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Ftí~t1ea
ARO XII

BARCELONA 7 DE AGOSTO DE 1893 ~ - - - - - - -

NÚM. 606

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BI-BLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

PASEO MATUTINO, dibujo de A. Ma.rold

�506

LA

ILUSTlUCIÓN ÁRTÍST1CA

NúMERO
f

606

La muerte de Maupassaht parece dar fundamento feras de hidrógeno, después de habernos mostrado en
á la escuela materialista para muchos de sus sofismas, la esfera social todo esto, convirtió á lo pasado sus ojos,
consistentes en hacer ae la fisiología una psicología, y nos evocó, en cuadros históricos de una verdad madando al cuerpo y á sus humores la sustantividad que ravillosa, conseguida por una incomparable prestilos espiritualistas reconocemos en el alma y en sus fa- digitación literaria, el Egipto de los penitentes y la
cultades. Porque tuvo en sús familias varios locos el Cartago de los fenicios, cual pudiera uh espiritualiscuitado y ha muerto de locura él también, los mate- ta de tomo y lomo hacerlo en ideales fantásticas rerialistas le sacan al caso la punta y dicen cómo pre- surrecciones de la Religión y de la Historia.
Texto. -Murmttraciones eúropeas, por Emilio Castelar. -_La cisa reconocer la herencia, fisiológico principio en
Pero ni las Tentaciones de San Antonio ni la figuE xposición 1111iversal de Chicago, por M. A. - Lo que vi de
la Co111u11a de J'arls, por Archibaldo Forbes. - Miscelánea. que fundara Zola una sucesión de novelas, aprendi- ra de Salambó se cuentan como verdaderas obras
- Nuestros grabad(¡s. - Anie (continuación), novela por Héc· das su mayor parte, con todo el naturalismo que quie- del arte naturalista; cuéntanse la ya mencionada
tor Malot, con ilustraciones de Emilio Bayard. -,5&amp;cc16~ ran darle sus admiradores, en volúmenes donde ha Martame Bovary favorecida del público, y la menos
CIENTÍFICA: ElpuertQnuevo de Tdnez. -/1 buque µ1bman·
colocado sus tipos, verdaderos casos curiosos de pa- favorecida que ésta y titulada Educación sentimen110 de la 111ari11a italiana. - Momdas de hierro.
.
tología y de clínica, parecidos á los fenóme1_1os ex- tal. De aquí partieron los Goncourts y Zola. LlamaGrabados. - Paseo 111{1t11tino, dibujo de A. Marold. - Gui- puestos en las ferias y á las excepciones acotadas á ránme los lectores caviloso; mas yo digo que allá en
do de Maupassa11t. - La catástrofe de Anzuola, dos grabados. cada página en las obras reconocidas de texto por la superior antigüedad clásica, cuando aparecen las
- La E xposición universal de Chicago, tres grabados. - Fu·
si/amiento de los gm erales Clemente Thomas y Julio Leco1'.,. los consejos directores en instrucción pública del naturalistas producciones de Aristófanes sucediendo
te. - Archibaldo Forbes. - Efectos de tma bomba. - Una his- estudio facultativo y legal de la medicina. Cierto que al idealismo del Prometeo y del Edipo, las artes grietoria de amor, cuadro de A. Johnson. - Aquel que ,w haya las condiciones fisiológicas propias de nuestro cuer- gas de la palabra y del cincel acaban como se acapecado que arroj e la primera piedra..• , cuadro de Rembrandt. po se transmiten por la generación y por la sangre ba la literatura latina en cuanto suceden á las Geor- Fig. r. Draga utilizada para la construcción del puerto de
Túnez. - Fig. 2. Nuevo puerto de Túnez. - Plano del nuevo á los sucesores y herederos; pero falso, completamen- gias de Virgilio Las cenas de Frimalción. El poema de
puerto de Túnez. - Perfil del canal de dicho puerto. - H er- te falso, que se transmitan las virtudes más íntimas y Lucrecio, inmediatamente anterior al siglo de oro y
111a11as de la Can·dad, cuadro de- Joaquin Agrasot (Exposi- las facultades más preciosas del alma, cuya personal á los maestros clásicos, no puede compararse con las
ción internacional de Bellas Artes de 1892).
obras naturalistas antiguas por una razón muy obvia:
........ ......,................, ...,........., .............,......,......,....,.,.............,.........,......,......,......,..,.•., sustantividad queda en la persona poseedora de todas
ellas sin transmisión posible á los venideros. El talen- porque si bien nos canta la Naturaleza, y la Naturato no se hereda, exclama el sentido común. Y en con- leza sin dioses, aquejado del sentido pesimista y maMURMURACIONES EUROPEAS
firmación de esto mostradme un Demóstenes que terialista conque lo contagiaran las asoladoras guerras
POR DON EMILIO CASTRLAR
haya subseguido al orador inmortal, como me mos- civiles, verdadera epidemia moral, pertenece á la meGuido de Maupassant. - Su vida y su muerte. - Progenitores y tráis un rico que ha heredado la riqueza y un epilép- tafísica, y no conozco nada tan opuesto á la exprecaracteres de la escuela naturalista. - Balzac. - I•laubert. tico que ha heredado la epilepsia de sus progenito- sión escueta y á la exactitud matemática y á la fotoJ\fadame Bovary -Aparición de Goncourt y de Zola. -El na- res y abuelos. El alma está en sí; es por sí misma; grafía servil del realismo como la filosofía. Por eso
turalismo en las letras clásicas. - El naturalismo en las letras
españolas. -Trabajos de Maupassant. - Duelos por su &lt;les- posee una.libertad no permitida en el cuerpo, sujeto hele yo dicho siempre á la incomparable pintora del
gracia y por su muerte. - Supersticiones de la escuela realis- á las leyes físicas y químicas; forja la idea que no San Francisco de Asís, mi amiga Emilia Pardo Bata. - Conclusión.
puede confundirse con secreción alguna del cerebro; zán, genial de suyo en el pensamiento y en el cony después de haber pasado por el tiempo sintiendo y cepto profundos, como varia y rica en el copioso y
El malogro de un escritor tan adaptado al gusto pensando, imperecedera y espiritual, se vuelve á la amplio estilo literario é histórico, que ni ella ni los
contemporáneo, así por sus calidades como por sus etérea luz de donde ha dimanado ó venido y entra predecesores por ella buscados en las letras patrias
defectos, cual este infeliz Maupassant, de lauros es- en la eternidad con Dios.
pertenecen al realismo, sino en cuanto pertenece la
pontáneos ceñido en sus mocedades y acabado denPero sea de todo esto lo que quiera, Guido de fidelidad con que los cuerpos ascetas de nuestros
tro de triste manicomio cuando frisaba ya con la ple- Maupassant pertenece á la teoría naturalista, susten- escultores piadosos se hallan tomados de la vida, y
tada por una escuela en la cual entran muchos dog- los Rinconetes y Cortadillos de nuestros libros picamas de pura convención y muchas pasiones de pura rescos del natural, y del vulgo los ocurrentes graciosos
secta. El estético y el filósofo de tal escuela, en mi en el Castigo sin venganza y en el Tetrarca de Jerusentir, fué Hipólito Taine, quien presentaba como un salén. La raza hispánica es una raza creyente, una
acabado modeló al autor de la Cartuja de Parma, no- raza espiritualista, una raza de idealismo-connatural,
velista y viajero de mucha observación en su criterio, á su complexión, una raza de aventuras increíbles,
pero de poco fuste en su estilo. Mas el pontífice una raza que lejos de someterse á la realidad, quieuniversalmente proclamado de la iglesia se llama re con empeño esclarecerla y derretirla en su pensaBalzac, quien, poeta y pensador al mismo tiempo, miento, como quiere dominarla por esa incontrastable
ha dado en sus novelas, sugeridas por un criterio ex- voluntad que venció Asia y descubrió América.
perimental de primer orden y realzadas por una coGuido debe pasar por el gran miniaturista y 'el
pia de ideas extraordinaria, el arquetipo de las pro- gran acuarelista de su familia espiritual y de su esducciones realistas y los ejemplares componentes de cuela literaria. En cuentos fáciles y narraciones coruna liturgia literaria, elevada entre los naturalistas ya tas ha llegado á maestro, como esos artífices que popor larga serie de trabajos y esfuerzos continuados á nen un retrato de preciosa ejecución sobre una cajita
tradición casi religiosa y á símbolo casi .horaciano, de oloroso rapé. Pero esto en él es lo artificioso y
como entre los clásicos las poéticas consagradas por hecho adrede, como el encargo de un maestro en rela reverencia de los maestros y por la sucesión de los tórica para un premio de curso. Lo que principal&amp;iglos. Observador en la Fisiología del matrimonio, mente al artista embarga y ocupa en su obra es vivir.
filósofo en la Busca de lo absoluto, tragico en el Tío La vida le inunda y en la vida se baña con un placer
Goriot, tierno y sentimental en el Lirio del Valle, que podríamos llamar verdaderamente físico, como el
GUIDO DE MAUPASSANT
fantaseador y fantaseador originalísimo en la Piel de que tiene cada ser animado cuando se apropia la
Zapa, no puede negársele una sede primera en el co- parte de creación que le corresponde, por sus órganitud ó madurez de su vida, se presta tanto al dolor y legio casi augural de los gloriosos franceses que han nos de nutrición y de respiración, los cuales á una le
al lloro y al duelo, que el gran sollozo despedido por honrado las letras y las ciencias en esta nuestra fe- aportan el jugo y savia de la Naturaleza y lo transmula prensa parisiense á la muerte suya, resuena por su cundísima edad, y cuyos nombres pasaron á todas las tan en 1a substancia propia de cada cual. Escritor
intensidad natural en todas partes y penetra con sus edades como bellísimos ornamentos de nuestro pla- instintivo no cultivara la frase, y antes la dirá como
acentos acerbos todos los corazones. ¡Ah! Desde la neta y honra inextinguible de nuestra especie. ·
le brota en la pluma y en la lengua, con una esponhora en que, dentro del espaci9 infinito', presidida
Quizás hubiera quedado solo y sin discípulos ni taneidad sólo domada por los ejercicios de copia del
por el tiempo eterno, sólo queda una materia inerte escuela, cual esos colosos hundidos en las arenas del mundo, enseñados por Flaubert, como enseña un
con unas leyes implacables, materia fría de suyo ante desierto como una petrificación de los tiempos p_re- maestro de dibujo á sus escolares sumisos el arte de
todas las penas y á todos los clamores sorda, leyes téritos, á los cuales rodea una soledad que realza reproducir con sus negros lápices el natural expuesto
indiferentes al daño que hace su propio cumplimien- mucho su magnitud, si Balzac no tuviera por heredero ante sus ojos. Así franco, así vivo, así exento de conto, no hay sino darse con el cráneo en las sólidas pa- Flaubert, Flaubert no tuviera por heredero Goncourt venciones, así en una ignorancia de nuestros tormenredes de nuestra cárcel y declararnos esclavos de la y Zola, Zola no tuviera por continuador Maupassant, tosos ideales y de nuestras inquietudes políticas, que
fuerza bruta, huérfanos de la Divina Providencia. No sin 'que mentemos á Champfleury ni á Sthendal por le han hecho con razón y verdad el tipo de artista
hay para qué levantar los brazos al vacío, ni para qué no haber obtenido universal ronombre y no haber más ingenuo y natural que hay dentro del naturalisdirigir oraciones al silencio, ni para qué cincelar por suscitado ni los entusiasmos ni los vejámenes de mo compuesto por tantas y tan artificiales é inverosímedio de las virtudes propias alma y cuerpo imper- sus célebres coviandantes por las sendas naturalistas. miles componendas. No le creo lector de nuestros
fectos; la nada nos corona y el atavismo nos forma Hijo de un gan cirujano, y de competencia quirúrgi- escritores del género picaresco, que piden para ser
con los estiércoles y los detritus de las sepulturas, ca también por el medio donde se criara y por la comprendidos en nuestro Lazarillo ó en nuestro Taporque no hay un Dios en el universo, ni hay la más educación que recibiera, Flaubert agarra los tipos cm1o un. conocimiento de la lengua patria muy supemínima libertad en el hombre, compuestos de mate- de sus novelas naturalistas en la realidad, y desvis- rior al que tienen la mayoría de los españoles; mas sí
ria todos y regidos por el destino ciego, acompañado tiéndolos de todo ropaje que no sea su propia piel, lo creo un copista muy afortunado de aquella obra
de la fuerza bruta. Cuando se profesan tales repulsi- los extiende á una en el gabinete anatómico de su francesa, más española que todas nuestras obras junvos dogmas de las escuelas positivistas al uso, aumén- observación, y escalpelándolos vivos, apasionadísi- tas, el Gil Bias de Santillana. Lo que principalmente
tase por sí el espanto de la muerte y sus horrores, en mos, abrasados en los ardores de su sangre, sácales de nuestros realistas ha cogido el escritor malogrado
términos que una conclusión y acabamiento de tal las entrañas calientes y palpitantes todavía, mostrán- es la salud, la robustez, la verdad. Muy enfermizos,
género, una metamorfosis de quien ha sido alma con dolas al público en una desnudez que no consiente por criados en estufas y por emperradísimos en plaidea é inspiración en menos que bestia, en residuo la universal malí.cía de nuestros contemporáneos, ñer á diario los desequilibrios de nuestra humanidad,
propio para el abono, como cualquier despojo ó excre- y que sólo disculpan la impecabilidad del para{50 y desequilibrios mayores á medida que más alto se ascencia de la vida más vulgar y ordinaria, cerrando la inocencia del salvaje. No tan profundo pensador ciende, nuestros artistas y literatos pedían quien los
todo motivo de oración y toda esperanza de inmorta- como Balzac, pero mayor y más eximio estilista, des- contrastase y Maupassant los contrastó por su conlidad, hace al hombre ¡ay! el más infeliz de los seres pués de haber escrito .Madame. Bovary para decirnos formidad con las fatalidades irredimibles y por su incriados y al universo el más atormentador de los ·ca- por qué se ahogan en atmó&amp;fera de oxígeno aquellos genua y candorosa sinceridad. Así jubilante y jubilolabozos pasibles,
seres nacidos para respirar como los peces en atmós- so en sus comienzos; pero al fin cambió. Los asedios

NúMERO

606

5o7

LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA

de ia demencia se madivina: el genio por lo
nifestaron en desarreglos
menos es el más inhude nervios, y los desarremano de los martirios.
glos de nervios le pusieEl poeta se apodera de
ron en trances de muerlas montañas, de los mate continua y diaria. Por
res, de la luz, de las eseso indudablemente una
trellas, de los soles, para
de sus obras más altas
convertirlo todo en ideas
es aquella conocida con
dentro del horno abrasael título de Pedroy Juan,
dor de una suicida insen la cual está profunpiración. El poeta tritudamente sentido el mal
ra la creación para mocongénito á la humaniler en ella los colores de
dad que lleva señalada
sus cuadros. Pero no pueen su frente la marca
de intentar tal trabajo
del Destino.
titánico sin destrozarse
¡Poeta, pobre poeta!
completamente. No se
Indudablemente los
puede atravesar el fuego
hombres no saben cuán
sin abrasarse; no se pueimposibles las grandes
de subir á las alturas del
cualidades sin los corresaire sin asfixiarse; no se
pondientes defectos. No
puede acercar el cuerpo
saben que toda virtud
á la nube tonante sin re-.
extraordinaria, que todo
cibir en tan fácil conducmérito sobresaliente, nator de la electricidad los
cen de un desequilibrio
latigazos de las asesinas
entre las facultades hucentellas. Esos privilemanas. No saben que
giados seres, que suben
así como los órganos de
desde la tierra tan alto y
los animales corresponque llegan á convertirse
den á sus destinos en la
en espíritus puros como
creación, las facultades LA CATÁSTROFE DE ANZUOLA. - El coche truck de r. ª y 2.•, de donde sacaron los tres primeros muertos. En segundo término
los ángeles de la teolose ve el caserío de Isturioz convertido en hospital provisionar(de fotografia remitida por D. L. de Regil, de Bilbao)
eximias de los genios cogía católica, tendiendo
rresponden á sus destidesde los escollos del
nos en la sociedad y en la historia. Preguntadle á epiléptico del sistema nervioso; que tal potencia inte- mal sobre los humanos naufragios el faro de ideas reDios por qué no canta el águila como el ruiseñor. Pre- lectual, extremada de suyo hasta pesar los astros en cogidas por generaciones de generaciones, han te11iguntadle por qué no tiene el caballo la fiereza del toro. su balanza, traer la luz de Sirio á vuestras manos y do que alimentar el resplandor alzado de la lámpaNo queremos tampoco persuadirnos á considerar describir los límites de la humana razón, se ha con- ra de su cerebro, han tenido que alimentarlo con lácuántas fatalidades nos abruman dentro y fuera del seguido á costa de una esterilidad en la vida del todo grimas de sus ojos y sangre de sus corazones.
organismo. Yo, espiritualista, declaro que se halla, irremediable y de una impotencia eterna en el c.erMadrid, 20 de julio de 18g3.
como dije arriba, en el alma el talento. Pero no soy po, paralizado para las facultades productoras por la
tan ciego que desconozca la influencia del cuerpo sublime fecundidad del pensamiento y del espíritu.
sobre el alma, no; antes la reconozco y la proclamo. Pero todo esto para mí, toda la tristeza producida
Así comprendo se diga que todo talento sobrehuma- por la posesión del genio sobrenatural en las almas LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO
no resulta una enfermedad en cualquier entraña. primeras y mayores, únicamente me demuestra lo diComprendo se diga que tal ópera encantadora y tal vino de su origen y lo eterno de su duración en otro
Descritos en anteriores artículos los principales
melodía dulcísima, las cuales os transportan al mun- mundo mejor. No creáis en la impasibilidad marmó- edificios de esta Exposición, conviene ahora dar una
do sobrenatural de los ensueños, se generaron por rea de inertes y frías estatuas que han querido á sí ligera idea de algunas de las secciones en que se diuna triste aneurisma; que tal poema, capaz de sugeri- darse Goethe y Rossini; no creáis en esa indiferencia vide y que pueden calificarse, tanto de exhibiciones,
ros los más sublimes efectos, se trazó con pluma em- olímpica con que han penetrado desde las tormen- cuanto de espectáculos de recreo para los visitantes.
papada en hiel; que tal obra, cuyas huellas nunca se tas del mundo eri los cielos de la inmortalidad, como
La principal de ellas es la que lleva el nombre de
borran del espíritu y del planeta, devoró á su creador; si aquí en la tierra fuesen ya de piedra pentélica y no «Midway Plaisance,» la cual es en realidad una anque tal discurso, destinado á despertar toda una ge- de esta carne que abrasa nuestros huesos y en nues- churosa calle ó avenida que se extiende desde Jackneración, resultó al sacudimiento de un ataque casi tras venas hierve. El genio es una enfermedad casi son Park hasta el Parque de Washington, teniendo á

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LA CATÁSTROFE DE ANZUOLA. - Vista del estado del tren á'la manaña siguiente del descarrilamiento. Los vagones derribados junto á la vía son el coche buffet

la brigada de la Empresa aparece subiendo el último coche de 3.• hecho perlazos (de fotografia remitida por D. L. de Regil, de Bilbao)

y el truck de

J. ª

y 2.ª ;

�508

LA ILUSTRACIÓN 1\RTÍSTICA

N úMERO

606

fueron de admirar en la s~cción española de la Ex- papel imporlantísimo, algunos empresarios concibieron la buena idea de poner en el centro del palacio
posición de Barcelona.
Sin perjuicio de ocuparnos oportunamente de sillones de esos, con los cuales se puede subir á la
nuestra sección en la de Chicago, dedicaremos aho- cubierta del mismo, á una altura de 80 metros: el
ra algunos párrafos á las instalaciones prim:ramente medio que para ello se utiliza es una especie de an·
terminadas allí, y entre ellas las de Austria ·y Ale- damiaje de acero, de construcción elegante, por el
cual ascienden los sillones mencionados. La primera
mania.
El día en que la Exposición se inauguró, el p~la- impresión que produce el ver ascender y descender
cio de la Industria aparecía poco menos que desier- rápidamente esos aparatos por entre los barrotes
to. La mayor parte de las sec- y montantes de aquella torre al descubierto es de teciones extranjeras estaban to- mor; pero los americanos están ,acostumbrados á tadavía por montar, y aun en la les instalaciones atrevidas y los empresarios de esta
misma sección americana había especie de ascensores hacen un magnífico negocio.
verdaderos montones de cajas Durante todo el día vense pasear por la cubierta del
y cajones cerrados. Sólo dos gigantesco edificio multitud de personas, que vistas
secciones constituían una ex- desde abajo parecen hormigas, y la verdad es que
cepción: la alemana, y sobre to- cuando el calor aprieta ningún sitio ofrece más endo la austriaca, contigua á cantos que aquel paseo aéreo, en donde se disfruta de
aquélla, que formaba un her- un fresco agradabilísimo y desde donde se descubre
moso oasis en medio de aquel un bellísimo panorama. También tiene grandes endesierto de cajas y andamios. cantos el ascenso y el descenso verticales mientras
El espacio destinado á esa sec- se está en el interior del palacio, pues durante ellos
ción no es tan grande como el se descubren á vista de pájaro las distintas secciones
'
que ocupa su vecina, por la ra- de los diversos países y se comprende tal como real' 1 .1-1
i:'
zón de que Hungría ha sido la mente es la grandiosidad del recinto en que tantas
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única, entre todas las naciones maravillas se han reunido.
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civilizadas del globo, que nada
Pero hay que advertir que todos los espectáculos
1
ha enviado á la Feria del Mun- anejos á este gran certamen, todos los pasatiempos,
do, y aun por parte de los indus- todas las curiosidades y todas las comodidades que
' \i
triales austriacos hay muchísi- se ofrecen al público exigen un suplemento de gastos,
mos, entre los más renombra- que por lo general son elevados, y la prensa ameridos, que no han concurrido al cana, y en especial la de Nueva York, que no mira
certamen de J ackson Park, con con buenos ojos la preferencia dada en esta ocasión
gran sentimiento de los admi- á su próspera rival Chicago, los ponen muy de relieve.
radores de la industria artística
Fíjanse principalmente los periódicos de la Unión
austriaca, que tiene en América en que mientras los gastos de la primera Exposición
CABALLO NORMANDO COLOSAL, escultura situada delante del Palacio de Agricullura
un mercado importante.
americana sólo ascendieron á ocho millones de dode la Exposición universal de Chicago
La artística fachada de Ia llars, en la de Chicago se han despilfarrado de un
sección austriaca con sus ele- modo criminal (son sus palabras) treinta y dos mizas humanas con sus vari~dos trajes y sus costum- vatios y hermosos pabellones, álzase al lado de la llones, y esta cantidad enorme ha de salir en gran
bres particulares, y en que el curioso á quien no in- alemana, menos monumental, menos grandiosa que parte del bolsillo de los visitantes. Como prueba de
teresen las artes y las ciencias que en otros recintos ella, pero quizás más elegante: lo mismo puede decir- ello indican que el elevado precio á que se han contienen su asiento, puede distraerse agradablemente se de los objetos expuestos. La gran industria está cedido á los contratistas algunos privilegios obligan á
más pobremente representada en la austriaca que en éstos á elevar los que exigen al público, y, por ejemuno ó más días.
Entre sus exhibiciones figuran aldeas de muchas la alemana, en cambio tiene más brillante represen- plo, los sillones rotatorios que en la Exposición de Firegiones del globo, siendo aquí, como en la última tación la industria artística. ¿Quién no conoce los ladelfia costaban cincuenta centavos por hora y ade
Exposición universal de París, la calle del Cairo la bellísimos productos de las fábricas de cristal de Bo- más dos dollars de depósito de alquiler, en Chicago
que más llama la atención por su verdad: la arquitec- hemia, los primorosos trabajos en cuero, bronce, es- cuestan setenta y cinco centavos y seis dollars respectura egipcio-árabe de sus construcciones, tan nueva malte, marfil y nácar con los cuales los austriacos se tivamente. En esta última Exposición se hace pagar el
en Norte-América, las pinturas de la vida de aquel han colocado, desde hace tiempo, muy por encima agua para beber, cosa que jamás sucedió en aquélla.
país, y sobre todo la muchedumbre que circula, de los mismos franceses, y los innumerab!es géneros En Filadelfia había sillas, bancos, etc., en todos los
compuesta de derviches, comerciantes, alquiladores llamados de galantería ó de fantasía, esa especialidad edificios y jardines de su Exposición; en Chicago el
de camellos y asnos, chiquillos y mujeres veladas, austriaca que tanta salida tiene en los mercados de que esté cansado y desee sentarse ha de hacerlo en
todo el mundo? ¿Quién no ha visto los elegantes el suelo ó pagar una silla.
excitan altamente la curiosidad de los yankees.
Las aldeas irlandesa, japonesa y austriaca son de las muebles de madera encorvada que se han conquistaNo dejan tampoco los expresados periódicos de
do puesto preferente en todos los países del globo? hacer resaltar la diferencia entre los precios que rique más llaman la atención.
En el teatro turco se representan piezas, pantomi- Muebles de estos los hay en la India como en Africa, gieron, no ya en las fondas y casas de huéspedes, sino
mas y juegos lo mismo que en Constantinopla; en el en la América del Sur como en ]as Indias orientales; en los restaurants del interior de la Exposición de FiArgelino se aplauden las danzas características del son allí los muebles favoritos
y hasta en el Oeste americano
Norte de Africa.
Por el paseo se encuentran armenios, turcos con están cada día más en uso. Lo
sus armas peculiares, indios y hasta algunas de las propio acontece con la cristaleamazonas del Dahomey, hoy más que nunca admira- ría de Bohemia que adorna las
das á causa de la celebridad adquirida en su recien- mesas de todos los americanos ,
ricos.
. te guerra con Francia.
Pocas secciones de la ExpoTodos estos pueblos de origen extranjero han ido
á la Exposición so pretexto de dar una idea de la sición son más visitadas por la
vida y costumbres que observan en sus respectivos gente elegante que la sección
países, pero en realidad para sacar dinero á los saga- austriaca, y los muchísimos obces americanos; tanto es así, que la primera palabra jetos de fantasía y de escrito·
inglesa que todos aprenden es «money;» palabra que rio, carteras, marcos para cuadros, estuches, monederos, peles parece resumir en sí todo el idioma.
El «Ferris Wheel» ó Columpio de Ferris, rival de tacas, boquillas y otros objetos
la Torre Eiffel de París, considerado como una ver- de espuma, etc., etc., encuendadera maravilla de atrevimiento y de mecánica, se tran numerosos compradores.
halla situado en el extremo de Midway Plaisance. De
Pero también bajo otros conél nos ocuparemos en el próximo número con el de- ceptos tiene Austria notable retenimiento que merece.
presentación en Jackson Park:
Además de esta sección, exclusivamente destinada en el palacio de Bellas Artes
al recreo del público, puede éste hallar continuas son muy admirados los cuadros
distracciones contemplando las obrás de arte aisla- de los pintores vieneses; en el
das de que está salpicada la Exposición. Entre ellas Midway Plaisance hay cafés y
hay dos que detienen especialmente á los visitantes: cervecerías vienesas, y el notael toro y el caballo normando, ambos de tamaño co- bilísimo fragmento de la AntiTORO COLOSAL, escultura situada delante del Palacio de Agricultura
losal, que se hallan delante del palacio de Agricul- gua Viena, procedente de la
de la Exposición universal de Chicngo
tura. Los grabados que incluímos en este número Exposición teatral celebrada
dan idea de lo que son estas esculturas y de sus pro- el año pasado en la capital de
porciones, comparadas con las de las personas que Austria, constituye una de las principales curiosida- ladelfia, comparados con los de la de Chicago, los
junto á ellas están fotografiadas.
des de J ackson Park.
cuales son infinitamente superiores, llegando á califiSi, prescindiendo ahora de la calidad de los objeEn el fondo del grabado que de esta sección pu- car á los dueños con los adjetivos más duros.
tos expuestos por las diferentes naciones en los res- blicamos está indicado por medio de unos cuantos
Por estas razones, á pesar de sus maravillas y de
pectivos palacios, nos fijamos en el gusto artístico, rasgos ligeros una construcción notable. El techo del los innegables atractivos que ofrece, el éxito de la Exen el efecto que producen á la vista las instalaciones palacio de la Industria es uno de los mejores puntos posición actual es dudoso, como es problemático
y que tanto contribuye en estos certámenes á atraer de vista desde los cuales puede contemplarse toda la que sus organizadores se reintegren de los treinta y
al público, debe confesarse que no en todas ha pre- Exposición y la grandiosa ciudad del lago Míchigan, dos millones de duros invertidos en ella.
sidido el arte, la gracia y la originalidad que tanto y como los sillones con ruedas desempeñan allí un
M. A.

uno y otro lado diferentes y entretenidos pasatiempos, como teatros orientales, colecciones zoológicas,
jardinillos con cervecerías, etc., los unos presentados
por contratistas, los otros construídos por los gobiernos europeos.
Aquello es una verdadera Babel en la que se oyen
todos los idiomas del mundo y resuenan todos los
instrumentos conocidos, en especial las gaitas escocesas; en que es dado contemplar las diversas ra-

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO.--LA SECCIÓN AUSTRIA0A EN EL PALACIO DE MANUFACTURAS,

dibujo orüñna.1 de E. Limmer

�LA

510
LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARIS (1)

I
Había terminado la guerra franco-alemana, Y al
mismo tiempo mi cometido de corresponsal de un
gran periódico, por lo cual marché á Londres a1)resuradamente pa·
ra ocuparme en
escribir un libro
en el que narraba
cuanto había presenciado en aquella tremenda
lucha.
Trabajaba diez
..,,,.
horas diarias en
mi tarea, y teníala ya muy adelantada cuando -Ocurrió el movimiento de la Comuna
':, ~ de París.
El director del
Dat'ly News llegó
precipitadamente
á mi casa, y habiéndome instado vivamente para que marchara
á París pues era inminente allí una crisis, salí de
Landre~ el 19 de mayo para trasladarme á la capital francesa, y después de tropezar con varias dificultades que me hicieron perder algún tiempo, conseguí por fin penetrar en ella, recorriendo á pie el
trayecto desde la estación de San Dionisia.
París tenía un no sé qué de sombrío, pero reinaban
la tranquilidad y el orden. Sin embargo, aunque eran
las primeras horas de la mañana, no se oía. e~ tañido
de ninguna campana de los templos, percibién1ose
en cambio claramente en aquella mañana de primavera el lejano cañoneo de las baterías de Versalles
por el Oeste y el Sudoeste del recinto. •
~
- Eso es de Issy, díjome tranquilamente la duena
del kiosco de la esquina de la plaza de la Opera,
mientras me vendía un diario.
Preguntéla cómo podía distinguir el sonido de los
cañones de Issy del de las baterías del Bosque de
Boloña.
- Advierta usted, contestó, que hace ya muchos
días que oigo esa deliciosa música, y que por lo tanto
he llegado á ser entendida en la materia. El cañoneo
de Issy es más penetrante y claro, porq~e. el fuerte
está en una altura y nada entorpece la emisión de los
sonidos· mientras que éstos se embotan en el Bosque
á causa' de los numerosos troncos de árboles, sin contar que el sonido ha de elevarse además sobre el recinto, el viaducto del camino de hierro y la colina de
Passy.
._
La mujer hablaba con tanta calma y tranqmhdad
como si se tratase del tiempo, y si he de ser franco,
añadiré que cuanta gente andaba por allí manifestaba
la misma indiferencia. Ciertamente, nada indicaba
que los de Versalles caerían sobre los comunistas
antes de que se pusiera el sol de aquel sábado.
Yo tenía en París un caballo que había dejado allí
desde los días del armisticio; era el mismo con que
pasé por la puerta de San Ouen para entrar el primero en París después de la capitulación, y recordaba que los hambrientos habitantes de Belleville habían mirado al robusto cuadrúpedo con ojos de codicia. Encontré el caballo muy pronto, pero á la puerta
de la cuadra hallábase un centinela: la Comuna bahía exigido la entrega del animal, mas el encargado
de cuidarle se resistió con el pretexto de que pertenecía á un extranjero, y para zanjar por el pronto la
cuestión se puso dicho centinela hasta que las autoridades resolviesen lo que se debía hacer. El soldado
no quiso permitirme entrar en la cuadra, ni m~nos
consintió en que me llevase el caballo, y á m1 vez
debí dejar la cuestión pendiente.
Desde allí encaminéme al ministerio de la Guerra
de la Comuna, situado en la parte Sud del río, y allí
encontré la persona que necesitaba, la cual me presentó á un caballero que era el segundo jefe de Estado Mayor. Díjele que deseaba un pase para presen( 1) Terminada la interesante serie de articules en que la
distinguida escritora señora Pardo Bazán ha hecho un detenido
estudio de los :;ucesos más culminantes de la Revolución france.a de I 789, damos hoy principio á otra serie debida á la plu•
ma de M. Archibaldo Forbes, en la cual, como testigo de vista
é imparcial de los hechos, describe los ocurridos durante las
sangrientas luchas de la Comuna de París, de esa nueva revolu·
ci6n que, aunque casi á un siglo de distancia, viene á ser C?m·
plemento de la primera, razón que nos ha inducido á publicar
los articulos de M. Forbes á continuación de los de nuestra
compatriota.

.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ciar las operaciones militares en calidad de corresponsal; saludóme inclinando la cabeza, y volviéndose
hacia un teniente le mandó escribir la orden. El oficial comenzó á extenderla al punto, preguntándome
si la quería para ver las operaciones exteriores ó interiores, á lo cual contesté que deseaba un salvoconducto para ir á todas partes y verlo todo. El subjefe, Lefébre Tonciér, firmó al punto y díjome que
si alguna vez necesitaba cualquier informe ó noticia,
podría recurrir á él. Con esto saludóme cortésmente
y me despedí. Creo que aquel fué el último pase firmado por la autoridad comunista.
El general Dombror.-ski, último de los muchos generalísimos de la Comuna, hacía día y medió, poco
más ó menos, que ejercíá el mando. Se me indicó
que su cuartel general se hallaba al Oeste, en el castillo de la Muette, detrás del recinto y junto á la estación de la vía férrea de Passy. Sin perder momento
me dirigí á la parada de coches de la plaza de la Concordia y dije al primer auriga que deseaba ir al
castillo. «No puede ser, caballero, contestó, porque
tengo hijos.))
Otro cochero, menos tímido, avínose á conducirme
hasta la entrada de la calle Mayor de Passy, y convenido el precio, emprendió la marcha.
Al pasar por el puente de J ena la batería comunista, situada en el Trocadero, rompió el fuego, y el
Monte Valeriana contestó al punto. Dos ó tres de
esas bombas cayeron á la puerta de una tienda, y una
de ellas partió la columna de un farol cerca de nosotros. Al ver esto, mi cochero hizo retroceder el vehículc, y por poco le vuelca en su apresuramiento
para alejarse cuanto antes de aquella vecindad tan
peligrosa.
No tenia más remedio que apearme é ir á pie por
la calle Mayor. Aquí no había apenas gente, pero en
cambio vi un considerable número de agujeros abiertos por las bombas; varios guardias nacionales, algunos individuos de marina y de tiradores habfanse alojado en las casas y paseaban perezosamente de un
lado á otro. No observé señales de temor en ninguna
parte, aunque las bombas caían de continuo en las
inmediaeiones. Al llegar á la extremidad de la calle
torcí á la derecha para pasar por una puerta grande
que daba entrada á una avenida de árboles, al fin de
la cual elevábase el castillo de la Muette.
Dombrowski me recibió cordialmente, ofreciéndome desde luego permiso para agregarme á su Estado
Mayor, en el caso de aceptar yo la posición tal como
se presentaba.
- Estamos aquí algo comprometidos, dijo, sonriendo y encogiéndose de hombros, porque el fuego es
bastante formal y continuo.
Dombrowski era hombre de unos cinco pies y cuatro pulgadas de estatura, muy aseado al parecer y
vestía uniforme obscuro con pocos adornos. Su rostro tenía cierta expresión inteligente y la mirada era
penetrante. A primera vista, cualquiera hubiera simpatizado con él; pero contábanse cosas muy negras

NúMERO

606

El general Dombrowski comía, leía y hablaba al
mismo tiempo; mas apenas era posible oir su voz á
causa del estruendo de la artillería y el silbido de las
bombas. Manifestó mucha ansiedad al preguntarme
si yo podría indicarle algo sobre las probabilidades
de una intervención alemana, y por lo que dijo me
pareció que le habría satisfecho esta última solución
del problema.
Estábamos comiendo la ensalada, cuando de pronto entró el comandante de un batallón, con el rostro
ennegrecido por 1~ pólvora y al parecer muy agitado.
Dijo que las tropas de Versalles penetraban yA en el
recinto por la puerta de Billancourt, que él había defendido hasta entonces con su gente; que el fuego de
artillería de Issy era tan vivo, que sus fuerzas debieron buscar un refugio; y que cuando las tropas de
Versalles llegaron en son de ataque, fué preciso salir
á descubierto para contestar al fuego del enemigo.
En el mismo instante, añadió, las bombas menudearon de tal manera y causando tal estrago, que el co)llandante hubo de retroceder con su tropa, acercándose entonces las fuerzas de Versalles á la puerta,
que ahorá se hallaba en su poder. Entre los soldados
del comandante cundió el pánico, y aunque trató de
reunirlos, dándoles sablazos de plano, no había conseguido nada; de modo que su batallón acababa de
abandonar definitivamente el recinto.
Las tropas de Versalles, dijo para terminar, estaban
concentrándose en considerable número para reforzar á los que habían tomado la puerta de Billancourt.
Dombrowski esperó á que el oficial concluyera su
relato; entonces alargóle un vaso de vino, sonriendo,
y comenzó~ comer su ensalada con mucha serenidad,
aunque algo pensativo, hasta que al fin levantó la
cabeza.
- Envíese á buscar al ministerio 'de Marina, dijo,
una batería de siete cañones; y que vengan los tiradores montados de ... (no entendí el nombre que dijo).
Los batallones de la guardia nacional irán donde se
les designe, para lo cual han de estar preparados á
las siete. Yo mismo dirigiré el ataque.
·
Debo advertir aquí que el ministerio de Marina se
hallaba convertido en arsenal, y para que. se forme
idea del estado de cosas en aquellos días, baste decir
que el oficial á quien Dombrowski dictó la orden,
polaco como él, ignoraba cuál era el edificio destinado al ministerio de Marina. Cuando se le indicó, hizo la observación dé que tal vez no le fuera dado obtener toda una batería.
- Pues traiga usted lo que pueda, contestó Dombrowski, dos, tres ó cuatro cañones, ó los que le sea
posible adquirir. ¡Vamos, en marcha y obedecer!
Esta era la fórmula acostumbrada de aquel pequeño dictador, que no carecía de genio y energía. La
voz de mando era magnífica, y hubiérase dicho al
verle y oirle que estaba muy acostumbrado á dictar
órdenes.
Mientras que Dombrowski comía los postres, con-

Fusilamiento de los generales Clemente Thomas y J ulio Lecomte, en Montmartre, el 18 de marzo de 1871

de su historia. Llevaba bigote y perilla, y tenía costumbre de estirarse esta última cuando hablaba. No
conocía el idioma inglés, pero sí el alemán, y bastante bien. Su Estado Mayor se componía de . ocho ó
diez oficiales, los más de ellos jóvenes, que parecían
tomar muy en serio sus ocupaciones, y sin duda éstas no les dejaban tiempo para pensar también un
poco en el agua y el jabón.

sistentes en unas ciruelas, entró precipitadamente
otro comandante para dar una queja.
- General, dijo, me censuran porque tengo un
Estado Mayor muy numeroso, y he recibido orden
de venir á traeros el parte.
El general tomó el papel y leyólo con atención.
- ¡Un comandante con diez oficiales!, exclamó.
¿Cómo puede ser esto?

N ú ~IERO

606

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

511

El parque del pero dijo que la fortificación exterior se podía con•
castillo de la servar muy bien.
A mí no me pareció grave obstáculo para ho~Muette baja en
bres
resueltos á tomar aquel punto ó perder sus visuaves pendientes basta el recin- das, y que era además muy co~venie,nte para las
to enfrente de fuerzas de Versalles, que no estanai: as1 tan expuesPassy, pero no se tas. Más al Sud, por _la puerta de Btllancourt, el_ repodía ver éste á cinto no valía gran cosa y ningún hombre hu~H~ra
causa del folla- necesitado alas para introducirse allí: esta opm1ón
je; más allá había mía se confirmó cuando me hallaba con Dombrowsun claro y des- ki, al recibir éstt, como ya he dicho, un parte anunpués las densas ciando que los de Versalles habían tomado la puerta.
Era más peligroso que divertido permanecer en el
espesuras d el
Bosque de Bolo· observatorio y tardé muy poco en bajar. Dombrows·
ña, detrás de las ki, espada en mano, daba en aquel momento tres órcuales extendíase denes á la vez, y detúvose para pregun_tarme qué me
el lecho del gran parecía la perspectiva que acababa de ver. Contestélago. De aquella le que en conciencia debía decirle que no era nada
franja de bosque tranquilizadora para los federales.
-Ahora estoy dando una orden, repuso D?m•
salían de vez en
cuando peque- browski, por la cual sabrá que abandono el recmto
ñas columnas de desde la puerta de Auteuil hasta el río. Si usted es
humo, proceden- militar debe reconocer el hecho de que nuestra pértes de cañones dida del fuerte Issy nos impide conservar esa parte
aislados, pero no de la fortificación continua de que hablo. Hace ya
vi ninguna bate· algunos días que he previsto la necesidad de hacer lo
ría montada. Más que ahora pongo por obra, y he procurado una ~elejos humeaban gunda línea defensiva, cuyo contorno señala el viatambién á inter- ducto de la vía férrea; es tan fuerte como el recinto,
valos las carabi- y más fácil de conservar. Si los de Versalles se han
nas de los tirado· apoderado de esa puerta, su posición no les servirá
res de Versalles, gran cosa. De todos modos, quiero darles algo que
situados allí se- hacer, y esta misma noche me propongo ataca~los. guramente para Es probable que retrocedan, perdiendo su conquista,
cazar los federa- en cual caso deberán comenzar de nuevo mañana.
les que estaban Sin embargo, no voy á batirme con la formal i~tenen el recinto y ción de recobrar esa condenada parte del recinto,
en las otras avan- como lo demostrará la orden que acabo de dar para
zadas que había que se publique; ahora quiero luchar un poco_ por
enfrente de Passy mera afición, pues todos mis compañeros, lo mismo
y de Auteuil. A que yo, están animados de un espíritu batallador y
cierta distancia agrádales batirse, sobre todo cuando yo los dirijo.
No me fué posible determinar con precisión ende la puerta de
Passy, los comu- tonces, ni podía hacerlo ahora tampoco, si las palanistas hacían ju- bras de Dombrowski eran una mera bravata ó si
gar una batería aquel hombrecillo hablaba en serio. Como quiera que
de continuo con sea, prometióme que no marcharía sin mí, y en efecbastante buen to, al poco rato recibí un recado urgente del general,
efecto. Aquella diciéndome que iba á marchar al punto.
posición no había
Encontré al hombrécil!o montado en un caballo
sido muy maltra· de gran alzada que hacía muchas corbetas en aquel
tada, pero se hu- instante, lo cual me hizo pensar en el mío, que aún
ARCHJBALDO FORBlS
biera podido to- estaría descansando en la cuadra con su centinela de
mar por asalto vista. Habíanse recibido ya varios partes del jefe coY levantando el brazo con expresión indignada, sin gran dificultad, á no ser por un bastión cons- munista que ocupaba Point du Jour, pidiendo inmetruido durante el sitio de los prusianos. La puerta de diatos socorros, pues los que defendían allí las posiañadió:
·
- ¡Ved ciudadano comandante, aquí estoy yo, que Auteuil y el recinto hallábanse convertidos en una ciones se veían muy acosados. El cañoneo y 'el fuego
soy el ge~eral, y no tengo á mis órden~s ~ás que ruina. Dombrowski no pudo menos de reconocerlo, de fusilería desde el Sena hasta la puerta de Neuilly
nueve hombres mientras que usted necesita diez! ¡Le
concedo tan sóio un secretario; retírese y obedezca!
El bueno del comandante salió sin decir más palabra.
.
Las bombas seguían cayendo. Dombrowski m~
dijo que el castillo de la Muette pertenecía á un amigo de Thiers y que por lo tanto, aunque se sabía
que era su ~uartel general, habíanse dado órdenes
para no maltratarlo mucho. A esto diré tan sólo q~e
si se hacían esfuerzos para respetar aquella pro~1edad, los artilleros de Versalles eran muy malos tiradores pues una bomba atravesó la pared de cerca, y
otra ~hocó en la esquina de la casa con tal fuerza
que yo creí que había penetra?º por la pared. Dombrowski era hombre de nervios muy fuertes y _tenía
perfectamente aleccionados á sus oficiales. Cuando
estalló aquella bomba el general es_taba h_ablándome,
y yo hice un movimiento; pero _él, inmóvil ~orno una
roca, siguió hablando con la misma naturalidad. Los
oficiales que estaban sentados alr~dedor de_ la ~esa
no hicieron más caso de la explosión que s1 hubiese
caído allí una pelota. Un asistente estaba llenan~o
mi taza de café, y su pulso no se alteró en 1? mas
mínimo: aquel hombre debía tener los nervio? de
hierro. Ignoro hasta.qu~ punto llegaría la seremdad
é intrepidez de los md1V1duos del Estado Mayor en
otras partes, pero los que form~ban el de Dombrowski eran un modelo en este sentido.
El ayudante del general me condujo al tejado,
donde había un observatorio; la escalera y las habitaciones del piso superior hallábanse muy maltratadas por las bombas, á p:sar de la_ amistad que M.
Thiers profesaba al dueno del castillo; y en cua~t? al
observatorio, construído con tablas, estaba acnbillado de balazos de los fusiles Chassepot. Apenas asomé la cabeza imprudentemente, atraje tal granizada
de proyectiles, que no me dió vergüenza retirl!,rme
Electos de una bomba
con mucha precipitación.

�AQUEL QUE NO HAY A PECADO QUE ARROJE LA PRIMERA PIEDRA... , cua dro de R e mbrandt, existente en la colecci6n del duque Marwouft

-......,

�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

eran cada vez más vivos á medida que avanzábamos·
por la calle de Mozart; las baterías de Versalles tronaban estrepitosamente, y aunque hubiesen quedado montados algunos cañones en el recinto, no habría
sido posible contestar á su nutrido fuego de pesados
proyectiles.
ARCHIBALDO FORBES

( Conti,mará)

Bellas Artes. -Con el nombre de :Exposición libre de
Bellas Artes de Berlln se ha inaugurado una exposición en la
cual fi~u ran las obras rechazadas por el jurado de admisión del
gran certamen artístico que actualmente se celebra en aquella
ciudad, y al lado de ellas otras muchas que no pudieron ser rechazadas por la sencilla razón de que no fueron presentadas
oportunamente. Examinan'do las obras expuestas se ve - al decir de una revista artística alemana - que, c,o n muy escasas ex·
cepciones, quizás con una sola, el jurado ha procedido con en·
tera imparcialidad, pues de las obras expuestas como rechaza·
das bien pocas llenan las más elementales exigencias artisticas.
Las únicas excepciones de esta afirmación son un cuadro de
Meckel, un boceto de monumento de Klein y dos pasteles de
Munch. Uno de estos últimos fo ha considerado la crítica como
lo mejor que hasta ahora haya producido ese notable pintor
berlinés; el boceto de Klein obtuvo el primer premio en el concurso celebrado hace poco en Stuttgart para erigir un monumento al emperador Guillermo. En cuanto al cuadro de Meck&lt;:l, con no ser de lo mejor por este artista producido, es notable de todas maneras y hoy inspira á los berlineses mayor interés, pues por causa del mismo puede decirse que se ha suicidado no ha mucho su autor. Creemos que han de intere~ar á
nuestros lectores algunos detalles de este suceso que vamos á
referir. El difunto artista proyectaba exponer en el Salón Schulte, de_ Berlln, una colección de cuadros suyos, lo que no llegó
á realizar, entrando luego en tratos con el comité de la Exposición de Bellas Artes para exponerla en ese certamen, pero se
le dijo que el jurado escogerla cinco obras suyas de entre las
que creyese oportuno remitirle. Meckel envió cuadros de los
c_uales fué rechazado uno, el que ahora figura en la Exposición
libre: los otros cuatro fueron colocados en sitios que el pintor
juzgó poco á propósito para que produjeran el debido efecto.
Los 3:migos de Meckel creen que éste, cuyo temperamento era
excesivamente nervioso, comenzó á preocuparse de la injusticia
con él cometida que le impedia gozar del gran triunfo en que
él co_nfiaba, y no pudiendo resistir esa impresión se suicidó de
un p1stoletaz~- Este suceso ha conmovido profundamente á la
sociedad berlmesa, donde Meckel gozaba de grande y merecida fama.
Volviendo á la Exposición lib:e, diremos para terminar que
los críticos berlineses opinan unánimemente que sus organizadores no han conseguido el efecto que se proponian y que
su Salón dista muchísimo de parecerse al q_ue en otro tiempo
formaron en París los refmés del Salón oficial.
- El escultor Pablo Dubois ha sido nombrado director de la
Academia de Artes plásticas de París.
- El escultor de Karlsruhe, Volz, ha terminado y expuesto al
públi~o el modelo del sepulcro que ha de encerrar los restos
del difunto pr!ncipe Luis Guillermo de Baden. El monumento
representa al príncipe tendido en el lecho mortuorio, puesto
sobre un sarcófago ricamente adornado, y será colocado en el
mausole~ que se ha de erigir en el jardín de los Faisanes, junto
al palac1? ducal de aquella ciudad, según los planos del difunto ~ranc1sco Bar. El mausoleo, que será de estilo gótico y cos·
tara 750.000 pesetas, quedará terminado en el presente año.
- Para la Galería Nacional de Berlin han sido adquiridos
cuatro cuadros al óleo de H. Muhlig, Luis Herzog, Luis Dill
Y O. Frenzel, tres acuarelas de L. Dettmann, una figura de
bronce de J. Gotz, una figura de madera de Jorge Busch y el
modelo en yeso de El esmltor, de Fernando Lepke: todas estas obras forman parte de la exposición que actualmente se celebra en la capital de Alemania.
- Durante el primer mes en que ha permanecido abierta, se
han. ~espachado 300.000 entradas de pago para visitar la Ex·
pos1c1ón ele Bellas Artes de Berlín, habiéndose recaudado la
cantidad de 125.000 pesetas. El número de obras vendidas es
extraordinario, según dicen los periódicos alemanes, y el éxito
de la lotería organizada por la Asociación de Artistas berlineses
h~ superado á todas las esperanzas: el número de billetes vend1~os ha ascendido á la cifra de 70.000; los tres primeros pre·
m1_os eran de 8. 750, 6. 2 50 y 3. 750 pesetas y coro prendían: el
pnmero tres cuadros al óleo, el,segundo tres cuadros al óleo,
una acuarela y una estatua de marmol, y el tercero tres cuadros
al óleo y una estatua de bronce.
_El J ura~o ha resuelto no conceder más que tres grandes y
seis pequ~nas med~llas de oro y algunas menciones honorificas.
- El pmtor berlmés Pablo Meyerheim ha regalado al Gabinete de qrabados, de Dresde, 36 estudios de su padre Eduard_o, fallecido e!1 1~79, que en su tiempo gozó de gran reputación _por sus d1buJos &lt;le la vida popular de Berlín. El mismo
Gabmete ha_ re~ibido por donación testamentaria algunos cen·
tenares de d1buJos y pruebas de grabados que constituyen la
labor artística completa del dibujante y grabador de Dresde
~ugusto Mauricio Retzsch (1779-1857), muy famoso en su
tiempo.
- A mediados de noviembre próximo se verificará en Dusseld_orf una gran fiesta artística organizada por la asociación cono·
c1da con el nombre de Malkasten. La Feria del Mundo que se
c~lebra act~almente en la gran ciudad norteamericana ha ins·
puado _al pmtor Seyppel, encargado de la organización de aquélla, la 1dea de una parodia de la gran Exposición universal. Conocidos el ingenio y la esplendidez de los artistas que forman
el lrlalkasten, fácil es imaginar lo que será esa fiesta que promete superará cuantas dicha asociación ha llevado á cabo has·
ta ahora y en la cual habrá también su Salón internacional de
Bellas Artes, que siempre ha sido una de las partes más interesantes y curiosas de esa clase de festejos.
Barcelona. Salón Parés. - Miralles ha tenido expuesto estos
~ías un cua?rito de aspecto agradable y de un asunto de actua·
hdad, propio de la estación en que nos hallamos. U na familia

correctamente elegante disfrutando de las delicias del campo,
un pequeñuelo retozandC1 con su mamá alegremente sobre el
césped, elegantes señoritas, lacayos, un coche al fondo, etc.;
todo pintado, si no concienzudamente, con hábil facilidad y que
atrae las miradas del espectador.
Un joven, Sr. Tejada, que esgrime sus primeras armas en
p{1blico, ha presentado un cuadro de regular tamaño que publicaremos en breve y que á vuelta de deficiencias propias de
quien empieza á andar el camino del arte, manifiesta cualidades dignas de estímulo, sobre todo por la sinceridad con que las
aplica. Puede decirse que la obra está bien concebida, mejor •
que ejecutada, tanto en la unidad total como en ciertos detalles; pero asi y todo, es muestra de que al seguir aplicando la
observación atenta del natural, como demuestra el autor en su
primer cuadro, verá por completo colmadas sus aspiraciones de
artista.
Exposición general de Bellas Artes de 1894. - El ayunta·
miento constitucional de esta ciudad ha publicado ya la convocatoria para la segunda exposición que ha de celebrarse en
el mes de abril del año próximo venidero, ateniéndose á lo
acordado por la corporación anteriormente. En breve aparecerá el Reglamento propuesto por la Comisión organizadora.
Nuestros más calurosos plácemes á nuestro ayuntamiento
por el interés con que procura corresponder á lo que exige la
cultura de Barcelona y desean cuantos en materias de arte se
ocupan por su profesión ó aficiones.

Teatros. - Parls. - En Folies Dramatiques se ha estrenado
con buen éxito un vaudeville en tres actos de Busnach, titulado C!iquette, con lindísima música del maestro Varney.
Londres. - En Covent Garden han terminado las representaciones wagnerianas en alemán, habiéndose puesto en escena
Los maestros cantores y Siegfri'ed, que fueron muy aplaudidas,
sobre todo la última. En el propio teatro se han estrenado las
óperas Amy Robsart y Veiled Prophet. La primera, de Isidoro
de Lara, revela un gran progreso con respecto á la última del
mismo autor, The Light of Asia, y en ella se destaca más la
personalidad del compositor que, aunque influido por la música de Massenet, entra casi de lleno en el procedimiento de
Wagner; el libreto, obra de Harris y Milliet, e¡;tá tomado de
una novela de \Valter Scott; la ejecución fué muy notable por
parte de Mme. Calvé y de los Sres. Alvarez y Lasalle. La se·
gunda, Veiled Prophet, es del compositor Stanford, qu~ la escribi6 en 1877 y fué estrenada en alemán, en.Hannóver en 1881,
habiendo sufrido desde entonces varias modificaciones: el libreto, de Mr. Barday Squire, está basado en la primera leyen·
da del poema de Tomás Moore, Lalla Roock, titulada El velado profeta de Khorasán. La i;¡otable compañía dramática inglesa
que dirige el eminente actor Enrique Irving y que actuaba en el
Lyceum, se dispone á hacer una tournée por los Estados U nidos, en donde trabajará en San Francisco, Portland, Tacoma,
Sea(tle, Minneapolis, Saint Paul, Chicago, Nueva York, Boston, Filadelfia y Wáshington, poniendo en escena Becket, Enrique VIII, Et mercader de Venecia, Luis XI, 0/ivia, Carlos
/ y algunas otras de las mejores obras del repertorio inglés.
Madrid. - En los jardines del Buen Retiro ha comenzado
sus representaciones una compañía de ópera bajo la dirección
del maestro Camaló, que ha puesto en escena con buen éxito
Lucia, Fausto, Favorita y Hugonotes. En el Príncipe Alfonso
se ha estrenado con aplauso una zarzuela de espectáculo en dos
actos, Los volttlltarios, de Fiacro Y rayzoz, música del maestro
Jiménez.
Barcelona. - En Novedades ha terminado la temporada que
tan brillantemente ha sostenido por espacio de dos meses la
excelente compañía del Sr. Mario, habiendo estrenado últimamente con buen éxito La huelga de hijos, comedia de D. Enrique Gaspar, de argumento interesante y escrita con la galanura, la gracia y la difícil sencillez que son la característica del
autor de La levita, y habiéndose celebrado los beneficios del
Sr. Cepillo, que tantos y tan merecidos triunfos ha obtenido en
la presente temporada, y del Sr. Mario, el actor mimado de
nuestro público: uno y otro lograron entusiastas ovaciones. En
el Eldorado actúa una muy aceptable compañía de ópera dirigida por el ma,:slro Goula (hijo), que ha puesto en escena con
buen éxito La Hebrea, La Favorita, La Africana, El Trovador
y Los Hugonotes.
Necrología. - Han fallecido recientemente:
El Excmo. Sr. D. Enrique Enríquez y García, conde de las
Quemadas, teniente general del ejército español, ex comandante general de Alabarderos, condecorado por valiosos servicios
prestados en tiempo de paz y de guerra con las grandes cruces
de San Hermenegildo, Mérito Militar é Isabel la Católica.
El barón de Bauer, general de artillería ~ustriaco, ex ministro de la Guerra, comandante general de Viena, que se distinguió extraordinariamente en las campañas contra I talia de
1859 y 1866.
Carlos Federico Burkhard, notable sanscritista austriaco, el
primer filólogo que emprendió el estudio del idioma cachemir,
una de las lenguas de la India septentrional.
Francisco Duchinski, historiador polaco.
Carlos English, contraalmirante de la armada y uno de los
oficiales más distinguidos de la marina norteamericana.
Antonio Ghislanzoni, célebre poeta y libretista italiano, autor
del libreto de Aida y de muchos otros en número de sesenta
por lo menos.
Roberto Montgomery, excelente pintor marinista holandés.
Francisco Nissel, poeta dramático austriaco que gozaba de
gran popularidad especialmente entre el público vienés.
Dr. Juan Rae, distinguido médico inglés, famoso explorador
de las regiones árticas que visitó por vez primera en 1846 y en
las cuales descubrió importantes territorios, autor de innumerables trabajos científicos que publicó la Royal Geographical
Society, de Londres.

Paseo matutino, dibujo de A. Marold. - Cuéntase Marold entre los primeros dibujantes franceses y las principales revistas que en la vecina República se publican dispútanse sus trabajos; su firma es conocida de los lectores de LA

606

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, que han podido admirar sus preciosos dibujos en algunas novelas ilustradas que publicamos, y es·
to nos releva de insistir en lo que vale el tan justamente renombrado artista. Paseo matutino es una página bellísima en la
que el invierno se ofrece á nuestros ojos en toda su desnudez y
con el tinte melancólico que constituye lo que pudiéramos lla·
mar nota poética de la estación cruda: la figura de mujer que
anima el triste paisaje tiene ese sello elegante que revela á la
parisiense y que pocos saben reproducir con tanta gracia y fide·
lidad como Marold.

* **
La catástrofe de Anzuola (de fotog~fia). - Entre
las varias versiones que han circulado acerca del terrible desc¡milamiento ocurrido en Anzuola, en la línea férrea de Durango á Zumárraga, el día 14 de julio último, tiénese por más
e_xacta la que supone que la rotura de uno de los topes del último vagón motivó el descarrilamiento de éste, que inclinándose á un lado cayó en un precipicio de unos 30 metros de declive, arrastrando consigo a otros cinco coches más. La catástrofe
ocurrió á poco de salir el tren del apeadero de Anzuola, en un
sitio en donde existe una curva de unos 100 metros de radio:
los tres últimos vagones quedaron hechos astillas y de ellos
fueron sacados el mayor número de heridos y contusos; el coche buffet sólo dió media vuelta y quedó á unos tres metros de
la vía, sufriendo •los que en él iban sólo ligeras contusiones; el
coche truck se detuvo á causa de haber tropezado uno de sus
extremos con una chavola, falleciendo tres de las personas que
en él iban, entre ellas D . Pedro U ruchurtú, alcalde de Deusto.
El número de heridos graves, algunos de los cuales fallecieron
poco después, y leves fué considerable. Los vecinos de Anzuola
con el ayuntamiento á la cabeza, los aldeanos de los caseríos
inmediatos, las autoridades y vecinos de Vergara, los padres
dominicos, los médicos de las poblaciones cercanas, todos acudieron inmediatamente al sitio de la catástrofe, prestando gran·
des servicios á los heridos y rivalizando en celo para asistirlos.
El caserío de Isturioz, que se ve en nuestros grabados, quedó
convertido en hospital de sangre. Tales son los principales de·
talles del terrible suceso, uno de tantos que con demasiada frecuencia ocurren en nuestras líneas férreas y que ni siquiera
pueden atenuarse, como acontece en la mayoría de los que en
el extranjero acaecen, por el movimiento extraordinario de las
líneas ni por la velocidad vertiginosa de los trenes, circunstancias que no concurren en nuestros ferrocarriles. Las vistas que
publicamos están tomadas de fotografias que ha tenido la amabilidad de remitimos D. L. de Regil, de Bilbao, á quien damos las gracias por su atención.
•

*
**
Aquel que no haya pecado que arroje la primera piedra... , cuadro de Rembrandt. -Tantas veces hemos tenido ocasión de ocuparnos del gran artista !lamen·
co, que cuanto dijéramos ahora sería necesariamente repetición
de lo que en otros números de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
hemos consignado. Además, en la historia del arte hay figuras
que con sólo nombrarlas se alaban: cuando se oye pronunciar
los nombres de Velázquez, Murillo, Rafael, Ticiano, Rubens,
Ribera, Rembrandt y tantos otros, inmediatamente la memoria
asocia á ellos las páginas más gloriosas de los anales de la pintura. ¿A qué, pues, hablar detalladamente de una obra deter·
minada de alguno de ellos? ¿A qué reproducir una y otra vez los
elogios que han llegado á hacerse lugares comunes tratándose
de tales maestros? Limitémonos, por consiguiente, á ofrecer á
nuestros lectores el magnífico grabado de Baude que tan cabal
idea da del cuadro en que Rembrandt representa una de las
escenas del Nuevo Testamento, aquella en que, en presencia
de la mujer adúltera y de los que la acusaban, pronunció Jesús
las sublimes palabras de caridad y de perdón que la humanidad
debiera tener siempre presentes y que por desgracia han sido
en todo tiempo punto menos que completamente olvidadas.

*
* *
Una historia de amor cuadro de A. Johnson.
- No de otra cosa que de una historia de amor puede tratar el
libro que con tanto interés lee la joven del notable cuadro de
Johnson: véase la atención que presta á la lectura, estúdiese la
expresión de su rostro, y tratándose como se trata de una muchacha en la edad de las ilusiones, cuando sus oídos apenas es·
tán acostumbradoS' á esas frases que tan dulcemente suenan en
boca del rendido amante y cuando quizás sus labios no han
pronunciado todavía una palabra de amorosa correspondencia
que el rubor mantiene en el corazón aprisionada, se comprenderá que aquella atención y la expresión aquella sólo pueden
obedecer á una causa, á la identificación de su lectora con el
asunto del libro leído, y esa identificación en el presente caso
y por lo que dejamos dicho únicamente se explica tratándose
de la historia de unos amores.

Sixto, separando con una mano las hojas del helecho y aproximando con la otra el candelero al cristal, trató de ver el interior del dormitorio

*

**
Las hermanas de la Caridad, cuadro de J oaquin Agrasot (Exposición internacional de Bellas Artes
de 1892). - Esas heroínas que el mundo conoce con la denominación de Hermanas de la Caridad, y que cual verdaderos ángeles consagran su existencia al alivio de las dolencias que afligen á la humanidad, han hallado siempre escritores y artistas
que las enaltezcan, que canten sus virtudes ó pinten su abne·
gación. Si así no fuera, si la humanidad no patentizara su reconocimiento por quien por ella se sacrifica, exponiendo su vida en los campos de batalla ó aspirando los deletéreos miasmas
hospitalarios, merecería la calificación de ingrata. Agrasot, que
como verdadero artista siente y discurre, ha tratado de representar á las hermanas de la Caridad en uno de los más interesantes escenarios do ejercen acción y prodigan sus cuidados, en
el hospital, logrando producir una bellísima composición que
cautiva por el sello de verdad que en ella ha impreso.

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
adoptado en los Hospitales de París y que prescriben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
Es el mejor de todos los tónicos y reconstituyentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
teniendo además la superioridad sobre los ferrugínosos de no fatigar nunca el estómago.

ANIE
NOVELA POR HÉCTOR MALOT, - ILUSTRACIONES DE EMILIO BAY ARD

(CONTINUACIÓN)

En la partida que Sixto deseaba comenzar, para aprovecharse de aquella ráfaga
de viento favorable que parecía haber comenzado á soplar, era indispensable que
conservarse todo esto y que no estuviese ni un momento bajo la influencia ni
del cerebro sobrexcitado, ni del estómago ahito; por consiguiente, comió poco
y bebió menos, á pesar de la insistencia del barón, cuya amabilidad y cuyas
burlas, pues de la una y de las otras echó mano, resultaron igualmente inútiles
para apartar á Sixto de su propósito de sobriedad.
·
Cuando los comensales se trasladaron desde el comedor á la sala, Sixto no se
apresuró para acercarse á las mesas de juego, que estaban preparadas ya; para
el baccarrat una grande y dos pequeñas para el ecarté: el joven quería escoger el
momento oportuno y no incurrir en la locu(a de los que corriendo detrás del
dinero se lanzan ciegamente á la lucha. Se proponía bajar á la arena con paso

firme .Y seguro; ya que un rato de suerte le había permitido recuperar trescientos luises, debía manejarse con aquella cantidad para ver si ganaba sus cuarenta
mil francos; pero sin comprometerse nunca.
Como, pensando todo esto, permaneciese Sixto en el hueco de una ventana
Arjuzanx se le acercó diciendo:
'
- ¿No me quieres dar el desquite?
- A ti es á quien corresponde dármelo.
- Estoy á tus órdenes.
- En seguida; permfteme fumar un cigarro.
Cuando acabó el cigarro se aproximó Sixto á la mesa del baccarrat, pero no se
se~tó; quería conservarse de refresco para su partida con Arjuzanx; además tuvo
miedo de agotar su buena suerte en jugadas insignificantes, figurándose por su-

�NúMERO 606

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

516

perstición de jugador que no podía contar con la fortuna para mucho tiempo y
que no debía exigir á su suerte una serie muy larga de golpes favorables; cuando
lograse unos pocos, sabría detenerse en el camino.
Por último quedó desocupada una mesa de ecarté, Sixto hiz~ una seña_a! barón, y quiso, por aquella vez, tener él mismo las cartas que habian de dec1d1r en
aquella lucha.
.
- ¿Cuánto?, preguntó Arjuzanx sentándose enfrente de Sixto.
- ¿Te parece bien que juguemos cien luises?
- Perfectamente.
Jugando aquella cantidad Sixto se creía prudente, porque no era prob~ble que
de las tres partidas que aquella puesta le permitía jugar con sus ganancias, perdiese las tres; podría defenderse caso de que la suerte se le mos:r1se adversa, y
en un momento cualquiera tropezar con la serie en que fundab1 sus esperanzas.
Al tomar las cartas se convenció Sixto, y este convencimiento le produjo gran
alegría, de que sus manos no temblaban y de que era completamente dueño de
su corazón y de su cabeza: veía, sabía y juzgaba lo que estaba hacien~oArjuzanx, al contrario, parecía conmovido, y mirándole con atención se veía
claramente que no era el mismo de otras veces; su tranquilidad, su indiferencia
característica habían desaparecido y se advertía en sus ojos negros un resplandor que les prestaba una expresión de dureza que Sixto no había observado
nunca.
Pero no eran aquellos momentos á propósito para entregarse á observaciones
de esa índole; Sixto deb ía consagrar su atención toda, entera y por completo á
su juego y al del adversario.
La fortuna, lejos de volverse contra él, prosiguió siéndole propicia.
- ¿Doblamos?, preguntó Arjuzanx.
- Por de contado; ¿no está dicho?
- Dicho queda de una vez para siempre.
- Para siempre, por lo menos hasta que nos pongamos de acuerdo para concluir este convenio.
- No reñiremos.
Poco á poco habían levantado sus cartas.
- ¿Pido?, preguntó Arjuzanx.
- Yo no quiero.
Arjuzanx tenía un juego malísimo; el de Sixto no podía ser mejor.
- No vas á tardar mucho tiempo en ganar los cuarenta mil francos perdidos,
dijo Arjuzanx.
- No me disgustaría.
- Ya ves cómo he hecho perfectamente en obligarte á comer conmigo.
Algunos de los convidados, cuando vieron que Sixto y el barón se sentaban
á la mesa de ecarté, abandonaron el baccarrat, que se arrastraba miserablemente,
y formaron corro en torno de los dos amigos, contemplándolos atentos y silenciosos.
Arjuzanx ganó entonces tres puntos, lo cual le hizo decir:
- Comienzo á defenderme.
Sin embargo, perdió la partida; pero ganó la siguiente y volvieron á comenzar
con una puesta de cien luises que también ganó.
- ¿Vamos á la dobla?, preguntó.
Sixto vaciló un instante; se preguntó á sí mismo si no estaría agotada ya su
vena; pero como había hecho cuatro puntos contra cinco se figuró que la fortuna fluctuaba aún y que le sería posible retenerla un momento.
- Sí, contestó.
También entonces hizo cuatro puntos contra cinco; pero esta vez ya no vaciló; estaba ya en descubierto y era·necesario por lo menos quedar en paz; ya que
Arjuzanx aceptaba el juego á la dobla, todo se reducía á seguir hasta que ganase
una vez; cuando esto sucediera se detendría y no volvería á tocar una carta; era
irracional, imposible, absurdo, contrario á todas las reglas admitir que esto no
sucedería alguna vez; ¡no es el juego una báscula dispuesta con arreglo á leyes,
inmutable!
- Adelante, dijo; lo mismo siempre.
Entonces se apiñaron todos en torno de los dos jugadores; pero ninguno les
hablaba, ni les preguntaba directamente, solamente por medio de ojeadas expresivas y miradas rápidas se cambiaban allí impresiones.
Sixto advirtió con sorpresa que por el cuello le caían gotas de sudor, lo cual
le produjo desasosiego; era evidente que no dominaba ya sus nervios; sin embargo, no tuvo fuerza bastante para aprovechar esta observación; estaba seguro de
que la emoción no había de quitarle su perspicacia.
Por lo menos sí le privó de su atrevimiento; por prudencia, por excesiva precaución pidió cartas y las dió cuando habría debido rehusarlas y jugar con valentía.
Después de haber perdido con aquel sistema tres partidas seguidas, resolvió
c~mbiar; no era la mala suerte lo que le hacía perder, era su torpeza y era también la calma de Arjuzanx, atento siempre á defenderse y á utilizar los·descuidos del adversario, sin que lo importante de la partida influyera lo más mínimo
en su ánimo. ¿No podría yo, se preguntaba Sixto con ansiedad, tener esa misma
calma por unos minutos, por algunos segundos que acaso serían suficientes?
Pero el cambio de método no determinó cambio de suerte; muy al contrario,
si antes había cometido errores por excesiva timidez, siguió cometiéndolos por
exagerados atrevimientos. Y cada vez que perdía exclamaba:
- Adelante; siempre lo mismo.
Los que seguían atentamente las peripecias de aquel duelo podían notar en
el tono con que la frase misma era pronunciada diferencias que decían mucho
sobre el estado de ánimo en que Sixto se hallaba; al propio tiempo su rostro y
sus manos habían perdido por completo el color.
' En la medida misma en que la puesta iba creciendo se modificaba también
1~. actitud de los espectadores; habían comenzado por mirar aquella lucha con
cierta curiosidad reconcentrada y silenciosa; al llegar al punto en que estaba, esc~pábanse de vez en cuando exclamaciones sordas, gestos, que producían en
S1x~o mayor sobrexcitación, porque cuando todos, todos unánimemente, se maravillaban de aquella desdicha, era evidente que ya no podía durar mucho;.un
solo momento de fortuna y se desquitaba de lo perdido aquella noche. No esperaba á más.
. Aún jugó otras dos partidas y las dos con igual desgracia; y como Sixto repitiese la frase «Adelante; lo mismo siempre.» Arjuzanx nada dijo; era la primera vez que no respondía á la frase de Sixto con la palabra «Perfectamente.»
El barón guardó silencio durante algunos segundos; después apoyando ambas

I

manos en la mesa, se levantó, y mirando fijamente á Sixto, preguntó con voz
muy seca y muy dura:
- ¿Cómo siempre lo mismo?
- ¿No está convenido que doblamos siempre?
- Convenido está, mientras no variemos el convenio.
A estas palabras siguió otro rato de silencio, al cabo del cual continuó diciendo el barón en él mismo' tono duro y claro:
- Y me parece que ha llegado el caso de variar. ¿Cómo estamos ahora?
Contó las fichas colocadas delante de sus cartas.
- Llevo ganadas siete partidas. ¿No es cierto?
- Sí, contestó Sixto, casi ahogándose.
- Hemos puesto, al empezar, cien luises; los cnales se han convertido, jugaodo á ia dobla, en cuatro mil francos; después en ocho mil; luego en dieciséis mil;
á la otra partida en treinta y dos mil; á la siguiente en sesenta y cuatro mil; á la
impediata en ciento vientiocho mil, y por último, en esta en doscientos cincuenta y seis mil; así estamos ahora.
Al llegar aquí el barón se detuvo y con la mirada pareció tomar á sus convidados por testigos de la exactitud de su cuenta, que había hecho sin vacilación
alguna; pero nadie pensó en asentir con el gesto, ni aun con la mirada, pues
cada cual seguía con interés el drama que, en presencia de todos, se desarrollaba y que todos comprendían y sentían que era espantoso, aunque ignorasen cómo había nacido y qué desenlace tendría.
- ¿Estamos jugando como niños ó como hombres?, continuó diciendo Arjuzanx.
Sixto no respondió; veía entonces cómo y cuánto se había equivocado sobre
las intenciones de Arjuzanx, que lejos de procurar que se desquitase de la pérdida de sus cuarenta mil francos no había tenido otro propósito que obligarle á
perder una cantidad mucho más considerable; al propio tiempo se fijaba en un
hecho, insignificante al parecer, pero que en aquellas circunstancias era decisivo:
el cuidado que Arjuzanx ponía en no hablarle á él directamente y sobre todo
en no tutearlo.
El barón prosiguió:
- Si nuestro dinero no está encima de la mesa, encima de la mesa está nuestra palabra; y puedo jugar cien mil francos y aun doscientos cincuenta y seis
mil francos bajo mi palabra, pero no quinientos doce mil que acaso exceda el
compromiso á que se pueda atender.
Calló Arjuzanx; los circunstantes evitaron cuidadosamente cruzar entre sí miradas en que pudiesen ser traducidas sus impresiones; no faltaron amigos prudentes que, por si acaso, se alejaron de la mesa de juego, bien que sin abandonar la sala: la Vigne no fué de éstos; muy al contrario, había quedado libre un
sitio al lado de su compañero y se apresuró á ocuparlo.
Pero nada indicaba que Sixto pudiese dejarse arrebatar por la ira hasta el
extremo de producir escándalo; antes bien, su actitud pareció la de un hombre
que hubiese recibido en la cabeza un golpe terrible.
Esto no obstante, transcurridos algunos segundos, se levantó y dijo:
- Es evidente que no tengo aquí esos doscientos cincuenta y seis mil francos.
- ¿Pero no está admitido entre hombres honrados que se concedan veinticuatro horas para pagar deudas de juego?

IX
Cuando Sixto se encontró en la acera de la calle sintió que alguien le cogía
del brazo; volvióse bruscamente; era la Vigne, que le preguntaba con interés:
- Pero ¿cómo has caído en ese lazo?
- ¡Ah! No lo sé...
- ¿No has comprendido que Arjuzanx iba á cosa hecha?
- Sí; demasiado tarde.
-¿Volvemos á casa?
Sixto no respondió.
- ¿Quieres que tomemos un coche?
- No, quiero estar solo; necesito andar.
- Pues te bajas del coche cuando lleguemos á Bayona.
- ¿No me dejarás en paz, hombre?
- Dispensa...
Sixto, á pesar de su trastorno, comprendió que había tratado mal á su compañero y se apresuró á decirle:
.
.
- Ten seguridad, amigo mío, de qtie te he agradecido la espontaneidad con
que te has puesto al lado mío cuando el barón hablaba.
- Era natural.
- Has creído que podría surgir una disputa; no podía ser, porque Arjuzanx
estaba en su derecho y yo no tenía razón alguna. Gracias.
Y al decir esto, Sixto tendía la mano á su amigo.
La Vigne, sin embargo, no se movía.
Pero no había dado tres pasos cuando se detuvo y dijo en voz alta:
-La Vigne.
Este se apresuró á colocarse al lado de Sixto.
- Toma, dijo entonces el capitán entregándole dos fajos de billetes de Banco.
- ¿Qué es esto?
- Cuarenta mil francos que te suplico me guardes; como te propones ir en
carruaje van más seguros en tu poder que irían en el mío; me los entregarás
mañana.
Dicho esto, el capitán dejó á su amigo en medio de la calle y la Vigne observó, con gran extrañeza, que Sixto en lugar de dirigirse hacia Bayona tomaba
el camino diametralmente opuesto, como si se propusiera ganar la playa de los
Bascos.
Esta era en efecto la intención de Sixto; su resolución estaba definitivamente
adoptada: pensaba arrojarse al mar desde lo alto del peñasco negro y cubierto
de espuma que se levanta verticalmente en medio de la. playa.
Con este propósito bajó por las calles desiertas de la ciudad hacia el Puerto
Viejo; más que andar, corría, y en en su carrera precipitada ni advertía siquiera
que azotaba su rostro el viento frío que soplaba furiosamente con un ruido siniestro que dominaba los roncos mugidos de la marea alta.
La idea del suicidio había surgido en el ánimo del capitán cuando el barón
pronunciaba esta frase: «Aunque nuestro dinero no está encima de la mesa, encima está nuestra palabra.» Sixto comprendía perfectamente que su hopor estaba comprometido; solamente poseía su existencia para pagar su deuda; la daba.

NúMERO 606

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Había el joven pasado ya los baños del Puerto Viejo y adquirió la certidumbre que la pleamar no debía de retrasarse mucho; tuando se arrojase desde el
peñasco, le recibirían las olas y le arrastrarían inmediatamente.
Sixto pensaba en su muerte sin ninguna debilidad; t-odo habría concluído;
concluído para él, concluído para los suyos, á quienes Sixto no arruinaría al
arruinarse.
Pero al pensar en los suyos, al pensar en su mujer se estremeció. ¡Ah! Al morir no sacrificaba solamente su vida, sacrificaba al mismo tiempo la felicidad de
la esposa adorada. ¡Qué desesperación, qué catástrofe, qué vacío para Anie! Solamente dos meses llevaba de casada. ¡La pobre era tan dichosa en lo presente!
¡Formaba tan hermosos proyectos para lo porvenir! ¡Y no volvía á verle! ¡Y él,
él no la había besado por última vez!..
Sixto se detuvo; vaciló unos instantes y después retrocedió para tomar el camino de Bayona. Tenía veinticuatro horas de que disponer todavía; por lo menos faltaba algún tiempo hasta la mañana siguiente en que se supiera lo que había sucedido.
¡Cuántas veces había recorrido el joven con su mujer, ambos á caballo, aquel
camino mismo que ahora seguía Sixto á pie, solo, en las tinieblas de la noche!
La evocación de estos recuerdos tuvo benéfico influjo en los pensamientos del
capitán, porque le arrancó por un momento de las angustias del hoy y del ;mañana para trasladarle al pasado, tan lleno de recuerdos dulces ó apasionados,
tiernos ó alegres.
Muy cerca estaba de Bayona cuando en medio del silencio de la noche oyó
dar las dos en el campanario de la catedral; en lugar de penetrar en la población, pasó á lo largo de las fortificaciones y bajó hasta el paseo de las Marinas.
Aquella noche su casa estaba completamente á obscuras; Anie no le había
esperado. Sixto abrió las puertas procurando no producir ruido y encendió una
bujía que estaba preparada en la meseta de la escalera.
Al llegar á la puerta de sus habitaciones se aproximó con mucho cuidado,
estuvo escuchando algunos instantes y nada oyó; indudablemente Anie se había
dormido. Entonces, en vez de penetrar en aquel cuarto, levantó con grandes
· precauciones el picaporte de la puerta de su despacho, entró en éste y volvió á
cerrar la puerta con mucho silencio.
Enc.ima de la chimenea y en el tabique de separación entre la alcoba y el
despacho existía una ventana que cerraba un cristal hermoso, cubierto con un
transparente medio bajado á la sazón; la ménsula de la chimenea, común á las
dos habitaciones, hallábase adornada en la parte que correspondía á la alcoba
con una escultura pequeña en el centro y dos lámparas á los lados, y la parte correspondiente al despacho con un jarrón, en el cual había plantado un helecho
y dos candelabros.
Sixto, separando con una mano las hojas del helecho y aproximando con la
otra el candelero al cristal, trató de ver el interior del dormitorio. Por de pronto
sus miradas se perdieron en la obscuridad; pero después, formando con la mano una especie de pantalla que proyectaba hacia adelante la luz de la bujía, vis·
lumbró en el lecho, frente á él mismo, la cabeza de Anie que se destacaba so.bre la blancura de la almohada.
Anie no se movía, no le llamaba; era evidente, por lo tanto, que dormía. Esta
seguridad le consolaba; podía disponer de algún tiempo.
Durante las dos horas empleadas en recorrer el camino de Biarritz á Bayona,
Sixto no había pensado únicamente en su mujer; había formado un plan cuya
ejecución resultaba más hacedera con aquel sueño; no quería sólo el joven besar
por última vez á su esposa, de quien iba á separarse para siempre, deseaba además que Anie tuviese y conservase sus pensamientos últimos; sentóse, pues, á
su mesa, colocada delante de la chimenea, y comenzó á escribir:
«Tus presentimientos no te engañaban: convertido, no comprendo por qué,
en enemigo nuestro, tuyo, mío, ha querido vengarse de ti, de mí; ciego, arrastrado, loco he jugado y he perdido doscientos cincuenta y seis mil francos, además
de lo que había perdido anteriormente. Al recobrar la razón he reflexio,1ado; he
visto la situación como se ven las cosas en la soledad y de noche, de un modo
claro, evidente, sin ilusión ni mentira; de esta convicción fría, serena, ha resultado la determinación - que es objeto de esta carta: - dart~ un adiós. Un
adiós, un adiós, hermosa y querida. Anie. ¡Ah, sí, querida, muy querida! Más
ahora que en los días de felicidad ... Voy á dejarte para morir. Pero el morir no
es lo que me entristece y espanta; lo que me aflige es romper para siempre nuestra dulce vida de amor; no ver más á mi Anie, y además dejar á su corazón la
duda de si habrá sido adorada como debía serlo, como oreía serlo. ¿Comprende·
rá mi Anie que quiero desaparecer porque la amo con toda mi alma, mucho más
que·á mí mismo, y prefiero - procurando lo que es mejor para ella - saber que
será viuda trágicamente, antes que esposa empequeñecida por un marido sin
honra?
»No puedo pagar mi deuda y no quiero pedir nada á tu padre, á quien esta
pérdida arruinaría. No queda, pues, otro remedio que separarme de ti, arrancarme yo mismo de tus brazos, con el pensamiento de que te dejo casi íntegra la
fortuna, desde ahora más tuya que antes, que te permitirá vivir independiente
y orgullosa.
»¿Comprendes ahora que mi amor es tal cual tú podías desearlo, y que al
morir no te abandono?
»Piensa, por el contrario, que próximo á ti, mezclada y confundida mi vida
con la tuya, me he ratificado con más fuerza en esta determinación de no volver
á verte y de dejarte que vivas sin mí en la flor de tu juventud y de tu hermosura.
»Solamente he pensado en tu tranquilidad y he dado al olvido cuán breves
fueron nuestras horas de amor. He puesto en olvido también que una mujer
adorada se me escapa de los brazos en los primeras emociones de nuestras existencias fundidas en una sola, y que ebrio de amor por ti, me separo de ti,
sollozando, hecho pedazos el corazón y soñando en la eternidad de mi amor,
cuando para mi amor no hay mañana.»

bajando ambas manos, entre las cuales había hundido su cabeza, volvió á tomar la carta, la puso en un sobre, en el que escribió el nombre de Anie, y la colocó en el sitio más visible de la mesa.
Aún no había terminado: con mucho silencio, tomando mil precauciones,
abrió uno de los cajones de su mesa, cerrado con llave; buscó después algo en
aquel cajón, procurando que no crujiesen los papeles que en él había; sacó el
testamento de Saint-Cl1risteau; después, prendiéndole fuego con la luz de la bujía, lo arrojó á la chimenea, donde el documento ardió del todo, produciendo
una llama que iluminó todo el despacho, desde el piso hasta el techo.
Con esto, cuanto Sixto había determinado estaba hecho; ya podía ir al lado
de su mujer; iban á dar las cuatro, todavía le quedaban tres horas de existir
para ella.
Cuando Sixto entró en el dormitorio, Anie levantó la cabeza y dijo como despertándose:
- ¡Hola! ¿Ya estás aquí?
Sixto se acercó al lecho, se inclinó hacia su mujer, y dándole un beso muy
tierno y muy prolongado dijo:
.
- Es necesario que no te enojes conmigo, me he retrasado... , ya te explicaré...
- Pero si no estoy enojada contigo.
Si el capitán hubiese estado más tranquilo habría notado indudablemente que
la voz de Anie temblaba demasiado para ser la de una persona que acaba de
d_espertarse; pero la emoción que le dominaba no le permitía hacer observac10nes.
La verdad era que Anie no se había despertado entonces, porque no estaba
dormida.
Al recibir el telegrama de su marido cuando le esperaba para comer, experimentó una conmoción violentísima, desproporcionada al parecer si se la comparaba con la causa insignificante que la había producido.
¿Por qué se quedaba Sixto en casa del barón? ¿Cómo olvidaba la promesa de
volver inmediatamente? Y, lo que era más grave todavía, ¿cómo no pensaba en
que después de los temores manifestados por su Anie aquel telegrama iba á sumergirla en la inquietud y en la angustia?
Era aquella la primera vez que Sixto dejaba de cumplir una palabra que hubiese dado á su mujer y la segunda que no la acompañaba en la comida, y siempre por el barón. ¿Qué le anunciaba aquella intimidad que ponía miedo en su
ánimo?
Anie no pudo comer y muy temprano subió á sus habitaciones, figurándose
que para esperar estaría allí mejor que en ninguna otra parte. Entonces comenzó
á calcular la hora probable de que volviese su marido, y de sus cálculos ·obtuvo
la consecuencia de que Sixto volvería entre diez y once.
Para matar el tiempo la joven tomó un libro y procuró leer; pero las líneas
bailaban delante de sus ojos y Anie no consiguió entender lo que leía. Si conti-

Casi inmediatamente entró Sixto en la alcoba y se dirigió al lecho

nuaba de esta manera los minutos iban á ser eternos. Envolviéndose en un abrigo salió.á la galería para contemplar el movimiento del río. La noche era triste
y sombría; ni en las aguas, ni en la tierra, ni en el cielo vió nada que ocupase su
espíritu y le arrebatara hasta el país de los ensueños, en que el tiempo se desliza
sin saber cómo.
Transcurrido algún tiempo Anie volvió á su libro, después lo cambió por otro
X
que acaso tendría más interés; pero no tardó mucho en dejarlo como había deSixto había escrito con precipitación y sin detenerse una sola vez; concluída jado el primero; tornó á la galería, allí trató de adivinar lo que no podía ver;
su carta la leyó, y entonces tuvo un minuto de desfallecimiento. ¡Cuánto la que- volvió á sus habitaciones, bajó al piso entresuelo para limpiar un fanal que de
ría! Y sin embargo, por culpa suya, locamente, neciamente la arrojaba á la des· pronto necesitaba limpieza; rompió dos juguetes de porcelana; se enojó mucho
esperación cuando le habría bastado dejar que se deslizase por sí sola su exis- por su torpeza y subió otra vez á su cuarto, donde se arrojó medio tendida en
tencia para hacerla feli1.
un sillón: allí permaneció de este modo hasta las diez.
Su propia indignación contra él mismo le sacó de aquel estado de debilidad;
( Co11cl11irá)

�NúMERO 606

L A 1LustilAc1ÓN ÁRtfstrcA

518

servicio de los buques consignados á la Goleta. Dificultades gravísimas ofrecía abrir un canal en lecho
tan fangoso, y para lograrlo ha sido preciso practicar
EL PUERTO NUEVO DE TÚNEZ
obras de extraordinaria importancia. Empezóse por
Nadie pone ya en duda la importancia de Túnez. clavar grandes estacas, hundiéndolas á 8 y 9 metros
Los 130.000 habitantes que contiene conviértenla en de profundidad para poder formar las orillas del cauna de las más populosas ciudades árabes, y su situa- nal, que miden 9 kilómetros de longitud. Realizada
· SECCIÓN CIENTÍFICA

Fig. I. Draga utilizada para la construcci6n del puerto de Túnez. -Terraplén formado por la extracci6n del fango

ción en un golfo, cual la antigua Cartago, conviértela
también en un centro comercial. Por desgracia, puede
decirse que no ha tenido puerto hasta nuestros días,
y no ha podido, por lo tanto, gozar de las ventajas
que en otro caso hubieran reportado á la ciudad africana incalculables beneficios. Situada en las riberas
del lago Bahira, sepárala del mar un arenoso istmo,
llamado Lido, en el que se levanta la histórica fortaleza llamada la Goleta. El lago presenta una superficie de 7.ooo hectáreas, más de 10 kilómetros de ancho
y una circunferencia aproximada de 36 kilómetros,
variando la profundidad entre 60 centímetros y un
metro, ya que es el vertedero de los albañales de Túnez, y los depósitos que éstos forman elevan su fondo constantemente.
A la infección de las aguas del lago hay que agregar la
imposibilidad que existe para que los buques 4e alto
bordo puedan penetrar en él, puesto que sirviendo de·
punto de unión entre el lago y el mar un estrecho canal
de 2 5 metros de ancho, sólo es dable recorrerlo á las
barcas y buques de poco tonelaje. No es posible calcular el número de operaciones y transbordos que han
de sufrir las mercancías destinadas á Túnez, que, por
otra parte, tampoco pueden desembarcarse en la Goleta. Los grandes vapores vense obligados á anclar á
1.200 ó 1.500' metros de la playa, debiendo utilizarse
grandes lanchas pai:ª el transbordo de los viajeros y de
las mercancías. Cierto es que al llegará la Goleta puede hacerse uso de la'vía férrea para dirigirse á Túnez,
ó bien de las barcas que lentamente se encaminan á la
capital, pero preciso es tener en cuenta que el precio
de transporte desde Túnez á la Goleta devenga algunas veces 60 francos por tonelada y que las barcas
encallan con frecuencia en el fango del canal ó del
lago. Tal estado de cosas hacíase insoportable para
el comercio, imposibilitando por completo las transacciones. De ahí que se celebrara un convenio á fi.
nes de 1881 entre el gobierno del Bey y la Sociedad
de Construcción de Batignolles, renunciando al poco
tiempo ésta á la concesión, pero encargándose de la
construcción por cuenta del Estado. El presupuesto de
tan importante obra fijóse en 12 millones de francos.
La creación del puerto puede considerarse ya como un hecho. Si nos fijamos en el grabado que reproduce el plano, se podrá apreciar desde luego la
economía del proyecto. Un antepuerto constituído por
un canal que cruza el mar, de 7 metros de fondo,
r.200 de longitud y 100 de ancho, corta el istmo arenoso del Lido y se prolonga por medio de otro canal en curva. R ecorridas estas distancias, ó sean los
dos canales, rodeados de rocas, conforme reproduce
nuestro grabado, penétrase en el lago. Para ello ha
sido preciso dejará la derecha y hacia el Norte un
pequeño lago de 6 hectáreas y de 2'80 metros de
profundidad, rodeado de muelles, que se destinará al

sobre el mismo lago, quitando espacio á las aguas.
En la actualidad hanse construído únicamente muelles provisionales de madera, no habiéndose todavía
resuelto la forma que han de afectar las construcciones definitivas.
Estimamos tan útil como conveniente para completar estas indicaciones consignar algunos guarismos respecto de la suma de trabajo que representa la
construcción de este puerto. Ha sido preciso remover una cantidad enorme de tierras y emplear grandes masas de materiales, como madera, piedras, cal,
etc. Hanse extraído cerca de cinco miliones de metros cúbicos de escombros, que en su tercera parte ha
sido preciso transportar á más de 20 kilómetros. Para
el dragado y extracción del légamo, la Sociedad de
Batignolles ha debido construir innumerables piezas
y aparatos de todas clases, lo mismo para la fabricación y colocación de los bloques artificiales, que para
fijar las grandes estacas, etc. El material para el dragado estaba circunscrito especialmente á una draga provista de largo conducto que vertía los escombros á
90 metros de distancia. Otra draga podía combinar•
se con otras de bomba para arrojarlos por otros tubos hasta 400 metros. Todo este material se expidió
desde París para Túnez en julio de 1888.
Por lo expuesto, vese que los trabajos se han ejecutado con admirable rapidez, siendo justo agregar
que el material ha respondido perfectamente á las necesidades de la construcción sin que haya sido nece·
sario practicar grandes reparaciones.
En agosto de 1890 terminaron las obras en el Lido, los muelles del lago en mayo del mismo año, y
erl' agosto de r 891 las de la sección del Norte.. Du ·
rante todo este período de tiempo, las dragas funcionaron sin interrupción, empleándose 700 operarios
en su servicio. El puerto terminóse por completo el
día 14 de enero del mismo año, y como quiera que
en el contrato fijóse la fecha de entrega en julio del
año próximo, resulta que la Sociedad ha cumplido
con sobrada antelación el compromiso contraído.
Gracias á ello podrá Túnez aprovecharse pronto de
su nueva situación marítima. Gran número de buques han entrado ya en los lagos y todo hace esperar
que el comercio de aquella ciudad experiméntará
nuevo y poderoso impulso.

esta operación, pudieron las dragas funcionar hasta lograr que el perfil de este canal igualara al de Suez,
de manera que los buques puedan cruzarlo sin el
menor entorpecimiento. Las dos compuertas hállanse
á 160 metros una de otra, no ocupando el perfil del
canal más que una parte de este espacio. Los taludes
DANIEL BELLA
forman una pendiente muy suave. Gran parte del lé(De La Nat11re)
gamo que extraen las dragas deposítase al otro lado
de las compuertas, de manera que forma amplios
terraplenes que en lo porvenir servirán de asiento al
doble bulevard que se proyecta construir entre la GoEL BUQUE SUBMARINO DE LA MARINA ITALIANA
leta y Túnez. En uno de nuestros grabados vese la
forma en que se acumula el légamo al salir de la draLa navegación submarina tiene para la marina miga, y en otro reprodúcese una fotografía, tomada des- litar excepcional importancia. Este problema, puesto

NúMERO 606

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tantes de los ministros de
vamento de objetos prela Guerra y de Marina. La
ciosos sumergidos, pu:- i·-~OLFE OE JÚNI~
d iendo ser al propio
maquinaria, instalada en el
. ··~:-:~~-.. ,..-l ¡
EL BAHIRA OU LAC DE TUNJS
interior del buque, facilítale
tiempo un poderoso ins··&lt;.,;,,Á'l /:-"'= ~
los medios para marchar,
trumento ó máquina de
,..~ ·•• • ______ j_______________ ..._____________ long_uturl.otal,dt l'ou.-~9! no82'!'~----···----............... ___ _
guerra.
maniobrar, sumergirse ó as_C,o,l J4.zfr1...•.•• -----------·-t.m:::'.~-----.. ---- -------------------· ·--.. ---~
cetjder á la superficie de
las aguas con la mayor faGaralje
***
cilidad. El casco hállase
provisto de varios lentes
MONEDAS DE HIERRO
que permiten á la tripulaPlano del nuevo puerto de Túnez
ción, no sólo examinar la
Los Mois, tribus semi- '
ruta que sigue el submaribárbaras que ocupan un
no, sino que también percibir los objetos sumergidos también marchar y maniobrará voluntad. Varias fue- vasto territorio al Sudeste de Cambridge, de cuyo
que se desee extraer del fondo del mar, á cuyo efecto ron las pruebas que se verificaron para comprobar reino dependen, saben extraer los minerales de hierro
está dotado de unos á modo de arpones que pueden la bondad del aparato, y una de ellas consistió en y forjan las armas é instrumentos de que se sirven.
manejarse desde el interior. M. Bolsamello ha basa- arrojar al mar grandes piezas de fundición que fue- Dan al hierro la forma de pequeños lingotes, que
do su invento en la ley del peso específico de los ron extraídas por los arpones del submarino, mane- constituyen la única moneda para los cambios y trancuerpos esféricos, que, como se sabe, soportan, cuan- jados desde el interior de éste.
sacciones comerciales.
do están sumergidos, una presión débil distribuída
Esta moneda especial sólo circula en la región del
Algunos ingenieros que presenciaron los ensayos,
por igual en toda su superficie. La forma especial á bordo del buque afirman unánimemente que el gran lago de Attapen.
que afecta este buque permítele sumergirse á mayor submarino está perfectamente adaptado para el salCierta analogía existe con la moneda utilizada por
profundidad que á los demás submarinos conocidos.
los habitantes del archipiélago de las Palaos, que,
Los ensayos practicados, según afirma el recomo se sabe, emplean grandes piedras para
dactor corresponsal de la United Service Gasus, transacciones. Estas piedras afectan la
zette, han sido completamente satisfactorios,
forma circular, con un agujero en el centro,
aun los llevados á cabo estando la mar gruesa
variando su diámetro entre veinte centímetros
y picada, ya que el buque se ha sumergido y
y un metro.
vuelto á la superficie con la mayor facilidad.
La hélice de que se halla dotado permítele
Perfil del canal del puerto de Túnez
(De La Nature)

~~r1-+-....___...

----

-

LilT .&amp;IITiPdLIQOS -

LECHE ANTEF É L

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d1 los la
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'1 Con11al4cencúU1 contra las Dta"ea, y las .Afeccú&gt;nel del B1tomago 7Ios ,ntut,no, """'

Fig.

2.

Cuando se trua de despertar el apettto, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia 7 Iaa epldemtaa provocadai por los calores, no se conoce nada.ffllperlor al Yla• de tlliaa de .t.reud.
,Pqr ma.vor. a P~ en casa de 1. FERR:t,Farmauutico, 10!, rue Richelieu, Sucaor de.OODD

Nuevo puerto de Túnez, con la vis'.a del doble terraplén

,

de Túnez, en la extremidad del canal, en que se distingue el terraplén á que nos referimos detrás del
buque que figura anclado en primer término. Hase
provisto también á Túnez de un lago de 12 hectáreas, abierto también en fangoso fondo, que alcanza
una profundidad de 6'80 metros en la baja mar. En
tres de sus lados existen amplios muelles construídos

que tal resulta, después de haber sido estudiado en
Francia, Inglaterra, Rusia y España, llama actualmente la atención en Italia.
En Civitta-Vecchia se ha ensayado oficialmente un
buque submarino inventado por el ingeniero italiano
Bolsamello, al que ha titulado Bala náutica, en razón de su forma esférica. Al acto asistieron represen-

OB VBNDB BN TODAS LAS PIUl(ClP.lLU llOTl&lt;a&amp;

11

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........ -,16Nltl l'JZ.J FUB&amp; Dv• • · · · '·rul •..J,•l\oUMall,Padil,

la ..,.._

�520

L A ILUSTRACIÓN A RTÍSTICA

HERMANAS DE LA CARIDAD,

N úMERO

606

cuadro de J oaquín Agrasot (Exposición internacional de Bellas Artes de 189 2)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTIOA diríjanse para. informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Oa.uma.rtin,
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la. oficina. de publicidad de los Sres. Calvet y Ria.lp, Paseo de Gracia., núm. 21

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Aprobada por la AC.&amp;DEIIA DE IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL 0' CORVISART, EN 1856
llhdalla, •n las E1po1lclone1 lnlunaclonale, de

PAIIIS - LYOI - VIEIIA - PIIIWELPBU • PARIS
186'7

1812

11 SIIPUJ.

1878

ls;s

con EL ■ATOR tino

11'

fJ.

18i8

DISPEPSIAS
CABTRITIS - CASTRALOIAS
DIOESTION LENTAS Y PENOSAS
IFALTA DE APETITO

PILDORASt~DEHAUT

PILDORAS ,~JARABE

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el causancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, el caltJ,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora y la comida gue mas le convienen,
sevun sus ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenleanuladopor el efecto de la
buena alimentacion empleada,ono
se decide fácilmente II volver
•'11 enipeHr cuantas veces

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Pero confrecuencta es falsificado. El APIOL

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TODOS tos ,aneamos ft'1JTB1TIVOS DB u CARNE
Cl.&amp;an, BIF.aa• y fllD.&amp; t Dles añoa de extto continuado y las afirmaciones de
todas las eminencias médicas prellban que esta aaociaclon áe i,,. Clarae, el Bierre y la
•ulaa constituye el reparaáor mas energtco que se conoce para curar : la Clordnj, la
1.ndmta, las .lletLSt~ dok&gt;ros111, el Jlmpowectmtento y la .Alteracton 41 l/J Sangre,
el Raqum,mo, laa .Afecd(ma eiscro{Ulola, y escorbutk:al, etc. .El "'•• •effaCla•N c1e
.&amp;raud es, en efecto, el IÍJllCO que reune toáo lo que entona y fortalece los organos,
re¡¡utarl%a cooraena y aumenta constáerablemcnte las tuerzas ó lnfWláe a la aan¡re
empobrecida y áescolorláa : el Y(Qor, la Coloracwn y la llMr(JúJ 01141,

verdadero1..ún1co eficaz, es el de los inven-

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a vmma BN TOD.lS LAS PRINCIP~ BOTl&lt;aS

,Querido enftrmo. -Frese Vd. &amp; mi /arta exper/eocla,
haga uao de nuettros 8RAN0Sde 8ALUD,pu111 ello,
le curar&amp;n de 10 eon1t1pacron, le darfo apetito ., 11
derolrer&amp;n el sueño y la alegr/1. - A11 rtrir&amp; Vd,
muoho, año,, a,srrucando siempre de una buena ,alud.
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~uedan reservados los derechos de propiedad artfstica y literana
llldP, DB MONTANER Y S IMÓN

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 606, Agosto 7</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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