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Ftí~t1ea
Al\'O XI I

-------~

BARCELONA 23 DE OCTUBRE DE 1893

.,. _ _ _ _ _ __

NÚM. 617

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

OBRAS MAESTRAS DE L ARTE MODERNO

LA SOPA
Notable cuadro de David NilJ~~

�LA

Texto. - Afur111uracio1us eur.opeas, por Emilio Castelar. -La
Exposición de Chicago. El Uruguay en Chicago, por Eva
Canel. - Clzozas de los indios de Vancouver. El teatro chino,
por A. - Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega. - La madre del teniente ( Episodio de A/rica, 186o), por M. Martínez Barrionuevo. - Nuestros grabados. - Una fra1uesa en el
polo Norte (continuación), por Pedro Mael. - S&amp;ccróN CIEN·
TlF1CA: Máquinas para volar, por Otón Lilienthal. - Libros.
Grabados. - Obras maestras del arte modenzo. La sopa, nota·
ble cuadro de David Nillet. - Exposicwn universal de Cltica·
go: Aldea de los indios de f/01uo11ver. El teatro chino, dibujo
de E. Limmer. - Instalación de la Reptiblica Oriental del
Uruguay en el palacio de Agrimltura. - Un telegrama, cua·
dro de L. Max Ehrler. -Alicia, cuadro de Guillermo M.
Chase. - Después de la orgía, cuadro de Swedomsky, graba·
do por R. Bong. - Fig. J. Máquina para volar de Mr. Har·
grave. - Fig. 2. Cilindro de la máquina para volar de Mr.
Hargrave.- Fig. 3. Máquina para volar.movida por el vapor,
de Mr. Hari,ave. -Fig. 4- Experimento con la máquina pa·
ra volar de Othón Lilienthal. - Carlos Maria Ocantos, notable y distinguido novelista bonaerense.
,..,,•..••••• .. •••••••·••""''•''•l"••"•l'••••••••••••••••••,1•.,••,1•,.••,r.,•,,1•,,·,,,.,..,,,.,1",,..,1•,,•••1•,,••••••••••"

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CAST.&amp;LAR

El problema de nuestra regeneración económica. - Necesidad
de consagrar á él todas nuestras fuerzas. - Nuestro destino
en Africa. - Su inevitable cumplimiento. - Su inmanencia en
el tiempo y en el espacio. - Conflicto rle Melilla. - Causas
permanentes del conflicto. - Historia de los hechos. - Necesidad de moderar nuestros ímpetus. - Gloria inmarcesible á los
muertos y para los vi vos. - Conclusión.

Embargados estábamos por el problema de nuestra regeneración económica, tan dificultoso de suyo,
cuando súbitamente salta por un camino erizado de
agudas espinas nueva dificultad : un combate muy
heroico en sí, cual todos los empeñados por el ejér·
cito español, pero un combate desdichadísimo, no
solamente á causa de los muertos que ya h~mos inmolado en él, á causa de los compromisos que engendra en lo presente y del trabajo que para lo futuro apercibe. Así como tenemos en el planeta los iberos una sarta de perlas inapreciables con el collar de
islas tendido sobre los mares, que muestra, hoy aún,
haber sido nosotros los reveladores de su mayor parte á los-viejos pueblos históricos, tenemos en Africa
una línea de posiciones sobre su costa norte y cerca
del maravilloso estrecho nuestro, indicativas del ministerio que cumpliremos allí, pese á quien pese, por
imposición del tiempo y del espacio, tan soberana,
que nadie ·podrá hurtarse á sus mandatos nunca, y
tan cierta, que no podrá menos de cumplirse, sean
cualesquiera las tardanzas en su realización y cumplimiento. Ceuta, Melilla, las Chafarinas, Alhucema
están ahí como fiadoras de nuestras arraigadas esperanzas. Podrá tener el inglés én Marruecos una ó más
factorías; podrá el francés urdir amistades más ó menos sinceras y relaciones más ó menos frecuentes
con el sultán marroquí; podrá el italiano diputar á
las poblaciones costeras del Mogreb lps grupos de ingenieros que ya conocemos y que alguna ilusión de
su patria denuncian; podrá el alemán aquistar una especie de protectorado diplomático, al fin de ir engrandeciendo su hegemonía sobre las potencias, adquirida con sus triunfos guerreros en Francia; pero no
podrá pueblo ni gobierno)/ ninguno romper aquellos
lazos que unen la península de Occidente á su codiciada presa; pues cuando toquen al reparto de
Africa, precisará fundarlo en la Geografía y en la
Historia, en el tiempo y en el espacio invencibles, y
no contra su imperio, teniendo éste, como tiene, por
lo eficaz y fuerte, algo de fatal y de divino. Mas para
ofrecer á Dios, en su providencial obra, toda la cooperación que deba el humano albedrío y su esfuerzo, precisa ¡oh! ser alguien, ser un pueblo respetable
y respetado, con su cuestión política resuelta; con
sus libertades necesarias aseguradas, con sus partidos
todos dentro de la legalidad, con su orden interior
completo; sin esas neurosis producidas por el choque
de una reforma cualquiera con la epidermis de los
intereses particulares; sin esos partidos extremos amenazando, el uno, por nuestra derecha, con la horrible guerra civil, y el otro, por nuestra izquierda, con
el cantón anarquista; sin estos presupuestos en canceroso déficit que nos tienen colgados sobre la bancatrota y el deshonor; sin esos regionalismos, todos de
apariencia y superficie, pero debilitantes, empeñados
bajo mentidos lemas de progreso en hacernos caer
de espaldas sobre los fraccionamientos feudales de la
Edad media; sin esas propensiones al pronunciamiento dentro y á los conflictos fuera, que nos trajeron
aquella sucesión de convulsiones internas, las cuales

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

nos han arruinado con sus ]µchas en el Norte y en el
Mediodía, y aquellos embarazos externos, como los
traídos por la guerra con Chile y el Perú, ó por la
reincorporación de Santo Domingo, los cuales sólo
sirvieron para mermar nuestra influencia en América,
donde tiene un hogar nuestra patria, y detener el
ejercicio de aquellos ministerios civilizadores en el
mundo, á que nos obligan y nos impelen el recuerdo
de nuestra gloriosísima historia, siempre admirada
por todos, y el poder de un talismán tan prestigioso
como nuestro esclarecido y respetado nombre, que
llevan impreso en el planeta de un modo indeleble
desde los abismos del mar hasta las estrellas del
cielo.
Mucho enaltece á todos los españoles el amor á
España, que se revela en cada conflicto con Africa,
y el coraje sublime que muestran allí, como en todas
partes, nuestros heroicos y martires soldados. Pero
no imitemos aquello de tanto quiere á sus hijos la
gata que se los come, y no vertamos en suicidas holocaustos inútiles una sangre tan preciosa como la
sangre de nuestro ejército nacional. Toda política en
el continente africano debe reducirse por nuestra
parte á conservar aquello que poseemos y mejorarlo;
pero sin pedir una pulgada de terreno más para nosotros, en el temor natural de levantar una caza que
otros únicamente pueden ahora, en esta coyuntura,
correr y cobrar. Y si no, recojámonos dentro de nosotros mismos y meditemos con verdadera reflexión.
Habíamos concentrado todo el pensamiento y todo
el esfuerzo de la política española en declarar primero los derechos congénitos á nuestra naturaleza y en
organizar después la soberanía nacional para resolver
el problema político. Hecho esto, nos habíamos consagrado luego al aumento de ingresos y á la diminución de gastos, que nos granjease un presupuesto nivelado, capaz de resolver el problema económico.
¡Ah! Con grandes obstáculos tropezaba el problema
político, por la ceguera de nuestros partidos, pero
quedó resuelto el día de la proclamación del sufragio; con grandes obstáculos tropieza el problema económico, pero está en vías de resolverse con que solamente se subordinen todas las cuestiones á la cuestión de Hacienda y todos los servicios se regulen con
aquella modestia exigida por nuestra grande tradicional pobreza. Ser libres, ó dueños de nuestra política
y de nuestra economía, sin tener que mirar á nadie
la cara: he ahí la norma natural á guardar y el objeto
capitalísimo á requerir por un verdadero estadista, si
quiere levantar sus obras con arreglo á los cánones
de la lógica, como levanta el arquitecto sus edificios
con arreglo á los cánones de la mecánica. Por eso,
por la fuerza que los consiguientes extraen de los
antecedentes y de las premisas las consecuencias, al
sufragio universal triunfante siguió el presupuesto de
la paz establecido y planteado por el consentimiento
universal. Y hallándonos en tal situación, á la hora
suprema de un progreso tan extraordinario y de un
logro tan increíble como el haber sometido á la economía la política, ¿no aparecerá como una diversión
peligrosa del objeto común cualquier impremeditado
conflicto? Yo lo temo en grado altísimo; y como lo
temo en grado altísimo, creo deber mío dar el grito
de alarma contra excesos, así de acción como de palabra, cuyos resultados están vistos: suscitar para los
demás una cuestión gravísima, preñada de amenazas,
puesta por el destino á dos dedos del abismo donde
hierven las cóleras continentales, capaz de fulminar
sobre nuestra cabeza una responsabilidad tan grande,
como la que traen aparejadas catástrofes inminentes,
bajo cuya pesadumbre pudiera perderse y concluirse
la civilización europea.
Todo estaba en paz. La nube condensada en Tánger por el partido tory para ganarle la mano al partido v.-igh y vencerlo por alardeos de patriotismo en
las elecciones, habíase disipado con la licencia dada,
tras la victoria del último, por su nuevo ministro lord
Rosebery al célebre Smith, quien tomando al formidable Marruecos por el pobre Zancíbar, donde había
logrado traspasar á Inglaterra el protectorado de Alemania, se partió á Fez en una especie de protectora
embajada, con todo el aparato requerido por lo descabellado del objeto y por lo complicadísimo del argumento, encontrándose la horma de su zapato en
desaires y disgustos y tropelías y burlas, cuyos estragos lo pusieron fuera de quicio, hasta el punto de hacer creer que pondrían fuera de quicio también á su
gobierno, soñando, por tal imprevisión, la hora. de
una cruenta venganza, como la puesta en práctica por
Inglaterra _para desquitarse de las ofensas del rey Teodoro de Abisinia; y con esta venganza coincidiría el
juicio final de Marruecos, y con este juicio final, tan
ocasionado á irreparables catástrofes, la conflagración
europea, que costaría cara, muy cara, de seguro, no
sólo á nuestro continente y á sus Estados, á toda la
tierra y á toda la humanidad. En cuanto se disipó esa

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nube, como ant~s de que la nube se form,ara, el~~peño de una buena política española de~1a cons1st1r
en guardar la estabilidad á foda costa, sm poner la
mano sobre un átomo de tierra, para no dar malos y
desastrosos ejemplos. Así decía yo, frente á un discípulo mío, tan querido y admirado como el Sr. Moret, quien había querido poner u~ cabl~ ~llá .en la
isla del Perejil, cuando era en el último mm1s~eno Sagasta ministro de Estado, que lo dejara por Dios, pues
no quería yo nos saliera ese vegetal en la frente. Teníamos, pues, verdadero motivo para creer asegurada
la paz y conservado por todas partes y por todos los
pueblos el statu quo, cuando se desploma sobre nuestras espaldas un tan horrible accidente como esa desgracia de Melilla, en que una vez más hemos demostrado cómo todo lo espontáneo, todo lo genial, todo
lo intuitivo, todo lo indeliberado, todo lo inconsciente, todo lo divino, el coraje, la fuerza, el empuje, la
grande abnegación, el estro para los combates, el
amor al sacri6cio y al martirio aparecen siempre sublimes en nosotros, mientras imposible todo lo reflexivo, todo lo consciente, todo lo meditado; es decir,
Administración y Gobierno.
Mas historiemos los acontecimientos. Nuestras posesiones de Africa no están circuídas por una especie de marca, como la que tienen Argel y Orán; hallándose por necesidad expuestas á los continuos
asaltos de una raza tan guerrera como la raza marroquí, la cual, si no puede pelear con el infiel, ó sea
con el cristiano, pelea entre sí, entre sus familias, como
presa de una inquietud nerviosa, de una inquietud
secular, de una inquietud atávica, patentemente mostrada por ese afán de correr la pólvora en ruidosas
fiestas, y alardear de guerra en espectáculos continuos,
y salir de cabalgatas vertiginosas á las cacerías, y justar en combates de ostentación y de aparato, como
si necesitara ver el relámpago perdurable, oir el trueno siniestro y acerar todos sus miembros y todos sus
nervios y todos sus músculos en luchas perdurables.
¿Qué ha de resultar en tal estado? Un conflicto perpetuo. Ese pueblo guerrero, al ver las insignias y enseñas de una religión y de un imperio contrarios á
su religión y á su imperio sobre puntos que cree
pertenecerle, no se acuerda de ninguna consecuencia,
ni mide ningún obstáculo, ni siente ningún recelo, y
se lanza muy ciego sobre la presa como el milano
sobre la paloma, como el pez grande sobre el pez
chico, como el tigre sobre la jirafa, como las especies
carniceras unas sobre otras con la ineluctable fatalidad impuesta por un instinto invencible, que produce
lo conocido en nuestro moderno lenguaje con el nombre muy acertado de guerra por la vida. Entre nuestras posesiones llenas de cristianos y las marcas circunstantes llenas de moros se suscitarán siempre conflictos que nos exponen á una guerra perdurable. No
tuvo ninguna otra causa la guerra emprendida con
Marruecos bajo la dirección del general O'Donnell:
un ataque de los moros á Ceuta. Así es que, al acabarse la campaña y venirse á términos de paz entre los
combatientes, convínose para evitar nuevos conflictos
en poner amplias marcas alrededor de nuestros fuertes y ciudades, como amortiguantes de los encuentros y de los choques. Pero la imposibilidad de poblar estas marcas por cristianos y la inquietud congénita con el ánimo y el temperamento de los moros
habrán de traer, en inconformidad d e éstos con la diminución de su territorio, conflictos cuyas consecuerrcias se contienen y encierran en este dilema: ó
parciales encuentros de guerrillas continuas, ó nueva
guerra para conseguir mayor y más amplio territorio
en torno de nuestras plazas.
En esta general situación de las posesiones africanas
brota el conflicto presente con las tribus marroquíes
cercanas á nuestros fuertes. Habíamos pactado en el
convenio de Vad-Ras una indemnización para nuestro tesoro, que se nos satisfizo con religiosa escrupulosidad, y una zona en torno de nuestras plazas, que
nunca jamás fué bien establecida y designada, parte
por las muchas largas que á todo nuestras oficinas
dan en su inveterada indolencia, parte por las muchas resistencias que á todo los marroquíes oponen
de suyo en su casi mecánica inercia. Entrado en el
ministerio de la Guerra el general López Domfnguez,
estudió la extensión de tales zonas, y no pudo menos
de advertir como las había disminuído para nosotros
la vieja indiferencia consuetudinaria nuestra y aumentádolas para las kabilas el instinto de aproximación á
las plazas españolas, de continuo sitiadas por sus ensueños fantásticos, pero eternos, de una recuperación
inmediata. Si mis informes no mienten, la zona de
Ceuta, muy disputada siempre por los marroquíes, se
conserva con mayor cuidado que la zona de Melilla,
muy abandonada en los últimos tiempos. Y dado tal
abandono, como en los escollos brota la vegetación
cuando el oleaje salobre se retira, y bajo las exterminadoras lavas el viñedo cuando aquéllas se solidifican

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LA I LUSTRACIÓN

683

ARTÍSTICA

y enfrían, en estas zonas, cirpués de haber pasado tamacunstantes alrededor de las
ña tromba de musulmanas
fortificaciones hispa no-africóleras por cualquier terrecanas, van apareciendo y
no, queda en una desolación
desapareciendo á la descuital éste, que parece han
dada tribus nómadas y adual'J
arruinado los irruptores hasres errantes, demostrativos
ta las ruinas y matado á la
del empuje que tiene y de
muerte misma, si es permitila extensión que toma por
da la hipérbole.
todas partes el florecimiento
No p uede, no, decirse
eterno de la vida. Bajo imadónde ha rayado el heroísperiosas órdenes del minismo de n uestros soldados.
tro de la Guerra, pertenecienLas lenguas humanas no tiete por su historia y por sus
nen voces expresivas de tanservicios militares á una fracta sublimidad. Cuando todo
ción del ejército que hoy pose cerraba para ellos; aquel
dríamos llamar, como se llacielo mahometano, que dimaban en Roma los Esciríais por los ángeles extermipiones, africana, el gobernanadores y apocalípticos del
dor de Melilla comenzó á
Alcorán henchido; la tierra,
extender la neutral zona ensólo apropiada de suyo á las
tre la plaza y sus vecinos,
kabilas, que parecen unas
limpiándola de familias nócon sus horrorosos arenales
madas y estableciendo en el
erizados d e cactos; so el
punto más estratégico de su
asalto del rifeño, anheloso
terminación el fuerte llamade sangre y aullando cual
do de Sidi-Auriach. Esto,
perro
hidrófobo con alaridos
"-· . :_ ..
que hubiera podido intentar; . .:~=--:. - - .... -:.....· - - terribles y combatiendo has.se tras la guerra sin dificultad
ta usar desde las gumías y los
alguna, debía chocar con
rifles á las uñas y los dientes
muchísimos obstáculos en
EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. -Aldea de los indios de Vancouver
en sus esfuerzos por extermila coyuntura y sazón prenar al contrario; aquellos solsentes, cuando creían los
dados españoles, cada uno
moros baldío ya este canon del tratado y fiaban su sables á nuestra seguridad. No hicieron caso alguno contra ciento lucharon cual si no estuvieran sujetos á
dominio sobre aquel espacio á las prescripciones de de las observaciones los rifeños; y como les falta la muerte y vendieron caras sus vidas en una especie
una larguísima ocupación. Así comenzaron por en- idea clara de haberse obligado á sí mismos con las de sublime suicidio. Se necesita ver un rifeño para
viar un hajá á nuestro gobernador, el heroico gene- obligaciones contraídas por su lejano y nunca bien sentir cómo aborrecen y' matan esas gentes. Fornidos
ral Margallo, en demanda del desistimiento, y con- obedecido sultán, se atrevieron, según habían dicho, y nervudos al mismo tiempo; adobados por las evacluyeron por amenazar, sin empacho ni escrúpulo, á tomarse la justicia por su mano, y comenzaron todos, poraciones del desierto y curtidos por los calores del
el tomarse la justicia por su mano y acudir en tropel sin encomendarse á Dios ni al diablo, sin parar mien- Africa; la gumía sobre su costado y el rifle al ojo
tumultuoso al derribo de las fortificaciones incipien- tes en las consecuencias dañosas, sin sentir ningún como integrantes órganos de su cuerpo; un mechón,
tes. En vano el general demostró la imposibilidad escrúpulo, cerrando con los nuestros en formidable largo como la cola de un caballo, en lo alto de la capara nosotros de mantener á sus anchas las poblacio- ataque de mil contra uno y destruyendo el fuerte· de beza rapadfsima, para que los cojan en la hora de su
nes españolas, sin los desahogos ofrecidos por una Sidi-Auriach por medio de esas irrupciones bárba- muerte por allí los arcángeles y se los lleven al pazona neutral, cuya propiedad se había sancionado por ras, en que los irruptores parecen multiplicarse como raíso de Mahoma; ligera túnica pegada por completo
su propio emperador en solemnes pactos diplomáticos, las langostas en sus devastadoras nubes de asolación á las carnes y que no embaraza ninguno de sus modonde constaba la extensión pactada, dentro de la y como las moscas en los cadáveres amontonados vimientos; la mirada relampagueando iras y el pecho
cual se hallaban las estratégicas defensas, indispen- por las matanzas del combate. Tanto es así que, des- proriuciendo implacables odios, no combaten por lo,

-

BXPOSICIÓN UNIV.&amp;RSAL DE CHICAGO -

El teatro chino, dibujo de E. Limmer

-

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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zanse dos pagodas con varios pisos y abigarradas
pinturas. idolos gigantescos, dragones, figuras monstruosas con caras horribles adornan la entrada de
aquel edificio, en cuyo interior hay instalada una casa
de te en donde varios hijos del Celeste Imperio con
sus largas trenzas y bordados trajes sirven la aromática bebida. U na escalera conduce desde allí al primer piso, en el cual está instalado el templo, poblado de centenares de ídolos grotescos colocados en
multitud de altares, envueltos en vestiduras fantásticas y adornados con todos los atributos de su divinidad. En el centro del templo se ve tendido sobre el
suelo un dragón de 50 metros de largo, el animal
emblemático del imperio chino.
Junto al templo está el teatro, reproducción exacta
de los de China, aunque más limpio y más bellamente adornado, en donde un centenar de cómicos, entre ellos muchos actores escogidos entre los más notables de su país, representan el repertorio chino,
que, como se comprenderá, casi nadie entiende, sin
que pueda saberse si se trata de una comedia ó de
una tragedia. Por cierto que al inaugurarse la Exposi·
EVA CANEL
ción comenzó aquella compañía á representar una
obra ... que á fines de septiembre no había concluído
todavía, lo cual, dicho sea de paso, les tiene sin cuidado á los espectadores que llenan todos los días el
CHOZAS DE LOS INDIOS DE VANCOUVER
teatro movidos sólo por la curiosidad de ver en qué
La parte Sudeste del J acson Parck está destinada consiste el arte escénico de los chinos. En el fondo
á las instalaciones antropológicas, y aunque es bas- del escenario, de cara al público, siéntanse seis mútante dudoso que la antropología tenga lugar propio sicos que no cesan de tocar durante toda la función
en una Exposición universal en donde se compara la mientras un actor recita el monólogo del ser y del no
civilización de fines del siglox1x con la cultura del xv, ser, á lo Confucio, ó mientras otros ejecutan sus pande todos modos las grandes y ootabilísimas coleccio- tomimas. En nuestros teatros los músicos no tocan
nes que el Smithsonian I nstitute de Wáshington ha más que cuando el telón está corrido; en cambio enpresentado en un edificio especial son interesantísi- tre los chinos la música empieza cuando el telón se
mas, sobre todo en cuanto las completan las instala- levanta y no cesa hasta que vuelve á bajar.
La decoración es siempre la misma, una mezcla
ciones especiales que alrededor de ese edificio hay
establecidas. A un lado se alzan reproducciones exac- extravagante de interior de casa, de selva y de prado:
tas de las ruinas toltecas de Yucatán, principalmente en el centro de la escena hay seis ó siete cajones de
'••'•.1•,.•1,l•v•o,••u•o,••.;•,.•1,1•,,1,.,•,,o,.,•,,•,,,,,,,,,,,.,•,,J1,,•1,/1.,'••''•l'••••,1•,,•,,1,.,,,,,1,¡•,,•1,1•,,•o.,•,,•
del Uxmal; á otro, y sobre una gran roca artificial, se varios colores que, según se encarga de explicar el
ven los muros de las viviendas troglodíticas del Sur director de escena, representan un palacio, ó una
del Colorado y del Arizona, en las cuales hallaron re- choza, ó un templo, ó una cama, en fin lo que el arLA EXPOSICIÓN DE CHICAGO
fugio los primitivos habitantes del continente ameri- gumento exija, lo cual no deja de ser muy cómodo
IV. - EL URUGUAY E~ CHICAGO
cano, y entre unas y otras se levantan á orillas del para aquellos escenógrafos. Las sillas, las mesas y
La República Oriental del Uruguay es una de las lago South Pond algunas chozas de los indios de otros muebles los sacan á la escena los trabajadores
más hermosas de la América española y está, feliz- Vancouver. Estos, como los chinooks, lós haydahs, sin curarse de la representación y sin que los actores
mente, de algunos años á la fecha entregada á la paz y los babinehs y otros, se parecen exteriormente mu- dejen por ello de declamar. En cambio los trajes son
al reposo que tantos beneficios reporta á los pueblos cho á los malayos y á los polinesios, existiendo tam- lujosísimos, de seda y otras telas preciosas, llenos de
cultos. Preséntase el Uruguay en este certamen con bién esta semejanza en las costumbres, usos y trajes, bordados, aplicaciones de oro y brocados: completan
sus productos naturales, que son muchos y buenos, lo cual nos permite deducir que, si no una descen- el adorno magníficas joyas, coronas y armas como las
descollando sobre todo las lanas y los cueros, fuente dencia directa, ha habido por lo menos un cruzamiento mejores que puedan ostentar los más famosos actores
principal de su riqueza. Exhibe abundancia de cerea- intenso entre aquellas razas y las de Occidente. Así y actrices europeos.
Los actores recorren la escena moviendo de la :nales, aguardientes, vinos, licores, perfumería, confitería inducen á creerlo las dos docenas de individuos que
y sobre todo galletas y conservas en abundancia, así presididos por Toquasa, la hija del caudillo, habitan ncra más extraña los pies y las manos y procurando
como aceites y legumbres. Como se verá por la foto- aquellas cabañas. Delante de cada una de éstas hay sacar de sus gargantas los más raros sonidos: su pringrafía de su departamento en el palacio de Agricul- un totem, poste heráldico que sólo se encuentra_ entre cipal arte consiste, al parecer, en hacer los gestos más
cultura, Liebig hace una brillante instalación de su los indios del N oroeste y cuya altura varía entre cinco extravagantes. Las actrices son desconocidas en la es«Extracto de carne,» que pone fuera de concurso, y y diez metros, consistente en un tronco de árbol con cena china, pues todos los personajes hembras son
de cuy.o extracto riquísimo hacen caldo que sirven toscas esculturas, que son las armas de los antepasa- representados por homóres que se esfuerzan por imigratis al público en general durante cuatro horas dia- dos de cada familia: estas esculturas representan ca- tar la voz y los ademanes femeninos; y preciso es
rias. La gente se atropella por tomar el líquido repa- ras grotescas y animales raros, están pintadas con co- confesar que logran su empeño de imitar al otro sexo
rador de las fuerzas perdidas con el ajetreo que se lores chillones, especialmente azul y encarnado, y mucho mejor que nuestras actrices cuando han de
son el órgullo de los habitantes de las chozas.
desempeñar papeles varoniles. - A.
traen.
Si penetramos en una de éstas veremos que en el •••••.••, ••.••• ,••••••,., •.•.,••••••,.,,......,.................,•• ,.......... ,...................,,.,,•••, ••••••,••,...1., ...,,......
El Uruguay presenta una grande y hermosa colección de fotografías del hermoso y moderno «Barrio centro de un gran local obscuro arde sobre el suelo
CRÓNICA DE ARTE
Reus,» trabajo ímprobo de un español que llevó sus un fuego cuyo humo lentamente se escapa por el teenergías y su actividad al Plata; que proyectó y llevó cho: en las paredes están las camas dispuestas como
Sustraerse á la influencia que ejercen los aconteciá cabo las obras que perpetúan su nombre, edifican- los camarotes de un buque y delante de las cuales
do una barriada de casas cómodas y sanas para obre- hay tendidas en el suelo pieles de animales; sobre los mientos actuales, especialmente sobre los que viviros, y que desengañado, lleno de amarguras, pobre y cofres toscamente labrados que constituyen el único mos en contacto inmediato con la opinión pública y
mal comprendido por los que sólo le han hecho jus- mobiliario de esas viviendas se ven varios utensilios á cada instante sentimos sus vibraciones con toda su
ticia después de muerto, pasó á mejor vida sin lograr domésticos, cucharas y escudillas de cuerno, sedales intensidad inicial, es punto menos que imposible. Y
con anzuelos de madera, remos, arcos y flechas. Los considero de tal importancia para la vida de la patria
ver terminada su benéfica y magna obra.
También ha mandado la República Oriental foto- vancouverianos, de roja piel y ojos rasgados, perma- lo que acontece en las vecinas costas africanas del
grafías de sus mujeres; de aquellas· mujeres que go- necen agazapados en sus pieles y envueltos en pañue- Mediterráneo, que tan sólo á un esfuerzo supremo de
zan á la par de las limeñas fama universal de hermo- los ó mantas, prendas que sólo se ponen por consi- la voluntad deben mis lectores que me ocupe en resas y distinguidas, y cuyos retratos constituyen el deración á los que en Chicago les visitan, pues en su latar el movimiento artístico verificado en este últipaís no llevan otra cosa que un delantalito que ape- mo mes.
mejor adorno de la instalación.
Hago esta declaración previa, porque antes de ennas
les cubre la cintura. Delante de las cabañas y
Expone asimismo la menor de las hermanas platenses buen material de escuelas, y entre varios tra- amarrados á la orilla del lago mécense en las aguas trar de lleno en el cumplimiento de mi deber de mebajos nn volumen en forma de periódico, impreso y de éste un par de canoas, consistentes en troncos ahue- ro cronista de arte he de decir algo que á las mientes
dibujado por los alumnos de la Escuela de artes y cados por medio del fuego y con altas rodas de for- me viene en este instante, y que tiene por origen la
obsesión de que arriba hago mérito.
oficios, que da clara muestra de los adelantos que mas extrañas.
Una rama de la pintura existe, cultivadísima en
Los
vancouverianos
aliméntanse
especialmente
de
Montevideo ha hecho en este esencialísimo ramo de
la instrucción popular. He visto en esta sección uru- pescado; son grandes marineros y nadadores y no va- Francia, tenida muy en cuenta por los artistas alemacilan en lanzarse al mar con tiempo tempestuoso y nes, ingleses y rusos, que ha producido frutos opimos;
guaya un mapa muy curioso.
alejarse
muchas millas de la costa en sus frágiles em- esta rama de la pintura es la militar.
La parte de la esfera que presenta el continente
Dando de lado á los pintores de otros días, no por
americano está formada con los · nombres de las na- barcaciones.
eso es reducido el número de los que viven y ganan
ciones, las ciudades, los pueblos y los ríos del N uebatallas con sus batallas, tipos y escenas de la vida
EL TEATRO CHINO
vo Mundo, impresos en letra menudísima, pero perde la milicia. Francia es la nación que ofrece mayor
fectamente legible sin ayuda de microscopio ni de
Extraños golpes de gong y un estrépito capaz de contingente de cuadros del género. Desde el año de
lente. Termina este curioso mapa una cabeza de Codestrozar
los oídos más fuertes, producido por varios 1859 al 60 en que Meissonier inauguró, como dice
lón, dibujada sobre la forma de imprimir, con labiografía del descubridor, impresa en lengua italiana: el instrumentos de cuerda y de viento, atraen la aten- el notable escritor Sr. Barado, la serie de sus pintuparecido es exacto á los retratos más vulgares, y que ción del que visita Midway Plaisance hacia un tem- ras que reconstituyen plásticamente una in,teresantípor serlo se nos antojan los auténticos.
· plo chino de admirable aspecto, delante del cual ál• sima parte de la epopeya napoleónica, comenzó de

gros de la guerra, combaten por el exterminio de sus
enemigos, y se gozan como tigres, á quienes en su
crueldad se parecen, matando, no hasta donde pide
la necesidad, matando por el placer t¡ue les procura
la matanza, durante la cual respiran como un edénico aroma el hedor de la caliente recién vertida sangre. Se necesita la fibra española, el parentesco nuestro con tierras parecidas en lo ardientes á la suya, el
menosprecio de la muerte connatural á la raza nuestra, para hacer lo que hiciera el corto destacamento
defensor de la fortaleza en construcción: resistir tanto
tiempo con corto número, intentar después y cumplir
una retirada honrosísima, sumarse luego con los soldados de la guarnición é imponer el necesario respeto á los ciegos, que mataban en su furor con la misma indiferencia con que matan en el mundo la tempestad y la epidemia. D elante de tal holocausto no
tenemos que hacer sino adorará los sacrificados como
se adora en el catolicismo á los santos é inscribirlos
en el calendario de nuestros mártires. Dar lo más preciado que pueda tener el hombre, la vida, necesaria,
no sólo á él mismo, á todos los que le aman y él ama,
por la colectividad que forman sus conciudadanos
allá lejos, ¡oh! es acto tan meritorio, que sólo debe
quedarnos espacio y ánimo para el culto ardoroso de
este milagro moral, presentándolo, no sólo como ejemplo á las jóvenes generaciones herederas del tesoro
acumulado por santos sacrificios, como prueba d e la
vitalidad que late con fuerza en el seno de una raza,
dispuesta siempre al sacrificio por su patria. Tiempo
tendremos de juzgar á quién corresponde la responsabilidad de un hecho, no feliz de suyo, y menos en
estas circunstancias; hoy sólo nos toca recogernos un
momento en el duelo que todos los españoles sentimos, y conmemorar en el culto á los muertos este sacrificio más, presentado por sus heroicos hijos á la
madre España, tan digna del religioso amor que le
han profesado todas las generaciones suyas en toda
la continua sucesión de los tiempos.

La biografía es una curiosidad de mucho gusto,
que revela un tipógrafo excelente: como dibujante y
como geógrafo también puede apostárselas con cualquiera el autor de tal mapa.
En la instalación del Uruguay encontré todo el
afecto de los buenos amigos y toda la distinción de
los caballeros, y no podía ser menos. Cuantos han
venido en la comisión y cuyos nombres no estampo,
porque escribo en viaje y no tengo tarjetas á la vista,
son modelo de caballeros cumplidísimos. Todos ellos,
así como también el cónsul, han mostrado complacencia por que la ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA publicase
vistas de la instalación de su patria.
El delegado general Sr. Gómez Ruano, hombre
distinguidísimo y amable, es uno de los que más legítimas simpatías goza entre sus compañeros. El señor Gómez Ruano pertenece al alto cuerpo docente
de la República Oriental y honra.la Universidad uruguaya por su talento y por su modestia.
¡Justo es que se le haga justicia!

�. 686
nuevo á qtorgársele á esta rama pictórica una importancia grande. Y digo de nuevo porque ya se la habían otorgado David, Gerard, el barón Gross Vernet (estudiado atentamente por Fortuny), pintando

Elpaso de los Alpes, Austerlitz, Eyla1,, Las Pirámides
y otras batallas y combates.
Desde Meissonier, pues, renace con pujanza la pintura militar, y la cultivan con éxito creciente Regnault,
Protais, Philipoteau, Detaille, Neuville, Berne-Bellecour, Lergent y otros en Francia; como en Inglaterra
O'N eil, Hercomer, Morris, Seymour; y Luders Krickel
Lang y varios otros en
Alemania; en Rusia
descuella Wereschagin
con un carácter verdaderamente épico; en España, Cusachs, Unceta
y ayer el maestro Balaca.
Pero observamos un
fenómeno singular que
se produce al resucitar
otra vez la pintura de
costumbres militares y
que merece que se fije
en él la atención de todo el mundo. En las
nac10nes que mayores
energías cuentan, así en
el orden intelectual como en el material, esta
pintura alcanza un auge grande y pudiera decirse que es la que sirve
de contrapeso al movimiento iniciado hacia
las escuelas místicas, las
cuales tienen como característica la contemplación y el reposo. En
Inglaterra Morris pinta;
no el soldado de hoy,
sino el soldado del porvenir en su celebrado
lienzo Sons of the Brave
(Hijos de valientes).
En Alemania, Crofts
hace una obra llena de
interés dramático al pintar para Francia la desastrosa jornada de Sedán y que tituló el artista Grave!otte. En Francia - no mencionando á
Meissonier, que hubo
de limitarse á las guerras de Napoleón - el
muerto N euville traza
una maravilla al delinear las figuras de El tUtimo cartucho. Y en esas
naciones, asiento hoy
de lll, cultura en su más
alto concepto, donde el
altruísmo se manifiesta
con verdadera energía,
así en el derecho político como en las especulacionesdelas modernas
filosofía y ciencias morales, la pintura militar
tiene por derecho propio importancia grande.
Verdaderamente que es digno de ser atendido y
estudiado este fenómeno, con el cual parece indicarnos la realidad lo utópico del sueño de una paz perpetua. No; no es posible, no será posible quizás nunca que se realicen esos idealismos sublimes de la fraternidad universal. La lucha por la vida, así en el individuo como en las naciones, existirá mientras tanto existan éstas y los caracteres étnicos y las tan diversas como desequilibradas fuerzas productoras de
la naturaleza. La lucha es la vida; con la lucha se
manifiestan las energías todas del hombre. La historia nos enseña cómo á las grandes guerras y á las
grandes revoluciones se deben las conquistas del saber; y los pueblos, cómo los individuos, son tanto más
respetados cuanto mayor es el equilibrio entre sus
fuerzas intelectivas y materiales.
Y el arte, cuya misión es la de conmover nuestro
corazón y nuestra alma, ejerce una influencia innega·
ble en el sentimiento humano, elevando su espíritu,
haciéndole vibrar con modulaciones distintas; y claro
está que el amor de la patria, el más sano, el que no
aparece manchado por egoísmo alguno, el más sublime de todos los amores, el que más abnegación pide,
puesto que pide hasta el sacrificio de la vida, se

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mues~ra con .todo su esplendor en la guerra, donde
el artista aspira á grandes bocanadas el hálito dramá·
tico que da vida á ese amor. Por eso, la pintura militar, especialmente cuando reproduce una escena de
sangre, donde cada soldado es un héroe, como que
en aquella escena palpitan al unísono los corazones de
cuantos en ella toman parte, la representación plástica de la colectividad luchando por un sentimiento
produce una doble emoción estética á la que no iguala otra alguna.
Que en España el sentimiento patrio existe vigo-

NúMERO

617

guado que á duras penas logra formar un pequeño
ambiente. Hoy, con. motivo de los acontecimientos
acaecidos en Melilla, se demuestra con demasiada
claridad que si el amor patrio existe vigoroso como
sentimiento, la fría razón nos dice por otro lado cuán
débiles son nuestras, fuerzas. Así, en el organismo
anémico, las ideas son tristes y opacas y en el cerebro no palpitan grandes energías; así, en los pueblos
el marasmo y el escepticismo crecen y los anulan cuando dejan de ser fuertes y viriles; y el arte se manifiesta varonil ó afeminado, épico ó pueril, según el ambiente social en que vive. Por eso carecemos
de pintura militar...

Y dejando ya estas
filosofías, haré crónica.
Los sucesos, así de
política interior como
los internacionales, apenas si dejan lugar á que
la atención se detenga
en el examen y solución
de otros asuntos. El concurso que en estos momentos se está celebrando para escoger el
modelo de la estatua y
monumento que en Covadonga quiere elevar
al re-Pe/ayo la Diputación provincial de Oviedo, apenas si logra atraer
la curiosidad, no ya del
público, sino también
de cuantos viven en las
esferas del arte. Y cuenta que dichos estatua y
monumento significan
en dinero medio millón
de reales, y desde el
punto de vista artístico
un problema históricoestético para cuya resolución han debido re·
volver muchos documentos y meditar muchos días cuan tos artistas concurren al certamen.
Diez son los proyectos y bocetos ó modelos
de estatua que habrán
de ser juzgados por la
Academia de San Fernando. Como una de las
condiciones del concurso exige que sean anónimos los trabajos, solamente he podido averiguar los nombres de
seis escultores, y éstos
son: Querol, Folgueras,
Alcoverro, Marinas, Parera, y Gandarias. Ya
ven los lectores de LA
UN TELEGRAMA,

cuadro de L. Max Ehrler

roso no cabe dudarlo; pero es una energía psíquica á la que no ayudan aquellas otras de la misma índole y mucho menos las materiales. Desgraciadamente nuestro poderío ha menguado ~n razón directa del
impulso que otros pueblos dieron á su cultura. Y esto que parece una paradoja, esto que parece estar en
abierta oposición con los altruismos de la filosofía
moderna, en la cual la ética parece influirla de un
modo casi total; esto, repito, es, en el terreno de la
realidad, un hecho innegable. Allí donde las ciencias,
las artes, la industria, alcanzaron elevado puesto, las
fuerzas materiales .son mayores que en aquellos otros
pueblos donde industria, arte y ciencia viven muriendo y debiendo su existencia al influjo que el dinamismo intelectual ejerce y ejercerá siempre. Por esta razón el arte tiene en la pir.tura militar una rama cuya
misión es noble y levantada, porque despierta y conserva vivo un sentimiento viril, enérgico, y al propio
tiempo hace la causa de la piedad poniendo de relieve todo el épico horror de la guerra.
En España apenas si se cultiva la pintura militar.
Cusachs y U nceta, en segundo término Esteban y
Navarro, son los pintores del género. Pero es que en
España el sentimiento de nuestro poder es tan men-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA que casi todos los ar-

tistas aquí nombrados figuran en la plana mayor
de la escultura es1;&gt;añola contemporánea.
Los jueces de este concurso son las dos secciones
técnicas de arquitectura y escultura de la Academia,
las cuales ya se han reunido para estudiar separadamente las obras. La lucha es grande y la expectación
de los escultores mucho mayor.
Por mi parte poco puedo decir respecto de la bondad de los trabajos expuestos; apenas si he podido
echarles una ojeada rapidísima, pues no solamente
no se han expuesto todavía al público, sino que está
prohibida terminantemente la entrada en el salón
donde las estatuas y proyectos arquitectónicos se hallan colocados. Sin embargo, pude advertir que, respecto de indumentaria, á excepción de uno, todos los
escultores estuvieron desacertados, y algunos desacertadísimos, puesto que se han atrevido hasta con
la cota de malla y el mandoble inclusive. Por lo que
atañe á la interpretación de la legendaria figura del
hé:oe de Covadonga, no he visto tampoco mayor
acierto.
En verdad de hecho, la figura de Pelayo solamente como simbólica puede ser admitida para su realización plástica. Tan borrosa aparece en las crónicas
aun en aquellas más cercanas á la época en que e'

LA

N ÚM.El{O 617
héroe realizó, ayudado por un puñado de montañeses asturianos, ó de wisigóticos refugiados en las inaccesibles quebradas de las montañas de Asturias, el hecho glorioso conocido en la historia con la denon_ünación de «batalla de Covadonga, » que algunos historiadores dudan, si no de la existencia de Pelayo, por
lo menos de que éste fuese un príncipe de la sangre
real de Witiza, llegando hasta poner en tela de juicio
su origen étnico. Agreguemos á este particular que
en el relato de los acontecimientos anteriores y posteriores á la batalla apenas si se destaca la personalidad de Pelayo, así como las
obscuridades que se advierten
en esos mismos relatos, cuando apuntan algo que se relaciona con su carácter privado,
especialmente por lo que se
refiere á la amistad ó amores
de Munuza con su hermana,
hacen de todo punto imposible suponerse el tipo moral
del primer rey de la reconquista. Por esta razón dije más
arriba que solamente como
simbólica puede ser admitida
la figura de Pelayo para darle
forma con el barro.
Ya desde este punto de vista
creo que la estatua debe simbolizar la fuerza y la fe cristiana. Con la lanza y con la
cruz se alcanzaron las más
grandes victorias que registran
los anales de los primeros siglos de nuestra reconquista (y
digo de los primeros siglos,
porque no siempre la cruz y
la lanza, por más que aparezcan juntas, consiguieron algunas de aquellas victorias en
que luchaban unidos el noble
y el prelado). Además de la
fuerza y de la fe, en Pelayo se
simbolizan la rudeza de una
raza altiva y batalladora, indomable, y por último la idea de
la patria. Por e~to creo, al
mirar aquellos modelos, faltos
muchos, como he dicho, de
verdad histórica en la indumentaria, serios y reposados
en la actitud, unos finos y elegantes otros, otros sin carácter moral alguno, éste que
parece un abanderado, aquél
que recuerda vagamente cierta estatua de Carlomagno, el
de más allá á un noble cualquiera del siglo xm, que nuestros escultores si bien prueban una vez más que conocen
los secretos de su arte, no así
que se hayan detenido en el
examen y estudio de la figura
de Pelayo. Un escultor estuvo
acertado, á mi ver, en el movimiento general de la estatua, en el tipo y en la indumentaria (salvo algún detalle), menos en el rostro y
en la expresión. Veremos si la Academia de San
Fernando piensa como yo.

***

685

lLUSTl{AClÓ.N ARTÍSTICA

después de un año transcurrido, si cobrarán su trabajo.

LA MADRE DEL TENIENTE

***

(EPISODIO DE AFRICA, 1860)

Consolémonos pensando que en París va á honrarse al gran pintor español, autor de Las Meninas, al
inmortal Velázquez, erigiéndole una estatua ecuestre.
Un periódico parisiense explica en los términos
siguientes el porqué de representar á caballo don
Diego Velázquez de Silva: «Un diario español- dice
La Li/J~r# - se e¡¡traña de que se haya pensado en

a

Las fechas solemnes de nuestra niñez son lápidas
conmemorativas, cuyos rótulos se hacen más visibles
cuanto más el tiempo transcurre. Conozco lapidas de
esas; algunas hay sobre mi e::orazón ... ¿Os reís de que
mi corazón pueda con tanto peso? No, no puede...
Se me figura ver esas lápida~ dentro de mí, como
una hilera de losas de nichos;
7
hé aquí la inscripción de una
de ellas:
I.º DE ENERO DE 1869

ALICIA,

cuadro de Guillermo M. Chase

representar á Velázquez á caballo.Nada más natural,
y la obra de M. Fremiet será históricamente exacta.
»La estatua será colosal, del tamaño llamado triunfal. Velázquez parece marchar al paso de un robusto
caballo andaluz, con una palma de laurel en la mano. Está admirablemente colocado en la silla. Le cubre la cabeza un amplio sombrero con larga pluma,
de donde se escapa la espesa y crespa cabellera, partida en dos masas iguales que llegan hasta la gola.
Viste la pequeña capa exornada con la cruz de Santiago y puesto el collar: botas ajustadas... Así aparece
en traje de gran ceremonia, como cuando precediend? - en calidad de aposentador mayor - al cortejo real,
hizo su entrada en Fuenterrabía, para presidir los
preparativos de la entrevista allí realizada de Felipe I V
y Luis XIV, en el mes de junio de 1660.
»Lebrún lo pintó en un cuadro de La Conferencia
ya viejo y cercano á la muerte. Pero para la fisonomía del maestro, M. Fremiet tuvo en cuenta un documento más seguro; el admirable retrato que de Velázquez existe en la Pinacoteca de Munich.»

Ayer 12, cuantas gentes paseaban á la caída de la
tarde por el Prado y por la plaza de Madrid ó de la
Cibeles, pudieron contemplar un hecho edificante.
Varios mangueros y empleados del municipio, á cuya
cabeza estaba un capataz, desmontaban por orden
del alcalde de esta muy noble y muy culta villa del
oso y del madroño las estatuas de yeso emplazadas
sobre sus correspondientes pedestales, en la entrada
del citado paseo de1 Prado, que representaban - mal
ó bien, que esto no he de decirlo - á Villanueva,
Lope de Vega, Fernández de Oviedo y Ramírez de
Madrid, conocido por el marido de la Latina, la sabia dama de la reina Católica. Pero lo edificante era
el modo de hacer la operación. Principiaron por el
arquitecto Villanueva. Ata.ronle una maroma á la cintura, le suspendieron en el aire y... se hizo veinte
pedazos; del suelo se recogieron millares de fragmentos. La misma suerte sufrieron las restantes. Los
***
mangueros de la villa se tiraban unos á otros y por
Todavía no sabemos oficialmente á qué atenernos
divertirse, ya la cabeza de Lope de Vega, ya los bra- respecto de los premios de la Exposición de Chicago.
zos de Ramírez de Madrid, bien la pensadora testa
del cronista...
R. BALSA DE LA VEGA
A todas estas, los escultores no saben todavía, y
Madrid 14 de octubre de 1893

Pero bien; no es ese sepulcro el que voy á destapar
ahora; ya lo hice alguna vez,
y recientemente, para escribir
un libro que no se publicó
aún, titulado Guerras Pasadas. Dejo, pues, esa losa y
bajo ella todo aquel concertante fantástico y aterrador de
barricadas, redobles de tambores, gritos de furia, vibrar
de cornetines, descargas de
fusilería, maldiciones, lamentos, cañonazos, edificios que
se derrumban, y todo lo de·
más que la fantasía del lector
quiera añadir sobre una población asaltada por tropas de
su mismo gobierno, y una milicia nacional, frenética, que
lucha con bravura, sin saber
lo que defiende...
Dejo eso, para pensar en la
fecha del día que sigue; la del
1. 0 de Enero trae á mi memoria la del día 2. Los nacionales huían, ó fueron fusilados,
ó estaban en sus casas, fingiéndose inocentes en absoluto de aquello que pasb. La furia de los soldados había ido
extinguiéndose, como el humo de un reguero de pólvora
encendido de pronto. Yo contemplé admirado la alegría y
la animación de estos hombres que, horas antes, lo destruían todo y traspasaban consus bayonetas á cuantas personas encontraron en su camino. Era de noche; la ciudad
estaba á obscuras; los faroles
fueron rotos; las cañerías de
gas obstruyéronse; en algún
ventanucho, ó en el pretil despedazado de algún balc&lt;Sn, ardía una luz tenue que puso
tal ó cual vecino; acá y acullá escuchábase el alerta de
los centinelas, que permanecían inmóviles sobre un re·
dueto ó tras el tabique de un caserón que se derru mbaba.
- Patrona, había dicho un soldado. ¿No habrá por
ahí unos leños que quemar?
No había. Mi madre lo expuso así. E l soldado, sin
ei:ifadarse, dijo:
- Los traeremos entonces.
Salió, siguiéronle algunos, los vi volver al instante...
Traían una cama de matrimonio magnífica, de palo
santo, y las hojas de nogal con bellas incrustaciones
de un armario que allá se iría en valor con la cama.
Mi madre comprendió al momento; la cama y el
armario componían parte de los muebles de una
casa riquísima, de la cual éramos vecinos; intentó mi
madre oponerse con blandura á que se quemasen
maderas tan preciosas; los soldados echáronse á reir;
un sargento dió orden de que se rompiera todo.
Instantes después ardía en el centro de la espaciosa cocina una gran hoguera; los soldados estaban
alrededor calentándose, bebiendo, apostando, inventando acertijos, contando cuentos ó hazañas los
unos de los otros, reconlando escaramuzas... Este
hablaba de su novia, aquél de sus padres, aquel
otro de un hermanito enfermo... La estancia se llenó de humo de los cigarros... Hablaban á la vez,
alegres, dicharacheros, nerviosos, con una gran risa
á lo mejor, con un suspiro enorme más tarde... El
fusil contra la pared, el ros echado airas, el cinturón

�· DESPUllS DE LA ORGÍA,

CUADRO DE

Swwo" sKv,

GRADADO POR

R. BoNC

�690

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

617

Se abrió un poco la puerteciBa. Yo temblaba; la
flojo, desabrochado el peto, la punta del faldón reco- güenza, que quería ganar los galones de verdad, y
señora
empuja con fuerza, y se met~ de pronto; na;
accedió al fin el gobernador, no teniendo otro engida en la cintura.
da se oye... Los minutos me parec1an siglos ... Cr~1
tonces
que
le
inspirase
igual
confianza.
Era
por
la
No sé qué entusiasmos hicieron vibrar mi corazón
que era ya un viejo, cuando escuché otr?. vez las pide niño; contemplaba aquel cuadro con éxtasis, que tarde; partimos; poca gente: el muchacho, cuatro
sadas
menuditas de la señora.
hoy no puedo explicarme tampoco; las lenguas de hombres y yo... Parece que le veo, preguntándome si
- ¿Qué ha pasado?, le pregunto.
quería
seguirle;
el
bigotillo
rubio
se
le
erizaba
como
fuego que se levantaban sobre las grandes astillas
- Venga usted.
.
.
parecíanme de una viveza y de un color sorprenden- á los gatos en pelea, y sus ojos azules movíanse
La
seguí·
llegamos·
el
postigo
abierto;
un gran cantes; no he visto nunca más color de oro ni tonos azu- como centellas locas; no sé qué cosa me entró en la
, de una' viga; su luz d1. fi1cultosa cae lu'
dilón colgado
sangre
al
ver
el
entusiasmo
de
aquel
niño
...
Le
dije
les tan brillantes ni tan bellos, como el oro y el azul
gubremente sobre el cuerpo de Mahomet, l:ndido
de las llamas de aquella hoguera... ¡Bien es verdad que sí; designó á los otros. ¡A caballo! ¡Fuera! ¡Ala!
en tierra con el corazón atravesado de una punalada.
¡Ala!
De
pronto
...
¡Virgen!
Entre
unas
pitas,
una
que tampoco he vuelto á tener ocho años!
detonación; cae el teniente, el caballo escapa, nos- Me asusto, no por el muerto, sino de pensar en la
Un soldado grita de pronto:
- ¡Basta, basta, que el sargento Rodríguez va otros disparamos sobre las pitas, me apeo, quito al brava sangre de aquella mujer.
- Salgamos, digo.
teniente el papel, vamos á las pitas... Un moro muerá hablar!
- Todavía no, responde ella.
Reinó un silencio ... como el de la calle, que es to, otro herido... Al herido lo lleva á Melilla un. solSaca
el puñal de la herida, y cercena de un golpe
cuanto puedo decir. Ni un murmullo... ni una respi- dado nuestro, y yo sigo á galope con los otros. Cumla cabeza del moro; cógela del pelo, la lía en un pa·
plo
el
encargo
del
gobernador,
volvemos,
y
al
llegar
ración ... Oyéronse entonces los alertas de los centineño, salimos, se dirige la señora al moro que aguarlas, como lamentos qqejumbrosos. Creyérase que las á las pitas, voy á buscar el cadáver del pobrecillo del
daba.
campanas de la Trinidad aguardaron esta hora para teniente... ¡Mil demonios! El cuerpo estaba allí... ¡Es- Aquí tienes, le murmura, dándosela.
dar sus sones, tan quejumbrosos como el gemido de taba allí, menos la cabeza! .. La cabeza la enviaron
La
toma el moro y se escabulle sin chistar.
los centinelas... Las llamas pareciéronme más vivas, los moros al gobernador de Melilla, mofándose de él
¿A
quién se la lleva?, pregunto á la señora, muermás ondulosas, más ardientes; su oro más puro, su y del muerto, y encargando al Gobernador que·se la
to
de
espanto.
mandaran
á
su
madre,
como
un
regalo
de
las
kabilas
azul más intenso... ; las sombras de los soldados, proY la señora responde:
yectadas en las paredes de la cocina, grandes mons- del Riff.
-A su madre.
Sin
chistar
oyó
la
señora
lo
que
le
conté,
pero
le
truos amenazando devorarse mutuamente.
corrían
por
la
cara
lagrimones
como
puños.
Mirábamos todos al sargento... Al principio no
M. MARTÍNEZ B ARRIONUEVO
- ¿Está prisionero el moro herido?, me preguntó.
pude ver su cara; envolvíase el hombre soñolienta- Sí, señora.
mente en una rica colcha de damasco, como César
- ¿Le conocería usted si le viera?
envolveríase en su roja púrpura. Aunque muy niño,
NUESTROS GRABADOS
- Sí, señora.
no fué mucha mi precocidad comprendiendo que la
- ¿Quiere usted venir á Melilla?
colcha era de la cama que en aquel instante calentáLa sopa cuadro de David Nillet. - Representa es·
Me
parece que oigo todavía aquella voz de la se- te cuadro un; escena rÍlstica en toda su austera sencillez: la de·
banos á todos.
- Pues señor, dijo el sargento Rodríguez, estoy ñora; parecía la voz de un muerto. Le dije que.sí, coración es fea y triste, los personajes vulgares y en acti1udes
abandonadas,y á pesar de.esto, el conjunto de esta com~sición,
acordándome... Hará ocho años, poco más ó menos, pero que con qué licencia.
- La pediré, me contestó; vuelva usted mañana. que á primera vista parece sin atractivo para los que distraída·
de la última vez que estuve en Málaga... Ahora nos
mente la miran, tiene un sello de sinceridad tal que fascina á
Volví; tenía ya la licencia; aquella misma tarde nos cuantos con atención la contemplan. Y este resultado se debe
han recibido á cañonazos .. . Aquella vez nos recibieron
con vítores y palmas... Ahora ha caído sobre nosotros embarcamos. Al llegar á Melilla se presentó la seño- al mérito de una observación justa y de una ejecución franca,
metralla pura y aceite hirviendo... Aquella vez caían ra al gobernador; pidió ver al moro; se lo concedie- cualidades merced á las que un verdadero artista se impone al
público ~om_unicand~ interés_~ los más vulgares episodios _de la
ramos de flores y oíamos gritos de entusiasmo ... Es ron.
vidaordmana que, sm el auxilio del arte, pasar!an madvert1dos.
¿Es
este?,
me
preguntó
eBa
cuando
le
tuvimos
que ahora hemos venido á pelear contra Málaga, y
Un telegrama, cuadro de L. Max Ehrler. aquella vez desembarcábamos en Málaga de pelear delante.
¡Quién puede adivinar el terrib)e drama cuya {1ltima escena re·
- Sí, señora.
contra el moro.
presenta el hermoso lienzo del notable pintor alemán Max Ehr·
- Déjenos solos.
El sargento calló un instante; su voz había temblaler! El telegrama que pone el colmo á la desesperación de esa
Los dejé.
do ligeramente; mientras hablaba, arrollósele hasta
joven hasta el punto de impulsarle á empuñar el arma con que
¿Qué hablaron la señora y el morito? ¡Quién sabe! ha de terminar sus sufrimientos, quizá le anuncia la muerte del
los hombros la colcha de damasco que le envolvía
casi la cabeza. Apareció una cara varonil, morena, Aquello duró mucho. Cuando acabó de hablar con amante idolatrado, quizás la deshonra del esposo. ¡Quién sabe!
Por si alguno tachase de inverosímil la escena ó de exagerada
curtida, de ojos negros, duros, de pestañas largas, de el moro, pareció más muerta que nunca... ¿Tendría la situación sólo le diremos que hace algunos días en uno de
buenas
aldabas
la
señora,
que
aquella
misma
noche
boca grande, de labios rojos, gruesos, de pelo fino en
los principales hoteles de Madrid ocurrió un hecho idéntico al
quedó el moro en libertad?
que el grabado reproduce, es decir, el suicidio de una hermosa
la cabeza, y crespo, erizado en el bigote.
dama á poco de haber recibido un telegrama en que se le anun·
Cuando el moro se alejó, la señora me dijo:
- En los muelles de Málaga y en las calles próxiciaba, al parecer, la muerte de cierto joven. De la interpreta·
Sargento
Rodríguez,
he
averiguado
quién
disparó
mas había más de sesenta mil criaturas esperánción del asunto, ¿qué podemos decir una vez conocido éste? La
donos; fué un delirio de aclamaciones y vítores; las sobre mi hijo y quién le degolló. No fué el moro que figura de la joven está tan bien sentida, hay tal intensidad en .
murió
en
las
pitas,
no
fué
tampoco
el
que
ha
quedado
calles se cubrían de banderas; los balcones estaban
la expresión de su dolor, tanta desesperación en su actitud que
atestados de niñas bonitas, cada una con su pañuelo libre ahora; el que fué, huyó y está vivo. A éste que su vista emociona profundamente; y cuando un artista sabe emohasta este punto, es que su genio ha sabido dar con un
flotándolo, cada una con su ramo de flores de los hoy libertamos le daré todo cuanto poseo para que ·cionar
tema hondamente humano y su talento ejecutarlo con maestr!a.
haga
lo
que
yo
le
mande;
nos
llevará
primeramente
huertos malagueños; los curas nos bendecían, las campanas repicaban, las madres se arrojaban á nosotros adonde el otro vive... Tengo que hablar con él...
Alicia, cuadro de Guillermo M. Chase. - Mr. Chase es una de las personalidades artísticas más salientes de los
como leonas para abrazarnos y besarnos; el suelo de ¿Quiere usted acompañarme?
Muchachos, yo tenía los pelos de punta; pero la Estados U nidos y de las que más han contribuido al desenvol·
las calles por donde íbamos estaba lleno de juncias y
vi miento del arte moderno en aquel pais. La Liga de Estudiantes
de clavelillos de los montes . .. ¡Bendita sea la Virgen, voz de la mujer me tocaba en la sangre como una de bellas artes de Nueva York, en donde se educan mil alum·
cosa
de
mi
corazón.
«Sí,&gt;&gt;
dije.
qué día aquél! Una muchacha de mantilla negra, hernos, cuéntale entre sus profesores desde 1879, época en que reAquella misma noche salimos; íbamos á caballo, gresó á su patria después de haber estudiado las escuelas euro·
mosa como el cielo, con ojos grandes como el mar,
de cintura finilla como una juncia de aquellas que pi- los dos solos; el moro esperaba... Fué la primera vez peas y especialmente la de Munich, acerca de las cuales posee
conocimientos completos.
sábamos, se vino á mí con un manojito de rosas; yo que un pillo de esos cumplió lo que ofreció, porque
Mr. Chase es individuo de la Academia Nacional y Presiden·
metí las rosas por el tallo en el cañón de mi fusil, y más traicioneros y más malos no los vi nunca... Pero te de la Sociedad de Artistas Americanos, y de su valía como
es
lo
que
pienso.
¡
Mediaban
en
el
asunto
los
monises
artista es clara prueba el retrato de niña que publicamos, en el
perdido el seso por la patria y por los ojos de la niña
cual se advierten todas las buenas cualidades que tanta fama han
morena, sin saber lo que me hice ¡pum! le dí un beso de la señora!
dado á las escuelas alemanas y especialmente á la muniquense,
Caminando ya, me dijo la señora muy bajito:
en un carrillo! Quedé loco de espanto, pero ella gritó:
cuyas enseñanzas tan admirablemente ha sabido aprovechar el
Este
hombre
afirma
que
el
moro
á
quien
bus¡Viva España! ¡Viva la reina! .. Y me puso el otro
autor de Alicia.
camos se llama Mahomet Jara, y que vive con su
carrillo.
Después de la orgía, cuadro de Swedomsky. Yo me alejé llorando, con el · manojo de rosas en madre.
- Pero ¿y si éste mintió? ¿Y si le mató él y no el Entre los más famosos pintores rusos ocupa uno ele los prime·
el cañón de mi fusil, y orgulloso como si llevara con
ros lugares el artista cuyo es el cuadro que reproducimos. La
él toda la sal y todo el garbo de las mujeres anda- otro?
antigüedad con sus pintorescas costumbres le atrae y la granYo pregunté eso y la señora me dijo muy serena: diosidad de las composiciones con sus dificultades parece que
~~
.
- Este no fué; le miré los ojos y no los agachó; le fascina moviéndole á acudir á todos los recursos del arte paAquella misma noche fuí con una carta que medió
un
asesino agacha los ojos si le mira la madre del ra vencer los obstáculos. El asunto del lie¡izo Después de la or·
el gobernador de Melilla para una señora malagueña.
hombre
á quien ha matado ... Además, sólo eran tres: gfa harto se comprende con sólo ver los semblantes macilentos,
Recuerdo que vivía la señora en la Alcazaba ... Gordo
las actitudes de cansancio, consecuencia de la distensión que
Mahomet,
el que murió y éste; el que murió no pudo sucede á tocio exceso: de su ejecución queda dicho todo no más
era lo que en la carta le decía el general á la señora: «Su
hijo único, un cadetillo bravo como una fiera, que en cortarle la cabeza; éste tampoco, pues cayó prisione- que calificándola de digna del ilustre émulo de Makowsky, Sie·
miradzky y demás portaestandartes de la pintura en Rusia.
pocas semanas fué teniente y que estaba ya promovi- ro. Fué Mahomet Jara.
Caminamos
otro
rato;
la
señora
habló
así,
bajito
do para el grado de capitán, fué degollado á traición
D. Carlos María Ocantos, notable novelista
por unos riffeños.)) Me puse más blanco que el pa- siempre:
bonaerense. - El Sr. Ocantos, que figura entre los primeros
- Mahomet, es un cabo de kabilas; anda en con- escritores de la RepÍlblica Argentina, nació en Buenos Aires en
pel, mientras la señora leía... ¡Como que estaba enteferencias
misteriosas con el bajá; se ven de noche en 186o y á los catorce años compuso su primera novela que no
rado de todo! Pero la señora, ni se inmutó siquiera.
llegó á publicarse. Cursó la carrera de derecho, pero compren·
¡Vaya un corazonazo el de estas mujeres, Cristo un chozón oculto entre unas jaras; éste que nos guía diendo que su carácter no era para el foro, dedicóse de lleno á
es
el
medianero
de
los
dos
...
su aficiones literarias. En 1884 ingresó en la carrera diplomáti·
mío!
Nos callamos, porque el moro se detuvo.
ca, habiendo desempeñado desde entonces los cargos de primer
Dobló la carta preguntándome si sabía detalles
- Aquí es, díjola en un español que merecía cuatro secretario de la Legación en Río Janeiro y de la Legación en
de la muerte de su hijo .. . Se los dije ... El gobernaEspaña, donde desempeñó, además, el puesto de Encargado de
.
dor de la plaza tenía que enviar unos pliegos urgen- tiros.
Negocios: quizás por esto son tan vivas las simpatías que siente
- Llama, ordenó la señora.
tes á D. Leopoldo O'Donell... ¡Qué día!.. La plaza
poc la nación española.
Llamó y cuando contestaron dentro, respondió el
Como novelista es quizás el de más alientos que tiene la Rellena de heridos, oficiales y subalternos; el teniente
pública Argentina: ha publicado hasta hoy las novelas siguienArmental, el hijo de la señora malagueña, convalecía moro en su infame lengua:
-Abre, Mahomet Jara, que te busco de parte del tes: León Saldivar, La Crm de la Falta, Qui!t'to, Entre dos
d e una herida en el hombro, por la que le promovieluces y El candidato y, segÍln noticias,' está dando la Ílltima pluron al grado... Se brindó el teniente al gobernador bajá.
mada á otra titulada La Nueva Sajo.
La señora me dijo en tanto:
El Sr. Ocanto~, á pe~ar de su juventud, es más que una es·
para llevar los pliegos; negáronselo, por no estar resYo
entraré
sola;
espéreme
usted
con
ese.
peranza una glona legítima de las letras argentinas,
tablecido del todo; insistió, diciendo que era una ver•••••• , ......,.,,•• ,,.,,.,, .. , 1••, ................. , •• , ••• , •• , •• •••• , ••••••••••••• , •••••• ••••••• ,.,,•• ,,.,,.,,,. ,, ••••••••••• •• , ••••

NúMERO

617

LA

691

!LUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARIS
(CONTINUACIÓN)

- ¿Dónde estamos?, preguntó Huberto sobrecogi- La busco y no la encuentro, respondió Huberto. luz, y un triple grito de admiración estalló dentro del
do
de una vaga inquietud.
A menos que para explicar esos fenómenos lumínicos submarino.
Como una respuesta á sus palabras, se extinguió
¡Flotamos
en
plena
luz!,
exclamó
la
entusiasmano admitamos la existencia en el polo de un hogar
bruscamente la iluminación. Todo volvió á quedar
extraordinariamente activo, de movimiento, algo así da joven,
entre densas tinieblas. Al mismo tiempo, un rudo
choque hizo gemir la armazón del submarino. El
Gracia de Dios se detuvo por modo súbito.

XIII
EN EL POLO

Reinó un momento de indecible angustia entre los
navegantes.
La violencia de la conmoción había hecho perder
el equilibrio á todos, y sin el socorro de los brazos de
Huberto, Isabel se hubiese estrellado indefectiblemente la cabeza contra las viguetas metálicas del
submarino.
Pero reflexionando un poco, Huberto se explicó
la causa del fenómeno, pues la obscuridad sólo duró
un momento.
En aquella región saturada de fluido, una arista
saliente, una columna, hacían las veces de formidables acumuladores, y el buque, pasando cerca de
uno de ellos, había producido una descarga eléctrica
bastante fuerte para determinar la extinción de todas
las claridades. La extremada penetrabilidad del me•
dio ambiente había sólo salvado al buque de una
destrucción cierta.
Por desgracia, la sacudida había derribado una
parte del edificio y el Gracia de Dios se hallaba ahora en el fondo de un callejón sin salida. Era preciso,
pues, apartarse de allí.
Enfrente de él tenía el submarino un tabique de
enormes bloques que no podía derribar el esfutrzo
de su máquina, pero que un potente explosivo podría
apartar.
I sabel antes que sus compañeros adivinó el sistema y dijo:
- Ha llegado el momento de lanzar un torpedo.
- Había pensado en ello, contestó Huberto; pero
temo recurrir á ese medio extremo.
- ¿Qué teméis, pues? ¿Pensáis que puede hundirse
esta bóveda?
- No, no es esto lo que temo, sino el remolino
formidable que producirá el explosivo en ese espacio
cerrado, pues podríamos ser proyectados contra el
fondo.
·
- ¿Preferís, pues, quedar en este callejón?
- Como no podemos perder tiempo, respondió su
primo, á probar, y ¡que Dios nos tenga de su mano!
El torpedero hizo máquina atrás hasta un espacio
de trescientos metros. La cavidad se prolongaba mucho más hacia adelante debajo de la bóveda: la parte
de la bóbeda submarina en donde se encontraban
los viajeros era un verdadero nicho cuyas dimensio·
nes era imposible calcular á primera vista. Pero desde aquel momento Huberto se sintió tranquilizado,
pues comprendió que bastaría que el submarino re·
trogradara en tanto que avanzaba el torpedo, para
poner al submarino al abrigo de la brusca conmoción
Ali! se encontró junto á su padre inanimado
de las capas de agua.
La maniobra no fué muy larga. El torpedo fué Jan•
Decía verdad.
como una catarata desmedida por la cual caigan mi·
zado por el tubo de proa, y en tanto que adelantaba
Era un verdadero deslumbramiento. Si no se hu- en línea recta y explotaba al tocar á la pared, el bules de millones de metros cúbicos de agua.
- ¿Y esa causa bastaría para explicar todo lo que biesen visto los muros y las columnas que sostenían que retrocedió prudentemente.
aque_l maravilloso edificio, se hubiera creído en pleEl choque del explosivo determinó un remolino
vemos?
- Sin duda, ya que el calor, la luz y la electricidad no cielo, dentro de la aureola misma del sol. A cien formidable y ei submarino fué sacudido durante unos
no son sino modalidades de un mismo principio: el metros encima de sus cabezas, los viajeros veían la momentos como por las olas monstruosas de una
bóveda parecida á un techo de cristal. Los muros y tempestad; pero como el remolino no le empujó conmovimiento.
En aquel punto les interrumpió un grito dado por las columnas se revestían de esplendorosos prismas. tra ninguna de las paredes, pudo al cabo de poco
Guerbraz. El marinero que estaba en la proa con el Zafiros, esmeraldas y amatistas briBa ban aBí, y de rato hacer máquina avante y Huberto vió que el torojo aplicado á los lentes de cristal para vigilar el ca- cuando en cuando parecía verse el centelleo deslum- pedo había abierto camino entre las rocas.
brador de las facetas del diamante. En las profundiResueltamente imprimió al buque la mayor velocimino exclamaba:
dades se veían caer cascadas de piedras preciosas, dad posible, cuidando de no acercarse demasiado á
- ¡Comandante, creo que remontamos!
Huberto se lanzó á su lado y miró. Una claridad ?u~c.a soñada: con _la imag(naci,ón siquiera. El agua, las paredes de aquel túnel prodigioso.
esplendente inundaba el interior del buque, y tan mv1S1ble, hab1a cedido su sitio a la atmósfera de claPero era preciso salir de allí. Consultando su crovivos fueron sus destellos que las lámparas de incan· ridad radiosa.
nómetro, advirtió que hacía dieciocho horas que hadescencia parecieron amarill!::ar y apagarse. El joven,
-:-- ¡Dios mío!, murr1;uró Isa?el dirigiendo una ple- bían abandonado á sus compañeros y diez que navelleno de estupor, corrió al manómetro que indicaba gana al Creador. ¡Cuan admirables y hermosas son gaban sumergidos. A pesar de todas las precauciones
vuestras obras!
tomadas y del oxígeno puro que vertían los tubos, la
la presión.
El agua de aquel sitio tenía una temperatura pri- atmósfera era muy densa ya en el buque. El ácido ·
- No, dijo, no subimos.
Movida por un sentimiento de curiosidad, Isabel mav_eral. Los viajeros tuvieron que despojarse de sus carbónico, según su costumbre, se depositaba en el
descorrió las demás portas que dejaban penetrar la vestidos polares.
fondo, y Huberto lo advirtió bien pronto, pues Guer-

�692

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 617

- ¿Vamos?, preguntó sin pr~ámbulos á su novio. .
- Sí vamos allá contestó nendo Huberto.
Y c~n su índice' mostraba á los ojos maravillados
de su prima una línea blanquecina que apar~cía á
algunos millares de brazas, sobr7 la cual hab1a una.
especie de bruma en forma de amllo.
El buque avanzaba con rapidez. Salta?a, por d~cirlo así, de uno en otro círculo concéntnco, aproximándose á la arista del enorme embudo.
De repente se elevó un clamor áspero y salvaje, y
al propio tiempo la niebla se disipó, dejando ver el
fondo del abismo.
Fué una ojeada sublime, un espectácul_o ú~ico,
como los ojos de los mortales no pueden 1magmar.
El centro del polo era una tierra.
Pero ¡qué tierra y qué centro! ¡El paraíso, arrebatado al primer hombre, estaba allí!
¡Ah, sí! Aquel espectáculo era único. Alrededor de
aq\lella tierra central, el mar elevaba sus olas á guisa
de gigantesca corona y á una altura de 20 metros,
cuya pendiente, lisa por la parte del polo, parecía una
muralla de cristal, sobre la que había una franja de
espuma más blanca que la nieve, que lanzaba á lo
alto brillantes copos de rizada agua.
El submarino, acentuando sus movimientos, llegó
hasta aquella cresta, y los viajeros, maravillados, pudieron saciar sus ojos en la contemplación de aquel
edén.
Parecía que viajasen por las inexploradas regiones
del sueño y que hubiesen pasado á otro mundo.
Debajo de ellos, la tierra polar, vestida de una verdura maravillosa, parecía enorme viviente esmeralda.
Arbustos enanos, pero provistos de espeso follaje,
desplegaban toda la pompa y seducción de una flora
desconocida en los demás puntos del globo.
La atmósfera templada demostraba que reinaba
una primavera eterna sobre aquel punto inmóvil del
globo, donde no soplaba otro viento que el levísimo
producido por el remolino de las aguas, cuya espuma
caía en chispas que ostentaban todos los colores del
iris como cascada continua de brillantes.
Apenas el Gracia de Dios hubo llegado á la cresta,
Los muros y bs columnas se revestían de esplendorosos prismas
cuando, llevado por su propio peso, fué bajando por
la pendiente, hasta que encalló en la fina arena que
adelantaron unos 60 kilómetros, teniendo en cuenta se encerraba enviaba en todas direcciones sus rayos formaba la playa de la tierra polar.
las revueltas del camin0 y los cambios de orientación de un color blanco violáceo.
- ¡Oh!, exclamó Isabel, batiendo palmas. ¡Esto debe
Pero desde el momento en1 que Huberto hubo ser la entrada del paraíso!
que alguna vez se notaron.
Huberto veló solo por la seguridad del buque, co- abierto la capota para dejar penetrar el aire exterior,
- Es verdad, dijo Huberto, y confieso que esto
sa que le produjo triple trabajo, pues además de que en un momento purificó la atmósfera viciada, el trastrueca todas las visiones que del polo me había
atenderá su propia ocupación hubo de hacer las ve· joven tuvo la explicación del fenómenn de la desvia- forjado.
ces de vigía en lugar de Guerbraz y de observar la ción de la aguja que tanto le había asustado.
- ¡Pardiez!, replicó Guerbraz, yo siempre me había
Habían llegado al otro lado del cinturón de hielos imaginado qué el polo debía estar ocupado constanbrújula y los cronómetros, faena que hasta entonces
al que soporta el armazón de rocas polares. El mar temente ó por el mar sin límites ó por un volcán en
corriera á cargo de la señorita de Keralio.
Como medida de precaución encendió bujías á di- en que flotaban, libre completamente en aquel mo- continua erupción.
versas alturas graduadas del buque, para que, al apa- mento, tenía una blancura lechosa. Una extraña agi- Sí, Guerbraz; y los sabios también lo creían y
garse, le dieran previo aviso de la invasión del ácido tación le animaba, en tanto que un ruido sordo, no tenían sus razones para ello. Pero no habían tenido
interrumpido, llegaba al ofdo de los viajeros.
carbónico.
en cuenta el fenómeno de la rotación que nosotros
Encima de ellos, un cielo azul purísimo se dilata- hemos comprobado. Una sola cosa extraño, y no
Tomadas todas estas disposiciones, el teniente de
navío dirigió una afectuosa mirada al valeroso Guer- ba. Tal era su pureza que se advertía la presencia de puedo explicármela.
braz, su atrevido compañero de aventuras, y á aquella las estrellas. Mirando mejor, advirtieron los dos hom- ¿Cuál?, preguntaron sus compañeros.
hermosa y joven criatura que había de ser su esposa bres que el cielo azul formaba un círculo alrededor
- Que en el polo, la noche debe durar exactamenuna vez realizada su peligrosa expedición. Luego se del cual se amontonaban las nubes y las brumas de te seis meses, y no es posible imaginar cómo vive
colocó en el centro del torpedero y le hizo tomar de las regiones de donde venían, y demostrando que toda esa vegetación durante las largas tinieblas.
más allá de los límites de los hielos paleocrísticos, el
nuevo su andar de catorce nudos.
Nadie supo qué contestar. Pero la misma naturaleSin embargo, la inquietud, esa inquietud profunda frí0 volvía por sus derechos.
za se encargaría de explicar aquella extrañeza.
E l submarino continuaba derivando. El ángulo,
que experimenta siempre el varón más fuerte al luEl oficial había notado que en el momento en que
char contra los elementos, se apoderaba de él, y aho- que era de 45º hacía un momento, había llegado á la proa del submarino tocaba á la playa, había brillara, que no tenía que fingir ante sus compañeros, su los 6o0 , prueba segura de que el barco no marchaba do una luz rápida y una sacudida bastante fuerte hafrente se arrugaba y se crispaban sus manos. El se- hacia el polo, sino que seguía una tangente á un últi- bía rechazado el buque hacia el agua.
ñor de Keralio le había hablado de aquel viaje sub- mo círculo polar del cual no podía todavía apreciarse
Pero á la larga y después de una serie de chispas
terráneo, pero nada le había dicho que pudiera ha- la extensión.
que descargaron la electricidad del suelo el débil
La verdad apareció deslumbrante, más de lo que casco de aluminio había acabado por toma; tierra.
cerle prever la duración del mismo, y al oficial le pahabía osado presumir, á los ojos de Huberto.
recía que esa duración se prolongaba demasiado.
Aquella observación había bastado á d'Ermont
- ¡La rotación de la tierra!, exclamó á voz en grito para tomar algunas precauciones.
Aquella submersión prolongada le asustaba.
Aquella bóveda enorme parecía aplastarle con su en tanto que Guerbraz le miraba con estupor sin
Se había dicho que todo el islote hacía oficio de
comprenderle.
pesadez.
una botella de Leyden, y que todo contacto debía
El joven dió algunas explicaciones al marinero.
Durante un momento imaginó que era la inquietud
romper el equilibrio de las fuerzas magnéticas esparEn vez de entrar en lucha directa y además impo- éidas por la superficie.
moral la que le producía tal molestia; pero bien
pronto se dió cuenta de que obedecía á una causa sible contra la fuerza inmensa que movía las olas en
En co?secu~ncia, no qu iso poner el pie sobre
el mismo sentido de la rotación del globo, el buque aquella tierra sm tomar antes las debidas precauciofísica.
La atmósfera se viciaba más y más. Las capas in- atacó la líquida masa al soslayo. Huberto estaba se- nes. Corrió, pues, h~cia proa y tomó una percha, la
feriores, bajo la presión del aire respirable, despedían guro ahora de no ser víctima de un vórtice aspirante; cual debía ay~d~rle a saltar y evitar el choque.
lentamente óxido de carbono. Dos de las bujías encen- pues, al contrario del Maelstrom, aquel remolino lanPronto adv1rt1ó que su teoría era exacta.
didas hacía poco rato se habían apagado ya, y el gas zaba desde el centro á la periferia todos los cuerpos
I sabl;l, que había saltado antes que nadie pudiera
carbónico llegaba á l&lt;J, altura de 'un pie sobre el pavi- que en él flotaban.
presum1rlo, lanzó un grito de terror y cayó derribada
Hacía ya seis horas que dormía Isabel, y su primo, sob'.e. 1~ arena; pero se lernntó en seguida sonriendo,
mento.
Alrededor del buque las agu¡i.s permanecían lumi- juzgando que aquel reposo bastaría á la joven, y no Y dmg1éndose á su primo que llegaba asustado le
'
'
nosas, absolutamente saturadas de electricidad. ¡El queriendo privarla de la magia de aquel espectáculo, dijo:
buque atravesaba una aurora boreal p~rmanente ... y la llamó.
- No os asustéis; ya veis que no he muerto.
La joven lanzó una exclamación admirativa en
líquida!
- Per? habéis ~ome!ido una imprudencia, mi herHuberto miró ansiosamente por la proa y le pare- presencia de aquel espectáculo.
mosa pnma. ¿No habéis advertido que esta tierra esEl problema del cual perseguían la solución, la ha- tá saturada de electricidad?
ció observar una degradación inexplicable de matices. Proyectó mayor cantidad de hidrógeno en el bía recibido durante su sueño. Se había dormido
- No, ciertamente, no lo había advertido; pero
bajo las aguas y despertaba al aire libre y vivificante, ahora que lo hemos experimentado no hablemos más
motor y alcanzó una marcha de diez y seis nudos.
á algunos kilómetros apenas de aquel polo tan anhe- del asunto. Lo mismo da. Pero ¡qué pafs tan lleno de
Pero entonces se produjo un fenómeno singular.
El oficial, que tenía los ojos fijos sobre la brújula, lado.
encantos es el polo!

braz, que se había bajado para recoger un objeto,
fué presa de un síncope, y no se hubiese levantado si
d'Ermont, comprendiendo lo que sucedía, no le hubiese levantado en seguida.
Aprovechó aquel incidente para prevenir al marinero y á su prima del riesgo que corrían bajándose,
y al propio tiempo les indicó que urgía salir de aquel
subterraneo si no se quería agotar la provisión de oxígeno y gastar la que se destinaba para la vuelta.
En su consecuencia aconsejó á I sabel que se fuera
á descansar y á Guerbraz que hiciera lo propio, prometiéndose dejarles que durmieran aquélla seis horas y éste cuatro, pues tenía motivos suficientes para
esperar que en ese tiempo el torpedero terminase su
viaje al través de ese terrible conducto subterráneo.
La marcha del submarino no había sido muy rápida, y durante aquellas horas de inmersión sólo se

advirtió con estupor y espanto que el Gracia de
Dios derivaba en un ángulo de 45 grados.
Casi al mismo tiempo se extinguió por completo
la espléndida iluminación. Huberto proyectó el haz
eléctrico hacia fuera y no advirtió ningún muro, ninguna columna.
- ¿Habremos salido del túnel?, se preguntó.
Para saberlo, no había más que un medio: remontar.
Esto es lo que hizo el joven teniente.
Pero para ello le era preciso el socorro de Guerbraz, pues había que mover las pesadas cadenas que
retenían las tapas de los depósitos de agua. Así lo hicieron, y el buque, libre de lastre, remontó á la superficie lo mismo que una burbuja enorme.
Al mismo tiempo el mar recobraba su iluminación
interna: el inmenso foco eléctrico que en sus abismos

NúMERO 617

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tara un chorro de agua que se elevaba á prodigiosa
altura y caía en cascada finísima que ostentaba todos
los colores del arco iris.
No pudiendo apenas creer todos á sus ojos, apresuraron el paso y llegaron al lago.
Isabel de Keralio tenía razón: el centro del mundo
era un agujero.
XIV
FUERA DEL CE~TRO

Sí, el centro del globo era un agujero, pues cuando
los viajeras llegaron á sus orillas el lago había desaparecido, el surtidor con él, y en su lugar se veía un
espantoso abismo, un agujero de r. ooo á 1. 200 metros de diámetro que tenía las paredes perpendiculares, casi lisas, del cual no se veía el fondo, pero
cuyo vacío horroroso, lleno de vértigos, parecía tapizado de vapores tumultuosos, cuya superficie ondulaba á unos diez metros por debajo de la orilla, sin
llegar á ella jamás. Los tres exploradores tuvieron un
mismo pensamiento y lanzaron un mismo grito.
- Hemos sido juguetes de un sueño ó de un espejismo.
Sin embargo, se detuvieron, pues la fatiga les rendía. Aquella sucesión de maravillas tan raras como
impensadas había mantenido en tensión su espíritu,
y la luz del día, no interrumpida, no les permitió calcular las horas. Cuando Huberto consultó el reloj,
advirtió que habían pasado veintidós horas desde
que estaban en el islote. ¡Veintidós horas: un día y
una noche! La naturaleza reclamó sus derechos y el
sueño rin&lt;lió á todos.
Levantaron la tienda, y como los sacos de pi.el de
bisonte eran inútiles bajo aquella temperatura, no los
abrieron y se echaron vestidos encima de ellos.
Largo y profundo sueño les mantuvo inmóviles
durante muchas horas. Al despertar fué gran.de su
sorpresa cuando vieron que el lago había reaparecido
y que la columna de agua se elevaba como la vispeta
á ciento cincuenta pies de elevación, coronándose de
un penacho de diamantes líquidos.
- ¡Oh! ¡oh!, exclamó d'Ermont. Empiezo á comprender. Esto es una fuente intermitente, una especie
de geyser maravilloso. El agua de donde sale se encuentr~, gracias al movimiento de la tierra, tan pronto encima como debajo del orificio que vemos ahí
c7rca. De ahí la fuga de las aguas y su vuelta periódica cada doce horas. Por lo que hace al surtidor se
debe ciertamente á una presión suplementaria, ; su
gran altura obedece á la pesadez menor que tiene el
aire en el polo que en el ecuador.
Aquella segunda hipótesis podía comprobarse fácilmente, lo que se hizo por medio del barómetro. Para
confirmar la segunda, d'Ermont recurrió á un procedimiento muy sencillo.
Fué á situarse en la extremidad opuesta del lago y
Mirando mejor, advirtieron los dos hombres que el cielo azul formaba un círculo
echó en la superficie una rama de árbol, previamente despojada de sus hojas y á la cual se había atado
- Es verdad, dijo Guerbraz que, saltando á su vez, más que, á pesar de la luz del día, pudieran distin- un trozo de ropa de color.
acababa también de ser derribado.
guirse algunas constelaciones, especialmente la Osa
La rama pareció primeramente que guardaba el si- ¡Vaya!, exclamó d'Ermont sonriendo, no nos fal- mayor.
tio en que la habían tirado.
·
ta sino tomar posesión de nuestro reino.
Fué preciso, pues, recurrir á un medio artificial.
Pero al cabo de cierto tiempo, se alejó insensibleEmpezaron en seguida y examinaron primero la
Puso un palo sobre el buque y sobre él una ban- m:nte del borde y fué hacia el centro del lago, no sicosta.
dera tricolor. Después midiendo idealmente un án- gmendo una recta, sino describiendo una línea curva
Fué aquello una sorpresa continua.
gulo recto se encaminó hacia el vértice del mismo. que le hizo recorrer sucesivamente todos los puntos
Advirtieron la mucha densidad del agua que ceñía
Atravesaron una especie de selva enana. Rabia allí cardinales. Al cabo de seis horas habían desaparecido
la isla como la contraescarpa de un fuerte. Como as- toda suerte de plantas; desde las aromáticas que cre- de nuevo las aguas bajo su capa de vapores. Huberto
pirado por una succión gigantesca, el agua se elevaba cen en los montes de las zonas templadas y frías, has- echó entonces la sonda, que acusó 60 metros de proen una suave pendiente de unos cincuenta metros ta las que se desarrollan en las selvas tropicales. Tan fundidad. Quedaban, pues, seguros de que el fondo
por veinte de altura, formando así con la tierra polar espesa era la vegetación que casi no podían abrirse de las aguas se hallaba á 1 20 metros poco más ó
una verdadera cubeta de la que esta tierra era el camino los viajeros. En cuanto á la fauna, era más rara menos, teniendo en cuenta la diferente altura de las
fondo.
todavía. Aquí y allá revoloteaban algunas mariposas orillas.
Se veía á ésta hundirse y prolongarse por bajo de sobre extrañas flores de orquídeas. Algunos pájaros
A todo esto, había transcurrido ya el quinto día
aquella muralla moviente, de agua tan densa que se semejantes á las golondrinas y al pardillo de las zo- desde que los jóvenes se habían separado de sus
hubiese creído solidificada. Huberto, más y más ex- nas frías daban caza á las mariposas. Lagartijas de compañeros, y era preciso pensar en la vuelta. Hutrañado, trataba de explicarse aquel problema.
rara forma corrían entre las quiebras de aquella tierra, berto repetía, riendo, con una variante, el verso de
No hallaba más que una solución; pero no le satis- que era tan compacta que parecía hecha de panes de La-Fontaine:
facía.
arcilla.
No s6lo debo ,·er, sino salir de aquí.
Pensaba que quizá aquel islote estaba formado por
Pero á medida que avanzaban, sentían los viajeros
un solo bloque granítico sin una grieta ó concavidad. que el terreno bajaba. Decididamente, la rotación
H asta entonces todo había ido perfectamente, y
Sólo así se comprendía que la rotación del globo dejaba sentir sus efectos, no sólo en el mar, sino en hecha excepción de algunos incidentes de detalle,
alrededor de su eje hiciera mantener las aguas muy tierra. El polo, tan lleno de revelaciones sorprendenpor encima del nivel de la tierra y formase de tal mo- tes, aún parecía guardar más.
do aquella muralla mucho más duradera y resistente
- Si continuamos así, dijo alegremente I sabel, el·
que las de granito. Unicamente por la lenta sucesión centro del mundo bien puede ser que sea un agujero.
de miles de siglos podría modificarse aquel estado
- Acertáis, señorita, replicó Guerbraz; mirad hacia
allá.
de cosas que confundía la razón humana.
Pero aquella hipótesis, para aceptarla, debía ser
Acababan de llegar á un punto de la pendiente,
comprobada, y no había medio de hacerlo.
desde el cual la mirada, al través de la verdura, podía
Los tres compañeros ganaron el interior de la isla ver el centro de la isla. Por todos lados bajaban hay se esforzaron en ganar el centro de la misma.
cia el centro suaves pendientes alfombradas de verPero esto era difícil: la aguja imanada no era de dura. En el fondo había un valle circular y en el cenninguna utilidad y no marcaba á derechas, sino que tro del valle un lago de aguas tan puras, tan quietas, habían tenido siempre buena suerte y buen camino.
tomaba cualquier dirección. Tampoco había ninguna tan transparentes, que se le hubiera tomado por una Ahora el problema era de excepcional gravedad.
estrella que pudiese dar indicaciones precisas por masa de plata maciza, si de un mismo centro no bro( Co11ti1111ará)

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúME.RO

617

tión d~l vuelo humano, s~ contentan con emplear el ahora, á pesar de los muchos experimentos hechos,
poco tiemp~ que sus habituales ocupaciones les de- no han logrado su objeto.
Jan en meditar sobre el trascengental problema y
MÁQUINAS PARA VOLAR
Pero aun suponiendo que esta parte del problema
con gastar sus escasísimos_ recursos en probaturas. se resolviera, es decir, que se lograra encontrar un
El problema de la locomoción aérea á voluntad P~r est~ los progresos reahza~os para conseguir el
medio mecánico seguro de dar al aparato estabilidad
viene preocupando desde hace muchísimo tiempo á mas rápido de todos los medios de locomoción se
propia, es muy probl~mático que aun entonce~ _deslos sabios y aun á muchos que no lo son y que tratan parecen ~or de~gracia á 1~ marcha de la tortuga. En
apareciera todo el peligro que la falta de estabilidad
de conseguir por medios empíricos lo que aquéllos no estos últimos tiempos, sm embargo, el estudio del
entraña· pues entiendo que con el aparato para vohan logrado aún realizar con sus estudios y experi- problema ha tomad? mayor vuelo, y ya se oye decir
lar suc:de lo que con las bicicletas, en las cuales
mentos científicos. Las soluciones que á este proble- con alguna frecuencia que también personas ricas se
sólo se consigue una estabilidad permanente modima se ha querido dar son de dos clases: unas tienden oc~pan del asunto con abnegación y entusiasmo: si- ficando de continuo el centro de gravedad: por haá encontrar la dirección de los globos, otras á facili- gmendo las cosas así, ¿quién sabe si el hombre salu- cerlo así constantemente los pájaros nos parece su
tar al hombre un aparato que le permita tender el dará al nuevo siglo volando?
vuelo tan fácil, seguro y elegante.
vuelo por los espacios aéreos.
Pero dejándonos_ ~e fantasías, digamos algo real y
Del mismo modo un hombre que volase por los
positivo, para lo cual nos ofrece da- aires graduando siempre la posición de su centro de
tos el periódico técnico Engz'tzeering. gravedad podría en muchos casos dirigir con seguriMr. Lawrence Hargrave de Syd- dad su aparato. Ya se comprenderá que el que á taney, que hace tres años publicó en les experimentos se dedica no debe lanzarse desde
aquel periódico dibujos y resultados un principio desde grandes alturas, sino que ha de
de varios modelos de máquinas para proceder gradualmente: es preciso comenzar por tivolar, reproduce ahora en el mismo rarse desde una altura pequeña y llevando alas no
otros aparatos que son impulsados muy grandes; pues de no hacerlo así, ya se encargará
por el aire comprimido y por el va- el viento de demostrar que con él no se juega y que
por. La fig. r reproduce uno de ellos en ciertas circunstancias puede el experimentador ser
compuesto de un juego de alas en 1~ arrebatado á muy altas regiones, de las cuales no desparte delantera y una gran superficie ciende el principiante sin exponerse á g randes pelide velas en la posterior: este modelo, gros. Los experimentadores han de proceder, por conFig. J. Máquina para volar de Mr. Hargrave
que ba recorrido una distancia de siguiente, con gran prudencia, no usando al principio
150 metros, está montado en un tubo alas de más de 8 ó ro metros cuadrados y no lanzánde acero de 50 milímetros de ancho dose á las pruebas con vientos que corran más de
Las pruebas verificadas con los aerostáticos aupor ,dos metros de largo, que contiene aire comprimi- cinco metros por segundo, es decir, efectuándolas
mentan de día en día el caudal de conocimientos
do a .1~ atmósferas. Un pequeño cilindro (fig. 2) de solamente cuando reine lo que se llama ligera brisa.
sobre la física de la atmósfera que tan necesarios son
5? mihmet_ros de diámetro y 30 de altura hace funpara los que persiguen el descubrimiento de la na- cwnar el aire sobre las alas, que tienen 70 centíme- Haciéndolo así puede tomarse más vigoroso impulso
contra el viento y, saltando de una altura de dos ó
vegación aérea.
tros de largo y una superficie de 1.400 centímetros tres metros, recorrer una distancia de 15 á 20 meHoy en día, la mayor parte de los que á tales incuadrados. La superficie de las velas es de dos metros tros.
ventos se dedican consagran su inteligencia y su tracuadrados y el peso total del modelo de r '75 kiloSi se continúan con constancia los ensayos, poco
bajo preferentemente á las máquinas voladoras pro- gramos.
á poco se logrará vencer la resistencia de vientos más
piamente dichas. Los más toman como modelo para
Más favorable se presenta la cuestión de números impetuosos, se podrán emplear alas de 15 metros cuasus experimentos á las aves, al paso que algunos opi- en el aparato de la fig. 3, movido
nan que el vuelo de los insectos es el que mejores por el vapor que se produce en una
enseñanzas puede ofrecer para inventar el vuelo del cal~era de tubo espiral, montada
hombre. Y. no es sólo en el papel en donde se con- honzontalmente y alimentada por
signan los proyectos voladores, sino que no son en una pequeña lámpara de alcohol
escaso número las tentativas prácticas que en mayor que funciona como una lámpara de
ó menor escala se han realizado, y en la actualidad Lo~h. Mr. Hargrave dice que ha
casi todas las naciones se disputan el honor de haber temdo que fabrica r muchas caldeproducido la primera máquina realmente propia para ras antes de haber obtenido una á
volar; lo cual no quiere decir que los Estados, como propósito. La que reproduce el gratales entidades, hayan hecho nada para fomentar la ba~o va envuelta en una capa de
técnica voladora, puesto que todo cuanto hasta ahora amianto y consiste en un tubo de
se ha hecho para llegar al gran descubrimiento del co_bre
cuatro metros de largo por
vuelo del hombre se ha verificado en el terreno pura seis m1hmetros de ancho.
y exclusivamente particular. Los Estados demostraCo~servo aún una caldera para
rán su interés por esta clase de trabajos cuando al- máquma. de volar muy semejante,
Fig. 3. Máquina para volar de Mr. Hargrave
guien haya cruzado por los aires á voluntad, es decir, que fabnqué hace 20 años y que
cuando pasada la hora de los sacrificios llegue la hora ha sido el origen de la caldera de
movida por el vapor
de sacar provecho del descubrimiento.
tu?o en serpentina que luego he fa.
Las pruebas privadas se han realizado en todos bncado para toda clase de usos indrados y será fácil arrojarse á volar desde
tiempos: en un principio hiciéronse en el mayor se- dustriales. También yo creía que la
· mayores alturas, sobre todo teniendo cuidacreto, pues lo menos que se llamaba á los que á tales condición principal de una máquina para volar era
do en buscar un terreno blando y en que el sitio no
aventur-as se lanzaban era visionarios, originales y obtener una caldera ligerísima, y aunque luego mudé sea muy abrupto.
charlatanes; pero desde que la gente se ha ido acos- de opinión y di mayor importancia al verdadero coLos americanos han montado en sus establecitumbrando á los globos henchidos de gas, se ha mo- nocimiento de la presión del aire, los resultados con
miento~ de bañ?s una especie d~ montañas rusas que
dificado el concepto en que se tenía á los que quie- mi caldera conseguidos fueron tan excelentes que
lanzan a los bamstas al agua haciéndoles describir un
ren volar sin gas y sin globlo, y hoy que los trabajos hube de considerar mi fábrica de calderas de seguriarco muy abierto. Con ~ste sport acuático tiene algudad como producto anejo á mis trabajos técnico- na seme1anza nuestro sistema para volar: en vez de
voladores.
1~ montaña rusa, nos servimos del impulso contra el
La cuestión del peso del motor se ha creído resuelta viento, y en cuanto al agua que recibe á aquellos naco_n_ el empleo del aluminio y del magnesio, pero la dadores no la necesitamos, porque nuestro vuelo no
utilidad de estos metales ha sido exagerada: además se parece al de la piedra lanzada, sino al del pájaro
los metales puros pueden utilizarse á lo sumo para el que lentamente desciende hasta el suelo. Además,
armazón, aunque los mejores materiales para las alas nuestr? vuelo, después de alguna práctica, es diez veson la madera y la tela.
ces mas largo que el de las montañas rusas acuáticas
Mr. Hargrave ha utilizado hábilmente todos los ame~icanas y el tiempo en que se mece uno en el aire
recursos y experimentos técnicos, pero sus tentativas es diez veces mayor que el que en el aire permanecen
nos demuestran que si es fácil fabricar motores fuer- los que se lanzan por aquellas montañas.
tes y _ligeros, no está en éstos el punto capital para la
Y cuando, además de esto, se adquiere la habilidad
solución del problema, pues hoy en día la cuestión necesaria para desviarse á voluntad del camino recto
de la fuerz~ ha perdido gran parte de su importancia. ya se tiene la idea completa del vuelo libre. Pero e~
La cuestión del vuelo apenas ofrece en teoría difi- este ~unt_o hay que !ener en cuenta que es condición
cultades esenciales, pero en la práctica surgen obs- esencial Ir descendiendo siempre contra el viento
táculos que el teórico ni siquiera llegó á imaginar:
como lo hacen los pájaros, pues está en la naturalez¡
una de las cuestiones que más presenta es la de la
de las alas el que reciban siempre el aire de frente.
estabilidad, pues por más que las teorías digan y por Cuando se vuela en la misma dirección del viento
más ajustados á los principios científicos que estén es preciso
. moverse con más rapidez que éste, lo cual'
los aparatos, el viento se burla de todo y hace de ésofrece en el descenso el peligro de dar un tumbo matos juguete de sus caprichos.
y~sculo. De suerte que lo -mejor es volar contra el
¿Hay que renunciar, pues, á la esperanza? ¿No exis- viento y contra el viento descender al suelo.
te medio de dar al aparato la estabilidad que indisFig. 2. Cilindro de la máquina para volar de Mr. IIargrave
Tres años hace que me dedico á esos ejercicios, y
pensablemente requiere? Estas preguntas han sido
el constante progreso en el perfeccionamiento de los
contestadas muy contradictoriamente. Algunos creen
de éstos tienen un carácter científico se les mira con q~~ por medios mecánicos puede obtenerse esa esta- aparatos y la mayor seguridad conseguida me han
demostra?o que el camino por mí seguido es el vermayor repecto.
.
bilidad, y una asociación de ingenieros notables de
Generalmente son hombres de escasa fortuna los ~ugsburgo se ha impuesto la tarea de regular mecá- dadero. Sm embargo, es muy práctico aprender bien á
que, en su afán por hacer avanzar un paso á la cues- mcamente el vuelo de los aparatos alados; pero hasta volar con velas, por ser. éste el método de vuelo más
fácil, antes de aventurarse á volar con alas movibles.
SECCIÓN CIENTÍFICA

?;

N ú MERO

LA

617

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

llegar á tierra; y sin embargo, si se quiere
En cuanto á mí, después de haberme lanintentar esta prueba, la máquina en un prinzado muchas veces á volar con vela desde
cipio parece portarse perfectamente, p ero al
pequeñas alturas, poco á poco pude atre·
poco rato las esperanzas se desvanecen y la
verme á arrojarme desde alturas mayores.
realidad se encarga de demostrar que en la
En los alrededores de Berlín hay desgranavegac ión aérea por medio de aparatos vociadamente muy pocas e minencias naturaladores hay q ue tener en cuenta un factor
les ó montículos á propósito para tales tenprincipalísimo, el viento que se encarga de
tativas, por lo cual me v.i obligado á cons··
echar abajo los cálculos mejor hechos y de
truirme un sitio especial desde donde pu·
desacreditar los mecanismos más ingeniod iera cómodamente emprender el vuelo: en
same nte construídos. El viento hace que el
efecto, construí e n la colina de Mayo, junto
á Steglitz, una especie de cobertizo en forma
aparato pierda la libertad de que al pronto
gozara y le lleva y le trae á su capricho,
de torre que me servía de almacén para guardar mis aparatos y desde cuya cubierta semaumentando de un modo prodigioso su velocidad, volviéndolo de arriba abajo y lanbrada de césped emprendía mis ejercicios de
vuelo.
zándolo por último violentamente contra el
Los grabados que reproducen fotografías
suelo, en donde se estrellará y romperá en
instantáneas tomadas por el Sr. Ottomar
mil pedazos el aparato. Y es en vano que se
Anschutz representan uno de mis aparatos
hagan tanteos cambiando el centro de gramás modernos en distintas posiciones duvedad, pues lo que suele conseguirse con
rante el vuelo.
esto es que el aparato, en vez de caer de un
Fig. 4. Experimento con la máquina para volar de Ot6n Lilienthal
La fig . 4 representa el primer salto desde
modo, caiga de otro.
el borde del cobertizo y en él está tomado
En un aparato q ue adoleciera de tales
de frente el aparato, el cual tiene una forma pareci- alguna práctica se puede, saltando desde ella, reco- defectos, sería una verdadera temeridad que el homda á la de las alas de un murciélago extendidas. Las rrer volando libremente una distancia de 50 metros, bre se lanzara al espacio; por lo mismo lo primero ·
alas de aquél pueden plegarse como las de éste, ha- cortando el aire en una inclinación de lo á 15 grados. que en tales máquinas ha de conseguirse ha de ser
Haber conseguido este resultado es indudablemen- una estabilidad completa, una seguridad casi absoluciéndose así más fácil su conservación y transporte.
El armazón del aparato es de madera de sauce y la te un progreso no pequeño, pues ya hemos visto q ue ta de no ser juguete del viento.
tela que lo cubre es de algodón: la superficie total no basta dejarse caer para descender suavemente hasEsa estabilidad creo haberla conseguido con mi
del mismo es de 14 metros cuadrados y su peso de ta el suelo. En efecto, cualquier aparato provisto de aparato, y así lo prueban las fotografías instantáneas
20 kilogramos.
alas mecánicas debería, según las leyes naturales, ir que durante mis experimentos se sacaron.
La altura desde donde el salto se efectúa es de 10 descendiendo sin sacudidas y recorrer de este modo
Ü TÓN LILIENTHAL
metros sobre el terreno q ue rodea el cobertizo, y con y en dirección inclinada un buen espacio antes de
(Comluird)

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LABELONYE

PILDORlS~~DEHIUT
DI: ~Al'US

110 titubee en purgarse, cu111cf4 lo
necesitan. No temen el asco 11.f el caatancio, porque, contra lo que ncede con
Jo, dema, purgante,, este no obra bien
sino cuando se toma con bueno, alimento,
1 bebidas lortilicante,, cual el vino, el catl,
el U. Cada cual escoge, para purgarse, l•
hora y la comida !fUIJ mas le convienen,
seunn aus ocapac1oner. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenleanulado porelelecto de la
buena alimentacion empleada,uno
,e

decide fácilmente lf volver

ll el{Jpe,ar cuanta, v~e•
sea necesario.-·-

Afecciones del Corazon,
Hydropealaa,
Toaea nervio•••;
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.&amp;nutt

1867

1872

1873

1876

11 SIIPLIA C01' IL K.llO&amp; ÍllTO D

1878

LU

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EL MUNDO FÍSICO
POR

AMADEO

GUILLEMIN

Los fenómenos naturales que nos sorprenden y admiran despiertan necesariamente el interés de cuantos los
presencian y hacen nacer en ellos el afan por conocer
sus causas y las leyes por que se rigen. C:xponer las
unas y explicar las otras, he aquí el objeto de la obra
del ilustre físico francés M. Guillemin. Pero en libros
de esta índole en que se trata de materias esencialmente científicas, existe una dificultad que no todos los autores saben vencer, ·y es la de poner los conocimientos
al alcance de todas las inteligencias. Vulgarizar la ciencia, hacer que sea patrimonio de todo el mundo, he
aquí la mayor gloria del que habiendo llegado á dominarla siente el deseo de comunicarla á los demás.
Bien puede afirmarse que nadie mejor que Guillemin ha conseguido tan loable objeto: su libro contiene
la última palabra de la ciencia física; nada falta en él
de lo que con los fenómenos de la naturaleza se rela·
ciona, y sin embargo, aun los menos versados en estas
materias comprenden perfectamente lo que en otros libros encontraran ininteligible y ven desvanecerse todas
las dudas que la contemplación de hechos extraños y
sorprendentes hiciera surgir en su mente.
El péndulo, la balanza, la prensa hidráulica, los po·
zos artesianos, las bombas, la navegación aérea y cuan·
to con la gravitación y la gravedad' se relaciona; la acús·
tica, los instrumentos músicos y demás aplicaciones de
la teoria del sonido; la 1uz coa todas sus aplicaciones,
tales como los faros, el microscopio, el telescopio, la
fotografia, el heliograbado, etc.; el calor, el magnetismo y la electricidad, ·con la brí1jula, el telégrafo, el mi·
crófono, el alumbrado eléctrico, la galvanoplastia, los
pararrayos y el teléfono, asi como las máquinas indus·
triales de vapor, los ferrocarriles, la navegación, y fi.
nalmeate la meteorología con sus terribles manifestaciones de las fuerzas de la naturaleza, terremotos, hu·
racanes, erupciones volcánicas, glaciares, tempestades,
corrientes maritimas, etc., tales son las materias de que
la obra se ocupa en la forma más amena que imaginarse
pueda. Y al interés excepcional del texto júntase el que
le prestan los innumerables y preciosos grabados que
lo ilustran y que contribuyen á hacerlo comprensible,
especialmente para la mayoría de los lectores que lejos
de los grandes centros no tienen ocasión de contemplar
esas máquinas, esos novísimos y admirables aparates

•* •

LA SAGRADA BIBLIA
EDICI ÓN ECONÓMI CA ILU STR A D A

EAl!.L6§ MAit!A 6éANT6§
notabie y dlstihguÍtltl fü:M:lisla boiiñerense

LA SAGRADA BIBLIA, por D . Félix Torres Amat. Con razón se llama á la BIBLIA el libro de la humanidad, libro en el cual han estudiado los sabios y se han
inspirado los poetas y los artistas de todas las edades,
libro con cuya lectura los débiles se fortalecen y se con·
suelan los afligidos. La BrnLIA es en el hogar doméstico la presencia del espíritu de Dios el\ el seno de la fami ·
lia. Por esto es el libro único en el número y variedad de
sus reproducciones y por esto realiza una obra meritoria todo el que contribuye á propagarlo, y la realiza en
mayor grado el que publica una nueva edición en condiciones que la hagan más asequible por su precio y
más agrabable á la vista por las condiciones materiales
de la misma.
La edición económica publicada por esta casa edito•
rial llena cumplidamente estos fines; pues á un ínfimo
precio une la cualidad de ir ilustrada con más de mil
grabados y cuarenta láminas sueltas.
Respecto de la ortodoxia de esta edición, la garantiian por completo no sólo el ser debida la traducción al
sabio obispo de Astorga D. Félix Torres Amat, sino
el haber estndo sometida la edición á la censura eclesiástica de persona tan competente é ilustrada como el
Rdo. Doctor D. José Ildefonso Gatell, cura párroco de
la parroquia mayor de Santa Ana. Esta edición lleva
además del texto castellano el texto latino completo.
La Sagrada Biblia, edición económica, forma tres ,·o·
luminosos tomos lujosamente encuadernados, que se
venden al precio de 40 pesetas. También se admiten sus·
cripciones por cuadernos á dos reales uno, repartiéndose gratis las 40 láminas.
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derolrer•n el sueño 1 la aletría. - As/ r,rir4 Vd,
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