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Ftí~t1ea
A~o XII

- - - - - - -... BARCELONA 18 DE DICIEMBRE DE r893 ...__ _ _ _ _ __

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

LA ADORAOION DE LOS REYES MAGOS, copia del celebrado cuadro de Alberto Durero
pintado en el niio 1509 y existente en In Galerfn de los Uffizi, 1le Florencia

�810

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 625

ría pidió á San José licencia para disponer fajos y criaturas del Angélico parecen traer desde un mundo
superior, al cual acaban de abandonar en su arribo
mantillas en que abrigó á su hijuelo. Tela de lino hi- á este nuestro mundo. Los ángeles de Credi tienen
lada por sus propias manos y urdida le valió para alas, pero semejantes á las de muchas aves que no
primer pañal; tela de lana ligera y suave le sirvió para
la primer mantilla. TeJ·ióle más tarde adrede para él vuelan, y á quienes tan sólo sirven para un paso más
aligero por la tierra. Plumas, aureolas, túnicas no bastúnica inconsútil. Y no se contentan los escritores tan á darles aires místicos. Aquellas figuras tan sólo
ortodoxos con saber la materia de que se componían recuerdan y significan la incom parable adolescencia
los vestiditos de J csús, también saben el color, blandel Renacimiento florentino, que reza en la cuna de
d
b ·é
b
·
fl
co Y mora o; tam I n sa en que previno José ores Jesús, pero enardecida por el mosto de Chio, escanYhierbas Y otros aromas, de los cuales María compu- ciado en copas áureas cinceladas por escultores muy
so agua olorosa, y rociando los fajos, doblólos, aliñó- semejantes á los antiguos de Grecia en la hermosura
los, los guardó en una caja, donde los llevó después
·
• B Jé y b
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b
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· perfecta y en el cincelado increíble. Aunque muy
consigo a e n. sa en mas, sa en que, etermt- helénico, cual todos estos artistas que han volado
nado el día de su partida para cumplir el edicto entre los crepúsculos vespertinos del siglo xv y las
- N11estros grabados.
de A ugusto, con diligencia salió José por Nazarelh alboradas hermosísimas del siglo xv1, descúbrese
Grabados. - La Adoradilii de los Reyes 1lfa,:Js, cuadro de en busca de cualquier animalejo sobre que llevar á muy pronto que Lorenzo Credi pertenece al periodo
Alberto Durero. -Ale¡orla de Nocheóue11a, dibujada por Ape- su esposa, y le costó mucho traba1·o encontrarlo por
henchido por la predicación de Savonarola, en el cual
les Mestres, y trei11ta y cinco grabados más, alusivos á la festividad de Nochebuena y Pas{llas de Navidad en los diferen- el número de gentes idas á cumplir el edicto. Y sa- parecía renovarse y rejuvenecerse la vieja religión cates países y comarcas á que se refieren los artículos del texto. ben que, tras varias diligencias y penosos cuidados, tólica. Tanto es así, que &lt;lió á la hoguera, tras un
- A/11/ey HaSStÍII, emperador de 11/arruuos. - A"aóilas del ;,,. José dió con pobre jumentillo, sobre cuyo lomo cosermón exaltad(simo de aquel extraordinario monje,
terwr amdiendo m auxilio de los rije,1os. - /eje de tribu Jocó á Maria 1·untamente con aguaderas y zurrones,
sus obras profanas. Pero como fuese piadosa la noble
árabe.
.....................................................................,................................................... en que iban panes, frutas y peces, ordinario manjar Adoración de los Pastores, preservóla el autor de
de que se nutrían y regalaban. Y aun dicen más, aun
dicen que, tras cinco jornadas, llegaron á Belén, sá- aquellos extravíos, guardándonosla para que pudiéseLA NATIVIDAD DEL SE~OR
bado, en punto de las cuatro de su tarde, hora en mos admirar en sus religiosas figuras la fresca e ncarnación de los tiernos cuerpos y el gesto de candor
Los dos evangelistas narradores de la Natividad que, por el solsticio de invierno, el sol se despide y que brilla en los divinos rostros. ¡Cuántos cuadros
de Cristo son Mateo y Lucas. El primero la mencio- se avecina la noche. Y siguiendo en su narración de igual asunto podríamos recordar ahora! La verna tan sólo al comienzo de su capítulo II, diciendo: cuentan cómo no hallaron los esposos posada, pues dadera nota de la maravillosa escena corresponde al
«Y como naciese Jesús en Belén de Judea, por los nadie quiso abrigarlos; cómo, á virtud y por obra de Correggio. No busquéis la perfección clásica de Radías del rey Herodes, he aquí que unos magos vinieron todo esto, se refugiaron en la cueva de Belén; cómo fael en sus cuadros; pero quizás hay mayor suavidad
del Oriente á Jerusalén. Y preguntaron: «¿Dónde se esta cueva miraba segura:nente hacia el Norte; cómo y melodfa. Este artista representa como nadie los
halla el rey de los judíos que ha nacido? Su estrella José limpió el suelo y los rincones de la cueva en afectos de ternura y delicadeza. Sobre todo, parece
se ha visto en Oriente y nosotros llegamos á reve- gran trecho; pues corridos los ángeles de verlo en tal haberse inspirado en el Verbo alejandrino, y visto
renciarle. »Al oir esto el rey Herodes, turbóse mucho faena, descendieron ali( hasta barrerla y desempedrar- cómo ese Verbo significa en esencia y resumen una
y con él toda Jerusalén. Convocados á este respecto la por completo.
luz de la luz. Correggio irradia el éter ariano, aquel
los príncipes de los sacerdotes, así como los escribas
El grande arte, sobre todo la pintura, ha exaltado éter, alma de los dioses indo•europeos, en sus comdel pueblo, preguntóles dónde había de nacer Jesús. el nacimiento de Cristo. Pocas escenas de la religión posiciones todas. Nadie ha pintado como él ese resY le dijeron:« En Belén de Judea, porque así está es- cristiana pueden ofrecer al pintor asunto de suyo tan plandor de lo supraesencial, en que van á dorarse las
crito por el Profeta. Y tú, Belén, de tierra de Judea, artístico y conmovedor. Así los mayores, entre aque· estrellas y á vestirse los ángeles. La irradiación eténo eres pequeña entre los príncipes de Judá, porque !los que más descollaran en las artes del dibujo, no rea que todo lo esclarece con el calor divino que to·
de ti saldrá un guiador que sostenga y dirija mi pue- dudaron en trasladar á paredes, tablas, lienzos, este do lo vivifica sugiérenle sus más religiosas y místicas
blo Israel.&gt; Entonces Herodes, reuniendo en secre- idilio religioso. Los ángeles en el cielo y los pastores inspiraciones. Por eso es el pintor de San Juan, del
to á los magos, sacó de ellos el tiempo en que les en la tierra; el Niño Dios, desnudo sobre las amari- evangelista que ha divinizado el Verbo, y el pintor
apareciera la estrella, y enviándolos á Belén, dijo: !las pajas; la mula y el buey, que á una, con los hu- de los ángeles, que llevan en sus ojos el amor á todo
dd allá y preguntad con diligencia por el niño. Y mos de sus alientos, lo abrigan; el varón justo, reprelo criado y sobre sus alas el arquetipo de todos los
después que lo halléis, avisádmelo, para que yo taro- sentado por José, ya viejo; el éxtasis de la madre, seres. Hay en Rafael más arte, hay en Vinci mayor
bién vaya y lo adore.&gt; Y ellos, oído al rey, se partie- absorta en ver y contemplar al tierno recién nacido· ciencia; pero no hay en otro pintor alguno adivinaron. Y la estrella, vista en Oriente, les dirigía y guiaba los cánticos de gloria resonantes en las alturas y mez: ciones como las suyas de lo que significan, así el sol
en todo el camino, hasta que, llegados á su término, ciados con los rabeles y las zampoñas pastoriles; las
espiritual como el sol material, as( el Verbo divino
se posó donde Jesús estaba. Y notada la detención estrellas luciendo con luz más viva, como si acaba- como el éter increado, en que han bebido las cosas
de tal estrella, holgáronse con verdadero intensísimo ran de brillar en los espacios inmaculados y no hu- su etérea substancia y las ideas su divina esencia. El
gozo. Y entrando en la casa, vieron al niño con su biesen recibido el hálito de nuestras culpas en sus vulgo llama La 1Vocl1e al cuadro maravilloso del mumadre María.» Hasta aquí San Mateo. Veamos á San espléndidas esferas; todos estos asuntos y todos seo de Dresde, donde Correggio traza el Nacimiento
Lucas ahora. «.Y aconteció en aquellos días que sa- estos objetos á maravilla en sus combinaciones se de Jesús. Y le llama La Noche porque todo está obs•
liera edicto, por Augusto César ordenado, mandando prestan para el arte cristiano por excelencia, cual curo y tenebroso allí, menos lo alumbrado por la mísempadronar á todos los hombres. Tal empadrona- se prestaban los viejos dioses clásicos en su trantica luz desprendida suave y armoniosa del Niño
miento se cumplió cuando gobernaba Cirenio la Si- quila serenidad para el arte por excelencia hele- Dios reclinado sobre la paja. Imaginaos que de pronria. E iba cada cual á empadronarse por este su- no. Un verdadero pintor florentino ha trazado esto vierais en profunda obscuridad la Vía Láctea, con
perior mandato en la respectiva ciudad. Y subió te bello argumento en cuadro que guardan las galesus
fajas de mundos y semilleros de soles; pues tal
José de Galilea, de la ciudad de Nazareth, á Ju- I rías de Florencia. El escenario resulta en tal obra efecto produce aquella luz divina y sobrenatural, redea, á la ciudad de David, que se llama Belén, esencialmente italianizado, mejor dicho, de pura y anverberada por tan hermoso cuadro. No hay allí nada
por cuanto pertenecía, según su estirpe, á la casa tigua Toscana. Las montañas extendidas en las dos
terrestre ni aun celestial. Todo el resplandor es de
y familia de David, para empadronarse con María, orillas del Amo, que semejan pirámides orientales é una idealidad adivinada por internas intuiciones.
su mujer, su desposada, la cual Maria estaba encin- intercolumnios griegos, con los hermosísimos valles
Apenas descubre uno a!H á J esús. Pero los rayos que
ta. Y aconteció que, hallándose allí, vinieron aquellos etruscos de severa vegetación y de colinas armoniodifunde iluminan con luz de sol á los pastores, codías, en los cuales debió parir ella. Y parió á su hijo sas, componen todo su fondo. En segundo término mo iluminan con luz de pensamiento á los ángeles,
primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en álzase lo que podríamos llamar campesino sombrajo: verificándose por milagrosas revelaciones del arte la
un pesebre, porque no había para ellos lugar en el una choza meridional, á todos los vientos abierta,
compenetración milagrosa entre la naturaleza humamesón. Y rondaban pastores por la misma tierra, ve• como se necesitan en los territorios de nuestras her- na y la naturaleza divina en la persona de Cristo,
lando de noche sobre su ganado. Y vino del cielo un mosas regiones, tan estrechamente unidas con el
compenetración que no ha podido explicarnos la
ángel d el Señor sobre todos ellos, y el éter celeste hombre. Aquel suelo no se parece de ningún modo
ciencia, siquier se vea y adivine por la fe. A cuadro
los circundó con su resplandor, y tuvieron gran mie- al árido y abrasado suelo de Palestina. Fresco césped,
tan sobrenatural poco añadirá nuestro Murillo en su
do. Mas díjoles el ángel: «.No temáis, porque aquí, cubierto por gayas flores, con especialidad por bien
adoración de los Pastores. El sevillano excelso, cuanahora, os doy nuevas de mucho regocijo para todo el olientes lirios, lo alfombran. En tan mullido y verde
do no traza las concepciones etéreas, que parecen
pueblo. Haos nacido en la ciudad de David hoy un tapiz, bien puede reposar el Niño Dios, con su auhechura de sus arrobamientos y deliquios personales;
Salvador, que es Cristo. Y se os revelará esto por seña- reola de luz increada en la frente y sus brazos y sus
cuando no copia un éxtasis monástico, en cuya exles. Hallaréis al niño envuelto en pañal y echado en piececillos levantados al cielo en guisa de voladoras
presión rivaliza con el mismo Zurbarán, adolece de
pesebre.» Y súbito fué con el ángel una muchedum- alas. A la izquierda tres pastores, que representan la
tendencias prosaicas y positivistas, como cualquier
bre de los ejércitos celestiales, quienes alababan al juventud, la edad madura, la vejez, contemplan á una,
literato y pintor, aquejado, por desgracia, de nuestro
Criador y decían: «.Gloria en las alturas á Dios, y en en éxtasis, el cuerpecillo, donde se compendian la
ponzoñoso realismo. Para penetrarse de tal verdad,
la tierra paz á los hombres de buena voluntad. » Y divina misericordia y la humana redención. A la deno hay como ver la Sacra Familia del Pajarito. Bancomo los ángeles volvieran al cielo, dijéronse unos á recha Maria, como fuera de sí por completo, enajeco y formón de San José; devanadera y ovillo de Maotros los pastores: «.Pasemos, pues, hasta Belén, y nada en arrobamiento y deliquio superiores á todo lo
ría; jilguero llevado por Jesús en la manecita; perriveamos esto que nos ha sucedido, manifestado ya imaginable por nuestra fantasía, en arrobamiento y
llo de lanas á los pies de éste; los objetos y las figupor el Señor.» Y hallaron á María y á José con el niño deliquio propios de las madres. José, menos intereras copian y reproducen el interior de una casa vulacostado en el pesebre. Y, al verle, notificaron lo que sado en la escena, con reposo digno de cualquier esgar, pintada maravillosamente, pero de un realismo
les revelaran de él; y todos los que oyeron, se mara- tatua clásica, en edad que no puede atraer á las mucuasi flamenco. E igual sucede, lo mismo, en el c uavillaron de cuanto los pastores decían. Mas María jeres ya, muy anciano, diciendo as( que ha nacido, no
dro de su adoración pastoril. Maria, muy hermosa,
guardábalo en su corazón. Y se volvieron los pasto- 1 para generar á Cristo, para sostenerlo y alimentarlo,
pero muy doméstica, de ojos andaluces, de traje obsres loando y glorificando á Dios, por haber pasado representa bien diversos afectos de los representados
curo sevillano, alza con verdadera sencillez el pañal
como se lo anunciaron á ellos.» Hasta aquí los San- por María, y significa una como externa protección y
tos Evangelios.
defensa del tierno Niño y de la débil mujer. Compiten en que descansa jugueteando su Hijo. Las dos gallinas del anciano pastor puesto de hinojos, vestido
La vieja literatura, preciada de ortodoxa, no se á una con la belleza de María la belleza de los ángede burda lana y abrigado por tosco pellico, viven,
contenta con esta narración de la Natividad del Se- ¡ les puestos á sus costados. Hay cuatro, dos niños cocomo quien las lleva, el cual no muestra idealidad
ñor, en cuya doble autenticidad hay que librar todo mo de siete años, dos jóvenes como de catorce. Nin1
alguna. I ,a vieja, con su cesta llena de huevos al b ralo sabido respecto de tal hecho. Así refiere que Ma- guno tiene aquel místico resplandor que las aladas

SUMARIO
Texto. - La Natividad del Seflor, por Emilio Castelar. - la
Nodzeóuena e11 ,lfa lrid. por Carlos Frontaura; m Afallor.-a,
por Juan B. Enseñat; m Atvia/11Cla, por Salvador Rueda; á
bordo, por Federico Montaldo; m el mar, por A ; en Ca/ida,
por Emilia Pardo Bauin. - El mes de Di. itmhre m la a11ti•
gw1 Lima, por Ricardo Palma. - Las Pas{llas de Nt1vidad e,,
Cata/11fla, por J. Coroleu. - P,muias y Navidad ( Costumbres
de la ciudad de Aflxico), por Alberto Lecluch. - Noc/1elmma
óaturra, por Luis Royo Villanova. - La Nocliebueua e11 Clti•
le, por Nadie; m el ,ampanwzto, por Francisco Barado; m
C11óa, por Felipe López de Briiías; m Puerto Rico, por ~fa.
nuel Fernández Juncos; m Valmaa, por Luis de Val; en
Guatemala, por X.; m Buenos Aires, por Enrique Coll; en
G11ip1Juoa, por Antonio Peña y Goiíi. - Adve, twda. - Cró•
11ita de la ca111pa11a, por José Ibáñez ~farln. - Los S11asos de
Afe/illa. Crónica de la guerra, por )l. Martínez Barrionuevo.

1 11

ALEGOR1A DE NOCHEBUENA, dibujada por Apeles Mestres

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

812

NÚMERO 625

lo necesario, y hay, por consiguiente, un dcscq~ilibrio económico general. El gobierno nos ha venido
dando el ejemplo, y lo hemos seguido con la mayor
solicitud muchos años. Hay mucha diferencia entre
aquellos tiempos en que sólo había un coche para todos los ministros, que iba á buscar primero á uno y
luegoáotro y á otro después para llevarlos al ministerio
ó devolverlos á sus casas, y estos felicísimos tiempos
en que tienen coche pagado por el Estado los ministros, los subsecretarios, otros altos funcionarios y
hasta los chicos secretarios del Congreso. En el material de las oficinas se gastaba con mucha parsimonia; ahora ese material importa una cantidad fabulosa, y hasta los escribientillos escriben cartas á su novia en papel con membrete del Ministerio ó de la
dependencia en que sirven.
Todo el mundo, en la clase media, que suele ser
la más tronada, usa la moqueta para cubrir el piso y
desecha la estera de cordelillo, que en otros tiempos
III
cubría el pavimento de casas muy principales. Con
¡Qué Nochebuenas tan animadas y alegres las de el sistema novísimo de pagar á plazos semanales los
otro tiempo! Todo el mundo cenaba fuerte, todo muebles, las camas y otros muchos efectos, todo el
el mundo menos los que no tenían qué cenar, que mundo adquiere lo que no podría adquirir pagándoalgunos se verían en este apretado caso; pero ahora, lo al contado; verdad es que lo paga más caro, y alahora se queda mucha, pero mucha gente sin cenar, gunos pobretes que antes de haber satisfecho el imy este año más que el pasado, y probablemente el porte completo dejan de pagar, por no poder, una ó
año que viene más que en el presente, porque cada dos mensualidades, con la misma facilidad con que
compraron á plazos las cosas se quedan sin ellas, y,
año estamos más tronados.
El ministro de Hacienda con sus reformas ha de- naturalmente, sin el dinero que aprontaron. Yo tenía
jado sin cena en esta Nochebuena y en otras muchas un amigo que decía á los que íbamos á su casa:
malas noches á muchísima gente. La negra cesantía, «Todos estos muebles que ven ustedes aquí los he
sin derechos pasivos, ha desmantelado muchos hoga- pagado á más precio que los hubiera pagado ~1anzares y anticipado un aguinaldo de hambre á los pe- nedo. »Y preguntándole cómo podía ser eso, replicaqueñuelos que antes alimentaban sus padres con el ba: «Porque los he comprado á plazos.)
Todo el mundo está apurado en el presente moauxilio de Santa Nómina bendita. Desde que se plan·
teó el Presupuesto vigente viven condenados á ganarse mento histórico; á todo el mundo le preocupa más
la vida como puedan y sepan muchos padres de fa. el hoy que el mañana, porque se vi,·e al día, se vive
milia, de los que no se meten con la Bella chiquita, como se puede ó como no se puede, y el mes último
que sólo sabían ganársela extractando expedientes y del año es ya para pocos el mes del balance satisfacsirviendo al Estado, que es á las veces el amo más torio, del regalado gusto de haber ganado y ahorrado
ingrato y cruel, especialmente con los que mejor le más que los años anteriores; es, por lo contrario, el
mes de la bolsa vacía, de la desesperación, del eshan servido.
Las beneméritas clases pasivas, ese batallón sagra- pantoso déficit, de las exigencias y las amenazas de
do de vetustas viudas, de huérfanas doloridas, dolo· los acreedores.
Y como vivimos de esta suerte hace años, y cada
ridas por la orfandad y la forzosa soltería, pues en
casándose ya no les da el Estado el alpiste; de gue· vez con más agravantes circunstancias, la Nochebuerreros retirados con sus averías, de reumáticos jubila· na nos coge de un humor tan negro, exceptuando á
dos, de exclaustrados que no se curan jamás de la nos- los que han sido agraciados en el sorteo de la lotería
talgia del convento... , sufren este año en sus haberes del día anterior, que ni ganas de cenar nos quedan,
mayor descuento que antes, con lo que no tendrán y eso teniendo algún dinero, aunque poco.
Por consiguiente, ya no puede asegurarse como
los pasivos una Nochebuena alegre, y seguramente se
verán obligados á prescindir del clásico besugo, tan en otro tiempo que la simbólica fiesta de la Nochepopular y estimado entre las gentes modestas, para buena se celebra en todos los hogares de .Madrid y
quienes el salmón es un pescado fabuloso ...
junta á todas las familias para regocijo de los niños
Los contribuyentes hállanse también de bonito hu- y de los viejos, de los que acaban de entrar en la
mor; trabajan para el fisco, que con los peores modos vida y de los que van acercándose á la eternidad.
se lleva cuanto ganan, y si se quejan de que no les ¡Dichoso hógar aquel en que el amor reune en Noqueda una peseta, no faltará periódico ministerial que chebuena á los abuelos orgullosos de sus hijos, á los
les acuse de ser unos egoístas y no tener patriotismo hijos idólatras de sus padres, á los nietos felicísimos
ni vergüenza~ A tales tiempos de libertad hemos lle- que no ven nunca nubes en la frente de los que les
gado, que no la tiene uno siquiera para poner el gri- dieron el ser, y crecen en medio de la alegría más
to en el cielo cuando le sacan las tiras del pellejo.
pura, viendo siempre sonrisas, oyendo siempre fra.
Unicamente los empleados en activo podrán este ses de carifío y desconociendo las siniestras sombras
año festejar la Nochebuena y la conservación de su de la discordia en la familia!..
empleo, por si en el próximo no tienen ocasión de reLa Nochebuena es ya poco bulliciosa en Madrid.
gocijo porque los hayan enviado ya al panteón de En alguna calleja se oye el desagradable ruido que
los cesantes. Los desmoches sucesivos que vienen hacen unos chicos dando golpes sobre una lata que
presenciando desde el año anterior son un preceden- contuvo petróleo; en alguna otra se oyen canciones
te poco tranquilizador para los servidores del Estado. sin poesía con acompañamiento de zambomba y sarEste año, como todos, nos ofrecerán Lhardy y otros tén, y en las prevenciones de policía duermen la
restaurauteurs en sus escaparates el espectáculo luc- mona unos cuantos desventurados que se gastaron
tuoso y apetitoso de los faisanes, los pavos y los capo- en vino los pocos céntimos que constituían su fortunes cebados, los embutidos más elegantes, si en esto na. Los vendedores de la plaza Mayor quéjanst tode los embutidos puede haber elegancia, y en fin, dos los años de vender menos que vendían antes, y
una diversidad rublime de manjares traídos de todas los que en los portales de Santa Cruz ofrecen á los
las partes del mundo; pero la burguesía pasará de chicos los nacimientos de corcho con las figurillas de
largo, que no están los tiempos para regalarse el es- barro laméntanse de que ya no hay gusto para comtómago propio con tan exquisitas cosas, y menos aún prará los pequeñuelos portales de Belén, reyes mapara regalarlas á los demás. Solamente algún que gos, pastores con ofrendas y demás piezas escultóriotro grande de España, los ministros, los altos em- cas alusivas á la Nochebuena. No hay, en efecto,
pleados que sean poco previsores, tal cual vengadora gusto ni dinero tampoco.
pródiga de lo ajeno... y de lo propio, el primer tenor
En suma, la fiesta de la Nochebuena en Madrid
del Real y los embajadores de las grandes potencias ha quedado reducida á unos cuantos banquetes en
podrán gastar el dinero en comer lo que en aquellos casas aristocráticas, á las cenas de las familias bien
escaparates se ofrece á quien lo tiene de sobra. Los avenidas, que todavía hay, gracias á Dios, familias
burgueses regularmente acomodados tendrán que unidas que siguen la tradicional costumbre de celebrar
contentarse este año con el desmedrado pavo ca- la memorable fecha del nacimiento de Nuestro Rellejero, sospechoso de viruelas, con las sardinas de dentor, y á las destempladas aguardentosas voces de
Castro Urdiales y las nueces y castañas con que se los infelices que entretienen el frío y el hambre canentretiene á los· chicos y se les compensa la falta de tando coplillas y arm:mdo ruido bajo la vigilancia
cosa de más substancia, ... y los pobres ... ¡cuántos de los guardias de seguridad que están de servicio.
verán la procesión de las ánimas!. ..
Donde no hay harina todo es mohina, y hace ya
El hábito del ahorro se pierde en nuestro país, co- tiempo que este axioma es de gran actualidad en
mo se han perdido tantas buenas costumbres. Todo Madrid y en toda España.
el mundo, lo mismo el que tiene mucho que quien
tiene poco, gasta en lo superfluo acaso más que en
C.\ RI.OS FR0:-1T,\ UR,\

cómicas ... , había mejor humor y más dinero. Y lo
que es en Nochebuena, pocos eran los que no tenían
algo con que celebrarla.
Claro que entonces se mataba algún que otro loco, algún que otro desesperado, produciendo la des·
gracia, por poco frecuente, escándalo y consternación,
compadeciendo todo el mundo al suicida; entonces
también hallaban el incauto y el vicioso casas de juego, pero contadas y ocultas; por las mujeres arruiná·
banse los que no sabían dominar sus pasiones, que
siempre hubo sobre la tierra hombres dtijlados, como
ahora se dice; y había, en fin, maridos extraviados y
esposas enteramente perdidas; pero semejantes ejemplos citábanse como casos extraordinarios, y hablaban
las gentes misteriosamente de estas debilidades hu·
manas que ahora á nadie asombran, como que con
EmLIO CASTELAR
......,..............................,.....•.............,........ ,,...................., ..,........................,.............,. ellas estamos enteramente familiarizados.

zo, vuelve de cualquier corral andaluz, como vuelve
de un aprisco cualquiera el mozo reteniendo al cordero que se adelanta para lamer al Niño. La figura
más idealizada en este cuadro de Murillo es la figura
de San José, quien representa y simboliza la madurez de nuestra vida cuando la inteligencia y el corazón llegan á su completa plenitud. Pero sea de todo
esto cuanto se quiera, no dudéis de que jamás la historia verá sobrepujadas las artes pictóricas cristianas,
como jamás ha visto sobrepujadas las artes escultóri·
cas helenas. Todos estos cuadros han idealizado el
nacimiento de la criatura humana en este nuestro
bajo y triste mundo, que celebramos por estos días
y encarecemos en la festividad poética de la Natividad del Señor.

LA NOCHEBUENA EN M.\DRID

I

1

1 '

No se ha perdido todavía, y hay que desear que
no se pierda y creer que no se perderá en Madrid la cristiana costumbre de celebrar las familias
la fiesta de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo; pero, aunque duela, es preciso reconocer que
existe gran diferencia entre lo que era antes y lo que
es ahora la Nochebuena.
Hemos progresado mucho, no se puede negar, en
lo material; pero en lo moral hemos perdido bastante, y por esto hay ahora muchos hogares fríos, tristes;
mucha aparente riqueza y mucha espantosa miseria;
muchas desapoderadas ambiciones y muchas terribles caídas; mucha farsa y poco dinero; y sin embargo, todos los días son días de fiesta en Madrid, que
es el pueblo más pobre y más divertido del Universo.
La Noche buena ha sido siempre la fiesta del hogar, la fiesta de los vie¡os y de los niños, esencialmente. Para aquéllos era la noche de los recuerdos dicho.sos de la juventud y de la edad madura; para los
niños la noche de las puras y candorosas alegrías,
de las inocentes risueñas esperanzas, de las leyendas
maravillosas. Ahora van ya quedando pocos de aquellos viejos sanos de alma y cuerpo que, después de
una labor honrada de largos años, tenían con que vivir y se holgaban de verse en la Nochebuena rodeados de la familia que habían formado cristianamente... Los viejos de nuestros días ni tienen salud, ni
humor, ni dioero; los consume el tedio, los postra la
diabetes, los empobrece el casino y se los come la
usura. Sus hijos y sus yernos campan por sus respetos, meten la cabeza donde pueden, en el Congreso,
si tienen esa suerte, y hacen la oposición á sus padres,
á sus abuelos y al lucero del alba. Y en cuanto á los
niños... ¿dónde están los niños?.. Ya no hay más niños que los que están en mantillas. Los otros, los
que van á la escuela, más que con el Juanito y el
Amigo de los miios se deleitan leyendo en El Liberal
el proceso de la Bella chiquita y riéndose de los padres de f amilzii.
La Nochebuena era la fiesta de los pobres, de los
pobres resignados á la pobreza y al trabajo. Había
también alegría en el hogar del pobre, que tenía el
corazón libre de la envidia, esa ponzoña &lt;1e nuestros
tiempos. Poseía el pobre la noción cristiana de la
igualdad, que no es como ahora quieren sus falsos
redentores que la entienda. Sus necesidades no eran
tantas como ahora; no se las había creado, y por consiguiente no sufría el tormento de no poder satisfacerlas. En sus tristezas le consolaba la fe, el supremo bien
que ahora se le arrebata desapiadadamente al pobre,
dándole en cambio aspiraciones imposibles que son
para él un tormento cruel y para la sociedad una
terrible amenaza perturbadora..

II
En aquellos tiempos, que ya son remotos, cuando
no ocurría, como ahora en Madrid, todos los días
un suicidio por lo menos; cuando- el juego de la
pelota era sencil amente ejercicio de chicos y no iban
á presenciarlo las damas y los caballeros, ni servía
de pretexto al más escandaloso de los juegos; cuan·
do no había en las calles principales y en los círculos de la gente más empinada timbas donde los incautos y los viciosos dejaran el dinero, privando así de
todo recurso á sus familias; cuando sólo tenían carruaje los que lo podían pagar holgadamente; cuando eran pocos los que ponían casa y coche á las mujerzuelas, y aquellos pocos se guardaban muy bien
de hacer alarde de su debilidad; cuando la gente se
regocijaba grandemente en el teatro, aunque no le
sirviesen á diario, como ahora, el adulterio en todo
drama y las desvergüenzas en casi todas las obras

LA NOCHEBUENA EN MADRID1 dibujo de Manuel Dominguez, grabado por Sadurni

�LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

625

- ¡Santas y buenas!, contestaron á un mismo tiem- pasar aquí, en vuestra compañía, esta maldita Nochebuena?
marido y mujer.
LA NOCHEBUENA EN MALLORCA
- Pero D. Arnaldo, ¿y la Misa del Gallo?, se atre·
- Vengo de lejos; estoy muy cansado; la noche es
obscura y fría ... lle visto luz y he pensado que me vió á objetar Magdalena.
EL ÁNGEL Y EL DIABLO
- No iréis por esta vez. ¿Qué falta os hace ir á oír
convendría descansar un rato y pedir informes sobre
cantuseos ridículos?
Entre los suculentos platos literarios con que, en el camino, pues sentiría extraviarme.
- Todo buen cristiano, objetó Pedro, está obliga- ¡Bien venido seáis! Disponed de nosotros y de
celebración de la gran fiesta del hogar, se obsequia
á las personas mayores en el presente número de LA cuanto hay en esta casa. ¿En qué podemos serviros? do á asistir á las solemnidades con que la Iglesia
- Vuestra bondad me confunde. Sólo quisiera un honra al hijo de Dios. Quiero ir á la Misa del Gallo
!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA, justo es que se sirva á la
gente menuda alguna ligera golosina, como este cuen- pedazo de pan y una escudilla de agua, y descansar y me acompañarán mi mujer y mis hijos.
- ¡Miserable, replicarme á mí!.. Repito que no
un poco.
to que para ella he aderezado.
iréis. ¿Has olvidado que tengo en Racafons una enA principios del siglo xv1, la pintoresca villa de
- Sentaos y seréis servido.
El paje tomó asiento en uno de los bancos del ho- cina donde he mandado ahorcar á más de una doceSóller, situada en el fondo de un ameno valle, entre
altas montañas de la cordillera Norte de Mallorca, se gar. Magdalena le puso al lado la cesta del pan, un na de rebeldes que desobedecieron mis órdenes?
Al recuerdo de la famosa encina, Pedro se estrecomponía de posadas de payés, abiertas los días festi- plato de aceitunas y medio queso. En tanto, Pedro le
meció
de espanto. Pero recobrando en seguida su
sirvió
una
botella
de
vino,
diciéndole:
vos y cerradas el resto de la semana; de cuatro tien- Con este frío y de viaje, no conviene beber valor, replicó al terrible caballero de este modo:
das de mercería y comestibles, y de unas cuantas ca- Haréis,! señor, lo que os plazca; pero nosotros
sas de menestrales, principalmente cardadores y te- agua.
iremos
á la Misa del G~llo.
Y
añadió
al
fuego
un
par
de
troncos
de
_
olivo,
que
jedores de lino crudo y lana del país. La población
El de Rocafons se puso en pie de un salto, echanse hallaba desparramada por alquerías y cortijos, por ardieron en seguida en viva llama.
El paje sólo tomó un bocado de pan con unas po- do chispas por los ojos; desenvainó la espada y se
granjas y casas de montaña.
Una de las vertientes más pobladas del valle era cas aceitunas y un sorbo de vino. Luego hizo sentar echó á fondo contra Pedro con intención de pasarlo
la conocida con el nombre de Las Moneadas. Acá y sobre sus rodillas á la pequeña Antonia, que se ha- de parte á parte.
Pero con la rapidez del pensamiento, se interpuso
allá se veían rústicos caseríos con cisterna y horno bía acercado á él llena de curiosidad y asombro, y
de pan cocer; buenas viñas en escalonados bancales, empezó á contarle cuentos que le dieron mucho gus- el paje exclamando:
- ¡Atrás, Lucifer!
y de sol á sol se mezclaban con el alegre y variado to. Gabriel, que se había sentado á los pies del viajeDesenvainó un puñal que llevaba sujeto á su cincanto de los pájaros las pausadas canturías de los la- ro, en el extremo de un grueso tizón, le escuchaba
to de oro, cogióle por la reluciente y afilada hoja y
también con la boca abierta.
bradores.
- Dime, tú, ¿eres buen muchacho?, le preguntó el presentó á la vista del caballero la empuñadura, que
Día 24 de diciembre _d e, 517, una hora después de
anochecer, se calentaban bajo la campana de la chi- paje, después de concluído un cuento lleno de inte- tenía la forma de una cruz.
Inmediatamente se alzó del suelo una gran llamamenea y ante un hermoso fuego de troncos de olivo, rés y de buenos consejos para los niños.
- Que lo digan mis padres, contestó con ingenua rada que envolvió al del traje negro, y él y el paje
en el espacioso hogar de una de aquellas casas de
desaparecieron un instante entre una espesa columna
campo, el honor Pedro Garau, su mujer, llamada gracia Gabrielíto.
- Tus padres se ríen ... Se me figura que están con- de humo que subió por la chimenea.
Magdalena, y dos hijos de ambos: Gabriel, que había
Cuando el humo se hubo disipado, el negro persode hacer su primera comunión en la primera Pascua tentos de ti. ¿Has de ir esta noche á la Misa del
naje había desaparecido y el paje se había transforGallo?
Florida, y Antonia, que tenía ocho años.
- No, señor. Mi padre dice que me cansaría mu- mado en un ángel de hermosas alas de oro.
Pedro frisaría en los cuarenta. Era alto y fornido
Pedro, su mujer y los niños se hincaron de rodide espaldas, de rostro moreno, vivo de potencias y cho, y mi madre teme que me constipe. Pero me gusllas, llenos de admiración.
taría ir.
noble de corazón.
El ángel les mandó levantarse y les dijo:
- ¡Y á mí también!, exclamó Antonia. Dicen que
- ¡Demasiado noble!, solía decir Magdalena, que
- Buenos cristianos, id á la Misa del Gallo y roven
al
Niño
Jesús
en
un
pesebre,
muchos
corderos
no le consideraba bastante rico para ser tan genecon sus pastores, y San José, y la Virgen, y un buey gad á Dios con devoción. Es cierta la noticia que
roso.
hoy os han dado de la muerte de D. Arnaldo de RoNo se quejaban de su desprendimiento los verda- y una mula. ¡Qué bonito debe ser!
- Pues voy á suplicar á vuestros padres que os cafons. Aquel déspota inhumano expía hace tiempo
deros pobres de la comarca, ni los de puntos más lejanos, que le hallaban siempre con la mano abierta y dejen ir. ¿No es verdad, dijo dirigiéndose á éstos, sus iniquidades en eternos suplicios. Hoy Lucifer ha
tomado su forma para impedir que fueseis á celebrar
que vais á darles ese gusto?
dispuesto á hacer un favor.
el nacimiento del Niño Jesús, venido al mundo para
- ¿Contáis ir vos?, preguntó Pedro.
Por esto, cuando Pedro bajaba á la villa los dodestruir el poder del espíritu infernal. Tranquili ·
- Yo no falto nunca.
mingos para oir misa y hacer provisiones', era un
zaos; el valor y la fe de que habéis dado prueba, os
- Pues les llevaremos, ya que así lo deseáis.
placer ver cómo todo el mundo le saludaba, cual si
Los niños iban á saltar de alegría, cuando les pa- han salvado para siempre. Id á la Misa de Navidad
pasase un gran señor.
Digo mal, porque al gran señor, el muy noble don rálizó un tremendo golpe dado en la puerta y una y veréis después que hasta en la tierra recompensa
Dios las virtudes, y muy particularmente la caridad,
Arnaldo de Rocafons, que dominaba como un reye- voz estentórea que gritaba:
- ¡Mil rayos! ¡Abrid... abrid pronto, que á mí no esa virtud por excelencia que tenéis arraigada en vueszuelo absoluto á la población rural de aquella parte
tro corazón.
de Sóller, no le saludaban las gentes sino á disgusto se me tiene á la inclemencia como á un perro!
Esto dicho, el ángel desapareció.
Y se oyeron más recios golpes, acompañados de
y temblando.
Las campanas anunciaban con sus resonantes ecos
Precisamente hablaban de él en el hogar de Pedro otros gritos y blasfemias.
Magdalena se persignó y su marido fué á abrir la la hora de ir al templo.
Garau.
Una comparsa de vecinos que iba reclutando genpuerta.
- ¿Decías, pues, Magdalena?..
Un hombre vestido de negro, con botas altas y es- te para irá la Misa nocturna, hizo irrupción en la ca·
- Que la mujer de Miguel del Salt ha estado aquí
pada al cinto, entró echando maldiciones y tirándose sa. Pedro recomendó á su mujer y á sus hijos que no
y me ha contado muchas cosas de Rocafons.
dijeran una palabra de cuanto acababan de presen•
Rocafons era la residencia señorial de D. Arnaldo: de los pelos de una luenga barba roja.
- ¡Voto á Barrabás! ¡Qué noche para un largo via- ciar, pues era exponerse, sin provecho alguno, á que
un castillo roqueño situado en uno- de los picachos
de la escarpada costa, cerca de lo que es hoy Balitx je! ¿Dónde he venido yo, á parar? ¡Ea! Una rama al les tomaran por visionarios ó trapaceros.
fuego, y sacad lo mejor que tengáis para cenar.
La comparsa, engruesada con Garau y su familia,
d' Amunt.
.
Pedro y Magdalena estaban como petrificados. Los emprendió la marcha hacia el pueblo, precedida de
- Hablemos bajo, que no nos oigan de fuera, añaniños se habían cubierto el rostro con las manos, dos mozalbetes que alumbraban con antorchas hechas
dió la mujer de Pedro.
con mazas de estopa impregnadas de resina.
No era fácil que nadie les oyese, porque la noche acurrucándose junto al paje.
- ¿No habéis oído?, gritó el recién llegado. MiradEl templo se llenó de fieles y la Misa revistió la
era fría y obscura, y la casa más próxima estaba á un
tiro de ballesta. ¿Quién diablos iba á andar por allí á me bien. ¿No me conocéis? ¡Ja, ja, ja! Yo soy D. Ar- solemnidad de costumbre. Lo que más interesó á
naldo de Rocafons.
.
Gabriel y Antonia fueron el canto de la Sibila, los vitales horas?
Y el caballero del negro traje prorrumpió en una llancicos y la cueva de Belén, en que se representa- Miguel del Salt llegó ayer y vino solo. Ya sabes
que había ido á la guerra con D. Arnaldo, y recor- carcajada tan estridente, que hizo temblar de miedo ban al vivo los principales episodios del nacimiento
darás la alegría que causó á todo el mundo el ver á Pedro y á su mujer, quienes no se explicaban cómo de Jesús.
A la salida de la iglesia volvió á reunirse la misma •
partir al Sr. de Rocafons. ¡Era _tan malo! .Pues bien: veían en carne y hueso á aquel maldito D. Arnaldo,
de cuya muerte habían hablado precisamente aquella comparsa, la cual hizo más de una estación para acepya no le volveremos á ver.
.
misma noche. ¿Y lo de venir de lejos á tales horas, tar un bocado en casa de unos parientes, donde se
- ¡Diantre! ¿Pues qué le ha pasado?
sin caballo ni escudero?
remataba la Nochebuena improvisando glosas con
- Que ha muerto en tierra de moros.
Pedro echó una rama al fuego y Magdalena sirvió acompañamiento de guitarra y rociando con vino
- No es que yo quiera mal á su ánima ... ¡Ojalá
Dios la haya perdonado: Pero juraría que á estas ho- á su terrible huésped las provisiones que le queda- blanco de cosecha propia la tradicional coca de Naviras, D. Arnaldo está en compañía del demonio, de ban. En pocos minutos, D. Arnaldo se lo tragó todo. dad, costumbre que aún sigue inalterable entre los
Levantóse de la mesa refunfuñando y fué á sentarse campesinos de toda la isla.
quien debía ser próximo pariente.
Apenas había pronunciado Pedro estas palabras, en un banco del hogar. Hasta entonces no reparó en
De regreso á su casa, Pedro y Magdalena enconcuando se oyó un aldabonazo en la puerta y una voz el paje.
traron una borrica en la cuadra, una docena de ove- ¿Quién eres tú?, le preguntó haciendo un horri- jas en el aprisco, seis graneros llenos de trigo, abundelicada que decía:
- Hermanos, abrid, por caridad, á un pobre via- ble gesto.
dantes provisiones de toda clase en la despensa, las
- Soy paje de un señor tan humilde como pode- arcas llenas de ropa blanca y dos talegas de onzas de
jero que viene rendido de cansancio.
- ¡Virgen Santa!, exclamó temblando Magdalena. roso.
oro en el pequeño armario del dinero.
- ¿Qué señor es ese?
Ga~riel y Antonia hallaron una cesta repleta de
¿Quién será?
- No puedo decirlo, porque viajo de incógnito.
- ¡Abre!, dijo Pedro. No está la noche á propósibarqmllos y turrones, y un Nacimiento muy bonito
El de la barba roja le volvió las espaldas malhu- en un hueco de la escalera.
to para que tengamos aguardando á la puerta al que
morado y preguntó á Pedro:
nos pide refugio.
Las talegas de onzas no duraron muchos años.
- ¿Y tú, qué dices de mi visita? ¿No te figurabas Poco á poco, todo aquel dinero se fué en limosnas.
Magdalena abrió el postigo y se encontró en presencia de un paje, de simpática figura, joven, rubio, que yo llegase algún día á honrar tu casa?
Lo cual no impidió que aquellas buenas gentes vivie-No, señor, contestó Pedro con temblorosa y sen holgadas y felices el resto de sus días.
ricamente vestido.
- ¡Buenas noches!, dijo, entrando, con voz dulce apagada voz.
- ¿Y qué dirás cuando sepas que estoy resuelto á
y aire risueño.
JUAN B. ENSEÑAT

�816

NúMERO 625

LA ILUSTRACIÓN ARTiSTICA

LA

NOCHEBUENA EN ANDALUCÍA
EL BAILE DE LOS ABUELO S

dibujo de J. García Ramos

EL BAILE DE LOS ABUELOS

. Más ligera esa copla; dad dobles golpes
en la piel del pandero, tersa y tirante;
·describa la mudanza curvas y brincos;
esos pies más veloces; ¡aire y más aire!
Está la rancia abuela bailando alegre
la danza en que lucieron sus mocedades,
Y.acuerda los tapices frescos de Goya
con la arcaica mantilla y el corto traje.
De su boca, hecha pliegues, abre la risa
•las mandíbulas mondas en dos mitades,
y con los largos dedos castañetea
ceñida á la cadencia de dos compases.
Formando vivo corro gozan los nietos
ante aquella figura de otras edades,
á quien la santa dicha que el cuadro llena
quita un siglo de encima para que baile.
En rápido desfile ve con la mente
de sus años floridos el loco enjambre,
y oye con la memoria las serenatas
que daban á sus rejas tiernos galanes.
Al ir girando inquieta, grita un acento:
«¡Que el abuelo haga bríos y la acompañe!»
Y el abuelo, un caduco león vencido
por cien años de luchas y de pesares,
adelanta hacia el centro con la sonrisa
inocente de un niño sobre el semblante,
yergue la curva espalda dando á su cuerpo
de un currutaco el porte fino y amable,
y encajando en la danza por la juntura
matemática y justa de dos compases,
adorable y gracioso, la vuelta imita
que va dando su esposa para liarle.
¡Qué menudos punteos! ¡Qué primorosas
idas hacia los lados y hacia adelante!
Bailan el baile clásico, la dan1,a pura
que ya la gente joven bailar no sabe.

Su ritmo acompasado recuerda el ntmo
de un español y viejo noble romance,
y está pidiendo el lienzo de un cuadro antiguo
la castiza finura de sus modales.
El concurso admirado bate las palmas
y andaluzas hipérboles mezcla en el baile,
y al ver danzar dos siglos, uno ante el otro,
le embarga un sentimiento profundo y grande.
Más ligera esa copla; dad dobles golpes
en la piel del pandero, tersa y tirante;
describa la mudanza curvas y brincos;
esos pies más veloces; ¡aire y más aire!
((ZAMBOMBEO»

Una zambomba de Vélez
con un carrizo de á vara
y la piel bajo el carrizo
abierta y atirantada,
toca una linda mozuela
mojando la mano en agua,
mientras resuena la fiesta
donde se bebe y se canta
En la punta del carrizo,
atado con cinta grana,
un grupo de cascabeles
escandaliza la sala,
y al runrún de la zambomba,
coro de voces borrachas
cantan así, mientras truenan
en el aire las sonajas:
«En el Portal de Belén
entró un gitano con gracia,
y logró robar la mula
que al Niño Dios calentaba.))
- ¡Eh, patrona! - grita un mozo
á la que fríe la masa ¿qué hacen ahí ezoz guñueloz
que naide les ve la cara?

Pa que'. oz coma er que quiera
prepongo una coza, vaya.
(Expectación en la gente
un punto el bullicio para,
y oír con ansia se espera
lo que propone el que habla.)
- Prepongo que en dende ahí
toz 1oz guñueloz que zargan,
ze echen á roá po er zuela
pa que haiga jorgorio y gata.
- Quítate de ahí cernícalo,
miá que te doy con la tranca.
- Poz que venga el aguardiente
pa remojá la garganta.
- Echa una copla primero,
no ze bebe zin ganarla.
- Zi tengo de puro zeca
la zaliva jecha gacha;
zi paece mi lengua, vamo,
un refilo, po lo áspera.
¡Quema jogo; venga vino!
- ¡Mardita zea tu eztampa!
Toma la boteya y bebe;
toma y bebe, pero canta.
- Venga; no decirme na
jazta que ar zuela me caiga.
- ¡Giien gaznate!
- ¡Giien embúo!
- ¡Gran tonel!
- ¡Zoberbia panza!
- ¡Eh, que te duermez bebiendo!
- Home, ziquiera dezcanza.
- Que vaz á enterrá la copla
en medio de eza riada.
- ¡Riada! Eze ez er diluvio
univerzá.
- ¡Basta, basta!
Y quitando la botella
de manos del que la agarra,
y limpiándose el borracho

�LA

818

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO

que absorto ante lo que ve...
no sabe lo que se dice.
De buena gana rezara:
«Sevillana dulce y cara,
yo creo en tu faz morena,
y·á tu verita pasara
bailando la Nochebuena.»
Al pandero escandaloso
de metálicos ru'idos,
une el templo prodigioso
del órgano melodioso
los aflautados sonidos.
Por las naves misteriosas
va la gente de ansia llena
viendo caras primorosas
como se ven las hermosas
en una alegre verbena.
Un chiste arrojado al paso,
un requiebro á una mujer
de fino cutis de raso,
oye el que cruza al acaso
y sonríe sin querer.
Que el carácter andaluz
dondequiera que se halle
hace á la pena la cruz,
y en el templo y en la calle
va derramando la luz.

625

625

NúMERO

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

819

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MÚSICAS LEJANAS . ..

LA MISA DEL GALLO EN SEVILLA,

con el puño de la manga,
entonó este villancico
al rumor de.las sonajas:
«En er Portal de Belén
entró juyendo una rata,
y er Niiio corriendo de eya
ze metió en una canazta. »
- ¡Malazombra!
- ¡Tragavino!
-¡Azaúra!
- ¡Tarambaina!
Y la zambomba de Vélez
con su carrizo de á cuarta
y la piel bajo el carrizo
abierta y atirantada,
moviendo sus cascabeles
escandaliza la sala
y ameniza con su estruendo
la escena de gente baja.

LA CENA ARISTOCRÁTICA

Está el salón cuajado de regias hermosuras
y está ornada la mesa con platos y con flores,
y en los espejos amplios que prende~ las molduras
la escena reproduce su lujo y sus pnmores.
Envueltas las arañas en fulgurantes nimbos,
bañan la fiesta rica cual de otra Babilonia,
y entreabre á sus reflejos sus pálidos corimbos
la hortensia, puesta al lado de cálida begonia.
Chocan en desafío cuchillos y cucharas
y aumentan los rumores ardientes de la orgía,
pasa la loca risa brillando por las caras
y un piano cerca esparce su alegre melodía.
Vienen en finas fuentes aves de azul plumaje,
guisadas con tal arte que admira los sentidos,
palomas de albas plumas lo mismo que un encaje,
faisanes esplendentes de mágicos vestidos.
Desfilan por la mesa los peces matizados
en salsas en que agota la mente su inventiva,
ostras en sus estuches de concha nacarados,
langostas cuya forma parece que está viva.
En los cristales leves los vinos burbujean,
Jerez, Montilla, Málaga, derraman sus aromas,
y en ellos los matices diversos centellean
que tienen colibríes, quetzales y palomas.
Lanza el champán sus salvas, y con rumor sonoro
da en la ensanchada copa que á un cáliz se parece,
y de ella rebosando los átomos de oro
forma colgante randa donde la luz se mece.

dibujo de

J. García Ramos

En tanto las hermosas recógense los trajes,
se aprestan las parejas al baile bullicioso,
y en un salón que luce grandiosos cortinajes
el piano las enlaza con ritmo cadencioso.
Girando en torbellino desfilan abrazadas
al son de un vals brillante que excita á la locura,
y copian sus figuras las lunas azogadas
como un fingido baile de lujo y de hermosura.
Las rosas en los senos se agitan temblorosas
y en los alientos beben el soplo de las brisas,
flotan las cabelleras deshechas y sedosas
y estalla entre los labios el coro de las risas.
En tanto á los balcones llamando la alborada
echa su luz de pascua sobre la mustia escena,
y escribe con su dedo de lumbre arrebolada:
«¡Pasó con sus locuras la alegre Nochebuena!»

EN L.\ '.\!ISA DEL GALLO

Quien quiera ver cosa buena
á través de una mantilla
y que le deje la pena,
que oiga misa en Nochebuena
en el templo de Sevilla.
Haga mucha devoción
y refrene los sentidos,
que hay ojos de tal pasión
que se clavan decididos
en mitad del corazón.
Y puede ocurrir tal vez
que al postrarse ánte el altar
quien á su Dios rinda prez,
no pueda el ojo quitar
de las rosas de una tez.
Mucha cara de azucena,
mucha moza de Triana,
del centro y la Macarena,
cobija en la Nochebuena
la santa iglesia cristiana.
Y en medio de tal enredo,
no hay en el templo sonoro
quien consiga estarse quedo,
ni quien rece un solo credo
sin exclamar: «¡Yo te adoro!»
¿Cómo ha de estar el creyente
al lado de una capilla
humillado y reverente,
si tiene la gloria enfrente
envuelta en una mantilla?
Dice el pobre yo pequé
y al Hijo de Dios bendice;
mas no lo dice con fe,

Ya se van las comparsas, ya van cantando
el postrer villancico de Nochebuena;
¡ay de aquellos que el goce de otra esperando,
les sorprenda viniendo de luto llena!
Habrá en la mesa un sitio triste y desierto
donde falte la copa de la alegría,
y sonará á campana que toca á muerto
el choque de los vasos entre la orgía.
:Músicas que á lo lejos aún resonáis
con vaguedad de ensueño que halaga y hiere,
y que entre vuestras notas algo lleváis
de eso que siente el alma por lo que muere:
parad ante las rejas sólo un instante
y gozad de la dicha las frescas rosas;
¡quizás cuando de nuevo paséis delante
no hallaréis tras los hierros á las hermosas!
Lanzad nuevas canciones de Nochebuena
que oigan los corazones estremecidos,
porque ya estaréis mudas mientras la pena,
como mientras la lluvia callan los nidos.
La juventud alegre tiene cien alas
para cruzar sus cielos deslumbradores,
y hay que atar de sus cintas, lazos y galas
el carro rubicundo de los amores.
Parad ante su gloria, músicas bellas;
aún rutila el lucero de la mañana,
y cual notas de un himno van las estrellas,
mariposas azules, en caravana.
«¡Amad - decid- la risa, las ilusiones,
las tradiciones santas y seculares,
las guitarras que llevan en sus bordones
del pueblo los anhelos hechos cantares!»
No os vayáis, leves sones que el aire mece,
borrando en nuestro pecho las alegrías ...
ya Sirio baja al monte, y es que fenece
esta noche de vagas melancolías.
¿En qué hogar, cuando vuelva, no habrá canciones
ni vibrarán los himnos que antes sonaron?
¿En qué liras humanas, los corazones,
no cantarán las cuerdas que antes cantaron?

¡Oh madre que en tus brazos tenerme ansías!,
contigo tendrá músicas mi Nochebuena;
¡pues con que tú me mires y te sonrías,
mi alma de artista canta, vibra, resuena!

LA NOCHEBUENA Á BORDO,

LA NOCHEBUENA

A BORDO

(noci::TO MARÍTIMO)

Bien se dejaba ver que aquella noche ocurría algo
extraordinario y grato á bordo del magnífico transatlántico de unas 13.000 toneladas de desplazamiento
que surcaba las aguas de alta mar con una velocidad
de 23 millas por hora ( 1). Revelábase la «satisfacción interior» que allí reinaba en el lucir de las portillas de luz de cámaras y camarotes, que en largas
filas brillaban sobre el negro fondo del imponente
casco, y en el ir y venir continuos que podía observarse á través de ellas; cuando de ordinario y átales
horas, las más de las luces de á bordo estaban apagadas, y todo el mundo, menos el personal de vigilancia, recluido en los camarotes y durmiendo.
Arriba, en la cubierta alta, el servicio continuaba
como siempre: el oficial de cuarto hacía su guardia
paseándose por el puente, situado á 18 metros de
altura sobre la línea de flotación; iba el hombre arrebujado en su capotón de mar, obscuro y recio, con
los brazos cruzados sobre el pecho y las manos metidas en las amplias mangas; la gorra de hule encasquetada basta tocar por los lados y por detrás el levantado cuello del abrigo, y mostrando los pies por
debajo de éste, que pies habría de seguro dentro de
aquellas dos enormes botas de agua macizas y pesadas que se arrastraban soboe el enjaretado á impulsos de una marcha acompasada y lenta: de cuando
en cuando penetraba el hombre en la caseta que
promediaba el puente; echaba una mirada á la carta
de marear extendida y sujeta allí en una mesilla,
bajo los rayos vivos de un farol de ojo de buey; arrojaba un gruñido, muestra de satisfacción probablemente, y en seguida volvía á emprender sus idas y
venidas por el puente, con la mismas gentileza y donosura que emplean los osos para revolverse en sus
jaulas, y hasta parecido á ellos por su aspecto.
Por encima de él, á 30 metros sobre la superficie
del mar, los serviolas, pegados á las luces de situación, y los vigías, inmóviles también en su caseta, dominando un horizonte de 15 millas de extensión, luchaban con el sueño, la humedad y el frío, despabilándose y como resucitando cada diez minutos para
atronar el espacio con sus alertas; y por debajo los
hombres del timón, cogidos á la rueda, seguían silen( 1) Todos los datos numéricos contenidos en el presente

boceto son verdaderos y están tomados del L11ca11ia y del Campam'a, los dos últimos transatlánticos mandados construir por
la compañía Cunard para la línea de Liverpool á Nueva York.

SALVADOR RUEDA

(N. del A.) -

dibujo á la pluma de Nicanor Vázquez

ciosos como autómatas hercúleos las indicaciones
que con manoteos expresivos y frases breves les dirigía el timonel, cuya mirada no se apartaba ni un
instante de la temblona aguja de bitácora.
La densa niebla que envolvía al buque dejábase
rasgar como con pena por éste, lagrimeando y enganchándose en pegajosos girones á sus palos, formando como una pantalla impenetrable ante los potentes haces fotoeléctricos de sus faroles reglamentarios, cuyos reflejos . blancos, rojos y verdes, mezclábanse con ella en confusos torbellinos, parecidos á
los de fuentes luminosas ó danzas serpentinas; ardiendo luego en explosiones de luz, surcadas de fugaces chispas, encima de las dos anchurosas chimeneas, análogas á cráteres, y estremeciéndose por último con renitencias de masa elástica, cuando el
grito estridente de la sirena vigilante hendía los aires
cada cuatro minutos.
Abajo, en lo más profundo del buque, en el infierno de las máquinas, todo continuaba también como
en los demás días del viaje. El maquinista de servicio, de pie en su balconcillo, fijos los ojos en el manómetro situado junto al reloj, empuñada la inquieta
palanca del regulador, atento al timbre y á la bocina
de comunicación con el puente, levantaba la voz de
vez en cuando hasta dominar el estrépito horroroso,
formulando una orden concisa y rápida que era obedecida al punto por una legión de condenados, pues
tal parecían los fogoneros, medio desnudos, sudosos
y anhelantes que, ó bien abrían los 102 candentes
hornos, con tremendo chocar de portezuelas, para
rellenarlos de carbón en paladas monstruosas (como
que iban á alimentar 30.000 caballos), ó para rascar
las parrillas con gruesos y largos ganchos, ó bien se
lanzaban como monos gigantescos á lubrificar, llenándolas de aceite y sebo, todas las conyunturas de
aquellas poderosas máquinas, las que llevaban el movimiento, imprimiéndoles una velocidad de más de
200 revóluciones por minuto, á las dos grandes hélices de tres alas que impulsaban el buque.
Y .sin embargo, á pesar de la inmensa responsabilidad abrumadora que pesaba arriba sobre el hombre
del puente; á pesar del trabajo penosísimo que gravitaba en el principal encargado de la máquina; á
pesar de la ruda labor que tenían que soportar los
auxiliares de uno y otro; á pesar de los veinte hermosos botes de salvamento, preparados siempre y listos
para m\tigar l?s horrores de un naufragio, y á pesar
de la mebla remante, que es el enemigo más temiole
que tiene hoy la navegación, el magnífico transatlántico estaba de fiesta: una fecha, el 24 de diciembre,

se había impuesto por un día á los severos reglamentos de á bordo, á las costumbres ordenadas y
metódicas que rigen en esos pueblos flotantes, y en
éste se celebraba la tradicional Nochebuena, con los
recursos disponibles, ni más ni menos que en cualquier otra ciudad.
Que ciudad y populosa (por más señas) era ya el
buque aquél. Ciudad amurallada con costados de
acero que ocupaba una extensión de unos 1 90 me
tros de largo por 20 próximamente de anchura máxima y sobre otros 20 de altura habitable, vivían en su
seno más de 3.000 personas, di!itribuídas en autoridades y clases sociales; lo mismo que en los pueblos
de tierra firme... sólo que mejor Cuatrocientos quince individuos constituían el personal que pudiéramos
llamar administrativo; de ellos, sesenta y uno, con
el capitán y los oficiales, formaban los altos cuerpos
consultivos y ejecutivos; ciento noventa y cinco, desde el ingeniero jefe hasta el último fogonero, iban
afectos á las múltiples máquinas, y ciento cincuenta
y nueve, entre los que se contaban el cocinero primero con sus pinches numerosos, criados y camareros, asumían los servicios de policía urbana y sus
anexos.
El resto de los habitantes, ó sea la población civil,
constaba de seiscientos pasajeros de 1.ª clase, la
aristocracia, los privilegiados que bebían champagne
pagándolo aparte en las comidas, y jugaban las libras
esterlinas, prodigándolas en apuestas y otros mil pasatiempos; cuatrocientos de 2.a, que representaban
la burguesía ó clase media acomodada, procurando
siempre estirar un presupuesto inflexible, pero tratando á la vez de imitar en todo á los primeros, aun
á costa de los más ridículos esfuerzos, y de unos mil
de 3.ª, emigrantes en su mayoría, familias enteras,
pobres y miserables, que buscaban en la expatriación
un modus vivendi~· el pueblo soberano que miraba
hacia popa con ojos de envidiosa codicia y que por
las tardes. amenizaba la travesía armando bailes y
canturreos allá á proa, recogiendo monedas de la
aristocracia y aplausos de la clase media. ¡Como en
la vida!, que díria de Maupassant.
Todos, sin embargo, en la noche de que hablamos,
coincidían en un pensamiento único y todos procuraban divertirse celebrando á la par la Nochebuena.
Cuatro días de navegación habían curado ya á todos
del mareo y establecido cierta inmidad entre los pasajeros de las distintas clases y de éstas entre sí; todos ellos se conocían, de vista por lo menos. El capitán, viejo lobo de mar, confirmación viviente de
aquella frase feliz según la cual ((no es el corazón la

�820

LA ILUSTRACIÓN ARTISTICA

entra1ia destinada por Dios á la elaboración del pensamiento,» 5entía hondo, pero pensaba, naturalmente, poco y mal; en nombre de la compañía ofreció
un extraordinario á los pasajeros de 1.a, y un árbol
de Navidad, cargado de golosinas y juguetes, para
los niños de 1.ª y 2.ª A los ce y• los hubiera partido
un rayo, bien á pesar del capitán, si un ingeniero
eminente, cargado de hi•os, que iba en 2 .ª, no hubiera propuesto algo en su favor, y si un tocinero retirado, ahito de millones, que iba en 1.ª con la aristocracia, no hubiera secundado la idea, comprometién-

&lt;lose á sufragar los gastos. Para tod0s hubo, pues,
fiesta y jolgorio, aunque es preciso decir que :\llÍ, como en todas partes, los que más se divirtieron y gozaron más en la improvisada fiesta fueron los infelices de 3.ª, el pueblo soberano.
Aquella noche sonaron las diez impunemente, y las
luces de á bordo, que á esa hora se apagaban de ordinario, siguieron brillando hasta muy tarde; las
1.350 lámparas eléctricas con que contaba el buque
permanecieron encendidas, y bien puede asegurarse
que sus 22.000 bujías no alumbraron hasta cerca
de la amanecida más que caras felices y
satisfechas; el fluido eléctrico recorría,
mas apresurado, si cabe, que de costumbre, las 50 millas de alambre conductor
de que podía disponer á bordo para llevar más pronto á todas partes la alegría
de sus luces, desde los dos potentes dinamos que funcionaban en el sollado hasta
el último rincón del animado departamen
to de 3.ª
Pero no todos gozaban, no; sería un
error creerlo: cuando el grandioso salón
de J.ª con suc; dorados techos de cuatro
metros de altura estaba más concurrido
y resplandeciente, llenas sus cuatro largas mesas de alegres comensales, un señor de barba blanca, pero fuerte él y vigoroso todavía, antiguo oficial de marina
que viajaba solo, no dejaba de pensar,
cabizbajo y preocupado, en la triste Nochebuena que se pasa en los buques de
guerra, donde cada tripulante está aislado
con sus recuerdos, sin que puedan distraerle de ellos ni los cantos regionales á
que se entregan por grupos los marineros
españoles hasta las doce, ni las alegres
dianas y repiques que á esa hora suenan
en los buques militares extranjeros. Al
observar la preocupación que se reflejaba
en el rostro del viejo, un joven, vecino
suyo de mesa, le interrogó acerca de su
extraña actitud, que contrastaba tanto
con la de los demás, obteniendo esta respuesta, resumen y compendio de la l{oclzebuena á bordo:
«Amigo mío, la Nochebuena es una
fiesta genuinamente familiar, y sólo rodeado cada cual de su familia y en casita ts
como puede disfrutarla bien.»
FEDERICO l\ÍOXTALDO

LA_NOCHEBUENA EN EL MAR, dibujo de F. Lindner

NUMERO 625

LA NOCHEDUEN.'\ EN EL l\Ii\R
«¿Me pedís que os cuente algo de mi ,·ida de marino? - nos decía cierta Nochebuena mi abuelo, mientras mi padre descansaba al amor de la lumbre de
sus diurnas faenas y mi madre daba la tfüima mano
á la cena que, á juzgar por los olorcitos que de la
cocina hasta nosotros llegaban, prometía exceder á
la de los días ordinarios. - Voy á satisfacer vuestra curiosidad; que también á mí me gusta remozarme refiriendo añejas historias. Mas así como otras veces he
interesado vuestra imaginación haciéndoos suspirar
por los países lejanos cuyas maravillas os describía,
hoy quiero haceros sentir todo lo que para el ausente de ella vale la familia, ese conjunto de amores
á cuyo calor el hogar más µobre, la aldea más humilde, el país más triste puéblanse de encantos que lejos de él en vano trataréis de encontrar en el palacio
más suntuoso, en la ciudad más rica en el más sorprendente paisaje que pudo fabricar el hombre ó
crear la naturaleza.
))Y, pues, en Noche buena estamos, dejadme que recuerde otras dos Nochebuenas, la primera y la última que pasé en el mar. Son dos notas tristes que aun
hoy, al acudirá mi memoria me conmueven; pero la
tri5teza que su recuerdo en mf produce desvanécese
al verme rodeado de todos vosotros, pedazos de mi
alma, que con vuestros cuidados y vuestras caricias
alegráis los últimos días de este pobre viejo, cuya
existencia camina rápidamente hacia su ocaso. »
Y enjugándose una lágrima, comenzó el abuelo su
relato en estos términos:
«Tenía doce años cuando me embarqué como grumete en el bergantín San A11to11io. El mar ejercía sobre mí irresistible influjo: junto á él había nacido, y
jugando en sus orillas ó bañándome entre sus olas
pasé los primeros tiempos de mi niñez. Llegada la
hora de escoger una profesión, opté por la de marino.
»Ni contento ni pesaroso iba á separarme de mis
padres: apenábame, por un lado, dejarlos; pero por
otro me alegraba la idea de comenzar mi \'ida de
hombre, y de comenzarla en el mar, que tanto me
atwiía. Pocos momentos antes de embarcarme miré
á nuestra casita, que muy cerca de la playa se lc\·antaba, y miré al barco que airosamente se mecía á pocas brazas de la costa, y ¿por qué negarlo?, fué mayor
en mí el ansia de verme instalado en el buque que la
pena por alejarme de mi hogar.
»Sentía verdadera vocación por el oficio.
&gt;Hicieron desde el bergantín la última señal: mi
padre, esforzándose por aparentar una impasibilidad
que desmentían sus ojos húmedos y su voz temblorosa, abrazóme fuertemente y apenas pudo recomendarme que me portara siempre como un
hombre honrado; mi madre cubrióme de besos;
pasóme al cuello un escapulario de la Virgen de
los Desamparados, y anegada en llanto encargóme
que me acordara mucho
de ellos y que le rezara
á La que nunca deja de
velar por sus hijos.
»De haberse prolorgado mucho a']uella escena
hubiera acabado con mi
fortaleza, haciendo as!
más dolorosa la despeJ ida; por fortuna el marinero que debía acompañarme hízome entrar con él
en el bote que nos con·
dujo al bergantín: poco
después, el San Antonio,
desplegadas al viento sus
velas, fué alejándose de
la costa, que no tardó en
desaparecer por completo
de nuestra vista.
»Pasaron días y días,
y la \'ida de á bordo me
entusiasmaba cada vez
más; y eso que la labor
era dura, el descanso poco y la comida menos
que mediana. Distinguióme el capitán desde el
primer momento, y con
las suyas captémc en seguida las simpatías l de
toda la tripulación. Me
acordaba de los míos,
¡vaya si me acordaba!, de

LA NOCHEBUENA EN EL MAR, cuadro de Eliseo Meifréo, reproducido directamente por Thomas

�822
mi madre sobre todo; pero su recuerdo apenas si
me entristeció al principio, y al fin acabé por familiarizarme con la ausencia.
»Una noche - llevábamos tres semanas de navegación - observé en el barco mayor animación que de
ordinario: hacíanse en él preparativos como para una
gran fiesta, y los marineros subían de la bodega cargados de botellas y de cajas que iban depositando
sobre la mesa de la cámara. A las diez llamónos allí
á todos el capitán, y á su invitación cajas y botellas
fuéronse vaciando como por encanto. Aquel inusitado acontecimiento excitó mi curiosidad, y no pudiendo al fin contenerme preguntéle á uno de los que á
mi lado estaban á santo de qué nos obsequiaban con
tan abundante festín. «¡Cómo! - me contestó el marinero á quien me había dirigido. - ¿No sabes que es
Nochebuena?»
»Quedéme confuso al oir esta resp\lesta, y poco á
poco una melancolía indefinible se apoderó de todo
mi ser: la palabra Nochebuena traía á mi memoria recuerdos que hasta entonces no se habían despertado.
Sentíme solo en medio de toda aquetla gente cuya
alegría me hacía daño, y faltándome aire que respirar
en la cámara, apresuradamente subí á cubierta. La
noche era hermosa, el mar estaba tranquilo y nuestro
barco se deslizaba suavemente por la superficie del
agua, en cuyo fondo reflejábanse titilando-al movimiento de las olas los infinitos astros que brillaban en el
firmamento. Apoyéme en la borda y clavé mis ojos en
el horizonte, buscando entre aqueUas sombras lo que
evocaba mi deseo; pero nada descubría: el mar y el
cielo uníanse en una línea indefinida que mi vista no
podía atravesar.
))¡Tal vez desde más alto!, me dije, y trepando por
las movedizas escalas situéme en la cofa y seguí escudriñando la inmensidad del Océano. De pronto fingióme la imaginación allá lejos, muy lejos, una luz:
sí, aquella era, allí estaba el faro que se alzaba cerca
de mi pueblo; siguiendo el camino de la costa se llegaba á mi playa; junto á la playa estaba mi casa, y en
la casa mi padre entreteniendo á mis hermanitos con
la historia de Belén y de los pastores, mientras esperaban que mi madre sacara del horno la dorada torta
con que solía obsequiarnos en la Nochebuena.
»Ante aquel cuadro que veía con los ojos del alma;
ante el dolor que, producido por mi ausencia, adivinaba en el corazón de mis padres, no pude reprimir
los sollozos ni contener mis lágrimas; y mientras llegaban á mis oídos los gritos y la algazara de los que
abajo celebraban el nacimiento del Niño Jesús, hinquéme de rodillas, saqué el escapulario de mi pecho
y exclamé besando fervorosamente aquella imagen y
puesto en los q,ifos mi pensamiento: «¡Virgen de los
Desamparados, que pronto los vea!»
»¡Qué triste fué para mí aquella Nochebuena, la
primera que pasaba en el mar!
»Transcurrieron muchos años: iba ya para viejo y
no podía quejarme de la suerte. La fortuna me había
favorecido, y gracias á mi trabajo y á mi economía
contaba con lo necesario para vivir tranquilamente el
tiempo que de vida me quedara. Era segundo de la
fragata Esperanza, y con aquel viaje terminaba mi
existencia de marino.
Hacía una semana que habíamos salido de Valparaíso con rumbo á España, y llevábamos dos días de
temporal que con grandes dificultades veníamos sorteando. En la noche del tercero el mar tomó un aspecto imponente: nos envolvía una cerrazón completa; las olas barrían la cubierta del buque como fiera
que husmea y lame su presa antes de devorarla, y el
viento arrancaba de las jarcias lúgubres gemidos y hacía crujir la obra muerta con ruidos siniestros. La
Esperanza defendíase, sin embargo, heroicamente; y
si un instante se hundía en abismos que parecían sin
fondo, era para surgir al poco rato en la cima de encrespados montes de agua que la alzaban á vertiginosas alturas. Como irritado por tamaña resistencia,
arreció el temporal en sus furiosas acometidas, y nuestro barco sin gobierno comenzó á ceder. De pronto
abrióse en la fragata una vía de agua que era inútil
empeño querer atajar, y perdidas ya todas las esperanzas dispusimos los botes, y huyendo de una muerte
pronta y segura buscamos el} aquellas frágiles embarcaciones una salvación remota, casi imposible.
»Pero antes de abandonar el buque, el capitán,
cumpliendo su último deber, metió en una botella,
que echó al.agua, un papel en que con mano insegura trazara estas palabras: «Fragata Esperanza, de
Santander, á pique: tripulación se embarca en botes.
¡Dios nos proteja! En alta mar, en la Nochebuena
de 185 ... »
»¡Otra vez aquella fecha que en medio del Océano
me recordaba el apacible cuadro de mi hogar! Mis
padres habían muerto, pero en la casita que se alzaba
en la lejana playa esperábanme entonces mis hijos y

LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

un nietecito, tú, Pedro, que habías nacido después
de· mi partida. ¡Cuántos besos te di con el alma en
aquella horrible noche! ¡Cómo le pedí á la Virgen
que me concediera la dicha de verte!
»Y la Virgen me escuchó.
»¿A qué describiros las horas de mortal angustia
que en el bote pasamos? Cien veces sentimos la muerte junto á nosotros, y otras tantas un milagro nos
arrancó de sus manos. Amaneció al fin y con el nuevo día amainó el temporal: la Provid;ncia puso en
nuestro camino un vapor francés, que nos recogió,
como poco antes había recogido á nuestros compañeros de las otras embarcaciones, y á, todos nos dejó en
el primer puerto de escala. Al cabo de algunos días
veíame otra vez entre)os míos, de quienes no he vuelto á separarme y á cuyo lado espero morir si el cielo
me otorga esa gracia única que ya he de pedirle.»
Era yo muy niño cuando mi abuelo nos refirió estos dos episodios de su vida de marino, pero todavía
conservo grabada en mi alma la impresión que me
produjeron y la alegría que reinó durante la cena que
puso término á la velada: parecíanos á todos que
nunca nos habíamos querido como aquella noche.
Desde entonces, cuando llega la Nochebuena y en
fiesta íntima de familia conmemoramos el nacimiento del Niño Dios, al sentirme envuelto en aquel ambiente de felicidad y de cariño, no puedo menos de
consagrar un piadoso recuerdo á los pobres niños
que en aquellas horas cruzan los mares lejos de sus
padres y á los infelices que tal vez en aquellos momentos luchan en medio del Océano con la muerte
y en un grito de suprema angustia envían el último
adiós á sus hijos. - A.
v..,..,~.............._................,......,........................................................,..................

LA NOCHEBUENA EN GALICIA
Es la Navidad la fiesta católica por excelencia, la
fiesta universal que estremece de alegría los ámbitos
del mundo: sin embargo, cada región le imprime su
carácter propio, adoptándola á su peculiar manera de
concebir la idea religiosa. Yo os diré cuáles son en
mi tierra los regocijos y las nostalgias de la gran noche; cómo se siente y cómo se celebra ese momento
divino, que por medio del radiante arco iris de la esperanza une la tierra árida y fría al cielo azul turquí
tachonado de magníficas estrellas.
No busquemos la fiesta de Navidad en casa del
pudiente. La riqueza es cosmopolita y enemiga jurada de las dulces tradiciones y las viejas costumbres:
el'lujo es monótono, igual á sí mismo en todas las
comarcas del planeta. Para la cena de Navidad, lo
mismo en Vigo que en París, el rico abre la ostra salobre y hace saltar el corcho del Champagne bullidor. En la morada del rico apenas distinguiríais la
Nochebuena de cualquiera otra noche del año, si los
niños no reclamasen, ya el extranjerizo árbol de Navidad, ya el clásico, neto y castizo belén.
¡Los niños! Son los verdaderos tradicionalistas; son
los únicos que aún conservan y cultivan el recuerdo
de la más alta fecha que registra la historia. Gracias
á los niños, no han olvidado enteramente las personas mayores que hace diez y nueve siglos vino al
mundo, en un establo, El que nos había de redimir,
muriendo muerte de cruz.
¡Los niños! Ellos se han reservado el privilegio de
poner en escena el hermoso drama plástico del ad venimiento de Cristo á la tierra. Siempre que se acerca
la Navidad, puéblase mi imaginación de reminiscencias de la niñez de mis hijos. Me veo comprando el
belén en la plazuela de Santa Cruz, escogiendo figura
por figura, buscando los reyes más barbudos y de
túnica más rozagante, las más gentiles zagalejas, los
dromedarios más reverendos y los cabritillos más
blancos, y eligiendo después un magnífico portal y
una imponente lejanía de palacios y torres de cartón
que contrastase bien con la sierra cubierta de escarcha y el profundo valle en cuyas grutas oraban los
pastores. Me veo desempaquetando en Marineda
aquella carga parecida al retablo de Maese Pedro, y
revistiendo de follaje la habitación donde queríamos
ofrecer el belén á la admiración de la chiquillería.
Y el fresco musgo de la Granja de Meirás imitó praderas, y los pedazos de una luna de espejo remedaron el serpear del río caudaloso, y gasas de suaves
colores fingieron horizontes celestes, y la estrellita,
puesta muy en alto, lo iluminó todo con fantástico
esplendor ... ¡Mil veces feliz edad la que se alumbra
con una estrella de talco y ve el cielo en unos pliegues de tul!
En el campo no se arma el belén: el lujo de los juguetes es desconocido para los niños pobres. Los muchachos de la aldea, en estos días del año, lo que
hacen es ir de puerta en puerta entonando con voz
plañidera y acento nasal los villancicos de A11i11M10.

I

625

Y á las puertas de las chozas - las puertas más fáciles
de abrir para el que pide - se asoman buenas mujeres,
vejezuelas compasivas de esas que reservan siem~re
á las criaturas una sonrisa y un sentencioso conseJo;
y en los raídos y abollados hongos ó en las miserables boinillas - porque la rica ~ graciosa 111011/eira ya
cayó en desuso - llueve la espiga de maíz, el pedazo de borona, el puñado de habichuelas ó castañas, ó
el torrezno rancio. Colecta humilde, sabrosa para los
pedigüeños. Con ella se refocilarán en esos días que
así celebra el mi1lonario co·mo el mendigo. En Galicia, lo mismo que en el resto de España, el pueblo
los solemniza; pero seamos sinceros ante todo y observemos que esta gente inmutable, por la cual diríase
que resbala sin profundizar la corriente de. lo.s siglos,
lo que conmemora no es tanto la fecha cristiana del
Nada!, como la renovación del año, la crisis de la
madre naturaleza, que una vez más resucita triunfadora. Este período en que la tierra, sacudiendo el letargo invernal, siente los primeros latidos de los gérmenes que pronto romperán el surco, es el que el
aldeano celebra, es la primera fiesta heliástica del
año, sólo comparable á la de las lustraciones, la de
San Juan - día en que, á la madrugada, el sol baila de
júbilo en el firmamento.
Guiado por la confusa pero tenaz memoria del atavismo, el aldeano, en los últimos días del año, que
para nosotros evocan el culto del Redentor espiritual, evoca á su vez las enseñanzas de los primitivos
institutores religiosos que tuvo Galicia - los druidas.
- En esta fecha era cuando los hombres del árbol cortaban de la sagrada encina, con hoz de oro, el gui ó
muérdago, á la claridad del plenilunio; y el teatro de
la escena era el bosque mismo, la horrenda selva, el
lubrego, porque el celta no erigía templos, siendo para
él la naturaleza toda inmenso altar. - En esta fecha
s~ cumplían los más solemnes ritos de aquella religión naturalista y panteísta que á duras penas y superficialmente desarraigaron los valerosos apóstoles
cristianos.
Entrad en la cocina que sirve de salón al labriego,
y donde se reune y agrupa la familia al calor del hogar. Bien pronto advertiréis que, bajo el nombre de
Navidad, lo que allí se está celebrando no es sino la
druídica fiesta del fuego. Esa llama alta y viva, que
dibuja sobre las paredes amasadas con pedruscos y cal
de sapo las siluetas de los que rodean el lar, procede del
gran tizón de Año Nuevo, del leño inmenso destinado á arder ocho días, y que á pesar de la olvidada ó
ignorada prohibición de los Concilios, se enciende y
cuida como cuidaban el fuego sagrado las vestales.
Por nada del mundo renunciarían á encender el leño
simbólico, pues sus vagas supersticiones de palingenesia y su firme creencia en la inmortalidad del alma
les impulsan á preparar el foco en que han de calentarse los espíritus de los antepasados, que vienen
del otro mundo ateridos por el hielo de la eterna
sombra. El leño misterioso de Navidad no se enciende sólo para los vivos: los muertos acuden á participar de su calor. Por eso cuentan que ante el sacro
fuego - ante la resplandeciente y terrible faz de Agni, numen del hombre primitivo, conjurador de la
frialdad de las edades paleolíticas, - el campesino gallego no se atreve á cometer impureza alguna, y la
mujer, requestada por el marido al pie del hogar, recházale con energía exclamando: «¡Que nos ve la
lumbre!»
No impide, sin embargo, el respeto al fuego que
en la cocina, durante la noche de Navidad, se cante,
se ría, se beban largos tragos de picante y fresco mosto, y se saboreen entre festiva cháchara los harinosos
zonchos ó castañas que en bien abrigada olla se cocieron con su piel. El viejo .de los donaires cuenta
historias de gorja, anécdotas en que la malicia y la
ingenuidad se dan la mano; los rapaces galantean
muy de cerca á las rapazas; los muchachos ya se caen
dormidos, como cae del árbol la pera en sazón; el ciego de la viola entona con voz aguardentosa el villancico ó narra el secular romance; los casados hablan
del tiempo y de la cosecha - los dos tópicos del
agricultor, - y mientras tanto, una mujer, de edad madura, de curtido rostro, la dueña de la casa, permanece silenciosa y hasta se diría que la luz de la ahumada candileja y el ardiente reflejo del tizón hacen
rielar una lágrima en sus ojos ... Es que piensa en sus
dos hijos menores, los que emigraron en tiempos difíciles, yéndose allá, muy lejos, á no sé qué mortífera
comarca brasileña; y como ni una carta, ni una noticia ha recibido en cinco años, la madre, en esta noche, en medio de esta jovial algazara, discurre si
aquellos dos pedazos de sus entrañas, tan mozos, tan
colorados, tan rubios como eran habrán venido en
espíritu, desde el reino de las ti~ieblas, á calentarse
en el fuego santo.
Eim.JA PARDO BAZÁN

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�NúMERO

LA ILUSTRACIÓN ARTfSTICA

625

NóMERO 625

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

LA NOCHEBUENA EN LIMA

dibujo ele J. Cabrinety, según croquis remitido por D. Ricardo Palma, de Lima

buena, por lo menos un par de horitas: de siete á nue- nas casas un pequeño proscenio, sobre el que se n
ve. Esas misas sí que eran cosa rica, y no insulsas el establo de Belén con todos los personajes de q1
como las de hogaño. Ya en la Misa de Gallo no hay habla la bíblica leyenda. Figurillas de pasta 6 1i,:1
E~ LA ANTIGUA Ll~IA
pitos, canarios, flautines, zampoñas, matracas, bandu- dera, más ó menos graciosas, compleme;1taba11 LI
rrias, zambombas, canticio ni bailoteo; ni los mucha- cuadro.
I
Todo el mundo, desde las siete hasta las once de
chos rebuznan, ni cantan como gallo, ni ladran como
Allá en los tiempos del rey, la conclusión de año perro, ni mugen como buey, ni maullan como gato, la noche, entraba en el salón donde se exhibía el di
era, en la ciudad fundada por Pizarro, de lo bueno ni nada, ni nada de lo que los viejos alcanzamos to- vino misterio con entera llaneza. Cada nacimiento era
davía, en el primer tercio de la república, como páli- más visitado y comentado que ministro nuevo.
lo mejor. Mes íntegro de jaraneta y bebendurria.
Cuando llegaban personas amigas de la fan:ilia
Raro era el barrio en que el 8 de diciembre no se da reminiscencia del pasado colonial.
propietaria del nacimiento se las agasajaba con u n
celebrara, en algunas casas de la circunscripción, con
vaso de aloja, chicha morada ú otras frescas horchat:i~
lo que nuestras bisabuelas llamaban altar de PurísiIII
bautizadas con el nada limpio nombre de orines de,
ma. Armábase éste en el salón principal, y desde las
Mi'io.
siete de la noche los amigos y amigas invitados emEn no pocas casas, después de las once, cu:in&lt;lo
La Nochebuena, con su Misa de Gallo, era el no
pezaban á llegar.
quedaban sólo los vecinos y amigos de confo11za,
Principiábase por un rosario de cinco misterios hay más allá del criollismo.
Desde las cinco de la tarde del 24 de diciembre, se armaba una de golpe al parche y fuego á la b1a.
acompañado de cánticos á la Virgen, seguía una plática devota pronunciada por fraile de campanillas co· los cuatro lados de la plaza Mayor ostentaban mesi- Se bebía y cuequeaba en grande.
El más famoso de los nacimientos de Lima r ra el
mensa! de la familia, y dábase remate á la función tas en las que se vendía flores, dulces, conservas juque
se exhibía en el convento de los padres beh.:1hmiguetes,
pastas,
licores
y
cuanto
de
apetitoso
y
111a11d11religiosa con villancicos alegres bien cantados, al
tas ó barbones. Y era famoso por la abundancia de
compás de clavicordio y violín, por las criadas de la cable plugo á Dios crear.
A las doce sólo el populacho quedaba en la plaza, muñecos automáticos y por los villancicos e, ., que.
casa, á las que se asociaban otras de la vecindad.
multiplicando
las libaciones. La aristocracia y la clase festejaban al Divino Infante.
Después de las diez de la noche, hora en que se
Pero como todo tiene fin sobre la tierra, t 1 6 de.
despedían los convidados de etiqueta, principiaba lo media se encaminaban á los templos, donde las pallas
enero, día de los Reyes Magos, se cerraban le s ;~aci
bueno y lo sabroso. Jarana en regla. Las parejas se cantaban en el atrio villancicos como este:
mientos. De suyo se deja adivinar que aquelb I oche
sucedían bailando delante del altar el ondzí, el paspié,
el jolgorio era mayúsculo.
la pieza inglesa y demás bailes de sociedad por enArre, horriquilo,
vamos á Belén,
tonces á la moda.
que ha nacido un niño
Por supuesto que las copas menudeaban, y ya despara nuestro bien.
pués de media noche se trataba á la Purísima con
Arre, borriquito,
toda confianza; pues, dejándose de bailecitos sosos y
vamos á Belén;
que mañana es fiesta,
ceremoniosos, entraba fa voluptuosa zamacueca con
pasado también.
mucho de arpa y cajón.
.
Y el altar de Purísima duraba tres noches, que
A la Misa de Gallo seguía, en las casas, opípara
eran tres noches de jaleo, en las que so capa de devoción había para las almas mucho, muchísimo de cena, en la que el tamal era plato obligatorio. Y como
no era higiénico echarse en brazos de Morfeo tras
perdición.
una comilona bien mascada y mejor humedecida con
buen tinto de Cataluña, enérgico Jerez, delicioso MáII
laga y alborotador quitapesares ( vulgo, legítimo aguar.
diente de Pisco, de Motocachi ó de Locumba), im....-:J._
. !l.
Desde el 15 de diciembre comenzaban las matina- provisábase en familia un bailecito al que los primeles misas de aguinaldo, en las que todo era animación ros rayos del sol ponían remate.
~-~
En cuanto al pueblo, para no ser menos que la
y alegría. ¡Qué muchacheo tan de rechtpete el que en
gente
de
posición,
armaba
jarana
hasta
el
alba
alreesas mañanas se congregaba en las iglesias para tendedor de la ~ila de la plaza. Allí las parejas se descotación y pecadero del prójimo enamoradizo!
Una orquesta criolla, con cantores y cantoras de yuntaban bailando zamacueca; pero zamacueca bola hebra, hacía oir todos los airecitos populares en rrascosa, de esa que hace resucitar muertos.
Y hasta diciembre del otro año, en que, ¡;ara dif-.
boga, como hoy lo están el trío de los Ratas ó la canrenciar, se repetían las mismas fiestas sin la meno,
ción de la Menegilda. Lo religioso y sagrado no exIV
variante.
cluía á lo mundanal ó profano
Al final de la misa un grupo de pallas bailaba caRICARDO P·,¡ :.IA
Como los altares de Purísima, eran los nacimientos
chua y el maist"llo, cantando coplas no siempre muy
motivo
de
fiesta
doméstica.
ortodoxas.
Desde el primer día de Pascua armáhase en alguUna misa de aguinaldo duraba, como la de NocheLima, octubre de 1893
EL MES DE DICIEMBRE

LAS PASCUAS DE NAVIDAD
EN CATALUÑA

Las he pasado algunos años en las melancólicas regiones del Norte, lejos del esplendoroso cielo de España, y en medio de aquella brumosa atmósfera comprendí y sentí la amarga significación de la palabra
a11oranza, que han tomado del catalán algunos eximios escritores castellanos.
Parece que la mano de un invisible enemigo va
echando gota á gota en nuestro corazón una cruel
ponzoña que le oprime y tortura, en tanto que el frío
va calándose por todos los poros del cuerpo y el alma
des~allece como ateriéndose al soplo glacial de la soledad que la rodea. Es una ansia febril por recobrar
una dicha desvanecida; es un martirio indecible engendrado por el acerbo convencimiento de que no es
dable alcanzar aquel bien tan ardorosamente apetecido. Eramos muchos los que, espantados por la perspectiva de semejante suplicio, emigrábamos volando
como las golondrinas en busca del sol que dora y calienta las ale.~res playas del Mediterráneo. A medida
que nos íbamos aproximando á
las venturosas regiones del Mediodía, todos repetíamos con enternecimiento aquel cantarcico
popular que en invierno entonan
los niños de las montañas catalanas: - sol, so/et, - vinem á veure; - sol, solet, - vinem á veure, que tinch fret (Sol, solito, ven á
verme; sol, solito, ven á verme,
que tengo frío).
Al atravesar las gargantas de
los Pirineos, que nos parecían
las puertas del paraíso, comprendíamos también toda
la filosofía de un refrán que en otros tiempos nos pareció vulgar é insignificante: Per Nada! cada ove/la
en son corral (Por Navidad cada oveja en su corral).

En efecto,
este adagio
recuerda una
de las costumbres más
características de la tierra catalana,
porque la fiesta de Navidad es una fiesta esencialmente patriarcal.
Un amigo mío, capitán
de buque, me dijo un día:
- Si me contaran que se
ha deseubierto un Robinsón en una isla desierta,
apostaría doble contra sencillo á que había de ser
catalán. Tan acostumbrado estoy á encontrarme con paisanos de usted en
todas partes.
Pues todos esos hombres diseminados por la haz
de la tierra se sienten acometidos aquellos días de
una verdadera nostalgia, echando de menos el calor
y la poesía del hogar paterno. La fiestas de Carnaval
las pasan tan alegremente en Venecia, en Roma, ó
en Nueva Orleans como pudieran hacerlo en su patria; pero las de Navidad, no. Así son muchos los que,
hallándose en el extranjero, hacen todos los esfuerzos
imaginables para pasar esos días al lado de su familia.
Su reunión, en día tan señalado, es de rúbrica. Las
aulas de las universidades están cerradas, los colegiales también tienen vacaciones, los comerciantes y los
industriales suspenden sus tareas. Nada impide la
congregación de todos los individuos de la familia en
torno de la mesa presi.dida por el abuelo.
¡Cómo se nota la falta de los ausentes! El militar
que se halla de guarnición en una remota provincia,

el marino que está viajando por lejanas regiones, pueden estar seguros de que su recuerdo enturbiará el
gozo de aquella fiesta íntima.
E~t~ banquete familiar también tiene su aspecto
trad1c1onal en cuanto al menú ó lista de los platos
que en él deben servirse, pues algunos dé ellos son
de absoluta necesidad para que la fiesta no pierda su
carácter, amoldado á una costumbre inmemorial.
Tal es, por ejemplo, y en primer término, el pavo
asado y relleno de tocino, manzanas, ciruelas ú otros
ingredientes, á gusto del consumidor; porque en este
punto se deja mucha latitud al criterio individual.
Hay casas en donde se convierte la panza del enorme volátil en una verdadera enciclopedia.
Algunos innovadores, más amigos de los buenos
bocados que de las tradiciones culinarias, han osado
reemplazar el clásico pavo con el faisán trufado. Es
un acto evidentemente revolucionario; pero no cabe
negar que representa un gran progreso.

�LA

826
En mi niñez no se comían turrones .ni barquillos
sino durante las fiestas de Navidad y en las de la Circuncisión del Señor y la Epifanía. Para esos días se
guardaba también el vino añejo reservado para las
grandes ocasiones, el vino de derriére les fagots, como
dicen nuestros vecinos los franceses.
Todo esto ha cambiado. No falta quien pretende

La comida de familia

NúMERO 625

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NÚMERO

LA

625

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

El día de Santo Tomás empiezan en Barcelona las renombradas ferias, en las cuales se
proveen los pesebristas_ de los admi~ículos necesarios para la formación del nac1m1ento.
Allí pueden estudiarse las diversas evoluciones del nacimiento, porque al lado de los acueductos romanos y los villorrios orientales de
corcho correctamente fabricados, asoman las
masías catalanas de cartón, y junto á los hebreos irreprochablemente caracterizados, las tí
picas barretinas, aquellos cerdos con patas de
alambre que parecen empeñados en lucir su
gordura tendiéndo~e patas a_rriba ~ otras típicas
ingenuidades propias de la mfanc1a del arte pesebrista.
Otra de las costumbres típicas del día y la
víspera de Navidad es la de las rifas callejeras,
en las cuales se sortean gallos, conejos y platos
de dulces. En los cafés-restaurants se _rifan pavos y botellas de vino generoso. Esto
fué causa, no ha muchos años, de que
un periodista francés dijese con la ligereza que á nuestros vecinos caracteriza:
«En Barcelona juégase descaradamente
á la ruleta en mitad del día, y es de ver
cómo acuden á ella las señoras al salir
de misa, llevando todavía en la mano el
devocionario.» A esto llaman ellos escribir Impresiones de viaje, y de este modo aprende el pueblo francés las cos-

que es un mal. Hay muchos modos de ser
sibarita. Según esta teoría el colmo de la
felicidad, para un gastrón~mo, sería comer
bacalao todos los días de trabajo á fin de
encontrar más sabrosa la carne que comiera
el domingo.
'
Mi amigo Oller ha descrito con sumo
gracejo en su Febre d'or uno de esos característicos ágapes familiares.
'.
Es preciso haber estado en Barcelona la noche de
,,,. .. .
.,,.
l~ víspera de Navidad para hacerse cargo del prodiA la Misa del Gallo
•• '.:::!;
'
gioso consumo que ocasionan de toda suerte de comestibles. Corno éstos rebosan materialmente de los
~
mercados, los vendedores se desparraman á centena- raro contraste con la deslumbradora luz de los apara- •,
res por las ~lazas y los paseos adyacentes pregonando tos eléctricos.
Pero no sé nada que traspase el corazón como el
á voz en gnto sus mercancfas.
Legiones de aldeanos acuden de todas las comar- espectáculo de la miseria turbando con una nota lúgubre la regocijada armonía de ese cuadro que recuerda los banquetes homéricos, las mesas francas de
la Edad media y el despilfarro gastronómico de las
bodas de Camacho. ¡Qué triste ver al mendigo tender
su demacrada mano tiritando de frío bajo sus mugrientos harapos, cuando el mundo cristiano se apresta á celebrar con tanta alegría el nacimiento de Aquel
que se sacrificó para redimirnos á todos y dignificar
á los desheredados!
Al dar la última campanada de las doce empieza
en todas las ciudades, villas y aldeas la típica Misa
del Gallo. No hay organista que en tal coyuntura no
'
haga ostentación de su genio y destreza improvisando
Rifa callejera
aires pastoriles con acompañamiento de gaitas y zam¿.;_;-;'
poñas y gorjeos de pájaros. A la verdad no fuera
~
Camino de la ciudad
justo calificar de caprichosas estas habilidades, con tumbres de las naciones extranjeras, juzgando actos
las cuales luce el artista su pericia y el instrumento sin conocimiento de causa y criticando costumbres
cas de Cataluña trayendo de sus villorrios y caseríos su abundancia de registros, pues no sin razón se toca con censurable ligereza.
grandes manadas de pavos, gallinas y patos, innume- la música pastoril cuando recuerda la Iglesia el naciNo deja de ser curioso el gran papel que desemrables conejos, liebres y perdices y enormes provisio- miento de un Dios que quiso nacer en un pesebre y peña el gallo en todas estas manifestaciones de júbilo
nes de manzanas, ciruelas, pasas, melones y otras rodeado de pastores. Pero en las poblaciones que se religioso; fenómeno que induce al espíritu menos
pican de cultas no sale tan bien librado el buen sen- dado á investigaciones arqueológicas á sospechar que
tido artístico de la audacia de los organistas que pro- por algo debe entrar en ello el simbolismo. En efecfanan la majestad del templo haciendo resonar bajo to, en las literaturas orientales el canto del gallo ahusus bóvedas las sensuales melodías de las óperas en yenta á las malignas potestades nocturnas, despierta
boga.
á la aurora y hace levantar á los hombres.
Dice la Academia, á propósito de la palabra NaciDu Cange, en su admirable Glossarium, nos cuenta
miento, que significa entre otras cosas la «representa- que Prudencio, poeta latino natural de Calahorra, que
ción del de Nuestro Señor Jesucristo en el portal de floreció á mediados del siglo rv, jugando del vocablo
Belén; la cual suele hacerse formando un portalito y con las voces crista - cresta, - cristeus, cristiger y crisadornándolo con las imágenes de los que se hallaron tatus, compara á Nuestro Señor Jesucristo con el gaen él y con las figuras correspondientes á este miste- llo rogándole que arroje al sueño, que rompa las cario.&gt; En Cataluña hay una grande afición á estas re- denas de la noche, destruya el pecado y nos redima
presentaciones, que muchas veces dan lugar á los de las tinieblas en que vivimos envueltos, trayéndomás candorosos anacronismos. He visto muchos na- nos la luz del nuevo día.
cimientos en los cuales los pastores catalanes, vesti¿Es admisible la explicación? Someto el caso al
dos á la usanza de nuestro siglo, matan el tiempo dictamen de los folk-loristas. •
conversando con los legionarios romanos. Por cierto
J. CoROLEU
que en uno de esos pesebres - como se les llama
(Ilustuciones de J. L. l'ELLTCER)
en ca.talán - lo hacían debajo de un puente colgante.
Los moros se paseaban por aquellas soledades cual si
ya fueran dueños de la Palestina. Los edificios eran
todos de arquitectura genuinamente catalana, á excepción del lugar del nacimiento, que era, no un pesebre, como lo quiere la tradición, sino un templo
Nota lúgubre de Nochebuena
gótico arruinado.
Hoy se hacen los nacimientos con más pretensiofrutas, amén de los quesos y salchichones de sus res- nes artísticas: los edificios, las figuras y los vegetales
tienen el color local adecuado al asunto y se fabrican
pectivas comarcas.
En verdad es un cuadro por todo extremo anima- con esmero. En cambio, la vanidad ha sustituído en
do. y con sus puntos y ribetes de fantástico el de la muchas partes al espíritu religioso que impulsaba á
bulliciosa muchedumbre que va formando corros en muchas familias á cantar devotos villancicos ante el
torno de aquellos rústicos cuyas fogatas hacen un grupo de la Sagrada Familia.

~

r;

~-J

-

LA PLAZA DE ARMAS EN LA CIUDAD DE MÉXICO E~ LOS DIAS QUE PRECEDEN Á LA NAVIDAD,

ginum, á lo que el coro contestaba con el repetido:
Ora pro nobis, Ora pro nobis.
(COSTUMBRES DE LA CIUDAD DE MÉXICO)
Luego, algunos que llevaban bujías de colores para
alumbrar á los peregrinos entraron en el comedor; y
Sentada frente al piano Pleyel, Lola y sus cuatro los otros, los que cargaban con los santos, quedáronse
amigas ensayaban la tarde de un día 18 de diciem- en la pieza contigua para pedir la posada, cantando
bre las letanías de la Virgen Madre.
los siguientes versos frente á la puerta cerrada:
Aquella noche iba á ser la tercera de posadas; le
«Quién les da posada á estos peregrinos
tocaba á Lola, es decir, al coronel, padre de la joven
qúe vienen cansados de andar los caminos.))
morena que se hallaba sentada frente al piano y que
Los del comedor contestaron con otros, negando
se había empeñado en lucirse en el canto. Las dos
primeras noches las posadas fueron de muchachos, y la posada; pero á instancias de los primeros, los sesolamente los niños y niñas, hjjos del coronel dieron gundos ceden, se abre la puerta, se vitorea á los sanlucimiento á la posada. Las dos noches anteriores tos peregrinos y se les coloca en su altar. Después
los muchachos habían cantado el Sancta María y el los muchachos se fueron vendando los ojos uno á uno
Virgo Virginum, llevando en procesión tres escultu · hasta que el más afortunado rompió la piñata, y toras en cera, defectuosas y pequeñas, que representa- dos en grupo se arrojaron al suelo á recoger las fruban al patriarca castísirno vestido con túnica verde y tas que caían del cántaro. Por último repartiéronse
amarilla capa, á su santa esposa sentada sobre un as- entre los invitados los cestitos de papel con confites,
no y á un ángel que lo conducía. Aquel grupo en ce- y á las diez todos dormían en la casa del coronel.
Así como la primera fué también la segunda nora lo compraron los hermanos menores de la primogénita del coronel el 16 de diciembre por la tarde, che; pero á la tercera, Lola, entusiasmada, se encarga
en una de tantas barracas como se levantan todos los de dar mayor brillo á las posadas. Como ella era la
años en los días que preceden al de Navidad en de- hija primogénita y casi la madre de aquella familia,
rredor de la plaza principal de la ciudad de México. pues el coronel había enviudado desde hacía largo
En una de esas barracas, formadas con madera y lo- tiempo, era su consentida, y fácilmente obtuvo de su
na muy blanca, se compraron también las ramas fres- padre que hubiese baile desde esa tercera noche, ó
cas de ciprés y el heno para adornar el altar que ser- lo que es lo mismo, que las posadas fuesen formales,
virá á los santos peregrinos durante los nueve días de para lo cual vendrían todas sus amigas. Por eso la
posadas, así corno los confitillos para llenar los dimi- tarde del 18 de diciembre ensayaba frente al piano
nutos cestos de papel con que el dueño de la casa las letanías de María Santísima. Sobre la mesa del
comedor había botellas de coñac, jerez y charnpagne
obsequiara á los invitados.
Además de los confitillos, los cestos de papel, los de la Viuda, una lata de te para los ponches y trescacahuates y los texocotes, los muchachos compraron cientos pasteles encargados á una pastelería francesa.
Cuando se levantaron de frente al piano, Lola prola piñata, que consistía en un cántaro cubierto con
papel de colores y figurando una bruja montada so- puso á sus amigas ir á la plaza principal para combre una escoba. Con las frutas llenóse la piñata, y prar la colación, esto es, los cacahuates, los texocotes y
antes de las siete de la noche los hermanos de Lola los confitillos, que se repartirían después de la posacolgaron el cántaro-bruja en la entrada del comedor, da. El amarillento sol de diciembre había desaparey se comenzó la posada con el rezo del rosario, cido bajo la línea de montañas que circunda el valle
al terminar el cual, los muchachos de la casa y los mexicano, y el cielo transparente del invierno en las
invitados recorrieron los corredores y el interior de zonas templadas comenzaba á obscurecerse ya, cuanla morada del coronel, llevando en andas á los pere- do la joven morena y sus amigas llegaron á la plaza
grinos y cantando: Sancta María, Santa Virgo Vir- Mayor. Los argentados fulgores de los focos eléctriPOSADAS Y NAVIDAD

dibujo de L. Izaguirre

cos y las lámparas amarillentas de las barracas alumbraban el gozo de aquella multitud compacta y complexa que se paseaba por entre los puestos de frutas y
juguetes. Los vendedores voceaban á gritos su mercancía; en las barracas se distinguía la colación formando pirámides blancas y rosadas; en el suelo había
también pirámides de naranjas, texocotes y otras frutas de la estación, y frente á esas pirámides, fogatas
de madera resinosa ... La tercera noche de posadas
se rezó y cantó rápidamente, y rápidamente también
se pidió la posada; pero en cambio desde las diez de
la noche hasta la una de la madrugada se bailó con
entusiasmo.
Al despedirse los invitados, se repartieron entre
ellos los gastos de las seis noches restantes; cada
amigo se hizo cargo de una, y se convino en que la
Nochebuena le tocara al coronel y que se bailara hasta el amanecer.
Ya desde la cuarta noche, casi todas las muchachas tenían su oso, es decir, su galán que las cortejaba, y durante el vértigo de los valses, en el balanceamiento de los schotisch ó en el voluptuoso descanso
de las danzas, ellos se inclinaban á los oídos de ellas,
que se sonrojaban ó sonreían.
Llegó el 24 de diciembre, y desde por la tarde
Lola estuvo disponiendo los mariscos y la ensalada
para la cena de media noche. Antes del obscurecer,
ella, sus hermanos y sus sirvientas salieron á comprar las piiíatas y la colación. Aquella tarde la plaza
principal de México con sus puestos y su inmenso
gentío exhalaba alegría extrema.
Dos horas antes de media noche, la campana mayor de la iglesia catedral y las de muchos templos
llamaban á Misa del Gallo; por las calles, innumerables grupos de trasnochadores bebían y cantaban
al son de sus guitarras; en derredor de la plaza mayor seguía el bullicio atronador de compradores y de
vendimieros.
Entretanto en la casa del coronel terminába11se
los preparativos para la cena y para el nacimiento.
En el fondo del salón habían colocado los muchachos una mesa, y con cajas de cartón formaron una
gradería que cubrieron de heno: allí iba á estar el

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

N úMERO

625

- El señor alcalde - dice un mozo - ha recibido
lo que brota del corazón, que está más hondo de lo
un cajón de bizcochos de Calatayud,· y dice que todo
que parece.
será para nosotros.
- ¿Todo? ¿Hasta las tablas?
Me alejo, pues, de la orilla del Ebro en la seguri·
- Hasta las tablas pa quemarlas en la hoguera de
dad de que en cualquiera de los confines de las tres
provincias aragonesas hallaremos una NaYidad que Noche Giiena.
- ¿Y qué más ha traído el ordinario de Zaragoza?
nos desquite al lector y á mí de las molestias del viaje.
- ¡Qué más!, ¡qué más! Pa los ricachos de la plaza
Podrá ser en el somontano de Huesca, ó bien faldas
arriba del Pirineo, en algún pueblecillo de los que vi- ha traído tres cajones de higos de Fraga, que me
gilan la marcha tortuosa y flamígera del Gállego y del río yo.
- Y esos, ¿nos los comeremos ú qué?
Aragón, los astutos ríos que nacidos en la monta.fia
- Pues, ¿qué ha de hacer? Masiau que me entero
evitan bajar en línea recta para no despeñarse y trazan mil revueltas, espirales y rúbricas, llevando un yo dónde tienen laminerías, y dónde no las tienerl, pa
camino más seguro, aun á trueque de hacerlo más que aquella noche vayamos donde haiga y tomemos
largo. Podrá ser que nos internemos en la sierra de el camino que más nos cumpla.
Y en efecto, el día 24 apenas empieza á caer la
Albarracín ó en cualquier otro abrupto paisaje turolense donde las avaras rocas guardan vírgenes rique- tarde se reune toda la matraquería con mucha gana
zas mineras, aún no explotadas ni visitadas siquiera de comer y con mucho hueco en la faja para guarpor el ferrocarril; acaso tomando el Moncayo por fa. darle cosas á la parienta ó al cortejo. Requieren las
ro de nuestro viaje, me marche con el lector hacia vihuelas, las guitarras y los requintos; se embozan en
Cinco Villas, ó bien recordando los jugosos melocoto- las mantas, cuya inútil capucha forma un pico allá
nes encaminemos nuestros pasos por la ribera del cerca del suelo, y en un santiamén salen á la calle y
Jalón, de ese río mal genio como todos los chiquiti- «encienden vivas» á las guitarras, como ellos dicen.
En todas las casas ricas aguardan la invasión y tienes, tan pronto imperceptible como un hilo, tan pronto inmenso como una sábana de tres telas. El sitio es nen las colaciones preparadas; la sopa de ajo muy
lo de menos; romero más ó menos en el fogón, ma- hervida y con mucho huevo; el blanco y ternfsimo
yor ó menor holgura en los calzones, el hogar arago- cardo, que es la verdura de Navidad, como la espinaca
nés siempre es el mismo, ya esté en la raya de Fran- es verdura de la Cuaresma; las botellas de licor en
cia, ya en los límites de Castcllón, ya en los confines cuyo vientre flota el anís en rama; las frutas secas dide Soria, ya en las cercanías de Sigüenza. En todos seminadas á granel por mesas y bancos, y como cennos recibirán con la guitarra tañida con más ó me- tinelas del banquete los rechonchos botos apoyados
nos brío, en todos beberemos la copa de aguardiente en la pared, porque el vino sin duda no les permite
con guindas ó el vino seco negro y espeso como san- mantenerse derechos.
ALBERTO LEDUCH
De casa en casa y de colación en colación recogre enferma, en todos tendremos el plato de los
pastores de Navidad, las migas muy aceitosas, muy rren los mozos todas las calles del pueblo y todas las
pellizcadas y muy relucientes, porque en Aragón no fases de la alegría. En el hogar de algún ricacho no
NOCHEBUENA BATURRA
se comprende á los pastores de Belén más que co- deja de encontrarse el nacimiento, fabricado á costa
miendo migas; y para algo se ahorra el aceite del de mucha paciencia, de no poco papel de estraza y de
Así como en los rebordes de la tartera se encuen- candil y se sustituye la luz mortecina de la pringosa más engrudo que paciencia y papel de estraza. Está
tra solidificado en amarillenta membrana todo lo mecha de algodón por la astilla resinosa que arde colocado sobre una mesa de aplanchar y en el fondo
más substancioso del caldo y en la pared interior de con vivísimos resplandores llorando lágrimas pegajo- de una alcoba que sirve de escenario. Se ven muchas
un vaso de leche se halla lo más nutritivo, sólido y sas y por el incendio de los bojes que al chamuscarse montañas, riscos y picachos como cumple á la topocondensado de la nata, cuando se trata de usos po- bajo la gran campana llenan la cocina de chispas bu- grafía popular de los santos lugares; el nacimiento es
pulares y de costumbres típicas de una región, ha- lliciosas, de toda una magia de luces, de alegre y con- de suyo cosa intrincada, laberíntica y de no pocos
bréis de buscarlos en su periferia, en las paredes de tinuo castañeteo producido por el estallar de las fuer- alti-bajos. El portal de Belén, un portal aislado por
donde no se entra á parte alguna, cobija al Niño
la provincia, en los rebordes del partido, en esos tes y menudas hojas.
pueblecillos obscuros y apartados, en los cuales por
Dios, á la Virgen y á San José, sin olvidará la mula
carecerse de medios de comunicación, todavía se coEl encebado de los pavos y de los capones. la fa- y al buey consabidos. Más lejos comen migas unos
me, se bebe, se viste y se calza como hace cien años, bricación casera del turrón y las faenas de la recolec- pastores, vigilados desde lo alto por. un ángel .que va
al revés de las grandes capitales, donde á la continua ción de oliva anuncian las fiestas de Navidad, casi á caerse en medio de la cazuela; los Reyes Magos base siente la influencia de la corte, como la corte á su tanto como el bloque del calendario americano que jan con sus camellos por puntiagudos riscos, difíciles
vez se nota influfda por las modas y corrientes del colgado en la pared va perdiendo sus últimas hojas de atravesar hasta para las cabras; arriba y abajo co«cerebro del mundo.»
y los rigores de la estación con sus crudfsimas madru- rren fuentes que ya no pueden ser más cristalinas
Yo, el más zaragozica de los zaragozanos, el deste- gadas que llenan de rosadas el campo y espolvorean porque no les falta ni el azogue; pastoras, soldados,
rrado que con más nostalgia piensa en la capilla de los árboles de blancos y poco durables dorondones. campesinos y otros actores que no hablan se dirigen
la Virgen, en las ondas del Ebro y hasta en las ven¡Cuán divertida para los chicos la hora de la comi- hacia el portal llevando á cuestas corderillos, gallos
toleras de la .Afuy Benéfica, me guardaré muy bien, da de los pavos! Además de la suculenta pastura, del y bultos sospechosos; y presidiendo esta general motratándose de pintar costumbres típicas y regionales, panizo y de todos los despojos de la cocina, se les vilización de toda la Judea, la estrella de talco, la imde llamar en mi auxilio á las dos ó tres musas que hace tra,gar nueces enteras abriéndoles con trabajo el prescindible estrella que con su opacidad forzosa y
podrían ayudarme desde las orillas del Ebro, ni de pico y pasándoselas á fuerza de dedos por el gargan- su rabo larguísimo, más que estrella gloriosa de Besacar á colación el Coso ni la calle de Predicadores. chón; cuando tienen repleto el buche se les emborra- lén parece un cometa de mala sombra.
No; en Zaragoza no hay calzones cortos ni cache- cha con ron para que tengan la carne blanda, y enrulos pintarrajeados ni fajas moradas, cuyas múlti- tonces es cosa de verles con la cresta y el moco pleYa han recreado su vista los rondadores, ya se han
ples vueltas hacen vientre empreñado del vientre más tóricos de sangre, enarcando el lomo hasta tomar puesto de turrón «hasta tocárselo con el dedo,» covaronil; allí se ha perdido la indumentaria aragonesa su cuerpo forma esférica, haciendo la rueda con el mo dicen allá, y ya la trabajosa lengua no acierta á
y elfolk-lore regional; sólo queda el corazón muy gran- obscuro abanico de su cola y lanzando ese zumbido repetir las coplas, ni los dedos temblones pueden hede, muy hermoso y muy guardado para no usarlo sólo comparable á la escapada general de una banda- rir h destemplada ;_:&gt;rima del guitarro.
más que cuando hace falta; la altivez de la raza, aque- da de gorriones.
Las campanas de la iglesia voltean llamando á los
lla altivez de nuestros abuelos que apoyándose en la
Desde el corral donde comen y se atracan los pa- fieles; se aproxima la hora de la Misa del Gallo; el
Firma, en la Jl,fanifestación y en el Justiciazgo se opo- vos, entra la chiquillería en la cocina. Allá sobre las Niño Jesús se yergue sobre el altar mayor, rodeado
nían á los reyes, cuando los reyes no respetaban tra- gigantescas estrévedes fijas en el rescoldo y en la brasa de brillante aureola, y las flautas del órgano preludian
ba ni cortapisa alguna; el valor heroico y silencioso de los tizones se alza el caldero monumental, sólo la misa de los pajaritos, mientras el turíbulo lleno de
de los sitios, del cinco de marzo, de la epidemia co- empleado para calentar el agua de la colada y para incienso inunda las naves de perfumadas nubecillas.
lérica; valor este último que movió al gobierno á cocer la pasta del mondongo. Ahora aparece lleno de
La gente rica tiene su puesto en el presbiterio; los
premiar en masa á todo Zaragoza colgando del escu- mieles, de piñones y de almendras que cuajan poco pobres se codean y empujan en todos los ámbitos del
do municipal la gran cruz de Beneficencia, honrosa á poco hasta formar, según el grado de cocción y la templo; los chiquillos hacen sonar sus botijitos llenos
y leve carga, que por honrosa y leve aguanta tan só- calidad de las materias primeras, lo mismo el sucu- de agua imitando el piar de los gorriones; todo es
lo el león rampante de nuestro escudo. Y como ex- lento mazapán que nada tiene que envidiar al de To- alegría, júbilo y contento en la casa del Señor, mienpresión del alma recatada y pudorosa, también que- ledo, que el sabroso turrón de tabla que hace cogerá tras afuera todo es obscuridad, ventisca y frío.
da allí el acento aragonés profundo, bajo, cavernoso los chicos su primer dolor de muelas y hace perder
como el vibrar de los bordones en nuestras guitarras, á los viejos el último colmillo de sus encías.
Nacido el Niño Dios, la iglesia se va quedando
brusco y duro porque no se amolda ni se tuerce, lleEn el campo, mientras se sacude á los olivos con sola, las calles desiertas y el pueblo tranquilo; retfno de aristas¡ pero ¡bah! sin tantas aristas, esquinas largas varas y se llega á las ramas últimas, gracias á la ranse los mozos á empezar sobre el lecho la difícil
y puntas, ¿deslumbraría tanto el brillante? Además elevada máquina del camajuste, el pueblo entero pre- digestión de tanto comistrajo; duérmense los niños
que el habla aragonesa, si en el hombre parece tos- para las rondas, las canciones, las demandas, los ob- empuñando aún el silbato ó la pandereta, y los priquedad, en la mujer es yema del corazón y hondo sequios de Navidad. No hay sufragio universal ni re- meros albores del día dejan ver sobre la espadaña,
quejido del alma; jamás los tonos atiplados ni los presentación del pueblo tan auténtica y completa co- sobre el tejado, sobre los arbotantes y contrafuertes
acentos melifluos expresarán las grandes pasiones; mo esa complejísima reunión de la gente baja al pie de la iglesia del pueblo, sábanas blanquísimas de nienunca el clarinete ni el violín darán las notas huma- de los troncos retorcidos y polvorientos del olivar. ve, encajes helados que se dejan caer en hebras estanas y sentidas del violoncello y del oboe; en momen- Hombres y mujeres, niños y ancianos, todo el mundo lácticas, albos perfiles que matan la dureza de los estos supremos de ansiedad como en momentos supre- acude á la recolección; la bandada popular cae sobre quinazos, por todo el edificio.blancura de ropa nueva
mos de dicha, no se buscan halagos del oído, sino las olivas como antes cayeron las bandadas de tordos. y calados níveos de mantillas jamás soñadas, toda la
consuelos que bajen hasta el alma, y sólo el acento
De noche se arreglan las guitarras, se confeccionan canastilla del niño recién nacido que los ángeles volde la mujer aragonesa con sus palabras prolongadas las zambombas atando con liza un pergamino á la caron sin duda sobre los tejadillos del humilde temy sus sonidos finales inacabables tiene el grueso es- boca del puchero, se discurren las cantas de jota y se plo cristiano.
pesor, la seriedad hermosa, la hondura insondable de habla de los obsequios que prepara la gente rica.
Luis Rorn V1LLANOVA

11ari111ie11to, exhalando aroma de ramas frescas y de
musgo, ostentando en la grada más alta un portal de
cartón, bajo el que se hallarían arrodillados los padres excelsos del Niño Redentor. A las once y media
se sirvió la cena y con ella la tradicional ensalada
teñida de rojo con el zumo de la remolacha. Cuando
sonó la media noche se arrulló al Niño Dios y se le
colocó en el 11ari111iento.
A la una de la madrugada comenzó el baile. Lolita y su oso, lo mismo que sus amigas y sus galanes,
se tuteaban ya, y se citaban para el baile de compadres el próximo 6 de enero, baile en el cual la suerte
designará por compadres á aquellos mismos que habían formado parejas amorosas durante las posadas.
Cuando llegó la luz de Navidad, ellos, abrigados
hasta el cuello, ofrecieron sus brazos á ellas, que escondían sus interesantes cabecitas entre la nutria de
los mantones y pelerinas; los hombres estaban soñolientos, pálidos; las jóvenes, con las mejillas coloreadas por la fatiga del baile y las brillantes pupilas hundidas entre sombras negruzcas, salieron apoyadas en
los brazos de sus acompañantes para seguir después
su peregrinación en la vida, quizá muy larga, quizá
cortísima.
Y mientras los grupos de jóvenes de ambos sexos
se alejaban de la casa del.coronel, el tardío sol amarillento de diciembre comenzaba á lanzar perezosamente sus resplandores desde el espléndido y eterno
azul del cielo mexicano... , ¡eterno, sí!, porque hasta
en los días más crudos del invierno la ciudad de
México conserva visible su colosal cinturón de montañas azules y su esplendente firmamento azul también.

¡,A NOCHEBUENA EN ARAGON, dibujo de Vicente Cuta.nda., graba.do por Sa.durni

�LA

NúMERO

ILUSTRACIÓN ART1STICA

625

NÚMERO

625

LA

I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

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...

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LA ZAMACURCA

LA NOCHEBUENA EN CHILE
AYER Y HOY

«Estamos á 24 de diciembre. Toda la ciudad de
Santiago se encuentra en movimiento.
»El señorío hace sus preparativos; se come más
temprano, y las muchachas han permanecido sin vestirse ni lavarse hasta las cuatro de la tarde. Muchas
de ellas, en papillotes y desceñidas las batas, atraviesan de carrera los patios y corredores de las casas
para evitar alguna mirada furtiva que pueda hallarlas
menos comme il faut que de costumbre.
»El medio pelo está más animado, más gozoso; se
han hecho grandes aprestos para la trasnochada.
»Las hijas han pedido vestidos nuevos á sus madres,
y éstas han sacado los cortes al fiado, obligándose á
dar un tanto todos los meses. Por de contado, una
semana antes de que Cristo venga al mundo, no hay
una pollita de esas de calle atravesada ó de casita
chica que no haya trabajado cosiendo ó bordando
hasta el amanecer.
»La gracia, dicen las madres de estas palomitas,
está en que las niñas puedan lucir sus vestidos nuevos en la Cañada (Alameda) y que nosotras podamos
también sacar algo que nadie nos haya visto.
»Son las ocho de la noche.
»La Cañada presenta el alegre aspecto de una inmensa feria.
&gt;&gt;En una extensión de por lo menos tres millas, limitada al Oriente por el convento del Carmen alto y
al Poniente por la estación de los ferrocarriles, bulle
una compacta muchedumbre, compuesta de todas las
clases y jerarquías sociales. En las dos calles laterales de este grandioso paseo se extiende una cintura
de puestos, ventas, ventorrillos y ramadas, que harían
creer al curioso que toda una población ahuyentada
de sus hogares por algún terremoto ú otra parecida
calamidad, había escogido aquel sitio como lugar
preferente para sus tiendas.
»En cada puesto ondea al viento una bandera: el tri·
color nacional está obligado á proteger siempre el ar·
pa y la vihuela en dondequiera que hagan resonar
sus ar□onías. Viandas de todo género, licores, frutas,
empanadas, dulces, flores, ramitos de albahaca, olli·
tas de las monjas, horchata con malicia (aguardiente),
juguetes y cuanto inventó la gula chilena de más
apetitoso para los blindados estómagos del pueblo
soberano, forman la nomenclatura del comercio de
Nochebuena.
»Una población de quince á veinte mil almas flota
á su alrededor, zumbando, como las abejas en enjam-

(de una fotografia remitida por D. Benito Garcla Valdivie~o, de Valparalso)

bre, en torno de ese lecho de dudoso perfume en
que cada sentido tiene su representante y cada vicio
su expresión elocuente.
«¡Sandillas güenas, fresquitas las sandillas!» - «¡A
lorchat bien helaa!» - «¡Que se acaban lás empanaí·
tas, calientitas, de durce y con pasas!» - «¡Al durce,
al durce!,» gritan á voz en cuello los vendedores.
- »¡Ay, hijita!, dice á su hija una rolliza mamá de
pañuelo amarillo, y con un barniz de crema en la cara que la hace parecer un mascarón de proa; coma·
mos una sandillita, porque estoy que ya reviento de
ganas de dar gracias á Dios con una buena rebanaa.
»Una oleada de gente, oleada de pueblo soberano,
que despide el olor nauseabundo propio de las muchedumbres y lanza los gritos de esa hidra de cien
cabezas llamada alegría popular, nos separa de la matrona untada de crema.
»Acerquémonos á las ramadas, vulgo chinganas,
donde se oye el animado tamboreo acompañando á
la vihuela y al arpa.
»A su alrededor aumentan los gritos: «¡Ponch en
leche bien helao!» - «¡Calientito el chocolate, niñas!»
- «¡Que se acaban los duraznos, mi arma!» Una vieja con un par de muchachas del medio pelo colgadas
de la pretina y seguida de otros tantos míticos (cursi),
pasa en ese momento cerca de nosntros pechando
con el empuje de un toro, y entra en una ramada
donde zapatea una pareja enardecida con los cantos
voluptuosos y atronadores de la zamacueca.
»Al entrar en la ramada, los dos siúticos corren á
ofrecer ponche en leche á las chiquillas, y éstas, sin
hacerse mucho de rogar, beben en un enorme vaso
llamado potril/o, que por lo menos cincuenta habían
llevado ya á la boca.
»Apenas concluyen los danzantes, toma uno de los
siúticos de la mano á la mejor parecida de las niñas,
y se coloca á su frente en el centro de la cancha, con
pañuelo empuñado. A los pocos segundos principia
la zamacueca con un coro de palmoteos, risotadas,
gritos y tamboreos.
»Al llegar al tondondoré, la concurrencia no puede
permanecer en sus asientos. Todos de pie, unos con la
mano sobre la cadera, otros con un vaso de ponche
y haciendo guaraguns, parecen querer lanzarse sobre
la niña y quitársela al futre, el cual escobillando y za•
pateando con una agilidad asombrosa, defiende á su
compañera haciéndola la rueda con hartas guaras.
«¡Arrúgala, negro!» - &lt;&lt;¡Cómetela, diablo!» - &lt;&lt;¡Estrújala, hijito!,» aullan los mirones que forman un
grupo compacto á la entrada de la ramada, y la niña
y el mozo aleonados con los gritos, se arrugan,· se estrujan y se hacen l111incha, hasta que por fin, hincan-

do el;utre la rodilla en tierra, cae exclamando: «¡Ay
juna, de cinco tres!,» con lo que se repite el otro pie,
continuando hasta el amanecer el zapateo, las tonadas, los vivas, el licor y las pechas de los que entran
á renovar las hazañas de sus antecesores.
»Tal es la Nochebuena y tal la zamacueca, bailada
por la gente de baja clase. Este baile, gracioso de
por sí cuando es ejecutado con moderación, degenera en una torpe payasada cuando los danzantes pertenecen á la última clase del pueblo y los anima más
de lo necesario la chicha y el ponche.
»La zamacueca reune al encanto de sus giros la
gracia más refinada en las ondulaciones del cuerpo
y el manejo del pañuelo. Este es el baile de que, sin
duda, puede sacar más partido un cuerpo airoso, y como la chilena lo tiene, y mucho, resulta que la zama·
cueca es la danza que más entusiasma á los extranjeros que lo ven por vez primera, acostumbrados como
están, en sus respectivos países, á ver bailar por el
pueblo los mismos estirados bailes de los salones.»
Esto era hasta ayer la N ochebuena en Santiago, según nos la describe D. Recaredo Tornero en el art(·
culo que dejamos transcrito, y que corre inserto en
el Chile Ilustrado.
Hoy esta fiesta ha perdido notablemente en animación y entusiasmo. Los palacios que pueblan en toda
su extensión la Alameda de Santiago, hacen ya imposible el establecimiento de aquellas ramadas en que se
bailaba tan ruidosamente la popular zamacueca. Las
ventas de refrescos y dijes de Navidad y el tradicional embanderamiento del gran paseo santiagués es lo
único que nos queda de aquellos tiempos.
Una parte, no muy numerosa, de la alta sociedad
acude aquella noche á pasear algunos instantes por
la Alameda. A las diez de la noche ya todas esas familias se han retirado, y desde esa hora hasta el amanecer la suntuosa avenida es frecuentada únicamente por el medio pelo, la clase baja y algunos trasnochadores enamoradizos, que prefieren las Venus pedestres que por ella pululan, á las discretas y recata·
das señoritas de los salones.
En las habitaciones de la buena sociedad la velada no se prolonga más allá de la media noche. Por
el contrario, la clase media rara vez apaga las luces
de las suyas antes de que la claridad del alba las haga innecesarias.
La beata y demás gente de iglesia celebra también
esa noche concurriendo á la clásica Misa del Gallo,
que á las doce se celebra en casi todos los templos.
Esto es todo lo que nos queda de aquella en otro
tiempo tan celebrada Nochebuena. -NADIE.

LA NOCHEBUENA EN EL CAMPAMENTO
(Ilustraciones del malogrado Julio Gros)

- De cuantas noches he_ pasado en los, cam_Pamentos, dijo sentenciosamente el capitán Unceta, estas fueron siempre las. mas tristes. Y cuenta, añadió después de ligera
p~usa, que algunas celebré en operac10nes, ~percibida el arma y poco distante el enemigo; mas con ser todas ellas poco gratas, ninguna tan melancólica como la presente.
Vea usted los rostros de esos muchachos. Ni un canto ni un bailoteo ni una mala
borrachera; la e~fermería está que rebosa, el servicio ¡bruma á los útiles, y al paso
que vamos, te~uéndome esto~ que los Reyes Magos van á encontrarnos metidos en
la barraca. ¡Valiente noche, alferez Campuzano!
- ¡Paciencia, mucha pacien_cia, _mi capitán!, contestó un alferecillo delgadito y enteco que! env~el~? en ,holgadís1mo impermeable, escuchaba las palabras de su inmediato supenor. $1 d1Jera a usted que estoy en mejor disposición de ánimo faltaría á la
verdad. El recuerdo de lo que dejé allá en la península me trae de mal humor. La
po,ca_co~fianza que tengo en esa propuesta me pone nervioso. Cada día me parece
mas mc1t!rta la esperanza de que esta guerra de Cuba acabe en bien, si es que acaba ó
no concluyen con nosotros las balas ó las enfermedades.
- Esto es lo menos malo que puede acontecernos. Cuando se ve un día y otro día
f~ente ~ frente muerte, concluye uno por familiarizarse con ella. Y ¡qué cara tan pésima tiene la... (y lo soltó redondo). ¿Se acuerda usted del sargento que enterramos
ayer? ¡Pobre muchacho! El no creía morirse, mejor dicho él no auería· pero en
cuanto vió llegar al pater... , vaya, vale más no acordarse; el r~stro de' aqu~l hombre
se me quedó grab~do en el alma. Y es lo que digo yo: venga enhorabuena la baja,
pero venga en~olviendo una bala, que así es como deben morir los soldados; porque
esperarla tendido en un camastro ó en una hamaca, contar los minutos que nos faltan
ó q~e nos sobran ... , vamos, que eso es muy duro y que yo no me conformo; quiero
d_ec1r en suma, que me suble~o y que me llevan los mil demonios. Pues ... otra parecida nos esp~ra con ese desdtcha?o de la 4.", que está ya si las lía ó no las lía. Ya
uste sabe quién; véalo y dígame s1 la cosa es para gastarlas muy alegres. ¡ Camarada,
vaya una noche!
- ¿Se refiere usted al carlista deportado?
- Al _mismo; y por cierto que me causó gran conmiseración saber que ese infeliz
fué teniente ~n las filas de D. Carlos. Bien se ve, por el respeto que le tienen los de
su procedencia, que es persona de calidad y que ha ejercido mando entre ellos. Así
me l? as~guró ~ías pasados. un soldadito de la compañia, y esta es otra razón para que
me inspire lástima. ¡Qué diablos! Esas son opiniones y gustos de los hombres... ¿No
es verdad, mi alférez?
- Pues que Dios le conceda lo que mejor le convenga, contestó Campuzano, y á
nosotros la propuesta aprobada y algunos tarritos de Ginebra para ir tirando como se
pueda. Por de pronto voy á llamará Sánchez para que nos prepare algo con que cele-

iª

...

.Y soñando en esll1s eosas el ex teniente deapert6 tendido en el lecho del dolor,
envuelto en la semiobscuridad de la misérrima estancia

�LA

NúMERO 625

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

r-· :

'

ta doce, entre ellos Larramendi, el ex teniente de
D. Carlos. Todos ellos son
mocetones altos y de buena
musculatura, aunque demacrados y enflaquecidos por
distintas enfermedades. El
pasaje de los más por aquella barraca suele ser corto.
Larramendi tiene marcado
el vencimiento de una letra
girada á muy corto plazo son frases del doctor; - pero
el desdichado vive con el
espíritu muy lejos de aquel
mísero rincón. El ángel del
sueño se adelantó al ángel
de la muerte. Y el ex teniente alienta con el pensamiento puesto en otra noche de
alegre recordación.
Fué allá en el Norte; fué
en una No che buena no

LA ILUSTRACIÓN

833

ARTÍSTICA

aquella hora de soledad y de tristezas, en aquellos
momentos de aislamiento, al evocar este recuerdo
terrible congoja apoderábase de su espíritu.
'
Una violenta sacudida le despertó. A su lado estaba el capitán Unceta.
- ¡Arriba, muchacho! ¿Qué diablo está usted hablando de la patria? La patria está aquí, donde estamos nosotros, donde está la bandera. Por ella combatimos y morimos. Y ¿hay algo más hermoso? Y ¿cree
usted que pueden olvidarnos jamás los que quedaron
alla en España? Pues mire, aunque así fuese, valdría lo
mismo, porque aquí no queda otro recurso que luchar, que _combatirá la desesperada; y la lucha, el
combate, siempre engrandecen al hombre. Conque
¡pecho al agua! Qujero decir que apure usted esta
medicina y... ¡a la salud de la novia, si es que alguna
dejó usted por allá!
Los ojos del enfermo brillaron con los más vivos
fulgores, como si en ellos se hubiesen concentrado
todas las energías de aquel pobre cuerpo· pero éste
no hizo movimiento alguno.
'
Tocólo el capitan y echó de ver en él una frialdad
marmórea; examinólo el doctor y se limitó á decir:
- Más necesi~do está del pater que del médico ...
Que llamen al primero cuanto antes. Vive todavía,
pero ya perdió sus facultades. Cosa de minutos.
Y así era en efecto; el alma había emprendido ya
el viaje á través del Océano del infinito, mientras en
el cue,rpo luchaban aún l~s ~!timas energías vitales.
El angel de la muerte s1gmó al ángel del sueño.

brar esta santa noche, y por ahora
dése usted un latigazo del tinto
para ir haciendo boca... ¡Ea! ¡A la
salud de usted, mi capitán!
- Pues á la de usted y por muchas Navidades, mi alférez.

•

NúMERO 625

¡Quién pudiera pintar las bellezas de la noche cubana!.. Y era
aquella una de las más hermosas
que contemplaron humanos ojos.
La manigua poblada de rumores,
el ambiente lleno de armonías, el
firmamento cuajádo de estrellas,
el aire impregnado de perfumes;
¡No se lo &lt;leda á usted, mi querido alférez!
luz melancólica en los espacios,
obscuridad en la tierra; la misteriosa labor de la vida continuada en la sombra; el him- tan triste ni tan silenciosa como esta, aunque pasada
no eterno del amor subiendo constante á los cielos... sobre el duro suelo; mas ¡ay! que aquel suelo era el
Nadie diría que en la espesura se hallaran en vela muy querido de la madre patria. Ardían alegres las
centenares de hombres, acurrucados unos entre las hogueras y en torno de ellas cantaban y reían los solmatas, de pie otros junto á las barracas del campa- dados, corría la bota y pasaba de mano en mano la camento. Ni los delata el quién vive de los centinelas ni labaza. «¡Ea, muchachos, esta es la última!, gritaban
los denuncian los fuegos del vivac. Ni un canto, ni los oficiales de D. Carlos. El año que viene, el rey en
la señal mas insignificante de vida. Es la consigna, Madrid y vosotros en casa. Buen ánimo, que la cauconsigna que también se cumple en aquella noche sa es justa y Dios nos ampara ... &gt;&gt; Y los soldados enque el mundo cristiano celebra con alegría ruidosa tusiasmados vitoreaban á sus jefes, y el alegre cony que trae á la mente los recuerdos más placenteros. cierto de gritos y canturías subía á los cielos entre el
Pero sobre el campamento pesa un manto de tris- humo de las hogueras. Las penas, ¡al saco con ellas!
teza. La fiebre, el escorbuto, la disentería han causa- La vida ... ¡el Corazón de Jesús la protegerá! Los pado muchas bajas; y los que todavía alientan, después dres y los hijos, ¡no los abandonara el rey! Otra acode larguísimas jornadas hechas hajo los rayos de un metida y el ejército real cruzaría el Ebro y avanzaría
sol abrasador, cruzando ciénagas y arroyos, sabanas hasta Madrid, llevando por delante a los liberales en
y manigua, mustios y cabizbajos no parecen acordar- completa derrota ... Luego...
Y soñando en estas cosas el ex teniente despertó
se de que, según reza el cantar, aquélla no es noclze de
dormir. Algunos de estos soldados son nuevos en las tendido en el lecho del dolor, envuelto en la semifatigas de la guerra americana, totalmente distinta de obscuridad de la misérrima estancia.
Sf, esta era la realidad, la triste realidad de una
las peninsulares, porque en ella la lucha ha de sostenerse con igual ó mayor tesón contra el clima que guerra cuyas vicisitudes le habían colocado en el núcontra el enemigo, enemigo éste traidor porque espera mero de los vencidos y de los prisioneros deportados.
en acecho, emboscado, favorecido por el terreno, con- Recordaba confusamente la derrota, aquellas horas
trariedades y azotes a los cuales hay que añadir la falta de lucha en que su batallón defendió á fuego y bade recursos y á veces largos períodos de total aisla- yoneta las alturas de Lumbierri, los camaradas arrebamiento: causas todas que pesan terriblemente en el tados por el remolino de la pelea; luego la posición
ánimo del recién llegado. ¿Cómo extrañar, pues, que envuelta, la compañía prisionera, las tristezas del ven·
el número de enfermos sea en el campamento tan cimiento, los días melancólicos pasados en el &lt;lepó·
crecido, si la columna lleva penosos días de opera- sito, y, por último, la deportación, el alejamiento
ciones con gente nueva y en la zona mas mortífera quizás definitivo de la patria...
¿Morir? Poco le importaba á él esa cosa, si no
de la isla?
Allá están echados sobre los humildes lechos de triunfaba la causa ... Aunque ... sí; le importaba algo
la enfermería los míseros enfermos. La 4.ª tiene has- morir lejos de la patria y lejos de sus amores. Y en

A la luz opaca de la aurora, despertó la gente y
volvió á reinar la vida en el campamento.
- ¡Vaya una noche, camarada!, gritó el alférez Campuzano al encontrarse de manos á boca con su capitán. Esta es la hora en que pensando en si hoy recibiríamos el correo, apenas si he podido conciliar el
sueño. ¡~i por lo menos viniera aprobada la propuesta! Considere usted el caso. Dos cruces rojas, tres
menci?nes honor!ficas, grado y sobregrado... y confiese s1 tengo motivos más que suficientes para impacientarme. Pero... así y todo, vale más no hacerse
il~sione~. ~o, no lo conseguiré. Estoy seguro de que algun env1d1oso df' la Plana Mayor me birla ese empleo.
- Pues ¿creería usted q:ie á mí me ocurre lo propio y que también pasé la madrugada pensando en
el asunto? Le confieso que un desengaño sería cosa
g~a~e, y ere? por lo mismo que para prepararse á rec1b1rlo debiéramos saludar el día con unas ginebritas. Luego tomará usted el parte, á bien que puedo
desde ahora adelantarle una novedad, el fallecimiento de ese muchacho de la 4.ª ¡Pobre Larramendi!
Su agonía será el recuerdo más saliente de esta Nochebuena.
- Dios me los procure mejores de este día, exclamó Campu~ano poniendo los ojos en el cielo. ¡Por
lo menos, s1 la propuesta hubiese cuajado!..
Y con efecto, al promediar el día el cartero del
regimie~to hiz~ entrega al jefe del mismo de un abultado phego, pliego que encerraba la noticia de un
~nje de prisioneros celebrado en la península, en
virtud del ~ual Larramendi y sus camaradas debían
ser ~onduc1dos nuevamente á la patria y al campo
carlista, y que contenía también la no menos sensacional de haberse concedido otra mención lzonoríjica
al capitán Unceta y al alférez Campuzano.
- ¡No se lo decía á usted, mi querido alférez!, exclamó con tono dolorido el capitán. A tal día tal no¡Qu_e le vayan al pobre Larramendi con la noticia. ¡Valientes jugarretas tiene la fortuna!

CAMINO DE LA ,GLESIA

terior á la guerra y el porqué en la actualidad - y no
siendo en los campos del interior - se viva, se edifique, se vista y se eduque en todas las poblaciones de
la isla según la norma europea.
La esclavitud - esa llaga aün sangrienta del buen
tiempo antiguo - era factor importantísimo, pincelada
genérica en todos los cuadros de nuestra vida íntima;
y en fiestas como Noclzebuena y Reyes, la nota dominante en el tono, la figura principal en el lienzo. - La
esclavitud ha desaparecido - ¡loado sea Dios! - y con
ella los rasgos salientes d_e cuasi todas las escenas cubanas, en que el esclavo desempeñaba papel capital y
característico, como podrá apreciarse en el curso de
este ligerísimo artículo.

LA NOCHEBUENA EN CUBA

c?~·

FRA~CISCO BARADO

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¡.l

(1840), dibujo de J. L. rellicer

En todos los países americanos, especialmente en
los de origen latino, conserva la festividad de Nochebuena un sello propio, peculiarísimo, que permite al
escritor de costumbres - por poco observador que
sea - describirla con fidelidad y sin esfuerzo alguno
de imaginación; tan fácilmente como copia el-pintor
la fruta del tiempo ó el plumaje del ave, en sus bodegones y estudios de naturaleza muerta, contando con
la inmutabilidad del color y de la forma, en sus invariables modelos.
Mas para encontrar la típica, la genuina Noclzebuena de Cuba, habría que remontarse á la época
cuasi primitiva de 184 o á 18 50, en que la antigua sociedad cubana poseía hábitos y fisonomía propios:
impónese el seguirla en sus diversas vicisitudes hasta
1872, en que el rigor de la guerra alejó del país á cuasi todas las familias de abolengo criollo y trajo grandes masas de inmigrantes eµropeos, importadores de
diversiones, cantos populares, fiestas religiosas y usos
peculiares á cada región de donde procedían, y que
infiltrándose en el modo de ser local, fueron borrando los caracteres originales de nuestras costumbres,
hasta el punto de que hoy puede asegurarse que ya
no existe en Cuba la Nochebuena cubana.
¿Exageración? - De ninguna manera. - La guerra
de los diez años fué para la metrópoli algo así como
la reconquista del país, y explícase de este modo la
desaparición de todo lo tradicionalmente cubano, an-

del detalle; pero importa al espíritu de este tra bajo
acentuar con insistencia el menú siempre idéntico de
la cena criolla de Navidad, en la cual sucedía rara
vez que_ se introdujese algún postre exótico, y donde
lo comente era que después de los platos de cocina
y antes del café se sirviese a los comensales b1111ue1os
de catibia ó de 111ala11ga, rociados con almíbar ó con
melado de caña.
Los proletarios, las familias pobres, cenaban poco
más ó menos lo mismo; sustituyendo al lujoso pavo
algún par de pollos, y al imposible lechón entero algunos cuartos de asado, adquiridos en las tabernas,
figones y tahonas que especulaban con su venta.
La gente alegre y la del bronce, curiales y covachuelistas, tenorios y pendencieros, quedabanse de
propósito fuera de puertas, y buscaban alguna taberna, figón ó casa desalquilada en los ejidos y barrios
desiertos, y allí, a puerta cerrada, se entregaban al
placer de una cena borrascosa, en cuyo menú resultaban también indispensables los fríjoles negros y la ensalada de lechugas.
Los esclavos cenaban en las cocinas las sobras de
los amos; y los mancebos y dependientes del comercio, en tahonas, ferreterías, campecherias y en toda
otra tienda de cierta importancia, no hadan la comida el día 24 de diciembre. Sus principales y capataces obsequiábanles con una opípara cena, que regularmente traía por consecuencia la aplicación de
calas, purgas, eméticos y otras drogas; plus inesperado
de los tragones y de los ahítos.
En los cuarteles y destacamentos repartíase á la
tropa ~on el ~ancho de la tarde doble ración de pan
y de vmo, y a _los presos en el antiguo Consulado y
en l~s correcc10nes y fortalezas hacíaseles igual obseqmo.
Cuanto á las monjas y frailes, aquello era un diluvio de regalos.
Los fieles católicos habaneros cumplían con celo
el precepto de pagar diezmos y primicias á la iglesia
de Dios, y los pobrecitos frailes y las tristes monjas
no tenían manos ni cuevas ni sótanos bastantes para
rec?ger y guardar lechones cebados, aves, huevos,
aceite, frutas, menestras y hortalizas, que en arrias
sucesivas llegaban á las puertas de los conventos enviadas desde el campo por los devotos pudiente;.

Allá muy lejos - hace medio siglo - la Hahana de
piedra y la Habana viviente eran ciudad y vecindario muy distintos de los de ahora.
Las casas se construían á prueba de bomba, gruesas
y gachas para resistirá los huracanes, y las que tenían
más de un piso - á no ser algún palacio - no alcanzaban en sus balcones mayor altura que la de un
moderno entresuelo. - Se almorzaba á las nueve, se
comía á las tres, se merendaba á las cinco y se cenaba á las ocho. Con tal régimen de vida, ¿se concibe
que nuestros abuelos celebrasen la Nochebuena cenando á la media noche? No por cierto. Al toque de
queda, en las iglesias, y en los cuarteles y prevencicnes, cerrábanse las puertas de la ciudad; recogíanse
los tranquilos ciudadanos, y los parrandistas y trasnochadores (siempre los hubo en todas partes) veíanse obligados á esperar el día en las afueras, sorteando
el paso de las rondas, hasta que eUoque de diana
les permitía volver á intramuros.
Las familias opulentas marchaban al cafetal, al
ingenio ó á la estancia desde el día 8 de diciembre y
regresaban á la capital después de R eyes.
Las de la clase media observaban la vigilia de Navidad cenando á las nueve y esperando en vela los
repiques de la media noche del 8 de diciembre, con
los cuales anuncian todas las parroquias á la vez el
misterio de la Concepción. Rezaban entonces una corona (siete Ave Marías) é íbanse a dormir.
A esa piadosa velada se la llamaba entonces Noclzebuena chiquita.
El 24 de diciembre, los que sin ser ricos gozaban
de algún desahogo de posición, invitaban á sus amis- . No he de pasará describir la antigua cena de los
tades a cenar el clásico lechón tostado, el pavo asado neos, en el cafetal ó en el ingenio, sin anotar el deó relleno, arroz en ?lanco, fríjoles negros, ensalada talle capital de la Nochebuena cubana: la Misa del
de lechugas y rabamtos. Perdóneseme lo minucioso Gallo.

�NúMERO

LA 1tüstkAétÓN ARTÍSTICA
El 8 de diciembre comienzan las misas de Ag1dnaldo, y la Misa del Gallo es la última de aquéllas.
En los pueblos del campo acudían los guajiros con
fotulos y guamos (1 ), y al principio y fin de las misas
de aguinaldo mezclaban el ronco sonido de sus bo-

capaz de degradarse voluntariamente, - nuestra juventud de hoy, repito, se confunde con aquella hez, la
imita, la envalentona y la sobrepuja en groseras audacias, en chistes soeces, en irreverencias salvajes, que
han traído por lógico resultado el que sean ya conta-

milia del amo. Despedíales éste cuando el ruido le
molestaba, y retirados los esclavos en su barracón
continuaba el tango y baile (3) durante el resto del
día y de la noche, después de celebrar su cena, cuyos
elementos se proporcionaban ellos mismos con las
crías y siembras de sus conucos.
Cuanto á los amos, celebraban también la Nochebuena en la casa de vivienda, acompañados á la mesa por el cura 6 el médico del pueblo 6 el c~pitán del
partido, y terminada la cena, bien se organizaba ~na
timba entre los concurrentes mayores de edad, ó bien
salían todos á caballo á visitar las sitierías ó tejares
anexos al ingenio, gozando allí del espectáculo que
también se ha perdido ya en las costumbres cubanas:
el guateque de los guajiros.

***

Tal era el aspecto genuino de la fiesta de Navidad
en la antigua sociedad cubana. Desde el año de 1850
á la fecha ha sufrido distintas modificaciones.
Derribadas las murallas y organizado un buen
cuerpo de policía, permitióse á los negros el pasear
por las calles agrupados en cabildos y al son de sus
tambores y músicas. Prostituyeron esa concesión los
1ia1iigos criollos, que señalaban cada Nochebuena
con riñas y asesinatos. Prohibióse la salida de estos
juegos ó comparsas perturbadoras; pero los iia1iigos
organizaron claves, disfrazando su música, y comparsas de mundeles que burlaban la prohibición gubernativa, porque no llevaban los trajes de aquéllos y
) .
pasaban como rumbas ó mayombes inofensivos. Pero
vino la guerra. En los primeros años se impidió toda
clase de aglomeración de gente; decayó la costumbre
sustituída por otras, y los pocos antiguos moradores
LA FIESTA DE NOCHEBUENA EN EL CAFETAL
que permanecieron en la Habana durante el sangriendibujo de J. L. Pellicer
to período, pudieron observar cómo á los cabildos
africanos sucedió el carro de sidra con gaita y tamboril; cómo se reunían alrededor del pedestal vacío
cinas con el alegre repique de las campanas, los can- das las parroquias que se deciden á celebrar la Misa desde el 68 hasta el 75, en el parque de la Habana,
tos del coro y las salmodias del sacerdote; pero en la del Gallo, temerosos sus jefes de los escándalos y des- multitud regocijada de astures y gallegos entonando
los ixuxtÍs y los cantos de su país, y cómo á la cena
Misa del Gallo, que se efectuaba á la media noche del órdenes que han promovido los jovencitos ...
criolla se mezclaban manjares de todas procedencias
24 de diciembre, unlase a los estruendosos fotutos
nacionales y extranjeras. Así la Nochebuena actual
el canto agudo del gallo, imitado con la voz por los
en
Cuba es ni más ni menos que la de cualquiera
campesinos y repetido con algarabía infernal por
Trasladábase la familia á la finca, estancia, ingenio nación civilizada, con una agravante universal: aquí
cuantos concurrían :í la iglesia y por los gallos auenviamos ya de regalo á los amigos en los alrededoó cafetal en los primeros días de diciembre.
ténticos en los gallineros del caserío.
res de Pascua tarjetas de Christhma, como los ingleLos
amos,
más
para
satisfacer
su
vanidad,
contemSegún me explicaba mi abuelo, diósele tal nombre
á la misa nocturna porque se esperaba á que el gallo plándose señores de tantas vidas esclavas, que para ses y yankees; poissons de Paques, como los franceses;
cantase á media noche, para comenzar á dejar misa acallar los gritos de su conciencia, iban por sí mismos cocas y monas, como los catalanes y mallorquines; toá repartir el aguinaldo á los pobres negros, que reci- rres de huevos, como los belgas .. . En las casas de la
en los campanarios de las iglesias.
Tal costumbre no tomó incremento en la Habana bían á la familia con toda clase de manifestaciones clase media se pone la mesa corno para un banquete,
hasta los años de 48 al 50, época en que bien servi- de júbilo, no sólo por imposición de su ignominia, sino y resulta cursi el plato de fríjoles; en las tertulias de
das de alumbrado público y de serenos las calles de porque, á las veces, el niño 6 la señorita tomaban los ricos se da el beso debajo del muérdago como en
la capital, podían arriesgarse las familias á transitar afecto á algún criollito de la dotación, á tal ó cual la antigua Germanía, y en la moderna metrópoli neopor ellas, mientras que en tiempos anteriores, la da- criada de la casa de vivienda, ó bien el amo era yorquina y hasta en los hogares de los antiguos esma ó el señor que deseaba asistir al templo tenían quien se fijaba en la buena presencia de algún escla- clavos - hoy ciudadanos cultos - se levanta el árbol
que hacerse acompañar de uno 6 más criados provis- vo ágil y robusto, que resultaría un brillante calesero, de Navidad sostenido por un «Noel» intruso, impory esta predilección solía servir corno casualidad re- tado de las manufacturas de Europa, para borrar y
tos de faroles para alumbrar el camino.
En lo antigao era, pues, raro que asistiese á la fies- dentora de los rudos trabajos del ingenio á los escla- hacer desaparecer nuestras tradiciones y costumbres.
¡Ah!.. En Yano buscará el criollo del año 1 894
ta de media noche persona alguna de viso; en cam- vos que venían luego con los amos á la Habana,
algo que le recuerde el aspecto de un zaguán hababio los jóvenes de vida alegre y las mozas de picos cuando éstos abandonaban la finca.
El día de Navidad se repartía á los negros su esqzd- nero en noche de Navidad treinta años atrás. Los
pardos concurrían sin falta á la tumultuosa misa, imitando hasta enronquecer el grito del vigilante centi- fación: un gorro de lana y un sombrero de empleita, amos, de tertulia en el estrado; la mesa, dispuesta en
un chaquetón de barragán, una frazada, una camisa la saleta del fondo esperando la hora de la cena; y
nela del gallinero.
Terminada la misa salfan en parrandas y cantando y un pantalón de rusia ó ca1iamazo á los varones. los· criados, agrupados en la puerta de la calle escuboleros, pasacalles y canciones, acompañados por al- La frazada y chaquetón, un pañuelo de bayajá y otro chando distraídos los ecos de la sala, y puestas sus
gún diestro y mimado tocador de guitarra; mas tén- de percal estampado, camisón y saya de rusia á las almas en sus oídos para apurar la salvaje armonía de
gase presente que estas alegres comparsas se organi- hembras. A los criollitos sólo se les repartía cami- una marímbula que toca con discreto temor el viejo
zabanji,era de puertas, y aun así, hurtaban el encuen- sones largos y gorros de lana. Ni zapatos, ni almoha- esclavo calesero, fumando su cachimba de barro y
tro con alguna patrulla, porque los cabos de ronda das, ni catre ... ¡Y esto se daba dos veces al año á los medio dormido sobre el quicio de piedra de la por(de los cuaJes son, en lo moderno, fea caricatura los que amasaban con su sudor y su sangre la riqueza, en tada!..
alcaldes de barrio) no se paraban en pelillos y envia- ocasiones fabulosa, de los amos del ingenio!
FELIPE LÓPEZ DE BRIÑAS
Verdad es que también había amos espléndidos
ban á dormir sobre las duras tarimas de la prevención á los contraventores del bando d'e buen gobierno. que añadían á la esquijación cachimbas de barro para
Tales fueron las costumbres hasta que estalló la los hombres, collares de cuentas y abalorios para las
guerra. Desde el año 68 al 78, la inquietud y la zozo- mujeres y cucharas de palo, platos y jarros de hoja~¾ rr·,,,,:,.
,
.
;,1{ ,,
bra, el miedo á las explosiones de la pasión política lata para toda la dotación de la finca.
j
Repartida la ropa, desfilaban ante el señor los esexcitada, los atropellos históricos y sangrientos de la
soldadesca, la emigración al extianjero debilitaron clavos, á quienes se daba el aguinaldo en dinero, se,
esta arraigada costumbre cubana, que reapareció pros- gún su categoría: los carreteros, carpinteros, lwrme':t
tituida y escandalosamente desfigurada en el año 1878 ros ( 2 ), los ayudantes de máquina, los contra mayorales
,.
y los fornalleros eran los preferidos: recibían como
en que terminó la lucha separatista.
Y afírmolo así, porque desde entonces á la fecha aguinaldo desde una onza hasta un doblón. Las paF,;j
v;,
concurre á la Misa del Gallo un público abigarrado ridas, las enfermeras, las viejas inútiles que cuidaban
~~de borrachos, mujerzuelas y gente sucia en tal mayo- y criaban á los criollitos tenían también preeminen;,-,
ría, que obscurece el ligerísimo sabor local que pu- cia y recibían mayor cantidad que las otras esclavas
diera gustarse todavía observando á las muy contadas empleadas en el campo. El resto de la dotación reciy piadosas familias que asisten al templo como para bía de aguinaldo uno ó dos pesos en plata.
Terminada la distribución del dinero, se les daba
que no se borren para siempre las antiguas tradicio~ .,,,_-~1,,
el día á los negros, que inmediatamente corrían al
nes cubanas.
__:::i.-____:,_
Y para colmo gran parte de nuestra juventud dora- barracón, sacaban sus atronantes tambores y bailaban
da, separándose por completo del tipo legendario del su tango delante de la casa de vivienda, vitoreando
caballero cubano - culto y generoso, cortés y bonda- en sus cantos á cada uno de los miembros de la fadoso hasta la familiaridad con los inferiores, pero in-

/4,.

,

(2)

(1) Bocinas hechas con el caracol nombrado cobo.

En aquella época elaborábase el azúcar en pa11es, y el

hormero constituía un cargo importante.

LA

625

I

(3) Los negros criollos nacidos en el ingenio bautizaron ese
baile congo, herencia de sus padres, con el nombre de yuca.

LA NOCHEBUENA EN PUERTO RICO
No he de meterme ahora en dibujos de moralista
para determinar si la Nochebuena de nuestros padres
era más morigerada y juiciosa que la nuestra, ó si resultaba, por consiguiente, más conforme con el suceso admirable y trascendental que en ella se conmemora. Quédese esta labor para los filósofos sin apetito y sin olfato que conserven la serenidad y el aplomo que nos faltan á nosotros, los pecadores, en cuanto empieza á declinar diciembre y percibirnos en los
hogares el olor de la canela y el retintín acompasado
del almirez.
Lo más que se nos puede pedir en estos días es
que pintemos el caso, como diría mi ilustre y bondadoso amigo D. José M.ª de Pereda.
Daré, pues, principio á mi trabajo con algunas pinceladas, y al final de ellas, si el tiempo lo permite,
empezará la meditación.

metálica produciendo un ruido infernal. Cantábamos
algunas coplas alusivas al arroz con dulce, al nacimiento de Jestís y al baile que se preparaba. Si no
advertíamos en seguida por el movimiento de los
platos ni por el olor á especias la proximidad del obsequio, añadíamos, como á modo de indirecta, la siguiente copla:

¡Cómo me entusiasmaban las trullas de Navidad
en los primeros años de mi residencia en este país!
Era yo entonces un arrapiezo de catorce abriles, que
no tenía ojos más que para contemplar la maravillosa variedad y hermosura de estas campiñas tropicales, ni oídos más que para recrearme en la charla hiperbólica y picaresca de los jíbaros (1), en su música
insinuante y en la chistosa y disparatada inventiva
de su cantar.
Habituado al paisaje montañoso y sombrío de 1::t
región más septentrional de España y al carácter
un tanto retraído y metódico de sus moradores,

835

I LUSTRACIÓN ARTÍSTÍCA

etnógrafos del po:venir. La civilizáción antigua tenía
su principal manifestación en la indumentaria, en los
juegos olímpicos, en la arquitectura, en la poesía y
en el saber de legisladores y filósofos; pero la comida y la bebida dejaban mucho que desear. Nadie da-

Vengaºel aguinaldo
si nos lo has de dar,
que la noche es corta
y hay mucho que andar.

Después de hacer el
consiguiente estrago en
el arroz con perico~y de
bailar en danza íntima
por espacio de una ó
dos horas, nos daban
ron á los hombres y mistela 6 agualoja á las
mujeres, y nos despedíamos para asaltar
nuevas casas y dejar
aquélla expedita á
las demás trullas del
vecindario, que no
tardarían en llegar
allí en busca del
aguinaldo.

CARAVANA DE NOCHEBUENA, dibujo de Cuchy

I'

Y así se pasaba la Nochebuena en los
campos de Puerto Rico, noche en que
nadie dormía, y al cabo de la cual quedaban cojos los clziringos, roncas las cantadoras y trasnochados y completamente
molidos todos los habitantes de la comarca.

***

me impresionaban muy vivamente el delicioso panorama de los campos de Puerto Rico y la espontaneidad
característica de estos isleños, que conservan todavía
muchas costumbres pintorescas del pueblo andaluz.
¡Qué noches de Navidad he pasado en su compañia! Desde la víspera tenía ya preparado mi chiringo,
especie de caballejo vivaracho, mig11on, casi ratonil,
pero dotado de gran resistencia y de admirable agilidad para subir vericuetos y andar muy rápidamente
por cualquier vereda peligrosa.
Nada de silla, gualdrapa ni otros arreos monumentales de la equitación. Ajustaba sobre los lomos del
caballito una rodilla de hollejo de plátanos, colocaba
encima un aparejo de juncos, fresco y leve, y sobre
estas dos armaduras un par de banastillas de mimbres, que rematan en cincho por la parte inferior,
para asegurar bien la montura al cuerpo del animal.
Entre esas banastillas se sienta el jinete, dejando
colgar un pie por cada lado del pescuezo del chiringo, y en el sobrante del aparejo, hacia las ancas, se acomoda además una jibarita cantadora y
bailadora, porque era de ley que en estas caravanas de Nochebuena se cabalgase por partida doble. Así, en numeroso grupo, emprendíamos la marcha desde el obscurecer, en busca de casas de labriegos acomodados, en donde bailar, cantar y comer
arroz con perico, manjar indispensable de Nochebuena y Reyes, aderezado con jengibre, leche de coco y
melaza, amén de algunos polvos de canela, clavillos
de especia ó granos de anís.
En la primera casa que encontrábamos se daba el
toque de asalto con el tiple, las vihuelas y los giiicharos, especie de calabazas huecas con rayas en. el
exterior, por encima de las cuales se pasa una vanlla
(r) Campesinos portorriqueños sin instrucción.

Hoy he vuelto á la campiña después de un_a ausencia de veinticinco años, y observo con tnsteza
que van perdiendo mucho de su ani!llación y colorido propios aquellas cost~mb_res pa~narcales.
•
El jíbaro, tan comumcat1vo y Jaranero en anos
atrás, se trueca visiblemente en receloso y tristón.
La propiedad rural se va concentrando en poder de
magnates que ni ~iquiera viven en sus fincas, y los
pobres campesinos se van reduciendo casi todos á la
mísera condición de proletarios. Con la pequeña propiedad rústica va desapareciendo también el chiringo,
que fué por largo tiempo como el apéndicé indispensable del alegre morador de nuestras campiñas. Ahora la noche de Navidad suele ser para ellos tan triste
como las demás noches del año, si es que no les entristece más aúrr el recuerdo de las pasadas alegrías,
y no repiten, apenados de verse á pie, los conocidos
versos del jíbaro:
«¡Todos &lt;liban á caballo,
y el que menos diba en yegua!)

La Nochebuena en los grandes centros urbanos
de Puerto Rico y entre gentes acomodadas no presenta rasgos característicos muy notables que merezcan una especial descripción. Empezó por parecerse
á la Navidad clásica de nuestros padres en la península española, de donde se importó la costumbre, y
ahora se va pareciendo á la de todos los pueblos cultos de la cristiandad, en el refinamiento gastronómico y en la tendencia más ó menos acentuada hacia
el exceso en el comer y el beber.
La cultura y el cosmopolitismo del paladar es un
hecho muy curioso que ejercitará largamente á los

ría hoy un maravedí por aquel famoso vino de Chipre y aquella ponderada ambrosía que llegó á ser el
trago predilecto de los dioses. El vino era de uva,
eso sí; pero Pasteur no había descubierto atín la teoría de los fermentos, y la tránsformación alcohólica
se operaba en tinajones inmu~dos, de una manera
irregular y desaseada. Se bebía en vasos de metal, en
tazas de barro y hasta en cuernos, para que no se
echase de ver que era sucio y falto de transparencia.
Causa horror el pensar hasta dónde hubiera ido la
incontinencia de Baco, si hubiese podido beber en
cristales de Bohemia el chispeante vino de Champagne, el manzanilla de Sanlúcar ó el amontillado de
Jerez.
La comida era todavía peor, por lo grosera y repulsivo
.
.de su apariencia;
. . sería jugosa y alimenticia'
s1 se qmere; pero no mc1tante y tentadora en el aspecto ni en el olor. Y no hablemos ya de la edad
Antigua ni de la Media: ayer mismo, corno quien
dice, se festejó como á un héroe y hasta se le dió un
título de nobleza al inventor de la sopa de ajo.
Todavía no hace dos lustros que aquí, en Puerto
Rico, se conformaban los más exigentes gastr6nomos
con cenar en Nochebuena algún cochinillo asado, si

�LA

Ahora ¡bendito Dios! ya ni los más modestos pa- perseverancia en las mandíbulas y la fe en el cielo ...
ladares se conforman con las frituras de antaño, y de la boca.
Y como la costumbre se generaliza y se acentúa
los pasteles se han relegado casi por completo á la
más y más á medida que transcurre
el tiempo, no será extraño que en
los futuros almanaques lleguemos á
ver anunciada esta conmemoración
en la forma siguiente:
Diciembre, 24, etc. Día de fiesta
y noche de vigilia con abstinencia ...
de templanza y formaltdad. Se abre
la boca y se cierran los Tribunales.
MANUEL FERNÁNDEZ JUNCOS
.,'•.J•v•••••-,•••l'•••••"~••••••l'••''•''••••••'•••••••..••••• .. •••••••••.t•u•••''"'

LA NOCílEBUENA EN VALENCIA
(EN EL PISO PRn!ERO,
EN EL TEMPLO Y EN EL DESVÁN)

I

LA SRRE~ATA,

dibujo de Cuchy

repostería política. Todos aspiramos á comer, en estos días por lo menos, jamones de York, embutidos
de Bolonia, queso de Roquefort 6 de Mont d'Or, higos de Smirna, dátiles berberiscos, mazapán toledano, pastas de Astorga, tocino del cielo, cabello de
ángel y vino de la tierra de María Santísima.
El hecho es que el paladar y el estómago se van
refinando cada día más, y siguiendo así no estará
muy lejos el tiempo en que la nueva generación se
burle y hasta se avergüence de lo que comíamos nos·
otros, creyendo comer algo bueno, en celebración del
nacimiento de Jesús.

*

**
Y terminaré aquí con algunos buñuelos de filoso·
fía gastronómica, para que haya de todo en este revoltillo portorriqueño de Navidad.
Nunca he podido explicarme por qué la Noche·
buena ha de ser noche de locuras y de excesos, y có·
mo para celebrar el nacimiento del Redentor, que
siempre recomendó el ayuno y la continencia, hemos
de echar la casa por la ventana, comer más de lo regular y á deshora, y convertir, por último, una conmemoración cristiana en verdadera bacanal.
¡La Navidad y el pavo! He aquí dos palabras bien
distintas, que casi se repelen en fuerza del antítesis,
y sin embargo, acuden hoy, unidas, á la mente de
todo fiel cristiano, por una extraña asociación de
ideas. Lo cierto es que nos conjuramos precisamente en este santo día contra esos animales, y á la voz
de que ha nacido el Mesías, hacemos con los inocentes pavos lo mismo que mandó hacer el rey Herodes
con los niños inocentes.

La intención será todo lo buena que se quiera,
111a z"l peccato é grosso, como decía cierto clérigo ita·
li:rno.
Por dondequiera que se mire) nuestra Navidad resulta una fiesta predominantemente pagana.
Puede decirse que esa noche todos lleYamos la

, NÚMERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

La Manuela, una pobre mujer
que vivía en el porch-e (1), por caridad del amo de la finca, llamaba
tímidamente y pedía con llanto
en los ojos que no chillasen
tanto los rapaces, pues su hija,
la única que tenía, estaba mala ... , ¡muy mala!.., y aquellas
músicas y aquellos gritos infantiles destrozaban su cráneo.
- Descanse usted, Manuela,
callarán - contestó la señora
del primer primer piso, y dando un pedazo de torta fina á
éste, otro de casca al de más
allá y de turrón á quien lo
quiso, les ordenó que se largaran al patio á tocar los condenados instrumentos; allí no los
oiría la enferma.
Un regimiento de soldados
no hubiera movido más estruendo que aquellos diablejos movieron al bajar la escalera de dos en dos peldaños y
hasta de tramo en tramo ...
Unos chillaban, otros reían.
El hijo mayor de la casa, un
guapo mozo, y su tía, una respetable cuarentona, entraron
en el piso quejándose de los
codazos y trompicones recibidos en la Plaza R edona, á la cual designan los valencianos con el nombre de Clot... «Aquello era un hormiguero de gente..., no se podía dar un paso... Las
vendedoras de aves, sentadas en el suelo, en una si·
lla ó en los bancos de la plaza, gritaban como energúmenos y pedían un dineral por una gallina tísica.
- Y á propósito de tísicas - dijo la tía contando sus
lamentaciones, - ¿cómo está la chica de Manuela?..
¿Peor?.. ¡Válgame Dios!.. Esa muchacha no hará muchas Navidades.»
El sobrino de la buena señora palideció un poco
al escuchar aquella predicción... Se retorció distraídamente las dudosas guías de su incipiente mostacho,
y aprovechando la libertad en que le dejaban todos
los de la casa entró en su cuarto, sentóse ante la mesa, apoyó los codos en ella y la frente en las palmas
de las manos, y dejó escapar un suspiro de aflicción,
profundo, angustioso, uno de esos suspiros que se
exhalan una sola vez en la vida.
. Entretanto, la madre lo disponía todo para cenar,
la tía mandaba al horno por la calabaza, pues dejara
de ser Nochebuena para un valenciano si calabaza no
comiese, y las criadas pelaban el pavo en la cocina
contando cuentos ó canturreando villancicos.
Poco rato después llegó el jefe de la casa, que en
vano trataba de ocultar bajo la capa la provisión de
castañas tostadas, bellotas é infinidad de golosinas
que compró para los chicos, quienes al verlo entrar
en el patio subieron con él... Oyóse una voz que dijo:
«¡A la mesa!,» y todos acudieron, menos Rafael, el
hijo mayor, cuya madre tuvo que irá buscarlo á su
cuarto. Cuando volvió con él pudieron notar los demás que la pobre señora estaba algo seria y que su
hijo tenía los ojos enrojecidos y pálido el semblante...
Lá familia interrogó al joven, y él, dejando asomará
sus labios una sonrisa forr.ada, contestó:
- ¿Creeréis que me había dormido?

625

modo que en otras capitales; pero en ninguna con
tan franca alegría como ali~, sin duda porque s~s hijos son de carácter expansivo, y como ellos mismos
dicen, festero. La cena es de ayuno y muy pocos se
permiten empezar el pavo aquella noche... Lo que
nadie olvida es la carabasa al forn, la enorme calabazona que, partida en dos mitades, es co~ida en el
horno sobre una hoja de lata y sabe á mieles y gloria... Los ricos y la clase media la mandan cocer para
ellos, los pobres la compran cocida ya, bien en la
plaza ó á la carabasera que va por las c~lles voc~ando
su mercancía, la cual vende en pequenas porc10nes,
á rajas, como en Madrid y en Barcelona venden los
melones... Las familias se unen para pasar la noche
jugando á juegos de prendas, cantando, ·bailan~o y
riendo alegremente hasta que suenan en el reloJ los
tres cuartos para las doce, hora de acudir á la Misa

del Gal!.
La multitud invade las iglesias .. Por lo regular, cada cual va á la más cercana, y bien se comprende, por
los sencillos trajes de muchas señoras, que si van á
misa aquella noche es debido á que al otro día precisa mangonear mucho en la cocina y no queda tiempo para salir de casa... Mas, á pesar de la algazara,
enemiga de la devoción, con que acude la gente joven,
y á pesar de que algunos gastan pesadas bromas, por
ejemplo, echar tinta en la pila del agua bendita para
que los feligreses se pinten dedos y cara, aún hay
quien asiste á la Misa del Gallo porque halla en ello
uno de los goces más puros del alma... Aquella noche
el organista procura lucirse, y es cosa de creerse transportado á los cielos cuando por aquellas bocas de
metal salta un torrente de notas que repercuten en
las capillas y flotan y vibran en los ámbitos del templo. Uno de esos suaves sostenidos en que la voz va
adelgazándose poco á poco y suena al fin como un
eco de algo que se aleja ó de algo que se extingue,
embarga y suspende el ánimo; y cuando ese mismo
hilo de voz toma cuerpo otra vez y exhala una de esas
modulaciones que semejan un sollozo tierno y conmovedor, como de alma enamorada que vagase triste
y sin norte por el espacio, las lágrimas acuden á los
ojos, el corazón se dilata y los labios formulan una
oración.
Para sentir tan tiernas emociones acude bastante
gente á la Misa del Gallo; pero son los más aquellos
que se permiten la licencia de hablar en voz alta; son
los más aquellos que van á ver los rostros divinos
de las hijas de aquella mi adorada Valencia, paradisíaco verjel, cuyas flores tienen el perfume de los suspiros de las bellas y del cual dijo nuestro inolvidable
Zorrilla que es

«...

la florida puerta del cielo,
el balcón por donde abre la aurora el día.&gt;

Al salir de la Misa del Gallo y dentro atín del templo
algún individuo lanza sonoro quiquiriquí... Tal cual
grupo de jóvenes alegres se aleja cantando villancicos y lo que no lo son ... Los muchachos dan de mano á las zambombas y panderetas, y no faltan tampoco quienes, acreditando en mal hora que los hijos
de aquella bendita tierra tienen la sangre ardiente y
el genio pronto, ven amanecer el dh de Navidad en
la casa de socorro ó en las Torres de Serranos ( 1 ).

III

Rafael salió de casa con su familia á las once y
media para dirigirse á San Martín, iglesia en la cual,
según consejo de un amigo inteligente en música,
debían oir la Misa del Gallo.,. El joven confesó, una
vez en la calle, que tenía hecha formal promesa á
unos amigos de reunirse con ellos en la catedral...
Sus padres diéronle permiso para ir á cumplir su palabra, y el joven, dando media vuelta, tomó... no el
camino de la catedral, sino el de su propio domicilio. Entró en el patio de éste, subió precipitadamente la escalera, llegó á la puerta del desván y se detuvo... A través de las rendijas salían los débiles destellos de una luz... En aquellas alturas no se escuchaba
el más leve rumor de la algazara propia de tal noche...
Rafael miró al interior del mísero cuartucho por el
ojo de la cerradura... y un calofrío estremeció su ser...
En aquella estancia no había más muebles que dos
sillas, una mesa, una máquina de coser, un cesto con
ropa y la cama, y en aquella cama... un ángel, sf, un
ángel de cabellos blondos y rizados, un ángel cuyo
rostro estaba pálido como blanco lirio marchito, y
cuyos labios, entreabiertos y secos como los de un
sediento, se contraían de vez en vez dolorosamente ...
Aquella infeliz joven apenas contaría diez y ocho
años ... Sus grandes ojazos azules, todos pupila, fijaII
ban su calenturienta mirada de triste expresión en
La Nochebuena se celebra en Valencia del mismo una estampa de la Virgen... A intervalos una toseci-

(1)

Desván.

(1)

La cárcel.

, EL MERCADO

LA NOCHEBUENA EN V ALENOIA, dibujo de Germán Gómez

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LA !WCHBBUENA BN GUATEMALA, dibujo del artista guatemalteco D. Manuel Rh•era Cabezas

lla débil..., tan débil que casi no parecía tos, destrozaba su pecho, y entonces la madre de la pobre niña
apresurábase á incorporarla en el lecho, á estrecharle
las manos... , ¡á besarla en la frente, mientras el llanto
rodaba por sus mejillas!.. ¡Pobre mujer!.. Considerad:
¡No tenía otra cosa en el mundo que aquel ángel tan
puro como el sueño de una Virgen!
Rafael seguía junto á la puerta, inmóvil, con la mirada fija en el lecho y conteniendo la respirae::ión, temeroso sin duda rle ser oído... ¡Dos semanas llevaba
haciendo lo mismo cada noche! Cuando todos dormían en su casa, él se entregaba á aquella dolorosa
contemplación; y al regresar á su cuarto, iba con el
semblante lleno de lágrimas y cubierto de mortal palidez... ¿Por qué no entraba en el desván? Porque
tenía conciencia, porque era preciso contener los im. pulsos del corazón ... El había visto á aquella desgraciada bajar y subir por la escalera, la había saludado... , se habían sonreído... y nada... nada más. Después la soñó... Después la quiso con toda su alma;
pero ella está ya enferma, y él, que tanto la quería,
calló su amor, comprendiendo que la joven iba á
morir pronto, ¡muy pronto!, víctima de aquella condenada máquina, de la falta de alimentación y de los
sufrimientos morales que minaban más y más su pobre naturaleza ... ¿Qué podía hacer él? Nada. ¿Qué
podia ofrecerle? Nada ... ¡Oh, si se hubiera atrevido
á hablar con su padre de aquel fuego que sentía ... ,
de aquel amor!.. Pero era inútil intentarlo; lo sabía
muy bien, y por eso callaba... , ¡callaba, esperando
entre mortales angustias el triste fin de la desventurada niña!
Aquella noche estaba peor que nunca... Su madre
vertía triste lloro y ella la acariciaba, mirando al cielo, como si dijera: «¡Allá nos encontraremos, m:1dre
mía!» Un golpe de tos sofocó á la enferma, hizo
ésta un esfuerzo para decir algo, se llevó las manos
al pecho y algunas gotas de sangre mancharon sus
labios. Después... ¡silencio sepulcral!.. La anciana
sollozaba, estrechando á su hija fuertemente. ¡Ah!
¡Cuando al fin la soltó, aquel cuerpo virginal desprendióse inerte de sus brazos!..
- ¡Socorro!.. ¡Vecinos!.. ¡Hija mía!.. ¡Se muere mi
hija!, exclamó la pobre mujer... Y corrió á la puerta,
la abrió temblando, dió un paso... y se detuvo sorprendida... El señorito del segundo piso, apoyado en
la pared, sollozaba dolorosamente, teniendo el pañuelo entre los labios y vertiendo un raudal de llanto.

- ¡Rafael!, exclamó la anciana.
- ¡Angela amada!, murmuró el joven con infinita
amargura.
E instintivamente aquellos dos seres, heridos por
una misma desgracia, se abrazaron con efusión, á
tiempo que subía por la escalera la familia de Rafael
caturreando á coro y entre alegres risas:
«Esta noche es Nochebuena
y mañana Navidad ... »

- ¡Noche... buena!, murmuró Rafael entre sollozos.
¡Ah! Noche de llanto es esta, cuyo recuerdo jamás
se borrará de mi mente... ¡Pobre Angela! .. ¡Pobre
amor mío!
Luis DE VAL
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LA NOCHEBUENA EN GUATEMALA
Guatemala, como todas las ciudades y pueblos de
América y de Europa, celebra la Nochebuena con
festejos y jolgorios que pueden considerarse como de
carácter cosmopolita y con fiestas y ceremonias de
color puramente local.
¿A qué hablar de los primeros si en todas partes
se parecen? Con decir que se come y se bebe y se
baila y se trasnocha para asistir á la Misa del Gallo
queda consignado cuanto sobre esto decirse pueda.
Veamos, pues, lo que es genuinamente guatemalteco, describamos, bien que á grandes rasgos, las costumbres verdaderamente indígenas, empezando por
los nacimientos, en los cuales hay mucho de lo que
en ellos vemos en todas partes, pero algo también
que es característico de Guatemala.
En conjunto, un nacimiento es en Guatemala lo
mismo que en otras localidades: un retablo que representa un paisaje más 6 menos auténtico de Judea
con sus montañas y su riachuelo que desemboca en
modesto lago, sus pastores y sus rebaños, todo sirviendo de marco y de accesorios al nacimiento propiamente dicho, 6 sea al rústico portal donde se ve
al Salvador acostado sobre humildes pajas, teniendo
á su lado á José y á María y detrás al buey y á la
mula tradicionales. Las figuras son buenas esculturas
de madera, si se trata de un retablo de casa grande;
pero si es de gente pobre 6 del pueblo, son de barro
ó de trapo, trabajadas con suma habilidad por los
indígenas de la antigua Guatemala,

La particularidad de los nacimientos guatemaltecos
está en primer lugar en el modo de adornarlos con
hojas de pacaya, rosarios de manzanillas, racimos de
naranjas, guiscoyoles y otras frutas del país, y en segundo y principal término en el afán que muestran
sus confeccionadores por representar en ellos escenas y personajes modernos y por ridiculizar las costumbres y la vida política del país, exponiendo á las
sátiras de los que los visitan á los altos empleados y
aun á los ministros de la nación.
El acaio de novena, 6 en otros términos el sarao,
la tumbarria 6 el rumbo, es la fiesta que se celebra
el último dfa del novenario del Niño Dios. Nueve
días pasan los concurrentes rezando devotamente el
rosario y la novena, y en el último, después de concluirse los rezos, los dueños de la casa suelen obsequiar á sus contertulios con barquillos, agua de canela, horchata y otros refrescos. Terminado el piscolabis, empuña la guitarra algún tocador, y acompañado de muchachos que tocan pitos de agua, tambores,
triángulos y chinchines, puntea un son á cuyo compás
bailan un zapateado las menga/as y los de chaqueta
y á veces también las de túnico y los de levita.
Las posadas son procesiones que durante nueve
días se celebran á las siete de la noche en la Parroquia Vieja: la Virgen y San José son conducidos en
andas, acompañados de alumbradores y gentes devotas que cantan coplas sagradas alusivas al nacimiento del Mesías. Cada día van á distinta casa á pedir
posada, y después de ceremonias tiernas y sencillas la
casa se abre y allí pasan la noclze los m1ores, como dicen los chapines. El último día, 6 sea el 24 de diciembre, la procesión se dirige al templo de la Parroquia
Vieja, cuya plaza presenta alegre y pintoresco aspecto por la gran concurrencia que allí acude y por los
puestos de batidos, tamales, buñuelos y otras chucherías que en ella se levantan. Esa noche la procesión
entra á las doce, hora en que comienza la popular
Misa del Gallo.
Dos palabras, para terminar, sobre las sarabandas:
éstas son orquestas de indios, compuestas por lo general de arpas y violines con que los naturales tocan
melancólicas piezas indígenas, casi siempre á las
puertas de los templos.
He aquí descrita la parte típica de la Nochebuena
en Guatemala, que fielmente ha reproducido en su
dibujo el muy distinguido artista guatemalteco señor Rivera. - X.

1.A NOCIIKBUt:-.A EN BUENOS AIRES, dibujo de Vaamonde

LA NOCHEBUENA EN BUENOS AIRES
Esta noche es Nochebuena
y no es noche de dormir ...

Y ¡cómo ha de ser noche de dormir!.. El termómetro marca la friolera de 30° (temperatura capaz de
dar calor á cualquier fiesta) y el enjambre de bichos
de todos tamaños, ya grandes y pesados, ya esbeltos
y de brillantes colores, un verdadero museo viviente
molesto y animado, presagia tormenta, y la presagia
de un modo atroz: ora sentando sus reales en la humeante sopa; ora llenando las blancas cuartillas que
la pluma ha de arar para abrir el surco que requieren
las ideas al ser trasladadas al papel; ora, y ahí se ceban y mue{en, pegándose al tubo del quinqué casero,
ó dejando más inservibles que de costumbre los faroles del alumbrado público; ora, en fin, zumbando,
picando y ensañándose con nuestra epidermis ... ¡Qué
noche!.. ¡Nochebuena!
Así lo ordena el calendario, así lo consagra la tradición, y obedeciendo á uno y á otra decimos &lt;thoy
es la Nochebuena,» pero no lo notamos.
Y es que Buenos Aires no la celebra con el estruendo que la celebran Madrid, Sevilla, Barcelona,
etc. Al arrancar la hoja del almanaque de pared, y al
ver suplantado por un 24 el 23 que arrojamos indiferentemente á la papelera, el corazón nos da un vuelco,
y es que al arrancar la hoja nos entregamos de lleno
á los recuerdos y comparamos.
Nada de oir retumbar en nuestros oídos el :;um
:;um de las zambombas, el repiqueteo de las castañuelas, el rasgueo de guitarras y bandurrias, el bullicio aquel tan característico en Nochebuena, tan único
y tan español. ..
El poco bullicio que notamos en Buenos Aires es
hijo indudablemente del cosmopolitismo. No hay
uniformidad en la manera de celebrar fechas.
Junto al aparatoso árbol de Navidad, que en tal 6
cual fiesta social atrae la atención del mundo elegante y de sus pequeñuelos, y en la casa del lado, si á
mano viene, encontramos una familia modesta, española, inglesa 6 francesa, que celebra á su manera, al
estilo de su país y sin exterioridad alguna, la memorable y tradicional fiesta. Pero todo queda en casa;
nada de ruidosas exterioridades. A lo sumo, la Misa
dd Gallo, con mucha suntuosidad y tanta algazara

como falta de fervor. Después ... nada. Desiertas las
calles, animados algunos hogares. Allá en los suburh~o_s (en las orillas, decimos en esta tierra) alguna
v1e1a, apegada á las costumbres de antaño, celebra
sigilosamente y para solaz de sus relaciones la iluminación de un nacimiento. Y ahí está lo típico, lo raramente típico, lo que desaparece y lo que, repito, sólo
alguna vieja china conserva incólume á pesar de la
avalancha de gringos innovadores que cada día cambian las costumbres que fueron ...
El nacimiento es algo imposible de definir y analizar. Una mesa cubierta con blanco (6 verde, no importa, y mejor si es verde) mantel. A un lado una

maceta; y ya tenemos un bosque. Más allá un San
José, una vaca, una cuna y un Niño Jesús. Verde
musgo cubre el piso que es atropellado sin piedad por
un gaucho recortado de una caja de fósforos ... Unos
hilos no invisibles sujetan á la altura del cieJo unas
nubes de algodón en rama, .. . y así por el estilo.
El cuadro no puede ser más pintoresco, ni tener
más color.
Bien que por lo general, la ya inverosímil heroína
del nacimiento que hemos descrito es de color cobrizo ó negro retinto. El nacimiento se remoja por
parte de los concurrentes con caña 6 ginebra. ¿Gui-

tarras?.. No faltan, y por ende no escasean 111ito11gas,
tristes y otros sentidos cantos populares.
Y á pro.Pósito de ginebra, bebidas y comestibles.
Los mercados funcionan toda la noche, lo propio que
los despachos de bebidas, unos y otros adornados
con verde follaje y alumbrados á la veneciana... Lo
que es en cuanto á comer y beber, puede decirse que
se come y se bebe mucho. Claro que los que hacen
una recorrida salen luego por esas calles cantando y
vociferando... Pero son pocos; el calc;¡r asfixiante quita ánimos al más pintado.
•
A las tres de la madrugada el movimiento es nulo.
Anímanse los restaurants con las parejas ó pandillas que en coche descubierto han ido á Palermo, el
hermoso paseo y jardín, á respirar y á tomar refrescos, y... nada, absolutamente nada más.
La Nochebuena es una de tantas noches. Si quitamos la Misa del Gallo, el ya rarísimo nacimiento y
el mayor consumo de comestibles y bebidas, no encontramos nada que llame públicamente la atención.
Los poetas sentimentales no nos pueden hablar de
niñas muertas de frío y de hambre. El calor por una
parte, y por otra la abundancia, 6 á falta de ésta el
desprendimiento natural de esta tierra, hacen desaparecer los cuadros tétricos de la vista del espectador.
A lo sumo hallamos en los diarios alguna noticia
concebida en estos términos: &lt;tAyer el termómetro
marcó 30º... »
¡Buena lVóchebuena.1
Y vaya este boceto á codearse con otros más animados y descritos por mejor pluma, y resultará pobre
é insignificante...
Correrá parejas con la noche del 24 en Buenos
Aires.
ENRIQUE CoLL

.......,....................................,......,......, .......,......,...........,....,.,......,......,......,..,.,.,.........•.•..,,
LA NOCHEBUENA EN GUIPÚZCOA
A mi amigo el ilustre vascófilo
D. Antonio Arzac.

Guipuzcoano de la clase de ridículos por los tiempos (]Ue corren y nos corroen, vivo hace treinta años
en Madrid, con el pensamiento fijo en San Sebastián, mi pueblo, sumido en los horrores de una nostalgia que sólo un trabajo incesante mitiga durante

�LA
el invierno, y desaparece por completo en el verano,
cuando dejo la corte y sus penumbras y respiro el
aire libre en mi ciudad natal.
Pero hay en todo el año una noche para mí famosa y temible; noche en que la nostalgia me ataca despiadadamente y me destroza el alma y el espíritu;
noche en que, á pesar de hallarme rodeado del afecto de todos, los míos, tengo que rendirme á discreción, inepto para luchar contra recuerdos que constituyen obsesión implacable y dolorosa.
Esa noche es la del 24 de diciembre, la Nochebuena. El ruido de tambores, rabeles y zambombas
que atruena las calles y plazas de Madrid; la feria de
la plaza Mayor y de Santa Cruz, con su pantagruelesco mercado y sus clásicas panderetas; el bullir de
los grandes, el correr y gritar de los chicos; todo ese
clamoreo informe de muchedumbre alegre y satisfecha que corre á buscar indigestiones para con memo•
rar la Natividad de Jesús, me recuerda mi país, mi
pueblo, mi gente.
Y en medio de la animación popular me encuentro más aislado; el estrépito de la multitud me suena
á hueco, y la algazara de una ciudad, el· jolgorio de
un pueblo ebrio de alegría, vienen á ensanchar cruelmente el vacío de mi corazón.
Entonces me repliego sobre mí mismo, me autosugestiono, y mi único consuelo es llamar á la loca
de la casa, la cual acude en mi auxilio, me arranca
de la corte y, en alas de la fantasía, me traslada inmediatamente á San Sebastián.

Nú~IERO

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

625

La cuestación dió magníficos resultados, y aquel
año la Nochebuena fué en verdad onentzaroa (la mejor noche), puesto que se honró al Salvador de los
hombres practicando una de las virtudes más sublimes recomendadas por El en sus predicaciones: la
Caridad.
La Nochebuena, en suma, patrimonio ayer de todos, es actualmente en San Sebastián, como en todas
las capitales y poblaciones de alguna importancia,
diversión de niños, y representa para ellos la figura
brillante de un espléndido cotillón.
Y hasta el aldeano, á quien las vías de comunicación y los clamores de la prensa mantienen en comercio constante con todo el país, ha perdido mucho de la leyenda que le rodeaba como una aureola
de inmaculada honradez y de patriarcales costumbres, y se acerca cada vez más al tipo humano que
Zola ha pintado con tan terribles colores en La Terre.
Por eso, cuando llega en Madrid la noche del 24
Echiontako echekoandriak
de diciembre, mi nostalgia se aviva con el recuerdo
Ama Virgiña diruri.
del Olentzaro begui gorri, y me aferro tanto más á ese
(La señora de esta casa se parece á la Virgen.)
recuerdo, cuanto que el gran Olentzaro hace hoy reir
Pero si cualquier desplante del grupo se ha opues- á los niños y despertaba en mí, hace cuarenta años,
to á la prodigalidad de la echekoandre, entonces los emociones indefinibles que el transcurso del tiempo
no ha podido ni podrá nunca borrar.
caseros aullan:

Son los aldeanos, los caseros, como allí los llamamos todos. Vienen envueltos en sendos kapuzayes,
hopalandas de paño burdo que caen hasta las rodillas y se sujetan á la cintura con una cuerda.
Un inmenso capuchón tapa la cara y deja solamente al descubierto los ojos, que brillan á la tenue
luz del farol, como fulgura de noche la mirada de los
lobos.
Y los caseros cantan, siempre en vascuence y con
voces que se arrastran con deliciosas vocalizaciones,
aires vascos de un sabor áspero y especial, sin ritmo,
ni compás, ni armonía; melodías de imposible anotación que traen el frío ambiente del campo, y se exhalan de la garganta ruda del aldeano, esparciendo aromas de planta silvestre arrancada á la dormida vegetación.
Si el aguinaldo cae, la turba canta agradecida una
canción que termina así:

Echiontako echekoandriak
Diabru zarra diruri.
( La señora de esta casa parece un diablo viejo.)

Este final, en caso de negativa de aguinaldo, es el
de rúbrica; pero raras veces lo emplean los indignados caseros, sino que hay que taparse los oídos para
no escuchar los horrores que salen de aquellos labios
Acaba de anochecer: los pescadores, los únicos contra la señora de la casa, contra la eclzekoandre.
A las nueve y media ó las diez, engullido el besuausentes sempiternos, los de la diaria preocupación,
han vuelto de la pesca del besugo y se hallan en sus go, los nacimientos se apagan, dejando oir el murmullo del agua que corre por los diminutos arrohogares del barrio de la Jarana.
La población - la antigua, la de las murallas - pa- yuelos.
Si la noche es de calma, la ciudad duerme sin que
rece yerta de frío. No suenan zambombas ni da dense perciba su respiración. Si la noche es de viento, el
tera el chirrido de los rabeles, como en Madrid.
De vez en cuando se divisan pequeños grupos que vendaval zigzaguea por las angostas calles, mugiendo
van y vienen por las calles y desaparecen en un por- tristemente, como perro que olfatea la muerte con
tal. Y las sonajas de la panderas suenan pia11ísi11101 y lúgubres ladridos.
Todo el mundo á la cama. Los grandes reposan,
la luz de los faroles baila fantásticamente en las acelos niños sueñan. ¿Con quién? Con Olentzaro begui
ras y en el arroyo.
Las familias cenan alrededor de la mesa, donde el gorri (Olentzaro el de los ojos encarnados).
¿Quién es este fantástico personaje?
besugo hace el principal gasto. De pronto llaman á la
¿Arranca de alguna leyenda?
puerta, ábrese ésta de par en par y la claridad de un
Nada de eso; ni leyenda ni personaje.
farol enorme alumbra uno de los grupos que poco
Olentzaro es corrupción de onentzaroa (la mejor
há transitaba por las heladas calles.
noche), que Larramendi traduce Nox Nativitatis
- ¡Aguilando!, clama una voz.
Y acto continuo, la voz canta, acompañada en uní- Domini, de lo cual se deduce que el vocablo compuesto significa la Nochebuena.
sono por las demás del grupo.
¿Y begui gorri? No es fácil hallar la relación exacCantan en vascuence aires de circunstancias, en
ta
que pueda existir entre unos ojos colorados y la
tiempo de Zortziko, lento y solemne, que acentúa la
clásica noche de Navidad.
pandera marcando el ritmo con vigor.
¿Serán la antonomasia del besugo por los ojos enA veces la canción tiene un estribillo, caso en el
cual la soprano del grupo entona el aria, en cuyo fi. carnados del sabroso pez?
Una lógica asociación de ideas habrá unido tal
na! se desploma el coro con entusiastas acentos. Todo ello termina con un ¡aguilando/ feroz, gritado por vez los susodichos ojos á la noche de onentzaro, convirtiendo ésta en olentzaro y á éste en personaje de
toda la masa. •
En general, la gente del muelle y los niños y niñas, fantasía, con el aditamento de la vista roja.
Sea de ello lo que quiera, el caso es que Olentzaro
estos tíltimos formando siempre grupos aparte, se
lanzan al idioma castellano, vocalizando desatinada- begui gorri existe en la mente de los chicos cuando
mente y estropeando la prosodia, con la siguiente llega la noche de Navidad, y que esa denominación
sintetiza elocuentemente la naturaleza, el carácter
canción:
indígena de la Nochebuena en la capital de GuiEsta noche es Nochebuena
ptízcoa.

Andantino molto espressivo. ,.--..__
CANTO.

y nt'lef

nn.c/111 de

d11r.. mi.i . i . ,.r

!/ ,í lo., dn.

l

Y no es noclzé de dormi-i-i-ir

Lá Virgen ésta de pa-a-arto
Y á las dosé ha de parí-ir.
Y dijo Melchor:
T oquen, toquen los istrnme11sillos
¡Qué alegre es el mundo,
Canásido Dios!

Nada puede dar idea de la belleza de esta melodía
popular (que reproducimos al final del artículo), impregnada de una dulzura y de una sencillez admirables, y que se canta acompañada únicamente por
la pandera acentuando la corchea y las dos negras del
compás.

La noche avanza lentamente. Los grupos de mujeres, de niñas y de niños han verificado sus rondas,
han penetrado en las casas donde hay nacimientos,
los han visto y se han llevado gozosos el clásico
aguilando, como ellos dicen anagramatizando el sustantivo español.
Y la voz de ¡aguilando! resuena otra vez, entonada ahora con acento ordinario y robustísimos pulmones.
Abrese de nuevo la puerta y, á la luz del farol, se
divisa nuevo grupo compacto, oscuro, sombrío, que
adquiere en las penumbras del descansillo de la escalera caracteres de tétrica aparición.

Saliendo de la ciudad y entrando en el campo, la
celebración de la Nochebuena se reduce á la cena
tradicional con que los caseros rompen la monotonía
del manjar diario, cantando además las alabanzas de
Cristo, en aires populares originalísimos, que repercuten en las fragosidades de los montes y cuyo origen se pierde en la oscuridad impenetrable del folklore éuskaro.
No sé hasta qué punto se conservan en los caseríos
. le. gru .,et mu11.do (}uel,~ n,,. si.do Dios/
de Guipúzcoa las tradiciones de la Nochebuena. La
capital las ha perdido completamente al ensancharse y tomar el aristocrático color que hoy le distingue,
como corte veraniega, entre todas las de España.
Hoy la Nochebuena se reduce á ostentar las familias pudientes que tienen niños en casa magníficos
nacimientos,en los cuales se gasta un dineral.
Mientras los rabeles, los tambores, las panderas y
Hay pequeñas orquestas que recorren las calles y
postulan pro domo sua, muy diferentes á la que en las zambombas escandalizan á todo Madrid en la
1865 se formó con jóvenes distinguidos de San Se- Nochebuena, yo me sentaré al piano y cantaré con
bastián con el objeto de reunir fondos para ayudar lágrimas en los ojos:
á Santander, donde el cólera hacía estragos.
Y dijo Melchor:
Endosaron entonces los citados jóvenes el kapuToquen, toquen los istnmzensillos
¡Qué alegre es el mundo
zay de los caseros y recorrieron la población y visitaCa11ásido Dios!..
ron las casas, cantando y pidiendo una limosna para
ANTONIO PEÑA v GoÑI
las familias que el cólera había dejado en la miseria.

l

NúMERO

625

CRÓNICA DE LA CAMPA~A
Horcas Coloradas, 7 diciembre 1893

Acampados en este valle estrecho, arrullados por
el mar, que nos habla de la Patria, y en lo alto, las
crestas del Gurugú, que nos pregonan la existencia
de razas batalladoras y fieras, la vida se desliza aquí
con unas energías y un contento por todo extremo
agradables.
Intuitivamente, el soldado aprecia y saborea esos
dos grandes sentimientos y esos nobles impulsos.
Ante mis ojos se extiende el campamento: cabalmente los batallones que se ocultan bajo las tiendas
del frente pertenecen al cuerpo de ejército de Cataluña, Cazadores de Figueras y de Barcelona; regimientos de Albuera, de Luchana, de San Quintín y
de Asia: en la cresta están los valencianos, Mallorca:
al frente los madrileños, Canarias y Wad-Ras; y á la
derecha los andaluces y castellanos, Pavía, Toledo,
Cuba y Cataluña.
Por todas partes ecos de la madre tierra, nombres
gloriosos, cánticos del fiero catalán, del tozudo y noble aragonés, del burlesco madrileño, del andaluz
decidor y alegre ... ¡Qué hermoso es vivir en el riñón
de la raza, palpitando con sus arranques y teniendo
delante y á la espalda los ideales de la tradición y los
impulsos del hogar santo!
Hasta ahora no se ha disparado un tiro por el ejército que rige el insigne Martínez Campos. Se construye el fuerte de Sidi-Auriach, afianzando así el derecho de España; se espera al brazo el arma, para
representar la fuerza y la prudencia de la patria, y
todo el mundo, desde el recluta al generalísimo, tiene
fe en la causa, conciencia de su valía, coraje y perspicacia suficientes, lo mismo para acometer si se nos
agravia, que para castigar ó permanecer quedos si
así se dispone.
Los moros andan retraídos; unos dicen que se ocupan en las faenas de sementera, otros aseguran que
nos temen. El hecho es que sólo se ven, desde la
meseta de Sidi-Auriach, cruzar de Frajana á Mazuza1 arreando el pequeño asno, en bandolera el fusil,
esbeltos, majestuosos, despreocupados, como si nada
hubiese ocurrido los días 2, 27 y 28 de octubre.
Espa,ioles estar farrucos; moritos querer paz. Esto
dicen ahora; hace r 5 días decían, gritando desde los
bordes del foso de nuestros fuertes: Cabo de guardia
salir, que morito ser farruco y espaiiol estar gallina.
Con estas frases en la mente, frases que si bien se
mira sintetizan la conducta anterior y presente de
esos bárbaros rifeños, todo el mundo se pregunta: si
no se les castiga y nuestro ejército regresa á España
sin haber hecho patente su bizarría, ¿volverán esos
salvajes á sus fierezas y mañas de antaño?

LA

lLUSTMClÓN ARTÍSTICA

nados torreones. Desde cerca el ánimo se entristece
recordando las vidas sacrificadas por las balas de
esos montaraces enemigos. Delante de la puerta del
fuerte, dos crucecitas de palo marcan las sepulturas
de dos valientes: en el foso, en una sola tumba, yacen otros ocho valerosos soldados... Frente á la
puerta, cerca de la garita, el sitio donde cayó el infeliz general Margallo; en todas partes recuerdos
luctuosos, remembranzas de duelo y de amargura.
Tuve el gusto de contar los blancos hechos en el
lienzo del fuerte principal, trozo comprendido entre
la puerta y el torreón NO. Pasan de 50 los impactos que se observan. En una puerta chapada que se
sacó de sus goznes para que tapara una tronera durante la mañana del 28, se ven 18 balazos; en los
lienzos laterales, en las almenas, en los bordes del
foso, se observan también huellas del certero fuego.
Un soldado, testigo y copartícipe en los sucesos,
me decía que el fuego salía de las cañadas vecinas,
sin que apenas se viesen los moros. Solamente se vió
un grupo de unos 500 que tuvo la osadía de coronar
la cresta de la Cañada de la Muerte, como se llama á
la más inmediata á Cabrerizas Altas.
La tribulación de los primeros instantes pudo engendrar exageraciones en cuanto al número é importancia del enemigo, que ha señoreado nuestro campo durante un mes. Pero de cualquier modo, fuerza
es convenir, luego de ver el terreno, que el tiro de
aquellos fieros andrajosos era certerísimo, á mansalva y admirablemente aprovechado.

día 2 de octubre? ¿Acaso hemos hecho otra cosa
que gritar y bullir, ni más ni menos que las kabilas
cuando van á lanzarse al combate, sin obtener nada
provechoso? Solamente que las kabilas cuando entonan su tremenda algarabía es para animarse mutuamente á la pelea, y nosotros hemos gritado hasta
aquí por el capricho deleitoso de ejercitar nuestra
laringe. ¡Ni nos hacen caso, ni nos acordamos nosotros á la media hora de lo que motivó nuestros gritos!
El sultán sigue tan perdido como desde el comienzo de la campaña: no toméis esa expresión como
ofensiva para el tgregio monarca; no es un perdido
ni mucho menos; que sin saber dónde él está hemos
podido inquirir, sin embargo, que su fortuna es de
quinientos millones de pesetas, ni un ochavo moruno

El hermano del sultán continúa en Frajana dedicado á su tarea de apaciguar rifeños, valiéndose del
eterno procedimiento marroquí de «divide y vencerás.»
Desde este ejército nada sabemos de notas diplomáticas, ni de cabildeos ni monsergas de canciMU LEY HASSÁN, emperador de Marruecos
llería.
Dibujo que il~stra un trabajo recientemente publicado
Por eso mientras las operaciones no comiencen, si
por el africanista Gerardo Rohlf
es que comienzan, me dedicaré á trazar cuadros de
esta hermosa vida militar, cien veces más bizarra y
de más robustos tonos que la vida militar de guarni- más ni menos; no, lo que quería decir es que no pación.
rece, que sigue entre cortinas, y aquí las cortinas son
Mohamed
Torres y Araaf, detrás de los cuales el
JOSÉ lBAÑEZ MARÍN
emperador se ríe con toda su alma de las notas y reclamaciones diplomáticas.
LOS SUCESOS DE MELILLA
CRÓNICA DEL~ GUERRA

VI

Si de lo que se ha escrito del asunto de Melilla
durante las últimas dos semanas, procura alguien extraer la esencia imparcial y severamente, se hallará
la triste corroboración de todas las amarguras que ya
apunté en mis anteriores crónicas: esta crónica no
La vida se desliza aquí con la normalidad que os- puede ser 1arga de ningún modo; sería un calvario
tenta siempre un ejército organizado. Cerca de 20.000 lleno de cruces, y cada cruz la conmemoración de alhombres, agrupados en la zona comprendida entre el go que no nos honre.
Polígono y la plaza, trabajan, se adiestran y realizan
¿Qué se puede decir? Que las tropas continúan en
las funciones todas de la profesión.
Las brigadas que no están de facción en Sidi- Melilla tranquilamente, que siguen las obras del SidiAuriach, tiran al blanco ó hacen instrucción como Auriach, que se simulan batallas en el campamento,
ya que no las hay de veras, y que estas luchas de
si estuvieran en Carabanchel.
El servicio se realiza con los rigores que se exige mentirijillas son para obtener más tarde el resultado
al frente del enemigo. Todo el mundo, desde el ge- práctico de que en alguna ocasión las tropas, si hay
neral en jefe al soldado, viven bajo la tienda, comen lucha de verdad, se vean en apuro doloroso por fallo que hay, beben lo que pueden, y sólo tienen aco- ta de municionec;... Y no continuaré comentando espio abundantísimo de buen humor, de entusiasmo y to, porque me pudieran contestar al instante que ese
caso es imposible que llegue, contándose como se
de orgullo.
Cuando al caer la tarde regresan las tropas al cam- cuenta con la previsión y pericia del gobierno, y me
pamento y comienzan á iluminarse los conos de lo- recordarían las pruebas que ya dió de saber evitar los
na, que semejan luciérnagas de opacos resplandores, conflictos previniéndolos oportunamente.
La gran epopeya - no sé qué otro nombre darle
se ve bajo las tiendas, á unos escribir, á otros limpiar sus arreos, á los de más allá bailotear al son de que resulte de más resonancia - ha sido el ultimáuna vihuela, cantar en coro á los otros, y en todas tum que se remitió á Mohamed Torres por Martínez
Campos, en que se le exigían no sé qué número de
partes poesía, jácara, animación y estruendo.
Nadie diría que aquella gente ha comido frugal- cosas: una fuerte indemnización, el castigo inmediato
mente, ha dormido en suelo duro y humedecido por de los rifeños promovedores de la guerra, la entrega
de trece mil fusiles que se suponen en poder de las
la lluvia, ha trabajado durante diez horas seguidas.
Y es que, sin género de duda, el vigor y el aliento kabilas y la rectificación de la zona neutral, donde
de la raza existen en su total integridad, sobre todo en lo sucesivo no podrá levantarse edificación algucuando se les sabe despertar con nna aspiración no- na. Hubo un consejo importante, donde los minisble, con un ideal de raza, con un arranque de eno- tros opinaron: ¡Nada, duro y á ellos como no accejo patrio, como supone y entraña el problema plan- dan á lo que se les pide! En realidad, si todo eso
teado por los bárbaros del Rif sobre las mesetas de pudiéramos obtener de las kabilas y del emperador
Sidi-Auriach y al pie del fuerte de Cabrerizas Altas. podría España darse por satisfecha, aunque á regañadientes, y pelillos á la mar; quedando alerta, muy
alerta en lo sucesivo para tomar desquite serio en la
primer coyuntura. Pero ¿será cierto que se han pediAyer tarde fuí á ver el famoso fuerte, teatro de los do al emperador y á las kabilas tales bellezas? Siemtristes sucesos acaecidos durante los días 27 y 28 del pre habrá que descontar mucho. ¿Qué razones hay
para creer que sea ésta una verdad, cuando ni una
pasado.
Desde lejos blanquean y resplandecen sus alme- sola verdad se ha visto ni se ha probado desde el

Cuando conviene á la política del sultán, sus dos
representantes se apresuran á decir que tienen poderes omnímodos para resolver aquello de que se trate; recordaréis los poderes amplios de que venía revestido el príncipe Araaf, y sin duda habréis ofdo decir en muchas ocasiones que el ministro del emperador en Tánger los tenía igualmente. ¿No era justo
creer que entre el ministro y el príncipe ¡:odría haberse resuelto todo? Hubo ilusos que abrigaron esa
esperanza. El príncipe Araaf sacudió de sí el ultimátum come, una avispa de aguijón venenoso se le envió á Mohamed Torres en el Isla de L uzó~, y el Isla
de Luzón ha sido la pesadilla de los españoles durante
los días que empleó en irá Tánger y en volver: cuando esto escribo aseguran los telegramas que el Isla
de Luzón acaba de anclar en aguas de Melilla y que
debe traer pliegos de Mohamed Torres. Nada se sabe de los pliegos; lo que se sabe positivo es que
Mobamed Torres dice que no tiene poderes para resolver el asunto. Como Araaf.
Tres días han pasado desde que escribí lo anterior·
quise darme esta tregua á ver si un acontecimient~
imprevisto ponía en mi pluma otras vibraciones, glosas de otros tonos más alegres. No, los aires que han
venido no son los mejores para España, enfermo que
necesita brisas puras; pero como de una ó de otra
manera, sin respirar no se puede vivir, tiene que contentarse con esos; son aires de paz. No nos metamos
por Dios, en seguir punto por punto los trabajos la:
boriosos de los ministros para llegar á esta gran hora
de nuestra dicha. Alegrémonos, mejor es así. Las condiciones de paz no pueden ser más halagüeñas para
nosotros... Como no se saben fijamente, cada ciudadano español puede imaginárselas á su gusto, y era lo
que afi~maban los optimistas: que todos quedaríamos satisfechos. Hay una condición importante, la
que.trata de la zona neutral. Respeto á la propiedad
rústica. roturada, á los edificios consentidos y á la
mezqmta como l~gar sagrado. Importancia, sí la tiene; pero por lo visto es para ellos. Termino este párrafo haciendo constar la sorpresa que ha producido,
lo rronto que Mohamed Torres y el príncipe Araaf
tuvieron poderes para la conclusión de este tratado.
Se recordará que tres días antes carecían de ellos.
Sea como sea, lo consolador es que el ejército

�LA l LUSTRAClÓN ARTÍSTICA

vuelve· vuelve sin disparar un solo tiro,
á lo q;e se presume. ¿Qué importa si vuelve tan honrado y tan valeroso como se
fué? Si algo turbio resultara de todo esto,
¿qué culpa tendrían esos miles de. ho~bres disciplinados y fuertes, ese eJérc1~0
que tantas paginas de luz y sangre deJó
escritas en los anales españoles con las
puntas de sus bayonetas? ¿Repetiré lo qu_e
dije ya otras veces? El soldado es lo úm·
co que en España hay que no degeneró;
el soldado es la flor única que conserva
su perfume, entre aquellas hermosas flores ya marchitas de nuestras grandezas
muertas, el soldado es la vieja y pura reliquia que España guarda como memoria
de lo que fué.
El ejército vuelve; vuelve quizás de mal
humor porque no pudo por su propia mano vengar las víctimas. l.a nación quizá se
recoja en un sentimiento de pena callada, acompañando así al ejército en su &lt;lis-.
gusto; pero no todo es sombrío, no todo
huraño; hay una multitud santa y amable
que sonríe y tiembla ... ¡Las madres y las
novias! Fueron las primeras en lanzar :\
la lucha á los hombres de su amor por un
sentimiento de dignidad patri'6tico, y se·
rán las primeras en ir á recibirlos por otro
sentimiento: el de las almas dignas qu,
han cumplido un deber y obtienen el pa
go en supremos goces ...
Para disipar ideas tristes contra esos
aires que á España envuelven; para poner
en el corazón otro sentimiento y en el espíritu otras alas que nos aparten de hu·
manos errores y nos conduzcan por contados segundos á sanas esferas, hay que
pensar en el espectáculo de aquel altar
erigido en una colina junto á las hordas
del Rif, en aquellos veinte mil hombres
que rinden sus armas sumisos al levantar-

se la Hostia y en aquel sol que cae sobre
todos como bendición sublime, arrancando destellos al dorado cáliz, donde la sangre de Jesús palpita, destellos que parecen de lágrimas de Dios por aquella otra
sangre de nuestros soldados, vertida por
infieles en donde mismo el altar se levantó.
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TIPO DE UN BERBERISCO,

cabeza de estudio de w. Genz

N ú ~IE.KO 62 s

N UME.Kü 625

Tocan diana: el soldado asoma soñoliento á la abertura de su tienda, regocí·
jasele el corazón: el cielo le sonríe al~gre,
el sol le inunda amoroso, su sangre cucula rápida: el campamento va animándose,
se mueve todo, todo brilla, la confusión
aumenta, el espectácu.lo es pintoresco,
brillante; ya están vestidos, forman: .¡ved
ahí á los soldados españoles! La patna se
conmueve de orgullo contemplándolos;
pero la patria suspira también al pcnsa·
miento de que esa juventud no se engalane con preseas de enemigo, de q~e
esas energías no se aprovech~n. La patn~
dice que una guerra le costana mucho dinero y muchos hombres; pero dice también que esa guerra sería, de seguro, poderoso reconstituyente para nuestra sangre que se vicia, para nuestros tegu~e.n'i:
tos que se aflojan, para nuestro raqmt1s·
'\ mo en fin, que no sabe nadie adónde nos
lle~ará; no son estos aires belicosos, no:
es patología pura.
Solemne misa en la que innumerables
bocas de cañones están dispuestas á mantener la palabra de Dios; en la que un
ejército fuerte ansía conmovido una se~al
de despecho, siquiera, en la aborrecida
chusma, para pasar el límite y ocupar rá·
pidamente pueblos y ciuda?es. ¡Segundo
grandioso en que la Hostia se levanta,
en que músicas baten himnos, en que las
frentes humíllanse y en que los pechos
se hinchan de una savia poderosa que

LA

aligera la respiración y humedece los ojos, y hasta las
puntas de las bayonetas parecen temblar, al rendir
armas, señalando á la vez como dedos rígidos los
campos salvajes adonde quisieran ir con ese taber·
náculo ante el cual se postran, con esa Hostia que
se levanta y con ese sacerdote que oficia.
No hay guerra; el ejército vuelve si no surgen
complicaciones que nadie se figura; lo dije: de las
madres y de las novias es el regocijo. ¡Cuánta alegría
las que pensaron en una triste Nochebuena de lágrimas é inquietudes! Habrá bailes en el hogar, jubileo
de cantos, retozos y entremeses de historias de campamento. La madre confortará plácidamente sus
ateridas manos junto al enrojecido tronco; la novia
bailará en la fiesta, luciendo sus mejores galas, palpitante el corazón por el honesto placer y abrasadas
las mejillas como las ascuas del fogón en que la
madre conforte sus ateridos músculos. Noble hija del
pueblo, ¡cuántas h.oras de labor penosa te habrá costado el rico pañolón que esa noche de alegría cubra
tus hombros! Cuando te cases, esa prenda estará en
tu boda; cuando nazca tu primer hijo, esa prenda será la primera también que se luzca; si el hijo de tus
e ntrañas muere, será la colgadura que la sala del
muertecito adorne entre un brillante granel de rosas
amarillas; cuando tu marido esté sin trabajo, ese pañuelo irá al Monte de Piedad y le habrás besado an-

l LU::i'l l(ACION

tes y le habrás bañado con puras lágrimas de recuerdos dulces. Tú eres honrada y noble; tú eres pura y
fuerte; tú te educas en el bien verdadero; tú te preparas en la gran escuela del trabajo y las resignaciones para dar después á la nación los hijos que luchan
por ella y la salvan y la glorifican ... ¡ Ríe ahora!
Alégrate de la vuelta del soldado; goza con el perfume de su gracia y de tu amor; aprovecha tu juven·
tud, que luego confortarás tu cuerpo aterido junto
al tronco abrasado como tus mejillas lo están ahora;
que todo eso es el arco de flores por donde entras en
tu vida de casada. ¡Oh tristezas! ¡Oh amarguras! Allí
vendrán los sufrimientos, allí las lágrimas, allí el suplicio; pero te mostrarás allí con todas tus grandezas
y todas tus dignidades, sobreponiéndote con serenidad de gloria que ni tú misma comprendes, á los insultos tal vez de un marido grosero, á las miserias de
una enfermedad, á las agonías de un trabajo continuo y á la gran hecatombe, por último, de ver cómo
te quitan, para que muera quizás en la guerra, al hijo
adorado que rasgó tus carnes al surgir á la vida y
que se nutrió con la savia de tu pecho sano y robusto.
Las madres y las novias sonríen; consuélenos esto
de la inquietud que puede causarnos el desenlace
que el asunto de Melilla va á tener. El príncipe se
ofrece en rehenes, y se compromete á prender á los
que él dice ser los verdaderos culpables del conflicto
actual, no á los que los españoles puedan designar

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como á tales; á Maimón porque sabe que se halla
fuera del alcance de su mano, no á Alí el Rubio, ni
al santón de la Puntilla, verdaderos causantes de la
guerra. Y aun en esto muéstrase cicatero el hermano
de S. M. Sherefiana, pues no dice que entregará los
culpables á España para que por nuestra mano los
castiguemos, sino que quiere enviarlos á Tánger para
que allí los castiguen (?) las autoridades imperiales.
El emperador escribe á la reina respetuoso mensaje
prometiendo con mucha seriedad un castigo terrible
para las kabilas revoltosas, las conferencias de Araaf
y Martínez Campos menudean que es una bendición,
los moros entran ya en el campamento, las relaciones comerciales se reanudan, Castelar felicita á Sagasta, Moret está contentísimo y esto acaba así sin
que sepan los ministros cómo, sin que lo sepa Espa·
ña, _sin que lo sepa nadie, y yo acabo también sin acabar, á la manera que el asunto de Melilla, diciéndote,
lector benévolo, en el rinconcito de esta última plana guardado aquí expresamente para la última hora,
que esta hora no puede ser más triste. Y si he de
coger la pluma de nuevo, ¡quiera Dios que no sea
para contarte lástimas, como hasta aquí lo hice por
este luto nacional, sino para que se bañe en agua de
rosas con nuestros corazones, entonando á la vez un
himno glorioso á la España invicta!

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Eztlnctonea de la Voz, Inflamacñonea de la
Booa,Eteotoa perniotO!IOS del Meroario, Irt•
taolon 511e p roduce el Tahaoo, 7 ljleCWmSDle
4 lcl Sm PREDICADORES .&amp;BOGADOS,
P I\OFESOBES y CA.NTOiiís pa:ra facililair ta
em!ol.on de la W«r!!.-PallCIO 12 Raw..

llflnl'tr ,,_ "•rotulo a ttrma

_

&amp;cih DETlliN, l'armaoeuUGO en P.iU\i'ij

""lOADESdeIE8fo,h
---¾·• 4,,

t-+-'~

Eartnacl.a, &lt;, A.L:LE D E BIYOLI. 1. 5 0, ·P A.BJ S, 11 e n tu«.c_..,, 1a:o1 .J.ta.,·, u.uc:,un
1

El J"ARABE DE BRIANT recomendaúo desde su principio, por 1Os profesurcs

Laennec, Thénard, Ouersant, etc. ; lla recibido la consagraclou &lt;.te! tiempo: e11 c1
añu 18:!9 Obtuvo el prlvlleglo de Invención. VERDADERO C ONFITE P ECTORAL, con base
de goma y &lt;.te ababoles, conviene, sobre tollo á las personas ucilcactas, co111u
mlljeres y niños. su gusto excelente no perjudica en modo alguno á su encacia
contra IOS RESFRHD0S y tOClas las IIIFUM~CIONES del PECíi0 Y de 1OS JIITESTIN0S.

Pepsina Boudault
.lp!obada por la .lCADEIIADE IEDlCIN.l

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PREM IO DELIHS.TITUTO Al O' COAVISAAT. EN 1856

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y CON TODOS LOS PIINCIPIOS NUTRITIVOS DB U CARNE
t,AmJ:IE, nrnnno y 9111iw.11 Diez años de exito continuado y las aflrm~clones de
todas las eminencias médicas preullan que esta asoc1ac1on de la Carne, el n,err!) .Y l a
@uina coustiLuye el l'eparador mas en~rg¡co que se conoce para curar : la Clorosis, la
Anemta, las Jlmstruacione&amp; d,olorosa&amp;, el 111npolirecimtent o Y la Al{eraci?n de l(! Sangre,
el Jlaquttt.smo ¡,,s Afeccíonet escro{Ulosas Y e&amp;cor/Juttcas, etc. El 1 ■ no ¡¡. cr1•11¡;,ao1Jo de
l!roud es en' efecto el único que reune todo lo que entona Y fo l'talecc los organos,
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1867

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18711

H

18i3

- PHILADELPB!A
1876

- P.lRIS
ltr.8

KlfPLIA. CON IL M.t. TOI. illTO I N LU

DISPEPSIAS
OASTRITIS - OAST RALOIAS
DIOESTION L-ENTAS Y P EN OSAS
F ÁLTA DE APETITO
f OTRUI DE.PU&gt;BNU DI U

DICHITION

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ELIXIR- · de PEPSINA BOUDAULT
VINO · · de PEPSINA BOUDAULT
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y ett úu pr (~ctpalet farm,1cvn

�LA

NúMERO

I LUST RACIÓN A RTÍSTICA

625

plomacia europea, especialmentepor la inglesa y la francesa, aquélla
con la vista fija en Tánger, ésta
codiciando la anexión del oasis ne
Tuat ásus posesiones africanas. En
cuanto á España, la proximidad de
los súbditos marroquíes á nuestras
plazas de In costa de A frica ha sido
causa de frecuentes conflictos entre
la diplomacia española y la del sul•
tán, y fuerza es confesar que si en
los tratados hemos salido vencedores, en la práctica no hemos obtenido las ventajas que teníamos dere•
cho á esperar.
El actual conflicto de Melilln
está probando una vez más cuán
difícil es entenderse por las vías di,
plomáticas con el emperador de
Marruecos, ante cuyas ernsivas, ex•
pedientes dilatorios y promesas
más 6 menos sinceras se estrellan
todas las reclamaciones de nuestro
ministro de Estado. Buenas palabras no les faltan á Muley Hassán
6 á sus representantes; en cuanto
á buenas obras, ya es otrn cosa.

NUESTROS GRABADOS
El actual sultán de Marruecos,
Muley Hassán, es uno de los hijos
menores de su antecesor Sidi lila·
homed, á quien sucedió en 25 de
septiembre de 1873; y aunque no
estaba indicado para soberano, las
intrigas del harén le valieron el tro•
no que debla ocupar su hermano
Sidi Hamed.
Muley Hassán cuenta cuarenta
años y es de hermosa presencia:
Edmundo de Amicis, que en 1876
estuvo en Fez con la embajada ita•
liana, se deshace en alabanzas del
Apolo negro, como él le llama; en
cambio Luis Pietsch, que algunos
años después .1compañó al embaja•
dor alemán Dr. Weber, dice ha·
blando del sultán: cNo he visto en
modo alguno confirmada la descripción del poético cronista de la
embajada italiana Sr. de Amicis,
que quiso ver en aquel hombre grave, enfermizo y cansado el ideal de
la varonil belleza que pueda soñar
una odalisca.&gt;
Los principales viajeros describen á Muley Hassán diciendo que
es de arrogante figura y que su rostro moreno con barba negra no carece de belleza, un tanto apagada
por la expresión de tristeza y de
sufr imiento que nunca desaparece
de su cara.
Muley Hassán no es mejor ni
peor que los que le han precedido,
está muy pagado de si mismo y
convencido de ser muy superior á
sus súbditos como descendiente que
es de Mahoma.
A sus súbditos les trata como
siervos, por no decir como escla•
\'OS: los saquea cuanto puede, los
mata por cualquier pretexto, y en
sus arbitrariedades sólo le contiene
algo la presencia de los embajado•
res de las potencias europeas.
Durante su reinado han ocurrido
graves revueltas en sus dominios,
que ha sofocado siempre por los
más bárbaros procedimientos, y con
frecuencia tiene que emprender viajes por sus estados para reducir á
las tribus rebeldes y percibir exorbitantes impuestos.
El sultán de Marruecos se encuentra siempre acosado por la di-

.

••
Las hogueras que por espacio de
algunas noches brillaron en las cumbres del Gurugú, durante la pre•
sente campaña de Melila, constituyen un sistema de señales que, reproducidas de monte en montt',
significaban la demanda de auxilios
que los rifeños dirigían á las kabilas del interior: este sistema muy
en boga entre los pueblos salvajes
ó poco civilizados, suele producir
resultados sorprendentes, pues ca~i
nunca dejan de acudir en ayuda de
sus hermanos aquellos cuya coope•
ración se solicita. Nuestro grabado
representa un grupo de marroqules
que perfectamente armados y equipados para la lucha dirfgense en veloz carrera á compartir con los rifeños las vicisitudes de la guerra.

•••

UN JEFE DE TRIBU ÁRABE

(de una fotografla)

Los otros dos grab.'ldos son un
tipo de berberisco y el retrato de un
jefe de tribu árabe, y acerca de elks
nada hemos de decir, porque har•
to conocidas son las cualidades de
esta raza que aún conserva algunos
rasgos de su antigua valla.

Las casas extranjeras que deseen a.n uncia.rse en LA ILUSTRAOION ARTÍSTICA dirija.nse pe.re. informes á los Sres. A. Lorette, Rue Ca.u.ma.rtln ,
núm. 61, Pa.ris.-Las casa.s españolas pueden hacerlo en la. oficina. de publicidad de los Sres. Ca.lvet y Ria.lp, Paseo de Gracia., núm. 21

i
i EXA~~INA

MBDICACION ANALGÍSICA

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EXIJASE 01i:ºt~ 1 ABO UO
Quedan reservados los derechos de propiedad art!stica y literaria
[ MP, DB MONTANll:R Y SIMÓN

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