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                  <text>aitrt~C10f)
11tí~trea
A~o XII

- - - - -- - -~

B ARCELONA

1.º

DE MAYO DE

1893

~ - -- - -- -

:SACO, dibujo de R. Armenise, grabado por Manoastropa,

NúM. 592

�NúMERO

LA 1LUSTRAC1ÓN ARTÍST1CA

59~
NúMERO

avecillas con sus himnos de arpegid!l y gorjeos. La
,verde y ya granada [espiga lleva en sus aristas -gotas
de rocío y en sus raíces pétalos de amapola. Corónanse de flores los arbustos, difundiendo aquella
dulce alegría que siente la casta joven cuando se
ciñe, á impulsos de risueñas ilusiones, la guirnalda
..,....... .
misteriosa de novia en el anhelado día de sus nupTexto. - Murmuraciones e111'opeas, por Emilio Castelar. - La cias. Los seculares árboles, llenos de moho, de líquemuerte del tlo, por Luis Taboada. - Tren de est11dia1ttes, por nes, de festoneantes enredaderas, sacuden sus copas
José de Roure. -Nuestros grabados. -Miscelánea con noti· al airecillo, y dejan caer como una lluvia de oxígeno,
cias de Teatros, Bellas A,·tes y Necrología. -Anie (continua· producida por los primeros besos de la luz, mientras
ción), novelo. por Héctor Malot, con ilustraciones de Emilio
Bayard, traducida por Antonio Sánchez Pére-z. - SECCIÓN las praderas, de varias flores sembradas y enriqueciCIENTIFICA : La cronofotografla. Nuevo método para analizar das, así como dan mieles á las zumbantes abejas, dan
el movimiento de las ciencias flsicas y naturales (conclusión), colores á las tenues y ligeras mariposas. Por aquí el
por E. J. Marey de la Academia de Ciencias. - Libros en· trabajador que canta, llevando su azadón al hombro,
viados á esta Redacción por autores ó editores.
con la jovialidad nacida del descanso en brazos de la
Grabados. - Ba,o, dibujo de R. Armenise, grabado por noche; por allí el pastor que saca el ganado de aprisMancastropa. -Et gallinero; Los palcos por asientos; El an- cos y establos humeantes, despidiendo de sus lanas
fiteatro, tres dibujos de Renato Reinicke. - Vistas de los prin- sanfsimos aromas y de sus esquilas notas varias, tan
cipales sitios, edificios y monumentos de Madrid (de fotogra·
regocijantes como cualquier alegre melodía. Todo
ftas). - La Discreción, alegoría de C. Marr. - El prlncipe
Femando de Bulgaria; La princesa de Parma (de fotografía). convida, pues, todo, al amor: el aleteo, el cántico, el
- Federico el Grande junto al cadáver de Schwerin, copia del vuelo, el resplandor, que diríais esfuerzos constantes
celebrado cuadro de R. \\"arthmuller. - El rey Httmberto I y tenacísimos de la materia por producir y exhalar el
de Italia; La reina llfarga1ita de Italia (de fotografía}. -Fiespíritu, como la flor, que se disipa y se trastrueca en
guras 34, 35, 36, 37 y 38, cinco grabados correspondientes al
artículo de la Sección cie11t!fica, titul,ado La cronofotograffa. aroma. ¡Ay! El principal atractivo de los arpegios en·
tre las aves cambiados, de las miradas por el sol diri-Juegos infantilts, dibujo de D. Panluzzi.
gidas á su esposa la tierra, de los besos dados por los
aguijones de los áureos insectos á las enamoradas
flores; el principal atractivo está en que todos aqueMURMURACIONES EUROPEAS
llos espasmos corresponden á una con los corazones
POR DON EMILIO CASTELAR
henchidos, por los cuales se agolpa y enardece la
sangre hirviente, de igual mane_ra que la corteza de
La prima,·era en Sevilla. - Resurrección de la Naturaleza. - los árboles rejuvenecidos y reengalanados por la savia
Reflexiones. - U na montería en Sierra Morena. - Llegada de
primaveral con tanto exceso de vida.
los invitados. - Encuentro con los nobles señores del coto. .........

El puesto. - Los monteros y las reses. - Hospitalidad. Canto andaluz. - Observaciones. - Conclusión.

No ha sentido el calor vivificante de la primavera
en su cuerpo y no ha experimentado la savia de abril
en sus arterias quien jamás haya en Sevilla estado
por estación como la que ahora impera y corre. Aquellos bordes, así de las acequias como de los caminos,
festoneados á una de flores embellecidas por toda
suerte de matices y olientes á toda clase de aromas;
aquellas palmas, que vibran al beso de los airecillos
y dibujan las diademas de sus orientales cogollos en
el azul de un cielo helénico; aquellos naranjales, nevados de azahar en su copa y erguidos sobre círculos
de azahar descolgados de sus ramas, las cuales pare. cen otros tantos pebeteros, donde la esencia balsámica se condensa en términos de que tal olor no resulta fluido y vago, algo líquido que se bebe como el
hatilus de los harenes y algo sólido que se masca
como las frutas de los paraísos, infundiendo en nuestras fibras una celeste serenidad; aquel enlace de los
árboles más exóticos entre las paredes marmóreas de
los jazmines más misteriosos con las enredaderas y
los rosales más hispánicos; el surtidor de las fuentes
murmurando, tras las cancelas de los patios, adornados por macetillas, en torno de las cuales vagan hermosísimas mujeres coronadas de frescas rosas despidiendo gorjeos de sus arpadísimas gargantas, centellas de sus negros ojos; el esmalte de los alminares
almoravides y almohades cubiertos con sus encajes
de alharacas y ceñidos con sus grecas de azulejos; los
brillantes palacios mudéjares con suelos de ágatas
y techumbres de marfil con oro; los innumerables
campanarios relucientes al centelleo de sus lozas muy
semejantes á mayólicas; el vapor de poesía despedido
hasta por los objetos más prosaicos, cuya vulgaridad
trastruecan en arte puro los recuerdos bellos como los
arreboles de cualquier ocaso andaluz; la mtísica puesta por las canciones entonadas en competencia y
porfía con ruiseñores y alondras ó al son de melodiosas guitarras, por tal manera os poseen y dominan,
que cuando el río suena en un caer de la tarde y los
bosques huelen y la Giralda con la Torre del Oro
brillan y la catedral ostenta sus cresterías entre góticas y platerescas, os creéis transportados á uno de
esos predilectos sitios, invenidos por las mitologías
como islas, dentro de cuyos senos edénicos nunca
penetran el dolor y la muerte.

***
Bien es verdad: por todas partes, bello, bellísimo,
un anochecer ó un amanecer en abril. ¡Qué mañanas!
El cielo, de color de perla en los primeros ínstantes,
al rayar la feliz alborada, tórnase luego de un matiz
rosa, semejante al rubor de la niña enamorada que
oye profundo suspiro de amor. Las crestas de los
montes, sonrosadas por los albores, quiebran la luz
matutina con tan variados reflejos, que parecen, ya
pirámides de coral ó ya rotondas de rubíes. En aquellos iris, cuando acaban de acostarse la luna y la estrella matinal que la sigue, se despiertan las parleras

¡Oh naturaleza! Inmóvil en medio del movimiento, una en medio de la variedad; empapada en el éte,
que la penetra por todos sus poros, y que forma como
su atmósfera, como su espíritu; bajo la sucesión continua de seres orgánicos que cambian y se transforman, permanente de suyo é inmodificable; sujeta
siempre á la muerte, y sin embargo, eterna; sujeta
siempre al límite, y sin embargo, infinita; radiosa en
la inmensidad del espacio y concretada en seres orgánicos; desde los astros, que despiden su luz por las
esferas, á las flores que empapan con sus aromas los
aires; desde los gases impalpables que se desvanecen,
á las sólidas cordilleras que mezclan con sus ventisqueros, donde la nieve blanquea, sus volcanes, donde
reluce el fuego central; desde la nebulosa que lleva
en germen orbes infinitos, á los grandes y gigantescos mundos, ya cansa!Ios de bogar por los espacios;
desde el grano de arena que la onda remueve, á las
últimas estrellas de la Vía Láctea, cuyo resplandor
tarda veinte mil siglos en llegar hasta nosotros, pobres
desterrados adheridos á este pequeño planeta; en
todo este círculo, cuyo centro se halla, como dice la
sabiduría moderna, en todas partes y cuya circunferencia en ninguna, ¡ah! no sucede el aniquilamiento
total ni de una sola molécula; no existe, no, la nada;
sombra de nuestro pensamiento, aprensión de nuestra poquedad, fantasma de nuestros sentidos, idea
sin realidad, que las tristes limitaciones de nuestra
lógica y la incurable imperfección de nuestro lenguaje nos ha obligado á poner en el eterno océano de
la vida. Es verdad que algunos astros se han apagado
en nuestro sistema solar, como faunas y floras enteras han desaparecido en nuestra corteza terrestre;
pero ni se ha extinguido el calor de la vida universal,
ni ha cesado el crecimiento y el progreso de más
perfectos organismos.

Mas no acabaríamos nunca si hubiésemos de agotar estas filosofías. Volvamos de nuevo al campo,
hundiéndonos así en sus aromas como en sus savias.
Y puestos ya, por las inspiraciones de abril, en esta
ocasión de anegarnos dentro de su vida exuberante,
recordemos la Sierra Morena, que acabamos de recorrer y que nos ha olido en sus embriagadoras fragancias al bello lenguaje de Cervantes en aquellos
capítulos del Quijote, donde nos la describe yofrece
con toda la magia de una poesía, dentro de cuyos
senos la ficción y la verdad, no sólo se juntan, se
confunden é identifican. No he presenciado yo allí
penitencias como las del ingenioso hidalgo, pero sí
cacerías que piden para su historia una voz tan elocuente como aquella voz y una pluma tan divina
como aquella pluma del primero entre nuestros prosistas, de quien puso en los desfiladeros de tan aromados montes las .escenas que patentizan los secretos más recónditos y más hond_os de la Naturaleza.
Después de tamaña correría, la noble familia que me

agasajó con tales obsequios pidióme una crónica del
hecho; y aquí está, como la escribí al día siguiente de
tan lisonjero caso, en la madrugada del día 10 mismo
de este mes corriente. Cópiola de seguida y á la letra,
pues guarda las emociones muy frescas y transcribe
con ingenuidad muy franca un color andaluz. Desde
aquí digo que Andalucía es la tierra donde Virgilio
soñó hallarse sus Elíseos, el musulmán encontró sus
edenes y el cristiano recobraría su Paraíso perdido, si no lo buscara en el cielo. Sonarían las.dos de
una espléndida y luminosa tarde, cuando llegamos el
domingo 9 de abril á estos riscos, después de larga
misa con incienso y órgano y aleluyas, en la cual tuve
tiempo de pedir á Dios un premio para el favor de
haberme traído á estas montañas en alas de sus amistosas invitaciones y al reclamo de su fraternal cariño,
mostrado con obsequios sin fin, en que le secundó
una parentela tan larga y numerosa como la descendencia de los antiguos Patriarcas bíblicos, el correligionario de toda la vida y amigo de toda el alma, el
bueno amado Ayala. Cumplido este cJ.escargo de conciencia, monté brioso caballo, capaz por mí de moderar sus ímpetus conociendo mi torpeza en el arte
de cabalgar, y llevarme sobre su lomo cual un cordero de paz y mansedumbre por donde sólo pueden ir
á su sabor águilas y á lo sumo cabras. Cabalgué con
hechizo y encanto sobre praderas vistosas como tapices de Persia y olientes como almizcle de huríes, á
la sombra de las encinas cargadas de polen y rebosantes de savia, entre guirnaldas de florestas como
jardines orientales y coros de ruiseñores despidiendo
cromáticas escalas de sus cuerpecillos abrasados en
el celo y en el amor. Al cabo de un rato que pareció breve á mi cansancio y de un trecho que pareció
corto á mis agujetas por lo hechicero de tantos paisajes, doquier entrevistos, nos encontramos bajo verdes fresnos y á la vera de clarísimo arroyo la incomparable familia de mis amigos los Calvos de León,
entre la cual resaltaba Conchita, ponu belleza y por
su gracia, como una Diana cazadora, con su escopeta
en mano, la trabilla de los perros en derredor, el montero al lado, y tras ella su marido Antonio, sus hermanos Juan y Rafael, parecidos á generales, hechos
y derechos, según la infantería, la caball.ería y estoy
por decir la artillería que aguardaban sus órdenes.
De ágiles músculos, de ojo certero, de gallardo aire,
de una destreza más que aprendida consubstancial á
su cuna y heredada de sus mayores, donde ponen
la vista ponen la bala, y montan como aquellos ascendientes suyos, descubridores de América, que los
indios creían pegados á brutos, capaces por su ligereza de vencer y dejarse atrás el céfiro en persona.

***
Con suma rapidez organizaron el combate. Si me
prometieran hacerlo tan pronto y tan ·bien, era cosa
de pedirles que organizaran el país. Conchita, de incomparable atractivo y tan maestra en esto de agasajar huéspedes, que al cuarto de hora creéis haberla
tratado toda la vida, y Rafael, su hermano, el primer
cazador de Andalucía, me llevaron, caballero en patriarcal borrico, por un matorral de todos los demonios, magüer su fragancia y su belleza, en el cual recordé, muy desprovisto de toda banqueta y muy á
la ligera vestido, cuántas espinas guardan en este
mundo, por culpa de nuestros pecados, las suaves
flores. En un minuto improvisó Rafael fresca grutilla,
muy superior, según su clase, á los discursos que se
suelen improvisar en el Congreso, y mucho más útil.
Allí nos acurrucamos los dos cazadores de veras y
este cazador honorario, recibiendo consigna de silencio, bien difícil por cierto de cumplirse hallándose
allí un hablador sempiterno como yo, gustosísimo de
oir á Concha, cuya voz compite con el coro de las
avecillas circunstantes y cuyo dejo esparce á los cuatro vientos la sal sembrada por María Santísima en
esta su tierra predilecta. Pero callamos cuanto pudimos aspirando los aromas de romero, cantueso, to·
millo y jara, puestos por el florido abril en los transparentes matizados aires.

De súbito los monteros gritan, los perros ladran,
los caracoles suenan, los cencerros repican, y todo
este clásico estruendo extiende por nuestro. cuerpo
los escalofríos del combate. Yo me propuse no tomar
en él parte alguna. Parecíame impropio de quien
tanto predica la paz semejante guerra. Parecíame
mucho más fácil cabalgar sin daño que disparar un
tiro y no caerme de espaldas, como los indios de
América la primera vez que oyeron el estampido de
las armas. Cuanto de cariño me inspiraban las personas de Cónchita y Rafael, tanto de respeto me inspiraban sus dos escopetas. ¡Vamos, confieso mi delito

LA

592

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EL GALLINERO, dibujo de Renato Reinicke

y proclamo mi pacatez, hubiera preferido á dos fusiles ¡ay! dos quitasol_es. Mis compañeros, bastante listos para conocer m1 medrana, me consolaron diciéndome que aquellos montes se hallaban puestos bajo
estrella muy propicia, y nunca vieron accidente alguno de caza desgraciado. Sonreí con los labios·
pero el susto iba por dentro. Ma~
en seguida olvidélo todo al espectáculo subsiguiente. Abrían senderos entre los matorrales, parecidos
á maniguas, los perros, y volaban,
más que corrían, las perseguidas re·
ses. Un ciervo, cuya piel del r,olor
de canela relucía como un cuero
cordobés al sol, pasó ante nuestra
vista encantada. Tras breves minutos una cierva se presentó cerquita
y á la derecha de nosotros. En
cuanto nos vió, cual si quisiera saludarnos y hasta reconvenimos, se
plantó y nos dirigió una mirada de
sus profundos relucientes ojos, que
trocó en amor á ella todos nuestros
cazadores odios. En mi amiga Concha la naturaleza de dulce mujer se
sobrepuso á la naturaleza de diosa
Diana, é intercedió con su hermano
para que no la matase, pues pare·
cíale con razón impiedad suma exterminar las hembras, fiadoras de
su coto. Rafael, movido por el hospitalario afecto de quien desea mostrar á profano, tan profano como
yo, todas las circunstancias de una montería, disparó
sf, con ánimo de ahuyentar la res y no matarla. Cuando la vimos huir celebramos los tres nuestra misericordia para con ella. Concha me recordaba una poe-

0

sía de Lamartine, describiéndome cómo se plañen y
lloran las siervas heridas cuando se arrastran en su
dolor hasta los manantiales en busca de algún río y
se acuestan sobre las matas como deseosas de morir

nos amorosa, oliendo á idilio. Rafael quiso poner la escopeta en mis
manos y darme la suprema honra
de mostrar cómo aquel animalejo,
si por acaso muriese de un tiro, se
había suicidado á sí mismo, según
decía, en su escasa gramática, un
gran general español, más glorioso
en armas que en letras, el cual sa·
bía de sintaxis lo mismo que yo sé
de disparos. Y perdoné á la cierva.
No bien se había huído ésta cuando
nos anunciaron un jabalí. Llegó con
efecto, mas con tan poco acierto
que retrocedió, dejándonos con un
palmo de narices. ¡Oh poder de la
hermosura! Experimentamos regocijo porque se habían escapado las
ciervas, y contrariedad porque no
había caído el cerdoso jabalí á nuestras plantas. Vino el anochecer y
Rafael me dijo que no había estado
á medida de su deseo la caza. Pero
yo la encontré perfecta, caza de teatral espectáculo, más que de sangre
y humo, cual conviene á la estación.
Heridas, sangre, muerte, compadécens(;! mejor con las nieves del invierno que con las flores del primaveral abril. Todo ahora resucita,
todo en torno nuestro. Cuando la
Iglesia canta la resurrección del Señor, se calienta el
huevo en su nido, el feto en sus entrañas, el fruto en
sus yemas, y no es hora de matar. Así Rafael me hablaba con elocuencia de la veda natural que pone la

LOS PALCOS POR ASIENTOS, dibujo de Renato Reinicke

en paz y devolviendo, sin haber leído el Evangelio, en
quejas dulces y lamidos cariñosos y miradas de amor
el mal que se les ha hecho. En estas íbamos cuando
se apareció otra ciervecilla, no menos bella y no me-

EL ANHTEATRO, dibujo de Renato Reinicke

estación á las cacerías, dado el calor intenso retentivo de los jabalíes en el matorral amodorrados, no
habiendo medios de moverlos, el cual calor fatiga los
perros también hasta imposibilitarlos de correr. Y á
esto añadió uno de los monteros
que la caza emigra de laderas expuestas la sol del mediodía, como
aquella en que nosotros estábamos
apostados, y busca otras más frescas. Y para que cosa ninguna falta·
se á la fiesta, cayó una res, regalada
por D. Juan Calvo á mí, con la cual
pienso en Madrid regalarme, no obstante mis poéticos horrores á las
matanzas, pues así somos los mortales, con más instintos de conservación que conciencia. Subimos por
unas laderas parecidas virgen selva
del Trópico, y recordamos las célebres penitencias de D. Quijote
aquí en Sierra Morena, donde se
quedó con el propósito de ir desen·
cantando á Dulcinea, y se nos ocurrió á todos como no parecía natural que se describiera nuevamente
lo descrito por el inmortal maestro
de nuestras letras y lenguas. Caía 1::.
tarde, cantaban los ruiseñores, las
plantas floridas llovían pétalos sobre
nuestras cabezas y nos enviaban sus
rayos divinos las primeras estrellas

�LA

ÍLUSTRACIÓN ARTfSTlCA

NúMtRO 59:2

de almendras dulces para frotar al tío, que mordía la lecho y á poner en blanco los ojos. Después se llevó
sábana con desesperación diciendo de vez en cuando: las manos al bigote y se arrancó cinco ó seis pelos.
- ¡Esto se va!, dijo por último dirigiéndose á su
- No seas bruto, Eusebio; frota con más suavidad,
que no parece sino que estás barnizando una có- sobrino.
- No diga usted disparates, contestó éste. Cada
moda.
día
está usted mejor y más guapo.
La sobrina, entretanto, había tomado posesión de
- Mentira, replicó el enfermo. Siento que se viene
la casa y daba órdenes á la Micaela, como si todo
la muerte ((tan callando ... »
aquello fuese suyo.
- ¡Jesús, tío!, -añadió la sobrina. No piense usted
- ¡Ay, pobrecito tío!, decía á lo mejor. ¡Qué pena
en cosas tristes.
•
tendría al verse solo!
A todo esto, el tío echaba por la boca una cosa así
- ¿Cómo es eso?, replicaba la doméstica. Pues qué,
¿yo no soy nadie? Sepa usted que, gracias á Dios, no como seda negra, y todo se le volvía arañar las sábanas y morder la colcha y volver los ojos como si fuele ha faltado nada.
- Bueno, pero nosotros somos sobrinos y ha debi- ra á arrancarse por peteneras.
- Se muere, se muere, decía el sobrino á su mudo usted avisarnos, porque para estas ocasiones son
los parientes. ¡Ay, tío de mi corazón! ¡Ay, pobrecito! jer en voz baja.
- Sí; pero es preciso hablarle; debemos de una
Y recorría toda la casa revolviendo los cajones pamanera indirecta indagar si ha hecho testamento, aunra enterarse de lo que había.
- ¿Qué hay en este armario?, preguntaba á lo que de todos modos él no tiene más parientes que
tú ... Anda, pregúntaselo, dijo la sobrina á su marido.
mejor.
- Ejj ... ejj ... ejj ..., hacía el enfermo, lanzando un
- Ropa blanca, respondía la Micaela.
ronquido
especial como si estuviera tocando el cor- ¿Mucha?
netín.
- Bastante.
- Tío, preguntó el sobrino acercándose al lecho
- Pues quiero verla, porque para eso soy pariente
del
moribundo.
del pobrecito. ¿Qué es esto que está tapado con una
- ¿Qué?, contestó el interpelado.
servilleta?
-¿Ha hecho usted testamento?
- Un conejo.
- Sí, dijo el otro con voz apagada.
- Y ¿qué hace aquí este conejo?
Los sobrinos se miraban llenos de satisfacción.
- Se lo había traído al señor por si lo quería.
- Gracias, volvió á decir el sobrino acercándose al
- Ha hecho usted mal. Un enfermo no debe comer nada absolutamente. Guíselo usted cuanto antes moribundo.
- Todo lo dejo arreglado, murmuró éste.
y póngale usted mucha cebolla, que es como lo co-¿Sí?
memos en casa.
- Todo ... Dejo mis bienes ...
-Pero ...
Madrid, 15 de abril de 1893
- ¿A quién?
- No replique usted. Mi esposo y yo nos queda- A la Micaela.
..,.......................,......,......,............................................,......,..............................,...... mos aquí hasta que mejore el tío ó hasta que pase á
mejor vida, que ojalá no suceda nunca, porque le queL UIS T ABOADA
remos muchísimo ...
LA MUERTE DEL TÍO
(Prohibida la reproducción.)
A todo esto D. Trifino se iba agravando poco á
•••· •••••••••••.. ·••••u•••"•l"• •••..•••.. ••••• .. •• ••••••••..•••••••••· .. •••••"•••••••••••••••'' •••••,.•••••••••••••••••••r,,~.,.
D. Trifino, al sentirse enfermo, se puso muy triste, poco y ya no quería hablar, ni ingerir medicinas, ni
porque la idea de la muerte le acongojaba sobre ma- hacer gárgaras, y cada vez que le preguntaban sus soTREN DE ESTUDIANTES
brinos: «¿Quiere usted tomar la cucharada del bismunera.
to?,
»
contestaba
él
con
acento
de
desesperación:
«Lo
- Micaela, dijo á su criada; yo siento lo que nunLos meses anteriores á las vacaciones de Navidad
ca he sentido. Tengo una especie de nudo en el es- que yo quiero es que me dejéis en paz, ¡mamarrachos!» habían sido verdaderamente desastrosos. Las falsifiEl
pobre
delira,
murmuraba
el
sobrino.
tómago que se me sube hasta la garganta. ¿Qué será
- Sí; no tiene sus sentidos cabales, añadía la espo- caciones del amor un poco, otro poco las cenas de
esto?
última hora y bastante más los azares del juego ha- Puede que sea el histérico, contestó la Micaela. sa; porque ya sabes que siempre nos ha querido mucho. bían dejado nuestros estudiantiles bolsillos llenos, sí,
Sí,
sí,
murmuraba
la
Micaela.
Yo también, cuando me sofoco con el aguador, noto
D. Trifino se mejoró de pronto y entonces quiso pero de la más horrible desolación y en el caso de
en la boca una cosa así como engrudo que no me
comer y beber y tocar la guitarra. Los sobrinos pro- exclamar como la Consuelo, de Ayala: &lt;&lt;¡Qué espantodeja parar.
curaban complacerle en todo, bailándole el agua y sa soledad!»
- Pues hazme un poco de manzanilla.
Celebramos consejo para buscar remedio á nuesunos
smahalagándole por cuantos medios tenían á su dispo- Mejor será que le ponga á usted
tros
males, y fué aquél un verdadero Consejo de misición.
pismos.
nistros, porque parece que también cuando éstos se
Mira,
Filomena,
decía
el
marido
á
su
mujer;
D. Trifino se metió en la cama dando diente con
reunen convienen en que falta numerario, y á fuerza
diente y diciendo que se iba á morir de un momento ponte en la cabeza un cucurucho y échale al tío la re- de dar tortura ·á nuestras imaginaciones, encontralación
del
astrólogo
de
El
zapatero
y
el
rey
para
que
á otro.
mos un arbitrio para pasar la fiesta de Navidad en
- Mira, Micaela; ahora se me figura que tengo do- se distraiga. Yo le haré un jueguecito de manos.
compañía
de las respectivas familias, pero haciendo
El tío les miraba con ojos indiferentes y concluía
lor en el hígado.
el
viaje
en
tercera, con merienda para el trayecto no
por decirles:
- ¿En qué hígado?
muy abundante, y sin más que unas pocas pesetas
Valiera
más
que
en
vez
de
hacer
tonterías
os
fue- En el único que tengo ... Anda, frótame en este
libres por barba para las individuales contingencias
lado con un calcetín. Hay que provocar la transpira- rais á vuestra casa á cuidar de los chicos, que estarán,
de la expedición.
como
de
costumbre,
hechos
una
porquería.
ción á toda costa. Cuando hayas frotado bastante,
Eramos cinco muchachos, todos de un mismo pue- Tío, no diga usted eso, ccntestaba la esposa. El
ponme encima una bayeta bien caliente.
blo
- cierta capital del Norte que se gloriaba con
Micaela estuvo siendo durante ocho días el ángel martes, cuando salimos de casa, los estuve lavando á
nuestro nacimiento, - y los cinco, jóvenes, robustos y
todos.
Además,
allí
he
dejado
á
la
niñera
para
que
tutelar de D. Trifino, hasta que un día fué á sacudir
alegres. Dos estudiábamos ó debíamos de estudiar
una alfombra y vió á los sobrinos de su amo que su- los cuide.
leyes; otros dos medicina, y el quinto iba para ingeSí,
sí,
buena
estará
vuestra
casa.
Pero
¿á
qué
habían las escaleras haciendo grandes aspavientos.
niero de caminos, aunque no llevaba camino de serbéis
venido
aquí?
- ¿Conque el tío está malo? ¿Conque es decir que
lo.
Nombramos á éste jefe de la expedición, y el día
- A asistirle á usted. ¿No es usted nuestro tío?
lleva ocho días en la cama y nosotros no lo sabíaconvenido
y á la hora marcada en los itinerarios para
- Lo soy.
mos?, exclamaba el sobrino llevándose las manos á
la salida del correo estábamos en la estación del
Bueno,
pues
tenemos
la
obligación
de
no
abanla cabeza.
Norte dispuestos para el viaje.
- Ha debido usted avisarnos, agrega,ba la sobrina donarlo mientras dure la enfermedad. ¿Quiere usted
Asaltamos un coche de tercera, y ó nadie se atreuna
tacita
de
flor
de
malva?
¿Quiere
usted
que
le
ponenjugándose los ojos en el manguito.
vió ó nadie quiso hacernos compañía. Ello es que
ga
una
cataplasma
en
la
parte
superior
del
bazo?
Y ambos penetraron en la habitación del enfermo
- Vaya; tome usted unas gotitas de éter con este arrancó el tren y llevábamos todo el vagón por nuesdando muestras del más profundo dolor.
terroncito
de azúcar. ¿Le rascamos á usted en la es- tro. El ingeniero nos trazó el plan completo del via- ¡Ay, tío del alma! ¡Qué pena hemos tenido al saje: se empezaría á cenar en Avila, y después de la cepalda?
¿Le
atamos á usted un pañolito á la cabeza?
ber lo que sucede!, exclamaba la sobrina apoyando
na y apuradas unas cuantas botellas de vulgar ValEl
tío
tenía
la
antigua
costumbre
de
cultivar
un
casu mano derecha en la frente de D. Trifino. ¿Qué
depeñas que acompañaban á dos pollos, jamón y
llo
precioso
que
le
había
salido
en
el
dedo
chiquitín
siente usted?
chorizos en la cesta de las provisiones, el que tuviera
del
pie
derecho,
y
en
cuanto
se
sentía
un
poco
mejor
D. Trifino no contestaba; lo que hacía era meterse
sueño dormiría, y los que no, contarían historias ó reen la boca los dos puños y mordérselos silenciosa- llamaba al sobrino para decirle:
zarían el rosario. Pero ... pero todos nos sonreíamos
Oye
tú,
Sinforoso,
ya
que
no
.tienes
nada
que
mente.
incrédulamente
al hablarnos de estas dos ocupacio- ¡Tiiito!, decía el sobrino. ¿Por qué no nos ha hacer, ráspame el callo y ponle encima un poco de
nes,
porque
en
el bolsillo del pecho del gabán del
mandado usted recado? En estas ocasiones la familia algodón en rama.
ingeniero
presunto
se adivinaba una baraja.
El
sobrino,
entonces
cogía
una
navaja,
y
apoderánes la llamada á asistir á los enfermos. ¿Qué? ¿No sa¡Bueno!,
dijo
el
estudiante de medicina número .
dose del pie del enfermo se ponía á rasparle el callo
be usted demasiado que le queremos mucWsimo?
uno, contaremos historias: «Había una vez cierta socon
cariñosa
solicitud.
El enfermo clavó sus ojos en aquel matrimonio
- Micaela, decía entretanto la sobrina de D. Trifi- ta de copas ... »
amante que acudía solícito á asistirle, y dijo después
- ¡Una peseta á la contraria!, respondimos todos.
no, friegue usted con cuidado esos peroles de la cocon voz apagada:
Detúvose el tren en tres ó cuatro estaciones sin
cina,
que
no
me
gusta
ver
las
cosas
descuidadas.
Ma- A ver quién de vosotros me da unas fricciones
ñana ó pasado se muere el tío y todo lo que hay aquí que ningún viajero entrara en nuestro departamento;
en la rabadilla.
pero en la quinta ó sexta, una estación insignificante,
tiene que pasar á nosotros.
.
- Los dos, los dos, gritaron á dúo los esposos.
abrióse la portezuela del coche y subió á éste un inMicaela
no
contestaba;
pero
tampoco
obedecía
las
Y comenzaron á pelearse entre sí sobre quién ha:
órdenes de aquella heredera anticipada, limitándose dividuo de sombrero ancho, capa y botas recias, así
bía de realizar los deseos del paciente.
como un aspecto de campesino admirado ó tratante
Venció el esposo, que era el verdadero sobrino, y á lanzar un gruñido malicioso.
en caballerías; hombre, en suma, de rústico aspecto,
Cierta
noche
triste,
el
tío
comenzó
á
agitarse
en
el
se apresuró á humedecer la mano derecha con aceite

relucientes entre los arreboles del crepúsculo. Y tras ,
este viaje nos asentamos á una bien provista mesa
con un voraz apetito, é hicimos de nuevo la observación hecha en casa de nuestro buen Regino: cómo á
sierras tan altas, aisladísimas casi por la carencia de
caminos, llevan la noble actividad y el profundo afeeto de estos amigos todos los refinamientos de civilización que pueden buscarse allá en la capital de
nuestra cultura contemporánea, en París. Unasorpresa nos aguardaba momentos antes de retirarnos á reparar por el sueño las fuerzas gastadas en día tan
agitado. Rafael cogió la guitarra y nos cantó esas
canciones andaluzas, cuyos melodiosos acentos me
conmueven como lo más hermoso que hayan p~oducido los dos músicos de mi predilección, Mozart y
Bellini. Lo inspirado de la elegiaca letra, lo armonioso del acompañamiento de guitarra que parecía tocar
cen sus cuerdas las cuerdas de nuestro corazón, la
cadencia sublime de aquellas melopeas heleno-semitas que recuerdan los salmos del Profeta y la guzla
del harén, la voz del tenor cantando con una fuerza
de maravillosa expresión y con una profundidad de
sentimiento tales que llegaron hasta lo más sublime
del arte, completaron á una ct;m los recreos producidos por la inspiración los recreos producidos por la
naturaleza. Y díjeme al acostarme, pensando en Dios:
«Pues así como, sin merecerlo, me has traído á estos
rincones de Sierra Morena, también sin merecerlo
me llevarás al Trono de tu gloria celestial, donde me
parece que los echaré de menos; pero ellos, los sitios
recorridos y los' amigos encontrados, no echarán de
menos jamás, yo se lo aseguro, ni mi recuerdo ni mi
agradecimiento.»

VISTAS DE LOS PRINCIPALES SITIOS, EDIFICIOS Y MONUMENTOS DE MADRID. (De totografias.)

�286
que nos dió las «buenas noches» con una voz
regañona, sentóse en un rincón lejos de nosotros y se dispuso, á lo que parecía, á dormir sin hacernos maldito el caso.
No fué grande tampoco el que le hicimos
nosotros, y sin embargo, yo que era el más próximo á él, fijéme - porque la luz del vagón las
alcanzaba en su zona de claridad - en que las
botas de aquel hombre no eran botas de
campo, propias de palurdo ó labrador, sino
botas de caza de señorito que auna en su
calzado la comodidad y la elegancia,· y fijéme
también en que, según las contemplaba con
este pensamiento, el hombre en cuestión dirigiéndome una suspicaz mirada retiró los
pies hacia la línea de sombra.
Ya la impaciencia y el apetito de mis compañeros hablaban de adelantar la hora de la
cena, y el jefe de la expedición, haciéndose lo
bastante de rogar para que resplandeciera la
importancia de su cargo, dió al fin el anhelado permiso.
.
Salieron á luz nuestras provisiones y diéronse nuestras bocas á devorarlas, sin hacer
sitio más que á las bromas con el gaznate casi
lleno proferidas, y que con arte culinario tan
excelente envuelven los alimentos en salsa
de risotadas, la más apetitosa y apetecible
de las salsas conocidas. A fuer de muchachos bien educados, dirigimos cortés invitación á nuestro huésped antes de comenzar
la cena; pero él, correspondiendo con unas
«muchas gracias)&gt; rápidas y secas á nuestra
atención, volvió á sumirse en el misterio ó la
delicia de su real ó figurado sueño.
Olvidámosle por completo, comimos como
se come á aquella edad y en viaje, adelantando al tren con nuestros dientes y sin hacer
más estaciones que las de aquel Valdepeñas
vulgar, es cierto, y plebeyo, pero que á falta
de Burdeos casi nos sabía como si lo fuera.
Terminada la cena nos envolvimos en el
humo de nuestros miserables puros del estanco; pero de pronto el estudiante de medicina número dos, que siempre había blasonado de buen olfato, exclamó con voz terrible:
- ¡Aquí hay uno que nos hace traición!
¡Huelo á cigarro habano!
- ¡Cigarro habano!, respondimos todos,
presentándole nuestros tagarotes.
Examina y juzga, y era verdad que todos
r·
acusaban sin dudas ni distingos su humildísima alcurnia; pero vi que el supuesto ó verdadero campesino arrojó con mano rápida un
cigarro que estaba fumando, subiéndose después hasta los ojos el embozo de la capa.
«¡Un labrador que usa tales botas y fuma
habanos y que no quiere que se le estudien
aquéllas ni se le sorprenda con éstos!.., pensé,
¡Nada, nada, aquí hay gato encerrado!» Mas
como en la vida de los jóvenes todo va de
prisa, la aparición de la consabida baraja
cortó el hilo de mis reflexiones.
Sí, ya estaba la baraja en manos del ingeniero, el cual exclamaba con magistral entonación:
- ¡Ea, muchachos! Si no supiese que sólo
se trataba, dada la escasez de nuestros caudales, de un honesto pasatiempo, no os permitiría tal expansión; pero ¡qué demonio!
aquí es imposible que corra la sangre! . .
¡Tallo cinco pesetas!
Una manta de viaje convenientemente extendida hizo oficios de mesa de juego, y ·el
jefe de la expedición, convertido en banquero, dió comienzo á su faena.
Extendió el vicio sobre nosotros sus tupidas alas negras salpicadas de puntos brillantes como· lágrimas, y nos engolfamos en los azares de
aquella pobrísima partida con la misma emoción que
si se tratara de una brillante jornada en Mónaco ó
Monte-Cario.
Y cuando más distraídos estábamos en nuestras
combinaciones, vimos aparecer por encima de nosotros una mano entre cuyos dedos se asomaba una
peseta, y oímos una voz que decía:
- Si ustedes me lo permiten ...
- Con mucho gusto, respondió el banquero.
La peseta quedó sobre la manta de viaje al lado
de un siete. El nuevo jugador era el misterioso campesino. Levantó la cabeza y le contemplé á mi sabor,
mientras el l;anquero decía «el siete» y doblaba la
peseta.
Era un hombre comq. de cjncuent¡i .años, con la
piel fina, el rostro todo afeitado, pero ¿cómo lo diré?,

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

592
NúMERO

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LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA

en suma, que el tren volaba y nuestros capz~
tales se deshacían. El campesino, ó lo que
fuera, jugaba con verdadero ardor y con decidida suerte, y á la hora y media ó las dos
horas de juego era dueño absoluto de todas
nuestras haciendas, y aun lo hubiese también
sido de nuestras vidas á jugarlas.
Afortunadamente andábamos ya cerca de
nuestro pueblo, y este pensamiento nos consoló del desastre; pero cuando nos disponíamos á ordenar nuestros bártulos para hacer
más rápido el descenso del tren, el misterioso personaje nos djo:
- Un momento, señores. Yo sé que ustedes son person¡i.s de corazón á las cuales se
les puede decir todo. Deseo, pero deseo vivísimamente como el mejor favor que ustedes pueden dispensarme, que acepten la restitución de lo que les he ganado en el juego...
Un movimiento de protesta nuestro le hizo repetir:
- Es un favor que nunca les agradeceré
bastante y que ustedes ignoran hasta qué
punto me llenará de dicha. Deseo, necesito
restituirles esas pequeñas cantidades. No
vean ustedes en esto una proposición ofensiva, sino por el contrario una obra de piedad
que realizan conmigo. Sean ustedes generor
I
sos y acepten mis ofrecimientos. ¡Qu_e yo
(
pueda siquiera tener ese consuelo en mis adversidades!
Profirió estas palabras con tan sincero y
suplicante acento, que después de mirarnos
asombrados, no tuvimos más remedio que
decirle:
- ¡Bueno, puesto que usted se empeña!..
Y él, llenos de lágrimas los ojos, nos fu~
entregando con temblona mano nuestras miserables pérdidas sin cesar de repetir: «¡Muchas gracias, muchas gracias!»
1
Paró el tren, descendimos en la estación
ansiosos de abrazar á nuestros parientes, y
cuando ya nos alejábamos del coche asomóse él á la ventanilla y nos dijo por última
vez:
- ¡Mil gracias, señores, no lo olvidaré
nunca!
No insisto en apuntar la serie de suposiciones y comentarios que en los sucesivos
días hicimos respecto al misterioso personaje hasta que cierta noche y reunidos en nuestr~ acostumbrada tertulia del casino, el estudiante de medicina número uno, que estaba
leyendo un periódico, dijo de pronto:
- ¡Él era!
.
- ¿Quién?, le preguntamos.
1
- ¡El del tren! Juzgad vosotros.
Y leyó: .
«Quiebra importante. Desgraciadamente
se han confirmado los rumores que corrían
respecto á la quiebra del Banco _de Econ~mías, sociedad donde tantas humildes familias tenían depositados sus ahorros. Es un
hecho también la desaparición del banq11ero
López, director del Banco, de quien se sospecha que saliendo disfrazado de nuestro
país haya ganado el territorio de la _vecina
República. Alguien asegura haberlo visto en
Hendaya, vestido de labrador y con la cara
afeitada. Sea ó no esto verdad, hay que convenir en que la quiebra del Banco de que
era alma el prófugo banquero obedece más
á la desgracia de éste en los múltiples negocios emprendidos para el desarrollo y flore·
cimiento de la sociedad, que á dilapidaciones
ó amaños censurables. Muchas honradas y
LA DISCRECIÓN, alegoría de c. Marr
trabajadoras familias pierden con esta quiebras sus modestos capitales; pero tal vez á la
pena que esto les produzca iguale la del despero sin costumbre de estarlo. Aquella cara había te- afortunado banquero por no poder restituírselos. »
nido constantemente barba y bigote, y si ahora no
- ¡Sí, era él, era él!, exclamamos todos terminada
los tenía era por azar, pero no por hábito. Además ni la lectura del suelto. ¡Lástima de hombre y lástima
el sol ni el aire del campo la habían curtido, y sus de Banco!
ojos eran ojos bien educados, porque también tiene
- Tengo una idea, añadió el ingeniero; por el
educación la mirada, y en sus finos labios flotaba una hombre nada podemos hacer, pero por el Banco sí;
sonrisa de salón, incompatible con toda idea de la- se llamaba Banco de Economías, dadme las vuestras;
branza y vida aldeana.
la sala del crimen está en su período floreciente. ¡HaNada, que el campesino aquel era un caballero gamos una vaca, levantemos el Banco!
disfrazado, pero con una suerte tan horrorosa en el
JOSÉ DE ROURE
juego, que desplumó en un dos por tres al que talla,.,., ......, •. , .•••••, ••• ,,.,.,.,,,,., .• ,.,., •. ,., •••••• , ••..••, .... ,,1,.,.,.,,,1•,.•,.,......, .... ,., .... ,., .... ,., .... ,.• ,.1·,.•,,
ba, siéndole á éste preciso reponer la banca solicitando al efecto mi amistosa ayuda.
NUESTROS GRABADOS
La segunda 'banca desapareció también, y el estudiante número uno se decidió á tallar y fué igualmenBaco, dibujo de R. Armenise. - El ilustre pintor itafono. nos pres_enta el tipo~de Baco, tnodernizado: esa testa de
te desplumado. .
rodeada de pámpanos y racimos, esn sonrisa burlona,
Siguióle el otro de leyes y corrió la misma suerte; anciano
sarcástica, y esos ojos de mirada astuta, más que la representa-

EL. PRÍNCIPE FERNANDO DE BULGARIA

(de fotografía)

LA PRINCESA DE PARM A

un espíritu de observación extraordinario y ma~ej_ando e~ l~piz como un consumado maestro,. consagra Rem1cke _prmc1·
palmente su actividad á reproducir las escenas~ los upos de
Alemania, fijándose sobre todo en las clases medm y alta. _Sus
obras son modelo de verdad, además d: s~rlo de correcc1ó~,
y buena prueba de ello son los tres d1buJOS que r:produc1El gallinero. - Los J&gt;alcos por .af=!ientos. -El an- mos y que expresan perfectamente las distintas. impresiones q~e
fiteatro, dibujos de Renato Remicke. - Dotado de experimentan los que asisten á una representación teatral, segun

ción del hijo de Semell y Júpiter es la rep~o~uccíón de un Baco
de nuestros días y de nuestros pai~es meridionales. ~ comp?·
sición de Armenise es obra artísh~a ~caba~a )'. pu~1era servir
de modelo como corrección de chbu¡o y d1stnbuc16n de clarobscuro.

.l

&lt;

•

(de fotogr:ifía)

las localidades que ocupan: por ellos se ve que en Al_emania,
como aquí, como en todas partes, los verdaderos afic1onad?s,
los que van al teatro por la función, no por_ la co~currenc1~,
los que disfrutan con el espectáculo y aprecian meJor la v_aha
de la obra que se pone en escena son los que l)e~an el galhn,ero, las galerías, es decir, las localid~des de ultima categoria;
pues los que ocupan las ele preferencia hacen por r~gla genera\
dd t~atro un centro de reunión como otro cualquiera, van alh

�OBRAS MAESTRAS DEL ARTE MODERNO

FEDERICO EL GRANDE JUNTO AL CADÁVER DE SCHWERIN, COPIA DEL CELEBRADO CUADRO DE R. WARTHMULLER

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
para ver y ser vistos, para lucir sus galas y criticar las ajenas y
no pocos para charlar mientras los artistas cantan 6 declaman,
sin reparar en la descortesfa que con éstos cometen, ni preo~uparse de los que de buena fe á la representaci6n asisten y tienen perfecto derecho á disfrutar &lt;ll'_ella sin ser interrumpidos.

592

N úMERO

592

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Federico el Grande junto al cadáver de Sohwe· setas para la adquisici6n de un cuadro y 50.000 para la cons·
rin cuadro de R. Warthmuller. - Warthmuller, á pe- trucci6n de una fuente en el patio de la catedral.
sar de su relativa juventud, hace diez años que figura entre los
maestros berlineses que han impreso nueva vida al arte de su
patria. Como Menzel, pinta con predilecci6n los episodios de
la vida de Federico el Grande, pero produce también obras de género en las cuales se ha acreditado
de consumado observador y habilísimo artista, y en
la actualidad reside en París para mejor estudiar en
su fuente el espfritu modernista que informa al arte
de nuestros días. De los muchos y buenos cuadros
hist6ricos de Warthmuller repútase como el mejor el que reproducimos: representa al gran monar·
ca junto al cadáver de Schwerin, uno de sus más
ilustres y queridos generales, muerto en las alturas
de Praga cuando al ver retroceder á los suyos empuñ6 la bandera y se lanz6 sobre el enemigo, arrastrando consigo á los prusianos, que hallaron la vic•
toria donde él perdi6 la vida. La profunda impre·
si6n que este cuadro produce la ha conseguido el
pintor por los medios más sencillos: nada de efectos deslumbrantes, nada de teatral afectaci6n; en
c.'lmbio mucho sentimiento, mucha verdad, que
son los elementos que de veras interesan y conmueven.

Los reyes do Italia. - La astuosa celebra·
ci6n de las bodas de plata de los monarcas italianos tiene hoy fijas en Roma las miradas de Europa. A ella han asistido reyes y emperadores, príncipes de diversas naciones, y en representaci6n de
la reina de España, uno de los magnates más ilustres de nuestra patria, el duque de Alba. Veinticinco años hace que aquellos monarcas contrajeron matrimonio en Turín, el 22 de abril de 1868.
El rey Humberto naci6 el 14 de marzo de 1844
y es hijo de Vfctor Manuel JI, primer rey de Italia,
al cual sucedi6 en enero de 1878. Cas6se con su prima Margarita, nacida en 20 de noviembre de 1851,
é hija (mica del difunto príncipe Fernando de Saboya, duque de Génova, y de Isabel, hija del rey
Juan de Sajonia. Han tenido un solo hiJo, Víctor
Manuel, principe de Nápoles, que hoy cuenta 23
años y es heredero del trono. La reina Margarita
pasa, con raz6n, por una de las mujeres más hermosas de Italia.

- Rubinstein está componiendo actualmente un Oratorio,
Cristo, sobre la letra de Enrique Bulthaupt, cuya audici6n durará dos noches.
- En el Museo Austriaco de Viena se verificará desde I 5 de
mayo hasta fines de agosto una exposici6n de objetos artísticos
antiguos.
- La Sociedad alemana para el fomento de los procedimientos pict6ricos racionales inaugurará en 15 de julio pr6ximo la
exposici6n que tiene proyectada desde 1888 y que comprenderá
cuadros antiguos y n¡odernos, pinturas decorativas, obras de la
plástica y arquitectura polícromas, con especial atenct6n á los
materiales y procedimientos en ellas empleados, sistemas de
restauraci6n y conservaci6n é instrumentos auxiliares y de enseñanza relativos á la técnica de la pintura y de los colores, uten ·
silios, etc. Durante la exposición, que se cerrará el dfa I 5 de
septiembre, la Sociedad celebrará un congreso en el que se
discutirán los asuntos relacionados con el objeto de la misma.
- El compositor Leoncavallo, autor de / Plag/iacci, ha terminado una nueva 6pera, La Boheme, cuyo argumento está tomado de la tan conocida y notable obra de Enrique Murger.
- En Londres se ha inaugurado la vigésima novena exposici6n de la Galería M' Lean : figuran en ella pocas obras, pero
casi todas buenas, sobresaliendo los siguientes cuadros: Federico el Grande y los ojiczales de su escolla rtto11odt1uio el terreno desde lo a/lo de tma colina, de Seiler, digno de ser comparado con
los mejores de Meissonier; La controversia, de G. Kuehl;Jugadores de ajedrez m 1111 café árabe, de Wilda; l,,fujer holandesa, de
Neuhuys; Mercado de flores m Venecia, de Laurenti; una esceen la campiña romana, de Pradilla; un tigre y un le6n, del ruso
Vastagh; varios paisajes, de P. Grahnm, y Un día de viento 111
el canal, bellísima marina de Enrique Moore. l
En la Galería de la Fine Art Society, de la propia ciudad, ha
llamado recientemente la atenci6n una hermosa serie de cuadros
de J orge W~thesbee, inspirados en !a vida campestre en I~glaterra, admirandose en ellos el arm6mco enlace de la naturalidad
con el más delicado sentimiento poético y sobre todo las tonalidades de luz que s6lo se consiguen á fuerza de estudiar la na.
turaleza al aire libre.
- En el sal6n Schulte, de Berlfn, se ha verificado una notable expos1ci6n de obras de maestros antiguos y modernos, entre
las que llaman la atenci6n las de Knaus, Achenbach, Vautier,
Oeder, Munter y sobre todo El ser111ó11 de la 111onta11a, de Gebhardt.

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT, - ILUSTRACIONES DE EMILIO BA YARD
(CONTINUACIÓN)

Como réplica á estas solicitudes del maestro el discípulo había formulado por
su parte otras dos: primera, no pagar á Sauval su participación; segunda, rescindir el contrato celebrado con la fábrica de productos químicos para la provisión
de los mismos. Pero el maestro no quería oír siquiera hablar de esto: una vez
que él empleaba su tiempo y sus conocimientos en el asunto, la participación

Necrología. - Han fallecido recientemente:
El Excmo. Sr. D. Juan Romero Moreno, contraalmirante de
J uegos infantiles, dibujo de D. Pauluzzi, - ¿Quién no ha presenciado alguna escena la armada española y ex ministro de Marina.
parecida á la que este dibujo representa? ¿Quién
no ha siclo testigo de esos juegos infantiles que
son la desesperaci6n de las madres ordenadas y
cuidadosas por el desbarajuste que en el ropero y
1tL REY II UMBE!nO I DE ITALIA (de fotografia)
en el menaje introducen y aun por las bajas 6 desperfectos que en uno y otro ocasionan? Pues bien:
aquellos para quienes el asunto no sea nuevo, no
Vistas de los principales edificios y monu- podrán menos de reconocer con cuánta habilidad ha sabido dibumentos de Madrid. - No teniendo espacio en esta secci6n jarlo Pauluzzi reproduciéndolo con fidelidad digna de alabanza.
para describir detalladamente la lámina que reproducimos, nos
limitaremos á enumerar los sitios, edificios y monumentos que
contiene, citando s6lo algún dato de cada uno. Son: la puerta
MISCELÁNEA
de Toledo, construida por Fernando VII á su vuelta de Francia; la estatua ecuestre de Felipe IV que se eleva en la plaza de
Teatros. - En el Teatro Libre, de Berlín, se ha represen Oriente y que fué esculpida por Tacca, según dibujo de Veláz- tado una comedia de Ernesto Rosner (seuc16nimo bajo el cual
quez; la puerta de Alcalá, erigida para conmemorar la entrada se oculta la esposa de un distinguido abogado de
ele Carlos III en Madrid en 1778; el Congreso de los Diputa· Munich), titulada El crep1lsmlo: en esta obra, sin
dos con su p6rtico corintio, delante del cual se ven dos leones embar~o de resultar un curso completo de cirugia
fundidos con cañones tomados á los moros en la guerra de Afri- oftálmica, interesa en algunas escenas y revela
ca; la plaza Mayor, donde antiguamente se verificaban los autos espfritu de observaci6n y talento dramático.
de fe y se celebraban las fiestas reales, y en cuyo centro se alza
- En el teatro de Viena se ha estrenado con
la estatua de Felipe III; la iglesia de La Latina, que tiene gran aplauso una 6pera c6mica del difunto comanejo un hospital fundado en 1499 por Beatriz Galindo; el Pa- positor checo Smetana, titulada La novia vendida.
lacio Real, imponente y majestuoso edificio, cuya construcci6n
- En el teatro Cario Felice, de Génova, se ha
comenz6 en 1735 por disposici6n de Felipe V; el Hospicio con representado con éxito grandioso la 6pera Falssu fachada hecha por Churriguera; el Ayuntamiento 6 Casa ele taff, de Verdi.
la Villa, edificio del siglo x vn de escaso mérito artístico en
París. - Se han estrenado con buen éxito: en
su exterior; el obelisco del dos de mayo construido en el Prado el Gymnase, L' lwmme á I' oreitle cassle, cuento
en memoria de los mártires de la independencia española; el en tres actos y dos épocas, de Decourcelle y
puente de Toledo, de nueve arcos y 385 pies de largo, y la puer- Mars, tomado de la interesante novela de Edta de San Vicente, que acaba de desmontarse de su sitio y que mundo About; y en el teatro Cluny, Coripzan
fué construida por Sabatini.
contre Corig1ia11, graciosísimo vaudeville en tres
actos, de Rolle y Gascogne.
Madrid. - En el Príncipe Altonso se han can·
La Discreción, alegoría de C. Marr. - El artista
muniquense Marr ha estado felicfsimo en esta composici6n re- tado La Favorita y Emani, habiendo sido muy
presentando á la discreci6n por medio de una matrona envuelta aplaudidos en la primera la señora Franchini y
en amplio manto, que se lleva el dedo á los labios en ade- el tenor Lanfredi y en la segunda la señora Camán de imponer reserva: la lechuza y la nieve son sus simbolos ligaris y el tenor Galli, y en ambas el bajo sey las calaveras que se ven á sus pies significan el silencio de la ñor Riera.
Barce/011a. - En el Principal han tenido gran
tumba.
éxito en La Traviata la señora Boronat y el señor De i\larchi, y en Lucrecia Borgia han sido
El príncipe Fernando de Bulgaria y- su espo- muy aplaudidos la señora Cepeda y el Sr. Masisa. la princesa. de Parma. - El reciente casamiento del ni, especialmente en el dúo final. En el Liceo ha
jefe del ~rincipado de Bulgaria ha sido un acontecimiento que comenzado la temporada de primavera con La
no ha deJado de llamar la atenci6n del mundo político euro- Gioconda, en la que lograron muchos aplausos las
peo: por cu~nto aun en esto _ha sabido aquél emanciparse de señoras Gabi y Borlinetto y los Sres. Moretti y
las influenc1as rusas El príncipe Fernando, nacido en febrero l:'issani y el maestro Marino Mancinelli: en La
el~ 1861 y elegido para ocupar el trono búlgaro en 1887, ha sa- Sonámbula ha obtenido gran ovaci6n la señora
bido afirmar con su poHt.ica su situaci6n en aquel elevado pues- Pacini. En Romea se ha estrenado con buen éxit? que algunos creyeron en un principio insegura y comprome · to una pieza en un acto, Pintura fi de sigle, arret1da. A pesar de las aficiones cientfficas á que por natural ca- glo muy bien hecho del francés por los señores
ráct~r es inclinado, ha demostrado que no carece de las dotes Guasch y Dalmases; y en el Eldorado, con éxito
sufic1~ntes para gobernar un Estado. La elecci6n de esposa ha mediano, Las varas de la justicia, zarzuela en un
obte~1do el beneplácito de su pueblo, por más que la religi6n acto de los Sres. Perrín y Palacios, música del
cat6hca profesada por la elegida haya suscitado algunas objecio- maestro Nieto, hace poco estrenada en Madrid.
nes. Esta es la princesa Maria Luisa de Borb6n, hija de los du- En el Tívoli se ha puesto con gran lujo la zarques de Pru:ma, y por consiguiente de la rama española de los zuela en tres actos Et siglo ,¡ue viene, de Ramos
Horbones, Joven de veintitrés años, apuesta, simpática, instruí- Carri6n y del maestro Caballero, para la cual ha
da Yque por estas cualidades no dejará de captarse las simpatías pintado hermosas decoraciones el Sr. Chía y
del pueblo búlgaro.
•
dibujado elegantes figurines el Sr. Labarta. En
el Circo Barcelonés se ha despedido la compaponcierto al aire libre, cuadro de H. Have- ñía Tani que tantas simpatfas y aplausos se ha
nltI?,. - Cuando una mano experta trata un asunto cuyos per· conquistado en nuestro público.
5?~aJes so? _hermosos niños y escoge para adorno de su composic16n_ be_lhs1mas florecitas campestres y para fondo del cuadro
Bellas Artes. -El segundo premio, de
un pa,saJe en plena luz, necesariamente la obra que produzca 2.000 liras, del concurso Sonzogno, en que gan6 el primero el
habrá de resultar encantadora. Tal sucede con el Co11cierto al compositor Coronaro por su Festa .Marina, ha sido adjudicado
aire libre, de IIavenith, lienzo en el que la idea, las figuras, á la 6pera Don Páez, de Ernesto Bonzi.
- Un comerciante de Brema, llamado Teichmann, ha hecho
los accesorios, el conjunto, todo es simpático, todo impresiona
donaci6n á la Galería Artlstica de aquella ciudad de 12. 500 pedulcemente, todo hace sentir 111 y¡!rcladera emoci6n estética.

Doña Bárbara Lamaclrid, eminente actriz española: había
estrenado, entre otras, El Trovador, de García Gutiérrez ( 1835),
Los aman/es de Tenul y Don A 1/onso el Casto, de Hartzenbusch, esta última con el famoso Í.atorre, y las obras de Zorrilla Cada cual con m ra::ó11, El rey loco, El caballo del rey Don
Sa,uho, La copa de marfil, Dm J11a11 Tmorio y otras. Ha
muerto á los 81 años y hacia muchos que se hallaba retirada rle
la escena.
Martln Pablo Otto, escultor alemán de renombre universal,
autor del monumento, aún no terminado, de Lutero, que ha de
erigirse en Berlfn, de la estatua del emperador Guillermo destinada á Ems, de hermo~os retratos, grupos plásticos, etc.
Mauricio Pappermann, profesor ele dibujo y pintor de la Real
fábrica de porcelanas de Meissen (Alemania) y uno de los mejores artistas de tan importante manufactura.

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Barincq, por consiguiente, co'n la malet_a en la mano comenz6 á recorrer el camino
con ammado paso

LA REINA MARGARITA DE ITALIA

(de fotografia)

i\lr. Vicat Colé, uno de los más ilustres paisajistas ingleses,
miembro de la Real Academia de Londres.
Rafael César Garilli, historiador y litera.to italiano, autor,
entre otras obras, de Los problemas sobre Europa, E studios sobre Italia, Los fas/os de Piacm::a.

debía serle pagada; una vez que el contrato se había cerrado, era necesario que
fuese cumplido; si Barincq no entendía una palabra en asuntos comerciales, debía sin embargo saber, como todo hombre honrado, que no es lícito volverse
atrás después de adquirir un compromiso.
Solamente por evitar procedimientos de justicia, de los cuales se asustaba Barincq, había aceptado éste las proposiciones de Sauval, que parecían ofrecerle
una seguridad absoluta; pero ante la doble negativa del maestro, había sido
necesario que se resolviese á pleitar de nuevo; de su matrimonio le había
nacido una hija; Barincq no podía permitir que se la arruinasen, así como
no podía tampoco permitir que la avaricia ó la mala fe de Sauval devorase
la fortuna de su mujer, fortuna ya gravemente comprometida. Barincq había
pedido, por consiguiente, á los !ri?unales el nombramiento de peritos encargados de examinar si el p'.ocedim1en~o de Sauval er~ susceptible de aplicacación industrial, y de certificar que s1 en el laboratono daba resultados admirables, en la práctica no los dab~ d~ ninguna clase; de recono~er, en fin, que no
estando sostenidos esos procedimtentos sobre una base sena y sólida, Jo que
Sauval había vendido á su discípulo no r~presentaba absolutamente nada.
¡Qué asombro y qué indignación experimentó el sabio!
Creía Sauval, sin embargo, haber adoptado todas las precauciones necesarias
no tratando para este asunto con uno de ~sos mercad~res d~ oficio que sólo
compran un descubrimiento con el propósit~ de despojar al mventor; pero lo
terrible es que el mercantilismo parece con~ag1oso, y que el menos aficionado al
comercio, sólo con que en asuntos comerciales se mezcle se transforma en comerciante.
Indudablemente Sauval (casi lo decía él) se había _sacrificado renunciando
sin dificultad á los beneficios que representaban el precio de su trabajo, y sobre
este punto estaba dispuesto á toda clase de concesiones; exi~t_ía, si~ embargo, en
las pretensiones de Barincq otroyu~to sobre el cual su po~1.c1ón. c1entífic~ no le
permitía ni admitir discusión s1qu1~ra, tal era el, de adm1tir_la mtervenc16n de
peritos que en el terreno de la ciencia nunca pod1an ser s~s iguales.
Era menester, lpor consiguiente, que Sauval ,se defendiera y _no tolerase que
su persona el sabio fuese explotado una vez mas por el comerciante.
Habíase' arrastrado lentamente por unos tribunales Y_POr otros y desde una
jurisdicción hasta otra jurisdicción, .Y en tanto que 1~ ~una levantaba ~ ontañas
de papel sellado para explicar detemdamente el tecmcismo de las matenas colorantes á dos francos el pliego¡ mientras que los abogados hablaban, peroraban

y reproducían, cada uno desde su punto de vista, la historia de la química;
mientras los jueces escuchaban ó dormitaban ó juzgaban, obscurecíase la situación comercial de Barincq, el cual cada día que pasaba parecía hundirse un
poco más. Habríale sido menester gran capital para conseguir que su casa siguiese adelante y sostener entretanto sus pleitos, y solamente realizando al
mismo tiempo verdaderos milagros de energía y sacrificios desesperados se
sostenía.
Cuando Barincq vivía por sí mismo, sin auxilios de ninguna clase, rodeado
solamente por las ideas que agitaban su cerebro, había podido abandonar con
indiferencia la mayor parte de su herencia paterna; en sus apuros grandes, acosado por todas partes, medio loco, volvió á Ourteau con el popósito de exponer
á su hermano la situación en que se hallaba y suplicarle que le salvase del naufragio, consintiendo en dar una garantía hipotecaria por la cantidad de ciento
cincuenta mil francos. Aunque la palabra hipoteca sonó de una manera muy
desagradable en los oídos de Gastón, la garantía fué otorgada, aunque no sin
inquietud, sin vacilaciones ni regateos.
- Toda vez que tú, mi hermano menor, tienes necesidad de mí, mi obligación
es acudir en tu ayuda.
Aquellos ciento cincuenta mil francos habían sido una gota de agua en el
mar. Seis meses después de su inversión el acreedor exigía por conducto de alguaciles al fiador el pago de los intereses que el primer deudor no podía satisfacer.
Las relaciones entre los dos hermanos, hasta entonces tan afectuosas, agriáronse con este motivo: ¡un alguacil en el castillo! Aquella era la primera vez que
ocurría un escándalo parecido; la carta que notificaba esto á Barincq había resultado excesivamente dura á pesar del empeño de Gastón en ser comedido.
«¿No has pensado en que el alguacil podría llenar, como ha sucedido, los
huecos del acta con el nombre de uno de mis criados?»
Para suavizar las asperezas de esta situación la señora de Barincq había
pensado trasladarse á Ourteau con su hija; Gastón era al fin y al cabo tío de
Anie, que podía heredar de él; convenía por consiguiente tenerle contento.
Pero la madre de Anie no allanó las dificultades, antes las hizo mayores insistiendo con impertinencia en la generosidad que su marido había demostrado
cuando se trató de repartir la herencia paterna. ¿Cómo había de admitir el primogénito eso de la generosidad si estaba convencido de que su hermano menor
no había hecho otra cosa sino cumplir sencillamente sus obligac~ones?
Cuando transcurridos ocho días la señora de Barincq y su hija abandonaban
el castillo para regresar á París, la ruptura entre los dos hermanos era ya irreparable.
Los pleitos se prolongaron todavía durante diez y ocho meses, al cabo de los
cuales una sentencia definitiva declaraba la nulidad de los privilegios de invención comprados á Sauval; por desgracia era ya demasiado tarde; Barincq había
agotado ya todos sus recursos y no tuvo más remedio que abandonar á sus
acreedores lo poco que le restaba, y solamente á la intervención generosa de
Sauval fué debido que no se le declarase en quiebra.
Un amigo suyo le recogió casi de lástima en la casita de Abreuvoir, y el director de la oficina cosmopolita de los inventores, director que tanto dinero había
ganado con Barincq, le daba la plaza de delineante, retribuida con doscientos
francos al mes de honorarios.

IX
A las seis de la madrugada se detuvo el tren y se apeó Barincq en la estación
de Puyoo; desde allí hasta Ourteau era necesario andar dos leguas en medio del
~am~o. En otros tiempos encontraba Barincq á su llegada un coche que había
1~0 a esperarle, y que después por la carretera, cuya longitud era de unos cuatro
k1tói:netros, le l)evaba al castillo; pero Barincq no había querido pedir este carruaje por medio de telegrama, y lo mal provisto de su bolsa no le permitía tomar uno en la misma estación. Además aquella caminata de dos leguas no le
asustaba, como_ no le asustaba tampoco el camino de travesía, que conocía perfectamente; el tiempo era hermoso y apacible, el sol acababa de salir en un cielo
se~eno, Y después de una noche pasada inmóvil en un vagón, aquel paseo no
depba de tener atractivos; Barincq, por consiguiente, con su maleta en la mano,
comenzó á recorrer el camino con animado paso.
No anduvo mucho tiempo de esta manera; al llegar al puente detúvose para
contemplar las aguas del Gave,. acrecentadas por las nieves derretidas y que cor~ían entre las verdes riberas reflejando los rayos oblicuos del sol naciente; Banncq acababa de dejar su jardín, cuyas lilas apenas si daban señal de brotes, y se
encontraba aquellos árboles corpulentos llenos de follaje festoneando la corriente del Gave, sobre la cual elevábanse las esbeltas torres del antiguo castillo de
Bel\ocq. ¡Qué frescura había en todo aquello, qué belleza y qué gracia! ¡Y para
B_a~mcq, cuán~os recuerdos! Pero lo que más aún que el ruido de las aguas bul(1c1osas Y. el cte~o azulado y la verde arboleda despertó súbitamente en Banncq las 1mpres1ones de sus años juveniles fué la vista de una carreta que llegaba á la sazón por el otro extremo del puente: estaba construida con un tronco
de abeto cuya corteza no había sido quitada todavía y colocado sobre cuatro
ruedas con troncos ?e avellano por rayos; dos bueyes cubiertos con lienzo y encap~chados con terliz azul arrastraban lentamente el vehículo, y delante de ellos
cam_maba el conductor llevando al hombro la chaqueta, una faja encarnada á
la cmtura, calzados los pies con alpargatas y con la vara de pincho en la mano;
para rreservarse _del sol_ habí~ tirado un poco hacia delante su boina, que formaba _as1 una especie de visera sobre sus ojos brillantes y sobre su rostro recién
afeitado.
¡Cuántas veces el mismo Barincq había caminado así delante de esas parejas

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
de bueyes con la aguijada en la mano produciendo indignación en su hermano,
para el cual no había más entretenimiento que la caza, la pesca y la equitación
y que le echaba en cara sus aficiones de palurdo.
Después de un saludo cambiado con el carretero, continuó Barincq su camino, y en lugar de seguir por la carretera tomó por el antiguo sendero que subía
directamente á la colina.
Ya en otra ocasión había visto en una mañana parecida á aquella los mismos
sitios con los mismos accidentes.
A consecuencia de la presentación de una epidemia, el colegio en que él y su
hermano estudiaban había sido cerrado y los alumnos despedidos. El tren procedente de París había dejado á Gastón y á él en la estación de Puyoo á aquella misma hora. Como nadie estaba prevenido de su regreso, nadie les aguardaba en la estación, y en vez de alquilar allí un carruaje se habían entregado al
placer de lanzarse á la carrera á través de los campos para .sorprender á su pa. dre. Todo permanecía igual en aquel pedazo de campo; y sm embargo, ¡qué de
cambios, cuántas tristezas en la vida de Barincq! Su padre, su hermano... ya no
existían; él vivía aún, pero tan violentamente sacudido por la desgracia, que era
verdaderamente milagroso que no hubiese sido el primero en desaparecer. ¡Cuántos en su Jugar se hubieran desalentado! El mismo habría cedido seguramente á
la desesperación si no hubiese luchado por los suyos. E l auxilio que le llegaba
de ellos habíale sostenido hasta el fin: una sonrisa, una caricia, una palabra de
su hija, su mirada, la música de su voz.
En Jo más elevado de la colina Barincq se detuvo, y dejando su maleta al pie
de un árbol, se sentó en el tronco de un castaño, que tendido sobre la hierba
esperaba á que los caminos es.tuviesen bastante secos para que fuera posible bajarle hasta el taller de aserrar.
Como Barincq sólo había empleado una hora en la subida y no había de emplear más de cuarenta ó cincuenta minutos en la bajada, pudo, sin temor de retrasarse, permanecer allí un momento en reposo y contemplando el espléndido
panorama que se presentaba á su vista.
Poco á poco aquella contemplación de horizontes tan conocidos evocó tristes recuerdos de tiempos felices cuya memoria contrastaba dolorosamente con
las amarguras de ahora: por todas partes el vacío, el silencio, y allá en la espaciosa estancia del primer piso del castillo, en aquella estancia en que él había
nacido, en aquella estancia donde su padre había muerto y que su imaginación
Je representaba con toda exactitud, parecíale ver á su hermano durmiendo para
siempre el último sueño.
Esta evocación que le presentaba á Gastón como si por las ventanas abiertas
le hubiese visto rígido sobre su ataúd, le oprimió el corazón, y alrededor suyo
se nubló todo porque sus ojos se llenaron de lágrimas.
X
Para desechar tan tristes memorias y combatir su melancolía, Barincq recogió
nuevamente la maleta y prosiguió su camino.
Cuando oyó dar las ocho en el reloj de la iglesia llegaba Barincq á las primeras casas del pueblo, entonces Je ocurrió la idea de visitar ante todo al notario Revenacq; era este notario un camarada de colegio y con él hablaría libremente. Si Gastón había hecho testamento en favor de su hijo natural, Revenacq
habría de estar enterado y podía indudablemente darle á conocer las disposiciones en ese documento contenidas.
El carácter de su hermano, impulsado al rencor, de una parte, y de otra el cariño y los cuidados que había manifestado siempre por aquel joven, eran motivos bastantes para sospechar que ese testamento existía; pero al fin y al cabo no
era una ilusión de heredero figurarse que aun instituyendo á su hijo legatario
universal hubiera podido y hubiera debido dejar también algo para Anie. En
realidad la fortuna de que Gastón había disfrutado no era una fortuna adquirida
por su industria personal y aumentada por el propio trabajo, de la cual por lo
tanto pudiera disponer libremente sin necesidad de dar á nadie cuenta de
sus intenciones; no, era una fortuna patrimonial sobre la cual, por consiguiente,
tenían sus herederos naturales cierto derecho, si no legal precisamente, moral sin duda. Pues bien: Gastón tenía un heredero legítimo, que era su hermano, y si podía desheredar á este hermano con arreglo á lo establecido en la
ley, no faltaban tampoco razones en que apoyar esta determinación ni motivos
con que justificarla: rencor, hostilidad y sobre todo convencimiento de que su
legado, si alguno dejaba, sería derrochado; pero ninguna de estas razones, que
á Barincq podían ser aplicadas, existía para Anie, que nada le había hecho, contra la cual Gastón no tenía resentimiento alguno y que además era su sobrina.
En tales condiciones era muy difícil imaginar que Anie no figurase en el testamento con un legado cuálquiera; por pequeño que este legado fuese, para ella
sería la fortuna, y más aún que la fortuna, el único medio de evitar ese desgraciado matrimonio para el cual estaba ya·resignada.
Dos minutos después penetraba en el estudio del notario, donde se encontró
á. un escribientillo que se disponía á barrer la habitación.
- ¿Quiere usted hablar al Sr. Revenacq?, preguntó el chico.
- Sí, amigo mío.
- Voy á buscarle.
Casi en seguida llegó el notario; pero al pronto desconoció á su antiguo camarada, y saludándolo ceremoniosamente dijo:
- Caballero ...
- ¿Es necesario que dé mi nombre?
-¡Tú!
- ¿Muy cambiado á lo que parece?
- Como no has contestado á ninguno de mis telegramas ya no te esperaba,
porque te he enviado dos y además te he escrito...
- No te he respondido porque desde luego pensé venir. ¿Pudiste creer que
dejaría yo enterrará mi pobre Gastón sin darle mi tíltima despedida?
- ¿Y has venido á pie desde la estación de Puyoo?, dijo el notario sin responder directamente á su amigo y mirando la maleta que Barincq había colocado
encima de una silla.
- Ha sido un paseo; mis piernas están todavía fuertes.
- Entremos en mi gabinete.
Después de hacerle sentar en un sillón de palo de cerezo y de sentarse el notario en el más próximo á su mesa de escritorio, continuó el notario:
- ¿Y tú cómo estás? ¿Y la señora Barincq?

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592

- Gracias por todo, amigo mío. Por ahora estamos bien; pero háblame de
Gastón; tu telegrama fué para mí lo mismo que un rayo.
- Eso es lo que ha sido para todos esta muerte. Ya hace unos dos años que
la salud de Gastón, salud que hasta entonces había sido excelente, comenzó á
quebrantarse; pero en realidad sin que ese quebrantamiento presentase síntoma
alguno grave, al menos para él ni para nosotros. fresentósele alguna vez un ántrax que se curaba por sí solo y solfa reproducirse y para el cual Gastón no quiso llamar al médico, porque su sistema era, según él decía, que el mejor tratamiento para toda clase de enfermedades era despreciarlas. ¿Es cosa de que se
alarme uno por un divieso? Sin embargo, empezó á estar menos robusto,. menos
vigoroso, menos activo; un esfuerzo cualquiera le fatigaba; renunció á montar
á caballo y muy poco tiempo después hubo de renunciar asimismo á salir
á paseo en carruaje, limitándose á recorrer por un rato corto el parque ó los
jardines del castillo. Al propio tiempo su carácter cambió casi por completo
inclinándose á la melancolía y agriándose de un modo extraordinario; se hizo regañón, áspero y desconfiado. Llamo tu atención sobre este particular porque
necesitaremos probablemente hablar de esto alguna otra vez. Un día se quejó
Gastón de un dolor violentísimo en una pierna y tuvo necesidad de quedarse en
cama. Fué necesario llamar al médico, el cual diagnosticó un absceso interno
para el cual prescribió un tratamiento sencillo de cataplasmas. El absceso curó
y Gastón pudo levantarse; pero es evidente que no estaba restablecido del todo,
había perdido por completo el apetito y no había manera de hacerle conciliar
el sueño. Sin embargo, poco á poco iba notándose mejoría y hasta puede asegurarse que recobró, al parecer, su buena salud; Jo que no volvió á recobrar nunca
fué su buen humor.
- ¿Tenía Gastón razones particulares de disgusto?
- Tal creo; mejor dicho, estoy seguro de que las tenía, si bien nunca me confió nada por completo; verdad es que nu:-ica dijo á nadie nada, ni á mí ni á los
otros. Gastón me honraba con su confianza en todo aquello que se refería á sus
negocios, pero en Jo que respecta á sus sentimientos personales ha sido siemlJre
absolutamente reservado, y en estos últimos tiempos más que nunca; verdad es
que un notario no es un confesor. Pero ya volveremos á hablar de esto. Terminaré lo que hace referencia á su enfermedad y á su muerte. Te he dicho ya que
en el estado general de Gastón' advertíamos todos cierta mejoría; con la llegada
de la primavera había recobrado su afición á pasear y salía diariamente, lo cual
nos hizo esperará todos que transcurrido algún tiempo tomaría nuevamente su
antiguo género de vida; á su edad esto nada tenía de inverosímil. Así las cosas,
anteayer se entró precipitadamente en mi despacho el cochero Estanislao, y me
anunció que se había puesto muy malo; que estaba pálido, sin movimiento, sin
voz y que no había manera de hacerle que volviera en sí. Corrí al castillo. Cuanto en él se hizo resultó inútil. Sin embargo, envié en busca del médico, que no
pudo hacer otra cosa que certificar el fallecimiento, el cual, según la opinión
del facultativo, había sido ocasionado por una hemorragia interna, consecuencia quizás de los ántrax 6 del absceso de la pierna, cuyos humores haciéndose
sólidos habrían podido obstruir una arteria.
- ¿La muerte fué repentina?
- Completamente.
Reinó un instante de silencio, y el notario, conmovido por su relación, no
procuró distraer el dolor de su antiguo condiscípulo. Luego que ambos se hubieron tranquilizado un poco, Revenacq continuó diciendo:
- Te he dicho ya que Gastón se mostró en sus últimos años triste y sombrío;
debo insistir en esto porque el punto es para ti de interés preferente; sin embargo, aunqde mi deseo de aclararlo todo es muy grande, no podré hacerlo porque
en muchas cosas estoy reducido á meras suposiciones; todos los razonamientos
del mundo no pueden sustituirá los hechos, y precisamente los hechos concretos son los que desconozco. Aunque, según te he dicho ya, Gastón no me ha explicado confidencialmente nada que con sus sentimientos se relacionase, las causas de su tristeza y de sus inquietudes no son un misterio para mí: provenían
indudablemente, por una parte, de vuestro rompimiento; por otra, de una duda
que ha envenenado su existencia.
-¿Una duda?
- Sí; la que abrigaba acerca de si el capitán Sixto era efectivamente hijo
suyo ó no lo era.
-¿Cómo?..
- Inmediatamente hablaremos del capitán; concluyamos ahora con lo que se
refiere á ti. Si tu enemistad con tu hermano ha podido ocasionarte tristezas, seguramente no se las ocasionó á él menores, y acaso mayores que las tuyas,
si se tiene en cuenta que tú en esa ruptura de relaciones eras, si así puede decirse, puramente pasivo, mientras que Gastón era activo; tú habías de limitarte
á sobrellevar las consecuencias de aquel estado de cosas, él podía ponerles término, bastando para esto que pronunciase una palabra; vacilando y luchando
constantemente entre si la diría ó no la diría: he sido testigo de esas luchas y
de esas vacilaciones; puedo afirmar que unas y otras le hacían muy desgraciado;
realmente han sido el tormento de sus últimos años.
- ¡Nos habíamos amado tan tiernamente!
- Gastón no dejó de quererte nunca.
,
- ¿Cómo no le conmovieron mis cartas?
.
- Porque en el momento de recibirlas pagaba tu hermano los intereses de
aquella cantidad por la cual te había dado su garantía, y la contrariedad que
aquel gasto le ocasionaba mantuvo su exasperación y su resentimiento.
- Dada su situación, aquel gasto era, sin embargo, de muy poca importancia.
- Es necesario que sepas, y ahora puedo decírtelo, que precisamente cuando
los vencimientos de pagos de los intereses de aquella garantía llegaron, acababa
de perder Gastón una suma de gran entidad en un círculo de Pau; suma que no
pudo pagar sin haber contratado un empréstito. Esto complicó sus negocios y
Gastón se encontró apurado. Todavía lo estuvo mucho más cuando los efectos
~erribles de la filoxera primero y después del mildew destruyeron completamente su cosecha de uva. Otro cualquiera en su lugar habría procurado combatir
aquellas enfermedades de sus viñas; Gastón no quiso hacerlo; habría sido preciso realizar gastos que él, según decía, no estaba en disposición de sufragar por
culpa tuya. La verdad es que tu hermano no creyó nunca en la eficacia de los
remedios empleados en otras partes, y que, por apatía ó por terquedad, dejaba
que las cosas marchasen como esperando que la casualidad le trajese un cambio
cualquiera, y al hacerlo así declinaba toda la responsabilidád sobre los que le
condenaban á permanecer con los brazos cruzados. Así ocurrió que todas sus

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592

LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

viñas se perdiesen. ¿Te haces ahora cargo de su situación? ¿Comprendes la violencia de su enojo?
- ¡Ay! Sí la comprendo.
- Como, á pesar de todo, Gastón no podía, teniendo las rentas de que dispuso siempre, estar apurado mucho tiempo, llegó el caso de que sus economías le
permitiesen devolver, no solamente la cantidad por la que había sido fiador tuyo,
sino también la que él había tomado á préstamo para pagar sus deudas de juego.
Esperaba yo esa ocasión con cierta confianza, figurándome que cuando tu recuerdo no fuese evocado en la memoria de Gastón por vencimientos de pagarés, la
reconciliación sería posible; que cuando tu hermano dejase de experimentar
contrariedadts por tu causa, renacería vuestra antigua amistad: sigo creyendo
aún que así habría sucedido si Gastón, completamente aislado, no hubiese podido hallar sincero cariño sino en ti ó ;en tu hija; pero precisamente entonces
hubo alguien que se interpuso entre vosotros y que vino á ser la rémora de aquella reconciliación: ese alguien fué el capitán Valentín Sixto; te dije antes que hablaríamos de él; ha llegado la ocasión de que hablemos.
- Te escucho.
- ¿El capitán es ó no es hijo de tu hermano? Esta es la pregunta que me dirijo á mí mismo todavía, sin poder por mi parte contestar con certeza absoluta,
si bien es verdad que casi todo el mundo responde á ella afirmativamente; pero
como es evidente la duda que sobre este punto abrigaba el mismo Gastón, quien,
sin embargo, debía de tener, como es natural, datos que á todos los demás nos
faltan y razones que todos desconocemos para creer en su paternidad ó dudar
de ella, no puedes extrañar que yo permanezca dudando. Además, acaso sepas
más que yo ó por lo menos tanto como yo en este asunto, porque cuando ese
niño nació estabas en muy buenas relaciones con tu hermano.
- Nada me dijo entonces de la señorita Dufourcq; y andando el tiempo, supe
solamente lo que todo el mundo decía: dos ó tres veces intenté hablar de eso
con Gastón, pero mi hermano eludía el contestarme y procuraba variar de conversación como si aquella le molestara.
- Le molestaba efectivamente porque hacía surgir en su espíritu una duda
que Je atormentó hasta su muerte; diré más, que fué la desesperación de toda
su vida. Hace ahora unos treinta años que conoció Gastón á las señoritas Dufourcq, que habitaban á dos kilómetros próximamente de Peyrehorade, en lo más
elevado de un cerro, en el sitio en que la carretera de Dax entra por la llanura.
Existía allí en otros tiempos una hostería al frente de la cual estaban sus amos,
el padre y la madre de las señoritas Dufourcq. A la muerte de sus padres, las
dos muchachas, que eran inteligentes y que habían recibido cierta instrucción,
tuvieron el talento de comprender el partido que podrían sacar de aquella herencia transformando la hostería en una especie de casa alquilable para enfermos ó
convalecientes que quisiesen disfrutar el clima de Pau en medio del campo y no
en el interior de la ciudad. Ya conoces el sitio.
- Lo conozco y aún recuerdo perfectamente la antigua hostería.
- No tengo que decirte entonces que la situación es inmejorable y las vistas
son excelentes; esto fué lo que atrajo á muchos extranjeros .no menos que la
transformación llevada á cabo por aquellas hermanas laboriosas é inteligentes,
en su hostería, ya vieja, que resultó convertida en habitación muy cómoda, con
buenos muebles, jardines agradables, excelente cocina y esmerado servicio. De
la mayor de estas jóvenes, Clotilde, nada hay que decir; era una persona que
procuraba no llamar hacia sí la atención de nadie y sólo pensaba en arreglar su
casa; por el contrario, de Leontine, la hermana menor, sí hay que decir bastante: coqueta y muy linda; linda hasta el punto de producir gran impresión, coqueta hasta el extremo de no rechazar á ningún hombre. Visitando en casa de las
hermanas Dufourcq á un su amigo que se había establecido allí para cuidar á
su esposa enferma del pecho, conoció tu hermano á Leontine y se enamoró de
ella. Comprendes perfectamente que una muchacha del carácter de Leontine
no rechazaría á un hombre como el Sr. de Saint-Christeau. ¡Qué gloria para ella
contarle entre sus apasionados! Ambos se amaron; cada dos días Gastón hacía
un viaje de treinta kilómetros para saber cómo seguía la esposa de su amigo.
¿Hasta dónde podrían llegar esos amores? ¿Pensó Leontine Dufourcq que acaso
pudiera ser andando el tiempo la esposa de Saint-Christeau? Demasiado era esto
para una muchacha de sus condiciones. Gastón, por su parte, dominado por su
pasión, ¿dió palabra de casamiento á Leontine para obtener el triunfo y derrotar
á un inglés joven, muy rico y enfermo que habitaba en la casa y proponía á
Leontine, según se dijo, que le aceptase por esposo? Lo ignoro, porque me han
enterado de esta historia, si así puede decirse, por fragmentos; un poco éste,
otro poco aquél y en resumen de un modo incompleto y hasta con datos contradictorios. Lo que hay de cierto es que Leontine quedó encinta. ¿Por qué en
aquel momento no se casó Gastón con ella? Probablemente porque desconfió
de .º?tener el c?nsentimiento paterno, que de seguro ni aun se habría atrevido á
solicitar. Almagmas tú el furor de vuestro padre cuando se hubiese enterado de
que su h1¡0 mayor pretendía casarse con la hija de un mesonero?
. - Nuestro padre no hubiese concedido nunca su permiso; habría preferido
mil veces romper con Gastón á pesar de su debilidad_para con el primogénito.
- No se llegó á ese extremo, y si vuestro padre llegó á tener noticias de las relaciones de su hijo con Leontine, es indudable que las consideró solamente como
un amorío sin consecuencias. Además, mucho antes de que el estado de Leontine fuese visible, la joven abandonó su domicilio de Peyrehorade para trasladarse
á_ Burde~s, _donde permaneció oculta algún tiempo; en el país se dijo que Leontme ~ab1a ido á pasar una temp0rada con otra hermana mayor, casada en Champagne. Todas las semanas Gastón iba á Burdeos· en Royán se les encontraba
iuntos.. Al mismo tiempo que_ Leontine salía de 'Peyrehorade, Arturo Burn, el
mglés Joven y enfermo de quien te he hablado antes, dejó también la casa· se
ha dicho que les habían visto á él y á ella en Burdeos; ¿es verdad ó es mentira?
Lo ignoro; pero cualquier cosa puede creerse de una mujer tan coqueta como
ella; para el caso en que no pudiera ser la esposa de Gastón, que era Jo que probablemente Leontine debía preferir, la joven conservaba á su inglés, condenado
á prematura muerte y al que era fácil no disgustar. ¡Cosa extraordinaria! No
fué el enfermo el que falleció, fué la hermosa joven, sana y robusta; un mes
después de haber librado murió casi repentinamente. El niño no había sido reconocido por Gastón, que sin duda se proponía legitimarle por medio del matrimonio cuando pudiese hacerlo. Clotilde, la tía del niño, lo llevó consigo á Peyrehorade y lo educó como su sobrino, si bien diciendo que era hijo de su hermana mayor, la casada en Champagne. Pasaron años, de los cuales nada sé sino
que Gastón iba á ver al niño alguna vez en casa de su tía, y que cuando llegó el
momento de ponerle en el colegio de Pau, tu hermano sufragó los gastos. El

muchacho fué desde un principio un alumno aplicado, estudioso, inteligente y
consiguió ingresar en la escuela de Saint-Cyr con muy buen número. Vistiendo
el uniforme de colegial de Saint-Cyr vino por primera vez al castillo, donde pasó
una gran parte de las vacaciones dedicado á montar á caballo, á la caza y á la
pesca. Para los que no habían olvidado los amores de Gastón con Leontine,
aquella permanencia del muchacho en el castillo fué como el principio del reconocimiento de su hijo por el padre; pues para todo el mundo Valentín era
indudablemente hijo de Gastón; ,nadie dudaba de esa paternidad; y yo mismo,
que hasta entonces había tenido muchas dudas ...
- ¿Y existía algún fundamento para esas dudas?
- Solamente los que resultaban del hecho de no haberle reconocido Gastón;
para mí, sin embargo, eran de bastante peso, porque en un hombre del carácter
de tu hermano era imposible admitir que creyendo hijo suyo á aquel joven no
le diera su nombre; cuando no Jo hacía así, era porque sin duda algo se lo impedía, y no dependiendo él de nadie, este impedimento no podía ser otro que la
desconfianza nacida en el espíritu de Gastón con motivo de las relaciones que
habían existido entre Leontine y Arturo Bum. ¿Qué relaciones habían sido éstas? ¿Inocentes ó culpables? Perspicaz había de ser quien pudiera decirlo al
cabo de veinte años y cuando Leontine y Arturo habían muerto ya llevando á
la tumba su secreto. Como quiera que fuese, Gastón no se atrevía á decidir, toda
vez que no reconoció á aquel hijo, para él dudoso. Interesarse por él, cobrarle
afecto, sí podía hacerlo, y en justicia debo decir que el joven merecía aquel interés; y sin embargo, Gastón, que tanto cariño Je demostraba, no se atrevía á
reconocerle, á darle su nombre, á constituirle en heredero, á considerarle como
continuador de los Saint-Christeau. He visto esos escrúpulos, mejor dicho, los
he adivinado; he asistido á esas luchas que en la conciencia de Gastón libraban
dos deberes igualmente poderosos: de una parte, el que pensaba tener con respecto al joven; de otra, el que le imponía el respeto á su nombre y á su linaje;
te aseguro que eran empeñadas aquellas luchas.
- ¿Pero no llevó á cabo investigaciones? ¿No pudo intentar una información?
- ¡Después de veinte años!.. ¡En un asunto de esta naturaleza!.. Es cierto, sin
embargo, que Gastón debió de reunir todas las noticias que pudiesen darle
alguna luz sobre la materia; pero es cierto también que indudablemente no
han sido demasiado claras cuando no han determinado el reconocimiento de
Sixto. Las cosas continuaron así, sin que ni mi mujer ni yo nos atreviésemos
á decidir si se realizaría ó no se realizaría ese reconocimiento; nos inclinábamos
á negarlo unas veces, lo afirmábamos otras, pero vacilando siempre. Valentín,
cuando salió de la escuela de Saint-Cyr, llegó á ser oficial de dragones, entró
poco tiempo después en la escuela militar, de la cual salió con el número tres.
Gastón, orgulloso de él, tenía constantemente el nombre de Valentín en los labios, y siempre que el joven obtenía una licencia la pasaba en el castillo; un
padre no hubiese manifestado más ternura con su hijo; un hijo no habría sido
más cariñoso con su padre. Sin embargo, precisamente en aquellos momentos
adquirí la certidumbre de que Gastón no le reconocería nunca, y he aquí cómo
se formó esa seguridad en mi espíritu. Te parece mi relación incoherente y
deshilvanada, ¿verdad?
- Me parece perfectamente clara.
- Entonces prosigo. Cierto día Gastón me dió el encargo de redactarle un
modelo de testamento que Gastón mismo había de copiar. Por mucha reserva
que yo tuviese con un cliente suspicaz, temeroso siempre de verse obligado á
decir algo que desease tener reservado, vime en la precisión de dirigirle algunas
preguntas; Gastón me respondió con mucha reserva, encerrándose constantemen en generalidades, y de tal modo hizo esto que en lugar de redactarle un
solo modelo formulé cuatro ó cinco, cada uno de los cuales correspondiese á
los casos que, en mi concepto, á Gastón podían presentársele. Cuatro días después Gastón me trajo su testamento en un sobre cerrado y lacrado con cinco
sellos y me rogó que se lo guardase.
-¿De manera que mi hermano hizo testamento?
- Sí; hizo uno entonces. Pero hace ahora un mes me lo pidió para modificarlo, acaso para destruirlo, y yo no sé si ha hecho otro; lo que hay de cierto es
que yo no soy depositario de ninguno, de suerte que hoy eres el único heredero
legítimo de tu hermano; lo cual, como comprendes, no significa que haya seguridad de que recojas la herencia.
- Comprendo que entre los papeles de Gastón puede hallarse algún testamento.
- Exactamente. Y dicho esto, vuelvo á la convicción que arraigó en mi alma
de que Gastón no reconocería como hijo al capitán el día mismo en que me
encargó que le redactase un testamento. Ésta convicción mía está perfectamente basada en la lógica si no me engaño. Sabes que el hijo natural reconocido
no tiene sobre los bienes de su padre los mismos derechos que el hijo legítimo,
¿no es verdad? En este caso concreto, el capitán, hijo legítimo de Gastón, heredaría toda la fortuna de su padre; hijo natural reconocido, sólo podría heredar la
mitad de esa fortuna, porque el padre deja un hermano, que eres tú. Para que
Sixto pudiera recoger todos los bienes de Gastón era necesario que le hubieran
sid~ lega~os en el testamento, y este testamento en favor suyo solamente sería
posible siendo él un extraño, de ninguna manera siendo un hijo natural reconocido.
- Yo no sabía una palabra de todo eso.
- No es extraño; cuando nuestras leyes tratan de los hijos naturales ó adulterinos_ ó i~cestuosos e~tán llenas de obscuridad, de lagunas, de contradicciones y
defic1enc1as, en medio de las cuales aquellos cuya profesión es interpretar ó
aplicar el código se desenredan muy difícilmente. Así, pues, tu hermano, á mi
juicio, haciendo su testamento renunciaba definitivamente á reconocer como
hijo suyo al capitán Valentín Sixto.
- Y la conclusión de tus razonamientos es que mi hermano tenía empeño en
que toda su fortuna la heredase el capitán Sixto.
- La lógica me llevaba á esa conclusión, efecti,.,amente.
- ¿Sospechas las razones que pudieron mover á mi herm:mo á recoger el testamento?
- Son de muchas clases; pero tanto las unas como las otras descansan sobre
meras suposiciones.
- Y ya que t ú las has examinado y discutido, ¿tienes alguna dificultad en comunicármelas?
- De ning1ín modo,
(Continuará)

�2

94

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SECCIÓN CIENTÍFICA

NúMERO

592

espacios muy cortos, generalmente
inferiores á una milésima de segunLA CRONOFOTOGRAFÍA
do. El cronofotógrafo se presta perNUEVO MÉTODO PARA ANALIZAR EJ. MOVIMIENTO
fectamente á esta disposición; basta
EN LAS CIKNCIAS FfSICAS Y NATURALl!.S
para
ello colocar el objeto que se ha
( Conc/11sión)
de fotografiar detrás de los discos
El insecto que vuela contra el vidrio ocupa un es- obturadores, los cuales, de esta suerpacio bastante grande en profundidad, y por consi- te, tienen como función única la de
guiente, para que todas las partes de su cuerpo estén cortar el haz de luz concentrada y
claramente representadas, es menester que el objeti- no dejar que llege á la preparación
vo tenga gran profundidad de foco, y precisamente sino durante los cortos instantes de
sucede que la extraordinaria angostura de las hendi- la coincidencia de las ventanas.
duras por las cuales debe pasar la luz en el centro
La figura 36 representa en sus
del objetivo, constituye un excelente diafragma que principales detalles la pieza que se adapta al cron~da al foco más de dos centímetros de profundidad ( 1 ). fotógrafo para analizar los movimientos microscópicos. Una caja de madera, abierta en su parte ce~tral,
X, - FOTOGRAFIAS DE LOS MOVIMIENTOS EN EL CAMPO
se adapta á la parte anterior del aparato del m1s~o
DEL MIGROSCOPIO
modo que las cajas de objetivos ya descritos. Esta ca1a
Los movimientos de los seres microscópicos son lleva delante un objetivo C que sólo sirve para condenextraordinariamente difíciles de seguir: su rapidez es, sar la luz enviada por medio de un heliostato: el foco
de este condensador se forma en la
platina p en el sitio mismo en· donde será colocada la preparación.
Para poner la máquina á punto_ se
regula la posición de la platma
Fig. 36. Pieza especial que se añade al cronofot6grafo para
portaobjeto, primero por medio
estudiar los movimientos de los seres microscópicos
del botón B que gobierna una cremallera, y luego por medio de la considerablemente agrandadas varias vorticelas adhevarita m v que gobierna el tornillo ridas á filamentos de confervas: durante la sucesión de
micrométrico.
las imágenes en ella representadas muchas vorticelas
Se asesta el objetivo microscó- ejecutan movimientos; sµ estilo se contrae y los empico O sobre la preparación, y de- puja oblicuamente hacia abajo y á la derecha. Las fatrás de este objetivo los rayos que ses de este movimiento, demasiado brusco para que el
recogen la imagen atraviesan una ojo pueda percibirlo, pueden seguirse de esta manera:
caja cúbica de metal, y luego con- tomemos como puntos de mira las fibras de confervas
tinuándose
al través de la caja de que se entrecruzan en la preparación, y veremos una
F ig. 34. Disposición teórica de la iluminaci6n empleada para estudiar
madera en el fuelle á éste adapta- fibra transversal cruzada por tres fibras verticales forel vuelo de los insectos
do, llegan por último al cristal opa- mando con ellas compartimientos casi rectangulares;
co de la cámara de las imágenes de en el mayor de estos compartimientos se ven dos vorpor regla general, tan grande que en muchos casos que hemos hablado al describir el cronofotógrafo comticelas provistas de sus estilos contorneadas en espiralos órganos motores son completamente invisibles. pleto.
les. Estas vorticelas se mueven porque puede comproPor esto la traslación de ciertos infusorios tiene alEn un lado de la caja metálica está implqntado obligo misterioso: sólo matando al animal se distinguen cuamente un tubo de microscopio con su ocular. Una barse que de la primera á la última imagen se aproximan gradualmente á la fibra transversal y al ángulo
claramente algunos filamentos vibrátiles ú órganos disposición introdudel mismo género que no podían distinguirse en vida cida por M. N achet
por la rapidez con que se agitan.
permite enviará voProdúcense en el campo del microscopio infini- luntad la imagen,
dad de movimientos curiosísimos cuyo análisis por la sea sobre el cristal
cronofotografía presentaba ciertas dificultades; en pri- opaco, sea al microsmer lugar el agrandamiento considerable de las imá- copio: consiste en el
genes trae consigo una diminución proporcional de empleo de un prisla intensidad de la luz que obra sobre cada punto de ma de reflexión tola placa fotográfica, y en segundo la extraordinaria tal que se pone en
brevedad que hay que dar á los tiempos de exposi- movimiento por meción para obtener imágenes claras de movimientos dio del botón P, oprimuy rápidos. Era, pues, preciso que el objeto que de- miendo el cual se
bía ser fotografiado fuese sometido á un alumbrado adelanta el prisma y
Fig. 37. Representa los movimientos de vorticelas que contraen su estilo en espiral.
muy potente.
La sucesi6n de los movimientos se lee de izquierda á derecha
se dirige la imagen
Pero la acción prolongada de una luz muy concen- de la preparación al
trada y sobre todo la del calor que la acompaña alte- microscopio, al paso que tirando de él se aleja el prisraría muy pronto los pequeños seres que se mueven ma y la imagen va á formarse directamente en el cris- inferior de la derecha del compartimiento en donde
se encuentran (3).
en la preparación microscópica. Para evitar este peli- tal opaco ó en la placa sensible.
Este ejemplo quizás no es uno de los más interegro hemos recurrido al siguiente procedimiento:
Como una vez puesto el experimentador detrás del san~es que pueda escogerse para demostrar las apliaparato, para mi- cac10nes de cronofotografía á los movimientos de los
rar la imagen en seres microscópicos (4); pero nuestros experimentos
el cristal opaco, no han pasado aún del período inicial, y nos proposería imposible nemos continuarlos, con la esperanza de sorprender
buscar los puntos los movimientos de los glóbulos de la sangre en los
interesantes de vasos capilares, los actos íntimos de la contracción
la preparación, de la fibra de los músculos y de las ondas que los reeste reconoci- corren, y finalmente los movimientos de los filamenmiento se hace tos vibrátiles y en general de los órganos que sirven
mirando por el á la locomoción de Los infusorios.
ocular del micros-· Tampoco dudamos de que no sea posible aplicar
copio que una á los seres microscópicos la cronofotografía sobre plalente de correc- ca fija empleando para ello una iluminación oblicua,
ción permite re- del sistema de M. Nachet, que presenta los objetos
gular de manera luminosos sobre fondo obscuro.
que las imágenes
se encuentren
XI. - LA CRONOFOTOGRAFÍA APLICADA Á LAS CIENCIAS
FfSICAS
exactamente á foco en el microsPara terminar esta revista, ya bastante larga, de las
copio y en la plaaplicaciones de la cronofotograffa, sólo diremos unas
ca sensi ble.
F:g. 35. Representa dos tipulas, una inm6vil puesta sobre un cristal, otra que vuela por encima de ella
Estando todo
agitando sus patas de diversos mqdos y dando á su cuerpo inclinaciones variadas. Esta fiaura es un preparado para dor: se engrana éste y se remonta el cilindro y todo está disfra?mento de una larga tira pelicular.
'"
las fotografías so- puesto para que el aparato se ponga en movimiento en cuanto
quede libre el volante. Cuando, pues, se ha comprobado mirando por el microscopio que la preparaci6n está á punto, no hay
.
.
bre
película
en
La luz, muy concentrada, es proyectada sobre la
más que tirar del botón del prisma y soltar el volante para que
mov1m1ento, compruébase por el ocular del microsco- el
aparato se ponga en movimiento y las imágenes queden
preparació.n de una manera intermitente y durante
pio si la postura á foco es exacta y si los movimien- fijadas.
·
tos se producen en el sitio que se desea, y comproba(3) El procedimiento de grabado que ha servido para re•
(1) Nos proponemos modificar las condiciones del experiproducir estas imágenes no se presta á dar la pureza d~ l&lt;1s demento y establecer un sistema de alumbrado de los insectos que do esto, se tira del botón del prisma y se pone el talles que presentaba la preparaci6n y que se encontraba en los
los haya luminosos delante de un campo obscuro. De este mo- aparato en movimiento ( 2 ). La figura 37 representa clisés originales.
do nos encontraremos en las condiciones de la cronofotografia
(4) Hemos obtenido también imágenes ,bastante buenas del
(2) Para poder operar sin auxilio de un ayudante que dé
sobre placa fija, y podrá seguirse con mayor precisi6n las fases,
vueltas al manubrio del juego de ruedas, hemos puesto éste en movimiento de los gl6bulos de la sangre en los vasos capil3res
tan fugaces, del aletazo de un insecto.
y del crecimiento de los cristales arborizados en las soluciones
relaci6n con un cilindro de muelle y con un \'Olante regula· saturadas.

NúMERO

LA

592

pocas palabras para demostrar el part)d~ que puede
sacarse de ella para estudia: _el mov1m1~n.to . en el
mundo inorgánico: la cinemat1ca y la dmam1ca encontrarán un auxiliar poderoso en nuest~o método.
Los memorables experimentos de Galileo, que han
determinado las leyes de la caída de los cuerpos, pueden ser considerados como el punto de partida de 1~
mecánica científica: generalizando estas leyes y aplicándolas á todas las fuerzas que obran _sobre la mat~ria se ha creado la dinámica. Ahora bien: los _mov1;
mientos tan complicados de las ma~~s. sometidas a
diferentes fuerzas, aunque á veces d1f1c1les, d~ determinar por el cálculo, son generalmente de fac!l determinación por el método experimental mediante la
cronofotografía.
.
.
Escojamos, por ejemplo, el experimento de Galileo
sobre las leyes del movimiento de un cu;r_PO que cae
bajo la acción de la gravedad: al gran fis1co de Fl?•
rencia fuéle preciso hacer un grand~ esfuerzo ?e genio
para encontrar el m~dio de reduc!r 1~ veloc1~ad del
movimiento por medio del plano mcln:~ado, sm alterar sus caracteres, y para hacer percept.I ble su aceleración uniforme. Este mismo problema, tratado por
la cronofotografía, puede res?!verse de )a manera más
sencilla, sin ningún dispos1t1vo especial: tómese, al
efecto, una escalera y colóquesela de~ante de un ca?'l·
po obscuro y subido en ella el experimentador, déJe•
se caer un¡ bola pesada y pintada de blanco desde
una regular altura mientras el a~arato cronofotogr~fico recibe las imágenes de la misma s~b:e placa fiJa.
En la figura· 38 se ve la serie de la~ pos1c10nes oc~padas por la bola en cada uno de los mstante? sucesivos
(á cada cuadragésima parte de seg_undo), siendo muy
fácil por medio de una escala métnc_a compara~ entre
sí los espacios recorridos en esas umda~es de tiempo
sucesivas. El experimento, se ha realizad? ~n condiciones bastante rudimentarias pero podna mtroducirse en él toda la precisión deseable.

2

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

95'

transportarse en el aire y ser en él dirigidas. En los
muy numerosos ensayos que hasta ahora se han hecho, los aparatos no han func;iona~o bi~n y á veces se
han roto al caer sin que haya habido tiempo de apreciar el vicio de' su funcionamiento: es~udiadas_ por
medio de la cronofotografía, estas ~áq~m_as hubieran
revelado todos los detalles de sus mov1m1entos y demostrado los defectos que han ocásion~do su caída.
Para todas estas aplicaciones t~n va~1~das, el c_ronofotógrafo no requiere ninguna d1spos1c1ón especial,
salvo algunas veces el cambio de obj_etivo cua_ndo l~s
dimensiones del objeto que se estud1~ y la d1stanc1a
en que se encuentra lo hacen necesano.
Comparando como es natural, la cronofotografía
con las demás formas del método gráfico, le .he_mos
atribuído en muchos casos una g.ran supenondad
sobre éstas: en efecto, nuestro método es más sencillo
cuando se puede recoger sobre una pla~a fija y por
medio de una operación siempre la misma la sucesión de las fases de un fenómeno; es más potente porque aborda los fenómenos de mayor compleJid~d; es
más seguro porque, á la inversa de los ~ro:ed1m1entos
mecánicos de inscripción de los mov1m1entos, nada
toma de la fuerza cuyos efectos estudia sin alterar sus
manifestaciones, y finalmente es más general y creemos haber demostrado con ejemplos bastante numeFig. 38. Fases del movimiento de un cuerpo que cae! estudiadas rosos que se aplica igualmente á las ciencias físicas
por medio del cronofot6grafo sobre placa fip
y á las ciencias naturales.
E. J. MAREY, de la Academia de Ciencias
(De la Revue gemrale des sciences pures et appliquées)

El mismo método podría servir para determinar
las leyes de la resistencia del aire que obra sobre ob•
jetos de formas y densidades distintas.
En la práctica nuestro método ofrec; gr_andes ventajas para registrar la marcha de las maqumas y para
asegurarse de que en su funcionamiento no presentan
algún defecto que no haya podido ser previsto. U na
de las grandes preocupaciones de nuestra época es la
construcción de las máquinas voladoras que puedan

Recomendamos el verdadero Hierro Drava1s, adoptado en los Hospitales de Parls y que prescriben los
medlcos, contra la Anemia, Clorosis y Debllldad ¡ dando
a la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
que tanto se desea. Es el meJor de todos los tónicos
y reconstituyentes, No produce estreñimiento, ni diarrea, teniendo además la sliper1or!dad sobre todos los
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&amp;rl.OR&amp;ICBIICD.U
# ..,__

"°':CU

~~elo6ÚI

~

Sia•••

i III Sin ftlEDICADOll!!i.. ~GAJ&gt;09,
PBOFDOJU:11 -, c.Jn'O- para faeilillr la
~ d e l a TGL-Puu : 12 Jla.ua.

....................
•

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_¿

llfl'\ • • t l d contra las diversas ,
ara,b 9 de._,191
a, e. AfeccionesdllCorazon,

J

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VINO FERRUGINOSO ARDUO
T COK TODOS LOS PIJl(CU'lOS IClJTJlITIVOS DB U CABNE

c,.a.an mm• 1 •1JD&amp;t Diez añoe de ei:lto continuado y la8 aflrmt:Clonet de
toéiu las ebllnenclU mMfeaa preub&amp;D que esta uocllCion de la Clame, el B1ern y la
• .._ oonaUtuye el reparador maa enemco que ee conoce para curar : la Clordní, la
1,114m,a las .llfftllf'fUICfolfu dolorolal, el Jlmpobf'eamtenlo 1 lá ..tlteracton ae la Sangre,
el RaqÚm,mo laa ..t(eccwtlU escro(lllolal '1 acorbutkal, etc. El l'I•• li'errast•H• de
Ana• 88
regularlsa '

en' erecto el único que reune todo lo que enwna y fortalece los organoa,
coordena' y aumenta. conslderablemenle las tuerzas 6 Infunde a la aanrre
empabredda y descolorida : el Ylqor, la Coloracúm_ '1 la Btterg~ "'~"'·
.Por uvor,eD Plril, en easa de 1. FEW,Famw:eulíco, 10!, ruefüchelieu, Sucesor 4e AROOD.
tw 1111 V;DD&amp; BN TODAS LAS PIUNCIP.lLBS BOTIQA.S
1

EXIJASE e1~0:: ARDUO

PITE EPILATOIRE DUSSER

destru e basta tas IIAICE9 el VELLO del rottro de las damas (Barba, Bigote, ett.), lla
llÍDg11J peligro para el ~utis. SO A.iio9 d e Éitlto, l millart.s de tesUmooioagaranUj¡° la )eft~
de esta preparacion, (Sf vende en oaJat, para la barba, J en 1/2 oeJaa para et higo~ ger¡.~
)OI bruos, emplée!~C~1eIL.!t'CIHM._DVSS E R, l,rueJ,.J,-1\ou■seau,
•

�-LA I LUSTRACIÓN

NúMERO

ARTÍSTICA

EL RATONCITO, por Jost Miró Folguera. - Aunque así se ti•
tula el libro, Ei rato11cito no es

LIBROS
ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

más que una de las narraciones
en él coleccionadas por el distinguido periodista y conocido es·
critor Sr. Miró y Folguera. La
índole de esta sección no nos permite ocuparnos extensamente de
ellas como se merecen y como
desearíamos, y nos obliga á sintetizar nuestro juici~ en pocas p.a ·
labras, diciendo que los trabajos
en cuestión revelan al observador profundo, enamorado de la
real ida:!, así en los fenómenos psi·
cológicos que analiza con gran
conocimiento del alma humana,
como de los hechos que describe con verdad admirable; al de·
cidido campeón de los modernos
procedimientos literarios, y al es·
critor castizo y sobrio que e~cuentra para cada idea la frase
justa. Ei rato11dto se vende al
precio de 2 pesetas.

por autores ó editores
Los CATALANES EN LA DE·
FENSA Y RECONQUISTA DE BUE·
NOS AI RES, por R. Mo1111er )'
Sam. - Aunque ausente hace
años de la patria, el Sr. Monner
y Sans no sólo no se olvida de
ella, sino que con su bien cortada
pluma proclama sus glorias y na·
rra las hazañas de sus valerosos
hijos. El folleto que nos ocupa
es un boceto histórico en que se
demuestra la decisiva interven•
ción que tuvieron los catalanes
en los suce~os que se desarrolla·
rbn en la capital argentina cuando los ingleses quisieron apode·
rarse del Río de la Plata en 1806
y 18o7, apoyándose el 'autor en
citas de los historiadores de la
República Argentina y en noticias que pacientemente supo proporcionarse, intercalándolas, con
comentarios que al par que su
amor Cataluña denotan su observación profunda y su impar•
cialidad, y revistiéndolo todo de
la forma castiza y elegante que
caracteriza á todos los trabajos de
nuestro distinguido compatriota.

PoESIES,per j oseplz Lluis l'om
y Gallarza. - El Sr. Pons y Ga-

a

llarza figura con razón entre los
primeros poetas catalanes y des·
de 1867 posee el titulo de Jl.festre
en Gay Saber: hay en todas sus
poesías inspiración y sentimiento
extraordinarios; todas ellas están
escritas con una admirable pure·
za de lenguaje, y en todas vibra
el amor y el entusiasmo por Cataluña y Mallorca. ¿Qué más podemos decir de ellas que no lo
diga elocuentemente por si solo
el nombre de su autor? El edi·
tor D. J osé Tous, de Palma de
Mallorca, ha coleccionado algunas de ellas en un elegante tomo que constituye el tercero de
la N11eva Biblioteca Balear y se
vende al precio tle 2 pesetas.

CUENTOS DE AMOR, por juan
Rieiz de Esparza y Hemá11dez. La lectura de las cinco narraciones que contiene el libro publi·
cado por el escritor mejicano se·
ñor Ruiz de Esparza justifican el
título de Cuentos de amor: hay
en todas ellas verdadero raudal
de sentimiento y de poesía, cuyos
atractivos aumentan los que J?ºr
si solo ofrece el interés dramati·
co, y que acreditan á su autor
de novelista de corazón.

/

~/ !t~// ~~J/f/ ✓ /~·! ·/1/n
1

JUEGOS INFANTILES, dibujo de D. Panluzzi

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PILDORAS~DEHAUT
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. .c10, ,OrfVe, eoatn Jo que ,acede eoa

11,,.
mo eaudo,. toma con llaeao, aumeaco,

...... fff la !UIEIU DI nDICIU

Jo, de.mu PllJ'flll..., .... 110 obra

PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CDRYISART, EN 1856

7 l&gt;tbidutortUicaa..., caaJeJnao, ,1oa11,
el ti. Cada naJ t«Ofl, ,ara PllJ'flJW, la
hn 1 la eomlda p• ma le eoat'lell-.
NfU ,u ooapldOGN, Como ti oaaua
. do ta• la JnUVª ocufo111 queda co••

llodallu n 1&amp;1 llspNlelon11 l■tenaelonal11 ••

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VINO • • de PEPSII&amp; IOUDAULT
POLVOS, •• PEPSINA IOUDAULT
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VINO ARDUO CON QUINA
T 001' TODOI tol nmamOI MtJnfflYOI IOLtJILU H U CAJUfB

e•a... 1••mu110D loe element.OI qu-, entran en la com'IIOllfclon de e■te JIC)lente

tepU'&amp;dor de 1u tuenu nt&amp;les, de este ,_.,... ._.. per Neefe•eia. De un ~lo mawnente a¡radable, es aoberano contra la J.nemúJ J el J.f'OCllm~t o, en Ju Ciünttllt'tll
7 COIJlltU«fflCÚJI¡ contra Ju 1"4"'41 J IU J.fecdUMI del ll1to,naqo 7 loe
Cuando ae tma de despertar el apeUlo, asegurar Ju dige8Uonee reparar Ju tuera,.

•lliaa

8a VUDS 111( TOD.t.S L.tJI PaIKCIPALSII BoTlaU;

EXIJASE 11.:=' ARDUO

N

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DE CORTEZAS DE llRlNJlS lllRClS

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y haga uao de nuestros GRANOS de SALUD, pue, ellos
le curarán de au const,pao/on, le darán apetito y le
devolver•n el sueño y la alegria. - A11 rivirá Vd,
muchos años, disfrutando siempre de una buena talud.

POLVO
preparado
DE ARRQZ
con bismuto
EXTRA
por Ch. Fay, perfu~ista

.9, Ruede la Paix, PARIS

Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria

JMP, DI MONTANH Y SIMÓff

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