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                  <text>-._,trtélClOt)11tí~t1ea
A&amp;o XII

BARCELONA 26 DE JUNIO DE 1893

..._ _ _ _ _ __

r

UN MOMENTO DE DESCANSO, cuadro del renonibrado artista Adolfo Menzel

NúM.

600

�LA

ltUS1'RACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 600

Camino de la sierra es una tablita de Moreno
tico de arte Sr. Comas y Blanco, niña como de unos
once años, de rubia cabellera, vestida de terciopelo Carbonero, luminosísima. Campesina asturiana, obra
negro con un gran cuello de encaje blanco y apoya• de Tomás García Sampedro, el discípulo predilecto
da la mano derecha en la cabeza de un gigantesco del fallecido maestro Plasencia, recuerda la solidez y
perro danés. El fondo de este cuadro es de una so- corrección de líneas de las estatuas clásicas, y es al
briedad grande, y la tonalidad general hace recordar mismo tiempo fidelísima interpretación del tipo astula del Cómico de Velázquez. La nena no es más que riano. Campesino es un tipo, realmente típico, de Navana,_pintado por Bertodano, discípulo también de
Texto. - Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega. - Los vi• el busto de la hija . del artista, niñita de dos ó tres Plasencia. Nueva modelo, un cuadro de género, bien
años,
de
pálida
coloración,
de
ojos
obscuros,
de
cacios de Nicanor, por('-· Sánchez Pérez. - Oma111entació11, por
Eduardo de Palacio . - Recuerdos del centenario rojo, por bello corto, sedoso y ligeramente bronceado, tiene dispuesto, un tanto negro de color, per9 muy agradaEmilia Pardo Bazán. - Mo,mmento al Pf!re Las Casas, por por fondo un almohadón color de oro viejo. Todo ble y entonado: su autor, Cecilio Plá, no tuvo neceLuis Parcia. -Nuestros grabados. - Miscelánea. -Anie (con· cuanto se diga en elogio de la verdad con que está sidad, para buscar el asunto, de moverse de su estutinuaci6n). - SECCIÓN CIENTfFICA. - bis restos del conde de
pintado este retrato, de suyo dificilísimo por la im- dio. El lugar de la escena es el taller del discípulo de
Barcelona Ramón Berenguer III el Grande.
Grabados. - [/n momento de descamo, cuadro de A. Menzel. posibilidad de obligar al infantil modelo á que no se Sala, y la Nueva modelo con su sombrerito de paja y
Mo111m1e11to m l1onor al Padre Las Casas, obra de A. Que· mueva, será justicia no más. La cabecita de la nena mostrando la punta de sus pies pequeños y bien calrol. - Los restos de Ra111ó11 Berenguer III, dos grabados. - está dibujada, modelada y colorida de un modo ma- zados, recostada en un diván, mientras el pintor sin
Vendedora de flores m Florencia, cuadro de F. Andreotti. soltar la paleta le propone el ajuste y las condiciones
Da11tó11. - Mirabeau. - Guadet. - El Temple, dos grabados. - ravilloso, y la ejecución es de una simplicidad desesEn la espesura del bosque, cuªdro de F. Andreotti. - M. F. perante. Sorolla, inconscientemente, predice con el á que debe sujetarse para posser, es una modelo nueva
Roybet, pintor francés. - La catarata del Niágara, tres gra- retrato de su hija el non plus ultra de lo que ha de efectivamente, aun cuando lleve ya trabajando hace
bados. - Estudio, cuadro de M. Felíu D' Lemus.
hacer. Yo que- le he felicitado desde otro lugar, le alg:.1n tiempo.
.. ,1••••••l''r,
Claro está que hay otros cuadros debidos á artisrenuevo desde las columnas de LA ILUSTRACIÓN AR·
tas cuya notoriedad es grande; pero sería pedirme un
TÍSTICA
el
testimonio
de
mi
admiración
sincera.
CRÓNICA DE ARTE
El tercer retrato que Sorolla exhibe éstá hecho en sacrificio superior á las fuerzas de mi voluntad menCuando esta Crónica vea la luz en las páginas de condiciones pésimas. Muerto el eminente repúblico tarlos y verme obligado á decir lo que siento de aqueLA !LUSTRACIÓN, la Exposición del Círculo diE Be- D. Cristino Martos, el pintor valenciano tuvo que llas obras. Para mí es indudable que las vacilaciones
hacer la efigie del orador demócrata representándo- y las diferentes tendencias de las escuelas modernas
llas Artes contará algunos días de clausura.
le
vivo. A pesar de esto, el parecido es indiscutible, han ocasionado honda perturbación en muchos de
Triste en verdad ha sido también esta jornada para
esos artistas, así como el amaneramiento ahogó la
los artistas. De las seiscientas treinta y seis obras ex- y el color, aun cuando un tanto sucio, es castizo.
Sala exhibe también dos retratos: el de su parien- personalidad y la espontaneidad de otros. Paso, pues,
puestas, fueron vendidas doce. Las entradas de pago
han dado un promedio diario de setenta á noventa te el pintor Plácido Francés, y el de D. José Eche- de largo, por esta vez, por delante de esas firmas, y
pesetas. Con una tarjeta entraba una familia entera, garay. Como interpretado el carácter de la persona, deteniéndome ante los paisajes y marinas que figuran
con niñeras y ama de cría inclusive. Los jueves, días el primero es superior al segundo; como alarde de en esta exposición, diré dos palabras de los lienzos
de concierto, la concurrencia era casi nula. Madrid color y de facilidad de ejecución, el segundo es su- del género que más dignos me parecen de ser apuntiene la cuarta parte de habitantes que París, y en perior al primero. Ambos son hermosísimos de pale- tados.
Estudio del Pinar de Cercedilla es un paisaje de
París se han recaudado por entradas á la Exposición ta, pero el de Echegaray especialmente es de una
Beruete,
sólidamente pintado y justo de color. De
tan
buena
casta
y
de
tal
finura,
que
dudo
mucho
de
de las principales obras de Meissonier, cuando este
Casimiro Sainz hay varios paisajes y estudios, los cuapintor vivía y en los ocho días que estuvo abierta, que Sala haya hecho nada más acertado.
En esta Exposición los retratos es el género pictó- les no hacen medrar una línea más la talla del infordoscientos mil y pico de francos, la cuarta parte son
rico
que aporta obras de verdadero valor. A los re- tunado paisajista santanderino; y aun alguno de esos
cincuenta mil, es decir, cuarenta y seis mil y pico de
pesetas más que lo recaudado en treinta días por el tratos citados deben agregarse el del pintor Sensi, estudios me parece que podría discutirse su paterniobra de D. Federico Madrazo; el del Dr. D. L. C. dad; sin embargo, el mejor de los cuadros de Sainz
Círculo de Bellas Artes.
¡Bonito negocio! ¡¡Negocio rodondo!! Ante este re- de Raimundo; el del maestro Bretón, pintado por es el que se titula Río Manzanares. Del sevillano Rosultado no se me ocurre más que hacerme la reflexión Plá, y el de Mr. M., hecho ar pastel por Mr. Mathias. dríguez figura un paisaje, cuya nota de color es muy
El insigne director de nuestro Museo nacional de fina. De Gartner hay un Estudio, perfectamente disiguiente: O somos unos pobrecitos que no podemos
pinturas,
asistiendo á este certamen con el retrato de bujado y con mucha luz, del río Tajo en Toledo; y
distraer una peseta para damos la satisfacción de espaciar el espíritu contemplando obras de arte, ó es- su colega el italiano Sensi, parece como que quiere de Martínez Abades una marina Remolque, cuyas
tamos en ilustración, en educación intelectual, á la indicar á los pintores jóvenes que se dedican á culti- aguas, aun cuando un poco «espesas,» están sin emvar este género de pintura que las dos primeras con- bargo bien movidas.
altura de los pieles rojas.
Antes de terminar este artículo quiero salvar un
No cabe venir con sofismas, asegurando que el ma- diciones esencialísimas para llegar á dominarlo son
olvido
involuntario. Benlliure (D. José) presenta, ó
un
dibujo
correcto
y
un
sentimiento
de
la
fisonomía
rasmo que hoy lo invade todo en nuestra patria, mapresentan
por lo menos en su nombre, un cuadrito
moral
del
retratado,
tan
grande
como
la
fidelidad
de
rasmo que yo he reconocido y afirmado que existe,
en estas mismas columnas, es el que &lt;lió tan tristes re· la imagen externa. La cabeza de Sensi pintada por de muy pequeñas dimensiones, pintado con la fransultados para los artistas que exhibieron sus obras D. Federico Madrazo reune esas dos cualidades en queza con que puede pintarse por un maestro un
en esta Exposición y en la internacional de Bellas un grado eminente: en tan alto grado, que hace des- cuadro de gran tamaño, de color brillante y jugoso,
Artes. Que esa indiferencia existe, ¿quién lo dudará;? aparecer la impresión cenicienta del color con que que representa á unos soldados del siglo xv11 y á unos
mercaderes. Este cuadrito tiene detalles primorosos,
pero que sea total, que alcance á todas las clases so- está colorido este retrato.
Más jugoso de color y fresco es el que Raimundo como por ejemplo el brocal de un pozo que se ve en
ciales, aun á aquellas que pretenden de cultas, de
directoras del movimiento intelectual español, no Madrazo expone. De gran parecido, tocado con una primer término. Saint Aubin exhibe tres cuadritos,
puedo creerlo; sería tanto como creer verdad que Afri- facilidad pasmosa, pese á los desdibujos que en él se también microscópicos, dos de ellos, De visita y En
advierten, este retrato indica claramente que es de la un ventorro, graciosos y picarescos. De Mélida (don
ca comienza en los Pirineos.
Yo creo que esta indiferencia es obra de la es- misma mano que la que pintó el celebradísimo de la Enrique, fallecido hace pocos meses) La comunión de
las monjas y Una maja.
casísima atención y del poco cuidado que los go- que fué esposa del gran Fortuny.
Réstame solamente decir algo de la sección de esPlá hizo un retrato serio y sobrio del autor de Fray
biernos han tenido y dedicaron á la enseñanza. En
cultura.
Entre los bustos retratos hay tres, uno de
España el hombre de ciencia, como el político, como Garín; y además de sobrio y serio, bueno de color y
ellos
notable,
obra de Susillo; el retratado es D. Aubien
dispuesto.
Mr.
Mathias
ha
probado
que
con
el
el literato, como el mismo artista, carecen de toda
noción é idea de lo que es la belleza, de lo que el pastel se puede obtener el mismo vigor de clarobs- gusto Comas (padre). De Vancells hay también otro
arte significa, del valor que, dentro de la constante curo y la misma jugosidad que con las pinturas al busto retrato, digno de especial mención por lo bien
modelado; y de Galán otro, muy parecido.
evolución hacia el ideal de una perfección posible, óleo, amén de que sabe dibujar.
Gandarias presenta varias estatuas, sobresaliendo
Después de éstos, los demás retratos pintados extuvo, tiene y habrá de tener el arte. Todos los días
la
sedente del P. Feijoo. Alcoverro ha mandado vahibidos
en
la
exposición
del
Círculo
de
Bellas
Artes,
hablo con gentes que por su significación en la polírias
estatuillas del género de los bibelots, modeladas
si
algunos
muy
discretos,
no
rebasan
los
límites
de
lo
tica, en las ciencias, en todo orden en fin del saber
y movidas con gracia. Amutio una cabeza en bajo
debieron apreciar y sentir las manifestaciones artísti- vulgar y corriente.
Rendez-vous es un cuadrito de costumbres del siglo relieve representando á Ofelia. Lo demás no descuecas, pero no es así; estoy esperando á que alguna de
esas personas á quienes me refiero, no solamente sean pasado, que, con la media figura titulada Flor de es- lla por ningún concepto.
El arquitecto Mélida llevó el proyecto de un Mo·
capaces de dar su opinión con conocimiento de cau- tufa y Un resbalón, Estudio de naranjos, Camino de
numento
al pueblo de Madrid, verdadero héroe del Dos
la
sierra,
Campesina
asturiana,
Campesino
y
M,eva
sa, sino que me digan que saben distinguir una acuarela de un óleo, para apuntar su nombre con piedra modelo, forma lo interesante de la pintura de género de Mayo. De este modelo diré tan sólo que tiene una
y costumbres. Rendez-vous y Flor de estufa son obras figura, por cierto lo principal, porque con ella repreblanca.
de
Emilio Sala. El primero es una monería; el segun• senta al pueblo madrileño, que yo califiqué en otro
He aquí la razón que yo creo encontrar, discurriendo acerca de esta indiferencia de que vengo hablan- do, además de su delicada factura, de su finura y de lugar de hallazgo feliz; es un clit'spero, machete ·en
do, para no admitir ninguna otra causa, como la efi- ser un alarde de color, es un feliz hallazgo. Amalga- mano, defendiéndose .de dos águilas.
Y doy por terminada la revista de esta exposición,
ciente en absoluto, de los fracasos de nuestras Expo· mar la candidez de la jovencita con la picaresca cosiciones. Por eso he de alabar - alguna vez había de quetería de la mujer que sabe cuánto vale su belleza, lamentando sinceramente la ausencia de toda originalidad, de entusiasmo, de respeto al arte, que se obser - el proyecto del Sr. Moret de incluir en el nue- esto es lo que logró Sala en su Flor de estufa.
serva
en estas exposiciones últimas aquí celebradas.
Para
provocar
ensueños
voluptuosos,
ahí
está
aquevo plan de enseñanza la de la Historia y Teoría del
arte, aun cuando crea yo que dicha asignatura no lla hermosa y arrogante valenciana que, como el cura, He visto paisajes de pintores que yo diputé no hace
puede enseñarse en la forma que pretende el minis- se incorpora para ir en socorro del monaguillo, el muchos años como paisajistas que llegarían á sucetro de Fomento, por razones que expondré en mejor cual, incensario en mano, da un resbalón en las gra- der dignamente al maestro Hais, á Casimiro, á Ferdas ,del presbiterio de la iglesia, donde están ador- nández, que revelan cómo yo me equivoqué. El amaocasión.
Y dejando ahora lucubraciones, voy á hacer la re- nando para la fiesta la imagen de la Virgen. El res- neramiento, la tranquilla, el escaso ó ningún respeto
seña de esta Exposición del Círculo de Bellas Artes. balón de Sorolla (!) es un cuadrito picaresco, gracio- que les merece la verdad: he aquí las actuales condiHe hablado en. otro artículo de los retratos de So- so, que tiene trozos pintados como Sorolla sabe hacer- ciones demostradas al presente por esos artistas á
rolla. En efecto, de los tres retratos que expone el lo. Estudio de naranjos es el otro cuadrito del mismo quienes en un principio creí tales. Y en el mismo
autor de ¡Otra Margarita!, dos son obras maestras. artista, en el que la luz del sol de Valencia está brio- caso se encuentran otros que no son paisajistas, que
Isabelita y Thor y La nena pueden adjetivarse de samente interpretada. Este cuadro lo adquirió la rei- tienen medallas de oro y de plata por cuadros de
todo género.
obras maestras. El primero representa á la hija del crí· na regente.

LA

NúMERO 600

41 I

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

•"1♦••,t-.1•0,t•,1•••"•l'••••,1•1,••••••••••••••••••••1•••"•l'l,"ol'•,"olº•••••l'•••••••••'••l•,,•,,1•u•o,,.,o•o,

MONUMENTO QUB EN HONOR DB~ PADRE LAS CASAS HA DE ERIGIRSE EN MÉXICO, obra de Agustln Querol,
eJecutado por encargo del gobierno méxicano

Confieso que me equivoqué; pero lo grave es que
á esos artistas ya no los salva nadie de su prematura
decadencia.
Y conste que prometían como prometen los talentos con muestras de un valor innegable.
R. BALSA DE LA VEGA
..,., •••• , •••••• , ••••••, ...... , ••, ...................., .................... , ••••••, ......, •••• ,.,, ............, ........ ,J.,,..,1,,.

LOS VICIOS DE NICANOR
Pregu?taba, no hace ~ucho tiempo, un ingenioso
y agudísimo autor de epigramas: ¿Dónde entierran á
l~s malos? Movíale á dirigir esa pregunta, que no ha
sido contestada todavía, la circunstancia de hallar en
todos los epitafios grabados sobre lápidas mortuorias
de un cementerio encomios de los finados. Este había sido funcionario inteligente y probo; aquél patriota consecuente y d~?idido; el de más allá, honrado y
buen padre de fa':nha; el de más acá, hijo cariñoso y
amante; la de amba, esposa fiel y virtuosísima· la de
abajo, madre amorosa y sin igual. .. , y así su~esivamente. Tenía mucha razón el poeta satírico: debe de
haber una necrópolis particular en la que duerman
el sueño eterno los que fueron en vida malos ciudadanos, esposas desleales ó hijos desnaturalizados.
Verdad es - y esto casi era innecesario advertirlo que por algo llamamos á la hora de la muerte la
~ora de las alabanzas; de las alabanzas ajenas, se entiende, porque la hora de las alabanzas propias llega
muc~o ant~s, aunque diga el vulgo que la alabanza
propia envilece; pues también dice el vulgo aquello de:
Vivimos en un mundo
tan miserable,
que si uno no se alaba
no hay quien Jo al~be.

Cad~ c~al, según su discreción y á la medida de su
entend1m1ento, busca la manera de alabarse, sin que
las alabanzas parezc~n ~abanzas; pero son muy pocos
los que_ logran enganar a sus oyentes. Hay, por ejemplo, quienes llaman sus vicios á lo que la generalidad
d_e l~s hombres tienen por virtudes, y así suelen decu sm empacho: «Tengo el feo vicio de hablar siempre con ruda franqueza;» «Sé .que peco de des~tento, pero á t~do a~tepongo la verdad;» «Confieso
a ustedes, con s!ncendad! que so_y tonto,de capirote;
pero las desgracias de mis enemigos mas encarnizados m_e enternecen,» y frases por el estilo, en las cuales el mteresado finge tenerse en concepto de rudo
de descortés ó. de tonto, para decir que es franco'.
veraz ó compasivo; habla de sus defectos, rudeza, descortesía.Y tontuna, para que entiendan todos que tiene las VIrtudes de la franqueza, de la veracidad y de
la filan tropfa.
~icanor, much~cho muy dispue!to, y no peor ni
meJor que cualqmera otro muchacho, no pertenecía
al número ~e los que hablan de sus vicios para enum~rar sus virtudes; pero tenía también un procedimiento, que podríamos denominar de eliminación
para hac~r su propio elogio á todas horas. Se habla~
~a,
eJemplo, en presencia suya de un jugador y
s1 ~ad1e habl~ba del jugador, hacía él que la conv~rsac1ón fuese a _parará ese tema, y Nicanor defendía
con vehemencia al aficionado á tirar de la oreja á
Jorge. Con tal calor lo defendía y con tanto entusiasmo, que to~os acabábamos por creerle abogado en
causa pro,P1a; alguno de sus más íntimos le decía entonces dan~ole cariñosas palmaditas en el hombro:
«V~mos, N~canor, confiese usted que también es algo
afic10nado a verlas venir.»
«Eso sí que no, respondía invariablemente Nicanor, el ~ual esperaba esta carga y aun la preparaba si
era preciso; eso sí que no; tengo mil defectos, un mi-

Pº:

llar de defec~os. (no decía cuáles, por supuesto), pero
ese no; en m1 vida he jugado y aborrezco de corazón
el tapete verde.» Y explicaba luego que si había tomado con calor la de'.ensa de los jugadores, era porque gustaba ~e ser mdulgente en la vida de otro
para que también hallara indulgencia la suya. Con taÍ
respue_sta y con se~ejante aclaración, quedaba sentado: pnmero, que N1c~nor odiaba el juego; y en segundo lugar, que era indulgente con las imperfecciones de sus prójimos.
Pues se hablaba otro día de un avaro y se agotaba
contra él todo el vocabulario de los denuestos; y Nicanor, _co_mo de costumbre, se convertía en paladín
del acnmmado.
«Vay~, decía uno á quien el calor de la disputa
enardec1a un po~o, confiese usted que también tiene algo de avariento, y no seguiremos haciéndole
cargos.»
_«¡Oh!, eso sí que no, respondía (como siempre)
N1canor; soy hombre, tengo como todos mis defectos; m~s defectos que otros; acaso más que todos;
pero bien sabe Dios y bien saben los que me conocen
un poc?, q~e no tengo ese de la avaricia. Muy al
c?ntrano, si de algo peco es de ser manirroto y pródigo.» Y s~gún su costumbre, agregaba que era de
los que odian el pecado y compadecen al pecadorque er~ p~eciso l?erdonar para ser perdonado, com~
ya se mdica sabiamente en la oración dominical y
otras cosas por el estilo.
'
Y: .. «hoy como ayer, mañana como hoy y siempre igual.»
Nicanor afirmaba, si le suponían vengativo, que tenla t_odos los defectos del mundo, menos ese; porque
precisamente nunc_a fué rencoroso, y no sólo perdonaba _las ofens~s, smo que hasta las olvidaba; lo cual,
por cierto (dec1a él) le había perjudicado muchas veces; y cuando se le tildaba de soberbio, replicaba

�LA

412

sonriendo que, por fortuna, entre los muchos defec- baratos, y se vió en la lista de platos de alguno de los
tos que él tenía no estaba el de la soberbia, porque citados establecimientos:
«Golondrina embalsamada, con champt'gnons.»
justamente era el más humilde de los hombres; y si
«Salmi de golondrina soltera.»
alguno sospechaba que fuese perezoso, juraba él y
«Golondrina oriental al XerésJ&gt;
perjuraba que entre sus infinitos vicios no podía con-

LOS R&amp;STOS DE RAMÓN BERENGUER III EL GRAND&amp; EN LA CAPILLA ARDIENTE INSTALADA EN EL SALÓN DE CIENTO
DE LAS CASAS CONSISTORIALES DE ESTA CIUDAD

tarse el de la pereza, porque justamente á ser laborioso y activo no le ganaba nadie.
De este modo que, según queda dicho, era ni más
ni menos un procedimiento de eliminación, venía á
resultar que Nicanor carecía de defectos.
El, eso es otra cosa, confesaba humildemente que
tenía muchos y que le pesaba el tenerlos; pero nunca
supo nadie cuáles fueron; lo que sí se sabía es que
poseía todas las virtudes.
Se sabía, vamos al decir, porque Nicanor lo decía,
no por otra cosa.
Qué, ¿no conocen ustedes por ahí á muchos Nicanores?
A.

SÁNCHEZ PÉREZ

NúMERO 600

ltUSTRACIÓN ARTÍSTICA

(de fotografia de los Sres. Pauli y Bartrina)

Por rara excepción pidió alguno de estos platos tal
cual parroquiano, pero desistía de clavarle el di~nte
al notar la dureza del pájaro.
- ¿Qué carne es esta?, preguntaba horrorizado.
Y el camarero, ya instruido en el asunto, respondía:
- Una carne deliciosa; como no están ustedes
acostumbrados á comer bien, cuando se les da un
plato delicado protestan. Lo mismo ocurrió días pasados con otro señor, también del abono, que se le
dió cabeza de jabalí á la Pompadour y se empeñó en
que era apócrifa.
- ¿Apócrifa?
- Sí, antigua, vamos.
-¡Ya!
- Era el animal de la familia del amo, puede decirse, porque le había cazado el yerno.,

NúMERO 600

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el boulevard y en los teatros verdaderamente comprometidas.
Un transeunte ó un espectador, según viera en la
calle ó en el teatro á cualquiera de las modelos, la
apuntaba con el bastón y voceaba:
-¡Pum!
- ¡Ay!, solía exclamar asustada la señorita-figurín.
Y el cazador improvisado añadía:
- ¡No es á usted, hija, es al pájaro!
- ¿Es de usted?, le preguntaba otro.
- ¡Adiós, golondrina!, le decía otro, de pasada.
La empresa era superior á las fuerzas de un modisto y hubo de desistir.
Las señoras amenazaron al inventor, así como á
sus imitadores, con retirarles la protección que les
dispensaban.
Y se salvaron las golondrinas, gracias á tan ilustres
protectoras.
El modisto inventor protestó en secreto.
¡Haber invertido un capital en golondrinas y no
poder aprovechar ni las plumas!
Entonces pensó en «otros pájaros.»
En los titís.
- Esos cuadrumanos, se dijo, usan rabo largo y
son aprovechables.
Y el modisto inventó ese plumero en forma de interrogación, que habrán visto ustedes en los sombreros de las señoras.
Son rabos de titi, enroscados en parte.
Parecen ganchos para colgar á las que los llevan,
vestidas y calzadas, en perchas ó roperos, conforme
entran en casa.
La interrogación está muy bien aplicada en la
mujer.
Se ve que el modisto es hombre de ingenio agudo.
En el sombrero de alguna muchacha casadera, en
expectativa de colocación, significa:
- ¿Cuándo encontraré á ese7
Ese es un novio que vaya para marido.
En el sombrero de una buena moza:
- ¿Valgo ó no valgo?
En el de una jamona sin trichina:
- ¿No es verdad que todavía estoy de buen ver?
En el de una viuda que se propone reincidir:
- ¿Quién quiere ser el difunto segundo, como dicen
en los repartos de algunos dramas caballero primero,

caballero segundo?
En el sombrero de alguna romántica, imitación de
las de 1830 á 40:
- ¿Me amasó me intoxico á migo misma?
En el de la esposa de un diputado á máquina, recién salido ó recién sacado por primera vez, á fuerza
de puños:
- ¿No conocen ustedes á mi esposo? ¿Ese que se
sienta el tercero á la derecha y dice «sí» ó «no» con
tanta elocuencia?

ORNAMENTACIÓN
Lo habrán leído ustedes en los diarios noticieros.
Se ha observado que este año no hay golondrinas
ó que vienen retrasadas.
De esto deducen varios observadores que estamos
amenazados de epidemia.
Otros, también observadores, opinan que esas avecillas misteriosas y errantes no vienen á Madrid por
falta de ropa de invierno.
Esto lo aseguran ciertos golondrinos sorprendidos
por el calor in fraganti ropa de abrigo.
Para las modistas y modistos de sombreros de señora, en París, no es un misterio la falta de las inocentes golondrinas.
Hasta hoy las habían respetado todos los pueblos.
Las gentes de campo las miraban con cariño por
la tradición y aun las ofrecían lugar seguro para que
establecieran sus nidos.
Pero un modisto parisiense, un genio de sombreros
para señora, pensó que sería adorno de suma novedad la golondrina y encargó á varios puntos que las
cazaran.
Pocos días después llegaban á París remesas de las
tiernas avecillas.
Las señoras aristocráticas, con esa delicadeza de
sentimientos que enaltece á la mujer en casi todos
los países, rechazaban los sombreros con golondrinas.
- ¡Es una infamia!, decían unas.
- No los usaremos, afirmaban otras.
Y los modistos se vieron obligados á regalar somFURGÓN DESTINADO Á CONDUCIR Á RIPOLL LOS RESTOS DE RAMÓN BERENGUER EL GRANDE
breros á varias señoritas modelos.
(de fotografia de los Sres. Pauli y Bartrina)
Modelos en el vestir, se entiende.
Y ni aun así lograron aceptación entre las señoras
de veras.
- ¿El yerno del jabalí había cazado al amo? ·
Bien mirado, la pluma corresponde á la forma de
Pero el destrozo se había consumado.
- No, señor; el yerno del amo había cazado al algunos sombreros.
Centenares de avecillas habían sucumbido en la jabalí.
Parecen hostiones de Málaga.
cacería.
Las señoritas de muestra que usaron durante alDecían y aún sostienen varios señores que la for·
El modisto inventor las ofreció á los restaurants gunos días sombreros con golondrinas, se veían en ma poética está llamada á desaparecer,

VENDEDORA DE FLORl!S EN FLORENCIA,

Esos sombreros y esas plumas contradicen tal opinión,
Con esos sombreros algunas jóvenes parecen pastorcitas de la Arcadia ó de la Alcarria.
Otras parecen pastores.
Esos plumeros de rabo de mico también recuerdan los tiempos primitivos.
La edad de oro.
Por cierto que !a edad de oro debe ser la de los
cincuenta años; puesto que los consortes regios cele-

cuadro de F. Andreotti

bran á los cincuenta años de casados sus bodas de
oro.
. ~llo es que con esos sombreros y esas plumas van
d1c1endo las muchachas á los transeuntes:
- Adiós, Batilo.
- Piensa en mí, Filemón.
- Te adoro, ¡oh Teótimo!
- Cabe la fuente te espero, Caralampio: ven con
el caramillo.
Las señoras mayores parecen con esos sombreros

y esas plumas de garabato chinas de nacimiento ó
por convicción.
Esas no son plumas, son espárragos cabizbajos.
¿Y las charreteras?
Viendo á ciertas señoras de suyo varoniles con
esas hombreras1 se siente cierto respeto y así como
ganas de decirles:
- Adiós, veterano.
EDUARDO DE PALACIO

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mans, donde la comitiva hizo noche, concilió el sueño Luis Carlos, pero fué para sufrir angustiosa pesaLUIS XVII
dilla: vióse perdido, con. su madre de la mano, en un
bosque profundo y sombrío, donde los centenarios
!l. -DE LA FUGA AL CAUTIVERIO
árboles, elevando al cielo sus copas, acrecentaban el
No entraré en detalles de la célebre huída á Va- horror con la densa obscuridad. De las tinieblas sarennes, sobrado conocida, mil veces narrada: en la lía, aullando, una manada de lobos, famélicos, amacomedia dramática de la frustrada evasión real, sólo rillentos, de ojos de brasa; y las hambrientas fieras,
lanzándose sobre la madre y el hijo, se aprestaban á
devorarles. ¡Dantesca visión, formada por el espanto
en la tierna fantasía de un niño! Algo muy parecido
refiere en la Divina Comedia Ugolino, al contar el
sueño terrible que desgarró para el preso en la torre de Pisa el velo de lo futuro. ¡Quién pensaría que
la pesadilla del delfín, con ser tan horrenda, se que·
dase atrás de lo que había de ser la realidad! Porque
al delfín le devoraron en efecto los lobos del sombrío bosque, pero le devoraron solo, después de arrancarle del regazo materno.
El mismo sueño se repitió la primer noche que,
de vuelta de Varennes, pasó la familia real en las Tullerías. Luis Carlos volvió á verse cercado de lobos y
de carniceros tigres. Cuando lo refirió en alta voz, al
RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO

OANTÓN.

De un dibujo de Santiago Luis David
(1748-1825)

me interesa ahora - y es bastante - lo que se
rdiere al delfín.
Cuando, discutida la empresa, hecho el
plan y llegado el momento de ponerlo por
obra, hubo que despertar al delfín para disfrazarle de Aglae, ni?ia menor de la baronesa
de Korff, la reina le dijo á fin de darle ánimos: «Levántate, que nos vamos á una plaza
donde mandarás tu regimiento.» El niño
adormilado sacudió instantáneamente el sueño y se echó de su camita. «¡Andando! ¡Vengan mis botas y mi sable!» Y cuando se hubo visto con el ropón y la cofia del femenil
disfraz, dijo á su hermana Madama Royale:
«se me figura que vamos á representar alguna
pieza.» Pero al subir al coche, como fuese
preciso guardar el más absoluto silencio, y
Madama Isabel sin querer pisase fuertemente al delfín, éste no dejó escapar ni leve quejido.
Sorprendidos y descubiertos en Varennes,
obligados á volver hacia París sin dilación
alguna los reales viajeros, el delfín con su
disfraz mujeril y su divina belleza atraía las
miradas, casi la indulgencia, de la hostil y
frenética muchedumbre. «Carlos, le dijo por
lo bajo su hermana, ya ves como no era cuestión de representar. - Hace tiempo que Jo
comprendí,» respondió al mismo diapasón la criatura.
Penoso é intolerable sobre toda ponderación fué
el viaje de regreso, entre nubes de polvo, bajo un sol
de fuego y escoltado el carruaje de camino de los reyes por una horda que engrosa~a, como los ríos, recogiendo á su paso gente y más gente, el ejército informe de los aldeanos armados de hoces, garrotes y sables mohosos. El delfín se resintió: postróle una fiebre
altísima; pero las súplicas de su madre no pudieron
lograr que le concediesen algún descanso, y hubo que
seguir, con el niño enfermo, en brazos de las damas
que reprimían los sollozos. Al acercarse ya áParís, los
comisionados de la Asamblea Nacional se metieron
en el coche regio, y hubo una persona más para tener en las rodillas al enfermito, ya repuesto casi. Era
el diputado Barnave, que entró en la carroza adusto
republicano y salió de ella monárquico, vencido, transformado por la desventura y la interesante dignidad
de una mujer y la gracia dulcísima de un rapazuelo. Al ver hume?ecidos por el llanto los preciosos
ojos donde sólo debía brillar el júbilo de la inocencia, Barnave sintió ablandarse sus entrañas; al sentir
en sus rodillas el peso sagrado del cuerpo del niño,
le amó lo bastante para ofrecerle la vida. ¡Tanta fuerza posee la infinita debilidad de la infancia!
La calentura del delfín provenía de las terribles impresiones de aquel viaje, que al pronto le había parecido una divertida comedia. En la aldeílla de Dor-

NúMERO 600

bien sabe el aire libre! ¡Qué lástima me dan los que
están siempre encerrados!»
Su inteligencia se desarrollaba de un modo sorprendente, lo cual no nos extrañará si recordamos
que, al hacerle la autopsia, los médicos habían de
declarar no haber visto nunca, en niño de tal edad,
cerebro tan pesado y grande. Su educación se completaba con lecciones bien graduadas y estudios serios, y su penetración extremada se revelaba en mil
dichos, ya agudos, ya hondos. Habíanle dado, en
premio á su aplicación, una armadura chiquita; y
un día quiso armarse con ella de punta en blanco,
para sorprender á su preceptor. «¿Qué nombre tomas,
Carlos?,» le preguntó su madre. «El del caballero
Bayardo. - ¿Y por qué? - Porque quiero ser como él,
sin miedo ni mancilla.» Su héroe favorito en la historia era Escipión. Le trajeron á enseñar su escudo,
conservado en un museo, y volando el delfín fué á
buscar su sablecito y lo frotó contra el escudo. «¿Qué
es eso, monseñor?, » preguntó el abate Barthelemy,
portador de la antigualla. «Que froto mi sable contra
el escudo de un grande hombre, para que se me pegue algo, » respondió el niño.
El aniversario del viaje á Varennes
lo celebró el pueblo invadiendo las
Tullerfas y haciendo beber á la realeza, en pocas horas, un cáliz colmado
de hieles de ultraje y humillación. Por
vez primera fué colocado sobre los rubios cabellos del delfín el gorro frigio,
que había de servirle en el Temple de
corona de espinas. Las turbas desfilaron ante la mesa que, débil valla, protegía la vida de los niños, á quienes
hasta sin querer pudo despachurrar
aquel aluvión humano. Era el día en
que, desde la terraza, el oficial de artillería que después fué Napoleón el
Grande y que presenciaba las escandalosas escenas, montó en cólera y
rugió: «¡Lástima no poder barrer esa
canalla á cañonazos!» Temblorosa y
transida de miedo la reina, acaba por
guarecerse con el delfín en un escondrijo practicado en el hueco de la pared. El niño, comprendiendo la necesidad de callar, enmudece y retiene
hasta el soplo de la respiración. Pasado el inminente peligro, los miembros
de una diputación de la Asamblea
Nacional se entretienen en hacer pre-

El célebre tribuno MIRABEAU

despertar, los allí presentes se miraron en silencio. No encontraban palabras para desmentir el ensueño, no ya profético, sino meramente simbólico del niño que, al mostrarle
su madre á la guardia nacional como iba semi-sofocado de calor, exclamando: «Vean,
señores, mi pobre hijo se ahoga, » había oído
brotar de entre la muchedumbre esta feroz
respuesta: «Aguarda, que ya os ahogaremos
de otro modo. »
El año que sigue á la fuga de Varennes
transcurre en engañosa quietud: diríase que
dormita la Revolución, para despertarse más
vigorosa y sañuda. Aunque vigilada de cerca
en las Tullerías, goza relativa calma la familia real. Un hecho singular caracterizó aquel
período de bonanza en que Robespierre, desalentado, pudo decir: «Amigos, todo se ha perdido.» Y fué que, dando vueltas á la manera
de derrocar la monarquía, se pensó en que abdicase
Luis XVI y recayese la corona en el delfín. Para sembrar en el pueblo la idea, gentes asalariadas gritaban
en el male~ó~ de las_ Tullerías al ver al delfín: «¡Viva
nuestro reyecito!» Bien cara había de pagar el reyecito, cuando lo fué, la funesta herencia de la corona.
Hoy, que sabemos lo que esperaba á Luis Carlos no
podemos menos de encontrar patética su exclama~ión
cuando por primera vez, desde la vuelta de Varennes, se permitió bajar á su jardín: «Mamá, dijo, ¡qué

uno de los jefes girondinos

guntas al delfín, asombrados de su comprensión clara y viva. Un diputado, á propósito de historia, inte·
rroga al príncipe sobre la jornada de Saint Barthele·
my. «¿Por qué evocar tal recuerdo?, » observa otro diputado más discreto y prudente: «Aquí no hay ningún_ Carlos IX. - Ni ninguna Catalina de Médicis,»
r~phcó pronta~ente el delfín, entre los aplausos, las
nsas y los elog10s de todos los diputados.
. Desde.~quellas horas de amargura, en la concien·
c1a del mno, que alcanzaba ya la edad señalada por

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

El Temple en el último tercio del siglo xvm. (Copia de un dibujo de F. '.llolfbauer.)

!t

GUADET,

LA

NúMERO 600

la Iglesia para el uso de la razón, se hizo luz: luz lívida como la del relámpago. Comprendió la lucha, y
que no llevaban la mejor parte en ella los seres queridos. Sintió las angustias del náufrago, cuando sólo
debiera sentir el descuido y la imprevisión del que
todos protegen y aman. Percibió que tenía enemigos,
y que, tan tierno, tan lindo, tan amable, se le odiaba.
¿Por qué? Eso sí que no lo comprendía... El caso es
que se le odiaba. Un día dijo en voz baja al marqués
de Villeneuve, enseñándole cierto juguete, una liebre
que tocaba el tambor: «Esta liebre redobla por el rey:
es una liebre realista; pero no lo diga usted á nadie,
porque me la matarían!»
Sintiendo que cada vez se abría más aterrador el
abismo, los reyes intentaron ganar á su causa á algunos de los hombres que mayor ascendientes ejercían
en la opinión, y como antaño á Mirabeau, hicieron
secretas proposiciones á Dantón y á Guadet. Guadet
no se dejó ganar: lejos de eso, fué de los que más
adelante votaron la muerte de Luis XVI. Sin embargo, su alma de bronce tuvo un instante de enternecimiento, uno solo; y éste lo causó la vista del delfín,
profundamente dormido en su camita. María Antonieta alumbraba: Guadet contempló aquel sueño angelical, y una nube de tristeza y lástima veló su frente. «¡Qué tranquilo duerme!,» murmuró el republicano. «¡Pobre niño!,» suspiró la reina, y · cambiaron
una mirada. Guadet, conmovido, tomó la manita del
delfín que colgaba fuera del embozo, y la besó con
los mismos labios que habían de enviar á la guillotina al padre.
.
Atropellábanse los sucesos; no estaba ya en mano
de los hombres contener la ola desencadenada. Acercábase el formidable día 10 de agosto de 1792, fecha
roja si las hay. El 9, convencido de la inminencia de
un ataque del pueblo, que pedía á voces el destronamiento á la Asamblea, el rey había preparado la defensa de las Tullerías; pero conociendo su acostumbrada humanidad, su repugnancia al derramamiento
de sangre, era previsto que esta defensa seda fórmula vana y estéril. María Antonieta, sola y sin otro consejero que su energía, hubiese resistido mejor el embate. No le era lícito á la valerosa mujer más que
presenciar y compartir el riesgo. Al despedirse del
delfín, la noche del 9, no pudo reprimirse, y las lágrimas de la madre bafiaron las frescas mejillas del niño. «Mamá, ¿por qué lloras hoy al darme las noches?
Todo el mundo anda asustado... No me acuesto. Acuéstate; hijo, yo estaré cerquita...,» respondió la
reina. ¡Sueño bien corto el de Luis Carlos! A media
noche comenzaron á tocar al arma: el eco pavoroso
del cañón, el redoble de los tambores y ese indefinible y trágico rumor oceánico que levanta la multitud
inmensa en marcha contra algo ó contra alguien. A la
primera é indecisa luz del amanecer, despiertan aprisa al delfín, y su madre le toma en brazos. «Mamá,
¿van á hacerle daño á papá? No puede ser: ¡si es tan
bueno!» La reina lleva al delfín á la galería mayor

del castillo, en que unos doscientos ó trescientos
hijosdalgo, resueltos á morir con sus reyes, se agrupan silenciosos. Al ver al niño, gritos de entusiasmo
pueblan el aire: cien manos febriles se apoderan de
Luis Carlos, y á guisa de viviente bandera lo alzan
sobre las cabezas destinadas á rodar bien pronto de
los hombros.
Viendo la imposibilidad de resistir al torrente, el
rey se decide á buscar asilo en la Asamblea Nacional. Para atravesar el encrespado gentío y no ser despedazados, un granadero coge al delfín, lo
levanta en vilo, y le
pasa cual otro San
Cristóbal. «No tengas
miedo. - No, por mí
no... contesta el delfín; por papá sí: que
no le maten!~ El granadero se adelanta, y,
entrando antes que
nadie en la Asamblea,
deja al niño sobre la
mesa presidencial. Las
lágrimas de la criatura
enternecen por un instante á los espectadores de las tribunas, y
merced á ese impulso
compasivo se le permite á Luis Carlos refugiarse en el seno de
su madre.
Con ella se agazapó
(es la única palabra
exacta, pues allí no se
podía estar de pie) en
aquella tribuna del
Logógrajo, que fué como el balcón del Pretorio en la larguísima
pasión de la familia
real. Entre llanto y
estremecimientos profundos, el niño oyó
pedir la cabeza de su
padre; oyó el decreto
que privaba de toda
autoridad á Luis XVI;
y prestando mejor el
oído, hasta pudo escuchar el nombre de
Luis XVII, que por
vez primera resonó en
aquellas dolorosas horas... Los que, mal informados ó atrasados
de noticias creían po-

sible aún sostener la monarquía como forma de gobierno,
se agarraron á la candidatura
del niño que, azorado como
paloma entre las uñas del halcón, quebrantado además de
sueño, calor y cansancio, se
amodorraba ya sobre el hombro materno... En aquellos instantes en que se decidían los
destinos de su raza y el suyo
propio, la criatura tenía una
preocupación viva y honda: saber qué habría sido de su perrillo .Moufjlet, perdido y acaso despachurrado en el tumulto.
Tres días mortales permaneció la familia real, de día en
la tribuna, de noche en unas
angostas celdas del antiguo
convento habilitado para las
sesiones de la Asamblea. Carecían de ropa, y el delfín no hubiese podido mudarse á no ser
por la generosidad de la embajadora de Inglaterra, la condesa de Gower Sutherland, que
por tener un hijo de la misma
edad que el delfín, pudo socorrerle. Mientras la Asamblea
deliberaba, disponíase la prisión de la familia real y hórrido sepulcro del delfín; el viejo
torreón donde un tiempo moraron los caballeros de la Orden del T e mple-otra gran
tragedia de la historia. - El 13
de agosto, al anochecer, Luis XVI, su mujer, su hermana, sus hijos y servidumbre cruzaban los umbrales
del Temple, iluminado por fuera con democráticas
lamparillas, por dentro aristocráticamente con centenares de bujías. El delfín, rendido, agotadas sus fuerzas, dormíase en las rodillas de su aya Madama de
Tourzel, porque cama no la tenía at1n. Fuera, la multitud ebria de vino y sangre bailaba la carmañola;
dentro, los prisioneros se extendían en las duras camas, y cerrando los ojos, á obscuras, rezaban al Dios

LUIS XVI EN EL TEMPLE,

dibujo de Carneray

�OBRAS NOTABLES DE LA PINTURA MODERNA

EN

LA

ESPESURA DEL BOSQUE,

CUADRO DE

F.

ANDREOTTI

�LA
vengador é irritado que v1S1ta la iniquidad de los
padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.
EMILIA PARDO BAZÁN

(Continuará)

MONUMENTO AL PADRE LAS CASAS
PROYECTO DE DON AGUSTÍN QUEROL

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Las Casas que constituirá indudablemente una de las joyas más
preciadas de la Nueva España. Méjico, honrando á tan ilustre
sacerdote honra por ende á Querol, del mismo modo que Querol honra á España con su prodigiosa labor artfstica.
,
Cinco metros deberán tener las figuras de este grupo que ser_a
vaciado en bronce; obra colosal como iniciada por el presidente de la República mejicana, general Porfirio Diaz, ú~ico
hombre que hasta la fecha ha sabido apartar áaquella floreciente nación de las luchas fratricidas para conducirla á la paz más
duradera y provechosa, á esa paz benéfica y fecunda que hace
pensar en los héroes é impul5'.1 el d~sarrollo de _las ideas saluda·
bles por medio de las mamfestac1ones artísticas. El general
Dfaz pensando de este modo resulta aún más grande que en el
movimiento regenerador de Fuxtepec.
Pero alguien más merece igualmente nuestro aplauso: le_mere·
ce y muy sincero el representante de aquel país en M_adncl, general Riva Palacio, quien recibió el encargo d 7 pract1c~r aquella idea en nuestra patria, y su provechosa 10gerenc1a en el
asunto nos recuerda una frase del gran Rubens cuando era enviado especial de su pais en Inglaterra. Pint~ba el gran au~or
de Ei descendimiento en los momentos de ocio, cuando gestwnaba cerca de aquel gobierno, y en uno de eso~ instantes .u!1
personaje llegó á visitarle quedándose sorprendido de la agilidad artística del enviado: c¡Hombre!, dijo, ¿conque es usted
pintor á ratos? - No, señor, contestó el célebre flamen~o, á _ralos soy diplomático.&gt; Si esta frase no envuelve mort1ficac1ón
alguna para un embajador tan hábil y distin~ido com? el seño~
Riva Palacio, téngase por aplicada, en ~I bien entend11o que s1
no es un pintor como Rubens es tan arhsta como el primero en
cuanto á la literatura y á otras artes se refiere.
· Un enviado de semejante magnitud es capaz, no ya de establecer una corriente de simpat!a entre los ingratos elementos
del estado social, sino que también puede d~jar unida )?ara
siempre la idea absoluta del arte entre dos naciones que ~1en·
san y sienten con la misma cabeza y el mismo corazón. EJemplo elocuente de esta verdad ese! monumento al Padre Las Ca·
sas cuyas lineas generales acabamos de diseñar.

Se ha dicho, con razón mil veces comprobada en la historia,
que el tiempo se venga de quien no cuenta con él, pues á través
de los siglos todo se justifica, y aun de esas mismas justificaciones suelen surgir gigantescas personalidades cuyas virtudes había
obscurecido la envidia ó desfigurado la animosidad personal y
mezquina de los hombres. Y de esa afirmación viene á darnos
gallarda muestra el movimiento de simpatfa y admiración iniciado en todos los paises hispano-americanos hacia la patria común y hacia sus hijos insignes que hace tantos siglos realizaron
la empresa extraordinaria de conquistar para la vida del espiritu y de la civilización aquellos pueblos prehistóricos, sumidos
hasta entonces en la más lamentable obscuridad. Venganza te·
rrible que el tiempo realiza ahora contra los falsificadores de la
historia.
Mientras en casi toda la América se levantan estatuas al insigne navegante genovés y á los hombres que después trataron
de conservar sus conquistas por medio de la bondad y el amor,
Méjico se prepara á erigir otro monumento al hombre acaso
más eminente de la España maternalmente conquistadora: al
nunca bien ponderado Fray Bartolomé de Las Casas, quien por
sus virtudes supo merecer el honroso dictado de &lt;Padre de los
americanos.})
Y la realización de esta idea, apoyada con decidido empeño
y ardoroso entusiasmo por el presidente de aquella Rep(1blica,
general D. Porfirio Díaz, ha sido confiada á nuestro insigne esLuts PARDO
cultor D. Agustín Querol, quien ya ha ejecutado y remitido los
......,..,..,,.,,......,......,..............................,.., ,,.,...........,...........,.,.,,.,,,., .......,..........,..,...
modelos de su grandioso proyecto.
Si entráramos en el terreno de las consideraciones relativas
á la asociación de ideas podría decirse que el monumento en
NUESTROS GRABADOS
cuestión, destinado á honrar las virtudes de un hombre tan
discutido en todos los tiempos como el Padre Las Casas, no
M. Roybet, pintor francés ·premiado con la
podría tener intérprete más apropiado, enérgico y glorioso que medalla
de honor en el Salón de Paris de 1893.
el Sr. Querol, que desde los comienzos de su carrera ha sabido - Dos cuadros tiene expuestos este artista en el actual Salón
romper los convencionalismos del arte, como ahora rompe, pa- de los Campos Eliseos de París; uno de ellos, grandioso, colora honra suya, el presidente Díaz los convencionalismos de la
historia.
El Padre Las Casas, obispo de Chiapas, como dice elocuentemente en un notable artículo el general Riva Palacios, embajador ele Méjico en España, «fué el representante de todos aquellos misioneros ó abogados que combatfan incesantemente, reclamando libertad y buen trato para los indios; porque el obispo era el adversario más poderoso de los codiciosos encomenderos y de los malos gobernantes de Nueva España, que miraban como letra muerta las benéficas y repetidas disposiciones de
los monarcas españoles en favor de los indios; y Las Casas, ni
se Limitaba á la denuncia del abuso, ni se contentaba con la
estéril queja. Indicaba el remedio, anatematizaba la conversión
violenta, reprobaba la conquista armada, y usando de sus facultades como obispo, prohibfa á su clero que absolviesen en el
tribunal de la penitencia á los que tuvieran indios esclavos; y
seguro de la verdad y de la justicia de su doctrina, tan intransigente y seve~o se mostraba, que par~ él se convertía ~~ enemigo cualquier gobernante que tuviese la menor deb1bdad ó
condescendencia con los que infringían aquellas leyes.»
Tan exacto es este retrato, tan vivo su color y tan cierto y
ajustado a la verdad psicológica del personaje, que hacemos
nuestras esas palabras para explicar mejor la obra del Sr. Que·
rol. Como se ve, Fray Bartolomé de Las Casas era lo que hemos dado en llamar un carácter, era una gran personalidad den·
tro del orden riguroso de las ideas elevadas, presentfa la marcha de los Estados del porvenir, y de ese modo por intuición
maravillosa resulta precursor de una escuela socialista tan honrosa para la humanidad como la que establece en primer térmi.no el derecho de gentes.
' \

..

* **

La gloriosa figura de este fraile extraordinario ha sido interpretada por el Sr. Querol dentro de la linea enérgica y movida
tan peculiar á esa especie de neoclasicismo que constituye por
sí la gran personalidad artistica del escultor tortosino. Las Casas se levanta sobre un ancho pedestal adornado con las águilas
mejicanas, en el centro de un basamento de ampllsimas escalinatas; lleva la frente alta y la mano izquierda enhiesta empu ·
ñando la cruz redentora, mientras con la derecha recoge sus
hábitos hacia atrás para cubrir con ellos el cuerpo desnudo de
una indígena que, abrazada á su indio y llevando en los brazos
el hijo amado, se amparan todos de aquellas santas vestiduras.
Tiene esta composición además un detalle filosófico: mientras
los indios se acogen atemorizados, el niño juega con una flecha
desprendida del carcax de su padre, nota de carácter profético
indicada con la encantadora sencillez de la inocencia.
El grupo está tan admirablemente sentido y comprendido, que
por todos sus puntos de vista ofrece las arrogancias y gallardfas
del arte cuando se apodera de una idea grandiosa; y para que
resulte perfecta la arifionla entre el concepto psfquico y el des·
arrollo plástico de esa idea, parece que aquel campeón de la fe
y la justicia defiende en tan critico momento con su pecho y en
nombre de la hidalguía castellana los fueros del débil contra el
fuerte y con la cruz y en nombre del cielo los derechos del nue·
vo ciudadano.
El Sr. Querol, acostumbrado á triunfar en Europa, quiere y
debe triunfar igualmente en América; el artista que vence siem·
pre en los concursos, el que ha sabido conquistar con aplauso
unánime medallas dé oro en todos los certámenes internacionales verificados durante los últimos años en Munich, Berlfn, París, Madrid y Barcelona, el que supo despertar en España el
genio adormecido de Alonso Cano con su célebre escultura La
Tradición y levantar del moribundo clasicismo rutinario deses·
perada protesta iniciando una verdadera revolución artística con
su grandioso frontón de la Biblioteca y Museos nacionales de
Madrid, se presenta ahora en esta nueva obra tan enérgico y
arrogante que amenaza invadir el Nuevo Mundo con las her·
mosisimas producciones de su indisputable talento. Si no era
bastante el monumento á Colón que ha de erigirse en Guatemala ó el de los bomberos de la Habana muertos gloriosamente en el cumplimiento de su deber, ha modelada el del Padre

NúMERO

600

, ..

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

Vendedora de flores en Florencia. - En la espesura del bosque, cuadros de F. Andreotti. De distinto género estos cuadros, ambos justifican la fama de que
hace tiempo goza su autor en el mundo del arte. Así la figura de
la hermosa florista de nuestros tiempos, como la enamorada pa·
reja del pasado siglo, están dibujadas con tanta espontaneidad
como corrección y llevan impreso el sello de vida que sólo el
genio puede infundir en la producción artfstica; y tanto la cesta de flores de la una, como el bosque frondoso en el cual ha
ido á refugiarse la otra buscando para sus amores asilo oculto á
indiscretas miradas, están estudiados con cariño y ejecutados
con mano maestra y revelan cuán familiar es al pintor el cono•
cimiento de la naturaleza en sus diversas manifestaciones.

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT. - I LUSTRACIONES DE EM I LIO BAYARD

!CONTINUACIÓN)

Estudio, cuadro de Manuel Felíu D' Lemus. :--

Varias veces nos hemos ocupado con verdadera complacencia
de las obras de este joven y distinguido pintor, que ofrece la
particularidad de que cada una de ellas significa un progreso y
revela sus aptitudes para el cultivo del arte que con _tanto entusiasmo emprendiera. Desde Et banco de la_ Parroqm~, que t~ta admiración causó, cada nueva producción ha temdo el pnvilegio de llamar la atención de los inteligentes. Hoy, en los
Salones de Parfs, abiertos actualmente, figuran expuestas algunas obras de Feliu. Esta circunstancia demuestra la valfa del artista, á quien felicitamos por sus progresos y aplaudimos por su
indiscutible mérito.

Bellas Artes. - En la Fine Art Society, de Londres, ha
expuesto el célebre caricaturista inglés Mr. Linley Sambourne
300 dibujos en su mayor parte originales de las caricaturas poHticas publicadas en el Ptmch desde r888.
- Se ha inaugurado en Berlin una Exposición de Bellas Ar·
tes, Iilire, organizada por numerosos artistas cuyos envfos han
sido rechazados por el jurado de la gran Exposición berlinesa,
la que pudiéramos llamar oficial: entre estas obras figuran la
estatua ecuestre del emperador Guillermo destinada á la ciudad
de Stuttgart, obra de Maximiliano Klein, que fué premiada en
público certamen.
- El emperador de Austria, protector decidido de las bellas
artes, ha adquirido en la última exposición celebrada en Viena
once cuadros al óleo de Ameseder, Blaas, Sckhardt, Friedlan·
der, Ilampel, Ilamza, Kaufmann, Kochanowski, Reichert,
Russ y Zewy y una acuarela de Bernt.

Teatros. - En el teatro Real de la Opera, de Berlín, se
ha cantado recientemente Falsta.fl, de Verdi, por la misma
compañía que estrenó la ópera en la Scala de Milán, excepción
hecha de Maure), á quien sustituyó nuestro compatriota el señor
Blanchart, que fué muy aplaudido. La obra gustó, pero no pro·
dujo entusiasmo.
En el propio teatro se estrenará en octubre la 6pera de Ruliinstein Nerón.
París. - En el Odeón se ha celebrado el centenario de Corneille con una representación extraordinaria, cuyo programa se
compuso de un acto del llfenteur, la tragedia Horado y un
apropósito en un acto y en verso ele G. A. Guerin, titulado La
mort de Comeille, cuadro de gran vigor dramático y muy bien
escrito. De los últimos estrenos del teatro Libre, sólo obtuvo
buen éxito una pieza en un acto de E. Bourgeois, llfarige d' argent, comedia de costumbres rurales del género realista. En Folies Dramatiques se ha estrenado con buen éxito un mimo-drama
en tres actos y un prólogo, de Blanchard de la Bretesche, titulado /ean llfayeux.
.úndres. - En Covent Garden se han cantado: Carmen, La
hebrea, .ús pescadores de perlas, Fattsl y La Favorita, habiendo sido el mayor éxito en todas esas óperas para Mme. Calvé
en el papel de Carmen. En el Albert Hall y en Saint James
Hall han dado conciertos Adelina Patti y Sarasate respectiva·
mente, habiendo logrado una y otro grandes ovaciones. En el Drury Lane actúa la notabilfsima compañia de la Comedia Francesa,
que ha puesto en escena Les Plaideurs, de Racine; Le malade
' ~~', ~
imaginaire, de Moliere; Un pere prodigrie, Pat le Glaive, De' . ~~'
nise, Les effrontés, Le Fitibustier, Gringoire, Le fendre de
'"-,'
111. Poirier y Les precieuses ridiwles. En el Lyric sigue cose'·
chando entusiastas aplausos la eminente Duse que, entre otras
''·
obras, ha representado La casa de muflecas, de Ibsen.
'
Barcelona. - En Novedades se ha estrenado con gran éxito el
drama en tres actos de D. José Echegaray El poder de la im·
potencia: el ilustre dramaturgo asistió á él, asf como á las reM. F. ROYBET, pintor rancés
presentaciones extraordinarias de su precioso drama Mariana,
premiado con la medalla de honor en el 'salón de París de 1893 habiéndole tributado el público entusiastas ovaciones. En el Líri·
co se ha veriticado el beneficio del notable primer actor señor
Ruiz de Arana, que tantas y tan justas simpatías se ha conquissal se titula Carlos el Temerario en Nesle, y representa la ma· tado en Barcelona: la función fué una serie de éxitos lan gran·
tadza ordenada por el duque en la catedral de aquella villa, en des como merecidos.
donde se hablan refugiado los habitantes huyendo de los bor·
N ecroloma. - Han fallecido recientemente:
gañeses· el otro, titulado Galanteo, ha sido unánimemente conCarlos Jose de Hefele, obispo de :aottemburgo (Wurtemsiderad¿ como una joya, y de él nada decimos porque en breve
podrán admirarlo nuestros lectores en las páginas de LA ILUS- berg) y antes profesor de la facultad de Teología católica de
TRACIÓN ARTÍSTICA. Desde el primer momento, la opinión Tubingen, ilustre historiador eclesiástico.
Juan Pedro Holst, célebre poeta y novelista dinamarqués.
pública designó como digno de la mayor recomp_ensa al autor
Otón Kauffman, notable pintor berlinés, retratista, de hisde esos lienzos, y el Jurado, en efecto, ha concedido la medalla
de honor á M. Roybet, cuyo retrato publicamos en esta página. toria y de género.
Julio Scholtz, famoso pintor de historia, profesor de la AcaUn momento de descanso, cuadro de Adolfo demia de Bellas Artes de Dresde, autor de cuadros de gran va·
Menzel. - El cuadro que hoy reproducimos del gran pintor Ha! en~e eUos ·d~I ciclo de pinturas murales que representan
berlinés se aparta por completo del género á que preferente- ep1sod10s de la vida del duque Alberto existente en el palacio
'
mente se ha dedicado el gran ilustrador de la historia de Fede- Alberto, de Meissen.
Carlos Sem~r, profesor de Zoología y de Anatomía comparico el Grande, y constituye una nota de observación y de estudio que entra de lleno en ta escuela del realismo y aun del im- rada d«; la Umversidad de Wurgburgo y director del Instituto
presionismo modernos. Pero ¡cuánta diferencia entre la obra de ?&lt;&gt;o16gico-Zootómico, ilustre sabio y \&gt;iajero, autor de muchas é
Menzel y las de aquellos que entienden que la impre~ión debe 1mportantes obras de Zoología.
traducirse en manchas borrosas, en figuras desdibu¡adas; en
una palabra, cuánta diferencia entre la naturalidad del cuadro
Recomendarnos el verdadero Hierro Bravats. adopque nos ocupa y esas exageraciones y extravagancias que algutado en los Hospitales de Parle y que prescr!Oen los
nos pretenden hacer pasar por última expresión del arte! Ninmodlcos, contra la Anemia, Cloroals y Debilidad¡ dando
guna de las cualidades técnicas que lada obra de arte para ser
á la piel del bello sexo el sonrosado y aterciopelado
realmente tal debe tener falta en la del ilustre pintor, que á pe·
que tanto se desea. Es el meJor: de todos loa tónico•
sar de sus setenta y ocho años siente y ejecuta como en sus me'f reconst1tu1entes. No produce estreñlm1ento, ni diarjores tiempos y es una de las personalidades más salientes del
rea, teniendo además la superioridad sobre todos loa
ferruginosos de no ratl¡ar nunca el estóma¡o.
mundo artístico contemporáneo.

~~',

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Solamente en algunas que otras palabras se lamentaba la madre de Sixto de á la lectura, sobre todo á la lectura de novelas, había podido tomar todo aqueJo triste de aquel su nuevo género de vida, apartada de su hermana, lejos de su llo como original y hasta inédito y contentarse. Tal cual era, nada tenía de
país, viviendo en una casa aislada donde tendría por únicas distracciones el es- inverosímil que Leontine le adorase con toda su alma.
Pero con lo que no podía contentarse seguramente era con las explicaciones
pectáculo de los trenes al pasar el puente y la vista de las lanchas del río que,
ora subían, ora bajaban, siguiendo el movimiento de las mareas· pero todo esto relativas á Arturo Bum; la carta que seguía á las ya mencionadas lo demostraba
era un sacrificio que ella hacía á su amor sin lamentarlo.
'
por su papel ~n gastado en los dobleces qu; había sido nec~sa~io suj;tarlos co?
En la carta siguiente ya aparecían las quejas más determinadas: ¿quién le ha- tiras de. los pliegos de sellos de correos: ¡cuantas veces habna sido leido y rele1bría dicho que se vería obligada á ocultarse en un arrabal de aquella gran pobla- do, estudiado y analizado, desdoblado y vuelto á doblar para encontrarse en
ción, con nombre supuesto, y que la recompensa de su ternura y de su confianza aquel estado!
«¿Te parece, ídolo de mi corazón, que si tuviese yo algo que reprocharme te
habría confesado nunca que había encontrado á Arturo? ¿Te parece acaso que
si hubiese yo querido negar ese encuentro no habría podido hacerlo de manera
que quedases convenci?o de que _na~a de eso había pasad?? No ofrecía esto
ninguna dificultad. ¿Quién me hab1a visto? Un hombre en qmen no podías tener
completa confianza. Podría yo haber negado su testimonio; haberte dicho que
no salí de casa aquel día. Y tengo el orgullo de creer que entre el dicho suyo y
el mío no hubieras vacilado. Pero eso hubiera sido un engaño, una bajeza, una
cosa indigna de mí, indigna de mi amor; habría sido sospechar de ti, cosa que
nunca he hecho, cosa que jamás haré, porque no quiero rebajarme á mí misma
á tus ojos, ni puedo rebajarte á ti en mí corazón.
»Por eso cuando con el rostro turbado, sombríos los ojos, temblorosa la voz
de angustia ó de cólera - me parece que de las dos cosas - me preguntaste:
¿has visto al Sr. Bum?, te respondí: lo he visto; y te expliqué cómo había ocurrido aquel encuentro que se debió á la casualidad únicamente.
»Y no obstante, á pesar de mis explicaciones tan leales como claras, comprendo muy bien que al separarnos ibas enojado conmigo, y lo que es más triste todavía, inquieto y desgraciado. No quiero que esto suceda, amado de mi alma;
no quiero que dudes de mí, de mí que te adoro; no quiero que los celos te atormenten; harto has de sufrir ya sólo con nuestra separación. Por eso, después de
la horrible noche que acabo de pasar desesperándome y llorando por haberte
causado un disgusto, he querido que mi primer pensamiento, al levantarme esta
mañana, sea para tranquilizarte repitiéndote lo que ya te he dicho; me parece
que cuando veas en orden lo que pienso decirte en esta carta, si es que consigo
ordenar mis ideas, reconocerás que en este deplorable encuentro nada hay que
pueda disgustarte.
»Como ya te he dicho, yo había salido para dar una vueltecilla por el muelle.
En esto hice mal, lo confieso; debí permanecer en casa. Pero ¡qué quieres? Tener por única distracci6n la de mirar cómo pasan los trenes ó las barcas llega
á ser fastidioso, y tener por único ejercicio el de dar vueltas en un jardín del
tamaño de una servilleta acaba por marear. En fin, que yo había salido, y maquinalmente, sin saber lo que hacía, sin darme cuenta de la distancia había llegado al extremo del puente, donde me detuve contemplando el movimiento de
los buques anclados en la ría, á los cuales la marea alta imprimía movimiento
alrededor de las anclas; de pronto noté que alguien se había detenido detrás de
mí, á muy poca distancia, y que me miraba fijamente. Ya comprendes lo que
¡Querida hija mial ¡Anic de mi alma!¡ Adorada niña!
esto me asustaría. Entonces, sin volver siquiera la vista, procuré seguir mi camino; pero una mano me cogió dulcemente por el brazo y al mismo tiempo oí
la voz de un hombre que con acento inglés me decía: «¿Le doy á usted miedo,
sería aquella existencia miserable de joven deshonrada? ¿Con aceptarla solamen- señorita?» Era Arturo. Dime tú si á pesar de mis deseos de huir de él podía ente no estaba dando la mayor prueba de amor que podía darse? ¿Obtendría alguna tonces hacerlo. Me dijo que venía de Arcachón, donde ha permanecido desde
vez justo pago á aquel sacrificio? Lo único que al presente deseaba era que sus sa- que salió de Peyrehorade, y que regresaba á la estación de la Bastida para tornar
crificios sirviesen por lo menos para calmar la manía celosa con que le daba tor- el tren de París. Por mi parte no le dije ni una palabra, pensando que Arturo
mento.
s~ de:ipediría deján?ome sola. Pues nada de eso; como había llegado con antiLas cartas siguientes se referían también á este tema de los celos, pero de c1pac1ón, calculó, sm duda, que el charlar un rato conmigo era un modo como
una manera vaga y que nada nuevo decía: Gastón estaba celoso de Arturo Bum, cualquiera otro, de hacer tiempo.
'
aquel inglés joven que había habitado en la hostería de las herman~s Du'.ourcq,
» ~n este momento, sin duda, _pasó por allí la persona que te ha dicho que
y Leontine se obstinaba en desvanecer aquellos celos. Ella había visto siempre me v1ó con Arturo; no pudo ser smo en este momento, porque no estuvimos haen Arturo Bum un huésped como todos los demás; si algún sentimiento le ha- blando más que unos ocho ó diez minutos. Te confieso que en aquellos instanbía inspirado era lástima. ¿Cómo no había de compadecer:Íe
un pobre mu- tes no tenía yo conciencia del tiempo, porque estaba angustiada. Cuando Artuchacho condenado á muerte y que pasaba días ent~ros amqmla_do por sus do- ro manifestó la sorpresa que le causaba encontrarme en Burdeos, siendo así que
lores? Además, ¿cómo ninguna mujer podía sent1r am?r hacia , un en'.e~mo me creí~ en la Champagn~, no s~pe qué responderle, así como tampoco sabía
que tenía su cuerpo convertido en un estuche de farmacia? ¿Pod1a ~dm1t!rse, qué decirle cuando me miraba fiJamente; porque bien comprendía yo que mi
razonablemente, que Leontine fuese tan ciega ó tan loca q~e prefiriese a ,un estado era ya muy visible, como l_o eran también. mi confusión y mi vergüenza.
hombre joven, sano, vigoroso, dotado de todas las buenas cuahd~des que hac1an Aquellos momentos de conversación que se consideran como un crimen comeirresistible á Gastón un pobre inválido fastidioso siempre cubierto de unturas tido por mí fueron, sin embargo, muy horribles. Por último, Arturo se alejó de
, hasta
y emplastos, que olía' á enfermedad y á' quien las.l criadas de la ho~tena,.
mí miránd~me con aire de lástima, que no era ciertamente para darme valor, y
las más serviciales y dispuestas, se resistían á c~1dar? Arturo hab1a salido de yo re~resé a casa reprochándome duramente por aquella malhadada salida, aunPtyrehorade al mismo tiempo que Leontine se mstalaba en :13~rdeos, esto era que sm prever todas sus consecuencias.
verdad; pero ¿qué importaba? En el caso de que en ef~cto existies~ entre ellos
»He ahí la verdad, ídolo de mi corazón, toda la verdad, tal cual te la he dicho
co~plicidad, ¿no Je habría sido fácil á Leontine persuadir á Arturo a que se con- ya francamente, ta~ cual te la repito para tranquilizarte, para devolverte la calma
duJera de modo que no despertara sospechas? ¿Se comprendía, cuando era ma- y sobre ,todo para impedirte que dudes de mí. Pregunta á tu conciencia misma,
yor su interés, tanto por ella como por su hijo, en _no provocar esas sospechas, amor m10, y estoy segura de que su voz te responderá que no tienes derecho á
que cometiese Leontine una imprudencia tan estú~1da como torpe?
desconfiar de tu Leontine. Escúchala, escucha también á tu razón, la cual te dirá
Seguían á estas otras doce cartas escritas en el m1s11:o tono; su lectura ,demo~- que sería yo la ~ás estúpida ó la más loca de las mujeres si te engañase. ¿Me
traba que en el transcurso de muchas semanas Leonhne s_olamente hab1a es,cn- tiene~ por est_úp1da? ¿Crees que estoy loca? Loca de amor sí lo soy; loca de amor
to á Gastón para defenderse, y que á pesar de todo el enoJ0 de éste, no ced1a á por b lo he sido desde la primera vez que te vi y lo seré hasta la hora de mi
los r_azonamientos de la joven. Cuando Leontine no abogaba e~ ~efensa de su muerte. Porque tu~e _la ,debilidad de escucharte, porque accedí á tus ruegos,
fidelidad, engolfábase en protestas de ternura, en las cuales se adivmaba que _ha- porque _no pude resistir a la hermosura de tus ojos, al fuego de tu pasión, á tu
~ía tomado por modelo .Afanon Lescattt, si bien Leontine, C?mo muchacha poco elegancia, a tu nobleza, á todo eso que te presta tantos encantos y tal prestigio,
ilustrada, copiaba servilmente á este modelo: «Te juro,_quend? Gastón, que eres ~pu~des creer que me habría yo entre ad? de la misma manera á cualquier otro?
el ídolo de mi alma y que nadie hay en el mundo sino tú á qmen yo pueda amar ,Oh. No; en el mun~o no hay para m19mas que un solo Gastón, y éste no puede
d~ la manera que te amo. Te adoro: parte de ese. prin~ipio, amado mío, y no achacarme como dehto que yo no haya sabido resistirle.
pienses en ninguna otra cosa.}) Gastón, muy aficionado a la caza, pero muy poco
»Pensar que Arturo Bum pueda ser á mis ojos algo más que un hombre del

?e

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LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMER0 600

todo indiferente, es creerme capaz de la más ruin y la más cobarde de las felo- destruirlos, solamente contestaba á todos con la consabida frase «te amo: parte
nías. Pues qué, ¿si yo hubiese querido á ese pobre muchacho, y hasta si única- de ese principio, cree en mi amor.» Y siempre lo mismo.
Después del legajo en que se contenían las cartas de la madre pasó Barincq
mente él me hubiese querido, hubiese tenido ojos para ti?, ¿habría yo consentido
en escucharte?, ¿me hubiera entregado á ti como lo he hecho? Arturo es huérfano, á examinar el paquete en que estaban reunidas las del hijo. Limitóse á pasar ráes rico, no depende de nadie; ni de su familia, ni de la sociedad, ni de nada; pidamente la vista por las primeras cartas de aquel legajo, escritas con ese caamada yo por él, fácil me habría sido, estando como está efectivamente enfermo rácter de letra infantil del que empieza á emborronar papel, y no dió principio á
y necesitando cuidados ... , hablo, por supuesto, del caso de que él estuviese ena- una lectura seria hasta que llegaron aquellas en las cuales podía adivinarse cóm?
poco á poco el niño se convertía en joven; muy pronto adquirió el convencimorado de mí.
»¿Tienes un solo indicio, una prueba cualquiera, sea la que fuere, para sos- miento de que si en vez de tratarse de esclarecer un asunto de paternidad se
pechar que alguna vez haya hecho yo estos cálculos? Te lo pregunto, y para que hubiera querido resolver. dudas acerca de la maternidad, Barincq 110 habría admitido nunca que aquel muchacho, todo sencillez y rectitud, de .corazón tierno
me respondas apelo á tus recuerdos.
»Cuando tú y yo nos conocimos, ¿viste en mí el aspecto de una muchacha y al propio tiempo discreto y reservado en sus expansiones, pudiera ser hijo de
subyugada por algún sentimiento tierno, por algún amor, por un compromiso 6, una coqueta, cada una de cuyas palabras denunciaba un engaño. Tal se mostraen fin, por proyectos cualesquiera? ¿líe opuesto nunca la menor resistencia á lo ba el colegial, tal era después el soldado - con la naturales variaciones de mayor
que has querido de mí? ¿No he sido entre tus manos tan flexible, tan dócil á firmeza y de más seriedad que dan los años;- tanta y tan franca sinceridad hatodos tus deseos como podía serlo una joven completamente libre de toda de- bía en aquella especie de confesión no interrumpida desde los dieciocho hasta
los treinta años, que se veía como si se hubiera seguido hora por hora, paso á
pendencia.
»No digo esto por haberme entregado á ti por completo, porque al hacerlo paso el desenvolvimiento de aquel espíritu, el despertar de sus ideas, la formade este modo obedecí á mi amor tanto como al tuyo; me refiero á todo lo de- ción de su carácter y de sus sentimientos, la tendencia de su corazón juvenil á
los ensueños primeramente, después á la meditación y por último á las realidamás, á lo sucedido después del momento en que fuí completamente tuya.
»Cuando quisiste que ocultase yo mi estado interesante, ¿opuse alguna resis- des de la existencia.
Resultó entonces que aquella lectura comenzada con la esperanza y el protencia? Y sin embargo, me parece que yo tenía derecho á levantar la voz y á
pósito
de que perjudicara al capitán, muy lejos de perjudicarle le favorecía;
decirte que siendo yo una muchacha honrada tenías con respecto á mí contraí·
das obligaciones de ho¡nbre honrado. ¿He hecho esto? No. Me dijiste que era siendo, como en efecto era, tan poco parecido á su madre, ¿de quién podía hanecesario contemporizar con tu padre y con las leyes de la sociedad á que per· ber recibido las hermosas cualidades que revelaba en cada una de sus cartas
teneces; que era conveniente esperar, sin apresurarse y sin violencias que todo sino de su padre?
Y para quien conociese á Gastón parecía que en efecto él era su padre.
lo empeorarían; y sin resistencia, aunque no sin dolor, sin avergonzarme, sin
mostrar disgusto, he aceptado lo que proponías.
»Has creído que me convenía separarme de mi hermana y abandonar mi caX
sa para veI)ir á ocultarme en este sitio; te he obedecido sin hacerte observación
alguna, aunque desde un principio vi con claridad el género de existencia que
No era esta la primera vez que advertía Barincq que .las personas hónradas
me imponías: lejos de ti, de quien estoy separada; lejos de los míos, á" quienes
tropiezan
en su vida con dificultades y obstáculos que no detienen nunca á los
no veo nunca; presa, abandonada, sola con mis pensamientos que, como yo roe
pillos.
Barincq,
si hubiese sido un tunante habría destruído sin vacilar y sin que
figuraba, no pueden ser alegres.
»¿Habría yo aceptado todo esto si ese Sr. Bum no fuese para mí del todo in- su conciencia le remordiese aquel testamento y en nada habría variado su situación; pero siendo hombre honrado no podía emplear un medio que, para
diferente?
»No he visto nunca sino á ti, solamente he pensado en cuál sería la mayor hacer la fortuna de su familia, causaría su propia desgracia envenenando para
siempre su existencia. El padre de Anie se conocía á sí mismo y sabía perfectaprueba de amor que pudiera yo darte.
. »Para decírtelo todo, para ser completamente franca y leal, agregaré que tam- mente que no.le era posible soportar sobre su conciencia tan terrible peso, que
bién he pensado en nuestro hijo y en que tú le pagarías á él lo que por ti hago. si le permitía dormir le atormentarla cruelmente al despertar; todas las sutilezas
»Nada puede serme tan doloroso como la creencia de que dudas de mí, de de sus razonamientos nada valían contra aquel pedazo de papel en virtud del
que me juzgas desleal y culpable, y es necesario que yo te ame como te amo, cual y con arreglo al código el capitán Sixto era el heredero de Gastón; mien·
que sea tu esclava, una propiedad tuya, para que lo sufra sin revelarme; pero, al tras no hubiese restituído aquella fortuna á su sobrino, que era en realidad su
fin y al cabo, por muy doloroso que esto sea, cuando me ofendes con tus sospe• legítimo propietario, Barincq no podía prometerse ni tranquilidad ni reposo.
Esto era la verdad; todo Jo demás solamente se fundaba en sofismas dictados
chas no pierdo mi valor, porque sé perfectamente que he de conseguir que varíen
por
el egoísmo 6 sugeridos por el interés personal. Barincq estaba perfectamentus sentimientos, como sé que lo único malo que hay en tí es tu carácter inquieto y celoso. Eres así, y contra eso no puedo nada; tu espíritu siempre suspicaz te convencido de que, á vivir solo, ese interés personal no se habría obstinado
te arrebata, y entonces nada puede detenerte, ni la razón, ni la verosimilitud, ni con tanto empeño en inspirarle mentidas argumentaciones, las cuales sólo tela justicia, hasta que la voz de tu corazón habla para demostrarte el error en nían fuerza por lo que podían influir en el bienestar de su mujer y de su hija.
Obtenida como resultado definitivo de sus reflexiones esta conclusión, el deque has incurrido.
ber
de Barincq estaba perfectamente definido: volver á su casa, tomar el testa»Pero si, ahora que te conozco bien, puedo dispensarte esas dudas, no quie·
mento
de Gastón y llevárselo á Revenacq.
ro que ellas rocen siquiera la frente de nuestro hijo; no quiero que le contemSin embargo, nada de esto hizo y no le faltaron razones para aplazar el sacriples con ese aire anhelante y sombrío con que miras á su madre mientras imagi~as las cosas más insensatas y más absurdas; por mi hijo no vacilaría yo en sa- ficio: por lo que respecta al capitán ninguna prisa había, y unos cuantos días de
~nficarlo todo y á todo estoy dispuesta; por mi hijo tendrás en mí la mujer n:iás más 6 de menos importaban poco; en lo relativo á su familia, Barincq no podía
ni debía, siri preparación, descargar aquel terrible golpe que sumergiría á su
tierna, más humilde, más adicta y más fiel mientras me dure la existencia.
»Entre ~l y tú no cabe que existan dudas de ningún género; sólo te corres- mujer en la desesperación y rompería el matrimonio de Anie: hasta él mismo
ponde decir: soy su padre, le debo la ternura, los cuidados y el amor paternales. necesitaba reflexionar todavía, orientarse en aquel laberinto de contradicciones
»Por nuestro hijo es por quien te escribo esta carta interminable, no por mí, en que luchaba. No era asunto aquel en que fuese posible ni razonable resolver
que á pesar de todo, no creo necesario defender mi causa; causa tan buena que con precipitación 6 ligereza.
Los días se deslizaban largos y agitados; las noches parecían aún más agitaen este_ mismo ~omento - estoy completamente segura - sólo piensas en hacerme olvidar el d1sguto que me has causado. Puedes estar tranquilo, no ha de ser- das y más largas. Pero ¿qué puede el tiempo en lo que no depende de nuestra
te difícil conseguir esto; te bastaría venir á verme para encontrarme la misma voluntad? Desgraciadamente la situación no podía variar en tanto que Barincq
no se resolviese, bien á destruir el testamento, bien á entregárselo á Revenacq,
que he sido y sere siempre.
y por lo tanto los tormentos, las inquietudes, las angustias de Barincq seguían •
»Tu enamorada
siendo lo que eran, lo mismo que sus remordimientos y su impotencia para aca))LEONTINE. ))
llarlos.
Tal estado de cosas no había .podido prolon~arse sin llamar la atención de la
Barincq había leído las cartas precedentes con toda la rapidez que permitía
señora
de Barincq y de su hija, y como á todas las preguntas de éstas había
su letra no muy clara; de esta última, por el contrario, pesó á conciencia cada
contestado Barincq siempre que nada tenía, que no estaba enfermo, la madre y
frase, cada palabra, y cuando llegó al final volvió á comenzarla de nuevo.
Pero por muy atentamente que la leyó no pudo encontrar en ella nada que la hija habían consultado entre sí sobre lo que podría motivar aquel inexplicaya no conociese, sino indicaciones acerca del carácter y la naturaleza de Leon- ble cambio de carácter, y se fijaron en l:t sospecha de que pudiese producirlo el
casamiento de Anie.
tine; iridicaciones que, á la verdad, justificaban cualquier sospecha.
- Tu padre te quiere demasiado y no puede acostumbrarse á la idea de que
A pesar de sus protestas de amor y de sus juramentos, aparecía muy claro
dentro
de poco tiempo habrás dejado de existir para nosotros.
que aquella coquetilla de pueblo había procedido con Arturo Bum y con Gas- No dejaré de existir para vosotros; pero aunque llegase el momento en que
tón de tal manera que á los dos les contentase, escribiendo probablemente al
uno l~s mismas cartas que escribía al otro, y sin saber ella misma á ciencia cier- fuese preciso separarnos, sé perfectamente que en su cariño hallaría fuerzas bas:
ta cual de ellos era el verdadero «ídolo de su corazón,» si no es que lo fuesen tantes para aceptar este sacrificio si estaba convencido de que lo hacía por m1
felicidad. Sólo que sería necesario que esta convicción estuviese fuertemente
ambos á un tiempo.
Si era así efectivamente, y todo parecía indicarlo, comprendíase muy bien arraigada, y acaso no lo esté lo bastante para no dejar sitio á sus inquietudes.
- Con un hombre como el barón, ¿qué inquietudes quieres que tenga?
por qué incertidumbres habría pasado Gastón y cuáles habrían sido las sospe- Si yo las supiese habríamos salido de dudas.
chas de aquel hombre perdidamente enamorado de Leontine; pero si durante
- Le preguntaré.
toda su vida había luchado Gastón con esas dudas terribles, siendo así que se
La ocasión era demasiado buena cuando la señora de Barincq preguntó sobre
encontraba en mejor situación que nadie para resolver con acierto aquel problema de s~ paternidad, ¿no era una locura imaginar que al cabo de treinta años esto á su marido para que éste dejase de aprovecharla, explicando las preocupodría nadie ver con claridad allí donde Gastón se había perdido entre tinie- paciones que no le era posible negar y preparando al mismo tiempo la ruptura
blas? ¿Y no era mayor locura aún pretender la solución de tan dificultoso pro- de sus proyectos matrimoniales.
- Aun cuando ninguna queja precisa tengo del barón, te confieso que no
blema si~ más datos que aquellas cartas? Aun cuando se las leyese y se las reacaba
de gustarme.
leyese mil veces, como sin duda las habría leído Gastón, las cartas no revelarían
- ¿Y por qué no me has hablado de eso?
el secreto que no habían revelado treinta años antes· la lectura de aquellos do- Precisamente porque ninguna queja determinada y concreta podía expocumentos ~aba pie para todas las inducciones y pa;a todas las hipótesis, pero
ner;
he creído que era inútil disgustarte si, como espero, nada encuentro desfa•
no proporcionarían certidumbre alguna si las últimas cartas no eran más signivorable al barón.
ficativas que las primeras.
- Y entonces, ¿por qué te disgustas tú?
Y no lo eran efectivamente; en todas se defendía Leontine de las sospechas y
- Porque anhelo saber algo que no averiguo.
de los celos de Gastón con las mismas protestas insubstanciales y vagas; en nin- ¿Qué quieres saber?
guna de ellas abordaba frente á frente los motivos de queja de su amante para

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Lo que quieren decir las gentes cuando hablan de él, 6 para expresarme
con más exactitud, lo que no quieren decir; ¿no te has fijado en las reticencias
con que se habla siempre del barón?
- Reticencias ... me parece mucho.
- Corriente, la palabra importa poco: ¿á qué vienen esas manifestaciones de
admiración cortés cuando del barón se habla? ¿Cómo se explica el silencio con
que son acogidas nuestras palabras siempre que damos á entender que lo aceptaríamos con gusto por yerno si fuese del agrado de nuestra hija?
-Envidias.
- Es posible; pero no es seguro.
- Pues si no es envidia, ¿qué es?
- Justamente de averiguar eso se trata. Y ahí tienes por qué deseo que no
con?ideres como cosa hecha este matrimonio que, al cabo y al fin, podría no
realizarse.
- No has de querer romperle por tan poca cosa.
- N? por cierto; pero vislumbro como cosa posible el rompimiento, si ...
-¿S1 .. . qué?
- Si encuentro lo que busco. Y todo esto, como tú comprendes, justifica mis
preocupaciones.
- Pero, en resumen, ¿qué es lo que buscas?
- La manera d_e ver claro Jo que me parece obscuro; de precisar con exactitud
lo que es vago é mcomprensible.
- El barón es un caballero.
- Lo creo así.
- Un hombre de bien.
- Estoy seguro.
- ¿Pues entonces?
- Caballero cumplido y hombre honrado puede, no obstante ser un mal marido; la responsabilidad de un padre que casa á su hija es dema~iado grave para
que se deje nada al acaso.
- Te alarmas sin motivo.
- ¿Y qué sabes de eso? Con el mismo fundamento podría yo decirte que por
tu parte te empeñas sin razón en ver las cosas tales como las deseas; si este matrimonio puede realizarse, también está en lo posible que no se realice.
- Se realizará.
- No puedes desearlo más que yo.
- Sería la mayor de las locuras tomar seriamente rumores y sospechas sin
fundamento; nada hay, nada puede haber que desfavorezca al barón· todo eso
q_ue tú j~z~as re~ic_encias es sol~mente, como antes te he dicho, no ;ospechas,
smo env1d1a; envidia en los amigos del barón porque Anie le lleva una buena
dote; envidia en nuestros amigos porque él le trae el título de baronesa.
Barincq esperaba aquella resistencia y no prosiguió discutiendo; dado el primer paso, podía cuando lo considerase conveniente reanudar la conversación
sobre aquel rompimiento y conseguir que poco á poco el ánimo de la señora de
B_ari_ncq se familiarizase con aquella idea hasta admitir la posibilidad del rompn'mento.
. Con A~ie procedió Barincq de la misma manera, pero la acogida que Anie
dispensó a las palabras veladas de su padre no se pareció en nada á la que su
madre las había dispensado.
. - Si hay en este matrimonio algo que te disguste 6 te inspire recelos, dijo la
Joven á su padre, lo mejor será que renunciemos á él inmediatamente.
- ¿No lo sentirías, hija de mi alma?
. -Abso~u!ament~ nada, puedes creerme; cuando me dijiste que el Sr. de ArJUzanx solicitaba m1 mano, te respondí que ni me alegraba ni me entristecía el
saberlo; ahora me encuentro como entonces; me parece haberte dicho también
después de un examen de conciencia, que no hallaba en mí sino la indiferenci¡
más absoluta con respecto al barón, y aunque desde aquel día el Sr. de Arjuzanx
y yo nos hemos hablado cinco veces, en nada he cambiado desde entonces. En
tales ~ondicione~ soy de opinión de.qu:, si este matrimonio no te ofrece ya las
v~nta1as que cre1ste hallar en él y prmc1palmente una completa seguridad, conviene romper antes que llevar las cosas más lejos.
- ¿Y de veras esto no te afligiría?
- ¡Cómo había de afligirme si no estoy segura aún de que aceptase la mano
del barón!
- ¿Eso quiere decir que vuestras conferencias en Biarritz no han dado resultado alguno?
- Sí, habrían producido el resultado de aburrirme extraordinariamente si no
se ,hubiesen _verificado á la ori)la del mar, lo cual era una distracción, y si ademas no hubiesen estado amemzadas por el capitán.
- ¡Ah! El capitán ...
El tono con que Barincq dijo estas palabras llamó la atención de Anie que le
preguntó:
'
- ¿~or qué te sorprende lo que digo?
Bannc9 seguía mirándola, y mirándola sin responder estuvo un buen rato
transcurndo el cual dijo:
'
- Estoy preguntándome si concedes al capitán méritos que niegas al barón.
- ~o hay Pª:ª qué establecer comparaciones entre uno y otro.
Barmcq volvió á guardar silenci~; Anie :iuedó sorprendida al ver que las manos d: su padre temblaban como s1 el anciano estuviese dominado por profunda
emoción.
- ¿Qué tienes?, preguntó.
Barincq n? contestó y comenzó á pasear con la cabeza alta, los ojos brillantes .Y los _l_ab1os temblorosos. De pronto deteniéndose en su paseo delante de
Ame le di10:
-:-- T~ reflexión con respecto al capitán me ha sugerido una idea; idea que me
obhga a rogarte que respondas con entera franqueza á una pregunta mía.
- ¿Tan ?rave es esa pregunta que de esa manera te conmueve?
- La mas grave que en e_stos momentos puede haber para ti y para mí.
- Entonces pregúntame mmediatamente.
- Si el capitán Sixto hubiese solicitado tu mano, ¿habrías contestado lo que
contestas al barón?
- Pero ... papá...
- Te ruego, t_e suplico, querida Anie, que seas franca con tu padre; no sabes
qué consecuencias puede tener la respuesta que ahora te pido.
: ~ueno;_pues te confieso, para repetir tus mismas palabras, que concedo al
cap1tan méntos que en el barón no encuentro.

- ¿Y esos méritos habrían sido á tus ojos bastantes para que, á pesar de lo
anómalo de su nacimiento y á pesar de lo escaso de su fortuna, le aceptases por
marido?
- Precisamente porque, gracias á la herencia de mi tío, no necesito tener en
cuenta la fortuna, me habría gustado escoger mi marido prescindiendo en absoluto de toda cuestión de intereses; no rechazarle porque fuese pobre, no aceptarle porque fuese rico.
·
- ¿Y lo del nacimiento?
- Eso ya es otra cosa: no es posible negar que en el mundo el barón de Arjuzanx, cuyos antepasados ocupaban elevados cargos en la corte del rey Enrique
tiene posición muy diferente de la del capitán SLxto.
'
- ¿De manera que por este reparo habrías rechazado al capitán?
- No digo eso: digo que yo habría deplorado que el capitán no tuviese el
nombre del barón; pero deploro infinitamente más, por otros muchos conceptos, que el barón no sea el capitán.
- ¡Ah! ¡Querida hija!
- Me has dicho que te hable con franqueza.
Barincq estrechaba entre sus brazos á la joven y no cesaba de besarla diciéndole al mismo tiempo:
- ¡Querida hija mía! ¡Anie de mi alma! ¡Adorada niña!
- ¿El capitán ha pedido mi mano?
-No.
-¡Ah!
- Pero eso no importa.
. - ¿No ha de importa:?; es lo más importante. ¿Cómo y por qué me has dirigido esas preguntas? S1 te he contestado como has oído es porque me hiciste
creer que el capitán solicitaba ser mi esposo.
Anie se desprendió entonces de los brazos de su padre y se aproximó á una
ventana para ocultar su turbación. Barincq llegó silenciosamente hasta su hija y
tocándola con la mano en el hombro le dijo con ternura:
'
- No supongas en mí intenciones que estaban muy lejos de mi pensamiento·
te aseguro que en estos instantes nada podía serme más grato que eso que aca~
bas de decirme.
Ef~ctivamente en más de un?- oc~sión había vislumbrado Barincq, si bien
con cierta vaguedad, que el matnmomo de Anie con Sixto podría ser el término
d~ las dudas, de los temores y de las zozobras que le angustiaban. Por este medio se arreglaba todo de la mejor manera posible: Anie no perdía la fortuna de
su tío y Sixto heredaba á su padre, armonizándose perfectamente los derechos
de ambos: no más luchas, no más sacrificios ni de unos ni de otros· no más dudas sobre la validez del testamento ni acerca de la paternidad de Gastón· Sixto
gozaría la fortuna, no en concepto de hijo ni como heredero de Gastó~ sino
como marido de Anie, y ésta por su parte no la disfrutaría en su calidad de sobrina del testador, sino como esposa del capitán.
~i Ba:incg no
había fijado e~ eslll: idea cuando la idea había cruzado por
su 1magmac16n; s1 no había querido m aun examinarla cuando á pesar de los
esfuerzos q~e hacía para desv~ne~e:la tornaba á ,fijarse en su e;píritu, era porque la consideraba desde un prmc1p10 como un calculo ruin como una vergonzosa e?peculación de su concienc~a próxima á perderse. ¿No ~ería aquello vender
á su h11a? ¿No sería pagar al prec10 de la vida y de la felicidad de Anie el sosiego ~ 1~ fort~na de todos? P~r~ cuando espontáneamente y sin realizar ningtín
sacnfic10 Ame weferf~ el cap1~n al barón,, las. circunstancias variaban por completo: en c~sar a su h1Ja co.~ Sixto no ha_b1a m cálculo ruin ni vergonzosa especulación; sm ven?er ~ su h11a venc~a Banncq la insuperable dificultad del testamento y al prop10 tiempo se reahzaba u¡i reparto equitativo de la fortuna de
Gastón entre las personas que, por diferentes títulos, tenían derecho á disfrutarla. Y no solamente se consegu~ esto, s\no que también se aseguraba la felicidad
de los contr?-yen_tes. ¿Qué me1or mando p~día desearse parf Anie que aquel
b?en mozo, 1?tehgente, franco, leal, ante qmen se abría el mas brillante porvemr? ¿Qué m?Jer había d: encontrar Sixto que con Anie pudiera ser comparada?
Estas refleXIones produ1eron el arrebato de alegría que experimentó Barincq al
advertir que Anie se anticipaba á los deseos que él no se había atrevido á formular.
- Me has hablado con franqueza porque te gusta Sixto y también sabes que
tú le agradas.
- Pero no sé nada de eso, dijo Anie volviéndose hacia su padre.
- No lo sab~s, pero sí lo sabes, estoy seguro; el capitán no te lo ha dicho,
pero eso no gmta para que tú estés se_gur:a de que te quiere; ninguna mu·
chac_ha se eqmvoca en esto. Esto es lo prmc1pal; lo demás ya es de poca importancia.
- ¿Y qué quieres?
- Quiero que te case_s con el capitán, ya que es de tu agrado.
- Pero, pap~, demasiado _sabes que las jóvenes no solicitan en matrimonio á
los ho~bres, smo al contrario, han de ser solicitadas.
- S1 el bar?n no te gusta y el capitán sí, como hay por otras mil razones
grandes venta1as en_que ese matrimonio se realice, hemos de aunar esfuerzos de
todos para consegmrlo.
- Si~ embargo, yo no -~e d: rogarle que se case conmigo.
. - NI se trata ~e eso, h1¡a mia; lo que se necesita primeramente es que desahucies al Sr. de ArJuzanx.
- Eso es mur fácil y estoy dispuesta para hacerlo cuando me lo digas. Solamente por no disgustarte había yo aceptado estas entrevistas. Ahora quieres que
cesen, pues te ob,edezco todavía con más gusto. Suceda lo que suceda, te aseguro gue no :chare ?e menos al Sr. de Arjuzanx. No me ha inspirado nunca ni
a~tipatía m repulsión, eso no; ro~ es indiferente nada más; pero esta indiferencia no m~ parece que s~a lo suficiente para casarse; para amigo, me parece bien;
para mando, no. Por m1 parte puedes dar por hecho lo que deseas. Pero me
alegraría sab~r por qué razón te parecía muy bien para yerno hace un mes y por
qué no lo qmeres ahora.
. ~arincq paró un momento como no sabiendo qué contestar y su hija sigui
d1c1endo:
'
- ¿~? era entonces ese barón lo mismo que es ahora? Y por Jo que respecta
al cap~tan, ¿has sabido algo que le favorezca?
Barmcq había !enido tiempo de recobrarse un poco y respondió:
- He oído vanas veces hablar sobre el Sr. de Arjuzanx de una manera que
no me ha gustado.

s:

(Continuará)

�LA I LUSTRACIÓN

4 22

APROVECHAMIENTO DE LA CATARATA DEL NIÁGARA
COMO FUERZA MOTRIZ

En distintas ocasiones hemos dado noticias acerca
del aprovechamiento de la catarata del Niágara como
fuerza motriz: en el presente artículo vamos á com-

a. -=-g

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Fig.

I.

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CE,t..,.,_~. .
P~d#r•rtl

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Plano de las instalaciones para el aprovechamiento de
la catarata del Niágara como fuerza motriz

pletarlas publicando algunos detalles técnicos de tan
grandiosa empresa.
La Niagara Falls Power Company ha obtenido
del gobierno de los Estadós Unidos permiso para tomar en la orilla americana una fuerza de 250.000 caballos, y como la fuerza total del agua que por la catarata se precipita se calcula que es de 16 millones de
caballos y la citada Compañía sólo se propone aprovechar 100.000, lo que se toma apenas puede afectar
á aquella fuerza y por ende en nada perjudicará la
belleza del espectáculo que ofrece aquel prodigioso
salto de agua.
Lo primero que importaba era regular la orilla en
el punto donde la toma había de instalarse, más arriba de la catarata americana, y para ello la sociedad
concesionaria construyó un dique de tres kilómetros
de largo (fig. 1 ), gracias al cual se formó un puerto
espacioso que es á la vez el punto de arranque del
canal. Además construyó un camino que pone en comunicación las fábricas que han de levantarse con el
puerto y con los ferrocarriles que pasan por el antiguo pu'ente colgante. La casa de las tlirbinas está situada más arriba de la catarata al extremo del canal,
es decir, al contrario de lo que se hizo en la pri~era
instalación modesta de 1874, en la que las turbmas
estaban en la orilla del Niágara debajo de la catarata
y á la salida del canal antiguo que tenía un kilómetro
de largo, habiéndose adoptado esta modificación porque con la disposición anterior el aprovechamiento
de la fuerza es escaso.
En la actualidad se trabaja en el canal entre el
puerto y las turbinas (fig. 2) y en la galería entre és-

'

ARTÍSTICA

turbinas al río cerca del nuevo puente colgante tiene
una · 1ongitud de 2.250 metros y una sección de 31.
Los trabajadores encontraron al principio arcilla de
poca consistencia, por lo que esta parte de la galería
debió ser revestida de muro; mucho más abajo apareció exclusivamente la piedra caliza. La parte inferior de la galería será cubierta de planchas de hierro
para evitar que el agua en su violenta corriente desgaste la piedra.
La materia explosiva empleada en las minas es la
forcita.
Como hemos dicho, esa instalación se encuentra
situada en la orilla derecha, la americana, del río;
pero como la sociedad concesionarja piensa llevar la
fuerza á Búffalo y la distancia resulta mucho más corta por la orilla izquierda, ha obtenido del gobierno
del Canadá autorización para construir en ésta una
obra de 25.000 caballos de fuerza(C en la fig. 1). La
distancia hasta Búffalo es de 122 kilómetros y se calcula que podrá suministrarse á aquella ciudad fuerza
eléctrica por el precio de 42'50 pesetas anuales por
caballo. La construcción de la obra en la orilla canadiense no ha comenzado todavía.
Las instalaciones hasta ahora construídas para apro'\'t!Char la fuerza de la catarata del Niágara son dos:
una de la sociedad citada (fig. 1, B) y un molino de
papel (fig. 1, P). La Compañía facilita á sus abonados, á su elección, ó bien simplemente la fuerza hidráulica, ó esta fuerza convertida en electricidad. La
instalación B puede producir una fuerza de 20.000
caballos, pero por de pronto no se han instalado allí
más que dos turbinas Fournayron de 5.000 caballos
cada una que han de dar 300 vueltas por minuto y
necesitan 16'6 metros cúbicos de agua por segundo.

que consta; segundo, aumentar las condiciones acústicas del teléfono; tercero, que su instalación ofrezca
comodidad al servirse de él, y cuarto, que no sea
costoso.
Su colocación. - En dos tablas, de veinte centímetros de ancho por cuarenta de alto, van colocados
los aparatos; constando una del teléfono y el casquillo de empalme, y la otra del timbre y del relais.
Aumentar las condiciones aaísticas. - Las tablas ó
platinas referidas están unidas por yuxtaposición, y
en las caras interiores van practicadas las ranuras ó
cajas convenientes para los hilos, con objeto de que
no impidan la unión de las citadas platinas y se evite todo cruce ó contacto. Verticalmente encajan las
platinas en una peana, saliendo por la parte inferior
los hilos, y practicados taladros en la mesa en que
se ha de colocar, no es posible haya el menor cruce
de aquéllos.
Fijadas las platinas, por medio de dos escuadras
de hierro, á la peana, y ésta, por dos tornillos, al tablero de la mesa, se halla todo el sistema sobre madera y completamente separado de objetos que embeban la tensión de los sonidos, y además contribuye
la mesa, sohre la que se halla fijo, al aumento de las
condiciones acústicas, puesto que, siendo la madera
buena conductora del sonido y haciendo las veces de
caja sonora, quedan aumentadas las del teléfono.
Que su instalación ofrezca comodidad al servirse de
él. - Teniendo presente que estos aparatos son servidos por empleados de Telégrafos, y que por un mismo individuo se han de manejar el teléfono y el telégrafo, si éstos se hallan distantes ó en condiciones
que al funcionar con uno de ellos no se pueda atender al otro, resulta, no sólo molesto, sino que el me-

LA

N ú MERO 600
FABRICACIÓN DEL HIELO

La fabricación del hielo es una industria moderna
cuya importancia aumenta de día en día, tanto q.ue
no parece lejano el momento en que la explotación
del hielo natural será sólo una excepción ó un simple recuerdo del pasado.
.
.
Como ejemplo de una fábnca d~ hielo ?e ex~epcional importancia puede citarse la instalación frigorífica de Brooklyn, montada por la &lt;;o~pañía !':ick,
de Waynesboro (Pensil~ania). Sus ~d1fic1os se d1v1den
en cuatro partes: la pnmera contiene dos generadores de vapor de una fuerza de roo cab~llos y sus a~cesorios· la segunda es una construcción de tres pisos con' un aparato de destilación y el. condens~dor
de amoníaco que sirve para la producción del_hiel~;
la tercera, la más importante, tie~e una máquma_ frigorífica, tipo Eclipse, y dos depósitos de congelación,
y la cuarta se compone de un almacén para conser-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

var el hielo. Los depósitos de congelación son ~e
balastro, de 13'50 metros de largo por II de a~clio
y 1 &lt;22 de profundidad, y cada uno de ellos con~1ene
4 80 moldes de 1'02 x 0'56 x 0'28 m~tros, que m~en
para formar cada uno un pan de hielo de 135 kilogramos.
La máquina Eclipse tiene dos compr~~ores de
amoníaco verticales, de 0'508 metros
d1ametro Y
0'915 de recorrido, _mo_vido_
s por u~ c1lmdr~ de vapor horizontal de d1stnb_uc1ón Corhss, de o 812 d~
diámetro y 915 de recorrido. Con 40 vu_eltas por minuto, esta máquina produce la congelación de 60 toneladas cada 24 horas.
.
Una condición esencialísima para que el hielo tenga buen aspecto y sea sano es que se emplee agua
absolutamente pura, para lo cual se adoptan en esa
fábrica especiales precauciones. ~l vapor que se _escapa de la máquina y una cantidad de vapor vivo
que se toma en los generadores son conducidos al

?~

condensador de que ya hemos hablado, en dond~ el
vapor se condensa, quedando sep~radas mecánicamente las materias grasas que ~ud1era contene~. El
agua destilada se filtra por med10 de carbón ammal
que le quita todo olor y sabor, y luego se enfría en
un serpentín y se vuelve á filtrar en un filtro de carbón antes de que llegue á los depósitos en donde se
guarda para emplearla después en la fabricación del
hielo.
Además, antes de introducjrla en los moldes se
la filtra de nuevo con esponJaS, de suerte que por
todos estos procedimientos se obtiene un agua muy
pura.
.
. h
Encima de los depósitos de congelación ay un
carretoncito que mecánicamente tom~ dos moldes á
la vez y los lleva á un aparato especial que saca los
panes de hielo.
.
,
Esta fábrica puede producir de 60 a 90 toneladas
de hielo diarias.

.
•
Las casas ex.traDJeras
que deseen anunciarse
en LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A . Lorette, Rue Caumartin
, 61, P arís. -Las casas españolas pueden hacer lo en la oficina de publicida d de los Sres. Calvet Y Ria lp, P aseo de Gracia, núm. 21
num.

_,...._
-

U.IT ! IITÉPDÍLIQUI -

LECHE ANTEFÍ:L
pon 1 ■-fl en 1111, ildp1
CAB , LENTEJAS, TEZ ASOL
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES

'P\.: • t ld contra. la.s diversas
arab 9 de.AJj,91
a e Afecclonesd1ICorazon,

Soberano remedio para rápida cura•
cion de las Afeocionea del pecho,
Catarros,Mal de garganta,BroD•
quitis, Resfrladoa, Romadisos,
de los Reumatismos. Doloreaf
Lumbagos, etc., 30 aftos del mejor
é:vto atestiguan la eficacia de este
poderoso denntivo recomendado por
los primeros médicos de París.

D1pds1to ,n todas ta, Farmacias

J

Empleado con el mejor e:rito

El ma, ,llcazcontra
di lo, la
F1rrulf{no101
Anemia, Cloroals,
E■pobncl■lllte ~• la laq11,
Debilidad, etc.

o

EFL~~~=~=CIAS

Hydropeslas,
Toses nerviosas;
Bronquitis, Asma, etc.

Grageasa1Laetatode8iarrode
GEL!S&amp;CONTÉ

APJ:OL
de los D'.. JORET &amp; HOMOLLE

Aprobada, por la Academia de Medicina de far /1.

• y 8rqaas de queHEIOST&amp;TICli
,1 ■u PODEROSO
rgot 1na
se conoce, en pocion o

E

El APIOL cura los dolare,, rtlruo,, IUP,..
1/on11 de tu Bpoou, ast como las f)lrdldu.

Pero conrrecuencta es talaiflcado.E! APIOL
verdadero1..ún1co eficaz, es el de los Inventores, los u• JORET y BOXOLLE.

P"Pil~~•PIPIPIPIP-•'!"•~. .~11"' en lnjecclon lpodermlca.

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...............................

Fig. 2. Aprovechamiento de la catarata del Niágara como tuerza motriz. Los trabajos en el canal

Las máquinas dinamos, de 2.500 caballos cada una,
están directamente acopladas al eje de las turbinas.
En el mismo edificio se ha instalado ya el motor hidráulico para la ciudad fabril que ha comenzado á
construirse.
El molino de papel está situado, como
se ve en la fig. 1, junto á la instalación
de la electricidad y tiene derecho á utilizar una fuerza de 6.000 caballos por el
precio de 42'50 pesetas anuales por caballo.
Es indudable que muy pronto se harán
nuevas instalaciones para utilizar aquel
económico manantial de fuerza: por lo
que toca á la conducción de la fuerza
á larga distancia, prescindiendo de lo
que á Búffalo se refiere, todo lo demás está solamente en el papel, especialmente
en lo relativo á Chicago; pero dada la
prodigiosa actividad de los americanos en
punto á electrotécnica, todas estas y otras
instalaciones análogas no tardarán en ser
un hecho.
(Del Prometheus)

Fig. 3. Aprovechamiento de la catarata del Niágara como uerza motriz.
·
Túnel de desagüe

tas y la orilla (fig. 3). El canal de derivación tiene
una lon&amp;itud de 600 metros, una anchura de 50 y una
profu~d1?ad de 4, de modo que conducirá á la casa
de maqumas una cantidad de agua extraordinaria. La
galería que ha de devolver el a·gua procedente de las

NúMERO 600

UNA REFORMA EN EL SISTEMA TELEFÓNICO

El jefe de Comunicaciones de Medinasidonia, D. Conrado Moro, ha inventado una reforma para los aparatos telefónicos que, á
juzgar por lo que leemos en un periódico técnico, está llamada á tener muy buen éxito.
El objeto primordial de este sistema es: primero,
colocar en un reducido espacio los tres aparatos de

jor funcionario contrae responsabilidad por no contestar oportunamente.
Con este sistema se puede muy bien desempeñar
sin molestias ambos servicios y por un solo funcionario, pues colocado sobre la misma mesa de aparatos y en la parte izquierda, delante de la rueda envolvente y tan próximo al individuo como lo desee,
no ofrece inconveniente ninguno y se puede con sencillez funcionar por telégrafo y hablar por el teléfono
sin que haya que molestarse para nada.
Que no sea costoso. - Consta el aparato de dos platinas de madera y una peana, perfectamente pulimentadas y barnizadas, y de dos molduras .que cubren el
enchufe de las platinas en la peana. Como adorno
lleva cuatro clavos de madera colocados en los extremos de la parte superior, y por tfüimo un remate de
talla. Todo esto, incluyendo su colocación, podrá valer veinticinco pesetas, y aún se puede lograr mucha
más economía concretándose sólo á la· idea del sistema y haciendo abstracción de la parte de adorno.
Recopiladas las indicaciones hechas, resulta que
no ofrece obstáculo en la mesa; que es un objeto
t'ítil y de adorno; que hace á los teléfonos mucho
más sonoros que los colocados en el muro; que es
cómodo y ventajoso para prestar ambos servicios, y
que su coste es insignificante comparado con los
ideados de pupitre, que es á los que sustituye.
El sistema del Sr. Moro ha sido ensayado con muy
buenos resultados y sometido á la consideración y
estudio de la Dirección general; siendo de esperar
que, una vez comprobadas sus ventajas sobre todos
los demás hasta ahora empleados, se adoptará en todas las instalaciones telegráficas.;
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la epilepsia, histéria, migraña, baile de .S.••Vito, insomnios, con•
vulsiones y tos de los nilios durante la dentic1on; en una palabra, todas
1aa afecciones nerviosas.

Fábria, Espediciooes : J.-P. LAROZE

t, roe des Lioos-St-Paol, l Paril.

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriaa

CARNE y QUINA

Bl .Alimento mu reparador, llllido al TóDico 11111 ener¡ico.

VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS PB.fflCIPIOS fflJTll.lTIVOS SOLtJBLBS DB U CA.ME

7 g1111u I son loa elemenlol que entran en la composicton de este po\ente
reparador de las tuerzas vtl&amp;les, de este
pe• eHele••la. De un rusto sumamente agradable, es soberano contra la .lnnnta '1 el .ll)OC4mflnto, en las Calent1Wrll
1 COfl1'allCencúU¡ con~ra las .DúJrrelU y laa Á.{ecc1MIU del Blt0ffl4QOy loe ,nt"""°'·
cuando se trua de despertar el apetno, ase,urar las d!geattones reparar las tuerzas,
enriquecer la l!&amp;llgre, entonar el organismo y precaver la anemia 7 1JA8 eptdemtu lll'OTOCld&amp;i por los calores, no se conoce nada 111penor al YI•• de gaiaa de .t.reull.
CJ.t.a.•B

t•rll••••Ce

.Por fflCS.UOf'.. ea Paria.., en casa de J. FERú, Farmaceutieo, iot, rue Richelien, &amp;iceaar deAl\OUD,
•

,

PITE EPIUTOIRE DUSSER

llll \'DDB KM TODAS L.A.S PllINOIPALU IIOTla.&amp;

EXIJASE 1!º=' ARDUO
11

destruye hasta tu RAICES el VELLO del rostro de las damas (B~rba, Bigote, etc.), 11111
llingun peligro para el cutiJ. 50 .&amp;iio■ de Z:itlto, ymillares de teaUmo0101prantha_n la ~ftucla
de a ta preparadon. (Se .ende en ..JU,J'Hl la buba, 7 ea 1/2 01)11 para el bl¡ote hgen,). Para
lot brual, •pi6eleel i'I.LiFOB&amp; DVBBER, l , rueJ••J,.l\ouaaeau.Parll.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO 600
que los contenía por desenfrenada turba, quedaron durante tres d!as abandonados en el claustro,
siendo al fin recogidos por el médico D. Eudaldo Raguer, de cuyas manos pasaron en 1838 al
Archivo de la Corona de Aragón, gracias á las
gestiones del eminente historiador D. Próspero
de Bofarull, una de nuestras glorias más leg!timas y al que puede considerarse como fundador
del tesoro inapreciable que se conserva en el antiguo palacio de los condes de Barcelona y que
es la admiración de cuantos sabios nacionales y
extranjeros visitan nuestra ciudad.
Terminada casi la restauración del monasterio
de Ripoll, natural era que esos restos alli volvieran
y al efecto orden6se la traslación á aquel cenobio,
ceremonia que se verificó el domingo 11 del actual, habiéndose concedido por el gobierno de
S. M. honores regios al cadáver del gran conde
que encerrado en una urna de nogal quedó ex·
puesto durante algunas horas en el Salón de Ciento de nuestras Casas Consistoriales, convertido
en capilla ardiente.
A poco más de las once organiz6se la comitiva,
de la que formaban parte todas las autoridades,
corporaciones, los obispos de Tarragona, Vich y
Seo de Urge!, numerosas representaciones del
clero, de los gremios y sociedades y gran número de invitados dirigiéndose á la catedral, en donde se ~ntaron solemnes responsos, y desde alli á
la estación del Norte. La carrera, cubierta por
fuer~as de la guarnición, presentaba pintoresco
Y ammado aspecto por la inmensa muchedumbre que contemplaba el paso del cortejo. Llega·
do éste al arco de Triunfo, disparáronse las salvas de o~denanza, desfilaron todas las tropas ante el capitán general y se disolvió la comitiva, no
quedando e!1 ésta más que las autoridades y personas especialmente delegadas para acompañar
hasta rupon los restos del conde Berenguer, los
cuales. fueron colocados en un furgón del tren
real dispuesto para la traslación.
En todas las estaciones por donde pas6 el tren
real esperaban las autoridades, clero y fuerzas
de somatenes y guardia civil, que tributaron al
cadáver los honores correspondientes. En Vich
los res~os de Ramón Berenguer fueron llevados
procesionalmente á la catedral en donde se celebró al siguiente día un sole~ne oficio, siendo
?espués ~onducidos de nuevo al tren que los deJÓ en Ripoll, en cuya iglesia de San Eudaldo
han. quedado depositados hasta que se inaugure
06c1almente el monasterio, que será en breve.
Asl quedará nuevamente cumplida la voluntad
de Ramón Berenguer el Grande, á cuya memoria
ha rendido, con motivo de la ceremonia descrita,
el merecido tributo de veneración la ciudad que
tanta gloria alcanzó en su inolvidable reinado.

LOS RESTOS DEL CONDE DE BARCELONA
RAMÓN BERRNGUER III EL GRANDE

(Véanse los grabados de la página 412)
Entre las más brillantes páginas de la historia
catalana figuran en primer término las que ocupa el reinado de Ramón Berenguer III el Grande. Nacido en I082, la muerte violenta de su pndre Ramón Berenguer II, cap d' eslopes, púsole
bajo la tutela de su lío Berenguer Ramón II el
Fratricida, demostrando desde sus más juveniles
años en las campañas contra Tarragona y contra
Tortosa ser digno por su valor y su caballerosidad de ocupar un solio que hablan honrado con
tantas proezas sus valerosos antepasados.
Declarado traidor, fratricida y alevoso por el
tribunal de Alfonso VI de Cru;tilla, desaparece
Berenguer Ramón II y entra en posesión del trono condal Ramón Berenguer en rn96.
Relatar sus hazañas desde aquel momento exigirla mucho mayor espacio que el de que podemos disponer; de aquf la necesidad en que nos
vemos de enumerarlas someramente.
Peleó contra los árabes en Zaragoza, contribuyendo poderosamente á la destrucción de aquel
emirato; venció á los árabes de Urge! y Balaguer; conquistó los condados de Carcasona y Rasez, que ya fueran ~ su casa; marchó sobre las
Baleares, nido entonces de piratas, y se apoderó
&lt;le Palma y de todas las islas, que luego hubo de
abandonar al saber que los árabes de Tortosa y
Valencia amenazaban á Barcelona; tomó la ciudad de Lérida y más tarde la de Tortosa, llegando, según se cree, hasta Valencia, y en una palabra, en los treinta y cuatro años de su reinado
no cesó de pelear contra los infieles, á quienes
venció siempre y de quienes sólo fué vencido en
la batalla de Corbins.
El ilustre historiador D. Modesto Lafuente
dice, al hablar de Ramón Berenguer III el Grande, que lué &lt;el conquistador de Mallorca, el que
echó los cimientos de la marina catalana y dió
el primer impulso al desarrollo de su industria y
comercio, el que en tan revueltos tiempos se había hecho respetar de las naciones extranjeras é
impuesto duras condiciones á sus naves, el que
había tra!do á Cataluña un tráfico, una civilización y una literatura que habla de !)roducir un
cambio benéfico en su estado social.&gt;
Los restos de Ramón Berenguer III fueron
depositados, segím disposición testamentaria del
gran conde, en los claustros del monasterio de
Santa Maria, de rupoll, siendo en 18o3 trasladados al interior de la iglesia, en donde permanecieron hasta 1835. Sacados entonces de la urna

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