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Ftí~t1ea
A~o XII

BARCELONA 25 DE DICIEMBRE DE 1893 _,. _ _ _ _ __

NúM. 626

REGALO Á LOS SEÑORES SUSCRITORES DE LA BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA

SITUACION APURADA. grupo escultórico de Eusebio Arnau

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

cías, como por ejemplo en Ginebra, donde se ha
construido un palacio para la Física y la Química.
Texto. - Crónica de arte, por R. Balsa de la Vega. - El 111aes·
Y aquí cuando este movimiento del «especialis/ro de escuela, por Angel R. Chaves. -Narraciones. E l tío
mo,» que pudiera decirse se acentúa en todas las
Zampona, por J. B. ~nseñat. - N ueJ/ros grabados. -Peque
17as historias. La ca/1111mia, por Enriqueta Lozano de Vil·
naciones cultas; aquf, repito, se disponen á tirar cerches - S KCCI ÓN c1ENTIFICA: Proytólo de palacio atreo.
ca
de dos millones de reales en la aglomeración dé
Grabados. · Situación ap11rada, grupo de E. Arnau. E sestudios en un solo edificio, dejándonos de paso sin
perando que pase, fotografia. Los panales de ]mis, cuadro
uno de los más hermosos edificios de España.
&lt;le Pnupión. - Vistas de Sa11ta11der. -El 1J/ti1110 grito del Redentor, cuadro de J. Brunet- Leo11es en' acecho, grupo de J.
Pero lo verdaderamente vergonzoso, lo que no tiene
Vastagh - Un t rovador valenciano. A ldeana leonesa, cuadr1Js
disculpa
de ningún género, es que la idea de desmode J. Agrasot. '.. La torre colosal &lt;le Wembley y la torre Eil·
char
la
universidad
de Santiago haya partido de hifel. - Proyecto de palacio aéreo. - Un paso difícil, dibujo de
jos de Santiago mismo que, por el alto puesto que
C. Arregui.
en la ci~ncia y en la poHtica ocupan, debieran estar
exentos de ciertas mezquindades, porque la destruc·
CRÓNICA DE ARTE
ción de la obra de Manchado obedece exclusivamente á rencillas políticas de localidad. ¿No parece esto
No hay mal que cien años dure, ni Academia de
increíble? Pues desgraciadamente nada más cierto.
Bellas Artes española que no resuelva los asuntos
En tiempos de la situación conservadora propuso
que se le propongan. Sus sudorcillos les costó, pero
el rector y aprobó el claustro que los ochenta mil
al fin y al cabo salieron del apuro los señores inmorduros que como fundación particular tenía sobrantes
tales de Ja calle de Alcalá.
la universidad gallega se empleasen en construir un
Seguramente que á los lectores de LA ILUSTRA·
edificio ad hoc para la facultad de Ciencias, edificio
CIÓNARTÍSTICA se les habrá olvidado el «asunto» de
que sería de estilo del Renacimiento de la época de
que hablo. ¡Es claro! Después de dos meses, larguitos
los Reyes Católicos, y que formaría el cuarto frente de
de talle, que hace que comenzó la vista de este cula monumental plaza, llamada del Hospital, de la
rioso é interesantísimo pleito, no es de extrañar que
ciudad del Apóstol. Cuando este proyecto, que resno se acuerden de lo que se resolvía en tal litigio.
Y vamos ahora con la segunda ¡,arte de esta Cróni- pondía á las necesidades de la enseñanza moderna y
Pues, sí, señores; la Academia de Bellas Artes de ca¡ parte dolorosa, porque en ella voy á tratar de otro respetaba como era debido al arte, estaba á punto
San Fernando emitió ya su parecer respecto de los cielito grave, perpetrado ya por la Academia de San de ponerse por obra, acaeció el cambio político que
proyectos arquitectónicos y escultóricos presentados Fernando. Se trata de un crimen de leso arte, con- trajo al actual gabinete, fué nombrado otro rector
al concurso, que para elevar en Covadonga una esta- sentido, como he dicho, por la Academia y á punto afecto á ciertas personalidades y el citado proyecto
tua y monumento á Pelayo había abierto la Diputa- de ser perpretado de hecho por personalidades que fué anulado por este otro de que vengo hablando.
Como quien manda, manda, y cartuchera en el cación provincial de Oviedo. ¿Qué parecer fué el emi- debieran no llevar sus enconos y rivalidades polítitido? Ecco t'l segretlo.
cas hasta hacer que paguen los vidrios rotos los mo ñón, se envió este proyecto de crimen artístico á la
Visitaba Posada Herrera cierta iglesia de Roma, y numentos arquitectónicos de España.
Academia de Bellas Artes de San Fernando, para que
hacía su visita tarareando un aire de zarzuela muy en
Lo que se pretende es alzarle un segundo piso al emitiese dictamen (aprobase, es Jo mismo) sobre la heboga por aquellos días (allá por el año de 1844 ó magnífico edificio de la universidad de Santiago de rejía; y en efecto, con tanto celo estudió esta corpora1846), cuando acertó á pasar muy cerca del futuro Galicia para instalar en él la facultad de ciencias.
ción el asunto, que, según malas lenguas, el académico
presidente del gabinete izquierdista un purpurado; y
La universidad de Santiago es el eiemplar más arquitecto ponente afirma en su ponencia que puede
como éste le llamase la atención respecto de la irre- bello del gusto neo-greco del pasado siglo que cuen- desmocharse el edificio por ser barroco, etc. Si esto
verencia con que hacía su visita, el solitario de Lla- ta España. Erigido, como digo, este elegante y so- no es cierto - y tengo para mí que Jo es, pues la pernes le contestó, mientras sonreía socarronamente: berbio edificio :í. fines del siglo xvm coa arreglo :í. sona á quien se lo he oído me merece gran confianlos planos y bajo la dirección del arquitecto Man- za, - estoy pronto á rectificar; pero dudo mucho que
« Estoy en el secreto.»
También por aquí estamos en el secreto de la reso- chado, discípulo predilecto del insigne Villanueva, á llegue la ocasión, porque significaría que á la Acadelución académica. Y esta resolución se parece á la quien sorbiera los sesos en fuerza de adaptarse su mia se le importa tanto de la integridad de nuestros
que Alejandro dió al célebre nudo de Gordio; por- gusto estético; por sus proporciones, por el respeto monumentos y de los fueros de la belleza como á la
que si no es cortar por lo sano declarar que las obras con que ha sido tratado el orden jónico á que perte- luna de que los perros le ladren. Más vale, pUt:s, por
de artistas como Marinas, Alcoverro, Gandarias, nece, por las belllsimas colosales esculturas, obras honra de los inmortales del arte, que se dé como váliQuerol, Parera, Alsina, Folgueras, etc., y las de ar- estimables del escultor Ferreiro, émulo de Sarcillo, da la especie de que emitieron dictamen sin enterarquitectos tan notables como los citados escultores por el magnífico salón biblioteca, que hace dudar si se de nada.
no llenaba ninguna las condiciones exigidas en la por su magnitud y proporciones es digno de compeEs de esperar, sin embargo, que no se lleve á cabo el
tir con el de la Vaticana; en fin, porque es este edifi- proyecto. Creo que si no estamos dejados de la mano
convocatoria, que venga Dios y lo vea.
Ya en la última Crónica exponía los motivos que cio en sola su parte arquitectónica una verdadera y de Dios, alguna casualidad, algo inesperado, venga
obligaron á la Academia á resolver el asunto tan fue. acabada obra de arte, lo que la Academia autorizó á dar al traste con este proyecto que significa una verra de justicia, y por lo tanto no volveré á exponerlos; reviste todos los caracteres de una herejía, más que güenza nacional. Porque de realizarse, dadas las conpero sí diré algo que me baila en el cuerpo y que de una herejía, de un crimen artístico.
diciones meteorológicas de Santiago de Galicia, desFigúrense ustedes un edificio en cuya fachada prin- de ahora pueden considerarse perdidos gran parte
me parece digno de ser tenido en cuenta por alguien.
Se trata de un caso de lesa moralidad La Acade cipal se alza un pórtico formado por cuatro grandes de la magnífica colección cristalográfica que posee la
mia de San Fernando por boca de algunos de sus columnas jónicas con sus capiteles de lo más puro universidad y que perteneció al abate Hauy; el gaindividuos dijo, cuando se conoció el texto de la del estilo, columnas que van desde la gran escalina· binete de Zoología, con más de 2.340 objetos; la coconvocatoria, que era imposible resolver nada, dada ta de acceso al edificio hasta la parte superior de éste, lección de antigüedades, entre las que hay objetos
la obscura redacción de los términos en que aquélla y cargan un ático de hermosas proporciones y severa de arte, arqueológicos, ídolos, sepulcros, etc.; el gabiestaba concebida; pues ni por lo que á las atribucio- línea; que sobre el ángulo superior del ático se eleva nete de Física, con 800 máquinas y aparatos, y para
nes que á la Academia se le concedían, ni por lo que colosal estatua de .llfinerva, armada de punta en blan- no mentar más, la biblioteca, que contiene cerca de
á la parte técnica atañía, la citada convocatoria era co, y que en los ángulos inferiores del frontón cuatro 50. ooo volúmenes y una riquísima colección de maviable. ¿Cómo, pues, aceptó el cargo de emitir dicta- geniecillos también colosales sostienen coronas y atri· nuscritos, entre los que se cuentan una Biblia del
men en un asunto que apriori juzgaba de este modo? butos de las ciencias. Figúrense además que los cuer- siglo x y el libro de rezo de Fernando I de Castilla
¿Por qué defendiendo, como debía defender, los in- pos que forman los ángulos del edificio ligeramente (año 1055).
tereses del arte, que son al propio tiempo los de los salientes, aun cuando menos que el pórtico, están liTodo esto se está hacinando en sótanos y lugares
artistas, no invitó á la Diputación provincial de Ovie- mitados por hermosas pilastras coronadas por capi- parecidos, donde la humedad, los ratones y la polilla
do á que redactase de un modo preciso y claro la teles iguales á los de las columnas del pórtico; que se encargarán de destruirlo, mientras tanto los homconvocatoria? Pues qué, ¿no es un caso de moralidad, aquéllos se apoyan sobre un ancho y elevado zócalo bres destruyen á su vez un monumento de primer
de responsabilidad moral, encogerse de hombros, que al igual del friso corre á lo !argo del edificio, y orden, y desaparece una de las obras más hermosas
dejando que los artistas malgastasen tiempo y dine- tendrán mis lectores una ligerísima idea de lo que es de la escultura regional, la obra de Ferreiro, la estaro en concurrir á un certamen, considerado desde el exterior de la universidad compostelana, á la que tua de Minerva que corona el frontón y que ha veniun princi~io por los académicos como imposible de dentro de breves días se Je despojara del ático de las do presidiendo las enseñanzas que durante una cen•
esculturas, del pórtico, de sus proporciones, para con- turia se dieron á miles de estudiantes que han sido
rea izar en las condiciones dichas?
Pero no es á la Academia de San Fernando :í. quien vertirlo en un caserón vulgar.
honra y prez de la compostelana escuela.
Y Jo más censurable, es que llevando al edificio
únicamente coge de lleno este caso de lesa moralidad, caso que va repitiéndose con bastante frecuen• de la universidad la facultad de Ciencias (ú otra
R. BALSA DE LA VEGA
cía en esta tierra, que parece dejada de la mano de cualquiera, que para el caso es lo mismo) se comete .......,.,... ,,••••••,.,...,,.,,.,~..,,.,,.,,1•,,..,1•,.••••••·••,1•••·••1•,,•,,,.•, .•, ..,,.,,.••, .•.••,r....,,.,,..., ..•..., .. ,••,
Dios en todo y para todo. También la Diputación un hecho de atavismo estupendo en materias de enEL MAESTRO DE ESCUELA
de Oviedo es responsable, en otro sentido, de ese señanza, que pone, desde el ministro de Fomento
mismo delito. Si quería dar á un hijo de la tierra hasta el rector de la universidad compostelana y á
(EPISODIO DEL A~ O 9)
motivo para que, como escultor, luciese sus aptitu- cuantos intervinieron é intervienen en el asunto, en
el
ridículo
mayor.
des en una obra de empeño, pudo haberlo hecho.
I
Sabido es que las nuevas corrientes de la enseñanMucho más noble, mucho más leal, mucho menos
Lo recuerdo como si lo estuviera viendo ahora.
censurable hubiera sido ese proceder, que no el de za superior, y especialmente de la científica por su
redactar una convocatoria que se presta á veinte in- complej'o y cada día más amplio conocimiento y es· Con aquel casacón color de ala dt: mosca, corto de
terpretaciones distintas, dejando as( un portillo abier- tudio, requieren espacio y aislamiento. Y tan es esto talle, largo y amplio de faldas¡ con aquel gorro de alto siempre por donde escurrir el bulto y hacer al cabo cierto y tan se ha aceptado como una necesidad esto, godón del que se escapaban dos mechoncillos de
que en Inglaterra, en Suiza, en Alemania é Italia y cabello gris; con aquel calzón corto tan falto de pelo
Jo que queda, lo que pudo hacer.
No sabemos todavía Jo que acordará la corpora- en el mismo Portugal se construyen separadas del como sobrado de lustre; con aquellas medias acribición provincial asturiana en vis_ta del fallo, ó mejor edificio matriz que pudiera llamarse al de la univer- lladas de cicatrices, que tanto hacían resaltar la invedicho dictamen de la Academia de San Fernando; sidad, otros edificios, no ya para instalar la enseñan- rosímil delgadez de sus piernas, como lo desmesurapero dícese que ya desistió de hacer el monumento. za de facultades, sino simplemente para la de Cien- do de unos zapatos de cordobán pretenciosamente
SUMARIO

Si esto es asf, la formalidad de aquella corporación
no queda muy bien parada que digamos. Si no es
esto verdad, y convoca á nuevo concurso, lo hecho
será siempre censurable; s1 se determina á darle la
ejecución de la obra al escultor asturiano aludido, el
caso de responsabilidad moral podría convertirse en
un caso de responsabilidad material. Y desde el punto de vista artístico la provincia podría exigirle también resppnsabilidad; pues es de suponer que el proteccionis/110 regional no alcance hasta el extremo de
dar medio millón de reales por una obra de arte que
no tiene aprobación oficial ni del público, y sí sólo
de algupos amigGs y admiradores•del artista asturiano. Y cohste que réconozco en 6sle es··ultor condiciones y mérito salientes; peto' este mérito y estas condiciones no los ha revelado ciertamente ahora. La
justicia reclama que así se haga constar. Ni como dibujado, ni como interpretado el Cllrácter legendario
de Pelayo, ni como estudio de indumentaria el modelo para la estatua del vencedor en Covadonga, exhibida por el escultor de quien hablo, era aceptable.
Corta y pesada la figura, falta de movimiento, vistiendo armadura y calzando calzado de época muy
posterior al siglo vm, este modelo no podía parangonarse con el que tenía Spes Patria por lema.

NúMERO 626

NúMERO

626

LA

adornados de relucientes hebillas de cobre; y
sobre todo aquella nariz
aguileña, aq u e I rostro
desmesuradamente largo y puntiagudo y aquellas manos sarmentosas
y des~ed_idas, de seguro
que s1 mis entonces escasísimos conocimien.
tos literarios me lo hubieran permitido no
hubiera podido rr:irarle una sola vez· sin que
viniera á la mi memoria el recuerdo de aquel
dómine Cabra, que con
tan gallarda donosura
pinta Quevedo en su
obra titulada Vida del
Gran Taca,io.
En cuanto á la escuela tampoco la olvidaré
mientras viva. Dos largas filas de bancos simétricamente colocados
ante dos mesas de las
mismas dimensiones
que ellos, y exornados
de raídos cartapacios de
badana y de amarillentas muestras de correctísima escritura; cuatro
descomunales cartelones conteniendo las
veintisiete letras del alfabeto, unos ejercicios
de sílabas y las tablas
de sumar_ y multiplicar,
y una tanma en la que
á guisa de trono se levantaba el vetusto sillón
del maestro, de uno de
cuyos brazos pendfan la
aterradora palmeta y las i
temidas disciplinas: ta- !_
les eran los enseres más
notables de aquel que
pudiera llamarse empo-

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

1

.
==:
-

~

..,,,.,

\~

l

KSPKRAK DO

QUI•: r.\ SE,

fotogrnífa de Mr. Lee La Trobc Bntcman

rio del saber y fuente
de toda cultura en el
modesto lugar en que
me cupo en suerte nacer.
Sin embargo, durante
los muchos ratos de abu·
rrimiento que pasaba
sentado en aquellos duros, pero honrados ban· 1
cos, no era nada de aquello lo que fijaba mi atenci ón. Ni siquiera los
puntitos achocolatados
que, sin duda para probar su puntual aplicaeón y asistencia, dejaban todos los veranos
las moscas en las mal
enlucidas paredes, ni
menos aún los manojillos de hierbas medicinales que pendían de las
ennegrecidas vigas de la
techumbre atraían mis
distraídas miradas.
Lo que, sin saber por
qué, contemplaba horas
y horas, hasta que la caña del preceptor venía
á sacarme de mi arrobamiento, era un cuadro
que, bajo un doselillo
de seda desteñido, pendía de un clavo sobre el
sillón presidencial.
La particularidad de
aquel mediano grabado,
que á lo que discurro
debía ser un retrato de
Carlos IV, era que precisamente sobre el rostro d el bondadoso monarca se había pegado
recientemente un papelillo en que se leían estas palabras, escritas en
rasgueada cursiva: Vale
por Don Femando VII,
.N.

s.

LOS PAÑALES DE JESÓS,

cuadro de Paupi6n _(Salón de los Campos EHs;os, 18?3)

�LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 626

Los ruid0s que entonces se oían no podían conAllí la vida se deslizaba con tan desesperante mo- ovejas, que de esto no estoy muy seguro, nada menos fundirse con otros. Primero las ruedas de la artillería
notonía que no notábamos más diferencia entre· un que á general de los reales ejércitos de entonces, la sacando de su lugar los guijarros del camino; después
día y otro que la mayor ó menor proximidad del do- puerta de la escuela se abrió de golpe, dejando paso el trote, y más tarde el piafar de los caballos, y por
mingo, aquellas veinticuatro horas felices en que no á la ilustre personalidad del tío Cornejo, viejecillo último, el acompasado son de los ferrados zapatos de
quedaba un nido en los árboles ni una zarzamora en que desempeñaba las dobles funciones de ministro la infantería hundiéndose en el fango y quebrando el
de justicia y de secretario-amanuense de la primera
los setos.
hielo de los arroyos, llegaron á nosotros tan distintaA la misma hor:i. entrábamos en la escuela, forma- autoridad local, que dicho sea de paso, por no saber mente que ya no hubo lugar á la duda. Entonces sí
dos en correcta fila, repitiendo con soñolienta cantu- firmar, autorizaba con una cruz cuantas disposiciones que con razón podía decirse: / Ya están ahí!
ría la oración dominical; á la misma hora cantaban á emanaban de su poder.
Media hora después, con efecto, la división fran- ¿Qué ocurre?, preguntó el maestro comprendiencoro los pequeñuelos el a, e, i, o, u; á la misma hora
cesa
entraba en el pueblo.
nos entregábamos los mayores á la difícil tarea de do que de algo grave se trataba.
La resolución del alcalde no podía haber sido más
Que
tenemos
á
los
franceses
á
dos
jornadas
de
trazar palotes y rasguear curvas; y sin discrepar en
acertada. Aun contando con grandes recursos, resistir
un minuto siquiera, dábamos nuestras lecciones de aquí, contestó el alguacil lanzando chispas de sus á tan imponentes fuerzas hubíera sido tan temerario
catecismo, gramática y aritmética, y después de besar ojillos pardos, y que el señor alcalde, que está re- como inútil. Aquel era un verdadero ejército que ciurespetuosamente la mano del maestro sa~amos á"la uniendo en su casa á las personas más notables del dades bien defendidas no hubieran podido rechazar.
calle como bandada de pájaros, á la que compasiva pueblo, me encarga le avise. Conque ahora mismo,
Prueba de ello fué que las boletas de alojamiento
ó impremeditada mano hubiera abierto la puerta de que para luego es tarde.
sólo alcanzaron á jefes y oficiales. La tropa no tuvo
Y
sin
aguardar
contestacióR,
giró
sobre
los
talones
la jaula.
'
otro recurso que acampar en las eras.
El más perfecto de los cronómetros modernos no añadiendo:
I ,os vectnos todos aceptaron con la resignación de
De
aquí
á
después,
que
en
otra
parte
hago
falta.
hubiera podido sostener competencia de regularidad
la
impotencia á sus huéspedes. Estos, que debían veEl preceptor tampoco se tomó el trabajo de res·
con aquel vetusto artificio, en el que la rueda á que
nir
rendidos de una gran marcha, sólo pensaron en
estaban subordinadas las demás de la ·máquina pare- ponderle. De un salto se lanzó del sillón, y sin decir- descansar. El último que quedó en la plaza fué el genos
siquiera
si
tardaría
ó
no,
se
precipitó
á
la
calle
cía incapaz de descomponers~.
neral que mandaba la división, rodeado de su estado
Sin darnos cuenta de ello, para nosotros el maes- con una ligereza que no hubiéramos sospechado en mayor y de una numerosa escolta.
tro era un astro que tenía marcadas con tanta preci- sus largos años.
Por un azar de la suerte, á aquel veterano de las
Excuso decir que un momento después en la essión en la órbita que describía las horas de su orto y
guerras
de la República le tocó alojarse en la escuede su ocaso, que más natural hubiéramos encontrado cuela reinaba tal baraúnda y gritería, que no se hu- la, y á ella se dirigió precedido de unos cuantos solque el sol se detuviera en mitad de su curso que no biera dicho sino que todos los ejtrcitos de Napoleón
dados.
que él descuidara un solo segundo el más insignifi- se habían apoderado ya de aquel olvidado rincón de
Cuando llegaron á la irregular plazoleta en que
nuestra
patria.
cante detalle de sus trascendentales funciones.
ésta se levantaba, sobre la puerta, que estaba cerrada
Sin embargo, la prueba de que la infalibilidad no
á piedra y lodo, hubo necesidad de descargar el peexiste en lo humano, es que de repente todo camsado aldabón.
bió. El que siempre había tenido puestos sentidos y
Por el pronto nadie contestó; pero apenas se haDe
allí
á
una
hora
el
maestro
entraba
de
nuevo
en
potencias en que nada discrepara un punto, se olvidó
bían apagado los ecos producidos por el ferrado marla
escuela,
y
contra
lo
que
todos
temíamos,
ni
se
completamente del cumplimiento de sus deberes.
tillo, una de las ventanas giró premiosamente sobre
Aquel infatigable puntero que no dejaba un solo fijó en las huellas de nuestros pasados excesos.
sus goznes, una voz ronca y destemplada gritó: ¡ Viva
Su
rostro
lívido
y
desencajado
estaba
surcado
por
día de marcar vocales y consonantes, durmió largas
Fernando VIII, y una nutrida descarga hizo estremelas
lágrimas;
su
paso
inseguro
y
vacilante
delataba
la
semanas el sueño de los justos en apartado rincón;
cer los ecos de las solitarias calles.
las planas quedaron sin corregir; las faltas de asis- fiebre que le consumía; sólo sus ojos, á que parecía
Después todo volvió á quedar en silencio, y los
haber
acudido
toda
su
fuerza
vital,
llameaban
á
im•
tencia pasaron inadvertidas; la ominosa y orejuda
franceses, dejando en el campo un muerto y dos ó tres
pulsos
de
una
cólera
tan
impotente
como
mal
re·
cabeza de burro se cubrió de polvo, y hasta en la parheridos, juzgaron prudente emprender la retirada.
te cóncava de la palmeta comenzó á tejer tranquila- primida.
¿Quién sabía lo que pudiera ocultarse en aquel al
¡Hijos
míos,
sollozó
dejándose
caer
en
un
banmente una araña su sutilísima tela.
parecer débil reducto?
co,
por
primera
vez
mi
voz
ha
sido
desoída!
El
pueEn fin, á tal estado habían llegado las cosas, que
blo
se
rinde
sin
lucha.
Mañana
en
nuestros
honraya no era extraño que alguna precoz inteligencia de
V
aquel plantel de sabios de cinco á doce años mur- dos hogares habrá puesto su aborrecida planta el inmurara de tiempo en tiempo á nuestro oído, con una vasor. Ya no hay escuela. Sois libres.
Pocos minutos después una compacta columna
Y al decir esto ocultó el rostro entre las manos
vocecilla entre condolida y misteriosa:
avanzaba hacia la escuela, que se mantenía en su pricon
tan
profundo
dolor,
que
ninguno
se
atrevió
á
- No cabe duda, el señor maestro ha perdido la
mitiva é impenetrable hostilidad. Por dos veces la
moverse.
cabeza.
Después volvió á alzar aquella frente venerable misma intimación volvió á repetirse, y por dos veces
que quizá por primera vez en nuestra vida veíamos con el mismo grito y con la misma descarga contesIl
despojada del inseparable gorro de algodón; irguió el taron desde dentro.
Entonces los sitiadores rompieron á su vez el fueenjuto
cuerpo que en aquel momento tenía toda la
Cuando esto sucedía acababa de dar comienzo el
majestuosa altivez de las estatuas de la antigüedad, y go. Las balas al embotarse en la argamasa de que
año de 1809.
estaban formados los muros, parecían caer sobre una
Poco más de seis meses iban transcurridos desde tendiendo la mano sobre nuestras cabezas con lamatumba. Ni un gemido, ni un grito de esperanza ó de
jestad
de
un
pontífice,
pronunció
estas
palabras:
que la nación entera había declarado la guerra á
desaliento se oía en el interior.
Por
si
no
nos
volvemos
á
ver
aquí
abajo,
no
olNapoleón, y cinco mal contados desde que nuestro
¿Habrían huído los sitiados? ¿Habrían renunciado
pueblo, imitando el ejemplo de todos los de España, vidéis nunca que el que ha sacrificado su vida por á defenderse? Nadie se atrevió á decirlo. Lo cierto
inculcaros
sus
escasas
luces,
os
bendecirá
siempre
había lanzado el reto en una proclama, de la que aún
era que, como no hay peligro que imponga tanto coconservo copia, y que, como redactada que estaba desde allá arriba como lo hace ahora.
mo aquel que no se conoce, nadie osaba avanzar.
Acto
seguido
nos
señaló
la
puerta.
Todos
sentipor el digno maestro, era un verdadero modelo de
Por fin, un granadero, más decidido que los otros,
mos
fervientes
deseos·
de
besar
aquella
mano;
pero
la retórica ampulosa y altisonante que tenían en
llegó hasta la puerta y la sacudió violentamente con
ninguno
de
nosotros
se
atrevió
á
llegar
á
él.
moda por aquellos días los más encopetados precep•
De mí sé decir que nunca, ni aun en los días en la culata de su fusil. Esta era tan débil que al seguntistas.
que
la vergüenza del castigo me bacía huir de las mi- do golpe cayó convertida en astillas.
El efecto de ella fué que tanta prisa se dió la genAl verlo los más próximos se adelantaron resueltate moza á abandonar sus hogares para incorporarse á radas de mis compañeros, salí tan triste como aque·
mente con ánimo de penetrar en aquel amenazador
lla
mañana
de
una
escuela
en
la
que
al
cabo
y
al
fin
los irregulares ejércitos que se estaban formando, que
recinto; pero á los primeros pasos retrocedieron. Pimucha parte de ella alcanzó á regar con su sangre había pasado las horas más felices de mi niñez.
sar aquellos ámbitos hubiera equivalido á poner la
los primeros laureles conquistados por nuestras arplanta sobre el encendido cráter de un volcán.
IV
mas, muriendo como buenos en la gloriosa jornada
A los pocos momentos, de la escuela no quedaba
de Bailén.
más .que un informe montón de escombros. Cuando
Aquella
noche
nadie
en
el
pueblo
durmió.
Lo
misSi la escasa atención que nuestra edad prestaba á
se apoderaron de ellos los invasores sólo encontraron
los trascendentales sucesos que se. estaban desarro- mo los chiquillos que los viejos, lo mismo las mujelos cadáveres de seis ancianos. Aquel era todo el
res
que
los
hombres,
asomando
tímidamente
la
ca·
llando en nuestra patria nos hubiera permitido fijarejército que había logrado reunir durante la pasada
beza
por
las
ventanas
espiábamos
en
la
sombra
todo
nos en detalles, ya entonces hubiéramos notado innoche el que me enseñó á conocer las letras del alfaequívocas muestras de intranquilidad y azoramiento ruido; ora el fatídico y lejano aullar de los perros,
beto.
ora
el
lúgubre
aleteo
de
las
lechuzas
buscando
aceien nuestro venerado preceptor.
te
en
las
lámparas
de
la
iglesia,
nos
hacían
exclamar
Una ile ellas fué, que olvidado sin duda de que no
VI
estaban nuestros cerebros preparados para tan fuer- con desaliento: / Ya están ahí!
Por las desiertas calles no circulaba nadie.
tes alimentos, dióse á narrar y comentar con tan deCuando algunas horas después, ya todo calmado,
Sólo de tiempo en tiempo, una como á modo de
nodado ahinco los grandes hechos de la historia, que
pude, burlando la vigilancia de mi padre, llegar acomnegra
fantasma
cruzaba
con
vacilante
paso
el
arroyo
en breve tiempo y á fuerza de repetirnos los nombres
pañado de otros chiquillos de mi edad al teatro de
de Sagunto y Numancia, de Leonidas y Epaminon- y se detenía delante de una puerta á que llamaba
aquel inimitable acto de heroísmo aún alcancé á ver
con
timidez.
A
poco
volvía
á
salir
y
continuaba
su
das, convirtió nuestras infantiles cabezas en verdadelos inanimados despojos del que ~antas veces había
peregrinación.
ras ollas de grillos.
contemplado
sentado en el vetusto sillón y coronado
Algunos
al
verla
cerraban
con
supersticioso
miedo
Sin embargo, como nada estaba más lejos de nuespor aquel cuadro en que se leía el Vale por Fernanlas
ventanas.
Otros,
más
valerosos,
aguardaban
á
que
tro ánimo que enlazar sucesos al parecer tan heterodo VII.
géneos, forzoso fué que algo más á nuestro alcance un rayo de luna la iluminara de lleno, y decían enEl incendio y las ruinas parecían haber respetado
tonces
con
extrañeza:
acaeciera para que al fin, desgarrado el velo, viéramos
la venerable figura del preceptor. Mientras los cuerEs
el
maestro.
claro en la pretendida obsesión mental de nuestro
Después ya nadie volvía á ocuparse de aquel inci- pos de sus compañeros yacían carbonizados por las
Mentor.
dente.
Lo que preocupaba á todos era la llegada de llamas ó destrozados por el hundimiento en él no
El caso fué que una mañana en que estábamos em~abía ~ejado la muerte otra huella que el ~egro agulos
franceses.
bebidos oyendo la relación de las estupendas haza¡ero abierto en su pecho por una bala.
Por
fin
los
primeros
albores
de
la
mañana
convirñas de un tal Viriato, que allá en los tiempos del rey
Muchos años han pasado desde aquel día, y su
que rabió había llegado de pastor de cabras ó de tieron los vagos temores en desconsoladora realidad.

�LA

NúMERO 626

!LUSTRACIÓN ARTÍSTICA

NúMERO 626
Ha venido

a

mucho
la enfermita y simpatizaba con el músico
que con tanta predilección la distinguía. Vicenta se
espontaneó con el tío Zampoña.
Refirióle que la madre de Trini habitaba un entresuelo en el número 15 triplicado de la calle de Gé-

te de su esposa, cayó en una -gran postración, que
imagen, tal como la vi por última vez, la tengo consamenazó convertirse en seria enfermedad. El médico
tantemente ante mis ojos. Entonces no pude com·
le aconsejó un viaje para distraerse. Su oficio de heprenderlo, pero después he creído muchas veces que
rrero .no se prestaba á buscar recursos viajando. Conaquellos labios contraídos por la muerte nos estaban
tratóse, no obstante, á bordo de uno de los grandes nova. Era una mujer hermosa, muy ligera de cascos,
dando la última y más provechosa de sus lecciones.
Indudablemente desde más allá de esta vida pere- vapores de la Transatlántica, que salió por aquellos con coqueterías de niña, á quien fastidiaba tener una
días del puerto de Barcelona para la capital del ar- hija tan alta que la hada vieja cuando aún quería
cedera nos estaba diciendo: «Siempre que el extranpasar por muy joven. Por esto nunca salia con ella,
jero intente apoderarse del más humilde rincón de chipiélago filipino.
Margarita quedó al cuidado de una tia anciana,
y daba pruebas de no quererla mucho.
nuestro suelo, imitad mi ejemplo. Cuando no se puecuyas necesidades ayudaba á cubrir con su salario de
Trini vivía con la doncella y pasaba muchos días
de vencer, se muere.»
oficiala planchadora. ¡Qué temporada tan angustiosa sin verá su madre; era enclenque, delicada, cariñosa,
ANGEL R. CHAVES
pasó entonces la muchacha, temblando á un tiempo impresionable, y sufría mucho de verse privada del
por su padre, por ,u prometido y por el fruto de sus
..... ,.,,.,•,,t,,,•••••••••••••••••'•J••••••••.,••••••••••l'u'••''" •• ••'••''"',,~,,•,,•,,,,,.,,,,,,,,,,.,.,•,,1,,,,.,,,.,,.
amor materno.
amores que llevaba en su seno!
- ¿Y su padre?, preguntó el anciano.
El amante no había de volver. Pereció en un nauNARRACIONES
-Nunca oí mentarlo en la casa, contestó Vicenta.
fragio en el Canal de la Mancha.
Y añadió acentuando sus palabras con una maliciosa
EL TÍO ZAMPOÑA
Antonio volvió á los seis meses, muy avejentado y sonrisa: Si la señora ha sido siempre tan casquivana
más
abatido que antes de su partida. Al abrazar á su y ligera, puede que ni aun sepa quién es el padre de
Todo el que, el pasado invierno, transitó alguna
vez, de una á cuatro de la tarde, por la plaza de la hija, le pareció que se la habían cambiado. Vióla tan la criatura.
El tío Zampoña siguió más triste que antes el caIndependencia, en la muy heroica villa de Madrid, pálida, tan débil, tan triste, que presintió una nueva
encontróse, sin duda, con un pobre viejo, alto y tie- desgracia. Observóla con atención y no tardó en com- mino de su casa, mientras la doncella se alejaba por
so como un poste, de largos bigotes, blancos como prender su estado.
Recoletos en un coche del tranvía.
A la idea de su nombre deshonrado y de su hija
Al día siguiente cambió de ruta para irá la Puerta
su recio cabello encrespado, de apergaminado rostro y aire marcial, que ora en la Puerta del Retiro, seducida, el antiguo soldado montó en cólera, y pro- de Alcalá, pues pasó por la calle de Génova y se deora en una de las esquinas de la Puerta de Alcalá, se rrumpiendo en imprecaciones y amenazas, exigió el tuvo en frente de la casa número 1 5 triplicado, espe·
estaba todos los días, á las horas de más tránsito, to- nombre del seductor para obligarlo á reparar su fal- randa ver entrar ó salir Vicenta, á quien deseaba
cando aires marciales con el instrumento cuyo nom- ta. Cuando supo que el culpable había mu~rto, des- preguntar cómo seguía la enfermita.
Después de un cuarto de hora de espera, _r~trocebre le pusieron por apodo los bebés que iban y ve- cargó su cólera sobre Margarita. Ciego de furor, la
expulsó de su casa y la maldijo.
dió de pronto, como espantado por alguna v1S1ón.
nían de aquel parque.
La muchacha huyó sollozando como una loca.
A pesar de su aspecto rudo y mirada triste, los ni- Antonio,
La madre de Trini salia en coche.
acometido de una fiebre intensa, fué lleños solían pararse á escuchar los aires del músico caEl viejo vaciló, apoyándose en la pared para so•llejero, y pedían á sus acompañantes una perrita pa· vado al hospi:al, donde estuvo ocho días entre la vida y tenerse, al ver que aquella joven señora, ricamente
la !Iluerte. La naturaleza, ayudada de la ciencia, venció ataviada y tendida en una victoria, era Margarita, su
ra dársela al tío Zampoña.
Al verse rodeado de cabecitas angelicales, el po- al mal. Después que el enfer.mo hubo recibido el al- propia bija, en busca de la cual había peregrinado
bre viejo se transformaba completamente. Su sem- ta, se encontró en la calle sin fuerzas para trabajar y siete años, viviendo de limosnas y sufriendo toda clablante adquiría una dulzura infinita, que él comuni- sin recursos para vivir.
de penalidades.
Su primer cuidado fué correr en busca de su hija, se Cuando
caba entonces á su instrumento, arrancándole notas
Antonio volvió de su estupor, el coche
impregnadas de melancolía, y sus ojos se extasiaban para llevarle su perdón; pero en vano recorrió toda doblaba ya la esquina de la calle de Argensola. Encontemplando aquellas caritas risueñas, achicadas la ciudad. Sus pesquisas resultaron infructuosas. No tonces sintió que un pesar inmenso le invadía el copudiendo resignarse á perder para siempre á su hija
por abundantes bucles y anchos sombreros.
razón.
El tío Zampoña debía vivir solo, porque nadie le desventurada, resolvió recorrer toda Cataluña, y aun
Si mucho había sufrido imaginándose á su Margatoda España si era preciso, hasta encontrarla. La po- rita, ora arrostrando una vida angustio5a, ora sucumacompañaba, ni cuando venía por la nueva calle de
bre debía haberse refugiado en algún rincón del mun- biendo al hambre y la miseria, más sufría ahora, al
Alfonso XII á tomar posesión de su punto estraté·
do
para ocultar su vergüenza.
gico, rti cuando su silueta desaparecía entre las neverla prostituida en los cenagales del lujo, quizá sin
¿Pero con qué recursos iba á realizar tan aventu- un piadoso recuerdo para su anciano padre, sin un
blinas de la tarde por la ancha calle de Alcalá, la
.rada peregrinación? El afligido padre acordóse entonpoco de amor para su desventurada hija.
hora en que se encendían los faroles.
ces de una vieja zampoña que había tocado hábilConsideraba á su público infantil como una espe¡Desalmada! Merecía que él la esperase allí mismo
mente en sus mocedades y que yacía olvidada en el
cie de familia. Desde el bebé que andaba apenas,
para echarle en cara su conducta y maldecirla otra vez.
Pero no. ¡Sabe Dios quién había sido el principal
hasta la mocita que ya mostraba las primeras coque- fondo de un arcón, en la buharda que había ocupado
causante de su desgracia! Él, su propio padre, la hatería.s de mujer, todos le eran conocidos. Y aquella Margarita.
, Los entumecidos dedos del anciano obedecíañ con
bía precipitado quizá en el vicio y la deshonra al
gente menuda, lujosamente vestida y llamada en su
dificultad á su tenaz empeño; pero á fuerza de ejerci- arrojarla de su casa. Cierto es que al día siguiente
mayoría á ostentar aristocráticos nombres
herecio, el improvisado músico dominó pronto su instru- estaba arrepentido de su dureza, dispuesto á trocar
dar títulos y fortunas, devolvían al pobre viejo sus
mento, en el cual tocaba de preferencia las marchas en bendiciones su maldición paterna; cierto que en
cariñosas sonrisas.
y pasos dobles que atln recordaba de haberlas oído
Entre sus dadivosos clientes, el tío Zampoña sen·
vez de volver por el perdón y el amor que la aguarejecutar
con frecuencia á las músicas militares du- daban, la rebelde desapareció, sin cuidarse nunca
tía una predilección manifiesta por una rubita de
más del viejo autor de sus días; pero el pobre homojos negros, rostro pálido y aire melancólico. La ri· rante la heroica campaña de Africa.
Tocando la zampoña recorrió de pueblo en pueblo,
queza del traje contrastaba con el triste aspecto de
bre pensaba que si en vez de expulsar á Margarita le
de aldea en aldea, de masía en masía, las cuatro prohubiese prodigado los consuelos y auxilios que su esla niña.
Trini, que éste era su nombre, tenía siete años; vincias catalanas; luego todo el reino de Aragón, y tado requería, hubiera sido probablemente una buedespués gran parte de la Nueva Castilla, subviniendo
edad en que todo se ve de color de rosa, en que la dihija y una excelente madre.
á
las necesidades de su mísera existencia con las li- na Ahora
cha anida en el corazón y la risa brota de los labios.
se explicaba el secreto de su predilección
mosnas que iba recogiendo. Mas de seis años duraSin embargo, Trini no reía jamás. En su rostro
por Trini, y consideraba á la niña como un pedazo
ron aquellas tristes excursiones, y no son para dichas de su alma. Puesto que estorbaba algo á la madre, se
enfermizo parecían haber dejado huella las decepciolas penalidades y angustias que tuvo que soportar el
la pediría para cuidarla. ¡Cuán felices podrían ser sus
nes prematuras.
¡Pobre niña! Al verla, el viejo experimentaba una infortunado viejo.
Por último, los azares de su vida errante le condu- últimos días viviendo en compañia de su nieta!
En estas y otras reflexiones se hallaba sumido el
emoción profunda, como si un lazo misterioso unie• jeron el pasado otoño á la coronada villa; y habiendo
se su alma á la de aquella lánguida criatura, de la
tío Zampoña, cuando sintió que le tiraban de la man·
observado que, á ciertas horas de la tarde, todo Maga de su burda chaqueta. Volvióse y se encontró con
cual hasta el apellido ignoraba.
drid desfilaba diariamente por la calle de Alcalá, yenTrini le recordaba las facciones de una hija suya,
do y viniendo del Retiro, Antonio se apostó, á las Vicenta, que le dijo alarmada:
- Le be visto á usted por el balcón y he pensado
cuya pérdida lloraba sin consuelo.
mismas horas, en la plaza de la Independencia, por
El tío Zampoña no había vivido siempre solo.
que venia á buscar noticias de Trini ... ¡La pobrecita
donde se le figuraba que un día ú otro acertaría á paHubo un tiempo en que era el más feliz de los homestá muy mala!
sar, como todo el mundo, su amante hija.
El anciano dió un grito de dolorosa sorpresa.
bres al lado de una amante esposa y una tierna hija.
Agotadas sus fuerzas, el pobre anciano tomó á Ma- Tiene mucha fiebre, añadió la muchacha. El
Mas ¡ay!, cuán lejos estaba aquella ventura, que el drid como término de su abrumadora peregrinación.
pobre anciano recordaba siempre con lágrimas en los
médico
da pocas esperanzas.
Alquiló una miserable buhardilla en la calle de la
- ¿Y su madre no permanece á su lado? ¿Y su
ojos.
Primavera, donde dormía sobre un jergón puesto en
Su verdadero nombre era Antonio Manso. Hijo el suelo, y comía abundantes potajes que se guisaba él madre se va de paseo?
- La señora dice que el ver enfermos le hace daño.
de honrados menestrales de Barcelona, pagó á la pa· mismo. Recorría todas las mañanas un barrio distin- Vamos á ver Trini. Acompáñeme usted, dijo
tria su tributo de sangre haciendo la campaña de to sin pordiosear, esperando siempre encontrará MarAfrica con los voluntarios catalanes. Firmada la paz garita, y regresaba cerca de las doce á su cuchitril, el viejo suplicando con lágrimas en los ojos. No tecon el emperador de Marruecos; Antonio se casó en con las provisiones de boca que había hecho en cual- ma usted que la riñan. Tengo derecho para cuidar á

a

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

a

coqueta quiso compartir con el abuelo
el cuidado de atender á Trini; y ésta

ver á usted, señori•
ta, porque ha sabido
que estaba enferma.
- ¡Cuánto me alegro! Pero ¿no rn á
tocar?
- Sin permiso del

experimentó una inmensa alegría al ver
que recuperaba el ca-

riño de su madre

médico, no conviene.

que creyó haber pe,'.
d1do para siempre.
En menos de una

El viejo experi-

mentaba una emoción tan profunda
que no podía articular ni una sola palabra. Por último prorrumpió en sollozos
Ycogió á la niña una
mano que llenó de
besos y de lágrimas.

semana el amor de
aquellos seres queridos operó el milagro
de salvar á la enfermita, cuya convale·

cencia activó el abue•
lo amenizándola con
frecuentes solos de

La escena fué conmovedora.

zampoña.

J.

Luego la enfermi-

ta insistió con tanto
empeño en que el
hombre tocara la
zampoña, que el po-

Situación apura-

instrumentista
tuvo que acceder á
sus instancias y eje-

d!!, grupo escultó-

rico de Eusebio
Arnau. - La escultura
al igual ele la pinturn y d;
tocias las manifestaciones
artísticas. hállanse en un

período sensiblemente de
Si en otrai.
épocas tuvo admirables
intérpretes la escuela rea·
lista en nuestro país,pres•
to desaparecieron sus en•
seíian~s, olvidáronse las
evolución.

EL ÓLTIMO GRITO DEL REO!STOR,

el médico y encontró una ligera remisión en la fiebre. Su pronósbco fué ya menos pesimista. Lejos de
des_a~robar aquel extraño musiqueo, autorizó su repet1c1ón p_ara cuando lo desease la enferma.
Margarita tuvo un fuerte ataque de nervios al en-

cuadro de Ju:m Brunct (Sal6n de los e

ampos

El"

contrarse ,i su padre en casa. Al v;rse luego perdonada por él, le de¡ó que cmdase a la niña, satisfecha de encontrar á alguien en quien declinar toda la
responsab1hdad. :anta por amor propio cuanto por
efecto de aquel e¡emplo de amorosa solicitud, Ja gran

a

a

ya

a

su ciudad natal con una virtuosa obrera, de la cual
mi nieta ...
mercado.
tuvo á los tres años una niña, que bautizaron con el quier
~ ¿Su nieta?
Por la tarde se armaba de su zampoña y se diri-

- Sí; yo soy el abuelo de Trini. Su madre es mi
nombre de Margarita, y que, á la edad de Trini, era gía por las calles de Atocha y de Alfonso XII al sialta y pálida y tenía el pelo rubio y los ojos negros tio en que hemos trabado conocimiento con él, bajo hija. Ya Je contaré á usted esa triste historia. Vamos.
Vicenta condujo al viejo á la cabecera de la en·
cbmo ella.
nuevo apodo.
[ermita.
Esta deliraba y de sus labios se escapaba
Margarita fué creciendo, y á los diez y ocho años su Hada
ocho días que no había visto pasar á su
eb una real moza. Iba á carnrse con un marino, cuan- amiguita Trini, circunstancia que le llenaba &lt;le in- confusamente el nombre de su madre. Antonio la
d,o murió su madre. Con tal motivo se retrasó la boda. quietud, cuando el tío Zampoña, yéndose de retira- contemplaba en silencio, presa de terrible congoja.
El novio iba á embarcarse para América. Afligida, da, encontró cerca dé lá Cibeles f la · doncella que Lá niña salió un momento de su sopor y abrió los
anegada en llanto, la enamorada joven no supo negar solía acompañarla. Revistióse de valor y preguntó á ojos.
-¡El .tío Zampoña!, exclamó con un gesto de ale·
á su prometido esposo la prueba de amor que le pe- la muchacha con mucho interés por la niña.
gría.
¡Qué bueno! Viene á tocar porque no hemos
día. El muchacho partió prometiéndole un pronto
Trini estaba enferma. El viejo recibió la noticia
regreso y una felicidad eterna.
con profunda pena. La doncella era afable, quería podido ir i oírle; ¿verdad, Vicenta?
Antonio Manso, hondamente afectado por la muer-

ENSEÑAT

NUESTROS GRASADOS

bre

cutó un paso doble
de su repertorio bélico.
Trini se fué reani•
mando con Ja visita
cariñosa y con la música marcial de su
viejo a_migo. Llegó

B.

......... •-..•~••., •u•-.,. . ., ... ,•,,••••• .. ••••"

LEOSKS EN ACECHO, grupo escullórico de Jorge Vastagh

•

iseos de Pms, 1893)

tido clasicismo invadió el arte y la liter:t~rraas ml-[aestras y un me.n·
1
¡¡ ¡
· oy nuestros :trt1s·
, y en !e.e os os escultores, hanse fijado en el moderno con·
cepto
art1st1co
sustentado
en
Francia
y
en
!•·
. bl es prod ·
t6·
,
•~ acl mira
f ucctoneshescu l neas que han brotado del cincel de los artistas
ranceses an recogido nuevos elementos. De ahf que las obras
de la nueva. gencraci6n, de los j6venes escultores, llamen justata.,

�"

�LA

NÚMERO 626

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

sante contraste que presentan los vetustos edificio, que se ~sien·
tan en la cima de rocoso cerro y las modernas construcciones,
los muelles que avanzan sobre las marismas, el hacinamiento
de los palos y jarcias de las embarcaciones surtas en su puerto
y su movimiento especial, esa vida que se advierte en todas las
grandes poblaciones comerciales, que revelan desde luego la
vitalidad y la riqueza de los pueblos.
.
Todavía presenta Santander huellas de su pasado glorioso,
todavía obsérvase algo que evoca el recuerdo de ~u pr?speridad
romana y justifica el nombre de Puerto de la Victoria, con el
que le denominaron las legiones vencedoras de los cánt~bros.
Como todas las antiguas ciudades peninsulares, registra en
su historia páginas gloriosas y días de a~argura, Yª. tomando
activa parte en las grandes empresas nacionales ó siendo teatro de sangrientas contiendas. En 1068 el rey D. Sancho II
concedióle algunos privilegios; en 1200 fué repoblada por Al-

LA

NúMERO 626

te Francia y nuestras hermanas las repúblicas ame~icanas,
en donde han hallado eco los lamentos de la que pudiéramos
llamar reina del C11ntábrico. Hoy, gracias á la galantería del
excelente fotógrafo santanderino D. Pas~ual {! rtasun, podemos publicar algunas vistas de la desgraciada cmdad antes de
ocurrir tan lamentable catásfrofe. Po_r ellas, aquellos que _no
c0nozcan la que ha llegado á convertirse enyunto de r~umón
durante la estación balnearia, podrán apreciar los atracllvos Y
bellezas que encierra.

•• *
El último grito del Redentor, cuadro de Ju~n
Brunet. - Tiene este cuadro, apart~ de otros muchos ~éntos
técnicos el de expresar un asunto mil veces tratado ba¡o una
forma c~mpletamente nueva: al lanzar Jesús el último grito,
de;encadénase el huracán que con horrible furia tronc~a árboles, levanta piedras, derriba las cruces_ e_n donde expiraban. el
bueno y el mal ladrón y pone en prec1pllada fuga á lo~ leg10•
narios romanos y al bárbaro populacho que presenciaba la
muerte del Salvador. Sólo en medio de aquel cuadro de destrucción y espanto yérguense en toda _su majestad la figura del
Crucificado dirigiendo al cielo su mirada postrera, y la de su
Divina Madre traspasada el alma de dolor_y ~ontempland~ en
éxtasis al Hijo amado que muere por red1m1r á la humamdad
pecadora, después de ha?er perdonado á sus verdugos. As! ha
concebido Brunei la sublime escena del Gólgota, y su cuadro,
trazado con vigorosa pinc~l:tda, ha ~~reciclo los aplausos de la
crítica y de cuantos han v1S1tado el ultimo Salón de los Campos
Elíseos de Par!s.

•
••
Leones en acecho, grupo escultórico de Jor·
ge Vastagh. - No cabria aplicará est_e grupo _la frase _de
Luis I de Baviera, que dirigiéndose en cierta ocasión á vanos
escultores muniquenses les dijo con socarronerfa: «Vuestros
leones parecen mansos perros de aguas.&gt; No; los leo~es de
Vastagh son verdaderos leones, y en sus caras, en ;us actitudes,
en las contracciones de sus músculos se ve la hermosa fiera que
ha merecido el nombre de rey del desierto. Y esta natur~·
lidad es tanto más difícil de conseguir tratándose de estos am·
males, por la imposibilidad de in-pirarse en modelos vivos y
aun de acudir á la fotografía instantánea, que no hallaría ~eguramente ocasión de sorprender un grupo como el que el ¡oven
escultor húngaro ha modelado. Vastagh ha dado, por consiguiente, en su obra una prueba elocuente de lo que pueden el
estudio, la observación de algunos detalles suel.tos y el talento
del artista que se diría dotado de una doble vista para llegar
por el conocimiento de elementos escasos al de un todo que
sus ojos no han podido contemplar.

,_

- Anoche entre dos luces le vi acompañando á una dama que no era su esposa, estoy seguro de ello

PEQUEÑAS HISTORIAS

•••
Un trovador valenciano.-Aldeana leonesa,
cuadros de Joaquín Agrasot.-Ventajosamenteconocido de nuestros lectores el nombre del distinguido pintor valenciano Joaquín Agrasot, algunas de cuyas composiciones nos
ha cabido la honra de publicar, nos abstenemos de repetir el concepto que nos merece como artista, con mayor motivo cuando
sus méritos col6canle entre los que sostienen á gran altura el
buen nombre de la escuela española. Llamamos, pues, únicamente la atención hacia los dos notables cuadros que publicamos, trasunto fiel de dos tipos de opuestas regiones península•
res; la garrida aldeana leonesa, compañera de aquella que alcanzó para Agrasot un premio en la penúltima Exposición
Nacional, y el trovador valenciano, copia de uno de esos huertanos, en cuyas venas circula todavfa la ardiente sangre morisca
que no han modificado ni los cruzamientos de la raza conquistadora ni el poderoso alambique de los siglos.

•• •

La torre colosal que se está construyendo en el parque de Wemblcy, en Londres (349'6 metros),
comparada con la torre Eiffel de París (296'1 metros)
fonso VIII, quien le otorgó un fuero particular; y en 1248 or·
ganizóse y armóse la Ao~a q~e apr~,t6 San Fern~ndo para expugnar á Sevilla. Su historia cm! pudo cambiar cuando en
1465 D. Enrique IV concedió la silla al marqués de Santillana;
pero sus habitantes neuáronse á reconocer este señorío y al cabo de porfiadas y Iucti~osas contiendas vol vieron á ponerse, en
1467, bajo la autoridad real. En 1497 desembarcó doña M_ar•
•
garita de Austria, y en 1522 el emperador Carlos V c~andovmo
* •
á tomar posesión de la corona de España. En 1544 v1ó Santan·
Esperando que pase, fotografía d_~ Mr, Lee La Trobe der salir de su puerto la poderosa flota, compuesta de cuarenta
Bateman. - Si al pie de este grabado no d1¡era el ep!grafe gue buques, que al mando del famoso caudillo D. Alvaro de Bazán
es una simple fotografía, tomaríalo cualquiera por reprod~c~1ón batió y clispers6 en pocos días á la e~cuadra francesa que ope•
de un cuadro de singular belleza, tanto arte y tanto sen~1m1en· raba en las costas d~ Galicia. En 1753 declaróse á Santander
to hay en ese busto de la jove_n que.apostada en el alféizar de como puerto habilitado para el tráfico de América, y dos años
la ventana parece que espera 1mpac1ente la llegada del !e~ que- más tarde el bondadoso Fernando VI otorgó á la villa el titulo
rido. Bien puede, pues, calificarse de notable obra ~rustica. la de ciudad Durante la guerra ele la Independencia sufrió Sanque ha sabido arrancar de la cámara obscura el aficionado m- tander calamidades sin cuento, entre las que merecen citarse
glés Mr. Lee La Trobe Bateman.
por su magnitud el horroro_so saqueo cometido en 18o8 por las
vandalicas huestes del mariscal Soult.
Los alrededores de Santander son en extremo agradables,
* *
especialmente la próxima montaña desde donde se domina la
Los pañales de Jesús, cuadro de Pau:pi6n - El ria el muelle de los Naos y el castillo de San Felipe. El paseo
lienzo del distinguido pintor francés que reproducimos es de dei Sardinero conduce al establecimiento balneario y al faro,
los que agradan á todo el mundo por su sencillez y por la poe- así como á la primera y segunda alameda, embellecida esta úls!a m!stica que su autor ha sa_bido der!amar so?!e est~ delicacon una fuente monumental
da composición. ¡Cuán tranquilo el sueno del Nmo Jesus, cuán tima
El monumento más importante de Santander ~s la catedral,
bella la figura de la Virgen, cuánta placidez en todo el cuadro 1 de e;tilo gótico, que ha sido desfigurada por recientes reparaDifícil es acertar á componer con menos elell)entos un asu~to
que cautive y deleite como Los pafia/es de Jems: en toda la pin- ciones.
En la plaza de la Dársena se alza un bello monumento erigi·
tura se adivina el alma del poeta y en sus menores detalles se do á la memoria de Velarde, muerto en Madrid en 1808.
revela el talento del artista.
Parte de la población ha desaparecido recientemente por
efecto de la explosi6n de las cajas de dinamita que se hallaban
•
estibadas en la bodega del vapor Cabo l,fachicl1aco. En uno de
••
los anteriores números dimos á conocer á nuestros lectores, por
Vistas de Santander, de fotografías de Pascual Ur- medio de numerosos grabadds, la imt5ortancia del desastré que
tasun. - Agradable es ciertamente el aspecto que ofrec~ San· lamenta, no sólo España, sino todas las naciones, especialmentander al viajero, que al primer golpe de vista abarca el mtere-

mente la atenci6n; atentos al concepto y gallardos en la ejecución, ábrense camir.o, atraen al público y sientan sobre s6li~a
base el moderno edificio de nuestra escultura. Entre los mas
discretos de la falange figura Eusebio Arnau, cuyas apti~udes
avaloradas por su laboriosidad prometen lisonjero porvemr.

855

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

Torre colosal que se está construyendo en
Londres, comparada con la torre Eiffel. - En el parque londinense de Wembley, situado al Noroeste de la metrópoli in·
glesa, entre Neasden y Harroso, se estáconstruyendouna torre
colosal, cuya altura, una vez terminada, excederá en 53 metros
y medio á la torre Eiffel de París. Como ésta, se utilizará aquel
gigante de hierro para objetos recreativos y cient!ficos, pues en
sus plataformas habrá salones de concierto, restaurants, tiendas, etc., y en su cúspide se instalarán un observatorio y una
gran lámpara eléctrica que iluminará con su potente foco la to·
rre y sus alrededores.
Esta torre, CU)'a primera plataforma está ya terminada, que·
dará concluida durante el año 1894.
Los montantes de la torre descansan cada uno sobre unos
cimientos de extraordinaria solidez y de 24 metros de profundidad.
La base tiene 27'8 metros de lado y la primera plataforma
18'6: está situada ésta á 54 metros de altura, la segunda á 170
y la tercera á 288'8.
El peso total de la torre es de 7. 500 toneladas y su coste
de cinco millones de pesetas.

•••
Un paso difícil, dibujo de Carlos Arregui. - Sen•
cilio, quizás trivial, resulta el asunto que ha inspirado á Carlos
Ar~egu\ el bonito dibujo que reproducimos; mas á pesar de ello,
reviste mterés y produce agradable efecto. Dos niños de una aldea conducen un corderito á la inmediata pradera, teatro cotidiano de sus infantiles juegos; siendo preciso, para acortar el camino, atravesar un rústico puente formado por el tronco de un
árbol. Al llegar á su mitad, el cordero inclinóse para coger los
brotes de una apetitosa planta, causando la consiguiente zozobra de los niños, que tiran con todas sus fuerzas de la cuerda
con que lo sujetan, temerosos de que caiga en el arroyo. e:sta
es la escena que, presenciada en la sierra por el Sr. Arregui
durante. s~ última excursión veraniega, inspiróle tan simpática
compos1c1ón.
Recomendamos el verdadero Hierro Bravais,
adoptado en los Hospitales de Paria y que prescriben los médicos, contra la Anemia, Clorosis
y Debilidad; dando á la piel del bello sexo el
sonrosado y aterciopelado que tanto se desea.
Es el me.lor de todos los tónicos y reconstitu~entes. No produce estreñimiento, ni diarrea,
teniendo además la superioridad sobre los ferruginosos de no fatigar nunca. el estómago.

LA CALUMN!A
La Providencia se vale mil veces de los instrumen-

tos más pequeños para llevará cabo los fines más
altos; utiliza la .mano del pobre para sembrar la caridad en el corazón del rico; hace brotar de una imperceptible semilla el arbusto y la flor, y pone entre los
dedos del escritor honrado, del esc~itor que no tiene
más ciencia que su fe cristiana, la pluma para que
'señale los vicios que dominan á nuestra sociedad, y
que como cáncer horrible la envenenan y la destruyen.
¡Dichoso el que, al recibir del cielo esta noble misión, sabe cumplirla dignamente! ¡Dichoso el que al
ilegar al fin de la carrera de su vida puede levantar la
mirada al cielo y exclamar con un acento del alma:
- No he conseguido un lauro, no he conquistado
un renombre; pero he logrado evitar un daño, arrancar una lágrima de ternura, 6, hacer germinar un buen
pensamiento. Esto no da una corona, pero ofrece la
dulce satisfacción de sentir la conciencia tranquila.
¡Combatir los errores, enaltecer la virtud y consolar 'á los desgraciados!.. ¿Qué mayor gloria?¡ Demostrar
el camino del bien, arrancar del corazón el principio
·ael mal!.. ¿Qué mejor triunfo?¡ Hacer brotar en las p~pilas una gota de llanto arrancada por el arrr~pen~tmiento!.. ¿Qué más hermosa palma, qué premio mas
verdadero?
¡Oh! ¡Dichosos, repito, dichosos mil veces los que
emplean dignamente la. ciencia y el genio que reci,bieron de los cielos!
Una de las culpas, una de las. faltas más trascen·
dentales y más comunes de la humanidad, es 1~ murmuración, es la calumnia.
.. _
Hay quien al hablar, y por el solo placer de ser_o!do
con atención no vacila en descubrir un secreto importante; hay'quien por el a(án de decir un chiste, no
retrocede ante el temor de manc:;har una honr~; hay,
en fin, quien por d anhelo de aparecer. más sabi~,
más perfecto ó más justo que los demás, hace púbhcos los errores ó los defectos ajenos, exagerándolos
,siem?re, inventán,dolos muchas veces, sin pensar en
los males y las desdichas que con esto pueden acarrear.
.
," ¡Y cuán horribles suelen ser!
He aquí un drama espantoso, fruto de la c~stu~bre de hablar sin meditar la frase, ,de usar sm miramiento alguno la crítica sangrienta y la sátira
mordaz.

Perr\ándo de Qtiirós eta tlh jovetl de ingenio, pero
no de talento profundo.
Sus amigos, sin "émbargo, se empeñaron en asegurar que valía mucho, y á él no le costó gran trabajo
el creerlo así.
Todo cuanto nos halaga es siempre bien acogido
por nuestra vanidad, y Fernando juzgó' muy sinceros
y aun muy justos aquellos elogios.
Le invitaron á tomar parte en la conTección de un
periódico ilustrado, aunque no serio; uno qe esos
diarios' que se llaman humorísticos, y que viven en la
corte sostenidos sólo por la crítica y por la ·sátira
puniante: Fernando aceptó, lleno de sueños y dé ilusiones. Sin embargo, exigió á sus compañeros que le
dejasen ocultar su nombre bajo uµ seudónimo.
Y no era esto, no, que él temiera las consecuencias
que pudieran atraerle alguna palabra inconveniente
ó alguna alusión demasiado iltrevida_. Era porque
tenía un padre rígido ha~ta la exageración en asuntos de lealtad y en cuestiones de honra, y Fernando,
á pesar de todo, respetaba y temía extraordinariamente á su padre.
.
.
Hacía en el club, en el casino y en la redacción
alarde de su emancipación y de su independencia, y
miraba á cada momento y á hurtadillas su reloj para
no faltar á la hora que le tenían señalada para recogerse en el hogar doméstico.
¡Era tan niño Fernando! Apenas contaba los veinte años.
Además, tenía una madre tan buena, tan dulce, tan
amorosa que hubiera sido una crueldad darla el más
leve pesar.
¡Su madre! ¡Cuánto le amaba, y qué indulgente era
para sus travesuras y sus calaveradas!
Esto le hacía mirarla como á una hermana casi, y
tener con ella una dulcísima confianza.
Porque Gabriela era joven tÓdavía; y erá hermosa
y llena de .bondad.
Se había casado, casi niña, con el coronel D. Luis
de Quirós, que era casi anciano al relizar esta unión,
y esto había hecho que á su amante cariño de la esposa, se mezclase algo del temor y el respeto de una
hija.
,
Había sido siempre un dechado de virtud y un
modelo de santas madres.
En cuanto al coronel, era un cumplido caballero,
fino, instruído, generoso con todos.
Sólo podía acusársele de dos defectos: el primero

era el de un carácter violento é irascible en demasía;
el segundo, el de ser un celoso tan suspicaz como injusto.
Nunca, sin embargo, había salido una queja de los
labios de Gabriela. Su inalterable dulzura toleraba
siempre los arrebatos y los caprichos de su esposo,
dispuesta siempre á perdonarle.
Mientras Fernando fÚé 'niño, nada turbó la paz de
su alma. Retirado en el fortdo de su' hogar, sin asistir
jamás á fiestas ni paseos, evitaba con el mayor cuidado todo aquello que pudiera disgustar á D. Luis ó
excitar su enojo y sus celos, y obedeciendo su voluntad, con su amor, su indulgencia y su pureza, sólo
se ocupaba en hacerle dichoso.
Cúando su hijo fué ya hombre, todo cambió y su
vida empezó á ser una agonía continua.
El joven, corno dijimos al empezar, era, no malo,
pero sí ligero y calavera y gastoso.
La pobre mujer, colocada entre el padre rígido y
el hijo disipado, vivía de continuo pidiendo tolerancia al uno, prudencia al otro, sin que ninguno de los
dos escuchase sus ruegos.
Todos sus pequeños ahorros, tono cuanto á fuerza
de economías podía reunir, pasaba á poder de Fernando, y era malversado en un ·solo día, cual se deshace en la mano de un calenturiento un ligero copo
de nieve.
Gabriela se esforzaba en vano en afrontar aquella
situación q~e empeoraba de día en dla, puesto que
cada vez eran mayores los gastos y las exigencias de
Fernando.
Un solo amigo franco y leal era el que visitaba la
casa de Quirós y el que adivinaba los sufrimientos
de la pobre mujer, sin que jamás se hubiera escapa•
do de los labios de ésta una palabra que se les diese
á conocer.
Este amigo, compañero de armas de D. Luis y al
que éste miraba como un hermano, era el comandante Carlos Mendoza y Esquive!.
Más joven que Qt.iirós, frecuentaba el mundo
más que éste y tenía noticia de la conducta de Fernando. ' ·
'
Más de una vez, autorizado por la amistad que Je
ligaba con el padre, había amonestado al hijo, re .
prendiéndole suavemente por sus locuras y extravíos.
Todo aquel que nos dice la verdad, si esta verdad
es amarga, se convierte en nuestro enemigo.

�NúMERO
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

·NÚMERO

626

626

- Figúrate tú: un moralista el más _severo, un cen-¡Yo!
Esto sucedió en esta ocasión.
sor el más rígido, un hombre que siempre te está
Más
que
otros.
El joven empezó á mirar con hostilidad á aquel
echando en cara tus ligerezas y tus ...
- ¡Dilos!
hombre que le amaba sinceramente, pero que quería
- Pero ¿de quién se trata?
.
.
- Tu padre tiene un buen sueldo.
apartarle de la senda del mal. .
. ,
- ¡Toma! ¿De quién ha de ser? Del m!rans1gente
-¡Sí!
La diferencia de opiniones políticas contnbma tamy virtuoso D. Carlos de Mendoza, del amigote de tu
bién á aumentar la especie de aversión que Fernando
padre, del que siempre te está amonestando, y...
sentía por Mendoza.
.
. .
- Pero ¿qué ha hecho?
,
El periódico en que escribía el ¡oven era un d1ano
- Anoche entre dos luces le vi acompañando a
de ideas avanzadas: uno de esos papeles que se esuna dama, que no era su esposa: ¡estoy seguro de
criben con hiel, y en el que se atacan sin piedad las
ello!
personas y las instituciones y l_as leyes, desdoro de la
-¿Seguro?
prensa y ultraje del buen sentido.
- ·Yo Jo creo! Su mujer es bajita y gruesa, y ésta
Pero estaba redactado por jóvenes más ligeros que
era alta y esbelta. Además _iba ~ubierta con u~ velo,
culpables, más atolondrados y enloquecid_os que may con tal aire de temor y m1steno que llamó m1_ atenlos: se ocupaban principalmente de la sátua y de la
ción; y como nada tenía que hac~r, les ~eguí pnmero
broma, y cuanto más
de lejos y después á muy corta d1stanc1a. _
punzante y más amar- ¿Y qué?, preguntó Fernando con extraneza Y cuga, mejor creían cumriosidad.,
l)lir su frívola é insen·
- Pues que entraron ambos ~n ~na calle poco con;ata misión.
currida· que el comandante miró a todos lados Y coEn cuanto Carlos
mo bu~cando el número de una casa que le costó
Mendoza, todo leal•
trabajo encontrar, y que al cabo dijo á su compañera
tad, todo honradez, no
en voz baja:
podía estar conforme
- ¡Aquí es!
con aquellas ideas.
Ella pareció vacilar, y murmuró con un acento que
sonaba á temor:
Un día, y por su
- ¡Oh, si alguien nos viese; si se supiera!..
desgracia, Fernando
No pude oir más, porque entraron en la casa desfué conducido á uno
apareciendo los dos de ~i vista. .
de esos lugares en
Fernando soltó una ruidosa carca1ada y repuso desdonde se juega á los
pués:
de azar; donde se
- Mas ¿cómo pudiste escuchar todo eso?
arriesga en una carta
- Porque ambos iban tan preocupados y tan de
prisa, que no pudieron reparar en que yo les seguía
á dos pasos.
- ¡Conque D. Carlos también anda en_aventuras
amorosas y en trapicheos! ¡Y luego es tan intolerante
con los demás!
- ¡Y critica tan duramente á los que no piensan
como él!
- ¡Y dice que en nuestro partido sólo hay desmoralización y libertinaje!
- ¡Bueno sería probar que no se compone el suyo
- Pues bien: sobre
él habrá quien te faci- de santos!
- ¡Eso sería lógico! Ellos nos atacan, nos hacen
lite cuanto necesites.
la guerra por todos los medios, y el desquite es per-¿A mí?
- ¡Yo lo creo! ¡Ofre· mitido. Es justo, pues, que nos defendamos.
- ¡Oh! La igualdad, la franca verdad ... ¡Ese es
ciendo un buen rédito!..
- ¡Mi padre! ¿Sabes t? lo seve~o que nuestro lema!
- Y ¿cómo lo haremos?
es? ¿Sabes de lo que sena capaz s1...
- Pues muy sencillo: ¡quien tal hizo, ~ue tal pa- De pagar tus deudas á tod~ prisa,
mucho más si cree comprometido su gue! Quien anda en picos pardos, que pierda su canombre por ellas. ¡Créeme y no seas reta de hipócrita virtud.
- ¡Bien dicho!
. .
necio! Los padres lo hacen todo. por
Ali( estaban sus padres. ¡El uno muerto,
- ¡Si supieras qué sermones ta~ 111d1gestos y tan
los hijos. Además, ¿quién te ha dicho
la otra desmayada!
que el tuyo tenga que enterarse? Hay agresivos he escuchado de sus labios! Ahora me las
prestamistas muy complacientes con l?s va á pagar todas juntas. La broma va á ser p~sada.
Verás qué gacetilla escribo sobre esto. No diré su
una fortuna entera· donde el oro rueda, yendo á hijos de buenas familias, sobre todo con los que tie- nombre, ¡eso no! Con las iniciales bast~. Un poco de
nen
un
padre
como
el
coronel
Quirós,
cuyo
pundocaer mil veces en eÍ abismo del vicio y de la_ ma~a fe.
chispa y mucha intención para refenr el _hecho y...
Aquella atmósfera caldeada por las resp1:a~10nes nor y cuyo nombre son tan conocidos, pues están
- Pero sin aclarar nada y dejando traslucir mucho.
anhelantes, por el hálito abrasado d~ la ~mb1c1ón de seguros de cobrar á la primera amenaza de escán- ¡Eso es! Cubriendo las ideas con velo...
unos, de la avaricia de otros, de la mqmetud d~ to- dalo.
- Pero tan transparente que todo el mundo las
Pero
yo
no
sé
...
dos; aquel rumor de exclam~c~ones mal ~ontemdas,_
comprenda.
Encontrarás
uno
muy
fácilmente.
Si
quieres
abode alegrías rápidas, de maldiciones y gueJas ocultas,
- ¡Crítica chispeante!
de las manos que se c~ispan, de las u_nas que desga- ra mismo.. .
- ¡Crítica mordaz!
Mas
...
¿Y
luego?
rran el traje, de los dientes que cruJen al chocarse
- Verás qué ridículo cae sobre él.
Luego
...
luego
...
Supón
que
conforme
la
suerte
con rabia, del dinero que se cuenta, ?el papel i:none- Si pudiéramos averiguar el nombre de ella...
te
ha
sido
hoy
adv~rsa,
te
fuera
favorable
otro
día.
da que se desdobla; toda est~ confusión de pasiones,
- ¡Chico! ¡Una señora!
Pagabas,
y
en
paz.
de sentimientos y deseos, agitándose en torn~ &lt;:1e él,
- ¿Señora y va á citas secretas? ¡Bah! Pero en fin,
La
cuestión
fué
discutida
largo
rato,
y
al
fin
...
al
trastornaron de tal modo al joven, que le h1c1eron
fin como las circunstancias eran apremiantes, quedó guardando las formas y poniend~ también sólo la
contagiarse con la locura de los demás.
.
primera letra del nombre y el apellido, y esto por una
'
aprobada
por Fernando.
Jugó y jugó fuerte.
.
·
sola vez, de una manera recatada y como por. un
En
cuanto
á
la
realización
del
proyecto,
aunque
Ganó en un principio; vanó después, y al fin tr~s
descuido, nadie nos podrá censurar de poco deltcadifícil,
no
fué
imposible.
de crueles alternativas perdió cuanto llevaba. ¡Perdió
Hay un genio... el genio del mal sin dud~, qu: dis- dos ni...
mucho más! ¡Quedó adeudando sobre su palabra unos
- Si tienes empeño en ello...
frazado con la máscara de la usura, ayuda a los Jóvemil duros próximamente!
- ¡Oh! Me alegraría sólo por dar una lección al
nes
que
se
van
á
perder.
.
· Las deudas del ¡·uego son sagradas! ¡Son deudas
tal
Mendoza.
El negocio se hizo, y como la poca edad es tan mede1honor! ¡Extraño honor el que se empena
por el
Yo quizá pueda averiguarlo.
flexiva
y
confiada,
Fernando,
después
de
pagar
su
• • 1
VICIO.
• •
-¡Tú!
..
deuda
de
caballero,
se
quedó
tranquilo,
y
á
los
pocos
Pero ello es que era preciso pagar al día siguiente,
- ¡Nunca faltan medios... , á nosotros los penod1s
días
estaba
tan
alegre
y
risueño
como
siei:npre,
olviy que Fernando, al salir de allí, estaba desesperado,
tas se nos ocultan pocas cosas! Tenemos ya tarlt
dando lo pasado y confiando en lo porvemr.
no sabía qué hacer.
. .
práctica en...
Uno de sus amigos notó su agit~c1ón y le_ pregun- Pues mira, encárgate de ello.
Gran
noticia,
chico,
decía
una
tarde
un
amigo
tó la causa. La juventud es expansiva, y el Joven se
- ¡Al momenfo! ¡Estas cosas, en caliente!
de Fernando, entrando en la redacción.
lo dijo todo.
- Espera un poco, y verás lo que escribo.
El hijo del coronel Quirós escribía en algunas cuar- Y ¿qué piensas hac~r?
.
Y Fernando con mano rápida empezó á llenar altillas
las
noticias
y
las
gacetillas
de
la
semana,
de
cu- ¡No sé!, contestó sombríamente: en último caso,
gunas cuartillas.
ya confección estaba encargado.
.
matarme.
¡Ni la intención, ni la malicia, ni la hiel faltaban
¿Una
noticia?,
preguntó
con
el
afán
de
qmen
es¡Matarse! ¡Triste recurso de los impíos!
.
en
ellas por cierto!
¡Pobre Gabriela! ¡Pobres de las madres que tienen pera saber algo nuevo.
Los dos amigos se vieron mucho.
Sí;
y
tú
que
pones
al
corriente
de
la
cróni~a
hijos incrédulos y materialistas!
.
El reporfer había estado sublime de causticidad
- ¡Bah!, le contestó el amigo: para eso siempre escandalosa á todos nuestros lectores, te alegraras y de ingenio.
de
saberla,
sobre
todo
por
la
persona
de
quien
se
hay tiempo; pero antes se buscan recursos.
¡Desdichado!
trata.
- ¡No los tengo!
Explícame
...
- Tú tienes medios ...

El compañero de Fernando se dispuso á salir para
cumplir su cometido.
Antes le había dicho éste:
-Aquí se queda el original, y si logras saber el
nombre de ella lo indicas, como te he dicho,
-Bien.
- Y te encargas de corregir la prueba, pues yo no
podré volver esta noche. Mi padre está un poco delicado y no qztiero recogerme tarde.
- Pierde cuidado. Yo también tengo empeño en
que este número llame la atención y excite la curiosidad de los suscriptores; es el último de este mes, y...
- ¡El último del mes! Pues ¿á cuántos estamos
hoy?, preguntó Fernando, palideciendo ligeramente.
- A 30 de marzo, según reza el calendario.
El joven no respondió: algo como un golpe eléctrico le había hecho estremecer.
En su locura se había olvidado de aquella fecha.
Tomó maquinalmente su sombrero, y salió diciendo solamente:
-¡Adiós!
-Adiós, contestó su amigo, sin notar aquella rápida emoción; y vete tranquilo, que yo me encargo
de todo esto.
Fernando no le oía ya: había abmdonado aquel
sitio, preocupado y pensativo.
¡El 30 de marzo! Al otro día cumplía el primer
plazo que el gabelista le había puesto para cobrar la
mitad del dinero tomado tres meses antes, y si no le
entregaba aquella cantidad iría á exigir á su padre
que lo pagase por él.
- ¡Es preciso evitarlo!, dijo Fernando. Es preciso
impedirlo, y para ello no tengo más que dos caminos: ir esta noche á probar fortuna; y si nada consigo,
ver mañana á ese hombre y rogarle que me conceda
una prórroga.
Para la mayor claridad de nuestro relato nos es
preciso retroceder algunos días.
Por una de esas casualidades tan frecuentes en la
vida, Carlos de Mendoza supo la pérdida que algún
tiempo antes había sufrido el hijo de Quirós y el
préstamo llevado á cabo para pagarla; supo también
las condiciones con que aquel negocio se había efectuado, y comprendiendo la gravedad de aquel hecho
y las consecuencias que podía traer á sus amigos,
juzgó necesario darle alguna solución antes que llegara á hacerse público.
Pensó primero ponerlo en conocimiento de don
Luis y que él resolviera; pero el anciano acababa de
salir de una enfermedad terrible, una enfermedad del
corazón, y el médico había dicho que cualquier emoción violenta le podría matar, como mata el rayo.
La irrascibilidad de su carácter era conocida de
Mendoza, y éste temió un arrebato, cuyo resultado
podía ser una catástrofe.
Se decidió, pues, á hablar de ello á Gabriela.
¡Las madres hallan siempre recursos salvadores
cuando se trata de sus hijos!
Un día en que se hallaba sola, le dijo toda la verdad.
El espanto y el dolor de la pobre mujer fueron indecibles.
¿Qué hacer? ¿Qué partido adoptar?
Decírselo á su esposo era quizá matarle, ó exponerle á que matase á Fernando.
Gabriela conocía á D. Luis, y sabía su estado.
¡Hay caracteres cuya violencia es la desgracia de
cuantos viven á su alrededor!
¡El miedo que inspiran retrae y paraliza á los seres
que tienen cerca, y excluyen la confianza, el tranquilo razonar, la dulce expansión!
El alma de la triste Gabriela había estado siempre
reconcentrada en sí misma, aterrada de continuo
ante un grito, ante una mirada de su esposo.
En aquel momento también era doble su temor.
Quir6s no podía resistir ninguna gran contrariedad.
¡El doctor lo había declarado así!
Cuánto lloró, cuánto sufrió aquella infeliz, es imposible adivinarlo.
Mendoza veía su aflicción, sin· hallar medio de
consolarla.
Él no era rico, y no podía ofrecer el dinero necesario para solventar aquella deuda. ¡Ella no lo hubiera admitido tampoco!
La agonía y la angustia de la madre de Fernando
no tenían remedio.
De pronto una idea acudió á su mente.
Ella poseía algunos diamantes, alhajas de familia,
¡recuerdos de ·su m3.dre!
- ¡Oh, si ese hombre quisiera esas joyas en cambio del pagaré que le ha firmado mi hijo!, exclamó
dirigiéndose á D. Carlos. Valen mucho más, pero yo
se las daría muy contenta, si...
- Es posible, contestó Mendoza. Si puede ganar
más en ello, aceptará sin duda: esos usureros... Pero
¿usted?..

LA

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

857

- Y ¿qué importa perder esos brillantes, si salvo
- ¿Adónde estuviste anteanoche? ¿Adónde y con
el buen nombre de mi hijo, si evito un disgusto á mi quién saliste de casa? ¡Habla, habla pronto, ó si no!..
esposo?
La pobre mujer se sintió morir.
- Entonces...
Creyó que su esposo sabía la culpa de Fernando;
- ¡Iré á verle, á suplicarle de rodillas que acceda! creyó que no ignoraba lo que ella hahía hecho sin
¿Sabe usted quién es? ¿Sabe usted adónde vive?
consultarle, y temiendo la explosión de aquella có- Sí, señora; pero ... ¡ir usted! Hay mil peligros en lera, exclamó, sin pensar en que era inocente:
ello. Además, ese hombre abusaría de su inexperien- ¡Perdón para él! ¡Perdón para mí!
cia y su generosidad de usted, viéndola sola.
La desdichada, anhelando conjurar aquella tem- ¡Dios mío! Y ¿qué haré? ¡Si usted pudiera venir pestad acababa de desatarla, horrible y violenta, sotambién!..
bre su cabeza.
Mendoza vaciló.
Aquel perdón, pedido en semejante momento, trasComprendió al fin que no podía abandonará aque- tornó el cerebro de Quirós. Vió en él la confesión de
lla madre desventurada, tan poco acostumbrada á una infidelidad conyugal, y lanzándose con furia sosemejante clase de asuntos, y contestó sencillamente: bre su esposa:
- Quiero á Luis como al mejor de mis amigos y
- ¡No hay perdón!, gritó sacudiéndola con fuerza
á usted como á una hermana. Estoy á sus órdenes, brutal. ¡No hay perdón para las infames adúlteras!
Gabriela.
Gabriela no pudo formular una frase, ahogada por
- Pues bien: hoy mismo iremos. ¿No dice usted la sorpresa, por el espanto, por la indignación.
que el plazo cumple dentro de dos días?
- ¡No ha y perdón!, proseguía delirante Quirós. ¡No
- Exactamente.
hay perdón, miserable, y vas á morir en mis manos,
- Ya ve, pues, que no hay tiempo que perder.
sin tener quien te libre de mi venganza!
- Así lo creo ...
Y frenético, ciego, loco enteramente, arrojó lejos
- Para evitar que Luis advierta mi salida iremos de sí á la pobre mujer, que fué á caer sobre un mueal anochecer. Todos los días duerme una hora des- ble, hiriéndose en la frente con la violencia de la
pués de comer, y en ese tiempo ...
caída.
- Vendré por usted.
Al verla en el suelo bañada en sangre, al mirar
- ¡Oh, gracias! Le deberé el haberme ayudado á aquel rostro pálido como el de un cadáver, algo que
conservar la paz de este hogar, porque me aterra el no sabemos definir pasó en el alma del coronel.
pensar lo que podría suceder si mi esposo supiese
Un dolor agudo, desgarrando su pecho, le hizo lleque Fernando...
var ambas manos al corazón, y lanzar un ¡ay! ahogaConvenidos en esto, Mendoza se alejó y Gabriela do y convulso.
quedó más calmada, aunque siempre inquieta y aturDespués ... una oleada de sangre brotó de sus ladida.
bios, y vacilando bajo el peso de su cuerpo cerró los
Era la vez primera que tenía un secreto para su ojos y se dejó caer desvanecido sobre un sofá.
esposo: era la vez primera que hacía algo sin consulEl pronóstico de los médicos se cumplía.
tarlo con él.
La ruptura de una arteria muy inmediata al coraPero ¡ay, que aquella reserva era muy motivada zón había producido aquella horrorosa hemorragia.
en tal ocasión!
La puerta de la habitación se abrió bruscamente
¿Tendremos que decir que la dama del velo á en aquel instante, y Carlos de Mendoza apareció en
quien acompañaba Mendoza era la madre de Fer- el dintel,
nando? ¿Tendremos que decir que
la casa donde les vieron entrar era
la del gabelista á quien iba á entregar sus joyas y sus alhajas para
remediar la falta de aquel desgraciado? Creernos que no, porque ya,
y sin trabajo, deben haberlo adivinado nuestros lectores.
Eran las diez de la mañana ya:
Fernando no había vuelto á s.u casa desde el día anterior.
Aquella ausencia pasó inadvertida para el coronel á causa de su
enfermedad, y Gabriela, que había
logrado, á costa de una gran pérdida, rescatar el pagaré de su hijo, se
sentía más tranquila por este lado,
pero sufría una nueva angustia con
aquella tardanza desusada.
D. Luis, que se levantaba tarde
por su estado de convaleciente,
acaba de dejar el lecho, y sentándose en .una butaca pidió al criado los periódicos de la mañana.
El coronel los repasaba con indiferencia.
De pronto sus cejas se fruncieron; lanzó una terrible imprecación, y pasando una mano por la
frente exclamó, con un acento en
que temblaban la cólera y el
asombro:
- ¿Qué es esto?
Entre sus dedos crispados tenía
un papel, que no podía leer con la
rapidez que deseaba, á causa del
temblor nervioso que agitaba su
mano.
- ¡Oh!, gritó después de un segundo y después de haber vuelto
á mirar de nuevo. ¡Esto está muy
claro! ¡Se trata de mí!.. ¡Si fuera
verdad! ¡Si ambos me hubiesen
engañado!
Y dejando el asiento que ocupaba, y tamhaleándose como un
'·l
hombre ebrio, llegó á la puerta de
la habitación y gritó con todas sus
- ¡Tú! ¿Sabes lo que has hecho?
fuerzas:
- ¡Gabriela!
La esposa amante acudió presurosa á aquel llaTambién venía pálido, contraído: también traía
mamiento; pero antes que hubiera p:&gt;dido hacerse en la mano el infame papel que había causado aquecargo de la situación, sinti6 la mano de don Luis lla ruina.
oprimiendo' su brazo, y oyó su voz que ronca y alteAl entrar, ai ver aquel cuadro lo comprendió todo.
rada la preguntaba:
Gabriela con la frente herida, con el semblante

�LA

NúMERO 626

ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA

desfigurado, procuró levantarse.y corr_ió hacia su ~s- torre Eiffel, con la rueda de Ferris de la última Exposo, dejándose caer de nuevo a los pies de D. Luis. posición de Chicago, y tal sucede con el proyectado
- ¡Socorro! ¡Un médico!, exclamó con afán, ex- palacio aéreo de la Exposición que en el próximo año
tendiendo las manos hacia Mendoza. ¿No ve usted ha de celebrarse en Amberes.
El proyecto de este palacio es atrevido y no menos
que se muere?
- Pero... ¿esa herida?...
\'
- ¡No piense usted ahora en mí; en él, en él solamente!
.
Mendoza, aturdido, lleno de indignación, pero queriendo ante todo salvar á Quirós, llamó á los criados
para que acudiesen á socorrer á sus se~ores, y corrió
en busca del primer médico que encontrase.
En medio de la escalera se encontró á Fernando.
¡En aquel momento acababa de salir de una casa
de juego!
,.
•·
•
Venia alegre y decidor, porque babia.ganado una 1
gruesa suma.
, ,.
Al ver á D. Carlos, en cuyo semblante pálido se
pintaba una violenta contrariedad, la:nzó ·una c_ar~aja&lt;la y exclamó:
- ¡Hola, hala! Se conoce que ha leído usted mi...
¡Buena fi)ípica le he dado!
- ¡Fernando!
.
- ¡Conque usted también en galanteos! ¡Ja, ja!
¡Todo se sabe! No tollle usted á mal Jo pu_blicado:
está escrito con mucha intención, ¿verdad? Pero es
una broma, una broma en castigo de los s'ermones
que...
,
- ¡Desdichado! ¡Pero has sido tú! ¡Tú!
- No lo niego, dijo el joven, que, no esperaba que
Mendoza tomase el lance tan en serio.
· - ¡Tú! ¿Sabes lo que has hecho?
- Probarle á usted que todos tenemos :Rº! qué
callar, y que nada se le escapí1, á un reporter,hsto y
activo.
,
.
- ¡Miserable! ¡Has deshonrado á tu madre, yacabas de matar á tu padre también!
·
Fernando lanzó un grito: subió las escaleras de
dos en do~, y penetró en la estancia que Mendoza
acababa de abandonar.
Allí estaban sus padres. ¡El uno muerto, la otra
desmayada!
El periódico satírico, el festivo diario se hallaba
caído entre ambos, y aún conservaba las señales de
la presión nerviosa de la mano del coronel.

N úMERO 626

de una sociedad por acciones para explotar el invento con un capital no más de ~00.000 francos.
,
La construcción del palacio aéreo es sumamente
interesante: en ella sólo entran materiales ligeros pero
resistentes y flexibles, com&lt;;&gt; tubos rayados de acero

LA ILUSTRACIÓN

en dirección diagonal van á parar á la tierra en don, fuertemente amarrados; de este 'modo se
de estan
evitan las grandes oscilaciones que un fuerte viento
imprimiría al aparato. Para lograr desde este punto
de vista mayor seguridad, también la barra horizon·
tal que sostiene el palacio está amarrada por medio
de cables.
En los casos de desperfectos imprevistos, el aparat? puede ser ?escendido en media hora. El globo
resiste una presión de 100 kilogramos y aun más, de
manera que puede resistir un verdadero huracán.
Los dos ascensores, capaces para 10 ó 15 personas

ARTÍSTICA

cada uno, que establecen la comunicación entre la
tierra y el palacio aéreo pueden hacer un viaje cada
seis minutos y son del mismo material ligero que el
edificio; suben y bajan por su propio contrapeso y se
deslizan entre dobles cables de 25.000 kilogramos de
resistencia, á pesar de lo cual y :¡,ara evitar cualquier
accidente se han adoptado ingeniosos sistemas que
permiten inmovilizar instantáneamente el aparato.
Cada una de las partes componentes del globo se
llena por medio de un tubo que está en comunicación con el aparato de gas. Cualquiera reparación en
una de ellas es sumamente sencilla, pues sólo cuatro

-

..................
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contra las diversas
Afecciones del Corazon,

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Empo~reclmiento de la Sangre,
Debilidad, etc.
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iO o~ntimo ■ de pes eta la
entrega de i8 página■

'

·

•

COL ICOS
♦
IRRITACIONES

l8l3

1878

18i8

DISPEPSIAS
GASTRITIS - OASTRALOIAI
DIOEBTION LENTAS Y PINO■AI
1PALTA DE APETITO

Erijam flU
cajlU de hoja de /ala

• OflOI H IOJU)IHI Da L&amp; DIHITIOII

Una cocharada

RIIIR• • de PEPSIIU IOUDAULT

11.UO LA

por la manana

en la cuarta parte

de uo vaao
deagua 6deleche

En todu
la•

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•••- couaUtuye el repara4or ma» en,mrtco que ee conoce para curar • la C/Qró,u1 la
.lnemla, las .lle111t~ dolorolal, el' Jlmpobrectmvnto y la ..weractoñ 44 la Sangre
el ill(JI"'""'°' lJI Á{eccfOf!a e,cro(luollU y -~tlt4l, ele. El l'i■• Pel'l'■ct■•--

dé

ea, en efecto, el único que reune lodo Jo que enwna y !ort&amp;lece loa organoe
tuerzas ó tn!un&lt;le a la ll&amp;DII'e
empo.uremda y descolort&lt;1&amp; : el Yl{lor, la Coloracioft y la 8rter"'4 MIIU,
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DE CORTEZAS DE NARANJAS AMARGAS

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todos los médicos para la curac1on de las qastrltis gastraljlas dolo:ea
fu retortl{ones de estómag_o, estreñimientos r~beldes, para facilitar
los1:it::ito~. 1 para regularizar todas las funciones del estómago 1 de

Perao1u •u coDOCe■ lu

Proyecto de palacio aéreo para la Exposición de Amberes de 1894

SECCI ÓN CIENTiFICA

En esta época de las ideas críticas y claras en que
reina la razón práctica exenta de toda fantasfa, ha
desaparecido casi por completo la creencia en los milagros, y eso que en esta época del vapor y de la electricidad es cuando los mayores milagros se realizan.
A pesar de cuanto hasta ahora se -ha hecho, surgen de cuando en cuando proyectos y creaciones de
inteligencias privilegiadas que despiertan asom~ro y
admiración aun entre las gentes menos impresionables. Generalmente en· cuanto se anuncia 1:111 proyecto que se sale de los límites de lo ordinario, la mayoría de las gentes ó no Je dan crédito ó jo acogen
con escéptica desconfianza, y sólo cuando aquél es y~
una realidad los pesimistas se inclinan ante la evidencia y reconocen l!l poder del espíritu creador,
Tal sucedió con el globo cautivo Giffard, conja

e

D1pd1tto ,n todas tas Farmacia,

ENRJQUETA LOZANO DE VILCHES

1894

UIIPIJl,Lll)()8TEZ8AUO

Soberano remedio para rápida curacioa de las Afecciones del pecho,
Catarroa,llal de garganta, Bronquitis. Resfriados, RomadiJ.-oa,
de los Reumatismos• Dolores
Lumbagos, etc., 30 años del mejo;
6xito atestiguan la eftcacia de este
poderoso derivativo recomendado por
los primeros médicos de Paria.

deHIB'rro de
ragea,Sa1Lutato
au

(Ilustraciones de J. Cabrinety)

PARA LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE AMBERES DE

UIT .lllriHÍLIQUI -

LECHE ANTEF1:L

¡Oh, cuando delante de nosotros se pronuncie un
nombre entre frases equívocas; cuando una de esas
sonrisas, aceradas como la hoja de un puñal y seguida de una palabra intencionada se ?f:ezca á nu~stras miradas, apartémonos de aquel s1t10, cuyo aue
está envenenado por el aliento de la calumnia; por la
calumnia que mata de una manera infame, á traición
y por la espalda! De la calumnia, crimen horrible
para el cual ni el código, ni las leyes de los hombres
han señalado castigo, pero que lo tendrá sin duda un
día, impuesto por un juez más recto, por un tribunal
más inapelable, ¡por el tribunal de Dios!
'

PROYECTO DE PALACIO AÉREO

~

.........

Gabriela ignoró siempre quién había sido el autor
de aquellos malditos renglones que habían arrojado
una mancha en su pura frente, y que habían sido la
causa de la muerte de Quirós.
Mendoza tuvo lástima de la pobre madre, y no
quiso desgarrar aún más su corazón.
En cuanto á Fernando, estuvo muchos días entre
la vida y la muerte. Después... después los cuidados
de su madre le salvaron, y ¡vivió para arrepentirse,
para expiar su culpa, para saber lo que el remordimiento desgarra el corazón del calumniador! .

"•t••••••1•,,••,1•,1••,t•11•••" •l"••••,1•11••• "•l'••••,1•••"•l''•"•l"•," •l'••••,1•, ,•, ,1•, 1••:l'ol''•'' •l"•."•l"••"•I' ••...,•''

bastan para sostener el globo, los cables y el palacio
con 150 personas dentro.
El peso total del palacio aéreo con 150 personas
dentro es de 35.620 kilogramos, y la fuerza ascensional del gas de 59.262: la superficie total es de 9.311
metros cuadrados, y la cabida de 74.079 metros cúbicos. Se necesitan 86.460 metros cuadrados de seda.
El palacio aéreo servirá en primer término naturalmenté de reclamo para la Exposición, pero también
s'e utilizará de él la ciencia, pues en él podrán hacerse interesantes observaciones astronómicas y meteorológicas, estudios sobre la gravedad, etc.

atrevida es su ejecución, necesitándose toda la energía y todos los esfuerzos de un hombre ~e ~oderosa
inteligencia para poner en obra tamana tdea. El
autQr del proyecto de palacio aéreo, el ingeniero de
Bruselas M. Tobiansky, pertenece á esa clase de seres privilegiados á quienes por su genio y p_or su espíritu emprendedor está reservado un gl?noso porvenir. Más de cuatro años hace que el inventor se
ocupa en ese proyecto, y á pesar de los_ obs~áculos
con que ha tenido que luchar ha rroseg111do sm de~mayar nunca sus estudios y expe.nmentos aero~áut1cos y técnicos, y después de haber pesado teónca y
prácticamente el pro y el contra y de haber hecho to•
das las comprobaciones necesarias1 plenamente ,CGnvencido dii la seguridad,y posibilidad ·d~ ejecución
de su invento ofreció su proyecto al comité de la Exppsición de Amberes, el ;cual' nombró una co'misión
científica para que lo exan_lÍn~ra y estudiara._ El _resultado' de este examen y estudio ful.la constituoó:o

y de aluminio.y otros por el estilo. Eorros de seda
china y tejidos de alambre dan al armazón un.aspecto compacto tjue' le ha&lt;;e semejar.á un edificio en toda forma y permiten la libre circulación deI vien~o.,
El suelo mismo del palacio aéreo, 51ue tiene Jº metros de largo por .7 de ancho, es de caña y bambü.
El globo que sostiene esté palacio se compone de
dos hemisferios y cuatro cilindros y es de·seda china
doble impermeable: cada una de estas partes tiene.
una cabida de 15.000 metros cúbicos aproximada·
mente y forman tbd\ls juntas un solo globo. Un recio
'tejido de seda que encierra los seis globos da al con-.
junto del aparato forma de un cuerpo homogéneo y
sostiene ei;i su parte inferior un tubo de acero horizontal de resistencia, al cual va suspendido el palacio,
por medio de cinco cuerdas, cada una con ·una fuer·
za ·de resistencia de 2 5.000 kilogramos.
La parte superior del globo está cubierta con una.
;red de seda de la que parten 16 cables de acero -que.,

DE PARIS

ao titubeaa ea purgarse, cuando lo
aecesitan. No temen el asco ni el causanci o, porque, i;ontra lo que sucede con
los demas purgaates, este no obra bien
sinocuandosetomaconbuenosalimentos
ybebidasfortilicaates,cualelvino,elcal6,
el ti§. Cada cual escoge, para purgarae, la
hora y la comida gue mas le convtenea,
segun
ocupac1onM. Como el causu
c10 que la porga oca,fona queda completamenteanuladoporelelectodela
bueaaalimen&amp;acioaempleada,uno
se decide f4cilmente II volver
4fµQpesarcuantasveces
sea aecesario.

su,

Querido •n,-rmo. -Floso Yd. • mi lirt a erpe,,.noia,

• hat• u10 de nuestro, GRANOS de SALUD puu ella,
le ourar!n dé
, on1t1paclbn, le darAn a{Atito .I t

'º

'.'.'.'.a~l•t'.:r'. .'.11~-~A~"'.:'::'"~,áV
~d~._!_ ___

,,,d•~•o~i,~,,~An~•'~
•~.ue:ñ~o:'.1~'_:
ªtlllMPre rl• un~ bu4'n.t ""'"
:_uaho1
año•.•t11rf,11f1ndo

al B

JARAB E

•
roInuro de p ot as10
DE CORTEZAS DE NARANJAS AIARGAS

Es f!l remedio mas eficaz P,ara combatir las enrermedades del corazon

la epilepsia, histéria, migraña, baile de S••Vito insomnios con!
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V EL0 U TI NE. ,F
Ch. l'ay,
El mejor y mas célebre polvo de tocador

.

_

por

perfumista

9, Ruede la Pm, p ARIS

�860

NÚMERO 626

LA ILUSTRACIÓN ARTÍ~TICA

ux

PASO DIFfcIL,

dibujo de Carlos Arregui

Las casas extranjeras que deseen anunciarse en LA ILUSTRACION ARTísTIOA diríjanse para. informes á. los Sres. A. Lorette, Rue Oauma.rtin,
núm. 61, París.-La.s casas españolas pueden hacerlo en la oficina de publicidad de los Sres. Calvet y Rialp, Paseo de Gracia, núm. 21

............................

ENFERMEDADES

f: :ioºR\WlJ\\!I
GOTA
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del~
!!!!!!!!!!!!!!~~REUMATISMOS:

GARGANTA
ESTOMAGO
VOZ y BOCA
PASTILLAS y POLVOS

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B«,,-,adn• contra laa .l.toooiow dal Elt6mago, Falta de Apetito, Dlg..UO- labortooiu, Aoedtaa, V6mlto■, Eruo&amp;oe, 1_ C61iooe¡
regularlsan laa Funolone■ de: ne ■ IG• 'I
d• loe lnuetlnoe.
,.,
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desde su prlnclplo por los í&gt;ro!esores
L_!Lénnec, Thénard, Guersant, etc.; ha recibido la consagración del tiempo: en el
ano 1829 ontuvo el prlvlleglo de lnvenetón. VERDADERO CONFITE PECTDRAl, CO,!l base
cte goma y d~ anabotes, conviene, son re todo 11. las personas Clellcactas· como
lllUJeres "f nlnos. su gusto excelente no perjudica en moCLo alguno 11. su tncaela
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mamenle a¡radable es eoberuio co tra l&amp;
7 Co,sr,al4ctncúu contra Ju IHarretf: lu .l"""'4 y
Cuando se trala de despertar e1 1

en

comDOlfdon de eete poiente
per
De un rusto auel -'J'::m"11to, en Ju CalffltllNI

Ju1o ~ ~

-•'•••la.

81,.,!!..otllaquo Y loe ,ntut,no,.
- - onee,.reparar las tuenu,
~ e ~ l)rOTO-

111~~-::.

emtquecer la sangre, entonar e1 orrantamo

aae

cad&amp;s por 101 calores, llO 118 conoce nada
,P()'I' m4,vor. • Paril_, en casa de l. FEllllt, Farmaceut1co, 109, rae R;_..._,._

aa VBMDB BN

a-~.,.,...,.

TODAS LAS PIIJMOIPALU ~ -..uwu.11o

EXIJASE 11:m.,1:' ARO UD
Quedan reservados los derechos de propiedad arl!stica y literaria
IMP, DB MONTANBJl Y SIMÓM

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                <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>La Ilustración Artística, 1893, Año 12, Tomo 12, No 626, Diciembre 25</text>
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              <text>Semanario de literatura, artes y ciencias publicado en Barcelona, España por Montaner y Simón. Redactado por Alarcón, Alás, Barbieri, Barrera, Benot, Brú, Castelar, Echegaray y otros. Contiene ilustraciones, grabados y dibujos.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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