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Ftí~t1ea
AÑO XII

B ARCELONA 13 DE NOVIEMB RE DE 1893

PUERTA EN EL PATIO DE LOS NARANJOS DE LA CATEDRAL DE SEVILLA,

dibujo á la pluma de Manuel García Rodríguez

N ÚM. 620

�730

LA I LUSTRACIÓN

ARTÍSTICA

Sumario. -TEXTO. - Murmuraciones europeas. - Orillas del monarca se atrevió á cortarle con su espada el paso,
Deva. -La tierra de los gitanos. - Miscelánea. - Nuestros gray la maravilla de Munda se renueva con creces en la
bados. - La Pola (novela). - Sección cientltica.
GRABADOS. - Puerta en el patio de los Naranjos. Sevilla. - victoria de Bailén, donde recibe aquél un primer golGrito de guerra. - Gitanos. - Marcha al través del desierto. - pe que precedió y anunció el golpe último en WaterMonumento erigido en Trenton. - Máquina de vapor domés- loo. No tiene Bismarck nube ninguna en el cielo de
tica. - Un recluta por fuerza.
.,......,......, ...........................,......,......,......,..,......,............... ............,......,..,...,......,,., ....... su poder, cuando tropieza por descuido en el arrecife
de las Carolinas. Así por nuestra indómita voluntad
MURMURACIONES EUROPEAS
hemos representado con Séneca el estoicismo, con
POR DON EMILIO CASTELAR
Lucano la epopeya del vencido, con los teólogos del
Aunque adrede apartáramos los ojos de Africa para Renacimiento la causa del humano arbitrio contra
convertirlos á cualquier otro punto ú objeto, no po- la gracia luterana, con Cervantes la protesta de todo
dríamos, por el imperio que con sus fascinaciones hoy lo ideal contra todas las realidades impuras, con Calejerce sobre nosotros esta parte del mundo. Ya se ve: derón aquella interior actividad que lucha en los intenemos allí empeñado en lucha desigu_a l y terrible fiernos mismos con el diablo y le dice cuando quiere
lo mejor de nuestra sangre y vida, el ejército español, vencerla éste con esfuerzo: «No fuera libre albedrío
tan audaz en sus acometidas corno sufrido en sus re- si se dejara forzar.» Si pudiera dudarse, ahí está el
sistencias, valeroso hasta la temeridad en el arranque descubrimiento y apropiación de América.
y en el empuje, resignado hasta el martirio en todos
La actual campaña de Africa ofrecerá, por la conlos trabajos y en todas las adversidades. No conozco formación del suelo y por la índole del pueblo, allí,
marcialidad como la nuestra en gente ninguna. Cuan- dificultades infinitas. Comenzad por que aparece cosa
do topáis en vuestros viajes con un soldado alemán, del todo imposible vivir, como suelen hacer los ejér:
veis en seguida cuanto por ajustarlo al tipo de su cla- citos sobre el país, riscoso de suyo y estéril, en que
se han hecho la ciencia y el estudio, sobreponiendo apenas hay otra cosecha sino los chumbos, y que pide
una segunda naturaleza bélica, resistente y fuerte, so- hasta en los viajes más cortos una copiosa provisión
bre su propia naturaleza germánica, bonachona y dul- móvil y ambulante de todo lo necesario á la más vulce. No así en España. Vestís á un muchachuelo de gar y rudimentaria subsistencia. Hoy mismo no se
soldado y parece haber vivido en la milicia desde sus puede ir de Argel á Fez sino con una escolta semeprimeros días y nacido militar hecho y derecho. Esta jante á un ejército, aunque sólo se bordea el Rif,
indómita complexión española, de un individualismo impenetrable casi á los viajeros. Pero ¿qué digo á los
tan ajeno á toda disciplina y obediencia, posee flexi- viajeros? El mismo emperador de Fez y las mismas
bilidad tan maravillosa, que á la menor imposición tropas regulares ó moros de Rey, cual se llaman en
de conciencia se acomoda con lo pedido por el de- la lengua nuestra, no pueden someter aquella~ rebelber, trocándose por esta virtud suya sin esfuerzo y des tribus ó kabilas que componen verdaderas comcon espontaneidad, siempre que de lo militar se trata, pañías guerreras casi nómadas y del todo insumisas,
el imberbe recluta en veterano perfecto á los pocos las cuales meten á sus pequeñuelos y mujeres en madías de cuartel y ejercicio. No necesitábamos que nos drigueras semejantes á las del topo y se meten ellos
instruyera la expt:riencia en aquello contenido dentro en cavernas semejantes á las del tigre. Así un empede nosotros y que constituye ::uestro moral patrimo- rador de Marruecos tiene que pasar la vida combanio; pero si la pena causada en todo ánimo patriota tiendo con aquellos mismos á quienes llama vasallos,
por este adverso caso del choque tremendo en Meli- y conquistando por el hierro y el fuego, por el comIla, choque tan inesperado é importuno como terri- bate perpetuo y el exterminio radical, las mismas
ble, puede mitigarse con algo, es con la consideración tierras que ha recibido en herencia. El emperador
de que ahora corno siempre ha mostrado el ejército Ismael, quien recuperó Tánger de los ingleses y ensu antiguo valor, que lo coloca sobre todos los ejérci- tabló relaciones diplomáticas con Luis XIV, una estos del mundo, y la nación esta identidad fundamen- pecie de Pedro el Grande ·marroquí, durmió trece
tal de todos sus hijos en las mismas ideas y en los años vestido y con armas. El último sultán Sidi-Momismos propósitos, cual si tuvieran un alma sola; hammed, á quien los franceses vencieron en Isly,
identidad por la cual nos hemos salvado de cien con- nosqtros en Tetuán, debió tales sendas derrotas más
flictos y conseguido vencer á la fatalidad y al destino, que á la voluntad é iniciativa de los cristianos, á las
grabando los blasones y timbres del imperio español resistencias é indocilidades é insumisión de sus gende los arenales de Marruecos á las maniguas de Cuba. tes. Nunca se han posesionado los emperadores por
Por eso nuestra patria se aparece á los ojos de to- completo del berberisco. Cada villorrio de éstos apadas las generaciones como el suelo donde con mayor rece como un atrincheramiento y cada hogar de sus
espontaneidad y con mayor arraigo se ha criado la respectivos jefes corno una fortaleza. Tienen presteza
más enérgica entre todas nuestras facultades psíqui- y nerviosidad de gamos, furor y crueldades de tigres.
cas, la humana voluntad. Y querer no es cosa tan ba- Las gumías y los rifles hállanse tan apegados á ellos
ladí como á primera vista parece: con frecuencia como á los leones sus garras y como á los jabalíes sus
grande sustituye y aun aventaja en mucho al pensar. colmillos. Se parecen menos al tigre que ,los árabes,
Uno de los más extravagantes, pero de los más pro- por más fr3:ncos; pero entre todas las tribus guerrefundos entre aquellos eximios pensadores alemanes ras del planeta no se conoce ninguna tan irascible.
que han ilustrado el siglo corriente, murió quejándo- Al ladrón le cortan la mano derecha y el pie izquierse de la gran deficiencia de voluntad por él experi- do si el robo es de poca consideración, y le traspasan
mentada en su raza, metafísica, religiosa, mística, los ojos con un hierro candente si es considerable. La
pero poca volente y activa. Nosotros los españoles no venganza y el desquite personales con todos los hocaeremos en semejante neurosis que Schopenhaiier rrores de la ley del Talión reinan allí sin restricciones
lamentaba en los germanos. ¡Ah! Nosotros aborrece- y sin límites. Todo jefe de tribu presenta el cuerpo
mos y amamos. Así no puede nunca decirse de acribillado de cicatrices por haberle malherido en
nuestra España que pertenece al número de nacio- cien ocasiones diversas el filo de la gumía esgrimida
nes conocidas por cortesanas de la fortuna próspera y la bala del rifle disparada por aquellos mismos que
y de la victoria material. Había César vencido á Pom- le aclamaran y le siguieran en mil combates. Por el
peyo, desarmado á Bruto, puesto al estoico Catón en agua se derrama en aquellos riscos y desiertos beretrance de matarse par~ salvar la gloria de su nombre beres tanta sangre que podrían llenarse y henchirse
inmortal con el culto á la República patricia; y mu- las disputadas cisternas. ¡Cuán avizores los ojos para
dos el Oriente con el Occidente, á merced y arbitrio columbrar el enemigo lejano; cuán abiertos los oídos
del dictador todopoderoso, los republicanos andalu- para percibir cualquier hostil rumor; cuán husmeadoces, los tíltimos republicanos, diéronle tal susto en ras las narices de todo rostro adverso conocido por
sus campos, que dijo hasta el fin de su vida César: el olfateo con la infalibilidad del instinto! Cuando
«En todas partes he peleado por la victoria, en Mun- disparan los capitanes de aquellas compañías los dos
da por la vida.}) Somete á su yugo Augusto el pla- tiros litúrgicos, equivalentes al toque de rebato nuesneta conocido entonces; vence desde su cómplice y tro, aunque se hallen solos, congregan en seguida tanémulo Antonio hasta los vengadores de Catón, corno to número de soldados, idos al usual y antiguo llamaCasio; arranca la maravillosa lengua de Marco Tulio miento, que parecen habitadas las entrañas del subá la tribuna; y mientras toda la tierra se prosterna en suelo y resucitados los muertos.
su presencia, una tribu de Cantabria en el apartaPero ¡ah! la vecindad de tales gentes al Estrecho
miento de sus montañas le impide cerrar el templo gaditano, quizás el sitio más importante de toda la
de Jano y hace morder el polvo á las legiones de tierra, por abrir á los pueblos del Atlántico las vías
Agripa. Levanta y reconstruye Carlomagno el Impe- del Mediterráneo y á los pueblos del Mediterráneo
rio romano con la sumisión universal de nuestro con- las vías del Atlántico, les asigna un papel tan extraortinente, y unos pocos navarros esparcidos por los dinario en los conflictos europeos, que á cada paso
desfiladeros separatorios de Francia y España le se os presentan como los protagonistas de la historia
aplastan el mayor de sus doce caudillos bajo los ris- contemporánea, cual hoy lo son á todas luces. Así no
cos de Roncesvalles. Hechiza y encanta con su pres- hay cuestión alguna en Europa, ni la cuestión de
tancia y su benevolencia nativas Francisco I en Eu- Oriente, que alcance la gravedad inmensa del probleropa desde los sultanes hasta los papas, y España di- ma berberisco, la cuestión de Occidente. Inmóviles
sipa tal encanto en Pavía. Napoleón parece invenci- en su tradicional barbarie; refractarios á los progreble hasta el punto de que ningún general y ningún sos industriales y científicos; resueltos á que la vid "P

,.

NúMERO 620

culta en ellos no penetre, ni los despierte la máquina
de vapor con sus silbidos, ni l?s ilumine y esclarezc~
el reflector eléctrico que convierte las centellas homicidas, el relámpago y el trueno, en benéficos rayos de
luz vivificante, podrían, si los dejásemos de la m~no,
volver á los tiempos de nuestras madres, á los tiempos de nuestra infancia, cuando no podían arriesgarse las mozas y los mozos levantinos por las pl~yas de
su encantado mar azu],'temerosos de que surgiera en
sus carabas el pirata y los llevase á las mazmorras y
á los harenes del más deshonroso y rudo cautiverio.
Dejar la guarda del hercúleo canal y del extremo de
nuestros viejos continentes y del espacio comprendi•
do entre la boca del Moluya y la boca del Mediterráneo y del camino hacia las dos Américas en ma·
nos tan audaces y aviesas como !as marroquíes, ¡ay!
tiene inconvenientes tales, que nos obliga y constriñe
al cumplimiento de una finalidad tan humanitaria
como refrenar los crueles instintos de semejantes fieras y someterlos por fuerza y por necesidad al yugo
de la civilización y sumergirlos en el movimiento de
todos los progresos. Y para ilustrar el espacio com·
prendido entre los dos mares y el Atlas, que llamamos imperio de Marruecos, no hay nación alguna en
el mundo con las aptitudes, con las cualidades, con
la indisputable idoneidad nativa del pueblo español,
destinado á ello por el espiritu suyo, por el tiempo
en que ha vivido, por el espacio donde se -dilata, por
Dios y su Providencia.
Así, pues, ya que un unánime consentimiento de
todos los pueblos desinteresados y una herencia de
glorias y recuerdos inmortales y unos decretos tan categóricos é imperiosos como los que formulan la Geografía y la Historia en el asunto del predominio natural de los pueblos cultos sobre los pueblos atrasados, deciernen Marruecos á nuestra protección, debernos estar todos los españoles á una convenidos por
tácito pacto en no forzar los hechos hasta encontrarnos plenamente seguros del debido logro de nuestras
seculares aspiraciones, que nos exigen robustez en el
cuerpo, suma de fuerzas, concierto en hacienda y en
administración, desahogo económico, disciplina social, regreso de nuestras perturbaciones tradicionales
al orden indispensable para todo continuado esfuer·
zo y para toda gran empresa. Mirémonos en el espejo de lo acaecido á Italia últimamente. Quizás Túnez
le hubiera sido reservado por Europa, si no se impacienta en el deseo vivo de la consecución del codiciado logro y no sacude con sus propias manos un
árbol del cual no debía probar la fruta. El problema
de Marruecos, planteado por nosotros á deshora, puede producir la guerra europea; y la guerra europea
puede traernos, si por modo indirecto y como de
soslayo entráramos en ella, tremendas responsabilidades. Ya sabemos que una gran parte de la opinión
inglesa pide la restitución de Tánger, adquirida para
la península por Alfonso de Portugal el Africano y
regalada por los traidores Braganzas á los Estuardos
restaurados en odio á España, como si fuera todavía
una parte integrante de Inglaterra, cuando la perdieron hace dos siglos, y que otra gran parte de la opinión francesa pide toda la banda oriental del Mogreb confinante con Argelia; por lo cual nosotros debemos mantener la estabilidad de tal territorio bajo
su actual emperador y sostener el fiel en la balanza
con ánimo de que no comience un reparto, en el cual,
saliendo bien librados, podíamos obtener una por·
ción, tocándonos, como nos toca, el todo, que alean·
zaremos con un poco no más de habilidad, espera y
paciencia. Interésanos después de haber desconcertado á Bismarck en el asunto de las Carolinas con
tanto acierto como fortuna, no hacer ahora el juego
de Bismarck, indisponiendo á Francia con Inglate·
rra, para que, triunfe quien triunfe, quede todo el
continente, bien á merced y arbitrio de Alemania,
bien á merced y arbitrio de Rusia. Bismarck sueña
con indisponer á Inglaterra y Francia por Tánger,
cual indispuso á Italia y Francia por Túnez. Y así
como cuando tuvo poder llevó los hechos por ese camino, ahora que sólo tiene influencia lleva por ese
camino las indicaciones. Y contra nuestros intereses
designa el objetivo de Tánger á Inglaterra, y contra
nuestros intereses designa el objetivo de Touat y de
Fidjid á Francia, para que choquen allf con estrépito, y dado ya este ·choque tenga que arrastrará Italia Inglaterra en su auxilio, é I talia tenga que arrastrar los dos Imperios de la triple alianza. He ahí el
abismo que oculta en su seno la pavorosa cuestión
de Occidente. Hay que bordearlo á toda prisa, quedándonos en nuestra saludable neutralidad y reteniendo el Estado marroquí en su statu quo habitual.
Castiguemos con un gran escarmiento á los moros
del Rif, escarmiento tan rápido como ejemplar, y
volvamos, después de satisfechos, al hogar donde nos
llaman el culto á nuestra joven libertad y el cuidado
de nuestra convaleciente Hacienda. Así sea. - E. C.

GRITO DE GUERRA, dibujo de R. Caton Woodville

�LA

73 2
ORILLAS DEL DEVA
CARTAS

Á LA SEÑORITA DOÑA EMMA DE MADRAZO

I
Fres del Val, 3 de septiembre de 1893.

¿Lo recuerda usted, mi gentil amiga, ma gento damo, como dicen los trovadores provenzales? ¿Recuerda usted aquellas excursiones, tan deliciosas, y para
mí tan inolvidables, por las cercanías de la solitaria
Alzola? ¿Recuerda usted, sobre todo, la última, la que
realizamos hace apenas cuatro días?
Por mi parte, declaro que no puedo, ni debo, olvidar el encanto de los días que juntos hemos pasado
en Alzola, con esos excelentes compañeros y esa sociedad selecta congregada cada tarde á la sombra del
suntuoso platanar, que tan gallardamente se eleva
ante las puertas del balneario. No puedo tampoco,
ni quiero, olvidar nuestras excursiones á la pintoresca Elgóibar, á Plasencia y su magnífica fábrica de armas, á Eibar glorificada por su opulenta industria, á
Motrico, la patria del inmortal Churruca, á Marquina
con la solemne y misteriosa Salve cantada por sus
monjes de rozagantes capas blancas, y á todos esos
otros lugares deliciosos, que tanto hubieron de impresionarme y tan halagaqores recuerdos me dejaron.
La verdad es, amiga mía, que siento añoranza de
ellos... y también de usted. Precisamente, por serme
tan gratos, son de mí más añorados. Y permítame
que se lo diga con este vocablo catalán tan determinadamente explícito y tan propio, del que hacen uso
provechoso Emilio Castelar y Marcelino Menéndez
Pelayo, sin embargo de no ser admitido aún por la
Academia, y que su esclarecido padre de usttd, nuestro sabio compañero de ella, nos ayudará de seguro
á recibir y á fijar algún día en el Diccionario de la
lengua.
Y al llegar aquí, pues que acabo de citar á su señor padre, no debo pasar adelante sin consagrarle un
recuerdo. Hemos hablado de él repetidas veces, y usted sabe por consiguiente hasta qué punto le estimo
y respeto, como á todos los Madrazo, que es una verdadera dinastía de príncipes del arte y de la ciencia.
Desaparecieron ya los hombres de la Víeille Garde,
como decía Napoleón en uno de sus más supremos
instantes de prueba. Quedan ya muy pocos. Por fortuna Pedro Madrazo es uno de éstos. En tiempos
que hoy son verdaderamente prehistóricos, más que
por lo lejanos por lo olvidados, contribuyó al renacimiento literario, científico y político de nuestra España querida, junto con aquella hueste y aquellos
hombres de fe, de virtud, de ideal y de patriotismo,
á quienes tanto parecen desdeñar hoy muchos que
sin ellos no hubieran existido. No soy yo de éstos.
Nunca comulgué con la ingratitud y la injusticia. Por
esto consagro siempre en mis pobres escritos un tributo de honor á los que fueron, y hoy, en la personalidad ilustre de su padre de usted, un saludo de respeto á los que son.
Y dicho ya esto, vuelvo á mi punto de partida.
Decía, ó iba á decir, que vine aquí, á estas tierras de
la noble Burgos, y á las ruinas de Fres del Val, donde me hospedo, en compañía de todos aquellos recuerdos de Alzola y con la añoranza de ellos. Y
como considero que uno de mis primeros deberes es
el de escribir á usted, así lo cumplo, ante todo, al
llegar á mi primer sitio de descanso, fechando mi
carta en este monumental claustro del siglo xv, que
me recuerda el de Poblet, y que su actual propietaria,
nuefüa excelente amiga la marquesa de Villanueva y
Geltrú, está inclinada á restaurar y mantener por hidalgo empeño de patriotismo y para timbre y honor
del arte y de la historia.
Escribiendo á usted, amiga mía, $e me imagina que
prosigo conversaciones interrumpidas con la gentil
dama, que á los atractivos de sus gracias y bondades
de su corazón une las altezas del alma y los vuelos
del ingenio, amable compañera de nuestras excursiones y centro y vida de aquellos corros que al comienzo de cada tarde se forman en el platanar de
Alzola, donde, precisamente á esta hora en que pongo estas líneas, se departe tan agradablemente, con
tanto derroche de ingenio y tanto primor de discreteo.
Así, pues, ma genio damo, y siguiendo nuestras interrumpidas conversaciones, ¿recuerda usted nuestra
excursión de hace cuatro días?
Ibamos costeando las orillas del peñascoso Deva,
de ese río que en lugar de recibir su nombre al nacer
~o recibe al morir, como sucede precisamente á. lo~
mmortalés. ¡Qué or_illas más deliciosas, ¿verdad? A
cada paso, bosquecillos de olorosos manzanos con
sus copas cuajadas de rubicundas ó amarilleadas
pomasj á cada revuelta, casitas, chozas, ermitas ó caseríos, que parecen tener algo de invenible por lo
que tienen de ocultos y perdidos en aquellas profun-

NUMERO 620

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

didades de castañares y robledales de inculta espesura; y siempre, á cada momento, profusamente tendidos por todo lo largo del camino, hermosos grupos, ó mejor tupidos macizos de helechos, que parecen puestos adrede para saludar al viajero con sus
bordadas y columpiantes ramas, á manera de penacho
de sueltas y onduladoras plumas.
Ya recordará usted como, al terminar nuestro almuerzo en Alzola, decidimos de repente irnos á la
cercana villa de Deva, para asistir al espectáculo de
la marea viva, la pleamar, que según opinión de gente entendida, debía ocurrir á las cuatro de la tarde
de aquel mismo día, 29 de agosto. Salimos de Alzola
en animada caravana y en ligeras cestas, todas con su
entoldado zarzo, por aquella hermosa carretera donde
se va como por un paseo, gracias á recibir especial y
constante cuidoj con lo cual ni su firme se quiebra,
ni sus guijos se hacen polvo, ni su polvo barros. Así
son generalmente, según pude observar, todas esas
provincias vascas. Forman verdadero contraste con
las otras carreteras de las demás provincias, singularmente de la mía, señaladas por su descuido, é impracticables por su polvo, sus barros y sus baches.
Al llegará Deva, de quien toma nombre el río al
morir en los brazos de la mar, asistimos á un grandioso espectáculo. El río, ó quizá, para decirlo con
más propiedad, la ría, estaba imponente y soberbia.
El agua llegaba ya á su mayor altura, cubriendo casi
los ojos del puente que une las dos orillas. Aquel entonces opulento Deva, que pocas horas antes era sólo
un arroyo, cuyo cauce, más que lecho del agua, parecía
serlo de una C?-ntera por el gran número de peñas
que en él se aglomeran y atumultúan; aquel antes
mísero Deva se nos presentaba á la sazón lleno de agua
de borde á borde, de mar á mar, como con orientalista frase dicen los del país, solapando todo lo que
enseña los demás días, sin asomar ni el borde de un
canto, y pareciendo, al contrario, que todas aquellas
peñas amontonadas en su fondo se habían trocado
por arte de magia en ligeras y flotantes barquichuelas
que surcaban su límpida planicie.
Cortando las rizadas aguas, en que llegaban á notarse los vuelcos del oleaje, se veían barcas, esquifes
y góndolas, entre ellas la llamada Amparo, de nuestros buenos amigos los marqueses de Valmar, con sus
arreos, dorados y molduras de góndola veneciana, todas empavesadas con banderolas ó estandartes, gallardetes ó señeras, y en todas ellas hermosas muchachas
con elegantes trajes de frescos y vivos colores, bateleras improvisadas, que con el arresto de la mocedad
y la codicia del placer, volaban de una en otra orilla,
juguetonas, arriscadas, indiferentes al peligro y atentas solamente al goce.
La carretera que cruzamos sigue las ondulaciones
del río, y á su vez las ondulaciones de la carretera
son seguidas por el tren, que recientemente inaugurado, viene á enturbiar con la peste de su humo la
nitidez de aquella atmósfera perfumada, y á despertar con sus silbidos de fiera y sus rugidos de monstruo los ecos dormidos de las montañas. Es realmente curioso ver lagartear por entre riscos al rampante
tren de vía estrecha, que allí, movedizo y culebreante, perdido entre aquellos peñascos, sorteando abismos, ~scalando cuestas, describiendo curvas y desprendiéndose fragorosamente por atrevidas pendientes, parece, visto de lejos, un juguetón tren de muñecas, uno de esos diminutos caminos de hierro que
mueven•á su placer los niños por las pulidas superficies de planchas metálicas. Y sin embargo, es aquella
una vía férrea que asombra, y que, más que asombra
espanta. Prescinde muchas veces de túneles par~
darse el placer de proyectar arriscadas curvas al aire
libre, bordeando profundas simas, como quien ama
el peligro, sin pensar que es frecuente en quien lo
ama perecer en él.
~odrá s~r lo que decía nuestro ilustre amigo Gabnel Rodnguez, que tanto respeto me infunde por
s~ sólida instrucción y por sus vastos talentos, y también por la firmeza y el valor heroico con que se
a~art? un día del campo político, donde hubiera podido intentarlo todo y serlo todo. Podrá ser, repito,
y será, lo que nos decía Gabriel Rodríguez de que
es~ vía férrea es_tan p~rfecta coI?o puede s;r la que
mas, y que _no tiene m ,mayor m menor peligro que
otra cualqmera. Será as1, no lo dudoj pero ¿quién le
pone puertas al campo?, ¿quién á la fantasía? ¿quién
al miedo?
'
El que viaja en este tren, llamado recientemente
con mucha oportunidad por un distinguido redactor
de El Imparcial el tren de los suicidas, va con el
alma pendiente de un hilo, sobre todo en el trozo de
vía que enlaza á_Zumárraga con Vergara. El tren pasa
allí roz~ndo a~)lsmos que da espanto mirar; baja, ó
por meJor ?ecn, se despeña por pendientes ·que aterran j describe curvas que azoran por lo inverosímiles, .. No·es un viaje, no; es un sobresalto.

Y de tal suerte debe ser así, que yo recuerdo per·
fectamente que, al encontrarme con usted en Alzola,
y al preguntarle: «¿Vino usted en el tren por vez primera?,» se apresuró usted misma á contestar, como
saliendo al paso á mi pensamiento: «No, señor, no;
por última.»
Atravesamos la villa de Deva por junto á su alameda, al trote de los caballos y al volar de la cesta,
yendo directamente al sitio que llaman el mirador ó
la miranda. Es un punto, una lengua de tierra que
avanza, como si quisiera arrojarse al mar, situada en
el primer recodo ó sea el primer arranque de la carretera que conduce á Zarauz y á San Sebastián. Hay
en aquel sitio un antepecho de defensa, y fronteros
á él, de cara al infinito, unos bancos allí puestos para
brindar á los transeuntes asiento, descanso y espectáculo. ¡Qué hermoso, ¿verdad?, qué hermoso y qué
soberbio miramar!
Ya una vez allí...
Pero observo que mi carta va tomando proporciones desusadas, y no es justo robar á usted tanto tiempo con la lectura de esta larga epístola, monopoli- ,
zando su atención que pueden reclamar mejores y
más útiles ocupaciones.
Concluyo aquí mi carta de hoy, prometiéndome terminar cuanto he de decir en la que le escribiré mañana.
VÍCTOR BAI ACUER

( Co11cl11irá)

.,.....,..,.,,....,......,..............................,.,.......,....., ..,,......,......,......,............,,.............

LA TIERRA DE LOS GITANOS
(Condusión)

III
Pocos días después estábamos en Hungría, donde
comenzamos por visitar un pueblecillo que, según nos
dijeron,era el tipo de todos los del país. La calle principal, muy extensa, estaba flanqueada por casitas muy
blancas; á lo largo de una especie de muelle elevábanse varias líneas de mástiles; y más allá, en una
arboleda, que prestaba sombra á dos tranquilos estanq~es, vimos. el primer campamento húngaro. De
!as tiendas salieron hombres que vestían como los
campesinos, mujeres andrajosas con los pies descalzos, y niños desnudos y algunos muy negros. De buena gana nos habríamos acercado; pero hacía horas
que recorríamos en bicicleta los senderos arenosos
que en la baja Hungría llaman carreteras, y estábamos rendidos.
Llegados á Raab, era tal nuestra fatiga que apenas
podíamos tenernos en pie, y así es que desQués de
cenar preferimos acostarnos á dar una vuelti por la
ciudad. Ni siquiera pregunté si se hallaban en ella
los gitanos que veníamos á buscar desde Londres,
pues en aquel momento no hubiera dado un paso
para ver á ninguno. Sin embargo, apenas conciliábamos el primer sueño, oímos en medio del silencio de
la noche una especie de suave melodía en la que
r!!cono~, una de la~ czardas que tanto' me agradaron siempre. Los eJecutantes eran unos gitanos que
se hallaban c~rca de nuestro alojamiento, y su músi_ca duró tres o cuatro horas. En aquella primera noque pasaba en Hungría, agradóme mucho oir
sm ver; y parecíame soñar, sabiendo que estábamos
realmente en la tierra de los gitanos.
A la mañana siguiente alquilamos un bote en Grau,
la Roma d_e Hungría, pues nos proponíamos hacer
una excursión por el Danubio. Ibamos sentados sob~e cubierta; de pron't o oí un sonido semejante á un
tnste l~mentoj al _volver la cabeza observé que era
producido por el violín de un pequeño gitano, sentado en un montón de cajones de una embarcación inmediata, que no dejó de tocar su instrumento hasta
que el sol se ocultó tras las colinas y hasta que un
fuerte resplandor nos señaló Budapest destacándose
en las tinieblas. Cuan?º llegamos al hotel de Hungría,
otra vez oímos la música, pero mucho más ruidosa: los
gitano~ estaban en el comedor, que en realidad era
el pat10, adornado con mucho verde y abundantes
flore~; de modo que parecía un jardín, iluminado por
farolitos de color y lleno de brillantes uniformes de
los oficiales húngaros y los elegantes trajes de las
bellezas del país.
Los músicos, que habían dejado de tocar mientras
nos sentábamos, inclináronse alrededor de una mesita
mientras que el directo_r, sacando una ba~deja, pasó
de mesa en mesa, sonnendo y saludando a cada mome~to. ¡El verdadero gitano, que no quiere servirá
nadie, y_que solamente toca por gusto, pedía limosna!
Terminada la colecta volvieron á tocar· pero la
música comprada por algunas monedas no 'tenía encanto para mí, pareciéndome lánguida y sin expresión, y salí desilusionada de allí.
En las dos semanas siguientes mi desencanto fué
en a~mento. ~uestro imaginario Budapest, con sus
palacios de marmol y su aspecto oriental, parecía una

c?e

NúMERO 620

LA

733

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cas, cuando el
sonido de una
música nos atrajo otra vez al
punto de partida. Ocho ó diez
restoranes que
por la mañana
estaban cerrados hallábanse
ahora abiertos,
y de ellos sallan
sonidos agudos
y ruidosos á veces. Varios servios tocaban
allí un pequeño
y curioso instrumento, que
tanto tenía de
mandolina como de violín, y
entre ellos vimos gitanos que
se habían mezclado ·con la
mu ltitud sin
que los viésemos, sin duda
porque vestían
un traje que no
Gitanos de regreso de la feria
llamaba apenas
la atención.
verdadera Chicago, con bulevares, luz eléctrica y máEntramos en una de las tiendas, y en ella vimos
quinas. Desde nuestra ventana el aspecto era mucho algunos gitanos que por su rostro atezado y su miramás agradable, sobre todo en las primeras horas del da tenían un aspecto más salvaje que cuantos había
día, cuando el sol iluminaba las colinas
de Buda y los postigos verdes del palacio real.
En cuanto á los habitantes, correspondían por su aspecto á la ciudad.
Los hombres vestían correctamente
según la moda inglesa, y las mujeres
ostentaban las de París.
Ni en Francia ni en Italia vive la
gente tan al aire libre como en Hungría, y así es que cuando los nuevos
amigos que teníamos en Budapest nos
dijeron que los gitanos tocaban en el
Margaretheninsel, isla del Danubio,
nos embarcamos en el pequeño vapor
que presta el servicio y allí nos dirigimos. Hasta la hora del crepúsculo nos
entretuvimos recorriendo los jardines
llenos de flores y visitando todo lo
más notable. La orquesta de gitanos
estaba ya preparada, y en ella vi algunos individuos que parecían judíos, notando también que pasaban la bandeLa feria &lt;le los gitanos
ja más á menudo que en Hungría ó en
el café de la Opera.
Otra tarde fuimos al jardín de Volks, y era tan conocido hasta entonces; dos ó tres eran tan amariintenso el calor de aquel mes de septiembre que ape- llos como los indos, y en sus ojos observé el verdanas se podía andar, por lo cual franqueamos en un dero brillo característico en los individuos de la raza,
antiguo ómnibus la extensa calle de Andrassy, donde así como lo eran también sus facciones. El jefe de la
no hay dos casas parecidas, según dicen los ciudada- cuadrilla estaba evidentemente embriaganos jactanciosos. Aunque el sol estaba muy alto aún, do. Al vernos entrar hizo señal para tocar
la música había comenzado ya, y entre los gitanos vi una czarda, pero la música que nos dieron
también esta vez muchos judíos. Antes de que aca- fué tan desagradable como el aspecto de
básemos de tomar nuestro helado nos presentaron la los ejecutantes.
.
bandeja dos veces.
En nuestras correrías nocturnas por las
Por más que aquellos músicos tocasen al aire libre, calles oíamos á veces tocar en algunos
noté la falta de ritmo y decadencia que me habían restoranes ó casas de bebida de poca imhecho soñar en los humildes jardines Manerchor; y portancia; pero nunca entramos en ningupor otra parte los gitano5 que estaba viendo, con sus no de ellos, sabiendo muy bien que llalevitas negras y feo traje, parecíanme más bien cria- maríamos la atención. De muy buena gana dábamos limosna á los gitanos errandos con librea.
Poco después de nuestra visita al jardín de Volks tes que á veces nos salían al encuentro
oímos hablar de la feria anual de Budapest, á la cual en el camino, los más de ellos muchachos
acuden familias enteras de gitanos que hacen el viaje ó niños muy graciososj pero no así á los
desde los Kárpatos solamente para irá vender cucha- que pretendían ser músicos, cuando en
ras de madera y platos ó vasijas. Todo el terreno realidad no eran más que mendigos.
Lo mismo nos sucedía cuando visitádestinado á la feria estaba ocupado por tiendas de
campaña y barracas, y allí pululaban los campesinos bamos los pueblecillos de los alrededores;
húngaros con su acostumbrado traje, chaquetón ador- allí veíamos siempre campesinos bailando
nado con botones de plata y botas de montar; mien- las czardas; mas apenas echaban de ver
tras que las mujeres llevaban varias faldas sobrepues- los gitanos nuestra presencia, dejaban de
tas, el cabello engalanado con cintas de vivos colo- tocar para pedir.
Un día fuimos á comer al brillante pares y calzado con grandes tacones, pero contábanse
no pocas que iban descalzas. Vimos allí eslovacos de tio del hotel, y cuando llegamos todo eslas montañas con el cabello enmarañado y largo y taba lleno de gente y la música había cosus chaquetas de piel de carnero; judíos polacos con menzado ya. No sé sifué una ilusión mía,
mucha grasa encima; agentes de policía, y servios mas parecióme que los violines y los címque vestían en parte al estilo turco. En fin, de todo balos emitían allí sus ve"rdaderos sonidos,
había allí menos gitanosj no encontré ni uno solo.
produciendo una música verdaderamente
Habíamos pasado algún tiempo entre las barra- característica.

Racz Pal era el director de orquesta. Dijéronme
que era uno de los treinta y tres hijos del más famoso gitano del mismo nombre.
Apenas hacía cinco minutos que estábamos sentados, cuando Racz Pal comprendió que su música nos
producía impresión; y es que los gitanos estudian á
sus oyentes hace tantas generaciones, que comprenden por instinto cuándo producen efecto en quien
los escucha. Nos observó silenciosamente, y llegado
el momento de presentarse con la bandeja, que no se
hizo esperar mucho, preguntáronnos qué deseábamos
que tocase. Por primera vez quise hablar en su dialecto al gitano, aunque sólo dije dos ó tres palabras
en romaní; pero me contestó en correcto inglés con
expresión muy digna; y cuando volvió á ocupar su
puesto, los ejecutantes no tocaron más que czardas,
valses y overturas, como los que habíamos oído en
Manerchor y en Belmont.
La música no se interrumpía más que cuando
Racz Pal se acercaba para preguntarnos qué más quería:nos oir, y confieso que la escuché con el mayor
gusto, porque evocaba
en mi espíritu muchos
recuerdos.
Un día de aquella
misma semana, J... había salido para evacuar
algún asunto y yo estaba comiendo sola en
un aposento junto al
patio grande, cuando
de pronto oí pasos, y
Racz Pal, con su bandeja en mano, apareció
en el umbral dela puerta. Dejó aquélla en una
silla, acercóse á mí y
comenzó á hablarme
en romaní con tanta
rapidez, que no pude
comprender bien todas
sus palabras.
-¿Conque usted
habla romaní?, pregun~le.
- Sí, señora, contestó; no hablo otra cosa
con mi gente, y por
dondequiera que usted
viaje, en ]a llanura y Mujer y niño gitanos de la tribu
en Transilvania, oirá
de los Giorgos
nuestro idioma.
Después de esta conversación J. .. y yo pensamos
que sería lo más acertado aprovechar el resto del mes
de septiembre para continuar nuestra correría, y resolvimos emprender la marcha el lunes siguiente.
El día de la víspera fuímos al sitio llamado «Quinta de Blocksberg,» en donde se celebraba el aniversario de un santo muy popular.
No éramos allí los únicos extranjeros; también había algunos americanos que, así como nosotros, debieron conservar un buen recuerdo de aquella fiesta.
Después de cenar resonó en la puerta la música de
los gitanos, que acababan de llegar bien preparados
con sus violines y címbalos.

Pareja de novios gitanos

�734

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 620

pica, donde magyar bonachón, nos presentó al punto diversos
sólo perma- manjares para que eligiésemos lo que quisiéramos
necimos el comer; al mismo tiempo oímos hablar algunas palarato preciso bras en romaní; y cuando encendieron las luces, mi
para ver las vista se fijó al punto en varios violines que estaban
mujeres ex- sobre la mesa, alrededor de la cual hallábanse sentrañas con tadas cinco ó seis personas de atezado rostro. Eran
el rostro ca- gitanos; pero como no tocaban y estábamos rendisi tapado, al dos, poco después nos retiramos á descansar.
estilo orienAl otro día emprendimos la marcha en dirección
tal,y más ex- al valle, siguiendo la línea del río, dejando atrás nutraños aún, merosos campesinos que iban á las minas de oro, y
1os h o m- algunos carros ocupados por wallachs, que como nosbres, con otros se dirigían á Nagy Banya.
sus altos
En este último punto era día de mercado, y la plagorros de za estaba completamente llena de hombres, que con
piel de car- sus chaquetones de piel de carnero ofrecían un sinnero, que gular golpe de vista entre los numerosos bueyes blanestaban es- cos conducidos allí para la venta. Siempre nos maraperando en villaba en aquellas ferias la extravagante diversidad
la estación de trajes, que diferían tan sólo según la ciudad ó puey ofrecían blo de donde los campesinos procedían. Después de
un conjun- estar en aquel ruidoso mercado de Nagy Banya, fué
to singular. para nosotros singular contraste entrar en una casa
A la si- donde vimos bosquejos de Rembrandt, dibujos de
guiente ma- Víctor Hugo, elegantes tapicerías, libros de los más
ñana vimos modernos y personas vestidas á la última moda de
por todas Londres y París. El dueño de la casa era un bravo
partes altas patriota del año 48, hombre de cabello blanco, que
Gitanos dirigiéndose al !Ilercado
montañas, se enorgullecía de haber tomado parte. en todas las
que pare- batallas libradas en Europa en favor de la libertad;
Cuando pasamos al jardín, vimos que estaba ilu- cían cerrarnos el paso. Jamás olvidaré nuestra llega- magyar de corazón, frunció el ceño cuando le hablaminado con farolillos de colores, pendientes del ra- da á Máramaros Szeget, á la pálida luz de la aurora: mos en alemán; pero nos manifestó sus simpatías
maje de los árboles. Los gitanos fueron á situarse en un centenar de hombres ó más, semejantes á otros apenas dejamos este idioma por el francés.
el terrado para tocar las czardas, y un momento des- tantos salvajes, con larpués comenzaron á llegar muchas parejas de baila- gas melenas de cabello
rinas.
lacio y muy andrajosos,
Como yo había dirigido algunas palabras en su dia- saltaron del tren, y á una
lecto al director de la orquesta, éste se me presentó voz de mando formárondurante el primer descanso y díjome que en obse- se en línea, marchando
quio mío tocaría un tac/to Romaní gilli'. verdader~ después de dos en dos
canción gitana. La oí con la mayor atenc?ón, y admi- con paso militar hacia
rórue por lo apasionada y vigorosa. Dicen que los la ciudad. Nosotros los
gitanos no tienen música propia; mas declaro que ja- seguimos en nuestras bimás he oído canción tan extraña ni de tan salvaje cicletas, juntamente con
carácter como el gilli.
• una escolta de judíos
Los primeros albores de la aurora anunciaban ya polacos. Al llegar á la
el próximo día, y aún duraba el baile, que se prolon- plaza vimos otros mugó hasta que los rayos del sol iluminaron las aguas chos hombres formados
del Danubio.
en filas, silenciosos y taAquella fué nuestra última noche en Budapest, la citurnos, y cada cual con
noche en que vimos realizados nuestros sueños; mas una hoz al hombro. Yo
aún no existía allí el gitano perfecto¡ en adelante sa- me pregunté si aquello
bríamos que no se le debía buscar en las ciudades, sería el principio de alsino en su propia casa, es decir, en los caminos ó ca- guna rebelión de camrreteras.
pesinos en aquel remoto
rincón de la Hungría del
IV
Noroeste. Pero no, los
hombres de las guadaEn un día caluroso y bajo un ciclo ardiente sin ñas eran labradores, que
nubes comenzó nuestro viaje en el tren, lleno de via- aguardaban allí con la
jeros que hablaban alemán, húngaro ó una lengua esperanza de que alguno
Labradores gitanos esperando contrata
desconocida. ·
les contratara.
Durante toda la tarde estuvimos cruzando una vas·
A la mañana siguiente emprendimos la marcha tan
Con placer recuerdo los días que pasé en N agy
ta llanura sin árboles, y al anochecer llegamos á De- temprano, que solamente los segadores nos vieron saBanya, pues ¡i.llí estuve como en un paraíso. Por las
breczin, pequeña ciudad húngara verdaderameQte tí- l-ir. Durante la primera parte del viaje cruzamos por
tardes paseábamos en jardines llenos de flores, desde
varios pue- donde se veían las distantes montañas· á caballo re,
'
blecillos, comamos
el fresco valle donde se encuentran
las midonde nos nas de oro, y en el pequeño parque nos reuníamos
admiró la c?n la familia del patriota, que me colmaba de atenrobustez de c10nes. No hay nada en el mundo comparable con
las muje- la bondad húngara, y los nuevos amigos que teníares, muchas mos allí creían siempre no haber hecho lo suficiente
de las cua- para complacernos.
les, lucienEl _d~eño puso á nuestra disposición un carruaje
do delanta- para ir a ver las chozas de gitanos que había en los
les de cha- arr~bales del pueblo, y ya desde lejos divisamos las
rros colo- espirales de azulado humo que me eran tan familiares, ocupá- res desde que estuve en Camden. Nunca olvidaré el
banse en grupo que vimos delante de una choza, alrededor de
sacar agua una olla pendiente de unas estacas sobre el fuego.
de los po- U na mujer joven, verdaderamente hermosa, con la
zos. con sus dentadura blanca como la nieve, tenía un niño en la
jarros de falda,_ Y en torno suyo había otros tres, muy morenos
estilo grie- ta~b1én y desnu?os; á pocos pasos, un hombre joven,
go. Al ano- casi negro, pasea base de un lado á otro. Al divisarnos
checer nos uno_ de los niños, púsose en pie de un salto y corrió
detuvimos h~c1a un campo de trigo para ocultarse entre las esen Telso pigas.
Banya, alo1:quellas chozas no eran tiendas de gitanos, pues
jándonos teman par~des y tech~s de argamasa, y sus habitanen la única tes, por _mas que estuvieran desnudos corno salvajes
posada que del des!ert~, habían renunciado para siempre á la
allí se en- dulce vida libre de los que no reconocen ningún
cuentra. El hombre _Por amo y ha~í~ muchos años que se habían
U na visita á los gitanos
dueño·, un
establecido en el dommio de un gran señor, que les

LA

NúMERO 620

U na choza de cañas de maíz

permitía estar allí, exigiendo en cambio un día de trabajo por semana á cada cual.
Al fin abandonarnos Nagy Banya y nos dirigirnos
Dees: por el camino sólo encontrarnos un vagón
donde iban dos gitanos con dos muchachos, lo cual
me extrañó, porque yo esperaba encontrar cada paso en los caminos de Hungría alguna caravana, y no
gitanos sueltos viajando en vehículos. Aquellos fueron los únicos que vimos en la parte N arte de Transilvania.
Cuando pregunté la causa de esto en hs ciudades
por donde pasamos, nos dijeron que era muy raro en
verdad que los gitanos viajasen desde un punto
otro pues las leyes locales contra ellos en cada depart;rnento eran severas. Ya no son esos gitanos libres como al ave en el aire, sino como el pájaro en
su jaula.
Nos causaba honda pena ver á las mujeres cavando en los campos ó en los caminos, y á las niñas,
con sus delicadas facciones y sus pañuelos á la cabeza, guisa de turbante, acudir corriend_o ~ara vernos
pasar. En cuanto
los hombres, casi siempre los
encontrábamos trabajando en servicio de algún labrador.
Cuando nos internamos más en el país supimos
que no se celebraba feria ni mercado sin que acudieran los gitanos. Allí estaban los hombres con sus cestas y cepillos para la venta; rara vez con caballos;
mientras que las mujeres, provistas de sus palas y cubos, esperaban á que alguien solicitara sus servicios.
Por lo demás, nunca nos engañábamos en cuanto
al tipo: aunque esos bohemios vistiesen el traje de
labrador, presentaban caracteres que nos revelaban
con seguridad al gitano de raza. Sin embargo, esto
no impedía que fuesen poco menos que animales.
Durante horas enteras veíaseles sentados al sol, con
las rodillas abrazadas, esperando á que «cayese algo
que hacer;» y cuando J ... ofrecía tabaco cualquiera de aquellos hombres, no siempre se movía para
acercarse á recibirlo. Más á menudo, cual si temiesen
que se les molestara para algo, echaban á correr con
la rapidez de un ciervo; y no se debía esperar darles
alcance, pues parece que tienen alas en los pies.
No hay ciudad ni pueblo que no tenga su barrio
de gitanos, y en todas partes me llamó la atención el
inerrable instinto que los conduce á elegir siempre

a

a

a

a

a

a

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

735

los s1t10s más amenos y Este llegamos casi á la Moldavia. Siguiendo el curso
poéticos para establecer del Maros vimos otra vez gitanos en los caminos y
su vivienda ó acampar.
entre las grandes rocas y en cuevas subterráneas, don· Al fin de nuestra prime- de viven salra semana de viaje llega- vajes y sin
mos á Bestercze, pequeña música. Desciudad sajona que está ca- pués penetrasi en el Bukovina. Aquí mos en el
exploramos todos los alre- mismo coradedores con la esperanza zón de Szede encontrar al verdadero klerland, vigitano de pura raza en al- si tan do sugún camino; y gracias á cesivamente
nuestras bicicletas, nos ale- Maros Vajábamos á veces mucho, sarhely, Szevisitando pueblos de nom- kely, Udvabres extravagantes, muy le- rhely, Czik,
janos de las vías férreas; S z erda y
pero en todas nuestras ex- Sepsi Szent
cursiones no encontramos Gyor gyo,
más que el pastor, con su esas ci udarostro casi negro, y gen- des de nomdarmes armados de sus ca- bres terribles,
rabinas.
donde los
Un día tuvimos la suer- hombres se
te de encontrar un pueblo jactan de ser
Guía de Dées
habitado sólo por gitanos. Volvíamos del Bukovina, hijos de los
y al franquear una depresión de terreno en la falda de más antiguos
la montaña, vimos en una solitaria colinilla un grupo hunos, de aquellos que siguieron al feroz Atila en sus
de chozas. Ningtín sendero encontrarnos para llegar salvajes correrías, á los cuales se recuerda al fijar
allí; pero esto no nos impidió llegar. Al principio no nuestra vista en su penetrante mirada.
vimos á _nadie¡ pero muy pronto comenzaron á preUn domingo, á últimos de septiembre, vimos en
sentarse hombres, mujeres y niños andrajosos y de un remoto pueblo de montaña unos wallachs que
mísero aspecto. El techo de sus chozas se componía bailaban cerca de la iglesia al compás de la mtísica
de ramaje
de árboles,
que aún conservaba sus
flores silvestres. Los
hombres,
muy desaseados, llevaban la camisaabierta,
dejando ver
el pecho; las
mujeres iban
descalzas,
aunque tenían el cuello adornado
con collares
de monedas
de plata del
siglo último,
y los niños,
según costumbre, andaban por
allí desnudos: todos
los hombres,
Una familia de gitanos en marcha
algunos de
ellos muy semejantes á bandidos, llevaban puñales en el cintu- de dos gitanos que vestían de campesinos. Las mujerón; de modo que si hubiesen querido nos habrían res se distinguían por sus delantales de col~res charobado hasta la camisa, porque estábamos indefensos rros y sus collares de abalorios; llevaban en el cabey completamente en su poder; mas nos recibieron co- llo muchas cintas, y todos los hombres se habían enmo amigos, con una cortesía que nos admiró.
galanado con una flor colocada sobre las orejas; en
Todos esos gitanos pertenecen á una clase diferen- el sombrero lucían plumas de gallo, y en las botas
te de la de aquellos que frecuentan los mercados y campanillas que resonaban á cada movimiento.
visten como los campesinos;
Pasamos todo un día en Maros Vasarhely en comy para señalar la distinción, pañía del Dr. Herrmann, que nos ofreció acompahacía largo tiempo que se ñarnos para visitar las chozas de gitanos de la monhabían cortado sus rizos, re- taña. Se nos trató con mucha deferencia, y nuestra
nunciando á sus botones de visita á dicho pueblo no dejó de ser provechosa.
plata, y esforzándose para teAllí tuvimos ocasión de ir la feria de caballos y
ner el aspecto de un húnga- ganado, donde los gitanos abundaban. Por la tarde
ro ó wallach de la ciudad. recorrimos los extensos prados, y en la orilla del río
Con los primeros que ha- pude ver al fin verdaderas tiendas de gitanos, alredeblarnos fuimos los mejores dor de las cuales jugaban varias niñas en quienes obamigos apenas pronuncié dos servé el sello característico de la raza. Más allá de las
palabras en su dialecto.
tiendas veíanse caballos, vacas y cerdos, pues aq ueNi en Bestercze ni cerca llos gitanos- se habían hecho labradores; uno de ellos
de este punto había verdade- me enseñó su ganado, y preguntóme por los gitanos
ros gitanos, y de consiguien- de nuestro país. Recuerdo muy bien el detalle, porte era inútil permanecer allí, que aquel hombre fué el único que manifestó interés
donde no encontrarnos más por la gente de su raza.
que pobreza y miseria en
Con el mes de octubre se comienzan á ver esas feaquella solitaria colinilla de rias en todas las ciudades y pueblos, y muchas mala montaña.
ñanas nos despertaron vendedores y compradores
Otra vez emprendi mos con el ruido que hacían debajo de nuestras ventanas.
nuestra peregrinación, cru- ET\ los pueblos más pequeños, de los cuales visitazando llanuras y montañas, mos algunos, todo era confusión y alegría durante
y dirigiéndonos hacia el los días de feria.

a

a

Labriegos gitanos

�~ ~ J \ J t ) \ \ '{,

.

'

-.

•

.

L.-,...,'

MARCHA AL TRAVÉS DEL DESIERTO,

DIBUJO DE

R. CATON

WOODVILLE

�LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 620

Octubre es el mes de la vendimia en los extensos es la exposición de las obras últimamente expuestas en este loMonumento erigido en memoria de la bataviñedos del Este de Transilvania, que nosotros visi- cal. U na colección de escenas familiares y estudios, ejecutados lla de Trenton en la ciudad de este nombre. soltura, agradables por su coloración é impregnados de ver· La batalla de Trenton (26 de diciembre de 1776) fué una de
tamos en los días más brillantes de aquel mes, sabo- con
dad, del pintor Gómez Soler, llama con justicia la atención ge· las más importantes libradas contra los ingleses, y la victoria
reando de continuo las ricas uvas que allí se encuen- neral, pues realmente revela en su autor un progreso. Regu· allí conseguida por Wáshington una de las más brillantes de
tran. Solamente para formar idea de los trabajos y lar número de cabezas de estudio de Brull, con indecisión y va- aquella guerra. El Estado de Nueva Jersey, deseando conmeoperaciones que co? tal mot_ivo se pract!can llegamos guedad alguna, pero bien aceptables otras por su expresión y morar aquel trascendental suceso, ha erigido en su capital,
Torras y Farell ha presentado diversos retratos en claro- Trenton, un monumento cuyo modelo reproducimos, proyectahasta la pequeña cmdad saJona de Muhlbach, con color.
obscuro, de buen dibujo y buena entonación; uno de ellos, el
sus antiguas y ruin?sas m~rall~s y su magnífic? tem- del a11~atezer Sr. Nicolau, bien resuelto por su actitud natural y
plo fortificado. Alh también vimos una cuadrilla de expres.1ón.
La industria artistica se ha representado por una cuna de
gitanos músicos que tocaban todas las tardes y hade Rafael Costa, decorada con pinturas y ligeros toques
bían llegado de lejanos pueblos. Los tziganes eran caoba,
de oro; decoración apropiada al estilo 1·ococo, á que pertenece
numerosos, y casi todos labrad?res acomodados.
este mueble, nueva muestra de que el arte va infiltrándose en
Dos días después nos hallabamos en Kolszvar, los trabajos de nuestros industriales.
paseando otra vez entre los viñedos y comiendo uvas.
T eatros. - En Roma y en Turín se ha representado el dra·
Habíamos llegado á este pueblo como extranjeros,
ma de Tolstoi El poder de las tinieblas: los dos primeros actos
pero se nos recibió como amigos, teniendo el gusto de fueron fríamente acogidos, pero el resto de la obra entusiasmó
que nos acompañaran toda una mañana el maestro · al público. Según parece, se trata de un drama horripilante,
de escuela y el cura. No nos faltaron allí tampoco gi- «monstruosamente terrible ó locamente sublime }) al decir de un
'
tanos y czardas á la hora de comer, y al mismo tiem- periódico italiano.
- En el teatro Real de la Opera, de Berlín, se han estrenado
po recreábamos la vista en la sinuosa corriente del dos óperas en un acto, Grürgoire, de Ignacio Brull, y Jl.fm·a, de
Szamos y en las nebulosas montañas por donde ha- F. Hummel; una y otra fueron muy aplaudidas. JI.fara es del
género de Cavalleria rustica11a; el libro, de A. Delmar, es albíamos cruzado desde nuestra salida de Torda.
Con los mismos amigos fuimos á ·cenar á la ciu- tamente dramático y la m{1sica pertenece al estilo wagneriano.
En el teatro de la Ciudad, de Leipzig, se ha representado
dad y después se presentó Pongratz con sus músi- con- muy
buen éxito la ópera en dos actos de Juan B. Pergolecos/ Pongratz, á quien se invita á las fiestas .de los se La serva j)adrona, escrita hace r62 años.
reyes y emperadores, y que ahora, desde la muerte
- En la Arena Nacional, de Florencia, se está representando
gran éxito una versión italiana de la popular zarzuela La
de Racz Pal es el más famoso director de orquesta con
Gran V/a.
gitano que 'se conoce en toda Hungría. Nos hizo el .- En el teatro de l_a Corte, de Dresde, se ha dado con gran
honor de acercarse á nuestra mesa y «tocar al oído,» éxito una representación del drama Mahoma, de Voltaire, tray en su música hallé algo de eso que hace soñar, evo- ducción de Goethe.
Londres. - Se han estrenado con éxito: en el teatro Daly una
cando recuerdos del pasado.
comedia
de gran espectáculo en tres actos, arreglo del alemán
Al salir de la fiesta, una hora antes de amanecer, por Blumenth~l
y Kadenburg, titulada The Ort'ent exprés; y en
vimos varios jóvenes que, con el sombrero echado la Opera Cómica, la Sociedad del Teatro Independiente un
hacia atrás dirigíanse á sus casas cantando las czar- mel?drama histórico titulado A Questiórz of memory, de dos
das con qde los gitanos habían sazonado el vino. El escntores que ocultan sus nombres bajo el seudónimo de MiField, cuyo argumento está basado en un episodio de la
sereno con su chaquetón de piel, hacía su ronda chael
revolución de los húngaros contra Austria en 1848. Después
aún, golpeando el suelo ~on el chuzo á cada paso. del melodrama, los artistas de la Sociedad representaron en
Esto fué lo último que vimos en Kolszvar, donde francés el precioso drama en un acto, de Francisco Coppée, Le
Patu.
todo nos pareció muy característico.
París. - Se han estrenado con éxito: en el Chatelet la coLa noche era muy fría, y al amanecer vimos todas media
de magia en tres actos y veinte cuadros, de gran especlas montañas inmediatas cubiertas de 'nieve. Había táculo, Chat dtt Diable, de Nuiter y Treffen, música de Offencomenzado el invierno, y al menos por aquel año de- bach, que no se había representado aún en Francia á pesar de
\
bíamos renunciar á las excursiones por los caminos. haber sido escrita hace veinticinco ó treinta años para Inglate·
l\fo~elo del m?numento erigid? en Trenton (Nueva Jersey,
en donde ha tenido siempre un éxito extraordinario· y en
Estados Unidos) en memona de la batalla alli librada
Cerca de Kolszvar tomamos el tren para Budapest. rra,
Gymna~e la comedia en un prólogo y tres actos de SarcÍou y
por Wáshington contra los ingleses en 1776.
No habíamos encontrado el verdadero gitano de Moure~u, llfadame Sa11s Cene, que es la historia anecdótica de
pura raza como no fuera un hombre viejo con quien la manscala Lefebvre: la obra es interesante con escenas magispor Juan H . Duncan. Consiste en una columna dórica de
hablamo; en Burzenland. Nos dijeron que era el tralmente desarrolladas y efectos dramáticos de primer orden y do
granito, de r 35 pies de alto, coronada por una estatua de bronestá admirablemente escrita.
único que había quedado en Transilvania, donde toMadrid. - En el teatro Real se ha estrenado con poco éxito ce colosal de Wáshington, ejecutada por el escultor W. }{.
dos los hombres de esa raza se hacen )abrador_es, de- la ópera del maestro Puccini llfanón lescaz1t, bien instrumen- O'Donoran; en las cuatro caras del pedestal hay otros tantos
gradándose rápid~mente hasta c~nvert1rse en siervos. tada, pero pobre de inspiración; en su desempeño obtuvieron bajos relieves representando distintos incidentes de la batalla.
Nuestro gitano hbre como el ciervo en el bosque, muchos aplausos la señora Darclée, el tenor Sr. Cremonini y la Un ascensor eléctrico permite subir por el interior de la columna hasta llegar á la estatua, desde donde se disfruta una vista
como el pez en el ag_ua y como el ave ~n los aires, se orquesta, muy bien dirigida por el maestro Goula. En el Es- magnifica.
pañ?I ha comenzado sus tareas la compañia que dirigen los coha extinguido para siempre _en H~ngna. En nuestr? ~oc1dos actores Sres. Mata y Bueno. En el teatro Moderno (anpaís se había realizado meJor el ideal _que con_ceb~- !ig1'.a Alhambra) ha debutado con muy buen éxito la compañía . Grito de_guerra - A; través del desierto, dibud? ~- _C. V[oodville. -Como pocos artistas trata el
mos: Davy Wharton en Camden, Rudi en los Jardi- 1tahana del Sr. Emannuel y señorita Reiter que últimamente Jos
célebre._d1bu¡ante mglés_ WO?dville los asuntos que tienen por
estuvo
e~
el
Pri!1cipal
de
Barcelona.
En
Ap~lo
se
ha
estrenado
nes de Manerchor, y no Pongratz en Kolszvar,
con mediano éxito una zarzuela en un acto, Los descamisados persona¡es y por escénanos tipos y lugares del continente afriGoghi en Bestercze y Racz Pal en Budapest, eran el de
L6~e1. Silva y Arniches y música de Chueca: el libro, aun'. c~no. Hay en todas sus co_mposiciones tales vigor y fuego y
tacho Romaniy chals.
'
.
.
que chistoso, no ofrece interés alguno, y la música, con ser del vida, que sólo alcanza e_l lápiz cuand? el que lo maneja siente
de veras el tema que qmere reproducir por haber estudiado á
Algunas veces nos preguntamos s1 nosotros mismos popular é inspirado maestro, no pasa de regular.
Barcelona. - En el Tívoli ha comenzado sus representaciones fond? sobr~ el terreno las figuras, los paisajes, las costumbres,
no somos los únicos seres humanos que pueden conuna compañia cómico-lírica que está representando con buen la existencia toda del ?afs adonde. quiere transportar al que
siderarse libres como el ciervo en el bosque, como éxito
la popular zarzuela ele gran espectáculo en tres actos de contemple su obra. El arabe de Gnto de guerra que detiene al
el pez en el río y como el ave en los aires.
Ramos Carrión y música de Fernández Caballero El siglo que fogoso cor«:_el para excitar.con sus gritos y con sus ademanes á

NúMERO 6 20

L A ILUST RACIÓN ARTÍSTICA

.

I SABEL ROBINS PENNELL

MISCELÁNEA
Bellas Artes, - El jurado constituí?º en Budapest para
premiar el mejor boceto de monumento a Andrassy ha otorga·
do el primer premio al famoso escultor húngaro Jorge Zala, el
segundo al célebre escultor alemán Gustavo Eberlein. El proyecto de Zala representa á Andrassy sobre un pedestal de cua·
tro metros de alto, de estilo del Ren~cimiento, en el ~ual. hay
dos figuras alegóricas, la Paz y la Riqueza, y dos relieves que
reproducen uno la fiesta de la paz ce Berlín (copia del cuadro
de Wernerl y otro el ac\o
la coronación:. ~l boceto, de Eber•
Jein es de gran efecto plashco, pero poco ongmal: en el Andrassy va montado sobre un caballo que una hermosa matrona
conduce :le la mano.
_En.la Galería Nacional de Berlín se han expuesto las obras
por Ja misma adquiridas_ en el presente año, entre las cuales hay
paisajes, marinas y animales de Gude, Saltzmann, Frenzel,
Spanzenberg y Dettma~n, de Berl!n; Ye_rnberg:, Herzog y _Muhlin- de Dusseldorf· We1shaupt, V-. englem y D1ll, de Munich, y
ad;m:ís retratos d~ Hoffmann, de Fallersleben y del egiptólogo
Lepsius, pintados respectivamente por Hensele~ y _Biermann.
- En la Exposición ,celebrada por lo,s ~eces1omstas de ~ unich, que se cerró el d1a 22 de octubre ultimo, se han vendido
obras por 125.000 pesetas, ó sea el 12 por roo del valor de las
enviadas para la venta. El producto de las entradas asegu~a el
pago ofrecido de la par!e. de deud_a contrafda para con~trmr el
nuevo palacio de exposiciones edificado en aquella capital por
cuenta de la asociación.
_ La Galería Nacional de Londres ha adquirido el famoso
cuadro de H ogarth, El tribunal del jefe de la escuadra.
_ En Mulhausen (Alemania) el profesor Wagner está trabajando en la restauración d_e las _antiguas pinturas de la Casa
Consistorial, figuras alegóncas J?llltadas sobre un fondo de ladrillos encarnados, que han servido de modelo para el adorno
de una de las fachadas que hasta ahora habían estado sin decorar.
Barcelona. - Salón Parés. - Interesante, numerosa y variada

?e

viene. En el Circo Barcelonés se ha estrenado co~ aplauso una los companeros que le sigu~~ y el árido paisaje que sirve de
graciosa zarzuel~ ~n un acto, U11a ópera en A z11queca, letra del fo!1do al hermoso grup~ del ¡mete y_del caballo; la infeliz pare¡a de A través del desierto que camma recelosa de las dos fie·
Sr. Granés y mus1ca de García Vilamala.
ras que pare~en acechar el_ 1;11omento oportuno de lanzarse so- La inauguración del Liceo ha sido este año una noche de bre ella y la mmensa plamc1e sin un árbol, sin una mata, calhorrores y de luto para nue$tra ciudad. En la crónica corres· deada por u? sol que. cae á plomo, que penosamente cruzan
pondiente de El Salón de la Moda, que acompaña á este núme- aquellos desd1cha,do~, tienen, amén de la intachable corrección
ro, se describe detalladamente la espantosa catástrofe que ma- con que lodo _est'.1- e¡e~utado, tal fuerza de expresión, que miran·
nos tan criminales como cobardes produjeron en nuestro her· do los dos d1buJos siéntense calofríos ante la idea del salvaje ·
moso_ c?liseo. Omitimos, pues, ocuparnos de ella para evitar furor de aquel guerrero y al pensar en los horrores de esta marrepe~IClones, y. hacemos nuestros los conceptos que en dicha c~a, á cuyas penalidades quizás pondrá término una muerte ho·
crónica se consignan, de dolor al recuerdo de las víctimas de rnble entre las garras de los fieros animales.
compasión para sus familias, de execración para los aut~res
Un recluta por fuerz_a, dibujo de J. H Rode tan vil atentado.
be~s. - Aun9ue al protagonista de esta escena, maldita la
gracia_que debió h,ac~rle vers_e co~vertido en recluta por fuerza,
Necrología - Han fallecido recientemente:
Carlos Bell Birch, conocido escultor inglés y hábil dibujante no deJa de ser com1ca la situación de este infeliz entr• un
esc~adr?n de caballería _á todo correr, rodeado de soldadot que
sobre madera y sobre piedra.
Jo~é Hellmesberg:er,_ ~irecto~ de orquesta de la Opera Real se nen a mai:idíbul~ bat1ente ~e su facha y de su azoramiento.
en Viena, notable v10hmsta, d1rector del Conservatorio de la Y el s_uccso llene aun mas gracia por ser el dibujo, según el autor
del mismo afirma, copia del natural y tomado de un croquis
Sociedad de Filarmónicos de la capital de Austria.
...,....,.,.... ,,,,.,.,,,......,..,......•......,....,........,......,...........,.,....,.,..,......,......,......,..,...,.,;.,....,. sa~d,o durante las t'tlti~as maniobras efectuadas en Inglaterra.
Qu1zas el buen señor, _Picado de curiosidad, quiso ver demasiado de cerca la_s evolu~1~nes del ejército, y su caballo, recordanNUESTROS GRABADOS
do tal vez antiguos hab1t~s, se lanzó en medio de sus compañer~s Y coi:i ell?s empr~nd1ó veloz carrera; quizás se trata de alPuerta en el patio de los. Naranjos de la ca- gun PTOJ?letano rur~I o médico de pueblo que yendo á visitar
tedra_! de Se"."illa, dibujo á la pluma de Manuel su_s
propiedades ó a sus enfermos se vió sorprendido en su caG_~rc1a _R odr¡guez. - A la galantería del distinguido paisa¡1~ta sev1ll_ano debemos el notable dibujo que publicamos, mmo por aquella avalancha de jinetes, y quieras que no, para
copia de l_a rnteresante puerta que da acceso al poético patio de no ser ar_r?llado, hubo de volver grupas y acomodar su paso al
los Naran¡os de la catedral de Sevilla. Nuestros lectores conocen d~ \os m1htares. De todos modos, su situación nada tiene de en•
ya, por haber fig_urado las reproducciones en LA ILUSTRACIÓN vidiable, Y á buen seguro que si el caso es, como dicen histórico, el pobre hombre no se habrá repuesto todavía del ~ustoque
~RTiSTICA, van~s obras del Sr. García Rodríguez, que tan se
llevara.
¡usta ~orno merecida fama ha sabido conquistarse en el género
especial que con tanto aprovechamiento cultiva. Nuestro amiRecomendamos el verdadero Hierro Bravais
go forma parte de esa pléyade de artislas que en la bella ciudad
andaluza t_an alto conservan el b~1en ?Ombre de la escuela que aqiptado en ,1013 Hospitales de París y que pres~
en en. l_os medicos, contra la Anemia Clorosis
tant'.1- glor)a logró para el arte p1ctónco español, ofreciendo la Y Debilidad; dand9 á la piel del bello sexo el
part1culanda~, en el período de su moderno renacimiento, que sonrosad_o y aterciopelado que tanto se desea
todos los artistas residentes en la que fué sede de San Isidoro Es el me1or de todos los tónicos y reconstitu~
son pintores genuina1)1e?te españoles, ya que reproducen los tien_tesd. No dprodáuce estreñimiento ni diarrea
pos, costumbres y paisa¡es de aquella región,
emen o a em s la !:JUPerioridad sobre los fe~
rruginosos de no fatigar nunca el estómago.

f

\ .

- Ustedes dispensen, dijo Luis acercándose y llevando la mano al sombrero.. ,

LA POLA
NOVELA ORIGINAL POR EVA CANEL. - ILUSTRACIONES DE

- ¡Hasta mañana, caballeros!
- ¿Te marchas ya?
- Sí.
- ¿Has perdido?
- ¿Perdido? No. Digo: creo que sí.
- No será mucho cuando no sabes cuánto.
- ¿Mucho? No: no debe ser mucho; unas cinco
mil pesetas, me parece..
- ¡Cinco mil pesetas! ¿Y lo dices tan fresco?
- Pues qué quieres, ¿que lo diga sudando?
- Ya sé que no es para ti gran cosa esa cantidad;
pero al fin son cinco mil pesetas,. ¡mil duros!
- Igual á veinte mil reales; estoy enterado; vaya,
adiós, Roncalito: me caigo de sueño; me he aburrido
en la ópera; me he aburrido jugando, y si me descuido bostezo hablando contigo.
·
-¿Y Camila?
- Debe estar durmiendo; son las cuatro, y no es
hora me parece, de estar rezando el rosario.
-'Hombre, no digo tanto; podía estar en un baile.
- Pues no está. Adiós.
- Adiós, Luis. Que duermas bien.
Este corto diálogo fué sostenido por do, hombres
en un salón del Veloz Club.

J.

CABRINETY

Contaría el uno treinta y cinco años, era lo que en
el lenguaje vulgar llamaríar.nos buen mozo, y revelaba en su porte, en la distinción de sus maneras y en
la elegancia de su persona pertenecer á la clase más
elevada de la ¡;ociedad masculina.
Su interlocutor, un chiquillo espigado, un mozalbete de bigotillo chino temeroso de cubrir completamente el labio, y patillitas avaras, tacañas, rehacías
en crecer; pero todo lustroso, abrillantado, rizadito y
cuidado como planta exótica en invernáculo de floricultor.
Era Delfín Roncal hijo primogénito del marqués
del Arroyo, tonto de capirote, aficionado á las bellas
artes, según decía, galanteador de tiples de ópera y
de coristas de zarzuela cuando el Real se~cerraba,
conquistador de camareras de establecimiento balneario y hazmerreír de señoritas poco aficionadas á
los titis.
Tenía veinte años y representaba diez y seis: nadie
llevaba una moda arttes que Roncalito, ninguno le
aventajaba en la variedad y surtido del guardarropa,
y pocos podrían decir que fuesen sus papás tan complacientes como lo era el marqués para pagar ·cuentas: en cambio Roncalito no contaba ni podía con-

739
tar con mayor cantidad en met~lico que cinco duros cada
d~mingo, por lo cual lo de las
galanterías de prima-donnas
era un exceso infantil de poca
trascendencia.
El buen mozo á quien Ron. calito llamara Luis salió del
Veloz después de haberse
dejado poner un gabán de ricas pieles y de subirse el cuello hasta cubrir las orejas:
cuando puso el pie en la acera de la calle de Alcalá sintió
un escalofrío; estaba helando
como hiela en Madrid una noche serena del mes de enero.
Tomó hacia la izquierda y
siguió por la calle abajo en
dirección al Prado.
Cerca de la iglesia de San
José distinguió un bulto: era
una ·mujer que al verle se dirigió á él resueltamente:
- Caballero, le dij9 sollozando, una limosna para mi
madre que se muere.
El clzebman continuó su ca·
mino sin dar señales de haber visto á la mendiga, y la había oído sin embargo. Pero
¿quién hacía caso? Las muchachas perdidas, las viejas viciosas y los chiquillos desarrapados que todas las noches le
salían al paso le dieron ya muchas desazones. Le habían
contado lástimas, penas horribles, miserias espeluzn¡mtes y
se conmoviera algunas veces
hasta el punto de tomar las señas de sui; domicilios, después
de socorrerlos con largueza, para buscarles acomodo y remediar sus necesidades; pero ni
uno le dijera jamás la verdad.
¿Cómo había de hacer caso?
Estaba dispuesto á no dejarse
engañar más, así lo había juradÓ la última vez. Pero aquella
voz que entre sollozos pedía
una limosna para su madre le
había llegado al corazón, hiriendo las fibras del sentimiento: era un acento dulce, desgarrador... Sí, como se lo habían parecido otros... No, no:
sonara diferente en sus oídos.
¿Cómo había podido dejar de
atenderle?.. Volvería atrás; sí,
volvería: si le engañaban una
vez más, bien: ¿qué más daba?;
pero no podría pasar la noche
tranquilo recordando aquella
voz y aquellos sollozos.
Sin reflexionar más, dió la
vuelta cuando estaba ya cerca
de la fuente Cibeles, y á paso
largo llegó hasta la calle del
Caballero de Gracia sin divisar á nadie; miró hacia la calle
de las Torres, dobló la esquina
de la casa conocida con el fúnebre nombre del
«ataúd,» y por más que miró á uno y otro lado no vió
un alma viviente. Sufrió con esto una contrariedad
grandísima; pero un tanto consolado con la idea de
haber puesto de su parte los medios para encontrar
de la mendiga, tomó de nuevo su camino, pensando
en quién sería aquella joven desventurada, pues joven debía ser á juzgar por el metal de su voz.
A la entrada del paseo de Recoletos encontró al
sereno, que indudablemente lo esperaba, pues al verle
se puso en movimiento, adelantándose á recibirlo.
- Buenas noches, señorito.
- Buenas noches, Tomás: ¿No ha venido por aquí
una joven que pide limosna para su madre?
- B iénenle tantas, señorito... Buenas pécoras están.
¿Pues non decía el señorito que no lo enja11arían? Han
de enjañarlo mientras viva, porque tiene muy blandas
las entretelas del corazón.
- Pero dime, ¿ha venido alguna esta noche?
- Esta noche, esta noche... ; pues mire, esta noche
paréceme que goben no ha venido ninjuna; vino la
pelada, una pedijua11era que cuenta cada noche una
cosa más triste... Yo téngole ofrecido darle un jolpe
con el chuzo que le parta en dos la cabeza.

�740
- Pero ¿no podría usted buscarme una que estaba
hace un momento junto á S~n José?..
- ¡Tu, tu, tu, tu! ¡Échele Ún ja!go/ ¡Sabe Dios por
onde andará. Iría de retirada; á estas horas ya no se
detienen !'Í1ucho. No piense en ella, porque sería algún peine como las otras.
El caballero caminaba á buen paso, seguido del
sereno, y llegaron á una elegante casa del paseo de
Recoletos; abrió el orensano la puerta y penetraron
ambos en un portal espacioso, con estatuas y escalera de mármol, bombas esmeriladas en brazos de gas
y puertas de cristales de colores.
Como persona que conoce á ciegas el terreno, echó
delante el buen mozo, sin cuidarse de la mortecina
luz que irradiaba el empañado cristal del farolillo que
pendía del chuzo, y Tomás siguiéndole diligente llegó
tras él hasta el primer piso, en donde se abrió la
puerta antes que fuese preciso tirar del llamador.
- ¡Adiós, Tomás!
- Descansar, señorito, respondió el sereno dando
la vuelta y bajando la escalera con más calma que la
había subido.
Luis Pacheco era el dueño de la casa magnífica
en que acabamos de entrar y habitante en el piso
principal: no tiene título ni lo necesita; pero es rico,
riquísimo, gracias á las aficiones acaparadoras de su
padre, un banquero . de la clase de barrenderos de
tienda de la calle Imperial, ascendido por matrimonio con la hija del principal y consagrado millonario
por el especialísimo tacto en los negocios y por amis-

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 620

boda con inusitada pompa y salieron los novios para
Nadie aseguraba que tuviese otros entretenimienel extranjero: pasaron en Suiza, Francia, Italia, Aus- tos; ni producía escándalos, ni persona alguna hubietria y Rusia la primavera y el verano, pero regresaron ra podido acusarle de faltar á la fe jurada en los alprecipitadamente á Madrid en el otoño para recibir tares.
el último aliento del Sr. Flórez, que murió dejando á
Si algo pudiese haber, era tan íntimo, tan recatado
su hija, única también, unos trescientos mil duros, que no _lastimaba el decoro de la esposa, ni ofendía
después de liquidar todo como Dios mandaba.
á la sociedad con el mal ejemplo.
Los padres de Luis quisieron que el matrimonio
Luis entró en su tocador, se dejó quitar el abrigo
viviese con ellos, y aunque no gustaba mucho Ca- y el frac por el ayuda de cámara, se puso un elegante
mila de austeridades y sencilleces á las cuales era su batín de paño gris adornado con pasamanería azul y
suegra muy dada, tuvo que conformarse, ya porque se encaminó al dormitorio de su esposa por un pasino creyera oportuno rebelarse contra lo que su mari- llo corto que comunicaba con el tocador de Camila.
do aceptaba gustoso, ya porque su carácter frío y reEn esta pieza había una luz con bombita color de
servado no le permitiese hacer otra cosa.
rosa que daba aspecto fantástico: del mismo color esSeis años vivieron los viejos Pacheco después de taban las paredes tapizadas. Pasó sin detenerse á un
casarse su hijo, y cuando el marido cerró los ojos, antedormitorio, y allí, despacio, como quien no quieun año y medio después que su mujer, entró Luis en re despertar á una persona dormida, entreabrió las
posesión de su capital que, según supo al poco tiem- cortinas para aplicar el oído: escuchó un momento
po de hacerse cargo de todo, triplicaba el de su y le pareció por la respiración de su esposa que ésta
mujer.
dormí(l profundamente; quiso volverse para no moEdificaron la casa del paseo de Recoletos, reser- lestarla y tropezó con una silla.
v~nd?se el primer piso, amueblado con lujo extraorCamila, que tenía el sueño ligero, despertó al oir el
dmano, y comenzaron una vida nueva, sin hacer ruido y dijo un tanto sobresaltada:
mermas en el total y solamente o-astando la renta que
-¡Luis!
daba lo suficiente para vivir con°esplendidez. El ~om- Sí, hija, soy yo: sentí que dormías y no quería
bre de Luis Pacheco, aunque apreciado y conocido molestarte.
en los círculos elegantes, no sonó con aureola de
- ¡Sí, buen dormir te dé Dios! Luisito ha tosido
f~usto hasta que murió el banquero; en cambio na- toda la noche y me he levantado lo menos diez veces.
die sabía que diese limosnas ni tuviese la monoma- Pero, hija, ¿por qué no se queda una doncella en
nía filantrópica de su padre, por más que á cencerros el cuarto de los niños? ¿Qué necesidad tienes tú de
tapados debía hacer mucho bien, levantarte para nada?
por cuanto se susurraba algo. El
- Ya sabes que eso no puede ser: yo no soy como
sereno estaba enterado de lo que otras madres, que pueden estarse muy tranquilas
le había ocurrido con algunos men- mientras sus hijos andan en poder de criadas: ¿cuándigos; á él mismo le había dado más do has visto tú que yo haga tal cosa?
de mil reales para gastos de una
- No digo eso, hijita; pero cuando no es más que
pulmonía, y entre la servidumbre, un simple catarrito...
los porteros y los vecinos se sabía
- Pues ni eso. ¿Qué hora es?
que hacía caridades en grande; pe- Si te lo digo, me llamarás perdido y otras linro como no le gustaba que se di- dezas.
vulgase, todo Dios lo repetía como
- ¿Es muy tarde entonces?
secreto de oreja.
- Cerca de las cuatro y media.
La señora era de la escuela de
- ¿Pues de dónde vienes á estas horas?
su suegro: bombo y platillos; si no,
-Del Veioz.
no había limosnas. Este y otros de- O de donde te dé la gana: no sé para qué te prefectos que Luis encontraba á su gunto. ¡Vaya una hora de retirarse! Entretanto el pamujer hacían que no hubiese entre dre se divierte, la madre pasando malas noches con
ellos fusión de almas; él no la con- sus hijos.
trariaba, la quería, la respetaba por
- Debes suponer que no se me podía ocurrir tal
sus buenas condiciones de esposa cosa habiéndoos dejado perfectamente.
y madre, pero sentía un vacío gran- ¡Perfectamente y sabes que no he ido al Real
dísimo á su lado cuando se daba porque estaba Luisito malo!
- Caballero, una limosna para mi madre, que se muere
.
cuenta de que aquella mujer no
- ¡Malo! Cualquiera diría que me he idc yo desentía hondo ni pensaba alto.
jándolQ enfermo: me dijiste que estaba resfriado y
tades ocultas con cierto ministro de Hacienda, del
Frecuentaban la sociedad, los teatros y los paseos· nada más.
cual había sido Pacheco, padre, agente de Bolsa sin p~ro el comedor de L~is Pacheco no se exponía Í
- Bueno, bueno; si yo no digo nada, si no me quetítulo oficial ni papeles sospechosos.
miradas profanas. Cam1la era muy aficionada á las
. Cuant~_el padre tuviera de avaro teníalo de esplén- diversiones de fuera de casa, pero odiaba molestarse jo porque hayas ido sin mí, si yo sé que las madres
dido el h1Jo; el banquero Pacheco no hacía limosnas en_la suya, y por una aberración de su espíritu mez- que sabemos serlo tenemos deberes que vosotros no
sin bombo y platillos; si se trataba de suscripciones qumo sentía que la gente y el bullicio natural en conocéis: en fin, hijo, diviértete cuanto puedas, que á
públicas eran sus 'mil duretes los primeros, pero que banquetes y reuniones desluciesen los muebles es- mí me tiene sin cuidado; estoy satisfecha con el amor
no se le ocurriese á nadie pedirle para una caridad trop~ase~ las alfomb~as y desarreglasen lo que bajo de mis hijos; si no los tuviese á ellos, acaso me importase más; pero teniéndolos ...
vergonzante, como él llamaba á las que no salían en su d1recc1ón estaba siempre tan arregladito.
Camila temblaba de rabia; hubiera querido saltar
los periódicos; se sulfuraba, trataba de sablistas á los
Porque Camita, cosa rara en hija única de hombre
de
la cama y arañar á su marido por lo que ella suque recurrían á su caja atraídos por los encomiásti- rico, tenía pequeñeces de cursi á pesar de su natural
cos sueltos de los periódicos, y pateando de coraje elegante y de haber sido educada por una madre ponía falta de consideración á sus sacrificios de maechaba malpareciendo al que osaba molestarle. Su muy puesta en puntos. Era orgullosa en sumo grado dre; pero se contuvo, creyendo mortificar más á Luis
hijo era todo lo contrario, tirando en esto un poco y _t~mía en tanto su virtud y su buen nombre, que s; con el desprecio que con los gritos.
- Es decir, dijo éste molestado con las últimas framás á la madre, excelente mujer que jamás pudo dma fuesen las demás mujeres malas esposas y peocreer que era exce!entísti11a se,iora porque su marido res madres. Si alguno de sus dos hijos estaba enfer- ?es de su mujer, que yo no te importo y que te da
lo fuese, merced á la gran cruz de Isabel la Católica. mo, y Camila, c~mpliendo ~on deberes sagrados, pa- igual que sea bueno ó que sea malo.
- ¡Igual!
Sólo una vez apáreció el nombre de doña Jesusa saba la noche velandolo, hacia resaltar el sacrificio y el
.
¡Está bien!
Sánchez de Pacheco en los papeles públicos y con la amor maternal, asegurando que ella, sólo ella era caLuis_ se encaminó al dormitorio de los niños, que
excelencia en letras gordas: la pobre señora acababa paz de tales abnegaciones.
comumcaba con el de Camila, los bes6 con cuidado
de morir y no podía protestar de una cosa que siemOrdenó el médico que un verano fuesen las criapre había prohibido, temiendo á las burlas de sus an- turas á la montaña de Santander, pero á una aldea para no despertarlos y volvió á salir pasando por detiguos vecinos de la calle Imperial. Su hijo hubiera para hacer la vida campestre, y Camila no encontra- lante de su mujer sin darle las buenas noches. En el
respetado la voluntad de la madre hasta después de ba palabras con que encomiarse. ¡Ir ella á semejar.te tocador se detuvo un instante: creyó que lo llamaría:
muerta, pero el marido y la nuera encastilláronse en desierto! ¡Dejar San Sebastián y dejar Biarritz! .. Eso no fué así, pero oyó un ruido grande como de un
que fuesen las papeletas de defunción redactadas con no lo hacía ninguna madre, sino Camila F!órez de mueble que se cae y supuso que se había levantado
y había tirado alguno con ira.
las generales de la ley y como á la familia convenía. Pacheco.
_Quiso e~t~rarse de lo que había sido y volvió atrás:
A los veinticinco años casara Pacheco á Luis, su
No dejar sus hijos con amas ni con niñeras llehijo único, con una joven de veinte, guapa de veras, varlos ella misma á paseo, también eran virtude~ su- miró co? d~s1mulo separando apenas el portier, y como
el dorm1tono estaba iluminado con un globo azul que
rica también y con saneada dote ganada por su pa- yas, exclusivamente suyas.
alumbraba pálidamente la estancia, vió á Camila sendre, ~n leo:iés enriquecido en Cuba y trasladado á
Y el caso era que su marido estaba penetrado de
tada_ e? u~a marquesita y poniéndose las medias con
Madn~ en clase de banquero y negociante.
estas verdades y admiraba á Camila en su aspecto de prec1p1tac1ón.
Camila Flórez había sentido alegría verdadera al madre sublime. También él creía que era sola, que
«¡Pobrecilla, pensó, casi tiene razón! Yo estuve en
saber el marido que la destinaban, y Luis Pacheco no había otra, y vivía supeditado á la voluntad de la
declarara gustarle la novia y estar satisfecho con la mujer virtuosa; pero aparte de aquella admiración la ópera, y aunque me he aburrido, á ella no le conselección de su padre.
ta: entre.tanto, cumplía sola los deberes que debíamos
nada q uedaba para su mujer en el corazón de Luis.
compartir; después fuí al Veloz para perder mil duUna muchacha de las circunstancias de Camila
Cuando nosotros le encontramos, él mismo lo ha
Flórez no podía menos de ser pretendida por mu- dicho, acababa de perder cinco mil pesetas en el ros ... Debo ~~trar, debo desenojarla.»
- Pero, h1J1ta, ¿qué haces? ¿Te estás vistiendo?
c?~s, y siendo Luis el preferido, claro estaba que re- juego; no era jugador, pero una ó dos veces al mes
-Sí.
ctb1a Pacheco una honra que no por ser merecida solía dejarse comprometer por matar el aburrimien- ¿Adónde vas?
podía dejar de ser apreciada.
to, sólo por eso; jamás ganaba; ya sabía que no le era
-A
ninguna parte; pero si vuelve á toser el niño
La pareja que hacían era envidiable. Se celebró la favorable la fortuna.
ya estoy vestida.
·
'

•NúMERO 620
- Vamos, no seas tonta y
acuéstate; ahora mismo voy á
llamar para que venga Manuela y ...
- ¡No quiero á nadie!
- Pues me quedaré yo.
- ¡A buena hora! Tampoco
te necesito.
- ¡Camila, no me contestes
así, porque yo no te hablo en
ese tono! Ya te he dicho otras
veces qne me disgustan mucho
las altanerías.
- ¿Pues en qué tono quieres
que te hable? ¡Pretenderás que
te mime todavía!
- No pretendo nada sino
que me trates como yo te estoy tratando.
- No faltaría más sino que
me tratases mal.
- Si continúas así, me obligarás á ello á pesar mío.
Camila se levantó violentamente, y entrando en el cuarto de sus hijos dijo con altanería:
- ¡Después de venir á las
cuatro y media, insultarme!
Luis se contuvo á pesar de
sentir impulsos de entrar tras
ella para preguntarle quién insultaba á quién, y sin hablar
otra palabra se dirigió á su
cuarto, en donde el ayuda de
cámara le esperaba para desnudarle: prestamente lo hizo,
y al poco rato se retiraba el
sirviente dejándole acostado.
Pacheco se revolvía en la
cama sin poder pegar los ojos:
aquel disgustillo con su mujer, que no por ser igual á
otros dejaba de molestarle, teníalo por castigo de la Providencia: había desoído la voz
lastimera de una desdichada
que pedía pan para su madre,
y tenía Luis eso por suficiente
motivo para ser casti gado.
¡Quién sería aquella infeliz!
¡Dónde viviría! Hubiera dado
otros mil duros sobre los perdidos por saber de ella: de todos modos, no debía vivir lejos
de San José. Si la necesidad y
la desesperación habían lanzado á la mendiga á la calle, no
se habría alejado mucho de su
casa y menos á tales horas. Al
día siguiente se proponía recorrer todas las casas de apariencia pobre de las cercanías de
la iglesia. Sí, lo haría: el éxito
era dudoso, pero buscaría
hasta convencerse de que no se albergaba por allí.
A ver si podía dormir con esta idea. Estaba nervioso, recordando á Camila y sus desplantes. ¿Qué
haría? ¿Se habría vuelto á la cama? Seguramente.
¡Claro! Como que no tenía necesidad de estar levantada ... Si no se había acostado, peor para ella: él no
tenía la culpa, conque ... Eran las seis cuando Luis
Pacheco pudo conciliar el sueño: á las siete soñaba
con una joven demacrada, harapienta y llorosa, que
le pedía limosna: él la estrechaba entre sus brazos
para consolarla y dar calor á sus miembros ateridos.
A las nueve se despertó sobresaltado: Camila daba
voces y Luis tiró del cordón de la campanilla.
El ayuda de cámara, interrogado por su amo, dijo
que la señora reñía con toda la servidumb.re.
- ¿Pero el niño está peor?
- Está muy bien: levantado y jugando.
- ¿Qué pasa entonces?
- No puedo decir al señor: un mal día para nosotros: la señora tropieza hoy con todo lo que no. es de
su agrado.
·
- Los nervios, ¿eh?
Joaquín, el ayuda de cámara,call~:era un mu_c~ac~o
muy prudente y bien ~duc~do, h1JO de fam1ha ~1stinguida que había vemdo a menos y que no pu?1endo seguir una carrera costeada por su madre vmda,
estudiaba la de Aduanas, gracias á las horas que con
gusto le dejaba libres su amo. Trata1?a éste en l_a intimidad á Joaquín poco menos que s1f?eran de igual
clase: hablábale algunas veces de política, muchas de
los cantantes del Real ó de las obras estrenadas, y solía

LA

741

ILUSTRAClÓN ARTÍSTICA

- Pero, hijita, ¿qué haces? ¿Te estás vistiendo?

mandarlo al teatro, con lo cual daba muestras de saber
apreciar cuánto valía aquel joven que á costa de tantos
sacrificios seguía una carrera y enviaba á su madre la
mayor parte de 11u salario. Joaquín sentía adoración
por su amo: hubiera dada la vida por él si necesario
fuese; y aunque respetaba á la señora y la querfa_por ser
quien era, seguramente que ni un mes la hubiese resistido si á su servicio le destinasen. Era buena, 5Í: no
se la podía llamar mala; tenía cualidades no comunes
á las mujeres de su posición general, pero le faltaba
algo también para Joaquín, y aunque Dios le librase
de comunicárselo á nadie, comprendía que le faltaba
grandeza de alma, aquel pensar alto que su propio
marido echaba de menos. Cuanto bueno hacía era
cacareado por ella á falta de otras personas que lo
cacareasen. No dejaba de ser orgullosa, altiva y egoísta para las contemplaciones y los halagos.
Nada, absolutamente nada había podido inculcarle
su marido de aquellas emanaciones generosas que de
sus acciones y de su sentir se desprendían.
- Conque la señora se ha levantado con nervios,
¿no es eso, Joaquín?
E l muchacho sonrió respetuosamente mirando al
señor, pero no contestó nada.
- No; si puedes decirme lo que te parece: vamos,
¿qué crees tú que tiene?
- Al parecer ha dormido mal: se ha levantado á
las siete, y como no acostumbra madrugar no se
encuentra bien: eso he supuesto yo.
- Eres un caballero en toda la extensión de la palabra, querido Joaquín: criterios y corazones como el

tuyo son los que yo busco. Seguramente has sido
uno de los maltratados por los nervios de la señora,
y la disculpas sin embargo. ¡Si todos tuviesen la grandeza de tu alma!..
- La señora no se ha metido conmigo.
~No te creo: reñir á los demás y dejarte á ti ... no
puede ser. ¿Acaso no conoces tú y no conozco yo que
te tiene entre ojos?.. Dice que yo te quiero mucho y
no le falta razón; ¿pero por qué ha de ser esto motivo
para que ella no te quiera? Estas, estas pequeñeces
son las que amargan mi vida.
- La señora quiere mucho al señor, y yo disculpo
el egoísmo que se basa en el amor.
·
- T ú lo disculpas todo, porque tienes criterio y espíritu elevado, y cuanto más me convenzo de ello más
te quiero. Si en lugar de ser un hombre, querido Joaquín, fueses una mujer, ¡pobre Camila, pobres de mis
hijos y pobre de mí!
- Y o le ruego al se!\or que no diga eso y menos
que lo piense: la señora es buena, virtuosa, le ama,
adora á sus hijos ...
- Sí, sí, tienes razón, posee esas cualidades; pero
¡ay, J oaquín!, en ella no son virtudes.
Pacheco calló arrugando el ceño, y el ayuda de cámara se entretuvo arreglando algunas cositas para
hacer tiempo antes de preguntar:
-¿No quiere el señor dormir otra horita? ¿No le
parece temprano para levantarse? .
- No: me voy vestir: prepárame traje de mañana
y capa.
( Co11ti111tará)

a

�74 2

LA

NÚMERO 620

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

proporción inversa á la presión de la caldera, y cuanºELEVAGIÓN DE UNA CHIMENEA
do se llega á la presión máxima el regulador de vaSIN APAGAR LOS FUEGOS Y SIN PREVIO ANDAMIAJE
por puede hasta suprimir por completo la llegada de
MÁQUINA DE VAPOR DOMéSTICA, DE PETRÓLEO
éste, resultando de aquí que la presión sigue siendo
Hace poco se ha llevado á cabo en Nancy, en los
Lo~ I?ºt?res de petróleo tienen la gran ventaja de ~on~tante y que no hay que temer explosión ni gasto talleres de hilado y tejido de los hijos de Manuel
no exigir smo un combustible de fácil adquisición 1~útil d~ combustible. Un pequeño depósito de esen- Lang, en Bonsecours, una operación muy curiosa y
y d~ uso cómodo; pero en su funcionamiento presen- cia H sirve para alimentar una mecha de alumbrado, digna de ser consignada.
· Una chimenea de treinta metros de altura no tenía
tiro bastante para las calderas de vapor cuya fuerza
se había duplicado para tener una fuerza motriz más
considerable; era, pues, preciso ó bien construir una
nueva chimenea al lado de la antigua ó parar la fabricación durante ocho días para aumentar la altura de
la existente en unos diez metros. Una y otra solución
debían ser muy onerosas y no se sabía á cuál inclinarse, cuando un ingeniero dió á conocer á los propietarios de la fábrica el sistema sumamente práctico
que para esta clase de trabajos empleaba un contratista alemán, Augusto Bartling, de Bernburg (Anhalt),
sistema que vamos á explicar.
Ayudado por un compañero, el señor Bartling empieza por aplicar contra las paredes y sobre la cornisa del basamento ó zócalo de la chimenea una primera escalera que fija allí introduciendo entre dos ó
tres junturas de ladrillos tres garfios de hierro encorvados, uno en la base, otro en el centro de la la escalera y el tercero en el último escalón: sobre este último garfio apoya una nueva escalera que fija en las
paredes de la chimenea, como la anterior, por medio
de algunos ganchos de hierro hundidos por debajo
de un peldaño en una juntura del enladrillado, y así
sucesivamente. Cuando este andamiaje de escalera
llega á lo alto de la chimenea, establecen en él una
Fig. I. Vista en conjunto del motor doméstico que pone en movimiento una máquina dinamo Rechniewski.
Detalles de la caldera calentada con petróleo
polea simplemente fijada en una escuadra de madera
que se clava al extremo de la última escalera: esta potan ciertas dificultades y bajo otros conceptos ade- en lf cual se inflama el petróleo pulverizado á medida lea sirve para subir materiales.
Pero antes de elevar la chimenea es preciso quitarmás dejan también que desear.
que es proyectado en el hogar.
Un inve~tor americano, Mr. Rochester, ha procu- . El agua de alimentación llega á la caldera por me- le la cornisa en que termina, trabajo que en un día
rado combmar un motor en el cual se utilizan las ~10 de una pequeña bomba movida por el mismo realizan aquellos dos bombres. Para ello preparan de
propiedades del vapor de agua y las ventajas del pe• arbol del motor: esta bomba, que no se ve en nuestróleo como combustible, y ha construído un pequeño tro gra?ado, empuja el agua hacia un calentador de
moto~ d_oméstico que la figura r reproduce y cuya serpentma G, alrededor del cual circula el vapor de
descnpc1ón vamos á hacer.
escape antes ~e salir fuera. Un _flotador F (fig. 2 ) reEl aparato, en su conjunto, consta de una caldera gula automáticamente por medio de una transmisión
y de un motor: nuestro dibujo reproduce el volan- 1~ llegada de) agua,. de manera que se mantenga
te J del motor accionando directamente por fricción siempre el mismo mvel en la caldera. El agua así
y mediante una correa intercalada K una dinamo calentada_p~sa á la base del hogar por un conducto
Rechniewski de escasa potencia. La caldera está for- que se d1stmgue en la figura 1. El vapor al salir de
mada por una serie de elementos tubulares de acero la caldera llega por un tubo de admisión I al mosobrepuestos, como se ve en la figura D del detalle, t?r. F ( fig. r ), ~l c~al está ~onstruído según los prinuno de cuyos elementos reproduce la figura E. Todos c1p10s de la maq~ma Westmghouse y es de dos ciline_stos tu,bos están unidos entre sí y en la parte infe- dros, de e~ecto simple. En el bastidor de la máquina
nor esta el mechero. La caldera va provista de una hay una camara cerrada en la cual las bielas se su?obl~ c_ubierta par~ evita~ las pérdidas de calor por mer~en á cada vuelta en el aceite. El volante J va
mad1ac1ón, y una cupula situada en la parte superior provisto de un re_g~lador de. fuerza centrífuga que
de la misma permite recoger el vapor seco.
obra ~obre la a~m1s1ón y que impide todo escape de
Et combustible está constituído por aceite de pe- velocidad :mpenor al 2 por roo.
tróleo que llega á la mecha por un tubo B de un deEl consumo medio de combustible de estos motopósito colocado cerca de la caldera: este petróleo es r~s es, según los d~!os !acilitados po~ los depositapulverizado por medio de un chorro de vapor toma- nos que la compama tiene en Francia los señores
do en la parte superior de la caldera. En cada uno Rogers Y Boulte, de 1'70 litros por caballo-hora y
de los conductos de vapor y de petróleo hay regula- como el petróleo que se usa vale unos 30 francos '10s
roo kilogramos, el precio de cada caballo-hora no
excede de cuarenta céntimos. Las potencias de los
motores varían de 0'5 á 4 caballos y la velocidad angular varía entre 500 y 350 vueltas en el modelo
de 0'5 ~aballos y de 300 á 500 en el de 4. Los pesos
del conJunto son respectivamente de 80 y 500 kilogramos para esas dos potencias límites. El mismo
motor puede funcionar con gas á razón de 1'5 metros cúbicos por caballo-hora.
Finalmente hay que tener en cuenta que este motor_ no produ~e. pol~o, ni ceniza, ni humo y que requiere poca v1gilanc1a.
Trabajos de elevación de una chimenea de fábrica
Creemos que ~s!a m~quina de vapor doméstica
podrá prest~r serv1c10s siempre que se necesite una antemano semicírculos de hierro que se aparean de
f~erza motnz de poca potencia, económica y prác- dos en dos por medio de pernos, formando de esta
tica. Este motor es muy usado en los Estados Uni- s~erte cor?nas del mismo diámetro que la chimenea;
dos para los trab~jos de granjas, para los pequeños fiJan el pn_mer círculo debajo de la primera moldura
alu~brados eléctncos, en los talleres de aserrar, en de la cormsa y suspenden de él varios garfios encorlas imprentas y aun entre los carniceros que mue- vados en forma de S y en éstos escuadras de madera
ven c~n él las grandes _cuchillas de cortar carne. Las sobre las cuales colocan simplemente una tabla de
lechenas lo usan también para poner en movimiento dos en dos escuadras alrededor de la chimenea: estas
las man_te_queras y los drogueros para hacer funcionar tablas· se unen _por medio de algunos clavos. El gralo~ ~oltmllos de café. Muchos de estos industriales bado que pubh~amos, tomado de una fotografía, da á
ut1hzan el v~por de escape para varias calefacciones. C?mprender. meJor que cualquier explicación lo atreHay también un modelo especial de cambio de v~do Ysencillo de ~se andamiaje, en el que no hay
marcha que se presta perfectamente á la navegación m un_a cuerda que SITVa de baranda y subidos en el
Fig. z. Div~rsos reguladores. AB, regulador de llegada de
de recr~o y ~ue puede funcionar á gran velocidad sin cual aquellos dos hombres armados con la piqueta
petróleo; ECO, regulador de llegada de vapor; FGH,
comunica~ a la lancha ninguna trepidación.
flotador regulador de llegada del agua de alimentación.
van s~parando las capas de ladrillo y cogiendo los
, La presión calculada es de 5'5 kilogramos por cen- materiales arrancados los arrojan al espacio. Es un
timetro cuadra.do, pero en _caso necesario puede llegar espectáculo aterrador.
dores de membran,a metálica cuyos detalles indica la hasta 9 y ro kilogramos sm peligro alguno.
na vez derruí~o de este modo el capitel de la
figura 2: estos reguladores obran sobre una membra•
c~1menea fué preciso comenzar la elevación de la
na que abre ó cierra el conducto de llegada en una
J. L AFARGUE
misma. La polea fijada en lo alto de la última escaleSECCIÓN CIENTiFICA

Y

LA

NúMERO 6 20

ra sirvió para subir el mortero y los ladrillos: un albañil por aquellos dos trabajadores contratado hacía
maniobrar la cabria de abajo, cargaba los cubos y los
subía. Era entonces curioso ver á los dos hombres de
pie delante del orificio de aquella chimenea, que no
cesab:, de vomitar gases y humos, echando tranquilamente paletadas de mortero sobre la hilada de ladrillos ya colocada, poniendo otra encima y dando continuamente vueltas alrededor de su frágil andamio.
Cuando hubieron elevado de este modo su construcción en 1'50 metros, fijaron sobre esta parte fresca
todavía un nuevo cinturón de hierro fuertemente
apretado por medio de tuercas, y suspendían de él,
como en el primero, garfios en S para apoyar nuevamente una por una las escuadras de debajo de ellos
y elevar su andamio.
Y cada día la altura.de la chimenea aumentaba de
un metro á 1'50. Ocho días después la obra quedaba
terminada, el pararrayos otra vez en su sitio, el andamio desmontado y las escaleras de acceso retiradas.
Esta chimenea es la primera construída en Francia
según este sistema, pero en Alemania y en Alsacia
hay muchas, entre ellas las de las fábricas de productos químicos de Thann y de la Compañía del gas de
Mulhouse.

A

BERGERET

(De La Nat11re)

743

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

CULTIVO DE LA COCA

Desde que se ha aislado el alcaloide de la coca
( Erytl1roxilon Coca) y que la medicina utiliza su
acción anestésica sobre las mucosas, ha aumentado
mucho el pedido de esa substancia, y de aquí que el
cultivo del arbusto se extienda rápidamente en muchos grados de latitud á lo largo de los Andes, desde
Nueva Granada hasta Bolivia.
El verdadero indigenato de la coca no se determinó hasta que aclaró la cuestión A. de Candolle, quien
en su Origen de las plantas cultiva.das demuestra que
aquella planta es indígenea de Nueva Granada y del
Perú.
El método generalmente seguido, desde que en
las Cordilleras se vuelve á explotar la coca, que ya
se explotaba en el Perú en tiempo de los incas, apenas difiere de los antiguos procedimientos. Aunque
el arbusto es originario de tierra calt"ente, la altura
más favorable para el cultivo del mismo es la de 1 .ooo
á 2.000 metros. La multiplicación se hace por medio
de granos que se siembran en agosto en pequeñas
cajas, y en el verano siguiente los plantones son trasladados á los bancales, espaciándolos de metro en
metro, expuestos al sol y á su tiempo binados y sachados. El suelo ha sido previamente cavado, pero
no abonado, y cuando los arbustos están agotados
son sustituídos por otros. Según la fertilidad del

suelo, los arbustos alcanzan una altura normal de
uno á dos metros, muy inferior á la que tienen en
estado silvestre, pero se limita así para conservar la
cosecha de hojas. La recolección la hacen mujeres
que proceden á ella tres veces al año, á principios
de enero, por San Juan y por Todos los Santos,
arrancando las hojas una á una, excepto las del extremo de las ramas. Las mejores hojas son de un color
verde obscuro y tienen dos surcos longitudinales en
el limbo de cada lado del nervio mediano que distinguen la verdadera coca de las demás especies del
género Eryt/1roxilón. Las hojas son luego extendi"das sobre una era de piedras que formen una superficie muy unida y expuestas al sol: allí se secan colocándolas en capas delgadas y volviéndolas de cuando
en cuando con un rastrillo; para esta operación bastan tres 6 cuatro horas. El tiempo brumoso y húme- ·
do perjudica á la mercancía. Una vez secas las hojas
son comprimidas en prensas de madera, como paquetes de tabaco, y se forman con ellas balas de 2 5 libras
dos de las cuales unidas constituyerr un tambor. En
esta forma la mercancía es expedida á la costa, envuelta en encerados si el tiempo está lluvioso, y desde allí remitida á Europa para ser entregada al comercio.

E.

ANDRÉ

(De La Revue horticole)

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�744

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mamente agradable, es soberano contra la .Anemta y el .Apocamiento, en las Calentura,

y COff111Jl4cencúi11 contra las .Diarreas y las Afeccwne, del B1tomago y los ,ntelttno,.
Cuando se trata de despertar el apetito, asegurar las digestiones, reparar las tuerzas,
f!ll1quecer la sangre, entonar el orpnl.smo y precaver la anem1a y J.aa epldem1u pro,ocadli por los calores, no se conoce nada superior al l'i■• de tain■ de &amp;Ha-.

4uerldo en1"mo. -Frese Vd. Ami tarta u perlenora,
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miioho1 a.ñoa, d11fruCendo 111mpre d1 una buena •alud.

EXIJASE 11i!ºt~ 1 ARO UD

le ourarAn de ,o 1on1t1p1ofbn, le dar!n at,et/!o , ,

¡

8B VBNOB BN TODJ.S LAS PRIMOIPA.L&amp;ll IIOTIQ.l&amp;

VELO UTI N E FAY PDL?!p!!.~!RS!,!~~RI
El
mejor y mas célebre polvo de tocador
,

por Ch. J'ay, perfumista
9, Ruede la P aix, p ARIS

Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
IMP, DB M ONTANBR Y SIMÓff

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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