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                  <text>ISSN: 2007-1167

Año 8, No. 16

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN

Julio—Diciembre 2013

EL DR. JOSÉ ELEUTERIO GONZALEZ
“Gonzalitos” EN LA BOTÁNICA
Por Dr. Jorge S. Marroquín de la Fuente

Número especial en conmemoración del
200 Aniversario de su Nacimiento

�Editorial

Universidad Autónoma de Nuevo León

Dr. Jesús Ancer Rodríguez
Rector
Ing. Rogelio G. Garza Rivera
Secretario General
Dr. Juan Manuel Alcocer González
Secretario Académico
Lic. Rogelio Villarreal Elizondo
Secretario de Extensión y Cultura
Dr. Celso José Garza Acuña
Director de Publicaciones
Cand. Dr. Antonio Guzmán Velasco
Director de la Facultad de Ciencias Biológicas
Dr. José Ignacio González Rojas
Subdirector Académico Fac. C. Biológicas
Dr. Marco Antonio Alvarado Vázquez
Dr. Sergio M. Salcedo Martínez
Dr. Víctor R. Vargas López
Editores Responsables
PLANTA , Año 8, Nº 16, Julio-Diciembre 2013. Es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a
través de la Facultad de Ciencias Biológicas. Domicilio de la publicación: Ave. Pedro de Alba y Manuel Barragán, Cd. Universitaria, San
Nicolás de los Garza, Nuevo León, México, C.P. 66451. Teléfono: +
52 81 83294110 ext. 6456. Fax: + 52 81 83294110 ext. 6456. Editores Responsables: Dr. Marco A. Alvarado Vázquez, Dr. Sergio M.
Salcedo Martínez y Dr. Víctor R. Vargas López. Reserva de derechos
al uso exclusivo : 04-2010-030514061800-102. ISSN 2007-1167
ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor,
Licitud de Título y Contenido No. 14,926, otorgado por la Comisión
Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría
de Gobernación. Registro de marca ante el Instituto Mexicano de la
Propiedad Industrial: En trámite. Impresa por: Imprenta Universitaria, Cd. Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México,
C.P. 66451. Fecha de terminación de impresión: 5 de Octubre de
2013, Tiraje: 500 ejemplares. Distribuido por: Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Facultad de Ciencias Biológicas.
Domicilio de la publicación: Ave. Pedro de Alba y Manuel Barragán,
Cd. Universitaria, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México,
C.P. 66451.
Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación.
Prohibida su reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización del editor.
Impreso en México
Todos los derechos reservados
® Copyright 2013
planta.fcb@gmail.com

El Dr. Jorge Saúl Marroquín, autor de esta glosa
acerca del trabajo botánico “Un discurso y un catálogo de plantas clasificadas (dirigidos a los alumnos
de la Escuela de Medicina de Monterrey)” que el Dr.
José Eleuterio González, “Gonzalitos” escribiera en
1880, es ex-director de la Facultad de Ciencias Biológicas, maestro emérito de la Universidad Autónoma
de Nuevo León (2004), además de incansable colaborador en el desarrollo de varias de las Jornadas
Botánicas que este Departamento y su Cuerpo Académico han organizado a lo largo de una década.
En este número de PLANTA, el Dr. Marroquín nos
describe el carácter del “insigne médico y naturalista”, nos proporciona un listado de los científicos y
botánicos destacados de su época y sus predecesores botánicos y nos habla de las obras en las que se
basó Gonzalitos para identificar y clasificar las 367
plantas, silvestres y cultivadas de su Catálogo.
Con la meticulosidad que le caracteriza, el Dr. Marroquín realiza una investigación documental exhaustiva para situarnos en el marco espaciotemporal del Monterrey que vivía “Gonzalitos” a sus
67 años, resaltando el esfuerzo y profesionalismo
con la que aborda el erudito el compromiso de elaborar un catálogo botánico de las plantas de la ciudad de Monterrey y sus alrededores, sentando así,
las bases para elaborar la flora del estado, que se
logra 128 años después.
A los biólogos los invitamos a conocer la obra original de Gonzalitos y las contribuciones de Rojas Mendoza (1965), Villarreal-Quintanilla y Estrada Castillón (2008) y Velasco-Macías (2009) para conocer
más acerca de la Flora de nuestro estado. Al resto
de nuestros lectores, a reflexionar sobre el Gonzalitos autodidacta y desinteresado, que a pesar de estar perdiendo la vista, aún tenía como preocupación
y ocupación principales, el seguir transmitiendo el
conocimiento (en este caso particular, etnobotánico) a las generaciones futuras de profesionistas neoleoneses.
Los Editores

2

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�DR. JOSÉ ELEUTERIO GONZALEZ (1813–1888): SU LEGADO
Jorge S. Marroquín de la Fuente
INTRODUCCIÓN
ANTECEDENTES

E

l trabajo del Dr. José Eleuterio González y Mendoza (1813–1888) a comentar, fue escrito de su puño y letra
en 1880, a juzgar por la fiel reproducción que hace Aguirre-Pequeño (1977) del documento original. El manuscrito fue a imprenta un año después: en su primera edición
(González 1881a), mientras la 2ª. ed. (1888a)
justo en el año de su muerte. Era además director de la Escuela de Medicina de Monterrey
por él fundada en 1859 (Figs. 1 y 2).

Fig. 1. Portada de la primera edición del Catálogo
de Gonzalitos correspondiente al año de 1881.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

La ‘Dedicatoria’ manuscrita e impresa es conmovedora porque dice (...) “y ahora que por
los achaques de la edad me veo próximo
a quedar ciego, he querido aprovechar los
pocos días que me quedan del uso de mis
ojos, (para) dar esta última plumada en
obsequio de esa Escuela, que me ha costado tantos desvelos”; para ese tiempo, es
decir, 1880, frisaba los 67 años de edad... y
concluye:
“Que este mi último trabajo sea, a pesar
de su pequeñez, útil a la Escuela de Medicina de Monterey” (Fig. 3).

Fig. 2. Portada de la segunda edición del Catálogo
de Gonzalitos correspondiente al año de 1888.

3

�4

Fig. 3. Portada del Discurso y Catálogo en cuyo
prólogo dedica la obra a la Escuela de Medicina.

Fig. 5. Portada de la obra “Los médicos y las enfermedades de Monterrey” de 1881.

Fig. 4. Portada de la obra de Ms. Aureliano Tapia
Méndez donde nombra Benemérito de Nuevo
León a Gonzalitos.

Fig. 6. Portada de la obra del Mtro. Alfonso Cano
donde analiza la labor de Gonzalitos como educador.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�Fig. 7. Reproducción facsimilar del Catálogo preparada por la Capilla Alfonsina en 1982 en la Serie
Documentos Históricos.

Fig. 8. Portada de la obra de Rzedowski y cols. sobre los botánicos y recolectores destacados durante los siglos XVIII y XIX en México.

Gonzalitos siempre usó una sola ‘r’ para escribir el nombre de la ciudad, como podrá observarse en las carátulas originales de sus obras
(cf Guerra 1968: figs. 5 a la 11). No obstante
sus problemas de la visión, se aplicó después,
con la ayuda de sus colaboradores y discípulos, a preparar otras obras, estando ya casi
ciego. Para detalles biográficos completos ver
Dávila (1869 y 1888), Fco. Guerra (1968), Tapia–Méndez (1976). Sobre su amplia labor de
educador véase la obra de Cano-Jaime
(1999). (Figs. 4, 5 y 6).

7).

La reproducción facsimilar del trabajo en comento fue preparada por la Capilla Alfonsina
de esta Universidad en 1982 (serie Documentos, Revista de Historia ‘Actas’ No. 19, julio –
septiembre: 16 pp. en calidad de Suplemento). La razón esgrimida, justificadísima, es:
“se trata de una joya bibliográfica” (Fig.
Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

La versión de Aguirre-Pequeño (1977) la antecede por un lustro y la basa en la edición original (1881), en tanto la Capilla la sustenta en
la edición de 1888. Como lo haré ver en el
desarrollo de esta glosa, hay ligeras diferencias entre ambas ediciones del siglo XIX (ver
adelante “Uso de los términos y arreglo...”).
Como botánico puedo afirmar: me imagino los
esfuerzos del autor para conformar no sólo su
‘Discurso de la Botánica’ sino también su
cuidadoso ‘Catálogo’ (con los ejemplares vegetales a la mano y la información asequible
en su biblioteca) de ca. de 367 taxa (tipos
diferentes de plantas de cualquier categoría;
singular ‘taxon’). Estaba consciente de que su
lista es ‘incompleta’ cuando escribe: “Ojalá y
5

�Fig. 9. Sinonimia de las plantas mexicanas de Ramírez y Alcocer (1902).

Fig. 10. Catálogo de las plantas mexicanas del Dr.
Manuel Urbina (1987).

sirvan estas escasas mal coleccionadas noticias, o más bien este catálogo incompleto de
nombres preeminentes para (...)” etc.

relación de botánicos y colectores de Rzedowski y colaboradores (2009) durante los siglos XVIII y XIX y el primer tercio del XX, la
obra de Hemsley (1879–1888), la Sinonimia
de Ramírez y Alcocer (1902) cuando revisan
prolegómenos, el “Catálogo de plantas mexicanas (fanerógamas)” de Urbina (1897), el
libro de Herrera et al. (1998), así como el catálogo de Sereno Watson (1882–1883). (Fig.
8, 9 y 10).

Con tan sólo recordar con qué nos enfrentamos los primeros biólogos en Monterrey
(décadas de 1950 y 1960), para elaborar una
tesis botánica, con ejemplares propios a la
mano de apenas algunas decenas de especies ... ¿cómo le haría Gonzalitos en tiempos
mas precarios? Sin literatura especializada y
herbarios formales resulta complicadísimo.
Además él era... ¡autodidacta!
A pesar de todo, al estudiar su obra en detalle, está a la altura de los mejores trabajos de
su época en México. Para dar idea del universo
de conocimientos que se fraguaba en nuestro
país sobre la flora mexicana, ver la reciente

6

LA PROYECCIÓN DE GONZALITOS
Recordemos que también se publicó, póstuma,
su obra “Lecciones Orales de Materia Médica y Terapéutica” (González 1888b) en la
que se manejan las especies medicinales, silvestres y cultivadas, útiles en su época. Ahí,
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�como médico, da crédito a los remedios indígenas, con los que estaba familiarizado en razón de su largo ejercicio profesional de 55
años (Fig. 11). Su autor es cuidadoso, responsable, sabedor de la acción fisiológica de
los principios activos y de los requisitos farmacodinámicos para prescribir los medicamentos
y estudiar los resultados (i.e. las bases farmacológicas y toxicológicas de su tiempo). Esto
explica por qué, antes de abrir cátedra de Medicina, lo primero que hizo urgentemente (al
año de arribar a la ciudad), fue abrir cátedra
(carrera) en Farmacia.
Esto hace de Gonzalitos pionero de la Etnobotánica en Nuevo León (cf. García-Elizondo,
2007: 98– 103 “Ética de la Etnobotánica”).
Ahí, en sus lecciones orales... (González
1888b) cita los estudios previos, autores, rasgos botánicos de las plantas (dispuestas en
arreglo por familias), con el léxico esperado de
un conocedor. Hace ver los riesgos, advertencias, usos, dosis (posología) e información
terapéutica acorde con el desarrollo de la Farmacopea nacional, posteriormente ‘Nueva Far-

macopea Mexicana’.
El siglo XIX fue particularmente pródigo en estudios sobre plantas medicinales, aun antes de
la creación, en sus postrimerías (el 1° de diciembre de 1888 o bien el 15 de septiembre
de 1890, Terrés 1917 en Herrera et al., 1998),
del Instituto Médico Nacional. Acerca de
este instituto que funcionó de 1888 a 1915,
ver Del Pozo (1974) y Fernández del Castillo
(1961). En la “introducción de la Materia Médica Mexicana, 1ª parte (varios autores 1894:
6) se establece que el “14 de agosto de 1890
se inauguraba el Instituto Médico Nacional” (con un presupuesto inicial de $30,000.00
pesos). Años después don Alfonso L. Herrera
(1921) publicaba su “Farmacopea Latinoamericana” (cf. Langman 1964: 365 y Anónimo
1990). Se sabe sin embargo que, durante la
Colonia, regía la Farmacopea matritense
(Izquierdo, 1949).
El instituto referido propició amplia información de campo y experimental acerca de los
usos herbolarios. Varios autores publicaron

Fig. 11 a, b y c. Portada y primeras páginas de la obra “Lecciones Orales de Materia Médica y Terapéutica”
de Gonzalitos, publicada en 1888, que contiene las especies de plantas medicinales, silvestres y cultivadas
de su época.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

7

�Fig. 12 a, b y c. Apéndice de la 1ª parte de “Materia Médica Mexicana” con información de los manantiales
de aguas minerales alrededor de Monterrey.

una serie de artículos para fortalecer el conocimiento de la “Materia Médica Mexicana” (1894; ver cita en ‘Varios autores’). Esta
obra contiene, en su 1ª. Parte, un Apéndice
que informa de las aguas minerales de algunas entidades federativas (Figs. 12).
Lo interesante es que años atrás, Gonzalitos y
el Dr. Francisco Vergara llenaron cuestionarios
y encuestas enviados desde México a los
Ayuntamientos, por lo que facilitaron información pormenorizada sobre los manantiales de
Nuevo León (siete) que conocían bien como
médicos, tanto los de aguas sulfurosas o azufrosas como térmicas. Se habla de municipios
y ‘distritos’. Parece ser que el doctor José Terrés (último director del Instituto Médico
Nacional) fue quien dio arreglo por estados a
la información que le llegaba de la provincia.
Su participación se les reconoce, por ejemplo
en la cita: ...“según los análisis de los doctores José Eleuterio González y M. Lambert” (se

8

dan descripciones químicas y físicas de las
aguas, su ubicación, cómo llegar, el tiempo
que tarda el trayecto y hasta los precios, enfermedades a tratar, etc.). Esto da plena idea
de lo diligente que era Gonzalitos para cumplir
con sus responsabilidades técnicas y ciudadanas. Existe un artículo de Lambert (1869) sobre las aguas termales de diversas localidades
de México.
El ‘Discurso’ y el ‘Catálogo’ fueron publicados también en otras revistas. Por ejemplo su
“Discurso sobre el estudio de la Botánica” apareció en “La Naturaleza” órgano de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, 1ª. época
5: 172–182 (González 1881 c). Cf. Langman
(1964), Aguirre-Pequeño (1959, 1967, 1970).
(Fig. 13).
Más tarde el ‘Discurso’ apareció también en
la Revista Mexicana de Medicina (González
1945), a instancias del Dr. Isaac Ochoterena
(1885-1950), a la sazón director del Instituto

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�a) la histórica
b) la de índole académica, científica y didáctica y
c) la literaria: opúsculos, discursos pronunciados y poesía.
Obviamente el estudio en cuestión pertenece a
la vertiente ‘b’ -la científica-, si bien convenimos en que su ‘Discurso’ contiene materiales
que pertenecen a la ‘c’. Empero, como quiera
que se las clasifique, sus obras en general entreven una fuerte connotación humanista, moral y ética. (Siller-Rodríguez 1970, AlanísGuajardo 1970, González-Rueda 1970 y Aguirre-Pequeño 1970).
Sin duda esa orientación deriva de su vasta
preparación filosófica y literaria, reminiscente
de sus años juveniles de educación media en
Guadalajara (Alanís-Guajardo 1970, SillerRodríguez 1970, Salinas-Cantú 1988). En esta
ciudad nació el 20 de febrero de 1813 (Aguirre
-Pequeño 1959, Guerra 1968, Tapia-Méndez
1976, Cavazos-Garza 1984). La veta biográfica se inicia con Dávila (1869), fuente prima
por excelencia quien, a la muerte del mentor,
publicó su más completa biografía (Dávila
1888).
Fig. 13. Portada del Número de la Revista “La Naturaleza”, órgano de La Sociedad Mexicana de Historia Natural en que aparece publicado el
“Discurso sobre el estudio de la Botánica” de
Gonzalitos.

de Biología de la UNAM, cuando dice “es un
trabajo
dignísimo
de
ser
reimpreso” (Ochoterena 1942; y 1956 transcrito). Revísense Langman (1964: 323) en donde enlista con detalle las obras de Gonzalitos, RojasMendoza (1965) y Aguirre-Pequeño (1977).

SU PRODUCCIÓN EDITORIAL
De acuerdo con Dávila (1888), Tapia-Méndez
(1976) y Cavazos–Garza (1982), de la riqueza
de publicaciones del personaje destacan tres
vertientes:

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El hilo conductor de su alto valer como persona proviene no solamente de su vocación prístina de servicio, de su preparación y profesionalismo acendrado (Contreras-López 1972),
sino de su trato, su don de gentes, su obstinada costumbre de no cobrar a sus pacientes por
sus servicios. Le bastaba su modesto sueldo
en el hospital donde trabajó (y lo dirigió por
19 años, a contar del 1° de mayo de 1834,
hasta su clausura en 1853 por falta de fondos;
Tapia-Méndez 1976, Salinas–Cantú 1988).
Dada su corta edad, se le empezó a llamar “el
niño médico”. Recordemos que J. Eleuterio
González llegó a Monterrey –primera llegadael 12 de noviembre de 1830, procedente de
San Luis Potosí, S. L. P. Su carrera de Medicina la cursó en el Instituto Literario de Guadalajara, Jal. (Escuela de Medicina) o antigua
Universidad (Tapia-Méndez 1976; SalinasCantú 1988), de donde partió el 29 de sep9

�tiembre de 1830 hacia San Luis. La segunda
llegada de Gonzalitos a Monterrey y definitiva
fue el 18 de diciembre de 1833, a los 20 años
de edad. Gonzalitos (1881 b) admite... “...y en
Noviembre (1833) vine a Monterrey”.

que... ‘es curioso que cuando los bibliófilos
muestran sus maravillosos incunables, i.e. sus
libros antiguos, les interesa más el aspecto del
libro que lo que contiene’. Sin comentarios.

De acuerdo con las cartas de recomendación
suscritas por los doctores Pablo Cuadriello y
Pascual Aranda de la capital potosina, había
acumulado en dos años, experiencia suficiente
en cirugía y obstetricia (Salinas– Cantú 1988).

Según Herrera et al. (1988), tres de ellos
(Richard, Duchartre y Cauvet) eran textos
adoptados por los profesores de Botánica en la
Escuela Nacional Preparatoria de México: Alfonso Herrera (padre), Manuel M. Villada, Manuel Urbina y Gabriel Alcocer.

A veces recibía donativos de personas agradecidas y de buen corazón, en justa reciprocidad
a su generosidad. Su quehacer asistencial iba
dirigido mayormente hacia los desposeídos,
jamás negó atención médica al necesitado. De
ahí que su vida toda, llena de virtudes, le merecieron la estimación general y el cariño con
que la gente, sobre todo los pobres, lo distinguían al llamarlo por el diminutivo universal
de ‘Gonzalitos’, que se le quedó.

El fundador y primer director de la misma fue
don Gabino Barreda (1820 - 1881), digno representante en nuestro país del positivismo de
Augusto Comte (1798 – 1857) con quien había estudiado en Francia. Esto explica el énfasis en el estudio de las ciencias exactas y naturales de ese tiempo (Guerra 1968; cf. Salinas Cantú s/f “Juárez y sus médicos: la última jornada” y para las corrientes o doctrinas médico-biológicas ver Garrison 1966).

No debemos perder de vista que dominaba el
latín y el griego, traducía directamente a Hipócrates (en quien se inspiraba) y otros. Escribió
una obra, desgraciadamente inédita, sobre etimologías griegas relacionadas con la Medicina
y las ciencias naturales. El Dr. AguirrePequeño (1904–1988) tuvo el manuscrito por
un tiempo hasta que lo donó junto con otras
obras y objetos personales, al Museo de Gonzalitos, sito en el Obispado. Este antiguo edificio de sillar domina la ciudad por el poniente
desde el cerro del mismo nombre, que Gonzalitos designaba como “la loma del Obispado”.

Gonzalitos lamentaba profundamente el estancamiento de la Botánica y otras ciencias durante la Edad Media, aunque menciona autores que hicieron el esfuerzo por rescatarlas del
oscurantismo (González, J. E. 1888: 7 y 8):
“¡Mil años de tinieblas para el mundo,
esto fue la edad media!”.

En virtud de que los libros sobre ciencias naturales del siglo XIX, provenían en su mayor
parte de Francia, y él había estudiado medicina en Guadalajara con textos en francés, lo
leía perfectamente. No sería de extrañar entonces que tuviera a su disposición libros de
Botánica como los siguientes, o similares, en
su biblioteca (estimada en ca. de mil volúmenes): Richard &amp; Martins (1870), Le Maout &amp;
Decaisne (1876), Duchartre (1877), Cauvet
(1885), libros que he venido consultando en
mi acervo.
A propósito, Ruiz–Castañeda (1964) comenta
10

Asimismo, se aprecia en sus obras la influencia francesa y el nivel del conocimiento botánico de entonces. Guerra (1968: 50) no lo ve
así y escribe: “Su historia botánica no parece inspirada en libros europeos...”. En
nuestro país empezaban a formularse sinonimias de nombres vulgares y científicos de
plantas mexicanas en forma de listas. A esta
tendencia pertenece su ‘Catálogo de plantas
clasificadas’.
Sobre los iniciadores de esta línea de trabajo
ver Ramírez y Alcocer (1902: Introducción),
así como los estudios de Alfonso Herrera - padre - aparecidos en “La Naturaleza” entre
1873 y 1884 (Beltrán 1948; Langman 1964:
364). Recordemos que Gonzalitos fue Socio
corresponsal de la Sociedad Mexicana de Historia Natural a partir del 12 de octubre de
1870 y recibía la revista; ya era Miembro co-

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�rresponsal de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística desde el 19 de julio de
1855 (Aguirre-Pequeño 1967). (Fig. 13).
Lo que debemos hacer notar, para nuestro
objetivo, de la obra de Ramírez y Alcocer (op .
cit.) es la mención que hacen, en su Bibliografía, del trabajo de Gonzalitos: “Apuntes que
pueden servir de base para la formación de la
flórula de la ciudad de Monterey” (La Naturaleza 1ª. época t. III: 31 – 35, 1874 y 145.
150, 1876) y acotan: “Esta lista enumera 314
nombres vulgares (y técnicos). Muchas de las
clasificaciones se han corregido posteriormente, pero en general las determinaciones son
correctas”.
Interpretando el pasaje a la luz de la usual
práctica y léxico taxonómicos, quiere decir que
‘las clasificaciones’ son las que indican, en su
forma más simple, a qué familia u orden natural pertenecen las especies enlistadas, i.e. su
filiación sistemática.
‘Las determinaciones’ en cambio se refieren
exclusivamente a la identidad de cada especie,
es decir, al hecho de haber sido asignada al
nombre científico válido que le corresponde, o
a algún sinónimo legítimamente publicado. De
modo que cuando hay ‘opciones’, es deseable
encontrar el nombre científico más antiguo por
elemental razón de prioridad (a menos que
hubiese homonimia), o bien indicar el o los
autor (es) que se tomó (aron) en cuenta para
aplicar el nombre científico seleccionado. Un
caso que ilustra a la perfección esta aseveración es la que aborda Martín del Campo
(1964) en relación con la nomenclatura de las
plantas estudiadas por don Melchor Ocampo
(1814 – 1871), el reformador naturalista, contemporáneo de Gonzalitos.
Por supuesto, hoy, todo taxónomo debe tener
de cabecera el Código Internacional de Nomenclatura Botánica (cf. International Code
of Botanical Nomenclature, august 1981, E. G.
Voss &amp; cols. –eds.- Regnum Vegetabile v. III,
1983. XV, 472 pp. Utrecht.) o el más reciente
(cf. Cano &amp; Marroquín 1994).
Obviamente, no escapa a la perspicacia de
Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

Gonzalitos el que toda clasificación tiende a
variar con el tiempo, de acuerdo con el nivel
de conocimientos (aproximaciones) que los
investigadores alcancen. El dice “...la tecnología botánica, como la de todas las ciencias, es greco-latina....” y con esto da a entender lo clásico que tiene la Sistemática biológica (parte de la Biología que trata de la diversidad). Por esto, en parte, se justifica poseer bibliografía antigua y, de ser necesario,
llegar hasta Linneo y sus obras.
A
la
alta
producción
científica
gala
(Maldonado-Koerdell 1964) debemos añadir
obras españolas y mexicanas. El propio Gonzalitos menciona los autores de textos que
usaban él y sus colaboradores para impartir
cursos de farmacia: la botánica de Bustamante (tal vez de Miguel Bustamante y Septién;
cf. Ibarra-Cabrera 1938, ya que después aparecerían los textos de Pío Bustamante y Rocha, su sobrino); la química de Lasaigne, la
mineralogía de Fourcroy, la farmacia de
Soubeiran. ¿No es éste un indicio elemental de
influencia francesa?
A mayor abundamiento, en el libro de Zoología
(elemental) de Luis G. León (1899), se citan
en la Bibliografía las siguientes obras: Zoología de Brongniart; Historia Natural de Monlau;
“Los animales” por Girardin; Ciencias por Garrigue; Historia Natural por Constantin; La vida de las aves por Toussend, etc. y apenas iba
a concluir el siglo XIX.
Posteriormente, en la Escuela de Medicina de
Monterrey, Gonzalitos usaba textos en francés
de diversas disciplinas hasta que escribió las
propias. En ellas se refleja no sólo su saber
derivado de su experiencia, sino que daba crédito a quienes lo tuvieran. El Dr. Francisco
Guerra (1968) da ejemplos de anatomistas
como Jaime Bonells e Ignacio Lacaba (entre
1796 y 1800) cuando explica... “aunque Gonzalitos con excesiva modestia declara que su
primer obra publicada ‘Anatomía General’ (1863) no contiene nada propio”, su juicio
crítico (de Gonzalitos) no deja lugar a dudas
de que aporta en su texto observaciones propias y hace gala de amplios conocimientos de
anatomía, evidentes –aclaro- para un ilustre
11

�médico como Francisco Guerra, quien escribe:
“Hay momentos, al hablar de la instrucción de
sus alumnos, que el pensamiento debe guiar
(al médico) al entrar en la casa del enfermo y
el secreto profesional, en que ya no habla Hipócrates (sino que) vibra entonces un Gonzalitos sublimado en los ideales mas puros del arte de curar”.

LOS ALCANCES DE SU VIDA Y DE SU OBRA
Cuando abrió el primero de abril de 1835 su
cátedra de Farmacia se inscribieron 4 estudiantes que no desertaron. Al graduarlos el
propio Gonzalitos, cuatro años después, uno
se fue a ejercer a Saltillo, otro a Cd. Victoria,
uno más a Linares y el cuarto se quedó a trabajar en el mismo hospital del Rosario, dirigido por Gonzalitos (Salinas–Cantú 1988).
Según Herrera et al. (1998) “El surgimiento
del interés por la botánica novohispánica desde un punto de vista médico se sitúa hacia
1626”, época en que “se implantó en la Real y
Pontificia Universidad de México la clase de
‘Méthodo Medendi’ o farmacia galénica,
también llamada ‘terapéutica médica’, en la
que se estudiaban los tres reinos de la naturaleza, enfocados al estudio de las plantas o ‘de
Materia Médica’ ” (cf. Ruiz-Naufal &amp; GálvezMedrano 1982).
En este enfoque, Herrera et al. (op. cit.) extrapolan esa tendencia hasta bien entrado el
siglo XX, es decir, se cubre por entero la época de Gonzalitos (siglo XIX) inmersa en la
misma línea.
Recordemos que a su llegada a Monterrey
(1833) hacía estragos la incidencia del cólera
morbus asiático, epidemia que ya había conocido en San Luis Potosí, enfermedad, como
otras, que flagelaban nuestra región; de ellas
Gonzalitos fue testigo, y actor para atender a
los enfermos, de primera mano (cf. Salinas
Cantú 1970 “ La Medicina en Nuevo León del
siglo XIX ”; y s/f “Juárez y sus médicos: la
última jornada”). Valga lo anterior como referente obligado para ubicar su obra en el tiempo y en el espacio.
12

De hecho él actuaba como epidemiólogo
(higienista se decía entonces); renegaba de
las prácticas riesgosas de la población, de las
acequias y arroyuelos contaminados, los descuidos públicos, la falta de información sustentada en principios técnicos, en fin. Llevaba registro y estadísticas médicas, de modo que
con el criterio neohipocrático (Guerra 1968;
Salinas–Cantú 1988), se dio a la tarea de proponer y formar la Junta de Sanidad del Ayuntamiento de Monterrey.
Como dice Siller-Rodríguez (1970): “desde
que Gonzalitos recibió su título de Médico,
previo examen, el 8 de marzo de 1842, recibió
el cargo de Jefe de Salubridad Pública, el que
desempeñó toda su vida. Salía al campo con
sus brigadas, hasta por meses, con escasísimos recursos, de tal suerte que nadie de sus
acompañantes osaba externar queja alguna,
tan sólo con ver la dedicación, esmero, abnegación y sacrificio de su “jefe”. La Junta de
Sanidad se llamaba entonces “de Higiene y
Caridad” (González 1881b).
Posteriormente influyó para que se constituyera el Consejo de Salubridad del Estado de
Nuevo León, con la ayuda de colegas y gracias
a no escasas influencias políticas, afortunadamente (Salinas–Cantú 1988). Era una necesidad impostergable. Así llevó a crear conciencia
sanitaria entre las autoridades y entre la población. Se trataba de temas cruciales de salud pública y de proteger (profilaxis) a la población. Esta campaña se llevó años, prácticamente hasta su muerte, labor que fue apreciada y reconocida no sólo por sus colegas y estudiantes, sino por la comunidad en general.
Tal vez hayan estado disponibles a Gonzalitos
algunos libros de los primeros botánicos norteamericanos, de los que a guisa de ejemplo cito
el texto que poseo de Asa Gray (1864, 5ª.
ed.), quien tantas especies de la flora mexicana describiera desde Harvard, la obra de Torrey &amp; Gray (1838–1840: “Flora de Norteamérica”) y muchas otras, pero no lo puedo
demostrar.
Probablemente no tuvo a mano las obras británicas, por ejemplo de Darwin o de Bentham
Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�y Hooker, estos últimos clásicos de la Sistemática, aunque no debe tomarse como una
falta; pero sí menciona en su ‘Discurso’ a
Juan Ray (1628–1705), botánico prelineano (a
quien por cierto se debe un primer concepto
de la categoría de familia) entre muchos otros,
y a John Lindley (1799–1865) a quien se debe
el 1er. sistema natural de habla inglesa, de
modo que, luego de Linneo, Lindley influyó
también en la Botánica de los Estados Unidos
(Lawrence 1951).
Es de suponer, asimismo, que en su acervo
tuviera obras del Barón de Humboldt,
Bonpland y Kunth, de los De Candolle, pero
sobre todo de los De Jussieu, amén de geógrafos, climatólogos, historiadores y literatos
de la época, incluyendo por supuesto las obras
clásicas de los griegos que conocía ‘al dedillo’
según sus amistades.
Se señala lo anterior por la influencia que tuvieron aquéllos en el desarrollo de las ciencias
naturales no sólo de Europa, sino del continente americano, sobre todo al sur del río Bravo. Me baso en que menciona a Humboldt y a
don José María Bustamante con relación a las
heladas. Por cierto, tres trabajos de Humboldt
se publicaron, traducidos al español, en “La
Naturaleza” entre 1871 y 1886 (cf. Langman
1964: 381 - 382).
Dice el doctor González (1888a: 27): “La helada del día 27 de Agosto de 1785, (ojo: en
pleno verano) de que hacen mención el Barón
de Humboldt y D. Carlos María Bustamante,
entre los muchos estragos que hizo en Monterrey, uno de ellos fue haber matado los naranjos”. Hace el señalamiento en razón de que el
fenómeno se repitió “en la noche entre el 6 y
7 de Enero de 1837 (en que) bajó el termómetro centígrado a 8° bajo cero y los naranjos
se murieron, cosa que no había vuelto a suceder hasta el día 29 de Diciembre de 1880...”
Por supuesto el fenómeno se ha repetido con
cierta periodicidad, antes entre 43 y 52 años.
Recientemente los ha habido: en 1983 y por lo
menos en 2010, i.e. “matar los naranjos”.
Tómese en cuenta que Monterrey apenas contaba en 1788 con ¡685 vecinos! Para 1874, en
Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

los tiempos de Gonzalitos, la ciudad contaba
con 30,000 habitantes y ya había 77 abogados, 15 médicos en su mayoría de apellidos
ingleses (excepto el propio Dr. González y Blas
Ma. Díaz) y 7 farmacéuticos (aunque Gonzalitos solo consigne tres) (González 1881b)
(datos sueltos en Efemérides anónimas).
Surge la pregunta: ¿cómo pudo llevar a feliz término sus iniciativas, verlas florecer,
rendir óptimos frutos, ver graduarse varias generaciones, si no era persona rica
ni clérigo pudiente? Establecer también la
cátedra (curso) de ciencias médicas del
1° de abril de 1842, la cátedra de Obstetricia en 1853, el Hospital Civil del 27 de
noviembre de 1858, el Colegio Civil del 15
de octubre de 1859, fundar la Escuela de
Medicina del 30 de octubre de 1859 y la
Escuela Normal para profesores en 1870
y además cubrir interinatos como Gobernador de Nuevo León, una diputación local, entre otros cargos, se antoja labor
gigantesca
(Guerra
1968,
Siller–
Rodríguez 1970, Tapia-Méndez 1976).
Esto le da una dimensión poco usual, llena de
creatividad. Como da a entender Guerra
(1968) ...”mientras don José María Luis Mora
(1794 – 1850) escribía, publicaba y daba directrices de educación pública, Gonzalitos actuaba”.
Por cierto el Dr. Mora, aparte de ideólogo del
liberalismo, fue colaborador de don Valentín
Gómez Farías (1781–1858), el patriarca de la
Reforma y eminente médico, nacido también
en Guadalajara, Jal.
A partir de su desempeño, de su forma de ser,
de su proyección social, creemos, le vino por
añadidura a Gonzalitos su veta política. Se entiende que gozando de la estimación general,
del respeto de la gente, de la gratitud de clérigos, gobernantes, colegas y estudiantes, de la
admiración de políticos, en fin, pudo acceder a
puestos de elección.
Sin embargo, cuando tuvo la candidatura a
gobernador constitucional, en virtud de que
los grupos de interés se dividieron en varios
13

�“frentes” prefirió no ser causa de más división
sino conservar sus amistades (que le inspiraban el mayor respeto) y renunció a la misma.
A decir verdad le quedaba camino por recorrer
en sus tareas docentes y profesionales al lado
de sus enfermos, lo que aprovechó hasta su
último aliento. Murió el 4 de abril de 1888 en
Monterrey. Sus funerales fueron de apoteosis
(Dávila 1888; Tapia-Méndez 1976).
La lista completa (53 referencias) de sus publicaciones aparece en Guerra (1968: 79–86)
incluidas las ediciones de sus Obras Completas de 1885 a 1888, salvedad hecha de sus
trabajos científicos. Aún así se quedaron en su
tintero varias obras adicionales (Tapia-Méndez
1976): Tratado de Partos, Apuntes para la
Historia de Coahuila, Patología general y
Manual de raíces griegas.
Tapia Méndez (op. cit.), con respecto al manual, dice que contiene la definición y etimología de 1,640 palabras de aplicación común en
las ciencias médicas y naturales, escritas en
sus caracteres griegos. No deja de llamar la
atención que siendo la Obstetricia una de sus
especialidades médicas, su ‘Tratado de partos’
no viera la luz antes que otras obras, con ser
todas importantes. Sobre el tema ver AguirrePequeño (1953: Un siglo de Obstetricia en
Nuevo León).

EL DISCURSO SOBRE LA BOTÁNICA

NOTA ACLARATORIA
A efecto de hacer alusión al ‘Discurso’, debo
decir que de los dos ejemplares que poseo
(González 1888a), uno está acotado con notas
a lápiz, líneas y párrafos subrayados por el Dr.
E. Aguirre Pequeño, como era su costumbre
con libros de su propiedad, copia que luego
tuvo a bien obsequiarme.
El otro ejemplar no está acotado. Señalo esto
porque, con sus apostillas, deja entrever su
admiración por Gonzalitos, una fuerte afinidad
intelectual y un aprecio de sus obras tales....
14

que le inspiran una justa y ferviente veneración.
Las referencias completas de Aguirre Pequeño
sobre tan insigne educador, en especial las
aparecidas en diarios y revistas, sobre todo las
de los aniversarios, si fuese factible recuperarlas todas, sería motivo y aliciente de una laboriosa pesquisa hemerográfica, ya prevista en
Marroquín (2005).

EL EDUCADOR: OPÚSCULOS, DISCURSOS Y
TEXTOS
Es pertinente señalar que el Dr. J. Eleuterio
González empezó a publicar hasta la edad de
46 años, lo que se deduce de las fechas de
aparición de sus trabajos, a partir de 1859. Lo
significativo, deseo hacer notar, es que sus
apuntes, notas, observaciones, bosquejos y
estadísticas acumulados en años de incansable
actividad profesional, así como por sus lecturas, deben haber sido motivos de preocupación para él.

¿Por qué lo menciono? Como mera especulación, tal vez no deseaba dar salida a sus escritos sin afinarlos. Luego, en su oportunidad,
alcanzar si no una perfección que su proverbial humildad no osaba buscar, sí un nivel de
calidad acorde con su perfil científico, aparte
de sus dotes literarias.
En su época no había electricidad. Madrugaba
todos los días, aprovechaba la luz natural y no
sé de los candelabros con que se iluminaba de
noche. Pero su trabajo febril no paraba. Hacía
religiosamente sus recorridos diarios, pero a
partir de las 17:00 hs. iniciaba sus consultas,
a veces prolongadas hasta altas horas de la
noche, dependiendo de la cantidad de pacientes (léanse los pasajes de sus biógrafos, multicitados, al respecto).
No pretendo pasar por psicólogo aunque es
evidente, a partir de sus notas y estilo de escribir, que no buscaba notoriedad. La
“pequeñez” de su ‘Discurso’ y ‘Catálogo’,
como lo afirma en su dedicatoria a los alum-

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�nos, habla de su extremada modestia.

(1779).

Para su tiempo son ensayos dignos de encomio: hace destacar, por sí mismo, su coherencia profesional, amplitud cultural, perspectiva
histórica, una capacidad probada de hacer juicios en relación con el tema ‘desarrollo de la
Botánica’ en su período más abigarrado (el
prelineano) y su heroico desenvolvimiento ulterior y, desde luego, su tesón en la confección del Catálogo. Son obra “de un erudito,
como todo lo suyo”, anota Cavazos-Garza
(1982).

Les siguieron, ya impresos en México, los de
Vicente Cervantes, Miguel Bustamante y Septién, Pío Bustamante y Rocha, Alfredo Dugés,
etc. (Beltrán 1966; Herrera op. cit.).

Saber latín lo apartaba del común de las gentes ya que leía libros en ese idioma. A propósito, la obra “Genera plantarum” (1862–1883)
de Bentham &amp; Hooker, en tres volúmenes, estaba totalmente escrita en latín; si la tuvo...
¿cuál problema? (cf. Lawrence 1951).
Con respecto a sus obras más representativas,
a pesar de los cortos tirajes, Guerra (1968)
enlista nueve bibliotecas internacionales que
contienen parte de su producción. Su listado
de obras aparece también en González-Rueda
(1970).
Fue contemporáneo de Carlos Roberto Darwin
(1809–1882), del Lic. Benito Juárez (1806–
1872), Thomas Henry Huxley (1825–1895),
Gabino Barreda (1818–1881), Claudio Bernard
(1813–1878), Louis Pasteur (1822–1895), Rudolph Virchow (1821–1902), Gregorio Mendel
(1822–1884), Herbert Spencer (1820–1903),
Asa Gray (1810–1888) y tantos más.

EL DESENVOLVIMIENTO DE LA BOTÁNICA
La primera mitad del siglo XIX registra notables figuras de la ciencia en la provincia mexicana. Herrera y colaboradores (1998) dan
cuenta de los más representativos, incluyendo
a J. Eleuterio González, único en Nuevo León.
Había algunas obras sobre Botánica de las que
llegaron con la expedición de Sessé a fines del
siglo XVIII, especialmente los textos de PérezOrtega y Palau y de Casimiro Gómez-Ortega

La segunda mitad del siglo XIX se caracterizó
por un desenvolvimiento extraordinario de las
ciencias naturales, a juzgar por los índices de
la Revista “La Naturaleza” (Periódico científico de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, desde 1869 hasta 1914), en donde publicaban tanto nacionales como extranjeros
(Beltrán 1948, 1964, 1966; De Gortari 1957;
Langman 1964: 323; Herrera et al. 1998; Trabulse 1994, 2005).
Riquelme-Inda (1946) escribió: “En Nuevo
León, don José Eleuterio González, no
únicamente fue el impulsor de la medicina sino al mismo tiempo distinguido botánico”.
Debo hacer énfasis en la comedida referencia
que hace Trabulse (2005: 218 et seqq.) al tratar el tema de las Ciencias Biológicas del siglo
XIX en México, porque acoge en la pag. 222
aquellos naturalistas que destacan en Botánica. Ahí dice: “De los botánicos mexicanos
que herborizaron formando colecciones
citaremos también a Agustín Barrios que
estudió la flora de Tehuantepec; a Eleuterio González que investigó la de Monterrey...”, etc.
Por otra parte, la frecuente inclusión que acostumbra Gonzalitos de frases y pensamientos
en latín, sin su correspondiente traducción,
indica su obvia intención de forzar a los jóvenes de entonces (y de ahora...¿por qué no?) a
que traten de hacerlo para una mejor comprensión de las ideas en el texto.
Esta riqueza adicional nos fuerza a tratar de
hacer lo mismo (traducir) ya que dice con
acierto el mentor, en referencia a las “ lenguas
sabias”: “El que comienza el estudio de la botánica, sin este preliminar, se encuentra con

(°) Los autores señalados con este signo, corresponden a los títulos de obras del catálogo del Boletín mensual de publicaciones nuevas
# 4, jul. 1893, de la Casa Librairie J.-B. Bailliére &amp; Fils. Paris. 40 pp. (No se busquen las citas en la Bibliografía General Anotada).

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

15

�una multitud de nombres que no puede pronunciar y cuya significación ignora”. ¿Qué podemos agregar?. En tiempos modernos, el latín en la Botánica era considerado por algunos
autores como “ la vaca sagrada ” o intocable,
por aquello de tener que publicar en latín las
diagnosis (descripciones originales o protólogos) de los nuevos taxa (géneros y especies
nuevas para la ciencia, en fin) de forma obligatoria, o su trabajo carecía de legitimidad. En
Zoología ya se había suprimido tiempo ha esa
obligatoriedad. Sin embargo, los botánicos a
nivel internacional han optado por hacer lo
mismo que los zoólogos, y ya se están adoptando normas más liberales en esa dirección.

GONZALITOS JUSTO
No pierde Gonzalitos la oportunidad de elogiar
a los naturalistas promotores de la Sociedad
Mexicana de Historia Natural, fundada el 6 de
Septiembre de 1868 (Beltrán 1968) y agrega
“....12 años de existencia lleva esta ilustre sociedad y en ellos sus fructuosos trabajos han
llevado la ciencia que cultivan a un grado de
adelanto antes no visto entre nosotros”. De
este parágrafo se deduce que él redactó sus
notas en 1880, tal como lo señalamos ut supra.
Ahí se aprecia otra muestra inequívoca de su
nobleza y pasión al resaltar todos aquellos esfuerzos y valores conducentes a la superación
de la nación en todos los órdenes, porque hay
una abrumadora bondad en sus palabras. Y no
cito lo demás en que enumera uno a uno los
investigadores fundadores de la sociedad cuya
revista “La Naturaleza” él mismo recibía,
porque se me nubla la vista....“Imperecederos
serán en los fastos de la ciencia los nombres
de... (los menciona).... para honra de la magnánima nación mexicana”. Elegante y sublime,
auténtico y sabio... Gonzalitos nos desarma.
¿Qué podremos añadir a su extensa exposición sobre la Botánica? Ni pensar en enmendarle la plana. La secuencia cronológica es impecable. Relata sucintamente su desarrollo a
través de los tiempos. Se remonta hasta los

16

primeros esbozos de la Antigüedad con los
egipcios y los israelitas, las deidades y mitología griegas, hasta alcanzar lo que pasaba en
México a mediados de su siglo. No olvidar que
él impartía “Lecciones orales de Cronología” (González, J. E. 1869; 2ª. ed. 1877; 3ª.
ed. 1885, in Guerra 1968) en el Colegio Civil.
Creemos que esa materia la disfrutaba de verdad.
Digamos que la Historia era “su otra especialidad”; se advierte su entusiasmo y apego a las
humanidades, pero aún así no perdía de vista
el horizonte de sus propias limitaciones –si se
me permite esta osada frase-.
Basta leer sus obras para darnos cuenta de
cuán recio, severo y firme era en sus apreciaciones, por ejemplo cuando dice: ...“los estudiantes estudien cada vez más los recursos de
nuestro país, los aumenten, los corrijan y perfeccionen hasta formar una obra digna de ser
estudiada y consultada por los hombres de
ciencia”. Pensaba en grande.... y su visión impecable. Los detalles como educador y maestro eximio léanse en Cano-Jaime (1999).

A contrario sensu, él no se percibía a sí mismo
como ‘hombre de ciencia’... sin embargo... todas sus actitudes, recato, precauciones, información, revisión y experiencias propias, una y
otra vez revelan positivamente que Gonzalitos
no sólo reunía las características del saber
profundo del hombre de ciencia nato, sino que
las superaba con creces. ¿Por qué? por sus
aptitudes, habilidades de médico cirujano y
partero, su prudencia terapéutica, y como
maestro, naturalista y humanista, equilibradamente. Su capacidad de observación y retención de datos, profundidad en el análisis de los
temas abordados y experiencia acumulada, lo
conducen finalmente a ser persona confiable,
honesta, seria en sus decisiones, en fin, lo que
sus biógrafos han ponderado.
Hombre de atributos formales durante su vida,
mesurado, sensato, precavido y finalmente
seguro, tuvo que tomar decisiones técnicas
incuestionablemente científicas. Véase su obra
“Los médicos y las enfermedades de Monterrey” (1881b) publicada en Guerra (1968:
Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�90 – 121).
De no ser así... ¿Cómo explicarse entonces
ese alto grado de solvencia moral, profesional,
amén de su minuciosidad y aprecio por el trabajo de otros, a quienes no deja de reconocer
sus aportaciones?
Como científico no fue
ajeno a los problemas sociales, pero supo diferenciar entre las tareas de investigación, las
culturales, las docentes y las políticas. Integrarlas fue a fin de cuentas su mérito
mas alto y por ello se le recuerda con
gratitud.

Esto explica que el Decreto del 20 de febrero de 1867 emitido por el C. Gobernador del Estado de Nuevo León, a la sazón
don Manuel Z. Gómez y con la autorización de la Junta de Gobierno y la Cámara Legislativa, declarara “Benemérito del Estado”
al Doctor José Eleuterio González (cf. TapiaMéndez 1976: 9–11) por los incontables beneficios que aportó a la Ciencia, a la Patria y a la
Humanidad. El festejo popular se dio en grande, se suspendieron las labores, se reunió la
gente, doblaron las campanas, en fin, una algarabía (Siller-Rodríguez 1970).

EL CATÁLOGO DE PLANTAS CLASIFICADAS

PLANTEAMIENTOS
Así
llega
a
la
época
de
los
“sistemas” (clasificaciones ‘artificiales’) y los
“métodos” (para las ‘naturales’) en el más
puro sentido de la época clásica de la sistemática botánica (Duchartre 1877; García-Purón
1901).
Hoy en día quisiéramos tener la capacidad de
juzgar, con la misma autoridad que aflora en
las obras de Gonzalitos (que nos deja impresionados, pasmados) para no quedarnos
‘mudos’ en cuanto a que, como dice Guerra
(1968): “se llegue a considerar nuestro comentario como una irreverencia al personaje”.
Por supuesto que no habrá tal irreverencia,
Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

no ha lugar, y no por la simpatía que nos merece el ilustre personaje, sino porque en su
ensayo sobre la Botánica bien lo dice: “puede
servir de base para que cada estudioso de las
plantas agregue, mediante nueva información
propia o fidedigna, datos que la mejoren y
eventualmente la superen”. Eso es autenticidad ética, honradez científica, dicho sin retruécanos.
No debemos olvidar esa honesta proyección
de Gonzalitos, ya que bien sabía la responsabilidad a enfrentar y lo que debía suceder tarde o temprano. Empero ¡ojo! han tenido que
transcurrir ¡127 años! para que VillarrealQuintanilla y Estrada-Castillón (2008) la superen formalmente.
Y así funciona la ciencia, el progreso científico.
Él lo intuía desde un principio y se aplicó a hacer lo que en su tiempo era lo indicado, lo posible, lo mejor. Cumplió pues a cabalidad.
Es sorprendente que en un país en pleno
desarrollo como México, nos tomemos (me incluyo) tanto tiempo para siquiera tratar de
comprender, no digamos igualar, a sus sabios
naturalistas que, desde épocas pretéritas,
marcaron la pauta a seguir. Por supuesto, antes de Villarreal y Estrada (op. cit.) hubo intentos y aproximaciones locales y regionales
en la misma dirección, tendientes a inventariar la fitodiversidad aquí y allá en la entidad.
Bastaría con revisar su (de ellos) literatura citada o consultada.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS EN LA VISIÓN
DE GONZALITOS
Es obvio que en materia científica se exige seguir ciertos cánones, llámense métodos, procedimientos, protocolos o directrices. Además
las colecciones botánicas (herbarios) constituyen el punto de partida en el que deberán basarse los listados de taxa (catálogos, enumeraciones, listas de especies, censos florísticos
o inventarios actualizados, recensiones, i.e.
revisiones) de tal o cual unidad orogénica,
cuenca, región geomórfica, provincia, litoral,

17

�municipio, estado o país.
Tanto el ‘Discurso’ como el ‘Catálogo’ de
Gonzalitos dan idea clara de que su veta científica pertenece a la escuela romántica por excelencia, que se prolonga en Biología
(‘Historia Natural’ se decía antes), hasta los
años 70 del siglo XX en nuestro país, en lo general.
Se atribuye lo anterior a que el estudio de las
plantas y animales conlleva un ingrediente vocacional muy difícil de tasarse en pesos... o
dólares. Es algo así como sucede con los períodos musicales y literarios, que tienen su
‘momentum’ o lapso que incluye factores de la
cultura que los circunscribe.
Apegado celosamente a Hipócrates, Gonzalitos
deja entrever en sus obras que la medicina es
un arte, el arte de curar (ampliado a la prevención también). Recuérdese que estamos
ubicados en los tiempos de Gonzalitos, pero
hoy en día se habla con toda propiedad de las
ciencias médicas, las biológicas, las veterinarias, las forestales, las ambientales, las agronómicas, en otra dimensión cuyos alcances
parecen infinitos.... con la física, la matemática, la estadística, la informática, la cibernética.... ¡dígalo usted!
Debemos señalar que hubo altos exponentes
de la medicina durante la Colonia, baste citar
la figura del Dr. Luis José Montaña (1755–
1823... ¿o 1820?) y, durante la primera mitad
del siglo XIX, en plena etapa independiente, la
del Dr. Manuel Eulogio Carpio (1791–1860).
Ambos
representantes
del
Hipocratismo
(Izquierdo 1955, en donde se da la reproducción facsimilar de la edición latina original de
las Praelectiones del doctor Luis José Montaña,
de 1817).
Siendo pues Gonzalitos un convencido neohipocrático, tuvo que conocer la obra de Montaña (a quien menciona en su “Discurso”) y casi
seguro la de don Manuel Carpio. Si, como aseguran sus biógrafos, Gonzalitos mantenía correspondencia con nacionales y extranjeros en
cuestiones principalmente de medicina, nada
raro sería que “Siendo París la meca de la me18

dicina al principio del siglo XIX, atrajera estudiantes de todo el mundo” (Varela, 1964), incluyendo algunos mexicanos y norteamericanos. Gonzalitos menciona a don Francisco Gutiérrez que se fue a estudiar primero a México
y luego a París. Regresó a Monterrey para
1839, ya recibido. No soportó vivir mas en
Monterrey “por ser un lugar de salvajes”, por
lo que se fue a Tampico a ejercer y allá murió
al año siguiente (González 1881b) obra en
donde narra detalles acerca de quienes ejercieron la medicina, etc.
Volviendo al “momentum”, las tendencias profesionales y científicas obedecen a diversas
causas. Pueden ser de carácter sociológico,
histórico-político, de misticismo, de cosmogonías generales que se expresan en las ciencias
y las artes, en fin, cubren tiempos a veces no
bien delimitados. Tienen, no obstante, claros y
bien definidos ‘representantes’ (Garrison
1966).
Hoy en día parece ser distinto, lo “romántico”
de la ciencia o de quienes la practican, se ha
venido diluyendo hacia un campo más utilitarista de ‘resultados inmediatos’, de ejercicio
profesional más eficientista que raya en mercantilismo, no tan sólo en pragmatismo.
La “ciencia por la ciencia” parece no tener cabida entre los intereses políticos y económicos
apresurados. Por ejemplo, las leyes forestales
y ambientales exigen y prevén tiempos de renovación y recuperación de ecosistemas necesariamente prolongados, que nadie en el mundo de los negocios estaría dispuesto a esperar.
Los ejemplos más patéticos se están dando en
el caso de los manglares, por su acelerada
destrucción, en favor de centros turísticos. Parecen salir sobrando las manifestaciones de
impacto ambiental (casi un estorbo o requisito
burocrático), o éstas se preparan ad hoc.
Se considera que la etapa barroca de la ciencia en México corresponde al virreinato, a la
que pertenecen Carlos de Sigüenza y Góngora
(1645–1700), Francisco Javier Alegre (1729–
1788), Francisco Javier Clavijero (1731–1787)
y otros personajes del también llamado
“iluminismo mexicano”, hasta culminar
Planta Año 7 No. 16, Agosto 2013

�(supongo) con José Antonio Alzate y Ramírez
(1729–1790) y Juan Benito Díaz de Gamarra
(1745–1783). (De Gortari 1957).
Como es sabido, la expulsión de los jesuitas
de todas las posesiones españolas sobrevino
hacia 1767, golpe serio que truncó en gran
medida una labor científica en marcha, digamos heroica, aunque lejos del país se dieron
publicaciones notables de los expulsados, y en
otros idiomas.
Gonzalitos, admirador y seguidor del “padre
de la Medicina” y conocedor de sus aforismos
o ‘dicta’ y del famoso juramento (Bernal 1954:
174–176), se inspiraba en su obra. Ello, sin
embargo, no le hizo soslayar a los representantes de la Botánica, ya que ambas disciplinas se han desarrollado históricamente a la
par.
Hipócrates (460–377 a.C.) dio cuenta de 234
plantas medicinales y (señala Gonzalitos) Cratevas era uno de los herboristas que llevaban
materiales a aquél para su estudio. Se da
también a la tarea de ir mencionando los personajes griegos: Aristóteles (384-322 a.C.) y
Teofrasto (372–287 a.C.) entre cuyos libros
más importantes están “Historia de las
plantas” y “Botánica teórica”. (cf. Morton
1981).
Posteriormente, a los que forman colecciones
de plantas se les da el nombre de
“herbalistas” hasta el siglo XVI y así Herrera
y cols. (1998: 48) mencionan 14 de diversas
nacionalidades, de los cuales algunos se relacionan con la flora mexicana: Nicolás Monardes, Mathiolo, Camerario, Jerome Bock (1498
–1554) también conocido como Jerónimo Tragus, Conrado Gesner, Dodoens (Dodonaeus),
L’Obel, Clusio y Daléchamps
(cf. Morton
1981).
Con respecto a Dioscórides (siglo I, d.C.) dejó
en su obra “Colectanea de los medicamentos”
información sobre 600 plantas, obra mejor conocida como “De Materia Médica” que predominó en Europa por milenio y medio a la par
de la influencia aristotélica (el escolasticismo). Tal denominación “colectanea” (una sola
Planta Año 7 No. 16, Agosto 2013

‘l’),
aparece
siglos
después:
“Collectanea” (doble ‘ll’), en Lindley (1821–
1824) botánica in folio, Londres, así como su
Flora Médica (1838) de 656 pp. y Medical &amp;
Economic Botany (1849) 274 pp. + 363 figs.
(Walker 1947).

USO DE LOS TERMINOS Y ARREGLO SISTEMÁTICO
Dijimos en un principio que hay algunas diferencias entre la 1ª. ed. del “Discurso y Catálogo: la flora de Nuevo León” y la 2ª ed. En
la original de 1881 aparecen como impresores
“Tipográfica (abrev. ‘Tip.’) del Comercio” A.
Lagrange y Hno. Calle de Puebla No. 3. Monterey. 1881. En la 2ª. ed. la impresora es la
“Imprenta Católica”, calle del Obispado No.
36. 1888.
Otra diferencia es la ‘Nota’ de Gonzalitos al
final de la edición original: “Por un yerro se
acentuaron como en francés, con acento en la
penúltima sílaba, muchos de los nombres de
las familias, como Cucurbitacéas, Euforbiacéas
&amp;c., en castellano estas palabras no deben tener ningún acento”. La abreviatura: &amp;c., aparte de Gonzalitos, sólo la he encontrado en Asa
Gray (1864) y en Gómez-Ortega (1779). En
francés se usa ‘etc.’ como en español.
En efecto, al revisar la lista completa se adolece de ese yerro. Por otra parte comprueba que
Gonzalitos estaba influenciado por los autores
franceses, concretamente por el “método” natural de clasificación de los De Jussieu, primero Bernardo (de quien se dice “que pensaba
mucho y escribía poco”), y luego Antonio Lorenzo (1778 a 1789, reimpr. 1964), que rivalizó con el sistema artificial sexual de Linneo.
Gonzalitos estuvo atento a que en la 2ª. ed.
(1888), no aparecieran ortográficamente
acentuados los nombres de las familias.
Ante una perspectiva histórica, los botánicos
extranjeros que más influyeron en México durante el siglo XIX (fide Herrera et al. 1998)
son: Agustín Pyramus De Candolle, Pierre
Etienne Duchartre, Henri Guillaume Galeotti,

19

�Martin Martens, Heinrich Rudolf August Grisebach, E. Fournier, William Botting Hemsley,
Asa Gray, B. Delessert, George Bentham, Joseph Dalton Hooker, Teófilo Alexis Durand,
Adolph Engler.
Con respecto a la otra diferencia de interés
entre las ediciones es: en la 1ª. ed. (1881) el
encabezado del ‘Catálogo’ aclara que “las
plantas que en la siguiente lista tienen una
marca son cultivadas, y las que no la tienen
son silvestres”. Bien. En la 2ª. (1888) resulta
lo contrario: ahora un asterisco precede a las
plantas silvestres y las que no lo tienen son
cultivadas. No hay confusión si se tiene una
sola versión de consulta (Fig. 14).

NOTAS ACERCA DEL ‘Catálogo’
En total se trata de un listado de 367 plantas
(aunque la estimación de otros autores varía,
v. gr. Rojas-Mendoza 1965), de las que 160
son silvestres y 207 cultivadas. Los nombres
científicos (binomios) usados son en su mayor
parte de Linneo y el resto de otros autores.
Los del primero destacan porque inmediata al
nombre científico va la letra ‘L.’ exclusiva del
autor.
Hay 220 taxa lineanos, lo que da idea del
avance de la Botánica gracias al médicobotánico sueco (cf. Garrison 1966: Cap. X p.
214 et seqq.). Buena parte de las especies
lineanas
mencionados
por
Gonzalitos

Fig. 14. Hoja de la primera edición del “Catálogo”, especificando en el encabezado que la marca correspondía a las plantas cultivadas.

20

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�provienen de Europa, aunque Linneo dispuso,
para su estudio y eventual descripción, de
plantas procedentes del nuevo mundo (cf.
Stafleu 1971).
La palabra ‘catálogo’ siguió en uso en el siglo
XX y se empleaba en Francia y otros países
durante el siglo XIX para dar cuenta de los
ejemplares preparados de animales y/o plantas (almacenados metódicamente) en un Museo, de una colección dada, o del inventario de
animales o plantas vistos o muestreados en
determinado lugar, incluyendo colecciones vivas.
Hechos los estudios, así se publicaban, v. gr.
el catálogo de moluscos vivientes de Baudon°
(1884); de conchas (coquilles) de Beau°
(1858); de Ornitología europea de Degland &amp;
Gerbe° (1867 en 2 vols.); otro término de interés es el ‘catálogo metódico’ de reptiles del
Museo (Dumeril° 1851 en dos partes); catálogo entomológico del Museo de Paris de Milne
Edwards° (1850); catálogo metódico de mamíferos del mismo museo (Saint-Hilaire°
1851), etc.

En plantas aparecieron los catálogos de Arrondeau° (1867), de L’Aveyron (Brass° 1877), el
catálogo metódico de las plantas observadas
en Cataluña (Colmeiro° 1846); catálogo de
fanerógamas de La Dordogne, suplemento final (Desmoulins° 1859); catálogo de plantas
vasculares de Europa central (Francia, Suiza y
Alemania) por Lamotte° (1847). En nuestro
país aparece “el Catálogo de Plantas Mexicanas (Fanerógamas)” de Manuel Urbina (1897).
(Fig. 15).

Fig. 15. Portada del Catálogo de Plantas Mexicanas
del Dr. Manuel Urbina que resume el conocimiento
de las plantas con flores hasta 1897.

Las listas de plantas, como de minerales, parecen haber sido tratadas en Europa como
‘cosas’ u objetos inanimados (Lawrence 1951:
32) y se publicaban en forma de ‘catálogo’ (o
como “muestrario” si estaban ilustrados).

annotated check list of…’, ‘recensions’. Empero
hay otras en las que no se emplea ninguno,
sino que los trabajos se titulan con el nombre
de los taxa en base al rango (categoría)
mayor, por ejemplo: Las coníferas de tal lugar, las cactáceas de tal otro, las plantas vasculares de aquí, los helechos de allá, encinos
de Jalisco, gramíneas de Coahuila, hongos de
Querétaro, etc.

Hoy existen atlas botánicos, manuales o guías
de campo muy bien ilustrados. Otros términos
usados con el mismo significado por los naturalistas son: enumeración, lista, conspectus,
sinopsis o listados. En inglés es común ver
‘check lists’, ‘listings’, ‘inventory’, ‘survey’, ‘an

En el caso del vocablo ‘enumeración’ citemos a
guisa de ejemplos: “Enumeración y revisión de
las plantas de la península Hispano-Lusitana e
Islas Baleares” de Colmeiro° (de 1885 a 1889
en 5 vols.) y su “Enumeración de las criptógamas de España y Portugal” Colmeiro° (1868

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

21

�en 2 vols.); “Enumeratio plantarum....” de
Kunth° (de 1833 a 1850); “Enumeraciones de
los musgos de México” de Bescherelle°
(1872); así, la Enumeración sistemática de las
especies citadas en el libro: “La vegetación
de Nueva Galicia” (Rzedowski &amp; McVaugh
1966: 85–112) es buen ejemplo en nuestro
país.
Achille Richard &amp; Charles Martins (1870: 329356) enumeran para su época 199 a 203 familias a escala mundial de plantas que se conocen como “superiores” o fanerógamas (cf.
Cano &amp; Marroquín 1994), es decir, las que
producen flores y semillas, cuya nomenclatura
se basa en De Candolle (1844) “Teoría elemental de la Botánica”, obra cuya 1ª. ed. data
de 1813, la 2ª. ed. de 1819. (En adelante, por
brevedad, citaremos sólo “A. Richard 1970”).
Se aprecia que Gonzalitos la toma en cuenta,
porque los nombres de las familias se deben a
diversos autores: De Jussieu (Antonio-Lorenzo
y Adrián), M. Adanson, Adolfo Brongniart,
Sébastien Vaillant, C. F. Boisseau Mirbel, Correa, Jacques Denis Choisy, Robert Brown,
Bartling, Alfred Moquin-Tandon, John Lindley,
De Candolle (tanto Agustín Pyramo como Alfonso), Henri Cassini, Alexander von Humboldt, Aimé Bonpland y K. S. Kunth, Achille
Richard y su padre Louis-Claude Richard, David Don, George (hermano de David Don)
Don, Stephen Ladislaus Endlicher y algunos
más. En esa época el uso del sufijo universal
de ‘aceae’ (en español ‘aceas’) de las familias
u ‘órdenes naturales’ no era mandatorio. Hay
familias sin la terminación ‘aceas’ en el
‘Catálogo’.
Gonzalitos comenta: “Hoy día el método mas
seguido es el de Jussieu, con las modificaciones que los sabios citados le han hecho
(menciona más de 10), pero sería de desear
un método único y sencillo que viniera a reemplazar a todos los que hay, y sirviera de
guía en el laberinto de clasificaciones que hacen tan fatigoso el estudio de la botánica”.
Agrega que sólo el sistema analítico de Lamarck no había sufrido modificaciones.
En efecto, tenía razón Gonzalitos ya que tan
22

sólo entre 1825 y 1845, se habían propuesto
no menos de ¡24 sistemas de clasificación de
plantas! (Lawrence 1951: 30-31). De paso nos
obliga a pensar que él disponía de información
bibliográfica suficiente como para atreverse a
calificar de “laberinto de clasificaciones” las
que tuvo que analizar.
Si se hubiera imaginado tan venerable anciano que aun hoy se manifiesta el mismo
‘clamor’ (unificar criterios entre los sistemáticos), así como también en cuanto a la nomenclatura para denominar los tipos de vegetación
(de ser aceptado por todos), se habría tranquilizado.
La discusión, que parecería bizantina en cierto
sentido, es recurrente en los congresos de Botánica. No obstante es evidente que un pretendido ‘acuerdo’ entre sistemáticos y especialistas no es posible porque las autoridades
(i.e. los científicos mismos) van ampliando su
percepción de las clasificaciones actuales, en
función de la profundidad del conocimiento de
los taxa. Son pues las modernas armas técnicas, estadísticas y metodológicas de hoy, lo
que permite ensanchar los horizontes del saber y eso impacta, naturalmente, en los sistemas clasificatorios de los seres vivos.
Es obvio por lo tanto que siempre va a haber
bases científicas novedosas, y a veces tan sólidas que se publican como proposiciones para
reforzar -poco a poco- la Sistemática. Aún en
tiempos de De Candolle se privilegiaba más el
aspecto anatómico de las plantas como base
de su clasificación. Hoy en día no es suficiente.
Es por ello que se habla de taxonomías (o métodos) alfa, beta y gama, de taxonomía numérica (neo-adansoniana), del cladismo, etc.,
con diversos y sofisticados enfoques. Se enriquecen así las líneas de aproximación en la
Sistemática biológica. En ningún caso puede
hablarse de caprichos, afán de complicar las
cosas o de oscurecer la verdad ‘per se’.
No se olvida Gonzalitos de otros autores: Columela, Plinio, Galeno, etc. y condena la época
oscura de la humanidad en lo que al desarrollo
Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�del conocimiento científico se refiere: la Edad
Media. En relación con la Botánica, hace alusión a las aportaciones árabes a través de Serapion, Rhazis, Averroes, Albéitar y Avicena.
A lo largo del ‘Discurso’ el autor menciona a
César Cantú y al español Modesto Lafuente
(1806 - 1866), como fuentes de información
para algunas partes de su escrito. Con respecto a Lafunete, a quien cita dos veces, se trata
de un sacerdote, escritor e historiador que
usaba el pseudónimo de “Fray Gerundio” para
“poder difundir sus ideas liberales”, según reza en la Enciclopedia del Reader’s Digest (t.
VII: 2108, 1972). Una de sus obras más significativas es la “Historia de España” ¡en 30 volúmenes!, editada entre los años de 1850 y
1859, consultados por Gonzalitos.
De esta forma, entrecomilla pensamientos e
información acerca del estado que guardaban
las ciencias y las letras en España durante varios reinados. Las letras mejoraron en los períodos de Felipe V y de Fernando VI, mientras
las ciencias a partir de Carlos III. Este tema lo
desarrolla Gonzalitos con entusiasmo para vincularlo con el advenimiento de la enseñanza e
investigación en plantas de la Nueva España primero- y finalmente con el México independiente.
A efecto de ubicarnos mejor en la situación
general mexicana cf. De Gortari (1957), Beltrán (1947), Bernal (1954), Trabulse (1983,
1994 y 2006), sin olvidar el legado prehispánico (Del Paso y Troncoso 1886; Martín del
Campo 1938, 1976; Herrera et al. 1998).
Por mi parte, el autor que revisé para conocer
la situación reinante en España en los siglos
XVIII y XIX es Antonio Lafuente (1988) en su
documentada visión crítica: “Ciencia y política
durante el reinado de Carlos III”. Llama la
atención en su artículo la foto central a color
del niño Carlos III estudiando precisamente
Botánica, frente a un libro abierto de esta
ciencia y plantas entre sus manos. Además del
planteamiento general, vale destacar su apartado sobre “el desarrollo de la ciencia en España en los siglos XVIII y XIX”.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

DISCUSIÓN

Manuel Urbina (1897) contabiliza 3,000 taxa,
entre especies, subespecies y variedades de
plantas para el México de fines del siglo XIX
(Fig. 16). Las distribuye en poco más de 800
géneros. Durante esa etapa no se había
desenvuelto el estudio taxonómico fino de géneros vastos en cuanto a diversidad (géneros
politípicos), viz.: Pinus (pinos, excepto por los
trabajos de Aylmer Bourke Lambert del 1er.
cuarto del siglo XIX y tratados generales sobre
Coníferas), Quercus (encinos), Euphorbia, Eupatorium, Senecio, Panicum, Nama, Agave,
Astragalus, Yucca, Opuntia (nopales), Sedum,
Salvia, Bursera, Mammillaria, los Cereus, Dalea, Baccharis, Pinguicola, Dioscorea y decenas de géneros más, por lo que nuestro país
aún no ofrecía el abanico de posibilidades de
estudio que hoy tiene.
Ha habido decenas de monografías en las
obras de los De Candolle y sus contemporáneos. A guisa de ejemplo, los estudios por De
Candolle (1845–1846) de las Borragináceas
fue superado ampliamente por los trabajos de
I. M. Johnston (1898–1960) durante la primera parte del siglo XX, digamos desde 1920 en
delante, especialmente por sus entregas bajo
números romanos, sin olvidar las contribuciones de su colega J. Francis Macbride.
Los botánicos y colectores del extranjero empezaron a explorar distintos sectores del territorio nacional y contribuyeron a mejorar las
bases científicas en Botánica, Zoología y otras
ciencias naturales (Hemsley 1887 y 1888;
Trabulse 1983; Rzedowski y cols. 2009; Herrera et al. 1998). En ello las colecciones, aunque en gran parte se enviaron a herbarios
acreditados del extranjero, tuvieron mucho
qué ver en el conocimiento de la flora, mientras los herbarios mexicanos empezaban a
operar, unos con mejor suerte que otros.
El caso de Jean Louis Berlandier (1805–1851)
es de interés por tratarse de alguien que colectó plantas en el Noreste de México, incluyendo Nuevo León, amén de otras regiones.
23

�Fig. 16. Páginas de la obra de Dn. Manuel Urbina (1897) en la cual contabilizó 3000 taxa de plantas para el
México del siglo XIX.

Gonzalitos lo menciona en su ‘Discurso’: “...
pasó a la frontera del Norte D. Luis Berlandier,
botánico de la Comisión de Límites que regenteó el General Mier y Terán, y estudió y dio a
conocer algunas plantas de Texas, Tamaulipas
y Nuevo León”.
Por cierto, Gabriel Alcocer (1852–1917) publicó un trabajo: “El Herbario de Berlandier”
en “La Naturaleza” 2ª. 3 (R): 556–561.
1901), una copia del cual me había obsequiado el Dr. E. Aguirre-Pequeño, gracias a que él
tenía la colección completa de “La Naturaleza”, pero lo pasé mas delante.
Asimismo, además de las interesantes notas
de Rzedowski et al. (2009), Hemsley (18871888: 123) da una relación breve de la vida
de Berlandier y sus exploraciones botánicas en
México; menciona que nació en Ghent
(Gante), Bélgica y murió en Matamoros, Tam.
24

en 1851. Por su parte Rojas-Mendoza (1926–
1991) en sus pláticas y clases en Monterrey
nos explicaba que Berlandier era hermano
(Maestro) masón y pertenecía a una Logia de
Matamoros; aparte, Berlandier hablaba varios
idiomas, por lo que fungió como intérprete entre el Gral. Zacarías Taylor (1784–1850), comandante del ejército invasor norteamericano
en 1846 y los generales mexicanos (cf. RojasMendoza 1965: 13-18).
Pues bien, recuperando el tema central, a lo
que pretendo llegar es: si ahora la flora mexicana se estima en poco más de 25,000 especies, Urbina (1897) apenas rebasaba 10 % de
lo calculado (ese era el estado de cosas entonces). Toda proporción guardada, el ‘Catálogo’
de Gonzalitos (tan sólo para Monterrey y sus
inmediaciones), no alcanzaba 10 % de la flora
nacional, si excluimos las plantas cultivadas.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�En este tenor, al revisar los datos de Villarreal
-Quintanilla &amp; Estrada-Castillón (2008), su
completísimo listado de taxa de Nuevo León
arroja: 3,175 especies y 109 taxa infraespecíficos, dispuestos en 1,031 géneros, a su vez
agrupados en 158 familias.
De esta forma, estas cifras rebasan 10 % de
la flora nacional, por tanto se mantiene aproximadamente el mismo porcentaje que se advierte en el ‘Catálogo’ de Gonzalitos con respecto al total de Urbina (op. cit.). Dicho en
otras palabras, para las circunstancias y grado
de avance de la Botánica nacional a mediados
del siglo XIX, J. Eleuterio González (1881;
1888) cumplió a cabalidad con lo que se esperaría de un estudio similar.
Su obra comentada aquí representa un digno
esfuerzo. Pero lo que en Gonzalitos, según sus
palabras, es una ‘pequeñez’, para nosotros resulta magno y por eso la razón de este ensayo. Aquí reside lo genial del personaje. Deja
constancia de su aplicación al tema, desarrolla
su discurso de la Botánica con erudición y sentido histórico, sabía lo que estaba haciendo y
finaliza con una lista o inventario que a nadie
más en Nuevo León se le ocurrió preparar, y
esto es lo singular. Recordemos que los trabajos de Watson (1882–1883) aparecieron después de impresa la 1ª. ed. (1881) de Gonzalitos, en los años de la pérdida de la visión.
Adicionalmente, para intentar otra valoración,
después de las nítidas biografías en su honor,
me adhiero a las palabras de Lawrence (1951:
21) cuando advierte a los lectores sobre el
personaje de Carlos Linneo (1707–1778):
“Todo intento de análisis de los trabajos de
Linneo debe tomar en cuenta las condiciones
de los tiempos en que se produjeron. Se pueden comparar con los estudios botánicos de
nuestro tiempo no más que lo haríamos al
comparar las formas de viajar de su ‘era’ con
las de ahora” -traducción libre- . Asimismo,
sobre Gonzalitos ¡tendremos que repetir lo
mismo!... en su estricta justicia y proporción.
Al tratar de adentrarnos en su mundo, así sea
someramente, me convenzo más de sus méritos, su disciplina, formalidad, sapiencia y viPlanta Año 8 No. 16, Octubre 2013

sión, no sólo como médico sino como naturalista (Aguirre-Pequeño 1967). El encabezado
de su ‘Catálogo’ reza así: “Lista de las plantas que he podido examinar y clasificar en la
ciudad de Monterrey y sus inmediaciones, y
que puede servir de base para la formación de
la flora del estado de Nuevo León”. Esta es
una auténtica lección. Sienta las bases de una
prometedora línea de investigación (la florística), se le reconozca o no. Desde el punto de
vista de la enseñanza, cumplió con creces.
Sin duda, el despertar de las ciencias a fines
del siglo XVIII y todo el XIX en México, en
particular el vuelco que se aprecia en las ciencias naturales, dio también un “soberano” impulso a la Botánica en las postrimerías del primero. Destacó Gonzalitos el patrocinio de la
expedición de Martín de Sessé y Lacasta
(1751–1808), la apertura de la cátedra de Botánica en México por don Vicente Cervantes
(1755–1829), la formación de un Jardín Botánico, redacción de libros, formación de farmacéuticos, profesores y científicos exploradores
y, finalmente, la culminación de la obra -no
sin grandes tropiezos- de José Mariano Mociño
(1757–1820) en torno a la Flora Mexicana.
El Dr. E. Aguirre Pequeño tenía “Plantas de
Nueva España”, 2ª. Ed., de 1893, por sus
autores don Martín de Sessé y Lacasta y don
José Mariano Mociño, lo que también pondera
Gonzalitos
porque
tuvo
información
(obviamente antes de 1888) de dichos autores, sus hazañas y logros (sobre este tema,
ver Ibarra-Cabrera 1938; Langman 1964;
Rzedowski y cols. 2009 y una extensa bibliografía que no citaremos aquí).

AGRADECIMIENTOS
Al doctor Rahim Foroughbakhch, Jefe del Departamento de Botánica de la Facultad de
Ciencias Biológicas por su invitación a participar en la celebración del bicentenario del
natalicio de J. Eleuterio González (1813 –
1888). La Jornada Botánica de este año
(2013) se dedicará a la memoria de tan
insigne personaje del siglo XIX, mediante

25

�un ciclo de conferencias y un número especial de su revista “Planta”. En ésta se publicará esta contribución. El biólogo Humberto
V. Sánchez-Vega aportó gentilmente bibliografía técnica relevante. Gracias mil.
La idea original de escribir este ensayo en relación con los estudios botánicos de Gonzalitos
proviene del Dr. Roberto Rebolloso, de la Dirección de Investigación Educativa (Secretaría
de Investigación, Innovación y Posgrado,
UANL), a quien agradezco copias de documentos valiosos. El oficio de invitación fue suscrito
por la titular de esa Dirección, Dra. Magda
García Quintanilla (oficio DIE-053/2012) del
14 de mayo, 2012. Al atender el llamado en
ambos casos he experimentado, con sumo
agrado, la emoción de conocer un poco más
acerca del Benemérito de Nuevo León y apreciar a quienes han escrito sobre él, su obra,
sus alcances y su innegable proyección hasta
nuestros días. Asimismo, mi efusivo agradecimiento a quienes han hecho posible que este
escrito vea la luz.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL ANOTADA
Aguirre-Pequeño, Eduardo. 1953. Un siglo de Obstetricia en Nuevo León. Noticias y documentos acerca de
su evolución histórica. Vida Universitaria
(hebdomadario tabloide del Patronato Universitario de
Nuevo León) No. 130 (6ª. Sección): 1 – 5. Monterrey,
Marzo.
------------- 1959. El doctor J. Eleuterio González
(Gonzalitos). Datos biográficos. Revista Médica de
Nuevo León Año I. Monterrey. Abril.
------------- 1967. El doctor J. Eleuterio González
(1813 – 1888) como naturalista. Boletín de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia Natural “J. Eleuterio
González” 1 (2): 55 – 58. Monterrey.
------------- 1970. El doctor José Eleuterio González
(Gonzalitos): médico, investigador, científico. Artículo
homenaje con motivo del 157 aniversario de su natalicio, dado en la 1ª. Sesión ordinaria de la Sociedad
Nuevoleonesa de Historia y Filosofía de la Medicina. 9
pp. Monterrey (versión mimeografiada). Reimpr. en
Garza-Ocañas, F. (2004): 15 – 22. Linares.
------------ 1977. “Introducción” (a modo de Presen-

26

tación o Preámbulo) de la edición especial de obras del
Dr. J. Eleuterio González “Lecciones Orales de Materia
Médica y Terapéutica” y otros documentos históricos
(1888), con motivo del XXV aniversario de la fundación de la Facultad de Ciencias Biológicas, U. N. L.
Monterrey. Impreso en Editorial “Alfonso Reyes” S. A.
167 pp + CV de los documentos anexos (entre ellos
“Un discurso y un catálogo: La Flora de Nuevo León”).
Alanís-Guajardo, Mario. 1970. Dr. José Eleuterio González, filósofo. Presentado en la 1ª. Sesión ordinaria
de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia y Filosofía de
la Medicina. Monterrey. 9 pp. Reimpr. en GarzaOcañas, F. (2004): 22 – 24). Linares.
Alcocer, Gabriel. 1901. El herbario de Berlandier. La
Naturaleza (Periódico científico de la Sociedad Mexicana de Historia Natural) 2ª. 3 ®: 555 – 561. México.
Anónimo. 1974. Bibliografía del Dr. José Joaquín Izquierdo (1893 – 1974). Anales de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnología No. 4: 1 –
33. México. Ahí aparece la cita de su libro “ Montaña
y los orígenes del movimiento social y científico de
México “ (1955). Esta obra la tuve varios años gracias
al Dr. E. Aguirre Pequeño, profesor de Historia de las
doctrinas biológicas en la U. de N. L., y se lo regresé
al término de mis estudios. (No lo he podido conseguir
después).
Barkley, Fred A. 1965. A list of the Orders and Families of Anthophyta (Angiospermae), with generic examples. Edición: University of Baghdad, Abu Graib.
Iraq. 222 pp.
Beltrán, Enrique. 1947. Nota bibliográfica. Una valiosa
aportación a la Historia de la Biología mexicana. Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural 8
(Nos. 3 – 4): 251 – 252. Se comenta la obra de H. W.
Rickett “The royal botanical expedition to New Spain”.
Chronica Botánica Vol. 11 (1): 1 – 86 y Pl. 44 – 52.
Waltham, Mass.
------------- 1948. “La Naturaleza” periódico científico
de la Sociedad Mexicana de Historia Natural” 1869 –
1914. Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural 9 (Nos. 1 – 2): 145 – 174. Reseña bibliográfica
e Indice, por Autores, en orden alfabético.
------------ 1964. La Biología Mexicana en el siglo
XIX. I. Los Hombres. Memorias del 1er. Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia y la Tecnología. T. I:
271 – 297. México.
------------ 1966. Textos mexicanos de Botánica del
siglo XIX. Revista Sociedad Mexicana de Historia
Natural 27: 245 – 265.
----------- 1968. El primer centenario de la Sociedad
Mexicana de Historia Natural
(1868 – 1968). Ibid.
29: 111 – 180.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�Bernal, John D. 1954: 1a. ed. en inglés; y 1959: 1ª.
ed. en español. La Ciencia en la Historia. Serie: Problemas Científicos y Filosóficos No. 17. Dirección General de Publicaciones. UNAM. (Trad. E. de Gortari).
México 621 pp.
Cano-Jaime, Alfonso. 1999. Gonzalitos, educador. Universidad Pedagógica Nacional y Gobierno del Estado
de Nuevo León (Secretaría de Educación). Monterrey.
192 pp. + Anexos.
Cano, Jerónimo &amp; Jorge S. Marroquín de la Fuente.
1994. Taxonomía de Plantas Superiores. Editorial Trillas. México. 359 pp.
Cauvet, D. 1885. Cours Élémentaire de Botanique. I.
Anatomie et Physiologie végétales (315 pp). II. Les
Familles des Plantes. Librairie J.-B. Bailliére et Fils
(468 pp.). Paris.
Cavazos-Garza, Israel. 1982. “Flora de Nuevo León”,
una nota liminar o de presentación (2ª. de forros) de
la obra de J. Eleuterio González: “Un discurso y un
catálogo de plantas clasificadas dirigidos a los alumnos
de la Escuela de Medicina de Monterey”. Imprenta Católica. 1888. Repr. Facsimilar autorizada en la Serie:
Documentos Históricos, Capilla Alfonsina / Biblioteca
Universitaria, U.A.N.L., como Suplemento al No. 19 de
la revista ‘Actas’. Cd. Universitaria. San Nicolás de las
Garza, N. L. 16 pp.
- - - - - - - - 1984. Diccionario Biográfico de Nuevo
León. Capilla Alfonsina. UANL 2 vols. (Gonzalitos Vol
I: pp 213 – 215). Monterrey.
Contreras-López, Leonardo. 1972. Honrosa remembranza: Gonzalitos. Columna “Trinchera” : El Porvenir. Monterrey. 19 de Abril.
Dávila, Hermenegildo. 1869. Estudios Biográficos sobre el ciudadano Doctor José Eleuterio González. Escritos dedicados al mismo. Imprenta del Gobierno.
Monterrey. El autor era, a la sazón, alumno del Colegio Civil. 57 pp.
------------ 1888. Biografía del Dr. José Eleuterio González (Gonzalitos). Tipografía del Gobierno. 263 pp.,
ilustrado: 2 retratos y dos láminas. Monterrey.
De Candolle, Agustín Pyramus y/o A. DC. y C. DC.
Las referencias de estos autores aparecen en Merrill
(1947: 83 – 86).
De Gortari, Elí. 1957, 1ª. ed. La Ciencia en la Reforma. Centenario de la Constitución de 1857. Centro de
Estudios Filosóficos. UNAM. Dirección General. de Publicaciones: 1 – 89 pp + un índice. México.
De Jussieu, Antonio Lorenzo. 1778 – 1789. Genera
Plantarum secundum ordines naturales disposita. Paris. Facsímile reprint 1964 Cramer – Weinheim, N. Y.
(With an Introduction by Frans A. Stafleu). Cuando

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

consulté esta obra clásica, estaba en la preparación de
mi tesis doctoral en Boston sobre los ‘palos amarillos’
o “barberries”(les vinetiers o épine-vinettes) del género Berberis, pág. 286 en Jusssieu. Por cierto Gonzalitos sólo menciona Berberis fasciculata Sims (Ordo:
XVIII “Berberides”) en su ‘Catálogo’, con traducción a
“Berberideas” para la familia. En parte del siglo XIX se
usaban como equivalentes “ orden natural ” y
“familia”. Él prefirió usar esta última, como hoy en día,
si bien la terminación formal de esta categoría (sufijo)
es “aceas” (español) y “aceae” (latín).
Del Paso y Troncoso, Francisco. 1886. Estudio sobre
la historia de la medicina en México. 1er. estudio: La
Botánica entre los Náhuas. Anales del Museo Nacional
de México 1ª. Época 3: 140 – 235. México. (In Maldonado-Koerdell 1943: Bibliografía mexicana de Historia
Natural, Revista Sociedad Mexicana de Historia Natural vol. 4 (Nos. 1 – 2): 73 – 81. México.
Del Pozo, Efrén C. 1974. El Instituto Médico Nacional. Anales de la Sociedad Mexicana de Historia de la
Ciencia y de la Tecnología No. 4: 145 – 160. México.
Duchartre, Pierre Etienne. 1877. Éléments de Botanique: L’Anatomie, L’Organographie, La Physiologie des
plantes, Les Familles Naturelles et La Géographie botanique. Deuxiéme ed. revue et augmentée. Librairie
J.-Bailliére et Fils. Paris. 1272 pp.
Fernández del Castillo, Francisco. 1961. Historia bibliográfica del Instituto Médico Nacional (antecesor del
Instituto de Biología de la U.N.A.M.). Imprenta Universitaria. México.
García-Elizondo, Dora Lilia. 2007. Identificación y evaluación de metabolitos secundarios con actividad biológica de tres especies del género Piper L.
(Piperaceae). Tesis doctoral. Facultad de Ciencias Biológicas, UANL. Monterrey. 103 pp. Noviembre. Ver. el
Apéndice ‘E’ pp 98 – 103 del tema: “Ética de la Etnobotánica”.
García-Purón, Juan. 1901. Libro primero de Botánica
(reino vegetal). Obra de texto para un Curso de Historia Natural (en español); 15ª. ed. ilustrada (los derechos de autor datan de 1887). D. Appleton &amp; Cía. Libreros-Editores. Nueva York. 240 pp.
Garrison, Fielding H. 1966 (de la original 1929). Historia de la Medicina, con Cronología Médica y datos bibliográficos. 4ª. ed. en español. Editorial Interamericana, S. A. 664 pp.
Garza-Ocañas, Fortunato (ed.). 2004. Centenario del
natalicio del Dr. Eduardo Aguirre Pequeño (14 de marzo 1904 – 14 de marzo del 2004), con “Presentación”
de Garza-Ocañas. Edición conmemorativa de la Facultad de Ciencias Forestales, Unidad Linares. U.A.N.L.
101 pp.

27

�Gómez-Ortega, Casimiro. 1779. Instrucción sobre el
modo mas seguro y económico de transportar plantas
vivas por mar y tierra a los países más distantes, ilustrada con láminas. Añádese el método de desecar las
plantas para formar herbarios. Dispuesta de Orden del
Rey. Madrid. D. Joachin Ibarra Impresor de Cámara
de S. M. 70 pp.
González, J. Eleuterio. 1874 y 1876. Apuntes que pueden servir de base para la formación de la flórula de la
ciudad de Monterrey y sus inmediaciones. La Naturaleza, periódico científico de la Sociedad Mexicana de
Historia Natural. 1ª. T. III: 31 – 35; 145 – 150. México.

introducción sobre su vida y su obra. The Wellcome
Historical Medical Museum and Library. London. 121
pp., incluyendo el trabajo de Gonzalitos “Los médicos
y las enfermedades de Monterrey” de 1881.
Hemsley, William Botting. Botany in F. Ducane Godman &amp; Osbert Salvin (1879 – 1888) eds. “Biologia
Centrali-Americana” vol. IV or: Contributions to the
knowledge of the fauna and flora of Mexico and Central America. London. R. H. Porter. (5 vols.).
Herrera, Alfonso L. 1921. Farmacopea LatinoAmericana. Méx. 805 pp. (según Langman 1964:
365).

------------- 1881 a. Un discurso y un catálogo de
plantas clasificadas (dirigidos a los alumnos de la Escuela de Medicina de Monterrey). Tip. del Comercio A.
Lagrange &amp; Hno. Monterrey. 45 pp.

Herrera, Teófilo, M. M. Ortega, J. L. Godínez &amp; Armando Butanda. 1998. Breve Historia de la Botánica
en México. Fondo de Cultura Económica. México. 167
pp.

------------ 1888 a. 2a. ed. Idem. Imprenta Católica.
Monterrey. 27 pp.

Ibarra-Cabrera, Silvio. 1938. José Mariano Mociño.
Biografía breve. An. Inst. Biol. Mex. 9 (Nos. 1 – 2):
255 – 262.

------------ 1881 b. Los médicos y las enfermedades
de Monterrey. Memorias del autor. Marzo 8, 1881;
obra agregada al libro de Guerra, Fco. 1968: “La vida
y la obra de Gonzalitos”. Wellcome Historical Medical
Library. London; pp. 91 - 121.
González, José Eleuterio. 1881c. Un discurso y un catálogo de plantas clasificadas. “La Naturaleza” 1ª, 5:
172-182. (según Longman 1964: 326 que anota “Se
trata de una versión abreviada o extracto del trabajo
original completo”).
------------ 1888 b. Lecciones Orales de Materia Médica y Terapéutica, dadas en la Escuela de Medicina de
Monterrey. Obra que contiene los remedios indígenas
y el uso que de ellos se hace en esta ciudad. Edición
de 164 pp. por “El Escolar Médico”, Imprenta Católica.
Edición facsimilar a cargo del Dr. Eduardo Aguirre Pequeño (1977) con motivo del XXV aniversario de la
fundación de la Facultad de Ciencias Biológicas, UANL
(el libro contiene otras obras y la “Presentación” de E.
A. P).
González-Rueda, Rogelio. 1970. Gonzalitos, el maestro. 1ª. Sesión ordinaria de la Sociedad Nuevoleonesa
de Historia y Filosofía de la Medicina. Monterrey. 9 pp.
Febrero. Reimpr. en Garza-Ocañas, F. (2004): 24 –
29. Linares.
Gray, Asa. 1864. Introduction to structural and systematic Botany, and vegetable Physiology. 5a. ed.
Rev. of the Botanical text-book. New York. Ivison,
Phinney, Blackman &amp; Co. Chicago: S. C. Griggs &amp; Co.
555 pp. Su Prefacio data de septiembre de 1857, Harvard University, Cambridge, Mass.
Guerra, Francisco. 1968. La vida y la obra de Gonzalitos. Memorias de Gonzalitos que se publican con una

28

--------------- 1938. Profesor Miguel Bustamante y
Septién. Biografía. Ibid.: 263 – 270.
Izquierdo, José Joaquín. 1949. El primer ensayo de
Farmacopea Mexicana. Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural 10: 347 – 351. Este autor tan
productivo tiene otras tres publicaciones en la materia
en 1951, 1952 y 1962 (no vistas), citadas en su Bibliografía cf. Anónimo 1974).
--------------- 1955. El Hipocratismo en México. Colección Cultura Mexicana No. 13 (con una repr. facsimilar
de las praelectiones del Dr. Montaña, seguida de su
versión castellana). Imprenta Universitaria. México.
263 pp. + Índice.
Lafuente, Antonio. 1988. Ciencia y Política durante el
reinado de Carlos III. Revista mensual “Mundo Científico” (versión castellana de “La Recherche”), No. 81
vol. 8: 642 – 649. Editorial Fontalba, S. A. Barcelona.
ISSN 0211 – 3058.
Lambert, M. 1869. Estudio sobre las aguas de diversas
localidades de México. “La Naturaleza 1ª, 1:79-80;
210-221.
Langman, Ida Kaplan. 1964. A selected guide to the
literature on the flowering plants of Mexico. University
of Pennsylvania Press. Philadelphia. 1015 pp. Las referencias sobre plantas del Dr. J. Eleuterio González
aparecen en la p. 323, comentadas ampliamente.
Lawrence, George H. M. 1951 (16 th. ed. 1971). Taxonomy of Vascular Plants. The MacMillan Co. New
York. 823 pp.
Le Maout, Emm. &amp; J. Decaisne. 1876 (2eme. ed.).
Traité général de Botanique descriptive et analytique.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�Librairie de Firmin – Didot et Cie. Paris. 766 pp.
León, Luis G. 1899. Curso elemental de Zoología. Librería Vda. de Ch. Bouret. México. 100 pp.
Lindley, John . Las referencias de este autor aparecen
en Merrill (1947: 190 – 192).
Maldonado-Koerdell, Manuel. 1964. La Commission
Scientifique du Mexique, 1864 – 1869. Memorias del
1er. Coloquio Mexicano de Historia de la Ciencia. T. I:
239 – 247. (Organizado por Soc. Mex. de Historia de
la Ciencia y la Tecnología 2 – 7 Sept. 1963). México.
Marroquín de la Fuente, Jorge Saúl. 2009. Reseña histórica de la vida y obra del Dr. Eduardo AguirrePequeño (1904 – 1988). En: Leal-Lozano, L. &amp; cols. eds.- “Eduardo Aguirre Pequeño: una vida de pasión
por la educación y la investigación”: 113 – 142. Producción: Facultad de Ciencias Biológicas. Ediciones
UANL. Monterrey.
Martín del Campo, Rafael. 1938. Nota bibliográfica.
An. Inst. Biol. Mex. 9 (Nos. 1 – 2): 277 – 278. Comenta el autor: “ Fue impresa por 2ª. vez en México
la mas bella historia que se haya escrito: la ‘Historia
general de las cosas de la Nueva España’ del preclaro
franciscano Bernardino de Sahagún y de sus colaboradores anónimos, sin duda los mas sabios entre los indígenas de su tiempo”.
------------1964. El botánico Melchor Ocampo.
Memorias del 1er. Coloquio Mexicano de Historia de la
Ciencia, 2 – 7 de Sept. de 1963. Tomo I: 221 – 237.
(Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnología).
------------1976. Consideraciones acerca de las
plantas medicinales mexicanas y su posible proyección
mundial. En: Lozoya, Xavier (ed.) “Estado actual del
conocimiento en plantas medicinales mexicanas”. Instituto Mexicano para el estudio de las plantas medicinales A. C. pp. 97 – 101. México.
Merrill, Elmer D. 1947. A botanical bibliography of the
Island of the Pacific. Contr. U. S. Nal. Herb. Vol. 30
(part I): I – V + 1 – 322 pp. Smithsonian Inst. U. S.
Nal. Museum. Washington.
Morton, A. G. 1981. History of Botanical Science.
An account of the development of botany from ancient
times to the present days. Academic Press. Printed in
Great Britain by Edmundsbury Press. Suffolk 474 pp.
Murillo, Luis. 1904. Atlas Botánico. Librería de la Vda.
de Ch. Bouret. Paris; México. XVII planchas y 132 figs.
a color.
Ochoterena, Isaac. 1942. Don José Eleuterio González
(1813 – 1888). Revista “Medicina” (revista mexicana)
t. 22, año 23 (No. 424), Nov. 25, 1942, sobre el tema
“Mal del Pinto” por Eduardo Aguirre-Pequeño, quien

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

nos facilitó el escrito de Ochoterena para efecto de
transcribirlo en “Natura” 1 (2): 11. 1956 (revista de
los alumnos de Biología, UNL), Monterrey. Luego, tomado de “Natura”, con los debidos créditos, vuelve a
publicarse en Ochoterena, Isaac (Obra Científica en
tres tomos del Colegio Nacional, en t. I) por selección
y comentarios de Ismael Ledesma-Mateos &amp; Antonio
Lazcano-Araujo, 1er. t: 497 – 498. 1ª. ed. (2000).
México. ¡Un gran gesto!
Debo aclarar que el autor de esta glosa del ‘Discurso’
y ‘Catálogo’ de Gonzalitos era director de esa revista
estudiantil “Natura”. Grata sorpresa me llevé al ver
transcrito el artículo del maestro Ochoterena, con la
cita completa, incluyendo las notas o apostillas que
redacté ¡hace 57 años! para aclarar su procedencia.
Gracias a quienes me hicieron recordar aquellos emotivos momentos. Me atrevo a pensar que hablamos el
mismo lenguaje.
Ramírez, José &amp; Gabriel Alcocer. 1902. Sinonimia vulgar y científica de las plantas mexicanas. Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento. México. 160 pp.
Richard, Achille &amp; Charles Martins. 1870. Nouveaux
Éléments de Botanique (L’Organographie, l’Anatomie,
la Physiologie végétales) et les caracteres de toutes
les familles naturelles. F. Savy, Librairie, Editeur. Paris. (La partie Cryptogamique par J. de Seynes). 663
pp.
Riquelme-Inda, Julio. 1946. Los naturalistas en la provincia. Revista de la Sociedad Mexicana de Historia
Natural 7 (1 – 4): 1 – 6
Rojas-Mendoza, Paulino. 1965. Generalidades sobre la
vegetación del Estado de Nuevo León y datos acerca
de su flora. Tesis doctoral. Fac. de Ciencias. UNAM.
124 pp + Indice de materias y un apéndice con lista
de taxa. México.
Ruiz-Castañeda, Maximiliano. 1964. Comentarios al
trabajo de Varela (1964: 343); ver Varela (1964).
Ruiz-Naufal, Víctor M. &amp; Arturo Gálvez-Medrano. 1982.
La Historia de la Medicina en México; dentro de la historiografía médica mexicana (1ª. Parte). El Sol de San
Luis (Suplemento). Domingo 15 de agosto, 1982: 3 –
6. San Luis Potosí.
Rzedowski, Jerzy &amp; Rogers McVaugh. 1966. La vegetación de Nueva Galicia. Contributions of the University of. Michigan Herbarium Vol. 9 (1): 1 – 123, 28 figs.
In text, map. Ann Arbor. La enumeración de los taxa
aparece en arreglo sistemático de familias.
Rzedowski, Jerzy, Graciela Calderón de Rzedowski &amp;
Armando Butanda. 2009. Los principales colectores de
plantas activos en México entre 1700 y 1930. Instituto
de Ecología A. C.: Centro Regional del Bajío; y Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Bio-

29

�diversidad (CONABIO). Pátzcuaro, Mich. 133 pp.
Salinas-Cantú, Hernán. 1970. La medicina en Nuevo
León del siglo XIX. (no vista).
------------- 1988. Semblanza del Dr. José Eleuterio
González, fundador del Hospital Civil y la Escuela de
Medicina de Monterrey. CRIDS y Universidad Autónoma de Nuevo León. 25 pp.
------------- s/f. Juárez y sus Médicos: la última jornada. Copia incompleta de un Suplemento de “El Porvenir”. Monterrey., con un agregado: “Doctrinas científicas (médicas) de la época”. Se habla de los médicos
de cabecera del Presidente Juárez: Gabino Barreda
(1824 – 1881); Rafael Lucio (1819 – 1886) y don Ignacio Alvarado (1829 – 1904).
Siller-Rodríguez, Guillermo. 1970. El Dr. José Eleuterio
González: su vida y su obra: el humanista. 1ª. Sesión
ordinaria de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia y
Filosofía de la Medicina. Monterrey. 9 pp. Febrero.
Reimpr. en Garza-Ocañas, F. (ed.) 2004: 30 – 33. Linares.
Stafleu, Frans A. 1971. Linnaeus and the Linnaeans.
The spreading of their ideas in systematic Botany.
1735 – 1789. The International Association of plant
Taxonomy. Publ. by A. Oosthoek’s Utrecht. 386 pp.
Stearn, William T. 1966. (2d. reimpr. 1967). Botanical
Latin. History, grammar, syntax, terminology and vocabulary. Nelson. R. &amp; R. Clark Ltd., Edinburg. Great
Britain.
Tapia- Méndez, Aureliano. 1976. José Eleuterio González. Benemérito de Nuevo León. Editorial Libros de
México. S. A. y Patronato Universitario, UANL. 186 pp
+ Indice. Ejemplar No. 4306 de un tiraje de 5,000.
México, D. F. En esta biografía también aparece la bibliografía completa del Benemérito de Nuevo León, dividida en vertientes para totalizar 49 referencias (cf.
Guerra 1968).
Torrey, J. &amp; Asa Gray. 1838 – 1840. Flora of
America. ( no consultada).

North

Trabulse, Elías. 1983. (Del Centro de Estudios Históricos del Colegio de México). Historia de la ciencia en
México. Estudios y textos. Colaboradores del t. I: Susana Alcántara, Mercedes Alonso, fotogrs. Ignacio Urquiza. CONACYT – Fondo de Cultura Económica. Los
siglos XVI y XVII, la medicina pp 42 – 45; la Botánica
y la Zoología pp 45 – 50; siglo XVIII: la medicina pp
75 – 86; la Botánica y la Zoología pp 86 – 101; siglo
XIX: Ciencias Biológicas pp 175 – 187, la medicina pp
187 – 190. Hay otros capítulos amplios v. gr. “Los
productos naturales de América y la terapéutica” pp
257 – 316.
------------

30

1983. Historia de la Ciencia en México.

Estudios y textos. CONACYT y FCE. México 461 pp. +
un índice.
------------ 1994. (2ª. Reimpr. 2005). Historia de la
Ciencia en México, Versión abreviada. CONACYT y
FCE. 542 pp.
------------ 2006. 2ª. Ed. La ciencia en el siglo XIX.
FCE. Colección “Biblioteca Universitaria de bolsillo”.
México 299 pp.
Urbina, Manuel. 1897. Catálogo de Plantas mexicanas
(fanerógamas). Museo Nacional de México. 487 pp.
Varela, Gerardo. 1964. Datos para la historia del tifo
exantemático en México. En: E. Beltrán (ed.): Memorias del 1er. Coloquio Mexicano de la Historia de la
Ciencia (Soc. Mex. Historia de la Ciencia y la Tecnología), del 2 – 7 Sept. 1963, Tomo I: 335 – 348.
Varios autores. 1894. Datos para la Materia Médica
Mexicana. 1ª. Parte. Instituto Médico Nacional. Secretaría de Fomento (Oficina tipográfica). 431 pp. +
Apéndice: “Datos para el estudio de las aguas minerales de los Estados Unidos Mexicanos” pp. 433 – 515 +
Indice general y firma el doctor José Terrés, responsable de la edición, mas una ‘Advertencia’. Los estados que enviaron información, en el orden en que
aparecen son: Nuevo León, Michoacán, Zacatecas,
Puebla, Distrito Federal, Jalisco y Morelos.
Villarreal-Quintanilla, José Angel &amp; Eduardo Estrada
Castillón. 2008. Flora de Nuevo León. Listados Florísticos de México. XXIV. Universidad Nacional Autónoma
de México. Instituto de Biología. 153 pp. México. (Se
sigue el arreglo sistemático por familias en orden alfabético).
Voss, E. G. (Chairman) &amp; co-eds. 1983. International
Code of Botanical Nomenclature. Adopted by the 13
th. International Botanical Congress, Sydney. August
1981. Regnum Vegetabile, series of publications. International Association for Plant Taxonomy vol. 111.
1983. XV, 472 pp. Utrecht.
Walker, Egbert H. 1947. A subject Index to Elmer D.
Merrill’s “A botanical bibliography of the Islands of
the Pacific”. Contr. U. S. Nal. Herb. Vol. 30 (part I):
323 – 404. Smithsonian Inst. U. S. Nal. Museum.
Washington.
Watson, Sereno. 1882 – 1883. List of plants from
southwestern Texas and northern Mexico. Proc. Am.
Acad. Arts and Sci. 17: 315 – 361, 1882; 18: 96 –
183, 190 – 191, 1883. Traducción por Manuel Urbina:
“Catálogo de las plantas del norte de México y
sudoeste de Texas”, in “La Naturaleza” 6: 152 – 170,
221 – 244, 1883. De acuerdo con Langman (1964:
792), se trata de plantas colectadas principalmente
por el Dr. Edward Palmer entre 1879 y 1880. La parte
I: Polypetalae (Ibid.) Tomo VI: 152 – 170.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

�Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

31

�AGENDA BOTÁNICA
Congreso Internacional Inocuidad Alimentaria 2013
FECHA: 2 al 4 de Octubre, 2013
LUGAR: Biblioteca Magna Universitaria Raúl Rangel Frías,
UANL
www.microbiosymas.com, norma@microbiosymas.com
Congreso Internacional de Investigación y Formación
Docente con el lema: “La ciencia y la docencia en la
revolución tecnológica para la formación integral”
que se llevará a cabo, bajo el aval del Consejo Mundial de
Académicos Universitarios COMAU
FECHA: 16 al 18 de octubre, 2013
LUGAR: Ciudad Obregón, Sonora.
www.ciifod.org
XIX Congreso Mexicano de Botánica
FECHA: 20 al 25 de Octubre, 2013
LUGAR: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
http://congresobotanica2013.unicach.mx/
Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología
FECHA: 21 al 25 de octubre, 2013
organiza CONACYT en conjunto con el Instituto de Innovación y Transferencia de Tecnología (I2T2)
odette.sotog@uanl.mx
VI Reunión Nacional del Orégano y otras Aromáticas
y I Congreso Internacional y IX Nacional sobre Recursos Bióticos de Zonas Áridas.
FECHA: 23 al 25 de Octubre, 2013
LUGAR: Bermejillo, Durango (URUZA, Universidad Autónoma Chapingo)
congresorebiza@gmail.com, Dr. Aurelio Pedroza Sandoval
(apedroza@chapingo.uruza.edu.mx) Tel. 088727760160
IV Congreso Internacional de Cambio Climático y
Desarrollo Sostenible
FECHA: 6 al 8 de Noviembre, 2013
LUGAR: Monterrey, N. L.
porfi_bagzz@yahoo.com.mx
http://www.fcb.uanl.mx/ivciccdss
Primer Congreso Nacional de Turismo Rural
FECHA: 6 al 9 de noviembre, 2013
LUGAR: Campus Córdoba del Colegio de Postgraduados, en
el Estado de Veracruz, México.
www.turismodenaturaleza.mx
3er. Congreso Internacional de Conservación Fúngica
FECHA: 11 al 15 de Noviembre, 2013
LUGAR: Mugla, Turquía
http://www.fungal-conservation.org/icfc3/index.htm
North American Mycological Society (NAMA) 2013
Foray
FECHA: 24 al 27 de Octubre, 2013
LUGAR: Shepherd of the Ozarks, Arkansas
http://www.namyco.org/events/index.html

32

Contenido
EDITORIAL……...…………………..………………………………..…………….2
INTRODUCCIÓN……………………...………………………………………...3
ANTECEDENTES……………………………………………………….…...3
LA PROYECCIÓN DE GONZALITOS………………………….……...6
SU PRODUCCIÓN EDITORIAL…………………………………...…...9
LOS ALCANCES DE SU VIDA Y SU OBRA………………………..12

EL DISCURSO SOBRE LA BOTÁNICA…………..………………….14
NOTA ACLARATORIA……………………………………………..…...14
EL EDUCADOR: OPÚSCULOS, DISCURSOS Y TEXTOS.......14
EL DESENVOLVIMIENTO DE LA BOTÁNICA………….……….15
GONZALITOS JUSTO …………………………………….…………....16

EL CATÁLOGO DE PLANTAS CLASIFICADAS…….…………..17
PLANTEAMIENTOS…………………………………….………………..17
ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE SU VISIÓN ………………..17
USO DE LOS TÉRMINOS y ARREGLO SISTEMÁTICO……..19
NOTAS ACERCA DEL `CATÁLOGO´………………………………..20

DISCUSIÓN…………………………………………………...…………………..23
AGRADECIMIENTOS………………..……...……………………………...25
BIBLIOGRAFÍA ANOTADA.………..………..……………..………….26
POSTER 9a. JORNADA DE ACTIVIDADES
BOTÁNICAS/2º SIMPOSIO DE USO DE RECURSOS
VEGETALES DEL NORESTE DE MÉXICO ……………….…...31
AGENDA BOTÁNICA….………...…...……...………….…………………32

Imagen Portada: José Eleuterio González “Gonzalitos” (1813-1888). Óleo sobre tela 86 x 73 cm de F. Sánchez. Colección Museo Historia Mexicana. Sala 1
Museo del Palacio de Gobierno del estado de Nuevo León.

Planta Año 8 No. 16, Octubre 2013

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                <text>Planta es una revista de divulgación científica enfocada a la difusión del conocimiento botánico en todas sus ramas, especialmente, el que es generado en nuestra región. Incluye, entre otras, las secciones Editorial, Personajes de la botánica, Conoce tu flora, Flora amenazada, Etnobotánica, Flora urbana, Desarrollo sustentable y Agenda botánica; además de artículos de investigación inéditos o revisiones bibliográficas sobre una amplia variedad de tópicos relacionados con el estudio de las plantas. Inició en el 2005, su periodicidad es semestral y sigue activa.</text>
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              <text>Planta es una revista de divulgación científica enfocada a la difusión del conocimiento botánico en todas sus ramas, especialmente, el que es generado en nuestra región. Incluye, entre otras, las secciones Editorial, Personajes de la botánica, Conoce tu flora, Flora amenazada, Etnobotánica, Flora urbana, Desarrollo sustentable y Agenda botánica; además de artículos de investigación inéditos o revisiones bibliográficas sobre una amplia variedad de tópicos relacionados con el estudio de las plantas. Inició en el 2005, su periodicidad es semestral y sigue activa.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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