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Ftí~t1ea
A~o XII

_ _ _ _ _ _ _.,_

BARCELONA 16 DE OCTUBRE DE 1893

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DUQUE ALEJO

NÚM. 616

.. ~',

,

'

EL GRAN

.,. _ _ __ _ __

'

.

A LEJANDROV IT CH

Almirante general, gran maestre de la marina rusa

EL ALMIRANTE AVELANE

Comandante en jefe de la escuadra

EL CAPITÁN DE NAVÍO TCHOUKHNI:,E

Comandante del Pamiat Azova

Los jefes de la escuadra rusa que se encuentra actualmente en el puerto de Tol6n

�LA

Texto. - Verdades y !mentiras, por R. Balsa de la Vega. fa11la de oro (novela rápida), por Alejandro Larrubiera. El arte en T11rquía, por John P. Peters. - Miscelá11ea. f!uestros grabados. - Una francesa en elpolo Norte (continua·
c1ón) por Pedro Mael, con ilustraciones de Alfredo París SKCCION CIENTÍFICA: Los faros flotantes. - La combustión
si1Nim110. - Libros enviados á esta Redacción por autores ó
editores.
Grabados. -E/gran d11que Alejo Aleja11drovitch, el a/mi·
rante Avelane y el capitán de navío Tcho11kh11ine, jefes de la
escuadra rusa que se encuentra actualmente en el puerto de
Tolón. - La carta, cuadro de Jan van Beers. - Retrato de Maria Anto11ieta, pintado por la señora Vigée-Lebrun. - El pintor y arqueólogo turco Hamdy Bey. - El kiosco Chilini en
Comtanti11opla; Sarcófago griego; Sarcófago sirio-griego; El
sarcófago de Alejandro descubierto en Sidón, existentes en el
Museo imperial de Constantinopla. -Las dos novias, ~uadro
de José Weiser. -La boda del torero, cuadro de Salvador
Viniegra. - Fig. 1. Almuerzo en el observatorio del faro flotante Rtf.)'tingm. - Fig. 2. El faro flotante R11ytingm. - San·
ta Teresa de .fesrls, cuadro de Eugenio Gimeno Regnier.

VERDADES Y MENTIRAS
Verdades y mentiras titulo esta sección, en la cual
hace tiempo que vengo exponiendo cuantas de las
primeras y de las segundas creo encontrar en el análisis que mensualmente hago en estas columnas de
las ideas estéticas y de las manifestaciones artísticas
modernas. No sé si cuadrará el título de esta sección
á lo que hoy quiero decir; pero si acaso los asiduos
lectores de LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA encontraran que, en efecto, no se compaginan gran cosa el citado epígrafe y lo que por virtud de una especial y
momentánea disposición de mi animo, poco afecto
ciertamente á pasearse por los espacios infinitos de
la fantasía, voy á escribir, desde luego les suplico un
total perdón por el engaño, pues á sabiendas lo come·
to. Por lo tanto, diré lo que el autor de El Diablo
Mundo á sus lectores con motivo de su Canto d Te-.
resa: «Sáltelo el que no quiera leerlo.»

*

* *
Descendí del ómnibus frente á la cátedra abulense,
sería cosa de las diez escasas de la noche. Desapare·
ció el incómodo vehículo por una de las estrechas y
solitarias calles, y al perderse á lo lejos los ecos últi·
mos del gemir de la destartalada diligencia y·de los
cascabeles de los caballos, el silencio se hizo y me
envolvió cual si fuese impalpable sudario.
En el hueco de la puerta del hotel quedé absorto
y como aturdido mirando cómo se perdían en las ne·
gruras del tormentoso cielo las rectas y duras líneas
de la catedral y de las casas solariegas que la rodean.
En mis oídos todavía vibraban, martillándome el cráneo,· los mil ruidos y voces discordantes sin ilación
alguna que ponen fiebre en el alma y en el cuerpo,
en estas capitales modernas, cuando el tañido ronco
de una campana tocando á cubrefuego, cual si fuese
la violenta bocanada de viento huracanado que arrebata las hojas y descaaja la arboleda, así limpió mi
cerebro de confusiones y mis atormentados oídos de
fenómenos acústicos. Medí entonces ·1a grandeza del
solitario reposo en que vive Avila, y á la memoria
me vinieron aquellos versos del Tasso que comienzan:
Ecco fra le tempesteé i fieri venti ...

pues si azarosa fué la vida del autor de L' Aminta,
como la de ca_si todos los grandes poetas y artistas
de aquellos tiempos, no lo es menos la del hijo del
siglo que tiene por campo de su actividad los centros
de la vida de este último tercio de la centuria actual.
Del vértigo pasé en un momento al reposo absoluto. Los muros de las casas repetían el gólpe seco
y rápido de mis.pasos. Recorrí la ciudad de los Ca·
bal/eros en una hora, sin que en el decurso de ella
encontrase una persona. Unicarnente, allá, bajo los
soportales del Mercado grande, la vista de alguno
que otro paseante hacía desvanecerse la idea de que
Avíla estuviera desierta.

Con un cinturón de piedra se rodea la ciudad de
Avila, como si de este modo pretendiera aislarse del
vital aliento de la vida moderna, que para ella fué
aliento mortal. Y así aislada, Avila tiene el encanto
melancólico, más que melancólico, doloroso, con que
se ofrecen á la contemplación del historiador, del
poeta ó del artista, las grandezas que fueron.

1Lus1'RActóN ARrfsrtcA

Recorriendo sus calles, á cada paso se produce en
el ánimo esa sensación triste de que hablo. Ya es la
catedral, por Quadrado adjetivada de belicosa, por su
guerrera arquitectura, y bajo cuyas bóvedas se casó
Juan II de Castilla, y le fué impuesto el hábito de
Santiago al célebre favorito D. Alvaro de Luna, y se
reunieron en distintas ocasiones, ya los nobles que
habían de realizar aquel acto de rebeldía contra Enrique IV - por la historia conocido por la farsa de
Avila, - ya los comuneros cuyas cabezas debían rodar
en ominoso patíbulo; bien la casa-fuente de los Dávilas, con sus blasones esculpidos en granito, ostentando divisas dictadas por el orgullo del poderío alcanzado por sus nobles poseedores; ora la basílica
de San Vicente, levantada, seg·ún tradición, en el
mismo lugar qué el mártir y sus santas hermanas
regaron con su sangre, - basílica que recuerda á Fernando el Santo; - ·bien la formidable puerta del Alcázar, con sus dos cubos de berroqueña y sus no me·
nos formidables matacanes y barbacana; ó la calle
de Pedro Ddvila, ostentando la imponente, severa y
elegante mole de casa solariega llamada de Medinaceli, con su almenada torre; ora el Palacio Polentinos, cuyos puerta y claustro son de exquisito gusto
del italiano renacimiento.
Pero cuando la sensación dolorosa que evoca la
vista de tanto poderío ya desaparecido llega á dominar por completo al visitante, es cuando éste atraviesa las solitarias calles por la noche, á la luz de la
luna. Los edificios desmochados parecen reconstruirse; y si por acaso ve cómo se abre la puerta de alguna vivienda y se desliza á lo largo de la calle y por
la sombra al que acaba de abandonar aquella casa,
perdiéndole de vista al cabo, envuelto en las tinieblas, creyérase todavía en días en que, repleta Avila
de magnates tan levantiscos como enamorados, estaba en el apogeo de su esplendor. La realidad viene
al fin á desvanecer impíamente tan soberano sueño
de artista; y lo desvanece del modo más trágico, más
terrible que imaginarse puede, del mismo modo que
á D. Félix de Montemar sus ansias de enamorado,
mostrándole de la tapada dama la espantosa mueca
de la calavera que aquél soñaba celestial belleza. El
más ligero ruido se le figura al nocturno visitante
crujir de celosía por donde quizás asome la faz la
mujer siempre vista en sueños; y al alzar los ojos pa·
ra columbrarle el rostro, solamente mira los anchos
ventanales, al trav.és de los que se advierte el centellear de las estrellas, y como inundándolos la luna
semejan los ojos sin luz del ciego vueltos al cielo en
un momento de amargura; y aun se creyera á la grieta que del alféizar baja á perderse en el espeso muro
lágrima allí cristalizada.

Para templar las grandes exaltaciones nerviosas,
esos desequilibrios constantes que acometen cuerpo
y espíritu y que al cabo suelen, más á menudo de lo
que creen las gentes, llevar á quien los sufren al manicomio ó al limbo de la imbecilidad y de continuo
á la más desconsoladora de las indiferencias, mal este último de que adolece la generación actual, es un
sedante, un lenitivo la contemplación de ciudades
que, como Avila, á las bellezas artísticas de otros siglos, por otras ideas y sentimientos creadas, une la
mística quietud, el reposo que va aparejado á la resignación y al respetuoso cariño, al recuerdo de glorias, si desvanecidas para siempre, no por eso menos
grandes ni menos honrosas.
Cada edificio, cada estatua, cada almena, cada calle, cada iglesia trae á la memoria hechos, cosas y
personas que significan en la historia política, religiosa, social é intelectual y artística de la patria un paso dado hacia adelante, el jalón de las nuevas insti·
tuciones jurídicas, la iniciación de un nuevo estado
político, la idea de nuevos derechos que columbraron genios ignorados unos, reverenciados otros, combatidos los más. Contemplando ciudades como Avila se advierte cómo llega hasta el fondo del alma brisa consoladora de fe, cómo aquélla se eleva hasta las
regiones donde solamente dominan las fuerzas morales é intelectivas, y cómo acalladas las pasiones que
se despiertan en la lucha diaria por la vida, no por
las ideas, se revela nuestro ser inteligente con relieve
salientfsimo, tocado por las altas virtudes que emanan exclusivamente del yo moral.
Si el creyente se anega en abstracciones del dog·
ma y con fervor cristiano admira extático aquellas
pintadas vidrieras de la catedral, y discurre con religioso recogimiento bajo las altas y ojivales bóvedas,
y siente escalofríos de entusiasmo al escuchar la salmodia litúrgica que repercute en los más obscuros
y apartados ángulos del templo, y se postra de hinojos ante el sepulcro de San Vicente que guarda la románica basílica en honor del mártir elevada, y cree

NúMERO

616

escuchar cómo tañen sus arpas y laúdes los bienaventurados cuando el órgano lanza sus notas, aquel
á quien las creencias religiosas no alcanzaron á dominar lo suficiente para obligarle á hincar la rodilla
ante el santo, ante el sepulcro del mártir, ante la
cruz, no con menos fervor, no con menos entusiasmo y sintiendo también el escalofrío de .lD sublime,
admira, ya las pintadas vidrieras donde en mística
composiciórr reprodujeron los artífices y artistas de
la Edad media y de comienzos del Renacimiento escenas piadosas, ya las altas y elegantes bóvedas que
cruzan sutiles y complicados nervios de piedra, bien
la iconíctica portada de San Vicente, bien la imagen
de San Segundo ó el místico y sombrío carácter de
las románicas iglesias que guarda dentro de sus ciclópeos muros la adusta y solitaria Avila.
Para el que, exento de fe católica y buscando tregua en la lucha diaria, va á ciudades como la de los
Caballeros, con el propósito de espaciar el ánimo,
apartándole momentáneamente del vigilante cuidado
á que está sujeto en esta guerra sin término, donde
no se guerrea con espada y á pecho descubierto y por
abrir paso á grandes ideas, sino con puñal y defendido el estómago con la coraza del egoísmo, es indudable que encontrará en los recuerdos que de otros
siglos existen en aquéllas, motivo sin cuento para que
espíritu é inteligencia, sentimiento y fantasía, remonten el vuelo á las regiones serenas de la Historia, de
la Filosofía, del Arte de la ciencia misma, abarcando
en conjunto el concepto moral de las sociedades cultas. Para el que cree, para el que mira en la lucerna
circular del templo románico ó en sus estrechos ajimeces ó en los agudos ventanales de la iglesia gótica, el ojo parpadeante y temeroso de los profetas, y
allá en el parteluz del pórtico, la severa imagen de
Cristo ó del Eterno, estas ciudades tienen el encanto
de la fascinación.

***
Bellas son las estatuas orantes y yacentes que guardan las iglesias de Avila; pero de las primeras tres no
acertara á decir cuál es la mejor; de las segundas no
hay disputa en declarar soberana á la del príncipe
D. Juan, hijo de los Reyes Católicos, y existente en
la suntuosa iglesia del convento de Santo Tomás, extramuros de la ciudad.
En el mismo templo que el hermano de Juana la
Loca duerme el sueño de la muerte un hombre un
fraile, á quien defienden y censur~n todavía las gentes con ardor; pero he de significar, sin embargo, que
sus mismos hermanos de religión, acaso pretendiendo
tender un espeso velo sobre la memoria del fraile de
que hablo, y quizás pensando en que algún día pueda quedar olvidada su sepultura, taparon con gruesa
tarima la lápida que cubre los huesos del primer inquisidor general, de Torquemada.
Tras la capilla mayor de la catedral hállase el enterramiento del célebre Tostado. De riquísimo ala~astro y de más rica y exquisita talla es el retablo que
sirve de fondo á la sedente estatua del sabio pacientísimo obispo escritor. No sé á punto fijo quién fué
el artista que trazó y esculpió esta obra preciosa que
tanto se parece en lineas y buen gusto á los altares de
San Segundo y Santa Lucía, existentes también en la
catedral, y al ·famoso retablo de alabastro, como los
citados, que es adorno insustituible de la sacristía.
Para mí tengo que los escultores que esculpieron la
efigie del Tostado y los altos y bajos relieves de los
retablos dichos, ó no eran españoles, ó si lo eran habíanse venido de Italia sin parar mientes en ningún
otro arte. Aún recuerdo la figura de un Profeta y un
medallón con tres cabezas de mujer, partes, medallón
y figura del altar de la sacristía, que parecen modelados por discípulos de Miguel Angel y de Rafael. Sobre
todas una de las femeniles testas del medallón parece copia de la cabeza de la Virgen por el de Urbino
pintada en La P erla. Por lo demás, estas obras de
arte del Renacimiento tienen bien poco de místicas.
Pero volviendo á las estatuas sepulcrales, la orante
de San Segundo, ?bra del famoso Berruguete, es verdaderamente admirable. Aparte ya de la amplitud un
tanto b~rroca, pero _de majestuosísima línea y de
traza bnosa, del conJunto de la estatua del moví.
.
'
miento ma1estuoso de toda ella, la cabeza del Santo
no creo que pueda e~culpirse hoy, que tanto se habla
y se vocea el naturalismo.
Y si esta estatua es una de las obras maestras del
egregio discípulo de Miguel Angel, y tal admiración
me causó, las de los esposos Velasques, ampliadores
del templo ,d~l convento de San José, primero que
fundó la m1stica doctora de Avila Santa Teresa, por
su carácter, por su traza, por la corrección exquisita
de sus líneas y por la fidelidad con que parecen estar
retratados ambos ~onsortes, •son otras dos joyas que
deberían reproducirse en yeso y figurar los vaciados

NúMERO 616

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

en nuestro ya soberbio museo de reproducciones.
La cabeza del caballero parece
esculpida por un Theothocopul i
escultor. Aquella severidad de Jí.
neas, aquella severísima gravedad de
la aguileña cara; aquel cráneo de
hundidas sienes alzándose sobre la
descomunal y primorosamente rizada gola; aquellas manos descarnadas
y finas, y en la dama (no por cierto
de gran belleza) los amplios pliegues del manto, la exquisita y sencilla disposición de los paños y el
redondo y mórbido •pecho cuyas
blanduras se presienten al través de
la labrada cotilla del justillo, son
cosas todas que asombran, que dejan admirado á quien como yo por
primera vez veía tales joyas de nuestro arte escultórico.
Porque, indudablemente, estas
estatuas están esculpidas en España
y por un artista castellano. Ningún
otro, no ya de extranjera nación, ni
de otra región de la península que
la castellana, podía esculpir y sentir
con tal verdad, con tanto sentido
estético y al propio tiempo del medio natural y de raza, estatuas semejantes. Y contemplando estas obras,
volvíame un ovillo para encontrar la
razón del porqué no se hace por
C]Uien puede y debe hacerlo un amplio y concienzudo estudio de toda
la obra escultórica nacional, en gran
parte desconocida, y se trata de recabar para España el puesto que de
derecho le corresponde en la historia del arte de la estatuaria.
Mimbres y tiempo me faltan; que
de no faltarme tiempo y mimbres y
aun teniendo en cuenta mi insuficiencia, algo intentaría.

- Pero ¿te has vuelto tartaja
hombre?.. .
- No... , no ... Te vas á reir de mí,
y lo que tengo que decirte es mu
formal... ¡Por estas!.. (Aquí un beso
eri el centro de los dos índices unidos en forma de cruz.)
-Habla.
-Ahí va...
Y el muchacho, rojo como la
amapola y cual si la frase que iba á
balbucir encerrase un mundo de angustia y afán amoroso, dijo acercándose aún más á la interlocutora y
así, con los ojos que parecían acariciar á los que le interrogaban, no
muy desdeñosamente:
- ¿Quieres ser mi novia?..
Precedió una pausa. Angeles quedóse mirando de hito en hito al
aprendiz. Reflejó en sus pupilas una
alegría de satisfacción: coloreáronse sus mejillas. Cerraron sus labios
de clavellina la pausa con un «Sí»
que cayó en los oídos de Nicasio
como eco de una nota dulcísima.
¡Por vez primera supuso el rapaz
que el cielo y la tierra sonreíanle su
dicha!..
III

***
Vean ahora mis lectores si me he
mecido mucho tiempo en las regiones de la fantasía. Comencé soñando y concluyo despierto. Creí que
iba á contarles un cuento de caballería,· con castellanas y donceles, y
termino describiendo esta t uas y
monumentos en estilo mondo y lirondo.
R. BALSA DE LA VEGA
• .,.,,,.1,••,1•,1••,r•,1•,,,.,,•• ,.,,.,,,.,,.,, , ••••••,., ••,,,.,,.,,,••••••••••·•••••¡•,,.,

JAULA DE ORO
(NOVELA R.&lt;\PIDA)
La historia que voy á contarte,
vida mía, es una de tantas vulgarfl&gt;imas que tienen su génesis en el
arroyo. Haz porque en el pabellón
de tus oídos no caigan mis palabras
como ecos de una charla más ó menos lírica. Atiende:
I
Nació la heroína en una casa de
los barrios bajos, colmena en que
zumban sus penas y alegrías las más pobres abejas
de la humanidad, gente artesana que vive en las
estrecheces de los cuartuchos que fabricó la avaricia de los ricos... Ya ves que Angeles - se llama así
la protagonista - no nació en un palacio ni mucho
menos. Tuvo por cuna la que sirvió á un sinnúmero
de chicuelos que la precedieron en eso de despertar
al mundo ... Creció la rapaza: fué dueña de contados
j~guetes, do~ ó tres muñecas de trapo, cacharritos,
cmtas y cachivaches mercados en la feria, regalo uuos
de (( manía»y otros de la madrina seilá Rosa, mujer
de rumbo y dueña de una afamada frutería ... Caricias y mimos tuvo la chicuela, que en eso son pródigas las madres. «Papá» y los grandullones de los
hermanos equilibraban las dulzuras con el amargor
del trato suyo: pegaban con ella - la más ingeniosa
de la casa - el mal genio adquirido en la taberna ó
en el taller ... Aprendió la mocosa secretos del vivir
que no son para dichos: la mayoría en el arroyo, el
resto en el hogar: fueron sus maestros de picardía
los ganapanes y granujillas del barrio... En la escuela no adquirió Angeles conocimientos de monta: leer

tA éARTA, cuadro de j an van Beers, grabado por RuUe

á trompicone,, escribir garrap1tos sin pizca de orto·
grafía, ~acer ~abores, y en materia geográfica saber
que la tierra tiene la forma de una naranja y que Es·
p1ña no está en Marruecos... , y pare usted de contar.
Esto y una superficial idea de historia sagrada, y cata educada á una futura madre de familia.

II
Angeles, vida mía, tuvo una emoción vivísima cierta tarde en que un chiquilicuatro de la vecindad,
aprendiz de ebanista por más señas la dijo (supongamos el diálogo):
'
- Chica, ¿sabes una cosa?
- ¿Cudla?

- Que me gustas mucho.
- ¿De veritas? ( Así con sorna.)
- ¡Ya lo creo, mujer! Eres la 111ar de guapa y paeces ya una presona formal.
- Y ¿á qué viene el decirme eso?..
- Pu~s ahí verás tú ... (Pausa.) La verdá, yo te~fa
que decirte una cosa mu grande,., Vamos, yo quería
que tú... Eso,

No; no podían saber aquellos dos
niños lo que significa y vale ((amor,})
esa palabra tan eufónica, base de
todas las heroicidades y extravíos de
los humanos... Nicasio considerábase feliz, cada día más; emborrachábase de ilusiones y su Angeles era la
hada que constantemente canturreaba en torno suyo una canción sublime que él no sabía definir ni comprender. ¿Qué había de saber de
estas sublimidades un aprendiz de
ebanista?.. Lo sentía, eso sf, allá en
lo hondo del pecho... Angeles, después de Dios, de la Virgen del Carmen y su madre la buena seiíd Paca, era lo que el rapaz más quería, y
á veces s~s amores todos los relegaba al olvido: el recuerdo de su novia
apoderábase del cerebro suyo, no
muy gastado en sentir ni discurrir
efectos psíquicos, y el caballero de
blusa padecía melancólicas somnolencias; su desconocimiento de las
vicisitudes de la vida, su atroz ignorancia de lo divino y humano coad•
yuvaban como obreros diligentes
i construir la más deliciosa de
las fantasías ... Andando el tiempo,
cu~ndo «saliese» de quintas, él, Nicasio, se casaría con Angeles. .. Y
¡qué boda iban á hacer ellos, Dios
santo!.. Formaría época en los fastos ~e la calle... Para tales gollerías
y luJos en el casorio, Nicasio trabajaría en el taller á destajo, y en
Yez de meterse corno tantos otros á
borrachín ó á dilapidar los ahorros
en vicios, ¡nada!, se compraría una
una hucha y céntimo á céntimo cada céntimo representando una
gota de sudor, muchas privaciones
y mayor número de esperanzas - reuniría cuatro ó
cinco mil reales, ¡un fortunón para quien en su vida
vió juntos cien duros! .. Vivirían él y su Angeles como
unos señores; solitos, queriéndose muchísimo.,. El
prometíase no andar á la bribia, ni como señor Pedro, el oficial de la ebanistería, haríale el diablo ensayar la solfa en las espaldas de su mujer... Mucho
cariño, algo de mimo y á vivir en sapta paz, criando
los hijos con el producto del trabajo... ¿Qué más puede apetecer un hombre sino !)aSar su existencia lo
más feliz posible y copiar iíwdía y o'.ro, siempre igual
y ajustándose á la tradic~ón, la vida de la clase proletaria?..
·
¿Y Angeles?.. Sus suei).os no era esos: gustábale sí
alardear de su amorío; pero ¡ay! aquel Nicasio - un
pedazo de pan - .no eta ni con mucho lo que ella ¡ambiciosa! creía merei;erse... ¡Bonito porvenir el que la
esperaba casándose con un «chico de oficio,» que á
lo que más podía aspirar era á ser oficial y cobrar á
diario como mdximttm cinco ó seis pesetas! Y esto
después de muchos años, cuando Lucina convirtiese
el perfilamiento señoril de Angeles en contorno de

�668

LA

comadre... Cuando una caterva de chicuelos propios
la rodeasen... Pasar trabajos y fatigas, y luego ¿qué?
Ser la sefíá Fulana, la vecina del corredor, la mujer
del ebanista: he aquí todas las pragmáticas que en lo
porvenir disfrutaría en su casorio con aquel pobre de
«Nisio» - como ella le llamaba, - un buen hombre
¿quién lo duda?, pero que con su hombría de bien
nunca realizaría los ambiciosos sueños de lujos, placeres y consideración social fantaseados por Angeles
desde el punto y hora en que pudo apreciar que las
muchachas guapas pueden ser ó no felicísimas según
que elijan un pobre ó un rico. Esto ya es un cálculo
mercantil... Y cuando la mujer discurre en materia
de contabilidad, su lógica irrefutable es axiomática.
IV
Ser bonita y no ir con arreos de lujo es para la $O·
ciedad ser bonita á medias: parece que la tela grosera y el empaque modesto retraen las miradas; en
cambio, las que lucen trajes de rica estofa, alhajas é
imperdibles, son contempladas con avidez ansiosa y
un continuo moscardeo de elogios zumba agradablemente en su derredor... A las que no pueden lucir
más que un rostro bonito ¡nada!, si acaso un brutal
chicoleo de estudiantillo ó menestral... Demás de esto, que modifica el exagerado amor propio de las hijas del pueblo, Madrid es una tentación perpetua,
un peligro inminente para la que carece de fuerza de
voluntad necesaria para mantenerse dentro de la esfera en que la encajó la suerte... ¡Cuántas veces, vida
mía, tú y yo hemos podido observar á una joven de
pañuelo ó velo á la cabeza, parada delante de los escaparates de las tiendas de lujo, mirando con ojos codiciosos los muestrarios de pedrería, sedas y artículos
impuestos por la moda!.. Esas vitrinas semejan cajas
de joyas malditas que Mefistófeles ofrece á cambio
de su virtud á esas Margaritas anónimas, no taninocentes ni amantes como la del inmortal poema de
Goethe... Angeles sentía atracciones y desvanecimientos al analizar lo que la caprichosa fantasía ofrece á los ricos... Presentía en todo aquello un Fausto,
y el recuerdo- de Nisio - el probrete Nisio - era en
tales horas una protesta henchida de odio, algo de Jo
que murmuraría - á ser posible - una mariposa de
irisadas alas si de pronto una fuerza misteriosa le
arrancase aquellas bellas partes de su cuerpo y éste
quedase convertido en sombrío corselete de la átropos, la mariposa de «cabeza de muerto... » ¡Nunca tal
profanación!.. Angeles no la consentiría: quería ser
mariposa brillante, y á realzar su hermosura tendían
todas sus aspiraciones... Por Nisio sentía lástima,
porque el tal era un alma de Dios, pero su conmiseración no la llevaría á cometer la tontuna de casarse con él... ¡'Bah! ¿Era acaso ella la única muchacha
que por conveniencia propia enviaba enhoramala á
su primer novio?..

V
Nunca experimentó Nisio mayor angustia que
cuando hubo de presentársele hecha una fiera la madre de Angeles, demandándole cuenta del sitio en
que se encontraba su hija ... El ebanista, al pronto,
imaginó que su futura suegra había perdido el magín.
¿Preguntarle así y en tales modos el paradero de Angeles?.. ¡Virgen! ¿Y qu~ se creía aquella mujer?.. Si
Angeles habíase despedido de él contadas horas hacía... Por más señas, después ~el «Adiós, hasta mañana» de rúbrica, la moza enfiló calle ariba del hogar paterno... Ahí todo lo que Nisio sabía... Reflej~
ba tal acento de verdad su narración, que la madre de
Angeles, asiendo· de la blusa al jovenzuelo y zarandeándole, impulsada par aquella rabia sorda, desencadenada por todo su organismo, barboteó con pala-·
bras sibilantes, mientras que los ojos enrojecidos por
un gran lloro flameaban:
- ¡Lo que tú dices, Nisio, es el evangelio!.. Mucha
verdá, hijo mío... Tú eres demasiado güeno pa b urlarte así de ese modo de una madre... Tú no sabes,
rapaz, lo que yo sufro... Mi hombre quiere matarme;
dice que yo tengo la culpa de que se haya marchao
Angeles... ¡Yo! ¡Calcula!.. Y lloraba ya de pena, esperando que tú el día menos sabía con el aquel de la
boda la desapartases demi lao... ¡Yo tener la culpa!..
¡Yo!.:
.
Y repetía la infeliz aquel «yo» desesperante, mientras que Nisio, pálido, las manos metidas en los bolsillos de la blusa, escuchaba todo tembloroso aquel
discurso ilógico en la expresión, aquella protesta
que tocaba en su alma á punta de lanza, rasgando
cendales de ilusión y escapándose por entre sus girones una á. una con velocidad asombrosa el cúmulo
de dichas encerradas... La madre evitó el borbotón
de palabras con un sollozo, digno punto final del
exordio de su charla... Luego, con más energía, ha-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

blando casi á gritos, .gesticulando, sin importársele
nada el sitio del arroyo que había escogido para sus
confidencias, prosiguió:
- Ya, ya adivino Nisio lo que ha pasao... Mi Angeles ¡gran bobo! no te quería á ti, ¿sabes?.. ¡Ni te ha
querido nunca!.. ¿qué había de quererte?.. Sus cariños los fingía en el barrio pa disimular, ¿oyes?.. ¡La
muy endina!.. Yo, yo misma he creía que mi hija te
tenía mucho afeto... Ahora, ahora que sé que tú iznoras too, recuerdo que muchas veces suspiraba por
ir á casa de su madrina, ya sabes quién es, la que tié
el puesto de fruta en la calle del Carmen: una tienda
la mar de lujosa y en donde compra género la gente
de campanillas... Se había aficionao mi Angeles á ir
muy pulida y lujosa, como si fuera hija de unos marqueses... ¡Ya tú ves... habiendo nacía en la pobreza
nuestra, tales fantesías!.. ¡Si te digo que en la frutería
algún señorito la ha encalabrinao los cascos! y... ¡Dios
mío, áestas horas!.. No, no debe ser... ¿Verdá tú que
ella no será tan creminal pa con sus padres?.. Nosotros que la hemos enseñao á ser mujer de bien como la que más ... ¿No es eso, Nisio?.. Tú nos conoces... ¡Virgen del Amparo, qué desgracia! .. ¿Dónde
estará esa muchacha?... ¿Qué habrá pasao?.. ¡Nisio,
Nisio, hijo mío! ¡Qué más hubiéramos quería los de
la familia que tú te hubieras casao con «ella,» que era
de tu igual! Naide hubiere dicho ni palabra; pero,
ahora, too el barrio la traerá 'en lenguas... ¡A mi hija!..
¡¡A mi Angeles!!.. ¡Infame!.. ¡¡¡Mala hija!!!... ¡No sé
cómo no me muero de vergüenza!.. ¡Ay, Virgen mía
del Carmen!..
Y la madre de Angeles, febricitante, loca, caído el
pañolejo que cubría sus canas, y éstas azotadas por
el aire, rompió á llorar en tanto el hipo de su desconsuelo entrecortaba los sollozos. Pálido, tembloroso,
mudo, fija la vista en el suelo, Nisio acercóse instintivamente la siniestra mano allí junto al corazón que,
como un preso rabioso, golpeteaba las paredes de su
estrechísima cárcel.
- Señá Patro, vamos á buscar á Angeles, fué lo
único que se le ocurrió decir á Nisio en medio de la
estupidez moral en que Je había sumido la noticia.
-¿Y dónde?, preguntó la madre refregándose los
ojos con el reverso de la manga y mirando esperanzada al jovenzuelo.
-A la frutería.

***

NúMERO 616
Y bueno será, vida mía, que aquí yo, sin ser mago
ó adivino, sino valiéndome de los privilegios concedidos á quien narra historias, novelas ó cuentos, te
haga notar que en aquella tarde bulliciosa vibró una
nota sombría, en la que nadie (á no ser quien hubo
de sufrir su eco) paró mientes: uno de tantos dramas
inadvertidos que se desarrollan en torno nuestro...
La protagonista de éste lo fué Angeles.
Tu intuición femenil habrá ya adivinado la triste
odisea que por el ambicioso afán de lujo y regalo
hubo de recorrer Angeles, una de aquellas cortesanas que en el corro de los señoritos divertía á éstos
fingiendo divertirse.
Al ver á Nisio sintió quebrársele el hilillo de su
ficticia alegría, enmudecieron sus labios, púsose pálida, tembló, y antes que advirtieran los demás el cambio, pidió como gracia á su dueño que la libertase de
estar en aquel sitio, porque se sentía indispuesta.
Pocos minutos más tarde Angeles, á solas en su
gabinetito, digno de una reina - y ella lo era de la
voluptuosidad - lloraba amargamente. El origen del
lloro estabá en la escena de plácida ventura que la
casualidad puso ante sus ojos en el vivero aquella
tarde... Nisio, loco de contento como un marido feliclsimo: su mujer sonriendo su dicha, saboreándola,
por así decirlo, y enorgulleciéndose de que los demás
convidados coreasen alegremente aquel placer buyo
tan sencillo como legítimo... ¡Ah, Angeles podría haberle experimentado!.. ¡Maldito afán de lucimiento!
¡Malditos lujos de joyas y galas así conquistados!..
¡Malditos vestidos y cintajos que al ceñirse al cuerpo
¡hermoso esclavo!, parecen trocarse en inompibles
cadenas que merman el propio albedrío!.. ¿Y para
qué el lujo y para qué el lucimiento?.. Para revolverse muerta de hastío en una jaula de oro, que si en
un principio deslumbra y atrae, luego sus barrotes
imposibilitan el considerarse libre... Nada de ca.razón, nada de sentimiento puede tener la esclava tan
espléndidamente recluída para que pregone la liberalidad de su señor.
- ¡Ah, Dios mío!, debió pensar Angeles, cuando
calmada del paroxismo de dolor y remordimiento
sintiese la nostalgia del bien perdido, si pobre en la
forma, rico en el fondo de afectos y ternuras: ¿y para
servir de vilipendio deshonré el nombre de rµis padres, fuí perjura y soñé que á las mujeres les bastaba
ir lujosas para que el mundo entero las rinda pleitesía?.. ¡Qué locuras ambicionamos las pobres!.. Luego, cuando se conquistan, como yo he conquistado,
tales lujos, notamos ya tarde que la consideración social se obtiene por la educación, el pudor y el rango... ¡Precisamente lo que nosotras no poseemos!..

Las únicas noticias que &lt;lió la madrina respecto de
Angeles fueron ineficaces... La frutera no sabía nada
de nadie; únicamente habíase fijado en que desde
hacía poco tiempo un señorón muy rico iba con asiduidad á la tienda y gustaba de charlotear con Angeles.
Concluí la historfa, amada mía. H az tú el comenNada más.
tario que gustes... Para relatos parecidos á este, únicamente la mujer sabe resumir su fin moral en una
EPÍLOGO
frase...
De seguro, amada mía, que anhelas ya conocer el
desenlace de esta historia... No te impacientes: ya
toca á su fin.
Cinco ó seis años transcurrieron sin tener Nisio
noticias de Angeles, y en este plazo... ¿á qué pintarte
un héroe novelesco ni á qué mentir románticamente, si el héroe y la novela son realidades que á diario se ofrecen á nuestra vista?.. Nisio sin olvidar
aquel primer amor - la página más hermosa en el
prosaico libro de su existencia - llegó á sentir enamoricamientos hacia otra muchachita llamada Rosario (que bien será ofrecértela, si no tan hermosa de
cuerpo,..más bella de alma que su predecewra en los
amores de Nisio).
Ello es - y así ocurre en este tnuñdo sublunar para
descontentamiento de los que andan á caza de sublimes martirios é idealidades - que cierto sábado en
que el cielo ofrecíase tan risueño como el afán amoroso de Nisio, éste y Rosario escucharon la famosa
epístola.
Días después, los padres de la novia, que padecían
monomanía por eso de organizar bullangas y huelgas
campestres, idearon merendar en unión de sus hijos
allá en el vivero á la sombra de un corpulento arbus~
to en cuyo tronco los cortaplumas de unos cuantos
novios melancól~cos grabaron en la corteza iniciales,
nombres y fechas que pregonasen su íntima ventura
(para el res!o de _los mortales risible é indiferente).
A corta d1stanc1a de donde se encontraban Nisio
su mujer, sus suegros y 'una docena más de convida~
dos, ~allábase otro c~mo · d~ gei:ite principal, si no
mentian sus galas y anstocrát1co perfil: formaban este
grupo cuatro señoras jóvenes y otros tantos cahalleros que reían y btomeaban lindamente.
No ocurrió cosa mayor en ambas jiras: ya cerca
del anochecer levantaron el campo los del corro de
Nisio, lanzando al aire cánticos y retazos de conversación alegre y maleante.

A LEJANDRO LARRUBIERA
-•••l•,.••,l• .. •••..••'••'' •l '••'••l••••••t'••'',l '••'•,l•••••••••••••J•.,•,,,,..,,,,,.,,,,,,,,,,,,,,,¡o,¡•••"•J'••''•I'••••••''-'\

EL ARTE EN TURQUÍA
Un museo de pinturas y de arqueología y una escuela de Bellas Artes en la capital del imperio otomano no son cosas que concuerdan exactamente con la
idea que generalmente se tiene de la ignorancia y
preocupaciones de los turcos: este progreso, conseguido desde hace pocos años, se debe principalmente
á O. Hamdy Bey, director del Museo imperial de Estambul; pero la idea del Museo es más antigua y fué
consecuencia del movimiento de la «J oven Turquía,»
y en particular de las altas miras de Munif-Bajá, ministro de Instrucción pública durante largo tiempo,
á cuya iniciativa se debió el establecimiento, hará
unos veinte años, de un museo que se instituyó en
la antigua iglesia de Santa Irene.
Los primeros directores, Gould y Dethier, eran
extranjeros, el uno n9mbrado bajo la influencia inglesa, y el otro por la de los alemanes. En tiempo de
Dethier las colecciones eran enviadas desde Santa
Irene al kiosco de Chinili, un pabellón que hay en
los jardines del antiguo palacio de la Punta del Serrallo. Ese kiosco es interesante en sí como una de
las primeras construcciones erigidas por los turcos
de C&lt;;mstantinopla, y también como una admirable
muestra de la magnífica porcelana genovesa de aquel
período. Por desgracia, y según suele suceder siempre en el Oriente, una vez erigido el edificio, no se
tuvo el menor cuidado para conservarle, y en su consecuencia, gran parte de la porcelana ha caído, y aún
hay montones de fragmentos en una de las habitaciones inferiores. Sin embargo, á pesar del descuido
y del abandono el pabellón de China sigue siendo
una encantadora construcción.
Dethier era hombre instruido, pero tenía poca idea

RETRATO DE LA REINA MARÍA ANTONIETA, célebre pintura de fines del siglo pasado debida á la señora Vigée-Lebrun,
(De fotografía de Braun, Clement y Compañía, Dornach y París.)

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NÚMERO 616

LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Un día, al volver de· su acostumbrado paseo, encontró su taller invadido por emisarios del palacio,
que se habían apoderado ya de un gran lienzo que
representaba un episodio de la guerra de los Affechs,
y esperaban al artista á fin de conducirle á presencia
del soberano: semejante intimación podía significar
la muerte ó el destierro; pero también la gloria y los
honores. Por fortuna, fué entonces para honrar á
Hamdy: Abdul-Haziz había admirado la pintura, y
regaló al artista una caja de rapé cuajada de diamantes, nombrándole introductor de embajadores.
Vuelto así á la vida oficial, pronto estuvo en peligro de verse obligado á renunciar al arte, pues las
ocupaciones se multiplicaron para él, sobre todo después del advenimiento de
Midhat-Bajá al poder. Desempeñó algún tiempo el
cargo de Prefecto de Pera,
el barrio «Franco» de
Constantinopla, y durante
la guerra rusa prestó un
servicio muy activo erí los
ejércitos de su país; pero
su carrera política se resin.·
tió de la caída y desgracia
de Midhat-Bajá. Hasta él
.•. · •
mismo llegó á infundir sospechas, y hubo de retirarse
otra vez á la vida privada,
· ·,
en la que, sometido a1gún
tiempo á la vigilancia de la
El pintor y arque6logo turco Hamdy Bey
•;··'. _;!&lt;
U~~;;;.¡J~ ~
.•
policía, se consagró con
4
afán á su arte.
.
..
....
.
...i!,....,,,-8
,
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.
sobre el modo de dirigir un museo. No se permitía
, ·
.
En 1881, recobrado el
ver las colecciones, y en tiempo de este director ha· ~-: ·:•_,.
···
favor, nombrósele director
~
cer una tentativa para copiar una inscripción ó bos:;. ~ ,..-;'
del Museo imperial en Es•
quejar una. figura ~onsiderábase poco menos que
.
. ..
.
t'ambul, posición que ha
como un cnmen; mientras que, por otra parte, no se
El k10sco Clumh en Constantinopla
ocupado desde entonces,
eje_rcía la suficient_e vigilancia para evitar la desapay también llegó á ser indinc1ón de algunos mteresantes objetos, sustraídos sin de poca importancia en Bagdad, lo cual equivalfa á viduo de la comisión mixta de la Deuda pública, que
duda para enriquecer otras colecciones. No obstante una forma política de destierro.
ha hecho mucho para restablecer la hacienda públiel material arqueológico abunda en el imperio turco'
Hamdy consiguió muy pronto el favor del gober- ca y su solvencia.
y aún queda una buena serie de objetos de valor. Al~ nador general de Bagdad, el famoso y enérgico Mid- _ Hamdy es u~ pintor de no escaso mérito, y prácgunos de ellos, como la Artemis de Lesbos la Mi- hat-Bajá, que trataba entonces de introducir toda es- t1~ament~ el pnmero que Turquía ha producido, hanerva de _Trípoli en Berberfa, Y la Venus d~ Cyme, pecie de reformas europeas; ingresó en el cuerpo de b~endo sido no sólo tolerado, sino honrado y protepor no citar otros, son verdaderos tesoros del arte tropas árabes irregulares, y agregado á su escolta gido por un gobierno reaccionario y fanático, hecho
griego, dignos de ser comparados con las más her- tomó parte en la guerra contra Hajji Tarfa y los ára- tanto más digno de notarse cuanto que los musulmamosas obras de cualquier museo de Europa.
bes Affech de los pantanos de Niffer.
nes y especialmente los turcos parecen ser enemigos
En aquellos días, la ley concedía al excavador una
Merced al favor de Midhat-Bajá, Hamdy ocupóse del arte, tal como nosotros lo entendemos, por cuantercera parte de los objetos encontrados, una al due- en trabajos artísticos y arqueológicos, dirigiendo ex- to su religión prohibe la reproducción de la forma
ño del terreno y otra al gobierno; pero la ley no se cavaciones en la colina de Nebbi Yunus, á la vista humana. El arte islamita quedó confinado á la arquiobservaba, y otorgáronse firmanes especiales á di ver- de Nínive, mientras que bosquejaba y pintaba los tectura, á los arabescos y á la ornamentación floral.
sos exploradores; de modo que con frecuencia como poéticos paisajes y pueblos de la tierra de Haro¡m- Supón:se que los árabes se han distinguido en esto;
por ejemplo en el caso de las famosas excav;ciones er-Raschid. A los dos años, Ali-Bajá le nombró eón- pero s1 no me engaño, todas sus más hermosas obras
alemanas en Pérgamo, el museo turco no obtuvo su! en Bombay; pero habiéndole sobrecogido en ca- fu~r~n hechas P?r operarios indios, persas, judíos y
comparativamente nada. Sin embargo, donde la co- mino las fiebres, aprovech6se de este incidente para ~n~t1anos: la antigua porcelana que comunica tan insecha es tan rica no faltan objetos preciosos, y hasta volver á la capital, siendo entonces nombrado secre- imitable encanto de color á la mezquita griega de
de Pérgamo enviáronse algunos de gran importancia tario de legación en San Petersburgo. Cansado pron- Brouss_a se fabricó en las factorías genovesas, y la
á Estambul.
to de esta especie de honroso destierro, suplicó que mezquita misma es una imitación del arte indio. Las
Dethier murió en _188 r· y fu~ reemplazado por se le permitiera dimitir para retirarse á la vida priva- m~~quitas de _Cónstantinopla, cuando no fueron priHamdy Bey, descendiente de gnegos. Su padre, de da, y habiéndose accedidQ ;í. su petición consagróse ~1t1va_mente iglesias, son imitaciones de los templos
n:iuchacho, fué conducido como esclavo á Constan- en cuerpo y ahna ¡¡l arte,
'
b1zantmos, y hasta el kiosco de Chinili, más original
t1nopla en
·
aparentemente que la mayoría de las construcciones
donde se
turcas, presenta marcados vestigios de haber sido
granjeó el
construído por griegos. En cambio los turcos destefavor de un
rraron rigurosamente de todos sus edificios la pintut urco muy
ra y la escultura en sus más elevadas formas. En
rico, Edhem
Santa S_ofía, Cora y otras iglesias, los hermosos fresBaj á, quien
cos y pmturas _fueron cubiertos de estuco y cal, y
ledió educatoda la estatuaria que sobrevivió á los latinos bárbación euroros fué destruída por los turcos. De suerte que despea, lleganpués de la conquista turca, la pintura y la escultura fuedo á ser con
ron artes ~erdid~s en Constantinopla; y he aquí por
el t iempo
qué mereció p~rt1cular _interés la tentativa de Hamdy
gran visir en
para volverá mtroduc1rlas, previo el consentimiento
el imperio.
y aprobación de su Gobierno.
Su hijo
Par~ conseguir esto, Constantinopla debe acudir
Hamdy inal Occidente, y su arte no puede ser al principio más
gresó como
que la trasplantación de los métodos de alguna espupilo en
cuela de la Eur_opa occidental. El mismo Hamdy es
Saint Cyr,
realmente un J)mtor francés. A decir verdad, su estipero al cabo
lo
Y m~todo son p_ers_as, y solamente sus asuntos y
de un año
la
particular aprec1ac1ón de éstos tienen carácter
rogó que se
turco.
Se d\stingue por la exactitud con que repre1e permitiesen~a
los
teJados persas_ y la~ construcciones de piera seguir la
dra,
pero
agrádale
también pmtar las mujeres turcas
carrera civil.
con s_us graciosos ferrejees, y rara vez hace un cuaSu petición
dro sm figuras. Su asunto favorito es el interior de las
fué atenditumbas reales, con sus ricos adornos, sus exquisitos
da, y se le calado~ Y asombrosos _manuscritos iluminados, á cuenvió á Payo con1unto prestan sm duda animación dos ó tres
rís para es~ermosas ~ujeres qu_e leen el Alcorán ó se entregan
tudiar leyes
a sus orac10nes.
en la SorboSarc6fago griego existente en el Museo imperial &lt;le Constantinopla
Hamdy, más artista que arqueólogo, quiso rehusar
na, donde se aficionó mucho á las obras artísticas y
solicitó ingresar en la Escuela de Bellas Artes como
estudiante de pintura. Dedicaba tres cuartas partes
del año al arte, y una al estudio de las leyes; así pa·
saron sus cuatro años, y completó el curso de sus estudios legales, «exhibiendo» al mismo tiempo su trabajo en la Escuela de Bellas Artes. A poco de haber regresado á Constantinopla para continuar su carrera, publicó un artículo sobre las inconsistencias
del procedimiento judicial en Turquía, artículo que
desagradó al gran visir, y como éste era enemigo del
padre, nombró á Hamdy para desempeñar un cargo

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NúMERO 616

LA ILUSTRACÍÓN

ARTÍSTICA

671

éstos son los más magníficos
al principio el nombramiento de
que se han encontrado en parte
director del Museo; pero como
alguna, y se consideran como
era evidentemente el hombre
joyas del arte plástico griego
más apto del imperio para desdel período alejandrino.
empeñar semejante cargo, el
A mi modo de ver, el mejor
sultán le impuso su voluntad,
de
ellos por su interés y belleaunque aceptando por condiza es el de Sidón, que Hamdy
ción que se variase la ley resencontró en una especie de cápecto á las excavaciones y se
mara en el fondo de la excavaconsignase en el presupuesto
ción y que reproduc~ uno de
una reducida suma para el Munuestros grabados, y ante cuya
seo, mediante lo cual comprovista
se emocionó de tal manemetíase á organizar en el térmira que se echó á llorar como
no de diez años una institución
una mujer.
de esa especie que, si bien limiPudiera creerse que exagero
tada, sería digna de su nombre.
en cuanto á la excitación nerT1mbién obtuvo permiso para
viosa producida por el precioso
establecer una escuela de Bellas
hallazgo; pero como persona
Artes que se instaló con carácdesinteresada confesaré que
ter provisional en un edificio
cuando aquel sarcófago se desperteneciente al antiguo palaembaló á mi presencia, mi asomcio; está organizada como la de
bro y entusiasmo no tuvieron
Bellas Artes de París, con sus
límites.
tres departamentos de arquitecHamdy se inclina á creer,
tura, escultura y pintura, y tiene
fundándose en la figura de Aleestablecido un gran premio de
jandro al frente de sus guerreEuropa á fin de que los alum
ros, que el ataúd era el del misnos sobresalientes puedan conmo conquistador, aunque patinuar sus estudios en los granrezca contradecirlo la tradición
des centros artísticos del mundo.
de su entierro en Alejandría.
Cuenta la escuela con unos
Sarc6fago sirio-griego, existente en el Museo)mperial de Constantinopla
En cuanto á la ejecución,
cien estudiantes, los más grieprescindiendo de otros detalles,
gos y armenios, súbditos del
sultán; pero también hay turcos, y entre ellos algu- ca. Tabnith al comprar el sarcófago hizo poner en él diré que las figuras del fondo son de muy alto relieve,
nos softas de turbante blanco.
otra inscripción con su nombre y títulos; y aseguran- casi estatuas en pie, y que en aquellas paredes del
No puede predecirse el resultado de esos esfuerzos, do que no había tesoro alguno en su ataúd y sí sola- sarcófago se ven casi todos los grados del relieve haspero cabe esperar que ese impulso es precursor de un mente sus cenizas, hacía un llamamiento á los senti- ta la pintura en superficie plana, siendo preciso recurenacimiento de vida artística en Constantinopla.
mientos religiosos para que no se abriera ni profana- rrir al tacto para saber dónde acaba la escultura y
Hamdy-Bey es más conocido por sus descubri- ra su tumba. Además, para mayor seguridad de su dónde empieza lo pintado.
El movimiento y realismo de la escena en su conmientos arqueológicos que por sus obras artísticas. En familia cubrió su sepulcro con una mole de piedra
1883, después de nombrársele director del Museo, de diez metros de longitud, y gracias á esta precau- junto, así como de cada figura, aventaja como esculexploró en compañía de Osgan Effendi el soberbio tú- ción Hamdy encontró el ataúd intacto y el cuerpo tura á cuanto yo conozco. Este realismo se representa
mulo de Antíoco de Commagene en la nevada cum- de Tabnith dentro. Este se había conservado merced con detalles mecánicos; de manera que no solamenbre del Nemroud Dagh, ó Montaña de Nimrod; pero á una especie de líquido que debió evaporarse ó dis- te se aplicaría á todo el color debido, sino que los
lo que completó su fama fué el descubrimiento del minuir, dejando en descubierto un pequeño espacio trajes nacionales serían un portento de exactitud, y
asombroso sarcófago de Sidón en el año 1888. Un pi- de la porción superior del rostro: dícese que esta par- las caras verdaderos retratos: los objetos de madera
capedrero había encontrado en un olivar de los arraba- te descubierta se arrugó, al paso que el resto de la ca- ó metal, lanzas, escudos y otros, eran de estos misles _d~ la ciudad de Saida (Sidón) una antigua tumba: ra cubierto por el líquido se mantenía fresco y bien mos materiales donde el relieve lo permitía. En un
noticioso del descubrimiento Hamdy1 hizo practicar conservado. Desgraciadamente, por ignorancia de los punto, no obstante, este realismo no ~xiste, como
excavaciones en el sitio, y encontró dos tumbas, uná trabajadores se vertió el líquido, pero es de esperar por ejemplo, en los leones y leopardos que se reprefenicia, muy antigua, y otra griega, más moderna.
que futuros descubrimientos nos revelen el secreto sentan en la escena de caza y que son monstruosidades de un tamaño desproporcionado.
En_ la fenicia se encontró el ataúd y el cuerpo de de un interesante método de embalsamar.
Cuando se encontraron todos esos sarcófagos, haTabmth, rey de los sidonios y sacerdote de AshtaPero el descubrimiento de la tumba fenicia, por
reth; el féretro, que era de piedra, había pertenecido importante que sea resulta insignificante, comparado llábanse considerablemente deteriorados; mas, por
en otro tiempo á un general egipcio llamado Pa- con el de los sarcófagos griegos, con esculturas polí- fortuna, casi todas las piezas conservábanse en su sinephtah, y aún conservaba una inscripción jeroglífi- cromas, hallados en la tumba más reciente. Cuatro de tio, y todas se han restaurado admirablemente. Os-

El sarc6fago de Alejandro descubierto en Sid6n, existente en el Museo imperial de Constantinopla

�LAS DOS NOVIAS, cuadro de Jose Weiser (Exposición de Bellas Artes de Berlín. 1893)

�674

LA

lLU:iTl{ACIÓN A1&lt;.TISTICA

Núr.IERO

616

gah Effendi, que se encargó de unir algunas, á veces embarcado ~lgunos marineros, se llevaron los objetos
hasta ciento, en un sarcófago, procedió con tal habili- excavados vz et armis.
NUESTROS GRABADOS
dad, que aquel que visita el museo cree ver instala· Ham~y ~erece los mayores elogios por sus esfuerLos jefes de la escuadra rusa que se encuendos todos los objetos que allí hay.
zos, casi úmcos, para proteger la arqueología en su tra áctualmente en Tolón. - Recientemente acaba de
Una vez encontrados los sarcófagos, no era cosa país, y se le debe prestar amistosa cooperación por lle~ar á Tolón una escuadra rusa, á la que los franceses se protan fácil retirar de una zanja de cuarenta pies de pro- parte de todos aquellos amantes del arte que están ponen agasajar espléndidamente. Los retratos que reproducifundidad aquellas moles de mármol de nueve ó diez 1~teresados e_n _que se conozcan los tesoros arqueoló- mos son los de los principales jefes de la misma y acerca de cada uno de ellos vamos á dar breves noticias. El gran duque
pies de longitud por cuatro ó cinco de anchura y de gicos que el imperio turco posee.
Alejo Alejandrovitch es el gran maestre de la escuadra rusa,
elevación, con una cubierta casi del mismo tamaño;
tiene cuarenta y tres años y se parece mucho á su hermano el
pero aprovechando un declive en el terreno, abrióse
JOHN P. PETERS
tsar: es muy estimado y querido en la armada rusa y siente ver·
........,.••.•••.•••••••••.••, •••.••, .•••••,......1,,,.,.,,•••,., .......................,.,.,.,......, ••••••,••,.••, .••••••••,......
&lt;ladera pasión por cuanto á la marina se refier~. El contraalmiun túnel que llega al pie de la zanja, y los sarcófagos
rante Avelane, que manda la escuadra, nació en 1839 y fué
fueron arrastrados hacia arriba por medio de cuerdas
MISCELÁNEA
promovido al grado que hoy tiene en 1891: ha mandado el
y fuerza animal. Después se construyó una vía á traVestuik, el Ry11da y el Svetlana y desempeñaba el grado de
vés de los jardines, y por ella se les condujo hasta la
Bell!'ls Arte~. - En Tréveris se proyecta erigir un monu- jefe de estado mayor de la marina en Cronstadt cuando un demento a la memoria del elector y arzobispo Balduino de Lu- creto imperial le confió recientemente el mando de la escuadra
orilla del mar, distante unos tres cuartos de milla.
x_emburgo,, durante cuyo gobierno ( 13')7 á 1354) la archidióce- del Mediterráneo. El almirante Avelane arbola su pabellón en
Llegados á Constantinopla, surgió otra dificultad: sis
_alcanzo su apogeo. El monumento consisürá en una fuente el acorazado EmperadorNicolás I. El capitán de nav(o Tchoukhno había sitio para exponerlos, ni siquiera para depo- gótica coronada por la estatua de Balduino.
·
nin~ es uno de los oficiales superiores más distinguidos de la
sitarlos. El kiosco de Chinili estaba complttamente
- En el Panteón de París se ha colocado el modelo en yeso marina rusa y manda el gran crucero acorazadoPamiat-Azova.
lleno, inclusos el sótano y los jardines, por lo cual del ~rand10so monumento de la República que por encargo del
La carta, cuadro de Jan van Beers. - En el núLos sarcófagos permanecieron en sus cajas durante gobierno francés ha modelado el escultor Falguieres: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad están en él representadas por mero 510 de LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA publicamos el retres años y la prensa extranjera acusó á Hamdy de tres matronas de tamaño colosal. En el zócalo hay varios relie- t~ato d~! autor del cuadro que hoy reproducimos, y con tal moincapacidad, precisamente cuando trataba de obtener ~es, alegorías de la 1:,ey y de la Fama y un grupo en el cual se ve tivo d1J1mos algo acerca de la vida y de la labor art(stica del
fondos para construir un nuevo museo. Al fin el sul- a un ~oldado d~fend1endo á la patria y junto á él á una: mujer gran pintor belga. Po~ no incurrir en repeticiones y por tratar·
tán le entregó el dinero necesario, y se erigió un edi- que tiende suplicante las manos hacia la estatua de la Libertad. se además_ de un ~rt1_sta que l}eva en su nombre su mejor reBarcelona. - Salón Parts. - En el presente mes se han re- comendación, n?s !mutaremos a manifestar simplemente que,
ficio, cuyo piso inferior se destinó para colocar la co- anucla~o las e~~siciones semanales algo interrumpidas por la en nues(ro sentir, La carta merece figurar entre las mejores
lección de sarcófagos más preciosa del mundo por ausencia de publico y de artistas durante la estación estival. producciones_ de su autor,_por cuanto reune en grado superlatitodos conceptos. Esta colección se exhibió al públi- ·El taller ~e _González é hijos, que tan brillante papel repre- v? la naturalidad, la gracia, la elegancia y la finura de ejecusentó en la ultima Exposición de Industrias Artísticas con sus ción que son las cualidades características de J aovan Beers.
co en julio de 1891.
·
p_rimorosos tr~bajos en metalistería, expuso últimamente una
En el invierno de 1891-92 dirigió Hamdy varias l~mpar~ de pie y dos candelabros de hierro forjado que mereRetrato de Mai:ía .A:,n,toni~ta, por Mme. Vigéeexcavaciones en Lagina (Asia Menor), donde descu- cieron Justos y merecidos elogios de los inteligentes. Por fortu- Lebrun. - María Lmsa V1gee nació en 1755 y había alcanzabrió el friso de un templo de cuarenta y ocho metros na, tras tantos años de marasmo é inacción en la aplicación del do ya gran fam~ como ret~atista cuando en 1776 se casó con
de longitud, entero (así lo escribe), que considera más arte á las obr_as _de metal, se opera de algún tiempo acá un ver- Lebr~n: fué ~m!g:a de la rema María Antonieta, de la que pindadero renac1m1ento, que con demostrar las cualidades ele mu- tó mas d~ ve1~t1c10co retr~tos, y al estallar la revolución, salió
importante aún que los sarcófagos de Sidón. Además c~os _artffices co~prueba el progreso realizado en el gusto del de Francia, siendo m_u:y bien recibida en las cortes extranjeras,
del museo se ha formado otro departamento donde publico al preferir los modestos trabajos forjados en hierro á cuyos soberanos s_e h_1c1eron ~etratar por ella. En 18o1 volvió á
se colocan objetos encontrados por los alemanes en las obras de relumbrón con que la quincallería extranjera inva- París,_ en donde s1gu1? obtem_endo grai;cles triunfos y en donde
falleció en 1842, habiendo pmtado durante su larga vida 662
Zingirli. En la entrada del kiosco de Chinili se ven de nuestros bazares.
retratos! 200 pai~ajes y I I cuadros de otros géneros. El retrato
En
la
sección
de
pintura,
una
niña
echada,
de
Tamburini,
varias baldosas asirias excavadas por los ingleses en 0:up~ ~l centro del lienzo de preferencia, obra de ejecución de ~lana Antometa que re~roducimos Jo pintó para la empe·
Nínive; y en un cuarto cerrado se encuentra, junta- s1mpahca y agradable y de clara entonación. De Agrassot son ~atriz M~ría Te_resa, que q_u1so _tener cerca la imagen de la himente con el curioso león de Hittite de Marash, una do! figuras, un labrador valenciano de pie, apoyado en un muro, Jª de q~1en hacia tantos a~os vivía separada. Mme. Vigée Le·
rica colección de inscripciones Hincaríticas en pie- tanendo la _bandurria, y una aldeana pasiega echando de comer brun ?~e~ en sus Memorias hablando de la reina de Francia:
gall~nasi d?s cuadrit?s pintados con un cuidado que ra- &lt;Es d1f1cll formarse idea de tanta gracia y de nobleza tanta. El
dra, así como antigüedades de Babilonia, excavadas áyaunas
color de su cara er~ tan hermoso que su piel no ofrecia la me·
en la mmuc1os1dad propia algunas veces de ese artista.
por De Sarzec en Tel10. Además de estos y otros obM~stre expone u~a serie de pequeñas telas con los asuntos nor ~ombra ~ en 011 paleta no había colores que pudieran co•
jetos, cuyo número aumenta á causa de las excava- propios de su especialidad, temas de paisaje animado con gru- mumcar á m1 cuadro la frescura y delicadeza del original.&gt;
ciones dirigidas por extranjeros, se han hecho nume- pos de vacas; una de ellas, de robusta entonación, con un cielo
de nubarrones que á trechos se reflejan en el suelo húmedo y Las dos n&lt;;&gt;vías, cuadro de José Weiser. - No
rosas adquisiciones resultantes de confiscación, entre fangoso,
creemos necesario hacer la descripción de este cuadro, porque
atrae con preferencia las miradas.
ellas la famosa inscripción de Siloani, la más antigua
Un cua&lt;lrito de costumbres del artista valenciano Gómez, harto clara aparece en el titulo la intención del pintor que quiy larga inscripción hebrea que se ha encontrado has- pintado con habilidad, y dos pequeños estudios de Auerbach so _?frece~nos el contraste ele dos hermanas, consagrada una al
Senor, d1sp~e_sta otra á unirse al hombre amado y ambas buscompletan la primera exposición de esta temporada.
ta ahora.
ca_ndo la feh~1~ad por distintos aunque igualmente santos caSalón
de
&lt;!,a
Vauguardia.
»Vistas
y
escenas
de
l\larruecos,
La ley sobre excavaciones que ahora rige es una
en una escogida colección de excelentes fotografias, llaman po- mmos, la r~lig1ón y la familia. Pertenece este lienzo á un géne·
traducción de la griega, ligeramente alterada, y con- derosamente la atención del pt1blico, con el doble interés que ro_ que l~ pm!ura modernista tiende á proscribir; pero, sin entrAr en d1scus1ones sobre esta dificil cuestión y entendiendo co·
tiene muchas restricciones para los que átales traba- les prestan los recientes acontecimientos de Melilla.
;o e~ten~emos que el arte es vario como la naturaleza en que
jos quieran dedicarse.
- El drama de Schiller, Guillermo Tell, que has· ebe msp1rarse, Y que la manifestación artística puede emplear
Se ha criticado á Hamdy por haber introducido ta Teatros.
ahora no habla podido representarse en Rusia por haberlo tantos procedimientos cuantos sean los temperamentos de los
aquella ley en Turquía, pues las condiciones de los impedido la censura, se pondrá en breve en escena en San Pe- que _al arte se dedican y los sentimientos que en ocasiones dados países son del todo desemejantes. En Turquía tersburgo y en Moscou, pues la Administración suprema de la das impulsen su pincel, no vacilamos en afirmar que cuadros
no hay anticuarios ni arqueólogos, como no sean súb- prensa ha consentido al fin en que se representara aquel her· como !,as dos novias son y serán siempre de los que emocionan
Y deleitan y constituirán por ende un timbre de gloria para sus
ditos extranjeros, y tal vez algunos griegos en puntos moso drama.
- El célebre compositor Pedro Mascagni est~ escribiendo autores, sea cual fuere la escuela á que pertenezcan.
como Constantinopla y Esmirna; no hay tampoco re- un drama cuyo papel de protagonista interpretará el notable
_La boda del torero, cuadro de Salvador Vilación lógica ó histórica entre Constantinopla y las actor italiano Ermette Novelli.
París. - Se han estrenado: con regular éxito en Menus Plai- n1efra-¿Hen:os de afirmar una vez más lo que vale y lo que
antigüedades de Palestina ó Mesopotamia; y estudiar
e~ e arte espanol contemporáneo significa el Sr. Viniegra?
éstas en la capital turca es lo mismo que hacerlo en sirs L es Col/es des femmes, opereta en cuadro actos, letra de ¿ emos de reproducir los calurosos y sinceros elogios que tanJaime~ Keroul y música de Luis Ganne; con muy buen éxito,
Berlín, París, Londres, Nueva York ó Filadelfia. Ade- en Varietés, Madame Satán, vaudeville en tres actos y cinco ~0veces he~o~ prodigado al pintor que, ausente de España,
vivir de recuerdos de su patria y en asuntos netamás, el gobierno no está interesado en proveer me- cuadros de Blum y Touché, de argumento extravagante, pero menteparece
espano
~ Jes 1nsp1ra
•
• sus obras y traslada á sus lienzos al par
dios para colocarlas en museos, á fin de que sean ac- desarrollado con mucho ingenio; y en el Gymnase, La Chrisaque las costu!"bres pintorescas de nuestro pueblo los inmensos
(ide,
comedia
en
un
acto
de
Mauricio
Drack,
y
Un
evengea11ce,
cesibles á los estudiantes; y á pesar de su buena votesoros artfshcos de nuestras iglesias? Del cuadro de hoy debiédrama en tres actos de Enrique Amic.
luntad, el director del Museo imperial no puede mteresante
Londres. - En el teatro de la Comedia se ha estrenado con r~m~s decir lo que de muchos anteriores hemos dicho· sus cuacuidarse de los muchos materiales que ahora tiene gran éxito un drama de Mr. Sydney Grundy, titulado Showing 1 ª es son las mismas que las que hemos admirado e~ La firentre manos.
Wind (Quien siembra vientos ... ), obra de tesis, al estilo de las ma del contrato de boda, La inscripcidn en e/registro ba11tú111ál
de
Dumas, hijo, y de argumento interesante, en la que se fusti- Y tantos otros; sus bellezas no necesitan demostración, se sienEl gobierno concede maravillosas ruinas á los cote~ Y se comprenden á primera vista. Limitémonos pues á adga
á
sociedad porque considera más punibles las faltas de la mirar
'
lonos circasianos para construir sus casas, y les per- mujerlaque
.,._ y ap¡aua·ir una vez más al celebrado autor de' La bendilas del hombre y sobre todo porque hace recaer so- czvn
de los campos.
mite guardar sus ganados en esos templos y palacios bre los hijos las culpas de sus padres.
de los antiguos, tan bien conservados. Hace poco se
Madrid. - En Lara se ha estrenado una comedia en dos ac~anta Tares~ de Jesús, cuadro de Eugenio
construyó un dique para contener las aguas del Eu- tos, González y Co11zález, arreglo de la francesa Dttrandet D11- 0¡1°Jªl?-º
Regmer. - Jamás ha rodeado de modo tan resra11d,
hecho
por
el
Sr.
Pina
y
Domínguez,
y
en
Eslava
una
frates, y para la obra empleóse considerable número zarzuela en un acto, El cornetilla, letra de Perrín y Palacios, Pan eciente la aureola de la gloria el nombre de una mujer
de ladrillos de la antigua Babilonia..
música del maestro Marqués: ambas obras han sido muy aplau- ~~mi acfntece con ~l de Teresa Sánchez de Cepeda y Ahuma'.
á ia h~~ en_ la Iglesia_ venera por la pureza de su vida y su amor
Hamdy ha luchado seguramente mucho para re- didas.
namdad. Vanos son los artistas que han tratado de reBarcelona. - En el Eldorado se ha estrenado con buen éxito
mediar estos defectos; mas por grande que sea su vopresentar ~n el lienzo la imagen de la santa é insigne doctora
luntad, un hombre no puede atender á todo. El mu- la zarzuela en un acto Vla libre, letra de Arniches y Lucio, mú- que t_an brillantemente descuella entre los grandes escritores
sica del maestro Chapf. En el Principal se ha verificado el beneseo y los exploradores extranjeros han de cooperar ficio de la primera actriz señora Reiter, que obtuvo una ovación ~el si¡¡-Io XVI Y los grandes m(sticos de nuestra patria. El célepara la conservación y exploración de las inestima- tan grande como justa en la representación de La dama de las re pinto~ valenciano Juan de Juanes, contemporáneo·de 1:i funda~ora, pmtó un notabilísimo lienzo, que al igual del que pos·
bles antigüedades del imperio otomano. Si se estimu- Camelias. Eo el Tfvoli continúa la compañía de ópera que di- ¡enor:ente
pintó Ribera, considéranse como dos obras maesrige
el
mae.stro
Pietri.
Ha
comenzado
la
temporada
de
Novelara á los extranjeros á explorar y excavar, otorgandades: la compañia dirigida por 'el reputado actor Sr. Simó ra~.. lonso Cano, Velázquez y Murillo inspiráronse también
doles una parte de los objetos que encontrasen, el ha puesto en escena con aplauso, entre otras obras, La Dolores, en a )nt_eresante figura de Teresa de Jesús, á la que han rencli·
asimismo el merecido tributo los pintores modernos, conmuseo de Stambul, lejos de ser robado, aumentaría de Felíu y Codina, y La parentela, de Colomer.
Y entre otros lo demuestran los lienzos de Benito Mercasus colecciones más rápidamente que ahora.
doérme
y
Alcázar Tejedor.
Necrología.
-Han
fallecido
recientemente:
Pero si Hamdy ha cometido un error en su tentativa
El Sr. Gimeno Regnier ha tratado de que en su obra se mar·
Luis Eugenio Hatin, el Nestor de los periodistas franceses,
para aplicar la ley griega :.í. las condiciones del impe- autor &lt;le la Historia política y literaria de Francia.
case el sello esp~cial de una época y preciso es confesar que ha
logrado
b'
'
rio turco, debe confesarse que en parte le indujeron á
Yoshito lnoko, profesor extraordinario de la Universidad ja- d I su O jeto, pues el retrato que reproducimos parece obra
ello los abusos que con la primitiva ley se cometían. ponesa ~e Tokio, conocido en el mundo médico por sus traba- e a guno de los buenos artistas místicos del siglo xv11.
Cierto arqueólogo inglés bien conocido equipó hace jos farmacológicos y fisiológicos.
Alberto Moore, célebre pintor inglés, de tendencias artísti·
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais
P?cos años un pequeño bote en las islas griegas, é cas greco-japonesas, individuo de la Real Academia de Londres. a~optado
en los Hospitales de París y que pres~
hizo desembarcos piráticos en la costa turca para enExcmo. Sr. D. José Ferrer y Vidal, notable economista de- cnben_ l_os médicos, contra la Anemia, Clorosis
riquecer las colecciones de °Londres. Un explorador fensor entusiasta de la producción nacional, ex diputado, ~n la Y Deb1hdad; dando á la piel del bello sexo el
y aterciopelado que tanta se desea.
francés, que obtuvo primero su firmán para excavar actualidad senador, consejero ele importantes compañfasde cré- sonrosad.o
dito y de obras públicas, caballero Gran Cruz de Isabel la Ca- Es el me,1or de todos los tónicos y reconsti1.uen Samotracia, se arregló después de modo para que tólica, comendador de Carlos III y oficial de la Legión de yen_tes. No produce estreñimiento ni diarre1:1,
temendo además la superioridad sobre los fe~
una corbeta francesa visitara la isla, y habiendo des- Honor.
rruginosos de no fatigar nunca el estómago.

tº

NÚMERO 616

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

675

UNA FRANCESA EN EL PO.LO NORTE
POR PEDRO ~1-'\EL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS

(CONTIN UACIÓN)

Aquella botella contenía un papel, que Isabel se
apresuró á leer. Desde que hubo puesto los ojos en
el documento, fué presa de una agitación febril.
- ¡No volveré al campamento hasta que haya encontrado á mi pldre!, exclamó. Guerbraz, entregad

quedabm rendidos andando por aquel terreno que- Es preciso no desesperar nunca, dijo el doctor
brado y erizado de témpanos. Tres de los hombres doblando el paso.
Guerbraz, para darse ánimo á sí mismo, prorrumcayeron extenuados y fué preciso levantar las tiendas,
ya que el termómetro marcaba 34 grados bajo cero. pió en esta exclamación:
- ¡Mantente firme! ¡Salvator, firme, que allá vamos!
Huberto hizo levantar las tiendas. El cielo estaba
Ahora las ráfagas eran del Sudoeste y se llevaban
su voz. Al mismo tiempo, espesos copos azotaban su
rostro y ·1a alfombra de nieve se espesaba bajo sus
pies. Por fortuna, el terrible frío que reinaba, un frío
de 42º bajo cero, endurecía el suelo. No corrían, volaban.
Les pareció que después de unos minutos de carrera sonaban más cercanos los aullidos del perro.
Sí, se acercaban. El valiente-animal había venteado las emanaciones de los tres hombres y en lugar
de la queja lúgubre de antes lanzaba sonoros aullidos.
M;i -,,l" -~ ·&lt;d/ov
Guerbraz fué el primero que lo vió.
Salvator
estaba acurrucado ante un enorme tém,..,..,..,.IJI'-:.:,--pano de diez metros por lo menos de altura. Aquel
........"._~~$~
montículo estaba formado por trozos enormes de
hielo conglomerados entre sí por la nieve fresca. A
__...~.._,,,.._-....,,
cada instante se espesaba más aquel mortero de nue----''·"&lt;'.!~~~
vo género, á pesar de los esfuerzos del animal para
apartarlo con sus patas. Delante del perro se advertía
la huella de un paso recientemente abierto y vuelto á
tapiar en seguida por el hielo y la nieve.
Los tres hombres desembarazaron muy pronto el
paso con las culatas de la carabina, y como si no hu1..,iese esperado más que aquella ayuda, Salvator, precipitándose sobre la delgada capa que obstruía el
IIuberto di6 orden de botar al mar una chalupa
paso, la rompió con su choque y desapareció dando
furiosos aullidos.
Huberto se tendió sobre el suelo al nivel del orifieste papel al Sr. d'Ermont cuando vuelva, diciéndole puro y no amenazaba ninguna nevada, por lo cual to- cio y llamó:
que mi padre está aquí, y que yo no he de parar has- do el mundo se tranquilizó y se empezaron los pre·
- ¡Isabel! ¿Estáis aquí? ¡Responded por Dios!
ta que le encuente.
para ti vos para descansar.
Una voz que parecía muy débil y que se hubiera
Entonces, á pesar de todas las observaciones que
Se preparó en seguida la comida, y á fin de facilitar dicho que salía del centro de la tierra, replicó:
le hicieron, empezó á correr por los témpanos y des- la cocción y para desenlumecer á los marinos, d'Er- Sí, Huberto, aquí estoy; no estoy sola; mi padre...
apareció antes que pudiera pensarse en seguirla.
mont hizo que se encendiera el hornillo de gas hiEl resto de la frase no pudo oirse. Por otra parte
- ¿Y no la habéis seguido?, exclamó Huberto, loco drógeno.
no era necesario. En seguida los tres hombres se pude dolor.
D'Ermont por su parte no cuidaba de su cansan- sieron á trabajar, y el hombro hercúleo de Guerbraz
- Perdonad, capitán, no hemos hecho otra cosa; cio ni de su propia seguridad; así es que tomando derribó los muros de aquella tumba de hielo, bajo la
ahora volvemos para tomar víveres y proseguir nues- apenas un poco de caldo casi hirviendo, se lanzó al cual había sepultados algunos vivos.
tra persecución. ¿Queréis venir con nosotros?
exterior, dejando á sus hombres bajo el mando del
Huberto con un reguero de pólvora produjo una
D'Ermont se había detenido. Bajo los rayos obli- teniente Poi.
explosión para conmover los bloques monstruosos
cuos del astro leía el documento encontrado, que deEl doctor Servan y Guerbraz corrieron tras de sus que el frío había soldado entre sí.
cía así:
huellas y no tardaron en alcanzarlo.
Al cabo de veinte minutos de esfuerzos sobrehu«r6 de agosto de 189 ... Sin esperanza de que se
Huberto se retorcía las manos con desespera- manos se rompió la muralla del sepulcro y apareció
encuentre, tiro este documento en el seno del mar ción.
una especie de corredor subterráneo.
libre que dentro de poco ya no lo será. La congela- ¿Habéis visto el barómetro?, dijo. Dentro de
Los tres hombres lanzaron un grito de sorpresa.
ción sube ahora desde el Sud hacia el Norte, y nos poco vamos á tener una espantosa borrasca de la que Lo que tomaron por un témpano no era otra cosa
sostenemos sobre un témpano que deriva hacia el no sé cómo saldremos nosotros mismos, y pensar que que la popa del submarino, cuyo resto del casco se
Este. Todos nuestros instrumentos han quedado en esa desdichada ha salido sin tomar ninguna precau- hundía profundamente en la nieve. La capota que
la canoa, puesto que un golpe de mar nos ha privado ción, sin llevarse provisiones. ¡Si por lo menos la en- tenía levantada le daba el aspecto de una de esas baimpensadamente del submarino, cuando volvíamos contráramos viva!
rracas de las cuales se encuentran todavía vestigios
del polo. El doble viaje de ida y vuelta se ha verifiCorrían con toda la velocidad que les permitía el en las regiones más septentrionales de la Groenlanc:ido con toda felicidad. El polo es una isla ceñida suelo del pack, hinchado por enormes verrugas, ca- dia y de la tierra de Grinnell.
por arrecifes que sostienen una verdadera muralla de yendo aquí, levantándose allá y hundiéndose á veces
Huberto saltó sobre los témpanos que dominaban
hielo. Hemos pasado por debajo, á una profundidad en grietas rellenas de nieve.
el barco aprisionado y penetró en el interior, donde
de unos doscientos metros. Si el mar se congela traEl firmamento se cubría de nubes con rapidez, sig- vió un espectáculo horrible.
taremos de encontrar el barco. Latitud 87°, 48', 20'' ; no inequívoco de que la tempestad se acercaba á toda
Isabel, pálida como un cadáver, estaba arrodillada
longitud occidental 42°, 16'. Esta es la :5ltima altura velocidad.
ante una criatura humana, á la cual no parecía queque hemos tomado ayer, y la pérdida del submarino
Los tres hombres hicieron una bocina con sus ma- dar ya un soplo de vida. De cuando en cuando, enha sobrevenido á las seis y quince de esta mañana. Nos nos y llamaron á Isabel con toda la _fuerza dé sus tre los amoratados y apretados labios del desdichado
quedan diez libra$ de pan comprimido y ochocientos pulmones.
vertía algunas gotas de aguardiente, después de sepagramos de pemmican. Si la tripulación de la EstreSólo el silencio les contestó. De repente Guerbraz rar con las manos los dientes del moribundo.
lla Po/ar encuentra esta botella, que nos busque al tuvo una feliz inspiración.
- Huberto, dijo rápidamente, éste es mi padre, viEste.))
- Llamemos al perro, dijo.
ve todavía. Sus dos compañeros han muerto. EnconCuando hubo terminado su lectura, el oficial sintió
Sin esperar siquierra el consentimiento de sus com- traréis sus cuerpos cerca de la máquina. El frío los
un estremecimiento.
pañeros, gritó con voz fuerte:
ha matado. No tenían combustible y sus provisiones
- ¡Adelante!, exclamó, y que Dios nos ayude; no
- ¡Salvator! ¡Salvator! ¡Salvator!
estaban heladas.
tenemos un minuto que perder.
Los tres se callaron y prestaron oído, pues les haEl doctor Servan, que se hallaba ya al lado del seTomó el camino del Noreste. De repente Huberto bía parecido oir un grito lejano.
ñor de Keralio, dijo:
exclamó dirigiéndose á Guerbraz:
No se engañaban, y entre dos ráfagas del viento
- Es preciso que uno de nosotros vaya á buscar
- ¿Y el perro? ¿Qué habeis hecho de él? ¿Ha se- que barría el suelo, una queja lamentable, un ladrido refuerzo, pues no podemos de ninguna manera abanguido á la señorita Isabel?
siniestro, uno de esos gritos que no pueden oirse sin donar á Isabel y á su padre aquí, y esta temperatura
Guerbraz vaciló un momento y luego contestó:
hacer estremecer al hombre más valiente, llegó hasta es insoportable.
- Es prob1ble, capitán, pues desde que la señori- los exploradores.
D'Ermont vacilaba. Objetó que su presencia podía
ta nos abandonó no lo hemos visto más.
- ¡Ah, Dios mío, gimió d'Ermont, ha muerto!
ser ú ti! allí.
D'Ermcnt lanzó un suspiro de alivio y levantó los
- ¡Valor capitán, exclamó el enérgico Guerbraz;
Guerbraz fué el que les sacó de apuros con una
ojos al cielo.
adelante!
idea que le sugirió su buen deseo.
- ¡Bendito sea Dios! Siempre servirá para evitar
Segunda vez la desolada queja del perro vibró en
- ¡Qué vaya el perro!, dijo.
algún peligro á Isabel.
el aire.
Todos le comprendieron.
Al cabo de algunas horas de camino y por muy
- Salvator no gemiría así si Isabel estuviese viva,
Sacando la cartera, Huberto escribió .en una hoja
grand_e que fuera la energía de ;i.quellos hqmbres, dijo Huberto.
esta carta al teniehte Poi:

~'•·-

1.

-

-

--

4

:.,

~,,

�676

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

616

N úMERO

•

«Enviad tres hombres con víveres y uno de los
tubos de hidrógeno, Seguid al perro; él os enseñará
el camino. »
Arrancó la hoja de la cartera y la fijó en el collar
del perro.
Sólo faltaba que Salvator comprendiera lo que se
esperaba de él y quisiera ir al campamento.
Isabel se encargó de aquel cuidado. Contaba con
razón_ con, la maravillosa inteligencia de Salvator, tan
supeno: a la ~~ sus congéneres. Saliendo, pues, del
submarmo apns10nado, subió sobre un témpano, aca-

Nada tan lúgubre corno aquel entierro. La luz que
lo alumbró era pálida y gris y el frío que se sentía sumamente horroroso.
Fué preciso proceder á aquel último acto conforme las circunstancias lo permitían.
El hercúleo brazo de Guerbraz fué el que abrió en
el campo de hielo una fosa ancha y profunda de cuatro pies que ab.igara los cuerpos de aquellos heroicos
compañeros.
Cuando se verificó la fúnebre ceremonia no hubo
ojos que no estuvieran c_uajados de lágrimas. Aque-

El enorme muro paleocrlstico no tenla ningún contacto con el agua

rició al valiente perro, é indicándole la dirección del
Sudoeste, cerrado por una cortina de nieve ininte·
rrurnpida, le dijo:
- ¡Vé y tráelos, Salvator!
El perro lanzó un alegre ladrido miró un momento á su arna y partió rápido como ~na fl echa.

llos hombres merecían el llanto de sus compañeros,
que corrió abundante sobre su tumba.
Desp?és de aquella tarea fúnebre y cuando se hu~o en cierto modo exti~guido la emoción que causó
a todos, el Sr. de Keraho, que ya había readquirido
fuerza, explicó su odisea.
Pero antes, todos quisieron saber de labios de IsaXII
b~l sus aventu~as ~esde que emprendió la fuga tan
d1~hosamente msp1rada, y como guiada por el amor
BAJO LAS OLAS
fi!1al pudo al cabo . descubrirá su padre bajo el si.
.
01estro amontonamiento de témpanos.
Costó mucho _vol~er á la vida al moribundo.
Y ésta las explicó con toda ingenuidad.
rero ~u c?nst1tuc1ón robusta, los cui~ados ~e Is~Desde que salió del sitio en que había dejado á
~e, ladci~ncia del doct~r Servan le volvieron a la v1- sus compañeros, su instinto la había guiado no solaª: Y _e~ el tercer d1a pudo levantarse, haciendo mente hacia el sitio que indicaba la carta de su paasrs:e~iv;r. ~ esperanza en ~odos los ~orazones.
dre, sino hacia la parte más accidentada del pack,
e 11 c1eron tomar alimentos bien dosificados, que es la que era de más reciente formación y donft~1:~ª,df e~ tan f~nest_o _como las indigestiones que de, por lo mismo, debía hallarse la expedició~ de los
gp ª as argas mamc1ones.
tres hombres que habían ido en busca del polo
ero. antes de que esa especie
· de resurrección
· se
' engañado. Con un extraordinario· poNo se hab1a
Produiera, tuvo que procederse á dar sepultura á los der de observación, con una seguridad de que no se
d?s. bretones, pues b~e~ones eran los dos primeros in- hubiera creído capaz á una mujer, sirviéndose de la
divr~r°s _d~ la ~xped_ició~ que hallaban la muerte en I e~periencia_ que habla adquirido para atravesar las reaque as m osp1talanas tierras.
g1ones glaciales, adelantó rápidamente hacia la direc-

f

ción que de antemano sabía, y empezó á escudriñar
todos los témpanos que á su paso encontraba, sabiendo ya por su forma cuáles eran los sólidos y cuales
los que cubrían cavidades profundas.
Así llegó enfrente del montículo que recubría el
submarino, y quedó parada un momento pensando
que allí quizá habían encontrado sepultura los qut:
buscaba.
Salvator había llegado también junto al témpano
y gruñía sordamente, de un modo que hizo estrei;necer á la joven.
Fatigada ésta por la rápida marcha y no habiendo
tomado alimentos desde hacía doce horas, estaba sumamente nerviosa é impresionable.
Comprendiendo que allí estaba quizá la tumba de
su padre; Isabel azuzó al perro, que dando la vuelta
al enorme trozo de hielo, se detuvo junto á uno de los
ángulos y empezó á escarbar con verdadero frenesí.
Isabel le ayudó en su tarea. Tan impaciente como el animal, comprendiendo que algo insólito ocurría detrás de aquella muralla de témpanos y viendo
confirmadas sus anteriores sospechas de que existía
una cavidad debajo del hummok, procuró y consiguió
escalar éste sin grandes dificultades.
Entonces sucedió lo que no podía ser sino una tremenda catástrofe y que por fortuna fué causa ocasional de la salvación del Sr. de Keralio.
El hielo, sumamente delgado, cedió bajo el peso
de Isabel y ésta se hundió en un verdadero tubo de
nieve, cuyo nivel inferior tocaba á la escotilla del
submarino, que había quedado abierta. Allí se encontró junto á su padre inanimado y ante los cadáYeres
de sus compañeros que yacían algunos metros más
lejos. Su desesperación fué inmensa, pero á fuer de
mujer inteligente y serena principió por lo primero, que era en aquel momento conservar á su padre
el soplo de vida que le quedaba. Por fortuna había
conservado una pequeña bota de aguardiente y procuró introducir entre los labios del moribundo algunas gotas de aquel licor que podían reanimarlo.
Entonces fué cuando la encontró Huberto d'Er•
mont, apenas Salvator le hubo indicado el sitio.
Huberto había encontrado al perro trabajando
desesperadamente por abrirse paso al través del hielo, P?rque mientras, con riesgo de su propia vida,
prodigaba á su padre los más solícitos cuidados el
frío implacable cerraba poco á poco el paso por d~nde había descendido y amenazaba sepultarla con los
infelices allí olvidados.
Lo que sucedió después aconteció en medio de
los más extraños cambios de temperatura. La tormenta de nieve cuya violencia tantos temores había
inspirado, fué por fortuna de corta duración y así llegó el día 1.0 de septiembre.
Entonces fué preciso celebrar consejo: la estación
est~ba tan avanzada que parecfa temeraria toda tentativa para llevar más adelante la expedición; pero
con la salud _re~obraba el Sr. de Keralio la energfa, y
cuando se smt1ó repuesto relató toda la historia de
su aventura.
De lo demás ap~n~s se acordaba la valiente joven;
pues desde que v1ó a su padre en seguridad la emoción, la fatiga y el frío horrible que había padecido
la rindieron.
- Sí, dijo; he visto el polo: poco ha faltado para
que no pudiera alcanzar mi deseo. Esta muralla de
hielo que se levanta ante nosotros no tiene la misma
composición que los bloques paleocrísticos sobre los
cuales descansamos, pues no tiene contacto con el
mar.
- Efectivamente, exclamó d'Ermont· el teniente
Poi y yo hemos podido comprobarlo de' una manera
precisa. Esa muralla descansa sobre una base de rocas compactas y duras que llegan hasta profundidades enormes del Océano. Sin embargo nada autoriza
á creer que no exi~tan fallas y hende&lt;luras en aquel
basamento, algo as1 como túneles ó pasos submarinos.
-: Sí, existen, hijo mío, y cuanto de ellos pudiera
deCiros sería una repetición de lo que consigné en
el documento que ya conocéis, gracias á la botella: por
e!los hemos ll~~ado hasta el extremo opuesto de ese
cmturón gr~mt1co1 donde hemos sido rechazados por
una '.u~rza mvenc1ble, por urta especie de remolino
pro?1g1os~ que nos h~ lanzado fuera de la periferia y
obligado a volver atras, ya que no podíamos vencer
aquella fuerza centrífuga. Si no hemos luchado más
contr~ aque:l~ ~uerza ha sido porque nos hallábamos
en la 1mpos1b1hdad de hacerlo, puesto que en mitad
del cam!no nos ha faltado el combustible. Si mis
dos manneros están muertos y á mí me habéis hallado moribundo, ha sido culpa de alguien á quien no
conozco, pero contra quien no obstante debo formular una a~usación tanto más grave cuanto que exige
una penalidad.
-¿El com_bustible?, exclamó vivamente Huberto.
¿No os habíais llevado muchos tubos de hidrógeno

LA ILUSTRACIÓN

616

líquido? ¿No habíais tomado una cantidad suficiente?
- Sí, la cantidad hubiese bastado de sobra, puesto
que nos llevamos diez tubos que representaban ochocientos mil litros de gas, y la maniobra del submarino
no exigía más que la mitad. ¡Juzgad de mi estupor
cuando advertí que de los diez tubos había cinco
vacíos!
- ¡Vacíos!, exclamaron todos entre sorprendidos é
indignados.
- Vacíos, añadió el padre de Isabel, ó mejor dicho, vaciados á propósito. La espita fué abierta, y
desde hacía mucho tiempo las capilaridades no contenían ni un átomo de gas. El crimen debió ser cometido, bien á bordo, bien durante nuestra invernada en el cabo Ritter. No me atrevo á pronunciar
ningún nombre, y, sin embargo, uno asoma á mis
labios.
- ¡Hermano Schnecker !, exclamó Huberto con
violencia.
- No acuséis á nadie todavía, querido Huberto,
pues sólo el tiempo-puede descubrir al malvado. Para ello haremos todas las pesquisas necesarias.
Entonces contó todas las peripecias de aquella
conmovedora campaña: su vuelta después del fracaso
padecido por el submarino, su encallamiento en la
costa, el arrastre sobre el hielo del pack, una tempestad sin precedentes que había roto el pack como se
chafa la cáscara de un huevo, la carrera desesperada
de aquellos desgraciados, ateridos de frío y famélicos,
á través de mil obstáculos en busca del débil esquife
que contenía todas sus esperanzas; luego el submarino hallado después de mil peripecias y la reinstalación de los tres hombres moribundos en aquel estuche de aluminio completamente congelado y casi
más frío que la temperatura exterior. Los dos marineros sólo entraron allí para morir con cuatro horas
de intervalo. En fin, el Sr. de Keralio cayó á su vez,
y hubiera perecido infaliblemente sin la intervención
milagrosa de su hija.
Aquel relato produjo una impresión profunda sobre cuantos lo oyeron.
La emoción llegó á su colmo, cuando el padre de
Isabel, volviendo á su idea fija, repuso:
- Pero si la ausencia de hidrógeno me ha impedido realizar mi proyecto, ahora no existe ya este obstáculo. Estáis abundantemente provistos de este gas
bienhechor; saquemos á flote nuestro submarino y
empezaré de nuevo la empresa. No quiero que se diga que he naufragado dentro del puerto.
Huberto d'Ermont intervino entonces.
- Tío mío, dijo, entra en mis proyectos llevar á
buen término esta expedición; pero debéis comprender que no podemos de ninguna manera permitir que
os asociéis á nuestras fatigas y á nuestros trabajos.
Por otra parte, el doctor aquí presente os dará los
consejos que le dicten su ciencia y su amistad. El
submarino puede llevar cinco hombres á bordo. Nosotros sólo seremos tres para llevar á buen término
nuestra empresa; Guerbraz, yo y un tercer voluntario.
Una voz sonora y vibrante se elevó. Era la de
Isabel.
- El tercero, ó mejor dicho, la tercera, seré yo. Ya
que el estado de salud de mi padre no le permite tomar la parte que le estaba reservada en el descubrimiento, yo, su hija, ocuparé su puesto, y espero que
no serviré de estorbo.
Se trató en vano de disuadir á Isabel. Ni los argumentos de su padre ni los de sus compañeros bastaron para convencerla ni para amortiguar su entusiasmo.
Entonces, como el tiempo urgía y era preciso aprovechar los últimos días del verano, se decidió apresurar la expedición. Ocho días á lo sumo debían
bastar á los osados exploradores para llegar al eje del
mundo y estar de regreso. El Sr. de Keralio, por grandes que fueran sus deseos de acompañar á los expedicionarios, hubo de ceder á los prudentes consejos
del doctor Servan, habiéndose convenido que se
quedaría en la tanda esperando á que volviera el submarino ó que, guiado por unos cuantos marineros,
regresaría á la Estrella Polar que continuaba invernando en la isla Courbet.
Convenido esto y luego de haber recompuesto
las averías del submarino é inspeccionado las. carlingas, los tabiques, el árbol, la hélice, las máquinas y
hecho jugar todos los resortes de aquella máquina admirable de aluminio, se procedió al aprovisionamiento, y el 2 de septiembre, después de haber arrastrado
el buque hasta la orilla del mar, se le botó al agua, y
al día siguiente, 3 de septiembre, Isabel, Huberto
d'Ermont y Guerbraz se embarcaron, después de
cambiar con sus amigos y deudos fuertes apretones
de manos.
El submarino llevaba un nombre que sólo despertaba esperanza, el de Gracia de Dios.
Era verdaderamente un bu1ue perfeccionado y

677

ARTÍSTICA

La naturaleza de los lechos del suelo parecía indi.
que ya su primer experimento había dado por bueno.
car, en efecto, que en esa dire~ción encontraría más
Tres hombres bastaban para su maniobra.
Se componía de cinco partes: la máquina en el fácilmente les conductos subterráneos cuya presencentro; en la proa un tubo lanzatorpedos y la cámara cia le había revelado el Sr. de Keralio.
A las dos y media el Gracia de Dios sumergió de
de marineros; en la popa el camarote del oficial, pre-

~

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·-...::.-Nada tan lí1gubre como aquel entierro

cedido de un cuarto que estaba junto á la máquina.
Huberto cedió el camarote á su prima, quedándose
con el cuarto.
En la parte de abajo y á los lados del barco, dos
grandes cavidades se llenaban ó vaciaban proporcionalmente, según las profundidades que se querían alcanzar. Encima y sobre la cámara de popa, una caja
conteniendo aire respirable aseguraba la vida de los
tripulantes.
Pero la maravilla de aquel mecanismo ingenioso
era la aplicación sagaz que había sabido dar al hidrógeno el Sr. de Keralio, ayudado por la experiencia de los dos hermanos d'Ermont.
Estaba dispuesta del modo siguiente:
El hidrógeno, al salir del tubo de acero, pasaba á
una primera cámara de dilatación destinada á amortiguar su violencia, y luego se introducía en el cilindro motor, que contenía el pistón, por el juego alternativo de un cajón enorme. Mezclado con cierta cantidad de aire, el gas recibía el choque eléctrico de
una chispa de una bobina Rumhkorff. Bajo aquella
influencia, la combinación del hidrógeno con el oxígeno ambiente producía agua, que era recibida en un
cubo y rechazada al exterior por una bomba de gran
potencia, en tanto que la dilatación del resto de la
mezcla, obrando sucesivamente sobre las dos caras
del pistón, producía el vaivén de éste.
Cada vez que completaba su curso el gas se escapaba por orificios exteriores, chimeneas agujereadas
por conductos capilares inaccesihles á la invasión del
agua. El mecanismo de la distribución consistía, pues,
en la oscilación de las cajas que abrían y cerraban
sucesivamente los orificios del cilindro y en la apertura alternativa de circuitos que daban paso á la
chispa eléctrica para llegar á los aparatos inflamadores.
Era la última palabra de la navegación submarina,
y los viajeros tenían entre sus manos el más potente
de los agentes en forma de hidrógeno líquido ó sólido
encerrado en tubos que antes de partir examinó Huberto, el cual pudo ver con alegría que ninguno de
ellos había sido objeto del atentado cuya .naturaleza
explicara tan formalmente el Sr. de Keralio. La hora escogida para partir era la del mediodía. En el momento preciso los recipientes del submarino se llenaron de agua y el barco se hundió progresivamente
bajo las olas.
Tan grande era la limpidez de las capas del mar paleocrístico, que durante cinco minutos los espectadores de aquella escena pudieron seguir el descenso del
Gracia de Dios, pero después le perdieron de vista.
Llegado sin obstáculo á una profundidad de quinientos metros, el buque remontó inmediatamente á
la superficie: como se podía atravesar al aire libre y
en plena luz toda la zona del Océano que rodeaba al
polo, era inútil gastar tontamente el precioso gas antes de llegar á la cornisa de granito que sostenía el
banco de hielo.
El submarino, dotado de una velocidad de doce
nudos por hora, únicamente hizo uso durante esta
travesía de tres horas de sus velas de fortuna ó treos
y de sus largos remos. Llegado hasta el borde mismo
de la roca, y después de haher estudiado aquella muralla con gran cuidado, Huberto decidió remontar
algunos segundos hacia el Este.

nuevo. Lo hizo con gran lentitud y prudencia sin
dejar de observar el muro que le barría la rut; del
polo.
Gracias á las proyecciones de los aparatos eléctricos que consigo )levaban los expedicionarios, pudieron éstos escudriñar los últimos rincones de esos cimientos del globo.
A ochenta brazas, la muralla pareció desgarrarse y
el submarin&lt;;&gt; se encontró ante una bóveda que formaba túnel bajo la masa granítica. El haz de rayos
eléctricos que proyectaban las lámparas del buque
reveló pronto á los viajeros la existencia de un corredor prodigioso. Instruído por el Sr. de Keralio
acerca de la est~uct1;1ra de aquellos arrecifes gigantescos, Huberto d Ermont no dudó un instante de que
se hallaba en presencia de uno de esos caminos fabulosos por los cuales el padre de Isabel había encontrado ya su camino hacia el Norte.
Dejó, pues, que el barco bajara unos diez metros
m~s, y advirtió con gran contento que hacia abajo la
gneta se ensanchaba de un modo prodigioso. Lo
que no era sino una simple raja á ochenta brazas
de la superficie del mar, se convertía en una cúpula á
las ciento cincuenta. Y la mirada maravillada de los
viajeros no cesaba de contemplar y admirar la esplendidez del cuadro que se desarrollaba ante ellos
pues parecía aquella gruta un verdadero palacio d~
hadas.
A derecha y á izquierda y alcanzando profundida
des tapizadas de densas sombras, la bóveda formaba
salas sucesivas sostenidas por gigantescas columnas.
Aquí y allá aparecían formas arquitectónicas, flechas,
frontones, y más lejo~ parecían surgir edificios extraños en el seno de los cuales se movían formas desconocidas.
A veces, en medio de aquellas tinieblas misteriosas surgía un rayo de luz azul ó violeta, amarillo ú
opalino, y entonces el mar, súbitamente iluminado
dejaba ver inconmensurables profundidades.
'
- Ved ahí, Isabel, dijo de repente Huberto, cómo
acabo de descubrir la causa de las auroras boreales.
Es evidente para mí en este momento, que los dos
polos son inmensos condensadores de fluidos y que
las iluminaciones maravillosas de estas aguas deben
proyectar en el firmamento esas claridades extrañas

que tantas veces nos han llenado de admiración durante nuestra invernada del año anterior.
- Sin duda tenéis razón, Huberto, contestó la joven. Pero según vos, ¿cuál es la causa de este fenómeno?
( Contilluard)

�678

LA ILUSTRACIÓN

NúMERO 616

ARTÍSTICA

sent~ establecerán con éxito el valizaje
luminoso transoceánico.
L?s primeros faros flotantes se estab!ec1eron en Francia en 1860: el Ruytz_ngen que reproducimos sustituyó re•
~1entemenle á otro del mismo nombre
instalado en 1869 en ;)guas de Dunkerque y es de planchas de acero de
un espesor de 9 á 11 milímetros. Mide
3? metros de eslora, 7'80 de manga y
4_ I 2 de puntal; su casco pesa 103.000
kilogramos y desplaza 387 toneladas.
Su estabilidad está asegurada por su
gran anchura, por 90.000 kilogramos
de lastFe y por dos fuertes quillas laterales que se oponen á los bandazos·
está anclado á 20 metros de fondo so'.
bre el b~nco mismo y puede en caso
de necesidad largar 300 metros de cadena. Sus áncoras tienen la forma de
una seta de hierro y pesan 2.000 kilogramos.
Delante del bao maestro álzase un
mástil corto y_grueso bien sujetado, sobre el cual ~e iza á 1 2 metros por encima del horizonte la jaula que contiene
el apa~ato luminoso, compuesto de nueve lámparas dispuestas en grupos de
tres con reflectores paralélicos: el sistema gira alrededor del mástil y produce un resplandor rojo cada veinte
segundos. A una altura de 20 metros el
mástil termina en una bola construfda
con círculos de hierro, que tiene seis
me_tros de circunferencia y en cuyo intenor pueden sentarse cómodamente
diez personas: uno de nuestros grabado~ reproduce esta especie de observatorio.
En previsión del caso, por otra parte

muy difícil, de que el buque-faro hubiera de navegar
con sus propios recursos, lleva un velamen cuya superficie ha sido calculada para los grandes temporales, únicos que pueden romper las cadenas.
La cala del Ruyti11gen, además de espaciosos alojamientos para el capitán, oficiales y marineros con
todas las dependencias necesarias, contiene la potente máquina de aire comprimido que hace funcionar
la sirena durante las nieblas; por si ésta se estropeara, tiene á prevención el barco una campana que pesa 70 kilogramos,
El servicio de los buques-faros está desempeñado
por un personal numeroso y escogido entre los viejos
marinos de guerra y mercantes. Cada pontón tiene
una tripulación de ocho hombres mandados por un
capitán de buque mercante de los que hacen viajes
de altura, práctico conocedor de los sitios locales y
experto en la maniobra de los barcos-faros.
El relevo de este personal se efectúa cada quince
días ... si el tiempo lo permite, y en invierno acontece
muy á menudo que el tiempo no concede este permiso y hay que esperar entonces una coyuntura favorable.
Este relevo es más difícil de lo que á primera vista
parece. En primer lugar es preciso ir lejos en un vapor especial que remolca una chalupa; luego hay que
transportar víveres, agua dulce, grandes latas de petróleo, alquitrán, etc. Si todo se redujera á que los
del faro saltasen al vapor y viceversa, la operación sería más fácil; pero lejos de esto, hay que verificar un
verdadero desembarco en alta mar, y sabido es que
los trabajos de esta naturaleza son imposibles aun en
un puerto, cuando el mar está alborotado.
Para que el relevo se efectúe normalmente conviene llegar hasta tocar al pontón, y entonces todo se
hace de prisa y bien. También puede verificarse en
.
.
'
ciertas circunstancias, el transbordo por medio de la
chal~pa, pero esto exige que se adopten grandes precauc10nes para que la chalupa atraque sin riesgo junto al pontón.

NúMERO

LA

61 6

La vida de los marinos á bordo de los buques-faros es generalmente monótona; su principal ocupación consiste en arreglar con cuidado y limpieza extremados su casa de campo. Pintar, barnizar y pulir,
he aquí todas sus ocupaciones; fuera de esto, los pontoneros se e ntretienen en varias labores, una de las
cuales es la construcción de barcos casi microscóoicos que son un modelo de paciencia por lo perfectos
en sus pequeñas dimensiones.
De cuando en cuando, un temporal viene á romper
esa monotonía y entonces el barco se agita, se fatiga,
casi navega. Algu nas veces redobla el viento sus esfuerzos y arranca al pontón del escollo en que está
anclado: este accidente, que no tiene nada de agradable, no disgusta sin embargo á los tripulantes del
pontón, que con aquella navegación forzada se sienten rejuvenecidos y recobran el vigor de otros tiempos para luchar con las embravecidas olas. A consecuencia de estos incidentes, muchos buques-faros han
realizado travesías á la vela, tan singulares como llenas de emociones, en medio del furor del Océano,
evitando la tierra y haciendo rumbo hacia alta mar.
Bien lastrados, muy estables y mandados y maniobrados por marinos expertos siempre han salido
bien de estos malós pasos.
Cada pontonero recibe al año un sueldo de I .ooo
francos y víveres para ocho meses: cuando están en

I.

'

***
LA COMBUSTIÓN SIN HUMO

La combustión sin humo es el sueño dorado d e
todas las industrias, especialmente de aquellas que
están establecidas en el interior ó cerca de las ciudades: muchos son los aparatos fumívoros cuya adop·
ción se ha propuesto, pero ninguno ha dado resultados completamente satisfactorios. He aquí un siste·
ma digno de llamar la atención de los industriales.
El combustible en vez de ser introducido en pedazos, como ahora se hace, es previamente reducido
á polvo por medio de muelas. En lugar del hogar
ordinario se encuentra una cámara de combustión
en forma de pera, revestida de ladrillos refractarios y
provista de un aparato deyector, parecido á los que
se emplean en los hogares de petróleo: en esa cámara hay dos aberturas, una en el eje de la caldera y
en el sitio que en los actuales hogares ocupa la puerta, y otra en el extremo opuesto de la cámara que

UIT ANdPBÍLIQUI -

LECHE ANTEFÉL
pn 1 ■Hdab M lfll, , 111,a
C.U, LEHTEJAB, TEZ ASO
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLOREBCEl'ICIAS
ROJECES

arabede:e·191·t·Q lde Afeccionesd1ICorazon,
contra las diversas

J G

Hydropesias,
Toses nerviosas¡
Bronquitis, Asma, etc.

id t d u·
rageas alLllíll
oe 1erro de
GELIS&amp;CONTÉ

.Aprobadu por la Academia de JCedlc/JJa de Puf, .

HEIOSTATICO 11 maa PODERDIO
que se conoce, en poclon ó
en lnjecclon lpodermlca.
Las Grageas hacen mas
!fl.cll el labor del par,to y

SECCI ÓN CIENTÍFICA
LOS FAROS FLOTANTES

Dados los progresos de la industria moderna la
na~egación en alta mar dista mucho de presentar'los
pehgros que ante~ ofrecía; per? queda atín un peligro
grave para el marino: y es la tierra, es decir, el camino que al acercarse a la costa ha de recorrer para llegar al puerto y que tantas veces está sembrado de temibles escollos.
Los faros y las indicaciones de lbs semáforos están
á menudo demasi~do lejos para guiar al navegante, y
alg~nas veces la tierra permanece oculta debajo del
horizonte cuando el buque se halla ya empeñado sobre fondos peligrosos.
De aquí la necesidad urgentísima de las señales
fijas ó flotantes determinadas geográficamente y marcadas en las cartas de aterraje con su coloración metódica de día y su manera de ·alumbrar si están provistas de un aparato focal.
El servicio de faros y valizas inspira hoy el más
vivo interés á todos los que de cosas marítimas se
ocupan.
Bastaría citar algunas entradas de puertos mny frecuentados para hacer comprender cuánta pericia,
cuánta práctica, cuántos cuidados exige el gobierno
de un buque que se acerca á tierra y también cuáles
instalaciones deben establecer los ingenieros para
marcar claramente, así de día como de noche, el camino que ha de seguirse.
_La cuestión del valizaje y sobre todo del valizaje lummoso ha hecho asombrosos progresos desde el momento en que los nuevos procedimientos metalúrgicos han dado la solución de los problemas por aquélla p~anteados, y poco á poco las naciones marítimas
han instalado en los puntos más difíciles de sus ater~ajes vali~s fijas, linternas, buques faros, boyas senc!llas ó luminosas que son para los marinos datos precisos de la ruta que han de seguir para llegar á puerto con toda seguridad.
Entre estos aparatos merecen puesto preferente los
faros fl?tantes, que son, á no dudarlo, los pilotos del
porvemr: los ~a~eos marítimos iluminados por el gas
ó por la electnc1dad han salido ya de la esfera de la
fantasía y de la caricatura: nietos de los que tendieron los grandes cables, los hijos de la generación pre-

(De L'lllmtration)

a

sirve de orificio un tubo de aire que arrastra constantemente el polvo de carbón á la cámara de combustión y que, orientado de una manera conveniente, está dispuesto de modo que el polvo se dispersa
por todo el hogar. Una vez inflamado este polvo,
la combustión continúa de. una manera intensa y regular bajo la acción de la corriente de aire que lo
arrastra y que se regula de una sola vez, según la
cantidad de polvo necesaria á la producción del calor que se desea. El polvo de carbón está en una caja
de donde el aire comprimido lo recoge por medio de
un mecanismo muy ingenioso y lo lleva al hogar.
El aire y el combustible están, pues, íntimamente
mezclados en la zona de combustión, al paso que la
corriente de aire que ha servido de vehículo al polvo pierde la mayor parte de su velocidad: de suerte
que la combustión es completa.
El aire puede ser previamente calentado utilizando el calor de los gases que se desprenden en la chimenea, y también puede mezclársele con una corriente de vapor que se descompone en hidrógeno, cuya
combustión hace elevar la temperatura del hogar.
Este sistema permite mantener constante esta temperatura, apagar instantáneamente el fuego y suprimir las chimeneas altas é impide la formación de escorias,
(De La Nattm)

...........

El ma, ,ttcaz di los
F1rruz{noso, contra la
Anemia, Clorosis,
Ell,e•ncl■llltl •• la langr1,
Debilidad, etc.
•

Almuerzo en el observatorio del faro flotante: R1t_¡,li11gen

tierra se utilizan sus servicios para las reparaciones
de las valizas. Inútil nos parece consignar que las tres
cuarJas partes de esos valientes están condecorados
con la medalla de salvamento.
Su divisa es «Paciencia, exactitud y abnegación.»

-

Empleado con el mejor exito

Fig.

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emtoion de la To&amp;.-l'atlilO ; 12 hAU9,
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.
Aáh, DETBAN, Fannaoeutioo en PAiU'S

J" arabe Laroze
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

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11 Alimento

m¡s

fortificante Ullido a los

'1'6Dico■ 111&amp;1

reparadores.

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T COK TODOS LOS l'IJNCIPI0S tclJTJlITlVOS DB U CARNE
C!&amp;J11111, mm• y_ •lllll&amp;I Diez años O.e exlto oont!nuado y las afl.rmactones de
todas laa eminenc!U médícaa preUban que esta IIIOCl&amp;Clon de la Carae, el Hierro y la
••la&amp; oonatttuye el reparador maa eu&lt;:rllico que se conoce para curar : la Clordffj, la

..lfltmta, las JltffllruadollU dollH'OIM, el Jlmpo&amp;reat111fflto '1 lá J.lteracton ae la Sangre,
el Baqum,mo, las J.ftaW'IIU ucro~, Y ueorbUtical, etc• .El l'iao Ferrast■H• de
.&amp;roull ea, en erecto, el únlco que re1.Wo todo lo que entona y fortalece los organoa
regulariza· coordena y aumenta considtn"ablemente las tuerzas ó ln!Wlde a la 11&amp;11¡re
empobrecida y descolorida : el Y~or, la Co/lH'ad01t y la llMrgta tntiil.

Por uvor, e11 Paril, en casa de J. FBW, hrmauutico, tO!, nie Richelien, Sucesor ele AROUD.
p VKNDK BN TODAS U.S PB.INQIP.u.JIS BOTIQ.lS

rEXIJASE

Fig.

2.

El faro flotante R/lytiugm

11

~..;

1

ARDUO

Desde hace mas de 40 años, el Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
todos los.médicos para la curacion de las s,astritis, gastraljias, dolore■
Y re~ortij_ones de estómag_o, estreñimiento~ rebeldes, para facilitar
la ~ges~on y para regularizar todas las funciones del estómago y de
los mt.estinos.
JARABE

a1Br0Inuro de Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS
Es el re~edio mas. eficaz pa~ combatir las enfermedades del coruon,

la epilepsia, histér1a, migrana, baile de S•-Vito, insomnios, convulsiones y tos de los nilios durante la denticion; en una palabra, todas
laa afecciones nerviosas.

Fáhria, Espediciones : J.-P. LAROZE

!, roe des Lions-St-Paol, aParis.

Deposito en todas la.e principales Boticas y Drogueriaa

VELO UTI NE. FAY POL?,l!p!!,~.RS!,.~~~RA
Ch. J'ay,
El mejor y mas célebre polvo de tocador

por

perfumista

9, Ruede la Paixs PARIS

�LA

680

NúMERO

ÍLUSTRACIÓN ARTISTICA

616

un problema cuya solución c~e~mos deberían estu•
diar los que se hal_lan en c~nd1c1ones ?e hacerlo. La
primera cría ha sido premiada con diploma de honor y medalla de primera clase en el _certamen c~le•
brado por la Real Sociedad Económica de Amigos
del Pa!s el 12 de octubre de 1892 con motivo de la
celebración del Cuarto centenario tlt/ desettbrimimto
de América y ha sido editada por la I/11stración Por•
torriquefla.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
LA ESPAÑA DE 110v, por R . llfo,mer y Srms. Cuando tanto se dice en contra ó menosprecio de
nuestra patria, cuando los extranjeros y aun algunos
españoles hablan con desdén de nuestro atraso mo•
ral y material suponiendo que la España que todo
lo fué un día hoy está casi por completo aparta·
da del movimiento progresivo del mundo civiliza·
do, conforta el ánimo de los que creemos que ni el
mal es tan grande ni el remedio tan dificil escuchar
una voz entusiasta, elocuente, que aun prescindiendo
del pasado glorios!simo reclama para la España de
la presente centuria el respeto que se merece un pue·
blo que todavia trabaja y produce mucho, lo mismo
material que moralmente. Esta voz la deja oir desde
la República Argentina el notable publicista español
Sr. Monner y Sans en la obra que nos ocupa: ea
ella afirma que no han muerto el arte, ni la literatu·
ra, ni la filosofía en un sig1o en que han vivido Go·
ya, Rosales, Palmaroli, Gisbert, Fortuny, Madrazo,
Henlliure, Susillo, Mélida, Vallmitjana, Espronceda,
Zorrilla, Bécquer, Campoamor, Núñez de Arce, Do•
noso Cortés, Balmes, el P. González, Azcárate, Pi y
Margall, Aparici y Guijarro, Rivero, Pida! y Mon,
Castelar, Valera, Pérez Galdós, Pereda, la señora
Pardo Bazán, Palacio Valdés, Castro y Serrano y
tantos otros que son gloria del mundo cient!fico, ar·
tístico, filosófico y literario. Y lo que afirma en la
esfera moral afirmalo también en lo que al trabajo
material se refiere con buen acopio de datos que
prueban elocuentemente que nuestra producción,
nuestro imperio colonial, nuestro comercio, nuestra
marina y nuestras obras públicas distan mucho de
desempeñar un papel desairado y antes bien ocupan
un lugar digno en el concierto de las naciones europeas. El folleto del Sr. Monner es la obra de un pa·
triota y de un castizo escritor, y merece por ello
entusiasta elogio de los amantes de nuestra patria y
de las letras españolas.

•
••
Los APÉ!iOICES AL CÓDIGO CIVIL,por D. León
Bonel y Sdnchtz. - Con la entrega 12 de esta importante publicación ha terminado el primer gruP? _de
suscripción á la revista que tan acertadamente dmge
el digno magistrado de esta Audiencia, D. León Bonel y Sánchez. En lo sucesivo Los apéndice~ al (!ódi•
go Civil y la reputad!sima Revista ,Je Legislac1ó11 y
fttrispnuie11cia, de Madrid, se fundirá_n en una. s~la
publicación en la cual todos los magistrados, JUnsconsultos y aficionados á estudios jurldicos encontra•
rán cuanto necesiten conocer sobre legislaciones, co•
mún y forales, jurisprudencia y cuesúones doctrina·
les, y los suscriptores podrán hacer consultas que se•
rán publicadas y contestadas por el orden en que se
presenten, si el director lo cree procedente. Para
terminar el indice general y el Reglamento para la
ejecución de la Ley Hipotecaria se publicarán entre•
gas suplementarias fuera de .abono al precio de una
peseta cada una. La administración de Los Apéndices
correrá en lo sucesivo á cargo de D. Julián Mart!nez,
Espoz y Mina, 17, pral., Madrid.

•••

•••
LA PRIMERA CRIA, por l'tf. Go11zdlez Carda. Es ésta una narración novelesca muy interesante de
costumbres campesinas portorriqueñas, pero en el
fondo es algo más, puesto que en el relato va envuel·
ta una cuestión social de gran trascendencia pa·
ra aquella hermosa antilla española y se plantea

~€R€·Si&gt;:
. t5t5

ne: JE:•s,us
..¡.

1.582

Cuadro de Eugenio Gimeno l{egnier

Los OJOS NEGROS, por D. José Borrds. - El no·
table poeta Sr. Borrás y Bayonés, de alguna de cu•
yas obras nos hemos ocupado en otras ocasiones,
acaba de publicar, con el titulo de Los ojos negros,
un idilio-elegfa en $etenta estrofas todas muy senti·
das y abundantes en pensamientos bell!simos que
avalora una versificación correcta y fluida. La com•
posición del Sr. Borrás tiene el corte de uno de esos
pequeños poemas que tan justo renombre han dado
á Campoamor y conúene bellezas de fondo y de for·
maque, dentro de su indiscutible originalidad, re·
cuerdan el estilo del ilustre autor de las Doloras.
Véndese el idilio-elegla del Sr. Bonás en las libre•
rias de San Martin (Puerta del Sol, 6) y de Fe (Ca·
rrera de San Jerónimo, 2), Madrid.

Las casas extranjeras que deseen anuncia.rse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríja nse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Cauma.rtin,
núm. 61, Pa.ris.-Las casas españolas pueden hacerlo en le. oficina. de publicidad de los Sres. Calvet y Ria.lp, Paseo de Gracia., núm. 21

APJ:OL
"de los Ot ea JORET 8 HOMOLLE

MEDIOA.OION TÓNICA.

El APIOL cura los do/ore,, ret,110,, aupreetonea t/t /11 Epoou, asl como las p4rdldu.
Pero con rrecuencla ee ra11111ca&lt;10. El APIo L
Terdadero1...~ co encu, ea el de loa tnveniorea. los u- JORET y BOJIOLLE.

PILDORAS v JARABE

•EDALLAS E1p&lt;' Unt,i. LONDRE818SZ·PA R/8 tU,

DE

rar-UlilT, m,ru•111nU,!WJ

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GRANO DE LINO TARIN F~td!o~s
ESTRERIMIENTOS, CÓLICOS. - La caja: l fr. 30.

.,~,."°'••

""'¡,9ADES ••1E1ro~
-.,~
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Quertdo enfermo. -Fiase Vd. , mi l• rf•
, h•t• UIO de nuestro, ORANOS d• SALUD, pu.. a/loe
curarln de , u con1t1p10/on, /1 dar,n apetito 1 la
dero/rerh ti 1u1ño 1 la 1le,r11. - A11 ,,, ,,, Vd.
11ucho1 1ilo1. d11frul1nd1 111mpra de una ~uena aa/"4.

1,

E xijase l a firma y el sello
de gar ant ía.

Pepsina Boudault
Apro•d• por 11 AUDEIU DE nDltlU

lltdallu oa lu Blpo1lclon11 laltnulonal11 ••

El Alimento mu reparador, unido al TóDioo mu enei¡ico.

PillS - LTOI • mu • PIIUDELPBIA • PARIS
116'1

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DISPEPSIAS
OÁSTRITIS - OASTRALOIAS
DIOH,T ION LENTAS Y PENOSAS
PALTA DE APETITO
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CJOW IL • •10•

'I OT&amp;OI DIIOIJ)I RII DI U DI.IUTIG9

B.\10 U FORl(l DI

ELIXIR, , 4e PEPSIN.l BOUDAULT
VINO · · de PEPSIR! BOUDAULT
POLVOS. ie PEPSINA BOUDAULT ·
PWS, Pwmadt COLLAS, 1, ne llapm

, ... "" '""",,.'" ,.,_.._

Lu

P,ruua ... CODtCOlu

CARNE y QUINA

PREMIODELINSTITUTO AL D' CORYISART, EN 1856

PILDORlSt!DEHlUT
DE PAAIS

VINO ARDUO CON QUINA

T CON TODOS LOS PllINCJl&gt;IOS fflJTJUTIVOS SOLUBLBS DB U CAI\NE
son los elementos que entran en la comp0álclon de este potente
n,parador de las tuerzas vitales, de este for&amp;illeaa&amp;e por eaee(e■el11. De un gusto sumamente agradable, es 110berano contra la .Aftlmta y el .Apocamtento, en las Calffltura,
1 Co,ioalecenctas1 contra las
y las .Afecdbnu del B1toma(lo y los ,ntuttno,.
C,AL"ffl y gmiw.-1

Dfa"''"

Cuando se trata de despertar el apeUto, asegurar las digestiones reparar las ruerzu,
fflltquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias pro,o-

Cl.dü por los calores, no se conoce nada supei'lor al l'úao de Oaina de A.roalL
,P()'I' maNor• en París, en casa de J. FEW, Farmaceuüco, iO!, rue Riehelieu. &amp;c.aor deilOtm,
•

81 VBffl&gt;B BN TODA.8 LAS PlUNCIP.U.U BoTl&lt;a&amp;

EXIJASE '1i!ºt1:., ARDUO

PITE EPILATOIRE U.SER
1

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco n1 el cansancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sillo cuando se toma con buenos alimentos
y bebidas fortificantes, cual el vino, él cat,,
el té. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
seg-un llll ocupaciones. Como el caasan
c10 que la purga ocasiona quedQcompletamenteanuladoporel efecto de la
buena alimentacion empleada,WJO
se decide fácilmente á volver
11 &amp;mpe1ar cuantas vece,
sea necesario.

deetniye huta tu IIAICIE9 el VELLO del ro11ro de lu damu (Barba, Blrote, ete.), ttw
abipn pelirro para el calll. 10 .&amp;iio■ de :idto,Jmillana de teaUmonloe prullun la eftead1
4e ata preparadoll, (Se ,eac11 11 Mili, pjp la barba, J ea 1/2 11)11 pan el blpta Urero}. Pan
111 llruol, •pl6ele el l!ILI. J'OBI# X&gt;V■BER, l , l"lll Z...t.•ROUSM&amp;U. Paria-

Quedan reservados los derechos de propiedad arlfstica y literaria
I MP. DB M ONTANBR Y SIMÓN

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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