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                  <text>FONDO u:, VERSI

SUPLEMENTO CULTURAL

Vida Universitaria - 15 de Noviembre de 1997 - Número 7

Juana Inés de la Cruz

Cuando la inteligencia se vuelve religión
uando tenía cuatro años Sor Juana Inés de la Cruz ya sabía leer y
escribir, y a los nueve supo de la Universidad de México, donde
nte admitían hombres. Entonces pensó: "Me tienen que disfrazar
hombre para que me puedan recibir".
Y realmente Sor Juana, nacida en noviembre de 1648 y muerta en
, está ahora en la Universidad, porque en el antiguo convento de San
· o, donde ella vivió sus años de monja y murió víctima de la caripor haber asistido a las hermanas enfermas de la peste negra, se ha
ecido la Universidad del Claustro de Sor Juana y hace apenas un mes
abrió la cátedra del sorjuanismo para investigar exclusivamente,
brados académicos, a la Décima Musa, a la mujer más alta de las
aspañolas.
Si hay quien le aventaje como poetisa religiosa es Santa Teresa de Jesús,
no sabía arquitectura, filosofía, música y tantas ciencias como Sor
almacenó en su privilegiada inteligencia.
Por otra parte, con sus estudios autodidactas, Sor Juana merecería que
dijéramos doctora. El papa Juan Pablo II acaba de otorgar el doctorado
Santa Teresita del Niño Jesús. Hasta este momento solamente hay tres
ras en la iglesia: Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila y
Teresita del Niño Jesús. As! podríamos pensar también en darle un
rado honoris causa en todas las ciencias universitarias a Sor Juana
de la Cruz.
Ya sabemos que cuando niña se metía bajo la cama con una vela para
los libros de su abuelo y ella nos cuenta en su Respuesta a Sor Pilotea
su ansia de saber la llevaba a un estudio continuo. Aparte tenía un
ºtu de investigación personal, en donde lo mismo se podía ver a una
que bailaba un trompo para ver si eran elípticas perfectas las vueltas
daba la punta, o que se ponía a ver la profundidad del corredor para
por qué si es la misma medida, el fondo se ve más estrecho. Fue una
· r inquieta, para conocer los astros tenía su telescopio y para conocer
puntos de referencia de la geografía universal, su astrolabio.
Actualmente, podría pensarse que los medios modernos del
ocimiento, la computadora, el Internet y la facilidad que hay para
cenar datos, pueden entorpecer la actividad cerebral.
Mi alumno de Acción Católica en la Parroquia de la Madre Santísima
1t la Luz, el maestro universitario René Mario Montante, genio de las
lllatcmáticas, llama la atención sobre el peligro de que el universitario
mecanizarse y atrofiar la parte espiritual, la parte propia de la
· idad mental.
El universitario técnico no debe olvidarse de las facultades humanfsdebe pensar también en las dimensiones sociales, tener una cultura
ral para alimentar su propia carrera.
En ese sentido, Sor Juana Inés de la Cruz es un modelo, y ese modek&gt; cs su calidad de autodidacta, en donde sabe aprovechar su tiempo, aun
tUando confiesa que las cosas necesarias de la vida religiosa le quitaban
tiempo para sus letras y que muchas veces sus hermanas iban a importunarla y ella, por caridad, escuchaba sus chismes y consultas particulares.
Ella es en lo personal un modelo para todo estudiante y un modelo
para todo el que desea alcanzar un título universitario, para todo el que
tiene la dicha de cursar las aulas universitarias.
*Sacerdote, historiador y estudioso de la vida
y obra de Sor Juana Inés de la Cruz

,~

�El Tigre

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . . .. . . .. . .... .. . . . . . . . . ... . . . . . ... . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . .. .. . ... . . . . . . . . . .. .. . . El.Tigre
LA VIOLENCIA DEL LIBRO

La novela de la Revolución
o de ~ómo pasó lo que pas
J S. /3:rushwood
asi de la noche a la mañana la no[Ivela
que se escribía en México se
convirtió en novela de la Revolución. En
1931 no se publicó una sola novela importante que no tratase el terna de alguna
manera.
Después de las novelas que se escribieron al mismo tiempo, o casi al mismo
tiempo, de la acción en ellas descrita,
transcurrió una década antes de que los
novelistas prestasen atención a la Revolución.
Luego, a fines de la década de 1920,
Martín Luis Guzmán publicó El águila y
la serpiente, Agustín Vera La revancha y dos
o tres novelas comentaron los abusos
políticos y las rebeliones cristeras. Todas
señalan una tendencia; pero no obstante, sorprende el cambio de rumbo en
1931: la Revolución es ubicua en la novela.
El vuelco repentino que condujo a la

descripción de la Revolución nos hace
pensar que su necesidad fue originada por
el carácter de su realización política o, por
decirlo de otra manera, por el reconocimiento de los problemas persistentes de
la nación y de las fallas de los gobiernos
posrevolucionarios. Esta proposición, que
sugiere el intenso cultivo de la ''novela"
de la Revolución, se apoya en las protestas y en las posturas concretas que advertimos en las novelas escritas en los diez o
quince años del periodo que nos ocupa.
La Revolución tuvo dos caras. Aun
durante su fase militar, una fue predomi~
nantemente política y miró en dirección
de una sociedad capitalista auténticamente democrática; la otra fue social y
previó cambios fundamentales en la
estructura económica.
Una fue de la clase media; la otra, proletaria. La primera fue la fuerza inicial y
predominante. La segunda, cuyo principal
exponente durante la fase militar fue
Emiliano Zapata, vino después y se vio
obligada a ejercer su influencia en la rebe-

lión política, de clase media, que ya había
comenzado.
La oleada de novelas de la Revolución
que se levantó en 1931 muestra varias formas distintas de contar la historia, con
algunas características comunes a la mayoría de los libros que se han escrito sobre
el tema: son relatos lineales episódicos y
los personajes están esbozados.
En general todo -estructura. estilo,
caracterización y aun ideología- queda
subordinado a la necesidad que siente
cada autor de decirnos cómo pasó lo que
pasó. Vámonos con Pancho Villa, primera
novela de Rafael Mufioz, es un ejemplo
excelente de relato ciertamente legible
que, al ser analizado, parece mostrar casi
todos los defectos artísticos imaginables.
Sería una pérdida de tiempo señalar
objetivamente las fallas que el libro tiene
en común con tantos otros.
La cuestión esencial es el porqué es un
buen libro si tanto puede decirse en su
contra. Una de las razones es la facilidad
narrativa del autor.
Como muchos otros novelistas, Muñoz era un periodista experto y llevó al
dibujo de sus vifi;tas de los hombres de

Villa la descripción fácil y su
caracteriza un buen relato
"de interés humano". pero
además, acaso una suerte pa ·
creatividad: Muñoz ha recreado su
anhelo de contar la historia y sus
se ven atrapados por el deseo
cómo fueron aquellos hombres.
La respuesta es que fueron
bastante comunes y corrientes
grados variables de lealtad,
heroísmo, y que estaban unidot
impulso -más sentido que
do- al cambio.
En Vámonos con Pancho
Revolución pertenece al pueblo
que haya una argumentación
favorable al proletariado, sino
la gente del pueblo como indi ·
stituyentes de la sociedad.
Nada tiene de sorprendcnt:e
publicasen muy pocas novelas
años de turbulencia revoluci
única novela ímportante publi
de 1918 fue los de abajo (1915) de
no Azuela, el mejor relato que
escrito de la Revolución popular.
Sin embargo, los de abajo es
especial porque Azuela la public&amp;
Paso, Texas, adonde se había
después de la retirada de las
Pancho Villa y fue poco co
México hasta mediados de la
1920.
Mientras tanto, Carlos Go.
(La fuga dt la quimera) y José
Portillo y Rojas (Fuertes y dlbiltt}
bíeron novelas sobre algunas fases
Revolución, anteriores a la acción
de abajo.
Ambas novelas, publicadas en 19
probablemente fueron escritas antCS.
sus autores las guardaron hasta que
sociedad más serena hiciese pos
publicación.
Si Rafael Muñoz describió
afuera, José Mancisidor, en L4
describió la Revolución desde d
vista de un participante. Su ·
izquierdista es patente, como en
novelas, y tiende a inhibir su
creador.
En La asonada Mancisidor
temor de que la Revolución sea traid
da por los dirigentes, lo cual signifi
pérdida de la causa del pueblo.
No se pone a declamar -su iz

Hacia el nuevo Estado
(México, 1920-1933)
Y11ri Vladimir Delgado Santos

111

profundo, bien pen- rollo del tema.
' pero sus ideas lo
Un recuento ínformal descubre
demasiada insistencia. más de una docena de autores de proVámonos con Pancho ducción límitada, que escribieron
no supera sus faltas. por lo menos un libro que poseyó
una novela muy floja, cierto interés. No todos trataron
te por su particular directamente el tema de la Revolución.
personal de la RevoAbarcan desde el relato que nos
os diversas varíacio- dejó el general Urquízo de la vida de
podía escribír como un soldado común y corriente en el
su propio relato, o periodo de transición desde el pore otros habían hecho, firiato hasta la Revolución (Tropa
punto de vista de éJ vieja, 1943), hasta la novela proletaria
te. También podía de Gustavo Ortiz Hernán: Chimeneas
desde el punto de (1937).
En este grupo de esfuerzos
ejercido sobre él por
aparentemente inarmónicos figuran
de Nellie Campobello, una novela costumbrista y tradiesbozos que tratan de cionalista (Las perras, de Justino
táculo que la Revo- Sarmiento,1933), una novela históri.ó a una nifia. El libro ca muy buena del periodo de Santa
clase de disquisiciones Alma, escrita por Leopoldo Zamora
Plowes (Quina uñas y CasaflQVa, avenpsicología infantil.
particular de la his- tureros, 1945), y las dos novelas que
ela mexicana contem- sobre la Revolución escribió Roque
ción de un número Estrada (Liberación, 1933, e Idiota,
ente grande de nove- 1935) escritas quizá después de leer a
de sólo uno o dos Dostoievsky y que, por cierto, no
lmente no pertenecíe- están relacionadas con las tenden• nte principal del desar- cias literarias de la época.

a vida política, económica y social del país
es un bocado poco suculento si se le ve
como una historia fría, de hechos objetivos e
inamovibles. Tal parece que la historia ha ocurrido así a lo largo del tiempo, o al menos ha sido
registrada entre algunos de los grandes autores y
en los libros de texto escolares. Pero nada es lo que
aparenta ser. El hombre es una aventura literaria,
como el más prudente puede llegar al sacrificio o
volcarse a un erotismo raro. Nada es exactamente
lo que fue; la relación de los hechos es un intrincado conjuro de innumerables voces, donde la
acción histórica no se resume a la decisión de un
presidente o el ímpetu de un movimiento social; la
lucha por el poder, la defensa por prevalecer sobre
un proyecto de nación, como es el caso del Estado
mexicano moderno, es igual a la realidad histórica
en sus particularidades: llena de voracidad, pasión,
de experiencias frustradas y triunfales; una catadura de un rostro mayor, pero exactamente humano.
Luis Medina Peña, regiomontano, egresado del
Colegio de México, se interna en este hueco de la
historia del México moderno y contemporáneo.
Tema de análisis histórico, indagado cienúficamente desde mediados de los años sesenta por
autores corno Pablo González Casanova o
Arnaldo Córdova, recibe por este autor un nuevo
enfoque de estudio. Desde una perspectiva de la
historiografía, Hacia el nuevo &amp;lado (México, 19201993) expone una serie de tesis innovadoras sobre
la formación del Estado nacional después de la
Revolución.
Al contrario de las investigaciones históricas
marxistas, fundamentales en la vida académica del
país durante los años sesenta y setenta, la historiografía como corriente dentro del análisis histórico trajo a partir de la década de los ochenta un
nuevo acercamiento de los hechos. Prevalece en
ella el análisis minucioso del fenómeno histórico,
las condiciones sociales que lo producen, enfocando una gran atención en la carga cirunstancial, del
momento político, sobre el que se desenvuelven
las decisiones y se estipulan los proyectos de
nación; de tal manera que, más que encontrar un
Ogro filantrópico al estilo de Octavio Paz, el Estado
posrevolucionario se presenta como uno que tiene
que remar contra la corriente intervencionista
extranjera, así como contra los caciquismos
regionales que controlaban el poder en la Cámara
de Diputados durante el periodo callista concretamente.
Para Luis Medina ese famosos maximato fue
una relación de conveniencia entre el Presidente y
el Jefe Máximo de la Revolución; no existe como
lo han hecho ver los historiadores marxistas y
otros como Aguilar Camín, un control absoluto
del expresidente Calles sobre sus continuadores,
sea Portes Gil, Ortiz Rubio o L. Rodríguez, sino
que al contrario, desde su análisis hay una dis-

___ ----- ----------•--·---------_,.,...,
.

.......

tribución del poder que en aquel momento la cultura política militar predominante lo hacía necesario.
Otra destacada consideración Haci.a el nuevo
&amp;tado está en la apreciación del periodo cardenista
como un gobierno de reformas tenuemente radicales, y fundamenta lo anterior sefialando que precisamente es durante la presidencia de Cárdenas
cuando el capital mexicano alcanza las cifras más
altas de la producción nacional.
Sencillamente la historia desde la historiografía no está encuadrada dentro de un marco ideológico previo para abordar sus fuentes de estudio.
El periodo del desarrollo estabilizador, muy poco
tratado por los historiadores reconocidos, da
conocimiento de los difkiles retos que tuvo que
enfrentar la economía mexicana para conservar
un nivel de vida aceptable. Al interpretar el estudio de Medina se descubre que los cambios de programas económicos de los gobiernos de Alemán,
Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz alcanzaron un éxito mediano pero favorable para la
estabilidad del país, que era para entonces una
muy diferente a la de los gobiernos emanados de
la Revolución.
La era industrial mexicana trajo consigo una
floreciente clase media y un destacado impulso de
superación y voracidad por escalar espacios
sociales. La situación económica que tuvo que
enfrentar Díaz Ordaz fue particularmente difícil, y
él particularmente cerrado para decidir mejores
opiciones políticas que las que asumió. Lo que
realmente es de destacar de este gobierno es la presencia de sectores poco reconocidos por la izquierda mexicana y cuyo elemento de cambio fue fundamental para las futuras propuestas democráticas: el movimiento médico de 1965 y el intento de
transformación del PRI, encabezado por su dirigente Carlos Alberto Madrazo, que asumió la
tarea de transformar el partido oficial en uno de
ciudadanos que pudiesen elegir sus gobernantes y
ya no a través de decisiones sectoriales y de cúpula.
Esta visión historiográfica de Hacia d nuevo
&amp;tado deposita ese compromiso tan buscado
frente a la historia nacional como una responsabilidad personal; provoca en el lector una idea
implícita de tolerancia ante las acciones políticas,
tan humanas como circunstanciales, e igualmente
confiere un sentido crítico, irrebatible para
analizar la misma situación concreta desde las
opciones que uno puede tomar. La corriente de
análisis de Luis Medina Pefia se coloca por encima
del andamiaje ideológico pero flota con la
aparente levedad del ser de lo circunstancial.
Medina Peña, Luis. Hacia el nuevo
Estado (México, 1920-1993). Fondo de
Cultura Económica. México. 1994.

o

•

�Los PRIVILEGIOS DE LA VISTA

Entre el arte y la masa
urbana
Emriq11t R11iz AaJsta •

n esta enorme y dispersa ciudad
en la que vivimos, el uso del
tiempo libre es el termómetro de nuestra inexplicable terquedad por la enajenación.
Creemos que, siendo hijos predilectos de la laboriosidad, todos los derivados del trabajo nos son naturales
vehículos de gratificación.
Por ejemplo, el shopping mal!, como
expresión de estatus y de poder de compra siempre se inunda los días libres,
tanto para transitar por la pasarela de
los pasillos (como maniquíes en exhibición) como para husmear oportunidades de darse un pequeño lujo,
porque lo merecemos.
¿Otro ejemplo del uso de nuestro
tiempo libre? El cine ·de estreno, ese
mundo de anunciados efectos especiales
y espectaculares desplantes, de fantasías
de irreprochables o contundentes personajes, de deformidades que llevamos
por dentro y que se subliman en la pantalla. Valiente desembolso de dinero
que va a dar a las estadísticas de ventas
brutas en los Estados Unidos.
El cine es una obsesión regiomontana porque permite consumir tiempo
muy entretenido y divertido. En otra
gran medida la televisión responde
igual a nuestra necesidad de desconectamos y de no pensar.
Un tercer ejemplo es el reventón.
Chelas, carros, bailes, son el lugar común de una sociedad regiomontana
aburrida de su trabajo, que se desentiende el viernes de sus oficinas y fábricas y
se reintegra el lunes, a veces en un lamentable estado. Pero lo bailado quién
se los quita.
¿De qué queremos desconectamos?
de la presión social, de las frustraciones
colectivas e individuales, de la coerción.
Nuestra sociedad no ger¡era atracción,
sino tensión y rechazo, marginación.
Las fantasías del cine se articulan
con los ideales de ostentación de la
publicidad para hacernos sentir que nos
falta algo impreciso, que medio se satisface comprando productos que siempre
son novedades (estrenos, promociones,
lanzamientos, presentaciones, etc.). A
eso dedicamos nuestro mejor esfuerzo,
a volvernos depredadores de tiendas.
Aparte de todo esto, la vida
regiomontana fuera del trabajo se limi-

11

ta a la intimidad de la familia, un lugar
donde el proyecto social total no se discute sino que solo se asume, casi sin
cuestionarse.
En Monterrey no tenemos foros
para elucubrar sobre lo que deseamos, o
para escuchar a otros hablar. No sabemos discurrir, reflexionar, increpar,
detractar.
Tenemos, eso sí, excelentes hábitos
de consumo, afilado olfato para comprar selectivamente y para orientar nuestro gusto y nuestra apariencia. Pero
hay un vacío que de vez en vez hace crisis dentro de nosotros (desazón por
ejemplo, o acciones autodestructivas
que la prensa narra profusamente).
No hay lugar para el ocio. La mística es el dinero y mover el mundo.
Estar siempre ocupado. Así son las
cosas en este lugar donde la cultura es
laboral y no creativa.
Por eso el arte se desenvuelve con
dificultades en este medio regiomontano que, con chasquidos de los dedos,
impugna el uso apropiado y eficiente
del tiempo.
Es fácil entender que se desprecie
aquello que a todas luces no es productivo ni utilitario, es decir que no es generador de empleos o de ganancias.
Vapuleado y desprestigiado por su
supuesta facha· bohemia, designado
como actividad poco seria, sin embargo, desde dentro de él, las cosas no son
como las creemos.
En oposición a la publicidad, cuyas
características discursivas son fa reiteración y la simplificación, el arte aspira a provocar una actividad intelectual,
un cuestionamiento.
La publicidad, se dice por ejemplo,
debe establecer sus aseveraciones en un
máximo de seis segundos cuando se
trata de un panorámico en la calle.
Apenas lo vemos, ya lo entendemos. Después de verlo y leerlo, sólo
resta saber si nos concierne o no para
saber si nos engancha o no.
El arte, por el contrario, basa su
sentido en el enigma y en la interpretación.
Mirar una obra en el museo es
intentar una serie de explicaciones
sobre su intencionalidad. Para eso se
exhibe: para ser discutida, para generar
ideas, para pensar.

He aquí la paradoja. Una ciudad
industrializada, plenamente dedicada al
trabajo, entregada a las diversiones
masivas, a la enajenación, siente un
vacío en su alma, siente que hace falta
algo más, algo que deje huella, que sea
trascendente, y que le otorgue prestigio
y solvencia. Entonces se inauguran los
museos en los setenta y ochenta.
Pero no es fácil competir con la
apabullante y siempre "gratificante"
sociedad de consumo inmediato,
porque sus principios se basan en el
deleite de ser masa, de ser nadie, de ser
cero, de no tener un lugar especial.
Por lo contrario, para quien lo
desee, los discursos artísticos se presentan como una alternativa al tedio y el
vacío de la indiustrialización-masificación.
No la única alternativa, pero sí una
interesante.
El arte de los museos es diverso, y
hay de todo. Sexo, violencia, política,
racismo, enfermedad, etc; lo usual de
nuestra "evolucionada" sociedad, en la
forma de experiencias personales, representadas a veces con habilidad, a veces
como un modesto garabato.
Las obras del arte contemporáneo
son crudas, porque no quieren complacemos, hacemos pensar, hacernos
reír.
Así que si un día, estimado lector o
lectora, las ganas de lo de siempre
flaquean, visiten un museo de arte, que
verdaderamente son un privilegio en
nuestra ciudad. Es increíble lo que a
veces tenemos aquí en exhibición.
Es cierto que el arte no nos salva del
holocausto económico en el que estamos inmersos, pero puede ser muy rico
en interpretaciones, sobretodo en las
más elementales, como el miedo, la
vergüenza, la angustia, el placer, etc.
con lo cual podemos tocar nuestro propio malestar, nuestra condición y circunstancia. Ello es lo que conmueve y
ello es lo que provoca en el arte.
• Docente en la FAV/UANL.
Actualmente es beneficiario del
Programa de Fomento a
Proyectos y Coinversiones
Culturales del Fondo Nacional
para la Cultura y las Artes

Dos poemas de
Manuel Bandeira

JA cueva

fü1ru1im1ihri1

La ob;etividad es un mito
•
•

(Versión de José Villarreal)
EL CACTUS
Aquel cactus recordaba los gestos deses
de la esta
Laocoonte sofocado por las serpientes,
Ugolino y sus hijos hambrientos.
Evocaba también al seco Nordeste, sus
espinosos...
Era enonne, incluso para esta tierra de
fertilidades exc

El cactus cayó atravesado en la calle,
Destruyó los tejados del caserío de enfrentt,
Impidió el tránsito de tranvías, automó ·
Reventó los cables eléctricos y durante
veinticuatro
a la ciudad de iluminación y energía:
- Era bello, áspero, intratable.

PREPARACIÓN PARA LA
La vida es un milagro.
Cada flor
Con su forma, su color, su aroma;
Cada flor es un milagro.
Cada pájaro
Con su plumaje, su vuelo, su canto;
Cada pájaro es un milagro.
El espacio, infinito;
El espacio es un milagro.
El tiempo, infinito;
El tiempo es un milagro.
La memoria es un milagro.
La conciencia es un milagro.
Todo es milagro
Todo, menos la muerte.
- Bendita la muerte que es el fin de todos

Manuel Bandeira (Recife, 1886-Rí
Janeiro, 1968). Al presentarlo, en
antología destinada a.1 público no
americano, Elizabeth Bishop escn
que Manuel Bandeira era a la
brasileña lo que Eliot a la de le
inglesa. Sus poesías Cúmpletas se
editado en repetidas ocasiones por
editoriales, la última de ellas lleva
título: Estrela da vida inttira (1982),
que se cuentan ya nueve ediGiones.

stá armada con la palabra hablada
que dispara inteligencia y sensibilidad. Palabras claras y rápidas, reflexiffl y certeras, las suyas. El vuelo de su voz
a preciso: tiene destino en el contrapeso a
las acciones de poder, en una labor subjetira que resulta válida profesional y moralllalte porque fundamenta sus esfuerzos
msu preparación y en su honestidad, en
111a larga trayectoria dentro de su corta
tilla (33 años de edad) que la vuelve una
joven veterana del rito de estar frente al
llicrófono radiofónico o televisivo, rito
flt fuera de la cabina o del estudio la ha
convertido en un personaje público que,
cual que un superstar, sufre ¿o goza? de la
petición de autógrafos, conferencias... de
bfama y el éxito, pues.
"Pero lo peor que le puede pasar a un
comunicador es creérsela", advierte Aristgui al abordar el tema del éxito en entre'rista. "Creo que están muy claros los territorios de cada quien. Los periodistas tenemos una función específica, somos una
especie de contrapeso, de factor crítico, de
wlisis de lo que se hace en las acciones de
gobierno y de poder. Cuando un comunicador pierde la línea y se encuentra en una
&lt;quis donde no sabe cuál es el territorio, si
es una estrella de televisión o un comunicador, mal negocio para el público y el
comunicador."
En el reciente lustro, Aristegui se ha
distinguido dentro del equipo de comunicadores y periodistas que en Multivisión
forma con Pedro Ferriz de Con y Javier
Solórzano. Se ha distinguido por la agudeza de sus análisis. Yes que no solamente se
ttrnite a la lectura de noticias, sino más
bien a la interpretación de las mismas, en
1111 esfuerzo por documentar y contextualizar los sucesos... subjetivamente.
¿Cuál es el valor de la subjetividad en el
lrlbajo periodístico?
Pedirle objetividad a los periodistas es
un absurdo. Claro que los periodistas tene~os un punto de vista particular. La sub-

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Envuelta en la fama y el
prestigio, la comunicadora
reflexiona sobre la naturalez.a del oficio periodístico.
"Lo peor que puede pasar a
un comunicador es creerse/a"
normal. Creo que es un mito, una fantasía
que los profesores de algunas universidades insistan en que los periodistas deben
ser objetivos. La subjetividad se puede
expresar de manera abierta, transparente y
directa o se puede hacer a través de la decisión de elegir una noticia u otra. Incluyendo la nota informativa tiene esa carga
de subjetividad inevitable. Este plus interpretativo es muy valioso hoy en nuestro
país. Es saludable porque nos da cuenta de
un momento en nuestra vida nacional que

requiere de interpretación. Hoy la sociedad
mexicana está tratando de entender lo que
le está pasando a sí misma. Esta gran
redefinición de fin de siglo requiere de los
intentos de entender.
¿Desde los medios electrónicos es más contundente la subjetividad?
Me siento mucho más fluida, mucho
más armónica, mucho más intensa en los
medios electrónicos que frente a una computadora o una máquina de escribir. Una
de mis aspiraciones, que dudo mucho que
vaya a cumplir en la vida, es ser escritora.
Realmente me encantaría poder escribir
una novela algún día de estos en mi vida,
pero como me veo y me percibo, pues creo
que no es más que un suefio guajiro. Me
siento muy bien en la radio, me siento
muy bien en la televisión y creo que sería
un rotundo fracaso escribir algo.
¿Cómo encuentras al periodismo actual
mexicano?
Lo que encuentro son grandes chispazos, tendencias, una energía muy particular
en el periodismo mexicano en respuesta directa de lo que pasa en el país. No puedes
pensar que un país como el nuestro que
está en plena efervescencia, que está verdaderamente en ebullición absoluta, que
está en un momento de definición, no tenga un reflejo natural en los medios.
Entonces, por lo tanto, hay una gran
intensidad, hay una necesidad de renovación, hay replanteamientos, hay proyectos
muy atractivos, muy vitales, muy marcados
por la visión joven de este país. Por ejemplo, hablando de la prensa, hay periódicos
que le han dado un nuevo giro a lo que es
el periodismo históricamente concebido en
nuestro país.
¿Estás tú acuerdo en que los medios se conviertan en una especie de procuraduría?
No, no es su función específica. Los
medios pueden ser un contrapeso, un factor crítico, pero de ahí a usurpar funciones
de instituciones que tendrían que hacer su
trabajo hay un enorme abismo. Aquí el
problema es que si está sucediendo eso,
quiere decjr que es un síntoma más de la
enorme crisis de credibilidad que hay en las
instituciones.
1

¿Quién le cree a las procuradurías?
Nadie. ¿Quién le cree a las policías? Hoy
hay quien le cree a muchas cosas que deberían ser el factor de organización de una
sociedad.
En este período de transición que nos
ha tocado vivir, el paso fundamental es el
fortalecimiento de las instituciones, que la
gente vuelva a creer en sus elecciones, en
sus procuradurías, en la policía. Eso tendría que suceder para que la sociedad operara orgánicamente de manera saludable.
Egresada tú la Facultad de Ciencias Políticas tú la UNAM, Aristtgui conduye la entrevista, posterior a su participación en un evento
túl 50 aniversario tú FIME, con una reflexión
y una serie de cuestionamientos sobre la juventud aaual
Siento una especie de orfandad, de ausencia de elementos de cohesión de la propia juventud ¿Por qué sigue siendo el Che
Guevara, después de treinta años de muerto, el ícono? ¿Por qué tiene éxito la figura
de Los Beatles? ¿Por qué tienen éxito los
modelos y los ídolos de hace treinta años?
¿Por qué no las juventudes nuevas han tenido esta capacidad de encontrar sus propios
factores de cohesión? Bueno, creo que esta
individualización que se ha vivido, esta ausencia de proyectos comunes, de intereses
colectivos es lo que está dando justamente
al traste con una visión de conjunto. Hoy
hay un énfasis muy importante en que
tienes que hacer una carrera universitaria,
tienes que conseguirte una chamba, tienes
que conseguirte un coche y tienes que
hacer algo para tener una buena cuenta de
bancos, tú, en lo particular. ¿En dónde
están esos grandes ideales universales? ¿En
dónde están esas grandes causas por las
cuales la humanidad ha luchado por siglos?
¿En dónde están hoy para los jóvenes esas
cosas que le dan cohesión, esas cosas que
pueden marcar a una generación?
No encuentro dónde están estos grandes asuntos que pueden ser mitos, que pueden ser figuras, que pueden ser causas, que
pueden ser ideales, que pueden ser deman1das, realmente no las encuentro. Y creo que
es!Ji es uno de los grandes asuntos que dan
est;\\angustia.
~

0~•~----------------------------..;..-----------------------------¡ -----------------11 _____________. . . . . . . ___
l '

.

Jetlvidad es lo que nos caracteriza. Eso es

�_Pe_rfi_les_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _fü1~im1itui1

Avatares literarios de un
hombre con bigote a la Dalí
Alma Patricia Ramírez/Vida Universitan·a

1

C6mo fut su aarcamiento a la cultura? ¿Fue acaso una cuesti6n
biográfica o un designio de la enigmdtica casualidad?
Obviamente mi contacto con las manifestaciones literarias y culturales en general fue al seno del hogar, con mi padre
fundamentalmente, que como es sabido fue escritor, periodista,
historiador, orador, maestro universitario, etc. De modo que
conocimos los libros, los periódicos, las revistas, la promoción
cultural, la edición de libros. Desde que tenemos idea del mundo,
conciencia, hemos estado inmiscuidos en el mundo cultural.
¿Y cudndo es que se involucra con las lttras?
Puedo decir que desde hace cuarenta años. Es una barbaridad
de tiempo, pero recuerdo con mucha claridad el primer artículo
que escribí, el primer editorial, a los diecisiete años, y que ambos
trabajos fueron para un periódico estudiantil preparatoriano,
donde era el director.
¿Cómo fue el nadmiento de Apolodionis, publicación de los aflos
cincuenta?
Fue como el clásico proyecto estudiantil, preparatoriano de
un grupo de amigos, compañeros del Colegio Civil. que tenía
~

Miguel Covarrubias.

Personaje universitan·o por antonomasia, el escritor
Miguel Covarrubias se explaya sobre los orígenes de su trabajo
literario y sus facetas de autor y traductor
diversos intereses, no solamente los culturales. En el 59 aparece el primer número.
Apolodionis es un neologismo, una contracción. Son dos palabras ensambladas: Apolo
y Dionisos. Apolo vendría a reflejar la
belleza, la claridad, y Dionisos refleja la salvación, la fiesta nocturna.
Descrfbanos cómo tra el ambiente de
Apolodionis, ¿Cómo era la mística?
Como algo milagroso, porque por un
milagro era que realizábamos ese trabajo.
En esos tiempos no había realmente demanda, no había interés, no había repercusión en aquel trabajo. Era una estación totalmente diferente a la actual, porque ahora hay mterés, en la prensa, en la radio,
muy poco en la televisión. Era y sigue siendo un
género muy selectivo, sobre todo la literatura hecha
aquí mismo, por la que difícilmente alguien daba un
cinco.
¿Ha notado cambios en la j11vmt11d de treinta años
atrás, si la comparamos con la ;11vent11d actual?
Los cambios que son naturales en toda sociedad. La
sociedad regiomontana tenía un interés marginal por
la literatura, aparecja un libro y era todo un acontecimiento. Ahora la respuesta se manifiesta de modo distinto, no es extraño que en un solo día se presenten
cuatro o más libros. Pero de todo esto hay algo que permanece más o menos idéntico, que sería el interés, el
entusiasmo, el gusto por el descubrimiento, por el
esfuerzo propio. En este aspecto lo jóvenes no han
tenido cambios. Son hermanos. Y más aún cuando en
los jóvenes existe entusiasmo, ganas de trabajar y calidad. En estos casos los interesados en publicar libros
hasta se los disputan.
¿Cudl ha sido su experiencia al frente de la revista
Deslinde?
Es un trabajo arduo que a veces no es captado
debidamente porque como Deslinde es un revista de
corte universitario, cultural, que cumple funciones de
vinculación, pero que también acoge trabajos de investigación. Lo que sucede es que a veces no tiene la
difusión que debería, y eso en ocasiones se siente frustrante. No lo digo por mí, porque después de tantos
combates ya no nos asustamos con cualquier escaramuza. Estoy satisfecho trabajando en la edición de esta
revista, porque estamos pulsando el desarrollo de la
reflexión en el terreno de las humanidades, de la
creación literaria, así como de la plástica, puesto que
también acogemos el trabajo de fotógrafos, pintores,
dibujantes. De no hacerlo, la revista sería un ladrillo.
¿Considera el enfoque cultural como poro rentable?
Hay un riesgo relativo en todo esto. En cuanto a
que los jóvenes, particularmente los universitarios,
son pocos, poquísimos, los que se interesan realmente
por leer esta revista, no nadamás ésta, sino cualquier

revista. Es un fenómeno universal el que
los jóvenes estén muy alejados de la literatura impresa. Está muy marcada la
época de la fiesta, del hedonismo, del placer. Todo lo que cueste trabajo o esfuerzo
tiende a ser rechazado, y como leer desgasta, muchos le huyen, lo asocian con lo
obligatorio, con el libro de escuela. Y se
pierden de verdaderas maravillas. En eso
no envidio a los estudiantes de ahora,
porque los veo muy poco dispuestos para
el estudio, sólo quieren leer lo indispensable. Quizá se den cuenta demasiado tarde del error.
Nada como ejercer la libertad intelectual y la imaginación para el desarrollo total del ser humano. Que
esto sea como un tropiezo.
Hace dos años obtuvo el Premio Nacional dt
Traducción, en la ci1tdad de México. ¿Cudl es su reflaión
acerca de la importancia de 11na buena traduaión y los ritSgos que entraña el realizarla dt manera equh•ocada?
La traducción es un vehículo sumamente valioso.
El náhuatl, el maya, son tan idiomas como el español,
el inglés, o el idioma que sea. Es una tarea importantísima, fundamental, que siempte se ejerce. La traducción es indispensable, se emplea y se seguirá empleando. Necesitamos saber qué hace, cómo vive, cómo
siente la gente de otros países, que después de todo es
gente como nosotros.
Mucho se ha comentado de su personalidad afable, dt s11
gusto por ronvivir con la juventud, de platicar ron ellos m
los pasillos de la facultad. Esa singularfomia de ser, no m~
común en la gente adulta. Su bigote característico, que a Vt«s
recuerda a Salvador Da/{. ¿Qué rejl.exi6n puede damos al
respedo?
En ninguno de los dos casos se trata de algo deliberado. No ando en campaña, no ando besando niños,
dándole el brazo a las viejitas, nada de eso. Es algo que
se ha presentado de manera natural. Fui profesor desde
muy joven, tengo treinta años en la Universidad. El
estudiante necesita al maestro, así como éste necesita
del alumno, no nadamás es un compromiso de trabajo. El tener contacto constante con los estudiantes
ayuda a mantenerse equilibrado.
Es un personaje multifadtico, con muchas vertimttS t1l
el mundo de la cultura. ¿Con cudl de estas facetas ha tmido
mayores satisfacciones?
Me he dedicado mucho a la literatura, al ensayo, a
la crítica, la poesía, la narrativa, básicamente. Me he
empeñado en la compilación de textos, que es otra de
las actividades a las que puede dedicarse un escritor.
Estas vertientes vienen siendo algo así como etapas,
cada una suficientemente satisfactoria, que a veces
coexisten. Como cambiarse de una silla a otra. Más que
nada porque me he mantenido como en un aura de
entusiasmo, de trabajo constante.

-~~--~--------12 ---------------

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