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Ftí~tte,tt
A&amp;o XII

BARCELONA

20

DE NOVIEMBRE DE 1893

~OROS DE REY, reproducción de 1-\D d\b\ljo de l!l. li,

NÚM. 6:21

�LA
Sumario. -T&amp;XTO. - Cr6nica de arte. - Orillas del Deva. Los sucesos de Melilla. - Lo eterno. - La Pola (novela). Nuestros grabados. - Libros recibidos.
GR'.1-BADOS. 7 Moros de rey. - En el Front6n barcelonés y su
vista exterior. - Marruecos. Captura de un criminal. - Melilla: La alcazaba, Puerta de entrada, El mercado las &lt;i:Barrac_as.» - D. Manuel Ortega Sánchez Muñoz. - Vista de Mehlla. - La danza del otoño. - Mari Guari, espía moro. - A bordo del «Conde ele Venaclito. »- ~felilla. El Mantelete.
~,••,1•,,·,,,••••••,.,,.,,,,,,.,,.,,,.,,...............,... ,1.,,.,,,.,••,,,.,,.,,,.,,.1,1•,,•,,1•,,·,,1•,,·,,,,,,.,,,.,,.,,,.,r,,-

CRÓNICA DE ARTE
No sabe todavía la Academia de San Fernando
qué hacer con los proyectos del monumento que
habrá de erigirse en Covadonga en honor de Pelayo.
Voi!d l' embarras du choix, como diría cualquier
acadé~i:o de la sección de Escultura: por un lado, el
resentimiento que contra la Diputación de Oviedo
guarda la alta corporación académica con motivo de
haber prescindido la primera de los consejos de la
segunda para la redacción del pliego de condiciones
del concurso; por otro lado, la falta de claridad de
que adolece la citada convocatoria, que se presta á
dudas é interpretaciones varias; por otro, las presiones que de Asturias han caído sobre algunos de los
individuos_ de la de San Fernan~o; por otro, las recomendaciones de aquí; por otro, cierto deseo de hacer justicia que anima á una parte de la Academia ...
en fin, un atolladero casi tan grande como el en que
~stá met!do el Sr. Moret, ministro por partida doble,
a propósito de sus reformas de la enseñanza y las negociaciones con el sultán de Marruecos.
Verdaderamente que, á no estar las gentes demasiado preocupadas con tantas catástrofes como en el
transcurso de una semana han llovido sobre esta
desgraciada nación y fija la mirada de todo el mundo en ese conflicto hispano-marroquí, el concurso •citado, abierto por la Diputación provincial de Oviedo, habría dado de sí algún que otro escándalo provo;ado algún que ot:o interesantísimo diálogo (ademas de mteresante edificante) entre expositores, jueces, prensa y diputados provinciales ovetenses.
Un mes, largo de talle, hace que los inmortales de
la calle de Alcalá (secciones de Arquitectura y Escultura) se han dedicado á estudiar los proyectos presentados á concurso. En todo este tiempo no han podido, por lo visto, formar juicio concreto alguno, á pe·
sar de que no son más de diez los trabajos que se
disputan el premio y de que pueden descontarse de
la labor de comparación lo menos seis. Tanta par·
simonía llama la atención de los pocos que siguen
atentamente el curso de este parto laboriosísimo, y
que temen, no sé si con razón ó sin P.lla, que al fin y
al cabo ó salgan la justicia y por lo tanto el arte un
tanto descalabrados, ó cortando por lo sano y para
huirle el bulto á recomendaciones de peso, declaren
los señores como la convocatoria está mal redactada
y que no pueden desempeñar su cometido.
Lo cierto es que, excepción hecha del modelo cuyo lema es Spes Patrir.e y de los bocetos de las estatuas señaladas con los de Initium y Pro Patria, los
demás proyectos, así escultóricos como arquitectónicos, son otras tantas lamentables equivocaciones sufridas por distinguidos artistas. Los mismos que modelaron - con verdadero cariño, con demasiado cariño - las estatuas citadas se equivocaron de medio á
medio, así en lo de interpretar el tipo legendario y
eminentemente simbólico de Pelayo, como en lo que
respecta á la indumentaria. Y no digo nada de los
arquitectos: alguno hay que exigiendo la convocatoria que la traza del pedestal tuviese carácter puramente románico ó visigótico (siglo vm), da como
bueno un castillo del siglo x1v, con sus correspondientes cubos y torreoncillos adosados en los ángulos del cuerpo central..
Cierto que así el autor de I nitium como el de Pro
Patria se corrieron hasta el siglo xm (cinco siglos
más del pactado) en busca de mandobles con los que
el buen Pelayo no soñó jamás, y que_en los trajes de
aquella misma centuria buscaron uno á propósito
para vestir al vencedor de las huestes de Darío; pero
en cambio de tales desaciertos, se advierte el conocimiento técnico del arte. Paños, carnes y armas están
construídos con amor en estos bocetos.
Pero nada más tienen de notable. Preocupáronse
los escultores de copiar el modelo, y olvidaron lo princip1l, adivinar el símbolo; y como quiera que el símbolo en este caso concreto es la síntesis de una raza,
de una fe y de la patria, tal y como la comprendían
una época y una sociedad de las cuales, si desde un
punto de vista tenemos datos bastantes para su definición, desde otros apenas hemos logrado columbrar
después de minuciosos trabajos de investigación histórica nada concreto, resulta que, á pesar de las condiciones plásticas que avaloran los dos modelos citados, éstos no responden al concepto que de la figura
de Pelayo han podido formarse á una el historiador
y la imaginación popular.

r

NúMERO

lLUSTRACIÓN ARTÍSTtCA

621

No le demos vueltas; la representación pictórica ó de ojos hundidos y sirviéndole de pabellón espesas
escultórica del príncipe visigótico, aventurero, noble cejas, la barba larga; en lugar de este tipo modeló
romano ( rumí como lo señalan los cronistas árabes) otro que ni es clásico ni realista.
En lo tocante á la parte arquitectónica de este proó condottiero, que allá en las abruptas montañas de
Asturias supo cortar la serie de victorias de las ar- yecto: tengo para mí que es el único también que
mas musulmanas, no puede ser la de un héroe de llena' todas las condiciones exigidas en la convocatotantos como registran los anales de la historia de ria, además es el que puede considerarse como
nuestra reconquista. Y no ciertamente porque sus obra completamente original.
Mientras, como he dicho, todos ó casi todos los
hechos de armas hayan tenido mayor importancia
material que los de J ai::ne el Conquistador, de Alfon- arquitectos que á este certamen concurren han busso VIII ó de Rodrigo Díaz de Vivar, pues en verdad cado con empeño el detalle decorativo olvidando la
de cosas, las victorias de Pelayo no rebasan los lindes línea, el autor ó autores del pedestal de Spes Patria!
de lo pequeño, sino porque significan el primer jalón no han perdido de vista punto tan interesante como
puesto en la obra de la liberación de la patria, no tan el del mayor rigorismo histórico, y al propio tiempo
sólo materialmente, al arrojar la morisma de un pe- supieron encontrar un motivo nuevo, no visto, cosa
dazo de territorio ibero, ofreciendo así lugar y asilo que no acontece muy á menudo.
seguros á los españoles, sino también y muy especialEste monumento es cuadrangular y el primer cuermente por el efecto moral producido en los abatidos po está flanqueado por torrecillas también cuadradas
ánimos de los expoliados.
y almenadas, que le imprimen gran apariencia de soTodo esto debieron tener presente y con todo esto lidez y fortaleza. Sobre este primer cuerpo ó basadebieron contar los escultores que conéurren al con- mento se levanta otro con columnas, y los frentes de
curso, para dar forma con el barro á la figura de Pe- éstas se hallan interrumpidos por un saliente en el
layo; y porque el boceto Spes Patrice se acerca más qusl_se ve una hornacina.
que los restantes al concepto que por la reunión de
En el frente principal mírase la estatua de la Victodas estas circunstancias, en su mayor parte psico- toria; en los laterales van dos bajos relieves conmemológicas, parecen determinar al héroe de Covadonga, rativos de la batalla de Covadonga y de la proclamay que le colocan á medias entre el mito y lo real, es ción de Pelayo, y en el hueco alzado se pondrá una
por lo que, sin vacilar, le considero como el único inscripción.
boceto acertado, que sin que alcance desde ningún
Este segundo cuerpo sirve á su vez de basamento
punto de vista lo extraordinario de la obra del genio, á una pirámide truncada, que es un cuerpo de tranno por eso cede á la del talento más reflexivo y emi- sición entre el robusto central y el capitel sobre que
nentemente artístico.
descansa la estatua. El capitel se compone de un
Aparece la estatua ó boceto señalada con el lema friso que corre por debajo de una serie de ménsulas
dicho Spes Patrir.e en actitud serena y arrogante á la ó canecillos que forman la cabeza coronada por espar. Con la mano izquierda levanta sobre su cabeza cudos.
la Cruz de la Victoria que, según la tradición, la reVistazo rápido fué el que pude echar á los demás
cibió Pelayo del cielo; con la derecha empuña la cor- proyectos arquitectónicos en los primeros días de su
ta espada heredada por los visigodos del soldado ro- exposición; más tarde los he visto detenidamente; en
mano'. El plinto sobre que se yergue la figura simula ambas visitas solamente el de Spes Patnr.e atrajo desun trozo de quebrado monte, y Pelayo, cual si quisie- de luego mi atención. Arquitecto y escultor han marra escalar la cima de la montaña donde se libra el chado de perfecto acuerdo. Pedestal y estatua for- ·
combate, para desde allí dominar por entero aquel man un monumento histórico, artístico y estéticamenlugar en el cual se decide por medio de las armas de te homogéneo.
los destinos de la patria, y animar, mostrando el lábaro santo y su propio valor, á sus huestes, asienta el
Moreno Carbonero, el autor de tantos cuadros de
pie derecho en alto pedrusco, mientras de los abier- género admirables, acaba de pintar otro, digno de
tos labios parece escaparse el grito de guerra ó la pri- sus anteriores. Moreno Carbonero es un admirador
mer palabra de triunfo. La redonda capa flota al de Cervantes y de su obra inmortal. Ya cuando aún
viento, y bajo la coraza de cuero y escamas de metal no tenía veinte años pintó un cuadro que fué premia- coraza semejante á la loriga romana - se adivina la do, si no me equivoco, con medalla de segunda clafuerte musculatura del héroe. Cúbrele la cabeza un se; este cuadro, exhibido en la Exposición nacional
casco cónico de cuero, cruzado por fajas metálicas, y de Bellas Artes de 1878, representaba el donoso epide las abarcas suben trenzadas largas correas que de- sodio del carro de las cortes de la muerte, vulgarfienden la robusta pierna, firme de traza y de correcto mente conocido por el lance de D. Quijote con los
dibujo.
.
cómicos. Desde aquella Exposición á la fecha el autor
La parte flaca de esta figura es el rostro. Todavía de La conversión del duque de Gandia no cesó de ins·
no se han desligado, por lo menos una gran parte de pirarse en Cervantes, alternando con las páginas de
nuestros escultores, de ciertos convencionalismos Gil Bias y con alguna de cierta novela del insigne
académicos en lo tocante al gusto estético con refe- muerto Alarcón.
rencia al realismo. El rostro de la estatua de PeEl cuadro que en la actualidad tiene expuesto en
layo es, en esta de que me ocupo, un rostro que ca- el estudio de su amigo y colega Sr. Maureta reprerece por completo de los rasgos que determinan ó senta el episodio ó la famosa y nunca bien pondedistinguen á una raza. Cualquiera que tenga una me- rada aventura con que topó el no menos impondediana educación artística habrá visto cien rostros co- rable D. Quijote, yendo de carretera con su buen
mo este del boceto Spes Patrüe. Así puede ser la cara escudero (no recuerdo en este momento hacia qué ludel soldado de Marathón, como la del Apolo de Bel- gar); aventura en que hubo de librar descomunal combedere, como la de J úpiter. Por·exceso de respeto al bate con aquel fiero vizcaíno que llevaba presas en
tradicional tipo masculino que creó el griego, adoptó su carroza á sus amas, en compañía de unos frailes,
el romano, interpretó el renacimiento, disfrazó el neo- que á las primeras de cambio ó de mandobles tomaclasicismo y las Academias tradujeron tomándolo del ron las de Villadiego á lomos de sus orejudas cabaldisfraz último, todavía hay artistas que (al fin y al gaduras.
cabo educados en ese medio escolástico de nuestra
En la Crónica próxima me ocuparé de este lienzo
enseñanza artística) si aceptan como bueno el realis- bellísimo, en el cual Moreno Carbonero hizo verdamo, es en cuanto no rompe determinadas fórmulas deros primores, jugando con la luz del sol y con la
que para la interpretación y expresión de la belleza pasmosa habilidad de su ejecución y buen gusto. Y
aprendieron de sus rancios maestros. Así, por ejem- para esa misma Crónica dejo también el hablar algo
plo, las líneas del rostro, el movimiento de los bra- de algo que he visto remitido desde el Rif por varios
zos y de las piernas, el plegar de los paños, etc., no laureados pintores que á allí se han ido en busca de
pueden ser otros que los que señalan aquellas máxi- algo nuevo, que si tienen empeño en buscar seguramas recogidas en un libro por un famoso profesor de mente encontrarán.
la Escuela superior de Pintura, Escultura y Grabado
R. BALSA DE LA V EGA
(dicho profesor ha fallecido ya). Una de las máximas ,.•.,.,,.,."••····•·1••··•·1••··········•''"*'•"••····•.,•············,·•·"••································•·"••·••"••···"
decía: «Cuando avance la pierna derecha, debe retiORILLAS DEL DEVA
rarse á la vida privada el brazo del mismo lado,» etcétera, etc.
CARTAS Á LA SEÑORITA DOÑA EMMA DE MADRAZO
Pues bien: el autor del boceto señalado con el
( Co11clusió11)
lema Spes Patrice, si supo olvidar en otras obras, coII
mo en esta misma, esas doctrinas de peregrina hermosura por su alto y amplio concepto, no por eso ha
Fns del Val, 4 de septiembre
mostrado que el olvido ha sido total, ni que su eduSi mal no recuerdo, amiga mía, interrumpí ayer mi
cación estética, á pesar de que tiene vistas al realis- carta en el momento de llegar á Deva y en aquel en
mo, es todo lo firme y segura que debiera ser. Huyó que la cesta nos dejaba al pie del miramar.
de trazar la fisonomía ruda, salvaje y enérgicamente
La marea era viva. Todo cuanto es playa los demás
altiva que caracteriza la raza gótica, porque le pare- días, aparecía entonces sumergido en el agua que
ció fea la verdad. Le pareció feo un rostro de pómu- avanzaba en fl~jo inundante, y que, al encontrarse
los pronunciados, de nariz corta, de labios gruesos, con un paso abierto entre dos montes, se abalanza á

NúMERO 621

LA

147

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

y

Vista exterior del Front6n Barcelonés, proyectado y construido por el arquitecto D. Enrique Sagnier y Villavechia

cendieron á fijarse en la aturbonada congerie de rocas que se agrupaban á nuestros pies, caótico roquedal por entre el que se introducía la mar rugiente
batiéndolo sin descanso. Veíamos llegar olas gigantes
como montañas verdinegras, que· avanzaban hacia
nosotros, y que, al estrellarse en las peñas, cubriéndolas de espuma, nos enviaban á todos cuantos estábamos en lo alto, con la purísima esencia de su llovizna, los acres perfumes de la mar brava.
Tras de nosotros se abría en suave pendiente la
carretera de Francia, cruzada á cada paso por esas
chillantes y musicales carretas de bueyes, que son especialidad de las comarcas euskaras, y por las airosas
cestas y lujosos landós en que las elegantes damas y
familias residentes por temporada en Deva van á sus
romerías de placer ó á sus paseos y excursiones de
holganza.
La carretera sigue costeando el monte que adelanta
su cabo mar adentro, frente á otro monte y cabo que
avanzan por la izquierda con la otra carretera que
lleva á Motrico, el monte tricua, ó sea el del erizo, en
cuya falda viven los más duros marinos y los más valientes hombres de mar de aquellas costas; y á Lequeitio, la de tradicionales costumbres, orgullosa con
su famoso palacio de Baroa, que hoy poseen los catalanes condes de Torregrosa, y con el petulante lema
de su escudo en que se proclama gallardamente, aunque en latín, y como si tal cosa, debeladora de reyes,
subyugadora de monstruos horrendos, y poderosa así
por la mar como por tierra. ( Reges debelavit, horrende

c&lt;Etis subjecit, maris terrisque potens.)
remontar el Deva, convirtiéndole por larga pieza en
un gran brazo de mar, como si pretendiera hacer navegable aquel río, que ya hubo de serlo algún día
hasta llegar á Alzola, si no se engaña en su decir la
gente.
Y no debe engañarse, creo. Así debió de ser, ya
que á corta distancia de Deva, en el caserío de Salsiola, que otros llaman Sociola, todavía existen les
restos de un bastimento que se dice haber sido astillero, y guarda este nombre; y en la misma Alzola,
todos pueden ver un grandioso edificio, que parece
fué antigua aduana, con arcos que apoyan sobre las
peñas más hondas sus robustas pilastras, en las cuales
aún se ven las anillas de hierro allí colocadas para
amarre de las barcas.
No podíamos apartar nuestras miradas de aquel
maravilloso panorama abierto á nuestros ojos.
Frente á nosotros el mar; el mar Cantábrico en toda su infinidad; el mar verde, como le llamaron los
poetas; el mar plomizo, como tal vez debiera llamarse;
plomizo como el cielo euskaro, que es, por ley general, un cielo triste y nebuloso, bien distinto por cierto
de aquel cielo esplendoroso y limpio de mis orillas
mediterráneas espejándose en la mar azul de los latinos.
A lo lejos se veían llegar flotas de barcas pescadoras que venían á buscar el puerto, como vuelos de
pájaros que tornan para su nido. ¡Qué efecto nos ha-

cían á Magín Morera y á mí aquellas barcas con su
vela cuadrada, tan distinta de nuestra airosa vela latina, que así se hizo sin duda, con su forma de ala
de golondrina, para que la lancha pescadora del Mediterráneo pudiera volar mejor! Porque nuestras lanchas mediterráneas, mi querida Emma, no lo dude
usted, tienen alas y vuelan.
Morera, ya usted lo sabe, es un poeta catalán que
vive á temporadas en las costas cantábricas, donde
compuso un ramillete de hermosas poesías que titula
Lequeitianas, destinadas cuando se publiquen á revelar su inspiración y su genio.
Al ver acercarse aquellas barcas, Morera y yo, debe
usted recordarlo, pues que en aquel momento nos
dispensaba el honor de atender á nuestra plática, discurríamos acerca de lo que pensaría una pobre vela
latina transportada de repente y como. por encanto
á estos mares, en medio de tanta vela cuadrada. «¡Ah!, le dirían éstas sin duda. Tú debes ser del país
de las• golondrinas. ¿A qué viniste aquí, donde hay
luces y mares y espacios que no son tuyos? ¡Vuélvete,
pobrecita vela, vuélvete; que ni estas aguas ni estas
costas ni estos cielos se hicieron para ti!» Y la vela
se volvería entonces tristemente, recogiendo su ala
de golondrina, pobrecita y sola, á buscar el país del
sol y los esplendores de la mar latina.
Cuando nuestros ojos se fatigaron á fuerza de perderse en lo infinible y de sondear lo insondable, des-

EN EL ••RONTÓN BARCELONÉS,

dibujo de J, Cabrinety

Es admirable aspecto el de estos dos gigantes montes asentados sobre peñas y roquedales, que avanza
cada uno por su lado, hacia la derecha el uno y hacia
la izquierda el otro, dividiéndose en dos cabos, que
creo se llaman de Machichaco y de la H iguera, y
abriéndose para dar paso al mar, que entra en aquella concha á recibir el tributo del Deva y besar sumiso las plantas de la hermosa villa del mismo nombre,
extendida por la falda del monte Anduz con todo el
lujo y belleza de sus hoteles y villas; con sus características casetas de baños en la playa; con sus señoriales caseríos que.se encaraman por el monte para darse
el honcr de levantar encastillados miramares en luengos y sombrosos parques; con su iglesia del siglo xv,
que tiene un claustro, singular por su ojivas, y un pórtico de templo, más singular todavía, por cierta piedra
que puede encerrar un misterio; con su azoradora
vía férrea de muñecas, y su tercera carretera y su río
que ambos remontan á Vergara la del abrazo y la del
Cristo de Montañés, á Plasencia la del hierro y de los
cañones, á Alzola la de aguas salutíferas, á Eibar la
de las incrustaciones de oro y plata, y á la hechizadora Bilbao, poderosa y potentísima rival de Barcelona.
Y á propósito de Eibar. ¿Recuerda usted también
la tarde que allí fuimos en excursión con el coronel
Miret y el barón de Terrateig, que acababa de llegar
y nos traía con él los recuerdos y efluvios de aquella

�LA
embelesante Valencia, siempre aromatizada por las
flores de sus jardines y los cantos de sus poetas? Fuimos á visitar á Plácido Zuloaga. ¡Qué bella casa la
suya, con aquellos escudos en la imafronte, como dirían los eruditos, en su frontón ó en su fachada, según
decimos los mortales; con su primoroso balcón de
esquina, su majestuosa escalera, sus espaciosos salones y sus seducientes vistas al río y al monte! ¡Qué
hermosa casa, y en ella qué tesoro! No me refiero á
los artísticos objetos de incrustación que tanta fama
y gloria dieron á Zuloaga, sino á las obras de arte que
éste tiene en su casa, lienzos, tablas y cobres de pintores célebres, vidrios de Venecia, ricos esmaltes, arquillas de la Edad Media, muebles y objetos de todas
épocas, preciosidades sin cuento y sin cuenta; todo
lo que nos enseñó con amabilidad exquisita, junto
con preciosos cuadros de su hijo el pintor, destinado
indudablemente á ser una gloria en las huestes de la
moderna escuela impresionista.
Salimos de Deva á la caída de la tarde y á la hora
misteriosa del crepúsculo vespertino. Si con buen pie
habíamos entrado en la risueña villa del MonrealAnduz, con mejor fortuna salimos, ya que una casualidad feliz nos hizo tropezar con el duque de Rivas,
llegado allí aquella misma tarde. Pude con este motivo abrazarle, y tuve en ello gran placer; que, sobre
ser todo un c;aballero,_ es un alma noble, 1m talento
superior y un poeta eximio, continuador del camino
de gloria trazado á la familia por el autor inmortal del

Don Alvaro.
Ya sabe usted con qué pena nos alejamos de
Deva sin dar un abrazo á nuestro excelente amigo el
marqués de Valmar, ni tener tiempo de visitar su
casa palacio, de que usted roe contó maravillas. Pero
no dejaré de hacerlo otro año, si Dios me otorga este
placer. Es deuda de honor en mí la de pagar este homenaje al ilustre patriarca que es modelo de hidalgos, espejo de literatos y envidia de laboriosos.
Era ya tarde. Era la hora aquella en que el delicioso Héspero, como dice nuestro dulce Meléndez,
cual precursor de la noche,
por el Occidente sale.

Nuestros compañeros de viaje apremiaban, y dimos
la vuelta para el balneario de Alzola, pasando otra
vez por aquellas orillas que, si son encantadoras llenas de color, de luz y de vida, á la hora del sol, no
lo son menos ciertamente á la hora del crepúsculo
vespertino, cuando avanzan las sombras de la noche
y se llenan aquellos bosques de misterios y aquellas
hondonadas de visiones. La luna enviaba un rayo de
moribunda luz á aquellas soledades de nunca turbado silencio, hasta que vino á romperlo el silbato de
la locomotora, que silbando y rugiendo pasó por
junto á nosotros como alma que lleva el diablo envuelta en nubes de humo y de fuego.
Junto á Salsiola nos enseñaron un monasterio
abandonado y en ruina, que proyectaba su descarnada silueta á la luz de la luna por entre los árboles. Es
un sitio romántico, allá en lo profundo á orillas del
río, lugar triste y solitario rodeado de sombras y misterios, al que la obscuridad de la noche daba más
atractivo y más carácter.
- Es un sitio adrede para leyendas, dije. Por fuerza debe tenerla.
Y la tiene, según luego me la contaron.
Por cierto que no es una de esas leyendas ñoñas
y sin miga, como tantas otras. No: tiene vida, tiene
color, tiene luz, tiene drama, con algo de la de Hero
y Leandro en sus comienzos y con mucho de Dante
en sus finales.
Voy á narrársela á usted ... si acierto, que lo dudo.
Para contar, para referir esta leyenda, que yo titularía
Elfarol del pecado si me atrevi_ese á escribirla, se necesitaría algo de aquel quid que pocos tienen .. _ y
que también es conveniente que tengan pocos.
No pudiendo, pues, hacerlo como quisiera, me limitaré á contársela á usted como sepa y puedo, breve
y sencillamente, para que, á falta de mayor mérito,
tenga el de su sobriedad al menos.
Comenzaremos por titularla Elfarol delpecado. Ya
que no se escribe C(?mO debiera, conviene nominarla;
que en el título, ó yo me engaño mucho, está lo más
señalado.
En el monasterio de Salsiola, y en época de su esplendor, vivía un monje que andaba siempre solo y
retraído. Había sido en el mundo noble hidalgo, capitán de caballos intrépido y gallardo, galanteador
afortunado. Cuitas de amores ó reveses de fortuna le
llevaron á buscar la paz del claustro, que no halló
por cierto en el solitario monasterio. La frialdad del
hábito no apagó las pasiones que en él ardían. basoledad, el rezo, la penitencia, no fueron flagelación,
sino yesca de pecado y espuela de apetito para su alma, que cuanto más opresa se hallaba, más salteada

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

se sentía por ansias de lanzarse á mayores y más
arrebatados vuelos.
No hay que averiguar cómo principiaron sus amores con la dama de Orizábal.
Desde las ventanas de su celda veía á lo lejos la
torre cuadrada de la casa señorial donde moraba su
amada.
Sólo muy de tarde en tarde podían verse y hablarse los dos amantes, y siempre en el secreto de la noche, rodeados de tinieblas y peligros; que era el marido de la dama tan celoso de su mujer, como guardador de su honra.
Cuando el Sr. de Orizábal se ausentaba de su casa,
empujado por sus goces ó requerido por deberes, la
dama encendía un farol en lo alto de la torre, señuelo pecador que llamaba aI monje, atrayéndole áclandestinas y adúlteras citas.
Por las noches en que el farol aparecía en la almena de la torre cuadrada, el monje, sosegado el convento, salía misteriosamente de su celda, y, encelado,
á obscuras y á tientas como quien va á hurto de amores, sin otra luz que aquella que en su corazón ardía,
remontaba la pedregosa orilla del Deva hasta alcanzar un sitio donde era fácil vadear el río, á la otra
banda del cual se alzaba la casa de Orizábal. Muchas
noches ocurría tener que pasar el río á nado; y sólo
salvándole de esta suerte, era como llegaba á los brazos de la dama de Orizábal, lo mismo precisamente
que Leandro á los de su Hero.
Cierta noche, y á hora desacostumbrada, apareció
el farol del pecado llamando al monJe. No esperaba
éste la cita. Túvola dos noches antes, y no era de
creer que el Sr. de Orizábal, llegado precisamente el
día anterior, hubiese vuelto á marchar al siguiente;
pero, aunque extrañado y con la alarma del recelo,
acudió con presura. Salió del monasterio, furtivamente como siempre, cuidando de no turbar el sosiego de
la santa casa; escaló las rocas; se deslizó por entre los
peñascales con peligrosas prisas que eran diligencias
de su ansiedad, y viendo brillar el farol con luz amorosa, luz que hubo de parecerle más viva que nunca,
tan viva cual oudiera ser la de su deseo, vadeó sin
dificultad el rí~, que aquella noche no venía crecido,
como si quisiera facilitarle el paso, y llegó á la contraria orilla. Pero no acudió á recibirle allí su amada,
solícita y diligente como las demás noches. Quien estaba allí era el esposo ofendido, al frente de un grupo de asalariados servidores, los cuales cayeron sobre
el monje sin ventura, cortándole á cercén la cabeza,
que entregaron á su señor, y despidiendo por ¡as peñas el descabezado tronco.
Dueño ya de aquel sangriento trofeo el Sr. de Orizábal, fuése sosegadamente para su esposa, que á recaudo tenía desde que hubo descubierto el misterio
de sus amores y la clave de sus citas; y dando orden
para maniatarla, prendió á su cinto, á guisa de escarcela, la cabeza del amante, y mandó en seguida
que mujer y cabeza se depositaran en el lecho, que
fué tálamo de su adulterio, y se emparedasen en la
torre, que fué sepulcro de su honra. En seguida abandonó para siempre aquella casa, cuyo sitio y cuyas
ruinas aún conservan hoy el nombre de Torre de la

emparedada.
Así acabaron aquellos amores, y así los tristes
amantes.
Pero aún vive el monje descabezado; aún vive, ya
que no por misericordia, por milagro de Dios. Se
cuenta que de entonces acá, todas las noches, promediada la media, que es la hora del castigo, así en
aquelias noches de tranquilidad y luna como en aquellas de obscuridad y tormenta, todas, sin faltar una
sola, se ve vagar al monje por las orillas del Deva,
vestido con su hábito penitente, pero descabezado y
llevando en la diestra el mismo farol de la torre que
le llamaba á sus criminosas citas, condenado por voluntad divina á no tener paz ni reposo en su sepulcro
hasta encontrar su cabeza, que eterpamente busca,
eternamente en vano, alumbrando siempre sus pasos
y pesquisas con el farol del pecado.·
Y esta es la leyenda del monje de Salsiola, mi amiga Emma. Esta es; y ya con ella doy_fin á esta segunda y larga carta, que ha debido hallar difusa y somnífera sin duda. Dichosa ella, y más yo, señora mía,
si por suerte no comunicó á usted el sueño que al
mío robé yo para escribirla.
-VÍCTOR BALAGUER
,.,.,,,,,,.,,,.,1.,,..,r,,•,,1•1,••,1•1,••,1•,,•1,1•1 ,•••••••º'•"•'''•"•l'••••,r,.1,,,,,,,,,,.,,.,,,.,,.,,,,,..,,,,,,.,,,,.,.,,,.

LOS SUCESOS DE MELILLA
CRÓNICA DE LA GUERRA

I
Pedro Estopiñán, por cuenta del duque de Medinasidonia, de quien es teniente, se apodera de Me•
lilla en 1446; un siglo después la inco~pora Felipe II

NúMERO

621

al Estado; en 1631 la sorprenden ,los moros y cuesta
mucho recuperarla; medio destrmda por los temblores de tierra en 1669, agobiada por el hambre, acosada á la vez por los moros, se abandona el fuerte de
Santo Tomás. En el olvido, sin defensa, con sólo algunos hombres que viven y sucumben como mártires,
en 1678 se abandona otro fuerte, el de San Lorenzo;
un año después, el de San Franci~co. Al fuerte de Santiago lo sitian poco más t~rde miles de moros; los españoles del fuerte se resisten, hacen en la chusma
gran mortandad, pasan much?s días, nadie acude en
su auxilio tienen hambre, tienen sed, pero luchan
aún. Desf~llecen ... y luchan ... van á morir... Para que
después de muertos el fuerte no sea tomado, deliberan· pronto viene la conclusión; es unánime; volar el f~erte; lo hacen así, vuela el fuerte, y los españoles heéhos pedazos, hallan su sepultura bajo aque'
..
!los queridos pedruscos que enr0Jec1eron poco ancon su sangre. ¡Fecha gloriosa... 14 de septiembre
de 1679!
Continúa Melilla en miserable abandono; sin embargo, las escasísimas guarniciones de todas las épocas la defienden como el hombre á la mujer adorada.
Melilla, pues, vive por casualidad milagrosa en poder
nuestro. En 1694 la sitia Muley I smaíl; la rechazan
los sitiados, la bloquea Ismaíl durante mucho tiempo, y la abandona al fin, convencido de la imposibilidad de vencer con su gran ejército al puñado miserable de españoles que la plaza defienden. En 1697, otra
fecha de gloria, los moros asaltan la plaza y son rechazados; en 1715 sufre otro cerco riguroso que dura mucho. Viene un tratado de paz que los moros no cumplen. En 1794, un formidable ejército, con Sidi-Mohamet-ben-Abdalá á la cabeza, sitia nuevamente á Melilla: consta la guarnición de ochocientos hombres escasos; resisten cuatro meses; Mohamet retirase al fin convencido también de la inutilidad de su tarea; hay
otros convenios, de que las kabilas se mofan, y la plaza continúa en el mismo estado de abandono; mientras deja una y cien veces lavada la honra española,
mientras mueren de hambre sin dejar de combatir,
mientras Europa está en espectación ante la heroicidad de aquel puñado de hombres, España se acuerda
de Melilla; España la halaga y la bendice; después,
las guarniciones continúan en el ofvido y es necesario otro nuevo monte de cadáveres españoles mutilados, destrozados, profanados, para que España vuelva á pensar en Melilla... España no; sus gobiernos.
Así continúa hasta 1840: la plaza está sin víveres,
como siempre; los presidiarios sublévanse; los rifeños
embisten con verdadera furia y degüellan las guardias;
la guarnición hace salidas que asombran, sublimes
en realidad, arrancando á los pechos españoles lágrimas de dolor y orgullo... ¡Estéril todo!
Sigue la campaña del 60, que alcanza ya á nuestros padres; donde nuestros padres luchan como leones; donde el ejército español, cubriéndose de gloria
y admirando á las potencias extranjeras, obtiene un
inmenso lauro por cada batalla sostenida ... ¡Vergüenza y duelo! Campaña más gloriosa, sí, pero más estéril que ninguna.
Viene el tratado de Vad-Ras; por este tratado España tiene derecho á un pequeño territorio comprendido entre Melilla, dentro de un semicírculo y el radio que se desarrolle por el alcance de un cañón de
16: resulta el radio de unos 3.000 metros, unas 1.600
hectáreas. Los españoles, como siempre, no cuidan
de ocupar esa tierra. En 1870 azota el paludismo á
la población; originase por la humedad del río del
Oro, cuyo cauce corre lamiendo la muralla; decídese
desviar el cauce unos doscientos metros y es preciso
un cuerpo de ejército para obligar á las kabilas á que
nos permitan hacer estas obras en territorio español.
Pasa ot_ra vez la nube. Nuevos y vergonzosos olvidos
de Mel_11la. Con la guerra civil es olvidada ya del todo, y viven sus escasas fuerzas con escaramuzas siempre, con sangre siempre y con maldiciones de mádres
infortunadas qu,e lloran á sus hijos, maldiciones y
sangre que caeran sobre la cabeza de nuestros gobiernos. En 1884 se ocurre al fin edificar en el cerro de
San Lorenzo el primer fuerte, por el plan de defensa
de Roldán Vizcaíno; sigue después el de los Camellos, detrás el de Cabrerizas Bajas y á seguida el de
Rostrogordo, que toca, como el de Cabrerizas Altas,
el límite español por la parte derecha del río del Oro.
~ste_ plan, aprobado por el gobierno, debe tener á la
1zqmerda y por la parte que da al Gurugú otros fuertes, de los que sólo se construyó el de los Camellos.
Estará uno próximo á la casa de la marina sobre la
playa d~ l_os C~rabos; otro, ya en el límite ;spañol, y
el de_ S1d1-,Aunach- origen de la guerra del Rif, qu~ tie_ne a la derecha la Alcazaba y la Mezquita, y á
la 1zqmerda el poblado y la' huerta de la Mezquita,
Lle&amp;am~s, pues, c?n sólo una breve idea general de
la historia de Mehlla desde su ocupación por los es•
pañoles, á la fecha triste del a de octubre.

�750

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO 621

para abrir surco y obte_ner la atezados y feroces rostros, como viscosidades pestiverdad, en e5e monte mcon- lentes de la tierra.
mensurable de telegramas, noLlega Macías al mismo ti~mpo de ~orir Mar~allo;
tas oficiosas, gacetillas, artícu- toma posesión, dispone algunas medidas de ac1erto
los y sueltos publicados, repro- arroja á los moros de la Adu~na del Rey, expulsa a1
ducidos, estirados y vueltos á los judíos ordena la construcción de barracones para
reproducir, que llevan la con- las tropas'. .. De repente publica el g?bierno u~ exfusión al cerebro más firme. traordinario de la Gaceta contando a los espanoles
Del 2 al 27 de octubre no ocu- que nuestras tropas han obtenido un for~idable triu~1rre nada. Margallo se mues- fo. La noticia produce un efecto mágico; la alegria
tra indeciso; se le vitupera su enloquece las almas; en ·toda la nación hay manifesindecisión... ¿Y por qué? Mar- taciones de entusiasmo; el júbilo se desborda de los
gallo no hace otra cosa que pechos... Los moros han sido atacados por nuestras
reflejar la incertidumbre de tropas· no pueden resistir las formidables cargas á la
sus superiores. ¿Por qué se ha bayon~ta del batallón disciplinario, huyen hasta el
de pedir á un subalterno, por Gurugú; el «Conde de Venadito,» &lt;&lt;La N_:1manci~,»
serenidad y firmeza que tenga, «Alfonso XII» y el «Isla de Cuba» los canonean maquello de que carece el supe~ cesantemente, haciendo en las masas de moros morrior á cuyas órdenes está? S1 tandad horrible... El general Macías pone telegramas
se inculpa hoy á un muerto al gobierno, manifestándole que el campo español
sin defensa, para eludir, quizá está limpio de moros; toda la prensa lo confirma; todo
MELILLA, - LA ALCAZABA (de una fotografía)
quien le inculpe, responsabili- el mundo está convencido de que es así; cada pecho
dades pavorosas, téngase en español es una gloria abierta de par en par á la espe.
cuenta que el muerto no ha- ranza de que todo concluya con satisfacción y orgullo
ll
·
1 blará para defenderse. Se destituye al general Margallo, se nombra á otro, llegan las jornadas del 27 y nuestro... ¡Ay! Pero por esas puertas de la gloria que
El general Margallo manda la plaza; su historia es 28, Marg~llo se h~ce ~atar p~r _la vergüen~ de que se abren de par en par en los pechos españoles, mélimpia· todo el ·mundo asegura que es un hombre de ha de salir de Mehlla sm prest1g10, y he aqm, por las tese como un cuchillo, en vez de la esperanza, la triste
honor,' y él lo prueba. Lo primero que se hace para vicisitudes de la suerte, un hombre popular, desa~re- convicción de que los moros son dueños de parte de
las obras del fuerte Sidi-Auriach es un barraconci- &lt;litado y muerto en sólo algunos días ... Desacred1ta- nuestro campo, de que nos hostilizan desde nuestras
llo donde guardar las hetrincheras y de que están en la persuasión, de que
rramientas. Durante la nonuestros fuertes seran suyos.
che lo destruyen los rifeños.
El abatimiento que esto
Margallo, que ha presentido
produce se acentúa con la
lo que ocurrirá, pide á Maalegría del ministerio. El midrid gente. El general abunnisterio
parece muy dichoso
da en razones para temer, ..,
porque espera una nota del
no sólo porque lo reconoce
sultán.
así su experiencia de soldaEl sultán á todo esto es un
do, sino porque se le advierpersonaje que no habla; está
te por las kabilas que no
entre bastidores: como el espermitirán allí construcción
cenario tiene tanto fondo alguna; es tierra sagrada patodo Marruecos, - resulta que
ra ellos por estar próxima á
el
sultán no parece en parte
la Mezquita. Los españoles
alguna; tardeó temprano tieno hacen caso, y dan princine que parecer, pero no sapio á las obras, que son desbemos si su presencia servitruídas también; la mañana
rá para el desenlace del dradel 2, á trabajar de nuevo.
ma, ó para que se meta ya
Hay cuarenta hombres en el
en
acción verdaderamente y
fuerte, que son envueltos y
que todo lo ocurrido se guararrollados por los moros.
de corno prólogo...
Empieza la guerra.
Pero no. ¿A qué engolfarEl escaso número de espanos en pesimismos? Las troñoles no puede resistir á la ·
pas de Melilla pueden ya lleferoz muchedumbre, y tamvar convoyes sin que los mopoc~ puede retirarse por lo
ros las hostilicen; en el cammismo; Margallo envía rápo reina tranquilidad seráfipidamente setecientos homca; el sultán sólo está á dos
bres del batallón disciplinajornadas, y de un instante á
rio y regimiento de Africa:
otro ha de llegar para que
la lucha es inmensa; la retiratodo quede arreglado amigada es verifica con doce esMELILLA. - PUERTA DE ENTRADA (de una fotografía)
blemente, y el gobierno españoles muertos y multitud
pañol
tendrá la fortuna de
de heridos. Los presidiarios que trabajan en el fuerte
haber conseguido con su hapelean con las armas inútiles ya de esos heridos y do, no ... Supo morir ... España le llora y le venera. bilidad y con su prudencia
que no estalle una conCon Margallo caen multitud de inocentes que no
esos muertos españoles, que podrán ser bajas en
flagración en toda Europa.
han
tenido
la
culpa
de
la
desesperación
de
su
genecampaña por el honor y engrandecimiento de su naEfectivamente, el sultán no ha llegado, pero el goción, pero que serán solamente víctimas infelices de ral, ni de los errores de los gobernantes; nuevas febierno
recibe una nota del sultán... El sultán se dischas
dolorosas
y
sublimes
en
que
el
español
combate
otra guerra vergonzosa y sin fruto. En este día, de
pone
á
castigar á las kabilas ... El sultán se duele
pecho
á
pecho
contra
un
enemigo
á
quien
por
su
recordación infausta, los españoles combaten y muemucho
y
no hace más que sufrir por la agresión heren como la historia atestiguó durante siglos y siglos; gran número le es imposible vencer; sin embargo, no
desalienta,
sufre
hambres
y
cha
á
los
españoles;
á nosotros, á un pueblo tan amilevantándose cada uno un pedestal, que las mujeres
lucha
aún
sin
que
la
sangre
españolas desde las penumbras de sus templos y desde sus tristes hogares silenciosos adornarán con preciosa que derrama pueda
siemprevivas de su corazón, y cada español regará fructificar en bie'.l del país
amado; como siempre, los hecon lágrimas de fuego.
Los combates parciales de este día de dolor y or- chos heroicos se multiplican;
gullo para la nación española, en que grupos de dos el oficial pelea bravamente y
ó tres soldados españoles se defienden contra apiña- sucumbe; los soldados mueren
dos remolinos de la rencorosa y salvaje chusma delRif, abrazándose en fiera acometib:istarían para que otra cualquier nación se concep- da á los que les asedian: adotuara la primera del mundo. ¡Y qué! Los soldados se lescentes, niños casi en su maretiran en espera de unos refuerzos que no van, y los yoría, se lanzan nuestros solmoros se posesionan del campo español. Las imagi- dados como fieras, luchan conaciones se exaltan, el humo de los cerebros meridio- mo cíclopes y caen ·como héroes; retíranse al fin ante la
nales llega á las nubes; pero la plaza de Melilla coninmensa
superioridad del nútinúa sin gente y sin provisiones, y los moros atrinmero.
La
noticia se extiende
cherándose en el campo español y mofándose de
como
nube
luctuosa; en toMelilla y de España. La movilización de tropas, sin
da
España
se
oye un alarido
embargo, es inmensa; á contar los batallones y regide
dolor,
y
las
hordas del Rif
mientos que van al Rif, según los telegramas y las
cantan
ferozmente
su victoria
gacetillas de los periódicos, no habría volúmenes sufien
nuestro
campo,
extendiéncientes para extender su nomenclatura, pero en Medose
y
rastreando
por las
lilla cuando esto ocurre no habrá ni 6.000 soldados.
hondonadas y por los cerros,
Necesitase ahora un afilado pensamiento de acero
con sus chilabas sucias y sus

''

NúMERO 621

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

75 1

moros que ansían la
go del sultán; el sulpaz como la salv~tán quiere conservar
ción, ni contestan _sinuestro cariño; el sulquiera; que da prmtán está frenético de
cipio el cañoneo otra
coraje y corre contra
vez, y que debe colas kabilas ... Pero el
rrer prisa; q~e en el
sultán, que ha tardainterior del Rif seprodo mes y medio en
clama /aguerra y que
dar señales de vida,
los moros dicen que
ahora estará, de segu110 quieren más b~taro, otro mes y medio
llas, porque sus trigos
representando el pano florecen; que el
pel dt que hace alsultán vieneáMelilla,
guna cosa, sin que
pero que no ~iene el
sepa nadie á qué atesultán, que viene ~n
nerse tampoco.
hijo suyo; que no vieCon estas noticias
ne un hijo suyo, pero
coincide la suspenque manda caballería
sión de hostilidades
mora• esta caballería
de los moros; se achano e~ caballería, se
ca por unos á carendesmiente por comcia de municiones;
pleto; son cien emipor los más, á la
muerte de Alí el Mosarios que mand~ el
reno y otros morazos
sultán á las kab1las
para pedirles por fade influencia que los
mantenían en su covor que cesen en sus
raje contra los espahostilidades contra
ñoles: en conclusión,
los españoles. A seesto aumenta la aleguida se sabe que el
gría de los ministros,
sultán sigue en Tafiporque lo achacan al
lete ... Se habla de
temor que los producontrabandos, de ance la próxima llegada
gustias, de bajezas; se
del sultán. Y así es;
habla también de otra
el buen hombre debe
victoria obtenida por
estar muy próximo;
España· sobre l?s. rilas kabilas deben esfeños; pero 1~ op11116n
tar ya muy asustaduda y nadie se endas, y la no ta del
tusiasma, por temor
sultán, que se conde que no vaya á ser
ceptuó como un gran
como aquella en que
éxito debió ser sin
el campo español
duda' muy satisfactoquedó limpio d~ moria, porque el gene;~¡
ros, y por esa mcerMacías pide much1s1tidum bre y malest~r
mo material y refuerque producen ~otlzos· los fuertes todos
cias tan contradicto.
y las embarcaciones
rias; pues á la par
españolas cañon~an
que se sabe que n?
sin parar al enemigo,
se dispara un solo tiy el ministro de la
ro, y que los moros
Guerra se apresura á
están pacíficos y con
mandar soldados,
nadie se meten, se
hasta el punto de hasabe también que
ber salido de Barcedisparan una descarlona en un día solaga contra Macias,
mente más de dos
salvándose el general
mil hombres. ¡Gran
por milagro, y que no
Dios!.. ¿Qué hubiera
cesa el cañoneo soocurrido, caso de no
bre el enemigo. El
ser satisfactoria la
gobierno calla y h:i.:... · · •
·
.é • d
dones en Melilla
respuesta del sultán?..
ce mal; la prensa di, EL ORTEGA SÁNCHEZ MUÑOZ, jefe de la primera brigada del segundo cuerpo d_e eJ rc1to e opera
Adelante: no es una
DON MANU
{de fotografía de la ambulancia del Sr. Company, de Madnd)
ciéndolo todo, lo que
crítica esta, es una
es y lo que no es, hacrónica: la hora del
.
ce peor, y continúan
iuicio no llegó aún; pero sin uno querer,. se deslizan los; inmediatamente se sabe que no lo están; ?e recibiéndose noticias sin _tregua, de aquí, de all_í, de
al volar de la pluma pequeños comentarios que sal- pronto que piden una tregua, que se la da Macias todas partes, que se d_esr~nenten todas en el mismo
tan del corazón como gotas de sangre.
. de venticuatro horas para que cesen de una vez en día en el mismo periódico qu~ la_s da.
Se tienen noticias de que los moros están tranqm- sus hostilidades, que se cumple el plazo, y que los
Ryesumen.. la situación es la s1gmente:
· el sultán re)

MELllLA, -MERCADO EXTERIOR CONOCIDO POR LAS «DARRACM)) {de una fotografia)
VISTA DE MELILLA DESDE EL FUERTE DE SA N LORENZO y DEL FUERTE VICTORIA GRANDE {d e una fotografía)

�LA DANZA DEL OTORO,

COPIA DEL CELEBRADO CUADRO DE GABRIEL MAX

�LA

754
mitió su segunda nota: el gobierno está intranquilo
porque en ella nada se habla de indemnización: no
hay confianza m~ldita en lo _que el sultán dice, y se
piensa ganar el tiempo perdido en espera de esa c~&gt;n•
testación, lanzando inmediatamente sobre las kab1las
un numeroso cuerpo de ejército que las confunda y
aplaste de una vez;- ¡hora solemne por la cual suspiran todos los españoles!
.
¿Llegará?.. Trece mil hombres hay en Mehlla; en
Andalucía, cuatro brigadas, hasta el comple.m~nto de
los veinte mil, para marchar al punto; el mm1stro de
la Guerra dice que va á Melilla ó deja de ser minis·

¡Espías y carceleros!.. ¿De qué han de servirle al
que siente una pasión tan grande como la que poco
á poco fué apoderándose de todo mi ser?..
¡Carceleros y espías!.. ¿Qué pueden importarle al
que amando con verdadera locura, vence las dificultad~s que se le presentan y en cada nuevo obstáculo
cobra fuerzas para proseguir la lucha con más fe,
con más entusiasmo?..
Todos los días, cuando el cielo empezaba á cubrirse de sombras de trecho en trecho iluminadas
por el tenue fulgo~ de las estrellas, dirigíam~ á la casa que ella habitaba en las afueras de la capital, don-

Ml!LILLA. _ MARI GUARI, ESPÍA MORO HECHO PRISIONRRO

tro. De esto han resultado graves disidencias: unos
ministros se oponen, otros le ayudan, y López Domínguez continúa preparándolo_ tod? para.su marcha
á Melilla sin hacer caso de nadie. S1 va, s1 las operaciones que han de seguir revisten la grandeza de un
verdadero acontecimiento para España, _LA l LUS·
TRACIÓN ARTÍSTICA estará allí, y estas cró01cas se escribirán sobre el mismo campo de operaciones. ¡Ojalá
no se necesite! ¡Ojalá concluya todo, como. tal v~z
suceda, prontamente, con algún .honor y sm mas
sangre perdida! Porque es una tnste ver~ad; empeñados ya en la lucha acariciaría la victona nuestros
pechos con su ardie~te soplo; nos embriagaría, nos
cubriría de flores; pero de esos laureles, de _esas flores mismas brotarán después los empréstitos, las
contribucio~es, el hambre, la miseria, la ruina total
en fin serpiente que asoma la cabeza silbando para
ahoga~ de una vez entre sus anillos á este pueblo
valeroso y sin fortuna.
M. MARTÍNEZ BARRIONUEVO
.i•••••,1•••·••1•,,·••"••••,1•,,•,,,., 1.,,..,,.•••••••• ,.,,,,,,., ... ,,.,,,.,,.,.,,,,., •• ,,,., ,.,,, ........ ,,.,,,.,,.. ,,., ... ,,.,,,.,

LO ETERNO

I

NúMERO 621

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

ausencia olvidara por comple~o aquel amor que tan
dulces horas me había proporc1onado, pero sí que seguramente el recuerdo de la mujer amada permanecía
aletargado en mi pecho, cuando, de_ vuelta o~ra vez
en la corte, supe que la mujer obJ~to de m1 amor
continuaba, como en tiempos anteriores, reclusa en
la misma casita blanca de las afueras.
Como por encanto surgió an!e mi vista todo aquel
pasado de dicha y placer, hac1~ndome pensar, con
miedo al principio, con resolución después, los medios de que pudiera valerme Pª:ª reanudar las antiguas relaciones con aquella virtud de la que sólo

Nos queríamos con tal locura, que únicamente la
intensidad de nuestro cariño podía darnos fuerzas para vencer los obstáculos que á todas horas se opo·
nían á nuestra felicidad.
Guardada ella como favorita de caprichoso sultán, y rodeada de espías y carceleros que la _seguían
á todas partes investigando sus actos y estudiando el
II
sentido de sus palabras, veía transcurrir los días eternamente iguales, tristes y aburridos, cuando ~uesExigencias de la lucha por ~a vida o~ligáronme á
tras diarias entrevistas fueron á romper aquella msopartir lejos, muy lejos de la_cap1tal. No d1réque en la
portable monotonía.

habían triunfado mis palabras ardientes y mis apasionadas caricias.
·
Y hablando solo, pretendiendo disculpará mis propios ojos la conducta desJeal y desagradecida que durante mi ausencia hube de observar con aquella mujer que me adoraba, emprendí el camino tantas veces
recorrido, dirigiendo mis pasos á la casita tantas veces
visitada.
,
Nunca se me hizo tan largo el trayecto... Andaba
y andaba ... y al propio tiempo iba preparando una
especie de discurso que pensaba decirla de rodillas
á sus pies y cubriendo de besos sus manos para conseguir el perdón de mi falta ... Sentía que mi antiguo
amor resucitaba con nuevas fuerzas y prometía agotar
con ella toda mi elocuencia á fin de convencerla de
que mis juramentos serían eternos ... ¡Cuesta tan poco
engañar á las mujeres desengañadas!..
Ya, por último, divisé la casita... Todo en ella estaba igual... El muro, los árboles, las enredederas...
Acercábame con cuidado poniendo en práctica las
mismas precauciones de antaño...
Escalé el muro, atravesé los matorrales, y en la
precipitación por llegar pronto no reparé que arañaba
~i rostro, desgarraba mis ropas y ensangrentaba mis
manos... ¿Qui! importaba? ¡Era feliz, feliz por volverla
1
a' ver...
Y avanzaba emocionado, palpitante, sediento de
amor...
De repente, me detuve asombrado... Ella, miadorada, esta_ba ~llí, en !;!l mismo balcón de siempre, ligeramente mclmada con un dedo pu~sto sobre los labios, diciendo quedo, muy quedo, á un individuo ¡que no era yo! - y que en aquel momento escalaba
la tapia:
- ¡Chist..! ¡Cuidado, por Dios! ¡Que no te oigan!
JosÉ JUAN CADENAS

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

755

LA POLA
NOVELA ORIGINAL POR EVA CANEL. - ILUSTRACIONES

DE

J. CABRINETY

(CONTINUACIÓN)

- ¿Saldrá el señor á pie con este frío?
- Sí, tengo que hacer una cosa urgente.
Joaquín se sorprendió de veras de aquella salida:
era la vez primera que su amo salía á tales horas, por
un quehacer urgente. ¿Qué podía ser que no lo mandaba á él, para quien al parecer no tenía secretos?
- También tú tienes que salir, dijo Pacheco des-

{de fotografía de la ambulancia del Sr. Company, de Madrid)

de tenía la seguridad de hallarla esperándome, siempre amante, siempre cariñosa.
.
Llegaba, por fin, á divisar los muros de la cas1~a, y
entonces comenzaban los cuidados para no ser visto,
las precauciones para no ser conocido... Tendido S?·
bre la hierba arrastrábame hasta encontrar la tapia
que escalaba penosamente,~ después, andando _sobre
las puntas de los pies y poniendo el mayor cmdado
para no hacer el más leve ruido al atravesar los ma·
torrales acercábame á la casa donde en uno de los
' del. primer piso estaba ella, ligeramente
.
.mbalcones
clinada, diciéndome con un dedo puesto sobre los
labios y quedo, muy quedo: .
.
- ¡Chist!.. ¡Cuidado, por Dios!.. ¡Que no te oigan!
Y trepando al balcón, penetraba en la éstancia,
sudoroso, jadeante, como un salteador .~ulgar, con
las botas llenas de barro, el traje hecho Jirones y las
manos ensangrentadas, ar~:jándom~ _en los brazos
de mi amada, que con ;armosa sohc1,tud ponía e?
orpen mis ropas, prodigandome las mas dulces caricias los cuidados más afectuosos.
¡Cuánto amor derrochábamos en aquellas horas
que transcurrían con velocidad pasmosa! ,
¡Qué de juramentos y promesfs nos hac1_amos, hasta que allá, á la madrugada, ve1ame precisado .á salir de allí con las mismas exageradas precauc10nes
que había tenido necesi~ad de_ po,ner ·en práctica al
entrar á fin de no ser visto m 01do, en tanto que
ella, ~irándome dulcemente, me hacía la eterna recomendación, diciéndome con un dedo puesto sobre
los labios y quedo, muy que~o:
.
- ¡Chist! ¡Cuidado, por D10s! .. ¡Que no te oigan!

LA

NúMERO .621

A buen paso se encaminó á la calle de Alcalá, y una señorona que gasta coche. Esta mañana le dije
cuando hubo llegado á la esquina de la del Caballero yo á Polita: ¿por qué no manda usted un recado á
de Gracia se detuvo reflexionando. ¿Entraría por la de casa de su prima? ¿No le había de dar á usted silas Torres? ¿Subiría la de San Miguel? Después de quiera para enterrar á su tía? Y me contestó que ni
titubear un momento, decidióse por esta última, re- siquiera sabía dónde vivía ahora; pero aunque lo sucordando las advertencias de su ayuda de cámara.
piese, que no hubiera mandado. ~ice que las ha visto
Como á la mitad de la calle vió un corro de muje- alguna vez yendo ella muy repantigada en el cocne y
res del pueblo delante de una puer- que ha vuelto la cabeza. «Ya que ha muerto mi madre
ta que daba entrada á un zaguán de hambre sin recibir de ella un socorro, no quiero
de buen aspecto; discutían accio- que reciba la sepultura,» me dijo; y tiene razón, señonando con las desenvueltas mane- rito. ¡Qué perras son algunas mujeres! .Aquí es, dijo
ras del pueblo bajo madrileño. La la portera parándose y cesando de hablar, cosa que
que hablaba con más calor, llevan- no había hecho desde que la interrogara Luis.
do la voz cantante, era una mujer
- Llame usted, y si no quiere usted entrar no
entrada en años, frescota y armada entre.
de escoba, sobre la cual apoyaba
- No, señor, no entro ahora, porque tengo sola
el lado izquierdo.
la portería; á ver si viene mi marido y se puede arre- Este es el mundo, hijas: unos glar esto.
tanto y otros tan poco, decía co!l
- Cuando venga su marido hágale usted subir, y
tono sentencioso.
tome usted por haberse molestado.
Luis, que oyó estas palabras en
Pacheco dió á la portera dos duros, y ésta, desheel momento de pasar, sintió la cu- cha en ofrecimientos y cumplidos, arqueaba el cuerpo
riosidad de preguntar lo que se tra- cuanto le era posible. Tardaban en abrir la puerta y
taba.
la buena mujer llamó de nuevo.
- Ustedes dispensen, dijo acer- No faltaba sino que 1~ hubiese sucedido algo á
cándose y llevando la mano al som- la chica...
brero, cosa que le granjeó desde
Pero la puerta se abrió, apareciendo en el dintel
luego las simpatías de la mujer de una joven pálida, demacrada, abrigada apenas con
la escoba. ¿Ha ocurrido algo~por una toquilla rota, el cabello en desorden y los ojos
aquí?
encarnados de llorar.
- Poca cosa, señorito; pero si
- ¿Es el señor forense?, preguntó.
usted fuese de la autoridad, me
- No, hijita no, contestó la portera, es un caballealegraría que se enterase.
ro de la autoridad, muy caritativo y bueno, que entra
- Sí lo soy, contestó Pacheco por las puertas de su casa como si entrase Dios.
agarrándose á la inocente mentira
Luis ~gradeció la presentación entusiasta y_ since... liada tres segundos que reflexionaba sin pensar en la joven
que le sugirió la mujer.
ra que la portera hacía de su persona, y pasó sm pro- Pues ya verá usted: en una nunciar palabra: había reconocido la voz de la menpués de un rato; te dejaré cinco mil pesetas para guardil/,i VlVla una pobre mujer, gallega, con una diga y un agudísimo dolor le partía el alma. ¿Por qué
que las entregues al conserje del Veloz de mi parte: hija que estudia para cantan/a y cantaba no sé dón- no la escuchara la noche anterior?..
ya sabe á quién las ha de entregar.
de: mientras la chica ganaba algo y la madre cosía
Sin preocuparse de la joven dió dos pasos adentro
Joaquín adivinó que su amo había juga~o y per- en las casas iban bien; pero hace seis meses que la y tropezaron sus ojos con un cuadro imposible de
dido aquella cantidad: sufrió como si le hubiesen pobre mujer dejó de trabajar por enfermedad, y con describir: en el suelo, sobre un jergón de paja, yacía
asestado un golpe en el corazón, pero no dijo una pa- seis reales que daban á la muchacha, pues diga usted, el cadáver de aquelladesventurada mujer, muerta de
labra.
¿qué se puede hacer? Se fué poniendo cada vez más hambre, de frío y de dolor la noche antes. En una
- Yo voy á una aventura, Joaquín: ¿qué te parece? malita la madre: ¡claro!, el médico de la casa de soco- taza desportillada, mediada de agua con una capa de
- No será mala cuando va el señor.
rro venía cuando venía, y las medicinas no llegal:Jan aceite, ardía, chisporroteando ya, una mariposa cuya
- Pues guárdame el secreto, porque te la voy á nunca, y el pan estaba en la tahona, y la carne en la luz falta de brillo daba de lleno en la fisonomía de
contar. Anoche cuando yo bajaba la calle de Alcalá carnicería: el caso es que la pobre mujer fué de peor la muerta, aumentando lo amarillento del rostro deme salió al encuentro una mujer, que debía ser joven, á peor, y la hija lleva dos meses sin cantar y se han macrado por el hambre y por los sufrimientos. En
y con voz entrecortada por los sollozos me pidió una quedado hasta sin cama. Anoche cuando me retiré
un barreño, también desportillado, había blanca celimosna para su madre: no hice caso, suponiéndola yo, que soy la portera p:na servir á usted y á Dios,
niza y dos pucheros de barro sin tapas; aquella ceniuna de tantas cómicas de la miseria, y seguí sin con- entré á verlas y todavía les dí un poco de caldo, por- za sin fuego atería el ánimo tanto como la tempetestarla ni mirarla; pero cerca ya de la Cibeles reflexio- que me parecía que en todo el día no habían proba- ratura de la buhardilla atería los miembros; dos siné: volví atrás y no pude encontrarla: te juro que do gracia del Señor: yo no sé qué pasaría después,
llas bajas sin respaldos, con la paja de los asientos
he pasado la noche desasosegado y hasta he soñado porque me fuí á mi cuarto, y á eso de fas cinco de la
erizada;
un baúl de cuero, antiguo y despellejado, y
con ella el poco tiempo que he dormido.
mañana oí voces; se levantó mi hombre, y total que una percha de hierro de cuyos dos únicos ganchos
- Ya me figuraba yo que las aventuras del señor no sabemos por qué ni por qué no, y Dios me libre de pendían unas prendas de ropa que debían haber sido
tenían que ser de esta clase.
malos pensamientos, pero la chica había salido des- negras, era el único ajuar de la miserable vivienda,
- Pues mira, se me ha metido en la cabeza que pués de cerrada la puerta de la calle y cuando volvió por la cual no se podía caminar de pie sin encorvar
aquella infeliz no era una farsante ni una perdida: es- encontró á su madre muerta.
la espalda.
toy intrigado y revolveré Roma con Santiago para enLuis Pacheco se estremeció: sintió que le oprimían
Los nobles sentimientos de Luis se rebelaron concontrarla.
el corazón, y dijo precipitadamente:
tra
tan espantosa burla de la muerte. ¿Qué podían
- Me parece difícil.
- ¿Quiere usted enseñarme la buhardilla en que haber hecho aquella niña y aquella anciana para ser
- Voy creyendo que sirvo para juez de instrucción, sirve esa desgraciada criatura?
víctimas de un destino cruel?
porque se me han ocurrido grandes medios: recorrer
- Sí, señor, con mucho gusto: mire usted, señoriHacía tres segundos que reflexionaba sin pensar
todas las casas de pobre apariencia que haya en las to, aquí hemos hecho todo lo que hemos podido, le
en la joven: volvió la cabeza y la encontró á su escercanías de San José. Si la pobre era lo que yo me ~irnos algo de nuestra pobreza para amortajarla y palda mirando fijamente el cadáver de su madre y
figuro, una infeliz vergonzante, á tales horas no debía ahora anda mi marido corriendo los pasns para que derramando lágrimas silenciosas que hilo á hilo rodaestar lejos de su casa.
.
se la pueda enterrar, porque como no hay certifica- ban por sus mejillas.
- El señor tiene razón, y por ese medio tal vez la do de médico ni cosa que lo valga... ¡Ay, señorito!
- ¡Pobre niña!, dijo con ternísimo acento Luis.
encuentre: acuérdese el señor que en las calles de ¡Qué cosas se ven con eso de la caridad! Muchos No llore usted más: sólo siento no haber llegado á
San Miguel y la Reina hay algunas casas de aparien- miles y mucha bambolla. Esta pobre chica acu- tiempo para evitar la muerte de su madre si era pocia humilde ...
dió á la parroquia, acudió á las juntas y á cuanto sible: no se aflija usted, juro no abandonarla y servir
- Tienes mucha razón. Prepara la ropa en el toca- hay que acudir. ¡Que si quieres! En unas le pedían la á usted de padre.
dor: la señora no pensará nada bueno de esta salida cédula, en otras la papeleta de comunión, en otras la
La joven levantó los ojos electrizada por aquellas
después de haber venido tan tarde; pero ¡bah!, ya se partida de bautismo ... Mire usted que si esa chica se palabras que le parecían bajadas del cielo, y los fijó
le pasará el enojo.
ha perdido por dar pan á su madre, no tiene ella la cul- con tal expresión de gratitud en la Providencia que
- ¿Por qué no se lo cuenta el señor?
.
. pa; sobre la conciencia de otros va. Creo que no han en figura de un apuesto caballero se le presentaba,
- Dios me libre: creería que llevo malas mtenc10- sido unas cualesquiera, y ya se las conoce que han que Luis en un exceso de paternal solicitud atrajo á
nes ó se burlaría de mí: no quiero que sepa nada.
tenido principios, porque Polita es, no despreciando la niña hacia sí, abrazándola para envolverla con su
Luis Pacheco se vistió, saludó á su mujer, que le á nadie, una chica muy lista y muy buena. Me contó capa.
contestó mal humorada, besó y acarició mucho á sus un día la .señora Rosa, que tenía aquí una sobrina
- Está usted yerta, ¡pobre criatura! En cuanto llehijos y salió dejando á Camita confusa por aquel des- que está riquísima; pero la maldecida no las socorría gue el portero le daré mis órdenes, y pronto tendrán
usado madrugón.
ni quería verlas, porque lo tenía ámenos: creo que es usted y el cadáver de su madre todo lo que necesi-

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NóMERO 621

- Sí, necesito que vaya usted inmediatamente á Cuando pude desasirme de las garr~s de aquellos
una funeraria y que vengan para encargarse de todo lobos eché á correr por la calle de Peligros. Un ser~lo concerniente al entierro de la señora de Suárez, no me detuvo, le dije que me perseguían, qu~ hab1a
que ahora resulta viuda de un íntimo amigo y pro- ido á pedir limosna, y e~ hombre, compadecido de
mis lágrimas, me acampanó hasta la calle del Clave_!.
tector mío; ya ve usted si estoy obligado.
Pola miraba con asombro al caballero descono- En el final de la de Peligros todavía llegaban á mis
oídos las voces de aquellos perversos q~e desde la
cido.
esquina de Fornos gritaban entre carcaJ_ad~s y pa- Se hará lo que usted mande, señorito.
- ¿No habría en la casa un vecino compasivo que labrotas: «¡Gallega! ¡Galleguita!» En m1 ,v1?a. he
- En mi país algunos panentes, en Madnd no, nos permitiese trasladar el cadáver de e~ta señora Y sufrido más, caballero. Cuando llegué ª':lm a tienque recogiese hasta mañana á esta _señonta?
. tas porque no tenía fósforos par~ subir la escaseñor.
- A la señorita... sí, señor, dijo el portero sm lera cuando llamé á mamá inútilmente, cuando
- Entonces me ha engañado la portera cuando
'
retrocedí asustada porque sent1' su cueratreverse
á llamar Pola á secas, como siempre, á una al tocarla
me ha dicho que una prima...
po
yerto,
el primer impulso que sentí fué de ~le- Yo no cuento á esa para nada ni quiero recor- joven protegida por caballero de semej~nte aparie_n·
gría:
había
sufr~do la horrible pena, de verme salir á
darla: la perdono por haberse avergonzado de nues- cía; pero el¡cadáver... , aguarde usted... , s1. no lo supieimplorar
la
candad, pero no sabna, que me habían
ra
el
casero
...
Hay
un
segundo
desalqmlado
...
y
es
tra pobreza, pero no quiero ni pensar que existe. _Mi
insultado tratándome como á la mas degradada de
pobre madre vino á Madrid confiada en la protec1ón muy bonito...
- ¿Un segundo?, lo tomo ahora mismo. ¿Cuánto las mujeres; esto hubiera sido mil veces más cruel
que pudiera prestarle la hija de su cuñado, y sufrió
para ella.
,
..
.
:vale?
atroz desengaño: era tan mala como mi tío, que ja- ¡Miserables! ¡Me las pagaran!, d1JO Luis en un
- Doce duros al mes; pero hay que pagar mes
más tuvo para nosotros una peseta: mi prima recibió
, arranque de nobilísima indignación!
á mi madre con el mayor orgullo: le daba un duro adelantado y mes en fianza. ·
- ¿Se puede, señorito?, preguntó la. portera em_pu- Está bien: veinticuatro duros; pues vaya usted a
que mi madre no aceptó, y le _dijo que no podía atenjando
apenas la puerta que abierta deiara su mando.
derla sino ocultamente, porque no quería que su es- casa del casero, haga usted el recibo y de allí á la
¡Adelante!,
contestó Pacheco.
funeraria
para
que
arreglen
abajo
la
sala
donde
se
ha
poso pudiese echarle en cara que tenía parientes po- Estoy á su disposición, señorito: ya he puesto
bres. La idea de que su marido se enterase la subleva- de colocar el cadáver.
.
Y sacando una cartera de piel de cocodrilo, tomó una sustituta en la portería.
ba. Cuando mi madre rechazó el duro le llamó poEs
necesario
que
entretanto
arreglan
el_p1so
se·
de
ella
ciento
cincuenta
pesetas
en
dos
billetes
y
se
bre orgullosa, y la: infeliz salió de allí ahogándose de
gundo, busque usted brasero y que proporc1o~e uspena. Yo había quedado en nuestro pueblo con unos las entregó al portero.
- Le sobran á usted seis duros para que coja us- ted un mantón á esta señorita para que se abngue y
parientes: mi madre se puso entonces á servir para
que le mande usted traer un chocolate un café
ted
un coche, y disponga usted de lo que sobre.
reunir lo necesario y traerme á su lado: á los seis
El portero estuvo á punto de caer de espaldas; no bien caliente· yo necesito marchar, enviaré unos
meses me reuní con ella. También yo entré como
niñera en una casa, los señores me querían mucho; sabía lo que le pasaba: la muerte de la señora ~osa muebles para' que arreglen de pronto una _habitasin embargo, no podían tenerme: yo no hacía más les traía la felicidad á todos. ¡Seis duros, y dos a su ción en donde la señorita Pola pueda estar bien; los
que vengan con los muebles ya tendrán ~rdenes mías.
que llorar, y mi pobre madre, que sufría horrible- mujer ocho ... , y esto para empezar!
¿Tiene
gabinete el piso que hemos alqmlado?
Señorito,
dijo
el
portero
regresando
desd_e
la
mente cuando le decían que me pasaba el día sollo- Sí, señor, y muy hermoso con alcoba grande, la
zando, decidió poner un cuartito y que trabajásemos puerta, aunque sea mucho atrevimiento, ¿su gracia de
sala también tiene alcoba, y el comedor otra, y una
en casa ó que aprendiese yo un oficio. Ni las pri- usted para hacer el recibo?
para muchacha en el pasillo, y cocina con su despenPacheco
titubeó
un
momento,
y
resueltamente
vaciones ni las necesidades me hacían mella, visa: el cuarto es claro y alegre como un~ bendición
vía con mi madre, no se rebelaba mi espíritu contra dijo, moviendo la cabeza:
de Dios: estará allí Po ... la stñorita Polita como en
Hágalo
usted
á
nombre
de
la
señorita
Leopolda
la triste condición de sirviente y era feliz cantando
el
cielo, y si quiere muchacha tengo yo una sobrina
Suárez.
como un pájaro desde que me levantaba hasta que
que, aurtque me esté mal el decirlo, no hay otra más
- Está muy bien.
me acostaba. Hubo de gustarle mi voz á un profe- ¡Ah! Y dígale usted á su mujer que busque una honrada en todo Madrid.
sor de canto que vivía en la misma casa, y aconsejó
- Bueno; sí, señora; pues si usted responde de ella
á mi madre que· me matriculase en el Conservatorio, persona á quien dejar en la portería y que suba.
- En seguida, señorito: hasta luego.
la tomará.
prediciéndole para nosotros un porvenir brillante; mi
- ¿Que si respondo? Como de mí misma.
.
Apenas hubo salido el portero, cuando Poi~ se
madre comprendió las razones del buen señor; pero
- Bien: pues ahora vea usted si alguna vecma
no podíamos disponer del dinero de la matrícula; arrodilló á los pies de Luis, abrazándole las rodillas
quiere hacer compañía á esta señorita mientras usapenas ganábamos lo suficiente para no morirnos de y sollozando:
ted vuelve con el café, el mantón y el brasero: de
¿Qué
hemos
hecho
nosotras
para
merecer
tanhambre. El maestro entonces habló á los vecinos, y
entre todos me proporcionaron cinco duros para ma- to bien?, preguntaba la infeliz. ¡Madre, madre de ninguna manera la dejen ustedes sola: no la propongo
trícula y métodos. Hace de esto cuatro años, cuatro mi alma!, prosiguió arrojándose sobre el cadáver, salir de aquí, porque no creo que consienta en dejar
años que hemos sufrido toda clase de privaciones: ¿por qué no vives ahora?, ¿por qué no se abren tus el cadáver de su madre.
- ¡Mamá mía de mi vida!, gritó Pola arrojándose
me contraté en un teatro como corista, pues era im- ojos para ver á nuestro bienhechor?, ¿por qué tus laposible que viviésemos con lo que mi madre ganaba bios no pueden decirle aquel «Dios se lo pague» otra vez sobre el miserable jergón.
- Polita, ofrézcame µsted no abandonarse al dolor,
cosiendo; pero hemos llegado á este extremo á causa con que recibías las limosnas que nos hacían? ¡Qué
y si no me lo cumple será prueba de que le importa
de la enfermedad de mamá y de no tener yo trabajo: tarde ha llegado ésta para ti!
Luis sintió una punzada en el corazón.
poco disgustarme.
tampoco he podido matricularme en este curso.
Las amargas frases de Pola le hacían recordar su
- ¡Oh, no; no lo crea usted: yo haré cuanto usted
- ¿No tiene usted padre, por lo que se desprende?
- Murió cuando apenas contaba yo tres años: era indiferencia, de la cual nada podía consolarlo desde quiera que haga! ¡Pero mi madre, mi madre!
A las doce en punto entraba Luis Pacheco en un
abogado allá en el pueblo: mamá tenía de su dote que sabía lo terrible de aquella desventura.
- Pola, serénese usted; se lo suplico y perdóneme almacén de muebles, compraba un ajuar modesto Y
unas tierras y una casita que se consumieron después
unas alfombras á medio uso, y lo mandaba todo con
de muerto papá, y entonces fué cuando la infeliz de- que yo sea culpable de parte de su desgracia.
- ¿Usted?
gran premura con órdenes concluyentes y daba una
terminó venir á Madrid. -E l padre de mi prima era
- ¡Yo, sí! Anoche ... (Luis no sabía cómo decirlo buena propina á los mozos. Hecho todo, tomó en la
hermano del mío; pero no queriéndose conformar
con la modesta posición de mis abuelos, unos seño- para no ruborizará la joven; ella no le había conta- Puerta del Sol un tranvía, y á la una entraba en su
res arruinados, marchó á las Américas, en donde do detalles menudos, y por consiguiente aquél tam- casa, donde se le esperaba para almorzar, con el propósito de volver inmediatamente á la calle de San
hizo gran fortuna. A papá lo estudiaron, pero no le poco), anoche salió usted ...
- Sí, s-eñor: á las cuatro de la mañana, desesperada, Miguel para arreglar con los dependientes de la fudieron otra cosa, y mi hermano jamás le hizo caso ni
volvió á pensar en el pueblo ni en la familia. Cuando loca de dolor, mi madre se moría, yo tenía esperanza neraria la clase de entierro que debía hacerse á la
papá murió le escribió mi madre y no obtuvo res- de traer algo para hacerle un caldo en cuanto ama- señora de Suárez.
Los niños charlaron durante el almuerzo haciendo
puesta: la pobre creyó que la hija de semejante hom- neciese ... Pero...
- Yo fuí el que desoyó la súplica de usted junto á olvidará su padre las impresiones de aquella mañabre podía ser mejor, pero se llevó chasco.
.
- ¿Cómo se apellida usted, Pola?, preguntó Luis, San José.
na; pero Camila, que exageraba el amor á sus hijos,
-¿Usted?
creyendo sacar por el apellido de lá joven el de su
procuraba mostrarse despegada como nunca con su
- Yo, sí, que arrepentido volví desde la Cibeles á marido.
infame tío.
buscarla, aunque imHilmente.
¡Después de acostarse la noche anterior dejándola
- Suárez.
- Eché á correr por la calle de Alcalá arriba pen- levantada y nerviosa, haber salido temprano sin darNada le dijo á Luis este vulgarísimo patronímico,
por lo cual abandonó la idea de averiguar más. ¿Y sando en los que debían salir del casino y del Ve- le explicaciones, y volver tan indiferente, sin hacer
qué le importaban? Eran unos perversos de los cua- loz: me metí en el portal de éste y aguardé á que cosa por desenojarla!, era tan nuevo para Camila y
bajase alguien.¡ Bajaron!; pero por mi desgracia ÍUE• hería de modo tal su orgulloso puntillo, que~sin pen~:ir
les no debían ocuparse.
-- 1
• Bueno bueno Polita! Prométame usted no afli- ron dos infames, uno de los cuales me era conoci- en el espectáculo que estaba dando delante de los
,
do, porque siempre le veía entre bastidores cuando yo criados, hablaba con sus hijos de una manera iró,,igirse: ya le 'he dicho' que yo seré su pad re. ¡Cuanto
estaba en el coro de Eslava.
ca y poco conveniente para que Luis dejase de viotarda el portero!
- ¿Cómo se llamaba?
leotarse.
...,. Váyase usted: no lo espere...
- No sé: mis compañeras le llamaban Roncalito.
- Si no siento que tarde por mí, lo siento por
- Saldremos, hijos míos, saldremos, decía la madre;
- Le conozco, es un necio.
no nece~itamos compañía de nadie, y esta noche
usted.
- Es más, es un malvado: yo tenía la cara medio tampoco iré al teatro; me quedaré con vosotros, que
En aquel momento llamaron á la puerta.
- ¡Ahí debe estar!; dijo Pola desenvolviéndose de cubierta y no pararon hasta que á la fuerza me la no soy yo de las que prefieren las distracciones á la
descubrieron: ni mis lágrimas ni mis sollozos les compañía de sus hijos.
la capa y corriendo á abrir.
.
Luis y Polita habían estado de pie todo el tiempo conmovieron. Roncalito al verme dijo: «Pues si es la
- Cualquiera diría que desde que eres madre no
sin hacer caso de las dos sillitas desvencijadas: el galleguita,» así me llamaban en Eslava sin saber por has ido á. ninguna parte.
portero, que no era otro el que llamaba, entró gorra qué, pues yo siempre dije que no soy gallega, y aque- No faltaba otra cosa sino que pretendieses tamen mano, como que ya le había dicho su mujer con llos dos muchachos sin corazón me insultaron, supo- bién tenerme encerrada. ¡Claro, de ese modo estarías
niendo que iba á engañarlos, y Roncalito se vengó más en libertad!
qué clase de persona tenía que habérselas.
- Felices, señorito: ya me ha dicho la mujer que de mí pagándome el desprecio con que respondí á
- ¡Pero si yo no quiero la libertad, mu·er!
ruines proposiciones que hace un año me ha hecho.
- ¡Podías tener más!
,
me mandaba usted subir.

tan. ¿Es usted gallega, según me ha dicho la portera?
- De la provincia de León, rayando con Galicia.
-También me ha dicho que es usted corista y que
se llama usted Polita.
- Me llamo Leopolda; pero siempre me han llamado Pola y Palita: soy corista por ganar algo, pero
estudio canto en el Conservatorio.
- ¿Y no tiene usted familia en Madrid ni en su

~w

.

.

?

NúMERO 621
-¿No salimos juntos todas las noches? ¿No te
acompaño á bailes, teatros y diversiones?
- ¿Había de ir sola?
- No digo eso, pero repito que al oírte pudiera
creerse que estás día y noche con tus hijos en brazos.
- ¿No los saco á paseo todas las tardes? ¿No los
velo y me quedo en casa cuando están enfermos?
- Sí, como todas las madres.
- ¡Como todas no! Demasiado sabes que yo no
admito en eso comparaciones con ninguna.
- ¿Qué supones que ha hecho mi madre conmigo
cuando era niño?
- ¡Me parece que es muy distinto!
- ¿Por qué? ¿Porque mi madre pertenecía á otra
clase? No es una razón: yo quisiera que.todas las mujeres supiesen educar como educaba mi madre y tuviesen tan despejada la inteligencia y tan elevado el
espíritu.
- ¡Las elevaciones de siempre!
- Bien, bien, hijita: la cosa no merece la pena de
discutir en ese tono: parece que me estás riñendo.
- ¿Riñéndote á ti? ¡Como si tú aguantases riñas
mías!
- Ni tuyas ni de nadie.
- ¿Quién sabe?
- ¡Camila!, dijo Luis secamente.
Calló ella y solamente los niños continuaron charlando.
Cuando hubo terminado el almuerzo se levantó
Luis; acarició á sus hijos, recomendándoles alegremente que se apeasen en el Retiro y que corriesen
mucho por las avenidas, y salió del comedor sin decir
á Camila una palabra.
Se encaminó á su despacho, encendió un puro y
comenzó á pasearse distraído.
Su mujer estaba furiosa. Bien lo veía: aparentaba
enojos porque se había retirado tarde, y no era aquello solo, otras veces ocurriera la mismo y el enojo
no resistiera al almuerzo siguiente: él solía darle bromas, y ella cedía dejándose embromar. Pero que
aquella mañana hubiese salido y que él no procurase como otras veces contentarla, eran cosas que en
el carácter de Camila debían hacer estragos: ella,
acostumbrada á los mimos y siendo esclava de la
adulación y de las contemplaciones, debía sentir accesos de furor rabioso. Pues no pensaba ceder: no
eran aquéllas maneras de tratarla: estaba muy mal
acostumbrada: tenía buenas cualidades, no se las
negaba, sabía apreciarlas; pero ¿eran acaso suficientes para labrar la felicidad de un hombre? ¡Que
era virtuosa! Virtuosa á la manera que ella entendía la virtud; siendo fiel á su esposo, besuqueando á
sus hijos y sacándolos á paseo ella misma, cosa que
también tenía Camila por virtud; pero la verdadera
virtud, la que estribaba en las facultades del alma, ó
en los productos de la inteligencia, la que hacía
el bien por el bien y odiaba el mal instintivamente, la que en forma de abnegación llegaba hasta el
sacrificio sin esperanza de recompensa..., ¡ésta no la
conocía su mujer! Harto lo deploraba, harto dolor le
producía tal convencimiento. ¡Virtud, virtud! ¡Mujer
virtuosa, Pola! Esa era la verdadera virtud, la de aquella criatura privilegiada, hecha á imagen y semejanza
de Dios, que la había formado. No sabía si era bonita, no sabía si era fea, no podía decir cómo tenía los
ojos ni de qué color eran sus cabellos; pero no dudaba de encontrarla bonita cual ninguna el día que se
propusiese mirarla. ¡Pobre Pola! ¿Cómo estaría? Iba
de nuevo: con aquel mismo traje y con la capa, como
que no pensaba salir de la casa mortuoria. ¡Cuánto
se alegraba que su mujer estuviese de monos y dijera
que no saldría en la noche! ¡Mejor! Así podría él
acompañar á la pobre niña; le obligada á acostarse,
que buena falta le hacía. ¡Infeliz, cómo había dormido
en aquel jergón!..
Pacheco llamó, y acudió joaquín sin hacerse esperar.
-¿Fuiste al Veloz?
- Sí, señor.
- Entregaste al conserje las cinco mil pesetas sin
dificultad ninguna, ¿verdad?
-Sí, señor.
- Bueno; pues voy á salir otra vez.
- ¿El señor no quiere vestirse?
- No; ¡ah!, y no tengas hoy prisa para salir de clase, porque tampoco me vestiré esta noche ... Te asombrará, ¿eh?
-No, señor.
- Eres demasiado prudente, Joaquín, dijo Luis
sonriendo.
- ¿El señor sale de capa ó de abrigo?
- De capa.
Joaquín fué á esperar á su amo en el recibimiento.
Pacheco se dirigió á las habitaciones de su mujer,
besó á los niños con las caricias y las alegrías de
siempre y salió diciendo á Camila:

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1

757

- Hasta luego.
¿Entraría en el cuarto de su mujer? Sí, como otras
- Hasta luego, contestó ella con indiferencia.
noches, sin variar de costumbre; no dijese que él daba
Pero apenas hubo desaparecido su esposo, se arro- pie para que ella se enojase. Motivos tenía para mosjó sobre el sofá y comenzó á morder el pañuelo, á trarse muy serio ... pero ¿qué hacerle? No alcanzaromper los encajes que adornaban su elegantísima ba ·más Camila: tenía la desgracia de carecer de tabata y clavar las uñas en el raso del asiento.
lento y ...
Nadie, al verla una hora después paseando en caLlegó Pacheco á su casa: cuando Joaquín abrió la
rruaje con sus hijos, hubiera dicho que aquella mu- puerta, preguntó Luis inmediatamente como si tejer se había puesto sesenta minutos antes como una miese una desgracia:
pantera hostigada por domador temerario.
- ¿Hay novedad?
Luis salvó en pocos minutos la distancia que me- La señora se acostó con dolor de cabeza.
dia desde el paseo de Recoletos á la calle de San
- ¿Está enferma?
Miguel. Cuando llegó subían muebles todavía; pero
- Su doncella no me ha dicho más.
ya estaban alfombrados el gabinete y la alcoba, por
Soltó Luis la capa y el sombrero y se encaminó al
lo cual quedaron inmediatamente arreglados y la dormitorio de su mujer: creyó percibir quejidos y se
cama hecha. El gabinetito tenía chimenea, y la por- detuvo. Sí, Camila se quejaba. ¡Pobrecilla! Acercóse
tera, que había mandado á llamar á la sobrina y que- á la cama y la preguntó que tenía; tres veces le fué
ría pasar por mujer previsora, hiciera subir leña y había encendido algunos troncos, por lo cual estaba el
gabinete más que templado.
El dependiente de la funeraria
aguardaba órdenes. Luis encargó
un entierro modesto, pero con nicho á perpetuidad; y cuando el comerciante lügubre salió para volver
seguidamente con los palitroques,
los paños, los cirios y el ¡¡taúd, Pacheco subió á la buhardilla para sacar á Palita de allí.
Al ver á su protector se iluminó
el rostro de la joven: ya estaba cambiada: habían recogido sus cabellos
en rodete sujeto sobre la nuca y la
envolvieron en un pañolón negro
de ocho puntas.
- Bajemos, Pola: véngase usted á
su nuevo cuarto.
- ¡Mi madre!, contestó sollozando, ¡cuando mi madre!
- ¡Bueno: pues cuando su madre!
Todo se hizo rápidamente y antes de obscurecer había logrado
Luis á fuerza de suplicas y de ruegos que Palita se metiese en cama
¡Qué impresión la de la pobre niña,
al sepultar su cuerpecito entre sábanas limpias y hundir el muelle
colchón, que parecía mecerla convidándola al sueño con sus movimientos! ¡De todo se ocupó Luis! De
que buscasen una modista para que
hiciese los lutos, una bata lo primero, y de encargarle al propio tiempo
que comprase un pequeño ajuar de
ropas blancas: un equipo modesti- ... nadie, al verla una hora después paseando en carruaje con sus hijos, hubiera
dicho que aquella mujer se hubiese puesto poco antes como una pantera...
to, lo que convenía á una huérfana
pobre.
Pola lloraba con doble pena, cuanto más sentía el preciso repetir la pregunta para que contestase la
calor de aquella éama deliciosa como jamás la hubie- primera. 1
ra tenido: las del pueblo no valían nada, y eso que
- ¿Qué tienes, hijita?
las había echado muy de menos, buenas y limpias, sí;
- La cabeza me duele.
¡pero tan blanda, tan blanda!..
- ¿Pero te duele mucho?
La hija cariñosa hubiera ocupado contenta el le- ¡Me muero!
cho mortuorio que ocupaba su madre porque ésta
- ¡Jesús, hija, no digas eso!
sintiese aquel calor, aquel bienestar, aquella dicha .. .
- Sí; poco me ha faltado para volverme loca: sola,
Luis fué al Veloz y desde allí envió un recado á sin madre y sin saber dónde estabas para llamarte.
su casa avisando que no iría á comer por estar al lado
- Pues ya me tienes aquí: ¿quieres que venga el
de un amigo enfermo. Quería evitar nueva discu- médico?
sión que le impidiese salir en la noche. Encargó dos
- ¡Bueno!
cubiertos en una fonda y se quedó al lado de la caJoaquín fué á llamar al doctor, y antes de una
ma de Pola para obligarla á que ella comiese.
hora decía éste que no encontraba nada de particuNunca Pacheco había comido más á gusto, á pe- lar á la interesante enfermita: un poco nerviosa ...
sar de la incomodidad de un velador que servía de tonterías; con tila y azahar, listos.
mesa y que se tambaleaba, obligándole á ser esclavo
Camila se puso furiosa. Asegurar que no tenía
de sus defectuosas patas. Las . palabras de aquella nada equivalía á llamarle mimosa y á decir que se
criatura angelical, sus frases de agradecimiento, dul- quejaba de vicio; ¡ella, que sufría muchas veces sin
ces como las de una Purísima, el asombro que reve- que nadie lo supiese por no dar disgustos ni apurar
laba por una dicha tan grande como inesperada, á su marido!.. ¿Cómo habría vuelto del paseo para haeran otras tantas nuevas impresiones que absorbían berse metido en cama sin acompañar á sus hijos en
el alma de Luis, envolviéndole suavemente en la at- la mesa?.. ¡Malísima, sí, señor, malísima!
mósfera soñada por él y ansiada para complemento
El doctor sonrió con el enojo de Camila, y al salir
de su vida.
dijo á Luis:
A las diez de la noche dormía Palita, rendida por
- Eso no es más que un poquito de genio.
el cansancio y por dolor. Luis recomendaba el si•
No le parecía lo mismo á Pacheco: sería efecto del
lencio á todo el mundo; parecía que cuidase á una mal carácter, sería lo que fuese; ¡pero cuando Cami•
hija enferma: á la una no se había despertado; estaba la no había comido con sus hijos!.. ella tenía razón;
en lo más profundo del suéño. Luis sentía cierta im- debía de haber estado muy mal. Tendría otros defecpaciencia; no sabía lo que ocurrir pudiera en su casa tos, no lo negaba ... ¿pero quejarse de vicio ni hacer
y comenzaba á desasosegarse. Dejó órdenes á los farsas?..
que velaban el cadáver y también á la portera y á la
Luis pasó el resto de la noche al lado de su mujer
sobrina, recomendándoles mucho que no dejasen le- hasta las seis de la mañana, en que ella, asegurando
vantar á la señorita hasta que llegase él por la maña- qrie se encontraba perfectamente, le rogó que se rena, y marchó sintiendo dejar á la joven, pero impa- tirase.
ciente por el recibimiento que le aguardaba en su
propia casa.
( Co11tín11ará)

er

�LA
NUESTROS GRABADOS

-.,,.___,_

Moros de rey, dibujo de

NúMERO 621

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

-

E. H. - Los moros de rey ó mejasnias constituyen en Marruecos el arma á cuyo cargo se ha•
lla el servicio que entre nosotros
desempeñan la guardia civil y
las fuerzas de seguridad: cada
gobernador de ciudad, kabila ó
aduar cuenta con el nÍlmero que
cree necesario para hacer que su
autoridad sea respetada; pero los
indómitos s{1bditos del sultán se
ríen de los tales moros, que bien
puede decirse que de nada sirven, como desgraciadamente para
nosotros se ha demostrado varias
veces en nuestras posesiones del
N c,rte de Africa, en donde los
rifeños, á pesar de ellos, han dirigido contra nuestras plazas bru·
tales atentados que aquéllos no
han podid.o nunca evitar ni re·
primir.

Frontón barcelonés,
proyecto de D. E nrique
Sagnier y Villavecbia:-

tros primeros autores: algunos
han figurado también en LA
ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA, yac·
tualmente en la sección de novela
ilustrada pueden admirar nuestros lectores sus elegantes y correctas composiciones. Cabrinety
atiende tanto al conjunto cuanto
á los detalles más insignificantes, y estudia concienzudamente
el original que ha de ilustrar,
apodérase del modo de ser flsi·
co y moral de los personajes, de·
dica especial atención á los luga•
res, y asi resultan sus ilustraciones verdaderos cuadros llenos de
verdad y de vida. El delicad_o
dibujo suyo que hoy reproduc1·
mos demuestra cuánto domina
el natural, cuán bien sabe esco·
ger las notas de impresión y cuán
correctamente las traduce en Ji.
neas, contornos y sombras, en
los que domina un sello de dis·
tinción que sólo logran dará sus
obras los verdaderos artistas que
sienten sinceramente la emoción
de lo bello.

Marruecos, Captura de
No es el juego de pelota djverun criminal, dibujo de
sión moderna ni originaria de la
Ralph Peacock. - La admiregión vasca. Los griegos y roma·
nistración de la justicia en manos diéronle excepcional impor·
teria de delitos reviste en Matancia, y en todas las provincias
rruecos formas terribles: los proespañolas gustaron sus habitancedimientos son sumarísimos y
tes de este agradable pasatiemlos castigos horrorosos, y en caso
po, por el que sintieron espede no ser cogido el autor de un
cial predilección algunos de nuesMELILLA, -Á BORDO DKL &lt;CONDE DE VENADJTO&gt; (de fotografía de la ambulancia del Sr. Company, de Madrid)
crimen son responsables por él
tros monarcas, entre ellos Feli·
los individuos de su familia, los
pe el Hermoso, quien contra·
deudos y aun los amigos. Toda
jo en un partido de pelota la pulmonía de que falleció No y ricamente decorados. Un amplio corredor pone en comuni- esta ferocidad se refleja en el precioso dibujo de Peacock: el
e?, pues, este juego originari~ de la región vasca; pues si bien es cación con la &lt;'ancha y la gran escalera de honor. Desde la ro- criminal y los que lo custodian revelan en sus rostros y en sus
cierto que durante mu~hos anos sólo en aquel país entregában- tonda se comunica también con el (ajé restaurant, de 22 me- ademanes, el uno todo el terror que es capaz de sentir el alma
se á este saludable ejercicio, conocióse también en las demás tros de largo por 12 de ancho. El Frontón propiamente dicho de un fatalista al pensar en la horrible pena que le espera, y los
peninsulares. Circunscrita modernamente la diversión á las hállase formado por dos paredes: el frontis, de más de rn me- otros el furor que anima á los pueblos salvajes cuando hallan
provincias del Norte, ha ido extendiéndose y contagiando pau- tros de altura, de mármol, y la pared izquierda, de piedra esco- ocasión de saciar en alguna victima, inocente ó.culpable, sus
latinamente á las inmediatas hasta llegar al centro Madrid en gida. El juego tiene 68 metros de largo, dividido en 17 cuadros, sanguinarios instintos.
·
donde existen hoy tres ó cuatro frontones. Sorp:endía p~es de cuatro metros cada uno. El pavimento 6 cancha, de II meq~e en nuestra ciudad no_ se hub!ese restabl~cido este q~e pu'. tros y 10 centímetros de ancho, es de piedra artificial. La arena
La danza del otoño, cuadro de Gabriel Max.
diéramos llamar legendario P,asat1ernpo, y quizás hubieran trans- ó sea el espacio entre la caucha y las sillas de los espectadores - Este cuadro, como otros muchos del famoso pintor austriaco,
cur~ido algunos años ~ás li no haber partido la iniciativa de mide seis y medio metros en los dos primeros cuadros y se en- es una pintura eminentemente alegórica: representa las tristevanos acaudalados aficionados, quienes confiaron el estudio del sancha hasta Il en los últimos. Hay cinco filas de sillas de can- zas otoñales expresadas por el tono general de la composición
pro~ecto y co~siguiente eje~ución al. inteligente arquitecto don cha resguardadas por elegante baranda de hierro. Los tendidos y por el contraste entre la melancólica figura de la enlutada
Enrique Sagmer, que ha sabido dar cima ásu trabajo levantando dividense ei:i tres secciones, distinguiéndose por los colores rojo, dama y las que cogidas de la mano y formando rueda se entreun edificio modelo entre los de su clase y verdaderamente be- blanco y gns. La galería paseo, palcos y paraíso son de hierro gan á una danza que sólo tiene de tal el movimiento rítmico,
llo en su construcción. Hállase éste emplazado entre las calles con esbeltas columnas y jácenas, bellamente decoradas. En eÍ pero no la animación que suele ser compañera obligada del baide la Diputación, Sicilia y Cerdeña, ocupando un aérea de más resto del edificio existen las oficinas, salas de descanso, cuartos le. Max es uno de los pintores poetas por excelencia y tiene
de 4.000 metros cuadrados, circuido por una bonita verja de para pelotaris, enfermería, baños, etc., etc.
como pocos el poder de impresionar á los que sus obras conhierro, que limita asimismo los jardines que rodean las constemplan, haciéndoles sentir lo que él siente, comunicándoles
trucciones. A unos 20 metros de la puerta de ingreso levántase
En
el
frontón,
dibujo
de
José
Cabrinety.
El las emociones de su alma; es decir, consiguiendo el efecto que
una elegante y grandiosa rotonda, que constituye el salón,1:es- nombre de Cabrinety es bien conocido en el mundo artístico sólo es dado alcanzar al genio que á su sentimiento artístico
tíbulo, ?e 16 me.Iros ~e diámetro, en la pl~nta baja, y otro sa- por ir unido al de innumerables y preciosos dibujos que han
une un dominio completo de la técnica del arte, cualidades que
lón de iguales d11nens1ones en el plano principal, ambos bella ilustrado interesantes libros, muy especialmente novelas de nuesreune en alto grado este célebre pintor austriaco.

LA

.N úr.tEI{O 6~ I
Los sucesos de Malilla. - Vistas de Melilla. - Esta
plaza está situada al Norte de Marruecos frente á la costa de Almería; es el mayor de los presidios menores que tiene España en
la costa septentrional africana, y la ciudad y una parte de sus
fortificaciones ocupan una península que por un istmo de rocas
se une al Continente, en el cual se hallan las fortificaciones que
constituyen los recintos segundo y tercero, las cuales ocupan
mucho mayor espacio que toda la penlnsula: por la parte de
mar hay la caleta llamada del Galápago, al Norte; una caletilla con playa y el muelle de la Marina, al Sur; y otro muelle
llamado de la Florentina, al Este. Los fondeaderos de Melilla
tienen mallsimas condiciones: así el destinado para barcos chi •
cos como el que sirve para anclar los buques de gran calado están expuestos á los tiros de los rifeños, como ha podido comprobarse por desgracia en recientes desembarques de tropas. La
población es triste y sus calles irregulares y todas en cuesta;
sus edificios principales son la iglesia, el gobierno militar, el
parque y el hospital. La vega de Melilla se dilata al Sur y al
Oeste de los recintos exteriores y está fecundizada por el rlo de
Oro, de curso muy limitado, pues no alcanza más que un desarrollo de 20 kilómetros: la cuenca de este r!o está rodeada en
forma de herradura por una serie de montes que la envuelven
completamente, constituyendo una barrera s61o franqueable por
la parle oriental al pie del cerro más elevadó de la cordillera,
que es el Gurugíi.
En el campo exterior de Melilla hay construidos actualmente
los fuertes de San Lorenzo, situado á 500 metros de la plaza,
Camellos á 1.200, Cabrerizas Bajas á 1.200, Cabrerizas Altas
á 2.000 y Rostrogordo á 2 . 300.
A igual distancia que este último, pero en el lado opuesto
mirando desde Melilla, debe establecerse el de Sidi-Auriach,
cuya construcción, comenzada por el general Margallo, ha siclo
cac~a de la actual lucha, pues los rifeños quieren impedirá todo
trance que tal fuerte se levante, porque desde él se domina la
rneiquita d.: su nombre y el cementerio.
El !{e/lera/ de bngada D . Manuel Ortega Sánchez llfufloz. -

Nació el Sr, Ortega en Puebla de Almuradiel (Toledo) en 8 de
marzo de 1840; entró en el colegio de Infantería á los diez y
seis años y salió de él en 186o. Ascendió á capitán en 1866 por
su comportamiento en los sucesos de junio: ganó sus grados
hasta el de teniente coronel en sus campañas de 1872 á 1876
contra los republicanos en Andalucía y contra los carlistas en

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

la Mancha y en las Provincias Vascongadas. En 1887 íué ascendido á coronel por antigiiedad y en 1892 promovido al ge•
neralato.
Desde que se embarcó en Málaga para Melilla el día 16 de
octubre último ha tomado parte principalísirna en las operaciones de la campaña del Rif, y á él y á las tropas que con tanto
valor como pericia dirige dehióse el triunfo del día 30, en que
consigJió aprovisionar y con ello salvar de una ruina inminente á la guarnición de Cabrerizas Altas y á los corresponsales de
varios periódicos en el fuerte sitiados. En el parte oficial de
aquel combate dice el general Macias, comandante de la plaza,
dirigiéndose al ministro de la Guerra: «Recomiendo eficazmente á V. E. al general Ortega por el feliz éxito de esta arriesgada operación.&gt; Este es el mejor elogio que puede hacerse de
tan bizarro militar.
Mari Guari, espía moro hecho prisionero. - En uno de los
combates de los primeros días de noviembre fué hecho prisionero el espla moro Mari Guari: habla éste bastante correctamente el español y se dice hijo de español y mora. No es de los
más fanáticos en religión ni de los más encarnizados enemigos
de España; entiende que los rifeños no saben en la que se han
metido, pero que una vez puestos en la lucha la sostendrán mientras les quede un cartucho. Está muy agradecido al capitán de
nuestro ejército Sr. Mazuza, que en ocasión reciente le salvó
la vida. El día 6 Mari Guari fué llamado por el general Macias,
y después de hablar largamente con éste y con el brigadier Ortega, fué conducido al camino de Cal)1ellos, desde donde dirigióse solo adonde estaban algunos rifeños y con ellos se encaminó hacia Sidi Auriach. Al día siguiente volvió al campo español, trayendo noticias de los moros que, segíin él, se mostraban dispuestos á cesar en la guerra: la salida del convoy que el
día 9 aprovisionó á los fuertes sin ser hostilizado, pareció confirmar estas buenas intenciones; pero posteriormente los rifeños
han disparado de nuevo contra los nuestros, y es de presumir
que seguirán disparando hasta que llegue el instante del gran
escarmiento, que segíin parece no se hará esperar mucho.

759
haber dado la señal de una lucha difícil, pero necesaria; llena de
sacrificios, pero al fin de la cual ha de brillar más limpio qu~
nunca el nombre de la patria. El Conde de Vmadito quedó terminado en Cartagena en 1891 y está perfectamente artillado,
llevando, entre otras piezas, varias ametralladoras y un cañón
Hontoria de tiro rápido.
Manda el Conde de Venadito el distinguido oficial de nuestra
armada Sr. Díaz Moreu, que en las actuales circunstancias se ha
hecho' digno de los mayores elogios, corno cuantos á sus órdenes
han contribuído al buen éxito de las operaciones emprendidas.
Después del cañoneo del día 21, todos los corresponsales residentes en Melilla dirigieron al comandante del Co11de de Venadito el siguiente mensaje de felicitación: «A V. E. nos dirigimos para telicitarle. A la marina española y á V. E. su valeroso y digno representante le ha cabido la honra de ser el primero en romper el fuego contra las kabilas del Rif que mataron á nuestros soldados y que mancillaron nuestra bandera.
¡ Viva España! ¡Viva la marina española! Loor al comandante
del Venadito, á su oficialidad y á su marinería, Hoy es el primer día que alentamos, que sentimos orgullo de llamarnos españoles, que vindicamos nuestra afrenta.&gt;
Alojami~nto de tropas. - No está la plaza de Melilla dispuesta para alo3ar muchas más tropas de las que suelen constituir
su guarnición; así es que el alojamiento de Jas fuerzas enviadas
Pª!ª S?st~ner la presente carn~aña ha sido uno de los problemas
mas d1fíc1les que alll ha tenido que resolverse, habiendo sido
preciso desalojar entré otros el barrio del Polígono de ordinario ocupado por una población, hebrea en su mayor parte
que se dedica al comercio al por menor.
'
El barrio del Mantelete. - Se levanta entre las murallas y la
puerta exterior de la plaza: en él hay varios pabellones militares para oficiales, tiendas de judíos, cafés moros, casetas para
la consignación de vapores, el mercado de Melilla y la Aduana.
En la actualidad el Mantelete ha perdido el aspecto característico que le daba 1~ abigarrada población de cristianos, judíos y
moros por haber sido expulsados de él los Ílltimos.

A bordo del Conde de Venadito. - El día 21 de octubre último
el Co11de de Venadito hizo el primer disparo contra las kabilas,
Todos los grabados que publicamos referentes á los sucesos
volviendo por el honor ultrajado de nuestra bandera. El entu- de Melilla, excepto las vistas de la plaza, están tomados de fo.
siasmo que tal hecho produjo fuégrande, no sólo en Melilla, sino tograflas sacadas por la ambulancia que en el teatro de la gue•
en toda España, que saludó una vez más á nuestra marina por rra ha establecido el fotógrafo de Madrid Sr. Company.

.........
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aece,i&amp;alJ. No temen el 11ce 111 el caurancio, porque, contra lo que ,ucede con
101 dema, purgante,, este no obra bien
1ino cuando,,, toma con bueno, alimento,
y bebida,fortiticante,, cual el vino, elcatl,
el té. Cada cual escoge, pµa purgane, la
hora y la comida iue mar le convienen,
sevun , u, ocupac1one,. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenlea1Julado porel efectodela
buena alimentacion empleada,WJo
,. decide tlfcilmeate lf volver
d elf!peiar cuanta, v~e,
·· ,ea necesario. "'

DE

TROPAS (de fotografía de la ambulancia del Sr. Company, de Madrid)

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escrotulosas y escorbutlcaS, etc. El 'l'iao Ferruginol!IO de Aroud es, en efecto,

MKLILLA, -ALOJAMIKNTO

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arabede:e·191·t·Q l de Afeccl
contra l&amp;S diversas
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PABIS - LYOI - Yim - PHIUDELPBU - P.lRIS
1867

l ffi

1873

1876

1878

H 11111.PLU. COl'f IL YA.toa iIJTO SIC LU

DISPEPSI AS
OASTRITIS - OASTRALOIAS
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1 OTao, l&gt;IIOllDBNII DI L4 tUOIITJOJlf

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VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
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�760

N úMERO 621

LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

BIBLIOTECA
ENVIADOS Á ESTA REDACCI ÓN

1Jor autores ó editores
BARCELONA, por M. Martl·
ttez Barrio,mevo. - El título de
esta obra, Barcelo11a 111011u111en·
tal, pintoresca y artística, de cost11111bres, de tipos y paisajes, abo·

na el interés de la misma, la cual
abarca todo cuanto se relaciona
con la historia, vida y modo de
ser de nuestra ciudad: por lo que
toca al autor, el nombre del señor
Martínez Barrionuevo es harto
conocido para que nadie pueda
dudar de la bondad de su libro,
reflejo fiel de sus propias impre·
siones, sentidas por un alma de
poeta que siente y pinta la realidad estudiada y observada durante su larga estancia entre nosotros. Aumentan el valor del libro las preciosas ilustraciones
que contiene, debidas á Apeles
Mestres, Cuchy, Cusachs, Eriz,
Galofre, Llimona, Llovera, Mas- ·
riera, Paseó, Pellicer, Ribera,
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burini y otros ilustres artistas catalanes, Barcelona se reparte en
cuadernos de veint~ páginas, á
una peseta uno: constará de 35
á 40 cuadernos. Se suscribe: en
Madrid, Manuel Pla, Ancha de
San Bernardo, 19, pral. ; en Bar·
celona, Carmen, 34 (Dirección),
y en provincias y América en casa de los corresponsales.

I LUSTRADA . -

Con muy buen acuerdo han em•
pezado los editores de esta ciudad Sres. Roura y Castillo la
publicación de esta biblioteca, en
la que se han publicado hasta
ahora obras de los más afamados
autores de todos los paises en
condiciones verdaderamente excepcionales, La biblioteca forma
dos secciones, la primera á dos
reales tomo y la segunda á una
peseta: los volúmenes que componen la primera están ilustrados
con grabados en negro y los de la
segunda en varios colores. Entre
las obras hasta ahora publicadas
(ocho volúmenes cada serie) figu·
ran algunas de Wáshington Ir·
ving, Walter Scott, Grant, Tols·
toy, Fenimore Cooper y otros no
menos notables. En suma, la Biblioteca Ilustrada, por sus condiciones de fondo, forma y baratu·
ra, merece el mayor elogio. Los
tomos de la misma se venden en
las principales librerias y en casa
de los editores, calle Ancha, 25.

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PRO PATRIA. - Interesantísimo
·como todos los de esta importan·
te revista es el número correspondiente á octubre último, en el que
se publican notables trabajos de
Balaguer, Fite é Inglés, Riva Pa·
lacio, Marco, Mera, Bartrina,
Sánchez Pérez, Arteaga, Bona•
ventura, T oda, Pardode Tavera,
Cutchet, Giiell y Mercader y
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reproducci6n directa de una fotografia remitida por el Sr. Company, de Madrid

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