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                  <text>~trtélC10t)

Ftí~t1ea
A:&amp;o XII

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BARCELONA 17 DE ABRIL DE 1893 .,. _ _ _ _ __

NúM. 590

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA 'uNIVERSAL ILUSTRADA

EXPOSICIÓN PARÉS. - BARCELONA

EL BESO, cuadro de José Maria Tamburini

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 590
NúMÉRO

Texto. - Unar cuantas honras a11i111alescas,

por J osé María
Sbarbi. -Amores seutimentales, por Luis Taboada. - La 1110da, por A. García Llansó. - Diálogos matritenses. El café de
de la Universidad, por A. DanvilaJaldero. - Bocetos. llficro·
bios, por Juan O-Neille. -Misceldnea con noticias de Bellas
Artes, Teatros y Necrología . - Nuestros grabados. - Anic,
(continuación), novela original por Héctor Malo!, con ilustraciones de Emilio Bayarcl, traducción de Antonio Sánchez
Pérez. - La cronofotografla. Nuevo mét9do para analizar el
movimiento en las ciencias fisicas y naturales (continuación).
- Libros enviados á esta Redacción por .autores ó editores.

Grabados. - Exposición Parés. Barcelona. - El beso, cuadro
de José María Tamburini. - Joven de la Selva Negra, cuadro
de C. Bantzer. - El nido abandonado, cuadro de \V. Sche·
reschewsky. - ¡No está 111al!, dibujo de A. Johnson. -Busto
en bronce recientemente descubierto en Ampurias, visto de
frente y de perfil, dos dibujos de J. Ferrer y Carreras. -En
el teatro, cuadro de P. Naumann. - Estudio, grupo en yeso
de Miguel Blay, premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes rle 1892. -Figuras 27, 28
Y 29. Tres grabarlos correspondientes á La cro11ofotografla.
- Miss.f11/ia N eilson, célebre actriz inglesa, en el papel de
«Hypatia.)
,.,•••••..,•••..••'••••••••••••••••'•J•.,•o..,,.,,,,,,,.,,,,,.,,,,,,_,,,,,, .. •..•••••••••J'••'••l•u•••''•••-.••J•••'•J••••••••J'

UNAS CUANTAS HONRAS ANIMALESCAS
«Un lucero en la frente
tiene mi burra:
¡ hasta los animales
tienen fortuna!&gt;

( Cantar popular.)

No evocaremos ahora el recuerdo de los tiempos
míticos ó fabulosos, al empezar á tratar del asunto
que va á ocuparnos, porque siendo notorio á toda
persona medianamente instruída que la casi totalidad
de cada especie animal recibió culto particular en la
sociedad pagana ó gentil, nos contemplamos dispensados de tener que escribir muchos volúmenes en que
se hiciera constar las diversas circunstancias que concurrían en dichas apoteosis, á qué propósito se hacían
y por cuáles y cuántas naciones.
Sin remontar tan lejos nuestro recuerdo, podemos
fijar nuestra consideración en la época del establecimiento de la Ley de Gracia, y ver que el asno, con
sus no pequeñas orejas, y el buey, con sus retorcidos
cuernos, obtienen un puesto distinguido dentro del
portal de Belén.
No hablemos ahora de los camellos, que merecieron
ser portadores, en sus fuertes espinazos, de los magnates de la Arabia que ofrecieron respectivamente el
tesoro de incienso, oro y mirra al Rey de reyes y
Señor de los que dominan, recién nacido; ni del gallo
de la Pasión; ni de aquel otro gallo que dió su denominación a un Santo Cristo que se venera en la catedral de Osma; ni de la paloma, que mereció ser escogida por símbolo del Espíritu Santo; ni de las golondrinas, que, según creencia del vulgo, arrancaron al
Divino Salvador las espinas de la corona con que el
pueblo deicida taladró sus sienes; ni tampoco del papagayo ó cotorra, retrato de no pocos charlatanes ó
charlatanas; ni mucho menos del 1110110, personificación de más de cuatro individuos que por misericordia de Dios no andan en cuatro pies. No;nuestra consideración se fija ahora en dos animalitos solemnemente
venerados, merced á las extravagantes prácticas caballerescas de la Edad media, á saber: un carnero y
un faisán. Entremos ya en materia, mientras otros se
van entreteniendo en meterle el diente á ese par de
bocados apetitosos; pero aquí sí que necesitamos apelar antes al auxilio de la Mitología.
Cuenta la Fábula que hallándose Frixo con su hermana Hele en casa de su tío Creteo, rey de J oleos,
Demodice, su mujer, requirió de amores á Frixo; mas
no dando él oídos á las pretensiones lascivas de tan
infame y villana hembra, acusólo ésta de haber querido atentar á su honor. Como quiera sobrevino por
aquella época una peste horrorosa que asoló todo
aquel país, consultóse al oráculo, y éste respondió
que tan luego como se inmolase á los dioses las últimas personas de la Casa Real, quedarían aplacados
y cesaría la calamidad. No hay para qué decir cómo
este oráculo recaía muy especialmente sobre Frixo y
Hele, con cual motivo fueron sentenciados á muerte;
pero en el momento de ir á ser sacrificados, envolviólos una densa nube, de la cual salió un carnero que,
arrebatando á ambos hermanos, se los llevó por los
aires tomando la derrota del país de la Cólquida. Al
atravesar el mar, hubo de asustarse Hele con el estruendo que metían las agitadas olas, por cual causa
vino á caer, ahogándose en aquel paraje que fué conocido después con el nombre de el He!esponto; y

ilegado que hubo Frixo á la Cólquida, sacrificó aquel ciones y mascaradas que se habían de representar en
carnero á Júpiter, arrancóle el vellocino ó tusón, que el salón del festín, fuese una la de un gigantón que
era de oro, y colgólo de un árbol que estaba plantado entró vestido á la usanza turca, conductor de un eleen cierta selva consagrada al dios Marte, poniéndole fante que ostentaba en sus anchurosos lomos un caspor custodia un dragón que se tragaba á cu1ntos osa- tillo, dentro del cual iba encerrada una dama, modesban acercarse para descolgar y llevarse aquella rica tamente vestida, que representaba á la Iglesia; valiénpresea. Agradecido Marte á semejante sacrificio, de- dose de esta artificiosa apariencia para exhortar á los
terminó que las personas en cuyo poder obrase en lo magnates que concurrían al acto á que, compadecisucesivo aquel vellocino, viviesen en medio de la dos de la tirana opresión que padecía aquella dama,
abundancia mientras lo conservasen, y declaró que no tardasen en rescatarla. Llegado (}(le hubo ésta certodo el mundo tenía derecho á conquistar aquel te- ca de los convidados prorrumpió en una oración poésoro. Sabido es que Jasón, acompañado de los Argo- tica, en la cual puso de manifiesto las conquistas de
nautas y ayudado de la maga Medea, llevó á cabo se- los enemigos de la Fe y cuánto iban preponderando
mejante empresa, y que el animalito que tan rica. de día en día con los despojos que arrebataban á los
vestidura ostentaba fué puesto por presidente de los príncipes cristianos en menosprecio de la religión del
demás signos del Zodíaco, ó séase el denominado Crucificado, dando fin á su peroración con retraer á
Aries entre los astrónomos. Todo esto llegó á mere- la memoria del duque los gloriosos hechos de sus ancer en el ciclo mítico la lana de un carnero adheri- tepasados y muy especialmente contra la media luna.
da á su piel; pero no llegó á merecer menos del ciclo
Ya hemos visto lo honrado que estuvo el camello
caballeresco, como pasamos á demostrarlo, si bien al pisar las alfombas de un potentado tan egregio comanifestando antes cómo los escritores no andan mo el de que venimos tratando; pero esto es nada en
contestes acerca del origen de dicha fábula, pues comparación de lo que nos espera. En efecto, presénmientras creen unos que el objeto de los Argonautas tase de allí á poco en el salón el rey de armas de la
era extraer de la Cólquida los tesoros que Frixo lle- orden del Toisón, acompañado de muchos oficiales y
vara á aquella región, opinan otros que la idea del de dos damas, con unfaisán vivo y ricamente adorvellocino de oro surgió de la costumbre de recoger nado; y parándose ante el duque, le dice con toda soese precioso metal, que abundaba en algunos torren- lemnidad:
tes de aquel país, por medio de zaleas ó pellejas de
- Poderoso príncipe: pues es loable costumbre, y
carnero, ó ya pretenden algunos que el intento de los siempre lo fué, que en los grandes concursos y festidescubridores de aquella comarca fué doblemente nes se presente á los magnates y poderosos el pavo
militar y mercantil, mientras juzga Varrón que seme- real ó algún otro pájaro extraordinario, con el objeto
jante fábula debe su origen á un viaje que empren- de votar en presencia de él algún hecho heroico, yo
dieron unos cuantos griegos con el fin de pasar á re- · os muestro este faisán, no sin misterio, y os suplico
coger las preciosas lanas de la Cólquida y demás juntamente con estas dos damas que nos hagáis la
productos que llevaban á ella del interior del Asia, merced de no olvidaros de él.
de la Persia y también de la India, ora valiéndose de
A lo que respondió el duque:
caravanas, ora mediante una navegación interior tan
- Hago voto primeramente á Dios mi criador y á
beneficiosa á la sazón, como que aún no se había do- la gloriosa Virgen María, su santísima Madre, y desblado el Cabo de Buena Esperanza. Sea de ello lo pués doy palabra á las señoras y al faisán ( !), que si
que quiera, vengamos ya á ver el nuevo ensalzamien- el designio del cristianísimo y muy victorioso príncito del carnero, con motivo de la creación de la or- pe Monseñor el Rey es el de establecer una Cruzaden del Toisón de Oro.
da, exponer su vida por la defensa de la santa Fe y
En efecto, habiendo casado en terceras nupcias oponerse á la perjudicial empresa del Gran Turco y
Felipe II, cognominado el Bueno, duque de Borgo- de los infieles, hago pleito homenaje de sacrificar mi
ña y conde de Flandes, en la ciudad de Brujas á 10 vida, servirle con mi persona y asistirle con todo mi
de enero de 1429, con Isabel de Portugal, hija del poder en este santo viaje lo mejor que Dios me dé á
rey de esta nación, quiso solemnizar tan fausto acon- entender ayudándome con su divina gracia.
tecimiento instituyendo con la mayor pompa, solemSiguieron á estas protestaciones del duque otras
nidad y grandeza la susodicha insigne orden militar muchas por su parte, así como por la de los caballedel Toisón de Oro, adoptando esta denorrúnación en ros concurrentes y aun algunos ausentes, enderezarecuerdo de los heroicos conquistadores de la página das todas ellas al mismo fin; por lo que no podemos
mitológica referida, y como ejemplo vivo y eficaz del menos de admirar, como ya lo insinuamos arriba, el
denuedo de que debían hallarse poseídos los indivi- que un pajarraco (siquiera fuese el ave Fénix, no que
duos que en lo sucesivo pertenecieran á orden tan unfaisán) pudiera llegar á ser materia hábil para cedistinguida. No tardó en presentarse la ocasión en lebrar un contrato solemne, aunque verbal, no ya con
que así pudieran evidenciarlo, como lo patentizará el todo un duque de Borgoña, pero ni aun con la Gisuceso siguiente, en el que figura asimismo otro ani- ralda de Sevilla. ¡Bien es verdad que no faltan pajamalito grandemente ensalzado: pertenece al ramo or- rracos de otra especie en el mundo, que, ora como
nitológico, y se le conoce con el nombre de faisán.
agentes, ora como testigos, se olvidan muy fácilmenHabrá de recordar el lector cómo el 28 de mayo de te de cumplir un compromiso adquirido!
1453 fué un día tan fatal para la cristiandad, cuanto
Y ¿qué diremos ahora de los irracionales que se
que en él perdió el desgraciado Constantino Paleólo- ven condecorados con la honra de figurar en los esgo, tí.ltimo emperador cristiano del Oriente, la ciudad cudos de las principales poblaciones y familias?.. En
de Constantinopla, que tomó Mahomet II, estable- esta materia se puede asegurar que raro es el animaciéndola desde entonces por sede del imperio otoma- lucho que se sustrae á la pintura del blasón, sin ser
no y provocando desde allí á todas las naciones cris- excluídos de tamaña honra aun los más inmundos;
tianas de Europa. Recibió el duque por este tiempo así es que caballos, asnos, águilas, cerdos, lobos, zoun legado del papa Nicolao V, que deplorando las rras, ballenas, osos, conejos, liebres, elefantes, gallos,
hostilidades y victorias por parte del turco, le pedía ciervos, serpientes, gorriones, camellos, tábanos, cara·
socorro, como al más poderoso duque de la cristian- coles, sapos, etc., etc., etc., y en ocasiones, no así codad á la sazón, contra ese jurado enemigo de la Igle- mo quiera, sino hasta ciñendo corona. Pero ¿qué musia; á lo cual accedió inmediatamente, enviando cua- cho cuando algunos merecen subir á los alt~res, tales
tro galeras por principio de socorro, con promesa y como el perro de San Roque, el cerdo de San Antón,
deliberado ánimo de enviar mayor número á labre- el cuervo de San Pablo y varios otros? Convengamos,
vedad posible. Ocurrió que por aquellos días vino el pues, en que hay animales á quienes se ha tributado
duque de Cleves á visitar á su tío Felipe el Bueno; y y tributa aún en nuestros días crecido cúmulo de
con este motivo y ser tiempo de Carnaval, dispusie- honras y distinciones; pero convengamos también en
ron los príncipes y señores de la corte de Felipe que que ninguno ha llegado á alcanzar tantas como el
se hicieran por todos y cada uno de ellos varios feste- asno. No se nos oculta que muchos de aquéllos sirjos y convites, turnando según lo decidiera la suerte. vieron de tema á graves autores, tanto antiguos cuanto
Tocado que le hubo al duque la suya, aprestóse á modernos, para escribir sendos poemas, tales como la
desempeñar su compromiso de la manera siguiente: Batracomiomaquia, de Homero; la Elegí.a de la pulga,
Empezó por preparar un banquete digno de su de D. Diego Hurtado de Mendoza; la Mosquea, de
magnificencia, cuya dirección encargó á Messire J ean, Villaviciosa; la Gatomaquia, de Lope de Vega; el
señor de Lanoy y caballero del Toisón, muy práctico Murciélago alevoso, de Fr. Diego González, etc.; pero
en esta clase de invenciones.
también sabemos que ese «animal cuadrúpedo bien
Como el duque había tomado á per:hos la promesa conocido, (entre los cuales) los hay domésticos y saldada por él al Papa, calculando el número y calidad vajes,» como lo definió la Academia Española en las
de los personajes que habían de asistir á su festín, cuatro primeras ediciones de su Diccionario, mereció
juzgó no podía presentársele ocasión más propicia que le dedicaran multitud de escritos en todos tiem·
pa,a convocarlos y proponerles el acometimiento de pos, ya en prosa, ya en verso, y en distintas lenguas;
empresa tan gloriosa; pero con el fin de no entibiar siendo tan crecido el número de dichos tratados que,
el regocijo propio de un festejo profano, antici'panao empezando por el Asno de oro, de Apuleyo, contiun proyecto piadoso que, presentado áridamente y en nuando por la Alabanza del asno, de Pero Mejía, Y
toda su desnudez, podría ser tal vez calificado como siguiendo por la Apología del asno y el E logio del re·
fuera de sazón, dispuso que entre las diversas inven- buzno, de Pérez Ramajo, hasta nuestros días, ya se

590

podría formar una biblioteca asnal capaz
de causar envidia á los animales más encopetados del mundo.
Y no es esto todo, porque, á la verdad,
no tenemos conocimiento de que ninguna
especie de animales hayan formado academia alguna, como no sea la asinina. En
efecto, hu bimos de deber semejante noticia á nuestro paisano el ilustre militar y
cél_ebre erudito D. José de Cadahalso,
quien, transformando su nombre, seguramente por modestia, enriqueció la literatura española con las .Memorias de la Insigne Academia Asnal, que publicó por segunda vez en Pamplona á fines del siglo
próximo pasado: ¡digna producción del
autor de Los eruditos á la violeta y de las
Cartas marruecas! Como el libro se ha
hecho sumamente raro, y tanto, que ni
aun figura en la rica y selecta librería que
fué de Salvá, y como, por otra parte, no
podríamos terminar de mejor manera este
.nuestro artículo que autorizándolo con el
respetable testimonio de tan chistoso como fecundo escritor, vamos á copiar aquí,
por conclusión y remate del presente trabajo, el siguiente retrato que obra en la
Memoria VII, pág. 54 de la citada edición. Dice así:
«El Doctor .Molienda. Gobiernan por
este académico sus obras y tareas los
chocolateros; pero no es por esta razón,
que nuestra Incansable Academia lo recibió por miembro de ella. Su mérito principal era el moler y machacar en una
misma cosa: dale que dale, siempre iba
á su tema. Molino de palabras, y siempre las mismas, agobiaba, molía y machacaba con la misma canción a los oyentes: eterno hablador, por quien dijo el
presidente de la Asamblea el día de su
admisión:

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
Es el Doctor Molienda ilustre socio
(cuya lengua jamás estuvo en ocio);
es muy franco en decir, es un continuo
movimiento de lengua; es un hombre
nombrado, por hablar, en tocio el mundo,
y lo que tiene de 110111i11ativo,
todito se lo debe al ablativo.
En la casa en que vive , vive solo,
por hablárselo todo, y aun no quiere
tener retratos de los parecidos,
de aquellos, cuyo extremo celebrando,
se les suele decir que están hablando.
Con su sombra platica muchas veces,
y es en el discurso tan prolijo,
que la sombra, de oírle ya cansada,
más que de ella, de él queda asombrada.
Está en sueños, mientras duerme habla11do;
y así el sueño más grande y más profundo,
si á esta operación suya se advierte,
pierde en él ser la imagen de la muerte;
pues la sombra mortal que en él recibe,
en la parte de hablar se ve que vive.

. . . . . . . . . . . .»
JosÉ

MARÍA SBAREI

'·''.•'•-1·•····••.,•···•·1•••'••···············•,.•·········••..·•·''••'••••.1••·····•..···•..•..•····

AMORES SENTIMENTALES

JOVEN DE LA SELVA NEGRA,

cuadro de

EL NIDO ABANDONADO, cuadro de

c. Bantzer

w. Schereschewski

La conocí en los baños de Caldelas
con su mamá, que era una señora regordeta, colorada y coja.
Su hija, la espiritual Gertrudis, se pasaba el. día encerrada en su habitación ' compo111endo versos incandescentes ó bien
tarareando romanzas húmedas.
La mamá me decía muchas veces:
- Mi niña es un manojo de nervios:
una criatura sensible, dotada de una imaginación calenturienta... Casi todos los
de la familia somos así. Mi esposo, que
e~ paz descanse, me hizo pasar grandes
disgustos con sus celos. U na noche, creyéndose engañado por mí, quiso arrojarse por una ventana y entre la doméstica
y yo tuvimos que echarle una enagua mía
por la cabeza para evitar su suicidio.

�L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Nú.MERO 590

Gertrudis era, en efecto, un ser impresionable y
Entre todos cogimos a Gertrudis que, presa de la
- ¡Pillo! ¡Coqueto!
nervioso; una poetisa tierna que acababa de escribir convulsión, echaba espuma por la boca y trataba de
Dentro de la habitación de Gertrudis no se oía ruiunos versos y rompía á llorar, como si le doliese el morder á cuantos se le acercaban.
do alguno.
estómago, ó bien hundía la frente entre las manos y
Desde aquel día mi situación empeoró notablemen- ¿Habrá muerto ya?, pensaba yo. Habrá bebido
gemía silenciosamente. Yo la vi y la amé. ¿Para qué te. Gertrudis me hacía víctima á todas horas de sus el veneno. '
he de decir otra cosa?
recriminaciones, y sus lágrimas me humedecían el
Acerqué el ojo a la cerradura y retrocedí asustaUna noche, á orillas del caudaloso Miño, le pinté chaquet, porque tenía la costumbre de apoyarse en do. Gertrudis, sentada sobre el lecho, acercaba las
mi pasión volcánica, y ella, ¡oh dicha!, correspondió mi hombro para llorar más á sus anchas.
manos á la boca con frecuencia.
á mis impresiones jurándome que me amaba tam•
- Es inútil que trates de disculparte, me decía; esa
- Sí, pensé yo. Está bebiendo el líquido fatal.
bién.
mujer me ha robado tu amor. ¡Infame!
Y me acerqué de nuevo a la cer&lt;adura. Entonces
Doña Catana, la mamá, sorprendió nuestros amo•
- Pero Gertruditas ...
pude verá mi sabor lo que ocurría dentro de la alres y me dijo:
- Sí; yo debo morir; yo no puedo soportar esta coba.
- Joven, usted ha logrado poseer el corazón de existencia desesperada.
Gertrudis, la romantica Gertrudis, la que había remi Gertrudis; ámela usted mucho, que es digna de
Por de pronto me compuso unos versos llamándo- suelto morirse de inanición espontánea, estaba coser feliz.
me pérfido y aleve y
miéndose tranquilamente un trozo de carne asada y
Yo la amaba como un insensato, la verdad sea diun panecillo.
«monstruo infernal de aliento envenenado.»
cha; pero pronto comenzaron para mí las amarguras.
Luis TABOAOA
Gertrudis me obligaba á vivir en constante contem• Después me amenazó con contárselo todo al teniente
( Prohibida l:i. reproducción.)
plación de su belleza; yo no podía ·reir, ni fumar, ni de carabineros, y por último sacó del bolsillo un frasacercarme a ninguna mujer por fea que fuese. Si me co que había sido de goma líquida y que ella había ................,. •.. ••, ........ ,, ••.•••••••••.•. , ..•., ••.••••••.••••••.• ,J.,.•••
separaba de Gertrudis, aunque á ello me obligase una llenado de fósforos disueltos en aguardiente.
LA MODA
necesidad apremiantísima, ella lanzaba una carcajada
- ¿Lo ves?, me decía. ¿Ves este tóxico? Pues con
histérica y caía al suelo, víctima de una convulsión él he de quitarme la vida; pero antes morirá á mis
Ninguna de las deidades paganas turo el privilegio
nerviosa, murmurando: «¡No me ama, no me ama!» manos esa mujer.
Eran inútiles mis protestas. Gertrudis continuaba de ejercer en los griegos y romanos un dominio tan
Entonces yo tenía: que volar en su socorro, coger
entre las mías sus manos de nieve y deslizar en su prodigándome epítetos terribles, y todas las tardes, á tiranico y avasallador como la Moda, esa diosa eleoído estas ó parecidas frases:
eso de las cinco y media, le daba la convulsión, du- gante, coquetona, caprichosa y excéntrica. Nada res- Gertrudis mía; soy yo, soy tu amante que te rante la cual yo tenía que jurarle al oído, en voz ba- peta esa exigente deidad. Su poderío se extiende desadora.
ja, que mi corazón era suyo exclusivamente. Enton- de la ciudad á los más modestos villorrios, y ante sus
leyes inclínanse reverentemente la aristocrática dama
- Vuelve en sí, le decía su mamá.
ces volvía en sí mesandose los cabellos.
Por toda respuesta Gertrudis, abriendo los ojos,
La mama de Gertrudis se encaraba conmigo gri- y la humilde campesina.
Por miedo de caer en el ridículo y en el deseo de
paseaba su mirada insegura por los ámbitos de la tando como una desesperada:
habitación y preguntaba tristemente:
- ¡Usted tiene la culpa de todo!.. Sí, señor, usted, aparentar lo que deseamos ser, nos sometemos con
- ¿Dónde estoy?
que es un coqueto y un hombre sin corazón. Mi po- docilidad á los decretos que periódicamente promul¡Era mucha Gertrudis aquella! Puede decirse que bre hija no come, ni duerme, ni versifica. No hace ga, y aunque en son de débil protesta criticamos sus
se alimentaba con los efluvios amorosos de mi pasión; más que llorar y morderse los puños de la chambra. mandatos, no por eso dejamos de aceptar sus ridiculeces. Respecto de la Moda, sucede exactamente lo
porque comer, apenas com!a. La carne le inspiraba ¡En mal hora le hemos conocido á usted!
un odio profundo - decía ella, - la patata le producía
- Doña Catana; usted me acrimina sin motivo, de- que con la mujer coqueta: el hombre conoce su inconstancia y ligereza, y sin embargo prefiere, casi
vértigos horribles y el arroz excitaba su sistema ner- cía yo.
vioso. Con lo único que transigía era con el huevo
- Si mi hija se muere, usted será el único respon- siempre, la volubilidad que la caracteriza, su estudiado aturdimiento y los retoques de su belleza, á la
pasado por agua ó el nítido chantill)' ó b espiritual sable, añadía ella.
croqueta.
El caso fué que yo no podía dirigi r la palabra á la modesta actitud y el natural encanto de la mujer vir- Come, hija mía, murmuraba su mama cuando señora del teniente, ni me era permitido alejarme de tuosa; y es que la primera despierta sus pasiones,
estibamos en la mesa de la fonda.
la fonda más que el tiempo necesario para tomar las mientras la segunda le recuerda su dignidad y deberes.
Aseméjase también á la adulación en que cuanto
- Es inútil, respondía la niña, y clavaba sus ojos aguas, y aun así y todo, Gertrudis me seguía con los
en mí, como diciéndome:
ojos hasta el manantial. Cuando me retrasaba algunos más exagerada, más alcanza quien la prodiga.
Todos desean ganarse las simpatías de los demás,
- Teniendo tu amor, ¿qué falta me hacen los co· minutos, ya estaba ella con el frasco de los fósforos
y temerosos, sin duda, de que sus cualidades morales
mestibles?
en la mano, diciendo con voz tenebrosa:
no basten para despertarlas, recurren á la forma exNuestra tranquilidad amorosa duraba poco. A ca- ¿Lo ves? ¿Ves este veneno? Pues me lo tomo.
da caso surgía en el cielo de nuestra ventura alguna
- ¡No, no, por Dios; detente desgraciada!, le decía terna para hacer alarde estético de la humana crisálida, por más que en ocasiones encubra un recepnube negra y se desencadenaba la tempestad con to- sujetándole la mano.
dos sus horrores. Los celos se cebaban en aquella
U na noche, Gertrudis me cogió por la muñeca, y táculo de pasiones que el brillo de los metales ni la
naturaleza sensible. Tenía celos de todo el mundo: llevándome cerca de una ventana, bañada por la lu- belleza de los tejidos logran ocultar.
La industria, que fomenta el desenvolvimiento de
de las bañistas, de las criadas, de la sobrina del mé- na, me habló así:
dico, que parecía una perra de lanas, y de un tenien- Mi existencia es horrible. Yo no puedo seguir esa verdadera enfermedad moderna, en su afán espete de carabineros, que buscaba mi compañía para viviendo con un torcedor en el alma. Tú no me amas, culativo ha inventado el doublé, el similor, la plala
Ruolz y Meneses, laspiedrasfalsas, el níquel, los añahablarme de su postergación en la carrera y de un Avelino; lo leo en tus ojos.
didos y bisognés, el miri11aque y el polissón, los Ríf
bulto que le había salido en una pantorrilla.
- Gertrudis, desecha esas dudas horribles.
Yo trataba de tranquilizar aquel temperamento
- Pues bien, siguió ella diciendo, quiero sucum- peris y los coches de alquiler, las chaquetas .Figari, y
irritable, pero Gertrudis no me oía y las convulsiones bir lenta pero seguramente. Desde hoy renuncio á co• los vestidos princesa, los paraguas velox y los zapa/rls
doré; y todos, aunque les cueste arruinarse, desean
nerviosas menudeaban que era una bendición.
mer; voy á sucumbir por extenuación espontánea.
emanciparse de la clase á que pertenecen, por no
Cierta tarde de agosto hallábame yo en mi alcoba
- Pero...
conformarse con vivir en su propia esfera.
- ¡Todo es inútil!
entretenido en descifrar una charada. Gertrudis se
Antaño existían mujeres que decían la buenaventuhabía acostado, víctima de una horrible jaqueca, y yo
Y efectivamente, desde aquel día Gertrudis se senaprovechaba aquella ocasión para entregarme á mi taba á la mesa, como los demás huéspedes, pero sin ra, reverendos frailes, obligados mentores de las farecreo favorito. De pronto sonaron dos golpecitos en hacer uso de los manjares. Lo más que hacía era be- milias, miniaturistas, maestros de obra prima, barberos, botillerías y mesones, coches de colleras y calela puerta de mi cuarto.
ber agua ó aspirar el perfume del limón.
- Adelante, dije yo, sin moverme del asiento.
- ¡Esta criatura se me va á morir!, decía la mamá, sas. Hoy tenemos sonámbulas y espiritistas, fotógrafos
y peluqueros, Bancos y agentes de negocios, cafés y
- ¿Se puede?, preguntó una voz dulce.
enjugándose las lágrimas con una servilleta.
lwteles, berlinas y caballos ingleses, los perros chicos r
- Pase usted.
- Vidita, come algo, murmuraba yo á su oído.
las pesetas falsas.
La que así turbaba mi reposo era doña Aquilina,
- ¡Nunca!, contestaba ella agarrándose al limón.
Hasta en los negocios la Moda ha llegado á iñtro·
la esposa del teniente de carabineros, que me pregunLa señora del teniente, que era comunicativa como
tó con amabilidad exquisita:
una pupilera é inocente como un serafín, me ofreció &lt;lucirse. Los hombres de esta época positivista hanla
- ¿Tiene usted por casualidad un poco de cerato en la mesa una aceituna, sin comprender que aquel introducido en sus combinaciones y cálculos mercansimple?
delicado obsequio iba á abrir el sepulcro de Gertru- tiles. Prueba de ello son las últimas páginas de los
- No, señora, dije yo con extrañeza.
dis. Esta vió la aceituna y tornóse pálida; después periódicos, ocupadas completamente por los anun- Podía usted tenerlo, porque hay personas muy lanzó un grito agudo, y levantándose súbitamente de cios. La fiebre anunciadora ha hecho célebres á muprecavidas. El cerato nunca está de más en una casa. la mesa echó á correr hacia su habitación como una chos industriales cuyo nombre permanecía desconocido.
Es para mi esposo, que siente incomodidad en el loca.
En el matrimonio ha intervenido también la Moda.
bulto de la pantorrilla ...
- ¡Hija mía!, gritó la ¡nadre de Gertrudis corrienHasta hace poco habíamos creído que era una instiNo había acabado de pronunciar estas palabras, do tras ella.
cuando apareció en la puerta de la alcoba la figura
- ¡Dios mío! ¿Qué va á pasar aquí?, dije yo lanzán- tución basada exclusivamente en el cariño ó en el
amor; pero las célebres agencias matrimoniales nos
de Certrudis. Venía pálida, desgreñada, con los ojos dome detrás de Doña Catana.
fuera de las órbitas y el labio trémulo.
Gertrudis se había encerrado en su alcoba y fue- dan á sospechar que existen seres que se casan im- ¡Infames!, gritó fuera de sí. No negaréis ahora ron inútiles nuestras súplicas para que abriese la pulsados por un afán especulativo.
Asimismo tenemos en los teatros días de moda,
vuestro delito.
puerta.
artistas y autores de moda y mujeres é industriales á
- ¡Se va á matar!, gritaba la madre.
- Gertruditas, dije yo poniéndome en pie y acudiendo á sostenerla.
- Gertrudis, bien mío, abre, decía yo con acento la moda, cuya existencia es, á pesar de todo, efímera
- ¡Adúlteros!, rugió Gertrudis desplomándose so- cariñoso.
y transitoria.
El escultor modela hoy en el deleznable barro, el
- ¡Nunca, nunca!, contestaba la joven.
bre un cubo de agua mineral que había en el pasillo.
Doña Catana no hacía más que llorar y maldecir pintor entretiene sus ocios creando acuarelas, cuyo
Acudió la mamá de la joven lanzando ayes de dolor. Despertáronse dos ó tres bañistas que estaban su suerte; de cuando en cuando se dirigía á mí co- papel no puede resistir las injurias de los años, y el
durmiendo la siesta, y el teniente de carabineros, sin mo una fiera herida y me clavaba las uiÍas en el cogote. autor escribe sin otra base que un pedestal de move- ¡Por usted, por uste,d nos pasan estas cosas!
diza arena.
saber de lo que se trataba, presentóse ante nuestra
Existen también hombres y mujeres á quienes la
- ¡Por la Virgen Santísima! No me apure usted
vista con el pantalón remangado á consecuencia del
Moda ha hecho célebres. La historia ha conservado
bulto.
más de lo que estoy.
1 ••••••,,, •• ,., ••••••, ........ ....... ... ....., ....

¡NO ESTÁ MAL~ dibujo de A. Johnson

�2

54

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

590

los nombres de Walpose, Cüzq-Mars, Buckingham, esto es, con el intento de hacer resaltar ó aumentar I El sencillo á la par que cómico incidente que aca·
Essex, Lauzim, Ninón de L enclós, Lota Montes, etcé- la redondez de las caderas y la elegancia del talle. La I bamos de relatar bastó para desterrar por co_mpleto
introducción de tan ridículo adorno atribúyese á el polissón, pues ninguna de aquellas damas quiso asetera, etc.
Nuestra vanidad ha servido de asidero para las nuestras compatriotas, que ya en aquella época co- mejarse á la señorita de Lacépéde.
especulaciones de los comerciantes é industriales de metieron la ligereza de suponer que no bastaba el
En las elegantes de hoy no pr?duciría s~gur~mencalculo. Las Revistas, órganos oficiales de la coque- brillo de sus negros y rasgados ojos, la esbeltez de te el mismo efecto, ya que la ciega obed_1enc1a _con
tona diosa, recuérdannos que hemos tenido sombre- formas y ese conjunto de naturales atractivos que que acatan los decretos de la Moda es por cierto digna
ros Gibus y Gayarre, bastones Verdier,
de mejor causa.
En resumen, la Moda es una de las ri.igua de Colonia de Farina, polvos de
arroz Sarah Bernlzardt, camisas 'La/odiculeces que ha inventado la sociedad,
res/, guantes Dubost y esencia piel de
de la que todos participamos más ó meRusia y Mascota; y como si esto fuera
nos y de la que somos esclavos ó fervienpoco todavía, en vez de reuniones litetes adoradores para no singulariz:trnos en
rorias se dan tes dansants y lzmclts, reel modo de vestir ó con la adopción de
emplazándose el ingenio con las almiusos añejos.
baradas vulgaridades del buen tono.
Nosotros mismos, que aunque somera•
. La Moda ha inventado eljockey y las
mente hemos tratado de poner en relieve
c;arreras de caballos, el tanto por ciento,
sus extravagancias en este sencillo artículos casinos, las jugadas de Bolsa, los eslo, advertimos, al terminarlo, que tamtablecimientos termales, las tarjetas y los
bién sucumbimos arrastrados por la cocircos ecuestres con sus clowns y écuyéres,
rriente, ya que igualmente está de moda
así como las distintas metamorfosis que
hablar mal de ella.
ha experimentado el tipo del lechuguino
A. GARCÍA L LANSÓ
de la época de nuestros abuelos, que ha
pasado por los tamices del lz'ón, el dandy
'-''"'•.1•.,••.1•,.'•J•.,•••""''•''••' '•''v'••••v'••••••••••••••,.••,.1•.,•••''"''•'•,.1•,,•,.,1
yel gommeux, que ha formado parte, en
su deseo de presentarse siempre á la derDIÁLOGOS MATRITENSES
niére en la escogida sociedad de la créme,
EL CAFÉ DE LA UNIVERSIDAD
del pchut y de la hige-life.
Y téngase entendido que la Moda ha
- Vamos, Pepe, saque usted las bolas,
ejercido su dominio en todas las épocas
que el amigo Toni110 quiere lucirse hoy,
y en todos los pueblos. La historia regisporque en 'las carambolas es una lumine
tra en sus páginas verdaderas extravaganin celo.
cias ó caprichos, inconcebibles para la
- Sí, no estoy yo mala lumine, lo que
fría razón, en los que la crítica hallará
• soy es el pagamts üi terra.
siempre mucho campo para estudiar las
- ¡Anda, chambón, pues si te doy
condiciones especiales de la humanidad,
quince para treinta! No ganas porque
empeñada en constante lucha y animada
no quieres.
por el tenaz deseo de hacer desaparecer,
- ¡Pues si apenas sé coger el taco!
por medio de aditamentos, la belleza na- Tan poco como sabes, estoy seguro
tural, la perfección de la forma.
de que estás más fuerte que en derecho
Las matronas romanas, cuyo tocador
romano.
contaba con mayor número de afeites
- ¡Ay de m{! No me Jo nombres, que
que el de la más elegante dama de nuesestoy temiendo que de aquí á un rato
tros días, empleaba en su complicada
me han de cristalizar los señores de la
toilette más tiempo del que necesita una
casa de enfrente.
de nuestras divas para presentarse en la
- No pienses esas tonterías tan fúneescena.
bres, porque te vas á azorar y te cuesta
El peinado ha experimentado infinitas
pagar. Sal, anda.
modificaciones, hasta llegar á simplifi- ¡Una! Por casualidad.
carse de tal manera, que si comparamos
- Ves cómo van saliendo.
los que actualmente lucen las señoras
- Esta se pasó.
con el que usaron las damas del siglo
- Tira otra vez.
xvm, nos sorprenderemos ante los pro- No, déjalo.
digios complicados de aquellos artistas
- Ya has hecho una serie de una.
peluqueros, verdaderos titanes de la inPrincipio quieren las cosas. ¡Allá voy
llUSTO EN BRO:o-cr, RECfllNTEMENTF. OESCU Bll!RTO RN AMl'UR[AS
ventiva y de la paciencia.
yo!.. Una ... dos, tres ... , esta corridita ...
Dibujo de J. Fcrrer y Carreras. (Visto de frente.)
En la Edad media, las jóvenes usaban
cuatro, ahora dos tablitas y un recodo...
como adorno las flores, con las que for. ¡á la salud de nuestro amado profesor!,
maban caprichosas y emblemáticas combinaciones, tanto distingue á las españolas, para despertar la ad- cinco. Casi me la quita el retruque.
que expresaban la simpatía, la esperanza, el temor, la miración de aquellos famosos donceles que por una
- Chico, Donato, ¿te acuerdas de los modos de
aflicción, etc. Las cintas de seda y los tejidos de oro, de sus miradas se rajaban el pellejo á cuchilladas ó constituirse la hipoteca dotal?
plata y pedrería sucedieron á las flores.
mandobles en la arena de los torneos, ante aquellas
- Pues sí; eso de las hipotecas es de lo más senDurante el reinado de Luis XIV, el peinado alcan- beldades de dudosa é incomprensible sensibilidad. Las cillo .. ., seis ... ; verás qué retroceso ... , siete ... Pues si
zó extraordinarias proporciones: dábase á los cabellos francesas imitaron á sus vecinas, dándole el equívoco la mujer casada ... segtín el código Justinianeo, ¡carala forma de largos tubos, á semejanza de los órganos nombre de vertugadin, en contraposición al de ton- coles ... se escapó!.. Tú tiras.
de las antiguas catedrales. Las flores volvieron á figu- tillo con que era conocido en nuestra patria.
- No, no tiro, que Julián acaba de entrar y tenía
rar como bellísimo adorno de las elegantes damas de
Durante los reinados de Carlos X y Enrique III dos números antes que yo; voy á ver si me toca.
la corte de Luis XVI, diseminadas graciosamente en- de Francia generalizóse su uso de tal manera y ad- Bueno, anda, que yo seguiré con Julián, que por
tre los empolvados rizos, lo que producía un contras- quirió tan exageradas dimensiones, que el Parlamen- la cara que trae debe haber alcanzado el tercer suste sorprendente, ya que recordaba las exuberantes to se creyó en el deber de publicar severos edictos penso de la temporada. Pero eso no le quitará las
galas de la primavera surgiendo de una nevada base prohibiéndolos.
ganas de jugar. Es un barbián. ¡El será ministro, vaque a su vez coronaba la expresiva y graciosa cabeza
En las estanterías del archivo municipal de Aix ya si lo será; cómo que no es~udia ni una palabra!
de aquellas mujeres que lucieron sus encantos en los (Provenza) existe un proceso sumamente curioso,
salones de Versalles.
incoado por el Parlamento de aquella provincia por
Posteriormente usáronse los peinados de siete pun- un acto de desacato ó desobediencia á sus mandatos.
tas, incómodo y ridículo; los rizos, tirabuzones y el El bello sexo desprendióse del vertugadin, en vista
- ¡Cuenta, cuenta, que te escuchamos con fruimoño de distintas formas y dimensiones. En 1789 de la severidad de los edictos, ó disminuyó su volu- ción!
las mujeres dejaron de empolvarse los cabellos, para men notablemente; pero una dama, una sola, se puso
- Pues bien: como os iba diciendo, se empeñó
adoptar las famosas pelucas rubias, que á su vez des- en abierta rebelión. La señorita de Lacépéde, que así D. Vicente en que había de traducir el primer párraaparecieron para hacérselos recortar y peinárselos se llamaba la revoltosa, fué citada y debió compare- fo de una Bula que empieza diciendo: Qua7J:ta cura,
sencillamente á lo Tito; moda que imperó poco tiem- cer ante los severos jueces por el uso ilegal de seme- etc. Yo cuanto más miraba menos veía aquello; no
po, ya que al crecer los cabellos se los peinó á la jante aparato. Adelantóse la dama hasta el tribunal, me parecía latín, sino chino. Me volvía hacia vosotros
griega, á imitacion de las estatuas antiguas, y por úl- con el mismo cuerpo del delito, es decir, vistiendo á ver si me apuntabais algo, y... nada.
timo y en el corto espacio de algunos años hemos una falda de inconmensurables dimensiones, que le
- ¡Qué habíamos de apuntar si no sabíamos una
visto reproducirse los peinados desde el chino y el daba el aspecto de un hinchado globo, por más patata!
..
inglés al merovingio, que ridiculizamos al verlos ador- que los hermanos Montgolfier no lo hubiesen inven- Pues me entró así como un calambre y d1¡e:
nar las cabezas de los retratos de nuestras bisabuelas, tado todavía. En vista de tal desacato, los jueces iban «¡Apretado está el pobre grillo!»
para venir á parar en el sencillo y elegante que hoy á fulminar un terrible veredicto, cuando una sola
- ¿Y qué dijo el tribunal?
.
admiramos.
frase de la acusada apaciguó como por ensalmo la
- El tribunal no dijo nada, porque eso del gnllo
Hay que convenir, sin embargo, en que todas las cólera de aquellos graves magistrados. Declaró, por no pasó del fuero interno.
excentricidades de la caprichos~ deidad pueden ser su ~o~or, que la exageración de la falta de que se le
- ¿Pues qué dijiste? si es que has abierto la boc~m!Ís ó menos tolerables si se las compara con ese ri- acnm111aba y que se atribuía al uso del tonti//(1, no
- ¡Vaya si la abrí!;como que dije: &lt;.&lt; Traducción hdículo apéndice conocido vulgarmente con el nombre era más que un don de la naturaleza. «El cielo, dijo, bre: ¡Oh, cuántos curas hay en España!» Al oirrne
de-¡roiissón. Ese verdadero adefesio usáronlo las damas me ha dotado de un vertugadi11, contra el que nada D. Vicente dió un salto y exclamó: «¡Oh, cuántos sus•
del siglo xv1 con un propósito parecido á las de hoy, pueden los edictos y las sen_tencias de los t~ibu!1ales.» pensos va á haber hoy!» Y en efecto ...

NúMERO

590

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Sí, sí, ya hemos visto que te han momificado.
- Ya sé que eres muy listo.
- Lo que más siento es que eso me ha quitado
- No tanto como tú; pero, al fin, de ir en tu com ·
los ánimos para estudiar, y en derecho mercantil me pañía, algo se pega.
.
va á suceder otro percance.
- Algo y aun algos; y si no, dígalo mi reloj y n:11
- Chico, chico, no te apures; que «el ánimo esfor- sortija, que están empeñados desde que te l?s de¡é
zado y no abatido, más prefiere estar suspenso que para ir á ver al rector.
caído,» como dice no sé que poetastro, sobre poco
- ¡Yo qué culpa tengo si en vez de irá casa del
más ó menos.
- Tienes razón, y cuantos más años
esté aquí estudiando, todos esos me evito de estar en mi tierra que abomino.
En fin, tomad lo que queráis, que yo pago; es decir, paga mi padre, que para el
caso es lo mismo.

2

55

el chico ha salido en bien, hay que remojar el
paso.
- ¡Pues estás poco contento!
- La cosa no es para menos. Figúrate que allá en
el pueblo decía el Sr. Bonifacio que éste no sería
nunca abo(J"ao, y cátate ahí que acaba de aprobar el
preparatorio. Eso ~í, me cuesta ~n ojo de_la ca:a, y
he temdo que empenar unas t1errec1tas;
pero no se pescan truchas á bragas enjutas.
- ¡Hombre, no es que yo quiera desilusionarte!; pero... ¿no hubiera sido mejor que el chico hubiera estudiado agricultura?..
- ¡Ya la tenemos; las mismas majaderías de D. Bonifacio! Bastantes destripaterrones hay en la familia.
- Puede que le hubiera ido mejor
con los terrones que con las leyes. Hay
tantos...
- Pero si éste no ha de ejercer. Este
se dedicará á la política, y en cuatro
días le tenemos hecho ministro ó gobernador.
- Ó cesante, como yo, sin una peseta
y renegando de haber pisado la maldita
Universidad.

- Vamos, hijo, toma un refresquito,
que bien lo has de menester.
- Sí, lo tomaré, porque le subleva á
uno la sangre el ver las injusticias que
cometen los profesores. Después de tanto estudiar, un triste aprobado. (Y gracias,
que no debían habérmelo dado.)
- No hagas caso, eso son pequeñas
contrariedades de la vida que hay que
llevar con ánimo esforzado.
- Sí, ánimo tengo...; pero aquí no hay
A. DANVILA JALDERO
que hacerse ilusiones, el mérito no vale
•~•••••••'••'••••••''"''••••••'••••••''••'••''••'•-''••' •J•u'••••••,1•,,•,,,,.,.,,,••••••••••'"
nada; cuando un profesor le toma á uno
ojeriza... pues ya se ha caído.
BOCETO
- Si ya lo noté ayer yo, cuando fuí á
MICROBIOS
hablarle á tu catedrático y me dijo: «Su
hijo de usted es un vago, un pendencieLos bacteriólogos ó aficionados á las
ro que no viene á la Universidad más
investigaciones microbiológicas acabarán
que á mover trapisondas.))
por descubrir esa gente menuda hasta en
- ¿Eso dijo? ¡Pues mire usted, no dijo
ñuestra vecina la resplandeciente estremás que la verdad!
lla Sirio: uno de esos examinó nada me-¡Cómo!
nos que un rojo pimiento, una guindilla,
- He querido decir que faltó á la vercon un picante de primera fuerza. Y
dad. (Por poco lo estropeo todo.) ¡Yo
calculó bien, que si aquello picaba debía
pendenciero! ¡Pregúntele usted cuántas
haber una causa, y esa problamente sesemanas ha pasado conmigo en el Abarían microbios... , pero bichos de buenos
nico ese... farsante!
dientes ó de aguijón que dejaría chatos
- Lo creo, lo creo; pero aún me dijo
los de las avispas. Y á foco de poderoso
más.
aparato lenticular, colocó un milímetro
-¿Qué dijo?
cuadrado de la estimulante guindilla; y
- Pregúntele usted á su hijo si ha
efectivamente, descubrió, contados, ni
sido estudiando como ha adquirido ese
uno más ni uno menos, 500 microbios
chirlo que tiene en la frente.
rabiando por dejarse caer sobre la len- ¡Hombre, vaya un descaro!
gua de cualquiera. Si la cuenta no falla
- Sí; y la verdad, lo del chirlo me pason 50.000 por centímetro; y como el
ró, porque no sabía yo cómo te lo has
pimiento tendrá unos 25 centímetros suhecho.
perficiales, resultaría la suma de 1. 2 50. 000
- Pues mire usted: una noche, estumicrobios ... y contando el espesor pueBUSTO EN BRONClt RECfENTEMENTE DESCUBJERTO EN AMPURIAS
diando, como hacía tantas horas que no
de añadírsele otro puñado de miles ...
Dibujo de J. Ferrer y Carreras. (Visto de perfil.)
levantaba la cabeza, el tubo del quinqué
Lo curioso sería averiguar qué clase de
se calentó demasiado, reventó y un casenfermedad puede inocular esa gente
co del cristal me dió en la ceja y me hizo este corte. rector se fueron á casa de D. Canuto el prestamista! menuda guindillesca, y no sería aventurado suponer
- ¡Pobre hijo mío! ¡Cuánto cuesta el ser un sabio Fué una equivocación.
que inoculasen la picazón ó el escozor.
como tú!
- ¡Todo te lo perdono, porque ... tampoco puedo
Y luego habrá quien aún dude de los adelantos de
- Mucho, papá; usted no lo sabe, que si lo supie- hacer otra cosa! ¡Ay Dios, cuando una se chala por la ciencia investigadora, que en este punto puede de·
ra ... (¡me reventaba!)
un estudiante valía más que se muriera!
cirse que ha dicho ya casi la última palabra.
Los Sres. Acosta y Grandi encontraron ó descubrieron en un billete de Banco ¡19.000 microbios!
¿Quién se atreverá tranquilamente, después de tan
- Conque no te has atrevía á desaminarte.
- D. Sisenando, ¿usted por aqtií? ¿Qué vientos le feliz descubrimiento, á tomar un billete de Banco?
-: ¡Ca, chica, si no sé una letra!
traen por el distrito de la Universidad?
El químico Opermann y el veterinario Falk descu- Vengo de caza.
- Pues, hombre, ¿qué has hecho durante todo el
brieron un nuevo bacilo, que es el que da el color
curso?
- ¿De caza?
gris á los salchichones. El doctor Bouchard presentó
- ¡Toma! ¿Y tú me lo preguntas?
- Sí, señor, á cazar un catedrático.
á la Academia de Ciencias de París tubos contenien- Eres muy desaplicao.
- ¡Caracoles, eso es caza mayor! ¿Y cómo?
do, clasificados y calificados, microbios de tifoidea,
- No es verdad, Jo que es que me falta tiempo
- Pues hoy se examina mi hijo Tomasito; un buen cólera, escarlatina, crup, carbunclo, fiebre puerperal,
para todo.
chico que siempre me saca de notable para arriba, y etcétera, etc.
- ¡Si no fuera más que tiempo!..
estoy acechando el paso de su profesor para pescarle
Lo que falta por averiguar es el remedio al mal,
- Y dinero... Si no sabes otra te daré recibo.
antes de que se oonstituya el tribunal y largarle una los microbios antídotos de aquéllos, es decir, el contra- A este paso la vida es un soplo. Cuando tú lle- cartita, nada menos que del ministro del ramo. Fi- veneno, y eso se hallará. ¡Pues no se ha de hallar!
gues á médico, ya estaré yo para que me hagan la gúrese usted si con esto puede salir mal.
¡¡Nos quedaríamos frescos !! Porque en la escala dimiautosia.
- En efecto, buen sistema.
nutiva, ó á éstos se los han de comer otros ó han de exis- ~o hay otro mejor.
- Sabes lo que estoy pensando, que voy á dejar la
tir otras menudencias destinadas á servir de alimentacarrera.
- Pero he oído decir que hay una circular prohi- ción á esas que ya tenemos por cosa averiguada: de
- Sí, harás bien, porque ella ya te ha dejado á ti biendo las recomendaciones.
otro modo, no sería comprensible ni posible una vida,
hace tiempo. ¿Y qué vamos á hacer entonces?
- ¡Bah, bah! Ríase usted; la única vez que no utili- una existencia sin tragar, sin matar á otros seres.
cé mis relaciones me escabecharon al chico. Eso
- Pues pondremos una buñolería.
Pero todo eso poco significa comparado con otro
de estudiar ha quedado ya sólo para algún desdi- descubrimiento importantísimo.
- Pero si no tenemos luz.
chado.
- Nos la darán.
Lo grande, lo asombroso será el resultado de las
- La verdad es que maldita la falta que hace investigaciones microbiológicas que, costeadas por una
- Si no tenemos quien fíe.
cuando...
-: Ni falta que hace.
fuerte compañía de los Estados Unidos, se está reali- ¿Cuando qué?
-¿Que no? ¡Vaya una gracia!
zan?~ por a~revidos y bien pagados exploradores en
- Cuando se tiene al padre alcalde, como le pasa el v1e¡o contmente, que ya sabemos también que to--: No, porque escribiré á Toledo á mi tío el canómgo, diciéndole que me voy á licenciar, que me á su hijo de usted.
do lo estupendo viene de allá... Esos hombres sabios
falta metálico, y ya verás cómo envía para el título
dignos ~el mayor aplauso y encomio, transmitiero~
de ... buñolero.
como ~nmer resultado de su exploración, dejándose
- Entonces se salvó la patria.
en el tmtero el punto en que verificaron sus investi- A ver, cerveza y limón para todos; que ya que gaciones, que en cien kilómetros cuadrados, vistos
- Pues qué, ¿te figuras que yo me ahogo en seco?

�ESTUDIO, grupo en yeso de Miguel Blay
EN EL TEATRO, cuadro de P. Naumann

Premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de Bellas Artes de

s92

1

�LA

lLUSTRACIÓN ARTÍSTICA

por sus propios ojos, encontraron ciento veintitrés inmensa mayoría de ningún valor artístico; unas pocas son realleones, seiscientos cuarenta y siete elefantes, sesenta mente notables y llevan las firmas de L. Barrau, Duval Goz·
Chevalier, Seynac, Rachon, d' Argence, Besset, Brandt,
y dos hipopótamos, noventa y seis rinocerontes, sete· lan,
Potter, Ronillé, Dulac, Chrelien, Correja y Osbert.
cientos noventa y nueve caimanes y cocodrilos, dos
Barce/011a. - Salón Parés. - Ha presentado Fuxá en el sitio
mil trescientas diez y ocho serpientes, catorce tapires, de preferencia de este lo~al su bella estatua de San Francisco,
ciento sesenta y tres tigres, setenta y dos panteras y no ha mucho expuesta en llfadricl, y que apareció reproducida
trescientas vientisiete hienas, no haciendo caso, por en una de las primeras páginas de LA I Ll STRACIÓN ARTÍSTICA.
A su vista no se comprende por qué obra tan sentida y tan
de pronto en la reseña, de otra infinidad de bichos bien ejecutada, cuya hechura satisface al más exigente y que por
de menor importancia.
su expresión y vida puede ponerse al lado de los mejores modelos de nuestros escultores del Renacimiento, no obtuviera
Esos ... ¿son ó no son microbios?
Bien dice D. Nemesio en El sombrero de copa: «.De una de las primeras recompensas.
Otra obra de menos vuelos por su concepto, un monaguillo
los animales grandes líbreme D ios, q1,e de los infinita- cargado
con el misal y los cirios, es nuevo testimonio de las sómente peqzmios me guardo yo.»
lidas y no comunes cualidades que distinguen á nuestro querido
El caso es que «no se puede con Mentor,» como amigo, á quien felicitamos y aplaudimos como se merece.
exclama el Joven Telémaco; y yo digo: ¡No se puede Junto á estas magistrales esculturas expuso Pinós dos buenos estudios, impregnados de verdad y observados con con·
con la ciencia! ¡Vengan investigaciones... y vengan ó ciencia;
dos escenas de nuestra vida rural fielmente reproduciváyanse microbios! ¡Da lástima contemplar el atraso das. Cusachs, dos cuadros: una carga de caballería y una cita
en que vivían nuestros antepasados! ¡Cuidado que se· en un bosque, motivo este último para pintar un vehículo, caría cosa triste eso de morirse·sin saber de qué... , eso ballos y lacayos, ambos con las cualidades que distinguen á
pintor militar.
de tener siempre el enemigo en casa sin sospecharlo! nuestro
Salón de la «/la11g11ardia.1&gt; - La última Exposición la com.
¡Vaya si sería desesperado para los médicos eso de ponen dos grandes lapices del siglo xv,, uno de ellos represenescapárseles de entre las manos los enfermos sin co- tando á Diógenes y Alejandro, varias prendas de indumentaria litúrgica, una antigua cruz parroquial, curiosa obra de menocer la causa!
talistería, y un fragmento de un hermoso tapiz de valiente coloAhora, desde la invención de los microbios, siem• 1ación
y correcto dibujo.
pre es más consolador. Y sobre todo, las invencioms
de las causas corren parejas con las modas de curación.
Teatros, - jaque a, rey se titula una nueva ópera de IgnaBrull que se estrenará en breve en el teatro de la Corte, de
Ahora microbios yfiltros... Otras veces se achacaba to- cio
Munich.
do á vicios en la sangre, y dale sangrías; después en el
- Se ha representado en el teatro Fenice, de Venecia, con
estómago, y dale purgantes; presentóse Raspail con el gran éxito la ópera de Gelio Cornaro, Festa marina, que oblu·
acíbar y el alcanfor como base de la salud; sucedió vo el p rimer premio en el último concurso de la casa editorial
una pelotera entre alópatas y homeópatas, y merced de musica Sonzogno.
- El doctor Edmundo de Freyhold ha publicado en Badená unos globulillos aplicables á toda dolencia, la cura· Baden
un drama musical en un acto, titulado Santuzza, que es
ción era segura; más tarde, la medula, el reuma y los la continuación de Cavalleria r11stica11a.
nervios; luego la tenia mortificó al género humano,
- En el teatro de la Residencia, de Munich, se ha estrenado
con gran aplauso un interesante drama de Pablo Heyse, La
y ¿qué persona medianamente vestida no la tenía?
Justina.
¡Hoy privan los microbios! «¡Y el globo en tanto sin criada
Parls. - En el Vaudeville, Sarah Bernhardt ha dado una recesar navega por el piélago inmenso del vacío!»
presentación extraordinaria y única de la hermosa tragedia de
Mañana inventaremos ... ¡sólo Dios sabe qué cosa!, Racine, Plzedra, á beneficio de una Asociación filantrópica, ha·
y la humanidad entera será víctima de la última mo· hiendo alcanzado un gran triunfo. Se han estrenado en los Bu·
da. Sin embargo, merecen bien de la patria esos sabios fos Parisienses Madame Suzette, opereta en tres actos de Sylva•
ne y Ordonneau, música de Audrán; en Folies dramatiques,
investigadores y dignas son de agradecimiento las Jean Raisin, opereta en tres actos de Pablo Burani, música de
descubiertas existencias de los microbios en todos sus Carman, y en Chatelet, La Passit&gt;n, misterio en verso de Ha·
géneros y familias ...; porque conociendo eso, se vive raucourt.
más tranquilo. Se trata, por ejemplo, de casos sospe- Londres. - Ha comenzado la temporada de primavera en
Lane, habiéndose puesto en escena Bohemian Cirl, ópechosos de cólera, por supuesto, cuando hace ya es- Drury
ra de Balfe, Cavalleria rmtica11a, Faust y Carmen. Se han estragos, en una población; pero, se entiende, no decla- trenado con buen éxito en Adelphi The Black DomitlQ, drama
rado oficialmente; porque ¿quién se apresura á ello? Se romántico en cinco actos de Sims y Buchanam; en Vaudeville,
manda allá una comisión facultativa, la cual visita á la comedia de Sims y Raleigh lhzcle John, y en Trafalgar
The Bable Slzop, graciosa parodia del drama del mismo
los que revientan microbio/izados: la comisión informa Square,
título de A. J one, hace poco estrenado en el Crilerion, escrita
que no hay cuidado, porque no descubrió ni rastro de por Mr. E. Rose.
Madrid. - En el Príncipe Alfonso y bajo la inteligente direc·
las vírgulas de tal cólera. ¡Ya no hay cuidado! La
ciencia tranquilizó los ánimos. Las gacetas, monito- ción del maestro Goula se han puesto en escena las óperas Cioy Aida, en las que han sido muy aplaudidas las señoras
res, boletines y demás órganos de los gobiernos y de co11da
Laborda, Franchini y Calegaris y los Sres. Lampedis, Labán,y
las Academias médicas transmiten á los pueblos asus- Galli y sobre todo el citado maestro. Se han estrenado con buen
tados la feliz y tranquilizadora noticia referente á sa- éxito: en Lara Las irresistibles, juguete en un acto del Sr. Torromé; en Apolo Candidita, zarzuela en un acto de Javier de
lus populi.
Burgos, música del maestro Jiménez, y en Eslava llfiss Erere,
¡¡No hay cuidado!!
parodia en un acto de .Miss Helyett, letra del Sr. Merinoym{11

J UAN O -NEILLE

Bellas Artes. - La Asociación internacional de Artistas,
u_na de las más notables y numerosas de Roma, ha elegido pre·
s1dente ~1 escultor y senador Monteverde y vicepresidente á
n?estro ilustre compatriota y querido colaborador D. J 03é Benlhure: además han sido nombrados individuos del comité don
Mariano Benlliure, Felipe Cisariello, Adolfo Rosler Franz y
el americano Coleman.
- Para la Exposición de Bellas Artes que este año se ha ele
celebrar en Berlín convocóse un concurso de carteles anunciad_ores del certamen, en el que han tomado pa_rte 23 artistas en~1a1_1do 26 bo~etos. El primer premio (1.250 pesetas) ha sidoadJUd1cado al pmtor Ernesto Hildebrandt y el segundo (250 pe·
setas) al pintor y dibujante Rodolfo Rother.
- En el H otel Westminster ele Berlín se han expuesto recientemente 30 cuadros y bocetos del famoso pintor Dvorak: once
cuadros al óleo pintarlos en gris y destinados á ser reproducidos en forma de ál~um representan una especie de danza macabra, la del amor; con este ciclo de pinturas hace juego una dan·
za macabra de los animales pintada en colores. El resto de la
exposición se compone en su mayoría de retratos.
- Ha recaído sentencia en la primera in~tancia del proceso
que el gobierno italiano sigue contra el príncipe Barberini Co·
lona por haber éste vendido á un extranjero, que los sacó de
Roma, v:eintiún cuadros y una estatua de la colección existente en
el palacio Sciarra y que es propiedad del referido príncipe. La
sentencia condena á éste á tres meses de arresto, al pago de una
multa de 5.000 pesetas y del precio en que han sido estimados
a9uell_os objetos de arte (1.266.000 pesetas), fundándose en la
~10\ac1ón de la lex que prohibe desmembrar las colecciones arhst1cas y exportar algo de ellas al extranjero. Lo singular del
caso es que habiendo el príncipe ofrecido esos cuadros y escultura al gobierno de Italia, éste sólo ofreció 50.000 pesetas por
lo ,qu~ ahora dice que vale 1.266.000. Inútil es decir que el
prmc1pe no se ha conformado con la sentencia y ha apelado de
ella.
- En el pabellón de la ciudad ele París, en los Can¡pos e¡¡.
seos, han celebrado una exposición los artistas que á sí mismo
se titulan Los independientes: figuran en ella 1. 324 obras en su

sica arreglada por el maestro Arnedo. En el Español se ha es·
trenado El celoso de m imagmó Hacermalporq11erer bim, dra·
ma en tres actos y un epilogo ele D . Eugenio Sellés, que aunque de poco interés y de escasa verdad en el fondo, fué aplaudido por la forma hermosa en que está escrito.
Barulo11a. - En el Principal, el famoso tenor Masini ha debutado con Lolwzgn·n, habiendo obtenido muchos aplausos que
compartieron con él las señoras Colonnese y Mas y el Sr. Tabuyo. En el Liceo ha dado cinco funciones la notable compañia
de opereta Tani: en este gran teatro debutará en breve una notable compañía c!e ópera bajo la dirección del maestro Mancinelli En Romea se ha celebrado el beneficio del popular autor
Sr. Vilanova, poniéndose en escena cinco obras suyas que, como de costumbre, fueron ruidosamente aplaudidas,
Necrología. - Han fallecido recientemente:
Nicolás Luis Cabat, paisajista francés, el primero entre los
iniciadores en Francia de las tendencias naturalistas en el paisaje.
Augusto Horn, m{1sico alemán, famoso especialmente por
sus canciones.
Julio Lunteschutz, notable pintor retratista alemán, entre cuyas principales obras merece citarse el retrato que hizo de Schopenhauer.

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590

valía. La actitud, el colorido, el dibujo, la luz hábilmente com·
binada y sus tonos claros resaltando inteligentemente sobre un
fondo claro también, contribuyen á hacer agradable y simpáti•
ca la composición.
Joven de la Selva Negra, cuadro de C. Bant-

zer. - .Es este un bellísimo tipo á juzgar por el cual en la cordillera majestuosa que se alza en el Sudoeste de Alemania consérvase pura aquella zaza de las poéticas baladas y de las misteriosas leyendas, que en dulcísimos versos ó en sencillas narraciones han cantado los bardos y se han perpetuado al través
de innúmeras generaciones. Toda esa dulzura, toda esa sencillez, toda esa misteriosa poesía refléjanse en et lindo busto de
Bantzer, que al trasladar al lienzo su Joven de la Selva Negra ha
hecho más que pintar un retrato, ha dado cuerpo al alma de un
pueblo.
El nido abandonado, ouadro de Soheres-

ohewski. - De este cuadro bien puede decirse que el asunto

ha servido al autor de pretexto para presentarnos tres bustos
de innegable belleza, asi desde el punto de vista de las lineas,
como por la expresión que en cada uno de los rostros ha sabido
imprimir el autor, mezcla de curiosidad y de tristeza por el aban·
dono de aquel nido cuyos moradores han sido quizás devorados
por el gavilán ó tal vez destrozados por el plomo de algún ca•
zador.
¡No está mal!, dibujo de Naumann. - Es esta una
obra de las que acreditan á un artista: la composición bien en•
tendida, el clarobscuro perfectamente estudiado, el dibujo correcto y sólido y la expresión acertadísima ele la joven artista, á
quien, según parece, no disgusta el dibujo que está ejecutando,
son cualidades bastantes á satisfacer al más exigente en mate·
ria de arte.

Busto en bronce recientemente descubierto
en Ampurias, dibujos de J. Ferrer y Carreras.
- En unas excavaciones no ha mucho practicadas en la Escala
(provincia ele Gerona) se descubrió el busto que de frente y de
perfil reproducimos y en el cual llaman la atención los ojos formados por una pasta blanca con una piedra negra por pupila,
que falta en el ojo derecho, y sobre todo el peinado á modo de
diadema, que sigue en pequeñas trenzas hasta la nuca, en donde
se reunen en abultado moño. Varias hipótesis se han emitido
sobre el origen de este busto; han supuesto algunos que es de
una dama ó prin.:esa romana, otros que se trata de algún tipo
egipcio, indio ó etrurio, y otros, con bastante fundamento, que
representa á una dama ampurdanesa de les primeros años de
esta era. Resuelvan los arqueólogos esta cuestión; por nuestra
parte nos limitamos á reproducir la excelente copia del busto
que ha dibujado el artista catalán Sr. Ferrer y Carreras.
En e l teatro, cuadro de P. Naumann. -Asunto
es este que se ha tratado muc~o, pero del cual puede asegurarse
que no se ha agotado ni es fácil que se agote. La infinita varie·
dad de temperamentos, en cada uno de los cuales se producen
ele modo distinto los múltiples efectos de la contemplación de
un espectáculo teatral cualquiera, ofrece ilimitado campo al ar•
tista para presentar tipos siempre nuevos dentro de la misma
idea fundamental, y de su talento depende que estos tipos sean
algo más que figuras sin valor psicológico, es decir, que expre·
sen la impresión recibida, que sirvan, por decirlo así, de enlace
entre el que ve el cuadro y el escenario, que éste no puede reproducir. Esta cualidad la encontramos en alto grado en el lien•
zo de Naumann, cuya figura, con su plácida sonrisa, nos per·
mite c&lt;&gt;njeturar algo de la escena que con tanta atención mira
y escucha.
Estudio, grupo en yeso de Miguel Blay (premiado con medalla de oro en la Exposición internacional de
Bellas Artes de 1892). -Al penetrar en el salón que constituía
la sección de escultura de la última Exposición de Bellas Artes
celebrada en Madrid, llamaron poderosamente nuestra atención
dos grupos atrevidamente concebidos y ejecutados por el ya
distinguido escultor olotense Sr. Blay. Representaba el primero
á un anciano y á un adolescente, casi un niño, sentados en el
banco de piedra de un paseo, un tanto encogidos por las prime·
ras crudezas invernales y cual si trataran de recoger el calor de
los rayos solares á falta del abrigo que no podían prestarles
sus ya destrozados vestidos. Primeros frlos, tituló el artista á
su genial producción. El segundo grupo, que reproducimos,
era el estudio al desnudo del primero, y con ser sencillamente
un estudio atraía la atención de los visitantes y especiahncnle
de los inteligentes.
En ese admirable estudio, ejecutado con gran valentía y vi·
rilidad, con pasmoso espíritu de observación y dentro por com ·
pleto de los modernos conceptos a rtísticos, revélase el excepcional temperamento de Blay y sus aptitudes para el cultivo del
gran arle. No debe, pues, sorprender que el que ya fué aventa•
jado discípulo de la escuela de Bellas Artes ele Olot y del maes•
tro Cha pu, alcance el voto unánime de un Jurado y obtenga la
primera recompensa.
Próximamente podrán nuestros lectores de Barcelona admirar la obra del joven escultor Sr. Blay en el Salón Parés. .

Miss Julia Neilson, célebre actriz inglesa en

el papel de &lt;Hypatia., - En nuestra sección de llfiscelá11ea dimos oportunamente cuenta del estreno en Londres de la
tragedia Hypatia, para la cual dibujó las decoraciones y los fi.
gurines de los trajes el eminentenle Alma Tadema. Hoy publi·
camos el retrato de la actriz inglesa Miss Julia Neilson, encarga·
da del papel de protagonista, y que siendo aún muy joven, pues
sólo cuenta vienticuatro años, ha logrado llegar á uno de los
primeros puestos en el arle escénico de su pais. A raiz del estreno de la obra, los periódicos londinenses dedicáronle grandes elogios por su maestría en representar, por su belleza y por
El beso, cuadro de José M.• Tamburini (Sal6n la propiedad con que supo caracterizar el personaje que le ha·
Parés). - Arte y sentimiento son sinónimos para este artista, bía sido encomendado: de estas dos últimas cualidades podrán
siempre discreto y delicado en sus producciones. No basta á convencerse nuestros lectores con sólo contemplar su retrato,
Tamburini, no llena sus aspiraciones, poseer la habilidad del en el cual también se descubre ese algo indefinible que revela
pintor, las cualidades de elegante colorista, puesto que á ellas á la actriz de alto vuelo.
une siempre la concepción del artista y la inspiración del poeta.
De 'ahí que todas sus obras cautiven por su plaslicismo y embeRecomendamos et verdad ero !Ilerro Bravats ncloplesen por el sentimiento que en ellas rebosa. iQttién supiera es·
tarto en los IIospllalcs de l'arls y que prescriben los
cribir!, El voto, Coloquio, Sueflo de amor, La gota de agua, El
mcdlcos. contra la Anemia, Clorosis y Deblltdad; dando
di11eret de la Santa Crm, etc., patentizan y evidencian la doble
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
cualidad de artista y poeta que posee Tamburini.
.
que tanto se desea. Es el me.lor de todos lof tónicos
En El beso, al igual qufl en Sue110 de amor, una so)a figura, ó
y reconstituyentes, No produce estreñimiento, ni diarmás bien dicho, una preciosa cabeza y un delicado bustó tlh.sfarea. teniendo ademas la superioridad sobro lodos los
ferruginosos de no ratigar nunca el estómago.
ron al pintor para significar su pensamiento y dar á conocer su

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LA I LUSTRACIÓN

ART ÍSTICA

ANIE
NOVELA POR H ÉCTOR MAL0T. - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD

(CONTINUACIÓN)

Al bajar, cuando pasaba delante de un rincón en el cual Anie había instalado raguas, un monólogo que, á juicio del mismo inte~esado, era e~traordinariamente
su taller adornándolo con algunas bandas de seda y de terciopelo, vió á su hija gracioso. 3. 0 Por último, un profesor de declamación, que hacia poner en sus tardelante del cuadro concluído últimamente y cerca de ella á un hombrecillo jo- jetas de visita
ven aún, pero calvo y con gafas, en quien reconoció á René Florent, redactor
principal de La Montmia. Quince días hacía que se hablaba en casa de esta visiFULANO DE TAL
ta del escritor. ¿Vendría, ó no vendría? Aunque su crítica fuera generalmente
Sobrino del Sr. Michalón, individuo de la Academia de Ciencias
altanera y desdeñosa, negativa de ordinario cuando no inspirada en la ruin parepresentaría con dos de sus discípulos la escena de La caverna perdida de los
Burgrabes, no porque esta escena fuese á propósito para una sala, sino porque
el sobrino del individuo de la Academia de Ciencias era aficionado á representar cosas grandes.
La señora de Barinq no bien advirtió la presencia de su marido acercóse á él
con viveza, y con algunas palabras rápidas le recomendó el cumplimiento de sus
deberes de amo de casa.
¿Qué había hecho en tanto tiempo? ¿En qué pensaba? ¿Se proponía dejar para
ella las cargas y los cuidados de todo? Barincq obedeció; fué de un grupo á otro
grupo repartiendo apretones de manos entre los recién llegados y dirigiéndoles
algunas palabras de agradecimiento. Como el padre de Anie se esforzaba en cubrir su rostto con una máscara de satisfacción y en mostrar solamente miradas
alegres, creyó notar que todos le contestaban con señales de simpatía, cuyo calor no pudo menos de sorprenderle.
La razón sin embargo era muy sencilla: reducíase todo á que la señora de Barincq había hablado ya del grave disgusto que amenazaba á la familia y que cada
uno repetía acomodándolo á las circunstancias: su cuñado había sido acometido
en su castillo de Ourteau en el Bearne por un ataque de apoplejía, y el telegrama que habían recibido pocos minutos antes los tenía angustiados por la incertidumbre y la zozobra, porque hasta el día siguiente no podían conocer las consecuencias del ataque; realmente Barincq era el único heredero legítimo de su
hermano, que no se había casado nunca; pero la esperanza de heredar cien mil
francos de renta no era bastante para mitigar su disgusto; sería menester por lo
tanto perdonarle si manifestaba en su fisonomía alguna inquietud ó preocupación triste y fingir que no se notaba; Barincq quería entrañablemente á su hermano mayor.
Estas pocas palabras habían corrido de boca en boca y nadie hablaba ya sino de la suerte de Anie.
- ¡Cien mil francos de renta!
- ¡En Gascuña!
.
Esto es muy bonito, pero es necesario algo más que esto para imponerse
- Supongamos que sean sólo cincuenta mil; dejémolos reducidos sólo á veinticinco mil: siempre es muy bonita fortuna para una muchacha que se veía obligada á inventar adornos de papel para sus trajes.
sión de la envidia; aunque La Montm1aa, periodiquito de localidad, no se leyese
- Si usted supiera ...
más que en Montmartre ó en Batignolles por sus personalidades y sus villanías,
Esta
que sabía habla prendido con alfileres aquella misma noche en la única
Anie deseaba que en el periódico se dijese algo de su cuadro. Aunque se hablafalda_ de seda blanca de su hija una sobrefalda de tul rosa para reemplazar el
se mal, siempre sería á modo de una consagración. Varias veces Anie le había tul violeta, azul, verde, amarillo, anaranjado y rojo que sucesivamente habían
invitado valiéndose de amigos comunes; René había prometido siempre ir, pero adornado aquella falda misma en el transcurso de dos años; durante tres horas
nunca había ido.
la paciente había permanecido de pie sin quejarse; por eso hablaba elocuenteAhora ¿cuáles serían su impresión y su juicio? El hombrecillo se irguió cuan- mente sobre los artificios y penalidades de tocador á que están condenadas las
to pudo, y retrocediendo dos pasos, como buscando mejor punto de vista, dijo madres pobres, que á pesar de serlo llevan á sus hijas á la sociedad y se empesin advertir que el padre de Anie escuchaba:
ñan en que hagan buen papel en ella. «A Dios gracias, decía esta buena señora
- Si usted cuenta con este trabajito para vencer la indiferencia del público y yo no e_stoy en esa situación; pero eso no quita para que conozca y compadezc~
producir algún ruido es necesario que renuncie usted á sus ilusiones. Esto es los terribles apuros de esta buena señora de Saint-Christeau.})
muy bonito, quizás demasiado bonito; pero es necesario algo más que esto para
Entretanto el prodigio en miniatura, á quien todo esto importaba muy poco
imponerse.
estaba ocupándose en hacer que colocaran encima de una silla almohadones ;
Como Anie al escuchar aquella opinión tan brutalmente manifestada no pu- más almohadone_s para colocarse á la altura del piano; cuando hubo bastantes
diese reprimir un movimiento, René la miró y dijo:
se la colocó encima y se vieron colgando sus piernecitas torcidas que por no
- ¿Lo que digo ha disgustado á usted? Se me ha traído aquí para que diga ejercitarlas habían quedado s_um~mente delgadas; una vez coloclda en aquel
mi opinión y la digo. Es mi profesión, mi razón de ser, la misión de que estoy monte de almohadones la ch1qmlla, paseó por la sala una mirada que venía á
encargado la de atajar las vocaciones que no me parecen bastante fuertes para ser como la orden de atenderla; después, y á una señal de su madre la niña cosalir de los moldes gastados y comenzar una marcha gloriosa por nuevos sende- menzó á tocar y Barincq se fué al vestíbulo para relevar á su muje~ y recibir á
ros. Faltaría yo á los deberes que para conmigo mismo tengo si no dijese á us- los rezagados.
ted lo que pienso. Trabaje usted, trabaje usted mucho si tiene usted ánimo duEntre ~stos, ¿no habría a~guno con el cual tuviese Barincq bastante confianza
rante muchos años.
para pedtrle prestados los c1~n francos necesarios si había de hacer aquel viaje?
Al decir esto estaba muy serio, figurándose de buena fe que todo el que tuvie- Tal f~é la pregunta que Barmcq, cada vez más angustiado, se dirigió á sí mismo
se en su mano un pincel ó una pluma era una especie de procesado sometido á repetidamente durante la hora larga en que permaneció recibiendo convidados.
él solamente por el hecho de haberle dado el capricho de fundar La Monta11a, y
Pero cuando ~l ~n ~ubo ?~ ~olver a~ ~alón para sentarse al piano, no había enque todos aquellos cuyas obras no le gustaban eran criminales á quienes René contrado nadie a qmen dmg1r su solicitud con probabilidades de buen resultatenía el derecho de aplicar todos los rigores de un código que él mismo había do: uno era tan pobre como él; otro, aunque tuviese repleta la bolsa era seguro
promulgado para su uso.
que no querría abrirla nunca.
'
En este momento vió Anie á su padre:
Co~ lo~ ojos clavados en su hija, que se apresuraba á proporcionar pareja á
- ¿Has oído?, le dijo acercándose á él.
lo~ b~il~rmes que n? la tenían, esperaba Barincq que Anie le hiciese la seña de
- Dispensen ustedes mi franqueza, dijo Florent algo contrariado; no me es pnnc1p1ar, y la sonns~ cariñosa que al _fin le dirigió su hija fué para el padre dulposible dejar de ser franco ni aun cuando hablo á una señora.
ce consuelo; la e~pres1ón de aquella mirada tenía tal ternura que el corazón del
- Esa franqueza, dijo Anie, no puede sorprenderá mi pad;e, porque hace diez pobre padre se dilató y Barincq dió principio con entusiasmo á los rigodones
minutos estaba yo diciéndole eso mismo que usted me ha dicho.
de la Mascotta.
Algunas personas se aproximaron en esto y Florent no tuvo tiempo para justiA los rigodones sigu_ió un vals, á ~ste una polca; y hubo después otras polcas
ficar su sentencia, lo cual habría hecho él seguramente, agravándola con resul- Y otros valse~ y otros rigodones. Barmcq, medio oculto en el hueco de una ventandos y considerandos.
tan~, ve_ía agitarse á los .?ailarin,es delante de él, y entre todo aquel torbellino sólo
. En la sala principal y en el comedor se oía ya un, murmullo de _voces ':lue in- t~ma miradas para su h1Ja. ¡Cuan hermosa le parecía sonriendo á todos con sus
dicaba cuán numerosos eran ya los llegados; todavia no se necesitaba sm em- OJazos expres~vos, su rostro animado y sus labios temblorososi'Era' v~rdaderabargo de que el padre se sentase al piano, porque al baile habían de preceder ~ente m~rav11losa la ~exibilidad de _su_ cintura y maravillosas le parecían tamalgunos trozos de música, un monólogo y un diálogo, con todo lo cual se forma- btén la viveza y la gracta de sus mov1m1entos. Encontraba, por el contrario feos
ba un programa completo. r.º Una niña de siete años, á la cual había empeño Y des!abazados, mal hechos ó torpes á los bailarines que la acompañaban, ~n alen acreditar de prodigio, ejecutaría el Adió_s de D_ussek. 2.º Un alu~no de u~ ~~no~ ~e los cu~les hallaba ~odas esos defectos juntos. ¡Y alguno de esos qui~lumno del conservatorio, en quien se hab1a :11amf~s,tado u.~~ vocac1ó? drama- z1s _sena e\ mando 9u~ Ame aceptase! No había en la amargura de estas ret1ca irresistible á la edad de cincuenta y tres an'.l,, dtna, cob11andose baJO un pa- flext0nes m sombra s1qu1era de celos paternales; nunca Barincq había experimen-

�LA

260

tado dolor al pensar que su hija le abandonaría para seguirá un marido y vivir
dichosa al lado de un hombre que tomaría el sitio que hasta entonces solamente
había ocupado el padre. Pero el marido soñado por Barincq para su hija no se
parecía en nada á los que desfilaban ahora ante él, porque el amoroso padre había visto aquel marido ideal á través de su hija y en relación con ella, es decir,
joven, elegante, robusto, de carácter entero y de naturaleza honrada y franca
como la de Anie.
¡Ay! ¡Qué poco se parecían á ese tipo los bailarines que estaba viendo!
Y sin embargo, sonreía á todos; les hablaba amable y graciosa; les escuchaba
como si le interesase lo que decían. Era, pues, evidente que Anie los aceptaba
lo mismo á unos que á otros con indiferencia absoluta, al de más acá lo mismo
que al de más allá; exigiendo de ellos una sola condición: la de marido. Y ese
marido la modeiaría á su imagen, le impondría sus gustos, sus ideas, su género
de vida.
Si solamente el ver á sus futuros yernos le hacía daño, las palabras de estos
presuntos aspirantes á la mano de Anie hubiesen indignado aún más hondamente al Sr. Barincq en el caso de que hubiera podido oírlas.
La historia del hermano próximo morir en Bearn había cundido y se aceptaba por todos, bien es verdad que casi nadie había dado crédito á la cifra de
los cien mil francos de renta; pero todos admitían la existencia de una fortuna
heredada que venía á cambiar de todo en todo la situación de Anie, situación
que ya no era la de una pobre muchacha sin dote, condenada á soportar escaseces toda su vida y á no casarse nunca. Peligrosa pocos momentos antes, peligrosa hasta el extremo de que no existiese un joven que no se manifestase con ella
reservado y la defensiva, habíase convertido repentinamente en una muchacha
apetecible, en un partido codiciable; su misma hermosura había cambiado de
carácter; nadie pensaba ya en discutirla ni en rebuscar sus defectos, era deslumbradora, irresistible; á todos parecía ya un milagro de belleza y un tesoro de
encantos.
René Florent, el severo crítico, había sido el primero en revelará la $eñorita
Barincq este cambio, cuando la niña prodigio acababa de tocar el piano. René
había aprovechado el tumulto producido por los aplausos p:ua aproximarse á
Anie y pedirle el primer rigodón. ¡El crítico acre y desdeñoso también bailaba!
Anie sorprendida le contestó que aquel rigodón ya estaba concedido á otro.
René insistió, manifestando que no podía permanecer allí mucho tiempo, porque
en aquella misma noche necesitaba presentarse todavía en dos 6 tres reuniones
á las cuales había prometido asistir, y que tenía verdadero empeño en bailar con
ella, porque este era un modo de demostrar el gran aprecio que el crítico hacía
del gran mérito de la artista, y nada debe desaprovecharse en los albores de una
carrera.
Aunque Florent no hubiese llegado todavía á esa edad en que ya no se baila,
aquella era la primera vez que Anie le veía buscando una pareja, lo cual no dejó
naturalmente de extrañarla en un hombre entonado y serio que, como se dice
vulgarmente, oficiaba siempre de pontifical. No bien se hubo separado de ella
el adusto crítico, apresuráronse á rodearla otros muchos bailarines; Anie jamás
había alcanzado éxito igual ni aun parecido. ¿Lo debería á la originalidad de su
traje?
Pero su conversación con Florent mientras bailaban el rigodón Je hizo comprender que su caprichoso y fantástico vestido ninguna relación tenía con la
repentina amabilidad del crítico.
- He debido parecerá usted excesivamente severo hace poco, dijo Florent
con un tono muy amaqle que Anie no le conocía.
- No, severo no; justo nada más.
- Me pregunto á mí mismo si esta necesidad de justicia que existe en mi alma
no me ha hecho caer precisamente en injusticia; no he hablado sino de lo que
tenía delante ¿e mis ojos, y es evidente que en usted hay algo más que eso; y
ese algo debena yo haberlo separado de Jo otro.
En este momento las exigencias de las figuras del baile alejaron á la joven de
su pareja; cuando René Florent volvió á encontrarse al lado de Anie continuó
diciendo:
- Lo que ha faltado á usted hasta ahora ha sido una dirección sólida y firme
que la libre de las ·contrariedades de sus diferentes maestros. Seguro estoy de
que con una dirección así no tardaría usted en abrirse camino y ocupar un puesto envidiable; tiene usted condiciones sobradas para ello.
- Sí, pero ¿cómo y dónde podré hallar esa dirección?, preguntó Anie.
- ¿Quién no se consideraría dichoso poniendo al servicio de una organización
ta~ privilegiada como la de usted todo lo que él supiese? Este sería un casamiento como cualquiera otro; pero ya reanudaremos esta conversación si no tiene usted inconveniente.
E l rigodón había concluído; R ené acompañó á su pareja hasta su asiento, y
una vez allí se despidió de ella saludándola con tal deferencia, que dejó estupefactos á cuantos le vieron.
¿Qué significaban aquel lenguaje ex~raordinario y esta inexplicable actitud en
un hombre como René? Anie no había conseguido aún encontrar para estas preguntas contestación satisfactoria, cuando otro caballero se acercó á sacarla para
la polca que seguía al rigodón.
Este pertenecía á un género diametralmente opuesto al de Florent; era tan
a~ able, tan dulce, tan risueño cuanto el crítico era adusto y .áspero. En la sociedad que Anie conocía, más de una muchacha se habría alegrado - y aun alguna lo habría pretendido - conquistarle para esposo, pero ninguna había perseverado en sus propósitos, porque todas reconocían muy pronto que si bien el
joven era de una elocuencia inagotable en el terreno de la galantería, se transformaba repentinamente en sordo-mudo cuando advertía peligro de resbalar
hacia el campo de las cosas serias; ofrecía su corazón fácilmente y con mucha
frecuencia; su mano, nunca; y cuando le acosaban demasiado declaraba con tod~ franqueza que no es posible razonablemente pensar en casarse á un emplead1llo del municipio.
Después de haber dado algunas vueltas bailando, el joven condujo á la señorita Barincq al vestíbulo, y deteniéndose allí le dijo en tono melifluo que revelaba cierta tristeza:
- Perdóneme usted si estoy un poco preocupado esta noche: he recibido malas noticias de mis padres.
Aquella era la primera vez que el joven hablaba de sus padres, y ademásAnie
no había echado de ver en el rostro de su pareja el menor indicio de preocupación: miró, pues, con asombro al joven, que continuó diciendo:
- Mi padre ha sufrido últimamente un segundo ataque, y mi madre ha caído

a

a

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

590
NúMERO

en una debilidad extremada. T emo perder á los dos de un momento á otro.
¿Quiere usted que demos otra vuelta?
Aquella vuelta duró poco y el diálogo se reanudó donde se había interrumpido.
- Esto ha de producir cambios muy radicales en mi existencia, porque si yo
he rehusado casarme hasta ahora, no es porque obedeciese á un sistemático aborrecimiento contra el matri monio; pero ¿cómo puede casarse el que no tiene una
posición digna que ofrecer á su esposa? Sin ser precisamente ricos mis padres
viven con desahogo, y si, como todo me Jo hace temer, llego á perderlos podré
realizar ensueños de bienandanza que desde hace mucho tiempo acartcio.
Y acompañando á su pareja hasta el salón dijo:
- Mis padres han disfrutado siempre de excelente salud, salud que me han
transmitido como herencia.
¿No era esto realmente un esbozo de solicitud matrimonial? ¡Pero entonces las
extrañas palabras de René Florent podían ser otra declaración en boceto!
El Sr. Barincq tocaba entonces e l preludio de un vals, y el joven á quién Anie
había prometido aquel vals se acercó á ella ofreciéndole el brazo.
Aquella era la primera vez que este joven asistía á una fiesta de la calle del
Abreuvoir, y había sido para la señora Barincq y hasta para Anie una preocupación grande la de saber si aceptaría 6 no aceptaría el convite; habíase hecho de
él un personaje porque figuraba como literato y con una multitud de títulos que
significaban su condición de oficial de instrucción pública y caballero de varias
órdenes extranjeras en ese Todo París de que hablan en los periódicos los revisteros de salones. En puridad aquel joven no había publicado nunca el libro
más insignificante y sus cruces habían sido ganadas, como confesaba él mismo
en sus horas de modestia, por relaciones, es decir, por haber acompañado á los
establecimientos de fotografía á personajes extranjeros de algtín viso que le recompensaban el trabajo de acompañarles con una condecoración de su país,
mientras que por su parte el fotógrafo le pagaba el corretaje con un luis 6 con
cien francos según la categoría del cliente 6 la importancia del encargo.
También este joven, después de haber dado en el salón algunas vueltas, salió con Anie al vestíbulo, que decididamente era el sitio de las declaraciones; y
allí, deteniéndose de pronto, sin preparación alguna y con una voz que á consecuencia de la agitación del vals parecía balbuciente, le dijo:
- Señorita, ¿es usted aficionada á la política? En las elecciones próximas tendré justamente la edad necesaria para ser diputado, y como el ministro de la
Gobernación, que es primo mío, me ha prometido el apoyo del gobierno, estoy
seguro de que seré elegido. Una vez diputado llegaré muy pronto á ministro. La
mujer de un ministro representa bastante, y cuando es hermosa, de talento, distinguida, ocupa jerarquía envidiable. ¿Quiere usted que sigamos bailando?
Y sin pronunciar otra palabra más, volvieron al salón valsando.
Lo que al principio era incomprensible y vago comenzaba ya á determinarse
con exactitud y se explicaba; creíasela heredera de su tío y buscaban vez para
casarse con aquella herencia.
Cuando fuese conocida la verdad,¿qué harían aquellos pretendientes tan afanosos ahora? E l matrimonio de Anie, ya difícil, se habría dificultado más aún,
porque nadie se consuela con facilidad de tan terrible desengaño.

VI
H asta las doce permaneció Barincq sentado al piano, y sin darse punto de reposo tocó con la energía y el entusiasmo de un músico de profesión que tratase
de merecer una gratificación sobre la paga estipulada; oyéndole podía creerse
que no pensaba en otra cosa que en dar gusto á sus convidados, y esto precisamente daba materia á mil comentarios, en los cuales escaseaba la simpatía.
- Bien nos hace bailar el Sr. Barincq.
- Y con un brío admirable.
- Más admirable aún si se tienen en cuenta las circunstancias.
- La señora de Barincq me ha dicho que su esposo quiere entrañablemente
al enfermo.
- El pensamiento de heredar desvanece el recuerdo de su hermano.
Sin embargo, en los breves momentos de reposo que mediaban entre un baile
y otro baile, alargábase el rostro del Sr. Barincq, se bajaban sus labios, y cuando Anie le miraba leía en sus ojos la preocupación sombría que en más de una
ocasión Je hubiera hecho olvidar lo que estaba haciendo, si su hija no se lo hubiese recordado con sólo colocar naturalmente la mano encima del atril del piano; entonces el Sr. Barincq ejecutaba más ruidosamente que nunca algunos compases, como si aquel sencillo movimiento de su hija le hubiera hecho despertar,
y continuaba tocando hasta que su nuevo descanso Je permitía tornará la preocupación que pesaba sobre su alma.
Su pensamiento era siempre el mismo: ¿no encontraría manera de ponerse en
marcha en el primer tren de la mañana? Entre esas personas á quienes estaba
divirtiendo, ¿no encontraría. una que le prestara el dinero necesario para el
viaje?
A cosa de las doce el prodigio en miniatura que no bailaba, pero que se d ivertía viendo bailar, se durmió, y entonces su madre la acostó en un diván que
había en el taller de Anie y quiso alternar con Barincq en la tarea de tocar el
piano: esto concedió al amo de la casa alguna libertad para acerca¡se á las personas cuya bolsa y cuya buena voluntad sólo había podido tentar desde lejos
hasta entonces.
Desgraciadamente Barincq había sido siempre de una timidez invencible cuando se trataba de pedir algo, y las condiciones en que había de aventurar su tentativa la hacían casi imposible para él: entre aquellas gentes no veía ni un solo amigo; personas había de las cuales hasta el nombre ignoraba. ¿Cómo dirigirse á
ellos, explicarles lo que deseaba y conmoverlos?
Por último se decidió á pedírselos á la esposa de un inventor de productos
farmacéuticos, con la cual creía Barincq hallarse en buen predicamento por haber prestado muchas veces algunos favores al marido en la Oficina Cosmopolita:
en la actualidad rica, aquella señora había conocido la pobreza en toda su desnudez hasta el extremo de que su hija se viese reducida durante diez años á presentarse para lucir su habilidad en los cafés cantantes de más ínfima categoría.
Barincq pensaba que estas circunstancias la harían más sensible á las desgracias
ajenas; además, ¿qué significaban para ella cien francos?
Decidido á intentar la aventura con aquella señora, la acompañó al vestíbulo,
y allí mientras ella saboreaba lentamente una jícara de chocolate que Bernabé

LA

590

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la había servido, el Sr. Barincq, con temores y vacilaciones que ahogaban la voz
en su garganta, manifestó lo que deseaba.
Pero justamente porque aquella señora había conocido de cerca la miseria tenía ya adq~irido un olf~to finísimo
adivinar desde las primeras palabr~s lo
q_ue se hab1a de convertir en una pet1c16n de d inero 6, como el vulgo suele dec~r, en un sablazo. ¡Cómo! ¿Aquel pre?u~to heredero se hallaba reducido á pedir préstamos con tanta duda y tanta t1m1dez cuando podía levantar tanto la voz?
Era indudable que existía en esto alguna cosa no muy clara. Se ve con frecuencia que enfr;nte del he'.ed~ro legítimo aparece el heredero elegido por el testador; convema por cons1gu1ente estar sobre aviso.
Ap~nas h~bía empezado á hablar el Sr. Barincq de su hermano, ya le interru~p16 su mterlocu_tora. Era ver_daderamente heroico aquel sacrificio de tocar
el piano para que bailasen l_os amigos en aquellos momentos. ¡Qué valor y cuánta
fu~r7:a de voluntad! E lla m1sm_a había estado mirándolo mientras tocaba, y al
adivinar_ los esfuerzos que Banncq hacía para dominarse, había sentido lágrimas
en los OJOS. No era ella seguramente la que, imitando á ciertas personas censurase aquella diversión en circunstancias tan crueles.
'
Barincq, animado por aquellas palabras, se fué sin grandes rodeos al asunto
del préstamo; pero entonces la señora había manifestado verdadera pena. ¡Qué
contrariedad no llevar más que algún dinero suelto en el portamonedas! Afortunadamente todo podía tener arreglo si él quería tomarse la molestia de visitarla
al día siguiente _hacia las doce de la mañana:_para esa hora habría ya hablado
ella co~ su man_do y ambos tendrían muchísimo gusto en poner á la disposición
de Banncq el dmero que le fuese necesario; advirtiendo que señalaba aquella
hora porque su marido, por hallarse algo quebrantado en su salud se levantaba
después de las once y media.
'
Como Barincq había empezado por decir que se pondría en camino á las
nueve de la ~añ_ana, la nega_tiv~ no podía ser más clara ni permitía volver sobre
el asunt~; se hm1tó por cons1g~1ente á dar las gracias por el ofrecimiento, y cuando la senora hubo tomado su Jícara de chocolate la acompañó al salón preguntándose con ansiedad á quién podría dirigirse.
_Barincq daba vueltas y revueltas en su imaginación á este asunto, lanzando
miradas vagas que se perdían en el espacio, cuando Bernabé, que iba de un
grupo á otro grupo con su bandeja en las manos, le suplicó por señas que fuese
con él á la cocina; Barincq le siguió en efecto.
El e_mbarazo de Bernabé fué entonces tan visible, que Barincq temió algún
contratiempo.
- ¿Qué le ocurre á usted? ¿Ha roto usted alguna cosa?
- Sí, una vasija, pero ahora no se trata de eso.
- ¿Pues de qué se trata?
. :-- Cá_talo a~uí: he oído, sin quer~r, que está usted algo ~purado para hacer su
v1aJe; s1 la dificultad es sólo de dmero, yo puedo darle a usted mañana por la
mañana doscientos francos y lo haré de muy buena gana, puede usted creérmelo; cuando todos hayan marchado iré á buscarlos y se los traeré á usted.
Al escuchar aquellas sencillas palabras sintió Berincq que se le humedecían
los ojos; antes de que hubiera podido sobreponerse á su emoción, ya Bernabé
había desaparecido con su bandeja.
Cuando volvió á ocupar su sitio al piano, los concurrentes que se habían asombrado de que el padre de Anie tuviese ánimos para hacerles bailar convinieron
en que realmente la alegría del heredero era escandalosa: ¡qué demonio, uno
debe ll~rar á su hermano! Por lo menos el bien parecer exige que no se alegre
en público de su muerte.
Entretanto Barincq sólo en una cosa pensaba; en arreglar su maleta con tiempo bastante para no perder el tren de las nueve de la mañana. Porque es claro
que para nada podía contar con su mujer, la cual rendida de cansancio cuando
los últimos convidados se marchasen ya bien entrado el día, sólo tendría fuerzas
para meterse en la cama.
A cosa de las tres de la madrugada alguien tuvo la amabilidad de reemplazarle, y entonces Barincq subió á su cuarto, y allí, después de haberse quitado el
frac y el chaleco, alcanzó una maleta de cuero muy vieja que no le había servido _hacía ya quince años. ¡En qué estado la encontraría! Cubierta de polvo y
agnetada, le faltaba una correa, no parecía la llave; pero de todos modos y bien
que mal podía servir todavía.
Como Barincq sólo había de permanecer en Ourteau el tiempo estrictamente
necesario para el sepelio de su hermano, necesitaba poca ropa blanca: una camisa, algunos pañuelos, la corbata; pero le fué muy difícil encontrar una camisa
medio pasadera y aun tuvo necesidad de afirmar todos los botones de la que
eligió después de examen detenido. Afortunadamente el frac, el chaleco y el
pantalón negro habían sido repasados para el baile de aquella noche y pedían
pasar perfectamente para presidir el duelo; Barincq, por consiguiente, no penetraría como un menesteroso en aquella iglesia antigua en que siendo niño ocupó
tantas veces cerca de su padre y de su hermano el puesto de preferencia, ni tendría que ruborizarse por su pobreza bajo las miradas curiosas de sus amigos de
la infancia.
Solamente en lo que llaman gran mundo, donde los bailes se verifican con
frecuencia y aun podría decirse que empalman unos con otros, ocurre que los
invitados entren tarde y se retiren pronto; en ese otro mundo en el cual las ocasiones de divertirse no se presentan todas las noches, se aprovechan con cierta
especie de avaricia las pocas de que puede disfrutarse; á éstas los convidados
llegan temprano siempre y no acaban de irse nunca. Esto sucedió á los convidados de la señora de Barincq: al salir el sol estaban bailando todavía; fué preciso
para despedirlos el frío y se-necesitó también la dura luz de la mañana que nada
respeta de lo que respetan y ocultan las luces artificiales; además los concurrentes empezaban á sentir el hambre más a ún que el cansancio, y ya hacía dos horas
que Bernabé, después de haber desocupado todas las botellas y todas las soperas, de haber limpiado completamente el hueso del jamón, de haber raspado la
cuchara de la ma nteca, sólo podía ofrecer jarabe de grosella muy cargado de
agua, lo cual era insuficiente.
Por último, á las seis el vestíbulo quedó desocupado; el padre, la madre y la
hija se encontraron solos mientras que Bernabé, en la cocina, estaba disponiéndose á marchar.
- Vamos á acostarnos, dijo la señora de Barincq; me parece que hemos ganado
muy bien algunas horas de sueño.
Entonces Bernabé se acercó discretamente al Sr. Barincq y le dijo en voz
baja:
- Estaré aquí dentro de un cuarto de hora; el tiempo necesario para ir y volver.

~ª:ª

Aunque, según se ha dicho, Bernabé habló al Sr. Barincq en voz baja, la señora le oyó.
- ¿Para qué asunto tiene que volver Bernabé?, preguntó á su marido.
Este hubiera preferido que su mujer no le hubiera dirigido esta pregunta,
pero no pudo dejar de contestarla: refirió, pues, lo que había sucedido: su petición, la negativa con que había sido acogida, el ofrecimiento de Bernabé.
La señora de Barincq terriblemente indignada levantaba al cielo sus manos
temblorosas.
- ¡Aceptar préstamos de un criado!, exclamó. ¡Ya no nos faltaba más que esto!
- Bernabé ha procedido en este caso como un buen amigo, dijo Anie procurando calmará su madre.
- ¿Vas á defender ahora á tu padre?, gritó la señora de Barincq; más juicioso
sería que le preguntases cómo piensa devolver ese dinero.
Sin esperará que este llamamiento á la intervención de su hija produjese sus
naturales efectos, la señora de Barincq se volvió hacia su marido y le preguntó:
- ¿Y cuándo te propones partir?
-A las nueve y media.
- ¿De esta mañana?
- No tengo sino el tiempo justo para llegar mañana la hora del entierro.
- ¡Y nos dejas en medio de este desorden y sin nadie que nos ayude! ¿Cómo
vamos salir de esto? Yo estoy muerta de cansancio y de sueño.
- Por eso no pases cuidado, mamá, dijo Anie; no iré hoy al taller y antes de
esta noche lo tendremos arreglado todo.
- Si tomas el partido de tu padre nada tengo que decir. Adiós.
Sin pronunciar una palabra más la señora de Barincq abandonó el vestíbulo y
subió al piso principal.
- ¿No llevas nada?, preguntó Anie cuando se q uedó sola con su padre.
. - He arreglado mi maleta y la he bajado; voy á poner en ella mi frac y estoy
dispuesto.
- ¿Sin almorzar?
- Me ha dicho Bernabé que no queda nada.
- Voy á hacerte café; entretanto vendrá la panadera.
- Cuando Anie se dirigía á la cocina, Barincq la detuvo diciéndole:
- ¿Vas á encender lumbre estando vestida de ese modo?
- Mi traje, cont~stó ella mirándose, tiene muy poco que perder.
En efecto, el traJe estaba completamente ajado y casi se caía á pedazos, sobre

a

a

Si la dificultad es sólo de dinero, yo puedo darle á us:ed mañana por la mañana
doscientos francos

t?do alrededor del talle, donde se veían marcados los toscos dedos de )os bailannes.
- Puede incendiársete, dijo el padre.
- Pues bien: voy á desnudarme y vuelvo en seguida.
- Mejor harías acostándote.
- ¿Crees que estoy cansada por una noche de baile? A mis años eso sería
vergonzoso.
Cuando, Anie, después de de~pojarse de sus galas de fiesta, bajó al vestíbulo,
en~ontró a su padre que se hab1a puesto también el traje de diario disponiéndose a cerrar su maleta. Entonc~s Anie puso fuego al carbón y colocó encima una
tartera con agua; después abnó la puerta del jardín.
- ¿Adónde vas?, preguntó el padre.
- Me ha ocurrido una idea.
Muy poco tiempo después volvió con aire de triunfo y muy alegre trayendo
un huevo en cada mano.
- Me parecía haber oído cantar á las gallinas, dijo; á lo menos no saldrás
ayuno de casa; do~ huevos frescos, una taza grande de café caliente te repondrán
un poco_ de las fatiga~ de esta noche, mucho más duras para ti porque estaban
acomp1111d~s de la tristeza. ¡Pobre papá! Te juro que he tenido compasión de ti
una compas1?n ~ue me lleg~ba_al alma y que en más de una ocasión me echab~
en_ ~ara a m1 misma el sacnfic10 que yo te imponía haciéndote tocar para que
bail~se_mos, esos valses y esas polcas que no podían menos de ac:ecentar tu
sentimiento.
(Continuará)

�N úMERO 590

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA CRONOFOTOGRAFÍA
:"IUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EL MOVIMIENTO
EN LAS CIENCIAS FfSICAS Y NATURALES

(Continuación)

En los álbumes de Muybridge el documento auténtico es entregado al artista con singular facilidad,
y las imágenes, aunque obtenidas con aparatos múl-

imágenes un modelado que hace resaltar mejor los
relieves de los músculos, de los tendones y aun de
las mismas venas.
Entre las actitudes representadas hay una, la inferior, que se encuentra con frecuencia en los frisos del
Partenón, pero se encuentran otras que el arte no
había representado todavía. ¿Serían estas últimas defectuosas desde el punto de vista artístico? Más bien
creemos que no habían sido aún advertidas por los
artistas, y que si á primera vista parecen algo extrañas
es porque aún no estamos acostumbrados á verlas representadas.
VIII. -

LO•:OMOCIÓN ACUÁTICA

Los animales terrestres encuentran en el suelo un
punto de apoyo sólido; en ellos, los diferentes tipos
de locomoción se relacionan siempre con el siguiente mecanismo: un esfuerzo más ó menos brusco de
los miembros tiende á rechazar el suelo en un sentido y el cuerpo del animal en el sentido inverso; pero
como el suelo presenta una resistencia casi absoluta,
todo el efecto de la acción muscular se produce sobre el cuerpo del animal.
Muy distinta es la locomoción de los animales
acuáticos: para ellos el punto de apoyo es un líquido
que se mueve y que consume inútilmente una parte
mayor ó menor del trabajo muscular ejercitado.
Todos los géneros de propulsores que el hombre
cree haber inventado para navegar, tales como velas,
remos, espadil1as, los encontramos en alto grado de
perfección en los órganos locomotores de los animales acuáticos; y si bien la hélice, como movimiento
rotatorio no se observa en la naturaleza orgánica, hay
por lo menos en ésta ciertos movimientos ondulatori_os del cuerpo ó de la cola de los peces, que tienen
cierta analogía con ella desde el punto de vista de
su función.
Además, los animales acuáticos presentan una

una habitación: un reflector de tela blanca, convenientemente inclinado y que recibe la luz solar, forma
un fondo luminoso sobre el cual destácanse en silueta los animales; se recoge una serie de imágenes sobre película móvil y se obtiene la sucesión de las actitudes que corresponden á las fases sucesivas del
movimiento que se quería conocer. La mayor dificultad consiste en obligar al animal á moverse en un espacio limitado á fin de que no salga del campo que
proyecta su imagen sobre la placa sensible.
Después de haber trazado sobre la pared del acuario cuatro líneas que limitan el espacio visible en las
imágenes, se acecha el instante en que el animal atraviesa ese campo. Con tal que este paso no dure menos de un segundo, es fácil recoger una serie de 20
ó 30 imágenes, lo que basta, por regla general, para
recoger las fases del movimiento ( r ).
La medusa (fig. 28) es de fácil estudio: la transparencia de sus órganos ha~e que la silueta muestre
algunos detalles de los órganos interiores.
Por medio de un palo introducido en el acuario se
lleva á la medusa al campo adonde está asestado el
objetivo, y entonces se ve cómo su cuerpo ejecuta
contracciones y aflojamientos alternativos: estos movimientos expelen cada vez cierto volumen de agua,
y por la reacción propulsan al animal en sentido inverso. Si la medusa está orientada verticalmente, la
propulsión se hace de abajo arriba y el animal se
eleva; si está inclinada horizontalmente, la propulsión
se efectúa en sentido horizontal, como sucede en la
fig. 28, en la cual la medusa nada alejándose del observador. Esta disposición permite ver cómo las franjas que bordean el cuerpo de la medusa se encogen
sucesivamente hacia adentro ó hacia afuera siguiendo
los movimientos del agua alternativamente aspirada y
expelida.
La comátula presenta un modo de locomoción
muy curioso. Fijada generalmente sobre algún apoyo
sólido, como una flor en la rama que la sostiene, eje-

N úMERO 590

LA

dirección contraria, es decir, que la onda va de la
cola á la cabeza; pero este movimiento es difícil de
provocar y todavía no hemos podido fijarlo por medio de la cronofotografia.
Las tortugas acuáticas ofrecen diferentes modos de
natación: unas veces es una especie de marcha cuadnípeda con asociación diagonal del movimiento de

I LUSTRACIÓN ARTÍSTl CA

los miembros, como el trote de un animal. Esta manera de moverse es la que representa la figura 29. En
las especies exclusivamente marinas, las patas afeetan la forma de aletas, ó mejor de alas rudimentarias,
y los movimientos de los miembros anteriores son algunas veces simétricos como los de las alas de un
pájaro, de lo cual resulta una especie de vuelo en el

agua análogo al de los pájaros bobos. Este género de
locomoción, que no hemos tenido todavía ocasión de
estudiar por medio de la cronofotografía, aproxima,
por las analogías funcionales, á los quelonios y á los
pájaros por sus caracteres morfológicos.
(Co11ti1111ará)

NUEVA PUBLI CACION

campo al autor para describir sus asombrosos fen6menos y sui
causas. En el Calor nos da á conocer los grandes prógresos
hechos en su estudio, del que han dimanado aplica'Ciones tan
útiles como los ferroca.rriles, la navegación, las máquin1.s in•
d~stri~les y otras. Por último, en la Meteoroloj{a se explican
mmuc1osamente las causas de los terremotos, huracanes,
erupciones volcánicas, etc.
Por esta rapid!sima reseña del contenido del MUNDO Ff•
s1co podrá venirse en conocimiento de la gran utilidad de
esta obra.

EL MUNDO FÍSICO
POR AMADEO GUI LLEMIN
TRADUCCIÓN Dlt D. MANUU ARANDA Y SANJUÁN

8RAVEDlD, GRAVITACIÓN, SONI DO, LUZ, CALOR, IAGNETISMO
ELECTRICIDAD, I ETEOROLOGIA, FISICA MOLECULAR
•

CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

Edici6n iliutrada con grabadoa intercaladoa v ldmina,
cromolitografiada,

La presente obra formará 3 tomos de regulares dimensio•

El erudito escritor, cuyo reciente fallecimiento lloran
los amigos de la ciencia, trazó en esta obra un cuadro
fiel de todos l?s fenómenos de la Naturaleza que se relacionan con la fls1ca del globo, pero con. tal sencillez, en estilo
tan a~eno y tan claro á la vez, que bien puede calificarse su
trabaJo df; ?bra verdaderamente popular, Siguiendo en él el
p~an adm1t_1do po~ cuanto~ de_ la ciencia fisica han escrito, lo di'_
':d e en vanas secc1~nes pnnc1paIes, en cad a una de ellas se enunr ó
c1~ 1~ 1ey que pres1d e á Ios ,en
menos de que trata, el descubn m1ento de estas leyes y las aplicaciones de cada una d las
fuerzas fisicas descubiertas y conocidas.
e
Asi, después de tratar de los fenómenos y leyes de G
I
explica de un modo comprensible cómo e~os fenóm/~:en Y

"°

Muestra de los grabados de la obra. -Audicionea
telefónicas teatrales
ha
n tra!do consigo el péndulo, la balanza, la prensa
11ca, 1os pozos artesianos, las bombas, la navegaci'6n
r
u
é
A
Iª teorí~ cm_npleta del SonÍIÍ! agrega una enume·
ª r~, etc.
ración d~ todas las aplicaciones de la .Acútlua Yde los instrumen~º:t~usióle_s. La L uz da la _d~ripción detallada de todos los
p1o : ~ Jt;;.s Y ~~ sus ª1;licaEc/ione~ ~ la fotografi~, microsco, 1
agm ismo Y a ectncidaá proporcionan ancho

1
e~s
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Be enviarán prospectos á quien loe reclame á loe Bree. Montaner

nes, divididos en.unos 2 0 cuadernos cada uno, los que pro•
curaremos repartir semanalmente.
Cada cuaderno constará de 40 páginas de texto al precio
de 50 céntim_os de peseta; pero en el caso de qu; lo desearan los suscriptores ó de que por activar la terminación de
la obra se juzgase oportuno, estos cuadernos constarán de
8o páginas, á peseta cada uno.
Además de los grabados intercalados en el!texto ilustrarán
la obra magnificas láminas tiradas en colores rep;esentando
lgunos
de Ios ,en
r ó
' notables d e la F!sica
'
a
menos mas
as! como
· ·
' ú otras
mapas en que se expongan 1as variaciones
atmosféricas
que afectan á la constitución del glolio.
Cada una de estas láminas ó mapas equivaldrá á 8 páginas
Por el primer cuaderno, que se halla de muestra en casa·de
nuestros corresponsales, se podrá juzgar del inusitado lujo coo
que ofrecemos al público esta nueva obra.

Simón, calle de Aragón, núms. 309

y

y

311, Barcelona

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-

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rdeeg' arl n
l zan las Funciones del Estómago y'
,os testtnoa,

OS:•

Fig. 28. Medusa que anda horizontalmente apartándose del aparato (imagen negativa)

F ig.

27. Caballo ,al trote corto. La sucesión de las imágenes

multitud de medios de propulsión que el hombre no
ha empleado nunca y cuya imitación podrá intentarse
con ventaja.
Sin pretender enumerar todas los varios modos de
progresión que se observan en los seres acuáticos,
pueden citarse los siguientes:
Progresión por reacción cuando el animal proyecta un chorro de líquido: pulpo, medusa, larvas de ciertos insectos, moluscos bivalvos;
Proyección por medio de órganos que encuentran
una resistencia desigual en las dos fases de su movimiento: comátulas, crustáceos, etc.;
Progresión por efecto de una onda que se propaga
á lo largo del cuerpo en sentido inverso á la traslación del animal: anguila y peces prolongados;
Progresión por choques alternativos de una paleta
flexible: carinaria, aleta caudal de la mayor parte de
los peces.
La invención del acuario ha permitido estudiar los
diversos tipos de la locomoción acuática. Pero en estos, como en los demás movimientos de los animales,
el ojo humano es á menudo incapaz de seguir las fases de estos actos rápidos y complicados.

cuta con sus brazos movimientos obscuros y muy
lentos; pero si se la separa de dicho punto de apoyo
y si se la irrita con un bastón, se la ve, al cabo de
algún tiempo, agitar sus brazos con movimiento rápido, que tiene por efecto transportar al animal lejos de
los contactos importantes. Lo propio que en la medusa, la traslación se verifica en la comátula en el
sentido del eje del cuerpo: si la comátula inclina oblicuamente su cáliz, se transporta oblicuamente. El
mecanismo de la propulsión es el siguiente: de los diez
brazos de la comátula hay siempre cinco que se levantan y cinco que se bajan. Dos brazos consecutivos están animados de movimientos contrarios: los
que se levantan se acercan al eje del cuerpo y los que
se bajan se apartan de él. Finalmente, durante la fase
de elevación de cada miembro los cirros son invisibles, pues la resistencia del' agua los pega al brazo en
que están implantados; en la fase descendente, por el
contrario, se apartan y encuentran en el agua una
resistencia que sirve de punto de apoyo para la locomoción del animal.
La anguila y los peces que tienen análoga estructura progresan por efecto de un movimiento de on-

tiples, no estan sensiblemente afectadas por esta diferencia de perspectiva porque los aparatos pudieron ser colocados á una distancia suficiente para que
fuese poco sensible este defecto.
La cronofotografía sobre tira pelicular en movimiento produce imágenes más claras todavía á causa
de la brevedad del tiempo de exposición que sólo
pueden dar los obturadores rotativos.
La fig. 27, que representa un caballo corriendo al
trote corto, ha sido tomada sobre un campo obscuro y en un caballo blanco; y aunque estas condiciones no son indispensables, puesto que también se
puede operar sobre un campo luminoso, dan á las

PASTILLAS DE DETHIN

leeolllllldadu CIODlra IOI llal• dt la Garganta,
BsUnoton• de la Vos, IA11amllOlon• ele la

B-. E l - penúaiNN dal Meroarto Iri-

&amp;aolon que proclaoe al TaNoo y opeel&amp;l,;..141

'IOI Siin PREDJ~ORE8,

LA SAGRADA BIBLlA

• LElft'E.J.U, Ta .uo
üaPULLIDOI, TEii

IDICION ILUITIIADA

.lRRUOAI PRECOCEI

6 t.O o6ntbno• de P•••t• la
ent rega de ti p6.ginaa

EFLOREICElfClü
ROIBQEI

lo ....... ,.• .,..... i • .i.. 1....ua..
Mrigih~- i IN Sra. Kntuer y Siaóa, eclit._

'ilOGA.Doa,

PROFESORES 'J' &lt;a!CTOI\ES para fac&amp;t11&amp;1 la
emJolon de ta •oa.-P&amp;IGIO: 12 lb.u.a.
81J(Qfr • 11 rot11lo • /lrl'll4

arabede:Cigital de

J G:~~:p!ll~i~os •
............................
E'ª;JR DGtJ:J Uftl#Ja ªº1a~~:~:!~:.
E1/f /r III e/ rotulo I frma de /. FAYARO
.ldh. DETBAN, Fannaoeu t loo en PAÍlrs

..U.. DETIUB, Farmaontloo en PAJU8

...............................
♦

•

Especifico )ll'obado de la GOTA y ll■U■ATl■■oa, calma 101 doloi.
los mas fuertes. Acclon pronta y 11egura en todo■ lo■ period01 del accelO.

•

V ENTA ..01'1 Mll:NOl'l,-11:N TODAa LAS P'Al'IMACI A8

Toses nerviosas;

El mas ,ttcaz d1 loa
F1rruglnoao, contra. la

.
rageasalLaetatodeHIBrrDde

Anemia, Clorosis,
de la Sangre,
Debilidad, etc.

Aprobadu por la ·AcadBmla de Medicina dB Par/,.

GELIS&amp;CONTÉ

rgotina y Grageas de

r . COlllil • IIJJO, H, Rae lalllt-Claue, Pilll

v

Dl'IOQUll:l'IIAa

1

■

·t•t•t•t•t•

contra. las· diversas
Afecciones del Corazon,
Hydropeslas, ,

Empleado con el mejor exito ,Bronquitis, Asma, etc,

Empobncl■llllto

■ ■ t■ t■t■ ■ t ■t■ t ■t■ t■t■ t■t■

1

BLANC::ARD

Con ioduro de Hierro inalterable

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':~aq.1dlúmo, laa J.ftcCW'J!U escro{luo1&lt;u Y escortn"1c41, eté. g¡ y1::." c::r ~:.!~':'Je'
---•• ea, en erecto, el lin1co que reune todo lo que entona r, rtaJ
1
regullrl.zab
-::::1 coordena y aumenl&amp; considerablemente l u tuerzaló ~n!un~ : i : ~os,
empo recida
y d~lorlda : el Yl(Jor, la Cowracwtt '1 la BMrqla tnl lll.
ffl
Por 11avor,en Pan,, en casa de J. FEW,Parmauntico, tos, nae Richelieu, Sucesor 4e AROUD
..,

SS ~ • BN TODAS L4S PIUMCIP.U.SS BOTIQA.8

EXIJASE .ii:~ ARDUO
1

Fig. 29. Marcha cuadrúpeda de una tortuga que nada hacia arriba

Veamos qué resultado nos han dado las primeras
tentativas de aplicación de la cro.nofotografía en esta
materia todavía poco conocida.
Los modos de operar varían mucho ~egtín las _circunstancias.
En los casos más sencillos se asesta el objetivo á
un acuario transparente incrustado en la pared de

dulación del cuerpo, propagándose esta onda desde
la cabeza hasta la cola. En nuestros experimentos
nos ha parecido que esos animales cuando quieren
an\ia~ hacia atrás dan á su movimiento onduloso una
( 1) Como las dimensiones de las páginas no nos consienten
representar series tan largas, sólo podemos reproducir algunas
muestras incompletas de estas imágenes.

'

CARNE, HIE_RRO y QUINA

~

se ha de mirar de abajo arriba

UIT .lRTiPBiLIQOI -

LECHE .A.NTEFtL

UTINE
VELO
..c.

•

,

FAYPOLVODEIRRQZEITRI
preparado co11 bismuto

. . BJ mejoJ' 7 mas C,r,lebre polvo de tocador

por Ch. l'ay' perfumista

e, au, de la Pm, p ARIS

�LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

N ú MERO

APUNTES. HISTORIA DE VARIAS CURACIO·
NES DK TU l!ERCULOSIS y DE CÁNCER, por el doc•

Á ESTA REDACCIÓN
por autores ó editores

LIBROS ENVIADOS

Los

APÉNDICES AL CÓDIGO CIVIL,

tor A . Romeo Mátaro. - Folleto en que el autor,
después de ocuparse detenidamente de la evolución que ha causado en el estudio de muchas enfermedades la aplicación del microscopio, á la que
en su sentir dan exagerada importancia ciertas es·
cuelas médicas, enumera varios casos prácticos de
curación de la tisis lograda por él con una linfa
extraida del carnero y preparada de un modo
sólo del autor conocido. Asimismo enumera algunas curaciones del cáncer obtenidas con un preparado arsenical de su invenció!I. . El intimo convencimiento que el Doctor Mátaro aóriga acerca
de la indudable eficacia de sus específicos se refleja en todas las páginas del opúsculo.

por don

León Bo11el y Sd11chez. - Hemos recibido la entre·
ga 8. • de esta importante publicación, que contiene
en su sección doctrinal El sistema Mpotecario Torrens, por D. Buenaventura Agulló; Del suplemen•
to de legitimas y una parte de la notable Memoria
leida por D. Carlos Soldevila en la Academia de
Derecho de esta ciudad acerca del libro IV del
Código,Civil, siendo también interesantes las ma•
terias que -comprenden las secciones legal{Regla·
mento para la ejecución de la Ley Hipotecaria),
jurisprudencia (Sentencias de la Audiencia de
Barcelona y decisiones de la Dirección de Regis·
tros), cuestiones forales (continuación del fuero de
Navarra) y adicional.
Suscribese en la Administración, Fontanella,
44, por 12 entregas, al precio de 9 pesetas en Barcelona, 10 en provincias y 15 en Ultramar. Entrega suelta, una peseta.

Los HÉROES,por Tomás Car/y/e, traducido por
D. /11/i(m G. Orbon: segundo tomo. - Nada he·

mos de decir en encomio de esta obra, pues además de ser de las que por si solas se alaban, dada
la justa fama del eminente pensador inglés Car·
lyle, algo nos ocupamos de ella al dar cuenta de
la aparición del primer tomo de la misma. En el
hermoso prólogo que encabeza este segundo tomo
dice el sabio escritor y profundo critico D. LeopoldoAlas (Clarín): «Con toda sinceridad declaro
que uno de los libros, de cuantos he leido en mi
vida, que más efecto han producido en mi ánimo
y en mi pensamiento, es éste de Los Héroes, de
Carlyle. » Después de esto, sólo diremos que la
traducción merece especial elogio. Constituye este
tomo el segundo volumen de la Biblioteca selecta
anglo-alemana que con tanto éxito publica en Ma·
drid D. Manuel Fernández Lasanta y se vende
en las principales librerias á 2 pesetas.

PÁGINAS INFANTILES, por 11iilos de 10 d 11
anos. - El ilustrado profesor madrileño D. Angel

Bueno continúa en este libro el sistema con tan·
to acierto y éxito iniciado en Escrituras libres
y Exmrsio11es escolares, que tan buen fruto da en
la pedagogía moderna, es decir, educar al niño
mediante su conocimiento y conocerle en virtud
de su propia obra. Pági11as infantiles es una co·
lección de narraciones interesantes escritas por
niños educandos del Sr. Bueno, que merecen ser
leídas: la obra ha sido editada en Plasencia por J.
IIontiveros y se vende al precio de una peseta.
CRÓNICAS DE ÜRTIGUEIRA, por D. Fedenºco
llfacifleira y Pardo. - En tiempos como los actua•

les, en que tan poco recompensados son por regla
general los hombres que se dedican á estudios ver·
daderamente serios, merece entusiasta aplauso el
distinguido escritor gallego Sr. Maciñeira, que ha
consagrado su talento y su actividad á la historia
de una región de Galicia, no por abandonada me·
nos importante, reuniendo en su Jjbro multitud de
datos curiosos y nuevos y documentos inéditos
copiados del Archivo general de Si mancas, del de
Galicia, del de la Delegación de Hacienda de la
Coruña y del Municipal de Ortigueira. Los seis
arliculos del libro que nos ocupa son á cual más
interesantes y constituyen otras tantas páginas memorables de la historia de España. Crónicas de
Ortigueiraforma un tomo de 332 páginas, impreso en la Coruña, tipografia de ÍA Voz de Galicia.

CoLECCIÓ DK CUADROS,

MISS JULIA NKILSON, CÉLERRE ACTRIZ INGLESA EN EL PAPEL DE (HYPATIA)

. ,11t\llDESdeJE8ro,,.

t-+-'~

~,o

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PILDORAS~DEHAUT
DS P'AAla

•• titubea.a en plJl'tlane, cuando lo

•ocaiwr. lfo temen el a,co nl el cau-

UJJclo, porque, contra lo que ,ucede coa

Jo, demu plJl'tlanw,

em no obra bien
úo cundo•• tomacon bueno, alimento,
1 bobidu torlilicaziw, cualel nno, el utl,
el U. Cada eaaJ ,acoge, para plJl'tlano, l•
hr1 7 Ja oomlda que mu le connen,.,
IOflUI n., ocvpacfollff, Como el UIIIU
. do fD• la J)llrfa oca.dona qutda complelamenleaiíuladoporel efecto dela
buua alimentacion empleada,ano
ae decide tllcilments 41 rolver
•"11 empeHr cuanta, rece,
. ,ea necuario. ·

!p?Ohada por la !Cmll! DE IEDICIIU

PREMIO DELINSTITUTO AL O' CORVISART, EN 1856
Meaat1a1 en lu Bxpo1lcione1 lnternaclonalu de

P!&amp;IS • LYOI • TIEN! • PBIUDELPBI! - P!RIS
1867

tffi

18i3

1876

18i8

corc 1 L 11.n o a tx1TÓ n t u
DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
•• lllPLl.l

1' OTtOI D!IOU,IN II DI LA DIOH TIOK

de Emili Vila11ova.

- Nadie como Vilanova ha acertado en pintar en
cuadritos ligeros, tipos, escenas y costumbres de
nuestras clases media y baja, y nadie le aventaja
en el uso de ese lenguaje peculiar de nuestro'pueblo, lleno de gracia y con sus toques de filosofia,
no por lo llana y sencilla menos digna de atención
y estudio. Sus cuadros de costumbres son verda·
deras joyas de nuestra literatura genuinamente
catalana, y si por su forma excitan la plácida son·
risa ó la franca carcajada, hay en su fondo algo y
aun algos que da qué pensar y hace sentir. La Biblioteca popular catala11a ha coleccionado alguno
de estos trabajos en el segundo de sus volúmenes,
que no dudamos tendrá completo éxito, dadas su
bondad y baratura, y que se vende en la dirección
y administración (Muntaner, 10, Barcelona) y en
las principales librerias á 50 céntimos de peseta.

CARNE y QUINA

l.u
Pmna .......... tu

Pepsina Boudault

590

ll .&amp;llmento mu repa)dor, llllido al TóDlco 11111 enqiCG.

VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOS LOS PllDIOIPlOS fflJTl\ITIVOS SOLUBLBS DB U CilNE
y 911111-1 son los elementos que entran en la coml)()sldon de este !)()tente
reparador de las tuerzas niales, de este fer,iaea■le per ~eele■ela. De un gusto sumamente agradable, es 110berano contra la Jnemta y el Áf)OCam~to, en las Calentura,
, Cot1oalecencúU1 contra las IJ14rreiu y las :arecctotta del a,toma(lo y los tntuttno,.
cuan&lt;lu se trata de despertar el apetito, asegurar las dlgesUones, reparar las tuerzas,
eruiquecer Ja sangre, entonar el orgaulsmo y precaver la anemia y las epidemias provocadaa por los calores, no se conoce nada superior al Yi■• de 911liaa de .t.reud.
.Por ,na,vor. e11 Paris en eua de J. FERRil, Farmaceutlco, 10!, rue Richelieu, Sacaor deAl\OUD.
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1-

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muoho, año,, d11frut1ndo siempre de una buAna salud-

Yv~•

Btr•"· *·'·,.

dfttnJIpelicN
m1a 1u
11 v•LLO
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(Barbe.
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el ailll. 10 Año■
de ÍbllO,Jmil!Mel
lellimoalolprullw
11 ..,_..,
4e w pn,andoD. (Se ft■de • RJH, pjll'I ta barba, 1 ea 1/2 11J11 pan el blple llrero). ~
lol liruN, •piNN II rlLl fUB.B. J:&gt;V■BER, l , rae J . ..J,•ROuHe&amp;u. P■•-

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria

lMJ', PIS MONTANH Y l:lJMÓN

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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