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                  <text>GUILl,ERMO VALENCIA ••.•.. • Cómomirnelpo&lt;'tanfloll-

var
ALBERTO MASFERRER...... ..
ENRIQUE BANCHS . .•••.•.•• .

Dios pr.&gt;tege a los niños
J.a Oda a los Pndresde la
Patria

RUB~N DARIO.. ••. • •••••••.••..•

El id al 1-flle. Henrieue

SANTIAGO PEREZ TRIANA....

J.a doctrina de Monroe en

JOSE F.NRIQUE RODO. .. . • • •

Bélgica

MIGUEL DF, UNAMUNO .•. ••.

Sobre el destino

un aspecto nuevo

1915

SAN JOSE DE COSTA IIIICA.
Imprenta Grell••

���2

OUTLLERMO VALE'llCli

portento~o y épico, un hombre. i Y ese
hombre era Bolívar!
La palabra vuela, cansada, para decir
lo que fué él: predecir, luchar, vencer,
crear, orar, gemir, cantar, rugir, maldecir, convencer, soñar, padecer, agonizar,
morir ... Morir, no como quiera, sino como la columna dórica cansada de llevar
sobre sus hombros el peso inmenso de las
naves; contemplando cómo España ataba
de su escudoala fiera soberbia y melenuda,
y dejaba volar, a cobijar el nuestro, con
la sombra sagrada de sus plumas, esa ave
libre que gusta de armar su nido sobre
el pico más alto de las sierras.
Y esa fué la visión del poeta. El ,·ió al
héroe mártir; y supo contemplar su perfil
vencedor sobre el muro negro y derruido
de los tiempos que fueron; y su gesto
aguileño y su abrazada tez y sus mismas
quemadoras pupilas en que reverberaba
el rojo sol del comba te. Y vió cómo, al
acompasado galopar de su caballo, la tierra brotaba soldados que iban formando,
asu espalda, como la cauda inmensura-

CÓMO MIRA EL P&lt;iETA A BOLÍVAR

3

ble de un cometa; y cómo iba llevando,
de monte en monte andino, los incendios
de la guerra y la voz de Dios....
El poeta tomó esos rasgos esenciales y
fué a llevar a la fragua volcánica el sagrado crisol que contenía el bronce futuro
de la estatua inmortal. Inmortal. .. porque Bolívar vivirá mientras la lengua castellana nos esté pregonando en América,
e"? las estrofas del poeta, un pasado glonoso y un compromiso para lo futuro.
GUILLERMO VALENCIA
( El Fígaro. Habana.)

�DIOS P ROTEOJ; .l. LOS NJÑOS

DIOS PROTEGE A LOS NIÑOS
( Del fr anrls.)

no creas que Dios no piensa en
ti porque eres débil y pequeño.
Más pequeño es el pajarito qtte revolotea oculto en los zarzales, y Dios le
viste y alimenta.
Dios baja a la casita de la abeja, y
cuando ésta se va, él cuida sus barrilitos
de miel, guardados en el hueco de un roble.
Dios protege al diminuto insecto, escondido bajo una brizna de hierba .
Dios está e!l todas partes: lo mismo
en la choza del pobre que en el palacio
del rico, y a sus ojos n o vale má s u na
estrella que el huevito de un colibrí.
Si duermes, él está junto a tu cama,
y gua rda tu sueño.
El vela sobre ti, como vela sobre el
IÑO,

N

5

árbol, al que calienta con su sol y refresca con s u lluvia.
A toda hora extiende su mano sobre
tu cabecita para protegerte. Confía ¡oh
niño! en Dios. Y serás fuerte y bueno,
porque de él vienen toda fuerza y toda
bondad.
AL BERT O MASFERRE R.

�ODA A LOS PADRES nE LA PATRIA

7

como echa el viento el trigo a un mismo lado
se amaron en razón de este prestigio;
dos manos juntas bajo un gorro frigio.

LA ODA A LOS PADRES DE LA PATRIA
f l EINA la paz entre

los argentinos ...
~Contemplo la concordia de los hombres,
la justa imbricación de sus destinos,
la mutual armonía de los nombres,
la energía solemne de las urnas,
el fermento de las resoluciones,
y laboriosamente taciturnas
las frentes graves de las vocaciones...
Mi individual dolor se desvanece
como hoja seca en selva que florece.
¡Ob, Dio.;! pienso e1. los h &gt;mbrcs que han vivido

cuando en la Nada estaba mi latido,
cuando como en la cuerda está la nota,
cuerda nunca pulsada, el ser dormía
latente y vago en la tiniebla ignota,
insospechado en la tiniebla fría ...
Y Ellos ... ¡cumplían su deber! que uncidos
a la aspereza de un humilde estado,
cada cual en su sitio, como un diente
de engranaje en el hueco respondiente,
por una misma voluntad unidos

Llevaban, pertinaz, lq iniciativa
en la pupila como lumbre viva;
su hora de reposo era un perfecto
ángulo de mensura de un proyecto.
Uno escarbaba en la naturaleza
la utilidad que en ella se apereza;
otro organiza, acuerda y anticipa
la ley, que sólo es ley cuando emancipa;
quien, sacudido del dolor de Apolo,
juntaba a todos en un templo solo;
y otros, vidas cordiales y serenas ...
tienen igual deber las azucenas
que hacen claros los ojos que las miran
y perfuman las manos en que expiran.
Por ellos nuestro pan arraicra
el bcrusto
b
suave y fácil de cosa que en derecho
se posee y recibe nuestro lecho
el peso de la paz de un hombre justo.
Por ellos se remansan las miradas
en proporciones como musicadas
y se despierta en familiaridad
con su viril confianza, la bondad.

�8

J!lNRJQUr. BAN_C_H_S_ _ _ _ _ __

¿Quienes fundan la estirpe? Aquí, el prim~ro
el hombre que primero en e11ta tierra
llevó la carta que el abrazo encierra,
el chasque que en hipante parejero
el incierto pavor de la distancia
cruzó llevando a la cintura opreso
un pedazo ele idioma en que confeso
se prolongaba un eco de constancia
una angustia lejana, acaso un beso.
El puso pensamientos frente a frente,
a chÚla familiar trajo al ausente
y el llano calmo unió al agudo monte.
¡A cuántos fué su aparición, suspensa
allá en la indecisión del horizonte
del dolor de estar solos recompensa!
Y salga aquel que espíritu afincable
puso en la pampa abierta el alambrado
y circundó su esfuerzo en la inviolable
seguridad del término marcado.
En la extensión de vaguedad indivisa
todo está errante como en el desierto;
la vagabunda planta que allí pisa
no está tranquila y el derecho incierto
tiene el fugaz capricho de la brisa.
Brava y alzada la perdida hacienda
defrauda al hombre su opulenta ofrenda.

ODA A 1,03 PADKE9 D)': LA PATRIA

Estérilmente en su salvaje estado
se embastece la estampa del ganado.
Y nadie goza el previsor orgullo
de saber el valor de lo que es suyo.
El pedestal primero de la vida
libre es la propiedad. La patria es hecha
de propiedades: y jamás la olvida
aquel que en algo siembra o algo techa.
Grande es aquel que hincando la medida
con el poste en que paran los enjambres,
rayó la pampa coo lo1o cuatro alambres.
Pero más grande el otro que sediento
de la confusa entraña de la tierra
sacó a la luz el óptimo elemento.
La sangre de cristal sacó a la sierra
y el suelo yermo como la ignorancia
recibió con su pecho calcinado
el redimirlo surtidor, alado
de pronto como un vino que se escancia
solo y protesta en súbita arrogancia
la oscura eternidad de su prisión ...
¡Música nueva en la desolación
de los paisajes tristes y marchitos,
el agua, el agua pioneer, redención,
de los paisajes foscos y malditos!
Y este es el reino de su maravilla

*

9

�10

E:SRIQUE BANCHS

porque ella hinchó la eicótica semilla,
constituyó esencial a la argamasa,
regó los corredores de la casa ...
Porque ella en el país sólo alternado
por el sol en la arena difractado
trajo el carnero de los ojos de oro,
con su cabeza de bigornia el toro,
el caballo de oreja pronto erguida,
el perro al que un galope sobresalta
y se adelanta a toda bienvenida,
el flamenco rosado que resalta
en los charcos dormidos como una
pálida rosa en límpida bandeja
y la colmena grávida que aduna
rumor de lluvia con rumor de queja...
Rindióse el hombre en un recogimiento
culminante en los años y divino
cuando, hélice en el mar azul del viento,
giró la rueda del primer molino.
Bien vale un verso el que primeramenle
puso un eje de acero a la carreta,
la carreta que áspera y gimiente
a su µobreza indígena sujeta,
reptaba en la sin fin llanura yerma
tarda y difícil como bestia enferma.
Pero hubo alguno que alivió la enorme

ODA .l. !,OS PAl)Rt:S D ■ LA

P.\TRTA

rueda atascada de su propio peso
y en llanta fina la encerró, conforme
al ligero vigor. ¡Hierro, progreso,
Hierro fundamental y activo ea donde
un invocado porvenir responde!
Se crea y limpia en la fornalla roja
como el artista en la miseria crea,
y es fino pero fuerte, como idea
que no por ser sutil s11 fuerza afloja ...
Recuerda al hombre por quien ves hogaño
cruzar por los macizos alfalfares
donde la juvenil edad del año
se cuaja en leve floración violeta
o en los caminos que tentaculares
rasgan el verde igual con tersa veta
cruzar como libc'.!lulas ligeras
ves tílburis, volantas, jardineras ...
Hay algo que une más que una bandera,
más que un conciliador paño celeste
que en los aniversarios sombra preste
sobre rica mansión, taller, tapera;
hay algo que une más que a comulgantes
el Pétalo de lirio de la Forma;
más que el idioma que es cincel y norma
de las Promesas siempre tremulantes
ed emoción sobre el tiem¡.,o y la desgracia ...

11

�ENltlQ US

llANC Hfi

ODA ~ L08 PAIIRE,;

Es el camino eu que el tra½&gt;ajo espacia
lar and wide su impulso. ¡Los caminos!:
nervadura de unión que imprime al suelo
la sensación de la presencia humana.
Prolongan en la mansa y silenciosa
libertad de los campos bajo el cielo
la colmena r ag itación urbana,
y en su vinculación todos vecinos
no queda solo el solitario duelo
ni se afinca el placer p orque rebosa
por ellos, general y desbordante.
Quien dentro de secreta frente esconde
la a ventura posible, a llí, inquiet a nte
se va el ca mino g ri-s ¡quien sabe a dónde!
Todos se acuerdan dél cua ndo se espera
de la mano del Júbilo al a usente,
todos están en él cua ndo inclemente
la materna región arroja afuera
inhóspita su propia p role herida ...
P a rte desde un umbra l cual bendecida
prolongación del alma del hogar
y pa rece que en él se prolongara,
(¡queda , sutil y lánguida algazara!)
el rumor de la ch arla familiar
o el zumbido astiHado del telar.
¡Ab, pero son magníficos! Magníficos
CtHtOdo pom posamen te la opulencia

ns LA 'J'T R IA

predial derrama en ellos los muníficos
rebaños, y vibrando en la querencia
responde a la ternura del balido
la pena lenta y honda del mug ido ...
Los rebaños: la vaca resignada
que se detiene y vuelve la cabeza
con lástima en los ojos empañados,
el carnero que embiste el aire en cada
sombra alada al sentir que la ufaneza
maternal de celosa golondrina
le arra nca en sus revuelos a locados
la hilach a suelta de la la na fina
para el nido que a mpa ran los tejados,
y el caballo que eu cónica carrera
cargad tirón final que ha r oto el cincho
y la puja que ha roto la pechera
en el trémulo bronce del relincho ...
¿Qué rumor de t ormenta más fecunda
que a quella tempestad sorda que inunda
el tráfico g regal en los caminos,
oblación de vigor a los destinos
insospechados de los argentinos?
Diga quien vió una tarde declinante
mover en los caminos cenicientos
las pa r vas de heno en los camiones lentos
que penetra ndo en el confín distante
parecen majestuosa serranía,

13

�14

t.NRIQUJI!

BANCTIS

0l&gt;A A T,OR P,\IIR'P'S

nr.

t,A

p.,TRTA _ _ _
l!l_

diga si olvida esa melancolía
que desde el fondo de una tarde agraria
le sigue como sombra solitaria.
Laudativa emoción me agranda el pecho
cuando en la soledad de tierra nueva
veo blanquear simétricas y agudas
las carpas de los peones camineros.
Ellos los sin bogar, que dejan hecho
un paso a los bogares, los que en prueba
de haber pasado con sus obras rudas
fundan tras sí perennes derroteros.
Pero un hombre existió, hoy ignorado
en el claustro sombrío de la historia,
que el primero dejó un bache colmado
y el pantano avenó; luego apoyado
en su confianza fuerte y placentera,
miró el camino inaugurado qu'era
la ruta inaugurada de su gloria.

la semilla que encierra el eucalipto
como un sáfico solo, encierra un alma ...
¡Arbol de majestad!: suena debajo
de él como en un templo la sandalia,
él, siempre en el azul como un proscripto
al alto azul por su grandiosa calma.
¡Arbol con la presencia de los dioses!
En su fronda sombría son las voces
de la progenie alada salmos graves,
la crepitante fronda, fronda de hoces
donde duermen las nubes eon las aves ...
Todo su alrededor parece un atrio
para que eleve él sólo su calosa
rectitud, erguimiento en que reposa
la recia majestad del campo patrio ...
¡Haya en lugar de piedra y signo inscripto
en mi llorada tumba un eucalipto!

Como columnas son de gloria anónima
los eucaliptos. Raza de columnas
a la que falta la expresión epónima
de quien un día, dúctiles alumnas
fueron; pues, tallos frágiles había
uno que su principio sostenía
en la tierra de plata. Gr.o que trajo
de una ignota comarca de la Australia

La obra, que es la idea regazada ,
en innúmeras formas reconcentra
la armoniosa mecánica del músculo.
Sólo el hombre dispone la educada
fuerza en obra prevista; él sólo encuentra
que como una esperanza sin crepúsculo
la reoovante forma de la idea
la nueva acción de nueva fuerza crea ...
Qu:en difciplina el álacra cohorte

�16

ENR.l'~UE

BANOJJS
Ol&gt;A A LOS PADRES DE LA PATRJA

de alados sereti que en kls frentes moran
ed\:lca la justeza de su porte,
arma de pN"suasiva gracia al gesto
y los músculos ciegos incorporan
la docta dirección que marca el puesto
de su fuerza en el límite dispuesto ...
Miremos al que mueve en sublevada
a&lt;Yua
el ala del barco, el ágil remo,
o
al que abre en incisiva cuchillada
el cogote berreante del becerro,
al que amasa y enforna el pan supremo,
al que golpea el rutilante hierro,
al que levanta isócrono martillo,
al que encaja en la tierra dividida
médula de la paz, la cañería,
al que engarza la piedra en el anillo:
beso perenne en mano prometida,
al que en alta techumbre o campanario
es, con ojos vultúridos, vigía
que apronta agudo g rito salutario,
a l que junto al tumulto maquinario
tiene en la diestra estopa o aceitera
de penetrante pico de cigüeña,
al que va en la oración a la carrera
con larga vara de flameante punta
y enciende los faroles, al que ordeña
la vaca del cencerro lastimero,

y al que con latigazo cohetero
ensoberbece percherona yunta ...
Todos ellos unánimes resienten
el imperio vital de un pensamiento,
todos un implacable mandamiento
utilitario y tácito consientP.n.
Pero en más bello cauce se arteriza
con un desinterés alegre y sano
y e,1 espontánea libertad sonrisa
el noble exceso del esfuerzo humano:
Digo el deporte en que la mara villa
corporal se aligera en regocijo
como se goza el alma en la sencilla
alegría de feria popular,
y burla en devaneo la ejemplar
rigidez del deber y horario fijo.
Y el deporte es así: es disciplina
natural y graciosa. Natural
como el canto de alondra repentina
volando en la sonrisa matinal...
¡Canto la prez del jueg0 a la pelota,
la arrogante salud que en fuerza e:ii:plota!
¡La clara vastidad de los frontones
donde las voces son aclamaciones;
el va y el ven15a, el saque, el uno ll cero
que suenan como golpes en acero,
que infunden en el pecho eco latrante¡

17

�18

ENRIQUE B.U.OllS

el muro, monumento resonante
que marca con un grito de victoria
el vigor de la mano proyectoria
que limpia, o con la cei-ta, o con la pala,
tiene el impulso súbito del ala¡
saltatriz y violenta la esferilla
de verga y encerada cabritilla,
inesperada, ubícua, sagitaria,
ligera y fuerte, leve y lapidaria;
y el salto y la carrera y el anhelo
que como lanza audaz le para el vuelo!. ..
Honro al hombre que trajo el ejercicio
alegre y franco y canto el beneficio
que de rejuventud al joven dota.
¡Honro la prez del juego a la pelota!

Pero más que el trabajo renovante
que entretiene la espera que es la vida,
pero más que el deporte equilibran te
que es música en vigor aparecida,
y más que la moneda de los justos:
la buena voluntad; signos robustos
decoran la riqueza memorable
de la Nación, como en escudo noble
el azur, el sinople, el gul, el sable,
bestia rampante torreón y roble.
Son rúbricas que en grave documento

ODA A LOS PADRES DV. LA PATRTA

por voluntad de pueblos federados
suprimen las aduanas interiores ...
¿Cuándo a todos un mismo pensamiento
Y un mismo nombre nacional abraza
y tienen suelos patrios cosechados
y un corazón que colman los dolores,
cuando por la cultura igual son raza
y una igual caridad los llama hermanos
y de una igual mar.era dicen ¡juro!
como de igual manera dicen ¡amo!
serán la dura obra de sus manos
el fruto del negocio y el maduro
fruto del árbol o industrioso ramo ,
extranjeros allí donde a los hombres
un mismo nombre nacional abraza?
¿Allí, en el patio mismo de su casa
gritará la alcabala ¡no se pasa!?
¿Y tierra igual, cortada por dos nombres
será hostil entre sí? ... ¿En la bandera
el blanco y el azul se cruzan guerra?
¿Nadie podrá bajar de la al ta sierra
el pino agudo que será piragua,
ni bajará la balsa libremente
sin que el ogro fiscal grite ¡detente!
frente al tranquilo progresar del agua
que álamos mira, p almas más allí
Y más lejos los pinos misioneros

19

�20

E?ffilQUE B \NCHS

y torva confusión del tacuarí?
¿Tendrá castigo el poncho calchaquí
porque se junta en un telar lejano,
y la tinaja del licor cuyano
se quebrará en el límite frontero
por que viene de casa de un hermano?
¿Se habrá de ver desierto el natural
camino de los ríos y el umbral
del puerto natural encadenado
y el derecho de tránsito vedado
del suelo ¿para qoé reconquistado? ...
Los que crean no saben detenerse
en la alameda vaga de la historia;
la voz del verso sin embargo fuerée
al creador en obra de memoria,
y rememore y surjan en su frente
los nombres que firmaron la gran Acta,
como en las plazas públicas el día
en que la nieve cae tenazmente
surgen sobre la sábana compacta,
sobre la blanca y gris monotonía
bajo los foscos cielos invernales,
los monumentos en los pedestales.
Coronas que eternizan en las frentes
la forma de los brazos cuando abrazan,
gajos apasionados que entrelazan

(\DA A LOS PADREd DE LA PaTRIA

el adamante grito de las gentes,
coronen proras. Y coronen proras
que arando soledades mugidoras,
en la concavidad tesaurizan~e
trajeron más tesoro y mara villa
que aquel que se llevaron al Levante
con las frontales joyas mejicanas,
con las pálidas perlas antillanas,
con los racimos de la cochinilla
' ...
con el quetzal huraño y majestuoso
En buen día y minuto venturoso
el pardo Estuario atravesando, aterra
la quilla que primera en nuestra tierra
trajo un libro de versos ... ¡Fiebre santa!
que levanta la carne cual se encorva
la espalda del león. ¡Arma que canta!
y rompe al hombre la potencia torva
de la perversidad; desgarra al Diablo
que en la naturaleza humana incuba
los huevos de la Ira. Gran venablo
cuya punta sutil es el vocablo
cargado de sentido que si hiere
hiere en el sitio aquel que nunca muere
y lo hiere de amor para que suba
donde todas las almas se confunden
en la Unidad!... Oid: las almas se hunden
en tu sombra de oro, Poesía,

21

�22

JINRIQ OE BANCHS

cual paisaje de pinos y de nieve
en la sombra de plata de la luna.
Y su esencia inmutable que rocía
una flotante claridad de estrella
comprende todo y como un ala leve
cruza el pavor de una región tao beHa
que nunca la cruzó presencia alguna
conscientemente... Oid, cómo se siente
( como el antiguo trípode elocuente),
resonar en el pecho de la Musa
simbólica, el fatal latido pánico,
el del mar, el del campo y el uránico
desde una eternidad. Oid, confusa
rompiente de una ola de sollozos,
y canciones de cuna y alaridos
y el fragor de metales laboriosos
y el fúnebre vagar de los vencidos.
¡Porque es eterna! Y como Eterna trae
en pie la altura que en el tiempo cae.
Su diestra permanente, original,
fértil como la tierra primordial,
conduce con firmeza oracular,
segura como un río que va al mar,
a un nuevo fin, principio de otro fin ...
¿Quién ignora que existe? Quien ignora
que se abraza, se espera, que se llora,
que por diciembre hay flor en el ja.rdín.

ODA A LOS P ·lDRES DE LA. PATRIA.

Porque Ella es sentimiento. Y es su perla
la lágrima, la risa su collar
y la pasión el férvido telar
que enaltece su mano. Para verla
la carne transitoria se traspasa
con los siete puñales de las siete
virtudes. Se hace templo y se hace casa
de voluntad que le señala el cielo
como el angel de piedra en los sepulcros.
iMejoramiento espiritual, anhelo
de admonición constante y excitante
cual repetido golpe de florete,
invisibles cinceles, finos, pulcros,
que tallan, pero a golpes, el diamante
de esta satisfacción insatisfecha
que es la Vida, encadenada a todo:
en la humedad vital unida al lodo
en su renovación nunca deshecha '
unida al armonioso movimiento
y unida al Tiempo por el pensamiento ...
La poesía es como punta aleve
que estéril calma sin cesar conmueve
con redentora cruelda d . Inyecta
la fiebre por las cosas esencia les ·
.
.
'
encaJa un nervio en el vigor dormido
con la firmeza de una línea recta
Y llena el corazón de los mortales

23

�24

ENRIQ UE B \NO US

con el letal terror del negro olvido
macizo de mutismo irrevocable.
¡Daimon de luz, el hombre que nos trajo
el ligero, sagrado y venerable
verso violento de inquietud, que bajo
música sirenida vierte envidia
emulatriz! ¡Divina en su perfidia!
Recojo los pendones de la oda
y este es mi voto, Patria: Que tu suerte
en las obras sencillas se haga fuerte,
como en mísero nido se acomoda
el águila. Tu fuerza ensamble toda
en deber cotidiano. No una diosa
te llames y te engañes de pomposa
fiesta. Sé como un hombre, como un hombre
con las obligaciones familiares
y con la utilidad de sus pesa res,
con el día apretado de simiente
como una granada. Que tu nombre
tan metálico, límpido y sonriente
suene a verdad austera y a palabra
de honor. Y por ti juren los varones.
Respétate, que así tu mano labra
tu propia y exclusiva recompensa.
Regocíjate en ti, como el que piensa.
Tu sextuple millón de corazones

ODA A LOS P ADRES DE LA PATRIA

25

tenga la integridad de los pilares.
¡Tan maziso pilar pide la raza
de las virtudes! Amate en tu casa:
alégrate en la furia de tus mares,
alégrate en tus grandes parlamentos,
en el áspero son de tus trigales,
en los mandatos de tus trbunales,
en las asociaciones y esponsales,
en tus auroras y en tus nacimientos,
alégrate en tus pinos y tus vides ...
No te quiero tan próspera que olvides
el difícil Deber. Y no te asombre
que se mueran las patrias como el hombre ...
... ¿Qué pastor colosal en la tiniebla
suprema empuja los rebaños de astros?
¿qué báculo fata l lleva la niebla
de Galaxía ? ¿quién borra los r astros
en el sendero inánime de Cronos?
¡Quién que sea te libre de los ma les
y aparte de tus hombros maternales
la formida ble g a rra que se a ba te,
tremenda, insospechada y sin combate,
en las Dominaciones y los Tronos!
E RI QUE BANC HS
( Nosotros. Buenos Aires.)

�Ml,LE. HF.NRIBTTE

EL IDEAL DE MLLE. HENRIETTE
-"¡Au revoir, mademoiselle Henriette, au
revoir!"
Yo oi bien; la señora la despidió así en el
muelle ... aquella señora robusta, parlanchina,
que llevaba un collar de perlas, posiblemente
verdadero, y un sombrero imposible, imposible, como aquellos tacones que le echaban su
fuerte humanidad para adelante y la hacían
andar en la punta de los pies, y con movimientos de pato ... Yo oí bien: ''Au revoir, mademoiselle Henriette ... "
Y aquí, en la lista de pasajeros, me encuentro con que mademoiselle Henriette se llama
Mme. de ... Y a la verdad, el aspecto, la manera de mirar, antes bien, seria, grave, más
que de una señorita, a pesar de la juventud,
son de una señora ...
Va sola, en camarote de lujo ... No se habla
con nadie. Come en una mesita, solitaria. El
tipo es de criolla. Morocha , cabellos negros y
espesos, ojos ardorosos, con grandes ojeras;
cuerpo firme, rico en realidades; criolla o ar-

27

gelina, pensé yo ... Luego resultó que no compreudía una palabra de español...
Las familias hispano-arnt-ricanas que van a
bordo, la miran con cierta prevención ... Aunque ella no se muestre sino como un modelo
de recato, algo se sospecha... Ninguna dama
ni damita la busca; se pasea sin mirar a nadie; y en su silla de cubierta se tiende a contemplar el mar, o a leer alguna novela francesa.

Había puesto el libro abierto sobre las rodillas ... Tenía un aire melancólico ... Estábamos
solos en un extremo del barco, adonde yo había ido a dt:jar vagar la mirada por el horizonte.
De pronto, sin poderme contener, dije, como
distraídamente:
-Mademoiselle Henriette ...
Sorprendida, me miró con una expresión de
recelo ...
-Monsieur...
-Perdóneme, le dije. Sé que cometo una
indiscreción; pero la curiosidad humana, primero, y sobre todo la curiosidad literaria...
Yo bien sé que en la tarjeta puesta en la puerta de su camarote y en la lista de pasajeros
aparece usted con el nombre de Mme. de...;

�28

RUBÍ:N PARIO

pero, al mismo tiempo, no puedo olvidar que
una señora que llegó a despedir a usted a bordo, la llamó Mademoiselle Henriette... Ante
un misterio, el instinto del periodista, o del
escritor ... usted comprende ... Luego, la belleza extraña de usted, la distinción ... Así pues,
madame o mademoiselle ...
-Mademoiselle, me interrumpió sonriendo.
Al poco tiempo nuestra amistad se había
afirmado. La conversación de la joven me ha·
bía interesado; no se trataba de una mujer
común, más bien de una joven que hubiera
recibido una educación cuidada y una instrucción notable. Su voz era suave, entre sedosa y cristalina, y en sus labios muy encarnados, sin recurso del lápiz, aparecía, cuando
hablaba, una sonrisa de sentimental...
Padeció un poco de mareo y tuvo que guardar cama. La atendí lo mejor que pude; le
hice llevar a tiempo su tila, su champaña helada, su apollinaris... Sin interés, sin más
interés que una cierta simpatía por esa ave
sin compañero, con todos los medios para la
consecución de la alegría, y, sin embargo, reveladora siempre de una íntima tristeza ...

MLLE. BENRJETTE

29

*
El sol iba descendiendo al horizonte, tras
un grupo fantástico de colosales leones de
oro, que se alzaban sobre una montaña azulada. En el mar blando iba tranquilo y casi
sin movimiento perceptible el vapor. La iniciada amistad había llegado al capítulo de
las confidencias ... Verdaderas o no, ¿qué me
importaba? ¿Y qué propósito había de tener
en engañarme, en narrarme cosas inventadas, en hacerme creer patrañas, esa pobre
mujercita? Yo le creí todo completamente¡
no dudé un instante de su sinceridad, y, en
los pasajes conmovedores, según mi consuetudinario sentimentalismo, sentí que se me
humedecían los ojos, con la bienhechora y
sedant~ irritación de las lágrimas... ¡Incurable modo de ser!. .. Cuestión de nervios ...
Había nacido en una provincia francesa.
Hija de industriales ricos, ellos se esmeraron
eu educarla convenientemente. Desde nifia fué
muy aficionada al sport. Ahora mismo, en
Europa, ella manejaba sus automóviles ... En
su casa se hacían, desde su adolescencia gentil, sueños dorados, un matrimonio "muy
bien", un marido de prestigio y de fortuna,
si no con título ... "Pero sin saber cómo ni

�30

RUIIÉN DA.RÍO

cuándo, impensadamente, apareció el anuncio de la ruina; lleió la ruina... Todos los
negocios se vinieron abajo, y con el_los todos
los castillos en E~aña... o en el aire ... Nos
quedamos en la miseria ... Papá murió de pena ... Mamá le siguió poco después ... Yo quedé sin apoyo ninguno ... Es decir, sí, me quedó un protector, un amigo de papá, que
acabó de costear mi educación, y que luego.:.
Lo que tenía que suceder, a pesar, de la diferencia de edad, se enamoró de m1 .. •
... Me llevó a su casa, me vistió como a una
princesa ... Se desvivió por complacerme en
todos mis deseos y caprichos, y luego, ~ablando con claridad, fatalmente, necesan~mente, fué lo que tenía que ser: fuí su quend a... "
?
Q .
-"¿Pero usted ha amado ya.... mere usted a su amante, que desde luego, veo que es
un hombre generoso .. •"
-No no he amado ... ni creo que pueda ya
.
amar ...' Y, sin embargo, ¡estoy tan Joven
a ú n.1
En cuanto a él, es un excel.::ntehombre, un hombre que 00 puene ser mejor, por carácter, por
distinción, por corrección ... Pero ... ¿cómo explicarle? ... Para mí yo necesito otra cosa ... un
amante que haga locuras de amor, que me

- - - - - - - - - - : M L L E . HENRIETTE

31

ame como yo creo que se debe amar.. . Y eso,
estoy convencida, no lo hacen sino los que
son muy jóvenes, o los que son muy viejos ...
¿Comprende?... Y él _no es suficientemente joven, ni suficientemente viejo ... Y él lo sabe...
Me deja, en absoluta libertad, viajar, distraerme, porque comprende que de otro modo
sería todo imposible... No hay mutua condición de amor ... Yo veo en él algo como mi padre; él ve en mí algo como una bija suya... Y
tiene el talento y el buen gusto de no querer
imponerme a la fatalidad y de no ser celoso . ..
Se quedó en silencio, mirando largamente el
mar.
-Pero, en fin, usted es joven, está en lo más
florido y fragante de sus años, sin que sea
una chiquilla inexperta ... Algún ideal debe de
tener... No ha de pasar la vida en solitarios
y poco gratos viajes, aunque, permítame usted que lo crea, dada la libertad de su espíritu, dando alguna vez, cuando le viene en voluntad, satisfacción a su capricho...
·
-¿Sí, tengo un ideal? Ya lo creo que lo tengo. Escuche usted: mi ideal es, si ya no el
amor, que veo imposible y destruído antes de
que pudiera nacer, por el tiempo y lo fatal de

�32

RUBÉN DARfo

la vida, lograr un cariño, un afecto, y apartarme del bullicio de las ciudades, e irme al
campo a cuidar mis flores, mis gallinas, mis
pavos, mis patos, hecha una "fermiere" '. en
una existencia pacífica, en espera de la veJez ..
Y, sobre todo, tengo el horror-me dijo, y
transformó su cara un gesto de espanto-el
horror de que llegue a morir en la soledad, en
el abandono, sin que haya quien me cierre los
ojos, .. ¡Oh, sería horrible!
En su faz, cuando calló, se advertía una palidez de marfil dorado, en donde se reflejaba
el perlado rosa del crepúsculo ... ¡ Sugestiva dama! Burguesa, pero ¡cuánta nobleza en el rostro, en el ademán; y cuanta elegancia, mane•
ras de gente "nacida", y el timbre de la voz,
y lo nocturnamente lui;ninoso de sus ojos negros... En algún momento, mi pegaso, si gustáis, llegó a piafar... Y mi fantasía ... Una alma como esa, ayuna de afectos, viviendo sin
el incomparable consuelo vital de otra alma
hermana ... Y la cultura que se reconocía en
toda su persona, su deseo de sanas realizaciones la cordura de su modo de pensar, que se
diría de una mujer hecha para la familia, para el ''home, sweet home" ... Indudablemente,
pasan cosas en la vida, injuslicias de la suer-

MLLE. HENRIETTE

33

te... ¿Por qué esa pobre joven no podría realizar su ansiado ideal? ... Y para cambiar de
conversación:
-¿Dónde va usted a desembarcar, señorita ... ?
-En el primer puerto, en Lisboa ... De allí
tomaré el Sur-Expreso para París, y luego
iré a Burdeos...
Durante todo el resto de la travesía nadie
tuvo que decir nada del comportamiento de
la francesa, la cual continuaba siempre muy
seria, muy "chic" y muy distinguida. Solamente uno que otro- pasajero solía dirigirme alguna broma respecto a mis atenciones
y asiduidad con la dama bella de los ojos
obscuros.
Llegamos, por.fin, a Lisboa. Después de las
visitas de sanidad y de alfandega, los pasajeros, sustituídas las gorras por los sombreros
y listos para ir a tierra, aguardábamos la lle~
ga&lt;la de los vaporcitos que debían conducirnos. Mlle. Henriette apareció, hecha un gra~ado de modas, y cerca de sus baúles y valiJas, finos y flamantes, como si acabasen de
salir del almacén.
En uno de los vaporcitos que rodearon la
escalera del barco, venían como hasta cuatro

�34

RUBÉN DARfO

muchachas y una vieja flaca, vestidas mod~stamente, y que parecían familia de trabaJadores acomodados. Todas comenzaron, al
ver a la francesa, a saludar con los pañuelos,
con las manos, con las cabezas, y a hablar, a
un tiempo, en una jubilosa algarabía... Mlle.
Henriette se olvidó por completo de las personas de a bordo, y comenzó también:, muy
contenta y risueña, a saludar a las recten llegadas.
. .
- "·Oh menina!" -gritaba la vteJa.
l
'
·
· I"
- "¡Oh,
menina,
lindo passe10.
-gn'ta han
las muchachas.
. . .
-"¿E meu pae?"-clam6 en el meJor idioma
de Lusitania, la encantadora francesa.
-"Picó a casa, Gracind~,"-contestó la
mamá...
. MU
¡Conque Graciada ...? Ni Mme. de ... ll1
e.
Henriette, la del ideal... y luego, hasta había
sido portuguesa!...
.
¿Pero qué necesidad de mentir tendrán todas estas mujeres?...
R U BEN O.ARI O
( L,z N,zrüi11• Buenos Aire~)

La Doctrina de Monroe en un aspecto nuevo
Interpretación original y amplia de la Doctrina
de Monroe hecha por el Dr. Santiago Pére•
Tria1_1a en el discurso memorable que pro·
nunc16 en el hanc¡uete ofrecido por la C:\mara de Comercio de Boston a los Delegados de la Conferencia Pan-Americana.
(Trnducido del Herald, de Boston, de 20
de Junio de 1915, por Luis Tulio Bonafoux.)

de varios días de sesión en Was.
hington y de un viaje al través de varios
Estados y ciudades de la Unión, la Conferencia Financiera Pan-Americana termina aquí
esta noche. Es oportuno recapitular sumariamente en esta coyuntura los hechos principales relacionados con esa Conferencia, y llegar
a algunas conclusiones acerca de sus propósitos y de su significación. Pué convocada por
el Gobierno de los Estados Unidos, y todas
las naciones del Continente aceptaron la invi,
tación con presteza. Otras Conferencias PanAmericanas han tenido lugar antes, pero el
alcance de ellas no fué limitado al estadio de
asuntos específicos, como ocurre en el caso
presente. La Conferencia actual fué convocada con el fin exclusivo de mejorar las relacioD

ESPUÉS

�LA DOCTRINA DE l!ONROE

36

37

SANTIAGO PfREZ TRIA.NA

nes financieras. Se podría haber dado por sentado que esta Conferencia había de tener
menos importancia que las anteriores, pero
ese no ha sido el caso.
Circunstancias de la historia que van haciendo los contemporáneos, tanto dentro como fuera del Continente, han contribuido a
dar a esta Conferencia un carácter trascendental e histórico. Las condiciones de la vida
internacional y nacional en los países americanos habían llegado a un estado de madurez
propicio para las transformaciones fundamentales.
La guerra europea, trastornando repenti•
namente o destruyendo en su totalidad el concierto industrial y económico establecido de
larga data, había creado la necesidad imperativa de hacer recomposiciones que no solamente ocuparan el lugar del anterior estado
de cosas, sino que suministraran nuevas formas y nuevos métodos libresdel peligro de que
vuelvan a ocurrir las calamidades presentes.
En la América Latina-con una sola excep·
ción-las naciones habían alcanzado ya su
mayor edad, es decir, esa condición de estabilidad indispensable para cualquier participa·
ción permanente y fructuosa en los asuntos

internacionales. Por otra parte, la posición
de los Estados Unidos era tal que podían extender sus actividades económicas e industriales más allá de sus propias fronteras. Si al
estal_lar la guerra el estado de intrauquilidad
parc1~l o total hubiera prevalecido en la América Latina, o si las condiciones de vida de los
Estados Unidos los hubieran retenido dentro
ds sus propios límites, las mejores intenciones
del mundo no hubieran bastado para establecer una cooperación práctica y fructuosa.
Los dos rasgos esenciales en las dos secciones pueden resumirse respectivamente de esta
manera: Los Estados Unidos tienen un excedente de capital y un excedente de producción
y,sobre todo,están equipados para aumentar
indefinidamente esa producción; la sección latina del Co~tinente, tomada en conjunto, po•
see fuentes mtactas de riqueza natural, está
escasamente poblada, no parece destinada
por la naturaleza para ser un país manufacturero, carece de fábricas y requiere, para su
desarrollo, emigración y capital. Este estado
de cosas fué puesto en relieve por el actual
conflicto europeo con una exactitud que tiene
el carácter de una demanda perentoria.
La re(lnión de la Conferencia, convocada

�38

MN-TIAGQ PÉR'E'&lt;I TRIANA

exclusivamente con fine!! pacíficos que forman un contraste directo y deslumbrador
~on la locura de la guerra que domina la conciencia de los hombres en todas las grandes
naciones del Viejo Mundo, es por si sola un
acontecimiento cuya alta significación histórica salta a la vista. La ley escrita y las evoluciones normales de la vida dentro de la ley
siguen siendo supremas a través de todas lás
naciones independientes de América. A este resultado no se llegó por una combinación feliz
o fortuita de las circunstancias. Tuvo su origen en la previsión de los que crearon las instituciones nacionales de este país. Su previsión estaba ligada a la sabiduría. Tomaron
la resolución indomable de que la justicia, tal
como Dios nos permite que la entendamos y
hasta donde dependa de nosotros, fuera la
lev, la ley suprema de la vida, tanto para los
i;dividuos como para las colectividades.
Si en estos momentos de oscuridad e inquietud, América puede continuar su evolución
normal hacia la libertad y hacia la justicia,
ello se debe primordialmente a los principios
fundamentales sentados por los fundadores
de su libertad y de su independencia, principios que fueron proclamados poc pi:imera ~z

LA DOCTRINA DE MONROE

39

en el Norte y adoptados luego en el Sur por
cada una de las secciones, a medida que éstas
completaron su independencia y comenzaron
a vivir libremente.
El trabajo que hemos llevado a cabo en esta
Conferencia forma un eslabón en la cadena de
la historia. Las combinaciones económicas y
comerciales pueden tener una importancia
enorme, y la tienen en este caso. Pueden significar la exploración y la llegada de numerosos
pobladores a grandes regiones desiertas hasta
entonces; la redención de una nación débil y
su trasformación en comunidad próspera y
dominante. Tan felices resultados han sido logrados repetidas veces en el curso de la historia. Nuestros esfuerzos tienen, sin embargo,
miras más altas, pues el objeto fundamental
de ellos es reforzar en todo el Continente el
edificio de la libertad erigido por nuestros antepasados. Cualquiera omisión por parte
nuestra de hacer en cualquier momento de la
historia lo que ese momento requiera para la
conservación de ese edificio, constituiría un
pecado imperdonable; cualquiera concesión
que hiciéramos a la tiranía en cambio de ventajas materiales, de poder comercial, político
o económico, sería traicionar por completo

�40

SANTIAGO PÉREZ TfüANA

los ideales consagrados del patriotismo. De
esta manera el adelanto en las relaciones financieras-el eslabón que tenemos que forjar
en la actualidad-se convierte en una realidad
viva identificada con el pasado, el presente y
el futuro de nuestro Continente.
El 22 de Noviembre de 1822, los mc. ... arcas
aliados de Europa firmaron un tratado secreto en Verona, mediante el cual se comprometieron a hacer cuanto en su poder estuviera
para lograr la supresión del gobierno representativo donde quiera que estuviera establecido, y para impedir que se propagaran las
instituciones representativas allí donde no
existieran. El 2 de Diciembre de 1823, el Presidente Monroe hizo una Declaración que ha
venido a ser una de las más portentosas y
más preñadas de consecuencias en la historia
del mundo. Sostenía en ella que, desde aquella
fecha en adelante, los Continentes americanos,
merced a la condición de libertad e independencia que han asumido y mantenido, no pueden ser considerados por parte de ninguna de
las Potencias europeas conio tierras propicias
para colonizaciones futuras; que el sistema
político de las Potencias aliadas de Europa
es esencialmente distinto del de América; que

LA DOCTRINA DE MONROK

41

cualquier amago de parte de las Potencias
europeas d.e extender su sistema a cualquier
parte de este hemisferio, sería considerado por
los Estados Unidos como peligroso para su
paz y su seguridad.
La época en que fueron pronunciadas esas
palabras coincidía con el período de calma
que vino después de la Revolución Francesa y
de las guerras napoleónicas. Los monarcas
victoriosos de Europa no se sentían seguros
en sus tronos; su visión de la vida estaba oscurecida por la procesión de los acontecimientos ocurridos durante los treinta años anteriores, acontecimientos que permanecían en
la memoria de esos monarcas como una advertencia y una amenaza. Todas las tradiciones, todas las cosas sacrosantas de la vida,
tal como ellos las concebían, habían sido pisoteadas en nombre de esa Utopía horrible
llamada "Libertad," por intermedio de ese
monstruo espantoso llamado "El Pueblo.'' ...
Era imperativo impedir en absoluto que volvieran a ocurrir semejantes calamidades; la
libertad debía ser desarraigada como una
planta venenosa, y el pueblo debía permane
cer en una condición de servidumbre absoluta, de manera que no pudiera pensar en su-

�42

eAlll'l'IAGO PÉREZ TBIANA

blevarse, ni siquiera en sus sueños más fantásticos. Así entraron los monarcas en su pacto.
En las páginas de la historia, la Declaración
de Monroe se presenta como una respuesta
al pacto monárquico. Y si se estudian esas
mismas páginas de historia hasta nuestros
días, no se necesitará una investigación profunda para fijar la evolución de los dos sistemas incorporados en los dos documentos.
La Declaración de Monroe cerró el C'ontinente de América al sistema europeo, y consagró el Continente americano al sistema de la
democracia. En Europa el sistema del equilibrio del poder prevaleció en todo el siglo diez
y nueve y hasta la época actual; la catástrofe
europea señala el resultado inevitable de un
sistema basado en la desigualdad y en los
privilegios.
Los Estados Unidos han cumplido con la
palabra empeñada: el Continente de América
ha sido mantenido libre de toda conquista
europea. La Declaración del Presidente Monroe no es un tratado internacional, ni pretende proteger a los débiles e indefensos; se funda
únka y exclusivamente eu la prosperidad y en
la conveniencia de los Estados Unidos. Como
esa pro,speridad está identificada con la líber-

LA DQCTRINA DE M0NllOJI!

t ad y la justicia, a la cual aspira la democracia, todos los elementos de egoísmo desaparecen en tanto que el elemento de la grandeza
entra en la Declaración. Ahí está la calidad
fundamental y esencial de todo lo bueno y excelente qae entraña la Doctrina. La encina extiende sus ramas obedeciendo a las leyes de su
naturalevi; sin embargo, da abrio-o
a los pá.
o
Jaros del aire y sombra benigna al viandante
contra los calores del sol meridiano.
Al impedir que se introdujese el sistema europeo en el territorio de sus vecinos, los Estados Unidos no hacían en principio sino proteterse a sí mismos. En 1826, Daniel Webster,
hablando en la Cámara de Representantes,
declaró que la preocupación que causaría al
Gobierno de 106 Estados Unidos el desembarque de tropas extranjeras sobre el Contiuente
americano, aumentaría proporcionalmente según la proximidad en que e.stuviera la tierra
invadida con los Estados Unidos; que una invasión en el Golfo de Méjico requeriría medidás rápidas y enérgicas, mientras que el desembarque de una fuerza extranjera en las
regiones, entonces remotas del PI~ta, no exigiría probablemente sino una protesta diplomática. Las cosas han cambiado, sin erubar-

�44

SAN'rIAGO PÉREZ 'l'RIANA

go,desde aquellos tiempos; la región del Plata
se encuentra hoy día más cerca de los Estados Unidos que el Golfo de Méjico en los
días de Webster.
La Doctrina de Monroe ha salvado la soberanía de las naciones americanas del peligro
de la conquista europea. En los cuarenta últimos años las Potencias europea~ han conquistado 'todo el territorio d~l Hemisferio
Oriental disponible, hasta la última pulgada.
Esas actividades militares y predatorias de
Europa han tenido multiplicados objetos:
han justificado, hasta cierto punto, los es_tablecimientos militares y navales; han serv1do
de puerta de salida para las energías em~rendedoras y para el capital, aun por medio de
las armas; han constituido una especie de válvula de seguridad para la presión cada vez
más fuerte de los armamentos y los amagos
de revolución subsiguientes. De haber sido posible continuar las guerras de depredación en
el Hemisferio Occidental, la guerra europea
actual no hubiera sucedido, y esas guerras· de
devastación se hubieran desencadenado con
la furia de un huracán desde el Río Grande
hasta la punta más al Sur del Continente.
La aserción proveniente de algunas regiones

LA DOCTRINA DE MONROE

45

-especialmente de la América Latina-de que
las naciones ibero-americanas están en capacidad de protegerse ellas mismas, es futil e
insostenible. La ley de la necesidad invocada
por las grandes Potencias militares no reconoce más ley que la de la fuerza superior. ¿Qué
fuerza superior podría oponer cualquiera de
las naciones, o un grupo de naciones de la
América Latina, a una gran potencia militar
europea? ¿Qué podrían hacer para impedir
que se desembarcase una fuerza de medio millón de hombres, escoltada por una flota de
Dreadnoughts, las naciones ibero-americanas
mejor organizadas, o las que, como la Argentina, Chile y el Brasil, tienen poblaciones más
numerosas? Después de lo que hemos visto en
los últimos treinta años-ataques verificados
sin la menor provocación contra las poblaciones civiles, degüellos de multitudes indefensas en el sendero del conflicto territorial, y
declaraciones de guerra hechas después del
hundimiento premeditado de buques o del
bombardeo de fuertes-¿puede asumirse siquiera por espacio de un segundo que Ja propiedad indefensa del débil no Je sería robada
por el fuerte sin remordimiento ni vacilación?
La Doctrina de Monroe, es decir, el princi-

�46

SANTIAGO P.KREZ TRIANA

pio de la inviolabilidad del Continente por
parte de conquistadores venidos del exterior,
debe ser inatacable, para lo cual se necesitan
los esfuerzos unidos de todas las naciones del
Continente. Las espaldas del gigante son anchas y el gigante poderoso; empero, para sostener esfuerzos tan vastos como el Continente
mismo y coevos con los siglos que pasan, no
se debe rechazar o ignorar ninguna cooperación honrada ni engendrar la menor hostilidad, por insignificante que parezca.
El antagonismo aparente entre los dos Continentes, Europa y América, no está en la
naturaleza de las cosas, sino que se enéuentra en las convenciones y en los intereses
creados por los hombres. América no ha cerrado nunca sus puertas a los hombres como
hombres, pero las ha cerrado, y continuará cerrándolas, al sistema que puede significar una amenaza a la libertad y a la democracia. El sistema europeo significa no solamente
el sedimento de la opresión, sino que también
significa los intereses creados y arbitrarios
en contra de la democracia, que tratan de extender su dominio a otros países so pena
de perecer en su propia tierra bajo la ola
amenazadora de la rebelión popular. Re-

LA DOCTRINA DE MONROE

47

cuérdese que las naciones de Europa, sin una
excepción, continuan pagando las guerras de
Napoleón, 1;1.sí como también todas las guerras del siglo diez y nueve, y que en estos momentos están amontonando sobre las generaciones futuras deudas que las esclavizarán
económicamente al través de los siglos venideros. Recuérdese así mismo que todo esto es
un resultado de estos sistemas rechazados
del Continente americano por la Declaración
de Monroe. Puede verse así cuán trascendental es la Doctrina de Monroe para el Continente de América y para el bien de la humanidad.
Con el objeto de conseguir para la Doctrina
de Monroe un apoyo absoluto en toda la extensión del Continente, es preciso llevar esa
Doctrina al punto extremo de su desarrollo
lógico. La Doctrina de Monroe ha cerrado
eficazmente el Continente al conquistad~r europeo, pero no ha impedido el ejercicio de conquista en ambas secciones del Continente. No
estoy formulando ninguna acusación; mi argumento es de carácter puramente analítico.
Debe decretarse y pactarse entre todas las naciones del Continente que en el territorio de
las naciones americanas no puede efectuarse

�48

SANTIA GO PÉREZ '.l'RI.A.NA

ya ninguna conquista, proceda ésta del hemisferio mismo o del exterior.
Dicha declaración, en cuanto t oca a los Estados Unidos, ha sido hecha ya por su Pres1dente, y no debe suponerse que alguna de las
otras Repúblicas americanas sea menos explícita. La inviolabilidad interna es el fundamento esencial de la inviolabilidad exterior.
La idea de que la violencia y el saqueo-es decir, la conquista-son iniquidades en el ex.
tranjero y virtudes en el vecino, no merece ser
considerada o aceptada por los pueblos respetuosos de sí mismos.
El Continente sabe que la justicia no es una
cuestión de cantidad, sino de esencia; que el
crimen no puede convertirse en virtud porque
es perpetrado colectivamente, y que no hay
poder humano que pueda dar a la iniquidad
el carácter de patriotismo.
Al volver la vista hacia la historia de esta
tierra, hacia los preceptos escritos de sus esfuerzos colectivos, y hacia la obra realizada,
nosotros, los del Sur, creemos muy de corazón
que esos son los principios que nos guían. No
os llamamos perfectos, pues ningún hombre
ha sido perfecto en este mundo, como tampoco ninguna nación. Pero creemos en la sinceri-

LA DOC'.l'RINA DE MONR0:1,!

49

dad de vuestro propósito, como debéis creer
en la nuestra, y podremos así darnos la mano e ir hacia el sol naciente. Si pidiérais
adulación como tributo, mis labios permanecerían mudos y mi corazón se negaría a admiraros. Nos separamos llevando un mensaje
de alegría para nuestros pueblos. Hemos pisado la tierra reverenciada donde se firmó el acta de Iodependenei!l y donde la voluntad del
pueblo se cristalizó en ley; hemos estado al lado de la tumba de Washington y cruzado las
llanuras silenciosas sobre las cuales diríase
que aletea el espíritu de Lincoln como un recuerdo de inmortal fragancia, y estamos aho•
ra sobre el suelo consagrado por dos veces a
la libertad, donde por primera vez el hombre
luchó y sufrió y murió por la libertad de la
!ierra, y, más farde, por la libertad del esclavo. Hemos visto vuestros campos sin límites
que encierran la ·promesa risueña de la cosecha venidera. Hemos visto vuestras ciudadP.s
diligentes y magníficas y v uestros talleres laboriosos, y hemos sentido el latido conquistador de la vida en el campo y en la ciudad,
donde quiera qµe hemos ido; hemos visto las
multitudes prósperas, los hogares felices y los
mercados llenos de animación; hemos visto

�50

SANTIAGO PÉREZ TRIA.NA

los mares errantes en su peregrinación eterna
y los océanos encerrados en el_ i~terior; y s_e
nos ha dicho que todo ese prod1g10 no constituye sino la orla de la clámide imperial, que
más allá, en todas las direcciones, el milagro
se extiende, inconme.nsurable y resplandeciente.
Y sabemos que una obra semejante sólo pudo realizarse bajo el ala protectora de la libertad, y que vuestro tesoro esencial, mucho
más precioso que vuestra riqueza y vues.t ro
progreso, se encuentra en los principios de libertad e igualdad de vuestras instituciones y
en vuestra lealtad hacia esos principios. Si
vuestra lealtad desapareciera, vuestra grandeza se esfumaría como un sueño soñado de
día ...... Y así os decimos adiós. Raya un alba
perpetua en el horizonte, pueS' la labor de los
hombres no tiene fin y cada esfuerzo noble es
un sol naciente. Que nuestr"o esfuerzo signifique la unión de América en beneficio d~ la libertad del hombre.

s. PÉREZ TRIANA .

EELG-ICA

D

los tres claros nombres de nación que
han hecho resonar, en signos de armonía,
las músicas marciales*que acabáis de oír, permitidme que destaque, para que aparezca el
primero en la expresión verbal de nuestra
ofrenda, el menos vinculado a fuerza materia,
y a deslumbrante gloria: el nombre de Bélgica. Quien fué el primero en la resistencia sobrehumana, quien lo es en la magnitud del sacrificio, séalo también para la simpatía que
busca mitigar el dolor. Y porque en el corazón
de Francia la generosidad es la naturaleza
misma, y porque la libre Inglaterra tuvo
siempre el tono y el sentido de una caballeresca dignidad, me parece que de ellas parte espontáneamente el noble ademán que nos invita a conceder la . prelación en el recuerdo,
como tendrá la predilección en la historia, al
E

( HisjaNia. Londres. )

* La ,ldarsellaise, el God save tite Kfog, y la Braba1t,omu, ejecutadas en una gran velada r¡ue no ha mucho se celebró en Montevideo, para reunir fondos con que aliviar el dolor de los heridos de
Francia, Inglaterr a y Bélgica.

�JOSÉ ENRIQUE RODÓ

pueblo incomparable que las ha escudado con
su pecho, y que ha de ser, de hoy en más, entre ellas, prenda inmortal de fraternidad y de
alianza.
Bélgica era, en las representaciones habituales de nuestra imaginación, el taller doméstico, todo paz y virtudes, que disfrutaba su
áurea medianía en seguridad inviolable. Bélgica es ahora el altar hnmeante y sangriento
del valor sublime. De ese sosegado fondo de
granjas y dehesas, donde renace, magnificada,
la Arcadia pastoril; de fábricas que ennegrecen la niebla y barcos que cortan los ríos indolentes; de primorosos jardines y casas pulquérrimas, en suma, de trabajo apacible, que a
alguno puede parecer opaco y sin vuelo, se ha
adelantado de súbito la máscara trágica de
las Iliones y las Zaragozas. ¡Transfiguración
extraordinaria, que recuerda cuando del plácido heno amontonado y oliente a la bondad
de la tierra, se levanta y difunde la llama del
incendio, con el irrefrenable impulso del rayo!
¡Reveladora enseñanza para los que imaginan
que la energía de la guerra ha menester cultivarse por sí misma y en ejercicio de su propia
obra de destrucción y muerte, en vez de brotar, a su hora, de aquella fundamental y ar-

BÉLGICA

53

mónica energía que, templando los resortes
del carácter social, forma la volundad para
las artes pacíficas e inspira los ejemplos del
valor civil!
Difícil es encontrar en la memoria el parangón a la grandeza de esta Bélgica que ahora
conocemos. Todo cuanto puede contribuir a
enaltecer la acción humana, por los sentimientos que la animen y el término a que se dirija;
todo cuan to puede tender a embellecerla y
glorificarla por la heroica fiereza como se manifieste, todo se congrega en Bélgica y realza
esta inenarrable tragedia de su historia. En
los mayores portentos del pasado, en los más
clásicos y nobles, falta esa ar~onía y perfección de estatua guerrera. Cuando no hay lugar para la duda en la justicia de la idea porque se combate ni se percibe desigualdad en el
denuedo ni sombras de iniquidad y alevosía
empañan el esfuerno fundamentalmente generoso, queda a la crítica tomar por blanco la
calidad del pueblo combatiente: la turbulencia
de sus inclinaciones, la rudeza de sus costumbres, su inferior condición, respecto del extranjero que le oprime o del invasor que le
amenaza. Aquí, ni una mácula, ni un pretexto, ni una diferencia siquiera en valores de ci-

�54

JOSÉ ENRIQUE RODÓ

vilización. Nada falta a la gloria de Bélgica;
nada puede restarse a la soberana razón de
que ella irradia. Es éste el más ejemplar conjunto de hombres defendiendo el más sagrado
de los derechos con el más alto y constante de
los heroísmos.
Pero, después de todo, ¿por qué hemos de
asomhrarnos de esta marcialidad indominable, ni considerarla allí nueva? Y ¿por qu~ se
imaginaría el invasor que ese llano suelo de
Flandes había de encorvarse a su paso, como
el lomo del caballo que conoce a su dueño? ..... .
Para desengañarle habría bastado que compareciese en su imaginación el simulacro heroico de aquella Flandes, erizada de hogueras
y patíbulos, en que se resolvió, para la libertad, el porvenir de Europa, frente al otro soberbio imperialismo de Felipe II. Bruselas,
Amberes, Lovaina, Mons, Gante, Malinas, no
fueron siempre, por ci~rto, nombres de paz.
Esas ciudades de mercaderes y artesanos, ya
eudurecidas, desde su nacer, en la diaria defensa contra las águilas feudales, se iluminan de
sangrienta luz en la guerra por la protesta religiosa y la autonomía política. Si la resistencia extinguióse en ellas, para concentrarse en
la emancipada Holanda, fu.é sólo cuando el

BÉLGIOA

55

cadalso y la emigración las dejaron en soledad que convirtió en agrestes patizales sus
calles populosas. Todas esas ciudades aprendieron, hace tres siglos, la ciencia de sufrimientos y energía en que hoy ilustran al mundo; todas ellas conocieron, sin envilecerse, el
brutal ultraje del saqueo, la humillante tortura de la exacción, el trágico espanto de las
matanzas. Amberes caída pensará que vuelven sobre ella los días de horror en que los
tercios de Alejandro Farnesio ciñéronle, en
cruento delirio, palma de elección entre ciudades mártires. Y en la Bruselas que custodian,
desde el bronce, las sombras de Egmont y de
Horn, el paso de las patrullas imperiales ha
de despertar, en cada ángulo de piedra, los
ecos del glorioso grito rebelde de aquel "Vivan
los gueux", que allí resonó por vez primera
y fué la consigna de las muchedumbres insurrectas que, ostenta ndo como blasón de democracia las apariencias de la mendicidad, el
sayal ceniciento y la escudilla de palo, dieron
al estupendo siglo XVI una de sus páginas
más bellas, y uno de sus triunfos mejores a la
historia de la libertad humana.
No importa que el nuevo opresor domine,
desde Lieja hasta Ostende, las ciudades de

�50

JOSÉ ENRIQUE RODÓ

Bélgica, y busque radicar entre sus despojos,
signos permanentes de ocupación y de conquista. Más duraderas prendas de triunfo alcanzó el Duque de Alba, que, en la plaza de
Amberes, pudo contemplar la estatua de
bronce que le representaba hollando el pecho
de los flamencos vencidos. Y estos vencidos de
estatua se reincorporaron. Y ahora, alzándose del barro sangriento de sus ca:mpiñas desoladas, de los escombros de sus ciudades rotas,
donde lo único verdaderamente irreparable
serán las profanadas maravillas del tiempo,
volverá Bélgica a su ser, radiante de esperanza con esos niños que están conociendo en la
inocencia la virilidad del infortunio; acrisolada en su persona de nación por la solidaridad
suprema del dolor compartido e inculpable.
Volverá Bélgica a su ser. El sentimiento humano rechaza, en cuanto a esto, hasta la
sombra de una duda; y si la duda cupiese, y
semejant e pueblo pudiera, en edad como la
nuestra, ser testado del mundo por la primiti•
va razón de la conquista, no habrá conciencia
de hombre libre que no prefiriera, una y mil
veces, el cataclismo anárquico que hiciese sal
tar e-n bastillas los fundamentos de esta ci viliz~cióo, antes que la persistencia de un orden

BÉLGICA

57

de naciones en que fueran posibles tamaña iniquidad y tamaña vergüenza!
Entretanto, no es necesario esperar a la reparación ineluctable, para que la gloria de la
nueva Bélgica quede consagrada y perenne en
la conciencia universal. Más alto que la Esparta de Leonidas, porque el valor que aquí
resplandece no es la facultad exclusiva, sombría, infecunda, que se cultivó artificiosamente en aquel monasterio de soldados; más alto
que la Polonia de Kosciusko, porque el delirio
frbril de la anarquía no ha preparado la obra
al hierro del conquistador; más alto que el
México de Juárez, porque no ha habido manos propias que guiasen el caballo del extranjero; más alto todavía que la España alzada
contra Napoleón, porque en las armas de estos invasores no se propaga el estímulo de libertad que atenúe la violencia conculcadora
del derecho,-el. nombre de Bélgica la mártir,
Bélgica la heroica, Bélgica la inmaculada, perdurará en la mente de los hombres como el
símbolo supremo del sacrificio 'Varonil y del
ánimo contendor de la fuerza.
Asociándonos, de este lado del mar, a su infortunio y a. su agra vio, nos parece estrechar
sµ cabeza ensangrentada en el regazo frater-

�58

JOSÉ ENRIQUE RODÓ

'

nal de esta América que identifica su interés
más caro con la universal inmunidad del derecho, y es la espectadora serena, pero no impasible, en la tragedia que domina el secular escenario de la humanidad.
Cuando el eje ideal de la civilización vacilara; cuando la arrebatada demencia de la guerra obscureciese del todo, en las más nobles
razas del mundo, el sentimiento de aquellas
nociones superiores que han guiado, entre
parciales eclipses, la ascendente marcha de los
pueblos: bien, verdad, derecho, justicia, aún
quedaría, en la desolación de ese naufragio, el
asilo de la conciencia americana. Cuidemos,
dentro de cada uno de no~otros, nuestra parte en la reserva augusta que nos está confia da; y desde la paz y la distancia que nos
comunican cierta semejanza de posteridad, juremos a Bélgica la mártir, a Bélgica la heroica, a Bélgica la inmaculada, gloria y amor en
el corazón de América!
JOSÉ ENRfQUE

Ronó.

SOBRE EL DESTINO

E3L Destino, el Sino, el Hado, la fatalidad o

la
Suerte, el Ananque de los griegos, el ·Fatum de los romanos, ha sido el eje, el quicio, de
la concepción y del sentimiento trágicos de la vida. ¿ A qué repetir una vez más que toda la tragedia griega está penetrada por ese sentimiento
y esa concepción de la Fatalidad?
En el. teatro cristiano-el inglés de Shakespeare, el nuestro, el castellano, de los grandes maestros del siglo XVII-ese Haá.o parece que se templa por el sentimiento del libre albedrío humano.
Pero fijémonos bien y veamos si ese libre albedrío, si esa libertad, no es un nuevo sino, una nueva fatalidad.
Muchas veces he pensado si la concepción cristiana del libre albedrío humano, tal cual nos la
presentan después de la caída de nuestros primeros padres, no es otra forma de la Fatalidad. La
libre voluntariedad, el libre albedrío de los héroes del teatro cristiano-cuando le tienen y
ejerce,n, que no es siempre-es una terrible forma
de fatalidad. Hay algunos de ellos cuya verdadera tragedia es no poder dejar de ser l~bres de

�60

MIGBEL DE UN AMUNO

ese modo. Recordad a Hamlet. ¡ Y a cuántas reflexiones no se prestan aquellas palabras del Segismundo de La vida es sueño,
"¿Y teniendo yo más alma
tengo menos libertad?"

La lucha del destino contra la libertad es el
nervio de la tragedia toda de la vida. O mejor
aún, el problema del Destino, del Destino humano, es el fondo de la tragedia de la vida. Lo que
hace trágica toda la vida humana, toda verdadera vida que sea verdaderamente humana, es el
presentimiento, es la visión o la no visión íntima del Destino.
Pero no es de este Destino así, de este Destino
trágico, con letra mayúscula, del que ahora quería deciros algo. De ese Destino nunca puede
decirse bastante. Y todo lo que de él se diga es
como si no se dijera nada. Pero estamos trágicamente destinados a no poder no pensar en él. Es
del otro, del destino con letra minúscula, del
destino minúsculo, del cómico, no del trágico,
del que quiero hablaros aquí ahora. ¿Cómico?
No, no tan cómico. En cierto sentido tan trágico como el otro.
Sales, lector, de presenciar una de esas augustas tragedias que repercuten a través de los siglos, Edipo Rey, o Hipó lito, o Macbeth, u OtekJ,
o María Estuardo, o La Estrella de Sevilla, o

SOBRE EL DESTINO

61

Don Alvaro, o Los espectros, y al salir, pensando en el terrible todopoderío del Destino, un amigo, llevado de una asociación de ideas puramente verbal, de una identidad de vocablos, te dice:
"¿Sabes?, a Fernández le haa dado un destino
en Hacienda". La caída mental es tremenda.
Desde aquel altísimo, celestial Destino te encuentras de pronto ante un destino ... ! en Hacienda, o en Fomento, o en la Tabacalera l
A este destino minúsculo se le puede diminu.
tizar, llamándole un destinito. ¡ Un destinito
de ocho mil reales con descuento !
Y este destino minúsculo es para muchos todo
el Destino humano. En torno a ese destino se
devana la comedia de su vida. "Cómo se va a
casar si no tiene todavía destino ... '', se dice uno.
¡ No tiene todavía destino! Pero en cuanto a alguien le han destinado ya a algo parece que no
tiene más en que pensar.
¿ Qué es en España un político? Un señor que
reparte destinos. ¿ Y qué es un ciudadano? Es
decir, un ciudadano ... ¡no!¿ Qué es en España
un elector ? Un pobre señor que busca un desti _
no, ya para sí, ya para alguno de sus hijos. O
que busca sostener el que consiguió.
·'Pero, señor, ¿ quién le meterá a ese hombre
en eso?" oís que se dice de uno de esos llamado s
espíritus inquietos a quienes les da de pronto l a
.humorada de sentirse ciudadanos, hombres ver-

�62

l!I&lt;HJElL DE

UNAlll"l'NO

daderamente civiles, esto e~ humanos, preocupados del Destino de su patria o siquiera de su
aldea. Y se añade: "¿ No tiene ya su destino?
¿ Qué busca, pues?" Y no les digáis lo más sencillo, lo más inmediato, cual es que busca vivir•
porque para los tales, para los que así juzgan,
vivir es estar destinado en Hacienda, en Fomento, en la Tabacalera, o li:1 otra función así. Vivir
para ellos es eso, es estar colocado.
Y este minúsculo destino viena a ser, si bien
se mira, tan trágico como es el otro, el gran Destino. Y lo más trágico del destino minúsculo, de
la colocación, es que impide a los más encarar y
ver el otro, el mayúscalo, el gran Destino. El
catecismo de la doctrina cristiana que nos enseñaron en la primera escuela resuelve ese pavoroso
y eterno problema del Destino como lo resuelve
todo, con cuatro palabras y con una sencillez
que por lo sencilla es tanto más trágica, y es que
pregunta: "¿ Para qué viene el hombre al mundo?" Y en un santiamén responde sin v.acilar:
"Para servir y amar a. Dios en esta vida y gozarle después en -la eterna", y todo queda tan llano. Pero en la práctica de nuestra vida la contestación es otra: Es esta: "para obtener un
destino ... " en las oficinas que sea. Y ese destino puede ser de escribiente cuarto o de ministro.
Es igual.

SOBRE EL DESTIN0

63

"Al fin, ¡ gracias a Dios !" oí exclamar una vez
cuando, al cabo, le hicieron ministro de la corona a un desdichado que lo estuvo esperando y
solicitando durante treinta años. Y ese pobre
hombre- pensé-¿ habrá alguna vez pensado en
el Destino, en el otro, en el grande?
~sta lamentable clase media nuestra española,
acervo de todo lo mediano, de todo lo mezquino,
garba de pordiosería, de cobardía y de envidia,
esta nuestra lamentable clase media- ¡ y tan
media !-española, vive uncida al yugo del destino minúsculo. La patria, cuyo supremo destino nada le importa, no .es para ella más que una
fábrica de destinos. Y en ella nacen todos predestinados a destinados, es decir; a borregos.
Para eso se les educa; para eso se les instruye.
Desde que, mozo, entra en carrera el futuro
funcionario público no piensa sino en el destino,
pero en el minúsculo. Hay quien a los quince
años tiene ya vocación de notario o de juez o de
abogado del Estado o de médico de partido o
de jefe de negociado de Gobernación. De lo que
apenas tiene casi nadie vocación a los quince
años es de ciudadano o de hombre de ciencia o
de artista. Y menos de hombre. Alguno, por
sentir a esa edad ya vocación de concejal o de
diputado provir.cial o a Cortes o tal vez de ministro, se cree con sentimiento de ciudadanía, con
conciencia política. Pero no es más que el destino.

�64

lílllUEL DE UNAYUNO

¿ Sabéis lo que hace tan trist
.
monótona vida de nue
.. e la tnstfsima y
tas? ¿Sabéis lo que ha~:ras vieJas ciudades muerventud sea ~na ale ría que la alegría de su juramente fisiológica g
puramente exterior, pu' como la del c
.
o
a
quien
se
le
d
.
anano enjaula.
d
¿ Sabéis lo que hace a alpiste en abundancia l
· d ades muertas e~ que
esas nuestras viejas
c1u
- en
1
:,pano as lang ·d
mente y se ajen I
u1 ezcan tristeí ·t
os pocos los p
í .
n
us
a
quienes
el
'
.
. oqu s1mos esp
Destino les quita I
p_resenttm1ento del gran
que esos jóvenes edesueno de la vida? Pues es
nuestras · ·
muertas no piensan ás
v1eJas ciudades
culo, en el que I m q~e. en el destino minús.
es penmtirá c
servilmente y
asarse, vegetar
.
procrear hiJ.
d .
mismo. ¡ y este .
os estinados a lo
s1 que es destino trágico !
MIGUEL DE UNAMUNO
(Nun,o ,lfundo, ;\,lndrid.)

:lga esta Revista. La di1ig~ con
gran
un poeta y estudioso castellano,
don Narciso Alonso Cortés. Véanse las seccionel de la REVISTA. CASTELLANA: Literatura,
Historia, Ciencias, Artes. Es bimensual.
El sumario de ambos núm ~ros:
L.1.s MORATORIAS, por R. Pérez Requeijo.
CASTILLA, por Juan Dtaz-Caneja.
POESÍAS de A. L. Argüello.
EL CAS nu.o DE PoNFERRADA, per E. Díai·

Jbn6nez M.

POESÍAS . por Luis Barreda.
EL CENTENARIO DE ENRIQUE GIL Y CA·
RI.ASCO, vor Narciso Alonso Cortés.
REDIMIR AL SORDO-MUDO, por F. Mendiza-

bal.PALACIOS Y CASAS SEÑORIALES DE VALLA·
DOLlD, por Juan Agapito y Ro::villa.
REGISTRO BIBLIOGRÁFICO.
DIVERSOS CRITERIOS EN ESPAÑA CON RES
PECTO Á LA GUERRA, por E. G6mez Diez.
EL CA.TARRO Y LA A.RAÑA (cuento), por Luis

Maldonad"
LAs c~DENAS (cuento) de H. Garcia Luengo.
POESÍAS, por A. Torres Ruiz, F. de Cossio,
C. R. Pinilla y A. G. JJ~ngoa.
EL MONITOR DE EDUCACIÓN COMÚN
JULIO

31

DE

1915.

BUENOS AtRES.

Pc1rte del sumarie:
Pc:dro Bertolini: Palingenesia pedag6gica.
Mary S. Cutting: La vida social de fos niñ -is,
H . Turner Bailey: Un ideal definido en di-

bujo .

�Genaro Sisto: La luch•1 antipalúdica.
P. Sollier: Bases psicológicas del método froebeliano.
Dora E. Miranda: Los Andes.
Pedro Caracoche: Cómo debemos educar a•
nuestros hijos.
CULTURA
VoL. l. Nos. 5 y 6. BOGOTÁ.
Mensuario excelente, dirigido por D. Luis
López de Mesa.
Véanse algunos de los titulos &lt;¡ne registran
los dos cuadernos que hemos recibido:
Lo INCONSCIENTE EN EDUCACIÓN, por M.
Jiménez López -LA ESPINA (poesía inédita)
de M. A. Caro.-EL EVOLUCIONISMO, pnr Ló
pez de Mes• -REFORMA DE LA EDUC!CIÓN
NACIONAL, por la Dirección.-LA CAR'l'UJA DE
MIRAFLORES, por A. Nieto Cab,llero.

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Libros - Verl6dlcos -

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Alberto Masferrer</name>
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