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                  <text>. ~trtélC10t)

Ftí~tietx.
A&amp;o XII

BARCELONA u DE DICIEMBRE DE 1893

NÚM. 624

Con el presente número repartimos á nuestros suscriptores el tomo primero de la obra de D. Ricardo Palma.
TRADICIONES PERUANAS, con ilustraciones de Nicanor Vázquez

•

EXCMO. SR. D. ARSENIO MARTÍNEZ CAMPOS, general en jete dei ejército de Africa
(De foto¡rafia de D. J. Marti)

�LA li:.ustRActóN ARTísTtcA

794
SUMARIO

Texto. - Los S11cesos de Meli/la. Crónica de la guerra, por M.
Mart!nez Barrionuevo. - Gibraltar, por X. - D. Gil Escardillo, diputado á Cortes por Cabezabaja, _por C. Frontal\r~. Nmstros grabados. - La Pola (conclus16n), novela ongmal
por Eva Canel, con ilustraciones de J. Cabrinety. - El servicio de Correos en China. - Libros recibidos.

Grabados . -Excmo. Sr. D. Anenio Martfmz Campos, general en jefe del ejército de A/rica. -D ..Mig11el Martínez
Campos, D. Rafael Moreno, y D. Laureano del Busto, ayudantes del general en jefe del ejército de Africa. - Fuerte de
Rostrogordo. Kabilas del Rif - Vistas de Gibraltar, dos grupos con seis grabados. - /eje de la ambulancia enviada á Melil/a por la Cntz Roja de ltfadrid. - Un día de audiencia, co•
pía del cuadro de J. Jiménez Aranda. - Los tenientes 11enera/es Sres. D.José Chinchilla y 011ate y D. F. Primo de Rivera.
- El general de división Excmo. Sr. D. Manuel Macias. Sres. jefes y oficiales del regimiento de i11fa11terla de Toledo
111/111. 35. -El 11ü10Ra11I Fausto Capabla11ca, notable ajedrecista.
"••••••••••••••,t•,,•, ,t•,,•,,",l '• •••,1"11••••• .. •••"•l'••••,¡•1, ••,1'••" •••••••,1•,,•,,1•1,•1,r•,, •, ,r•,,•,,,,,¡•1,••,/'1,'•,1,

LOS SUCESOS DE MELILLA
CRÓNICA DE U

GUERRA

V

Martíoez Campos llegó á Melilla después de aquella serie de ovaciones· obtenidas en su marcha, sin
que se interrumpiesen un solo instante, desde Madrid

d~jo la noticia de ser nombrado el general para el
ejército de Melilla.
Después de esto y aparte del entusiasmo de todas
las poblaciones de España, que no cesa, levantándose más á cada segundo - con la despedida de los
soldados al campo de operaciones, - después y aparte de esto, digo, nada ocurre en algunos días que
merezca notarse; hay que poner en duda, como siempre, tod·a esa acumulación de telegramas, gacetillas y
artículos, de que es imposible hacerse eco por temor
de que después haya uno ayudado á propalar perjudiciales y estrambóticas fantasías; lo que hay seguro
es que Martínez Campos conferenció inmediatamente
con el príncipe Araaf; que mantuvo éste sus súplicas
de que los moros continuasen en su comercio con Me·
lilla y sus afirmaciones de que trabajaba para la sumisión completa de algunos rifeños intransigentes, que
son los que soliviantan y enardecen á los demás; que
Martfnez Campos se negó á todo de una manera rotunda, como lo hizo Macias desde el principio; que
concedió el general un plazo de veinticuatro horas al
príncipe para que se internase en· el interior, ó se
amparara en nuestro campo, porque él empezaría inmediatamente de cumplido el plazo las operaciones
para el avance; que cumplido el plazo las operaciones dieron comienzo con gran expectación y ansiedad de todo el mundo, sin que liasta ahora se sepa,
aunque ya se sabrá de seguro cuando estas líneas se
publiquen, si Araaf se quedó en el Rifó pasó á nuestro campo... Y con todo esto, se ha sabido á la vez
que un penado maltrató torpemente á un moro adicto nuestro; que se le formó sumaria al punto y que
fué fusilado; de aquí resultó la orden de que se desarmase á la partida de la muerte, la más hermosa disposición que Martínez Campos pudo tomar desde su
corta estancia en Melilla, por aquello que dije en la
anterior crónica, de la tristeza que, sin ahondar mucho, produce en el corazón el pensamiento de que
los héroes de la campaña del Rif fueran unos presidiarios. De formarse la partida, lo mismo se hubiera
podido formar con hombres del ejército. El ejército
disciplinado y noble es el que debe pelear por la patria; los presidiarios, á presidio.

Sidi-Mohamet Torres envía una circular al cuerpo
diplomático; recomienda con mucho miedo gran circunspección para que se evite en lo posible que los
D. MIGUEL MARTlNEZ CAMPOS
súbditos de las respectivas naciones puedan dar ocaayudante del general en jefe del ejército ele Africa
sión á encuentros con los naturales del país; en otro
(de fotografia de J. Mari!)
lado se asegura terminantemente que el emperador
no tiene ganas de hacer sacrificios para castigar á los
al africano suelo; lo febril, lo inmenso, lo sobrenatu- rifeños; que esperá con el mayor reposo á que ios
ral de la expectación fué en Málaga; allí, donde todos
los espíritus parecían cansados de aquella tensión
perenne de cada día, de cada noche, de cada minuto; allí, donde se creyera que ya no había pechos
para aclamar, ni manos para aplaudir, ni ojos que llorasen, ni flores en los huertos para arrojarlas á las
tropas que iban á la guerra; allí, donde creíase imposible que hubiese ya nada de esto, en fuerza de lo
que ya se aplaudió, de lo que ya se lloró y de las flores que llenaron ya las calles como alfombra blanda
tendida para el soldado español, hubo más aplausos,
más vivas, más lágrimas y más flores que nunca: fué
un delirio, un frenesí; el corazón desbordábase con
aquel torrente de llamas de las imaginaciones andaluzas, aquel sol plácido de noviembre, aquellas
caricias bienhechoras del aire que gime y aquel eterno color azul de las alturas. En los círculos, en las

D. RAFA&amp;L MORE);O

ayudante del general en jefe del ejército de Africa
(ele fotografía de J. Mart!)

calles, en el hogar, en los bálcones, en las ventanas aquellas ventanas clásicas de tiestecillos, entre cuyas
hojas infíltrase el relámpago de los ojos de la malagueña, - en todas partes y en todos los tonos se
lanzó la misma nota: la del placer infinito que pro-

NúMERO 624

LA
quedan en la llanura. Todo el mundo está dispuesto,
con raciones dobles, material de sanidad y cuanto se
necesita, en fin, para emprender un combate largo y
decidido. En la orden del día, en que el general Martínez Campos explicaba la colocación de las fuerzas,
añadió sabios consejos de táctica, manifestando que
si hubiera lucha no creía preciso recordar á los jefes
y oficiales que con el ejemplo se hace valeroso el soldado; que ninguna fracción podía retirarse de su
puesto sin orden de su inmediato jefe; que aun en este
caso remotísimo, haríase el movimiento escalonado,
sin perder la unión y la disciplina; que en el movimiento de avance se tendría cuidado grandísimo de
no adelantar más de lo que se ordenó para que no quedasen retrasados los sostenes; que no se haría fuego
sin que lo mandaran los oficiales; que se procurara,
siempre que fuese posible, recoger las cápsulas par~
que el enemigo no las utilizase; que cuando los accidentes del terreno lo permitieran, se cubriesen los tiradores y los sostenes, procurando dirigir los ataques
de flanco á las trincheras, y combinando el fuego con
los ataques de frente; que la línea avanzada de guerrillas debía ser á rntervalos grandes y haciendo fuego los mejores tiradores, hasta que descubierto el
enemigo, se tomaran otras medidas, y en fin, que
confiaba, caso de que se rompiese el fuego, en que
los soldados españoles cumplirían la misión honrosa
que les confió la patria, que les estaba contemplando.
Así comenzaron el día 30 las obras del fuerte SidiAuriach. El fuego no se rompió.
A las cuatro de la tarde se suspenden las obras; ordena Martinez Campos la retirada; ni un solo hombre queda para impedir que los trabajos sean destruídos si los moros se oponen á ello, y es la prueba á
que Martínez Campos somete los deseos de paz de
los moros. La noche transcurre con una tranquilidad
de limbo: al amanecer se nota con cierta admiración
que las obras ejecutadas el día antes no han sido destruidas ... ¿Habrá que traer documentos que comprueben lo que voy á decir ahora? En el corazón de
muchos de aquellos hombres ... , de la mayoría... , de
todos, para decirlo de una vez, ¿no hubo un latido
más fuerte, de ira quizás..., ¡quién sabe si de dolor!,
porque las obras hechas el día antes se encontraron
intactas? Aquellos soldados españoles que han paseado toda la nación para llegar á Melilla; que en todas
partes fueron acogidos como salvadores; que en todas partes ofrecieron pelear por el honor de España
hasta morir; que en todas las almas encontraron admiración, patriotismo, caricias para animarles á la
pelea y ovaciones prematuras por las victorias que
habían de ganar seguramente; aquellos soldados, desde el primero hasta el último, ¿no se habrán encogido de hombros, pensando con iras calladas que el
desenlace no tiene relación, por su pequeñez, con
aquello avasallador y grande, de las lágrimas del hijo
de cuyos brazos le arrancaron, de la desesperación
silenciosa de la mujer amada que le vió partir, de los
gritos delirantes de las multitudes al despedirles y de
las flores que á su paso les pusieron como alfombra?..

lLUStRAClÓN ARTÍST1CA

795

á cavila~iones, buscando 1a explicación
de la actitud pacífica de los rifeños: «que
no s~ tiene l_a seguridad de que obedez,o~,1
ca dicha actitud al influjo del príncipe
moro; que no se sabe qué ideas son las
'!'
de las kabilas, ni lo que piensa el sultán ·
que el ~ultán hacía levas de tropas par¡
combatir no se sabía á quién; luego que
el _sultán despidió á sus tropas, pr~eba
evidente de que el mismo comino le importaban los rifeños que los españoles;
que se ven hogueras de noche en las
montañas vecinas, sin que se atine á sa- .
ber si esas hogueras son para llamar á a.l 1\
7J . •
los rifeños contra los españoles, ó para di:
que ayuden á Muley Araaf,» y por to~~
das partes, en fin, obscuro siempre to----do. Lo de Melilla siempre será lo que
ha s!do desde que empezó eso: será agua
turbia.
Lo que hay que creer como más acer' __-;- ----- ~·-: . . . ~:~~~~-~ .... :--=: : ·
tado! como producto de una lógica que
- ~
......
no tiene vuelta es, que los rifeños están
-""':-- -----.. ,_
pacíficos á la vista de los 25. 000 españo~
les que ven allí cerquita, á sus mismas
LA GUERRA DE A FRICA, -FUERTE DE ROSTROGORDO (copia de una fotografía remitida por s. Muchart, de Málaga)
n~rices, aunque muy pacíficos también,
ciertamente; vengan promesas de las
k_:bilas, vengan_ juramentos del bajá de que el ca- Rubio, excitando á la de Benisicar á renovar la lunno que nos tienen no ha de perecer nunca; ven- cha para impedir que las obras se efectúen; la espe- tra la vida de lo~ parlam~ntarios ó les insulten, y :i
g~n saludos embusteros, frases dulzonas de ase- ranza de que el baJá del campo de Mazuza y Frajana los que rebasen sm permiso la primera línea de los
sinos cobardes, que acarician con la mano izquier- pueda contener esos nuevos impulsos hostiles· los te- fuertes; con todas estas noticias, que no quitan ni
da, llevando en la derecha el puñal oculto á la es- legramas de casi todas las provincias afirman'do que a~ment~n la gravedad de la cuestióll magna, cierro
palda; sí, venga todo, humillaciones· rastrerlas1 pro- no queda ~atisf~cba la opinión con el envío de 2 5. ooo m1 crónica. _En~retanto empieza ya á hablarse de la
pósitos de amistad que no se rompa; venga todo, h_ombres a Mehlla para construir un fortín; la nega- vuelta del eJérc1to; ese no es motivo para que dejen
que ~uando los españoles hayan desaparecido, vendrá ción absoluta de los rumores espeluznantes que se de estar llegando t~opas. aún al campo de operaciotamb1é,n la sorpresa ~e noche á la guardia raquítica levantaron ~ef~rentes al río del Oro; que Martínez nes. Una observación: s1 para salvará la patria, que
que al~1 quede,_ ve~dra la matanza, vendrá el degüello, Campos resmt1ó de su herida; el próximo envío al ~s cosa ~an urgente, empleó el ejército en llegará Mevendra la mut1lac1ón y la profanación de los cadáve- sultá~, cuanf~ se halle en 1Warruecos, de nuevos agen- hila el tiempo_ que se sabe, es posible que al regresar
res Yvendrá por último la risotada horrenda del rife- tes d1plomat1cos; la n~eva ruptura del cable, y el emplee más tiempo aún. Cuando la cola del último
ño con las convulsiones de su risa aterradora de bur- b_ando, en fin, que publicó el general en jefe del ejér- batallón esté en su cuartel, es posible que las kabilas
hay~n v_uelto á ~u tema... Sería preciso entonces que
las sobre las breñas y entre los jarales del Gurugú.
cito, en que se amenaza con pena de la vida á los el eJérc1to _volviese, y España, nueva Penélope, pa. Con lo d; haberse celebrado á petición de los ar- q_ue no e~treguen las armas y municiones que tengan
tilleros e! d1a de Santa Bárbara una misa que se cele- sm permiso de la autoridad, á los que retarden la ~~ríase la vida en el mayor éxtasis, tejiendo y deste~ra con imponente solemnidad; con saberse que con- ll_egada de los confide_n~es, á los que publiquen noti- Jlendo su tela; sólo que la mujer de Ulises se tomó
tmúan las obras de Sidi Auriach sin que nadie se cias que produ~~an ttb1ez~ en las tropas, á los que estos trabajos para salvar su honra, y no se sabe tooponga á ello; con las noticias de la agitación que propaguen noticias también sobre la situación del davía para qué se los está tomando España.
produjeron en las kabilas Maymó Mohatar y Alf ejército ó los planes de guerra, á los que atenten conM. MARTÍNEZ BARRIONUEVO

-4

-

---

~ ·=7:·.
~

~ ~----=-¡-:;--~

::---:---:----;--:;~;;-;==:----:e-=----=-:--:----:-:--=-----

f~-

No, nada quiero añadir por mi cuenta, hagamos
crónica: desde el instante en que se ve que ni un
solo tiro se dispara para la construcción del fuerte
Sidi Auriach, aplácanse los delirios que produjo el
nombramiento de Martínez Campos para general en
jefe del ejército de operaciones en Africa; opínase
que la satisfacción producida por el nombramiento
no ha d~do lugar á compr~nder bien la manera coD, LAUREANO DEL IlUSTO
mo se hizo; la reacción no puede ser más desconsoayudante del general en jefe del ejército de Africa
ladora; en cuatro días solamente cambia la faz por
(de fotograf/a de J. Martí)
completo... ¡T-riste condición nuestra la de levantar
un ídolo para cortar sus manos á continuación y escastiguen los españoles, como lo hace Francia con cupir á sus ojos, sin causa realmente grande para lelos argelinos cuando precisa .. . Por lo demás; la acti- vantarlo y sin motivos tampoco que justifiquen destud de los moros hasta hoy no puede ser más seráfi- pués la caída!
ca, y hay en el mismo campo español quien cree que
Sigue la construcción del fuerte; pero con gran disse construirá el fuerte Auriach sin que sea preciso gusto de Martínez Campos; resulta hoy, como de cossostener combate alguno. Martínez Campos no cesa tumbre en las cosas de España, que el emplazamiento
mientras tanto en sus aprestos; prepárase todo, y el día del fuerte. en aquel sitio es un disparate; que no de·
30 empiezan las obras, colocando antes las tropas bía construirse allí; que el sitio no reune condiciones:
de este modo: una guerrilla delante del fuerte, pero Martínez Campos afirma que el fuerte se hará de todas
sin traspasar el límite de nuestro campo; una compa- maneras, pero no porque sea necesario, sino por deñía de ingenieros está en el lugar mismo en que el coro español; por esto mismo no será fuerte, ni nada;
fuerte ha de ser emplazado, para que reanuden las será algo construido allí para que los rifeños vean que
obras; á esta compañía de ingenieros le ayudan cien se construyó; tenemos, en fin, que el fuerte de verdad
penados; una brigada, la del general Ortega, colócase hay que construirlo en otra parte. Una idea aterradoen las avanzadas del fuerte de Camellos; refuerza la ra: ¿no será esa la satisfacción que á los rifeños se
brigada una batería de .montaña; otra brigada, la de da para que no hagan armas contra nosotros, quiMonroy, está dispuesta entre los fuertes de Cabrerizas, tando ocasión á la tremenda cólera que se levantaría
protegiendo con esta colocación la margen derecha en t?da Espaiía como simoun inmenso que todo lo
del río del Oro; el reducto X está defendi&lt;lo por una- barnese ya de una yez? No, no seamos pesimistas;
batería, y tres piezas de Santiago hay en los tres re- eso_ fuer~ ya nuestro último dolor, nuestra vergüenza
ductos Y; la brigada del general Ribera, que cumple última; abrase el alma, sonría el cielo 1 llegue la luz é
la orden del día, está de reserva en Camellos, y los inúndenos...
regimientos de la Constitución, Canarias y Santiago
Pero lo admirable es que haya quien se entregue
LA GUERRA DE AFRICA. - KABILAS DEL RIF, de un croquis enviado del teatro de

la guerra

�NúMERO 624
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

797

LA ILUSTRACIÓN ARTÍS1ICA

NúMERO 624
son las tres filas abiertas
en el espesor mismo de
la montaña: la más alta
domina el mar desde una
elevación de más de 200
metros. El valor de estas
baterías es muy dudoso,
pues el humo no permitiría hacerlas funcionar
mucho tiempo y la conmoción de los disparos
quebrantaría el peñasco:
por esto sin duda no se
las utiliza para las salvas.
Pero de todos modos,

Los dientes de la vieja,
como se las llama, producen profunda impresión vistas desde el pie
del acantilado.
La vida en Gibraltar
no es muy alegre; el terreno y las casas son medidos á los habitantes
con gran parsimonia; el
régimen administrativo
es el de estado de sitio
permanente. Al ponerse
el sol ciérranse todas las
puertas, las patrullas circulan por las calles y nadie puede andar por éstas sin autorización. Sin

GIBRALTAR
Los sucesos de Melilla llaman la atención de
Europa sobre este importante rincón del Mediterráneo. Trátase no sólo de la continuación de la
lucha varias veces secular entre la civilización y el
fanatismo establecido en nuestras puertas, sino
que también de no dejar que las llaves del Mediterráneo caigan en manos demasiado poderosas.
Los ingleses poseen Gibraltar; durante muchos
años, en tiempo de la marina de vela, esta situación les permitía cerrar el camino á una potencia
enemiga que no habría podido sin grandes peligros aventurarse en el estrecho; pero en la actualidad, aunque Gibraltar continúa siendo una fortaleza inexpugnable, su importancia estratégica es
muy escasa, pues ni la playa domina el paso del
estrecho ni podría proteger más que medianamente una escuadra amiga atacada por fuerzas superiores: además su territorio es demasiado pequeño
para contener un ejército de campo atrincherado.
A decir verdad, Gibraltar no es ya más que un depósito de carbón muy fortificado, al par que un
gran centro de contrabando que Inglaterra tolera
en detrimento de España.
Concibese, sin embargo, que ese conjunto de
fortificaciones sería formidable si se le podía completar con algunos puntos bien escogidos en la
otra costa del estrecho, y en ello no deja de pensar un momento la diplomacia inglesa. ¡Vigilen, pues, los interesados!
Gibraltar es de un aspecto pintoresco é imponente á la vez: la vista
que publicamos está tomada desde la frontera española, á la cual está
unido el Peñón por un istmo estrecho que constituye la zona neutral y
cuya anchura disminuye por la acción de las corrientes marinas, pudiendo predecirse que Gibraltar acabará por estar separado del continente si
no se toman medidas para evitarlo.
Tiene la ciudad 24.000 habitantes, entre
ellos 6.000 de guarnición: la población es
en su mayoría española, pero cuenta además muchos marroquíes, judíos y otras
gentes del Mediterráneo. El clima es bastante desagradable, caluroso y febril: las
montañas que rodean Gibraltar detienen los
vientos del Este, que sólo llevan allí brumas.
persistentes.
La verdadera curiosidad de Gibraltar son
las fortificaciones: las baterías rasantes que
se extienden desde el puerto al extremo Sur
forman una línea abaluartada con cañones
de regular calibre y protegida por un dique
á flor de agua que á unos 1 oo metros corre paralelo á ella. Hay también una serie
de baterías blindadas y acasamatadas con
piezas de 38 toneladas y más que manio·
bran por medio de máquinas hidráulicas
enterradas á gran profundidad. Al . pie del
paseo llamado la Alameda, un cañón de
l, El Peñ6n, visto desde la frontera espa~ola. - 2, La ciudad vista descle et muelle. - 3, Los cliques sttmergitlos
100 toneladas domina la mayor parte de la
bahía. Pero las baterías más interesantes
delante de las baterías rasantes,

J.

.. t-

Baterías denominadas Los dientts de la vie•'a

embargo, de algunos años á esta parte, esta prohibición no es tan absoluta, y en
la Alameda se encuentra gente hasta hora muy avanzada de la noche.
Las calles de Gibraltar, con muy pocas excepciones, son estrechas, tortuosas
y sombrías, verdaderas callejuelas que recuerdan los tiempos de la dominación
árabe, y· entre sus principales edificios sólo hay uno de mérito artístico, la igle-

Paseo y batería de la Alameda. -

2.

Las ba\crias subterráneas

sia del Corazón de Jesús, de construcción reciente; de los
demás, poco notables desde el punto de vista del arte,
merecen ser mencionados la Bolsa, el palacio del gobernador, la iglesia mayor, Santa María la Coronada, la iglesia protestante de la Santísima Trinidad, los hospitales
ciYil y naval, y sobre todo la Biblioteca militar, situada en
la plaza de Artilleros, que posee 40.000 volúmenes, un
gran servicio telegráfico y una imprenta donde se imprime la Crónica, periódico oficial.
Fuera de la Puerta Nueva, hacia el Sur, encuéntrase
una gran explanada que sirve de campo de maniobras y
en uno de cuyos extremos hay un hermoso circo teatro:
hay también por aquella parte bonitos y hermosos paseos,
donde se levantan las estatuas de lord Elliot y de lord
Wéllington.
La ciudad está surtida de agua por un hermoso acueducto y por gran número de cisternas que aprovechan las
filtraciones del monte y las aguas llovedizas; además se
construyó hace poco en la falda del monte una cisterna
colosal de cabida incalculable.
U na de las particularidades que ofrece el Peñón de Gibraltar es la de ser en la actualidad el único punto del
continente europeo en donde todavía se encuentran monos en estado salvaje y pertenecientes á la misma especie
!:,
que los que hay en Marruecos: su número ha ido, sin embargo, disminuyendo continuamente, y hoy en día apenas
si queda allí un centenar de ellos. Estos cuadrumano:; son
inofensivos y además están muy protegidos por los reglamentos de policía, que por cierto no pecan de blandos en este punto; s0n de
regular tamaño y en los hermosos días cálidos se les ve trepar ágilmente por
las montañas. Son bastante sociables y no huyen á la vista de los curiosos que
se acercan á contemplarlos: estos curiosos son casi exclusivamente extranjeros,
pues los habitantes de Gibraltar hacen poco caso de esos animales. - X.

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

624
NúMERO

ponía Gamazo, y que Montero Ríos le sonreía, y que conocer. Por lo pronto, querida prima, tú que eres
D. GIL ESCARDILLO
el ministro de la Guerra le había ofrecido poner en morena, vas á ser blanca y rubia. Precisamente conDIPUTADO Á CORTES POR CAilEZABAJA
Cabezabaja un depósito de caballos sementales, lo servo de mis tiempos de teatro tinturas que le costaque dada grande importancia á la localidad, y en fin, ron un sentido á mi difunto, con las que te convertiPor supuesto, que doña Nicolasa no es de las mu- que no tenía un momento para nada, pues le había ré en un momento en una Ofelia. Tú no sabrás quién
jeres crédulas que tienen fe en sus maridos. Precisa- nombrado de casi todas las comisiones, empeñándo- era Ofelia ... Una inocente, que no se parecía á ti ni
mente su cualidad característica es la suspicacia, y se los ministros en que persona de sus luces les ayu- mí. Vestirás alguno de mis trajes, que ahí los tengo
su vanidad consiste en proclamar que á ella no se la dara á sacará flote la nave del Estado, que los píca- apolillándose, un traje de seda color granate, que japega ningún chato. Y como su marido es chato, de ros conservadores habían dejado casi embarrancada. más ha podido soñar tu marido que vería á su mujer
aquí que todo el mundo en el pueblo haya creído «Del Congreso á la fonda y de la fonda al Congreso, de tal guisa aderezada. Hija, no extrañes en mi lensiempre que la frase de doña Nicolasa es una alu- esta es mi vida, decía el solapado representante del guaje el empleo de ciertas palabras que no se oirán
sión delicada y un aviso discreto á aquel caballero. país; y gracias que tengo buena naturaleza, porque en Cabezabaja. Son resabios de aquel dichoso tiempo en que yo cantaba los versos de Camprodón. ¿DiPorque el marido de doña Nicolasa es todo un caba- otro caería malo.&gt;
llero, y así lo dice él á boca llena siempre que hay
Al principio escribía todos los días á su Nicolasa; ces que tu marido vive en una fonda?
oportunidad, ó aunque no la haya. Es D. Gil Escar- después tres veces á la semana, luego dos, y llegó
-Sí.
- ¿Sabrás el número del cuarto?
dillo, el afortunado esposo de doña Nicolasa, la per- semana en que no recibió más que una tarjeta possona más significada é importante de la villa de Ca- tal, en que decía D. Gil: e.Querida Nicolasa: Estoy
- El 13.
- Pues al 14 ó al 15, ó al más inmediato que se
bezabaja, que lo es de distrito electoral, jefe del par- buenísimo, pero esto no es vivir; estoy ocupadísimo.
tido liberal del mismo distrito, y diputado á Cortes No me dejan un momento. Un día de estos empeza- encuentre vamos á vivir nosotras. Para saber lo que
por primera vez en la presente legislatura. Hace años ré á hablar. No tengo más remedio. Los ministros hace tu marido lo mejor es vivir junto á él.
Doña Nicolasa se prestó gustosa á cuanto quisiera
que hubiera podido obtener esta honrosa embestidu- que me-rodean y están esperando que acabe estas
nz, como él ha escrito en una alocución de gracias á cortas líneas te saludan y te besan los pies. Tuyo, hacer su prima. Dos horas después, blanca, rubia,
vestida con su falda granate y su cuerpo azul, encelos electores en Cabezabaja; pero su mujer no quería Gilito. »
separarse de él, ó mejor dicho, que él se separara de
El mismo día que doña Nicolasa recibió esta tar- rrado el talle en un corsé de cien ballenas, que era
ella, no por otra cosa sino porque temía que D. Gil jeta postal llegó á Cabezabaja, de regreso de Madrid, una obra de arte, colocados admirablemente suplese extraviase en la corte, con lo que habría sufrido el procurador Cañizo, que fué por la tarde con su mentos de algodón en el pecho y las caderas, doña
mucho la buena señora en su vanidad ... Esta vez ce- hermana á visitar á doña Nicolasa. Cañizo no es muy Nicolasa:Se miró al espejo y no se conoció .. Pero se
dió la celosa esposa y dejó que sacaran de las urnas devoto de D. Gil, pero su hermana es íntima de do- gustó... , ¡como que parecía tener veinte años menos!
á su marido, por varias razones: la primera porque ña Nicolasa, y aquél hace por ella el sacrificio de vi- Completó su disfraz un espléndido sombrero copiocon esta elección quedaba perfectamente consolidado sitar la casa del cacique. Todos' preguntáronle noti- samente adornado de plumas y pájaros, como jamás
se había conocido semejante en el pueblo, y una
el prestigio político de la familia, y después porque cias de lo que había visto notable en Madrid.
- Pues lo más notable que hay ahora en Madrid manteleta de seda, cuajada de encajes y abalorio, en
ya se había calmado mucho la fiebre amorosa que le
conjunto un traje de gran fantasía, según dijo la Mondevoraba en otros tiempos, y últimamente porque ~s la Bella chiquita, dijo.
- ¿Qué chiquita es esa?, preguntó doña Nicolasa. tilla. Ésta se vistió sencilla y modestamente como
Escardillo desde que ha dado en padecer diviesos
no está el hombre para aventuras, ni es de creer que
- Una francesa muy bien formada, que canta y correspondía al papel que se proponía representar de
señorita de compañía de la condesa, porque doña
dama alguna caiga en la pecaminosa tentación de baila por lo escandaloso...
Nicolasa sería condesa de los Tilos. La cómica sacó
- ¡Jesús! ¿Y la gente va á verla?..
disputar á la propietaria del sujeto las preferencias
de semejante estafermo.
- Todo el mundo. Yo fu( dos veces, y las dos-en- dos saquitos de mano, donde puso algunos objetos,
y á las doce en punto llegaban en un coche á la fonVínose, pues, D. Gil á Madrid á jurar el cargo, contré allí á D. Gil con otros diputados. y se instaló en una fonda principal, porque lo prime- ¿D. Gil?.. ¿Mi marido?.. ¡Imposible!.. Tomaría da en que se hospedaba el diputado por Cabezabaja.
Pidieron habitación, y dijo la Montilla al encargaro que le prohibió su mujer fué que se alojara en nin- usted á otro por él. ..
- Señora, ¿cree usted que no conozco yo á don do de la fonda:
guna de las llamadas casas de huéspedes, porque en
- Una habitación que no sea el número 13. La
estas casas bien sabía ella que había patronas, y en- Gil?.. También le he visto en Fiesta alegre.
-¿Dónde?..
condesa tiene mucho miedo á ese número.
tre éstas, sin querer agraviar á la clase, algunas solían
- En el juego de pelota ...
- Daré á la señora el 14, que ha quedado vacante.
ser, por varios conceptos, un gran peligro para sus
- ¡Ave María! ¿Mi marido jugando á la pelota?..
- No estará al lado del 13, porque á la señora
huéspedes. Y precisamente, en Cabezabaja vivía do- No, á la pelota precisamente no jugabl, pero condesa acaso no le gustará la aproximación. ¿Verña Gertrudis Lomo y Lomo, que hacía seis años no
dad, señora?..
sabía si su marido era muerto ó vivo, porque el tal, apostaba y vi que perdía ...
- ¿Que perdía?..
- Es la habitación inmediata, dijo el hombre.
buen apunte, tuvo que irá Madrid á asuntos propios,
- Sí, señora; no tiene nada de particular. En todo
- Bueno, dijo doña Nicolasa; no siendo el 13, lo
y se hospedó en casa de una viuda, que recibía huésdemás no me importa.
pedes por conocimiento, y por no pagar contribución, juego unos ganan y otros pierden ...
La hermana de Cañizo, conociendo que doña NiY las dos se instalaron en el 14, que tiene una
y de la noche á la mañana desaparecieron de Madrid
la viuda y el marido de doña Gertrudis, con rumbo colasa estaba á punto de estallar, &lt;lió por terminada puerta de comunicación con el 13.
- ¿Almorzará la señora condesa?, preguntó el
á Buenos Aires, desde donde escribió aquél á un la visita, y se llevó al imprudente procurador.
·
Doña Nicolasa no sabía lo que le pasaba. La idea hombre.
amigo para que tranquilizara á la esposa abandona- Ya lo creo, contestó la Montilla, y yo también
da. Este ejemplo lo tienen muy presente las casadas de que su marido se había desatado en Madrid la
de Cabezabaja, y siempre que el marido de alguna atormentaba cruelmente, y discurría cómo tomaría almuerzo.
- Pues ya se va á servir el almuerzo.
viene á Madrid le dicen á su mujer las amigas: «No venganza del grandísimo tuno. Era preciso cogerle
Fuése el hombre, y las dos primas oyeron que llavaya á hacer el tuyo lo que hizo el de la pobre doña in f raganti.
Al anochecer ya tenía formado su plan. Cogió al- maba en el 13 y la voz de bronce y desagradable de
Gertrudis.» Verdad es que este marido prófugo, sobre ser más joven· que D. Gil, no vino con la embes- guna ropa, haciendo con ella un lío; dijo á los cria- D. Gil, que decía:
- ¡Adelante!
tidura de diputado; que en este caso, ya habría sido dos que se iba á pasar unos días con su cuñada en
más cauto; porque, lo que decía doña Nicolasa, un Cabezalta, que era la estación inmediata del ferro- D. Gil, á almorzar, díjole el de la fonda.
diputado no puede hacer ciertas cosas, y aunque no carril, y se fué á esperar el tren. Tomó billete para
-Allá voy. ¿Han venido huéspedes al cuarto ese?,
quiera, ha de ser forzosamente una persona de mucha dicho pueblo, pero al llegar á la otra estación lo to- preguntó D. Gil.
seriedad, de mucho respeto, de mucho señorío y de mó para Madrid.
- Son huéspedas, una condesa y su doncella.
muchisma vergüenza, y ha de andar con pies de plo- ¡Sopla! ¿Condesas tenemos?, exclamó D. Gil.
II
mo para que no se diga, porque toda la nación tiene
D. Gil quedó solo y tarareaba la marcha de Cáen él los ojos fijos, frase tomada del manifiesto de
diz, pero súbitamente calló. En el cuarto inmediato
En el camino, ya que no podía dormir, acabó de hablaban alto. Escuchó.
D. Gil á los electores, en demanda de sufragios, escrito por el secretario del ayuntamiento, hechura de redondear su proyecto.
- Señora, decía la Montilla á su prima, ya sabe
En la estación de Madrid tomó un coche y se hizo usted lo que le ha recomendado el Sr. conde, que se
D. Gil (el ayuntamiento y el secretario).
Teniendo esta elevada idea de las funciones á que llevar á casa de la Montilla, una prima de doña Nico- divierta usted, que vaya á los teatros, al juego de pehabía sido llamado su marido, q'uedó algo más tran- lasa que ha sido cantante de zarzuela y ya no canta lota, á ver á la Bella chiquita en el Circo, á paseo, á
quila doña Nicolasa, ya que no quiso traerla consigo, por haber perdido la voz, y vive retirada, comiéndose todas partes, porque lo que usted necesita es mucha
porque, es claro, mientras estuvieran las Cortes abier- una rentita regular que hizo en el teatro, porque su distracción para curarse la anemia. Ahora vamos á
tas, para nada podía contar con él, pues tan impor- marido (q. e. p. d.) y ella fueron siempre muy econó- almorzar. En esta fonda, que nos ha recomendado el
tante cargo le absorbería todo el tiempo, y además micos y arreglados. Siempre habían estado en buenas Sr. conde, se come muy bien, segun dice ... Conque
había que considerar también que un hombre como relaciones las dos primas. La Montilla había sido muy á comer bien, y á divertirse en estos días que vamos
él, de tan pocas necesidades, gastaría muy poco en traviesa, y de ella esperaba la diputada que inventase á estar en Madrid, esperando al Sr. conde.
Madrid, y viniendo.ella, el gasto hubiera sido mucho alguna astucia con que sorprender al marido extraNo oyó D. Gil la contestación de la condesa, pero
mayor, y aunque tenían buena fortuna, ni á él ni á viado, pues no podía menos de estarlo, si era cierto oyó abrir la puerta del 14, y en el mismo punto abrió
ella les gustaba derrochar el dinero. Ya tendría oca- que Cañizo le había visto en el Circo y en el Juego é! la ~uya con el propósito de salir á la galería al prosión de lucirse doña Nicolasa si, como esperaba don de pelota.
pio tiempo que la condesa y ver qué tal pinta tenía
No se equivocó doña Nicolasa; su prima, que la esta dama anémica que pasó por delante de él lleGil, porque se lo había prometido el jefe del partido,
le nombraban gobernador de la provincia, que tenía recibió cariñosamente, tomó á su cargo, en cuanto vando á su izquierda á la camarera. D. Gil hizo una
empeño en serlo para que se las pagasen todas juntas supo los resquemores que traía, el empeño de buscar profunda reverencia á la condesa, y llegando á la eslos enemigos políticos; y para conseg4ir este resulta- traza con que averiguar y seguir los pasos del pre- calera se adelantó, y con la mayor cortesanía.le ofredo era preciso que él mismo ejerciera la autoridad, sunto infiel. Éste no la conocería ya; sólo una vez la ció el brazo, diciendo:
pues los gobernadores que enviaba el gobierno, aun- había visto, hacía diez años, y fué en el teatro, estan- Si me dispensa usted el honor de aceptar mi
que le reconocían por cacique indiscutible é insufri- do ella vestida de recluta en la zarzuela Catalina. Era brazo hasta el comedor...
"
ble, no tenían todo el empuje que él deseaba para imposible que la conociese.
Doña Nicolasa dudó un punto si aceptaría el bra- Si estuviéramos en Carnaval, dijo la ex actriz, la zo de su marido ó le cruzaría la cara con el enorme
quedar bien servido en sus justas venganzas.
Con tan buenos propósitos vino D. Gil á la corte, careta nos serviría grandemente, haciendo fácil nuestro ~ban_ico; pe:o ~u prima la miró, y la airada esposa
y escribió á su mujer todos los días ponderando la empeño; pero no importa. Yo te aseguro que hemos dommó su 111d1gnación y aceptó el apoyo que le ofrea'll!lbilidad de D. Práxedes y la buena cara que le de ponernos muy cerca de tu marido y no te ha de cía el galante diputado, que en llegando al comedor

624 .

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

799

volvió á saludarla finamente y fué á ocupar su asien- tenía yo jaqueca para el resto de mi vida... Y tampo•
- ¡Todo acabó entre nosotros!.. Yo no quería creer
to á la cabecera de la mesa. Era ya el huéspeq rn4~ QO 113 mandar~ !!~te rptrato de la individua qu13 com- que tuviera usted tan poca vergüenza, y he yenido á
antiguo y la presidía.
pré anoche por dos pesetas.
aonvoncerme. Convencida ya, me vuelvo á Cabeza.
Por cierto que doña Nicolasa no pudo menos de
- ¡A ver, á ver!..
baja...
asombrarse de que en tan poco tiempo, en do¡ meY el retrato pasó de mano en mano hasta llegar á
- ¡Por Dios, Nicolarn!., murmuró corrido y conses, su marido hubiera
fuso el gran cacique.
experimentado tan no- ¡Nada, hemos contable mudanza. Nunca
cluído!
le había visto ella tan
Y le volvió la espalarriscado y tan fino, ni
da; pero D. Gil la sitampoco tan bien vesguió, y entre éste y la
tido y llevando la ropa
Montilla hiciéronla encon tanto garbo y gentrar en el cuarto nútil desembarazo. Aquel
mero 13. Las explicachaleco blanco primociones de D. Gil fuerosamente planchado,
ron largas y expresivas.
aquel cuello de camisa
Dice la Montilla que
con los picos doblados,
hasta lloró...
aquella corbata sujeta
El caso es que doña
con una sortijilla en
Nicolasa continúa en
que relucía una piedra
Madrid y vh·e con su
que sin duda era premarido en un cuartito
ciosa, el pelo peinado
amueblado de la plaza
y abierta la raya en mede Oriente, donde fredio del cráneo, la cara
cuentemente come con
pulcramente afeitada, y
el matrimonio la traen fin, el aire desenfaviesa Montilla. Esta ha
dado y resuelto de su
logrado poner en paz á
persona daban al dipuD. Gil y á doña Nitado un aspecto comcolasa.
pletamente nuevo á los
Pero como el lance
ojos de doña Nicolasa.
de la fonda se ha sabiEl, en su casa de Cabedo, y hasta los periódizabaja, tan arisco y pocos lo han contado,
co expansivo, en la fonbien que callando los
da de Madrid bromeanombres,
en el Conba y reía, hablando con
greso
toda
la mayoría
los demás huéspedes,
llama
al
diputado
por
entre los cuales había
Cabezabaja el marido
otros dos diputados de
de la condesa Nicolasa.
la mayoría que se sentaban á derecha é izC. FRONTAURA
quierda del presidente.
- Tarde nos retiramos anoche, D. Gil,
NOESTR.OS 61\ABADOS
díjole uno de los c9legas. . Le oí á usted toExcmo. Sr. D. Arser en la galería... , sesenio Martmez Camrían las tres de esta mapos. - La biografla de este
ilustre caudillo es, por de·
drugada... Yo no podía
cirio así, la historia militar
dormir.
de España de cuarenta años
- Sí, ayer hice todo
á esta parte: en Africa en
el día la vida del hom1859 y 186o; en México en
1862; en Cuba desde 1869
bre malo, contestó don
á 1872; en Cataluña y en
Gil muy jovial.
Valencia en 1873; e n el
- ¿Jugó usted y perNorte en 1874, otra vez en
dió?..
Cataluña en 1875 y en el
Norte en 1876 y en Cuba
-Algo hubo de eso...
hasta 1879, dondequiera
- Si no fuera usted
que ha habido enemigos de
calaverón y hubiera ido
la patria que combatir, allí
como nosotros á oir á
ha estado Martínez Campos
Gamazo.. ; pero no paluchando contra los marro·
qules, contra los carlistas,
reció usted por el Concontra los cantonales, congreso.
LA GUERRA DE ÁFRICA. - JEFES DE LA AMBULANCIA RNVIADA Á MELILLA POR LA CRUZ ROJA DE MADRID
tra los insurrectos, siempre
- Estuve en Fiesta
bravo como el primero de
(De fotografía de S. Mucb~rt, de Málaga)
alegre toda la tarde, y
los valientes, siempre sobrio
como el último de los sol·
me costó veintitantos
Enumerar sus hauduros que me hizo perder el chiquito de Andoaín... las de d?ña Nicolasa, que, poniéndose en pie, rasgó ñas mientras sirvi6 á las 6rdenes dedados.
jefes superiores es tarea
Desde allí fuí al Casino, donde nos reunimos á co- con ra~1a la fotografía! hizo de ella menudos peda- punto menos que imposible; señalar sus éxitos como general,
mer y á quitar el pellejo á Gamazo algunos diputa- zos, y sm que la Montilla la pudiera detener fué por muy difícil: con decir que acab6 con el carlismo en Cataluña y
las provincias septentrionales, con el cantonalismo en Vados vinícolas, quiero decir interesados en ...
detrás de las sillas que rodeaban la mesa hasta la ca- en
lencia y con la insurrección separatista en Cuba, queda probado
- Ya, ya entendemos.
becera, ocupada por el diputado, y se los tiró á la cara. que tiene sobrados títulos al agradecimiento de la patria y al
-Amigo, en el Casino se come bien, pero bien.
- ¿Qué es esto, condesa?.. , preguntó sorprendido respeto de cuantos de buenos españoles se precian.
¡Qué sopa de rabo de buey! ¡Y qué langosta con el legislador.
Iniciada la actual campaña ele Melilla, la nación en masa le
seíial6 como el general que alll debla acudir á salvar el honor
mayonesa!.. Y un vino de Jerez que quita las penas.
La Montilla, que había seguido á doña Nicolasa
de nuestra bandera. Las circunstancias han he•
- Y luego irían ustedes á la reunión de la comisión la recogió en sus brazos, porque la pobre esposa cayó comprometido
cho basta ahora que su acción se limitase á la construcción del
de los vinos en el Congreso...
con un síncope cuando iba á increpar al marido.
fuerte de Sidi Auriach, y aun cuando esto á muchos les parece
- Yo, no; encargué á Pitos que dijera que me adTodos acudieron á la paciente; sentáronla en un poco, bastante es si se tiene en cuenta la oposición que á esta
hería á lo que se acordase, y me fu( al Circo á ver á sillón; hiciéronla aire; le quitaron el sombrerón que obra hicieron los rifeños, los cuales juraban morir antes que
consentirla. Mas si algún día la lucha se empeña, el valor y la
la Bella chiquita.
había conservado puesto, y trataron por todos lo~ me- pericia de Martlnez Campos y el prestigio de que goza en el
- ¡Por la tarde el Chiquito, y por la noche la Chi- dios conocidos de hacerla recobrar el sentido.
ejército son prenda segura de la victoria de nuestras armas.
quita! D. Gil, le veo á usted en camino de perdición.
D. Arsenio Martlnez Campos es capitán gener¡il de ejército,
- ¿Quién es esta señora?.. , preguntó á D. Gil uno
posee la gran cruz de San Fernando, la de San Hermenegildo
Y D. Gil se reía como un bobalicón.
de los diputados.
y la del Mérito Militar por servicios de guerra, la de la Torre
- Es la tercera vez que veo á la Bella chiq11ita, y
- Es una condesa que ocupa desde esta mañana y de la Espada de Portugal y la de Leopoldo de Austria; es calo que siento es que le van á prohibir bailar por el el cuarto in~ediato al mío ... No la conozco, sólo sé ballero del T oisón de Oro y Gran Cordón de la Legión de IIoescándalo que arma el público.
que es condesa, que está anémica, que ha venido á nor y tres veces bene¡nérito de la patria. Procede del :urna de
- Yo no la he visto.
Madrid á divertirse y que dentro de unos días ven- Estado Mayor, de cuya escuela ha sido profesor varias veces,
y cuenta actualmente cuarenta y un años de servicio y sesenta
- Ni yo.
drá" su marido el conde...
y tres de edad.
- Pues aconsejo á ustedes que la vean.
En este punto, doña Nicolasa abrió los ojos, se Con el del general en jefe del ejército de Africa publicamos
- ¿Es muy niña?..
puso en pie, y abriéndose paso se abalanzó á D. Gil los retratos de sus ayudantes el comandante de infanterla D. Rafael Moreno y los primeros tenientes de caballerla D. Miguel
- No, señor, veinte años y pico ... ; pero una mujer y cogiéndole de las solapas del chaleco le gritó:
Martlnez Campos, marqués de Batzán, título que recuerda uno de
superior... , de la que no se ve así como se quiera.
- ¡Infame, infame!
los más gloriosos hechos de armas de su padre, y D. Laureano
- D. Gil no contará esas impresiones á su señora,
- ¡Nicolasa!.. , exclamó con espanto el represen- del Busto,
me parece.
tante de Cabezabaja.
- ¡Ja, ja! Dios me libre. Si ella supiera quién es
guerra de Africa. - El fuerte de Rostrogor- ¡La condesa Nicolasa!.., dijo uno de los diputa- doLa
(de una fotografía). - Está situado este fuerte al Noroeste
la Bella chiquita y que he ido á verla tres veces, ya dos, sin poder contener la risa.
de ~felilla, :i una distancia de 3. 500 metros de la plaza y sobre

�UN DÍA DE AUDIENCI A, COPIA DEL CUADRO DE J. JrnÉNEZ ARANDA, GRABADO POR

J.

V. VALLA

�802
un:i altura de 124 metros: como uno de los más a van•
zados sobre los límites del campo tiene gran valor estratégico; pero por lo mismo que se halla muy lejos de
la plaza, su situaci6n es expuesta y puede llegar á ser
en algunos casos verdaderamente comprometida, como
sucedi6 en los Ílltimos días de octubre y primeros de
noviembre, durante los cuales hubo que trabar serios
combates para lograr su ·aprovisionamiento. Rostrogordo fué construido según el proyecto y bajo la di•
recci6n de D. Eligio Souza, siendo gobernador de
Melilla el general Mirelis.
Kabilas del Rif, de un croquis. - El rifeño, con la característica trenza que á modo de coleta ad0rna su cabeza afeitada en el resto, tiene gene·
ralmente una vida sedentaria, es de constituci6n vigorosa, trabaja con algún esmero sus tierras, y aunque
inquieto y soberbio procura siempre esquivar el peligro y no comprometer su hacienda cuando perseguido
por la voracidad de sus kalds tiene necesidad de defenderla. La ruda independencia de que alardean esos
moros fronterizos de nuestras posesiones de Africa ha
producido varias salvajes agresiones de su parte, como
la que ha dado lugar á la actual campaña. El rifeño,
sin desdeñar la lucha frente á frente cuando el odio
de raza 6 el fanatismo r.!ligioso le impulsa, prefiere la
guerra de traiciones, sorpresas y emboscadas, pa~a la
cual sabe aprovechar como pocos el menor accidente'
favorable del terreno; se muestra cruel con el vencido,
y en sus instintos sanguinarios no respeta ni siquiera
á los muertos, cuyos cuerpos mutila con horrible en·
sañamiento.
Tal es el pueblo con quien tantas veces hemos lu ·
chado y que en la actualirlad obliga á España á mantener en la plaza de Melilla un numeroso ejército, si
no para vengar por ahora sus anteriores desmanes,
para evitar nuevas tropelías.
La guerra de Africa. -Jefes de la ambulancia enviada á Malilla por la Cruz
Roja de Madrid. - Cierto es que los ejércitos
modernos cuentan hoy con elementos de que careciecieron los que existieron hace cuarenta años, y que co•
EL
mo factor importantísimo, al movilizarse, van acom•
pañados de brigadas sanitarias, provistas de cuanto
la ciencia aconseja para socorrer á los heridos en el
campo de bat:illa. La experiencia, sin embargo, ha probado que
la asistencia oficial, 6 sea la adscrita á los cuerpos armados, no
podía llenar, en determinados casos, cumplidamente su sagrado cometido, dando con ello lugar á que la iniciativa particu·
lar aportara su auxilio para aminorar en lo posible !:is desgracias
que ocasione la guerra. En Suiza germin6 la idea, que fué acogida fervorosamente por todos los que imadas de cristianos

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO

NúMERO

624

gimiento con pari6tico entusiasmo, demostrando con
ello el interés que en todos despierta la guerra y el
cariño que merecen los valientes oficia.les y soldados,
que en cumplimiento de su deber no titubean en derramar su sangre y exponerse á mil peligros por defender los derechos de la patria.
¡ Dios haga que puedan regresar c~n l_os laureles de
la victoria, alcanzada con pocos sacnfic1os !

NOVELA OR!Gli\AL POR EVA CANEL,

~

ILUSTRACIONES DE J. CABRINETY

Calló solamente el nombre de su protector y el de rencia la joven á las frases de amor que Luis le había
su prima, pues que ambos figuraban en la interesan- escrito por la mañana. Le repetía que debtttaba, le
te biografía; y como se llamaba Leopolda Suárez, la rogaba que fuese á oirla y que llevase á su esposa.
Este ruego hizo á Luis muy mal efecto. «Busca un
sociedad madrileña se dió á buscar una dama encopeescudo
contra sí misma y contra mí; quiere evitar
t,1da que llevase aquel apellido; no pudo dar con ella.
¡Qué grande vió Luis á Po· que yo entre en su cuarto, pensó. Pues bien: procurala en aquella franqueza y en ré que vaya Camila. Desde la muerte de nuestro hijo
la reserva que usaba con el no hemos vuelto al Real; yo no tendría tampoco prenombre de la prima infame! texto para ir sin ella. ¿Querrá?»
Luis pensaba todo esto yendo á su casa á la hora
Madrid entero estaba intriga·
do. No era el menos contento de comer, preocupado con las emociones de aquel
Roncalito. «¡La Pola, hombre; día y prometiéndose rondar aquella noche el hotel
la galleguita, se decía, haber en donde se hospedaba Pola para estar cerca de la
llegado tan alto! Ya será me- criatura idolatrada.
La señora de Altuna le había dicho que respetase
nos montaraz, ya sabrá apre·
ciar lo que vale un muchacho el capricho de Polita. «Si le veo antes de mi estreno
aristócrata que viste frac co- y si visito antes también la tumba de mi madre, no
rrectamente; le pediré perdón respondo de mi éxito; debo cumplir primero con mi
por las inconveniencias de obligación,» dijera la joven.
No sabía Luis cómo entablar con su mujer la conaquella noche, y la trataré con
los mayores respetos... Las versación sobre el acontecimiento lírico que para la
muchachas así.... salidas de la noche siguiente se preparaba; temía venderse, y temía
nada, son muy dadas á que las que la suspicacia de•Camila,siempre maliciosa y distraten como á grandes se- puesta á juzgar mal,cayese en la cuenta de que tenía
demasiad◊ interés por oir á la Pola.
ñoras.»
Cuando Luis torturaba la inventiva para hablar de
Se anunció la llegada de
Pola; la empresa y algunos lo que tanto le preocupaba, se estremeció como si lo
abonados, tan curiosos como hubiesen pinchado; su mujer le preguntaba un tanto
desocupados, fueron á la esta- confusa si iría al estreno de la célebre artista.
- ¿Por qué me lo preguntas?
ción á esperarla. El efecto que
-No: por nada. ¡Como viene precedida de tanta
su presencia produjo fué desastroso; los retratos la favore- fama! ..
- Sí; dicen que es sorprendente.
cían muchísimo; tenía bonitos
-Por eso.
ojos, negros y grandes; nariz
- ¿Quieres que vayamos?
correcta, cejas arqueadas, boca
- Yo no tengo interés: ya sabes que m1 animo no
chiquita, dientes diminutos,
pelo castaño y sedoso; pero volverá á estar jamás dispuesto á diversiones; pero
¡era tan poquita cosa, tan me- si por mi causa has de dejar tú de ir, iremos.
- Pues iremos; esta misma noche voy á comprar
nuda, tan delgadita, y tenía
una mirada tan triste y apaga- el palco.
- Es inútil, no hay ninguno; pero estuve hoy en
da, que no correspondía la
mujer á lo que ,se decía de la casa de la marquesa del Arroyo y me invitó para el
cantante! Los abonados le pu- suyo; con mandarle un recado diciéndole que acepsieron un pero enorme: con tamos...
La del Arroyo era la madre de Roncalito, y Luis
aquella expresión seráfica y
aquella humildad no se iba á odiaba al muchacho hasta el punto de necesitar contenerse para no pegarle cuando le echaba la vista enninguna parte.
En fin, allá verían si habían cima. Sin embargo, aceptó.
- El hijo de la marquesa conoce á esa cantante,
de aplaudir ó de silbar.
dijo Camila con indiferencia, y asegura que es verdad
Pola
paseó
la
mirada
por
el
Pero Luis, á la vista de su niña querida, de su amor celestial, se arroj6 sobre ella ...
andén; hubiera querido que cuanto dice la biografía; lo que no sabe es el nombre
Luis faltase á su juramento; de su protector.
- ¿Y sabe el de su prima?, preguntó Luis para di¿Soy yo culpable si el amor me abrasa y si loco me casi le reprochó el cumplimiento estricto de su paladejo arrastrar por una pasión que del más puro afec- bra; quiso hospedarse Pola en un hotel, y en todo simular su turbación.
- Creo que no, replicó Camila, no hemos hablato ha nacido? No iré á Lisboa, no iré; pero ella ven- el trayecto desde la estación á la Puerta del Sol no
drá, yo quiero que venga; lo quiero: Si me ama como dejó de mirar por la ventanilla del carruaje; pero no do de esto.
Si Luis hubiera mirado á su esposa, advirtiera en
yo la amo, ¿qué nos importa el mundo ni los seres que vió á Luis.
¡Cómo le latía el corazón! Escribió inmediatamen- ella alguna turbación; pero harto preocupado con la
lo pueblan? Sin ella no quiero la vida, no la necesito.»
Recibió Pola una contrata en blanco de la empre- te una carta; era para él; le decía que había llegado, que él sentía, continuó comiendo y mirando al plato
sa del Real de Madrid. Sus luchas fueron terribles; que debutaría á la noche siguiente, y que al otro día para mejor disimular.
No se habló más; enviaron la contestación á la
aceptó por fin, pero exigiendo debutar un día señala- estaría en su gabinetito á las dos de la tarde; no iría
do del mes de enero y con Lucía. La empresa asintió más temprano para que no dejase Luis de almorzar marquesa, y quedó convenido que asistirían al estrecon su familia. Ni una palabra de amor, ni una. Pa- no de la Pola.
sin vacilar.
Luis creyó morir de placer cuando recibió la noti- checo no había ido de ocultis á la estación, ni había
cia; pero Pola exigía que no la viese hasta después visto á Pola; pero estaba en la casa de la calle de
de su debttt,· al día siguiente del estreno se traslada- San Miguel cuando llegó á ella la señora de Altuna;
El teatro Real lucía sus mejores galas.
ría del hotel á su casita, ya que la conservaba, y allí también él tenía esperanzas de que Pola no pudiese
Temprano se había dado cita la concurrencia, y anse verían; antes, de ninguna manera; si Luis no pro- resistir al deseo de ver su gabinetito.
Luis abrazó y besó á la excelente señora. Tantas tes de comenzar la ópera, ya la brillante sala estaba
metía y juraba cumplir esto, rompería el contrato
eran las preguntas que le hacía, tan pronto exigía las llena. Había intranquilidad en los ánimos, desasosiego
que acababa de firmar.
respuestas, que no había medio de entenderse; pero en el pensamiento, y todo el mundo aguardaba con
Pero Luis lo prometía todo por volver á verla.
lo
supo todo, todo; que Pola no vivía más que para impaciencia jamás sentida en tales casos.
No faltaban dos meses para lograr esta dicha, y le
¡La Po/a! Este nombre corría de boca en boca: los
él y que vivía muriendo porque le adoraba, y sabía
parecía que estaba tan lejos ...
que la habían oído ensayar aquella mañana, no puNunca sus impaciencias ni sus desasosiegos fueran que su dicha era imposible de realizar.
«¡Oh! No, no es imposible, pensó Luis; yo te pro· dieron formar idea, porque no había hecho otra cosa,
iguales.
La empresa del Real lanzó al público el nombre baré hasta la evidencia que los lazos del alma los for- como quien dice, que escuchar la orquesta y conocer
de la celebridad; había contratado á la Pola; una es- ma Dios, y que ninguno hay más santo ni más gran- á sus compañeros. La empresa mostrábase reservada;
el director de orquesta encogía los hombro~, arqueatrella que no cumpliera los diez y nueve años. Pidie- de que el del amor.»
Contestó á Pola: «Respiro el aire que tú respiras; b1 las cejas )1 extendía el labio inferior; los primeros
ron datos biográficos y la artista los envió cumplidos:
nada quiso ocultar; relató su vida entera sin reservas, estoy cerca de ti; siento los latidos de tu corazón; me violines respondían con un «veremos» á quien los
desde que sus recuerdos aparecían en el pueblecillo miro en tus ojos; ya soy feliz, Pola;» y no pudo es- interrogaba, y los abonados que la conocían personalde la provincia de León, que recordaba siempre, has- cribir más. La señora de Al tuna le prometió volver en mente asegurab1n que como mujer no valía un cota su debut en Milán con el B arbero de Sroilla. la tlrde con otra carta y volvió. En ella no hacía refe- mino. Pero,en fin, la fama era extraordinaria.

«Me ama todavía y me ama como yo la amo, decía
Pacheco. ¿Por qué no he de esperar ahora la dicha?
Ya sabe que no soy libre, que no puedo darle mi
nombre; sabe también que he cumplido mis deberes
de caballero, mis obligaciones de hombre honrado,.,

•

EL GE1'RRAL DE DIVISIÓN EXCMO. SR. 11. MANUEL MAc!AS
jefe del Estado Mayor general del ejército de Africa

803

(CONCLUSIÓN)

El teniente general Excmo. Sr. D.F. Primo de Rivera. - El general Primo de Rivera es uno de los oficiales ge·
n_erales de más brillante historia del ejército español. Peleando
siempre por el honor de nuestra bandera conquist6 sus grados
Yalcanz6 inmarcesibles laureles: un solo hecho de armas de los
muchos por él realizados basta para probar sus méritos, la batalla de Montejurra y la consiguiente toma de la plaza de Estella en febrero de I 876. Allí se cubri6 de gloria y demostr6
ser tan ~ábil estratégico como valiente soldado el que hoy man•
d_a el pnmer cuerpo de ejército de Africa y que por aquella ac·
c16n de guerra alcanz6 el título de marqués de Estella.

El general de división Excmo. Sr. D. Manuel
EL TENIENTE GENl!.RAL EXt ~IO. SR. D. F. PRIMO DE RIVERA
comandante general del primer cuerpo del ejército de .-\frica Macias (de una fotografía) . -Tiene el general Macias una
brillantísima hoja de servicios, llena de hechos notables por él
realizados en Santo Domingo, en la guerra carlista y en Cuba:
sentimientos, se hallan dispuestos á practicar las santas doctri- terminada esta última, en la que alcanz6 el grado de brigadier
nas del Crucificado. Ejércitos de paz, compuestos de médicos, y l¡i gran cruz del Mérito Militar, desempeñó tres años el cargo
practicantes, camilleros y de esas heroínas que conocemos con de comandante de i\Ielilla. A poco de iniciarse los actuales sula denominaci6n de Hermanas de la Caridad, constituyen la fa. cesos fué nuevamente enviado con igual carácter á aquella plalange de la Cruz Roja, destinada al socorro de heridos en cam· za, y hoy es jefe del Estado Mayor general del ejército allí en
palía. En España hállase la sociedad perfectamente organizada, operaciones. Los importantes trabajos de atrincheramiento por
conforme lo demuestran las expediciones de material sanitario él llevados á cabo en el campo de Melilla durante su corto manremitidas á Melilla desde varias provincias y el personal que do último han merecido grandes elogios del general Martlnez
se ha trasladado á la plaza africana. Madrid remiti6 un servicio Campos, quien, gracias en buena parle á ellos, ha podido co·
completo de Sanidad Militar compuesto de camillas, colchones, menzar inmediatamente .después de su llegada la construcción
mar.las, sábanp.s, catres, muletas, botiquines, etc. El alto per· del fuerte Sidi Auriach.
sonal de la ambulancia constitufanlo el Rdo. D. Mariano AnSres. Jefes y Oficiales del regimiento de infantonino Herrero; el Excmo. Sr. marqués de Casa Pacheco, vice·
presidente de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja; D. Juan tería de Toledo núm. 35 á su salida de Granada para
Cortellini, tesorero; D. Ram6n Garcfa Rodrigo Nocedal, y los Jl~elilla {ele fotografía de los Sres. Señán y González'. - A la
doctores D. Ricardo Moragas y Ucelay, D. Víctor Gutiérrez galantería de nuestros buenos amigos los excelentes fot6grafos
Romillo y D. Manuel Rodríguez. El personal subalterno hálla- granadinos Sres. Señán y González debemos la fotografia que
se form:ido por un oficial de secretaría y un escribiente, cinco reproduce nuestro grabado representando á los señores jefes y
practicantes de cirugfa, dos de medicina, uno de farmacia, un oficiales del regimiento de Toledo, agrupados en el histórico
jeíe de camilleros, un carrero, un corneta, un ordenanza y vein- palio de los leones de la Alhambra, momentos antes de abandonar la que fué capital de los monarcas nazaritas, para unirse
ticinco camilleros.
¡Bien haya tan laudable instituci6n y bien hayan los que al segundo cuerpo de ejército de operaciones en Melilla. Graab:indonln su bienestar exponiéndose á las contingencias de nada, al igual de las demás ciudades andaluzas, despidi6 al re-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA POLA

El niño Raul Fausto Capablanca, notable ajedrecista (de una fotog1afta). - Naci6
Raul Fausto Capablanca en el Campamento del Principe (Habana) en 19 de noviembre de 1888. Un día
en que su padre, primer teniente de caballería, se lamentaba de la ausencia ele su jefe, el general Loño,
con quien salia jugar al ajedrez, díjole el pequeñuelo:
4.Yo me he aprendido las jugadas del general, y si tú
quieres perder ahora, juega conmigo.» Comenzaron la
partida y á los pocos minutos el chiquillo captur6 á su
padre casi todas las piezas y le oblig6 á rendirse.
Desde entonces el niño Raul es la admiraci6n de los
concurrentes al Club de ajedrecistas de la Habana,
en donde juega solamente los domingos porque su padre, con muy buen acuerdo, no le permite jugar sino
de tarde en tarde á fin d:! que no se fatigue su infantil imaginaci6n, y eso que, según frase del presidente
de aquella sociedad, «parece que los cálculos no le
cuestan esíuerzo alguno, como si no tuviera que trabajar con el cerebro, sino s6lo con la vista y con las
manos.»
El juego de Raul, más que profundo y reposado es
rápido y brillante y ameniz:ido con frases picantes, con
las cuales fustiga á sus adversarios derrotados. Para
jugar el incipiente Ruy L6pez se arrodilla en una si·
lla, se apoya en el tablero con los brazos cruzados, y
como un Petit Caporal mandando en jefe, tan pronto
como su contrario juega le dice con inimitable gracia
á cualquiera de los espectadores para que le ayude á
ejecutar sus movimientos las jugadas que hay que hacer, y cuando el enemigo se le rinde se baja de la silla,
h:ice en el suelo algunas piruetas y se vuelve á sentar
esperando nue,·os desafíos.
TENIENTE GENERAL EXCMO. SR, D. JOSk: CIIINCIIILLA Y OÑATE
¿C6mo ha podido comprender ese niño los principios de tan complicado juego sin que nadie se los hacomandante general del segundo cuerpo del ejército de Africa
ya enseñado y s6lo viendo jugar en silrncio á su padre
y á otras personas? El caso es realmente fenomenal y
una campaña,·animados s6lo del deseo de socorrer á sus seme- constituye una de e~as maravillas que de cuando en cuaudo de·
jantes!
notan la existencia de un genio privilegiado
Raul es el clzampion de los ajedrecistas infantiles, pues no se
Un día de audiencia,· cuadro de José Jiménez slbe que nadie á su edad haya podido comprender y ejecutar
Aranda. - Bien conocido ele nuestros lectores es el nombre los planes de la ciencia de Steinitz.
d~ este pintor ilustre, muchas de cuyas obras han sido reprodu c1das en las páginas de LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA dándo·
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais, ·
nos.repetidas ocasiones para ensalzar justamente sus !;lentos y adoptado en los Hospitales de París y que presdecir lo que representa este artista en la historia contemporánea criben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
del arle español. Su cuadro Un dla de a11die11cia es como una y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sint~sis de s_us aptitudes artísticas en el género que con predi- sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
lecc16n culuva: en él se revela el conocedor de los tipos y cos- Es el meior de todos los tónicos y reconstituh)mbres de nuestros antepasados á principios de este siglo; el yentes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
pmtor enamorado d~ aquella indumentari:i pintoresca como po- teniendo además la superioridad sobre los fec~s, y como pocas nea en.colores vivos y matices delic:idos; el rruginosos de uo f13,tig-ar n\lnca el estómago.
d1bu¡~nte correcto que cU1da con solícito esmero de la forma;
el artista asombrado ante la grandiosidad y belleza de nuestros
monumentos arquite~t6nicos; ~l maestro, en suma, que siente
hondamente la emoc16n estética y para quien no tiene secretos
el arte de expresarla plásticamente.

:E,Jl teniente general Excmo. Sr. D. José Chinchilla. - Comenzó su carrera militar el actual comandante del
segundo cuerpo de ejército de A frica en 1852, y después de hab~r tomado parte importante en las jornadas de Madrid de jumo de 1856, pas6 ~ Cuba con el general Serrano en 1857, en
1860 á Santo Domingo y en 1862 á México. En 1864 volvi6 á
Sa1:t~ ~omingo, regres6 á España al terminar aquella guerra, y
al m:c1arse la lucha separatista volvi6 á Cuba y de regreso á
Espana combati6 valerosamente contra los carlistas en el Nor·
te. Es teniente general desde 1884; ha sido capitán general ae
.i\rag6n en 1884, de Canarias en 1885 y de Cuba en 1889 y ministro de la Guerra en 1888. Al ser recientemente destinarlo á
Africa desempeñaba la jefatura del cuarto cuerpo de ejército.

LA

624

�LA
Los reyes y las infantas ocupaban su palco también antes que comenzase 1:i. función; el entusiasmo
era grandísimo.
No habla sido Camita de las últimas en llegar, y
entró en el palco antes que la del Arroyo. Luis estaba pálido, desencajado; no sabía lo que pasaba por
él; no había podido comer, el estómago rechazaba
todo alimento, tal era la revolución que traía el regulador de su organismo. El corazón se le había repartido por todo el pecho, los oídos le zumbaban, las
piernas parecían de trapo y el brazo apenas podía sostener el de su mujer. Hubiera querido Luis que ya
estuviesen los marqueses en el teatro; temía encontrarse solo con Camita cuando apareciese Pola; temblaba como el criminal novel, cogido in fraganti. ¿V si
no podía contenerse y delante de su mujer se vendía?
Estar allí, allí, tan cerca de ella y no entrar á verla, á
estrecharla, á impedir que saliese al público... Luis
se arrepintió por vez primera de haber enviado á Italia á su protegida; él tenía la culpa de que toda aquella gente fuese á juzgar á Pola, á censurarla ó aplaudirla, á lo que fuese, pero siempre á ocuparse de ella,
de ella, que estaría temblando como él temblaba...
Pola debía estar sufriendo horriblemente, pero él sufría muchísimo más; hubo momentos en que se le
turbó la vista y creyó desvanecerse; jamás se había
violentado tanto; nunca tuviera necesidad de hacer
mayores esfuerzos con haber hecho muchos en el espacio de dos años. Camila parecía también impaciente y preocupada.
El primer acorde de la orquesta produjo en Luis
una violenta conmoción; ahogó un grito y apretó el
corazón temeroso de que saltase hecho pedazos: en
ese momento entraron los marqueses del Arroyo y su
hijo; con el movimiento de entradas y saludos pudo
reaccionarse Luis un tanto.
Roncalito y el marqués insistían para que Pacheco
aceptase un puesto visible, pero se negó pretextando
que se encontraba atrás mucho mejor. Ni sabía lo
que pasaba por él, ni lo que sentía, ni lo que deseaba; apenas veía, y cuando sintió la voz de Lucía y el
murmullo del público,se levantó sin poder contenerse; la voz había llamado á su alma con un repique alborotador; el recuerdo de aquella noche de luna, de
aquel S11lve dimora tan dulce y arrobador, vino á salvarle de no cometer una imprudencia: vió á Pola sentada en el banco de piedra del paseo á su lado, abandonándole la mano y cerrando los ojos; era completa la itusión. Pero ésta dmó poco: no pudo conformarse y miró, miró ansiosamente, miró con amor infinito á su niñll, á su pequeña encantadora: era ella,
era la misma, con su aspecto enfermizo y triste; ¡pero
qué voz!, ¡qué voz del empíreo era la suya! El público
estaba electrizado y estalló en un aplauso. Roncalito
se puso de pie, alzó los brazos y aplaudía adelantando el cuerpo sobre la cabeza de su padre.
-¡Brava! ¡Bravísima!
Pola paseó la mirada por la sala, inclinó primero
el busto haciendo una reverencia á los reyes que la
aplaudían con entusi~smo y saludó después al público. Luis creyó que las miradas de Pola le buscaban:
no hizo nada para que le viese, pero tampoco se ocultó; quedó inmóvil, pálido y con los ojos fijos en la
criatura idolatrada. ¡Qué bella era! ¡Qué hermosura
tan dulce y tan expresiva la suya!
Al terminar el acto, volvió á levantarse el telón
para que saliese la Pola; el público estaba contentísimo ·y se prometía un concertante y un rondó excepcionales.
Luis no pudo moverse del palco, pero Roncalito
salió disparado; iba corriendo á saludar á la diva,
eran antiguos conocidos y amigos. Pacheco le hubiera ahogado de buena gana por embustero y por malvado; recordaba lo que le había contado Pola.
La marquesa declaró que le gustaba mucho la artista; era fuertemente simpática aquella carita de muñeca linda, y aquellos ojos y aquel cuerpo endeble
prevenían en favor de sus condiciones morales.
Camita apenas hablaba: parecía preocupadísima.
La platea de la marquesa estaba situada C&lt;!SÍ enfrt:nte
del palco regio, y la de Pacheco no quitaba ojo á los
reyts cuando aplaudieran con muestras de simpatía
hacia la cantante; cualquiera diría que sentía envidia
de ésta.
Roncalito volvió mohíno: la Pola no había querido
recibirle, es· decir, no podía recibirá nadie; así lo dijera su dama de compañía, una señora que se daba
tono de reina destronada.
- ¿No tiene madre?, preguntó Camita echándose
los gemelos á la cara, por lo cual no pudieron advertir que se turbaba para preguntarlo.
- ¿Pues no ha leído usted su biografía?, saltó Roncalito dándose humos de muy enterado.
- ¡Ah! Sí, es verdad.
- Se la encontró muerta de hambre y de frío una
noche que volvía de pedir limosna. ¿Y querrán uste-

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

des creer que siento así como remordimiento? ¿Que
de qué? Pues de no haberla socorrido, porque aquella noche bajaba yo del Veloz y la encontré en el
portal... y... vamos, que fuimos crueles con la pobre
muchacha. ¡Quién había de pensar!
Luis miró á Roncalito con ira.
- Yo quería hablarle esta noche para pedirle perdón y ofrecerle mis respetos; pero si no se la puede
ver... lo dejaremos para otra noche: en el otro intermedio volveré... ¡Quién sabe si el protector anónimo
la prohibe que reciba visitas! Será un viejo verde,
egoistón, que todo lo quiere para sí.
Pacheco hubiera pulverizado á Roncalito.
El segundo acto mantuvo latente el entusiasmo del
público. El heredero del marquesado del Arroyo se
deshacía las manos aplaudiendo rabiosamente, hasta
llamar la atención de los artistas, que miraron al joven y cuchichearon entre sí; la diva dirigió también
la vista al palco, y por un instante sintió que le faltaban los alientos; fijó sus ojos grandes y negros en
Camita de un modo amenazador, y Camita bajó los
suyos como si aquellos ojos le hubiesen clavado dos
puñales.
Luis vió á Pola fijarse con insistencia en su mujer
y creyó qué ya la conocía.
- ¿Será casualidad ó habrá preguntado?.., se dijo.
De lo que estoy seguro es de que no me ha visto á
mí. ¡La miró tanto á ella y con una expresión!.. Creo
que la miraba con odio... ¡Odio, no! Los ángeles no
pueden sentirlo por nadie y menos por una mujer
que de nada es culpable
- Me ha reconocido, dijo Roncalito lleno de orgullo, se ha fijado en mí: le han llamado mis aplausos la atención.
- ¡Qué necio!, pensó Luis.
- ¡Allá voy otra vez!
Y Roncalito salió del palco atropellando sillas.
¡Qué ganas se le pasaron á Luis de darle un achuchón!
- ¿Por qué no vienes, Luisillo?
- No te:igo ganas de moverme.
- Estás electrizado, ¿verdad?
-Sí.
- La cosa no es para menos, chico; el fin del
mundo en Lucías, lo nunca visto. ¡Cómo saldrá ese
rondó!
Antes de un cuarto de hora ya estaba Roncalito
de vuelta; pero qué satisfacción; qué alegría le retozaba por todo el cuerpo.
- La he visto, he hablado con ella; me colé con
el empresario, que entraba con un gentilhombre. Sus
majestades la han felicitado con mucho cariño, y es
una buena chica. ¡Queréis creer que al recibir el recado de los reyes se echó á llorar!..
Luis levantó los ojos al palco regio; si hubiera
podido estrechar contra su corazón á los soberanos
los hubiera estrechado con gratitud sin límites.
- Pues, entré, dijo Roncalito, hablando atropelladamente; fuí á besarle la mano, pero se conoce que
todavía no está hecha á galanterías, y se retiró. La
dama de compañía, que parece un rey de armas, estaba allí tiesa y espetada, como si fuera su madre;
contesta ella á todo y mete su cucharada; habla más
que la Pola. Le pedí perdón por aquella tontería y
me dijo que no quería recordarla. ¿No les dije á ustedes antes que había reparado en mí? ¡Vaya! Pues
me preguntó quién era usted, Camilita.
Luis tembló y Camita se puso pálida.
- Lo raro es que la conoce, porque le dije: la señora de Pacheco, Camita Flórez. «Sí, me contestó,
Suárez Flórez.» Ya ve usted, yo no lo sabía; siempre
he oído decir FJórez Flórez, y...
Un rayo que hubiera caído á los pies de Luis no
le hubiera hecho peor impresión. Recordó detalles;
el origen de su suegro, la provincia donde había nacido aquél, la estancia en Cuba; todo, en fin, y vió
claro, muy claro: su mujer era la prima de Pola, era
la criatura infame que no había tenido compasión de
su tía ni de una niña huérfana.
Entretanto Camila balbuceaba un «no sé,» Luis la
miraba de un modo tan despreciativo que Camita
sintió el peso del desprecio, y por vez primera en la
vida se vió pequeña, humillada ante la grandeza de
su prima, y lo que era peor, ante su propio marido.
Aquella mirada se lo decía todo, y hubiera querido
estar en su casa á solas con Luis para mostrarse arrepentida; pero estaba allí y era necesario disimular,
fingir, torturarse y luchar consigo misma. ¡Qué maldita ocurrencia la suya! No había podido resistirá la
tentación de oir cantar á su prima. ¡Quién había de
pensar que la viese, ni que aquel mentecato hiciese
tonterías por hablar á la cantante!..
Luis sufría horriblemente. ¡Pensar que una mujer
sin corazón era la madre de su hijo; pensar que lle•
vaba su nombre!.. La hubo creído pequeña, fría, indiferente, orgullosa... , pero infame no la hubiera con-

NúMERO 624
NúMERO 624
siderado jamás... , y lo era, sí que lo ~ra; si no amor,
le había tenido consideración y atenc10nes, pero desde aquel instante había concluido todo entre ellos;
ni los lazos del afecto de familia podían quedar. ¡Desprecio, sólo desprecio le inspiraba aquella mujer á
quien la sociedad citaba como modelo de virtudes
caseras! ¡Oh! La Providencia tenía castigos espeluznantes, ocultos entre los inescrutables códigos de su
justicia; la dama, la gran señora, la orgullosa que había desoído la voz de la sangre, la que hacía alardes
de caridad y virtudes, arrojaba de su casa á dos infelices parientes que le pedían protección y amparo,
tan sólo por no confesar que había pobres en su familia. El pensamiento de Luis voló al cielo buscando
á su hijo. Decía todo el mundo que había sacado
Luisito el carácter de su padre y Juanito el de la madre: Juanito vivía; Luis había muerto. ¿Sería posible
que estuviese él condenado á vivir entre una esposa
y un hijo de alma raquítica? Le quedaba Pota, Pota
que lo amaba como los ángeles aman á Dios; ya no
había obstáculos entre ellos ni consideraciones de familia que se opusiesen á la dicha de ambos; cuando
supiese que aquella prima odiada por ella era su esposa, cuando le recordase que había dicho en un
momento de arrebato que hubiera sido capaz de robarle su marido para vengarse de ella; entonces, sí;
entonces no habría dique en la moral social ni en el
sentimiento para contener la pasión desbordada.
- Todavía he de volver á la carga, dijo Roncalito,
á ver si logro introducirme de nuevo, y le preguntaré,
si es que á usted le interesa...
- No, replicó Camila, pudiendo á duras penas disimular. ¡Quién sabe!.. En el extranjero acaso...
Luis la hubiera ahogado. Ni entonces quería confesar que era su prima. Se había hecho pública su
perversidad con la biografía de la Pola; la sociedad
buscaba entre sus mujeres distinguidas una que fuese
capaz de tal villanía, y Camila menos que nadie podía ser desposeída de la aureola de virtud que la circundaba. No había de ser ella la que lo dijese. Con
cuánto placer hubiera gritado Luis: &lt;¡Yo soy, yo soy
su protector!»
Llegó el momento supremo para Lucía, el rondó;
ninguna artista podía vanagloriarse de obtener un
aplauso con sólo presentarse en la escena, flotante la
enmarañada cabellera y envuelta en blancos ropajes.
No era la Lucía de siempre con su bata de nansuk
elegante y correcta, su pelo tendido y alisado y su
brazo coquetamente desnudo, apareciendo incitante
debajo de la manga perdida. Era la loca tranquila, la
demente por amor, que imprimía á su albo traje en
los pliegues y los recogidos el sello de la demencia.
La cabellera espléndida y sedosa de Pola caía enmarañada con arte, desbordándose por el pecho después
de cubrirle la espalda; sus ojos parecían más grandes y tenían fosforescencias incompatibles con la locura; sin embargo, nadie al contemplarlos podía dudar que veía la pupila de una loca reflejando las perturbaciones del cerebro.
Cantó Polita, y el público llegó al delirio; señoras
y caballeros de pie aplaudiendo, agitando los pañuelos, arrojándole flores arrancadas á gentiles cabezas y
á escotes pronunciados y prodigándole delirantes adjetivos, todo formaba un espectáculo único en los
fastos líricos de la corte de España.
Pola miró al palco en donde había visto á su prima; quiso hacerle sentir el peso de su triunfo, anonadarla con su gloria; pero entonces, entonces se presentó á sus ojos la figura del hombre amado, que sin
reservas y sin ocultarse la contemplaba extasiado, inmóvil y pálido como un cadáver.
- ¡Luis! ¡Luis!, gritó el alma de Pola, y cayó sin
sentido como cae el cuerpo muerto, que dijo Dante.
La presencia de Luis en aquel palco y su repentina vista acabaron con sus fuerzas físicas.
Bajó el telón rápidamente; la confusión fué grandísima, espantosa; todos corrían á enterarse presurosos del estado de la diva; nadie podía entenderse,
hablaban á gritos, comentaban el accidente, inventaban causas; en una palabra, parecía que la voz de
«fuego» hubiera sonado en la sala llevando el espanto á los espectadores.
A la caída de Pola, respondió un grito horrible de
Luis. «¡Pola! ¡Pota de mi alma!,» dijo, y salió del pai.
co, frenético, sin sombrero, sin abrigo y sin pararse en
medir las consecuencias de tan imprudentes palabras.
El espanto de Camita, de los marqueses y de Roncalito fué grande. Nadie se atrevía á romper el silencio; semejante revelación era terrible. Ronc-alito salió
detrás de Pacheco: no podía conformarse con la pasividad de su papel.
Llegó Luis á la puerta del cuarto de Pola atropellando á todo el mundo, abriéndose paso á puñetazos. Los que le conocían supusiéronle con la razóa
extraviada; los que no sabían quién era le creyeron
médico.

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

805

- Sí, contestó la niña. Ya puedo morir.
Una muralla humana defendía la puerta; Luis hu- Está bien.
- ¿Morir?, no, amor mío: vivir para mí; para mí,
Joaquín salió y Camila se arrojó llorando en aquel
biera saltado por encima de todos.
La señora de Altuna, que oyó su voz, gritó desde sofá donde otra noche clavara las uñas. Luchaba en- que te adoro.
El doctor prohibió toda conversación y se retiró,
dentro: «¡D. Luis, D. Luis!» La multitud, respetando tre los celos rabiosos que la atormentaban y su digaquel enigma para mejor tener después la satisfac- nidad ofendida y su orgullo pisoteado. ¡Jamás, jamás prometiendo volver á las diez de la mañana.
Volvió con efecto, pero aseguró que á pesar de la
ción de descifrarlo, abrió paso al loco que se preci- perdonaría á su marido aquella infamia, aunque se lo
pitó en el saloncito, sobre cuyo diván descansaba el suplicase en la hora de la muerte! ¿Iría á sorprender- mejoría que creían observar, Pola estaba peor, mucuerpo inmóvil de Pola.
los, á insultarlos, á confundirlos con su presencia?.. cho peor. La fiebre había aumentado y no había me- Otro ataque como el de Milán, dijo llorando la ¿Y su decoro de gran señora y su nombre de pruden- dio de hacerla callar á la niña, por más que se la recomendase el silencio.
desolada señora abrazando á Luis.
te y altiva?..
Quería charlar con Luis. ¡Tenía tantas cosas que
Cuando Luis, loco de dolor, entró en el carruaje
Pero éste, á la vista de su niña querida, de su amor
decirle!..
celestial, se arrojó sobre ella, besándola y prodigán- que á la puerta del vestuario del Real aguardaba á
Hablaba de su triunfo, de los que obtendría, del
dole las caricias más tiernas.
Pola, estrechando el cuerpecillo inmóvil de ésta, dió
- Es su protector, su segundo padre, dijo en alta la orden de irá la calle de San Miguel; allí, á su mausoleo que levantarla á su madre, de las limosnas
voz la compañera de la diva, creyendo necesaria tal casa; tal vez su cama le vuelva la vida; quizás aque- que enviaría á los necesitados de su pueblo, y todo
ganado por ella, por ella...
,
,
.
explicación.
llas paredes reanimen su corazón y su cerebro.
- ¡No, Pola mía! No cantaras mas; yo no qmero,
El méd4:o de la empresa estaba tomando disposiEl coche partió á escape, después de recibir órdenes el cochero, por la calle de San Miguel, triste y ¿oyes?, no quiero; soy rico, muy rico...
ciones.
- Pero tienes esposa, tienes ... tienes un hijo.
- Ante todo sacarla de aquí, doctor, dijo Pacheco. en semiobscuridad: no transitaba nadie á semejantes
- Mi hijo... Sí, mi hijo... , pero mi esposa no es
- Aguardemos á que vuelva en sí primero.
horas.
- No, no. Véngase usted con nosotros á casa; la
El sereno se aproximó al ver parar un carruaje digna de que yo la quiera.
- ¿Te es infiel?
llevaremos; su abrigo, dijo Luis, venga su abrigo.
particular; abrió la puerta, y la señora de Altuna se
-No.
La señora de Altuna descolgó una capa de pieles, precipitó en el portal, subiendo á tientas la escalera
- Entonces no es indigna de tu cariño, Luis.
recogió sus hermosos cabellos dentro de una cofia y y cayendo y hocicando en todos los escalones. Lla- ¿Pero no sabes quién es mi esposa? ¿No lo
mó con furia y repetidas veces; entretanto Luis, alumla envolvió abrigándola mucho.
Luis tomó en brazos á Pola como si fuese una plu- brado por el sereno y seguido del médico, subía len- sabes?
Pola dió un grito; lo recordaba todo; había visto
ma. Los curiosos apiñados á la puerta del cuarto le tamente con su preciosa carga.
abrieron paso, y Roncalito sorprendido de tamaña
La criada de Pola se levantó despavorida; la con- en el mismo palco á Luis y á Camila. Se incorporó
confianza dijo en alta voz:
fusión fué grandísima. Inmediatamente se pusieron en un acceso de fiebre y quiso levantarse delirando
- ¡Pero Luis, pero Luis! ¡Camita te espera, hombre! sábanas á la cama, y antes de cinco minutos estaba y llamando á voces á su madre.
- ¡Madre mía, madre idolatrada! ¡Dios es justo, y
- Dila que se marche; ahí tendrá su coche; yo voy Pola descansando en aquel lecho, del cual no había
él
te
ha vengado, castigándola en lo más grande, en
con mi hija adoptiva.
dejado de acordarse ninguna noche desde que saliera
lo más doloroso, en el amor!
.
- ¡Tú, tú eres el que!..
de Madrid.
Después de la explosión nerviosa que la revelación
- Yo, yo soy el que...
El médico recetó, el sereno fué á la botica, la porRoncalito no quiso escuchar más y volvió corrien- tera y el portero bajaron despavoridos al primer aviso produjo en Pola, cayó sobre las almohadas desfalledo al palco.
de su sobrina, y ésta encendió la chimenea para tem- cida. «¡Luis, Luis!, decía con voz apagada; perdónala ... y ámala ... ¡Pobre mujer, pobre mujer! La
- ¿Sabe usted por qué la Pola me preguntaba por plar el gabinete y comunicar calor al dormitorio.
Luis no se apartaba de la cabecera de Pola, lla- muerte de su hijo basta para purificarla.
usted, Camila?
- ¡Pola, criatura celestial! ¿Y eres tú la que me pi- No, dijo temblando y creyendo que se había mándola y acariciándola como había llamado y acades que la ame?
descubierto su parentesco.
riciado á su Luisito cuando temía perderle.
- Sí, yo. En cuanto me ponga bien marcharé de
- Pues, porque... porque... Luis es su protector: el
A pesar de los medicamentos, no cedió el síncope
que le dió la carrera... el incógnito interesante y sim- hasta las cinco de la mañana. Cuando Pola levantó Madrid, Luis; no debemos estar cerca. ¿Verdad que
pático de la biografía; sólo nos falta saber quién es la los párpados vió á Luis á su lado, á Luis que deli- no debemos? ¿Me olvidarás? Yo quiero que me olviprima ... No tenga usted celos, Camilita, porque se- rante la llamacya, estremecido de alegría porque ya des; si yo me muero de amor no hago daño á n_adi~;
ría... vamos, sería... no sé cómo decirlo... cambiarla á se miraba en sus ojos. Una sonrisa divina contrajo pero tú, sí; tú no te perteneces; eres de ... , de m1 pnusted por una chiquilla espurriada... No lo creo.
los labios pálidos de Polita.
.-. ma. Yo la he perdonado; Luis perdónala tú también.
Camila no escuchaba.
- ¿Pero no viene á buscarme?, ¿no viene?
- ¡Quia! Si la lleva en brazos desmayada para el
hotel, y va como salió de aquí, de frac y sin sombrero.
- Pero me ha dejado en el teatro por acompañar
á... esa...
- Dijo que se fuese usted, que ahí tendría el
coche.
Camila rugió de ira: la marquesa se ofreció á llevarla en el suyo; Camila no quiso aceptar.
- No necesito á nadie, dijo, gracias; saldré con
ustedes, y nadie sabrá...
Con efecto, salieron juntos. El marqués dejó á la
de Pacheco dentro de su coche, y ésta llegó á casa
llorando de rabia. Desnudóse rasgando los vestidos,
y ni de dar un beso á su hijo se acordó ~qu~lla noch~.
Aguardó levantada hasta la mañana s1gmente. Lms
no llegaba; por la mañana envió á Joaquín al hotel
donde la Pola se hospedaba, y volvió éste diciendo
que la cantante había sido conducida á una casa particular.
Camila esperó inútilmente. En todo el ~ía no pareció Luis ni envió un mal recado. También aquella
noche la pasó en vela, aunque acostada.
Al tercer día de ansiedades y zozobras disponíase
á jugar el todo por el todo averiguando el paradero
de Pola, segura de que con ella estaba su marido. Los
periódicos no le decían nada nuevo; lo que ella ~abía; lo que en el teatro había pasado, pero nada mas;
la diva había sido casi secuestrada por su protector.
No se hacían más comentarios románticos y pintorescos, ni otra cosa que pudiera sacarla de las ansiedade_s
en que estaba. ¡Oh! ¡Bien se había vengado aque!la chiquilla· bien la humillaba robándole su esposo a la faz
del m'undo! No creía en las casualidades; Pola lo habría buscado, acaso su madre, y lo habrían enloquecido con intenciones aviesas; le deseaba la muerte,
sí, se la deseaba con toda su alma. ¡Infame! Razón
había tenido en no recibirlas ni protegerlas. No pasaba de ser una aventurera, una perdida ...
Joaquín pidió permiso para hablar á la señora.
Quería comunicarle que el señor acababa de llamarlo
La marquesa se ofreci6 á llevarla en su coche
por medio de una tarjeta y salía en aquel momento
obedeciendo las órdenes.
- No vaya usted; que venga él.
Fué necesario incomodarse con Pola para que ca- Luis, dijo débilmente, lo t'am&lt;J, y Vb1vi6 á cerrar
- la señora comprenderá que no puedo excullase. El médico dijo que estaba peor y que no había
los
ojos.
sarme.
- ¡Pola, Pola de mi vida! Pequeña hermosa, ¿te esperanza: duraría pocos días; la materia había su- ¿Y dónde está?
acuerdas,
te acuerdas de cuando te llamaba mi pe- cumbido al espíritu; allí no existía ya más que un
- En la calle de San Miguel, núm.... El señor no
alma potente, grande, inmensa¡ pero la cárcel que
queña?
me ordena guardar el secreto.

�LA
aquel gigante encerraba era incapaz de sostener su
peso, el espíritu de Pola no se avenía con semejante
cuerpecito.
Al cuarto día de fiebre, rebelde á todo tratamiento, dijo el médico:
- Esto se apaga. Le quedan pocas horas de vida.
Luis creyó volverse loco yse abalanzó sobre la cama.
- ¿Qué tienes, Luis? ¿Lloras porque pienso cantar
en San Carlos de Nápoles? ¡Nápoles! ¡Qué bello es
Nápolesl ¡Si supieras cuánto he pensado en ti paseando por aquella campiña! ¡Qué derroche de luz y de
colores ha echado la naturaleza sobre aquel pueblo!
¡Qué mareo de bellezas, qué borrachera de poesía!
Allí he sufrido mucho, muchísimo; todas eran para
mí noches de luna. ¡Noches de luna! ¿Te acuerdas de
las noches de luna, Luis? La luna de la Castellana,
la luna del campo. ¿No es verdad que hay dos lunas
en el firmamento? Dos, sí. La que vemos cuando somos felices y la que nos alumbra cuando somos desgraciados. Luis, Luis, ¿crees ahora que se enlazan
allá... en un astro... las almas de los que se han amado en la tierra?
·
- Sf, Pola, sí; creo todo lo que tú crees y amo lo
que tú amas.
- Pues ama á Camila.
- La odio porque tú la odias.
~ ¿Yo? ¡Dios mío! ¿Quién te ha dicho eso? ¿Odiárla? ¡A una mujer desgraciada... , á mi prima!.. Mírame, Luis, yo soy Pola, y Pola no es mala ni rencorosa, ¿verdad? Polita no sabe ser esas cosas feas ...
Oyeme atento, muy atento. He leído, no sé en qué
libro, que cuando Dios da permiso á un alma para
que volando, volando, baje á la tierra, á esconderse
en el huequecito invisible de nuestro ser material,
suelta detrás de aquélla, otra igualita, hermana gemela, tanto que se las tendría por dos mitades de un
todo si fuese posible observarlas. Como de la gloria
no han salido juntas, ni sabe la que salió primero
que ha de salir la segunda en seguimiento suyo,
vuela, vuela por los espacios hasta que encuentra
el refugio que le ha destinado el que lo dispone
todo; la otra, cansada de correr y de revolotear, fatigada y triste por no haber encontrado á su compañera, se guarece en el primer cuerpo que le depara la
suerte; á la primera la coloca Dios, á la segunda la
fatalidad. El a1ma que salió del cielo después que la
tuya fué la mía: ha vagado errante por la superficie de
la tierra sin encontrará su hermana; pero cumpliendo
la ley del gran legislador, llegó á reunirse con ella;
¿mas cuándo? Después de haber corrido y luchado
tanto, que rendida por la fatiga, cae exánime, sin fuerzas para continuar el camino... Y vuelve al cielo, Luis,
vuelve al cielo, de donde ojalá no hubiera salido.
- ¡No; no puede ser, Pola, no puede ser; tu alma
no se apartará de la mía! ..
- Allá... allá nos veremos.
- ¡No! ¡Aquí, aquí, Pola de mi vida, no me dejes,
no· me abandones, llévame contigo!..
Ocho días hacía que Luis no se apartaba de Pola.
Estaba ésta sentenciada á quedarse muerta como
un pajarito, sin espasmos, sin contorsiones, sin agonía; la enferma asombraba á los médicos; no creían
que pudiese vivir tanto. La calentura, que no había
cedido un momento, desapareció; parecía más animada y no tenía fiebre; pero las fuerzas decayeron inmediatamente; los ojos se apagaban, se le afilaba la
nariz, arañaba las sábanas con sus deditos descarnados y entreabría los labios que se iban obscureciendo con un borde ftínebre. De las extremidades de la
enferma huía el calor, para refugiarse en su pecho,
último baluarte de la vida, y el médico ordenó que
se la frotase con Jerez ó con ron muy buenos.
- Se va, Luis, se va.
- ¿Quién, vida mía?
- Mi alma del lado de la tuya.
- ¡Pola! ¡Pola de mi vida, no me digas que te vas
y que yo me quedo!
- Tú te quedas, sí, te quedas ... para tu esposa,
para tu hijo... , para los pobres..., para las hijas desgraciadas que en noches crudas te pidan pan para su
madre... Todo lo que poseo es para la señora de Altana, ¿sabes? También mi casita, continuó Pola con
voz apagada, mi nido de venturas... Que viva aquí...
Tú vendrás alguna vez..., alguna...
Ruido de voces que acaloradamente discutían en
el recibimiento llegó hasta el lecho de la moribunda.
Era que Camila, fuera ya de sf, no pudiendo soportar por más tiempo lo que suponía ultraje nunca
visto ni hecho á mujer alguna, se había decidido á
despreciar las conveniencias sociales y se presentaba
á sorprender á los amantes, acompañada del juez y
testigos para entablar una demanda de divorcio.
La señora de Altuna se oponía á que entrase na·
die en el dormitorio de la moribunda; pero Camila,
inexorable, terrible en su odio contra los infames, insistió á pesar de oir que Pola estaba expirando.

NúMERO 624

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La autoridad se impuso: cuando Luis, atraído por

las voces y reconociendo la de su esposa, cruzaba el
gabinete para salir á la sala, iba dispuesto á no consentir que Camila pasase adelante: la conocía bien y
sabía que el despecho, sólo el despecho la condujera
á casa de su prima.
Pero su sorpresa hubo de trocarse en espanto: la
presencia de aquellos caballeros que acompañaban á
Camila fué una herida más que su esposa le infería:
un nuevo insulto al ángel que expiraba, un odioso
atropello de aquella mujer sin corazón.
Al saber de lo que se trataba, le asaltaron impulsos de ahogar á su mujer; pero se contuvo mirándola
con expresión de infinito desdén.
Pola quiso hacer un esfuerzo para incorporarse y
la fué imposible. Oía, sin embargo, y lo comprendió
todo. Era el último dolor que la fatalidad le depara·
ba antes de abandonar este valle de lágrima5.
- Señor Juez, dijo Luis con acento alterado, estoy
al lado de un ángel moribundo, que sobre merecerme
el cariño de la hija más amada, es prima carnal de
mi esposa.
Si los ojos de Camila hubieran sido basiliscos pulverizasen á Luis en aquel instante.
- ¡Luis!.. ¡Camila!.. , dijo Pola con voz apagada.
Venid...
Luis corrió al lado de la moribunda. Camila quedó inmóvil; la voz que la llamaba no le pareció de la
tierra, y el recuerdo de Lucía, cantada con gemidos
celestiales por aquella niña expirante, pasó por su
mente suavizando las asperezas de su situación.
- Señora, acérquese usted, le dijo el juez con acen ·
to imperioso. Su prima moribunda la ha llamado.

Maquinalmente dió Camila unos pasos y quedó á
los pies de la cama con el rostro ceñudo por las violencias de su carácter y quizás pesarosa de su última
y más grande imprudencia.
Pola se moría, se morfa por segundos.
- ¡Luis, perdón para... mi prima!..
- ¡Pola de mi vida, calla; no pidas perdón para ella!
- ¡Camila!.. ¡Camila!, balbuceó Pola. ¡Perdóname tú!..
- ¿A ti? ¿A ti?, gritó Luis. ¡A ti, alma pura y siri
mancha! ¡A ti, ángel entre las mujeres! ¡Ella! ¡Ella es
la que ha de pedírtelo por esta nueva infa~ia que
comete contigo!
Camila continuaba ceñuda mirando alternativamente á uno y á otro sin pronunciar palabra, pero
abrasándose quizás por vez primera en celos grandísimos y nobles.
Ella jamás había visto á su marido tan amante,
tan apasionado, tan loco, tan delirante; besaba la cabeza, las manos y el rostro de Pola, con transporte,
con locura; debía amarla con pasión infinita, sobrenatural. Camila sintió envidia de Pola: ella, la mujer
elegante y hermosa, llena de vida y rodeada de los
placeres que la riqueza proporciona, envidiaba á la
cantante moribunda, al esqueleto animado por un
soplo de vida que se acababa, se acababa...
- ¡Luis... perdón ... pa... ra ella!.. ¡No me ol... Camila ... no me olvidéis!
Se oyó un grito horrible, un grito que arrancó otro
de dolor á la garganta de la esposa humillada.
Era Luis que se abrazaba frenético y desesperado
al cuerpo inmóvil de la Pola.
EvA CANEL

LA I LUSTRACIÓN

NúMERO 624
EL SERVICIO DE CORREOS EN CHINA

Ahora que el gobierno chino ha anunciado una
reforma en el sistema postal del Imperio, creemos
interesante dar sobre el sistema hasta hoy vigente
algunos detalles que contiene una memoria del cónsul de los Estados Unidos en Fu-Cheú.
Empresas particulares han establecido desde hace
mucho tiempo las comunicaciones postales entre las
distint-as provincias imperiales por medio de las tiendas de cartas: para este servicio no se emplea otro
sello que el del dueño de la tienda. Los edictos del
emperador y otros mensajes oficiales son transportados por corredores que andan hasta 250 millas diarias, y en los distritos en que se emplean caballos ó
mulos cada jefe de estación ha de tener ro ó 20 de
éstos.
Este sistema, parecido al E xpress de!ivery ameri-

807

ARTÍSTICA

cano, además de cartas transmite pequeños paquetes
y asegura contra las pérdidas, para lo cual el expedidor muestra el contenido de la carta ó paquete al
dueño de la tienda, el cual lo registra, cierra y sella.
Los gastos de transporte de los valores varía según
la cuantía de éstos, y la tasa de las cartas según la
distancia. El dueño de la tienda da un recibo al expedidor, siendo desde entonces responsable de la
carta ó paquete. Como estas tiendas son de e~presas particulares hay entre ellas gran competencia en
beneficio del público. En algunas provincias los dos
tercios del precio de transmisión los paga el remitente y el resto el destinatario. En Sang-Hai hay unas
200 tiendas de cartas, cuyos empleados -recorren las
casas e11 busca de clientes.
En el Norte de China, donde abundan los caballos, los portadores de cartas van montados: cada un?
de éstos lleva de 70 á 80 libras de cartas y anda a

razón de cinco millas por hora, cambiando de caballo
en cada estación hasta que. llega al límite de su trayecto, en donde entrega su carga á otio mensajero y
éste á su vez á otro y así sucesivamente. El servicio
no se suspende por causa del mal tieqipo. En los trayectos de poca ·importancia, en el centro y en el Sur
de la China, los mensajeros van á pie; y para evitar
que sean atacados por los ladrones de caminos, elida
distrito paga una cantidad fija á éstos, quienes, en
cambio, no sólo respetan á los mensajeros, sino que,
además, impiden por todos los medios posibles que
otros ladrones los ataquen.
En China hay dos clases de sellos: uno, introducido por Sir Roberto Hart, sólo se emplea en las aduanas chinas; el otro es un sello local, empleado en
Shang-Hai por una compañía extranjera.
(De la Revue Fra11paise)

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTÍSTICA diríjanse para informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Cauma.rtin,
núm. 61, Pa.ris.- La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet Y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

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�LA

808

N ú MERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

mente las materias de que trata: son éstas El Mogrehel· Aská (noticias geográficas y etnográficas sobre
Marruecos), el islamismo, las instituciones sociales
que consagra el islamismo, la tiranla y la anarquía
en Marruecos, y Marruecos ante Europa Todos estos
puntos están tratados con gran conocimiento de causa
y elevado criterio, sobre todo el últim?! en que se es·
tudia en todos sus aspectos nuestra m1S1Ón en el Norte de Africa. Este libro, al que acompaña un mapa
de España, del imperio marroquí y de Melilla y s.u
campo, ha .sido impreso por la casa Henrich y C.•, de
esta ciudad, y se vende á 4 pesetas.

LIBROS ENVIADOS A ESTA REDACCION
POR AUTORES Ó EDITORES
LA EsrMlA MODERNA. - E l último número de
esta importante revista publica notables originales de
Barbey d' Aurevilly, Daudet, Banville, Richepln,
Caro, Sainte Beuve, E. de la Barra, Tarde, Taine,
Musset, Castelar y Vi llegas. - Dirección y Adminis·
tracion, Cuesta de Santo Domingo, n(1m. 16, princi·
pal. Madrid.

• •*

•••

ESTUDIOS DE HIGIENE GRNERAL, - Contiene este
libro interesantes trabajos de los célebres médicos
Hirsch, Koch y Wurzburg, de Berlln, y Sto,kvis, de
Amsterdam, compilados y traducidos por F. Murillo
Palacios, miembro efectivo de la Sociedad Quirúrgica
alemana. La importancia de las materias justíflcase
sólo con el titulo, y los nombres citados son la mejor
garantla de la compttencia con que están tratadas. Véndese á 3 pesetas el ejemplar en las principales
librerlas.

Los FUSILES MODERNOS EN AusTRIA·HUNGRÍA,

por D. José Boado y Castro. - Al punto á que han
llegado las cosas con el estado de paz armada en que
Europa se encuentra, es de grandísima utilidad el libro que nos ocupa. Austria ha dado uno de los pa•
sos más importantes en las cuestiones de armamento de repetición, y el estudio del S r. Boado es de lo
más completo é interesante que pueda de~earse, des·
prendiéndose de él provecbc.sas enseñanzas mere~edoras de que sean utilizadas en nuestra patria á fin qe
que m, nos veamos en la precisión de recurm al ex•
tranjero, contando como contamos con elementos que
bien aprovechados bastarían para satisfacer todas las
necesidades nacionales. Los apéndices que lleva la
obra sobre fusiles y carabinas de cuartel, pólvora sin
humo y municionamiento, son importante complemento del libro, que interesa, no sólo al militar y a l
armero, sino que también á las personas aienas á la
milicia. La obra tiene abundantes grabados intercalados en el texto y cinco láminas en colores y se vende
en las principales librerías á 6' 50 pesetas.

•••
L AS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS, po~ Herbert
Spmcer. - Es ésta una de las más importantes obras
del autor de La Justicia, y aunque todo el libro es de
gran trascendencia social, sobresalen en él los capi·
tul os referentes á la idea religiosa, al sacerdocio, á las
jerarquías eclesiásticas, á la· Iglesia y el Estado, á la
influencia moral de los sacerdotes, al pasado y porve·
nir de las instituciones eclesiásticas y al pasado y por·
venir de la religión. Este libro, que está traducido
por el catedrático de la Universidad de Oviedo señor
Posada, se vende en las principales li brerlas al precio
de 6 pesetas.

•
••

•••
MARRUECOS, por Ma1111t/ 0/ivi!. - Pocos libros
habrá de tanta actualidad como éste, que formando
parte de la colección Aspiraciones nacio11ales de Espa·
fla, ha publicado el Sr. Olivié, de algunas de cuyas
obras nos hemos ocupado otras veces con el elogio
que se merecen La falta de espacio nos impide hacer
un juicio de Marruecos y nos obliga á indicar simple·

EL NIRO RAUL FAUSTO CAPABLANCA, notable ajedrecista (de fotografía)

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624

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d1roln rln el ,ueño f la 1111r11. - A11 r,rir4 Vd.
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ll'á....,aacla, VALLE DE BI.YOLJ.0 lóO, .PA.BJ.t,¡1 11 ••• toau" ,a,..l!'a,·mac lm,
El .TARA.BE DE BRLANTrecomendacto desde su principio por 10s profesores
Laennec, Théna rd, Guersant, ele.; na recibido la consagración del tiempo: en el

aiiu f8:!9olltuvo el privilegio de Invención. VERDADERO CONFITE PECTORAL, con base
de goma y de ababoles, conviene, sobre touo a tas personas detu:aoas, como
mUjeres y nl iios. s u gusto exce1enle no perjudica en modo alguno á su encacla
l_ contra IOS RESFRI IDOS y todas las lllFLlll~CIONES del PECHO y de !OS JIITESTINOS. _...¡

no titubean en purgarse, cuando Jo
necesitan. No temen el asco ai el cau•
rancio, porque, contra lo que sucede con
los demas purgantes, este no obra bien
1ino cuando se toma con buenos alimentolf
y bebidas fortificantes, cual el vino, el cali,
el U. Cada cnal escoge, para purgarse, la
hora y la comida gue mas le convienen,
segua sus ocupac1one1. Como el causu
c10 que la purga ocaafoaa queda completamente anulado porel electodela
buena alimea&amp;acioa empleada,uao
as decide tdcilmeate 4 volver
4 pqpesar cuauia, veces
,ea aeceaario.

~"t1tlADES ••1 EIT04i

,,,

11

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Pepsina Boudault
...... perla ,cmm II EIICIU

PREIIO DEL INSTITUTO AL D' CORVISART, EN 1158
lledallu •• 1&amp;1 BxpHlolou1 l■ten&amp;aloaalt1 ••

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Quedan reservados los derechos de propiedad artística y literaria
I MP, DE MONTANER Y SIMÓN

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