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aitrtélC10t)

11tí~t1ea
A:&amp;o XII

BARCELONA 19 DE JUNIO DE 1893 .._, _ _ _ __

EL ARTISTA ENFERMO1 cuadro de E. Ravel .

NúM. 599

�394

11

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMEllO

599

los que ahora se discu~en y an_alizan en el mundo_ ci- dar la suma de labor que nos ha correspondido y des·
vilizado. Véase, pues, s1 es posible que en una nación aparecer mañana.» En ot!o párrafo sigue diciendo ,á
donde se mira con completa indiferencia lo que fué este propósito: «Nada eXJste par~ los pueblos mas
motivo de violentas crisis, pueda despertar interés al- nocivo que la ilusión, ~orque suprime e\ esfuerzo, nos
guno lo que tan s?lo en ocasiones _en que hubo_ de ciega y es tan sólo vamdad de los débiles.. Un homaliarse con la política, como en la mitad de este siglo bre que trabaja es buen?· Estoy convencido por lo
cuando los prohombres del partido progresista hicie- que á mí atañe que la úmca fe que pued~ salvar~os
Texto. - Verdades JI mentiras, por R. Balsa de la Vega. - Ex- ron de los cuadros de Cano, Gisbert, Casado, Sans, es creer en la eficacia del esfuerzo cumplido. Es inposición de Chicago. Ceremonia de la inauguración, por A. - etcétera, bandera de combate, fué mirado con relati- dudable que soñar con la eternidad es el más bello
Remerdos del cmtmario rojo. Lt,is X VII. l. Preludios, pri· vo interés, y aun éste reflejo.
de los sueños, pero al hombre_ honrado le basta con
me~ artículo de una serie que bajo dicho titulo ha escrito do·
No; no es posible que el debate entre las diferen- haber pasado por la tie:ra hac1end~ su _obra.»
iia Emilia Pardo Bazán. -El pozo de la verdad (conclusión),
No diré yo, como el ilustrado arllcuhsta de u~ pepor Luis M. de Larra. - llfisalá11ea. - Nuestros gralxuios. - tes escuelas filosóficas que hoy sostienen las teorías
Anie (continuación), novela por Héctor Malot, con ilustra- estéticas modernas pueda ser comprendido y apre- riódico conservador madrileño, que las afirmac10nes
ciones de Emilio Bayard. -SECCIÓN CIENTfFtCA: JII011u- ciado aquí, donde el marasmo en todos sus aspectos de Zola caerán por su base cuando las generaciones
111enlos budistas m el extremo Onente. Las estatuas J1acmtes
venideras las analicen; ni tampoco afirmaré tan de
de Buda, por Alberto Tissandier. - Corona solar, por J. Vi- impera; y no repercutiendo aquí los ecos de la discusión, no es posible que los artistas puedan enterarse lleno como el citado articulista que contra las dichas
not. - Libros recibidos.
ni apreciar 'el valor de las evoluciones estéticas que afirmaciones positivistas de Zola protesta la intuiGrabados. - El artista mfermo, cuadro de E. Ravel. - Des· en los demás países donde hay un átomo de activi· ción religiosa de todas las conciencias, aun la de
puls del baile, cuadro de Román Ribera (Exposición Parés).
aquellas más perturbadas por el error. Para mí yerra
-El rey Luis XVI, la reina JI el delfín.- To111adela Basli· dad intelectual se realizan en estos momentos. Porque
en sus apotegmas Zola y se equivoca de me~io ~ meel
artista,
como
el
hombre
de
ciencia,
han
menester
lla el 14 de julio de 1789. - Obras 110/ables de la pinh,ra mo·
derna: Hunos cargando contra el enemigo, copia del cuadro para producir con arreglo á las exigencias de la cul- dio el articulista de La Epoca, que es el arttcuhsta á
de U. Checa, grabado por F. Weigand. -La familia real tura y del gusto de su época que el medio social en quien me refiero. Zola reconoce que existe una reacregresando á París. - Las mujeres de París encami11á11dose á
que viven evollK:.ione, se mueva, sienta y esté en dis- ción formidable, que él cree momentánea, contra la
Versal/es el 5 de octubre de 1789. - Precioso hallazgo, cuadro
ntimiento pretende ~ ha prede W. Claudius. -Desembarco de los i,ifantes dolla Eulalia posición, por fuerza de actividad, de presentir. Hom• ingerencia que en el se_
JI D. A 11to11io m San Juan de Puerto Rico. - Cere111011ia de la bres de ciencia, literatos, artistas, producen según la tendido ejercer la ciencia. Zola cree que el ideal huinauguración de la Expcsicidn universal de Clzicago, i•eriji- influencia del medio en que viven y se nutren sus in- mano está cifrado en destruir todo ideal, ensalzando
cada ti día 1. 0 de mayo. Aspecto de la plaza de la Exposicióu,
para ello la ciencia y el arte positivistas. Zola además
dibujo de E. Limmer. - Figuras I y 2. Estatuas yacentes de teligencias. Por eso, deplorando la decadencia artísafirma
que el hombre debe darse por satisfecho con
tica
que
acusan
cada
vez
más
hondamente
nuestras
Buda en Birmania y en Pollonarúa (ele fotograí1a). - ¿Cu,íl
es la más bonita?, copia de una fotografia de Otón Scharf.
Exposiciones de Bellas Artes, deploro con más amar- haber pasado su vida trabajando, &lt;haciendo ~u obra,»
gura aún el estado de insensibilidad, rayano con el no dando cabida en su mente á ensueños m amores
embrutecimiento, en que á juzgar por nuestra obra espirituales de ninguna especie.
Verdaderamente que es singular la coincidencia
VERDADES Y MENTIRAS
científica, literaria y artística impera en la sociedad
en que el cristianismo, por Zola tildado de- religión
española en general.
Muchos é interesantes son los acontecimientos
Bien puede hablar Zola en banquetes como el que muerta, y el positivismo del autor de Nana, vienen
acaecidos en el mes que termina mañana. Y aun presidió hace días en París, y dirigirse á la juventud á ser como la afirmación de una negación de la vida
cuando algunos tengan carácter político, no por eso francesa que le escuchaba, para fijar, según su crite· en ambas doctrinas. El cristianismo mira á este munpueden dejarse sin comentarios perfectamente perti- rio estético, el carácter que á su entender debe tener do como á un valle de destierro, en el cual el homnentes al arte.
la obra de arte; pues aun cuando creo firmemente bre no debe amar nada, antes al contrario, rechazar
Lo acontecido en las Cortes durante la primera mi- que no es la Francia de hoy la que ha de impulsar á la naturaleza cuando ésta se manifiesta en nosotros
tad del actual mes de mayo viene á patentizar de una por nuevos derroteros á las artes plásticas, tónica y por medio de las pasiones y de los deseos; el cristiamanera clara y terminante cómo la lucha por ideales literaria, por razones ya expuestas varias veces en es- nismo hace que en lugar de admirar la naturaleza, y
más ó menos casuísticos lleva aparejada la indiferen· tas columnas, sin embargo, bien sabido tengo cómo de gozar con sus bellezas, y de extasiarnos con sú
cia popular y la más grande de las inopias, la moral, la nación vecina estima y aprecia su abolengo inte- contemplación, y de amar sus encantos, y de arrullar
por parte de aquellos que, resistiéndose á la imposi- lectual y cuánto le preocupa no cejar en luchas de nuestra alma como nuestros sentidos con las voluptuosas caricias de la brisa, de los aromas, de la fresción evolucionista, en cualquier sentido, recurren á esta índole, pues cejar en ellas significa morir.
toda clase de artes, sean ó no legales, para defender
Y en honor de la verdad, declaro que el discurso cura de la umbría, del beso robado á unos ojos que
sistemas amenazados de muerte por la fuerza expan- de Zola, reproducido íntegro por los periódicos más no han visto todavía más rosas que las de quince
siva de otros sistemas que parecen encajar hoy, allí importantes de Francia y comentado y en parte abriles, ciñamos nuestro cuerpo de cilicio y miremos
donde ayer no encuadraban. Y la indiferencia general transcrito por los de Inglaterra, Austria y Alemania como pecado toda sensación de voluptuosidad, todo
con que fué mirada la batalla parlamentaria y las es- y por algunos españoles, es uno de esos documentos lazo que nos ate á la tierra: el positivismo de Zola
casas protestas con que fué censurada la conducta que analizaré y estudiaré siempre y que debe estar arrancándonos de esas sensaciones dulcísimas, de esos
seguida por el mayor número prueban asimismo có- guardado en el más á mano de los estantes de las bi- éxtasis del amor, de esos goces que no por indetermo, aun reconociéndose por la generalidad de las gen- bliotecas de los hombres estudiosos y de los artistas. minados son menos efectivos, cuando la imaginación
tes el abuso que por razón de la fuerza numérica hizo Claro está que no obtendrán las afirmaciones que el se siente subyugada por ese algo que flota en la nieel gobierno de su poder, viene á probar una vez más autor de La Terre hace en el discurso á que me refie- bla, en los rayos solares, en las brumas oceánicas,
que ha pasado el tiempo de las luchas por ideas que ro la aquiescencia de muchas gentes, y si estas gen· como flotaba, según la Biblia, el espíritu de Dios sono tienen otros fundamentos que los de un empiris- tes pertenecen á la escuela idealista es seguro el ana· bre las aguas; ese positismo, digo, es tan mortal, es
mo, el cual, aceptado en otros días en que era preci- tema contra Zola y sus teorías; pero cuantos lean im- tan aniquilador como la intransigencia cristiana; porso para oponerlo á las imposiciones de lo arbitrario, parcialmente la oración del pontífice máximo del na- que si la vida no tiene otra razón de ser que el trahoy ya no puede aceptarlo una sociedad á quien el turalismo francés, habrán de concederle una profun• bajo encomendado á cada uno de nosotros, y hecha
positivismo en todo orden de cosas impulsa por el didad de pensamiento y una claridad de exposición la labor nuestra desaparición es el premio, ¡vive Dios
camino de lo práctico.
tan sólo comparables al convencimiento que demues- que para tal cosa no han menester esos mismos homSin embargo, además de que, en efecto, la indife- tra tener en la bondad de sus ideas el célebre nove- bres de la ciencia positivista quebrarse los cascos en
averiguar solucione~ de ninguna especie!
rencia que en materias políticas se viene advirtiendo lista.
¡Oh, no! La justicia no es la felicidad ni mucho
en nuestra patria reconoce por causa el que las escueZola dice en su discurso que atravesamos una crilas actualmente en lucha no pueden aportar la canti- sis por parecernos que la ciencia que acababa de menos. Aparte de que el concepto de la felicidad y
dad de savia ne,cesaria para regenerar y vivificar fuer- arruinar el viejo mundo debía reconstruir el moder- de la justicia, como el del idealismo y del positiviszas agotadas en el orden intelectual y aun en el ma- no inmediatamente según el modelo que teníamos de mo, varía y se modifica según varían y se transforman
terial, por carecer esas escuelas de soluciones y de la justicia y de la felicidad; y que transcurridos vein- las sociedades; por lo tanto, al ideal perseguido por
criterio en lo que atañe á cuanto no esté dentro del te, cincuenta, quizá cien años, se ha visto que la jus- el positivismo habrá de sucederle lo que al ideal socampo de acción - cada día más pequeño - de la po· ticia no reina y que la felicidad no ha venido; y los cial predicado por Cristo, se modificará; pero aparte
lítica, sin embargo, repito, no puede negarse cuán esperanzados de ayer han sentido cruel impaciencia, de esto, digo que el mismo Zola apunta un fenómeno
grande es el estado de aniquilamiento, de marasmo se han visto desilusionados, y ahora niegan que pue· por él observado en las exposiciones de Bellas Artes,
físico y moral, en que por razones históricas ha caído da llegarse á la ciudad feliz por el camino del cono- que es la respuesta más elocuente dada á sus doctriEspaña. Y este aniquilamiento y marasmo efectivos cimiento. De aquí que se haya iniciado esa reacción nas, en cuanto éstas tienen de dogmáticas, de inse advierte precisamente con ocasión de ponerse so· mística y que se alce ese clamoreo reaccionario con- flexibles. «Ayer, después de quince años, me ha parebre el tapete algo de aquello que en días no lejanos tra el positivismo de la ciencia; clamoreo que parece cido notar - dice refiriéndose á los cuadros que están
todavía produjo gravísimos trastornos, los cuales mo- decir: ¡Basta de verdad!.. Dadnos la quimera. Sólo hechos al aire libre y en. la mitad del campo y al sol
dificaron de un modo grande la vida política y social reposaremos cuando podamos soñar con lo que no - que en medio de la fresca limpidez de las obras
de nuestra patria.
existe, abismándonos en lo desconocido, que es don- expuestas, se levantaba cierta especie de bruma mísNadie negará que las cuestiones políticas han apa· de las flores místicas se abren embriagándonos y ale- tica.)
sionado hondamente á los españoles, y por lo t'.l.Ilto targando nuestros sentidos con su perfume, hacién¡Oh! Si no se levantase esa especie de bruma místino puede negarse tampoco que un temperamento no donos insensibles á los sufrimientos.
ca, sería cosa de renegar del artista, preocupado tan
se modifica jamás tan en absoluto que llegue á mosPero esto para Zola nos es más que un desfalleci- sólo con la copia servil- de la forma, cual puede hatrarse insensible á lo que le emocionó hasta produ- miento momentáneo, 'pues «la fe no resucita, ni de cerla la fotografía. El misticismo que sorprende hoy
cirle crisis pasionales violentas, sin una causa que las religiones muertas cabe hacer más que mitologías.» el artista en el campo como en el mar, existe: ¡como
perturbe hondamente el organismo. Pues bien: si las Cree que no es posible que la juventud acepte la fe que es el espíritu de que hablo más arriba, ese algo
ideas políticas y la lucha de esas ideas son hoy segui- que muchos pastores de almas le proponen ardiente· inexplicable que nos emociona!; lo que hay es que
das ó miradas con interés tan escaso como acaba de mente, pues no son á propósito para aceptar tal cosa en Francia tomaron el rábano por las hojas y achademostrarse en la reciente batalla parlamentaria, cal- los tiempos de turbación en que vivimos. La única caron al cristianismo lo que el cristianismo no ha
cúlese el grado de marasmo en que el temperamento fe posible es la fe en el trabajo, y el autor de La producido¡ Francia ya no significa todo el mundo innacional habrá caído respecto de las artes y de las obra dice á este propósito lo siguiente: «El trabajo telectual; si no, ahí están Alemania, Austria, Inglateletras y la gravedad de la postración en que yacen las es la única ley del mundo, el regulador que conduce rra y Rusia para rectificar.
fuerzas todas de la patria. Véase, pues, si es posible la materia orgánica hacia su desconocido fin. La vida
la adopción por convencimiento y sentimiento por no tiene otra significación ni otra razón de ser; cada
R. BALSA DE LA VEGA
parte de nuestros artistas de ideal alguno estético de uno de nosotros no hace más que aparecer hoy para
30 dt' mayo &lt;le tS93

NúMERO

599

LA

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ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

EXPOSICIÓN DE CHICAGO
CEREMONIA DE LA INAUGURACI ÓN

Como en todas las exposiciones universales ha sucedido siempre, la inauguración de la de Chic~go verificóse sin que estuvieran ni con mucho terminadas
todas las obras é instalaciones. Y sin embargo, cuantos á este acto asistieron no pudieron menos de admirar el colosal esfuerzo que representa haber levantado en el inmenso espacio pantanoso que pomposa·
mente denominan aquellos ciudadanos Jackson Park,
más de cien grandiosos edificios que por sí solos
ocupan una superficie igual á toda el área del terr~no que llegó á llenarse por la mayor de las exposiciones universales hasta hoy organizadas: la de París
de 1889.
La ceremonia de la inauguración, que se verificó
el día 1-º de mayo, fué un espectáculo imponente.
En la gran plaza de la Exposición, cuya superficie es
de una milla inglesa cuadrada, habíase levantado la
tribuna presidencial: delante de ésta alzábanse tres
elevados mástiles que sostenían doradas reproducciones de las tres carabelas con que Colón descubrió
el Nuevo Mundo; en el fondo, el magnífico edificio
de la Dirección, coronado por hermosa ciípula; en·
frente de éste y corriendo á lo largo del lago Míchigan, una columnata; á. la izquierda, el palacio 9e la
Electricidad y una fachada del de la Industria, el
edificio mayor del mundo; á. la derecha, la Galería de
maquinas y-el palacio de la Agricultura; en el centro,
el gran estanque poblado de estatuas, fuentes y gru·
pos plásticos y surcado por góndolas venecianas con·
&lt;lucidas por italianos con el pintoresco traje de la
antigua República del Adriático, y llenando este inmenso espacio una multitud de trescientas mil per·
sonas procedentes de todas las partes del mundo,
allí congregada para aclamar al presidente de b
gran república y á los ilustres huéspedes de la nación
norte-americana, y en primer término á D. Cristóbal
Colón de la Cerda, duque de Veragua, descendiente
del descubridor de América.
A las once, Mr. Cleveland ocupó la tribuna, teniendo ·á su lado al duque de Veragua, á los altos
funcionarios de la Exposición, al gobernador del Illinois, al burgomaestre de Chicago, á los ministros y
á otros elevados personajes: la aparición del presidente fué saludada con estruendosos aplausos y ví·
tores, y en seguida la orquesta de Teodoro Thomas
ejecutó la grandiosa marcha de Colón. Después que
el reverendo Milburn hubo rezado una larga p!egaria
y una señora leído una poesía alusiva al acto de Croffut y la orquesta tocado la sinfonía de Rienzi, adelan·
t6se Mr. Davis, director general de la Exposición, y
pronunció un discurso, haciendo á grandes rasgos la
historia de ésta y dando las gracias á todos los que
le habían ayudado en la realización de la empresa y
muy especialmente á los gobiernos extranjeros. Siguió á éste el discurso de Mr. Cleveland, quien con
voz potente y reposada comenzó por felicitarse de los
sorprendentes resultados del genio y de la actividad
americanos¡ saludó con entusiasmo á los que desde
remotos países habían acudido á honrar con su presencia ese· homenaje á la fiesta de la paz, del trabajo
y de la civilización, en la que un pueblo joven, vigo·
roso é independiente ofrecía al mundo entero las
muestras de su progreso, representado no tanto por
los grandiosos edificios de Jackson Park y los productos en ellos acumulados, como por la posesión de
un gobierno popular cuya grandeza admira todo el
orbe: «Hemos reunido, dijo, multitud de cosas bellas
y títiles; pero también hemos formado hombres que
pueden gobernase á sí mismos. )) El presidente terminó su oración con las siguientes palabras: «Fijémo·
nos bien en la significación que en el fondo entraña
la ceremonia que estamos verificando: que la impre·
sión de este momento no se borre nunca de nuestra
memoria; y así como al oprimir este botón se pon·
drán en movimiento todas las máquinas que dan vir.la á esta Exposición, ¡ojalá que nuestras esperanzas
y nuestros trabajos puedan servir para despertar fuer·
zas que contribuyan al bienestar, á la dignidad y á la
libertad de la humanidad entera!»
Dichas estas palabras, Mr. Cleveland oprimió el
hotón eléctrico que tenía delante, y como por ensalmo ondearon en el aire millares de banderas y gallardetes, echáronse á volar verdaderas nubes de palomas, descorrióse el velo que cubría la estatua de la
República levantada en el lago, soltaron sus juegos
las fuentes y atronaron el espacio las sirenas de los
vapores, las campanas y los cañonazos, mientras la
orquesta entonaba el himno Aleluya y el himno nacional americano entre las ensordecedoras aclamaciones de la inmensa muchedumbre.
Tal ha sido la ceremonia de la inauguración del
certamen universal colombiano, que como todo lo

DESPUés DEL BAILE, cuadro de Román Ribera
(Exposición Parés)

que en aquel pueblo se hace ha re,·estido caracteres
de grandiosidad sin ejemplo.
Muchas son las deficiencias que aún se notan en
la Exposición, pero así y todo ésta promete superará
todas cuantas se han celebrado hasta el presente y
sobrepujar las esperanzas que hayan podido formarse
los que más ciega fe tienen en la poderosa virtualidad
de los norte-americanos.
Hasta ahora el éxito económico no ha correspondido á lo que se había esperado: justo es, empero,
decir que en las orillas del Míchigan se han dejado
sentir hasta hace poco los últimos rigores del invier-

no, que los árboles apenas tienen hojas, que los céspedes están aún pelados y que la lluvia ó el viento y
el frío contribuyen á hacer poco grata la estancia en
la Exposición. Esto no obstante, no hay que ser pesimista: durante los meses de junio á septiembre acu·
dirán allí sin duda alguna de toda América y de varios
puntos de Europa innumerables muchedumbres.
Y la verdad es que no faltan en la TVorldfair
atractivos en los que durante un mes por lo menos
podrá entretenerse el forastero que concurra á la
Exposición Universal de Chicago.

A.

�LA tLUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

NúMERO

599

corte más suave y armonioso, ni muy ancha ni muy de entre sus flores y sus juegos para arrojarle al tumul•
larga, la alumbran como astros dos ojos grandísimos to el día de la toma de la Bastilla - 14 de julio de 1789.
(que eran azules, con tupidas pestañas obscuras). La - El motín impetuoso que precedió á las sangrientas
LUIS XVII
boca, llena, delicada y turgente como el fruto del jornadas fué á estrellarse contra los muros del palal. - PRELUDIOS
guindo, sonríe abriendo en la cándida mejilla el ho- cio real, y Luis XVI no tuvo más remedio que salir
En las grandes catástrofes de la historia, donde yuelo encantador característico de la niñez. El pelo, al balcón, en compañía de su mujer y de sus hijos.
sucumben millares de víctimas sacrificadas al furor de ceniciento y ondeado, que era orgullo de la reina, cae Sin duda la linda cabeza del delfín contribuyó á
las pasiones ó á la fatalidad de los acontecimientos, en gracioso desorden sobre la garganta de cisne - la arrancar á las turbas victoriosos vivas y aclamaciones
la enorme suma de dolor que representa la hecatom- garganta de María Antonieta, larga y torneada, perfec- - que bien pronto habían de trocarse en gritos de
be casi embota nuestra sensibilidad; porque somos ta y altiva. - En la barbilla se abre otro hoyuelo gentil. muerte. - Desde la toma de la Bastilla iníciase la
La tez se adivina blanca, fresca, del emigración: los que presienten y adivinan, se apresumatiz del raso nacarado que era en- ran á ponerse en salvo; pero los reyes son los únicos
tonces tan de moda. La estatura de que no pueden apelar á ese recurso, y débiles, impoLuis Carlos fué siempre alta á pro- tentes, desorientados, llenos de confusión y de zozoporción de la edad; el cuerpo, dere- bra, permanecen en su lugar, arrostrando el riesgo.
El 17 de julio ruge otra vez la tormenta; el rey sale
cho y gallardo; el andar, noble y señoril; la expresión, bondadosa; la con dirección á París y deja á su familia temblando
acogida, digna y afable; el carácter, en Versalles; el delfín no cesa de ir y venir á las venvivo, generoso y resuelto, con gran tanas, y corriendo hacia su madre, la dice palabras
dosis de pundonor; el entendimien- que había de repetir en la fecha fatal del 10 de agosto, claro; yen suma, las prendas físi- to: «Mamá, ya va á volver papá. No tengas miedo:
cas y la condición moral cual con- papá es muy bueno y nadie le hará daño.» El anunviene á un reyecito, esperanza de cio del niño se cumplió: el rey volvió sano y salvo, y
su pueblo y honor de su raza... ¡Ra- hasta vitoreado aquel día.
za infeliz!
Por primera vez, el 5 de octubre, cayó sobre VerCuando la muerte de su hermano salles el pueblo de París. Los desastres de la mala
elevó á Luis Carlos á tan alto pues- administración, el precario estado de la hacienda ptíto, el horizonte de la monarquía iba blica, el hambre y la carestía de las subsistencias forobscureciéndose cada vez más, y maron y precipitaron á aquella horda - la verdadera
María Antonieta, vuelta en sí, cura- horda de la Revolución, guiada por mujeres furioda de las ligerezas y aturdimientos sas, exaltada por canciones cínicas y sanguinarias, esdel período juvenil, ya no era la ale- poleada por la embriaguez, armada con hachas, cugre y burlona delfina ni la brillante chillos y la terrible pica, cuyo natural remate era la
reina amiga de bailes, mascaradas y cabeza cortada. - Por primera vez también el delfín
óperas, sino la mujer á quien amaga es despertado á las altas horas, sacado del lecho, vesel infortunio y que toma por lo serio tido aprisa y llevado fuera de su aposento para resla vida, y la madre inquieta que tiem- guardarle del peligro. ¡En cuántas ocasiones había de
bla ante las sombras de lo porvenir. volver á interrumpir el santo sueño de la criatura el
No es extraño que se convirtiese en mismo terror, y cuántas había de ver á su cabecera
institutriz del adorado hijo. Esta in- las caras pálidas, los ojos preñados de lágrimas, los
novación casi revolucionaria, á lo dedos puestos sobre la boca ordenando silencio!
Juan J acobo, de un delfín educado «Tengo hambre,» decía el niño. «Hay que esperar
por la reina, cimentó el cariño apa- á que pase el tumulto, hijo mío,» contestaba la reina,
sionado entre la madre y el hijo - secándose los ojos con un pañuelo. Los amotinados
cariño providencialmente dispuesto piden que se asome al balcón la reina, la cual se asocomo para refinar el suplicio de la ma con sus hijos de la mano. «¡Fuera niños!,» gritan
madre en el Temple. - Todas las los furiosos, temiendo ablandarse, como el 14 de jumañanas madrugaba el delfín, y ba- lio, ante la cándida beldad de Luis Carlos y su herjando á los jardines de Versalles co- mana. La reina, que nada tenía de cobarde, salió
gía un precioso ramo y corría á de- sola, arrogante, impávida; y el pueblo, dominado
jarlo sobre el tocador de la reina, nuevamente, aplaudió.
para que ésta lo encontrase al desLa oleada del motín arrastraba hacia París á la fapertar. Luego le ocurrió al niño que milia real, y la muchedumbre armada escoltaba las calas flores le gustarían á su madre mu- rrozas. Al rer aquellas siniestras cataduras, al oir aquecho más si él mismo las cultivase; y llas voces vinosas, aquellas horribles blasfemias, aquecon esta idea se dedicó á cavar y llas cabezas cortadas que adornan las picas, el de1fín,
(Facsímile de un grabado hecho por los hermanos Klauber en Augsburgo)
regar, ejercicio que desarrolló sus sentado en las rodillas de su madre, alza la frente y
fuerzas y &lt;lió á sus mejillas el car- pregunta atónito: «¿Es este el pueblo, mamá? ¿No dimín de la salud.
cen que yo debo quererle muchor» Sin que el niño obtan finitos, tan limitados, tan pequeños, que lo vasto
Su gracia, su tacto cortesano, asombroso en tan tuviese la exp.licación que deseaba (¡qué de enigmas
nos abruma y lo genérico nos es punto menos que pequeña criatura; su esindiferente. Para sentir preciso es que reconcentre- pontaneidad, su rectimos el interés, y para sentir profunda y trágicamente tud natural, su ingenuo
la revolución del pasado siglo, que consagremos ese hechizo, prendaban á
interés al más débil, al más inocente, al más puro los que le veían de
de los mártires; al que, cordero sin mancilla, sufrió cerca; mas las monepasión y muerte por los pecados de todos, y expió rías de los niños reales,
los crímenes y los yerros de su raza con torturas que celebradas si corren
recuerdan las de los hijuelos de Ugolino en la maldita vientos prósperos, patorre. Madres que leáis la historia de Luis XVII de san inadvertidas cuanFr:incia y no lloréis..., ¿lloráis por algo en este mundo? do graves cuidados hieAntes de referiros cómo padeció el que no fué lla- ren el alma y nubes nemado rey sino en los obscuros bosques de la Vendea gras encapotan el cielo.
ó en las esquivas gándaras bretonas, evocaré rápida- Algunas frases ingeniomente los primeros y dulces tiempos de su corta vida, sas y algunos rasgos boque duró diez años, dos meses y doce días, empe- nitos del delfín ha conzando el domingo de Pascua, 27 de marzo de 1785, servado, no obstante, la
y acabando el 25 de Prairial, año tercero de la Re- crónica de tan aciagos
pública, ósea el 10 de junio de 1795.
días. U na vez que el
La popularidad que disfrutaba Luis XVI en los niño cogió á un pajecicomienzos de su reinado, hizo que fuese acogido con llo una flauta, y para haextremos de alegría loca, no sólo el nacimiento de su cerle rabiar la escondió
primogénito, el delfín Luis José Javier Francisco, sino entre los mirtos del jarel del segundogénito, Luis Carlos, que al venir al dín, por no castigar á
mundo recibió el título de duque de Normandía, pro- Luis Carlos castigaron
vincia monárquica hasta la abnegación, según demos- á su perrillo favorito,
tró después. Tuvo el delfín Luis José la gran suerte Mozifjlet. Sublevóse la
de morirse á los ocho años de edad, y el terrible peso ingénita lealtad del delde la sucesión al ya combatido trono recayó sobre el fín, y solicitó pasar al
hermanito menor, que al ser reconocido delfín con- cuarto obscuro á ocupar
taba cuatro años, y llamaba la atención y cautivaba el sitio del perro. Adelos corazones por el resplandor de su quenfüica be- más, llamó al paje, y pilleza.
diéndole excusas, le deEl retrato que contemplo, dibujado y grabado por volvió la flauta.
La revolución sacó
Regnault según una miniatura de Dumont, representa un niño de inYerosfmil hermosura. Su faz, del por primera vez al niño
Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, -De un grabado en cobre de Duplessis-Bertau,c
RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO

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�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

599

se que en el nervioso, impresionable y exquisito organismo d&lt;!l delfín existía algo que puede llamarse
previsión del tremendo destino que se le preparaba.
Su alegría y viveza se apagaban por momentos al soplo de auras fúnebres, de estremecimientos inde~nibles. Un día, como cogiese
para distraerse un tomo de
El amigo de los mitos, de Berquín, y le abriese á bulto, saltó del sofá, con lo~ ojos preñados de llanto, y entregando el libro á su preceptqr el
abate de Avaux, exclamó consternado: «¡Válgame Dios! Mira por dónde he abierto: ¡por
la historia de El prisionerito!
También se sabe que, hallándose en su jardín el niño
y habiendo solicitado desde
fuera una mujer que pidiese
al rey para ella ciertas mercedes, la solicitante añadió:
«Monseñor, si consigo esta
gracia, me creeré tan feliz como una reina.)) El delfín, levantándose y mirando á la
mujer, contestó en tono r~flexivo: «¡Feliz como una re1•
na! Yo conozco una que no
hace más que llorar en todo
el día. »
Y era verdad. Las demasías
provocadas por la fiesta de la
federación; la imposición del
capellán juramentado á familia tan católica como la de
Luis XVI; los reiterados ultrajes; el tumulto siempre ru·
giendo á las puertas de palacio· la vigilancia injuriosa; los
vergonzosos pactos con Mirabeau; las cuelgas de aristócratas en los faroles; las quemas de castillos; los mil sucesos que se precipitaban, parecían colmar la medida de la
aflicción y humillación d~l
trono - aun cuando lo vemdero se encargó de demosLa familia real regresando á París (Copia de un dibujo ele la época)
trar que aquello era tortas y
pan pintado, y que con las
amarguras de tales días puInstaláronse los reyes en las Tullerías, palacio des- les que eran despojo de la Bastilla. Al entregar al dieran fabricar regocijos los cautivos dd Temple.. habitado y desmantelado desde hacía mucho tiempo. niño el siniestro juguete, le recitaron la siguiente es- En suma la situación bastaba y sobraba para Just1fi'
.
«¡Qué feo es esto, mamá!,» exclamó al pisarlo el del- trofa:
car el complot
de hufda al extranJero,
que secretafín. «Hijo mío, respondió su madre, Luis XIV vivió
mente empezó á tramarse hacia mayo de 1791. Ya ve&lt;Lo que de la nación terror ha sido
aquí y no se quejaba: no hemos de ser más exigentes
remos en los sucesivos artículos lo que fué del delmira en lindo juguete convertido.
que él.»
fín en los azarosos días del fracaso de Varennes.
Cuando juegues con él, en la memoria
Un rayo de bonanza lució para la monarquía cuanten del pueblo el amor y la victoria, l)
do la Asamblea Nacional, habiendo venido á felicifü11LIA PARDO BAZÁN
tar al rey, quiso saludar al heredero del trono y le
Cuentan que el regalo no agradó al delfín, que lo
aclamó enternecida. Las esperanzas y los odios em- guardó en un armario y no quiso verlo jamás. En
NOTA. - El anterior artículo es el primero de una
pezaban a condensarse alrededor de la criatura: mu- cuanto al regimiento del Real .Delfln, representante serie que para LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA ha escrit?
chos que desaprobaban á Luis XVI sin condenar al de la opinión monárquico-liberal, poco tardaron los la ilustre escritora señora Pardo Bazán y que publitrono, indicaban la posibilidad de una abdicación; y radicales en ridiculizarle y procurar que se disolviese. caremos sin interrupción en los números sucesivos,
el rey, para aquietar los ánimos, anunciaba en plena Apod_áro_nlo Rea~ Bombón, y los padres, miedosos, ilustrándolos con preciosos grabados de la época.
Asamblea, en febrero de 1790, que educaba á su hi- supnm1eron aquella
jo constitucionalmente, para el nuevo orden de cosas. guardia nacional de chi«Ved á mi hijo, decía el mismo día la reina á la co- quillos.
misión de la Asamblea: quiero enseñarle desde un
Al cultivar su jardinprincipio á respetar las libertades públicas.»
cito, sucedíale al delfín
Mientras se buscaba en su debilidad antemural que, por la empalizada
contra la Revoluc~ón, el niño, privado.de los inmen- que lo separaba de la
sos parques de Versalles, salía los jueves á jugar al parte no reservada de
huerto de la marquesa de Lede, y recobraba sus afi- las Tullerías, le hablaciones á la floricultura en el diminuto jardín que den- sen muchas personas, le
tro de las Tullerías le otorgaban. Allí criaba conejos, pidiesen limosna infiniregaba y plantaba rosales. ¡Melancólicos destinos los tos pobres, y flores mil
de este jardín, situado á la extremidad de la terraza, bellas paseantes. Las floá orillas del agua! Así como Luis XVI se lo dió al res las ofrecía con risa
delfín para su recreo, Napoleón lo destinó al del rey halagüeña y la cortesade Roma, Carlos X al del duque de Burdeos, Luis nía del más cumplido gaFelipe al del conde de París!
lán; las limosnas, con el
Otra gran distracción del niño fué la creación del calor de un corazoncito
regimiento de muchachos, que tomó el nombre de que ya rebosa compaReal Delfín. Es de advertir que Luis Carlos adoraba, sión y regia munificencomo la mayor parte de los chicos, el aparato militar. cia. Los niños pobres,
Cuando el regimiento de Flandes pasó por Versalles, enfermos y descalzos, coLas mujeres de París encaminándose á Versalles el 5 de octubre ele 1789
el delfín se empeñó en saludarle. «Pero ¿qué les vas mo por misterioso pre(Copia de un grabado de la época)
á_decir_tú á esos señores?,» preguntaba la reina. «Ya sentimiento le atraían.
d1scu~nré. )) Entró la oficialidad, y el delfín dijo á los Cierto día el rey vió á su
de pnmera fila: «¡Cuánto me alegro de estar entre us- hijo contando los escudos que guard~ba en un cofre.
No dudamos de que nuestros suscriptores han de
tedes! La lástima es que como soy tan chico no les «¿Esas tenemos, Carlos?,» murmuró risueño el padre. ver con gusto esta publicación, en la que el interés
Yeo á todos.» De pronto, reparando en un oficial «¿Ya cuentas la hucha como los avaros?» «Papá, res- especial de los hechos adquiere tloble atractivo cuanmuy alto: «Cójame usted en brazos, le suplicó, y pondió la criatura, es para los niños expósitos. Me dan do los relata la insigne publicista á la que tantas joyas
así veré á todos estos señores.» Calcúlese su alegría mucha pena. ¡Si vieras qué desgraciados son!» Diría- debe nuestra literatura. - N. de la R.

semejantes habían de preocuparle después!), llegó la
comitiva á las puertas de París, y las mujeres que la
seguían gritaban á las que salían á los balcones: «Se
acabó el hambre. Nos traemos al panadero, á lapanadera y al mocito de la tahona.»

cuando se hubo encontrado al frente de un regimiento que ostentaba engreído el nombre de Real
.Delfln. Fueron los oficiales de este regimiento quienes presentaron á Luis Carlos un regalo de trágica
memoria: el dominó hecho por Palloy con mármo-

NúMERO

NúMERO

LA

599

399

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ro.º Satisfacción general y cada mochuelo á su olivo.
Nota. - Se prohiben las pedradas públicas y los navajazos particulares.

EL POZO DE LA VERDAD
( Conclusi,J11)

Y al Sr. Dulcamara hay que hacerle
justicia. No se anduvo por las ramas, sino
que á este quiero y á este también, hizo
cada regalo que cantaba el credo. Sortijas, pendientes, collares y guardapelos para las mozas, relojes, alfileres, cadenas y
botones para los mozos, y gemelos para
el alcalde, y cálices y patenas para el cura,
y espátulas para el boticario, y unas disci •
plínas nuevas para el maestro de escuela.
Vamos, que aquel gran señor era un arca
sin fondo, y!~ chica iba á ser de seguro la
mujer más dichosa de la tierra.
Conquistadas así todas las voluntades,
inútil es decir que se tomó á pechos por
el pueblo entero la boda de la hija del tío
Vencejo, y éste, ostigado por unos y por
otros, prometió que el día del casamiento
habría tortas y pan pintado para todos los
pobres, y agua de limón y cebada para la
clase media, y corderos y cabritos para
concejales y caciques.
Y llegó el día... terrible para Bias y magnífico para convidados y convidadores.
¡Qué gresca! ¡Qué alboroto! Para que se
vea sí se había hecho la cosa en grande,
conviene examinar la lista de festejos.

¡El hombre propone y Dios dispone!
¿Quién había de creer que el programa no
llegaría á cumplirse? Cuando se acabó el
jaleo de las cucañas, que era el número
3.0 , y todo el mundo se dirigió á la iglesia
para presenciar la ceremonia del casamiento y la misa, sonó un trompetazo fenomenal que hizo poner los pelos de punta hasta á los calvos, y aparecieron en la plaza,
frente á la parroquia, el mozo Blas con su
traje humilde de costumbre y una señora
caprichosamente vestida con una vara de
acebuche en una mano y un espejito en la
otra.
- ¡Alto todo el mundo!, dijo el alcalde.
¿Qué barbaridad es esa, y qué quiere decir ese trompetazo?
- Eso quiere decir, exclamó en voz alta la mujer d~I espejo, que aquí 'todo es
farsa y mentira, y que yo no paso por
ello, y que aquí va á haber hoy una depópulo bárbaro.
- Si lo del bárbaro lo dice usted por
mí, á la cárcel en seguida y poca conversa. ción. Y eso, lo de farsa, explíquese usted
si quiere que nos entendamos.
- A eso voy. Toca, muchacho, y óiganPROGRAMA de las fiestas que se han de celeme todos.
brar el día ... del tal... tal, etc., en el
Bias obedeció á la señora, y aplicando á
gran pueblo de tal... por cual... con 1110su boca la trompeta que llevaba en la mativo de la boda de Anita, la hifa del tío
no, atizó otro trompetazo que debió oírse
Vcllcefo, con el gran Sr. .Dulcamara, indos leguas en contorno y que aturdió otra
ventor sublime, taumaturgo eximio, quívez á los presentes. ¡Vaya una trompeta y
111ico conspicuo y astrólogo ecuestre ...
unos pulmones!
- ¡Nos va á dejar sordos si toca otra
r. 0 Guitarras, bandurrias y castañetas
vez!, dijeron todos tapándose los oídos.
público.
'
- ¡Boca abajo todo el mundo!, prosi2. 0
Baile general en la plaza.
guió la Verdad. Todos los regalos de ese
Pll.KCIOSO HALLAZGO, cuadro de \V, Claudius
3.º Cucañas con chorizos, jamón, meseñor Dulcamara son falsos y no valen
dios duros y otros embutidos.
un comino; todos sus títulos son men4.º Misa solemne de un cura solo, con sermón,
7.° Comida, merendona y borrachera universal. tira... ; todas sus drogas, agua de la fuente y polcampanas, organillo y bendición papal.
8. 0 Una vaca enmaromada para los aficionados á vos de Segovia ... ; todo su dinero, perros est~ñados!
5. 0 Ochavos y cacahuets para la infancia.
cuernos.
El tío Vencejo no es un ricacho decente, smo un
6. 0 Procesión del bendito San Zoilo, con alelu·
9. 0 Retirada de los novios para ventilar sus usurero indecoroso; el maestro de escuela no sabe
yas y panecillos del Santo, de color de rosa.
asuntos.
escribir con ortografía, el alcalde es un bruto que

D&amp;SE~IBARCO DE LOS INFANTES D.• EULALIA y D. ANTONIO EN SAN J UAN DE PUERTO Rico
(De otografía de Feliciano Alonso, remitida por D. Marcelino García)

�CEREMONIA DE LA INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO, VERIFICADA EL DiA

1.0

DE MAYO. ASPECTO DE LA PLAZA DE LA EXPOSICIÓN, nrnu;o

DE

E.

LrnMER

�•

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

402
sólo sabe volcar el puchero en las elecciones, el cura
no sabe latín, el boticario da polvos de almidón en
vez de magnesia y vende quinina fabricada con polvos
de espárragos: aquí todos son unos farsantes, embusteros, y van á verlo en seguida.
.
En efecto, dirigió el espejito hacia la concurrencia,
y todo el mundo apareció á los ojos de los demás tal
como era y no como parecía. ¡Qué espectáculo! Hombres y mujeres, todos ... comenzaron á gritar ~iciendo: «¡Yo soy un hipócrita!» «¡Yo soy un bnbón!»
«¡Yo engaño á mi mujer!» «¡Yo desobedezco á mi
padre!» «¡Yo se la pego á mi marido!» «¡Yo no tengo un cuarto!» «¡Yo soy un ladrón!» etc., etc., y cuanto más gritaban más se separaban unos de otros.
E l gran Dulcamara no sabía dónde esconderse, y
Anita diciendo: «Soy una mema,» y Bias exclamando: «Soy un asno, » se abrazaron y echa_ron á corr~r
de1 prado, escapando por aquellos tngos. ¡PareJa
feliz!
Mientras el alboroto seguía en aumentq, los maridos engañados arrancaban del moño a sus cónyuges
extraviadas; los electores aporreaban al alcalde; unos
gritaban: «¡ Al ladron!,» otros «¡Al asesino!,» y todo
era destrucción, ruina y estrago, mientras la Verdad,
con el espejo en la mano, lanzaba rayos de aquel
cristal sobre todos los habitantes del pueblo.
Rendidos, aporreados y con un palmo de lengua
fuera de la boca, se miraron unos a otros, y lo cierto
es que no parecían seres humanos, sino fieras escapadas de los bosques. ¡Qué de sangre, de arañazos, de
cardenales, de torniscones, de repelones y de calvicies prematuras! ¿Y todo por qué? Y sobre todo ¿por
quién? Por una mujerzuela de tres al cuarto, por
aquel tipo estrambótico y extranjero, sola, sin defensa, sin guardia civil, ni carabineros, ni fuerza pública
de ningún género...
- ¡A ella! ¡A ella!, gritaron todos. ¡Fuera la bruja! ¡Fuera la tonta! ¡Aquí todo era paz y bienandanza
y tranquilidad! ¡Acabar con ella!
Y dicho y hecho: ella se .defendía con el espejito;
pero una pedrada del boticario hizo saltar el cristal
en mil pedazos, y allí fué ella... Entre todos le arrancaron el mueblecillo, le hicieron añicos el vestido, la
insultaron, la arrastraron hacia el pozo y la tiraron á
él de cabeza. Sobre su cuerpo hecho añicos tiraron
cuantas piedras, ladrillos y peñascos encontraron á
mano, hasta que éstos llegaron al brocal; y para que
jamás volviera á salir de aquella tumba la pobre mujer, siguieron amontonando peñascos y construyeron
una torre mas grande que la de Babel.
Desde entonces no ha vuelto á reaparecer la Ver·
dad sobre la tierra, y Dulcamara se pasea triunfante
en su carricoche por todos los países del planeta.
LUIS

M.

DE LARRA

B ellas Artes. - La Asociación Art!stica Suiza ha comenzado el viaje circular de su exposición de Bellas Artes por las
ciudades de Basilea, Winterthur, Schaffhausen, Zurich, Glaris,
Constanza, Berna y Saint Gall, en donde terminará el d!a 26
de octubre. Consta sólo de 212 obras, aunque este número es
probable que aumente en Zurich. De los expositores, la mitad
son suizos y el resto alemanes, italianos, franceses y españoles.
Entre los cuadros al óleo sobresalen los de los suizos Rossis,
Menta, Steffans, Muheim, Sandreuter, Rudisuhli, Meyer, Vollmy, Schenker, Balmer y Delfs y los de las señoritas Amaos y
Erlach; entre las acuarelas llama en primer término la atención
el Callt() de corQ, de José Benlliure.
- Los arquitectos muniquenses Seild, IIanberiaser y Romeis
están trabajando actualmente en los proyectos de reconstrucción
del Museo Nacional. _
- En el Salón Neumann, de Munich, se ha verificado una
exposición de importantes cuadros de Achenbach, Wenglein,
Lehnbach, Kaulbach, Díez y otro~: llaman en primer término
la atención un paisaje bávaro de Leibl wn la figura del pintor
en traje de caza; una Travíata, de Gabriel Max; un precioso interior, de Uhde, y un hermoso asunto de la vida popular vene·
ciana, del malogrado Favretto. También figuran en ella cuadros
de IIerkomer, Corot, Webbs y otros pintores extranjeros.
- Federico Roeber, el célebre pintor de historia de Dusseldorf, ha terminado un ciclo de once cuadros, tres de ellos de
grandes dimensiones, que representan la desaparición de los
dioses del Norte y la aparición del Cristianismo en la tierra. Este ciclo es una de las obras más notables que el arte haya realizado en nuestros tiempo&amp;, y en su ejecución ha rayado á gran
altura :;u ilustre autor, quien ha consagrado largos años de trabajo á esta obra que ha ejecutado por encargo de un acaudalado _µersonaje, entusiasta por el arte y decidido protector de Jo:;
artistas.
En la propia ciudad de Dusseldorf ha terminado el profesor
Pedro J anssen el gran cuadro correspondiente á la fundación
que un habitante de aquella ciudad, Carlos Weiler, ardiente
patriota y entusiasta aficionado á las bellas artes, instituyó con
destino á la Galería Municipal cuando en 1888 se celebró el
sexto centenario de la concesión del derecho de ciudad á Du~seldorf. El cuadro representa la batalla de Worringen, librad.i.
en 5 de junio de 1288, después de la cual el conde Adolfo de
Berg otorgó aquella concesión agradecido á los servicios que

Jo~ de Dusseldorf le prestaron en aquel combate; la pintura del
célebre artista es una obra maestra y dicho cuadro será probablemente expuesto en BerHn y en Munich.
.
- En celebración de las bodas de plata de los reyes ele !taha
el Consejo municipal de Venecia ha instituido una fu~dación de
100.0CX&gt; liras (pesetas) cuyos intereses de dos años, importan·
tes 10 OCX&gt;, se destinarán al mejor cuadro presentad? en las ex·
posiciones que se celebrarán cada dos años. La _Caia d~ Ahorros de la propia ciudad ha instituído para el mismo obieto un
segundo premio de 5.0CX&gt; liras.
..
. .
- La Reina Regente ha adqumdo en la Expos1c1ón d~l
Círculo de Bellas Artes últimamente celebrada en Madnd
los siguientes cuadros: Estudi/) de naranjQs, . de Sorolla; Un
cQ111pás de espera, de Parada y Sant!n; una manna, de _la Torr;;
un paisaje, de U rgell, y Cesta de viQ/etas, de la señonta Mana
Rodríguez Ribera.
.
.
Barcelona. - Salón Parés. - Un retrato, un cuadnto que rn·
teresa -é impresiona vivamente; un cieg? anciano y desvali_do
acompañado por una niña de rostro angehcal, y algunos estudios
de paisaje obras del joven pintor J unyent, ocupan buena parte
del testerd preferente, demostrando con ellas cualidades sólidas
de estudio y un progreso evidente.
De Agrasot son un~ esc_ena val1;~ciana, c~adro de costumbres, ejecutado con mmuc1osa hab1hdad, al igual de otro con
personajes del siglo xvu.
.
Un paisaje, de Morera, no recuerda por cierto á otros cuadros del aventajado disc!pulo de Maes, as! como unos bebedores, de J uncosa, recuerdan demasiado á los de Graner, y no por
cierto por la pincelada sólida y jugosa de éste.
.
De Ribas hay una calle ele un pueblo de Mallorca, cuadnto
agradable, luminoso y finamente ejecutado, y Llombart expone
la figura de un peregrino, curioso tipo que no ha ,_mucho rec~rría las calles de nuestra ciudad con gran regoc1JO de los ch1·
quillos traviesos y alborotadores, estudio hecho con sobriedad
y firmeza, aunque de luz un tanto apagada.
, .
Un pergamino policromado, de Flos y Calca!, habilmente
ejecutado, completaban el número de las obras nuevas de la
últim~ semana.
Salón de «úi Vanguardia. 'ti - U na gran parte del catálogo
ilustrado de la notabilísima colección Spitzer, últimamente vendida en Parls, algunos de cuyos ejemplares hanse disputado
con empeño los principales Museos del mundo, llenaban las
paredes de este local, y el público pudo contemplar, colocadas
en grandes tableros, las hojas de pruebas fotot!picas reproducien·
do muchas de las verdaderas riquezas que atesoró en todas las
manifestaciones de las artes industriales y decorativas el afamano coleccionador vienés.
Expusición de i1ld11111e11taria retrospectiva. - Importante por
muchos conceptos, rica é interesante hasta para el público profano en achaques de arqueologla y de sutilezas art!sticas, es esta exposición organizada por la Asociación Arqueológica de
nuestra ciudad, que se organizó el domingo I I del actual y de
la que se ocupará LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA con la extensión que se merece.
T eatros. - En el teatro de la Corte, de Karlsruhe, se ha estrenado con aplauso una ópera del maestro de capilla de aque·
Jla corte Félix l\fottl, titulada Príucipe y cantQr, que está escrita en el estilo wagneriano y revela gran talento en su autor.
- En el teatro de la Corte, de Viena, se ha estrenac!o la última ópera de Verdi, Falstafj, cantada por los mismos que la estrenaron en la Scala de Milán: á ¡Jesar de que el precio de las
localidades era triple del ordinario para las dos representaciones extraordinarias que de la ópera se dieron, el teatro estuvo
lleno, habiendo concurrido varios individuos de la familia imperial. El éxito ha sido inmenso, sobre todo en el segundo acto
y en el segundo cuadro del tercero: todos los artistas fueron muy
aplaudidos, especialmente Maure!, que hubo de repetir (cosa
casi nunca vista en aquel teatro) el aria Qua11d'ero paggi().
- La ópera Cornil/ Sclmt, libreto de Illica y música de Sma·
reglia, estrenada en el teatro Nacional Bohemio, de Praga, ha
tenido un éxito extraordinario: la música es digna de un gran
maestro y se distingue por su expresión, por su unidad y por su
brillante instrumentación.
- En el teatro Balbo, de Turin, se ha estrenado con buen
éxito la ópera en un acto del maestro español Sr. Llanos, Cris-

599

E l artista en fermo, cuadro de E . R avel .• Largo
tiempo habla trabajado en el cuadro que constituye el centro
de sus amores y de sus esperanzas de artista, cuando la enfermedad le obligó á dejar los pinceles: harto se ve que si su mano descansa su pensamiento trabaja sin cesar, representándole
en imagen clara lo que debia ser su pintura una vez acabada y
aun haciendo resonar en sus o!dos los aplausos que su contem·
plación habla de arrancará los inteligentes. ¡Cuántas ilusiones á
punto de desvanecerse! Y sin embargo, el artista enfermo aún
confía, aún sueña con recobrar la salud para terminar su obra;
el esposo, el padre, todav!a espera que los dos pedazos de su
alma que en su desgracia le acompañan no han de quedar desamparados cuando más sonriente se les ofrecía la existencia. Estas son las impresiones que el hermoso cuadro de Ravel nos
produce, y si tal efecto causa en nosotros ese lienzo, inútil es
encarecer la valía que en nuestro concepto tiene.

*
* *
D espu és del baile, c u adro de R omán Ribera
(Salón Parés). -Al ocuparnos con algún detenimiento de las
obras que constituyen la décima Exposición Parés, celebrada
en diciembre del año último, hicimos observar, no sólo la valia
é importancia de los dos cuadros presentados por Román Ribera, sino también el empeño ren.lizado por este distinguido ar·
lista, que quiso demostrar su dominio de la paleta, su pericia
en el empleo del color.
El cuadro que reproducimos es una preciosa producción ajustada psiquica y plásticamente á los modernos conceptos, á las
nuevas corrientes; pero á pesar de ello, no puede confundirse,
tiene el carácter, nótase el sello de la personalidad artistica del
elegante y distinguido autor de CQup d' a!if, de la Salida de
bJi/e y de L' art dans fe marasme.

*
••
Hun os car gan do contra el enemigo, c u adro
de U lpian o C heca. - Muy joven todavía obtuvo el señor
Checa una medalla de primera clase en la Exposición de Bellas
Artes celebrada en Madrid en 1887 por su h~rmoso cuadro La
invasión de /Qs bárbaros, ~ue entonces reprodujimos. Cuantas esperanzas hiciera concebir en aquella ocasión nuestro distinguido
compatriota han sido superadas por los brillantes triunfos ob·
tenidos en su gloriosa carrera, y uno de los cuales le ha valido
el lienzo que hoy reproducimos, en el que la grandiosidad de
la composición corresponde á la magnitud del hecho representado, y las innumerables figuras que en ella entran formando inmenso grupo cuyos últimos términos se pierden á Jo lejos
en be!Hsima perspectiva, son por sus actitudes, por la ferocidad de sus semblantes, por el salvajismo de su.impetuosa carrera, retratos fieles de aquellos bárbaros que á las órdenes del
azote de .Dios llevaron la desolación y la ruina á los dos imperios
romanos.

*
* *

P recioso hallazgo, cuadro de W . Claudius. El amor á la ciencia llega á ser en ciertos hombres una verdadera obsesión, y cuando el estudio ó la casualidad les pone en
posesión de algo desconocido no trocaran el hallazgo por la
gloria ganada por un general en la más reñida y trascendental
batalla. U no de estos seres es indudablemente el del cuadro
que reproducimos, botánico entusiasta y empedernido á juzgar
por las trazas, que acaba de dar con un ejemplar raro, precioso.
¡Singular contraste! De fijo que aquella florecilla que con tanto
cariño examina ha sido mil veces despreciada por la niña que
tóbal C/)lón.
curiosa Je contempla y pisoteada por los patos al cuidado de ella
Barcewna. - En Novedades la compañia que tan admirable- confiados,
mente dirige el Sr. Mario ha estrenado con gran éxito el hermoso drama en tres actos de D. José Echegaray, Mariana.
***
En el L!rico la excelente compañia á cuyo frente están los tan
justamente aplaudidos Sres. Ruiz de Arana y Rosell sigue haD esemb arco d e !.os infan tes D oña E ulalia y
ciendo las delicias del público, habiéndose verificado en él re· D . Antonio en San Juan de Puerto Rico. - Ducientemente el beneficio de la señora Valverde, que obtuvo, rante su viaje á Chicago, adonde llevan la representación oficomo siempre, tantas ovaciones como piezas representó. En el cial de España, los infantes Doña Eulalia y D. Antonio detu ·
Tívoli siguen las representaciones de .Afiss Helyet y se anuncia viéronse algunas horas en la capital de la isla de Puerto Rico.
el próximo estreno de la zarzuela del maestro Serpette úi te- La población estaba espléndidamente engalanada, los edificios
lefanista, arreglada á la escena española por el Sr. Granés.
ostentaban colgaduras y otras decoraciones y en las calles hab!anse levantado magn!ficos arcos de triunfo dedicados á los
Necr ología. - Han fallecido recientemente:
ilustres viajeros por el ejército, los voluntarios, el Casino EsIIiginio Gentile, profesor de H istoria antigua de la U niver· pañol y el comercio. Llegados los infantes al palacio del gosidad de Pavfa, muy conocido por sus estudios sobre historia bernador presenciaron desde a!H el desfile de las tropas y vo·
romana y por su obra sobre la historia del arte griego y del ar- luntarios que cubrlan la carrera, y en seguida se verificó la re·
te romano.
cepci6n oficial, á la que asistió todo lo más selecto de la socieJuan Manuel Florescu,general y hombre de Estado rumano, dad portorriqueña. Después del banquete que en su honor se
ex ministro de la Guerra y ex presidente del Consejo de mi- dió en la Casa Consistorial, trasladáronse doña Eulalia y don
nistros.
Antonio á la magnífica quinta que el gobernador tiene en Río
P. Guttmann, director del Hospital Moabit, de Berlín, di· Piedras, y á su regreso pasaron al Reina Cristi11a, en donde
rector del Anuario para médicQs prácticos.
obsequiaron con un banquete á las autoridades y personas no,
Hermann Marius, profesor de Pedagogía y Didáctica de la tables de la ciudad, y después de presenciar los fuegos é ilumiUniversidad de Leipzig, autor de varias obras importantes, naciones de la bahía á las once y media, prosiguieron su viaje á
entre ellas E stttdiQs de fa 11at11raleza: bosquejQs de BQtdnica y la Habana. La fotografía que reproducimos y que representa el
z(){)/()g/a.
acto de desembarcar los infantes en San Juan de Puerto Rico
Antonio Ritter Schmerling, ilustre hombre de Estado aus- nos ha siclo remitida por nuestro corresponsal D. Marcelino
triaco, autor de la Constitución de febrero de 1861, ex minis- García, á quien damos desde aqul las gracias por su envio.
tro y presidente del ministerio imperial, ex presidente del Tribunal Supremo, miembro vitalicio de la Cámara de los Señores
*
**
y durante algt'm tiempo presiclente de la misma.
Carlos Voillemot, pintor de género francés.
¿Cuál es l a más bonita?, copia de una fotografia de
Carlos Pritchard, presidente de la Real Sociedad Astronó- Otún Scharf. - Cuando el aparato fotográfico está en manos de
mica de Inglaterra, profesor de Astronomia en la Universidad quien siente el arte, sus producciones pueden revestir carácter
de Oxford y uno de los primeros matemáticos contemporáneos. artístico, y de ello son buena prueba las de que nos ocupamos
D. Juan Vilanova y Piera, eminente ge61ogo y naturalista, al hablar de la exposición recientemente celebrada en el Atec:1.tedrático de Paleontolog!a en la Universidad de Madrid, in- neo Barcelonés, las muchas que todos los dlas figuran en los
dividuo de varias Academias cient!ficas nacionales y extran· escaparates de nuestros fotógrafos y las que continuamente vejeras.
mos procedentes del extranjero. La reproducción que hoy ofreIlmo. Sr. D. Manuel Gómez Salazar, arzobispo de Burgos, cemos á nuestros lectores, cualquiera la tomara por copia de
teólogo eminente que dejó bien sentada su fama de tal en el hermoso cuadro de eximio autor: tanto es el sentimiento artísConcilio Vaticano.
tico que respira.

- ¿Qui~res que l.i enviemos?

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT.-ILUSTRACIONES DE EMILIO IL\YARD

(CONTINUACIÓN)

Un día, convencido de que el capitán Sixto era hijo suyo, ha~ía otorgado su
testamento para depositarlo en la notaría de Revenacq; en el ámmo de Gastón
exi~tía entonces completa cer_tidumbre, y por consiguiente su ?~ber ~ra pon~r en
olvido al hermano para acordarse solamente del hijo; la ley c1V1l qmere _Y d1spon~ que el hijo ilegítimo solamente sea hijo a medias, y en esto obedeció el leg1slador a consideraciones puramente sociales; pero _la ley. nat,u:al procede por
razones mucho más humanas; para ésta un hijo, legítimo ó 1le~1t1I?~, es un htJO,
Y un h~rm~no no es más que un hermano; en virtud de est~ prmc1p10, el hermano ~ab1a sido sacrificado al hijo, y esto era perfectamente _Justo. Pero andando
el tte~npo, un mes antes de morir, aquella fe en su patermdad, quebrantada en
el á111mo de Gastón por causas que permanecían aún o,cultas, aca_bó por d~svanccerse del todo, y entonces el hijo, que ya no era mas que un Joven hacia el

cual Gastón se sentía atraído sin razón alguna, había tenido que ceder el sitio
de preferencia al hermano, y el testamento fué entonces retirado de la notaría de
Revenacq.
Indudablemente todo esto no pasaba de la categoría de una suposición, pero
le daba mucha fuerza la circunstancia de haber sido hallado el testamento no
en el cajón que contenía los demas papeles de la familia, no en el que est;ban
las cartas de Leontine Dufourcq y del capitán, sino en otro en el cual solamente había papeles insignificantes.
Si Ga?tón hubiese considerado aquello como el acta de su última voluntad,
¿era pos1b~e que lo hubiese arrinconado de aquel modo? ¿No era lo natural, por
el c_ontrano, que una vez retirado aquel documento de casa de Revenacq Ju
hubiese guardado cuidadosamente en sitio seguro?

�LA

•

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

599

que examinaba la validez de aquel testamento. Si aquel documento en vez de
instituir como heredero al capitán Sixto hubiera declarado c¡ue heredaba Anic
toda la fortuna del tío, ¿cómo lo hubiese juzgado Tiarincq? ¿Creería de igual modo
que evidentemente aquel papel no tenía valor alguno? O bien sin llegar hasta
esto, que parecía un poco excesivo, ¿qué pensaría Revenacq si hubiera sido él
quien hubiese descubierto aquel testamento perdido?; notario de Gastón, consejero suyo y hasta cierto punto su confidente, y por todas estas razones en situación de estimar con más acierto que ninguna otra persona los móviles que le
habían dictado y los que habían obligado después al testador á recogerlo de la
notaría y á relegarlo después al olvido con otros papeles insignificantes, ¿lo declararía nulo? En una palabra: las deducciones obtenidas por una conciencia
imparcial y desapasionada, ¿serían las mismas que las obtenidas por él, á quien
no era posible, aunque con empeño lo procurara, sobreponerse á las consideraciones personales?
El problema era grave, y cuando quedó planteado en su cerebro B1rincq se
sintió profundamente impresionado; perturbóse la tranquilidad de su espíritu, la
serenidad de su conciencia se desvaneció del todo, y lejos de dormir ese sueño
profundo que él esperaba después de una noche pasada en vela, volvió á ser
víctima de las agitaciones y de las perplejidades mismas de la víspera.
Veinte veces, en el curso de aquella noche, decidió Barincq hablar con franqueza y confesárselo todo á Revenacq, aceptando la determinación que el notario considerase justa; pero no bien adoptaba esta resolución que á primera vista
parecía conciliarlo todo, Barincq la abandonaba resueltamente; porque, en último resultado, ¿estaba seguro el padre de Anie de que encontraría en Revenacq,
ni en ningún otro, las condiciones de rectitud, de independencia, de imparcialidad de juicio que por exagerados escrúpulos de conciencia no se reconocía él á
sí mismo en el grado que apetecía? Nada menos que el reposo de todos, su bienVIII
estar, la vida de su mujer, el porvenir de su hija era lo que Barincq iba á poner
en manos de la persona á quien consultase; y ante responsabilidad tan grave y
Solamente cuando despué; de largas meditaciones hubo llegado á esta con- terrible, el padre de Anie tenía el derecho, más aún que el derecho, la obligación
clusión, logró Barincq conciliar un poco el sueño; una hora bastó para calmar la de sentir indecisiones y dudas.
tormenta que tan violentamente había sacudido su espíritu; cuando despertó el
Que decidiese Revenacq con justicia, Barincq no lo .sabía realmente ni con
padre de Anie hallóse con la misma tranquilidad de ánimo, con las mismas fuer- certeza absoluta. Sin duda había muy poderosas razones para considerarlo como
zas y en el estado mismo en que se hallaba todos los días desde su permanencia hombre de honradez y de rectitud; recto y honrado lo había visto siempre Baen Ourteau.
rincq desde que se conocían. Pero al cabo, tanto la honradez como la rectitud
Después de haber dado su paseo matinal por los establos y por la lechería, son condiciones de carácter, no de inteligencia; es posible ser el hombre más
Barincq montó á caballo para ir, como hacía habitualmente, á inspeccionar los ~onrado del mundo, el de mayor ddicadeza para todos los asuntos de la ,·ida, y
trabajos y vigilar á los trab:ijadores; y cuando, en la cumbre de una colina, e l tener, sin embargo, criterio equivocado ó conceptos erróneos. Ahora bien: si Bacurso caprichoso del camino le puso frente á frente de toda la posesión de Our- rincq consultaba con Revenacq este asunto del testamento, apelaba á la inteliteau que, con sus campos, sus prados y sus bosques, se extendía bañada en la gencia del notario, no á su carácter. Era necesario además tener en cuenta que
risueña luz del sol naciente, se encogió de hombros al recordar que, por un mo- las causas determinantes del juicio de Revenacq serían los hábitos de la profemento, había admitido la posibilidad de abandonar todo aquello.
sión, y en esto había un peligro que podía inspirar legítima desconfianza: si Barincq se recusaba como juez á sí mismo por temor de dejarse influir, aun con- ¡Qué locura habría cometido!, y al mismo tiempo ¡qué engaño!
Y sin embargo, Barincq tenía la satisfacción de decirse que si él hubiese tra su voluntad, por las sugestiones del interés propio, ¿no podía y no debía
dado crédito al testamento hubiese realizado aquel abandono por muy terribles temer que Revenacq por su parte cediese á la influencia permanente de su conque las consecuencias de tal acto hubieran sido para él y más todavía para los dición de notario, que le haría ver en ese testamento el hecho material, el acta
suyos; para Anie, cuyo matrimonio, como es natural, fracasaría; y para su mujer, que tenía entre sus manos, más que las intenciones del que la había escrito?
cuyo acento vibrante le parecía oir aún como cuando, pocos días antes, le había
Y sobre esto, á pesar de todas sus divagaciones, Barincq no modificaba su
dicho: «Mientras las cosas vayan bien, también lo iré yo; el día en que el carro juicio; ante todo y sobre todo era necesario tener en cuenta las intenciones de
se tuerza, no podré resistir más sacudidas.))
Gastón, y esas intenciones, cualesquiera que fuesen, habían de tener cumpli¡Cuántas y cuán rudas habrían sido las que acompañasen á su salida del cas- miento.
tillo, que nunca había parecido al padre de Anie más agradable ni más hermoso
Esto era, en realidad, volver al punto de partida y resumir el razonamiento
que en aquellos momentos! Todo aquello que le rodeaba jamás había sido tan que le había llevado á deducir que aquella declaración del 11 de noviembre era
querido ni tan estimado por Barincq como en aquellos momentos en que pen- necesariamente nula; más claro, Barincq se agitaba realmente en el vacío, toda
saba que habría podido verse obligado á dejarlo.
vez que, por escrúpulos de conciencia, rehusaba detenerse en esta conclusión
Barincq había detenido su caballo, y durante mucho tiempo permaneció su- basada en el estudio exacto de los hechos y en la aplicación estricta de las leyes
mergido en una contemplación llena de ternura; después, haciendo un molinete de la lógica.
con el latiguillo que llevaba sujeto á la muñeca con una correa de cuero, conti¿Iba el padre dé Anie á continuar siendo víctima de las angustias que en la
nuó alegremente su camino.
noche anterior le produjeron fiebre, complicada ahora con los escrúpulos que
Nunca se le había visto tan bien dispuesto ni de tan excelente humor como en su ánimo se habían levantado al comprender que podía estar, sin saberlo,
cuando entró en el castillo para almorzar. La señora de Barincq llegaba al mismo influído por su personal interés y por el cariño á la familia?
tiempo muy despacio y con aire dolorido; su esposo la gritó desde lejos en son
Inútilmente se decía Barincq á sí mismo que había buena fe en sus razonade broma:
mientos, entre los cuales sólo admitía los que hallaba perfectamente ajustados
- Vamos, mamá, vamos pronto; tengo mucha hambre. Y sentándose á la mesa á la lógica; en todo caso no podía menos de reconocer y confesar que todos
comenzó á cantar un coro de una zarzuelilla antigua:
ellos estaban fundados, así como la conclusión obtenida, no sobre un hecho,
sino sobre una interpretación de ese hecho; su convicción acerca de que la re«Vamos á la mesa, demos al olvido
tirada del testamento demostraba un cambio en la voluntad de Gastón tenía por
rápidos momentos de amargo pesar;
base una cosa muy verosímil; pero ¡cuánto más fuerte sería esa convicción,
que amor solamente y sólo alegría
cuanto más indestructible, en cualquiera de sus aspectos, si se pudiese descubrir
sitio en el banquete deben ocupar. »
la causa que había producido aquel cambio!
Gastón había querido que el capitán le heredase, porque le creía hijo suyo;
- Que sea muy enhorabuena, dijo la señora de Barincq; prefiero verte así,
después no había querido que le heredase, porque había dudado de esa paternique tal como estabas ayer noche.
dad; esto era lo que simultáneamente decían la verosimilitud, la lógica, la induc- Eso prueba que, á pesar de tu diagnóstico, no era grave mi enfermedad.
- Lo cual no quita para que te haya tenido agitado toda la noche; he oído ción, el razonamiento, todo; ¿pero por qué había dudado Gastón de su paternidesde mi cuarto que te revolvías en la cama tanto y con tanta fuerza, que he es- dad? H e ahí lo que no se sabía y lo que era necesario precisamente averiguar,
tado muchas veces disponiéndome á levantarme para ir á tu lado á ver lo que porque esta averiguación, si era posible realizarla, confirmaría la verosimilitud,
daría fuerza al razonamiento y sería la prueba definitiva y concluyente de los
te sucedía.
cálculos á que Barincq se entregaba hacía cuarenta y ocho horas.
- Estaría haciendo ganas.
En la mañana del día siguiente Barincq abrevió mucho su correría por el
- Corriente; pero no será malo que procures otra vez hacerlas con menor
campo, y á las nueve se apeaba del caballo para entrar en casa de Revenacq; si
ruido.
Todo aquel día conservó Barincq su buen humor y su tranquilidad repitién- alguien estaba en condiciones de guiarle en sus pesquisas, ese era el notario;
pero como Barincq no podía preguntarle con toda franqueza, comenzó charlandose frecuentemente á sí mismo:
- Es evidente que ese testamento no tiene valor alguno; ni lo tiene, ni puede do de diferentes negocios, y solamente en el momento de levantarse para despedirse abordó al objeto verdadero de su visita.
tenerlo.
- Cuando me hablaste del testamento que había otorgado Gastón, que dePero, al cabo, esta misma repetición concluyó obligándole á preguntarse si
cuando un hecho lleva en sí mismo todos los caracteres de la evidencia da con positó en tu notaría y que recogió poco tiempo antes de morir, me dijiste que
esa evidencia misma tanta preocupación: una vez reconociaa y aceptada, todo mi hermano lo habría hecho así, bien para modificar algunas disposiciones de
ha concluído; cuando el sol alumbra, nadie piensa en decirse ni en decir á na- ese testamento, bien para destruirlo.
- En aquellos momentos ambas hipótesis eran admisibles; había razones en
die: «Evidentemente es de día.» ¿No es cosa sabida que la repetición frecuente
de una misma palabra indica, poco más ó menos, el carácter de quien maqui- pro de la una y también las había en pro de la otra; el inventario ha venido á
nalmente la pronuncia y es al mismo tiempo una confesión de sus cuidados y demostrar cuál de ellas era la acertada: la de que Gastón había querido destruir
de sus deseos? Si aquel testamento no tenía realmente valor alguno, ¿por qué el documento.
De aquella retirada había deducido que el testamento no traducía ya fielrepetirse á cada instante que no lo tenía?; repetir no es demostrar.
1
Además era preciso reconocer también que el punto de vista escogido para mente las intenciones de Gastón.
Si
las
hubiese
traducido,
Gastón
no
habría
retirado
de mi casa aquel docujuzgar un acto puede modificar extraordinariamente el valor que á ese acto se
atribuya. No era un extraño, desligado por completo de todo interés personal, el mento.

Aunque algÓ sutil este razonamiento, no carecía de verosimilitud y se fundaba
también en el perfecto conocimiento del carácter de Gastón, que no obraba
nunca ni en nada con ligereza
En realidad podía y hasta debía preguntarse por qué razón si el testador había
recogido aquel documento con el prop.5sito de modificarlo ó destruirlo, se le
encontraba intacto, tal cual había sido redactado en su fo rma primitiva; pero
esta pregunta llevaba en sí misma su contestación tan sencilla como lógica: para
destruir el primer testamento esperaba indudablemente Gastón tener hecho el
segundo, y probablemente, casi con seguridad, en el día mismo en que hubiese
entregado al notario este segundo testamento, expresión de su voluntad, habría
hecho pedazos ó reducido á cenizas el primero.
No lo había hecho así; era verdad que no lo había hecho, toda vez que el
primer testamento existía; pero también era verdad que había querido hacerlo;
cuando de testamentos se trata, á lo que hay que atender preferentemente y en
primer término es á la intención del testador: pues bien; en el caso presente, esa
intención se manifestaba con toda claridad, tanto por el hecho de recoger el
primero de casa del notario, cuanto por la escasa atención concedida desde entonces á aquel papel sin importancia á la sazón.
Cuando heredamos de un pariente muy cercano, á un padre, á una madre, á un
hermano, le sucedemos no solamente en la posesión de su fortuna, sino también
en la realización de sus propósitos y de sus intenciones; en esto principalmente
puede ser considerado corno continuación del testador el heredero.
¿Sería entonces continuar á Gastón, sería realizar sus intenciones considerar
como válido aquel testamento?
Barincq preguntando sinceramente á su conciencia y contestándola de lrnena
fe no lo creía.

NúMERO

599

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Eso parece evidente.
- Mejor dirías si dijeses que es tan claro como la luz dc:1 sol: un testamento
no contiene lectura suficientemente agradable para explicar que el testador
sienta la necesidad de volver á leerlo de cuando en cuando.
- Desde que hicimos el inventario, ¿no te has preguntado alguna vez las causas que podrían haber cambiado los sentimientos de Gastón relativamente al
capitán?
- No por cierto; ¿para qué? Ningú n interés había en meditar acerca de esos
sentimientos, sino mientras ignorábamos todos si el primitivo testamento había
sido destruído y si encontraríamos otro; ahora que no hemos hallado ni el primero ni el segundo, hemos de admitir que aquellos sentimientos se habían modificado.
, - ¿Pero qué es lo que ha podido producir esa modificación tan completa?
- Ya te lo he d icho en otra ocasión; la causa :ínica que veo es la duda de
Gastón acerca de su paternidad, duda que ha envenenado su existencia.
- ¿Sabes si cuando mi hermano recogió el testamento había sobrevenido algún suceso que confirmase sus dudas y le probase de una manera concluyente
que el capitán no era hijo suyo?
- ¿Cómo quieres que sepa yo eso?
- Podías tener algún indicio que, por vago que entonces fuese, tuviese ahora
su explicación en el hecho realizado.
- Ningún otro indicio tengo sino la turbación de tu hermano cuando vino á
recoger su testamento; pero ignoro completamente sus causas.
- Sin embargo, recuerdo ahora que, cuando hablamos de esto por primera
vez, me diste como explicación algún descubrimiento decisivo que Gastón hubiese hecho por aquella época: algún testimonio, alguna carta.
- Como explicación no, como suposición sí: te dije en efecto que era probable
que las sospechas de Gastón hubieran sido confirmadas en aquellos días por una
carta, por un testimonio, por una prueba cualquiera hallada de pronto y que hubiese venido á demostrarle que el capitán no era su hijo; pero si te dije que esto
había podido suceder, no aseguré que hubiera sucedido, ni pude asegurarlo porque no lo sabía. Cuando se investiga, como yo lo hacía entonces, sobre lo desconocido, es menester haminarlo todo, admitirlo todo, hasta lo absurdo.
- No obstante, me parece que no era absurdo suponer que esas habían sido
las causas determinantes del cambio de sentimientos producido en Gastón con
respecto al que creyó su hijo hasta el día en el cual modificó sus disposiciones
testamentarias.
- No era absurdo efectivamente, antes por el contrario parecía lógico, verosímil y hasta probable. Pero la hipótesis para explicar el cambio verificado en la
voluntad de Gastón hubiese podido en aquel entonces tener su punto de partida en otra parte; en ti, por ejemplo.
-¿En mí?
- Sí por cierto: si Gastón, un mes antes de su muerte, retiró de mi despacho
el testamento otorgado por él muchos años antes, era porque en aquel momento
no expresaba ya sus intenciones.
·
- ¿Verdad que sí?
- Esto es incontestable; pero ¿de qué intenciones se trata? ¿A quién se referían esas intenciones? ¿Al capitán ó á ti? En mis suposiciones he partido de la
creencia de que Gastón había querido variar sus disposiciones testamentarias en
favor del capitán; pero para que el trabajo fuese completo habría sido necesario
tomar después otro punto de partida del todo diferente; por ejemplo, suponer
que tu hermano había querido modificar las disposiciones que, en su testamento, te favorecían ó te perjudicaban.
- ¡Pero es verdad ... ; piensas eso!
- ¿Tú no habías pensado en esto?
- No ... ¡Oh! No.
No ciertamente; Barincq no había pensado en esto; pero ahora todo el edificio que con sus laboriosas meditaciones había levantado, se desplomaba de
repente.
- Sin saber yo con toda exactitud, continuó diciendo el notario, lo que contenía el documento que depositó Gastón en mi notaría y que de ella retiró muchos años después, tuve poderosas razones - y ya te dije cuáles eran - para creer
que el testador instituía heredero al capitán Sixto, y de aquí partía yo para establecer todas las hipótesis de que hemos hablado acerca del cambio de sentimientos de Gastón respecto al cápitán y á la influencia que ese cambio había de
tener en sus disposiciones testamentarias. Pero si admitimos que en el testamento figurasen, además del capitán Sixto algunas otras personas, en un concepto
cualquiera, todas aquellas suposiciones caen por falta de base, nada, absolutamente nada queda de ellas, porque pudo perfectamente ocurrir que al retirar Gastón el testamento se propusiera sólo modificarlo en lo concerniente á esas otras
personas. Así, por ejemplo, si se hubiera tratado de ti, Gastón podría no estar
satisfecho de la manda que te hubiese dejado y recoger.aquel documento, ya
para disminuirla, ya para aumentarla y aun para suprimirla del todo; las tres suposiciones son admisibles, como reconoces sin duda, ¿no es cierto?
- Sí .. . lo reconozco.
.
- No necesito decirte que las hipótesis de disminuir tu manda ó de suprimirla por completo las indico solamente para extremar las cosas. Estoy &amp;eguro, por
el contrario, de que las intenciones de Gastón eran aumentarla; el enojo que sentía contra ti cada vez que pagaba los intereses del capital que te había garantizado, habíase desvanecido una vez saldada aquella cuenta; además de esto, el cariño fraternal había renacido en su corazón con mayor fuerza y con más vida al
propio tiempo que sus energías se debilitaban, y que ante la amenaza de próxima
muerte buscaba Gastón consuelo y alivio en los recuerdos de vuestra infancia•
ves, por lo tanto, cómo las probabilidades de un cambio en sus sentimientos d~
hermano existen lo mismo ni mas ni menos que existen las de un cambio de
sentimientos del padre por el hijo; hubo momentos en que tú no fuiste para
Gastón un herma~o, pu~o h_aberlos ta_mbién en que el capitán no fuese un hijo.
- ¿Pero no te sientes mchnado hacia una parte más que hacia la otra?
- Me parecía innecesario decirte que me inclino á creer en la diminución
del sentimiento paternal y en el aumento del cariño de hermano. Gastón herido
en su cariño de padre por algún descubrimiento decisivo, no teniendo' ya hijo
recor?ó que tenía un h~rmano;_ ten por seguro que si no hubiese ocurrido vuestro d1~~usto no _s~ hub1~se umdo tan vivamente al capitán; bien así como sin
~u _canno al .~apitan, hubiese_ Gastón sentido más pronto la necesidad de unirse
a ti y á tu h,p, á la que hubiese querido como si fuese hija suya. Tan cierto es
todo esto, que c1,1ando, por causas que desconocemos, se debilitó en Gastón el

sentimiento paternal, recogió su testamento y lo destruyó, dejándote así heredero
de su fortuna.
- ¡Cuánto celebraría creerte!
Equivocándose acerca del verdadero sentimiento de esta exclamación, creyó
Revenacq que Barincq expresaba solamente el pesar producido por la duda de
haber recuperado el cariño de su hermano; por eso se apresuró á decirle:
- Si dudas de mí y de mis suposiciones, no puedes dudar de los hechos. El
testamento ha sido destruído, ¿no es verdad? Entonces ¿qué más demostración
quieres?

IX
¡Destruído! Barincq no habría pedido otra cosa; pero no estaba destruído, y
aquella entrevista no hacía sino darle mayor fuerza, porque en lugar de desvanecer ó aclarar las dudas las obscurecía más y complicaba las dificu ltades.
Había sido necesaria una ceguera verdaderamente increíble, que solamente en
el interés personal podía tener explicación, para dar por sentado que Gastón
tuvo que pensar exclusivamente en su hijo al modificar el testamento, cuando
la razón decía que pudo haber pensado en otras personas.
Si en vez de proponerse desheredar á su hijo había querido Gastón desheredar á su hermano, ¿qué valor tenían todas las suposiciones hechas por Barincq
y fundadas en la hipótesis primera? Una sola cosa podría darle fuerza, es á saber, el descubrimiento de una prueba y aun solamente de un indicio de que
Gastón había tenido motivos bastantes para modificar sus sentimientos relativamente al capitán y para cambiar por lo tanto las disposiciones testamentarias
que á él se referían.
Los únicos testimonios que Barincq podía consultar eran las cartas de Leontine Dufourcq á Gastón, así como también las del capitán, halladas cuando se
llevó á cabo el inventario. Hasta aquel día Barincq, contenido por un sentimiento de delicadeza con respecto á la memoria de su hermano, no había abierto aquellos legajos; pero en aquellos momentos, tales escrúpulos debieron ceder
ante la necesidad de averiguar algo. Después del almuerzo guardó en sus bolsillos las cartas, y para tener seguridad de que ni su esposa ni Anie podrían sorprenderle fué á sentarse en el centro de un bosque apartado y solitario, donde
nadie había de pensar en ir á buscarle.
El primer paquete que abrió Barincq fué el de las cartas de Leontine; contenía el legajo unas cuarenta cartas, enumeradas todas de puño y letra de Gastón
por orden de fechas; los dobleces, bastante desgastados, demostraban lo mucho
y muy frecuentemente que aquellas cartas habían sido leídas.
Y sin embargo, necesitó Barincq muy poco tiempo para cerciorarse de que
aquellas cartas, ó al menos la mayor parte de ellas, eran tan insubstanciales y de
tal modo incoherentes que no podía Gastón haberlas leído y releído sólo porque
en hacerlo encontrase contentamiento. Si las había hojeado con tanta frecuencia

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que dejara desgastado el papel, menester era que Gastón pidiese á las cartas alguna cosa que las cartas no daban realmente.
¿Y qué podía ser eso que Gastón buscaba? ¿El perfume de un amor cuya memoria era todavía grata, ó el esclarecimiento de un misterio que nunca había dejado de atormentarlo?
Esto er~ lo que Barincq necesitaba encontrar, ó por lo menos buscar, pero sin
preocupación, con independencia y serenidad de ánimo, dispuesto á no dejarse
influir más que por la verdad.
La primera carta se refería á la instalación de Leontine en Burdeos, en una
casita del muelle de la Souys, esto es, á muy poca distancia de la estación del
Mediodía, por la cual Gastón iba á la casa y se ausentaba de ella· Leontine se
refería casi exclusivamente á esta vivienda suya, acerca de la cual daba tal copia
de por~~nores que era muy fácil encontrar aquella casita en el supuesto de que
aún eXJst1ese.
(Continuará)

�LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

una época más moderna, excitan mucho más la cu•
riosidad. M. Roberto Boyle, que ha visitado Birma·
nia, refiere en su libro (4) que vió cerca de Promé,
descendiendo por el Iraurady, una muralla de roca
de más de tres kilómetros de longitud y de cerca de
cien metros de altura, en cuya superficie hay esculpí·
da una serie de figuras de Buda sobrepuestas desde
la base hasta la cumbre de la roca, algunas de las
MONUMENTOS BUDISTAS EN EL EXTREMO ORIENTE
cuales tienen seis metros aproximadamente de alto
LAS ESTATUAS YACENTES DE BUDA
y muchas están pintadas con brillantes colores ó
El imperio de Birmania posee todavía una enor· doradas.
me cantidad de monument0s antiguos cuyo origen,
En Pegu, fundada en 517 ó 573 de nuestra era,
por desgracia, es incierto. Los pueblos de aquel país actualmente capital de la provincia del mismo nom-

Fig. I. Estatua colosal yacente de Buda, en Birmania, 82 metros de longitud (&lt;le fotografía)

no han dejado historia, y las pocas narraciones legendarias conocidas por los indígenas no bastan á esta•
blecer las fechas exactas en que tales monumentos
fueron construídos, y únicamente el gran poema cin·
galés, el Mahavansa, contiene algunos datos impor·
tantes relativos á los mismos. Gracias á ellos se sabe
que Promé, población esencialmente religiosa de
llirmania, había recibido dos misioneros budistas
enviados por el gran rey de la India Azoka, eri el año
433 antes de la era cristiana, y llamados Sona y Ultara, que se establecieron en Suvannabhumi (Birmania) y fueron también á la isla de Ceylán, en donde,
con ayuda de otros misioneros ó theras, convirtieron
á más de cien mil personas. ( 1)
En aquellos remotos tiempos la capital del imperio era Tagung, ciudad situada en las orillas del río
Iraurady, entre las poblaciones de Ava y Bhamo y co·
nocida desde el año 84 7 de nuestra era con el nombre de Pagan. A partir de esta fech~ empieza á conocerse de una manera cierta la historia del país.
La prosperidad de Pagan sólo duró cuatro siglos,
durante los cuales edificáronse muchos monumentos
budistas. En 1272 de nuestra era, el gran empera•
dor chino Kublai Khan invadió con su ejército tártaro Birmania y logró vencer al valiente jefe de ésta,
Nescradin (2), destruyendo casi todo lo que encontró á su paso.
La gloria .y la decadencia de Pagan tienen muchos
puntos de contacto con la suerte de la antigua capi·
tal de Ceylán, Pollonarúa, que tuvo también una
época corta de prosperidad y acabó por ser destruida
por las guerras.
Los monumentos sagrados de Pagan ocupaban
una extensión mayor aún que los de la ciudad cin·
galesa, estaban construidos en un estilo algo diferente del de éstos y les superaba en belleza y riqueza. El
coronel Yule, en su memoria (3) dice que en esas
ruinas extraordinarias se descubren restos de 800 á
1.000 templos. Las ruinas amontonadas debajo de la
espesa vegetación de los junglares se encuentran en
tal estado de deterioro que se hace muy difícil ac·
tualmente estudiarlas.
Los monumentos que se pueden ver en Promé,
en la provicia de Pegu, están mejor conservados, y
los interesantes topes que allí se notan, aunque de
The llfahava11sa, cap. XII, págs. 46 y 48.
Viajes de llfarco Polo, 1269-1295.
(3) Mission to Ava, pág. 30.

(I)

(2)

bre, admírase la magnífica pagoda de Soemadu (el
gran dios de oro), cuya primera fundación se remon•
ta, según las leyendas, á la época en que penetraron
en el país los primeros misioneros budistas: los re·
yes de Pagu ocupáronse siempre en embellecerla y
aumentar su importancia. Tiene unos 100 metros de
altura y presenta, según dicen, el mismo aspecto que
debía tener hace trescientos ó cuatrocientos años (5).

NúMERO

599

bri6se una estatua yacente colosal, que representa á
Buda soñando en su nirvana y que hasta entonces
había permanecido completamente oculta debajo de
la vegetación del bosque. El grabado que reproducimos (fig. 1) representa esa figura extraordinaria, cons·
truída toda de ladrillos. Según M. Boyle tiene esa
estatua 82 metros de longitud por 21 de altura en la
espalda: el mayor R. C. Temple dice que sólo tiene
55 metros de largo por unos 14 de alto.
Las proporciones de este monumento, construido
probablemente en el siglo xv, son elegantes y su con·
junto majestuoso.
Este género de estatuas colosales parece haber sido siempre muy grato para los fieles de la religión
budista; en Birmania, en Siam y en Ceylán encuén·
transe gran número de ellas, pero pocas hay tan gigantescas como la mencionada.
Las estatuas yacentes construidas de ladrillos están generalmente revestidas de una capa decorada
con pinturas brillantes ó doradas. La del reino de
Siam, que se ve en Bangkok, en la pagoda de Xetu·
phon, tiene, según el conde de Beauvoir (6), 50 metros desde la espalda hasta la planta de los pies y es·
tá enteramente dorada: su cabeza s.e encuentra á 25
metros del suelo. Este Buda colosal y de un aspecto
magnífico está echado sobre una azotea dorada que
le sirve de lecho.
En Ceylán pude ver, cuando mi último viaje, en
1890, algunas de esas estatuas yacentes en el templo
de Kalami, célebre lugar de peregrinación situado
cerca de Colombo. El Buda es allí de dimensiones
más modestas, pues sólo tiene. ocho metros de longitud y su túnica está toda ella pintada de un color
amarillo brillante con dorados y va adornada con fi.
Jetes rojos.
Existen también estatuas del mismo género en los
curiosos templos de Aliviya Haré, construidos en las
rocas, cerca de la villa de Matelé: cuando visité aque·
!los lugares, los fieles edificaban uno nuevo. Las estatuas que estos templos contienen, construidas casi
siempre de ladrillo y algunas veces modeladas con
tierra mojada, están ejecutadas muy toscamente. Las
más curiosas están talladas en la misma piedra, y éstas son más antiguas y su estudio ofrece muchísimo
más interés desde el punto de vista del arte que las
otras.
Otra bella estatua yacente es la de Polknarúa (fi.
gura 2): el sitio en que hoy se encuentra está desier·
to y perdido entre espesos junglares, pero se ve que
en otro tiempo formaba parte de un conjunto religioso importante de la ciudad. Ese Buda yacente
de granito tiene 14 metros de longitud: la expresión
de calma y serenidad impresa en su semblante es
not~ble, lo mismo que la actitud general del cuerpo,
cubierto de una túnica de mil pliegues artísticamen·
te esculpidos.

N úMERO

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

599

existe un pequeño santuario subterráneo, en el cual
se ve otra figura de la divinidad, y finalmente, siempre tallada en la misma roca de granito, otra estatua
de Buda sentado en cuclillas sobre un pedestal
adornado con leones fantásticos cuyos detalles escultóricos desaparecen debajo del musgo y de las flores:
la estatua propiamente dicha tiene unos cinco metros
de alto y parece apoyarse sobre el respaldo de una
silla tallada en la roca en alto relieve, cuyos orna·
mentos divididos en tres zonas iguales representan
cabezas de dragones de cuyas bocas salen leones. Coronan el respaldo. algunas pequeñas pagodas sobrepuestas.
De todas estas esculturas citadas la más bella es
indudablemente la del Buda yacente. Estos notables
monumentos, de los cuales habla el Mahavansa, fueron construídos por orden del rey Prakrama Bahu
desde rr54 á u56 de nuestra era.
ALBERTO TISSANDIER

(De La Natzire)

no tiene manchas. Además, merced al maravilloso
método de M. Fizeau, que permite medir el cambio
de sitio de una luz que se aproxima ó se aleja de nosotros, M. Deslandres, en Fundingne del Senegal, nos
dice que este movimiento se advierte en la corona,
puesto que habiendo observado y fotografiado, durante la totalidad del eclipse, las partes luminosas situadas en los extremos de un mismo diámetro solar,
ha comprobado la misma velocidad aproximada de
movimiento que la de los dos bordes del sol. Sobre
estas fotografías se podrán medir exactamente esas velocidades y será completamente confirmada la conse·
cuencia, hoy muy probable, de que la corona solar gi·
ra con el sol del mismo modo que nuestra atmósfera
con la tierra.
De suerte que para explicar la existencia de ese
apéndice del sol no puede ya decirse que se trata de
una simple apariencia.

•

CORONA SOLAR

El sol está rodeado de una especie de atmósfera
luminosa absolutamente invisible en pleno día y que
sólo pueden descubrir los ojos ó los anteojos en los
eclipses totales de aquel astro. Por vez primera Ara·
go, en 1842, llamó la atención sobre este hermoso
fenómeno que desde aquel momento fué estudiado
por los astrónomos. Hase dicho que esta corona del
sol, como se la llama, no tenía existencia real, que
era simplemente un efecto de óptica producido por
el globo luminoso del astro del día. Sin embargo, no
es así, y al hacer esta manifestación nos fundamos en
que esa corona, especie de aureola que rodea al sol,
cambia de forma y de un eclipse á otro no es compa•
rabie consigo misma. Violentamente dilatada, con
radios inmensos en las épocas de máximo de manchas solares, como se ha visto el día 16 de abril últi·
mo, está mucho más tranquila y sus contornos se
presentan más marcados en las épocas en que el sol

J.

VINOT

(De La Nature)

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necesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, contra lo que sucede coa
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BUJO cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas lortilicantes, cual el vino, el cat,,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora y la comida que mas le convienen,
sevun sus ocupacfones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenteanulado por el electo dela
buena alimentacion empleada,uno
se decide fácilmente al volver
·4 empe.ar cuanta• veces
sea necesario. •

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.&amp;nud es, en erecto, el ÚJliCO que reune todo lo que enlona y for1alece 108 organoa

cr=J i!

re¡¡ularlsa coordena

Fig. 2. Estatua yacente de Buda, en Pollonarúa (Ceylán), 14 metros de longitud (de fotografía)

y aumenta conatderablemente lu ruerzaa ó tntuna

I 1a

•

empobredda y descolorida : el Y"1or, la COlor/lCWft 1 la 8,ierg,a "'''"·
e
lllllare
Poruvor.e11 Paria, en casa de J. FBW, Farmauutico, tOt, nae Richelieu, Sucesor a, AllOUD
D VJl!CDII BM TOD.\ll L.\ll PIUMCIP4l.BS BOTIC.\ll

'

,.EXIJASE •:= ARDUO
1

En 1881, practicando los trabajos para el ferro- . Muy ~erca de esta estatua yacente se ve otra de
carril que va de Rangoon al interior del paí~, descu- pie, de siete metros de altura, que representa á Anada, el discípulo favorito de Buda; á poca distancia
(4) A St;mitar¡ Crusade, tite East a11d Auslralasz'a,
(S) History oJ ludian a11d Eastem architect111·e, por Jaime
(6) .fava, Sia111, Ca11tó11. Viaje alrededor del mundo por el
Fergusson.

conde de Beauvoir. París, 1871, pág. 282.

PATE EPILATOIRE U.SER
1

d~tru:,e basta las RAl~ES el YELLO del rostro de las d~as (Barba, Bigote, etc.), sin
11111gun peligro para el cuila. 50 Aiio■ de Í::a:.l to, 1 millares de testimonios garantlzall la eAcacla
de esta preparaclon. (S, &lt;Vende en caju, pan la harba, y en 1/2 oaJ•- para el blgo~-ligero)~ Para
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y lleva como apéndice un notabilísimo
estudio sobre el cultivo de algunas
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debidos á D. David J . Guzmán, quien
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celebridad de que goza en el mundo
americano por su talento y vastos C0·
nocimientos y cuán merecidos tiene los
titulos, honores y distinciones extmn·
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por D . León Bo11el y Sánchez. - Dedi·
case preferentemente esta revista al estudio de las legislaciones forales en los
preceptos que deben sostenerse en vigor, y e~ la en_trega 9.• que _aca~mos
de recibir comienza la publicación de
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la mayor parte de los jurisconsultos.
El gobierno ofreció, en el articulo 6.0
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599

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 599, Junio 19</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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