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Ftí~t1ea

Afl'o XII

BARCELONA 5 DE JUNIO DE 1893 ~ -- - - - - -

NúM. 597

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

""""·
SUMARIO

LA CIUDAD DE CHICAGO

Texto. - La ci11dad de Chicago, por M, A . S. - El regalo,

Lo primero que se ocurre al visitante de esta segunda Exposición universal americana, al presenciar el
extraordinario movimiento y animación que reinan en
torno suyo, es comparar mentalmente lo que es hoy
Chicago con lo que era á principios de este siglo. El
décimonono nos tiene acostumbrados á contemplar
muchas maravillas; pero esta misma costumbre, á fuer
de continuada, hace que no las concedamos toda la
admiración debida. Y sin embargo, admiración y
asombro causa indefectiblemente en el ánimo de
cuantos conocen un poco la historia de esta parte de
América el increíble desarrollo que ha adquirido
Chicago en muy pocos años.
En vano se busca en la historia antigua ni en la
moderna ejemplo de análogo crecimiento. Nínive ó
Babilonia, antiguas capitales de la populosa Persia,
las residencias faraónicas, las ciudades ilustres de
Grecia, Roma con haber sido cabeza del mundo conocido, no pudieron lisonjearse de haber llegado á
su esplendor en tan poco tiempo como Chicago.

por Luis Taboada. - Las máquinas que 110 comen, por Mariano Rubió Bellvé. -Bocetos. La gota de agua, por Juan O-Nei·
lle. -Miscelánea. -Nmstros grabados. - Anie (continuación),
novela por Héctor Malot, ilustraciones de Emilio Bayard,
traducción de A . Sánchez Pérez - SECCIÓN CIE1'TfFICA: Los
progresos de la pisciwltura de sábalo y m propagación artifi·
cial. - Un micrómetro barato.
Grabados. - Exposición universal de Chicago. Mr. Jorge
Davis, director general de la Exposición, en el acto de pro·
mmciar el dismrso inaugural. - Calle del Estado en Chicago.
Los edificios más altos de Chicago, grupo de siete grabados.
- Estudio al óleo, Paisaje, Estudio al carbón, de José L6pez
Tomás. - Patio de la iglesia del Salvador, en Sevilla; Patio
del Generalife, de Granada; Entrada á la fábrica de tabacos
de Sevilla, cuadros de Manuel García Rodríguez. - Panneau
decorativo, de Alejandro Riquer. - Una división de caballeda
pasa11do1m vado, cuadro de José Cusachs. -Los infantes don
Antonio y Do11a Eulalia en Las Palmas. - Patrida, cuadro
de G. E. Moira. -La convaleciente, cuadro de V. Corcas. Figuras r y 2 . Estaciones de piscicultura. - Micrómetro de
M. Poynting, y Esquema explicativo. - El león de Lucerna,
monumento erigido á la memoria de los suizos que murieron
en las Tullerías, defendiendo á Luis XVI, obra de Thor·
waldsen.

Las capitales modernas que, como Londres, París
Viena y Berlín, encierran en su seno millones de habitantes, han tardado algunas centurias en adquirir
su numerosa población y en contar con los monumentos que las ilustran; pero de la ciudad norte-americana puede decirse que ha surgido, corno Minerva
de la cabeza de Júpiter, armada de todas sus condiciones de progreso y poblada como por ensalmo de
su millón y medio de habitantes.
Pobre campamento de indios salvajes, los illinois,
que daban en su leng\Ja al terreno en que hoy se
asienta la ciudad el nombre de Chegag, el cual significa cebolla silvestre, por las muchas que allí se producían, los jesuitas Marquette yJ oliet fueron los primeros europeos que lo pisaron en 1662. En 1670, un explorador francés, Roberto Cavalier de la Salle, lo reconoció, y á consecuencia de este reconocimiento tomaron posesión de él los franceses, construyendo un
fortín. Desposeídos de la comarca por los ingleses,
que á su vez la perdieron cuando la independencia de
los Estados Unidos, se establecieron allí algunos traficantes de pieles que edificaron algunas viviendas,

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO

Mr. JORGE DAVIS, director general de la Exposición, en el acto de pronunciar el discurso inaugural
(De una foto¡.rrafía instantánea)

1

�LA
pero la colonización del país fué tan lenta que en 1830
sólo tenía 50 habitantes.
Cincuenta habitantes en 1830 y cerca de un millón
y medio sesenta años después; ¿puede concebirse tan
prodigioso incremento? Y cuenta que en los terrenos
de la Chegag de los indios no había minas de oro,
plata ú otros metales que como en Australia y California atrajeran de golpe millares de aventureros.
Esta progresión fué también lenta al princip~o,
pues en 1845 sólo contaba la ciudad 12.000 habitantes; pero la marcha de los indios que poblaban el
país; la apertura del canal que enlaza el valle del río
Mississipí con el del San Lorenzo y que costó
6 500.000 dollars; el establecimiento de la navegación por vapor en el lago Míchigan y en otros lagos
y ríos próximos; las lineas férreas que se han multiplicado alrededor de las ciudades hasta el punto de
haber en ésta 28 compañías; la fiebre de oro que hizo de Chicago el punto de tránsito de cuantos pasa-

las casas llamadas Manhattan Block, que tenían diez
y que han pasado á la categoría de pigmeos en comparación con las que posteriormente se han edificado.
El Templo Masónico está considerado por los inteligentes como uno de los mayores esfuerzos de la
arquitectura é ingeniería americanas. Tiene 22 pisos,
de simetría perfecta, y cuando de noche se encienden los focos eléctricos que hay en su cúspide, parecen, vistos desde la calle, estrellas que se destacan
en el obscuro firmamento.
El edificio de la Sociedad de Templanza de la
Mujer cristiana, llamado vulgarmente Templo de la
Mujer, á causa de haber sido construído con el producto de una suscripción particular, pero de cantidades muy reducidas procedentes de todos los Estados
Unidos, es quizás el más bello de todos. Aunque tiene 14 pisos, es tan proporcionado en su conjunto,
que apenas se nota su enorme altura.
El teatro de la Opera alemana ó Teatro Schiller

CALLE DEL ESTADO EN CHICAG0

ban á California; la feracidad del valle á cuyo extremo está situada; la creciente inmigración europea en
los Estados Unidos, y sobre todo la energía, laboriosidad é iniciativa individual de aquellos habitantes,
son causas todas que han hecho de la ciudad del Illinois, del antiguo campamento indio, una soberbia
población que, ahora hace un año, en mayo de 1892,
tenía 1.438.010 habitantes.
No sabemos dónde llegaría hoy este pasmoso crecimiento, si no lo hubiera contenido el horroroso incendio que el 8 de octubre de 1871 destruyó gran
parte de la ciudad, causando la muerte de más de
200 personas, la desaparición de 17 .450 casas, aunque muchas de ellas de madera, á consecuencia de lo
cual quedaron sin abrigo cerca de 100.000 personas,
el incendio de 672 hectáreas de terreno y pérdidas
por valor de 190 millones de dollars. Si alguna vez
ha tenido aplicación práctica la fábula del ave fénix
renaciendo de sus propias cenizas, en Chicago se tmcuentra, 1¡&gt;ues la ciudad renació muy en breve con
mayor esplendor que antes, con la particularidad de
que á las sencillas casas de madera sustituyeron ele·
gantes edificios de piedra.
De la importancia que hoy tiene esta ciudad en
cuanto á extensión se puede formar una idea sabiendo que su longitud es de 38 kilómetros y su superficie de 46.651 hectáreas, y sin embargo, á pesar de
tan considerable superficie, que tal vez hiciera presumir abundancia y por consiguiente baratura de terrenos, el continuo aumento de pobladores ha hecho
que éstos adquieran precios fabulosos, de suerte que
en los barrios de mayor movimiento, en los que radican los negocios, se paga á dos mil duros el metro
cuadrado.
Como se compranderá, para que una casa produzca el interés relativo al precio del solar y de la construcción, ha de contener gran número de inquilinos
y de aquí esos altísimos edificios de 10, 12, 15, 18 y
hasta 20 pisos, que necesitan forzosamente un ascensor, como todas lo tienen.
Entre estos edificios merecen algunos especial mención, no tanto por el estilo arquitectónico, cuanto por
su descomunal elevación.
Los primeros que se erigieron fuera de las condiciones ordinarias después del horroroso incendio sufrido por la ciudad en 187 r (siendo de advertir que
ya entonces había casas de siete y ocho pisos) fueron

NúMERO

ILUSTRA&lt;!IÓN ARTÍSTICA

es uno de los edificios más altos de Chicago: la bandera que ondea en su techumdre desaparece á veces
entre las nubes.
El palacio de la Bolsa, últimamente reformado,
presenta una fachada notable en esta ciudad de las
construcciones monumentales. Antes de la reforma
tenía siete pisos y ahora se le han añadido otros
siete.
También es notable la casa de Owing, que tiene el
mismo número de pisos.
Una sociedad de capitalistas ha construido en la
calle Dearborn la serie de &lt;;asas llamadas el Manhattan Block, las cuales han ofrecido la particularidad
de que sus pisos se iban alquilando á medida que se
concluían; de suerte que el sexto ó séptimo, por ejemplo, estaban ya habitados, cuando los albañiles trabajaban todavía día y noche en la construcción del piso
superior.
El interior de la Cámara de Comercio nos muestra la disposición y estructura de las casas de que
acabamos de hablar. Es un espacioso salón con cubierta de cristales y galerías alrededor, á las cuales
dan las puertas de las habitaciones. Todo está construído de hierro y piedra y alumbrado por la electricidad. Unos ascensores, situados en los cuatro ángulos, dan acceso á los diferentes pisos.
Entre los demás edificios de Chicago merecen citarse el Palacio de la Ciudad, que tiene 280 pies
de longitud en la calle de Wáshington y 340 en las
de Clark y La Salle, 120 pies de altura y una torre
que llega á 3 76; costó cuatro millones de dollars: la
Casa de Correos y la Aduana, que constituyen un
solo edificio, el cual costó seis millones; el ya antiguo
edificio para Exposiciones, construido en noventa y
seis días, que contiene un salón inmenso, pues tiene
r.ooo pies de largo por 225 de ancho y caben en él
50.000 personas; la Universidad, el Seminario de
Baptistas y Presbiterianos, el colegio de Medicina y
la Academia de Ciencias.
Conviene siempre no olvidar lo que era Chicago
cincuenta años atrás para que parezca punto menos
que increíble el que hoy haya en ella 265 iglesias,
entre éstas una catedral y 44 templos católicos, 36
metodistas, 32 luteranos, y el resto de otras sectas
religiosas; 22 cementerios, más de 200 hoteles, en
cada uno de los cuales pueden hospedarse hasta mil
viajeros, muchos salones de lectura á los que concu-

597

rren anualmente 600.000 personas. No faltan galerías
y museos de Bellas Artes, así como salones públicos,
casi todos de hermosa arquitectura, y entre sus diferentes parques y jardines es digno de mención el de
Lincoln.
Como el río Chicago divide la ciudad en tres partes desiguales, llamadas del Norte, del Sur y del
Oeste, se han construído dos túneles por debajo de
su cauce á fin de que no quedara interrumpida la
comunicación entre esas tres partes cuando los hielos
ú otras causas obstruyeran transiitoriamente la navegación.
En cuanto al movimiento y tráfico de Chicago, algunas cifras relativas á los ferrocarriles permitirán
comprenderlo. Hemos dicho antes que la ciudad
cuenta con veintiocho Compañías ferroviarias, las
cuales poseen 68.ooo kilómetros de líneas. Mil trescientos sesenta trenes entran ó salen diariamente, de
ellos 262 de gran velocidad, y ya es sabido lo que la
velocidad significa en las líneas de los Estados U nidos; 660 trenes de los suburbios, 274 de mercancías
y 164 de ganado, trigo ó madera. Para estas líneas
hay treinta y dos estaciones, que se hallan casi todas
en el centro de la ciudad, de suerte que allí la agitación es enorme.
En competencia con las vías férreas están los transportes por agua, y en 1892 salieron del río de Chicago 9.252 barcos con 4.972.000 toneladas, poco más
ó menos el tráfico de Nueva York con las naciones
extranjeras.
La cifra de las transacciones comerciales se ha elevado en 1892 á 7.500 millones de pesetas: el ganado,
el trigo y la madera son los artículos sobre los que
principalmente se han hecho.
La Bolsa ó Board of Trade de Chicago es sin disputa el principal mercado de cereales del mundo. En un
solo día se puede vender ó comprar en ella toda la
cosecha de una provincia, de un Estado.
Algunos de los almacenes de trigo tienen doce pisos y encierran cantidades prodigiosas de este importante producto.
De fama universal goza esta población en carnes,
y en especial de la de cerdo, que le ha valido el dictado de Porcópolis. Las manipulaciones que exige la
matanza de estos animales han llegado aquí á tal grado de perfección y rapidez, con el auxilio de las máquinas empleadas al efecto, que se pueden matar,
descuartizar y salar fácilmente millares de ellos en
un día.
Los grandes parques de ganado están perfectamente distributdos y acondicionados. En ellos entran diariamente innumerables reses que crían los veinte millones de labradores que de cuarenta años á esta parte han poblado el valle del Mississipí, y que sufrirían grandes pérdidas, por producir mucho más de
lo que en el país se consume, si no encontraran salida
para sus productos. Esta salida se la ofrece Chicago,
adonde centenares de tratantes acuden en busca de
carnes para la exportación.
El labrador ó ganadero envía, pues, sus reses, bue·
yes, carneros ó cerdos, á los parques de Stock Yards
de Chicago, donde siempre encuentra comprador, verificándose las transacciones con una prontitud y sencillez propias de aquellos hombres eminentemente
prácticos, y para quienes, aún más que para los ingleses, el tiempo es dinero.
La importancia que la ciudad de Míchigan ha ad·
quirido en esta clase de negocios se desprende claramente de la siguiente estadística de los animales entrados en los grandes parques durante el pasado año
de 1892:
Bueyes.
Cerdos. .
C'lrneros..
Terneras..
Caballos ..

3

-

·,,,,

3.511.7g6
7. 714.435
2.145.079
197. 576
86.998

Los mataderos no están monopolizados por el Municipio como en casi todas las poblaciones de Europa y América, sino que hay grandes casas particulares que se dedican á la matanza de las reses, siendo
las principales las de Armour, N elson Morris y Swift.
La primera mata anualmente 385.000 bueyes, que le
dejan un beneficio de unos cuatro millones de pesetas, á razón de 10 pesetas por cabeza: además mata
un millón de cerdos.
Pero no se limita á estos dos solos artículos el co·
mercio de Chicago, sino que los abarca todos, aunque en menos extensión, dando lugar á una vida, á
un movimiento que es menester presenciar para com·
prenderlos, tanto más, cuanto que por las condiciones
topográficas de la población, limitada al Este por el
lago, al Sur por !as vías férreas y cruzada al Norte y
al Oeste por el río, casi toda esta vida se concentra
en un espacio centro de la ciudad.

M. A. S.

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,, .

.. : .

,: .

LOS EDIFICIOS MÁS ALTOS DE CHICAGO
Templo masónico, 22 pisos. - Interior de la Cámara de Comercio. -Teatro Schiller 6 de la Opera alemana. - Casa Owing. - Casas de ?tianhattan, 18 pisos.
Gran hotel del Norte. - Casa de la Sociedad de Templanza de mujeres cristianas

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

597
NúMERO

EL REGALO
- Vaya, decía Gómez á su esposa. El primo no
' nos ha olvidado: ya ves cómo agradece las atenciones que hemos tenido con él.
- Bueno, pero ¿qué dice en su carta?
- Dice que ha llegado perfectamente; que conservará siempre un grato recuerdo de lo bien que le hemos tratado durante su estancia en Madrid, y que en
prueba de gratitud nos remite
por el ferrocarril
un pequeño obsequio.
-¿Y no dice
qué obsequio es?
- No; se conoce que quiere sorprendernos.
-Quizás nos
envíe un 1par de
buenos jamones.
¡Cómo sabe que
yo «soy frenética»
por el jamón!..

Estudio al óleo, de
José López Tomás,

- No; más bien
creo que nos enviará cosa de más importancia. Como él
es comerciante y
tiene verdaderas
maravillas en su
tienda, querrá que poseamos un recuerdo suyo para
toda la vida. ¿Cuánto apuestas á que el cajón contiene una buena vajilla ó un par de jarrones de mérito?
- En fin, pronto saldremos de dudas.
- Eso digo yo. El encargo viene á pequeña velocidad, y por mucho que tarde, dentro de dos ó tres
días lo tenemos en casa.
- Por supuesto, ¿él habrá pagado el porte?
- No, el porte lo pagaremos aquí nosotros. No era
cosa de hacer el regalo y además nos lo pusiera en
casa libre de gastos.
Lo mismo Gómez que su mujer habían obsequiado al primo más de lo que se acostumbra. El había
venido á Madrid á que le vieran un callo, y Gómez
no le permitió que fuese á parar á la fonda. Se lo llevó á su casa, le puso la cama mejor y el cuarto más
bonito, se esmeró en los manjares, le llevó al teatro
dos veces para que oyese cantar á Mesejo y fué, en
suma, el cicerone más amable y el huésped más cariñoso del mundo.
¡Poco contento que estaba el primo!
- Mira, Canuto, lo que haces por mí no lo olvidaré nunca, decía á cada paso. Tú eres un pariente como hay pocos y tu mujer un modelo de señoras de
su casa y una cocinera excelente.
- No hacemos más que nuestro deber, contestaba
Gómez. Vamos, ¿qué quieres almorzar mañana?
- Cualquier cosa.
- No; tú lo has de decir; qu.eremos que el almuerzo sea de tu gusto. ¡No faltaba más!
La pobre esposa de Gómez no salía de la cocina.
Al primo le gustaban extraordinariamente las albóndigas, y ella se pasaba el día picando carne y machacando perejil. Algunas veces se pillaba un dedo con
la mano del almirez; pero todo lo dada por bien dolido á trueque de complacer al forastero, que no cesaba de decir:
- Siento mucho venir á ser gravoso.
- De ninguna manera, contestaba Gómez. Por ti
no hemos alterado nuestras costumbres. Lo que queremos es que estés contento. O somos ó no somos
primos.
Algunas noches la esposa de Canuto decía á éste, .
cuando se metían ambos en la cama:
- La verdad es que tu primo come de una manera horrorosa. ¡Caramba! Pongo medio kilo de carne
sin hueso y se la pone él toda en su plato. ¿Y beber?
¡No es cosa! Cada cuatro días hay que traer media
arroba de vino. ¿Sabes cuánto nos ha durado la última
cuartilla de aceite? Pues desde el sábado acá, echa
la cuenta.

- Bueno, pues hay que conformarse. Se trata de
un primo carnal, á quien no veía desde hace muchos
años. Además, es hombre agradecido y puedes tener
seguro un buen regalo.
Cuando Gómez recibió la carta de su primo y dentro de ella un talón del ferrocarril, se puso alegre como unas Pascuas, porque vió confirmada su sospecha.
-¿Ves? ¿Ves cómo corresponde á nuestros obsequios con un buen regalo?, decía á su esposa. Bueno
es él para no pagar con creces los favores que recibe.
Y desde aquel punto y hora se puso á pensar cómo haría para recoger el cajón y llevárselo á su casa.
- Lo mejor es que lleves contigo un mozo de cuerda, decía su mujer. Llegáis á la estación, preguntáis si
ha venido el encargo, pagas el porte y te vienes á casa
con el mozo.
- ¡Sí, pero vete á saber el día fijo de la llegada!
- Eso te lo dirán en las oficinas.
- D. Canuto se fué por de pronto á la estación
central de la Puerta del Sol y dijo amablemente á un
empleado:
- ¿Sabe usted cuándo llegará un cajón que me manda un primo que tengo en Jadraque?
El empleado, con la amabilidad que caracteriza á
casi todos los dependientes de las Compañías ferroviarias, lanzó
una interjección rabiosa, miró de pies á ca~
beza al bueno de don
Canuto y dijo con
acento de ira reconcentrada:
- ¿Qué sé yo quién

Estudio al carb6n, de José López Tomás

es su primo ni cómo voy á decir á usted cuándo llegará el cajón?
- ¡Hombre, no se ponga usted tan incomodado!
- Me pongo como me da la gana.
-Pero ...
- No estoy en el caso de perder mi tiempo contestando á vaciedades.
Fuése D. Canuto á la estación del Mediodía y allí
ocurrió una escena muy semejante á la de la Central;
pero supo con asombro que los encargos de pequeña
velocidad no tienen día fijo de llegada: lo mismo pueden venir hoy que dentro de quince días.
- Con tal de que llegue á poder de usted dentro
del primer trimestre, no tiene usted derecho á reclamación de ninguna clase, dijo á D. Canuto un empleado que lucía una gorra con siete galones y una
serreta.
- Bueno, pues me iré, contestó Gómez guardando
el talón en el bolsillo.
Y se fué á su casa, donde su mujer le estuvo regañando durante hora y media.
- Todo el mundo se ríe de ti porque no tienes
carácter, decía ella. Has debido dar parte al director
general, porque no es cosa de que tu primo se sacrifique enviándonos un regalo, para que· después se
quede días y días en el camino. ¡Ay, si yo tuviera
pantalones!
- ¿Qué harías?
-Agitarme, protestar, promover un escándalo. La
empresa tiene la obligación de poner un telegrama á
todas las estaciones desde Jadraque acá, preguntando si viene en el tren un cajón dirigido á tu nombre.

Pero ya se ve ... , tú eres muy simple y todo el mundo
abusa de ti.
Gómez iba todos los días á preguntar si había llegado el cajón y siempre obtenía la misma respuesta:
«No se sabe nada.»
Por fin un día le dijeron de malos modos:
- Ya está aquí el dichoso cajón. Cualquiera diría
que le mandan á usted dentro las minas _del Potosí.
- No, señor; pero es recuerdo de un pnmo y tengo
muclio interés en conservarlo. Ustedes, por lo visto,
no respetan los sagrados vínculos· de la sangre.
- Basta de conversación. Puede usted recoger el
bulto cuando guste.
- Pues démelo usted.
- ¿Lo va usted á llevar solo?
- Tiene usted razón: voy en busca de un mozo de
cordel.
Al poco rato regresó Gómez en compañía de un
mozo.
- ¡Ea, ya estoy aquí otra vez!, dijo al empleado.
- Corriente. Venga el talón.
-Aquí está.
El empleado comenzó á hacer números; después,
dirigiéndose á Gómez, dijo:
- Ocho pesetas, once céntimos.
-¿Cómo?
- Que tiene usted que pagar ocho pesetas y once
céntimos de porte.
-¡Caramba!
-¿Qué?
- Que me parece muy caro.
- Eso se lo cuenta usted á la Compañía y al ministro de Fomento.
Gómez sacó dos duros del bolsillo y se los entregó
al empleado, qu~ se puso á examinar las monedas y
á decir que uno de los duros no le gustaba nada, hasta que después de discutir acabó por dar á Gómez la
vuelta.
- ¿Conque estoy ya despachado?, dijo éste.
- No, señor.
-¿Que no?
- Falta el conocimiento de su firma y la cédula de
vecindad.
- ¿El conocimiento?
- Naturalmente. A mí no me consta que sea usted el propio Canuto Gómez, y yo no puedo entregar la caja al primero que se presente.
- Pero ¿y el talón? ¿No es bastante muestra de que
soy el interesado?
-No, señor.
A todo esto el mozo se impacientaba porque decía
que estaba perdiendo ocasión de hacer otros viajes.
Gómez no sabía á quién atender, si al empleado ó al
mozo, hasta que la Providencia le deparó un amigo
que iba á despachar un asunto á la estación, y al ver
á Gómez desesperado firmó el conocimiento y la caja
pasó á manos del destinatario.
- ¡Por fin!, iba diciendo Gómez por el camino que
conducía á su casa.
- ¡Alto!, gritó en aquel momento un vigilante de
consumos. ¿Qué va ahí?
- ¿Dónde?, preguntó el asendereado D. Canuto.
- En ese cajón.
- Pues... no lo sé; es un regalo de un primo que
tengo en Jadraque.
- Hay que abrirlo.
- ¿A quién? ¿Al primo?
- No se burle usted.
- Yo no me burlo.
Uno de los jefes del fielato olió el cajón, lo tomó
al peso, dióle dos ó tres vueltas y dijo por último:
- Vaya usted con Dios. No hay necesidad de
abrirlo.
- Gracias, gracias, murmuró Gómez.
Y después de una larga caminata, llegó á su domicilio. Allí el mozo reclamaba doble precio por su viaje á causa de lo mucho que había tenido que esperar.
Gómez pudo convencerle y dejó el cajón sobre la
mesa enjugándose el rostro con el pañuelo: el sudor
le caía á chorros por la frente y tuvo que sentarse
en una silla para respirar.
- ¡Dichoso cajón!, dijo la esposa de Gómez.
- ¡Ay! No lo sabes bien. Creí que no podía traér·
melo á casa. ¡Cuánto inconveniente! ¡Cuánto disgusto!
- Bueno, pues hay que abrirlo, replicó ella.
-A eso voy.
Con ayuda de unas tijeras y un clavo Gómez consiguió destrozar parte de la tapa, no sin magullarse
los dedos más de una vez.
- ¡Ayudame tú, Venancial, decía á lo mejor.
- ¿Cómo quieres que te ayude?
- Mete la tijera por esta rajita mientras yo hago
palanca con el clavo ... ¡-Ajajál Ya parece que va cediendo ... ¡No sueltes la tijeral.. Asf... Más... ¡Gracias
á Dios!

LA

597

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,,

Mucho celebramos que haya correspondido á un compañero nuestro la gloria de
hallar un mecanismo que está indudablemente llamado á producir una verdadera
revolución industrial.» Y el suelto ve la
luz, y todo el mundo se queda tan frese~
al leerlo, esperando que llegue el turno a
la relación exacta de la circunferencia al
diámetro, para ser hallada de manera análoga por algún matemático de afición.
Es particular esa sencillez con que se
aceptan el movimiento continuo y en general todas las máquinas que no comen,
que no consumen algo, cuando en la filosofía popular de todos los pueblos existe
la conocida historieta del avaro que quería enseñar á un borrico la difícil tarea de
vivir sin comer: ciertamente que lo logró,
¡todo lo logra la constancia!; pero dió la
maldita casualidad de que se muriera el
asno en cuanto dejó de estar en relaciones
frecuentes con la cebada.
En todas las poblaciones, particularmente en las de segunda fila, hay ciertos tipos
absolutamente necesarios: el sabio enciclopédico, que tiene la precisa obligación
de explicar todo lo que á su alrededor sucede y que sus conciudadanos no entienden, y á veces él tampoco; el sabio silencioso, que se supone que lo sabe todo, pero
que se lo reserva; el político que entiende
la mácula de todo lo que pasa y de todo
lo que pasará, así en su pueblo como
en Constantinopla; el boticario con círcu-

PATIO DE LA IGLRSIA DEL SALVADOR, EN SKVILLA

La tapa salió á pedazos y Gómez y su mujer se pusieron á
sacar los papeles que ocultaban el regalo.
- ¿Qué es?, preguntó Gómez con curiosidad vehemente.
Su esposa dejó caer los brazos á lo largo del cuerpo y dijo
con voz desfallécida:
- ¡Qué desgracia! Ha ido á mandarnos lo que no nos gusta.
- ¿Qué es?, volvió á preguntar Gómez.
- ¡Un queso!
Luis T AllOADA
(Prohibida la reproducción.)

LAS MÁQUINAS QUE NO COMEN
En las mesas de redacción de todos los periódicos y en las
cajas de todas las imprentas hay preparado ó compuesto un
suelto que, letra más 6 menos, dice lo que sigue: «Un inteligente
panadero de Cacabelos ha resuelto por fin, después de largos
ensayos, la tan debatida cuestión del movimiento continuo.

PATIO DEL GENERALIFE,
DE GRANADA

ENTRADA Á LA FÁBRICA DE TABACOS DE SIIVILLA,

cuadros;de Manuel García Rodríguez

lo de trastienda, que constituye una cámara elegida por
sufragio restr ingido, etc.
Pues bien: entre estos tipos
indispensables se encuentra
el inventor del movimiento
continuo.
Todos ellos se parecen en
su modo de ser y de pensar
y de obrar, tanto si cultivan
esta inocente afición en el
Polo cuanto en el Ecuador.
Cientíjica111ente pueden clasificarse en varias categorías,
q ue se desprecian mutuamente. Todos ellos saben
que el movimiento continuo
es un absurdo, y si os atrevierais á decirles que lo pretenden os dirían que les insultáis. A veces es cierto: no

�LA

366
buscan la piedra filosofal para hallar simplemente
oro, buscan una montaña filosofal que les dé acuña·
das las monedas de cinco duros ó brillantes del tamaño de un melón; pero el movimiento continuo ...
jamás.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA.

de la naturaleza. Ahí tienen ustedes la gravedad ¿Se
ha visto jamás una fuerza más barata, más tirada por
los suelos? Pues á aprovecharla tocan. Todo se reduce á hallar un medio de que los cuetpos caigan con·
tinuamente, sin moverse de su sitio. ¿Que es esto di-

MANIFESTACIÓN ARTÍSTICA DEL ATENII.O BARCELONÉS. - PANNEAU DECORATIVO,

Una categoría de inventores del movimiento continuo y de las máquinas que no comen la constituyen
los hidráulicos (!), quienes por medio de ruedas, tubos, bombas, sifones y otros adminículos logran (así
se lo figuran á lo menos) que el agua caída de cierta
altura les dé fuerza suficiente: primero, para mover sus
máquinas útiles; segundo, para elevar la propia agua á
la misma altura de que cayó. Que es, traducido al lenguaje vulgar, como si ustedes con una peseta se fueran al café, tomaran una'taza de ídem, y con la vuelta de la peseta fueran á lo mismo al otro día, y así
sucesivamente, consiguiendo siempre con la vuelta de cada día tener para pagar el del día siguiente,
prosiguiendo hasta el del juicio por la tarde. ¡Un millón, diez millones de tazas de café por una peseta!
¿No les parece á ustedes que son muy pillines los hidráulicos?
Otra casta de descubridores de máquinas que no
comen son los que utilizan las fuerzas permanentes

de Alejandro Riquer

NÚMERO

597

mecánica, porque no saben lo que es, ni de rozamientos, porque dirán que esto no viene al caso.
Cada uno sigue en este mundo el sistema que le
p~rec~ mejor, y ellos son los conspiradores de la
c1enc1a.
El primer período es el del secreto, de la consulta hecha en la sombra y con premeditación y alevosía para que el consultado no comprenda ¡infeliz! que
se trata de dar el pego á la naturaleza, inven:ando
una máquina capaz de hacerle ruborizar por no haber sabido producir lo que un ciudadano, que casi
no sabe las cuatro reglas, ha despachado en un momento de lucidez.
Sigue inmediatamente á éste el período de ejecu- •
ción, que es el crítico de la enfermedad: ejes, ruedas;
engranajes, parches de cartón, arcaduces de hojalata,
el barreño de lavarse los pies, que representa el mar;
la olla de las grandes solemnidades, que hace el papel de depósito superior del agua; un bramante sujeta el árbol roto; todas las clavijas bailan. Y ¿saben
ustedes de qué depende tanta imperfección en los
medios para conseguir tan estupendos fines? Pues
sencillamente de que el gobierno tiene abandonados
sus verdaderos intereses, y no protege á la industria
que, más que fuente, es un Amazonas de riqueza para la nación.
Llega ya el momento decisivo, el desenlace. Los
sacrificios han sido grandes, pero el resultado supe•
rará á todas las esperanzas. El inventor se asoma á
la ventana y ve á lo lejos el ferrocarril: vano esfuerzo
de un pasado que desaparecerá bien pronto. El lo
siente únicamente por las familias de los fogoneros
que quedarán cesantes; pero, ¡cómo ha de ser!, el progreso es fatal.
Ya el herrero ha terminado la construcción de lapolea elíptica, que es la pieza fundamental del sistema, y
el carpintero ha traído los engranajes provisionales que
después servirán para fundir los definitivos: todo está
ya listo. Sólo falta dar un empujón ... Mas ¡oh sorpresa! Hace siete horas que estamos empujando y la
máquina no ha dado siete vueltas cumplidas. ¡Si ese
demonio de gobierno, después de vender las plazas
de toros, hubiese facilitado dinero para hacer las ruedas de aluminio, el aparato resultara más ligero y el
éxito era indudable! ¿Se atrevería alguien á dudar de
la realidad del principio en que se funda?
El escarmiento no viene nunca, y las máquinas
que no comen se imponen. ¿No ven ustedes los molinos de viento y las fábricas situadas á orillas de
los ríos y las máquinas de los relojes, que no consumen nada? ¿Pues por qué no ir más allá? Esta es la
cuestión.
No hay ninguna máquina que no coma. El molino
de viento consume la velocidad, la energía del aire
en movimiento; igual sucede en las máquinas hidráulicas de verdad, y en ambas hay un gran motor, que
es el sol, encargado de agitar el aire y de elevar por
la evaporación el agua, que después de llovida y
salida del manantial ha de hacer funcionar la turbina.
En el reloj es cierto que la gravedad mueve las pesas, pero hace falta que el motor hombre las eleve, y
este motor no funciona si en el hogar del estómago
no se acumula alimento y si no se genera calor en
los pulmones por medio del oxígeno de la respiración.
No hay más que un motor único en la naturaleza capaz de ser aprovechado, que es el calor. Examinad todas las máquinas, desde el humilde borrico
que pasta la hierba que ha crecido por el calor del
sol, hasta la poderosa máquina de vapor que utiliza
la energía del mismo astro acumulada por los árboles de la época carbonífera convertidos en hulla; desde la fuerza eléctrica que mueve el martillo del tim·
bre, originada por el calor que se desprende de una
reacción química, de una combustión de cinc que
tiene lugar en la pila, hasta las poderosísimas que se
utilizan á orillas de la gran catarata del Niágara hechas patentes por la caída de las fabulosas cantidades de agua que el calor ha elevado por evaporación
todas las fuerzas tienen su origen mediato ó inmediato en el calor.
Cuando se trate de alguna que no consuma calor,
que no consuma nada, desconfiad, desconfiad mucho,
que siempre dará la casualidad de que el borrico en·
señado á no comer dejará de existir.

fícil, dicen ustedes? Pues no saben de la misa la media; y si no, para convercerles podría citarles el proyecto de un buque que apareció en un periódico, de
cuyo nombre sería imposible que me olvidara en este
momento, el cual buque navegaba por el mar - la suprema horizontalidad - impulsado continuamente ¡por
la gravedad!
Una tercera clase la forman los cinemáticos. Estos
señores generalmente tienen su origen en medianos
relojeros, que dicen que han llegado á combinar un
MARIANO RUBIÓ y BELLVÉ
sistema de ruedas que, una vez puestas en movimiento, ya no se paran nunca más, aunque las Cortes voten para conseguirlo una ley especial. Forman el tipo
BOCETOS
clásico de la especie, postergado por los otros, que
han introducido el progreso en la materia; y sabido
LA GOTA DE AG UA
es que el progreso se impone hasta en eso... en disQuise ver algo grandé, que por un momento me
paratar.
separase
de lo raquítico y pigmeo que nos rodea y
No luchéis con inventores de cualquiera de estos
géneros, porque es cosa perdida. No les habléis de satura de pequeñez y nos asfixia; porque lo pequeño,

NúMERO

597

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lo mezquino, como la miseria, no '.da vida y algunas el círculo que ofrecía el objetivo lenticular como cam- zadas se hubieran destruido al grito de caiga el que
po de obserYación. Aquello me produjo la impresión caiga, y hasta la gota gorda, el gran farol que nos
veces mata.
En muchos casos, para ver mejor, es necesario ce- de encontrarme con un mundo nuevo .. . aunque muy alumbra, se hubiera visto precisado á exclamar: ¡Aparrar un poquito los ojos, reconcentrando la pupila: viejo, se entiende; lo nuevo no era más que el haber ga y vámonos/
Si nuestro planeta, este átomo sideral, se sometiese
así también para penetrar más profundamente es pre- fijado mi atención en su existencia.
á un proporcionado aparato miciso reconcentrar el espíritu.
croscópico, ¿qué efecto produPero ni aun así; veía demasiado
ciría? En proporción, exactísimo.
lo que no quería ver, anhelaba
Bajo formas distintas se descuver menos y más al mismo
briría en él... la identidad de la
tiempo.
,
agitación, de una no interrumApliqué un microscopio de
pida aparición y desaparición
gran potencia al examen de
de objetos, de lucha indefinible
una gota de agua, y en aquella
y espantosa á vida y á muerte;
inapreciable porción de materia
millones de millones, trillones y
de nuestro planeta, en aquel
quinquillones de seres animaátomo insignificante de nuestro
dos, imponderable cantidad de
universo, apareció lo grande, lo
inmensamente grande que pueorganismos, incalculable suma
de caber en lo infinitamente pe·
de conglomerable materia, cuanqueño...; que no está definido
to por moléculas pueden abaraún si en lo mayor ó en lo mecarse, desde el embrionario musnor está lo grande.
go á la secular encina, desde el
Había allí una sorprendente
diminuto grano de arena hasta
fauna y una exuberante flora,
la mayor mole del Himalaya.
ambas flotantes en el líquido
Extralimitándome de mi camelemento que parecía burlarse
po de observación, la gota de
UNA DIVISIÓN DE CABALLRRIA PASANDO UN VADO, cuadro de José Cusachs
del óptico aparato, y cuya rápiagua, hube de decirme: exacto,
1De fotografía de Mariano Castells y Vidal)
da y fugaz existencia duraba soni más ni me nos : agitación,
lamente el brevísimo tiempo
vértigo, lucha, vida y muerte en
que aquella gota de agua permanecía sin evaporarse.
La gota de agua, lo que en ella se contenía y lo la gota de agua; muerte, vida, lucha, vértigo, agitaAllí se agitaban y revolvían seres sin cuento, de que en ella acontecía, las luchas que en ella recien- ción en el mundo. Seres microscópicos uniéndose,
extrañas y desconocidas formas, acéfalos, vertebra- temente se agitaban, llevó la imaginación á conside- destrozándose y destruyéndose en aquella reducida
dos, monstruosos todos: restos de vegetación despren- rar esta gran gota de agua más solidificada, que en cantidad del líquido elemento¡ seres microscópicos
didos de troncos sin raíces ó raíces sin troncos, eflo- forma de planeta con otras bolas más ó menos pare- también destrozándose, uniéndose y destruyéndose
rescencias raras, parásitas como de ellas mis¡nas. En cidas ruedan por la inmensidad del espacio, sujeta- en el mundo. Pequeñez y miseria en aquello; en esto,
aquel mundo animado reinaba una lucha indefinible, das todas á las leyes de atracción y equilibrio¡ por- miseria y pequeñez.
se atacaban, se defendían, se unían y separaban con que eso de haberlas lanzado por el espacio sin límiPasé involuntariamente algo más allá: recorriendo
vertiginosa rapidez; instantáneamente procreaban, se tes y, dígase así, abandonadas á su capricho ó al im- un poco el campo de la historia humana y las perireproducían y desaparecían tragados, devorados unos pulso de la materia bruta, no hubiera revelado gran pecias de su modo de ser social, tropezando desde
por otros; agitación y rapidez que no daba tiempo á prudencia de parte del artífice; y con seguridad, nin- luego con alguna de ellas marcadamente notable,
ser examinada ni á formar idea de lo que pasaba en guna conservaría ya su posición y dándose de cabe- por sus condiciones propias y por lo que se ha dado

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LAS PALMAS, -ENTRADA DEL, VAPOR &lt;!REINA REGENTE) EN EL PUERTO DE RII.FUGIO CONDUCIENDO Á LOS INFANTES D, ANT ONIO Y DOÑA EULALIA, -SALIDA DE LA CATEDRAL
DE LOS INFANTES D. ANTONIO

y DOÑA. EULALIA. -LLEGADA DE LOS INFANTES Á LA CALLE MAYOR (de fotografias de D. Luis Ojeda y Pérez)

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PATRICIA, cuadro de G. E. Moira

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en charlar de ella, como una época y período abominable; por supuesto, no sabiendo de la misa la media... , por ejemplo, el feudalismo.
Veamos, ¿qué cosa fué esa cosa tan detestada? Sencillamente un período de crisis social, laborioso y penoso por cierto como el nuestro, que nadie puede saber si avanzará más de Jo que quieren los echados
adelante, ó si retrocederá más de lo que pretenden
los retrbgrados: aquello no fué más que lo que pudo
y debió ser, una marcación de época entre lo que
desaparecía para hundirse en el sepulcro de Jo pasado y entre Jo que aparecía sin organización despejada, con algunas condiciones recias y duraderas y con
defectos que debían corregirse. Durante aquella perturbación, en la que andaban envueltas y revueltas el
talento y la estupidez, la sabiduría y la ignorancia, el
respeto y el temor, ante el imperio de la razón de la
fuerza, dominaba y preocupaba el instinto de la defensa y de la propia conservación; y para esto sólo se
pensaba en un jefe valeroso y atrevido, y esto causó
el agrupamiento de pequeñas fracciones al pie de los
castillos roqueros ó en recintos fortificados; el jefe,
erigido en señor feudal que contaba con veinte hombres de armas, atacaba á quien disponía de diez; pero
el que reunía cincuenta venda á los dos, quedando
á su vez subyugado á quien se le presentaba con dos-

cientos.

.

¿Qué más da una lucha con veinte lanzas y cincuenta ballestas ó mosquetes, ó una lucha con trescientos mil hombres, cincuenta mil caballos y dos
mil cañones? La esencia de la cosa es idéntica, sólo
cambia la forma, el número y los medios de destrucción; en una y en otra impera el mismo principio, la
razón de la fuerza, Jo que sucedió y sucederá siempre,
la victoria del más fuerte, el vencimiento del más
débil.
Todo se reduce á cuestión de nombre y ocultarlo
bajo distinto aspecto: maldecir aquello y practicar Jo
mismo, hacer creer que Jo de ahora no es lo de entonces. Y lo gracioso es que son muchísimos los que
á marcha martillo asl se lo creen ... ¡Vaya si se lo
creen!

Sucede en esto como en el mundo microscópico
encerrado en la gota de agua. El microbio, el corpúsculo más fuerte destruyendo y devorando al más
débil.
No hacerse ilusiones ni negarlo: las cosas son como son.

Continuamos como en la gota de agua ... , en pleno
feudalismo.
JUAN 0-NEILLE

NúMERO

{LUSTRACIÓN_ ARTÍSTICA

lemente ejecutado de un cuadro titulado Primera cura, de A,
Serr~; El Rosari, escena bien trazada de J. Llombard; una expresiva cabeza, Impren·Jt,, y un paisaje de E. Vila.seca¡ Mi estudio, de J. Carreras; CunOsitat, de A. Pi; En lo terrat, de S.
M. Triadó; Lo tonel, de A. Torres; un estudio y unos apuntes de N. Bonell; ¿Qui hacer?, de A. Cortés; un ca.rlel decorativo de. Pahissa, y ~nos tapices de G. Molina. Un solo expositor,
M. Viader, const.Jtuye la sección de Escultura con seis obras
Niilo tocando /aj/aula, recomendable por muchos conceptos. '
El joven escultor Vallmitjana Abarca ha demostrado una vez
más sus s6lidas cualidades como animalista, en el grupo alegó·
rico de la guerra de la Independencia, c18o8.&gt;
U na colección de retratos debidos al pincel de A. Robert ha
llamado justamente la atención del numeroso público que cotidianamente visita este local. De sólida y brillante hechura
todos ellos y de exacto parecido, cualidad que podían apreciar
los más por tratarse de personas algunas muy conocidas, se re·
comiendan esas obras por su armónico conjunto, su sobriedad
y un sello de distinción que las hace en extremo agradables.
Entre ellas figuraba la reproducción del autor, estudio valiente•
mente pintado.
'
Sa/ó,i de Venias. -Hállanse en este local expuestos los dos
cuadros origen y causa de la dimisión que de la presidencia
del Ateneo presentó el Sr. Vxart, por haber sido rehusados pa·
ra figurar en la presente Manifestación Artlstica. El lie Marti
y Alsina, un desnudo de mujer en el baño, comprueba la técnica experimentada del maestro, como el de Casas, de asunto
y de dimensiones más modestos, afirma las cualidades de frescu·
ra y sinceridad que distinguen á este joven artista.
Sa/ó,i de cla Va11grmrdia.&gt;- Diversos cuadros de autores
modernos adornan su5 paredes: de Cusacbs una descubierta de
caballería, unas flores de Mirabent y un excelente cuadrito de
Franco, un guardia civil á caballo, son los que sobresalen y
atraen con preferencia las miradas de los concurrentes.

597

Apuntes de Sevilla. y de Ore.na.de., cuadros de
Manuel García. Rqdrigue~. - Garda Rodrlgue:z sigue la
escuela del celebrado pmtor sevillano Sánchez Perrier en la
que, sin embargo y sin desdeñar las enseñanzas del m~estro
ha sabido conservar Integra su propia personalidad. Sus obr~
~istfnguense, á pesar de su factura robusta, por su finura y dehcadeza1 ya que este artista, aunque copia exactamente lo que
ve, a.tráele lo que la Natu~alez.a tiene de más hermoso. Es un
v~rdadero poeta, un entusiasta y ferviente admirador de la re.
gión andaluza : )'ª sirven de asunto á sus preciosos cuadros los
obscuros pinares que coronan las cimas de las montañas los
pla!eádos álamos que se retratan en 13.$ aguas de aquel et~rno
verJel, ya los encantadores cármenes granadinQS ó las bellezas
que encierra la morisca sevillana.
L?s cuadros de G~rcía Rodrlguez encantan por su belleza y
cautivan por sus cualidades, ofreciendo la particularidad de po~er figurar, así en un museo, como en el gabinete de aristocrál!.ca dama.
,

~ea.troa. - En el teatro la Fenice, de Venecia, ha tenido un
éxito tan colosal como en Milán, Géno"a y Roma la última
ópera de Verdi, Falstalff. cantada por los mismos artistas que
la estrenaron.
- Desde el 4 al 18 de junio se darán en el teatro de la Corte, de S~utlgart, \!arias representaciones ejemplares, habiéndose escogido para ellas Los hugonotes, de Meyerbeer, Eurümto,
de \Veber, D~" Jua11, de Mozart Fidelio, de Beethoven, y Tan11hauser y El crep1lscu/o de los dioses, de Wagner.
- En Chicago ha dado algunas representaciones de la C/eoJ&gt;alra, de Sardou, la actriz norteamencana Miss Fanny Davenport, de quien dice l.;. prensa de aquélla que si bien no posee
el fuego y la gracia espiritual de Sarah Bemhardt, representa el
papel de protaganista de aquella tragedia con admirable talento y personalidad propia.
-En Nueva York se ha inaugurado un nuevo teatro chino en
donde se representa una obra titulada .ú,ok Q11od (Seis .Reyes),
que dura la friolera de tres semanas, advirtiendo que la representación de cacla noche ocupa cinco horas. Trasladamos la noticia á los que afanosos buscan nuevos moldes para el arte es·
cénico.
Aladrid. - En el Príncipe Alfonso se han cantado Sonámbula,
para beneficio de la señorita Svicher, que obtuvo grandes aplausos, y Roberto il diavolo á beneficio de la señora Labord:l, que
fué aplaudida con entusiasmo en unión de la señorita Ruanova
y de los Sres. Angiolctti y Riera y del maestro Goula.
Baneloua. - En Novedades se ha estrenado un drama en prosa de Angel Guimerá, titulado En Pólvora, vigorosamente con·
cebido y escrito y abundante en escenas de palpitante interés
dramático: el ilustre poeta catalán ha obtenido con esta nueva
producción un nuevo y legitimo triunfo. En el propio teatro ha
debutado con el éxito de siempre la compañia que dirige el señor Mario, habiendo puesto en escena, en la primera noche la
preciosa comedia de Bretón de los Herreros La escuela del :natn'111011io. En el Llrico sigue obteniendo muchos aplausos In
compañia á cuyo frente están los Sres. Rosell y Ruiz de Arana.
Los conciertos dados en este coliseo por el notabillsimo pianis·
ta Sr. Vidiella han proparcionado sendas ovaciones al que es
sin disputa uno de los pnmeros pianistas contemporáneos. También fué muy aplaudido en el concierto que dió en dicho teatro el violoncelista Sr. Pujal, pensionado de nuestro Ayuntamiento en Parls.

Panneau decorativo, de Alejandro de Riquer
(Manifestación Artística del Ateneo Barcelonés). - El bonito
pamua1t de~o~ativo que reprod~ce el grabado que publicamos
encabeza, d1gamoslo as!, la sene de producciones que constitu·
yen la manifestación artística del Ateneo Barcelonés. Riquer
h1 dado_ una nueva prueba_de su buen gusto, puesto que en la
producción á que nos refenmos hállanse hábilmente utilizados
los elementos de ornamentación.
La circunstancia de habernos ocupado con alguna extensión
en el número anterior del certamen celebrado por el Ateneo
nos releva de ocuparnos con mayor detención de la obra dei
Sr. Riquer.

División de ce.be.lleríe. pe.se.ndo un va.do cua-

dro d~ J~aé _Ousacha. -Ni hemos de repetir una ~ezmás
los ~logi~ Juslis1mos_ que ~~ tantas ocasiones hemos dirigido al
ge~tal pmtor de la vida m1htar en Espaí'la, ni casi tenemos ne·
ces1dad de señala! l.as bellezas del cuadro que hoy reproducimos,
hermosa compos1c16n que como todas las de Cusachs cautfra
por_ la verdad y el arte que en ella campean: reproduce un eeisocho de campaña, y en el están tratados de la manera magistral que sabe hacerlo nuestro querido colaborador los hombres,
los caballos y el te!reno, for~ando aquella división de cabo.lleria un grupo háb!lmente dispuesto cuyo último término va á
perderse en el honzonte con un efecto de perspectiva perfectamente enteadido y ejecutado.

Los infantes D. Antonio y Doña. Eule.lie. en

Las Palmas (de fotografi:is de D. Lu;, Ojeda y Pérez). - El

pueblo de Las Palmas, la isla de Gran Canaria. hn demostrado ~ vez ~ás su infatigable adhesión á la madre patria, á la
glono~a nació~ española, recibiendo con demostraciones del
más vivo entusiasmo á los infantes D. Antonio de Orlcans y
~o~a Eulalia de Borb6n, al hacer escala en aquel puerto en su
v!aJe á la E~posici6n_d~ Chicago. El pueblo de Las Pal~as ha
visto en los ilu.stres. v1aJeros una representación del Estado y ha
procurado tes!1momar de modo evidente su profundo afecto,
la madre patr!a y que, aunque aislada en las inmensidades del
(~)céano, conS1dér~ formando parte integrante de la metrópoh, con la que parUopa de sus d1as de gloria 6 de sus desdichas.
-~ dos grabados que publicamos, tomados de fotografías re•
m1t1das por nuestro amigo el inteligente fotógrafo de Las Pal·
mas D .. Luis Ojeda y Pérez, reproducen la llegada al puerto
~e refugio del gran vapor transantlántico Reina Regtnll y lasa•
l!da de la catedral de los infantes, en la que se rezó un solemne
Tedéum, que desde la basHica se dirigieron á su hospedaje
del palacio arzobispal y su paso ¡&gt;&lt;&gt;r la calle Mayor.
Patricia., cuadro de G. E. Moira.. -Entre las varias
5&lt;&gt;?edades artisticas que ex!-5ten en . Londres ocupa uno de lm
pnmeros luga~e~ la denommada _F,~,e- Arl Socitly, cuyas fre·
c~entes expos!c1ones llaman con JUsttc1a la atención de los afi·
c1onados londmenses: en una de las que recientemente ha celebrado figuraba el bellisimo cuadro de Moira, que reproduci•
mos,_ hermoso busto de un dibujo correctísimo, realza.do por una
suavidad de tonos y una naturalidad incomparables.

Bellas Artes. - En Berlín está expuesto actualmente y
llama ¡x&gt;derosamente la atención el magnifico panorama de la
batalla de Rezonville, pintado por Detaille y Neuville, que es
La convaleciente, cuadro de V. Corcas. - Vari
objeto de los más entusiastas elogios por parte de la prensa. ber·
v~s hemos ensalzado como se merece á este notable arti
linesa..
hac1~ndo notar especialmente el sentimiento qúc en sus oh
- Se ha inaugurado la Exposición internacional de la SocieNecrologia..-Han fallecido recientemente:
domma: la que hoy reproducimos supera indudablemente d
dad de graba.dores de Bruselas: las 810 obras en ella reunidas
El Excmo. Sr. D. José Loma, teniente general del ejército de. este punto de vista, á cuantas hasta hoy llevamos d-e él pu
dan perÍecta idea del grado de adelanto á que ha llegado esta español, uno de los militares que con más valor y fortuna com· b.hcadas. l lay en la figura de la joven convaleciente una exp
rama del arte y proceden de artistas belgas, alemanes, france- batieron conlra los carlistas durante la última guerra civil.
s1ón por demás ~certada: en su rostro quedan todavía las hu
ses, ingleses, austriacos, espailoles, holandeses y escandinavos.
Francisco Virella y Casañes, distinguido escritor celebrado llns del mal sufndo y en su cuerpo la lasitud consecuente á u
La condesa de Flandes, que es una excelente grabadora, tiene critico musical y autor de una interesantisima obr;, la ópera prolongada enfermedad. No menos bien tratadas están las figu
expuestos en ella tres bellQS paisajes.
m Barce/o,ra, _que es un trabajo de vasta erudición que habrán ras de las que la ~ru:1 acom¡;,a~ado en su paseo á la '{&gt;laya q
- En Londres se han vendido recientemente dos colecciones de consultar siempre los que quieran estudiar In historia del mo- en el fondo se d1stmgue sirviendo de limite á un paisaje U
de instrumentos de cuerda de Stradivarius que han producido vimiento lírico de nuestra ciudad.
de melancólica poesta.
más de 6o.ooo pesetas: por un violin de 1734 1 es decir, fabricaJorge Victor, príncipe de Waldeck y Pyrmont, conde de Rap·
do por el maestro cuando tenía 90 años, se han pagado 21.500 polstein, señor de ,Hohenack y Gerolsdeck, general de infanEl monumento del león, en Lucerna obra
peset~s, precio que hasta ahora QO habla alcanzado ninguno de teria prusiano.
ThorweJdsen. - Este es indudablemente uno d~ los mo
esos instrumentos.
José Maria Kaiser, notable dibujante, acuarelista y calígrafo ment_os m~ conocidos en todo el mundo y quir.ás de los q
-El gobierno francés ha adquirido para el Museo de Lu· alemán .
más 1_mpr~1onan, no sólo por la idea que presid.i6 á suco
xemburgo el cuadro del pintor alemán Federico Uhde Cristo
Otón Rupprecht, pintor de género muniqucnse.
trucc16n, smo por la admirable _ej_ecución que supo darle el
entre los trabajadores.
Gaspar FedericO Wegener, célebre historiador dinamarqués mos? escultor Thorwaldsen. Engido en honor de los suizos q
- El pintor y poeta ruthenio Carnet Ustjanowic:z ha sido ex histori6grafo y archivero de la Real Casa.
' murieron _en las Tullerfas en las jornadas de 10 de agosto y 2
procesado porque en un cuadro que pint6 para una pequeña paFederico Seismit-Doda, entusiasta patriota italiano, periodis- 3 de_ sep!1embre de 1792 defendiendo á Luis XVI, la escult
rroquia y que representaba á loo pecadores en el infierno puso fi. ta notable y poUtico ilustre que desempeñó dos veces la cartera ha smtetuado por modo admirable el hecho que conmem
guras que tenian ¡,an parecido con ilustres personajes de Gali:zia de Hacienda.
con el león herido de muerte que apoya su cabeza y ampara
y altos funcionanos y nobles polacos. Ustjanowicz pertenece al
Antonio Ciccone, famoso economista italiano, ex ministro de s~ garra el escudo con las flores de lis de los Borbones. La e
anti~o partido ruthenio! enemigo de los polacos, á quienes ya Agricultura y Comercio, autor de importantes obras, entre ellas c1ó'h que produce la vista del monumento abierto en la r
antenormente babia fustigado con la pluma, y esto ha contri- Los pri1tcipios de ecommila política.
sombreado por un grupo de árboles y reflejándose en las
buido más á que se viera en su cuadro la tendencia á denigrar
de un pequeño estanque es inexplicable: precisa haberla sen'
á sus adversarios.
do ~ra co~prenderla. Hoy el monumento eslá amenazado
Barcelona. - Sa/Jn Parés. - El muro de preferencia de este
p~óxnna ruma,. pues el agua h~ ido destruyendo la peña en
local ha sido ocupado por las obras que constituyen la primera.
e~tá labrado; sm embargo, la etudad de Lucerna1 que siente
Exposición anual de la Academia Artistica libre, no hace muc1a él verdadera veneración, ha adoptado las medidas para
cho fundada en esta ciudad, exposición que demuestra con hetar su pérdida y se confia que al fin logrará conservarse
chos que cada dia se extiende la educaci6n artística y que por
hermosa joya artistica que es á la vez elocuente prueba de
consiguiente aumenta el número de los que por profesión ó por
grandes virtudes civicas de los suizos.
sus aficiones simplemente contribuyen al desarrollo de las Be·
Has Artes en beneficio de la cultura general.
Son estas exposiciones sencillas muestras y demostraciones
Recomendamos el verdadero Hierro Brava1s, adop,,
Estudio e.l óleo. -Pe.ifl'!-le. - Estudio e.! carbón,
prácticas de la extensión [que la aptitud artística alcanr.a entre
tado en los Hospitales de Par1s y que l)rescrtben lol
de J ~sé. López Tomás. - Estos tres apuntes del joven pin·
nosotros, y la critica y menos el público no debe buscar en ellas
mcdicos, contra la Anemia, Clorosis y Debllldad; dando
tor ahcantmo Sr. L6pez Tomás revelan notables condiciones paobras trascendentales ni revelaciones inesperadas; son simple•
a la. piel del bello sexo el sonrosado y aterc1opelad
ra el cultivo del arte pict6rico: hay en las figuras el aplomo que
mente hechos que merecen aplauso, si no por los resultados que
que tanto se desea.; Es el melar de todos los tónl
demuestra aprovechado estudio del natural y en el paisaje mu·
Y reconstituyentes. No produce estreñimiento ni d
presentan, porque significan medios para obtenerlos.
cho aire sobre todo ~ucha luz, viénd?se en él perfectamente
rea, teniendo además la superioridad sobre looos
Figuran en la sección de Pintura unas goobras, sobresaliendo
reproducido el espléndido sol que constituye uno de los princiferruginosos de no rau2ar nunca el estóma¡o.
entre ellas dos estudios de Rusiñol y Casas que ocupan prefepales elementos de belleza de nuestras costas mediterráneas.
rente lugar; una tela de regulares dimensiones, bosquejo valien·

r

r

'
A su regreso, no dejaba nunca de seguir la orilla del Gave á la sombra de árbol es corpu 1entos seguro de encont
áA •
yn en un islote del río disponiéndose á
'
.
rar
me, ya en una plazoleta del paseo,
1ornar a 1guna vista del natural
'

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT. - lLU STRAClONES DE EMlLIO BAYARO
CONTINUACIÓN)

Las notas de un cornetín de pistón ¡
.
naban todos los ruidos· era la cha
y os ronquidos de dos serpentones domiy por todas partes se ;eían entesr~n¡,;a _que recorría las calles tocando llamada,
co taurino á beneficio del ~ueblo ~gt~nd:~ hacia la plaza convertida en cirlas Landas, cuya madera reciente~ent: len os estaban ?echos con pinos de
sol de fuego sus últimas got1s de resina e!bzada s~dfágba _baJo los rayos de aquel
cían en la atmósfera olor netrante
orm~ e
nrnas blancas que esparcompletamente primitiva~odo se re!:~)e~entma. La senciHez de la plaza era
tosca; los de preferencia recibían I l a a unos cuantos asientos de madera
frente; á esto se reducla todo· esta
so _poór la espald~, los otros le reciblan de
.
spos1c1 n de los asientos tenla, sin embargo,

¡

gran importancia en aquel país d d 1
hacen aceptar sin vacilación la antfg:a\1::~Y'J sflar;s ~n tan ardientes que

m~~~~ vamos

á ,;li~eJ:~:ente, dijo la señora de Barincq ~'!sta~á~~os:c e~s p~f

_Después de diez minutos todavla busc b 1
evitar su cochura cuando el b ó d
.ª a a madre de Ame. una manera de
podría_ 11,amarse ¡~ tribuna: ast~u~ lae s!2uza~x "¡far~ció en la puerta de lo que
se dmgia hacia ellos, ya no pensó . oral e am)cq observó que Arjuzanx
!estaba.
m en e calor ni en lo que el sol la mo-Ahl está el barón, dijo á Anie.

�LA

37 2
•

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¿No contabas ya con encontrarlo?
Después que se hubieron cruzado entre ellos las primeras frases_ de cortesía,
Anie, fiel á su propósito, procuró indicar claramente que no había ido allí para
verle.
- Mi padre, dijo con mucha naturalidad, nos ha_ hablado con tanta fre_cuencia de estas corridas de las Landas, que hemos querido aprovechar esta primera
ocasión que se nos presentaba de ver una sin grandes molestias.

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Con su horquilla en la mano extendía Anie sin quedar nunca rezagada la parte
que le correspondía

- Y han tenido ustedes acierto, respondió el barón, escogiendo esta corrida
de Habas. Creo que la función será interesante; las reses son de sangre y los lidiadores figuran entre los mejores que tenemos: San Juan, Bonifacio, así como
Marín y Daverat, los cuales más que lidiadores son saltadores, pero que de seguro sorprenderán á ustedes por su agilidad y destreza.
- ¿Y hay diferencia entre un lidiador y un saltador?, preguntó la señora de
Barincq.
- El lidiador espera á pie firme á la fiera, la cual se lanza sobre él, y en el
momento en que parece que la vaca va á engancharle con los cuernos, el diestro gira sobre sí mismo y la vaca pasa sin tocarle; el torero la ha separado, ó
mejor dicho, se ha separado á sí mismo del animal. El saltador espera también,
como el otro, á la vaca; pero en lugar de hacer un recorte para hacerse á un lado,
salta por encima de ella. Verán ustedes á Daverat cómo da ese salto con los
pies atados por un pañuelo ó metidos en una boina que el saldador no pierde
al ejecutar la suerte. Por muy interesantes que sean estos saltos con los cuales
se demuestra la elasticidad de los músculos, para nosotros valen menos que un
recorte: el salto es romántico, el recorte clásico.
- ¿Cree usted que el capitán Sixto asistirá á la corrida?, preguntó la señora de
Barincq, á quien estas diferencias entre saltadores y toreros, que ella misma ha
bía preguntado, interesaban poco.
- No lo creo, ó para decir la verdad, no lo sé.
- Sentiré que no asista; hemos tenido el gusto de que comiese con nosotros
un día de la semana pasada; es una persona muy amable.
- Sí, muy buen muchacho, de gran honradez, de mucha probidad y de noble
franqueza.
- Comprendo perfectamente que mi cuñado haya sentido cariño entrañable
hacia él, continuó diciendo la señora de Barincq, que deseaba saber algo acerca de las relaciones entre el capitán y el hombre á quien todos creían padre del
mismo.
Pero el barón, que no quería ser llevado á ese terreno, se limitó á contestar con
una sonrisa insignificante y vaga:
- Sin embargo, por muy grande que una amistad sea no es natural que llegue
á destruir lazos de familia.
El barón continuaba sonriendo.
- Por eso me cuesta trabajo creer que Sixto esperase, como por ahí se dice,
heredar al Sr. de Saint-Christeau.
Como el barón continuase en su silencio, la señora de Barincq, que no era
mujer de renunciará sus proyectos, le preguntó directamente:
- ¿Usted piensa que Sixto haya tenido alguna vez esa esperanza?
- No tengo opinión alguna sobre este asunto. Sixto nunca me ha hablado de
ello. Todo lo que puedo afirmar es que Sixto no tiene gran apego al dinero; si,
como dicen, pudo acariciar algunas esperanzas acerca de eso, de las cuales yo
no sé una palabra, estoy convencido que el renunciar á la herencia le ha importado poco; Sixto es muy superior á esas cosas.
- Me parece, dijo entonces Anie para variar de conversación, que si el Sr. Sixto reune las condiciones que usted le atribuye, es el verdadero tipo del buen
militar.
- Exactamente, señorita, exactamente; sólo que si ese tipo era verdadero ayer,
hoy no lo es ya.
- No lo comprendo bien.

NúMERO

597

- Eso consiste en que no viviendo en el mundo militar no sigue usted los
cambios que desde hace algún tiempo están realizándose ó próximos á realizarse.
Hace algunos años el militar era por lo común desinteresado, indiferente en los
asuntos de dinero; los menos pensaban en el matrimonio; en esa época á que
me refiero, r.se desinterés era uno de los rasgos más característicos del perfecto
soldado, cuyas aspiraciones no se referían á realizar una fortuna. Ahora el matrimonio, que ha venido á ser regla casi general en el ejército, ha modificado mucho estas costumbres. Nuestros oficiales, al verse solicitados por familias ricas y
aun puede decirse perseguidos, han llegado á conceder al dinero una importancia que no le daban ciertamente sus antecesores; y no son pocos los que hoy
cuando se les habla de alguna muchacha bonita, sólo piensan en preguntar: «¿Tiene algo?» La fortuna, introduciéndose en los n:gimientos, ha creado necesidades
y por consiguiente exigencias en las cuales ni siquiera se soña~a hace veinte
años. El capitán Sixto, aunque es muy joven, no pertenece á ese tipo nuevo que
tiende cada vez más á sustituir al antiguo y que no ha de tardar mucho en cambiar por completo el espíritu y las costumbres del ejército; y aunque es sólo capitán de caballería - si bien condecorado, lo cual duplica su valor cotizable, estoy seguro de que si llega á casarse, la fortuna de su novia será para él el dato
de menor importancia.
- Entonces, dijo Anie, ¿ese capitán es un héroe en toda la extensión ue la
palabra?
- Sí, señorita; en toda la extensión de la palabra.
- ¿Es de suponer entonces, dijo la señora de Barincq volviendo á su idea,
que la pérdida de la herencia del Sr. Saint-Christeau le haya disgustado poco?
- Es muy creíble.
Como en aquel momento se presentaban los lidiadores en la plaza, Arjuzanx
se aprovechó de los incidentes de la fiesta para no decir una palabra más sobre
el asunto; la charanga proseguía tocando furiosamente, los cohetes estallaban,
la muchedumbre lanzaba clamores de alegría, no era por consiguiente aquel el
momento oportuno para conversaciones á media voz, y Arjuzanx sólo pensaba
en los toreros, cuyos nombres iba él diciendo á Anie á medida que cada uno de
ellos iba pasando con actitudes teatrales, reposado andar, ademanes graves y
ceremonias cual conviene á las personas que disfrutan del favor de las masas.
¡Cómo aquél, tan elegante y tan gracioso con su traje de terciopelo azul, era zapatero, y el de más allá, de continente tan noble, fabricante de tonel~s!
Inmediatamente después de concluído el desfile comenzó el espectacu!o. Debajo del palco en que se habían colocado los Barincq era precisamente donde
habían sido encerradas las fieras en sendos chiqueros; ábrese una puerta y se
lanza al redondel la primera vaca trotando, impaciente, furiosa, azotándose con
su cola los hundidos flancos; sin vacilar un solo segundo se arroja sobre el primer torero que alcanza á ver; el torero la espera, y cuando el animal ya próximo
al hombre baja la cabeza para ensartarle en sus puntiagudos cuernos, el torero
gira sobre sí mismo dando un recorte y el animal pasa sin tocarle; tan violento
es el impulso y tan impetuoso que las piernas de la vaca se doblan, pero el animál furioso torna á levantarse y se lanza sobre otro torero, después sobre otro
y sobre otro, en medio de los aplausos tributados por el público, lo mismo á la
destreza de los hombres que á la bravura del animal.
El interés de estas corridas está en que el hombre y la fiera se encuentran
frente á frente bajo el pie de una perfecta igualdad: nada de picadores para fatigar al toro¡ nada de chulos con sus banderilleros,para exasperar!~; nada de muleta para aturdirle y prepararle una sorpresa &lt;letras de su seda roJa y resplandeciente· el hombre en esta lucha no tiene más auxiliares que su sangre fría, su
golpe 'ae vista, su valor y su agilidad¡ la fiera no tiene traición alguna que temer· aquello es un duelo, la victoria será del más fuerte.
LÍegó un momento en que el entusiasmo de los lidiadores dismi~uyó; el calor
era insoportable, nubes de tormenta se elevaban del lado del mar sm velar todavía los rayos del sol que caía implacable en la abrasada arena; la fatiga comenzaba á pesar sobre los más animosos, los cuales, precisamente porque no se habían reservado, pensaban ahora sin duda que correspondía trabajar á los otros,
y se detenían para charlar tranquilamente con sus amigas de los palcos, apoyá?dose negligentemente ~n las tablas de la barrera, en vez de colocarse e,n me~10
de la plaza para citar a la fiera. En estos momentos una vaca que hab1a salido
al redondel no encontró á nadie enfrente de ella. Era un animal pequeño, flaco,
nervioso, de piel roja con manchas negras, de vientre ovalado y con las mamas
que habría podido tener una ternera de seis meses; su cabeza fina estaba armada con dos largos cuernos afilados como bayonetas. Al verla la multitud lanzó
al aire clamores que revelaban esperanzas de algo extraordinario.
La vaca no defraudó aquellas esperanzas que sus amigos habían puesto en
ella; viendo á los lidiadores diseminados por acá y por allá á lo largo de la barrera el animal se encaminó hacia el primero que creyó podría alcanzar, y en menos
d~ cuatro segundos había dado la vuelta á la plaza rornpi~n~o las tablas á cornadas y obligando á sus adversarios á escalar los palcos prec1p1tadarnente con gran
regocijo del público, que comenzaba á hacer burla y chacota de aquel sálvese el
que pueda; hecho esto, la vaca tornó á colocarse en el centro de la plaza y comenzó á escarbar la arena que bajo las pezuñas nerviosas de la res volaba en
derredor de ella.
- ¡San Juan! ¡Bonifacio!, vociferaba la multitud; cada uno excitaba al lidiador
de su preferencia.
Pero ninguno pareció dispuesto á bajar al palenque. San Juan miraba á Bonifacio, Bonifacio miraba á Omer y unos á otros se decían:
- Baja tú.
- No, tú.
- Te toca á ti.
- A ti te corresponde.
Contemplando aquella desbandada, Anie comenzó á reírse y exclamó:
- ~ unca he admirado como ahora la agilidad de los habitantes de las Landas.
Aquellas palabras de Anie iban dirigidas á su padre; el barón, sin embargo,
las recogió al vuelo, y saludando á la joven contestó:
- Permítarne usted que salga á la defensa de mis paisanos.
Antes de que Anie hubiese comprendido el sentido de aquellas palabra~ x7
trañas, Arjuzanx, apoyando ambas manos en el antepecho del palco, se precipitó
de un salto á la plaza.
.
.
.
Hubo entonces un movimiento de sorpresa en el público, pero casi al m1smo
tiempo se levantó un inmenso vocerío¡ habíanle reconocido y le aclamaban.
- ¡El barón!
No se trataba ya de un actor ordinario que provocaba á la irritada fiera¡ era

NúMERO

LA

597

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el barón, á quien conocíil: todo el_ mundo, y la esperanza de ver esta lucha producía en todos extraordinario entusiasmo.
- ¡El barón! ¡El barón!
· ¡ b
Hombres, mujeres, niños, todo el mundo se había lev~ntado y gesticu a a
curioso entusiasmado· Arjuzanx era el foco de todas las miradas; todos los _concurrent~s tenían ento;nados los ojos y abierta la boca esperando lo que iba á
suceder allí.
.
.
El barón había ido á colocarse con rapidez enfrente de la vaca, aunque sm
acercarse mucho á ella para que le fuese posible verla venir; habí~se ab?tonado
y ceñido al talle su chaquet; arrojó después su sombrer? á larga d1stanc1a, Y en
seauida agitando los brazos sobre su cabeza y produciendo con la lengua un
º ' especial, proveeó a' 1a vaca.
chasquido
.
. .
Arrojóse ésta inmediatamente sobre él; la il:tenc~ón era realmente an_s10sa, nadie se atrevía á respirar; en medio de aquel silencio sólo s~ oía el_ rápido ~rotar
de Ja vaca sobre la arena; la vaca llegó¡ el barón no se hab1a 1:10vido y _tema sus
ojos clavados en el animal, el cual bajó la cabeza, el_ barón hizo u~ qmebro admirable y la vaca pasó casi rozándole; p~ro er~ un ammal ya expenment.ado; ~n
vez de abandonarse á su impulso y seguir hacia adelante, se ~chó con v10lencia
hacia un lado y se arrojó nuevamente sobre e~ barón, qu~ hizo un s~gundo recorte y después un ter.cero, siempre con la misma exactitud y la misma seguridad.
.
La fatiga y la indolencia de los lidiadores desapareció como por ~ncanto cuando vieron que el barón saltaba á la pista; simultáneamente casi baJaro~ ~odos al
redondel; citada desde diferentes puntos la vaca, se lanzó sobre ot:os hd1adores,
y el barón pudo subir otra vez al palco para ocupar de nuevo_su asiento cerca de
Anie mientras la muchedumbre le aclamaba con tal estrépito que amenazaba
hundir la plaza á fuerza de patadas y bastonazos...
La señora de Barincq, felicitando al barón, le d1JO:
- ¡Qué susto nos ha dado usted!
. ,
- Deploro no haber tenido el tiempo bas~nte _para advert_1r a ustedes que
ningún peligro corría, dijo el barón con toda_smcendad y sencillamente.
,
En esto un clamor espantoso le interrumpió, la vaca acababa de sorprende~ a
un torero á quien sacudía violentamente enganchado en los ~uernos po_r la faJa¡
los toreros se arrojaron sobre ella y el enganchado cayó en pie y se aleJÓ de allí
cojeando.
.
- Ya ve usted, dijo la señora de Barincq luego que se calmó la emoción, cómo
había peligro.
- Ha sido un torpe.
..
_
- ¿Crees ahora que el Sr. de Arjuzanx desea agradarte?, diJO la senara de Barincq á su hija, cuando terminada la corrida se hallaron instalados en el landó.
- ¿En qué?
- En saltar á la plaza para demostrarte su valentía.
- Eso no me ha gustado.
- ¿Has tenido miedo?
- No lo bastante para no comprender que es indigno de un hombre de su cla•
se exhibirse de esa manera..

373

en un islote del río disponiéndose á tomar alguna vista del natural, á lo que denominaba la joven' sus Corot. Como Anie descansaba aún c~ando su padre sal' del castillo Barincq y su hija se veían entonces por pnmera vez desde la
~~che anterior-' cuando llegaba cerca de ella Barincq, se apeaba del caballo y
Anie se levant~ba de su silla de tijera y se acercaba a su padre para darle un
beso que él la devolvía con cariño.
-¿Has dormido bien?
- ¿Y tú, hija mía?
Después de habt.r atado las bridas del cab~)lo ~ l_a~ ramas de un árbol, deteníase Barincq á contemplar el cuadro de su h1J~, dmg1éndo)e por él, ya observaciones, ya parabienes. A decir verdad, los p~rab1e~es eran siempre muchos ~ás
que las observaciones, pues bastaba que Ame hu ~1ese, puest? mano en cual9mer
cosa para que esa cualquier cosa fuese una maravilla a los OJOS del Sr. Banncq.
Aunque éste estaba acostumbrado á un dib~jo _más exac~o y más sev~ro que el
que agradaba á su hija, decíase el padre á s1 m1s~o que a su edad esta uno fu~ra de juego, en tanto que la joven iba con la c?_mente de la ~poca; él no h~b1a
sido nunca más que un regular artesano y su h1Ja _era una artista verdadera, en
tales condiciones, ¿cómo no había de rechazar Banncq la!¡ dudas y las observaciones que se presentasen á su _espíritu?
.
.
.
- Verdaderamente tienes razón, decía el anciano para acabar¡ la impresión
que se recibe es la misma que has queri~o ~r?ducir.
y volvía á montar á caballo para segmr v1g1lando, ya el envío de manteca 9ue
había sido batida en ausencia suya, ya la remesa de cerdos que no era posible
hacer salir de sus porquerizas ni subir á los carros sin que lanzasen espantosos
gritos á pesar de las precauciones que para llevarlos se adoptaba_n.
,
.
Solamente después de almorzar se encontraba libre el Sr. Ban ncq y pod1a, s1
as{ lo deseaba irse á trabajar con Anie á las eras.
¡Cómo se e~orgullecía el anciano viendo á su hija trabajando animosa sin temor á los rigores del sol ardiente ni á los ult~ajes de 1~-lluvia, tratand~ con afabilidad á los trabajadores, buena con las muJeres, cannosa con los nmos y haciéndose querer de todos!
¡Qué feliz se consideraba_ cuando ~legada la hor~ de merendar se sentaban
ambos á la sombra de un tilo ó al pie de una enema y devoraban, charlando
alegremente, la merienda que les habían llevado del ~astillo: pan y frut~s, ó bien
una tostada de manteca rociada con una copa de vmo blanco del pa1s y agua
fresca.
Aquellos eran los momentos más deliciosos de todo el día - aun entonces,
cuando había tantos buenos, - aquellos de intimidad, de conversación á solas, en
que todo puede decirse en las expansiones de un cariño correspondido.
Hija y padre hablaban largamente de la.:; cosas del ~fa, bastante de lo pasado
y algo de lo porvenir, pero m~cho m_enos de lo.porvemrque de lo pasado, como
personas felices que no necesitan huir de las tristezas de lo que pasa para refugiarse con la imaginación en lo que tal vez ~asará algún día..
.. ,
También solían en aquellos momentos interrogarse Banncq y su h1Ja a sí
mismos: el padre preguntándose si, corno le decí~ su mujer, sería verd~~ que
imponía á Anie fatigas peligrosas para su belleza s1 no para su salud; la h1Ja, es-

V
Anie que todas las mañanas consagraba algunas horas á la pintura, trabajaba
de muy buena gana todas las tardes con su padre; era para la joven una diversión
agradable, entre otras cosas por lo que tenía de nueva, extender el hen~ segado
en los prados ó en los islotes que el Gave formaba dentro de sus propiedades.
Con su horquilla en la mano extendía Anie sin quedar nunca rezagada la parte
que le correspondía, y al caer la tarde, cuando se cargaban los carros con las
hierbas ya secas, llevaba Anie valientemente su montón no menos pesado que el
que llevaban las demás segadoras.
,
.
.
, .
Estas aficiones campestres enojaban a la señora de Banncq, que las cre1a 111cornpatibles con la dignidad de una castellana, así como también creía que el sol
era malsano y peligroso; ¿no es él por ventura causa y origen de todos nuestros
males, de las pícaras insolaciones, de las fluxiones del pecho y de las pecas que
afean el rostro? Para precaverse contra estos peligros tomaba la madre de Anie
toda clase de precauciones; pero sin poder, como ella deseaba, imponérselas á su
hija, la cual si aceptaba sombreros grandes de paja, velos de gasa y guantes que
llegasen hasta el codo, era para abandonarlos á la primera ocasión que se le pre:
sentaba.
Tales gustos y tal desenfado producían, por el contrario, gran satisfacción en
el Sr. Barincq, que desde sus primeros años había gustado con pasión del trabajo del campo, labrando tan pronto como sus brazos habían sido suficientemente
largos para sostener el mango de una herramienta, segando tan pronto como le
había sido lícito tomar una hoz, conduciendo las yuntas de bueyes, montando
á caballo, podando los árboles, haciendo cuando el caso llegaba las cortas en el
monte. ¡Qué delicia para el padre de Anie, después de tantos años de vida oficinesca reducida, ahogada, miserable, encontrarse por último al aire libre en una
atmósfera perfumada por el heno, encantados los ojos con la vista de mil objetos
queridos, sus ganados, sus cosechas; todo esto en un hermoso cuadro de verdura que cerraba en las lejanías el horizonte de la montaña, con el cual había
soñado tantas veces sin esperanza de volver á verlo una sola vez en su vida!
Barincq era el primero que se levantaba en su casa, principiaba su tarea vigilando en los establos la eperación de ordeñar las vacas; después que había
puesto en movimiento á todo el personal, montaba un caballejo de trote suave
y se iba á inspeccionar los trabajos de desmonte que había dispuesto para convertir en prados artificiales las viñas muertas. Esta caminata era larga, no solamente porque Barincq cuidaba mucho de no arriesgarse con su cabalgadura por
caminos dificultosos, sino también porque solía detenerse con frecuencia para
charlar con los aldeanos á quienes veía trabajando en el campo ó á los que con
lentitud caminaban á su lado por algún tiempo. Barincq les dirigía preguntas
afectuosas, les escuchaba con atención: ¿estaban satisfechos de su cosecha?, y
entonces se empeñaban grandes discusiones sobre los procedimientos de cultivo
que los aldeanos empleaban y los que Barincq les aconsejaba para que aumentasen las producciones de sus tierras; no se enojaba nunca cuando chocaba con
las preocupaciones de la rutina, esforzábase por el contrario en conseguir á fuerza de paciencia y de dulzura y con razonamientos al alcance de su auditorio hacerles comprender sus propios intereses y enterarse de sus explicaciones.
A su regreso no dejaba nunca de seguir la orilla del Gave á la sombra de árboles corpulentos, seguro de encontrará Anie, ya en una plazoleta del paseo, ya

... en menos de cuatro segundos di6 la vuelta á la plua rompiendo las tablas á cornadas

tudiando en el rostro de su padre y en el aspecto general del mismo el cambio
radical que en su persona se había producido desde su instalación en Ourteau,
cambio que se manifestaba tanto en su aire de vigor y de bienestar cuanto en la
serenidad de su mirada. Con frecuencia las primeras palabras de Anie cuando
se sentaba cerca de su padre eran un cumplimiento:
- ¿Sabes que estás poniéndote muy joven?
- Como tú estás poniéndote muy hermosa. Pero ¿no es natural que suceda
así? Cuando durante muchos años se ha vivido de una manera absurda que parece hábilmente combinada para devorar en muy poco tiempo la existencia, ¿no
es lógico que al ajustarse á las leyes de la naturaleza, los organismos que no
hayan sufrido averías demasiado graves descansen y recobren poco á poco la
regularidad en sus funciones? He ahí por qué me alegra verte aceptar esos ejercicios un poco violentos y esas fatigas que han faltado en tu juventud; ten por
seguro que la medicina habrá adelantado mucho el día en que recete baños de
sol y prohiba en absoluto los cortinajes y las sombrillas.
- A mí estos ejercicios me divierten.
(Continuará)

�374

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LOS PROGRESOS DE LA PISCICULTURA
EL SÁBALO Y SU PROPAGACIÓN ARTIFICIAL

Durante los veinte últimos años la piscicultura ha
adquirido en los Estados U nidos un desarrollo sin
precedente en los anales de esta ciencia, análogo al
de la agricultura americana en el mismo período: por

que comprende especies tan interesantes como el
arenque, la sardina, etc., de los que difiere por su
peso (que varía entre cuatro ó cinco kilogramos) y
por sus costumbres, que le colocan en la categoría de
los llamados anadromos, como el salmón, el esperinque, el sollo, etc.; es decir, que remonta del mar á
las corrientes de agua dulce para desovar. Durante el
mes de febrero ó de marzo, según las latitudes y
también según las estaciones, el sábalo abandona el
mar, en donde no se le pesca nunca, para entrar en
los grandes ríos, que á veces remonta hasta muy largas distancias. El período del desove termina generalmente en el mes de junio y los reproductores que
no han sido capturados se dejan arrastrar por la corriente para volver al mar. Las crías permanecen en las

•

Fig. 1. Estación central de piscicullura en Wáshington (Estados Unidos). -A la izquierda, trasvasaci6n de las crfas de
sábalo en las cajas. - A In derechti, recepción de los huevos y trasvasaci6n de los mismos en los aparatos de eclosión. En el fondo, instalación de los aparatos del coronel M. Mac-Donald.

•'
'

su utilidad, por el alcance de sus aplicaciones prácticas, por la originalidad y variedad de sus nuevos
métodos, la piscicultura americana ha llegado á ser,
no sólo una ciencia y un arte, sino también una importante industria.
En 1871 un 'acuerdo del Congreso creó la comisión de las pesquerías de los Estados U nidos ( l1. S.
Fish and Fisheries Commision), encargada de abrir
una información sobre la disminución del producto
de las pesquerías y sobre las causas de esta disminución y al propio tiempo de emprender en las aguas
de los Estados Unidos la propagación de las especies de peces útiles para la alimentación. Gracias al
impulso de esta comisión, presidida primero por un
sabio distinguido, Mr. Baird, de la Smithsonian Institution, y al presente por el coronel M. Mac-Donald,
se ha conseguido el importante desarrollo de la piscicultura.
Hoy la comisión, dotada por el gobierno espléndidamente de los necesarios recursos, posee en distintos puntos de las costas numerosas estaciones de
investigaciones biológicas, una escuadrilla de vapo·
res empleados en las investigaciones zoológicas y utilizados como estaciones flotantes para la propagación de las especies marinas el bacalao, el arenque,
etcétera. Al mismo tiempo, las principales especies
fluviales, el salmón, las diferentes especies de truchas, el sábalo, el corégano americano, la carpa importada de Europa, están distribufdas en todos los
ríos, lagos y estanques de los Estados Unidos por
medio de vagones especiales provistos de cubos, depósitos, etc., para el transporte de los peces jóvenes.
Uno de estos vagones empleado en la distribución
de las crías de sábalo, salmón y carpa ha recorrido
en un año 51.189 kilómetros, ósea unas diez veces
la distancia del Havre á Nueva York.
De todos los peces cuya propagación artificial han
efectuado los americanos, los mejores resultados se
han obtenido con el sábalo, pez que se ha escogido
para repoblar los grandes ríos, no sólo por su valor
alimenticio, sino que ~mbién por su fecundidad,
pues una hembra puede llegar á producir hasta
100.000 huevos, lo cual permite cultivar los huevos
por millones.
Pertenece el sábalo á la familia de los clupeidos,

NúMERO

aguas dulces hasta el otoño y descienden al mar en
octubre ó noviembre, época en que miden de ocho
á diez cent/metros de longitud.
La pesca del sábalo adulto no se verifica, por con·
siguiente, más que durante cuatro meses al año, pero
en este corto período ocupa á numerosos pescadores
y proporciona un contingente precioso á la alimentación.
En otro tiempo abundaba prodigiosamente en todas las aguas que frecuentaba, pero ha ido escasean·
do cada día más á causa de una pesca excesiva y tan·
to más perjudicial cuanto que no se practica, como

597

acabamos de ver, sino en la época de la reprodu
ción. Por esto la propagación artificial, salvando
esta destrucción los huevos de los reproductores ca
turados y enviados al mercado, parece destinada
prestar los mejores servicios para evitar la destrucció
comprobada en todas partes, en las pesquerías, y
constituir la especie en su antigua abundancia.
Desde 1867, un sabio entusiasta, Mr. Seth-Gree
acometió la empresa de aplicar á los sábalos los pr
cedimientos de propagación artificial que hasta entonces sólo habían sido experimentados con la trucha y el salmón. D~spués de haber explorado la corriente del Connecticut para estudiar las condiciones
del desove, observó que los huevos del sábalo necesitan aparatos de eclosión muy diferentes de los empleados para los huevos mucho más voluminosos de
los salmónidos. Esta observación le llevó á construir
cajas rectangulares de 65 centímetros de longitud
por 45 de anchura y otros tantos de profundidad, cerradas en el fondo por una tela metálica muy fi na,
sumergidas en el río é inclinadas en el sentido de la
corriente por medio de flotadores fijados lateralmente, disposición merced á -la cual se agita el agua de
las cajas impidiendo que los huevos se aglomeren y
procurándoles un movimiento continuo favorable á
la incubación. Esta se verifica rápidamente, produciéndose la eclosión á los cuatro días cuando se mantiene la temperatura del agua á 18 grados sobre cero:
entonces queda terminada la operación y hay que
poner en libertad á las crías, pues apenas nacidos los
pececillos y á pesar de llevar aún su vejiga umbilical
nadan con gran velocidad.
Los experimentos de Mr. Seth-Green habían producido ya excelentes resultados cuando la comisión
federal de pesquerías, recientemente creada, decidió
ampliarlas y proseguir en grande escala la propaga·
ción del sábalo. Hoy el sistema de operaciones en
pleno río, empleado primitivamente por Mr. Seth•
Green, ha sido reemplazado por dos grandes estaciones, una cerca de Havre-de-Grace (llfariland) y otra
en Wáshington, en los edificios del antiguo arsenal
La recolección y fecundación de los huevos se efectúan por medio de barcos que se dirigen á los Inga•
res de pesca. Los huevos fecundados, envueltos en
muletón húmedo, son embalados en bastidores reunidos en series por medio de correas y luego expedidos en barco ó ferrocatril á los establecimientos en
donde se obtienen la incubación y eclosión por medio de aparatos que permiten operar en laboratorio
con una seguridad que no podían ofrecer las cajas
flotantes expuestas á la intemperie y á las avenidas
de los TÍOS. Estos aparatos inventados por el coronel
Mac-Donald consisten en botes de cristal de fondo
hemisférico de 20 cent/metros de diámetro por 65 de
alto, cada uno de los cuales puede contener 100.000
huevos (fig. 1). Cuando el agua sometida á presión
entra en el bote por el tubo que va hasta el fondo de
éste, determina en todos sentidos corrientes aseen•
dentes que nacen en el centro del fondo hemisférico
y continúan á lo largo de las paredes para descender
de nuevo á lo largo del tubo central, produciéndose
un movimiento análogo al de la ebullición. Los huevos, algo más densos que el agua, son arrastrados

N úM ERO

LA

597

producto de 1880; en 1886, de 34; en 1887, de 62 , Y
en 1888, de 85.
.
Los mismos trabajos se verifican de algún tiempo
á esta parte en Francia. En 1887, M. Pedro :7mcent,
previo el asentimiento y el concurso del m1?1stro de
Agricultura 1 comenzó algunas invest1gac10nes
que Je permitieron reconocer la parte del Sena
marítimo, cerca de Ellboeuf, donde se encue~tran desoves de sábalos y donde , por cons1·
guiente, podrá i_nstalarse útilmente ui:, establecimiento, expenmentan~o al P'.ºP.IO tiempo la
fecundación y la incubación art1fic1~les. Actual·
mente funciona desde 1890 la estación de SamtPierre-les-Ellboeuf (fig. 2), que aunque más mo·
desta que las americanas, podría con algunas
reformas operar sobre 100 millones de huevos
de sábalo.

por esas corrientes y todos se mueven subiendo late·
ralmente y volviendo á descender al fondo del aparato. Cuando se verifican las eclosiones, los l(eces Jóvenes al agitarse son arrastrados por las cornentes al
acuario colector, del que no pueden escapar porque

***
UN MICRÓMETRO BARATO

Fig.

1.

Micrómetro de M. Poynting

sólo el agua puede pasar por las mallas de la boca
del sifón.
La estación central de \Váshington, una parte de
la cual reproduce la fig. 1, posee una instalació': que
le permite operar en cada estación sobre mas de
100 millones de huevos de sábalo.
Merced á estos trabajos los americanos _han llega·
do á multiplicar el sábal,o_ hasta '? mfimto en los
afluentes del Atlántico y a 111troduc1r en los del Pacífico esa especie antes desconocida en ellos. Algunas cifras oficiales darán idea de los resultados obte·
nidos. En 1885 la cantidad de sábalos pescados ha
presentado un aumento de 2 5 por ciento sobre el

Con ocasión de un trabajo sobre medición
de la densidad de la tierra, M. Poynting ha constru{do un catetómetro cuyos micrómetros. están al alca nce de los más modestos laboratorios.
Los anteojos de aquél llevan un retículo fijo
A
cuyo punto de cruce ocupa su eje óptico: delante del
8
objetivo hay una placa plana de cnstal espeso mon................
tada sobre un eje horizontal y con un índice perpendicular á su plano. La fig. 1 representa el aparato en
conjunto. Una rotación de la placa alrededor de _un
eje mueve un poco _la !magen.. Con este d1spo:1t1vo
Fig. 2 . Esquema explicativo
se mide del modo siguiente: a1ustado el anteo¡o de
modo que el punto P que se mira esté cerca de su
eje óptico AB (fig. 2), se lleva este_ punto al cruce pensatriz no fuese de caras rigurosamente para~elas,
de los hilos con una pequeña rotación de la placa no resultaría de este hecho ningún error apreciable
de cristal y se da vuelta al catetómetro apuntándolo para las observaciones. - C. E. G. ·
á una regla dividida en ~ilímetros. Dos ro~c10ne_s
inversas de la placa llevaran los dos trazos mas vec1(De La. Nature)

---

1

. -.

FACIUTAL\
los SUFRIMIE

TlA"'lI,,,a

---

- un 1.ntn tuat11 LECHE ANTEFÉL
,.,. 1 ...W. •

Ju

PILDOR&amp;S;DEHlUT
DE PAR18

Do titubean en pUl'flane, cuando Jo
Dece.sitan. No tdmen el asco Di el cau•
raDclo, porque, contra lo que acede con
lo, demu purgantff,. estd no obra bien
mlo cuando ,e toma con bueno, alimetol'
1 bebidulortilicanca, cual el nao, el cat4,
el U . Cada cual ~e, para purga,..., la
bora 1 la comida que ma, Je conYiene.11,
segun ,u.r ocupacíone,, Como el caaaaa
c10 que la purga ocutoaa ~ed• com-

plewnentoanllladoporel efectodela

buena alimeneacion empleada,uao
,e decide /.llicil.mente 4 volver

a

•1

contn los Reuma, Toa, Criada Der-riNU
61-mmoa. -El i+RABRl'O:RGBT•
WI calmante c&amp;,l,re, oonocid o d&lt;ode 30 lli&lt;,o. E&gt;a bo !annaciu y :z8, "'• Bvgm, Paria

,

. . . . ,- la WIIIU II DIIID1

11ea1au .......,..... .. 1 1 1 ~....

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.,.

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1171

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.,,.
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Dl81'11'81Aa
0AffltlT18 - GA8TRALDIA ■

DIDIITIOII LaNTAI y PINOaAa
PALTA DI APITITO

EllllR, . •• PEPSIIU IDUDAULT
VINO · . •• PEPSIIU IOUDAULT
POLVOS, •• PEPSINA IOUDAULT

CARNE HIERRO y QUINA
11.+limento mu r,;a.;.;: llllido a loo Tóa.icoa mu npandor&amp;

VINO FERRUGINOSO ARDUO

T COK TODOS LOS nDICIPIOS 111l'nlTITOI DI t.l ClAUB
tl&amp;JIID, - • 1 •111111.1.1 Dles allol de mio conllDuado 1 las a11rmacloneo de
todu: lu emJ.nenclU mMJcu preubln que esta UOCl&amp;don de la Can.e, eJ 11.iene y la
. . _ 00111Utoye el repandor mu eoend.co que ee conoce ~ curar : la Clot'dní, la
,jMfll.:.S, 11a JIMll'1Ult1oul c&amp;olorolA, el l"'J)01Jna1"Wto 7 la .4.ltertJCWn 41 la S4ft(Jrt,
el .ltlftiUUfJIO la.a -'.(ltX:klul
7 at:orb#tfal.l, etc. El Tia• •eff9SI:.... de
.&amp;n••
ea en' etec&amp;o el ún1co que reune &amp;odo lo que entona 1 tor1&amp;lece loa orpnoe.
"1C1llll'1A' coordena' 1 aumenl&amp; OODalderal&gt;lemenle Ju ruenu I&gt; Inrunde a la IIUllS9

acro""°""

empaiiieclcla 1 cleocolorlcla : 01 vi,o,, la e1 la 11..,.""1 "''"'·
,Por-,r1 a Paria, ea euade J. Flllllt,Fll'IIIICOlltioo, IOI, nellicheiiea. l!ousarde.lllOCD.
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SM TOD.U LU PIUl(ClPALBS IOTIO.U

EIIJASE ..:= 1 ARDUO

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GRANODELIN OTAR INr'.1\t't:Cl'.:s

PIIEIIO DEL INSTITIJTO AL D'C011'11SART, Ell 1191

(~]6,n,cVi~

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~,\,&gt;

Pepsina Bondanlt
h.10 U. FORlll DK

JARABE on DR. FORGET

4 IARPULLIDOS. TEI BA.llROIA o
o
ARRUGAS PREOOCEI
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1

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PWI • LTII • mu • PIIWILPIU •

lfll, •111,a

PECAI, LE.NT&amp;IAS, TEZ AAOLEA.D&amp;

111tOADE8M1Elro••

.~

'I ftllOI HIOU&gt;D'II DI U. _,IUflla

Estación de piscicultura de Saint-Pierre-les-Ellboeuf (Sena inferior). Vista de la sala de aparatos

LA

Lu

''""" ....._

aea aecuario.

2,

nos al eje óptico del anteojo, con~iguiéndose así. tres
posiciones de la placa correspondientes al trazo_ inferior al punto de mira y al trazo superior: una s1~ple
regÍa de tres da la posición del punto que se qmere
determinar. Si en un catetómetro se han montado
dos anteojos, podrá medirse de este modo _la distan·
cia vertical de dos puntos, comparar dos mtervalos
de una regla, etc. El índice fijado en la placa lleva
en su extremo una plaquita de cristal c~n un trazo
cuya posición se lee en una división vertical. El ángulo que forma la placa coi. su posición normal lo
da, pues, su tangent~. Las desviaciones de la imagen
se suponen proporcionales á la lectura. Aunque este
procedimiento no es riguros~mente exac~o los errores
son insignificantes y se corrigen automáticamente _por
un conjunto de listones inventado por M. l'o~ntmg,
listones que imprimen en el cristal y en el índice _un
movimiento hábilmente calculado. Esta corrección
puede también efectuarse reemplazando_el trazo recto
del índice por un traro curv11fneo deb1damen_te _cal·
culada. Las medidas obtenidas por este proced1m1ento son diferenciales y en el caso de que la placa com-

··
Lorette,
R ue
Cau21
martin
Las casas extranjeras que des een a nun ciarse en LA IL USTRACI6N ARTtSTICA diríjanse
para ¡ n torme s á. .los
1 Sres
P ~ A.
o de
Gracia,
núm.
núm. 61, Parla. -Las casas españolas pueden h acerlo en la ofloina de pu blicida d de los Sres. Calvet Y Ru1, P,

4i empeaar cuanta, vece&amp;

Fig,

375

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

E8TREAIM IENTO8, CÓLICOS. -

n

Hl ■ IIIIO

-la -la

BBlVAIS

ol .....
tnltDldo II la ICODOmia, 1:JJ)lri:matlldo por loo "'""""" midlcot dol
■mulo, pua lmudlab.m1111t a la

Ptrlaf'r:40J421r,11-&amp;.ua,._ Paril,

SO.

·-- - --------·-- -----

LA SAGRADA BIBLIA

_

EDICIÓN ILUITRADA

~ . • oeuiou ll&amp;reliauelto,ao
~llp
- · .. "'
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-,U
ti caU,. SO.Año■ 4ebto,Jaillarel de tettiaoaiol pruUa.al&amp;~
4o (lo • NjU, .... la J • l¡t H)H ,.,. ol l&gt;lpl&amp; U,..~ .. .._, ....... ~riliJ'OB&amp;l&gt;V■■ma,1,ne J..J,.B.OUNl.11,•ut.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

KL LEÓN DE L UCERNA,

GARGANTA
y
ESTOMAGO
VOZ

BOCA

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~• BJSIIUTBO 7 IIAGNISIA
Reeomendado1 contra lu Afeoolonee del Eat6-

mago, Falta de Apetito, Digestiones laborloeu, Aoed.laa, V6mitoe, Era:otoe, y C611ooe;
regalarizan la_e Fanolon• del Eet.6mago y

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...............................
i
¡
i EXA(GINA ¡
I

0

597

monumento erigido á la memoria de lo(suizos que murieron en las Tullerías delen&lt;liendo á Luis XVI, obra de Thorwaldsen

ENFERMEDADES

PASTILLAS y POLVOS

NúMERO

6

NEVRALGICOS,
'
DENTARIOS,
41
MUSCULARES, 6
1
'
UTERINOS. 6

6

6 inofenstoo y el mas 6
6 poderoso medicamento d ..
6 CONTRA EL DOLOR W

•-óff"¡MC:..I

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, DB MONTANKR Y SIMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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