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                  <text>Julio de 1915

--#

EDUARDO ACJ•:VEDO DIAZ .... .

El sol aznl de l:i Lyrn

RICARDO ARE:\',\LES ......... . . .

Pocs'as

PIO BAROJ,\ ......... .. ........ .. . .

El maestro Ezcabarte

E:\'RIQUE JOSIT. VARO~A.... . .. .

Un discurso

ALEJA:S:DRO O. DEUSTUA . .• • ..

U na rutin:i prrfecc,onada

REPERTORIO Bll3LIOGR.\FlCO
.\POSTILLAS
&lt;;. LO\YES DICKI:S:SON ........ ,

La Gurrrn S:1nt:1.

S AN JOSE DE COSTA RICA, C . A .
Im pr e nta Gre íla s

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LIBROS CASTELLANOS RECIENTES:

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Ej~mplario &lt;le la vida el,· lo,

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sabios.
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J. Ce¡.lllor
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EL SOL AZUL DE LA l YRA

m;, ;,;,.mas

E~~~~~~:•;~s· ~)E LA

LECTURA

Paseo de Recoletos, 25. '.\1 ,,Ir" l.

CL rÍ~~ICOS C.\STELLXXOS
OBRA~ PU BLICADi\S

•

' ' . A _, M ,\[anu/,tS. Por don Tom:ise:Snvnrro.
Io
·
.,.;,\ .STA Tl·.RhS
• 01 ISA
-F.:aln&gt;. l'or D . •\mén co as r ·
T I R:-0 DI'. M ' • •p D Tom:'ís :-l~varro.
GARCIL,\SO.-()bm.1. or .

La obra de un autor no se juzga por la "escuela"; la llamada "escuela" no es más que
uoa moda a veces como ella extravagante, y
como toda moda, pasajera. La obra, en sí
misma, si algo vale, es fruto legítimo de la
concepción artística y del temperamento especial de quien la ha escrito. Inútil ha resultado
siempre, que los "nuevos" en la escena, los que
suponen que traen algo de genial reformador
eo la cabeza, nieguen a tal o cual libro su mérito intrínseco, porque es clásico, porque es
romántico, porque es naturalista, porque es
simbólico, porque es decadente, pues a ellos
les sucederá lo mismo o cosa peor, a poco andar en el mundo de sorpresas de las letras. Lo
único que queda, es lo que vieoe con el sello
preciso y auténtico de un ideal verdadero que
los espíritus selectos reconocen como culto
propio, sin mirarle el traje; lo que está concebido con la pasión cerebral de la convkción

1

5

■ 19LIOTECA

CE•..-aaa..

ILA..ILI.

ij

�tDCARDO ACE,El&gt;O DfAZ

una civilización. Donde el genio alumbra co·
rno un lucero, las multitudes grotescas ven
por vez primera por donde va el camino, y a
las que les suceden les imponen la costumbre
de seguirlo, aunque el !uce~J que continúa
irradiando en lo. infinito, ya se haya apagado.
Las familias homéridas, no fueron más que
un rastro del fulgor de Homero. De tal modo
obra el cerebro superior sobre la masa que vive de los instintos. La luz que enseñó una
vez el camino, se extinguió; pero, queda la
tradición de la luz.
Los jóvenes no deben ensimismarse en "es•
cuelas". Correspóndeles proceder por inspiración propia, hacer poesía o prosa según sus
impulsos desde que sientan bullir bajo su cráneo algo que no es lo vulgar o rutinario. Vale
la pena hacerlo nacer; pero, si es posible, con
"forma" suya. El buen artista modela su criatura con acendrado cariño. Se trata de un
hijo dilecto.
Déjese a algunos imaginarse que, antes de
aparecer en la tierra-gránulo que nunca sale
de un círculo fatal - ellos han pasado por
mundos donde reina una lógica superior; que
han hecho escala en su gira prodigiosa en el
lejano sol azul de la Lyra, a cuyas cercanías

sinc~ra, y parece escrito con san1?re; lo que la
misma conciencia ha dictado como expresi6n
íntima de la belleza y el corazón acompaña
con un himno de latidos vigorosos; loquese ha
soñado desde niño, se ha mejorado y sustentado en plena juyentud y se revela en edad
madura como esencia inteusa de la inspira·
ción y del arte.
No conviene preocuparse mucho de las "escuelas". Las así denominadas, son "formas"
más o menos novedosas, más o menos brillan•
te!&gt;, más o menos sugestivas, pero, "formas",
las que da el talento-pues esa es su misión .
El que crea, es el raro. Si se quiere, el que va
más allá del talento. Por eso, crear es un privilegio; pero el mismo que crea, no forma
"escuela"; hace algo superior, que sobrevive
en preeminencia: su esfuerzo intelectual poderoso, muere con él. Podrá imitarlo otro de
su mérito; tal vez no sobrepujarlo. Cada uno
en su esf~ra, y cada uno en su grado. En ern
proporción, el mismo Virgilio no pudo más
que Homero, ni el mismo Dante más que Yirgilio. Hablo en criticismo poético, con prescindencia de los entusiasmos y cultos locaks
de cada época y de cada medio.
La medida del genio puede ser la medida de

t

�4

EbtlARDO ACEVEDO DfAZ

nos arrastra nuestra estrella, según Moreux;
o que estuvieron antes en Arcturus, el espléndido sol del Boyero, cuyo tránsito se espera
de aquí a dos millones de años como el de un
arcángel suspirado de flamantes verdades y
grandes redenciones; y que en esas metas del
viaje por el infinito, recibieron siquiera una
chispa de la intensa claridad de aquella lógica
superior, suficiente para reformar y transformar la mísera condición humana.
Del ensueño ·nadie está libre, y menos el aeda de buena estirpe. Es en él un derecho de
cuna, y no hay por qué fastidiarse de sus alas
que no meten ruido como las del velívolo, y se
agitan en noches gigantescas a manera de
pensamie_n tos extra-terrestres que, una vez escapados del cerebro creador, no pueden ya volver a al&lt;,jarse en patria que no es la de ellos.
Serán ilusiones. Pero hay que admirarlas y
respetarlas. Constituyen la esperanza en una
vida mejor, y son en cuanto a vcnt,ija real lo
que un destello remotísimo del sol azul de la
Lyra.
EDUARDO A.cEVEDO

Dfaz

E s ¡:&gt;ara nosotros muy s::itisfactorio publicar esta bella lección
del cli_stinguido escritor uruguayo Eduarclo Aceveclo Díaz. Deseamos sinceramente que la aprovechen los jóvenes
Con el autor, muy agradecidos por la valiosa colaboración.
(N. delD)

Ei.\: LOOR DE LOS i.\:IÑOS
Los niños son tran quilos y suaves:
llenan la tarde y llenan la mañana
sus manos puras y sus ojos graves.
Divinamente saben la canción
del prodigioso ritmo sub-oído
que hace regocijar el corazón;
y en los brazos abiertos de la noche ·
gustan la maravilla del olvido:
olvidan luz, y amor, y gozo, y pena,
y la trisca pu1:;ril en los senderos
donde se imprime en la menuda arena
el tibio rastro de sus pies ligeros.
Despiertos ya, nos buscan con aquella
m ansedumbre jovial con que los pájaros
buscan la sombra del en biesto ro ble:
se ponen a jugar, cantan en coro, ...
ricos de una bon dad resplandeciente,
jamás economizan su tesoro.
En sus almas recónditas se inicia
una virtud secreta, que se esconde;
mas cuando llega la oca~ión propicia,
el Tiempo llama y la virtud responde !

�6

RICARDO AREKALES

¿ Qué me queréis, oh vocingleros niños
de fresca voz y suavidad de nardo,
que, como ofrenda de olorosos bienes,
ponéis la gracia de las risas puras
sobre el cansancio de Maín Ximenes?

ACTO DE AGHADECIMIE8TO
Sólo hay un bien preciso: poseer cabalmente,
por sobre tod_o engaño, nuestra sabiduría;
y como el agua clara rebósase en la alberca,
dejar que el alma llenen el valle,elmonte, el día ...
Yo he cruzado la senda que ennoblece la grarr:a
y decoran los árboles ancianos y robustos,
en donde el aire libre sus músicas derrama,
de severos compases magníficos y augustos.
He visto ya las hierbas olorosas
de florecer sencillo, que adornan las campañas ;
y espartos de los brutos, concól vulos, llantenes,
amapolas de Abril, y alóes, y espadañas.

.

"

POEli'ÍAS

Y azoradas mujeres que entornando la puerta
rendíanse a la dulce zozobra del amor.
He visto ya los niños fraternales
jugar del campo en el sopor profundo
en armoniosas luchas irreales;
y del tiempo en los giros limitados,
crecer, amar y renovar el mundo ....
Y he visto el Mar, que todo lo compendia;
y más allá del Mar, la génesis del día:
de modo que poseo justamente
la riqueza inefable de mi sabiduría.
Si un rayo de los cielos viene a cegar mis ojos
dejándolos en sombra de repente,
¿ qué ha de impetrar mi alma enajenada?
¡ Fuera de esta visión que llevo ya conmigo,
Señor, no busco nada;
Señor, no quiero nada !

LA ESTRELLA DE LA TARDE
A Lcopoldo de la Ro,a

He visto ya las mieses abundantes,
orgullo del labriego, bajo la luz de Octubre:
y el ópalo de mil estrellas rutilantes,
y vagarosas nubes del cielo que me cubre.

Un monte azul, un pájaro viajero,
un roble, una llanura,
un niño, una canción .... Y sin embargo,
nada sabemos hoy, hermano mío.

Y la sangre que brota de alguna herida abierta
bárbaramente ... ¡ oh dolor!¡ oh pavor!

Bórranse los senderos en la sombra;
el corazón del monte está cerrado,

�_8_ _ __ _ _R_I_C'ARDO

ARENAL_E_s _ __ _ _ __

POEBfAS

9

y el perro del pastor trágicamente
viene a ladrar al césped del vallado.
Apoya tu fatiga en mi fatiga,
que yo mi pena apoyaré en tu pena,
y llora como yo por el influjo
de la tarde traslúcida y serena.

¿ Qué piadosa influencia
vierte en nuestro dolor un bálsamo radiante ?
¿ Quién prende a nuestros hombros
manto real de púrpuras gloriosas,
y quién a nuestras llagas
viene y las unge y las convierte en rosas?

¿ Quién puso en nuestras vidas
esta esperanza trémula,
este orgullo anhelante
y esta emoción callada ?
¡ Hermano mío en la inquietud constante,
nunca sabremos nada !

Tú, que sobre las hierbas reposabas
de cara al cielo, dices de repente:
'' La estrella de la ta1 de está encendida".

¿ En qué fértiles costas de armonía
los dioses arrullaron nuestro sueño?
¿ Quién nos da los carbones inextintos
de la ardiente ilusión, y la resina
que en nuestros cantos pone su fragancia?
¿ Qué voz suave, qué inquietud divina
halla en nuestra inquietud su resonancia?
Toda interrogación, en el vacío
cae, como los bólidos nocturnos
en el fondo del mar; toda pregunta
vuelve a nosotros trémula y fallida,
como del choque en el cantil fragoso
la flecha por el arco despedida .
Hermano m ío en el impulso errante,
nunca sabrem os nada. Y sin embargo ....

Avidos buscan su fulgor mis ojos
a través de la bruma, y ascendemos
por el hilo de luz .... Un grillo canta
en los repuestos musgos del cer cado,
y un inc..:ndio de estrellas se levanta
en tu pecho, tranquilo entre la tarde,
y en mi pecho en la tarde sosegado.
RICARDO ARENALES
(De El Corazón /lumillaáo.)

�EL )!.A.ESTRO EZCABARTE

EL MAESTRO EZCABARTE OLA LIMITACION
Este punto de la filosofía práctica de si es mejor limitarse en la vida o no, me ha preocupado
siempre. La mayoría de los antiguos estoicos
han recomendado la limitación. Schopenhauer
dice varias veces: ''.Limitarse es hacerse feliz".
Goethe escribió una poesía con este título: En

nada puse mi deseo.
Schopenhauer, que en Parerga y Paralipomena afirma que limita rse es hacerse feliz, en
otros parágrafos del mismo libro dice que vale
más ser desdichado en plena civilización que feliz dentro del salvajismo.
Nietzsche se indigna también contra los que
buscan esa tranquilidad tan del gusto de las mujeres, de las v?.cas y de los ingleses.
¿ Hay que limitarse o no hay que limitarse?
¿ Hay que comprimirse, como diría un chulo de
teatro, o hay que expandirse, como diría un pedante también de teatro? He aquí la cuestión.
El verano pasado hice una excursión en automóvil por la Rioja. Me encontré en Logroi'ío con
un amigo que tenía fábrica de productos farma-

11

céuticos, que se proponía visitar varios pueblos.
Nos asociamos y salimos; él a correr sus productos, yo a correr por los caminos.
Un día paramos en un pueblecillo a almorzar.
Mi amigo bajó del automóvil y se fué a hacer
sus visitas; el chauffeur y yo nos quedamos en
el atrio de la iglesia viendo cómo los chicos jugaban a la pelota.
Estando allá vino mi amigo en compañía de
un joven que parecía escapado de una taberna
del Barrio Latino, un hombre pálido, de ojos negros, vestido de luto, con sombrero flexible y
gran chalina negra. Era el médico del pueblo.
Este hombre que tenía cierto aire de carnero,
me saludó con voz desfallecida y dijo que ,me rogaba fuera en su compañía a tomar café . .
Llegamos a casa del médico y nos subió a un
despacho cerrado, lóbrego, que olía a ácido fénico.
El médico parecía haber buscado el modo de
que su cuarto fuera desagradable; tenía en la pared unos cüadros de enfermedades de la piel, Y
sobre un armario un feto en un frasco y otra
piltrafa nauseabunda en otro.
El médico mandó t raer a su mujer café, un café sin color, que me pareció también fenicado, y
un aguardiente que sospeché si lo habría sacado
del frasco del feto.
¡1]ientras sorbíamos el brevaje, el médico quiso

�12

Pfo BAROJA

convencernos de que era un grande hombre no
comprendido, y como no tenía tiempo para ello,
en meda hora nos leyó seis poesías, tres artículos, un capítulo de novela de gran perversidad
según él, nos mostró un recorte de un periódico
donde le llamaban inspirado y genial y un retrato suyo en un periódico de la localidad.
El hombre quería que yo le diese noticias de
la vida literaria de Madrid. ¿ Era verdad que
García había llegado? ¿ Era cierto que Pérez entraba en el gran mundo? Yo le dije que no conocía ni a García ni a Pérez, y que creía que ,en
Madrid nadie llegaba a ninguna parte. Entonces
el médico, con su aire de carnero, habló de sus
nostalgias. Aquel pueblo, según él, era un pueblo de brutos; a él no se le comprendía. Dijo
también que él se levantaba a las doce del día
y se acostaba a las tres de la mañana. No podía
aguantar la vida vulgar, corriente, banal.
Nos corría el tiempo y salimos del antro fenicado presidido por el feto.
-¿ Qué le ha parecido a usted ?-me dijo mi
amigo ya en el automóvil.
-Insoportable, tan insoportable como su despacho, su café y su feto. Además sospecho que
en el fondo este hombre es un idiota.
Un mes después iba yo con un amigo en un
tílburi desde Vera de Navarra a Pamplona.

18
Al subir el a lto de Velate una herradura de
nuestro caballo comenzó a resonar. Poco después el caballo perdía la herradura y tuvimos
que marchar despacio.
-Iremos a un pueblo de aquí cerca-dijo mi
amigo-, y le veremos a Ezcabarte.
-¡ Ezcabarte !-dije yo-. ¿ Quién es Ezcabarte?
-Un herrador.
-¿ Si será un condiscípulo mío de la infancia,
Martín Ezcabarte?
-El mismo.
Martín Ezcabarte, cuando le conocí en Pamplona hace ya muchos años, era un tipo alto, un
poco encorvado de espaldas, gran jugador de pelota, fuerte como pocos. Cultivaba una semiblasfemia con gracia; sustituía la palabra Dios por
Diez, o por Sos, o por Reus, y se encarnizaba.
Martín Ezcabarte era un estudiante malísimo.
De él se contaban anécdotas. El profesor de Geometría, que parecía el Comendador por lo serio,
lo pálido, lo trágico y la blanca perilla temblorosa, le dijo una vez con voz sepulcral:
.
-Señor Ezcabarte, trace usted una circunferencia. Ezcabarte tomó un cordel y tiza y la
trazó en el encerado.
-Ahora tire usted la cuerda.
Ezcabarte cogió el cordel y lo tiró al suelo. Todos los condiscípulos nos echamos a reir. Ezcabarte, mirándonos, preguntó:

�14
-¿Qué? ¿ De qué os reís ? ¿ No me ha dicho
que tire la cuerda?
En el examen de Historia Natural, Ezcabarte
estuvo también gracioso.
-En el fruto-le dijo el profesor-hay pericarpo, mesocarpo y endocarpo. ¿ No es verdad?
-Sí, señor.
-¿ Qué se comería usted de un melocotón ?
¿ El pericarpo, el mesocarpo o el endocarpo?
-El endocarpo-dijo Ezcabarte decidido.
-Pero, hombre, el endocarpo es el hueso. ¿ Usted se comería el hueso de un melocotón?
-Por una apuesta, sí.
El profesor sonrió y dijo:
-No está usted hecho mal melocotón.
Recordando éstas y otras anécdotas de Ezcabarte nos acercamos al pueblo y llegamos a la
fragua del herrador. Nos asomamos a la puerta
Y, entre una nube de chispas, vi acercarse a un
hombre fornido, con la cara rasurada, alegre y
los ojos brillantes. Era el mismo E7.cabarte.
Me miró, me conoció y se echó a reir.
-¿ Tenéis que pasar aquí la noche ?-dijo.
-Sí, aquí la pasaremos.
Ezcabarte se metió los dedos en la boca y silbó con un silbido agudo. Apareció un chico y
Ezcabarte le dijo :
-Anda, llévales a estos señores a casa y dile
a tu madre que son amigos míos.

tt

~!AÉSTRO tzC!.-IBAllil'Ji!

.

15

Fuimos a la casa de Ezcabarte, que era posada. Abajo tenía carnicería y taberna, arriba comedores y alcobas. La casa estaba limpia, recién pintada; la mujer de Ezcabarte era una mujer guapa y todavía joven, madre de una lechigada de chiquillos.
Nos enseñó la casa y la huerta. A la hora de
cenar llegó Ezcabarte y nos condujo al comedor.
Ezcabarte vivía admirablemente. En la cena hablamos de nuestra infancia y a los postres nos
obsequió con una botella de champagne.
Por tener huéspedes amigos, aquella noche el
herrador se acostó a las diez, porque su costumbre era estar en la cama a las nueve.
A la mañana siguiente aparejamos el coche y
nos acercamos a la f1 agua de Ezcabarte. El herrador salió a saludarnos.
-Ezcabarte-le dije-, eres un sabio.
-Yo no, chico, no; ni quiero.
-Sí, eres un sabio. Tienes la sabiduría que no
se enseña, pero que es la más grande y más . profunda. Yo cuando pueda haré algo como tú ; me
dedicaré a cultivar mis coles y mis habichuelas.
-Bah, no lo harás.
-Sí lo haré, y vendré a d ecirte: Ezcabarte,
aquí tienes un discÍpulo.
Nos despedimos del herrador, y al montar en
el coche grité yo quitándome la boína: ¡ Viva E zcabarte ! ¡ Viva la limitación! Sí. ¡ Viva la limi-

�rn

¡,fo

BAROJÁ.

tación, amigo Ezcabarte ! Porque aunque existan muchas cosas en el mundo que hagan más
ruido que tu martillo, no por eso son más eficaces ni más definitivas. ¡ Viva la limitación! Porque el resplandor de las chispas de tu fragua
puede competir en brillo con otros resplandores.
Viva la limitación que nos da un país, un ambiente, una montaña en lo lejano, y que, si nos
cierra el camino de las aspiraciones teatrales, no
nos impide pensar, ni querer, ni soñar...
Un lector-¡ Pero usted es un farsante, señor
Baroja ! ¡ Usted se contradice!
Yo.-Hombre, no. Es que estoy cantando el
aria de la Limitación.

Pío
( Espaiía. Madrid)

BAROJA

DI_SC U RSO
DEL SR. DR. ENRIQUE JOSÉ VARONA, LEÍDO EN'
LA SESIÓN SOLEMNE DE SU RECEPCIÓN COMO
MIEMBRO DE NÚMERO DE LA SECCIÓN DE
LITERATURA, CELEBRADA EL DÍ!
11 DE ENERO DE 1915.

Señores Académicos:
En mom~ntos bien oscuros y dolorosos me
veo obligado a dirigirme a vosotros. Pero
me habéis honrado, llamándome a vuestro seno; y no me es posible dej~r de corresponder a
Jo que me impone la gratitud y a lo que demandan nuestros estatutos.
_
Bien quisiera creer que es obra de los a~os,
de mi edad que me ha hec~o 1;11ás susce_Pt!ble
por los dolores de la expenencia, el sentimiento de horror que me embarga ante el espectáculo estupendo del m~o_d_o en guerra. Pero
sería desestimar la sens1b1hdad y desconocer
la potencia. de pre;isi_óo _de los demás, suponerlos siqmera mas 10d1ferentes ~ los males
que presenciamos y de cuyos terribles efectos
distamos mucho de estar exentos.
Nunca, ciertamente, había caído sobre los
hombres calamidad más completa. Las na-

�18

ENRIQUI! JOSE VARONA

ciones más cultas, ricas y poderosas de Europa y sus inmensos imperios coloniales en ambos hemisferios, el Japón, todavía para nosotros tierra casi incógnita y nuestro más próximo vecino México, se despedazan 'y hacen
crugir hasta los cimientos la enorme estructura gigantesca de la civilización coetánea.
Cuanto amamos, cuanto nos inspiraba confianza en el saber y la industria humanos,
cllanto alentaba nuestras esperanzas de ir cada vez más adelante y con rapidez centuplicada en la conquista de la naturaleza, y, sobre
todo y ante todo, el sentimiento de la confraternidad de los espíritus superiores, destinado
a caer en lluvia benéfica sobre los demás hombres, todo se estremece y bambolea al estruendo de los morteros ciclópeos, a la luz fatídica
de los incendios, a la visión apocalíptica de
las máquinas de muerte que surcan los aires,
que van por los mares o que se escurren sigilosamente bajo su traidora superficie, para
sacudir a su paso ruinas y cadáveres.
Dllra prueba, para los espíritus reflexivos y
madurados por la experiencia de la vida, esta
inaudita conflagración. Dura, porque nos presenta los resultados más estupendos de la
ciencia aplicada puestos al servicio de una
obra insensata de destrucción; más dura aún,
porque nos hace asistir a la resurrección de
sentimientos que podríamos creer enterrados
para_ siempre con las edades en que eran predommantes. CuaQdo los sabios se han visto

l&gt;ISCú RSO

19

obligados a cohonestarla, nos dan por única
disculpa el antagonismo de _razas, ~ermanos
contra eslavos. Lo que qutere decir que se
evoca un mito el de la raza, para disculpar el
odio o el miea'o que es en el fondo lo mismo,
de p~eblo a pueblo. Porque no es difícil observar que hay provincias eslavas en el imperio alemán, y que millones de ~slavos, muchos
de ellos fieles súbditos y conscientes y voluntarios partícipes del estado, forman la mayoría del imperio austro-húngaro.
Y no porque se haya bebido. a ~randes _sorbos el licor amargo de las destlustones, deJa el
hombre de contemplar con melancolía el derrumbe de lo que juzgaba sólida conquista de
la humana labor. Luchamos, aún sm saberlo por mantenernos a flote en este mar torm~ntoso del desencanto, y nos obstinamos en
conservar siquiera la fe en las fuerzas de_l corazón y de la mente, empeñadas en meJorar
las condiciones de la vida.
Ante las exigencias de la estrategia, por n~cesidades del ataqu.:! o la defensa, hombres civilizados hacen tabla rasa de obras de las
más refinadas del arte, testigos mudos y elocuentes de los esfuerzos y de la potencia del
espíritu de nuestros predecesores. Descarga
la metralla sobre el recinto de las universidades; y se hunden bajo los escombros los ~paratos científicos y se ahuyentan. sobrec?~tdos
los que los manejan, o se les retiene apr~s1onados. Pueblos enteros son raídos de la superfi-

�20

2l

ENRTQU~, ,TOSE VARONA

DISCURSO

cie de la tierra, y millones de seres humanos,
laboriosos, activos, infatigables en su lucha
de progreso y ci,•ilización quedan convertidos
en piaras humanas sio abrigo, desnudas y
hambrientas. La humana piedad de gente remota tieoe que acudir, sin saber si ha de conseguirlo, a ampararlos, a disputárselos a las
más espantosas de las muertes.
Pone espanto el pensar en que la más sólida
conquista del espfritu humano, durante su
ob_sti?ada labor de siglos, la ciencia, sea la
pr10c1pal colaboradora de esta obra nefanda.
Su fin primordial, nacido de la necesiaad que
la amamantó a sus pechos, ha sido ayudar al
hombre a emanciparse de los riesgos con que
lo amagaba la omnipotencia de la naturaleza
circunstante y a librarse de los tormentos infi oi tos de su espíritu poseído por los terribles
fantasmas que lo asediaban, y lo paralizaba n
o lo empujaba n a acciones insensatas. Su fin
era por tanto defenderlo, sosegarlo, hacerlo cada vez más libre. Y la vemos con dolor
convertida en elemento fulminante de ruina, y
volverse con furia contra sí misma , poblando
de horrores la mente esclavizada. Orestes entregado de nuevo a las Euménides que había
logrado ahuyentar.
A la vez, si volvemos los ojos al campo de
las letras, a la región de las a rtes, eternas
consola doras v a lentadoras del ánimo sobrecogido, perenr:i'e estímulo para la voluntad enflaquecida o vacilante, nos sorprende el silen-

cio mortal en que yacen, o nos lastiman el
lamento desgarrador o la tremenda imprecación de que se hacen eco. Cuando no viene a
sumirnos en amarga estupefacción la sangrienta saturnal a que se entrega en algunas
de sus manifestaciones más populares, como
en la caricatura. Ninguno de los sentimien.tos
alentadores, ninguna de las emociones que·
dan temple al ánimo y lo ennoblecen se abren
paso y adquieren la expresión correspondiente a la sublimidad de esta tragedia colosal.
No se descubren los videntes, ni surgen los vates que profieran las voces necesarias, las que
confortan, cuando todo vacila y parece desplomarse la razón de la existencia.
Poco importa que conozcamos, por la reflexión sobre lo pasado, las causas del fenómeno doloroso. No por eso es menos doloroso. Hasta ahora la explicación del motivo no
ha sido nunca de por sí el remedio del mal.
Toca sólo a los espectadores estremecidos,
aunque se encuentren en segundo t érmino, dolerse con honda amargura de todos y cada
uno de los lastimosos episodios de esta universa l calamidad, tan próxima ya a ser universal catástrofe.
Y tanto más nos toca a nosotros, cuanto
que no nos faltan en nuestro p ropio campo,
en nuestra patria, razones bien visibles de sobresalto y temor más que justificado. Un sentimiento, ahora de congoja, es el que me domina, al fijar los ojos en los a menazadores

�22

ENRIQUE JOSE VARONA

síntomas de la descomposición política de
Cuba.
No creo que nadie pueda pensar que voy a
prevalerme de este acto, tan serio para mí,
tan importante por las personas a quienes en
primer término me dirijo, para enzarzarme en
las espinas de los reproches cotidianos de los
partidos. Miro a más, y anhelo llegar más
hondo. Miro a la patria, y me pregunto con
zozobra si la estamos fortaleciendo, o si estamos empeñados, aun sin saberlo, en derruirla·
si nos damos cuenta de que aúo no ha termi:
nado la dura labor previa de constituirla, según demandan las exigencias de la época qui!
alcanzamoi,,, y las peculiares dificultades que
nuestra composición social nos presenta, o si
nos creemos ya sobre terreno limpio y firme,
donde nos podemos entregar sin riesgo inruedia~o a juegos de azar y habilidad con el porvemr.
Y precisamente a los que están encargados
de representar por medio de signos verbales o
de signos visibles la vida que los rodea y les
impreshna, a los literatos y artistas, toca
muy de cerca e interesa muy mucho estar bien
penetrados del estado y alcance de esos premiosos problemas.
Eo estos mismos días, oo ha cesado aun por
c?mpleto_ el período más importante, por su
s1go1ficac1ón y consecuencias, de ios que impont:n sucesivamente a la actividad del ciudadano los deberes de su función pública. Acaba-

DISCURSO

23

mos, es decir, se acaban de celebrar elecciones.
Aún se realizan sus últimas operaciones. El
pueblo de Cuba, el de los tremendos sacrificios
de medio siglo por la independencia de la patria, ha sido llamado a designar los hombres
en quienes deposita su confianza para darle
leyes, esto es., para señalarle los r~mbos _que
debe seguir. Apenas han transcurrido qumce
años desde que puede realizarlo. ¿Qué espectáculo hemos presenciado? Sonroja el recordarlo. El pueblo holgaba lejos de los colegios
electorales o los designaba con sonrisa burlona e indiferente. Buscaba con mirada entristecida la valla de gallos clausurada o la taberna
difícilmente entreabierta. En los círculos privilegiados se jugaba no muy a escondidas. En
los lugares de votación se jugaba sin rebozo
con la honra, con la seguridad, con el porvenir de la patria. Corrían el oro, los billetes, los
cheques, basta nombramientos en blanco para
ir a formar parte de los conmilitones de nuestra renta por excelencia, de la renta de nuestros establos de Augías. El sufragio universal
cubano nada tenía ya que echar en cara al sufragio más que restringido de aquella Gran
Bretaña de las "circunscripciones podridas" .
Los tigres de Tammany Hall huían avergonzados en plena derrota.
.
Si los enemigos actuales del parlamenta_rismo quieren argumentos, aquí pueden ve01r a
buscarlos copiosos y decisivos. Esto es lo que
hemos hecho en. poco más de una década de ·

�24

ENRl~l "E J OSE VARONA

la institución porque han luchado y sangrado
un ¡iglo las naciones de Europa y América.
Necesario de toda necesidad es que nos demos cuenta de que un mal, que sale así a la
superficie, con tan señalados y amenazadores
caracteres, está denunciando dolencia muy
honda y arraigada. La turbia corriente viene
de lo profundo ya revuelta con toda suerte de
impuras escorias. Nuestro triste pasado se ha
erguido de súbito, para lanzarnos al rostro
que en va11O hemos pugnado, nos hemos e~forzado y hemos sangrado tanto. La generación
de cubanos que nos precedieron y que tan
grandes fueron en la hora del sacrificio, podrá
mirarnos con asombro y lástima, y preguntarse estupefacta si éste es el resultado de su
obra, de la obra en que puso su corazón y su
vida. El monstruo que pensaba haber domeñado resucita. La sierpe de la fábula vuelve a
reunir los fragmentos monstru0sos que los
tajos del héroe habían separado. Cuba republicana parece hermana gemela de Cuba colonial.
¿Cuál de los males públicos que denunciá b a mos con indig nación no se ha reproducido?
Han vuelto a l asalto de la administración pública la incompetencia , el favor, el nepotismo
y la corrupción. H ay quienes resisten, pero
h ay quienes fla quean y hay quienes se rinden.
Hemos envenenad o la fuente misma en que
pt'bíamos beber la salud. Se pone la pequeña
a dministración de la justicia, que est á más en

DJSCURf O

25

contacto cotidiano con el pueblo, en manos
que entorpece la ignorancia, cuando no las
tuerce el interés. Se proclama la intangibilidad
de _lo mal adquirido. Y así se emponzoña la
conciencia pública, porque se nos hace desconfiar del esfuerzo, del trabajo; y se pone sobre
el pavés al afortunado, cualquiera que haya
sido el origen de su fortuna, la vara de Midas
qut ha hecho brotar su corriente de oro. Ya
no hay necesidad de a guardar la nave que nos
llevará a tierra distante con nuestras arcas
repletas. En los lugares más pintorescos de
los a lrededores o en el corazón mismo de la
ciudad bulliciosa se levantan los palacios de
aquellos a aquienes la suerte pródiga ha mirado con ojos risueños y ha descubierto el secreto de la fortuna improvisada. El mísero
sin pan los saluda con secreta envidia, y va a
compra r la fracción de billete que le promete falzamente, por otro camino, la misma suerte
deslumbrante. ¿Cómo podrá quejarse, si le hemos devuelto la lotería?
Seguimos administrando la hacienda pública con los mismos procedimientos que aprendimos en el período que t a nto a bominá barnos;
son la s mismas las fuent es a que pedimos los
ingresos, y el despilfarro ha adquirido la nobleza de una teoría del hirn público , a plica da
a sabiendas y pregona da como ex.celsa pa na cea. Sólo en esto hemos progresado . No son
parásitos fora steros; son pa rásitos indígenas
los que a ma manta mos a l seno ubérrimo del

�26

ENRIQUE JOSE VARONA

tesoro nacional, y estos parásitos se llaman
legión.
Como si nos empujara demencia suicida hemos ido socavando uno y otro día, con -1~ tenacidad del que realiza una obra vital los ci.
' de
m1~nt~s.en
que se afianza la dispensación
la J~stt_cia. H_emos, a despecho de jueces rectos
y bien 10tenc1onados, destruido la eficacia de
sus ~entencias y ~onvertido el Código Penal
en simple espantaJO de los pobres de espíritu.
Unas veces por servir a corredores interesados, otras por corresponder a mal llamados
se:vicio~ políticos, otras por mal dirigida conm1serac1ón, se abren las puertas de las prisiones, se abr_evia la duración de las penas, y no
hay consejo de secretarios del Despacho, sin
que al ~ía subsec~ente se publique la interminable hsta de los mdultos. Noble virtud es la
piedad, digno de un gobierno justo reconocer
la _falibilidad de los juicios humanos, necesario
evitar y _reparar los males que sin derecho hayan podido causarse, a_l velar por la seguridad
pú~hca¡ pe_ro n~ ~eg~1mos a este respecto el
~eJor cammo, 1;11 siquiera el bueno. Nos despen.amos a destaJo por el más peligroso de los
derriscaderos.
Como no hay forma de gobierno que no presente lamentables deficiencias como es mucho
más fácil teorizar sobre la ~anera de reo-irse
los hombres, que realizar siquiera un mediano
concierto en la vida colectiva, claro está que
no pretendo que nuestras instituciones hayan

DJSCURSO

27

escapado a esa dura realidad, al pasar de la
mente de sus fundadores a los vaivenes y sacudidas de la práctica cotidiana. Pero sí debemos señalar las desviaciones en que iofluy_en
las tendencias hereditarias, el influjo aún tnconsciente, de la imitación, las solicitacione~
de las flaquezas del carácter. Gobernar es v~gilar para que se cumplan las leyes, y es suministrar los medios de que se cumplan. Prever
lo posible para llegar a lo m~jor, y pr_ocura:
la manera de que se llegue sm sacudidas m
tropiezos. Nuestra constitución implica que el
gobernante. deba su elección a un partido,
pero el partido no debe ignorar que lo ha colocado no a su frente, sino al frente de la nación. Al frente para que dé testimonio de ella
ante los extraños, para que ~a represente. y
sea como su encarnación tangible, en sus discursos y en sus actos.
Tampoco debe el que gobi~rna ~lvida: ni
por sí, ni por lo que son_ sus mmediatos mstrumeotos, que ha de deJar a otros órganos
de la vida política el cuidado de la manera cerno la realizan. Una Secretaría no debe jamás,
por buenas y rectas que_ sean las in~e~ci&lt;:&gt;ne~
del que la ocupa, converttrse en comite. -Si as1
lo hace, aun sin quererlo, corrompe !ª.s ag?as
que en torno suyo fluyen . Como el vteJO mito,
éstas en vez de templar petrifican lo que
tocan.
No queramos, por otro lado, los que co!11pouemos la masa de los ciudadanos, sacudirnos

�28

El'[RIQUE J OSE VARONA

de nuestra porción de responsabilidad. No hagamos del gobernante un día nuestro ídolo
para incensado con fáciles encomios, y al otr~
burladero, tras el que pretendemos ocultar
nuestra cobardía o nuestra incompetencia.
Los males públicos son la obra de todos. En
e~ta forzosa colaboración entra la parte principal que toca a los que están incesantemente
en contact~ con la sensibilidad pública, la que
toca a los literatos y a los artistas.
En la esfera social no está todo perdido
mientras brilla a lo lejos y en lo alto el res~
plandor de un ideal. Vamos, aunque no queramos, aunque no nos demos cuenta de ello describiendo una espiral inmensa. Nos cerdan a
veces las tinieblas,. a veces el crepúsculo; pero
aún alentamos, st la esperanza de lo mejor
nos llama y nos conjura. Esas vislumbres son
v~gas .Y fugitiv_as, esas voces son inciertas y
m1stenosa s. Dichosos o menos infortunados
los zahoríes que ven o presienten, y tienen signos para revelarnos sus visiones gloriosas.
Uno de los grandes artífices de la palabra en
nuestros días, ~omain Rolland, ha dicho que
el papel del artista consiste en crear sol, cua ndo no lo hay . Esa es vuestra noble t a rea.
Pe_ro no hay que cla mar por la luz, como el
glonoso poet a alemá n, a la h ora de la muerte. En mita d de la vici a, y cuando llegan los
sombríos momentos de prueba como los que
he bosqueja do, corres ponde a l~s que conocen
el camino pa r a hablar a la s almas presentar~e

!Jl S&lt;JURSO

29

ante todos con sus evocaciones poderosas.
El arte no debe mirar hacia atrás, sino para
compara r las dificultades venci_das y las que
tiene que vencer, para descubnr los medios
que pusieron en juego sus nobles antecesores
y adaptarlos y mejora_rlos. Para apren?e! como se hace algo superior; nunca para 1mttar.
La imita ción es procedimiento de escuela y de
taller, quiero decir, 'tie aprendizaje. Es unyrocedimiento, un paso, un escalón. Hay 9menes
no van más allá. Son eternos aprendices, no
artistas. Su número es infinito, su papel estimable. Pero no es de ellos de los que tratamos. El peso poderoso es para los hombres
robustos. A.tlas o San Cristóbal, se necesitan
fuerzas de dclope para leva ntar el mundo.
El arte no debe encerrarse en círculos cerrados y estrechos, no debe emparedar~e en. co?-·
ventículos. Buenas son las academias, st tienen muchas puertas, y si a ellas conducen y
de ellas parten muchas a venidas. Nada de
Tebaidas misteriosa s. No hay que soñar con
abadías de Telemo repuestas y sombreadas
por encina s secula res. El lu_g ar delyoeta, del
pintor, del escultor, del músico, esta en la plaza pública. E l teatro de los _h elenos era tamb:én un h ipódromo; y s us hipódromos requerían el concurso de muchas a rtes.
Debe el artista mira r hacia adelante; pero
con ojos humanos. Hasta ?onde alean.za la
visión normal. No hay que ir a dar de bruces
contra esas quimeras que se han llamado mú-

�30

ENRJQúC JOSE VARONA

sica del porvenir o arte de pasado mañana.
No se vive sino en el presente; y enorme esfuerzo se necesita para vivir con plenitud de vida
en el presente. El día que fluye, que se escapa,
ese es el que hay que vivir, artistas; porque
ese es el que hay que hacer vivir de un modo
mejo_r, superior, a la multitud indiferente, que
debéis enseñar a sentir, a comprender a idealizar.
•
'
Así se obedece a la ley exigente e imperiosa
de la necesidad. Y mejor, mucho mejor resulta obedecer- a sabiendas, que someterse de
manera inconsciente. Estamos
en este día , en
.
es~e momento, en este mstante, y no podemos
deJar de e~tarlo. La emoción que nos posee,
el pensam1~oto que de ella depende y la traduce han nacido de todo ese mundo ambiente de
pasiones q~e se entr_ech?can y de conceptos,
que nos forJamos la ilusión de que las dirigen.
El rumor millares de veces repercutido de esas
batall~s que están durando meses y arrasando naciones, llega hasta aquí y nos envuelve
ahora. La vibración profunda y dolorosa de
nuestras dolencias nacionales de la hora actual babi~ _en el fondo de nosotros y nos roba
lf;l t~anqu1ltdad e~ esta fiesta de soñado esparcimiento del espíritu.
Hay n:iás aún. Creemos buscar un refugio a
Ja obHesión de lo actual en las creaciones sorprendentes de lo pasado, en Jos productos del
arte de los que nos precedieron. Vamos a alentar con ellos, a gozar o padecer con ellos. Va-

DISCURSO

31

mos a ser helenos con las epopeyas homéricas, a ser romanos con las sátiras de Juvenal,
o italianos con las visiones dantescas, o ingleses del renacimiento con el proteico Shakespeare, o españoles del tiempo de los Felipe
con la ironía serena de Cervantes, o alemanes
del Aufklaerung con la anchurosa y profunda
vena de Goethe, o franceses del siglo de las lu-

ces a los soplos fecundantes de los cuatro
vientos del espíritu del padre Rugo. Beatífica
ilusión. Eruditos o no, leemos el ciclo homérico con los ojos y la mentalidad de hombres
del siglo veinte, y lo traducimos y no podemos dejar de traducirlo al lenguaje de nues
tras emociones. Y exactamente nos ocurre lo
mismo con todas y cada una de las obras
maestras que nos hao legado los antecesores.
Por eso se llaman legión los que los han comentado, y pudieran llamarse legiones, según
el ardor y a veces el encono con que se han
combatido. Y por eso podemos confesar, aunque bajemos la voz, que no todos, ¡oh, no todos! encontramos en cada una de ellas la honda fuente de interés y de simpatía que nos
habíamos prometido. "Die Zeiten der Vergangeoheit-Sind uos ein Buch mit sieben Siegeln."
Los tiempos pasados son para nosotros un libro con siete sellos, decía al pobre pedantesco
Wagner la desengañada ciencia de Fausto.
¡El libro de los siete sellos! Dejemos, dejemos ese intrincado apocalípsis de lo que fué.
Nos llama otro mar no menos encrespado, pe-

�32

ÉNRIQfü: ,JOS:t: VARONA

ro. cuyas tempestades conocemos y cuyas corrientes podemos predecir a donde nos llevan.
P_rocu_r;mos sond:arlo y saber con certeza la
direcc10n de los vientos que lo agitan, para
que las cartas que de él tracemos aprovechen
a todos los que a la par de nosotros y por
fuerza lo navegan.
Se ha dicho y repetido que estamos en un
período d: transición, aunque lo cierto es que
la humanidad realmente se halla en transición perpétua. Lo que esto en ver.dad significa es que nuestra época, como cada una de
las pasadas, pe~o más premiosamente, porq_ue hemos ?uplt~ado · la velocidad adquirida,
t!ene sus e~1genc1as, en la forma de modifica•
c10ne_s sociales que hay que introducir y de
conflictos que les están aparejados y que hay
que resolver.
Permitidme, para despedirnos, señalar algunos.
Transformadas, al conjuro de la ciencia las
condiciones de
. la vida material , cada día' son
mayores, y tienen que serlo, las aspiraciones
morales de más grande número de hombres.
Son muc?os, son innumernbles, los qne aspir~n a mas,. porqu~ !ª saben que respiran y
como respiran, dire, alterando un ta oto el
aforismo célebre de un sabio cubano. Cuales•
quiera que sean nuestras opiniones personales
acerca de la solución mejor para las reivindicaciones socialistas, hay que buscarla desechando mucho rezago inservible de las' orga•

DISCURSO

33

ni?.aciones p~sadas, mejon~.ndo los ~nsayos
plausibles que se h3:n aphca~o, legislando,
sobre todo, como quien trabaJa para preparar la necesaria labor de mañana, y no pa_ra
sostener ta ya hoy inútil labor de lo que ~eJamos a la espalda. Lo que ~ué _debe servn: de
lección y ejemplo, para sust1tu1rlo convementemente; de boya que avisa el escollo donde
pudimos haber zozobrado. Hay por lo menos
que levantar el faro, sólido y alteroso, que
nos alumbre el camino incierto y qu~ ~ea el
ojo que se enciende para sondear las tm1eblas
del porvenir.
, .
.
El espíritu a las veces paradog1c&lt;?, pero smgularmente lúcido y profundo de Nietzsche ha
aseverado que, con una educación adecu~da,
durante siglos, se podrá hacer de las muJeres
lo que se quiera, hasta hombr~s; pe~o que, :n·
tre tanto, merced a su creciente 1~~uenc!ª•
atravesaremos un período de transición smgularmente borrascoso. No hay man:r~ de
evitarlo. Hay que disponer n_uestro espmtu a
la más difícil de las adaptaciones, a la adaptación inestable y a sabiendas inestable. Hemos de realizar múltiples ensayo_s, Y de presenciar y sufrir no pocas con~ocio?es, d~sde
las provocadas por l_a pe_rver,51dad infantil de
las feministas del tipo ingles, hasta las 1?ucho más serias y más hondas de l_as orgamzaciones de las mujeres norteamer!ca_nas. Pero
sobre todas se impone esta conv1cci6n,,que el
círculo de hierro y de fuego en que habia pre-

�34

ENR!Qi:11!. .TOSE VARONA

tendido el hombre encerrar a la que llamaba
con inconsciente hipocresía su compañera, se
ha rotu para siempre. La más quimérica de
las empre!-as sería tratar de soldarlo, en cualquier forma. Hay ya algo definitivo y de inca h:ula bles consecuencias: la emancipación del
espíritu de la mujer. Despidámonos, no sin
ciert a melancolía, de la Eva bíblica, y demos
otra significación mucho más honda al eterno
femenino del poeta.
No menos grave es la crisis en que se encuentra otra de nuestras ideas más caras, y, fijémonos bien, de las más recientes: la de la paz
universal. No quiero decir con esto que sus
adeptos no hayan sido elocuentes, ni hayan
aportado al debate argumentos fútiles, ni dejen, ¡tremenda ironía! de tener la razón, toda
la razón de su parte. Sólo quiero significar
que el desatado huracán de pasiones homicidas que hoy azota al mundo, ha de dejar en
pos de sí, motivo sobrado hay para temerlo,
tal reato de temores, de zozobras y de odio,
que ha de serles a éstos fácil envolverse en el
manto de la prudencia y la previsión, para
mantener en las manos de los pueblos las armas formi_da~les de defensa y ofensa, con que
hoy se amquilan. Moloch tal vez se disfrace,
pero esconderá bajo los anchos pliegues de su
nueva toga la bomba de melinita.
No, uo ha de faltar a los artistas conscien·
tes de su permanente y benéfica influencia
campo sin límites donde ejercerla. El mayor

DISCORSO

35

peligro para ellos nace de la · riqueza de elementos que se les viene a las manos. E~ su
horno fulgurante, como en el del gran artista
que dió forma al Perseo, se h~n de ac~mular
los más varios y hasta los mas e.:tra~os e~ementos, oro y plata y estaño. ¿Qmen dlJO miedo? Adelante.
.
Aquí sobre mi mesa de trabajo, tengo u?a
famos~ escultura: la victoria de Samotracia.
Ha perdido un fragmento. No importa. To&lt;lo
su cuerpo nervioso y_ m~sc~loso avan~a, se
precipita con ímpetu 1rres1sttble; la túmca se
le adhiere a los miembros resistentes Y un
viento de tempestad la agit_a_ y paree; trazarle una estela; sus alas aqutlmas estan ~?talmente desplegadas. Vuela ¿a dónde? ¿Qmen lo
sabe? De todos modos, a conquistar lo futuro
que le tiende los brazos .
Vedado,

12

de noviembre de 1914.

�UNA RUTINA PERl"ECCION&gt;DA

.. UNA RUTINA PERFECCIONADA

LOS MAESTROS NECKSIT.l.N CULTURA UNIVERSITARIA

Una institución digna de estudio, que revela
~I gran progreso que han adquirido en Italia las
ideas pedagógicas y la poderosa influencia ejercida por la Universidad sobre la cultura popular
es la Escuela Pedagógica, que puede considera rse como el gérmen de una Facultad de Pedagogía, destinada a presidir todo el movimiento de
la cultura, en lo que respecta a la formación de
educadores, de hombres encargados de fortificar
la conciencia individual en todas las esferas sociales.
La necesidad de plantear y resol ver científicamente el problema p~dagógico, que es el máximo
problema nacional, ha impuesto, hace tiempo, la
necesidad de reunir y concentrar en una institución, todos los conocimientos especiales, que reclama esa labor vasta y compleja, y en la de instruir y educar en esa institución, a los hombres
e~pecialmente aptos para operar, en la vida práctica, las reformas que la solución adoptada introduzca en el mecanismo social y en la dirección
de su movimiento.

37

Estas necesidades han adquirido u na más grande importancia con el desarrollo r ápido e inmenso de las formas democráticas. La función de
crear maestros, que hasta mediados del siglo anterior, tenía, como objeto principal, la preparación de educadores, que debían realizar la labor
de disciplinar espíritus infantiles, considerados
sólo como seres dotados de energías intelectuales, aplicables al conocimiento de la realidad, especialmente ele la realidad material, contemplada en sus formas abstractas, a fin de deducir de
esa contemplación nor mas para el aprovechamiento de las cosas concretas, ha ampliado, Y
puede decirse también, intensi6cado sus ideas,
concentrando su actividad hacia un objeto más
restringido, más práctico, menos intelectualista
y más fecundo, considerando el espíritu infantil,
el espíritu del discípulo en todas sus esferas de
educación; no sólo como una inteligencia sometida a las leyes lógicas, idéntica esencialmente a
las demás y destinada a discurrir con el poder
del concepto; sino, principalmente, como una voluntad, apta para modificar la naturaleza y modificarse ella misma en el medio bien definido y
bien diferenciado de una asociación política o Estado, en el cual las exigencias nuevas de la democracia imponen al ciudadirno virtudes activas,
adecuadas a la realización de los fines colectivos
o ideales, que esa determinada sociedad se pro-

�38'

UNA RUTINA PERFECCIO:,SAD \

ALEJANDRI) O. DEOSTUA

P,o~e com~ ~roblemas de su vida económica, jund1ca, poht1ca, religiosa, artística y moral.
La ciencia positiva, fijando como norma de la
e~ucación ~ndividual la adaptación al medio prop10, condujo a la pedagogía a modificar así radicalmente la dirección de sus disciplinas, orientándolas hacia el centro del círculo y trasladándolas de la circunferencia en donde vagaban
como disciplinas puramente lógicas.
La sicología contemporánea, al colocar ese centro en la voluntad, superó la reforma positivista
s~bordinando la fuerza centrípeta de la adapta~
c16n del espíritu al medio físico, a la fuerza centrífuga de la adaptación contraria, convirtiendo
el determinismo físico en determinismo síquico,
dando a la acción creadora del alma la clave di
la explicación t otal de la historia humana, realz~ndo con energía la conciencia libre, para depositar en ella la misión de perfeccionar la realidad
entera, el medio social principalmente, mediante
una evolución diversamente concebida con sentido eminentemente moral y con tend~ncia eminentemente solidaria.
La sociedad y el individuo han resultado así
en esta nueva con.cepción, como fines v medios'
a l mismo tiempo; el individuo educa a· la socie~
dad y la sociedad educa al individuo; el primero
debe ofrecer el elemento ideal de progreso y la
segunda, con sus aspiraciones y necesidades con-

39

cretas y especiales, ofrecer el elemento real, la

base de solidaridad dentro dt! la cual debe moverse libremente la actividad individual, procurando organizarla mejor, enriquecerla con elementos nuevos y más amplios, pero sin destruir
su fisonomía especial informada por la historia,
haciendo de la educación lo que quiere Barth (1)
"la propagación espiritual de la socie~ad, efe~tuada por vía espiritual; es decir, por influencia
ejercida sobre la voluntad y sobre la representación".

Ampliada, intensificada así la finalida~ pedagógica; siendo necesarios para la educa ció~ dos
elementos, el educador adiestrado y el med10 s~cial favorable a determinada reforma pedagógica, la escuela normal, como instituto de educación, reveló toda su deficiencia. El maestro formado allí, no respondía ya a ese concepto amplio
y profundo; porque representaba la ~ristalizac_ión
de los productos que el genio super10r depositaba. día a día, en la cultura universitaria. Esa
primera y única fuente de creación,. en d_ond~ _la
vida elevada del Estado hace brotar las mtwc10nes del porvenir como estímulos para el p_r~greso en el orden cada vez más libre de la actividad
n;cional, y como guías de esa suma mayor de vida, no vertía sus aguas directamente en el alma
~ - Bat tb. Principii de P_ed?gogic e didatticc Íltndate sulla
mod~rna psicología, -Trnducc10n 1tahana. 1gc9.

�40

AL"JANDRO O. DEUSTUA

del maestro, qu_e, más o _menos pteparado para la
labo: democrática, oontmuaba siendo la oersonificación de una rutina perfeccionada coñ lentitud; pero rutina siempre, en la cual la vida se
gasta con rapidez y sólo queda la fórmula abst~a~ta, que tiende fatalmente a mecanizar el espmtu del educador y del discípulo, a convertirl?s en aparatos lógicos, fabricantes de discursos,
r!cos de palabras y pobres de acción, dominados
siempre por el miedo de aventurar a la voluntad
en el campo de lo desconocido e incierto, condenados, al fin, a restringir su acción al camino trillado, repitiendo sin cesar la tradición muchas
'-'.eces maldecida, incapaces de esos arra~ques de
libertad que parten_de una alma sincera y que
nutren la ~emocrac1a en los países más felices.
La d:ficiencia del maestro, una vez sentida, en
esos ¡:&gt;at~es que dan al problema pedagógico la
supe_nondad _que le corresponde, encontró el remedi? en la ltberlad del mismo maestro, que buscó, dir~ctamen_te, en la cultura universitaria, la
elevación y la mtensidad de doctrina, no encontrada en el formalismo de la escuela normal.
Por _otro lad?,_las Universidades, comprendiendo meJor su m1s1ón como directoras del espíritu
naciona_l en t&lt;_Jdas su s esferas, salieron de su concentración aristocrática, par~ ~o¡:&gt;ularizarse, penetrando aun, en formas y d1scipl1nas varias en
el seno mismo de las clases obreras
'
Así se encontraron, en un esfuer;o simultáneo
mae_stros y catedráticos; los primeros concurrien~
do ltbremcnt~ a_ las aulas universitarias y los segundos multiplicando las enseñanzas pedagógicas, par~ llegar, al fin, a la creación de institutos
pedagógicos, en donde se sistemase esa labor de

UNA. RUTINA PERFECCIONA.DA

4-l

la formación completa del maestro moderno en
el seno de la Universidad .

,
.
Semejante progreso no se _habrí~ alcanz~do s1
la cultura universitaria hubiese sido deficient~,
como instrucción y como educación._ Con_ Umversidades estancadas y con catedráticos s~n _vocación sacerdotal y sin sentimiento patnót1co!
ni los maestros habrían acudido a su~ aul~s, n~
habrían sido recibidos en estas con s1mpat1a, m
habrían encontrado el alimento que· buscaban.
Esto explica como es imposible que la educación democrática de un Estado contemporáneo
se reali.ce sin la existencia de Universidades edu·
cadoras, aun cuando se consuma la mayor parte
de los recursos fiscales en pagar sueldos a maestros sin ideas y sin fé y en constrll!: para esos
maestros palacios que no pueden ut1hz&lt;;1r . .
La educación nacional es la obra prmc1pal de
la Universidad; es en ella en donde nac,en Y se
encarnan los ideales del Estado; es de alli de donde descienden las aguas que van a fecun_d~r. l~s
colegios y las escuelas; de donde parten 1_111c1a~1vas felices que, como la E~cuela P_e,dag~g1c_a, tienen por fin organiz~r un~ mstrucc1on publtc'.1 _e~
armonía con las ex1genc1as actuales de la c1v1hzación.
ALEJANDRO

0.

DEUSTUA •

( La Culhtta Superior en Italia).

~incnte publicista peruano y Profesor de Estética y Fil'?~olia ~n la Universidad Mayor de San Marcos de Lnu:i. Sus arllculos , ,A propósito de un Cuestionario sobre la reforma de la ley dée
instrucciónº" en manos de todos los educadores de nuestra Am ·
rica debieran a ndar.

�REPERTORIO BIBUOGQBFICO
'
EL FRENO DE PLATA
Debe, asimismo, someterse esa obra * co
t o d os 1os escritos
·
mo
de Ameghino , a una' expur.
gación
y corrección literarias, de suma nece·d
si ad; pues hállanse erizados de impropiedades que ~tolla~ la expresión, constituyendo,
p_or su misma importancia intrínseca, un mal
eJemplo_ pa_ra el lector no avisado. Hay que
combatir s1~ tregua esta calamidad argentina del solecismo, no pocas veces cometido a
porfia por alarde bandolero, y siempre grato
~I compadraje popular, como todo signo de
igu~ld~d a bajo nivel. Del propio modo que
la limpieza de la lengua indica salud, el aseo
de la palabra certifica nobleza. Por lo mismo
que la democracia tiende a ser procaz, requiere ª .~uel freno de plata. Tascáodolo es como
le viene la elocuencia, su arte específico no
dderradmando la hez por aquella boca d~sorena a.
Ameghino adolecía, ciertamente, de esa des" La F;w.,,mi,, del egreg, 10 sn
. b'10 americano
.
gllino.
Florentino Ame-

REPERTOBI l UIBJ.IOORÁt'IC'l

43

preocupación, que no es sino un fenómeno de
incultura. Desdeñaba el verso, y parece que
consideraba incompatible la literatura eon la
ciencia. Si este trabajo demostrara lo contrario, constituiría la venganza de mi profesión.
¿Hay algo más cercano a la verdad que la belleza? Inter silvas Academi quaerere vcrum,
dijo el padre Horacio. Así sea.
LEOPOLDO L UGONES

ESPANA Y LOS ESTADOS UNIDOS
Alemania lleva la primacía de la erudición
en toda materia de historia y literaturas,
-Grecia o Roma, el antiguo Oriente o la Europa medioeval. Tuvo la primacía en el estudio de la literatura española desde fines del
siglo X VIII hasta mediados del XIX- la época de Ferdinand \Volf y de Ludwig Clarus.
Alemania, ''la redentora Alemania'', como le
llamó Menéndez y Pelayo, rehabilitó al genio
español contra los desdenes de Francia. Hoy,
sin embargo, en Alemania decaen los estudios
hispanísticos. Las ·viejas torre~, como Baist,
como Hanssen, van quedándose solitarias.
¿Por qué? No cabe atribuirlo a razones de or-

�44

REPERTORIO BIBLIOGRÁt'lC(l

den práctico: el idioma castellano va haciéndose cada día más útil.
Entre tanto, el papel que Alemania representó en la erudicióu hispanística lo asumen
(¡extraña coincidencia!) los Estados Unidos.
Francia posee hispanistas eminentes, como
Foulché-Delbosc, director de la publicación
más importante en estas materias la Revue
.
'
Hispanique, o como el venerable Morel-Fatio.
En Italia se distingue, entre otros, el brillante
y universal Farinelli, y Benedetto Croce, el
filósofo renovador, no desdeña las minucias
eruditas. A Inglaterra, que es menos rica, generalmente se la conoce en este campo gracias a Fitzmauricc-Kelly. Suecia tiene a Erik
Staaff, a Munthe ... Pero, fuera de España, no
existe grupo de eruditos en letras españolas
comparable, por la abundancia de calidad al
'
que forman los catedráticos de los Estados
Unidos. De la América latina, ni que hablar
hay: Andrés Bello, Rufino José Cuervo, García Icazbalceta, pertenecen ya al pasado; y no
llegan hoy a quince nuestros verdaderos hispanistas, los capaces de traer contribuciones
valiosas a la crítica o a la documentación histórica,-tales como José Toribio Medina (de
labor pasmosa, titánica), Francisco A. de lea-

REPERTORIO BlBLTOORil'lCO

45

za, José de Armas, José de la ~iva Agüero, Alfonso Reyes O Julio Vicuña Cifue~t~s.
Nunca faltaron en los Estados 'C01dos amantes del genio español. Desde principio ~el siglo XIX se escribe sobre España, su vi.da y
sus costumbres, su historia, su arte, su literatura; se traducen sus autores .. E~paña hac~
gran papel en la obra de los p~nctpales e~cntores norteamericanos: Washmgton Irvtng,
Bryant.(que tradujo a Heredia), Longfellow,
Lowell, Prescott, Ticknor... Aun los que nada escribieron sobre España, como Edgar Poe
o el delicioso Holmes, hacían citas en castellano, idioma que tal vez estudiaran. Hace p~co todavía, John Hay representaba esa tradición; y Howells, el insigne dec_ano de la ac~ual
literatura de los Estados Untdos, hace s1em·
pre elogios de la española moderna.
.
.
Fuera del grupo de los profesores umversitarios, los Estados Unidos pueden mostrar el
ejemplo único y admirable de Archer M. Hu.ntington, fundador y sostenedor de la Sociedad Hispánica. Los servicios que se le .d~ben,
por sus pesquizas, por sus mag~a.s edic10ne.s
de textos clásicos ( a menudo ed1c1ones facsimilares de manuscritos únicos, como el del
Poema del Cid, o de ejemplares raros, como

�46

REPERTORIO BTBLIOORÁFJ&lt;'O

los de los Cancioneros), son incalculables. y
la fundación de la Sociedad Hispánica represe~ta una fortuna: Mr. Huntington Je dió edific_10, mu~eo de arte y de antigiiedades, y bibltoteca 10superable. Sólo cabe lamentar que
esta instit~ción, cuyos elementos de trabajo
son excepcionales, no extienda su actividad
hasta_ constituirse en centro indiscutible de loe
estud~os hispaoísticos en América. Pero Mr.
Hunttngton ha hecho tal vez todo lo que
cabía...
El grupo de catedráticos trabaja dentro y
fuera de las Universidades: dentro, en las cáted~as_( que son generalmente cátedras de estudio intensivo, donde no se recorre trivial°:1ente el programa de toda la historia literana española,-se supone que el estudiante de
las insti~uciones superiores pasó ya de esa
etapa,-smo que se profundiza un tema durante un año: la poesía épica medioeval o la
novela pastoril, o el teatro de Lope, o' Cerva_n~es, o Quevedo); fuera, con estudios, con
ediciones críticas. No sería fácil en bre
•
t'
•
,
ve ar
1
icu o informativo, enumerar y describir esta
cnor~e_labor; baste recordar ejemplos: ediciones cntica_s como el Cervantes de Schevill ( en
colaboración con Bonilla, de Madrid); el Poe-

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

4i

ma de Fernán González, por Carroll Marden;
el Santo Domingo de Berceo, por Fitz-Gerald;
el Cancionero gallego-castellano, por Lang;
el Califa y D1mt1a, por Clifford G. Allen; teatro del siglo XVI, por Urban Cronan; obras
de Calderón y Mira de Mescua, por Buchanan. O bien antoiogías y ediciones escolares,
como las de Ford, de Morley, de los Bourland,
y de tantos otros: apenas hay catedrático a
quien no se deba una de estas ediciones anotadas para estudiantes de lengua inglesa. O libros como La novela pastodl de Rennert ( alemán de origen); o La novela picaresca, de
Chandler; o el Ovidio y el Renacimiento en
España, de Schevill; o La literatura española
eu la I11glate1 ra de los Tudor, de Underhill.
O estudios lingüísticos como el de Ford sobre
las antiguas letras sibilantes en castellano; o
el de Emphrey sobre el dialecto aragonés, o ti
de Carroll Marden sobre la pronunciación del
castellano en la ciudad de México; o estudios
folk-lóricos como los relativos a romances y
cuentos en la frontera sur de los Estados Unidos, por Espinosa ( descendiente no sé si de
mexicanos o de españoles). O bibliografías como las de Buchanan. O, en fin, los infinitos
trabajos breves sobre puntos especiales: labor

�41!

REP ERTORIO BTDl,TOORÁPICO

en que se distingue J. P. Wickersham Crawford, para quien no hay rincón secreto en la
literatura de los siglos de oro. Por último,
Ford prepara un nuevo manual de historia literaria.
Si algo se echa de menos, es la frecuencia de
trabajos de crítica pura, de valuación estética. Pero la erudición abre el camino; no dudemosque bien pronto los hispanistas de 101
Estados Unidos coadyuvarán a la renovación
de valores clásicos que está iniciándose en
E~paña.
PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA
( La Cu11a dt Amlrica-Santo Domingo).

LEMMONNIER

(CAMILLE}:
MANDS. Un vol.

NoELs FLA-

ALBERT SAVJNE, EDITEUR. PARÍS,

1887

Los Contes y Noels fiRmands son los más
bellos cuentos que yo conozco; debieran ser
universales.
(Ce t¡u'ils lim,t)

4!1

REPERTORIO llTBT.IOt;RÁF'TCO

PEDRO BROODCOORENS

A propósito del gran poeta portugués Guerra Junqueiro:
En todo el arte portugués se nota un predominio de la naturaleza sobre el hombre. Por

eso en pintura el paisaje se impone ~ la figura, y en el teatro influye más el ambiente que
las pasiones.
.
Obedeciendo a esta imposición del medio, el
poeta escribió Los humildes (Os simples) Y
La musa en fiesta, * dos bellos libros eminentemente líricos, donde sobre la vida d_e las
gentes rústicas flota una_ neb~ina de incienso,
dt piedad sin límites, de 10fi01to amor..
.....esas maravillosas oraciones (Oración al
pan y Oración a la luz) donde cada verso es
como un labio en flor que se abre para cantar
la vida y cerrar una llaga humana. Y en medio del desierto alucinante y terrible, calenturiento de imágenes deslumbrantes, de hipér·
boles y de metáforas desorbitadas, aparecen,
como un oasis verde, azul y blanco, los tres
colores de la gracia, ese pequefio y maravillolO volumen que se llama Los humildes, donde
el alma portuguesa sencilla y suave como ~us
paisajes, soñadora y vaga como sus ampltos
horizontes marinos, ha hallado su más gloriosa, alta y j usta concreción.
FRANCISCO VILLA.ESPESA
( .\'un•,, .1f1111,/,&gt;-~faclrirl.)

-. 1 .
• Con el título de L&lt;L musa,,, tXÍ&lt;1.&lt;, Y f.o.&lt; Sll1!P1n -mc
us,~f 1·1
0mci,,11 ,, /¡,.m y la Onuióu ., ¡,., / 11:-cst!n traducidas
~aste ano

r1

estas ouras de Guerra Junqueiro. Traductor: Edmm o

L"n vol F Granada y Cia., t..:htores. RnrC'elona.

arquina.

�iíO

JiEp~;R:roRto Bll!l,]()&lt;;R.Á.!'I()()

De los novelistas rusos dice el crítico norteamericano Howdls:
Bien recuerdo cuanto me impresionaron los
novelistas rusos en mi juventud. Me abrieron
lo que a mí me pareció un nuevo mundo-y
era tan solo el mundo real. Por ejemplo Tchecoff; ¿ha~éis leido su Huerto? ¡Qué vida, qué
color, que belleza de verdad hay en ese libro!
¿Y Turgueoeff? ¡Cuán agradecido le estoy
por sus libros!

E? el libro tr_igésino de Livio * se lee el episocl10 de _Sofomsba: son páginas magistrales.
El escritor es un romano que con vivo sentid_o de las pasiones humanas, cuenta esa hfotona pasional, ~romovida y aplastada por el
curso necesario de la política de Roma.
B. CROCE
(St(![gijilo,ojiri. Tomo r.¡
-*

DClmtfas de!,, ltisim;t1 ro111n11t1. Siete volümencs de la 13m11~

T ECA

LÁSICA.

J\fadrid.

'

·

~

APOSTII...... LAS
VIDA PARLAMENTARIA Y VIDA NACIONAL

El Congreso, que no pasará a la historia
con el dictado de "admira ble'', cerró sus sesiones el día 16 de diciembre. En el decreto respectivo el señor Presidente, no sin una punta
de ironía, alega como razones-entre otraspara clausurar las sesiones, el hecho de "haberse retirado ya muchos Senadores y Representantes, a la vez que otros deben entrar al
Consejo de Estado, corporación que aún no
se ha inaugurado por estar ocupando en las
Cámaras sus puestos algunos de sus miembrros''.
Para comprender la delicada ironía del señor Presidente, debe recordarse que honorables congresistas integran la mayoría del
Consejo de Estado, por voto y voluntad de
ellos mismos.
El balance final no le ha sido favorable a la
labor del Cuerpo Legislativo. Excepción hecha
de tres o cuatro leyes, entre las cuales debemos recordar la que extingue las tarifas diferenciales para el cobro de derechos de impor-

�tación en las aduanas del Pacífico y la que da
una autorización al EjecutiYo en el asunto
del ferrocarril de Puerto Wilches, no encontramos ningún otro acto de importancia para la
administración pública. Siete meses de disca•
sión estéril parn llegar a votar la desgraciada
ley de arbitrios fiscales y, de manera precipitada, la de presupuestos para la próxima vigencia: hé ahí la síntesis de lo que al país le
ha costado muy cerca de veintidós millont1
de pesos.* "Palabras, palabras, palabras."
Tiempo es ya de meditar en reducir n más
convenientes proporciones la representación
nacional: el sistema vigente ha traído como
consecuencia el fracaso irremediable de la labor parlamentaria.
~osotros hallamos indispensable esa reducción. La lucidez en los cuerpos colegiados está
en razón inversa del número que los integra.
La fdiz iniciativa de unos pocos queda ahogada ante la di,·ersidad de pareceres-fruto de
intereses en constante pugna-::Je una mayoría
de cas uistas, exégetas de la ley y nigromante!!
de la política. Aparte de que en Colombia, como en el resto del mundo, una cosa es In "vida
parlamentaria" y otra muy distinta la "vicla
flosci~nto~ veinte mil clólnres.

.
l" . A despecho de las am bidones, in11&amp;c1ona
1
trigas y diarias abdicaciones que forma~ a
. de la una , la otra, retirada en el· srlenesencia
1
cio de los campos o en el taller y la ~fi~ina, e'os de la discusión metafísica y pohttca, tra~ja, economiza y aumenta la riqueza moral
y material del país.
Felizmente para Colombia, no todos los colombianos son miembros del Congreso.
EMILIO CUERVO MÁRQUEZ
( Nr.·,sf,, .ll1J&lt;ftr11,1. Bogot,\ l

CULTURA LINGÜI STI CA, RIQUEZA NACIONAL

persona
Esta gente cree que con saher una
.
echar cuatro letras sobre una hoJa de papel,
t' e de sobra para sus necesidades, y que
~:d~e~o demás es literatura-así di~en ellos
con desprecio-y pum pérdida de tre~po, el
1 sólo se gana, en beneficio de la nqu:za
cua
• · t
.
1 forrándose de conoc1m1en
os aanco.:,
nac10na ,
.
ente no salas y ganaderos; ahora bien, e~ta g
.
l
.
ue
'
l1a
de
saber!-que
la
nqueza
nac1on~
b e- 1q
¡· .. , t
• men te de esa cultura 10g111s 1•
depende prec1sa
ca que nosotros defendemos, pues esa r_u 1tura
. fic:c1ona
.
pcr
y afin 'a en el individuo. el mstru.·
mento que más neces ita: el pensamiento, y sin

�A PO:-;'l'l LI.A~

.11'0~'1'11.1,.11'

r/~

éste no tiene el hombre . . .
ni del porvenir ni
v1s16n del presente
cosas y sacarl:s to:p \ u para dominar las
capacidad para ene o e prlovecho posible, ni
a usar e país p 1
ros que le conviene . . h
or os sende.
n, ll1 ay por co · ·
riqueza nacional H d' h'
ns1gu1ente,
leno-uai&lt;! es
. a . te o Condillac que el
º :J
un marav1llos .
análisis: la afirma .6
o rnstrumento de
CI n, que ha pod·a
1
audaz, no es sino . t
o parecer
JUS a; así que
generaciones argentinas de
. proveer a las
la misión más i
ese 10strumeoto es
mportante de l
do el que lo descon
a escue1a, y to.
ozca atenta e t 1
tria, que si hab d
on ra a pard e ser grand
sus hijos sabrán
e será porque
.
pensar con hond
dº
mr las ideas verd d
d
ara y iscer. .
a eras e las fal
l .
p1rac1ones útiles del
. . . sas, as msas per¡udtc1ales.
I

(.\'osotn1s. Buenos Aires.)

ROBERTO

F.

GJUSTI

LA CASTA DE LOS TEORÉTICOS

Por cierto que en
.
envidia y la an1' d nue_stra tierra, donde la
ma versión d' 'd
rio sobre las almas
.
se '.v1 en el impeno_mhre de "intele~t~:~~ce enoJar ~n poco el
quiere dar a ent d
. Con pésima fe se
'
en er qu
·
llama "intelfctual"
e quien así mismo se
se más intelige t pretende con ello declararº e que el resto de los ciudada-

nos. Debiera recordarse, o si se ignoraba

aprenderlo, que es ésta una palabra y un conttpto tao viejos como la civilización europe3,
más aún, una palabra y un concepto genuinos
de la civilización europea. Nuestros eternos
maestros los hombres de Grecia tuvieron la
clara conciencia y el sano orgullo de haber sido los primeros descubridores de una nueva
finalidad vital. Antes de ellos era la existencia
un medio para servir a la divinidad o para
dominar a los demás hombres o para allegar
riquezas o para allegar placeres. Pero ellos,
los griegos, referían con ufanía la extrañeza
de los orientales cuando oyeron decir a Solón
que él no viajaba con ninguno de esos propó·
sitos, sino meramente para ver y pensar
-theories eiaeken-, a fin de teorizar. Desde
entonces no ha habido más remedio que con·
tar con una nueva casta de hombres que llamaron teoréticos, es decir, "intelectuales",
para los que es ante todo importante lograr
un cierto decoro, cohesión y firmeza en sus
ideas. Podrá semejante afán juzgarse más o
menos laudable, pero no se quiera presentar
este viejo oficio "intelectual" como algo inau·
dito y de irritante presunción.
Josí, ORTEGA Y GAsSET

&lt;f.,p.1ñ,1, :\Iadrid.)

�APO:,TfLl,A&gt;.

LOS PERJODJCOS NUEVOS

Los intelectuales suelen pecar por exceso de
ideal!smo, que se traduce en optimismo para
las empresas públicas. Con todo, valen mucho
más que los realistas iletrados, a quienes cues•
ta muy poco trabajo convencerse de que esta•
mos ea el mejor de los mundos posible. La
irru pcióo de estos nuevos periódicos, que es al
cabo una irrupción de nuevas ideas, es útil
para el periodismo y para la política: es no
elemento
de renovación, de inquietud , de mo. .
v1m1ento. Muchas veces estas empresas adolecen de falta de sentido de la realidad; es decir,
de falta de sentido histórico tocante a lo actual. Pero el sentido histórico aplicado a las
cosas vivientes, cuando no son muy satisfactorias, puede llevarnos a un criticismo deses•
peraozado. Para hacer algo en la consabida
res pública hace falta una dósis de optimismo
que no será la verdad, pero que es una fuerza.
La verdad no es la única fuen;a; también la
ilusión.
Otro bien de los periódicos jóvenes e indep_en~ientes es combatir la fosilización del penod1smo. Por virtud del industrialismo anejo
a la índole de la gran prensa moderna se pro-

________
AP_O_s_T _
I A_LU, _ _ _ _ _ _ _5_i_

ducen dos fenómenos: uno la tendencia a ~onvertir el periódico en un gran ente anóm_mo
que absorba las personaJidades de los escntores, lo cual produce la decadencia intele_ctual
de los periódicos y crea a manera d_e _fetiches;
otro el que la dirección última y decisiva de la
prensa, ta que marca el tono y decide de las
campañas fundamental~s recae en.unos cuantos capitalistas o políticos profesionales. L~
riqueza ha sido, en.cierto ~odo, ~na calamidad para la prensa; ta h_a qmtad_o mdependencia libertad de movimientos, tiende a hacer
de ~lla una burocracia, un arrabal de la política al uso.
ANDRENIO
(.\'ut1:o .lhmdo. Madrid.)

LA ESPECIALIDAD

El profesor, no obstante las c?mplicaciones
de la disciplina a que baya dedicado sus desvelos es siempre y necesariamente un maestro
de es~uela, es decir, un funcionario encargado
de transmitir a la niñez o a la juventud una
serie de nociones, en la repetición de las cuales
ve caer las hojas doradas con los primeros
fríos del otoño y reverdecer los prados al beso

�58

.APOSTILLAS

discreto de las auras por Pascua Florida. La
repetición es uno de los procedimientos más
eficaces para provocar en la mente humaná
un estado de enajenación. Lo supo a la maravilla aquel profundo psicólogo a quien ·le debe
el mundo la invención de los ejercicios espirituales. La especialidad, la camisa de fuerza de
la especialidad, como dijo Nietzsche, acaba
por esterilizar las más fecundas regiones del
cerebro humano.

B.S. C.

( Hispa11ia. Londres.)

f9

APOSTIJ,LAS

(Baldomcro Sanln Cano,)

A PIO BAROJA

He aquí, querido conspirador metódico, una
nueva manera de cantar el aria de la limitación. * A los postres de un convivio filosófico, Octavio de Romeu levantaba la copa y
dijo:
"Esta libación es ofrecida a Hermes: patrón
de enriquecimiento; patrón de límite también.
Hay que amar la propia pujanza: hay que
amar igualmente los propios límites.
Lo más espiritual de las cosas, es tal vez su
contorno puro.
• . vcase
· 7n este cuaderno El maestro E::rabartc
d e P 10 BaroJa.

tJ

/11 li111il11t'ú!11

'

Símbolo admirable: un triángulo y un ojo
en su centro . Que cada cual sea, amigos míos,
un triángulo de abnegación, de disciplina, de
obediencia, abarcando un ojo de infinito, de
omnicomprensión y de libertad.
Un triángulo es una cosa perfecta. Un pentágono no está mal. Un exágono, un eptágono, pasen aún. Pero lo mejor que uno puede
hacer, cuando ya empieza a volverse dodecágono, es inscribirse en un círculo.
El buen patriota amará su patria: amará
también los límites de su patria.
Enamorarse en la adolescencia, es ttn progreso: se pasa de amar la mujer a amar las
mujeres. Casarse, en la juventud, es otro progreso; se pasa, de amar las mujeres, a amar
a una mujer.
Cada palabra puede tener una resonancia
infinita: buen escritor es el qué renuncia a ella ;
los oarieaos
no la utilizaro11 J. amás.
b
El culto a los límites es la esencia del espíritu clásico.
Con la mano segura, con el corazón tranquilo, levanto la copa ofreciendo esta libación
a Hermes, patrón de los límites, que los pone a
mi flaca riqueza y los pondrá a mi corta vida."
XENlUS

�1,A \WERl{A l&lt;AN1'A

LA GUERRA SANTA •
Durante algunos meses, acaso durante algunos
años por venir, quince o más millones de hombres en Europa, los más aptos físicamente, los
que habían de ser los padres de las futuras generaciones, estarán comprometidos en la empresa
de matarse unos a otros, de hacer morir de hambre al resto de las poblaciones, de paralizar la
producción de las cosas útiles y necesarias, de
destruir los instrumentos de producción, y de
demoler cuanto se ha construido laboriosamen te
durante veinticinco años de paz europea. Ninguno de los hombres empeñados en esta obra de
destrucción quiere ejecutarla; ninguno de ellos
Sabe. cómo ha sido que él se encuentra en el caso
de ayudar a su ejecución; ninguno de ellos sabe
el fin a que se sirve cumpliendo en esta obra de
exterminio. Los no combatientes están en el mismo caso. Ni previeron la calamidad, ni la deseaban, ni la escogieron. No fueron consultados
nunca. Nadie .en Europa desea tomar parte
en semejante obra. Somos un pueblo sano, aunque nuestras acciones son obra de lóco. ¿ Por
• Trad. de Tite .\ ',,ü,m, con autorización del señor Lowes Dickinson, por B. Sanin Cano.
•

61

qué? Porque todos nosotros esta.mas en manos
de algunas veintenas de individuos llamados
gobiernos;algunas veintenas entre los centenares
de millones que pueblan la Europa. Estos hom-,
bres han querido la guerra y nos han impulsado
a ella por encima de nuestra:voluntad. A ninguna
nación se le ha dado la ocasión de decir: No. Los
camoesinos rusos marchan a la guerra porque se
lo di.cen el Zar y el Pope. En esto no hay nada
ex:traordinario; pero los socialistas alemanes se
·enrolan y los socialistas franceses entran e~ l~s
filas. Estos hombres saben lo que la guerra s1gmfica. Saben cuáles han de ser sus efectos. La
odian; pero se alist.an. Los hombres de negocios,
que la conocen y la odian también, co~templan
la marcha. Los obreros observan también el espectáculo y esperan la hora en que e:npiecen a
morirse de hambre. Todos son impotentes. Otros
han echado la suerte por ellos: los tahures coronados tiraron los dados y salió en isuerte morir.
Cada
¿· Qué es lo que apuestan estos tahures?
.
.
uno de ellos dice que se trata. de la propia segundad nacional. Cada uno de ellos dice que el otro
juega para aumentar su poder. Los ing~:ses creemos que esta.mas resistiendo una agres10n. Podemos estar seguros de que los alemanes no lo
toman así. Nosotros creemos que ellos son los
agresores; estemos seguros, sin embargo, de que
ellos no lo piensan así. La acción de cada uno de

�6:l

G. L{,'WÍ-:S DICKINSON

estos gobiernos está respaldada por una teoría del

equilibrio europeo, y detrás de la teoría están
las pasiones del miedo y de la codicia. Toda la
trágica historia del género humano queda cubierta por esas pasiones, y los hombres no son más
que instrumentos en esta serie de miserias. Los
gobernantes tocan ese instrumento como si fuera
una gaita. Los gobernantes no están solos. El
periodista que ha estado sembrando la desconfianza y el odio entre las naciones·; el historiador
que se ha servido de sus estudios para glorificar
o exculpar la guerra; el hombre que haya exaltado las pasiones a expensas de la razón, todos son
cómplices en este atentado. Es así como la guerra ha caído sobre nosotros. Y¿ qué es lo que se
obtiene por medio de ella ? No es un remedio para
In enfermedad que se desea curar; ella no hace
sino crear ·nuevas condiciones para preparar otra
guerra. La catástrofe en que estamos sumergidos
debe producir incalculables males. No producirá
bien alguno, como no sea el de iluminar nuestro
entendimiento enseñándoles a los pueblos y a los
Gobiernos una manera de hacer política distinta
de la que hoy seguimos. Esa nueva manera está
en la mente y en el corazón de las gentes que
piensan bien y cuyos sentimientos no han sido
pervertidos por el sistema. Ese nuevo concepto
de la política no ha podido dominar los sucesos,
en parte porque los pueblos no ejercen predomi-

LA OUF.H.RA PA~TA

nio sobre el Gobierno, y en parte porque no han
aprendido a obrar de acuerdo los unos con los
otros, Pero todos los hombres a quienes no ciega
el resplandor de las teorías saben que el poder
ante el cual se sacrifican las naciones por mandato de los Gobiernos es un ídolo. Los intereses de
las naciones no son divergentes en ningún sentido real. Lo que los impulsa a la guerra son abstracciones, cuya vida procede de la fe que en
ellas se tiene. Poder, predominio, prestigio, honor, en el sentido en que las naciones usan esta
palabra, son abstracciones. Estos son los espectros de una edad moribunda, pero espectros que
no hemos enterrado aún. Lo real es el trabajo, la
inteligencia, la imaginación, cuyos frutos son comunes a todos los hombres. Sin embargo, la vida
pasional colectiva apenas empieza a difundirse
en estas formas de la realidad; corre por los viejos canales, si los halla abiertos, con un fatal empuje. Que se declara la guerra, y todos los individuos de una nación están listos a empeñar en
ella sus bienes y su vida. Esta es la razón por la
cual algunos espíritus elevados y generosos llegan a ver en la guerra una cosa digna. La falacia
depende de que la pasión ha sido descarriada con
el objeto de hacerla servir a los fines de la guerra.
Importa aplicar esa pasión a cosas reales, a procurar el bien y no el mal, a exaltar la verdad en
vez de la mentira, el amor en lugar del odio. Pa-

�VANTES.-D,,11

lil

ra verterla en estos canales trabajan sin cesar lo
amigos de la razón. Por el momento su voz no
será oída. Pero a medida que esta guerra siga su
tremendo curso, a medida que empiecen a desenvolverse sus consecuencias fatales ya previstas,
y cuando la evidencia de lo que estamos haciendo haya pasado de nuestros sentidos a nuestra
imaginación, y al aturdimiento del choque suceda el horrible despertar, los amigos de la razón
estarán en propicia coyuntura para hacer llegar
la verdad, primera y principalmente a sus propios corazones y cerebros, y en seguida, si tienen
valor para ello, a la conciencia colectiva. Esa es
la guerra que nosotros provocamos, la eterna y
santa guerra que promueven los que creen en el
poder de la razón. No lo olvidemos en estas horas tenebrosas en que nuestros principios son hollados por las turbas frenéticas.
G. LOWES DTCKTNSOX

Q11

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dt /.

Aft111rll..

Por D. ¡.·r ncisco Ro-

'drigut"Z Marin, de 1:i Real Academia Española .. (8 vols.)
EVEDO.-l"i.l dtl n,, ,· n. Por D. Am~nco Castro.

RRES VILLARKOEl..-l'ida. Por D. Federico de Onfs.
Ql:t:: DE RlVAS.-N•n1anrrr. Por D. C1priano Rhas Cherif.
vols.)
.
JUAN DE AVII.A.-F-,Jllt /ario Rs)in/11&lt;1/. Por l&gt;. Vicente
Garcl~ de Diego.
CIPRESTE DE IIITA.-l.16111 dt /111m Am r. Por D. jnlio
Cejador (2 vols.l.
11.LE:-. DE CASTRO -/..as 11wa,J.r,fnd.l r,J. Por D. Vfctor
Said Armesto.
RQUES DE SA:s"TILLA~.\.-C 11001w V dr,irtr. Por D.
Vicente Garcla de Diego.
.
•
R'.l(.\~DO DE ROJAS.-l.a Cdrrti~a. Por D. Juho Ce¡ador.

,2

(2 vols.)
• .
C ,
LLEGAS.-/,r lt&lt;!ts o amat•ri&lt;11. Por D. :-.arcISO Alon ~0 ort, s.
1
EMA DI~ :,: 10 CID. Por D. l&lt;nmón Menéndl'Z 11dal,
de la
Real Academia Española.
VIDA DE LAZARILLO DF. TOR~IES. Por D. Julio Cejador.
R.'IA:-.:DO DE HERRERA. -P•t1íar, Prólogo y notas por
D. Vicente Garcla de l&gt;1ego.
,
RVANTES.- \'q¡:d,zs r¡rmplarr•. Prólogo} notas por D. Fr:mc,sco Rodrigue,: M,,rfn. de la Real Academia Espa!lola.
R. l.t:IS DE I.EO:-..-D~ los 11ombn.~ d, Crzsto. Tomo l. Por
D. Federico de Onls.
R A:-ITO~IO DI-: GUEV.\R,\.- .1/morpu w dt ro,lt .v aw•
dt ·aúlu. Edición y notns de ~I. M nr1ine1. de Burgos

·¡,,,;:a

LAS REVISTAS:
Revist.1 Hispano - Americana. - Puhlicad.1
mcnsualmcnle por Carlos :-.1 alagarriga y
Juan Mas y PI. Número 1. Buenos Air&lt;.'S,
Recomendamos a los estudiosos la suscrición
a esta Luena revi•ta. Es de las que en n~estra América hacen falla, porque la ag,tnu
hond,ts v renovad~ inquietudes espirituale~.

c. ,11; 0 Í'"~or Argentinos cuest.-'l

1•1 semestre.

�mr.ro79
Parte del sumarlo

ESPAÑA

1915. S.-manario de la vidn nacional. M
Algunos de los anlculos publicados ea
números 13, 1-4, 15 y 16: A/Mfill,u, .S. R.
res de Aya la, /Á,r ,•6hls y l,,s dl4s, d e ~
l ·H a11t,, de j,, de l.uis de Zulueta. El
¡¡,,,,,, ({r,mi 1/, por J&lt;. de Maeztu. Jla,a,,1 J. ..
11i:d,.,, por M. de Unamuno. La fas14 ,/q
tmlh,jo, por J. Ortega y Gasset.

MERCU RIO

La conocida Re, isla de Nuem
Agente ~n Costa Rica: Antonio Font.

IMPRENTA GREÑAS
CALLE CENTRAL NORTE
·+-Libros - li"erl6dlco• - Polletos
Rol•• •aelta•
Recibos talonarios - Ci!beqaea
Tarleta■ de visita
Pactaras- Etiquetas - lnvltaclonN

PREe1es . 111eo1ees

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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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              <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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