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Ftí~t1ea
ARO XII

BARCELONA 28 DE AGOSTO DE 1893 ..,. _ _ _ _ _ __

NÚM. 609

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA U,NIVERSAL ILUSTRADA

inoeJldiQ d@l "'1IUP.oén de hielo artificial en la Exposición universal de Chicago, en el que perecieron más de treinta bomberos

�LA ÍLUSTRACIÓN ÁRTÍSTtCA

554

NúMERO 60~
mentos y cuantos objetos sean necesarios para hacer
comprender claramente al alumno la cronológica
transformación que fueron sufriendo, así la indumentaria, como los usos y costumbres de los pueblos, y
con ellos la arquitectura y la escultura.
Recientemente dió en la escuela de Bellas Artes
de París el miembro del Instituto M. Heusey una
sesión pública de Historia de la Indumentaria. He
aquí cómo refiere esta sesión uno de los diarios parisienses.
«Curiosísima ha sido la sesión ayer celebrada en la
escuela de Bellas Artes.
)) En la sala del hemiciclo llamado de Paul Delaroche (á causa de haber pintado en él este célebre artista los retratos de los principales artistas del mundo), M. Heusey, individuo del Instituto, continuó la
explicación de su historia de los trajes de la antigüedad, con la ayuda, no de maniquíes, como hasta ahora
venía aconteciendo, sino con ia de modelos de carne
y hueso.
&gt;&gt;En dos horas reconstituyó á nuestra vista varias
épocas de Egipto y de Asiria, no en sus monumentos, sino en sus modas. J. Bian mismo, acostumbrado
á vestir las reinas de tragedia ó de drama lírico y que
asistía á esta sesión, tenía celos de la facilidad y propiedad exquisita con que aquel sabio y artista práctico ceñía y plegaba el suave lino á los cuerpos de los
modelos que representaban Faraones, y las lujosas y
caras telas con que vestía á los niños que recordaban
á los hijos de Asuero. Todo esto en medio de unánimes aplausos de los concurrentes.
»M. Heusey, para concluir, nos representó sobre un
trono rodado de la época S. V. P. á un monarca del
siglo x con la tiara en la cabeza, la maza de armas en
la mano y la espada en la cintura.))

Pizarros, Hernán Cortés, Juan de Austria, gran duque
de Alba y Alvaro de Bazán. Si creyentes fervorosos
hasta el fanatismo, sin embargo, no miraban mucho
que digamos hacia el cielo, antes por el contrario,
altivos y fieros, batalladores hasta llegar con sus proe•
zas á rayar en la epopeya, los músculos de sus cuellos estaban rehacios á toda flexión que significara le········•··
Texto. - Cró11ica de arte, por R. Bals~ de la Vega. - La E x - vantar la cabeza para la contemplación de alguien
posición ttniversal de Chicago, por A. --' Lo que vi de la Co- más alto que ellos mismos. Ni sus ojos se alzaban
muna de París, por Archibaldo Forbes. - Miscelánep. - tampoco de la altura aquella que medía la talla del
Nuestros grabados. - Una francesa en el polo Norte (conti- que osara cruzar con el suyo su acero. Ni aun para
nuación), por Pedro Mael. - SECCIÓN CIENTIFICA: El puen· jurar, en los rostros de tales gentes se reflejaba gran
te palacio en la ria de Bilbao. - Libros enviados á esta Recosa la unción, el misticismo que trata de imprimir
dacción por autores ó editores.
·
Grabados. - Incendio del almacén de hielo a,•tijicial en la á la arrobada cabeza de Legazpi el Sr. Querol. Los
Exposiáón tmiversal de Chicago. - Tres grabados más, co- nobles y los guerreros, españoles todos que ceñían
rrespondientes á otras tantas secciones de dicha Exposición. hoja de acero toledana ó florentina, juraban puest~ ó
- R etrato del conde de Anmdel, pintado por Van Dyck. Fusilamiento por los comunistas de los rehenes que tenlan en extendida la mano sobre la ·cruz de su espada, ó b1ell'
la cárcel de la Roq11ette; Conducrión de prisioneros com1mis- empuñándola solamente. Y aun cuando mi amigo
tas; Fusi/amimto de rehenes por los comttnistas en la calle de el Sr. Querol lo crea extraño á lo que voy diciendo,·
Haxo (1871). - En el templo de Baco, cuadro de Juan Muz- le recordaré sin embargo que muy escasos fueron los
zioli. - Un desafio m Albania, cuadro de Pablo Ivanowitch.
-Figuras 1, 2 y 3. Vista parcial del puente palacio en la ria motes de los blasones de la nobleza de Castilla donde Bilbao; Visla superior del puente palacio; Conjunto de de se leyera una frase mística. Recuerde: «Después
éste, visto desde la iglesia de Portugalete. - B11e11os camai-a- de Dios, la casa de Quirós;» «Con enemigos y sin
das, dibujo de P. Golleron.
enemigos,» «Luchando siempre,» «A mi vista hu.......,.......................,......,......,......,......,......,.......................,.............,......,................,.. yen, » y era un hacha de armas sobre campo rojo.
Pues bien: vístansele á Legazpi hábitos iguales á los
CRÓNICA DE ARTE
que viste el P. Urdaneta, y parecerán ambos una misma figura. Para mí no ha adivinado el Sr. Querol á
La vida artística sufre en Madrid una paralización Legazpi, representante del poderío de España en los
completa. El calor horrible que estamos soportando días de Felipe II.
con más resignación que Silvela á D. Antonio, obliEn cambio la figura del P. Urdaneta peca de degó á las gentes que disponen de su dinero y de su masiado movida. Bien es cierto que el célebre fraile
persona á salir precipitadamente para lugares donde era un temperamento enérgico, más, mucho más relas brisas marinas ó las umbrías de las montañas y suelto que Legazpi; pero ante el simbolismo al cual
de los bosques hagan tolerable la temperatura eleva- debió sujetarse el artista, claramente expresado en el
da que hace días viene sintiéndose en toda ó casi to- lema Patria Fides, al de Urdaneta corresponde de
derecho simbolizar la R eligión, como á Legazpi la idea
da la península.
Madrid ha quedado por nuestro; y nosotros somos de la Patria. Y esto en cuenta, paréceme al ver así
Otra noticia que acabo de leer en La Liberté me
los periodistas, los empleados, «algún que otro minis- trocados los papeles, que por equivocación el señor
tro, » media docena de directores, subsecretarios, aca- Querol le puso faldas al que debía llevar las calzas. hace pensar en la enorme paralización que, sobre la
démicos y magistrados de tanda y los mangueros y
Por otro lado, las dos figuras con el mismo movi- que hoy se advierte, van á tener las artes en España,
barrenderos de la villa. Los artistas levantaron el miento de cabeza, el paralelismo de las actitudes, la con motivo de las desdichadas economías con que
vuelo, y no el de la fantasía, y desaparecieron de esta ausencia del motivo principal, de lo que motiva la tan fieramente se castiga en estos presupuestos el
abrasada y pestilente capital de la monarquía españo- inmortalización del fraile y del soldado, de la tierra, de Fomento.
El ministro de Bellas Artes de Francia ha confiado
la. En l_os escaparates de los mercaderes de cuadros en fin, que iban á gobernar y á concluir de someter
no se ven más que obras de antiguo conocidas, ó ta,- á nuestro dominio, todo esto hace del monumento una misión á M. Antony Valabrigue con el objeto
blitas de esas que á última hora, en cuatro trancos, una obra cuya idea generadora está incompleta. Por- de que estudie los museos del Este y del Norte de
entre trago y trago de cerveza y desvanecimientos que yo no creo que la figura que aparece entre las Francia, de Bélgica y de Alemania.
&lt;(Poeta y escritor de arte, Valabrigue viene estuproducidos por el calor que convierte los estudios en columnas del pedestal y sentada en la basa del prihornos, hicieron aquellos pintores que no han podi- mer cuerpo represente á Filipinas. Si mi memoria no diando hace largo tiempo los grandes y los pequeños
do resistir la nostalgia del dolce far niente que aco- me engaña, pues en este instante no tengo á la vista maestros del siglo xvn y del xvm,
»Amante - dice el periódico de donde copio estas
mete mirando el flujo y reflujo del mar, ó escuchan- copia fotográfica alguna del proyecto, esta figura más
do cómo el viento entona sus monótonas y adorme- simboliza la Historia - ese eterno ripio de la escul- líneas - de los caracteres independientes y que se
cedoras sinfonías entre las hojas de los árboles.
tura moderna, - que no otra cosa. Además, si por aca- revelan por su originalidad, busca en todo el modo
Volviero~, pues, sobre su acuerdo cuantos pintores, so representara á Filipinas, ni el lugar adonde relegó de reconstituir, con gusto y gran conciencia del cará principios de verano, hicieran formal promesa de el escultor la figura ni su carácter é indumentaria go que le está confiado, las más puras glorias del arno abandonar á Madrid. Y con los pintores se mar- están dentro de la verdad relativa, que si&lt;;mpre debe te francés.
»Después de haber examinado algunos de los mucharon poetas y literatos, músicos y actores; tan sólo existir en la obra de arte de este género.
quedan aquí dos ó tres nombres en las letras y en las
¿Bellezas? L1s tendrá grandes cuando Querol des- seos del Norte y del Este de Francia pasará M. Valabri•
artes, esperando la ocasión propicia para también arrolle á todo su tamaño esta obra. Entonces podrá gue-al Sud de Alemania con el objeto de visitar Augsellos dar en el campo espacio á su espíritu.
admirarse cómo el autor de La Tradición convierte burgo y Munich. Hará una detenida visita á los maesLos escultores son los que no se han movido de en carne palpitante, mórbida ó tendinos::t, según de tros franceses, cuyas obras son numerosas en Dresde
Madrid. Amarrados al bloque de mármol ó al barro, quien trace la figura, la informe masa de barro ó el y en Berlín. Esta visita dará por resultado una copor la índole de su arte forzosamente tienen que ha- enorme bloque de mármol; entonces podrá admirarse lección de documentos y estudios interesantísimos.»
Lo mismito que en España. Es verdad que aquí
cer de la necesidad virtud. Y aquí están. El mismo cómo expresan los rostros de esas hoy figuritas casi
Querol que debía haber partido para Carrara hace un deshechas cuanto el artista quiere que expresen; en- no nos hace falta para nada la reconstitución de la
mes, todavía se encuentra entre nosotros. Es verdad tonces paños y armaduras serán de tela y de acero Historia de nuestro arte. Cierto que nuestras artes
que el contratiempo que le produce la forzosa perma- respectivamente: entonces aparecerá el escultor en industriales, nuestra arquitectura, nuestras mismas
artes de la escultura y pintura son tributarias del exnencia en esta corte, se lo ha compensado la noticia todo su valer, y cuenta que éste es grande.
oficial en la que desde Manila se le comunica ·haber
tranjero; cierto que aquí no tenemos un solo libro de
donde sacar en limpio cuál ha sido ya y debe ser el
sido premiado su boceto Patria Fides, con que asistía
valor de nuestro arte; pero ¿no les parece á ustedes
al concurso abierto en aquella capital para elevar un
monumento á Legazpi y al P. Urdaneta.
Hace días recordaba yo al Sr. Moret, ministro de que entre esto, que al cabo produce beneficios positiQuerol y Farera han sido los vencedores en esta Fomento, que debía plantearse, si no venían mal da- vos, y regalar á un contratista de envases de merculucha; Querol alcanzando el primer premio, Farera el das, su proyectado plan de enseñanza, cuando este rio 600.000 pesetas, lo segundo es lo legítimo?
accésit. Cataluña sigue, hasta el presente, arrollando plan hubiera sido aprobado por el Consejo de Inscon sus escultores á los de las demás provincias.
trucción pública; y que para entonces veríamos entre
Yo que he visto varios de los bocetos enviados á varias anomalías, perfectamente perjudiciales para la
Manila para el citado concurso, entiendo que el de enseñaza, una á propósito de la cual le llamaba la
El notable escultor sevillano Susillo ha sido encarQuerol, teniendo grandes cualidades - no en vano su atención; pues siendo la nueva asignatura de Historia gado por el ayuntamiento de Sevilla para modelar la
autor figura entre los escasísimos escultores de gran y Teoría del arte de una necesidad grande, con el sis- estatua de la infanta Luisa Fernanda, que deberá
talla de.España, - sin embargo, me pareció y me sigue tema económico de las acumulaciones se convertiría erigirse en la ciudad del Guadalquivir.
pareciendo una de las obras que no inmortalizarán el en lastre intelectual inútil.
nombre del artista tortosino. Quizás la rapidez con
La enseñanza de la Historia del arte como de la
R. BALSA DE LA VEGA
que está concebido y desarrollado el pensamiento Teoría precisa que la den personas idóneas que haMadrid, 14 de Agosto de 1893.
haya sido causa de las deficiencias que yo encuentro yan dedicado su vida á estudios de esta índole y que
en esta obra; siendo la deficiencia principal, á mi además reunan la condición esencial de poder hacer .,.,,.,,,,,i-,,,,,,.,,..,r,,•,,,.,,.,,,.,,.,,,.,,.,,..,,.,... ,1.,••,,,.,...,1., ,..,,.,,.,,,,,,.,,,,,,.,,,.,,••••••,.,...,,.,,... 1•,
:nodo de ver, la de no estar comprendidos los carac- sus explicaciones por los medios gráfico y plástico.
teres morales de los estatuados; y más que esto, por
Así fo entienden en Francia, en Inglaterra y en LA EXPOSICION UNIVERSAL DE CHICAGO
no estar en el fraile y en el guerrero simbolizado el otras naciones, y así lo ha entendido la academia de
lema Patria y Fe.
Más de la cuarta parte del palacio de la Industria
Bellas Artes de San Fernando. al conceder al señor
Creo firmemente que Querol meditará sobre esto Arroyo la cátedra de Historia y Teoría del arte ocupa la sección de los Estados Unidos, tres veces
que desde estas columnas le digo. No eran los mili- que se explica en la escuela superior de Pintura, Es- mayor que la de Francia ó la de Alemania; pero si
tares, los guerreros españoles de los siglos pasados, cultura y Grabado. Sobre sus contrincantes, por otro los objetos en ella expuestos guardaran en punto á
fáciles de confundir con los de n\).ción alguna, y mu- lado sapientísimos, tenía el Sr. Arroyo, á juicio del cantidad la misma proporción que tienen en la francho menos los que luchaban en aquel siglo de los tribunal, la condición de poder dibujar trajes1 monu- cesa ó en la alemana, es decir, si el número de los
n-.~·..,.

;

NúMERO 609

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

555

mismos de igual clase se
habilidad y de ese gusto
limitara al de los que en
que el trabajador europeo
esas dos otras secciones se
puede decirse que respira
han juntado, las colosales
en el taller y lleva disuelto
dimensiones que hoy preen la sangre, siendo el consenta quedarían consideratinuador de una obra cuya
blemente reducidas. Adetradición se han transmimás, entonces el efecto
tido unas á otras innúmeque ahora produce la desras generaciones.
medida abundancia desA la entrada de la secaparecería en buena parte,
ción norteamericana y en
y se vería que la instalael centro del palacio de la
ción norteamericana está
Industria álzase una espemuy por debajo de las inscie de campanario de cuatalaciones de las naciones
renta metros de elevación,
más adelantadas de Euroque
se ve en el grabado
pa, y en algunas ramas de
que
reproduce
aquélla: en
la industria, especialmenel cuerpo inferior, cuyos
te de las industrias artísángul&lt;?s están coronados
ticas, resultaría verdadepor cuatro torrecillas, tiene
ramente pobre.
el directorgeneral de la ExEl examen atento de la
posición varios elegantes
sección industrial de la
salones; en el superior hay
América del Norte es uno
un
reloj con un carillón que
de los varios desencantos
ejecuta
escogidas piezas.
que experimentan los qut
Una de las pocas instalavisitan el parque Jackson.
ciones que constituyen una
EXPOSICIÓN UN IVERSAL DE CHICAGO, - La seccióc de los Estados Unidos en el Palacio de la Industria
Cierto que allí la industria
excepción hasta cierto
se presenta con caracteres
punto de lo que llevamos
grandiosos y abarca todo lo imaginable; pero sólo tante y que contribuyen no poco al buen efecto que
dicho acerca de la industria americana es la de los
brilla por la precisión con que aparecen elaborados causan las del viejo continente. En éstas admíranse
j~yeros
de Nue_va York _Tiffani y comp¡ñía, razón solos objetos: todo se hace con máquinas que producen Tos más hermosos productos del arte industrial tales
cial
muy
conocida también en nuestro continente: en
.
'
de una sola vez docenas, centenares, millares de és- como tapices,
bronces, estatuas, esculturas, porcelasu grandioso pabellón y dentro de aparadores forratos; pero cuando se contemplan los muebles, los bron- nas, metales labrados, encajes, etc.· en la de los Esces, los artículos de plata y los de uso corriente, cuan- tados Unidos todo es frío, y lo úni~o que en ella so- dos de e~pejos cent~llean á millares las más sorprendo se admira la inmensa cantidad de lo producido, ?resale son joyas, piedras y metales preciosos, relo- dentes piedras preciosas, rubíes, esmeraldas, brillanse ve que falta en todo el sello individual, se echa Jes y otras cosas por el estilo. El artículo adocenado tes como nueces y otras varias por valor de muchos
millones.
de menos la mano del trabajador que imprime el predomina por completo, y en él no cautiva la forma
Las joyas en que estas piedras están montadas y
verdadero carácter, se observa, en suma, la ausencia por lo artística, sino por lo práctica, y en este concepmult_itud
de objeto_s d_e oro y plata que allí pueden
completa de estilo nacional en el conjunto.
to sí que tienen allí mucho que aprender los euroLa sección norteamericana en el palacio de la In- peos.. Pero éstos llevarán siempre gran ventaja á los a_dm1rarse son de dtbu~o elegante, de un gusto exquidustria es un amontonamiento de productos fabriles amencano~: ~ucho de lo qu~ en América se produce sito; p~r esto hemos dicho que esta instalación es una
hecho sin orden ni concierto: cada expositor ha cons- pued~ ser imitado y. aun falsificado por nuestros in- excepción de la regla general; pero... esos dibujos,
truído á su antojo su instalación sin obedecer á plan dustn~les; e_n ~amb1~ el ya_nkee, por. regla general esas m?ntu~s débense á artífices de Europa que la
alguno, y así corno todas las secciones europeas osten- ten~ra que hm1tarse ª. exa_mmar platónicamente, por casa T1ffam h~ llevado á los Estados Unidos, y de
tan artísticas fachadas y elegantes vestíbulos en don- decnlo así, la producción industrial de Europa· pues aquí que al senalar la excepción hayamos añadido
de prese~tan instalados con el mejor gusto los obje- aun prescindiendo de lo caros que resultarían Íos ar'. que sólo lo era hasta cierto punto, porque en resumitos más importantes, en aquélla falta el sentimiento tículos á causa de lo elevado de los jornales difícil das cuentas resulta que en todo ello el yankee ha
puesto el dinero y el europeo el arte. Con lo cual
artístico y aun el confort que tan gratos son al visi- había de serle llegar á tener obreros dotados' de esa
queda aquella regla una véz más confirmada.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -

La sección francesa en el Palacio de la Industria

�556
Francia ocupa uno de los puestos de honor en el
centro del palacio de la Industria, y su instalación
produce admirable efecto, confirmando los productos
en ella expuestos la merecida fama de que gozan los
franceses de ser los primeros en punto á industrias
artísticas y demostrando á la vez los incesantes progresos que en esas ramas del saber humano realizan.

LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

preeminencia: en la primera se han fabricado ha~ta
ahora las piezas grandes; en la segunda se confeccionan comúnmente los pequeños tapices destinados a
la venta ordinaria, y las telas para muebles, en las
cuales se reproducen preferentemente los encantadores cuadros de Watteau.
De estas telas se ven algunas en los muebles que

N úMERO

609

palma en la Exposición de Chicago, y hasta los mismos alemanes confiesan que si en algunas cosas ha
quedado por debajo de Alemania, en muchísimas, en
las más importantes, la deja muy atrás.

Los productos italianos ocupan en el palacio de
la Industria un espacio bastante reducido, casi la mitad del área que tienen las secciones belga ó japonesa; pero la pequeñez queda sobradamente compensada con el gusto que caracteriza a los italianos en materia de industrias a rtísticas. Además la colocación
de los objetos expuestos es tan elegante que bien
merece esa sección el calificativo de monada del
gran certamen.
Lo primero que se encuentra al entrar en ella es
un busto bastante bueno del rey Humberto, alrededor de cual hay agrupadas multitud de bellísimas
esculturas de mármol y de madera, muchas de ellas
muy notables y algunas admiradas ya en anteriores
Exposiciones.
Varias casas venecianas exponen artísticos bronces, artículos de cristal magníficos y casi por nadie
igualados, muebles tallados reproducciones de antiguos modelos y hierros labrados; Florencia presenta
sus mayólicas y fazences, copias en su mayoría de esos
viejos y preciosos ejemplares que en Italia tanto
abundan, y los milaneses tienen allí hermosas sederías y otros tejidos. Pero lo que más se admira en la
sección italiana es la riquísima colección de encajes
venecianos, entre los que sobresalen los de Burano.
La antigua y un día floreciente industria encajera
había casi por completo desaparecido en la ciudad
de las lagunas, cuando hace aproximadamente veinte años una ilustre dama italia na fundó en Burano
una escuela de encajes en donde la generación joven
pudo aprender tan delicado arte bajo la dirección de
viejos maestros.
Los resultados de esa patriótica empresa pueden
admirarse actualmente en la Exposición de Chicago,
y á ellos se debe que los encajes venecianos hayan
reconquistado la universal fama de que un tiempo
gozaron y que temporalmente habían perdido.

Para terminar este artículo descriptivo de los grabados que referentes á la Exposición de Chicago publicamos, réstanos sólo dar cuenta del incendio ocurrido el día 11 de julio en los grandes almacenes en
donde se fabricaba el hielo artificial. E l origen del
siniestro se atribuye a las substancias químicas destinadas a esta fabricación que en aquel local había
acumuladas y que en un instante convirtieron el edificio en una inmensa hoguera. Los bomberos se situaron en la torre central, para desde allí dirigir mejor los chorros de agua que arrojaban po:entes
EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO, - La sección italiana en el Palacio de la Industria
bombas de vapor: de pronto la torre se hundió cayendo en medio del espantoso brasero, y aquellos
Esto unido a la practica que tienen en materia de expone Francia y que por la variedad de sus estilos héroes, víctimas de su deber, perecieron carbonizados
exposiciones permitía,asegurar de antemano el triunfo forman una colección de gran interés, tanto más, unos _y aplastados otros en la calle adonde se arrojade Francia en la de Chicago, y así ha sido efectiva- cuanto que los ebanistas expositores han dispuesto ron buscando contra una muerte segura una salvamente: la victoria de la industria francesa ha sido sus instalaciones de modo que el visitante pueda ver ción imposible.
· completa, sobre todo en aquellas ramas, en que los en ellas habitaciones completas en las cuales no fa!A pesar de esto, pocos instantes después otros cinfranceses son los primeros y los americanos los úl- ta el menor requisito, no sólo en lo referente al mue- cuenta bomberos y algunos soldados ingleses subietimos.
blaje, sino que también en cuanto tiene carácter de ron al tejado del edificio principal, en parte incóluLa fachada de la sección francesa que da a la ave- adorno, como cortinajes, alfombras, bronces y demás me todavía; pero las llamas que ardían en el interior
nida principal del palacio, sin ser tan artística como accesorios de las viviendas modernas.
no tardaron en atacar aquel punto y el techo comenla alemana es imponente y digna de los objetos que
Conocidos en todo el mundo son los magníficos zó a hundirse. Aplicaronse escaleras a las paredes;
contiene: domina en ella un grandioso portal ador- productos de la fábrica de porcelana de Sevres; el pero el calor era tal, que se hacía m·uy peligroso ennado con banderas, por_el cual se penetra en el patio número de los expuestos en Jackson Park supera al caramarse por ellas: esto no obstante, algunos bomde honor característico de todas las exhibiciones fran- de los que figuraron en la última Exposición univer- beros, dando pruebas de un valor heroico, lograron
cesas, en donde hay expuestos los artículos de todas sal de París y hay entre ellos algunos ejemplares salvar a algunos de sus camaradas en medio de las
las manufacturas del Estado y en cuyo centro álzase nuevos.
frenéticas aclamaciones de la numerosa muchedumla estatua de la R epública, modelada por Falguieres
La sección de bronces ostenta preciosos objetos, bre que contemplaba el siniestro espectáculo.
en veinte días, según se dice.
sobresaliendo por encima de todos ellos el magnífico
El número de muertos no bajó de treinta, siendo
Las paredes esta.u colgadas de los últimos produc- y colosal jarrón dibujado y modelado por Doré que mucho mayor el de heridos á consecuencia de la catos de las famosas fábricas de Gobelinos de París y figuró en la Exposición universal ,de Barcelona. La tá5trofe.
Beauvais, verdaderas obras maestras, únicas en su de piedras preciosas y labores de orfebrería contiene
El incendio produjo naturalmente gran agitación
género, cuya perfección nadie ha podido superar ni muchas mara villas que merecen figurar como las pri- entre cuantos se encontra ban en J ackson Park, y los
igualar siquiera. E ntre todos esos preciosos tapices meras en su género en la feria del mundo. No menos expositores y guardianes de las galerías, aun las que
llévase la palma en Chicago el conocido con el nom- que ésta llaman la atención las secciones de confec- estaban más lejos del fuego, se apercibían ya para
bre de E l ahijado de las hadas, salido de la fábrica ciones y artículos de tocador parisienses, epecialida- poner á salvo los objetos de más valía, caso de que el
de Beauvais, en cuya confección se han empleado des en que París impone la moda al orbe entero.
fuego se propagara.
cincuenta años y cuyo valor no baja de dos millones
Pero lo que más interesa y sorprende en la sección
Pero gracias al valor de los bomberos y al viento
y medio de reales. Enfrente de éste admírase otro francesa es la parte destinada en el primer piso a las favorable, el incendio fué localizado; de lo contrario
tapiz, también preciosísimo, que es una alegoría de artes liberales: grandes cuadros al óleo, que represen- hubiérase propagado á otros edificios de la Exposilas artes y de las ciencias, segú n un boceto de Ehr- tan las principales ciudades de Francia, alegorías, go- ción, y no es aventurado asegurar que, de haber sumann, y está destinado a la Biblioteca N aciana! de belinos, etc., adornan la escalera que conduce á cedido así, la catástrofe hubiera sido tan horrorosa
París.
aquellos salones, por l03 cuales circulan los visitantes - que á estas horas estaría convertido en llanura cuGeneralmente goza de más fama la fábrica de Go- asombrados ante la importancia de lo que en ellos bierta de ruinas y cenizas el parque de Jackson en
belinos de París que la de Beauvais, pero á juzgar por se exhibe.
donde tantas maravillas han juntado el genio y el
lo expuesto en Chicago no esta muy justificada esa
En suma, Francia, como de costumbre, llévase la trabajo. - A.

RETRATO DEL CONDE DE ARUNDEL, pintado por Van Dyck (existente en la colección del duque de Sutherland)

�558

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LO QUE VI DE LA COMUNA DE PARÍS porque podía denunciará un comunista, revelando en
dónde se ocultaba. Las mujeres eran las que más afán
tenían en cumplir con este patriótico deber; conocían
IV
los escondrijos donde los pobres diablos se hallaban
Las llamas del palacio de las Tu11erías, rociado con ocultos, y apresurábanse á conducirá los soldados de
petróleo, quisieron competir al parecer con la suave Versalles al sitio con la alegría de verdaderos demoluz de la mañana, produciendo vívidos resplandores nios. Uno de los comunistas que cogieron era hom·

Fusilamiento por los comunistas de los rehenes que tenian en la cárcel de la Roquette (24 de mayo de 1871)

que iluminaron á míseros franceses, los cuales se regocijaban en el espectáculo, haciendo fuego al mismo
tiempo contra sus compatriotas á favor de una barricada. ¡Cómo ardía el palacio! Las llamas se enseñoreaban en las históricas habitaciones, convirtiendo en
brasas el rico mobiliario, lamían los techos, haciendo
saltar los cristales y salían fuera. El ala del edificio á
que se daba el nombre de Príncipe Imperial, enfren·
te del jardín, fué la primera donde comenzó sus estragos el devorador elemento, y á las ocho de la mañana casi toda aquella parte del edificio se había
consumido. Cuando yo llegué á la extremidad de la
calle del Delfín, las rojizas llamas elevábanse desde
el ángulo que da frente á los jardines reservados á la
de Rfvoli: allí estaba el pabellón Marsan, que com·
prende las habitaciones ocupadas por el rey de Prusia y su séquito durante su visita en París en el año
de la Exposición. Voraces llamas salían en aquel.roo·
mento por la ventana junto á la cual solía sentarse
Bismarck para fumar, contemplando la ciudad de
París y sus habitantes. De repente oí un pavoroso estruendo. ¿Era una explosión, ó la caída de algún te·
cho? No lo supe; solamente vi una espesa columna
de negro humo y un mar de chispas, algunas de las
cuales llegaron hasta mí. Me pareció prudente mantenerme á respetable distancia de aquel sitio, y en su
consecuencia me dirigí á la plaza del Palacio Real,
que no era muy segura aún á causa de las balas y
granadas que llegaban de continuo de las inmediaciones de la casa ayuntamiento. Frente á mf elevábase
la gran arcada por donde las tropas debían penetrar
en la plaza del Carrousel, é ignoraba si allí se hacía
fuego aún. Si hubiera sido posible romper la arcada,
todavía se podía salvar el Louvre con sus artísticas riquezas. Las llamas se corrían de una ventana á otra
y de chimenea en chimenea, y llegaban ya más allá
del arco; el pabellón de la Biblioteca, que ponía en
comunicación las Tullerías con el Louvre y que se
mandó construir por el · último emperador para establecer allí su biblioteca privada, era ya pasto del fuego, y si no se hacía algún esfuerzo para contener el
progreso de las llamas, el Louvre y sus inapreciables
tesoros quedarían pronto reducidos á cenizas. A decir verdad, el fuego estaba ya en el Louvre, ó poco
menos, pues el pabellón de la Biblioteca se consideraba como una parte de aquél, y lo mismo sucedía
en el palacio real y en la casa de la ciudad, donde
la hez de los comunistas se ocultaba entre los incendiarios; el ministerio de Hacienda y otros varios edificios públicos y particulares ardían también.
Me alejé triste y profundamente disgustado de
aquel espectáculo de inicua destrucción; pero aún me
condolió más el que presencié después. Los soldados
de Versa11es, estacion_ados al pie de la calle de San
Honorato, entreteníanse en cazar comunistas; y la
clase baja de los parisienses me pareció .entonces lo
más vil y despreciable, á la vez que ·lo más cruel que
he conocido. El día anterior había gritado: «¡Viva la
Comuna!,)) sometiéndose á ser gobernado por ella; y
hoy se restregaba las manos con indecible regocijo

bre alto, pálido, sin sombrero, cuya expresión no tenía nada de innoble; su labio inferior temblaba, pero
su mirar era resuelto, y hasta traslucíase en los ojos
cierto orgullo.
- ¿Es un verdadero rebelde?, pregunté á la perso·
na que estaba á mi lado.
- Me parece dudoso, contestó; creo que es un lechero á quien debe algunos cuartos la mujer que le
ha denunciado.
Un momento después todos comienzan á gritar, y
mi vecino más que todos: «¡ Matarle, matarle!» Y las
mujeres son las que más se hacen oír. Un brazo se
levanta en el aire, en el que se ven los galones de
oficial; el desventurado prisionero recibe el primer
golpe en su cabeza desnuda, y después otro y otros
que le descargan con las culatas de las carabinas; el
infeliz cae, se vuelve á levantar, rueda por tierra de
nuevo, pero los golpes menudean siempre sobre el.
Cierto impulso británico me induce á esforzarme para
llegar hasta la víctima, deseoso de salvarla si es posible;
mas no hay medio de penetrar á través de la multitud. Se hace fuego sobre el cadáver, y como si esto
no bastase, descárganse sobre aquel cuerpo inanimado más golpes aún, que resuenan como los que se
dan sobre una masa inerte. No faltó allí, sin embargo, alguna mujer que tenía sentimientos de tal, pues
en vez de gritar «¡matadle!» se desmayó, y apenas recobrado el conocimi~nto, separóse de la multitud,
avergonzada sin duda, para volver á su casa. .De to·
dos modos, la verdad es que la dignidad de hombres
había muerto en la soldadesca de Francia, pues de
no ser así, no habría cometido semejantes actos.
La Comuna se hallaba ya en una situación desesperada, pero era dura para morir, y aún mostraba
sus colmillos ensangrentados. Ya no tenía terreno alguno al Oeste del bulevard Sebastopol desde el río
al Norte de la Puerta de San Dionisio; la plaza Vendome habla sido tomada á las dos de la mañana des·
pués de una lucha tenaz; el último comunista de su
guarnición habla caído, atravesado por las bayonetas,
en la gran barricada de la ca11e Real, y el grueso de
las fuerzas de Versa11es se podía concentrar ahora sin
temor hacia la Magdalena. Sin embargo, los feroces
jefes de la Comuna estaban aún en posesión de la
casa ayuntamiento, contra la cual dirigían un nutrido fuego las baterías de Versalles. No se hubiera podido hacer más bombardeándola. Los comunistas, de
espaldas á la pared, batíanse encarnizadamente, no ya
para salvar la vida, porque ésta les importaba poco
aparentemente, sino para hacer todo el daño posible
antes de morir. Los de Versalles no se atrevieron á
terminar pronto aquella lucha, atacando directamente las barricadas que había alrededor de la casa
ayuntamiento, sin duda porque temían las explosiones; pero minaban y proseguían sus trabajos de zapa,
rompiendo paredes y avanzando p9co á poco; de
modo que· solaménte sería cuestión de algunas horas
atravesar el cordón. Entretanto los comunistas sembraban el fuego y la destrucción sobre París con salvaje furia. Tan pronto caía una lluvia de bombas so-

NúMERO

609

bre los Campos Elíseos como se oía reventar un o~ús
en el batido bulevard Haussmann ó estallar una granada hacia la avenida de la reina Hortensia. Cortado el camino desde la Chapelle y la estación del Norte, los comunistas se aferraban aún á la barricada de
la ca11e de Lafayette, cerca de la plaza de Moutholon: sus defensores tenían abierto el camino de la retirada en dirección á Belleville. Los prusianos, sin
duda, les habían dejado allí por retaguardia, como
los dejaron en la Chapelle; pero Belleville no estaba
bien resguardado ni por delante ni por detrás, y á mí
me pareció que era muy posible que durante algunos
días se prolongase la lucha en aquella escabrosa y
turbulenta región, pero que allí tendría la Comuna
su último punto defensivo. En cuanto á los que se
hallaban en la casa ayuntamiento, podía decirse que
estaban entre la espada y la pared; por fuera el enemigo armado, y dentro el fuego encendido por los
mismos defensores. ¿Consentirían éstos en ~asarse, ó
arriesgarían la vida en la punta de Ia- bayoneta? Esta
fué la pregunta que yo me hice al alejarme de los
soldados que golpeaban los cadáveres en los lechos
de flores del jardín de la Torre de San Jacques, tratando inútilmente de ver algo de la casa ayuntamiento desde el Puente Nuevo. La fachada que da hacia
el muelle estaba oculta por espesas columnas de humo, á través de las cuales veíanse brillaré intervalos
las llamas.
Más hacia el Oeste continuábase la diversión de la
mañana: repetíanse las denuncias á cada momento
y se hacían nuevos prisioneros para sacrificarlos después; de modo que fué un alivio para mí alejarme
del teatro de aquellas indignidades. Entonces me encaminé á la plaza de Vendome, que yo deseaba ver
por haberme dicho que veinticinco comunistas habían defendido aquel punto durante algunas horas.
En la plaza acababan de concentrarse considerables
fuerzas, y varios centinelas vigilaban las ruinas de la
famosa columna. Bajo la gotera que hay frente al ho- .
tel Bristol vi un cadáver ca.si destrozado, y dijéronme
que era el del capitán comunista de la barricada antigua, la cual había defendido hasta lo último disparándose un tiro cuando no pudo resistir más. Los
soldados de Versalles descargaron sus carabinas
sobre aquella masa de arcilla que antes era un hombre. En otro lugar de la plaza vi un segundo cadáver,
el de una mujer, el de una arpía, que se batió en la
barricada de la calle de la Paz con un tesón y una
furia dignos de mejor causa. Podían haberla fusilado
sí, porque cuando una mujer empuña las armas,
pierde inmunidades; pero aunque sólo fuese por respeto á la memoria de sus madres, los soldados cebieron cubrir los miembros desnudos de aquella infeliz con sus harapos para que no se ultrajara la
decencia.
·
La calle Real estaba ardiendo de una extremidad
á otra, sin duda con gran descontento de los aficionados á la buena cerveza inglesa; la cervecería de la
esquina de la ca11e del Arrabal de San H onorato hallábase convertida en montón de ruinas abrasadas; y
desde esta esquina hasta la plaza de la Magdalena
no se veía una sola casa á cada lado de la hermosa
ca11e que no fuese pasto del fuego. Las llamas se habían corrido por la ca11e de San Honorato, y ahora
se abrían camino á lo largo de la calle de Boisy.
Con dificultad se respiraba en aque11a atmósfera de
humo de petróleo; el sol lucía, pero su color estaba
dominado por el de la conflagración, y sus rayos obscurecidos por el humo resplandeciente, de color negro
azulado, que por todas partes se elevaba con rapidez
en los aires, llenando los ojos de agua, introduciéndose en la garganta, envenenando el sentido del olfato y produciendo casi la asfixia. En lá calle del
Arrabal de San Honorato, las goteras estaban llenas
de sangre; había una barricada en cada intersección;
habíanse acribillado á balazos las 'fachadas de las casas, y por todas partes veíanse cadáveres. Al llegar
yo á la puerta que conduce al patio de la embajada
británica, vi apoyada en uno de los pilares una figura
que me produjo profunda imprEsión, y es necesario
explicar por qué me afectó así.
Ni mis colegas ni yo habíamos podido enviar fuera de París el más pequeño pedazo de papel desde
la noche del domingo, y ahora era la tarde del miércoles. Seguramente no habíamos permanecido por
gusto ni por excitación junto al ensangrentado lecho
de muerte de la Comuna, Y. no hacíamos más que
cumplir con nuestro deber. A mí me repugnaba mucho presenciar aquella espantosa lucha momentánea;
pero el espectáculo se me imponía por mi profesión,
y con toda la rapidez posible era preciso transferir
las escenas que se habían grabado en mi retina mental, para que mi diario las publicase, á fin de dará
conocer los acontecimientos cuyo desenlace interesaba á todo el mundo. Esta aspiración debe absorber
siempre al corresponsal de guerra, con exclusión de

NúMERO

609

LA

ILUSTHACIÓN

559

ARTÍSTICA

de hambre y sumamente débil. Sin embargo, monté sin dificultad alguna, y
pude llegar hasta el _Muelle de Passy;
aquí traté de poner m1 caballo al trote;
mas el poble cuadrúpedo tropezó y cayó de lado, cogiéndome la pierna debajo de su cuerpo. _Tan agud? dolor
experimenté, que cre1 haber sufndo una
fractura de hueso, y á esto se agregó
la desconsoladora idea de que no me
sería posible realizar mi propósito. Un
batallón de línea pasaba en aquel momento, y al punto vi á mi alrededor
cinco ó seis soldados; dos de ellos pusieron en pie al caballo y los demás
me levantaron y condujeron á una taberna inmediata, donde un vaso de vino me reanimó. No tenía la pierna fracturada, pero sí una dislccación en el
tobillo. Pagué media docena de botellas de Borgoña á mis amigos militares,
éstos me colocaron en la silla de mi
caballo y continué mi marcha al paso,
congratulándome de haberme librado
también del primer percance.
Después encontré otros peligros y dificultades, que también tuve la suerte
de vencer- mas aún faltaba el obstáculo
que me esperaba en la puerta ~~l oint
du Jour, hacia donde me dmg1a, en
camino para Versalles. Enfrente del
puesto de guardia paseábanse un coronel y u n mayor de lfnea.
- No; es imposible, me dijo el coronel; lo siento mucho, pero nuestras
órdenes son severas, y por lo tanto debe usted solicitar permiso del mariscal
Mac-Mahon,· que tiene sus cuarteles
en la Escuela Militar.
Insté, supliqué, presentando mi paquete de la embajada; pero todo fué
inútil. El coronel se marchó, quedando
allí solamente el Mayor, quien tuvo á
bien aceptar un cigarro. Sobre su pecho veía yo brillar
la medalla inglesa de Crimea, y esto me sirvió de motivo para reanudar de nuevo la conversación. Hablé del
antiguo compañerismo de franceses é ingleses durante
aquellos días de fatigas y de angustias delante de Sebastopol; díjele que aquella medalla que lucía su pecho era un recuerdo de la reina de Inglaterra, y preguntéle si no le parecía muy sensible detener á un
correo portador de importantes comunicaciones para
la soberana. El guerrero veterano miró con prudencia á su .alrededor, y al ver que estábamos solos, sin
pronunciar una sola palabra, seña:lóme silenciosamente con el pulgar sobre su hombro el túnel que
se prolongaba bajo el recinto, en cuya extremidad
veíase el campo libre.
Cuando hube pasado por delante del centinela
que había á la salida, respiré con toda la fuerza de
mis pulmones, y con el mejor ánimo continué mi
marcha hacia Sévus, en cuyo punto dejé mi caballo
para tomar un carruaje que me condµjeseá Versalles.
Allí residía mi antiguo correo, que estaba al servicio
del «Daily News.»
Cuando avanzaba por la ancha avenida entre Viroflay y Versalles, dí alcance á un convoy cuyo aspecto era bastante mísero. En filas de seis en fondo

f

Conducción de prisio~eros comunistas

todas las demás consideraciones, pues para el cumplimiento de este fin vive.
En la noche del martes no pude soportar más
tiempo el bloqueo; y era forzoso que alguien saliese
aunqU(, debiera bajar del recinto por una cuerda. En
su consecuencia acordóse hacer una tentativa en la
mañana del miércoles; de ella se encargó un colega~
cuyo sereno valor se había puesto á prueba varias veces, que tenía un buen caballo, conocía París perfectamente y contaba con muchos amigos oficiales del
ejército de Versalles. Se encargó de una copia de las
cartas que yo había escrito por duplicado en los momentos de reposo que tuve durante la lucha; nos estrechamos 'las manos, deseándonos la mejor suerte, y
en la tarde del miércoles felicitábame, aunque sin la
seguridad de poder hacerlo, de tener ya mi correspondencia en camino, poco más ó menos hacia
Abbeuille, en dirección á Calais.
Esta agradable impresión se desvaneció bruscamente por lo que mis ojos vieron al entrar en el patio de la embajada. Mi desgraciado colega estaba
apoyado contra uno de los pilares, muy indispuesto
al parecer, pues tenía el rostro lívido y las facciones
desencajadas. Había tratado de salir para desempeñar su comisión, y no dudo que hizo atrevida y enérgicamente cuanto era posible; pero su tentativa fracasó. Habíanle maltratado, disparando algunos tiros
que por fortuna no le hirieron; además de esto se le
d enunció como espía prusiano, y casi fué un milagro
que escapara de la muerte. ¡Pobre compañero! Tenía
la ropa manchada de la sangre de otros á quienes
también se denunció y que no pudieron escapar. Renunciando á su propósito, creyó más prudente retirarse, y se refugió en el patio de la embajada, calculando que aquí era donde más fácilmente me vería,
para darme cuenta del mal éxito de su comisión.
Como consecuencia de este fracaso, correspondíame á mí, por supuesto, hacer la tentativa. Reflexioné
algunos momentos, y después me dirigí á la cancillería de la embajada, donde encontré al Sr. Malet,
ahora embajador británico en Berlín. Malet, que
era entonces segundo secretario, había permanecido
en París para representar á la Gran Bretaña, cuando Lord Lyons, con el resto del personal de la embajada, emigró á Versalles al comenzar los disturbios
de la Comuna. Podía decirse que Malet había eitado
entre las ruinas, porque los destrows de la gran casa
eran considerables. E l salón de baile, en parte hundido, era un caos; en todas las habitaciones habíase
aumentado la ventilación por los agujeros que practicaron las bombas, y en las paredes del jardín veíanse grandes boquetes por los cuales hablan pasado los
de Versalles en su progreso estratégico para sorpren-

der las barricadas por retaguardia. Yo había conocido
á Malet en los primeros días de la reciente guerra,
cuando salió de París en dirección á Meaux con varias
comunicaciones para Bismarck. Esta vez le encontré en su despacho; díjele que mi intención era tratar
de salir, y le pregunté si deseaba que llevase algo
suyo á Versa11es.
- Amigo mío, contestó, es inútil que pruebe usted, pues ya he enviado dos mensajeros esta mañana,
y ambos han regresado después de haberse he_cho
fuego contra ellos. Será preciso esperar un día ó dos
hasta que las cosas se arreglen.
- Yo marcharé hoy mismo é inmediatamente, repuse. Usted puede ayudarme, y al · mismo tiempo
utilizar mi salida para su servicio. Ponga usted los
partes bajo un sobre oficial, dirigido «A. S. M. la
reina de Inglaterra» y confiémelo á mí. De todos
modos, no resultará de esto ningún perjuicio.
Después de elegir las comunicaciones de mayor
importancia, Malet las puso en un gran sobre, y sin
perder tiempo dirigíme á la cuadra donde mi caballo debía estar aún. E l centinela comunista se había
relevado á sí propio de aquel servicio, y de consiguiente no había obstáculo; pero el pobre animal, privado de alimento tantas horas, estaba medio muerto

Fusilamiento de rehenes por los comunistas en la calle de Haxo (26 de mayo de 1871)

�EN EL TEMP LO DE BA..00, cuadro de Jua n M uzzioli

UN DESAFÍO EN ALBANIA, cuadro de Pablo Iwanowitch (Expo; ición internacional de Bellas Artes de Berlín, 1893)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

un destacamento conducía más de dos mil prisioneros comunistas. Pacientemente, y con cierto aire de
orgullo, avanzaban atados brazo con brazo; entre
ellos iban muchas mujeres, algunas de ellas de aspecto feroz, pues eran las que se habían batido en
las barricadas; pero otras mostrábanse tímidas, y supuse que iban allí tan sólo para acompañar á sus padres 6 parientes. Todos llevaban la cabeza descubierta, é iban cubiertos de polvo; los rayos de sol ardiente
sofocaban á los prisioneros, y no era esto lo único
que les ofendía, sino también los sablazos de plano
que á veces descargaban los cazadores de Africa que
constituían la escolta de aquellos infelices.
La experiencia propia, no obstante, debía enseñar
á los soldados á ser más humanos con sus prisioneros, recordando que ellos también lo habían sido y
que no se les maltrató durante la penosa marcha
desde Sedán hasta el punto de su cautividad en Alemania. Ahora no eran ya prisioneros; acababan de
obtener un triunfo, y en el orgullo de la victoria debían mostrarse más misericordiosos con aquellos miserables comunistas. Si uno ·de éstos caía rendido
de cansancio ó por otra causa, poníase término á
sus padecimientos en el acto, y he aquí por qué mi
caballo había estado á punto de tropezar varias veces
con los cadáveres tendidos en medio del camino en
todo el trayecto desde Sévus.
A la cabeza de la sombría columna iban hescientos
ó cuatrocientos hombres atados con cuerdas, todos
ennegrecidos por la pólvora, y entre ellos vi muchos
con pantalón encarnado, sin duda desertores. Me
pregunté por qué estarían allí, pues tanto les hubiera
valido morir batiéndose en las barricadas en vez de
sobrevivir para servir de blanco dentro de un día ó
dos, de espaldas á una pared, á las balas que debían
poner fin á su vida.
Entregar las comunicaciones de Malet al primer
secretario de la embajada (M. Sackville West) y tomar después un bocado, fué cosa que no me detuvo
en Versalles más de media hora, y después ya corría
en un vehículo por la vía de circunvalación, á través
de Ruel y Malmaison y el puente de barcas más arriba de Argenteuil, en direccíón á San Dionisio y la
vía férrea.
Cuando avanzaba por la verde orilla del plácido
Sena, ofreéióseme á mi vi5ta un espectáculo que jamás se borrará de mi memoria. Sobre las blancas casas el sol reflejaba aún sus rayos, y no los retenía á
pesar de los actos que iluminaban; pero á través de
su brilante luz surgían y parecían luchar entre sí negruzcas ondas, columnas y repliegues de espeso humo, y de pronto resonó un espantoso crujido y obscurecióse el aire. No se debía esto al estrépito del
fuego de la artillería; era sin duda resultado de alguna
horrible explosión que sin duda acababa de conmover á París hasta en sus cimientos. Después se elevó
por los aires una inmensa columna de blanco humo,
con un resplandor rojizo, tal como el que los hombres describen cuando el Vesnbio está en erupción;
luego se formaron ligeras ondas que se desvanecían
en el horizonte, así como la onda producida por la
piedra arrojada en un estanque se extiende hasta
morir en la orilla del agua.
La multitud de alemanes que estaban sentados
junto al Sena observando atentamente, experimentaron una fuerte excitación, que bien hubiera podido
comunicarse á todo el mundo. La hermosa capital,
ahora la horrible París, batida por todas partes, ardiendo, inundada de sangre; tal era el espectáculo
que se ofrecía á la vista de todos. ¡Y esto en el presente siglo!.. ¡ah, hace poco más de veinte años,
cuando Europa se jacta de su civilización y Francia hace alarde de su cultura, mientras que sus hijos
se destrozan entre sí y París arde como una hoguera
cuyas llamas se elevan hasta el cielo! No faltaba más
que un Nerón para completar el cuadro.
Viajando con toda la rapidez posible y escribiendo mucho durante todo el camino, así en el tren
como en el vapor, llegué por fin á Londres el jueves, 25 de marzo, y el sábado, 27, hallábame otra
vez en París. Todo había terminado ya virtualmente;
los prisioneros que los comunistas tenían en la Roquette habían sido fusilados, y la casa ayuntamiento
habíase derrumbado el mismo día que yo me marché. Los rebeldes estaban ya dando las bocanadas en
el Chateau-d'Eau, en los cerros de Cheaumont y en
Pere-Lachaisse; y en la tarde del 28, al cabo de una
semana de lucha, el mariscal Mac-Mahon había
anunciado que era «completamente dueño de París. »
Al otro día visité el cementerio de Pere-Lachaisse,
donde se habían disparado los últimos tiros. Los fuegos del vivac se alimentaban con los recuerdos de
piadosas tristezas, pero en el cementerio mismo no
había habido gran lucha; la prueba infalible de ésta
son las señales de numerosos balazos, y en Pere-Lachaisse se veían pocas; pero en cambio habían caído

muchas bombas, y los destrozos que causaron eran
por demás sensibles. Sin embargo, lo que me produjo más dolorosa impresión en Pere-Lachaisse hallábase en el ángulo Sudeste, donde había existido una
cavidad natural junto á la pared divisoria: aquel hueco estaba ahora lleno de cadáveres; allí yacían unos
sobre otros, cubiertos de una capa de cloruro de cal:
doscientos por lo menos estaban visibles; y los que
se hallaban debajo, del todo ocultos por las capas de
tierra: entre aquellos cadáveres distinguíanse los de
muchas mujeres. En un sitio de aquel horrible montón iluminado por la luz del sol vi un brazo muy redondeado, cuya mano tenía una sortija en el dedo
anular; un poco más allá, un busto que había perdido su forma, y alrededor rostros lívidos cuyo solo
aspecto hacía estremecer, facciones que habían perdido su forma humana, en las que podía adivinarse
aún la expresión ºde la ferocidad y la angustia de la
agonía. Apenas podría dar idea del horrible efecto
que me produjo aquel polvo blanco cubriendo los
ojos de los cadáveres, los dientes oprimidos y las
barbas enmarañadas. ¿Cómo murieron aquellos hombres y mujeres? ¿Se les condujo en un carro para dejarlos allí formando espantoso montón en aquel agujero de muerte del Pere-Lachaisse? No; la cavidad
se había llenado con los cadáveres recogidos allí cerca, y. no era difícil adivinar la causa. Se colocó á los
prisioneros junto á una pared próxima, Y. allí fueron
fusilados, sin que pudiera escapar ni uno solo.
¡Volvamos la espalda á esa horrible escena de sangre, rogando al Todopoderoso que no permita otra
vez que el mundo civilizado pueda presenciar el cúmulo de horrores de que fué testigo París en aquellos hermosos días del verano de 1871!

NúMERO

609

NúMERO

1890; esta obra, &lt;le la cual sólo se darán ocho representaciones,
trata de la vida de San Vito,
- Han comenzado en Munich las representaciones wagneria·
nas con la ópera Tamihauser, para la cual se ha construido nuevo decorado, atrezzo y demás accesorios.
- Durante el próximo otoño se estrenará en el teatro Vl~tor
Manuel, de Turln, una nueva ópera del maestro Tarrasa, tltu·
lada Manilha.

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LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

(CONTINUACIÓN)

Necrología. - Han fallecido recientemente:
Dr. Sáenz Díez, sabio químico español, catedrático de la facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, individuo de
la Real Academia de Medicina.
Juan Martfn Charcot, una de las mayores glorias de la me·
dicina contemporánea. Próximamente publicaremos su retrato
y biografía.
Alfredo Catalani, célebre músico italiano, autor de multi·
tud de piezas para orquesta y cuarteto, de varias obras sinfóni•
cas y de algunas óperas, entre ellas Loreley, Dejanice, Edmea
1 Wally, que estrenada con gran aplauso en la Scala de Milán,
se representó con mucho éxito en los principales teatros de Ita·
lia y Viena: era profesor de alta composición en el Conservato·
rio milanés.
Sir Eduardo Hamley, general inglés que tomó parte en la
campaña del Este de 1854 y 1855, asistió á la torna de_ S_e~as·
topo! y durante la guerra egipcia mandó la segunda d1V1s1ón:
era notable escritor y deja escritas, además de varias obras de
técnica militar, dos novelas y varios estudios crlticos.
Pablo Ivanowitch Kasanski, más conocido con el nombre de
Amfilochi, uno de los más ancianos y sabios jerarcas de la iglesia griega ortodoxa, célebre en el mundo cientlfico por sus tra·
bajos é investigaciones arqueológicos.
Osear J ustino, notable escritor y poeta dramático _alemán.
A. A. Looijen, célebre numismatico holandés, director del
Gabinete Numismático de El Haya.
.
Guillermo Bosch, distinguido escultor alemán.
Augusto Glaize, famoso pintor francés, uno de los últimos
sobrevivientes de la escuela romántica, cultivador de todos los
géneros, el religioso, el histórico, el filosófico, el milol6gico y
el legendario: habla obtenido numerosas medallas en los Salo·
nes y en el de 1855 Je fué otorgada la de primera clase, siendo
además nombrado caballero de la Legión de Honor.

ARCHIBALDO FoRBES

Pero empezaban ya á llegar otros menos lisos, rayados en sentido longitudinal y como hinchados á trechos por enormes burbujas ó descalabrados por profundísimas hendiduras, tersas y brillantes como las
del cristal roto. Detrás de éstos aparecían otros mucho mayores, más altos y deformes, que desde lejos
presentijban extraño aspecto. Algunos recordaban la

de proceder al desembarco, Lacrosse hizo un sondeo
que acusó veinticinco brazas de profundidad de hielo, cimentado sobre un lecho de sienito y de rocas
esquistosas. Se veía claro que la costa se elevaba en
suave pendiente hasta el nivel de la tierra firme.
Al propio tiempo que los viajeros, se desembarcaron grandes piezas de madera, numeradas, que de-

~~
~

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il;Ffj/
'Bellas Artes. - En Stuttgart se ha anunciado un concurso entre un reducido número de artistas para el monumento
que ha de erigirse al emperador Guillermo: las condiciones son
que en el monumento debe haber una estatua ecuestre en bronce_ de tamaño natural del difunto monarca, yque el coste de la
misma y de todos los demás trabajos secundarios no ha de exceder de 187. 500 pesetas. Lo particular del caso es que antes
que éste hablase celebrado otro con el mismo objeto y otorgádose el premio al escultor Maximiliano Klein.
. - En virtud de disposición testamentaria del presidente del
tnbunal de apelación de Dresde, Nossky, ha adquiridO' la Galería de Pinturas de aquella ciudad una colección de 40 cuadros.
- En el Palacio de la Industria de Parls va á abrirse dentro
de poco una Exposición que resultará de extraordinario interés
para cuantos se preocupan de las aplicaciones del arte á los
productos industriales. Se trata de presentar un conjunto lo
más completo posible del arte árabe, á cuyo fin ha procurado
reunirse, procedente de museos y de colecciones particulares
cuanto pueda dar idea de las mil bellezas que en arquitectura'.
en tejidos, en cerámica, en metalistería, en vidrierfa, en mosaico~ y en otras industrias exornadas por el arte y la fantasla pro·
duJeron y todavla producen los árabes. Obedece el móvil de
esa nueva Exposición al propósito de fomentar la industria artfstica, especialmente en Alger, centro á propósito para la crea·
ción ó reproducción de tipos del estilo árabe, y es consecuencia
de seguro del gran favor que entre el púlilico culto gozan los
productos artfaticos de Oriente, como lo prueba la reciente
creación de Museos de arte árabe en París y en Alger. Plausible iniciativa la de reanudar las tradiciones artlsticas, preferi·
bles siempre, en defecto de tipos nuevos, sólidos, razonados y
bellos, á la chabacanería industrial que en nuestros dlas predomina. ¿Cuándo intentaremos nosotros algo parecido?
Barcelona. -Salón Parés. - Una media figura de Ribera, felicísima de entonación y de luz, fresca de color y correctamente dibujada, como todo lo suyo, brilla en el sitio de preferencia, junto á un gran friso, con tendencias á lo decorativo, de
Ricardo Marti; bien hallada agrupación de flores que campean
sobre el fondo de un jardín. Especialista en esos temas pictÓ•
ricos, no hay que decir que el conjunto agrada, resulta brillante para el público y demuestra á los ojos del entendido la diestra habilidad del técnico que lucha con seguridad con las insuperables dificultades de un natural inimitable.
SaMn de «La Vanguardia. 'I&gt; - Estuvo expuesto últimamente
en este local un proyecto de iglesia para el vecino pueblo de
Vallvídrera, obra del maestro de obras Sr. Soler y Catarineu y
concebida y trazada con verdadera conciencia y conocimiento
del estilo románico. La planta, las secciones y las fachadas dan
á conocer en su conjunto y en sus detalles los conocimientos
de su autor como constructor y como artista, en esa feliz adaptación del primitivo estilo religioso entre nosotros á una fábri·
ca moderna.
Variada colección de grabados policromos, pertenecientes al
inteligente director de El Suplemento, de esta capital, fueron
también expuestos esos últimos días, curiosa é interesante muestra del cromo por medio del grabado en hueco, que tan en bo·
ga estuvo á principios de este siglo y á últimos del anterior, y
algunos de cuyos ejemplares alcanzan precios excepcionales en
el comercio de las estampas.
Teatros. - En el teatro Lessing, de Berlin, se ha estrena•
,Jo con gran aplauso un nuevo drama en cuatro actos de Max
Nordau, El derecho de amar, en el que se trata del matrimonio
moderno bajo un criterio moral á la antigua.
- En Oberammergau han comenzado las representaciones
del drama de Molitor La rosa de Sicilia, bajo la dirección del
burgomaestre Lang, que fué quien dirigió las de la Pasión en

..

Retrato d el conde de Arundel, pintado por
Van Dyck. -No hemos de repetir aqui lo que en otras ocasione,; hemos dicho de este célebre pintor flamenco del siglo
XVII y de sus magnificas obras, joyas de inestimable valor que
embellecen los principales museos y colecciones particulares.
El conde de Arundel, cuyo retrato pintado por Van Dyck re·
producimos, fué quien invitó al famoso artista, que se encon·
traba en Amberes, á pasar á Inglaterra, y lo recomendó tan eficazmente al rey Carlos l, que desde su llegada le distinguió con
su favor, le nombró su primer pintor y caballero, le señaló una
pensión de 200 libras esterlinas anuales, y además de darle dos
magnificas residencias para verano é invierno, quiso hacer cons·
tru1r para él un palacio en Londres.
En el templo de Baco, cuadro de Juan Muzziol1. - La escena tan grandiosamente pintada por Muzzioli re·
presenta una fiesta en el templo de Baco, y á juzgar por el es·
caso número de los que en ella toman parte, el culto á Dioni·
sos y el paganismo en general debían hallarse en sus postrimerías. Alzase en el fondo la estatua del hijo de J úpiter y Semell,
de la cual sólo se ve una parte, y delante de ella el ara destina·
da á los sacrificios; al compás de desenfrenada música bailan
las bacantes la danza dionisiaca, y al pie del altar, vencido por
las libaciones, casi yace amodorrado uno de los devotos, á
quien una de aquéllas trata en vano de reanimar. Esta obra del
renombrado pintor italiano, cuya tirma es bien conocida de los
lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA, figuró en la Expo·
sición universal de Paris de 1889 y mereció entusiastas alaban·
zas del público y de la crítica.
Un desafío en Albania, cuadro de Pablo Ivanowitch. - El autor de esta obra nos ofrece un episodio de
la vida popular iliria, pintado con tan vigoroso sentimiento de
la realidad, que sólo contemplando la agrupación y las actitu·
des de cuantos personajes en él toman parte se explica el significado de la escena reproducida. Se trata. de dos guerreros
que se odian á muerte, y queriendo de una vez acabar sus anti·
guas rivalidades se han dado cita en lugar apartado de la po·
blación, y allí, rodea!los de sus respectivos partidarios, aperclbense á la lucha. Puestos frente á frente y empuñando sendos
sables esperan la señal para comenzar el combate, que será sin
cuartel y no terminará sino con la muerte de uno de los adversarios. El cuadro de I vanowitch, además del interés dramá- ·
tico que despierta, atrae por lo pintoresco de los trajes, de las
armas, de los dijes que constituyen el traje nacional albanés.
Buenos camaradas, cuadro de Golleron- iExtraños contrastes los que la guerra ofrece! En ella el hombre
llega á convertirse en fiera que obra impulsada por el espfritu
de la destrucción, y es al propio tiempo ángel que realiza actos
de sublime caridad; el instinto de conservación le hace cruel y
egolsta, y sin embargo, á veces ante la contemplación del mal
ajeno olvida el suyo y expone su vida por salvar la del compa·
ñero de armas á quien momentos antes quizá no conocfa, Golleron ha pintado uno de esos actos de abnegación que se han
repetido hasta lo infinito en la historia de la humanidad, y las
dos figuras de su dibujo sintetizan admirablemente esas manifestaciones de amor al prójimo que tan frecuentes son en una
guerra: ambos soldados están heridos, y en el fragor de la pelea
cualquiera de ellos no habrfa probablemente vacilado en hacer
del cuerpo del otro parapeto para resguardar rl suyo; pero terminada la batalla, aunque no pasarlo el peligro de persecución,
el que menos ha sufrido no vacila en c~rgar con el camarada,
aun á riesgo de que, dificultada así su fuga, resulte su salvacinn
imposible. El precioso dibujo que publicamos es reproducción
hecha por el mismo autor de un cuadro que estuvo expuesto en
el Salón de los Campos-Elíseos de París del presente año y que
mereció entusiastas y unánimes elogios.

•

Pero ya Huberto, Isabel y Guerbraz escalaban las colinas más bajas

forma de una vela dibujada apenas en el horizonte,
y aquella flotilla de hielo iba engrosándose á medida que se acercaban los viajeros á la Tierra de Francisco José, descubierta por Payer en el curso de su
viaje á bordo del Germanía y del H ansa.
En fin, el 30 de junio la Estrella Polar atravesaba
el canal del fiord y echaba el ancla bajo ese mismo
76° paralelo en que se había tocado ya en Spitzberg.
Había llegado el momento de poner en ejecución la
segunda parte del plan del Sr. de Keralio. Consistía en
dejar en tierra la mayor parte que fuese posible de
la gente, para permitir á la Estrella Polar bajar
aprisa hacia el Sud y embarcar gran número de perros y esquimales, que en breve serían necesarios
para el arrastre.
Verdad es que este plan había sufrido tales modificaciones, que casi no parecía el mismo. Se había
perdido un tiempo precioso en tentativas infructuosas hacia el Este, y en lugar de haber remontado hasta la Tierra de Francisco José se estaba ahora en la
costa oriental de la Groenlandia, debajo del monte
Pettermann. De allí en adelante los expedicionarios
se prometían seguir una ruta oblicua desde el 24°
al SSº paralelo de longitud occidental, á fin de cruzar, si era posible, el camino de Lockvood en 1882,
por el 82°, 44 latitud Norte. Era un proyecto grandioso y erizado de dificultades; pero, como decía el
Sr. de Keralio, ¿cuál es el obstáculo capaz de detener
á un francés?
Quedaban cuarenta y seis días al comandante Lacrosse para ganar el Sud de la Groenlandia, doblar,
si era preciso, el cabo Farewell y traer al fiord de
Francisco José los perros necesarios para las expediciones en trineo.
Afortunadamente, aquel era el momento del año
en que reinaba mayor calor en aquellas latitudes
desoladas. La Estrella Polar no había padecido ninguna avería durante sus tres meses de navegación, y
tenía provisiones suficientes de combustible para
que, hasta después de su vuelta, pudiese emprender
una nueva campaña de navegación si el mar· no se
cerraba ante su atrevida marcha.
Gracias á las medidas tomadas con anterioridad y
perfectamente calculadas, el desembarco se verificó en
sólo veinticuatro horas. La franja de hielo tenía únicamente unas seis millas ,de espesor; pero tenía tal solidez que no había qué temer del deshielo ni de los choques de los témpanos. Aquella aglomeración de hielos se halla fijada en aquellos parajes desde muchos
siglos, y parece tener su asiento encima de las rocas,
sobre las
cuales se eleva dos ó tres metros sobre el ni•
1
ve! de las aguas libres. Para mayor seguridad, antes

bían servir para construir una barraca que abrigase
á los viajeros. Como ya muchas veces se habían ensayado en montar y desmontar las piezas, se ganó
también mucho tiempo y fué obra de un momento
la construcción de la casa. La suavidad excepcional
de la temperatura, que marcaba de mediodía á las
tres de la tarde 9 grados centígrados y 5 entre media noche y las tres de la mañana, hizo más fáciles
los trabajos. En pocas horas, el Fuerte-Esperanza así se le había llamado antes de montarlo - estuvo
listo para recibir las doce personas que quedaban en
tierra, á saber: el Sr. de Keralio, su hija Isabel, su
sobrino Huberto d' Ermont, la nodriza Tina Le
Floc'h, el doctor Servan, el naturalista Schnecker y
los seis marineros bretones Guerbraz, H elouin, Kermaidic, Cariou, Le Maout y Riez.
A esas doce personas confió el resto de la tripulación el cuidado de añadir á la casa las dos alas que
serían necesarias para servir de habitación á los treinta y tres marineros y oficiales que quedaban á bordo
del navío y que debían volver allí, desde el cabo
Farewel, para pasar todos juntos los largos meses de
la invernada.
El terranova Salvator siguió á tierra á Isabel y su
nodriza, pues no sabía vivir lejos dt su joven y valiente ama.
En 1. 0 de julio por la mañana, el comandante Lacrosse, después de un banquete dado á bordo de la
Estrella Polar y de haber estrechado la mano de todos cuantos ponían por primera vez el pie sobre la
Tierra Verde del Norte, dió la señal de marcha, prometiendo estar de vuelta á fin de agosto.
H ubo un momento de indecible tristeza cuando el
steamer se conmovió bajo la primera impulsión de su
hélice. Por muy grande que fuera el ardor de aquellos
exploradores intrépidos, no pudieron por menos de
sentir aquella primera separación, así los que quedaban en tierra y que iban á experimentar por primera vez los rigores del clima polar, como aquellos
que volvían hacia el Sud para comunicarse nuevamente con sus semejantes y á pisar tierras menos inhospitalarias.
Pero como se tenía la seguridad de la próxima
vuelta de los expedicionarios, presto se rehicieron los
que quedaban de la mala impresión que la partida de
los otros les produjo, y se dedicaron á emplear lo mejor posible el tiempo que les quedaba antes de la llegada del invierno.
Su primer trabajo fué el arreglo de la casa.
Esto constituía una verdadera obra de mecánica
industrial y de higiene. En su actual estado y sin contar fas dos alas que después debían flanquearla, tenía

un diámetro de doce metros que formaba la cuerda
del semicírculo que lo constituía. El diámetro de sus
alas debía tener tres metros más de cada lado de ese
semicírculo. El conjunto del edificio representaba,
pues, un círculo cuya segunda mitad sobresalía más
que la primera, en tanto que el patio interior tenía
un área de 6m,50, cubierta por un toldo.
Las divisiones de este extraño edificio, parecido á
los panoramas de las ciudades, constituían una serie
de salas, ó por mejor d~cir de compartimientos, habitados por muchos huéspedes á la vez. Una de estas
salas, la mejor amueblada, se reservó á I sabel y su nodriza. Además de los dos comedores distintos - uno
para los marineros y otro para los oficiales - la casa
encerraba una cocina común, tres cuartos de baño, un
laboratorio de física y química, un espacio para las observaciones meteorológicas, una farmacia, una enfermería, diet cuartos de servicio común en junto y ocho
habitaciones además.
Esta distribución se había hecho siguiendo los pla·
nos del Sr. de Keralio, que había tenido muy en cuenta las observaciones del ·doctor Servan.
Con muy legítimo orgullo hizo, pues, los honores
de aquella casa á sus compañeros, que eran así sus
huéspedes, y les dió extensas explicaciones de aquel
edificio.
- Recordad que esta casa se compone de piezas
numeradas y que por lo mismo es fácil de montar y
transportar como ahora hemos hecho. Tenemos una
doble pared de madera y en su parte interior, la que
da á nuestras habitaciones, se halla recubierta de una
lona alquitranada que disimula los tubos de aire caliente que han de servir para mantener aquí una atmósfera templada. Las dos paredes se hallan separadas por un espacio de 25 centímetros é interior y exteriormente están recubiertas de planchas de papel
superpuestas. Para mayor abrigo vamos á tapizar las
paredes de lana.
Y no olvidaba ningún detalle, y mostraba á sus
maravillados- compañeros las columnas de cobre y
acero que sostenían la armadura, la ingeniosa disposición de puertas y ventanas, los techos con lucernas
que daban paso á la luz suprimiendo así las corrientes de aire inevitables que engendran las puertas y
ventanas, y por último, el piso de fieltro, sostenido
por traviesas de hierro recubiertas de madera.
Una galería circular ponía en comunicación las diversas habitaciones y permitía pas'ar de una á otra sjn
necesidad de utilizar las puertas interiores.
En tanto que se visitaba aquel edificio levantado
y amueblado en menos de cuarenta y ocho horas, el
químico Schnecker, que lo observaba todo con la más
minuciosa atención, exclamó de repente:
- ¡Ah, caballero! He aquí una cosa que no me parece tan adecuada como las demás!
- ¿Qué?, interrogó el Sr. de Keralio.
- ¡Vuestras chimeneas, pardiez! Además de que su
construcción no permitirá dar un calor suficiente,
¿queréis decirme de dónde pensáis sacar el gas para
alimentarlas?
Antes que el padre de Isabel hubiese podido contestar, lo hizo d'Ermont:
- Caballero, dijo riendo, os haré observar que si
quisiéramos obtener gas, en el sentido vulgar de la
palabra, es decir, bicarburo de hidrógeno, la cosa no
nos sería quizá imposible, pues no deben faltar yacimientos carboníferos en los alrededores. Nares y
Greely los encontraron casi á flor de tierra en Port-Discovery en las costas de la Tierra de Grinnell. Pero á
eso podríais contestarme que más sencillo sería quemar el carbón mismo, y tanta razón tendríais cuanto
qué, según podéis ver, esas chimeneas han sido construídas para diversos fines.
·
En tanto que decía estas últimas palabras, Huberto tiró de una argolla que hizo volcar el hogar. La
placa de cobre que ocupaba el fondo desapareció y
quedó en su lugar un hornillo para cok ó carbón vegetal.
Schnecker abrió desmesuradamente los ojos.
- He aquí una buena chimenea, Sr. d'Ermont.
Pero permitidme, sin embargo, haceros observar que
no entiendo por qué se ha hecho la especial para gas,
puesto que no debemos emplearlo.
- Nada de eso he dicho, contestó sonriendo el teniente de navío.
· - Entonces... tampoco comprendo. ¿Dónde están

�LA

Y como Isabel era la más confiada y generosa de
nuestros tl\bos y gasómetros, los condensadores y
alambiques? ¿Dónde hallaréis el calor necesario para las criaturas, no se entretuvo en profundizar más aquel
incidente, como tampoco se acordaba ya del primero.
destilar el carburo?
Bien pronto se tocaron los resultados prácticos de
- ¡Bah, contestó el joven, ya lo encontraremos! Y
dejad que á mi vez me admire, Sr. Schnecker, que un aquella casa construída científicamente por el señor

~ ~ - - - - - - - - -- - - - -- - - -,-------- - -- - - -- -

El toro hizo frente al marino y arremetió contra él

químico como vos exija el empleo de métodos tan
embarazosos conio inútiles para viajeros como nosotros.
- ¡Cómo inútiles!, exclamó el alsaciano. ¿Vais á
hacerme creer que pueden obtenerse las calorías necesarias sin recurrir á los procedimientos de la industria moderna?
D'Ermont se echó á reir, y poniendo la mano sobre
el hombro de su interlocutor le dijo:
- No pretendo que lo creáis sin enseñároslo. Hay
gases y gases, y me bastará poseer un agente calórico
diez, veinte, cien veces superior á los de la industria
moderna, para realizar ese milagro que negáis, señor
Schnecker.
El químico meneó la cabeza.
- No lo niego, Sr. d'Ermont; lo dudo, que es otra
cosa.
_Al mism? tiempo se frunció su frente y echó una
mirada oblicua y penetrante sobre el teniente de
navío
Isabel de Keralio sorprendió esa mirada, pero no
demostró la impresión que le producía, reservándose
el derecho de observar más atentamente á aquel hombre que iba á participar de la vida común. Sin embargo, recordó que días atrás, á bordo de la Estrella
Polar, su novio había demostrado repugnancia hacia
el Sr. Schnecker y comuni cado en cierto modo á Salvat,or. la animadversión que experimentaba hacia el
qu1m1co.
- Rivalidad de sabios, se dijo; todo se reduce á eso.

N úMERO 609

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de Keralio y el doctor Servan. A pesar de la gran elevación de la latitud, aquel dltimo período del verano
polar fué notablemente caluroso. La temperatura se
elevó á 16 grados y llegó á parecer insoportable á los
viajeros.
Aquellas jornadas de inacción se consagraron por
entero á la caza y pesca. Isabel tomó parte en uno y
otro ejercio, que eran la única distracción posible,
además de que otros motivos aconsejaban á los navegantes hacer nuevas provisiones. No se podía prever la duración de su estancia en aquellas tierras
desoladas y era prudente asegurarse víveres frescos
para el invierno.
La caza fué abundante, sobre todo la caza de pluma. Guerbraz, que era el mejor tirador, mató en una
sola mañana dos docenas de palos-eiders. Se mataron
también por centenares ó se aprisionaron entre las
telas ptarmigans ó perdices polares, lummes y dovekies, especie de palomos ó más bien gaviotas de carne crasa, pero suculenta.
Por la mañana del quinto día de la instalación del
Fuerte-Esperanza, Guerbraz llegó corriendo y contestó con palabras entrecortadas á las pregu ntas de Huberto d'Ermont:
- ¡Bueyes, á dos millas hacia el Norte!
Isabel, que lo había oído, exclamó:
- ¡Bueyés, bueyes almizcleros! ¡Yo también os
sigo!
Desde algunos días á aquella parte, la joven se había puesto un vestido á propósito para aquellos ejer-

cicios violentos. Se sentaba de un modo maravilloso
y no se podía pedir mayor elegancia y gracia á una
mujer bajo aquel traje casi masculino.
Llevaba un pantalón de lana recia, sobre el cual
campeaban unas polainas de cuero que le subían
hasta las rod illas. Unas sayas cortas parecidas á las
que llevan las cantineras, una blusa bastante larga y
una gorrilla de piel de marta cebellina, provista de pasamo~tes, completaban su traje. Llevaba, además, una
carabma que era una obra maestra de precisión y de
moldeado artístico, y colgaban de su hombro izquierdo el zurrón y la cartuchera.
Equipada de este modo, Isabel siguió los pasos de
Huberto y de Guerbraz.
Cuando salían de la casa se cruzaron con el químico Schnecker.
- ¿Dónde vais, corriendo de este modo?, preguntó
el alsaciano.
D'Ermont contestó con laconismo:
- ¡Bueyes! ¡Si queréis venir, apresuraos!
. El sabio no se hizo repetir el aviso, y se lanzó hacia la casa para tomar su fusil.
Pero ya Huberto, I sabel y Guerbraz escalaban las
colinas más bajas, procurando ocultar su presencia detrás ~e las rocas desprendidas de la cumbre, y se
aproximaban tan aprisa como podían al rebaño de
los bueyes almizcleros. No era de los más numerosos
pues se componía solamente de un toro, dos vacas ;
dos becerros. Las cinco bestias pacían sin desconfianza la escasa hierba que crecía en la costa sin prever
la agresión que se preparaba contra ellas.'
De repente los dos cazadores y su compañera llegaron á tiro de fusil, y tres detonaciones estallaron á
un tiempo. Cayeron una de las vacas y un becerro·
el macho, herido también, se levantó, sin embargo, ;
escapó con los otros fugitivos, dejando tras de él un
reguero de sangre.
Esto es precisamente lo que no quería el marinero
Guerbraz que le había herido. Sin cuidarse del peligro
que, c?rría, el bretón se lanzó detrás del animal y llegó a tiempo de cortarle la retirada.
Entonces la escena cambió bruscamente y se hizo
por todo extremo dramática.
Gue rbraz, pescador de Islandia y de Terranova,
acostumbrado de antiguo á navegar por los mares
del polo, estaba dotado de un vigor prodigioso. Había ya descolgado de su cinto un hacha de corto
mango con la cual se proponía herir al animal en la
nuca, más abajo del formidable collar que le forman
sus gruesos cuernos, cuando el toro, renunciando á
la fuga, hizo frente al marino y arrremetió contra él.
Guerbraz, llevado de su propio impulso y arrastrado además p or la pendiente del terreno, no tuvo
tiempo de apercibirse á la defensa. La bestia furiosa
le encontró en la bajada; pero por suerte el almizclero no cogió de lleno á su adversario, sino que, tocándole de refilón, le hizo rodar sobre el terreno pedregoso.
·
Pero el toro, .después de haber corrido unos treinta metros, se había detenido, y revolviéndose iba á
pisotear ó á herir con sus formidables cuernos á
Gu~rbraz, que, aturdido por la caída, no podía prevemrse.
De repente estalló una nueva detonación, y el ovibus, .herido de muerte, cayó rodando á los pies del
marmero mudo de sorpresa.
Isabel llegaba corriendo, e mpuñando todavía el
arma humeante. Guerbraz cogió su mano y se la besó
con respeto.
- Me habéis salvado la vida, señorita, dijo, ¡H asta
que pueda desquitarme! ¡En vida y en muerte!
I sabel de Keralio, sofocada por la carrera, no podía
hablar, cuando ocurrió otro incidente.
. Sonó un quinto disparo, y Huberto d'Ermont, que
iba á reunirse con sus compañeros, sintió el viento
de una bala que pasó rozando casi su rostro. Volviéndose con el entrecejo fruncido, advirtió que á unos
sesenta pasos más atrás estaba el químico Schnecker,
que era .el que acababa d e hacer fuego.
- ¡Sois un torpe, Sr. Schnecker!, gritó con voz en
)a c~al vibraban una sorda cólera y una punzante
1roma.

III
LA ANTECÁMARA DEL POLO

L os tres principales testigos de este drama guardar?n el más absoluto silencio sobre este último episod10
. de una caza tan agitada·' pero I sabel vivamente 1mpresi_onada, pudo ver cómo su primo y Guerbraz cambiaron una mirada de inteligencia.
Los dos hombres se conocían d esde muchos años,
pues Guerbraz, aunque de más edad que Huberto
había servido á sus órdenes cuando éste era alfére~
de navío. Era evidente que la torpeza de su compa)

NúMERO

609

LA

ILUSTRACIÓN'

A1tt!srrcA

ñero les parecía sospechosa. Schnecker había hecho que en el canal Kennedy ó en el de Robeson trans- Los icebergs y los témpanos corrían todos en direcfuego cuando ninguna razón plausible había para ti- forman los fiords del Oeste en glaciares que engen· ción del Spitzberg. El navío podría entrar en el fiord
rar, pues I sabel había salvado al bretón y los dos dran enormes icebergs. Por todos estos motivos era á la caída de la tarde.
Mas aquel cálculo resultó fallido, pues bruscamenbichos que sobrevivían habían desaparecido ya de- de creer que sería posible un viaje marítimo durante
te
á las cinco de la tarde y en el momento preciso
la primavera próxima.
trás de un pliegue del terreno.
Entretanto el verano acababa rápidamente y las en que los fanales de la Estrella Polar revelaban su
Sin embargo, el naturalista se adelantaba con la
gorra e n la mano, inclinándose y sonriendo de un señales precursoras del invierno se acentuaban más presencia i unas tres millas de la costa, el viento saly más. Por la mañana y á la caída de la tarde se for- tó al Noroeste y produjo un rápido descenso de la
modo obsequioso.
maba en la superficie del agua una delgada capa de columna mercurial. El termómetro marcó en seguida
T rataba de excusarse.
- ¿Parece, Sr. d'Ermont, dijo, que por poco causo hielo, de esas que los canadienses llaman/razi. Ade- 22 grados !:&gt;ajo cero.
Fué preciso pasar 1~ noche en una cruel incertiuna desgracia? Dispensadme, pues soy muy corto de más, la noche, la terrible noche polar se aproximaba
y el sol de media noche bajaba lentamente hacia el dumbre y esperar hasta la mañana siguiente á las
vista. En mi vida volveré á disparar un tiro.
- Haréis bien, caballero, contestó el joven, poco horizonte Sud. El 25 de agosto el viento Norte había diez, en que advirtieron que el navío había derivado
aumentado seis ó siete centímetros la capa de hielo dos millas más hacia el Sud y vieron que la capa de
sufrido de sí.
Y volviéndose de espalda apresuró el paso, á fin y la eterna franja adherida á las costas había tomado hielo nuevo tenía un espesor de dieciocho centíde regresar lo más pronto posible en compañía de ese tinte azul que caracteriza las nuevas cristaliza- metros.
Afortunadamente las aguas invadían el campo de
ciones.
Isabel á la casa.
Era cuestión ya de ponerse los trajes que exigía hielo, rechazando los témpanos errantes y dejando
Pero acudían ya el Sr. de Keralio, el doctor Servan y los cinco marineros atraídos por los disparos. aquel rápido descenso de temperatura. Para conser- así agua suficiente para que el navío pudiera llegar
Se dió la orden de despellejar en seguida á los ani- var la soltura y ligereza de los marinos y á fin de á fiord. Gracias á su espolón y á la potencia de su
males para no dejar tiempo de que las carnes se que no permanecieran inactivos, el teniente d'Ermont máquina, la Estrella Polar pudo abrirse camino á
impregnaran del olor del almizcle que no hubiera ocupó á los tripulantes en la tarea de mantener li- través de los innumerables témpanos que sin cesar
dejado comerlas. Esta tarea terminó muy pronto, y bres los pasos del hielo para cuando llegara la Estre- obstruían su paso. A las dos en punto, después de hacuatrocientos kilogramos de carne fresca fueron á lla Polar. Durante los intervalos de descanso se ber roto á fuerza de ariete el hielo de la superficie en
construían las alas de la casa, y allá hacia el 15 de los canales de mar que quedaban todavía libres, la
aumentar las provisiones del almacén.
Vueltos á Fuerte-Esperanza, Huberto se encerró agosto estuvo del todo terminado el edificio y dis- Estrella Polar echó el ancla en el fiord de Francisco
José, al pie de acantilados de 300 metros de altura
con su futuro suegro, el doctor y Guerbraz para me- puesto para recibir á sus nuevos inquilinos.
Desde entonces sólo se pensó en la vuelta del bu- que debhm protegerle lo mismo que á Fuerte-Espeditar juntos acerca del grave incidente que acababa
que, y cada día las miradas ansiosas de los invernan- ranza.
de ocurrir.
Los habitantes de la casa se lanzaron al paso de
La conferencia fué de las más conmovedoras. Pe- tes interrogaban con afán el horizonte del Sud.
E l mar se cubría de bloques de dimensiones diver- los t~ipulantes del navío, dando gritos de alegría, y
dro de Keralio, bueno por naturaleza, no podía creer
en una mala intención, máxime cuando no había nin- sas. Era evidente que la vasta extensión de agua acogieron con la más conmovedora efusión á aqueentre la Groenlandia y el Spitzberg hacía difícil y llos hombres á quienes durante un instante pensaron
gún motivo para inspirarla.
- Os puedo asegurar, dijo, que nuestro compañe- lenta la formación del gran campo de hielo que se tardar mucho tiempo en volver á ver. Estos, por su
solidifica con la rapidez del rayo en las bahías y es- parte demostraron viva alegría, pensando que en tiero es extraordinariamente miope.
rra les aguardaba una casa ·cómoda y construída y
- ¡Bah!, replicó d' Ermont, cuando se es tan cegato, trechos del Norte de América.
Sin embargo, el descenso continuo del termómetro amueblada segl1n los más minuciosos preceptos de
nadie se aventura á tirar, y por otra parte y por más
que procure explicármelo, no puedo comprender có- hacía inminente la gran congelación que se acercaba· la higiene. ?or la no~he se celebró un banquete y
mo un tirador cuya bala pasa tan cerca del rostro de de hora en hora. Desde el Norte llegaban grandes todos los asistentes brindaron con el mayor entusiasun hombre ha podido tomar este hombre por un bi- bergs ó montañas de hielo con su escolta de témpa- mo por el buen éxito de la expedición.
Al día siguiente el Sr. de Keralio, ejerciendo por
nos más pequeños y restos de campos de hielo que
sonte.
Y añadió con el buen humor que le era peculiar. soldándose unos á otros constituyen el gran pack, primera vez de jefe, reunió á todos los expediciona- Nos toca, pues, abrir los ojos, y abrirlos bien; como vulgarmente se llama á esa llanura sin fin y rios á fin de leer el reglamento.
A semejanza de lo que hizo la expedición inglesa
pues, sin esto, el digno Schnecker tendría el derecho desolada que cubre en invierno la vida oculta en el
fondo de los mares. La temperatura media en el mes de 1876, los oficiales dividieron á sus hombres en pede tomarnos á todos por bestias.
Sus compañeros rieron del equívoco, pero el asun- de agosto fué de 6 grados, y parecía templada relati- lotones que tenían obligación de dedicarse á distinto era demasiadr, grave para que se olvidara tan vamente á gentes que en su país y en invierno sufren tas tareas. Además de éstas todos y cada uno fueron
sometidos á la obligación de tomar parte en las fae·
pronto, así es que el Sr. de Keralio no pudo por temperaturas 12 ó 15 grados más frías.
Isabel no perdió ni por un momento su vivacidad nas generales y comunes que exigían servicio cotimenos de hacer esta observación:
- ¿Por qué motivo habría cometido tal crimen? y buen humor, y por lo contrario, parecía tener prisa diano, tanto en el interior del fuerte como cuando
Ninguno de nosotros le ha hecho daño alguno, ni le en ver llegar el invierno, pues éste debía inaugurar llegase el momento de las exploraciones.
Además de esto se pasó revista al equipo y armal~s grandes experimen,tos astronómicos y meteorolóha manifestado la menor desconfianza.
- Dispensad, dijo Huberto con el mismo buen hu- gicos. ¿No sería ademas el pFecusor de la primavera, mento y el médico inspeccionó cuidadosamente á tomor; hay alguien que se lo manifiesta desde el pri- época consagrada á las exploraciones y viajes en tri- dos los marinos, pues la necesidad de conservar una
neo, si no era posible empujar más adelante la Estre- salud _robusta era una de las principales para salir
mer día. Salvator no le puede tragar.
con bien de la empresa acometida.
- Es verdad, dijo el doctor, y el argumento es de lla Polar por el camino del Norte?
Resultaron de este recuento y distribución depeso. El instinto de los animales y particularmente . El Sr. de Keralio no participaba de la misma opide los perros lo tengo yo por infalible.
món, y sentía amargamente la condescendencia que jando aparte el cuerpo de oficiales, treinta ho~bres
Se interrump~ó y dirigiéndose al Sr. rle Keralio le tuvo por el capricho de su hija, temiendo por ésta la útiles entre marineros y obreros, de los cuales veinte
eran bretones y diez canadienses. Cada uno de ellos
llegada de los grandes fríos.
dijo:
Las primeras nevadas, la insidiosa aparición de la recibió una carabina Wínchester de cañón corto y
- ¿Vaya, de donde habéissacado ese químico que
tira tan mal?
muerte ~n sus formas más lúgubres, ensombrecían su de 600 metros de alcance, con ciento veinte cartu- De París, replicó el padre de Isabel. Me fué re- pensamiento como aquella inmensa bóveda de la chos, un revólver de modelo semejante á las carabico.mendado eficazmente por personas muy conocidas, cual el sol iba á desaparecer durante cuatro intermi- nas francesas con diez paquetes de cartuchos un cuchillo de caza, una hacha de mango corto c~yo filo
miembros del Instituto y sociedades científicas de nables meses.
los departamentos.
Pero conocido que el ni.al estaba ya hecho y que estaba recubierto de una funda de latón y ~demás un
- En este caso, dijo el doctor pensativo, habrá no era posible remediar las consecuencias de su estuche completo de campaña, con cortaplumas de
sido una veleidad personal por su parte que no sé condescendencia, ocultaba sus temores con objeto cuatro hojas, tijeras, hilo y aguja y peine y cepillo.
cómo explicarme; uno de esos sentimientos profun- de no alarmar á Isabel y de que no perdiera el buen Como prendas de vestir les dieron tres pantalones de
damente bajos y viles que nacen á veces en el alma humor y la fuerza moral de que tanta necesidad ten- lana dulce, tres camisas de franela, dos chalecos y
humana, pues una gran inteligencia no es garantía dría para sufrir los horrores de la invernada.
dos blusas, un abrigo forrado de pieles, un pasamonde que el que la posee tenga gran corazón .y buen . Cada día crecía más el trabajo de los expedicionacarácter.
rios. En una de sus excursiones hacia el monte Pet- Será preciso vigilarlo entonces, opinó el Sr. de termann, el teniente d'Ermont había descubierto una
K eralio.
abundante mina de hulla, que resultaba un verdade- Yo me encargo de este cuidado dijo Guerbraz. ro depósito puesto por la naturaleza en sus manos
Después de estas palabras se separaron, dándose c~si á flor del suelo. De allí se extrajo cantidad suficita para el estudio de las costas y el examen de los c1en~e para .el gasto de dos inviernos y se depositó el
mapas.
prec10so mmeral en grandes montones junto á las
A decir verdad, éstos eran de lo más incompleto galerías, teniendo buen cuidado de construir un coque puede imaginarse, y la expedición, en el punto bertizo de madera recubierto de lona alquitranada
en que se encontraba, hallábase enfrente de lo des- para preservar de la nieve aquel combustible indisconocido. Lo poco que se sabía era puramente hipo- pensable.
tético. La costa de la Groenlandia oriental no se
Entretanto se esperaba la vuelta de la Estrella
sabe de fijo por dónde corre más allá del 78°.
Polar con creciente impaciencia. Cada día que transLos sondeos practicados en el Spitzberg han dado cur~ía engendraba una nueva angustia, pues son co~rofundid_ades considerables, y parece que ninguna nocidos de todos los caprichós de los mares del polo. tes con capuchón, una gorra de piel de nutria, dos
tierra se mterpone entre el 7° de longitud oriental y Dos veces en menos de tres días se amontonaron en pares de mitones de lana, un par de guantes forrados,
el 20° de longitud occidental.
el horizonte enormes masas que hicieron temer que un par de botas de cuero para el verano, dos pares
La hipótesis de un mar muy grande y por consi- se cerrase el paso por donde debía llegar el navío.
de mocasines y dos pares de polainas de lana. Las
guiente sometido á la influencia de corrientes temAsí es que cuando el gaviero Kermaidic al bajar medias de lana quedaron en reserva en el almacén,
pladas y de grandes mareas era muy plausible. Ac- de su cuarto de vigía el 22 d e agosto anunció la apa- pues no debían entregarse á los marineros sino metualmente desde lo alto de los acantilados de la costa rición del vapor, estallaron clamores de alegría entre diante un bono de sus respectivos jefes de pelotón.
fos exploradores lo veían completamente libre, y en los invernantes.
Quedaban también en el almacén doce fusiles de
toda la zona que descubría su vista por la parte de
E l vapor apJreda á. lo lejos y el viento que sopla- c1za que se prestarían á los mejores tiradores.
tierra no advertían ninguna de esas anfractuosidades ba del Sud dejaba libres las cercanías de la costa.
( Co11Lfouará)

�medios de transporte entre los pueblos de la desem·
bocadura de la ría, habiendo formulado varios proyectos, tales como el de un túnel por debajo de la ría,
EL PUENTE PALACIO EN LA RÍA DE BILBAO
el de un puente giratorio, el de un puente fijo supeEste precioso puente, que sirve de lazo de unión á rior y el de una vía férrea apoyada, por la que circuLas Arenas y Portugalete, ha revelado por lo bello, lo laba un bastidor metálico con sus ruedas corresponútil y lo nuevo un genio prepotente y de rica fanta- dientes, hasta que se fijó definitivamente en d que
ahora acaba de inaugurarse y
que consiste en cuatro torres,
dos á cada lado del rlo, de 45
metros de altura, la mayor conocida en los de este sistema, y
un tablero horizontal que va de
unas á otras y en la que hay establecida una línea férrea de
cuatro rieles de 8 metros de anchura total, sobre la cual circula un tren de rodillos acoplados que soportan la plataforma ó carro transbordador, capaz para 150 ó 200 personas y
un carruaje cualquiera, que se
transportan de uno á otro lado
como por el aire, fuera del alcance de las olas y al nivel de
los muelles de ambas orillas, en
un minuto de tiempo, sirviéndose de ingenioso y fácil sistema de suspensión por medio
de fuertes y resistentes cables
cruzados, á fin de evitar los
efectos de los vientos fuertes
que pudieran producir oscilaciones peligrosas ó molestas.
El movimiento es producido
por una máquina de vapor situada en una de las torres, que
mueve un cable sin fin; y como
los movimientos de la plataforma son independiientes del
agua, va y vuelve de uno á otro
lado con gran suavidad, sin
cuidado de que haya tropiezo
alguno con las embarcaciones
que cruzan la ría.
E l embarque y el pasaje se
verifican sin incomodidad alguna, como si fuera un carruaje
de
los más confortables, y no
Fig. I . Vista parcial del puente al colgar el transbordador
existe el temorde que un desperfecto interrumpa los viajes, porsía dentro de la industria moderna: el ingeniero que están tomadas todas la medidas y precauciones
M. Alberto de Palacio.
necesarias para sustituir en brevísimo tiempo cualLas extraordinarias condiciones de esta construc- quier pieza ú organismo que se deteriore.
ción, no sólo revelan ya al autor con un genio excepEl carro transbordador puede soportar 30.000 kicional, sino que prueban que aun entregado á las logramos y en él pueden pagrandes· lucubraciones de su espíritu sabe sujetarse sar sin inconveniente alguno
á las exigencias de las especulaciones económicas.
caballprfas, carruajes, vagones
El Sr. Palacio ha consagrado unos cuantos años á con.carga y hasta locomotoras
la realización de esta obra, en los cuales no le han ¡or medio de una rampa que
faltado ciertamehte sinsabores, y para que se realice permite el acceso al transbor·
de una manera cumplida el que todo lo genial lle-va da'dor sin desenganchar y sin
consigo las amarguras de·lo mediocre, acaso lpg mis- apearse los viajeros.
mos que con el tiempo estaban· destinados). ser los
El presupuesto total de la
que más directamente aprovechan su pbra han obra concluida del todo es de
sido causa de ellas. Es claro, es difícil qµe á un es- 670.900 pesetas, algo más de
pecul~dor le sepa bien que una obra, p,or muy origi- lo que se había calculado en
nal ·que sea y por muchas dificultades que se presen- un principio, lo cual es propio
ten en el camino de su realización, cueste 670.900 de todas las grandes empresas,
pesetas si está presupuesta en 500.000; pero es y ha sido debido á inconvemás fácil y muy agradable el recoger un ingreso del nientes surgidos en la ejecuduplo de lo presupuesto y recibir felicitaciones y ción de las obras; y el de los
arcos de triunfo por el agradecimiento que los pue- gastos anuales, entretenimienblos sienten.
to y conservación serán de
El viernes 28 del pasado julio se verificó el acto 10.950 pesetas, habiéndose
de la bendición é inauguración pública de esta gigan- calculado el producto líquido
tesca obra del genio y de la constancia del notable anual en 96.000 pesetas.
arquitecto é ingeniero D. M. Alberto de Palacio,
En el curso de las obras no
habiendo tenido lugar en los días anteriores las prue- ha habido accidente ni desbas particulares y oficiales con un resultado altamen- gracia alguna entre los obreros,
te satisfactorio por lo que respecta á la parte técnica y á pesar de ser una obra tan
de su ejecución.
grandiosa, única en el mundo,
Esta grandiosa obra es un monumento de Vizca- todo cuanto se previó hace
ya, á cuya importante industria minera y á la vida y tres años, al proyectarla, se ha
movimiento de Bilbao en sus relaciones con Portu- cumplido con exactitud magalete y Las Arenas ba prestado un inmenso servicio, temática, sin el menor error
asegurando un paso constante, rápido y seguro entre de cálculo ni falsas maniobras,
ambos pueblos de las dos opuestas orillas del Ner- á pesar de que se conceptuaba
vión, los cuales están unidos á la capital de Vizcaya por muchos como imposible y
por vías de comunicación rápidas y directas, dos fe- quimérica su realización por la
rrocarriles casi paralelos á la ría y dos tranvías que dificultad aparente con tanto
si~uen la misma dirección á los dos lados de l¡i acierto vencida de evitar las
misma.
oscilaciones, habiendo sido neHace algunoS' años, el Sr. Palacio se consagraba cesario para corroborar la opicon una tenacidad singularísima á resolver el impor- nión y las afirmaciones del'
tante poblema de establecer la comunicación y los Sr. Palacio respecto á este pun·
SECCIÓN CIENTÍFICA

NúMtRO 609

NúMERO 609

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTtCA

to, pedir su parecer al eminente ingeniero de París
M. Brüll, quien hizo por encargo de la Compañía
del puente un notabilísimo trabajo de cálculos, con
los que vino á demostrarse matemáticamente la posibilidad del proyecto y el brillante resultado que auguraba para el mismo, como se ha visto ahora. Dicho
señor ingeniero resolvió también algunas diferencias
de apreciación, de carácter puramente técnico, suscitadas entre el Sr. Palacio y el distinguido ingeniero constructor D. Fernando Arnadín, siendo su
dictamen en esta cuestión una obra maestra suficiente.
á formar una reputación, si ya no la tuviera creada y
bien cimentada en su larga y brillante carrera, de la
que es testimonio el aprecio y estimación en que le
tienen sus compañeros de la Sociedad de Ingenieros
de Francia, de la que ha sido presidente.
También merece especialísimamenciónelingeniero
constructor que con acierto singular y sin emplear
andamio de ninguna clase ha montado los elevadísimos
pilares de hierro del puente y el tablero horizontal,
todo al aire, por medio de cables ingeniosos y pies
derechos de madera de cuatro metros de longitud.
En una palabra, esta es una obra de exactitud
y precisión admirables; un puente rígido y en
completo equilibrio, cuyos pilares tienen 62 metros
de altura y 45'10 desde el tablero del puente hasta
las aguas de la ría en la sobrepleamar equinoccial,
siendo la flecha actual del tablero om,20 en sentido
no horizontal y 16om de luz total de eje á eje de
pilares.
El motor es una máquina de vapor de dos cilindros de alta presión y de marcha continua, que mueve
un árbol, el cual transmite la fuerza por flicción, comunicando el movimiento hacia atrás ó hacia adelante
ó permaneciendo, á voluntad, en reposo. Su potencia
es de 25 caballos, pudiendo desarrollar 35, pero no
son necesarios más que de 6 á 8 para la marcha ordinaria, y la velocidad del transbordador, que es de cero
al empezar y al terminar el viaje, alcanza hasta 3 metros por segundo, siendo nula la oscilación aun con
el viento más fuerte.
Este puente, que hace honor al talento y á la iniciativa de su inventor D. Alberto Palacio, producirá,
á no dudarlo, inmensos beneficios al comercio y á la
industria y á las relaciones de toda clase entre los
pueblos de las dos orillas del Nervión y al de Bilbao,
por la rapidez, comodid¡id y seguridad del transporte,
toda vez que puede pasar diariamente de 8 á 10.000
viajeros sin contar las mercancías, ganados yvehícu•
los de toda especie, lo que autoriza á asegurar que el
movimiento y el tráfico actuales entre ambas márgenes del Nervión ha de triplicarse ó cuadruplicarse.
Antes de terminar este artículo, reproduciremos
algo de lo que acerca de este puente dice el importante periódico L' Ilustration, de París:

LA ltUS'I'kACtÓN ARTÍS1'1CA
cuerda por su origi•
nalidad las atrevidas
construcciones que
parecían ser especialidad exclusiva
de los ingenieros
norteamericanos.»
Estos conceptos,
vertidos por un•francés, son el mejor
elogio de la obra del
Sr. Palacio, pues sa·
bido es cuán parcos
en a labanzas son
nuestros vecinos
cuando de algún español se trata.
Las fotografías
que reproducimos
nos han sido remitidas por D. Antonio
Berdegué, de Bilbao, á quien damos
nuestras más expresivas gracias por
su atención.

«Generalmente la
travesía de las desembocaduras ó entradas de puertos
análogos, se verifica
por medio de puentes giratorios ó levadizos ó corredizos,
que tienen múltiples inconvenientes,
puesto que cuando
están abiertos interrumpen la circulae i ó n: además exigen potentes máquinas para maniobrar
sus masas, y finalmente sólo sirven
para cruzar distancias relativamente
cortas.
»El puente transbordador, que ninguno de estos inconvenientes ofrece, es
digno por ello de
admiración y re-

_....,_
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ao titubean en purgarse, cuando Jo
aecesitan. No temen el asco ni el cau,ancio, porque, contra lo que sucede con
l'!S demas purgantes, este no obra bien
SUlO cuando se toma con buenos alimentos
1 bebidaslortilicantes, cual el vino, el catd,
e¿ td. Cada cual escoge, para purgarse, la
uora y la comida que mas le convienen,
sevun aus ocupacfones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamentea11ulado por el electo de la
buena alimentacion empleada,uno
1e decide fácilmente á volver
il empeHr cuantas veces
sea necesario. •

W

6
6
•

••-t••···'

Querido enfermo. -Flese Vd.• mi l1r11·u~rt.nola.
1 haga u10 de nuutroa 6RANOS de SALUD, pue, el/oa
lo ourarAn de , u con1t1p1cfon, le dar,n apetito 1 lo
derolrer,n el sueño , 11 1lefrl1. - A11 mirj Yd.
mucho, año,, d11frut1ndo 11tmpr1 dt una buena ca/~d,

CARNE y QUINA

B1 ~ento mu reparador, llllido al Tónioo mu enei¡ico.

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Fig, :2. Vista superior del tablero

X.

Fig. 3. Conj.into del puente, visto desde la iglesia de Portugalete

T CON TODOS LOS PnlNCIPIOS Nt!TllITIVOS SOLUBLBS DB U CARNE

ClAaH

y omrut son los elementos que entran en

la

compostcton de este potente

reparador de las ruerzas Titales, de est.e ru&amp;iaea ■wi per e■eele■ela. De un gusto sumament.e agradable, es soberano contra la .A nemta y el .Apocamtfflto, en las Calentura,
1 Conoaüeenctas1 contra las Dta"tfU y las .Afecct()nu del E1tomaoo y los ,ntuttno,
Cuando se tra~ de despertar cl apetito, asegurar las d1gesUones, reparar las ruérzu,
enriquecer la sangre, entonar el organismo y precavet- la anemia y las epidemias provocad.u por los calores, no se conoce nada superior al l'i■• de Quilla de .t.roud.

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LA CAJA : 1FR. 30

�568

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

609

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

¡A LOS TOROS! ALBUM TAUR0MÁQUICO,pordon
Daniel Perea. - Mucho se ha publicado sobre la

POR AUTORES Ó EDITORES

fiesta nacional española ; pero no vacilamos en afirmar que nada de cuanto hasta hoy se ha hecho
en este género da una idea tan completa y tan
exacta de las corridas de toros como el álbum que
acaba de editar D. Hermenegildo Miralles. El
nombre de Perea es la mejor garantía, no sólo de
la exactitud con que están reproducidos los prin•
cipales lances de una corrida, sino además de
la perfección que en punto á di bujo y á color tienen las acuarelas en el álbum contenidas. Estas
son en número de 28, reproducidas por la cromo•
litografía, y cada una de ellas es un verdade·
ro·cuaclro ele mérito lleno de verdad y de vida.
Acompaña á cada lámina una explicación de la
escena en la misma representada, en castellano,
francés é inglés. Contiene además el álbum la
célebre marcha de la manolería de la popular
zarzuela Pan y Toros, del maestro Barbieri, con
bonitas ilustraciones del mismo Perea. Creemos
que el Sr. Miralles ha tenido una excelente idea
a l publicar ese álbum para uso de españoles y sobre todo de extranjeros, que podrán gracias á él
conocer de verdad la fiesta que tanto les entusiasma y acerca de la cual tan equivocadas ideas
tienen. Véndese el álbum al precio de 20 pesetas en las principales librerías y en casa del editor, Bailén, 59.

EL SEÑOR y LO D&amp;MÁS, SON CUENTOS, por
L eopoldo A las ( Clarín). - Decir hablando de un
libro del Sr. Alas que cuanto contiene está bien
pensado y mejor escrito, que es original en sus
ideas y hasta en su título (hallazgo feliz de su
autor), profundo en sus juicios y ultracorrecto y
elegante en su estilo, es decir lo que por sabido
huelga. Los que desdeñen su última obra creyendo que por tratarse de una colección de cuentos han de hallarse con una serie de narraciones
triviales, andarán tan equivocados como los que
por ser de filósofo y critico tan eminente le teman
al libro en cuestión, suponiéndole conjunto de
abstrusas teorías y de abstractas especulaciones.
Cuentos son los trabajos coleccionados y todos
encierran no pequeño sentido filosófico; pero ni
los cuentos tienen nada de común con los vulgares relatos que generalmente se nos ofrecen con tal
denominación, ni el sentido filosófico traspasa un
punto los límites en que la amenidad se convierte en aridez. Todo el mundo puede hallar en el
libro grato entretenimiento; muchos encontrarán
en él además materia para meditación y estudio
no menos gratos. Si no fuera un lugar común tan
gastado, diríamos que pocas obras en su género
se ajustan tan perfectamente al precepto de Horacio como la última publicada por Clarín. El
Seílor y lo demás, son cuentos, elegantemente editado por el Sr. Fernández +,asanta, de Madrid,
se vende en las principales librerías al precio de
3 pesetas.

.. --...,

DEDICATORIAS, poesía por C. del Castillo. Nuestro distinguido colaborador Cayetano del
Castillo, cuyos bellfsimos artículos en prosa han
podido 1aborear los lectores de LA ILUSTRACIÓN
ARTISTICA, es á la vez que elegante y castizo
prosista inspirado poeta, como elocuentemente lo
demuestra el tomo de poesías que hace poco ha
publicado. Las contenidas en el libro pertenecen
á varios géneros y en todas ellas campea gran
ins¡,iración y una armonía de lenguaje que cautiva y en todas abundan los más bellos pensamientos y las más justas imágenes. Véndese el libro
al precio de 5 pesetas en las principales librerías
y en la casa del autor tPárraga, 9, Granada).

ALBUM PONS. - Nueva muestra de su ingenio
ha dado el conocido caricaturista Angel Pons en
el álbum que nos ocupa; las historietas y escenas
en éste dibujadas, unas veces provocan la carca•
jada franca que arrancan los trabajos análogos de
los alemanes, y otras hacen asomar á los labios la
sonrisa picaresca que producen las obras de cier •
tos dibujantes franceses. No se crea por esto que
Pons es imitador de unos ni de otros: Pons tiene
personalidad p ropia, hija de la observación atenta, de un criterio justo y de un lápiz seguro y sobrio que en cuatro líneas traza una figura y exp resa lo que ésta siente. Además, en muchas de
sus caricaturas se revela un espíritu crítico no
vulgar que fustiga todo lo censurable sin acudir
á medios poco dignos: sus criticas son alfilerazos
que señalan el lado i-idiculo de los hombres y de
las cosas, no con intención dañina, sino como sal udable advertencia. El álbum, editado por el
Sr. Fernández Lasanta, se vende en las principa•
les librerías a l precio de 2 pesetas.

TRAGEDIAS, por el Exmo. Sr, D. Vlctor Balaguer. - La Biblioteca popular catalana ha publicado su torno IV, que contiene tres tragedias catalanas del eminente literato Sr. Balaguer: son

Lo guant del degollat, Las esposa/las de la mor/a
y Los Piri11e11s. Nada hemos de decir acerca de
ellas; el nombre de su autor ocupa en la litera·
tura patria un puesto harto eminente para que
hayamos de ensalzar sus obras, tanto menos, cuan•
to que las tragedias figuran entre sus más bellas
producciones. El precio del tomo, que se vende
en las principales librerías, es de 2 reales.

BUENOS CAMARADAS, dibujo de P. Golleron

Las casas ex t r anjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden h acerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, P aseo 'de Gracia, núm. 21
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oonautuye el reparador maa ent:ri!co que se conoce para curar : la Clorósü, la
1.tltmta, las llfflltruacfo1fu tSolM'o,a,, el Jlmpol&gt;reamtento y Ia: .Alteracwn ae l4 Sangre,
el Raquttumo, las J.feccúYAa e.scro(Umu Y ucor&amp;utkas, eté. El 'l'iao irerruct■oH de
.a.roud es, en erecto, el único que reune lodo lo que entona y fortalece los organos,
regu!artzal coordena y aumenta considerablemente la.s tuerzas ó Infunde a 1a aanrre
empobrec da y descolor!da : el YIQor, la Coloracw11 y la llMrgta "'tlll.

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mundo, pasa inmediatamente en la
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destruye hasta las R ~ ICES el VELLO del 'roslro de las damas (Barba. Bigote, etc.), sin
niogun peligro para el cutiJ. so·Años de É:a:tto, y millares de testimonios garantizan la eficacia
de esta preparadon. {Se vende en 0aJa1, PJ.fª la barba, y en 1/2 oaJaa para el bigote ligero). Para
101 brazos, empléese el PlLl J'flBE :J&gt;USSER, l , rue J .•J .•1\ou1seau, P aria.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
I MP, DB MONTANER

Y

SIMÓN

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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