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                  <text>.·. ~trtélC10f)

Ftí~t1ea
ARO XII

- - - - - -~

BARCELONA 11 DE SEPTIEMBRE DE 1893 __. _ _ _ _ __

NÚM. 611

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL !-LUSTRADA

'

QUIEN ESPERA..., oua.dro de L. Blume Siebel't

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

61 I

NúMERO 611

en el arte de la republicana Francia. Pintura y escul- en ningún tiempo se lanzó sobre la organización sotura, oratoria y literatura, filosofía y poesía, fueron cial de este siglo.
Revoluciones políticas y revoluciones artísticas
por aq!lellos tiempos de la primera república francesa imitación ó algo así como rapsodia de los frescos marchan á la par, en busca de un mismo ideal, si
de Pompeya, de las estatuas y bajos.relieves de Grecia bien el arte ya delante. Así aconteció en España en
y Roma, de los días de los Pericles y de los triunviros, épocas no muy lejanas ciertamente.
A partir de 1858 á 1866 es imposible separar los
de los Cicerón y Catili11a; de los Lucano y Ovidio.
Pero no en la forma solamente todas estas artes y éxitos pictóricos de los sucesos políticos, ligados ínTexto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. -El
pillln, por Luis Taboada. - La Exposición 11~1iversal de _Chi- ciencias de. lo bello sufrieron el influjo del espíritu timamente. Asistimos en este espacio de tiempo á la
cago, por X. - El trefeo, por S. L6pez Guijarro. - Miscelá- revolucionario, sino también en la idea generadora. consumación de uno de los fenómenos más interesannea. - Nttestros grabados. - Una francesa en el polo Norte David, como sus discípulos, pinta Sabinas, Belúa- tes que suelen tener lugar en los períodos de gesta(continu;¡ci6n), por Pedro Mael, con ilustracion'es de Alfredo
rios, · mezclándolos con la reproducción de hechos ción de las grandes revoluciones, las cuales afectan
Paris. -SRCCIÓN CIENTÍFICA: Varios. .
'
Grabados. - Quien espera... , cuadro de L. Blume Siebert. históricos. Las Horas, Las Piérides, cuantos mitos en todos sentidos á las ideas como á las prácticas
- Proyecto de monumento en Manila á la memon·a de M. Ló- . y simbolismos las teogonías paganás inventaron, fue- consuetudinarias de un pueblo.
pez Legazpi y Fray Andrés de Urdaneta, por el escultor don ron reproducidas por el pincel ó el cincel de los arEste fenómeno acaeció en el orden artístico, por
Agustin Querol y el arquitecto D. Luis Maria Cabello y Laolvidar, mejor dicho, por no ser comprendidos de los
tistas
de
los
últimos
años
del
siglo
pasado.
Las
copiedra. - La Exposicwn universal d~ Chicago, dos grabados.
- Feria de 1m pueblo en la alta montana romana, cuadro de rrientes políticas, buscando un cauce á propósito por políticos avanzados, hombres de letras casi todos, los
Mariano Barbasán. - Los /11mos en la Galia, copia del cuadro donde deslizarse, quisieron marchar por aquel por verdaderos revolucionarios del arte, los precursores
de G. Rochegrosse. - ¿Qué tal estoy?, cuadro de F. Dvorak. donde en pasados siglos se había deslizado la vida de Rosales. Aquéllos buscaron apoyo en la pintura
- El herrero, dibujo de León Lhermitte. - Los juegos florapolítica y social de Roma, exenta todavía de los ór- para acometer con coraje el planteamiento de sus
les, cuadro de Luis Jiménez Aranda. - Santas justa y Rujina, cuadro de Domingo Fernández y González. - El celebra- ganos de un estado político como el que comenzó á ideas. Veamos cómo.
Convencidos los progresistas de que la guerra de
do pintor francés Augusto Glaiu. - El eminente doctorJ. M. ser en el imperio de Julio César. La revolución franCharco!. - Sierra circular. - Nuevo alumbrado de la estatua cesa se produjo porque las inmoralidades de ' todo Africa había sido una magnífica casta11a con que
de la Libertad del puerto de Nueva York. -La primera
orden de la monarquía; la absorción de todo poder O'Donnell y su partido distrajeran las aspiraciones
rina, cuadro de A. Corelli.
.,......,......,.............,......,..,...... ,.............,..,......,.. ,,.,,.....,,......,......,......,......,..,..,,..........
por parte de una clase privilegiada; el acaparamiento del país, relativas á un cambio político, y plenamende cuanto significaba un pr1vilegio, siquiera éste no te seguros de que la unión liberal, por tal medio aseVERDADES Y MENTIRAS
rebasara de las lindes de la especulación puramente guraba su existencia por largo tiempo en el poder,
Cuando este artículo salga á la pública luz en las intelectual, pesaron Jo suficiente en las colectividades trataron los primeros de atacar por cuantos medios
columnas de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, los· acon- ilustradas para que éstas, ahondando en el estudio tuviesen á la mano al embaucador gobierno; y uno
tecimientos políticos que en los momentos actuales de lo que la personalidad humana es y significa ante de los medios fué el de aprovechar la influencia que
se desarrollan, habrán tomado u n rumbo definido y la sociedad, lanzasen á los cuatro vientos las prime- en las masas ejerció y ejerce siempre el arte, pues lleclaro. Cuál sea éste, nadie por hoy puede adivinarlo. ras ideas de la igualdad del hombre. El pueblo aco- ga hasta ellas por el sentimiento.
Les venía de perlas, pues, las tendencias avanzaPero sea dicho rumbo el que quiera, ora navegue- gió estas ideas con tanta más vehemencia cuanto que
mos hacia la restauración de la normalidad de la vi- por medio de la literatura, de la poesía, de las artes das de los artistas que aparecían luchando en las
da social, al presente turbada hondamente; bien va- plásticas, llegaban hasta él, hiriendo, antes que su in- Exposiciones nacionales de 1860, 62 y 64 con cuadros más ó menos directamente inspirados en las tenyamos á un período revolucionario, tengo por cierto teligencia, su sentimiento.
que estos períodos anormales de los pueblos conTan cierto es esto, que reinando en España Fer- dencias exaltadas. En La rendición de Bailén, en I ntienen los gérmenes de nuevas ideas, de aspiraciones nando VII se prohibió la importación de toda obra dependencia y libertad, en Los comuneros, en el Desmás ó menos justas, de algo, en fin, que instintiva- de filosofía y de literatura, como la reproducción embarco de los puritanos, en Fernando el Empl,zzado
mente se agita y se presiente cuando se rompen ó se plástica de nada, que pudiera ser interpretada por na- y en otros de esta índole, vieron Olózaga y sus amipretenden romper los moldes de Jo constituído y die en contra ó menoscabo de la autoridad absoluta gos motivo y materia bastantes, á propósito para despertar entusiasmos por su causa y lanzar agudos ~araceptado.
del rey y de la religión.
Porque es conveniente no olvidar cómo la seculaPero no en vano nuestro Feijóo, como J ovellanos dos al gobierno, bajo la salvaguardia de la crítica
rización de las distintas fórmulas convenidas para el y Moratín y D. Ramón de la Cruz y el cáustico y te- pictórica.
Y si en el campo político lidió ayer el arte, hoy lo
régimen de los pueblos, está en relación inversa del rrible lápiz de Goya, habían roto la quietud mortal
dinamismo de la civilización. Secularizar nada en nin- de una nación meticulosa, fría, hipócritamente reli- hace en el campo social, y lidia también con vigor,
gún orden ni en principio alguno, así. social como re- giosa, como dice un académico, nada sospechoso por manteniéndose, hoy como ayer, en la altura en que
ligioso, político, científico ó artístico, equivale á tan- cierto de revolucionario. El primero, acometiendo la debe mantenerse esta entidad, antes que todo encarto como á naber alcanzado el discernimiento de lo empresa de expurgar errores, de vivificar cuanto de gada de la sublime misión de producir la belleza, de
infinito, de lo que rebasando los límites de cuanto la la inteligencia era, y parecía muerto ó desquiciado; llevar al alma y al corazón emociones y sentimientos
razón y el sentimiento humanos pueden apreciar, ha- el segundo, hablando en nombre de los i"ntereses de puramente pasionales.
La evolución actual de la pintura como la de la
ya de ser tan amplio en su esencia, que en él puedan los pueblos; el tercero, poniendo en solfa la pedantevivir y adquirir forma todas las manifestaciones del ría de los sabios con sotana y sin ella, que pretendían literatura misma hacia el idealismo, que emana de la
sentir y del pensar.
seguir ejerciendo censura sobre todo cuanto el inge- realidad; ese movimiento del arte buscando en el mePor eso creo necesarios estos sacudimientos que nio del hombre produjera; el cuarto, lanzando al me- dio social, en que se agitan y viven el obrero y el lade tiempo en tiempo agitan, trastornan y llevan á dio del palenque literario y aportando por este modo briego, campo para su inspiración; ese religioso entulos pueblos á lo desconocido; porque creo que no elementos estéticos nuevos al cuarto estado; el quin- siasmo con que el pintor busca en la naturaleza, adepudiéndose encontrar la fórmula de Jo absoluto, lo to, zahiriendo con ruda igualdad, así al rey como al más del color y de la línea, ese algo misterioso que
relativo habrá de serlo siempre mayor ó menor, se- magnate, al clérigo como á las gentes de las últimas se produce de la conjunción de aquellos elementos y
que se advierte en sus manifestaciones, ya de calma,
gún que la decadencia ó la elevación del nivel inte- capas sociales.
lectual se acentúen; y ese relativo debe sufrir las moDe este movimiento democrático y profético de ya de furor, ya de melancolía; esa evolución de la esdificaciones y transformaciones de cuanto es humano. las artes y de la filosofía resultaron aquellos otros tética hacia el sentido de un amplio acatamiento de
Y como á esos movimientos populares la historia viene movimientos políticos que en España se conocen por todo cuanto reproduzca la verdad, todo esto coopera
señalándoles en todas aquellas páginas en que de ellos constitución del año 1812, por la revuelta de Cabe- de un modo decidido al planteamiento y resolución
se ocupa como elemento primordial el del sentimien- zas de San Juan, por el Estamento, por las luchas de problemas tan graves, como son el socialismo, _la
vindicación del proletariado, la autonomía de las disto, yo creo que puede buscarse una íntima relación sangrientas entre realistas y liberales.
•
entre el estado revolucionario social de hoy y las
Se avecinaba en Francia un período constituyente, tintas y diversísimas colectividades que forman en
evoluciones que vienen sucediéndose rápidamente en después del reinado de Napoleón y del de aquel otro los grandes Estados.
En Francia, Beraud glorifica al obrero, como Plael campo artístico filosófico.
Luis, durante los cuales las-luchas pol'Íticas tuvieron
No quiero recordará este propósito aquellas gran- verdadero carácter social, y las artes iniciaron el pe- nellas y Cutanda en España, como los pintores budes revoluciones que transformaron la faz de las so- ríodo de los grandes ensueños, de la fermentación cólicos al labriego, como las escuelas regionalistas
ciedades y en las que tuvieron tanta parte las artes y de las ideas que desde Rugo á Proudh_o n matizaban las aspiraciones históricas de pueblos y razas.
las letras. Bien conocidas son de todos para que ne- un altruísmo sublime. El período romántico se inició;
R. BALSA DE LA VEGA
cesite apuntarlas aquí. Me limito, pues, á trazar un se desbordaron los sentimientos todos del alma en
paralelo entre los movimientos políticos acaecidos en torrente inmenso, obligando al pensador á soñar, á vi- •••••••,........,,.,. ,.........1••··•·1•,,·,,,.•,.•., .• ,.•., .•,........................,.,, .•..•., .., .•,,. ,.••.,. •..••,..•.•.,.•,.•.
un siglo que comienza en 1789 y la marcha del arte. vir dentro del mundo del espíritu, y á éste á templarEL PILLÍN
Vese en F rancia cómo se pone á la cabeza del mo- se á fin de poderse elevar hasta aquellas alturas donde
vimiento pictórico, reemplazando, mejor dicho, echan- la lucha de los egoísmos, de las ambiciones, de las
Durante cuatro ó cinco años ha sido el «terror de
do por tierra al arte de los Bucher, Watteau, Frago- preocupaciones, de todo, en fin, cuanto es patrimonard, etc., el autor del Juramento del juego de pelota. nio de la imperfección humana, decide de los desti- los esposos» en Ciudad Real. Allí tuvo de todo: amoDavid, imprimiendo en sus cuadros la severidad y el nos de las sociedades. Entonces las páginas más res, desafíos, conflictos graves y una erupción cutásentido moralizador, catoniano, que pretendían im- grandes de la literatura, las obras más hermosas del nea, producida por el abuso de las bebidas alcohóprimir al nuevo régimen los revolucionarios de buena pintor y del escultor, aparecen inspiradas en senti- licas. En diciendo Pepe Salchichín, todo el mundo
fe, aquellos á quienes obscurecieron los Marat y Ro- mientos de un deseo sublime, el de amar la tradición exclamaba e n Ciudad Real:
- ¡Valiente calavera! ¡Cuidado si la ha corrido ese
bespierre, uno con sus violencias de autócrata, otro con el espíritu moderno; y mientras los derechos del
con sus instintos de felino, no hacía más que respon- hombre se sancionan y las reivindicaciones de las hombre!
Cansado de la vida de provincias, se vino á ~ader á un sentimiento'- generoso indudablemente - clases desheredadas se manifiestan con terrible emde la parte sana del pueblo que derrocara una mo- puje, Rugo traza cuadros sociales como Nuestra Se- drid, dispuesto á adquirir fama de seductor y á pasar
narquía secular, y que miraba á la república romana 11ora y Los trabajadores del mar; Delacroix pinta por uno de los primeros truhanes conocidos.
- ¡El que me la dé á mí tiene que ser muy listo!,
de los días de Bruto como modelo que debía ser Los cruzados; Delaroche glorifica los genios de la pinimitado. David pinta inspirándose - como he dicho tura y de la escultura en el hemiciclo de la escuela decía Pepe á cada paso.
en cierta ocasión y hoy repito después de cinco años de Bellas Artes, al par que reproduce con verdad
Y, en efecto, cualquiera se la daba á él.
Lo primero que hizo fué echarse una novia, coris- en los mármoles paganos, por creer que en ellos, hondamente filosófica escenas luctuosas de tiempos
en aquellas maravillosas obras de la pagana Roma, y en que las guerras de religión siembran de cadáveres ta de Eslava, y después otra, hija de un escribano
por ésta á su vez copiadas de las griegas, encontraría las calles de las ciudades más importantes de Euro- de número, y e n seguida otra, cigarrera, y así sucesiel espíritu y el sentido políticos que debían reflejarse pa; ~roudh~n lanza ,el ana~ema más-espant9so qu~ yamente hasta once 6 doce. Hoy regañaba con una,
~

lt

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mañana hacía las paces y al día siguiente volvía á
regañar .. . Era un verdadero pillín el tal Pepito. ¡Y
cómo le envidiaban los demás huéspedes de la casa!
Doña Pía, la patrona, siempre le estaba diciendo:
- Guíese usted por mí, D. Pepe; recójase usted
~ás temprano; no beba usted coñac, que es muy peligroso. No hay más que fijarse en esa nariz para
comprender que tiene usted una irritación muy grande. Usted se está matando á sí mismo.
- J:?oña Pía, contestaba Pepe, el mundo_ se ha
hecho para que nos divirtamos. ¿Qué quiere usted,
que me meta fraile cartujo?
- Bueno es d ivertirse, pero no tanto. Tuve un
huésped, que era poco más ó menos como usted, y
no quería seguir mis consejos, hasta que un día estando comiendo unas patatas guisadas comenzó á ponerse rojo y á echar fuego por las ventanas de la nariz.
- ¡Qué atrocidad!
- Lo que ustey oye. Vino el médico de la casa de
socorro y dijo que aquello era una inflamación ... ; en
fin, á los dos días el pobre joven estaba de cuerpo
presente. Por cierto que tuvimos que meterle en la
despensa, porque los demás huéspedes estaban horrorizados y no querían ver el cadáver.
_¡Bueno es Pepe para dejarse guiar por doña Pía
m por persona. alguna! El sigue haciendo la vfda de
costumbre y se mete en todos los sitios peligrosos,
porque es lo que él dice:
- Muy listo tiene que ser el que me la dé á mí.. .
Días pasados uno de sus compañeros de pupilaje
tuvo la desgracia de que le robasen el reloj en el
tranvía.
¡Qué de cosas le dijo Pepe!
- ¡Pero hombre! ¡Parece mentira! ¡Dejarse robar
el reloj! Nunca lo hubiera creído de usted.
- A cualquiera puede sucederle otro tanto, contestaba la víctima.
- A cualquiera menos á mí, gritaba Pepe irguiéndose con arrogancia. No ha nacido quien me robe.
Pero pasaron dos ó tres días y Pepe se presentó á
la hora de comer con el semblante alterado y el pulso trémulo.
- ¿Qué le pasa á usted?, le preguntó uno de los
huéspedes.
- ¡Qué me han robado el reloj!, dijo Pepe descargando un puñetazo sobre la mesa.
Todos l~s allí presentes soltaron el trapo, y Pepe
se puso funoso.
- Vamos, tranquilícese usted, murmuraba doña
Pía mientras aderezaba la lechuga.
- P~rticipo á ustedes que el reloj tiene que parecer ó pierdo el nombre que tengo. Ya he dado parte 1
á la policía.
-¿Pero cómo ha sido? ...
- Pues nada: yo iba calle de Atocha abajo en
compañía de Úna mujer ...
- No diga usted más, alguna infeliz víctima de su
pasión.
. - ¡Pchs! ¡Qué s~ le va á hacer!, dijo Pepe con
aire de orgullo satisfecho. I ba acompañando á una
mujer preciosa ...
- ¡Ah, pillín!
.
-:- Pero esto n,o es del caso. De pronto ella quiso
subirse al tranvia para volver á su casa donde su
ausencia podría llamar la atención. Estre~ho su mano, la prometo volver á verla al día siguiente y me
dirijo con ella hacia el tranvía. Un jovenzuelo se interpone entre nosotros para subir también, y siento
de pronto un escarabajeo especial en el bolsillo d el
· chal~co, pero ~o fijo la atención en este detalle y me
despido de m1 amada con una frase cariñosa. Diez
minutos después voy á consultar mi reloj para saber
la hora, y ... el reloj no estaba en su sitio.
El otro huésped, víctima también de un robo semejante, no pudo menos de echarse á reir recordando las frases ·de Pepe.
- ¿Conque á usted nadie le roba?, decía el huésped tapándose la boca con la servilleta. ¡Ja, ja, ja!
- No se ría usted, porque no estoy para bromitas.
-Pero .. .
- Sepa usted que el reloj tiene que parecer, porque á mí nadie me la da en este mundo, y soy capaz
de irme á la prensa y armarle un escándalo al gobernador civil.
PROYECTO DE MONUMENTO ~UR SE HA l&gt;E ERIGI~ EN MANILA Á LA MEMORIA DE M. LÓPEZ LEGAZPI y FRAY ANDRÉS
Al pobre Pepe le habían robado el reloj cprtándoDR URDANRTA. Premia_do en el concurso celebrado en aquella capital el 19 de junio de 1893. Autores: D. Agustin
Querol, escultor; D. Lms M.• Cabello y Lapiedra, arquitecto.
le la cadena que lo sujetaba y dejándole un trozo
del cual pendía el medallón.
'
- Y gracias que me han dejado este dije, que es
- No, señ?ra; se me volvió loca por celos.
- Por ahora no; pero estamos sobre la pista. El
para mí de gran mérito, exclamaba Pepe contem- ¡ Pobrecita!
inspector no descansa hasta dar con la prenda y con
plando el medallón y el trozo de cadena á él unido.
- Y hoy la tiene usted en Miguelturra sentada en el culpable.
- ¿Es algún recuerdo de familia?, preguntóle la e~ porta_l de su casa, sin probar más alimento que al•
- ¿Cree usted que parecerán?
patrona.
piste, m más bebida que aceite de almendras dulces.
- Como si lo viera,
- No; es _un recuerdo de unos amores desgraciaDurante ocho días no se habló de otra cosa que
Mientras los huéspedes se entregaban al bacalao
dos. La muJer que me Jo regaló fué una de mis víc- del robo cometido en la persona de Pépe.
con tomate que les servía la patrona con mano solítimas inocentes.
- ¿Sabe usted algo?, le preguntabnn los compañe- cita, oyóse sonar el timbre de la escalera.
-¿Murió?
ros de mesa.
- ¿Quién es?, preguntó doña Pía por el véntanillo,

�LA

- ¿Vive aquí un caballero á quien Je robaron un te de cadena que no ha podido llevarse el ladrón.
- ¿Para qué?
reloj en la calle de Atocha?, dijo una voz varonil des•
- Para ver si es la misma: que aparece unida á un
de el exterior.
reloj que hemos rescatado de manos de un ratero.
-=- Sí, aquí vive,
Pepe abandonó el comedor, rápido como una ga-=-Pues vengo ...
cela; fuése á su cuarto; abrió con mano febril el ca•
jón de la cómoda y extrajo de él el trozo de cadena y
el medallón anexo.
-Aquí está, dijo de vuelta en el comedor entregando ambas prendas al hombre del gabán.

EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -

- Pase usted.
Entró en el comedor un hombre alto, embutido
en un gabán color de café con leche; en la mano llevaba un bastón con puño de hueso y usaba antiparras azules. Pepe se había puesto de pie y miraba al
recién llegado con gran curiosidad.
- Pues yo soy vigilante de policía, siguió diciendo
el hombre del gabán.
- ¿Me trae usted el reloj?, preguntó Pepe lleno de
júbilo.
- No, sefior; pero lo traeré mañana. •
- ¿Mañana?
- Estamos sobre la pista; pero necesitamos la par·

NúMERO 61 I

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¿Qué duda cabe? Pues hombre, ¿cree usted que
si no lo fuera le entregaría el medallón? ¿Por quién
me toman ustedes? Otra cosa no tendré, pero en
punto á experiencia de la vida habrá pocos que me
echen el pie delante ...
Doña Pía meneaba la cabeza en señal de asentimiento.
- La verdad sea dicha, pocos habrá más tunos
que D. Pepe, y no es porque esté delante, dijo la
patrona. El que se la dé á él ya p odrá ser listo.

Un concierto en la aldea alemana, dibujo de E. Limmer

- Perfectamente, murmuró éste guardándose cadena y medallón en el bolsillo.
•
Después púsose el sombrero, hizo una reverencia
y desapareció tranquilamente por el foro.
- ¿Lo ven ustedes?, decía Pepito radiante de júbilo. De seguro que el reloj rescatado es el mío.
Los demás huéspedes se miraron recelosamente.
- ¿Pero conoce usted á este sujeto?, le preguntó
un huésped.
-¿A cuál?
- Al que acaba de estar aquí.
- No le he visto nunca.
- ¿Será efectivamente de la policía?

- Muchas gracias, doña Pía, exclamó Pepe.
En aquel momento el timbre de la escalera volvió
á sonar y doña Pía fué á abrir la puerta, recibiendo
de manos de un mozo de cordel una carta para Pepe.
- ¿Es para mí?, preguntó el interesado paseando
su mirada orgullosa por todo el comedor.
- ¡Ah, tunante!, dijo uno de los huéspedes. Será
alguna cartita amorosa.
- Quizás, murmuró Pepe.
Pero de pronto perdió el color, restregóse los ojos,
hirió con el tacón de la bota el pavimento y reclinó
la cabeza sobre el respaldo de la silla.
- ¿Se pone usted malo?, le preguntó la patrona.
- ¡Pillo! ¡Tunante!, gritó Pepe estrujando entre
sus manos la carta recibida, que estaba redactada en
esta forma:
«Me alegraré que al recibo de la presente se halle
usted sin novedad. Y muchas gracias por el medallón y trow de cadena que ha tenido usted la bondad
de entregarme. Necesitaba ambos objetos para com· .
pletar los que he adquirido procedentes del chaleco
de usted.
»Adiós, panoli. - El rata pn·111ero.))
Los huéspedes, al leer la carta, reían como locos;
y dijo uno de ellos:
·
- Hay que desengañarse. Por algo llamaban á don
Pepe el terror de Ciudad Real.
Luis

TABOADA

•••·••''••·•·"•'••·..••·••"••'•••••••••"•'''•'••''••·••"•'''•"•'·••·••1•,,•••'""''•''••·•••·••·••''"''•''''''•''••·•••••r•..

LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO

11,:&amp;;POSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO - Molinos y turbinas de viento, dibujo de E. Limmer

La aldea alemana levantada en Midway Plaisance
no es simplemente una sección alemana de la Exposición, sino que constituye, por decirlo así, un pedazo de Alemania transportado á orillas del Mícbigan
y emplazado entre Java, Egipto y Turquía: en ella
basta los menores detalles producen en el que la visita la ilusión de que se encuentra en el corazón mismo de la nación germánica.
·De todas las instalaciones análogas que se ven en
J ackson Park ésta es sin duda la más completa y no•
table, mereciendo incondicionales elogios los que
han realizado aquella obra y muy en primer término

�590

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 611

EL TROFEO
Tal y como era Vázquez, que era en su clase digno ejemplar de su educación y de su época, ó sea
un desalmado caballero lleno de los vicios que engendra infaliblemente la fecunda ociosidad y de los
defectos que capitanea el defecto mayor del egoísmo,
sentía, sin embargo, un hondo afecto especial y concreto hacia su único amigo Torres, su compañero
de esparcimientos mundanos, y de casa, y de mesa,
y de comunidad de bienes en los diez años que vivieron juntos.
.
Que Torres quisiera también á Vázquez como le
quería, no era extraño, porque Torres, pervertido
más bien por debilidad y por hábito que por organización, era buen sujeto en el fondo. Pero que Vázquez quisiera á Torres haciendo en su obsequio la
sola excepción de su brutal misantropía, no dejaba
de ser un verdadero fenómeno psicológico, y una evidente prueba de que no hay mala naturaleza donde
no quepa alguna vez un buen sentimiento, digan lo
que quieran los pesimistas.
Sí, sí: aquel Vázquez que no había amado i nadie
ni á nada en la vida; que no había tenido familia;
que había sido abandonado en el estricto término
legal por cierto tutor empedernido; que no había estudiado, ni padecido, ni reflexionado nunca; que sólo había visto en las mujeres el placer y en los hombres la competencia, ,in sospechar que pudieran servir para algo más; aquella sensibilidad, en fin, atroLOS HUNOS EN LA GALTA, copia del cuadro de G. Rochegrosse, por el mismo'autor
fiada y ciega desde sus· albores, practicaba el culto de
(Salón de los Campos Elíseos de París, 1893¡
un cariño, de su cariño fraternal á Torres el bueno,
á Tor~s el débil. Que vinieran una mañana á decirle en su cama que el globo terráqueo iba á estallar
C. B. Schmidt, alemán de origen y avecindado des- de un cambio de guardias en Berlín, espectáculo que en el espacio como arpa vieja, si él no se levantaba,
de hace muchos años en América.
siempre atrae multitud de espectadores.
y de seguro se hubiera vuelto del otro lado. Pero que
El edificio más grande y más importante de la alle dijesen que iban á arrancar un cabello á Torres, si
dea alemana es el magnífico castillo antiguo con sus
El visitante europeo queda no poco sorprendido al él no lo impedía, y todos los héroes de la Historia se
arcos y saledizos, sus murallas y sus fosos. ¡Cuán ra- encontrar entre las antiguas ruinas toltecas· del Yu- hubieran quedado tamaños en su comparanza.
ro efecto ha debido producir esa pintoresca aldea á catán y las viviendas troglodíticas de los aborígenes
los habitantes de Chicago acostumbrados á sus casas norteamericanos una sección exclusivamente destina***
de más de veinte piso!., construídas de piedra y de da á los molinos de viento, en la que estos aparatos,
hierro!, y ¡cuánto debieron sorprenderse al atravesar unos altos, otros bajos, cuáles grandes, cuáles pequeCalcúlese, pues, la estupefacción amarga de nuestro
e( puente levadizo y penetrar en la aldea por el som- ños, y casi todos pintados con colores chillones, apa- paseante en Corte, cuando una mañana, de primavebrío portalón!
recen por docenas montados en armatostes especia- ra por cierto, entró Torres en su cuarto á decirle, sin
Con una seriedad digna de alabanza, los autores les, algunos de ellos tan elevados como pequeños preparación y á quemarropa, que se iba á casar. Saldel proyecto se han atenido en su ejecución estric- campanarios. Su forma es nueva, extraña, completa- tó su cuerpo fuera del lecho, como impulsado por
tamente al antiguo original alemán, evitando todo re- mente distinta de la que suelen tener tales aparatos una catapulta; la habitación empezó á dar vueltas alclamo, toda innovación, hasta el punto de no haber en algunos países de Europa, los cuales en su mayo- rededor de su cabeza, y sintió como sí le penetrase
colocado letrero alguno en la puerta de roble que ría son de sistemas antiguos, de cuando no se cono- un estoque por el costado izquierdo.
conduce al lugar en donde están instalados los cafés cían ni el vapor ni la electricidad, con sus negras ca¡Ah! ¡Cómo maldijo entonces á su pereza orgáy )os restaurants, lo cual no impide que los america- suchas y sus aspas que difícilmente mueve el aire.
nica, aquella incurable pereza que él llamaba la quenos con su notable instinto adivinen el significado
Los molinos de viento son tanto ó más necesarios rencia de la eternidad, y que le había siempre impede aquellos pórticos y llenen las mesas para conocer que en nuestro continente en América; en las gran- dido acompañar á su amigo al Retiro, antes del allos guisos de la verdadera cocina alemana y gustar des praderas del Oeste y en las
los mejores vinos alemanes, que se les sirven en be- mesetas que se alzan entre los
llos y típicos vasos éstos, y aquéllos en platos y sobre Montes Roquizos, se pasan á
manteles y servilletas reproducción fiel de los que veces semanas y aun meses sin
antiguamente se usaban en Alemania.
que llueva, á consecuencia de
El ala derecha de la aldea está ocupada por una lo cual sécanse los ríos, y las
porción de interesantísimas colecciones, entre las que gentes que ali{ viven hállanse
dest~canse el grupo Germanía, compuesto de 50 figu- sin agua en aquellos territoras con trajes alemanes vestidas, y la colección de ar- rios desprovistos de bosques.
mas del consejero municipal de Grossenhain (Sajo- Los mismos ferrocarriles llenia), Sr. Zschille. Esta colección, de un valor incal- gan á carecer de agua para aliculable y quizás la mejor de cuantas existen en po- mentar las calderas de sus loder de particulares, ocupa varias salas y constituye comotoras y se ven obligados
i;ina de las principales curiosidades de la Exposición, á llevarlas en tanques especiasobre todo para los americanos, que en aquellos ob- les. En cambio no falta en
jetos artística y pintorescamente agrupados pueden aquellas comarcas el viento,
contemplar y admirar un período histórico para ellos que á veces se convierte en
desconocido, la Edad media.
furioso huracán, circunstancia
Aquellas preciosas armaduras, yelmos, armas, bor- que han aprovechado los codados, arneses, utensilios domésticos, despiertan ad- lonos para utilizar un elemenmiración grande, y las colecciones de esculturas, di- to contra otro, es decir, el aire
jes, tejidos y porcelanas allí reunidas completan la contra el agua, y á este efecto
interesante instalación que permite conocer la vida y han abierto profundos pozos
costumbres de gentes de los pasados tiempos. ·
en las praderas hasta encontrar
Las demás casas agrupadas en semicírculo alrede- la humedad deseada y colocador del castillo son también imitaciones de antiguas do en ellos molinos de viento
construcciones alemanas, tales como la casa de la que extraen el para ellos tan
alta Baviera en 1480, con sn 01iginal arquitectura precioso líquido.
gótica y sus entablamentos; la casa alemana de 1650,
Estos molinos consisten en
construida según el estilo del último período del Re- armatostes de hierro que sosnacimiento; la casa de la baja Sajonia de 1570, y la tienen la ligera rueda de brade la Selva Negra.
zos múltiples y cuya altura deToda la parte occidental de la atdea alemana está pende de la situación del pozo.
ocupada por un jardín de conciertos poblado de cerLa importancia que, por lo
vecerías, en donde dos veces al día tocan alternando que dejamos indicado, tienen
dos bandas militares, la de los guardias de Corps y en la América del Norte los
la de infantería de la guardia prusiana, compuestas molinos de viento explica que
de cien músicos cada una. Antes de comenzar el con- se les haya destinado en Jackcierto, desde lo alto de una gran torre una banda ae soi1 Park· una sección especial
trompas y cornetas deja oir una Jan/are, mientras la que á título de curiosidad re¿QUÉ TAL ESTOY?, cuadro de F. Dvorak
infantería ejecuta en la plaza de la aldea el simulacro producimos. - X.

NúMERO 611

muerzo! ¡Cómo maldijo á la estación irritante, alteradora y florida! ¡Cómo maldijo á la revolución que
había dado á Madrid ese Parque, ese respiradero, ese
campo de citas! Porque Torres había conocido en el
Retiro á la mujer con quien, á falta de otra solución cien veces propuesta y rechazada, se casaba: una viuda francesa,
joven, rubia, esbelta, vestida y calzada en París, es decir, elegantísima, y
hablando en español chapurreado
con una gracia inmensa; gracia resultante de una imaginación fosfórica, y
de carácter más alegre que unas pascuas, el carácter de una solemnísima
coqueta.

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

59 1

pugnante, no es para descrito. Pero todo im.1tll; la
¡Bonitas son ciertas tempestuosas hembras para
coqueta despeichada demostró cien veces al anómalo darse por vencidas!
calavera que no tenía más remedio que sucumbir, ó
hacer una de pópulo bárbaro. Y como esta barbari***
Meses hacía que Vázquez no había puesto los pies
dad sería la ruina y 1¡¡. muerte de la dicha del buen

***

Sobre esto de la coquetería de
Ana'is, que así se llamaba, se hablaba en Madrid mucho, y se contaban
historias alarmantes, sobre todo la
del difunto esposo que, según las
crónicas, había muerto hecho un carbón sobre las parrillas de los celos.
¡Y venir Torres el bueno, Torres el
débil, á aumentar el número de los
achicharrados del matrimonio, en las
mismas barbas de aquel Vázquez que
tanto le quería! Pero no hubo remedio; porque cuando Torres dijo á
Vázquez que si no se casaba con
aquella mujer, que se le había metido en la sangre, se pegaría un tiro,
Vázquez cedió, dando un puntapié
moral á su voluntad propia. ¿Tenía él
acaso voluntad superior á la de Torres el débil?
Pero ceder en lo del casamiento
no era descuidarse respecto á sus
resultas; y Vázquez se dedicó, cuerpo
y alma, á velar por el Torres casado,
con una original mezcla de padre y
de Otelo, de interés profundo y de
terrible desconfianza, que era lo que
había que ver. Torres puso casa
aparte con su esposa; pero Vázquez·
dejaba la suya después del desayuno, y no salía de la de su amigo, donde almorzaba y comía1 más que para
ir de compras, de visitas, ó de paseo
con el matrimonio, ó al teatro algunas noches. Y mientras el buen Torres, embaucado y sorbido el seso por
su compañera, no se cuidaba más
que de aquella dulce envenenadora
de sus venas; y mientras la francesa
se dejaba querer y mimar, Vázquez
ejercía de tutor de la pareja, como si
en el mundo no hubiese casinos, ni
caballos, ni mujeres, ni barajas, ni
camorristas, ni nada.
El mundo madrileño ridiculizó al
principio desaforadamente al tutor y
á los pupilos; pero luego tuvo que
contentarse con hacerlo en voz baja,
porque Vázquez dió dos estocadas
magníficas á dos de los críticos. Y
en su virtud, la tutoría siguió su curso
normal durante el primer año; hasta
que un día, y de repente, con grande asombro de todos los círcul9s,
dejó Vázquez de exhibirse con el matrimonio, y hasta dejó de ir á casa de
Torres, según se supo.

¿Qué había pasado? Pues había
pasado, fuerza es decirlo, que la francesa era una bribona, como otras
muchas coquetas abusivas, de todos
los países; que, cuando se vió en
posesión absoluta del débil Torres
y su fortuna, aquella linda loca de atar se hartó hasta la saciedad de su deficiente señor legal, y se pro, puso buscar sus satisfacciones por otras vía~ que la
ley veda: que el tutor, con su voluntad de hierro, se
le hizo odioso, y que resuelta ante todo á librarse
de aquella fuerza opresora, se decidió ... ¿á qué piensan ustedes? ¿A enamorar á Vázquez? Precisamente;
á enamorarle, para anularle. El procedimiento es conocidísimo.
La ira dolorosa que sintió Vázquez cuando comprendió el pérfido procedimiento, no es para dicha.
Cómo significó su desprecio, cómo esquivó los ardides seductores, cómo rugió en aquella situación re-

EL HERRERO,

dibujo de León Lhermitte

Torres, Vázquez dijo un día á su amigo que el mundo está lleno de miserables, y que estos miserables
murmuradores le acusaban de parásito usufructuario y sórdido en aquella casa, y que en lo sucesivo
se verían poco, aunque él desde lejos seguiría velando por su felicidad.
Torres dijo á Vázquez que enviase el mundo á paseo. Vázquez dijo á Torres que para él era cuestión
de decoro, y Torres se sometió al alejamiento, que
fué cada vez mayor. Pero la francesa, para quien el
ojo avizor de Vázquez era más entorpecedor y más
intolerable de lejos que de cerca, no cejó en su torpe
propósito, como se verá.

en casa de Torres, cuando una tarde, al volver aquél
de su paseo á caballo y desmontárse á la puerta del
club, halló en ésta á un criado de su amigo con una
carta de la se,iora, según le dijo, que le fué preciso
abrir, y en que le escribía que su marido estaba enfermo en cama desde el día anterior y que deseaba verle. Y hete aquí al adusto retraído volviendo á montar, y salvando de un galope la distancia que le separaba de la mansión matrimonial, á cuyo portero dió
las riendas y cuyas escaleras subió rápidamente al
compás sonoro de sus espuelas y con su fino látigo
inglés en la mano.
El débil Torres sufría, en efecto, una grande exci-

�LOS JUEGOS FLORALES, cuadro de Luis Jiménez Aranda

1

SANTA~ JUSTA Y RUFINA, cuadro de Domingo Fernández y González

�594

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tación nerviosa, según el médico. Se le había propinado fuerte dosis de bromuro, que al fin logró narcotizarle; y sólo tuvo fuerzas para decir á su amigo que
no le abandonase, porque estaba seguro de que su
presencia le pondría bueno. Después cerró tranquila·
mente los ojos y empezó á dormir, quedando Vázquez
solo á su cabecera, pues la francesa se había retirado
al entrar él, para reposar también un rato: ¡estaba tan
cansada la pobre!
Era al anochecer. La alcoba quedó en silencio
profundo, y Vázquez, recostado en su butaca, se puso á pensar en la maldad de las mujeres en general
y de aquella pérfida rubia en particular, jurando para
sus adentros que sabría arrancar los dientes á la viborilla. Y terminado su acto mental y como quiera
que la obscuridad aumentaba, empezó también, sin
pensarlo, á dormitar.
De pronto creyó sentir el leve ruido de unas faldas
que se aproximaban: entreabrió los párpados y vió,
en efecto, á la francesa que, envuelta en vaporosa
bata blanca, sueltas las doradas trenzas sobre la espalda, suelto también y abierto con premeditación
visible el ajuste superior de su traje y sosteniendo
con su breve mano la delantera que dejaba ver sus
zapatitos de raso, se adelantó suavemente como una
aparición, llegó hasta él, y con un cinismo verdadera·
mente diabólico inclinó su cabeza basta la de su enemigo y puso con fementida resolución sus finos labios en los labios de Vázquez...
Se oyó en seguida una interjección feroz, una voz
varonil que dijo: «¡Atrás, canalla!..,» un latigazo, la
caída de un cuerpo en la alfombra, y un minuto después la puerta de la escalera al cerrarse violentamente.

El mundo madrileño supo al otro día que la francesa había sido expedida á Francia con el rostro cruzado por un negro surco, y que el buen Torres se había vuelto á vivir con el desalmado Vázquez. Algunos aseguraron también que, al instalarse de nuevo
en su antiguo cuarto, el débil protegido había colgado en sitio preferente el látigo de montar de su pro·
tector, como una alhaja, como una reliquia, como un
trofeo.

s.

LÓPEZ GUIJARRO

Bellas Artes. - La Asociaci6n de cuadros de Jesucristo
que se constituy6 hace poco en Budesheim de Bingen (Alemania), y de la cual hablamos en una de nuestras anteriores Misceláneas, parece que no prosperará por falta de asociados y sobre todo por carencia de fondos para organizar exposiciones y
comprar cuadros. H asta ahora las copias pertenecientes á los
individuos de la Asoclaci6n permanecen instaladas en la casa
rectoral de Budesheim.
- En Gante se ha abierto nuevamente, después de larga clausura, la Galería de Pinturas, que ha sido ensanchada y modificada y á la cual han ido á parar multitud de cuadros notables
que se conservaban en las Casas Consistoriale~, en las iglesias
y en otros edificios públicos y particulares. En aquel museo se
ha instalado una sala especial para las obras de los pintores
ganleses, en las que figuran, entre otros, diez grandes lienzos
del célebre maestro Gaspar de Crayer.
- Para el Museo South-Kensington de Londres ha sido adquirido el famoso y riquisimo tapiz de la mezquita de Ardebil
( Persia), que se considera como uno ele los más preciosos ejemplares ele la antigua tapicería persa,
- Rubinstein, que actualmente se encuentra en Italia, ha terminado su ópera Cristo, que él mismo estima como la obra capital de su vida,
Varia. - La Comisi6n organizadora de la Exposici6n universal internacional que se proyecta celebrar en Madrid desde
abril á octubre de 1894, lleva muy adelantados sus trabajos, ha·
biéndose ocupado hasta ahora de la organización de los servicios, con fecci6n de reglamentos, publicación de carteles y prospectos en seis idiomas distintos, preparación de la opini6n en
provincias y en el extranjero, constituci6n de comisiones de
propaganda y, en suma, de todos los trabajos preliminares de
tan laudable empresa, y actualmente se ocupa en la formaci6n
de los planos, que en breve estarán terminados.
La Exposición se celebrará en el Palacio de la Industria y
de las Artes, cedido por el Gobierno de S. M., edificio que
mide 200 metros de fachada por 114 de máxima profundidad y
en el cual pueden albergarse de cinco á seis mil expositores;
pero comprendiendo que esto solo no bastaba para una exposición universal, los organizadores han entablado con los propietarios ele1 los terrenos vecinos á aquél gestiones que han dado
el más satisfactorio resultado.
Los trabajos de propaganda han demostrado, según parece,
que la idea de la Exposici6n es acogida con calurosa simpatia
en el pa!s, en las naciones vecinas y hasta en las regiones más
apartadas, en donde se forman comisiones nacionales, siendo
de creer que el número de expositores será considerable y es•
cogido.
El Consejo general de la Exposici6n, que está patrocinada
por S. M. la Reina Regente, funciona bajo la presidencia de
los Excmos. Sres. D. Alejandro Pida! y Mon y D. Juan Navarro Reverter y de él forman parte imporlantisimas personalidades nacionales y extranjeras.

NúMERO

61 I

el saqueo ele una villa galo-romana por los hunos, el cuadro d_e
Rochegrosse que reproducimos y que fué uno el~ los más admirados en el último Sal6n de Paris, lo es más, s1 cabe, por sus
méritos técnicos: la ejecuci6o de la obra es ~igna del gran ar·
tista que dibuja como pocos, domina el colondo y e~ consumado arqueólogo, cualidad esta última que le ha servid? mucho
para pintar la escena de pillaje de los solda~os de A_t1la. Otra
cualidad notable tiene el cuadro, y es la relativa sobn edad con
que está tratado el :isunto, que se prestaba á pr~seotar figuras
en horribles cootors1ones, sangre, llamas y &lt;lemas aparato que
El celebrado pintor Augusto Glaize.- Augusto no habrian dejado de utilizar otros pintores menos es_crupulosos,
Glaize recientemente fallecido á la edad de ochenta y un años, más amantes del efecto, á cualquier costa coosegmdo, qu~ de
era un~ de los últimos sobrevivientes de la escuela romántica. la verdad con recursos racionales lograda.
En el taller de los Deveria, que fueron su,s maestros, aprendi6
á tratar los asuntos históricos en la forma pintoresca y anecd6¿Qué tal estoy?, cuadro de F. Dvorak. - El nom:
tica que tan en boga estuvo en ti~mpo de Luis Felipe, co~si- bre de Dvorak va siempre asociado á una de esa~ obras que s1
guien&lt;lo desde sus comienzos un éxito que no se ha desmentido no suspenden el ánimo, como esas grandes máqum~s{perd_óneen toda su larga carrera, durante la cual cultiv6 todos los gé- seoos el galicismo) con qu~ trata~ de &lt;le_slumbrar ciertos pmto·
neros· la pintura religiosa que le vali6 una serie de premios res, cautivan nuestros sentidos é 1mpres1onan dulc&lt;;mente nuesen lo; Salones de 1842, 1844 y 1845, la filos6fica, la mitol6gi- tra alma. Bien pueden saberlo los lectores LA lL~STRACIÓ!'f
ARTfSTICA, á quienes el no1!1bre de este pmto~ ~s l;1en con~1do por haber visto reproducidos en nuestras _pagmas los meJ~res cuadros por él pintados. El que hoy publicamos puede calificarse de monada; mas no se entienda esta palabra en el sentido académico de cosa fútil y sin importancia, sino en el vulgar
de cosa elegante, bell~, graciosa y al propio ~iempo magistralmente ejecutada, cualidades todas que se admiran en la hermomosa joven ataviada con el pintoresco traje japonés.

?e

El herrero, dibujo de L~ón Lherm.it_te. - ~nt_re
los artistas franceses que han seguido la senda del 1mpres1omsmo ruralista, que tanta fama póstuma ha valido al malogrado
Millet sobresale Le6n Lhermitte, que mucho antes de ser conocid~ en su patria gozaba de gran celebridad en Inglaterra
por sus dibujos y agua~ fuertes, que se clisputa~an l?s intel(geotes y aficiona?os. Na71do en 1844en,Mont-Samt-P!erre_{Aisn~)
fué siendo aun muy JOven, á Paris, en donde estudió baJo la d1rec~i6n de M. Lecoq de Bois-Beaudrao, maestro de disdpulos
tan notables con Fantin-Latour, Cazio y otros. Los comienzos
de su carrera fueron dificiles; pero á su primer triunfo conseguido en el Sal6n de 1874, en el que obtuvo una medalla de
tercera clase, sucedieron muy pronto otros, hasta que en el Salón de 1889obtuvo la medalla de honor, siendo al propio tiempo distinguido con el nombramiento de caballero de la Legi6o
de Honor. De lo que vale como pintor es buena prueba el cua·
El celebrado pintor francés AUGUSTO GLAJZK,
dro Las lavanderas, que publicamos en el número 437 de LA
ILUSTRACIÓN ARTISTICA; de su maestría como dibujante 1mefallecido recientemente
de juzgarse por El herrero, que reproducim_os, y en el cual so_n
de admirar, además de la corrección, un vigor y una valent1a
" filos6fico su mayor triunfo fué q.ue armonizan perfectamente con el asunto tratado y que po·
ca y la legendaria. En el género
La picota, vasta composici6n en la que represent6 atados al cos artistas saben emplear sin incurrir en censurables exageraposte de infamia y custodiados por todos los vicios á todos los ciones.
mártires de la fe, del ideal, de la ciencia y de la verdad: Jesús
Los juegos florales, cuadro de Luis Jiménez
y Juan Huss, Homero y Cervantes, Palissy, Galileo, Dante,
Gutenberg, Lavoissier, etc. Por este cuadro gao6 una medalla Aranda.. - Luis Jiménez Aranda, hermano de otros dos pin·
de primera clase en la Exposición Universal de 1855 y la cruz tores, D. José y D. Manuel, que gozan ele tan merecida como
de caballero de la Legi6n de Honor. Entre sus obras más nota- justa reputaci6n en el mundo del arte, debe, como aquéllos, á
bles figuran Dan/e escribiendo sze poema inspirado por Beatriz sus propios méritos cuanto es y cuanto vale. Trasladado á Ro(18471 y el decorado de una capilla de la iglesia de San Gerva- ma en 1866, en uni6n de su paisano Villegas, someti6 su pincel, arrastrado por las corrientes entonces imperantes, al génesio, en París, en la cual traz6 la historia de Santa Genoveva.
ro de majos y casacones, resucitando el siglo xvm en cuadriQuien espera...., cuadro de Blume Sieb ert. - Dice tos tan intencionados como simpáticos. Cuando la suerte empc·
el refrán que quien espera desespera, pero también puede suce- z6 á concederle sus favores y viéronse recompensados sus afader que el que espera se aburra y al fin y al cabo se duerma, nes, si bien dentro de los mismos moldes, produjo obras que le
como le sucede al personaje del cuadro que reproducimos, en dieron ya á conocer, creándole una verdadera personalidad. La
quien más que el afán por verá la que ama y le ha citado pue- lección de baile, Reve/ació11, La lección de gttitarra, La a1ttesade el cansancio, consecuencia quizás de una noche de insomnio la de un ministro, Un concurso de violinistas, Las niJ1as casapasada en forjar planes y en buscar conceptos para acabar de deras, Entre dos fuegos y otros más, entre ellos Los ;i1egos florendir al objeto de su cariño. Verdad es que el lugar de la cita rales, que reproducimos, preciosa composición que evoca el reconvida al reposo y que el s\leño debe venir naturalmente en cuerdo de una fiesta perpetuada en nuestra región, bastan por
aquella umbría, llamado por el monótono murmullo de las ho- si solos para crear una reputaci6n y para que se reconocieran
jas acariciadas por el céfiro. Es de esperar, sin embargo, que en Luis Jiménez dotes y alientos de verdadero artista.
Trasladado á Paris, en donde reside desde 1877, lanzóse al
el dormido amante no lardará en despertarse: si su instinto no
le advierte ele la presencia de su amada, no faltará una mano combate, teniendo el valor de presentar lienzos inspirados en
que le vuelva á la realidad, más hermosa para él que sus sueños, escenas de la vida moderna, en los concursos en donde era lipor dulces que éstos hayan sido.
mitado el ní1mero de los que, como él, profesaban los nuevos
ideales. Le fumier, Un almuerzo de trabajadores - que ya conoProyecto de monumento á Legazpi y Urda- cen nuestros lectores, - Viejo solterón, Campesinas picardas,
neta, obra de D. Agustin Querol y de Luis M. Bretonas en la iglesia, Le premier 1110! d' amour, Co11tratos, El
de Cabello. - En reñido concurso ha obtenido el primer traje nuevo, Le carreau du Temple y La visita de una sala del
premio el proyecto ideado por los Sres, Querol y Cabello para Hospital, inspirado en una escena de la vida real con pasmosa
el monumento que en Manila ha de erigirse en honor del con· exactitud, han sido los cuadros producidos en la nueva fase arquistador de las Filipinas D. Manuel López de Legazpi y del tistica ele Luis Jiménez.
religioso agustino Fray Andrés de Urdaneta. Nuestro querido
Admiradores del verdadero mérito y entusiastas por cuanto
colaborador el distinguido critico Sr. Balsa de la Vega ha pueda significar una gloria, á la vez que una reivindicación para
emitirlo en la Crónica de Arte publicada en el número 6og un el arte patrio, hemos dedicado estas desaliñadas !!neas al artisjuicio acerca de esta obra, que nos releva de entrar en detalles tn, como una muestra de consideraci6n que nos merece quien
acerca de la misma, por lo cual nos limitaremos á enviar nues· al elevarse ha logrado tambien elevar, en el extranjero, el contra más cordial enhorabuena al Sr. Querol y á felicitar también cepto artístico de nuestra patria.
á la ciudad ele Manila que en breve contará con un monumento debido á un arquitecto tan distinguido como el Sr. Cabello
Santas Justa y Rufl.na, cuadro de Domingo
y á un escultor que, como el autor de La tradición, ha conse- Fernández y González. - El distinguido pintor español
guido uno de los primeros puestos en el mundo del arte con- Fernáodez y Goozález, pensionado en Roma, ha representado
temporáneo.
en este cuadro un trágico episodio del tiempo de la dominación
romana en España, durante el reinado de Diocleciano. Justa y
Feria en un pueblo de la alta montaña ro- Rufina vivían pobremente en Sevilla á mediados del siglo 111,
mana, cuadro de Mariano Barbasán. - Lejos de la y habiéndose negado á ofrecer sacrificios á la diosa Selembo
tierra española, en Roma, en la ciudad que fué centro y empo- {Venus), fueron encerradas en la cárcel y condenadas á muer·
rio de las artes todas, existen aventajados artistas que, como te, después de haber sido sometidas á crueles tormentos. CuanBarbasán, honran á nuestra patria y representan una grata es· do los jueces penetraron en la prisi6o para conducir al circo
peranza por el arte pict6rico. Pensionado por la Diputación á las dos doncellas, Rufina les mostr6 el cadáver de su hermana
provincial de Zaragoza, ha logrado aquél demostrar en un bre- Justa, que habia perecido de hambre: Rufina fué más tarde
ve periodo de tiempo cuán merecida es la distinci6n de que arrojada á un león; mas como la fiera no quisiese devorarla,
fué objeto y cuánto puede esperarse de quien como él compren- fué quemada, martirio que sufri6 con admirable y santa resigde y siente el verdadero arte.
nación. La Iglesia católica ha santificado á las dos hermanas,
El vendedor de estampas, recuerdo de tipos y costumbres de y Sevilla y otras muchas ciudades las han declarado sus pala patria española, los Alrededores de Tivoli y el cuadro que tronas.
reproducimos, inspirados por el atractivo del país en que reside,
son lienzos que demuestran sus alientos y sus condiciones de
La primera riña, cuadro de A. Corelli. - ¿A qué
buen colorista, no contagiado por las extravagancias y los lo· explicar lo que representa el bonito cuadro ele Corelli? ¿ Por
nos terrosos que palidecen la paleta de aquellos que se olvidan ventura aquellas dos figuras tan· deliciosamente sentidas no
de las tradiciones artísticas españolas.
expresan con toda la claridad apetecible lo que el autor quiso
El último cuadro ele Barbasán resulta trasunto fiel de las significar? Contemplándolas harto se ve que la ofendida es ella,
costumbres de los pueblos romanos y atrae por el asunto alta- y que él, arrepentido de lo hecho, arde en deseos ele solicitar
mente pintoresco y simpático, dado el ambiente local y el bri· el perdón de su falta, que de fijo le será concedido en cuanto se
Uante contraste que ofrecen los traj~ de los ciociaros.
atreva á implorarlo. Al fin y al cabo todos sabemos lo que son
riñas ele enamorados, nubes ele estio que pronto se disipan y
Los hunos en la Galia, copia del cuadro de G. tras ele las cuales aparece el sol más radiante y el cielo más
Rochegrosse. - Interesante por el asunto, que representa límpido,

NúMERO

61.r

595

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL, - I LUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

{CONTINUACIÓN)

se había fijado para el 15 de abril, se dedicaban todos
los días hábiles del otoño á explorar los alrededore~,
LA INVERNADA
y así poco á poco los viaj~ros adquiriero!l. conocimiento exacto de su domimo. Estas exped1c10nes se
El frío había vuelto á tomar triunfalmente posesión haofan ¡¡!empre en trineos que tan pronto arrastraban
de sus dominios, gracias á las tinieblas de la noche los perros como los marineros. El aprendizaje que
polar que viste de luto la sµperficie del ancho firma- hacían de la vida polar era bien rudo, y la naturaleza
V

Los canadienses bailaron gig,,es más 6 menos escocesas (véase pág. 581)

mento. Merced á los prudentes cálculos que se hicieron antes de la construcción é instalación del FuerteEsperanza, los invernántes habían padecido muy poco
todavía. En efecto, entre las espantosas temperaturas
del exterior y las que en lo interior proporcionaban
las estufas siempre encendidas, había casi constantemente una diferencia de 30 á 40 grados.
Así es que por consejo de los dos médicos se había levantado delante de cada puerta una especie de
cobertizo vacío para permitir á los que salían acostumbrarse á la enorme ruptura de equilibrio que había entre las dos temperaturas.
Hasta el solsticio la poca luz que brillaba en el fir.
mamenlo no merecía el nombre de día. Era una especie de vago crepúsculo que á las veces teñía de vivísimos tonos rojos y violados el extremo límite del
horizonte. Para prepararse á la gran expedición que

parecía complacerse en demostrar con cuánta constancia quería defender las regiones del polo contra
la curiosidad humana.
Los primeros arrastres sobre todo fueron terribles.
Los organismos no estaban todavía aclimatados á
aquellas temperaturas de 24, 28 y 32 grados bajo cero
que casi invariablemente reinaron desde 15 de octubre al 1.0 de mayo. Y sin embargo, los viajeros aprovechaban cuanto podían la experiencia de sus predecesores, pues en lugar de telas muy gruesas y pesadas habían adoptado para sus trajes las lanas dulces
y ligeras que dejan libre el juego de los miembros.
Un doble pantalón, una camiseta y encima de ésta
una blusa de lana muy tupida y sobre esto un abrigo
corto forrado de pieles constituían el traje de los
hombres, juntamente con una gorra de piel, polainas
que cubrían las botas, provistas de suelas de made-

ra, y unos mitones de lana encima de guantes ~e piel
forrados.
No hay necesidad de decir que Isabel había a(loptado un traje parecido, preparado desde hacía ya mucho tiempo. En cuanto á su nodriza, con sus anqhos
hombros y su pesado andar, parecía una verda~era
bestia salvaje, enfundada en aquel traje que no brillaba ciertamente por su elegancia.
El Sr. de Keralio fué quien dió primero ejemplo
de valor y resistencia. El IS de octubre, acompañado
del doctor Servan y de los marineros Guerbraz y Carré, emprendió la exploración ~e la costa en u~ tri•
neo tirado por doce perros. Salidos del cabo R1tter
bajo el 76° paralelo, los explorad?res rebasara? el
cabo Bismarck y se lanzaron atrevidamente hacia el
Norte. La costa se prolongaba casi en línea recta
hasta el 79°. Allí oblicuaba hacia el Oeste y los viajeros pudieron comprobar con alegría que aquella
desviación formaba ángulo suficiente para permitir
el acceso del cabo Wáshington entrevisto por Lockvood en 1882. Sólo faltaba saber si la vía marítima
quedaría también expedita. Aquella primera excursión hecha á través de borrascas de nieve y con una
temperatura media de 18 grados bajo cero, terminó
en el ·grado 81. Un pico vagamente entrevisto en el
Noroeste recibió el nombre de Monte Keralio, al mismo tiempo que se bautizaba como cabo Servan el promontorio ·que sirvió de límite á los viajeros.
Fué preciso volver. Durante los primeros cuatro
días habían recorrido 125 kilómetros; pero luego,
como los hombres se debilitaron y el camino era
más y má~ penoso y más áspero el frío, sólo se adelantó á raz6n de 25 kilómetros diarios. La exploración duró en junto unas cuatro semanas. Las literas
de piel de bisonte fueron un gran recurso para los
pobres caminantes, que volvieron extenuados de fatiga y ateridos por el frío. Por fortuna la acogida que
recibieron al llegar los reconfortó muy pronto. Lo
raro fué que Guerbraz, el más robusto de la expedición, era el que más había padecido de los rigores
del clima, hasta -el punto de helársele un trozo de la
oreja izquierda.
Por turno salieron á efectuar expediciones los demás grupos, unos hacia el Norte, otros hacia el Oeste. Entre todos fueron bastante afortunados para
traer algunos kilos de carne fresca que renovaron las
provisiones y rompieron la monotonía de las comidas, pues el pemmican y el pan comprimido habían
estragado todos los paladares y estómagos.
El invierno y la gran noche polar condenaron á
los viajeros al reposo, pues no podía pensarse en llevar la luz indispensable para alumbrar el camino y
éste ofrecía grandes peligros á través de los barrancos y quebraduras de los hummocks. La orden del
día fué dada con arreglo á lo que habían hecho los
precedentes invernan tes, y todos quedaron encerrados
en la casa.
Allí el trabajo no faltaba, ya que era preciso no
descuidarse nunca en velar por la seguridad del edificio, amenazado sin cesar por las tormentas del Sudeste. El invierno, á pesar de aquellos fríos excesivos,
quedaba de · cuando en cuando interrumpido, por
decirlo así, por corrientes templadas, y advirtiendo
algunos canafes de agua en el pack, lo's viajeros creyeron exactas las presunciones que se tenían acerca
de que el mar de la Groenlandia era más libre que
los mares de Barentz ó del Norte-América. Evidentemente alguna rama del Gulf-Stream corre por aquellas altas latitudes y permite siempre la dislocación
de los hielos.
Maravillosamente resguardada por su cintura de
icebergs, la Estrella Polar no sufrió nada de las presiones desmedidas del hielo. Su cuna de acero cumplió perfectamente su cometido, y las articulaciones
del armazón de metal funcionaron bajo la presión,
librando así al navío de ella. El 15 de noviembre, el
capitán Lacrosse, escalando los témpanos que rodeaban al navío, encontró á éste con la quilla fuera del
agua, materialmente suspendido á dos pies encima
del nivel del campo. Sondeos practicados inmediatamente le tranquilizaron contra el riesgo de un encallamiento perpetuo. El hielo subyacente no tenía
sino tres metros de espesor y el agua se mantenía
debajo á la temperatura de un grado hasta la profundidad de 2 5 á 40 brazas.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍTISCA

NúMERO 61 I

trabajo para contemplar la tarea ya hecha y quedaban
extáticos ante ella, no creyendo casi á sus ojos. ¡Un
invernadero, legumbres y frutos á los 76° de latitud
boreal, en plena noche polar y con una temperatura
de 40 grados bajo cero!
Pero ni Huberto ni Schnecker hablaban en balde.
Ahora se trataba de encontrar la tierra y el a½ono.
No podía pensarse en desmenuzar las rocas vecinas, absolutamente heladas hasta seis ú ocho metros
de profundidad. Para fecundizar la tierra, conforme
á las reglas de aquel nuevo arte de jardinería improvisado, Schnecker hizo extender sobre ella una capa
de ceniza fría. Pero á aquel lecho de ceniza urgía
añadir cuanto antes una segunda capa de fecundación.
¿Dónde encontrarla?
Cuando se le hizo esta pregunta, el químico contestó riendo:
- ¡Bah! Esto no es tan difícil como parece. En la
Estrella Polar hay cuanto necesitamos.
Y al día siguiente, doce hombres, dirigidos por
Guerbraz, se encargaron de sacar de la cala del steamer toda la arena y paja que se necesitaba.
Interinamente se colocaron ambos materiales en
el centro del invernadero, y en seguida Schnecker empezó las operaciones químicas indispensables para
convertir la paja en abono.
Desmenuzada hasta el punto de convertirla poco
menos que en _polvo, fué sometida á una cocción de
dos horas en agua hirviente. Luego en aquella mezcla
se echaron todos los detritus orgánicos que pudieron
recogerse, y era en verdad necesaria toda la pacie~cia de un químico enamorado de su arte para ded1·
carse á un trabajo tan nauseabundo como fatigoso.
Cuando quedó terminada esta tarea Huberto d'
Ermont fué á felicitar al alemán.
- Querido Sr. Schnecker, dijo, creo que sólo falta
azoar de un modo suficiente este abono que ya me
parece muy rico. ¿No lo consideráis así?
- ¡Pardiez!, contestó el alemán, creo que el hombre que ha solidificado el hidrógeno, bien puede encontrar algunos litros de ázoe líquido.
- Es verdad, dijo el teniente de navío. H e aquí el
ázoe pedido.
.
..
Y diciendo esto, presentó el sab10 un c1lmdro de
40 centímetros de longitud por 20 de diámetro.
Aquel cilindro, instalado sobre un caballete y provisto como los demás de una espita con volante, fué
puesto en comunicación con un barril de cristal bastante grueso, provisto de un doble conducto.
.
El interior del barril se llenó de una mezcla líquida
de hidrógeno y carbono que tan ávidos se muestran
del ázoe.
Los '))rimeros arrastres sobre todo fueron terribles
Entonces, con infinitas precauciones, los qos hombres abrieron la espita y dejaron que el líquido cayera
T odos se miraron con estupor, pero el químico gota á gota en la mezcla, donde, á medida que vol_vía
tre en las habitaciones de una manera impensada,
basta para ocasionar al momento descensos de tem- reía con sorna. Sin embargo, el entusiasmo fué co- á adquirir su elasticidad gaseosa, quedaba absorbido
peratura capaces de originar congestiones y pulmonías. municativo y un ¡hurra! unánime estalló de un extre- con rapidez. Esta operación duró cerca de dos horas
y después el abono fué rociado con el líquido fccunUna mañana, Huberto d'Ermont anunció al conse- mo á otro de la mesa.
- ¡Legumbres!, exclamó el teniente Remois. Pues dante.
jo de oficiales que iba á aplicar por vez primera, el
- Ahora, dijo Schnecker, sólo falta regar cada dfa
medio de que disponía para combatir aquel temible ya que estáis en ello, sería conveniente también teenemigo que tanto 'les hacía padecer. El mismo día ner algunos frutos.
nuestro sembrado.
- ¡Sí, sí, frutos!, exclamaron todos entusiasmados
- Yo me encargo de ello, repuso alegremente Isarealizóse el experimento. Las estufas colocadas en
todos los cuartos de la casa dejaron de arder brusca- por aquellas esperanzas.
bel, pero ¿cuánto voy ganando?
- ¿Y por qué no fresas?, dijo bromeando I sabel.
mente por habérseles quitado el carbón, y antes que
- Fijad vos misma el salario.
los marineros, estupefactos al ver que se apagaban
- Aunque no lo creáis, mi querida prima, tendre- Sólo pido que me dejéis plantar algunas flores
las estufas, hubiesen vuelto de su sorpresa, la parte · mos fresas y legumbres en primavera. Sólo falta espe- entre las legumbres.
.
superior de ellas giró rápidamente y en su metálico rar el tiempo que necesitarán para germinar y crecer.
Todos aplaudieron á la señorita de Keraho, y al·
reflector ardieron cuatro lenguas de fuego de color
La comida terminó con estos nuevos auspicios. Al guíen dijo que sólo faltaban algunos pájaros moscas
rojizo que daban un calor intenso y poca luz. Al pro· siguiente día, todos los hombres de la expedición para creerse en una selva americana.
pío tiempo, en vez de las lámparas cuyo aceite se ha trabajaban con febril actividad para convertir uno de
El abono fué extendido p0r el suelo y luego se cubía congelado, en lugar de las bujías y de los ensa- los cobertizos en estufa. Un segundo tabique de ma- brió con una capa de arena de 15 centímetros de
yos de luz eléctrica que el químico Schnecker había dera vino á a!'íadirse al primero, y el hueco que que- espesor, que fué también regada con la mezcla amointentado, fulguraron en mecheros dispuestos al efec- daba entre los dos ~e rellenó de cenizas y cisco. Dos niacal.
t\) anchos abanicos de bicarb.uro de hidrógeno.
estufas móviles se instalaron á cada extremidad y, al
-Ahora, dijo Schnecker, ya no falta sino sembrar.
¡Gas en aquellas latitudes! Aquello parecía milagro- propio tiempo, en cada ángulo se colocó una lámpaSe dejó que aquella tierra reposara un día bajo la
so. ¿Quién había realizado aquel prodigio?
ra eléctrica.
doble acción del calor subterráneo y de la luz elécNo faltó quien se lo explicara antes que todos, y
En fin, alrededor de los tabiques se removió cuan- trica fuertemente proyectada por globos de cristal
fué el alemán convertido en alsaciano. Al comprobar to se pudo el suelo helado, después de regarlo con deslustrado, y al día siguiente por la mañana se sem- ·
que Huberto no había mentido y que supo mantener agua hirviente.
braron todos los granos en los cuales se fundaba la
lo que prometiera, rechinaron sus dientes y entró en
- Pero, exclamó el teniente Hardy, ¿creéis que el esperanza de una buena cosecha. Un cuadro de fresas •
acceso de furor.
frío va á desaparecer por esa poca de agua hirviente? fué puesto bajo la más inmediata acción de las lámEl hidrógeno de los tubos era lo que producía
- ¡Paciencia, querido amigo, paciencia!, contestó paras, y la escarola, los rábanos, las zanahorias y el
aquel resultado maravilloso, y por la noche, al pre- Huberto. El Sr. Schnecker os dirá que basta evitar perejil se colocaron en los demás, en tanto que Isaguntarle al joven cuánto gasse•había consumido, res- el frío durante un día.
bel hacía sembrar diversas semillas de flores anuas
pondió sonriendo:
En la banda de tierra regada de este modo alrede- junto á los tabiques.
- ¡Oh, muy poco! Apenas 40 decímetros cúbicos! dor del invernadero, se enterró una barrilla de hierro
- ¡Y ahora, á la merced de Dios!, dijo Pedro de Ke¡Cuarenta decímetros cúbicos! Aquello equivalía continua, cuyas extremidades se fijaron en las dos ralio.
á un centímetro cúbico del mismo gas en estado só)i- estufas. De este modo bastaba poner incandescentes
Efectivamente, desde entonces para adelante sólo
do. El descubrimiento de Marcos d'Ermont era au- esas extremidades, para mantener . en la tierra una debía esperarse la labor de la germinación.
téntico; la práctica lo sancionaba. Con algunos tubos temperatura templada, y húmeda por la fusión del
El empleo del hidrógeno como combustible y lu·
de aquel maravilloso producto se podía desafiar el hielo del propio suelo.
mínico produjo maravillosos resultados; tanto, que
más riguroso invierno, y Huberto podía decir, reno- Muy bien, dijo el incrédulo Hardy; pero ¿dónde sin el espectáculo de la tremenda noche polar que se
vando la fórmula de Arquímedes:
encontraremos tierra vegetal?
divisaba en el exterior, hubieran podido los expedi«Dadme un c01:idensador y deshelaré el polo.»
- Sabed, caballero, replicó el alemán, que cual- cionarios creerse en plena primavera.
Pero no debían ceñirse allí los resultados admira- quier tierra es vegetal para los horticultores hábiles.
Sin embargo, por consejo de los dos médicos, d'
bles del descubrimiento. Al día siguiente del ensayo
De tiempo en tiempo los obreros interrumpían su Ermont redujo el consumo de dicho gas. Había poEl 2 5 de novicm bre el frío heló el mercurio y fué
preciso recurrir á los termómetros y barómetros de
alcohol puro. Los días siguientes reinaron temperaturas todavía más espantosas, y el 22 de diciembre,
después de una rápida subida de la columna termométrica ( - 22°), el frío llegó al mínimum alcanzado
raras veces por los exploradores, es decir, á 56 grados
bajo cero.
Tal foé la intensidad del frío, que algunos de los
hombres enfermaron. Fué preciso proceder á la am·
putación de dos dedos de la mano izquierda del marinero bretón Leclerc.
Pero el caso más alarmante fué el de la nodriza
Tina Le Floc'h.
La bretona, acostumbrada al clima húmedo y
templado de su país, no podía soportar aquellos
fríos horribles, tanto menos, cuanto que en aquellas
altas latitudes no hay apenas humedad que los temple. La más ligera omisión en el cuidado de la casa
produce en seguida funestas consecuencias. Si no se
rasca á menudo el suelo, se cubre rápidamente de
una capa de escarcha; si la temperatura interior desciende solamente uno ó dos grados, el aliento se
transforma inmediatamente en finísimos copos de
nieve que se fija en las habitaciones, saturándolas
de ácido carbónico. U na corriente de aire que pene-

se verificó un verdadero banquete en el comedor de
los marineros. Los hornillos de la cocina ardieron
de un modo maravilloso, ya que una sola llama, alta
de cuatro milímetros, bastaba para desarrollar un
calor de 1.800 grados, hasta el punto que era preciso
moderar aquel calor infernal por medio de una ingeniosa proporción de distancias. Es sabido, en efecto,
que la combustión del hidrógeno en el aire da_la
casi increíble temperatura de 1. 789 grados, supenor
en 189 grados á la del hierro en fusión.
Durante la comida, en tanto que los vasos choca·
ban alegremeRte y que maravillados los tripulantes
pedían en ·broma que se les dieran trajes de dril, el
doctor Servan hizo esta observación menos alegre:
- ¡Vaya, vaya, no hablemos dem~siado! He observado algunos rostros y algunos labios, y esto me ha
hecho pensar en que debíamos redoblar las P:ecauciones higiénicas. ¡Oj~lá _tuviésemos algunas hierbas
frescas á nuestra disoosición!
- ¡Que no quede por eso!, replicó alegremente
Huberto. Si el Sr. Schnecker me quiere ayudar, construiremos un invernadero.
- ¡Un invernadero!, exclamó el aleman.
- Sí, señor, y en él haremos que crezcan legumbres primerizas: zanahorias, escarola, rábanos, etc., todas las plantas refrescantes.

LA

NúMERO 611
derosos motivos que aconsejaban tal medida. Era el
primero el deseo de conservar una buena provisión
de aquel elemento prodigioso para poder subvenir á
las necesidades futuras; y el segundo, que aquella
combustión de hidrógeno, si bien muy atenuada por
el paso del gas á través de una capa de cisco, agotaba rápidamente la provisión de aire respirable en

597

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el buque continuaba incólume, sostenido por su cuna
de acero y fuerte como el primer día. Grandes témpanos Je rodeaban y el bauprés se hallaba litera\mente aprisionado entre dos de ellos, Jo cual consl!tuía un riesgo, puesto que, si la presión se acentuaba
por aquella parte, podía la Estrella Polar ceder por la
popa y perder así la magnífica situación en que esta-

camas convertidas en tablas por el rigor de la temperatura. La estufa seca y el lavadero que corrían á
cargo de Tina Le Floc'h prestaban á los habitantes
de Fuerte-Esperanza el inmenso servicio de tenerlos
constantemente provistos de ropa blanca limpia y de
desinfectar todas las mantas de las camas.
N~ se descuidaba tampoc~ el_capítulo de las distracciones, pues en el polo es mdispensable ~nte todo
, mantener la animación á fin de que no decaiga la entereza de carácter.
Aquellas diversiones se dejaron i cargo de Isabel
de Keralio, y no pasó un domingo ni un día festivo
sin que por la mañana se celebraran ejercicios religiosos y por la noche representaciones teatrales ó bailes. Se organizaron también una serie de conciertos
vocales é instrumentales, y se tomó tanta afición á
aquellas fiestas íntimas, que el día anterior ya se discutía el programa del siguiente día.
Cada vez la soirée iba precedida de un banquete
cuya lista hubiese hecho honor á un cocinero de las
zonas templadas. Gracias á las numerosas provisiones
que se trajo consigo la expedición y á la reserva de
la carne de caza que se había hecho, se pudo mezclar de un modo tan armónico como variado la carne fresca y las conservas.
Cuando empezaron á ser comestibles las legumbres
sembradas, las comidas del domingo resultaron un
verdadero banquete. Gracias además á la ingeniosidad del marinero Leclerc y á la experiencia de
Tina, se llegaron á ~uisar el pemmican y los bizcochos de modo que podían comerse á gusto. Colaborando ante los hornillos, los dos bretones llevaron
rápidamente su arte culinario á alturas hasta entonces no sospechadas.
No era esto todo, y otras ocupaciones secundarias
interesaban á los invernantes.
Efectivamente, tres de las perras de la jauría esquimal habían aumentado la población canina con una
docena de cachorros. Fué preciso cuidar muchísimo
á los perritos, y á pesar de ello murieron tres, pero
los nueve restantes crecieron muy robustos.
No era por cierto uno de los espectáculos menos
conmovedores de aquella vida claustral ver á Isabel
ocupada en distribuir la pitanza á los pequeñuelos, á
los que permitía dormir en un rincón del invernadero, donde dejaba entrar las tres madres para cuidará
sus cachorros.
VI
UN ACCIDENTE

Fué preciso volver

aquellas habitaciones herméticamente cerradas, cosa
que hizo temer por la salud de todos.
A la primera objeción contestó Huberto que había
hidrógeno bastante para tres inviernos; pero nada
contestó á la segunda, pues comprendía que aquella
temperatura anormal sólo podía obtenerse en detrimento de la combustión interna de los pulmones.
Quedó, pues, convenido que en cuanto remitiera un
poco el frío se volvería al antiguo sistema de calefacción por medio del carbón, y que el precioso gas no
se utilizaría sino para la alimentación de los productos azoados del suelo.
Entre la más grande calma se llegó á mediados de
enero, época en la cual anunció el sol su vuelta tiñendo á ratos de blanco el horizonte.
En cambio, los invernantes pudieron observar
magníficas auroras boreales.
Esos fenómenos eléctricos eran tan frecuentes que
ya nadie hacía caso de ellos, como no fuera para temer las tremendas borrascas de que generalmente
eran los precursores, y que más de una vez fueron
tan violentas, que la casa sólo se salvó de una completa destrucción á causa del abrigo que le prestaban
las altas rocas.
Se temió también por la integridad del navío; pero
el comandante Lacrosse que, no pudiendo resistir su
impaciencia, salió con el teniente Remois y seis
hombres, pudo convencerse con inmensa alegría que

ba. Para evitar ese riesgo se encendieron las calderas, y tres horas después, gracias á potentes y conti~uos chorros de vapor de agua, el buque se veía
libre de aquel abrazo que podía resultar mortal.
,
Con la primavera iba á volver el tiempo de las excursiones y de la caza; pero la primavera del polo,
que también empieza e0 21 de marzo, es una entidad
muy problemática y había que aprovechar los pocos
días buenos que tiene para tratar de subir más al
Norte, bien en trineos, bien á bordo de la Estrella

Polar.

Sin embargo, empezaban á notarse entre la gente
los efectos de la larga claustración. Los síntomas del
escorbuto se iniciaban en algunos, y aparecían las encías tumefactas y sanguinolentas, los dolores de muelas y neuralgias, y la hinchazón de las articulaciones
y los dolores reumáticos hicieron que los médicos
aconsejaran los ejercicios físicos á todo el mundo. A
pesar del frío, que era intensísimo todavía, salieron
los hombres al campo libre en cuanto fueron bastante largos los crepúsculos del mes de febrero.
Los vestidos á propósito que usaban y- las fricciones y los baños calientes habían mantenido casi en
todos la elasticidad de miembros que era precisa
para pisar aquel terrreno quebrado. Y gracias á
los poderosos medios calóricos de que disponían,
no corrían el riesgo de que, como los hombres del
Alerta y del Fort Conger, encontraran á la vuelta sus

Las excursiones se hicieron diariamente desde
el 1.0 de marzo. Tocaban á su fin los últimos días de
invierno y se acercaba el momento en que el sol brillaría de continuo sobre el horizonte.
Esto facilitaba mucho los paseos y permitía contemplar espectáculos maravillosos en aquel paisaje
desolado, pero imponente.
Los alrededores del cabo Ritter estaban cuajados
de colinas que se elevaban en suave pendiente. Desde su cúspide la mirada dominaba el país entero, y
cuando la atmósfera era transparente era aquel uno de
los más hermosos espectáculos que se pudieran ver.
Así es que I sabel no cesaba de hacer excursiones,
y un día, volviendo de una de ellas, exclamó:
- Me parece que acabaré por creer que el polo se
parece al paraíso terrenal.
Sin embargo, el viento del Norte, glacial y violento, contradecía aquellas alabanzas.
El Sr. de Keralio, !TIO cesaba de recomendar á su
hija la mayor prudencia.
- Estamos en el momento más peligroso del año,
y no pasa un día sin que advirtamos numerosas grietas en el hielo. Las diferentes temperaturas bastarían
para explicar su aparición; p·ero sabemos además que
la costa oriental de la Groenlandia está bañada por
una rama del Gulf-Stream, y por lo tanto se marcan
en ella elevaciones de temperatura desconocida en la

costa occidental, en el canal Robesson y en el estrecho Smith. Es preciso, pues, vigilar siempre el suelo
que se pisa, pues es fácil verse arrastrado por algún
alud ó por la marcha de los glaciares.
( Co11tinuard)

�LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA'

NúMERO 611

fecundos en resultados prácticos, especialmente en lo también presidente de la Sociedad Anatómica, vice·
que concierne á Ja ataxia locomotriz, á las perturba- presidente de la de Biología y comendador de la Leciones medulares, á la afasia, al histerismo y á la gran gión de Honor.
EL DOCTOR CHARCOT
neurosis. El doctor Daremberg, en un reciente trabaEl gran clínico falleció en 17 de agosto último,
La ciencia acaba de perderá uno de sus más ilus- · jo necrológico, ha dicho con razón: «Charcot ha pues- casi repentinamente, á consecuencia de una afección
tres representantes, un sabio eminentísimo cuyo nom- to orden y precisión en una infinidad de problemas cardíaca, cerca de Chateau-Chinon, á orillas del lago
bre brillaba con gran esplendor, no sólo en Francia, médicos en los que antes de él sólo imperaba el des- de Settons, durante un viaje de placer que en comsu patria, sino en el mundo entero. En todas partes orden.»
pañía de varios amigos había emprendido en el
se le consideraba con justicia como innovador atreLa obra capital de Charcot .fué su estudio de las Morván. Su cadáver fué conducido al cementerio,
enfermedades nerviosas. Desde hace seguido de numeroso acompañamiento, del cual formuchos años, las lecciones del maes- maban parte todas las notabilidades científicas de
tro puestas en práctica en la Salpetrie- París y que presidía el hijo del ilustre sabio, Juan
re y relativas á la gran neurosis, al hip- Charcot, interno de los hospitales, digno discípulo
notismo y á las diferentes formas del de su padre, que es de esperar mantendrá á gran alhisterismo, han venido Jlamando la tura el nombre preclaro que le ha sido legado.
atención universal. En ninguna cátedra
La obra de Charcot es considerable: ha publicado
oficial habíase osado abordar el estudio gran número de memorias, artículos y estudios sobre
de todo este orden de fenómenos que las enfermedades crónicas y nerviosas, sobre el reudesde la antigüedad han apasionado matismo y reblandecimiento cerebral. Todos sus esla curiosidad pública y burlado la sa- critos son conocidos, apreciados y solicitados por los
gacidad de los observadores: Charcot médicos del mundo entero: sus lecciones son uno de
quiso someter estos extraños fenóme- sus mejores títulos á la gloria y han sido traducidas
nos al examen escrupuloso del método á todos los idiomas. Unos y otras continuarán siendo
experimental, estudiándolos con gran consultados con provecho; pero, en cambio, ya no se
clarividencia, logrando reproducirlos á oirá más la palabra del maestro, aquella palabra vivoluntad y revelando á menudo la exis- brante que el orador reforzaba con enérgicos adematencia de hechos extraordinarios que nes y que doquier era escuchada con admiración.
antes de él se consideraban quiméricos. Las conclusiones del maestro ¿no
GA STÓN TISSANDIER
se han apartado nunca del terreno del
(De La Nature)
más absoluto rigor científico? No nos
atrevemos á contestar á esta pregunta;
pero fuere cual fuere la contestación,
es indudable que Charcot ha derramaSIERRA CIRCULAR PARA ASERRAR PIEDRAS
do nueva luz sobre un vasto campo de
investigaciones hasta entonces envuelLa máquina que reproducimos y que ha sido into en tinieblas. En este orden de inves- venta?ª por J. T. Pearson, de Burnley (Lancashire),
tigaciones Charcot no sólo ha logrado, constituye un notable progreso en la industria de
como todos los demás, grandes descu- aserrar piedras: hasta a~ora sólo se aserraban con ayubrimientos médicos, sino que además da de ~nas barras de hierro que se movían en sentiha abierto á la ciencia nuevos horizon- do horizontal sobre arena húmeda que hacía las vetes, ha iniciado á multitud de discípu- ces de los dientes de las sierras. Pearson ha sustituílos y ha fundado una escuela, hoy día do este sistema por medio de ruedas circulares con
célebre, conocida con el nombre de Es- dientes, cuyas puntas son de diamante y que dan de
cuela de la Salpetriere, que difunde luz 400 á 1.000 vueltas por minuto. La piedra que se ha
brillante, así por los trabajos realiza- de aserrar va colocada en una especie de carro que
dos, como por tl número de hombres se mueve sobre rieles y que avanza merced al mecaeminentes que la componen.
nis~o cuyo t~món maneja el obrero, el cual puede
En la Salpetriere es donde Charcot variar la velocidad según la dureza del material: el
demostró más elocuentemente su genio bloque de piedra descansa sobre un disco movible
El eminente doctor J. M. Charco!: nació en París en 1825 murió en las
de investigación, la seguridad de su gracias á lo que puede ser aserrado por ejemplo dia~
cercanías de Chateau-Chinon (Nievre) el 17 de agosto 'de 1893. (De
ciencia y la autoridad de su palabra: gonalmente y obtenerse de esta suerte piedras angulauna fotografla de Nadar. )
allí organizó multitud de instalaciones res. Cuando la sierra ha terminado su obra el carro
útiles, fundó un museo anatomo-pato- retrocede y deja su lugar á otro previament; cargado.
vido, como profesor de portentosa elocuencia y como lógico y un laboratorio de investigaciones con un taSegú~ parece, esta máquina puede aserrar las piejefe de escuela cuya influencia ha sidÓ preponderan- ller fotográfico para registrar los fenómenos nerviodras mas duras con la misma facilidad que si fuesen
te en los progresos de la medicina contemporánea.
sos; allí hizo construir, hace algunos años, salas de madera y con _una rapidez de 20 á 50 veces mayor
J uan Martín Charcot fué un parisiense en la más electroterapia admirablemente organizadas; allí fique por el antiguo procedimiento sin necesidad de
pura acep~ión de la pal~bra: nacido en París en 1825, nalmente inauguró las conferencias que en 1883
emplear arena, perdigones ni polvo de diamante.
puede decuse que casi nunca abandonó su ciudad se transformaron en cursos de las enfermedades nerComo fuerza motriz pueden utilizarse el vapor, el
natal. Su juventud fué laboriosa: después de haber viosas.
g~s ó el agua, y un solo hombre basta para servir la
seguido sus estudios clásicos, se dedicó á la carrera
Charcot, además de individuo de la Academia de sierra.
de medicina, y apenas debutó en ella, hízose notar por Medicina, lo fué de la de Ciencias, habiendo sido
(Del Prometheus)
la s~gaci_dad ~e sus observaciones, por su excepcional mtehgenc1a y por su ardor en el trabajo. Fué sucesivam~nte interno, jefe de clínica en 1852 y se doctoró .en 1855. Los muchos premios que obtuvo en la
facultad atrajeron hacia él la atención de sus colegas:
en. 1856 se le nolil:bró médico de los hospitales, en
1860 profesor sustituto y en 1862 médico en el hospicio de la Salpetriere, en donde dió, á poco de su
ingreso, las conferencias que tanta fama le conquistaron. El profesor, en vez de estacionarse dentro de los
límite_s de la ciencia adquirida, aceptaba y enseñaba,
escogiéndolas con tanto talento como acierto todas
las, id_eas nuevas, todas las innovaciones fecu~das y
practicas.
Charcot no se circunscribía á la enseñanza de su
clínica de la Salpetri_ere, sino que por el contrario,
además de ésta, explicaba un curso de Patología externa en la Escuela práctica. En 1873 se le confió la
cátedra de Anatomía patológica de la facultad de París, que desempeñó hasta 1883, y la Academia de
Medicina no tardó en abrirle sus puertas admitiéndole en el mímero de sus individuos.
U na vez en posesión de tan brillante situación
científica y médica, dedicóse Charcot á los grandes
trabajos que debían hacer imperecedero su nombre:
en efecto, á partir de 1877 el sabio maestro ha eluéidado multitud de cuestiones relativas á las enfermedades del hígado, de los riñones y de la medula y
enriquecido la Fisiología contribuyendo á la creación
de la célebre teoría de las localizaciones cerebrales.
Todos sus estudios han producido sus frutos y se refieren á una porción de problemas de la patología
cerebral ó de las afecciones nerviosas, habiendo sido
Sier'ra circular para aserrar piedras

599

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 61 I

SECCI ÓN CIENTÍFICA

NUEVO ALUMDRADO DE LA ESTATUA DE LA LIBERTAD
DEL PUERTO DE NUEVA YORK

Universalmente conocida es la magnífica estatua
de Bartholdi que se alza á la entrada del puerto de
Nueva York: de día, el efecto que produce es imponente, pues el extremo de la antorcha que sostiene
llega á una altura de 93 metros, pero por la noche es
invisible y en vez de iluminar necesitaría ser iluminada.
Cuando se construyó la estatua no se había previsto otro género de alumbrado que el de encender algunas luces detrás de las ventanas practicadas en la
diadema, cuando lo que se requería era hacer luminosa la antorcha. En un principio se proyectó colocar en el balcón que rodea á ésta lámparas eléctricas
con reflectores que proyectasen la luz sobre la misma,
pero por desgracia las planchas de cobre, forzosamente oxidadas, nada habrían reflejado á menos de
que se las hubiera dorado. Entonces se quiso instalar en la llama d~ la antorcha un potente foco eléctrico visible desde todo el horizonte, y puesto en ejecución el proyecto quedó aquél instalado en noviembre de 1886: habíanse colocado al efecto- lámparas
de arco en la especie de cámara que forma el revestimiento de la llama y practicado en éste una serie
de agujeros circulares para dar paso á la luz. Pero
con ello no se consiguió iluminar la estatua, pues el
color negro del cobre absorbe enorme cantidad de

Nuevo alumbrado de la estatua de la Libertad del puerto
de Nueva York

luz, y aunque M. Bartholdi estaba satisfecho, el público no lo estaba, pues la Ju~ de la antorcha parecía de
lejos una estrella. Pidióse entonces que se dirigiese
un chorro luminoso hacia el cielo para iluminar las
nubes y que se alumbrase la diadema, y á este propósito M. Bartholdi aconsejó' que se colocaran en
ésta fuegos de diversos colores.
Desde fines de 1892, sin embargo, el alumbrado
fué modificado según un proyecto originalísimo de
Mr. David Porter H eap. Antes de esta modificación
la antorcha contenía 9 lámparas de arco, equivalentes á 2.000 bujías cada una, y apenas se las veía al
través de los agujeros de que hemos hablado; actualmente las nueve lámparas han sido reemplazadas por
una sola de 5.000 bujías, cuya luz irradia al exterior
en todas extensiones por haberse quitado las planchas
de la antorcha al nivel de la lámpara y en una altura
de 46 centímetros, operación difícil por la forma de
aquélla. En el interior una serie de espejos de aluminio convenientemente inclinados reflejan la luz horizontalmente; además alguna luz se escapa también
por los agujeros, y en lo alto de la llama de la antorcha se ha practicado una abertura cerrada por cristales blancos, encarnados y amarillos. Otros reflectores envían una porción de luz á las nubes.
Alrededor de la diadema hay 50 lámparas incandescentes de 50 bujías cada una y de diferentes colores, que vistas desde el puerto hacen el efecto de
una corona de piedras preciosas, y por último un proyector eléctrico ilumina la estatua de arriba abajo.

Las casas extranjeras qu e deseen a nunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin
núm. 6 1, Paria. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Ca.lvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

...........
- un i nt,atuoos LECHE ANTEFtL

Lu

Penow q1e conocen Ju

PILDORAS~~DEHAUT
Dlt PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el cau,ancfo, porque, contra lo que sucede con
los demas purgSI1te11 este no obra bien
siDo CUSlldo se toma con buenos alimento,

1 bebidasfortificantes, cual el vino, el caftJ,
el U. Cada cual escoge, par a purgarse, la
llora 7 la comida gue maa le convienen,
sern ,ua ocupaciones. Como el causan
cio que la purga ocasiona queda completamenteanuladoporel efectode la
buena alimenSBcion empleada,uno
se decide tiicümente ll volver
4 empeirar cuantas veces

sea necesario. •

,.,.

arabe dB..i,191
llf"I\. • t· l d
contra las diversas
a e AfecclonesdtlCorazon,

J G

Z'ageaSalL8Ct8t0deH'(8rr0 d8
GELIS&amp;CONTÉ

El mas ,ttcazcontra
de los la
F1rru,tnoso1
Anemia, Clorosis,
Eapobncl1i1m f1 la Sangra,
Debilidad, etc.

""'ª
Ergt4;Jfil)iGtJ:1'
Uft)#¡,a
0 t 1...,.

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Bronquitis, Asma, etc.

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aparte, que reproducen .las diferentes cs~ies_ de los-reinos animal, vegetal y mineral; Jos instrumentos
Y ~paratas aplicados rec1~nt;mc~tc i las ciencias, agricultura, artes ~ indnstnas; retratos de los perso•
na¡es que mh se han d1s11ngu1do en todos lo• ramos del saber humano· planos de ciudades· mapas
geogr,lfjcos coloridos; coplas exactas de los cuadros y demiis obras de .;te mis celebres de
las

t-+-1

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Pepsina Boudault

1:i.ias

épocas

-i!-

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.A probada por la.AC!DEll.l DE IEDICIN.l

PRE~IODEL INSTITUTO Al D' CORVISART, EN 1856
Medallaa·en laa Expoalclonea lnternacJonalea

CARNE HIERRO y QUINA

1867

VINO FERRUGINOSO AROUD
KUTalTlVOS DB

1872

tJ,.~
mm• .,_ •IJD.&amp;1 Dfes años de mio continuado y las affrmactonea de
las eminenciu mi!dlcu preuban que esta uoct&amp;Clon de la 4'ante, el Biern y la

•111aa
ooneUtuye el reparador mu enemco que se conoce 'para curar : la CWf'dlu la
l.11t111'4, las .lle11o1t~ tlolorolal, el Jlmpolwed,,.ifflto:, lá .Alteracúm ae la sangre
el .Raqu,tumo, las .AfecdMIU ucro/lllOIIII Y euor71utfcal, etc. .El l'i•• Perrast■•H dé
ea, en erecto, el únic.o que reune &amp;o&lt;lo lo que entona y fortalece loe organ08
coordena y aumenta c.onslderablemente lu fuerzas 6 Infunde· 1 la
empobrecida y descolorldl : el Ylqor, la ColoracúHt y la lfll'l'Qúl "'''"·

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regulariza

J&gt;oru11or,ea Paria, en casa de 1. FBW, Fanmcenlieo, tot, ne Richelieu, Sucesor 4e AROUD
a vmm.1 BM TODAS LAS PRINCIPALES DOJlCAS
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BBAVAIS

representa exactamente el hierro
contenido en la eeonomia. E1perimentado por loa principales me~ieo1 del
mundo, pasa inmediatamente en la
aan¡re, no ocasiona eatreftimieoto, no
fatiga el utóma¡o, no ennerreee loa
dienteJ. t111111 ni111 cetu II eua etaida.
hijm 11 Tir4u1ra l m&amp;.
De Venta en toda, /u Farmao/11•

Por11101: 40142,r. st-Luare, hr!I,

P!BIS, Pharmacie COLLAS, 8, rue Daupbíue

PITE EPILATOIRE DUSSER
.•

1878

Y OT&amp;OI Dl:IOIJ&gt;INII D■ U, DIOIITJO•

•

"EXIJASE e1 ~...: ARDUO_

1876

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIQESTION L ENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO

U CARNE

.&amp;na41

1873

• • SIIPL•l C01' IL IU.tOI. :h1ro ■ft LU

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los brazos, empléese el l'J.l,J t'U ll.E. D USSER , l , rue J .•J .-Rouaseau, Paria.

�LA

600

NúMERO 611-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA PltIMBllA ttIRA,

cuadro de A. Corelli

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GARGANTA
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ESTOMAGO
VOZ

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I, curarAn 1de ,. oonat1p1clon, le d■rAII\ 11/181~• 1 11
drrolrali1t ti aua:ñ 1 la 1/qr11. - A11 r11trA Vd,
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c,,1a:n: y 0111~.11 son los elementos que entran en la comooslclon de este potente
reparador de las fuerzas vita.les, de este fonilleaase per eaeefe11eta, De un gusto sulllAmente agradable, e.~ 110berano contra la Áne11Ua y el Á1J()Camtento, en las Calentura,
1 Conoal4Urn:úU1 contra las JJ1Mre111 y las Á~cct&lt;me&amp; d61 B1tomaqo y los ,ntatlnc,.
Cuando se tma de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las•fuerzas,
enriquecer la sangre, entonar el organismo •y precaver la anemia y las eptdem1aa provoeaw por los calores, no se conoce nada 8'1l1&gt;6rtor al 1'1110 de Oaiaa de &amp;roud.

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EXIJASE '1i!ºt1: J ARDUO

d-e las Afeccionea de1. pea
o~Mal de garganta,
•• Resfriados, Roma&amp;
bs Reumatismos, Dolo
· agos, etc., S'O ailos del m
'O atestiguan la eficacia de e
eroso deriva«~ recomendado p
primeros médicos de Paria.

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6

¡

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6
C~=~~li~Ln:!t~~R 6
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..........6

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
I MP, DE MONTANBR Y SIMÓK

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          <name>Coverage</name>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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