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Ftí~t1ea
A:&amp;o XII

B ARCELONA 9 DE OCTUBRE DE 1893

NÚM. 615

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

··•.

··.,
. .
:.,...:;:.:;:.:; . _··.

Et EMI N'~N'rE NOVELISTA. EMILIO 20LA
Presidente y representante de la «Societé des Gens de L ettresl&gt; en el Congreso periodístico recientemente celebrado en Londres

(De una fotografla de A. Nadar, P arís)

�LA

1LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

NúMERO

615

lo mucho que tenía de sabio, en su lenguaje tan magnética mucho antes de que la hara P?dido deexacto como un matemático y en sus reservas tan finir el raciocinio y comprobar la experiencia.
Yo nunca olvidaré una visita que hice á la Salpemisterioso como un iluminado, sonriente con esceptriere,
acompañado I?ºr él mismo en persona. Guarticismo un poco burlón al par que grave con gravedad un poco excesiva, las cejas fruncidas y la f~ente daba con los prototipos perdurables del arte y con
surcada por los trabajos continuos del pensamiento los libros clásicos de la ciencia en aquellas largas esen acción, dotado de unos tan profundos y tan gran- tancias del Hospital todas las rarezas que pueden
des y tan extraños ojos, que al reflej_aros en ellos, producir los desarreglos nerviosos y todos los fenóTexto. - Mur111uracio11es europens, por Emilio Castelar. - La
menos que pueden ofrecer los sueños magnéticos é
vida en la pen{nsula de Malaca, por J ohn Fairlie. - La pro- creíais haberos asomado á los eternos ideales.
hipnóticos en personas, aunqu~ muy, e~f~rmas y a~haYo,
gracias
á
Dios,
nunca
estuve
malo.
A
mis
sefesión, por Augusto Jerez Perchet. - Miscelán!ª· -~uestros
grabados. - U11a francesa en el polo Norte (contmuac1ón), por senta cumplidos años échome á reñir en salud con cosas, muy vivas y muy apareJa~as a v1v1r larg~ ttemPedro Mael. - SECCIÓN Cl&amp;NTIFICA: Un buque de guerra todos los jóvenes. Así no conocí á Charco_t C?l!1º po. Aquella su clínica me parec1a en algunos mstanamericano con espolón. -Et te/autógrafo. - Et monumento de
cliente lo conocí como amigo. En uno de mis v1a1es tes un gran centro de profundos estudios y en otros
la Victoria recientemente inaugurado en Dzmkerque.
Grabados. - Et eminente novelista Emilio Zola (de fotogra· tuve l; honra de que á su mesa me invitase y ?~s- instantes un teatro de divertidos espectáculos. Curáfía). - Nueve grabados que ilustran el articulo La vida en la pués me ofreciese un deliciosísimo sarao de fam1ha, base á su cuidado personal cierto pobre factor de fepmlnsula de Malaca. -Et papanatas; Recién llegado de la cuyo recuerdo queda entre los más gra!os y bendeci- rrocarril, quien, al taponazo de un vagón, quedó
aldea; Indiferente; Dificil de contentar; El que de todo se ad·
paralítico de los dedos. ¡Oh influencia del sueño magmira, tipos de visitantes :le la Exposición de Chicago, por dos de mi vida, tan festejada por mis numerosos
nético!
Si despierto, no había medio alguno de movéramigos,
y
que
de
tantas
festividades
análogas
guarda
A. Castaigne. -La lección interrumpida, cuadro de L. Al·
varez. -El zurcidor de alfombras, pastel de Gilbert. - Figu- memoria en su larguísimo transcurso. El caserón selos, rígidos como palos; pero en cuanto la mirada
ras I, 2 y 3. El Katalzdin, buque de guerra americano con enorme habitado por Charcot parec(a un convent?, hipnótica del doctor lo adormecía, movfalos como
espolón. - .Bajo relieve del Monumento de l&lt;J, Victoria. - Afoabogado en informe ó como cubiletero en pruebas.
nulimzto de la Victoria recientemente inaugurado en Dun• un hospital, una clínica. Desde la verJa os ~~teraba1s
de que ibais á un templo consagrado al allVIO de los No lejos del cuarto donde se hallaba este infeliz,
kerque, obras de Lormier.
........,,.,,,.,,...•................,..,...............,..,,......,......,..,..,,.................................................. dolores materiales, pues todo converge allí á la con- veíase una mujer, quien despierta no podía ni ver
sulta del sabio por el doliente y en todas partes des- las agujas, retorciéndose como una poseída ó como
MURMURACIONES EUROPEAS
cubrís las señales de los cuidados que arbitra un una loca en cuanto las atisbaba por cualquier lado;
POR DON EMILIO CAsTKLAR
propósito metodizado del alivio y del socorro. Yá mas dormida por los conjuros magnéticos, aunque
estos
caracteres propios de una casa donde la cien- le picaban en la cara y en las manos con cien de
El hambre de la muerte. -Amigos ilustres muertos en el mes
cia
dominaba,
uníanse muy selectos cara_cteres a,rtís- ellas, no sentía dolor alguno, antes bien satisfacción
último. - Súbita desaparición del gran médico Charcot. ticos,
cual
en
la
casa connatural á un pmtor y a un y regocijo. La sugestión, tan disputada y combatida;
Particularidades singularisimas de su trance último. - Supersona. - Su casa. - !::iu familia. - Su arte. - Su museo. - Su literato. Charcot juntaba en su hogar con todos los el influjo natural de unas personas sobre otras, expeciencia. -Su hospital. - Sus conversaciones con el gran poe- enseres propios de las .manipulaciones científicas rimentábase allí con pruebas indestructibles. Yo he
ta Sully·Proudhorne. - Complemento de su ciencia en la
visto expresar al rostro de una joven histérica en sueeternidad. - Muerte de Ruchonnet en Suiza. - Or!genes de preciosísimos objetos de arte, los cuales, no ~ola~eneste ilustre república. - Su radicalismo. - Errores particula- te convidaban al recreo, servían de reposo a la vista ño hipnótico cuantos afectos le decía yo al oído del
res de la escuela radical en el cantón de Vaud y generales y aun de alivio á las dolencias.-Además un rayo de doctor, que le mahdaba expresase por medio de una
en la confederación helvética. - Cargos ejercidos por Ru- verdadera luz espiritual, un gorjeo de ruiseñores simple presión de las manos, apenas perceptible y
chonnet. - Servicios prestados al progreso en la legislación
amantes, un regocijo saludable llena~an y ~enchían tan callado como una orden del pensamiento. Nadie
y en la política. - Conclusión.
el albergue de tanto estudio, cuando d1scurnan sobre me lo ha contado; yo lo he visto. Y por cierto que
No hay sino recogerse dentro de sí mismo un mes, las alfombras del salón ó sobre los céspedes del jar- aquella joven, indiferente á todo en su vida normal,
apartándose de la comunicación diaria con el mundo, dín, como apariciones celestes, las dos hermosas é pues ahí estaba su achaque crónico, en la insensibipara ver que ninguna fuerza igualará en la naturaleza inteligentes hijas del doctor, la ~asada y _la_ soltera, lidad y en una indiferencia con la insensibilidad conde modo alguno á la fuerza desplegada por el ham- en compañía de numerosas amigas, pres1d1énd~las gruente, manifestaba los arrobos de la visión extática
bre de la muerte. Los dominios de ésta se dilatan con sumo cuidado la señora de la casa, muy próvida y los embobamientos del amor místico en su rostro
por los más remotos espacios del infinito material, y y muy respetable, quien de todo se_ cu~aba; pue~ en como pudiera Santa Teresa en sus libros y el Beato
sus sombras se atreven á los más luminosos astros aquella reunión, después de ha?er eJerc1do la candad Angélico en sus figuras. Ahí hay un misterio que lo
del vívido universo. Como todo nace, todo muere. con los enfermos y ayudado a la obra común, unas porvenir aclarará. Poco después de que Galvani viera
Y como todo muere, las constelaciones más hermo- leían libros compuestos en todas las lenguas mo~er- moverse la rana muerta y como revivir bajo el tosas, las pléyadas lucientes anoche mismo en los bor- nas muy cultivadas allí; otras asestaban la máquina nante látigo de la chispa eléctrica, nadie hubiera dides orientales del cielo azul y retratadas en las ondu- de fotografiar para obtener grupos combinados por cho las virtudes varias de aquel fluido, sólo enconlaciones argénteas del Océano en calma, tendrán que su arte consumadísimo¡ cosían éstas y bordaban co- trado por los antiguos en el ámbar, de cuyo cuerpo
apagarse como cualquier luciérnaga titilante bajo mo si tuvieran en sus dedos los hilos tejedores de le provino su nombre, cuando nosotros lo hemos enuna hoja de cardo y al amor de un arroyo seco. Na- pétalos y corolas; pintaban aquéllas cuadri~os muy cadenado por la mano de los atrevidos Prometeos
da sabemos tan seguramente cual que habremos de bien dibujados, y muchas cantaban á marav_1lla, per- del mundo moderno y constreñídole á que lleve somorir en seguida, y nada olvidamos con mayor faci- fectamente acompañadas, no sólo por el piano y_el bre sus chispas nuestra palabra, esculpa nuestros relidad. Pero las vidas de aquellos que nos acompañan, violín clásicos que resonaban á una con frecuencia, lieves, cante nuestra música, impela nuestras moles,
cayendo como granos de un inmenso reloj de arena por guitarras españolas, semejantes á orientales guz- esclarezca con· argéntea luz nuestras noches, comunien lo vacío á cada segundo, nos avisan, al choque las, cuyos melancólicos rasgueos nos traían al Sen~ que unos con otros á todos los pueblos del planeta
suyo con la tumba y al estremecimiento que dejan verdinegro reverberaciones del opalado Guadalqm- en rápidos mensajes; haciendo de la centella y del
en el tiempo con sus ondas concéntricas arremolina- vir, y á los nervios, sobrexcitadísimos por el e~ceso rayo asesinos, como un éter vivificante y creador.
das sobre las espirales del abismo negro y mudo, de vida, rebosante de continuo en las grandes cmda- ¿Qué no puede guardar el magnetismo animal en sus
cómo á todos nosotros igual corriente nos impele, des, aquellos sedativos efluvios, guardados en los ~ro- misterios y secretos, cuando tales cosas ha hecho y
bien ó mal de nuestro grado, hacia la eternidad. Yo mas del azahar diluído en abri'l y mayo por los aires tantos milagros ha obrado la cósmica electricidad?
A pesar de tal esperanza, no puede uno desconocer
no he querido leer periódicos en treinta días, por una de la encantadora Sevilla.
necesidad de reposo tras penosísimo trabajo, sólo
Charcot creía en la virtud médica del arte. Gran que la sugestión, la hipnosis, la histeria, el influjo de
semejante á la necesidad imperiosa de sueño tras observador de la histeria y de sus antídotos, aconse- unos ojos sobre otros ojos y de unas personas sobre
larga vigilia, y heme hallado, cuando entro de nuevo jaba muchas veces la difusión de unas notas del arpa otras personas, toda esta sirte de secretos ha perdido
en mis faenas, al recorrer las colecciones de diarios ó del violín en los nervios agitados á los estremeci- con la muerte de Charcot al mayor y más ilustre y
atrasados y recogidos en el hogar durante mi ausen- mientos producidos por la electricidad animal. Así es más sabio entre todos sus observadores.
cia, que han muerto en ese brevísimo período ami- que observaba las enfermedades nerviosas, tanto en
Una grande predilección de la suerte ha querido
gos con quienes tuve fraternales relaciones en largos los casos que le ofrecía su clínica y su consulta, cuanto que yo conociera y tratara los hombres mayores de
períodos de mi existencia, y á quienes debí una esti- en los tipos que le presentaban las letras y las artes. mi tiempo. Y como he conocido y tratado al gran
mación profunda sin medida, como un cariño verda- Al entrar en las salas precedentes á su cátedra del médico de nuestros días, á Charcot, he conocido y
dero sin límites, cuyos recuerdos interesan á mis lec- Hospital, veíais reproducidos en lienzos, en graba- tratado á uno de los primeros poetas contemporátores, porque los nombres de seres tan ilustres queda- dos, en fotografías, todos los cuadros célebr~s, re- neos, á Sully-Prudhome. Imposibilitado éste de ir á
rán en la historia mientras subsista la tierra.
presentativos de las afecciones histéricas 6 nerv10sas. escanciar sus inspiraciones en ternuras como las de
¡Qué dramas compone á la continua el destino El endemoniado de la Transfiguración rafaelesca; el Alfredo Musset y en melancolías como las de Alfonllamado casualidad en las vulgaridades al uso! Lope, vidente de las celdas angélicas en Florencia; el mís- so Lamartine y en síntesis como las de Víctor _Rugo,
Ibsen, Echegaray son, en comparación del fértil mis- tico arrobado que Murillo evoca sobre fondos de una dióse al especial ministerio de concentrar en el áureo
terioso dramaturgo, niños de teta. Ninguna invención luz como increada, y el penitente que Zurbarán pone pomo de una forma perfecta la quinta esencia de
semejante á las encontradas por tan grande inventiva. allá en los hondos claustros de un monasterio pare- unas ideas originales y profundas. Para conseguir
Charcot pasó sus días conjurando los desarreglos cido á funeraria ciudad; una predicación de San Ig- cosa tan difícil, en cuya consecución no marró por
nerviosos y los desperfectos cerebrales, cuyos estra- nacio, ideada en rapto de idealismo por artífice tan cierto, apenas le bastaban las personales sugestiones
gos traen aparejadas muertes repentinas, y murió de positivista como Rubens; los labios de aquellos bo- de su genio, tenía que apelar al estudio. Y como en
repente, sin agonía ni estertor, á súbito asalto de la rrachos del gran Velázquez, los cuales contraen ó es- el estudio no se registra ningún problema parecido
enfermedad combatida por él, en rápido viaje, sobre tiran las evaporaciones del vino embriagador y los por su trascendencia y gravedad á este problema de
los colchones de un albergue campesino, la noche de ojos sublimes de una Santa Teresa ó de una Concep- la revelación entre el sujeto cognoscente y el objeto
su llegada, entre médicos aterrados del fulminante ción inundados por las revelaciones celestiales; todo conocido, tan inspirado escolar atormentaba de congolpe, como si la muerte hubiese querido mostrar lo aquello que puede significar ascenso y descenso en tinuo á la ciencia con interrogaciones como las dirivano del saber, incapacitadísimo de penetrar en los las escalas y gradaciones de nuestra vida por los im- gidas por Hámlet al perdurable silencio de las tumhondos misterios que lo envuelven todo y de conju- pulsos del fluido nervioso, todo estaba como en bre- bas. Y en vista de que tal problema, verdaderamente
rar las leyes fatales que todo lo rigen y ordenan. Pa- ve museo de copias, animada biblioteca compuesta martirizador, pide para sus dilucidaciones posibles.
réceme verlo con su aire natural, que tenía mucho del con las observaciones hechas por los artistas en sus así la fisiología como la psicología, y fuera Charcot
aire de los abates antiguos y de los filósofos moder- prolijos estudios ó de las adivinaciones sobrenatura- por su profunda ciencia y por su larguísima experiennos; afeitado como un cura, fuerte y robusto como les por esa ciencia intuitiva congénita con los revela- cia un fisiólogo profu'ndo, principalmente consagrado
gañán, siempre observando y aprendiendo para ense- dores de lo bello, cuyas alma~, así como se anticipan á investigar los misterios de las comunicaciones de
ñar á los demás el fruto de sus observaciones y de á los sucesos por una profecía inconsciente, adivinan las almas con los cuerpos, así como de las almas ensus e,tudios, con algo de taumaturgo unido en él á las fórmulas científicas á virtud de una segunda vista tre sí, no le dejaba su curioso interlocutor un punto

NúMERO

LA

615

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

de reposo con inquisiciones á cual más curiosa, sobre principios á cual más abstruso. Sentábase por
una larga costumbre allá en nuestras reuniones científicas junto al médico, y con sus ternarias preguntas,
unidas á las mesuradas respuestas de éste, hubiérase
podido escribir un diálogo de Platón, suscitando ese
polvo Je soles á que llamamos ideas. Ya todos los

rrespondiente á todas las colectividades de que forma y compone integrantísima parte.
Mas digámoslo en puridad: dejando á un lado tal
concomitancia por su nombre de radical con las escuelas radicales, Ruchonnet ha servido mucho y á
conciencia, con grandísimo y glorioso empe~o,
humanitaria causa del pensamiento y de la conc1enc1a
libres. Cuando
las exageraciones religiosas
de protestantes y católicos
á una cayeron
sobre aquel extraño ejército
espiritual denominado de
Salvación, y
• presidido por
una generala
digna de figurar entre las
....__..-.;,..... iluminadas y
;1:~~·:.:; .(;~::ü:·.;~-i-·r;_--__~~-~_-.;__::_~
. :~---.__ -··-: videntes d el
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gran período
de la Edad

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Palacio del Maharajah de Johore, construido
enfrente de Singapoore

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misterios se habrán esclarecido para Char- •'L,:i~{
cot, y ahora sí que podría decirle á Sully- ~·;;,··...
Proudhome algo sobre las almas, si viniese ,.
desde otro mundo mejor, donde habrá entrado con mayor copia de noticias sobre
este mundo sublunar que el resto de los
mortales y habrá completado su ciencia
humana con las divinas revelaciones.
Si la ciencia de Francia con Charcot ha
perdido uno de sus grandes maestros, ha
perdido la política de Helvecia con Ruchonnet una de sus mayores ilustraciones.
También conocí á este repúblico eminente
y también le quise y me quiso con amistad
verdadera. He tenido la honra de visitar
su casa y de tratar á su familia en mis peregrinaciones frecuentes por Europa y en
mi relación estrecha con todos cuantos
sirven al humano progreso. Ruchonnet era
lo contrario de Charcot. No había en él
nsomo ninguno de misterio, de revelación,
de hipnosis, de taumaturgia: la ciencia poHtica contemporánea con todo su positivismo, y la ciencia penal con toda su profundidad, y el gobierno de los pueblos libres constituían los objetos capitalísimos
de sus actividades múltiples y le prestaban
gloriosos timbres y blasones, los timbres y
los blasones morales compatibles con una
democracia, la estimación de sus conciudadanos y de sus coetáneos adquirida en lar•
gos y honrosísimos servicios. Ruchonnet había estudiádo mucho, y el estudio dádole un radicalismo
científico, propio de quien mira siempre al ideal y no
mide los recortes y los achaques que deberá de sufrir
cuando haya de contenerse y encerrarse dentro de la
realidad, limitada é impura. Pero nacido en la tierra
del método político, en la Gran Bretaña, y natural
por sus abuelos y progenitores de la libre Suiza, estas dos patrias de su alma le dieron aquella medida
y templanza, en vano pedida á los radicales franceses
y españoles, quienes creen posible crear una sociedad
nueva en un día y al eco de una palabra, como supone la Vulgata en sus torcidas traducciones que hizo
Dios la Creación. El radicalismo suyo algo cooperó
á que las ideas democráticas llegar.en á exagerarse un
tanto dentro del cantón de Vaud, quien se vió afligido por utopía tan exagerada de suyo é inaplicable
á la economía pública como el impuesto progresivo,
el cual, á modo y manera de los demás sofismas del
socialismo puestos en práctica, empobrece á los ricos sin enriquecerá los pobres. Un error económico
en el cantón de Vaud el impuesto progresivo, y un
error en toda la Confederación el servil traslado á la
política helvecia de las leyes bismarckianas contra la
Iglesia Católica y de sus coacciones, imbé~iles po_r
inútiles, constituyen los dos errores del partido radical en Losana y en Suiza, de los cuales errores no
puede Ruchonnet eximirse, por la responsabilidad
correspondiente á cada individuo en la comtín co-

Con efecto, Ruchonnet ha tenido la gloria mayor
que puede tener un hombre aquí en el mundo; Ruchonnet ha gobernado por el voto consciente de sus
conciudadanos un pueblo libre. Individuo de la co- •
misión ejecutiva que dirige á Suiza, renorntle cada
dos años, pero reelegible de derecho por tiempo indefinido y siempre reelegida, Ruchonnet ha desempeñado lo mismo el departamento llamado por nosotros de Gracia y J usticia que el departamento llamado de Estado por nosotros ó las relaciones exteriores, con una extraordinaria competencia de sabio
consumado y con un grande pulso de verdadero estadista. En el primero de los departamentos, en J usticia, supo avivar la legislación mercantil con los
principios de la ciencia moderna y establecer la uniformidad posible allí donde los individualismos de
las entidades cantonales y un exagerado principio de
variedad llevan al mantenimiento de los usos locales
algo reaccionarios y i un poder de las entidades diversas algo parecido á la anarquía. Y habiendo hecho esto por el progreso legislativo de su patria
cua_ndo ha tenido la cartera de Justicia, cuando ha
tenido la cartera de Estado ha puesto empeño en
mantener la neutralidad nacional con energía, y en
conjurar, evocando este salvador principio, conflictos, quizás posibles, de prometerse alguno de los
contendientes europeos, apercibidos á cruzar sus armas, que pudiera sentir debilidades en sí ó complacencias con sus poderosos vecinos la gloriosa confederación helvética. ¡Vida bien honrosa la vida y muer,.,_(_&lt;
te justamente llorada la muerte de Ruchon~)
net! A tránsito tal de nuestro mundo al
-::i~
/
superior que allende la tumba nos aguar~~ / ·
da, se le debe creer y se le debe llamar
, /·'"' ·
, 'I//.
una resurrección.
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LA VIDA EN LA PENiNSULA

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DE MALACA

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Muy joven aún, y sin mucho conocimiento del mundo, salí de Londres el 24
de mayo de 1882, con destino á la factoría de los Estrechos de Singapoore, para
explotar unos cafetales en la península de
Malaca. Acompañábame mi socio, que era
agente de S. A. el Maharajah de Johore.
Pasando por Alejandría llegamos á la
isla de Colombo, donde se ven algunos de
los más hermosos paisajes de la India; la
ciudad de Kandy, situada en el punto más
elevado, es el lugar de destierro del BajáArabí, á quien el gobierno británico permite vivir con las mayores comodidades,
concediéndole todo, excepto la libertad.
Salimos de allí para Singappore el martes
por la tarde y llegamos á nuestro destino
el miércoles de la semana siguiente. Me
produjo honda impresión la belleza del
puerto, en donde me recibió el secretario
europeo del Maharajah de Johore, quien
me condujo al hotel de Europa.
La ciudad de Singapoore es muy particu-

El fruto del árb9! &lt;l1ui:ín

)~/
Media, Ruchonnet interpuso
:.r..
autoridad y nombre propio
.... ::,...-·-~_..¿.;,.,,.entre las pasio'.1es contrarias,
.....
evitando á su patria el delito de violencia material sobre I os espíritus incoercibles y el deshonor consiguiente á todo acto de intolerancia y de persecución religiosas. Talento práctico el
suyo, acostumbrado desde
sus albores á encerrar en fórmulas concretas y claras los
principios de legislación y de
gobierno concebidos por la
filosofía progresiva, no dejó
Bimgalow (vivienda europea) en el camino de Johorr
de rendir paria 5 al ideal
cuando defendía contra las
supersticiones ortodoxas de las comunidades cristia- lar: las casas de un solo piso carecen de chimeneas; la
nas y contra los tumultos de un pueblo moralmente población es cosmopolita, componiéndose en parte
sublevado el derecho de todos á la profesión de sus de chinos, javaneses, siameses, malayos y japoneses;
creencias, aunque falsas y extravagantes, mientras no el número de indígenas era entonces de 300.000,
trasciendan á cualquier acto definido de criminal en contándose solamente 350 europeos. La nueva ciulas legislaciones vigentes. E hizo esto, no sólo c:m dad de Singapoore fué fundada en 1822 por Sir Tholos medios coercitivos que á todos los gobiernos pres- más Stamford Raffles, cuya estatua fué inaugurada
ta la naturaleza misma del Estado, con las influen- durante el jubileo de la reina Victoria. Con este mocias múltiples, connaturales á una palabra fluyente tivo celebráronse festejos entre los indígenas, en partisin vacilaciones, y tan clara en él como conspicua era cular los chinos, quienes organizaron una procesión de
su inteligencia y tan pura era su vida honrada.
linternas que se extendía en un espacio de tres millas.

-. ·: -~k~f-:.:·/·
~·~

�NúMERO

LA ÍLUSTRACION ARTÍSTICA

NúMERO

6r5

Esta última dependencia constituye un cuerpo de
edifido separado; la construcción es de mármol, y no
tiene más que un piso, consistiendo su adorno en palmas y flores; en el centro hay una espaciosa habita•
ción cuadrada, y contiguas á ella unas cincuenta al•
cobas. Las cuarenta mujeres del sultán eran en su
mayor parte circasianas, compradas por aquél. La
sultana, ó esposa legal, residía en el palacio de Maor,
situado á unas doscientas millas del de su señor, con~,.
el cual no estaba en buena inteligencia hacía diez
años. Dos niños y una niña son los príncipes y la
princesa oficiales.
Una vez penetré en el harén por casualidad; pero
mi permanencia allí fué muy breve. Deseaba ver al
Maharajah trabajando, y como siempre había mucha
gente deseosa de hablarle y no pocas dificultades para
conseguirlo, quise ganar tiempo introduciéndome en
el despacho por una puerta lateral; pero equivoqué
el camino y encontréme de improviso en el harén.
Había allí un oficial encargado de vigilar á las mujeres, y apenas me vió, gritóme qué hacía en aquel
sitio. Inútil me parece añadir que dí media vuelta y
me alejé con toda la rapidez posible.
El interior del harén era magnífico: del techo pendían ricas lámparas; varias pinturas, representando la
belleza femenil, adornaban las paredes, y una lujosa
alfombra cubría el suelo. También vi varias fuentes
y observé que se quemaban perfumes. Las mujeres,
sentadas en diversos sitios, fumaban ó entreteníanse
en arrojar joyas al aire para volver á cogerlas. Sin embargo, me aturdió de tal manera hallarme en semejante sitio, que fijé muy poco la atención en cuanto
me rodeaba. Es muy difícil, hasta para las señoras,
obtener entrada en el harén; mi esposa lo intentó
varias veces sin poder conseguirlo. El sultán recibe
á sus mujeres todos los lunes para que le presten
homenaje y expongan sus quejas; reúnense á las seis
de la mañana, y al presentarse Su Majestad se arrodillan exclamando: «¡Nuestro rey!»
El Maharajah, antes de que los ingleses fueran á
J ohore vivía en una choza de barro, comía sin tenedor ni cuchillo, é ignoraba el valor de sus bienes.
Ahora habla inglés. Sus rentas provienen de las plantaciones y de su participación en los beneficios que
las minas de estaño reportan. El soberano es realmente un propietario de tierras, y cobra el tanto por
ciento sobre las utilidades que producen. Vive más
en Singapoore que en Johore; allí tiene sus caballos,
e~tre los cuales se encuentran algunos de subido prec10, y no va al segundo de los citados puntos más que
los días de fiesta para visitar á su pueblo el cual lleva
' como él
muy a' rila! que no se presente tan á menudo
lo cree necesario.
El rey ~s muy bueno y bondadoso para su gente,
~ hará casi tod? cuanto se le pida. En toda la localidad no hay m un solo pobre, malayo, se entiende,
pues cada uno de los que deberían pedir limosna disfruta de una pensión. Los magistradcs y agentes de
policía cobran sueldo mensualmente.
_La relación entre Singapoore y J ohore viene á ser la
misma 9-ue entre _Londres é Irlanda. El Maharajah
posee tierras en Smgapoore; pero nada tiene que ver
con el gob~rnador, aunque, por lo que hace al rango,
ocupa el pnmer lugar después de aquél. Cuando muera, todos sus bienes pasarán al gobierno inglés.

El camino de J ohore

A los pocos días de hallarnos en Singapoore se re- y en el otro están las destinadas á los solteros, pues
unió con nosotros el príncipe Mat, sobrino del Ma- el soberano tiene allí siempre mucha gente.
harajah de Johore y comisario de policía. Por aquel
El Maharajah posee también el título de sultán de
tiempo Su Alteza proyectaba la construcción de una J ohore, gracias á la cortesía de la reina Victoria, emvía férrea en su dominio, y yo estaba encargado de peratriz de la India, siendo J ohore un Estado indeconferenciar con el soberano sobre este asunto en pendiente. El rey no tiene para su uso más que tres
favor de un conocido contratista de caminos de hie- habitaciones, una de las cuales conduce al harén.
rro, de Londres. En su consecuencia, solicité del monarca una entrevista sin pérdida de tiempo; el secretario inglés me presentó al secretario indígena Datu
Ana; éste me hizo cruzar los terrenos del palacio,
conduciéndome después á la cámara de audiencia,
que era un salón muy espacioso.
El palacio de Istana es de madera, con cimientos
de ladrillo; pero la construcción interior es de mármol de Italia; mide 160 pies de longitud, no tiene
más que U!) piso y está protegido por una cerca, llegándose á él por una larga vía circular, semejante al
muelle de un reloj. Un magnífico jardín, donde hay
una rica colección zoológica, rodea el edificio.
Datu y yo esperamos una hora larga en la cámara
de audiencias antes de que el soberano se dignara
presentarse; cuando llegó, seguíanle dos servidores,
uno de los cuales llevaba un cajón de plata lleno de
cigarrillos, y el otro una cajita de fósforos. El monarca vestía una especie de blusa de seda blanca, ceñida á la cintura por una faja azul del mismo tejido;
calzaba sandalias adornadas de piedras preciosas, y
llevaba muy corto el cabello, blanco y naturalmente
rizado; me llamó la atención su gran bigote, blanco
también y muy espeso, así como las cejas.
Me levanté, haciendo una profunda cortesía; y el
rey Abubaker, adelantándose, con la sonrisa en los
Vestíbulo de mármol del palacio del Maharajah de Johore
labios, ofrecióme su mano, que yo estreché ligeramente. Habló en malayo, y el intérprete de la corte
me tradujo sus palabras de bienvenida.
Acto continuo, el rey me invitó á tomar un refresco
y un cigarro, el cual sacó de una petaca de oro, regalo del príncipe de Gales. Abubaker contaba entonces cincuenta años.
'·,
Después de haber permanecido ·breves minutos en
pie, el soberano me indicó que podía tomar asiento,
y él hizo lo mismo, pidiendo á sus servidores otro cigarro. Para corresponder á su invitación acepté un
poco de la popular bebida inglesa; mientras que él,
como cabeza de la iglesia mahometana, solamente
tomó limonada.
El rey hablaba inglés muy bien; pero en aquella
entrevista formal se expresó en malayo. Díjome que
el estado de su tesoro no le permitiría entonces construir la proyectada vía férrea; pero que yo sería muy
bien recibido siempre en el palacio cuando quisiera
visitarle. Durante mi residencia de cinco años en Johore he jugado al billar muy á menudo con el rey
Abubaker, el cual parece tan apasionado por esta diversión como por la caza, particularmente la del
~:1 ~. / ~
tigre.
Después de la audiencia, Datu me enseñó todas
'
las dependencias dt:!l palacio. Esta residencia oficial
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...,· ~.: .
domina los Estrechos de Malaca y está enfrente de
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Singapoore. Se compone de varias series de habitacio, 1
,
nes; á un lado hay varias para los huéspedes casados,
Parle de la aldea de J ohore: á la izquierda del grabado un teatro al aire libre

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.:

•

6r5

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sión de pasearme por una de las calles más pobladas
de Johore, un individuo fué atacado de este mal con
tal violencia, que el paciente mató á cinco hombres
antes de que se le pudiera dominar.
Las chozas de los malayos suelen estar construídas
sobre estacadas de bambú encima del agua, y el techo consiste en hojas de palmera que preservan á los
habitantes de las inclemencias del tiempo. El objeto
de estas construcciones sobre el agua es ponerse fuera del alcance de los insectos y animales dañinos. La
fi_bra del coco se emplea para hacer esterillas que les
sirven de lecho. En cuanto al mobiliario, en el sentido vulgar, es cosa desconocida. El arroz y el pescado, que constituyen los primeros artículos alimenticios, se preparan en medio de la habitación.
Por regla general, los casamientos se efectúan muy
pronto,,Y es costumbre que el novio haga un buen
regalo a su suegro, regalo en que se incluye invariablemente cierta suma en metálico, de la que el suegro
no puede hacer uso sino en ciertos casos como el
de divorcio, y entonces se entrega la suma la mujer
para su manutención.
La incompetencia en los asuntos de la casa, el descui~o y 1~ incompatibilidad son buenos motivos para
el d1vor~10, que el sacerdote debe legalizar. La falta
de fidehdad por parte de la esposa se castiga invariablemente con el empalamiento. La infidelidad del
hombre no se castiga. Al asesino se le impone la pena
de. muerte por medio del kris, espada pequeña, de
hoJa dentada y de acero muy ordinario, que se guarda

á

Mujer indígena de J ohore

•

Dos cañoneros y un ejército
de quinientos hombres eran
las fuerzas de que disponía el
gobierno.
El clima es húmedo, el termómetro marca de 8 0 á 100
grados Fahrenheit durante todo el año, y abundan mucho
las fiebres á que se da el nombre de malaria.
La tierra tiene color rojizo
y es muy fértil. Muchos habitantes ganan la subsistencia
cultivando el arroz y el ratán
(caña de Indias). No plantan
árboles y Emítanse á cultivar
los que ya crecen, cuyo follaje es magnífico. La piña, el
mango y la banana se crían en
estado silvestre. El fruto indígena más notable es el durián:
el árbol crece hasta una altura de sesenta pies y su ramaje
se extiende como el de un roble, necesitándose siete años
para que produzca fruto, pero
al cabo de este tiempo echa
flor anualmente; el fruto es
grande, tiene un color verde
claro y se puede comer á los
nueve meses, caracterizándose
por su sabor á fresa, pero el
olor es tan desagradable, que
durante los tres primeros años
de mi permanencia en el país
no pude probarlo. Por sus dimensiones y forma se parece
á la piña, y crece en las bifurcaciones de las ramas
del árbol.
Los minerales más notables que allí se producen
son el estaño y oro.
Todas las magnificencias del Oriente, los frutos deliciosos y otros diversos productos apenas compensan los tormentos de aquel clima, y sobre todo la terrible fiebre producida á causa del excesivo calor y de
la humedad.
El malayo es de escasa estatura, pero fornido, caracterizándose particularmente por su nariz aplanada,
su piel de color cobrizo, y su cabello largo y sedoso.
Generalmente, el traje de hombres y mujeres se reduce al sarong, especie de faldilla, sobre la' cual se
ponen una blusa; pero en el interior del país ninguno
de los dos sexos usa ropa alguna. Los hombres suelen cubrirse la cabeza con un turbante de terciopelo
negro; pero las mujeres no llevan nada. Por lo regular, todos tienen buena dentadura, mas por desgracia se la tiñen de negro con una substancia vegetal.
Los malayos son fieles adoradores de Mahoma;
abstiénense de comer carne de cerdo, ó ninguna otra
si la res no ha sido muerta por manos del indígena;
y nunca toman bebidas alcohólicas. Están sujetos á
una enfermedad que es una especie de locura, la cual
sobreviene con frecuencia cuando el hombre se halla
en la flor de su edad. Recuerdo que una vez, en oca-

más que una serie de grupos de casas que se extienden en un espacio de varias millas, y no faltart en
ella tiendas, bazares y hasta teatros. Cierto día fuí á
ver la representación de una compañía de chinos, y
la función duró desde las seis de la mañana hasta las
nueve de la noche; desempeñábase una tragedia, y
los ejecutantes lucieron muy buenos trajes. Esto lo
hacen los chinos establecidos allí en considerable
número como braceros, pues los malayos son demasiado perezosos para trabajar. En aquellas aguas
abunda la pesca, y los pescadores llevan una parte
de su mercancía á los bazares, donde la cambian por
arroz y otros artículos. Estos bazares se construyen
con cañas de bambú, y su techo se compone de hojas de palmera secas.
Los botes de los indígenas llamados praus se
construyen sin clavos, uniéndose las tablas por medio de clavijas y ratán. Hasta las velas son de hoja
de palmera cosidas; el cable se hace con ratán verde
y es muy fuerte y el ancla es de madera con dos pesadas piedras.
Una vez al año, cuando reinan los tifones, todas
las casas que hay á lo largo de la orilla del agua quedan inundadas.
El gobierno se encarga de la construcción de lo
que llaman casas de reposo, las cuales sirven también
de posadas; pero en ellas no se da alimento ni hay
más mobiliario que unas pequeñas camas para que
los viajeros pasen la noche. La llave de la casa se
guarda en la estación de policía. Si á un hombre le
sorprende la noche fuera de
su domicilio, no será seguro
para él volver á su alojamiento, porque podrían salirle al
encuentro algunos tigres en el
camino, refugiándose entonces en esas casas de reposo
que están separadas unas de
otras por una distancia de
ocho á diez millas.
Los chinos son los principales mercaderes y banqueros
ó chitties, según los llaman, y
casi todos proceden de Bengala: los chitties toman dinero
á crédito de los bancos de
Singapoore y después lo prestan á mayor interés á los malayos y á los chinos, que les
dan en garantía sus cosechas,
las cuales venden aquéllos en
Singapoore. Esos prestamistas
son muy miserables, guardan
su dinero en cajas y duermen
sobre ellas, viven en casas de
alquiler y á veces se da el caso
de que se alojen hasta cincuenta en una habitación.

Bosque entre Siogapoore y Johore

con las joyas de la corona y se venera como objeto
sagrado.
Los malayos son sumamente supersticiosos· cuando
el Maharajah fuéá Lon'
dres para asistir al jubileo de la reina Victoria,
compró una costosa
bomba de incendios,
que fué enviada á su
capital. De regreso el
rey, quiso probarla; pero habiendo un indígena recibido el chorro y
sido lanzado á muchos
pies de altura, muriendo á consecuencia de
la caída, los indígenas
consideraron la bomba
como un fetiche, y ninguno se quiso acercar
á ella.
El Estado de Johore
cuenta unos cincuenta
mil habitantes, y la población de su nombre
unos diez y ocho mil.
Esta última es poco
Mujeres malayas recogiendo te

�LA

654

El papanatas. -Tipos ele visitantes de la Exposici6n
de Chicago, por A. Castaigne

Todos los negocios se hacen á crédito: aquel que
entra en un bazar y pide un refresco no paga en me•
tálico, bástale dar un chit, ó nota, que se hace efectiva en cierta fecha. Si se toma un carruaje para recorrer l:i localidad, el pago se verifica de igual modo;
se da al conductor un chit y se le dice dónde y cuándo ha de cobrar. Esas notas sirven también como
dinero corriente, puesto que pasan de un mercader
á otro y se descuentan. Inútil 'parece decir que los
chits no se admiten de aquellos que no están en posición de pagarlos, de modo que si alguno está sin
trabajo es necesario que busque quien firme por él.
Cuando un deudor comparece ante el tribunal, si
puede probar que no tiene ocupación alguna ni medios de subsistencia, se declara su deuda cancelada.
Todos los chitti'es llevan afeitada la cabeza y visten
ropa muy ligera, y las señales que llevan en el pecho
y los brazos indican que han cumplido con sus deberes religiosos. A orillas del camino se ve una especie de barracas de tablas que el gobierno manda
construir para que los mahometanos se entreguen á
sus oraciones. Estos últimos tienen buenas iglesias,
mas no van á ellas sino en días especiales; ayunan
un mes al año, no tomando ningún alimento desde
las seis de la mañana hasta igual hora de la tarde.
La vida en el bungalow en la India fué inventada
por los europeos, y .es un término medio entre el
método de vida indo-oriental y el adoptado por los
blancos. Durante el día se ci'erran las ventanas del
bungalow de tal modo que no puede penetrar la luz
del sol, y si el europeo es hombre entendido nunca
saldrá entre las once y las tres del día. La cocina
está separada de la casa, con la que se halla en comunicación por un pasadizo cubierto; las alcobas están en el segundo piso, y el comedor y la sala abajo.
Como Singapoore se halla tan cerca del Ecuador (á
un grado) es de día á las seis de la mañana y obscurece á la misma hora de la noche durante todo el año.

Nú~IERO 615

ILUSTRACIÓN Al-,TÍSTICA

A las seis y media de la mañana se sirven refrescos,
á las once el almuerzo y la comida á las siete. Algunos toman el te á las cinco de la tarde. Los europeos
que habitan en esos bungalows son casi todos plantadores de café, y ahora tratan de cultivar el te, mas
el suelo no parece prestarse mucho á este cultivo. La
alimentación en el bungalow consiste en pollos, arroz,
carnes ahumadas y una gran variedad de frutos. Durante las horas de comer un inmenso abanico sujeto
en el techo sobre la mesa se mantiene en movimiento continuo por manos de un criado. En una larga
pértiga de bambú se ata un pedazo de tela que hace
las veces de cortina; esta pértiga pasa á través de un
agujero abierto en el lado de la vivienda, y un hombre que hay fu~ra la mueve sin cesar. Si no fuese
por esta circulación artificial de aire, el europeo no
podría comer cómodamente.
.
En la selva hay muchas serpientes que penetran
en las casas en busca de las ratas, pero nunca entra
más de una á un tiempo, pues no hay alimento suficiente para dos. No son venenosas, pero sí muy fuertes, como la especie pitón, cuyos ejemplares miden
á veces cuarenta pies de largo: una vi cuyo cuerpo
tendría un pie de diámetro.
En las selvas se cogen algunos tigres en zanjas practicadas á diez varas del camino: estas temibles fieras
osan llegar hasta el pueblo en algunas ocasiones, y se
las ha visto nadar hacia la isla de Singapoore.
El gobierno ofrece una recompensa de quinientos
duros por cada tigre, muerto ó vivo.
Cuando los malayos quieren cazar tigres por diversión abren un hoyo de diez pies de profundidad, dando al fondo doble anchura que la de la boca, á fin de
impedir que el animal salte fuera después de haber
caído. Hecho esto, cúbrese la boca del hoyo con zancaje y hojarasca, y junto á la misma abertura se ata
un ternero á un árbol. Al ver la presa, el tigre se precipita sobre su víctima y cae en el hoyo; entonces se
coloca una jaula de bambú sobre éste y se va llenando de tierra, de modo que el animal se eleva gradualmente hasta la superficie. Una vez en la jaula, los malayos forman el suelo de la misma con cañas de bambú entrelazadas y ratán, y terminada esta operación se
pueden llevar la fiera. Las armas de fuego se usan poco,
pues son peligrosas para los hombres y los perros.
Generalmente los tigres caen sobre su presa después de anochecer, y á causa de esto no es nunca seguro recorrer aquellos caminos á tales horas. Asegúrase que el tigre elige su hombre durante el dia, siguiéndole tal vez á larga distancia hasta que anochece,
y entonces le ataca sin vacilar. Los indígenas temen
mucho á esas fieras, y es casi imposible inducirlos á
salir de su casa después de las seis de la tarde. Yo he
pagado veinte duros á un hombre para que llevara un
mensaje al Maharajah pasada dicha hora.
En J ohore hay muchas variedades de monos; la especie más notable es el wow-wow, que no es salvaje
ni feroz, anda derecho como un hombre y no tiene
cola, y al cual no se le suele dar caza. Cuando los malayos cogen alguno, lo venden en las ciudades como
animal favorito.
En los alrededores de J ohore las aguas están llenas
de cocodrilos, á los que á menudo sirven de pasto los
niños malayos que pescan desde los botes: el gobierno paga una prima de veinticinco duros por cada cocodrilo muerto, y por las serpientes uno.
Los malayos no son muy sociables. En su día de
domingo, que sigue á nuestro viernes, dejan el trabajo
á mediodía para ir á la mezquita.
La principal industria que allí ejercen los europeos
es la plantación de café. Lo primero que han de hacer
es solicitar del Maharajah un espacio de 300 á 500
acres de la selva; prenden fuego á todo lo que contiene, y dejan solamente los árboles en esqueleto para
que entren en descomposición y fertilicen el terreno.
Cuando los árboles del café alcanzan seis pulgadas de
altura forman con ellos líneas, dejando de uno á otro
un espacm de cuatro pies, y á los tres años comienzan
á producir. La flor es de un color blanco muy puro y
de notable fragancia. Los árboles se podan para que
no tengan más de siete pies de altura, y si no se hace
esto alcanzan la de veinte sin dar fruto y la raíz del
uno destruye las de los otros. En su primer desarrollo, la baya se·parece mucho á la aceituna, sólo que
es redonda; si está madura, presenta un color rojizo,
análogo al de la guinda, y tiene dos huesos, que son
las bayas del café. La flor se mantiene veinticuatro
horas en el árbol; después cae, y al cabo de un mes el
fruto está ya maduro. El árbol del café da flor dos veces al año y suele producir dos cosechas. Después de
recogidas las bayas se pelan y colocan en cobertizos
para que fermenten; allí han de estar de diez á quince
días; después de lavadas y secas se almacenan y guárdanse en sacos para el embarque.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA PROFESIÓN
(EPISODIO DE LA VIDA REAL)

I
La víspera por la noche_ los cohete~ habían a~unciado la solemnidad. De tiempo en tiempo subia al
espacio uno de aquellos fuegos de artificio, dejando
tras de sí una estela semejante á tenue lluvia de oro,
y estallaba á grande altura con detonación seca.
El día de la ceremonia una bandera blanca y azul
flotaba en la celosía que recataba el interior del campanario en el convento.
Blanco y azul. ¡Qué hermosos colores y cómo retratan la pureza del pensamiento y los idealismos del
alma en la fugitiva nube y en el espacio radiante!
Las campanas de metálicos sonidos volteaban veloces, y cuando fué llegada la hora acudió á la santa
casa numeroso concurso de invitados.
El severo edificio aparecía más animado que de
costumbre y respirábase allí una atmósfera de fiesta
que rompía la uniformidad de las horas de calma y
quietud.
En el fondo del Compás que separa la calle de un
muro al que da prestigio la efigie de la titular, destácanse unos pocos árboles (acacias y álamos), y surge
en pos de aquel ingreso de ramas y hojas la fachada
del convento, de gótica decoración, finísima de líneas, con elegante portada y en ella esculpidos regios blasones heráldicos, y con esbelta y sencilla torre que aún conserva primorosos azulejos árabes.
La profesión religiosa revistió carácter imponente
y grave. Para la comunidad significa este acto un
acontecimiento jubiloso, y he aquí por qué resplandecía la iglesia, hábilmente engalanada.
En el altar mayor, al lado del Evangelio, se destacaba una escultura del Niño Jesús, una cestilla contenía el velo destinado á la nueva religiosa, y sobre
una bandeja veíanse los hábitos y una corona de
flores.
l11difermte

El que todo lo admira

Difícil de co11tt11lar
Tipos de visitantes de la Exposici6n de Chicago, por A. Castaigne

Re&amp;iétt llegado de la aldea. - Tipos de visitantes de
JOIIN fAIRLIE

LA

NúMEKO 615

la Exposici6n de Chicago, por A. Castaigne

Bendecidos aquellos objetos, colocada la comuni
dad en el coro bajo con velas encendidas, en tanto
la novicia ocupaba el centro, próxima á un altar,
acercóse el prelado á la reja del referido coro y dirigió á la protagonista de la ceremonia las preguntas
de rúbrica, que la interpelada escuchó de rodillas al
lado de la superiora. Seguidamente el prelado entregó á la maestra de novicias el hábito y la correa, y la
mujer que abandonaba para siempre las terrenas
pompas, vistió el distintivo de su nueva vida, recibió
de manos de la superiora las Constituciones de la
orden y el libro de la Profesión, y poco después leía
en voz alta su ingreso en la comunidad.
Colocóse en cruz la novicia e?: el centro del coro,
el prelado la roció con agua bendita, entonaron un
responso, tocaron á difunto las campanas y resonó
b:ijo las bóvedas del templo un Tedéum.
Terminado éste y mientras los cantores salmodiaban el himno Magne páter Agustine, la profesa abra•
zó á sus compañeras de comunidad, oyó la misa, recibió la sagrada comunión, repitiéronse los salmos y
las antífonas, y por tres veces el veni, sponsa Christt&gt;
el prelado colocó el velo á la religiosa, la bendijo,
ciñó su cabeza con la corona y pudo entonces aquella mujer decir in mente: «Todo se acabó.»
¿Quién era aquella religiosa?
No importa saberlo.
¿Por qué había profesado?
Ningún interés tiene el inquirirlo.
Consumóse el hecho, y reunido el convite en el
• locutorio se dispuso á festejarlo, ajustándose á las
prácticas de siempre, á comer y beber con mayor ó
menor apetito, de suerte que las pastas, los dulces,
los helados, los licores circularon profusamente y sirvieron de paréntesis, puntos y comas al tema de la
profesión.
.
Los distintos grupos hacían comentanos en armonía con los caracteres de las personas que los formaban, y era de ver la diversidad de opiniones formuladas.
Un sacerdote sostenía vivo diálogo con un caballero, y sus apreciaciones tenían aspecto de controversia.
- Es una verdadera felicidad, decía el cura, la vocación de esta joven.
- ¿Por qué?, preguntó el individuo mencionado.
- Dios ilumina el alma.
·
- Lo creo, como buen católico, pero..
- ¿Acaso usted cree y duda á un tiempo?

- Es que la sociedad reclama el concurso de
todos.
- ¿Esta mujer no le presta el suyo?
- Lo prestaría igualmente eficaz fuera de este re·
cinto. La casada, la madre de familia, pueden ser
santas.
- Eso es una vulgaridad.
- Es una afirmación comprobada.
- No importa. Consagrarse á Dios tiene más
mérito.
- Sin duda; pero también se gana el cielo en lucha con la vida del mundo, resistiendo las seducciones y evitando los escollos que amenazan la virtud.
- ¡Bah! Desengáñese usted. La existencia conventual...
- No la critico, antes bien la respeto.
- Pues, amigo mío, no nos entendemos.
El cura iba á seguir, mas en aquel momento acercóse al grupo una dama de distinguido porte, y le
dijo:
- Amable párroco, me despido de usted.
- ¿Tan pronto?, observó el ministro del Señor.
- Mi hija Leonor está afectada por la ceremonia
que ha presenciado, y no cesa de llorar.
- ¡Calle, calle!, repuso el sacerdote dirigiéndose á
Leonor, hermosa joven de diez y ocho años. ¿Qué
significa eso?
- Padre, contestó la muchacha, me inspira profunda pena haber presenciado un entierro en vida.
- Niña, ¿sabe usted lo que dice?
- ¡Ya lo creo!
- Luego usted pertenece al mundo.
-A Dios, á mi madre y á mi novio.
- Y yo les daré la bendición con la ayuda del cielo, exclamó entonces un canónigo, amigo de la señora.
El párroco guardó silencio.

trocede al ayer, se deleita en la contemplación de
los días fenecidos, y el alma ya se estremece de placer, ya sufre horribles angustias, según que esos días
le brindaron glorias ó duelos.
Sin embargo, en muchas ocasiones el divorcio con
la sociedad es completo, y tanto afecta al espíritu
como á la materia.
¿Cuándo sucede así?
¡Quién lo sabe!
La realidad es una; la realidad es la puerta cerrada para siempre.
¿Y la lucha? ¿Y las pasiones? ¿Y las flaquezas de
la criatura humana? ¿Y las inevitables llamaradas de
ensueño con turbadoras seducciones?
Pero se dirá: «Esto es desconfianza y duda, porque la vocación existe. »
Cierto que existe; mas como permanece oculta en
el fondo de la conciencia, se confunde con la resignación. ¿Hay, acaso, signos exteriores que la denuncien? ¿Tiene la aspiración á la vida de monja algo
característico y peculiar?
Comprendo la atracción de lo abstracto aplicado
á la celda, pero 'me asaltan algunas prevenciones en
presencia de la muerte simulada de una mujer joven
y hermosa que renuncia á todo para vestir tosco y severo traje, para ver segar sus cabellos y oprimido su
rostro en el blanco lienzo de la toca.
Lo pequeño, lo insulso, lo cándido, lo pueril, en
consorcio con Jo elevado, lo trascendental y lo serio,
forman los sumandos, las columnas de la humanidad,
y prescindir de todo es empresa dé titanes.
El hecho de despojarse del oropel mundano puede constituir un sacrificio, tanto como una inclinación. En el primer caso, la mujer que profesa inspira
lástima; en el segundo, envidia.

II

Era la madrugada y la nueva monja no había podido dormir.
Flotaban en su cerebro los detalles de la profesión
y sospecho que se preguntaría si soñaba despierta,
según acontece en las supremas crisis de la vida, en
las cuales resistimos tenazmente creer lo que nos su·
cede.
Decía que estaba despierta á la madrugada; una
madrugada de verano granadino, espléndida, con mil
aromas indefinibles, con piadas de golondrinas y cantos de ruiseñores, con susurro de agua que caía en

La prof.:sión es la línea divisoria entre dos mundos, entre el presente y el futuro.
Todo ello resulta material, porque á despecho de
las expresiones visibles de un cambio esencialísimo
en la manera de ser, el pensamiento subsiste íntegro
y con la libre acción de que se halla dotado; y si el
cuerpo queda prisionero, si lo retienen muros y rejas,
el pensamiento se burla de esos alardes y vuela á las
regiones donde ve los objetivos que ambiciona, ó re-

III

�EL ZURCIDOR DE ALFOMBRAS, pas t e l d e Gilbe r t , e xis t e nte en la Gale ría d e l Luxe mburgo (París), g raba do por H . Rabeui
Primer premio en la Exposición celebrada en Lond res por la Sociedad internacional de grabadores en madera

�•
LA

lLUSTl{ACl ÓN

AirrisncA

NúMEH.0

615

las fuentes de lo, cárm&lt;'!nes, con intermitentes rumo- B1jo la pre;idencia de Arsenio Houssaye se ha constituido otras obras, JI Re Lear y N erón, de cuyos protagon\s~as hac~
res de las hojas de los árboles, movidas un instante en París un comité para la erección en el jardín del Luxembur- verdaderas creaciones el actor Sr. Emmanuel, y Mam Zelle Ntpor pasajera ráfaga de viento, con-estrellas rutilantes go de un monumento á la memoria de Henry Murger, cerca touche, en el que la señorita Reiter ha alcanza~do una gran
del que existe dedicado á Teodoro de Banville. El escultor ovación y demostrado que su_ gran talento artístico se adapta
en el firmamento y con majestuosa luna en la pleni- BQUillón es el encargado de ejecutar la obra, en la que figura- maravillosamente á los más diversos géneros. En Romea se han
tud de sus fases.
estrenado Lafeinade 'njafá, graciosa pieza en un acto de don
rán las dos heroínas de la Vie de Bolteme, M11setto y Mimi.
- El Jurado de la sección de Bellas Artes de la Exposición Ernesto Soler, que fué muy aplaudida, y María de Jl,/011tp_eller,
La monja percibía ese conjunto de encantos que
llegaban hasta los muros del convento y allí se dete· ele Chicago ha concedido los siguientes premios: 81 á Alema- drama histórico en cuatro actos de D. J osé M. Valls y V1cens,
nia, 104 á Inglaterra, 95 á la América del Norte, 26 á Austria, bien versificado, pero abundante en situacione~ falsas é in"..erosfnían, en apariencia no más, pues su dejo blando y 37
á España, 16 á Suecia y Noruega, 12 á Dinamarca, 27 á miles. En el Tívoli continúan las representac1~nes d~ &amp;arfn,
acariciador penetraba en el interior del recinto y, á Holanda, 38 al Japón, 2 á Suiza y 18 á Polonia. Los artistas alternando con ]as de otras óperas del repertorio comente. En
la manera de visiones seductoras, de geniecillos ju- españoles premiados son: Alcoverrn, Folguera, Marinas, Que· Novedades han terminado las representaciones de El lulsar y
guetones que llevan consigo el compendio de las as- rol, Trilles y Viziano (escultores), Alvarez (L.), Alvarez Dumón, habrá empezado _á fun_c!o~ar, a l repartirse_ este número,_ una
Bilbao, Domfnguez, Garnelo, Gartner, Hidalgo, Jimé· compañia dramática, dm~da por el aplaudido actor Sr. Sim6.
piraciones humanas en sus complejas expresiones, Beruete,
nez Arancla (J.), Jiménez Aranda (L.), Loubere, Luque Roselló,
hacía presa en la infeliz, le mostraba en oposición de Moreno Carbonero, Muñoz Degrain, Pelayo, señorita de rira·
Necrología. - Han fallecido ~ecientem~nte:
El príncipe Guillermo Schlesw1g-Holstem, hermano, mayor
su existencia un mundo anchuroso, emociones que la, Planella, Ramfrez Ibáñez, Ruiz Luna, Rusiñol, Santa Marespondían á las fibras de su corazón y goces que sa- ria, Simonet, Sorolla, señorita de Souto y T apiró (pintores), del rey de Dinamarca, general de la cab~llerfa austro-hun~ara,
Pellicer y Tapiró (acuarelistas), Pando y Pellicer (dibujantes), que se distinguió en las guerras sostenida:; por el Austria en
tisfacían sus ansias.
Dale_t y Repullés (arquitectos). El fallo del Jurado, en lo que 1848, 1849 y 1859.
.
Era, en suma, aquella fantasmagoría algo parecido concierne á los artistas españoles, ha sido protestado y es muy
Hamilton Fish, político norteamericano, secretario de Esta·
do durante la presidencia del general Grant, ex gobernador de
á la silueta de todos los ideales que puede acariciar p_robable que este asunto dé mucho juego.
- La Asociación de Artistas ele Viena ha publicado el pro- Nueva York, senador y en 1869 embajador de los Estados Unila mujer... , la vida del hogar, el casto amor de los
de la tercera Exposición Internacional ele Bellas Artes dos en París.
hijos, cuanto de puro y elevado la ennoblecen y dig- grama
que en conmemoración del quincuagésimo aniversario de la funJulio Franceschi, notable escultor francés.
nifican.
Emmerich Nagy, famosa trágica húngara.
dación de la Academia se celebrará desde r. 0 ele marzo á 3t de
N . D. Aschuroff, notable novelista ruso.
No había escoria ni torpe impureza en la fascina- mayo de 1894. El objeto de esa exposición es presentar un cuaMiguel Lentz, poeta luxemburgués, autor del Feirwohu, el
ción que evocaba la noche, á favor de sus peculiares dro completo de la producción artística moderna, y al efecto se
señalará á cada Estado un sitio especial para que pueda insta- himno nacional de Luxemburgo.
signos de desvarío, y las divagaciones perseguían un lar las mejores obras que en él se hayan producido. Los pre- Adolfo Ivón, pintor de batallas francés, autor de los conoci-.
fin hermoso.
mios que se otorgarán serán: U no de 400 ducados concedido dos cuadros la retirada de Rusia y La toma de la torre de JI.fa·
La mujer parecía.extasiada, cuando de repente ir- po~ el emperador; tres medallas de oro, concedidas por el ar- lakofj, oficial de la Legión de Honor; desp~~s de la guerra franguióse; brillaron sus ojos, los cerró después y quedó chiduque Carlos Luis; varias grandes y pequeñas medallas de co-alemana, dejó la pintura de asuntos m1htares y se dedicó á
concedidas por el Estado; el premio Reichel, ele 1. 6oo flo- los retratos.
inmóvil, al punto que, sin las lágrimas que en hilos oro
rines, y el premio del barón Konigswarter, de 500 florines. Los
T. H. Parke, médico mayor del ejército inglés: tomó parte
transparentes se deslizaban por sus mejillas, se la hu- tr~s premios en metálico sólo podrán conc~derse á artistas a~s- en la expedición al Nilo para libertará Gordon y en la_ele Stanbiera juzgado muerta.
tnacos; los demás podrán ser otorgados lo mismo á los austria- ley para libertará Emfn-Bajá. El célebre explorador inglés le
Una guitarra y un cantar. He aquí el origen de su cos que á los extranjeros. Los individuos de la Asociación tra- dedica en su famosa obra los más entusiastas elogios.
baj~n con seguridad de éxito para lograr que el emperador, el
Sir Alejandro Galt, uno de los más eminen_tes hombre~ de
transformación.
gobierno austriaco y el municipio vienés destinen importantes Estado canadienses, ministro de Hacienda vanas veces, m1em·
Un joven obsequiab¡i. á su novia con una serenata; sumas á la compra de obras expuestas: además se verificará una bro de la comisión inglesa que firmó en 1871 el tratado de
pero la guitarra hablaba, gemía, suspiraba, y la voz, lotería de éstas.
Wáshington, autor de varias obras, entre ellas El Canadá des·
- El compositor dinamarqués Augusto Enna, autor de la de 1849 á 1859.
identificándose al instrumento músico, lo completaba
. .
.
aplaudida ópera La bmja, ha terminado otra titulada CleopaTomás Guillermo Keonard, uno de los más sabios mgemey embellecía.

IV
Seis meses más tarde y en la humilde casa frente
á la cual había vibrado la guitarra en serenata, nutrida de ternura, celebrábase una boda.
Los novios realizaron sus anhelos y, como la noche de la profesión, los cantares iban acompañados
por las sonoras cuerdas.
Entretanto, las campanas del convento vecino tocaban á muerto por la monja á quien hace referencia
este relato.
Murió, pues, y extinguióse con ella el misterio de
su vida.
¿Fué dichosa? ¿Fué infortunada?
Media docena de árboles y un trozo de firmamento bastan para la satisfacción del espíritu. Con ambos factores se sueña y se goza, y la divagación nos
esclaviza y nos conduce á mundos inaccesibles para
nuestras débiles fuerzas.
El problema subsiste en tal punto. Si la monja había limitado sus penas á tan placentero cuadro, nada
pudo apetecer.
En el caso contrario... ¡Desgraciada!
AUGUSTO JEREZ PERCHET

Bellas Artes. - En París se está colocando actualmente
en el jardín del Louvre la estatua ecuestre de Velázquez modelada por Fremiet, el cual ha representado al inmortal pintor á
caballo, con espada y sombrero con plumas, ceñido por corona
de laurel y empuñando en la diestra el tiento, actitud á nuestro
entender más teatral que verdadera. .
- Con destino al Museo de Ginebra ha siclo cÓmprada en
75.000 francos una estatua de Trajano, en mármol de Paros,
procedente ele los alrededores de la antigua Ostia.
- La herencia art!stica de Godofreclo Semper ha sido entregada en parte al gobierno sajón con destino á la Academia de
Dresde y en parte al Museo Semper creado en Zurich, habiendo correspondido al primero I. 200 dibujos y 476 al segundo.
- L_a Unión de Artistas y Aficionadas, de Berlín, que desde
hace t11:mpo constituye, por su escuela de dibujo y pintura, un
centro importante de estudio de las bellas artes para la mujer, se
ha construido un edificio propio, cuyo coste asciende á 250.000
p~seta~, que conti~ne, además de varios locales para el Liceo
V1ctona, una porción de magníficos talleres y un hermoso sa·
Ión para exposiciones.
- El_ compositor francés Veronge de la Nur está escribiendo
la partitura para una ópera Los Labdácidas, cuyo libreto ofrece
la par.ticularidad de estar escrito en prosa. Este libreto, tomado de la tragedia Edipo, de Sófocles, es obra del mismo autor
ele la música.
- En Vicenza (Italia\ se ha inaugurado un monumento erigido á la memoria del poeta Jacobo Zanella, obra del escultor
Carlos Spazzi.
-Trátase de celebrar en Brujas el cuarto centenario de la
muerte de Hans Memling, á cual propósito, además ele la organización de un cortejo histórico que represente todas las glorias artlsticas ele aquella ciudad, se verificará una Exposición
general ele las obras de tan eximio pintor.

tra, cuyo libreto ha tomado el joven poeta Einan Cristiansen
de una novela del escritor danés Rider Haygard.
Barcelona. - La iglesia de Santa Ana y el hermoso claustro
contiguo á ella acaban de ser restaurados de una manera inte•
ligente y acabada, bajo la inmediata dirección del arquitecto
Sr. Villar. No es costumbre, hasta ahora no lo fué al menos
entre nosotros, la realización de trabajos parecidos. Felizmente,
de algún tiempo á esta parte se han dado algunos ejemplos, lo
que demuestra, con la elocuencia de los hechos, el desarrollo
progresivo de la cultura y buen sentido artisticos en nuestra
ciudad.
Refiriéndonos al que nos ocupa, debemos decir que merece
los más lisonjeros plácemes la restauración escrupulosa de que
así el claustro como la iglesia han sido objeto, restituyendo
á esas construcciones su primitivo aspecto, sobrio y severo,
pero bello en su conjunto y los más insignificantes detalles.
SaMn de 11.La Vanguardia.» - Las acuarelas originales de
Daniel Perea, que reproducidas en cromo-litograffa acaba de
publicar D. Hermenegildo Miralles, formando un álbum ti·
tulaclo A los loros, llaman la atención del público en este local. Ninguno mejor que el popular artista madrileño sabe repro·
&lt;lucir con dibujo más suelto y espontáneo, ni con mayores co·
nocimientos tlcnicos, las peripecias de una corrida en tocios sus
detalles y aspectos, por lo que debe consider:lrsele como una
verdadera especialidad en su género.

ros ingleses, entre cuyas principales obras se cuentan el magnifico viaducto ele Crumlin (País de Gales) y varios puentes so·
bre el Ebro, sobre el Tajo y sobre el Tibcr.

Teatros. - En Hamburgo se ha representado en alemán,
con buen éxito, la comedia francesa de Feydeau y Desvallie·
res, Champi~rol malgrl lui.
- En Celle (Alemania) se ha estrenado un drama en tres
actos, de Juan de Basedof, titulado Ante el tribunal, que ha
causado gran impresión en el público y ha tenido un éxito
completo.
•
- En el teatro alemán de Praga se ha cantaclo con gran
aplauso la ópera Boabdil del compositor húngaro l\foszkowski,
estrenada en Viena durante la última temporada.
- Varias asociaciones de Viena han sometido á la consideración de la intendencia del teatro de la Corte y á la dirección
del teatro Popular Alemán, de aquella ciudad, un proyecto
por todo extremo laudable, cual es el de que tocios los jueves
por la taEde se den en aquellos coliseos representaciones gratuitas para los estudiantes de la Univerdad y del Instituto, poniéndose en escena las obras más notables de los clásicos alemanes y las mejores comedias populares. El municipio de Viena subvencionaría á dichos teatros abonándoles los gastos que
las representaciones ocasionaran.
- En el teatro Real de Berlín se estrenará en breve una
Ópera en un acto, titulada Mara, letra ele Arel Delmar y n,úsica de Fernando Hummel.
- En el teatro de la Corte ele Stuttgart se ha representado
por vez primera en alemán la ópera ele Verdi Falstaff, con asistencia de gran número ele directores de escena y compositores
extranjeros, habiendo sido entusiastamente aplaudida la última
partitura del fecundo y genial maestro.
- La ópera de Puccini Mauon Lescaut ha siclo representada
en Lucca con gran éxito.
París. - Se han estrenado con aplauso: en la Opera Cómica,
dos óperas cómicas en un acto, Le diner de Pierrot, de L.
Hers, cuya música agrada por lo sencilla y melodiosa, y Madame Rose, de A. Banés, que ha escrito una partitura agradable
con alegres couplets, sentidas romanzas y piezas de conjunto
bien compuestas; y en el Odeón, un drama en cuatro actos,
Frederique, de A. Gene:és, obra de las llamadas de tesis, en la
que se trata el problema de si una hija ele una mujer galante,
sustraída desde niña á la influencia de su madre y educada cuidadosamente, puede escapar á la ley de herencia y ser una
mujer honrada: el autor lo resuelve afirmativamente.
Áfadrid. - Han inaugurado la temporada de 1893 y 1894 los
teatros de la Comedia y Lara: en el primero la excelente compañia del Sr. Mario ha reproducido el hermoso y aplaudidísimo
drama de IFelfu y Codina La Dolores; en el segundo, donde
actúa la notable compañía ele los Sres. Rosell y Ruiz de Arana, se ha estrenado con buen éxito una divertida pieza en un
acto, Jugar por tabla, de Zamora y Caballero.
Barcelona. - En el Principal se han puesto en escena, entre

Tipos de visitantes de la Exposición universal de Ohicago, dibujos de A. Oastaigne -Aunque

El eminente novelista Emilio Zola. - El insigne
autor de los Rougon /11acq11art ha conseguido en Londres un
nuevo y gran triunfo por el ,Jiscurso pronunciado en el Con·
greso de periodistas recientemente celebrado en la capital inglesa sobre el tema El a11ó11i1110 en la prema. Emilio Zola ha
sido festejado con gran entusiasmo por la Asociación de literatos y periodistas ingleses, que han rendido el debido tributo
de admiración al que con razón llaman apóstol de la literatura
de fines del presente siglo y profeta, cuyo genio brillará todavía en el mundo literario cuando se hayan extinguido ya otras
estrellas que hoy se consideran de primera magnitud.

sacados á luz con motivo de la llamada Feria del Mundo, bien
puede afirmarse que los cinco tipos admirablemente apuntados
por A. Castaigne son cosmopolitas, y pueden, con muy ligeras
variantes, encontrarse dondequiera que se ofrece al publico un
espectáculo que se salga de los limites de lo ordinario. l\liren
nuestros lectores los cinco dibujos que reproclucimos, y digan si
el tipo del papanatas, del lugareño, del indiferente, del difícil
de contentar y del que todo lo admira no les son conocidos; y
si, com0 es seguro, los conocen, podrán apreciar cuán acertadamente ha sabido estudiarlos y darles forma el habilísimo artista.

La lección interrumpida, cuadro de L. Alvarez. - Poco aficionado á reproducir en el lienzo escenas contemporáneas, el notable pintor español Sr. Alvarez busca por
regla general asuntos para sus cuadros en los pasados tiempos,
y ora se inspira en personajes ó tipos históricos de otras eda·
des, como en La silla de Felipe II } El seilor feudal, ora en
las costumbres de nuestros abuelos, como en Una visita de pt!·
same y las Bodas del duque de Frías, cuadros tocl.os estos que
con otros varios ele tan celebrado artista han podido admirar
los suscriptores de LA I LUSTRACIÓN ARTISTI CA. Al último ele
los indicados géneros pertenece La lección i11te1-nm,pida, obra
de correcta y elegante factura, cuyos dos personajes constituyen
un grupo encantador por lo admirablemente que el pintor ha
sabido expresar sus afectos.,y cuyos accesorios justifican el buen
gusto del Sr. Alvarez y su maestría desde el punto de vista ele
la técnica.

El zurcidor de alfombras, pastel de Gilbert,
grabado de Rabeuf. - En una exposición recientemente
celehracla en Londres por la Sociedad internacional de graba·
dores en madera ha obtenido el primer premio el grabado de
Rabeuf que reproducimos, y á poco que nos fijemos en él com·
prenderemo~ que el Jurado ha procedido con gran justicia,
pues en realidad la obra del célebre grabador francés merece
ser cali~cada ele maestra en su género y demuestra el grado ele
perfección que ha 3lcanzado en nuestros tiempos la xilografía,
qu~ si un día fué inferior al gral,ano en metales, hoy le supera
ba¡o to?os conceptos, as! por su dulzura y delicadeza como por
la ?clelidad con que reproduce el espíritu y la int enci6n del dibu¡o. En cuanto al pastel de Gilbert, de que es copia el grabado ~e Rabeuf, no se sab~ qué admirar más en él, si la figura del
zurcidor, llena de expresión y de vida, ó las piezas de alfom ·
bra en que tr~baja y que revelan en su disposición total, en
sus menores pliegues y en sus dibujos la mano ele un artista
consumado que concibe con amplitud y detalla con sin igual
maestria.

•
NúMERO

615

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

659

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
PO~ Plrn~o M~El,. = lLUSTRACIQNES DE ALFREDO PARIS
(CO.NTl.NUACJÓN)

No era necesario más para despertar la suspicacia
Aquel documento era un diploma de doctor en habiendo más hombres, no tocarían tan á menudo
del comandante respecto de los malos propósitos que ciencias librado por una Universidad alemana al las guardias.
Quedó convenido que las guardias serían de dos
pudiera abrigar el alemán. Una casualidad provid_en- Sr. Her:nann Schnecker, natural de Krenigsberg, cuhoras exceptuando durante los días de gran frío.
Entonces los hombres velarían solamente una hora
y de dos en dos.
Una noche, el marinero canadiense Gaoudoux que·
1
dó espantado por u,na ~xtraña ap~ri~ión.
,
El cielo estaba ltmp1do y las tm1eblas no deb1an
durar más que un par de horas; pero desde que hubo
desaparecido el sol del horizonte, la luna no dejó pasar sus rayos sino á través de una de esas heladas
nieblas que los ingleses llamanfrost rime, que no se
levantan á más de veinte metros sobre el suelo.
Aquella misma niebla se volvía invisible cuando
cada una de las moléculas de aire helado se convertía en una fente de inconmensurable poder para
agrandar los objetos.
Gaoudoux, de pie en la popa, paseaba á su alrededor una mirada distraída, pues no había que temer
por entonces nada de los hielos exteriores, que no es·
taban soldados y que eran poco gruesos. El comandante había impuesto aquellas guardias de noche para acostumbrar á los tripulantes á los rudos servicios
del invierno.
Aquella guardia era, pues, de ·pura precaución, ya
que no había que temer riesgos del exterior y que la
Estrella Polar se hallaba perfectamente abrigada por
los acantilados de la Rada Larga.
¡Cuál no sería, pues, el terror y la sorpresa del ma·
rinero al ver que surgía del campo de hielo la silueta
de un gigante de proporciones apocalípticas!
El terror sobrecogió á Gaoudoux y le dejó parali·
z1do por un momento.
El ser que veía era sobrenatural á no dudarlo, pues
ten(a á lo menos seis metros de altura. La luna lo d ibujaba claramente sobre el fondo obscuro de la
bruma.
El marino, alarmado, lanzó un grito, al cual el teniente Hardy se apresuró á contestar.
Bastó á éste una sola mirada para comprender que
la fantástica aparición no era sino un efecto de óptica producido por la refracción de los rayos á través
de la bruma.
Pero al mismo tiempo, y por otro motivo, el oficial
concibió cierta inquietud.
¿Quién era aquel hombre que corría á tal hora sobre el campo de hielo?
Cogió la bocina y llamó al misterioso fantasma,
que, en vez de contestar, pareció querer sustraerse á
la atención de que era objeto, y pudo verse cómo decrecía su espectro hasta que se perdió entre la trama
espesa de la niebla.
El teniente se armó de un sable y de un revólver, y
seguido de dos marineros, también armadps, se lat1zó
en persecución del fugitivo.
.
Este, dejando que sus perseguidores se extraviaran
siguiendo una pista falsa, y ocultándose entre los
témpanos y arrastrándose materialmente, llegó al buque, donde penetró por la proa. Allí, empujando sin
El ser que vela era sobrenatural, á no dudarlo, pues tenia á lo menos seis metros ele altura
ruido una de las escotillas, ganó el departamento de
los oficiales y cerró la puerta tras de sí.
Durante aquel tiempo Hardy y sus compañeros
cía! había dado consistencia á sus propias sospechas, ya filiación, muy detallada, no dejaba ninguna duda buscaban en vano entre el hielo. A bordo el incideny se propuso saber lo que había en el fondo de aquel acerca de la autenticidad del personaje.
te era ya conocido y todos habían subido sobre cuasunto.
Aquel descubrimiento había producido en el co- bierta esperando la vuelta del teniente. El comanCuando marcharon Isabel y Huberto en busca del mandante Lacrosse una penosa impresión.
dante Lacrosse no había dado importancia á ello y
Sr. de Keralio, Schnecker se había ofrecido con inEl hombre que se había hecho recomendar á Ke· se había contentado con decir:
sistencia para acompañarles. Bernardo Lacrosse se ralio por muchas notabilidades de Francia é Inglate- ¡Bah, todavía están fuera los Sres. Lesieur, Schnehabía opuesto á ello invocando una razón muy plau- rra, que se había alistado entre los miembros de la cker y un marinero que han ido á hacer observasible.
expedición en calidad de alsaciano, había usurpado ciones al Norte de la rada. Uno de ellos es indu- Sr. Schnecker, había dicho, vuestra presencia es a~uel título: Era un alemán, ó mejor dicho, un pru- dablemente el que hemos advertido, y la distancia,
indispensable entre nosotros. Sólo vos podéis reem- siano.
demasiado grande, no le habrá dejado oir nuestroplazar al Sr. d'Ermont y vuestra contrata como quíEl capitán Lacrosse se propuso esclarecer aquel llamamiento.
mico me obliga á deciros que permanezcáis á bordo. misterio.
Lo que parecía confirmar aquella opinión fué que el
Era una fórmula cortés por medio de la cual el coNo tardó en presentarse ocasión favorable.
fenómeno se renovó á la vuelta de Hardy y de los
mandante expresaba su voluntad.
La Estrella Polar había empezado sus trabajos de dos marineros. No se vió un soío gigante, sino tres.
Dos días antes, Bernardo Lacrosse, pasando su invernada, y desde 1.0 de agosto el capitán puso en
El comandante Lacrosse los llamó con la bocina.
revista de costumbre por el barco, había visto entre- vigor el reglamento ordinario de invierno. En lugar
- ¿Sois vos, Hardy?, preguntó.
abierta la puerta del laboratorio químico. Movido de levantar una casa, se vivía á bordo, lo que ofrecía
- Sí, somos nosotros, contestó la voz clara y dispor un impulso de curiosidad, había penetrado allí y ventajas desde el punto de vista del gasto de com- tinta del teniente.
encontrado, entre diversos instrumentos, una hoja de bustible.
Cuando llegaron éstos á bordo, no habiendo en·
pergamino doblada, que abrió sin pensar que come·
Se lograba además con ello que no resultara tan contrado á nadie, fué preciso confesarse que si la
tía una indiscreción.
pesado el servicio de vigilancia de noche y día, pues aparición se había desvanecido, no era á causa de no

,.

¡

�660

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

615
NúMERO

haber oído la voz, pues á una distancia superior, el
oficial y sus dos compañeros habían percibido claramente las menores vibraciones de las palabras del
comandante Lacrosse.
Este no demostró la turbación que aquel descubrí·
miento le causaba. Para combatir la especie de terror
supersticioso que aquel acontecimiento había hecho
nacer, mandó distribuir una ración de aguardiente, y
á pesar de que el frío era intenso redobló las precauciones de vigilancia haciendo montar dobles guardias
sobre cubierta.
Después de lo cual bajó de nuevo á su camarote
para descansar.
Hacía apenas un cuarto de hora que estaba allí,
cuando llamó su atención un ruido singular y continuo que ·parecía venir de la bodega y semejante al
silbido que lanza un gas cuando se escapa por una
espita.
Lacrosse, que ya estaba acostado, se levantó con
sobresalto y escuchó. Más y más alarmado, abandonó
su camarote y corrió hacia las máquinas, donde estaba instalado el gasómetro con su caldera de dilatación. Pensaba que quizá alguno de los maquinistas
utilizaba la caldera para algún servicio particular.
Muy pronto vió que no había nada de aquello. Ni
el vapor rugía en las calderas, ni los fuegos estaban
encendidos, pues sola¡nente ardían dos horas cada
día á fin de que el hielo no estropeara los recipientes y tubos.
La calefacción se hacía por medio de carbón, como de costumbre, pues Schnecker, de acuerdo con
los oficiales, había creído conveniente reservar el hidrógeno para la época de los grandes fríos.
¿De dónde procedía, pues, aquel rumor insólito?
Sin demostrar su aprensión, que venía corroborada
por los incidentes anteriores, el comandante llamó á
Hardy y le dijo lacónicamente:
- ¡Escuchad!
El teniente escuchó y percibió aquel extraño ruido.
Los dos oficiales volvieron hacia sus cámaras,
cuando un incidente insignificante les indicó la pista
verdadera.
De repente Hardy tropezó á consecuencia de haberse enredado el pie en la alfombra que cubría el
suelo. Se enderezó, mascullando una maldición, y encendió una lámpara para reconocer la causa del tropiezo.
Entonces advirtieron que la alfombra estaba levantada y que debajo de ella, una trampa que daba acceso á l;i cala, estaba mal cerrada.
Era evidente que alguien la había abierto y que
quizá estaba todavía allí dentro. Una sospecha acudió al comandante, que dijo á su compañero:
- Hardy, ¿queréis llamar á dos hombres? Haremos que bajen ahí.
¿Comprendió Hardy la intención del capitán? El
caso es que en seguida llamó á los marineros y les
indicó que penetraran por la escotilla.
Los dos marinos, obedeciendo lo que se les mandaba, se deslizaron sin ruido por la estrecha abertura, y saltando en silencio por sobre los fardos que allí
se amontonaban, se esforzaron á través de las tinieblas en llegar hasta el centro del navío, donde se
abría la gran escotilla cuadrada de carga y descarga.
Alií, el ruido que había despertado las sospechas
del comandante se oía más fuerte; era un silbido continuo y penetrante, acerca del cual no tuvieron ninguna duda.
- Es el gas que se escapa, murmuró Gaoudoux al
oído de su compañero.
Este, en vez de contestar, le dijo:
-¿Oyes?
- Sí, parece que mueven las cajas de metal.
Y el ruido se repitió, patentizando que alguien andaba hacia proa.
Gaoudoux buscaba las cerillas que tenía en el bolsillo, cuando su compañero le dijo:
- ¿Quieres que vuele el buque?
El otro comprendió, quedando helado de espanto.
Entonces, sin importarles ya nada el ruido que
pudieran hacer, se lanzaron, tapándose la boca con
un pañuelo, pues la atmósfera se llenaba de gases deletéreos, en pos del que andaba por allí. Sus ojos,
acostumbrados á la obscuridad, advirtieron una sombra que trataba de ocultarse.
Entonces, seguros ya de que tenían que habérse•
las con un hombre y no con una sombra, los dos marineros corrieron en seguimiento del misterioso y peligroso investigadoi;.
En tanto que Gaoudoux, comprendiendo la inminencia del peligro, corría hacia el tubo del cual se
escapaba el gas y cerraba la espita, cesando entonces
el rui1o, su compañero perseguía al intruso.
Cuando ya extendía la mano 'para cogerlo, se escurrió entre él y la pared y huyó por el mismo camino por donde vinieron los marinos.

Estos siguieron la caza sabiendo que sólo había
abierta la salida donde les esperaban el comandante
y el teniente, los cuales no dejarían escapar al desconocido.
. Esto fué lo que sucedió.
Al oir rumor de pasos precipitados, los dos oficiales, comprendiéndose con una mirada, cerraron la
trampa y dejaron que el intruso saliera por allí como
las figuras de las cajas de resorte.
No tuvieron que esperar mucho.
Dos manos se pusieron sobre los bordes de la es·
cotilla y luego apareció una cabeza. Finalmente un
hombre salió del agujero con el traje manchado de
polvo y de alquitrán y el rostro azulado por un principio de asfixia. Antes que hubiese podido alcanzar
la puerta, Hardy y Lacrosse le cogieron, impidiéndole
toda resistencia.
El comandante de la Estrella Polar no pronunció
una sola palabra. Lo que había sucedido lo tenía
previsto desde hacía mucho tiempo. Pero el teniente Hardy, que no sospechaba, no pudo por menos
que lanzar una exclamación de sorpresa:
- ¡Cómo! ¿Sois vos, Sr. Schnecker? ¿Qué diantre
hacíais abajo?
El químico estaba desconcertado, pero la excla·
mación del teniente le volvió su presencia de ánimo.
Trató de echar la cosa á broma, y prorrumpiendo
en risa, dijo:
- ¡Pardiez! ¡Señores, podéis alabaros de haberme
hecho pasar un miedo atroz!
- ¿Por qué ... miedo?, repitió Hardy más y más
extrañado.
El comandante Lacrosse intervino bruscamente.
- ¿Qué hacíais en la cala á esta hora, Sr. Sechnecker?, preguntó con rudeza.
El químico había tenido tiempo de preparar su defensa y contestó:
- Había bajado para cerrar la espita de uno ó dos
tubos de hidrógeno, de los que había oído que se
escapaba el gas hace un instante.
La excusa era plausible; la conducta del químico
quedaba explicada. Había oído antes que el mismo
Lacrosse el ruido del gas y no había vacilado en bajar
á la cala para salvar á la tripulación de una muerte
horrorosa. Si esto era verdad, no debían hacérsele
cargos, sino tributársele elogios.
El comandante Lacrosse se sintió un instante muy
perplejo, pues no sabía qué conducta seguir ni qué
actitud guardar delante de aquel hombre injustamente sospechoso.
Pero en aquel mismo momento Gaoudoux y su camarada salían de la escotilla.
Al verlos el alemán cambió de color y su rostro se
contrajo. Todos observaron entonces aquel inexplicable cambio de expresión; pero entre ellos había tres
que no sabían de lo que se trataba, y por lo tanto,
miraban alternativamente á su comandante y á Schnecker, sin comprender nada de lo que pasaba.
Lacrosse indicó con un signo á Gaoudoux que contestara él, y con voz bronca formuló esta pregunta:
- ¿Qué habéis observado en la cala?
La respuesta de los dos marineros fué idéntica y
espontánea. Habían oído ruido y visto moverse una
sombra. En tanto que Gaoudoux cerraba el tubo de
gas, su c_ompañero perseguía al desconocido, y éste
resultaba ser el químico Schenecker.
Pero al mismo tiempo los dos parecieron confusos
del resultado obtenido.
Era visible que ninguna sospecha sentían por su
parte de aquel personaje y que ni siquiera les habría
ocurrido pensar nunca que pudiera ser un traidor.
El comandante Lacrosse comprendió que las pruebas morales que poseía no eran sino presunciones,
sin que tuviera pruebas materiales.
Entonces le vinieron más que nunca á la memoria
las palabras y sospechas de Huberto, y creyendo
leer en la fisonomía del alemán signos de alegría y
triunfo, despidió á los marineros.
Dirigiéndose á Gaoudoux le dijo:
- Quédate aquí cerca. A la primera palabra entra.
Luego, deteniendo con un gesto al teniente, que se
disponía á salir:
- Quedaos, Hardy, dijo; os necesito.
Su tono revestía tal gravedad que por tercera vez
se turbó el químico.
El comandante le había señalado una silla rogándole que se sentara.
La conversación que siguió fué breve, pero tremenda.
Bernardo Lacrosse fué derecho al bulto. Empezóasí:
- Sr. Schnecker, podéis consideraros dichoso de
que no os mande fusilar ahora mismo; pero tengo interés en deciros que sólo es cuestión de tiempo el
hacerlo.
Había pronunciado aquellas palabras mirando al
químico con mirada firme, clara y fría como una ho-

ja de acero. El químico se puso lívido, y el teniente
Hardy se estremeció y palideció también. Diálogo
por tal modo empezado no prometía acabar bien. Sin
embargo, el joven oficial no se apresuró á juzgará su
jefe.
Bernardo Lacrosse, conservando su calma, prosiguió:
- Vuestra declaración contiene una contradicción
manifiesta. Acabáis de decir hace un momento que
habéis bajado á la bodega para cerrar los tubos de
los cuales se escapaba gas, y mis dos marineros acaban de decirme que esos tubos estaban todavía abiertos. Además, habéis buído al aproximarse ellos, y esto
prueba que no eran buenas vuestras intenciones. A
decir verdad, debo añadir que hace tiempo os vigilo
y que tengo mis razones para obrar así. De vuestra
respuesta va á depender la opinión que formaré de
vos definitivamente.
El miserable había reaccionado todavía contra la
sorpresa de aquella declaración. Miró con descaro al
comandante y contestó cruzándose de brazos:
- Sois el amo á bordo, caballero; interrogad, pues.
Lacrosse se volvió hacia el teniente y dijo:
- Hardy, sois el único testigo de esta escena, pero
sois hombre de honor y buen francés. Vuestro testimonio me basta. ¿Queréis servirme de secretario por
un momento?
El comandante no podía haber hecho mejor elección, puesto que Hardy era un modelo de honor y
de lealtad.
Tomó una pluma y papel, y transcribió el corto interrogatorio que sigue:
- Sr. Schnecker, estáis inscrito á bordo en calidad
de químico de la expedición. Haced el favor de decirnos vuestro nombre y títulos·.
- Que no quede por eso, gruñó el alemán. Me
llamo Hermann Schnecker, he nacido en Mulhouse y
he hecho mi carrera en la Universidad de París.
- ¿Tenéis algún diploma de los vuestros aquí?
- No. Los he dejado en París, ya que no me pareció necesario traérmelos. Por otra parte, los servicios que he prestado á la expedición son las más segurás garantías de mi ciencia.
Lacrosse no pudo contener un movimiento brusco.
- No se trata aquí de vuestra ciencia, dijo. Si reclamo vuestros títulos es con otro objeto. ¿Podéis enseñármelos, sí ó no?
- No; os repito que los he dejado en mi casa de
París.
- En este caso no extrañéis que basta nueva orden, yo, por mi parte, crea que sois Hermann Schnecker, súbdito alemán, nacido en Koenigsberg, doctor
por la Universidad de Dresde.
El golpe era rudo. El químico, muy pálido, se levantó queriendo protestar.
- He aquí la prueba de lo que digo, añadió el comandante de la Estrella Polar, enseñando al teniente Hardy el documento encontrado por él en el laboratorio.
- Caballero, exclamó Schnecker, esto es un abuso
inicuo de poder.
Lacrosse, impasible, replicó:
-Acabáis de reconocer hace un momento que soy
el amo á bordo. En consecuencia, y aun cuando ignoro los motivos que han podido incitaros á ello, os
a~uso de haber atentado á la seguridad de la tripulación y al buen éxito de la expedición, echando á perder nuestra reserva de hidrógeno líquido. No quiero
decidir de vuestra suerte antes de la vuelta del señor
de Keralio, q~e es el jefe de la expedición; pero desde ahora decido que quedéis arrestado en vuestro
cuar,t? b~jo la vigilancia de un marinero, y que no
salga1s smo por orden mía ó de algún oficial de la
Estrella Polar.
Y dejando que el traidor protestara cuanto quisiera, el comandante llamó con la bocina.
Un minuto después, entregaba á Gaoudoux un revólver cargado, é indicándole al químico, dijo:
- Vas á conducir al señor á su camarote· que no
salga de allí á no ser por orden mía. Y si h¡ce cualquier tentativa de rebelión ó de violencia, mátalo. ¡Vé!
El alemán salió con los dientes apretados, y cerrad~s los puños, echando al impasible canadiense una
mirada de furiosa cólera y de odio implacable.
XI
EMPAREDADOS

A través del campo de hielo, cada día más compact?, Isabel y Huberto, j~nto con sus compañeros,
segman entretanto su cammo en pos de los viajeros
que no volvían.
La llanura erizada de témpanos enormes se extendía muda y desolada ante su paso, dificultando su

615

marcha. Empezaban á sufrir cruelmente y les asaltaban súbitos desfallecimientos. Pero haciendo un esfuerzo para no demostrarlos, guardaban todos silencio, y aquel silencio era más elocuente que una queja.
Diez veces ya, desde su salida del navío, habían sufrido la violencia de terribles borrascas; y el camino
se alargaba en su sombría monotonía, y el cielo,

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

y Scbnecker no se habían engañado. No, no habían
sido juguetes de una alucinación. Habían visto con
sus propios ojos aquella muralla paleocrística, aquel
muro virgen del cual el polo se ceñía para rechazar
las tentativas atrevidas de los mortales. Tal como
aparecía entonces, confirmaba lo que de él habían
dicho sus primeros descubridores.

Ocultándose entre los témpanos y arrastrándose materialmente, llegó al buque, donde penetró por la proa

siempre gris, parecía un sudario inmenso que envolviera la tierra.
Nada anunciaba la proximidad de aquel muro de
hielo que d'Ermont y Schnecker no pudieron salvar
con ayuda de su globo. ¿Había cambiado de sitio, se
había disgregado, ó era sólo una alucinación que habían tenido los dos hombres, víctimas del vértigo de
los hielos?
Aquella pregunta flotaba continuamente en el ánimo de Isabel, y á pesar de la energía sobrehumana
que la sostenía, no podía por menos de sentir honda
desesperación. Acababan ya los últimos días de agosto, y no se había logrado más que durante los primeros.
Bruscamente, en la mañana del 26, los viajeros
tuvieron una sorpresa.
Acababan de tomar la altura de aquel punto: 87°,
44'. El firmamento, envuelto en espesa bruma, les
pareció, sin embargo, más claro y más alto que de
costumbre. El viento, muy fuerte durante la noche,
había cesado, y una calma insólita, inexplicahle, reinaba en la atmósfera. Al propio tiempo, y por uno
de esos caprichos extraños, á los cuales ya todo el
mundo se había acostumbrado, el mercurio subía
dentro de su tubo de cristal, que en aquel momento
sólo marcaba 12 grados bajo cero.
De repente, sin que nada dejara presentir tal cam·
bio, la cortina de vapores se rasgó de alto á abajo.
El sol, que no había brillado desde hacía una semana, apareció espléndido y sus destellos tiñeron de
oro la superficie del pack. Los hielos azulados fulguraron parecidos á gigantescos diamantes, y de un
extremo á otro de la helada llanura todo irradió luz,
todo brilló despidiendo claridad incomparable.
Isabel no pudo contener un grito de admiración.
- ¡Qué hermoso es! ¡Qué hermoso!, repitió muchas veces.
Sus ojos, un momento deslumbrados, se acostumbraron á la magnificencia del espectáculo. Los exploradores podían medir con su vista toda la extensión
del campo que pisaban. A menos de una milla, el
hielo, cortado á pico, dejaba sitio á una extensión de
agua azul, tornasolada de oro, que le formaba como
una especie de franja, sobre la cual resaltaba más la
blancura inmaculada del pack.
- ¡El mar!, exclamó Isabel. ¡El mar libre, enteramente libre!
Al oir aquel grito, acudió Huberto d'Ermont, se·
guido de los demás viajeros.
Era efectivamente el mar, una masa tan líquida,
tan movida, que viéndola nadie hubiera imaginado
que pudiese hallarse en aquella latitud.
- ¡Sí, el mar, exclamó Huberto; pero después del
mar el cinturón de hielo!
Y mostraba con su índice el horizonte.
Allí aparecía otra línea blanca que no podía confundirse de ninguna manera con el firmamento, pues
en aquella hora, y rechazando los rayos del sol, brillaba con tal intensidad, que la mirada no podía
fijarse en ella.
Los viajeros sabían á qué atenerse. No, d'Ermont

Ante aquel aspecto, todos los ánimos se reanimaron, y abandonando l9s trineos y el campamento, se
lanzaron hacia las orillas de aquel océano misterioso
que, bajo aquella claridad deslumbradora, les pare·
cía ser efecto de un espejismo.
Pronto lo hubieron alcanzado, y después de recorrer dos kilómetros, hundían sus manos en el agua
helada, que les parecía más templada, después de
sentir requemada su piel por aquellas temperaturas
verdaderamente insoportables.
¡Ay! Sólo fué una alegría momentánea, pues el temor acababa de renacer.
No habiendo encontrado al Sr. de Keralio en el
trayecto que acababan de recorrer, ¿cómo era posible
tsperar alcanzarlo después? ¿No estaban ya en los
mismos límites del globo?
Una tristeza horrible se apoderó de todos, llenándole:; de angustia, y fué también Isabel la que primera reaccionó.
Se dirigió á sus compañeros:·
- Señores, dijo, me parece cierto esta vez que mi
padre y sus dos compañeros han realizado su proyecto y han coronado triunfalmente su tentativa.
Huberto la miró sorprendido.
- ¿En qué os fundáis para hablar así?, preguntó.
- Es muy sencillo. Estamos junto al mar libre y
tenemos ante nosotros la muralla de hielo que no
habéis podido salvar en globo el Sr. Schecker ni vos.
¿No se ha llevado mi padre el barco submarino?
-Todo es exacto; pero no comprendo dónde que·
réis ir á parar.
- Veamos, continuó Isabel. ¿No indica esto que
la expedición submarina ha sido feliz? A no ser por
eso, á falta de los viajeros que buscamos hallaríamos
por lo menos el barco submarino.
- Es verdad, dijeron sus compañeros rindiéndose
á la evidencia.
·
Sin embargo, Huberto pensó que aquello podía
probar que los viajeros se habían sumergido bajo !as
olas para probar de pasar bajo el muro· de hielo permanente; pero que nada indicaba que hubiesen vuelto.
Se esforzó para alejar de su ánimo aquellas previsiones dolorosas, y asintiendo á las palabras de su prima dió la orden de levantar la tienda en el punto á
que se había llegado á fin de estar allí el mayor tiempo posible en espera de los viajeros.
Entretanto se visitarían los alrededores y se estu·
diaria la configuración de aquellos raros parajes.
Aquel plan fué adoptado y se siguió al pie de la
letra.
La jornada del 27 fué tan hermosa como la anterior, pero el termómetro marcó 20° bajo cero. El
primer cuidado de los viajeros fué correr hacia la orilla para ver el estado del mar.
Las olas se movían libremente y ni la menor cristalización empañaba la superficie. El estupor de Huberto fué muy grande viendo que á quince pies de
profundidad, el termómetro subía hasta 4. 0 , temperatura normal del agua.
El mar del polo no sufría, pues, la acción del hielo de los alrededores

661
Entonces, más que nunca, los viajeros sintieron el
deseo de salvar aquella barrera de hielos y penetrar
en el polo misterioso que latía detrás de la formidable muralla de icebergs.
Emprendieron de nuevo la marcha, pero circularmente esta vez, siguiendo una paralela al Océano paleocrístico. En todas partes vieron las mismas grietas
que poco á poco habían sido desgastadas en sus bordes por la acción de las aguas. Aquí y allá el pack,
de un espesor que variaba entre 12 y r 8 metros, se
hallaba hendido por grietas estrechas que se podían
saltar á pies juntos. Pero desde luego se veía que bajo la acción de las tempestades del Sud podía aquella masa dislocarse en témpanos enormes y dejar paso entre sus vastos canales para la marcha del gran
navío.
Nares tenía, pues, razón desde su punto de vista y
Lockvood también, afirmando el primero que el mar
libre es un mito, y asegurando el segundo, después de
su viaje de 1883, que había visto el mar libre azotando
las costas septentrionales de la Groenlandia.
Resumiendo la impresión de todos, Huberto d'Ermont pensó que la acción del frío, variando con los
años y con las estaciones, debía ejercerse sobre todos
los puntos del Océano, y que la zona libre que estaba
ante ellos debía su inmunidad á alguna corriente caliente que pasaba bajo el mismo polo.
No había que vacilar. Huberto dió la orden debotar al mar una chalupa y se embarcó en compañía
del teniente Poi. Izaron las velas y se dejaron llevar
por una brisa sudoeste.
Eran las diez de la mañana cuando partieron, y á
las once de la noche estaban de vuelta, cuando el sol
se hundía en el horizonte Sud. Habían recorrido 16
millas antes de alcanzar los acantilados de hielo.
Allí su curiosidad había sido despertada muy pronto pcr lo raro de aquellos acantilados que les parecieron más bien colocados sobre un zócalo de granito que inmergidos en el Océano. Pronto salieron de
dudas.
El enorme muro paleocrístico no tenía ningún
contacto con el agua; reposaba sobre una especie de
acantilado de granito que se hundía en las profundidades del mar. Esta observación la hicieron atravesando, merced á un bote, el brazo de mar que les separaba de aquel muro, y echando la sonda se vió que
á 225 brazas no se encontraba fondo todavía.
Desde entonces todo quedaba explicado. La masa
oceánica que separa el polo de las tierras más cercanas, rueda en volutas prodigiosas de aguas templadas por una corriente subterránea ó por la acción
latente de un foco de ignición desconocido. El frío
no ejerce acción sobre ella en aquellos niveles, y solamente la superficie sensible á la temperatura exterior sufre la influencia de los grandes descensos termométricos.
D'Ermont y Pol dedujeron de ello que el polo debía hallarse en una gran isla enteramente cubierta de
hielo. Era preciso renunciar por entonces á llegar
hasta él, puesto que la barrera de monstruosos carámbanos no contenía ninguna grieta ni asperidad
que facilitara el paso ni siquiera el escalamiento.
Cuando volvieron encontraron á los demás hombres desesperados.
Había sobrevenido un incidente de la mayor im•
portancia.
La señorita de Keralio había desaparecigo.
Guerbraz, profundamente conmovido, explicó á
Huberto cuanto sucediera.
Cuando partió la chalupa para ir á explorar la
muralla de hielo, los hombres restantes habían marchado hacia el Este. Habían llegado sin dificultad
hasta el sitio en que los témpanos se multiplican con
una frecuencia sólo comparable á la que tienen los
montículos de tierra pulverizada que denuncian la
frecuencia de hormigueros. Algunos de estos montícu-

los tenían una altura extraordinaria llegando hasta
20 ó 30 metros de elevación. Se habían salvado algunos y los exploradores iban á volver ya fatigados al
sitio de partida, cuando de repente Guerbraz encontró una botella que yacía sobre el hielo.·
( Contimtará)

�•
L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SECCIÓN CIENTfFICA

NÚMERO

LA TERMOGÉNESIS DE LOS ANIMALES INVERNANTES

En el congreso recientemente celebrado en Besanzón por la Asociación francesa para el progreso de
Los Estados Unidos son, que sepámos, la única las ciencias, M. Rafael Dubois, profesor de ,la Fapotencia marítima que ha botado al agua un buque cultad de Lyón, ha dado cuenta de sus interesantes
exclusivamente de espolón: este buque, que es el que estudios sobre la termogénesis de los animale·s inver-

UN BUQUE DE GUERRA AMERICANO CON ESPOLÓN

Fig. r. El Katahdin, buque de guerra americano con es,1olún

reproduce la figura 1, se llama Katahdm,_nombre de
la montaña más alta del Estado del Mame. El Katahdin es un acorazado con dos hélices que, aparte
del espolón, no lleva otras armas que cuatro cañones de tiro rápido para defenderse de los ataques de
los torpedos: tiene 75 metros de eslora y u'45 de
manga en la línea de flotación, y su desplazamiento,
cuando va enteramente cargado, es de 2. 15 5 toneladas.
Su cubierta, en forma de concha de tortuga, se
compone de planchas de acero de 1 5 centímetros de
grueso.
Lo más singular de este buque es la forma de la
parte de él que va dentro del agua, que por delante y
por detrás es plana y cuyas paredes, como indica la
fig. 3, son marcadamente inclinadas.
El casco del buque es naturalmente doble y el espacio intermedio está dividido por medio de paredes
transversales en un gran número de celdas impermeables.
Lo que más dificulta~es ha ofrecido en la con~trucción del buque ha sido, como se comprendera,
el espolón cuya sección longitudinal representa la
fig. 2 El ;spolón es de acero colado y está unido al
casco del buque de tal manera que la sacudida causada por el choque que ha de producir se distribuye
por todo el barco: este choque, dada la velocidad de
x7 nudos por hora que tiene el buque, equivale a) de
un martinete de vapor de 2 .000 toneladas moviéndose con igual velocidad.
Como fuerza impulsiva lleva el buque dos máquinas de triple expansión con una fuerza total de 4.800
caballos.
El Scientijic American, de donde tomamos los anteriores datos no dice cuál es el objeto de las dos
especies de chimeneas que se alzan detrás de la chimenea principal.
Los hombres peritos en materias navales no podrán menos de extrañar probablemente que los Estados Unidos hayan construído un buque de esla
clase, pues el espolón es ~n arma de dos filos que
puede volverse contra el mismo que la usa: en efecto,
si inmediatamente después de haber clavado el espo-

nantes, que demuestran la importancia de la fisiología comparada en el estudio de la calorificación animal. Una marmota puede, en dos ó tres horas, elevar la temperatura de su cuerpo 30 ó más grados,
gracias á una acción nerviosa refleja cuyo punto de
partida está en el tubo digestivo y en los órganos ordinarios cuando el despertar es espontáneo. Merced
á numerosas vivisecciones practicadas en marmotas
dormidas, M. Dubois ha podido reconocer los trayectos centrípeto y centrífugo y los centros en donde
se produce el reflejo calorfgeno.
La excitación centrípeta recorre la medula por los
cordones posteriores; pero si se practica una sección
completa de la medula. al nivel de la primera vérte-

-

~

--=

Fig. 3. Sección vertical de1 Katahdi11

bra dorsal, se dificulta muchísimo la calorificación
automática, que se imposibilita en absoluto si la sección se hace al nivel de la cuarta vértebra cervical, á
partir de la cual todas las secciones completas del eje
cerebro-espinal producen el mismo efecto. Lo propio
sucede cuando se practica por el método de Goltz,
es decir, con un chorro de agua, la destrucción de
las capas corticales de los hemisferios cerebrales, en
cual caso el animal no pueqe calentarse automáticamente, se olvida de producir calor, como los mamíferos y las aves se olvidan de alimentarse y de moverse si se les priva de la substancia gris de los hemisferios.
·
La vía descendente del reflejo calorificador está
en el eje gris de la medula y en el sistema gran simpático: la extirpación de los ganglios semilunares dificulta la calefacción modificando el funcionamiento
de los órganos glandulares viscerales y especialmente
el del hígado, órgano que M. Dubois considera como
foco principal donde se produce el calor destinado á
ser luego distribuído en el organismo por medio de
la sangre. Mediante exploraciones directas hechas
con el termómetro y las agujas termo-eléctricas y mediante ligaduras, ora de los vasos que llevan la san- gre al hígado, ora de los que la recogen de éste, M.
Dubois demuestra claramente el papel calorificador
que desempeña la glándula hepática, papel que en los
demás mamíferos es muy difícil evidenciar. La llegada de sangre más .caliente al corazón aumenta la actividad del músculo cardíaco cuyos latidos se aceleran porque'.funciona como un músculo termosistáltico.
M. Dubois prueba experimentalmente que se ha
Fig. :&gt;.. Sección longitucinal del espolón del Aatahdin
atribuído al mecanismo respiratorio un papel demasiado importante en la generación del calórico: en
Ión no retrocede rápidamente el buque que lo clava, efecto, si se corta fa medula de una marmota dormicomo es muy posible, corre peligro el agresor de hun- da al nivel de la cuarta vértebra cervical ó del bulbo,
dirse en el mar con el agredido.
es imposible elevar la temperatura del animal por
medio de la respiración artiñcial, por muy acelerada
(Del Prometheus)
que ésta sea.

L1 tonicidad muscular, que algunos suponen Jde
acción muy importante en la prod~cción del ca ?r
animal no interviene en ésta, al decir de M. Dubo1s,
sino d~ una manera accesoria. En una marmota muy
amodorrada todos los músculos flexores se encuentran en un estado de semi-contracción, lo que hace
que el animal esté hecho una bola durante el sueño
invernal, y sin embargo, su temperatura no ~xcede
más que en algunas décimas de 1~ del med1? _ambiente. Además, la poca importancia de la tonicidad
muscular en la calorificación animal puede demostrarse por medio de un experimento de resultado i~discutible: si se le corta á un conejo la medula al nivel de la cuarta vértebra cervical, se enfría rápidamente porque se encuentra en un estado análogo al
del invernante, y sin embargo, la tonicidad muscular
es exagerada y aun á veces hay verdaderas contracciones musculares. Si en otro conejo se suprime completamente la tonicidad muscular destruyendo la medula desde la cuarta vértebra cervical hasta su parte
terminal, el animal se enfría como el anterior y aun
algo menos de prisa. Este resultado no depende en
manera alguna de que uno de los animales irradie
menos calor que el otro, sino de que ni uno ni otro
producen calor bastante para luchar contra el enfriamiento, y esto puede demostrarse introduciendo á los
conejos, objeto del experimento, en el calorímetro
diferencial de d' Arsonval.
M. Dubois rechaza también la teoría del calentamiento por el calofrío: cierto que se producen contracciones fibrilares en algunos músculos de la marmota que está en vías de calentamiento automático,
pero esas contraciones son efecto y no causa del
mismo. Los calofríos musculares se presentan muy
marcados en los músculos maseterinos, muy desarrollados _en la marmota, pero se les puede hacer cesar
inmediatamente en un lado comprimiendo la carótida correspondiente: en este caso continúan en el
lado opuesto. En los animales recién muertos pueden
provoca~se estos calofríos musculares inyectando aceite caliente en la carótida 6 aplicando sobre el músculo una ampolleta de cristal llena de agua caliente.
Esas consideraciones y otras muchas que sería
largo exponer, mueven á M. Dubois á deducir que el
calor animal en el estado estático, es principalmente
de origen glandular, que el hígado es el órgano termógeno y que se equivocan los que atribuyen al calofrío y á la tonicidad muscular un papel importante
en el calentamiento 6 en la lucha contra el enfriamiento.
M. Dubois añade que el calor que se produce durante el trabajo muscular no debe ser considerado
como una pérdida de energía comparable con la que
resulta del roce en las máquinas: la elevación de la
temperatura del músculo es uoa necesidad de su funcionamiento, como lo prueba el hecho de que no
puede funcionar en cuanto este calor le falta.
Estos experimentos ingeniosos modifican notablemente las ideas admitidas sobre el origen y el papel
del calor, aclaran mucho algunos puntos de la termogenesia animal y hacen dar un gran paso á esa
cuestión fisiológica que tantos atractivos ofrece al
hombre de ciencia y que ha sido objeto de tantas
controversias.
(De La Natu1·e)

A. MENEGAUX

El profesor E. Gray acaba de inventar un instrumento al cual ha dado este nombre.
Hemos visto el aparato funcionando en en las oficinas que la compañía fabricante tiene en Nueva
York. Es una verdadera maravilla por la exactitud
con que el receptor reproduce automátíca y simultáneamente todas las letras, rayas y signos que traza
el lápiz sobre el papel. Se han hecho ya ensayos con
un circuito de 40 millas de longitud y el resultado ha
sido completamente satisfactorio.
Sentimos ho poder hacer una descripción del me•
canismo interior del aparato, porque el privilegio de
examinarlo nos fué negado, lo mismo que á todos
los demás qué manifestaron ese deseo: diremos sólo
que es una especie de teléfono ó telégrafo que en vez
de la palabra hablada ó signos convencionales transmite á grande distancia el autógrafo de cualquiera
persona con todos sus puntos, sus comas, rayas ó diseño de una casa ó cualquiera otro trabajo de pluma.
Decimos con igual facil.idad, dando á entender que
el aparato hace lo mismo la transmisión de lo uno que
de lo otro; mas para transmitir un retrato ó un diseño
precisa desde luego que la persona que haga la transmisión sepa dibujar, reproduciendo con un estilete
en una hoja de papel la figura que se le ponga de
modelo.

ARTÍSTICA

La estructura del telautógrafo es
Los impulsos eléctricos que vienen
muy sencilla. Se compone de un trans ·
por el alambre de la línea hacen que
misor y de un receptor y cualquier
la pluma del receptor siga todos los
cosa que se escribe en el primero se
movimientos que la mano del remitenreproduce automáticamente en el se·
te imprime al lápiz con que escribe á
gundo.
varias millas de distancia.
Signos arbitrarios, dibujos, diagraLa pluma, al pasar sobre el papel,
mas, m'1meros, tablas numéricas y nova dejando un rastro de tinta que no
tas taquigrafiadas, todo se transmite lo
es sino el facsímile de la palabra del
mismo.
dibujo trazado por el lápiz.
El que hace la transmisión se queEl telautógrafo tiene sobre el telégrada con una copia y el receptor recibe
fo la ventaja de que lo puede usar
un duplicado exacto de ella.
cualquiera sin haber hecho los estudios
El transmisor es un estilete de pizaespeciales que necesita el telegrafista;
rra ó un lápiz ordinario que tiene cersobre el teléfono tiene la de que no neca de la punta dos hilos de seda atados
cesita que haya una persona que esté
de modo que forman un ángulo recto.
siempre pendiente de responder á la
Las otras dos puntas de los hilos están
llamada, sino que el mensaje queda
unidas al aparato, siguen los movimienescrito en letra clara y legible sobre el
tos del lápiz y regulan el impulso de la
papel del receptor y puede leerse á
corriente que gobierna el lápiz automá- Bajo relieve del Monumento de la Victoria que publicamos en la pág. 664, obra de Lormier
cualquier hora del mismo día ó varios
tico que está colocado en la estación
días después.
que forma el otro extremo de la línea.
La rapidez con que se mandan los
Se usa papel ordinario de cinco pulgadas de ancho manera continua, en el transmisor. Un tubo de vi- mensajes depende de la rapidez con que escribe la
'puesto en la máquina en forma de rollo.
drio capilar puesto en la unión que forman dos bra- persona que lo usa. El promedio es de 20 á 30 palaA la izquierda del papel hay una palanquita que zos de aluminio constituye la pluma receptora, la bras por minuto.
se mueve á mano y hace que se vaya desenro- cual se moja con la tinta que baja por un tubo de
llando para que avance poco á poco, pero de una goma colocado en uno de estos brazos.
(De la I lustración Norteamericana)
Las casas extr anjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse parainformes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartín
núm 61, P arís.- Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Ca.lvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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ARRUGAS PRECOCES

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Bronquitis, Asma, etc,

Ea,ül'ICl■llltl •• la San1n.

Aprobadu por

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LECHE ANTEFtL
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de ""'1º91·ta
· l de AfeccionesdalCorazon,
contra las diversas
•
'-' .,¡
Hydropeslas,
Ja
Toses nerviosas;

PE PARIS

110 Utnbea11 en purgarse, cuando lo
11ecesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, con&amp;ra l o que sucede con
los dema11 purgan&amp;e11, este no obra bien
JWJo cuando se toma con buenos alimen&amp;os
y bebida,lortilicantes, cual el vino, el cattJ,
el &amp;d. Cada cual escoge, para pruy¡arae, la
hora y la comida que mas le convienen,
sevnn m, ocupacfone,. Como el caasaa
c10 que la purga ocasiona queda comple&amp;amenfe anulado porel efecco de la
buena alimentacion empleada,uno
,e deci de f.ilcilmente 4 volver
4 empe.ar cuan&amp;as veces
sea necesario.

GRANO DE LINO TARIN ,T&amp;
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LA I LUSTRACIÓN

N ú!'lfERO 615

615

V E NTA .. OR MENOR.-EN TOPAS LAS f'ARMACIAlil

v

DROQUERIA8

♦

DICCIONARIO ENC1CLOPEDICO

GARGANTA
VOZ y BOCA
PASTILLAS DE DETHAN
llel,omeodadu contra 101 llhlea de II Garganta,

Ezttncionea de la Voz, Inflamaotonea de la
Boca, Efeotoe pernioi~
del Keroarlo, lri•
iaoton 5Ue produce el Tabaoo, y ll)eCiallll9llte
A los Snn PREDICADOR.ES .&amp;BOG.u&gt;OS,
fllOFESORES y CANTOI\ES para facilitar la
emloion de la 'YOS.-PHCIIO • 12 Raillll.
B~r 1ft d 8 rotalo 11 /tNIIII
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ENFERMEDADES

ESTOMAGO
PASTILLAS y POLVOS
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.,__

• BISIIUTBO J IIAGNISIA

nooumendado1 contra Ju Abooionea del J:at6.
mago, Falta de .l.pettto, D lgeatlODN laborloeu, .1.oecUu, VómJtoa, Era:otoe, y Cól1009•
relJlllar!zan laa Funoion• del Eatómano ~
de loa IDteat.lnoa.
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Ellllr•tlret11t

a,,.. ft /. ,ArAIO
PQ

.&amp;.dJa. DETIUM,F~aUoo •

HISPANO-AMERICANO

1t1t.9ADES deJ E8 ro~

Edid6n profusamente ilustrada con mllea de pequellos grabados interéalado1 en el texto y tirados

\ ...,~

apa.rtc, que reproducen las diferentes especies de íos reinos animal, vegetal y minera.1; los instrumentos
y aparatos aphcados recientemente 4. las ciencias, agricultura, artes t industnas; s:etratos de los personajes que mis se han distingnido en todos Jos ramos del saber huma.no; planos de ciudades; mapas
geogr,l,ficos coloridos; copias exactas de los cuadros y demAs obras de ane
dlebres de todas las
épocas

mu

"14110

--n---

Pepsina Boudault

MONTA NEA Y S I MON, ~CITORES

.&amp;probada por la füDtll! DE I EDICIU

CARNE HIERRO y QUINA

El Alimento

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MÓdatla1 en lá1 Expo1IG!onu lote'rnaotonale, de

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1867

EL HIERRO

BBAVAIS

tuen:u 6 ln!unele a 1&amp; All&amp;re
1 y eleacolortcla : el Yfqor, la Co/Qracw,t 1 la 8Mrq'4
empol&gt;recida
tntlJl.

repmenta exactamente el hierro
contenido en la economía. Eiperimentado por los principales médicos del
mundo, pasa inmediatamente en la
aangre, no ocasiona esLreftimiento, no
fatiga el estómago, no ennegrece los
dientes. Timem mnte golas II e&amp;d1 co■ida.
lxijase la Yerdadera Marca.

Por ••vor, e11 Paria, en casa de 1. FERRÉ,Farmacenlieo, tOI, me Richeliea, Sucesor 4e !ROUD.

Porl1¡or: 40 742,r, st-Lazare, Paria,

Cl.&amp;an, 111E11ao y_ ttJ1111.&amp;1 Oles años de ex11o conUnuado y tas aflrmact0ne1 de
todas tas emlnenciu médí~s preub&amp;n que esta IIOCl&amp;Clon ele I&amp; «Janu,, el Hierro y la
oonaUtuye el reparaclor maa enerlrtco que se conoce para curar : la C/Qrdlú, la
111tm'4, las Jlnut~ do/Qrola,, el Jlmpol)f'ectmfento 11&amp; _.lttracú&gt;n 4e la Sangre,
el RCl(Jutt"mo, las _.feaw,¡,u u cro(Uw,a, 1 u cor.bUtlcal, etc. El , ·1ao ll'errast■Ho ele

••laa

.&amp;rou• es, en erecto, el linlco que reune lodo lo que
re¡uJ~~ coordena y aumenta constderablemen~ las

ent.ona y !ortalece loa organos

D VSNI&gt;I BN TOD4S U.S PafflCIPü.118 BOTICAS

,.EXIJASE 11:°~ 1 AROUD

De Venta en todas las Farmacias.

lffi

l8'l3

1876

181'8

j zno ffl LU
DISPEPSIAS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
DIOESTIOlt LENTAS Y PE-NOSAS
FALTA DE APETITO
•• I ICPLl l 001' IL IU ,TOI.

1' OTaoa l&gt;IIOIDINH DI Li. DIGIITIOJI'

BAJO LA FORMA DE

ELIXIR, · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
POLVOS. de PEPSINA BOUDAULT
P.&amp;BIS, Pbarmaaie COLLAS, 1; me Daopbine
Y '" la, pri1tc(paZ.1 farmacia,,

�LA

N ú MERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el enemigo se retira en masa al pueblo ~-e
H ondschoote. Situado contra el Gran Moer
y en el camino de Furnes, este pueblo era
uno de los puntos por donde se debla pasar
al retirarse sobre Fumes. H ouchard había
renunciado á la idea esencial de maniobrar
hacia Fumes, entre el cuerpo de sitio y el
de observación y por lo tanto no le quedaba
más recurso q~e atacar siempre de frente al
mariscal F reytag, cayendo sobre el pud1lo
de Hondschoote. El día 7 se pas6 observando las posiciones del enemigo, defendidas
por una considerable .a~tilleria, y el 8 s: re·
solvió el ataque dec1s1vo. Por la manana
avanza el ejército francés sobre toda la línea
para atacar de frente; el ala derecha, á las
órdenes de Hedouville, se extiende entre Ki·
llem y Reveren; el centro, mandado por
Jourdán, marcha directamente desde Killem
sobre Hondschoote, y la izquierda ataca en·
tre Killem y el canal de Fumes. La acción
se empeña en los sotos que cubrían el centro,
y de una parte y otra se dirige la mayor par·
te de las fuerzas á este mismo punto. Los
franceses vuelven varias veces al ataque de
las posiciones, y al fin se hacen dueños de
ellas; mientras triunfan en el centro, los
atrincheramientos son tomados en la dere·
cha y el enemigo se resuelve á retirarse sobre
Fumes por los caminos de Houthem y de
Roghestade.&gt;
&gt;Mientras ocurrían estos sucesos en Honds·
choote, la guarnición de Dunkerque, conducida por Roche, hada una salida vigorosa,
poniendo á los sitiadores en el mayor peligro.
Al día siguiente del combate celebraron éstos
un consejo de guerra, y reconociendo que es·
taban amenazados por detrás, y en vista de
que no llegaban los armamentos que debían
servir para bombardear la plaza, resolvieron
levantar el sitio y retirarse á Fumes, donde
acababa de llegar Freytng, reuniéndose allí
todos en la noche del 9 de septiembre. Tales
fueron aquellas tres jornadas, que tuvieron
por objeto y resultado replegar el cuerpo de
observación á retaguardia del de sitio, siguiendo una marcha directa. El último com·
bate dió su nombre á esta operación, y la
batalla de Hondschoote fué considerada co·
rno la salvación de Dunkerque. &gt;
El monumento que reproducimos consiste
en una esbelta columna asentada sobre bello
pedestal y coronada por la estatua de la Vic·
toria con las alas desplegadas, que empuña
con una mano la espada y con otra una corona: en el pedestal hay algunos hermosos bajos relieves, uno de los cuales publicamos en
la pág. 663. El conjunto de esta obra del célebre Lorm ier es severo y majestuo~o.

EL MONUMENTO DE LA VICTORI A
recientemente inaugttmdo en D1mkerq11e
El día ro de septiembre último inaugur6se en Dunkerque un monumento que los habitantes de aquella ciudad designan con el
nombre de monumento de la Victoria y que
está destinado á perpetuar el recuerdo de la
heroica defensa contra los ingleses que al
mando del duque de York pusieron sitio á
la plaza en 1793.
He aquí algunos párrafos referentes á este
hecho memorable que tomamos de la Histo·
ria de la Revolución francesa de M. Thiers:
«Mientras que Houchard apresuraba sus
preparativos, Dunkerque oponía una vigorosa resistencia: el general Souham, secunda·
do por el joven Roche, que se condujo en
aquel sitio de una manera heroica, había re·
chazado ya varios ataques. Los sitiadores no
podían abrir fácilmente la trinchera en un
terreno arenoso, en cuyo fondo se encontraba el agua á sólo tres pies de profundidad.

.1

... ... .. .. . ..

&gt;Hablan llegado los últimos dias de agosto, y según el uso de la antigua táctica, Hou ·
chard comenzó por una demostración sobre
Menln, que sólo condujo á un combate sangriento é inútil. Después de haber dado esta
alarma prelimimar, avanzó siguiendo varios
caminos hacia la linea del !ser, pequeña co·
rriente que le separaba del cuerpo de observación de F reytag.
·
&gt;Freytag habla dispuesto su cuerpo de
ejército en una linea bastante extensa, y sólo
tenia una parte de él á su alrededor cuando
recibió el primer choque de Houchard. Resistió en H erseele; pero después de un combate bastante reñido, vióse precisado á repasar el !ser, replegándose sobre Bambeke, y
después á Rexpoede y Killem.

. .. ' . .

&gt;Freytag quiere entonces marchar aquel
.mismo dia hacia adelante y recobrar á Rexpoede, á fin de unirse con la división de Wal·
moden. Llega á dicho punto en el momento
en que entraban los franceses; trábase un reñido combate, y F reytag cae herido y prisionero. Sin embargo,' declinaba ya el dia; Houchard, temiendo un ataque nocturno, se retira fuera de la ciudad, y sólo deja en ella
tres batallones. Walmoden, que se replegaba con su· división comprometida, llega en
aquel momento, y resuelve atacar vivamente
á Rexpoede, á fin de abrirse paso; empéñase
una sangrienta lucha en medio de la noche;
el camino queda expedito y F reytag libre, y

'

MEDICAC1011 ANALGZSICA '

it Soluci2n
1
®"omprimidos t
i EXAÍGINA:
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JAQUECAS
COREA

Cit

6
6
6

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•

MONUMENTO DE L A VI CTORIA recientemente inaugurado en Dunkerque
en conmemoración del sitio sufrido por aquella ciudad en 1793. Obra de Lormier

Jarabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Desde hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los médicos para la curacion de las qastritis, g"-{ltraljias, dolores
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615

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deroso cierintivo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

'

0

PATE EPILATOIRE DUSSER

destruye basta las RAICEB el VELLO del ros.tro de 111 damas (Barba, Btrott etc.), 111
ningun peli!fo para el cutlJ. SO 4.ños de Íl:itlto, y millart1 de te1Um0Dlo1garanthan la eftcada
de esta preparacion. (Se Tende en o•J••• pm la barba, y en 1/2 ••Ju'J.m el bigote llrero). Para
!01 brazoa, emplúaeel /!JLJ. f'OBE, DUSIH!CR, t,ruo ,,J,•Bouuea11, Parta.

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DB MONTANBI. Y SIMÓN

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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