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                  <text>��eolecci6n 11 R I EL
APULEYO

ffIsroa,n DE PSIQUIS YCUPIDO
( Tm,i11cíd.z dd /11Jl11 por Die,,.l{I) Lóju~ d~ Cort~g,m,1)

•·•LtO'TCCA CENTRAL
U. A. N. L

SAN JOSE DE COSTA RICA , C. A.
Imprenta Grefta a

1

�APRECIACIONES.

1lbril de 1915

--~ _____________
.J •

_____

TS.3:&gt; A=93TOt.J
__-;.;_
..J .14 .&gt;.
.u

~

Nació Apuleyo en Madaurfl (A
frica), el año 114 de Cristo. Estudió en Cartago y viajó luego por
Oriente, Grecia e Italia, desde los
quince hasta los veinticinco años.
Casó en Oea con Pudentilla, madre
de un su amigo, cuya familia, enemistada con A pule yo, entabló contra él un proceso, acusándole, entre otros crímenes, del de magia.
Salió vencedor Apuleyo y se estableció en Cartago, donde vivió has ta su muerte, acaecida por los años de 185 a 190, consagrado al
estudio y a la oratoria, en la cual
Jleg6 a adquirir fama extraordinaria. Consta que tradujo al latín el
Phedon de Platón, pero esta y
otras muchas obras suyas se han

�4

APRECI.ACIOXES

perdido, habiendo llegado a nosotros solamente los once libros de
las Metamorfosis (o El Asno de Oro), los cuatro de las Floridas,
el opúscuJo Del Dios de 86crates,
los tres libros De la doctrina de
·P lat6n, el tratado De.l jjfundo y la
.Apología ante Glaudio jjfáximo.

. La obra de Apuleyo quA a nosotros por ab-:J ra nos interesa, son
las Jr/etarno1'fosis o El Asno de Oro,
escrito por el añ,1 184 seis después de la muerte de. Luciano de
Samósata.
Las iJ,fetamorfosis no son obra
enteramente original, sino que están inspiradas en el opúsculo: Lu •
cío o El Asno, atribuícl o a Luciano, el cual a sn vez reprodujo, según Focio, las 1Jletam01'fosis de Lucio de Patras (si es que éste es
fl ~terior a Luciano ), obra hoy perdida. Apuleyo amplifica esos mo-

APRECUCIO~ES

5

delos, escribiendo un libro de mero entretenimiento, donde combina varias fábulas milesias para formar el argumento.
Uno de los episodios de la obra de A pu ley o es la historia de
Ps1¡clie,que una vieja, ama de gobie0rno de cierta cuadrilla de ladrones (incidente imitado en el Gil
Blas de Santiliana), refiere a una
joven, de quien se han apoderado,
para distraerla. "Mezcla abigarrada de cuentos milesios, casos
trágicos, historias de hechicerías y
mitoil filosóficos, El Asno de Oro,
que como novela de aventuras es·
tá llena de interés y de gracia, es,
sin duda, el tipo más completo de
la novela antigua, y nos deleitaría
hoy tanto como a los lectores del
siglo II, si estuviese escrita con
más llaneza de estilo y no en aquella manera decadente, violenta

�6

7

il'R ECU.CIOXES

.APRECIACIOh"ES

y afectada, llena de intolerables
arcaísmos y grecismos, de frases

ger en sus viajes por Oriente y por
Grecia.

simili-cadentes, de palabras compuestas o torcidas de su natural
sentido, de metáforas y catacreses
~onstruosas, de diminutivos pueriles y de todo género de aliños indecorosos a la grave majestad de
la lengua latina.'' •
La fábula de Psiquis no consta en el Luci·o de Luciano. Apuleyo es el único escritor de la antigüedad clásica que nos la trasmite.
¿ Quiere decir esto que sea obra original suya ? Algunos lo han creído así. Nosotros pensamos, por el
contrario, que se trata de algunos
de esos mitos filosóficos a que tan
aficionados eran los platóuicos (recuérdese el de Rr el Armenio eo
el últ.imo libro de la Repüblica de
Platón) y que Apuleyo pudo reco• M. Menéndez y Pelayo: 01/gems de la .Vovd.i. Madrid, Bailly-Balliérc, 1905. Pag. XIV

... El Asno de Oro de Apuleyo bellamente traducido del latín
al' castellano en 1513 por Diego
López de Cortegana, Arc~diano de
Sevilla y fervoroso erasmista.

A.

BONILLA y SAN MARTIN

( El Mito de Psyquis.)

La obra qne inmortalizará el
nombre de Apuleyo, es la novela
en once libros en que ha desarrollado el asunto que Luciano tan vivamente esquició, las tribulaciones
de un asno q ne ha sido hombre~ Y
que concluye por recuperar su dignidad de bípedo. Las Metamo1'fosis por otro nombre El Asno de Oro' son un cuadro completo de la
vida y de la sociedad e~ el siglo
segundo de nuestra era; ciertamente que no es un cuadro de mano

�8

A PREGIACIONES

maestra, 'aun cuando está pintado
con cierta fuga meridional y con
alguna gracia Y. espiritual jovialidad. Algunas de las figuras presentadas por Apuleyo son muy gracia·
sas. Algunos de sus cuentos son
muy buenos, a pesar del execrable
procedimiento estilístico que le sir
ve para echar a perder de continuo
las mejores ideas y las mejores sentencias. No me refiero a los cuentos en que la gracia va mezclada
con la deshonestidad, sino a aquellos que todos pueden leer, y de
los que se han acor.dado Cervantes
y otros autores modernos. E:1 las
.1lletamo1fosis hay algo mejor que
los buenos cuentos: el mito de Psiquis, una de las maravillas de la
imaginación antigua. Es claro que
Apuleyo no inventó ese mito; pero
lo cuenta con soltura y gracia, y
hasta con una especie de relativa
sencillez. Por el asunto y aun por

IPHF.l ' IA( ' IOXES

9

el estilo, son incontestablemente
los mejores de su obra los capítulos en que relata las aventuras de
la amante de Cupido. A La Fontaine le bastó sustituir la gracia de
Apuleyo con algo de su poesía y de
su natural ingenuo, para hacer una
obra maestra de la ·narración del
escritor de Madaura. Por más que
sea africano; cuando se ha tenido
la fortuna de A puleyo con su Psiquis, no se puede morir, porque
se deja una obra y un nombre.
ALEJO PIERRON
( /li,foire dt l., Littmzture Rom,,í11t.)

Pero colocada como uno de los
episodios en la narración principal-una verdadera joya en medio
de sus mofas, su tosca aunque genuina humanidad, sus burlescos
horrores, aparece la historia de
Cupido y Psiquis, llena de brillantes y animados pasajes-speciosa

�10

APllECUCió:&amp;ES

locis-y copiosa en hermosos y visibles vuelos de la fantasía (le parece a uno ver y tocar el cabello de
oro, las frescas flores, las preciosas obras de arte) pero llena también de un idealismo gentil, de modo que puede considerarse, si se
quiere, como· una alegoría. Con
una concentración de sus más finos
dones literarios, A puleyo hn recogido en ella la esencia imponderable de muchos deliciosos cuentos
viejos.

vVALTER p ATER.
( ,)f,ll'ius //,e Epimremt)

HISTORIA DE PSIQUIS Y CUPIDO *
Eranse en una ciudad un rey y una reina, y tenían tres hijas muy hermosas, de
las cuales dos de las mayores, como quier
que eran hermosas y bien dispuestas,
podían ser alabadas por loores de hombres, pero la más pequeña, era tanta su
hermosura, que no bastan palabras humanas para poder expresar ni suficientemente alabar su belleza. Muchos de
otros reinos y ciudad.es, a los cuales la
fama de su hermosura juntaba, espantados con admiración de su tan grande
hermosura, donde otra doncella no podía llegar, poniendo sus manos a la boca
y los dedos estendidos, así como a la
diosa Venus con sus religiosas adoraciones la honraban y adoraban.
Ya la fama corría por todas las ciuda• Libros IV, V y VI de las .lfet,1111orfasis de Apuleyo .
Tr~ducción de D iego López de Cortegana, con algunas
vanantes.

�12

.APULEYO

l'SIQUIS Y CtIPfDO

des y regiones cercanas que ésta era la
diosa Venus, la cual nació en el profundo
piélago de la mar y el rocío de sus ondas
la crió. Ya decían así mismo que otra
diosa Venus, por influjo de las estrellas
del cielo, había nacido otra vez, no en la
mar pero en la tierra, conversando con
todas las gentes, adornada de flor de virginidad. De esta manera su opinión procedía de cada día,*queyala fama de ésta
era derramada por todas las islas de alderredor y en muchas provincias de la
tierra; muchos de los mortales venían de
fuengos caminos, así por la mar corno
por tierra, a ver este glorioso espectáculo que había nacido en el mundo. Ya nadie quería navegar a ver la diosa Venus,
que estaba en la ciudad de Pafo, ni tampoco a)a isla de Gnido, ni al monte Citherón, donde le solían sacrificar; sus
templos eran ya destruidos, sus sacrificios olvidados, sus ceremonias menospreciadas, sus estatuas estaban sin honra ninguna, sus aras y altares, sucias y

cubiertas de ceniza fría. A esta doncella
suplicaban todos, y debajo de vulto·~ humano adoraban la majestad de tan gran
diosa y cuando de mañana se levantaban, todos le sacrificaban con sacrificios
y manjares, como sacrificaban a la diosa
Venus. Pues cuando iba por la calle o
pasaba alguna plaza, todo el pueblo, con
flores y guirnaldas de rosas, le suplicaban y honraban.
Esta grande traslación de honras celestiales a una moza mortal, encendió
muy reciamente de ira a la verdadera
diosa Venus, y con mucho enojo meciendo la cabeza, y riñendo entre sí, dijo de
esta manera: "¡Véis aquí yo, que soy la
primera madre de la na tura de todas las
cosas; yo, que soy principio y nacimiento
de todos los elementos; yo, que soy Venus, criadora de tod as las cosas que hay
en el mundo, soy tratada en tal manera
que en la.,honra de mi majestad haya de
tener parte y ser mi aparcera una moza
mortal, y que mi nombre, formado y

• De esta ma nera su fama crecía más cada día.

Rostro, semblante.

13

�14

15

APIJLEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

puesto en el cielo, se haya de profanar en
suciedades terrenales. ¿Tengo yo de sufrir que tengan a cada duda si tengo yo
de ser adorada o esta doncella, y que haya de tener comunidad conmigo? ¿Y que
una moza que ha de morir,_ tenga mi gesto que piensen que soy yo? Según esto,
por demás me juzgó aquel pastor que
por mi gran hermosura me prefirió a tales diosas, cuyo juicio y justicia aprobó
aquel gran Júpiter. Pero ésta, quien quiera que es, que ha robado y usurpado mi
honra, no habrá placer de ello; ¡yo le haré que se arrepienta de esto y de su ilícita
hermosura!" Y luego llamó a Cupido,
aquel su hijo con alas, que es asaz temerario y osado, el cual, con sus malas costumbres, menospreciada la autoridad pública, armado con saetas y llamas de
amor, discurriendo de noche por las casas ajenas, corrompe los casamientos de
todos, y sin pena ninguna comete tantas
maldades, que cosa buena no hace. A
este, como quier que de su propia natura
él sea desvergonzado, pedigüeño y destruidor, pero, demás de esto, ella le en-

cendió más con sus palabras, y llevólo a
a quella ciudad donde estaba esta doncella que se llamaba Psicbes, y mostrósela,
diciéndole con mucho enojo, gimiendo y
cuasi llorando, toda aquella historia de
la semejanza envidiosa de su hermosura,
diciéndole en esta _m anera: "Oh hijo, yo
t e ruego, por el amor que tienes a tu madre, y por las dulces llagas de tus saetas,
y por los sabrosos fuegos de tus amores,
que tú des cumplida venganza a tu madre, y véogala contra la hermosura rebelde o contumaz de esta mujer, y sobre
t odas las otras cosas has de haber una,
la cua:1 es que esta doncella sea enamorada de muy ardiente amor de hombre de
poco y bajo estado, al cual la fortuna no
dió djgnidad de estado, ni patrimonio, ni
salud. Y sea tan bajo, que en todo el
mundo no halle otro semejante a su miseria.
Después que Venus hubo hablado esto,
besó y abrazó a su hijo, y fuese a la ribera de un río que estaba cerca, donde con
sus pies hermosos holló el rocío de las
ondas ·de aquel río, y de allí se fue a la

�16

APl'LEYO

mar, adonde todas las ninfas de la mar
le vinieron a servir y hacer lo que ella
qaería, como si· otro día antes se lo hubiese mandado. Allí vinieron las hijas de
Nereo cantando, y el dios Neptuno, con
su áspera barba del agua de la mar, y
con su mujer Salicia, y Palemón, que es
guiador del delfín. Pues las compañas de
los Tritones, saltando por la mar, unos
tocan trompetas, otros traían un palio
de seda, porque el sol su enemigo no le
tocase, otro pone el espejo delante los
ojos de la señora. De esta manera, nadando con sus carros por la mar, todo
este ejército acompañó a Venus basta el
mar océano.
Entre tanto, la doncella Psiches, con
su hermosura sola para sí, ningún fruto
recibía de ella. Todos la miraba n y todos
la alababan, pero ninguno que fuese rey
ni de sangre real, ni aun siquiera del pueblo la llegó a pedir, diciendo que se quería casa..r con ella. Maravilláb a nse de ver
sn divina hermosura , pero maravillában·
se como quien ve una estatua pulidamen·
te fabricada. Las dos hermanas mayores,

P SIQUIS Y CUPIDO

17

porque eran templadamente hermosas,
no eran tanto divulgadas por los pueblos, y habían sido desposadas con dos
reyes que las pidieron en casamiento, con
los cuales ya estaban casadas y con buena ventura apartadas en su casa. Mas
esta doncella Psiches, &lt;!Staba en casa del
padre llorando su soledad, :,:.siendo virgen , era viuda, por la cual causa estaba
enferma en el cuerpo y llagada en el corazón. Aborrecía en sí su hermosura, como quier que a todas las gentes pareciese

bien.
El mezquino* padre de esta desventura.da hija, sospechando que alguna ira Y
odio de los dioses celestiales hubiese contra ella, acordó de consultar el oráculo
antiguo del dios Apolo, que estaba en la
ciudad de Milesia, y con sus sacrificios Y
ofrendas suplicó a aquel dios que diese
casa y marido a la triste de su hija. A polo, como quier que era griego y de nación
jonia, por razón del que había fundado
aquella ciudad de Milesia, pero respon- .D -;;sdichado . El mismo sentido tiene esta palabra
todas las veces que se usa tn este cuento.

�18 .

1':-IQUJI'; Y C{TPll&gt;O

Ál'ULEYO

dió en latín estas palabras: "Pondrás esta moza, adornada de todo aparato de
llanto y luto, como para enterrarla, en
una piedra de una alta montaña, y déjala allí. No esperes yerno que sea nacido
de linaje mortal, mas espéralo fiero y
cruel, y venenoso como serpiente, el cual,
volando con sus alas, fatiga todas las
cosas sobre los cielos, y con sus saetas y
llamas doma y enflaquece tQdas las cosas, al cual el mismo dios Júpiter terne y
todos los otros dioses ~e espantan, los
ríos y lagos del infierno le temen."
El rey, que siempre fue próspero y favorecido, como oyó este vaticinio y respuesta de su pregunta, triste y de mala
gana tora6sc para tras a su casa. El
cual dijo y manifestó a su mujer el mandamiento que el dios Apolo había dado
a su desdichada suerte, por lo cual llorararon y plantearon* algunos días. En
esto ya se llegaba el tiempo que habían
de poner en efecto lo que Apolo mandaba, de manera que comenzaron a apare•

Lloraron, sollozaron, gimieron.

19

jar todo lo que la doncella había menester para sus mortales bodas. Encendieron
la lumbre de las hachas negras con hollín
y ceniza, y los instrumentos músicos de
las bodas se mudaron en lloro y amargura, los cantares alegres en luto y lloro;
y la doncella que se había de casar, _se
limpia las lágrimas con el velo de alegnaDe manera que el triste hado de esta casa hacía llorar a toda la ciudad. La cual,
como se suele hacer en lloro público,
mandó alzar todos los oficios, y que no
hubiese juicio ni juzgado.
El padre, por la necesidad que tenía de
cumplir lo que Apolo había _mandad~,
procuraba de llevar la mezquina de Pstches a la pena que le estaba profetizada.
Así que, acabada la solemnidad de aquel
triste y a margo casamiento, con grandes
lloros ,•ioo todo el pueblo a acomp1:1ñar
a esta desdichada, que parecía que la llevaban viva a enterrar y que éstas no
rran sus bodas, mas sus exequias. _Los
tristes del padre y la madre, conmovidos
de tanto mal, procuraban cuanto podían
de alargar el negocio y la hija comenzó-

�20

21

APULEYO

PSIQUIS Y CU PIDO

les a decir y amonestar de esta manera:
"¿Por qué, señores, atormentáis vuestra
vejez con tan continuo llorar? ¿Por qué
fatigáis vuestro espíritu, que más es mío
que vuestro, con tantos aullidos? ¿Por
qué ensuciáis esas caras que yo tengo de
honrar, con lágrimas que poco aprovechan? ¿Por qué rompéis en vuestros ojos
los míos? ¿Por qué arrancáis vuestras
canas? ¿Por qué apuñeáis vuestros santos pechos? ¡Este será el premio y galardón claro y egregio de mi hermosura!
Vosotros estáis heridos mortalmente de
la envidia, y sentís tarde el daño. Cuando las gentes y los pueblos nos honraban
y celebraban con divinos honores, cuando todos a una voz me llamaban la. nueva diosa Venus, entonces os había de doler y llorar, entonces me habíais ya de
tener por muerta. Ahora veo y siento
que sólo este nombre de Venus ha sido
causa de mi muerte. Llevadme ya y dejadme ya en aquel risco donde A polo
mandó. ¡Ya yo querría haber acabadq
estas bodas tan dichosas! ¡Ya deseo ver
a aquel mi generoso marido! ¿Por 'qué

tengo yo de detener aquel que es nacido
para destrucción de todo el mundo?"
Acabado de hablar esto, la doncella
calló, y como ya venía todo el pueblo
para acompañarle, lanzóse en medio de
ellos y fueron su camino a aquel lugar
donde estaba un risco muy alto, encima
de aquel monte, encima del cual pusieron la doncella y allí la dejaron, dejando
así mismo con ella las hachas de las bodas que delante de ella llevaban ardiendo, apagadas con sus lágrimas: y, abajadas las cabezas, tornáronse a sus casas.
Los mezquinos de sus padres, fatigados
de tanta pena, encerráronse en su casa,
y cerradas las ventanas, se pusieron
en tinieblas perpetuas. Estand-:&gt; Psiches
muy temerosa llorando encima de aquella peña, vino un manso viento de cierzo,
y como quien estiende las alas, la tomó
en su regazo; así, poco a poco, muy mansamente la llevó por aquel valle abajo y
la puso en un prado muy verde y hermoso de flores y hierbas, donde la dejó, que
parecía que no le había tocado.

�22

APULEYO

* * *
Psiches, estando acostada suavemente
en aquel hermoso prado de flores y rosas,
alivióse de la pena que en su corazón tenía, y oomen:'.Ó dulcemente a dormir.
Después que suficientemente hubo descansado, levantóse alegre, y vió allí cerca una floresta de muy grandes y hermosos árboles, y vió así mismo una fuente
muy clara y aplacible.* En medio de
aquella floresta, cerca de la fuente, estaba una casa real, la cual parecía no ser
edificada por manos de hombres, sino
por manos divinas; a la entrada de la
casa estaba un palacio tan rico y hermoso, que parecía ser morada de a lgún dios,
porque el zaquizamí y cobertura era de
madera de cedro y de un marfil maravillosamente labrado, las columnas eran
de oro, y todas las paredes cubiertas de
plata, en la cual estaban esculpidos bestiones y animales, que parecía que arremetían a los que allí entraban . Maravilloso cierto hombre fue el que tanta arte
• Agradable.

PSIQUIS Y CUPIDO

23

sabía, y pienso que fuese medio dios, y
aun creo que fuese dios el que con tanta
sutilidad y arte hizo de la plata estas
bestias fieras. Pues el pavimento del palac:o, todo era de piedras preciosas de
diversos colores, labradas muy menudamente como obra mosaica. De doude se
puede decir una vez y muchas, que bienaventurados son aquellos que huellan sobre oro y piedras preciosas; ya las otras
piezas de la casa muy grandes y anchas,
y preciosas sin precio. Todas las paredes
estaban enforradas en oro, tanto resplandeciente, que ella hacía día y luz a sí
misma, aun.que el sol no quisiese. Y de
esta manera resplandecían las cámaras y
los portales y corredores, y las puertas
de toda la casa. No menos respondían a
la majestad de la casa todas las otras
cosas que en ella había, por donde se podía muy bien juzgar que Júpiter hubiese
fundado este palacio para la conversación humana.
Psicbes, convidada con la hermosura
de tal lugar, llegóse acerca, y con una
poca de más osadía entró por el umbral

�24

25

Al'rl,EYO

PS 1 QUTS Y CUPIDO

de la casa, y como le agradaba la hermosura de aquel edificio, entró más adelante, maravillándose de lo que veía. Y dentro en la casa vió muchos palacios y
salas perfectamente labrados, lleno~ de
grandes riquezas, que ninguna cosa había en e1 mundo que allí no estaba. Pero
sobre todo, lo que más se podría uno
allí maravillar, demás de las riquezas
'que había, era la principal y maravillosa,
que ninguna cerradura ni guarda había
allí donde estaba el tesoro de todo el
mundo.
Andªndo ella con gran placer viendo
estas cosas, oyó una voz sin cuerpo que
le decía: "¿Por qué, señora, tú te espantas de tantas riquezas? Tuyo es todo esto que aquí ves; por ende éntrate en la
cámara y ponte a descansar en la cama,
y, cuando q_uisieres, demanda agua para
bañarte, que nosotras, cuyas voces oyes,
somos tus servidoras y te serviremos en
todo lo que mandares, y no tardará el
manjar que te está aparejado para esforzar tu cuerpo."
Cuando esto oyó Psiches, ~sintió que

aquello era provisión* divina, y descansando de su fatiga, durmió un poco, y
después que despertó, levantóse y lavóse,
y viendo que la mesa estaba puesta y
aparejada para ella, fuese a !'entar, y luego vino mucha copia de diversos manjares, y así mismo un vino que se llama néctar, de que los dioses usan, lo cual todo
no parecía quien lo traía, y solamente
parecía que venía en el aire, ni tampoco
la señora podía ver a nadie, más solamente oía las voces que hablaban, y a estas solas voces tenía por servidoras. Después que hubo comido, entró un músico
y comenzó a cantar, y otro a tañer con
una vihuela, sin ser vistos. Tras de esto
comenzó a sonar un canto de muchas voces, y como quier que ningún hombre pareciese, bien se manifestaba que era coro
de muchos cantores. Acabado.este placer,
ya que era noche, Psiches se fue 2. dormir,
y despué~ de haber pasado un rato de la
noche, comenzó a dormir, y luego despertó con gran miedo y espanto, temiendo
*

l\Iandamiento, providencia.

�26

APULF.YO

en tanta soledad no le aconteciese algún
daño a su virginidad, de lo cual ella tanto mayor mal temía, cuanto más estaba
ignorante de lo que allí había, sin ver ni
conocer a nadie. Estando en este miedo,
vino el marido no conocido, y subiendo
en la cama, hizo su mujer a Psicbes, y
antes que fuese de día partióse de allí, y
luego aquellas voces vinieron a la cámara y comem;aron a curar* de la novia,
que ya era dueña. De esta manera pasó
algún tiempo sin ver a su marido, ni haber otro conocimiento. Y como es cosa
natural, la novedad y estrañeza que antes tenía, por la mucha continuación ya
se había tornado en placer, y el sonido de
la voz incierta ya le era solaz y deleite de
aquella soledad.
Entre tanto su padre y madre se envejecían en l!anto y luto continuo. La fama
de este negocio, como bahía pasado, había llegado a donde estaban las he1manas mayores casadas, las cuales, con mu•

Cuidar.

PSIQUIS Y Ct'"PIDO

'27

cha tristeza, cargadas de luto, dejaron
sus casas v vinieron a ver sus padres,

para babla.rles y consolar. Aquella misma noche, el marido habló a su mujer
Psiches, porque como quier que no lo
veía, bien lo sentía con los oidos y palpaba con las manos, y díjole de esta manera: "Oh señora, dulcísima y muy amada mujer: la cruel fortuna te amenaza
con un peligro de muerte, del cual yo
querría que te guardases con mucha cautela. Tus hermanas turbadas, pensando
que tú eres muerta, han de seguir tus pisadas y venir hasta aquel risco de donde
tú aquí viniste, y si tú por ventura oyeres sus voces y llantos, no les respondas
ni mires allá en manera ninguna, porque
si lo haces, a mí me darás mucho dolor,
pero para ti causarás un grandísimo
mal, que te será cuasi la muerte.". Ella
prometió de hacer todo lo que el mando le
mandase, y que no haría otra cosa; pero
como la noche fue pasada y el marido de
ella partido, todo aquel día la mezquin~
consumió en llantos y en lágrimas, diciendo muchas veces que ahora conocía

�28

.\ l'ULEYO

que ella era muerta y perdida, por estar
encerrada y guardada en una cárcel honesta, apartada de toda habla y conversación humana, y qae aun no podía ayudar y responder siquiera a sus hermanas,
que por su causa lloraban, ni solamente
las podía ver. De esta manera aquel día
ni quiso lavarse oi comer, ni recrear con
cosa alguna, sino llorando con muchas
lágrimas se fue a dormir.
No pasó mucho tiempo que el marido
vino más temprano que otras noches, y
acostándo¡;e en la cama, ella, aunque es.taba llorando, y abrazándola, comenz6
a reprenderla de est&lt;i. manera: "Oh mi señora Psiches: ¿esto es lo que tú me promefote? ¿Q_ué puedo yo siendo tu marido, esperar de ti, cuando el día y toda la
nccbe, y aun ahora que estás conmigo,
no dejas de llorar? Anda ya, haz lo que
quieres, y obedece a tu voluntad que te
demanda daño para ti; pero cuando tarde te arrepintieres, te recordarás de lo
que yo te be amonestado."
Entonces ella, con muchos ruegos, diciendo que si no le otorgaba lo que que-

PSIQUIS Y CUPJDO

20

ría, que ella se moriría, le sac6 por fuerza

y contra su voluntad que hiciese lo que
deseaba, que vea a sus hermanas y las
consuele y hable con ellas, y aunque todo
Jo que quisiere darles, así oro como joyas
y collares, que se lo dé. Pero muchas vel'eS le amonestó y espantó que_no consienta en e] mal consejo de sus hermanas,
ni cure de buscar ni saber el gesto y figu·
r a de su marido, porque con esta sacrílega curiosidad no caiga de tanta riqueza
y bienaventuranza como tiene, que haciéndolo de otra manera, jamás le vería
ni tocaría.
Ella dió muchas gracias al marido, y
estando ya más alegre dijo: ''Por cierto,
señor, tú sabrás que antes moriré que no
que hubiese de estar sin tu dulcísimo casamiento, porque yo, señor, te amo y
muy fuertemente, y quien quiera que eres
te quiero corno a mi ánima, y no pienso
que te puedo comparar al dios Cupido.
Pero demás de esto, señor, te ruego que
m andes a tu servidor el viento cierzo que
traioa
o a mis hermanas aquí, así como a
mí me trajo;" y diciendo esto, dábale mu-

�- 30- - - -

__

_, ,\l't;U;Yo

chos besos, y halagándolo con muchas
pal~~ras Y_ ~brazáodolo con halagos y
cancias, d1c1endo: "¡Mi dulce marido!
¡dulce ánima de tu Psiches!" y otras palabras por donde el marido fué vencido,
Y_ prom~t'.6 de hacer todo lo que ella qui.
s1ese. Vauendo ya el alba, él se desapare·
ció de sus manos.
. Las hermanas preguntaron por aquel
nsco o lugar donde habían dejado a Psiches, y luego fuéronse para allá con mucha priesa, de donde comenzaron a llorar
y dar grandes voces y aullidos, hiriéodo,
se en los pechos, tanto que a las voces
que daban, los montes y riscos sonaban
1~ que ellas decían, llamando por su propio nombre a la mezquina de su hermana. Hasta tanto que Psiches, oyendo las
vo~es que sonaban por aquel valle abaj(),
s~_l16 de casa temblando como sin seso, y
d1Jo: "¿Por qué sin causa os afligís con
tantas mezquindades* y llanto? ·Porqué
11 , •
¿
ora1s, que viva soy? Dejad esos gritos y
voces; no curéis más de llorar, pues que
•

Desdichas.

PSIQT'J$ í

C'CPIDO

31

podéis abrazar y hablar a quien lloráis."
Entonces llamó al viento cier~o, y mandóle que hiciese lo que su marido le había
mandado. El, sin más tardar, obedeciendo su mandamiento, trajo luego a sus
hermanas muy mansamente, sin fatiga
oí peligro, y, como llegaron, comenzáronse a abrazar y besar unas a otras, las
cuales, con el grao placer y gozo que hubieron, tornaron de nuevo a llorar. Psiches les dijo que entrasen en su casa alegremente y descansasen con ella de su
pena y fatiga. Después que así les hubo
hablado, mostr6les la casa y las grandes
riquezas de ella, y la mucha familia de
las que le servían oyéndolas solamente,
y donde las mandó lavar en un baño
muy rico y hermoso, y sentar a la me:ia,
donde había muchos manjares abundantemente. En tal manera, que la hartura
y abundancia de tantas riquezas más celestiales que humanas, criaron envidia
en RUS corazones contra ella.
Finalmente, que la una de ellas comenzó a preguntarle curiosamente y a importunarle que le dijese quién era el señor

�32

PSIQl'IS Y GCPIUO

33

.l l'l' LEYO

de aquellas riquezas celestiales, y quién era
o qué tal era su marido. Pero con todas
estas cosas nunca Psiches quebrantó el
mandamiento rie su marido, ni sacó de
su pecho e1 secreto de lo que sabía, y hablando en el negocio, fingió que era uo
mancebo hermoso y de buena disposición, que entonces le apuntaban las barbas, el cual andaba allá ocupado eo hacienda del campo y en caza de montería,
y porque en alguna palabra de las que
hablaba no se descubriese el secreto, cargólas de oro, joyas y piedras preciosas,
y llamado el viento, mandóleque lastornase a llevar de donde las había traído,
lo cual hecho, las buenas de las hermanas tornáronse a casa. Iban ardiendo
coa la hiel de la envidia gue les crecía, y
una a otra hablaba sobre ello muchas
cosas, entre las cuales la una dijo esto:
"¡Mirad ahora qué cosa es la fortuna
ciega, malvada y cruel! ¿Parécete a tí
bien que seamos todas tres hijas de un
padre y una madre, y que tengamos di•
versos estados? Nosotras, que somos
mayores que ella, seamos esclavas de

maridos advenedizos, y que vivam?s como desterradas fuera de nuestra tter_ra,
y apartadas muy lejos de la casa y remo
de nuestros padres, ¿y esta nuest~a hermana, última de todas, que nació después que nuestra madre estaba _harta de
parir, baya de poseer :antas nque7as y
tener un dios por mando, y aun cierto
ella no sabe bien usar de tanta muc~edumbre de riquezas como tiene? ¿No viste tú, hermana, cuántas cosas están en
aquella casa? ¿cuántos collares de oro,
cuántas vestiduras resplandecen, cuántas piedras preciosas relumbran? y demás de esto ¿cuánto oro se halla en_ su
casa? Por cierto, si ella tiene el mar~do
hermoso como dijo, ninguna más bienaventurada mujer vive hoy en todo el
mundo, y por ventura podrá ser que,
procediendo la continuación y ~sforzándose más la afección, siendo él d'.os, tam~
bién hará a ella diosa. Y, por cierto, as1
es que ya ella presumía y se tratab~ con
mucha altivez, que ya piensa que es ~1osa,
pues que tiene las voces por serv~doras
y manda a los vientos. Yo, mezquma, lo

�3-!

.\l't'LEYO

primero que puedo decir, ~s_que fuí c~sada con un marido más vteJo que m1 padre, y demás de esto más calv?_ que una
calabaza, y más flaco que un nmo, guardando de continuo la casa cerrada con
herrojos y cadenas."
Desde que hubo dicho esto, comenzó_ la
otra y dijo: "Pues yo sufro otro mando
CYOtoso que tiene los dedos tuertos de la
b
'
l
.gota y él corcovado, por lo cua nt~nca
tengo placer con él, fregándole_ continuo
sus dedos endurecidos como ptc~ra, con
medicinas hediondas y paños suc1os y cataplasmas, que ya tengo quema_das estas mis manos, que solían ser de~tcadas,
que cierto yo no represento oficio de,~~
mujer, mas antes uso de perso~a de f1:sico* v aun bien fatigado. Pero tu, ber'.11ana, paréceme que sufres esto co~ ánimo
paciente, y aun mejor podría decir qu_e es
de sierva , porque ya libremente te_qu1ero
decir lo que siento. Mas yo en ning~na
manera puedo ya sufrir que tanta bien·
a venturanza haya caído en persona tan
• )'.!fdico.

_ _____
P_S'l_Q_U_Js_'_)_'_C_l_ºP_I_D_o _ _ _ 35

indigna. ¿No te recuerdas cuán soberbiamente y con cuánta arrogancia se hubo
con nosotras, que las cosas que nos mos!ró con aq~ella alabanza como gran senora, mamfestó bien su corazón hinchado, y de tantas riquezas corno allí tenía
nos alanzó esto poquito por ahí contra
su voluntad, y pensándole con nosotras
luego nos mandó echar de allí con su~
silb_os de_I viento? Pues no me tenga por
rnuJer, nt nunca yo viva, si no la hago
lanzar de tantas riquezas. Finalmente
que si esta injuria te toca a tí, como c~
razón, tomemos ambas un buen consejo,
Y estas cosas que llevarnos no las mostremos a nuestros padres ni a nadie ni
digamos cosa alguna de su salud; ha~to
nos basta lo que nosotras vimos, de lo
cu_al nos pesa de haberlo visto, y no publ,quernos a nadie tanta felicidad suya,
porque no se pueden llamar bienaventurados cuyas riquezas ninguno sabe. Al
rnenos, sepa ella que nosotras no somos
sus csclava_s, rnassus hermanas mayores,
Y ahora deJemos esto y tornemcs a nuestros maridos y pobres casas, aunque

�36

.APULEYO

cierto buenas y honestas, y después, instruidas, con mayor acuerdo y consejo
tornaremos más fuertes para castigar su
so her bia."
Este mal consejo pareció muy bueno
a Jas dos malas hermanas, y escondidas
]as joyas y dones que Psiches les había
dado, toroáronse desgreñadas como que
venían llorando y rascándose ]as caras,
fingiendo de nuevo grandes llantos. En
esta manera dejaron sus padres, refrescándoles su dolor y con mucha ira, turbadas de la envidia, tornáronse para sus
casas, concertando por el camino traición y engaño, y au1;1 muerte contra su
hermana, que estaba sin culpa.
Entre tanto el marido de Psiches 1 e]
cual ella no conocía, Ja tornó amonestar
otra vezcon aquellas sus palabras de noche, diciéndole: "¿No ves cuánto peligro
te ordena la fortuna?; pues si tú de lejos,
antes que venga, no te apartas y provees, ella será contigo de cerca. Aquellas
lobas sin fe, ordenan cuando pueden contra tí muy malas asechanzas, de las cuales la suma es esta: Ellas te quieren per-

PSIQUIS Y CUPIDO

37

suadir que tú veas mi cara, la cual, como
muchas veces te he dicho, tú no la verás
más si la ves. Así que si después de esto
aquellas malas brujas vinieren armadas
con sus malignos corazones, que bien sé
que vendrán, no hables con ellas ni te
pongas a razones, y si por tu mocedad y
por el amor que les tienes, no te pudieres
sufrir, al menos de cosa que toque a tu
marido ni la oigas ni respondas a ella,
porque acrecentaremos nuestro linaje,
que aun este tu vientre niño otro niño
trae ya dentro, y si tú encubrieres este
secreto, yo te digo que será divino, y si
lo descubrieres, desde ahora te certifico
que será mortal."
Psiches, cuando esto oyó, gozóse mucho,
y hubo placer con la divina generación.
Alegrábase con la gloria de lo que había
de dar a luz, y gozándose con la dignidad de ser madre, con mucha ansia contaba los días y meses cuando entraban y
cuando salían, y como era nueva, en los
comienzos de la preñez, maravillábase de
un punto y toque tan sutil crecer en tanta abundancia su vientre. Pero aquellas

�38 ·

.APULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

furias espantables y pestíferas, ya deseaban lanzar el veneno de serpientes, y con
esta priesa aceleraban su camino por la
mar cuanto podían.
En esto el marido de nuevo tornó amonestar a Psiches de esta manera: "Ya se
te llega el último día y la caída postrimera, porque tu linaje y la sangre tu
enemiga ya ha ·tomado armas contra_
ti, y mueve su real y compone sus batalias, y hace tocar las trompetas, y, diciéndolo más claro, las malvadas de tus
hermanas, con la espada sacada, te quieren degollar. ¡Oh cuántas fatigas nos
atormentan por eso! tú, muy dulce señora, ten misericordia de ti y de mí, y con
grande continencia callando lo que te he
dicho, libra a tu casa y marido y este
nuestro hijo de la caída de la fortuna que
te amenaza, y a estas falsas y engañosas
mujeres, las cuales según el odio mortal
te tienen y el vínculo de la hermandad
ya está quebrantado y roto, y no te conviene llamar hermanas, ni las veas ni las
oigas, porque ellas vendrán a sentarse
encima de aquel risco como las sirenas

de la mar, y harán sonar todos estos

39

montes y valles con sus voces y llantos."
Entonces Psiches, llorando, le dijo:
''Bien sabes tú, señor, que yo no soy parlera, y ya el otro día me enseñaste la fe
que había de guardar y lo que había de
callar, así que ahora tú no verás que yo
mude la constancia y firmeza de mi ánimo; solamente te ruego que mandes otra
vez al viento que baga su oficio y que
sirva en lo que le mandare, y en lugar de
tu vista, pues me la niegas, al menos
consiente que yo goce de la vista de mis
hermanas; esto, señor, te suplico por estos tus cabellos lucidos y olorosos, y por
este tu rostro semejante al mío, y por el
amor que te tengo, aunque no te conozco
de vista. Así conozca yo tu cara en este
niño que traigo en el vientre, que tú, señor, concedas a mis ruegos, hacienclo que
yo gofe de ver y hablar a mis hermanas.
Y de aquí adelante no curaré más de
querer conocer tu cara, y no me curo que
las tinieblas de la noche me quiten tu
vista, pues yo tengo a ti, que eres mi
lumbre." Con estas blandas palabras,

�40

APUL~YO

abrazando a su marido y llorando, limpiaba las lágrimas con sus ca~ellos, tanto que él fue vencido y prometió de hacer
todo lo que ella quería, y luego antes que
amaneciese se partió de ella como acostumbraba.
Las hermanas, con su mal propósito,
en llegando, no curaron de ver a sus padres, sino en saliendo de las naos, derecho se foeron corriendo cuanto pudieron
a aquel risco, adonde, con el ansia que
tenían, no esperaron que el viento 1~s
ayudase, antes con temeridad y au_dac1a
se lanzaron de allí abajo. Pero el viento,
recordándose de lo que su señor le había
mandado, rccibiólas en sus alas, aunque
contra su voluntad, y púsolas muy mansamente en el suelo. Ellas, sin ninguna
tardanza, lánzanse luego en casa y van
abrazar a la que querían perder, y mi_ntiendo el nombre de hermanas, encubrieron con sus caras alegres el tesoro de su
escondido engaño, y comenzáronle a l!sonjear de esta manera: "Hermana Ps1ches, ya no eres niña como solía; ya ~os
parece que eres madre. ¿Cuánto bien

PSIQUIS Y CUPIDO

41

piensas que nos traes en este tu vientre?
¿Cuánto gozo piensas que darás a toda
tu casa? ¡Oh, cuán bienaventuradas somos nosotras que tenemos linaje en ta·ntas riquezas, que si el niño pareciere a
sus padres, como es razón, cierto él será
el dios Cupido que nacerá!" Con este
amor y afección fingido, comienzan poco
a poco a ganar la voluntad de su hermana. Ella las mandó asentar en sus sillas
para que descansasen y luego las hizo
tavar en el baño, y después de lavadas
sentáronse a la mesa, donde les fueron
dados manjares reales en abundancia, y
luego vino la música, y comenzaron a
cantar y a tañer muysuavem!'.!nte, lo cual
aunque ~o veían quien lo hacía, era tan
dulce música, que parecía cosa celestial.
Pero con todo esto no se amansaba la
maldad de las falsas mujeres, ni pudieron
tomar espacio ni holganza con todo
aquello, antes procuraban de armar su
lazo de engaños qué traían pensado. Y
comenzaron disimuladamente a meter
palabras, preguntándole qué tal era su
marido y de qué nación o ley venía. Psi-

�-12

43

J.PULBYO

PSIQUIS Y CUPIDO

ches, con su simpleza, habiéndosele olvidado lo que su marido le encomendara,
comenzó a fingir una nueva razón, diciendo que su marido era de una gran
provincia, y que era mercader que trataba grandes mercaderías, y que era hombre de más de media edad, que ya le
comenzaban a nacer canas. No tardó
mucho en esta habla que luego las cargó
de joyas y ricos dones, y mandó al viento que las llevase.
Después que el viento las puso en aquel
risco, tornáronse a casa altercando entre
sí de esta manera: "¿Qué podemos decir
d~ una tan gran mentira como nos dijo
aquella loca? Uoa vez nos dijo que era
su marido un mancebo que entonces le
apuntaban las barbas. Ahora dice que es
de más de media edad y ya tiene canas.
¿Quién puede ser aquel que en tan poco
espacio de tiempo le vino la vejez? Cierto, hermana, tú hallarás que, o esta mala hembra nos miente, o ella no conoce
quien es su marido. Y cualquier cosa de
estas que sea nos conviene que la echemos de estas rique_zas, y si por ventura

no conoce a su marido, cierto por eso se
casó ella y nos trae algún dios en· su
vientre. Y si así fuese, lo cual nunca dios
quiera que ésta oyese ser madre de niño
divino, luego me ahorcaría con una soga!
Así que tornemos a nuestros padres y ca• liémonos ésto, encubriéndolo con el mejor color que podremos."Enesta manera
inflamadas de la envidia, tornáronse a
casa y hablaron a sus padres aunque de
mala gana. Aquella noche, sin poder dormir sueño, turbadas de la pena y fatiga
que tenían, luego como amaneció, corrieron cuanto pudieron hasta el risco, de
donde con la ayuda del viento acostumbrado volaron hasta casa de Psiches; y
con unas pocas de lágrimas que por fuerza y apretando los ojos sacaron, comenzaron a hablar a su hermana de esta
manera:
"Tú piensas que eres bienaventurada y
estás muy segura y sin cuidado, no sabiendo cuanto mal y peligro tienes; pero
nosotras, que con gran cuidado velamos
sobre lo que te cumple, mucho somos fatigadas con tu daño, porque has de sa-

�44

Xl'ULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

ber que hemos hallado por verdad que este tu marido que se echa contigo, es una
serpiente grande y venenosa, lo cual con
el do1or-y pena que de tu mal tenemos,
no te podemos encubrir; y ahora se nos
recuerda de lo que el dios Apolo respon·
dió cuando le consultaron sobre tu casa-·
miento, diciendo que tú eras señalada
para casarte con una cruel bestia. Y muchos de los vecinos de estos lugares que
andan a cazar por estas montañas, y
otros labradores, dicen que hau visto este dragón cuando a la tarde torna de
buscar de comer, que se echa a nadar por
este río para pasar acá, y todos afirman
que te quiere engordar con estos regalos
y manjares que te da, y cuando esta tu
preñe~ estuviere más crecida y t~ estuvieres bien llena, por gozar de más hartura,
que te ha de tragar; así que en esto está
ahora tu estimación y juicio. Si por ventura quieres más, o creer a tns hermanas,
que por tu salud andan solícitas y que
vivas con nosotras segura de peligro,
huyendo de la muerte; o si quieres quizá
ser enterrada en las entrañas de esta

cruelísima bestia. Porque si las voces solas que en este campo oyes, o el escondido placer y peligroso dormir juntándote
con este dragón, te deleitan, sea como tú
quisieres, que nosotras con esto cumplimos, y ·ya habemos hecho oficio de buenas hermanas."
Entonces la mezquina de Psiches, como
era muchacha y de noble condición, creyó
lo que le dijeron, y con palabras tan espantables salió cuasi fuera de seso, por
lo cual se olvidó de las amonestaciones
de su marido y de todos los prometimientos que ella le hizo, y lanzóse en el
profundo de su desdicha y de~ventura, y
temblando, la color amarilla, no pudiendo cuasi hablar, cortándosele las palabras, y medio hablando, como mejor pudo les dijo de esta manera: "Vosotras,
señoras hermanas, hacéis oficio de piedad y virtud, como es razón: y creo yo
muy bien que aquellos que tales cosas os
dijeron no fingieron mentira, porque yo
hasta hoy nunca pude ver la cara de mi
marido, ni supe de dónde se es. Solamente lo oigo hablar de noche, y con esto

45

�46

APULEYO

paso y sufro marido incierto y que huye
de la luz, y de esta manera consiento que
digáis que tengo una gran bestia por
marido, y que me espanta diciendo que
no lo puedo ver, y siempre me amenaza
que me vendrá gran mal si porfío a querer ver su cara. Y pues que así es, ahora
podéis socorrer al peligro de vuestra hermana con alguna ayuda y favor saludable, hacedlo y socor!"edme, porque si no
lo hacéis, podré muy bien decir que la
negligenc~ siguiente corrompe el beneficio de la providencia pasada."
Cuando las dos malas mujeres hallaron
el corazón y voluntad de Pi:;iches descubierto para recibir lo que le dijesen, dejados los engaños secretos, comenzaron
con lasespadas descubiertas públicamente a combatir el pensamiento temeroso
de la simple mujer, y la una de ellas dijo
de esta manera: "Porque el vínculo de
nuestra hermandad nos compele por tu
salud a quitarte delante los ojos cualquier peligro, te mostraremos un camino
que días ha habemos pensado, el cual
sólo te sacará a puerto de salud, y es és-

PSIQUIS Y CUPIDO

47

te: Tú has de esconder secretamente, en
la parte de la cama donde te sueles acostar, una navaja bien aguda que en la
palma de la mano se aguzó, y pondrás
un candil lleno de aceite bien aparejado
y encendido debajo de alguna cobertura,
al canto de la sala, y con todo este aparejo muy bien disimulado, cuando viniere aquel serpiente y subiere en la cama
como suele, desde que ya tú veas que él
comienza a dormir y con el gran sueño
comienza a resollar, salta de la cama, y,
descalza, muy paso,saca el candil debajo
de donde está escondido y toma de consejo del candil oportunidad para la hazaña que quieres hacer, y con aquella
navaja, alzada primeramente la mano
derecha, con el mayor esfuerzo que pudieres, da en el nudo de la cerviz de aquella serpiente venenosa, y córtale la cabeza,
y no pienses que te faltará nuestra ayuda, porque luego que tú con su muerte
hayas traído vida para ti, estaremos esperándote con mucha ansia, para que,
llevándote aquí con todos estos tus servidores y riquezas que aquí tienes, te

�48

.APULEYO

casemos como deseamos con hombre humano, siendo tú mujer humana." Con
estas palabran encendieron tanto las entrañ~s de su hermana, que la dejaron
cuasi del todo ardiendo. Y ellas, temiendo del mal consejo que daban a la otra
no l~s viniese algún gran mal por ello, se
partieron y con el viento acostumbrado
se fueron hasta encima del risco, de donde huyeron lo más presto que pudieron y
e~tráronse en sus naos y fuéronse a sus
tierras.
~siches quedó sola, aunque quedando
fatigada de aquellas furias no estaba sola, pero llorando fluctuaba su corazón
como la mar
. cuando anda con tormenta',
y como qmer que ella tenía deliberado
con voluntad muy obstinada el consejo que le habían dado, pensando cómo
h~bí~ de hacer aquel negocio, pero todavi~ titubeaba Y estaba incierta del conS~Jo, pensando en el mal que le podía vemr, y de esta manera, ya lo quería hacer
ya lo quería dilatar; ahora osa ha ahor~
temía; ya desconfiaba, ya se enoj~ba. En
fin, lo que más le fatigaba era que en un

PSIQUIS Y COP11)0

49

mismo cuerpo aborrecía a la serpiente y
amaba a su marido. Cuando ya fué tarde, que la noche se· venía, ella comenzó
aparejar con mucha priesa aquel aparato de su mala hazaña.
Y siendo de noche, vino el marido a la
cama, el cual desde que hubo burlado
con ella, comenzó a dormir con gran sueño. Entonces Psiches, como quier que era
delicada del cuerpo y del ánimo, pero
ayudándole la crueldad de su hado, se
e!'forzó, y sacado el candil debajo dE: donde estaba, tomó la navaja en la mano y
su osadía venció y mudó la flaqueza de
su género. Como ella alumbrase con el
candil y pareciese todo el secreto de la
cama, vi6 una bestia la más mansa y
dulcísima de todas las fieras, digo que
era aquel hermoso dios del amor que se
llama Cupido, el cual estaba acostado
muy hermosame~te, y con su -vista alegrándose la lumbre de la candela, creció,
y la sacrílega y aguda navaja resplandeció.
Cuando Psiches vió tal vista, espantada y puesta fuera de sí, desfallecida, con

�•
50

.\PüLEYO

la color amarma, temblando, se cortó y
cayó sobre las rodillas, y quiso esconder
la navaja en su seno, e hiciéralo salvo
por el temor de tan grao mal como quería hacer, se le cayó la navaja de las manos. Estando así fatigada y desfallecida,
cuanto más miraba la cara divina de
Cupido, tanto más recreaba con su hermosura.
Ella le veía los cabellos como hebras de
oro, llenos de olor divino, el cuello blanco
como la leche, la cara bianca y roja, como rosas coloradas, y los ca bellos de oro
colgando por todas partes, que resplandecían como d sol y vencían a la lumbre
del candil. Tenía así mismo en los hombros péñolas de color de rosas y flores, y
como quier qtte las alas estaban quedas,
pero las otras plumas debajo de las alas
tiernas y delicadas, estaban te'.nblando
muy galanamente, y t_odo lo otro del
cuerpo estaba hermoso y sin pluma~. como convenía a hijo de la diosa Venus,
que lo parió sin arrepentirse por ello.
Estaba ante los pies de la cama el arco
y las saetas, que s011 armas del dios de

PSIQUIS Y CUPIDO

51

amor, lo cual todo estando mirando Psiches, no se hartaba de mirarlo; maravillándose de las armas de su marido, sacó
del carcaj una saeta, y estándola tentando con el dedo, a ver si era aguda como
decían, hincósele un poco de la saeta, de
manera que le comenzaron a salir unas
gotas de sangre de color de rosas. Y de
esta manera Psiches, no sabiéndolo, cayó y fué presa en amor del dios de amor.
Entonces, con mucho mayor ardor de
amor se abajó sobre él y le comenzó a
besar con tan gran placer, que temía no
despertase tan presto.
Estando ella en este placer herida de]
amor, el candil que tenía en la mano, o
por no serle fiel, o de envidia mortal, o
que por ventura él también quiso tocar
el cuerpo de Cu pido, o quizá besarlo, lanzó de sí una gota de aceite hirviendo y
cayó sobre el hombro derecho de Cupido.
¡Oh candil osado y temerario, y vil servidor del amor! Tú quemas al dios de todo
el fuego, porque tú para esto no eras menester, sioo que algún mamorado te halló primeramente para gozar en la oscu-

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53

J.PULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

ridad de la noche de lo que bien quería!
De esta manera el dios Cupido, quemado, saltó de la cama, y conociendo que
su secreto era descubierto, callaudo desapareció y huyó de los ojos y manos &lt;le
la desdichada de su mujer. Psiches arrebató con ambas manos la pierna derecha
de Cu pido que se levantaba, y así fué
colgando de sus pies poe las nubes del
cielo, hasta tanto que ransada cayó en
el suelo. Pero el dios del amor no la quiso desamparar caída en tierra, y vino
volando a sentarse en un ciprés que allí
estaba cerca, de donde con mucho enojo
gravemt!nte la comenzó a increpar, diciendo en esta manera:
''Oh Psiches, mujer simple, yo, no recordándome de los mandamientos de mi
madre Venus, la cual me había mandado
que te hiciese ser enamorada de un hombre muy miserable, de bajo linaje, te quise
bien y fuí tu e~amorado, pero esto que
hice, bien sé que fué hecho livianamente.
Y yo mismo, que soy ballestero para los
otros, me herí con mis saetas y te tomé
por mi mujer. ¿Parece que 1~ hice yo por

parecerte serpiente, y porque tú cortases
esta cabeza que trae los ojos que bien te
quisieron? ¿No sabes tú cuantas veces te
decía que te guardases de esto, y benignamente te avisaba porque te apartaras
de ello? Pero aquellas buenas mujeres
tus consejeras, prestamente me pagarán
el consejo que te dieron, y a ti con mi ausencia, huyendo de ti, te castigaré." Diciendo esto, levantóse con sus alas y voló
en alto hacia el cielo.
Psiches quedó echacla en tierra, y cuanto podía con la vista miraba como su
marido iba volando, y afligía su corar.ón
con muchos lloros y angustias. Después
que su marido desapareció volando por
las alturas del cielo, ella, desesperada, estando eu la ribera de un río, lanzóse de
cabeza dentro, pero el río se tornó manso por honrayservicio del dios del amor,
cuya mujer era ella, el cual suele inflamar de amor a las mismas aguas y a las
ninfas de ellas. Así que, temiendo, de sí
mismo tomóla con las ondas sin hacerle
mal, y púsola sobre las flores y hierbas
de su ribera.

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53

Al?ULEYO

P:31Ql.71S Y CUPIDO

Acaso el dios Pan, que es dios de las
montañas, estaba asentado en un altozano cerca del río, el cual esta ha tañendo
con una flauta, y enseñando a tañer a la
ninfa Caña. Estaban así mismo alderredor de él una manada de cabras, &lt;JUe andaban paciendo los árboles y matas que
estaban sobre el río. Cuando el dios Peloso vió a Psiches tan desmayada y así
herida de dolor, que ya él bien sabía su
desdicha y pena, llamóla y comenzóla a
halagar y consolar con blandas palabras, diciéndo de esta manera: ''Donce1la sabida y hermosa: como quiera que
yo soy pastor y r6stico, pero por ser viejo soy instruídodemuchos experimentos,
de manera que, si bien conjeturo aquello
que los prudentes varones llaman adivinanza, yo conozco de este tu andar titubeando con los pies, y de la color amArilla de tu cara y de tus grandes suspiros
y lágrimas de los ojos, bien creo cierto
que tú andas fatigada y muerta de gran
dolor, pues que así es, tú escúchame y no
tornes a lanzarte dentro en el río, ni te
mates con ninguno otro género de muer-

te. Quita de ti el luto y deja de llorar.
Antes procura de aplacar con plegarias
al dios Cupido, que es mayor d~ los dioses, y trabaja por merecer su amor con
servicios y halagos, porque es mancebo
delicado y muy regalado."
Como esto acabó de decir el dios Pastor, Psiches sin responderle palabra ninguna, sino solamente adorando su deidad comenzó a andar su camino, y antes
que hubiese andado mucho camino·, entró por una senda C]Ue atravesaba, por
la cual yendo, llegó a una ciudad a donde era el reino del marido de una de
aquellas sus dos hermanas. Y como la
reina su hermana supo que estaba allí,
mandóla entrar. Y después que se hubieron abrazado ambas a dos, preguntóle
qué era la causa de su venida.
Psiches le respondió: "¿No te recuerdas
t6, señora hermana, el consejo que me
distes ambas a dos que matase a aquella
gran bestia que se echaba conmigo de
noche en nombre de mi marido, antes
que me tragase y comiese, para lo cual
me distes una navaja? lo cual como yo

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57

.iPULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

quisiese hacer, tomé un candil, y luego
que miré su gesto y cara, veo una cosa
divina y maravillosa: -al hijo de la diosa
Venus, digo al dios Cupido, que es dios
del amor, que estaba hermosamente durmiendo y corno yo estaba incitada de
ta.o maravillosa vista, turbada de tan
gran placer, y no me hartase de ver aquel
hermoso gesto, a caso fortuito y pésimo
rehirvió el aceite del_candil que tenía en
la mano, y cayó una gota hirviendo en
su hombro, y con aquel gran dolor despertó, y como me vió armada con hierro
y fuego, díjome: "Y ¿cómo has hecho tan
gran maldad y traición? ¡Toma luego
todo ló tuyo y vete de mi casa!" Demás
de esto dijo: "Yo tomaré a tu hermana
en tu lugar y me casaré con ella, dándole
arras y dote." Diciendo esto, mandó al
viento cierzo que me aventase fuera de
los términos de su casa.
No había acabado Psiches de hablar
estas palabras, cuando la hermana, estimulada e incitada de mortal envidia
'
compuesta una mentira para engañar a
su marido, diciendo que había sabido de

la muerte de sus padres, metióse en una
nao y comenzó de andar hasta que llegó
a aquel risco grande, en el cual subió, y
como quier que otro viento a la hora
ventaba, pero ella, con aquella ansia y
con ciega esperanza, dijo: "¡Oh Cupido,
recíbeme, que soy digna para ser tu mujer! ¡y tú, vieuto cierzo, recibe a tu señora!" Con estas palabras dió un salto
grande del risco abajo. Pero ella ni viva
ni muerta pudo llegar al lugar que deseaba, porque por aquellos riscos y piedras
se hizo pedazos como ella merecía. Y así
murió, haciéndose manjar de las aves y
bestias de aquel monte.
Tras de esta, no tardó mucho la pena
y venganza -de la otra su hermana. Porque yendo Psiches por su camino, más
adelante llegó a otra ciudad, en la cual
moraba la otra su hermana según que
habemos dicho; la cual así mismo, con
engaño de su hermandad, hizo ni más ni
menos que la otra, que queriendo el casamiento que no le cumplía, fuese cuanto
más presto pudo a aquel risco, de donde
cayó y murió como hizo la otra.

�58

.A.PULEYO

Entre tanto Psiches, andando muy congojosa en busca de su marido Cupido,
cercaba todos los pueblos y ciudades.
Pero él, herido de la llaga que le hizo la
gota de aceite del candil, esta ha echado
enfermo, gimiendo, en la cámara de su
madre. Entonces una ave blanca que se
llama gavjota, que anda nadando con
sus alas sobre las ondas de la mar, zabullóse cerca del profundo del mar océano.y
halló allí a la diosa Venus, que se estaba
lavando y nadando en aquel agua, a la
cual se llegó y le dijo cómo su hijo Cupido estaba mal de una grave llaga de fuego que le daba mucho dolor, llorando y
en mucha duda de su salud, por la cual
causa toda la gente y familia de "Venus
era infamada y vituperada por los pueblos y ciudades de toda la tierra, diciendo que él se había ocupado y apartado
con una mujer serrana y montañesa, "_v
tú ai;í mismo te has apartado andando
en la mar, nadando y a tu placer, y por
esto ya no hay entre las gentes placer
ninguno, ni gracia, ni hermosura, pero
todas las cosas están rústicas, groseras

P SIQUI S Y CUPIDO

59

y sin atavío. Ya ninguno se casa, ni nadie tiene amistad con mujer ni amor de
hijos, sino todo al contrario, sucio y feo,
y para todos enojoso.'' Cuando aquella
ave parlera dijo estas cosas a Venus, reprendiendo a su hijo Cupido, Venus, con
mucha ira, exclamó fuertemente, diciendo: "¡Parece ser que ya aquel bueno de
mi hijo tiene alguna amiga! Hazme tanto placer, tú que me sirves con más amor
que ninguna, que me sepas el nombre de
aquella que engañó a este muchacho sin
barbas y de poca edad, ahora sea alguna
de las ninfas, o del número de las diosas,
o ahora sea del coro de las musas o del
ministerio de mis gracias. " Aquella ave
parlera no calló lo que sabía, diciendo:
"Por cierto, señora, no sé bien como se
llama, mas pienso, si bien me recuerdo,
que tu hijo ama y muere por una que se
llama Psiches. '' Entonces Venus, indignada, comenzó a dar voces, diciendo: "Ciertamente él debe amar a aquella Psiches
que pensaba tener mi gesto y era envidiosa de mi nombre. De lo que más tengo
enojo en este negocio, es que me hizo a

�60

61

.A.PULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

mí su alcahueta, porque yo le mostré
y enseñé por donde conociese aquella
moza."
De esta manera riñendo y gritando,
prestamente se salió de la mar v fuese
luego a su cámara, adonde halló ; su hijo mal, según lo había oído. Y desde la
puerta comenzó a dar voces, diciendo de
esta manera: "¡Honesta cosa es, y que
cumple mucho a nuestra honra y a tu
buena fama, lo que has hecho! ¿Parécete
buena cosa menospreciar y tener en poco
los mandamientos de tu madre, que más
es tu señora, dándome pena con los sucios amores de mi enemiga, la cual en esta tu pequeña edad juntaste contigo con
tus atrevidos y temerarios pensamientos? Piensas tú que tengo yo de sufrir
por amor de ti, nuera que sea mi enemiga? Pero tú, mentiroso y corrompedor
de buenas costumbres, ¿ presumes que tú
solo eres engendrado para los amores, y
que yo, por ser ya mujer de edad, no podré parir otro Cupido? Pues quiero ahora que sepas que yo podré engendrar
otro hijo mucho mejor que tú,y,aun por-

que más sientas la injuria, adoptaré por
hijo a alguno de mis esclavos y servidores, y darle he alas y llamas de amor, con
el arco y las saetas y todo lo otro que te
dí a ti, no para estas cosas en que tú andas, que aun bien sabes tú que de los bienes de tu padre ninguna cosa te he dado
para esta negociación. Pero tú, como
desde muchacho fuiste malcriado, y tienes las manos agudas, muchas veces, sin
reverencia ninguóa, tocaste a tus mayores y aun mí, que soy tu madre. A mí
misma digo, que como parricida cada
día me descubres, y muchas veces me has
herido, y ahora menospreciarme como si
foese viuda, que aun no temes a tu padrasto el dios Marte, muy fuerte y grande guerreador. ¿Qué puedo yo decir en
esto, que tú muchas veces, por darme pena, aco!itumbraste darle mujeres? Pero
yo te haré que te arrepientas de este juego, y que tú sientas bien estas acedas y
amargas bodas que hiciste, como quier
que esto que digo es por demás, porque
éste burlará de mí. Pues¿ qué haré ahora,
o en qué manera castigaré este bellaco?

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63

APULEYO

PSIQUI S Y CUPIDO

No sé si pida favor de mi enemiga la
Templanza, la cual yo ofendí muchas ve·
ces por la lujuria y vicio de éste. Como
quier que sea, yo delibero de ir a hablar
con esta dueña, aunque sea rústica v severa; pena recibo en ello, pero no ;s de
desechar el placer de tanta venganza, y
por esto yo le quiero hablar, que no hay
otra ninguna que mejor castigue a este
mentiroso, y le quite las saetas y el arco,
y le desnude de todos sus fuegos de amores; y no solamente hará esto, pero a su
persona misma resistirá con fuertes remedios. Entonces pensaré yo que mi injuria está satisfecha, cuando le rayere de la
cabeza aquellos cabellos de color de oro
que muchas veces le atavié con estas mis
manos, y cuando le tresquilare aquellas
alas que yo en mi halda le unté con algalia y almizcle muchas veces."
Después que Venus hubo dicho todas
estas palabras, salióse fuera muy enojada, diciendo palabras de enojo, pero la
diosa Ceres , y Juno, como la vieron enojada, la fueron a acompañar,y le preguntaron qué era la causa porque traía el

gesto tan turbado y los ojos que resplandecían de tanta hermosura traía tan revueltos, mostrando su enojo. Ella respondió: "A buen tiempo venís para preguntarme la causa de es te enojo que
traigo-; aunque no por mi voluntad, sinq
porque otro me lo ha dado, por ende yo
os ruego que con todas vuestras fuerzas
me busquéis a aque1la huidora de Psiches, do qµier que la hallareis porque yo
bien sé que vosotras sabéis toda la historia de lo que ha acontecido en mi casa
de este hijo, que no oso decir que es mío."
Entonces ellas, s abiendo bien las cosas
que habían pasado, deseando amansar
la ira de Venus, comenzáronle a hablar
de esta manera: "¿Qué tan gran delito
pudo hacer tu hijo, que tú, señora, estés
contra él enojada con tan g ran pertinacia y melancolía, y que aquella que él
mucho ama tú la desees destruir? Porque
te rogamos que mires bien si es crimen
para éste que le pareciese bien una doncella. ¿No sabes tú que es hombre? ¿Hásete yaolvidadocuántos años ha tu hijo?
¿Por que es mancebo y hermoso, tú pien-

�04

A.PIJLEYO

sas que es todavía muchacho? ¿Tú eres
su madre, y mujer de seso, y siempre has
experimentado los placeres y juegos de
tu hijo, y tú culpas en él y reprendes sus
artes y vicios y amores, y quieres ence_rrar la tienda pública de los placeres de
las mujeres?"
En esta manera ellas querían satisfacer
al dios Cupido, aunque estaba ausente,
por miedo de sus saetas. Mas Venus,
viendo que ellas trataban su injuria burlándose de ella, dejándolas a ellas con la
palabra en la boca, cuanto más prontamente pudo tomó su camino para la
mar de donde había salido.
J

Entre tanto Psiches discurría y andaba
por diversas partes y caminos, buscando
de día y de noche con mucha ansia y trabajo si podría hallar rastro de su marido, y tanto más le crecía el deseo de hallarlo, ·cuanto era la pena que traía en
buscarlo, y deliberaba entre sí que si no
lo pudiese con sus halagos, como su mujer, amansar, que al menos, como sierva,

PSIQUIS Y CUPIDO

65

con sus megos y oraciones lo aplacaría.
Yendo en esto pensando, vió u.o templo
encima de un alto monte, y dijo: "¿Dónde sé yo ahora si por ventura mi señor
mora en este templo? y luego enderezó el
paso hacia allá, el cual, como quier que .
ya le desfallecía, por los grandes y continuos trabajos, pero la esperanza de
hallar a su marido lo aliviaba. Así que,
habiendo ya subido y pasado todos aquellos montes, llegó al templo y entróse
dentro, donde vió muchas espigas de trigo y cebada, hoces y qtros instrumentos
para segar, pero todo estaba por ese suelo sin ninguna orden, confuso, como acostumbran a hacer los segadores cuando
con el trabajo se les cae de las manos.
Psiches, como vió todas estas cosas derramadas, comenzó a apartar cada cosa
por su parte y componerlo y ataviado
todo, pensando, como era razón, que de
ningún dios se deben menospreciar sus
ceremonias, antes procurar de siempre
tener propicia su misericordia.
Estando Psiches ataviando y componiendo estas cosas, entró la diosa Céres,

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A.Pt1LEY0

y como la vió, comenzó de lejos a dar
grandes voces, diciendo: "¡Oh Psiches
desventurada: la diosa Venus and~ por
todo e] mundo con grandísima ansia buscando rastro de ti, y con cuanta furia
puede desea y busca traerte a la muerte
y con toda la fuerza de su deidad procur~
haber venganza de ti, y tú ahora estás
aquí teniendo cuidado de mis cosas! ¿Cómo puedes tú pensar otra cosa sino lo
que cumple a tu salud?
Entonces Psiches lanzóse a sus pies y
comenzólos a regar con sus lágrimas, y
barrer la tierra con sus cabellos, suplicándole y pidiéndole perdón con muchos ruegos y plegarias, diciendo: "Ruégote, señora, por la tu diestra mano sembradora
de los panes, y por las ceremonias.alegres
de las sementeras, y por los secretos de
las canastas de pan, y por los carros que
traen los dragones tus siervos, y por las
aradas y barbechos de Sicilia, y por el
carro de Plutón que arrebató a Proserpina, y por el descendimiento de sus bodas
Y por la tornada cuando tornó con la;
hachas ardiendo de buscar a tu hija, y

PSIQUIS Y CUPIDO

67

por e] sacrificio de la ciudad Eleusina, y
por las otras cosas y sacrificios que se hacen en silencio, que tú socorras a la triste
ánima de tu sierva Psiches, y consiénteme que entre estos montones de espigas
me pueda esconder algunos pocos de días,
basta &lt;]Ue -la cruel ira de tan gran diosa
como es Venus por espacio de algún tiempo se amanse, o hasta que al menos mis
fuerzas, cansadas de tan continuo trabajo, con un poco de reposo se restituyan."
Céres le respondió: "Ciert amente yo me
be conmovido a compasión por ver tus
lágrimas y lo que me ruegas, y deséote
ayudar. Pero no quiero incurrir er;i. des. gracia de aquella buena mujer de mi cuñada, con la cual tengo antigua amistad.
Así que tú pártete luego de mi casa, y recibe en gracia que no fuiste presa por mí
ni retenida."
Cuando esto oyó Psiches, contra lo que
ella pensaba, afligida de doblada pena y
enojo, tomó su camino tornando para
atrás, y vió un templo que estaba en una
selva de árboles muy grandes, en un valle, el cual era edificado muy pulidamente,

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.lPULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

y como ella se tuviese por dicho ninguna
vía dudosa o de mejor esperanza jamás
dejarla de probar, y que andaba buscando socorro de cualquier dios que hallase,
allegóse a la puerta del templo, y vió
muy ricos dones de ropas y vestiduras
colgadas de los postes y ramos de los árboles, con letras de oro que declaraban la
causa porque eran allí ófrecidas, y el
nombre de la diosa a quien se daban. Entonces Psiches, las rodillas hincadas,
abrazando con sus manos el altar, y limpiadas las lágrimas de sus ojos, comenzó
a decir de esta manera: "Oh tú,Juno, mujer y hermana del gran Júpiter, o tú estás
en el antiguo templo de la isla de Samos,
la cual se glorifica porque tú naciste allí
y te criaste, o estás en las sillas de la alta
ciudad de Cartago~la cual te adora como
a doncella, que fuiste llevada al cielo encima de un león,o si por ventura estás en
la ribera del río I naco, el cual hace memoria de ti, que eres casada con Júpiter y
reina de las diosas, o tú estás en las ciudades magníficas de los griegos, adonde
todo Oriente te honra como a diosa de

los casamientos, y todo Occidente te llama Lucina; a do quier que estés, te ruego
que socorras a mis extremas necesidades,
y a mí, que estoy fatigada de tantos trabajos pasados, plégate * librarme de tan
gran peligro como está sobre mí, porque
yo bien sé que de tu propia gana y voluntad acostumbras socorrer a las preñadas
que están en peligro de parir."
Acabado de decir esto, luego le apareció
la diosa Juno con toda su majestad, y díjole: "Por dios, que yo querría dar mi favor y todo lo que pudiese a tus rogativas, pero contra la voluntad de Venus mi
nuera, la cual siempre amé en lugar de
hija, no lo podría hacer, porque la vergiienza me resiste. Además de esto, las leyes prohiben que nadie pueda recibir a
los esclavos fugitivos contra voluntad de
sus señores."
Con este naufragio de la fortuna, espaDtada Psiches, viendo así mismo que
ya no podía alcanzar a su marido, que
andaba vol~ndo, desesperada de toda sa"' Que te plazca, que te agrade.

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APULEYO

lud, comenzó a aconsejarse con su pensamiento en esta manera: "¿Qué remedio se
puede ya buscar ni tentar para mis penas
y trabajos, a los cuales el favor y ayuda
de las diosas, aunque ellas lo querían, no
pudo aprovechar? pues que así es, ¿adónde podría yo huir, estando cercada de
tantos lazos? ¿En qué casas o en que soterraños me podría esconder de los ojos
inevitables de la gran diosa Venus? Pues
que no puedes huir, toma corazón de
hombre, y fuertemente resiste a la quebrada y perdida esperanza, y ofrécete de
tu propia gana a tu señora, y con esta
obediencia, aunque sea tarde, amansarás
su ímpetu y saña. ¿Qué sabes tú si por
ventura hallarás allí en casa de la madre
al que muchos días ha que andas a buscar?" De esta manera aparejada para el
dudoso servicio y cierto fin, pensaba entre sí el principio de su ful ura suplicación.
En este medio tiempo, Venus, enojada
de andar a buscar a Psiches por la tierra,
acordó de subirse alcielo,y mandó aparejar su carro, el cual Vulcano su marido
muy sutil y pulidamente había fabricado

PSIQUIS Y Ct1PIDO

71

y se lo había dado en arras de su casamiento, hecho las ruedas de manera de la
luna, muy rico y precioso, con daño de
tanto oro y de muchas otras aves que estaban cerca. De la cámara de Venus salieron cuatro palomas muy blancas, pintados los cuellos, y pusiéronse para llevar
el carro, y recibida la señora encima del
carro, comenzaron a volar alegremente,
y tras del carro de Venus comenzaron a
volar muchos pájaros y aves, que cantaban muy dulcemente, haciendo saber como Venus venía! Las nubes dieron lugar,
los cielos se abrieron, y el más alto de
ellos la recibió alegremente. Las aves que
iban cantando con ella, no temían las
águilas y halcones que encontraban.
En esta manera Venus llegó al palacio
real de Júpiter, y con mucha osadía y
atrevimiento pidió a Júpiter que mandase al dios Mercurio le ayudase con su
voz, que había m,enester para cierto negocio. Júpiter se lo otorgó, y mandó que
así se hiciese. Entonces ella alegremente,
acompañándola ::\Iercurio, se partió del
cielo, la cual en esta manera habló a

�73

.APULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

Mercurio: "Hermano de Arcadia: tú sabes bien que tu hermana Venus nunca hizo cosa alguna sin tu ayuda y presencia;
ahora tú no ignoras cuánto tiempo há
que yo no puedo hallar a aquella mi sierva, que se anda escondiendo de mí, así
que ya no tengo otro remedio sino que
públicamente tú pregones que le será dado gran premio a quien la descubriere.
Por ende te ruego que hagas prestamente
lo que digo. Y en tu pregón da las señales e indicios por donde manifiestamente
se puede conocer. Porque si alguno incurriere en crimen de encubrirla ilícitamente, no se puede defender con excusación de
ignorancia''; y diciendo esto, le dió un
memorial, en el cual se contenía el nombre de Psiches y las otras cosas que había de pregonar, y hecho esto, luego se
foé a su casa.
No olvidó Mercurio lo que Venus le
mandó hacer, y luego se fué por todas las
ciudades y lugares, pregonando de esta
manera: "Si alguno tomare o mostrare
dónde está Psiches, hija del rey y sierva
de Venus, que anda huida, véngase a

Mercurio pregonero, que está tras el templo de Venus, y allí recibirá por galardón
de su indicio, de la misma diosa Venus,
site besos muy suaves y otro muy más
dulce." De esta manera pregonando Mercurio, todos los que lo oían, con codicia
de tanto premio, se aderezaron para buscarla. La cual cosa oída por Psiches, le
quitó toda tardanza de irse a presentar
ante Venus, y llegando ella ante las puertas de su señora, salió a ella una doncella
de Venus, que había nombre Costumbre.
La cual, como vió a Psiches, comenzó a
dar grandes voces, diciendo: "V os, doña
mala esclava, basta que ya sentís que tenéis señora, aun sobre toda la maldad
de tus malas mañas, finges ahora que no
sabes ·cuanto trabajo habemos pasado
buscándote. Pero bien está; pues que
caíste en mis manos, haz cuenta que caíste en la cárcel del infierno y donde no podrás salir, y que prestamente recibirás la
pena de tu contumacia y rebeldía." Diciendo esto, arremetió a ella y con gran
audacia echóle mano de los cabellos y comenzóla a llevar ante Venus, como quier

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APULEYO

que Psiches no resistía la ida. La cual,
luego que Venus la vió, comenzóse de reir
como suelen hacer los que están con mucha ira, y meneando la cabeza, rascándose en la oreja, comenzó a decir: "Basta,
que ya fuiste contenta de hablar a tu suegra; y, por cierto, antes creo yo que lo
hiciste por ver a tu marido, que está a la
muerte de la llaga de tus manos. Pero está segura, que yo te recibiré como conviene a buena nuera"; y como esto dijo,
mandó llamar a sus criadas la Costumbre y la Tristeza, y las cuales, como
vinieron, mandó que a?.otasen a Psiches.
Ellas, siguiendo el mandamiento de su señora, dieron tantos de azotes a la mezquina de Psiches, que la afligieron y atormentaron, y así la tornaron a presentar
otra vez ante su señora.
Cuando \'enus la vió, comenzóse otra
vez a reir, y dijo: "¿Y aun veis como en
el alcahuetería de su vientre hinchado
nos conmueve a misericordia? Piensa hacerme abuela bien dichosa con lo que saliere de esta su preñez. ¡Dichosa yo, que
en la flor de mi juventud me llamarán

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PSIQUIS Y CUPIDO

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abuela, y el hijo de una esclava bellaca
oirá qtte le llamen nieto de Venus! Pero
necia soy en esto yo, porque por demás
puedo decir que mi hijo es casado, porque estas bodas no son entre personas
iguales, y demás de esto fueron hechas en
un monte, sin testigos y no consintiendo
su ·padre, por lo cual estas bodas no se
pueden decir legítimamente hechas, por
esto, si yo consiento que tú hayas de parir al menos nacerá de ti un bastardo."
'
Y diciendo esto, arremetió con ella y
rompióle las tocas, trabándole de los cabellos y dándole de cabezadas que la afli·
gi6 gravemente. Luego tomó trigo y ce. bada, mijo, simiente de adormideras,
garbanzos, lentejas y habas. Lo cual todo mezclado y hecho un gran montón,
dijo a Psiches: "Tú me pareces tan disforme y bellaca esclava, que con ninguna
cosa aplaces a tus enamorados sino -con
los muchos servicios que les haces. Pues
yo quiero ahora experimentar tu diligencia. A.parta todos los granos de estas si•
mientes que están juntas en este montón,
y cada simiente de estas, muy bien dis-

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APULEYO

puesta, y apartada de por sí, me la has
de dar antes de la noche"; y dicho esto,
ella se fué a cenar a las bodas de sus
dioses.
Psiches, embarazada con la grandeza
de aquel mandamiento, estaba callando
como una muerta, que nunca alzó la mano a comenzar tan grande obra para
nunca acabar. Entonces aquella pequeña
hormiga del campo, habiendo mancilla*
de tan gran trabajo y dificultad como
era el de la mujer del gran dios del amor,
maldiciendo la crueldad de su suegra Venus, discurrió prestamente por esos campos, y llamó y rogó a todas las batallas .
y muchedumbre de hormigas,diciéndoles:
''¡Oh sutiles hijas y criadas de la tierra,
madre dt! todas las cosas! Habed merced
y mancilla, y socorred con mucha velocidad a una moza hermosa, mujer del dios
del amor, que está en mucho peligro." Entonces, como ondas de agua, venían
infinitas hormigas cayendo unas sobre
otras, y con mucha diligencia cada una,
• Compasión.

PSIQUIS Y CUPIDO

77

grano a grano, apartaron todo el montón. D~spués de apartados y divisos todos los géneros de granos de cada montón sobre sí, prestamente se fueron de
allí. Luego, al comienzo de la noche, Venus, tornando de su fiesta harta de vino
y muy olorosa, llena toda la cabeza y
cuerpo de rosas resplandecientes, vista la
diligencia del gran trabajo, dijo: "¡Oh
mala! No es tuya ni de tus manos esta
obra, sino de aquel a quien tú, por tu
mal y por el suyo, has aplacido." Y diciendo esto, echóle un pedazo de pan
para que comiese, y fuese acostar.
Entre tanto Cupido estaba solo y encerrado en una cámara de las más adentro
de casa, el cual estaba allí encerrado, así
porque la herida no se le dañase si algún
mal deseo le viniese, como porque no hablase con su amada Psiches. De esta manera, dentro de una casa y d ebajo de un
tejado, apartados los enamorados, con
mucha fatiga pasaron aquella noche negra y oscura. Después que amaneció,
mandó Venus llamar a Psiches, y dijo de
esta manera: "¿Ves tú aquella floresta

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APULEYO

por donde pasa aquel río que tiene aquellos grandes árboles al derredor, _debRjo
del cual está una fuente cerca? ¿Y ves
aquellas ovejas resplandecientes y de color de oro, que andan por allí paciendo,
sin que nadie las guarde? Pues ve allá
luego, y traeme la flor de su precioso vellocino, en cualquier manera que lo puedas haber."
Psiches de muy buena gana, se fué hacia allá, no con pensamiento de hacer lo
que Venus le había mandado, mas por
dar fin a sus males lanzándose de un risco de aquellós dentro en el río. Cuando
Psicbes llegó al río, una caña verde que
es madre de la música suave, meneada de
un dulce aire, por inspiración divina ha•
bló de esta manera: "Psiches, tú que has
sufrido tantas tribulaciones, no quieras
. ensuciar mis santas aguas con tu misérrima muerte, ni tampoco llegues a estas
espantosas ovejas, porque tomando el
calor y ardor del sol, suelen ser muy rabiosas, y con los cuernos agudos y las
frentes de piedra, y aun mordiendo con
los dientes ponzoñosos, matan a muchos

PSIQUIS Y CUPIDO

79

hombres. Pero después que pasare el ardor del medio día, y las ovejas se van a
reposar a la frescura del río, podrás esconderte debajo de aquel alto plátano
que bebe del agua de este río que yo bebo.
Y como tú vieres que las ovejas, pospuesta toda su ferocidad, comienzan a dormir, sacudirás las ramas y boj as de aquel
monte que está cerca de ellas, y allí hallarás las vedijas de oro que ·s e apegan por
aquellas matas cuando las ovejas pasan.'' En esta manera la caña, por su virtud y humanidad, enseñaba a la mezquina de Psiches cómo se había de remediar.
Ella, cuando esto oyó, no fué negligente
en cumplirlo.Pero haciendo y guardando
todo lo que ellaÍe dijo, hurtó el oro con
la lana de aquellos montes, y cogido lo
trajo y echó en el regazo de Venus .
Mas con todo esto nunca mereció cerca
de su señora galardón su segundo trabajo, antes, torc~ndo las cejas, con una risa falsa dijo en esta manera: "Tampoco
creo yo ahora que en esto que tú hiciste
faltó quien te ayudase falsamente. Pero
yo quiero rxperimentar si por ventura tú

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81

A.Pt'LEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

lo haces con esfuerzo tuyo y prudencia, o
con ayuda de otro. Por ende mira bien
aquella altura de aquel monte, adonde
están aquellos riscos muy altos, de donde
sale una fuente de agua muy negra y desciende por aquel valle donde hace aquelias lagunas negras y turbias, y de a11í
salen algunos arroyos infernales. De allí,
de la altura donde sale aquella fuente,
tracme este vaso Heno del rocío de aquella agua.'' Y diciendo esto, le dió un vaso
de cristal, amenazándola con palabras
ásperas si no cumpliese lo que le mandaba.
Psiches, cuando esto oy6, aceleradamente ~e fué hacia aquel monte, para subir encima de él y desde allí echarse para
dar fin a su amarga vida. Pero como llegó al derredor de aquel monte, vi6 una
mortal y grande dificultad pa:a llegar a
él, porque estaba allí un risco muy alto
que parecía que llegaba al cielo, y tan
liso que no había quien por él pudiese subir, de encima del cual salía una fuente
de agua muy negra y espantable, la cual,
saliendo de su nacimiento corría por

aquellos riscos abajo y venía por una
canal angosta cercada de muchos árboles, la cual venía a un valle grande, que
estaba cercado de ·una parte y de otra de
grandes riscos, adonde moraban dragones espantables, con los cuellos alzados
y los ojos tan abiertos para velar, que
jamás los cerraban ni pestañeaban, en
tal manera que perpetuamente estaban
en vela, y como ella llegó allí, las mismas
aguas le hablaron, diciéndole muchas veces: "Psiches, apártate de ahí; mira bien
lo que haces, y guárdate de hacer lo que
quieres; huye luego, si no cata que morirás."
Cuando Psiches vió la imposibilidad
que había de llegar a aquel lugar, fué
tornada como una piedra, y aunque estaba presente con el cuerpo, estaba ausente con el sentido. En tal manera, que
con el gran miedo del peligro estaba tan
muerta, que carecía del último consuelo
y solaz de Iás lágrimas. Pero no pudo esconderse a los ojos de la buena providencia tanta fatiga y tribulación de
la inocente Psiches, la cual estando en

�82

.APULEYO

esta fatiga, aquella ave real de Júpiter
que se llama Aguila, abiertas las alas,
vino volando súbitamente, recordándose
del servicio que antiguamente hizo Cupido á Júpiter cuando por su diligencia
arrebató a Ganimedes el troyano para
su copero; queriendo dar ayuda y pagar
el beneficio recibido en ayudar a los trabajos de Psiches. mujer de Cupido, dejó
de volar por el cielo y vínose a la presencia de Psiches, y díjole en esta manera:
"¿Cómo tú eres tan simple y necia de las
tales cosas, que esperas poder hurtar ni
i:.olamente tocar una sola gota de esta
fuenk no menos cruel que santísima? ¿Tú
nunca oíste alguna vez que estas Hguas
estigias son espantables a los Jio:,;es, y
aun al mismo Júpiter? Además de esto,
vosotros los mortales juráis por los dioses, pero los dioses acostumbn:in jurar
por la majestad del lago estigio: pero
dame este vaso que traes." El cual ella
le dió, y el águila ~e lo arrebató de la
mano muy presto, )' volando entre las
bocas y dientes crueles y las lenguas de
tres órdenes de aquellos dragones, fué al

PSIQUIS Y CUPIDO

83

agua e hinchó el vaso, consintiéndolo la
misma agua, y aun amonestándole que
prestamente se fuese antes que los dragones la matasen,el águila fingiendo que
por mandado de la diosa Venus y para
su servicio había venido por aquella
agua; por la cual causa más fácilmente
llegó a henchir el vaso y salir libre con
ella.
En esta manera tornó con mucho gozo
y dió e! vaso a Psiches lleno de agua, la
cunl la llevó luego y la dió a Venus. Pero
con todo esto, nunca pudo aplacar ni
amansar la ira cruel de Venus, antes ella
con su rirn mortal como solía, le habló,
amenazándola con mayores y más peores tormentos, diciendo: "Ya tú me pareces una maga y gran hechicera, porque
muy bien has obtemperado * mis mandamientos y hecho lo que yo te mandé; mas
tú, lumbre de mis ojos, aun resta otra
cosa que has de hacer. Toma esta bujeta,~ la cual luego le dió, y ,•ete a los palacios del infierno, y darás esta bujeta a
•
*-

Obedecido.
Pomo para olores y cosas aromáticas.

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APULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

Proserpina, diciéndole: "Venus te ruega
que le des aquí una poca de tu hermosura, que baste siquiera para un día, porque todo lo hermoso que ella tenía lo ha
perdido y consumido cura!1do a su hijo
Cupido, que está mal"; y torna presto
con ella, porque tengo necesidad de lavarme la cara con esto para entrar en el
teatro y fiesta de los dioses.''
Entonces Psiches, abiertamente sintió
su último fin y que era compelida manifiestamente a la muerte que le estaba aparejada. ¿Qué maravilla que lo pensase,
pues que era compelida que de su propia
gana, por sus propios pies, éntrase al infierno, donde estaban los ánimos de los
muertos? Con este pensamiento, no tardó mucho que se fué a una torre muy alta para echarse de allí abajo, porque de
esta manera ella pensaba descender muy
presto y derechamente a los infiernos.
Pero la torre le habló de esta manera:
"¿Por qué, mezquina de ti, te quieres matar echándote de aquí abajo, pues que ya
este es el último peligro y trabajo que
has de pasar?; porque si una vez tu alma

fuere apartada de tu cuerpo, bien podrás
ir de cierto al infierno, pero creeme que
en ninguna matJera podrás tornar a salir de allí. No está muy lejos de aquí una
noble ciudad de Acaya que se llama Lacedemonia. Cerca de esta ciudad busca
un monte que se llama Ténaro, el cual está apartado en lugares remotos. En este
monte está una puerta del infierno, y por
la boca de aquella cueva se muestra un
camino sin caminantes, por donde, si tú
entras, en pasando el umbral de la puerta, por la canal de la cueva derecho podrás ir hasta los palacios del rey Plutón;
pero no entiendas que has de llevar las
manos vacías, porque te conviene llevar
en cada una de las manos una sopa de
pan mojada en meloja, y en la boca has
de llevar dos monedas, y desde que ya
hubieres andado buena parte de aquel
camino de la muerte, hallarás un asno
cojo cargado de leña, y con él un asnero
también cojo, el cual te rogará que le des
ciertas chamizas para echar en la carga
que se le cae, pero tú pásate callando sin
hablarle palabra, y después, como llega-

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.APULEYO

PSIQUIS Y CUPIDO

res al rfo muerto donde está Carón, él
te pedirá el portazgo, porque así pasa él
en su barca de la otra parte a los muertos que allí llegan, porque has de saber
que hasta allí entre los muertos hay avaricia, que ni Carón, ni aquel gran rey
Plutón, hacen cosa alguna de gracia, y
si algún pobre muere, cúmplele buscar
dineros para el camino, porque si no los
llevare en la mano, no le pasarán de allí.
A este viejo sucio darás en nombre de
flete una moneda de aquellas que llevares, pero ha de ser que él mismo la tome
con su mano de tu boca Después que hubieres pasado este río muerto, hallarás
otro viejo muerto y podrido, que anda
nadando sobre las aguas de aquel río, y
alzando las rnanos te rogará que lo recibas dentro en la barca; pero tú no cures
de usar piedad, que no te conviene. Pasado el río, y andando un poco adelante,
hallarás unas viejas tejedoras que están
tejiendo una tela, las cuales te rogarán
que les toques la mano, pero tú no lo hagas, porque no te conviene tocarles en
manera _ninguna. Que has de saber que

todas estas cosas y otras muchas nacen
de las asechanzas de Venus, que querría
que te pudiesen quitar de las manos una
de aquellas sopas, lo cual te sería muy
grave daño, porgue si una de ellas perdieses, nuoca jamás tornarías a esta vida. Además de esto, sepas que está un
poco adelante un perro muy grande, que
tiene tres cabezas, el cual es muy espantable, y ladrando con aquellas bocas
abiertas, espanta a los muertos, a los
cuales ya ningún mal puede hacer, y
siempre está velando ante la puerta del
oscuro palacio de Proserpina, guardando la casa vacía de Plutón. Cuando aquí
llegares, con una sopa que le alcances lo
tendrás enfrenado, y podrás luego pasar
fácilmente y entrarás adonde está Proserpioa, la cual te recibirá benigna y alegremente, y mandG.rte há asentar y dar
muy bien de comer. Pero tú siéntate en
el suelo, y come de aquel pan negro que
te dieren, y pide luego de parte de Venus
aquello porque eres venida, y recibido lo
que te dieren en la bujeta, cuando tornares, amansarás la rabia de aquel perro

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.APUL"EYO

PSIQUIS Y CUPIDO

con la otra sopa. Y cuando llegares al
barquero avariento, darle has la otra
moneda que guardaste en la boca, y pasado aquel río, tornarás por las mismas
pisadas por donde entraste, y así vendrás a ver esta i,:laridad celestial. Pero
sobre todas fas cosas, te apercibio que
guardes una : que en ninguna manera cures de abrir ni mirar lo que traes en la
bujeta, ni procures de ver el tesoro escondido de la divina hermosura." De esta
manera aquella torre, habiendo mancilla
de Psiches, le declaró lo que le era menester de adivinar.
No tardó Psiches, que luego se fué al
monte Ténaro, y tomados aquellos dineros y aquellas sopas como le mandó la
torre, entróse por aquella boca del infierno, y pase.do callando aquel asnero cojo,
y pagado a Car6n su :flete porque le pasase, y menospreciado así mismo el deseo
de aquel viejo muerto que andaba nadando, y también no curando de los engañosos ruegos de las viejas tejedoras y
habiendo amansado la rabia de aquel temeroso perro con el manjar de aquella

sopa, llegó pasado todo esto a los palacios de Proserpina, pero no quiso aceptar el asentamiento que Proserpina le
mandaba dar, ni quiso comer de aquel
manjar que le ofrecían, mas humildemen,
te se sentó ante sus pies, y contenta con
un pedazo de pan bazo, le expuso la embajada que traía de Venus, y luego Proserpina le hinchó la bujeta secretamente
de lo que pedía, la cual luego se partió, y
aplacado el ladrar y la braveza del perro
infernal con el engaño de la otra sopa
que le quedaba, y habiendo dado la otra
moneda a Carón el barquero porque la
pasase, tornó del infierno más esforza.d a
de lo que entró. Y después de adorada la
clara luz del día que tornó a· ver, como
quier que en cumplir esto acababa el servicio que Venus le había mandado, vínole al pensamiento una temeraria curiosidad, diciendo: "Bien soy yo necia, trayendo conmigo la divina hermosura, que
no tome de ella siquiera un poquito para
mí, para que pueda aplacer a aquel mi
hermoso enamorado." Y como esto dijo,
abrió la bujeta, dentro de la cual niogu-

�!JO

..tPIJLEYO

na cosa había ni hermosura alguna, salvo un sueño infernal y profundo, el cual
como fué destapado, cubrió a Psiches de
una niebla de sueño grueso, que todos
sus miembros le tomó y poseyó, y en el
mismo camino por donde venía cayó
durmiendo como una cosa muerta.
Pero Cupido, ya que convalescía de su
llaga, no pudiendo tolerar ni sufrir la
luenga ausencia de su amiga, estando ya
bien dispuesto y las alas restauradas,
porque había días que holgaba, salióse
por una ventana pequeña de su cámara
donde estaba encerrado, y fué presto a
socorrer a su mujer Psiches, y apartado
de ella el sueño y lanzado otra vez dentro en la bujeta, tocó livianamente a
Psiches con una de sus saetas ydespertóla diciéndole: "Aun tú, mezquina, de ti
no escarmientas, que poco menos fueras
muerta por semejante curiosidad que lo
que hiciste conmigo; pero ve ahora con
la embajada que mi madre te mandó, y
entre tanto yo proveeré en lo otro que
fuere menester. " Dicho esto, levantóse
con sus alas y fuese volando. Psiches lle-

PSIQUlS Y CUPIDO

01

vó lo que traía de Proserpina y diólo a
"Venus.
Entre tanto, Cupido, qtte andaba muy
fatigado del gran amor, la cara amarilla,
temiendo la severidad no acostumbrada
de su madre, tornóse al almario de su pecho, y con sus ligeras alas voló al cielo y
suplicó al gran Júpiter que le ayudase, y
recontóle toda su causa. Entonces Júpiter tomólo por la barba, y trayéndole la
mano por la cara, comenzólo a besar, diciéndole: "Cómo quier que tú, señor hijo,
nunca me guardaste la honra que se debe
a los padres por mandamiento delos dioses, pero aun este mi pecho, en el cual se
encierran y disponen todas las leyes de
los elementos, y a las veces de las estrellas, muchas veces lo llagaste con continuos golpes del amor y lo ensuciaste con
muchos lazos de terrenal lujuria, y lisiaste mi honra y fama con adulterios torpes
y sucios contra las leyes, especialmente
contra la ley Julia y la pública disciplina,
transformando mi cara y he'rmosura en
serpientes, en fuegos, en bestias fieras, en
aves y en cualquier otro ganado. Pero

�!)2

-

.APUT.EYO

- - -~~-

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con todo esto, recordándome de mi mansedumbre, y que tú creciste entre estas
mis manos, yo haré todo lo que tú quisieres, y tú sépate guardar de otros que
desean lo que tú deseas. Esto sea con una
condición: que si tú sabes de alguna doncella hermosa en la tierra, que por este
beneficio que de mí recibes, debes de pagarme con ella la recompensa."
Después que esto hubo hablado, mandó a Mercurio que llamase todos los dioses a concilio, y si alguno de ellos faltase,
que pagase diez mil maravedís de pena.
Por el cual miedo todos vinieron y foé
lleno el palacio donde estaba Júpiter, el
cual, asentado en la silla alta comenzó a
decir de esta manera: "¡Oh dioses escritos en el blanco de las musas'. Yosotros
todos sabéis como a este mancebo que
yo crié en mis manos, procuré de.refrenar
los ímpetus y movimientos ardientes de
su primera juyentud. Pero harto basta
que él es infamado entre todos de adulterios y de otras corruptelas, por lo cual es
bien que se quite toda ocasión, y para
esto me parece que su licencia de juven-

PSIQUIS Y CUPIDO

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tud se debe de atar con lazo de matrimonio. El ha escogido una doncella, la cual
privó de su virginidad; téngala y posé~la, y siempre use de sus amores"; y diciendo esto, volvió la cara a Venus, y díjole: "Tú, hija, no te entristezcas por esto, ni temas a tu linaje ui al estado del
matrimonio mortal, porque yo haré que
estas bodas no sean desiguales, mas legítimas y bien ordenadas, como el derecho
lo manda.' ' Y luego mandó a Mercurio
que tomase a Psiches y la subiese al cielo, a la cual Júpiter dió a beber del
vino de los dioses, diciéndole: "Toma,
Psicbes; bebe esto y serás inmortal; Cupido nunca se apartará de tí. Estas bodas vuestras durarán para siempre.''
Dicho esto, no tardó mucho cuando vino la cena muy abundante, como a tales
bodas convenía. Estaba sentado a la mesa Cupido en el primer lugar, y Psiches
en su regazo. De la otra parte estaba Júpiter con Juno su mujer,_ y por su or?en
todos los otros dioses. El vino de alfaJor,
que es vino de los dioses, ministraba Gauimedes a Júpiter como copero suyo, y a

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.\PCLEYO

los otros el dios Baco. Vulcano cocinaba
la cena. Las ninfas henchían de flores y
rosas y otros olores la sala donde cenaban. Las musas cantaban muy dulcemente. Apolo cantaba con su vihuela.
Venus entró a la suave música, y bail6
hermosamente. En esta manera era el
convite ordenado, que el coro de las musas cantase, y el sátiro hinchase la gaita,
y el dios Pan tañese un tamborino. De
esta manera vino Psiches en manos del
dios Cupido, y estando ya Psiches en el
tiempo de parir, nacióles una hija, a la
cual llamamos Placer.

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              <text>https://www.sinabi.go.cr/biblioteca%20digital/revistas/Coleccion%20Ariel.aspx</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Apuleyo</name>
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