lamparita holandesa de cobre de autenticidad problemática.
- ¿No se ha convenido, preguntó la joven, que en esta velada buscamos trajes de capricho? ¿Podía yo inventar un traje más caprichoso y sobre todo más
barato, lo cual no deja de ser importante para nosotros?
Sin dejar de comer en un ángulo de la mesa el trozo de carne cocida que había tomado del hornillo, miraba Barincq á su hija colocada delante de él, y aunque sus temores no se habían desvanecido del todo, no podía menos de reconocer que aquel traje caprichoso sentaba maravillosamente á la hermosura de
Anie. No había esperado ciertamente el subalterno del Sr. Chabertón á este
momento para pensar que Anie era la muchacha más bonita que él había visto;
pero nunca le había impresionado tan vivamente como ahora la animación hechicera de su fisonomía, el brillo de su mirada, la dulzura de su sonrisa, las perfecciones de su nariz, la blancura fresca de su color, la flexibilidad de su talle, la
ligereza de su paso.
Como si Anie leyese lo que pasaba en el ánimo de su padre, comenzó á sonreir y le dijo:
- Tranquilízate y confiesa que hoy están en nuestro favor todas las probabilidades. ¿Podíamos desear noche más hermosa que la de hoy, cielo más despejado ni tiempo más seguro? Esta noche no faltará nadie.
- ¿Tanto te importa que nadie falte?
- ¡Si mi importa! ¿Pues no había de estar precisamente entre los que faltasen mi marido futuro?
- No sé cómo puedes reirte de una cosa tan seria como tu matrimonio.
Anie abandonó el sitio que ocupaba y vino á recostarse en la puerta de la
cocina como si quisiese estar más cerca de su padre, en comunicación íntima
con él.
- ¿Y no es mejor reir que llorar?, preguntó. Además yo no me río sino de
dientes para fuera, y te aseguro que no pienso en mi matrimonio sin que el pensarlo me conmueva. Durante mucho tiempo mamá, que tiene sin duda para mirarme ojos que los demás no tienen, se ha figurado que yo no tendría que hacer
sino presentarme para encontrar un marido, y tantas veces me lo ha dicho, que
he llegado á creerlo como ella; había en alguna parte multitud de príncipes hermosos y buenos que me esperaban. Lo malo es que ni ella ni yo hemos encontrado hasta ahora el florido sendero que lleva á ese país encantado, y que permanecemos en la calle del Abreuvoir y aquí esperamos á los pretendientes que,
si acaso vienen, de seguro no serán príncipes y probablemente no serán ni
siquiera hermosoe.
- Y si no son hermosos no los aceptas. ¿Quién te da prisa para casarte?

ARTÍSTICA

NúMERO

589

- Todo; mi edad y mi razón.
- ¡La edad! A los veintiún años n o es tarde todavía.
- Según para lo que sea: á los veinte años una muchacha sin dote es ya
una solterona; por el contrario, una soltera con dote es todavía muchacha á los
veinticuatro: pues bien; yo pertenezco á la clase de las que no tienen dote y aun
ála categoría de las que no poseen un céntimo.
- He ahí por qué deseo que no te apresures en escoger marido. Si hoy no
tienes dote, nuestra situación puede cambiar mañana, y quien dice mañana dice
dentro de poco. Tengo fuqdados motivos para creer que van á comprarme el
privilegio de invención de uno de mis descubrimientos, y si bi~n esta compra
no constituiría una fortuna, sería por lo menos lo suficiente para darnos algún
desahogo. Los experimentos realizados en la Hnea del Este para ensayar mi sistema de suspensión de vagones han tenido resultados inmejorables, como que
suprimen toda trepidación; los ingenieros han reconocido por unanimidad que
mi aparato constituye una de las más útiles invenciones del siglo. Por esta parte nos aproximamos también á un buen éxito; estas son las razones que me
mueven á suplicarte que tengas todavía un poco de paciencia.
- Te juro, papá, que no pongo en duda la excelencia de tus invenciones, pero
¿cuándo se convertirán en realidad? ¿Mañana? ¿Dentro de cinco 6 seis aiios? Sabes mejor que nadie que en cuanto se refiere á inventos todo es posible, hast~
lo inverosímil. Dentro de seis años tendría yo veintisiete: ¿qué marido había de
quererme entonces? Déjame, pues, tomar el que encuentre, aunque sea mañana
mismo cuando soy una pobre muchacha sin un céntimo que no tiene derecho á
mostrarse tan exigente como se mostraría la heredera de un inventor rico.
- ¿Tienes motivos para presumir que habrá entre vuestros convidados de
esta noche algunos pretendientes á tu mano?
- Basta que pueda haber uno solo para desear yo que nada impida venir á
ese uno esta noche. El año pasado las invitaciones se habían hecho de tal manera que los muchachos solamente querían bailar con las señoras casadas y los
casados bailaron únicamente con las chicas solteras; este año las señoras casadas
serán muy pocas, será necesario por consiguiente que los jóvenes bailen con nosotras y acaso entre ellos se encuentre alguno que no considere el matrimonio
como una carga superior á sus fuerzas. Te aseguro que no seré ni melindrosa ni
exigente; si él dice una palabra yo diré dos.
- Pues qué, pobre niña, ¿en eso estás?
- En eso; es decir, desengañada de las risueñas esperanzas de mamá; sí. Tal
vez es extraño que sea la hija en vez de ser la madre quien mire con frialdad la
existencia; sin embargo, así es. Desde el momento en que comprendí que debía
casarme me apresuré á despedirme de mis ideas y de mis ilusiones de muchacha, y solamente pensé en el matrimonio más que en el marido. Si yo te dijese
que había aceptado esto con alegría 6 con indiferencia no te diría la verdad; me
ha costado algo; más aún, mucho; pero no soy de las personas que se obstinan
en cerrar los ojos cuando lo que ven les disgusta, les hiere 6 les inquieta. También he recibido algunas lecciones. La más terrible de todas ha sido la muerte
del Sr. Touchard. Todo hacía creer que el Sr. Touchard llegaría á los noventa
años y casaría á sus hijas como él quisiera. Sin embargo, ha muerto á los cincuenta y cinco,y hoy Berta canta en un café de Tolón y Amelia en uno de Bur•
deos. ¿Qué sería de nosotras si te perdiésemos?; yo ni tendría siquiera el recurso
de Berta y de Amelía porque no sé cantar.
- No me hables de eso: es lo que constantemente me angustia.
- Es preciso que yo te explique el por qué deseo casarme para que no creas
que es por capricho 6 por separarme de ti. Si yo estuviese cierta de que habí~mos de vivir aún mucho tiempo reunidos, te aseguro que esperaría muy tranquilamente á que se me presentara un marido y no me quejaría nunca de nuestra
poco desahogada existencia. Pero ni yo puedo tener esa seguridad ni tú puedes
dármela. De las personas que conocemos el Sr. Touchard era el más sólidamente acomodado y el más robusto al parecer, lo cual no ha impedido que una enfermedad se lo llevase. ¿Qué sería de nosotras en un caso igual? Sin una peseta,
sin esperanza alguna de apoyo, toda vez que no tenemos más parientes que mi
tío Saint-Christeau, el cual nada haría por nosotras, ¿no es cierto?
- ¡Ah! Muy cierto.
- Entonces, ¿comprendes que la idea del matrimonio no se me quite de la
cabeza?
- A lo menos tú tienes un recurso en tus manos.
- No, papá, no lo tengo, porque no conozco el oficio. Tendré quizá talento,
poco talento, muy poquito, y aun eso no está probado todavía. Lo que sí está
probado es que yo hago con mucha dificultad cosas fáciles, cuando para ganar la
vida sería menester que hiciese precisamente lo contrario. Me hace falta por consiguiente un marido, y si puedo tener esperanzas de encontrar alguno no debo dejar que pasen los años en que poseo todavía frescura y juventud. Ya sabes por
qué tengo prisa; por lo que te he dicho, no por otra cosa; pues debes comprender
que no soy bastante loca para presumir que ese marido va á proporcionarme
una existencia desahogada, divertida, que realice los ensueños acariciados ~or
mí en otro tiempo, pero que ya se han desvanecido del todo. Yo solamente pediré
á mi marido que sea ese apoyo de que te hablaba hace poco y que me impida
caer en los abismos de la miseria, á la cual tengo un miedo horrible, 6 correr las
aventuras de Berta y de Amelía Touchard, que me asustan más todavía. La vida
que esto nos proporcione será la que fuere, de antemano me conformo con ella;
mi marido me ayudará y yo ayudaré á mi marido; él trabajará y trabajaré yo; Y
como descendiendo, desencantada ya de mis elevadas aspiraciones, tendré el
derecho de dejar las sublimidades del arte por las asperezas de un oficio, podré
ganar algún dinero que será muy útil en nuestro hogar. ¿Es imposible encontrar
un marido en estas condiciones? Me parece que no.
- ¿Tienes alguno en perspectiva?
- ¿Diez, veinte, todos los que conozco, y sobre todo los que no conozco; pero
por supuesto ninguno determinado y seguro. Julia traerá á los amigos de su
hermano y éstos nos presentarán á sus compañeros de oficina. Empleados en
hacienda, funcionarios del municipio, en ellos tengo esperanzas: muchos que
escriben en periódicos lograrán andando el tiempo una posición; por ahora sus
aspiraciones son modestas,•y entre ellos será posible hallar, no diré muchos, pe~o
á mí me basta con uno, que comprenda cómo una mujer inteligente, aun sm
tener un céntimo, es en algunas ocasiones menos costosa para su marido que
otra en la cual estén arraigados gustos y necesidades proporcionados á su dote.
Si encuentro á éste, si le gusto, si él no me desagrada demasiado, si él sabe estimar en lo que vale este vestido de papel ... sí... mi matrimonio es cosa hecha:
ya ves, sin embargo, que con todas esas condiciones no lo está todavía.

NúMERO

589

LA

245

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Todo esto había sido dicho con cierta fingida alegría que hubiera engañado ·
á un indiferente, pero que no engañó al padre; escuchaba éste Anie conmovido y an~ustiado, ~in que pensase en la com\da y sin apartar de su hija los ojos,
como si pretendiese leer en ellos y apreciar la gravedad de la situación que
aquellas palabras revelaban.
La señora de Barincq bajando de sus habitaciones interrumpió aquella conferencia.
- ¡Cómo!, g~itó al verá su marido sentado todavía á la mesa, ¿no has concluído
aún? ¡Y tú, Ame, te estás charlando con tu papá en vez de darle prisa!
- Voy á vestirme.
- Hace ya mucho tiempo que debías haberlo hecho, le dijo la señora de Barincq.

a

IV
En este momento se oyó el ruido de pisadas fuertes que hacían rechinar la
arena del camino, y en la puerta del vestíbulo apareció Bernabé, que llevaba un
papel azulado.
- El portero, dijo, me ha dado para usted, Sr. Barincq, un telegrama que acaba de llegar.
La señora de Barincq tomó el telegrama y lo abrió.
·
- Ha muerto tu hermano.
Al decirlo tendió el telegrama á su esposo.
- ¡Gastón!, exclamó Barincq con una voz que se ahogó en su garganta, y con
mano temblorosa tomó el telegrama, cuyo contenido era el siguiente:

- ¿Y cómo te propones partir? ¿Con qué dinero~ T e_n presente que sólo ~e
quedan quince francos, y son para Bernabé. Ademas, si te ausentas tú, ¿qmén
tocará para que nuestros convidados bailen?
- ¿Pero quieres que bailen?
- Pues qué, ¿podemos ya avisar á nuestros convidados? ¿Es posibl; cerrarle~ la
puerta? De todas maneras y aunque fuera posible esto, me guardana muy bien
de hacerlo; nos hemos impuesto demasiados sacrificios para,disp?ner es~ ~elada
y sería una estupidez no aprovecharlos. Por otra parte, ¿qmén tiene noticias de
este telegrama?
- Nosotros.
- Bueno, pues hacemos como si no lo hubiésemos recibido,. y lo mismo. da.
- Dará lo mismo para ti que no querías á Gastón y también para Ame que
no se acuerda ya de su tío; pero ...
- Antes de pensar en tu hermano espero que pienses en tu hija y que pongas
el semblante que debes mostrar en una función dada para ella¡ si es hermoso

«Triste noticia comunico; Gastón muerto repentinamente á las cuatro de una
congestión; funerales pasado mañana las once, salvo contraorden; hago invitaciones en tu nombre. - REVENACQ.))
.

a

- ¡Mi pobre Gastón!, dijo el Sr. Barincq dejándose caer como desvanecido
en una sil:a.
- Está bien que llores ahora por tu hermano, dijo la señora de Barinq, un egoísta con quien habías reñido hace más de diez y ocho años y del que seguramente
no heredarás un céntimo.
- No por eso deja de ser mi hermano; diez y ocho años de disgusto no pueden
borrar cuarenta de fraternal cariño.
- ¡Valiente cariño fraternal, que cuando necesitamos de él nos dejó en la estacada!
- Ya sabes que Gastón era de un carácter severo y que no perdonaba las
sinrazones que se le hacían.
- Y mucho menos las que él hacía los demás: tu hermano ha procedido indignamente con nosotros y sobre todo con Anie, la cual nada le había hecho.
¿No debía Gastón haberle dejado su fortuna?
- ¿Y sabes tú que no se la haya dejado?
- Pues qué, ¿si así fuese no te lo diría Revenacq? Notario de tu hermano, su
amigo íntimo, su consejero, R evenacq conocía perfectamente todos los asuntos
de Gastón; cuando nada te dice acerca de ellos es porque sólo podría darte malas noticias, 6 lo que es lo mismo, enterarte de la existencia de disposiciones testamentarias que nos desheredan.
- Sin embargo, Revenacq dice que se extienden las esquelas de defunción en
nombre mío.
- ¿Sería decoroso hacerlas en nombre del hijo natural de tu hermano? Aunque nosotros no seamos la familia en lo que se refiere á la herencia, nadie puede
impedir que lo seamos en lo que respecta al duelo, y por eso se.sirven de nosotros. ¡Bonito estaría que las esquelas de funeral estuvieran hechas de D. Valentín Sixto, capitán de dragones, hijo natural del difunto, y por añadidura hijo
natural no reconocido todavía! Si en tu cabeza, aficionada siempre á la esperanza y á las ilusiones, ha entrado la creencia de que podrías heredar á tu hermano
porque era tu hermano, te has equivocado una vez más; cuando rompisteis vuestras relaciones, bien claro te dijo que nada esperases de él: ten por seguro que
Gastón ha cumplido su palabra, y el notario Revenacq tiene en su poder un
testamento en que se instituye heredero universal al capitán Sixto.
- ¿Y por qué no había de decírmelo R evenacq?
- Para que no dejes de ir á presidir el duelo.
- Pues qué, ¿podría yo dejar de presidirle aunque tuviese la certeza de que
ese testamento existía?
- ¿Pero quieres ir al entierro?
- ¿Te parece posible que falte?
Después de haber entregado el telegrama que llevaba Be rnabé había pasado
á la cocina, y no sabiendo qué determinación tomar permanecía allí inmóvil escuchando lo que en el vestíbulo se decía, si bien aparentaba no oírlo. La señora
de Barincq en lugar de responderá la última pregunta de su marido, se aproximó
á la puerta de la cocina y dijo á Bernabé:
- Mientras llegan los convidados prepare usted las bandejas y las copas, no
deje usted que se apague la lumbre, ni ponga usted á calentar el chocolate hasta
las doce.
Tornando al vestíbulo hizo una seña á su marido para que la siguiese, pasó
en segu1da al comedor y después á la sala principal, desde d onde el ruido de las
voces no podía llegar á la cocina. U na vez allí la señora de Barincq preguntó á
su marido:
- ¿Qué significa esta locura?
- ¿No es la cosa más natural?
- ¿Natural acudir al entierro de una persona con la cual estaban rotas por
completo toda clase de relaciones? No. ¿Que durante diez y ocho años no nos
ha dado muestra alguna de que vivía, aunque nos haya visto en s_ituación muy
apurada, disfrutando él cincuenta mil francos de renta? No, no y mil veces no.
-Todo cuanto digas no podrá evita r que h~yamos sido hermanos; 9ue nos
hayamos querido entrañablemente en nuestra Juventud, y que en el d1a de su
muerte se desvanezcan los recuerdos de nuestros disgustos y no quede viva y
dolorosa más q ue la memoria de nuestro afecto de hermanos. Gastón no lo era
tuyo: comprendo que ha bles de él con esa indiferencia, pero lo era mío y debes
comprender que le llore.
- Llórale cuanto te acomode, siempre que lo llores para tí solo y no vayas i
entristecer nuestra recepción.
- Como voy á partir, no os entristecerá mi pena.

a

,

- Le había dicho á usted que callase, gritó Barincq

ser buen hermano, es más hermoso todavía ser buen padre; si está bien mostrar
ternura á los que han muerto, está mejor aún manifestarla á los que están vivos. Te ruego por lo tanto que reflexiones, 6 por mejor decir, que te apresures á
vestirte.
Dichas estas palabras la señora de Barincq volvió á la cocina para dar á Bernabé las últimas instrucciones.
Después de un rato de silencio Barincq tendió la mano á su hija y dijo en
tono melancólico:
- No quería entristecerte, pero este golpe es superior á mis fuerzas; no me es
posible pensar en esta muerte sin experimentar una especie de desaliento, como
no puedo verme obligado á permanecer aquí sin protestar; y sin embargo, ya
sabes que soy poco amigo de protestas. Hace ya veinte años que mi pobreza
me hace sufrir terriblemente, pero de seguro nunca tanto como esta noche oyéndote hablar de tu casamiento del modo que hablabas y ahora permaneciendo
aquí sin poder adoptar determinación alguna ... ¡Ah, querida hija! ¡Cuán desgraciado, qué huftüllado en su dignidad, qué herido en lo más profundo de su ternura se siente el que, como yo, nada puede hacer por los seres que ama! Esto
es lo que me sucede á mí: en un mismo momento te veo dispuesta á lanzarte
en el matrimonio como podrías lanzarte al suicidio, porque la miseria que nos
abruma te hace desconfiar del porvenir; y juntamente me encuentro imposibilitado de dar á mi hermano el último testimonio de afecto. ¡Ah, miseria, qué implacable eres con aquellos á quienes escoges por víctimas!
Barincq se d etuvo, y atrayendo hacia sí á su hija besó conmovido su frente
diciendo al propio tiempo con voz triste:
'
- ¿Con:iprendes ahora que nada hay que decirme y que si en mi rostro se retrata la tnsteza no tengo yo la culpa?
En este momento comenzó á oirse en la sala ruido de voces.
- Ve á recibirá los convidados, dijo Barincq; yo subo á vestirme.

V

El empleado e n las oficinas de inventores subió rápidamente los peldaños
desgastados de la escalera con el propósito de volver lo más pronto ¡Josible· pero
' 1 11 ó , .
,
su a tav~o .e t~ mas tiempo del que él presumía; cuando trató de abrocharse
la c~m1sa, el nacar gastado ya por los planchados se deshizo entre sus dedos y
é\ t?1smo ubo de ~egarse un botón, pues cuando su mujer y su hija estaban rec1b1endo a los convid~dos no era cosa de que llamase á cualquiera de ellas para
e_ste menester. Ademas como su ropa blanca era de respetable antigüedad, Ban ncq es_taba acostum brado á que le sucediese esto mismo con frecuencia, y en
el cuartito completamente lleno de maletas de caJ·as de cartones que le servía
de tocador, sab'ia dónde encontrar en caso 'necesario' el hil o y las 'agujas.

?

(Co11tim1ard)

�LA

LA CRONOFOTOGRAFÍA
NUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMll!NTO
EN LAS CIENCIAS FÍSICAS Y NATUKAI.RS

(Contiuuacióu)

Analizando de este modo los tipos de locomoción propios de un gran número de especies animales, se obtendrán los elementos necesarios para conocer las relaciones que existen entre la forma de
los órganos y los caracteres de la función que desempeñan (1).
Y si entonces volvemos á emprender el estudio del

Fig. 23. Ocidromos ó _corredores de v~locidad: decorado de un
¡arrón panatene1co

hombre, ¡cuánto más claramente no aparecerá la significación de las particularidades individuales en la
conformación del cuerpo!
Las variaciones en la longitud de los radios óseos
de los miembros ó en el desarrollo de ciertos músculos que tan fuertemente se acentúan cuando se ~omparan entre sí distintas razas de hombres, aproximan
cada tipo humano á alguna especie ani mal que presenta en alto grado caracteres análogos. Si, por ej~mplo, por el desarrollo de los músculos gastrogném1cos
ó por el de los músculos extensores del muslo se
aproxima un hombre á los animales saltadores, podrá
deducirse de ello con alguna verosimilitud que presenta aptitudes especiales para el salto, y así en otros
casos.
Abrese, pues, en este orden de consideraciones un
nuevo y vasto campo que explorar: á este estudio invitamos á los zoólogos que piensan que la comparación de los seres vivientes, desde el punto de vista
morfológico, debe ser aclarada y completada por la
de sus aptitudes funcionales.
VII, -

APLICACIÓN Á:LAS~DELLAS ARTRS

El documento fotográfico ha prestado ya verdaderos serricios en materia de bellas artes: algunos

Fig. 24. Fotografía in,tantánea ele un corredor: la posición de
_,_l¡1s· piernas es la mism¡1 que en la última imagen de la izquierda de la figura anterior.

maestros lo aceptan resueltamente y muchos artistas
lo utilizan, como de ello podemos convencernos comi 1) Véase Marey, l11vc.&lt;tigaciones experimentales sobre la
111or(olog!a de los 111zlsc11/os. C. R 12 de septiembre de 1887.

ILUST RACIÓN ARTÍSTICA

N ú MERO

589

parando las obras más recientes con las que tienen miento completo de los músculos flexores, los cuales,
algunos años de fecha. La fotografía instantánea es~ por el contrario, entran en juego durante la extensión
pecialmente ha ejercido en las artés una influencia misma si aquel movimiento debe ser limitado; por
sensible, permitiendo fijar en una imagen auténti- ejemplo, si el hombre que golpea quiere retener en
ca las actitudes del hombre ó de los animales en seguida el golpe que da actualmente.
sus movimientos más rápidos.
No hemos de hablar en el
presente trabajo de estética
ni de discutir si el arte tiene
derecho á representar las actitudes violentas ó debe, por
el contrario, limitarse á las
actitudes tranquilas cuyos caracteres yexpresiones son más
fáciles de percibir en el modelo vivo; pero si nos atenemos á los hechos, es incontestable que así en la antigüedad como en nuestros días
los artistas han representado
algunas veces el movimiento
y aun las acciones más rápidas, como la carrera y la lucha. Si se comparan las obras
más antiguas con las de époFig. 25. Ej~mplo del modelo obtenido en prueba cronofotográfica
cas más recientes, sorprende
la siguiente diferencia: que
en los modernos las actitudes son más tranquilas,
Si se toman desde un lugar elevado lns 1magenes
más equilibradas, por decirlo así, al paso que en el cronofotográficas de un hombre en movimiento (figuarte antiguo las figuras están á veces completamente ra 26) se consigue la proyección en un plano horizonfuera de aplomo. La fig. 23, tomada del arte griego, tal de todos los contornos de un cuerpo. Este documento, lo mismo que los que proporcionarían las
presenta claramente este carácter.
Todo el mundo conserva el recuerdo de alguna imágenes análogas tomadas en diferentes ángulos, seobra moderna que representa un asunto análogo. En ría indudablemente muy útil á tos estatuarios (3).
escultura sobre todo los corredores son representados
Finalmente, los movímientos dé la cara estudiados
de muy distinto modo, pues en las estatuas la pierna por la cronofotografía tienen gran interés, porque
que sostiene el cuerpo está por regla general vertical- pueden distinguirse, gracias á ella, las más delicadas
mente extendida debajo del centro de gravedad del expresiones de los mismos. En una serie de imágenes recogidas sobre una película móvil cabe seguir,
cuerpo.
Entre estas dos maneras de representar el mismo por ejemplo, todas las sucesivas gradaciones que esacto, la carrera, lo mejor que puede hacerse es tomar tablecen una transición entre una sonrisa apenas percomo árbitro á la misma naturaleza, pidiendo á la fo. ceptible y la más franca carcajada.
tografía instantánea que nos indique cuáles son las
Recientes experimentos de M. Demeny demuestran que los actos de la palabra son tan fielmente reverdaderas actitudes de un corredor.
La respuesta no es dudosa: la fig. 24, por ejemplo, producidos que algunos sordo-mudos, acostumbrados
demuestra que un hombre que corre ofrece en deter- por ejercicios especiales á leer en los labios las palaminados momentos el aspecto representado en las bras pronunciadas, han podido, siguiendo las imágemás antiguas pinturas (2 ) .
nes cronofotográficas, reconstituir las que el modeFácil sería demostrar que el corredor no se presen- lo había articulado mientras tales imágenes se sata nunca en \a posición adoptada por algunos artistas caban.
modernos, q~e parecen haber olvidado que el carácter de las carreras y aun el de la misma marcha al
Representación artística de, caballo. - Merced al espaso son una instabilidad perpetua.
tudio concienzudo de la naturaleza, los pintores y esNo nos detendremos en estas reflexiones, pues al
criticar estos puntos de detalle en obras que, por otro
lado, tienen un valor real temeríamos que pudiera
dedrsenos: Ne sutor ultra crepidom.
Hagamos únicamente constar que en la infinita variedad de las actitudes que presenta la cronofotografía al seguir las fases de un movimiento hay muchas
que los artistas podrían aceptar sin infringir las leyes
de la estética, lo cual daría á la representación de estos movimientos una variedad interesante (fig. 25).
cronofotografiado desde un punto elevado
Encontrarían también en estas imágenes la expresión Fig. 26. Corredor en
proyección horizontal
fiel de la acción de los músculos cuyas contracciones
y aflojami~tos reproducen los relieves variables,
visibles debajo de la piel. Ahora bien: estos dos esta- cultores han adquirido gran habilidad en la repredos opuestos de los músculos están enlazados por re- sentación del caballo. Meissonier, por ejemplo, no
laciones necesarias con cada fase del movimiento que había retrocedido ante los estudios más laboriosos:
sentado en el centro de un malacate al que daba
producen.
Esos relieves de los músculos en acción tienen, vueltas un caballo y teniendo de este modo siempre
por decirlo así, una fisonomía propia, una expresión delante de sí el animal, dibujaba en una fase conssemejante á la que podemos apreciar en los músculos tante de la marcha la posición de un miembro, desde un rostro. Y si los datos más sutiles de la fisiolo- pués la de otro y finalmente el conjunto. Gracias á
gía podían encontrar sus aplicaciones en el arte, po- este procedimiento había llegado á esa fidelidad perdría decirse que el modelado de un miembro no refleja fecta que se admira en sus representaciones del casolamente el acto que se ejecuta, sino que· permite, ballo al pa'So, al trote y en ciertas fases del galope.
Por esta razón acogió Meissonier con entusiasmo
hasta cierto punto, prever los actos sucesivos. Algunas interesantes observaciones de M. Demeny sobre las hermosas series de fotografías instantáneas de
las imágenes cronofotográficas demuestran que la ex- Muybridge, en las que desde entonces se han inspiratensión de un braw que da un golpe debe ir acom- do con frecuencia los pintores.
pañada, si ha de terminar completamente, del afloja( Co11ti11w1rá)
(2) El grupo representado en el jarrón griego presenta, sin
embargo, algo muy Eingular en las actitudes de los corredores.
Sabido es que en todas sus marchas el hombre mueve en sentido im·erso el brazo y la pierna del mismo lacio: los movimientos del brazo y de la pierna correspondientes están, como se
dice, diagonalmente asociados. l'ues bien: en las figuras del jarrón que reproducimos el brazo y la pierna del mismo lado se
mueven en el mismo sentido: esta marcha, que recuerda el am·
hle de los cuadrúpedo~, ¿era realmente la que se practicaba en
las carreras del estadio? ¿es quizás debida á un error del artista que )1a decorado el jarrón? Cuestión e, esta que no podemos
resolver. Este modo de correr se ap'.lrta por completo de nuestras costumbres modernas, aunque no parece imposible desde
el punto de vista fisiológico. El asunto, por otra parte, merece
ser estudiado.

(3) Desde hace mucho tiempo hase propuesto con el nombre ele f&lt;&gt;toesculturn un procedimiento para reproducir mecánicamente las formas generales del indivi&lt;luo. Se coloca al su·
jeto en el centro de un circulo en cuya circunferencia hay dispuestos varios aparatos fotográficos, cada uno de los cuales
toma en un mismo momento una imagen del individuo que de
esta suerte se encuentra representado en ángulos diferentes.
Cada una de estas imágenes agrandada á la escala con\'enicnte
y aplicada sobre una plancha de metal es luego transformada
en una especie de gálibo: haciendo pas.'lr la materia plástica sucesivamente por cada uno de esos gálibos presentado en el correspondiente ángulo, se obtiene un bosquejo sumamente exacto desde el punto de vista de la actitud y al cual la escultura
dará el modelado definitivo.

NúMERO

589

2

LA ILUSTRACIÓN A RT ÍSTICA

campo al autor para describir sus asombrosos fenómenos y sua
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes progresos
hechos en su estudio, del que han dimanado aplicaciones tan
útiles como los ferrocarriles, la navegación, las máquinas in•
dustriales y otras. Por último, en la Mefeorologla se explican
minuciosamente las causas de los ten emotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
Por esta rapidísima reseña del contenido del MUNDO Ff•
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad de
esta obra.

NUEVA PUBLICACION

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUILLEMIN
TllADOCCIÓN Dlt D, MANUI L AllANDA Y SANJUÁN

UAVEDAD, GRAVITACIÓN, SONIDO, LUZ, CALOR, IAGNETISIIIO,
ELECTRICIDAD, IETEOROLOGIA, FISICA IOLECULAR

Edici611 ÜU&amp;trada

47

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

grabado, intercalado, 'V llimi71111
'101TWlitogrqjiada,

C07I

El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos los fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la fisica del globo, pero con tal sencillez, en estilo
tan ameno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabajo de obra verdaderamente popular. Siguiendo en él el
plan admi~ido po~ cuanto~ d7 la ciencia fisica han escrito, lo di·
vide en vanas secci~nes¡rmcipales, en cada una de ellas se enuncia la ley que preside los fenómenos de que uata, el descubrimiento de estas leyes Y las aplicaciones de cada una de las
fuerzas fisicas descubiertas Y conocidas.
Así, d~spués de u atar de los fen?menos Y leyes de la Graver/ad explica de un modo compreDSJble c6mo esos fenómenos y

.:!~~==
Muestra de los grabados de la obra. - Audicione,
telefónicas teatrales
esas leyes han traldo consigo el péndulo, la balanza, la prensa
hidráulica, los pozos artesianos, las bombas, la navegación
aérea, etc. A la teór!a completa del Sonido agrega una enume·
ración de todas las aplicaciones de la .Acústica y de los instrumen·
tos musicales. La Luz da la descripción detallada de todos los
aparatos ópticos y de sus aplicaciones á la fotografla, microscopio, etc. El Mag,utismo y la E lectricidad proporcionan ancho

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•
nes, divididos en unos 2 0 cuadernos cada uno, los que pro•
curaremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto, al precio
de 50 céntimos de peseta; pero en el caso de que lo desearan los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en el!texto, ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores, representando
algunos de los fenómenos más notables de la F!sica, asi como
mapas en que se expongan las variaciones atmosféricas Ú ouas
que afectan á la constitución del globo.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas.
Por el primer cuaderno, que se baila de muestra en casa de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo coc
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Se enviarán prospectos á quien los reclame á los Sres. Monta.ner y Simón, ca.lle de Aragón, núms. 309 y 311, Barcelona

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necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
l ~s decas purgantes, este no obra bien
BlllO cuando se toma con buenos alimentos
:r bebida.s fortificantes, cual el vino, el ca.!6,
1t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
ora ;y la comida iue mas le convienen,
sef1Un rus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecto de la
buena a.Iimentacion empleada,uno
1e decide fllcilmente á volver
11 empezar cuantas veces
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�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

\. ,~

589

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los intestinos.
J.A:::A..ABE

a1BroD1uro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

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poderoso derivativo recomendado por
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laa afecciones nerviosas,

Fábrica, Espediciones : J.-P. LAROZE

t

~

!d~allu en lu Expo1lelooe1 lnternaelonalea de

P.WS • LYOI • TIEIU • PRIUDELPII! - P!US
1867

1872

1873

1878

llli1

l.&amp; SVPLI.&amp;. COK RL IU.YOI. tl.lTO U L.U

DISPEPSIAS
QASTRITIS - QASTRALQIAS
DIQESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
T OTaOI DIIOJ.l&gt;DSI DI U, DIOIITIOK

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reparador de las tuerzas vitales, de est.e for&amp;illeaa&amp;e por eaeefeoeia. De un gusto sir
mamen te agradable, es 110berano contra la .Anemw y el J.pocamttnto, en las Calentura,
y Oonvaleunc"1.I, CQntra )as Diarreas y las .J.feccwne&amp; del Bstomaoo y los ,nte6"M&amp;.
Cuando se trala de despert.ar el apctllo, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
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SB VKNO&amp; BN TODAS LAS Plll.NClPALBS BoTlCU.

EXIJASE el :ºt~ AROUO
1

ENFERMEDADES

ESTO.i lAGO
PASTILLAS y POLVOS

PATERSON

Querido enfermo. - Fíese Vd.' á mi larga experlenola,
y haga uao de nuestro, GRANOS de SALUD, pues elfos
le ourarán de , u con1t1pac/on, le darán apetito y le
derofrerán el aueno y la alegr,a. - As, rtrirá Vd.
mucho, año,, d11frut1ndo siempre de una buena salud.

DUSSER

• BISIIUTBO y lUGNBSl.l
ll!eomendado1 contra tu &amp;feooionea del Eat6mago, Falta de Apetito, Digestiones lallOriOIIU, Aoediaa, V6mltoa, Eructos, y Cóllooal
re(JUlarlzan las Funoionea del EatOmago 1
de loa ID&amp;eatlno1,

Etll/reulrotulo I fl'IIII de l . FAYARO.
&amp;dh. DETIUN, Fumaoeutloo en P&amp;JIIS

destruye basta las RAICES el VELLO dcl ro¡tro de las damas (B3rba, e1,01t, ~2:.~
nillguo peligro para el tutis. 50 Aiioa de í:ztto, 1millares de te1Umonio1 garanUsan la.....de es\a preparacion, (S, ·vende en 0.)111 nara la barha, y en 1/2 01)11 para el blgot&amp; ligerot Pill
101 Lmos, •m•M•i• r' •! !l!JI. t'UHM• .DVSSER, l. rue J .•J .-Rouaseau. Parilt

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
bdP, M MONTANBII. Y SlMÓN

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