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                  <text>AÑO

XII

BARCELONA 25 DE SEPTIEMBRE DE 1893 ,..____ _ _ _ __

NÚM. 613

s--s---'"-=---z..;.= ====================================-----REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

EN EL BOSQUE DE BOULOGNE.--LA BATALLA DE FLORES
copia del cuadro de Harry Finney .

'

�LA

Texto. - Crónica de arte,

por R. Balsa de la Vega. - Los jar·
dines de la infmz.:ia, por Talcott Williams. - La sombra (conclusión), por José de Roure. -Nuestros grabados. - U11afm11cesa en el polo Norte (continuación), por Pedro Mael. - S&amp;ccróN CIENTIFICA; Los pai-pi-bris en ti :ardln de Aclimatación de París. - Libros recibidos.
Grabados. - En el bosque de Bo11/ogne, cuadro de Harry
Finney. - fsabe/Palmer Peabody. - Once grabados de Losjar·
dines de la i11/a11cia. - Vistas de Costa Rica, grupo de nueve
grabados. - Bellezas costarrique11as, tres retratos pintados
por Francisco Valiente. - D. Francisco Valiente, pintor costarriqueño. - La despediia, cuadro de D. Laugée. - Greiller1110 de Orange y Maria E11riq11eta St11ardo, cuadro de Van
Dyck. - El explorador Emln-Bajá. - El general Miribel. Figs. r, 2y 3. Hombres y mujeres pai-pi-bris y tipos negros
diversos. -D. José Joaquln Rodríguez, actual pres:dente de
la República de Costa Rica.
·

................._.,............................., .............,......................., .....,......,.........,.............,.., .•.
CRÓNICA DE ARTE

Nuestro representante en Wáshington y delegado
regio en la Expc:.sición universal de Chicago, señor
Dupuy de Lome, elevó una protesta al jefe de recompensas de dicha Exposición Mr. Teacher, á propósito del resultado obtenido por los artistas españoles
en aquel certamen. Protesta enérgica, fundada, á mi
entender, en razones de tanto peso, que seguramente no derribarán la lógica de los yankees ni de cuantos, intentando salvar su amor propio, traten de refutarla.
Pero yo entiendo que no merecí~ la pena el desastre sufrido por nuestros artistas en la Exposición que
actualmente se celebra en la ciudad del lago Míchigan de la molestia tomada por el Sr. Dupuy de
Lome. Desde el instante mismo, en que se tuvo conocimiento del verdadero valor que, desde el punto
de vista de la especulación de tal idea, esto es, de la
significación que dentro del complejo é interesantísimo campo de la evolución artística y estética modernas tenía el tan famoso como fracasado certamen,
todo el mundo que vive y alienta en este medio dejó
de preocuparse de lo que allá se hiciera, y nadie se
ha sorprendido al saber nuestro fracaso artístico.
Sin embargo de esto, siquiera sea á título de curiosidad y de enseñanza para el porvenir, bueno es que
sepan los artistas españoles algo de la historia de
esto que algunos titulan fracaso y que para mí queda
reducido simplemente á uno de tantos desengaños
como venimos sufriendo los españoles, merced á
nuestro carácter en demasía impresionable.

***

Anunciada la Exposición universal de C~icago, é
invitada España á concurrir á ella, se presentó en
Madrid un caballero norteamericano, muy conocido
en Chicago y sus alrededores como persona peritísima en cosas de arte. Este caballero fué al Círculo de
Bellas Artes de Madrid á invitar á su vez personalmente á los artistas para que concurriesen con sus
obras á la feria del mundo, prometiéndoles (en inglés,
por supuesto) que como allí era casi desconocido el
arte español, se le abriría un mercado que podría
amorcillar de libras esterlinas 6 de otras monedas
equivalentes los no muy repletos bolsillos de nuestros escultores y pintores.
Con grandes muestras de entusiasmo fueron acogidas por cuantos escuchaban (traducidas al español)
las ofertas y discursos de propaganda de Mr. Valsey
C. Ives - que éste es el nombre del norteamericano
de marras, - y desde aquel punto y hora comenzaron
una serie de obsequios en honor de este ser excepcional, nueva personificación del Przctolo, y al P{Opio
tiempo á disponerse para asistir al gran certamen
dignamente. El míster, á cambio de las pue~tas que
abría á nuestro arte, no pidió más que la representación de todos los artistas que enviasen obras á Chicago, naturalmente, deduciendo por la tal representación el correspondiente tanto por ciento, etc.
A todo esto el actual ministro de Fomento señor
Moret, aconsejado por alguien y guiado por grandes
deseos de acertar, encargó por medio de una real orden al Círculo de Bellas Artes de la misión de admitir
6 rechazar las esculturas y pinturas que deberían ser
remitidas á la Exposición norteamericana. No faltó
quien advirtiese al Sr. Moret que el Círculo de Bellas Artes, por su carácter de Sociedad puramente
particular, no debía ser el encargado de aquella misión, pues no representando como no representa dicha sociedad sino á un escasísimo número de artistas, la eleccióri del jurado clasificador no tendría valor alguno, 6 por lo menos muy escaS0j cosa que en

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

efecto pudo comprobarse, pues hemos visto que son
122 los artistas que exhiben sus obras en Chicago y
que no han querido someterse al examen del Círculo, mientras los que se sometieron á la alta sabiduría
de aquel tribunal no llegan á 96. ·
No habré de decir si el jurado del Círculo de Bellas Artes supo limitarse á las atribuciones que le habían conferido, 6 rebasó las lindes de lo prudentej
cosa es esta que me tiene sin cuidado y que nada
quita ni pone al relato de la historia que estoy haciendo¡ lo que sí es menester hacer constar la declaración de Mr. C. Ives cuando nuestro delegado regio
y el de Bellas Artes pedían más y mejor local para
la exhibición de las obras de arte españolas¡ dicho
Mr. C. I ves respondió que «el Círculo de Bellas Artes de Madrid le había dicho que para sus cuadros
tenía bastante con el concedido y que no quería
más. )) Si e:; cierto lo afirmado por I ves, bien vale la
pena de preguntarle al Círculo de Be!las Artes en
virtud de qué atribuciones limitaba el espacio, dejando fuera de concurrencia á los artistas - como he dicho más arriba, la mayor parte - que no consideraban al jurado quién para que les juzgase sus obras.
Ya remitidas todas á Chicago, el Círculo de Bellas
Artes pidió al ministro de Fomento que enviase con
viajé y dietas pagadas á la Exposición un individuo
de aquella sociedad. Yo he visto la negativa que á lo
pretendido dió el ministro, y en su nombre el director general de Instrucción pública. El individuo á
quien aludo volvió á la carga y pudo por fin conseguir lo que deseaba. Con el carácter de perito técnico
se embarcó para la ciudadyankee el Sr. D. Juan Espina y Capo.
Lo que en Chicago aconteció solamente lo saqen
en Madrid contadas personas. El Sr. Dupuy de Lome se abstuvo por completo de toda inteligencia con
el Sr. Espina en lo tocante á la distribución de premios, y en vista de que el delegado de Bellas Artes
Sr. Pavía Berminghan renunciaba el cargo por causas que algún día sabremos, el Sr. Dupuy de Lome
dejó en absoluta libertad al Sr. Espina para que se
entendiera como quisiera con sus compañeros de jurado. Debo advertir que dicho Sr. Espina, al abandonar la delegación el Sr. Pavía, escribió al Círculo notificando el suceso, y que con este motivo fué nombrado miembro del jurado internacional, merced á
una carta firmada por varios socios.
Y llegó el momento en que debían otorgarse los
premios. El Sr. Espina dice en un documento, que
quizás algún día saldrá á la luz pública, que no se hizo
más que justicia. Por su parte el corresponsal de La
Epoca, el Sr. Vilardell, escribe lo siguiente:
«Cuando escribí mi carta anterior, el fallo del jurado de Bellas Artes era un secreto, y no pude, por
lo tanto, hacer más que adelantar algunos nombres
de artistas agraciados. Hoy debería continuar el secretoj pero como los periódicos de Chicago han publicado esta mañana ( I 2 de agosto) las listas generales de los premios concedidos, no tengo por qué callar lo que afecta á España, y puedo hacer públicas
mis opiniones, como ofrecí en la citada carta, y decir
que el fallo del jurado ha sido una completa derrota
para los artistas españoles.
»Ser profeta del pasado es cosa muy fácil, y como
no quiero pasar por tal, al declarar que este resultado
lo tenía previsto, debo hacer constar que en carta
particular escrita hace más de dos meses al director
de La Epoca decía: «La sección de Bellas Artes será
»un fracaso.»
· Espero que los lectores de LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA reconocerán en mí, ya que no otra cosa, buena fe y deseo de acierto. Alguna vez fustigué, según
después me dijeron, con dureza á nuestros artistas,
porque descuidaban demasiado el estudi9 asiduo de
cuantas cosas son necesarias hoy al arte, así en plástica como en lo que corresponde á la ideaj pero también creerán cuantos este artículo lean que á pesar
de mis censuras he reconocido el valor de nuestro
arte en general, considerándolo como el que más vitalidad y más energía tiene del arte latino de hoyj
por lo que, al saber el resultado obtenido por España en Chicago, y cómo á este resultado cooperara un
artista español, no pude menos que sentir allá en lo
íntimo algo así como desfallecimiento y angustia,
cual si presintiera la proximidad de un desastre para
un ·gran número de nuestros artistas, que con su falta
de tacto van á dar de bruces en derrumbaderos y
malos pasos como el presente.
El Sr. Dupuy de Lome debió sentir algo parecido
á lo que yo expreso, cuando al saber el fallo del jurado dirigió la comunicación que he mencionado al
comienzo de estas líneas, protestando de un modo
enérgico contra lo que él y todo el que tenga dos dedos de sentido artístico consideran como un acto
de polaquismo, al que asintió - casi afirmaría que inconscientemente - el perito técnico. Pero el perito tí:c-

613

NúMERO

NúMERO 613 '

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
.,._,.

meo Sr. Espina, sin duda porque no se le pueda exigir por nadie la responsabilidad moral en que ha incurrido - responsabilidad en la que tienen la culpa
por partes iguales el afrancesamiento mercantil de
Mr. C. I ves y la forzosa ignorancia de las discusiones de los jurados á que se vió condenado el Sr. Espina por su desconocimiento del inglés - ha dirigido
una réplica al Sr. Dupuy de Lóme, en la que afirma
que todo lo hecho, y como apunté más arriba, lo está
con arreglo á la más estricta justicia.
Pero ¡vaya usted á poner puertas al campo! Los
recelos, l~s suspicacias se han hecho, y, la verdad, la
exculpación y defensa que de sus actos hace el señor Espina en la contraprotesta á que aludo, á nadie
convencerán, puedo afirmarlo. Me abstengo de juzgar este documento, y tan sólo como corolario de lo
relatado voy á añadir unas cuantas reflexiones.
¿Cómo un artista puede admitir que la misma recompensa se otorgue á cuadros premiados con medallas de oro en nuestras Exposiciones nacionales
que á los que no han obtenido más que medallas de
tercera clase?
¿Es posible que un perito técnico dé el mismo valor á Los amantes de Teruel 6 á ¡Otra margarita!,
que á lienzos que ni siquiera merecieron una segunda medalla?
¿Es posible que un Vallmitjana, un Susillo, un
Atché, un Ferrant, un Cutanda y otros artistas de
esta talla puedan quedar desairados allí donde exhiben sus más famosas obras, y en cambio merezcan
los honores de la victoria artistas que comienzan y
cuyas producciones hemos calificado recientemente
de menos que medianas?
Buena es la democraciaj pero á este extremo llevada, ¡vive Dios que ya no puede tolerarse, y que quien
consienta que se ponga en práctica merece toda clase de censuras y que se le exijan satisfacciones cate~
góricas y terminantes!

ciones para el cuidado y desarrollo de los niños, su
parte alegre necesita tener por base el propósito y la
teoría que tan alto grado alcanzaron en la mente de
Froebel cuando abrió su primera escuela en un pueblecillo alemán, por cuya calle principal corría un
arr:&gt;yo y por cuyos callejones de noche se paseaba
silencioso el alabardero cantando las horas. Ocioso
sería suponer que Froebel fundó un sistema perfecto,
6 insistir en todos los detalles del credo de los jardines de la infanciaj pero han bastado cuarenta años
desde la muerte del fundador para que la fe degenere en religión y secta. Es preciso, sin embargo, mantener con firmeza el objeto principal que se propuso: Froebel buscó el
logro de sus fi nes por el
juego, no por el trabajoj
mas para este método es
tan peligroso acercarse á
la dureza de la escuela
primaria, como lo es suavizarle hasta el punto de
perturbar las reglas debilitando la observancia del
orden. Lo primero es su
tendencia donde llega á
ser parte de un curso gradual, y esta tendencia es
tan aparente en la aplicación de los métodos de
Froebel por manos francesas en el plan oficial
de las escuelas maternales, como en algunas de
nuestras escuelas ptfolicas. La otra tendencia es
aparente en los jardines de la infancia de amateur
Y en la obra de) ~~an número de personas que entran
en un campo d1f1c1l con medios deficientes.
Suiza, la única república de Europa en aquella época, fué el primer país que adoptó el método de Froebel! aunq~e en al&amp;unas de sus ciudades los jardines de
1~ 1~fanc1a ha_n sido hasta ahora sostenidos por asoc1ac1?ne~part1culares. _Francia, otra república, cuenta mas nmos que comienzan su educación bajo una
adaptació_n del sistema de Froebel que todas las demás
n~~1ones Juntas._ El ~ismo Froebel opinaba que «el espmtu de la nacionalidad americana era el único del
mundo con el que su método estaba en completa armon!a y e_n e~ cu~) ninguna barrera se opondría á sus
legítimas mstituc1ones. » Las cifras que se _v erán des-

ISABEL PALMER PEABODY

por las calles con nodriza y los otros sin
ella. E n su afanosa vida, la mayoría de
los padres se hallan entregados continuamente á ~us ocupaciones, á veces
día y noche, sm que les sea siempre posible atender á todo, llenando sus múltiples compromisosj y en el mayor número ?e _casos, el niño no adquiere más
conoC1m1entos que los que le proporciona la casualidad, los criados y los hijos de los vecinos. No es necesario referirnos también á ese otro
mundo en que la pobreza y el crimen arrojan á nu~~rosos padre~ al pie de la cruz en que los tiernos
nmos son crucificados.
El probl~ma de la educación para las diversas
c~ases c~ns1ste, pues, en suministrar elementos prop10s y ~t1les durante los primeros años en que el nina com1e!1za á dejar á la familia sin entrar en la sala
del coleg10. En ese período, es decir, desde los tres á

***
La marejada que con estas malas 1,1uevas se levantó entre la gente del a rte es enorme¡ todos van á preguntarse las razones que obligaron al Sr. Pavía Berminghan á dejar el puesto de delegado de Bellas Artes, y si el Sr. Espina tenía conocimiento de los durísimos ataques que á aquel señor se le dirigieron
desde el periódico The Clzicago Herald. Y además
de estas preguntas también se hacen otras no menos
interesantesj entre ellas la razón que obligó al señor
Espina á no contestar como se merecía á los desplantes del citado periódico respecto del arte español,
así como á las sandeces encasquetadas en folletos y
conferencias por el Sr. Walsey C. Ives contra el arte
y los artistas de esta tierra de los Rosales, Fortunys,
Pradillas y Villegas.
Esperemos á que rompan el silencio los señores
Dupuy de Lome, Berminghan y Espina.
Mientras tanto me permito felicitar por su acierto
al Sr. ministro de Fomento.

Papel doblado. Primera lección de geo~etrfa

los siete años, el ~erebro, según nos dice Bain, crece
con 1~ may?r rap1?ez, y todo el sér del niño recibe
~u p~1mera 1mpres16n consciente de la familia, de la
1gles1a, del estado, d,e las. leyes y de la vida social.
¿Qué c~~a h~y mas brutal que los juegos inventados por mnos mocentes? ¿No conocemos á alguno
que ~aya tratado de matar 6 atormentar á su animal
favorito? ¿No hemos encontrado todos al ·'d ,
. .
nmo que,
a;1ser con,d uc1 o a la hab1tac16n mortuoria donde yac1a el cadaver de su compañero, lo primero ue h'
fu é preguntar con la
q
izo
torpe avaricia de sus
cuatro años: «Ahora
que Pedro, ha muerto,
¿no me daras su caballo
y su tambor?» Es necesario avivar la imaginación inerte del niño, despertando s us

R. BALSA DE LA VEGA
Y'•••••••••" •••••..•••••••.. ••••••••••••••'••••,1•,.••,1•0,'••••..•••••••••• .. •l '••"•l•,.•o,¡•,.••,1•11••,1•.,••••••••••''••••••••

LOS JARDINES DE LA INFANCIA
Tres veces feliz el niño que vive rodeado de una
dorada bruma á través de la cual brilla el sol y en la
que todas las cosas buenas maduran y la inteligencia
se desarrolla tranquila en un cuerpo sano. En esos
años, en los que demasiado á menudo nada se siembra para el niño, recogiendo éste tan sólo las simientes esparcidas que llegan hasta él por casualidad,
¡cuánto podrá hacer en pro de la niñez el que una
á los conocimientos científicos la solicitud maternal!
De ello nos da ejemplo María Putnam J acobi en su
«Experimento en la educación primaria. »
De mí sé decir que á los ocho años pude adquirir
ya el conocimiento de los géneros y de las especies.
Aún me parece ver el terrado con pavimento de
piedra y los arcos de una casa asiáticaj el vívido sol
de Oriente declinando sobre el verde espacio de la inmensa llanura de Mesopotamia, cubierta de brillante hiniesta y de anémonasj sobre mis rodillas los pétalos del almendro, del ciruelo y de la rosa amarilla
de Persia, y en mi interior el ardiente deseo de acumular conocimientos para toda la vida.
Pero no todas las mujeres pueden llegar á la maternidad dotadas como lo estuvo la señora Jacobi.
Cada uno de nosotros, si es digno de tener padre,
ama á éste de todo corazón, y abriga la creencia de
que jamás hubo otro como el suyo. Con ojos más
sobrios y más ejercitados por la experiencia, vemos
ciudades enteras llenas de casas, en las que la más
aparente y visible diferencia entre los niños de los
ricos y de los pobres consiste en que los unos van

.

emocionesj es preciso llenar el horizonte vacío. Ningú~ niño que no haya sido enseñado podrá reconstruir es.os fructuosos, pero olvidados años, en que la
humanidad alcanzó sus primeros y mayores triunfllSj
en que los dedos humanos aprendieron por primera
vez á. tejer la flexible corteza y las manos á modelar
la arcilla, y en que los roncos gritos del barbarismo
fueron reemplazados por la naciente música de la civilización.
Froebel trató de ocupar bien esos años de la niñez. El ni~o piensa solamente por símbolos, 6 en
otros términos, explica todo cuanto ve, no por lo que

recuerda de la experiencia ajena, como le acontece
cuan?º es adulto, sino clasificando y comparando sus
p~op1os cont:eptos _6 _símbolo~ de lo que él mismo ha
visto. Su_ úmca act1v1dad esta en el juego. La escuela - ha dicho J. C. Federico Rosenkranz - comienza
por enseña~ los convenci_~nalis~os_ de la inteligencia.
Froebel qm_so q~e los_ nmos mas Jóvenes recibieran
u!1a educac1?n su~bóhca en juegos, recreos y ocupac10nes que simbolizaran las primitivas artes del hombr~. _C,on este objeto le instruye en varios trabajos
pnm1t1vos, ~o~o trenzar, tejer y modelar, por medio
de e~tretemm!entos en que se hacen jugar todas las
r~lac10nes sociales, sin faltar los cantes y el uso sencillo d~l número, de la forma y del lenguaje. TÓdas
las apt!tud~s r~presentan un papel en su múltiple
propósito msp1rando
al niño, despertando
su interés, conduciéndole por la senda que
la humanidad ha seguido y enseñándole
á dominars'e e n sus
relaciones sociales.
E l sistema tiene sus
peligros palpables.
Cuanto mejor y más
complicado es el instrumento, más habilidad se necesita para
usarle sin riesgo. Los
jardines para la infancia requieren personas
prácticas, pues con
maestros tri viales po-

-~

619

-Niños fabricando cilindros de arcilla

•

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I
I

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j, /

·¡/ •
l'r f -,--1

i

Marcha infantil en un jardín de la infancia de una instituci6n privada

drán degenerar fácilmente en
mero pasatiempo y
ahogar toda tendencia á fijar
la atención,
la a plicación y el ingenio. Por
apreciable
que sea ese
sistema en
~us indica-

p~és sobre el desarrollo de los jardines de la infancia en este país son la mejor prueba de la verdad del
aserto de Ftoebel. El ministro prusiano Raumer fué
cen~ura?o por hab:r prohibido en 1851 en Prusia
l?s ~ardmes de la mfancia, pero demostró los conoc1m1entos de su clase y los instintos del burócrata.
~entro d: su~ límites de años, de método y de
ob}eto, _los Ja~dmes de la infancia propercionan el
mas fehz comienzo para la educación del niño en un
estado democrático, porque éste reconoce la actividad volunt_aria del individuo como el mejor medio
de educac16~, y el contacto ·social como su mejor
agente. El mismo Froebel rehusó educar al hijo de
un duque solo, y para sus propios sobrinos buscaba
los compañer~s que la es~uela ~omún proporciona, y
que hoy s.e evitan demasiado a menudo con perjui-

�LA
cio de ricos y pobres. La historia ha de escribir :nín
algunos capítulos antes de que pueda emitir juicio
sobre el imperioso joven que lleva el yelmo de Ger

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

613

mensa mayo- sido legada; y si alguno opone alguna cosa nueva
ría de los ni- que contradiga ó tal vez amenace alterar el credo
ños asiste á que durante años hemos repetido, transmitiéndolo á
nuestras es- los otros, todas las pasiones se levantarán contra él,
cuelas públi- y no se perdonará esfuerzo para aniquilarle.»
cas. El prinEl más seguro remedio contra todo esto es introcipal valor ducir en la escuela niños enseñados bajo diferente
de los jardi- principio, cuyas preguntas crearán diferentes métones de la in- dos haciendo inevitables nuevos procedimientos. Los
fancia, como jardines de la infancia aportan todos los años á las
parte del sis- escuelas comunes materiales frescos, llenos de vida,
tema de es- bien dispuestos; que han aprendido á pensar; que en
cuelas. públi- seis meses pueden hacer el trabajo que exigiría un
cas, consiste, año por el antiguo sistema; que saben manejar el lápor lo tanto, piz con ligereza, para quienes resulta más fácil aprenen aumentar der lo que por medio del dibujo ó de la escritura
casi el doble, haya de enseñárseles. El niño así enseñado está ya bien
en circuns- dispuesto para pensar por sí mismo y en su propia
tancias fa- persona, es suficiente para transformar á cualquier
vtlrables, e 1 maestro amante de su trabajo.
tiempo que
Y estos excelentes resultados se consiguen sin fatilos niños per- gar la atención de los niños, antes bien entretenién1/
manecen en dolos con juegos, pasatiempos y ejercicios que les
la escuela; y hacen ver en las escuelas centros de recreo, á los que
. ,
esto, que no acuden no sólo voluntariamente, sino, además, con
d~plicana el coste de nuestro sistema de escuelas pú- afición decidida. Los conocimientos más variados se
blicas, aumentaría considerablemente el contingen- fijan en su mente escuchando los cuentos que les rete d~ alun:inos. El primer grado de nuestras escuelas cita la maestra; oyendo una narración relacionada,
públicas viene á ser de un 30 por ciento del servicio por ejemplo, con el mar, aprenden multitud de cosas
total. Para mantener semejante primer grado, escri- sobre fauna y flora marinas que de otro modo sería
be_ Mr. Anderson, superintendente de escuelas en casi imposible hacerles entender. Otras veces es:el jueM1lw~nkee, los jardines de la infancia deben ser por go de los pajaritos en el bosque el que les instruye
nec~s1~ad mucho más grandes, y si sus patrocinado- acerca de una importante especie zoológica. La geores ms1sten en el curso de dos años, será indispensa- metría, esa ciencia difícil hasta para el hombre, peble un aumento considerable en la renta para sostener netra insensiblemente en la inteligencia del niño, á
las escuelas.
Pero este gasto,
contrariamente
al que se consagra á los grados
más altos, se
empleará en un
número siempre creciente; y
la influencia de
la nueva educación cortará la
pirámide por la
Objetos que sirven de asunto en las pláticas matutinas con los niños
base, no por la
punta. De su
efecto moral sobre los niños abandonados en nues- quien se le entretiene fabricando figuras geométricas
tras calles podemos juzgar por la experiencia de San de arcilla, ó haciéndoselas recortar en papel, ó entreFrancisco de California, en donde de nueve mil ni- gándoselas hechas ya, para que con ellas construya
ños procedentes de los barrios habitados por pobres distintos objetos, en cuya confección ejercita su ingey criminales, que asistieron á los jardines de la infan- nio y su paciencia.
Iguales procedimientos se emplean también para
cia libres, de la Asociación de la Puerta de Oro, uno
solo se encontró más tarde arrestado desplléS de prac- desenvolver los sentidos, el de la vista y el del tac~o
ticarse una cuidadosa información y de ejercerse la especialmente, para lo cual sirven papeles tejidos de
mayor vigilancia durante años en las prisiones. Con- distintos colores, y en general para desarrollar paulatra este hecho no se puede argumentar. El coste del tinamente todas las facultades anímicas del niño, que
pauperismo y del crimen ahorrado en ese solo gru- en las conversaciones matutinas y en presencia de
po de niños en una sola ciudad habría siqo suficien- los objetos más variados adquiere poco á poco note para satisfacer la contribución de los jardines de ciones de multitud de ramas del saber humano q11e
la infancia en toda la Unión durante diez años.
no olvidará de seguro mientras viva. Al par de la inPero lo bueno tiene más importancia en el esfuer- teligencia desarróllase en los jardines de la infancia
zo social que lo malo. Durante un período de diez á el cuerpo del infantil alumno: los ejercicios gimnásquince años, en todas las discusiones sobre nuestras ticos proporcionados á su corta edad, las marchas,
escuelas públicas ha predominado el convencimiento los paseos, etc., contribuyen á mantener y robustecer
de que éstas lo habían hecho todo menos educar, y la salud del cuerpo, tan indispensable para que se
los comerciantes, propietarios, colegios y escuelas conserve y afirme la viveza del espíritu: mens sana tn
profesionales se han lamentado á una de que los corpore sano.
alumnos de nuestras escuelas públicas no podían serDe algunos de esos juegos, ejercicios y procedivirse del conocimiento adquirido. No son propios mientos dan idea los grabados que acompañan al
para adaptarse á la fábrica social; se pasan los exá- presente artículo, viendo los cuales se comprenden
menes con toda facilidad, excepto los que impone la las inmensas ventajas que á la educación reporta este
vida propia, en el cual las reglas no tienen valor, y sistema y el imponderable beneficio que la niñez y la
ningún sistema de educación con los defectos mecá- humanidad entera recibieron de Froebel, el ilustre
nicos de rutina, grados y exámenes se reforma nun- pedagogo que con los jardines de la infancia dió nuevas y firmes bases á
la enseñanza de los
niños y un punto de
partida sólido para
la educación de los
hombres.
La obra de introducir este nuevo sistema
en las escuelas públi
cas de 1os Estados
Unidos se ha efectuaAlgunos inventos de papel tejido que demuestran cómo se desenvuelve la inventiva
do en casi todas las
ciudades en que se
ca por sí solo. «Las cuestiones científicas, dijo Goe- encargaron de tal misión nobles y celosas mujeres
the á Echermann, son muy á menudo cuestiones de que abrieron jardines de la infancia libres á sus pro·
vitalidad;» y esto es igualmente cierto para las de pias expensas, á menudo con la cooperación de maeseducación. «En las universidades, añadió Goethe, tros, como el doctor William T. Harris en San Luis,
eso también se mira como una propiedad que les ha ó el doctor James Mac Alister en Filadelfia, siempre

¿;r

«Los pajañtos del bosque,» juego de !ºs jardines de la infancia

manía coronado con el águila de plata, el joven más
poderoso que ha ocupado un trono europeo desde
el tiempo de Carlos V; mas es claro que en el espacio de tres ó cuatro siglos él es el único personaje
real que ha escapado de la paralizadora influencia
de la «educación de príncipe,» cuya soledad es tan
grave mal como el exceso de compañeros. La madre
del actual emperado'r rompió con las tradiciones de
su familia y de su casta, poniendo á su hijo en un
jardín de la infancia y luego en la escuela con
otros muchachos. Es muy significativo que ese carácter real, tan moderno por su actividad, tan arcaico en sus aspiraciones, sea el primero entre los gobernantes de la tierra que haya sentido el contacto
de Froebel en la niñez.
Menos importante es, sin embargo, considerar el
efecto de este método en el heredero de Alemania,
quien al fin y al cabo pertenece al ayer, que su influencia en los herederos de la república de América,
que son de mañana. Todos vemos y sentimos y padecemos por ciertos defectos en los resultados de la

Papel tejido. Lección de números y colores:
enseñanza de la vista y del tacto

educación de la inmensa mayoría de nosotros: la falta de iniciativa social, la poca consideración á los
derechos de los demás, el afán por las diversiones y
la incapacidad para encontrar placer sin ellas se manifiestan en todas partes. Este defecto social, tan
grave eri sus resultados, es la consecuencia natural é
inevitable de las escuelas dadas á la rutina, entorpecidas por la disciplina y por las reglas, y á las cuales
ha precedido una breve infancia, en la que no se corrigió el instinto del juego, dirigiéndole convenientemente, ni se inculcó tampoco la consideración social
á los derechos de los demás.
La doble desgracia de nuestro sistema de escuelas
públicas, que ha hecho tanto que su perfeccionamiento es la empresa que más esperanzas infunde y la
más apetecible de las reformas, consiste en que no
enseña á los niños á pensar, y en que la gran masa
de éstos en nuestro5 distrito5 fabriles termina su
tiempo de escuelél a los diez y doce años de edad,
habiendo comenzado á lvs siete ú ocho.
Tres ó cuatro años es el plazo máximo _que la in•

VISTAS DE COSTA RICA (de fotografías remitidas por D. Antonio Font)

�622

LA

con la conversión eventual de las escuelas de pensión,
que no tienen derecho, d(;spués de todo, para hacer
experiencias con el dinero público antes que las empresas privadas.
Veinte años después de la muerte de uno de los
dos grandes maestros del siglo (el otro era Pestalozzi)
la situación era la siguiente: Froebel había sido re·

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

comercio y en la política, y en San Francisco un humilde maestro, apoyado por las mujeres de recientes
millonarios y habilmente secundado por una joven
que repitió en Nueva York, en los dos últimos años,
los trabajos para conseguir esta reforma, á la cual
había dado principio en San Francisco mucho tiempo antes. En cada ciudad est1 reforma siguió el mis-

Ejercicio núm. 3. - Una serie de formas, cada una de las cuales es desenvolvimiento de la anterior

chazado por su país, y se le expulsó de Prusia por
decreto ministerial, a pesar de que aun allí, la hija
de una noble madre, la emperatriz Federico, había
educado a sus .propios hijos con arreglo a su plan,
presidiendo una sociedad para introducir el sistema
en su país. Francia esperó todavía la caída del imperio para ver la aceptación de los métodos de Froebel
en las «escuelas madres.» Austria-Hungría, bajo la
naciente libertad, hija del desastre, comenzaba á in·
traducir los jardines de la infancia, que han realizado
allí inusitados progresos como parte de su reciente y
rápido desarrollo. Italia ( r 868-187 r) había visto ya
abiertos los primeros jardines de la infancia que al
cabo de veinte años de libertad y unidad debía producir los instructores que adoptaron el nuevo sistema
en las escuelas públicas del reino. Finlandia, ese pequeño rincón que está bajo la férula de Rusia, debía
introducir el sistema doce años después. Inglaterra,
que estaba reorganizando su sistema de escuelas por
el acta sobre educación de 1870, no hizo aprecio alguno del nuevo método, y cerca de veinte años después uno ó dos maestros nombrados por la Junta de
escuelas de Londres y una vigorosa pero ineficaz
propaganda dieron á conocer todos los progresos
hechos hasta entonces. En Londres, en Mánchester
y en Dublín existen excelentes instituciones; mas en
cuanto se refiere á la influencia de la opinión pública, nada se había adelantado ni aun en 1889.
En nuestra patria, es decir, en los Estados Unidos,
en 1870, el magnífico trabajo hecho para organizar y
metodizar la instrucción local desde veinte años antes había puesto de manifiesto los funestos principios
de la rutina mecánica. A Dios gracias, no había aquí
ministro de instrucción, ni gran sistema nacional, ni
licencia del gobierno para los maestros, ni «pagos según los resultados,» como en Inglaterra. El país era
liJ?re; pero cada centro de instrucción se hallaba también en manos de escuelas aferradas a los antiguos

NúMERO

613

no menos por el número que por el apoyo que el público dispensa á esas escuelas. Tengo ante mí una
lista de r 18 asociaciones de jardines de la infancia
diseminadas por el país, cada una de las cuales representa una sociedad fomentadora del sistema de
Froehel en algunas de sus muchas formas de aplicación para el trabajo de la enseñanza; y veo que la caridad en favor de estas instituciones ha contribuído
al trabajo más importante de crear instituciones para
los ciegos, los mudos y los débiles de inteligencia, lo
cual tiene un valor incomparable.
Sin embargo, por grande que sea este progreso, el
jardín de la infancia no figura sino en una parte infinitesimal en nuestro sistema de enseñanza en su
conjunto, pues de las listas escolares de 1888 á 89
resultó que solamente un 94 por 100 recibían instrucción elemental, y de éstos, menos de un quinto
del 1 por roo obtuvo las ventajas de los jardines de
la infancia. De las diez y seis ciudades americanas con
una población de más de 200.000 habitantes en 1890,
tan sólo cuatro, Filadelfia, Boston, Míldwankee y San
Luis, incorporaron estos jardines en gran escala á
sus sistemas de escuelas públicas. Otras cuatro, Nueva York, Chicago, Brooklyn y Buffalo, tienen asociaciones organizadas para introducir el nuevo método como parte de la educación pública libre. En
San Francisco los jardines de la infancia se mantienen sin aparente probabilidad de que sean agregados
al sistema de escuelas libres; y solamente Baltimore,
Cincinnati, Cleveland y Detroit cuentan asociaciones caritativas ó religiosas que sostienen esas instituciones. En este estado se encuentra en los Estados
Unidos la obra completa de proporcionar una educación especial á los niños de 3 á 6 años de edad.
Compárese esto con Francia, donde las escuelas ma-

mo curso, sólo que en San Francisco las escuelas no
fueron transferidas nunca al Estado, m,ientras que
en Milwankee su primera introducción se efectuó
únicamente por iniciativa pública. En San Luis, la
primera escuela se abrió en agosto de 1873, y en 1877
contabanse ya setenta. En Boston había catorce, con
ochocientos alumnos; en Filadelfia 32 jardines de la
infancia fueron en enero de 1887 traspasadas al Estado por la Sociedad de Escuelas Primarias. En octubre de 1892, de las cuatro ciudades. donde este sistema se halla más cumplidamente establecido, Boston tenía 36 jardines de la infancia con 2.008 alum·
nos; San Luis, 88 con 5.398; Filadelfia, 64 con 3.800,
y Milwankee, 30 con 2.873. En San Francisco, la Asociación de la Puerta de Oro ha
recibido desde su organización 260.000
duros, y la ciudad cuenta con 65 jardines
de la infancia libres.
El doble peligro que amenaza á esas instituciones consiste en que se tomen, por
una parte, como puro· juego; y por otra, en
que se conviertan en una mera escuela subprimaria, con libros y pizarras. Por eso no
podemos determinar su progreso en general; pero si hemos de dar crédito á informes del Inspector de Eºnseñanza de los
Ejercicio n{1m. 2. - La base de los jardines de la infancia,
Estados Unidos, vemos que aquéllos dede la cual derivan todos los juegos y ocupaciones
muestran un aumento que promete convertir muy pronto el sistema en universal.
Debe advertirse que en 1870 no se contaban en este ternales, comenzadas por Oberlin en 1771, y á las
país más que cinco jardines de la infancia. Desde que Mme. Millet comunicó nueva vida en 1823,
1870 á 1873 estableciéronse en Boston, Cleveland y adoptaron de hecho el principio y la práctica de
San Luis varios de éstos, en los que se fijó la atención Froebel, y contaban en 1887 con 741.224 alumpública por los esfuerzos de la señorita Isabel Palmer nos entre las edades de 3 á 6 años, en una población
Peabody, que es quien mas trabajó en los primeros que sólo es dos terceras partes inferior á la de los
jardines de este país. Tomando en cuenta los jar· Estados U nidos y donde la proporción de niños es
dines de la infancia públicos y privados, el sistema mucho menor.
Sin embargo, si semejantes movimientos para asese desarrolló rapidamente, según se puede ver por
gurar la educación d e una clase ó la adopción de un
nuevo sistema de enseñanza se comparan con el de
los jardines de la infancia., este último podrá considerarse sin rival en la historia de la educación nacional. La causa de esas escuelas, que redondean la obra
y suplen la responsabilidad de las madres, ricas ó
pobres, apeló al instinto mater'.la! de las mujeres
dondequiera que se presentó. El movimiento ha sido
esencialmente suyo; le han dirigido, sosteniendo las
escuelas y las asociaciones, y la misma obra se ha
de llevará cabo en todo el país. No hay ciudad, ni
pueblo, ni caserío que no ~sté dispuesto á tener su
Ejercicio núm. 5. - Sucesión de formas
asociación; y la experiencia ha demostrado que esas
escuelas no se introducirán ó establecerán nunca
sino
bajo la presión del sacrificio propio. Las difimétodos y de maestros que seguían la rígida rutina, las cifras que á con1inuación copiamos y que comcultades se han desvanecido, los maestros se multisin haber medios organizados para introducir la re· prenden datos de los cuatro años siguientes:
plican y los gastos se reducen. Ahora no se necesita
forma general.
1880
189r-2
más
que el esfuerzo personal para que el éxito sea
~
¿Cómo se había de abrir camino, pues, este nuevo
~
Escuelas.. ..
I.OOI
232
completo y la adopción universal.
413
95
método vital en el desierto de las escuelas? Pues por
Maesiros. . . .
2!0
2.242
902
524
el más sencillo de los medios, por el experimento;
Alumnos. . . .
2.809
8.871
18.78o
50.423
TALCOlT W1LLJAMS
por las mejores directoras, por mujeres que hicieron
....,,.,...,,..,...,......,.., .. ,...,.............,......,., .......,.., ...............................,..,...,......,..,... ,..,...,...
de su tarea un sacerdocio. Yo no sé que antes de
Hasta r 880, estas cifras, excepto las de San Luis,
1870 se haya publicado un solo libro en este país so- se refieren casi todas á escuelas priva&lt;las. En 1885
LA SOMBRA
bre los jardines de la infancia. El Diario americano los jardines de la infancia públicos no excedían á
de educación, fundado en 1855 y que cesó en 1881, una quinta parte del número de escuelas ni conte(Conclusión)
no había hecho sino una sola referencia á Froebel ó nían más de una cuarta parte del de alumnos. En las
á aquellos jardines, y esto no antes de haber llegado últimas cifras que se dan en esa tabla hay 724 jardi«¡De prisa, de prisa, que tengo sueño!,» decía
al tomo 28.0 ; pero en un período de cinco años nes privados con 1.517 maestros y 29.357 alumnos; Carmen Peláez, con ademán erizado de brusqueda(1871-76) aparecieron diez y siete obras, iniciando mientras que el número de esas instituciones públi- des y voz en la que había mucho de frialdad y de
una polémica al frente de la cual estuvo la señorita cas asciende á 277, con 725 maestros y 21.066 alum· dureza, i la doncella que la ayudaba á despojarse de
Isabel Palmer Peabody. Después comenzaron á pre- nos: de modo que estos últimos tienen aliara un 27 los atavíos y del traje lucidos en el baile. «¡Qué torsentarse apreciables mujeres, no pocas de las cuales por roo del total de las escuelas, un 35 de los maes- pe eres!,» exclamaba á cada instante; y sus cejas se
organizaron y abrieron jardines de la infancia libres. tros y un 42 de los alumnos. Ese aumento de los jar- fruncían, adquiriendo su divino rostro un tinte somEn Boston fué la esposa de un afortunado propieta- dines de la infancia en un período de quince á diez brío...
rio; en San Luis la hija de un hombre notable en el y seis años es tan extraordinario como estimulante,
Se recogió el suelto cabello que, 5emej?..nte á man-

NÚMERO

L\.

613

to de ébano, le caía sobre los desnudos y escultóricos hombros; dió los últimos toques á su toilette nncturnn, y dijo á. la domésticn, que sumisa esperaba órdenes: «¡Vete!»
Una vez sola empujó la puertecilla que comunicaba el tocador con el dormitorio, y entró en éste.
Encendidas estaban todas las luces. La condesita

fué lentamente, pero de modo decibivo é incontrastable, influyendo el organismo en el espíritu, hasta
que abrasado todo su ser en aquella hoguera en que
las virtudes quedaron convertidas en ceniza, inspiración satánica hizo germinase en su alma la idea del
crimen.
Primero apareció embrionaria, débil, tímida; co·
bardemente foé creciendo; con
lentitud avanzó hacia el corazón
y hacia el cerebro, y ya en ellos
los invadió rápidamente; y orgullosa de su triunfo, tomando pro•
porciones gigantescas, l?s aprisionó en las redes del od10.
Planta trepadora semejaba, que
nace raquítica, se desarrolla con
dificultad al principio; pero cuando encuentra el tronco á que ha
de adherirse, se enrosca á él, lo
estrecha, y crece y crece con in·
creíble prontitud.
Decidida ya, no esperó Carmen para ejecutar el infame proyecto muchos días. Las vehem:ncías de su temperamento la 1m·
pulsaban á realizar aquél, y su
conciencia nada oponía á ello.
Una noche, las alas fatídicas
del ángel del mal se agitaron en
la conyugal estancia, produciendo un rumor de lúgubres resonancias. Hálito ponzoñoso en-

avanzó; pero en su andar se advertía algo de indecisión; había en sus pasos tortuosidades, serpenteadores movimientos en su cuerpo estremecido á veces
por súbitas é inexplicables sacudidas nerviosas. Miró
con mirada recelosa, al par que espantada, en torno
suyo, y después un destello de alegría mefistofélica
brilló en sus ojos, una leve sonrisa dilató sus· labios,
y su pecho mórbido y redondo se alzó, dejando ancho camino á un suspiro de satisfacción.
Resueltamente adelantó hacia el lecho, entró en
él, y bien arropada ya quedó inmóvil, pero con los
ojos abiertos, muy abiertos, como si causa poderosísima le impidiera cerrarlos. Por fin, el sueño con sus
letárgicos besos, fué entornándole suavemente los
párpados hasta cerrárselos por completo.
Dormía, sí, dormía; pero era aquél un dormir intranquilo, un dormir zozobroso, como si una pesadilla embargara su espíritu desgarrándolo con torturas
de infierno.

No hay máscara que oculte las deformidades del
alma como un rostro hermoso.
Carmen Peláez, que parecía un ángel, guardaba
allá en los senos más hondos de su ser, en los rincones más obscuros de su espíritu, una historia de trágicos horrores.
Casada sin amor con un viejo millonario de estirpe nobilísima, sintió á poco de compartir su lecho
con aquel hombre decrépito espolazos formidables
del deseo, desordenados apetitos de la carne, anhelos de placeres nJ gozados, de felicidades vislumbradas, pero no sentidas; esas ansias sin nombre, indefinibles, vagas, pero imperativas, apremiantes, que envuelven en ardorosas llamaradas el cuerpo y hacen
qu~ ráfagas de vértigo crucen siniestras por el ce·
rebro.
En aquel lecho de tristes nupcias lloraba Carmen
todas las noches, con lágrimas amarguísimas, la des-.
consoladora y espantosa viudez que sufría en su matrimonio; y consumida en el fuego de sus pasiones,

623

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

venenó la atmósfera; y allá, en el lecho, se
escuchó la respiración anhelante del infeliz
conde de Peñaobscura. Después la respiración se hizo fragorosa; luego sólo se percibió el débil, el quejumbroso silbido del aire
al salir de los pulmones y pasar por los labios entreabiertos; más tarde un largo_suspiro,
y por último nada.
En aquel mismo lecho brillaron en la sombra toda la noche, sin obscurecerse un momento, dos puntos luminosos, fosforescentes,
que á veces despedían cárdenos resplandores
como de relámpago.
Cuando hubo amanecido, los ayes y lamentaciones de la condesa atrajeron á la servidumbre, que encontró inerte, rígido, frío, tendido en el lecho, con expresión de augustia
infinita en el rostro, el cadáver del marido
sin ventura.
Se esparció la noticia, y acudió el médico de
la casa, quien, ignorante ó necio, certificó que
el conde había fallecido á consecuencia de
una súbita é imprevista congestión cerebral.
Verificado el entierro con la pompa y ostentación
de rúbrica en tales casos, y pocos días después, Carmen Peláez entraba en posesión del título y bienes
de su difunto esposo por anterior disposición testamentaría del mismo.
El veneno había sido un amigo discreto para aquella mujer sin entrañas.

¡Hay Dios, sí, hay Dios! ¡Dulce consuelo para los
buenos!
Rica, libre, hermosa, joven, ¿qué más podía desear

D. rnANC!SCO VALIENTE,

pintor costarriqueño

para ser feliz? Y sin embargo, Carmen Peláez no lo
era. ¡Sublimes sarcasmos del destino! 11 voluntad
humana se estrella ante la justicia divina: del mal_no
nace más que el mal; el crimen obstmye el cammo
de la dicha...
La condesita, como ya empezaban á llamarla en•
tonces, transcurrido el tiempo durante el cua_l los
formalismos sociales la condenaban á sufrir retirada
en su casa los rigores del luto, comenzó á asistir á los saraos, á las fiestas, á toda clase de diversiones. Y s~
mostró tan ocurrente, tan dispuesta a
reir, tan amable y discreta, que pronto
fué la animación de las tertulias y reuniones y la estrella de los salones elegantes de la corte.
.
.
Nadie advertía aquella febnl ans1e·
dad de placeres y de emociones, aquel
deseo constante 'de aturdirse en los
vertiginosos transportes del baile; nadie, nadie advertía que Carmen Peláez
buscaba el ruido, la agitación; y los
buscaba como el desdichado busca, en
las somnolencias de la embriaguez, el
reposo para su torturado espíritu. .
¿Era remordimiento? No. ¡El tigre
jamás lo siente! Era miedo, era el instinto de conservación agobiado de zo·
zobras y de cobardes recelos.

Bl!.LUZAS COSTARRIQUEÑAS,

retratos pintados por D. Francisco Valiente

Cuando dejaba caer su cuerpo en el lecho y su cabeza en la almohada para encontrar el descanso apetecido, después de las fatigas ocasionadas por el placee, de allá, de un extremo de su dormitorio, veía
surgir una sombra, al principio disforme, pero que
lentamente se espesaba, adquiriendo precisión sus
contornos, tomando cuerpo, consistencia de cosa
real; una sombra amenazadora que agitaba en el aire

�OBRAS MAESTRAS DEL ARTE

EL PRÍNCIPE GUILLERMO II DE ORANGE Y SU PROMETIDA LA PRINCESA MARÍA ENRIQU ETA STUARDO,
LA DESPEDIDA, cuadro de D. Laus-ée (Sa16n de París, 1893)

cuadro de Van Dyck, existente en el Museo de Amsterdam

�LA
unos brazos esqueléticos; una sombra que á sus ojos1
desmesuradamente abiertos por el espanto, tenía todas las apariencias del conde infeliz, sin piedad asesinado.
La primera noche que aconteció esto la pasó presa de angustias sin término, de un terror sup:emo;
quiso gritar y la voz se apagó en su garganta; mtentó incorporarse y huir y no pudo moverse,. p~e_s se
hallaba sujeto su cuerpo por las cadenas mvisibles
del miedo.
Con las claridades del alba, se d isipó la obsesión;
y la antes atribulada condesita, ya serena y tranquila,
consideró puerilidad de niño asustadizo lo ocurrido,
y quedó dormida.
Llegó la noche siguiente; al · entrar en su dormitorio, de uno de los rincones le pareció que surgía la
sombra; hizo un esfuerzo, y sonriéndose se acostó;
pero apenas hubo entrado en el lecho, la sombra
brotó ante sus ojos más cerca, más grande, más amenazadora; el pavor esclavizó de súbito todo su ser, y
quedó inmóvil, muda, con la boca entreabierta, los
labios temblorosos, el pecho estallante, mirando, mirando sin cesar, como atraída por ella, á la fantástica
aparición. Y vió cómo aquellos manchones de sombra
que semejaban brazos iban extendiéndose, extendiéndose; cómo la amenazaban aquellas manos enormes,
y cómo se crispaban y retorcían aquellos dedos filamentosos.
Y así permaneció sin voz, sin movimiento, absorbida por la sombra fatídica de trágicos augurios, hasta que las rosáeas luces del día desvanecieron la apa rición. Mas ¡ay! esta vez la sonrisa no agitó sus labios, el sueño no vino á prestarle consuelos, y la doncella que á la hora acostumbrada entró á despertarla,
supo que la señora estaba enferma.
Una idea aterraba á la condesita: la sombra de su
marido quería vengarse, y quería vengarse estrangulándola con aquellas manos sarmentosas y aquellos
dedos que parecían garfios y que ella había visto agitarse amenazantes.
Desde entonces, como la obscuridad la atemorizaba, ordenó que en su dormitorio colocaran varias luces y que estuvieran encendidas siempre, durante
toda la noche. Pero á pesar de ello, no pudo verse
libre de la espantable aparición.
Al pasar cerca de cualquier sitio en donde se espesaba un poco la sombra, surgía imponente y colérica, amendrentando el espíritu de Carmen Peláez y
haciéndola huir despavorida.

***

La noche en que Pepito refirió en el baile la que
él llamaba extravagancia de la iluminación, la condesita se quedó profundamente dormida á los pocos
minutos de acostarse.
La lluvia caía, p roduciendo sordos rumores, y el
viento azotaba con furia los aleros de los tejados. Era
una cruda noche de otoño.
Una ráfaga del huracán, que gemía lúgubremente
al estrellarse en las paredes de las casas, abrió de
pronto y con estruendo la mal cerrada ventana del
dormitorio de Carmen, y apagó de un soplo las encendidas lámparas.
E l ruido la despertó; y al abrir los ojos, la sombra
fatal, el fúnebre fantasma, apareció ante ellos respirando odio, reclamando venganza, haciendo contorsiones, moviendo los brazos y avanzando, avanzando
lentamente hacia el lecho.
La hermosa no &lt;lió un grito, no exhaló un ¡ay!, vió
adelantar hasta ella la sombra, la percibió cerca, muy
cerca; sintió la opresión de aquellos d edos en su gar·
ganta y cómo iban apretando, apretando.
Se ahogaba, no podía más. El pecho quería estallarle: ¡qué angustia!, ¡qué agonía! Frío sudor inundó
su frente; los ojos se le enturbiaron, algo como una
niebla obscureció su cerebro y, por último, una violenta sacudida estremeció, cqn estremecimientos de
epiléptico, su cuerpo, que volvió á quedar inmóvil.
El viento seguía resonando con lúgubres sones, y
la lluvia cayendo con rumor monótono y triste.

ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

El médico manifestó que la s~ñora condesa de Peñaobscura había sucumbido á consecuencia de un
ataque apoplético.
¡Allá la ciencia· con ello! Pero los que estamos en
los secretos de la vida de Carmen Peláez, los que sabemos su dramática historia, creemos y seguiremos
creyendo que murió estrangulada por la sombra, por
aqµella sombra vengadora.
¡Hay Dios, sí, hay Dios! ¡Dulce consuelo para los
buenos!
Jos É DE ROURE

En el bosque de Boulogne. La batalla de flores, cuadro de Harry Finney. - De todas las fiestas

NúMERO

y que sus treinta soldados nubios hablan sido también asesinados y comidos por los salvajes. Esta noticia la supo po~ cuatro
conductos di•tintos. Emfo habla atravesado el pais de Ricumba,
y habiendo llegado á la residencia de un jefe de un grupo de
árabes, le preguntó que adónde iba, á lo que c?~test6: «Voy á
la costa.&gt; Entonces otro árabe le apostrofó d1c1éndole: «Eres
Emin-Bajá, el que ha matado árabes en el Ia_go Victoria. ¡ Voy
á matarte!&gt; Y desenvainando un largo cuchillo le cortó la
beza, siendo inmediatamente muertos y devorados los nubios
que componían el séquito del explorador. M. Swamm ha dado
orden de buscar los papeles de Emln: según una correspondencia de Nyangué, Emín-Bajá fué asesinado el día 26 de febrero
á orillas del Lualaba por el árabe Sai&lt;lie. Emín, desde que se
separó de Stanley, habla sido el ldolo de los colonos alemanes.

:ª·

La despedida, cuadro d_e D. ~augée. -: Laugée es
uno de los pintores que en Francia cultivan con mas provecho
el género histórico; pero de cuan~o en cu~ndo sale de París y
se retira al campo, en donde acopia materiales para hermosos
cuadros ruralistas, de los cuales La despedida, expuesto en el
último Salón, ha sido uno de los más ~logiados: justisimas nos
parecen las alabanzas que ha merecido, pues el g~upo de l_a
madre anciana y de la muchacha que de ella se despide para u
á servir como criada á la ciudad vecina constituye una hermosa
nota de sentimiento.
El general Miribel,jefe del Estado Ma_yor fran-

que la moda ha introducido y entronizado en las grandes capita- cés. - Francia acaba de experimentar una pérdida grande,
l~s, ninguna tan bella
la batalla de llores, en la que com- casi irreparable, con la muerte del general Miribel. Nació éste
bmados por manos artist1cas osténtanse en toda su magnificen- en 1831 en Montbonnet (Isérel y después de haber hecho sus
cia los más hermosos encantos de la naturaleza. Y no es éste estudios en la Escuela politécnica y en la de aplicación de
el solo atractivo que tiene: sobre fo:ido de camelias, gardenias, Metz, comenzó su carrera militar en 1855 tomando parte como
claveles, rosas, nardos ó lirios destacan las más graciosas femeniles figuras que arrojan sobre las de otros coches ó sobre la
multitud que á pie pasea lindos ramilletes, perfumados proyectiles cuyo golpe recibe con sensación dulclsima el feliz mortal
á quien van dirigidos. E l notable cuadro de F. Harry Finney
da perfecta idea de un detalle de esa fiesta en Paris, y por él
puede forma rse concepto del conjunto, multiplicando por mil
ó más el coche cubierto de flores que representa y la joven elegante que desde él dispara diminutos b()uquets, y poblando
con la imaginación de jinetes el paseo y de curiosos la pista.

;º~º

Vistas de Costa Rica. - Los graltados que publica·
mos en la página 621 reproducen algunos de los monumentos
y lugares más interesantes de las ciudades de San José y Puerto Limón: la primera es capital de la floreciente república de
la América central y cuenta 19.326 habitantes; la segunda lo es
de la comarca de su nombre, y a pesar de su·escasa población
(2 144 habitantes) es un puerto muy importante del Atlántico
que está unido con San José por medio de un ferrocarril que
atraviesa también las provincias de Cartago, Heredia y Alajuela y una de cuyas estaciones, la de Reventazón, representa
uno de los grabados de la lámina.
Bellezas costarriqueñas, retratos pintados por
José Valiente. - Es el Sr. Valiente oriundo de Colombia
y cuenta hoy treinta y un años; hizo sus estudios de literatura
y filosofía en Cartagena, y obtenido el grado de bachiller comenzó la carrera de Medicina, que hubo de abandonar al fallecer sus padres, dedi:ándose entonces al estudio de la fotografía y de la pintura, á la que desde su niñez habla mostrado
gran afición. En 1880 trasladóse á Costa Rica y de alll á los ·
Estados Unidos, en donde visitó con gran provecho los mejores talleres fotográficos y estudios de pintores, estableciéndose
algún tiempo d.espués en San José de Costa Rica, en donde
alcanza actualmente continuos lauros como fotógrafo y como
pintor. En la Exposición nacional costarriqueña de 1886 obtuvo dos medallas de primera clase y la Academia universal de
Ciencias y Artes de Bruselas le ha distinguido con la medalla
é insignia de primera clase. El Sr. Valiente es el pintor favorito de la alta sociedad de Costa Rica, y los retratos de las
beldades costarriqueñas que reproducimos justifican el favor de
que allí goza el distinguido artista.

El célebre explorador africanista .Emin-Bajá..
- Todas las dudas que desde hace algún tiempo se tenian acerca de la suerte de Emin-Bajá han quedado desvanecidas con el
relato que de su muerte acaba de hacer á su llegada á Londres
M. J. A. Swamm, residente hace tiempo en Ubiqui, en el lago

EL GENERAL MIR IBEL, jefe del Estado Mayor general francés,

fallecido en 12 de septiembre de 1893
oficial de arlilleria en la campaña de Italia, en la que o~tuvo
la cruz de la Legión de Honor por su conducta en. ~aJenta.
Herido en Solferino, al fin de aquella guerra era cap1tan y con
este grado empezó la campaña de México, después de la cual
fué nombrado oficial de la Legión de H?nor y más.tarde agregado militar en Rusia, puesto que deJÓ vol~~t~namente_ en
1870. Colocado al frente de la arli!lerfa de lad1V1s1~n Mauss1ón,
batióse en Chatillón, en Malma1són, en Champ1gny, donde
obtuvo el grado de coronel, en Bourg~t. y Buzenval. En 1875
fué nombrado general y á poco el mm1stro de la Guerra Rochebouet lo eligió como jefe de Estado Mayor. Nombrado en
1888 comandante del 6. 0 cuerpo de ejército, ocupó este puesto
hasta que Mr. Freycinet, ministro de la Guerra, 1? ll~mó á _l~s
funciones de jefe del Estado Mayor general del eJérc1to. ~1lr1bel era con razón considerado como un estratégico de pnmer
órden: ha establecido cinco planes de defensa de la frontera
francesa del Este, ha estudiado la defensa del Jura y se ha
ocupado últimamente de la frontera de los Alpes. Ha muerto
después de haber terminado el programa que se ha~ia tra~do,
y su muerte ha sido con~i~erada CO)llO una desgracia na&lt;;1onal
en Francia, en donde Mmbel constituía un or!(UIIO legítimo Y
una fundada esperanza.

Guillermo II de Orange y María Enriqueta
Stuardo, cuadro de Van Dyck;. - De éste, como de
otros muchísimos cuadros del célebre pintor flamenco qu~ ~emos publicado, nada podri_amos decir que ~o fuese repet1c1ón
de lo que en distintas ocasiones hemos consignado. El nombre
sólo de Van Dyck vale por toda una explicación y lleva en si
mismo la mejor critica. Pero ya que no hablem~s del cuadro
ni de su autor, séanos permitido -llamar la atencipn sobre las
innumerables bellezas del grabado, cuya finura de ~etalles, suavidad de tonos y limpieza de lineas llegan al máximo de cuanto puede alcanzar el arte del buril y justifican la fama de que
goza el renombrado artista francés Carlos Baude.

D . José Joaquín Rodríguez ~ctual p_residepte de la República de Costa Rica. - Nació el senor

La aurora con sus tintas de oro y nácar alumbró
á la mañana siguiente, al bañar con suaves claridades de ópalo el dormitorio de Carmen Peláez, un
cuadro sombrío.
La condesita, la hermosa inspiradora de tantas ilusiones y de amores tan profundos, la que fué encanto de cuantos la miraron, ya.cía sin vida en el lecho.
Pero ¡qué transformación había operado la muerte
EL CÉLEBRE EXPLORADOR AFRICANISTA EMÍN-BAJÁ
en su rostro, siempre tan divino! Estaba lívido, desencajado, horrible; con los ojos ya sin luz, abiertos,
.
..
muy abiertos, como mirando con ansia á la eter- Tanganica, co~~ agregado de las so_c1edades. m1s1?neras.
·

NúME.L&lt;.O 613

M. Swamm rec1b1ó nace poco, en su citada residencia, una

mdad.
,
,
,
carta en que se le preguntaba qué debía hacerse con los efectos
¡Qué agoma mas tremenda, mas cruel, su agonía! 1de Emín-Bajá, en vista de lo cual hizo varias investigaciones
¡Cuán hondos misterios encerraba aquel cadáver!
y supo que Emín hal.,fa sido asesinado en el pais de Manyema

Rodriguez en San José, capital de la República, en 1837, y en
1856 pasó á estudiar la carrera de Uerech? en Guatemala, en
cuya universidad conquistó uno de 1os_ pnmeros p~estos. En
1862 regresó á su patria, en donde termmó sus estudios, alcanzando bien pronto gran nombraclfa como abogado. En 1870
fué nombrado magistrado de la Corte Suprema, cargo de que
Je desposeyó á los cuatro años la dictadura; en 1880 fué elegido
diputado en la Constituyente convocada por _el general D. Tomás Guardia· en 1886 nombrósele secretano de Estado y en
1888 Presid~nte de la Corte Suprema, y en I. 0 ?e dlciembr_e
ele 1889 una inmensa ma_yoria del pu~blo costamqueno le eligió para presidir los desunos de la nación en el periodo _d e 1890
á 1894. D. José Toaquin Rodríguez es hom?re de espintu rcc·
to de carácter enérgico y sencillo, de hábitos de orden y econ¿mla, trabajador, católico cumplido á la v~z que tolerante y
fiel observador de la ley, y goza de una cuantiosa fortuna debida á su solo y honrado esfuerzo. En el _tiempo _que l!eva _al
frente de la República ha reformado la mstr~cc1on priman~,
ha organizado la inmigración que antes no ex1stfa, y su a_dm1nistraci6n marcará una época célebre en los ar.ales costarnque·
ños por su pureza en el manejo de los fondos nacionales.

613

LA ILUSTRACI ÓN A RTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL, - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS
(CONTINUACIÓN)

= ¡Qué! ¿Ese e¡¡ el partido qu~ se toma? ¡Qué! ¿~or mento salido de sus labios vino á decidir la victoria.
¿Qué hacer en tal contingencia? Se reunió consejo
- ¿Y vamos á abandonar así á nuestros amigos, á
de oficiales, al que fueron admitidos los contramaes- algunos presagios de mal auguno vamos á renunc1~r
tres. Y era tal la angustia que todos sentían, que cuan- á. una victoria que todo nos hace e~p~rar? ¿No veis nuestros hermanos que están en tierra? ¿Cómo imaginar que podamos hallarlos hacia el Sud cuando han
ido hacia el Norte?
Tenía razón· todo indicaba que los expedicionarios no querie~do seguir la península á lo largo de
las ~ostas acantiladas, la habían atravesado, y que les
aguardaban más arriba. Retroceder era dejarlos sin
víveres en una costa inhospitalaria.
- Vamos, señores, un esfuerzo, uno nada más,
añadió Isabel. Todo me dice que en breve vamos á
ver el límite de esta muralla, en forma de un cabo ó
una playa que la bruma nos oculta, pero que la experiencia nos dice que debe estar en el 81° paralelo.
Vamos, ¡cobrad ánimo por nuestra propia gloria y
por la de Francia!
Todos los hombres se levantaron electrizados y un
solo grito salió de todos los labios:
- ¡Adelante! ¡Viva Francia!
y el comandante Lacrosse dió orden de activar los
fuegos.
,
Isabel tuvo razón y se cumplió una vez mas el refrán: «De audaces es la fortuna. » Al cabo de unas
horas de navegación cambió el viento y _los hielos se
convirtieron en un mar completamente libre, en cuya
azulada superficie se veían algunos témpanos aislados
que huían como gaviotas presas de espanto.
Entonces se advirtió que ro millas más al Norte
terminaba el acantilado en u-na punta estrecha y baja.
Cuando el buque, que navegaba .con una velocidad
de quince nudos, h~b_o llegado á la altura del promontorio se pudo d1V1sar el mar azul que se extendía hasta'. perderse de vista, en tanto que la costa
groenlandesa volvía á torcerse hacia el Noroeste.
De repente estalló una ?etonación so?re la costa.
Miraron los navegantes y vieron una débil humareda
sobre aéantilados bajos. Los compañeros estaban allí.
Sobre la cubierta de la Estrella Polar sonaron entusiastas hurras y el navío, ciñéndose á la costa, fué
á echar el ancl; muy cerca del cabo tan gloriosamente doblado.
- Este cabo, exclamó el comandante Lacrosse descubriéndose, no puede llevar sino un nombre, el de
la mujer heroica que nos ha devuelto nuestro valor.
De aquí en adelante se llamará el Cabo Isabel.
Durante los días sucesivos continuó felizmente la
navegación hasta que el 28 de mayo, cuatro semanas después de la salida del cabo Ritter, el buque
echó su ancla en la punta más septentrional de la
Groenlandia, á los 83° 54' 12'. Desde_ allí la costa se
dirigía hacia el Sudoeste. En el horizonte se abría
una bahía y en el centro de ella había una isla, que
se reconoció en seguida por la de Lockvood, y al
final de aquel hermoso panorama aparecían las negras rocas del cabo Alejandro Ramsay.
Se había llegado al promontorio que los dos héroes de la misión Greely habían bautizado, sin pisar
el suelo, empero con un nombre c~ro _á todos los corazones americanos : el cabo Washmgton. Desde
aquel momento todos los predecesores quedaban
Sobre la cubierta de la Estrella P()/ar sonaron entusiastas hurras
distanciados; Francia había ido más lejos.
La alegría fué inmensa entre los marinos y nado el segundo contramaestre Riez propuso volver que retroceder es casi lo mismo que renunciar al re- die dudaba ya del buen resultado final. Con adelanhacia atrás, solamente el comandante Lacrosse y Hu- sultado de la expedición? Una de dos: retrocediendo, tar 6° 41, ó 606 kilómetros, se pisaría el mismo polo.
berto d'Ermont se mostraron opuestos á ello.
ó volvemos á Francia ó al cabo Ritter. ¿Qué ganamos
El cielo se mostraba enteramente propicio. AqueLo que acabó de dar más fuerza á tal determina- en el último caso? Un retroceso de cuatro grados no lla costa que Lockvood y Brainard habían_ hallado
ción fué que el vigía anunciaba la aparición de un puede mejorar nuestra suerte. Estamos á 169 millas rodeada de hielo, pero de la cual habían visto desejército de témpanos. El parecer de la ~ayo~ía se del punto que Lockvood y Brainard alcanzaron, des- prenderse al año siguiente los nevados bancos, estahabía impuesto, y el comandante Lacrosse iba a dar, provistos de todo recurso y á pie. La buena estación ba completamente libre dé su frío cinturón.
bien á su pesar, la orden de torcer el rumbo, cuando se acerca y tenemos víveres en abundancia. ¿Y en taEntretanto el termómetro marcaba temperaturas
Isabel de Keralio apareció en la sala.
les condiciones abandonaríamos la lucha? ¿Hemos verdaderamente excepcionales. Durante algunos días
Por costumbre se hablaba delante de ella de cuan- de declararnos vencidos al primer obstáculo? Nadie llegó á señalar 14, 16 y r 8 grados sobre cero, cosa
to interesaba á todos, y jamás se le ocultaban las re- os dice que dentro de unas horas no termine ese que no era natural durante aquella estación.
soluciones que se habían tomado. En breves palab_ras acantilado, ya que un límite ú otro ha de tener. ¿Soy
Los navegantes aprovecharon aquella temperatura
le &lt;lió cuenta el comandante Lacrosse de lo que iba yo, una mujer, la que ha de recordaros que esas rocas más que templada para hacer excursiones por el iná hacerse; pero no pudo por menos de hacer constar no son sino un accidente del suelo, un levantamiento terior, cuya vegetación les pareció muy abundante y
su opinión contraria en tales términos:
intermitente de la corteza terrestre? Mañana, pasado espléndida· para tales latitudes, y para comprobar t~- Por lo que á mí toca, dijo, siempre he pensado mañana á más tardar, el sol nos habrá dado una tem- dos los descubrimientos de sus predecesores y rectique el hombre que va hacia adelante tiene más pro- peratura más templada y el mar estará libre. Los hie- ficar sobre un nuevo plano la inexactitud en que hababilidades de buen éxitQ que el que retrocede, y los que ahora se señalan no pueden ser sino un resto bían incurrido. Se cazó en abundancia. Bueyes alque, á falta de valor, el mismo interés aconseja siem- del pack que hemos ya atravesado.
mizcleros, osos, pt:irmigans, eiders, dovekíes y demás
pre ir hacia adelante.
Hablaba con tal emoción y con convicción tan seres que pueblan aquellas regiones proporcionaron
La joven no pudo contenerse y exclamó:
grande, que la asamblea vacilaba. Un último argu- carne fresca y buenas reservas.

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
Finalmente, el 10 de junio, ante el mar libre, se
decidieron á tomar tierra y hacer los preparativos
para la segunda invernada.
El sitio se escogió con gran cuidado, al abrigo de
los vientos del Norte y protegido por una verdadera
barrera ele rocas. Entonces pudo comprobarse que el
cabo Wáshington se halla situado exactamente á
11
los 83° 35 6 de latitud boreal y á 42° 12 1 de longi•
tud occidental. Quedaban, pues, todavía por recorrer 1 ° 24' 5411, ó sean 141 kilómetros 484 metros,
antes de alcanzar el 85° paralelo.
¿Qué hallarían allí?
¿Sería una tierra nueva, una isla fragmentaria de
Groenlandia, pero más vecina del polo, ó bien un
vasto contine nte helado que llegara hasta el polo y
que quizá le rebasaba para continuar hacia el Norte
de Siberia, adelantando, aquí y allá, alguna península
desconocida, de la cual la tierra de Francisco José,
descubierta en 1871 por Payer, no sería sino un pro·
montorio?
Tan lejos como alcanzaba la vista, sólo se descubría el mar libre.
El comandante Lacrosse se aprovechó de ello para
hacer avanzar cuanto pudo la Estrella Polar hacia
el Norte, pues como el verano de aquellas regiones
dura apenas dos meses, todo aconsejaba á los expe•
dicionarios que adelantasen entonces cuanto les fue.
se posible. Con él beneplácito de todos y entre el
general entusiasmo, las hélices del navío atornillaron
las olas y la Estrella Polar marchó hacia adelante.
Después de veinte millas de navegación se encon•
traron numerosos témpanos procedentes del deshielo
de algún fiord convertido en glaciar, y diez millas
más lejos se tuvo que adelantar con muchísimas precauciones, porque los témpanos se espesaron más,
denunciando la existencia de un pack, del cual se
adivinaba la presencia.
Se había ya rebasado el 8-lº paralelo, cuando el 18
de junio el vigía gritó ¡tierra/, y á unas diez millas
de distancia hacia el Norte pudo verse una cadena
no interrumpida de colinas encerradas en un marco
colosal de hielo adherido á las costas.
La Estrella Polar, cambiando de ruta, costeó el
obstáculo hacia el Oeste, esperando encontrar una
salida. Pero no fué así. La zona de hielo y tierra continuaba indefinidamente y los expedicionarios tuvieron que convencerse de que, en lo sucesivo, la vía
marítima se cerraba para ellos.
Se tomó la altura del sitio en tanto que inútilmen•
te se buscaba un punto á propósito para anclar. Ni
á 200 ni á 250 brazas se halló fondo, y esto creaba
una mala situación al buque.
El Sr. de Keralio reunió á sus oficiales.
- Señores, les dijo, desde ahora tenemos el derecho de mostrarnos plenamente satisfechos del re5ultado de nuestros esfuerzos. Nadie ha ido tan lejos por
el camino del polo, pues nos hallamos á los 84° 35'
de latitud boreal. Sin esa malhadada barrera que el
pack opone, llegaríamos hasta el 85° paralelo. Pero
lo que el camino no puede hacer, quizá sea factible
por tierra. Veinte kilómetros apenas nos separan de
la isla que allá vemos, y por lo tanto, voy á tomar el
mando de algunos hombres para tratar de llegar hasta
allí. Nos llevaremos víveres suficientes para una larga
marcha, y Dios mediante espero que llegaremos á
ese punto desconocido del globo, que ha sido ya objeto de tantas tentativas heroicas.
Algunos trataron_ de disuadirle de su resolución,
pero el Sr. de Keralto no los escuchó, afirmando que
los años no le estorbaban todavía para llevar á cabo
la e~presa, y que, puesto que era él quien había organizado y costeado la expedición, podía, sin que se
le tachara de exceso de egoísmo, apropiarse el mérito
del descubrimiento.
- Estoy persuadido, exclamó en un arranque de
entusiasmo, que detrás de esa barrera hallaré el mar
libre.
Ante aq:.iella resolución anunciada con tanta fir.
meza, sus compañeros se inclinaron y sólo se ocupa
ron en organizar la expedición.
Po~ la mañana del 2 r se desembarcó el mayor de
los tnneos para poder colocar en él una barca por si
?e encontraban vías de agua Como el Sr. de Keralio
iba á emprender una tentativa decisiva, se decidió
que se llevara el globo y las piezas del submarino,
que se cargaron sobre dos trineos más y que se hallaban destinados á investigaciones aéreas y submarina·s.
Hasta _entonces se había mantenido el m·ás impenetrable secreto acerca de los medios que se querían
emple~r para aprovechar aquellas máquinas, en las
que, sm embargo, todo el mundo fundaba grandes
esperanzas.
El Sr. de Keralio tuvo que someterse al parecer
de todos, que era que llevase la mayor gente posible,
pues bien se necesitaría para el arrastre y para el manejo de aquellos inventos.

La tripulación de la Estrella P olar quedó, pues,
reducida al mínimo indispensable. Isabel permaneció
en ella para cuidar á los enfermos, ayudada por la
pobre Tina Le Floc'h. El comandante Lacrosse re·
tuvo cerca de él á los tenientes Pól y Hardy y al cirujano Le Sieur, pues nadie pudo disuadir al doctor
Servan de acompañar á su amigo Keralio en aquella
expedición, de la cual todos comprendían la importancia. También formó parte de ella Huberto, pues
era casi necesaria su presencia para el manejo de los
artefactos que se iban á ensayar.
Se separaron el mismo d ía para ponerse en cami•
no, quedando convenidos en que el vapor buscaría
á toda costa un desembarcadero, bien al Este, bien
al Oeste de la tierra divisada para procurar establecer
comunicación con los excursionistas.
Quedó convenido también que si la tierra descu•
bierta era una isla los exploradores volverían atrás
antes de tres semanas, y hechas estas recomendaciones se separaron, hundiéndose la pequeña columna
en la zona de los hielos, en tanto que el vapor nave•
gaba con rumbo al Este.
La precaución de apartarse de aquellos parajes fué
tomada muy á tiempo, puesto que el 22 se desencadenó un temporal deshecho que producía olas enormes, lo cual indicaba la gran profundidad de aquel
mar, y témpanos gigantescos saltaban á guisa de
monstruos prestos á devorar el navío. Dos días después de correr aquel temporal, la Estrella Polar entró en una región de calma, á los oº c.' 3" de longitud
oriental á medio camino del Spitzberg. Como el mar
se mostraba libre y no se veían más tierras en lonta•
nanza, el buque navegó atrevidamente hacia el Norte
y así llegó hasta el 85° paralelo.
Aquel triunfo fué acogido con gritos de entusiasmo y de júbilo por la tripulación entera. Ningún hom•
bre había llegado á latitud tan alta. El comandante
Lacrosse reunió á toda la gente sobre cubierta y les
dirigió una corta alocución, en presencia de Isabel de
Keralio. El cielo estaba sereno, el mar libre, la atmósfera templada, y á no ser por la presencia de algunos témpanos la expedición hubiera podido creerse
en las zonas medias del globo, allí donde crecen árboles y frutos y pacen los rebaños y las aguas del mar
están tibias por el sol que las calienta. Para colmo
de fortuna, los cuatro enfermos que aún quedaban
en cama pudieron levantarse y unirse á la general
alegría.
Para dejar en lo posible huella de su paso los na·
vegantes echaron al mar un barril vacío y cuidadosa·
mente alquitranado, dentro del cual se había ence·
rrado la declaración siguiente, escrita en pergamino:
«Hoy sábado 26 de junio de 189.... el navío la
Estrella Polar, perteneciente al Sr. de Keralio, comandante Lacrosse; tenientes, Hardy, Poi y Remois;
doctores, Servan y Le Sieur, llevando á bordo la señorita de Keralio, Corentina Le Floc'h, su nodriza, y
veinte hombres de tripulación, de los cuales seis es•
tán enfermos, pero sin gravedad, después de haber dejado en tierra, á los 84 grados de latitud septentrional
y 41 de longitud occidental, á los Sres. de Keralio, jefe
de expedición; H. d'Ermout, teniente de navío con
licencia ilimitada; el doctor Servan, el químico Schne•
cker, veinte hombres de tripulación, entre los cuales
va el primer contramaestre Guerbraz, y treinta perros,
todos dispuestos á hacer una exploración por vía te·
rrestre, ha salvado felizmente el 85° paralelo, á las
once y cuarenta y cuatro de la mañana. Cielo claro,
sol espléndido, temperatura 7 grados; ninguna tierra
á la vista. ¡Viva Francia!»
Seguían las firmas de todos los viajeros presentes.
El barril fué llevado á popa, donde había el cañón
de salvas, y en el inomento en que el cañón dejó
oír su voz de bronce, hurras frenéticos saludaron la •
explosión.
Después se celebró un banquete á que asistió todo
el personal y se pronunciaron muchos brindis por el
buen éxito de la exploración.
Como sólo faltaban cuatro días para el 1.0 de julio;
como se sabía, además, que no podía confiarse mu·
cho en la duración de aquella calma, Lacrosse decidió poner proa al Oeste, á fin de juntarse con los
exploradores antes de la fecha designada para la
reunión.
VIII
AIJ IÓS Ó HASTA LA VISTA

El 28 la Estrella Polar estaba á la vista de la isla
descubierta una semana antes. Al día siguiente echaba ancla en una rada admirablemente abrigada y cuyos niveles en pendiente suave facilitaban el acceso.
En seguida se desembarcó, y un pelotón, compues·
to de Isabel, del comandante Lacrosse y de ocho hom•
bres, se ocupó en investigar activamente el interior.

NúMERO 613
La joven experimentó gran alegría al ver rota de
aquel modo la monotonía del viaje.
Desde la partida de la columna sentíase invadida
de una tristeza creciente.
Sin que pudiera explicárselos, siniestros presentí•
mientas asaltaban su espíritu. Su corazón se oprimió
al despedirse de los individuos de la expedición y al
presentar su frente al beso paternal. Aquel beso ha·
bía dejado en su alma como una huella de luto. Mil
pensamientos la torturaban, haciendo surgir ante sus
ojos espantosas visione3. La región desolada que
atravesaban no era ciertamente propia para alegrar la
mirada, á pesar de la presencia del sol que lucía pe•
renne en el horizonte.
Pasado el solsticio, la joven creyó haber vuelto á
la eterna noche polar, según los sombríos pensamientos q¡ie asaltaban su alma.
.
Pero no quiso rendirse y procuró cuanto pudo distraerse y vencer su tristeza. El piano volvió á ocupar
su sitio acostumbrado en el salón, y la música la ale·
gró un ~anto, lo mismo que á sus compañeros que,
como ella, también se sentían ganados por la melancolía de aquellas zonas mortales.
P ero á fa larga también la cansó la música, é Isa·
bel no puso los dedos sobre el teclado sino para distraerá sus compañeros de viaje. Trató entonces de
entregarse á ocupaciones más fútiles, pero la lectura
ta mpoco la distrajo sino á medi~s.
. .
Así es que acogió con entusiasmo la propos1c1ón
de desembarcar.
No tenía para acompañarla á Guerbraz, pero le que·
daba á su fiel Salvator.
En compañía de su perro saltó, pues, el 30 de ju•
nio sobre la isla, ó mejor sobre la arista larga de unos
50 kilómetros y ancha apenas de tres ó cuatro, y escaló la cadena de montañas que la atravesaba en to•
da su longitud.
T enía necesidad de estar sola. La violencia que se
hacía sobre sí misma desde hacía tantos días, ó me·
jor dicho desde la separación de los viajeros de la
columna ' había quebrantado sus nervios. Allí, en
aquellas 'soledades, sentada sobre una especie de pi•
co desnudo á cerca de 800 metros de altura, abar·
cando con Ía mirada los dos lados de la isla, Isabel
no pudo contener sus lágrimas._~stas c?r!ieron abun•
dantes y ardientes por sus mejillas, aliviando su CO·
razón y mezclándose á los reproches y á los vagos re·
mordimientos que le suscitaba su conciencia por el
más ínfimo de sus recuerdos.
Ahora se acusaba, pobre niña, en medio de aquellas sombrías aprensiones, de haber sido la causa in·
voluntaria, no sólo del pesar que experimentaba, sino
además de los peligros que iban á correr su padre,
su novio y todos los compañeros que momentánea·
mente tenían ligado al suyo su destino. Si en lugar
de haber aplaudido los proyectos del Sr. de K~r~lio
y de animarle á realizarlos con su loca propos1c1ón
de tomar parte en el viaje, le hubiera_ disuadido de
ellos, quizá la ciencia hubiera pe~d1do algo, pero
¡cuánto ganaran el reposo y la segundad de aquellos
que le eran caros!
Lloraba silenciosamente, y Salvator, que compren·
día que su ama estaba triste, había colocado suave·
mente su hermosa cabeza sobre las rodillas de Isabel, mirándola con ojos en que se leían la inteligen·
cia y la conmiseración.
La joven vió aquella mirada y dijo al perro.
- Iremos á buscarlos: ¿verdad, Salvator?
Este contestó á su manera, lanzando un ladrido y
meneando la cola.
Isabel quedó casi consolada.
Recorrida ya la isla, el comandante Lacrosse, des·
pués de bautizarla con el nombre Courbet, dió orden
de levantar anclas y navegar hacia el Oeste.
Se navegó hasta entonces en agua profunda; pero
el 8 de julio los vigías hicieron observar que se hallaban en el centro de una especie de lago de más de
diez )Jlillas de diámetro y casi enteramente ceñido
por altos hielos paleocrísticos. El agua era allí de una
maravillosa limpidez y la sonda explicó pron~o las
causas del fenómeno. Había allí solamente vemte ó
treinta brazas de fondo. Los grandes icebergs no po·
&lt;lían transpasar la murallf que las rocas los oponían,
y quedaban por lo mismo alejados de aquel lago, que
no otro nombre podía darse á aquella extensión de
agua.
El comandante Lacrosse estaba perplejo á más no
poder. Había n pasado las tres semanas de plazo que
se fijaron para encontrar á los viajeros, y, por _o~ra
parte, no era posible permanecer en aquellos ~1t10s
sin temor á verse envueltos por la barrera de hielos
que empezaba ya á formarse .
Debían los expedicionarios volver hacia el cabo
Wáshington, abandonando á sus •cowpañeros á las
torturas del hambre y á una muerte cierta. El pro·
blema era verdaderamente temeroso, ya que nadie

NúMERO 613

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

quería echar sobre sí la responsabilidad de resolverlo
en uno ó en otro sentido. Por ~ el comandante La·
crosse reunió á la tripulación y dijo:
- Seríamos unos miserables si abandonáramos á
nuestros compañeros sin hacer cuanto pudiéramos
por nuestra parte para unirnos á ellos. Prolonguemos
nuestra estancia aquí durante todos los días que que·

como la Courbet, y se extendía desde los 86.0 á los ·
86.0 23, lo cual le daba una anchura de 38 kilómetros.
Mas allá, el pack se extendía de nuevo; pero juz.
gando por señales que no podían engañar, tales como
gigantescas ampollas, hielos de un azul inmac~lado,
se adivinaba la presencia de tierras fragmentanas, de

==----

-j_¿
-~::;;
: --·-===:::::'.'

--=-.-·

En seguida se desembarcó ...

dan de buen tiempo, y entonces tomaremos una su·
prema determinación.
Durante las dos semanas siguientes los explorado·
res navegaron de Este á Oeste, pasando la isla Cour·
bet sin rebasar aquel terrible 85° paralelo convertido
en límite de su carrera y punto de cita dado por sus
compañeros.
Cada noche traía un frío más intenso entre sus
sombras. Apenas había transcurrido un mes desde el
solsticio de verano, y ya el invierno anunciaba sus
vueltas con lúgubres signos. Los días de sol eran más
raros y en cambio la niebla daba una tristeza horrible
al horizonte. Empezaban á soldarse unos á otros los
témpanos y era evidente que dentro de pocas serna•
nas el buque-quedaría preso en el campo de hielo.
Así estaban todos llenos de angustia y perplejidad,
cuando el 22 de julio por la mañana, al cabo de un
mes, día por día, del desembarco de la columna, el
teniente Hardy, que estaba en el puente, oyó una
detonación que partía de la isla.
Mandó contestar en seguida con un cañonazo. El
comandante Lacrosse, avisado por el ruido, subió á
cubierta y d ió orden de activar los fuegos. U na hora
más tarde el navío estaba en la misma rada que aban·
donó días antes.
A medida que la Estrella P olar se aproximaba á
la isla se distinguía desde cubierta un grupo de hom•
bres de pie en la playa, que multiplicaban sus gestos
y sus gritos. Cuando las barquillas del vapor hubieron
atracado, los hombres del steamer y los de cierra se
echaron en brazos unos de otros, interrogándose mu·
tuamente sobre sus aventuras.
Los pe-1tones estaban quebrantados, exánimes casi,
víctimas, desde hacía diez días, de una alimentación
insuficiente é insana.
Después de descansar y de una comida abundan•
te que reparó sus fuerzas, aquellos hombres relataron
las torturas sin ejemplo á que les había sometido la
lucha sostenida contra los obstáculos naturales y la
inclemencia de ios elementos.
Entre los que acababan de llegar al steamer se en·
contraban Huberto d'Ermont, el químico Schnecker
y Guerbraz. El doctor Servan les impuso veinticuatro
horas de absoluto reposo.
Después, Isabel de Keralio, devorada por la in•
'1_uietud, fué á suplicar á Huberto que le contara
cuanto había pasado desde el momento de la sepa·
ración.
El relato del teniente de navío fué conmovedo·r.
Durante las primeras horas, la columna, animada
por una esperanza inmensa, había recorrido activa•
mente gran trecho de·terreno, á pesar de las dificul·
tades que á su marcha oponían los témpanos que eri·
zaban el icefield adherido á la isla Courbet.
Desde el extremo de la isla se advirtieron nuevas
tierras á una distancia de veinte millas, y hasta las
cuales se extendía el pack que contaban todos atra•
v~sar por medio de los trineos.
Después de una marcha penosa y por todo extremo
difícil sobre el campo de hielo, llegaron los expedicionarios sobre tierra firme. Era también una isla

islotes que avanzaban mar adentro en el océano pa•
leocrístico, sirviendo de base al enorme campo de
hielo que gemía continuamente anunciando el deshielo, más inminente cada día.
Dondequiera se formaban charcos, y bajo las plantas de los viajeros se abrían de continuo vías de agua
que cortaban la comunicación con el Sud.
Tan temerosas eran las señales de deshielo, que
llegó el momento de pensar de volver atrás so pena
de ver cerrado del todo el camino.
Es verdad que se poseían tres embarcaciones, de
las cuales una sería más útil que todas: era el subma•
rino, construído con planchas de aluminio, metal tan
ligero que los marinos no querían creer que pudiese
servir de cesta para el aerostato, del cual se iba á probar la fuerza ascensional.
Viendo que la vía terrestre quedaba cerrada, no
quisieron demorar el ensayo de la aérea. Para tal fin se
escogió un islote plano que emergía unos 60 metros
sobre el nivel del mar, y ancho de 600 á 800 metros
en todos sentidos.
Fué una escena profundamente conmovedora
aquella tentativa hecha en condiciones excepcionales.
Quedó convenido que el primer ensayo se verificaría
manteniendo cautivo el globo.
Los exploradores hicieron una nueva recapitulación
de cifras, y se encontraron con las evaluaciones siguientes:
Tres hombres, pesando por término medio So kilogramos cada uno. . . . . . . • • .
Instrumentos de precisión.
. . . .
Barquilla de aluminio. . . . . . . .

Peso total.

240 kilog.
30 »
1950

»

_2220 kilog.

Aquella cifra era inferior en 580 kilogramos al peso
del globo construído en 1852 por Enrique Giffard.
El globo formado por una doble envoltura de seda,
cuyas costuras estaban cubiertas de gutapercha, tenía
la forma de «cigarro» adoptada por todos los aeronautas y especialmente por los capitanes Renard y
Krebs. Medía 12 metros de diámetro central y 44 de
longitud. La red que le envolvía venía á terminar sus
mallas todas en una sola cuerda horizontal que sostenía la barquilla, la cual tenía 8 metros de largo y 3
de ancho, y cuya figura reproducía exactamente la
del aerostato.
La operación empezó á las siete de la mañana. Entonces era ya imposible mantener el secreto acerca
del maravilloso descubrimiento de Marcos d'Ermont.
Y además, aunque se tuviera a lguna desconfianza
respecto de Schenecker, como no podía volverá Europa sino con ellos, por el momento no había que
temer nada de su parte.
Huberto explicó, pues, los medios con que con•
taba. Los tubos llenos de hidrógeno solidificado re·
presentabai;i en conjunto un total de 10 metros cúbicos ó 10.000 litros, lo cual representaba unos 25.000
metros cúbicos de gas, que era la cantidad que se ne·
cesitaba para llenar el globo de gas hidrógeno.
Un solo hombre era capaz de ayudará Huberto
en la delicada y peligrosa operación de hinchar el

globo. Schnecker, junto con dos mari~eros, preparó
todo lo necesario para construir tubos de plomo, ya
q ue la rapidez de dilatación del hidrógeno y su exce·
siva tenuidad no permitían el empleo de simples
tubos de caucho.
Al mediodía había terminado el hinchamiento, y
el aerostato, lleno como un huevo, se balanceaba
majestuosamente, detenido por sus amarras y por los
enormes cables que iban á retenerle á una altura:de
800 metros. Pero les esperaba una doble decepción.
Primeramente la bruma que cubría el horizonte no
les permitía ver á lo lejos. Además, hasta cuanto alcanzaba la vista, los hielos paleocrísticos ó permanentes, así llamados por Nares y Markham, cubrían el
mar, advirtiéndose hacia el Norte corno un rnovirnien•
del campo de hielo. La segunda sorpresa, bien des•
agradable por cierto, fué que, llegado á 400 metros,
el g lobo rehusó elevarse más.
En vano se suprimió el lastre y se elevó solamente
un hombre; el fenómeno persistía. Se multiplicaron
las ascensiones á diversas horas del día y de la noche
y el resultado fué siempre el mismo.
Como aquello no podía explicarse por la rarifica•
ción del aire, no hubo más remedio que rendirse á la
evidencia y reconocer que en aquellas alturas se
producían perturbaciones magnéticas desconocidas
en otras regiones, y que descomponían las capas de
atmósfera, formando gases más ligeros. Además los
desa~reglo? de ,circulación y respiración, los signos
de c1anos1s, mas agudos después de cada tentativa,
las palpitaciones violentas y marasmo muy intenso,
probaban que el aire era irrespirable en aquellas al·
turas.
Se tomó el partido de dejar remontar el globo sin
llevar á nadie, pero tampoco transpasó el límite alean•
zado. Los hombres de la expedición quedaron descorazonados, viendo que la suerte les arrebataba aquel
medio en que fundaban tantas esperanzas. Al fin y
pa_ra probar un ~!timo medio, se construyó con gran
pnsa una barqmlla de tablas que no pesaba más allá
de 400 kilogramos, y d'Ermont &lt;lió orden de que
se abandonaran globo y barquilla á merced del viento
arriesgándose Schnecker y él á •lanzarse libres d~
toda am~rra á las regiones del aire. Extraña opresión
sobrecogió á todos los espectadores de aquella última
escena, pero poco duró la angustia.
Empujado por una brisa Sudeste, el aerostato co•
rrió rápidamen~e hacia el Norte sin elevarse más que
las precedentes veces. Se le pudo seguir con la mirada
durante tres horas, hasta que desapareció en el hori•
zonte.
¡Pero cuál no sería la admiración de los especta•
d ores cuando á la mañana siguiente casi á la misma
hora lo vieron muy cerca de ellos! Se había detenido
á une:s dos kiló~etros de distancia sobre un gigan•
tesco vaneo de hielo. Se arregló á toda prisa una barquilla para ir á buscar á los aeronautas. Schnecker
estaba desmayado, presentando todos los signos de la
asfixia, y en cuanto á d'Ermont, estuvo muchas horas completame~te quebrantado y sjn poder explicar
lo que había ocurrido. El relato que hizo, después
de reparadas sus fuerzas, lo repetía ahora á su prima
I sabel.
El globo, arrastrado por una corriente Sudeste, había remontado directamente hacia el Norte, en una
extensión que los viajeros evaluaron en unos 200 kilómetros.. Allí el viento se había desviado poco á
poco, y bien pronto los aeronautas habían advertido
que tornaban la dirt&gt;cción del Oeste; pero lo que les
parecía más raro es que no adelantaban más hacia el
Norte, sino que corrían sin moverse de la línea de
altitud alcanzada que les pareció ser el 88° paralelo.
La bruma intensa que les envolvía hacía imposible
una seguridad absoluta acerca de ello.
P or fortuna lució el sol, y disipando la niebla dejó

entrever á los viajeros un espectáculo grandioso,
único, casi fantástico.
El mar libre estaba bajo sus pies y se extendía hasta perderse de vista por el Sud, Este y Oeste; pero
por el Norte sus olas se estrellaban contra una in·
franqueable barrera de hielo.
( Conti1111a1-á)

�LA I LUSTRACIÓN

630

ARTÍSTICA

NúMERO

6r3

berancias frontales y arcos superciliares prominen- oído. Gústanles los ruidos estridentes, siendo para
tes; la nariz en unos es recta aunque no aguileña, en ellos una música ta¡¡to más armoniosa y agradable
LOS PAI·Pl ·BRIS EN EL JARDÍN DE ACLIMATACIÓN otros remangada y en muchos chata, y las ventanas cuanto más estrepitosa, y los colores chillones: en la
y alas nasales anchas en todos. Tienen los labios Costa del Marfil las telas más solicitadas son las de
DE PARÍS
gruesos, especialmente el superior, y ninguno presen- arco iris y las tricolores. Todo lo que brilla, todo lo
Cuando pasamos la vista sobre un mapa de Afri- ta el menor signo de prognatismo; la barba es media- vistoso constituye su encanto. Las cuentas de vidrio,
ca occidental, sorpréndenos la escasez de datos que namente encorvada, la oreja está provista de buenos el coral, en cuya elección son muy difíciles, el marfil,
bordes y el lóbulo se aparta perfecta- el oro, la plata, el cobre y hasta las simientes son
mente. Sus cabellos son cortos y cres- por ellos utilizados en brazaletes, apillos para las mupos, y la barba y el bigote están repre• ñecas, los tobillos, los brazos y los codos, y en sortisentados en sus rostros por unos pocos jas para los dedos de la mano y del pie, añadiendo
pelos: únicamente el jefe Arna tiene á veces á estos adornos cascabeles y campanitas. En
barba regularmente poblada. Están do- sus collares se encuentran perlas, arillos, monedas,
tados de fuerte dentadura, y por su ca• fragmentos de madera envueltos en un pedazo de
beza prolongada de delante atrás son piel de mono, conchas, etc.
claramente dolicocéfalos. El color de
Los afeites representan también un papel impor·
su piel varía desde el negro de ébano tante en su adorno: rojos, verdes y sobre todo amahasta el rojo caoba obscuro, pasando rillos, empléanlos en diferentes dibujos; el blanco se
por el color de chocolate: sabido es, reserva generalmente para la joven soltera. El tatuaen efecto, que en la raza negra, como je está muy generalizado, y los dibujos que con él se
en la nuestra, hay diferencias de piel hácen varían hasta lo infinito y se aplican á distintas
según los individuos, sin que por este partes del cuerpo. En general trázanse sobre la piel
solo signo puedan establecerse distin- rosetones ó cruces simétricamente dispuestas sobre
ciones de origen. Sus manos son finas la región pectoral ó en los brazos y piernas: á menuy sus dedos largos, excepto el pulgar, do también se ven en la parte lateral del cuello anque á veces es algo corto, y como en chas fajas de tatuaje compuestas de pequeñas vejigas
la mayoría de los negros encuéntrase sobrepuestas, consiguiendo esta elevación cutánea
en ellos esa prolongación del antebrazo por medio de fricciones con arena sobre las incisioque tanto choca á nuestra estética con- nes epidérmicas. Según parece, hay ciertos oficios,
vencional: sus pies son largos y muy como los.barqueros, que tienen tatuajes especiales.
anchos. De sus músculos los más des- En ellos no vemos ninguna mutilación corporal; sin
arrollados son los pectorales.
embargo, muchos se liman en forma de ángulo ,los
Esos indígenas que habitan en la dos incisivos medios superiores, lo cual les permite
costa mantienen actualmente continuas escupir mejor y á mayor distancia. Los hombres llerelaciones con los europeos, cuyos bar- van los cabellos cortos, pero se dejan crecer algunos
cos hacen escala todas las semanas en mechones circulares ó largos en las partes laterales 6
todos los puertos de la Costa del Mar- anteriores del cuero cabelludo ó en el vértice, que
fil, habiéndose resentido bastante sus recuerdan los tejos tan extrañamente recortados de
costumbres de este frecuente trato, y los antiguos jardines. Las mujeres se hacen cinco ó
siendo, por ende, preciso penetrar en seis trenzas cortas.
el interior para encontrar los caracteres
Los vestidos se confeccionan con telas de imporetnográficos de otro tiempo. Como es- tacion; pero en los territorios del interior téjense altos caracteres son comunes á un gran gunas con cortezas. Según la fortuna del individuo,
número de poblaciones del tipo negro, la tela de su traje es de seda, de terciopelo ó simpleexaminaremos las particularidades que mente de algodón.
pueden presentar en su vida nutritiva,
Los pai-pi-bris son muy aficionados á la música,
sensitiva, afectiva, intelectual y social. que para ellos no sirve más que de acompañamiento
Los pai-pi-bris se alimentan de arroz, á sus danzas, especialmente las guerreras: los instruFig. r. Tres tipos de hombres pai·pi•bris, de la Costa del Marfil,
casabe, bananas y de los productos de mentos que tocan son el tam-tam, una especie de
en el Jardín de Aclimatación de París (de fotografía)
su caza ó de su pesca; comen en co- castañetas y algunos de cuerda. Los bailarines entomún alrededor del hogar que estable- nan mientras bailan cantos de caza, de pesca ó de
cen al aire libre, y no como otras, po- guerra, que se transmiten unos á otros, pero que á
poseemos áCerca de la parte á que se ha dado el nom• blaciones en el interior de sus cabañas: su bebida veces también inventan.
bre de Costa del Marfil, pues apenas vemos indica• habitual es el agua ó el vino de palma ó de bambú,
Las demás artes son allí rudimentarias: los dibudos algunos ríos y unas pocas aldeas. Aquellas pose· pero por desgracia el alcohol ha penetrado entre jos que se ven en sus instrumentos son de lo más
siones francesas son todavía desconocidas, y el inmen- ellos en forma de ron y de ginebra. Son muy aficio- primitivo y su escultura es de lo más basto. Saben,
so territorio que se extiende entre Liberia y el país nados á los manjares recargados de especias y no
sin embargo, confeccionar máscaras guerreras que se
de los achantis está aún por descubrir. De aquí el in- miden la pimienta con que sazonan su arroz y sus esfuerzan por hacer repulsivas.
terés que ofrece el estudio de los habitantes de aque· berenjenas.
Son alegres, indolentes y perezosos, astutos y emla comarca, los pai-pi-bris, que la Sociedad colonial
Son muy sufridos para el dolor, y la sensibilidad busteros; pero poseen algunas buenas cualidades, tafrancesa de la Costa del Marfil ha llevado al J ardín general no presenta al parecer en ellos modificación
les como la amistad, los sentimientos de familia y
de Aclimatación de París.
alguna notable; en cambio su sensibilidad especial sobre todo el respeto á la hospitalidad. La mujer es
Esa denominación de pai-pi·bris aplícase á un te· está muy desarrollada, en particular el olfato y el
sierva del marido, que la compra á sus padres, y tiene
rritorio, al conjunto de las tribus comprendidas entre los ríos Lahon y Cavally, más bien que á una
sola de éstas, y comprende las poblaciones que cono·
cernos con los nombres de grevos, avekvomes y has·
ta de aradianes ó jacks-jacks. Los indígenas del Jardín
de Aclimatación proceden del país que se extiende
entre el Sassandré y el Cavally, de las aldeas de Trepovo, Sassandré, gran Dewin, Bereby y Cavally, situadas en la costa; pero algunos son oriundos del
interior, de regiones distantes 150 millas de aquélla.
Estos habitantes del territorio Pai-Pi-Bri tienen,
pues, por vecinos al Oeste y al Este los krumen, las
poblaciones llamadas buburis al Norte de la laguna
d e Ebrié, los agnis y ochines que habitan los territorios de Gran Bassam y de Assinia. En número de
sesenta y seis constituyen un conjunto poco homogéneo, siendo principalmente dignos de estudio los
treinta y cinco hombres que sobre el césped del Jardín de Aclimatación forman un pequeño campamento aparte: ellos son los verdaderos pai-pi-bris y en
ellos se encuentran fácilmente los caracteres distinti·
vos de la raza Kru. Nuestros grabados representan
á los pai-pi-bris y además á algunos indígenas del
Bao!, que les acompañan, lo cual permitirá comparar
á unos. con otros.
Esos hombres de la Costa del Marfil ofrecen un
conjunto de caracteres muy especiales: fuertes, vigo·
rosos y dotados de excelente musculatura, son por re·
gla general muy altos. Algunos de ellos parecen más
flacos; pero á pesar de esto, no ceden en punto á fuerza á aquellos de sus compañeros cuyos relieves musculares se presentan más marcados. Sus facciones
son regulares, su frente recta y saliente y sus protu·
Fig. 2. Mujeres pai-pi-bris, en el jardín de Aclimatación de París (de fotografía)
SECCIÓN CIENTÍFICA

N úMERO

613

63 1

L A I LUSTRACIÓN A RTÍSTICA

á su cargo pesados trabajos. El matrimonio no va
acompañado de ninguna
ceremonia y únicamente
lo precede el envío de algunos carneros á la familia de la novia. La poligámia está permitida, pero
se halla forzosamente limitada por la fortuna del
marido, así es que los más
sólo tienen una ó dos mujeres. En caso de repudiación, que es frecuente, la
familia de la mujer conserva lo que recibió cuando la boda; pero si la esposa abandona voluntariamente á su marido, debe
d evolverle lo que éste ha
dado á sus padres.
Los pai-pi-bris son muy
guerreros y usan como armas el fusil de chispa, que
cuidan mucho y adornan,
el arco y las flechas algunas veces envenenadas;
son fetichistas y para ellos
hay muy pocos objetos
que no puedan ser fetiches, habiéndolos contra
el dolor de cabeza y de
muelas y para tener hijos.

Los ritos funerarics varían
según las tribus, de las
que unas entierran los cadáveres y otras los abandonan al pie de un árbol.
El rey falla los litigios; la
pena de muerte es frecuente y la de cárcel no existe; como castigos corporales se aplican los palos, la
introducción de pimienta
en los ojos ó en la boca,
y las incisiones en los brazos y piernas en caso de
robo: en caso de rapto el
raptor paga una multa.
Las tie,rras pertenecen
al rey y la agricultura se
reduce á poca cosa, pues
la naturaleza lo hace casi
todo. Los pai-pi-bris son
excelentes cazadores y
pescadores, y dirigen con
suma habilidad las piraguas. Sus chozas están
constrnídas con adobes y
cubiertas de hojas de bambú. Sus costumbres se perpetúan p9r la tradición,
pues ignoran la escritura.
Fig. 3. Tipos negros diversos, indígenas del Bao!, etc., que acompañan á los pai·pi·bris,
exhibidos en el Jardín de Aclimatación de París (de fotografia)

DR. PABLO RAVMOND

(De La Nat11re)

Las casas extranjeras que deseen a nunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
núm. 61, Paria. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicide.d de los Sres. Ce.lvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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Debllldad, etc.

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Hydropeslas,
Toses nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc.

G

Empleado con el mejor exito

no Utbbean en purgar,e1 cuando lo
necesitan. N-o temen el asco nl el cauranclo, porque, contra lo que sucede coa
l os dsmas purgantes, este no obra bien
aino cuando se toma cou b12enos alimentos
1 bebidasfortificantes, cual el vino, el catá,
el t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
bora 7 la comida que mas le convienen,
sevun sus ocupacfenes. Como el cansan
c10 que la purga ocasiona queda completamenteanaladopoPsl etectodeIa
buen¡¡¡ alimentacion empleada, unp

- urr !IIBPdLIQCS LECHE ANTEF1:L
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geogr{ficos coloridos; copias exactas de los cuadro, y demu obru de arte mu célebres de todas las

y aparatos aplicadss recientemente A las ciencias, agricnltura, artes

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CARNE HIERRO y QUINA

11 Alimento mas ro•te unido a los Tónicos mu repandores.

VINO FERRUGINOSO AROUD
T COK TODOS LOS

1

aneemos HtlTBITIVOS DB u CARNE

_!7~, lll!EIUlO y_ •'IJill&amp;t Diez años de ento continuado y las a1lrmactones de

\ ...,~

r.41111

-;t-

P~psina Boudault
J.prohda por la J.CADEIIJ. DE IEDJCJNJ.

PREMIODEL INSTITUTO AL O' CORVISART, EH 185&amp;
Mmuao en 111 Bipo1lcion11 lolernaelonale■ de

PJ.RJS - LYOI • TIENJ. • PHILJ.DELPBIJ. • PJ.RIS
1867

1872

1873

1876

11 IKPl.14 C01' IL IIU.'JOa iXJTO D

1878

U.1

DISPEPSIAS
OASTRITIS - QASTRALQIAS
DIOESTI.O N LENTAS Y PENOSAS
FALTA DE APETITO
'I' OT&amp;OI DHOIJ&gt;IMII

na

Ll DIOIITIOJII'

BUO LA FORIIA DE

-

las emin(V}CIU médfcas preuban que esta UOCia.clon de la Clarau,, el H ierre y la
•iaa oonaUluye el reparador mas enel'l!ico que ae conoce para·curar: la Clordl", la
fltmúJ, las J l e , u l ~ clolorolal, el Jlmpo/Jr~mitnto y lá .tllerac1.ot1 a, la Sangre
el Rll(JUtt,,mo, las . J . / ~ escrof)llola, '1 ucor&amp;uNau, etc. El 'l'laa Perract■Ha dé
Anall. ea, en efectt,, el ÚDiCO que reune lodo lo que entona y tol1a.lece los organ08
re¡ui~
'
1 cooráena y aumenta conslderablemen&amp;e l u tuerzaa ó ln!unde a la aan"1'Ó
empobrecida y descolorida : el Y(qor, la Colorddolt 1 la l#er'gúJ "''"'·

ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · do PEPSINA IOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT

8JI VKNDJ: .BN TODU LAS Pa!NCIP.A.LBS BOTlCA.S

P!BIS, Pharmaaie COLLAS, 8, rae Dtaphiae

Pw•uwor,eJJ Paria, en casa de J. FEW, farmaceutieo, tOI, rae Riclleliea, Sucesor de AROUD.

. EXIJASE .i:t..; AROUD
1

PATE IPILATOIRE DUSSER

n

HIERRO

BBlVAIS

representa exaetamenle el hierro
contenido en la economía. Experimentado por 101 priociµle1 médicos del
mando, pua lnmedlalameote en la
aaorre, no ocasiona eslreftimlento, no
fatlra el utóma{o, no eonerrece 101

diente, Tó11111 n11u Ctlll II CU&amp;et■il&amp;.
bijm lt f1rü4111 laru.
De Venta en lod11 /11 Farmacia,.
Por 1&amp;711: 40742,r,st.Luare, PariJ,

y en la1 prí"ctpale, farmacia,.

destruye basta las RAICES el VELLO del rostro de las damas (Barba, Bigote, etc.), 1ft
niogun peligro para el cuti1. SO Años de Ílxlto,ymillaru de teaUmonl garantlz.an la eficacia
de esta preparacioo. (Se ,ende en caJu , para la barba, y en l(l oaJu para blgole ligero), Para
loa brazo&amp;, empléese el l'I.LI. t'Qllls:, DVSSER, l, rueJ,,J,,Bou■aeau, Parta,

°:i

�632

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

POR AUTORES Ó EDITORES
LA RESPONSABILIDAD KN LAS HISTÉRICAS, por el doc•
tor A . Velázquez de Castro. - Es éste indudablemente uno
de los problemas más interesantes de la ciencia médico-legal
en nuestros días y de los que más deben preocupará los ma·
gistrados, médicos y jurisconsultos, si la administración de
justicia criminal ha de ser a lgo más que la aplicación lite·
ral de la pena al hecho concreto, sin ahondar en las cau ·
sas que pueden modificar la responsabilidad del presunto
delincuente. Sobre este tema versó el discurso pronunciado
por el Dr. Velázquez de Castro, académico numerario y
presidente de la sección de Medicina de la Real Academia
de Medicina y Cirugía de Granada, en la solemne sesión
pÍlblica inaugura:! que esa corporación celebró en 29 de ene•
ro del presente año, El trabajo del Sr. Velázquez de Cas•
tro, gallardamente escrito é inspirado en las ideas científicas
modernas, es notabilísimo por muchos conceptos, pues re·
vela un estudio profundo de tan trascendental problema, un
criterio rigurosamente cient!fico y altamente humanitario y
una erudición vastisima. Al romper una nueva lanza en fa·
vor del verdadero concepto de la responsabilidad criminal,
en contra de añejas y absurdas preocupaciones, el Sr. Ve·
lázquez de Castro ha prestado un valioso servicio á la cien·
cia y á la sociedad.

LA JUSTICIA, por H. Spencer. - Esta obra, que acaba de
ver la luz en lengua castellana, es la última publicada por el
ilustre filósofo inglés é indudablemepte la mejor de las suyas.
L os tratados acerca de La idea de 7a Jmticia, El"de.-echo de
propiedad, El derecho de testar, La libertad de trabajo, La li·
be,-tad de la palabra JI de la imprenta y Los dei-echos llamados pollticos están de tal manera pensados y escritos, que
puede asegurarse que el sabio filósofo deja dicha, de hoy para siempre, la última palabra acerca de tan importantes materias. Este libro forma parte de la Biblioteca de J urispru•
dencia, Filosofía é Historia que publica en Madrid La Espa11a Moderna y se vende en las principales librerías al pre·
cio de 9 pesetas.

LA ESPAÑA MODERNA, - E l último número de esta importante revista contiene interesantes trabajos firmados por
Cherbuliez, Daudet, E . Caro, Lubbock, Lombroso, P. Alexis, Bergeret, Mouton, Fernández Duro, Castelar y Villegas. La Espa11a Moderna envía un tomo de muestra gratis
á quien lo pida por escrito al Administrador, Cuesta de
Santo Domingo, 16, Madrid.

C0LECCIÓ DE TRAVALLS LITERARis,per Robert Robert.
- Roberto Robert es más conocido en la literatura castella•
na que en la catalana, y sin embargo en catalán escribió algunos artículos, cuadros de costumbres populares, que son
verdaderas joyas y que han servido de modelo á los que des·
pués han cultivado este género. Casi todos ellos se publicaron allá por los años de 1865 y 1866 en Un tros de paper y
en Lo 11oy de la man, periódicos cuyo recuerdo no han lograDON JOSÉ JOAQUÍN ll0ORfcUBZ,
do borrar los innumerables semanarios que desde su desapa•
rición se han ofrecido al público, y cuyas colecciones consactual Presidente de la República de Costa Rica
tituyen hoy una curiosidad bibliográfica. Por esta última ra•
zón no vacilamos en afirmar que serán innumerables los afique unidas á la amenidad de la narración hacen del libro una cionados que agradecerán á los editores de la Biblioteca Poptt•
obra tan instructiva como de agradable lectura. La obra Ce- lar Catalana el haber coleccionado los trabajos de Robert, que
sarinas ha sido impresa en Orizaba (México) y editada por don á pesar de los años transcurridos conservan toda la g racia y
Pablo Franch: la edición que de ella se ha hecho no está desti• frescura que siempre queda en las obras de los ingenios. El
nada á la venta.
precio del tomo, V de la Biblioteca, es 50 céntimos de peseta.

CESARINAS, por D . Manuel J~sé Quintana. - La Roma
del tiempo de los césares con sus magnificencias y sus vi•
cios ha servido al distinguido diplomático español Sr. Quintana de asunto para el libro que nos ocupa y que consta de
dos partes: una que el autor califica acertadamente de esce•
nario, y otra en la cual se traza la historia de las protago•
nistas que sirven de título á la obra. La primera es una descripción tan completa como interesante de la antigua sociedad
romana, de sus costumbres, leyes, vida doméstica, juegos, etc.;
'en la segunda se hace la historia de las mujeres de César,
Augusto, Calígula, Claudio y Nerón, y en una y otra revela el
Sr. Quintana profundos estudios y erudición vasta, condiciones

ENFERMEDADES

GARGANTA
VOZ y BOCA

ESTOMAGO
PASTILL.lS J POLVOS

P.ASTILLAS DE DE1'HAN

'PATERSON

Recomendidauontra&gt; loa Males de la Garganta,

Enfudtóllll8•d•·la Vos, Innamaolon•cl:e la
Booa, Efeotoe ¡femiolOIIOII dfl Marcarlo, Irt•

• BISIIUTBO J IIAGNBSl.l
lleeolllllldadoa CODlra lu Afeooton• del Eat6ma110, Falta •• ApeUto, Dt11e■U0DN laborioeu, AoedJu, V6mitoe, Eruotce, 7 C6U-,
re;ularlsan laa Fanolo11• del Estómaao 7

tl'fc!:~g•¡~u;ec:;~°:»·k'b';~U:~
t¡,ROF.ESOBES 7 UNTORE&amp; para f&amp;llililar !a
em!oton de la "l'OL-PalGIO . ta lb.t.Lbo

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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
De~de hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito ,por
todos lo.s médicos para la curacion de las gastritis, gvtraljias, dolores
Y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la diiJestion y para regularizar todas las fllllciones del estómago y de
los intestinos.

MZD1CAC10N ANAZ.GÍSICA

Soluc~n

@omprimidos
:OJ!I

EXALGINA

JARABE

CE

a1Bro1nuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS .

BLANCARD ,

,Querido enfermo. -Ffese Yd. A mi lirta experiencia,
1 haga uao de neslrw 8RANOS de SALUJJ, pue, e/lee
le curarln tle III oon1t1paclon1 /e darl."' IIJ)61ilo 1 lt
d1rolrerjn el autiio 1 ta 1/ttria. - A11 m irl. VII,
•~oho1 añoa, tliafrutande 11tmprt dt una bu,na ,a/u/1.

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, hlstéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, con•
vulsiones y tos de los n.üios durante la denticion; en una palabra, todas
las afecciones nerviosas.

. Fábrica, Espedieiones : J.-P. LAROZE

613

T RATADO LEGAL DE LAS SUCBS!0NRS HEREDITARIAS,
por D. Cándido de Ulzurnm JI Orue. - Que la sucesión es
una de las materias ~ás importantes del derecho no se necesita decirlo, porque está en la conciencia de todos cuantos d irecta ó indirectamente han podido apreciar Jo que son testamentos_y sucesiones intestadas, El Sr. Ulzurrun titula su
obra Exposición de los principi~s del Código Civil español
sobre las sucesiones; pero el libro es algo, mucho más que
esto, pues abundan en él los comentarios que revelan los
vastos conocimientos jurídicos de su autor, abogado fiscal
de Audiencia territorial, y que justifican la distinción que
ha merecido del Ministerio de Gracia y Justicia al declararla obra de mérito, previo el informe favorable de la Real
Academia de Ciencias morales y políticas. Este utilísimo li·
bro ha sido editado por D. Pascual Aguilar, de Valencia, y
se vende en las principales librerías al precio de 2 pesetas.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION

,,¡,

NúMERO

JAQUECAS
COREA

!, roe des Lions-St-Panl, l Paris.

Deposito en todas las principales Boticas y Drogueriaa

REUMATISMOS

PAPEL WL

CARNE y QUINA

VINOAROíHi;;-001 NA

~- Soberano.remedio para rápida cura•
oa de las Afeoo-iones del pecho,
tarros,Mal de garganta, Bron•

1

T CON TODOS LOS PlUNOtPIOS fflmlITIVOS SOLUBLBS DB U CAJlNE
el.ta.a y 911111.1.1 son los elementos que entran en la comPOsidon,de este potenle
reparador de las tuerzas•vital.es,. de este roni■ea■se per eaeele■ela. De un gusto su-

mamente agradable, es soberano.contra--la inemta y el if)()Camúnto, en las Calfflturiu

'S Cont1aücencttu1 contra las JXarrea1 y las J.fecefona del•H1t0tnaqo y los ,ntu"no,

Cuando se trata de despertar el apeUto, asegurar -las, digestiones, reparar las• tuérzu,
enriquecer la sangre, eutonar el orgánismo•y precaver la anemia y las epidemias provoC&amp;du por los calores, no se conoce nada supenor al""l'i■o de ttaiaa de .t.roacl.

~tia. Resfriados, Romadizos,
e los Reumatismos, Dolores,
Lumbagos, etc., 30 años del mejor
ijxito atestiguan la eficacia de este
oderoso derivativo recomendado por
tos primeros médicos de Paria.

DOLORES
NEVRALCICOS,
DENTARIOS,
MUSCULARES,
UlERINOS.

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El mas actiuo, el mas
lnot,nslllo y et' mas
podsroso mediaamento

.Por ma11or. en Paria, en casa de J. FEW, Farmaceutico, fil!, rue Richelien Sucaor deAllOtm
8B VBMDB BN TODAS US PRINCIP.AJ.1111 BoTIQA&amp; •

EXIJAS[ el i:º&amp;';: AROUD
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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, D11: MONTANBR Y SrMÓN

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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