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.
11tí~t1ea
ARO XII

BARCELONA 24 DE JULIO DE 1893 ~ - - - - - -

FLORES CAMPESTRES, cuadro de G. Bellei

NÚM. 604

�474

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

604

brá hasta principios del próximo mes de agosto el brazos, que como la cabeza están modelados de modo
nombre del escultor á quien el Jurado allí nombrado exquisito, semejan dos asas. Por otro lado, la estatua
al efecto haya concedido la ejecución del primero de está modelada y proporcionada para ser vista á mulos monumentos dichos. La expectación, pues, es cha menor altura, resultando por virtud de esto que
grande, porque se han cruzado recomendaciones im- aparece mezquina la cabeza y corta en general la
portantes entre la capital de la metrópoli y la capital figura. El plegado de los paños del vestido es duro,
filipina; y el que más y el que menos pretende, por demasiado duro.
virtud de sus influencias, que los veinte mil duros que
Por lo que respecta al parecido, Benlliure debió
Texto. - Crónica de Arte, por R. Balsa de la Vega. -Los edise abonan por el monumento sean el premio de sus inspirarse en los retratos que de la reina pintara Loficios de la Exposición de Chicago, por M. A. - Recuerdos del
pez, recién llegada á España, cuando todavía era muy
ce11tenan·orojo.L11isXfllf. VI. Emparedado. VII. Termi- afanes.
Algunos de los proyectos me son conocidos. Nin- joven y no se había desarrollado en lodo su esplendor, por Emilia Pardo Bazán. - Nuestros grabados. -Anie
(continuación), novela por Héctor Malot, con ilustraciones guno, á mi juicio, revela nada nuevo; pero en cambio dor la belleza de la princesa de la casa de Parma.
La parte arquitectónica del monumento tiene un
de Emilio Bayard. - S!!CCIÓN CIKNT!FICA: Un motor senci· tienen casi todos una condición que Clarín dice no
!lo. - Aparato de salvamento y de extinción de incendios. - existe en la obra de arte; esta condición es la de ser marcado sabor del estilo ornamental del imperio. DesNuevo b11q11e inmmergible. - Ret"olección de la canela en discretos. No puede decirse (hablo de los proyectos de este punto de vista, y teniendo en cuenta que por
Thanh-Haoa (Tonkln). - El vegetal más grande del globo. que conozco, como presumirán mis lectores) que se los días en que María Cristina se unió al Deseado tal
Grabados. -Flores campestres, cuadro de G. Bellei. - Los distingue uno solo, apartándose de lo corriente, de lo era el gusto dominante, el arquitecto Sr. Aguado
edificios de la E xposición universal de Chicago, seis grabados. visto. Parece que todos los escultores se han puesto acertó. El segundo cuerpo sobre todo recuerda la
- San Cristóbal, cuadro de Pedro Stackiewicz. - Tipo de 1m de acuerdo para interpretar las figuras de Legazpi y traza de un gran número de relojes de bronce de la
•acobi110; El de/fin en m encierro en el Temple; Facs!milede del P. Urdaneta. Poco más ó menos la disposición citada época, que, como dicho segundo cuerpo, afecdos grabados de la época de la Revol~ción francesa, cuatro del grupo y la actitud de las estatuas es una misma. tan un trozo de fuste de columna que termina en
grabados correspondientes á Reetterdos del centenario rojo. Respecto del segundo concurso, ó sea el convoca- cornisa y arranca de una faja, formada de cabezas
Victima inocente, cuadro de D. Carr: - En el ba,10, cuadro do por la Diputación provincial de Oviedo para ele- de león, frutos y flores; simbolizando la abundande Fred Morgan. - Fig. I. Termomotor Iske. - Fig. 2. Ter· var una estatua en Covadonga á Pelayo, desde ahora cia, etc., etc., de la regencia de María Cristina. El primomotor Mitchell. -Aparato de salvamento y extinción de puedo adelantar la noticia, sin que esto sea ejercer de mer cuerpo es octagonal y almohadillado.
incendios. -A la salud de.la novia, cuadro de Joaquín Agra· profeta, que dará gran juego y que volverán á recruLos escudos y demás ornamentación de la parte
sol (Exposición internacional de Bellas Artes de 1892).
decerse las luchas y las polémicas que se suscitaron arquitectónica del monumento están ejecutados con
.__,...,............""..........,............................,.......................,......,......, .......,."'......,......., ......,.recientemente con motivo de los concursos abiertos gran primor. Los dos bajos relieves en bronce reprepara decorar el nuevo edificio de la Biblioteca de esta sentando el Convenio de Vergara y el acto de entreCRÓNICA DE ARTE
Corte.
gar la reina el Estatuto, por la altura á que están coConcurren á este certamen bastantes más esculto· locados es punto menos que imposible poderlos
Con la subida de la columna termométrica, que al- res que al primero; y entre los que asisten, cuéntase apreciar; sin embargo, se advierte en ellos acertada
canzó á la sombra en algunos días de la pasada se- á un académico de la de San Fernando. Además crée- distribución de los grupos, y esa facilidad de factura
mana á los 36 grados centígrados, coincidió la mar· se, con bastante fundamento para ello, que el premio que es privilegio exclusivo de Benlliure.
cha de bastantes pintores en busca de fresco, de pai· está concedido ya en Oviedo á un escultor hijo de
En general el monumento tiende demasiado á la
sajes menos áridos y abrasados que los que rodean aquella provincia; pero como la Academia de Bellas indeterminación, á causa de su traza circular. La visesta villa y corte, de otros modelos que no sean los Artes es la llamada á juzgar los bocetos y proyectos ta no reposa y el primer golpe de vista es bastante
eternos neutros de aquí, los cuales así remedan la al· que se presentan, pues está declarado como lugar y poco simpático; mirado con más detenimiento resuldeana como la más elegante y picaresca de las cocottes monumento nacional Covadonga, y aquella corpora- ta más agradable, y lo perfectamente construído y laque pasean sus gracias por el Retiro, bien un canfaor ción, según tengo entendido, está bastante quejosa brado de los detalles concluye por hacer simpática
de cara angulosa y mortecinas mejillas ó un caballero de la provincial que abrió el concurso por no h'aber esta obra. Pero lo deplorable es sin duda alguna la alde coleto y chambergo.
estimado convenientemente ésta que la Academia re- tura del monumento. O sobra pedestal ó falta estatua.
En Madrid, pues, quedan los artistas á los que la dactase las bases del certamen, es probable que el Desde el natural punto de vista, la efigie de la reina
índole de sus trabajos no les permite abandonar sus dictamen del cuerpo consultivo esté muy lejos de sa- no puede apreciarse, ·y resulta mezquina á pesar de
estudios. Domínguez, por ejemplo, empeñado en gran- tisfacer los deseos de aquellos (si es cierta la especie) sus tres metros de talla.
des obras decorativas, no abandonará esta villa sino que pretenden favorecer á determinado escultor.
para irá San Esteban de Pravia (Asturias) á colocar
Pero una nueva complicación viene á enredar más
en el palacio que en el lugar del Pito edificaron los el asunto y á enardecer los ánimos. Si es cierto que
Sres. de Selgas un techo que debía haber pintado el un académico toma también parte en el concurso, sus
Balart se ha ocupado hace pocos días del cuadro
malogrado Plasencia. Por cierto que de esta obra, colegas tienen que proceder con arreglo á la real or- de Villegas La muerte del torero, á propósito de la
como aconteció con las del ilustre muerto, tendrán den dictada por el Sr. Linares Rivas, y por lo tanto exposición que de este lienzo y del de La Dogaresa
los lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA conoci- inhibirse de conocer en dicho concurso, ó caso de hizo en Roma el célebre artista español, antes de remiento muy pronto.
que saliese premiado el boceto del académico proce- mitirlos á Munich, donde actualmente figuran ó deY como á Domínguez, le sucede que no podrá sa- der á nuevo examen.
ben figurar en la Exposición de Bellas Artes que en
lir de Madrid á Arroyo, el catedrático de Historia y
Es verdad que el nombre del autor del modelo este mes se celebra en la ciudad artística por excelenTeoría del Arte de la Escuela superior de Pintura, que resulte agraciado no se puede saber oficialmente cia de Alemania.
Escultura y Grabado, quien está pintando un gran hasta que se abra el sobre; pero lo que me ocurre á
Lenguas se han hecho los periódicos italianos de
lienzo en el que representa al profeta Ezequiel predi- mí, les ocurre á todos aquellos que de arte se preocu- estos cuadros, que dan como obras prodigiosas. El
ciendo la resurrección de la carne; asunto verdadera· pan y que por lo tanto viven en este pequeño mundo: entusiasmo allí en Roma despertado con la exhibimente cuajado de escollos y que entra de lleno en el que sabemos de quiénes son todos y cada uno de los ción de las últimas producciones de Villegas fué tan
campo del más exaitado misticismo cristiano de los modelos que se han visto ya en Oviedo y que se ve· grande, que más de un diario de la Ciudad Eterna
siglos medios, creadores de la celebérrima pintura rán aquí cuando pasen las vacaciones. Además, no es instó al gobierno para. que adquiriese El triunfo de
mural La danza de la muerte.
difícil ni mucho menos sacar por el hilo el ovillo de lci Dogaresa, á pesar de que el precio que el artista
Otro de los pintores que tampoco saldrá, como ve- la paternidad de las obras; es decir con esto, que puso á su obra representa una fortuna.
nía haciéndolo durante los veranes á pintar en Astu- aquí conocemos perfectamente la manera y el estilo
Mi querido y respetable amigo D. Federico Balart,
rias tipos, paisajes y costumbres de allí, es Cecilio de los artistas, especialmente de los que manejan el en un artículo que publicó en El Imparcial corresPlá. Trabajos de índole decorativa y varios otros en- palillo y el barro, y claro está que el incógnito des· pondiente al lunes 10 del mes que corre, se lamenta de
cargos urgentes le retienen en la corte este año; pero, aparece para los académicos lo mismito que para los que La muerte del torero, cuadro eminentemente esen cambio, Moreno Carbonero está en un hotel de que no lo son; y esto sabido, ocurre preguntar: ¿qué pañol por el asunto y por la paleta, pueda ser adquiMálaga pintando costumbres del país andaluz; Soro- determinación tomará la ilustre corporación de la rido por una nación extranjera. Al mismo tiempo se
Ha salió para Valencia, donde piensa residir hasta los calle de Alcalá?
hace eco mi respetable amigo del rumor circulado
primeros días de noviembre; Martínez Cubells visita·
por Madrid respecto á la posibilidad de poderse adrá la ciudad de los Paleólogos, la vieja Bizancio; Cuquirir para nuestro Museo del Prado el lienzo en
tanda está en Avila, donde se dedica á trabajar en dos
cuestión, por cuanto el artista se avendría fácilmente
cuadros que se titularán Cristo y las golondnºnas y
El día 25 del pasado mes de junio se inauguró la á hacer una rebaja considerable en el precio, por el
Locura ó santidad; Ferrant marcha á Galicia á pasar estatua erigida en esta corte y emplazapa en el cruce placer de que su obra no saliese de su patria.
los días estivales en una casa de recreo cercana á la de las calles de Felipe IV y de Moreto á Doña MaYo puedo afirmar, pero de una manera terminante,
Coruña, y varios otros artistas se distribuyen por las ría Cristina de Borbón.
que Villegas aceptaría las proposiciones que el goprovincias del Mediodía y del Norte de España.
En otro lugar he dicho que Mariano ~enlliure me- bierno español le hiciese para la compra de La
recía la más entusiasta enhorabuena por la estatua de muerte del torero; claro está, que siempre que estas
la Historia, que aparece sentada en un pedestal sa- condiciones fuesen razonables, como por ejemplo,
liente del primer cuerpo del monumento.
rebajar el cincuenta por ciento del precio en que lo
Bastantes escultores hállanse al presente atravesanEs esta figura una de las más primorosamente mode- daría á otra nación ó á un particular cualquiera.
do uno de los períodos peores que hay en la vida ar- ladas que ha producido Benlliure. Movida con majesPero ¡buenos están los tiempos para comprar cosas
tística, el de la incertidumbre.
tad soberana, elegante y severa la actitud, colocados imétilesl Cuando para escatimar unos cuantos miles
Mis lectores saben ya que hace algún tiempo se con arte exquisito los paños, la estatua de la Historia de pesetas, se trata de la acumulación de enseñanzas
convocó á dos concursos, uno para elevar en Manila será siempre tenida como una de las producciones que, como la de Historia y Teoría del Arte, que por
un monumtmto á Legazpi y al P. Urdaneta, otro para que honran el genio del escultor valenciano. ¡Quién iniciativa del actual ministro de Fomento deben eserigir una estatua á Pelayo en Covadonga. A ambos pudiera decir otro tanto de la efigie de la cuarta es- tablecerse en los Institutos, necesitan un personal
concursos acudieron gran número de artistas, algunos posa de Fernando VII!
que sepa hacer demostraciones gráficas, medio el
premiados con medallas de oro en Exposiciones naYo no sé en qué pensaría mi querido amigo Ma- más indicado para obtener verdaderos resultados,
cionales y que alcanzaron la adjudicación de impor- riano cuando modeló esta figura. Le dió á los brazos ¿cómo vamos á pedir la gollería de que venga á nuestantes obras escultóricas en concursos recientemente el mismo movimiento, y le colocó las manos á la tro museo nacional una joya de la pintura contempocelebrados.
misma altura y en la misma posición; la izquierda co· ránea?
Dada la distancia que hay entre Madrid y la capi- giendo la cola del largo vestido de corte, la derecha
R. BALSA DE LA VEr.A
tal de las islas Filipinas, es casi seguro que no se sa- empuñando un rollo de papeles. En esta forma los
14 de julio de 1893

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604

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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Vista general del Palacio cte Transportes

La nave central es la más anchurosa y su altura
proporcionada á los objetos expuestos, que requieren
considerable espacio vertical, y á uno y otro lado, de
IV
ella hay dos galerías, por donde pueden c~rrer veh1cu·
El palacio de Transportes está situado en el extre- los y cuantos medios de tran~porte por tierra y agua
mo Sudoeste de J ackson Park, entre los de Agricul- ha sido posible colocar y clas1fic~r allí. Cada galería,
tura y de Minas, y dado el objeto para que está des· lo propio que la nave, están cubiertas con dobles te·
tinado, muy próximo á las
vías férreas.
Como es de suponer, la
mayor parte de este edificio
se ha construído de un modo
adecuado á exhibir en él
cuanto constituye la historia
de la locomoción humana,
desde el cochecito de niños
hasta las grandes locomotoras y los inmensos y elegantísimos vagones Pulman, que
son una especialidad notable
de los ferrocarriles de los Estados U nidos. A este fin contiene espaciosas naves, por
las que corren rieles que se
/
cruzan en ángulos rectos y
Vista general del Palacio &lt;le Horticultura
constituyen una serie de vías
férreas, entre las cuales que- ,
.
da espacio suficiente para la mas desahogada circu- chumbres de clarabóyas, siendo la techumbre de la
segunda bastante más alta que las de las primeras,
lación.
.
di
El área de que disponían los_ ~rqm~e~t~s A er Y de suerte que en los lados se han podido abrir _granSullivan o.e Chicago, les ha perm1ndo d1v1dir su cons- des vidrieras semicirculares que iluminan suficientetrucciód en· varias secciones á lo largo Y ~ lo ancho mente el interior del edificio.
La fachaha de éste es sencilla y de amplias propory darla un desarrollo de 960 por 256 p1:s, ó s_ea
ciones,
corriendo á todo fo largo qe ella espaciosos
293 metros por 78, aparte de otros pequenos edifiventanajes
análogos á los del techo de la nave central.
cios accesorios.
LOS EDIFICIOS
DE LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAG0

Estos ventanajes, las entradas, la ?rnamentación Y el
perfil general del edificio le comumcan un aspect? de
templo americano moderno, que adolece de cierta
monotonía.
Lo más notable en cuanto á construcción y traza
es la entrada principal, á la que los arquitectos han
dado el nombre de «Puerta de Oro.» I nspirándose en
los pórticos de algunos monumentos de la India, como
el de la gran mezquita de Delhin, ó del Tadhj-Mahal de
Agra, han construído una entrada principal, que consiste
en un pabellón rectangular de
grandes proporciones, en cuyo centro se abre un elevado
arco de medio punto de considerable diámetro, arco cuya
abertura va disminuyendo interiormente merced á una serie de otros arcos de menor
diámetro hasta quedar reducida la puerta á dimensiones
~
'
'
regulares, pero que parecen
pequeñas en comparación del
gran desarrollo de la arcada
principal.
Todo este pabellón está cubierto de bajos relieves
y arabescos de estilo más ó menos puro, representando los primeros los diferentes medios de locomoción usados desde la antigüedad hasta nuestros días.
.A uno y otro lado de esta entrada campean sobre ligeras terrazas dos elegantes y pequeños pabellones ó
kioscos que son reproducción exacta de algunos dejados por los emperadores mogoles en la India.

~~-=--= -

l'uerta de Oro en el Palacio &lt;le Transpc,rtes

. -',

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

•

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NÚMERO

604

LA

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

477

En la misma fachada y á ambos lados hny dos
jo de la mujer, y llamado, por
puertas de menores :dimensiones, con arquitrabes
abreviar, simplemente «Palacio
historiados y flanqueadas de pedestales que soporó Pabellón de las Mujeres»,
tan grupos de estatuas apropiadas al edificio, de las
consiste en que es producto de
cuales podrá formarse una idea por la del guardaun certamen abierto entre las
aguja que reprodujimos en nuestro número anterior.
de los Estados U nidos. Toda
El palacio de Transportes, en su conjunto, no es de
composición arquitectónica, lo
los que más llaman la atención desde el punto de
propio que cualquiera obra de
vista artístico; pero está perfectamente apropiado
arte, personifica más 6 menos
para su destino especial.
las cualidades d• quien la traLos arquitectos Jenney y Mundie, de Chicago, á
za ó ejecuta, y por ello en esta
quienes se confió la construcción del palacio de Horconstrucción se revela el caticultura, han podido disponer para ello de un herrácter femenil de quien ha
moso emplazamiento con un frente de r.ooo pies que
ideado su plan. La vencedora
mira á la laguna, y formar jardines ornamentales y
en este concurso ha sido la separterres entre esa larga fachada y la orilla del agua.
ñorita Sofía G. Hayden, discíLa traza de este edificio consiste principalmente en
pula de la escuela de Arquitecuna serie de galerías de 50 á 70 pies de anchura, cutura del Instituto tecnológico
biertas de cristales y acondicionadas de modo que
de Massachusets, establecida
contienen elegantes jardines, los cuales reciben la neen Bastan.
cesaria luz solar, á cuyo fin sólo se les ha dado zz
Aunque el edificio se diftpies de altura. Como esta altura es solamente la terrencia bastante de sus colosacera parte de la de los edificios adyacentes y era meles vecinos, y en muchos detanester que el conjunto de este palacio no dejara de
lles se echa de ver el sexo del
estar en relación con ellos, los arquitectos lo han conarquitecto, no por eso deja de
seguido agregando á los extremos N orle y Sur dos
ocupar un lugar digno y meripabellooes de elegante estilo florentino, de 50 pies
torio en Jackson Park, pues
de altura, y divididos en dos pisos, en los cuales no
además de estar perfectamente
solamente se han colocado colecciones y modelos de
acjecuado á su objeto, se adbotánica y horticultura, sino también espaciosos resvierte en él delicadeza y elegantaurants con vista á los jardines.
cia en el trazado, ingeniosos
Un tercer pabellón situado en el centro de la fa.
detalles y cierto sentimiento
chada, que sirve de entrada principal al edificio, está
que podría calificarse de graen conexión con una cúpula central de 180 pies de
ciosa timidez, pero combinada
diámetro y cuya techumbre es de cristales. Estepacon posesión notoria y eviden •
bellón, como se ve en el grabado, está dividido en
te de los conocimientos técnitres partes; la de en medio tiene un elegante pórtico,
cos que distinguen á la autora.
y las de los lados rematan en cúpulas más bajas que
Esta ha debido tener en
la central, armonizando con ella. El pórtico es un
cuenta al combinar su plano
elevado arco triunfal, con un vestíbulo profusamente
que le era forzoso distribuirlo
decorado con esculturas y bajos relieves, entre ellos
de modo que estuviese conveel que representa «El sueño de las flores, )) composinientemente distribufda una
ción graciosa y bien entendida, cuya reproducción
exposición general de las obras
damos en este mismo número. Los dos pequeños
de la mujer bajo sus diferentes
pabellones cuadrados que, según acabamos de decir,
aspectos, industrial, artístico,
flanquean este arco, están asimismo adornados con
educativo y social. Obedecienbajos relieves de estilo veneciano. En esta parte del
do á es~1 necesidad, ha incluíedificio, lo propio que en toda la fachada, predomina
Grupo escult6rico del Palado de f-fqrtlcuhurá ~Ué representa el sueño de las flores
do en él departamentos para
el orden jónico, pero en mucha mayor escala, y el
exhibir cuanto se relaciona con
cornisamento del pórtico lleva un friso bastante más
todas sus condiciones perfectamente á su objeto, y las obras caritativas, en las que tan principal parte
ancho que el de los pabellones angulares y enriqueciaunque su traza se diferencia bastante de la arquitec- toma el bello sexo, un modelo de hospital y de jardín
do con bellas labores escultóricas, copia de las aplitura, más severa, por decirlo así, de los edificios que de recreo para niños, una exposición retrospectiva,
cadas por los maestros italianos en los monumentos
lo
rodean, no carece de la gracia y dignidad que de- salas de varias dimensiones para congresos mujeriles,
de la época de los Césares.
ben acompañar á toda obra de arte de esta natu- otras para conferencias, bibliotecas y oficinas. Todos
El resto de la fachada, asimismo decorado, aun- raleza.
estos departamentos estan contenidos en un área
que la ornamentación responde _más bien al gusto
En este palacio debe haber siempre exposiciones de 400 pies de largo por zoo de ancho, contigua por
el Norte al palacio de Horticultura y en el eje de
Midway Pleasance.
La laguna que da frente á este palacio forma una
bahía de más de 400 pies de ancho, en el centro de
la cual hay un desembarcadero, cuya escalinata ;va á
parar á una terraza que conduce á la puerta principal
del edificio.
Este, según acabamos de decir, contiene una serie
de departamentos, todos los cuales convergen á un
gran liall 6 salón central, cubierto de cristales y por
tanto profusamente iluminado. Los departamentos
1

Palacio de las Artes de la Mujer

del Renacimiento veneciano, -está dividido en grandes ventanajes semicirculares que ocupan casi toda
la altura de aquélla, separados por pilastras de orden jónico. La ornamentación del friso consiste en
amorcillos, guirnaldas de flores y festones, que atestiguan abundantemente el ameno carácter de los objetos y producciones de la naturaleza á cuya exhibición
está destinado el edificio. En dicha ornamentación
los arquitectos se han inspirado discretamente en el
ejemplo dejado por el Sansovino en la Biblioteca de
San Marcos de Venecia, ejemplo que debe haber
ejercido gran influencia en la disposición que han
adoptado para el coronamiento, característico de este
elegante edificio, con balaustradas y bellos remates,
en vanos de los cuales se destacan elevadas astas en
las que ondean gallardetes y oriflamas de vivos colo·
res, los cuales contribuyen á aumentar el aspecto alegre de la construcción que nos ocupa.
En suma, el palacio de Horticultura responde por

florales al aire libre, y en su
interior hay varios estanques reservados para las
nínfeas y &lt;lemas especies
acuáticas, así como gran•
des espacios destinados lo
mismo para las plantas comunes que para las excentricidades de la flora ·cultivada.
La parte escultórica y
ornamental de este edificio
ha sido confiada al escultor
Loredo Taft, de Chicago.
Lo que desde luego llama
la atención y excita el interés al contemplar un nuevo edificio de esta Exposición, el destinado al traba-

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SAN CRISTÓBAL, cuadro de Pedro Stackiewicz

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Cúpula central y p6rtico del Palacio de Horticultura

están divididos en dos pisos, rodeado el superior de
alerías ue dan al salón central, como l?s ~rc~s que
g le ha~er alrededor de los antiguos pat10s italianos.
~:nto las habitaciones del primer piso como las del
segundo reciben luz del salón central y de las grandes
veT1tanas que dan á la fachada.
.
La arte exterior del palacio de las Mu¡eres recuerdi el estilo de las anti~uas villas ó suntuosas
quintas del Renacimiento italiano. Entre un pabellón
central y dos angulares corre_ en la planta ba¡a una
espaciosa galería porticada, nuentra~ el _piso supenor1
al o reentrante y dejando por cons!gmente una azote~ formada por la techumbre de dicha galería, crsiste en un lienzo de pared con grandes ventanas. a

entrada central se compone de tres arcos semejantes
á los de la galería, y sobre ellos hay una c_olumnata
de orden corintio coronada por un _fronttsp1c10 adornado de bajos relieves y en conexión con la azotea
á qué nos hemos referido.
El mismo estilo se ha adoptado en los pabellones
angulares y en las entradas latera}es, los cual~s en
lugar de columnas tienen anchas pilastras y estan coronados por una balaustrada, en algunos de cuyos
pedestales campean altas estatuas.
.
. ·El carácter general de este pabellón es, ~or decirlo
así más bien lírico que épico; pudiendo a pesar de
est~ asegurarse que el palacio de la! Mujeres o~upa
dignamente su puesto en la Exposición con cierta

gracia modesta en armonía con su uso y con la índole de su autora.
.
.
Después de una competencia, en extremo enca_rmzada, entre los escultores del bello _sexo de la Umón,
se otorgó la ejecución del frortt1Sp1c10 de la entrada
principal y la de las estatu~s y _esculturas que _adornan
el resto del edificio y los ¡ardmes á la se~onta Ahce
Rideont, de San Francisco de Cahforma. Huelga
asegurar que estas esculturas son otros tantos emblemas del gran trabajo de la mujer en el mundo, y que
la crítica no puede menos de reconocer en ellas todas
las nobles y poéticas cualidades de arte de que siempre ha dado pruebas.
M.A.

�478

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

RECUERDOS DEL CENTENARIO ROJO

~:,n;~

Nú.MERO 604

~i:'!~f;;!~~:~~;~~:i~r~~~:

~~:~!;j~-~sd~}af
LUIS XVII
to~ no menos !magmarios y absurdos. El roe .miento era sencillo: se escribía la delación p 1 ~_d1
Vl.-EMPAREDADO
beodo, se le cogía la mano y se le 11 b' y a nmo,
firmase. El carácter de letra de la fir:v: d:_para que
La parte más ardua y delicada d 1
do por la..república á Simón estab: c~n~a;yJ/fan~a- lata sobradame_nte esta violencia.
Entre los historiógrafos de Luis XVII
ma del ~JJO había arrastrado á la guilloti~a , ·,
r~!%unos
aseveran que, obligado por la fuer~
dJf' cub1er~ de ignominia y saturada de hiel ªFa~:;s o concluir la obra, suprimiendo la frá ·1 . .
.ª a rmar papeles cuyo contenido no entencuya prolongación alentaba el heroísmog~ e~1st~nc1a día, pero cuyo sentido y objeto presentía
confusa y dolorosamente el niño no te .
rrectos vendeanos. N o era empresa q e os ·msu·
d tr fi
'
·
mengran derroche de habilidad. sólo e . í ~e requmese o º. a ~rma para protestar, se· encerró en
~edla víscera que !la mamo; corazó~\ªdi~~~ ~n p~:~ un s1le~c10 absoluto. Ni amenazas ni ali.ª sue1e encontrar albergue
un · d
. zas pudieron sacarle de aquel mutismo, ~ltis1mo guijarro Simó
ía' a l;lle ra, un durís1- mo baluarte de la desesperación Es
r
• , en eiecrocidad
:
n p~rec revestido de cuanta fe- to, .1a ~~la bra manifestación suprema
de
la
.
re~mere el ofic10 dt: matar lentamente á
c:1atura; sm embargo, su condición de ser er una soc1ab1hd~d; nos pone en contacto con nuestros semeJantes y hasta con los irracionales·
~;ntei ~a ~rcie humana constituía un obstá~ul~er:~ a) perro, al caballo, al pájaro favorito le de:
nsa º: a tropezó la consigna de los jacobinos
ca~os palabras cariñosas, y nos oyen nos
dl~n~I~:~ryl~g~is~~~sóendhabía_ llegado~ aburri~se entienden
á su manera.
y
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mno
podía
creer
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haQue en un momento de frenesí ó de bo
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rrac era pue- bía _aca~ado ya el género humano hasta
I
la ant~;~f~~sí~ ~~::r~;:r~~ifuidades y _llegar hasta los mac1onales que aman al hombri
ue
mieron el cor;zón de l
. os que gmsaron y co- s?lo quedaban en el mundo las hiena~.~\s
. .
a princesa de La b JI
significa que un día tras otro ,
m a e, no hienas no se les habla.
prolongar el martirio de
y~ sdangre fría sea factible
Aquel!a actitu~ pasiva, aquella sumisión
la h
.
. un ser m efenso. En honra de aquel ~1ño petrificado, encogido, inmóvil
de l~~:~;f;fde; ~;et~º r~conocerque las heces añejas en un rmcón de su cárcel, no daban tela al
des~alleció ante la afr~:a :rf:.º~;i;1~áuseas. Si~ón zapatero-verdugo. No había ni pretexto pamu3er del zapatero, ya desde el prime;u~í~a~::t;~ r~ las acostu~bradas mofas, para los cotidianos puntapiés. Lo único que sacó de su

~~~ae~ ~u tosca y _pólebeya alma había algo que se pa.
a compas1 n. No se sabe que ha a
d .
dicho
palabras
brutales
a'
p
.
.
.
y
pega
o ni
p
• ns1onerito.
uede sospecharse que la misma ferocidad de Si
mÓn procedía del ted·
1
·
y del deseo d
JO que e causaba el encierro

~a~~:.s~i:~:~~~

desconsolada
p;~;t~I ::n~~r~{í~i
re~e, Fºr raro ~aso _apiadado del niño, indica6a á Si:
m n a convemenc1a de tratarle más b .
el zapatero contestó vendiéndose· «Yo s~~:qnamehnte,
y por qué lo ha 0 O
.·
ue ago
prisa.»
g . tro en m1 lugar se daría más
no~~;a /ntretenr su fastidio creciente, Simón de
ellas lnt;~fe~;ge~s r~~\1.~s demás m~nicipales, ~ en
do ya. Otro solaz del
Y d~pravadeclarase nuevament
su a umno
ya la habían degolla~~.n~n~º~~it~u
;ir~r:

ay~iut~:~~:cqi~~
s;~f:~

479

LA I LUSTRACIÓN A1nisTICA

VII. -TERMIDOR
el espinazo está derecho, la sangre rebosa hierro, el
músculo adquiere solidez de mármol, los ojos brillan,
Espanta ciertamente pensar en los sufrimientos fílas mejillas atezadas adquieren arrebol de manzana sicos del niño emparedado, pero estremecen más
sanjuanera, la boca ríe, y el incesante juego delata la aún los morales. Porque en criatura tan delicada,
necesidad de expansión y el equilibrio de la s~lud. sensible y afectuosa, con edad suficiente para perciPues bien: antes que la medicina racional investigase bir todos los horrores del abandono y la miseria, y
el modo de fortalecer á los niños débiles, la revolu· sin la edad que se requeriría para luchar con la sición había averiguado el
otro término del problema, tuación y dominarla en lo posible, el estado del ánió sea el modo de acabar mo debió de ser infinitamente más lastimoso que el
sin ruido ni violencia con del cuerpo.
El adulto abrumado por la desdicha á veces la
un niño de naturaleza priconsidera
expiatoria; la explica por antecedentes. Pevilegiada - tan privilegiada
ro
¡qué
misterio
tan inconcebible para la débil razón
que había resistido al método pedagógico de Simón. de un niño el de aquel martirio siempre creciente y
- Lo que no habían hecho cada día más intolerable! Sin duda que cuando Luis
los golpes, los denuestos, XVII palpitaba en las garras del zapatero Simón, de·
el alcohol, la depresión bió de creerse el más infeliz de los humanos. ¡Quién
moral y la tortura flsica, lo le diría que en la fétida tumba donde le encerraron
podían hacer el lento enve- echaría de menos -y así tuvo que suceder - los punnenamiento del aire respi- tapiés del zapatero jacobino!
Hay en nuestra historia un episodio que recuerdo
rable, la privación de luz,
la roezón de la melancolía involuntariamente, mientras escribo la tristísima vida
y del tedio, los fantasmas del hijo de Luis XVI. Es el suplicio del santo niño
de la soledad, y la escró- de la Guardia, aquella tierna criaturita á quien los
fula segura, infalible, la judíos hicieron padecer las torturas y ultrajes de la
escrófula que disuelve las Pasión de Jesús, y que la Iglesia cuenta entre sus glocarnes y convierte en pus riosos mártires. El crucificado de la Edad media, en
los sudores y bascas de su agonía, seguramente fué
el licor de las venas.
Están conformes ID' pe- más dichoso que el emparedado del siglo xvm. Su
dagogos modernos en que pasión fué más corta: su espíritu no llegó á desfalleel castigo llamado del cz,ar- cer, pues veía abrirse los cielos y ofa los cánticos de
to obscuro es peligrosfsimo los ángeles. Pero en la interminable subida al calvacuando se aplica á niños rio de Luis XVII, ni el entusiasmo embriagador de
nerviosos, sen si bles, que la fe pudo ofrecerá sus desecados labios el brebaje
padecen de miedos y es- de adormidera que embota el dolor.
¿Qué pensaría la desdichada criatura en la profunpantos. Cuatro horas de
didad
de su nicho? ¿Qué diálogo entabló con el Dios
,uarlo obscuro pueden deen
quien
le habían enseñado á creer desde la cuna,
positar en el tierno cerebro
los gérmenes de la demen- del cual nadie le hablaba en los años del suplicio, y
cia. La revolución senten- cuya eternidad única afirmó un dfa enérgicamente
ció á Luis Carlos de Bar- bajo el látigo de Simón? ¿Cómo rezó, cómo se resigbón á cuarto obscuro per• nó aquel inocente? ¿Por qué fenómeno de reflexión
petuo; entregó á aquella prematura, como fruto madurado á deshora por el
criatura al terror indefini- infortunio, germinó en él el acerado estoicismo que
ble, emparedándolo vivo y le veremos demostrar, y á la vez el ansia infinita de
dejándole á solas con las la muerte libertadora?
Hubo días en que hasta el mezquino sustento, el
tinieblas, el silencio y la fetidez de su lúgubre prisión.
Mientras el rey niño se pudría sobre la paja de su ca-:- .--.
mastro, en la plaza pública
Facs!mile de un grabado de la época de la Revoluci6n que representa á un ciudadano fran\., '. ·..
'funcionaba á más y mejor
cés buscando la libertad, la igualdad y la fratemidad que se burlan de él; y mientras se
la
guillotina,
con
tal
activiesfuerza en vano por lograr su intento, esta expuesto á encontrarse en brazos de la muerte.
dad que fué necesario presentar una moción para
digo calabozo, debiera decir tumba, porque Luis XVII que se evitase que los perros vagabundos acudiesen
no fué encerrado, sino emparedado allí. En efecto, la todos los días á abrevarse de la sangre que formaba
puerta quedó, no cerrada, sino condenada por medio un lago al pie del patíbulo. Sin embargo, al lado del
de fortísimos clavos y sólidas barras de hierro: á la al- martirio del niño, la guillotina apenas infunde hotura de una cancilla fué serrada la madera y sustituí- rror. Muerte al fin rápida, no cabe equipararla á la
da por reja espesa y doble. Una especie de torno, agonía pausada, sorda, continua, del inocente.
En la perpetua penumbra en que vegetaba Luis
segurfsimo también, servía para presentar al cautivo
el alimento. Por allí devolvía él los platos vacíos y la XVII, casi no podía saber cuándo era de noche. Saropa sucia. La única y dudosa claridad que penetra- bíalo porque una voz dura y bronca le gritaba, á cierba en la tumba de Luis XVII era la de ahumado ta hora, que se acostase. No se le prescribía ocupareverbero colgado frente á la reja por la parte exte- ción alguna: se lt: había privado de libros, de jurior. Un tubo de calorífero, pasando por entre la reja, guetes, de utensilios; tenía una escoba para barrertenía por oficio calentar el encierro. Lo malo es que se el cuarto, pero sus brazos enflaquecidos ya carelos encargados de encender el calorífero, unos días cían de fuerzas para manejarla: las inmundicias se
no lo encendían porque se les olvidaba, y otros lo amontonaban, el ambiente era de pútrida sentina, y el
cargaban hasta tal extremo, que el niño estuvo á prisionero respiraba letales miasmas que emponzoñaban su pulmón. Los restos de la miserable comida, los
punto de perecer asfixiado.
Así quedó establecida la situación de Luis XVII. mendrugos de pan abandonados, atraían á las ratas,
Soledad, obscuridad é incomunicación absoluta; ni que ya pululaban en el calabozo y que de noche comuna voz, ni un rostro de hombre: manos desconoci- partían el lecho del pobre emparedado, mordiéndole
das que depositan en el reborde del torno una escu- cruelmente cuando no tenía fuerza para rechazarlas.
dilla: sombras que pasan y ni se distinguen de la pe- Arañas asquerosas, descolgándose de la pared, caían
numbra de la mazmorra. - Por singular coinciden- sobre el escuálido rostro: el frío de sus patas sutiles
cia ó por refinado ingenio de los atormentadores, le hada estremecerse al principio; después ya ni inLuis XVII estrenó su sarcófago el aniversario de la tentaba sacudirse el repugnante insecto. El cuerpecillo y la cabellera del preso eran nido de sucios padegollación de Luis XVI: el 21 de enero de 1794.
Una de las positivas adquisiciones científicas de rásitos: la miseria se comía al nieto de San Luis. El
nuestra edad es la higiene de la niñez. El cultivo de niño ya ni lloraba; las lágrimas se habían agotado en
la tierna planta humana ha hecho progresos admira- los ojos casi ciegos por la adaptación á la obscuridad Facs!mile de un grabado de la época que representa á Rohesbles, y hoy sabemos que el niño, para criarse fuerte, y por tanto como lloraran en otros días. No podía
pierre ejecutando FOr su propia mano al verdugo, después
alegre, robusto y lleno de inteligencia, necesita ejer- andar: lleno de llagas cani:erosas y tumores fríos, se
de haber hecho guillotinar á todos los franceses.
arrastraba
á
la
reja
cuando
las
voces
injuriosas
de
los
cicio, oxígeno, gimnasia, luz, el estimulante poderoso
del calor solar, el tónico vigoroso de las auras salo- inspectores le llamaban para cerciorarse de que ((no pan y agua del calabozo, faltó á Luis XVII. ¿Descuibres en que el mar parece ofrecer á nuestros pulmo- se había evadido el lobezno.» Y sin embargo, aún no do ó refinamiento de barbarie? No se sabe; lo cierto
nes su vitalidad generadora y su bullente energía. venía la muerte ...
Sabia providencia fué la de demoler el Temple; es que cuando no le echaban su pitanza, el niño no
Hoy se coge a un niño empobrecido, raquítico, exporque
manchaba a Francia yeclipsaba cuanto pudo la pedía: ni un gemido salía del hediondo zaquizamí.
hausto, de piernas como hilos y pesada cabezota, de
tener
de
beneficioso el regimen nuevo aquel calabozo, La queja y el llanto de las criaturas son una muestra
tejidos blanduchos y huesos inconsistentes, y se le
aquel
cubil,
a(luel in pace de la Inquisición revolu- de espontaneidad y vida: para que el niño calle telleva al sanatorio, enclavado en la playa, oreado por
niendo hambre y miedo, pensad qué espantosa de ·
áspera brisa que huele á yodo, y á los pocos meses cionaria, donde se consumió Luis XVII.

va á luchar contra la soledad.» Había en el Temple un
cuarto obscuro, donde se alojaran anteriormente Clery
y la mujer de Simón. Semiprivado de ventanas que dejasen pasar el aire puro y la luz del cielo, pues solo tenía unos ventanucos que se cerraron y obstruyeron ad
lwc, el que iba á ser calabozo del niño recibía por un
caño las pestíferas emanaciones de los retretes. Cuando

Tipo de un jacobino (1)
(Copia de un dibujo de la época)

El delfín en su encierro en el Temple

N úMERO 604

de los canarios - cuyo gorjeo alarmó á la
república.
. La conspiración de los canarios produJ0 el efecto de reanimar los dormidos
furores de Simón contra su esclavito.
De aquel último período de autoridad
del zapatero son los rasgos más crueles
e_ntre los que nos ha conservado la historia. El arrastrar al niño por los cabellos
sobre las baldosas; el lanzarle contra la
pared; el echarle á rodar de un puntillón, y luego ya en el suelo molerle á
coces; el despertarle de noche á las altas horas, en invierno, soltá~dole un
cubo de agu~ fría sobre el pecho y la
cara; el sacudirle zapatazos con grosero
zapato claveteado; el estirarle las orejas
hasta arrancárselas, fueron arbitrios de
aqu_el hombre cansado ya de su misión,
sed1ent_o de ~olver á la calle, al club y á
1~ voc1ferac1ones de la asonada, é impaciente por despachar.
Y no pudo. La vida es terca: nadie
calcula la suma de dolores y martirios
qu~ _es capaz de resistir un niño de exqmsita org~nización y cortísima edad.
~ revolución conoció que era preciso
mve~tar otros medios: Simón se declaró
. ..
vencido, y el 5 de enero de l 794 hizo
d1m1S1ón ?e su car~o, optando por el de «consejero
gener~l,» mcompat1ble con el puesto bien retribuído
qte d1sfruta_ba en el Temple. Dice al llegar aquí un
~t~nte b1ógr~o del re~ niño: ~&lt;La miseria incalcua e e la opres1ó~ que Simón e3ercfa, no es más ue
el p_rólogo del suphc10 de Luis XVII. Falta lo ~ás
terrible: hasta ahora el niño luchó con el hombre; pero

atonía áJ la• criatura
prisionera
fué e1 mc1
. 'd
los
•
.
ente que
., r;,v~ uc10nan?s triunfantes llamaron la conspiraczon e os c~na7:ws. He aquí en qué consistió la fa
;osa fonsp1rac1ó?. Existía en el guardamuebles dei
1emp ~ un canana mecánico, que volaba sacudía las
a as Y asta cantaba una canción realista'. Dos ó tres
emplea~~s del Temple, compadecidos del abatimien~o delHnmo, recabaron de Simón que le diese el páJaro. ubo que componerlo
a
· .
sionero lo ec·b·ó
'.Y Y compuesto, el pnr i J con entusiasmo; pero al conven- abf::to En la ~arte anterior de la gorra se ve bordado un o·o
dad cu y de~aJo la palabra Surveilla11ce, emblema de la so~~cerse d e que no era un pájaro de
d d
hacerle caso· no lo • ó . .
ver a , cesó de cos) d/~sa~~!~t~s Seo~lamtban {e/adores (vigilantes 6 síndi.
. mir s1qu1era. Entonces, Meunier
que en secreto se interesaba por el niño le t a·
' d:n! cqouneolcler comol~iem~~oed¿¡e:lu~ ~~el~: j:~~b~neis~1tq~~:
p
eva en a mano derech · ·¡¡
cuantos canarios de verdad entre ellos' r JO u~os tocar
á rebato á la p ·
ª s,gm ca que está pronto á
do
1
• .
'
uno ensenagar
á
la
patria
E 1nmera sospecha_ de peligro que pueda amaY ~ . ave ~e?t1l triunfó de la melancolía de Luis
están escritas las fuc~!t~~e¡es dqu~ \~en~ en la mano izquierda
arios. ,tan fac1l es el consuelo en la niñezl I
de 1792. En el cinturón 4 e JU 10 'fe i789 Y 10 de agosto
ra~l1s ál ~ve Y el niño, estaban todo el día ·ju;!~: mismo
un gran sable Po se ven dos pistolas, y pendiente del
y a ag n ose. Poco había de durar aquel consuelo cos de madera del ca·m r _calza[¡do élleva los caracter!sticos zue-

f

e'

pesmo ranc s.

''

�VÍCTIMA INOCENTE, cuadro de •D. Carr

EN EL BAÑO, cuadro de Fred Morgan

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
presión sufrirá su atribulado espíritu. Hay detalles
que dudo si debo recordar, porque acaso su exagerado horror los hace inverosímiles. En seis meses el
niño sólo se mudó dos veces la ropa interior; y como
ya las fuerzas le faltaban, acabó por no desnudarse
sus harapos, y por no poder andar el pasillo que conducía á la letrina del calabozo. Un marmitón de las
cocinas del Temple, que miró al través de la reja con
curiosidad de ver al prisionerito, apartó horrorizado
.la faz. «¡En ese cuarto no hay cosa que no rebulla!»
exclamó, viendo el confuso hormigueo, el corretear
de ratones, arañas y avechuchos. Lo único que no rebullía era el preso, tendido en la cama, rendido á la
modorra y al ensueño febril. Como ningún lamento
salía del fondo de aquella tumba, lo más doloroso
de esta tragedia sólo puede suponerse, no referirse.
Mientras la inteligencia del niño se extinguía y su
cuerpo se pudría lentamente, fuera del Temple poquísimas p&lt;:!rsonas conocían su verdadera situación y
el género de muerte á que se le conden~ba. Sabían
el hecho del cautiverio, no el modo. Hágase esta justicia á una nación entera: los Chaumette y los Hebert, los terroristas y los bebedores de sangre, que
ostentaban á la faz del mundo, con afectación y alarde teatral, la guillotina, ocultaron el atentado siniestro en la sombra y el sigilo que sirven de manto
al crimen, y los que no calaban el espesor de los viejos muros contemporáneos de Felipe el Hermoso,
pudieron ignorar aquella iniquidad suprema. Verdad que el Terror, en su período álgido de homicida
demencia, oprimía á París: que las proscripciones
arreciaban: que nadie se atrevía ni á respirar: que el
amigo temblaba á la denuncia del amigo, el padre á
la del hijo: que, para coronar la obra, los dueños de
la nación «decretaban la alegría,» y declaraban que
á los aristócratas se les conocía en la cara larga y tétrica.
•
No podía ya prolongarse estado tal de violencia y
susto. Vino Termidor, y Barras estableció situación
más tolerable sobre las cortadas cabezas de Robespierre, Couthon, Hanriot, Saint Just y demás fieras con rostro humano. En la misma hornada que
Robespierre, en la propia carreta, al lado del incorruptible, iba el zapatero Simón, el verdugo de Luis
Carlos. Cuando pasaba la carreta por la calle de San
Honorato, una señora joven, linda, de dulce expresión, lanzóse sobre Robespierre que ya casi no podía
oir (porque tenía rota la mandíbula y un ojo saltado
del pistoletazo con que quiso precaver el patíbulo), y
en tono sañudo le gritó: «¡Monstruo, desciende al infierno cargado con la maldición de todas las madres!»
¿Pensaría aquella dama en el rey niño?
Sea como quiera, Termidor iba á repercutir en los
muros del Temple -Tenía por entonces Barras un
amigo, criollo de la Martinica, llamado Laurent. Ardiente republicano, joven aún, culto y afable, Laurent
alimentaba vehementísima pasión por las flores y la
jardinería. Afición tan pacífica y dulce, que agrada
pensar que Luis XVII - otro aficionado á la floricultura - va á caer en manos de Laurent, nombrado por
Barras, el 11 de Termidor, custodio de los hi.fos del
Tirano.
No podía sospechar Laurent, al entrar en el Temple y dirigirse, en ejercicio de sus funciones, á la prisión de Luis XVII, que iba á hacerse cargo de un
espectro. Al mirar por la reja; al advertir el olor á cementerio que salía del cubil; al oir la voz extinta de
la criatura, que á la pregunta «¿Capeta, estás ahí?,»
contestaba un si imperceptible, el corazón del mozo
republicano tembló en el pecho. Muchos años después de tan lastimosa escena, confesaba Laurent que
al verá Luis XVII «había pensado en Dios.»
El custodio se &lt;lió prisa á reclamar, á enterar al
Comité de salud pública del estado del niño. Acudieron los comisarios y mandaron forzar la reja y abrir
la puerta. Hízose así, no sin ruda labor, y la tumba
del emparedado quedó franca, y pudo verse al Job
infantil, tendido en su lecho, ó por mejor decir, en el
asqueroso conjunto de harapos que de lecho le servía. Pudo verse su carita lívida, sus ojos extraviados,
su cabeza que parecía una gusanera, sus miembros
deformados por las escrófulas y sus llagas ulceradas
y cruentas. Ni el abrirse la reja, ni el caso extraordinario de entrar en su tumba seres humanos, sacó de
su marasmo al rey niño. Apenas se volvió, mirando
de reojo á los que se inclinaban sobre él transidos de
espanto. Al lado de su cama vieron los comisionados
intacta la pitanza del prisionero. «¿Por qué no comes?,» preguntaron compadecidos. Luis XVII callaba. Un comisionado viejo, en tono afectuoso, insistió:
«¿Por qué no has comido?» Y el niño, sin levantar
la cabeza, con glacial serenidad respondió: «Porque
quiero morir.)) Ya no pudieron sacarle otra palabra.
¡Tenía nueve años! Y por la senda de espinas había llegado á aquel propósito de hombre, de hombre

mártir, de hombre héroe: sin lágrimas, sin quejas, sin
protesta alguna, Luis XVII quería morir.
Diríase que palabras tan profundamente tristes no
pueden ser sobrepujadas en amargura. Sin embargo, pronunció después otras más hondas, más trágicas aún.
Es el caso que, desde la bienhechora visita de la
comisión, la suerte de 1~ criatura había cambiado. No
se le volvió á emparedar: á la reja sustituyó una puers
ta: cárcel, no sepulcro. Oreada, barrida y limpia, la
cárcel se hizo habitable. Al desenterrado se le &lt;lió el
refrigerio del baño, el puro goce de la fresca ropa
blanca, los cuidados del médico que le curaba las úlceras, el aseo del pelo cortado y bien peinado, el honor de un traje fino y decoroso. Y apenas el niño se
convenció de que ya estaba fuera del pudridero y
que Laurent le mostraba compasión, se desató su
lengua muda hasta entonces y preguntó con sincerísimo asombro: «¿Pero por qué me cuida usted á mí?»
¿No es cierto que esta frase es todavía más triste que
el «quiero morir» de la estoica víctima?
Bajo el poder benigno de Laurent fueron otorgadas al niño algunas alegrías que nunca pensó probar
más. Alegrías que cualquier gurriato descalzo disfruta
á toda hora, pero que á Luis XVII se le habían vedado, al sentenciarle á perecer enterrado vivo. Un
paseo por la plataforma de la torre; un poco de aire
libre y directo; la vista de un árbol; el canto de un pajarillo posado entre sus ramas ... ¡para el prisionero
qué fiesta! Otro día no fué un ave canora, sino un
regimiento estrepitoso, con sus tambores y cornetas,
sus pífanos y sus banderas desplegadas. La criatura
postrada y de agobiado espinazo, enderézase de repente; leve carmín tiñe sus pálidas mejillas... Un escalofrío de placer le recuerda quizás sus aficiones
militares, el brillante regimiento del Real De/fin ...
¿Dónde estarían los soldados de aquel regimiento?
¿Dónde los adictos suizos, los fieles guardias de corps,
los elegantes hidalgos de las antesalas de Versalles?
¡Si pudiese saber cuántas arrogantes cabezas habían
caído en el cesto fatal!
En las almenas de la torre, entre las grietas de los
sillares vetustos, brotaban amarillentos y ahilados unos
alhelíes silvestres, unas esparcidas matas de jaramago.
Las pupilas del niño fueron á posarse en las mezquinas
flores, con ansia que Laurent comprendió. Una seña
del custodio autorizó al prisionerito para cogerlas.
Fué arrancando una por una, y sus dedos flacos las
.agruparon como en forma de ramillete. Poco después
bajaba la escalera de la torre, y se paraba ante una
puertecilla del tercer piso. Allí, con inexplicable expresión en la mirada, soltó sobre el umbral sus flores y las contempló en silencio; después inclinando la
cabeza permaneció inmóvil. «¡Te equivocas, Carlos!,
observó Laurent: esa no es tu puerta.» «No me equivoco,» respondió el niño, que siguió bajando las escaleras. - La puerta donde Luis Carlos había soltado el haz de flores, correspondía á la prisión de su
madre ...
Es de notar que Luis XVII sabía la ejecución
de su padre, pero la de su madre la ignoraba. Nadie
- ¡extraña compasión, ó no menos sorprendente cautela! - le había dicho que María Antonieta é Isabel
de Francia no pertenecían ya al mundo de los vivos.
El huérfano podía suponer que aún le sería dado ver
el rostro de su madre. Siempre que, pensativo y silencioso, fijaba en Laurent las azules y lánguidas pupilas, su ojeada no expresaba otra cosa: era una interrogación, era un ruego, era un llamamiento á lo que
todo hombre debe tener de común con la humanidad: la santa piedad filial. Pero Laurent enmudecía,
y los labios del niño jamás se entreabrieron para dar
paso á las palabras de que estaba lleno su lacerado
corazón.
Con la fuerza de voluntad que presta el. martirio,
calló, y sólo aquel ramillete carcelario de pobres alhelíes reveló lo más íntimo de su pensamiento.

NúMEl{O

604-

que entre plantas silvestres ha trazado el habil!simo pincel de
Bellei, y en todas ellas se verá resplandecer una hermosura natural que no han bastardeado los afeites ni las exigencias de la
moda, y una plenitud ele vida no debilitada por las malsanas influencias de un medio ambiente en que difícilmente se conserva
la salud del cuerpo y en que con tanta facilidad se quebranta la
salud del alma. Es un cuadro, un bellísimo juguete, podríamos
decir, lleno de vigor y lozanía, en el que las plantas sirven ele
elegante marco á los bustos de cuatro muchachas no menos lindas y frescas que la vegetación que las rodea.

•••
San Cristóbal, cuadro de Pedro Satackiewicz.
- Conocido es el episodio de la vida ele San Cristóbal que en
su precioso lienzo reproduce el pintor ruso Stackiewicz, y fuerza
es confesar que el artista ha sabido expresarlo con un vigor
extraordinario. En las dos figuras del cuadro, aun prescindiendo de la técnica magistral con que están dibujadas, siéntese toda la grandeza de la escena¡ la de Jesús es delicada y graciosa
y, sin embargo, adivinase en ella al Ser sobrenatural, de origen
divino; la del Santo revela por modo admirable la sorpresa del
hombre vigoroso que siente sobre si un peso infinitamente superior al que el cuerpo del niño podía hacer suponer, y el esfuerzo que tiene que realizar para atravesar el río con su pre·
ciosa carga. Las agitadas aguas de tinte sombrío y el tenebroso
firmamento cruzado por fulgorosos relámpagos contribuyen poderosamente á hacer resaltar el interesante grupo sobre el cual
parece difundirse una luz misteriosa que contrasta con las negruras que lo circundan.

•

* •

Victima inocente, cuadro de D. Oarr. -Tiene la
sociedad grandes injusticias y una de ellas es la que de una manera tan sentida nos ofrece el notable pintor inglés Carr. Esa
pobre mujer que lleva en brazos á un tierno infante y conduce
de la mano á una niña de corta edad, es objeto de las injurias y
de los sarcasmos de sus convecinos que vengan en ella el crimen cometido por su esposo en un momento de obcecación,
quizás impulsado por el hambre. El mundo es implacable y las
pequeñas poblaciones suelen ser, en casos como el de este cuadro, refinadamente crueles: pocos ven en la infeliz esposa á la
madre afligida que, privada de todo recurso, tiene no obstante
que atenderá la subsistencia de sus hijos; casi todas miran en
ella no m~s que á la compañera del criminal, para quien la cárcel será castigo insignificante comparado con el dolor que ha
de producirle el pensar en el abandono en que por su culpa
quedan los suyos. Sin embargo, en la mujer del lienzo de Carr
se advierte cierta serenidad que conforta; parece como que, despreciada y abandonada por los hombres, siéntese sostenida por
una fuerza interna que le hace confiar en Aquel que, perdonando á los culpables, se apiada siempre de las víctimas inocentes.
Las demás figuras de este lienzo que aparecen en segundo término no están menos bien trazadas, así la del rudo campesino
que amenaza con el puño cerrado á la infeliz madre, como las
de las vecinas que con desdeñosa compasión la miran y se entregan á nada caritativos comentarios.

**•
En el baño, cuadro de Fred Morgan. - Como tantos otros, es éste uno de los asuntos que más veces han servicio
de tema á los pintores, y por lo mismo necesitase gran talento
artístico para que la obra en él inspirada no resulte vulgar ó no
traiga á la memoria olra análoga. Que el cuadro de Fred Morgnn no es una vulgaridad, que el artista ha demostrado excepcionales dotes al pintar una escena cien veces tratada, cosas son
q_ue á la vista saltan, y no es preciso un gran esfuerzo para aprec_1ar en lo que valen las dos figuras que ocupan casi todo el
henzo, esa madre cuyo semblante revela la más cariñosa solicitud y ese niño que lucha entre el temor y el deseo de refrescar
su cuerpecito en las límpidas aguas, mirando á éstas con ojos
en los cuales se lee la esperanza de un placer ansiado, pero al
mismo tiempo agarrándose tímidamente á la que amorosamente lo sostiene, cual si temiera que el mar ha de arrancarlo para
siempre de sus brazos.

•

* •

A la. salud de la novia, cuadro de Joaquín

Agrasot (Exposición internacional de .Bellas Artes ele 1892).

- Recientemente reunimos en un solo número las producciones
~ás notables de este excelente pintor valenciano, y con tal motivo rendimosle el justo tributo de nuestra admiración por sus
rele~antes cualidades, apuntando algunas noticias respecto de
s~ vida artistica y de su significación. Agrasot rinde especialís1mo culto al país que le vió nacer, y si bien ha producido cuadros de género notabilísimos, sus más geniales obras hállanse
inspiradas, quizás, en las escenas y costumbres de la región valenciana, que sabe interpretar magistralmente. A la salud de la
novia pertenece á esta clase, y basta examinar el lienzo para
aquilatar las cualida&lt;l~s que atesora el maestro y su perfecto
conocimiento de la animada escena y de los tipos que ha tratado de representar.
Al contemplar esta escena, cuantos hayan estado en ese hermoso verjel de España que se llama la huerta de Valencia no
EMILIA PARDO BAZÁN
podrán menos de convenir que abunda en colorido loen!, que
esas jóvenes son genuinamente valencianas, los hombres fieles
trasuntos de los naturales de aquel país, el patio de la alquería
con su indispensable emparrado reproducción exacta de los
que allí se encuentran en todas partes, los trajes sobre manera
apropiados, y la escena, llena de animación y movimiento, caracterfstica de las costumbres valencianas.
Varios lienzos remitió Agrasot á la Exposición de Bellas
Artes de 1892, y si bien no babia de hallar en ella la confirmación de sus méritos, el honroso cargo de Jurado que en ella
desempeñó privóle, sin duda, de agregar un triunfo más á los
Flores campestres, cuadro de G. Bellei. - No ya obtenidos.
suelen ser las más bellas las flores que en.los jardines se crian
á fuerza de cuidados; en el campo, en el bosque crecen florecillas que por sus colores, por su aroma y por ~u rara estructura Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
son encanto de los sentidos. Y lo que con las flores acontece adoptado en los Hospitales de París y que pressucede también con los niños ycon las jóvenes: en las ciudades, criben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
en los salones, donde el artificio suple tantas veces á la natu- y D~bilidad; dand9 á la piel del bello sexo el
raleza, encuéntranse, es cierto, bellezas que cautivan, pero que sonrosado y aterc10pelado que tanto se desea.
por lo general carecen ele ese sello especial que sólo el aire res- Es el m~ior de todos los tónicos y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
pirado en toda su pureza, el sol absorbido en toda su intensidad teniendo
la. superioridad sobre los feimprimen en la humana criatura. Contémplense las cuatro caras rruginososademás
de no fatigar nunca el estómago.

t.!":

, .:,...~1

-. :

_ Pues entonces, acepta lo que te ofrezco. ¿No es mejor que me tengas á mi por acreedor único?

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT, -ILUSTRACIONES DE EMILIO BAYARD
(CON1'1NUACIÓN )

Para llevar á cabo la entrega del testameoto había, _no obstante, una gran dificultad ante la que Barinq paró inde~iso por algún tiempo. .
L mejor era seguramente que S1xto hallase, por casualidad, aquel testamen~o en el escritorio de Gastón, como Barincq lo había encontrado; per? p~ra
·r esto era necesario comenzar por poner el testamento en el escr¡tono,
consegUlla llave no se hallaba en poder de Banncq,
.
- 1·izable;
este med'10 era mea
O
y com
. .
d'
d ¡
,
.11
f é reciso por cons1gmente, apelará otro me 10.to av a mas senc1 o.
.
u E~ la ta;de de cierto domingo, cuando Sixto regresaba á. B~yona ~on Ame
UaJ·e Barincq, fingiendo como pudo la más absoluta md1ferencia, entreenó ácarr
' un legaJO
· de pape1es, d'1c1"éndo1e:
su yerno
g _ Toma esos papales que he hallado revolviendo libros.
.
_ y ¿qué quieres que hagamos con esto, papá?, le preguntó Ame.

- Eso no te importa; son papeles que sólo conciernen á Sixto y que éste
leerá con gusto, según creo, cuando tenga algún rato desocupado.
- Pues ¿qué son?, dijo Sixto.
•. ,
.
.
•
- Es la colección de las cartas que has escrito a Gastón desde la infancia hasta su muerte. Hay también varias cuentas y _facturas. Todo _eso se encontró al
hacer el inventario en un cajón que por lo visto es_tab_a ded1ca~o á cosas tuyas.
No se tomó nota de ello por tratarse de papeles sm 1mportanc1a. Hace ya mucho tiempo que debí dártelos y lo olvidaba siempre.
. .
.
Todo esto fué° dicho con tranquilidad completa y con md1ferenc1a absoluta;
después Barincq se despidió de. sus hijos y volvió al ca~~illo.
.
Pero á la mañana siguiente fué á almor~a_r con sus h1Jos, anhelando saber s1
Sixto había abierto el paquete; intacto lo v1ó en la mesa de su yerno.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¡Calla! ¿Tu marido no ha abierto ese legajo?
- El pobre, cuando vuelve á casa viene tan fatigado y tan harto de los papelotes que el general le hace leer y escribir, que siente verdadero horror á los
papeles.
- Me parece, no obstante, que no hace bien en dejarse arrastrar por esa antipatía; al fin y al cabo, en ese legajo de cartas se halla toda su juventud.
- Se lo diré.
El viernes, cuando volvió Barincq pretextando cualquier cosa, porque no tenía costumbre de ir á Bayona dos veces en la misma semana, el paquete seguía
lo mismo, intacto.
Barincq esperó hasta el domingo, pero ni su hija ni Sixto hablaron del paquete; nada nuevo había sucedido por consiguiente.
Sólo diez días después ocurrió que una tarde en que hacía mal tiempo, volvió Sixto á casa antes que su mujer, á quien ocupó el fatigoso encadenamiento
de visitas que debía devolver y para cuya contabilidad habría sido necesario
una teneduría de libros; solo en la casa hasta que Anie volviese, y no teniendo
cosa mejor en que ocuparse el yerno de Barincq, abrió el legajo.
No tenían para Sixto gran interés aquellas cartas, las primeras de las cuales
había olvidado por completo y estaban escritas con lenguaje infantil, algo contenido por el respeto que aquel á quien iban dirigidas le imponía.
Dejándolas á un lado tomó Sixto el paquete de cuentas, el cual por las cifras
de las facturas no dejaba de ser curioso. :Aquello era Jo que habían gastado por
él; Jo que él había costado.
Examinaba el capitán aquellas cuentas, unas en pos de otras, cuando se fijó
su mirada en una hoja de papel sellado escrita de puño y letra del Sr. SaintChristeau.
¿Qué era aquello?
Sixto leyó.
Aquello era ... el testamento del Sr. Saint-Christeau; aquel testamento que
Sixto conocía; el que debía ser hallado al practicarse el inventario y que había
escapado á las pesquisas de Revenacq, porque no se habrían examinado aquellas facturas una por una para clasificarlas, y la hoja de papel se habría deslizado entre dos papeles insignificantes.
Antes de que Sixto hubiese logrado reponerse de su sorpresa entró Anie, y
como de costumbre, se fué rápidamente hacia su marido para darle un beso.
- Calla, le dijo riéndose, ¿al cabo te has decidido á leer esos papeles?
Pero aún no había terminado su pregunta, cuando la expresión del rostro de
Sixto la dejó sorprendida.
- ¿Qué tienes?, preguntó. ¿Qué tienes? ¡Dios mío!
Sixto, entregando á su esposa el documento, respondió:
- Mira lo que he encontrado entre esos papeles; léelo.
- Pero este es el testamento de mi tío Gastón, exclamó Anie no bien hubo
leído las primeras palabras.
-Lee, lee.
Anie concluyó la lectura, y entonces mirándole preguntó á su marido con voz
temblorosa:
- Y ¿qué piensas hacer?
- Pues ¿qué quieres que haga?, respondió con sencillez Sixto. ¿Puedes imaginar siquiera que voy á servirme de este documento para molestar á tu padre
que se considera tan feliz con ser propietario de Ourteau? ¿Para quién trabaja?
Para n?sotros. ¿A quién da las rentas? A nosotros. No, no; este testamento que,
te lo digo francamente, me alegro de haber encontrado por un sentimiento de
gratitud hacia el Sr. Saint-Christeau, no saldrá nunca de este cajón en que voy
á enc~rrarle y tu padre ignorará siempre que ese papel existe.
Ame echó los brazos al cuello de Sixto y le besó nerviosamente derramando
un mar de lágrimas.
- Pero, preguntó Sixto, ¿qué pensabas de mí?
- Lloro de orgullo.

IV
De cuando en cuando Sixto hablaba á su mujer del barón· unas veces había
ido Arjuzanx á visitarle, otra vez se habían encontrado por c~sualidad; de todas
maneras y con gran disgusto de Anie, aquellas relaciones continuaban y no tenían trazas de concluir.
Un día, Sixto, con embarazo que no Je fué posible disimular, dijo á su esposa
que el barón había alquilado en Biarritz una posesión de las que por toda aquella comarca se llaman villas y que había convidado á estrenarla á él y á varios
amigos, entre ellos de la Vigne.
- ¿Has aceptado?
- Puedo excusarme todavía con cualquier pretexto.
- ¿Por qué habías de excusarte?
- Si te desagrada.
- Siempre es desagradable para mí no tenerte á mi lado; pero no soy tan ridícula que ~retenda secuestr~rte, y~ que me censuran porque te monopolizo.
- No te importe lo que digan m lo que dejen de decir.
. - Sí, amigo mío, es necesario que me importe; no debo pretender que seas
d1ch~so s~lamente con mi ~ariño; estoy obligada además á procurar que tu vida
esté a cubierto de toda crítica. Con tus compañeros de armas nadie está más
expuesto que tú á murmuraciones caprichosas. ¿No estáis todos vaciados en el
mismo molde? Ves, ves á comer con el Sr. de Arjuzanx y diviértete como los
otros. Realll_lente lo que más m~ desagrada en esto no es el que tú vayas á casa
del barón, sino que te verás obligado un día ú otro á devolverle este convite.
- Entonces lo mejor es no ir.
- Eso es difícil.
- Y ¿qué hacemos?
· - Pues nada; vas, como Jo has prometido, y no hay que hablar más. Reconozco Y confieso que no tengo razón; me lo digo y me lo repito á mí misma; pero
por muc?os esfuerzos que yo haga no puedo acostumbrarme á la idea de que
e?tre ArJuzanx y nosotros se establezcan relaciones. Como pretendiente me inspiraba _antes ~na repulsión invencible cuyo resultado fué una resuelta negativa:
pues b1~n; te Juro que el hombre continúa siéndome antipático.
- ¿Tienes del barón algún motivo de queja?
- N~, por desgracia; si lo tuviese, todo estaba arreglado.
. -:- ArJuzanx es orgullorn y delicado. Si tü lo tratas con cierta reserva, no insistirá en visitarnos.

NúMERO

604

- El papel que me corresponde no es muy agradable.
- En mi posición es imposible que yo lo tome á mi cargo; parecería un
celoso.
- Un celoso vencedor. En fin, ve por esta vez á esa casa. Después ya resolveremos más despacio lo que nos parezca mejor. Te aseguro desde ahora que mis
sentimientos con respecto al barón no han de modificarse nunca, y nada puede
imaginarse más enojoso que las relaciones sostenidas con personas que no nos
inspiran ni simpatías ni confianza. Cuando os veo á ti y á él, tan diferente el
uno del otro, no puedo menos de preguntarme cómo habéis podido ser amigos
en el colegio.
Aunque Sixto amaba demasiado á Anie, para que pensase en nada de otro
modo que ella, creyó que, por esta vez, era excesiva la severidad de la jóven;
n?, Arjuzanx no era tan antipático como decía Anie; era iracundo, sí, señor;
v10lento, algo terco, perseverante en sus odios; todo esto era verdad; pero nada
de esto llegaba al extremo de que el barón fuese molesto ni ridículo.
Anie, si hubiese podido adoptar libremente una resolución, no habría permitido á Sixto que aceptase el convite del barón; habría buscado, y de seguro
habría encontrado, la manera de que Sixto rehusase, sin que pareciese que era
ella la que le obligaba á rehusar; pero justamente en aquella ocasión Anie carecía de esa libertad: solamente el nombre de uno de los convidados por Arjuzanx había privado á la joven de su libertad y la obligaba á sellar los labios.
En ~a época en que Sixto visitaba, como novio ya admitido, á Anie, en sus conversaciones de enamorados por los jardines de Ourteau, había querido ella que
su esposo futuro le explicase bien lo que era y cómo era la sociedad en que había de entrar al verificarse el matrimonio, como en una especie de compañerismo forzado; cuáles eran sus costumbres, sus usos, sus inclinaciones, sus vicios,
sus_ridiculeces, sus buenas cualidades, sus virtudes; de aquellas largas conversaciones sobre ese asunto había obtenido Anie una enseñanza que se proponía
no poner en olvido nunca.
Había entre los oficiales de la guarnición uno, el subteniente la Vigne, que
estaba casado con una muchacha de la ciudad; muchacha cuyo padre acababa
de labrarse una fortuna enorme en el comercio y en la clarificación de petróleo.
La joven, educada en el convento más aristocrático de Burdeos, dió en la manía de las vanidades mundanas, vanidades á las que por carácter y por temperamento s_e inclinaba naturalmente; y cuando tornó á Bayona, al hogar honrado,
pero humilde y burgués, de su familia, no quiso aceptar por marido á un hombre de negocios y que pudiese tener relaciones mercantiles con su padre.
Por eso, luego que la educanda del convento aristocrático estuvo en posesión
de la herencia de su madre, presentóse como pretendiente un oficialito buen
mozo, que á su vistoso uniforme y á su profesión honrosa siempre unía el prestigio de un nombre, ó para hablar con más exactitud, de la apariencia de un
nombre, Rucho! de la Vigne. El nombre habíalo recibido de su padre, propietario rural de los más modestos; la apariencia del nombre debíalo á los frailes
que lo habían educado. «¿Cómo es eso?, Je habían dicho cuando se presentó
como alumno en el colegio. ¿Ruchot? ¿Ruchot solamente? Es indispensable añadir algo á ese apellido. ¿El padre de usted poseerá cualquier cosa? - Sí, tiene
una viña. - Pues perfectamente. Desde hoy nombraremos á usted Ruchot de la
Vtiia; bien así como nombramos Moutón del Prado, Jannot del Vado, Petit de
la Bolsa, etc., á varios de sus condiscípulos; esto es de efecto excelente en los
cuadros de matrícula, y después, andando los tiempos, puede servir para lograr
un buen matrimonio.»
Efectivamente, esto le había servido para casarse con la hija del comerciante
en petróleos refinados; señorita que jamás hubiera consentido en ser la señora
de Ruchot á secas, y que se sentía halagada cuando la anunciaban como señora
de la Vi'gne. Es cierto que en los asientos de la Alcaldía habían suprimido, sin
apelación, el de la Vigne, pero en el registro parroquial se lo habían otorgado
generosamente, y hay que advertir que la iglesia estaba llena de gente y que en
la Alcaldía no había nadie.
Convertida ya en la señora de la Vigne la recién casada concedía siempre capitalísima importancia á su nobleza; si sus ropas blancas, sus vajillas, sus carruajes, sus alhajas no llevaban bordadas ó dibujadas las armas de la casa, tenían
adornos y emblemas que desde lejos semejaban armas de nobleza y que para la
hija del comerciante en petróleos lo eran en efecto. Al comprarse un oficial del
ejército creyó buenamente la señora de la Vigne que había comprado, con él,
todo el regimiento y toda la oficialidad de la plaza, general inclusive. Cuando
decía á su marido: «¿No es ese un oficial de tu regimiento,?» parecía como si
hablase de alguno que le perteneciera del todo y á quien podía exigir por derecho propio deferencia y agradecimiento.
Las historias que acerca de este matrimonio corrían por la ciudad eran numerosas y divertidísimas todas y aún las alegraban más los camaradas del señor
de la Vigne, á quien regocijaba tanto como la vanidad de la mujer la esclavitud
del marido, verdadero perrillo atado á quien su mujer sacaba continuamente á
pasear y que no tenía derecho á dar un paso, ni á pronunciar una palabra, ni á
gastar un céntimo sin obtener previamente la autorización de su esposa.
Anie, que también se había casado con un oficial pobre, habíase prometido á
sí misma no incurrir en tales ridiculeces y procurar que ninguno de sus actos
pudiese evocar el recuerdo de las exigencias de la señora de la Vigne ó dar motivo á comparaciones que por la semejanza de su posición respectiva habrían
sido muy fáciles. De sobra sabía Anie que estaba exenta de esa vanidad; pero
como amaba de verdad á su esposo, ¿conseguiría prescindir de exigencias matrimoniales á las que su amante corazón pudiera arrastrarla?
El problema tenía para Anie gravedad y la ocasionaba inquietud; por eso
cuando Sixto hubo pronunciado el nombre de su camarada de la Vigne, dijo,
sin vacilar un instante solo: «Es preciso aceptar.»

V
. Cuando Sixto llegó á casa de Arjuzanx empezaba á ser tarde, y todos los convidados se hallaban reunidos en el salón principal de la villa, cuyas ventanas
daban al mar; estaban allí algunos propietari9s de las cercanías, rusos, españoles Y además los compañeros de armas de quienes el barón había hablado á
Sixto.
- Creíamos, dijo uno cuando vió entrar al marido de Anie creíamos que no
vendrías.
•
'
- ¿Por qué razón?
- ¡En luna de miel!

NúMERO

604

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

billetes dominaban los murmullos vagos é indefinidos: «J uego, van, no va más.
- Una cosa es miel y otra cosa es liga. .
.
.
.
.
E l banquete se había dispuesto con el evidente propó~1to de deiar _buen re- Cartas: un cinco, un nueve.»
¿Se dejó arrastrar el esposo de Anie por el am_or propio? ¿Cedió _al poder de
cuerdo en los convidados y conquistarlos para otros co~v1tes; los maniares servidos procedían todos de los puntos que de e~los rec1?ían fama: p_ollas de 1~ la magia del juego? ¿Fué impulsado por la sugestión de aquell~s rmdos ~el oro
hech_o es que, aun. no hab1_an paBresse, hortalizas de las Landas cogidas en las tierras mismas de ArJuzanx, Jote y de los billetes? Sea de esto_ lo que fu~re,
gras de Nancy; en cuanto á vinos el anfitrión hizo gustará sus comensales las sado diez minutos cuando S1xto volvía a la 1mprov1sada sala de Juego y Jugaba
cincuenta luises, que tuvo la suerte de ganar.
,
.
mejores marcas, auténticas todas.
.
Hasta entonces había juga_do de pie; sin darse_ c,uenta de lo q~e hacia, casi
Lo que no pareció de primera clase fué la conversación, constanteme_nte sostenida en el terreno de lo ftítil é insubstancial; como aquellos companeros de maquinalmente, acercó una silla y se sentó: el cap1tan estaba cogido por el enmesa á quienes la casualidad había reunido no tenían ideas C?munes, ~¡ c_os- granaje de aquella máquina.
Entonces se apoderó de Si~to la embriaguez del ju~go, le arrebató del todo y
tumbres análogas, ni relaciones de ninguna clase, hablaron del clima de Biamtz,
anul6
su entendimiento lo mismo que su voluntad; deJÓ de ser hombre para ser
después de la temperatura y de la playa y de las cas~s de campo d~ aquellos alúnica
y
exclusivamente jugador; fuera del juego ya no existía absolutamente narededores y de los habitantes de sus casas, y por último de los casinos.
. .
.
.
.
- Es muy agradable y muy conveniente que haya dos casi_nos; cuando el con- da para el joven.
De una partida en otras el juego adqumó pronto proporciones febnles_, verticurrente ha quedado completamente limpio en uno, puede 1r en busca del desginosas; Sixto, en un momento de arrebato, c?menzó á t~llar, ,ganó, perdió, vol~~~
.
Arjuzanx no era, sin embargo, de esa opinión; en su co~cepto el Juego n~ vió á ganar y tornó á perder, y después. de vanas ~lter~at1vas a _la una _de, la mapodía ser verdadero entretenimiento sino entre buenos am1g~s; solam~~te as1 drugada estaba debiendo: cuarenta mil fran~os a ~quzanx, cmco mil a de la
podía jugarse con tranquilidad, seguro de no s~r engañado y sm expos1c1ón de Vtgne, veinte mil á los otros; to~al sesenta y cmco mil francos, repre~entados por
sentarse al lado de alguna persona de esas á qmenes no g.ueramos_ saludar cuan- tarjetas en las cuales había escrito con lápiz lo que á cada uno deb1~.
Entonces Arjuzanx llevó á Sixto á su despacho, y cuando estuvieron solos
do nos las encontramos por la calle; si, además de estos mconvementes, era nele
dijo:
.
. .
. . .
- f
cesario vigilar atentamente al banquero para ver si intentaba algún pego ó algún
- Si quieres pagar lo que debes pongo á t~ d1spos1c1ón vemt1cmco m1 1 ransalto y no perder de vista á los puntos por si se proponían levantar algunos
muertos, convertíase al juego en un trabajo ímprobo y desagradable, que s?la- cos. Hay entre esos jugadores algunos e_xtranJ~ros que no te conocen: acaso te
mente podían aceptar los que buscaban en él un modo como otro cualqmera convendría saldar tus cuentas con ellos mmed1atamente.
- La verdad es que Jo celebraría.
.
,
de ganarse la vida.
- Pues entonces, acepta lo que te ofrezco. _¿No es meJor q~e m~ tengas á n;i1
- Así, pues, caballeros, dijo el barón para concluir, si alguna vez por la tarde
ó por la noche tienen ustedes el capricho de tallar algunos centenares de fran- por acreedor único? Entre nosotros esto no tiene consecuencias; tu me pagaras
cos, consideren como real y verdaderamente suya est:i casa; ténganla desde ahora cuando quieras.
como un círculo del que todos nosotros somos socios y al cual pueden ustedes
VI
traer á sus amigos.
La comida aun siendo como efectivamente lo fué, muy abundante, concluyó
Desde el muelle vió Sixto la luz de una lámpara en el cuarto de su mujer, y
al cabo; trasl~dáronse los' convidados al salón; fumaron allí exquisitos habano~
mientras contemplaban el mar; pero ni el reflejo de la lucha sobre las olas! m al ruido que produjo para abrir la verja apareció Anie en la galería.
E l capitán llegaba pensando que su mujer estaría ya ~cos~ada y que prob~los resplandores de la luz giratoria de Saint-Martí?, resplandores que con isoblemente
la encontraría dormida, lo cual aplazaría las explicaciones hasta el d1a
cronismo inalterable nacían y morían en las profundidades azuladas de la ~oche,
eran espectáculos á propósito para llamar por mucho tiempo la atenc1ón de siguiente; pero no, Anie le esperaba y la confesión había de comenzar en seguida.
aquellos jóvenes no muy contemplativos.
.
Mientras Sixto atravesaba el jardín, había desaparecido la luz del cuarto de
Atín se hallaban á medio consumir los cigarros cuando ya los conv1dados del
barón se miraban con aire vago é inquieto unos á otros como preguntándose Anie, y cuando penetró en el vestíbulo ya encontró en él á su esposa que con
cariñoso interés le contemplaba.
mutuamente:
- ¿Estabas ya impaciente?
. ,
.
.
.
- ¿Y qué vamos á hacer ahora?
. .
Anie había oído con mucha frecuencia a su madre decir al Sr. Banncq: «AmiUno de los convidados, recordando entonces el ofrec1m1ento de Arjuzanx,
go mío, no trato de dirigirte censuras,» no podía, por lo tanto, incurrir en el
dió contestación á esta pregunta, preguntando á su vez:
- ¿No podríamos jugar un rato?
Diez voces apoyaron la proposición simultáneamente.
.
.
- Sólo pido á ustedes, dijo entonces el Sr. de Arjuzanx, el tiempo nec~san~
para quitar la mesa; estaremos en el comedor mejor que aquí; además enviaré a
buscar barajas porque no las tengo.
,
Un cuarto de hora después los jugadores se hallaban sentados a la mesa en
que habían comido y el banquero decía:
-No va más.
Sixto, de la Vtgne y otro de los comensales habían permanecido en el salón
y allí continuaban charlando; Arjuzanx se acercó á ellos y preguntó:
- ¿No jugáis vosotros?
- Voy en seguida, respondió de la Vtgne.
- ¿Y tú, Sixto?
- No; no juego.
- Sin embargo, antes jugabas.
- ¡Bah! En el colegio.
- Y en Saint-Cyr también, dijo de la Vigne.
.
- Sí, he jugado, replicó Sixto, cuan_do el gan~r ó el pe_rder cien francos m~
crispaba los nervios, apresuraba_ los lattdos de m1 ~orazón, mund~ba de sudo~ m1
frente; pero ahora ¿qué i~pres1ón ha de producirme la ganancia ó la pérdida?
- ¿Y las emociones del Juego?, preguntó el barón.
. .
, .
- No deseo procurármelas; muy al contrario, estoy dec1d1do a evitarlas.
- Lo cual significa que no estás seguro de ti mismo.
- ¿Quién puede estarlo?
·
.
- Si no has traído dinero, dijo insistiendo Arjuzanx, mi bolsa está á tu dispo•
sición, y á la de usted también, Sr. de la Vtgne.
- Acepto veinticinco luises, dijo de la Vigne en un tono que demostraba lo
desprovisto de su bolsillo.
La Vtgne, luego que el barón le entregó la cantidad solicitada, se trasladó
apresuradamen~e al c?medor, convertí?º ~n sala de ~uego.
_
_ He ahí, dijo ArJuzanx en tono irómco y un s1 es no es desdenoso, una
prueba de que la señora de la Vtgne ata muy corto á su marido.
Sixto no contestó, pero transcurridos apenas dos minutos se aproximó á la
mesa y apuntó diez luises á una carta.
El capitán ganó; dejó su puesta y lo que había ganado y ganó por segunda
vez· repitió la operación y volvió á ganar.
Éntonces recogió sus mil seiscientos francos y tornó al salón muy sorpre~dido al advertir que había experimentado una emoción que no podía ser explicada por ganancia tan insignificante.
,
•Cosa extraña en verdad! En el tiempo que habían durado aquellos tres golpe~ á una carta, había experimentado los mismos estremecimientos, las angusDesde el muelle vi6 Sixto la luz de una lámpara. en el cuarto ele su mujer, y al ruido que
tias mismas que tan hondamente le perturbaban cuando niño en el colegio Y
produjo para abrir la verja apnreci6 Anie en la galeria
cuando joven en la escuela de Saint-Cyr.
¡Cuánta razón había tenido al decir á Arjuzanx que nadie estaba seguro de sí
mismo!
desacierto de las mujeres que alardean de su indul&amp;encia;, mien_t!as bajaba la
_ ¿Por qué no habf~ de marcharme? .
.
.
escalera había procurado poner en sus ojos la expresión mas cannosa y en sus
Pero la misma verguenza mal entendida que le había obligado á poner diez labios Ja más dulce sonrisa; pero cuando á los rayos de la luz que _en la mano
luises á una carta le detuvo. ¿Qué se diría de él?
llevaba vió la joven el rostro alterado de su esposo, aquella expresión de tranEncendi6 un cigarro y comenzó á fumar aproximándose á una ventana; pero
hasta la ventana en que fumaba Sixto llegaban, para mezclarse con el ronco quilidad y de alegría desapareció.
- ¿Qué tenía Sixto?
murmullo de la marea, los ruidos del comedor; de cuan,do en cuando la voz del
(Continuará)
banquero ó de los puntos, el chocar de las monedas &lt;de oro y el crujir de los

:1

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

UN MOTOR SENCILLO

Sabido es que la técnica moderna tiende á convertir directamente, hasta donde sea posible, el calor en
trabajo; pero el camino generalmente seguido para

Fig. r. Termomotor Iske

llegar á este resultado dista mucho de acercarse al
ideal concebido. En la máquina de vapor el procedimiento es complicado y largo y la utilización de la
energía, por ende, poco satisfactoria desde aquel ~nto de vista. Grandes motores que conviertan directa,
mente el calor en energía no existen, como no existen motores que directamente transformen el calor en
fuerza eléctrica: la columna térmica no ha logrado
hasta ahora ser utilizada sino en modelos relativamente pequeños y no ha sido posible por este medio directo conseguir un efecto de utilidad en cierto modo
favorable.
Crookes adoptó un método especial para transformar directamente en trabajo mecánico los rayos de
calor y de luz, y demostró por vez primera con su radiómetro que era posible sin auxilio extraño alguno
conseguir la transformación continua del calor en trabajo; pero el radiómetro ó molino de luz nunca podrá
ser utilizado en gran escala: la sola circunstancia de
que ese aparato sólo funciona en un espacio completamente vacío de aire basta para que sea inútil para
grandes aplicaciones.
Una senda enteramente nueva y en extremo interesante para nosotros han emprendido en estos últimos años ,el inglés Francisco· Mitchell y el americano Iske: ambos, aunque independiente uno de otro,
han concebido y estudiado el mismo pensamiento y
han llegado por consiguiente á construir dos aparatos
muy parecidos hasta en su forma.
Empezaremos por ocuparnos someramente del
principio del aparato de Iske, conocido desde 1888.
Muchos de nuestros lectores conocerán un instrumento que los físicos denominan krioforo, y que consiste en dos esferas de cristal unidas entre sf por un
tubo de la misma materia encorvado: una de las esferas está llena de éter y en la otra y en el tubo se ha
hecho el vacío. Si calentamos, por poco que sea, una
esfera del aparato, la fuerza expansiva del éter aumenta de tal manera que toda la masa del líquido pasa
rápidamente á la otra esfera, sucediendo lo propio
cuando se enfría aquélla. Iske ha unido entre sí varios
d e estos krioforos formando con ellos una rueda tal
como representa nuestro grabado (fig. 1 ): cada dos
esferas de las que forman la periferia de esta rueda
están unidas por medio de un tubo de cristal que
llega casi hasta el fondo y está encorvado en su extremo en la misma dirección en todas las esferas. Debajo de esta rueda, compuesta de seis krioforos, hay un
foco de calórico formado por una lámpara de alcohol
cuya chimenea envuelve la parte inferior de la rueda.
Si suponemos ef líquido distribuído en cada krioforo
de la rueda tal como el grabado representa, aquélla
rodará en el sentido que la , flecha indica hasta que
las esferas llenas se encontrarán en la parte inferior del
aparato: una vez en esta posición, la llama de la lámpara calentará las esferas y la fuerza expansiva del
vapor de éter llevará el líquido hasta las esferas supe-

riores por medio del sistema de tubos, con lo cual se
modificará el centro de gr~vedad~de la_ rue~a, produciéndose una nueva rotación en la d1recc1ón de la
flecha. La curvatura del extremo del tubo dentro de
las esferas se explica fácilmente, pues gracias á ella se
consigue mayor efecto de aprovechamiento 6, en otras
palabras1 para que cada esfera al abandonar el contacto de la lámpara pueda quedar completamente vacía. La sensibilidad de ese aparato es tal que cualquier calor, por pequeño que sea, es suficiente para
producir una enérgica rotación de la rueda; así, por
ejemplo, el aparato se mueve con sólo que se le exponga un rato á los rayos del sol.
La figura 2 representa el aparato Mitchell, cuya estructura interior no hemos de describir, bastando
consignar que no se diferencia esencialmente del ter•
momotor Iske y únicamente el número de secciones de la rueda que contienen el líquido es mucho
mayor.
Si estudiamos atentamente el proceso que en tales
aparatos se desarrolla, veremos que en realidad se
produce en ellos directamente el movimiento por la
acción del calor. En efecto, á medida que el calor
llega á una de las esferas, aumenta la fuerza expansiva del vapor en el interior de la misma contenido,
con lo que se produce la ascensión del líquido, y durante ésta la fuerza expansiva del vapor disminuye, lo
cual, como es sabido, equivale á un consumo de calórico. El motor e~ en cierto modo prototipo, por cuanto produce direc4tmente movimientos rotatorios y no
exige por ende maquinaria alguna para convertir en
rotatorio un movimiento horizontal.
No cabe afirmar ni negar la posibilidad de que se
utilice en gran e~cala el principio en que se fundan
los dos motores qescritos; pero este aprovechamiento
no parece invero&amp;ímil si se tiene en cuenta que este
mecanismo no exige ningún aP.arato de enfriamiento,
ni condensador al~~no, ni ningún aparato complicado
que ocasione muc;hos rozamientos.
Por lo que hac~ al motor Mitchell, ya ha sido aplicado en instalaciqnes para la ventilación.

NúMERO 604
/ El buque hállase completamente cubierto de un tejído_ finísimo, á ~xcepción . de u~ ori_ficio 6 agujero
1
abierto en la cubierta, destmado a aloJar el cuerpo del
atrevido argonauta. El buque, cuyo velamen consiste
en d_os mesanas del . tamaño ?e un delanta~, llénase
de aire para hacerlo _1~sumerg1bl~. La matena de q~e
está construfdo facilita muchísimo su ;desmontaJe,
plegándole y desplegándole con suma facilidad.
La travesía entre Bouvres y Bulogne se ha efectuado felizment~- El teniente M. de Sayce ha podido
vencer, provisto de un remo de doble paleta., las corrientes Y. la marea, em~leando ~~torce horas, sin te;
ner nec~s1da~ d_e re~ur~1r al auxil_10 _del buqu~ que a
corta d1stanc1a iba s1gmendo al d1mmuto esqmfe, que
levantado por las olas, ofrecía el aspecto 6 la apa·
riencia de un sencilllo juguete.
Agrega la revista de donde tomamos esta noticia
que el buque miniatura no embarcó ni una sola gota
de agua durante el trayecto recorrido, de donde resulta que es impermeable é insumergible.

i

RECOLECCIÓN DE LA CANELA EN THANH•HOA
(TONKIN)

La canela de Thanh-Hoa, llamada canela real, es
tan estimada de los annamitas, que un pedacito de
esta aromática corteza ofrecida á un mandarín con-

(Del Promethem)

APARATO DE SALVAMENTO Y DE EXTINCIÓN
DE INCENDIOS

La instalación que presenta nuestro grabado es un
aparato á la vez de salvamento y de extinción de incendios, inventado por el aCJ.ericano Mr. Pauly. Todo
él se apoya en up armatoste afirmado sobre un carro,
y consiste princjpalmente en una serie de escaleras
que encajan una~ en otras y que por medio de un arco dentado pueqen ser colocadas en la posición necesaria.
En lo alto d~ cada escalera hay una plataforma
que se apoya eq la escalera principal. Las escaleras
sueltas constituyen una comunicación cómoda con la
calle, sirven para conducir las mangueras al punto
preciso y son un medio para escapar del peligro del
fuego.
Aparato de salvamento y extinción de incendios
En cada plataforma hay un cabrestante, gracias al
cual puede establecerse una comunicación entre
aquélla y el edificio incendiado, merced á cajas de sidérase por éste como un regalo de excepcional imsalvamento colgadas de cuerdas, las cuales también portancia.
pueden utilizarse para llevar agua á la casa que es
La recolección verifícase en la época en que la sapasto de las llamas.
via derrama torrentes de vida por todo el árbol, que
después de cortado despójasele de la corteza por com(Del Scientijic Americain)
pleto, sin perdonar las más delgadas ramas, y envuelta cuidadosamente con sus hojas entiérranla durante
*
**
cuatro 6 cinco días, al cabo de los cuales córtanla
en pedazos regulares de 40 centímetros de longitud,
NUEVO BUQUE INSUMERGIBLE
que colocan de manera que se sequen sin recibir los
El teniente M. de Sayce, de Bristre, ha atravesado rayos del sol, ya bajo cobertizos de ramaje 6 en el
recientemente el Paso de Calais en un. buque-minia- interior del mismo bosque.
tura insumergible, que tal es la calificación que ha · Contra lo que se ha supuesto, esta 'plant~ no' se
cultiva por los naturales, quienes limítanse á obtener
los beneficios que les proporciona, arriesgándose á
penetrar en los inhabitados é intrincados bosques
que cubren los montes Muongo ó algunas regiones ó
comarcas pertenecientes al Annam. Esta clase de árboles alcanzan una altura de ocho á diez metros, no
excediendo de cuarenta centímetros el tronco.
A modo de tributo, cada cantón debe entregar al
rey cierta cantidad de canela anualmente. De ahí que
cuando un indígena descubre uno de estos árboles
tiene el deber de ponerlo inmediatamente en conocimiento del alcalde del pueblo, quien á su vez lo participa al Quang-phu (subgobernador) y éste al TongFig'. 2. Termon;otor Mitchell
doc (gobernador de la provincia), que se apresura
también á dar cuenta del hallazgo á la corte de Hué.
merecido el invento del valeroso oficial. El peso del E l Quang-phu designa acto continuo algunos homesquife no excede, de 15 kjlogramos, siendo sus di: bres para que custodien el árbol yse establezcan junmensiones 2'55 metros de lqngitud por 0'80 de ancho. to á él, cuya vigilancia no abandonan hasta el preciso

LA

NúMERO 604
momento en que tiene lugar la r~colección, en pr;•
sencia del citado Quang-phu, 6_ bien del m_andarm
enviado para fiscalizar la operación. La totalidad de
la recolección debe remitirse al monarca, ~ue á pesar
de las severísimas disposiciones por él d1cta?asi no
puede evitar, sin embargo, que las rem~sas ?1smmuyan, mermadas por las sisas de los func10nanos p~co
escrupulosos que están encargados de su conducción
y custodia.
.
Las minuciosas precauciones tomadas por la corte
de Hué y las reglas establecidas para ~egularizar la
recolección de la canela y su conservación en los al·
macenes reales, bastan para demostrar la estima en
que se tiene y que por lo tanto n~º, ~s uno de. los artículos de comercio. Las pequems1mas cantidades,
que con dificultad pueden adquirirse, procedentes todas ellas de fraudes ó sustracciones cometidas por los
naturales véndense á precios elevadísimos. Un trozo
de corte,; de cuarenta centímetros de longitud por
tres de diámetro véndese á ochenta francos.
Severísimas son las penas que se imponen~ los_ defraudadores 1 citándose entre ellas la decap1tac1ón,
que alcanza hasta á los altos fu~cionarios. Y tal es así,
que hace pocos años fué decapitado el Quang-phu de
Phu-tó (provincia de Thanh-_Hoa) por haber~e descu·
bierto que ocultaba una cantidad de tan preciado producto.
.
Cierto es, sin embargo, que algunos indígenas, especialmente los que residen en las comarcas montañosas, llegan á apropia_rse algún árbol, sólo de ellos
conocido; mas es preciso que adopten muchas pre·

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cauciones para no ser descubiertos, ocultándolo hasta á sus más íntimos aiuigos.
Algunos annamitas, temero~os de los grandes castigos que les amenazan, conviértense muchas veces
en falsificadores.
.
Al efecto provéense de una pequeña cantidad
de canela re;l que someten á la eb~llición mez~lada
con pedacitos de otra corteza. d~ igual 6 seme1ante
apariencia y que por tal proced1m1~nto satúrase de 1~
verdadera canela, despidiendo el mismo aroma y casi
el mismo sabor.
Los annamitas utilizan la canela para la prepara·
ción de substancias medicamentosas, en:ipleándola
también, al igual qu~ nosotros, como cordial.

EL VEGETAL MÁS GRANDE DEL GLOBO

Hasta hace cuarenta y cinco años, el boabab,

Adansonia digitata, era el árbol más grande entre los
conocidos. Citábanse algunos ejemplares cuyo tronco medía ocho metros de diámetro, y aun hoy con·
sidérase á este árbol, verdaderamente colosal, como
el elefante de los vegetales. Es~o ~o obstan!e y por más
que se creía que ~o podía ex~stir ~ompetidor al _boabab hase descubierto en Cahforma otro árbol g1~antesdo, el We!lingtonia, Wasingtonia, Sequoia gtgantea, ya que se le. conoce con lo~ tres nom?res, cuyo
tronco alcanza diez metros de diámetro y ciento vemticinco de altura.

La mayor de estas conífera~ existe á cincuenta millas de Vesalia. Su tronco tiene cuarenta y cuatro
pies ingleses de diámetro, 6 sean cat?rce me~ros
aproximadamente. Su altura excede de ciento tremta
metros.
.
Hace veinte años descubriéronse en Australia algunos Eucaliptus gigantes; pero el m~yor d~ ellos,
ó sea el Eucaliptus sequans, no llega~a a la mitad d_e
las dimensiones del Sequoia; y preciso es c~nvemr
que tiene bien merecid? ~u nombre de dommador,
puesto que reina y se d1stmgue sobre los de su mismo género.
Mas aunque los ár~oles que citamos alc~nzan tan
considerables dimensiones que dan lugar a suponer
que determinan un lín:_üte, e;iste~ otros vegetales más
gigantescos. N ~s refen_mos a las lianas, algunas de las
cuales miden ciento cmcuenta metros de ancho. Para
conservar ejemplares_ de tan extra?rdinarios, ~egetales
han establecido los mgleses un mteresant1S1mo mu·
seo en la isla de Ceilán, en el que existen lianas ~ariadísimas cuyas dimensiones exceden de las que indicamos.
.
Otra planta existe, la higu~ra de_ las Pagodas, Fz·
cus z',zdica ó religiosa, cuyas danens10nes sorprenden.
y como cita final, aparte de las algas y los sargazos,
cuya longitud alcanza muchos_ kilómeti:os, según afirma Trouessart, haremos mención especial de un colosal bananero que se levanta en los alrededores d~ la
ciudad de Broach (India inglesa), cuya copa mide
seiscientos metros de circunferencia.
(De La Nat11re)

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Méaauu •n lu Eipo1loloo11 lnternaclonaleo de

P!BIS - LTOI - TIEIU - PBIUDELPBU - P!RIS
1867

lffi

1873

1876

1878

H IKPLI-'. COK SL 11.t YOI. il.lTO U LJ.1

DISPEPSIAS
QASTRITIS - QASTRALQIAS
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todu las emtneneiU médfcaa preuban¡que esta uoc:Jaclon de la {)arae, el Hierro y la
constituye el reparador mas enenrtco que se conoce para curar : la Clorów , la
A.lltffl'4, las J l e , u t ~ aoll&gt;t'olai, el Jlmpo"l&gt;f'edm#mto y la ..tlteracwn ae la Sangre,
el Raqu"f.lmo, las J.fecCWIIU e.scro~lolal y ucorbutw:as, etc. El Wiao rerract ■Ho de
Aroall ea, en efecto, el único que reune &amp;odo lo que entona y fortalece los organoa,
Nl8111~1 coordena y aumenta considerablemente las tuerzas ó tn!un&lt;le a la aan¡re
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1

m
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Quedan reservados los derechos de propiedad artls_tica y literaria · blP, DB MONTANBJI. Y S IMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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