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A&amp;o XII

BARCELONA 12 DE JUNIO DE 1893 ~ -- - - - - -

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¡SI NO VENDRÁ!.., dibujo original de J. García Ramos

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍST1CA
como que haya pertenecido á la secta protestante y puéstose agravar las tristezas de aquel alma y malherirla, no sólo por l_:i
1
por razón de Estado en contra y en pugna con la ortodoxia vida privada de ser desarreglado, ll~na de placeres Ycorr~mp •
da
en
toda
clase
de
vicios;
por
sus
hgere~as
en
las
~ceptac1on~s
connatural á su católica familia y á su exaltado pueblo. La causa del trastorno de sus sentidos muy despiertos y de la pérdida del Principado de Asturias, cuando munó el prínc1~ don ~11de su seso muy sólido estuvo en exaltaciones exacerbadas del guel, y de la corona misma castellana, cuando munó la rema
amor connatural á su pecho, recrudecidas por celos, cuya in- Católica; por sus desvíos del rey Fernando, tan experto y c~ntensidad llegó hasta producir en su espfritu y en su ánimo una s1hnado en política; por sus desacatos al Parl~mento de Aragon,
rabiosa demencia. Si á esto se junta que mujer de suyo aman- respetadísimo en el mundo; p~r la extr~niera cohorte qu~ le
tísima se casó con joven cladQ á tocios los placeres, y especial- acompañaba doquier en los. remos espanoles; por, el ammo
Texto. - J;f11rm11raciones europeas, por Emilio Castelar. - La mente á los placeres del amor, se comprenderá como no pudo dado á las inmumerables facciones feudales que todavia coleaban
ciudad de Chicago, por M. A. S. - Temor póstumo, P?r S. contener dentro de los limites racionales su desgracia, la cual aún después de malherido el monstruo; por tantos errores y pe·
López Guijarro. - El pozo de la verdad. Cuento, por Lms M. reventó en los nerviosos desórdenes y en las desatinadas accio- cados como se deslizaban á un tiempo, asi en el hogar como en
de Larra. - ll1iscelá11ea. -Nuestros grabados. -Anie (conti- nes consiguientes á la verdadera locura. Lo robusto de aquel el trono de doña Juana, rompiendo en mil pedazos a~uel coranuación), novela por Héctor Malot, con ilustraciones de su cuerpo, resistente hasta provecta edad al. incendio de una zón, mayor que trono y hogar; un verdadero calvano, d~nde
Emilio Bayard. - SECCIÓN CIENTÍFICA: Los dahomeyanos pru;ión exagerada, confirma la enfermedad atnbuída por el sen· los celos por su amor y los_ recelos por,sus _vasallos de contmu~
en el Campo de Marte, de París. - Libros enviados á esta Re· tido común histórico á la reina. Los mismos pedazos de razón, la sacrificaban en una pasión tanto _mas triste,. cuanto que na
dacción por autores ó editores.
flotando en la tormenta de sus pasiones y en el naufragio de die veía cerca su postrera c?nsolac1ón 6 refugio 1 el seno de la
Grabados. -¡Si 110 vendrá!•. , dibujo original de J. García su alma, dicen cuán desatentada fuera la exaltación que apagó muerte. ¿Creéis que no hab1a bastantes causas a promover_ la
Ramos. - Cinco grabados correspondientes al articulo titula- el brillante luminar de su idea y la sumergió en aquella trom- rematada locura? Pues en el exceso de su amor le so~revmo
do La ciudad de Chicago. - Reconocimiento de 1m vado; ¡Al· ba de afectos homicidas, á cuyo término cayó la infeliz en una á su esposo la muerte.. Quien querí~ para ~l placer la vid~, se
to!.. ; Paso detm río, cuadros de José Cusachs (Exposición especie de 'suicidio del alma, perpetrado á impulsos de la in- murió; y quien de la vida sólo conoc1a la tristeza, quedjse míe•
Parés). - ¡Adiós!, cuadro de Ernesto W. Appleby. - ¡Aban• creíble intensidad de aquella tortura que le infligiera el choque liz en este bajo mundo. Y entonces echó de menos dona Juana
la Loca no solamente las escasas alegrías de su matrimonio, las
domuta!, cuadro de G. Tyrahn. - Los defensores de Zaragoza con el desamor de su amorosa y exaltada naturaleza.
(18og), cuadro de Mauricio Orange (Salón de los Campos
Doña Juana conservó toda la vida el culto más religioso á la penas t;mbién que le hablan taladra~o las si~nes, "J: a~abó de
Ellseos, París, 1893). - La fiesta en casa de los abuelos, cua· memoria de su madre muerta; el amor más entrañable á su pa- hundirse por completo en su desgracia. Contmu6 smtien~o el
dro de Hugo Salmson (Exposición del Ca~po de Marte, dre y el respeto más profundo; los sentimientos propios de la mismo amor y los mismos celos, ~n un desvarío, que la pusieron
Paris). -La .alle de Alcalá después de una corrida de toros, dignidad real en que naciera y se criara dentro de una corte:por fuera de si misma, en congruencia con sus penas, y la embarcuadro de Francisco Maura (Exposición general de Bellas completo imbuida en la idea monárquica, triunfante, tras una garon por medio de aquellos es~antosos horrores, los cuales no
Arles de 1892). - Figuras 1, 2, 3 y 4. Mujeres, músicos yfe- guerra secular con alternativas contrarias, del viejo feudalismo. pueden adivinarse ni medirse smo estando en ella y con ella,
ticheres dahomeyanos (de fotografia). - Una máquina de pin· Asl, en todo con su marido se conformaba, menos en lo tocan- tan infeliz y cuitada.
.
.
Pues un asunto dramático en esencia se desnaturaliza con
tar en la Exposición de Chicago.
te al poder y al derecho vinculados en ella por la hetenci~ recibida de su gloriosa madre Isabel. De todo á veces dejaba facili&lt;lad suma encerrándolo en drama convencional, destinado
disponer, merced á la parálisis en la voluntad y en 1~ inte~gen- más bien á robustecer una tesis que á divertir y recrear un púcia, inertes al extremo de parecerse á un ser matenal pnvado blico. Parody no ha tomado, como debía_, ejemplo y lección.de
MURMURACIONES EUROPEAS
hasta de la existencia vegetativa y petrificado y frio comoluna nuestro gran Tamayo, _poniendo los ases~os c~los de la rema
POR DON EMILIO CASTELAR
estatua funeraria; pero en cuanto le hablaban de algo atenta· en las condiciones de (lempo y de lugar, m~lv1dable~ hast~ en
torio á su regia dignidad, ergulase contra las pretensiones del los dramas históricos menos atentos a las unidades anstotéhcas
Silvela en la Academia Española. - En el teatro francés un rey de Francia cuando exigía le firmara una declaración de y de mayor naturaleza romántica: Enfermo su espíritu de achafragmento de Historia de España. - Errores históricos del feudo firmada ya por su esposo en !acorte francesa; y lo mismo que tan frecuente y grave ahora como _la manía de trabucar el
autor Parody. - Flaquezas literarias. - Tendencias del drama se deshacía del yugo forjado para su cerviz por don Fernando V teatro con la novela, desarrolla la vida de doña Juana en cuacontemporáneo á ser novela. - Los felibres de Montpellier. y por don Felipe, tan amados, que del yugo de los comuneros dros cuyo principio se inicia en la infa~cia de ésta y cuyo fin
- Observaciones acerca de los juegos florales. - El regiona- dispuestos á convertirla en una enseña_ nacional de com~ate al ó término en su muerte. No puede peduse al teatro y su malismo. - Otra ópera de Wagner en la Academia Nacional de extranjero y á sus devastadoras exacciones. La desgracia suya quinaria la realidad viva, un follaje de,bosque, un mar de agua,
Música Francesa. - Conclusión.
no tuvo ningún otro origen sino el amor exaltado á su esposo un relámpago de cielo, un mullido de prado? la ~erd~d en si
y mal correspondido por éste. Si Juana diera con un principe misma. Pero debe pedírsele una grande aprox1mac1ón a lo verNadie con mayores títulos de ingreso en la Corporación en- que de ella se hubiese prendado y sido capaz de quererla como dadero. ¿Quién le ha mandado á Parody alterar la Historia de
cargada &lt;le velar por la conservación de nuestra lengua patria ella quería, en su juicio quedara y quizás fuera por su voluntad manera como la dicha por nosotros arriba? ¿Podría tolerarse,
como el buen amigo mio D. Francisco Silvela, maestro con y por su inteligencia uno de nuestros primeros monarcas. Pero por ejemplo, una tragedia en que César matase á Bruto, en _vez
pluma y palabra en las artes del buen decir castellano. Porque cuando se parte de aqui á :Flandes, á l_os do~inios de su novio, de matar Bruto á César? Nada de huir la verdad en los requeyo al gremio haya pertenecido un tiempo, al gremio de los ora- y arriba, tras deshechas tempestades, impelida de amor mucho rimientos y rebuscas de lo verosímil. Amén de todo esto, entre
dores, no tomará la malicia por vanidad ó ufania de clase y más exaltado que aquel sentido por la reina de Cartago hacia acto y acto puede pasar la eternidad cuando representáis autos
profesión el atribuir á cuantos hablan en público de corrido, el fogitivo Eneas, amor éste concluido por un suicidio, encuén- sacramentales y ponéis en las tablas idealizados arquetipos ó
aunque sea de coro, con propiedad y corrección, el carácter, trase la enamorada castellana con que su novio no tiene prisa de meras personificaciones ó puros símbolos. Puede rejuvenecerse
por derecho propio, de académicos en esta Compañia, donde la abrazarla y la deja sola muchos días bajo nieblas que debían pa· un actor en verdadera comedia de magia. Pero en el drama
nación deposita el poder legislativo encargado de regular con recer á quien llevaba en sus ojos el cielo y el sol de Castilla un corriente y usual ninguna de tales cosas debe pasar, pues los
autoridad universalmente reconocida en los dos mundos hispá· paño funerario. Vense y hacen vida común; pero sin que nun- rigen leyes c;onvencionales, ó costumbres y tradiciones, tan imnicos nuestro hermosísimo idioma. Quien, como Silvela, con ca se pagase amor con amor,:nunca. Juan~, que nec~sita de la periosas y autorizadas como cualquier ley ó fuerza natural. En
maestría soberana pronuncia un discurso de forma literaria é mirada del esposo como de la luz, que respira en su aliento, que el drama de Parody se apunta la tesis de que nunca estuvo loca
ilación lógica, ya en el Foro, ya en el Parlamento, ya en el no quiere la vida sin su compañia, que le adora más á medida doña Juana, y para demostración de tal tesis absurda se la hace
Ateneo, posee un caudal de voces y una copia de frases á las que mayor tiempo á su lado pasa, paséase solitaria y abandonada crecer, desarrollarse, madurar, envejecerse á la vista del púcuales no puede poner pleito quien, dentro de su gabinete re- por su palacio de Gante, sin oir más que los regocijadísimos blico en tres horas. No quiero decir cuántos esfuerzos y artificluído, corrige con reflexión lo incorrecto y rehace con cuidado ecos de festines continuos y de besos adúlteros, destinados á cios, cuántos disfraces y menjurjes, qué número de afeites inlo mal hecho, disponiendo á s1,1 guisa del gran cooperador á todo, trucidar su tierno corazón, amante hasta la demencia, por causa creíbles y de curvaturas diversas hay que pedir á las actrices
del tiempo, quien apremia y embarga los oradores, abandona· y motivo de las mismas infidelidades. que le recrudecían á una para que, sin alterar el personaje, se presenten como niñas en
dos á la electricidad de sus nervios y á los ahorros de su me• con creces incalculables, por sus contrariedades mismas y sus el primer acto, y j6venes en el segundo, y jamonas en el tercero, y provectas en el cuarto, y machuchas en el quinto, y
moria y á los recursos de una espontaneidad milagrosa, los oposiciones, el amor nativo al ingrato esposo.
cuales marraríanle de no poseer con plenitud y en completo
En la familia de los Reyes Católicos se amaban unos á otros viejas casi ochentonas en el epílogo. Los cambios de la piel
dominio el Verbo nacional. Como le dí para su cargo mi voto, en términos tales que los hijos veneraban como dioses á sus pa- tersa con arrugas hondas pasen allá en buen hora, segÍln auxihuélgome diciendo como justificó ilesa mi predilección en su dres y los padres llamaban á sus hijos ángeles. Muerto el here- lios de afeites y toques al revés. Pero aquello que más del alma
discurso, lleno de sal ática, un poco acerba y amarga en oca- dero de la corona, ó sea el infante don Juan, casado con una está próximo, la voz, no puede alterarse de modo alguno á cada
siones por la índole de crítico que le distingue y el sabor hermana de Felipe el Hermoso, quedaron dos derechos inme- cual de los actos, como se altera con facilidad á cada cual de las
volteriano de su ingenio, en el cual atávicamente hay vincu• diatos á la corona, el de la reina de Portugal y el de_.ja reina de edades. Entre un capítulo de novela y otro podéis poner cinlado algo de la Enciclopedia con mucho del último siglo. Con- los Países Bajos. Si la reina de Portugal y su hija hu hieran vi- cuenta y más.años; pero no podéis distribuir ese medio siglo en
testóle mi amigo el Sr. Pidal, en quien se suman á las exce- vido, vinieran al acervo común de la monarquía española este cinco actos. Y no hablemos de tesis tan falsa como la negación
lentes cualidades y aptitudes varias de orador verdadero, otras reine, con sus maravillosas colonias en Asia y Africa y América; de una demencia tan averiguada cual la demencia de doña Juana
no menos eximias de verdadero escritor. La grande abundan· pero como las dos herederas inmediatas murieron, y recibió el y el carácter de filósofa y liberal á la moderna por el autor
cia de su frase y la riqueza ó esplendor de su estilo no em· principado de Asturias, tras la muerte del hermano y del sobri- puesto en una mujer pagadísima de sus poderes y de sus timpecen, por lo que voy viendo, á la concentración del pensa- no de la hermana, la mujer de don Felipe el Hermoso, trajo bres regios. El que unas veces olvidara el nombre ilustre de
miento en su rotunda prosa. Pero el discurso suyo, más bien ésta Flandes, Holanda, el Franco-Condado, los derechos á Bor- sus hijos alzados á los primeros tronos del mundo mientras ella
que de recepción, fué un discurso de vejamen. Encerrándolos goña, las competencias por Lombardía, el ducado de Austria vegetaba tras una celosía en su jaula de Tordesillas; el que otras
en flores muy fragantes, díjole al recién llegado conceptos con todos sus anejos y la eventualidad probable de alzarse, veces repugnase las devociones aprendidas desde la niñez en el
un tanto discordes con el acto cumplido y con la cere\nonia como nuera de un rey de romanos, con el imperio alemán para regazo materno y se resistiese á la comunión y á la misa; el que
celebrada. Silvela pudo recitarle aquella célebre frase·de Nar· su esposo, y quizás para su hijo. ¡ Tristes caprichos de la he- ora se creyera reina y ora cautiva; el que oyese á San Francisco
ciso Serra: «Te he traído de hombre bueno y me has salido rencia! ¡ Cuál otra fuera la suerte de nuestra patria si, en lugar de Borja en sus predicaciones y á los comuneros en sus proclahombre malo.&gt; El jubileo literario, establecido ya por una cos• de haberse por las herencias europeas múltiples disipado en mas, sin al cabo determinarse y decidirse por nadie, (micamentumbre tradicional en las recepciones académicas, deberá ser Europa, se concentrara en nuestra península y exclusivamente te prueba una rematada locura, derogando la falsa tesis de la
siempre jubiloso. No hay para qué decir sino aquello condu- se dirigiera con empeño á nuestra obra intercontinental en el unánime conjuración urdida en cuatro generaciones para volcente á loa del admitido. Silvela recibió las flechas con la re· viejo mundo asiático y en el nuevo mundo americano! Siem- verla loca. Mal drama, muy malo el drama d~ Parody en su
gocijada conformidad de un San Sebastián del Renacimiento, pre dije que fuera una desgracia patria la muerte de los here- fondo; pero, según los competentes, mucho peor todavia en la
que se diría recibe confites en lugar de dardos. Bien es verdad deros del trono portugués y la exaltación de los herederos del forma por encerrar lugares comunes en versos prosaicos. ¡Dios
que, para conformidades forzosas con las de~apacibles censu• trono flamenco. Pero la desgracia mayor fué para la pobre se lo haya perdonado!
ras, no hay como los políticos. Pieles rojas llamamos á ciertos princesa casada por razón de Estado con Felipe el Hermoso.
Mucho tiempo gasté ahora en examinar un drama de argu·
indios; pieles duras deben llamarnos á nosotros los estadistas. Por 1498 los Reyes Católicos debían sospechar ya la mala mento español y poco habrá de quedarme para las otras partes
Como quien toma por mucho tiempo el arsénico en dósis acaba ventura de su hija y las desavenencias en su matrimonio, cuando de mi revista. lnvítanme los felibres del Mediodía en Francia
tragándoselo á libras, quien pasa por la crítica del enemigo á expidieron un fraile llamado Matienzo, prior de Santa Cruz, con reclamos de admiración ·y amistad, jamás harto agradecidiario se queda interiormente tan invulnerable como Aquiles para que se industriara de todo y los industriara en tocio. dos, á participar de una fiesta latina en la ciudad de nuestro
después de haberse bañado en la Estipa sin talón siquiera. Y Decía el fraile, al dia siguiente de haber hablado con doña D. Jaime I, el grande, el inmortal, el reconquistador, el tipo
puesto que á mi cofrade nada le incomodaron las frases de Pi- Juana, estas palabras de un indecible candor á los Reyes más bello de las aragonesas historias, en la ciudad de Mont·
da!, no seamos nosotros más realistas que el rey ni más papis- Católicos: « Está tan gentil, y tan fermosa y gorda, y tan pellier. Pero me perdonarán mis amigos que no acuda. El
tas que el Papa.
preñada, que si Vuestras Altezas la viesen habrían consola- arte de la palabra me abrió en mi juventud todas las puertas
La lengua española nos lleva, como por un lógico y natural ción.» Pero no debió gustar la embajada mucho á don Felipe, y. me las cierra todas en mi vejez. Después de haber condesarrollo, á la historia española. U no de sus incidentes más cuando l\fatienzo &lt;leda en otras:cartas, quejándose de morirse tnbuído con el Verbo, que Dios pusiera en mis labios, á em·
trágicos ha pasado por la escena del teatro francés: los amores, por hambre: «Acá no dan de comer áhombre de mundo,» y ase- presas ~ales como la redenci6n del esclavo y la libertad del
los celos, las demencias de Doña Juana la Loca. Y al pasar ha guraba de mil modos á don Felipe qfle « no tenla encargo de p_ensa!111ento, ¡ah! todo en derredor mío, todo me impone
suscitado cuestiones literarias, de cuyo examen y conocimiento hacer inquisición alguna sobre su vida.» Pero poco debió ade- s1lenc10 forzoso y me pide una consagración de mis últimos
práctico no podemos en manera ninguna librarnos. Parody, lantar cuando el césar Maximiliano se percataba de asistir al bau- años á las contemplaciones y defensas mudas de esta obra,
griego de nacimiento y abolengo creo, francés de naturaliza- tismo del primer nielo que don Felipe había engendrado en doña constr!lida en honor del humano derecho. No yendo al Congre·
ción, estudioso é instruido más que inspirado; maglier su falta Juana; y se iba, con desatención á sus hijos, de Ceca en colodro, so legislativo, en. que !~ patria siempre me tiene guardado un
de fantasía, fantaseó en desordenadísimo drama toda suerte ele rompiendo lanzas y buscando aventuras por tierras de Cleves. P?esto, menos pienso ir á congresos literarios, ni políticos, de
inverosímiles desvaríos al tratar de un personaje y de un pe- Y así como tardaron Felipe y Maximiliano en recibir á la des- ninguna clase. Y desde que yo hablé con los felibres congregariodo tan sabidos como la protagonista y la trama de su obra. posada doña Juana, y tardó este último en besar á su nieto das en Par~s, recib2 á mi amigo_ el eximio poeta Balaguer en
Permitido en las figuras tlpicas de un período poético y fabulo· Carlos V, aím tardaron más Felipe y Juana en recoger, vinien- la Acadenua Espanola, pasó baJO el puente agua sobradlsima y
so, cual Prometeo, la invención, fantaseándoles vida é historias do á Castilla, el Principado de Asturias, recaldo en sus perso- se cam~iaron de un modo radical antiguos afectos. Ha entrado
á su arbitrio; pero no permitido así en los personajes, de suyo nas por la muerte del heredero de Lusitania. Y en todas estas en los jueg_os florales un demonio separatista, de quien yo me
adscritos á una época del dominio de la Historia fija y clara. desvent11ras quien más padecía era el ánimo y el espíritu de aparto hac!en?o cruces, pues m_i condición de viejo español me
Por consecuencia no puede consentirse á un autor decir que ha- doña Juana; perpleja de suyo á la continua entre los deberes veda contnbuu á romper la unidad patria conseguida con tan·
ya el Rey Católico envenenado á su yerno D. Felipe el Her- estrictos de hija y los mal pagados amores á su esposo; lo cual tos e~fuerzos, y mi condición de libei;al fomentar verdaderas
moso; que haya Carlos V maltratado á su madre, de quien llevábala en todas partes á mal llevar y 1~ deshacía poco á poco reacciones, de todo en todo á mi conciencia opuestas. Los dissiempre se curó con filial piedad; que haya sido cautiva In rei- el corazón, trastornándola el seso y perdiéndola para su regio cursos en que nuestros felibres han maldecido no ya la unión
na del malquerer universal y no de su propia infelicidad, así ministerio y sus delicados oficios. Su esposo no hada más que de Ca.¡aluña con España, la de Cataluña con Áragón; los apos......, ......, •••••• , •• , ••••••, ............. , ••~ ... , ......1,..-,., .... ,., ......, ............., ••, ••••••, ............. ......., ••, ••••

LA
tolados de un reaccionario empedernido que quiere volver la
Galicia heroica y española del Puente de San Payo al tiempo de
Don García; los acuerdos tomados en la Coruña contra el go•
bierno y el Congreso nacional por cosa tan baladí como el caro·
bio de una capitanía general que debla importarle un bledo;
el crecimiento de votos cantonales en las Í1ltimas elecciones de
Valencia y Barcelona y Madrid, me ponen un espanto en el
ánimo tan grande, que no quiero ceder á la tentación de lanzar ideas literarias sobre las ciudades que luego me obligarían
á lanzar bombas como aquellas que despedí un día sobre la re·
belde Cartagena. No iré, pues, á la fiesta de los felibres, que si
resulta esencialmente latina, como yo espero de sus patriotas
promovedores, tan ilustres y sabios como buenos ciudadanos,
deben poner este lema en sus rótulos y en sus brindis: «A la
memoria de las tres únicas verdaderas naciones que hay en el
viejo continente, á la unidad de Francia y á la unidad de Italia
y á la unidad de España.»

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

379

El genio práctico de los americanos, y sobre todo la limpieza y aseo del vastfsimo local donde ésta se
de americanos como los de Chicago, no podía menos celebra, habiendo tomado al efecto medidas tan mide sacar partido de una Exposición que esta ciudad nuciosas que hasta ha prohibido terminantemente
disputó á Nueva York, saliendo triunfante de su pre- que dentro de ella se vendieran nueces, avellanas y
tensión. Y este partido lo ha sacado aun antes de otras frutas de cáscara dura sin estar previamente
que se pusiera la primera piedra del primer edificio
de la Gran Fm·a del Mundo, como allí se llama á
esta Exposición. Apenas se tuvo noticia en Chicago
,.,,., .
de que el Congreso de Wáshington le había conce:,o
dido la preferencia Jobre su rival del Atlántico, todos
los valores cotizables en Bolsa, tranvías, gas, cervecerías, fósforos, subieron 10, 15 ó 20 por 100. El valor
de la propiedad urbana ha aumentado de un modo
;
prodigioso, especialmente en los barrios inmediatos
á
la
Exposición,
y
los
propietarios,
siempre
cuidadoMadrid, 30 de Mayo de 1893
sos de sus intereses, han subido los preci0s de alqui••t'1,••,1•u••.••,1•••••,r,.••,1•,,
1.,,,.,,.,.,,,,.,,,,.,.,, .. ,,••••••,.,••,,,, .,.,,, ••••••,,.,.,,,,,1.,,,.,,.,,,...
ler un 20 ó 25 por 100.
. - ,.; i'.í
No por esto debe creerse que todo es prosperidad
LA CIUDAD DE CHICAGO
1 1 ·.
y bienestar en Chicago. Hay, es cierto, algunos mi• 11,· : __ 1
llonarios
rápidamente enriquecidos; el número de faTerminábamos el artículo anterior diciendo que
¡;_11 ··'º
-¡
casi toda la vida de Chicago está concentrada en un milias acomodadas es considerable, merced á la laboespacio limitado que constituye el centro de la CIU- riosidad y energía de sus jefes, que no se desalientan
. ./
por algún revés de fortuna; los obreros están bien
·,1/ 1
-"'
pagados, pues son muchos los que ganan de doce á
. .---..
..
quince pesetas diarias; las mujeres encuentran colocación en las oficinas telegráficas y telefónicas y tamAlemanes desembal:lndo los envíos
bién en las casas de comercio, donde se las emplea
en copiar con máquinas de escribir la correspondencia que otros empleados taquigrafían previamente d_escascaradas, á fin de que los desperdicios no ensuconforme van dictándoles sus principales, poco afi- c!asen el suelo de las calles y paseos de la Exposición.
cionados á manejar la pluma; mas á pesar de todo,
Otra de las medidas tomadas ha sido la de estatambién hay bastante miseria, fácil de explicar en
una población á la que diariamente acuden tantos y blecer de trecho en trecho recipientes para 'echar en
tantos desheredados de la fortuna de todos los paí- ellos los papeles inútiles, llevando tan ad~lante su
ses de América, Europa y Asia en busca de medios s~veridad en e~te punto, _que esos mismos recipientes
de vivir que no encuentran fácilmente á causa de la ttenen unos avisos conmmando con la multa de veinmisma competencia que unos á otros se hacen y de ticinco dollars á los que tiren en otra parte papeles
la abundancia de la oferta, superior á la demanda. Si ó cualquier otro objeto. Los guardias columbianos,
ciertos sótanos húmedos y pestíferos, situados hasta
Operarios regresando de las obras de la Exposición
en el centro de la ciudad, como en Mádison Street,
pudieran narrar la historia de las privaciones de los
dad. Tanto es así, que todos los Bancos se tocan; bas- infelices que en ellos se albergan de noche, se sabría
t~ un cuarto de hora para recorrer las principales que en Chicago, como en todas las grandes poblacio·
tiendas ó almacenes y para encontrar los comerciantes, nes, no todo es ventura y abundancia.
Al dar principio á las obras de la actual Exposiagentes, industriales ó individuos que ejercen las pro•
fesiones de utilidad general. Casa hay en la calle del ción, la curiosidad d e la población estaba excitada
Estado que tiene más de cien gabinetes de médicos en gran manera, de suerte que todos los días se veía
una masa de curiosos, cuya mayoría la formaba la
y otra en la que viven lo menos veinte dentistas.
Como es de presumir, en población tan eminente- gente desocupada á que acabamos de aludir que no
mente industrial y comercial los medios de locomo- bajaría de 8.000 á 10.000, alrededor de Jacks~n Park.
ción. abundan d~ntro de ella, figurando en primer Al anoc~e~e~, hora en que se retiraban los trabajatérmmo los tranvias ó street cars. Las Compaüías 'q ue dores, ongmabase alguna confusión, pues como toda
establecieron las primeras líneas han hecho tan bue- esta masa de gente quería regresará la ciudad al misnos negocios que las acciones emitidas en 1858 á mo tiempo y la distancia es larga, tomábanse los co500 pesetas se vendían en 1886 á 7.500. Un indus- ches de los tranvías por asalto, aglomerándose en
trial compró las de las líneas del Norte y del Oeste ellos los pasajeros de un modo que hasta en el missustituyó la tracción animal por la funicular emitió mo Nueva York se consideraría cruel é intolerable.
.
,
'
nuevas acc10nes a 450 pesetas y en 1888 valían ya las Dondequiera que quedaba un sitio para poner un
del Norte 1.400 y las del Oeste 1.100.
pie ~llí se encaramaba una persona. Y es que allí el
Otros negocios producen allí no menos excelentes público no se guarda consideraciones cuando de utiUn recipiente para echar papeles inútiles
lizar los medios de comunicación se trata. En los
tranvía_s huelga por i~~ecesario el rótulo Lle110, y cuerpo de vigilancia perfectamente ciisciplinado por
cualqmera encuentra sitio en ellos si sabe hacérselo oficiales del ejército, están encargados de hacer cumaun con detrimento de los demás. Todos se quejan; plir estas disposiciones.
todos reclaman la observancia de las ordenanzas muNo vaya, sin embargo, á creerse, en vista de tan
nicipales ~on la mi~a de _que los otros las respeten, exageradas medidas de policía, que tanto la ciudad
pero también con la mtención de no querer individual- como. la Exp?sició_n brillan por su excesiva limpieza.
ment~ someterse á e)las. De aquí que las molestias y La primera ~1ene mucho que e~vidiar por este concuest10nes sean contmuas y el que las compañías ha- cepto á su nval Nueva York y a otras capitales eurogan su agosto.
peas, y la segunda, llena hoy por hoy de lodo y agua
Aun9ue_los obreros ganan los crecidos jornales que
hemos md1~ado, parece que en Chicago no se emplea
en el trabaJo_ manual la_ misma diligencia y afán que
en los negoc10s comerciales y bursátiles, y una de las
causas de que estén tan atrasadas las obras de la
~ .:.:.
Japoneses construyendo su instalación
·.:...:~
Expos_ición,_ aun después de su apertura, consiste en
·-~
la res1stenc1a ~ue. oponen los obreros á trabajar en
resul_t~dos: los te~éfonos han dado hasta 25 por 1oo
horas extraordmanas. Con esta lentitud contrasta la
de ~hvidendo activo, la luz Edisson 12 por 10o, y las
laborio~idad ?e los_de otros países, cuyas instalacioacciones de algunos Bancos duplican y hasta tripli- nes estan casi termmadas.
can su valor.
/;
. Los japoneses llamaron desde un principio la atenPero donde mayores beneficios se alcanzan es en ción, _no sólo por su metódico y constante modo de /~~/,
la prensa. El afán de estar al corriente de las noticias
/.
traba1ar y p~r sus trajes esp~ciales, sino también por
de tod? el_ globo y el de anunciar es tan grande que
el modo partic~lar de construir sus andamiajes, en los
los penód1cos cuentan por muchos millares los susque al contrario de los obreros americanos, que hacriptores. Verdad es que en Chicago tienen una gran
cen abundante•uso de clavos y tornillos, sólo emplean
ventaja con los anuncios, pues no hay costumbre de
cuerdas, de suerte que pueden utilizar indefinidamenfijar carteles en las.esquinas y sitios públicos, y para
te l_os tablones, que aquéllos estropean é inutilizan,
tod~ anuncio, sea de la ~las~ que fuere, hay que re- teniendo que renovarlos continuamente.
::=-~
cumr forzosamente al p~nódrco. Sólo un ejemplo ciLos egipcios, con sus holgados trajes los alemaEgipcios trabajando en el decorado de su instalaci6n
taremos de las ganancias que la prensa obtiene: las
nes, los españoles y los franceses, cuy~ sostenido
acciones de la Tribuna, emitidas á 5.000 pesetas, vabut&gt;n_ humor choca con la seriedad de los yankees,
len hoy 125.000. En .cambio se necesitan cinco mipor todas partes, retrae por tal causa á )os visitantes,
tan:b~én han llamado la atención por su actividad y
llones de francos para la publicación, tal como la en- penc1a. ·
que hasta ahora se presentan en número muchísimo
tienden los americanos, de un periódico como el cimenor de lo qut: esperaban sus organizadores.
Una de las _c?sas 9ue !1:1. tenido especialmente en
tado ó como el Herald.
cuenta la com1s1ón d1rect1va de la Exposición ha sido
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M. A. S.

�LA
TEMOR PÓSTUMO
Cuando el secretario del ayuntamiento nos dió la
noticia, la tertulia prorrumpió unánime en exclamaciones de sentimiento y de extrañeza. Formábamos
aquella nocturna tertulia de verano en cierta casa de
cierto nido de flores, vulgo pueblecillo de los montes
de Málaga, una docena de personas entre indígenas
y forasteras, cuya elegancia, limitada por un presupuesto íntimo, á la española, ó sea en déficit, no les

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

exclamamos, al choque de aquella noticia de sensación, como habían exclamado el militar y el progre·
sista: «¡Es posible!»
Y entonces el secretario, que además de ser una
inteligencia que no cabía en aquellas lomas, y además de ser por el derecho inmanente de su gramática pardl! el amo perpetuo de la localidad y el director inamovible de todos sus municipios, era también
casi un literato y un pensador y un orador: entonces,
repito, el secretario respondió ~¡ grito idén~ico de
nuestros corazones diciendo:
- ¡Ah, sí, señores, es
posible, ha sido posible!
Aquí en mi bolsillo tengo el parte, que llamaré
oficial, del fallecimiento
del inolvidable bienhechor mío y de este pueblo, que de be llorarle
mientras conste (el pueblo) en el mapa de la
península. ¡Ah, sí, seño-

RltCONOCl~IIENTO DE UN VADO

permitía irá gozar de los mosquitos de San Sebastián,
ni extenderse hasta los fonduchos de Bayona, y las
llevaba á pasar el estío en aquel ó en otro semejante
oasis, donde además de no hacer el calor de La Caleta, había positivamente menos comercio, lo que era
indudablemente otro alivio.
Tal era al menos la costumbre en los tiempos á
que me refiero; y me refiero á los tiempos de hace
veinticinco años, época en la cual me harán ustedes
la justicia de creer que era yo sumamente joven. Y
sin embargo, la recuerdo como si se tratase de ayer
mañana, ó mucho mejor, puesto que es cosa sabida
que la memoria tiene predilección por las cosas viejas.
Parece la memoria una facultad, como si dijéramos, rumiante, que gusta de saborear y resucitará ló mejor su
alimentación antigua, para adormuse por este medio
de: un carácter providencial y benéfico, que salta á la
vista. No habiendo, en efecto, más arbitrio que recordar las cosas de la vida mientras se está en ella, y estando en ella en tan triste minoría las cosas buenas,
bueno es hacerlo con las posibles atenuaciones. A
diez años de distancia, ¡cuántas barrabasadas, cuántas necedades propias ó ajenas, cometidas ó sufridas,
no le parecen á usted explicables, naturales y hasta
graciosas! Es probado.
Decía, pues, que toda la tertulia, sin distinción de
sexos ni edades, se conmovió visiblemente cuando el
secretario entró y dijo: «Señores, tengo que dar á us. tecles la triste noticia de haber muerto en París nuestro buen amigo D. Frutos Palomares.» Y he dicho
más; he dicho que las exclamaciones no sólo fueron
de sentimiento, sino también de extrañeza, y ahora
añado que de asombro, de ese asombro que acompaña á lo inverosímil, á lo increíble, como la sombra
'al cuerpo cuando hay luz que la proyecte. Leía el capitán de la Guardia civil la entonces infantil y sin
casa propia Correspondencia de Espm1a, y la soltó
diciendo: «¡'Es posible!» Leía D. Severiano, ' liberal
doceañista, ex teniente de la Milicia, La Nación, del
malogrado Rua Figueroa, y la dejó, .y se quitó las
gafas y exclamó también: «¡Es posible!» Y doña Rosa, rica jamona propietaria, todavía fresca, que soste·
nía animado coloquio, sotto voce, con el comisionado
de apremio, que era un guapo mozo de anchas pati·
llas; y la señora del boticario, que, según confesión
propia, se pasaba siempre sus embarazos, que b¡tbían
sido doce, haciendo media, y en aquel momento hacía media también; y la hija mayor del médico, que
era una lindísima tañedora de guitarra, morena y esbelta, con una naricita divinamente respingada y un
precioso hoyuello en la barba, donde yo tenía sepultada toda mi atención; y un corpulento matrimonio
del alto tráfico del Perchel; y su hijo vestido á la inglesa, que á pesar de no tener más que veintitrés años,
había ya estado en Londres; y otro fornido caballerito de la villa, que por el solo hecho de prepararse á
heredar las viñas del rico hacendado su padre, hacía
una competencia terrible á todos los donceles del lugar
en el ánimo, instintiva y precozmente reflexivo, de la
susodicha hija del médico; y en fin, hasta el señor
alcalde, alcalde de real orden, corazón franco, inteligencia virgen, H ércules sencillo, autoridad inconsciente; todos, en una palabra, exclamaron1 ó mejor dicho,

NúMERO

598

el secretario un alto y tomó aliento, buscando con su
mano derecha en su bolsillo algo que la reunión ere·
yó un instante sería el pañuelo que había de enjugar
las lágrimas inmediatamente próximas ~e sus ojo~; y
en su virtud las señoras buscaron también sus lienzos, y los hombres nos preparamos á recibir con el
semblante más compungido posible la inundación.
Mas la sospecha había sido inútil: el secretario se limitó á sacar en sus dedos un cigarrillo, que encendió
en el velón de cuatro mecheros que ardía-sobre la
mesa central, que circunscribíamos, y continuó del
modo siguiente:
- Pero, señores, sucede con el asombro lo que sucede con la infelicidad individual, que por grande
que sea, siempre tiene otra mayor con quien consolarse y compararse, si lo hace de buena fe; sucede con
ciertas estupefacciones de la vida lo que con las cerezas enredadoras, que no se sabe, tirando de una,
cuántas vendrán detrás, ni cuál será la última. Este
asombro vuestro, señores, grande, legítimo, tendrá
quizás la pretensión de ser insuperable. Pues no lo
creáis: todavía os queda por saber algo que ha de
asombraros ·bastante más. Parece mentira ¿eh? Después de conocer esa inesperada, esa prematura, esa
desgarradora desgracia, ¿qué circunstancia puede haber en ella, ni qué agravación, ni qué sorpresa más
triste que su fondo mismo? Oidme, empero, amigos
míos: todos vosotros sabéis que D. Frutos era rico,
riquísimo, millonario de nacimiento, que es como
hay que serlo para no perder el tiempo en llegarlo á
ser. Todos vosotros sabéis su propósito, nunca ocultado, de legar su fortuna á este pueblo de su naturaleza, al sostén y persecución de las mejoras y buenas
obras que este verjel risueño, amor de su corazón, le
debe, y donde no tenía ya pariente alguno con derecho á heredarle abintestato. Pues bien: ¿á quién diréis que D. Frutos deja, siquiera sea usufructuariamente, sus millones? ¿Por quién diréis que esta villa
tiene que esperar aún, Dios sabe cuánto, el día en
que la fortuna de su protector le permita erigirle un
digno monumento? ¡Ah, señores! Una sola sombraJ
ya que no me atreva á decir mancha, tenía la vida de
nuestro gran conciudadano, y esta sola sombra era

jALTO!..

res, es cierto: ayer
hizo doce días que
don Frutos falleció
en su casa de la capital de Francia! Ya
lo veis: también los
colosos caen y se
desmoronan ; también los astros de la
humana bondad se
apagan;no haygranPASO DR UN RÍO,
deza, no hay fortaleza, no hay resistencia, no hay mérito, no hay excepción para esa implacable y pálida
mors encargada por Dios de hacer volver á la nada
cuanto de ella deja salir un momento. Comprendo,
sin embargo, señores, vuestro triste asombro, que
comparto. ¡Quién nos lo había de decir! Aquella juventud i,nalterable, que á pesar de shs cincuenta y
ocho años se mantenía en el albor de una canicie tímida; aquella admirable, simpática, contagiosa alegría de carácter, de aspecto, de conversación; aquel
pozo sin fondo de generosidad; aquel peregrino don
de gentes; aquella especie de modesto Carlos III de
esta población, que le debe su hospital, su escuela,
sus puentes, su alumbrado y hasta las piedras de sus
calles; todo aquello que parecía desafiar victoriosamente al tiempo, á la decadencia, á la ley terrible de
la destrucción, todo aquello es ya polvo vano. Aquel
corazón fuerte y puro, que latió sin descanso para el
bien, ya no late; aquel alma que inflamó siempre el
más hermoso y difícil de los amores, la caridad, el
humanitarismo, ya no está en el plan~ta. Aquel hombre perfecto, en fin, ,icreedor de cuantos le conocieron, porque conocerle y deberle, cada uno en su es·
fera, atenciones irremediables y favores positivos eran
una misma cosa, ya está (permitidme el símil propio
de mi empleo) rindiendo ante el sumo gobernador
de los orbes las cuentas más limpias y más honrosas
que pueden presentarse á la fiscalización del Eterno.
¡Cómo, pues, no he de comprender y de compartir
yo vuestro tristísimo asombro!
Al llegar á este punto de su oración fúnebre hizo

cuadros de José Cusachs (Exposición Parés)

la de un matrimonio infausto. Hace diez años, viviendo D. Frutos en Madrid, recibimos aquí un día los
partes litografiados de su casamiento. Yo mismo escribí la felicitación - respuesta del pueblo en masa;
- yo mismo compré en Málaga, con el producto de
la suscripción local, el tintero de plata, coronado por
una Minerva con casco y todo y adornado con una
inscripción de gratitud pública que le ofrecimos. Pocos meses después, sin embargo, llegó aquí un rumor
alarmante, el rumor de que D. Frutos y su esposa no
se llevaban bien; y este rumor fué creciendo de día
en día, de correo en correo, de noticia en noticia, de
viajero en viajero, hasta el punto de que poco después del primer aniversario de aquel enlace, ya no
era posible dudarlo: el perro y el gato, el agua y el
aceite, el talento y el dinero, el día y la noche, no
son más antagónicos, inconfundibles, incompatibles
y distintos que eran los modos de ser de D. Frutos
y su esposa. Los detalles fueron sucesiva, triste y verídicamente llegando; los pormenores fueron demostrándonos rápida y progresivamente la realidad amarga; todas las guerras civiles pasadas y futuras de la
historia patria podían ser tenidas por verdaderos granos de anís en comparación de la guerra del hogar
Palomares; todos los Dantes Alighieri imaginables
s~rían de una ab_soluta impo_tencia descriptiva para
pmtar con sus vivos y prop10s colores el infierno
constituído imprevisoramente por la unión sacramental de D. Fr~tos y, como dice la filosofía popular, su
parte contraria. Hasta que al fin otro día se supo, su-

¡ADIÓS!, cuadro de Ernesto W. Appleby

�LA
pimos, supieron todos también que el matrimonio se
había separado por mutuo consentimiento y en evitación de mayores y menos incruentos males, y que
D. Frutos, después de haber señalado á la autora de
su infelicidad una pensión regia, se había ido á vivir
á las orillas hospitalarias y confortables del Sena.
Pues bien, señoras y caballeros: la fortuna, la renta
íntegra al menos de los millones de D. Frutos pasa
inmediatamente á esa Eva, á esa Elena, á esa Cleopatra, á esa Cava, á esa señora fatal que lleva su
nombre y que disfruta de su pensión espléndida.
¿Quieren ustedes, antes de entregarse de lleno al colmo del asombro, que reservadamente les lea las dos
cartas, auténticas, fehacientes, incontestables, que me
han traído la compleja, tristísima noticia?
La tertulia contestó como un solo hombre al secretario con un «lea usted, » que fué un poema. Y el
secretario tiró la punta de su cigarrillo, que ya tost~ba los extremos de su índice y pulgar derechos; sa... .;
dos cartas del bolsillo interior izquierdo de su americana, desdobló una de ellas y dijo:
- Esta carta es del viejo y fiel y honrado Julián,
el criado inseparable, factótum, cajero, enfermero y
amigo de D. Frutos, y dice así:

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

dejado de hacer todo el bien que ha estado á mi alcance á todo el que y á todo lo que me ha deparado
ocasión de hacerlo; y segunda, he procurado simultáneamente divertirme y gozar en toda la extensión
de mis facultades. ¿Qué puede, pues, importarme él
volver diez años antes ó después al seno de la cómoda eternidad en que estaba, desde· in principio, y en
que, salvo el breve accidente de una existencia baladí, volveré á estar per sceczda sceculorum7 Conque,
amigo mío, vamos á lo que importa verdaderamente.
Ya sabes como he amado y preferido siempre ese
bello rincón de la tierra en que tú y yo y nuestros
respectivos ascendientes hemos nacido. Mi único pesar verdadero es no contemplarlo al expirar. Pero el
hacerme conducir á él adelantaría unos cuantos días
mi última respiración, según el doctor, y parece que
sería una lástima. ¡Paciencia! Mi único consuelo es
la idea de que haréis transportar oportunamente á él
mis restos, y que algún día formará mi polvo parte
del suyo, de sus árboles, de sus flores, de sus amenidades físicas, puesto que ya conoces como yo, ¡oh
secretario!, la superioridad de la eterna materia sobre
esta otra naturaleza espiritual que nos hace tan infelices y pretenciosos. Hablo de la superioridad plásti·
ca y terrestre, se entiende, porque el espíritu es una
«Sr. D. Nicolás Gálvez (servidor de ustedes). - cosa prestada, que vuelve á su dueño y á su destino
Muy señor mío y de mi respeto: Con el mayor dolor definitivo: ave de paso. 'Pues bien; mira qué contraparticipo á usted el óbito de mi inolvidable amo don sentido: precisamente porque creo en el espíritu y su
Frutos Palomares, á quien se dió ayer cristiana se- alta destinación, es por lo que he dispuesto que mis
pultura en el cementerio del Padre Lachaise, de esta bienes no vayan inmediatamente al poder de ese cocapital, en razón á que su fallecimiento ocurrió en el mt\n, sino que los herede y disfrute, en usufructo y
día de anteayer á las seis de la mañana. Hace cosa hasta su fallecimiento, ¿no adivinas quién? No, de sede ·veinte días que, habiendo mi señor amanecido guro que no lo adivinarás, porque á mí mismo me
con los pies hinchados, hizo venir al médico, consul- cuesta trabajo decirlo ó escribirlo; pero, en fin, sábelo:
tó con él largo rato, y cuando éste salió me llamó y mis rentas van ahora á mi mujer. ¿Te habías olvidado
me dijo: «Buen Julián, perdóname la mala noticia, de que yo tenía una mujer propia?¡ Ha½ías hecho bien
pero has de saber que me voy á morir muy pronto.» en no acordarte, y feliz tú que podías hacerlo! Pues sí;
Yo quise sonreír como quien recibe una broma, pe- á ella va mi renta; á ella, á la única criatura que he
ro no pude. Y el señor continuó: «Mi testamento encontrado insoportable en la tierra; al peor de los
obra hace años en poder del notario M. Tal (es un caracteres, á la peor de las naturalezas morales con
apellido que no sé escribir), y en él dejo asegurada que he tropezado. ¡Y qué tropezón, amigo Nicolás,
la tranquilidad de tu vejez. Déjame tú ahora solo, más estupendo! ¿Te acuerdas? Yo vivía feliz, ó poco
que voy á leer los periódicos. » Y yo le besé la mano menos, cuando se me ocurrió casarme y procurar
y salí. El no volvió á hacerlo de su cuarto, porque no tener, como mi padre y mi abuelo, heredero directo
podía andar. Por último, la noche anterior á su muer- y legítimo. Es la única vez que la rutina me ha subte escribió en el mismo lecho la adjunta carta para yugado. Y luego, te lo diré en confianza, mi señora
usted, que, cumpliendo su voluntad, le remito; y á·las aparentaba ser de soltera todo lo contrario de lo que
cinco y media de la madrugada me mandó abrir el era en el fondo; y además era delgada y se calzaba
balcón del dormitorio, que cae á un jardín, porque muy bien, que son dos condiciones que ha debido
decía que se ahogaba; y cuando entró la claridad tener en primer término toda mujer que se ha prohasta él y vió la copa de los árboles y oyó piar á los puesto gustarme. Y ella se lo propuso y lo consiguió,
gorriones, nos dijo al señor sacerdote, que rezaba y caí, con toda mi malicia y mi experiencia toda, en
junto á su cabecera, y á mí, que estaba á los pies de manos de aquel Sixto V con miriñaque, que tiró la
la cama: «¡Qué hermoso día!» Y quiso señalarnos el muleta apenas se vió dueña de mi casa, y se dedicó
balcón; pero no pudo mover ya su brazo porque le con un ensañamiento que todavía no he comprendiempezaba la agonía. Una media hora después entre- do á hacerme desgraciado, hasta obligarme á optar
gó su alma al Todopoderoso, cuya infinita bondad le entre el suicidio y París. Pues oye, Nicolás: yo creo,
habrá acogido en su seno. - Quedo de usted, señor como he dicho, en el cielo, en la glbria, en la justiD. Nicolás, afectísimo servidor, Q. S. M. B.
cia divina, en la otra vida, y al mismo tiempo creo
que la memoria, esa facultad principalísima del alma,
»Julián Suárez.»
debe fatalmente acompañarnos en ella, y á la vez que
todo eso, creo en lo infinito de la misericordia de
- Y aquí está, en fin, signió el secretario, la carta Dios. Y como quiera que desde que me separé de
de nuestro malogrado amigo, que dice:
mi mujer he tenido á sueldo un dependiente encargado de enterarse y de avisarme si ella pensaba un
«Querido Nicolás: Puesto que según me has dicho día cualquiera en venir á París, para irme yo ese mismás de una vez, mi amistad ha logrado hacer de ti mo día á la China; es decir, como quiera que el úniun hombre, vamos á ver cómo un hombre recibe, co miedo que he sentido en mi peregrinación por el
como quien dice, un cañonazo de disgusto. Voy á valle de lágrimas ha sido, desde que no veo á mi esfallecer, caro secretario, y á escape. La hinchazón de posa, el de volverá verla, y como quiera que Dios puemis extremidades me lo indicó hace días, y el médi- de perdonarla, y á mí también, y reunirnos á entramco me lo acaba de confesar con entera franqueza, á bos en su presencia, y permitir que en 'ella nos recomi ruego. Muero como mi padre y de alguna más nozcamos; y como sé que ni la misma solemnidad
edad, por cierto, que él, que no llegó á los cincuenta. del sitio y del suceso me ha de impedir el disgusto
Cuando yo vi pasar el medio siglo sin el síntoma de volverla á ver, por esto y sólo por esto la dejo el
alarmante de familia, llegué á figurarme que la raza producto vitalicio de cuanto poseo, con la única conhabía en mí cambiado de método y de giro, y creí dición de hacerse ver y cuidar diariamente por los
que la sana influencia de mi buena madre me había tres médicos más afamados de Madrid, á quienes sesalvado de lo que tú, de fijo, llamarás un fin prema- ñalo sendas pingües igualas, y cuyo régimen higiéturo. ¡Ilusión absurda, como. todas las ilusiones! Una nico obligo á mi cónyuge á seguir. ¿Comprendes
de estas mañanas me convencí de que mis pies se ahora, buen Nicolás? Yo no puedo evitar el enconnegaban á sostenerme, y comprendí que se acercaba trarme al fin en otra vida (no me atrevo á llamarla
la hora de mi último paseo. Hazme el favor de no mejor por esta circunstancia) con la pantera moral
sentirlo sino hasta cierto punto, porque si te he de que lleva mi apellido añadido al suyo. Pero puedo
decir la verdad, yo no lo siento gran cosa. En primer retrasarlo algún tiempo, algunos años, que siempre
lugar, ¿cómo sentir lo que no se ha de sentir? Res- serán pocos aunque sean muchos; y á•esto tiendo al
pecto á horrores instintivos, mi naturaleza ha tenido disponer que la ciencia humana me ayude en lo po·
siempre el defecto, si lo es, de no sentir más que uno: sible á conservar su salud y á prolongar su tardanza.
el santo horror á los bribones de todo género. ¡Figú- Ya eres, pues, sabedor, con esta confesión, de mi serate, en su virtud, si es cosa para desesperarse el ir á · creto. No lo divulgues sino en cuanto sea preciso
dejar de ser hombre ! Además, si no he sido como para justificarme con nuestros paisanos; acuérdate de
aquel gran rey que se acostaba triste el.día que no mí siempre 'que puedas; procura que mi sepultura,
había podido realizar una buena acción, he practica- cuando esté en esa, esté en buen sitio, y adiós para
do, sin embargo, en la vida, sistemáticamente, dos siempre. Tu amigo de verdad,
cosas que bastan para determinar á uno para morir
con la posible tranquilidad, á saber: primera, no he
»Frutos Palomares.»

NúMERO

598

El lector me agradecerá, sin duda, que le haga
gracia de los comentarios exhalados por el asombro
máximo de la tertulia al oir la carta de D. Frutos,
cuya copia saqué en el acto. Basta decir que todos
los circunstantes varones declararon fundado y legítimo el temor póstumo de Palomares. Las señoras se
contentaron· con bajar los ojos y callar, que era cuanto podía pedirse.

s.

L ÓPEZ GUIJARRO

-.,¡,.,•,.1••••••••••••.l•,,•,.1•••••.l•o.J'••'••l•,1••,l'••••,l'••'•,1•,, •,,,,.,,,, ,,.,, ,., ._,,,.,.,1,,,,,,1•,.•••t •,1•••''•J'••••.,•

EL POZO DE LA VERDAD
CUENTO

Para los aficionados al color local de los países
donde se desarrollan las escenas interesantes de dramas, cuentos y novelas; para los a111ateurs de la geografía y topografía de los lugares donde se enreda y
desenreda la acción, este cuento debe parecerles insulso y hasta desagradable. La acción pasa en cualquier pueblo de cualquier país; y lo que es más vago
y más anómalo, en cualquier época, en cualquier estación del año y en un día cualquiera de la semana.
Esto puede tener el inconveniente de no interesar
desde el principio á los que sólo adoran la primavera, á los que no encuentran agradable mas que el
país donde nacieron y á los que fuera de la Edad
media no ven siglo á su gusto; pero como yo aseguro á esos lectores exclusivistas que cuanto voy á contarles puede muy bien haber sucedido en el siglo x,,
en el mes de abril y en su propio pueblo, queda destruído aquel inconveniente. Y en cambio voy á evitar á los tolerantes y á los indiferentes la minuciosidad de las descripciones de tiempos y luga~es.
Erase que se era, y va de cuento, una muchacha
de r 7 años, bella como todas las heroínas de dramas,
cuentos y novelas; pura y candorosa como el candor y la pureza mismos, y de claro ingenio, de esbelta figura, de corazón apasionado, de sentimientos
nobles y generosos. En el cuerpo una Venus, en el
alma una santa, en el conjunto una diosa. Y tal maravilla vivía en la aldea de... donde usted quiera,
país ... el que ustedes gusten y época... la que más les
agrade.
No hubiera sido una joven completa si hubiese
carecido de novio. Pero no tengan ustedes cuidado;
era completísima y tenía por lo tanto un novio, que
á ella le parecía el mejor mozo del pueblo y el más
gallardo y el más valiente y el más honrado. Debemos ser justos: no la cegaba el amor como á tantas
otras; el chico merecía ser amado de todas veras, porque así como ella era digna de elogios y alabanzas, él
no la iba en zaga en cara, cualidades y conducta. Tal
para cual, pareja escogidísima, honra de su pueblo y
prueba de que cuando la naturaleza quiere hacer
bien las cosas las hace á la perfección.
Claro es que siendo ambos dignos de una suerte
dichosa, amándose entrañablemente, y poseyendo
hermosura, virtud, sensatez, lealtad y amor, no podían
ser felices en este pícaro mundo. Eso se queda para
los feos, para los pillos y para los tontos: en el planeta terrestre no las gastamos de otro modo, y el que
no se conforme que se vaya á otra parte.
Blas no tenía sobre qué caerse muerto; jornalero
del campo, ó según el lenguaje ilusorio de los pueblos, labrador, ¡qué más quisiera él!, podía contar con
seis reales diarios, cuando trabajaba. Anita era hija
de un usurero... de semillas, de esos ricos, ¡qué más
quisieran también ellos!, que prestan en el invierno
granos para la siembra y recogen en el verano el préstamo con un 25 por roo de ganancia: no en dinero,
sino en cebada, en avena, en algarroba y pocas veces
en trigo. Boda terriblemente desigual, puesto que
podían aspirar á la mano de Anita el secretario del
ayuntamiento, el registrador de la propiedad y el
administrador subalterno de Hacienda.
Bias se atrevió á declarar su amor á Anita al mismo padre de ésta, el tío Vencejo, y fué desahuciado
con grosería y amenazas de garrotazos. Ella lloró á
lágrima viva y se retiró á la bodega á poner el grito
en el cielo... de la misma, él quiso coger el cielo con
las manos y se encaminó á las afueras del pueblo á
quejarse de su suerte. Los alrededores eran como el
pueblo, tristes, secos, sin árboles, sin huertas, sin
agua, de ésta había una fuente única adosada á la
tapia de un convento derruído, y un pozo seco con
una gran piedra encima sobre la que se sentó desesperado el pobre Bias. ¡Y menuda fama que tenía el
pozo! N_ad_ie _le había visto jamás con agua, ni destapado, m SIIv1endo para nada. Decían los más ancianos que en su niñez les habían contado sus respectivos abuelos que aquel pozo era_ muy hondo, tanto
que algunos atrevidos quisieron sondarle y no le encontraron el fondo; que arrojaban á él piedras y cascotes y nunca se escuchaba el término de su caída,

NúMERO

LA I LUSTRACIÓN

598

y que para evitar desgracias, porque el tal
pozo no tenía brocal, decidió un alcalde,
allá en el año de la Nanita, taparle con
una piedra grande y dejarle así por los siglos de los siglos.
Y los siglos habían pasado, y el tiempo
corre que corre, y el pozo quieto que quieto. Blas lloró á voces, se tiró de los pelos,
y por último tuvo una idea diabólica y sublime. Acabar con la vida que no podía
compartir con su adorada Anita, tirarse
al pozo y reventarse en paz y en gracia del
d iablo, que debía ser quien le había inspirado semejante desatino.
Y dicho y hecho: como era forzudo como un Hércules, arremetió con el peñón
que tapaba el pozo, y con unos cuantos
esfuerzos titánicos consiguió moverle de
su sitio lo bastante para dejar al descubierto la cuarta parte de su circunferencia. ¡Horror de los horrores! ¡Qué boca
tan negra! ¡Qué aire tan húmedo y nauseabundo se escapó por la abertura!
¡A la una... , á las dos..., á las tres!.. Y
Bias se tendió en el suelo, meti6 la cabe·za por el hoyo y levantó los pies para tirarse de cabeza...
No había acabado de decir «i Hasta verte, Jesús mío!,» cuando una cosa, que no
sabía él decir lo que era, le &lt;lió un empujón en la testa y le hizo caer á la larga sobre el terreno. Una sombra... , una figura ... , una visión salió del pozo y dejó patitieso de asombro y de terror al pobre
mozo.
¡Pero qué sombra! ¡Si era una mujer, y
de rechupete! ¡Valiente moza! Destrenzado
el cabello rubio, que le caía hasta las corvas, sin ropa de ninguna clase y con un
espejito de oro y acero en su mano derecha. ¡Y qué caderas, y qué brazos, y qué
cara, y qué luz por todo su cuerpo!
- ¿Qué es esto? ¿Quién es usted? ¿De
dónde sale usted en cueros vivos?
Esto dijo Bias ... y punto redondo. Jamás había él visto cosa más rica, ni más seductora,
ni más sorpendente.
- Si eres tú el que ha roto mi encierro, bendito
seas, buen mozo. Hace la mar de siglos que los pícaros hombres, enojados conmigo, porque no los dejaba mentir, ni calumniar, ni adular, ni engañar, ni

¡ABANDONADA !,

ARTÍSTICA

cuadro de G. Tyrahn

fingir, ni estafar, ni falsificar, ni seducir, ni robar, ni
perjudicará nadie, ni desear la mujer del prójimo, me
cogieron entre todos, me tiraron á este pozo, y arrojando sobre mí todas las piedras que encontraron á
mano, tapando la boca con esa peña grande, me dejaron por muerta. Me figuro lo que haurá sido el

LOS DEFENSORES DE ZARAGOZA

mundo desde mi desaparición de él, y lo
horrible que será vivir en la tierra. Pero
como gracias á ti, vuelvo á la luz del día,
otra ;ez seré la reina de la creación y tú
mi ministro.
- ¿Que me quiere usted hacer alguacil?
¿Pues y Eugenio, que es sobrin? del a!calde y ejerce ese cargo hace cinco irnos?
¿Qué piensa usted hacer de él?
- Lo que quiero ante todo es que me
digas quién eres, qué ibas ~ _hacer y qué
gentes viven ahora en este sitio?
Satisfizo Blas lo mejor que pudo la curiosidad de la Verdad, que así dijo llamarse la aparición, y oyó de ésta que desde aquel momento le tomaba bajo su protección· que Anita sería suya per scecula
saculor;m, y que ambos, ricos y felices,
rendirían culto á la Verdad hasta el fin de
sus días. A los ruegos que Blas hizo á la
señora desnuda para que se tapara, por la
pública decencia, puesto que hoy nadie
andaba públicamente en paños tan menores accedió ella, moviendo el espejo, y
en~ontróse vestida con un traje caprichoso, que no sólo no ocultaba sus encan~os,
sino que parecía aumentarlos. Las bot1tas
no tenían tacones, ni el vestido ballenas
ni polisón, ni las mangas hombreras,. ni
los puños botones. Tapada estaba, bien
tapada, y sin embargo, sin saber cómo,
ni uno solo de sus primores esculturales
dejaban de verse y de admirarse. ¡Gran
mujer, gran mujer! Aquellos juegos de
magia tenían absorto y aterrado á Bias;
pero bastaba la promesa de aquel fantasma de que Anita sería su mujer para que
él lo aceptara todo, aunque corriera el
riesgo de irse de patas al infierno por andarse en brujerías.
Mientras, se presentaba en el pueblo
un gran señor dentro de una carretela algo desvencijada, pero tirada por dos pencos blancos, llenos de cascabeles y cintajos, metiendo mucho ruido y dando muchos gritos. Era el célebre doctor Dulcamara, que
traía en su coche todos los e.;pecíficos conocidos y
por conocer para curar cuantas enfermedades afligen
á la humanidad, desde el más sencillo dolor de muelas hasta la difteria mas fulminante. Píldoras, frasquetes, hierbas, minerales, instrumentos quirúrgicos,

(18o9), cuadro de Mauricio Orange (Salón de los Campos Eliseos, Paris, 1893)

�a·

.......-

-

...
-

LA FIESTA EN CASA DE LOS ABUELOS, cuadro de Hugo Salmson (Exposición del Campo de Marte! París)

LA CALLE DE ALCALÁ DESPUÉS DE UNA CORRIDA DE TOROS, cuadro d e Francisco Maura 1..Exposici6n general de Bellas Artes de 1892)

�LA

386
apósitos y vendajes, de todo tenía aquel buen hombre en su coche. ¡Y charlar, y hablar diferentes idiomas, todos incomprensibles para aquellas buenas
gentes, caso de que lo fueran. ¡Pues y manejar dinero! En diferentes sacos decía él, moviéndolos y sonando las monedas ó cosa parecida que contenían,
que había diez y veinte y treinta mil duros, y todo
cuanto se le antojara, pues entre todas sus habilidades descollaba la de haber encontrado la piedra filosofal y saber fabricar oro á su antojo y su capricho.
El tío V encejo era el más admirado de todos los
convecinos al escuchar al gran Dulcamara; y cuando
éste vió á Anita, y se la quedó mirando embebecido,
y se chupó los dedos de gusto sólo con la idea de poseer tan hechicera muchacha, se bajó del coche, eligió
la casa del tío Vencejo por posada, ofreciendo por su
hospedaje el oro y el moro, y allá se fué detrás de la
chica, con coche, caballos, drogas y dinero.
Y no se anduvo en chiquitas, ni siquiera en grandes, sino que á los tres días, después de perseguir inútilmente á Anita por pa-sadizos y rincones, con no
muy santas intenciones, aunque con muy buen fin
para sus pícaros principios, le espetó al padre la petición oficial, después de haberse enterado de que el
tío Vencejo no se dejaba ahorcar, y hacía muy bien,
por doscientas ó trescientas fanegas de grano, ni por
ciento ó doscientos carros de paja, á más de alguna
media de lana con cincuenta onzas de oro limpias de
paja y de polvo.
No fué floja la polvareda que se armó en el pueblo al saberse la noticia. La chica dijo que nones, el
padre que pares, y el novio por poco revienta de un
garrotazo al primer gandul que le vino con el cuento.
Pero con todo y con eso, la cosa fué marchando y
les pareció de perlas á todas las eminencias del pueblo y tratóse de organizar festejos y de disponer bailes y cuantas diversiones populares gratis se pueden
ofrecer por un municipio ilustrado y benéfico á un
populacho cerril y destripaterrones.
- Déjalo y no te ocupes de nada, le decía la Verdad á su amigo Bias cuando éste se quejaba amargamente de la nube que se le venía encima con la boda de su adorada. Yo estoy aquí; déjalos que se entusiasmen y griten y organicen y dispongan. Cuando
llegue la ocasión y todos estén seguros de su triunfo,
yo me presentaré contigo; desenmascararé á todos los
farsantes del país y de fuera de él; pondré las cosas
en su verdadero punto de vista, como son en sí y no
como parecen ser, y tú triunfarás por mi virtud y serás dichoso y en paz y jugando.
- Yo no tengo mucha gana de juego, y en cuanto
á la paz, la habrá muy grande si cumple usted lo que
me promete; pero si no lo realiza, prepárense todos á
la guerra, y guerra sin misericordia, porque yo no lo
dejo así, y desde el tío Vencejo hasta el último monaguillo me la pagan á trancazos. ¡Vaya si me la
pagan!
LUIS

•

M.

DE LARRA

(Co11c/11irJ)

Bellas Artes - La Sociedad de pintores retratistas de
Londres ha celebrado en la Grafton Gallery una exposición en
la cual se admiran entre otras obras las de Carlos Durán, Portaels, Stevens, Roll, Boutet de Mouvel, Bonnat, Millais,
Leighton, Boxall, Whistler, Fildes, Pettie, Shannon, Wortley,
Monat Loudan, Troubetzkoy, Guthrie, Ellis Robert, Ethel
Wright, Roussel, Lavery, Lorrimer, Glazebrook y Collier.
- En la iglesia de San Francesco della Vigna, de Venecia, se
ha descubierto que un cuadro alll existente y de autor no conocido era un Cristo de Giorgione, de 15u; el cuadro está pintado sobre madera y representa al Salvador arrodillado junto
al sepulcro de mármol con una bandera en la mano, á su lado
dos centinelas y en el fondo un paisaje en el cual se alza Castelfranco.
- El Museo Silesiano de Artes plásticas ha recibido como
legado de un magistrado de la ciudad, llamado Friedlander,
una notable colección de cuadros y bronces con la condición
de que el Museo cree un fondo para bolsas de viaje para artistas jóvenes. Entre las obras de esa colección se han escogido
para el museo los cuadros Venus y Amor, de Gabriel Max;
Paisaje de la Alta Italia, de O. Achenbach; Paisaje en d{a de
lluvia, de E. J. Schindler; Familia de gatos, de J. E. Meyerheim; Mondadora de manza11as, de Defregger, y Paisaje, de
E. Schleich y dos bronces de Morean-Vaulhier. El resto de la
colección, que comprende varios cuadros de Achenbach, Zimmermann, Meyerheim, Gussow, Seitz, Crutzner, Haanen, Vinea y otros, será vendido para con su producto constituir aquel
fondo.
. - Según parece, aumentan cada dia en Francia lasquejas molivadas por el abandono en que se tiene al Museo del Louvre.
L. Cardou ha publicado en L' .llvlnement un artículo señalando una serie de cuadros de Rubens, Van Dyck, Terborch,
Metsu y otros pintores flamencos, cuyo estado es deplorable por
falta de una cuidadosa restauración. En cambio por haber sido
mal restauradas han quedado estropeadas las obras maestras de
Ghirlandajo y Gerardo Dox; la suciedad ha desfigurado por

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

completo los cuadros de Rafael, Tiziano, Leonardo de Vinci,
Tiépolo y otros italianos, y también en los cuadros de Corot,
Decamps y Delacroix se notan los efectos de ese inexplicable
descuido.
Barcelona. - Salón Parts. - Entre lll.s obras nuevas expuestas la última semana sobresale por sus dimensiones é importan·
cia un cuadro de Brull, premiado en Madrid recientemente; escena de costumbres bien sentida y feliz de ejecución en los niños
que atentamente y embelesados escuchan un cuento al abuelo,
junto al hogar. Dos retratos, uno de Bernadet y otro de Guar·
diola; tres miniaturas de Aguilar, una de ellas muy recomendable; unos cuadritos de Garnelo, ligeritos, y una paleta exornada con inlinida&lt;l de caprichos pictóricos, por Riquer, junto con
la obra &lt;le Brull llenan por completo el lado preferente del Sa·
lón. Enfrente llama la atención un boceto del maestro Venancio Vallmitjana, proyecto de monumento destinado á conmemorar el heroico sacrificio de los patriotas barceloneses para li•
brar á la ciudad de la dominación francesa al comenzar la guerra de la Independencia, obra sobria y severa y concebida con
grandiosidad.
Un escaparate con varios facsímiles primorosamente ejecutados por la casa Thomas y C.•, de acuarelas de l'radilla, Domingo, Galofre, Villegas, etc.,atrae, y con motivo, las miradas
de los concurrentes y hace el elogio más completo de la obra
que nuestro amigo el Sr. D. M. Fuster acaba de publicar con el
titulo de La acuarela y sm aplicaciones y de la que nos ocupa•
remos como se merece en la sección correspondiente.

Teatros. - En el teatro de la Ciudad, de Leipzig, ha comenzado una serie de once representaciones de otras tantas obras
de Schiller que ha empezadc. en 25 de mayo con Los bandidos
y terminará en 15 de junio con Demetrio y El ca11to de la cam-

pa11a.
- En Londres se ha fundado una Sociedad lbsen para dar
durar.te el presente mes de junio doce representaciones de los
dramas del poeta noruego, entre ellos: El cerro de Ros111ers,

Edda Gabb/er y El arquitecto Solness.
- En el teatro de la Corte, de Weimar, se ha estrenado con
muy buen éxito una gran ópera de Ingeborg de Bronsnrt, titu·
lada Hiame.
- Con gran éxito se ha estrenado en el teatro Real de Copenhague una ópera en tres actos de Julio Bechard, titulada

Frode.
- Espartaco, ópera de Platania, estrenada en el teatro Dal
Verme, de Milán, ha sido recibida con gran aplauso.
París. - En la Opera Cómica se ha estrenado la ópera en dos
actos de Saint-Saens Ph.ryni, cuya música demasiado trivial
no ha logrado gran éxito á pesar de contener algunos números
de original belleza y de estar muy bien instrumentada. En lo.
Bufos Parisienses se ha dado una representación única de un
drama simbólico en cinco actos del poeta belga M. Maeterling,
titulado Peleas y J1,felisa11da, obra obscura, de sencillez infan·
til, fúnebre y de tendencias exageradamente pesimistas que ha
obtenido escaso éxito. En el teatro Libre se ha estrenado una
traducción del drama alemán Los t,jedores, de Gerardo Haupt·
mann, obra eminen'temente socialista, que es una exposición de
las quejas del trabajo contra el capital y de la miseria del obre·
ro, con su obligada huelga, invasión y saqueo de la casa del patrono, etc., etc.; esta obra fué prohibida en Alemania cuando
se estrenó en el teatro Li\.Jre, de Berlín. En el Circo Funambu·
lesco se ha estrenado el drama mímico en tres actos El hulsped, poema de Carré y Hugo~et y m{1_sica de Edmundo ~l.issa: el argumento de la pantomnna es interesante y la mus1ca
en extremo agradable.
Londres. - En Covent Carden ha obtenido un éxito ruidoso
la ópera de Leoncavallo I Pagliacci: en el propio teatro se han
cantado Romeo y Julieta, de Gounod, y Carmen, y se está en·
sayando la ópera de MascagniI Rantzau, que se pondrá en escena bajo la dirección de su autor. En el Gran Teatro se ha es·
trenado coa aplauso'un interesante melodrama de Harvey, titu·
lado Sings of the Nigth. (Cantos de la noche). En el teatro Ly·
ric está consiguiendo ruidosos triunfos la eminente actriz Leo·
nor Duse, á la que los críticos iagles7s dedican_ entusias~as é incondicionales elogios, que hace también extensivos al pnmer ac·
tor Sr. Andó. En Saint James Hall se ha estrenado con buen
éxito un drama de Mr. Pinero, titulado Tlze second Mrs. Tan·
q11eray, en el cual plantea el autor )a tesis de 9ue el matrimo·
nio con un hombre honrado no redime á la muier de pasado borrascoso.
Barcelo11a. - En Novedades la compañía de D. Emilio Mario además de poner en escena las obras de repertorio que tantos' aplausos le valen, ha estrenado con buen éxito la obra de
D. Mariano de Vela Maestre La estrella de los sa/011es. En el
Lírico sigue cosechando merecidos aplausos la excel~nte compañía que bajo la dirección de los Sres. Rosell y Rutz de Ara·
na representa las más _gra7iosas obras de su abundante y sel7c·
to repertorio. En el T1voh se han reanudado las representaciones de Miss Helryet porla misma compañia que con tanto éxito
la estrenó el año pasado.
Necrología. - Han fallecido recientemente:
J acobo Moleschoff, eminente fisiólogo de origen holandés, que
después de haber estudiado y ejercido la medicina e~ Ale_mania
se naturalizó en Italia, donde fué profesor de las umvers1dades
de Turín y Roma y senador; autor de las importantes obras Fisiolog!a de los ali111entos, La cirwlación de la vida y otras.
Antonio Bertolotti, director del archivo del Estado, de Mantua, autor de interesantes obras históricas y art!sticas.
Marcelo Gnyski, escultor polaco.
R. S. Malthe, escultor dinamarqués y conservador del l\Iuseo de escultura de Copenhague.

¡Si no vendrá!, dibujo original de J. García
Ramos. - Tal es el título del dibujo á la pluma que reproducimos y que, como todos los del Sr. García Ramos, es un ver·
dadero cuadro. Cierto es que la región andaluza presta interesantisimos elementos al pintor para dar muestras de ser un buen
dibujante y brillante colorista, pero no lo es menos que el ar·
lista sevillano avalora con su maestría, con su ingenio esos cua·

598

NúMER0

dros de costumbres, en los que otros n_o l,)ªr~rían mientes por
carecer de ese espíritu observador y a~1m1lat1vo que en tan al·
to grado posee nuestro distinguido amigo.
.
..
¡Si 110 vendrá!, inspirado en un asunto asaz sencillo y tnvial,
confirma nuestras apreciaciones. Resulta un cuadro en_el que
hay que observar, aparte de la poética_ intuición &lt;le\ artista, la
corrección y elegancia del dibujo, la eiecuc1ón y el buen gusto
en el fondo en que se destaca la figura.
¡Adiós!, cuadro de Ernesto W . Apple~y.- A~unto es éste que ha sido tratado diferentes veces por ~1stm_gmdos
artistas, como todos aquellos que expre~a~ una ,s1tuac1ón de
ánimo en que predomina la nota ~el senl!m1ent?; pero P?r ~sta
misma razón, por los muchos matices que un m1smosent1m1ento ofrece y por las muy varias impresiones que produce según
sea el punto de vista en que el pintor se coloque, préstase á_ que
cada artista pueda interpretarlo á· su modo, hallando s1em·
pre en él ancho campo en que hacer gallarda muestra de ins·
piración y de talento. Tal acontece con el cuadro que reprodu;
cimos del celebrado pintor inglés Appleby, cuyas bellezas, as1
en la expresiva y profundamente sentida figura, como en el poético paisaje que le sirve de fondo, son tan patentes, que no hemos de esforzarnos en señalarlas.
Reconocimiento de un vado. - ¡Alto!.. - Paso
de un río cuadros de José Cusachs (Exposición
Parés). - Difl~il es representar asuntos 6 tipo~ militares, J?Uesto
que no basta al artista poseer relevant~s cualidades ~ptttudes
pictóricas, necesita conocimientos técmcos y ha!J:er _v1V1do entre
las agrupaciones armadas. De ahí que sea tan hm1tado en todos los países el número de pintores que cultivan con verdadero sentimiento el género militar. En el Sr. Cusachs con~urren
las dos circunstancias. Por eso hállanse avalorados sus henzos
por el sello de verdad que sabe imprimi~le~, cual acontece con
los que reproducimos, recuerdos de (a ulllm~ campaña, en la
que este militar artista hallaba medio y ocasión para recoger
apuntes á la vez que mandaba una batería.

r

Abandonada, cuadro de G. Tyrahn. - ¿Quién al
contemplar la figura de esa joven no ad!vina la existencia ele
uno de esos dramas tan frecuentes que ttenen por actores un
hombre sin corazón y una niña tan enamorada como cándida,
que se entregó confiada á impulsos de un ~mor no correspondido? Al mirarla casi se ven correr sus lágnmas á través del pañuelo con que cubre su rostro y se advierten los sollozos que
levantan su pecho. ¿Qué mejor elogio cabe hacer del bellísimo
cuadro de Tyrahn, en [el cual la parte técnica tan perfectamente ejecutada está á la misma altura que el concepto psíqui·
co tan admirablemente expresado?
Los defensores de Zaragoza (1809), cuadro

de Mauricio Orange. - Representa este cuadro el mo·

mento en que los defensores ele la inmortal ciudad, «agotadas
sus fuerzas, no su valor,» (palabras textuales de un crítico francés al hablar de este cuadro) desfilan delante de las tropas del
mariscal Lannes, arrojando al paso sus armas al pie de los vencedores. Muchos méritos tiene esta pintura, que ha producido
verdadera sensación en el actual Salón de Paris: como composición es grandiosa, clara, bien dispuesta, eminentemente dramá·
tica, y en sus menores detalles revela el talento de su autor, y
como cuadro histórico es exacto y demuestra cabal estudio cid
asunto. Para nosotros los españoles tiene otro mérito no pe·
queño, y es el de la justicia rendida por un francés á uno de los
más vloriosos hechos de nuestra historia moderna: estamos tan
poco acostumbrados á que en Francia se trate seriamente de las
cosas de España, que no podemos menos de agradecer al genial
pintor M. 0range que en su magnífica obra haya pintado á
nuestros héroes tales como fueron fy haya glorificado tan dig·
mente como se merecen á los heroicos defensores de la capital
aragonesa.
La fiesta en casa de los abuelos, cuadro de

Hugo Salmson. - Escenas como ésta, tomadas de la vida
campestre, producen siempre en .el ánimo grato deleite, sobre
todo á los que viviendo en las ciudades podemos apreciar la
diferencia entre nuestras costumbres, artificiosas las más de
ellas, y las costumbres sencillas, tranquilas del campo, entre
el bullicio y la liebre de las urbes y la calma y placidez de las
aldeas, entre la vida agitada de las grandes poblaciones y la
existencia apacible de los campesinos, no preocupados por nues·
Iros cuidados, ni aguijoneados pornuestras ambiciones, ni con·
laminados por nuestros vicios. Por eso nos encanta esa escena
de familia tan bien estudiada y reproducida por el famoso pintor francés Hugo Salmson, cuyo cuadro ha sido uno de los más
justamente admirados en el actual Salón del Campo de Marte,
de Pa rís.
La calle de Alcalá después de una corrida de
toro~, cuadro de Francisco Maura (Exposición internac1on.al de Bellas Artes de 1892). - El abigarrado contraste
que presenta la calle de Alcalá ele la coronada villa en los días
en que tienen lugar las corridas de toros exigiría para describirlo la bien cortada pluma de Mesonero Romanos ó del ma·
l?grad? ~a~ra. Tipos, c~rruajes, t~do ofrece un carácter espec!al, d1stmtJvo, que no llene semeianza ni parecido en po\.Jlac1ón alguna.
Maura, el distinguido pintor palmesano, inspir6se en el animado cuadro que en tal día ofrece la vía más animada de Madrid, produciendo una obra altamente recomendable que en nada desmerece del buen nombre alcanzado por el feliz autor del
cuadro titulado Sin labor.
N~estro grabado n;produce la última obra:de nuestro amigo,
que Justamente llamó la atención de los aficionados é inteligentes en la Exposición internacional de Bellas Artes celebra·
da el próximo pasado año de 1892.
Máquina de pintar en la Exposición de Chicag:o. - Para preservar de la intemperie á los grandísimos edificios ele madera_ de la Exposición colombiana era preciso darles
una ma~o de pm~ura; pero como la aplicación del procedimiento de! pmcel h)1b1era Shio en este caso en extremo difícil, ape·
lóse a la máqmn~ que reproducimos y que no es otra cosa que
un_ c~losal pulvenzador que funciona por medio del aire com·
pnmtdo. Catorce de estas máquinas funcionaron simultánea·
mente en la pi_ntura de lo~ edificio,s, y aunque cada una de ellas
co_nsum~ un cinco por c1_ento 11;as :de color que el procerli·
miento a mano, esta J?érdt~a esta compensada por la ventaja
de que hace un trabajo vemte veces mayor con veinte veces
menos de personal.

NúMERO

598

LA

ILUSTRACIÓN ART ÍSTICA

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT.-ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
!CONTINUACIÓN)

- ¿Es verdad?
I V.
- Me parece que salta á la vista.
Una tarde durante la cual charlaban de estas cosas el Sr. Barincq y su hija á
- Quiero decir que si no te molesta el género de vida que os impongo.
- Me he acostumbrado tan bien y tan pronto á él, que no comprendo cómo la sombra de copudos árboles cuyas raíces humedecían las aguas del Gave,
mientras en rededor de ellos diseminados según sus aficiones merendaban los trateniendo libertad de elección puede escogerse otro.
bajadores y en tanto que los bue_Y~S uncidos_ ya á las carre~s que h~bían de c~rgarse de heno hundían con avanc1a sus hocicos entre las hierbas, vieron de leJOS
á Manuel que se dirigía hacia donde ellos estaban, acompañado por una persona á la cual de pronto no reconocieron.
-Ahí viene Manuel buscándote, dijo Anie.
- ¿Quién viene con él?
-Traje gris, hongo, eso no dice nada; sin embargo, el modo de andar separece al del Sr. de Arjuzanx ... ; sí, es él indudablemente; ¡cuánto sentirá mamá,
cuando vuelva, no haber estado en el castillo para recibirle!
Cuando el barón vió á Barincq y á su hija despidió al criado y se acercó solo.
Anie se había levantado.
- ¿No te vas?
- ¿Por qué había de irme?
- Para que el barón no te sorprenda en ese traje.
- ¿Crees que si me cuidase yo de mi traje trabajaría con tus jornaleros?
Esparcidas por sus cabellos lo mismo que por su blusa de percal azul había
infinidad de hojas de heno; Anie no se tomó el trabajo de sacudirlas.
Cuando entre el padre y la hija y el recién llegado se hubieron cruzado las
usuales palabras de cumplido se sentaron los señores en la hierba.
- ¿Me perdonan ustedes que les haya molestado?, dijo el barón.
- Usted no nos ha molestado en lo más mínimo, contestó Barincq, ni los
brazos de mi hija ni los míos son de absoluta necesidad para recoger y cargar
el heno.
- Pero de todas maneras se ocupan en eso.
- Encuentro sumamente divertido, dijo Anie, jugar á las campesinas.
· - ¿Le gusta á usted el campo, señorita?
-Le adoro.
Esta contestación encantó, al parecer, á Arjuzanx.
La conversación continuó, languideció después; el barón parecía preocupado,
hasta podría decirse aturdido; de todas maneras no mostraba su aplomo y su
desembarazo habituales; entonces Anie bajo pretexto de dar algunas órdenes se
retiró y fué á reunirse con las trabajadoras, que habían vuelto á comenzar sus
tareas.
Durante una hora larga vió Anie á su padre y el barón paseándose por la
pradera; llegaban hasta los jardines, volvían después por el mismo camino, y
Como por máquina, sin conciencia exacta de lo que hacía, examin:ib:t Barincq el testamento...
como el terreno era completamente llano y no había en él ni el arbusto más pequeño, la joven podía seguir perfectamente los ademanes y los movimientos del
barón y de su padre; los del barón eran animados, expresivos, hasta apasiona- ¡Qué diferencia entre nuestra vida de hoy y la de hace algunos meses!
dos; los de su padre expresaban cierta reserva; evidentemente el uno hablaba y
- Estableciendo esta comparación, me he preguntado muchas veces: Los po- escuchaba el otro.
bres seres muy animosos, pero muy desdichados, que aceptaban aquella miseria
Muchas veces, cuando los veía venir ya de vuelta, creyó Anie que aquella lar¿son realmente los mismos que habitan ahora este castillo?
ga conversación tocaba á su término y que el barón se acercaría á despedirse
- No pienses ahora en lo pasado.
de ella; pero siempre Arjuzanx y el Sr. Barincq reanudaban su paseo y prose- ¿Por qué no? ¿No es esta precisamente la mejor manera de estimar las dul- guían su animado diálogo.
zuras de que disfrutamos ahora? No es solamente ahora cuando estoy sentada,
Sin embargo y por fin ambos se dirigieron hacia Anie de manera que ésta
como en este momento, con esa vista incomparable ante los ojos, en medio de esta no podía equivocarse; entonces la joven les salió al encuentro; efectivamente se
hermosa campiña, respirando un aire embalsamado, charlando libremente conti- trataba de la despedida.
go, cuando yo siento todo el encanto de la vida dichosa que este golpe de forCuando el Sr. de Arjuzanx hubo desaparecido al extremo de la pradera,
tuna nos ha proporcionado; también lo experimento cuando tranquila y aislada Barincq dijo á Anie que dejase su horquilla yle acompañase; pero únicamente
trabajo en algún estudio y comparo lo que hago ahora con lo que entonces hacía, cuando no hubo temor á oídos curiosos é indiscretos se decidió Barincq á
y sobre todo cuando pienso en las condiciones en que lo hacía entonces, entre hablar.
las luchas, las rivalidades, las intrigas, las calenturas del taller; si yo te hubiese
- ¿Sabes, dijo, lo que quería el barón?
contado entonces mis humillaciones, mis tristezas, mis días de rabia y de deses- Hablarte de cosas serias si he de juzgar po.r la mímica.
peración, ¡que desgraciado habrías sido!
- Me ha pedido tu mano.
- ¡Pobre niña!
-¡Ah!
- No te digo esto para que me compadezcas y menos ahora que ya ha pasa- ¿No me contestas más que eso?
do el tiempo de las lamentaciones; te lo digo solamente para que comprendas
- Con:io no puedo decirte que esta solicitud me sorprende mucho, ni que me
el punto de vista desde el cual contemplo la felicidad que debemos á la heren- alegra, m que me disgusta, por eso digo ¡ah!, por decir algo.
cia de mi tío. Hago estas comparaciones por ti lo mismo que por mí, comparan- ¿El barón te desagrada?
d? el taller de Julián con lo presente y comparando también la Oficina cosmopo- No; entonces su solicitud me habría entristecido.
ltla donde tenías necesidad de sufrir las majaderías de Belmanieres y el orgullo
-¿Te gusta?
del Sr. Chavertón. ¡Oh! ¡Si tuviésemos que volver tú á tu oficina, mamá á la
- No; entonces la solicitud me habría alegrado.
calle de Abreuvoir, yo á mi taller!
- ¿Pues entonces?
- ¿Quieres callar?
- i::ues entonces, ¿quieres responder á mis preguntas en lugar de que yo con- ¿P_or qué? Nada hay de terrible en imaginar catástrofes que no pueden so- teste a las tuyas?
breve111rnos, y podemos burlarnos de ellas, me parece.
Barincq movió afirmativamente la caLeza.
- Ciertamente.
-Ante todo, dime si habéis hablado de dote.
- Aunque los trabajos que has emprendido no diesen todo lo que tú esperas
- Sí, hemos hablado.
de ellos.
- ¿Con qué dote cuenta el barón?
- Sí lo darán y más aún de lo que yo he anunciado; la experiencia de lo que
- No me lo ha preguntado.
llevo obtenido es garantía segura de lo que obtendremos en pocos años.
- ¿Pero él cuenta con alguna?
- Y aun cuando nos quedásemos como hoy estamos, nada tenemos que temer
- N? creas que el barón quiere casarse contigo por la fortuna; es porque has
de la fortuna; y espero confiadamente que si me caso ...
producido en él profunda impresión; es porque te ama: estoy comunicándote
- ¡Cómo! ¿Si te casas?
sus palabras mismas.
- Espero confiadamente que si me caso tomarás las precauciones necesarias
- Reproduce también las relativas á la cuestión de dote.
para que yo no vuelva á verme en la miseria.
- ¿Pero á qué viene esa desconfianza?
- Puedes estar tranquila.
-A que no quiero _casarme sino con un hombre que me ame y que no bus- Lo estoy; y por eso precisamente me río de esas desventuras y de esas ca- que en nuestr? casamiento un negocio. No quiero que mi fortuna me sirva para
tástrofes puramente imaginarias y novelescas; en la desgracia gustan las novelas pagar un mando.
alegres que acaban bien; en la prosperidad gustan más las novelas tristes.
- PrecisameP.te me parece que el barón es ese marido que tú deseas.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Entonces repíteme lo que habéis hablado.
- Si quieres vivir en el campo, su renta, que asciende á unos 40.000 francos,
le permitirá asegurarte una existencia desahogada, ya que no opulenta y brillante. Pero si la vida del campo no te satisface será necesario que te constituyamos una dote, la que á nosotros nos parezca, que te permita hacer frente á los
gastos de la vida parisiense durante tres meses ó seis ó el tiempo que tú misma
fijes en tu presupuesto. Sobre este punto el barón se somete de ante mano á lo
que tú resuelvas ó á lo que resolvamos nosotros. Y ahora te pregunto: ¿es este
el lenguaje del hombre que busca un negocio?
En vez de contestar Anie continuó sus preguntas:
- Desde lejos os he observado en algunos instantes y he visto que el barón
hablaba mucho y que tú escuchabas; sin embargo, ttí también has hablado algo.
- Indudablemente.
- ¿Qué has dicho?
- Que era necesario consultarlo con tu madre y consultarlo también contigo.
- Supongo que eso le habrá parecido muy justo.
- Perfectamente justo. Sin embargo, el barón ha demostrado verdadero empeño, si no precisamente en obtener una contestación inmediata, en arreglar las
cosas de manera que esa contestación sea motivada. Para esto desea el barón
que de vez en cuando vayamos á pasar los domingos á Biarritz, donde le encontraremos como por casualidad y donde él y tú podréis trataros y conoceros.
Solamente entonces, cuando os hayáis conocido, habrá llegado la ocasión de
que tú respondas.
- ¿Y has aceptado esa proposición?
- Si hubiera dependido solamente de mí la habría aceptado porque me parece razonable; Biarritz es uri terreno perfectamente neutral, en el que es fácil
verse y hablarse sin que estas entrevistas, más ó menos casuales, comprometan
á nada para lo porvenir; pero también en esto he pedido tiempo para consultaros á tu madre y á ti. Ya comprendes que yo no podía prometer que iríamos
periódicamente á Biarritz, cuando era posible que desde las primeras palabras
me hubieses dicho que el barón te era antipático.
- No me es antipático; y me inclinó á creer, como tú, que no es la dote lo
que el barón busca en este casamiento.
- ¿Entonces?..
- Nada me parece mejor que eso de ir Biarritz los domingos; pero á condición de que ha de constar perfectamente que esto no me compromete á nada.
Desde que hablamos del Sr. de Arjuzanx estoy haciendo examen de conciencia, y sólo siento hacia él la indiferencia más absoluta. ¿Cambiarán estos sentimientos, que ahora no están ni en su favor ni en contra suya, cuando yo le
conozca mejor? Es posible; pero no lo sé con certeza.
- Dejemos obrar al tiempo.

VII
Durante cuatro domingos consecutivos había visto Anie al barón en Biarrilz;
pero absolutamente en nada habían variado los sentimientos de la joven: Anie
continuaba en la misma indiferenc:a con respecto á Arjuzanx, y cuando sus padres le preguntaban, su respuesta era idéntica siempre:
- Esperemos.
- ¿Qué te desagrada en el barón?
-Nada.
- ¿Pues entonces?
- ¿Por qué no me preguntas qué es lo que en el barón me agrada?
- Bueno; pues te lo pregunto.
- Y yo te contesto lo mismo: nada. En tal situación solamente puedo decir
lo que digo: esperemos.
La señora de Barincq, que anhelaba lo que no es decible la realización de
este casamiento y que veía en el barón un resumen de todas las buenas condiciones, se desesperaba oyendo esas contestaciones y decía repetidamente á su hija:
- ¿Crees que el esperar tanto puede ser agradable para ese pobre joven?
- ¿Y qué voy á hacerle? Si el esperar le disgusta, que se retire.
- Por lo menos ¿no te parece que el barón ha de sentirse mortificado de esa
actitud tuya cuando del asunto hable con el capitán Sixto?
- Supongo que el barón no habrá elegido al capitán Sixto para confidente
de sus proyectos; y si lo ha hecho ·así, tanto peor para él.
¿Aceptaría Anie como marido al barón ó no lo aceptaría? Esto era lo que el
padre y la madre se preguntaban incesantemente; y como al uno lo mismo que
al otro les agradaba sobre manera este casamiento, ambos adoptaron sus disposiciones para el día en que fuese necesario tratar la cuestión de intereses y fijar
la dote.
Una vez que el barón tenía 40. 000 francos de renta, deseaban que su hija
aportase otro tanto; así correspondían al desinterés manifestado por el novio.
Pero si esos 40.000 francos podían s~r pagados fácilmente por anualidades,
esta facilidad solamente podía esperarse cuando las mejoras introducidas en la
explotación de aquélla finca produjesen todo lo que de ellas se esperaba; es decir, cuando las viñas arrancadas estuviesen transformadas completamente en
prados, lo cual exigía cuando menos tres años; entretanto, ¿cómo y dónde hallar
esos 40.000 francos?
Este era el problema que Barincq trataba de resolver buscando sin cesar qué
partes de su hacienda podrían servirle de garantía para contratar un empréstito.
Cierto día en que el padre de Anie se consagraba en su despacho, que había
sido también el de su hermano, á esas investigaciones, sacó los diferentes títulos
de propiedad de las distintas parcelas de terreno que le pertenecían y comenzó
á leerlos con detenimiento.
Como Barincq hubiese abierto completamente uno de los cajones, echó de
ve~ un pliego de papel sellado que sin duda debió de resbalar y caer debajo del
caJón. Tomo aquel papel, y reconociendo á primera vista b letra de su hermano
comenzó á leerlo. En aquel pliego había escritas las líneas siguientes:
«Yo, el abajo firmado, Gastón Félix Manuel Barincq (de Saint-Christeau),
domiciliado en el castillo de Saint-Christeau, ayuntamiento de Ourteau (Pirineos
bajos), declaro que por este mi testamento, expresión de mi última voluntad, deseo dar y legar, como en efecto doy y lego al Sr. D. Valentín Sixto, teniente de
dragones, actualmente de guarnición en Chambery, la propiedad de todos los
bienes muebles é inmuebles que me pertenecieren en el día y hora de mi fallecimiento. A este fin instituyo al ya mencionado Valentín Sixto mi heredero universal. Quiero y entiendo que en esta condición de heredero el repetido Valen-

N úMERO

598

N úMERO

tín Sixto se encargue de pagar á mi hermano Carlos Luis Barincq, residente en
París, en el caso de que él me sobreviva, y á su hija Anie Barincq una renta
anual de 6.000 francos, renta intransferible y no amortizable. Nombro albacea
testamentario al Sr. Revenacq, notario de Ourteau y amigo mío, sin intervención judicial, y espero que dicho señor tendrá la bondad de tom~r á su_ cargo
esa tarea. Tal es mi testamento, cuya ejecución ordeno como manifestación de
mis últimas voluntades.
»Fecho en Ourteau el lunes once de noviembre de mil ochocientos ochenta
y cuatro. Después de su lectura firmo.
GASTÓN BARINCQ.))

Barincq había leído sin interrumpirse, sin respirar, palabra por palabra; pero
desde las primeras, desde el momento mismo en que empezó á comprender, habíase visto obligado á dejar encima del pupitre el pliego de papel; de tal modo
temblaba entre sus dedos. Aquel golpe le anonadaba por completo.
Después de algunos minutos Barincq volvió á empezar la lectura, si bien esta
vez con más lentitud y mayor cuidado:
«Doy y lego al Sr. D. Valentín Sixto ... la propiedad de todos los bienes
muebles é inmuebles que me pertenecieren en el día y hora de mi fallecimiento. »
Evidentemente aquel testamento era el que su hermano Gastón había depositado en la notaría de Revenacq y el que poco tiempo después había recogido;
decíalo así la fecha de una manera incontestable.
Sobre este punto no cabían dudas ni vacilaciones: en un instante determinado, el que señalaba la fecha de aquel documento, Gastón había querido que el
capitán fuese su único heredero, y había dado forma á esa voluntad suya en
aquel papel escrito de su puño y letra.
¿Pero quería lo mismo Gastón pocos meses después7; en el mero hecho
retirar aquel testamento de la notaría, ¿no indicaba que había variado de mtención?
Al recoger y retirar aquel documento Gastón se proponía indudablemente
alguna cosa: ¿qué se proponía?
¿Suprimir el testamento? ¿Modificarlo?
Buscar algo fuera de estas dos hipótesis parecía inútil; era necesari? ~j~i;se en
la una ó en la otra; pero ¿cuál de ellas tenía en favor suyo la veros1m1htud. la
razón, la justicia, y en fin, el conjunto de las diversas condiciones, de las cuales
pudiera resultar un testimonio ó una prueba? Barincq no lo podía discernir en
aquel momento, hallándose como se hallaba turbado, trastornado, completamente fuera de sí mismo.
Como por máquina, sin concienát exacta de lo que hacía, examinaba Barincq
el testamento y leía y tornaba á leer sus párrafos, como si la forma de aquellas
letras ó el fondo de aquellas disposiciones pudieran señalarle el camino que debía seguir.
Pero á pesar de sus esfuerzos no lograba iluminar su espíritu, que saltaba de
una idea á otra sin fijarse en ninguna y volviendo siempre al mismo punto de
partida: ¿por qué Gastón después de haber entregado su testamento á Revenacq lo había recogido? ¿Y poi:. qué después de haberlo recogido no lo había
roto ó no lo había modificado?
A todo esto el tiempo corría sin que Barincq se percatase de ello, y la campana del castillo avisando para comer le sorprendió sin que hubiese encontrado
una contestación á las preguntas que bullían y se agitaban en el cerebro de Barincq.
Era necesario bajar al comedor; el padre de Anie procuró dominarse y dará
su rostro apariencias de tranquilidad para que ni su hija ni su mujer conociesen
la turbación de su ánimo, porque á pesar del desbarajuste y de la confusión que
revolvían sus ideas, veía Barincq de un modo perfectamente claro que no debía
hablar á su familia de aquello sin haber hallado una solución para el problema
que se planteaba.
Guardó, pues, aquel documento en el cajón mismo donde lo había encontrado, si bien tomando la precaución de ocultarlo entre los folios de un acta notarial, y hecho esto se presentó en el comedor, donde su mujer y su hija estaban
esperándolo, bastante sorprendidas con su tardanza; lo ordinario era efectivamente que el Sr. Barincq fuese el primero en sentarse á la mesa, tanto porque
desde su instalación en Ourteau había recobrado el excelente apetito de los
veinte años, cuanto porque las horas de las comidas eran para el anciano las
más agradables de todo el día, las de la charla y la expansión en aquella intimidad de la dicha.
- Iba á subir para avisarte, dijo Anie.
- ¿No tienes apetito hoy?, preguntó la señora de Barincq.
- ¿Por qué no había de tenerlo?
- Esto es lo que te pregunto.
Precisamente por lo mismo que Barincq deseaba parecer tranquilo como todos los días, no cesó de delatar durante el almuerzo su turbación y ~us preocupaciones.
- Indudablemente á ti te sucede algo, dijo la señora de Barincq.
- ¿De dónde sacas eso?
-¿No es verdad Anie?, preguntó la madre, invocando, como hacía siempre,
el testimonio de su hija.
Esta en lugar de responder señaló con una ojeada rápida á los criados que
estaban sirviendo la mesa, y entonces la señora de Barincq comprendió que si
su marido tenía efectivamente alguna preocupación, como ella sospechaba, no
había de hablar de ello en presencia de los criados.
Pero cuando ya levantados los manteles fueron los tres á sentarse á la sombra
de los árboles, donde todas las tardes acostumbraban á tomar el fresco, contemplando el espectáculo siempre nuevo de la puesta del sol con sus efectos de luz
y de sombra sobre las cumbres de los lejanos montes, volvió la señora de Barincq á sus preguntas:
- Y ahora que nadie nos oye, ¿quieres hablar?
- ¿De qué?
- De lo que te preocupa y entristece.
- No me preocupa nada.
- Entonces ¿por qué no estás hoy como otros días?
- A mí me parece que estoy como siempre.
- Bueno, pues á mí me parece lo contrario; no has comido, y ha habido momentos en que te has quedado mirando á las musarañas y de una manera que
quería decir algo. Cuando dos personas han vivido juntas durante más de veinte
años, llegan á conocerse y cada una aprende á leer en los ojos de la otra. Esta

?e

598

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tarde cuando yo te miraba en la mesa he vuelto á notar en tu cara la misma ex- contestable y sobre esto no podía haber duda, que en un momento determin_apresión de inquietud que tenías con tanta frecuencia en los primeros años de do Gastón había querido que el capitán fuese su heredero; pero ¿quería lo mis.
,
.
nuestro matrimonio, cuando luchabas contra Sauval, sin saber si al otro día iba mo aún poco tiempo antes de morir?
En esto estribaba la dificultad del problema; s1 Gastón no hab1a vanado de
á aplastarte por completo.
modo de pensar, aquel testamento traducía con exactitud su última voluntad y
- ¿Y piensas tú que voy á acordarme ahora de Sauval?
- No; pero no por eso deja de ser verdad que hoy he vuelto á ver en ti aque- era necesario cumplirlo; si por el contrario, Gastón había mudado de parecer,
lla expresión de angustia que demostraba tu rostro cuando te considerabas per- aquel testamento perdía toda su importancia y se reducía á un peda~o de pa~el
inútil que se arroja al cesto, donde permanece como _letra muerta sm que nmdido y deseabas ocultarme tus temores. Por eso te pregunto: ¿qué tienes?
.
.
Barincq no podía ni quería contestar con franqueza; trató, pues, de eludir la guna casualidad pueda devol~erle la vid~.
Si aquel testamento se hubiera descubierto al mvent~n~r.los papeles de Gascontestación diciendo á su esposa:
- Si es que no has visto mal, será que la expresión de mi fisonomía engañe. tón entre los cuales se le había colocado desde un pnnc1p10, esta duda acerca
- Ya que no quieres responder, yo misma voy á decirte de dónde proceden de las intenciones del testador no hubiera surgido en el espíritu de Barincq: se
tus cuidados; veremos si de este modo te decides á hablar: estás inquieto por- encontraba un testamento, y todo inducía á presumir que expresaba la voluntad
que comprendes que tus reformas no dan lo que esperabas y tienes miedo de de su autor lo mismo en la fecha del 11 de noviembre de 1884 que en el instante de su :Uuerte, toda vez que ninguna otra disposición destruía ~i modificaarruinarte. Hace mucho tiempo que yo lo sospechaba. ¿No es verdad?
ba la primera: el 11 de noviembre había querido Gastón que el capitán le here- ¡Oh! Eso no.
dase, y al morir continuaba queriendo lo mismo.
.
.
.
-¿No pierdes?
Pero las cosas habían ocurrido de diferente modo, y siendo la s1tuac1ón com- No, ni mucho menos; los resultados que obtengo exceden con mucho á los
que yo esperaba, y ahí están mis cuentas para probarlo. Estoy en los principios; pletamente distinta no le eran aplicables en manera alguna los indicios que en
puedo sin embargo demostrar hasta la evidencia que las ganancias prometidas aquel razonamiento se fundaban.
Aquel testamento otorgado en la fecha del 11 de noviembre, c~a~do Gast_ó_n
por mí, esto es, un ingreso de trescientos mil francos anuales será obtenido fácilmente el día en que todos los prados estén en explotación. Lo que he conse- tenía - era necesario admitirlo así - excelentes razones para prefenr a su fam1ha
guido hasta hoy lo prueba de una manera incontestable y sin duda posible; con un extraño y escogerle como heredero universal, había sido deposita~o en casa
números tan claros como la luz del sol; no en te0ría, sino prácticamente. Para de Revenacq, donde permaneció muchos años; después, en determmado ?ía,
aquel depósito había sido recogido, sin du?a por ~azo~es excelentes también,
esto me bastarían tres años ... si yo los tuviese.
pues nadie retira su testamento á un notano en quien tiene confianza -y Gas- ¿Cómo si tú los tuvieses?, gritó la señora de Barincq.
Su esposo pretendió corregir, explicar al menos aquellas palabras impruden- tón la tenía completa en Revenacq - para nada, ó para tener el gusto de volver
á leerlo.
tes que se le habían escapado, y contestó afectando indiferencia:
Si era lógico suponer que las excelentes razones en virtud de las cuales_ha?ía
- ¿Quién está seguro del día de mañana?
- ¿Te sientes enfermo?, preguntó la señora de Barincq. ¿Qué tienes? ¿Qué te sido otorgado el testamento del 11 de noviembre se fundaban en la ~o.nv1cc1ón
que Gastón abrigaba indudablemente en aquella época de que el cap1tan era su
duele? ¿Por qué no has llamado al médico?
hijo, ¿no era igualmente lógico admitir que las razones, no menos buenas, que
- No me duele nada; no estoy enferqio.
- Entonces ¿por qué estás inquieto? La enfermedad más grave de todas es la transcurridos algunos años le habían hecho recoger aquel testamento se fundaaprensión. ¡Está bien eso!: nos haces vivir en el campo porque en él te propones ban en graves dudas relativamente á esa paternidad?
En la lucidez del insomnio todo lo que Revenacq le había dicho el día del
hallar la tranquilidad y la salud y vivir vida razonable, como tú dices, y apenas
nos hemos instalado aquí cátate mortificado, sombrío, fuera de ti mismo bajo entierro y después todas las palabras que durante la operación del inventario se
la influencia de preocupaciones y de inquietudes que no quieres ó que no pue- habían cruzado entre el notario, el juez municipal y el escribano, se reprodujeron
des explicar. Desde que estamos casados has hecho que yo me familiarice, por con claridad y precisión para probar la existencia de aquellas dudas y demostrar
.
desgracia nuestra, con esos aspectos de desesperación; pero antes, por lo menos, que al recoger el testamento había la intención de destruirlo.
¿No eran significativos aquellos pesares que habían amargado los últimos años
los comprendía yo y me asociaba á tus penas cuando luchabas contra Sauval ó
cuando padecías bajo la depende~cia de Chaver_tón, sin que me (uese ~o.si_ble de Gastón? ¿No lo eran también sus inquietudes constantes, sus recelos obserenojarme contigo porque no estuvieras alegre; s1 entonces te hubiese ding1do vados por Revenacq? A juicio del notario no habían existido en el asunto vacicargos habrías tenido el derecho de hablarme de tus inquietudes para el día si- laciones; los pesares y las inquietudes que, según sus expresiones mismas, «haguiente. Pero ahora, cuando reconoces y confiesas tú mismo que tus negocios bían envenenado el fin de su existencia» provenían de las dudas de Gastón sobre
están en camino excelente; cuando nos hemos desembarazado de todas nuestras si era él ó no lo era padre del capitán. Si para casi todo el mundo su paterni?ad
contrariedades, de todas nuestras humillaciones; cuando hemos recobrado nues- era indiscutible, no lo era para él; buena prueba era de esto el que no hubiese
tra posición; cuando nada tenemos que hacer sino dejar que se deslice nuestra reconocido ni dado su nombre al que le presentaban como hijo suyo y nunca
existencia; cuando lo presente es tranquilo y lo porvenir está asegurado; cuan- había aceptado como tal.
Indudablemente Gastón había pasado por muy diferentes situaciones de ánido, por último, debíamos limitarnos á gozar dichosos los favores de la fortuna, me parece verdaderamente absurdo aflgirse sin razón alguna ... , solamente mo; fluctuanc,io constantemente entre dos extremos; creyendo un día en su paporque nadie está seguro del día de mañana. Pues si nosotros no lo estamos, ternidad, no creyendo en ella al día siguiente; sintiéndose á pesar de todo atraí¿quién podrá estarlo? Solamente hay una manera de comprometer el porvenir,
precisamente la que tú has escogido: ponerte enfermo. ¿Qué sería de nosotras
si tú nos faltases? ¿A qué se reducirían tus negocios y tus reformas? Eso sería
una verdadera ruina. Y yo, demasiado lo sabes, no tendría fuerzas para sobrellevar este último golpe. No me forjo ilusiones con respecto á mí misma: soy una
pobre mujer muy gastada por los dolores, por las penalidades de la existencia,
por la constante protesta contra las injusticias de la suerte, de las cuales durante tanto tiempo hemos sido víctimas. No podría yo resistir nuevos sacudimientos. Mientras las cosas vayan bien, bien iré yo. El día en que el carro se tuerza
no tendré ni resistencia ni valor para nuevos combates. Procura, pues, no atormentarme, atormentándote á ti mismo, mucho menos hoy que no existe razón
alguna para ello.
.
.
.
.
El Sr. Barincq repitió lo que había dicho: no se consideraba m se creía enfermo, tenía la certeza de no estarlo. Todo lo más se encontraba con alguna
agitación nerviosa que le impedía dormir tranquilam~~te.
,
Barincq, sin embargo y después de haber t~anq1:1lizad_o c~mo ~udo a_su fa.
milia, comenzó.á pensar con más calma en su s1tuac1ón. S1 baJO la 1mpres1ón de
la sorpresa no había podido adoptar una resolución relativamente al testamento
por casualidad encontrado, era necesario de toda necesidad que la adoptase,
pues no podía permanecer indefinidamente en aquella indecisión tan ruin como
cobarde.
Más de uno en su lugar se habría desembarazado sin duda de molestas cavilaciones de un modo tan sencillo como eficaz: nadie conocía la existencia de
aquel testamento· ni un solo testigo había presenciado su hallazgo; todo el mundo se había acostumbrado ya á ver al natural heredero en posesión de su fortuna: una cerilla un poco de humo, un montoncillo de ceniza y todo nabría concluído; nadie 'sabría nunca que el capitán Sixto había sido el heredero de
Gastón.
Nadie, exceptuando á quien quemase aquel p~pel: esto bastaba para que Barincq no admitiese medio tan fácil y sencillo, s1 no provenía de mano qqe no
fuese la suya.
.
.
,
.
..
.
En sus numerosos pleitos había visto Banncq a su adversano utilizar, siempre que era posible, malas arm~s y procedimientos desleales; h':bía visto t~mbién que luchaban y aun le venc1an empleando el fraude, el engano, la mentira,
los documentos falsificados ó suprimidos; nunca se había prestado Barincq á
descender basta ese terreno, por eso se había arruinado; si había perdido su forA las nue\·e se apeaba del caballo para entrar en casa de Rebcnacq
tuna, su honor quedaba inmaculado; y durante veinte años _el testimonio de su
conciencia le había sostenido: era, en efecto, un mal comerciante, pero un homdo por corrientes de cariño y de simpatía hacia aquel niño educado por él y que
bre honrado.
Y el hombre que había sido honrado, que quería serlo _s(empre, no P?d(a re- poseía realmente prendas personales nada comunes, que le hacían digno de ser
ducir á cenizas aquel testamento sino en el caso de adqumr el convenc1m1ento amado aunque se prescindiese de todo sentimiento paternal.
de que su hermano lo había recogido de la notaría de Revenacq porque la dePartiendo de este punto de vista, era facilísimo seguir con la imaginación el
claración en él contenida no expresaba ya sus últimas voluntades.
curso de los sucesos y las fases por que los sentimientos de Gastón habían
Cuando se dice testamento se dice también acta de la voluntad última, y es pasado.
esto de tal modo, que ambas frases son sinónimas en el lenguaje usual: era in(Continuará)

�LA

390

ILUSTRACIÓN AitTÍSTICA

NúMERO

59S

interior del Africa hacia el Océano Atlántico y en parar al vértice: así se presentan los ministros 6 larz's
virtud de la cual del interior han llegado al Senegal del rey Toffa, pero debe tenerse en cuenta que esos
LOS DAHOMEYANOS EN EL CAMPO DE MARTE, DE PARÍS los ulofs y en el Congo francés los pahuinos reem- funcionarios no se parecen por sus atribuciones á los
plazan poco á poco á las razas del Ji·
Nadie ign.ora la existencia del Dahomey, pero po- toral.
cos tienen en Europa idea exacta de esa región afriDesde el punto de vista antropoló- 1
cana. Después de los brillantes hechos de ar:nas de gico, actualmente no se distinguen
las tropas francesas en aquel país, la llegada á la ~a- aún los negros de la costa de los del
.t:•pita! de Francia de caravanas dahomeyanas que vie- interior, ó los minas de los nagos y
nen directamente de su patria y que, por ende, se los dahomeyanos de los mahis. De
presentan á los europeos en su verdadero aspecto y todos ellos haremos un solo retrato,
con sus primitivas costumbres, tendrá la ventaja de por más que los tratantes europeos los
dar á conocer perfectamente los vencidos á sus ven- reconozcan muy bien unos de otros
cedores. Entre esas caravanas una de las más nume- por su fisonomía. Los hombres son
rosas y mejor representadas es indudablemente la q~e por lo regular de hermosa estatura y
actualmente tiene sentados sus reales en el palacio de muséulatura soberbia, como acontece en todas las razas poco civilizade Artes liberales del Campo de Marte.
Varios son los pueblos que habitan el Dahomey y das en las cuales los enfermizos y entodos tienen su representación en el citado palacio. tecos desaparecen sin dejar descendenPor el lado de Togo, al Oeste, los minas tienen por cia: sus proporciones son admirables,
centro Gran-Popo; en el Este, en el reino de Porto sus espaldas anchas, su talle delgado
Novo se encuentran los nagos; el interior está habita- y sus extremidades bastante finas. De
do por los dahomeyanos propiame,nte dichos, que _se aquí la admiración que sienten los
extienden hasta la costa y llegan a Whydah, el prin- viajeros por esas bellas estatuas de
cipal puerto del territorio, y fihalmente en las monta- bronce. Sin embargo, tienen algunos
-1L1fii_t~~ ··
ñas viven los mahis. Los dahómeyanos se han puesto defectos: así por ejemplo, el antebra- ~ ~ - - ~ ~ - - - - - - - - ~ - - - - - - - _ _ _ . .
zo es más largo que en
Fig. 3. Las trompas guerreras de los dahomeyanos del Campo de Marte,
de París (de fotografla)
la raza blanca, como sucede á todos los negros,
y las pantorrillas son pequeñas y muy mm1stros éuropeos, sino que son simplemente servielevadas. En cuanto á la cabeza, tiene dores, guardias municipales, intermediarios entre los
el tipo negro muy pronunciado, el indígenas y lps mercaderes extranjeros.
mismo que en otro tiempo se atribuía
El traje que los dahomeyanos usan en su país coná todos los negros, por más que los siste en una pieza de tela arrollada á la cintura y endel Congo tengan un aspecto que los tre las mujeres debajo de los pechos, excepto las caaproxime más al europeo: frente depri- sadas, que se los tapan. Las gentes de alto rango llemida, nariz chata, labios gruesos, rara van sombrero.
marcadamente prognata, ángulo faLos rasgos dominantes en los dahomeyanos son la
cial de 75 grados y pómulos salientes. incuria y la pereza, pasando días enteros en fumar y
Cuando se ríen enseñan unos dientes jugar á los dados. Tienen gran pasión por la música
largos y prominentes, de los cuales se y el baile: sus danzas consisten simplemente en bacortan en bisel los incisivos medios lanceos laterales acompañados de movimientos de
superiores dejando entré ellos el espa- cabeza y brazos siempre repetidos; las danzas guerrecio de un diente.
ras son un conjunto de movimientos epileptiformes,
La risa anima á menudo su rostro gritos salvajes, actitudes de lucha y mímica de decabestial, pero bondadoso, dotado de esa pitación del enemigo vencido.
movilidad de expresión que caracteriSu música es monótona y la base de ella son los
ia á los pueblos jóvenes y á los niños: tam-tam ó nagos (fig. z) reforzados por el instrumenen su cara no hay más pelos que unos to de los mahis, calabaza hueca rodeada de una red
Fig. I. Mujeres dahomeyanas exhibidas en el Campo de Marte, de París
pocos, rizados y cortos,
(de fotografm)
en la barba.
Su cabeza es dolicoen contacto con los europeos por Whydah, en donde céfala, es decir, prolongada en el senlos portugueses construyeron ya en el siglo xv un tido antera-posterior ( 75°) : la capacifuerte, en el que dejaron algunos representantes: éstos dad craneal es por término medio mase juntaron con los negros, y así se oye hoy llamar con yor que la nuestra, lo cual se explica
los nombres de Souza, Almeida, Andrade y' Albur- teniepdo en cuenta la estatura y la
querque á algunos individuos del tipo negroide. Una fuerza de estos hombres. Este hecho
de estas familias, la de los Souza, estaba bien consi- poqfa causar cierta sorpresa cuando
derada por el rey dahomeyano, el cual le dió el título se ~reía que la inteligencia estaba en
de cha-cha y la encargó de la percepción de los de- raz~n directa del peso def cerebro;
rechos de aduana, de arreglar las diferencias que sur- pere hoy se sabe que aquella cualidad
gieran con los europeos y de vigilar á éstos.
no ~epende sólo de este factor, sino
Estas naciones minas, nagos, dahomeyanos y ma- que también del número y profundihis hablan idiomas ligeramente diferentes uno de dad ~e los pliegues cerebrales.
La piel no es en todos los indiviotro, como el provenzal del francés, y son entre sí
enemigas: todas, sin embargo, pertenecen á la misma duos qe un hermoso negro de ébano,
raza, euea, que tiene muchos puntos de semejanza sino qu~ varía desde el negro rojizo al
con las razas ashanti, fanti y yoruba, sus vecinas. La amarillento y al negro obscuro, y esta
raza euea procede del interior y ha obedecido á la variación no es debida á diferencia de
ley general que empuja actualmente á los pueblos del localidad, sino que todos esos matices
pueden observarse en los
Fig. 4. Feticheres dahomeyanos en e~ Campo de Marte, de Parls
habitantes de una mis(de fotografia)
ma·aldea.
En n i ngún pueblo
existe uniformidad en el color de la de cordeles con muchas vértebras que agitadas viopiel: en las Indias y en una misma ra- lentamente golpean la calabaza, y por cascabeles de
za se encuentran individuos apenas hierro que los músicos golpean con un palo. De cuanmorenos, como los italianos, y otros do en cuando suenan el enorme tam-tam de guerra,
negros, como el nubiano.
que un hombre solo apenas puede llevar, y formidables
Las mujeres sQn graciosas, pero se trompas de guerra hechas con colmillos de elefante (fi·
marchitan muy pronto; en su juven- gura 3).
tud las hay que son bastante agraciadas
Los dahomeyanos son fetichistas y en extremo sucon su fisonomía dulce, tímida y ale- persticiosos: adoran lo mismo lo animado que lo ingre ( fig. 1 ).
animado. Tienen gran veneración por los árboles fe.
Estos pueblos cuidan mucho de tiches y las serpientes. Los que actualmente se ensus personas; las abluciones son coti- cuentran en París sacrifican todos los días gallinas y
dianas y las mujeres coquetas peinan ofrecen granos á unas informes estatuitas de madera.
sus cabellos lanosos y crespos de mo- Los feticheres tienen en aquel pueblo gran importando que queden al descubierto la fren- cia: cubiertos de telas encarnadas, azules y verdes
te, las sienes y la nuca: las mujeres se (fig. 4)_, ejercen la profesión lucrativa de brujo y en
hacen con ellos un moño y los hom- ellos tienen absoluta fe los indígenas: sus reuniones
bres de alta categoría se confeccionan no son otra cosa que bacanales para bailar y emboun peinado complicado que consiste rracharse. Abundan también en el país los musul
Fig. z. Músicos dahomeyanos en el Campo de Marte, de Parls
en rayas múltiples que parten de la manes.
(de fotografla)
circunferencia de la cabeza y van á

NúMERO

SECCIÓN CIENTiFICA

(De La Nature)

LA I LUSTRAClÓN

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ARTÍSTlCA

critor Sr. Pons y Massaveu, en los cuales se admira estudi~ aca• asl como por la concienzuda exp_osición de hechos y ~con~ecl•
hado y perfecto del natural, profundo espiritu de observación Y mientos que aportan interesantls11nos antecedentes h1stóncos,
lenguaje sencillo y apropiado á cada asunto, unas veces con embellecidos por su poética forma.
chistes que hacen prorrumpir en carcajadas, otTas con frase~ Y
EL PALLÁS, ARÁ:-1 Y ANDORRA, por f. Avilés Amate. - pensamientos que casi arrancan lágrimas. Véndese en las pnn***
Basta nombrar esas tres comarcas para comprender el interés cipales librerías á 50 céntimos de peseta.
PRO PATRIA. - Con este titulo ha comenzad9 á publicarse en
que ha ele ofrecer la descripción ele un viaje por esos sitios tan
esta ciudad una revista mensual cuyo primer ,n (1mero contiene
pintorescos como poco conocidos; y el interés sube de punto
*
* *
notables trabajos de Balaguer,. Mistral, Millien, Castelar, ~as·
cuando la descripción está hecha en forma tan amena y completa como la que ha sabido darle el distinguido publicista se·
INFORME SOBRE EL AGUA DE LA QUEBRADA VERDE,p~r tenrath, Coroleu, Felíu y Codma, Apeles Mestres, Colombina!
ñor Avilés Arnau, cuyo libro contiene cuantos datos puedan A. E . Salazar y Q. N ewman. - Los directores del Laboratono Bonaventura Güell y Mercader, Balsa de la Vega y Monszkonk1
convenir al turist~, expue,tos de una manera tan agradable que Naval ele Valparaiso han presentado al intendente de aquella y un Memorándum con interesante~ noticias literaria~, teatrale~,
su lectura ha de cautivar aun á los menos aficionados á excur- ciudad este informe en que se analizan las aguas del eslanq~e bibliográficas etc. formando también parte de la nusma el nusiones. Elegantemente editado por los Sres. Pons y Compañía, de Monte Alegre, demostrando la existencia en ellas del bac!lo mero 1. 0 de 1~ s~nda época del boletín de la Biblioteca Mu·
de esta ciudad, véndese el libro al precio ele z pesetas.
tífico cuando la epidemia tifoidea hizo estragos en los barnos seo Balaguer. Pro patria, cuy~ director es nuestro querid~ comque de aquel agua se surten. Los Sres. Salazar y Newman son pañero de redacción D. Antom~ ~arcía Llans6, se pubh~~ en
*
autores de la notable obra Examen de las aguas f&gt;otables, de que cuadernos ele 64 páginas, que iran ilustradas cuando lo ex1Ja la
* *
!ndole ele los trabajos que. en ella se inserten: suscríbese en las
hace algún tiempo nos ocupamos."
RosA DEL VALLE, por :Modesto Her111/ndez villaescusa. principales librerías y en la Admi~istración (Aribau, 3?, Bar·
No es clesconociclo para nuestros lectores el nombre del señor
celona) al precio de 12 pesetas al ano, 6 semestre y 3 tnmestre
*
••
Ilernánclez Villaescusa, de cuyos libros Re.:aredo y la unidad
para la pen!nsula, y 20 al año y 10 semestre para Ultramar y el
católica y La tórtola hen'dd nos ocupamos oportunamente. La
Se:T CONTALLAS DEL TRMPS VRLL, por D. Teodoro Crem. extranjero. Número suelto, 1'50 pesetas. Los productos de esta
última producción de ese distinguido escritor es la novela Rosa -Así se titula la colección de leyendas reunidas en un volu- revista se destinan al fomento de la Biblioteca Museo Balaguer,
del Valle, de argumento interesante, acción bien sostenida y men, artísticamente ilustrado é impreso en Villanueva y Geltrú, de Villanueva y Geltrú.
elegante y castizo lenguaje. Forma un tomo ele cerca de 400 que acaba de publicar, precedido de una carla prólogo del Ex·
páginas y se vende al precio de 2 pesetas en la librería La Hor· celent!simo Sr. D. Víctor Balaguer, el erudito académico de la
• **
miga de Oro, Rambla de Santa Mónica, 10.
Historia D. Teodoro Creus y Corominas. Siete leyendas, inspiNOVELAS GRIRGAS. - NARRACIONES AMRRlCANAS. - Bajo
radas en tradiciones de nuestra región, han bastado al señor la dirección de D. Antonio Rubió y Lluch han comenzado á
*
Creus, no sólo para dar muestra de sus constantes estudios his· publicar los editores de ésta, Durán y Compañia, una Biblio•
* *
tóricos, sino también para revelarse como verdadero poeta, ge- teca Universal Ilustrada cuyos dos primeros tomos son una co•
CAPS Y TREVAS, perJoan Pons y Massaveu. - La Biblioteca nuinamente catalán, persiguiendo levantados ideales y nobles lección de interesantes novelas griegas de Vizyenos, Bikelas,
Popular Catala,za ha repartido el tercer tomo, que es una co- propósitos. El juicio del Aforo, La ftmdació,z de Vi/la,zueva y Eftaliotis, Palamas y Drosinis, muy bien traducidas por el selección de bellísimos cuadros de costumbres, del distinguido es- Geribert lo exco1111micat distinguense por su vigor y galanura, ñor Rubió, y otra de bonitas narraciones americanas de los disLIIlROS. ENVIAJ?OS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES

;

Las casas extranjera s que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, París.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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ENFERMEDADES

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lleeomendJdo, contra las .&amp;Jeoolonea del Elt6·
mago, Falta de Apetito, Digeetionea laboriOIIU, A.oediaa, V6mltoe, Eruotoe, y C6llooa;
regularizan laa Funciones del Eat6mago y
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taoion 911e procluoe el Tabaoo, y apecialmenle
' loa Son PREDICADORES A.BOGADOS,
PROFESORES y CANTORES ~ ra faeilil&amp;r la
emtolon ele la 'YOL-P UCIO . 12 B.liua.

B~r m d.,rotu/0 4 /ff'fll4

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destrure hasta las RAICE9 el VELLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, ele.), 1111
lliDgun peligro para el cutis. 50 Años de Í::s.lto, lmillares de testimonioagaran~ la eAcacta
de esta preparacion. (S. "ende en oaJ11, para la barba, y en 1/2 oaJ•• para el blgott Ugero)t PUi
loa bmoa, emplée!, c~!/!lLl. l'U 11,llJ. DVSSER, l , rue J .•J ,-Rouaeeau. Parta.

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todas las emlnenclas médicas preubaD que esl.a asociacion de- la carau,, el Dierro y la
••ina
constituye el reparador mas energico que se conoce para curar : la C/ordsu, la
.Antmta, las Jlen.stru/le101la ao1orosa1, el Bmpolwectmtento y la .J.lteracwn ae III Sangre,
el Ra:qutttsmo, las .J.feccúmU acro/'lllosas y ~corbutfcas, etc: El l'i ae F erraciaoq dé
.&amp;.reud es, en erecto, el único que reune todo lo que entoua y fortalece los organos,
regu)ariz~1 coordena y aumenl.a considerablemente las tuerzas ó tntunde a la sanil'8
empobrecida y descolorida : el Vtgor, la Coloracwn y la BMrutts tñtal.
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El mejor y mas célebre polvo de tocador

por Ch. J'ay, pertum1sta
9, Bue de la Pm, p ABI S

�LA

39 2

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

1inguidos escritores americanos
A rgiielles, Fernándet Guardia,
Palma, Caicedo, Vázquez, Posada y Fernándcz Medina. Ambos libros están ilustrados el primero por Llimona y el segundo
por U Lrillo y se venden al precio
de una peseta cada uno en la librerí:1 de Arturo Simón, Rambla de Canaletas, 5. La Biblioteca reparte trimestralmente á
los suscriptores una fotocromo·
tipia ele gran tamaño: la p rime·
r:i. repartida es la reproducción
La tarde del domingo, de Baixeras.

598

teca liternria) que se publica en
Madrid ha repartido á los sus·
criptores de ésta un drama original ·suyo en que se plantea un
difícil problema so,cial. Véndese
1
al precio de una peseta.

*••
MRMORTA presentada por los
confinados del penal de Grana·
na en apoyo y solicitación de la
reforma del Código penal. - Es
este un folleto en el cual se estudian varios problemas de la
legislación penal, como el abo·
no de la prisión pre,·entiva, la
proporcionalidad entre la pena
y las consecuencias del delito,
la reincidencia y otras no menosfoteresantes, y se hacen multitu~ de observaciones para de·
mostrar la necesidad ele refor·
mar el C6digo penal. Es un fo.
lleto que merece ser leido por
los que á estudios jurídicos se
dedican y meditado por los que
en el poder pueden remediar los
males que en él se señalan.

•
••
LA ESPAÑA MODERNA. - El
número últimamente recibido de
esta importante revista que pu·
blica en Madrid el S r. Lázaro
contiene notabilísimos trabajos
de Tolstoy, Caro, Claretie, Sofía Gay, Richepin, Mout6n, Tar·
ele, Lombroso, Fernández Duro,
Castelar y Villegas.

...
•

...
*

Lo m:DER, drama en un acto·
y en verso de Simón Alsina y
Clos. - Esta producción ha sido
recientemente estrenada en e 1
teatro Romea, de esta ciudad,
siendo recibida con aplauso. Se
vel)de al precio ele 50 céntimos
de peseta.

EL CANT') DEL CISNP,

por et

conde León Tolstoy. - UN
l.10

IDI·

DURANTE EL SITIO, por

Francisco Copie. - L'\ Colección
de libros escogidos que public.'\
en Madrid el Sr. Lázaro ha puesto á la venta estas dos obras
á cual más interesantes por su
argumento y cuya mejor garantia de bondad son los nombres
ele sus autores: el novelista ruso,
de fama universal, y el no menos célebre poeta francés, de cuya pluma han brotado las in·
comparables l1ttimidades y tantas otras joyas de la moderna
literatura. A Un idilio precede
un hermoso estudio biográfico
y crítito de Copée, escrito por
Julio Claretie; á Et ra11to del
cisne, un estudio del célebre crí•
tico inglés Mateo Arnold sobre
la novela contemporánea. Cada
una de estas obras se vende en
las principales librerias al precio
de 3 pesetas.

•••
Dos HECHOS DR LA HISTORIA

nR :'~:N1AMO, por C. Fra11cisco
Rodr(,:uez Callaga. - Estos dos
hecho,; se refieren uno á la revolución de Ayutla y otro á la guerra de los tres años, y en ambos
tomó parte activa el &lt;tutor del
folleto, que es profesor de Geo·
grafia é 1I istoria en la Escuela
normal ele señoritas del Estado
de Guanajuato (México).

.

• *
THEARA, drama en cinco actos de D. Manuel Lore11zo d'
Ayot. -Eldirectorde la «Biblio·

Una máquina de pintar de la Exposición de Chicago

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Soberano remedio para rápida curacion de las Afecciones del pecho,

Desde hace mas de íO años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljias, dolore■
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la diges~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
loa mt.estmos.

Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriados, Romadizos,
de los Reumatismos, Dolorest
Lumbagos, etc., 30 años del mejor

JARA.BE

éxito atestiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paris.

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con~siones y tos de los ni.11.os durante la denticion; en una palabra, todas
1aa afecciones nerviosas.

Píbrir.a, Espediciones: J.-P. LAROZE

Dspóslto ,n todas laJ Farmacias
Querldt enfermo. -Ffese Vd. Ami l1rt1 experiencia,
1 htta u10 de nuestros 6RANOSde SALUO,pue, e/loa
1w ourarfa de ,u con1t1paolon 1 le dtrh apetito 1 /1
1,ro/rerAn •I ,ueño y la aletm. - A11 ririri Yd.
t1uoho1 año,, d11frutando 111m11r1 de una buena 1a/u&lt;S.

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Medallu en 111 E1po1lcionet lnternaclooates de

PARIS • LYOR • VIENA • PBILADELPBIJ. • PARIS
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un calmante célebre, conocido d esde 30 a lios. En las farmacias y 28, rue Bergere, Pari■
(antiguamente 36, rue Vivienne).

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sillo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el villo, el caté,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
segun sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado porel efecto de la
buena alimentacion empleada,uno
se decide lácill1lJJnte á volver
á empezar cuantas v11ces
sea necesario.

gRANO DE LINO TARIN r':.&amp;tt;ffo'üs
IITltdlMIENT08, CÓLICOI. - La oaja: l fr. IO.

APJ:OL
•de los orea JORET &amp; HOMOLLE
El APIOL cura los do/orea, retraso,, 1uprelu Epocas, ast como las p'rdidaa.
Pero con frecuencia es !alslflcado. El AP10 L
vordaderoL.~nlco eficaz, ea el de los Inventores, los U'"' JORET y BOllllOLLE.

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CARNE y QUINA

El Alimento mu reparador, llllido al '1'6Dicó IIIU mellico.

VINO AROUD CON QUINA
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ClAa!WE Y'OIIIIH I son los

elementos que entran en la comoostcton de este ootente
reparador de las ruerzas vitales, de este fonilleaa&amp;e por eHele■eia. De un gusto sumamente agradable, es soberano contra la J.nem'4 y el J.:,,ocamtento, en las Calentura,
¡ Conoalecenctas1contra las Dt4"eas y las J.fece1cnes del BstomaQo y los ,ntutl1W1.
Cuando se trai.a de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las eptdemlaa provocad.u por los calores, no se conoce nada superior al l'lao de Qaiaa de &amp;road.
.Po-r ma11or. en Paria, en casa de 1. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu, Sur.esor dtAROUD.
SB VBNDB BN TODAS LAS P!UNCIPALIIS BoTlQU.

EXIJASE 11 i:ºir~ 1 ARDUO
Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
lMP.

DR

'MONTANltll V S IMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 598, Junio 12</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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