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Ftí~ttetJ.
'

A&amp;o XII

B ARCELONA 30 DE OCTUBRE DE 1893

...,_ _ _ _ _ __

LA PAZ ES LA FUERZA DE UNA NACION, ,mipo escultórico de Gustavo Eberlein

NÚM. 618

�LA

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Texto. - llf11mmracioms mropeas, por Emilio Castelar. Las islas Salomón, por X. - Casto Plasencia, por R. Bal·
sa de la Vega. -Diálogos 111atrile11Ses, por A. Danvila Jaldero. - llfiscelánea. - Nuestros grabados. - [111a fra11cesa en el
polo Norte. - SECCIÓN CIKNTIFICA: llfáq11i11as para volar. Islas que desaparum. - El g-iga11te del Océano. - Libros. ·
Gra~ados. - La paz es la fuerza de 1111a nación, grupo escul•
t6nco de'G. Everlein.- l'n'ste regreso, cuadro de M. Carbonen Selva. - Chicago. Paseo á orillas del Lago, dibujo de E.
Limmer. - Seis grabados del articulo Islas Salomón. - La ale·
grlt:; Eljuego del billar; A legorla de la noche, pinturas deco·
rallvas de Casto Plasencia. - Curiosidad i11fa11til, cuadro de
:i;:. Kallmorgen. - Carlos Go1111od. - Máquinas para volar,
cmco grabados. -La cita, cuadro de H. Lengo.
••••••,1•••••,1•••••.1•.,••,1•,,•,,;,.,•,,1,.,•,,••••'••''•l•••••••'••••••• ..••••'••'••l'"''•'•..••••••l'•••••I'••''•''"''•''"''•'

MURMURACIONES EUROPEAS
POR DON EMILIO CASTELAR

Para conocer Africa hasta con estudiar un tipo africano, pues la uniformidad de las instituciones ha
destruido la variedad de los caracteres. La conformidad con las fatalidades históricas, la indiferencia al
mal lejano, la imprevisión ciega llevaron razas tan
fuertes y tan ilustres en otro tiempo, como hoy es
fuerte y es ilustre la raza anglo-sajona en el mundo, á
irremediable decadencia. Acordaos, si no, de los árabes. ¿Quién que los haya seguido en la historia, en la
realidad de ayer, los conocerá al presente, en la realidad de hoy? Conservan todas sus preeminencias
fisiológicas y hasta morales; conservan la elevada estatura, las distinguidas maneras, el temperamento.
nervioso, la grande agilidad maravillosa, la destreza
en cabalgar, el arte en el manejo de las armas, los
ojos profundos, la mirada escudriñadora, los labios
perfectamente dibujados, la frente espaciosa, la nariz
aguileña, la color atezada, la elevación de miras y la
profundidad de sentimientos que los constituyeron en
los más sabios y los más guerreros y los más ricos
entre todos los pueblos, desde el siglo vu hasta
el siglo xm de la moderna historia.
Y sin embargo, esos pueblos han tocado en la última decadencia. Las ciudades que habitan parecen
estercoleros; los templos que consagran parecen vacíos; las playas que dominan parecen despobladas;
su religión se ha convertido en una fuerza mecánica
desprovista de toda idealidad y su ciencia en un fuego fatuo que sólo anuncia la existencia de mondados
huesos esparcidos por solitarios y antiguos campos
de batalla. Donde ponen la planta desaparece la civilización. Bagdad, Damasco, Tiro, Alejandría, Jerusalén, Constantinopla, Atenas, las ciudades más activas
y más gloriosas, dominadas por ellos, han perdido el
don de las altas inspiraciones y se han resignado al
culto de una tradición muerta. Y esos mismos hombres, hoy tan decaídos, en aquella Europa que buscaba la piedra filosofal por la alquimia y la eterna
vida por el misticismo acreditaron los métodos experimentales y rehicieron los intrumentos científicos;
en :nedio de pueblos dedicados á la penitencia y que
sólo esperaban oir la trompeta del Juicio y reunirse
en el valle de Josaphat para lanzar sus almas en la
humareda del planeta reducido á cenizas, llevaban el
astrolabio á los espacios, la balanza' á la química, el
álgebra á las matemáticas-, la hidrostática á la agricultura; y traduciendo á Platón y Aristóteles para los
filósofos, á Hipócrates y Galeno para los naturalistas;
levantando el primer observatorio astronómico en la
Giralda de Sevilla y la primera escuela médica en la
bahía de Salerno; inventando la trigonometría esférica y la agrimensura, el ácido sulfúrico y el ácido nítrico, la refracción de la luz, al mismo tiempo que
sostenían el calor de-la ciencia en nuestros huesos
ateridos y anticipaban la obra del Renacimiento in-·
dispensable á la unidad de nuestra vida, conseguían
que el Universo no quedara huérfano del humano
espíritu, cuyo resplandor se hubiera apagado por completo á los pies de una intolerante teocracia y en las
sombras de una espesa barbarie.
El árabe tiene de suyo inclinación á las meditaciones profundas y afán de comparar las realidades del
mundo y de la vida con la idealidad de su eterno
Dios. Nuestro admirable escritor Pedro Antonio de
Alarcón describe perfectamente en su pintoresca Guerra de A/rica aquellos inmóviles santones de Tetuán, asentados sobre las piedras como las estatuas
sobre los pedestales, que no convertían los ojos á mirar nuestros soldados en sus vistosas revistas, ni aplicaban el oído á escuchar nuestras músicas en sus armoniosas marchas. La idea de Dios inunda su alma,
y en esta inundación todo lo que no sea Dios desaparece. Así no hay dioses ni santos en su religión

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

uniforme. Si acaso entra algo humano, es un profeta
capaz de entrever al Creador con alguna más claridad que el resto de los mortales y de anunciarlo al
mundo con mayor poesía y elocuencia. No les mostréis, pues, cosas bellas con ánimo de conmoverlos,
porque en. su interior compararán nuestras frágiles
creaciones con la hermosura eterna; ni cosas grandes
ó poderoslsimas con ánimo de asombrarlos, porque
para ellos no puede haber poderío como la virtud
creadora que colgara en los espacios la tienda azul
de los cielos y suspendiera en lo infinito, por cadenas
invisibles, las áureas lámparas de las estrellas: toda
sabiduría humana se eclipsa á sus ojos ante la omnisciencia divina, y no merece ni la pena de una velada,
y toda voluntad, por avasalladora, por incontrastable
que sea, se somete á otra voluntad más impetuo,a
que los huracanes juntos y más fuerte que las fuerzas cósmica!, á la omnipotente voluntad de Dios.
Delante de ese ideal nuestras obras artísticas son cadáveres, sombras nuestras ideas, juguete nuestra mecánica, caprichos de niños nuestras libertades de ciudadanos. Contábame un andaluz el viaje que emprendió por España con cierto rico árabe de Tánger.
Mostrábale el surtidor de la Puerta del Sol, y respondía: &lt;Dios es más alto.» Medíale las dimensiones del
Escorial, y le decía: «Dios es más grande.» Llevábalo por las alamedas de Aranjuez, y exclamaba: «Dios
es más hermoso.&gt; Conducíalo al Museo de pinturas,
y pasaba ante los cuadros pensando en la ciega idolatrla que usurpaba tristemente á Dios su facultad de
animar los seres. Desde nuestros teatros hasta nuestros Congresos, todo pasó ante sus ojos, no ya sin
conmoverlo, prro sin impresionarlo siquiera, como
si no pasase. Solamente un dla su sentimiento se
exaltó hasta el delirio. Llegaron á Granada.
Subieron al cerro de la Alhambra. Pasaron las umbrosas alamedas por donde bajan susurrando los claros arroyuelos. Detuvieron un momento la vista en las
torres bermejas doradas por el sol, en los mármoles
del interrumpido palacio imperial, en los bosques del
Monte Sacro, en las quebradas márgenes del áureo
Darro, en los blancos miradores y alminares del Generalife que se destacan sobre el cielo azul, entre
adelfas, cipreses y laureles. Por fin atravesaron la
puerta del árabe alcázar y dieron con el patio de los
Arrayanes. La fisonomla del árabe se contrajo, sus
ojos se obscurecieron y sólo se aumentó su silencio.
De aquella alberca ceñida de mirtos, con sus ajimeces bordados como encaje, sus galerlas ligeras y aéreas, sus aleros incrustados, sus frisos de azulejos, sus
pavimentos de mármol, pasaron al patio de los Leo·
nes, al bosque de ligeras columnas, sostenes de arcos
que parecen prontos á doblarse, como las hojas de
los árboles, al menor soplo del aire que pasa por los
intersticios de su gracioso y transparente alicatado.
El árabe, pálido como la muerte, se apoyó en una
columna para poder continuar en aquella visita. Por
fin, cuando penetró en las. estancias y alzó los ojos á
las bóvedas compuestas de estalactitas empapadas
en colores brillantísimos; y leyó las leyendas místicas
ó guerreras que esmaltan las paredes, semejantes á
visiones orientales; y se detuvo en aquel camarín incomparable que se llama el mirador de Lindaraja, á
través de cuyas celoslas se esparce la esencia del azahar y se oye el rumor de la vega: su emoción iba
rompiendo toda conveniencia y mostrándose en sacudimientos del cuerpo, semejantes á los espasmos
de la epilepsia. Ya en el salón de Embajadores, con
el Darro á una frente y á la otra el patio de los Arrayanes; las paredes de mil matices, adornadas con los
escudos de los reyes; los ajimeces bordados con todos los prodigios de la fantasla asiática; las puertas
recuerdos de los días del esplendor y de la fortuna'
cuando desde las tierras más remotas.venlan unos
recibir luz de tanta ciencia, y otros de tantas artes
placeres y encantos; las bóvedas incrustadas en marfil y oro; las letras, semejantes á las grecas de una tapicería persa, repitiendo entre las hojas de parra y de
mirto y de acanto cincelados los nombres de Dios,
el corazón le saltaba en pedazos, y un inmenso lloro,
un largo sollozo llenó aquellos abandonados espacios
henchidos de invisibles sombras augustas, con el do'.
lor de toda su triste y destronada raza.
Así no debe maravillarnos lo que pasa en Melilla
y dondequiera tropiezan los árabes con algún recuer~o vivo de su perdida soberanía y de su vasto impeno. Compuesta la gente del Magreb por los reflujos
de los árabes hispanos hacia el Africa desde sus paraísos del Andaluz, no pueden jamás conjurar el mesiánico ensueño de un próximo regreso adonde tan
felices fueron y de un recobro súbito de aquellos
esplendores con que brillaban en otro mejor tiempo.
Junto al corazón llevan el alfange ó gumla, y junto á
la gumía del combate perpetuo llevan la llave que
-debe abrirles las puertas de los hogares abandonados
por sus padres en Córdoba y Sevilla y Granada, don-

á

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de todavla suenan las guzlas acompañando con SU$
rasgueos á los romances y difundiendo notas en el
aire tan melancólicas y dulces como el susurro de las
brisas aromadas por los jazmines y como los balanceos del cogollo de las palmas en los altos cielos. Y
como Ceuta, Melilla, los puntos hispánicos de Africa
representan los jalones puestos por nosotros, contrafuertes detentares de la inundación perdurable con
que sueñan aquéllos; de aquí encuentros y conflictos,
también perdurables, que no tendrán más término que
una imposición forzosa en Marruecos del dominio
cristiano como en Egipto, como en Argel, como en
Túnez. Y este dominio pertenece de suyo á las naciones que la Geografía y la Historia designan para
tal fin; por las cuales designaciones nos pertenece á
nosotros el imperio de Marruecos, de cuya integridad
debemos curarnos con celo, hasta que suene la hora
de cumplir y realizar nuestros antiquísimos derechos.
Los recuerdos de Africa en Occidente nos traen á
la memoria recuerdos de Asia, recuerdos de Oriente;
y los recuerdos de Asia y de Oriente nos traen á la
memoria Rusia, invasora cada día mayor del mundo
asiático y protagonista hoy del continente europeo.
Imposible decir cómo los franceses han recibido á la
marina rusa en Tolón y cómo luego han festejado en
París y en toda Francia los queridos huéspedes. Ha
rayado el entusiasmo en delirio y el delirio en frenesí. La nación de los humanos progresos, unida con
el imperio de la inmovilidad, ofrecen un tan extraño
espectáculo que atrae y fija naturalmente la universal
atención como todo cuanto es singularísimo. Ríense
mucho los alemanes de este matrimonio parecido al
de la Serenísima República veneciana con el Gran
Turco; pero fuerza es decirlo, si hay una contradicción patente de Francia con sus ministerios providenciales é históricos, hay otra contradicción mayor
en el pueblo italiano, al aliarse con aquellos bárbaros, como les llamaban ellos á los alemanes, que tuvieron puesto el pie tanto tiempo sobre la garganta
de Italia. Los dos pueblos latinos hánselo arreglado
de modo allá en la sirte de sus emulaciones y rivalidades, que si triunfa uno de los contendientes desaparece Italia, y si triunfa otro de los contendientes
Francia, mientras á los dos monstruosos imperios
que han de luchar tras estos hermanos en guerra
nada puede sobrevenirles, y quedarán íntegros é incólumes en sus respectivos territorios, perdiendo en
el caso más nefasto para ella Prusia su Alsacia y su
Lorena, mientras que nada perderá en caso alguno
Rusia.
Seamos justos. Hubo un momento en el cual
Francia, por todos los pueblos abandonada sin compasión á su infortunio, no tuvo ·más que un amigo en
Europa y en América, el czar Alejandro II. Por ese
apego de los espíritus débiles á la conquista y á la
fuerza, todo el mundo se iba con los alemanes y se
reía de los franceses. Hasta un historiador tan eminente como el anglo-americano Bancroffth, ministro
de los Estados Unidos en Berlín, osó comparar la
confederación germánica,. fundada por la fuerza y la
conquista, con la confederación sajona, fundada por
la libertad y por el derecho. Si Dios no pone tiento
en su pluma, hubiese ido hasta á comparar el férreo
Moltke, de roja sangre manchado, con el dulce Wáshington, esclarecido por las más progresivas y luminosas ideas. Así Víctor Rugo fustigó al historiador
diplomático en fulminantes versos dantescos, clavando su memoria sobre la picota, donde se penan las
g_ra~des ingratitudes colectivas y seculares. Lafayette
s1rv1ó al poeta contra semejante cortesano de Bismarck. Imperaba una tan extraordinaria enemiga contra Francia, que, sin haber pasado un lustro siquiera
de su derrota, Bismarck intentó exterminarla, y se
apercibió á nueva guerra, en fines del setenta y cuatro, para perpetrar esta obra de radical exterminio.
Pero, sabedor de ello Alejandro II, opúsose con todas sus fuerzas, evitando así un atentado que hubiera sido verdadera catástrofe, no sólo del pueblo francés, de toda la humanidad y de toda la tierra. Ahí
está el antecedente verdadero y casi único en torno
del cual, como en torno de un solo núcleo, se ha condensado esta especie de amistad entre Francia y Rusia que precede á las grandes y definitivas alianzas.
Pero, con esto y con todo, había muchos esplritus
superiores, muy resistentes á la inteligencia francorusa, y muy temerosos de que no sirviese ni á la civilización europea, ni á la Francia democrática nunca. Los eslavos de Rusia, ortodoxos, comunistas invasores! siervos, aviénense muy mal con estos pueiilos
progresivos de Francia, que han inscrito en sus pabell?~e.s y ~aba~o _en sus timbres los principios de
1~ c1V1hzac1ón cristiana y que han difundido el aire
vital de nuestro esplritu con su soplo vivificador á
lo~ cuatro puntos del cielo. Luego parecía la cosa
ma~ natural del mundo la compensación de los impenos boreales de la disciplina, de la obediencia, del

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618

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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los fuertes al sacrificio y al triunfo. No creo
silencio con la fraternidad de los pueblos
que ninguna da las mayores mujeres frande Occidénte, incluso Inglaterra, gloriosos
cesas, cuyas obras han engrandecido las lefundadores de la libertad moderna, que
tras nacionales en este siglo, ni madame
lucen la lengua de fuego del esplritu proStael, musa un día de la escuela constituciogresivo sobre sus cabezas y llevan el Verbo
nal, ni Jorge Sand, musa otro de la escuela
de la civilización universal en sus labios.
democrática, tuvieran jamás como madame
Así Gambetta repugnó siempre todo géneAdam semejante intuición maravillosa, que
ro de alianzas con Rusia y siempre quiso la
no ha quedado allá en lo vago y en lo prointeligencia con Inglaterra. De aquí, de tal
fético y en lo abstracto, no, se ha puesto
predilección suya, el empeño en que tomase
en marcha con una celeridad mayor que
Francia una especie de condominio con Inaquella de la luz, con la celeridad incomglaterra en Egipto. No fué posible, gracias
parable de una idea, y ha reunido Francia
á una oposición implacable del radical Clecon Rusia por una guirnalda de inspirados
menceau. Así, cuando se fueron los ingley profundos pensamientos.
ses á Egipto solos y se levantaron con TúNadie puede, pues, disputar la primacía
nez tan á deshora los franceses, quedó para
de su previsión y de su acierto en adivinar
siempre rota la inteligencia entre los pueel punto adonde han llegado los comunes
blos occidentales. Y el empuje atrás fué tan
afectos entre Francia y Rusia. Pero, conoviolento y llegó tan lejos, que Ferry quiso
ciendo lo que presiente y adivina un cora,retroceder hasta el sueño fantástico de una
zón de mujer, si ama de veras, no debe,
reconciliación estrecha con la invencible
no, extrañarnos, aunque mucho la consideAlemania. Mas el servicio prestado por el
remos y admiremos, esta previsión de mi
czar á Francia y el odio conocido entre
Alemania y Rusia determinó el pensamienadmirable amiga madame Adam. Dejando
aparte su clarlsimo talento, sugeríale tales
to con la voluntad del pueblo francés á esadivinaciones el amor entrañable á su mata grande amistad que ahora se revela con
dre Francia. Imaginaos el regocijo de una
tan ruidosos alardeas.
No llegaréis á creerlo, si os digo que se
y otra. Pero no hay dicha completa. En meantepuso á todos estos hombres de Estado
dio de tales regocijos han muerto dos ilusen previsión una mujer, mi amiga madame
traciones francesas, el mariscal Mac-Mahón
Adam. Cuando nadie creía ni en la posibiy el compositor Gounod. Yo he conocido y
lidad siquiera de aproximación entre una
he tratado al uno y al otro, inspiración éste
República tan avanzada como Francia y
mesurada y reflexión aquél sencilla. Nadie
un Imperio tan absoluto como Rusia, ella
se olvidará nunca de aquello que uno y
creyó y esperó. No hay sino leer la Revista
otro han dejado como estelas de sus almas
fundada por su patriotismo y sostenida por
en los surcos del tiempo y del espacio. Ha
su tenacidad para persuadirse á la creencia
derramado el uno la sangre de sus venas
mía de que vió desde más lejos venir esta
por la patria y el otro regueros de armonías
especie de aurora boreal de los hielos del
como chispas de una luz espiritual, y los
Norte sobre los horizontes de Francia,
dos han ilustrado su tiempo, sin llegar el
perturbando con sus efluvios magnéticos
uno, magüer gran general, á las alturas del
todos los imanes puestos en los diversos
héroe, ni el otro, magüer gran músico, á las
barcos de combate que corrían sobre los TRISTE UCRESO, cuadro de M. Carbónell Selva, premiado con medalla de 2.• clase alturas del genio. El general ha muerto
agitados mares de la política francesa. Coen la Exposición internacional de Bellas Artes de Madrid de 1892
cuando las grandes alianzas establecidas
mo en los tiempos de sus padres galos, á
entre dos pueblos preparaban alimento
quienes debiera la visión profética y el empuje furio- pálldo rayo de la luna 1\ena cernida por los robles, nuevo á su heroísmo, y el artista cuando componía
so, amén del amor exaltado de la patria, Julieta ha dicho los dogmas sacros de la nacional religión en el Requiem destinado á comunicar su alma con la eterLambert, nombre cariñoso de sus gloriosísimos co- fórmulas verdaderamente sibilinas y señalado con ade- nidad, trayéndole las visiones anticipadas de Dios.
mienzos, erguida sobre la piedra del holocausto é manes de una energía furiosa y voces de una. gran iQue duerman uno y otro en eterna pazl
invocando los manes de las generaciones muertas, al elocuencia el camino de los combates por donde van
Madrid 19 de octubre de 1893

RXPOSICIÓN UNIVERSAL DE CHICAGO. - PASEO Á ORILLAS DRL LAGO, dibujo ele E. Limmrr

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guros acerca de las tierras que descubrió. Reunidos fabulosas riquezas en oro y perlas que indicaba la
los dos buques, parte de sus tripulaciones exploró La tradición cuanto con la de anticiparse á los alemanes
Las islas que constituyen el archipiélago Salomón Atreguado, las Tres Marías y San Juan, regiones en que expl~raban aquellas islas, estableciendo factorías
están situadas entre los 5º y los 12° de latitud S. al las que la resistencia de los indígenas fué tan grande tan cerca de la costa australiana. En 1883 resolvió
Este de Nueva Guinea y en la parte de la Oceanía á que Mendaña hubo de quemar una de sus poblacio· tomar alguna determinación y ésta fué la de e~viar
nes. Poco después Fernán Mu- una expedición á la parte oriental de Nu_eva Gumea.
ñoz Río, enviado delante por Mientras tanto los alemanes se hablan mstalado en
Mendaña, llevando en su com- una considerable porción NE. de esta isla y algo
pañía al hábil Hernando Galle- después en la mitad del grupo de las islas adyacengo, recorrió de nuevo el archipié- tes de Salomón; y los ingleses, imitándolos, han pueslago á pesar de las hostilidades, to bajo su jurisdicción la otra mitad, como queda dique generalmente sucedían á cho al principio.
Este archipiélago, en su conjunto, comprende unos
una acogida amistosa, y que
fueron funestas á varios espa- 44.000 kilómetros cuadrados, suponiéndose que su
ñoles. Disminuían los víveres; población llega á 17 5.000 habitantes (Reclus). Alguy siendo cada vez menos pro- nas de las islas son montañosas y hay cumbres que
bable y fácil el establecimiento tienen hasta 8.500 pies de elevación. La tierra es gede una colonia, el general con- neralmente fértil, y gracias á las lluvias, la vegetación
sultó á Hernando Gallego so- rica y variada, abundando el cocotero, el árb?l del
bre la oportunidad de conti- pan, el ñame y el sagotal; actualmente se ha mtronuar el viaje, y merced á la pe- ducido la caña de azúcar y el algodón. Según aseguricia del último pudieron to- ran los indígenas, todavía hay monos antropoideos
dos volverá las costas de Amé- en las islas de Malaita, Guadalcanar y San Cristóbal,
rica, no sin peligros ni sin ha- pero ningún zoólogo europeo los ha visto. A excepber sufrido las más crueles pri- ción de los cerdos, los perros, una zarigüeya y un ravaciones.
tón, los extranjeros que visitan esas tierras no han en· El viaje de vuelta hasta Co- contrado mamíferos indígenas. Entre las aves, la palima costó cinco meses de na- loma es la más común y el principal agente de disvegación, y el viaje completo persión de las plantas. Los rep tiles, tan escasamente
Habitantes de San Cristóbal (islas Salomón)
trece meses y once días, pues los representados en la mayor parte de las islas oceáni·
navegantes llegaron al Perú en cas, son bastante numerosos en las Salomón; Yense
que los geógrafos han dado el nombre de Melanesia. marzo de 1568. Pasó Mendaña sin pérdida de tiempo en éstas sobre todo enormes sapos, y cuando el desEn 1886 Alemania se anexionó las del NO. y hace á Lima, pero no consiguió que su viaje despertara en- cubrimiento de Isabel por los españoles, éstos despocos meses Inglaterra ha extendido su protectora- tusiasmo alguno en el Perú, por lo cual, sin duda pa- truyeron templos en que se adoraban sapos y culedo, nombre que hoy ha sustituído á lo que en otro ra no perder todo el fruto de sus trabajos, juzgó con- bras. Los cocodrilos, venerados todavía por los insutiempo se llamaba conquista ó toma de posesión, á veniente, aprovechando la época en que vivía, aficio- lares, son bastante_comunes, lo mismo en el agua rnla parte meridional de dicho archipiélago, que com- nada á tales leyendas, hacer del
prende las cinco grandes islas de San Cristóbal, Me· archipiélago que había visitado
laita, Guadalcanar, Florida é Isabel y de veinte á una descripción semejante á la
treinta más pequeñas, en una de las cuales, Ulana, del imaginario país de El Dorado, pesar de que de dichas
está la misión de la Iglesia anglicana.
Los nomb.res españoles de algunas de estas islas islas sólo conocía, y no de un
revelan desde luego que su descubrimiento se debe modo perfecto, la geografía. Por
á nuestros compatriotas. Y en efecto, en 1567, el esto el archipiélago recibió el
marqués Alvaro Mendaña de Neira recibió del virrey nombre de Salomón, por supodel Perú, Lope García de Castro, la orden de explo- ner, ha dicho un escritor exrar el Océano Pacífico, juntamente con el título de tranjero, que la escuadra del fageneral y dos naves muy mal abastecidas y tripuladas moso rey de los hebreos había
por 12 5 marineros y cuatro pilotos, entre éstos el ido á buscar allí todo el oro
con que adornó el templo de
experto Hernando Gallego.
Al cabo de algunas semanas de feliz navegación, Jerusalén.
La fábula de Mendaña gozó
hallándose á unas 900 leguas del Continente americano, divisó Mendaña una pequeña isla á la que dió del mayor crédito en el siglo
el nombre de Buen Jesús, y habiendo avanzado otras xv11, y á ella alude Gemelli
15 leguas divisó una tierra de mayor extensión que Carreri al citar, con los nomllamó de Santa Isabel. Allí se detuvo, dando comien- bres de Ricca d' Oro y Ricca dt
zo á las primeras relaciones _de los europeos con los Plata, dos islas situadas por
pueblos indígenas de la Polinesia. No tardó en cono- los 34º de latitud N. Las islas
cer que aquellos pueblos, cuyos recursos alimenticios de Salomón, por tanto, poseeeran escasos, practicaban la antropofagia, y si en un doras de soñadas riquezas, moLa aldea de Ugi en las islas Salomón
principio trató con ellos del modo más pacífico, bien tivaron un segundo viaje en el
pronto se rompieron las hostilidades y en la lucha su- que Mendaña debía figurar taro cumbió un polinesio. Sucesivamente visitaron los es- bién como jefe, pero murió en la travesía sin haber lada que en la dulce; se les teme poco, y según creencia popular, únicamente son peligrosos para las mupafioles La Galera, Buendvista, San Dimas, Sezar- podido llegar á ellas.
El derrotero de las islas Salomón quedó ignorado jeres infieles.
¡;a, Guadalcanar, donde perecieron tres de los descuLos isleños son en su mayoría de estatura regular
bridores á manos de los indígenas, y Borcé, llamada y hubieron de transcurrir dos siglos antes que se enSanJorge por los expedicionarios. En tanto que Men- contrara otra vez. Su posición había sido indicada y bien proporcionados; su color es moreno subido
con demasiada vaguedad para y la cabellera abundante y muy crespa. La diferenque fuera posible encaminarse á cia entre la robustez y energía de los habitantes
ellas con seguridad, y la relación de estas iskts es bastante notable, pues al paso que
del piloto Gallego se había con- los de Bougainville, Choiseul y Nueva Georgia son
servado secreta, por temor de débiles y pobres, los de Malaita y Guadalcanar se
que sirviese de guía á los mari- distinguen por su vigor y carácter económico. Según
nos de otras naciones hacia esas parece, desde que están en con tacto más frecuente
islas justamente reivindicadas con los viajeros han abandonado gradualmente la
por España, de suerte que has- práctica del canibalismo, pero hay motivos para creer
ta hace poco tiempo no ha sido que aún está e n uso en las aldeas del interior.
revelada, comentada y traducida.
Los habitantes del archipiélago son por lo general
Por fin, Carteret en 1767, exac- pérfidos y vengativos, según aseguran los ingleses,
tamente dos siglos después del pero añaden que si se les trata bien son servidores
viaje de Mendaña, Bougainville fieles. Profesan la poligamia, y cuando una mujer lle·
al año siguiente, y Surville en ga á la edad nubil, el que la pretende ha de pagar
1769, recorrieron de nuevo los por ella mil dientes de perro que, junto con los de
pasos y estrechos descubiertos vaca marina y barbas de ballena, son la moneda copor el marqués español, pero cre- rriente en el país. La práctica del infanticidio, muy
yendo haber encontrado nuevas común en ciertas islas de la Melanesia, se observa
islas, les dieron una nomencla- también en las Salomón. En Ugi, cerca de la costa
tura diferente. Las investigacio- oriental de San Cristóbal, los padres suelen matar á
nes de Buache y de Fleurieu, en sus hijos recién nacidos; la población se recluta meque se comparaban los itinera- diante la compra de esclavos en la tierra vecina, y
rios de los viajeros, devolvieron en lugar de hijos el anciano tiene por apoyo mozos
Almacenes de comercio en Aotah (islas Salomón)
á los marinos españoles la glo- comprados, que quedan libres en la edad viril.
ria que les correspondía.
Los ~rabados que ilustran este artículo, y que dan
Hace diez años, el gobierno colonial de Queens- exacta ~&lt;lea d~l aspecto de dichos indígenas, están re·
daña, con una de las naves, tocaba en estas islas, el
piloto Hernando Enríquez, con la otra, completaba land (Australia) fijó su atención en el menciona- producidos directamente de fotografías recientemenla exploración del archipiélago; pero no hay datos se- do archipiélago, no tanto con la idea de recoger las te hechas en aquellas islas. - X.

NúMERO

LA

618

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

701

LAS ISLAS SALOMÓN

a

1

lndigenas de las islas Salomón

CASTO PLASENCJA
Veo y oigo el bostezo de muchos al leer el nombre
que va al frente de este artículo. Aquiétense los manes de mi ilustre amigo y maestro. Los nombres de
Rosales y Fortuny no producen tampoco otro efecto
en sus colegas vivos. Y aun así, pueden darse por
satisfechos los tres grandes pintores; no cayó sobre
ellos más que la indiferencia. ¿Quiénes son los que
se acuerdan todavía de Rui-Pérez, de Zamacois, de
Bécquer, de Manzano, del vivo y eximio Mercadé?
No censuro. Es ley social la que se cumple. Mientras el héroe, el sabio ó el artista atiende afanoso á
su misión en la sociedad, coadyuvando con el valor,
con la ciencia ó con el arte á la obra de perfección
soñada por el hombre, la sociedad le halaga, le mima,
le admira, le ciñe fresca corona de laurel; pero transpone ese artista, ese sabio, ese guerrero los umbrales
de la muerte, y primero la indiferencia, después el
olvido, sellan con doble sello la losa sepulcral. La
sociedad necesita fuerzas vivas; la sociedad ha menester ideas, sangre hirviente, nervios y células grises que arrojar al fondo del vaso de la feroz é implacable clepsidra, que debe marcar la hora de nuestra
bienandanza.
Yo miro como venturoso para Plasencia aquel minuto en el cual cesó de latirle el corazón. Sería horrible para mi respetado amigo la muerte á que condena el mundo al ayer vigoroso atleta, hoy valetudinaria ruina humana. El hombre civilizado no es de
mejor condición que el caballo. Viejos ambos, uno
muere como puede; al otro ó lo degüellan para arrancarle la piel y aprovechar su esqueleto, ó le llevan al
monte para que termine allí su vida; en la cuadra
ocuparía un lugar destinado al potro.

Mujeres de Ugi (islas Salomón)

Quedan del sabio, del guerrero, del artista las obras
y las hazañas. Las generaciones se suceden y reciben
de aquellas obras, de aquellos hechos hálito de vida
para poder luchar y vencer. ¿Qué les importa el hombre? La esencia intelectiva es lo que buscan; el vaso
que contenía la esencia nada significa. No se cuidan
de averiguar si al evaporarse aquélla ~e rompió el
continente ó si todavía está intacto. ¿Para qué? Es
menester apagar la sed, y mientras el árbol nos da su
fruto le cuidamos; el árbol deja de producir y el hacha del leñador lo hace astillas. ¿Quién se acuerda
después del árbol? Cuando más, de la sed que nos
mitigó, y aun así el recuerdo acude á la memoria
cuando la sed vuelve á molestarnos.

- á la que es hoy emperatriz de Alemania. «No soy
acuarelista. - Usted lo es todo si quiere,» le contesta
el peticionario. Plasencia remitió á la comisión encargada del A/bum un «tour de force,» El Trovador. Las revistas é ilustraciones alemanas, austriacas
é inglesas reprodujeron la celebrada acuarela. Pietsch,
el célebre crítico berlinés, escribía un artículo en la
Gaceta de Berlín, diciendo que no sabía cómo encomiar obra tan admirable. «Créanme ustedes, no hice
más porque deseaba salir del compromiso,» repetía
Plasencia al oir las traducciones de los encomiásticos ditirambos de la crítica.
Ocurrió en la manera de Plasencia un cambio notable hacia la sinceridad, desde que se dedicó á pintar las escenas de la vida rural, durante sus excursiones veraniegas. Si antes recurría al convencionalismo
obligado, que distingue al pintor mural ó decorativo
y buscaba la línea con sujeción á las enseñanzas de
los grandes maestros en el género, trazando de memoria algunas veces escorzos y aun figuras enteras y forzando las tonalidades y el clarobscuro, así que pintó
los primeros cuadros en Asturias, frente , frente de
la naturaleza, comenzaron á desaparecer los convencionalismos todos, y su Psiquis conducida por los
amores y la Alegría y L a noche y el suetio, últimas
grandes composiciones que trazó, aparecen como modelos de sencillez en los escorzos y en la agrupación
y como insuperables de vigor lumínico, sin que hubiese de recurrirá los obscuros decididos.
· Para su temperamento de colorista sobrio y de dibujante grandioso, las templadas tonalidades de la
región Noroeste de nuestra península, como la robusta y arrogante línea de aquella raza, fueron lo que
el anillo al dedo. Con gran sentido estético, en vano
buscaba Plasencia aquí en la corte, especialmente en
la mujer, proporciones y contornos medianamente
correctos, que le sirvieran para dar forma á su ideal
de la figura humana, por él sentida con la arrogancia
y majestad de un artista heleno en cuyo espíritu latiere enérgico el amplio del concepto estético moderno. Al regresar de Asturias, costábale trabajo enorme

***
Plasencia fué pintor mural, pintor de género, de he·
chos históricos, acuarelista. Cuando le dijeron que su
temperamento artístico no le permitía manejar el pincel de marta en obras donde el detalle exige el mismo
cuidado &lt;}Ue lo demás del cuadro, contestó con la pequeña tablita de costumbre~ rurales asturianas, Eva y
Adán, maravillosa obra llena de verdad, prodigio de
paleta y de observación psíquica, encanto y admiración de propios y extraños. Pinta la cúpula de la capilla de Carlos III de San Francisco el Grande, derrama en aquella colosal composición la luz á torrentes, el sentimiento, la gallardía toda del genio - porque Plasencia era el único artista genial que vivía en
España; - rebosa á Jordán como pintor mural, no rebuscando efectos ni retorciendo figuras como el veneciano; iguala á Goya en brillantez, da con su obra
citada la nota más alta en la pintura decorativa y termina su trabajo en siete meses. Se acercaba el verano
y dispuso la maleta para trasladarse á San Esteban de Pravia,
rincón delicioso de Asturias
adonde el río N alón llega para
fundirse con e l Cantábrico.
«Voy á pintar algo, me dice,
estoy cansado de figuras de
tres metros.»
¿Quién no conoce La fuente
de Roque y Las lavanderas, prodigiosos cuadritos de treinta ó
treinta y cinco centímetros de
lon g itud, pintados durante
aquel verano de 1886? La critica enmudeció. E l maestro le
había probadc que abarcaba
lo colosal y lo microscópico y
que en ambos géneros medía
la talla de los gigantes.
Un d ía, cierta alta personalidad política le pidió una acuarela para el A/bum que la Academia de Jurispru dencia quería
regalar - como en efecto lo hizo

Una muchacha de las islas Salomón

ceñirse á la convencional luz del estudio, á la mezquina línea del modelo, al artificioso medio de rebuscar posturas, posiciones, lo que se llama partí
pris, y al otro de amontonar telas brillantes, plantas
de salón ó trastos de lujo. Desde su cuadro En mi
estudio, pintado por el año de 1 880, hasta el que tituló La Cigarra (ambos lienzos representan dos bellas mujeres, sentadas en un mismo sillón de tijera),
hay la diferencia que separa al artista que pretende
halagar la moda, del que está resuelto á no darle entrada en su estudio. La primera de las figuras dichas
tiene por fondo jarrones, almohadones, armaduras,
telas riquísimas; la segunda solamente luce los hombros desnudos sobre el almohadón del respaldo del
asiento; el fondo es simplemente una tinta obscura.
La naturaleza hizo sobrio y sencillo á Plasencia.
Cuando volvió de la Exposición universal de París de 1889, dijo á varios amigos: «He ido á convencerme de que voy por buen camino; pensé que no

�702

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

d~bía bu~car· la verdad fuera de la naturaleza, y los
pintores rngles~s me lo afirmaron, y gran parte de los
franceses lo. m1si:n?· La pintura, como el arte en general, neces.1ta vmr la mitad del año entre bosques
con los labriegos y al lado del mar con las gaviotas.»

NúMERO

terna~ión .de todos era inmensa. Las lágrimas rodaban s1lenc10sas por los rostros de muchos. Cada grito
de dolor exhalado por el agonizante producía el efecto del ~spanto en cuantos allí estábamos. Todavía
:econoc1ó,. tres ó cuatro horas antes de morir, á su
ilustre amigo el entonces ministro de Estado Sr. Marqu~s de. la Vega de Armijo. Después se apagó su inLas grandes. obras, mejor dicho, las obras maes- tel~g~ncia; ta? sólo el dolor le arrancaba frases, inintras de Plasenc1~ son: la gran pintura mural de la teligibles casi todas. La luz de la aurora principiaba á
cúpula de la cap1ll~ de Carlos III de San Francisco blanqu:ar, transparentándose débilmente á través de
las cortinas de la lucerna del estudio, lJna bujía que
el Grande; Ps1q1m conducida
al Olimpo
por
Mercurio
Ana, .
'
creontzca y Venus aérea, pinturas decorativas propiedad de
los marqueses de Linares· Psiquis conducida por los a11;ores
El juego de billar, el de lo~
dados, La Alegría y La noche
Y el sueüo ( r ), que decoran los
salones del palacio que los señores de Selgas poseen en la
aldea de El Pito, término de
San Esteban de Pravia (Asturias). De los cuadros de costumbres rurales, los verdaderamente insuperables son El
mentidero y La siesta; adquiridos por dos ricos aficionados
de Buenos Aires. De sus acuarelas, E l viejo verde, propiedad
de D. Adolfo Calzado, y la citada El Trovador. Como morfeaux de pintura difíciles de
igualar, recuerdo ahora Cabeza de viejo, que pertenece á
Luis Ocharan, y En oraczon, regalado á Su Santidad
León XIII.
Aden:iás ~e los apuntados,
Plasenc1a pmtó más de diez
gran~es cuadros murales y decorativos y de veintitantos cuadros de género, gran número
de retratos, dibujos, estudios á
l,a acuarela, al carbón, al óleo,
a la aguaza, á la pluma y al
lápiz.
Cuando ideaba alguna de
sus composiciones decorativa~, después de leer con gran
cuidado aquellos pasajes mitológicos que le parecían más
pictóricos, se tumbaba en el
suelo boca arriba, y en un lienzo paralelo á su posición la
h,o~izontal, con el carbón y ~on
lapices al pastel iba trazando
rápidamente las figuras, obligando al modelo, suspendido
d~l techo del estudio por me-

- Lo siento mucho, pero no puedo dársela á usted porque la necesito.
- ¿Para poner los pies?
- Para eso, sí señor.
- Lo primero es ser galante.
- No lo niego, pero estas sillitas me han costado
mucho de adquirir, y después de andar cargado con
ellas ya comprende usted...
- Eso es un abuso, su entrada de usted no le da
derecho más que á un asiento.
- Pues yo me tomo dos.
- Y los demás que se fastidien.
-Eso es.
- Es usted un grosero.
- Y usted un deslenguado.
- ¡Caballero!
- ¡Caballero!
- Yo le diré á usted lo
que... ¡Ah! Allí se desocupan
dos sillas.. . Estas no se me
escapan.

J?;

i~~iii:~;s ;~~f:~~~i~:~~rÁ~~

LA ALEGRIA. -Techo pintado por Casto Pbsencia, existente en el palacio de los Sres. de Selgas

de es.te modo pasaba días enteros, resolviendo todas
las. dificultades hasta las más insignificantes con el
º.bJeto de no preocuparse, al desarrollar la composic1ón, de otra cosa que del dibuJ·o y del color.
.R:cuerdo en este momento -y lo recordaré toda
r
mi vidª-: eI e,ecto
que me causó el boceto de su últit b
d .ó
mo ra ªJº - que eJ por terminar - La noche-y el sue11~.. Soy ~upersticioso, no puedo sustraerme á esta deb1hd~d impropia de un entendimiento medianamente
despierto; así que cuando vi, repito, en aquel boceto
la figura que r~presenta la media noche.sosteniendo
un buho, ~o pude conteIJerme y le diJ·e al maestro:
"" D.: Cas to, barre. usted ese animalucho; es de mal
aguero.)) Plas.encia comenzó á reir, y salió al estudio
d de t b b
, on
ra ªJa an su.s discípulos, compañeros míos,
a darles cuenta de m1 superstición. Las risas duraron
largo .ra,to. Yo me marché hondamente afectado. Algo
present1a que no me atreví á comunicar á nadie. Dos
mese~ de~pués Plasencia caía en cama para no levantarse Jamas.
·
é
h I d
iQ u noc e a el I7 al 18 de mayo de 1890! Los
dos eno:mes s~lones estudios, débilmente iluminados
por vana~ buJfas, estaban llenos de amigos, admirado res Y discÍpuIos de1 maestro. El silencio era imponente. De cuando en cuando algunos redactores
de los periódicos de la corte 'penetraban hasta el
salón e~tudio principal aenterarse del curso de aque!la hornble agonía que en espasmos violentos sacudi'a
la poderosa naturaleza del celebrado artista. La cons(r). Del juego del billar y de las dos í1ltimas pinturas nqul
mencionacl?s damos copia exacta á nuestros suscriptorel; en el
presente numero.

¡ ·
1 ó
a gmen co. oc al acaso debajo de la Victoria alada,
reprodu~c1ón denHbronce de la que se encontró en las
excavac1.ones e erculano,arrojaba al techo la silueta
deidad
de la gloria, la cual con un brazo extendd~1dla
e
0 oir_ece
etern,amente
genio la corona de laurel.
un;sueno parec1a aquellaal figura
aérea, dibujándose
e.n el techo de lona del salón. Todos m1·ramos á un
t1.empo 1a aparici.ón sublime, Y contemplándola estu-

vimos, con los OJOS a~rasados de lágrimas, hasta que
los rayos del ~uevo sol la borraron. En aquel moment~, un .queJ1do del moribundo seguido de pavoroso dsilencw
h bnos hizo comprender que el espír1·tu del
gran e om re había dejado de animar su cuerpo
No sé todavía de .~uién era aquella voz que sonand~
á sollozos nos d1Jo: «¡Señores, D. Casto Plasencia
acaba de dejar de existir!»

*

**

p
¿ ara qué hacer ahora su biografía? Olvidado el
hombre, lo que importa es su obra.
R B
.

ALSA DE LA VEGA

.................,.................................................................................................................
DIÁLOGOS MATRITENSES
1ARDINES DEL DUEN RETIRO. - GRAN CONCIERTO

- Caballero, usted di.spense, esta silla está tomada.
-; ~aballero, usted dispense, es para mi señora que
e~ta sm poderse sentar desde que comenzó la f c1ón.
un

618

- ¿Qué es esto que acaban
de tocar?
- No lo sé, se me ha perdido el programa; pero me parece que debe ser cosa así como una marcha fúnebre dedicada á una suegra.
- ¡Jesús, hijo! Tú siempre
estás pensando en la suegra.
- Claro, como que es lo que
me escuece. Es una calamidad
mayor que la de Consuegra,
que hace tiempo ha caído sobre mí. Pues poquito que me
fríe á mí la sangre tu mamaíta
con sus chismes, sus enredo~
y sus diplomacias. Si tu padre
no fuera tan calzonazos como
es...
1
- Mira, para hablar de esas
cosas, aunque no hubiéramos
salido de casa no habríamos
perdido nada; al contrario, nos
hubiéramos ahorrado algunas
pesetas. Bien dice Petra que
con el marido ni á la gloria.
- Bueno, callaré, pero todo
se andará. Mira, ahora entran
tus papás. Vamos á saludarlos,
así de paso si van á tomar helados puede que nos conviden.

NúMERO 618

7o3

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- Vaya, vaya; estás muy satírico esta nochej te
dejo, me voy al Círculo un rato.
- ¿A arreglar el país?
- Otra cursilería; voy á ver si le doy cuatro golpes
á un billetito de cincuenta pesetas.
- Eso sí que es distinguido y fasluonable.

- Pues si es todo un caballero y ya sabe él distinguir. Pues, señor, la verdad es que esto es un paraíso
y no sé como hay quien vive en Madrid y no viene
aquí todas las noches. ¡Pero qué campechano es don
Práxedes! ..

.y,

**
-· ¡Fíjate, Gutiérrez! ¡Qué traje tan rimbombante
lleva la de Gracia y Justicia! ¡Parece una perdiz! ¡Y
qué sombrero tan estrafalario! No será de casa Honorine como el mío.
- Mujer, ¿quieres callar y dejarme oir las Bacantes
que están ejecutando?
- ¿Y qué significa eso de las Bacantes?
- Pues significa unas ... unas... damas romanas que
bailaban con el emperador.
- ¿Con qué emperador?
- Con cualquiera.
- Sería con Julio César.
- Sí, eso debe ser.
- Gutiérrez, ¿has observado lo que ha hecho al pa•
sar la de Verdecilla?
- No, ni me importa.
- Tú siempre estás en Belén; pues le ha dado una
carta á aquel rubito.
-Puede.
- Vaya, si es un escándalo lo mismo que la de
Pérez Calzones; mira que entre ella y el teniente están dando cada escándalo; pues y la viudita de...
Pero qué es eso, ¿te duermes?
- No me duermo, estoy meditando.
- Si casi roncabas.
- No es verdad.
- Mira, allí viene D. Práxedes.
- ¿Dónde, dónde?
- 1~llí; allí! ¿Lo ves?
- S1, SI.
- Siéntate aquí delante, así te verá mejor; á ver si
nos saluda.
·
- ¡Vaya usted con Dios, Sr. D. Práxedes! Beso á
usted la mano. Adiós. Adiós.
- ¡Qué fino es! Te ha llamado Pepe.

- ¡Hola, D. Pantaleón! ¡Qué mala cara tiene usted!
¿Que le duelen las muelas?
- No, señor, lo que me duelen son las dos pesetas que me he gastado para oir un concierto del cual
apenas puedo dar cuenta.
·
- ¿Cómo es eso?
- Figúrese usted que estaba paseando por el Prado, vi entrar la gente y el programa me sedujo. Ya ve
usted: «Serenata en do bemol,» de Mercadante; una
1&lt;Tanda de valses nihilistas,» por Cawasperoff; la
«Cantiga húngara,)) de Rubinstein, y una pieza nueva
de un autor anónimo, titulada «Penelope,» en que
según el programa se oyen los suspiros de los amantes, los ladridos del perro al reconocer á Ulises y
hasta los puntapies de éste á los lipendis que le cortejaban la mujer. Yo, que soy entusiasta por la música clásica descriptiva, tomo ia entrada y me coloco
á distanci.a conveniente, no contando con unas señoras que estaban á mi lado y que no cesaron un momento de hablar de modas, hasta que terminó la primera parte. Cojo la silla y me puse allá lejos, pero
no oía una palabra; sólo porque el director de orquesta movía la batuta comprendí que tocaban la
segunda parte. Desesperado ya, me he colocado aquí
junto al kiosco, lo cual ya comprende usted que es
un disparate... ¡Pero, señor, esto es un escándalo!
Aquí el que viene por amor al arte, dígame usted,
¿dónde se coloca?

de Melilla y estoy ya de moritos y meritas hasta la
coronilla.
- Hombre, ¿y qué se hizo de Jeremías, aquel
compinche tuyo de caballería que tuvo aquella trapatiesta con el gobernador de Granada?..
- ¿Aquel? Retirado anda por ahí, dando lecciones
de esgrima.
- ¡Oh! Aquel era un portento manejando el sable.
- Sin guasa, por supuesto.
-Claro.
- Oye tú que eres abonado á estos jardines, ¿conoces á aquellas dos de traje claro que están allá enfrente... bajo de la acacia?
- Mucho; son gente de historia. La morena del
sombrero rosa. . . . .
- ¡Diablo! ¿Y la otra?..
- La rubia esa dicen que.

- Pues están un par ...
- Esas no vienen al Buen Retiro por ti ni por mí;
esas andan á caza de jóvenes ingenuos y recién heredados y no de capitanes cígarrosos como nosotros.
- ¿Te acuerdas de la niña de la Ronda de San
Pablo? ¡Perico, qué tiempos aquellos de Barcelona!
- La catalanita que has nombrado era una perla.
- Tú debiste casarte con ella.
- ¡Ojalá! Pero ehtonces tenía la cabeza llena de humo y creía que iba á ser general antes de diez años.
- Sí, sí, general. Bien andan las cosas, no se arma
una bronca por un ojo de la cara. Ya debíamos haberle metido mano á Portugal ó á Marruecos, pero
no hay hombres.
- Si se armara algún jaleo revolucionario, pero
gordo, muy gordo.
- Si nadie tiene un real.
- Pues por lo mismo.
- Qué, chico, si ahora las revoluciones son un ne***
gocio como otro cualquiera.
- Pérez va al cuarto de montaña, y Garciota, ¿te
- Pero en fin, tenemos un consuelo.
acuerdas de aquel bárbaro de García?, por fin ascen- ¿Cuál?
dió y ha pescado un buen destino en la Dirección.
- Que van á reformarnos el uniforme.
Por el tío, por supuesto...
- Pues, chico, yo no puedo lograr que me saquen
*

- Chico Gasparito, ¿qué ha~1~t:~: ;n v~;o~ntb~:s: ~:

.
·
vuelta durante este intermed10, que creo que hay algo que te interesa.
- I ré por complacerte únicamente, porque estoy
de lo más aburrido. La verdad es que cuando se
cump1en los veinte ya se fastidia uno de todo.
, - p ues, h"LJ0,b no lo. en,tiendo;. yo soy más vieJ· o que
t
. u y n? me a urro Jamas habiendo mujeres bonitas
Y música como la que tocan esta noche.
- ¡Qué feliz eres! Estoy seguro de que mirando
todas esas horizontales que andan por ahí revoloteando ~e ?rees en el harén del Gran Señor. En
cuanto a m1, lo mismo aquí que en la Castellana ó
·
en eI R ea,J estoy siempre
más abroncado que un inglés, en doming,o. Lue.go esto, desde que hace calor,
t d 1
e~ a . e o mas cursi. Voy á adelantar mi viaje á
Biamtz.
- Déjate de reflexiones, camueso; á ti lo que te
hace falta es ocuparte en algo y abandonar la carrera de va&amp;o, que hace tiempo has abrazado con una
constancia digna de mejor causa.
Ah
·
-:-- i ' mzo caro/ Eso del trabajo es un específico
antJcua~o Y que hoy está muy desacreditado.
- ¡Valgame
Dios, qué niños éstos!
11
· qué mirada tan expresiva me
- 111·ira ]a C. onc]11ta
ha lanzado. S1 está muerta por mis pedazos· lo mismole sucede á la hija del conde del Rastrd. Yo no
sé en qu~ consiste que todas las chicas que valen
algo se fiJan en mí.
- Eso, indica su buen gusto.
:- SI, hombre; si yo tuviera humor tendría más re!ac10nes que. pelos tengo en la cabeza y con lo meJor de Madnd, pero...
- Es cursi eso también Ysin duda por esto te contentas con hacerle el oso á la cocinera de tu casa.
EL JUEGO DEL BILLAR. - Pintura decorativa de Casto Plasencia, existente erl el palacio de los Sres. de Selgas

**

�&lt;;}URIOSIDAD INFANTIL, cuadro de _Federico Kallmorgen

�NÚMERO

LA

706

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- ¡Jesús, hija,qué tronado esta hoy esto! ¡Cómo se te ha comenzado con el grandioso éxito de siempre sus concier•
tos en Saint James Hall.
conoce que no aprieta el calor!
Madrid. - Ha comenzado la temporada en el Real, habién- Pues á mí me parece que no esta tan mal.
dose cantado H11go11otes, Gioconda, Lohengrin y Rigo/etto: han
- Claro, para ti en estando ese monigote de Pe- sido muy aplaudidos en la primera y última la señora Darclée
pito, que al verte pone unos ojos que parece un car- y el Sr, Marc;:9ni, en la segund;i, la S~!Í9ííl Bonaplata y lo$ señonero degollado, ya está todo
bien. ¡Qué mal gusto tienen
las niñas de hoy!
- Pero, mamá, si Pepín ...
- Déjate de pepinos y mira
aquellas fachas que vienen hacia aquí. ¡Cosa más cursi!
- Serán provincianas, porque si no, no se comprende.
La del vestido verde parece
una lechuga.
- Mira, mira las de Canariete. ¡Cómo las ha saludado
Jacobol Yo no sé como el general no hace una barbaridad.
- El sombrero de las de
Mirlo-Triste parece un manguito viejo. Y lo sera, porque
hay pocas tan sencillas y de
tan buen gusto como nosotras.
Pero, hija.. , Adelita, ¿qué te
pasa, te da el ataque? ¡Ah, ya,
vamos! Es que Pepín te hace
muecas desde allá enfrente. Si
no fuera porque las entradas
nos las ha regalado Felipe, en
seguida nos· íbamos á casa; pero despídete del Buen Retiro,
porque no volvemos más ... á
no ser que nos regalen otras
entradas.
A.

DANVILA JALDERO

MISCELANEA

NúMERO

618

LA

618

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NUESTROS GRABADOS
L a paz es la fuerza de una nación1 grupo escultórico de Gustavo Eberlein. -Con aestino á la escalera del Museo de Stuttgart ha modelado el escultor Eberlein
dos grupos colosales, uno de los cuales reproducimos y que junto con
otras obras grandiosas del mismo
figuraron en la Exposición de este
año de Berlin. Esta escultura, que
por su grandiosidad asombra, deleita por la vida y el movimiento impresos en cada figura, por su elegancia
de líneas, por la poesia que toda ella
respira y por la ausencia de todo
convencionalismo y de cuanto trascienda á pedantería artística.
Triste regreso, cuadro de

UNA FRANCESA EN EL PO.LO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUSTRACIONES DE ALFREDO PARJS
(CONTINUACIÓN)

- ¿Qué pensáis hacer?, preguntó con curiosidad
Aquella tierra del polo, aquel islote extraño estaba
situado á unos 400 metros bajo el nivel del mar, éste Isabel.
El joven sonrió y le explicó su plan.
le ceñía con una infranqueable barrera de olas, y más
- Querida Isabel, dijo, me comprenderéis en seallá empezaba otra vez la muralla de rocas, de la
cual quizá sería difícil encontrar el misterioso camino. guida. El agua de este lago es dulce, lo que prueba

M. Carbone n. - Fué el Sr. Carbonell disdpulo de la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad y desde los
primeros tiempos en que se dió á conocer al público con sus lienzos de
costumbres, tipos y paisajes de Cataluña, consiguió con justicia plácemes y elogios. En la última Exposición de Bellas Artes celebrada en
Madrid fué premiado con medalla de
segunda clase por el cuadro Triste
regreso que reproducimos y que es
una nota hondamente sentida y perfectamente ejecutada.
Exposición universal de
Chicago. Paseo á. orillas del
lago, dibujo de E. Limmer.
- Extiéndese este paseo en el parque J ackson á lo largo de todo el
lago y constituye uno de los sitios
más agradables de la Exposición, no
sólo por la deliciosa temperatura de
que en él se disfruta en _los dias ~alurosos, sino por la mullltud de distracciones que al extranjero alll se
ofrecen. Sobre este paseo. da la fa.
chada del Palacio de la Justicia, cuyas colosales proporciones pueden
desde alll apreciarse mejor que desde ningún otro punto: visto desde el
paseo se comprende que quepan
holgadamente 300.000 personas en
aquel edificio, el mayor de cuantos
en el mundo se han construido.

Bellas Artes. - Los hermanos
T retjakoíf han regalado á la ciudad
c!e Moscou una colección artlstica
compuesta de más de r.8oo obras y
Curiosidad infantij, cuadro de Kallmorgen.-Cuanun edificio especial para colocarla
tos cultivan la pintura y armados de
con la condición de que siempre ha
sus trebejos recorren los campos en
de ser gratis la entrada en esa galebusca de asuntos que como en ningur!a. Constará ésta de veintidós salas
na parte les ofrece alli la naturaleza,
en las cuales se instalarán 1.844 obhabrán sido testigos cien veces de esjetos de arte, de ellos I. 756 de artistas rusos clasificados en 1.2,ticuacenas análogas y podrán apreciar, y
con ellos también muchos que sin ser
dros, bocetos y estudios al óleo, 471
dibujos al lápiz, á la pluma, al carpintores han acompañado á alguno
bón y tinta china y acuarelas, y 9 esde éstos en sus excursiones, la verculturas. Entre las obras extranjeras
dad del cuadro de Kallmorgen, céhay 83 cuadros y dibujos de Bonnat,
lebre pintor de Karlsruhe que á peLaurence, Munkacsy, Vautier, Casar de su juventud relativa, pues
lame, Achenbach, Meissonier, 111encuenta treinta y siete años, ha lozel y otros. El pintor ruso \\'egrado alcanzar un puesto eminente
reschtschagin tiene alli 230 obras.
en el arte alemán.
Entre las esculturas hay dos obras
El eminente compositor
de Antokolsky, un Eae homo y el
Carlos Gounod. -¿A qué hacer
Ivdn el Terrible que publicamos en
una necrología del ilustre composiel número 614 de esta ILUSTRACIÓN.
tor recientemente fallecido? ¿A qué
- Por encargo del Ministro de
narrar sus primeros estudios en el
Cultos de Prusia; el profesor Kips,
Conservatorio de París bajo la diconsejero de la fábrica de porcelarección de Halevy, su. estancia en
nas de Charlottemburgo, ha emprenRoma como pensionado, sus primedido en compañia del pintor Achros éxitos en la música religiosa, su
tenhagen un viaje de estudio á Itaviaje á Viena, los grandes triunfos
lia para buscar material artistico pa•
que le valieron algunas de sus ópera cumplir los encargos de objetos
ras, las decepciones sufridas en sus
El ilustre compositor Carlos Gounod, fallecido en Parls el día 18 de octubre de 1893
de arte &lt;le porcelana que el Instituúltimos tiempos? El nombre de Gouto ha recibido con motivo de la Exnpd será siempre una estrella de priposición de Chicago.
- En el cementerio del Pere Lachaise, &lt;le París, se ha i01n- res De Marchi y Menotti, y en la tercera la señora Bonaplata y mera magnitud en el mundo del arte musical, y sus obras vivirán
gurado un bello monumento dedicado á Anatolio de la Forge, el Sr. Marconi; el Sr. Goula cuenta el número de O\'aciones eter,namente: el maestro que deja á la posteridad piezas como
por el de óperas que dirige. En la Comedia se ha estrenado la Serenata de Maria Tudor, óperas como Fausto y File111ó1_i y
obra del escultor Barrias.
con regular éxito una comedia en tres actos de D. Juan José Battcis, oratorios como Redención y Gallia, el que ha sabido
Teatros. - En el teatro Manzoni de Milán se ha estrenado Herranz, titulada El hogar moder1w, obra ll\UY bien escrita, pero enternecernos con notas tan delicadas como las de La marche
con aplauso una ópera del maestro Cayetano Cipollini, titulada de un género algo anticuado. En Lara ha obtenido un nuevo fimebre d' une mariomzette y arrobamos con acentos tan sublitriunfo el reputado escritor D. Antonio Sánchez Pérez con un mes como los del Ave Maria, ha conquistado gloria impereceII picco/o Hayd11.
París. - Se han estrenado con buen éxito: en el Odeón, Ver• juguete cómico en un acto, Saltos de liebre, de ingenioso enre- dera y se ha hecho digno de la inmortalidad.
ci11getorix, drama en cinco actos y ocho cuadros de Edmundo do, abundante en chistes y escrito en el ,estilo fácil y castizo
La cita, cuadro de Horacio Lengo. - Nació LenCottinet, de carácter patriótico y cuya acción se desenvuelve que es peculiar á su autor.
Barcelona. - Se han estrenado: en El dorado, con un éxito im- go en Málaga, y aficionado desde muy joven á la pintura estuen Roma y en la Galia en tiempo de César; en el Vaudeville,
La Provincia/e, comedia en tres actos de Alexis y Giacosa, en ponderable, la hermosa zarzuela en un acto de D. Miguel Eche• dió con Fernández del Rincón y en 1868 pasó á Paris, en donque se hace una pintura exacta de caracteres y costumbres pro• garay, música del maestro Fernández Caballero, El dilo de La de recibió lecciones del célebre Bonnat, realizando rápidos provinciales; en Folies Dramatiques, Patard, Patard et Comp., gra- Afn"cana, que es una verdadera joya en su género, así por su gresos que le permitieron concurrir :i las Exposiciones de aqueciosa opereta en cuatro actos de Sylvane y Clairville con agra- libro como por sus bellísimos números musicales, entre los que lla capital. Al cabo de algunos años regresó á Madrid, en donde
dable música de Gregh; en el teatro municipal de la Gaité, L es sobresalen un coro y la célebre jota, pieza que produce verda- obtuvo envidiables éxitos: en 1890 puso fin á su vida, dícese
bicytlistes en voyage, vaudeville de gran espectáculo en tres ac- dero entusiasmo; en Novedades, ¡ Dios!, melodrama en tres actos que desesperado porque una enfermedad le priv6 de seguir tratos y siete cuadros, de Chavot y Blondeau, con música arregla- del conocido escritor Sr. Martínez Barrionuevo, de argumento bajando. El número de sus cuadros es incalculable: su especiada por C. Malo y un baile con bonita música de Carmán;·en interesante y muy bien desarrollado, sobrio en efectos y admira- lidad fueron los pájaros y las flores, que pintaba como pocos,
los Bouffes du Nord, la sociedad &lt;L'CEuvre&gt; ha representado "Jn blemente escrito, y Lapubilleta, lindisima comedia en dos actos revelando en la corrección de su dibujo cuánto aprovechara las
drama en cuatro actos de I bsen, Ro111ersholm, traducido por el del laureado poeta Sr. Riera y Bertrán. En el Principal ha ter- enseñanzas del gran maestro francés, y en la riqueza del colorido
conde de Prozor, obra obscura, simbólica, pero que impresiona minado sus representaciones la excelente compañia del notable la influencia de la hermosa tierra en que naciera.
hondamente como todas las del gran dramaturgo noruego; y en actor Sr. Emmanuel, de la que forma parte la célebre actriz seel Teatro Nuevo, la Pretentai11e, pieza de espectáculo en tres ñorita Reiter: entre las obras últimamente puestas en escena
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
citaremos Otello y Ham/et, Dora y Nana, que han \'alido enactos de Perrier y Benedite, música de L. Vasseur.
en los Hospitales de París y que presLondres. - Se han estrenado con éxito: en el Príncipe de Ga- tusiastas ovaciones á los dos citados actores. En el teatro de la adoptado
criben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
les A Gaiety Girl, opereta de Hall y Greenbank; en el Lyric Gran Vía funciona una compañía dramática á cuyo frente están y Debilidad; dando á. la piel del bello sexo el
Little Christophe Colu111b11s, opereta ele Sims y Raleigh, con el distinguido actor Sr. Tutau y la aplaudida actriz señora Me- sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
bella música de Caryll; en el Savoy Utopía Limited, ópera có· na; entre las obras representadas ha sido muy aplaudida l'tfa- Es el meior de todos los tónicos y reconstitumica de Sullivan y Gilbert; en el Princess llfiami, ópera arre· ria11a, de D. José Echegaray. En el Circo Ecuestre actúa una yentes. No _produce estreñimiento, ni diarrea,
glada de un melodrama de Buckstone por Hollingshead y Wa· compañia de zarzuela que dirigen los Sres. Guerra y Tormo y teniendo además la superioridad sobre los ferruginosos de no fatigar nunca. el estómago.
rram St. Leger, con bellfsima música de Haydn Parry. Sarasa- que pone en escena obras escogidas.

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D' Ermont vió que se hundía bruscamente en el abismo

El problema era temeroso; pero era preciso resolverlo sin tardanza, y se hizo una primera tentativa,
que consistió en lanzar el submarino en la cintura
misma del islote, y ensayar por medio de la hélice
la subida hasta la cresta de aquel extraño embudo.
El esfuerzo fué infructuoso. El débil barco de aluminio no pudo triunfar de la resistencia de las aguas.
El movimiento giratorio del círculo efectuábase
con igual fuerza á ambos lados de su línea, pero por
el en que estaban los expedicionarios no podía verificarse la inmersión porque se hada preciso remontar
una pendiente de veinte metros sin auxilio de ningún apoyo líquido.
El desencanto de los viajeros fué grande, y durante un momento poco faltó para que se convirtiera en
desesperación.
-¿Estamos, quizá, condenados á permanecer en el
polo?, preguntó Isabel.
Sonreía hablando de esta manera, pero sus palabras demostraban inquietud.
- No, contestó Huberto, que quería tranquilizarla;
saldremos de aquí. ¡Pero cuánto siento no haber traído el globo! La fuerza centrífuga que nos privaba la
entrada en el polo nos hubiera servido perfectamente
para salir de él.
Dos mortales días transcurrieron entre aquella perplejidad y angustia.
Cada día el teniente iba á los bordes del lago é
interrogaba á las sombrías profundidades. Hizo así diversas observaciones que no contribuyeron á tranquilizarle. Los insectos y mariposas que había en la isla
no eran bastante poderosos para haber podido llegar hasta allí desde tierras lejanas, y era preciso, por
lo tanto, que en el mismo islote encontraran su alimento.
Una mañana Huberto advirtió que la fauna de la
isla había aumentado con uno ó dos pájaros nuevos
que pertenecían á la familia del murciélago. Siguiendo el vuelo de uno de ellos, d'Ermont vió que se
hundía bruscamente en el abismo que dejaban al retirarse las aguas del lago. Dedujo de ello que en
aquel agujero debía haber vastas cavidades, tan pronto secas como sumergidas. Había podido comprobar
además que las aguas del lago eran dulces. De allí
á formar el proyecto de salir del polo por el lago no
había más que un paso. Una serie de cálculos que
. resultaron exactos permitieron al joven adquirir la
certeza de que su proyecto era, no solamente razonable, sino de una ejecución relativamente fácil.
En compañía de Guerbraz empezó á trabajar para
realizarlo, y el submarino fué desmontado y transportado á orillas del lago.

que no tiene comunicación con el mar. Tarda doce
horas en llenar una cavidad de 120 metros de profundidad por 100 de ancho; esto demuestra que una inmensa capa de agua subterránea se extiende en los
alrededores del polo, y que por cada lado ha de tener
una salida de más de 60 kilómetros. A cada vuelta que da la tierra, esta agua vuelve á su punto de
partida. Pasa, pues, por todos los puntos cardinales y
colaterales, y por lo mismo por el 41 grado de longitud occidental. Nos bastará, pues, bajar con ella á las
entrañas de la tierra para que esta agua, bajando, nos
lleve hasta el punto externo de su comunicación con
la tierra. Sabemos que la muralla de rocas y el campo de hielo se hallan á una distancia de 40 kilómetros y que la superficie de nuestro islote es un círculo
de 25.000 metros cuadrados. Dejándonos, pues, llevar por una de las ramas de la corriente subterránea, estamos seguros de llegar á un islote cualquiera
del mar libre que se halle en comunicación con el
nuestro por medio de ese corredor subterráneo. La
presencia misma del mar libre, la existencia de esa
prodigiosa fuerza magnética, nos aseguran que esta
hipótesis es cierta.
Hablaba con tal convicción, que la joven la compartió en seguida.
- ¡Bravo!, exclamó, y vaya por el corredor subterráneo.
Había transcurrido el octavo día. Los cálculos de
d'Ermont le hicieron conocer que convenía embarcarse á mediodía en punto.
El submarino fué, pues, botado al agua y su tripulación de tres personas se embarcó inmediatamente.
Como se había previsto, el descenso se verificó circularmente, lo cual permitió inspeccionar las paredes
del abismo.
Hasta 60 metros de profundidad, el lago era un
pozo cilíndrico cuyas paredes lisas y sin grietas parecían ser obra de los hombres.
Pero llegado á aquella profundidad, la enorme chimenea se convertía en una serie de corredores y grutas sin término, parecidos punto por punto á los que
había seguido el submarino á la ida.
Huberto advirtió bien pronto que su cálculo sobre las dimensiones del abismo no era exacto por
lo que se refería al fondo. En efecto, llegado á ciento
veinte metros, distancia en la cual el marino pensaba
encontrar fondo, el buque reposó sobre una inmensa
extensión de agua, bajo una bóveda de rocas brillan·
temente iluminada por efluvios eléctricos; pero la
sonda marcó 240 brazas.
Desde entonces la verdad saltaba á los ojos de
los navegantes. Lo que causaba el desnivel del lago

no era sino la diferencia de altura entre los dos puntos extremos del polo, desnivel debido á la inclinación del eje terrestre. Esto explicaba por qué el pozo
se convertía en lago ó precipicio según las horas.
D'Ermont dejó á la casualidad el cuidado de dirigir el submarino hacia una salida. Hasta aquel momento el barco había flotado sobre la superficie del
Océano subterráneo; pero viendo las vastas dimensiones de la caverna, se cerró la capota, se obturaron
todas las salidas y el Gracia de Dios se hundió otra
vez entre las aguas.
Por fortuna la iluminación interna de aquella gruta y el calor que esparcía el potente foco eléctrico
hacían aquel viaje menos fatigoso y menos peligroso
también que el primero.
Sólo quedaba un temor: el de meterse en un callejón sin salida, donde les dejarían abandonados las
aguas. Pero d'Ermont apresuróse á tranquilizará sus
compañeros contra estas hipótesis quiméricas: la presencia del aire respirable en tales profundidades y aun
cierta brisa tibia que allí se dejaba sentir bastaban para
demostrar hasta la evidencia que en aquellos maravillosos conductos reinaba una corriente de atmósfe•
ra. Además las dimensiones anormales de los mismos probaban que á su vez debían vaciarse en parte
en el momento en que el globo cambiara de posición.
Los tres amigos se unieron en una oración común
al Creador de todas las cosas, y reconfortados por su
plegaria, se hundieron resueltamente en los túneles
subterráneos.
Pero aquella vez, á la sorpresa que sentían se unfa
un sentimiento de espanto legitimado por el encuentro de cosas totalmente imprevistas.
Hasta allí, en efecto, los navegantes sólo habían
tenido que luchar contra los elementos y habían sabido vencer todas las resistencias y esquivar todos
los peligros. Pero ahora, en el seno de aquella obscuridad y de aquellas aguas límpidas, surgían extrañas
apariciones, se movían formas dignas de las más horribles pesadillas, tales como se describen en las leyendas teratológicas.
- ¡Capitán!, exclamó de repente Guerbraz, santiguándose. Mirad qué cosa tan horrible.
Isabel y Huberto se precipitaron simultáneamente
hacia las portas.
Un monstruo acababa de surgir de entre las sombras que proyectaba una columna. Avanzaba, nadando entre dos aguas, al encuentro del submarino. El
cuerpo tenía unos seis metros de longitud, y estaba provisto de aletas, 6 mejor, de patas cortas parecidas á las de los cetáceos, y terminaba en un
cuello muy largo, en cuyo extremo aparecía una cabeza relativamente pequeña y parecida a la de un lagarto. Detrás de aquella muestra extraña de una forma
desaparecida desde hacía millares de siglos, aparecían
otros animales mucho mayores, mezcla híbrida de
ballena y cocodrilo, bestias disformes que tenían las
pupilas cortadas en facetas y dientes de saurios.
D'Ermont no pudo retener un grito de espanto al
mismo tiempo que de sorpresa.
- ¡Misericordia! ¡Es el mundo antediluviano que
resucita!
Y maquinalmente empezó á pronunciar los nombres de aquellos animales, enumerando las especies.
- Aquel, con su cuello de cisne, es el plesiosaurio;
aquellos son ictiosaurios; allá arriba, sobre aquellas
cornisas de roca, ved los megalosaurios; debajo de los
otros hay familias enteras de escualos gigantescos: peces espadas, tiburones, sierras, martillos.
- ¿Qu€ va á ser de nosotros?, exclamó Isabel aterrorizada.
El espectáculo era efectivamente aterrador. El débil barco había entrado en un verdadero nido de
monstruos anteriores á la época cuaternaria. Ellos
habían sobrevivido á las catástrofes del globo y en
las aguas dulces y templadas del centro de la tierra
habían hallado un abrigo contra el enfriamiento de la
superficie. Y la presencia de aquel intruso, de aquel
pez de metal, les había sorprendido primeramente y
les irritó después.
Agrupados á su alrededor, como fomando una liga tácita, servían de escolta al submarino, y era de
temer un ataque simultáneo que hubiera hecho trizas
el Gracia de Dios.

�708
D'Ermont no se turbó y recurrió á un medio bastan te radical.
Juntando en un haz los diversos hilos de la batería
que servían para el alumbrado del buque, puso aquella pila de nuevo género en contacto directo con la
cubierta metálica del submarino, transformándola así
en un carrete de incalculable potencia.
- Agarraos bien, gritó á Isabel y á Guerbraz. Es
probable que recibiremos alguna sacudida.
Apenas había cesado de hablar, cuando media docena de bestias apocalípticas se precipitaron contra
el barco.
El choque fué rudo. Veintidós pares reunidos habían dado al torpedero una fuerza capaz de derribar
un rebaño de bueyes. Los monstruos, que no esperaban aquel choque que por contacto se transmitió
á los otros que les seguían, en un momento se dispersaron y hu ye ron en todas direcciones.
- ¡Ya era tiempo!, afirmó Huberto con un suspiro
de satisfacción. ¡ Dios sea loado! Si ese sistema no
nos hubiera dado buen resultado, no tenía sino otro
que no me inspiraba mucha confianza.
- ¿Cuál?, preguntó Isabel todavía agitada por la
emoción.
- Habría puesto uno de nuestros tubos de hidrógeno líquido en contacto con el agua y lo habría
abierto bruscamente. Esto hubiera producido un descenso tan rápido de temperatura, que hubiese matado á muchos de esos animales qué. han tenido el mal
gusto de sobrevivir al diluvio.
En tanto que aquella conversación proseguía, el
Gracia de Dios se alejaba á toda velocidad de aquellos parajes.
El submarino había encontrado una galería ancha
que siguió en toda su longitud.
Durante cuatro horas navegó de aquella manera
sin tener ningún mal encuentro.
Al fin, por la diminución progresiva de la luz interior, los pasajeros comprendieron que sallan de la
zona magnética, para entrar en la de las tierras menos favorecidas. Se recurrió á los proyectores del
submarino, y uno de los primeros rayos emanados
de aquel potente foco mostró el fondo á menos de
20 brazas.
El buque vació las cajas del agua y subió á la superficie.
Todo cuanto había presentido Huberto d'Ermont
se realizaba.
El submarino flotaba sobre una superficie de agua
dulce de maravillosa limpidez, encerrada en una vasta caverna casi enteramente igual á la del polo. Un
punto claro, pequeño como la luz que pudiera brotar de una lenteja, brillaba hacia el Sud. Guerbraz dirigió el barco hacia aquel punto. Era la abertura de
la gruta. Las aguas del lago formaban allí en verano
una cascada que caía de más de cien metros de altura. Pero en aquel momento el frío había solidificado
el agua y convertido las primeras caídas en ancha
gradinata de cristal. Debajo se extendía el banco de
hielos paleocrísticos que forma el cinturón del polo,
y más abajo estaba el mar libre azotando con sus
olas la base de las rocas.
- ¡Estamos salvados!, exclamó Isabel.
Aun faltaban correr muchos peligros y pasar muchas fatigas; todavía sería preciso sufrir mucho, pero
á lo menos se había alcanzado el fin que se perseguía
y obtenido el resultado deseado.
Unos hombres habían logrado al cabo penetrar
en el polo y volvían de allí trayendo indicaciones y
datos precisos.
Se sabría, de entonces para en adelante, no solamente entre los sabios, sino que lo sabrían también
los menos ilustrados, que el polo Norte es una isla
donde reina una temperatura primaveral, gracias á la
influencia combinada de· los rayos solares y de los
efluvios magnéticos; que aquella isla está bañada por
un mar libre, separado éste á su vez en dos zonas
distintas por una muralla de rocas coronadas de hielos eternos, y que no es imposible descubrir en esta
muralla las grietas que por los estrechos subterráneos ponen en comunicación estos dos círculos concéntricos del océano paleocrístico.
·
Quizá aquel pasaje descubierto permitiría también
que un buque llegara al centro del globo.
Se sabría además que una serie de conductos subterráneos y submarinos ponen en comunicación, no
solamente los dos mares, sino también las tierras árticas y el polo mismo, y que otros viajeros, usando igual
procedimiento, podrían renovar la tentativa que dos
hombres y una mujer acababan de realizar.
Aquellas reflexiones alegraron el ánimo de los viajeros.
- Veamos, dijo Huberto; no hemos terminado todavía nuestra tarea. Es preciso transportar nuestro
buque sobre las rocas, lo cual no dejará de ser un
trabajo fatigoso.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Fué preciso trabajar diez horas en desmontar, transportar y montar de nuevo el submarino.
Lo más penoso fué el transporte de las piezas á
través de los témpanos, sobre los que se resbalaba
de un modo horroroso llevando peso encima. Sin
embargo, al cabo de aquellas diez horas, el submarino se balanceaba apaciblemente sobre el mar libre, y
los tres compañeros, seguros ya de la vuelta, después
de haber fijado sólidamente su embarcación bajo el
abrigo de unas altas rocas, pudieron entregarse á las
dulzuras del sueño.
Antes de hacerlo, Huberto tomó la altura para
saber la posición exacta del túnel subterráneo. Se
hallaba situado á los 41º 48' de longitud occidental
del meridiano de París.
Doce días habían transcurrido desde la marcha de
los atrevidos exploradores, cuando éstos llegaron al
campo donde les esperaban sus amigos. Tres de ellos
únicamente quedaban allL Por prudencia habían tenido que enviar á los otros al vapor, entre ellos al
Sr. de Keralio, á quien había sostenido hasta entonces su energía.
El teniente Poi, el doctor Serván y un marinero
no habían querido abandonar aquel paraje, esperando á Isabel y á sus dos compañeros. El primer ser
que acogió á éstos fué el valiente Salvator. No se le
pudo contener en la orilla, y lanzándose al agua,
nadó hacia el submarino, del cual Isabel le facilitó
el acceso, con el concurso de Guerbraz.
El valiente perro fué pródigo en demostraciones
de alegría, y sus transportes eran extremados, pareciendo que no podía saciarse de mirar á Isabel.
La templada atmósfera del polo se había convertido en un frío intenso, y la vuelta á la isla Courbet
fué muy penosa, pues la temperatura estuvo casi
siempre á 40 grados bajo cero. Pero la dicha de volver á la estación, la satisfacción de haber vencido
todos los obstáculos, sostuvieron el valor y las fuerzas de los exploradores. El 20 de septiembre, después de haberse juntado con un pelotón de socorro
que les enviaba el navío, alcanzaban por fin la Estrella Polar.
¡Ah! Allí les e~peraban.dolorosas noticias.
No solamente supieron la traición ylos proyettos nefastos de1 químico Schnecker, sino también la muerte
de dos marineros del vapor y además supieron que
en el cabo Wáshington también la muerte había aparecido. Por último, Tina Le Floc'h estaba en cama y
el doctor Le Sieur no le daba más que algunos días
de vida.
La segunda invernada de la expedición, á despecho del buen éxito obtenido, se anunciaba bajo fu.
nestos auspicios.
XV
UN SITIO

La situación de los expedicionarios no dejaba nada
que desear.
La Estrella Polar, bien abrigada, no debía temer
ni del empuje del mar ni de las sacudidas del icefield. Sólidamente empotrado en su cuna de acero,
entre dos altas murallas de sienita, sólo debía esperar
la vuelta del buen tiempo para regresar á Francia por
los mares del Sud.
Las provisiones no faltaban . Además de la reserva
de hidrógeno líquido había bastante carbón para la
calefacción diaria. La luz alumbraba también, y si no
había gran provisión de víveres frescos, había buena
cantidad de conservas para salvará todos de las contingencias que pudieran presentarse.
Además los cazadores de la tripulación esperaban
poder matar alguna pieza antes de la llegada de la
temerosa noche polar y aun se habían recibido del
cabo Wáshington noticias satisfactorias acerca de la
presencia de animales tan variados como numerosos
en cuya caza podrían entretenerse los tiradores durante la campaña de otoño.
No había por qué preocuparse por los hombres
que gozaban de buena ~alud.
Desgraciadamente, los ánimos andaban decaídos
por las noticias que acerca de la suerte de sus compañeros de fatigas y de miseria trajera el Sr. de Keralio, y algunos casos de escorbuto que se presentaron, acompañados de disentería, habían acabado con
el buen humor de todos y agotado las fuerzas de los
pobres enfent10s.
Isabel, que desde el primer día se encargó de cuidar del personal, tenía mucho trabajo.
Se multiplicaba, llevando por dondequiera las medicin,as! que aliviaban los males físicos, y la esperanza
y el animo levantado que hacen desaparecer los morales. Pero tenía que emplear toda su fuerza de voluntad para no entristecerse ella misma, sobre todo

NÚMERO 618

cuando recordaba el estado de su pobre nodriza Tina
Le Floc'h.
La pobre bretona estaba condenada y lo sabía, y
sin embargo, no se quejaba de aquella expedición
que había abreviado sus días, que quizá transcurrieran
tranquilos y más largos en su querida Francia. Pero
nunca pronunció una palabra amarga que demostrara que se hallaba convencida de ello, y ahora, desde
que supo que Isabel había vuelto sana y salva, parecía sentir impaciencia de ver á aquella niña que había criado á su seno y á la que había servido casi de
segunda madre.
Arrastraba penosamente su triste existencia entre
los muros de planchas de aquel buque inmóvil, viviendo en aquella atmósfera tan poco favorable á la
respiración, en aquella luz artificial de las lámparas
eléctricas. La noche polar era para ella más terrible
que para todos los demás, y sin embargo la soportaba
sin murmurar.
El invierno era riguroso sin medida. Los grandes
fríos del año precedente quedaban distanciados.
El 20 de noviembre el mercurio se heló dentro del
termómetro, y en 1.º de diciembre llegó su turno á los
alcoholes y ácidos, que se espesaron como jarabes. A
partir de aquel momento, la temperatura se mantuvo
casi siempre á 40 grados bajo cero. En los primeros
días de enero bajó á esos niveles extraordinarios de 50,
52, 54 y 56, en que el frío se muestra implacable y
mata muchas veces como el rayo.
Una rigurosa higiene tuvo que ser ordenada y aplicada. Se prohibió en absoluto salir á los hombres
mientras duraran aquellos fríos.
En vez del carbón ardió desde entonces el hidrógeno en las estufas, y así pudo conservarse una temperatura casi constante de 4 grados.
Por fortuna el invierno, si fué terrible, fué relativamente corto.
El 15 de enero el termómetro subió. bruscamente
al punto de congelación del mercurio, á tiempo que
una presión barométrica anunciaba una tempestad
del Sud que no tardó en llegar y que fué horrorosa,
habiendo .durado tres días.
A pesar de la buena situación en que se hallaba la
Estrella Polar, padeció sin embargo de una manera
indecible por los embates de aquella borrasca, y
hubo momentos en que sus habitantes temieron que
se rompiese la cuna de acero que la sostenía.
U na roca de un peso enorme se desprendió de
las crestas de la muralla, y cayendo á pico privó al
artimón de su cofa y de su verga y hundió la cubierta en la popa. Entre los camarotes que aquel accidente destruyó había los de Isabel y los de su nodriza. Además dos marineros fueron alcanzados por el
bloque. Uno de ellos murió en seguida, y el otro quedó con una pierna rota sucumbiendo luego á consecuencia de la amputación que se consideró indispensable.
Todo aquello era causa de una gran tristeza que
la llegada del sol no disipó.
Cuando llegó febrero, el frío había bajado á 25 y
30 grados. A fin de que no decayeran los ánimos,
el comandante Lacrosse dió orden de emprender de
nuevo las excursiones por el exterior, y un primer pelotón, mandado por el valiente Guerbraz, se dirigió
hacia el cabo Wáshington, donde llegó á los seis días
de una marcha penosísima. Dejó los hombres, y los
que volvieron al steamer trajeron noticias desconsoladoras. El teniente Remois había muerto á consecuencia de una enteritis producida por el frío, y dos
marineros canadienses habían sucumbido también.
En conjunto habían fallecido doce hombres desde
el principio de la expedición. Quedaban todavía
treinta y un hombres y dos mujeres.
Se celebró consejo á bordo de la Estrella Polar
para decidir si era preferible seguir divididos ó bien
juntar de una vez los dos grupos de la expedición,
bien en el cabo Wáshington, bien á bordo del buque.
Este parecer fué el que prevaleció, y en consecuencia se &lt;lió orden á los que estaban más hacia el Sud
de que lo más pronto posible fueran á reunirse en la
isla Courbet con sus compañeros, pues así se podía
cuidar mejor á todos y habría un gasto mucho menor
de combustible.
Se procedió también á juzgar definitivamente al
traidor Schnecker que, reconocido culpable por todos, sólo debió su salvación al buen corazón de Isabel, que se opuso con todas sus fuerzas á que se le
impusiera la merecida pena.
La joven se presentó con las lágrimas en los ojos
ante sus jueces y les dijo:
- Señores, no invocaré para enterneceros sino una
sola consideración. Doce de los nuestros han muerto ya, víctimas de las enfermedades de este clima;
otros morirán probablemente también, y mi corazón
lleva ya luto por un ser que le es muy caro. Os ruego
que no añadáis por la ejecución de una sentencia

NóMERO 618

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

709

Bien pronto no quedó ninguna duda.
Los primeros que llegaron se apresuraron á explicar su situación.
Apenas habían recorrido seis ó siete kilómetros
desde la salida del cabo Wáshington, cuando los perros empezaron á dar muestras de un terror invencible. Los hombres habían querido saber la causa de
aquello y pronto la supieron. A unos centenares de
metros de los trineos había dos osos de talla gigantesca. Contra su costumbre y cobardía, aquellos animales no habían huído; pero los disparos de arma de
fuego lograron que se retirasen.
Aquel primer encuentro se había olvidado casi,
cuando, 10 kilómetros más abajo, habían aparecido
tres nuevos osos.
Estos parecían menos atrevidos, pero más tenaces
que los otros dos, y habían seguido al grupo desde su
encuentro hasta qu~ levantó el campamento.
Por fortuna, aquellos tremendos compañeros de
viaje se recelaban de las armas de fuego y se mantuvieron á respetuosa distancia. Los marineros pasaron
una noche desesperada, y al día siguiente vieron con
gran espanto que en vez de tres osos tenían doce
que les seguían.
En tales condiciones el peligro era extremo, y los
infortunados viajeros comprendían que si no salvaban en una jornada los 70 kilómetros que les separaba de la EJtrella Polar se verían atacados por la
noche.
La.inminencia. del peligro les había dado alas y
habían hecho esfuerzos verdaderamenee sobrehumanos.
Perd las bestias, famélicas y compr~ndiendo que
iba á escapárseles la presa, se habían acercado más y
parecían dispuestas á atacar. Los fugitivos, sin embargo, habían recorrido ya las dos terceras partes del
camino y podían esperar llegar sin grandes dificultades al buque salvador, cuando de repente se presentó una nueva manada de osos.
Entonces tomaron los que huían una resolución
heroica.
Desenganchando los perros de uno de los trineos
dejaron á éste en el camino, teniendo buen cuidado
de poner en descubierto cuanto los osos podían devorar.
Los perros habían sido trasladados al primer trineo,
en el cual se colocaron todos los hombres extenuados por las fatigas de esa marcha forzada, yla expedición había echado literalmente á correr sobre el
pack.
Pero aquello no había dado más que un momento
de tranquilidad á los que huían. Los asaltantes devoraron en un instante cuanto contenía el trineo y continuaron la persecución.
En el momento en que el pelotón de refuerzo acababa de unirse á los pobres emigrantes del cabo
Wáshington, éstos veían ya la vanguardia de sus enemigos.
- Son veinte por lo menos, exclamó el contramaestre Gulvinec, que era el que mandaba el destacamento desde que murió el teniente Remois.
El teniente Hardy, que iba al frente de los hombres que llegaban de refuerzo, dispuso que los fugitivos con el trineo llevasen la delantera, y él se quedó
con sus cinco hombres para cubrir la retirada.
Cuando el primero de los osos llegó á tiro de fusil
le envió una hala que alcanzándole entre las dos paFué preciso trabajar diez horas en desmontar, transportar y montar de nuevo el submarino
letillas le echó á rodar á diez pasos, como herido de
un rayo.
un atentado dirigido contra él por este infame. Pero
El 10 de marzo se oper6 la reunión de los dtl
- ¡Bravo, capitán!, exclamaron sus compañeros
quiero olvidar sus crímenes para no recordar sino los cabo Wáshington con los que estaban á bordo.
entusiasmados por su puntería.
servicios que prestó antes, y que este hombre ha sido
Pero se hizo en tales condiciones, que nadie de
Pero aquella hazaña cinegética distó mucho de tenuestro compañero de sufrimientos y de esfuerzos. los que hicieron aquel viaje debía olvidarlo jamás.
ner ninguna utilidad.
Dadle tiempo de comprender la enormidad de su
Desde que se tomó la decisión, cada día salía de
En un momento los restantes osos destrozaron y
crimen y de arrepentirse de él. .
la Estrella Polar un grupo de seis hombres para ir comieron al muerto, y después, sin remordimientos
Aquellas palabras conmovieron al tribunal.
á recibirá los que venían de la corte groenlandesa. por la brutal acción que habían cometido, continuaSe hizo comparecer al miserable en presencia de Aquellas expediciones ofrecían bastante riesgo, pues ron las huellas de los fugitivos.
un abogado improvisado, y se le dijo que por interce- cada día sufría variación la superficie del pack. A
Pero éstos, ayudados y protegidos por sus camarasión de la señorita Keralio se le otorgaba el beneficio cada paso surgían los mismos peligros de siempre_; das, habían podido ya llegar al buque, y cuando los
de circunstancias atenuantes. En consecuencia, se el Océano, del cual se sentía el bullir debajo de la
le guardarla á bordo hasta la vuelta; pero en cuanto corteza helada, tendría las mismas asechanzas de
se pisara de nuevo el suelo francés, sus jueces de siempre: témpanos que se derrumban, grietas que
ahora le entregarían á los tribunales para que deci- se abren, vías de agua que se declaran, terreno que
se hunde. Además, los invernantes, fundándose en
dieran de su suerte.
Schnecker dió las gracias á su bienhechora; pero las observaciones de Lockvood y Brainard, tenían
se veía en sus palabras menos reconocimiento que sa- derecho á creer que la costa de la Groenlandia ofretisfacción por ver que escapaba á un suplicio inme- cía menos seguridad que la extensión inmensa que
diato. Se le guardó, pues, en su camarote con un luego se transforma en mar.
El 10, el grupo acostumbrado había hecho seis
marinero de guardia, que se relevaba cada dos horas,
pero bien pronto, ante la seguridad de que no podía millas cuando vió el grupo de sus compañeros. Los
fugarse, se le vigiló menos y se acabó por dejarle en doce hombres que lo componían parecía que apresuraban el paso y se les veía correr con toda la velocidad plantígrados alcanzaron corriendo los costados del
libertad dentro del buque.
Entretanto se hacían en éste los últimos preparati- que les permitían sus piernas. No traían sino un tri- buque, se encontraron sólo con el armazón de hierro
vos, no sólo por la vuelta de la expedición del cabo neo y algunos perros, y fué evidente al cabo de un y sin ningún hombre ni perro que devorar, pues toWáshington, sino también para preparar la marcha. rato que aquellos hombres trataban de escapar á un dos estaban á bordo.
La temperatura, que era más templada¡ el deshielo, peligro inminente.
(Continuará)

justa, pero rigurosa, un medio á aquellos de que la
muerte se sirve para segar nuestras filas. No queráis
manchar de sangre vuestras manos, aunque sea por
un motivo justo. Sé que este hombre es un miserable que ha atentado contra la vida de cada uno de
nosotros y contra la de todos; que, por su crimen,
dos de nuestros valientes marineros yacen envueltos
en blanco sudario en las tierras polares, y que el jefe
de nuestra expedición, mi padre, ha sido víctima de

que había comenzado á trechos para interrumpirse
de nuevo; la persistencia de tempestades que venían
del Sud, todo anunciaba que la primavera sería muy
precoz.
Durante aquel tiempo Huberto d'Ermont, el señor
de Keralio, el doctor Servan, el teniente Hardy é Isabel ocupaban sus ocios en escribir la relación detall~da de aquel viaje sin precedentes y que importancia
tan grande tenía para los hombres de ciencia.

�710

NúMERO 618

. LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

plitud en el vuelo libre hasta lograr el vuelo horiISLAS QUE DESAPARECEN
zontal, siquiera por un tiempo dado aprovechando
MÁQUINAS PARA VOLAR
las buenas circunstancias del viento.
Durante los últimos doce años han desaparecido
La principal dificultad del vuelo del hombre ha de la superficie del mar, sin que de ellas quede el
( Co11d11sión)
sido y es el primer impulso del mismo y no la cues- menor vestigio, varias islas pequeñas bien conocidas
Las figuras 51 6 y 7 representan distintas fases del tión de fuerza para mover las alas.
de los marinos que hacen la navegación del Pacífico.
vuelo realizado con mi aparato. Mientras está uno en
Según juicio emitido por una de las primeras autoNadie puede explicar este fenómeno de otro moel aire va cambiando el centro de gravedad, con lo ridades en ciencias físicas y mecánicas, el desarrollo do que por la suposición de que por algunos puntos
de la técnica voladora se ha visto en el fondo del mar ha ido bajando con extraordinaria
su tiempo muy perjudicado. Partien- rapidez, aunque no con tanta violencia que la baja
do de falsas hipótesis y dando al tra- pudiera producir gran agitación en las aguas; pero
bajo de volar mucha más importan- lo cierto es que ya no existen muchos de los islotes
cia de la que en realidad tiene, díjo- más ó menos grande•s que desde hace muchos años
se que las mayores aves de rapiña estaban marcados en las cartas.
habían alcanzado el límite del vuelo,
Uno ó dos buques de guerra enviados á explorar
tanto más cuanto que esos animales, algunos de esos islotes han pasado días y semanas
como exclusivamente carnívoros, son buscándolos sin resultado alguno, por más cálculos
los que mayores aptitudes dinámicas que los oficiales hadan para cerciorarse de que no
poseen; y los que tal afirmaban aña- habían equivocado el rumbo.
dían que, puesto que el hombre pesa
En 1 890 el buque de guerra Egeria fué á visitar
mucho más que el condor, el vuelo unos arrecifes que se sabía existían en alta mar á poca
humano debía ser considerado como distancia de los archipiélagos de Samoa y Tonga, y
un imposible.
que desde hacía muchos años estaban marcados en
Hay que confesar que el tamaño las cartas hidrográficas, pues se trataba de explorarde los individuos que vuelan entraña los con objeto de señalarlos con más precisión. El
ciertas dificultades para el vuelo; pe- barco, después de buscar en vano dichos arrecifes,
ro estas dificultades no consisten en tuvo que volver al pqnto de partida.
el acto material de volar, puesto que
Hace varios meses se anunció la desaparición de
los voladores más corpulentos son una gran masa de tierra larga y estrecha, llamada
.
.
..
los que mejor vuelan en cuanto se
Fig. 5· Máquina para vob.r de Ot6n L1henlbal
encuentran en el aire libre. La difi- «Isla de la Expedición,» conocida de cuantos marinos han viajado por la costa Noroeste de Australia.
cultad para los voladores grandes es- Esta isla era tan grande, que si una convulsión recual se imprime al aparato la dirección que se quie- tá únicamente en el primer impulso. Sabido es que
re. El viento, éomo es natural, desempeña en esto un todas las aves de gran tamaño empiezan su vuelo pentina hubiera sido la causa de la sumersión, el
papel importante y sólo á fuerza de alguna práctica corriendo durante largo rato contra el viento y que fenómeno se habría conocido, porque á la hora de
se consigue calcular todas las contingencias de la co- algunas, como el albatros, no pueden echar á volar la ocurrencia se habrían agitado considerablemente
rriente de aire y gobernar con seguridad el aparato. en terreno llano, sino que para moverse libremente las aguas de todas las costas inmediatas.
Desde hace años, los buques pasaban cerca de esta
A consecuencia de las grandes desigualdaisla muy de tarde en tarde, y por eso la caudes que en su marcha presenta el viento y
sa de su desaparición sólo vino á notarse en
de la considerable tensión de las alas, sucede
r
los primeros meses del pasado año, cuando
á veces que una de éstas se levanta más que
un
buque que anduvo sondando el lugar en
la otra, como lo indica la fig. 8, en la que
que antes estaba la costa, no encontró fondo
el ala izquierda aparece más levantada que
hasta una profundidad de ochocientos pies.
la derecha: en este caso hay que estirar las
De ser ciertas las noticias que se recibierc;n
piernas hacia el lado izquierdo, con lo cual
del archipiélago malayo, el famoso volcán
se lleva á esta dirección el centro de graveAboe ha destruido por completo la isla de
dad, se aumenta el peso del ala izquierda y
Sanguir,
á que servía de corona.
se restablece de esta suerte el equilibrio. Para
En el mes de junio del año pasado, una
facilitar la colocación debida del aparato
de las explosiones del Aboe, que á intervalos
sirven las dos superficies que puestas en la
se llenaba de escombros, fué la causa de su
parte trasera hacen las veces de timón.
completa destrucción. El ruido producido
La fig. 9 demuestra con cuánta facilidad
por la erupción podía oirse con claridad á
puede cogerse el aparato: en éste no va el
una distancia de 500 millas.
hombre sujeto á la máquina y sin embargo la
Toda la parte occidental de la isla queseguridad es completa, pues se apoyan los
dó
enterrada bajo montones de lava; en la
brazos sobre dos almohadillas situadas en el
catástrofe perecieron más de 2,000 personas,
armazón y con las manos se empuña una bay las aguas del mar, en una distancia de varra transversal, quedando el resto del cuerrias millas á la redonda, quedaron cubiertas
po libre para ejecutar toda suerte de movicon una capa de lava.
Fig. 6. ll!áquina para volar de Ot6n Lilienthal
mientos.
No sabemos si las últimas noticias respecLos experimentos que actualmente estoy
to
á la suerte que corri6 la isla Sanguir son
haciendo los realizo en las colinas de Rhinower, en- en el aire han de lanzarse desde una peña ó desde
tre Rathenow y Neustad, cuya altura es de 80 metros. una eminencia cualquiera del terreno. Aquí .parece verídicas, pero los Anales de Geografla de París, una
Estas colinas incultas y que presentan en todas direc · ,que está el límite natural del tamaño de la fauna vo- de las publicaciones más fidedignas entre las que se
ocupan de asuntos geográficos, aseguran que las úlciones un declive de 10 á 15 grados son muy á pro· lante.
timas manifestaciones volcánicas han destruido la isla
pósito para verificar sin peligro pruebas desde granEl hombre puede, empero, montar estaciones des- por completo, a¡ que la de Sanguir ha desaparecido·
des alturas, y desde su cumbre he podido recorrer de las cuales le sea dado lanzarse
volando una distancia de 250 metros.
al espacio y poder mover libre•
Si estas colinas estuvieran en los alrededores de mente su aparato en el aire: par:!.
Berlín, de seguro que se establecería un nuevo sport, ello basta una colina cualquiera
pues de todos los sports hasta ahora conocidos nin- desde cuya cima pueda tomarse
guno produce un movimiento tan agradable como el en cualquiera dirección y sobre
de deslizarse suavemente y sin sacudida alguna por una superficie apropiada impulso
el aire, y aun creo que realizaría un buen negocio el contra el viento.
que montase una instalación en_las inmediaciones de
Quizás el presente trabajo conuna gran capital. Este sería el mejor medio para ha- tribuya á desvanecer anti guas
cer progresar el problema de la navegación aérea, pues preocupaciones y á conquistar
en poco tiempo se dedicarían á este ejercicio una por- nuevos adeptos á la importante
ción de jóvenes que llegarían á dominar el aparato y cuestión de la locomoción aérea á
procurarían, en competencia, hacer cada día nuevos voluntad.
esfuerzos que aumentando la distancia recorrida aporY aun cuando por de pronto el
tarían nuevos elementos para la solución de aquél: sport de cruzar libremente el aire
con ello se irían también perfeccionando los aparatos sólo fuese considerado como un
no solamente en su construcción, sino en los modos ejercicio corporal útil y como un de manejarlos. Lo sucedido con el sport velocipédico 'pasatiempo agradable y en este
permite suponer los resultados que en otro sport se concepto arraigara en las costumobtendrían: compárese lo que hacen los velocipedis- bres, siempre tendríamos que gratas de hoy con lo que algunos años atrás realizaban cias á él habríanse aumentado con
y se verá lo que puede esperarse para la navegación uno muy eficaz los medios hasta
Fig. 7. Máquina para volar de Ot6n Lilienthal
de esos estímulos y competencias.
hoy empleados para combatir
De generalizarse este sport, pronto á las sencillas ciertas enfermedades, sobre todo
velas se agregarían alas, pues una vez conseguida una aquellas que tienen su origen en la vida antihigiénica
Si esto es as{, parece indicar que la baja del fondo
gran destreza en descender por el aire desde grandes de las modernas ciudades.
del
mar, debida á las erupciones volcánicas continuas,
alturas es fácil mover con los pies ó por cualquier
fenómeno
que no es raro en tales casos, es el factor
ÜTÓN LILIENTHAL
medio mecánico unas alas debidamente conformade la desaparición de Sanguir, pues la isla no pudo
das, de modo que se consiga cada vez mayor am(Del Pro111ethew)
haber volado con la erupción, como lo hizo una gran

NúMERO 618

711

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

SECC I ÓN CIENTÍFICA

·--

-

..

Fig. 8. Máquina para volar de Ot6n Lilienthal

Fig. 9. Máquina para volar de Ot6n Lilienthal

parte de la Krakatoa, sin que se hubiera sabido muy ción de un vapor monstruo, que se llamará El Gipronto en millas de longitud en las costas inme- gante, por la compañía de navegación transatlánt\ca
diatas.
titulada White Star Line. Este Vapor tendrá 700 pies
de longitud, 6 sea tan largo ~~mo lo fué :1 in~til Leviatán, el Great Eastern, repitiéndose la h1stona, aunque en esta segunda edición _se harán l~s g~n~es reEL GIGANTE DEL OCÉANO
formas y mejoras que aconse1a la expenenc1a a costo
de aquel inmenso vapor que !enía muchos de.fe;tos de
Entre las empresas colosales de fin de siglo que se construcción que en El Gtgante se correg1ran. Por
llevan á cabo por las grandes naciones del mundo ejemplo, éste llevará máquinas de 45 . 000 caballos de
civilizado, está en proyecto actualmente la construc- fuerza, mientras que las del Great Eastern sólo te-

nfan 10.000, demasiado puntal y demasiado ancho;
mientras que E l Gigante, con poco m~ ó me~os las
mismas dimensiones, estarán éstas mas hábilmente
distribufdas con arreglo á los modelos más recientes
en el corte de los vapores modernos. En cuanto á su
andar se pretende que haga la travesía entre Nueva
York y Liverpool en cinco ó seis ?ías, ó se_a en la
mitad del tiempo que empleaba el pnmer Leviatán en
hacer la misma travesía; y podrá transportar, además
de la carga, de cuatro á cinco mil pasajeros en cada
viaje.

_....._
-

U IT U(TÉPdLIQUI -

LECHE ANTEFÉL
pm 1 ■ndall .., 1ru, 1111,a
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. . . . . .. •,W..el l!UiFOB. J&gt;v■•-·· t, ru♦ l,..J,•l\OUUMU.P..--

�LA

712

1

NúMERO

ILUSTRACI.ÓN 'ARTÍSTICA

618 '

que aun lloran y por mucho tiempo llorarán los amantes
de las letras patrias, escribió el laureado _poeta venezolano D. José Antonio _Calcaño u~ ~ell!s1moyoema en
que se cantan las glonas del gemp 1_n~1gne a ~uy~ memoria está consagrado. Esta compos1c1ón t~n msp1rada
como sentida y bien escrita revela el estudio que el señor Calcaño ha hecho de la obra de Zorrilla y la influencia que la poesía de éste ha ejercido s~bre el auto~: es
además valioso el poema del Sr. Calcano por constituir
un homenaje de América al P?eta español por excel~ncia. Homenaje á Zorrilla ha sido editado por el penódico El Cojo Jt11strado, de Caracas.

COMUNICADO
I

Sr. Director de LA ILUSTRACIÓN ARTlSTICA
Muy Sr. mio y de toda mi consideración: El articulo
publicado con la.firma del Sr. Balsa de la Vega sobre
la Exposición de Chicago y que apareció en el número
613 del periódico de su digno. dirección, me obliga á suplicarle ordene la inserción de las adjuntas líneas que
en contestación al referido es~rito creo necesarias por
ahora.
Seguro de que me complacerá, atendido lo justo de
mi petición, tengo el gusto de ofrecerme de usted affmo.
S. S. q. IJ. s. m.

• •*

JUAN ESPINA

D1scu RSO pronunciado en la sesión inaugural del
Congreso Literario Internacional por el Muy litre. s~ñor D. Manuel Henrich, alcalde de Barcelona, presidente honorario del Congreso, el 24 de septiembre_de
1893. - Bien merece calificarse de notable ~sa oración
con que inauguró sus tareas el Congreso recientemente
celebrado en esta ciudad por la A ssociation J11tematio1lale Artistique et Littéraire: á pesar de su corta extensión, que no podía ser mayor dado el carácte: de la misma y la ocasión en que se pronunciaba, descrfbense_ en
ella .á g~andes rasgos las glori~s de Barcelona, es~ecialmente·en·materias de legislación, y cuanto la capnal ele
Cataluña ha hecho y hace para fomentar el progreso
de nuestra patria.

Sr. D. Rafael Balsa ele la Vega
Muy Sr. mio y de toda mi consideración: A mi regre·
sode Chicago he leido el artículo que usted ha publica·
do en el número 613 de LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA
con motivo de lo que en la exposición verificada en
aquella ciudad haya podido suceder en los diversos trabajos á que se prt!sta este género de asuntos.
No me tomaré la molestia de contestará lo que usted
dice, porque nada hay más lejos de lo cierto en esta delicada cuestión. Unicamente diré que este asunto no es
de los que puedan tratarse á la ligera y por medio rle
preguntas y reticencias y mucho menos estampando,
como usted lo hace, en letras de molde nombre, propios de personas respetabilfsimas que se encuentran muy
lejos para poder defenderse.
Dejo, pues, integra á los señores aludidos la defensa,
é integra también la gloria del articulo á los que hayan
podido inspirárselo á usted.
Siga usted, pues, escribiendo largo, tendido y enérgico, que yo, mientras con mi honra no se relacione en Jo
más minimo ni aun siquiera por lo más remoto, he de
~uardar silencio por lo menos hasta que personas enteradas usen de la palabra que yo renuncio pot ahora.
Sin más por hoy queda de usted atento y S. S. q. b.
s. m.
J UAN ESPINA

•••
ELEMRNTS DE GRAMMAIRE FRANCAISE, DEUXIE·
ME couRs, por D. Cayeta110 Caste/lón. - Con este segundo curso queda terminada la obra del ilustrado catedrático del Instituto de Jerez, Sr. Castellón, de cuya
primera paite nos ocupamos oportunam~nte con el elogio que se merecía. Digno de iguales alabanzas es el
segundo curso últimamente publicado, pues en él se explica con claro método todo cuanto con la sintaxis y ortografia se relaciona, haciendo-de fácil comprensión para
los alumnos estas dos partes gramaticales que en todos
los idiomas o(recen grandes dificultades cuando no se
conoce una lengua como el Sr. Castell~n demuesti:a c~nocer la francesa. Cada lección va seguida de un e1erc1cio oral y al final del libro hay una lista de nombres que
cambian de significación cambiando de género, otra
&lt;le los nombres que tienen género distinto en castellano y francés, y un vocabulario. El libro, escrito todo
él en correcto francés y lujosamente encuadernado, se
\'ende á 7 pesetas ejemplar.

• •*
LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORl!S Ó EDITORES
H OMENAJE ,t ZORRILLA, por D. José A11to11io Calca,
flo. -A poco de ocurrida la muerte del inolvidable vate,

LA

CITA, cuadro de Horado Lengo

Las casas extranjeras que_deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTfSTICA di.ríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue Caumartin,
núm. 61, Paris.-Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Oalvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

·1

GRANO DE LINO TAR.IN
Farmacéutico, place des Petits-Peres, 9, PARIS
PREPARACION
BSPl!CIAL

para combatir
con ,xito

" •.

•

E:rijar,e /a8
cqjll8 de hoja de lata

•

Una cucharada
ESTRENIMIENTOS
•
por la manaoa
COLICOS
# y otra por la tarde
~•-·
•'&lt;" en la cuarta parte
IRRITACIONES
~.., ••
de un vaso
ENFERMEDADES En toda, de agua 6deleche
DEL HIGADO
/a1
Y DE LA VEJIGA farmacia,
LA CAJA : 1FR. 30

•

■ •t•t ■ t ■ t ■ •l~t•t ■ t ■ t ■ t ■ t ■ t ■ t ■ t•t•t•t•

Lu

Permu que contctn 1u

MEDICACION TÓNICA

PILDORASt~DEHlUT

PILDORAS vJARABE

DE PARIS

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el as«:41 ni el causancio, porque, contra lo que sucede c~n
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasfortificantes, cual el vino, el calt!,
el t6. Cada cual escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
se17un sus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamente anulado por el efecui de la
"buena alimentacion empleada,uno
se decide fácilmente á volver
á empe.rarcuantas veces
sea necesario.

DE

BLANCARD

'-',at.lADES dtJ E81o4t
~

i-+-'

~,,

Pepsina Boudault
jprüada por la AUDEIU DI IEDICIU

PREMIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1858
lftdallu en la1 hpollclonu lotanaeloa&amp;lu ••

PillS - LTOI - mu - PBIUDELPBU - P.'81S
1187

18'11

1873

1171

lffl

U IIIDUl a,R IL ■nn bJTO D

C.,.

DISPEPSIAS
OA8TltlT18 -OASTRALOÍAS

DIOHTIOJI LINTAS Y PIN08A8
PALTA DE APETITO

¡ ·•

1 OT'&amp;OI l»IIOI.DUH DI U DIIIITI-

BAJO LA. PORlfl DI

ELIXIR, · de PEPSIN.l IOUDAULT
VINO , • de PEPSINA IOUDAULT
POLVOS, de PEPSIN.I. IOUDAULT
P.&amp;BIS, Purma11t COLLAS, 1, rae Da1pm1
• ... 14, """c(pol#, ,.,_...,,

CARNE y QUINA

11 .Alimento mu reparador, llllido al Tónico mu ener¡ico.

VINO ARDUO CON QUINA
T CON TODOS LOS Pl\JNCIPIOS

CARNE

fflJTJI.ITIVOS SOLtfBLBS DB U

ClAL'H! Y QIJlll'.11 son los elementos que entran en la comll()S!clon de este potente
reparador de las tuerzas vitales, de este fonHle-te por eaeeleaeia. De un gusto su-

mamente agradable, es soberano contra la J.nemta y el J.f)OC(Jmtento, en las Calffltura,
y Convalecencttu1 contra las marrea, y las J.feceú&gt;nes del B1tomauo y los fntemno,.
Cuando se trata de despertar el apetito, asegurar la11 dlgesUones, reparar las tuerzas,
ffll'iquecer la sangre, entonar el organismo y precaver la anemia y las epidemias provoca&amp;&amp; por los calores, no se conoce nada superior al 't'iao de guina de .,1ro11d.
,P(Yf ffl4,V01'. en Paris, en casa de J. FERRt:, Farmaceutico, 10!,.rue Richelieu. Saceaor de.Al\OUD.
8B VBNDB BN TODAS LAS Pllll1CJPA.LKS BOTl&lt;ll&amp;

·

EXIJASE e1i!ºt~ 1 ARDUO

,Querido enfermo. -Frese 'fd. A mi /arfa experlenof1,
Y hlfa u10 de nuestros GRANOS de SALUD. pue, ellll!
le ourarin de 10 eon1t1oaolbn, le dar4n •"9tito , •
dtrol'Or•n el ,ueño y la afefr/1. - A11 rtriri Vd•
muoho, año,, rr,,rrucando 111m¡¡re d1 una buena 1a/ud.

VELO U TI NE FAY 'ºLmp!A.~RSfm!~~R•
Ch. l'ay,
El mejor y mas célebre _polvo de tocador

por

perfumista

9, Ruede la Paa, PARIS

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
lMP, DB MONTAN&amp;R

Y

SIMÓN

�</text>
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