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Ftí~t1ea
A:Ro XII

BARCELONA 6 DE NOVIEMBRE DE 1893

NÚM. 619

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

!.,OS NOVIOS POR LA GATERA, dibujo de J . García Ramos

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Texto. - Verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. El convite de D. Celestino, por Luís Taboada. - Francisco Sck1Jbert, compositor awtriaco, por Juan Fastenrath. - La
tierra de los gitanos, por Isabel Robíns Pennell. - Misceláuea. - Nuestros grabados. - Una francesa m el polo Norte
(conclusíén). - SECCIÓN CIENTJFJCA. - Nuevo sistema parn
prevenir las colisiones de trenes .fSistema Pellat. - E111igracio11es de peces.

Grabados. - Los novios por la gatera, dibujo de J. García
Ramos. - A lollSo Berruguete, Cristóbal Colón, estatuas de
José Alcoverro. - Dos dibujos referentes á la Exposición de
Ckicago. - Siete grabados que ilustran el artículo La tierra
de los gitanos. - Gitana granadina, dibujo de Isidoro Marín.
- Un novillero desdichado, dibujo de Carlos Arregui. -Don
Juan Carda llfarga/lo, general de brigada, muerto en el
campo de l\Ielilla en 28 de octubre ~!timo. -Figuras 1, 2,
y 3- Aparato registrador de la marcha de los trenes, sistema
Pellat. - Granada. Vendedores de carbón, dibujo de Isidoro
Marín.
·

VERDADES Y MENTIRAS
Hablemos de arte, aun cuando los momentos actuales no sean propicios á esta conversación.
Hablemos de arte, pero no de arte realizado con
el pincel 6 el cincel, en el libro, ó con el compás.
Hablemos de ese arte cuyos motivos dramáticos
todavía no han conmovido á nuestros artistas, y que
tanto valor ético y estético tienen; hablemos de esa
gran tragedia cuyo prólogo se ha puesto ya en escena
en Melilla.
El pintor, como el escritor, son los artistas que están en condiciones superiores sobre los demás, dados los medios de expresión de que disponen, para
lo"rar por entero con la obra de carácter militar uno
d; los fines del arte. El literato puede arrancar lágrimas 6 exclamaciones de entusiasmo describiendo
el héroe, la heroicidad, el conjunto. El pintor puede
llevar al espectador hasta obsesionarle de tal modo,
que éste se crea en mitad del campo de batalla.
Desde el punto de vista ético, es inmensa la. i~_portancia de la obra de arte de este género. A la vmhdad
que despierta el heroísmo co)e~tivo? in?ividual; á la
influencia que ejerce en el animo, inclinándole á la
piedad, el relato 6 la represe~tación plástica de un
episodio sangriento; á la emoción profunda que producen en un pueblo las vicisitudes de una g~erra,
debe unirse ese espíritu de a\truísmo que se cierne,
aun en medio de los apasionamientos despertados
por la lucha sobre la humanidad culta. Y en la obra
de arte en ~l cuadro que representa uno cualquiera
tle esos' momentos sublimes y dramáticos á un tiempo,
se advierten todos esos sentimientos de admiración del
valor, de piedad, de entusiasmo,. de odio,. de amor á
los suyos, producie_ndo_ este conJunto ~e ideas y se~rnciones, por el artista impresas en el lienzo, ademas
de la emoción estética en grado máximo, un efecto
moral de grandeza inconmensurable, aun en aquellas
inteligencias que menos preparadas se ?allen para
percibir el valor del concepto de una entidad moral.
No lo dudemos, la pintura del género llamado militar, muy especialmente la que rep~esenta episo,dios
de guerra, tiene ~n poder de ob_sesión superior a casi todos los &lt;lemas géneros de pintura.
Y si dejando á un lado su importancia ética, miramos la pintura de episodios guerreros desde el punto
de vista de la belleza plástica, es indudable que ésta
se produce con majestad avasalladora. ~igurémonos
un campo de batalla en ~\ momento mismo en gu~
los dos ejércitos que Ta nñen se encuentran dec1d1dos á vencer. Allá, una masa de caballería que avanza sobre el llano, en rápida carrera, sable en alto y
que como violenta ráfaga de huracán invade todo
hasta tropezar con las puntas de las bayonetas de los
infantes enemigos, que en compactos cuadros, una
rodilla en tierra, ven teñirse de sangre la triaungular
hoja de acero al hundirse en el pecho del caballo detenido así en su vertiginoso _galopar. Mas allá, mezclados hombres y caballos, se agitan entre nubes de
humo y polvo. En lo alto de la loma, l!i trinchera 6
el reducto vomitando llamaradas, de cuyo seno parte
la metralla que abre claros enormes en la compacta
columna de los regimientos que á la carrera suben
el repecho. Aquí, el ayudante de órdenes tendido sobre el cuello de su caballo que vuela más que corre.
Allí, la batería que se atasca y los artilleros que empujan unos las ruedas, otros que descargan sobre los
lomos de los mulos sendos latigazos. Ya es el jinete
que abre de pronto los brazos soltando las bridas y
el punzante sable 6 la tercerola, y cae rodando de la

silla, mientras la cabalgadura, loca de espanto, desbocada, se interna en la campaña; ya es un puñado de
hombres quienes saltando por los cuerpos de sus
compañeros, desgarradas lai¡ ropas, ensangrentados,
la faz descompuesta, los ojos saliéndoseles de las órbitas, huyen despavoridos á campo traviesa. Todos estos episodios, todos estos tipos, todos esos sentimientos expresados, ya colectiva, bien individualmente, tienen sobrada importancia como hechos y como revelación de estados pasionales y patológicos que solamente se advierten en el caso concreto de una guerra.
Precisamente en estos momentos estoy recordando
la impresión estética que me produjeron dos cuadros
de asuntos militares, Saludo á los !zendos, de Cossaks,
y R ecuerdos de mi niiiez, de Neuville.
¡Oh! ¿Cómo no ha de producir emoción inmensa el
cuadro de Cossaks, Recuerdos de mi niüez, si reune,
á las bellezas de una plástica admirable, las de una
escena dramática en alto grado, cuya contemplación evoca al par de recuerdos de los infortu_n)os sin
igual de un pueblo despedazado por la amb1c16n d~
tres potencias, cobardes para ser grandes, un sentimiento infinito de piedad? ¿Quién no siente, frente á
ese cuadro y más siendo latino, como la vergüenza
de no haber podido evitar la espantosa catástrofe de
Polonia nosotros, los pueblos que ~n el Mediodía de
Europa' habíamos ejercido tanta influencia intelectual en el resto del mundo civilizado? ¿Quién no siente el vértigo del terror, viendo cómo aquella abalancha de cosacos, látigo y sable en mano, recorre las calles de la capital de Polonia, cargando sobre el ~ueblo indefenso? ¿Quién no se conmueve ante la vista
de aquella jovencit_a de singu!ar belleza, que ?~ye
despavorida defendiendo el delicado rostro del lat1go
del cosaco 6 ante el rasgo de valor de aquel caballero que se l~nza entre los cascos de los caballos á salvar á una niña que ha caído arrollada por los que huyen? En Saludo á los heridos, de Neuville, la emoción es
de otro grado, y si menos dramática que la que produce el cuadro de Cossaks, más consoladora á pesar
del motivo que inspiró al célebre pintor francés su
obra. Allí están los vencedores á caballo, no arrogantes, no con el empaque y a_ltivez del guerrero,
sino con la nobleza y la compasión y el respeto que
para los fuertes de espíritu tiene la desgracia.. Los
heridos y prisioneros al propio tiempo, vienen en pelotón, rotos, demacrados, apretando todavía los dientes con rabia, no humillados, y pasan por delante de
los vencedores que en fila, el kepis en la mano el general, y la plana mayor levantando la mano derecha
hasta la altura de la frente, hacen el saludo de ordenanza. El valor, el amor de la patria, el respeto mutuo que ha impuesto un alto sentimiento de humanidad, ese altruísmo que, producto de la especulación
ética de la moderna cultura, está en nosotros, los hijos de este siglo, modificando nuestro modo de ser
social, todo esto se advierte en este cuadro como componente estético, avalorado por la belleza plástica.
Y esta belleza, que es grande en la pintura militar,
donde el tipo, la arrogancia, la expresión, el color,
las agrupaciones, todo es de suyo eminentemente plástico, lo es mucho más por la condición dramática, determinada, perfectamente definida de los motivos.
Pero nuestros artistas todavía no han sentido esa
necesidad de vigorizar, de robustecer el espíritu con
la vista de esas grandes exaltaciones de un sentimiento inmaculado, y el lápiz trazando esas escenas llenas de virilidad, de color, de luz. La campaña del
Rif se presta como ninguna otra para que el colorista, para que el pintor que busca la representación
de pasiones y afectos claramente expresados en el
rostro y en el movimiento general, le gros motive, á
que somos tan aficionados los españoles, haga de
Melilla, y quizás de Marruecos, muy pronto, escuela
y estudio de un género aquí no cultivado. Yo quisiera que este género implantase en España. Y lo quisiera porque donde hay virilidades y entusiasmos y
energías, siquiera sean belicosas, hay también üda
espiritual, cultura, y la lucha por la existencia puede
realizarse en condiciones que aseguren el éxito.
Pero esta indiferencia del artista español (no como
español, entendámonos) esta indiferencia, digo, del artista español ante cuadros y asuntos tan llenos de vida,
tan pasionales, tan hondamente filosóficos, que tanta influencia podrían ejercer en pro del movimiento
artístico de España, puesto que, además de abrir un
nuevo camino en el arte patrio, mejor dicho, de ampliar su campo, podrían quizás ser un motivo de educación artística, por cuanto por razón de los asuntos,
apropiados al carácter meridional impresionable de
nuestro pueblo; creo que serían entendidos y apreciados; esta indiferencia, repito, pone de relieve una
verdad dicha por mí hace años en periódicos y revistas
y que no por amarga es menos cierta. Nuestros pintores, con condiciones naturales para el manejo de la
paleta, para el dominio de la parte técnica de la pin-

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tura como no tienen ni los mismos pintores italianos,' carer;:en de personalid~d p_ropia ni saliente ni de
ninguna especie, salvo media docena de maestros que
viven fuera de España y que alcanzaron aquella épo- 1
ca en que la independencia p!ctórica de 1~ escuela
española la defendían Rosales, Fort~ny, Domingo, et~.
Hoy hemos vuelto á los años aquellos en que se libraban batallas entre románticos y clásicos, por que
en Francia lidiaban los Ingres y los Delacroix, no
ciertamente porque aquí nuestros artistas hubiesen
alcanzado esos exquisitismos estéticos y plásticos, además de los 'filosóficos que en la nación vecina obligaban á luchar. Hoy, como entonces, las teorías de
la estética moderna, las tendencias de las filosofías
místicas, como las de escuelas socialistas, como
las doctrinas del naturalismo literario y las del materialismo científico, no penetran en los talleres de
nuestros pintores) estatuarios. Hoy, como enton~es,
si algún movimiento, como, por ejemplo, el bu~ól;co,
se advierte en nuestro arte y alguna tendencia a lo
místico le halaga, es pura y simplemente porque la
mancha, la silueta, el compuesto, los tipos 6 accesorios
se prestan á los alardes de la paleta, y al propio tiempo no exigen gran dominio de la línea 6 de la forma.
Hoy, como entonces, el artista español no se ha detenido á pensar, ni durante un cuarto de hora, el
porqué de esas evoluciones estéticas, el porqué de
esas tendencias nuevas de las escuelas artísticas. Carece de iniciativa propia; por eso no va á Melilla ni
uno solo. Por eso el arte de la pintura militar, que
requiere gran cantidad de sentimiento, de energías
espirituales, de carácter, en fin; que requiere ser sentido en grado máximo por cuanto ha de ser personalísimo, puesto que de otro modo es vulgar, y tan insoportable como el género flamenco de aquí, no tiene
en España representación alguna, excepción hecha de
dos pintores.
Para el cuadro histórico tan cultivado entre nosotros, basta una página de Mariana ó de Lafuente, de
Thierry 6 de Winkelman, de Lasrrant 6 de Macaulay, y los colores de la indumentaria; para la de género, un mantón de Manila y una guitarra; para la de
costumbres, dos vestidos de faya y un sombrero de
paja de señora; pero para la pintura militar hay que
tener fusiles y cañones y caballos, y sobre todo haber vivido en campaña 6 en el cuartel. Es decir, hay
que trabajar, no solamente con el lápiz, sino con el
alma y aspirar aquel ambiente ...
Bien sabe Dios cuánto deploro los grandes terremotos sociales, que sumen en la miseria, en el dolor,
en el seno de la muerte, cientos y cientos de familias;
bien sabe Dios cuán aficionado he sido y sigo siendo
al arte que tiene la Naturaleza por maestra é inspiradora; bien saben las gentes cuánto me extasío admirando la producción artística que evoca dulces y hondos pensamientos, ideas templadas y elevadas, que
provoca á la meditación, que me envuelve en suave
manto de melancolía; pero no por eso dejo de creer necesidad imperiosa el despertar de energías, de ideales
que borran 6 tratan de borrar los egoísmos groseros
de un humanitarismo inconcebible, y de esta creencia mía nace la convicción, por otra parte certificada
con la realidad de los hechos, de que la pintura del
género militar tiene una importancia enorme, no tan
sólo por su belleza propia, sino también porque al
existir, allí donde se produce se advierte un ambiente de actividad, de cultura y de energías que son precisas para que los pueblos hoy puedan vivir la vida
moderna.

R.

BALSA DE LA V EGA

.• ,,.,,.,,,.,,.....,1·•··•·1•,, .. ,1.,,••,,.,,.,,,.,•••.•• ,,.,.••, •.•..•• ,.• ,.,,,.,,•••, .•..••,., •. ,...,,......,••.•. ,,.,... ,1-,,•···

EL CONVITE DE D. CELESTINO
Hombre más cariñoso que D. Celestino no le hay
en el mundo. A mí me quiere de un modo extraordinario, y siempre que me ve, lo primero que hace es
tenderme los brazos y estrecharme contra su corazón.
Su señora es también muy amable y expresiva,
porque dice que ella quiere á los amigos de su marido como á cosa propia y que su casa está siempre á
mi disposición.
He oído decir que D. Celestino ha hecho su fortuna prestando al 36 por r oo; pero á mí no me consta, y sobre todo, conmigo se manifiesta siempre espontáneo y jovial. Ahora se empeña en que yo pase
el verano en su pueblo, donde tiene una casa de campo preciosa, según dice.
- Sí, hombre, véngase usted con nosotros á Villamendrugo. Ya Yerá usted qué país aquél tan delicioso. Por dondequiera que dirija usted la mirada, no
verá más que verde.
- Yo he pensado ir á Portugal, le contesto.
- Portugal, Portugal. Ya quisiera Portugal tener
las truchas de Villamendrugo. ¡Qué truchas! ¿Pues y

LA

NúMERO 619

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

A tanto insistir, me decido por veranear en _Yillam~ndrugo co~i?~ªdm\ ge!lte_
_ Sí voy diciendo por el camino en dirección á nu casa. Eser! ir eJ 1acief
do el c'ontrato. Así como así, D. Celestino m~ as;~ura que en Villa_men rugo d~
pasaré perfectamente... ¡Qué matrimonio tan s1mpat1co! ¡Y qué empeno ~J suy~o
que vaya á parar á su casa! ¡Pocos amigos habrá como éstos! N~nca ~rei que ón n
Celestino me tuviese tanta simpatía, pero se conoce que me quiere e coraz ...
Nada, nada; desisto de mi viaje á P?rtuga~.
.
, · f; milia Esta se
En esto lle 0 á mi casa, donde comunico la reso1uc16n a mi a. , ·
.
sorprende y p~otesta, porque ya lo tiene todo preparado para el viaJe al vecmo
rei¡~tes de convencer á mi esposa, ten&amp;o ne~esid~d de librar una batalla,
_ Sabe Dio~ cómo será ese pueblo, dice m1 muJer.
b
_ Precioso. D. Celestino me asegura que lo pasarem_os perfectamente. Y so re
todo hazte cargo de que nos vamos á ahorrar mucho dmero.
.
E~ esto los niños empiezan á llorar porque creen que ~ei:nos renunc1~dt t~l
viaje. Yo procuro convencerles, pero c~mo ?º se callan me 1rnto_y l~s peg
•
dos uno por uno y correlativamente. M1 muJer me lla~a. verdugo, mi_suegra, 9ue
es ~na especie de hiena macho, _viene hacia mí esgnm1endo los punos Y qmere
pegarme. Yo me hago fuerte y gnto:
y
- Es inútil la oposición. Iremos á Villamendrugo de grado 6 por fuerza. b 0 no
desairo á D. Celestino por nada de este mundo. ¡No faltaba m~s! Un ho_~ re como él, que nos abre su €asa y nos ofrece manutención, comodidad y carmo acendnii·sin reservas mentales y miradas iracu~das, de mi ~uegra, convenim~s. to~o~
al fin en que hay que cambiar de ruta y escn bo a un am1~0 de P~rtugal d1cién o
le ue disponga de la casa. El amigo conte~ta muy_ ofe!1d1do echa~~ome en cara
mi~alta de formalidad y exigiéndome una mdemmzación en metal_1co porq~e el
dueño de la finca asegura que ha perdido, por
~ausa, o~ro alquiler _ventaJ0S~.
Tengo que calmar la justa indignación de mi amigo enviándole el dmero Y pidiéndole perdón por añadidura.
.
f·
_ ¡Bah!, me digo á solas. D~ tod~s.suertes el veraneo ~e va á sahr por una nolera. D. Celestino pone á mi d1spos1ci6n su casa y su cocma. •• ,
.
_ No esperamos más que la resolución ele ustedes para echar a andar, me dice
D. Celestino al día siguiente.

:ni

ALONSO BERRUGUl!.TE, estatua de José Alcoverro

los tomates? ¿Y el queso? ¿Y las judías blancas? Aquello es manteca
pura.
.
- Sí, añade la señora, lo que debe usted hacer es venirse con nosotros á Villamendrugo. ¡Si viera usted qué casa tenemos!
- Sería abusar...
- ¡Qué disparate! Nos ha~fa usted u~ fa~or inmenso. Ya sabe usted
cómo es Celestino; en tomandole afic16~ a una persona, no ~escansa
si no la tiene siempre á su lado. Es lo único que nos fal_ta_ en V11lam~ndrugo: un amigo de verdad, con quien jugar una part1~1ta de tresillo
y echar un párrafo; porque allí la gente es un poco ansca. _Ya u~t~d
á saludar á uno, y le suelta una coz. El ~ño pasado nos pusimos a JU·
gar al tute con el secre_tario del ~yu~tam1ento, y só}o porque le gan~mos tres reales y med10 nos quiso tirar las fichas a la cara ... CelestI.no, enséñale la pantorrilla á este caballero.
- ¿Para qué?, pregunto yo alar~ad?·
.
_
- Para que le vea usted una c1ca_tnz que tiene, contesta la senara.
Se la hizo el teniente akalde de Villamendrugo, con el lacón de la
bota, al ver que Celestino le había retirado el salud_o.
. .
D. Celestino se remangó el pa_ntalón para ens~narme la c1catnz y
pude convencerme de que el teniente alcalde deb1a de ser un solemM ~~

.

- Conque ¿contamos co~ ~s~ed?, me dice D. Celestino.
- Ya tengo dispuesto mi v1aJe á Po~tugal, le con_testo.
- Pues aprovecha usted los prep¡irativos para venirse con nosotros.
- Pei'o,..
d
í ·¡·
_ Nada nada· usted se viene á Villamendrugo con to a su ami 1a.
- Va u~ted á'ver la casa que tenemos. Es lindísima, dice la esposa
de D. Celestino.
_ El caso es que ya he escrito á Portugal y me han tomado caso,
replico yo.
.
_ Pues vuelve usted á escribi&lt;:diciendo que se la alquilen á otro.
No ha de faltar quien la tome.

CRISTÓBAL COLÓN, estatua de José Alcoverro

�716

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

619

-¿Cómo?
- ¡Y qué alcachofas!
cincuenta años, dice en sus memorias respecto á
- Quiero que hagamos el viaje juntos. Por consiSchúbert: «Su condición era verdaderamente abru- Estoy deseando conocerle, dije yo.
guiente, usted dirá cuándo nos ponemos en camino.
- Le gustará á usted mucho, aseguró la esposa de madora.No encontraba ningún editor que se hubiese
atrevido á ofrecerle la suma más pequeña por sus her- Mi señora tiene todavía que terminar algunos D. Celestino.
detalles, contesto.
- ¿En Villamendrugo hay mar?, preguntó uno de m9sas creaciones. El que fué tan rico en melodías no
tenía bastante dinero para alquilar un piano. Pero las
- Pues dígale usted que los aligere todo lo posible, mis niños.
porque el día 6 hay fiesta en Villamendrugo y sería
- No; pero tenemos una charca muy hermosa, con- dificultades de su condición no disminuyeron su
amor á la música. Debía de cantar, pues el canto era
una lástima que no la viéramos.
testó D. Celestino.
- Nada, nada; diré á mi mujer que arregle las co- Ya verán ustedes qué casa tenemos, dijo la es- su vida. Fué siempre alegre, y por espacio de muchos
años fué el huésped de su antiguo amigo en la común
posa. Es un palacio.
sas lo antes posible.
cena alegre que se prolongaba con frecuencia más allá
- Es lo mejor. Ya verá usted, ya verá usted qué
- ¡Ay, qué gusto!, gritó mi niño el menor.
verano vamos á pasar.
- Y van á estar ustedes muy bien, siguió dicien- de media noche. A veces pasaba la noche en mi
- Lo único que sentiré será que los niños les oca- do la esposa de D. Celestino. Hay una fonda muy cuarto durmiendo siempre bien y teniendo las gafas
sobre sus ojos hasta en su sueño. Al día siguiente,
buena ...
sionen alguna molestia.
- ¿A nosotros? ¿Por qué?
Mi mujer, mi suegra y yo nos miramos con asombro. apenas había vestido su ropa de levantar, componía
- Sí, dijo D. Celestino. Lo más que les costará á las canciones más bellas.»
- ¡Como ustedes no han tenido nunca familia!
En cuanto á su aspecto, su amigo el pintor Mau- Está usted muy equivocado, dice la señora,de ustedes el pupilaje serán unas tres ó cuatro pesetas
ricio Schwind decía de él que semejaba un cochero
D. Celestino. Yo tuve un niño que se nos crió muy por persona.
corpulento. No importa; mientras siguiendo á los imhermoso; pero una noche lo dejamos al sereno, por
- (¡¡ !!)
LUIS TABOADA
pulsos de su genio componía sus melodías que broun olvido, y á la mañana siguiente nos lo encontrataron de una siembra de lágrimas, era ardiente y se
mos tieso encima de una cesta.
(Prohibida la reproducción.)
- ¡Pobrecito!
&lt;t,•,,,.,,.,,,.,,.,., ••,......,.,,•.,,.............,••,•••,.,,.,, .. ,1.,,..,,•••••,1.,,.,,,.,,............,,.,,,.,,.•,,••••••,.,1.,,. parecía á una sonámbula.
Llamaremos el saludo de un genio á otro estas fra- ¡Ay! No puede usted figurarse el disgusto que
ses de Roberto Schumann: «Si la fecundidad es la ·
yo tuve. Después nos nació otro, pero cuando iba á
FRANCISCO SCHUBERT
señal más característica del genio, Francisco Scluíbert
cumplir ocho días se nos volvió loco.
CO~IPOSITOR AUSTRIACO
figura entre los más grandes. Había un tiempo en que
- ¡Qué cosa tan rara!
- Había usted de verle llevándose las manitas á
Ningún gran poeta se ha sumergido tanto en los yo no quería hablar de Schúéert, no atreviéndome á
la cabeza y dando chillidos como un ratón. ¡Dios nos misterios de la música como el austriaco Grillpárzer, contar de él sino por la noche á los á rboles y á las
hizo mil favores con llevárselo!
el amante de la soledad y de la severidad, que bus- estrellas. ¿Quién no se extasía? Encantado de ese nue- Pues los míos son bastante traviesos.
caba en los sonidos el olvido de la miseria humana. vo ingenio cuya riqueza me parecía ilimitada, sordo
- ¿Y eso qué importa? En Villamendrugo tienen Ha puesto en música hasta una canción de Reine, la respecto á todo lo que podría hablar contra él, no penbastante campo donde correr.
que empieza: Du scluenes Fischermcedclien (Graciosa saba sino en él. Schúbert será siempre el favorito de
Cuando dije á mi esposa que era preciso activar pescadorcilla). El, cuyos versos no tienen la sonori- la juventud: tiene lo que ésta quiere, un corazón
los preparativos del viaje, comenzó á gruñir.
dad de las canciones de Goethe ni de las de R eine, abundante, pensamientos atrevidos; le cuenta histo- ¿Cómo quieres que acabe en pocos días todo lo en las cuales asoma ya el botón de la melodía, cele- rias románticas de caballeros, niñas y aventuras; tiene
que tengo que hacer?, me dijo furiosa.
braba la música como la más libre de las artes, como también chiste y humor, pero no demasiado para
- Pues toma una costurera, para que te ayude.
la que habla un lenguaje no comprendido por los perjudicar al temple fundame ntal, á la disposición
Vino, en efecto, la costurera, y entre ella, mi mujer esbirros, como al querube que no pueden prender los blanda. Da alas á la fantasía del que toca ó canta sus
composiciones. Comparado con Beethoven es un niño
y mi mamá política dejaron las cosas arregladas en guardias.
cuatro ó cinco días. •
En los bosques de Viena recogió Grillpárzer sus que juega entre gigantes. Pero comparado con los
- ¡Ea! Ya nos podemos marchar cuando quieras, pensamientos y Schúbert sus melodías en que resuena demás es el músico más atrevido y más independienme dijo mi esposa.
todo lo profundo que conmueve el ánimo de un vie- te. Tiene sonidos para los sentimientos más finos. Su
Fuí á verá D. Celestino, á quien encontré en la ca- nés, el calor y el gracejo de su sentimiento, su ligereza música es tan variada como las aspiraciones humama, con un pañuelo atado á la cabeza y otro sujetán- y su alegría. Sclníbert idealizó el sentir de su ciudad nas. Cuanto mira con los ojos y toca con la mano, lo
dole la nariz.
natal haciéndolo el bien común del pueblo alemán y convierte en música; de piedras que arroja, como
- ¿Qué es esto?, pregunté sorprendido.
un tesoro del mundo. El es el Cid de la música, pues Deucalión y Pyrrha, brotan figuras humanas. Era el
- ¿No sabe usted lo que le ha pasado?, exclamó cuando muerto celebraba sus mayores triunfos, cre- más egregio después de Beethoven. La bondad de sus
su esposa. Pues que anoche se cayó de la cama y ciendo su grandeza de año en año. Parecía que soñaba obras puede consolarnos de la muerte prematura de
rompió con la cabeza el vaso de noche. ¡Si viera us- y que se le escuchaba hablar en sus sueños. Cada ese primogénito de Beethoven. Ha alcanzado más
ted cómo tiene la nariz! Parece un repollo.
año salieron de su tumba voces dulcísimas hablán- que nadie en tiempo tan breve. Con faz serena pudo
- ¡Qué desgracia!
donos de obras desconocidas del maestro vienés, cu- arrostrar la muerte, y si en su tumba se lee que se
- Mucha, dijo D. Celestino con voz doliente. Hoy yos sonoros labios, cuando aún vivía, habían buscado enterraba con él «una posesión hermosa, pero aún
han tenido que darme el chocolate con una caña, por- en vano oídos abiertos. En frente del sordo titán que más hermosas esperanzas,&gt;&gt; nosotros no queremos penque tengo toda la boca dolorida.
se llamaba Beethoven era Schúbert casi un mudo, cu- sar agradecidos sino en aquélla. Hizo bastante, y ha
- ¿De suerte que ya no nos podemos marchar?
briendo aquél con su voz poderosa el son más suave de ser celebrado quien cumplió tanto.»
- Sabe Dios cuándo estaré en disposición de po- de éste, que de Beethoven había recibido el nombre
La claridad cristalina de sus composiciones nos
nerme en camino.
y santo de su creación, pareciéndose al joven pájaro recuerda la quietud serena de los antiguos, pero su
Y pasaron ocho días, durante los cuales mi mujer que, sintiéndose como asombrado por el don de can- esencia y su carácter hacen de él un genuino romány mi suegra me armaban un escándalo diario.
tar que despertóse en él, ensaya quedo su canción tico que con mano segura dominaba toda la escala
- ¿Y para esto hemos estado dándole á la aguja hasta que con la costumbre de escuchar crezca su de los sentimientos desde la sonrisa de la alegría hasuna semana entera?, gritaba la madre de mis hijos. aliento y su esfuerzo de trinar. Una composición de ta la explos~n de la desesperación. Su esfera era la
¡Ay qué maldito viaje!
Beethoven hizo época en la carrera artística de Schú- canción artí~a, que comparada con la canción po- Yo no tengo la culpa.
bert. Al escuchar el ciclo de canciones titulado: A la pular, esa se~lla flor silvestre que nos saluda en
- Tú y nadie más que tú, gritaba mi suegra. Aho- · amiga leJana, que salió en 1816 y en el que se des- medio de hier~ olorosas al borde de una fuente ó
ra te ha dado por D. Celestino y en lo que menos plegó una armonía riquísima y hasta entonces desco- á la sombra de á1f¡iles seculares, y que encontramos
piensas es en tu familia. ¡Quiera Dios que este viaje nocida en la canción alemana, se inspiró en aquel en todos los pue~ sobre todo en la nación alemano nos salga caro!
nuevo principio lírico, cuyo centro no es la figuración na, en la italiana y en la española, es la magnífica
- Pero, señora, ¿no comprende usted que hay co- plástica, sino el temple que producía efectos nuevos centifolia ó la camelia que nos encanta en el jardín ó
sas en la vida de las que no podemos prescindir? é inesperados. Así la musa de Schiíbert debió sus cual ramillete aromático en los cabellos de hermosa
D. Celestino se empeña en llevarnos á su casa, y le- creaciones más bellas al genio de Beethoven. Pero mujer.
jos de incomodarnos con él, debemos estar muy agra- éste, que en sus obras dejaba enigmas á la humanidad
Entre sus cien canciones mencionaremos su pridecidos.
que no podía resolver sino el amor y la constancia mera, la que nació en 1815 como fruto delicioso de
- ¡Quiéralo Dios!
de los oyentes, cubrió con su sombra profunda la una sola tarde, esa canción de las canciones, el ErlPor fin D. Celestino se vió libre de inflamaciones figura del joven, y sólo cuando había una pausa en krxnig (rey de los alnos), que estribando en la poesía
y emplastos.
la composición musical después de la muerte de Men- de Goethe contiene los efectos todos de fuerza dra- Conque, ya lo sabe usted, me dijo, mañana sa- delssohn y de Schumann, resonaba más clara la voz mática y de colorido animadísimo que la música polimos para Villamendrugo. Puede usted decirlo en su de Schúbert, así como el ruiseñor que casi olvidaban dría producir en la forma reducida de una canción.
casa.
en medio del bullicio del día levanta su dulce y ar- ¿Quién lo imaginaría? Sólo poco antes de morir sa- Estoy deseando encontrarme allí, añadió la es- monioso canto cuando los otros pájaros ya enmude- boreó Goethe, gracias al arte incomparable de la ilusposa. Ya verá usted qué casa tenemos.
cieron. Y en el autor de canciones incomparables, tre cantante Guillerrl'\ii:ia Schroder-Devrient, las beY llegó el instante supremo de encajonarnos en el cuya juventud caía en la edad de oro de nuestra mú- llezas del Erlkamig de Schúbert. Lo mismo que Goetren.
sica clásica, se conoció un artista que había cultivado the se interesó Beethoven sólo en sus postrimerías
La esposa de D. Celestino y la mía se abrazaron todos los géneros del arte y que, si no tenía la univer- por las composicionefdel modesto músico, exclamanen la estación como si se hubieran criado juntas. Mi salidad de los pensamientos ni la lógica del desarro- do ante esos saludos de la naturaleza, ante esas cansuegra apeló al recurso _de la sonrisa para disimular llo de Beethoven, ostenta en cambio en su .círculo ciones que nos trasladan á la fuente cristalina de los
la fiereza de su carácter, y ambas familias nos instala- más estrecho un juego de colores y de matices infini- bosques: «¡Hay en Sch,íbert una centella divina!))
mos en un coche de primera.
tos, siendo su música el eco que devolvió más herEl mismo Schúbert no recordaba todas sus canEl tren comenzó á rodar, y D. Celestino, colocan- mosas las voces alegres de Viena y las bocinas de su ciones. Cuando un día le presentaron una de éstas
do ambas manos sobre mis rodillas, me dijo cariño- bosque.
pareciéndose á las florecillas que forman el aliento
iamente:
La vida de Sch1íbert Franzl - como lo apellidaban perfumado de las primaveras, preguntó: Schaut's, des
- Vaya, vaya; al fin he realizado mi deseo de lle- sus paisanos - era un martirio. El gran músico cuyas Lid is 11it unebn, von wem ist demi das7 (Esa canrnrme á ustedes á Villamendrugo. ¡Vale más que Por- melodías despiertan nuestro entusiasmo y nos encan- ción no es mala, ¿de quién es?) ¿Quién enumeraría,
tugal! ¡No existe término de comparación! Es un pue- tan ·cual rayos de sol, fué pobre como ·un ruiseñor. pues, todas las canciones notables del maestro vieblo muy sano. ¡Qué repollos aquéllos!
Su amigo más noble, el caballero José de Spaun, que nés? Me limitaré á citar El caminante, los ciclos de las
- ¡Y qué aguas!, dijo la esposa.
como empleado de la Hacienda fué agraciado con poesías de Guillermo Müller, titulados La hermosa
un título de nobleza en recompensa de un servicio de molinera y El viaje de invierno, y el ciclo Canto de
- ¡Y qué truchas!

BXPOSICIÓN UN! VERSAL DE CHICAGO, -

La danza argelina, dibujo de E. Limmer

�LA

viajeros que iban á visitar á la tribu. Algunas veces
veíamos en las calles más populosas algún gitano que
nos sonreía ó en las inmediaciones de la ciudad divisábamos d; pronto una tienda d~ campaña á orillas
del camino y estos encuentros mesperados tenían
para mí tod~ el encanto de lo irnprevist?. En no pocas ocasiones nos alejamos mucho de Filadelfia para
ver una feria de campesinos en cualquiera ciudad de
Nueva Jersey, y recuerdo que en cierta excursión de
este género fuí presentada á los Lovell.
Parecíame á mí entonces que nada podía ser tan
encantador como el género de vida de aquel pueblo
extraño, errante siempre á su antojo, trasladándose
desde los verdes pinares del Maine á los lejanos naranjales del Sud; plantando sus tiendas tan pronto á
la sombra de floridos jardines como en regiones abrasadas por el sol; durmiendo y entreteniéndose con
sus cantos y danzas, y sin pensar en el resto del mundo que se ufana y agita en medio de la miseria. Cuando yo comunicaba estas reflex~ones á ~i tío, reíase d~
la mejor gana y decíame que s1 yo pudiese ver los gitanos húngaros me causarían mayor admiración aún,
porque eran más típicos, más salvajes é independientes, y porque en sus cantos y representaciones se revelaba toda la extraña b~eza y la poesía de su vida.
Cierto domingo por la mañana, cuando pasábamos
por la calle de Chestnut, encontrarnos tres gitanos que
me causaron el mayor asombro: eran de elevada estatura, delgados y musculares, con facciones muy

Una visita á los gitanos

cisne, en el que se encuentran algunas poesías de
Reine, por ejemplo la que empieza Am Meer (En
la mar).
Dicen que halló las poesías de Müller en casa de
un amigo, se llevó el tomo sin que éste lo supiese, y
al día siguiente le sorprendió con el libro y la bellísima música La hermosa molinera.
Además de sus canciones ocupan un puesto privilegiado en nuestra literatura musical algunas composiciones de cámara y su última sinfonía, que llamaremos la décima musa después de las nueve engendradas por Beethoven. Escribió también las óperas Alfonso y Estrella, Fierabrás y la opereta La guerra
doméstica; pero la posteridad le llamará siempre el
gran lírico, pareciéndonos el genio de la primavera
que corona el mundo con botones y flores, dejando
la tormenta y la cosecha á las estaciones que siguen.
En la existencia tranquila de Schzíbert no hay otro
romanticismo más que la pobreza del artista. Vió la

NúMERO 619

ILtJS1'M.CtóN ARTÍSTICA

vario se convirtió, al morir él, en un altar resplandeciente de luces. En un huerto del cementerio central
de Viena tiene un sepulcro privilegiado, un sepulcro
de mérito junto á Beethoven. Y desde 1872 vese la
figura de Schúberten mármol de Carrara en el Stadtpark de Viena en medio de flores. Hermoso es el
monumento que se yergue sobre intangible pedestal
formado por las obras del artista, sus inmortales canciones.
J UAN

f ASTENRATH

LA TIERRA DE LOS GITANOS

I

Hallándome en Filadelfia fu{ á visitar por primera
vez la tierra de los gitanos. En la época á que me
refiero, la mencionada ciudad me parecía muy triste;
mas ahora, después de largos años de ausencia, me
encantan sus elegantes calles, flanqueadas de dos
líneas inmensas de casas de mármol blanco y de ladrillo rojo; las magníficas mansiones coloniales, abandonadas por la moda largo tiempo ha; las antiguas
iglesias, con su reducido cementerio, y los establecimientos públicos, donde se reunen tantos franceses.
Todo esto me seduce ahora, y mi ciudad me parece
más hermosa y pintoresca que muchas de las que
tienen mayor fama en el mundo; si en otro tiempo me
aburrí de ella, como todos los buenos hijos de Filadelfia, fué porque había visto poco. Necesitaba algo
nuevo, algo extraño, algo diferente, que rayase en lo
novelesco; y esta novedad, esta novela, este contraste,
parecióme que los encontraría en los gitanos: yo era
joven, y á mis ojos llevaban en sí todo el reflejo del
Oriente, todo el misterio de lo desconocido.
Llegados los primeros días de la primavera, cuando
los
árboles comenzaban á reverdecer y se oía el aleTipo de gitano mendigo
gre gorjeo de los pajarillos, solíamos dirigirnos con
mi tío Harn Breitrnann y á veces también con J ...,
luz solar en Viena el 31 de enero de 1797, como aficionado como yo á los gitanos, por la calle Ancha
cuarto hijo de un pobre maestro de escuela á quien á los arrabales, porque allí era donde en el sitio llasu esposa Isabel Fitz, que había sido cocinera, parió mado Parque de Oakdale, en parte cerrado por una
catorce hijos. Francisco debió su educación musical línea de frondosos árboles, ten{a establecido su camal regente de coro Miguel Holzer, que dijo de él: pamento la familia de los Castelloes, que viajaba en
«Mi discípulo lo debe todo al buen Dios,» y en 1808 la dirección Norte después de haber pasado el invierentró de alumno en el convento y de niño de coro en no en la Florida. Debo añadir que en ninguna parte,
la capilla imperial de Viena. De 1813 á 1817 ayudó desde uno á otro extremo de Filadelfia, fuimos reciá su padre en su cargo de maestro. En 1818 y 1824 bidos nunca con tanta cordialidad como en aquellas
estaba en la casa de campo del conde de Esterhazy, tiendas de lona pardusca, donde se nos invitaba á
situada en Hungría, donde fué á la vez el maestro y sentarnos sobre una alfombra extendida en el suelo,
el amigo. Como Dante vió su estrella en Beatriz, pues se ha de advertir que los Castelloes eran ricos.
Petrarca en Laura, Miguel Angel en Victoria Colonna Nos servían cerveza en jarros de plata, señalado cada
y Tasso en Leonor, el pobre Schúbert amaba á la jo- cual con diferentes iniciales, y sabían distraernos con
ven condesa Carolina Esterhazy. Pero mientras el la narración de curiosos incidentes; mientras que los
amor á la que era inaccesible á sus deseos fué para niños y los perros se revolcaban sobre las altas hierScht'tbert un sueño, una ilusión, la amistad era para bas, y la cabra favorita entraba en la tienda para resél una realidad, haciéndose el músico, que parecía vi- tregarse contra el anciano jefe de la tribu y los cabavir siempre en una Arcadia poética, en una Atlántida llos pacían bajo los manzanos.
mágica, amar tanto por su alegría, que las tertulias en
Pero en el otoño, cuando el aire era más bien frío
que en sus mocedades tomaban parte muchos otros que fresco, y los campos estaban magníficos con sus
artistas, pintores y poetas, se llamaban fiestas schuber- matices de escarlata y oro, y cubiertos de brillantes
tianas. Murió Francisco en Viena el 19 de noviem- crisantemos, dirigíamos nuestros pasos á Camden,
bre de 1828. Era como si Beethoven, ácuyo entierro á cierta distancia de la ciudad, donde Davy Wbarton
había asistido y en el cual se habfa inspirado su ge- y los Boswells tenían su campamento. También allí
nio, se le hubiese llevado á la tumba. Su obscuro cal- éramos recibidos muy cordialmente, como todos los

agraciadas, como las de las figuras que yo he visto en
muchos antiguos cuadros florentinos; su cabello, largo
y negro, pendía en rizos sobre los hombros; llevaban
gorras negras de piel, una línea de botones de plata
como adorno en en sus chaquetas azules, y al hombro
unos grandes sacos de lona. Mi tío los detuvo para
hablarles: c:ra:! gitanos de Hungría, y cuando sonrieron pude admirar sus blancas dentaduras, así como
el brillo de sus ojos al oir la primera palabra que se
les dirigió en su dialecto.
Pero muy pronto se agolparon alrededor muchos
curiosos que nos molestaban con sus preguntas.
«¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Qué dicen?» Esto era intolerable, y estrechando las manos de aquella buena gente, nos despedimos.
Así se despertó mi simpatía por los gitanos: después de aquel encuentro comprendí que nunca esta•
ría contenta hasta que hubiera ido á la verdadera

Gitano de pura raza

NúMERO 619

Gitanos al través de los campos

tierra de aquéllos, á Hungría; y cuando volví á ver á
los Castelloes en su tienda del Parque de Oakdale, y
hablé después con Davy \Vharton en los bosques de
las inmediaciones de Camden, eché de menos en ellos
alguna cosa ypensé que habían perdido algo para siempre, aunque sin poder apenas determinar qué sería.
Un año después, cuando
llegó el verano, mi tío emprendió una excursión hacia
el Norte para recorrer los
pinares, y pasó largas horas
en los wigwams indios; míen·
tras que yo me aburría en
mi casa, oyendo continuamente el monótono canto
de los grillos.
Pero una mañana leí en
la columna de anuncios del
Ledger que los gitanos húngaros iban á dar un concier·
to en los jardines de Manerchor, lugar que no frecuentan las personas de la clase
acomodada, porque lo creen
inconveniente. Esto podía
ser en mí una ligereza, pero
poco me importaba que se
criticase, tratándose de ir á
ver los gitanos.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

y al frente de sus compañeros, rniróme y
me saludó, siguiendo el ejemplo todos los
ejecutantes.
Entonces comenzó el concierto: yo no
sabía, como sé ahora, que tocaban czardas; pero reéuerdo muy bien que las no·
tas del violín, mezclándose con las del címbalo, expresaban tan pronto la fuerza de
la pasión, la tristeza del alma, el amor ó
la cólera. Aquello tenía un verdadero carácter gitano por la violencia y el frenesí
con que se expresaba: era más de lo que
yo podía haber soñado.
Cuando los gitanos dejaron de tocar
acercáronse á mi mesa, mientras que los
alemanes se mostraban cada vez más sorprendidos. Los músicos comprendían por
mis ojos cuánto placer me había causado oírlos, y esto era suficiente para que
estuviesen contentos. Erame fácil entenderme con las gitanas inglesas, y por ellas
supe, con cierta humillación para mf, que
el gitano húngaro sabe expresarse mejor y
es más instruído que el nuestro. Todas
las palabras que yo pronunciaba en ro·
maní eran QCogidas alegremente. Cierto
individuo habló francés, pero de una manera atroz, y otro se expresó en alemán
nada correcto; un joven de ojos brillantes era quien conocía mejor aquellos idiomas y pudo
comprender todas mis frases.
¿Me tomarían á mí por una mujer de su raza?
Creo que no, pues conocen demasiado bien á su pueblo; en todos ellos hay cierto misterio impenetrable,
y así como los francmasones, tienen una señal mística

II
Era una noche de julio
muy calurosa cuando Ned,
mi hermano, y yo tomamos
el primer tren de la noche
para irá los jardines de Ma·
nerchor. Mi familia quedaba
en la Granja, sentados todos
á la puerta para aspirar la suave brisa que apenas re·
frescaba la sofocante atmósfera. Pronto llegamos á
los jardines: apenas eran las siete y media, y el concierto no comenzaba hasta las ocho, así es que había
muy poca gente sentada á las mesas puestas debajo
de los árboles.
Los camareros nos miraron con cierta curiosidad:
fuimos á sentarnos junto al sitio destinado á los músicos, y no pasó mucho tiempo sin que viéramos llegar dos ó tres de los ejecutantes. No llevaban gorras
de piel ni botones de plata, ni tampoco el cabello rizado; pero no podía dudar de lo que eran. Más mo•
renos y de tez más curtida que las de los Lovell ó las
de los Davy Wharton, reconocí en ellos al punto gitanos, no solamente por el aspecto, sino por sus ojos
y facciones.
El reloj del café marcaba las ocho menos diez; los
camareros, moviéndose al fin con mas actividad, comenzaron ó. pasar y repasar con jarros y vasos de cerveza; los alemanes, asiquos concurrentes al jardín,
ocupaban rápidamente las sillas alrededor de las mesitas, y á los pocos instantes vi que algunos hombres
entraban con varios instrumentos. No había tiempo
que perder, y al punto nos acomodarnos en el mejor
sitio, pues yo no quería perder ni una sola nota de la
música.
Entretanto los músicos tomaban posición preparando sus violines; el director, con el suyo levantado

Una familia de ¡¡itanas

que les sirve parA réC0MCétse. Muy impresionables y
de rápida comprensión, adivinaron, sin embargo, que
yo era su amiga. El jefe, corno para darme una prueba de su deferencia, presentóme á su mujer, que via_t-iba con él; hízola sentar á mi lado, y después, con
la gracia característica de esa gente y según la costumbre húngara, envió á buscar cerveza y chocó su
vaso con el de mi hermano y el mío, ofreciéndonos
su amistad.
Después de esto, el director de la orquesta, Karl
Sentz, quiso que sus compañeros tocaran algunos
valses y oberturas; y mientras lo hacían, el joven de
ojos brillantes, llamado Rudi, según me dijo, inclinóse hacia mi silla y murmuró en alemán: «Ahora tocan
con los papeles á la vista; pero nosotros nos guiamos
casi siempre por el corazón. »
Las czardas se repitieron después una tras otra, llenando de música y alegría aquel tranquilo rincón de
Filadelfia, y cuanto más tocaban los ejecutantes mayor era su entusiasmo. Sus negros ojos brillaban; tenían el rostro encendido, y cuando se apoderaba de
ellos el frenesí, gritaban al compás del violín, quedando luego como sumidos en un éxtasis.
Aquel concierto fué el principio de una larga serie
de otros á cual más agradables, y no me faltó cuanta
música pudiera desear. Una semana tras otra los gitanos dieron á conocer su repertorio en los Jardines
de Manerchor, sin que yo faltase una sola noche.

Los tales conciertos, contrariamente á lo que yo esperaba, alcanzaron gran éxito; y muy pronto acudió
mucha gente de todo Filadelfia, así como de los arrabales, reuniéndose en Manerchor un público numeroso. Tal vez algunos no iban por el placer de oir la
música, y sí atraídos por la animación que encontraban en aquel sitio; mas como quiera que fuese, la
concurrencia era cada vez más lucida. Desde entonces no fué raro ver en reuniones de buen tono algunos de esos bohemios, fáciles de conocer por sus casacas azules y su calzón encarnado.
·
Transcurrió el mes de julio y también el de agosto; los gitanos se habían contratado para tocar en los
jardines de Manerchor solamente un mes; mas el
pueblo de Filadelfia comenzaba á tomar el gusto á
su música, y en su consecuencia resolvieron dar algunos conciertos más en el Parque de Belmont, sitio
más propio para tales fiestas y más pintoresco por la
vista del río que desde él se disfrutaba.
.
La música de los gitanos parecía allí más apas10·
nada y producía más profunda impresión. Los violines emitían notas más sentidas y plañideras, y los
mismos ejecutantes entusiasrnábanse al parecer cuando cantaban algunas de sus czardas.
En Belmont fui tan obsequiada por los gitanos
como en Manerchor; en los intervalos de descanso
venían á sentarse junto á mí, y á veces paseábamos
juntos por el silencioso parque; de modo que al ~n
se formó entre nosotros un verdadero lazo de amistad. En tales ocasiones hablábanme de la extensa
llanura de Hungría, de los salvajes valles de los Kárpatos, de sus familias y de sus relaciones.
Una noche Rudi me dijo que sus compañeros y él
deseaban que fuese á oirlos á la mañana siguiente,
porque tocarían como nunca lo habían hecho, á fin
de que formase clara idea de
cuanto eran capaces de hacer con sus violines. Añadió
que dentro de una semana
iban á salir de Filadelfia, y
que tal vez pasaría mucho
tiempo sin que volviéramos
á verlos, pues proponíanse
recorrer otras ciudades americanas. Rudi me preguntó
si accedería á sus deseos.
Ya se comprenderá que
contesté afirmativamente,
dada la extraña simpatía que
me inspiraban aquellos bohemios, y que me valió no
pocas censuras, tal vez me·
recidas. El último concierto
debía darse en Manerchor, y
mi amigo J ... me acompañó
á los jardines, donde los gita·
nos me esperaban mucho antes de comenzar la función.
El jefe se adelantó para recibirme y condújome á. la
mesita, que llamaban «mía,»
invitándome á sentarme junto á su mujer.
Los músicos se esmeraron
como nunca; Rudi tenía ra·
zón; hasta entonces no supe
yo cuánto podían expresar
los violines y los címbalos.
Por cierto que aquel día me ocu_rrió una .ª:·entura
que al principio me inquietó; los g1_tanos m1r~ronme
desde que llegué con extraña expresión y sonnén?ose
con aire triunfante, y en su proceder observé cierto
misterio que me hizo entrar en temor! así es que
mientras ejecutaban una de sus czardas mtenté esca-

Tipo de gitano

�GITANA GRANADINA, ,dibujo de Isidoro Marítl

UN NOVILLERO DESDICHADO, dibujo de Carlos Arregui

�722

LA

par de aquel sit_io; _pero la ~sposa del director, que
estl:ba sentada a m1 lado, qmso detenerme y me hizo
decir por uno de sus compañeros, que hablaba inglés,
que no me fuera porque su jefe deseaba comunicarme algo de mucha importancia. Como se comprenderá, esto aumentó mi sobresalto: insistí, pues, en
m~rcharme, pretextando que deseaba aprovechar el
p~1mer tren, y entonces el intérprete me dijo que el
director de la compañía deseaba pedirme aceptara
por esposo á su hermano, hombre muy rico y excelente músico.
Este era el proyecto que había producido en aquella gente el cambio por mí observado. Sabiendo ya
á qué atenerme, contesté que me era imposible aceptar aquella proposición y apresuréme á abandonar el
jardín, sin averiguar cuál de los músicos gitanos era
el que deseaba ser mi marido.
Desde que me ocurrió esta aventura, ya no pensé
má~ que en Hungría, imaginándome que era una especie de paraíso terrestre, donde se vería al verdadero gitano, con su caballo negro, sus botones de plata
en la chaqueta, su violín en la mano, y recorriendo
los bosques ó los poblados.
,
Un año después de los sucesos referidos, J... y yo
nos habíamos casado y viajábamos. No nos detuvimos más que algunos días en Londres; pero bastaron
pa·ra que la casualidad me proporcionase ocasión de
encontrar á uno de mis antiguos conocidos de Manerchor, Jore, &lt;;i~izás mi_ antiguo pretendiente, que
nos saludó y felicitó cordialmente. Al despedirse dímosle una tarjeta, y prometió ir á visitarnos á nuestro hotel; mas no se presentó, y nunca más he vuelto
á ve~ al que quizás, según presunción mía, era el pretendiente que me propusieron sus compatriotas en
Filadelfia.
Tra~scurrieron algunos años, y durante este tiempo tuvimos a!gu~as veces ocasión de ver gitanos hún&amp;aros en los Jardmes de Londres ó en reuniones particulares, y en 1889 encontramos también algunos en
la Exposición de París.
. ~l fin, cier~o ~ía,. repentina é inesperadamente recibimos una mvitación para ir á Hungría: sin pérdida de tiempo, á las pocas horas nos ocupábamos en
hacer nuestros preparativos de viaje, y al día siguiente nos poníamos en camino.
I SABEL ROBINS PENNELL

(Concluirá)

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

- En el teatro U nter den Linden, de Berlín, se ha estrenado
con gran aplau~o.una opereta, Sataniel, cuya m{1sica, de A. Ferron, es muy ongmal y de corte elegante y gracioso.
- En ~ar:mstadt se.ha cantado la 6pera de Berlioz Benvenuto Cell!m, que ha sido muy aplaudida.
- El duector del _teatro Central, de Berlín, ha anunciado un
concurs? para premiar una obra dramática popular berlinesa;
el premio es de I. 500 marcos ( I. 87 5 pesetas) y además se asegura al autor de la que resulte premiada la cantidad de 3.000
marcos (3- 750 _pes_eta~) como derechos de representación.
. - Los pre~1os mst1luid?s por el Ministerio de Instrucci6n pública de Itali~ ¡?~ra las meJores obras representadas últimamente en teatros italianos han sido adjudicados en la siguiente forma: 5.000 pesetas á la comedia L a deshonesta, de Ravetta;
3·CJO? á Doctor Müller, de Scalinger; 2.000 á Dura ley, de Travers1, y 2.000 á la comedia en un acto llfisterio, de L6pez.

Necrol~gía. -Han fallecido recientemente:
Mr. David James, célebre actor inglés.
J. Botermans, notable escultor holandés
•
Lu(sa Francois, una de las mejores noveÚstas alemanas.
.Julio K~lka, notable escritor vienés y critico de teatros que
hizo en Viena y fuera de Viena gran propaganda en favor de
las tendencias realistas:
Mr: Ford ~f~dox Browne, ilustre pintor de historia ingléS',
uno d~ los mas importantes defensores y cultivadores del prerafaehsmo moderno, autor de muchos cuadros notabilísimos y
de los preciosos frescos del Town Hall de Manchésler
Sir Guillermo Smith, individuo del Senado de la Universidad de Londres, registrador del Real Fondo Literario, rector
de la Escuela de San Pablo, autor del GranDiccionariodeAntigfiedades griegas y romanas, del Diccionario de biografía y
'.mtolog{a greco-romana, del Diccianario de la Biblia y de otras
importantes obras.
Guillermo Ge_orgy, reputado pintor alemán.
Mr. C. B. Birch, notable escultor inglés, individuo de la
Real Academia de Londres.
A~naldo Carlos Jo_rge de Kameke, ex ministro de la guerra
p~u~ian~, general de mfantería, uno de los militares que más se
d1stmgu1eron en la guerra franco-prusiana.
Ercole Ro~a, ~am?s_o escultor italiano, autor del grupo de los
hermanos Cauoh eng1do en el monte Pincio, en Roma, y del
monumento que se ha de erigir en MiUn á Víctor Manuel.
Carlos Pedroti, célebre compositor italiano, autor de varias
6peras, entre ellas Tutti in maschera, que ha sido representada
en los principales teatros del mundo.
Mario Patricio Mauricio Mac-Mahón, mariscal de Francia,
duque de Magenta, ex presidente de la República, uno de los
gen~rales más ilustres de Francia, cuyo nombre cubrióse &lt;le
glona en las campañas de Crimea y de Italia, en la guerra franco-prusiana y en la de la Comnnme.
Miss E~r(queta Mo~talba, notable escultora inglesa.
Lord Vman, embaJador de Inglaterra en Italia.
Pablo Borgmann, pintor de género y retratista alemán, director de la Escuela de Pintoras de Karlsruhe.
Carlos Pedrolli, compositor italiano, autor de varias 6peras
director de la Escuela superior de Música de Pésaro.
'
Luis Spangenberg, notable paisajista alemán, individuo de
la Academia de Bellas Artes de Berlin.

619

NúMERO

llamado Midway Plaisaace: en el café argelino, al compás de
extraña música, las almeas ejecutan la danza de su país, mez•
cla de movimientos graciosos y elegantes y de dificiles contorsiones. En Argelia las bailarinas pertenecen á la clase más ínfima del pueblo, y desde pequeñas se adiestran en las danzas
del vientre y de las abejas, ea los peligrosos juegos de las espadas y en otros varios ejercicios que algunas veces sorprenden y
otras repugnan; los mahometanos pertenecientes á las clases
elevadas consideran como cosa despreciable el baile, no s61o el
que se ejecuta en público, sino que también el que entre nosotros se llama baile de sociedad.
victi~as de la actual_ campaña de Africa: su valor rayano en
tem~ndad, su noble_ impulso de llevar ayuda á los que en situac16a comprometida se encontraban, su honor excitado por
las ¡ifrentas que á España infirieron las kabilas, su legítimo de-

_,. '1

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.''-;,~&gt;.

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--

-

DO:'&lt; JUAN GARCÍA MARGALLO

general de brigada, muerto en el campo de Melilla
en 28 de octubre de 1893
seo de castigar á los que tan sin piedad habíaó agredido á sus
soldados, tal vez el propósito de no volverá España sin los
laureles de la victoria, lleváronle en las jornadas de _27 y 28 de
octubre último á los puestos de más peligro para animar coa
su ejemplo á sus tropas.
Encerrado en el fuerte de Cabrerizas Altas durante la noche
del 27 al 28, ea la mañana de este í1ltimo día, viéndose atacado
por los rifeños que por todos lados le cercaban y ante el inminente peligro de que los asaltantes se apoderaran del fuerte, orgaaiz6 una resistencia desesperada y brillante.
&lt;E~ general Margallo - dice el Sr. Morote, corresponsal de
El Liberal, que estuvo en el fuerte .durante aquella jornada está en la explanada del fuerte. No puede concebirse qué valor
de~uest~a ante las balas, que le rodean por todas partes. l m•
pávido, imperturbable, con una temeridad que nos produce escalofríos, da voces de mando, arenga á los soldados, grita á
cu_antos le rodean y alza de cuando en cuando la cabe.za para
mirar serenamente alguna bala que silba cerca de él. En un
!ll0mento en que se vuelve para dar una orden, un proyectil le
alcanza y cae instantáneamente muerto.)
El general D. Juan Garda Margallo naci6 ea Montáñez (C:iceres) en 12 de julio de 1839, foé cadete en 1855 y alférez ea
1858: lom6 parte en la primera guerra de Africa á las órdenes
de O'Donnell y en la última guerra carlista, y obtuvo todos sus
grados, hasta el de coronel, que ?an6 en 1875, por méritos de
guerra. En I 890 fué ascendido a general de brigada y poco
déspues nombrósele gobernador de la plaza de Melilla.
El general Margallo ha muerto heroicamente y su nombre
figurará en los anales de nuestras guerras al lado de todo~
aquellos que al dar sus vidas por la patria se han hecho acreedores á un puesto de honor en las páginas de la gloriosa historia militar de España.

r

J

LA ILUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

UNA FRANCESA EN EL POLO NORTE
POR PEDRO MAEL. - ILUS',I'RACIONES DE ALFREDO PARtS
(CONCLUSIÓN)

El general Margallo. - Ha sido una de las primeras

Los novios por la gatera, dibujo de J G arcía
Be~as 4z:tes. - He aquí algunos datos acerca de la última
gran Expos1c16n de Bellas Artes celebrada en Berlín que en Ra~o~. - El genial pintor sevillano Sr. Garda Ramos, tan
nuestro conc~pto ofrecen interés. Durante los 127 día; en que ventaJosamente conocido por sus lienzos y dibujos de tipos,
ha perman~c1do abierta ha sido visitada por más de 8oo.ooo cuadros y costumbres andaluzas, nos ha ofrecido nueva ocasi6n
pers~nas, cifra que da un promedio diario de 6. 000, y se han para J?Ublicar y dar á conocer una ele sus originales producciov~nd1do en ella 271 obras por valor de 375.000 pesetas. En cam- nes, nea en detalles, bella por su dibujo y sanamente intenciobio no se han despachado todos los billetes de la lotería. Aun nada, porque en las obras de este distinguido artista hay que
~uando no. se ha hecho una liquidaci6n definitiva de gastos é observar, además de su notable ejecución, una nota marcadamgresos, t1énese por seguro que quedará un remanente de 8o mente humorística, pero de un humorismo sano y delicado que
á_ 90.000 pe.setas que se distribuirá por mitad entre la Asocia- aun r~produciendo escena~ y c?stumbres del vulgo, no se'acación de ~rtlstas Berlineses y la Asociaci6n de Individuos de la nalla Jamás, no ofende m lastima. Los novios po,· la gatera es
Academia. Esta última destinará la parte que le corresponda á ~na obra genial, retenida quizás por el artista, y observada con
mterés y con igual deseo reproducida, cual si la hubiese copiala compra de obras en la pr6xima Exposición.
- En el Sai6n Sch~lte, de B~rlin, se han expuesto reciente- do del natural, sorprendiendo á los novios que faltos de comumente obras de los primeros artistas alemanes y extranjeros en• nicaci6a, sin rejas ni ventanas, aprovechan para contar sus amotre las cuales han llamado especialmente la atenci6n cuatro nue- res el agujero practicado para paso de los gatos en la puerta de
Gitanagz:an adina. : Vendedores de carbón, divos cuadros de Pradilla, sobre todo un hermoso paisaje que re- la casa de la gentil sevillana.
bujos de Isidor? Mann. - Varias veces nos hemos ocupapresenta un parque italiano y el boceto de un hermoso techo.
Alonso Berruguete. - Cristóbal Colón esta- do ele las obras del Joven cuanto discreto pintor granadino IsiBarcelona. - Salón , P_arés. - _Variada fu~ la Exposición de
doro Mar!a, dándolas á conocer por medio del grabado á nuesobras _nuevas en esta ultima qumcena: de pmtura un país y dos tu8:8 de J osé_ A_lcoverr o. - En ocasión recie~le, con tros (ectores. Ellas demuestran la valía del artista, revelan su
cuadntos de flores_ de A, Tolosa; una escena un tanto cómica ~ot1vo de )a pubhcac1ón de su bonita estatua ;Al Pardo!, tu- espintu obsef\•ador y retratan con admirable fidelidad los tipos
de Mest~es, un artista en peligro por el paso de una manada de vimos ocasión de hacer constar los méritos y alientos de Alco- Y.costumbres de ~qu_ella regi6n española, en doace todo rebosa
vacas, pm~ad~ con robustez y de aspecto total agradable, por verro1 a(gunas de cuyas obr~ figuran coronando monumen- vida, color mov1m1e~to. Poco, pues, hemos de agregará lo que
la entonación Jugosa y la luz decidida, al contrario del país de tos pubh:os 6 han sido premiadas en Exposiciones. Las que ya hemos d1c~o de Isidoro Marín, debiendo limitarnos á llaTolosa, de t_onahdad fria é indecisa. De Rusiñol, dós estudios ~oy publicamos bastarían por sí solas para testimoniar las cua- mar l_a atención acerca del notable dibujo que representa á
de su excursión á Mal)orca, llenqs de luz, tranquilos y armónicos hd_ades y aptitu~es del ar\ista, pues ambas reproducen el perso- ~na gitana con s~ ruc~o, copiado felizmente entre los que conscomo la_ natu_raleza m1s~a: uno que representa el porche de una naJe 9.ue el ar,t1s1a propusose representar. La de Berruguete, tituyen la población gitana, que se aloja en las cuevas existencasa es mmeJor~ble; simple y de una intensidad luminosa el premiada en publico concurso por la Academia de Bellas Artes tes _en los alrededores de la antigua capital de los moaarcasnafondo, q~e cautiva poderosamente. Del joven artista Sr. Alsi- de San Fernando, e~1belle~e la gran escalinata q:ie da acce- z:mtas. No es menor el mérito del dibujo que reproduce una
n_a, tres lienzos para la decoraci6n de una escalera hábilmente so al sunt~oso palacio destmado á Museos y Bibliotecas, ha
rec~a de burros conduciendo serones de carb6n, nota caracteejecutados, y una marina; una serie de estudios de Carreras poco termmado en la_ coronada villa, y en la segunda ha logra- rística Yque desde luego llama la ateaci6n de los que visitan
do el Sr. Alcoverro mterpretar la venerable y simpática figuace~ladí~imos de color algunos de ellos, como los dos pafses
Granada.
los mtenores en que respecti~amente se reproducen, ¡ma seño- ra ~el gran naveg~nte genovés, á quien los Católicos Reyes
debieron
el
más
bnllanl~
florón
de
su
corona.
ra apoyada á la pared en actitud que revela triste desconsuelo
~n n?viller~ desdichado, dibujo de Carlos
Y ot~a ~entada á un~ ~esita lefend~, y de Cabot Negrevernis,
- D_esdicha fué, sin duda, para el rapaz que su ma. Exposición universal de Chicago. - Instalación de dre ye{~~por ultimo, ~nos pa1saJes, de eJecuc16n algo insegura.
0
ª
ara Jun_to á las. verjas del Buen Retiro jugando al
;uguetes de Sonneqerg. -1:,a danza argelina, dibujos de Lim- tero
En 1~ secc16n de escultura figuraron unas cabezas de estudio
, Y á stacabnllas, olvidado de que ea la escuela recibirla
de Munllo, modeladas con excesiva prolijidad tal vez pero no mer. - Una de las .1~stalac1on~s más curiosas de la secci6n ale- :~~Pt;ec osas enseñanzas. La sorpresa del muchacho arranexentas de buenas cualidades, los retratos de un militar en mana de la Expos1c1ón de Ch1cago es la de juguetes de la ciu, d t e grupo de sus camaradas, la actitud de la madre los
~ad de Sonneberg, que ha he~ho de ~sta industria una es;:,ecia11
~usto, Y d~ una se,ñora s~atada, de cuerpo entero, á poco ta:Oa.
hdad en ~º?º el mundo con?c1da. Oc10so es decir que mientras · e ª es_ Y pormenores, todo ha sido bien interpretado p~r el
no, de uho M~rti, de eJecuci6n sobria y discreta, y una placa la
Expos1c1ón ha permanecido abierta ha sido esa instalación Jyoavleancpomtolr mad~ileño Carlos Arregui, de quien hemos tenido
funerar,:~• fundid~ en bronce en los talleres del Sr, Masriera y
mp
· no menos cl1scre.
I UJ0S
e· acencia
t d de publicar Otros d'b
Compama, obra bien trazada en su conjunto, hechos con esmero el encan.to de l_a gente menuda y aun de las personas mayores, .tarnente _Jecu
ª
os Y concebidos. Arregui ha creído que la me•
pues la_ ;nduslna moderna ha llevado este ramo á un grado de
t?dos los detalles y de aspecto apropiado al objeto á que se desperfecc1on tal, que sus productos entretienen y deleitan tanto á JOr ~nsehnanza P?drfa recibirla de cuanto le rodea y d~ ahí
tm~, otra prueba palpable del renacimiento de las Artes deco· 1 pred'I
.
'
los hombres como á l?s niños. Fíjense nuestros lecto~es en el quedse . aya dedicado con espec1a
I ccc1ón á copiar y rerallvas entre nosotros.
ucir escenas de la v'll
d ¡
~
1
graba?º que re~roducnnos y comprenderán que aquel monl6n pro
"6 y vive
· e1Joven
•
oso Y el madrono• en la que na ·
art'ista. ªElenatural
de obJet_o~ artísticamente combinados haya siclo 1a admiración c1
.
es el meJ·or maestro y si
Arregu1· prosigue
.~ eatr~s. - En el Coliseo de Guatemaln, la compaíi·í~ que de
la send
d'd
,
'
los v1S1tantes de la Gran Feria.
cia á alcanzar el galardó a empren I a podra aspirar con juslidmge el distinguido primer actor Sr. Amato ha puesto en esLa danza a_r~elina es una de las muchas que han podido con- vechar
ed.
n
q~e
se
concede
á
los
que
saben
aprocena con gran éxito la obra de D. J osé Echegaray Mariana.
1
templar los v1s1tanles de la Exposición en el lugar de la misma
y aptit!ci~rs ~on ~u~el~:s~~fá°1[ ~:o~!~i~~~!'.dad las cualidades

y

NúMERO 619

Aquello debió producir muy mal efecto entre los Servan, debió también guardar cama, vencido por el apetito voraz de los osos obligados á tan largo ayuno.
El equinoccio había pasado y el frío continuaba
osos; pero como estos animales tienen fama de pa- exceso de fatiga.
reinando.
Pero
lo
que
más
aflig(a
á
los
testigos
de
aquel
lúcienzudos y filosóficos, se reunieron en consejo, y
El día 2 de abril, los oficiales, por consejo del
doctor Servan, decidieron que se abriesen las escotillas y que, á pesar de que el termómetro marcaba
30 grados bajo cero, se dejasen abiertas durante unos
minutos.
Después de largas discusiones nadie quiso que se
dist~ibuyera el contenido de un último tubo de oxígeno líquido que quedaba.
Entonces, con infinitas precauciones para atenuar la
brusca entrada del frío, pues en el interior del buque
aún había seis grados de calor, se abrieron poco las
portas hasta que la temperatura llegó á cero, para
que no hiciera demasiada impresión la entrada del
aire exterior por las grandes escotillas.
Luego se levantó la tapa de la escotilla mayor, y
en aquel momento un ruido singular que se oyó en
la cubierta del buque llamó la aten~ión de todos.
Pasos pesados, ruido de cuerdas .•que se rompen,
arañazos significativos y crujidos ins6Jitos del maderamen denunciaron la presencia de huéspedes extraños en el barco.
A los primeros rumores que se oyeron, comprendieron ya de qué clase de huéspedes se trataba.
- ¡Los osos!, exclamó con voz fue.rte Guerbraz,
que vigilaba la maniobra de aeración.
Empezaron el sitio de la Estrella Po/a, en toda regla
No tuvo tiempo de decir más. Las maderas de la
tapa crujieron bajo un peso considerable y se hunempezaron el sitio de la Estrell~ Polar en toda gubre drama era la lenta agonía de Tina Le Floc'h. dieron, y por la abertura aparecieron las fauces sanLa pobre nodriza se moría en efecto, y no había sis- guinolentas y los ojos rojos de un oso, en ~nto que
regla.
No era que hubiese ningún peligro para los expe- tema humano de salvarla, ni siquiera de hacer menos una corriente de aire helado hacía violenta irrupción
en flancos del navío.
dicionarios con la presencia de los osos, pero resul- amargos sus últimos momentos.
I
sabel,
aunque
rendida
de
cansancio,
no
abandotaba ésta muy fastidiosa.
.
XVI
Efectivamente, en tanto que aqQel!os vecmos per- naba ni un momento la cabecera de la enferma.
La moribunda no conservaba ninguna esperanza,
manecieron allí, no podía pensarse en las excursiones
BATALLA Y SALVACI ÓN
que imponía la higiene más elemental. Era preci- y tan sólo ·sentía morir sin volver á ver la tierra de
so, pues, desemb~azarse de ellos lo más pronto po- Armor.
La situación era verdaderamente crítica.
La señorita de Keralio renovaba su energía y sus
sible.
Engolosinados por las emanáciooes del steamer,
cuidados
para
prolongar
una
existencia
que
se
acaQuedó decidido que no se vacilaría respecto á los
los terribles plantígrados, sobreponiéndose al cabo
medios que debían emplearse, siendo los mas vio- baba.
Por otra parte, el sitio de los osos había engendra- á su temor y más atrevidos por la ausencia total de
lentos y expeditivos los que por mejores fueron repu·
do
otro riesgo. La atmósfera interior iba haciéndose movimiento, se habían decidido á tentar el abordaje.
tados.
Los sitiados se distribuyeron en tres secciones de irrespirable, y la provisión de oxígeno líquido estaba Habían podido operar sin resistencia, y la abertura
diez hombres cada una, mandadas por el comandan- agotada, pues sólo quedaba un tubo que se guarda- de las escotillas les permitía atacar ahora la tripulaba para un caso extremo y especialmente para uso de ción de la Estrella Polar hasta sus últimas trinte Lacrosse, por d'Ermont y por Hardy.
A cada sección se le señaló un día de guardia y los enfermos. Era urgente airear los camarotes y la cheras.
La gran escotilla, cediendo al enorme peso del oso,
bodega, cosa que no podía hacerse sino abriendo
una función determinada.
Hasta entonces poco se habían inquietado los de con precaución las portas, lo cual no bastaba para había caído sobre el hombro de Guerbraz, que recila Estrella Polar con tan pesada compañía, pero fué- purificar la atmósfera cargada de ácido carbónico. • bió un choque formidable. El hércules bajó la escaleNo eran solamente los gases de la calefacción co- ra con sus compañeros, llevando la alarma al interior
les preciso conceder á los osos mayor atención cuando vieron que el número de animales aumentaba en tidiana los que mantenían esta atmósfera mefítica, del l:iuque. En cuanto al oso, encontrando vacía la
sino principalmente las respiraciones acumuladas y plaza y libre el camino, había avanzado gruñendo
fantásticas proporciones.
Un día, cuando montaba la guardia el teniente
Poi, no pudo por menos de exclamar:
- Vamos, parece que lluevan osos.
- ¿Qué queréis decir con eso?, preguntó el comandante, que había oído la exclamación.
- ¡Diantre!, dijo el joven oficial riendo; vedlo vos
mismo. Ayer había veintidós osos por aquí, y que me
maten si ahora no hay cincuenta.
Al comandante Lacrose bastóle echar una ojeada
alrededor del barco para convencerse de que el teniente no exageraba: por todos lados se veían osos, y
el número de cincuenta, por extraordinario que pareciera, no era en modo alguno exagerado. Esta observación le causó verdadera inquietud.
- Algo extraño debe haber ocurrido en estos parajes, exclamó.
La situación, sin ser verdaderamente crítica, era
algo peligrosa, pues se veía bien claro que, empujados por el hambre, llegaría pronto el momento en
que los osos asaltarían el buque.
En el interior de éste el estado de los enfermos no
mejoraba. Hacia el 15 de marzo un recrudecimiento
del frío obligó á los invernantes á encerrarse de nuevo en el barco: el mercurio se había vuelto á congelar y el hielo del pack, que parecía próximo á romEl animal engolosinado empez6 á devorar el cadáver
pe:se, había recobrado su espesor y consistencia an·
teriores.
Para colmo de desdichas, el escorbuto hizo su apa· provenientes algunas de ellas de P:chos enfermos! y y en el momento en que los hombres reaparecieron
rición entre los hombres válidos de á bordo, y el ci- también las emanaciones de la cocma, cuyos ranc10s con armas, encontrarop el gigantesco animal á la enrujano Le Sieur, el compañero y ayudante del doctor olores apestaban el aire ambiente y debían excitar el trada del &lt;;:orredor.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 619

Inmediatamente, carabinas y revólveres hicieron pantosa catástrofe. Estallaría una explosión formida- sor Una lucha furiosa empezó entonces, pero no fué
fuego, y apenas había dado dos pasos caía muerto.
ble; el hidrógeno, merced á los terribles carburos que larga· no podía serlo. En un abrir y cerrar de ojos
Desgraciadamente, detrás de aquél habían pene- genera, y que se conocen en las minas con el nom- el al~mán fué derribado, desgarrado por las zarpas
trado tres osos más.
bre de grisou, se esparcerfa en torbellinos de llamas del oso y aplastado entre sus poderosos brazos. Y por
Dos de ellos, asustados por las detonaciones, vol- por el interior de la Estrella Polar, destruyéndolo dos veces las fauces repugnantes del plantígrado se
vieron á subir por la escalera más aprisa que baja- todo á su paso y quemando el desgraciado buque y á cerraron sobre la cabeza de Scnecker, que quedó conron; pero el tercero, azorado, equivocó el camino, y cuantos le habitaban.
vertido en una masa informe. El animal, engolosinaen vez de huir hacia la escotilla, se metió en la parte
La horrible alegría del miserable debió ser pareci- do y viendo que encontraba un festín donde sólo
del corredor que daba á los camarotes. Allí era pre- da á la que sienten los demonios mirando las cala- buscaba una puerta de escape, empezó á devorar el
cisamente donde estaban los enfermos.
midades que engendran.
cadáver.
En aquel momento, Isabel, sentada cerca de su
Todo favorecía su proyecto. La tripulación estaba
Pero los gritos de Schnecker se habían oído y todos
nodriza, se esforzaba en consoacudían. Isabe~ generosa como
lar á la pobre mujer. Una piasiempre, fué la primera en acudosa conversación se había endir en socorro del miserable
tablado entre ellas; y la joven,
traidor.
supliendo en cuanto podía los
Había cogido de una mesilla
consuelos de un sacerdote, trade noche un revólver. Armarlo
taba de reconfortar el ánimo de
y salir afuera no había sido para
la bretona.
ella
sino cuestión de un instan- La vida es corta, mi buena
te.
Había
corrido directamente
nodriza; todos un día l1 otro deal camarote de Schnecker; pero,
bemos abandonarla. Afortunapor muy rápida que hubiese sidamente esto es sólo un mundo
do su acción, llegaba tarde.
de paso, y más allá encontraSalYator, el fiel Salvator, hamos la verdadera vida, aquella
bía
comprendido el peligro que
en que el duelo y el sufrimiento
corrían
cuantos le amaban, y de
son desconocidos y donde se
un
solo
brinco, sin medir su vagoza la dicha más pura y la prelor
el
peligro
que afrontaba, se
sencia de las personas que en
había
precipitado
sobre el eneeste mundo hemos querido.
migo
y
le
había
hecho
presa en
Hablando de este modo enjuel cuello. Pero el pobre perro hagaba las lágrimas que corrían
bía presumido demasiado de sus
por los ojos de la pobre mujer,
fuerzas.
Por mucho que fuese su
y la moribunda, consolada, la
valor no podía salir con bien de
miraba sonriendo yle contestaba
su empresa. Así es que el monsasí:
truo lo había aprisionado bajo
- ¡Oh, hijita de mi alma!, desu enorme pata y amenazaba
cía. Siempre contináas siendo
romperle las costillas con su forpara mí Jo . que eras en otro
midable presión. Y aun si Saltiempo, la niña buena y cariñovator se escapó con bien fué desa, temerosa de Dios y que combido á una circunstancia fortuita.
padecía y socorría á los pobres!
El oso, á quien habían distraí •
Siento que bajo tu mano, bajo
do
en su ocupación, que consistus ojos y escuchando tus palatía
en devorar al mise rabie
bras, la muerte será menos dura.
Schnecker, después de haberse
De repente, el ruido de las
levantado un instante, había caídetonaciones hizo estremecer á
do otra vez sobre sus patas, delas dos mujeres.
rribando al perro debajo de él.
Isabel se levantó sobresaltada
Salvator,
aunque medio ahogay corrió á la puerta, que entredo, escapaba por lo menos al
abrió. Retrocedió espantada lanabrazo del pmntígrado. Fué t:l
zando un grito.
momento en que Isabel interviEl oso estaba á dos pasos de
no muy á tiempo. Cuatro veces
ella buscando una salida para
descargó
su revólver sobre el
huir. Al ver la puerta entreabieranimal,
y
cuatro
veces lanzó éste
ta se precipitó.
rugidos de dolor, pues las balas
La señorita de Keralio tuvo
habían penetrado en su cabeza
por fortuna tiempo de cerrarla,
y en su cuello. Desgraciaday palpitando de miedo, se arrimente aquellas heridas, aunque
mó contra ella para contrarresgraves, no lograron sino exaspetar en lo posible el empuje del
rarle más. Se levantó por terceanimal.
ra vez, sacudió el perro y se prePero este choque no se procipitó sobre Isabel.
dujo.
Todo habría acabado para la
¿Había renunciado el oso á su
joven, si en aquel momento
proyecto ó se había marchado?
Guerbraz no hubiese interveniEn tanto que la joven se bado en la lucha enarbolando un
cía esta pregunta, el drama al
,
d'
.
b d 1-.. •
1 b
hacha.
cual ella había escapado se prohabel, aunque ren ida de cnnf:mc101 no a an ona.,.. ni un momento a ca ecera de la enferma
Blandida por aquella mano
seguía en el fondo del pasillo.
de hércules, el arma cortó á cerEn aquel sitio estaba situado el camarote del quí- distribuida en todos los puntos él\ qué éi'A fietesaria
mico Schnecker. El traidor, á pesar de la gracia que su presencia, y la llegada inesperada de los osos ha- cén tlM de las patas del monstruo, y en tanto que
se le había hecho, no había renunciado ni mucho bía hecho que se reunieran todos los hombres en un rugiendo de dolor caía en el suelo, un segundo golpe le hendió el cráneo.
menos á la idea de venganza. Cuando se le hubo di- solo punto.
Aquella vez la enorme bestia cayó para no levancho la medida de que sería objeto en la primera es·
El químico llegó, pues, sin dificultad hasta el de-.
cala que en puerto francés hiciese la Estrella Polar, partamento de los hornos. Estaba vacío. Pero llega- tarse más, tapando bajo su masa el cuerpo destrozado
no vivía sino para satisfacer este deseo de venganza. do allí, advirtió que, por medida de precaución, Hu- del químico.
Entretanto, por la escotilla abierta había penetra«Muerte por muerte, se había dicho, tanto monta berto había separado el tubo de la cámara de dilatamorir en seguida, y así por lo menos escogeré yo el ción. En las cañerías no quedaba, pues, sino el hi- do gran cantidad de aire. Un frío intenso se sentía en
género de muerte, y será tal que destruya conmigo drógeno ya repartido por el recipiente. Para abrir el navío, que media hora antes tenía todavía una athasta el áltimo germen de esta expedición que tanta éste, ó para romper uno de sus conductos, era preci- mósfera tan templada.
Era preciso, pues, encender de nuevo los fuegos.
gloria habría de proporcionar á estos hombres que so operar una presión violenta. Como no tenía ninSe tapó otra vez el peligroso orificio y el gas fué
me han condenado y que yo execro.»
gún instrumento á mano, se fué hacia su camarote
La ocasión acababa de ofrecerse á él para poner cogiendo rápidamente un escoplo y un martillo. De puesto en comunicación con las chimeneas.
Tranquilos ya respecto á los resultados de aquella
en planta su infernal proyecto.
repente un soplo cálido y un ruido sordo hizo que se agresión, los oficiales de la Estrella Polar deliberaSe había dado orden de extinguir los fuegos, pero volviera. Se detuvo lívido, sin voz, y sus cabellos se
ron acerca del partido que debían tomar. El consejo
no debía durar tal extinción mucho rato, sino el ne- erizaron sobre su cráneo.
fué breve y el plan quedó convenido. Ante todo urcesario para renovar la atmósfera del steamer. En
El oso, buscando una salida y no pudiendo forzar
consecuencia, las estufas continuaban en situación la puerta del camarote de Isabel, empujó la del quí- gía desembarazarse del cadáver del animal.
Guerbraz fué también quien se prestó á salir para
de poder volver á encenderse, dejando tiempo sufi- mico. Entró sin resistencia. Entonces pasó una escesaber la situación del exterior.
ciente para renovar el aire. Por lo que hace á los tu- na horrorosa.
Abrió con precaución una de las puertas que dabos, quedarían abiertos continuando su oficio de
El animal, irritado, se levantó sobre las patas tra- ban á la galería de popa. El atrevido gaviero, por una
verter gas en la cámara de dilatación.
seras, llenando el estrecho espacio con su cuerpo.
Bastaba, pues, que Schnecker pudiera llegar allí, Schnecker, asustado, quiso huir, lanzando un grito maniobra hábil, se encaramó sobre cubierta, llevando
abrir las espitas conductoras y acercar una llama á agudo inarticulado. Pero el monstruo, sin duda cre- un revólver y una carabina.
Las noticias que dió fueron satisfactorias.
ellas.para que instantáneamente se produjera una es- yendo que se le atacaba, se convirtió á su vez en agreSorprendidos y asustados por las detonaciones, los

NúMERO 619

L A ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

,
osos se habían marchado de un sitio en que tales ruidos y trepidaciones se oían. Sólo quedaban dos sobre
el puente.
.
Huberto, el comandante Lacrosse, los temen~es
Poi y Hardy escoltaron á Guerbraz, y tres detonac10nes estallaron y cayeron al suelo los dos osos. Después de lo cual, los hombres vol~ieron á hacer guardias, pues era preciso que no pudieran los osos hacer
ninguna nueva tentativa.
Terminado el equinoccio, se había entrado en hl
época de día perenne, y exceptuando una media hgm
en que el sol se ocultaba, no había que temer sino el exceso de
luz.
Pero aun cuando esa noche
fuese muy corta, no por ello dejaban de adoptarse medidas de
precaución y se hacían proyecciones eléctricas sobre el campo
de hielo.
Al mismo tiempo los dos cañones-revólveres Hotchkiss fueron puestos en batería y cargados de metralla, y su primera
descarga mató á seis osos entre
las apretadas filas de sus compañeros.
El frío, después de una recrudescencia tan cruel, remitió algunas veces, y el 28 de marzo el
mercurio, bruscamente deshelado, subió, sin pararse, hasta 10
grados.
Al día siguiente, 29, una violenta tempestad del Sud que
llenó los ecos con los crujidos
de los icebergs y los ruidos fúnebres del campo de hielo, duró
largas horas y produjo algunos
desperfectos de poca consideración en el buque.
También entre los varios efectos que causó hubo el de alejar
por algunas horas á los osos.
El día 3 1 pudo juzgarse de
los efectos de la tempestad. La
Estrella Polar, inclinada sobre
su basada, había separado las
armaduras de acero de ésta de
modo que todo su peso cargaba
sobre la quilla: una profunda
grieta se abría delante de su roda y esa circunstancia hacía prever la libertad próxima.
Pero los animales hambrientos reaparecieron y se llegaron
á contar cuarenta otra vez alrededor del buque. Era fácil conjeturar que las fieras no tard~rían en hacer una nueva tentativa de asalto contra el steamer.
Efectivamente, á los dos días
se verificó, y el ataque fué tan
completo y tan unánime .,que
después de haber muerto los
marinos con sus carabinas y cañones-revólveres una docena de
asaltantes, debieron sin embargo aquéllos batirse en retirada
y encerrarse en el interior del
navío. Entretanto había sido preciso echar al campo
de hielo el cadáver de Schnecker. El traidor no había
tenido siquiera los honores de la sepultura y los plantígrados habían devorado sus restos.
A pesar del horror ~e esta escena! n~die hab(a sentido gran conmiseración por ese cnmmal, hendo en
el momento mismo en que se apercibía á perpetrar el
más abominable de los delitos.
Los seis animales muertos habían sido cuidadosamente despeda1.ados, y el proverbio no hay mal que
por bien no venga habías&amp; justificado al pie de la letra pues aquella aventura había proporcionado á los
mdrinos preciosas pieles y una gran cantidad de carne fresca.
Mas era preciso á toda costa acabar con los osos que
quedaban. La idea que había concebido el químico
para la pérdida del navío, Huberto la aprovechó par~
su salvación. Sacrificó para tal objeto un tubo de hidrógeno líquido, y _d~spués de _tomar _co~sejo d~ sus
compañeros, se dec1d1ó que se mcend1ana la cubierta
y que después se apagaría aquel incendio. El medio
era muy sencillo. Los tubos que servían pa_ra repartir interiormente el gas, fueron por unos instantes
puestos en comunicación con el exterior. Se dispuso
c:uanto era necesario para interrumpir la corriente á
la primera señal. Luego todas las espitas fueron

abiertas á la vez y proyectaron 400 metros cúbicos
de gas sobre la cubierta. Bastó introducir ali( la !lama de una estopa colocada al final de un_a pértiga
para provocar la inflamación inmediata del hidrógeno.
Una verdadera tromba de fuego barrió el navío de
proa á popa con una rápida deflagración y con un
ruido formidable.
La arboladura del buque no padeció apenas, y en
qlllQÍQ lq~ q4é&amp;¡:ieqe&amp; de Cijqiertq q4e p,~recían esW :illí muy cómodamente, quema~qs q~ 4n ~QdQ
horroroso por aquel desenc"idenam1ento ge Y'l mfi~r-

El ataque fué tan completo y tan unánime...

no artificial deJ·aron una docena de muertos ó morí' el navío, en tanto que el resto hu1a
, 1anbundos sobre
zando aullidos de dolor y espanto.
Fué el final de aquel largo sitio que había durado
dos semanas. El medio empleado dió además por
su violencia un resultado que no se esperaba. Bajo
aquella temperatura de 1. 700 grados el hielo que rodeaba la Estrella Polar se fundió hasta una profundidad de tres pies, y el buque vió abrirse nuevamente el camino de regreso. Lo que en los días anteriores era una hendedura se convirtió bruscamente
en una ancha faja de agua, y el sol de abril con su
calor más largo y por ende más benéfico aumentó
el efecto producido por aquella violenta cuanto felil
tentativa.
Desde la verga más alta, el vigía avisó que grandes
trozos de campo iban ya á la deriva. Los osos habían
huído· se bajó sobre el hielo y se quitó la armadura
que r~sguardaba el buque, formándole la cuna de
ballestas. El steamer, rompiendo al cabo el hielo, reposó segunda vez en el agua.
En fin el 15 de abril se abrió un canal de agua
ante el b~que. Todo estaba presto para la partida.
La Estrella Polar, después de estar dos días bajo
presión, dió su primera vuelta de hélic~. El espolón
de acero revestido de cobre se hundió como una

cuña entre los bloques disgregados y empezó la batalla contra los témpanos.
No fué, sin embargo, tarea fácil vencer todos los
obstáculos que sin cesar se presentaban delante del
valeroso buque; pero la heroica tripu!ación había
triunfado de dificultades algo más temibles. Un ~rdor invencible la animaba: todos querían volver victoriosamente á. su patria.
.
Cuando, lejos ya de la isla Courbet, se v1ó que l_as
proporciones de ésta disminuían y que ante el taJamqr d~l buque se abría el Océa~o libre, reson~ en el
buque un himno de aleg~1a y de
gracias en honor del J?10s que
de tantos riesgos y peligros había salvado á los que sobrevivían. Durante aquella expedición habían tenido que deplorar
muchas desgracias y hasta hablan conocido la traición; de
cuarenta y tres que habían salido de Cherburgo volvían veintiocho, y aun quizá se perdiera
algún otro compañero, pues había ocho enfermos á bordo; pero la esperanza había naci~o en
todos los corazones al sentir lo:
primeros efluvios de la vieja
Europa que el mar Océano besa y fecundiza.
No había que pensar en volver al cabo Wáshington, sino
en aprovechar las ventajas que
ofrecía una primavera prematura y excepcionalmente cálida;
así es que se abandonó la casa
de madera. Cualquiera expedición futura se tendría por dichosa encontrando ali( un asilo
preparado, con provisiones cuidadosamente encerradas en cajas construídas ad hoc. Además
era preciso asegurar cuanto antes á los enfermos un medio de
mejorar su situación, si es que
era tiempo todavía.
Fué verdaderamente un gran
día aquel en que la Estrella
Polar, después de ~os meses de
una dura rtavegac1ón, echó el
ancla en Cherburgo. Pero ¡ay!,
durante el camino y cuando se
estaba frente de las costas escocesas murió la pobre Tina Le
Floc :h en brazos de su querida
Isabel quien no la abandonó
un m~mento, prodigándole toda
suerte de consuelos.
La joven no podía consolarse
de aquella muerte y llevó luto
por su nodriza, habiendo dispuesto que la enterra~n e~ su
querida tierra de Bretana, tierra
natal en donde había querido
descansar. Muchos días hubieron de transcurrir antes de que
se disipase la nube de tristeza
que cubría _el rostro en~antador
de la señonta de Keraho.
Pero no pudo por menos de
sentirse halagada ante las aclamacion~s delirantes
con que fué acogida en París su presenc!ª·.
Todos los supervivientes de la exped1c!ón fueron
partícipes de su gloria, como lo habían. sido ~e sus
penalidades. El Presidente de la República_ q_mso recibirlos y felicitarlos en el Elíseo. Los_ ~m1_stros y
sociedades científicas les colmaron de d1stmc1ones y
recompensas. Se aplaudió el decreto que confería la
Legión de Honor á la heroica fran~esa, cuyo nom bre
figuró entre los de los Sres. Keraho, Lacrosse, d1Ermont, Poi, Hardy, Servan, Le Sieur y Guer?raz, y se
concedieron medallas de oro conmemorativas á los
demás individuos de la valerosa tripulación.
En el banquete que se les ofreció dijo el Sr. de
Keralio, contestando al mi~istro de Marina:
«Sí, señores, hemos podido alcanzar el polo e,n
honor de Francia; pero hemos hecho :nás todavia
abriendo el camino á otros exploradores.))
Y como el comandante Lacrosse dijera:
- ¡Es lástima que la Estrella Polar no pudiera forzar por sí misma la barrera!
..
- Comandante, replicó Huberto, tranqmhzaos;
nuestro primer esfuerzo ha sido feliz. Cuando queramos empezar de nuevo nuestra prueba, _lo l'taremos
en un navío de hierro que reciba su impulso de
esos medios todopoderosos que la ciencia ha puesto

�LA
en nuestras manos. Aquel día, querido comandante
romperemos con dinamita la muralla de rocas qu~
encierra el polo y plantaremos los colores franceses
en las orillas del lago central que atraviesa el eje del
mundo.
Aquellas palabras de generosa confianza fueron saludadas con generales aclamaciones.
Los exploradores debían después gozar de un reposo que tenían bien ganado. Todos los que habían
tomado parte en aquellas fatigas y trabajos inconceb1bles fueron invitados á las fiestas que no tardaron
en celebrarse en honor del casamiento de Isabel de
Keralio con su primo Huberto d 1Ermont. Aquel día
e( novio pudo poner en la canastilla de su novia el
despacho de capitán de fragata y el que otorgaba á
:&amp;!;arcos d' Ermont, individuo de la Academia de
Ciencias, la roseta de la Legión de Honor.
Y como el matrimonio se celebró durante los primeros días de invierno, se renovaron las maravillas
del cabo Ritter y Fuerte-Esperan~a y de la Estrella
Polar. Los salones de á bordo fueron alumbrados eléctricamente y caldeados por el hidrógeno; se hicieron
excursiones por la rada de Cherburgo, á bordo del
submarino Gracia de Dios, y diez soberbios osos
, blancos, presididos por Guerbraz, fueron á felicitar á
los recién casados en dialecto céltico y franco-canadiense del siglo décimoséptimo. En fin, un castillo

NÚMERO 619

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

tren ómnibus ó si dos trenes lanzados en la misma
vía en sentido inverso van á chocar, etc., catástrofes
que puede impedir, puesto que puede avisará los maquinistas de estos trenes.
En efecto, en el centro del intervalo comprendido

está unido al polo positivo de la pila n, que hace funcionar el relevador R y permite comunicar el tambor
U con el riel V. Para todos los pedales sólo hay un
alambre de retorno, utilizado también para el circuito
de la pila, con la que puede comunicar cada conmu-

LA

NúMERO 619

EMIGRACIONES DE PECES

En la memoria anual recientemente publicada por
la Comisión de pesquerías de Escocia hay consigna·
dos datos y experimentos muy interesantes acerca de
las emigraciones de los peces destinados á la alimentación del hombre.
El estudio de las emigraciones de los arenques y
bacalaos, por ejemplo, ha cautivado durante muchos
siglos la atención de los sabios; pero sólo desde hace
cuatro años, es decir, desde que la Comisión de Pesquerías comenzó sus experimentos, ha sido posible
recoger algunos datos exactos sobre esta cuestión.
El procedimiento seguido por los comisarios encargados de las observaciones sobre las emigracione~
de los peces ha sido el siguiente: una vez pescados
los peces se les marcaba con un número de orden, se
les inscribía en un registro y luego se les soltaba,
ofreciéndose una pequeña prima á los pescadores que
habiéndolos luego pescado los llfwaban á la Comisión.
La operación de marcar los peces resultaba muy
complicada. Ensayóse sin resultado el color, adoptóse

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

luego el sistema de marbetes, y únicamente el latón
pareció reunir las condiciones necesarias. Entonces
se fabricaron delgados discos circulares que se ataron
á la cola de los peces por medio de alambres de aluminio; desgraciadamente á la larga el agua del mar
hace muy frágil este metal, por lo que tal procedimiento hubo de ser abandonado. Por último, el método
más reciente y hasta ahora el mejor consiste en fijar
en medio de un anzuelo minúsculo en la parte dorsal
del pez un diminuto marbete de latón oblongo con
un solo número.
Unos cuatro mil peces de más de veinte especies
distintas han sido pescados, marcados é inscritos como hemos dicho y arrojados nuevamente al mar, la
mayoría de ellos en la embocadura del Forth y la bahía de San Andrés. De las 1. z50 platijas inscritas, la
Comisión ha recuperado 103: el tiempo medio entre
el momento en que se las soltó y el en que fueron
pescadas de nuevo fué de 239 días, y la d istancia media recorrida de unos diez kilómetros. De las observaciones hechas sobre las platijas resulta que éstas
tienden á permanecer cerca de las costas, á lo largo
de las cuales se escalonan lentamente, pero siguiendo

una dirección bien definida. De 33 7 limandelas se
recuperaron 11 que habían recorrido una distancia
media de 22 kilómetros y algunas llegado hasta 60:
la duración media de libertad para las limandelas no
fué sino de 178 días, lo cual demuestra que estos peces cambian de lugar con mucha más velocidad que
las platijas, pero sin seguir una dirección particular.
De 196 bacalaos se recogieron 10, algunos de los que,
en 74 días, por término medio habían recorrido 83 kilómetros.
Los comisarios han repescado dos rayas de 71, un
rodaballo de cuatro, un lenguado de 173 y en cambio no han recogido ni un solo salmonete de 69, lo
cual demuestra que estas diversas especies de peces
cambian de residencia muy de prisa ó que emigran
demasiado lejos para que sea posible,lá lo menos por
ahora, seguir y anotar sus evoluciones.
Aunque estos experimentos no han dado hasta
ahora resultados definitivos, es de esperar que con el
tiempo proporcionarán indicaciones preciosas para la
ciencia ictiológica.
(De La NIJl11re)

Las casas extranjeras que deseen anuncia.rae en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á los Sres. A. Lorette, Rue 0auma.rtiu
núm. 61, París. -Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

Fig.

I.

Aparato registrador de la marcha de los trenes, sistema Pellat

entre dos pedales hay lo que se llama el aparato de
contacto, que consiste en un tambor metálico de unos
80 centímetros de diámetro y 20 de altura. La locomotora lleva un cepillo metálico de fibras horizontales que en el momento de pasar el tren hace girar el
tambor, el cual está todo él protegido contra la lluvia,
la nieve y el granizo por medio de una caja de hierro
galvanizado: sin embargo, en los dos extremos de un
de fuegos artificiales brilló sobre lá cubierta de la mismo diámetro A y A' (fig. 3) el tambor sale por
Estrella Polar para recordar el famoso incendio que fuera de la caja y estas partes son precisamente las
hicieron preciso los osos.
que toca el cepillo de la locomotora. Como este ce- ¡Bah!, decía Guerbraz, resumiendo la común im- pillo es muy largo (1'30 metros), puede establecer
pr,esión:.aun cuando todo es hiel.o en el polo Norte, una comunicación metálica con el tambor, aun cuanno hace sin embargo frío bastante para helar los co- do las part~s salientes de éste, es decir, las no proterazones de Ja gente honrada.
gidas por la caja, estén cubiertas de nieve, puesto que
hace girar el tambor.
TRADUCCIÓN DE AUGUSTO RIERA
En el puesto-vigía hay dispuestos en fila, como te••••,1•••••.t•., •••••..•••..•l°••"•''••••,r .. •••••u••••••••••"•l'••••,l"••º•l"•,"•l°•••••••••••,t••••••••u••,r, ·• ••" ;'I,"
clas de un piano, conmutadores de desencajamz'ento, cada uno de los cuales lleva dos números, los de los
SECCIÓN CIENTÍFICA
pedales entre los que se encuentra el tambor con el
cual va á entrar en comunicación el conmutador.
NUEVO SISTEMA PARA PREVENIR LAS COLISIONES
Cuando el empleado pone el dedo sobre un conmuDE TRENE S. SISTEMA PELLAT
tador, una pila hace funcionar un revelador de corrienEn estos últimos años han ocurrido muchos acci- tes que pone en comunicación la pila con el tambor
dente's 'ferroviarios, y de ello deduce el público, no de que hemos hablado. El cepillo de la locomotora,
sin razón, que los sistemas actualmente adoptados eléctricamente aislado de la masa metálica general de
presentan defectos, sea teóricos, sea prácticos. Es, la máquina, comunica con uno de los extremos del
pues, de interés dar á conocer un sistema fundado hilo de un electro-imán Hughes cuyo otro extremo coen un principio completamente distinto del que sirve- munica, por medio de una pila montada en la locode base al block system, que es el que hoy en día se motora, con ésta y con el riel. Por consiguiente se
emplea.
tiene un circuito cerrado cuando un tambor está en
.M: Pellat, profesor de Física de la Sorbona (Pa- contacto
con el cepillo de la locomotora: en este morís), ha inventado un conjunto de aparatos que vamos mento desencájase el electro-imán y ese desencajaá describir. La vía está dividida en secciones de 50 á miento pone en acción un silbato de vapor cuyo ruiroo kilómetros, y en medio de cada sección hay un do avisa al maquinista.
puesto-vigía en donde un empleado conoce á cada
Como se ve, el maquinista no tiene que mirar á lo
momento la posición de todos los trenes que circulan lejos las señales ópticas que la niebla, por ejemplo,
en su sección. He aquí cómo puege obtenerse este puede hacer difíciles de ver, sino que es avisado por
resultado.
un sonido agudo que se produce en su misma máquiEn el puesto-vigía, un movimiento de relojería hace na y que no cesa hasta que el mismo maquinista ha
girar un cilindro sobre el cujil pasa una tira de papel vuelto á encajar la armadura del electro-imán: de
impregnada de yoduro potásico: sobre el papel apó- modo que es bien difícil, como se comprenderá, que
yase una aguja de acero que termina en una punta no· haga caso de esta señal.
de platino R (fig. z), la cual está unida por medio de
un alambre á un pedal Q colocado sobre la vía. Por
otra ·parte, el eje E del cilindro está en comunicación
con el polo negativo de una pila P cuyo polo positivo
comunica con la parte inferior del pedal. Cuando pasa
un tren, su peso hace que el pedal baje, con lo que
se cierra el circuito, el yoduro potásico se descompone en el punto en que la aguja toca el papel,y el yodo
puesto en libertad se manifiesta por un punto negro. G
En la longitud de una sección puede disponerse
un pedal á cada kilómetro, y cada uno de estos pedales va unido por medio de un alambre especial á una
aguja del puesto-vigía y todas estas agujas están disFig. 2. Esquema del aparato
puestas á lo largo de una generatriz del cilindro. Cuando un tren oprime á su paso un pedal, la aguja correspondiente que lleva un número, reproducido en
La fi~ura z representa esquemáticamente el conjunel pedal, marca un punto negro sobre el papel yodu- to del sistema Pellat: la aguja J está en comunicación
rado. De suerte que.siempre sabe el empleado sobre con el pedal Q, mientras que el cilindro E está en
qué ·l'eda'l acaba de pasar un tren y ve, por ejemplo, relación con el polo.negativo de la pila P, situada en
si un tren expreso amenaza embestir por detrás á un el puesto-vigía. El conmutador de desencajamiento F

_......,_

tador. Todos los alambres que van desde el registrador á los diversos pedales están contenidos en un ca,
ble subterráneo que tiene aproximadamente un dedo
de grueso y cuya cubierta de plomo sirve de alambre
de retorno.
Desde un puesto-vigía se puede comunicar también
con las estaciones situadas en la sección en donde el
puesto se encuentra. Por medio de otros conmutadores G y del alambre N (fig. 2) puede hacerse fun-

-

,m

Penonu

•uLuconoce• lu

PILDORASt1DEHAUT
DE PAAIS

á empe1arcuanta1 vece,
,ea nece,ario.

1 ■Pdab

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fllll&amp;

contra. las diversa.s
Afecciones del Corazon,
Hydropeslae,
Toses nerviosas¡
Empleado con el m~jor e:rito Bronquitis, Asma, etc,

J

' GRANO OE LI NOTARIN

,.~";!o!!:azco:::
la Grag easaILaetato de Hierro de
Anemia, Clorosis,
11

n la lanart,
Debilidad, etc.
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Fig. 3. Tambor que sirve para poner en relación la locomotora con el puesto-vig!a. -A, A'. Los dos extremos del diáme·
tro del tambor que salen fuera de la caja protectora y con los
cuales roza el cepillo metálico que va en la locomotora.

LEÓN DUFOUR

·

B, LENTEJAS, TEZ ABOL
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco ni el caurancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
sino cuando se toma con buenos alimentos
y bebidasforuticantes, cual el vino, el cal6,
el U. Cada cual escoge, para purgarre, la
hora y la comida iue mas le convienen,
&amp;egun rus ocupaciones. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamezlleanuladopor el electo dela
buena alimentacion empleada,uno
ré decide fácilmente II volver

cionar en las estaciones una señal óptica ó acústica
para avisar la proximidad de un tren.
La figura I representa un modelo que ha sido enviado á la Exposición de Chicago: en primer término se
ven los conmutadores mediante los cuales se establece la comunicación con las estaciones, en el segundo
los conmutadores de desencajamiento y en el último
las agujas del aparato registrador. La vía, que no está
figurada en el grabado, tiene una longitud de siete metros y presenta veinticinco pedales, y en ella se mueven
dos pequeñas locomotoras por medio de las cuales
pueden realizarse los varios casos posibles de colisiones de dos trenes.
En resumen·, el sistema de M. Pellat
presenta multitud de particularidades interesantes: en cada momento se conoce
la situación exacta de todos los trenes
que circulan á lo largo de una sección,
y puede establecer una comunicación
inmediata con uno ó varios maquinistas y advertirles, por medio de una señal que necesariamente han de oir porque está situado en la misma máquina,
que hay peligro de colisión y que deben
por lo mismo disminuir su velocidad y
hacerse bien cargo de la situación.
Ningún otro sistema presenta reunida~ todas esas ventajas, y es de esperar, por consig_u1ente, que será ensayado y que la práctica sugerirá
sm duda las modificaciones de detalle que acaben
de perfeccionarlo.

LAIT AlffiPBliLIQIII -

_. LECHE ANTEFÉL

Se cs,-lan prospec101 , ~a.len loa aolicite
.
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apa.rtc que reproducen las diferentes especies de fos reinos animal, vegetal y mineral; los instrumentos
y ap.ir~tos a-phcados rec1cntcmcntc a las cienciu, agricultura, artes ~ industnas; rctrat?s de los personajes que m!s s.e han distinguido en todos los: ramos del saber ltumano; planos de ciudades; mapas
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IUlpD pelip,I paÍa el t11til. 10 4.iioa e Ílldto,yalllam dt wllraonl01prulllu la dcadl
4e ata pn,andoll. (S. ,eode 11J1~~R1.! barbl, y ea 1/2 11Ju ,art el blpll U,m). Para ,
lee i.u.. capléaeel Z'J.L.H'UB'.ri,u■■BR, l,rv.1J...J,.aoUN11a.Pu1I-

ca

la

�NúMERO

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619

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Quedan reservados los derechos de propiedad artlstica y literaria
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