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11tí~t1e~
A:&amp;o XII

BARCELONA 4 DE DICIEMBRE DE 1893

NÚM. 623

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA ÜNIVERSAL ILUSTRADA

MUERTE DEL BEDUINO, cuadro de C. R. Huber

�•

NúMERO 6~3

LA ltusttuctó!f ARrfs1'tcA

me ha subyugado. Comparé, y entre lo pasajero y 1o 6 el que representa hechos heroicos, ó tiende á mos•
extraordinario, como es la guerra, y lo perenne y lo tramos una fase cualquiera de los grandes problemas
Con el pr6ximo número repartiremos á los señores suscripto· eternamente bello, como es la Naturaleza, no vacilé de la vida moderna?
res de la Biblioteca Universal el primer tomo de TRADICIONES
A este país de los pinos no Ilegán los chasquidos
un instante.
PERUANAS, ilus\rado por D. Nicanor Vázquez.
de la mina que el egoísmo, las ambiciones y las fór«De mis soledades vengo,
mulas positivistas de la sociedad moderna abrieron, á
A mis soledades voy.¡¡
SUMARIO
la par de los negros abismos donde la hulla torna de
¡Oh! No hay duda, no; la vista de esos paisajes su color, el corazón y los deseos redentores del ~ineTexto. - verdades y mentiras, por R. Balsa de la Vega. -Al
me
recordó otros; y ya que el recuerdo viene á mí, ro; ni llegan tampoco los lamentos del burg~és que
borde de la tumba, por M. Ossorio y Bernard. - Los sttcesos
como
si quisiera obligarme á no ceder en el empeño rendido por el titánico esfuerzo hecho para asirse del
de Melilla. Crónica de la guerra, ¡)Or M. Martínez Barrionuevo. - Tánger, por X. -Nttestros grabados. - La Pola (con- de mostrar - siquiera sea por medio de la palabra es- único cabello de la fortun:1, rueda exánime, agotada
tinuación), novela original por Eva Canel, con ilustraciones crita - lo cierto de la tendencia nueva del arte, por la vida del espíritu, deshecho el cuerpo, aniquilado
de J. Cabrinely. ..: SECCIÓN Cl&amp;NTIFICA: Los baflos del Pe• su belleza perdurable, por ser en la gran madre don- por la atmósfera mortífera que flota en estas grandes
11ón en México. - El Jttdlo errante en la Salpetriere. - Foto· de reside toda inspiración y todo amor, ahora ofrez- capitales, en estos circos, al parecer sin fieras, pero
grafla en colores.
co en estas columnas á la consideración de cuantos de donde todos salen heridos, mortalmente los más.
Al seno de estos vallecillos, guardados por espesos
Grabados. - Muerte del beduino, cuadro de C. R. Huber. - me lean y como contraste de los cuadros guerreros pinares, los que con las agudas lajas del monte les
que
intenté
dibujar
en
otra
ocasión
y
de
las
sensacioTipos árabes, tres dibujos de José Benlliure. -En el Pare
ocultan del resto del mundo, el arte como el artista
Mo11rea11, cuadro &lt;le Ramiro Lorenzale. - Nttevo puente sobre. nes estéticas que aquéllos producen, otro cuadro disdebe venir á buscar vida, color, línea firme y robusel Vístula, en Fordon,y m interior, dos grabados, de fotogra- tinto y otras sensaciones.
ta. Al seno de estos vallecillos no pueden ir la moliAhí
va
el
cuadro.
fia. - Tipo moro, M1isico árabe y Una mezquita en Uazán,
Allá, siguiendo la carretera de la costa, los pinares cie, la moda, el agiotismo, la cortesana, el político, el
dibujos de G. Montbard. -Jlfártires cristianos en el circo,
cuadro de G. Mantegazza. - .Desterrados á Siberia, cuadro coronan las montañas, bordan las laderas, sombrean novelista de la neurosis, el pintor de las llagas de las
de W. Schereschewski. - Mecquita de Tánger,. - Bailarina los torrentes; y los pinos, desplegados en batalla co- lacras sociales, el pintor de la materia, de esa mate·
berberisca en ttn campamento de askaris. - Baterla de la citi· mo soldados gigantes de colosal ejército, parecen re- ria envuelta en sedas y con adobos de menjurjes olodadela de Tánger. - El capitán D. Frands,:o A1'tza, jefe de gistrar sombríos toda la extensión del turbulento mar. rosos y podredumbres de orgía. La moda, porque desla sección de penados guerrilleros m Melilla. - Estableci- El ruido rle las pisadas del campesino se pierde en- garrarían sus trajes el punzante tojo y la áspera peña;
miento de aguas minerales del Peñón, en México (de fotogra- tre el bramar del Oeéano y el zumbido melancólico la molicie, porque no podría caminar al borde del
fía). - Figs. I y 2. Teófilo M. y Moser B ... , llamado Moisés,
de las ojivales copas de los árboles de oro. La hoja precipicio y pisando el quebrado sendero; el agiotista,
israelitas, neurópatas viajeros. - La eswadra inglesa del Jlfe·
seca
de éstos tapiza el suelo, despidiendo aromático porque se creería muerto para el fraude; el político,
diterráneo.
resinoso olor; el tojo con sus flores amarillas y sus porque de maestro de conmover las masas én el copunzantes y espinosas ramas crece á la protectora mité y en el Congreso, se encontraría pequeño ante
VERDADES Y MENTIRAS
sombra de aquellos árboles; las peñas se miran cu- la oratoria sin palabras de la Naturaleza, oratoria que
biertas por el aterciopelado liquen y por entre las res- así conmueve las entrañas del sabio como las del niPor ley natural, el hombre, aun aquel que con ma- quebrajaduras de las peñas asoman sus corolas los ño; el novelista de la neurosis, porque el mar le escupiría al rostro la vida que él no siente en sus veyor aplomo juzgue y estudie las cosas todas que ten- diminutos y poéticos Forget me not.
gan excepcional interés; aun aquel que más fríamenLa brisa marina, moviendo blandamente las copas nas ni presiente en la de sus modelos, y el pino le hate pueda apreciar y discutir de hechos que tengan el de los pinos, les hace remedar largo y monótono can- blaría en lenguaje para él desconocido; el pintor,
privilegio de exaltar el ánimo, no tan sólo del indi- to onomatopeyo; y al fondo de la barranquera por don- porque no adivinaría la profunda verdad de tanta y
viduo, sino el de la colectividad; aun aquel, en fin, de se desliza humilde y silencioso el riachuelo, llega severa ~moción estética como encierran el turbulento
cuyo temperamento se someta á los fríos mandatos grave y melancólico aquel murmurio solemne, casi mar, el río montañés que escapa receloso como 111011tade la razón, y anulando los impulsos del sentimiento, humano, interrumpido de cuando en cuando por el 1iés legUi1110 por 110 ver gente, el estrecho valle, el empiense, sienta y obre con arreglo á la lógica del de- encontronazo de las olas con los escollos que del pinado monte.
Toda esta filosofía, todo este valor estético, toda
terminismo más inflexible, aun ese mismo hombre no monte avanzan á su encuentro; encontronazo que repuede sustraerse al cabo y en determinados instan- tumba en todo el valle que allá abajo, muy abajo, esta belleza plástica existen en el cuadro del género
bucólico. En la reproducción pictórica de uno de esos
tes á la sugestión de ciertas ideas, como contras- verdea.
te de otras, cuyos caracteres se definen ó dibujan
Nada más abrupto, nada más rudo y grandioso grandes episodios de la guerra, el artista traslada al
por sentimiento é inconscientemente en nuestro co- que este paisaje que intento describir. Decidme si tal lienzo un movimiento exaltadísimo - hasta rebasar en
paisaje no tiene la belleza subyugadora que puede ocasiones las lindes marcadas por la naturaleza á la
razón.
Y digo esto recordando cómo en mis anteriores ejercer sobre nuestro espíritu influencia moral capaz razón - de un sentimiento grande, pero definido, conartículos, sugestionado por los acontecimientos de ex- de llevarnos al más alto grado de sensibilidad para creto; en la reproducción del cuadro arriba descrito,
cepcional importancia que se están desarrollando en la especulacióJl ética. Y ,sin embargo, á estas líneas el pintor debe fijar en el lienzo con parecido grande
las líneas no advertidas en el paisaje, en el mar, en
Marruecos, y que llevan cam_ino de conducirnos á hay que unir el color, cuyo encanto es indefinible.
Allí está el pinar, el pinar azul cuando el sol des- la figura campesina, más que por el artista mismo;
extremos temidos hace tiempo por las naciones todas
de Europa, me he ocupado en definir á la ligera el aparece tras de la inquieta línea del Océano y de los líneas que son al cuadro bucólico lo que al militar
valor filosófico y estético de un género pictórico, hoy valles se eleva la bruma, finísima, refrescante, que el movimiento pasional, el espíritu dramático; lo que
cultivado con gran cariño en los mismos pueblos acompaña al crepúsculo vespertino; el pinar negro, al histórico la compenetración psicológica de los perdonde se ha iniciado la evolución mística del arte; y cuando desde el cenit los rayos solares le hieren per- sonajes y del ambiente; lo que al de género el anácomo en este instante, por ministerio de esa ley natu- pendicularmente y por los claros de los troncos de lisis íntimo y delicado del motivo social que lo insral del contraste y obedeciendo también al cabo á la los pinos se mira el luminoso color cobalto del mar, pire.
influencia de lo que es inmamente en mi carácter, sirviendo de fondo al bosque gótico y sombrío siemPara mí tengo por cosa-cierta que esa interpretaesto es, oponer hechos á hechos, casos á casos, efec- pre; el pinar gris, cuando la niebla, á la carrera, sal- ción del sentimiento místico que produce en el artistos á ·efectos, y sobre todo el deseo de no encerrar vando con silencioso vuelo picachos y altas crestas ta la contemplación de la Naturaleza, es cosa de por
estos artículos dentro de límites de un solo punto de abate al cabo el fantástico volar para envolver en sus sí tan abstacta, tan difícil de concretar con el pincel,
vista, me obliga á, enfrente de una idea sustentada, impalpables gasas húmedas las aldeíllas del valle, le cuanto más dulce y serena y profundamente moral es.
oponer otra diametralmente opuesta; pues entiendo oculta ofreciéndolo á nuestra vista como inmaterial De ese encanto que se ve y se adivina á un tiempo en
que solamente del estudio de las distintas manifesta- y fantástico coro de monjes encapuchados; el pinar el espectáculo de la Naturaleza, brota viril, pero temciones del sentimiento por medio del arte puede al- á trozos de plata, á trechos negruzco, cuando la luna plada, la emoción estética, invadiendo el ánimo como
de enero le baña con los rayos de su luz fría y blan- las brumas el valle; así como mirando la función de
canzarse á columbrar la verdad.
·
Después de todo, las tensiones psico-físicas á que ca, cual la del globo esmerilado que encierra la lumi- guerra, esa emoción se produce en grado superlativo,
nos obligan estos grandes extraordinarios casos que naria que alumbrará el final del siglo x1x; el pinar pero obligando al espíritu y á los sentidos á una tenforman época en la historia de los pueblos, no pue- verde, cuando la tramontana invernal obscurece ó si~n terrible. Y sin embargo, por tan distintos caden resistirse á una misma intensidad mucho tiempo. quema la hoja del álamo y arranca la del manzano y mmos y con tan diferentes motivos viene el arte á
Ni la vida de un pueblo y desarrollo de esta vida del chopo y la hierba del prado se torna del color cumplir una misma misión y á producir un mismo
efecto.
pueden suspenderse por motivo alguno, aun cuando de la tierra.
¿Fáltale á este paisaje algo que le saque de su eseste motivo sea, como al "presente en España, una
Hablo de la misión del arte, y cualquiera creerá
guerra. Que por virtud también de las energías que tática y le muestre á los ojos del artista, más que co- q~e me refiero á algo utilitario, aun cuando esta utilidespierta tal contingencia, las ideas, aun aquellas que mo sujeto, como escenario donde se exhiban el amor, dad sea, como entienden ciertas escuelas filosóficas
parecen más distanciadas de lo apuntado, adquieren la familia, los estremecimientos de la pasión?.. Colo- puramente pedagógica. No, ciertamente. Ya he dich~
más vigor, más persistencia, por la fuerza de su vir- cadle el tipo que le corresponde. Allá va la mocita, alguna vez y en este lugar mismo que el arte no puetualidad. Y especialmente las ideas que en busca de con su pañuelo de brillantes colores anudado sobre de, no debe ser e.og~atizante ni pedagogo; sería limilo eterno, de lo inmutable, como son la belleza y la la cabeza y envolviendo las largas trenzas, el brazo tar la esfera del sentimiento, de la inspiración, de la
verdad, se agitan y manifiestan al sentimiento por desnudo, el rastrillo de madera al hombro y la soga v~rdad, de lo.~ello. !-,o que hay es que el arte, ejermedio del arte, esas prosiguen en su desenvolvimien- de juncos en la mano, ceñido el talle por justillo prie- c1e~do como e1erce mfluencia innegable sobre el esto y alcanzan su plenitud, quizás más rápidamente, to y sobre él corto pañuelo de talle estampado, los píritu, sobre nuestra sensibilidad nerviosa, sobre nuescuando por una causa extraordinaria la actividad de pies desnudos y canturriando la canción de sus abue- tro _temperamento en cuanta parte éste tiene de psicolos. Allá está en lo más áspero del pinar el mozo ro- lóg1~0, y como el objeto de aquella entidad es el de
un pueblo se acrecienta.
He aquí la razón que invoco para hablar hoy, des- busto, inmediato á él la carreta á que están uncidos realizar lo be~lo, y lo b~llo está en la verdad, y la verpués de mis anteriores artículos, de la e~olución mís- los ~ansas ~ueyes, hoz en mano talando el tojo, re- dad por sí ~1sma es siempre noble y única, y la más
tica del arte, cada día más acentuada, como he dicho cogiendo lena seca, cargando el carro y desaparecien- alta expres1ó~ de lo que no es sino lo que es, claraal comenzar este escrito, en las naciones donde el es- do al cabo en el hondo camino del monte. Allá está... mente se_ advierte cómo su influjo en el hombre ha
Qué quieren mis lectores; yo encuentro en este de revestir un carácter eminentemente relativo por lo
píritu guerrero predomina. Me pareció oportuno volver á discurrir respecto de la nueva escuela estética, paisaje, hondamente místico, realismo hasta no po- que atañe al sentimiento.
porque he visto hace unos días varios cuadros ingle- der más, motivo grande para, si de filosofar se trataY es indudable que, aun en el temperamento más
ses, donde esa escuela, mejor dicho, ese sentimiento se, decir algo que contrastase con la filosofía de los rebelde para e_l &amp;ustar de las emoci_gnes templadas y
contemplativo que hoyinvoca el artista moderno al otros géneros pictóricos. Pues qué, ¿no tiene tanta puram~nte su1_etivas del arte, éste ejerce influencia
estudiar la Naturaleza, se advierte con tal fuerza que importancia y valor moral como el cuadro histórico moral maprec1able, y le lleva á sentir la misma emo-

NúMERO

6~3

LA

•
do excepcionalmente extraño en aquella desgracia;
el casi completo abandono en que mi pobre amigo
había fallecido, contando con familia numerosa; el
abultado sobre que poco antes de fallecer me había
confiado, con el expreso encargo de que no lo abriera hasta después de su entierro; la recomendación de
que su cadáver permaneciera tres días en el depósito
y sin recibir sepultura, y la suplica de que yo le visitara en cada uno de los tres dfas.
¡Pobre Pablo! Siempre había sido maniático y extravagante; pero como ·esto no era un obstáculo para
dejar de cumplir sus últimas voluntades, durante tres
días le había visitado en el depósito de cadáveres, y
una vez transcurrido el plazo habíase dado cristiana
tierra á su cuerpo, con asistencia únicamente del capellán del cementerio y de mí. Allá quedaba en la
zona de la izquierda del triste recinto, que lentamente va recibiendo á cuantos han representado algún
papel más ó menos importante en la comedia de la
vida humana.
Una vez en casa abrí el sobre, y en cinco pliegos
de papel de cartas pude leer la siguiente narración
que, cambiando nombres, me parece prudente dar á
la estampa.
Tiene la palabra mi amigo.

ADVERTENCIA

'

779

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

I

Tiro ÁRABE, dibujo de José Benlliu;e

ción y los mismos movimientos psíquicos que siente
y gusta el temperamento opuesto, el de quien percibe
los más pequeños y delicados motivos estéticos. Por
eso el cuadro donde se representa el drama con todo
sus incidentes y caracteres y el que representa un motivo como el que ofrecer pueda el bosque en el melancólico otoño ó la costa en el rudo invernal, concurren á un mismo fin y ejercen una misma influencia,
bien sobre un temperamento, bien sobre otro.
Por eso he mirado con asombro á cuanto, así por
lo que se refiere á la forma, al modo plástico, como
por lo que afecta al motivo, al concepto inspirador,
han pretendido defender una escuela y no admitir como bueno aquello que no haya sancionado la rutina.

Precisamente si el arle ha de ser, como es, grande,
infinito, á la absoluta libertad lo ha de deber. Lo bello y lo verdadero nó distingue el vicio de la virtud,
ni lo ortodoxo de lo heterodoxo. Un pintor moralista
tiene del arte una idea tan mezquina como de la eternidad el humano.

R.

BALSA DE LA VEGA

AL BORDE DE LA TUMBA
Tristemente impresionado regresaba á Madrid desde el cementerio municipal del Este, dejando en él,
durmiendo su sueño postrero, á mi amigo de la infancia el ilustre abogado Pablo Díez. Todo había si-

EN

EL

(PARC MONCEAU,~ cuadro de Ramiro Lorenzale

En el mes de mayo último, hallándome á primera
hora de la tarde paseando en el Retiro, caí á tierra
con un síncope, que hizo suponer á muchos de los
transeuntes, según supe más tarde, que había perdido la vida en él. Me es imposible en estos momentos
pre~isar detalles del suceso: sólo recuerdo que perdí
la vista, que me zumbaron fuertemente los oídos y
que sentí un hormigueo extraordinario en el brazo
izquierdo y pierna del mismo lado. Todo esto debió
de ser cuestión de segundos, pues inmediatamente
perdí toda noción de la vida.
·
¿Cuánto duró este fenómeno morboso?
Lo ignoro ... Ni siquiera he querido preguntarlo.
. Cuando pude darme cuenta de que aún vivía, lo
hice con verdadero espanto. Me hallaba vestido y sobre mi lecho; pero imposibilitado de todo movimiento. Mis ojos veían, pero debían estar inmóviles· los
sonidos fueron llegando á mi oído, primero muy vagos, después más acentuados y precisos. Quise gritar
y no obedeció mi lengua; quise tirar del llamador de
la campanilla y mi brazo permaneció inerte y falto de
toda acción. Intenté incorporarme; quise llamar á mi
mujer y á mis hijas, y comprendí que era imposible.
¿Sería aquello la muerte? ¿Sería !!na agonía de que
no me daba cuenta?
... Lo único positivo era que mi cuerpo estaba co·
mo clavado al lecho, que yo no sufría dolores, y que
lenta y gradualmente parecía volver á la existencia,
aunque sin habla y sin movimiento, como ya he dicho.
Un reposado rumor de voces llamó muy luego mi

�780

•

•

LA

atención: los que lo producían hallábanse en mi ga·
binete, que comunicaba con mi alcoba; pero sólo uno
de ellos me era conocido: el doctor Esquivias, mi
médico, que ocupaba el sillón de junto á mi mesa;
otros dos individuos ocupaban butacas.
- Es natural, decía el doctor: las pobres familias
en estos casos se aferran á la más remota esperanza,
y de aquí el haberles hecho venir, cuando todos estamos de más.
- Menos un forense, objetó sentenciosamente otro
de los interlocutores.
- Y el resultado estaba previsto, siguió diciendo
el doctor Esquivias; la lesión pulmonar complicada
con los fenómenos cardíacos; una notoria insuficiencia mitral. .. El pobre D. Pablo ha arrastrado una vida ficticia, y lo verdaderamente milagroso es que no
haya muerto antes.
- Gracias al celo y á los conocimientos de usted,
dijo el otro individuo que hasta entonces había permanecido callado.
- Al celo, concedo; pero en cuanto á los conocimientos, la presencia de un especialista como usted
se imponía en esta casa, y cien veces había recomendado que llamaran á usted.
- Y ¿deja bienes de fortuna?, preguntó el otro.
- Ignoro ese punto, respondió mi médico, aunque
supongo que sí, porque sil bufete de abogado era
reputadísimo. Siempre me abonó religiosamente mi
asistencia, y ahora su viuda hará lo propio con la cuentecita que la presentaré, incluyendo la consulta de
ustedes, si les parece.
- Es natural: la pobre señora no estará ahora para
nada.
- Despídanos_usted de ella, amigo Esquivias, pues
tengo que marchar.
¿Pesa mucho el trabajo?
- No tanto corno sería de desear. Voy á ver cómo
sigue de su jaqueca la generala Egea.
- Pues yo, dijo el otro, me voy á casa de la baronesa del Campo.
- ¿Está enferma?
-Como ella quisiéramos estar ... Voy á convencer al barón de que es de todo punto necesario para
la enfermedad que supone padecer su esposa, que la
lleve, ó mejor aún, que la deje ir este verano á Cauterets. Aquellas aguas producen también un efecto
mágico á un amigo de los barones.
- Este es el mundo ...
El doctor Esquivias tocó un timbre y se presentó
mi criado, mi fiel Bautista, con abrigos y sombreros.
Después las voces fueron alejándose...
¡No me habían dirigido aquellos hombres una sola
mirada!

II
En cambio y apenas salieron de mi despacho los
doctores, entraron un momento varios amigos de la
casa, clientes, vecinos y algunas mujeres, entre ellas
mi mujer y mis dos hijas.
- Yo continuaba viéndolo y escuchándolo todo;
pero inmóvil, mudo, yerto.
- Le ha matado el exceso de trabajo, decía mi esposa, y su empeño por lucirá las chicas, con el carruaje á diario, el turno en el Real, los trajes de París y los viajes de verano.
¡Mi mujer acusándome... , suponiéndome autor de
sus despilfarros y del de mis hijas!.. Hasta puntualizaba su acusación, diciendo lo del abono al teatro Real,
que yo había combatido siempre, teniendo al cabo
que transigir en aras de la paz doméstica.
- ¡Y ya se acabó todo!, añadió la mayor de mis
hijas.
- Ya sólo podemos pensar en los lutos, agregó la
pequeña.
·
- Con lo cual estará usted preciosa, le dijo en un
aparte un gomoso, que aunque había frecuentado
mucho la-calle, ignoraba yo que subiera á mi casa.
- Y en el entierro, dijo mi mujer. Aunque nos
quedemos sin un real, quiero que el pobre lleve la
gran carroza de la funeraria y media plana en La Co-

rrespondencz"a.
- Hay que buscar la lista de las señas, interrumpió mi hija mayor.
- La tendrán los pasantes en su despacho.
- Pues hay que dar con ella, dijo una señora mayor, á la que siempre había consagrado involuntaria
antipatía. Ya que la desgracia es irremediable, hay
que cumplir con todas las relaciones y: pensar en el
mundo, puesto que en él habéis de vivir.
Y mis dos hijas, ligeras corno si se tratara de acu·
dir á una fiesta, se alejaron casi corriendo y seguidas
del mozalbete que utilizaba para sus requiebros amatorios aquellos tristes instantes. Algunos los siguieron
y otros se quedaron hablando en voz baja.
- ¡Ea!, dijo entonces la señora mayor: no se apure

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

usted, que un esposo como D. Pablo lo mismo da
tenerle en el cementerio que en casa. Si usted quiere
haré que los periódicos de mañana publiquen un
gran elogio del difunto, que esto contribuirá á que
asista más gente al entierro, y de paso avisaré á la
funeraria... Están ustedes con mucha calma. Cuando
murió mi difunto, lo tenía yo todo tan preparado
que creo que no había exhalado aún el último suspiro y ya estaba como un príncipe metidito en su caja
y en la cama imperial...
Cada vez que recuerdo aquellas conversaciones,
me produce tan terrible efecto que ignoro cómo pude sobrevivir á ellas. Pero así estaba escrito; y yo seguía inmóvil, cadavérico, viéndolo todo con espanta·
dos ojos, oyéndolo todo y sin poder hablar ni dar señales de mí.

623

- ¡Luz!.. ¡Luz!.. ¡El señor ha resucitado! •
· ¿&lt;;:o~pre~de~ ahor~, a.migo mío, por qué he querido que seas cumplidor de mi última voluntad?
¿Comprendes los tormentos que habrán acibarado
mi vida desde el suceso referido, mi alejamiento casi
completo del mundo, mi repulsión á la familia, la
despedida de casa de mi pasante Martfnez y d~ ~
criado Bautista, mi quiebra con el doctor Esqu1VLas
y mi deseo de que mi cuerpo estuviera tres días sin
enterrar?
¡Ah! Qué bien lo dijo un famoso autor cómico:
cPara aprender á vivir

no hay cosa como morir ...
y resucitar después.&gt;

M.

OSSORIO Y BERNARD

III
El tiempo corría entretanto: el péndulo del reloj
me lo advertía incesantemente, y en mi despacho
hablaban en voz baja.
Pero no eran la señora mayor, ni mis hijas, ni los
vecinos, ni el pollo almibarado: eran mi mujer y mi
primer pasante Martínez, á quien yo había sacado de
la nada, asociándole á mi bufete, y en quien siempre
depositara omnímoda confianza. Hablaban en voz
baja; pero mi oído, más fino que nunca, percibía todas sus palabras. Estaban distantes, pero mi vista se-.
guía todos sus movimientos. El, sentado junto á mi
mesa de despacho, iba abriendo uno tras otro todos
sus cajones, y examinando ligeramente sobres, apuntaciones y legajos: ella, de pie é inclinada sobre el
respaldo, le hacía insinuaciones y advertencias.
- Es inútil, decía mi esposa; creo que lo del testamento no pasó de proyecto. ¡Era tan descuidado!..
- En último resultado, observaba él, todo se reduce á un sencillísimo ab intestato, gracias á las niñas; pero prosigamos buscando...
- No, no te molestes.
&lt;&lt;¡No te molestes!..» Creí haber entendido mal; no
era posible que mi mujer emplease una fórmula de
confianza á que yo no me había atrevido nunca.
- Bueno; ya buscaremos más despacio, porque no
sólo es el testamento lo necesario. Hay que reunir
todos los resguardos y garantías de su fortuna; hay
qué hacer un inventario de sus créditos y de sus débitos, para asegurar tu porvenir y el de tus hijas. Pero no te apresures, que para eso estoy yo aquí y para
algo fuí depositario siempre de la mayor confianza de
Pablo.
Así..., Pablo á secas.
Mi esposa, sin duda por el buen parecer, se llevó
el pañuelo á los ojos.
- Tienes que armarte de fortaleza, le decía Martínez, pues estos trances siempre son muy amargos.
Pero yo velaré por vosotras, salvaré vuestra fortuna
y seguiré en el bufete para el despacho de todos los
asuntos pendientes.
- Sí..., sí... ¡Pero me quedo sin marido!
Entonces pasó una cosa horrible y que recuerdo
con espanto. Martínez, agarrando á mi esposa por la
cintura, la impulsó suavemente hacia sí, fijó sus ojos
en los de aquella mujer y dijo en voz baja... , muy
baja:
- ¿Sin marido?.. Eso será porque lo quieras así.
Una nube, no sé si de sangre ó de llanto, nubló mi
vista, y volví á quedar sumido en la obscuridad.
IV
Cuando de nuevo distinguí los objetos, no estaban
allí mi mujer ni mi primer pasante.
En cambio entraba y salía en el gabinete mi fiel
criado Bautista. Una vez, después de observar por
junto á la puerta de entrada, se arrimó á mí, llevando un. traje negro que depositó á mi lado, registró
los bolsillos de mi chaleco é hizo pasará los del suyo
varias monedas de oro y plata, que llevaba yo encima; me sacó del bolsillo interior de la levita la cartera y extrajo de ella varios billetes de Banco que guardó arrugados en el bolsillo del pantalón; y en tanto
que penetraban en mi despacho varios hombres conduciendo una caja de cinc, dosel, túmulo y cirios,
Bautista colocó un quinqué sobre mi mesa de noche
y empezó á darme rudas sacudidas para aligerarme
de las ropas que llevaba, murmurando entre dientes:
- Preparemos el pelele.
Ignoro si fué el terror, la soberbia ó los movimientos que sufría mi cuerpo lo que produjo la reacción:
el caso es que mi lengua pudo articular angustiosa•
mente: «¡No! ¡No!,» en tanto que una de mis manos
derribaba el quinqué puesto á su alcance y la otra
se aferraba á los cabellos del criado, mientras éste y
los dependientes de la funeraria, poseídos también
de espanto, gritaban:

LOS SUCESOS . DE MELILLA
CRÓNICA DE LA GUERRA

IV
Más importante que todo en esta cuestión, más
triste, más profundo, porque se nos ha metido en las
entrañas y en los huesos como dolor gangrenoso, es
la nota de haber sido llamadas las reservas inútilmente
y sin previsión de ninguna clase, para que al llegar esos
hombres á su destino contaran al punto con los elementos de vida necesarios. Con la inquietud, con la prevención que hay en España contra todo lo que los
ministros puedan hacer y que de los ministros venga, un motivo que en otras ocasiones y con otro gobierno pasaría como inadvertencia remediable, ahora
es fundamento para que el clamor se escuche en toda España corno un alarido indignado de protesta ...
¡Qué frío hacía! El aire azotaba los rostros; desde el
interior templado del gabinete, ¡qué bien contemplábanse al través del cristal las caras ateridas de los transeuntes! Las hojas de los árboles, como lluvia de partículas de oro oxidado, caían con lentitud extendiéndose porlas ramblas en alfombra amarilla; el cielo cubrió sus hermosuras con siniestra máscara de piorno,
y por esa alfombra y bajo ese cielo y con aquel aire
helado que encogía los músculos hicieron su entrada
en Barcelona los hombres de las reservas, á cuerpo,
con blusilla los más, encorvados por el frío, metida
la cabeza en los hombros, las manos en el pecho, en
los bolsillos, ó cruzándose de brazos para darles calor entre éstos y el pecho. Así los vi pasar á sus cuarteles, adusta la cara, los ojos fijos y el pensamiento
distante. ¡Ni esos rostros plácidos, ni esas risas bulliciosas, ni esa despreocupación y atolondramiento fe.
liz del soldado español!· Nada. Unicamente faltábales
la cuerda para que aquellos hombres hubiesen parecido presidiarios.
¡La partida, más dolorosa y más cruel que el arribo! ¡Oh contraste! Brisa templada besa los rostros;
desapareció la alfombra de tonos amarillos; el cielo
no tiene la máscara siniestra; lo único pavoroso que
se nota en aquel cuadro de hermosuras, que el sol
ilumina fríamente, es la despedida hecha á aquellos
hombres por la multitud que lo invade todo; porque
no es la despedida que se hizo á los soldados del
Menorquín, el Turia y el M,evo Mahonés: eran libres
allf todos los hombres, y dispuestos á pelear por su
patria; hombres de patriotismo son también ahora,
pero dejan casi todos al partir un hogar deshecho, una
mujer que gime, hijos que tendrán hambre ... No, no
es el viva patriótico lo que llena ahorá_los aires y los
corazones; es el grito lastimero de la mujer desesperada y el llanto del niño - florecilla triste, á quien se
arranca del tronco robusto que, quizás, en adelante
no le nutra ya con su savia ni su hálito caliente.
En aquella despedida todo aplaudió; en esta todo
llora.
Para los ilusos, para los optimistas, la desilusión
no puede ser más triste; en vano queremos poner la
gasa dorada de nuestra imaginación delante del hondo abismo que abre á nuestros pies su gigantesca
boca; en vano queremos poner más oro en ese tul
con esperanzas inverosímiles; mas ó menos dorado,
el tul siempre se transparenta y la boca del abismo
está allí; que lo diga, si no, el gobierno actual y la gestión de ese gobierno, no en el asunto de Melilla precisamente, sino en cualquiera de los detalles, por ínfimo que sea, de ese mismo asunto, desde el primer
tiro disparado por las tropas españolas, hasta el momento solemne de la conferencia de Macías y Muley
Araaf. Todavía se ha tenido bastante ilusión para dar
importancia á esa confrrencia y esperar ansiosos su
resultado, debiéndose comprender de nuevo que na•
da útil, nada positivo, nada verosímilmente hacedero
se podría alcanzar de esa entrevista. .Al aludir al mi-

INTllRIOR DEL NUEVO PQENTll SOBRE EL VÍSTULA, EN FORDON,

Dibujo de Passos, tomado de una fotografía

•

NUEVO PUENTE SOBRE EL VÍSTULA, EN FORDON

(de una fotografia de

o. Ewald, de Bromberg)

�•

'

nisterio actual, no es precisamente porque á él deba
achacársele el pecado; con otro ministerio cualquiera
ocurriría lo mismo: fusionistas, conservadores, republicanos, todos, hay que decirlo de u\la vez: no son
los ministerios, no son las instituciones, es la nación
II1isma. ¿Acaso los ministerios no salen de España?
¿No somos tan españoles como los ministros? No es
España nación para nada útil ni práctico; una enfermedad nos pierde, la apatía; es la gangrena que come nuestro corazón, estamos en la agonía; teníamos fuerzas, gran robustez; por eso, la agonía es larga' y dura siglos; pero la gangrena
nos matará, todo lo acusa; la historia de Melilla
desde que es plaza española, ¿qué es sino una
formidable y aterradora
muestra de nuestro carácter viciado, de nuestro encogimiento paulatino, de nuestra decadencia, de nuestra se·
quedad, sustentada sola- .
mente con rancios orgullos que nos impiden ver
con sus ofu~acion~
nuestra silueta raquítica,
recortándose con sus
protuberancias defor- ,
mes en la luz esplendorosa de la verdad?
Observadlo y hallaréis
que por apatías pasadas
fué preciso comenzar
esa guerra vergonzosa,
donde sólo se habló de
castigos enérgicos para
los del Rif, siendo nosotros hasta ahora los
castigados únicamente;
por apatía fueron asesinados, mutilados, profanados nuestros hombres; :..
por apatía murió el 28
de octubre aquel general de quien parece que
todo el mundo se olvidó; por apatía se derramó tanta sangre hasta
hoy en los campos del
Rif, y por apatía no sabe el gobierno lo que
hacer, ni sabe cerebro
humano por mucha
magnitud que tenga, no
ya predecir, hoy 25 de
noviembre, en que este
párrafo se escribe, lo
que resultará de ese engendro repugnante que
se llama asunto del Rif,
sino de llevarlo á camino fácil para la resolución que menos nos
avergüence. No hay
hombres; las energías se gastaron; aquellas grandes
aptitudes de nuestros políticos y nuestros guerreros
de ayer, últimas muestras de nuestra savia perdida,
no existen ... ¡Altivos troncos que derribó el hachazo
de la, muerte, sin dejar un solo brote que hoy pueda
darnos su aroma y fortalecernos coq el apoyo de su
brazo robusto! Los grandes héroes de la guerra del 60:
los Prim, los O'Donnell, los Olanos; aquella pléyade
de guerreros invictos han sido hasta ahora, en_la guerra
de hoy, un capitán de guerrilleros y unos pobres presidiarios. Honor al capitán Ariza y á los suyos; pero España no necesita allí cazadores de fieras, necesita generales sabios y de corazón que lleven á nuestros hom
bres á la victoria, fortificando así sus espíritus abatidos con la inercia en que viven y la humillación de
un agravio que necesitan lavar.
Pero voy á lo trivial, á lo artificioso, á lo de siempre, á la gangrena. Verificase la entrevista del gobernador de la plaza y Muley Araaf; al fin los ministros
tienen datos muy interesantes sobre ella; son las doce
en punto de la mañana; es la hora de la entrevista;
rerifícase en el campamento de instrucción; se presenta el príncipe; le precede el bajá del campo y le
escolta un cuerpo de infantería y caballería; el gobernador de la plaza se adelanta y saluda á Araaf; el regimiento de Santiago forma en línea y hace los honores; las brigadas forman también, pero cada una en

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

el mismo terreno en que acampa, para evitar confusión. ¡Qué lindo cuadro! ¡Cuán vistoso! Los cascos
brillan, los banderines flotan ... Pero lo más bello será
oir al príncipe: el príncipe habla; habla para entonar
la cantilena de siempre: que el sultán es un amigo
del alma de los españoles; que el sultán va á morirse
de pena si los españoles no queremos ser sus amigos;
que el derecho de España es justo; que nadie debe prchibir que edifiquemos cuanto nos parezca en territo-

'
:~~--

·-- ______
&gt;

~

-

.,.,._...

,......-::_:----.. -:::.~ , __

TIPO ÁRABE,

-

dibujo de José Benlliure

rio español; que se dará á las kabilas tremendo castigo; pero... pero que pide un plazo para que pueda el
sultán llegar á Fez á fin de alejar las kabilas del interior: insiste mucho;· Macías, en nombre del gobierno, niega; no hay plazo que valga; ni un minuto
de detención se dará á los trabajos, ni al envío de
tropas á Melilla, si nos conviene. Araaf insiste aún y
pide más todavía; pide que los rifeños puedan entrar
en la plaza; que reanuden sus negociaciones comerciales; que comience de este modo la dulcificación
de asperezas; Macías niégase también, aprieta el príncipe en sus peticiones, ofrece rehenes, ofrece cortar
mil cabezas como corte de cuentas, y Macías continúa en su enérgica actitud, de que impone al gobierno; el gobierno dice á Macías inmediatamente
que aprueba su conducta, y en nombre del gobierno
también hace saber Macías al príncipe que España
mantiene la reclamación, exigiendo el estricto y rápido cumplimiento del artículo 7. 0 del tratado de
Vad-Ras; España, en fin, dice al príncipe, que declina
sobre el imperio de Marruecos toda clase de responsabilidades, y que no es ya con las hordas del Rif
con quien ha de entenderse, sino con Marruecos
mismo. Resumen : que Araaf se aleja de nuestro
campo, encogiéndose de hombros ó poco menos, como dando á entender que hizo todo lo que pudo, y
que no puede él con las kabilas, ni cree que pueda
el sultán tampoco.
.._

NúMERO

623

NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

623

Presintiéndose por la opinión el resultado de la fa·
mosa conferencia, á nadie extraña; pero se quería la
confirmación oficial para ver entonces la actitud del
gobierno, la efervescencia y expectación empiezan otra
vez, alienta un poco la esperanza de que s~pamos ser
dignos ante esa nube del asunto del R1f que ~os
amaga para inutilizamos por siempre en el sentido
moral, ó para que nos permita levantar la cabeza sin
rubor, probando que somos españoles aún; el corazón
alienta de nuevo, el espíritu flota otra vez en claros
mundos de gloria ... ; pero, ¿á qué negarlo?, flota con
un miedo horrible de caerá lo mejor y despeñarse,
embadurnando con la inmundicia del fondo sus alas
blancas.
Esa actitud del gobierno, esas manifestaciones
enérgicas al sultán, ¿son reales? ¿Son de buena fe?
¿No es una campanada patriótica que da el gobi_erno
con intención de vivir aún, mientras nuestros sentidos,
ganosos de fantasías, se adormecen á su arrullo otra
vez, y se anegan embelesados en sus halagadoras vibraciones? No, no es posible; seamos pesimistas, pero
no por sistema; seámoslo por prevención y para que
el golpe, de donde viniere, nos coja avisados. Vale
más creer, que Jo que ya dije de nuestro raquitismo
y nuestra miseria; convicción dolorosa que está en el
alma de todos, aunque todos por debilidad queramos
desprendernos de ellos en vez de buscar ávidamente la medicina que no, cure; que esa convicción
- digo - por Jo mismo de ser tan triste, tan fría, tan
cruel, lleve al gobierno á una reacción restauradora y
saludable ... Corto de raíz porque conviene más no pensar en eso, y continúo anotando los puntos más salientes que arroja
la crónica de estos días.
En toda España se comenta la contestación del gobierno á Muley Araaf; en
ese mismo consejo en que se acuerda la
contestación, despuntan como de costumbre las dos notas más opuestas que en el
gabinete hay: López Domínguez pide acción inmediata, radical, furiosa ; afirma
que en Melilla esperan
órdenes 16.000 soldados y que están 8.000
dispuestos en Andalucía
para marchar al punto.
Moret todo lo opuesto:
pide mucha quietud, pide mucha calma: ¿esperará Moret el resultado
~ de otras habilísimas negociaciones, que pudiera haber entablado ya?
¡Qué inquietud, qué pavura nos acomete á tal
pensamiento!
Entretanto la crisis
ministerial parece innegable; toda la prensa
clama; los momentos
son críticos; los cabildeos, las conferencias,
las interviews, la comidilla, en fin, la eterna
comidilla de siempre va
adquiriendo un olor especialísimo de manjar
suculento. Se habla de la dimisión de Moret, de la
del ministro de la Guerra; éste jura y perjura que á
Melilla ó á su casa. Háblase también de un gobier·
no nacional; ... pero cuando más segura se cree la
marcha de López Domfnguez al campo de operaciones; cuando está en el ánimo de todos que López
Domínguez conservará, sin embargo, la cartera, encar~ándose interinamente del despacho el general
Senñá, se sabe de pronto que Moret no dimite, que á
López Domínguez se le ha convencido y que se nombra á Martínez Campos general en jefe del ejército
de operaciones en Africa. La Gaceta publica el nombramiento, y se oye un clamor universal de aplauso;
ya hay un hombre independiente y enérgico acaudillando las tropas españolas, y á este hombre por mil
circunstancias, conocidas de todos, se guardarán muy
bien nuestros gobernantes de traer y llevar sin motivos serios y gravemente fundamentados.
La creencia es unánime: con Martínez Campos en
Melilla, ó se avanza de una vez arrostrándolo todo, ó
de una vez se concluye, acabando al fin, sea como
fuere y cuanto más pronto mejor, con estas agonías é
incertidumhres dolorosas.
El tiempo era malo en Melilla; mejora mucho; los
temporales se aplacan; parece que todo se alegra; hay
gran actividad y animación con la esperanza de próximas é import~ntes operaciones. Macfas manda al
campo enemigo á un moro, ardiente partidario de

TIPO ÁRABE,

dibujo de José Benlliure

España. Este moro regresa y dice que los rifeños están atrincherados desde el cabo de Tres Forcas hasta
la frontera argelina; dice también _que_ los moros no
sufrieron grandes pérdidas, y esto msp1ra_dolor y coraje á los españoles que anhelan represabas como se
anhela el bien único. La nota alegre repercut~ ~es,pués en el campo con más tensión; es para rec1b1r a
los nuevos regimientos que llegan; Muley ~r~af escribe entretanto á Macías reiterándole su pet1c1ón de
que permita la en~rada á mer';aderes rifeños, se le
nieo-a otra vez y mientras, Martmez Campos se _pone
en ~amin~ y ~e sabe que el ejército de operaciones
se formara as1:
.
General en jefe, capitán general D. Arsemo Martínez de Campos.
.
.
];&gt;rimer cuerpo: Comandante en Jefe, temen te general D. José Chinchilla.
.
.
Segundo cuerpo: Comandante en Jefe, temente general marqués de Estella.
,
General jefe de Estado ~ayor, general Mac1~s.
Segundo jefe el general de bngada D. José Bascaran.
Cuartel g;neral: J efe, ge~eral de brigada D. An~~l
Aznar¡ y estarán ali{ también los generales de d1v1-

otros tendríamos
resultados más positivos. ¿Por qué
no dejarlos que se
destrocen? Toda la
sangre que ellos
viertan será sangre
preciosa ahorrada
á nuestro ejército.
Pero es imposible continuar; concluyo esta crónica
en medio de la gran
expectación de los
españoles; cuando
con más bríos vuelven al corazón las
esperanzas; cuando
la ilusión abre de
nuevo y de par en
UNA MEZQUITA EN UAZÁN, dibujo ele G. Montbard
par sus puertas de
oro en los hombres
,
sencillos y de buena fe; cuando s~ discuten con mas allí bastantes judíos y algunos europeos, los más de
calor las determinaciones del gobierno; cuando Mar- éstos atraídos por el benigno clima de que en aquetínez Campos llega á ~elilla, desp~és de una marcha llas costas se disfruta.
Para los europeos Tánger tiene muchos atractivos,
triunfal y de una ovación en cada cmdad y en cada al·
dea del trayecto; cuando empieza á construirse el re- pues aparte de la novedad que pa~a los de nuestro
ducto que originó el combat~ del _2 7, en el que traba- continente ofrecen el lugar, sus habitantes y los usos
jan cien penados y muchos mgemeros; _cuando por el y costumbres de éstos, la col~nia e~tranjera cele~ra
excurs10sultán se hacen apresuradamente requisas de tropas, frecuentes reuniones' y organiza animadas
.
sin que se sepa si son para combatirá las ~abilas ó nes á los pintorescos alrededores é mtere_santes pará los españoles, y cuando todo el mundo piensa, en tidas de caza en los extensos bosques vecmos.
El artista encuentra en la capital marroquí asuntos
fin, que el nombramient~ de Martínez _Campos para
general en jefe del ejército de operaciones sera un inagotables para obtener maravi_llosos efect?s de luz
agua poderosa que queme todo lo gangrenado y y de color y copiar hermosos tipos de muieres, toahonde la quemadura hasta llegar á los huesos, con mando por modelo, ya que son ~as más abordables,
las bailarinas berberiscas, que ejecutan sus_ danzas en
tal de que resulte completa la cauterización.
el interior de la ciudad ó delante de las tiendas que
M. MARTÍNEZ BARR!ONUEVO
algunos indígenas y askaris tienen levantadas en sus
_,•,,/ •~•••''•l'••••,l• .. ••••• .. ••,t••••••l•,,•,,1•.,•••f••••••t•u•••••• ..••••••l'••••••••••••l••••••l•••••• .. ••••••••1••••••1•,•••
cercanías. - X.
TÁNGER

TIPO MORO,

dibujo de G. Monlbard

sión Berriz y Salcedo; los de _?rigad3: Ortega, Monroy, Castillejo, Ribera, Echague, Molms y otros que
no han sido nombrados aún.
Como comprobación de la fuerza moral y del po·
der grandísimo que el envia~o del emperador de Marruecos ejerce sobre las kab1la~, y con e~to,. el emperador mismo, viene una súplica del pnnc1pe Araaf
para que se Je permita guarecer~e en el c~mpo español contra las iras rifeñas; el pnmer ~ov1m1ento d~
los gobernantes y de España es el de siempre, el qmjotesco, el hidalgo, el de ampararle; pero es una torpeza; como hidalguía, sí; como razón de Estado, º?i
dejando al príncipe á su buena ó mafa for_tuna, mas
pronto se entendería el sultán con las kab1las Ynos-

(1)

Los ingleses, que poseyeron esa plaza desde 1662
á 1664, conservaron en ella despu_és de esta fe~ha gran
influencia que poco á poco ha sido sobrepujada por
la de Francia. Tánger es, por decirlo así, el centr? ~~
comunicación entre Marruecos y los Estados clVlhzados de Europa, todos los cuales tienen allí sus cónsules ó sus residentes. El gobernador de Tánger y de
su provincia es el ministro de Negocios Exteriores
del sultán de Marruecos, y de aquí la importancia
que tiene desde el _punto de vista internaciona_l la
ciudad. Extiéndese ésta formando anfiteatro Junto á la bahía de su nombre, hállase rodeada de una
muralla en bastante mal estado y está dominada por
la ciudadela y defendida su rada por una serie de
baterías escalonadas. Sus calles, como las de todas
las ciudades árabes, son irregulares, estrechas y sucias, y tiene varias y hermosas m_ezquitas, un co~vento de franciscanos con una capilla, que es el único templo católico de todo el imperio; varias sinagogas, y algunos hoteles ~urop~os. T~nger cuenta 20.~oo
habitantes, en su casi totahdad arabes: hay también
( 1) Véanse los grabados de la pág. 786.

MÚSICO ÁRABE,

dibujo de G. Montbard

�MARTIRES CRISTIANOS EN EL CIRCO, cuadro de J . Mantegazza

DESTERRADOS A SIBERIA, cuadro de W. Schereschewski

'

�LA I LUSTRACIÓN

786

NúMERO 623

ARTÍSTICA

su familia. Laborioso y entusiasta por el ~rte,
que con provecho ~ultiva., es, quizás, demasmdo
exigente para consigo m1sm_o, ya que demuestr_a
especial empeño en vencer d1ficultad_es y no exhibe ó enajena sus obras hasta que, si no com_pla·
cido de su labor, hállase satisfecha su sevendad
artística.
•
.
Toven todavía, ha sabido ya distinguirse, as\
en· la pintura de género corno en la de costurn·
bres ó genuinamente española, y cuenta en su
carrera artística algunos triunfos logrados en
los certámenes y exposiciones.
..
El cuadro que reproducirnos, adquu!do_ re·
cientemente por un acaudalado colecc1omsta,
es una be!Hsirna producción, _recuer~o de su
estancia en la capital de la vecma nación.

mento en que será despedazado su cuerpo y su alma podrá vo .
lar al fin libre al seno del Señor.

El capitán Ariza. -Algo ha dicho de este valie~te gue·
rrillero nuestro querido colaborador Sr. Ma~tínez B_arnonuevo
en sus Crónicas de /aguerra, y si en esta sección hubiéramos de

Puente sobre el Vístula, en Fordon. - Este puente, recientemente inaugurado
en la provincia de Posen, es, como_ puente de
ferrocarril, el más largo de Alemama y uno de
los más largos de Europa: tiene 1.31.5 metros,
ha costado 10 millones de pesetas y se ha construido en dos años y medio. Consta de 18 arcos los cinco del r\o de 100 metros de ancho Y
los' otros de 62. La construcción superior del
puente es de hierro fundido, hnbi~ndose empleado 11 millones de kilogramos de este metal. Las vías están
colocadas entre los montantes: la distancia entre éstos es de 10 metros, de
Tos cuales aquéllas ocupan 4' 15 Y el
.,
camino para tranvías y otros vehí~ulos 6'50. Entre las vías y este carnmo
se alza una veria de 2'50 metros de
altura. En la parte de afuera de los
montantes hay á cada lado del puen·
te un camino de 1'50 metros de ancho para peatones. El autor del proyecto de este puente y director de_la
construcción de hierro es el ingemcro Merthens, de Bromberg, muy renombrarlo en Alemania por otros
trabajos análogos.

-·~
,,

--

""'-

~!\~~~&lt;--- Mezquita de Tánger

NUESTROS GRABADOS
Muerte del beduino, cua,dro _de ~ - ~:, Huber.

- El desierto es su elemento; alh nació, alh vivio errante,
allí muere abandonado el beduino. Su existencia más tiene de
la de la fiera que de la del hombre: come cuando puede y lo
que puede; montado en su _escuálido caball~, que corre como el
viento, y armado de la espmgarda ó del fusil, cada u~o de cu·
yos tiros cuesta una vida, recorre la arenosa }'. ardiente llanura acechando el paso de una caravana para satisfacer e~ ella
sus rapaces y sanguinarios instintos Un encuentro desgraciado,
el hambre ó la sed acaban con él, y su cuerpo .111\ queda á ~~rced de algún ave de rapiña ó de una fiera que i:ior tales sltl~s
se aventure. El cuadro de Hub11 aterra en medio de su sen~1Jlez: un cadáver tendido sobre la arena, un cahallo que relmcha tristemente junto al que fué su dueño y una nube ele po)vo
que el viento levanta en aquella caldeada at~ósfera han sido
para el notable pintor alemán elementos suficientes para com·
pone~ una obra de efecto sorprendente.

Tipos árabes, ~i"~ujos d~ José Ben~liure. -¿A

qué elogiar una vez mas a nuestro ilustre compatnota D. José
Benlliure? La honra que nos dispensa colaborando frecuente·
mente en LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA nos ha dado á menudo
ocasiones para hablar de su vida y d_e s~s obras y para ensal~r
sus méritos cual se merecen. Los d1bu¡os que hoy reproducimos hizolos Beolliure durante un viaje que ha poco realizó á
Africa, y bien claro se advierte la impresión de) natural en esos
tipos árabes llenos de vida y trazados con un vigor y una seguridad' que desde luego revelan la mano de un maestro.

La mezquita. de uafán.
Tipo moro. Un músico árabe, dibujos de Montbard. Ua:t.án, la ciudad santa, se halla situada en la vertiente septentrional
del Sebú, á mitad del camino entre
este río y Alcázar-Kebir, en una comarca fértil, poblada de
olivos y de encinas. El scherif de Ua·
zán es el santón más importante de todo el Magre b, como descendiente directo ele Mahoma, y su influencia hubiera
podido superar á la del mismo emp~rador, el cual no es considerado como
verdadero soberano sino después de haber recibido de él el debido homenaje.
La mezquita que se alza·sobre la tumba del santo fundador de la "ciudad fué
construída por Muley Abdallah; su es·
belto alminar está cubierto de precio·
sas porcelanas, y en su interior se encierran innumerables riquezas y una
magnífica colección de manuscritos árabes. El tipo moro y el músico árabe
que publicamos son dos bellos ejempla- ·
res de la raza que puebla la ciudad de
U azán y sus alrededores.

EL CAPITÁN D. FRANCISCO ARIZA
jefe de la sección de penados guerrilleros en Melilla

referir hazañas de su accident~da vida milit~r faltarfanos espa·
cio, aunque no relatásemos smo una pequena parte d_e ~llas.
Nació D. Francisco Ariza Gómez e~ Antequera el 23 de ¡un_10 d~
1846, y en 1868 ingresó en el ejército, marcba~d? en segmda a
Cuba y conquistándose bien pronto en aquella d1fic1l y empeñada
campaña inmarcesibles laureles ,P?r sus actos de valor temerario y por sus atrevidos cu~nto ha~1les golpes de mano. Apenas
iniciada la guerra de Mehlla, Ama! 9ue se encontraba.en Barcelona en situación de reserva, p1d1~ y obtuvo per~1so para
marcharse á Africa, en donde ha ,orga~izado una guerrilla de pe·
nados que; conducirlos por él, a nadie temen, á_ todo ~e atreven y luchan corno fieras contra las fiera~, opomendo ~ la emboscada el acecho, á la traición la astucia, al despre~10 de la
vida la más absoluta indiferencia an_te la muerte. ;Anza Y ~us
guerrilleros se han coronado de glona y han merec1d_o que España entera les admire, siendo de esperar que el gob1_erno, haciéndose intérprete de los unánimes deseos de la nación, otor.

Mártires cristianos en el
circo, cuadro de J . Mantegazza. -Aunque la_ esce_na que este

lienzo representa ha sido cien veces r_e·
producida, Mantegnzza, á fuer ele artista de buena cepa, ha sabido hacer, no
un simple cuadro más sobre el mismo
tema, sino una obra notabilísima, en:Ja
que sobre el abocetado fondo de la ~ul·
titud apiñada en las ~adas del cuco
destaca un grupo bell!simo, de gran
Batería de la ciudadela de Tánger
En el Pare Mon9eau, cuadro de Ra~iro Lo- efecto dramático por el contraste entre
renzale. - Hijo y discípulo Ramiro ~r~nzale del respetabl_e la exaltación religiosa del hombre que
gará Ja debida recompensa á esos héroes concediendo a! uno
D. Claudio Lorenzale que tanto ha s1gmficado en el renaci· parece querer detener á las fieras enseñándoles la ~ruz Y el el premio que dentro de su carrera le corresponda Y haciendo
arrobamiento
místico
de
la
joven
que
aguarda
tranqmla
el
momiento artístico en nu~stra región, continúa las tradiciones de
uso de la gracia de indulto para esos penados que al da~ su san·
gre por la patria redimen de la manera más h~rmosa, s1 no to·
das, por lo menos una gran parte de sus antenores culpas.

Pacheco no las dejó hasta que el tren hubo partido

LA POLA
NOVELA ORIGINAL POR EVA CANEL. - ILUSTRACIONES DE

Desterrados á Siberia, cuadro, de W. Schere~
chewski. - El triste convoy ha llegado a una d~ sus ~t~pas,
en lóbregos calabozos, confundidos ~ombres y _mu¡eres, v1e¡os Y
niños tratar. de de.cansar de las fatigas de la ¡ornada. Los más
en va~o buscan reposo: la conciencia de su horrible suerte puede en ellos más que el cansancio .Y )os manti~ne en vela; 2ºs
menos, vencidos por el desfallecimiento, se rm?en al s~eno.
Con el alba los presos continuarán su marcha, y pisando meves,
azotados por el viento, calacios por las lluvias, atenaos de frlo
y de hambre pasarán d!as y semanas y meses hasta llegar a) fin
de su viaje, á las estepas de Siberia, ese infierno de los vivos
donde un Dante podrla escribir con letras de sangre otro i Lasciate ogni speranza/ más terrible aún que el que puso el poeta
florentino á la puerta del infierno de los m~ertos.
. .
Scherechewski es polaco, reside en Mumch, .Y en sus prm~1pales lienzos reproduce los horrores del despotismo moscovita
con un vigor dramático y una valentía artlsllca que demuestran
que sirven de guía á su pincel el genio de un maestro y el co·
razón de un filántropo.
·

La escuadra inglesa del Mediterráneo. - Para
contrarrestar en cierto modo la presencia de la escuadra rusa
en Tolón, Inglaterra dispuso que la escuadra inglesa del Merliterráneo, al mando de lord Seymour, visitase el puerto de
Spezzia. Nuestro grabado reproduce esta escuadra antes &lt;le
que se le diera la orden de reunirse en Gibraltar con la del Canal con el objeto sin duda de estar en observación de lo que
pueda ocurrir en la costa de Marruecos con motivo de los su·
cesos de Melilla.

J.

CABRINETY

(CONTINUACIÓN)

- Esta contestación, que equivalía á un poema de
amor, no alteró en nada la última resolución de Luis.
Durante el desmayo de Pola se había jurado ser
fuerte y lo sería; aquella locura debía pasar, volvería
á ser el padre, discurriría, maduraría el proyecto de
enviar á Italia á su protegida, y pondría fin á los peligros que les cercaban; la salvaría torturando su corazón; á ella podrían consolarla el arte, los aplausos,
la gloria; él se consumiría en las soledades de su hogar, tan frío, tan humano, y en aquel gabinetito que
quedaría impregnado del perfume celestial de Pola;
porque tl piso segundo de la calle de San Miguel,
amueblado por él, precipitadamente primero y con
refinamientos delicados después, se conservaría tal y
conforme estaba; sería su refugio. Allí escribiría á
Pola, allí leerla sus cartas, allí soñaría con ella, allí
podría idolatrada sin reservas.
Ocho días habían transcurrido desde Ja noche
inolvidable para ambos; ni una palabra que la recor-

dase pronunciaran en este tiempo; los paseos nocturnos habían continuado sin embargo. Pola no quería
preguntar qué secreto le guardaba Luis; sabía que la
amaba; también él sabía que lo amaba ella. La diferencia de posición indudablemente á los dos los sacrificaba; tendría padres; h:lbía dicho que era muy
rico; ella fuera corista, fuera mendiga ... ¿cómo podía
soñar en que la admitiesen en su seno? Quería ser
artista, una estrella del canto. Quería conquistar nombre refulgente, porque sentía dentro de sí el soplo
divino del arte y las ambiciones del genio. «¡Quién
sabe, se dijo: aristócrata del talento, quizás pueda
igualarme á los que seguramente hoy me despreciasen!»
Luis no tenía la culpa; Luis no veía el pasado, ya
se lo había dicho, y sufría mucho, sí que sufría; era
necesario ayudarle, y ella tan débil, tan niña, tan desgraciada daría muestras de un valor á toda prueba.
- Y bien, Pola, dijo Luis haciendo un esfuerzo so-

bre sí mismo. ¿Sabes que he pensado mucho en ti?
- Lo creo, respondió la joven esforzándose por
disimular que sufría horriblemente.
No le cabía duda; se trataba de su carrera.
- Pues he pensado en tu viaje á Italia, y ya tengo
persona de confianza que te acompañe.
- ¿Ya?, preguntó Polita de una manera inexplicable.
- Sí; es una señora distinguidísima, de austeras virtudes y muy instruida, nadie más á propósito: ¡N'o sabes qué contento estoy por haber encontrado tan á
satisfacción mía lo que me preocupaba en extremo!
Ha viajado mucho con su difunto esposo, un pedagogo ilustre, y es sola, habla francés, habla italiano y
es muy cariüosa. ¿Qué tal?
- ¡Bien!, respondió Polita con tristeza.
- Mañana vendrá por la tarde; aquí estaré yo: le he
dicho que soy tutor tuyo, y no he mentido: ya tiene
instrucciones sobre el género de vida que yo quiero

�788

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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que hagas, y llevará cartas para los maestros que de- tió el traqueteo del convoy, hasta que no perdió de siera comunicárselo antes para no tenerlo impaciente
ben perfeccionar tu educación lírica: poco nos falta, vista á su protector, hasta que no se rompieron una por el éxito. Dos horas tardó Luis en hacerse cargo
pues, que ultimar; tu equipaje y el suyo.
por una todas las fibras de su ser, no pudo derramar de todo· bien es verdad que empleó una contemplando retrato. Hablaba con la criada como si haPala se iba poniendo lívida: la vida tranquila, la una lágrima.
dicha presente iba á terminar pronto, muy pronto:
- ¡Llore usted, hija mía! Llore usted mucho so- blase con una amiga, le comunicaba todo, le traducía
perdería -de vista aquella casita, aquel gabinete tan bre mi pecho: yo seré su madre cariñosa, dijo la viuda los sueltos, besaba la fotografía. ¡Qué linda,, g.ué linmono, en el cual era feliz estudiando y esperando de Al tuna, que así se llamaba la compañera de Poli ta. da estaba su Pala, su Palita! Era hermos1s1ma; lo
á Luis: ya no volvería á pisar la sala en donde el caLuis volvió á la calle de San Miguel sin detenerse: veía en la cartulina y no lo había observado en el
dáver de su madre yaciera por algunas horas ... Nece- subió de dos en dos los escalones, llamó con furia y original; no había mujer más encantadora en el munsitaba · valor, mucho valor, y lo tendría. ¡Vaya si lo entró sin hacer caso de la criada, que todavía estaba do. Parecía una muñeca vestida de máscara; pero
tendría!
sollozando por su señorita: entró en el gabinete, se ¡qué muñeca más perfecta, más seductora! ¿Era de su
A expensas de su salud y de su vida hizo un es- precipitó en el dormitorio y se arrojó sobre la cama Pala aquella carita picaresca? Era su niña, su angelifuerzo.
de Pala, ocultando el rostro entre aquellas almohadas to aquel que los periódicos llamaban «diablillo anda- ¡Cuánto sufre!, pensó Pac_heco, y soy yo el que que conservab.an el perfume de sus cabellos y las luz.» Estaba transformada. ¡Qué bella, qué bella le
parecía!
la martiriza; ¡yo que diera mi vida por su felicidad y emanaciones de su aliento.
La prensa de Milán apuraba el lenguaje de las alapor sus alegrías! Si supiera que soy casado su~riría
- Señorito, señorito, ¡por Dios!, dijo la muchacha,
banzas: ruiseñor era un adjetivo pálido, sin color y
más atín; perdería toda esperanza y se dejaría morir: ¡ya volverá, ya la veremos!
la conozco bien ... Es necesario que viva, que viva
Pacheco lloró, lloró mucho sobre el lecho que le sin expresión, comparado con lo que la Po/a merecía:
la Pola le llamaban.
para el arte, ya que no puede vivir para mí.
recordaba al ángel adorado.
Palita explicaba á Luis su éxito. «Sólo tú me fal- ¿Sabes en lo que estoy pensando?, preguntó Pala
Eran cerca de las nueve cuando llegó á su casa:
acercándose más á Luis y tomándol~ una mano: en necesitó hacer sobrehumanos esfuerzos para conte- tabas,» decía.
Había estudiado primero el Barbero por caprique seré reina de la escena, en que se cumplirán las nerse: apenas comió, y apenas pudo fijar su atención
cho de su maestro y lo había cantado tres noches
profecías de mis maestros, pero se cumplirán sobre- en la deliciosa charla de los niños.
pujando sus predicciones: siento como nunca fiebre
Se levantó de la mesa para encerrarse en sus habi- grati~. Ahora estudiaba Lucia, la cantaría también,
y así sucesivamente hasta hacer un repertorio de las
de grandezas, de brillo de sol, de vida exterior; nece- taciones.
sito que me aplaudan, que me consideren, que me
Camila, á quien no pasó inadvertido el malestar de óperas que más le gustasen. Una vez hecho y cuando
adoren y que me envidien.
Luis, hízose la desentendida y no le preguntó si es- en toda Europa se hablase de ella y se la desease,
- ¿Todo eso necesitas? ¿Para olvidarte acaso de mí? taba enfermo: para ella era indudable que dejaba algo saldría de Milán contratada; hasta entonces no.
La satisfacción, la íntima felicidad que presumía
- ¡No! Para que te envidien á ti. También pienso en Madrid y que sentía marcharse.
en mi prima: ¿quieres. creerlo? Desde que hemos toAl siguiente día parecía Pacheco más animado. había de tener al recibir aquellas noticias quisiera que
mado esta resolución he vuelto á recordarla, y sueño Salió por la tarde, fué á visitar el nido en donde re- la sintiese en aquel día tan señalado para ambos, y por
con vengarme de ella. ¿Te asombras, verdad? ¡Ven- fugiaba su alma enferma, entregó dinero á la criada, eso la retrasara; le pedía perdón por tamaño egoísgarme yo que no siento odios por nadie! Pues por mi le dió órdenes y se despidió hasta dentro de dos mo. No le hablaba de sus ansias de verle; no le decía
que lo adoraba. Jamás tocaba este punto, como no lo
prima sí que los siento: podría perdonarle mis sufri- meses.
tocaba Luis en sus cartas; pero en cambio la señora
mientos, mis humillaciones; pero las humillaciones y
- ¿Irá usted á verá la señorita?
los sufrimientos de mi madre no tienen perdón; no
- No. Hasta que ella venga á Madrid no la veré. de Altuna era más explícita; le participaba que había
puede haberlo en el corazón de una buena hija.
Las cartas de Pala debían ir á la calle de San Mi- llorado mucho la noche del debut después de la fun- ¡Despréciala!
guel. La muchacha recibió un ciento de sobres con ción, y que dijera: «¿De qué me sirve la gloria, si no
- Antes podía, ahora no puedo. El des~o de en- sus correspondientes sellos para que las encerrase de le veo?»
Luis no podía salir de aquel gabinetito. Allí gozagrandecerme va unido al deseo de humillarla. Perdó- nuevo y las reexpidiese á San Sebastián sin perder
ba, allí era feliz y presumía que le esperaban fuera
name, Luis; creo que sería capaz de enloquecerá su correo.
esposo si llegase á poner en mí los ojos. ¡Oh! Hacerla
Los ocho días que tardó Luis en saber de Pala los desencantos de la realidad.
La vida de su hogar no era íntima; no podía viopasar las torturas que sufrió mi madre, es lo que me fueron terribles. ¡Por fin, habían llegado bien; estaban
lentarse más de lo que se violentaba, pero tampoco
preocupa desde hace ocho días.
instaladas, lindamente instaladas en Milán!
Y era cierto. Se había refugiado Pala en el odio
Luis pidió la dirección á San Sebastián; el retraso era tan tirante como había sido. Acompañaba á su
que sentía hacia la hija de su tío para distraer el dolor que las cartas sufrían yendo á Madrid era para él esposa al Real, á bailes y á reuniones, y nada más;
de una separación cruel; la esperanza de ser admira- mortificante por demás.
cuando estaban solos, ninguno de los dos hablaba; él
da, de valer ella más, pobre huerfanita, que la dama
Pasó el verano pendiente del correo, esperando no sabía qué decir; ella esperaba que le dirigiese la
rica y fastuosa, mitigaba en parte el dolor que le ate- impaciente, contando los días, las horas y los minu- palabra.
naceaba el alma.
tos y desesperándose y telegrafiando inmediatamente
Camila era lo que se llama una mujer hermosa y
- No digas eso, Pala: tú no eres capaz de engañar si una carta no llegaba el día que debió llegar. A los solicitada por los que encuentran muy sabrosa la fruá nadie, ni de fingir amor, y menos por venganza: no pocos de establecerse en Milán comenzó Pala sus ta del cercado ajeno. Pacheco lo sabía; sin embargo,
confundas los resentimientos justísimos que sientes lecciones; tenía mucha prisa y no quería perder el estaba tranquilo; conocía á su mujer y hubiera juracon el odio, que no cabe en tu pecho: si mañana tu tiempo. El maestro, ~ quien la voz de la españolita do que el orgullo de Camila era el más fiel guardador
prima te pidiese pan á ti que no lo has recibido de había llenado de admiración, estaba asombrado de de su honra. Antes de conocer á Pala reconocía que
su mano, ten la seguridad de que no la imitarías.
los progresos de su discípula; era un genio musical, su mujer era un adorno que podía satisfacer el amor
Los preparativos de viaje adelantaban-en casa de era un prodigio de agilidad y un portento de com- propio de cualquiera; después de aspirar el perfume
Pacheco: Camila andaba tevuelta con modistas, som- prensión; en una palabra, era el arte mismo aquella delicado de la violeta humilde, le pareció insoportabrereras, zapateros y comerciantes de novedades; esto criatura que acababa de cumplir los diez y siete años. ble la camelia altiva.
la distraía de sus malos humores, pero no la impulAsí se lo escribió la señora de Altuna á Luis, sin
Contento, contentísimo llegó Pacheco á su casa.
saba á ser amable ni á doblegarse á su marido. «Estoy que Pala lo supiese. También le comunicaba, .según Había puesto en el correo la contestación á la carta
herida, pensaba, y debe ser él quien pida miseri- las instrucciones que de él había recibido, que la sa- que tan feliz le había hecho; no pudiera contenerse
cordia.»
lud de la niña era delicada; decía que nada la dolía, y hablara en ella de amor, de ilusiones, de belleza,
Pero Luis no la pedía ni parecía preocuparse de pero según opinión de ella sufría muchísimo moral- de flores, de pájaros, de querubines y de cuantas colos desplantes de su mujer. Era el mismo para sus mente Pocas veces sonreía; besaba con transporte las sas poéticas á su mente acudieran. No pudo calcular
hijos, para sus servidores, para todo el mundo; pero cartas de él y la suplicaba luego que á nadie s.e lo el daño que con aquellas frases había de causar en
algo invencible,algo inexplicable le apartaba cada vez dijese. Paseaba poco; sus estudios y la corresponden- las heridas de Pala. Sólo pensaba en la contestación.
más de Camila. Los defectos de ésta se atropellaban cia con su protector eran la preocupación constante ¿Por qué la vista de aquel retrato le había excitado
por salir á la superficie; las comparaciones no cesaban de su existencia; no vivía para nada más sino para los nervios hasta el punto de hacerle quebrantar sus
de mostrarse implacables con los deberes y en lucha volver á Madrid con un nombre célebre.
juramentos? No lo sabía, no podía explicárselo. ¿Le
abierta reñidísima con éstos. El alma de Camila era
La familia de Pacheco regresó á la corte en el mes parecía otra Palita? ¿Era ya más mujer y menos ánenemiga de la suya; la de Pala su gemela, su igual; y de octubre. Apenas llegó Luis á su casa salió de nue- gel? ¿Hubiera dejado de respetarla si á su lado la tusin embargo, ¡era preciso huir de la hermana querida vo para visitar la de Pala: todo estaba limpio y en viese? ¡Quién sabe!
para vivir encadenado á la hermanastra odiosa!
orden como si allí viviese ella; la muchacha era exceLa idea de que había debutado, de que había reíSus hijos, ' sus hijitos inocentes remachaban la ca- lente y Pacheco la quería mucho; al verla no pudo do y jugado en la escena y de que el tenor, en forma
dena, sus deberes de hombre honrado, la idea de que menos de abrazarla con alegría; creyó que iba á ver de Almaviva, la había estrechado entre sus brazos,
ninguna falta imperdonable podía reprochar á Ca- á Pala, á encontrarla en su gabinete. ¡Qué desencan- le hacía morir de celos; pero también le impulsaba á
mila; pero... si otra mujer que no fuese tan pura ni to y qué pena!
mirarla bajo otro aspecto más terrenal y menos cetan ideal como Pala le inspirase aquella pasión, ¿huTodos los días de aquel invierno fué Pacheco á la leste. Mientras había permanecido en su casita, recorbiera sido.tan mirado y tan fiel cumplidor de sus debe- calle de San Miguel, allí pasaba la tarde y á veces daba la misma Pala de antes de partir; una vez en la
res? ¡Otra mujer! ¿Cuál? ¡Ninguna! ¿Acaso había fijado algunas horas de la noche; allí recibía las cartas, allí calle, una vez á solas con su cerebro saturado de Rojamás el pepsamiento dos días en una misma? ¿Aca- las contestaba, allí soñaba despierto y allí veía flotar sina y viéndola por el prisma de los sueltos que haso había sabido lo que era amor hasta que había co- la imagen de Pala, embriagándole con sus palabras bía leído, era la mujer, r.ra la artista, era la prima
nocido á la oiña desvalida?
de agradecimiento y con sus sonrisas de amor.
donna picaresca tan celebrada.
El viaje estaba fijado: Luis no quería dejar á Pala
Un día del mes de enero, aquel en que precisaLo primero que le comunicó Joaquín al entrar en
en Madrid, quería enviarla delante, prefería ser él mente hacía un año que Luis volvía á su casa des- el despacho fué que Luisito, el niño mayor, estaba
quien la viese partir, quien sufriese las torturas ma- pués de haber perdido cinco mil pesetas, último di- enfermo. A media tarde lo habían acostado; el médiyores.
nero que jugara, fué como de costumbre más preocu- co no había hecho más que recetar; tenía mucha fieLa víspera del día que debía salir Luis con su fa. pado, más triste. Los recuerdos eran vivos y por lo bre y no se podía diagnosticar así de repente.
milia para San Sebastián salió Palita para Italia con tanto crueles.
Luis corrió á verle; allí estaba la madre muy afligisu dama de cómpañía. Pacheco no las dejó hasta
¿Se acordaría Pala de aquella fecha? ¡Vaya si se da; no se puso menos el padre. Casi se reprochó su
que el tren hubo partido: ¡aquel tren que se llevaba acordaba! Allí tenía un paquete, un paquete grande y conducta; había estado ausente entretanto su hijo
su vida!
abultado. Era una carta de muchos plieguec-illos, sufría.
Pala no pudo llorar: estaba desencajada, tenía fie- un retrato en el traje de Rosina del Barbero, y muEn toda la noche no se apartaron ni Luis ni Cabre y temblaba como había temblado tiritando de chos recortes de periódicos. ¡El asombro! ¡Lo nunca mila de la cabecera de la camita. El dolor los estrefrío en la desmantelada buhardilla. Hasta que no sin- visto! Pala había debutado hacía quince días; no qui- chaba; algunas veces acariciaba Pacheco á su esposa'

¡¡

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623

para infundirle alientos, asegurándole que no sería
nada.
Al día siguiente declaró el médico que se trataba
de una pulmonía. Los padres dieron al niño por
~uerto, viendo la cara que ponía el doctor para deculo.
Luis ~o pensó_y_a en Pala, ni en ir á recoger sus
cartas, m en escnb1rle. Su hijo se moría, su hijo del
alma, un hermoso ángel de nueve años que era la dicha del ~10gar. Camila. e~taba desolada; la pena le
hacía olvidar sus resentimientos, deponer su carácter
y refugiarse en su marido. Éste la recibía en sus brazos con a~or, con !ransportes delirantes de pena y
de compasión; la cmdaba como al enfermito la mi'
maba como a, él y no recordaba que tuviese defectos
ni mal humor, ni pequeñez de sentimientos ni qu~
fuese egoísta ni destemplada. Era la madre de aquel
pedazo de sus entrañas, era la compañera de su vida,
era carne de su carne y sangre de su sangre. Le dolí~ á él lo que á ella le dolía, sufrían ambos por la
misma ca~sa; ya no había diferencias, ni aparecían
las mezqumdades de espíritu, ni se advertía la falta
de inteligencia, ni existían defectos de ninguna clase.
~abía_ quedado la madre, la madre de los hijos propios circundada con la aureola del sufrimiento.
A los cuatro días el niño era cadáver; el dolor de
los padres no tuvo límites; la razón de Camila estuvo
en ~eligro, y Luis creyó también volverse loco· mas
sobreponiendo sus penas al dolor que le atena~eaba
el alma, dedicó todos sus esfuerzos á consolar á Camila y á cuidar al pequeño Juanito, único amor que
les quedaba. Volvieron para los esposos los días
amantes de su tranquilo matrimonio, más amantes
aún, porque Luis no se apartaba ahora de su mujer
y no la dejaba sola un momento para que no se entregase _al dolor. Hacía un mes que no pensaba en
Pala, m en sus cartas, ni en ir á la calle de San Miguel, ni en nada que no fuese el hijo muerto y el dolor de la madre.
Los periódicos ~acaran á Luis de su letargo. Daban cuenta, traduciendo de los periódicos italianos
del éxito colosal, nunca visto, alcanzado por una com~
patriota en Milán. Jamás habían oído los milaneses
una Lucia mejor cantada; el aria de la locura fuera
un prodigio de agilidad, de floreos divinos, de trinos
celestiales, de picados limpísimos y de realismo espeluznante. Las gentes se atropellaban al escenario para
ver á la cantante, una jovencita interesantísima, creyen~o _que la locura no_ era fingida y que aquellos
mov1m1entos, aquellas miradas incoloras y vagas, que
revelaban un trastorno momentáneo del cerebro, eran
efecto de repentina demencia. La eximia artista había sido presa de un accidente que la tuviera tres
horas insensible, sin darse cuenta de nada de lo que
á su alrededor pasaba, y volviera á la vida cuando
los médicos desesperaban de salvarla. La Pala, que
así se llamaba el nuevo astro, continuaba en estado
relativamente satisfactorio, aunque muy delicada.
Para Luis fué una revelación la noticia· había llegado á olvidarse casi por c_ompleto de su' protegida.
- ¡Pobre niña!, se dijo; y felizmente no le habrán
faltado recursos; si no, ¡qué hubiera sido de ella! Esta
tarde recogeré sus cartas y la escribiré; pero ahora
ahora mismo voy á poner un telegrama urgente. ¿Có~
mo estará? Creerá que la he olvidado, que la abandono ...
Escribió precipitadamente y 1lamó á Joaquín.
- Toma, le dijo, sin perder momento pon ese parte urgente; corre.
El ayuda de cámara obedeció incontinenti y antes
de dos minutos estaba en la calle.
/Lifcíal, ¡cantara Lucía/ ¡Qué interesante habría
estado Pala con su ropaje blanco y su cabello suelto! ¡Qué bien sentaría á su ~emblante dulce y triste
el dolor de la víctima desposada!
Cuando el ayuda de cámara volvió del telégrafo,
estaba Luis todavía en la misma postura que se había quedado, con los codos sobre la mesa y la frente
apoyada en ambas manos.
La presencia de Joaquín le hizo lanzar un grito;
recordó el contenido del telegrama, recordó lo que
había escrito. ¡Qué horrible pena iba á causar á Pala
con su revelación! ¿Qué diría al recibir aquellas noticias?
«Enfermedad y muerte de mi hijo tuviéronme
medio loco; no te olvido: hoy escribo.» Esto pusiera
Luis sin darse cuenta, atento solamente á la verdad,
y esto transmitiría el hilo eléctrko. ¡Qué imprudencia!
¡Po~re Pala! Comprendería que era casado: podría
explicarse su conducta con ella. ¿Sabría apreciarla?
Ya no le quedaría duda de que la amaba de veras.
¿Qué diría? ¿Querría contestarle?
Aquella tarde fué á la casita de Pala: encontró á
la criada asustadísima, porque suponía que alguna
desgracia ocurriera al señorito. Cartas de su protegida y de la señora de Altuna, telegramas, todo lo en-

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

contró Luis en el gabinete. ¡Cómo le reprochó su si- Madrid, y si voy, ¡cuán penoso me sería entrar en
lencio leyendo aquellos amargos renglones impreg- aquel gabinete en donde pasé los mejores días de
nados de lágrimas! También se había dirigido Palita mi vida!»
á la muchacha y ésta le contestara que nada sabía
Pacheco creyó morir de pena. ¡Vender sus muedel señorito.
bles! .. ¿Deshacerse de aquel nido en donde encerraba
Luis escribió una carta muy larga: hacía referencia su dicha? No: no lo haría entretanto no tuviese otro
á la noticia telegráfica de la mañana, y explicaba to- recuerdo más vivo de ella.
do: su amor, su respeto, su situación...
·
En Nápoles hizo Pala furor como en Milán; de
. Ja~ás enamorado alguno supo expresar mejor lapa,. allí pasó á Roma, de Roma á Turín y de Turín i
sión sm esperanza y la lucha del corazón entre el amor Florencia.
y los deberes de alta moral; su sacrificio era inmenso·
En este punto se agravaron sus males, y un médico
el mundo no hubiera sabido
'
apreciarlo; pero apreciándolo
ella ...
Después de escrita esta
confesión sentíase Luis más
tranquilo; arregló cuentas con
la criada, fué á tomar una letra de cinco mil francos sobre
Milán, la metió dentro de-la
carta, y una vez puesta en el
correo volvió á casa; era la
vez primera después de la
muerte de su hijo que se apartaba de Camila. Para ésta no
pasó inadvertida la salida de
aquella tarde y Luis comprendió que su mujer estaba disgustada; volverían á las tiranteces antiguas si él no procuraba regularizar su vida haciendo que ella la regularizase; pero Camila,acostumbrada
de nuevo á ser la preocupación constante de su marido,
ya no cedería de grado su imperio soberano.
Conforme pasaban los días,
volvía la figura de Pala á enseñorearse nuevamente del cerebro de Luis.
Creyó éste que contestaría
la niña al telegrama y esperó
inútilmente con impaciencia
difícil de ocultar.
Durante dos ó tres días fué
por mañana y tarde á la calle
de San Miguel. Camita tornaba á ponerse furiosa: diariamente también se reanudaban
los llantos por el hijo adorado; el desamor de que acusaba á su marido y las faltas de
consideración que según su
criterio cometía con ella, acababan por una explosión de
lágrimas que dedicaba á Luisito: el amor de la madre se
desbordaba más cuanto más
sentía que el de la esposa iba
siendo otra vez relegado.
Por fin llegó la contestación
á la carta de Pala; había tarAlgunas veces acariciaba Pacheco á su esposa pata infundirle alientos ...
dado tres días en contestar,
por ocupaciones, decía ella,
pero la señora de Altuna comunicaba Luis que español le recomendó que volviese á España. El nompor enfermedad; la salud de la señorita era delicadf- bre de Pala era ya un amuleto para las empresas y
sima, pues la noche que había cantado Lucía ya la todas solicitaban á la cantante.
'
dieran por muerta.
Acababa el ver~no, y aquel otoño debía cumplir
Pala no contaba nada á su protector: le hablaba sí Pala su compromiso de cantar en Londres: Luis esde sus ilusiones artísticas, de sus triunfo5 y de todo taba en San Sebastián luchando entre sus deberes recon in~iferencia: «Si hubiera sabido que eras casado, cargados por las exigencias de Camila y su anhelo de
no hubiese aceptado tu protección sin el consenti- ver á Pala, su desesperación porque no la veía.
miento de tu esposa: háblale de mí y dile que com- ¡A España! Todavía no, dijo Pala; iré cuando
parto con ella el agradecimiento que te guardo.» Esto me sienta mejor.
decía Pota C?n:1º si su alma no se hubiese roto en peAludía la niña á sus males del alma.
dazos al escnb1rlo. Hablábale de la muerte del niño
Fué, pues, á Londres y firmó ali! su contrato para
muy condolida, y le aseguraba que si la vida de ella Lisboa.
pudiera de~olver la suya al angelito, la diese sin tituLa señora de Altuna temía mucho el mareo y ponía
bear y sonnendo.
reparos á embarcarse; pero Pala dijo que romperla
Luis leyó esta carta llorando; las frases de Pola su contrato antes que pasar por España. No hubo
eran su martirio, su tortura; eran la última esperan- remedio, y ¡dichosa terquedad!, pues que el viaje por
za: ya lo sabía todo; ya le olvidaría; quizás escuchase mar sentó admirablemente á la joven, que recobró
de otros hombres frases amorosas, y las escuchase casi por completo su salud.
'
para no pensar en él, para olvidarle. Olvidarle no:
En noviembre llegó á la capital lusitana· cuando
Pala no era de las que olvidan. ¡Le recomendaba que Luis supo que la tenía tan cerca tembló de ~moción:
hablase de ella á Camila! ¡Pobre niña! Juzgaba el al- verla, verla era el afán de su alma: «¡verla y morir desma de las otras mujeres por la suya. ¡Oh! ¡Si Camila pués!,» decía, golpeándose el corazón.
hubiese tenido su almaL
La escribió pidiéndole consejo para ir á Lisboa, y
_La carrera de Pala estaba terminada y firmó su Pala contestó que no, que no fuese: «déjame vivir alpnmera contrata para Nápoles. Aquel día escribió á gún tiempo más,» decía.
Luis:
'
Este grito escapado del alma después de nueve
. «No me env~es más dinero, decía; pronto seré meses que ni una palabra revelaba que Pola continea; ya gano mas de lo que necesito para mí y para nuase adorando á su protector, fué un puñal de dos
esta segunda madre que me ha deparado el cielo: filos para Luis.
vende mis muebles, Luis; tal vez no vaya jamás á
( Co11ti11ttará)

a

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

6~3

to, zapatero de oficio, «que asis~ió á la muerte de Je•
sucristo y que desde entonces vive.» Sea lo que fuere
de estos orígenes, los historiadores están conformes
en presentar al Judío errante andando á 1~ ventura,
atravesando rápidamente ciudades, apareciendo tan
pronto en Hamburgo, como en Moscou, como en
París, pero siempre con el mismo aspecto. Los autores de estampas están también de acuerdo al representar los retratos siempre según el mismo modelo:
un tipo judío envuelto en luenga capa, con barba y
cabello rizados, de mirada lánguida, cejas tristemente
contraídas, etc.
Evidentemente los historiadores y los grabadores
no se han puesto de acuerdo de un extremo á otro de
Europa para hablar del Judío errante ó retratarlo:
éste ha existido realmente, y los que de él hacen mencióu obran de buena fe. ¿Cómo, pues, ajustar la uniformidad de las descripciones, esa vida y esa marcha
eternas con los datos de la ciencia? Según M. ~eige,
ha habido varios judíos errantes que han sido ton_iados
por un solo y mismo individuo, porque todos tienen
siempre el mismo aspecto general: estos individuos
eran judíos neurópatas dominados por la necesidad
de viajar y á menudo procedentes de un mismo origen. Es más, enfermos de estos los hay aún y algunos
han podido verse en la Salpetriere, adonde los atraía
la reputación universal de M. Charcot. Basta obser•
varios aun superficialmente y hacerles referir su historia para ver en cada uno de ellos al mismísimo Judío errante.
Entre los casos recogidos por M. Meige citaremos
el de Moser B... , llamado Moisés, de treinta y ocho
años de edad, judío polaco nacido en Varsovia (figura 2 ). De niño fué recogido por la autoridad militar
Establecimiento de aguas minerales del Peñón, en México (de una fotografía)
rusa y puesto en una escuela especial, en donde recibió cierta instrucción. Instigado por sus superiores
En el centro de una de sus galerías hay una gran para que abjurara de la religión judía, luchó durante
sanitarias, aunque lo contrario crean algunos euro•
peos. Reina alli el clima de la zona intertropical, una fuente de aguas minerales potables, coronada por un largo tiempo antes de decidirse á renegar de la fe de
primavera eterna, con un cielo límpido y una atmós· ídolo gigantesco, copia exacta de uno de esos monofera que constituye un elemento de inmunidad contra litos aztecas que de cuando en cuando descubren los
esa gran enemiga de la vida humana, la tuberculosis. excavadores en el Anahuac.
El grabado que publicamos, tomándolo de una fo.
Hace algún tiempo un médico francée, M. Jourdanet, en su libro Mixico y la A111¿rica tropical afir- tograffa, reproduce el establecimiento de baños meximó que el aire de las alturas mexicanas es mucho canos del Peñón.
QUEVEDO
mejor contra la tuberculosis que todas las linfas conocidas, inclusa la de Koch.
Recientemente en el Congreso médico celebrado
en Berlfn un profesor mexicano, el Dr. Liceaga, prel&lt;'.L JUDÍO ERRANTE EN LA SALPETRIERE
sentó una memoria sobre la benignidad atmosférica
de la cordillera mexicana con relación á la tubercuHay siempre algo de verdad en las leyendas, aun
losis. Apoyándose en datos estadísticos irrecusables,
el Dr. Liceaga hace especial mención de las populo- en las más embrolladas: tal sucede, por ejemplo, con
sas ciudades de Zacatecas, Oaxaca, etc., en donde la la tan conocida del Judío errante, que puede explicartuberculosis pulmonar es desconocida ó poco menos, se invocando los ejemplos tomados de la neuropatoy señala otras, como la capital, México, en donde la logía. Sobre este asunto acaba de publicar el Dr. Entuberculosis se desarrolla en proporción notablemente rique Meige un trabajo en extremo curioso que vamos
inferior á la que se observa en las ciudades europeas. á extractar.
Conocido es el origen de la historia del eterno viaEn resumen, de la citada memoria se desprende el
hecho importante de que el aire de todas las pobla- jero, Cartófilo, Ahasvero, Isaac Laquedem, según los
ciones de la meseta central ejerce saludable influen- países. Cartófilo parece ser que era portero del pretocia sobre los tuberculosos procedentes, sea del extran- rio de Poncio Pilatos, y cuando Jesucristo transpuso
jero, sea de las tierras bajas de México, que si no se el umbral de la puerta díjole, dándole un puñetazo:
curan por completo experimentan allí notable alivio. «¡Anda, Jesús, anda más de prisa! ¿Por qué te dePero la meseta central, ó sea el valle de México, tienes?» Jesüs, volviéndose á él, le replicó: «Síanademás de estación sanitaria para los tuberculosos es daré; pero tú esperarás mi segunda venida y anda•
una estación balnearia de primer orden. A ~uatro ki- rás sin cesar.» Según otra versión, Ahasvero es un
lómetros de la ciudad de México brotan las aguas del hombre alto, de luenga cabellera, judío de nacimien- Fig. 2 . Moser B... llamado Moisés, israelita, neurópata viajero
manantial del Peñón, que han sido clasificadas entre
las bicarbonatadas mixtas y que tienen gran analogía
sus mayores, y sintiendo que no tardaría en sucumbir
con las de Royat y Mont-Dore. Cerca de la fuente
huyó de pronto y salió de Rusia. Tenía entonces
álzase la pequeña montaña roque~a, Cerro del Peñó~,
quince ó diez y seis años y no sabía oficio alguno, y
y al otro lado, al pie de éste, extiéndese la superficie
desde aquel momento empezó á ir errante de país en
tranquila del lago Texcoco..
.
país sin objeto determinado. En Budapest se casó y
Las aguas del Peñón eran ya ·muy co_no~(das de
permaneció algún tiempo en aquella capital, en donlos antiguos aztecas, de ese pueblo pnm1t1vo del
de tuvo tres hijos; pero esta parada era demasiado
Anahuac que bordaba una leyenda sobre cada maralarga para él, y la necesidad de viajar le atormentaba
villa terrestre y que también inventó una p~ra ~que!
incesantemente, hasta que se llevó á su familia á Je•
manantial suponiendo que brotó en el sitio mismo
rusalén y allí la abandonó para recorrer el mundo.
en donde cayó mortalmente herido, durante una baCada cinco años hacía una visita á los suyos, perma•
talla, un famoso guerrero. Este origen sobrenatural
necia al lado de éstos unos días y emprendía de nue·
respondía á las virtudes curativas que aquellas gentes
vo
la marcha hacia nuevas tierras. En cuanto á la ra·
atribuían á las aguas del Peñón, de las que s~ s_ervían
zón
que de continuo le obligaba á cambiar de lugar,
en pociones y fricciones contra sus i¡&gt;adec1m1en_to~.
«era
- dice - el deseo de encontrar un remedio al
Los conquistadores españoles establec1~ron allí piscimal
que
sufría desde la edad de veinticinco años,
nas y fuentes, y por medio de excavac1~nes y pozos
que
no
me
daba tregua ni reposo y acerca del que
artesianos alumbraron nuevos manantiales al lado
he consultado con todos los especialistas del mundo.»
del primero.
.
De esta suerte ha recorrido Polonia, Alemania, AusRecientemente, gracias á la iniciativa de un emitria, Bélgica, Inglaterra, etc., hasta que la nombradía
nente hombre de Estado mexicano, D. Manuel Rode la Salpetiere atrajo á Moisés á París en 1892: allí
mero Rubio, se ha levantado en el sitio donde brota
se presentó vestido con un levitón negro, viejo y reel manantial un magnífico establecimien~o que r~smendado, recordando su aspecto al de los judíos poponde á las modernas exigencias de la h1droterap1a:
lacos.
Su rostro flaco y demacrado desaparecía bajo
es un gran edificio de dos pisos, en donde se encuenuna
barba
larga é inculta y una cabellera grasienta;
tran al lado de las salas y gabinetes balnearios otras
su
frente,
alta,
estaba surcada por profundas arrugas;
tantas habitacioues confortables, fonda, restaurant, sasus
espesas
cejas
se juntaban sobre la nariz formando
Fig.
1. Teófi!o M... israelita, neurópata viajero
lones de reuniones, de billar y de lectura; en una pa-

la1:Jra, todas las dependencias juntas de un balneario y
de un casino europeo. Galerías hermosamente decoradas de estilo azteca, bañeras inundadas por suave
LOS BAÑOS DEL PEÑÓN EN MÉXICO
penumbra, piscinas y sudatorios construidos y adorLas montañas mexicanas, las vastas mesetas de la nados según el gusto clásico inspirado en el recuerdo
Sierra Madre, en donde están situadas las principales de las termas de Pompeya y de Roma: he aquí lo que
ciudades de México, reunen excelentes condiciones encuentra allí el visitante.
SECCIÓN CIENTÍFICA

LA ILUSTRACIÓN
dos pliegues muy marcados que daban á su Asonorrt{a
una expresión atenta y dolorosa; su nariz aguileña
caía sobre unos labios gruesos y estaba separada de
las mejillas por profundas arrugas. Conocía el inglés,
el turco, el ruso y el hebreó, pero hablaba principalmente el alemán. Al encontrarse en presencia del
doctor Charcot refirióle la larga historia de sus sufrimientos y leyóle una lista detallada de los síntomas
que sentía. A veces describía sus padecimientos con
entusiasmo, luego se enternecía de pronto y se ponía
á lloriquear. Si se le proponía un tratamiento escuchaba con atención, y después se sonreía, movía la
cabeza con ademán de incredulidad y decía que cuanto había probado había sido siempre inútil. Moisés
estuvo un año en París sometido á un tratamiento
eléctrico; pero viendo que no se remediaba gran cosa,
partió de allí en busca de una curación que no había
de encontrar.
Lo mismo le sucedió á Teófilo M., de Wilna, de
cuarenta y dos años (fig. r): empezó á viajar joven;
frecuentó los hospitales de Rusia, Alemania, Austria,
Inglaterra, y sólo estuvo algunas horas en la Salpetriere.
La historia de otros enfermos es la misma que las
de estos dos. Comparando los neurópatas viajeros en·
tre sí y con el Judío errante, llama desde luego la
atención el origen idéntico de todos ellos, que parecen haber salido del mismo punto, situado en los confines de Alemania, Polonia y Austria. Todos son políglotas, pero hablan preferentemente el alemán; el Judío
errante h~blaba también el idioma de cada país; todos

791

ARTfsttcA

sistema para obtener fotografías en colores, habiendo
presentado en una de las últimas reuh1ones de la So•
ciedad francesa de Física las últimas pruebas hechas
según su procedimiento por M. Lumie'ré. Consistieron éstas en paisajes admirablemente reproducidos y
en los primeros retratos en color obtenidos del natural, entre ellos el de un oficial de ejército cuyos galones y botones del uniforme tenían reflejos metálicos
y el de un químico rodeado de bocales llenos de' soluciones de variados colores. En esos clisés las carnes
y los diversos tonos aparecen con una pureza y riqueza de matices admirables.
Estos resultados son notables, pero no pasan por
ahora de experimentos de laboratorio: el método no
está todavía bastante perfeccionado para la práctica
ordinaria, porque las actuales preparaciones sensibles
son poco permanentes y produc;:en resultados muy
desiguales, sin que se sepa aún la causa de tales anomalías.
Téngase, además , en cuenta que la fotografía
de los color.es obtenida por el método interferencia!
no se presta ni probablemente se prestará nunca á la
reproducción en papel. Los colores se obtienen sobre
cristal y sólo son visibles cuando la placa está en una
posición conveniente con relación á los ojos de los
que la miran. De modo que hay que mirar el clisé
por reflejo, y si se quiere enseñar la imagen colorada
***
FOTOGRAFÍA EN COLORES
á varias personas á la vez, es preciso proyectarla en
la obscuridad por medio de un aparato reflector luSegún vemos en un periódico francés, el profesor minoso que produzca el mismo efecto que una linterG. Lippmann ha realizado nuevos progresos en su na mágica.

sorJ judlos y dentro de sí sienten el impulso que les
hace viajar casi siempre sin causa aparente, á menu•
do para consultar un médico nuevo. Viven de limosnas y de lo que les dan sus compatriotas de cada
país; como el Judío errante, visten muy pobremente
y llevan una gran capa ó una levita larga hasta los
pies; son casi siempre hombres de treinta á cuarenta
años que representan muchos más por las arrugas que
surcan su rostro; llevan la barba larga é inculta, que
es quizás el signo característico en ellos. La fisonomía de todos los neurópatas viajeros expresa sufrimiento, cansancio, desesperación: la cara flaca, los
pómulos salientes, las mejillas hundidas y las arrugas de la frente son cosas que se encuentran en to·
dos esos enfermos y en los retratos.
Desde el punto de vista patológico, los neurópatas
viajeros son, ante todo, extenuados, nerviosos, neurast¿nicos, y presentan todos los caracteres físicos y psíquicos de éstos y algunas veces también la historia.
El Judío errante no parece tampoco que gozara de
un gran equilibrio nervioso, porque siempre que pudo hablar con alguien se dió á conocer como perseguido.
ENRIQUE CouP1N
(De La Natt,re)

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 623, Diciembre 4</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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