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                  <text>El Verbo de la Noche y el
verbo del Sol
La paz por la ciencia
Los nii\os ( verso )•

Es la guerr:i ( verso )
Vindicación de la memoria
UEL RODENAS . •••••. , .••••• Pan del camino (cumto ).
ERTORIO BIBLIOGRAFICO

STILLAS

191S

SAN JOSE DE COSTA RICA. C. A

Imprenta Grellaa

��COLECCION Á..1.~IEL
N[LJo:CCIOlUS de LOS Bl1EXON Al:TORES, l'LAi-lCOS J BODERXOS

Director I J, G.1\Rel.11 Mt!&gt;NGE
S1\N JE)SB 0B eeST1l Rle1l, e. 1\ .

C o udi c ion eE&gt;:
La Rerle rle 12 rollf tos ( en Costa m ea ) : q¡,; 3.00.
J,n serie de 12 folletos ( en el Extranjero ); $ 2.00 oro am.
Xúmero suelto : &lt;Jt 0 .25
'768 p áginas,

EL VERBO DE LA NOCHE
Y EL VERBO DEL SOL

dos libr os de escoltilla, variada y r econrortante literatura

P O R

T R ES C O LONE S

PROXIMO CUADERNO :

Hipólito Taine: LOS JOVENES DE PLATON,
CON UNA APRECIACIÓN DE l'RANC-lSCO OARCÍA CALDERÓN.

BIBLIOGRAFIA
_La Casa PRO:.\IETEO, de Valencia, acahn. rlr p ublicar los famosos poemas de Homero traducidos del
griego por Leconte de Lisie.
JiJ l gran poch frauc11s, ap,·ccianrlo h drsorientación que sufrí,1 el público por las falsas yorsinncs de
las obr1s do Homero, acometió la tarea de trad ucirla~ ?tl\'ean;ient~, retrocediendo hasta las foontes pt·im1t1vas. El mas grande de los poetas no fné traducido esta ,,cz por un p1•ofcsor do griego, sino por nn
gmn pot·ti\. La. l líadri y In. Odisea tradnri&lt;las por Lecont.e lle [,islo son obras cornpletn.mcnto nnovas. 'l'odo
en ellas es di,-tiuto do las tra.,l ucuiouos anteriores: el
ambioott·, el modo de hablar de los pcrsonajrs, hns ta
sns nombres. re,;hrnr,tdos con arreglo a la verdad.
Los pocm,s vcncmbles qnc bn.,io la plnma &lt;le tr.1dnctorcs académicos nacier011 d1,rmidos, ticne&gt;n a ho-

La edad de oro amanecía, y los g riegos, divinos pastores, contemplaban aún las pá lidas
estrellas. E ra en el silencio de las maj adas, sobre las colinas con olivos, entre los perros
vigilantes. Sus almas se revelaron con la a urora. Aquellos cabreros tenían los ojos soberanos de las águilas, y todas sus intuiciones
las arrancaron a la celeste entraña del Sol.
Los bosques de sagrados senderos, los arroYotl claros, las grutas de donde vuelan en los
ocasos los pájaros de largas alas, las sombras
de los laureles, las playas lejanas y doradas
con el ma r azul, fueron los pobladores de sus
almas. Con ojos maravillados bajo la luz, recibían todas las imágenes como especies eucarísticas, y eran tantas y tan diversas las imágenes, que en ellas se cifraban las normas del
conocimiento. El sentir de los griegos fué hijo
del mar y del cielo, de los bosques con genios

BIBLIOTECA CENTRAL.

1

_ _ _ _ __,.;u;,;·..,;,A,_•...;N...;._'"_ _ _ _ _ __

�2

RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN

y de la lujuria de las formas. La varia emoción que iban devanando los ojos por los
agrios caminos, dió agilidad a los cuerpos y a
las mentes. No recibían el conocimiento del
mundo como una herencia fría en la urna de
las palabras; para aquellos pastores, las ideas
significaban números y formas bajo el ritmo
del Sol. Cuando se reposaban en las alturas
mirando al fondo de los valles arados, verdes, ·
intensos, experimentaban la emoción mística
de la Suma. Lo que habían aprendido de una
manera semoviente, era gozado en quietud.
El conocimiento cronológico sehacíaextático,
y las almas se despojaban de la memoria, como de la tela del tiempo, para aprender por el
divino camino del Sol. Aquellos hombres místicos, después de arar el pardo regazo de la
llanura, de conocer sus senderos uno a ulfo,
como largos relatos, se hacían centro v conciencia de visión sobre las cumbres. Y cada
noche estrellada, reunidos en torno de las hogueras, sintiendo el vaho de los rebafios, era
el goce de recordar las imágenes del día y hacerlas revivir en el relato de los más ancianos.
¡Y fué un ciego cantor, para quien la noche
parecía eterna, quien primero en la música de
las palabras hizo arder la corona del Sol! ¡El

EL VERBO DE LA NOORE

3

padre Homero pudo llamar a sus versos con
un nombre de flor: HELIO-TROPOS!
Son las palabras espejos mágicos donde s_e
evocan todas las imágenes del mundo. Matnces cristalions, en ellas se aprisiona el recuerdo de lo que otros vieron y nosotros ya no
podemos ver por nuestra limitación mortal,
aun cuando todas las imágenes y todos los
verbos sean eternidades en 'el seno de la luz,
como explicaba el mago Apoloni.o de Tyana.
Para el iniciado que todas las cosas crea, Y
ninguna recibe en herencia, la luz es numen del
verbo Las palabras en su boca vuelven a nacer puras como en el amanecer del primer día,
y el poeta es un taumaturgo qu_e_ trans~orta
a los círculos musicales la creac10n lummosa
del mundo: en los números pitagóricos, aprisiona las Ideas de Platón. Pero las imágenes,
eternidades de luz, sólo dejan en la palabra la
eternidad de stt sombra, un rastro cronológico de aquello qne los ojos contemplaron y
aprendieron de una vez. El pensamient o humano es como el fruto sagrado del Sol.
Los mitos helfoicos nacen en las cristalinas
cuevas de los montes, en el verdoso seno de
las frondas, en la azul ribera del mar. Si el
eremita ama su yermo, es porque su pensa-

��LA PAZ POR LA CIENCIA

LA PAZ POR LA CIENCIA •
SRIOR!S: SEIORES :

Ha querido el destino que el acto más trascen~eotal de nuestra vida universitaria se
reali~ase este año bajo las penosas circuns~anc1as de una guerra europea, de magnitud
Jamás alcanzada en los anales humanos, la
cual, ~unque se desarrolla lejos de nuestro
suelo, 10te~esa con la mayor intensidad el a lma argentina, por la vasta solidaridad de cult?ra que 1~ une e identifica con todas las nac10n:s amigas compr~metidas en_ la magna
C~)llt1enda. E lla ha nacido de esa vieja civilizac1ó_n,_ se ha nutrido de _sus ideales filosóficos y
r~lig1osos,_y ha or~a01zado su gobierno político y ré~1~e? social sobre los principios de
su credo JUnd1co.
_Dna ~mplia corriente y una universo) armon~a de ideales "humanos" y pacificadores b 3 b:a. arrull~cio los oídos del mundo en estos
ú t11~nos anos; y en Europa y en América disponiaose los congresos a conferenciar y a ce•

IJi~cur o en la colación de grados y tltulos de la t;'-IVI'R
L.\ Pt.AT.\ , .,¡ 15 de ngosto de 1 1 . o;
CJUln V. Gon1.,ílcz, !'residente de la U nivcr~idad ?~trcsor
d e 1 1ona 0 1p1omáuca.
·

º:· /.°ª

~IDAD. A( IOSAI. 111{

t

ei

7

lebrar los triunfos de las formas orgánicas
para la solución de las diferencias entre las
naciones. Los amigos de la guerra o de la paz
armada, oprimidos por el peso, y el volumen
de sus ejércitos y escuadras, en tierra, del
agua y del aire, llegaban a consentir, p or lo
menos, en la sinceridad del antiguo aforismo
de "conservar la paz por la disposición para
la guerra"; y los más tolerantes de los pacifistas conciliaban con aquéllos en la próxima esperanza de un desarme general, como consecuencia del exceso de las a rmas y de sus presupuestos, y de una liquidación en el papel, de
todas las montañas de hierro y oro a cumulados por esa política. El autor europeo de " La
grande ilusión", como los autores americanos
de la fórmula llamada por sus nombres,-Wilson-Bryan,-para evit ar la guerra, después
de llenar el espacio con la auspiciosa repercusión de sus bellas doctrinas, habrán quedado
bajo el silencio de los hondos desengaños,
tanto más dolorosos cuanto más inesperados.
La guerra ha estallado en las más altas cabezas de la civilización, en las dos r azas y núcleos directivos de la marcha de la humanidad
contemporánea, representativos del resultado
de todas las filcsofías, religiones y políticas
que han luchado por ganar el corazón y la
conciencia del género humano desde los comienzos de la historia: las filosofías no han
conseguido aún armonizar, o sea dicho, "pacificar" las almas de las sociedades, en cons-

�8

JOAQUIN V

GOl"ZÁLEZ

tante agitación y lucha contra· las desigualdades, o contra las injusticias inveteradas
que sólo cambian de forma en cada evolución
libertadora; "los enemigos de las actuales formas de sociedad, decía un escritor iriglés el
año pasado, ya se llamen en un país antimilitaristas, en otro anarquistas, y en un tercero
revolucionarios, todos son semejantes. Ellos
forman el elemento subjetivo de nuestro sistema de civilización, cuya columna dorsal es el
Estado, y esperan el momento más propicio
para introducir lo que ellos juzgan el sistema
más conveniente, cuya columna dorsal es el
Estado ... en ruinas ... Dado el desgraciado caso de una guerra, la revolución social, con tedos sus horrores Hamará a nuestras puertas.
La Europa necesita paz externa, por la fon•
dación del equilibrio político, y tam hién paz
interna por un justo equilibrio social entre el
capital y el trabajo."
Entre tanto, los es1 adistas, los conductores
de los más cultos pueblos del mundo, en cuyas
entrañas labran su descomposición los que
nuestro autor llama "enemigos del orden social", han desencadenado sobre el mundo la
guerra de siempre, la guerra de matanza y de
aniquilamiento, bajo cuyos escombros renacerán más que las mieses, los nuevos odios destinados a renovar otras guerras en el futuro.
Y la filosofía seguirá tejiendo sus redes metafísicas, en el espacio mental, con menos fijeza
que las arañas industriosas, las cuales tejen

LA PAZ POR LA Cl.ENCIA

!)

las suyas sobre puntos ile apoyo materiales y
con sujeción a principios matemátieos indestructibles; mientras que los primeros crearon
Estados v si:;temas rnciales mucho más deleznab1es, e~ comparación, que la leve telaraña
en los arbustos.
Cuando las r eligiones han logrado su temporal anhelo de gobierno político, en busc~
del reinado de la paz idei.J, fundada en la um·
dad de un dios o de un dogma, los emperadores inventaron el martirologio de los creyentes, y estos triunfantes, crearon el martirolog:o de los no creyentes; y cuando la Europa
fue unificada por Carlomagno bajo la fe católica , "el espírit u del mahometismo pasó l_entamente al cristianismo; y durante dos siglos,
- -dice Lecky,-en todos los púlpitos se predicó
rl deber de hacer la guerra a l infiel, y pintaron
el campo de batalla como el paso más ~egu~o
hácia el cielo prometido". La nueva v1ctona
del principio religioso en ti siglo xv, lanzó
sobre la Europa el furor de las guerras de la
Reformn que la extenuaron por el odio y por
la sangre; y cu::mdo ese summum espiritual,
embebido de la filosofía moderna y atemperado por la nueva corriente de tolerancia y solidarid ad moral en la cultura, proclamaba las
promesas del reino pacífico, una guerra d_e
fondo religioso, y exterioridad étnica y rcaltdad política y hegemónica, comienza en los
dominios del islamismo, se propaga en la sangre de dos razas ri vales, e incendia al fin el

�JO

JOAQUIN V. GONZÁLEZ

castillo fuerte de la civilización más preciosa
que los hombres han conocido.
¿En cuántos siglos la política ha realizado
la evolución de las formas orgánicas de las
sociedades, desde las autocracias bárbaras
hasta las más amplias y liberales democracias
modernas? Y todas han reflejado sus influencias sobre la "justicia internacional", hacia la
que tienden como un último ensueño. de perfección: es la supresión de la guerra, la fundación del Estado social por exceleneia, la realización del reino jurídico universal. "El crimen
de la guerra" de nuestro Alberdi, adoptado
por el pensamiento europeo, fué la última expresión condenatoria del estado regresivo y
antijurídico, proscripto de la reciente filosofía
política, y reconocido por el universal movimiento en favor de los principios del arbitraje
y la extricta justicia internacionales; los gobiernos iniciadores y mantenedores de esa
grande Asamblea de las naciones, cuya sede
se ha fijado en La Haya, son los actores directos de la guerra pendiente, destinada a remover, sin duda, de raíz, en la conciencia contemporánea, todos los resultados de la historia. ·
¿Qué es entonces la política? ¿Dónde se halla la luz conductora por la tiniebla en la cual
ha entrado de nuevo !a humanidad? ¿Cuál es
la realidad de las promesas hechas y de las
enseñanzas trasmitidas por las nacioiies antiguas de Europa a las naciones nuevas de

LA PAZ POR LA OIENCTA

11

América, las cuales se llaman a sí mismas
discípulas, hechuras, creaciones de las primeras? Diríase que, lejos de asistir a una prueba
formidable del valor efectivo de los progresos
técnicos en lucha de predominio, presenciamos
una inmensa catástrofe de la organización del
mundo civilizado, sobre las bases de las conquistas y de las convenciones anteriores. Ni
los congresos de Westfalia, de Viena y de Berlío, ni las alianzas e inteligencias compensad?ras del ~ct?al equilibrio mundial, en el que
directa o rnd1rectamente entran los continentes de América y el Oriente lejano, habrían logrado re¡.,resentar las aspiraciones o las
conquistas pacificadoras de las religiones, la
filosofía o la razón jurídica, que sirven debase a la actual organización del mundo; y fuer•
za será meditar en los gabrnetes o en las cátedras, donde se estudian los problemas de la
vida y el destino de los pueblos, sobre las causas del tremendo desastre que conmueve hoy
los cimientos de la sociedad de las naciones.
Hace tiempo algunos ilustrados escritores
proclam arou la bancarrota de la ciencia, en
vista de las agitaciones sociales contemporáneas y de la universal inquietud de los espíritus; pero ellos veían el problema bajo una faz
restringida e incompleta. Porque la ciencia
aún no es libre, ni gobierna con plena autonomía, ni los demás órganos de los Estados la
oyen ni le entregan todo su material, ni sus
instrumentos ni sus medios de acción. La po-

�12

JOAQl'ÍN V. GON7.ÁLEZ

lítica la mantiene todavía aherrojada y sometida a sus intereses y caprichos, sin permitirle
desplegar la plenitud de su vuelo; ni las formas de gobierno o arnci:=icion:s d: Es~ados_la
consultan y obedecen, m sus 10sp1rac1011es mo-énitas sobre las religioues y filosofías, pueden aún sobreponerse a los dogmas obligatorios o a los sistemas tradicionales, o a las
imp~siciones de la fue~za,_ que tienen educada
y habituada a la couc1enc1a humana.
Luego, la ciencia no es responsable sino en
la medida de su libertad, de los resultados de
sus descubrimientos y experiencias sobre la
felicidad de los hombres; ni tampoco del uso
interesado o injusto que la rutina, el egoísmo,
la razón de Estado, la ambición o el poder
hacen de los agentes o instrumentos que ella
les entrega, como el obrero asalariado que
enajena en manos del patrón capitalista la
labor de sus manos o la creación de su ingenio. En cambio, ningún criterio puede negar
que ella es única autora de cuanto bienestar
positivo y real goza el hombre civilizado, y de
cuanta ventaja aprovechan para sus fines
egoístas o particulares, los poderosos de la
fortuna o las ambiciones de dominio de los
caudillos de pueblos.
Parece indudable que la humanidad ha perdido la brújula de su derrotero en el tiempo
presente. Una red inextricable de sendas y
rumbos divergentes la han extraviado y confundido, y no atina a ver sobre el horizonte la

LA PAZ POR LA CIENCfA

"luz magna" que el profeta anuncia guiando
al pueblo errante en la tiniebla. Y no es porque no sepa donde se halla esa luz, como siempre le aconteciera en los más críticos momentos de su historia. Ha buscado por siglos la
verdad por el camino de la ficción y la libertad por la senda de la esclavitud;y cuando un
espíritu inspirado le dijo que él era la verdad,
y fJUe sólo por la verdad iría a la libertad, se
obcecó en su error, suprimió al profeta providencial, y cayó en la peor esclavitud, la de la
mentira y el fraude, sobre las cuales edificó
todas sus religiones, filosofías y políticas positivas. Al pensamiento unificador y pacificador reemplazó con la discordia y la guerra a
sangre y fuego; al mandamiento del amor y
la fraternidad y la ayuda recíproca, substituyó los odios n:ligiosos y sociales, y el interés
y el egoísmo, que han creado los profundos
abismos entre las naciones, las sociedades y
las clases de una misma sociedad; ha fundado
la guerra permanente y continua, que corroe
su corar.ón y enferma y extermina las mejores
plantas y frutos de su intelige~cia, y ha alejado, quien sabe por cuantos siglos más, la iniciación de la nueva era de la pez, o de la labor
por la paz del mundo.
¡Cuánta doctrina engañosa y brillante, aún
vestida con el ropaje de la ciencia, ha venido
a ensalzar los beneficios de la guerra! Se cree
que ella desarrolla y crea las virtudes viriles,
los heroísmos y acciones grandiosas, que dig-

�14

JOAQUÍN V. GO::-IZÁLEZ

nifican y elevan la persona humana. Entretanto desconocen la existencia de esos otros
fecundos heroísmos pacíficos, que consisten en
arrancar a la tierra sus elementos de bienestar y amplitud de la vida misma, y a la sombría y feroz igoorancia sus víctimas mil veces
más miserables que las del hambre o de las
fieras. La guerra, que saca del odio su fuerza
mortífera o eliminatoria, no puede conducir a
la paz, sino como preparación de otra era de
guerra; porque en la naturaleza humana, la
revancha del vencido se convierte en una vocación, así dure décadas o siglos su cumplimiento. Alberdi se había anticipado a Spencer
en la enunciación del principio que la paz no
puede ser fruto de la guerra, sino de las artes
y los medios de la paz, como observa Baty en
su traducción del "Crimen de la guerra". Y la
paz tiene sus fuerzas viriles insuperables, tanto más fecundas que las de la guerra, porque
son creadoras y continuadoras, mientras que
las segundas son destructoras y finales. La
una tiene por misión aniquilar y cegar fueates
de vida, la otr¡i crearlas y ensancharlas sin
término, porque se propagan y desarrollan
las unas de las otras.
La ciencia es la fuente de todas las creacio
nes útiles; y ella cierra sus labora torios silenciosos cuando la guerra ensordece el ambiente
y arrastra a la muerte estéril en manos de un
hermano, al estudioso y al sabio que habría
preferido morir de un heroísmo sublime, vícti-

LA PAZ l:'OR LA CtENCtA

15

ma d_e un in vento fecundo para el bien de sus
s~meJan_tes. La guerra ahonda y ensancha las
?1ferenc1as entre las razas y las naciones, aleJando cada vez más el ansiado día de la univers~l fraternidad; la ciencia muestra un solo
ca mino, el de la verdad única posible, el de la
verdad que es, que todos los hombres y naciones y_razas deber_án ver del mismo modo, porque t1_~nen los mismos ojos y la misma comprens1on de las verdades simples u objetivas,
que ~on~ucen a _las co~puestas y subjetivas.
La c1enc1a es, as1, la úmca senda que conducirá a la armonía de las sociedades humanas
má~_desemejantes y discordes, por la propia
acc1on de ,sus ":étodos; y 1~ ciencia es organismo que solo ~1ve en ambiente pacífico, para
de~plegar en el sus lentas y progresivas conquistas. Ella encierr_a el_ secreto de la paz del
mu~do y de las conciencias, la unificación de
los intereses m~teriales y de_ las aspiraciones
m~rales, las úm.cas bases positivas posibles de
la igualdad social, y de la justicia fundada en
la v_erdad de la naturaleza humana.
Ni_los partidarios teóricos de la guerra como mstitución útil al progreso del mu~do
p_u eden desconocer el valor decisivo de la cien~
eta en s~s resultados ~~contrarresta bles; y así,
d_eben 01r la observac10n profundamente cienbfica que se formula en obras recientes sobre
la "Eugénica" o ciencia de la selección humana, cua_ndo nos dice que "bajo la corriente de
la contmua guerra, en la cual centenares de

�JOAQUÍN V. GONZÁLEZ

LA PAII PO!t LA l'IEll'ClA

miles de los más fuertes miembros ~e la comunidad social son exterminados, m1ent_ras que
solo quedan los más débiles par~ ~ont_rnuar el
núcleo fundamental, la raza origmana se ?ebilita progresivamente, y puede al fin c~trnguirse. Cuando, como es fre_cuente, el contmuo
despotismo sigue al continuo guerrear, )?s
nuevos pueblos sometidos, no por la selecc10~
sino por la fuerza, al ser conservados ~n P?~tción inferior, no pueden formar una oac10n
con la integridad social de sus predeces,?res, Y
habrán de disgregarse y desapar~:er . Los
campos de batalla, agrega otro soc10_logo alemán, quedarán cubiertos con los c~day;res de
millones de nuestros hombres mas JOveces,
sanos y fuertes. L os mejore_s son los 9ue, s:
pierden: sólo quedan los ancrnn?s_, los t_nvalidos, los enfermo!&gt;, porque el serv1c10 obltgatorio arrastra a todos los aptos para cargar las
armas; y además, los sobrevivi:nt~s
los
campos de batalla no son lus mas mcltcados
nara la continuación de la raza, a mrnos que
~e dé a los neurópatas el ~ri~er lugar ..., porque si al estruendo de la tecmca y dd tra~co,
se a g regan los horr?r~s de la guerr~ ¡_que g:~
neración de neurastemcos se. produ~tra,, Y co
mo los males de·la neurastema arrumaran las
generaciones!"
.
Desde los más prim:irios pr obl~tnl'IS relativos a la formación del núcleo social de la nacionalidad , hasta la posesión de los más sencillos medios de utilización de los recursos

?e

17

naturales, la ciencia es nuestra guía y maestra y artífice insuperable. Por eso es la labor
permanente de las generaciones en este eterno
vaivén de la ola figurativa del humano progreso. La Escuela y la Universidad son sus laboratori_o s .Y tal!er~s! no ~ólo para trabajar
en el maten,il µnm1t1vo, smo para formar en
la vida del trabajo la esencial frakrnidad del
esfuerzo común y solidario. Este reemplaza
por ~irtualiclad propia a los postulados convenc10nales y a los mandatos autoritarios de
los dogmas religiosos o .filosóficos heredados,
los cuales, por otra parte, no pueden subsistir en la c?n_ciencia de un niño, apenas éste
pueda perctbtr la verdad elemental de la ciencia; a menos que la religión o la filosofía no
sean un efluvio natural de la ciencia misma.
El descubrimiento en colaboracióa, de una
verdad, de un elemento, de una cualidad cualesquiera, crea desde luego un vínculo indisoluble de compañerismo, acaso más fuerte que
el parentesco; y por sucesivas agregacione~,
la esfera de la armonización y consenso colectivos va ensanchándose, hasta abarcar la totalidad de una nación o de una raza.
La ley de armonía ha sido asi sancionada
por el propio imperio de la conciencia, y ninguna fuerza que no sea la de una necesidad
superior, podrá desalojarla, n! debilitarla. El
conocimiento de la verdad sobre las cosas y
las ideas, descubre en los corazones las excelencias, las virtudes y las sinceridades más

�18

JOAQUÍN V. GONzÁLEZ

LA PAZ POR LA ClE...~CIA

asombrosas; y entre los hombres que vivie:º!1
separados por vallas infranqueables de preJUlcios, diferencias y odios de muerte, se abre como un nimbo de luz, a cuyo resplandor. se
confunden sus almas en un~ íntima comumón
de amor y solidaridad, porque han desaparecido entre ellos las únicas causas de separación, es decir, la ignorancia recíproca sobre
las cualidades comunes, que ocultaban el tesoro de sus más hondas simpatías y afinidades. Por eso he dicho alguna vez,-inspirado
en la enseñanza de Leonardo de Vinci,-el espíritu más ingénitamente científico producido
por el cultivo humano, - que "conocer es
amar como ignorar es odiar,'' y porque la
histo;ia mental de la humanidad enseña con
sobrada elocuencia que los ignorantes son los
depositarios de los odios ancestra1es, hered~dos o transmitidos de inmediato por el gemo
de la guerra, para encender las hogueras o armar los brazos fratricidas, o .guiar el puñal
del asesino, o envenenar de ingrat itud y de
injusticia hacia sus benefactores más abnegados el alma de las sencillas comunidades, de
puehlos o de al~eas privadas de la c~ltura intensiva o ambiente que los domestica o conduce por el buen camino.
.
Sólo la ciencia, cultivad a en labor continua,
tenaz, de generación en generación, y en cooperación consciente o ignorada de pueblos a
pueblos, puede acercarnos a f~rmar ese espíritu de justicia social e internacional, tan anhe-

lado por los filósofos y filántropos, que cual
santos de una religión profana y sin dogmas,
orasen a voces con el lenguaje del amor y de
la_ verdad, corno F~anklin, corno Washington,
como Jefferson, quten concebía una noción de
nacionalidad que "comenzase una nueva era,
esperaba una época en la cual los intereses dominantes dejai;en de ser locales para ser universales, las cuestiones de diferencias de front~~a~ y soberanías fut&gt;sen secundarias, y los
t&gt;Jerc1tos y armadas quedasen reducidos a una
función de sien ple policía ... " Son palabras dictadas, corno las de la inmortal despedida del
ch_acarero de Mount Vernon, por un senti°:11ento d~ in.tenso amor humano, que nada
stno la c1enc1a es capaz de inspirar; porque
ella descubre ante las sencillas como las más
~Itas. co1;1ciencias, la verdad de la pequeñez
1g11ahtana de todos los hombres, y desmonta
todo el aparato formidable de las vanidades
agresivas y dominantes, que engendran las
au~ocrncias, las tirnnía-&lt; y las clases oligárquicas, adueñadas de la libertad y del trabajo
?el pobre, el cual, agobiado por su ignorancia
irreparable, queda reducido a la esclavitud de
hecho por la im posibilidad de una liberación
que estriba más en la ceguera de la mente qu;
en la condición material de la servidumbre.
Debemos, ent&lt;?nces, todos los consagrados a
la tarea del estudio, en todo país de la tierra,
proponernos una nueva v más intensa teniendo en cuenta que vamo·s en auxilio
nues-

de

�20

JOAQUíN V

GONZÁLEZ

tros hermanos de otras razas y naciones, considerados, acaso, inferiores, porque ignoramos
sus cualidades y virtudes esenciales. hasta
privarnos de su colaboración en nuestro propio progreso; en ayuda, en primer término, de
nuestros compatriotas y vecinos más próximos de nuestra América, expuesta por su inexperiencia y juventud, a errores más perniciosos porque comprorr.eterían su porvenir,
ya que tiene la suerte de mantenerse, gracias
a la distancia geográfica e histórica que la !'epara ile Europa. incontaminada de las ra~iones impulsivas de la guerra presente, ~i bien ·
no podrá d&lt;sinterarse de la suerte de los beligerantes, con quienes la unen lazos de una íntima solidaridad de raza, de intereses v tradiciones formados en la enseñanza le s;.is
mae~tros, y en el aire de su cultura, absorb1 ia
por la nuestra en constante corresponékncia
ideal; y al estudiar con ese profundo interés
solidario, la filosofía de esta guerra, no olviciemos que estudiamos un problema propio,
porque corresponde a nuestra misma civilización. En el desquicio probable de los ajustes
de esa vieja fábrica, no podríamos preci~ar
con exactitud la misión S'lperior que le está
reservada a nuestra América y a nuestra patria, ya sea como sujetos de experiencia de
nuevM principios emergentes de a'}uella terrible lección, ya como hogar de refugio o de
reconstrucción de les ideales y doctrinas de
solidaridad y justicia derruídos, ya de reno-

LA PAZ POR LA CIENCIA

voc!ón de los despojos saugrientos que de ese
antiguo acerbo de principios sociales y políticos, quedarán esparcidos por los sangrientos
o incendiados campos de batalla.
Señores profesores y estudiantes que me es-

cuch!is,-y oj_alá me oyeran todos los que
ens~nan a la Juventud de mi patria,-quiero
deciros con toda la convicción de mi espíritu,
templado ya en el yunque de treinta años de
vida artiva intelectual, que estoy muy lejos,
-ante el espectáculo de la guerra europea 1 de abdicar, como he observado en mucb os
otros, de los más fervientes ideales, y de la fe
en la fuerza y valor de los principios directivos
y su~eriores de _la justicia y de la razón, en las
relaciones políticas de las nacionescivilizadas:
La ~uerra, por grande y comprensiva que sel'!,
e~ s1empre ~n accidente pasajero en la suce
s16n de los tiempos; y aunque no sea un medio
de fundar la paz, sus solucio'les de hecho pueden crear una situación favorable al dcsarrolln de las instituciones justicit:ras y liberales
y a las labores de las ciencias, las !~tras y la~
artes, las cuales, al elevar en un grado más el
nivel de la universal cultura, asegurarán por
~ríod os cad~ vez más largos de paz convenc1ona l, la acción de los elementos constitutivos de la paz definitiva sobre las bas:-s eternas de la verdad y de la justicia.
~~oque nunca he pensado que pudiera adm1t1rse un derecho y una moral internacionales para América, en oposición a los de

�22

JO.AQUIN V. GONZÁLEZ

Europa, es indudable que la diferenciación
geográfica hace posible la coexistencia de dos
modalidades diferentes en la aplicación de sus
principios generales. De esta manera el naufragio de ellos en un continente puede ser
reparado por el otro, como ya pudo compro·
barse este equilibrio cuando Canning enunció
su inmortal afirmación: "He llamado a la
~id~ un mundo :nuevo para restablecer el equihbn_o en el antiguo". Así, no porque hayan
sufrido las conquistas de justicia internacional tan hondo descalabro con la presente
g~erra, nos dejemos invadir por el desaliento,
nt menos por la reacción hacia las imposiciones bárbaras de la fuerza; acaso la misma Eu•
ropa, cuando se haya cansado de matar y de
destruir los frutos preciosos de su cultura y
su trabajo seculares, venga a buscar en la olvidada América la brasa encendida para reavivar el fuego sacro de los seculares ideales de
derecho, de justicia y solidaridail humanos,
con los cuales tendrá que reconstruir, allá en
el viejo solar de las razas madres, el común
hogar devastado por los odios y rivalidades,
no menos funestos por ser pasajeros.
Hay una sonrisa compasiva, o al menos interrogante, sobre las organizaciones corpora•
tivas que se han impuesto la misión de pacificar el _mundo; se pregunta sobre el destino y
la actitud de la Conferencia internacional de
La Raya, erigida en Corte permanente de arbitraje entre las naciones, y de los demás con-

LA PAZ POR L.A CIENCIA

23

gresos científicos consagrados al progreso de
la moral y la justicia universales. Pareciera
que estas creaciones convencionales debieran
decretar de modo infalible la solución de todos los conflictos y remediar todas las imperfecciones humanas, corregir los errores y rectificar las corrientes de la historia, por obra
de una magia omnipotente e incontrastable.
No se recuerda que ellas fueron establecidas
como agentes de labor y experiencia, fundadas en el concenso voluntario de las naciones,
y sólo como órganos de consejo y no de legislación imperativa. Y basta para sus fines con
esa relativa soberanía e independencia, porque las conquistas morales o jurídicas de las
naciones no se han realizado en un día, y ya
es mucho que ellas reemplacen a la sangre y
al fuego que han costado siempre las simples
enunciaciones de las nuevas fórmulas de gobierno en los siglos pasados. A ese género de
corporaciones pertenecen los institutos científicos y las universidades que en todo el mundo
trabajan en el mismo sentido, y sería renegar
de la ciencia misma, desconocer su valor o
utilidad, porque su existencia no hubiese sido
bastante para impedir una revolución o una
guerra.
A pesar de sus transitorias regresiones hacia el error o la violencia, la humanidad marcha a su perfeccionamiento; el ideal, conservado v cultivado en los solitarios laboratorios
de Ía ciencia, d'el arte y de la poesía, es la es·

�JOA~IJ!N V. UONZÁLEZ

trella lejana del derrotero eterno, y hacia ella
se encamina la peregrinación de la humana
grey. La ciencia es su guía, el arte es su inspiración y su ritmo; y así, unidos los corazones
al rumor de la armonía inefable que ellos exhalan en las almas, la marcha es triunfal, y
durante las jornadas, van realizándose muchos de los prodigios esperados. No es posible
abandonar la columna, ni arrojar los estandartes porque caigan en el camino los rendidos o los desalentados o los excépticos; no
habría conquista en la vida si admitiésemos
tal posibilidad, y en los procedimientos de la
ciencia se explicarían menos tan perniciosas
intermitencias de hastío o cobardía. Los estudiosos, los letrados, los profesionales del saber, tienen la misión de los oficiales en la marcha del ejército simbólico; ellos son un estímu•
lo perenne para el soldado de fila, son un
ejemplo vivo e infatigable de voluntad y de
acción. En nuestra joven y aun informe nacionalidad sería una falta imperdonable la prédica del descreimiento y la vacilación; los que
siguen sus estudios en las aulas, tras la enseñanza y conducción de los maestros, y los que
van a ocupar su puesto en la labor pública del
oficio, confiados en su propio esfuerzo, todos
son responsables de su parte en la labor de
salvar la integridad del patrimonio moral de
la Nación.
J O AQUI;-; V . GONZALE7

LOS DOS NINOS
( De Giwamtt Pa.rcoli)

I.
De tarde. La pareja bulliciosa
de niños retozaba alegremente
en la quietud de la alameda umbrosa
Jugaban abstraídos. De repente
lanzáronse, con pasmo de los tilos,
insólitas palabras a la frente.
Se hallaron ojos nuevos; intranquilos
parpadeos de cólera inflamada,
y por manos, dos garras de diez filos.
Sed de sangre brotó de su abrasada
garga nta , y por sus pálidas mejillas
la miraron correr, atropellada.
Pero tú te presentas de puntillas,
buena madre, y con voz dominadora
separas las airadas fierecillas
y les o rdenas : "¡ Hacia el lecho a hora I''

�26

GUILLERMO VALENCIA

LOS DOS NIÑOS

27

lII.
II.
Las sombras los circuyen. Procesiones
de fantasmas, el labio sigiloso,
parecían surgir de los rincones.
Y fué de oírse el lánguido sollozo
crecer bajo el imperio -de algo obscuro
que volaba entre el lóbrego reposo.
Volviéronse los dos con inseguro
movimiento; y entrambos eorazones
se escucharon latir con ritmo puro.
Llega, cual sobre manto de vellones.
la madre-tras la palma sonrosada,
la luz-a remirar a sus leones.
Contémplalos absorta: en apretada
red de abrazos, se estrechan dulcementt·
Duermen ambos, el ala replegada.
Y ella los besa con amor riente.

i Hombres! En vuestras iras de felinos
pensad en el misterio pavoroso
que amarga vuestros míseros destinos;

pensad en el silencio tenebroso
que sobrevive al grito delirante,
y, de la guerra, el ímpetu furioso.
i Hombres, paz! En la tierra vacilante
enorme es el misterio, y sólo atina
el que brinda su amor al semejante.
i Paz, hermanos ! La mano que se inclina
tarde o temprano a acariciar, desame
el gesto airado, la pasión dañina.

a fin de que la calma se derrame
por nuestra faz cuando, sin ser oída,
se acerque, sin que nadie nos la llame,
i la Muerte con su lámpara encendida!
GUILLERMO VALENCIA
( El Fígaro. Habana.)

�ES LA GUERRA

y vaciado y roto miles de botellas;

ES LA GUERRA
Fué la víctima sangrando;
fué la mujer, con su afrenta;
el incendio sin excusa
y el pillaje con la prenda;
fué el crimen y la barbarie
y la crueldad con las pruebas,
y nos dijo el general:
-¿ Qué se ha da hacer? ¡ Es la guerra !
Han violado a las mujeres
bárbaramente, en presencia
de maridos amarrados,
torturados en la infamia de su esc:unio y su vergüenzi
v delante de los padres y los nifios,
~..1ancillando la vejez y la inocencia.
¿ Pero a quien echar la culpa
si eran buenos y eran cultos
y es la ocasión ? ¡ Es la guerra !
Han bebido hasta embriagarse
y ponerse como bestias;
han volcado, desfondados los toneles

han regado, han inundado
ele champaña las bodegas ...
Ellos son y no lo han sido
porque finnes no tenían las cabezas.
Eran sahios,
cultos eran ...
i Estas cosas, son las cosas
de la guerra !
Han robado, han saqueado, han violado
cerraduras, como p_uede hacer cualquiera,
y han cargado con dinero y con alhajas
Y con cuadros y con ropa, y hasta cuentan
que han matndo, puramente
por robarles a las víctimas
el rdó y portamonedas.
Son honrados y son cultos ...
Es tentación del momento:
¡ Es la guerra !
Han incendiado a su paso
las ciudades indefensas,
l_os pueblos encantadores
y las míseras aldeas ...
fueron dejando un reguero
de ceniza y de pavesas ...
Ellos no tienen la culpa,
que son sensatos y cultos:
¡ Es la guerra !

29

�30

VICENTE MEDlNA

Han hecho infamias sin nombre,
han cometido vilezas,
se han ensañado en las víctimas
como chacales y hienas,
han manchado , han deshonrado
la Humanidad y la Tierra ...
pero es todo esto una cosa
puramente pasajera .. ,
Ellos son civilizados ...
¡ Es la guerra !
Han acariciado sueños
de grandeza;
han tenido el ideal de un solo tipo
super-hombre de la Tierra,
conquistando, dominando, cultivando,
eliminando la enclenque raza enferma
y borrando hasta los rastros
y las huellas
de los pueblos decadentes, en la historia y en el arte
y en la ciencia ...
Pero ellos estaban locos ...
¡ Es la guerra !
VICENTE MEDINA
(De Cancümes de la guerra.)

LA VINDICACION DE LA MEMORIA
T a l vez ha llegado el momento de proceder
seriamente, y en virtud de las luces nuevas
traídas a la pedagogía por los psicólogos, a
una vindicación de la memoria,-y aun de la
memorización-y aun del memorismo,-o a lo
menos a reconocer con franqueza, respecto de
éste, la parte · que en justicia le corresponde
dentro de cualquier sistema de educación, serio, sólido y eficaz. Por demasiado tiempo nos
ha faltado tal franqueza . Toda la pedagogía
r omántica desde Rousseau hasta Herbert
Spencer y aun más tarde, nos ha impuesto,
con la superstición de lo espontáneo, una ciert a repugnancia a lo que hemos llama do desdeñosamente "medios mecánicos" o "medios
librescos", y sensibilísimamente, "medios fatigosos" de aprender y de enseñar. Señalemos
de paso el error que muy a menudo se comete,
al considerar las corrientes pedagógica y científica del siglo XIX, continuación de las del
Renacimiento. No; el humanismo es una cosa,

�LA VINUH' ,CWN D~; LA )LEM0ltlA

32

EUGENIO D'0ltS

el romanticismo otra muy distinta. Rousseau
abre un ciclo mental, no y.a diferente sino contrario al iniciado por Rabelais y por Comenio. Recuérdese aquel admirable capítulomatriz sobre la reforma de la educación &lt;le
Gargantua, impregnado de lo que podríamos
llamar el sentido heroico de la educación; y
compárese luego con las blanduras del "Emilio" de donde ha salido la ralea infinita de las
blanduras modernas; y claramente ~e verá
que en las últimas hay ya un principio de vuelta a la sensualidad viciosa de los primeros
maestros del gigante. Es muy probable que
a un pedagogo como los que aun encontramos hoy, imbuídos del espirita ochocentista,
Rabelais le hubiese colgado también el mal
nombre de "sorbonagro". No es un secreto
para nadie que la historia de la filosofía con
sidera ya el Positivismo como una nueva 0rma de la Escolástica. Voces diversas, independientes y concordes se han levantado últimamente en Europa, para llamar al siglo
XIX, "otra Edad Media".
Quien esto escribe tuvo ocasión de dar, en
el invierno de 1909-1910, un cursillo sobre la
Atención, con el complemento de algunos trabajos experimenta les, realizados por una com-

pañ:a de jóvenes de mérito·, a cuyo lado no
falto alg~n. veterano de la:- lides científicas y
en que _sirvieron de sujeto, algunos correctores de tmpre nt ª· e ursi·11O Y experimentos no
lleg:i.ron a darnos . tal vez todo lo que buscábamos; pero me p,irece que dejaron más clara
q ue_ la luz u ria ~esis que ya comienza a ser genera 1 . ~n la _psicología modernísima: que la
a.teoc10n
.
d' . , hacia una cosa exige ' como previa
con tc1~n, poseer ya un cierto conocimiento
de la mtsma; que lo que se llama el interés es,
más que otra cosa, un nombre con que se disfraza
conocimiento
si se quiere,
.
1a
t -ad este
.
.
• O,
r.
ucczón
efectiva
del
conocimiento
.
El ·
previo.
ps1có1og? americano Pillsbury ha realiz,do
de est1. tests un estudio 'lmp11·0
y 1um111oi;o
.
e
Acaso sus_ conclusiones sean más radicales d~
lo que debieran. en el sentido de unir demasiado estrechameute
. do
.
' y • sobretodo , d t'mas1a
proporcionalmente
la
atención
con
el
.
.
conoc1m1ento anterior (*). Pero no put&gt;de negarse
(*) Precisamente el objeto ¡ 1
.
a que
acabamos de refe . e e cursi-11o)'. traba¡os
experimentales
a Pillsl&gt;urv en el sentid~1dnos er., el de rn tentar una rectificación
demasiadó 'completo. lejos ed~n~!~ar que so ~on~imiento anterior
que por consiguiente las condi .· orccer, ~er¡ud1ca la atención, y
eneuc_ntran no en la ~usencia det'ones .ó~tJmas P:'ra la atencióu se
segumlact, sino en lo que de o c~'"?~1m1ento, n1 en su demasiada
condiciones en que Ja tentativa"
"J·aber illqtfi~to''. Las
celona, entre dos semestres de estudio izo. 1 nrante_un VJ3Je .ª _Bar-

s;1;~rª~d

en e extranJero, unpidierón

�3-l

EUGENIO

n'o&amp;s

r¡ue el resultado de esta labor moderna ha tenido que ser el que se desvaneciera la mitología pedagógica, forjada en torno de este "interés", vi!rdadero "Deus ex machina" en todas las teorías de lo espontáneo.
Desde el instante en que se acepta que el conocimiento precede al interés, el proce!-o mental que supone la educación en el educado nos
aparece invertido y la admisión de su origen
central, debe ser reemplazada, como en tantos otros problemas de la psicología, por la
admisión de su origen periférico. Conocirla
es la posición que James y Langes dieron a la
1ec,ría de la emoción, sintetizada en la famosa
frase del primero, "No lloramos porque estemos tristes, sino r¡ue estamos tristes porque
lloramos". Ya el modo como la intuición formidable de Bias Pascal planteó el problema
de la creencia, conducía a una conclusión, que
hubiera podido formularse así: "No tomamos
agua bendita porque creamos, sino que creemos porque tomamos agua bendita.'' Otras
teorías modernas han impuesto la solución
periférica en las cuestiones genética!', sea de
que se llegase a conclusiones definitivas; y las que, por el rnomenlo
se obluvieron_ pare~fan más bien confirmar la opinión de Pyllsbnry.
Pero los que mtcrvm1111os en el ensayo no nos damos por vencidos
y pensamos continuarlo próximamente.

LA VINDJCA('lÓN DB LA ~lrMO RIA

:l5

índol&lt;' natural o normativa, se refiera a fenómr·nos. que se estudian o a la conducta que
rlt ha seguirse para alcanzar tal o cual resultado. Análogamente y en lo que se refiere a
la adquisición de conocimientos, los hechos
aducidos pr r Pillsbury y por otros contemporáneos nos imponen, en pedagogía, la tesi!' de que no sabemos las cosas porque anteriormente nos hayamos interesado por ellas,
sino que nos interesamos por las cosas ?orqLte anteriormente las hemos, basta cierto
punto, sabido. Y como saber las cosas nn
quiere decir, despué,- de todo, sioo poder recordarlas en el momento oportuno, podemos
sustituir legítimamente h anterior fórmula,
por la que !'igm·: No recordamos las cosas
porque ellas nos h ayan interesado, sino que
nos interesan, por el recuerdo que ya tenemos
de ellas. Es decir, que el primer movimiento
de actividad mental para llegar al conocimiento de un objeto ha de ser de índole mnemónica. E l Génesis de cada conocimiento hu, "E n
mano puede, por lo t anto, narrarse asi:
su principio era la Memoria".
Las consecuencias normativas que se sacan
de aquí rehabilitan , como nec~sa ~ios, e11 la
base v comienzo de todo aprend1u1Je el esfuer
'

J

�LA VINDICACIÓN DE LA MEMORIA

zo, el dolor, la disciplina de la voluntad, suj:
ta, en una palabra, no a aquello que place, st·
no a aquello que desplace. Hay en toda ~dquisición de conocimiento, como en toda mvenctºón , (¿·aprender una cosa no es, desde • el
punto de vista de la actividad mental, lo mismo en el fondo, que inventarla?) un momento 'que llamaríamos milagroso, si no f~ese
porque las modernas teorías de lo subconsciente como almacén biológico, desde donde las
cosas pasan, en un momento dado, ~l campo
de la conciencia, parecen proporcionarnos
una explicación aproximada, ya que no completa del fenómeno. Este momento, ~omento
de gracia, separa de una manera casi brusca
el estado de no posesión del estado de po~~
sión del conocimiento de que se trate. ¿Tenets
presente lo que os ha ocurrido en cada uno
de vuestros aprendizajes deunalengua nue~a?
Recerdad, recordad. Hubo un día, una mana·
na, una hora, en que al tomar un libro, al
comenzar una conversación, o simpleme~t~ al
levantaros, os disteis cuenta de que sa~1azs el
francés, el inglés, el latín. El día ankrtor, la
noche precedente, la hora inmediatamente
anterior, no poseía.is aun esa lengua. Desde
este punto en adelante. la poseéis. Entre la su

37

ma de los conocimientos acumulados hasta
entonces y la suma de fuerza y de facilidades
que a partir de este instante sagrado, tendrá
el sujeto a su disposición, hay una diferencia,
y una diferencia decisiva. Es, diríase, el momento en que se cobra el interés del capital,
interés de mil por ciento: En teoría el interés
corre siempre, se produce siempre; pero de hecho hay un momento en que se cobra, en que
éste aumenta el capital, mejor dicho, en que
torna capital lo que antes no era sino dinero.
En teoría, la planta brota de la tierra por
una acción continua; pero de hecho hay un
momento, un momento histórico en que hay
planta, en que tenemos planta. El niño se forma largamente; pero hay un minuto en que
nace. Así es la invención. El sabio madura
lentamente la invención que ha de venir; pero
la invención en sí misma se realiza en el tiempo de 110 relámpago. Así en el cambio de espíritu religioso, en la conversión. La tempestad espiritual viene de lejos; pero la fe se
adquiere en el tiempo de caer de caballo en el
camino de Damasco. Así finalmente en cualquier aprendizaje: estudiamos días y días el
alemán; lo sabemos en un minuto. Silabea el
párvulo torpemente, tiempo y tiempo; una

�38

EUOl!NIO t&gt;'ORS

mañana se levanta sabiendo leer. Toda adquisición mental es, en rigor, una int~ición.
Pero la bao µreparado largos r, zonamien~os.
No es la intuición el 1:frcto d&lt;'. los nizonanw n tos: ro vano buscaríamos en éstos causa eficiente para aquélla; pero ést~ es _el premio d~
aquéllos, o tal vez mejor, el premt~ d~. ~a actitud que suponen aquéllos, como st d1Jer~mos
Ja recompensa de la humildad que ha tenido d
razonador ... Si; hay que empezar por lo exterior, hay que empezar por la actitud. Hay
que abandonar todo orgullo. '·Toma agua
beridita,-diremos siempre con Pascal-toma
agua bennita".
Lo que be llamado alguna vez "la _pa~adoja de la invención" consiste en lo s1gu1ent~De una parte: todo invento, todo descubrimiento científico es hijo de la casualidad. De
otra parte: únicamente realizan iovencio~es,
series, descubrimientos científicos, los sab10s.
¿Hay aquí una contradicció n?N?. Vol~~~os
siempre a la concepción psicul6g1ca penfenca.
La iovenci6n, el descubrimiento, no son un
efecto de la erudición, del continuado estndio,
de la actitud vital y aúu profesional; pero son
su recompensa, el milagro concedido a 1~ la~ga humildad, y, únicamente a ella. La mspt·

LA VINDICACIÓN DE LA MEMORTA

39

racion, la intuición genial, no es el efecto del
razonamiento, pero le sigue. El mismo razonamiento no es un efecto de la memorización
no está determinarlo por ella, pero la sigue.'
Y la memorización a su vez, sin que pueda decirse que sus causas sean el esfuerzo áspero,
la disciplina, la lectura, el darse a cosas pot
las que aún no se t iene amor, sigue a todos
esos ejercicios y nace tamb:én en el momento
de gracia en que, después de haber reparado
una cosa, dos, veinte, cien veces, se la recuerda ... Altiva señora es la verdad; no la poseerá nunca quien antes no se haya arrodillado
ante ella.
Pedagogos, haced arrodillar, haced arrodillar. Para aprender las len.guas, aún no
se ha
inventado nada mejor que las bo-ra•
mát1cas. Para aprender a multiplicar, aún
no se ha inventado nada mejor que la tabla
de multiplicar. Cuantos, bajo la inspiración
del espíritu ochocentista y sometidos a la superstición de lo espontáneo, han querido llevar hasta su término la metodología de lo intuitivo, de lo razonable, de lo atrayente han
debido confesar, si son sinceros, su fracaso. En
la obra de la enseñanza, ni en la obra de la educación puede prescindirse de una parte, aún

�40

EUOENJ.0 D'ORS

mecá nica, de memorización. Reduzcámosla , si
así parece preferible, sustituyámosla a vecrs,
pero siempre s~rá de locos ol~idar a quella~
primeras palabras del evan geho del Conortmiento.
EUGENIO D'ÜRS
( Revist,, de Educación. Barcelona.)

PA N DE L OA. I1 I NO
Sobre el campo, que quiebra su monotonía en
la raya blanca de la carretera, cae el sol de Julio
abrasador e implacable. Los barbechos, recién
cavados, enseñan sus terrones rojizos, limpios
de maleza, y son, en medio de los recuadros de
granada mies, como sangran.tes llagas de la t ierra. La llanura se prolonga ampliamente, seca,
quemada, sin un regato que dé música de aguas,
ni un árbol que con su copa dé frescura de
sombra; tan sólo a lo lejos, donde termina la tierra. de sembradura y comienzan los yermos, mirando a una barranquera de amarillos matices,el
tronco mezquino de un almendro seco se retuer-.
ce dolorosamente: diríase yencido de tanta soledad. Los rubios tallos del trigo maduro se doblan, dejando caer con desmayo las morenas
espigas. En el fondb la masa gigantesca de la
sierra bai'íada de luz, con tonos de sombra en
sus arrugas y con pinceladas azules en su cumbre, se recorta sobre la placa del cielo teñido de
a ñil.
El polvoriento camino se arrastra interminable, cortando parcelas y saltando hondonadas,

�__:-Í=~------"-ll_Cl_U_E_L ,\

ltÓO~;NAS_ _ _ _ _ __

trepando perezoso por las suaves lomas y revolviéndose bravío en valientes curvas; a las veces
parece que acaba en lo más alto de una cuesta,
pero luego asoma subiendo por la falda. de o~ra
más empinada; en sus cunetas crecen h1erbaJOS
y se perfilan los montones de grava recubiertos
de polvo.
.
Sobre la carretera y sobre el campo, sobre el
almendro seco y sobre las mieses enceradas, sobre
los barbechos, por encima de la sierra, el cielo
azul, limpio, uniforme; y en medio del cielo, como su joya única, un sol de lumbre con nimbo
de blancuras.
Hundiendo los pies en el polvo caliente y
marcando en él sus huellas hondas y precisas,
caminan dos mujeres como sombras de tristezas.
Una de ellas es anciana, menuda de cuerpo, angulosa de cara; tiene gris, casi blanco el cabello,
del que le asoman algunas guedejas bajo la fimbria de la saya, que lleva revuelta sobre la sesera para resguardarla de los latigazos del sol. La
nota carmín del zagalejo se remueve al andar
perezoso de las piernas que cubre; la cabeza se
humilla sobre el plano del seno, y los ojos-dos
puntos de luz en sombra de arrugas-giran cansados en las órbitas, mirando siempre a tierra.
La otra mujer es moza, ancha de flancos, a ven. tajada de estatura, morena de carnes, pero de un
tono que se empalidece en el rostro fundiéndose

PAN DEL CAMINO

43

en t inte wate, color de cera, color de santo,
color de angustia. El ca bello negro, lustroso y
abundante, se esconde bajo los girones versicolo_
res de un:i seda deshilachada, que acaricia con
una de sus puntas la carne de la nuca, y con las
otras dos, suavemente anudadas baj o el mentón,
las redondeces de la garganta. Ciñe corpifio que
acaso fué en un tiempo de lustroso y crujiente
percal, y que ya no es más que un harapo tachonado de remiendos azules: la falda es verdinegra,
color de vejez, y sus plantas desnudas pisan sobre esparteñas rotas.
Vieja y moza marchan lentamente, cansadamente; a las veces enjugan con el dorso de las
manos el copioso sudor que corre por sus mejillas, y se paran un momento para d&lt;!r una tregua de paz a sus pechos jadeantes. Caminan largo rato en silencio, como queriendo escuchar los
r uidos del campo, pero el campo está mudo. Tras
una de estas pausas, la joven habla con tristeza:
-¡ :.1 adre, no puedo más ! En cuanto llegue a
lo alto de la cuesta, me tiendo en los trigos y no
paso de allí.
La vieja suspira y dice:
-P;:irarsc es peor, hija: el sol te hnrá mal.
-¿ Acaso no me hace mal el sol mientras voy
anclando? ¿ No me hace mal el polvo que me entró hasta los ojos, ni la fatiga, ni el hambre? ...
-Guardaras ue la hogaza de ayer, y no nos

�44

MIGUEL A. RÓDENAS

pasaría ahora lo que nos está pasando.
-¿ Y quién guarda pan cuando s~ tiene gana
de comer? Aunque ahora lo tuviese, ¿ cómo iba
a guardarlo?
-Razón llevas, pero más que el cansancio,
eso es lo que me acaba.
Y llegan a lo alto de la cuesta y en la cuneta
se sientan, tendiendo tras ellas sendas manchas
de sombra amora~ada. Linda el camino por aquella parte con un bancal de liego, y el mozo que
lo labra, vestido con blanco calzoncillo y con camisa blanca, acércase al perezoso andar de los
bueyes, apoyado en la mancera. La ronca voz del
gañán suena plácidamente cuando habla a las
bestias.
-¡ Anda.tú, Colorao!¡ Anda, Palomo!-Y se
oye, según se va acercando, cómo la reja parte la
endurecida costra y cómo la vertedera levanta
los resecos terrones. Llega junto a las mujeres
y allí se para; térciase el mugriento chambergo
de fieltro, lía un cigarro, enciende a golpes de
pedernal la yesca, y con la primera bocanada de
humo que se desmadeja en el aire quieto, dice
su saludo:
-¡ Buenas tardes nos dé Dios!
- ¡ Mejores que éstas sean, buen hombre! dice
la anciana.
- Pues qué, ¿ tan mala se presenta? Quitando
el bochornazo, por lo demás ...

PAN

DEL CAMINO

45

-Aun con el bochorno, teniendo llena la tripa, bueno es el tiempo.
-¿ Acaso no comieron ?
-Desde ayer en la madr;igada no catamos el
pan ... y llevamos muchas horas andando.
-¿ No encontraron ahí abajo un mesón?
- ¿ Y de qué nos sirvió el encontrarlo si no
llavábamos qué gastar?
'
-Pues mal ~amino emprendieron; por aquí,
c-omo no sea deJando atrás mucho terreno, no
hallarán más que miseria.
· -¿ No pintó bien la cosecha ?
-Hogaño, ni para coger lo que sembrarnos.
En toda esta cañada, desde aquí mismo hasta
el pié de aquel cab: zo que le llaman el cerro de
La Luz, ni siquiera segaron; ¡ una ruin a !
-¿ Y es cuenta de ricos?
-Las malas cuentas siempre nos tocan a los
pobres. ¡ Tres meses hace que no beben gota estos secanos ! ¡ Tiene que haber más hambre este invierno !
. La vieja se pone en pié, sacúdese el polvo y
d•.ceasuhija:
'
-Vamos, María Isabel, que por poco que sea
más hallaremos caminando que sentadas aquí! '
María Isabel se resiste, la madre ruega, y, tras
los lamentos y las quejas, emprenden de nuevo
la marcha; despídense del labriego, que se queda mirando al llano entre bocanadas de humo, y

�:\IIGUEL A

47

RÓDENAS

se alejan silcncio,amente, bajando por el lado
opuesto la loma que acababan de suhir. A sus oídos llega, serena, la voz del jayán:
-¡ Anda tú, Colorao! Anda, Palomo! Y, ya
desde abajo, le ven encorvarse hacia la mancera ,
tras los bueyes, recortando su silueta blanca en
el espacio.
Vuelve entonces María Isabel la. caheza, y,
dando al aire un suspiro, dice tristemente:
-¡ Se quejan y tienen que esperar al invierno
para sentir hambre!
La madre se detienf&gt; un momento, m(ra a derecha e izquierda, y dice al fin:
.
-¿ Es un coc~e lo que suena, María Isabel?
María Isabel se para y c-scucha largo ralo:
después mueve negativamente la cabeza y responde:
-No, madre, yo no oigo más que el ruido del
telégrafo.
-¿ Estás cierta?
-Sí, madre.
Y tornan a emprender el camino. En la lejanía,
pastando en una rastrojera, se mueve la masa
gris de un rebaño, salpicado de las notas oscuras que ponen los escasos corderos de negras lanas. Al borde del camino aparece, en un recodo, la casilla de un peón caminero, cuyas paredes recien enjalbegadas, deslumbran; en la
mancha carmín del tejado se destaca la chime-

nea, dejando escapar una ténue columna de humo que sube derecha hacia el cielo. María Isabel, al verla, dice a su madre:
-¿ Será aquello un mesón?
La anciana mira fijamente ~l sitio que le seña!an, Y, c~an~o lo ha observado bien, vuelve abaJar los oJos sm decir palabra.
Al llegar junto a la casilla, oyen el agudo cacareo de un gallo y un bando de palomas torcaces raya el aire sobre sus cabezas. Ya desde 1
puerta divisan, en el interior, al peón camineroª
que,. sentado ante
una minúscula mesa ' con su'
.
muJer un enJambre de pequeñuelos, ataca el
con_temdo de humeante cazuela. Hasta las dos
muJeres llega la ~aliente tuforada del potaje,
azuzando con rabia su apetito.
L~ vieja no puede contenerse, se acerca, Y, de
rodillas en el umbral, implora:
-¡ Por la mujer, buen hombre, por los hijos, un
pedazo de pan !
Con voz de pesadumbre responden desde dentro:

r

-¡ Que Dios la ampare, hermana; quizá la socorran en el pueblo: aquf somos más las bocas
que los cachos !
-Mire que ...
Pero María Isabel la arranca de allí.
-¡ No pida, madre, no pida!
- ¿ Qué hacer entonces, si no pedimos?

�y seca, heroica, sale de labios de la joven. la
respuesta: •
-i Aguantar!
·11 del caminero va quela casi a
'
Paso tras paso,
fin se oculta tras un
dándose lejos, hasta
p~:ncales de trigo y &lt;le
repecho; entonces, a o:iñas enfermizas y des~ccenteno suceden ~nas as con muchos sarm1endradas de pequenas ce_p ,
. ~o. el terreno
'
.
mngun rac1
'
tos escasa s hoJas y
ballones rectos, de
'
,
alarga en ca
,
donde enra1zan se
r·1etas por la sequ1a.
rtado en g
color blancuzco, co . d del viñedo cruza otra
d las lm es
n
Rozando una e . . donde las dos se cortan, u
carretera , y en el sitio
de sostiene dos carte. t do de ver '
A la
tosco palo, pm ~ I Encina;·, en el otro:
les; en uno reza. A

qt

Puebla del Marqués.

. res cobíjanse en la
llí l s dos muJe
Llegadas a ,
ta aquel palo Y es. a sombra .que. proyec
mezqum
cuchan con atención.
h a suenan cascabeles 1
-¡ Ahora sí, madre, a or on cascabeles, son
..
or suerte no s
-No, h 1Jª• P
. no le ves?
campanillas de un carro, ~za que es la que va a
Por la carretera que cr
' t· ado por cuatro
un carro ir
l
la Puebla, avanza .
de la recua viene e
.
la
pnmera
m ulas . Junto a
d por los hom1)r05•
•
t lla cruza a
.
carretero con 1a ra
, stín de color cen¡zov atado a la trasera, ~n n~~emente, resistiendo
~~ que se deja lleva~ l 1;;1y sacando de las fauen el lomo la llama e
'

ª

·

49
CC's rosadas la lengua bermeja. Las mulas van
regando en la sereninad de la tarde el tintineo
de sus campanillas, que se ajusta a l lento rodar
del armatoste; el toldo de blanca lona se bambolea en los baches, y entonces suenan, entrechocando , los herrajes de la galga. Mientras el carretero chasca_ la lengua, pasan las bestias el cruce de los caminos, y cuando ya se han alejado
algunos pasos de las dos mujeres, dice la anciana:
-¡ Vé, hija, vé !
María I sabel a van za hacia el carro, y cuando
llega a él deja de oirse el sonar de las esquilas.
Las mulas, quietas, husmean en los yerbajos que
crecen al borde dela carretera, y el can, tumbado
en el polvo, jadea y se rasca nerviosa111ente. En
Is. limpidez del cielo aparece una nube blanca
que se descrecha a poco y cuyos girones caminan
lentamente hacia la sierra, poniendo en el suelo
fugitivas caricias de sombra según van pasando
bajo el sol.
Sentada en la cuneta, con la mirada fija en el
sitio por donde desapareció la zagala, permanece Ja vieja quitándose las maltrechas esparteñas;
a élla se acerca un peregrino cubierto con pardo
sayal ; cuando va a pasar, la vieja le detiene:
-Atienda, hermano, ¿ conoce algún remedio
para estas grietas, que no me dejan andar ?-Y al
decirlo muestra los pies hinchados y sangrientos.

�50

MIGUEL A. RÓDENAS

-Para curarlos-dice el peregrino-no hay
como la quietud. Para aliviar el escozor, mojarlos en agua fresca.-Vuelve la cabeza a uno Y
otro lado, y añade después : Pero por aquí ni
charcos veo.
-Y alguna yerba que con venga· ¿ no conoce?
-Que se críe por el llano, no sé de ninguna.
La vieja se lamenta y el peregrino l¡;¡. mira con
piedad; luego reanúdase el diálogo:
- ¿ Va Vd. a la Puebla?
-Hacia allí voy, pero no hago cuenta de cuándo llegaré; si Dios me ayuda, pienso que ha de
ser bien entrada la noche.
Las campanillas vuelven a oirse, sacudidas
primero reciamente y después con monorrítmico
sonsoneo; tabletea el carro, blasfema el arriero,
y la anciana, levantando la cabeza, exclama:
-Pues no se detenga, porque aun le queda camino.
-¡ Que Dios la alivie, hermana!
-¡ Que El le acompañe!
Y se pierde en la tolvanera que levantan las
mulas, cuando aparece María Isabel, anudándose el pañuelo bajo la barba y limpiándose el sudor que a chorros se desliza por sus mejillas. Antes de llegar al cruce, se detiene y llama:
-¡ Vamos ya, madre !
Y la madre cálzase la esparteña y responde
jovialmente:

PAN DEL CAMlNO

51

- ¡ Vamos, vamos, hija !

El sol comienza a reclinarse poco a poco sobre
la sierra ; las sombras se alargan desmesuradamente, corre un vientecillo temp1ado y suave, y
apáganse, entre el rumor que este viento hace en
las mieses, los últimos ecos de las esquilas que
se alejan.
A poco caminar, las dos mujeres llegan a la
puerta de un mesón; María Isabel grita con júbilo:
-¡ Aquello, aquello es ventorro, madre !-Y la
vieja responde:
- Y hemos dado con él cuando más falta nos
hacía.
Lléganse a la mezquina choza, levantan la roja
cortinilla que cela la puerta y se hunden en la
grata penumbra del figón.
La posadera, quealoirlas aparece en una puerta del fondo, pregunta, después de saludar:
- ¿ Quieren tomar algún refresco?
-Refresco, no; queremos algo de comer,-dice
la madre.
-Si es caliente, tendrán que aguardar; no hay
nada hecho.
Míranse largo rato vieja y moza, como consultándose. Un rayo enfermizo de sol atraviesa la
cortinilla y pone un tinte rosado en la claridad
de los rostros; de muy lejos llega el lamento de
una campana. Por·fin, María Isabel ordena:

.

�52

:MIGUÉL A, RÓDl!lNAS

-Dénos pan blanco, un azumbre de vino y
queso fresco.
El ama de la venta va en busca de lo que le
pidieron, y, al encontrarse solas, pregunta la anciana:
- ¿ Alcanzará para todo, hija?
Y María Isabel tras contar unos cuartos,• responde:
-Sf, madre, para todo alcanza.
MIGUEL A. RODENAS.
( Hispania, Londres .)

- -- HEPEBTOQIO
-- -

BIBLIOGBBFICO

PLATERO, PLATERITO
Juan Ramón Jiménez-el delicado poeta-ha
contado la historia de Platero; .,. puedenverla
por sí mismos los lectores y tendrán en ello
un exquisito regalo. Platero, Platerito. ..
¿Quién es Platero? ¿Quién es este ser que con
tanto amor nos describe el poeta? Platero
es ... un borriquito. Los borriquitos se prestan a mil consideraciones de diversos géneros.
(Hay hombres que no se prestan a ninguna .)
Hay muchao; clases de borriquitos; este que
nos pinta Juan Ramón es simpático en extremo. No es grande ni desgarbado, sino pequeño y vivaracho. Tiene unos cascos redondos
y menudos, y unas orejas puntiagudas y tiesas. Cuando se para y levanta la cabeza, parece que está pensando alguna cosa. (Lo cual
no pueden hacer tampoco muchos hombres. )
A Platero, a Platerito, lo hemos visto en mu(•) Véase el volumen Platero y yo (elegía and,tluza). " Bibliotec11
Juventud", editada por LA L ECTURA de Madrid.

�R~PEít'l' 1R!n BIBLlO(';R.\FI("O

chas partes y en diversas ocasiones de nuestra vida.
Recordaremos algunas de estas ocasiones.
A Platero le hemos visto una vez-allá en Levante-en nna montaña cubierta de pinos y
de matas olorosas. Había una sendita que se
retorcía entre las quiebras. Platero iba con
un viejecito. El viejecito había estado haciendo unos haces de hornija y los había puesto
sobre los lomos del borriquito. Estaba hecha
la faena del día; estaba ganada la comida;
esta carga de leña, el viejecito la vendería en
el pueblo. No había más que echar a andar.
Pero en este crítico momento, el borriquito
no quiso poners'.! en march ,L Allí estaba, entre los pinos olorosos, en la sendita, con los
pies juntos y las orejas tiesas, inmóvil, como de bronce. (Arriba resplandecía el cielo
a zul, el cielo de Levante.), Primero
fueron las
.
cariñosas excitaciones del viejecito; luego, las
palabras fueron un poco más escuetas; más
t a rde hubo algún discreto empellón. Pero
Platero, Platerito, 110 se movía. NÓ quería
march a r. ¿Por qué? No lo sabemos; los borriquitos t ienen t a mbífo sus misterios. Y el viej o viendo la ob stinación, la tozudez de Platero, se desesperaba. No sabía ya lo que hacer

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

55

para que el borriquito marchase. Nosotros
contemplábamos la escena desde un elevado
risco. Y entre lo que decía el viejecito, ya furioso, ya exasperado, oímos la siguiente frase: "¡Este borrico será la causa de que yo me
condene!" De que yo me condene; es decir, de
que, por su obstinación yo me entregue al pecado de la ira y haga y diga cosas que me lleven a los infiernos en su día. ¿Comprendéis
toda la trascendencia del cuadro y su interés
supremo? ¡Este borrico, Platero, Platerito,
con sus orejas tiesas, siendo la causa de la
condenación de un hombre por toda la eternidad!
Otras veces hemos visto a Platero llevando
un costal de trigo al molino. (¿Y aquella linda molinera de aquel día? ¿ Dónde está?) En
una romería también hemos reconocido a Platero, llevando un zaque de vino y unas alforjas llenasde vituallas. No hace mucho leíamos
una antigua traducción de Las Ge6rgicas, de
Virgilio, una traducción del siglo XVI. En el
libro I encontramos este pasaje: " Muchas
veces sucederá el que un hombre lleve un jumentillo perezm;o, y unas veces le carga de
aceite; otras le carga de la fruta, que ordinariamente es cosa que va le poco; otras veces

�5'7

REPERTORIO BIBLIOGRÁFICO

REPERTORIO BIBLlOGRÁFICO

le echa los guijarros para empedrar; y tal vez
le suele llevar a la ciudad cargado de la masa
negra de la pez." A Pla.tero, a Pla.terito, le
hemos visto, sí, cargado con corambres de
aceite y con serones de fruta. ·Tal vez le hemos visto también llevando piedras para el
empedrado. Pero como no lo hemos visto
nunca, querido Juan Ramón, es como dice
Virgilio: cargando de la masa negra de la pez.

cual es, sea quien se fuere el autor que la firme. Si en vez de una apropiación completa,
dicha obra sufre una serie de vflriantes ( que
pueden ir desde pequeños retoques y ttaducciones, hasta la incorporación de algunos
fragmentos y motivos en otra obra de arte)
la única cuestión literaria que se presenta es
ver si el retoque es feliz, si la traducción es
bella, si la imitación es oportuna, si el nuevo
organismo artístico tiene vida.-¿Qué valor
tiene el arreglo del Enamorado de Boyardo,
hecho por Francisco Berni? ¿Cómo ha triunfado Manzoni en la imitación de un pasaje del
Fausto, cuando refiere la tentativa de suicidio
del Innominado? Citemos el caso de Manzoni, para añadir luego que si se pudiera emplear, en cuestiones estrictamente literarias, el
feo vocablo "plagiario", todos los escritores,
los artistas, los pensadores serían plagiarios;
porque todos se reatan al pensamiento y al
arte precedentes, desarrollándolo y variándolo. Todos nuestros discursos habrían de ser
considerados como secuela de plagios, puesto
que en ellos se hallan fundidos f•ases, imágenes, comparaciones que ya fueron creaciones
artísticas de otras mentes; toda la vida sería
plag io.

56

AZORIN
( Bfa,,,o y Negro. Madrid.)

EL PLAGIO,
SU ASPECTO LITERARIO Y MORAL

En realidiad, el plagio es concepto que no
tiene relación alguna con la literatura. Literariamente ( o sea en el campo literario, científico y artístico), el plagio no existe. Esto,
que parece paradoja, resultará cosa de elemental buen sentido, con sólo reflex.ionarlo un
instante. En efecto, quien se apropia, sin más
ni más, uoa obra literaria Ajena, en nada
-eltera la esencia de dicha obra, que sigue tal

��60

61

REPERTORIO BIBLIOORÁFICO

RÍ!!PEln'ORIO BlBLIOGiliICO

su oficio; el artista debe procurar hacer de
artista, y la búsqueda de las imitaciones y derivaciones, por él realizadas, toca al crítico y
al historiador; que para ésto son pagados.
Pero ( ya que argumentamos casuísticamente,
detengámonos un momento más) la objeción,
si diestra, no es del todo justa. El artista es
también hombre, y por eso, no puede desinteresarse de la tarea asignada al crítico y al historiador, y mucho menos tenderle insidias y
tratar de obstaculizarlo. Por mi parte, si alguna autoridad tuviera entre los literatos
italianos contemporáneos, querría aconsejarles que se a bandoparan a las confesiones, tan
sinceras y amplias como sea posible, acerca de
la génesis de sus obras. De este modo, darían
con ello buen ejemplo de lealtad; ahorrarían a
los críticos futuros largas investigaciones, discusiones y errores; e impedirían a los futuros
eruditos universitarios hacer fortuna, descubriendo sus plagios.
Suele decirse que el mal del plagio consiste
en defraudar a los otros del mérito que les corresponde. ¿Pero qué cosa es ocultar el mérito
ajeno sino, ciertamente, alterar la verdad histórica? Eso se reduce, pues, a l mismo fundamento, por nosot ros apuntado. Por lo demás,

señalando las propias fuentes no·sólo se logra
señalar el mérito ajeno, sino también, por casualidad, el demérito ajeno.
Tal nos parece el criterio con que debe juzgarse el plagio, pero en los casos concretos,
las dificultades de un juicio exacto no son pequeñas. A menudo ocurre que los artistas imitan inconscientemente, o de pronto olvidan la
génesis de sus concepciones; algunas veces, no
dan importancia a las derivaciones por una
especie de característica ingenuidad. Y con los
artistas (nos referimos a los artistas verdaderos) hay que tener, se sabe, paciencia e indulgencia. ¿Querríamos lanzarnos como perros
mordedores contra quien-interpoladas en su
vasta producción original-nos ha dado alguna traducción espléndida o variación de poesías ajenas, sin advertirnos su procedencia?
Bastaría, a lo sumo, con no alabárselo.
B.CROCE
(Trad. de los Saggi Filusojici. Vol. l.}

Juan Sale Serrallonga, a quien el mismo
Maragall dedicó un estupendo poema , * una
(") La ji d'e,, Stm1/lon,,ua. Véase el tomo I de las Potsús de
Juan Maragall. Edición de Gustavo Gilí, Barcelona.

�62

RBPERT0Rt0 Bmuooilixco

APOSTILLAS
de las cosas más hermosas que en España se
han escrito.
MIGU E L DE U)IAM U.&gt;:O

NO LOS QUIEREN

(Nuevo Mimdo. Madrid.)

Al estudiante que desee auquirir un conocimiento elemental de íilosofia, le será a un
tiempo más fácil y más provechoso leer algunas de las obras de los grandes filósofos que
aprender generalidades de los tex~os. ~e recomiendan especialmente las que s1gu.en.
Platón: República. Sobre todo los libros VI
y VII.
Descartes: Meditaciones
Spinoza: Etica.
~
Leibnitz: Monadologia.
.
Berkeley: Tres diálogos entre Hylas Y PhIlonous.
Hume: Investigaciones concernientes al Humano Enteudimiento.
.
Kant: Prolegómenos a toda metafísica. del
porvenir.
BERTRAND RUSS ELL
(Tke fJro6/mu of / kiú,sopkyJ

En Granada, como en tantos otros lugares
de nuestra yerma España, se ha declarado la
guerra al ciprés.
Al ciprés, al árbol solemne, al único árbol
que crece con respeto de sí mismo, que tiene
instintos arquitectónicos, que tiene estilo, que
tiene verdor todo el año, que tiene poesía toda la vida, le han declarado inútil los de la
derecha y los de la izquierda.
Un día talaron los cipreses de un cementerio
en un pueblecillo porque al cura párroco leparecían tristes, y en vez de los cipreses plantaron acacias, los árboles de casa de baños, de
fielatos y de "hermanitas". El reaccionario
no quería cipreses.
Otro día, Blasco Ibáñez me preguntó que
por qué pintaba yo cipreses, que eran árboles
clericales. El hombre "avanzado" tampoco
los quería.
Otro día los quitaron de un claustro. Ahora los han quitado de la Alhambra, en los
"calvarios" los dejan morir, en los "cármenes"
no los dejan vivir, y hoy uno, mañana otr0,
España se va quedando sin cipreses, y ya no
tiene derecho ni a ser cementerio: sólo tiene
derecho a ser llanura desierta.

�'ñ~~,,.

dias. nevo. nntl!\
sentada., rte gTic•
un&amp; ªPº':isa.roente pr~iñetns de \o\ull\en.
A mochos españoles les parcccrú que
ieión pT'!:." en colore,; 1na. peseta.
col'lsta.
s cubieT
'\o e\ de u
a \a. veno:i-sea que
muerte de los cipreses no tiene importancia.
· es 110
L
..1 ' d
0 rrse
¡Mueren tántas cm:as! ¿Y quién se ocupa de -Sn pTtlC~o o.Cl\ba ~e, P\owp\c~· \~ente c10 os
ello? De1anrlo aparte motivos de estética, de Jtiad,a, C\0 t,·o.ducccton n"ta1·á ,guo.
. I'
J
C&gt;IJ- to'IJ\ ~,
breve, co ··
\ s c\i11,tc&lt;'
belleza y de poesía, hoy que tanto se le habla
b\ica-q1. en
demás de º~cb\ fra11a nuestro pueblo de sentimit"nto patrio, seg"'......-- enes• es•ns 0hrns \lls poT el gran ¿ñ"'\nc\o nn
mi patriotismo, el ciprés tiene tanta impo
~egniT!ui ª
de nuevo ,adora hn s
.
.
.
t.To.dnc:
"c\ y cv~&lt;
tancia que, cada uno que se echa aba30, es ,eg08 verl'\t6n u \it¡-i•a1•,o.
una raiz de nuestra casa que se nos arranca. s cuya.
\ mundo
El ciprés, como el campanario, como la cruz r~tigio en e
RE~lSl AS
•

ést.TOS

•

a,

de nn

ª\,o.

:¿;s

de término, como la atalaya , son siluetas que
recordamos cuando estamos lejos de nuestra
tierra, son piedras miliarias de nuestro patriotismo, señales que definen para nosotros
lo que añoramos cuando estamos lejos, que
marcan en nuestro coraz 6 n 1as fronteras d e
nuestros amores mucho más que las cartas
geográficas; y si cuando al vol ver a casa, en
lugar del ciprés y del campanario, de la a talaya o de la cruz de término, encontramos un
árbol vulgar o un llano yermo, cree uno que
no 11ega a su casa y se vne1ve d esaIen t a d o, y
desde entonces ya no tiene patria, por más
que digan lo contrario banderas y geografías.
. ,
P or 1o tanto, ca d a c1pres
que se va arrancando no es un árbol, es un hombre que se
arranca, y hoy estamos tan faltos de ellos,
que el que desarraiga uno, sea liberal, sea librepensador, merece-es mi opinión humilde.d.
och o años d e pres1 to.
SANTIAGO RUSIÑOL
(De Ptmiáa, Medellln, Colombia.)

L {\. 5

1&gt;t1.uri-'1ESPA~A- • '. e 1 ~\1~)
:, d.c Jnho d
,r1CA.S, ,10 r
3
11
Núntcr-&gt;_ et w. IDEAS 1;º ' or Jouqní~
, pe. . pah's o.r·L,cn\os-EL Á L,.,ur:&gt;• f; tL, 'P Rn.n1ot1
-PrnW' ' · Gasset.
1;1S)lÜ, por 'oEL },tlJ. Ortega..-[ M.b.QDlb.
DE AQDHJES
Dicentn.. El El, TAt,Oi:
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Mercante.
-Víctor
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�..ndo lllOl'lll"
?ferio A. "Boja..: Un episodio
Sarmient-,.
Ramón .Melgar: El tipo vencedor de ..
hnm'lna.
José Ingenieros: Los fundamentos de la
biológica.
De nuevo recomendamos a nuestros estad"
RE\"JSTA DE FILOSOFIA. LI'
dirige
1
mente el Dr. José lngenieto!' .- es ella una
pnblicacioues que de veras honran al pensa~
nnl!fltra Améric.l.

Libros - Verl6dlcoa - Folletos
Rol•• sueltas
Recibos talonarios - E!beqaN

Imprenta Greñas
. Calle Central Nórte
Tarletaa de visita
Pactaraa-Etlqaeta■ -lavltacloaN

P'REE!lf&gt;S

.Mf&gt;DIE!f&gt;S

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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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              <text>Colección Ariel, 1915, Cuaderno 60, Agosto</text>
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              <text>García Monge, Joaquín, 1881-1958, Director</text>
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              <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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              <text>García Monge, Joaquín, 1881-1958, Director</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Joaquín V González</name>
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