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                  <text>U~ÍrtélC10t)

Ftí~t1ea
BARCELONA 27 DE NOVIEMBRE DE 1893

Aílo XII

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SANTANDER-PLAZA DE VELARDE, CALLE DE LA RIBERA Y MUELLE DE CALDERON

NÚM. 622

�LA
ADVERTENCIA
No habiéndose podido terminar dentro del plazo que tenla·
mos calculado lo, grabados que han de ilustrar el tomo prime•
ro de las TR,.OICIONRS PERUANAS, hemos tenido que demorar
el reparto del mismo á los señores suscriptores de la Biblioteca
Universal, quienes lo recibirán con uno de los próximos números.
....••J•,.•••'••••••J•u•••'•••••.l•,1••••••l'••"•l'•••••1•,,•,,1,.,•,,1•••••••••1•••"•l'••••,J•.,••,J•o•••l•u•,,r,,1••••••J'••

· SUMARIO
Texto. - Los sucesos de Melil/a. - La catástrofe de Santander.
- La mfljer del Sr. López. - El cigarro kaba110. - ¡ Til/11 .. .
toló11/.. - Miscelánea. -SECCIÓN Cl&amp;NTIFICA: Varios. .c. Libros recibidos.
Grabados. - La catástrofe de Santa11áery el vapor &lt;Cabo Afa·
cllickaco'b, doce grabados que representan varias vistas de plazas, calles y edificios. - El general de brigada D. Higinio
Ribera. - Barce/011a. Embarque de tropas para Afelilla. - Orquesta eléctrica. - Figs. 1 y 2 . El queso monstruoso en la Ex·
posición de Chicago.

LOS SUCESOS DE MELILLA
CRÓNICA DE LA GUERRA

III .
No, señores: ahora resulta que no es tampoco un
hijo del sultán el que viene sobre las kabilas; es un
tío; este tío maldecira a los rifeños como no cesen
en sus hostilidades contra los españoles; pero lo más
probable es que no llegue, ó que llegue cuando nuestras tropas hayan dado ya cuenta de los bandidos
del Rif; y eso que, ya lo veis, los pobres soldados de
España, obedeciendo órdenes superiores, hacen todo
lo posible también por estarse quietos, mientras el
enviado del sultán, hijo, hermano, tío ó lo que sea,
no arroje su maldición sobre los rebeldes. Tendremos, á lo último, que el ministro de Estado habrá
de cesar en esas astutas y asombrosas negociaciones
diplomáticas que en bien de España sostiene, dejando á nuestras tropas que las concluyan de por sí lo
más pronto y lo más honrosamente posible. Después,
cuando todo acabe, que llegue en buen hora ó no
llegue el hermano, el hijo ó el tío. Este personaje
recuerda al matón andaluz que siempre llegaba tarde
al lugar del peligro: en cierta ocasión hubo una gran
sarracina entre unos andaluces, y era esperado para
terminarla por su influjo y su poder de bravo; llegó
cuando los andaluces de la pelea estaban ya por el
suelo; uno, medio expirando, dijo señalándole:
- Ya salió el arco iris.
El matón le preguntó, resoplando fuerte:
- ¿Y por qué me ice ja mí e~o?
- Porque el arco iris no sale nunca, sino después
de pasada la tormenta.
Pues bien: ese tío que viene con la maldición será el
arco iris del cielo tormentoso del Rif. Mientras tanto,
el pueblo se consuela con sus vivas á España, y despi·
de a los batallones con entusiasmo delirante, que no
logra apagar la misma decepción que sufre al ver que
los batallones no hacen nada en Melilla. En Málaga
es donde toman más relieve esas escenas, con una
de las cuales bastaría para estudiar la idiosincrasia de
un país. Los malagueños con muy poco se exaltan.
Figuraos lo que será cuando existen para exaltarse
motivos suficientes. Allí es donde las despedidas á
los soldados adquieren proporciones más dramáticas, más pintorescas, más conmovedoras. Como se
está más cerca del Rif, los moros parecen más grandes, su intención más mala) su catadura más horrible y la situación de nuestros soldados más peligrosa: en cada puerta de casa, en cada banco de plazuela, en cada esquina de calle, hallaréis una moza de
corazón luctuoso que enjuga las lágrimas con un pico
del delantal, y estrechando la mano del hombre, le
pide entre sollozos que al pelear con el moro no deje
de la memoria á la pobrecita madre, ni á la Santísima
Virgen, que le dará su amparo. e.Con lo de Melilla me escriben desde allí, - hemos enloquecido; todos
los días entran y salen tropas, las campanas repiques y
más repiques desde por la mañana hasta la noche, y
d'e noche es un jubileo de luminarias, de colgaduras,
de gritos de alegria: te digo que todo el mundo está loco de entusiasmo; será que yo no lo entiendo, pero se
, me figura que, cuando los pobrecillos del ejército vuelvan - los que logren volver - vendrían perfectamente
las manifestaciones de ahora; el corazón se encoge y
la garganta se aprieta, al pensamiento de que toda
esa alegría es porque van esos pobrecitos soldados á
que los maten.» No, no mil veces; sería otra fatalidad
más que los soldados españoles no fuesen despedidos con esas grandes notas de entusiasmo y esas
lágrimas de afecto y esa ovación constante. Ellos
se van y llevan en su sangre, en su corazón, en su
memoria, en su ser todo, el dulce arrullo de aquella
gran ola de entusiasmo y alegría que los envolvió, y es
lo que les mantiene en la pelea, lo que mitiga su hambre, lo que apaga su sed; es todo eso, que unido con

•

NúMERO 622

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

su carácter, con su despreocupación y con su nerviosidad asombrosa, consiguió en todas las épocas al soldado español el renombre que hoy tiene aún. El
soldado es lo único que en España hay que no degeneró; el soldado es la flor única que conserva su perfume entre aquellas hermosas flores ya marchitas de
nuestras grandezas muertas; el soldado es la noble
reliquia que tenemos para recordar lo que fuimos;
el soldado, aparte de su bravura, su sumisión y su
carácter sufrido, es generoso y sabe agradecer; no
acertará quizá á explicarse sus sentimientos, pero
sabe que existen y lo sabemos nosotros; esas despedidas ruidosas, con iluminaciones, con colgaduras,
con regalos, con repiques de campanas, con gritos
delirantes y con lágrimas de emoción, es lo que hará
de cada chiquillo de esos un héroe en la pelea; el
que deja novia, padres ó hermanos, vence ó muere
con aquellas queridas y fantásticas figuras flotando
en su espíritu; pero hay otra cosa que le ayuda á
vencer ó á morir con nobleza; otra cosa que, aunque
lo creáis imposible, vale tanto ó más que la novia, el
padre ó el hermano; es aquel aliento misterioso de
abrasador perfume que lo acariciaba al partir á la
pelea, es el recuerdo de aquella ola gigante que lo
envolvía con espuma de flores y zumbido de aplausos y vivas; todo esto, es la patria; la patria con esas
grandes muestras le dice al soldado: confí.o en 11; y
el soldado responde muriendo por la patria, como
hijo que defiende el honor y la gloria de su madre.
Despidamos á las tropas entusiasta mente, sí; démosle los aromas c:je nuestra alma; démosle los alientos
de nuestra vida en el adiós majestuoso; ondeemos
banderas; que pasen, en fin, por ese gran arco de
triunfo que España les ponga como pórtico de luces,
para entrar en el Rif; que si el soldado muere, morirá dichoso recordando á España, y si es vencedor
tendrá en esas ovaciones un bello anticipo de las
que le correspondan al volver.
También aquí hemos despedido á la tropa; también aquí se presenciaron escenas que conmovían:
recuerdo aquella mañana de brumas, aquel piso húmedo, aquel cielo, como una gran sábana gris, con
manchones acá y acullá, donde parecían clavarse
las agujas de las torres, como estalagmitas que escalaron las nubes: al puerto, á los muelles, á los baleones, á las azoteas agolpábase la multitud conmovida
y ansiosa. El Turia, el Menorquín y el Nuevo Mahonés eran los puntos de concentración de todas las
miradas: el imán irresistible que las atraía: en las fa.
chadas del paseo de Colón advertíase una pintoresca y extravagante mezcolanza de colores; la multitud
aglomerábase allí en azoteas, balcones y ventanas
como imponente ola que hizo brecha con su empuje en el muro que la contenía; el mar saltaba también
en olas formidables sobre el muelle del Este, tendiéndose después en inmenso tejido de espumas, hasta
morir en las aguas tranquilas del puerto; los barcos
izaban todos sus banderas, é infinidad de embarcaciones atestadas de gente mecíanse alrededor de los
buques como diminutas palomillas grises que fueran
á posarse en sus cascos.
Llegó la hora: sólo vi partir á uno de los buques,
al Nuevo Jl,fahonés. Los que partían estaban contentos; los que nos quedábamos, tristes; no sé qué hay
de misterioso y grande en esa satisfacción de los que
van á la muerte tal vez, y la melancolía de los que se
quedan, sin abrigar por la muerte temor alguno. El
vapor silba, el barco leva anclas, los pechos se conmueven, las banderas ondean y crujen con el viento
como si adquiriesen tensión nerviosa, porque las hebras de su tejido se convirtieron de pronto en fibras
hu:nanas. Se oyen aplausos, vivas, gran clamoreo, frases que la emoción entrecorta, y al-moverse el buque
en aquellas aguas serenas, hasta las olas acarician su
casco, con silencioso beso de hembra enamorada,
para darle también su despedida.
El buque va alejándose; oficiales y soldados saludan y vitorean á España y á Barcelona; el entusiasmo aumenta entre los que se van, y un silencio
respetuoso domina á los que se quedan. ¿Podrá
creerse que ese silencio es frialdad? No. Se engaña si
alguno cree que los catalanes sienten ó aman menos
que los castellanos ó los andaluces; la humanidad en
todas partes es la misma; no consiste en el senti~i~nto, consiste en la m~ner~ de expresarlo; un me:
nd1onal_ no am~ menos m mas que uno del Norte, m
se apas1on~ mas ó meno~ tampoco; lo' que hay es
que no exhibe éste su pasión, que es reservado, que
se recon centra en sí: el hombre del Norte hace otra
vida de su amor? 1~ amolda á _la suya y se identifica
con ella: el mend10nal necesita cantar sus amores
para que ~us melo~ías lleguen al corazón de los otros
y sean fehces también con ellas: el del Norte no, ese
oculta su amor en el fondo de su ~echo y lo guarda
de todo el mundo; el otro goza mas con que gocen

los que Je rodean compre~dién~ole; éste goza más
cuando más fundido y oculto tiene su amor en la
urna de su pecho ...
Con estas reflexiones levanto la cabeza; el buque,
al que seguíamos en un pequeño barco, está ya distante· va convirtiéndose en una mancha obscura, como ¡quellas que salpican el ciel~; pero. todavía se
distinguen allá unos alegres puntitos ro1os; so~ los
pantalones de la tropa aglomerada sobre c~b1erta;
esos puntitos rojos llegan hasta mí como relampago
de la franca alegría con que el sol_dado español va ~1
combate· esa alegría que nunca pierde y que constituye la ~ota más sublime de su v~lor...
.
Miro hacia Barcelona... ¡Qué tnste todo! La cmdad
se envuelve en un sudario de brumas; sus edificios,
sus torres se ven allá de un modo confuso, v:igo, inexplicable como en el calor y el entusiasmo de una
gran fiest~ de amores distinguiríase la visión de la
muerte...
¿Qué hay en Melilla entretanto? ¿Cuál es su situación? La crónica de la semana con respecto á la
guerra ha de ser brevísima; en el campamento se reunen constantemente batallones y batallones; la animación aumenta; sigue cañoneándose al campo enemigo; siguen los combates parcial_es, en que. los soldados demuestran su poder y arro10; se ven e1emplos
de patriotismo y generosidad; organízase una partida
de presidiarios para la caza del rifeño, como las que
se organizan para la caza del lobo, que más que lobos son los salvajes del Rif; esta partida la manda
un hombre cuyo valor asombra, es el capitán Ariza,
que deja casa, familia, amigos y comodidades de la
fortuna, y deja su cargo en el ejército par~ ir voluntariamente á la guerra; se le concede capitanear una
partida de cuarenta penados, los entusiasma con su
tranquilo valor, los electriza con ejemplos de una
temeridad que enloquece, y los miserables penados
se cubren de gloria un momento y otro. ¡Qué oleadas de bienestar se meten en mis pulmones y en mi
sangre al deciros que el capitál'\ Ariza es malagueño!
Con las temeridades de Ariza; con la bravura de
los penados que le siguen; con la presencia en el
campamento español del moro Hacb, adicto á España como el más exaltado de nuestros patriotas; con
el fin desastroso del cantinero de uno de los fuertes;
con la historia de los convoyes que salen de la plaza
y son hostilizados por los moros; con el sigilo traicionero de esa chusma hediond:i del Rif, que va cautelosamente en mitad de la noche á soltar descargas
cerradas al mismo Melilla, retirándose después como
espectros terroríficos que se desvanecen en la sombra, dejando en el corazón la sorpresa y el coraje
que no puede estallar sobre ellos; con la muerte de
otro penado valeroso á quien acribillan las balas rífeñas por haberse comprometido él á ir solo con encargos distintos á los fuertes, encargos que cumplió
como promesas de religión antes de morir; con las
nuevas hazañas del capitán A riza y sus hombres; con
el entusiasmo que produce en el ejército la pública
felicitación que el general l\Iacías hace á los penados
y á su capitán: con la sensación de orgullo que nos
causa el saber que los rifeños han concluido por apodará los hombres de Ariza la partida de la muerte;
con la admiración que sienten españoles y rifeños
ante la singularidad extraña de que en la partida de
la muerte, á pesar de los estragos que produce y de
los actos, no ya de valor, sino de temeridad que ejecuta, no haya habido ninguna baja; con el malestar
sordo que hay en los combatientes de las primeras
jornadas, porque no hubo justicia, á lo que se dice, en
las recompensas; con la continuación de las pesquisas por la guardia civil en el asunto del contrabando
de armas, que tomó aspecto grave por las muchas
personas, de arraigo algunas en el mismo ejército,
que se susurra están comprometidas; con esto, en
fin, y la balumba inmensa de telegramas que se publican para ser desmentidos y de sueltos y artículos
que no sabemos adónde van ni de donde vienen, comidilla revuelta y vuelta á revolver, que á los de otra
nación cualquiera volvería locos, pero que á los españoles nos restaura y da bríos, por eso de que nos
hemos alimentado en todas ocasiones con comidillas;
con todo esto está distrayéndose la opinión durante la semana, mientras en Madrid los ministros
~iscuten á todas horas si debe ir López Domínguez
a Melilla ó no debe ir, y mientras López Domínguez
continúa diciendo que irá á Melilla ó se irá á su casa
y lo tiene todo preparado para ir y se asegura ya
que irá.
. ~ay que dejar aparte los aguijonazos de las opos1c1ones y de los enemigos del ministro de la Guerra
por la mira más ó menos personal que en est~
asunto lleve, y de que no debieran hacer armas jamás los que e_studian con imparcialidad este asunto,
porque en último caso, tan español como cualquier

I
¡

LA ! LUSTRACI ÓN

NúMERO 622

ARTÍSTICA

LA MUJER DEL SR. LÓPEZ
español es el ministro·de la Guerra, y tanto derecho
LA CATÁSTROFE DE SANTANDER
tiene como cualquier español á que se le crea _honrado
ANÉCDOTA CONTE~IPORÁNEA
La fecha del 3 de noviembre de 1893 será de rey amante de su patria; dejando aparte, digo, esos
I
aguijonazos y esas inculpaciones, atmósfe:a de que cordación terrible cuanto imperecedera para Santanlos hombres de espíritu sereno deben hmr para no der y para toda España: la catástrofe ocurrida aqueEl Sr. López, ó de López, que de ambas maneras
lla tarde en la hermosa ciudad montañesa llenará una
de las paginas más tristes de la historia de nuestras solían nombrarlo, era un pobre cesante de Loterfas,
no tan gracioso como el que sacaron á escena, con
calamidades nacionales.
A las dos de la tarde del citado día inicióse un in- muy buena sombra, por cierto, Estremera y Chapí
cendio á bordo del vapor Cabo Machichaco de la casa en el líndísimo juguete MIÍsica Clásica; pero casi tan
!barra y C.ª, de Sevilla, que llevaba entre otra car- necesitado como aquél y tan ganoso de ser repuesto
ga más de 1.600 c:ijas de dinamita, de 35 kilogramos como son casi todos los cesantes de Loterías... y de
cada una; acudieron á él las autoridades de la pobla- cualquier otro ramo de Hacienda.
Precisamente por trabajar para su reposición vino
ción y millares de curiosos llenaron el muelle de Maliaño, junto al cual estaba atracado el buque,_y los de- á Madrid, desde no sé dónde, el supradicho Sr. de
más muelles y sitios próximos. Cuantos trabajos se hi- López, á quien acompañó su mujer, una buena señocieron para atajar el fuego resultaron inútiles, en vista ra, muy entrada en años y muy metida en carnes,
de lo cual pensóse en echar el barco á pique, abrién- que no quería separarse de su marido ni en la prósdose para ello boquetes en los costados. Eran poco pera ni en la adversa fortuna.
Ya sabían ellos que había de costarles Dios y
menos de las cinco de la tarde c uando sonó una detonación horrenda: el buque CaboMaclziclzaco acaba- ayuda conseguir la anhelada reposición; pero como
ba de hacer explosión sembrando de cadáveres el López no había hecho en su vida otra cosa, ni servía
muelle y llevando la ruina, la muerte y la desolación para nada que no fuese acudir con puntuali_dad á la
oficina y trabajar á conciencia en su negociado, deSANTANDER. - RL VAPOR (CABO MACHICHACO) QU I!',CR
á todos los ámbitos de la ciudad.
MINUTOS ANTRS DE LA EXPLOSIÓN (de fotograffa de
¿Qué sucedió en aquellos momentos? Nadie es ca- cidieron sacrificar algunos ahorrillos que constituían
D. Pablo Duomarco, remitida por D. Pascual Urtasun)
paz de describirlo. Los testigos presenciales hablan el gato de la señora; y una vez en Madrid, se instade un estampido horrísono; de una tromba de agua de laron en humildísima casa de huéspedes y comenzó
.
.
inficionarse con ella, se convendrá á última hora en millones de toneladas, que inunda el muelle en una López su campaña.
¡Y
qué
mal
cariz
presentó
el
pleito
desde
un
pnnextensión
de
600
metros
tierra
adentro
y
que
arrasque es á López Domíngue~ á quien debem~s _llev~r
en palmas, porque es el único hombre del mm1~teno tra luego al mar un montón inmenso de carne huma- cipio! Muy difícilmente logró López_hablar dos ó tres
que la guerra quiere, y con la guerra el suspirado na; de una lluvia de proyectiles, algunos de muchos veces con el jefe del personal; al director lo saludó
instante de satisfacción desagraviadora; bien enten- kilogramos de peso, que siembran la muerte por los un día y al ministro ni siquiera pudo verlo de lejos,
dido que, al hablar de la guerr~, no se trat~ de con- sitios más apartados del de la catástrofe; de cuerpos aquello era para desesperarse. Pasaban días, pasaban
quistas, sino de un solo y formidable empuje en que mutilados que yacen exánimes; de heridos que se re- semanas, pasaban meses y las economías de la mujer
tomase la nación represalias, aunque sean crueles, para tuercen en las convulsiones de la agonía, lanzando de López mermaban á ojos vistas. Todas las tardes;
que sirvan al par de castigo severo al enemigo traidor horribles ayes; de gentes que huyen aterrorizadas; de mientras el infeliz pretendiente y su compañera sosotras que acuden en auxilio de los que en el muelle tenían heroica lucha con los garbanzos,peqzm1itos,pero
que siempre nos acecha.
quedan; de muchas que corren alocadas buscando duros, que les servía la patrona desp_iadada, con~aba
He de decir ahora para satisfacción cumplida que entre los vivos ó entre los muertos personas queridas. López á la mujer de López los desaires del oficial y
Y para colmo de tantos horrores, la explosión del las sobarbadas de los porteros, y ella decía á su mariel mensajero del sultán llegó; pero el mensajero al
fin no fué un tío, fue un hermano, y el sultán lo esco- buque produce el incendio de algunas casas de la ca- do que los ahorros de la hucha se agotarían muy pron.
gió tuerto para más de~oro; s_e llama M~ley Araaf. lle de Méndez Núñez, una de las principales de la to y que era necesario activar el sitio.
Este
cambio
de
impresiones,
como
ahora
decimos,
ciudad,
y
en
pocos
instantes
arde
toda
la
manzana
y
Las carantoñas y las manifestaciones que h1zo el buen
señor antes de llegar á Melilla no tienen núme- viénense abajo magníficos edificios, dejando en la era realmente muy poco agradable, y terminada la coro ... Macías le advierte con mucha lisura que se- más completa ruina á muchos que hasta entonces lación y concluído el relato de los sucesos del día,
acostábase la señora, que procuraba olvidar sus perá cañoneado también cuando venga si los moros como ricos se consideraban.
De la catástrofe han resultado más de 600 muer- nas y sus zozobras durmiendo, y daba cuatro chupano suspenden las hostilidades y si no presenta él
bandera blanca; se hace así; las hostilidades se sus- tos y millares de heridos: las pérdidas materiales pro- das á su pitillo el pobre López, mientras se distrafa
penden, Muley Araaf es recibido con gran ostenta- ducidas por la explosión y por el incendio son incal- leyendo en un libraco antiguo, colección de chistes
y cuentos, agudezas y epigramas, que para solaz y esción las tropas españolas se forman, Macías sale á su culables.
parcimiento del ánimo había pedido prestado á un su
Entre
los
muertos
se
cuentan
las
primeras
autorienc~entro por la puerta del Mantelete, ~compáñale
compañero de oficina.
brillantísima escolta, compuesta de secciones de to- dades de Santander.
Aburrido, desesperado estaba López cierta noche
LA !LUSTRACIÓN ARTÍSTICA, al reproducir hoy en
das las armas, se saludan Muley Araaf y Macías, da
y
casi
resuelto á darse por vencido y á tornar á su
sus
páginas
algunos
detalles
de
la
catástrofe,
se
asoprincipio la conferencia, los soldados españoles están
ansiosos de saber lo que resulte por el temor de que cia de todo corazón al dolor inmenso que tan honda- pueblo, donde si no tenía qué comer, tampoco sería
el hazmerreir de porteros mal educados y de zafios orsea una paz que no les permita honr~so desquite, y mente aflige á los santanderinos.
denanzas, cuando hojeando la colección tropezaron
los ministros esperan anhelantes también lo que MaLos grabados que publicamos son copias de foto- sus ojos con el siguiente epigrama, muy conocido y
cías diga para discutir sobre la marcha la determinagrafías que nos han sido remitidas por D. Antonio muy antiguo, pero que López no había leído nunca:
ción que ha de tomarse.
López Domínguez no está conforme con eso, no se Berdegué, comisionado por esta casa editorial, don
¡Un ascenso ha conseguido
ª"iene á razón ninguna, declara que todo eso es ver- J. P. de Barbáchano y D. Vicente Rodríguez de Soel marido de Librada,
güenza, afirma que no co~cederá ni un minuto de to, nuestros corresponsales en Santander, y por don
sin que el hombre haya tenido
aplazamiento en las operaciones y que no hay modo Pascual Urtasun, fotógrafo de aquella ciudad, á
que moverse para nada.
¡Ella si que se ha movido!
de un arreglo pacífico, y da al general de la plaza quienes damos nuestras más expresivas gracias. - X.
órdenes terminantísimas de que no acepte tregua alguna en las hostilidades d~l campo ~i
Muley Araaf las pide. Por esta act1tud del ministro de la Guerra y por la de Sagasta, qu~ se
plañe lastimeramente porque cese el con_flicto
de Melilla, haciendo todas las concesiones
,.
que se necesiten con tal de que no se gaste
más dinero se comprenden las profundas divergencias que hay en el gobierno y lo fatal
y terrible que pueden ser para nosotros.

***

No cerraré mi crónica sin decir antes que
en medio de la ansiedad de todo el mundo por
saber lo que de la conferencia de Macías y Mu·
ley Araaf resulte, ha caído como un raro un
telegrama gravísimo_; asegura que se umeron
gran número de.kab1las, que se han presentado amenazadoramente en toda la cuenca del
río del Oro, que la situación del ejército español es apuradísima y que no se pueden enviar auxilios por falta de buques.
La ansiedad que hay por saber 1~ que resulte de la conferencia y la espectac1ón pr~funda producida por ese despacho han po?1• .
de solamente hacer olvidar un poco 1~ 1Ta
que se levantó en los corazones co~ las 1er~miadas del Sr. presidente del Co~se10 de ministros. El pueblo tspañol no quiere guerra;
pero quiere paz honrosa.

M.

l\fARTÍNEZ BARRIONUE\'O

SANTAND&amp;R, - CASAS DE LA CALLE DE MÉNOEZ NÓÑEZ POR LA PART&amp; QUR DA AL MUELLE DE MALIAÑO
(de fotogrnfla de D, Anicelo González, remitida por D. V. Rodrlgue1. de Soto)

�LA

NúMERO 622
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

~a lect~r3: del epigrama fué para López una revelación... Sintió, al leerlo, algo parecido á lo que debió
de sentir el matemático griego cuando saltó del baño
gritando ¡Eureka, Eurekal López no saltó del baño,
entre otras razones porque no estaba bañándose ni
en la casa de pupilos se gastaban esos lujos· López
no salió gritando por la calle «¡lo encontré, encon-

1d

nero reci?ido para la matrícula, ya lo que le producían los. Ii_bros de texto mal vendidos al primer librero de v1eJO del convento de la Trinidad .. . (que ya
no era convento). _Pero, aun con eso, el pobre López
no _tuvo nunca m había esperanza de que tuviese
capital para sostener mucho tiempo á la Morenita
con todo el lujo y todo el aparato que su argumento

SANTAN DER. - INTERIOR DEL DEPÓSITO DE LA COMPAÑÍA ARRE NDATARIA DE TABACOS

(de fotografia de D. L. Linacero, remitida por D. Antonio Berdegué)

tré!..» pero ~í despertó á su cónyuge, la cual dormía
~uy tr~nqmlamen~e, y le dijo: «Me parece que he
d1scurndo un medio de conseguir que me repongan.
Será necesario que sacrifiquemos alguros duros· pero
de todas maneras estamos sacrificándonos.)) L~ mujer de López, que no discutía jamás con su marido
pero que había oído decir siempre que en este Ma~
drid todo ~uesta_ dinero, halló muy razonable lo que
López dec1a; se incorporó un momento, y de deba¡o
de su almohada sacó un envoltorio de trapos, cuyo
núcle?, _que tardó bastante en aparecer, lo
const1tma un calcetín, donde la pobre señora
guardaba sus capitales. Marido y mujer hicieron arqueo, del cual resultó que poseían sesenta duros y algunos céntimos de peseta, á lo
cual habla que agregar, en el activo, el importe de una semana de pupilaje que por adelantado habían satisfecho aquella mañana misma,
y ~e lo que había que considerar como pasivo,
treinta pesetas, que era preciso tener aparte
para comprar los billetes de tercera cuando regresaran al hogar doméstico.
López calculó que cuarenta duros bastarían
para realizar el proyecto que había concebido; los tomó, devolvió el resto á su mujer,
que tornó á esconderlo entre infinitas vueltas
y revueltas del envoltorio. López salió inmediatamente de la casa de huéspedes, y su mujer,
desp~és de colocar del mejor modo posible
debaJO de la almohada el lío,· reanudó con la
mayor tranquilidad su interrumpido sueño..

requería. 'Las relaciones de la traviesa muchacha con
López, aunque muy cariñosas_ y muy íntimas, duraron poco ... Ambos comprendieron que no era posible prolongarlas durante largo tiempo, y se separaron_, de común acuerdo, pero quedando muy buenos
amigos.
La Morenita había prosperado; todavía estaba de
muy buen ver; pero ya se la nombraba Juana la Morena entre las gentes alegres de cascos. De lo próspero de su fortuna había enterado ella misma á Ló-

NúMERO

612

ta duros del tesoro conyugal, salió de la vivienda que
él y su esposa usufructuaban.
Todo se lo habría esperado Juana la Morena menos recibir á deshora de noche aquella visita de su
antiguo amigo, á quien, sin embargo, acogió muy
afectuosamente y con grandes y sinceras manifesta·
ciones de alegría.
- ¿Qué traes por aquf, picaronazo?, le preguntó riéndose cuando lo vió entrar en la sala.
Vamos, prosiguió diciéndole, siéntate á mi
lado, tunante, como te sentabas hace veinte
años en aquella salita de nuestro entresuelo de
la calle de la Biblioteca; y dime lo que te sucede... porque tú no has venido aquí á humo
de pajas.
- Ganas tenía de verte, contestó López,
eso es la verdad; y aunque algo hablamos la
otra mañana en la Puerta del Sol no me hubiera ido tranquilo al pueblo si~ echar un
párrafo contigo para recordar nuestra aventurilla de antaño... ¡Y cuidado si estás guapota! ... No pasan años por ti.
,- ¡Bah, bah, bah!.. Que no me tomes tú el
pelo ahora... A perro viejo no hay tus tus... Si
te traes algo, me lo dices sin tantos requilorios ni tanto jarabe de pico...
- Pues bien: quiero que me bagas un favor.
- ¡Acabáramos!.. Así se dice... Echa por
esa boca, y si puedo... está hecho.
- Sí_ puedes, y ~demás, para ayudarte á poder traigo yo aqm cuarenta chuchos que voy á
darte ahora mismo.
- No son malas ayudas; pero paga adelanta,da es paga_ gra~ios_a. Guarda por ahora el parne, que gracias a D10s, no lo necesito, y sepamos de qué se trata, que ya me has metido en
curiosidad.
López, acercándose más todavía ájztana la
Morena, explicó al oído de su amiga lo que
se proponía. De perlas hubieron de parecer á
Juana las explicaciones, porque las acogió
con · repetidos movimientos de cabeza señal~s evidentes de asentimiento, y las int~rrum.
pió más de una vez con ruidosas carcajadasCuando López hubo concluído de hablar y hubo
ces~do de reir Juana, ésta, recobrando oportunamente
el aire grave de quien trata un negocio serio, dijo:
- Me parece bien, m~y requetebién lo que piensas,
Y creo que podré servirte. Yo misma no; estoy ya
m~y /ondosa y muy estropeada... y además en Madn~ me conoce todo el mundo; ... pero hay aquí una
Lohlla, andaluza ella, y con una carita de santa, que
parece talmente que nunca ha roto en su vida un
plato, y con más malicia y más gracia que pueda ha-

II
,.

López había cursado en Madrid algunos
años de la Facultad de Derecho; no concluyó
la carrera, eso no; ni se examinó siquiera de la
asi&amp;n~tura de Derecho Rómano; pero fué estudiante, y como estudiante vivió en Madrid,
cuando mozo.'.. , que también López había sido
mozo, y algo calaverilla y bastante mujeriego,
antes de ser empleado de Loterías.
~n su vida de devaneos estudiantiles y de
bailes en Capellanes conoció á una muchacha
muy graciosa y de muchísima travesura á
SANTANDER, - CALLE DR MÉNDl!Z NÚÑEZ POR LA PARTE QUE DA AL M-UELLE. DE MAL!AÑO (de ,,otogra fi1a de A . G onzález)
. sus compañeras de taller como también
'
qmen
los estudiantes de entonces, ;ntre lós cuales
tenía mucho partido la chica aludida apodaban la pez una mañana, en que dirigiéndose el ceSahte al mi- ber en un serrdnatio co11ciliat. Voy á llamarla; la enMorenita_.
'
nisterio de Hacienda, se encontró, de manos á boca teramos del asunto; le das los_ cuarenta chulés, y me
Algunas locuras había hecho López por la More· en la_Puerta del Sol con su antigua amiga.
' d~¡~ cortar la mano derecha s1 no desempeña la conita y más de un disgusto y más de dos hubo de dar
Y Justamente á casa de ésta se encaminó el buen m!s1,ón mejor que nadie, .. porque tiene una labia y
á los padres gastando en convidarla á cenar, ya el di- López, cuando1 despuée de habet totnado los cuaren- un angel que se lleva de calle á las gentes.

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La señora de López nunca supo que el subsecregunos años vino usted á gestionar su reposición. Ahora tario, que tan fino le pareció, la había confundido
soy subsecretario. Con tantos con una amigota de Juana la Morena.
cambios como han ocurrido
Ahora no vayan ustedes á decirme que si López
en estos tiempos, he logrado
ascender. ¿Usted habrá veni- fué marido un poco imprudente; que si el ministro
fué hombre un mucho incauto; que Quintales fué
do con la señora?
mal fisonomista, y que si torna y que si vuelve, y que
-Sí, señor.
- ¡Cuánto tiempo hace que nada de esto es verosímil. .. porque mutatis mutandis
no tengo el gusto de verla! Y (y desde luego cambiando los nombres) lo he referies una excelente persona, y do tal y cual me refirió el hecho mi querido y buen
¡qué humor el suyo! Siempre amigo Pepe Zahonero. El cual conoció personalmentan de broma ... sin pasar los te al subsecretario, y á la señora de López, y á López,
límites de lo lícito, por su y hasta por referencia, según tengo entendido, á la
puesto. No deje usted de dar· Morenita.
A. SÁNCHEZ PÉREZ
le recuerdos míos.
- Lo haré así y los estima- ,..,,,•.,.,,,••••••f•,1•••"•l'••"•l'••"•'''•"•1•,,•,,,,,,.,,,,,,,,,,••••••r,,•••1•••''•'•••·••1•,r,,,.,1••••••r.,•••1•u•••t\
rá mucho.
EL CIGARRO HABANO
- Y á propósito... ¿cuánto
tiempo se propone usted pa·
Frustrada por completo la sorpresa que con más
sar aquí?
temeridad
que buen tino intentara el coronel R* con
- Acaso pasaré cuatro ó
sus escasas tropas, rechazadas éstas por un enemigo
seis días.
- Entonces ¿aún estará us- superior en fuerzas y bien parapetado, convirtióse
ted entre nosotros el miér- luego la retirada en fuga á campo abierto, y los soldados cristinos apelaron al único recurso que tenían,
coles?
fiando la salvación á la ligereza y acosados de cerca
-Tal creo.
- Pues véngase al ministe- por los carlistas.
- Puesto que todo el mundo corre ... ¡á correr! ... ,
rio ese día; pasa por allí la cabalgata y verá cosa digna de se dijo el capitán Montoro, que había sido el primero
verse. No deje de llevar á la en el ataque y el último en volver las espaldas.
Y después de romper de un pistoletazo la cabeza
señora; le gustará... á ella
que es tan alegre y tan ani- de un absolutista que se aproximaba en exceso, empezó á saltar como un gamo.
mada ...
Pero á los pocos salto~ tuvo que pararse en seco.
Efectivamente, López
acompañando á su esposa fué Cinco ó seis carlistas que parecían salidos por escoal ministerio; la mujer estuvo tillón le cerraban el paso, intimándole se rindiera. El
como una reina (según ella fugitivo, á cuyos oídos debía de sonar mal el requedecía), en el mejor sitio del rimiento, intentó aún replicar á cuchillada limpia;
mejor balcón, donde lo vió to- pero antes de que pudiera él darse cuenta, salió despedido de su diestra el sable que empuñaba, al choSANTANDER, - ENTRADA DE LA CALLE Dlt MÉNDEZ N ÚÑ KZ
do perfectamente.
Pérez de Quintales colum- que de otro acero vigoroso: desarmado, indefenso, el
(de fotografia de D. L. Linacero, remitida por D. Antonio Berdegué)
bró desde lejos á su protegi- oficial bajó la cabeza, mordiéndose rabioso los labios
do,
y
se
fué
á
él
en
derechura;
cogióle cordialmente y murmurando una maldición.
Y diciendo y haciendo, mandó que compareciese
Veinte minutos después, custodiado por un alférez
Lolilla, que en efecto parecía una colegiala inocento- la mano y gritó:
y
algunos
soldados, penetraba en un caserón donde
¡Amigo
López,
cuánto
le
agradezco
que
haya
vena y candorosa: sonreía con timidez; miraba con dultenía
la
división
carlista sus cuarteles. Apenas había
nido!
¿Está
con
usted
la
señora?
zura, hablaba suavemente.
andado
cuatro
pasos
por· el interior de una tan in- Sí. Ahí la han colocado.
- Aquí tienes á tu mujer, dijo al verla enttarJuana
mensa
como
destartalada
sala, cuando se halló frente
Voy
á
saludarla.
Hágame
usted
el
favor
de
prela Morena á su amigo López: mira, Lola, el señor es
á
frente
al
coronel
Gomerano,
un hombre joven, de
sentarme
por
si
ella
no
se
acuerda.
tu marido, dijo á la recién llegada; y hecha tan conmarcial
aspecto,
que
retrocedió
al ver ante sí á
López lo hizo así; y en efecto, la señora no se acorcisa presentación, el pretendiente explicó á Lolilla el
Montoro.
daba
de
Pérez
Quintales
(á
quien
nunca
había
visto)
proyecto á cuya realización debía contribuir, y Lola,
- ¡Cómo!, exclamó entre asombrado y dolorido.
que era muy aficionada á cosas de teatro y á repre- y Pérez Quintales tampoco se acordaba de la señora
¿Eres
tú, Camilo?
sentar comedias, acogió la idea con entusiasmo y de López (con la que no había hablado en su vida);
El
mismo que viste y calza. ¿Qué tal vamos,
ninguno
de
los
dos
se
atrevió,
sin
embargo,
á
decir
lo
ofreció desempeñar bien su papel.
Para ello, sin embargo, después de recibir los cua- que pensaba ... Cruzáronse entre el uno y la otra al- Marcial amigo?
- ¡Ira de Dios! ¿Por qué te has dejado coger?, progunas palabras insignificantes, y Pérez puso muy
renta duros, pidió instrucciones.
siguió
el coronel con violencia.
.
pronto
término
á
situación
tan
embarazosa.
- Me parece, contestó López, que no las necesitas.
- ¡Vaya una pregunta y vaya un modo de recibir
Cuando Pérez se alejaba, á pasos precipitados, del
Estas doscientas pesetas· te las doy para que me sirvas. Como bagas eso, quedarás con la intención libre balcón, alguien le oyó murmurar: «Pero ¡Dios mío, á los amigos!.. Si te crees que ha sido por mi gusto...
- ¡Desgraciado! Más te valiera hacerte matar en el
para servirte á ti misma ó hacer lo que mejor te pa- cómo se ha desfigurado en tan pocos años!.. Verdad
es que la vida que traía; ... pero nada, parece otra.» campo de batalla antes que...
rezca oportuno.
Muy pocos días después, la señora de
López, conseguida ya la reposición (con
ascenso) del cesante de Loterías, abandonaba la casa de huéspedes en que tanto
había padecido, y emprendía muy satisfecha el viaje de regreso á la casa pairal, largo tiempo abandonada.

III
Han transcurrido siete años.
López se halla accidentalmente en Madrid adonde ha sido llamado por el jefe
para una comisión del servicio.
U na tarde, al pasar por la calle de Preciados, oye á un caballero que desde el
carruaje le grita:
- ¡Eh, López, López, señor de López!
Detiénese López, el carruaje se detiene
también, el caballero que lo ocupa desciende y se va derecho hacia López con
los brazos abiertos.
- ¿Usted por aquí, Amigo 1.ópez?¡Cuánto tiempo sin verlo!.. ¿Qué es de su vida?
- Pues, ya ve usted, lo de siempre... ,
contesta López, sin saber cómo decir á su
interlocutor que no lo conoce.
Este lo adivina y se apresura á gritar,
riéndose y abrazándolo cada vez con más
fuerza:
- ¿Usted ya no se acuerda de mí?
- Realmente, no caigo.
- Soy Pérez, Pérez de Quintales, el jefe
del personal de Hacienda, cuando hace al-

SANTANDER. - AUDIE~CIA

y

CASAS CONTIG UAS

(de fotografia de D. Aniceto González, remitida por D.

J.

P. de Barbáchano)

�766

LA I LUSTRACIÓN ARTISTICA

NúMERO

622

- ¡Oiga! ¿Te propones acaso hacerme meter cuatro
- Tome usted, capitán; de veras siento no poder
balas en el cuerpo?.. ¿Te callas?.. Habla, chico, no te ofrecerle un buen habano, pero en campaña se fuma pantosamente, pero logró reponerse al punto, é inclinándose con extremada cortesía dijo:
apures... Si tengo que morir, moriré y sin pestañear. lo que se puede.
- Un millón de gracias, mi general.
Gomerano, emocionado, se mordía los labios; lueBrincó de repente Montoro sobre su silla ... Tomó
- Supongo, replicó éste, que ahora estará usted
go, balbuceando, en frases entrecortadas indicó á su el cigarro, lo dejó sobre la mesa, y volviéndose hacia
dispuesto
á...
antiguo compañero de armas la terrible verdad. Aque- el coronel le preguntó con acento ligeramente tem¿A
morir?,
continuó el capitán con altanería y
lla misma mañana, al salir del pueblo el general jefe bloroso:
terminando
la
frase
del caudillo carlista, sí, señor.
de las fuerzas de D. Carlos, le había comunicado la
- Dime, Marcial, ¿tienes un buen tabaco habano?, Pero supongo también que V. E. me dejará fumar
terminante orden: «Todo oficial cristino que cayera ¿una breva legítima del Rey?
antes mi habano; de lo contrario no me explicaría el
prisionero, fusilado. » ¡Y el destino, el maldito desti- No; aquí no gastamos más que puros france- obsequio.
no quería que el único oficial prisionero, tras el frus- ses... , y gracias. Estoy seguro que ninguno de estos
- Fume usted, capitán; esperaremos.
trado ataque de una columna liberal, fuese precisa- señores podría brindarte un cigarro decente.
Durante
media hora reinó en la sala un silencio
mente Camilo Montoro! Antes que la guerra estallaTodos los oficiales movieron negativamente la ca- de muerte que nadie se atrevía á interrumpir. Monse, Montoro y Gomerano habían servido juntos co- beza, mirando al cristino, cuyos ojos brillaron de una
mo subtenientes en el mismo regimiento; después, manera extraña. Respiró con fuerza, y dirigiéndose toro, impávido, desdeñoso, haciendo gala ante aquellos adversarios de su causa y de su vida, que le concuando la sangrienta contienda dividió á los españo- de nuevo á Gomerano exclamó:
templaban con mal oculta admiración, de un valor
les en dos bandos encarnizados, Marcial se fué con
- En este caso, chico, te vas á ver en un compro·
el pretendiente, en cuyas filas alcanzó el grado de miso. Lo siento por ti; pero si no me das un cigarro sin debilidades, aspiraba tranquilamente el humo del
coronel. Camilo era capitán tan sólo cuando la ca- habano, una breva legítima, te encontrarás en la ab- exquisito habano y seguía con la vista las blancas essualidad los puso nuevamente en contacto. No había soluta imposibilidad de fusilarme. o, no estoy loco, pirales que subían hasta el techo después de flotar
existido nunca, á la verdad, entre los dos oficiales, añadió observando las miradas de los presentes y como leves y aromáticas nubecillas. Los dos tercios
cuando el servicio del rey Fernando VII les uniese el gesto de Gomerano. ¿Te acuerdas del último par- del largo veguero estaban ya consumidos, cuando el
aún bajo la misma bandera, una amistad entrañable. tido de pelota que jugamos cinco años atrás en Pam- fumador se puso en pie para dirigirse á D. Rafael y
Diferencias de carácter y sobre todo de opi11iones plona? ¿Recuerdas que te gané? ¿Recuerdas que el decirle sonriendo:
- General, este cigarro es riquísimo, pero dema •
políticas separáronles desde los primeros tiempos; precio de la apuesta fué un cigarro habano? Pues
pero ¡qué mucho!, al fin y al cabo habían sido com- bien: este cigarro habano no lo he fumado todavía: siado largo y no quiero abusar de la amabilidad de
pañeros de armas, leales y corteses: eso de fusilar á me lo debes; por consiguiente paga... antes de fusi V. E. ni robarle un tiempo precioso. Señores, cuando ustedes gusten ...
un antiguo camarada no podía menos de parecer co- !arrue.
Al mismo tiempo tiraba la punta del cigarro, que
sa muy dura al coronel Gomerano. Pero ¿qué remeSoltaron la risa los oficiales; tan buen humor en con gran sorpresa de todos recogió el general para
dio quedaba?.. Las leyes inflexibles de la guerra, de aquellos momentos les hechizaba. Gomerano sonrió
alargarlo á ~fontoro, mientras con su acento impasila ordenanza... de... de... la necesidad de represalias... , á su vez y dijo:
ble le decía:
·
el... Y Marcial, acongojado, buscaba fórmulas y palia- Sí; recuerdo todo eso... , cre0 que no nos habíaNo
tire
usted
esta colilla, capitán; sería una intivos, razonando con frase torpe, no sabiendo cómo mos vuelto á ver desde entonces...
gratitud... Conserve usted mientras viva los restos de
hacer comprenderá su prisionero la oportunidad de
- ¡Oh! o tomes la cosa á broma; paréceme que un cigarro al que debe usted la vida y la libertad.
que se dejase fusilar.
mi situación es bastante seria para andar con chan- . . . . . .. .
. .
. .
- ¡Cómo ha de ser!, replicó el reo haciendo un es- zas. Las deudas de juego son deudas de honor, y el
Y ahí tiene el lector explicado por qué en la capifuerzo sobrehumano para aparentar serenidad y para honor no te permite fusilarme sin haber pagado antes.
lla de la Virgen del Salto hay, entre varios exvotos,
sonreir. Y añadió tras breve pausa. ¿A qué hora?
El joven se había puesto en pie y hablaba con
Marcial volvió á vacilar y á balbucear. Luego in- acento tan grave y vibrante, eran su rostro y su ade- un relicario de plata, larguirucho, al través de cuyo
dicó á medias palabras, que las tropas acantonadas mán tan enérgicos y tan solemnes, que los oficiales cristal se ve una colilla de puro.
debían abandonar el pueblo al rayar el alba, y que cesaron de reir y un silencio profundo reinó en la
por lo tanto era &lt;conveniente» que todo quedase vasta sala. El mismo Comerano, inmutado, permaneJ uA~ Buscó~
.................,,.,,........,.•• ,/',....................,•• ,,•• ,.,,,,,¡•,.•,,,•••.•,,.,,••,,•• ,••,,....................... ,••.••,,.
despachado antes de emprender la marcha.
ció un minuto inmóvil. Luego, con gesto severo y
Camilo se puso pálido. ¡Al rayar el alba!.. Había triste, dejó caer estas palabras:
EL GENERAL DE BRIGADA
cerrado la noche por completo; corrían entonces los
- Camilo, se va haciendo tarde; es hora ya de que
últimos días de junio, ¡y se levanta tan tempranito la pienses en asuntos más serios y trascendentales para
D. IIIGIXIO DE RIBERA
aurora en este mes!
tu alma.
Vivo está todavía el recuerdo de la entusiasta des- Supongo, articuló el joven, que no se me rehu- ¡Poco á poco!, replicó violentamente el capitán; pedida que el pueblo de Barcelona tributó á los basarán los auxilios de la religión.
no eludas la cuestión y acuérdate ante todo, si eres
- Claro que no, replicó vivamente Gomerano; es- caballero, de lo que significa un compromiso de ho- tallones que constituyen la brigada del general Ribetamos precisamente en la casa rectoral y el padre Lo- nor y de lo que vale una palabra empeñada. Las ra. El ayuntamiento en pleno y la población en masa
acudió á los muelles para obsequiar y aplaudirá los
bo es un excelente sujeto.
apuestas que se pierden se pagan: que se trate de un
- Y supongo también que antes se me dará de millón, que se trate de un cigarro lo mismo da. ¡Se- valientes soldados, jefes y oficiales que abandonaban
cenar.
cuanto podía serles más querido para defender en
ñores!, añadió volviéndose hacia la oficialidad que
- Sin duda... , ya lo creo. Cenarás con nosotros..., escuchaba silenciosa y palpitante; ¡señores!, sois mis tierra africana los derechos de la patria. Todos parsi te parece bien, exclamó Marcial encantado de que adversarios, sois mis enemigos, sois los enemigos de tieron animados de levantados propósitos, en todos
podía observarse igual entusiasmo, dispuestos á deel prisionero tomase las cosas con tanta filosofía.
mi reina y de mi bandera, pero sois todos hombres
- Me parece de perlas. No me gusta estar solo en de honor y á vosotros os hago jueces y árbitros de mostrar en los combates cuán justificado fué el cariñoso saludo de la ciudad de los condes.
la mesa. Deseo que me trates hien ... Ya ves.. , será la cuestión: decidid en conciencia.
No cabe dudar que en Melilla cumplirán como
mi última comida... Recuerda que soy goloso y además
- ¡A fe mía!, dijo impetuosamente un jovencito
que á los condenados á muerte no se les niega nada. que llevaba uno de los apellidos más ilustres de Es- buenos, con mayor motivo si se tiene en cuenta el
- Quedarás complacido. Lozano, dígale á la seño- paña, juro por mi nombre que el capitán está en su prestigio y las dotes militares que tanto distinguen al
caudillo, al jefe superior que ha de dirigirlos en el
ra Mónica que se esmere y que nos dé lo mejor que derecho.
combate.
El_ historia~ del general Ribera es garantía
haya en el corral y en la despensa del señor cura.
- Creo lo mismo, opinó sentenciosamente el code
que
la
primera brigada· del 4.0 cuerpo de ejército
mandante veterano.
dejará
bien
sentado su pabellón en los campos de
Y los demás, levantándose de sus asientos uno Melilla.
*
tras otro, confirmaron el fallo.
**
D. I_Iiginio de Ri~era t;studió en el colegio de To- Pero ¿y mi deber, mi consigna?, gritó Gomerano
ledo, siendo promovido a alférez con destino al baUna hora más tarde, el capitán Montoro, sentado exasperado.
á la derecha del coronel, cenaba en compañía de la
- ¿A mí qué me importa tu consigna? Cúmplela; tallón de cazadores de Ara piles en r. 0 de enero
oficialidad carlista. Los comensales no podían menos pero antes cumple conmigo. Mi derecho es preferen- de 1861. En el siguiente año de 1862 fué tras'adado
al de Ciudad Rodrigo, y en el de 1865 nom brósele
de sorprenderse y de admirar la pasmosa serenidad te al tuyo.
del mozo que con un pie ya en el sepulcro manejaba
- ¿Pero de dónde demonios quieres que saque yo ayudante del general Rubín, capitán general de Granada, en cual cargo cesó en 1866 para ocupar su
tan gallardamente el tenedor y parecía olvidar por tu habano?
completo el tremendo epílogo que debía tener aquel
- Esto no es cuenta mía. El deudor es quien ha puesto en el citado ba~allón de Ciudad Rodrigo, tobanquete. Un sincero interés se pintaba en las mira- de proporcionarse los medios de pagar, no el acree- mando parte en la acción de Llinás de Marcuello, y
por este hecho de armas fué ascendido al empleo de
das de todos, y aquellos hombres avezados á afrontar dor. Quiero mi habano: arréglate tú como puedas.
teniente en 1867.
la muerte á diario se sentían el pecho oprimido ante
La atención de los circunstantes estaba tan absorla proximidad de la muerte ajena.
En 1868 fué destinado al batallón cazadores de
bida, que ninguno paró mientes en un nuevo persoEntretanto la noche adelantaba ... Camilo, char- naje que desde algunos minutos era mudo testigo de Barbast~o, que se hall~ba de guarnición en Málaga,
lando por los codos, bebiendo á más y mejor, procu- aquella extraña escena. Envuelto en un holgado man- encontrandose en vanos combates librados por las
raba mantener con una excitación febril aquel valor to militar, cubierta la cabeza por una boina de la que trop~s con_los republi:anos, ascendiendo á capitán
alegre, brillante, que quería desplegar hasta el último pendía rica borla de oro, plantado junto al umbral de en ~•~ho auo por méritos de guerra, con destino al
momento. Platicaba sonriente con unos y con otros, la puerta escuchaba inmóvil. Por último se adelantó regnmento de Saboya. En 187 2 fué trasladado al de
refería lances de guerra, anécdotas, chascarrillos ... , y hasta el sitio donde estaban sentados los dos princi- América, en el que empezó la campaña contra los
la noche seguía su curso.
pales actores del lance, y la luz de los candiles ilumi- carlistas, formando part~ de las _columnas de Mola y
Martínez, 1\facías, Gam1r! Baldnch, Cabrinety y MerHacíase tarde: Gomerano, que no imaginara que nó su semblante atezado, severo.
la cena se prolongase tanto, había consultado más de
- ¡D. Rafael!, murmuraron los oficiales levantán- cado, hast~ q~e ~o~ motivo de los sucesos promoviuna vez su reloj á escondidas; y nervioso, abstraído, dose á un tiempo y guardando una actitud respe- dos por la_ rnd1sc1phna del ejército pidió el reemplano osaba, empero, insinuar á su convidado la opor- tuosa.
zo para Vigo, su pueblo natal, en donde permaneció
t1uudad de levantarse de la mesa y de preparar el
- Coronel, dijo el recién llegado con acento hreve, hasta 1874, en cual fecha volvió á incorporarse al
alma para cuidados más serios y apremiantes. Dos frío, cumpla usted la palabra dada; ahí tiene un ha- ejército activo, sirviendo á las órdenes del gerteral
D. Pedro Esteban, tomando parte en gran número
ordenanzas acababan de servir el café, y un viejo bano legítimo; déselo usted á este caballero.
de
hechos de armas, entre ellos el de Prats de Llusacomandante, sacando una mugrienta petaca, ofrecía
Y su diestra alargaba á Gomerano un magnífico
un cigarro á Montoro, diciéndole con voz bronca cigarro, que Marcial tomó haciendo un saludo mili- nés! _toma de Olot por el &amp;e?eral Martfnez Campos,
que procuraba hacer cariñosa:
tar y entregó á Montoro. Este había palidecido es- y s1t10 y toma de Cantav1e1a. Por los méritos contraídos en estas acciones fué ascendido á comandan-

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 622

te, teniente coronel y grado de coronel,
confiriéndosele el mando del batallón de
la reserva núm. 3~, cuya organización llevó á cabo. En 1876 fué ascendido por el
rey D. Alfonso XII á coronel, confiándosele el mando del batallón cazadores
de Alfonso XII.
Desde 1884 á 1891 desempeñó el cargo de comandante militar de la_rlaza de
Puigcerdá, hasta que fué ascen?1do á general de brigada en 5 de noviembre de
189 1. Mayor espa~io del que podemos
disponer sería preciso para enumerar lo_s
eminentes servicios que prestó á la heroica villa durante el largo período que desempeñó la comandancia general, ya que
entre ellos figuran importantísimas mejoras de beneficiosos resultados para aquella población. Puigcerdá ha sabido demostrar en cuánto estima los esfuerzos y
la afición que por ella siente el general
Ribera nombrándole su hijo adoptivo y
ofreciendo el raro hecho de haber llevado á cabo una suscripción verdaderamente popular para ofrecerle un bastón de
mando, en la que tomaron parte todas las
clases sociales, contribuyendo el obrero
con su modesto óbolo.
Tal es el general D. Higinio de Ribera, con cuya amistad nos honramos, al
que dedicamos estas líneas y publicamos su retrato como muestra del cariño
y consideración que nos m~rece tan ?ravo y distinguido militar, haciendo fervien
tes votos para que él y la brigada á sus
órdenes regresen pronto_á nu~stra ~iudad
con los laureles de la v1ctona y sm que
su regreso haga derramar lágrimas por
los que no puedan ya volrer al hogar de
la familia. - X.

r

¡TILÍN ... TOLÓN!..
- Me pide~, hija mfa, un consejo, d_ijo
el cura de \'illavieja, y bien sabe D10s
que no sé qué aconsejarte.
- Padre, añadió Rosa, la muchacha

EL GRNKRAL DE BRIGADA D. HIGINIO DE RIBERA

jefe de la brigada que salió de Barcelona para Melilla el dla 14 del actual
(de fotografia de A. y E. F. dits Napoleón)

BARCELO NA. - E "'IBARQUE DE TROPAS rARA Ml!.I.ILLA (de fotografía de Xatart)

más bonita del pueblo, ya sabe usted que
Pacorro es todo un hombre de bien ..
- Sí, hija mfa, pe~o ¿q~é quieres que
te diga? Eso del matrimonio es muy grave asunto, y yo, la verdad, no me atrevo
á decirte nada. Pacorro es, en efecto,
todo un buen muchacho, pero el diab_lo
las enreda; la vida de casado es muy distinta á la que hace ah?ra, será p~ra él
una vida nueva; todo tiene sus quiebras
en este mundo, y el que ahora ts un mozo enamorado puede luego volverse un
marido gruñón é insop?rtabl~··· ~ada,
nada; no quiero cargar m1 co11~1enc!a con
la responsabilidad ~e u? matrimonio q~e
lo mismo puede sahr bien que mal... No
faltaría luego quien me echara la culpa...
- ¡Padre!, suplicó la muc~a~~- Esto es muy delicado, ms1suó el cura· consulta con tu madre, nadie mejor
q~e ella podrá leer en el porvenir de su
hija: el corazón de una madre no se engaña nunca.
.
- No me atrevo... , antes quiero que su
111ercé, tan bueno, tan amable, me aconseje y me guíe.
- o puedo, no debo... Además, ¿tú le
quieres?
- Con toda el alma, padre.
- Pues entonces, ¿á qué aconsejarte?
Sería en vano; de todas mane~, á_ los
quince abriles, y enamorada ~or anad1dura, siempre harás lo que meJor te venga
en ganas...
-No, padre...
.
- Pues entonces, nada de consCJOS: no
seré yo quien ejerza presión en ~se corazón de oro; pero oye una conseJa, y luego que la hayas oído, quédate con lamoral del cuento.
- Pues ya escucho, padre.
Y el bueno del sacerdote, sacando el
pañuelo de hierbas y limpiándose el sudor que corría por su e~paciosa frente, se
sentó en el banco de piedra, en que Rosa se arrellanaba, en el poyo de la puerta
de la iglesia. ¡Qué grupo más encantador

�SANTANDER, - CALL¡t DE MtNDEZ NÚÑEi

$¡\NTANDt;R. - CALLE DE illÉNDEZ N ÓÑEZ

SANTANDER , - EL VAPOR (CAllO MACHICHACO:&gt; VISTA TOMADA POR L A POPA DESPUÉS DE LA EXPLOSIÓN

(de fotografia de D. L. Linacero, remitida por D. Antonio Berdegué)

SANTA~DER , - EL VAPOR ((CABO MACHICHACO:) VISTA TOMADA POR LA PROA DESPUÉS DE LA EXPLOSIÓN

(de fotografla de D. L. Linacero, remitida por D. Antonio Berdegué)
SANTANDER. - CALLE DE CALDERÓN DE LA BARCA: EDIFICIO DE LA c'aMPAÑIA SINGER y AUDIENCIA

(de fotografias de D. L. Linacero remitidas por D. Antonio Berdegué)

�770
y más sencillo formaban la joven y el anciano! Si aquello 'no era una confesión, bien sabe Dios que el grupo
del clérigo y ia aldeana era tan hermoso como severo
y tan natural como agradable.
H e aquí cómo comenzó el cura:
«En un pueblecito que antes había muy cerca de
aquí y cuyo nombre no hace á mi relato, habitaba
una hermosísima zagala, de gracias muchas, de años
muy pocos y de nombre Rita. Vivía con su madre en
uno de los cortijos del tío Lucas, y aunque una y otra
no gozaban de vida muy desahogada - que jamás fué
de labradores el ser felices por completo, - nunca les
faltaba en el camaranchón tocino añejo, vino de dos
años y hogaza de dos libras. Rita era la moza más
garrida del contorno en diez leguas á la redonda; los
zagales iban de los pueblos comarcanos tan sólo para
verla, y en verdad que la chica lo merecía. ¡Con qué
dosenvoltura llevaba la mantellina en día de fiesta;
con qué sal bailaba en la plaza al son del tamboril;
cómo repicaba las castañuelas, y con qué gracia salía
de la iglesia, llevándose detrás todo el cortejo de los
chicos solteros de la aldea! Alguna vez su presencia
en la iglesia distrajo de la meditación religiosa á algún muchacho, y más de una vez el mozo que ayudaba á misa, por mirar á la joven de hito en hito, confundió un «kirie~ con un «ora pro nobis» y se ganó
un regaño del páter por volver la cara adonde estaba
la zagala.))
El padre hizo una pausa y continuó:
«El tío Lucas tenía un hijo, alto como una palmera y fuerte como un roble; orgulloso como hijo del
ricacho, tenía en cambio un corazón como un bendito y un gusto refinado como un sibarita. Una tarde de baile en el ayuntamiento, el mozo declaró á
Rita sus amorosas ansias con toda la rudeza de que
es capaz un aldeano, pero con toda la sinceridad de
quien no sabe mentir y con toda la fogosidad de una
pasión cierta. Rita, que ya sentía simpatías por el
mozo y que tampoco andaba muy fuerte en tiquismiquis de palabrería, accedió al punto á las pretensiones del muchacho, sin reparar, en su inocencia, que
aquel á quien entregaba el corazón era el hijo de su
amo, el heredero del primer contribuyente de la aldehuela, el primogénito del tío Lucas. Desde aquel día
los novios, en la creencia de todos los enamorados,
que piensan que todo lo iguala y lo vence el amor,
los dos muchachos dieron principio á unas relaciones
amorosas que sólo advirtió D. Casto, que así era como llamaban al padre cura del lugar; después las su·
po la madre de Rita, más tarde el tío Lucas, que puso el grito en el cielo, y luego los treinta vecinos de
la aldea, que se dieron á murmurar como otras tantas
comadres resentidas.
» Un día, al ponerse el sol, llegó Rita á casa del señor cura, á la sazón en que éste se hallaba rezando
las oraciones. «Vengo, le dijo la muchacha, á que
usted me aconseje qué es lo que debo hacer; el tío
Lucas y mi madre dicen que ó me caso en seguida
con Luis ó que se han acabado las relaciones, que ya
van para largo. Luis consiente en que nos casemos;
de mí depende tan sólo... , ¿qué hago?» El bueno de
D. Casto se vió tan perplejo como yo, ahora que tú
me pides también el consejo; la muchacha llorosa y
su9licante le apremiaba como tú á mí, y ya iba haciéndose monótono el silencio, cuando D. Casto, subiéndose á la frente las antiparras, dijo: «Hace tiempo, hija mía, que vengo observando tus amores y
conozco tu corazón mejor que el mío; pero el caso
te aseguro que es de conciencia .. . Tú quieres mucho
á Luis, ¿verdad?.. Pues mira, cuando mañana suene
el toque de oraciones en la iglesia, pon el oído atento á las campanas; reza, reza mucho y procura enterarte de lo que dicen ...» «Pero, padre, preguntó
Rita, ¿las campanas hablan?» «Sí, hija mía; escúchalas mañana ... Si las campanas dicen ¡tilín, tilin!, cásate con tu novio, no dudes _u n instante, es que dicen que sí; pero si oyes, por el contrario, que las
campanas dejan oir ásperamente su ¡tolón, tolón!, no
cedas, es que dicen que no con energía, y es que debes romper tus relaciones con el hijo de Lucas y dar
al olvido estos amores.» Al siguiente día, á eso de
las seis, cuando ya el sol empezaba á colorear de
rojo la campiña, Rita oraba fervorosamente en la
iglesia, ante aquella imagen que la vió bautizar, y
cuando el crepúsculo obscureció la aldea, y las tinieblas se hicieron más densas, y sólo turbó la tranquilidad del templo el chisporrotear de alguna lámpara
de aceite que se apagaba en alguna hornacina, las
campanas principiaron á sonar. El toque de ánimas
se escuchó sonoro retumbando en la bóveda, Rita
puso toda su atención en los oídos, sintió como si el
corazón le latiera más fuerte y la sangre se le subiera
al cerebro, escuchó, y ¡oh, alegría!, las campanas decían claramente ¡tilín ... tilín.'.. ; no cabía duda, eran
ellas que decían dulcemente que sí, que sí ... en sus
lenguas de bronce. A los pocos días Rita se unió en

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

lazo indisoluble con el hijo del ricacho; á la boda
asistió el padre cura como era natural, y cuando, acabado el baile, Rita se acercó al padre diciéndole gozosa: «Las campanas dijeron que sí,» contestó el cura
$Onriendo tristemente: «Las campanas siempre han
dicho lo mismo; estabas enamorada de Luis, y aunque hubieran dicho ¡tolón! en el más bronco de sus
tonos, el deseo las hubiera hecho sonar en tus oídos
con el más argentino y agudo ¡tilín!»
Al llegar aquí, Rosa clavó sus negros ojos en el
cura, y con gran interés, reflejando la curiosidad en
su linda cara, preguntó:
- Señor padre, ¿y fueron felices Rita y Luis?
A lo que contestó el cura levantándose del poyo
de piedra:
- No, hija mía; yo también había oído el toque
de oraciones y las campanas habían dicho ¡tolón ...

tolón! ..
P.

G ÓMEZ CANDELA

Bellas Artes. - El dentista norteamericano residente en
París Dr. Evans, el mismo que en 4 de septiembre de 1870
acogió en su casa á la destronada emperatriz Eugenia y la ayudó á huirá Inglaterra, ha hecho donación á un comité de com·
patriotas suyos que cuida del alojamiento de las muchas artis·
tas que de los Estados Unidos acuden á la capital de Francia,
de un magnífico edificio situado en el arrabal de Passy, en el
cual serán admitidas 50 pensionistas. La casa tenclrá, además
de las habitaciones, salones de reuniones, de conversación y de
lectura y un gran jard(n. Las pensionistas podrán seguir sus estudios en los talleres y cátedras de París que tengan por con·
veniente.
- El arquitecto A. Messel, de Berlín, ha terminado el pro·
yecto de Museo que ha de erigirse en la ciudad de Darmstadt;
el -edificio será del mismo estilo del Renacimiento, algo barroco,
del palacio-residencia del gran duque;y su construcción costará
1.775.0&lt;X&gt; pesetas.
- La memoria oficial de los Museos de Be~Hn correspondiente al segundo trimestre del presente año da cuenta de muchas
y muy valiosas adquisiciones. La Galeria de Pinturas se ha en·
riquecido con dos obras de gran mérito: una figurita de mujer,
de Alberto Durero, del periodo de su segunda estancia en Venecia, que ha sido comprada en Londres y que es una obra
maestra de clibujo, modelado y finura de color. y La muerte de
Maria, precioso cuadro regalado por el Sr. Wemher, alemán
residente en Londres, de la antigua escuela flamenca, que unos
atribuyen á Durero y otros á Schongauer y que según parece
formaba parle de la galería Sciarra, de Roma. En punto á es·
culturas se han adquirido: un relieve de sepulcro ático que representa á un niño con un pájaro en la mano; otro relieve de
Donatcllo, Lajlagelació11 dejesucristo; cuatro relieves de altar,
de Daucher; una Adoración de los Reyes, de un ilustre escultor
augsburgués; un altar procedente de Hesse, y un retablo suabio
del siglo xvt. A la colección de esculturas han sido regalados
además varios objetos procedentes de la venta Spitzer celebrada no ha mucho en París, trabajos en marfil, en boj, en piedra
y en bronce de la Edad media y varias tablas de Donatello,
Riccio y otros. Para el Monetario se ha comprado la colección
de Dannenberg, compuesta de 5.0&lt;X&gt; piezas, muchas rarísimas
y muy artísticas. También se han hecho importantes adquisiciones para el Gabinete de Grabados, para el Antiquarium y para
la sección egipcia. Con destino á la Galería Nacional se han
comprado en 18.430 pesetas dos cuadros de Wisniewski y uno
de Scheurenberg, y en 2 844 tres dibujos de Menzel y varios de
Neher y Wernher.
- En Londres se han celebraclo recientemente varias exposiciones artísticas parciales. En la de la Real Sociedad de Artistas británicos han llamado la atención un grandioso paisaje, de
composición sencilla, pero de mucho efecto, de J. Ollson; otro,
de graneles dimensiones también, de Adán E. Proctor, que es
un hermoso estudio del natural; un grupo de mujeres en el
mercado de Dordrecht, de G. C. Haite; 11n niño, de Sherwood
Hunter; un gracioso ¡i,icio de París, de R. Machel; dos acuarelas, de Wyke Bayhss, presidente de la Sociedad, que repre·
sentan la iglesia de Fra Angélico en Fiesole y una basilica de
Roma, y otras varias obras de F. Cavley Robinson, R. Morley,
A. W. Strutt, Corbould, Carlton Smith Lomax, Almond y algunos más.
En la Galería Burlington, Mr. Carlos Sainton ha expuesto
una colección de primorosos dibujos hechos por el procedimiento de punta de plata, que consiste en dibujar con un estilete ele plata sobre una plancha esmaltada y que estuvo muy en
boga en los siglos xv y xvr. Los dibujos de Mr. Sainton se distinguen por su finura y precisión de líneas.
En la Galería Tooht se han exhibido magníficos cuadros de
Carlos Muller (Un patio del palacio de los dux de Venecia y
una fiesta veneciana, La Scalpa ), de Linell (Paisaje de otoño)
Jhon Gilbert (Guerreros medioevales atravesando un bosque):
Bquguereau !Ofrenda al Amor, que figuró en el último Salón
de l:'aris), Dagnan Bouveret (En el bosque, que tanto llamó la
atención en el Salón del Campo de Marte de Paris, de este
año), Logsdail (El Banco de Inglaterra, lleno de vida y movimiento), Deutsch (Escena oriental), Alma Tadema (Rivales sin
saberlo), Kiesel (una cabeza de muchacha lindísima) y Favretto (un grupo de jóvenes venecianas•.
- En la {1ltima Exposición internacional de Bellas Artes celebrada en Munich ha obtenido un~ medalla de segunda clase
el celebrado pintor español Luis Alvarez
- De la Galeria de Pinturas de Wiesbaden ha sido robado un
cuadro de Kronberger de 21 centímetros de alto por 16 de ancho: titúlase Crónica alegre y representa á un anciano monje
leyendo.

NúMEI&lt;.O 622
palatino Federico I y Clara Dettin; la música es muy agradable sobre todo la del segundo acto, que produce gran efecto.
~ En Cracovia se ha inaugurado recientemente el teatro Nacional Polaco, que es un magní6co edificio.
- En el teatro Alfieri, de Turín, se ha estrenado con entusiasta éxito un drama de Camilo Antona Traversi, titulado
Danza macabra.
- En el teatro de la Corte, de Munich, y en el de la Ciudad,
de Colonia, se ha representado por pr!mera ~ez en ambos la
ópera de Mascagni I Rantz_au, con mediano é~1to. .
Gounod dejó por termmar una ópera Maitre Pze,-re, cuyo
libreto de Luis Agallet, tiene por argumento los amores de
Abela;clo y Eloísa. Dicese que Colonne, el antiguo director de
la Gran Opera, qu~ ~e propone c~nstruir un nuevo te;itro Lírico, trata de adqum_r aquella partitur~, ~n la que, _segun parece hay gran inspiración y mucho senum1ento mistico.
'_ Massanet ha terminado una Ópera en un acto, Le partrait
de Ma11011 que se representará en la Opera Cómica de París
y actualm;nte está trabajando en una 6pera titulada La Nava·
rraise y destinada al Covent Garden, de I;ondres.
-En Milán se ha estrenado con gran éxito la ópera de Leoncavallo I l',fedid, primera parte de la trilogia que está compo·
niendo y que completarán César Borg·ia y Savo11arola. Aunque
la nueva ópera contiene toda ella grandes bellezas musicales,
sobresale el acto tercero, que fué estrepitosamente aplaudido.
Par{s. - En la Renaissance ha sido un acontecimiento el estreno de Les Rois, drama en cuatro actos que Jules Lemaitre
ha tomado de su novela del mismo nombre: de argumento interesante desarrollado en escenas de gran vigor dramático, espe·
cialme~le en los actos segun&lt;lo y cuarto, y admirablemente escrito, Les Rois ha sido considerada como ohra maestra. En su
desempeño ha estado á gran altura Sarah Bernhardt. En los
Bouffes Parisiens ha tenido muy buen éx ito la opereta en tres
actos l',fam'ulle Carabin: el libro, de F. Carre, recuerda en algunas escenas la Vie de Boheme, de Murger: la música, de Pessard, es inspirada, graciosa y está muy bien instr\1mentada. En
el teatro Libre se ha estrenado un interesan1e drama, Uue faillite, adaptación del de Bjoernstierne Bjoerson: tal autor, compatriota de Ibsen, es en el teatro todo lo contrario de éste; es
simplemente autor dramático, no poeta reformador, y su filosofia es menos elevada, pero más clara y más real que la del autor
de Pere Gy11t. En los Bo".lffes du Nord ha tenido gran éxito Un
emzemi du peuple, que ha puesto en escena la sociedad L'Oeuvre y que es sin disputa una de las me~ores ob_ras de Ibsen. En
el Palais Royal se ha estrenado con éxito mediano una entretenida comedia de Meilhac y Saint Albin, titulada Leurs Gigolet·
tes. En el teatro Cluny se ha estrenado con buen éxito una
revista de espectáculo, AJ,./ la pare... la pau ... la pau, de Miller y Gandillot.
1',fadrid. - En el Real se ha cantado con mediano éxito la
ópera Fidelio, de Bee~hoven, habiéndose aplaudido s~lamente
la sinfonía y el prelud10 del tercer acto; con escaso éxHo tam·
bién se ha cantado La bella fanciulla di Perth, de Bizet. La
tiple señora Gargano, que ya cantó en aquel coliseo el año pasado ha obtenido en L11ccia un triunfo que con ella ha com·
partido Marconi. En la Comedia se ha estrenado con gran
aplauso la comedia de Enrique Gaspar, Huelga de hijos, que
estrenó el último verano en esta ciudad el Sr. Mario: se ha
estrenado también un gracioso juguete en un acto de Eduardo
Lustonó, .Manzanos y guindos. En Lara se han estrenado con
buen éxito dos juguetes en un acto, El bra::o derecho, de Amiches y Lucio, y Et bastón, primera obra de Luciano Boada.
En el teatro Moderno continúa trabajando con excelentes resultados la compañía Emr¡,anuel-Reiter, de quienes hace grandes elogios la prensa madrileña.
Barcelona. - En el teatro de la Granvía se han estrenado un
interesante melodrama, El bisabuelo ó la familia Fa1wel, arreglo de D. Eduardo Vida! y Valenciano, y La Nana, parodia de
Mariana, de D. Manuel Rovira. En Romea se ha estrenado
con excelente éxito un drama en tres actos de D. Francisco J.
Godo, titulado La 11-fare de D eu del l',Jo11t.

.,,

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,,.-,,

... se fueron por aquellas soledades altas de la corte, charlando mucho, mucho...

Necrología. - Han fallecido recientemente:
Ossip Ivanovitch Kablitz, escritor ruso más conocido bajo el
seudónimo de Inoff
Mauricio Manuel Lansyer, notable marinista y paisajista
francés.
Gustavo Mutzel, famoso pintor de animales berlinés y excelente dibujante.
Mr. Carter H . Harrison, alcalde de Chicago.
Carlos llodmer, paisajista, litógrafo y grabador suizo, uno de
los últimos sobrevivientes de la escuela de Barbizon.
Pedro Eugenio Emilio Hebert, escultor francés, autor de
multitud de esculturas alegóricas y de bustos retratos.
Le Fort, vicepresidente de la Academia de Medicina de París, uno de los primeros cirujanos de Francia y de los más es·
timados catedráticos de la Universidad parisiense.
Juan Matejko, el primero de los pintores polacos contempo·
ráneos, ex director de la Academia de Bellas Artes de Kracovia, la mayoria de cuyos cuadros reproducen hechos de la historia de Polonia.
Eduardo Schleich, paisajista muniquense.
Pedro Iljitsch Tschaikowsky, uno de los más notables compositores rusos y de los que más han atendido en sus obras al demento nacional: entre sus principales obras se cuentan las óperas l',fazeppa y Eugenio Onegui11e, los bailes Sneegourotchka y
Casse-Noisette y el poema sinfónico La Tempestad.
Sir Andrew Clark, famoso médico inglés, presidente del Colegio de Médicos de Londres.
Pedro Laffitte, profesor de Historia general de las Ciencias
en el Colegio de Francia, uno de los discípulos predilectos de
~~~slo Comte y de los más entusiastas propagandistas del pos111v1smo.
G. Mutzel, notable pintor de animales y dibujante berlinés,
especialmente conocido por haber ilustrado la popular Vida de
los animales, de Brehem.
Pedro M. Tirard, uno de los políticos franceses contempor~neos más importantes: fué ministro de Agricultura y Comercio en 1879 y en 1882 y de Hacienda en 1882 y 1889 y presi·
dente del Consejo de Ministros en 1887 y 1889.

- -----

Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
aqoptado en ,lOfi! Hospitales de París .Y que prescnben los medicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosad.o y aterciopelado que tanto se de.sea.
Teatros. - En el teatro de la Corte, de Weimar, se ha estre- Es el IDElJ.Or de todos los tónicos y reconstitunado una ópera en tres actos de Meyer Olbersleben, titulada yentes. No produce estreñimiento, ni diarrea
Clara Dettin: el libreto tiene por asunto los amores del conde teniendo además la superioridad sobre los fe~
rrugínosos de no fatigar nunca el estómago.

LA POLA
NOVELA ORIGINAL POR EVA CANEL. - ILUSTRACIONES DE

J.

CABRINETY

..

(CONTINUACIÓN)

Luis no se acostó: á las nueve era el entierro de la
señora de Suárez y no podía faltar. ¿Quién, si no, acompañaría el cadáver de la infeliz hasta la última morada?
A las ocho de la mañana salió, cuando su esposa,
que no se había levantado, lo suponía descansando, y
á las doce volvió, después de haber cumplido con exceso los deberes que su alma noble y su filantropía
le habían impuesto.
Comprendió que con la nueva salida matutina había perdido en el buen humor de su esposa cuanto
con acompañarla hasta las seis de la mañana ganara;
pero ¿qué hacerle?
La discusión fué agria: Luis salió de casa enojado
y volvió á la hora de comer: comió sin dirigirá Camila ni la mirada ni la palabra, y ésta, haciendo alarde
de su mal humor, desfogábalo con los criados. Sabía
lo mucho que á su marido mortificaba que riñese á
Joaquín, y la emprendió con él hasta el punto de llamarle bruto. J oaquín se puso lívido, pero no replicó:
mediaba su amo, al cual adoraba, y ningún concepto
proferido por la señora podía herir al fiel sirviente.
Ante tamaña injusticia estalló la cólera de Luis
que, olvidándose de sí mismo, lanzó contra su mujer
algunos insultos. A Camila le dió un ataque de nervios y fué preciso llamar al médico de nuevo. El doctor encontró á la señora de Pacheco bufando, pateando y retorciendo los brazos.

- ¡Suéltenla! ¡Suéltenla!
- ¡Doctor, dijo Luis asustado, que se deshace la
cabeza!
- ¡Suéltenla digo! Eso no es nada.
- ¡Sí; no es nada!, saltó Camita furiosa: para usted
no es nada lo que yo tengo.
. - ¿Eh? ¿Qué tal?, dijo el doctor, que era un viejecito cargado de rectitud y de ciencia.
Pacheco miró á su mujer y al doctor sin atreverse
á confesar que había sido burlado: acostaron á la enferma, y Luis pasó la tarde y la noche midiendo por
pasos el dormitorio de su mujer ó sentado á la cabecera de su cama.
¡Pobre Polita! No había vuelto á verla después de
enterrar á su madre ¿Qué diría? Extrañaría su conducta y que no fuese á verla en todo el día: era natural. A los diez y seis años se encontraba sola huérfana
sin nadie ... ~in nadie ,no, porque lo tení; á él, ¡á él
que estaba dispuesto a ser su padre! ¿Por qué le int~resaba tanto aquella niña? No lo sabía; cuanto hiciese por ella le parecía obligatorio: haber desoído
su llanto la noche que le pidiera limosna teníalo
Luis por una falta que era preciso expiar. P~r él había ido al portal del Veloz, por él recibiera los insultos de Roncalito, por él había encontrado á su madre muerta ... ¡El alma de Luis era tan grande que
hasta las culpas de la fatalidad cargaba sobre sí!
Ha pasado un mes y Polita no es la misma niña

de traje raído y velo pardo que asistía á las clases del
Conservatorio y cantaba en el coro de un mal teatro
para ganar seis reales: es una mujercita modesta sencilla, formalita y triste, porque el recuerdo de s~ madre no la abandona un solo instante; su bienestar le
parece un~ mueca de la suerte: ¡Disfrutarlo ella y no
hab~rlo d1s~rutado su madre! Ningún dolor retrospectivo pudiera atormentarla más que el recuerdo
de las necesidades de_ aquella santa mujer, cuyo paso
por el mundo había sido una tortura continuada. Vivía tranquila con aquella criada, sobrina de la portera
que era buena muchacha y disponía las cosas de cas~
con la experiencia de que Pola carecía.
Todas las tardes la visitaba su bienhechor. ¡Cuánt? lo ~~ería Pola y con q_ué afán aguardaba sus dianas VISltas! Estaba poco tiempo con ella, el necesario
para ocuparse de lo que la interesaba; nada más.
A los ocho días de muerta su madre le había dicho:
- ¿Está usted en disposición de hacer algo? ¿Se
aburre de la nueva existencia?
- ¡Oh, sí!, contestara Pola. Quiero trabaja;: ya sé
que no puede durar esta vida.
. ~l día siguiente un profesor y una profesora rec1b1eron el encargo de instruir á Polita.
. Aquel trab~jo era para la huérfana la mayor de las
dichas: ¡estudiar, aprender, saber tanto como había
sabido su padre!.. Bellas aspiraciones que jamás creyó poder realizar.

�LA

77 2

NúMERO 622

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA

NúMERO 622
. Luis Pacheco no volvió al Veloz y dejó de ser so- de que visito á una hija enferma, desgraciada ... Descio; había echado s?bre su caja una obligación sagra- cuide usted: sabré contenerme para evitarle otro mal
da, Y aunque sus nquezas le permitían estos y otros rato.
- ¡No, por Dios, no! Si no es mal rato; si es la diactos de filantropía, su conciencia, exigente por demás, no le consentía hacerlos extrayendo cantidades cha que me ahoga, la felicidad que me oprime el pe•
del fo?do co11_1ún,_ ~e lo que á sus hijos pertenecía. cho.. .
Desde aquel día presentaba Pola su tersa frente á
«Castiga~é mis v1c1os, decía, y saldré ganando. No
prestaré a esos zánganos que suponen engañarme con los labios de Luis, y éste los estampaba en ella con
promesas de devolución: evitaré los compromisos de dulzura infinita.
El mes de mayo llegó á Madrid con su cortejo de
JU7go, Y todo ga~to_ que sea personal, exclusivamente
~ 1º'. q~eda supnm1do para dedicarlo á mi hija adop- lilas, pájaros, fiestas, sol y gorjeos de golondrinas.
ti_va. ? 1 la ~-~c1edad podrá reprocharme ni mi con- Las noches eran tibias, perfumadas y poéticas para
c1enc1a argutrme. »
las almas que vienen á la tierra envueltas en un ji¿Por ql!é no_ había dicho Luis á Poli ta quién era? rón arrancado á los ropajes del arte.
Luis soñó una noche que Pola ya no salía por la
~0 s~bna explicárselo. De cuanto le pasaba con aquea cn~tura no podía darse cuenta. Todo lo hada in- tarde y que era él, él quien la daba el brazo para perconscientemente: p ensaba en ella de día de noche derse juntos e n los altos de la Castellana y en la ronen todas
par tes Y a' todas horas; pero siempre
'
.
al foco' da de Recoletos. A la noche siguiente puso su sueño
1umm?so de su imaginación asomaba la silueta de la en práctica; la sacó él á paseo y se fueron por aque:nendiga Y la figura extenuada de la niña harapienta llas soledades altas de la corte, charlando mucho,
en:~ada e~ aquella_buhardilla horribl_e.
' mucho; contentísima ella, feliz y dichoso él, sin amJovencita del piso segundo vestida con senci- bicionar más, sin mayores deseos, sin fiebres y sin'
·
lla ~a~a de paño negro, peinad~ con modestia ele- inquietudes.
Habló tanto Polita, que Luis quedó asombrado de
~an isima Y sentada al lado de la chimenea, no duraa en _sus recuerdos más que el tiempo que tardaba lo que sabía aquella muñeca. ¡Vaya unos problemas
intrincados de mundología en que se enfrascaba la
en baJar la escalera de su casa y salir á la calle.
1~ no_ sabía que Luis era casado ni dónde vivía: muchacha!
1e
- Pero diga usted, Polita, ¿le han enseñado eso los
dicho que se llamaba Luis García y no había
;enu o: García Pacheco era el apellido de su pa- profesores?
- Los profesores no enseñan estas cosas; las ensere; ¡pero decía tan pequeña cosa el primero' que
~o tardó en desaparecer para ocultarse detrás a·~ una ñan las madres.
- ¿Luego la de usted era ilustrada?
' no muchas veces estampada por el banquero Pact"heco
- En mi país decían que tenía tanto talento como
ó · S u h""
IJO, que por Pacheco era conocido, contim~.d con la 11_1isma costumbre, y solamente en su mi papá; y mi papá tenía mucho, no crea usted: ¡ja~ar I a de bautismo figuraban unidos los dos apelli- más había perdido un pleito!
Desde aquella noche apenas una dejó Luis de pa•
~s paternos. Nada había contado Luis á su protegi a, que por otra parte no mostraba afán por cono- sear con Pola. Su mujer se retiraba tarde del paseo
~er deta~les. Su única curiosidad consistía en preten- vespertino con sus hijos y ya no salía. Verdad que
/r1 averiguar qué había hecho ella para merecer la tampoco él la decía que saliese, cosa que mortificaba
ic 1ª que disfrutaba y hasta cuándo debía durar pues muchísimo á Camila, revelándolo en sus reticencias
y en sus desplantes de mal humor. Como esto ocuque no 9-uerla serle tan gravosa.
'
p DéJese usted de esas cosas, le contestó un día rría casi diariamente, había llegado á ser demasiado
a:c ;co, Y ,tenga la seguridad de que no quito á na- tirante la vida de los esposos. Si un día se levantaba
1 que a usted dedico· estoy pagado con las no- Camila de buen humor, gracias al talento, á la bontas de s ~s maestros: á este' paso llegará usted á ser dad y al cariño que su marido le consagraba á pesar
una sab1a.
de sus defectos, duraban poco los rayos de alegría;
P0 ita sonnó por vez primer.r desde que había la cosa más pequeña volvía á exasperarla en cuanto
{ufdado huérfana, pero sonrió con expresión celes- creía que le habían faltado nimios detalles en la conia /- seráfica, que hizo temblar á Luis: creyó que el sideración y los mimos que ambicionaba.
- Yo podía disculpar sus pequeñeces y sus defec~s) ntu de u? querubín había contraído el rostro de
tos si el amor los dictase, pensaba Luis; pero es el
para deJar paso á un efluvio celeste.
esde aquella tarde varió en la cámara obscura de egoísmo, la vanidad, el deseo de ser la primera. ¡Dios
su cerebro la primitiva plancha, en la cual guardaba mío, qué alma tan chiquita en un cuerpo tan hermoso
como el ~varo su tesoro, el rostro afligido de la hija y qué alma tan grande en el cuerpecito menudo y enacurruca a ~ los pies de su madre muerta.
deble de Polita!
¿Hubiera hecho un cambio Luis á serle posible?
la ~~mc°s dic ho_ que había transcurrido un mes y que
u r ana dedicaba las horas del día á los estudios ¿Aceptaría la transfusión de almas si se la propusiesen?
1~?ores que le señalaban sus maestros. Si á Pola le
Seguramente no: á Camila no la comprendía duld u ~se? preguntado cuánto tiempo hacía que suma- ce, delicada, poética ni grande, como no comprendía
1ª mut'rto, contestase que el día anterior; pero á Pola hermosa, alta, esbelta, en medio de un salón
_re
SI a 1gmen le ,asegurase que solamente un mes bada del gran mundo repartiendo sonrisas fingidas ni haque tr~taba_a D. ~uis y que gozaba de aquella vida blando mal del prójimo. Pola, envidiosa y pequeña
tranqmla, sm vacilar lo hubiese negado, jurando que de espíritu, no era Pola: Camila, magnánima, exenta
había~ pasado lo menos dos años.
de celos raqulticos y de ridiculeces, no hubiera sido
Lms creyó que á Pola le convenía hacer ejercicio Camila. Esta era la compañera, la madre de sus hi1 rrotendó que sal iese algunas tardes con la mu- jos, la reina de su hogar, la que llevaba su nombre y
Yha
~
pasear por las afueras, donde tomase sol y tenía derecho á sus consideraciones; pero ¡cuántos
u iese mucha gente. Pola se resistía.
años había vivido huérfano de alma, sin otra que res- ¿Por qué?, 1~ preguntó Pacheco.
pondiese á la suya, sin saber cómo se identificaban
Después de titubear un poco, respondió con el dos seres en un solo ser moral, ni cómo se amaba, ni
acento más amante y candoroso del mundo:
cómo se sufría, ni cómo se gozaba adorando á un
- Podrque me privaría de pasar ese tiempo al lado imposible, pues que imposible le parecía á Luis que
d e uste .
jamás Pola pudiese ser suya!
. !-,uis hubiera besado paternalmente á la cariñosa
Y era verdad, él amaba á la niña; la amaba, sí, aunnma·, per o 1a 1ºdea de asustarla de que pudiese supo- que continuaba ignorando si era fea ó bonita, no se
ner en él pensamientos intere;ados le contuvo
daba cuenta. Cuantas veces intentaba recordar sus
- Vtednd ré más tarde, le dijo: de ~.i nco á siete. ¿Es- facciones, tantas se le representaba sonriendo como
tá us e conforme?
aquella tarde que la llamara sabia, y no veía má•.
- ~í, señor; saldré para darle gusto, pero volveré Una expresión celestial, un rostro de ángel; la imagipront1to.
nación se mostraba rebelde á invocarla de otra maE~to dicho con entusiasmo, con impulsos de abra- nera. La mendiga y la huérfana hablan desaparecido
zar ª, su protector y contemplándole con el cariño para quedar medio borrosas en el reflector de los retu:ª su madre pudiera haber contemplado, hizo que cuerdos.
ms, cerrando los ojos y cogiendo entre .sus manos
Los paseos nocturnos llegaron á ser para Luis la
engua~tadas la cabeza de Pola, estampase un beso mayor necesidad de su vida. La estación avanzaba, y
e?iassud rent:, á c uyo choque brotó el llanto de las pu- como su esposa y sus hijos salían tarde y no regresap d e :a Joven y comenzó á sollozar con esos aho- ban hasta las ocho de la noche, ya no pensaba Cagos. e Pacer que ni se explican ni se comprenden· mila en volverá salir; pero pensaba, y acaso con dose sienten y basta.
' bles intenciones, en el viaje veraniego y en adelantar
¡acheco hizo esfuerzos por saber qué había moti- éste lo más posible. Su marido estaba preocupado,
va 0 ;quella explosión de dolor.
bien lo veía. No era el mismo. No la contemplaba,
- erdóneme usted: me acuerdo de mamá y de no le prodigaba mimos y atenciones¡ salía sin ella, no
PªP\,&lt;le los d~s: ¡pobres!, ¡pobres!..
la invitaba á pasear con él ni nada que fuese end - ~ he tenido la culpa, Polita: usted es la que ha co~trarse _juntos y solos. Era ~ecesario salir de M~f per on~rme; pero en algunos momentos se com- dnd y salir cuanto antes. La vida de verano era mas
p eta en m1 mente la ilusión de que soy su padre y unida, más íntima, y quizás algunos meses de agru-

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parse en torno de su esposa y sus hijos volviesen á
Luis á las antiguas costumbres.
Camita sufría como ella era capaz de sufrir: rabiosamente, herida en el amor propio; y desdeñando, á
cambio de creerse desdeñada. Abordó la cuestión de
viaje: dijo que los niños necesitaban salir de Madrid
cuanto antes, y Pacheco dejó á su mujer la elección
del punto adonde debían dirigirse.
Insinuó algo que á Camila llenó de asombro, haciéndola saltar de cólera: ¡quería que fuesen solos y
quedarse él pretextando negocios!.. Luis presintió
sobre su hogar la más grande de las tempestades y
volvió- sobre sus palabras.
- Iremos adonde quieras y cuando quieras, dijo.
Yo estaré dispuesto cuando tú lo estés.
Aquella noche sentía Luis mayor necesidad de ver
á Pola. Tenía prisa, estaba desasosegado, le parecía
que iba á perderla para siempre y no pudo regularizar los latidos de su corazón hasta no encontrarse á
su lado y oir su voz y estampar el beso fraternal sobre su frente pura y sin mancha.
Pola estaba contenta como nunca. La vida tranquila y regalada había operado un cambio grandísimo en su carácter. Era siempre la niña de aspecto
enfermizo y melancólico, pero también era la joven
de inteligencia formada, de soltura en el decir, de
madurez en el pensar y de sublimidades poéticas en
el sentimiento. Estudiaba y leía mucho, muchísimo.
Las labores de mano eran su martirio. «Bordando
no se ocupa la imaginación,» había dicho un día á
su profesora. « Hagamos un cambio, enséñeme usted
francés solamente.» Quedó así acordado, y á los tres
meses sostenía Pola sus conversaciones en el idioma
de Racine con la profesora. Quería guardar el secreto á su protector.
- Cuando pueda hablar de corrido con él, lo sabrá. Hasta entonces, no, decía.
La noche en que Luis se hallaba preocupado por
la proximidad del viaje era la elegida por Polita para
sorprenderle con sus progresos de idiomas. En el
Conservatorio había comenzado el italiano, que le era
facilísimo, aunque suponía haber olvidado algo; pero
aun así podría lucirse con Luis, que se alegraría, se
pondría muy contento, como siempre que le enseñaba las notas de los maestros: más, mucho más.
Pola había querido interrogar á su corazón alguna
vez sobre los lazos que le unían al bondadoso amigo.
Por poco que supiese, no dejaba de comprender las
pasiones á que el hombre está sujeto: á ella le habían
hablado cínicamente, le habían hecho infames proposiciones que rechazara llorando: suponerla capaz de
semejantes cosas, era juzgarla como no merecía ser
juzgada. Y más que á ella insultaban á su madre tales
proposiciones. Los hombres que la veían entre bastidores cuidando á su hija, protegiéndola con su mirada
y escudándola con su virtud, ¿no comprenderían que
era una señora honrada, la viuda de un abogado ilustre?.. Polita creía que todo el mundo debía conocerles en el rostro que eran diferentes á otras madres y
á otras hijas. Sabía que la protección de los hombres
á las muchachas era pocas veces desinteresada, así lo
había comprendido en su carrera de miseria; sabía
que con la honra se comercia, porque hay muchos
que la compran y algunas que la venden; pero que á
ella la tomasen por una de éstas, le apenaba el ánimo
y le había hecho derramar lágrimas abundantes.
¡Luis! Luis sí que era bueno, sí que era noble: él
no la quería con bastardas intenciones; procuraba hacerle creer que sentía por ella el cariño de un padre ...
¡De un padre! ¡Qué padre tan joven, tan guapo y tan
elegante! Pues ella no hubiese querido ser su hija: no,
no; siendo su hija no lo querría tanto: ¿Acaso había
querido á su padre como quería á Luis? ¡A Luis! Ya
le llamaba por su nombre á secas; él lo había querido
rogándoselo con insistencia, y la verdad era que desde la noche que se aboliera el don tenía más confianza con su protector.
¿La quería éste como lo quería ella? Sí: no cabía
duda: sólo queriéndola mucho se podía hacer lo que
Luis hacía con ella y por ella. ¿Pensaría quizás en que
fuese su esposa? ¿Sería el primero acaso? ¡Oh! Esta
dicha no le cabría en el pecho: hubiera sido tan grande, tan grande, que no creía poder resistirla si llegaba
el caso.
Paseaban por lo alto del hipódromo charlando,
ch~rlando; unas veces en francés, otras en castellano:
Luis se había sorprendido muchísimo y agradablemente, como pensara Pola. ¡Qué abrazo tan estrecho
había ganado con sus progresos! Luis la encontraba
e~ca_ntadora y distinguidísima hablando francés. ¡Qué
d~cc1ón tan correcta! ¡Qué pronunciación tan suave!
S1 parecía una miss londinense empleando el idioma
galo.
Bajaron á la Castellana y tomaron asiento en un
banco del paseo: la noche convidaba á los goces del
alma: la luna estaba en su apogeo, el firmamento ta-

I

chonado de estrellas, el ambiente perfumado, la atmósfera seca y el paraje poéticamente solitario... Luis
había llegado á olvidarse de lo que tanto le preocupaba, del veraneo.
- Polita, dijo Pacheco acariciando una mano de
la niña y mir~ndose en sus ojos, ¿no le llama á usted
nada la atención cuando conversamos en francés?
-No, señor.
- Pues nos hablamos de ttí.
- ¿Sí?, preguntó asustada y poniéndose encarnada
Polita.
- Fíjese usted.
- ¡Oh! Por mi parte ya pondré cuidado para evitarlo.
- ¡No, Pola! ¿Acaso teme usted algo porque nos
tuteemos? ¿No le he dicho usted que soy su padre?
Hablémonos de tú, Polita: muchas hijas usan con sus
padres esta confianza.
- Yo la usaba con los míos.
- Ent?nces, ¿por qué yo he de ser menos? ¿No
me ha dicho usted antes que tanto como su padre
me quiere?
·
- Sí, sí, tanto; ¡acaso más!
- Gracias, hqa mía, gracias: queda pues convenido,
¿eh? ¡Me tutearas! ¡Nos tutearemos!
- ¡Sí!, respondió Pota con voz que salió de sus
labios envutlta en perfumes del alma.
- Comencemos pue3: vamos á ver dime algo·
. ¿No ves que aguardo impaciente?
'
pronto, pront1to.
.. No'
seas cruel, Pola: ¿por qué callas ahora?
- No sé qué decir.
- Con ha~er añadido un pronombre, ya me hubiese~ ~echo fehz: ¡tú, tan gramática, tan juguetona con
el 1d1oma!.. H áblame, Pola· pero háblame mucho muchísimo.
'
'
- ¿Pero qué diré?
. - ¿Ves? No me quieres como á tu padre; si me quisieras ~e complacerías en una cosa tan pequeña, tan
pequen na...
- ¡Sí que te quiero, sí; no te incomodes!
Luis lanzó un grito ahogado, y abrazó á Pola estrechándola fuertemente: no podía soltarla, no sabía
cómo_ enlazara los brazos en su espalda: era tan feliz,
tan dichoso, que la vida se le escapaba en el aliento,
Y el corazón quería saltar hecho pedazos sintiendo
,
'
que era caree\ estrecha la cavidad del pecho.
. Un imperceptible grito de Pola operó rápida reacción en Pacheco; la estaba haciendo daño; él con su
musculatura robusta con sus brazos de gimnasta no
podía menos de tri turar aquel cuerpecito delgado que
parecía quebrarse al contacto del viento.
Luis soltó á Pola diciendo:
- ¡Soy un bárbaro!
Ambos callaron; ninguno de los dos se atrevía á
romoer el silencio.
_-¡Luis!, dijo ella por fin.
- i Pola!, respondió él, como si aquella voz le desper·
tase de un sueño.
- ¿Crees tú que las almas de los que mueren van
vivir á un astro?
- ¿Quién te ha dicho eso?
- ¿Pues yo no leo?
- ¿Pero quién te ha proporcionado esos libros?
- La profesora.
- No; no creo esas cosas.
-¡Qué pena!
-¿Por qué?
- Yo quisiera que las creyeras.
- ¿Que tú lo quisieras? ¿Y por qué motivo?
- Porque si yo me muriese tendrías esperanzas de
volver á verme y sabrías que yo te esperaba en Venus ó en Saturno... no, no, en Venus; es más bonito.
- ¿Y por ·qué te has de morir tú primero, hija mía?
¿Por qué no he de ser yo?
- ¿Tú? ¿Tú?, preguntó Polita con asombro y rodeando la cintura de Luis como si quisiera librarle
de la muerte.
- Vaya, vaya; ninguno de los dos. ¡Valiente tontería!
- Pero dime: ¿crees que podremos estar juntos en
la otra vida?
- ¿Quieres que te engañe?
- No, no; eso es un pecado; no se miente.
- ¡Pues no lo creo!
- Entonces ... si me quieres como yo á ti debes
sufrir mucho con la idea de perderme.
- ¿Perderte?
Esta vez fué Luis el que pretendió salvar á Pola
de un peligro imaginario.
¡Perderla! ¡Qué cruel era esto! Y no había otro re·
medio; sus deberes de padre, de esposo y de caballe·
r~ le obli&amp;aban á ... De caballero, sí: á poco que aquella
vida contmuase, él no podría evitar una explosión de
amor. Pola le amaba, lo conocía: había amor en sus
ojos, amor en sus palabras, amor en sus pensamientos... Y él ... él la idolatraba; y de aquel amor puro,

a

a

a

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

773

céfiro suave, corriente formada por un divino soplo, la trataba? ¡Oh! ¿Y cuándo le proponía que continua·
podía dimanar el vendaba!, la tormenta, el simoun se su carrera? Después de hacerla ver el cielo, des·
aterrador y envolvente.
pués de acostumbrarla á vivir retirada, dichosa por
¡Jamás! Primero la muerte que deshojar la prístina estar oculta á miradas cínicas y feliz por verle él
flor de su pureza. ¡Cometer una cobardía, una infa- sólo, ¡á él, en quien había reunido todos los amores
mia!, porque ambas cosas fuese abusar de la situa- de la tierra y todas las ilusiones del cielo! ¡ Morir!
ción y de la inocencia de Pola, ¡oh, no! Luis, que se ¡Qué bello, qué dulce hubiera sido morir el día antesublevaba contra las miserias sociales ¿había de aca- rior, llorada por Luis y llevándose al mundo del no
bar por ser miserable? El que reprochaba á su propia ser material la idea de reunirse con él alla., en uno de
esposa la pequeñez de sentimientos, ¿había de rebajar- aquellos puntos luminosos que poblaban el firmase hasta ser más pequeño que nadie?
mento!
Callaba, sufría y pensaba. Pola soñaba en aquellos
- ¿Callas, Pola? ¡No me contestas! ¿No quieres
instantes, á juzgar por su mirada fija en el astro de la contestarme? Dime, ¿qué piensas?
noche y por la seráfica expresión de su rostro.
- ~Qué pienso? No pienso nada. Es decir, pienso
- Salve dimora casia e pura, cantó de pronto con q_ue tiene ~sted razón, que debo estudiar, que es preciso cambiar de vida.
voz dulcísima y potente.
Luis se puso de pie como si una corrien°te eléctri- ¡Pola, te lo suplico! Háblame como antes; no
ca le hubiese levantado, y cayó de
rodillas delante de Pola, escondiendo el rostro entre los pliegues de su
falda.
- ¡Pola! ¡Pola! ¡Criatura celestial!,
gritó. ¡Sálvame!
Y rompió llorar como un niño.
Aquel llanto partía el corazón de la
joven, pero los ojos de ésta permanecían secos. ¿Por qué lloraba Lois?
¿Por qué lloraba? ¿Por qué le pedía
á ella, á ella, huérfana infeliz, que lo
salvase? ¿Qué misterio encerraban sus
palabras y qué nueva desgracia le
amenazaba? ¿Algún recuerdo? ¡Tal
vez! ¿Traería á su memoria aquel canto un dolor antes sufrido ó una dicha
pasada?
Pola no tuvo valor para interrumpir á Luis: apretó su cabeza, acarició
sus cabellos y le llamó:
- ¡Luis! ¡Luis! ¡Papá mío!
Pachecó levantó entonces la frente y alzó los ojos hasta encontrar los
de Pola.
- ¡Hija mía, sí, hija mía!
La niña enjugó las mejillas de su
protector y estampó en ellas un beso
filial.
-¿Ha pasado eso, verdad?, preguntó. Pues siéntate tranquilo y dime
Desde aquel día presentaba Pota su tersa frente á los labios de Luis
qué recuerdo trajo mi canto á tu peny éste los estampaba en ella con dulzura infinita
'
samiento y qué pena se ha renovado
en tu corazón.
Pola sufría horriblemente con aspecto de tranqui- me desgarres el alma y compadécete de mis sufrila indiferencia.
mientos. ¿Me juzgas mal, verdad?
Para ella era seguro que aquel Salve dimora había
- Yo no puedo juzgar mal á mi padre, al que me
ha sacado de la miseria, al que ha dado sepultura
evocado recuerdos tristes á su amigo del alma.
- Habla, Luis; dime qué te he recordado sin digna á mi madre del alma; pero comprendo que
debe ser así. Es necesario que trabaje, que gane la
querer.
subsistencia...
-Nada.
- ¡Calla! No sigas. ¡Me supones tan pequeño, tan
-¿Nada?
mezquino, tan raquítico!.. ¿Y eres tú la niña de alma
-Te lo juro.
- ¿Qué tienes entonces?
gigante, la mujer de espíritu elevado, la que no com- No puedo explicarlo: al oir tu voz, que yo no prende miserias ni pequeñeces, la que tan mal me
había oído, sentí pena, alegria, ilusiones, desencan- juzga? No, Pola, yo no necesito que ganes la suhsistos ... todo lo que se puede sentir gozando y sufrien · tencia. Soy rico, muy rico, nunca te lo he dicho dedo al propio tiempo. Jamás se me había ocurrido masiado rico. Si deseo que acabes tu carrera ~o es
oir-te cantar; es más, he llegado á olvidar que estudia- por el interés material que pueda reportarte, es para
~as; p~r~ mí has nacido en la noche triste que te vi regularizar tu vida, para que tenga tu alma la válvula
sm ad1vmarte; me pareces tan mía, tan hija de mis de seguridad que necesita: el arte y la escena harán
afectos, de mi cariño y de mis obras, que no recuer- que no estalle hidrópica de pasión y de sentimiento.
do ni quiero recordar lo que de tu vida pasada me Porque tú me amas, ¿verdad, Pola? Me amas como
has contado. Tu voz, tu voz dulcísima me ha des· los ángeles deben amar, como yo te amo, como yo te
pertado de un letargo indigno de mí, de un sueño adoro, Pola, como te idolatro.
egofs~ y me ha reprochado duramente lo poco que
El corazón de la niña no pudo resistir más. Lanzó
por t1 hago.
un ¡ay!, un ¡ay! ahogado, desplomando el busto so- ¡Luis, por Dios! ¿Lo poco que por mí haces?
b_re Luis, que la sujetó rodeá~dole la cintura y reco- Sí, muy poco. Encerrarte, tenerte oculta, cortar giendo en el pecho su cabecita. Lo menos diez mila brillante carrera de tu vida.
n~tos tardó Pola. en darse cuenta de sí: Luis le pro- No quiero nada, nada; mis afanes de saber, mis digaba palabras tiernas y se reprochaba la imprudensueños de gloria, mis ambiciones a rtísticas han muer- cia de su amor, la fogosidad con que le había hablato; quizás también he perdido la voz.
do,_ todo. se lo reprochaba para castigar su infamia;
Luis estaba resuelto: el llanto había descargado su su 1_nfam1a, ~f; porque lo fuera dejarse vencer por la
pecho; la tensión de los nervios cediera de pronto, y pasión y olvidar sus honrados propósitos.
el cerebro, enseñoreado de su ser moral, dominaba al
Es_t~ pensaba Luis y esto constituía su principal
sentimiento; la sangre circulaba sin apresuramientos martmo.
y el organismo laxado descansaba después de una sa~
Polita volvió en sí paulatinamente. Contestaba por
cudida mortal.
señas á las preguntas de Pacheco, y por fin habló
- ¡Pola, hija mía!, dijo pasados los momentos de pero tan débilmente que apenas se despegaban su~
vacilación, debes continuar tu carrera pero no aquí· labios.
en Italia.
'
'
No llegó á reanimarse completamente; pero en
La niña sintió un dolor tan agudo en el alma que cuanto tuvo fuerzas para caminar, tomó el brazo de
creyó morir y no pudo articular palabra. La ec'haba Luis y se pusieron en marcha.
de su lado, quería alejarla, le pesaba... Era natural:
- Nos meteremos en el primer coche que enconya le parecía á ella demasiada felicidad y demasiados tremos, dijo Pacheco.
- ¡No, no, que llegaríamos antes!
s~cri~cios por ~arte de él. ¡Lejos! ¡lejos! ¿Y podría vivir l,eJOS del tímco s~r que tenía en la tierra, del que
babia reemplazado a su madre, del que como á hija
(Continuará)

a

a

�774

NúMERO 622

L A ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA

ORQUESTA ELÉCTRICA

1.

775
UN CAÑON TORPEDO SUBMARINO

Fig.

2.

El queso monstruoso de 10 .000 kilogramos, en la
Exposici6n de Chicago (de una fotografía)

ciudades de la Gran Bretaña y de Irlanda. ¡Pasear
por las ciudades de la Irlanda pobre y famélica tal
prodigio alimenticio! ¡Qué crueldad!, J;s preciso ser
inglés para concebir tal idea.
Si el bueno del queso canadiense se acuerda durante su proyectada excursión de su origen francés,
se secará de vergüenza.
MAX DE NANSOUTY

Entre los buques de guerra que el gobierno brasileño ha comprado recientemente en los Estados
Unidos figura el Destroyer, que ha sido construido
seg1ín los planos del famoso capitán Ericson.
La particularidad que distingue á este buque
es un cañón submarino colocado en la proa, que
puede lanzar un proyectil torpedo á unos 100 metros de distancia: el cañón está situado á unos tres
metros debajo de la superficie del agua; se carga
por la culata, y por medio de una serie de palancas la válvula que hay colocada en la boca se
abre automáticamente y se cierra del mismo modo después que ha sido lanzado el proyectil. Este
es un torpedo de acero de 9 metros de longitud
y contiene en su cámara anterior una carga de 14
kilogramos de algodón pólvora que hace explosión en el punto de choque.
El Destroyer, que tiene 39 metros de longitud,
es de hierro, y su proa y su popa tienen la misma
forma, de suerte que puede moverse con igual
velocidad en ambos sentidos: está protegido por
un doble puente blindado, y el espacio entre ambos puentes, ó sea en una altura de 90 centímetros, está lleno de corcho y de sacos de aire.
Una especie de coraza de 60 centímetros de
espesor, colocada en la proa en ángulo de 35 grados, está sostenida por 1 '50 metros de armadura
y asegura la protección de la tripulación y de las
máquinas, poniéndolas á cubierto de los disparos
del adversario.
En su posición de combate el Destroyer sólo expone fuera del agua unos pocos cen tímetros de superficie, de suerte que presenta muy escaso blanco á los
proyectiles enemigos. El cañón submarino se dispara
por medio de un circuito eléctrico que pasa por la
torre vigía, situada detrás de la armadura y desde la
cual se puede cerrar el circuito.
(De La Nature)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA dirijanse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue 0aumarttn,
núm. 61, Paris. - Las casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. 0 alvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

~
-

,

L.llT AIITtHtLIQOI -

LECHE ANTEFt L

Transporte del queso monstruoso del Canadá ( Mammot/1 cheese) / d~_su carromato por la vía férrea
á la Exposici6n de Chicago, - Llegada con la charanga ele Pensrlvama (de una fotografia)

Sea ptlr talta de tiempo 6 ¡:Jor escásez de invéntiva,
es lo cierto que los organizadores de la Exposición
de Chicago nada han hecho que merezca ser recordado con el carácter antes indicado.
La concepción más sorprendente en este orden de
ideas ha sido la rueda de Ferris que reprodujimos y
describimos en el número 608 de LA ILUSTRACIÓN
ARTÍSTICA. Fuera de este clou curioso, pero de interés
secundario desde el punto de vista práctico, pueden
sin embargo citarse algunas exposiciones especiales
que han presentado un carácter original. A título de
tal citaremos el queso monstruoso canadiense que
representan nuestros dibujos, copias de fotografías.
El queso monstruoso, el Canadian Mite como lo
llamaron sus expositores, simboliza la actividad y la
potencia de la industria lechera en el Canadá: en esta
rama de la industria agrícola no había de tener competencias, como lo prueba el hecho de que de las
135 medallas y diplomas otorgados á la industria
quesera, se ha llevado 126.
El queso monstruoso viene á ser como el monumen•
to conmemorativo de este triunfo: tiene 1 '80 metros
de altura, 8'50 de circunferencia y pesa unos 10. 000
kilogramos; para la fabricación de una pieza de tal
magnitud se habrá necesitado toda la leche que en
un día hayan dado , 0 . 000 vacas.
Confeccionado en la Dominion Experimental Dat··
ry Stahon, Pertlt Ontan'o, el Canadian Mite ha puesto á contribución para hacer su entrada en el mundo once queserías de los alrededores durante algún
tiempo y ha sido comprimido en un molde cilíndrico
de_ acero que conservó durante la exposición á fin de
evitar que se deformara por los lados: las dos bases
qued~ban, sin embargo, al descubierto. Dos gorrones
permiten moverlo de arriba á abajo cada seis semanas, cambiándolo de posición, operación indispensable para que pueda conservarse aquel queso colosal.

DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

Catarros,Mal de garganta, Bronquitis, Resfriados, RomadiJ.os,
de los -Reumatismos, Dolores,
L ~agos, etc., 30 años del mejor

JARABE

éxito a testiguan la eficacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

.

Bromuro
de
Potasio
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

• RRUOAI PIIEOCICEi

•

D1p6slto 1n tottas tas Farmacias

EFLOREBCENCL\I

ROIECES

Soberano remedio para rápida curacioll de las Afecciones del pecho,

Desde hace mas de 40 años, el .Jarabe Laroze se prescribe con éxito por
\&lt;&gt;dos los médicos para la curacion de las gastritis, gastraljlas, dolorea
y retortijones de estómago, estreñimientos rebeldes, para facilitar
la digestlon y para regularizar todas las funciones del estólfia¡o 1 de
.los in~stinos.

a1

,.,. ............. üe,e
1, LEIITEJAI, TEZ AIO
1.t.RPUl.1.IDOB, TEZ M1U1.

~PEL WL

Jarahe Laroze

Orquesta eléctrica de J. B. Schalkenbach

podido admirar allí la grandiosidad de los edlficids y
los progresos de la industria norteamericana, pero
no han encontrado el asunto nuevo, inédito, sorprendente por su concepción ó por su ejecución, que se
ha dado en llamar el clou de las Exposiciones uni*
versales. En París, en 1867, el clou fué la forma del
**
palacio que realizaba con raro acierto la clasificación
EL QUESO MONSTR UOSO DE LA EXPOSICIÓN DE CHICAGO
económica del ilustre Le Play; en 1878 el Palacio
Los visitantes de la Exposición de Chicago han del Trocadero; en 1889 la torre Eiffel.

Fig.

L A I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Para transportarlo á la Exposición ha. sido preciso construirle un carro especial que no sin gran•
des trabajos lo condujo á Chicago, en donde fué
recibido por la charanga de Pensilvania. La fi.
gura 1 representa la ceremonia de la llegada del
queso á la Exposición. por ferrocarril. En el primer vagón hay el armatoste que ha servido para sostener durante la World 's hiir la instalación quesera canadiense; el segundo sostiene el
queso encerrado en su vaina de acero. La figura
2 reproduce el aspecto del queso expuesto en Chicago.
En el sitio que allí ocupó fué preciso apuntalar el subsuelo, pues su primer acto, digno de
un gigante de tal calibre, fué hundir el pavimento.
El jurado de la sección de Agricultura, procediendo con un rigor que tanta grandeza hace
aparecer aún más severo, no quiso creer bajo sola palabra en las cualidades que la Domim'on Experimental Dat'ry Stah'on atribuía á su obra; así
es que se practicó una sondeadura en los flancos
del monstruo hasta una profundidad de 70 centímetros, y los peritos cataron concienzudamente
aquel producto que, á lo que parece, encontra•
ron exquisito, juzgándolo digno de la más alta
distinción.
Todo parecía indicar que aquel coloso sería la
pieza de resistencia de algún banquete pantagruélico de clausura de la World 's Fair: esa ágape
hubiera dejado en el espíritu de los invitados,
además de la admiración producida por el tour de
force industrial, aquel especial agradecimiento, á veces sincero, que aquende el Atlántico se denomina
«el agradecimiento del estómago.))
Pero un inglés acechaba el famoso queso con aquel
espfoitu de lucro que caracteriza al anglo sajón, y apenas cerrada la Exposición colombiana, el Barnum se
propone pasear su presa sólidamente encadenada sobre su famoso armatoste á través de las principales

SECCIÓN CIENTÍFICA

La electrotécnica celebra actualmente un
gran triunfo con la orquesta eléctrica inventada por J. B. Schalkenbach, que excita la
admiración de cuantos visitan el Palacio
de Cristal de Leipzig, en donde funciona.
Este invento parece realizar uno de los
cuentos fantásticos de Hoffmann, y en verdad que el que oye las combinaciones de
sonidos que por todos lados se producen
merced á la erectricidad, se cree transportado al país de las maravillas. El inventor
maneja aquel instrumento de una manera
admirable, sacando de él efectos realistas
de mil formas á cual más bella y sorprendente y sonidos dulcísimos y llenos de sentimiento.
La forma del instrumento es la de un
gran pianino ó armónium con dos teclados
sobrepuestos, por medio .d e los cuales y
merced á un ingeniosísimo sistema de tubos se producen todos los sonidos. A derecha é izquierda de la parte superior del instrumento central hay unas aberturas de cobre en forma de tubos por donde se escapan los sonidos. El instrumento está en comunicación por medio de alambres eléctricos con un gran número de instrumentos
secundarios distribuídos por todo el local,
tales como el xilofón, el tambor, el trino de
los pájaros, el tamtam, etc., bastando oprimir un botón de marfil de los que se ven
sobre los teclados para que funcione el registro que se quiera, y de la voluntad del
ejecutante depende extasiar á los oyentes
con algún idilio acompañado del dulce vibrar de las campanitas, ó entusiasmarles
con algún himno bélico con sus cañonazos
y disparos de fusilería, y todo ello sin más
que doblar la muñeca, la rodilla ó el pie.
E l pedal es de gran importancia para el
aumento de sonoridad y los efectos de vibración.
Aunque la orquesta eléctrica sirve principalmente para la música de gran efecto que
pudiéramos llamar• sensacional, puede ser
también utilizada para eJecutar música seria: lo que _sí requiere indispen~ab!emente
es un gran local.
El inventor de este instrumento, alemán
de origén, aunque la suerte le llevó en edad
temprana á Inglaterra y á Francia, un~ á
sus grandes aptitudes · musicales va~tos conocimiéntos electrotécnicos: esa umón de
dos cualidades que rara vez suelen encontrarse juntas en una misma persona, es indispensable también en el que quiera tocar con éxito la orquesta eléctrica, pues sólo así conseguirá los
necesarios efectos.
(De la lllustriel'fe Zeitzmg)

NúMERO 622

~

Al?J:OL
delos O'.. JORET 8 HOMOLLE
El APIOL cura los do/ore, , ret,1101, I UP,..
f/41'dlrtu .
Pero con frecuencia ea falsificado. El APIOL
verdaderoL.únlco eficaz,es el de los tnven-

1/one, de l11 Bpooaa, aal como lu

to,.es, los uli• .JORET-y BOllOLLE.
MEDAL1.AS E,p .. Unlr'"LONDRE8166Z- PA R/81689

Es el remedio mas eficaz para combatir las enfermedades del corazon,
la epilepsia, histéria, migraña, baile de S•-Vito, insomnios, convulsion es y toa de los niños durante la denticion; en una palabra, todaa
las afecciones nerviosas.
_
.•

,.,.. BIUUT, m, m l1AJ,oll, PUJS

Fábriu, Espediciones: J.-P. LAROZE

! , roe des Lions-St-Panl, i París.
Deposito en todas las principales Boticas y Dr og11er iaa
contra las diversas

LABELONYE

CARNE HIERRO
yQUINA
llDido a los '1'6nicoa maa reparadoru.

El Alimento

11W fo~ l e

VINO FERRUGINOSO AROUD

T l¿OM TODOS LOS PIJNCIPIOS NUTJUTIVOS DB U CARNE
c,aan. mEaa• Y. •llD&amp; 1 Diez anoa de ex:tto continuado y las a1lrmactonea de
todas las eminenciaa médicaa preub&amp;D que esta aaociaclon de la Clal'lle• el Bierro y la
conaUtuye el reparador mas enerl!ico que se conoce para curar : la Cwrólíí, la
lMmta, las Memt1""41Mf1U dolorolal, el Jlmpobredmtfflto y lá ..tlttracwtJ de la Sangre,
el Jlaqr"tumo, ld.8 J f~
ucro{Ulola, Y u cor&amp;utfcal, etc. &amp; l'iae Perrast■H• de
&amp;reull ea en efecto, el único que reune W&lt;lo lo que entona y torta.Ieee los organoa,
regulartsa' coordena y aumenta considerablemente l u tuerzu 6 tntunde a la ~
empobrecida y descolorida : el Y(qor, la COlof'IJCWII y la .BMrqla "'' "'·
Por M'I/Of' e11 Paria, en euade J. FEW,f armat.enlieo, tot, rue Richeliea, Sucesor de AROUD.

••1-

•

Sil VDDS BN TOO.lll U.S PalMCIP.u.&amp;'l BOTl&lt;aS

•EXIJASE .i~º~ AROUD
1

Afecciones del Corazon,
Hydropesias,
Toses nerviÓsas;
B ronquitis, Asma, etc,

Fe;~~1!o~~~ª~/:i:~s la Grageas al Lactato de Hierro de
Empobrecimiento de la Sangre,
GELIS&amp;CONT.É
etc.
Anemia, C lorosis,
Debilidad,

Er11

Aprobadas por la Academia de Med1c/aa de Parls.

.90t1'""'ª
y Grageasde
••

HEIIIOSTATICDel mas PODEROSO

que se conoce, en pocion ó
en injecclon ipodermfoa.
Las Grageas hacen mas
- • • - --••••- - ••-•-•••• fácil el labor del pa1·to y

~ i{ell}il~1!):{IH~J,~ll

Medalla de OrodelaSªddeF1ªdeParis ·aetienen las perdidas. •'
LABELONYE y C'ª, 99, Calle de Aboukír, Paris, y en todas las farmacias.

.
E
R
PITE EPILATOIRE Duss

destruye ·ba.sta fas RAICE'-S el VELLO del roslr? de las dam~s (D~rba, Blg_ott, etc.), S!D
ningun pehgro para el cutis. SO Años de Éltlto ,ym1llam de l&lt;'sumomo1garant1za_o la eflcam
de esta preparacioo, (Se vende en oaju, ~ la barba, y en 1/2 oaJu para el b1go1e hg,ero). Para
los Lrazos, empléese el P l L l f U IUJJ, D'O'SSER, 1, rue J ..J ,•Rou1&amp;ea1 : Para.

�LA

ILUSTRACIÓN

NúMERO 62 1

ARTÍSTfCA

LIBROS ENVIADOS Á ESTA REDACCIÓN

f)or autores ó editores
GRAMÁTICA DE LA LENGUA CASTE•
LLANA, AMPLIACIÓN SINTÁCTICA, por

R. Mo,mer y Sa11s. - El distinguido ca·
tedratico de la Escuela Nacional de Bue•
nos Aires, continuando su Grat11ática de
1. º y 2, 0 a11o, ha publicado la Ampliación
sintáctica correspondiente al tercer año,
en la que lo mismo en la teoría que en
los ejercicios prácticos demuestra su autor cuán á fondo conoce el idioma caste·
llano y el estudio que ha hecho de los
clásicos españoles. El libro ha sido pu•
blicado en Buenos Aires.
RAJOLINS, per A11to11i Careta y Vida!.
- La Biblioteca Popular Catalana ha pu·
blicado su sexto volumen, que contiene
seis bellísimas narraciones del conocido
escritor Sr. Careta y Vida!, casi todas
ellas justamente premiadas en públicos
certámenes. Véndese á 50 céntimos de
peseta en las principales librerías y en la
Dirección, Montaner, 10, Barcelona.
LA ODISEA DE PABLO MORPHY EN
LA HABANA,
Andrls Clemente Váz-

por

quez. - Bien conocido es entre los ajedre•
cistas el nombre de Pablo Morphy, quien
después de varios triunfos obtenidos en el
noble juego en las principales ciudades
americanas, estuvo en la Habana en 1~62
y 1864, venciendo á cuantos con él lucha·
ron y admirando á todos los aficionados
por su sin par maestría. D. Andrés Clemente Vázquez, cónsul general de Méxi·
co en la Isla de Cuba, ha reunido en un
interesante folleto, que ha publicado la
Biblioteca de El Fígaro, los artículos que
la prensa habanera le dedicó y las principales partidas por Morphy jugadas.

SANTANDltR. - DEPÓSITO DE LA COMPAÑÍA ARRENDATARIA DE TABACOS

(de fotografía de D. L. Linacero remitida por D. Antonio Berdegué)

GARGANTA

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&amp;dh. DETIIAN, Fu'lllaoeu\loo en P.11118

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Exijase la firma y el sello
de garantia.

4empHarcuaacuv,cu

GRANO DE LINO TARIN

DE

Con iodu.ro

no titubean en purgarse, cuando lo
necesitan. No temen el asco al el canrancio, porque, contra lo que mcede con
los demas purgantes, este no obra bien
1ino cuando se toma con buenosalimento•
1 bebidas fortificantes, cual el vino, el calá,
el U. Cada cual escoge, para purga,:se, la
hora y la comida gue mas le conviene.a,
segun sus ocupac1011e1. Como el causan
c10 que la purga ocasiona queda completamenleanuladoporel efecto de la
buena alimentacion empleada, UJJO
se decide !4cilmente 4 volver

COLICOS
IRRITACIONES
ENFERMEDADES
DEL HIGADO
Y DE LA VEJIGA

PARIS

E:rijarte /a,
caja, de ko¡a de lata

••

.'

Una

cucharada

por la manana
y otra por la tardo
'.!',1 OD la cuarta parto
~. ••
do UD vaao
En toda, deagna6delecbo
/01

J•rmatia,

U CAJA: 1íft.30

40, rue Bonaparte, 40

Pepsina Boudault
Aprobada por la ACADEIU DE IEDICIU

PREMIO DELINSTITUTO Al D' CORVISART, EN 1856
lltlod11l11 en 111 B1poalclonu lnternaolonalu de

Pn!S - LTOI - TIEU - PlllLiDELPIU - PillS
188'7

1m

u

uns

a■,u, COR

1876

at ■,TOt esaro o

ur,a

t..ta

DISPEP81A8
0A8TRITIS - 0A8TRAL01A8
DIQESTION LENTAS Y PEN08MI
PALTA DE APETITO
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ELIIIR. • de PEPSIR.l IOUDAULT
VINO • • de PEPSUU IOUDAULT
POLVOS, 4e PEPSIN1 IOUDAULT
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ffl 1&lt;1.1 prlnc{Pf'Üf (4""4cf&lt;lt,

CARNE y QUINA

11 Allmento mas reparador, unido al T6Dico maa ener¡ico.

VINO AROU oCON QUINA

T CON TODOS LOS PJlIMCIPIOS fflJTBlTIVOS SOLtJBLBS DB U CARNE
c,.-a.'nl: 1 QIJIIH I son los elementos que entran en la compostclon de este potente

reparador de las tuerzas 'rita.les, de esie foni8ea■MI par eaeele■ei11, De un gusto sumamente agradable, es BOberano contra la ,tnem'4 1 el Apocamknto, en las Calenturo,
1 COltoaücfflCÜU1 contra las D1aN'eaa y las , t f ~ del B1tomaqo y los 111te6"no,.
Cuando se traia de despertar el apetito, asegurar las dlgeat.lones, reparar las ruems,
~ecer la sangre, entonar el organismo y precuer la anemia y las eptdemtu pro,oClldai por los calores, no se conoce nada superior al Yt■• de
de &amp;reatL
,P(ff' ffl411tw. ell Pari~ en casa de 1. FERRt, Farmaceutico, 10!, rue Richelieu, SIICIIOI ddJ\OtJD.
tlS \'BMDB BN TODAS LAS PIWfCIPALU BoTICU.

••in•

EXIJASE eli:or.:, ARDUO

Querido enflrmo. -F/111 Vd. I mi /arta uper/enora,
• h&amp;ga u10 de nuestro, 9RAN0Sde SALUD. pu.. t/111!
'e ourarln de 10 con1t11110Tbn, le darin apetito .f i
dtro/rerln el 1ueño , /a a/ttrra. - A11 ririrl Vd,
111uoho1 añoa, 1111rrurando 111m11re d• una buena ,alud.

Quedan reservados los derechos de propiedad arústica y literaria
IMP, DR MONTANER Y SIMÓK

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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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