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                  <text>,cVlLECClON ll HEL

RLJPCN

Cuaderno 72

DARIO

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toltcdón Jtritl

ARI~L
REPERTORIO AMERICANO

COL.&amp;CCXON

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{rente al Correo

,

J .\DIE TOR:'&gt;10 ,

1916
SAN

J O SE D E

COSTA RICA Imprenta Grenas

C

. A.

�OBRAS DE RUBÉN DARIO
Verso
PRBIERA.S NOTAS
ABROJOS
PROSAS PROFA.NAS
CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA.
EL CA.N'l'O ERRANTE
POEMA DEL OTOÑO Y OTROS POEMAS
ÜA.NTO A LA ARGENTINA. Y OTROS POEMAS

Prosa
A

DE GILBERT

Los RAROS
ESPAÑA CONTEMPORÁNEA
PEREGRINACIONES
LA CARA.V.ANA PASA
TIERRAS SOLARES
OPINIONES

P .ARISIANA

'

LETRAS
TODO AL VUELO
AUTOBI0WFÍ.A, -

...:-------

ROBEN

ten León de Nicaragua en la noche del 6 de Febrero de ,9 16

Verso y Prosa
AZUL ...

EL VIAJE A. NTcARAGUA.

DARIO

( Dibujo de V.isqucz Díaz)

�A?RECIACION
7TN día, como alguien hiciera notar a
URubén Darío la maldad escondida en tre algunas frases mías sobre un poema
suyo, murmuró, según parece :
-Lo que me consuela es que él sabe
mejor que nadie cuán injusto es eso.
Y, a fe de hombre honrado, mi gran
amigo tenía razón. Porque si hay alguien
en el mundo que admira su obra, que
admira su esfuerzo y que admira su vida,
soy yo. No tengo más que evocar·las primeras sensaciones de mi vida literaria,
para sentir, en el acto, todo lo que al autor de "Azul'' le debe mi alma. E l mismo ha contado, en más de una· ocasión,
cómo nos conocimos. Fué allá, en nuestra
Tierra Tropical, cuando el colegio acababa apenas de abrirme sus puertas odiosas.
El era ya célebre. Cubierto de laureles,
Yolvía de países más hospitalarios que el
suyo propio, para dar a la juventud centroa·m ericana la magnífica lección de su
independencia y de su riqueza intelectual.

�4

APRECIACIÓN

Don Juan Valera lo había consagrado.
América toda lo consideraba como el más
joven, como el más grande de sus maestros. Y los adolescentes iban a él llenos de
.
'
entusiasmos, para ofrecerle sus primicias.
''Entre los que primero llamaron a mi
puerta- ha podido escribir-hallábase un
chico de ojos soñadores y de labios sensuales". El recibimiento que aquel chico
tuvo, los cronistas lo conocen. Mas lo que
el mismo Rubén ignora, es que antes de
llamar a su puerta, la mano en apariencia
firme había temblado, como la de Reine al
levantar el aldabón de la casa de Goetbe
como la de Gautier al tirar de la campa~
nilla del cuarto de Rugo... ¡Ah! ¡ son
cosas é~tas que todos dejamos para las
memonas o para los artículos necrológi~os ! Pero ya que una verdadera inmortah_dad lo ha convertido en un ser excepc10nal, de .e~os que pueden saborear en vidalos anticipos de la eternidad, nada me
es tan gra!o como escribi~, aprovechando
su ausencia, en esta págma que él se ha
reservado para sus.íntimas devociones las
líneas que los escritores cruardamos' en
general para los entierros. e.
¡Rubén_ D~río ! . . . Y o no sé lo que tal
nombre s1gm:6.ca para los literatos que

APR1'0IACION

5

a!iora comienzan a dar cuerpo a sus vis10nes, pero estoy seguro de que hace veinte añ?s, cuando los adolescentes de mi generación oían esas silabas sonoras y raras,
que parecen haber sido creadas de intento para la celebridad, algo de profundamente grave agitaba nuestras almas. El
único libro que entonces había publicado
el gran poeta, era el legendario ''Azul ''
que no tiene ni la profundidad, ni la intensidad, ni la serenidad de obras suyas
posteriores, y que, sin embargo, nos hacía ya entrever los maravillosos horizontes en los cuales, más tarde, ha abierto
sus alas la musa castellana. Al lado del
joven maestro, en aquel entonces, otros
bellos poetas cantaban. En México hallá~ase, en p!ena fuerza de producción, Gutiérrez ~áJera, y en Cuba agonizaba, como.un d10s condenado a todos los dolores,
J uhán del Casal. Luego, dispersas, oíanse en el vasto Continente las voces de José Martí, profesor de lirismo; de Pérez
Bonalde, descubridor de mundos raros;
de Domingo Estrada, 'd espertador de almas; de Francisco Gavidia, escrutador de
arcai:os. Ninguno de estos seres su periores m de otros cuyos nombres olvido,
ejercían, empero, en• nuestros círculos, el

�6

poder mágico del cantor de "Azul".
¿Por qué? . .. Nadie, a la sazón, hubiera
podido decirlo a punto fijo. Nadie sabía
sino una cosa y es, que en aquel tomito
impreso en Chile y en el que veinte países
yeían un brevi_ario, había u?a riqueza
magotable de imágenes, de ntmos y de
novedades. Mas ahora, considerando mejor aún que la ob~a la personalidad del
gran J.&gt;Oeta, comprendemos que si su influencia era mayor que las demás, es porque su genio era el· único que compendiaba todas las aspiraciones ideales de
u? _universo ávido de independencia espmtual y de perfección artística. Lo que
nuestra generación, cansada de la solemnidad clásica, había entrevisto en el relampagueo de cien genios incompletos, el
nuevo apóstol n os fo ofrecía complet o y
compacto, en un haz luminoso.
Aquella magnífica lección salvadora era
la que, confusamente oída e instintivamente comprendida, nos hacía a todos
nosotros vasallos del joven maestro.
Y cuando digo t odos nosotros, no empleo una fórmula vaga. Aun los que menos parece.o deberle, le deben, entre los
h (!ml?res de mi gen~ración, gran parte del
-~~oro q-~~ poseen. Así, p9r. ejemplo ...

7

APRECIAOION

APRECIACION

¡Pero es tan penoso hablar de sí mism&lt;? 1••
Rubén Darío ha cont ado _cómo, habiéndome encontrado en camino de Madrid,
pudo hacerme torcer el rumbo hacia París . '' Y o le di su patria ideal '', dice. J-i:n
realidad, algo más me dió, algo que, in gratamente, he olvidado más de una vez,
y que es el fondo mismo de mi alma. A
él le debo, en efecto, la primera lección fecunda de belleza. El me enseñó a comprender,· que hay en el saber escribir algo
que es más que saber , y algo que es más
que escribir. Al salir de los libros clásicos,
al escaparme de la r etórica, " A zul" fue
el evangelio que me hizo sentir q1;1e!, por
encima de todo, el arte es una rehg1on.
E. GOMEZ CARRILLO.
Agosto de 19u,.
I

•

�LA CASA DE L AS IDEAS

9

II

LA CASA DE LAS IDEAS
I

e

frase de Elisée Reclus: ''La ciudad de los libros" despierta en mí
este pensar: ''las casas de las ideas".
En efecto; si la palabra es un ser vivien.
fe, es a causa del espíritu que la anima: la
idea.
Así, pues, las ideas, con sus carnes de
palabras, vivientes, activas, se congregan,
hacen sus ciudades, tienen sus casas. La
ciudad es la biblioteca, la casa es el libro.
. Helas allí como los humanos seres; hay
ideas reales, augustas, medianas, bajas, viles, abyectas, miserables. Visten también
realmente, medianamente, miserablemen.
te. Tienen corona de oro, tiara, yelmo,
manto o harapos. Imperiosas o humilladas,
se alzan o caen, cantan o lloran. Evocadas
por el hombre, dejan sus habitáculos, abandonan sus alvéolos, resuenan en el aire o
silenciosas, penetran en las almas por '10~
ojos. Luego vuelven a sus casas, después
de hacer el bien o el mal.
STA

Tenéis aquí una vieja catedral: es un
misal antiguo. Muestra sus ferradas y pe•
sadas puertas; sus muros, sus esculturas,
sus vidrios coloreados, sus rotondas, sus
flechas, sus agujas, sus campanarios. En
los nichos de las .mayúsculas viven los santos, las vírgenes, los mártires. A su rededor clama un pueblo de ideas santas, canta
como a son de órgano o al vago vibrar de
tiorbas celestes. Las ideas angélicas, encarnadas en palabras castas y blancas, dicen en coro rezos, himnos, glorías, hosan nas. Las martirizadas pasan purpúreas,
cerca de los azules y oros que pulieron los
monjes. U nas llevan los ramos de lirios en
las manos otras clavos, coronas de espinas o pal~as. ¡Palmas! Cuando el triunfo
de Nuestro Señor Jesucristo llena las vastas naves, el pueblo de ideas fieles se congrega. Es el ambiente de los profetas, el
mundo de los doctores, la atmósfera de
los beatos. Un incienso de fe perfuma el
aire. Los altares, bello$ de oro y ·de cirios,
presentan la magnificencia mística de sus
arquitecturas. Por las cornisas, por los tallados de las puertas, por los calados de
las piedras, piruetean los demonios bufos

�10

RUBÉN DARfo

con los frailes obscenos; un cabrón que termina en largo y crespo follaje veget al,
quiere ascender hasta la soberbia expansión de los maravillosos e historiados rosetones.
Esa vieja historia es un castillo feu dal.
Oís el cuerno del enano, en tráis por el
puente levadizo. Encon traréis dent ro al
castellano, a la castellana, a los pajes, a las
dueñas. Las ideas están vestidas a la usa nsa de entonces; todo es hierro, lorigas, caparazones; en lo~ cintos las espadas, e n
los blancos cuellos las golas; en los puños
gerífaltes. Y suena el rumor de las mesnpdas de ideas. Ellas claman, vitorean, dicen
decires, cantan cantos, tienen sus fiestas,
sus cacerías; pelean bravas, juran y se signan, saben de respeto y de honor, de D ios
y de los caballeros. .De noche, al calor del
buen hogar, cuentan cuentos.
_ En esa Iliada pasa, t ruena un mundo
de ideas gigantescas; viven en palabras
desmesuradas, altas, vibrantes, sonoras,
primitivas, divinas. Ha'y ideas que pasan
desnudas · como Venus; otras que ululan
como Hécuba; otras heroicas y veloces
como Aquiles. En esa portentosa ciudad
griega por donde quiera os halaga la mar_avilla del ritmo, reina la música en su

LA CASA DI!:

LAS IDEAS

l1

sentido original; al mandato de una lógica
imperiosa, todo se mueve obedeciendo al
número; al paso escucháis cómo hacen vibrar el bosque de aritmética las cigarras
del verso.
En ese usado A n A mandi os sonríen
variad as y graciosas ideas femeninas. Provocan, llaman a la batalla del amor; así
como ese ojeado Aretino, propiedad quizá
de alguna refinada marquesa del tie1npo
pasado, es un curioso prostíbulo.
E n las bib!iotecas existe el "inferí", como
en ciertos museos los gabinetes secretos,
y en los estereoscopios las vista~ reservadas. ¿En dónde había de estar sino en er
infierno la Faustina del divino Marqués?
III

Los impresores y los encuadernadores
son los arquitectos de las ideas congregadas. Ellos les levantan sus palacios, o las
aloj an en casas burguesas; las adornan de
formas elegantes, caprichosas, modernas,
graves, cómicas; las ilustran, las refinan o
las ponen en aislados gheto~; las colocan,
las recaman de oro como si fuesen personas imperiales; tapizan sus casas con las
pieles de los animales, con costosos pergaminos, telas ricas, sedas y galones. Mu-

�1-2

RUBÍ:N DARIO

- - - - - - -chas, fastuosas y vulgares, moran en palacetes opulentos de keapsake; otras, hermosísimas, puras, nobles, llevan pobremente
en ediciones modesta·s su perfecta gracia
gentilicia.
Las primeras son semejantes a ricas herederas, feas y estúpidas; las otras a princesas olvidadas, hijas de reyes caídos, virginales, supremas, avasalladoras por la
sola virtud de su potencia nativa. Hay
uñas heroicas, yámbicas, masculinas. Haylas soldados, espadachines, verdugos, perros furiosos. ¡No toquéis a los que manejan ideas!
Allí viven las ideas en sus casas, en sus
ciudades e imperios, las bibliotecas; tienen.
sus Parises, sus Londres, sus aldehuelas,
sus villas. En las puertas de sus mansiones
se ven nombres anunciadores de sus jerarquías, desde la Bz"bHa hasta Bertoldo, desde Hugo hasta el Sr. X. Pues todo en ellas
Y sucede como en los hombres, y así,
son unas porfirogénitas, otras plebeyas.
como el hombre también, unas mueren y
caen en el olvido; otras ascienden a la inmortalidad, por la suma gloria del genio·
(Del volumen Letras)

AZUL .... .
.. .. Esta mañana de primavera me he
puesto a hojear mi ~mado viejo libro, u_n
libro primigenio, el que iniciara un movimiento mental que había de tener después
tantas triunfantes consecuencias; y lo hojeo como quien relee antiguas cartas de
amor, con un cariño melancólico, con una
"saudade" conmovida en el recuerdo de
mi lejana juventud. Era en Santiago de
Chile, a donde yo había llegado, desde la
remota Nicaragua, en busca de un ambiente propicio a los estudios y disciplinas
intelectuales. A pesar de no haber producido hasta entonces Chile principalmente
sino hombres de estado y de jurisprudencia, gramáticos, historiadores, periodistas,
y, cuando más, rimadores tradicionales y
académicos de directa descendencia peninsular, yo encontré nuevo aire para mis
ansiosos vuelos y una juventud llena de
deseos de belleza y de nobles entusiasmos.
Cuando publiqué los primeros cuentos y
poesías que se salían de los cánones usua.

�RUBÉN DáRfo

les, si obtuve el asombro y la censura de
los profesores, logré en cambio el cordial
aplauso de mis compañeros. ¿Cuál fué el
origen de la novedad? El origen de la novedad fué mi reéiente conocimiento de
autores franceses del Parnaso, pues a la
sazón la lucha simbolista apenas comenza.
ba en Francia y no era conocida en el extranjero y menos en nuestra América. F ué
Catulle Mendés mi verdadero iniciador,
un Mendés traducido, pues mi francés todavía era precario. Algunos de sus cuentos
lírico-eróticos, una que otra poesía, de las
comprendidas en el "Parnase contempo•
raine'', fueron para mí una revelación.
Luego vendrían otros anteriores y mayores: Gautier, el Flaubert de "L'-l tentatioo
de St. Antoine'', Pé3:ul de Saint Víctor, que
me aportarían una inédita y deslumbra nte
concepción del estilo. Acostumbrado al
eterno clisé español del siglo de oro, y a
.su indecisa poesía moderna, encontré en
los franceses que he citado una mina lite•
raria por explotar: la aplicación de su
manera de adjetivar, de ciertos modos sintáxicos, de su aristocracia verbal, al castellano. Lo demás lo daría el carácter de
nuestro idioma y la capacidad individual.
Y yo, que me sabía de memoria el "Die•

AZUL ••••

15

cionario de galicismos" de Baralt, comprendí que, no sólo el galicismo oportuno,
sino ciertas pa.r ticularidades de otros idiomas son utilísimas y de una incomparable
eficacia en un apropiado· trasplante. Así
mis conocimientos de inglés, de italiano,
de latín, debían servir más tarde al desenvolvimiento de mis propósitos literarios.
Mas mi penetración en el mundo del arte
verbal francés no había comenzado en tierra chilena. Años atrás, en Centro América, en la ciudad de San Salvador y en compañía del buen poeta Francisco Gavidia,
mi espíritu adolescente había explorado la
inmensa selva de Víctor Hugo y había
contemplado su océano_ divino en don&lt;le
todo se contiene. ·
¿Por qué ese título "Azul"? No conocía
aún la frase huguesca "L'Art c'est !'azur",
aunque sí la estrofa musical de "Les chatiments'':
Adieu, patrie,
L 'onde est en furie.
Adieu, patrie!
Azur!

Mas el azul ·e ra para mí el color del en.
sueño, el color del arte, un color helénico
Y homérico, color oceánico :y firmamental,
el "coeruleum", que en PJ;nic es el color

�16

RUBÉN DARÍO

simple que semeja al de los cielos y
zafiro. Y Ovidio había cantado:
Res pice vindicibus pacatúm viribus orbem
Que latam Nereus coerulus ambit bumum.

Concentré en ese color célico la :floración espiritual de mi primavera artística;
Ese primer libro, -pues apenas puedo co
tar el volumen incompleto de versos qu
apareció en Managua con el título de "Pr'
meras notá.s"-se componía de un puñad
de cuentos y poesías, que podrían califi
carse de parnasianas. "Azul.. .. " se imp ·
mió en 1888 en Valparaíso, bajo los au
picios del poeta de la Barra y de Eduard
Poirier, pues el mecenas a quien fue
dedicado por insinuaciones del primero d
estos amigos ni siquiera me acusó reci
del primer ejemplar que le remitiera.
El libro no tuvo mucho éxito en Chil
Apenas se fijaron en él cuando D. Jua
Valera se ocupara en su contenido en un
de sus famosas "Cartas Americanas" d
"Los lunes del Imparcial". Valera vió m
cho, expresó su sorpresa y su entusias~
sonriente-¿por qué hay muchos que qui
reo ver siempre alfileres en aquellas man
ducales?-perQ no se dió cuenta de la tra
- é~ndencia de mi tentativa. Porque si

AZUL ••••

17

librito tenía. algón personal mérito relativo, de allí debía derivar toda nuestra futura revolución intelectual. A los que asustaba lo original de la reciente manera les
fué extraño que un _impecable como don
Juan Valera hiciese notar que la obra estaba escrita "en muy buen castellano".
Otros elogios hiciera "el tesorero de la
lengua", como le llama el conde de las
Navas, y el libro fu é desde entonces buscado y conocido tanto en España como en
América. Valera observa, sobre todo, el
completo espíritu francés del volumen.
"Ninguno de los hombres .de letras de la
península que he conocido yo con más espíritu cosmopolita, y que más largo tiempo
han residido en Francia, y que han hablado mejor el francés y otras lenguas extranjeras, me ha parecido nunca tan compenetrado del espíritu de Francia como usted
me parece: ni Galiana, ni D. Eugenio de
Ochoa, ni Miguel de los Santos Alvarez.''
Y agregaba más adeiante: "Resulta de
aquí un autor nicaragüense que jamás salió de Nicaragua sino para ir a Chile, y
que es autor tan a la moda de París y con
tanto chic y distinciún, que se adelanta a
la moda y pudiera modificarla e imponerla". Cierto; un soplo de París animaba mi

�18

RUBÍ:N DARfo

esfuerzo de entonces; mas había también,
como el mismo Valera lo afirmaba, un gran
amor por las literaturas clásicas y conocimiP.nto "de todo lo moderno europeo". No
era, pues, un plan limitado y exclusivo.
Hay, sobre todo, juventud, un ansia de
vida, un estremecimiento sensual, un relente pagano, a pesar de mi educación religiosa y profesar desde mi infancia la doctrina católica, apostólica, romana. Ciertas
notas heterodoxas las explican ciertas lecturas.
En cuanto al estilo, era la época en que
predominaba la afición por la ''escritura
artista", y el diletantismo elegante. En
el cuento El rey burgués", creo reconocer la influencia de Daudet. El símbolo es
claro, y ello se resume en la eterna protesta del artista, contra el hombre práctico y
seco, del soñador contra la tiranía de la
riqueza ignara. En "El sátiro sordo", el
procedimiento es más o menos mendesiano, pero se impone el recuerdo de Hugo y
de Flaubert. En "L:i ninfa", los modelos
son los cuentos parisienses de Mendés, de
Armand Silvestre, d:! Mezeroi. con el aditamento de que el medio, el argumento,
los detalles, el tono, son de la vida de
París, de la literatura de París De más
11

AZUL ••••

19

advertir que yo no había salido de mi pequeño país natal, como lo escribe Valera,
sino para ir a Chile, y que mi asunto y mi
composición eran de base libresca. En 11 El
fardo" triun fa la entonces en auge escuela
naturalista. Acababa de conocer algunas
obras de Zola, y el reflejo fué inmediato;
mas n.o correspondiendo tal modo a mi
temperamento ni a mi fantasía, no volví a
incurrir en tales desvíos. En 11 EI velo de
la reina Mab", sí, mi imaginación encontró asunto apropiado. El deslumbramiento
shakespeareano me poseyó y realicé por
primera vez el poema en prosa. Más que
en ninguna de mis tentativas, en esta perseguí el ritmo y la sonoridad verbales, la
trasposición musical, hasta entonces-es
un hecho reconocido-desconocida en la
prosa castellana, pues las cadencias de algunos clásicos son, en sus desenvueltos
· períodos, otra cosa. "La canción del oro"
es también poema en prosa, pero de otro
género. Valera la califica de letanía. Y
aquí una anécdota. Y o envié a París, a varios hombres de letras, ejemplares de mi
libro, a raíz de su aparición. Tiempo después, en "La Panthée" de Peladán aparecía un "Cantique de l'or" más que semejante al mío. Coincidencia posiblemente.

�AZUT, ••••

20

21

R UBÉN DARfO

No quise tocar el asunto, porque entre el
gran esteta y yo no había esclarecimiento
posible, y a la postre habría resultado, a
pesa~ de la cronología, el autor de ''La
canción del oro" plagiario de Peladán.
"El ru b'"
i es otro acento a la manera
parisiense. Un "mito'', dice Valera. U na
fantasía primaveral, más bien; lo propio
que "_El palacio del sol", donde llamara la
atención el empleo del "leit-motiv". Y
otra na~ra 7ión ~e París, más ligera, a pesar
de su s1g01ficac1ón vital, "El pájaro azul''.
En "Palomas blancas y garzas morenas''
e_l tema es autobiográfico y el escenario la
tierra centroamericana en que me tocó
nacer. Tod~ e~ él es verdadero, aunque
dorado de ilusión juvenil. Es un eco fiel
de
adole~cencia amorosa, del despertar
de_ mts sentidos y de mi espíritu ante el
ent~ma de la universal palpitación. La parte titulada "En Chile" que contiene "En
busca de Cuadros", "Acuarela'', "PaisaJ·e"
"Agua 1uerte
l'.
'' , ' 'L a V '1rgen de la Paloma"'
"La cabeza'', otra " A cuarela'', ''Un retrato'
de Watteau", '!Na tu raleza muerta" "Al
carbón", ''Paisaje", y "El ideal'', co~stituye~ ensayos de color y de dibujo, que no
teman ante~e~entes e? nuestra prosa. Tales traspos1c1ones pictóricas debían ser

m!

seguidas por el grande y admirable colombi°ano J. Asunción Silva,-y esto, cronoló·
gicamente, resuelve la duda expresada por
algunos de haber sido la producción del autor del Nocturno anterior a nüestra Reforma. "La muerte de la emperatriz de la China -publicado recientemente en francés en
la colección "Les mille nouvelles nouvelles",-es un cuento ingenuo, de escasa
intriga, con algún eco a lo Daudet. "A
una estrella", canto pasional, romanza,
poema en prosa, en que la idea se une a
la musicalidad de la palabra.
Luego viene la parte de verso del pequeño volumen. En los versos seguía el mismo método que en la prosa: la aplicación de ciertas ventajas verbales de otras
lenguas, en este caso principalmente del
francés, al castellano. Abandono de las
ordenaciones usuales de los clisés consuetudinarios; atención a la melodía interior,
que contribuye al éxito de la expresión
rítmica; novedad en los adjetivos, estudio
y fijeza del significado etimológico de cada
vocablo, aplicación de la erudición oportuna, aristocracia léxica. En "Primaveral"
-de "El año Hrico",-creo haber dado una
nueva nota en la orquestación del romance, con todo y contar con antecesores tan

�22

RUBÉN DARIO

ilustres al respecto como Góngora y el
cubano Zenea. En "Estival" quise realizar
un trozo de fuerza. Algún escaso lector de
tierras calientes ha querido dar a entender
que - ¡tratándose de tigres! - mi trabajo
podía ser, si no hurto, traducción, de Leconte de Lisie. Cualquiera puede desechar
la inepta insinuación con recorrer toda la
obra del poeta de "Poémes barbares". Ello
me hizo sonreir, como el venerable ''Atheneum" de Londres, que porque hablo de
toros salvajes en unos de mis versos, me
compara con Mistral. En "Autumnal" vuelve el influjo de la música, una música íntima, "di c:imera'', y que contiene las gratas
aspiraciones amorosas de los mejores años,
la nostalgia de lo aun no encontrado-y
que, casi siempre, no ~e encuentra nunca
tal como se sueña. H ay en seguida, aconsonantando con lo anterior, la versión de
un ''Pensamiento de otoño", de Armand
Silvestre. Bien sabido es qu&lt;:&gt;, a pesa'r de ·
sus particularidades harto rabelaisianas y
de su excesiva "galoiserie", Silvestre era
un poeta en ocasiones delicado, fino y sentimental. "Anagke" es una poesía aislada
y que no se compadece con mi fondo cristiano. Valera la censura con razón, y ella
no tuvo posiblemente, más razón de ser

AZUL ••••

23

que un momento de desengaño, y el acíbar de lecturas poco propias para levantar
el espíritu a la luz de las supremas razones. El más intonso teólogo puede deshacer en un instante la reflexión del poeta
en ese instante pesimista, y demostrar que
tanto el gavilán como la paloma forman
parte integrante y justa de la concorde
unidad del universo; y que, para la mente
infinita, no existen, como para la limitada
mente humana, ni Arimanes, ni Ormutz.
Concluye el librito con una serie de sonetos: "Caupolicán", que inició la entrada
del soneto alejandrino a la francesa en
nuestra lengua,-al menes según mi conocimiento. Aplicación a igual poema de forma fija, de versos de quince sílabas, se
advierte en "Venus". Otro soneto a la
francesa y de asunto parisiense: "De invierno". Luego retratos líricos, medallones,
de poetas que eran algunos de mis admiraciones de entonces: Leconte de Lisie,
Catulle Mendés, el yanqui Walt Whitman,
el cubano J. J. Palma, el mejicano Díaz
Mirón, a quien imitara en ciertos versos
agregados en ediciones posteriores de
''Azu1....'' , y que
. empiezan.
.
·

�24

RUBÉN DARIO

Nada más triste q ue un titán que llora,
Hombre-montafia encadenado a un lirio,
Que gime, fuerte, que, pujante, implora,
Víctima propia en su fata!"mar tirio.

Tal fué mi primer libro, origen de las
bregas posteriores, y que, en una mañana
de primavera, me ha venido a despertar
los más gratos y perfumados recuerdos de
mi vida pasada, allá en el bello país de
Chile. Si mí "Azul....'' es una producción
de arte puro, sin que tenga nada de docente ni de propósito moralizador, no es
tampoco lucubrado de manera que cause
la menor delectación morosa. Con todos
sus defectos, es de mis preferidas. Es una
obra, repito, que contiene la flor de mi juventud, que exterioriza la íntima poesía
de las primeras ilusiones y que está im•
pregnada de amor al arte y de amor al
amor.
Paris, Junio de 1913.

PROSAS PROFANAS

inútil tarea intentar un análisis exeSería
gético de mi libro "Prosas Profanas''

después del estudio tan completo del gran
José Enrique Rodó en su magistral y célebre opúsculo, reproducido a manera de
prólogo en la edición parisiense de la Viuda de C. Bouret, y en la cual no apareció
la firma del ilustre uruguayo por un descuido de los editores. Mas sí podré expresar mi sentimiento personal, tratar de mis
procedimientos y de la génesis de los poemas en esta obra contenidos. Ellos corresponden al período de ardua lucha intelectual que hube de sostener, en unión de mis
compañeros y seguidores, en· Buenos Aires,
en defensa de las ideas nuevas, de la libertad ·del arte, de la acracia, o, si se piensa
bien, de la aristocracia literaria. En unas
palabras de introducción concentraba yo el
alcance de mis propósitos.
Ya había aparecido "Azul..." en Chile;
ya había aparecido "Los Raros'' en la capital argentina. Estaba de moda entonces

�26

RUBÉN DARÍO

la publicación de manifiestos, en la brega
simbolista de Francia, y mnchos jóvenes
amigos me pedían hiciese ·en Buenos Aires
lo que, en París, Moreas y tantos otros.
Opiné que no estábamos en idéntico medio,
y que tal manifiesto no sería ni fructuoso,
ni oportnno. La atmósfera y la cultura de
la secular Lutecia no era la misma de nuestro estado continental. Si en Francia abundaba el tipo de Remy de Gourmont, "Celui-qui ne-comprend-pas" ¿cómo no sería
entre nosotros?. El pululaba en nuestra clase dirigente, en nuestra general burguesía,
en las letras, en la vida social. No contaba,
pues, sino con una "élite", y sobre todo
con el entusiasmo de la juventud, deseosa
de una reforma, de un cambio en su manera de concebir y de cultivar la belleza.
Aun entre algunos que se habían apartado de las an~iguas maneras, no se comprendía el valor del estudio y de la aplicación constante, y se creía que con el solo
esfuerzo del talento podría llevarse a cabo
la labor emprendida. Se proclamaba una
estética individual, la expresión del concepto propio, mas también era preciso la base
del conocimiento del arte a que uno se con ·
sagraba, una indispensable erudición y el
necesario don del buen gusto. Me adelanté

PROSAS PROFANAS

27

a prevenir el perjuicio de toda imitación, y,
apartando sobre todo a los jóvenes catecúmenos de seguir rr.is huellas, recordé un
sabio consej o de Wagner a una ferviente
discípula suya que fué al mismo tiempo
una de las amadas de Catulle Mendés.
Asqueado y espantado de la vida social
y política en que mantuviera a mi país original un lamentable estado de civilización
embrionaria, no mejor en tierras vecinas,
fué para mí un magnífico refugio la República Argentina, en cuya capital, aunque
llena de tráfagos comerciales, había una
tradición intelectual y un medio más favorable al desenvolvimiento de mis facultades
estéticas. Y si la carencia de una fortuna
básica me obligaba a trabajar periodísticamente, podía dedicar mis vagares al ejercicio del puro arte y de la creación mental.
Mas abominando la democracia, funesta a
los poetas, así sean sus adoradores como
Walt Whitman, tendí hacia el pasado, a las
antiguas mitologías y a las espléndidas historias, incurriendo en la censura de los
miopes. Pues no se tenía en toda la América española como fin y objeto poéticos más
que la celebración de las glorias criollas,
los hechos de la independencia y la naturaleza americana: un eterno canto a Junín,

�RUBÉN' DARIO

PROSAS PROFAN'AS

una inacabable oda a la Agricultura de la
zona tórrida, y décimas pa.trióticas. No negaba yo que hubiese un gran tesoro de poe•
sía en nuestra época prehistórica, en la conquista y aun en la colonia; mas con nuestro
estado social y político posterior llegó la
chatura intelectual y períodos históricos
más a propósito para el folletín sangriento
que para el noble canto. Y agregaba, sin
embargo: ''Buenos Aires: cosmópolis. ¡Y
mañana!" La comprobación de este augurio
quedó afirmada con mi reciente ''Canto a
la Argentina".
En cuanto a la cuestión ideológica y verbal, proclamé ante glorias· españolas más
sonoras, la del gran D. Francisco de Quevedo, de Santa Teresa, de Gracián, opinión que más tarde aprobarían y sostendrían en la Península egregios ingenios.
U na frase hay que exigirla comento:
"Abuelo, preciso es decíroslo: mi esposa
es de mi tierra; mi querida es de París."
En el fondo de mi espíritu, a pesar de mis
vistas cosmopolitas, existe el inarrancable
filón de la raza; mi pensar y mi sentir continúan un proceso histórico y tradicional;
mas de la capital del arte y de la gracia, de
la elegancia, de la claridad y del buen gusto, habría de tomar lo que contribuyese a

embellecer y decorar mis eclosiones autóctonas. Tal di ~ entender. Con el agregado
de que no sólo de las rosas de París extraería esencias, sino de todos los jardines
del mundo. Luego expuse el principio de
la música interior: · "Como cada palabra
tiene un alma, hay, en cada verso, además
d~ la armonía verbal, una melodía ideal.
La música es sólo de la idea, muchas ve•
ces". Luego profesé el desdén de la crítica
de gallina- ciega, de la gritería de los ocas,
y aticé el fuego del estímulo para el trabajo,
para la creación, "Bufe el eunuco: cuando
una musa te dé un hijo, queden las otras
ocho en cinta". Frase que he leído citada
en una producción reciente de un joven es•
pañol, ¡como de Théophile Gautier!. ..
En "Era un aire suave... '', que es un aire suave, sigo el precepto del Arte Poética
de Verlaine: "De la musique avant toute
chose". El paisaje, los personajes, el tono,
se presentan en ambiente siglodieciochesco.
Escribí como escuchando los violines del
rey. Poseyeron mi sensibilidad Romeau y
Lulli. Pero el abate joven de los madrigales y el vizconde rubio de los desafíos, ante
Eulalia que ríe, mantienen la secular felinidad femenina contra el viril rendido; Eva,
· Judith, u Onfalia; peores que todas las

28

29

�30

31

RUBÉN DARÍO

PROSAS PROFANAS

''sufragettes". En "Divagación" diríase un
curso de geografía erótica; ]a invitación al
amor bajo todos los soles, la pasión de todos ]os colores y de todos los tiempos. Allí
flexibilicé hasta donde puede el endecasílabo. La "Sonatina'' es la más rítmica y musical de todas estas composiciones, y la que
más boga ha logrado en España y América. Es que contiene el sueño cordial de toda adolescente, de toda mujer que aguarda
el instante amoroso. Es el deseo íntimo,
la melancolía ansiosa, y es, por fin, la es•
peranza. En ''Blasón" celebro el cisne,
pues esos versos fueron escritos en el álbum
de una marquesa de Francia propicia a los
poetas. En el "Del Campo'' me amparaba
la sombra de Banville, en un tema y en
una atmósfera criollos. En la alabanza "a
los ojos negros de Julia" madrigalicé capri•
chosamente. La "Canción de Carnaval"
es también a lo Banville, una oda funam •
bulesca, de sabor argentino, bonaerense.
Dos galanterías siguen, para una dama cubana. Fueron escritas en presencia de mi
malogrado amigo J ulián del Casal, en la
Habana, hace más de veinte años, e inspirados por una bella dama, María Cay,
hoy viuda del general Lachambre. "Bouquet" es otro madrigal de capricho. "El

faisán", en tercetos monorrimos, es uÍl
producto parisiense, ideado en París, escrito en París, trascendente de parisina.
"Gan;onniere" dice horas artísticas y fraternas de Buenos Aires. "El país del sol",
formulado a la manera de los "lieds de
France" de Catulle Mendés, y como un
eco de Gaspard de la N uit, concretan la
nostalgia de una niña de las islas del trópico, animada de arte, en el medio frígido y
duro de Manhatan, en la imperial NewYork. "Margarita"--que ha tenido la explicable suerte de estar en tantas memoriases un melancólico recuerdo pasional, vivido, aunque en la verdadera historia, la
amada sensual no fué alejada por la muerte sino por la separación. "Mía", y "Dice
mía", son juegos para música, propios para
el canto, "lieds'' que necesitan modulación.
En "Heraldos,, demuestro la teoría de
la melodía interior. Puede decirse_ que en
este poemita el verso no existe, bien que
se imponga la notación ideal. El juego de
las sílabas, el sonido y color de las vocales,
el nombre clamado, heráldicamente, evocan
la figura, oriental, bíblica, legendaria, y el
tributo, y la correspondencia.
El "Coloquio de los centauros" es otro

�32

RUBÉN DARÍO

"mito'', que exalt.a las fuerzas natural_~s,
el misterio de la vida universal, la ascens10n
perpetua de Psique, y luego plan.tea el _arcano fatal y pavoroso de nuestra rnelud1ble
finalidad. Mas renovando un concepto pagano, Thanatos no se presenta com~ en la
visión católica, armada de su gu~dana, larva O esqueleto, la medioeval rema de. la
peste y emperat_riz de la gue~ra; antes bien
surge bella, ca~1 atrayente, sin rostro angustioso, sonriente, ~ura, cast_a, y con_ el
amor dormido a sus pies. Y, baJO un principio pánico, exalto la unidad del universo,
en la ilusoria Isla de Oro, ante la vas~a
mar. Pues como dice el divino visi_onar~o
Juan: "Hay tres c~~as que dan test1mon1~
en la tierra: el espmtu, el agua y la sangre,
, que " uno " . ( "Ep:
y estos tres no son mas
B. Joannis Apost .. V, 8.: Et ~r;s sunt, qui
testimonium dant 10 terra: spmtns, et agua,
et sanguis·1 et hic tres unum sunt.' ')
En "El poeta pregunta p_or Stella", el
poeta rememora a un angélico _s_er desa~arecido, a nna hermana de las hh~les mu~eres de Poe que ha ascendido al c1e!o cristiano. Luego leeréis un pr?lo~o liri~o, que
se me antojó llamar ''pórtico , escrito hace largos años en alabanza del n:uy buen
poeta, del vibrante, sonoro y copioso Sal-

PROSAS PROFANAS

33

vador Rueda, gloria y decoro de las An.
dalucías. Y como en ese tiempo visitase yo
lo que es llamada harto popularmente tierra
de María Santísima, no dejé de pagar tributo, contagiado de la alegría de las castañuelas, panderos y guitarras, a aqnelb
encantada región solar. Y escribí, entre
otras cosas, el "Elogio de la seguidilla".
En Buenos Aires, e iniciado en los secretos wagnerianos por un músico y escritor belga, M. Charles de Gouffre, rimé el
soneto de "El Cisne' '-¡ave eternal!-que
concluye:
¡Oh Cisne! ¡oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena
Del huevo ami de Leda brotó de gracia llena,
Siendo de la hermosura la princesa inmortal,
BaJo tus blancas :1las la nueva Poesía,
Concibe en una gloria de luz y de armonía
La Helena eterna y pura que encarna el ideal.

"La página blanca" es como un sueño
cuyas visiones simbolizaran las bregas, las
angustias, las penalidades del existir, la fatalidad genial, las esperanzas y los deseo gañas, y el irremisible epílogo de la sombra eterna, del desconocido más allá.
¡Ay, nada ha amargado más las horas
de meditación de mi vida que la certeza
tenebrosa del fin; y cuántas veces me he
refugiado en algún paraíso artificial, poseído del horror fatídico de la muerte!

�34

BUB~ DARÍO

"Año Nuevo" es una decor~c!6n si?eral,
animada, se diría, de un teolog1co ahen~o.
La"Sinfonía en gris mayor" trae necesariamente el recuerdo del mágico Thé~, del
exquisito Gautier y su "Symphome en
blanc majeur". La mía es_anota?a "d'al?rés
nature", bajo el sol de mi patna t~?pical.
y O he visto esas aguas en estagnac10n, las
costas como candentes, los viejos lobos de
mar que iban a cargar_ en goletas y b;r·
gantines maderas de tinte, y que partlan
a velas desplegad~s, con ;um~o a Europa.
Bebedores taciturnos, o nsuenos, cantaban
en los crepúsculos, a la popa de sus barcos,
· acompañándose con sus acord:ones, _cantos
de N ormandfa o de Bretana, mientras
exhalaban los bosques y los esteros cercanos rodeados de manglares, bocan~das c~lidas y relentes palúdicos. E~ 11 Ep1tal~m10
bárbaro" se testifica en la lira el tnunfo
amoroso de un grande apolo_nida. ~l ''.~esponso" a Verlaine prueba mt ad_m1racio~ Y
fervor cordial p '.)r el Pauvre Leha?, a quien
conocí en París en días de su tnste y en•
tristecedora bohemia; y hago ver las dos
faces de su alma pánica, la que da a la car•
ne y la que da al espíritu, la que da a las
leyes· de la huma_n a n_atural&lt;;z:1 y la..que da
a Dios y a los misterios catohcos, parale-.

PROSAS PROFANAS

35

lamente"· -~n el "Canto de la sangre'' hay
una _suce_s1on_~e correspondencias y equivale.nc1as sunb0licas, bajo el enigma del licor
sa grado qu e mantiene la vitalidad en nues. tro cuerpo mortal. La siguiente parte del
V?lumen, "Recreaciones arqueológicas", indican por su título el contenido. Son ecos y
man eras de épocas pasadas, y una demos~ración, para _los desconcertados y enganados contranos1 de que, para realizar la
obra ~e reforma y ~e modernidad que empren diera, he necesitado anteriores estudios
de clásicos y primitivos. Así en "Friso'' recurr_o al_ elegant~ verso libre, cuya · última
realización plausible en España es la célebre "Epístola a Horacio" de D. Marcelino
Menéndez y Pelayo. Hay más arquitectura y escultura que música; más cincel que
cuerda o flauta. Lo propio en "Palimsesto''
en d-0nde el ritmo se acerca a la repercusió~
de los números latinos. En "El reino interior" se encuentra de la influencia de la
poesía inglesa, de Dante Gabriel Rosetti
Y de algunos de los corifeos del simbolis~
mo francés. (¡ Por Dios! Si he querido en
un verso hasta aludir al "Glosario" de
Powell...) ' 'Cosas del Cid" encierra una ley~nda que narra en prosa Barbey d'Aure v1lle y que, en verso, he continuado. "De-

�37

PROSAS P ROF ANAS

36

RUBtN DARfO

cires, layes y canciones"renuevan antiguas
formas poémicas y estróficas; y así expreso
amores nuevos con versos compuestos y
arreglados a la manera de Johan de Duenyas, de Johan de Torres, de Valtierra, de
Santa Fe, con inusitados y sugerentes escogimientos verbales y rítmicas combiµaciones que dan un gracioso y eufónico resultado, y con el aditamento de finidas y
tornadas. Y, para concluir, en la serie de
sonetos que tiene por título "Las ánforas de
Epicuro"-con una "Marina" intercaladahay una como exposición de ideas filosóficas; en "La espiga" la concentraci6n de un
ideal religioso a través de la naturaleza; en
"La fuente" el autoconocimiento y la exal•
tación de la personalidad; en "Palabras de
la Satiresa" la conjunción de las exaltacio•
nes pá1'1ica y apolínea- que ya Moreas,
según lo hace saber un censor, más que
listo, había preconizado, ¡y tanto mejor!;en "La anciana" una alegórica afirma•
ción de supervivencia; en "Ama tu ritmo..."
otra vez la exposición de la potencia {nti•
ma individual; en "A los poetas risueños",
un gozo amable, un ímpetu que lleva a la
claridad alegre y reconfortante, con el exul·
torio de los cantores de la dicha; en "
hoja de oro", el arcano de tristezas autum·

nales; ~n "Marina", una amarga y verdadera página de mi vivir; en "Syrinx" (pues
el sonet? que aparece en otras ediciones
con el titulo "Dafne", por equivocación
debe llevar el d~ ''Syrinx") paganizo aÍ
cantar _la concreción espiritual de la metamo,rfos1s; "La gitanilla'' es una rimada
anecdo~a. Loo después a un antiguo y sabres~ c1tareda de España; lanzo una voz
de aliento Y ~e ánimo; indico mis sueños.
y tal es ~se hbro, que amo intensamente
Y. con_ delicadeza, no tanto como obra propia, sino porque a su aparición se animó
en nuestro continente toda una cordillera
de ~~esía poblada de magníficos y jóvenes
e~~mtus. Y nuestra alba se reflejó en el
VIeJo solar.

..

�CANTOS DE YIDA Y ESPERANZA

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA
C

I

un "Azul. .. " simboliza el comienzo de

Vmi primavera, y "Prosas profanas" mi
primavera plena, "Cantos de Vida y Esperanza'' encierran las esencias y f.avias de mi
otoño. He leído, no recuerdo ya de quien,
el elogio del otoño; mas, ¿quien mejor que
Hugo lo ha hecho con el encanto profundo de su selva lírica? La autumnal es la
estación rdlexiva. La naturaleza comunica
su filosofía sin palabras, con sus hojas
pálidas, sus cielos taciturnos, sus opacidades melancólicas. El ensueño se impregna de reflexión. El recuerdo ilumina con
su interioi4- luz apacible los más amables
secretos de nuestra memoria. Respiramos,
como a través de un aire mágico, el perfume de las antiguas rosas. La ilusión
existe, mas su sonrisa es discreta. Adquiere el amor mismo cierta dulce gravedad. Esto no lo comprendieron muchos,
que al aparecer "Cantos de Viqa y Esperanza'' echaron de menos el tono matinal de "Azul...", y la princesa que es-

39

taba triste en "Prosas profanas'', y los caprichos sfglo xvm, mis queridas y gentiles
versallerías, los madrigales galantes y preciosos y todo lo que, en su tiempo, sirvió
para renovar el gusto y la forma y el vocabulario, en nuestra poesía encajonada en lo
pedagógico-clásico, anquilosada de siglode-oro, o apegada, cuando más, a las fórmulas prosaico-filosóficas o baritonantes y •
campanudas de maestros, aunque ilustres,
limitados. Apenas Becquer había traído
su m~lodía a la germánica, ·aunque el gran
Zorrilla imperase, Cid del Parnaso castellano, con su virtuosidad genial y castiza.
Al escribir ''Cantos de Vida y de Esperanza" yo había explorado, no solamente el
campo de poéticas extranjeras, sino también
los cancioneros antiguos, la obra ya cor1~pleta, ya fragmentaria de los primitivos de la
poesía española, en los cuales encontré riquezas de expresión y de gracia que en
vano se buscarán en harto celebrados autores de siglos más cercanos. A todo esto
agregad un espíritu de modernidad con el
cual me compenetraba en mis incursiones
poliglóticas y cosmopolitas. En unas p~labras liminares y en la introducción en
endecasílabos se expfü:a la índole del nuevo libro: la historia de una juventud allen

�,10

RU BtN DARÍO

d~ tristezas y de desilusión, a pesar de las
primaverales sonrisas; la luéha por la existencia, desde el comienzo, sin apoyo familiar, ni ayuda de mano amiga; la sagrada y
terrible fiebre de la lira; el culto del entusiasmo y de la sinceridad, contra las añagazas y traiciones del mundo, del demonio
y de la carne; el poder dominante e inven. cible de los sentidos en una idiosincrasia
calentada a sol de trópico en sangre mezclada de español y chorotega o nagrandaoo;
la simiente del catolicismo contrapuesta a
un tempestuoso instinto pagano, complicado con la necesidad psicofisiológica de estimulantes modificadores del pensamiento,
peligrosos combustibles, suprimidores de
perspectivas afligentes, pero que ponen en
riesgo la máquina cerebral y la vibrante
túnica de los nervios. Mi optimismo se sobrepuso. Español de América y americano
de España, canté, eligiendo como instrumento el exámetro griego y latino, mi
confianza y mi fe en el renacimiento de la
vieja Hispani a, en el propio solar y del
otro lado del Océano, en el coro de naciones que hacen contrapeso en la balanza sentimental a la fuerte y osada raza
del norte. Elegí el_ hexámetro por ser
de tradición greco-latina y por que yo

CANTOS D:E VIDA. Y ESPERANZA.

41

creo, después de haber estudiado el
asunto, que en nuestro idioma, "malgré"
la opinión de tantos catedráticos, hc1y sílabas largas y breves, y que lo que ha faltado
es un análisis más hondo y musical de
nuestra prosodia. Un buen lector hace advertir én seguida los correspondientes valores; y lo que han hecho Voss y otros en
alemán, Longfellow y tantos en inglés,
Carducci, D'Annunzzio y otros en Italia,
Villegas el P. Martín y Eusebio Caro el
colombiano, y todos los que cita Eugenio
Mele en su trabajo sobre la "Poesía bárbara en España", bien podíamos continuarlo
otros, aristocratizando así nuevos pensares.
Y bella y prácticamente lo ha demostrado
después un poeta del valer de Marquina.
Flexibilizando nuestro alejandrino, con
la e xplicación de los aportes que al francés
t rajeran H ugo, Banville y luego Verlaine
y los simbolistas, su cultivo se propagó,
-quizás en demasía,-en España y América. Hay que advertir que los portugueses
tenían ya tales reformas.
Hay, como he dicho, mucho hispanismo
en este libro mío; ya haga su salutación el
optimista, ya me dirija al rey Osear de
Suecia, o celebre la aparición de Cyrano
en España, o me dirija al presidente Roo-

�42

RUBÉN DAR.fo

. sevelt, o celebre al cisne, o. evoque an6nimas figuras de pasadas centurias, o haga
hablar a D. Diego de Silva Velázquez y a
D. Luis de Argote y Góngora, o loe a Cervantes, o a Goya, o escriba la letanía de
-~ uestro Señor Don Quijote. ¡H ispania por
siempre! Yo había vivido ya· algún tiempo
y habían revivido en mí alientos ancestrales.
El título-"Cantos de Vida y Esperanza",-si corresponde en gran parte a lo contenido en el volumen, no se compadece con
algunas notas de desaliento, de duda o de
temor a lo desconocido, al más allá. En
"Los tres reyes magos" se afianza mi
deísmo absoluto. En la ' 'Salutación a Leonardo"-escrita en versos libres franceses
y publicada hacía tiempo en el "Almanaque
de P.euser" de Buenos Aires_-hay juegos
y enigmas de arte, que exigen para su
comprensión, naturalmente, ciertas iniciaciones. En ''Pegaso'' se proclama el valor
de la energía espiritual, de la voluntad de
creación. En "A Roosevelt'' se preconiza
la solidaridad del alma hispano-americana
ante las posibles tentativas imperialistas
d~ l~s hombres ~el Norte; en la poesía
siguiente se considera la pqesía con un especial don divino y se señala el faro de la

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

48

esperanza a nte las amenazas de la baja democracia y de la aterrorizadora igualdad;
en "Canto de Esperanza" vuelvo mis ojos
al i:1menso resplandor de la figura de Cristo, y grito por su retorno, como salvaci6n
ante los desastres de la tie.rra envenenada
por las pasiones de los hombres, y, más
adelante, de nuevo hago vislumbrar a los
meditabundos pensadores, a los poetas que
sufren la transfiguración y la final vi_ctoria.
"Helios" proclama el idealismo y siempre
la omnipotencia infinita; "Spes" asciende
a J esús, a quien se pide "contra el sañudo
infierno una gracia lustral de iras y luju rias"·, la "Marcha triunfal" es un ''triunfo"
de decoración y de música. Hay una parte
titulada '-Los cisnes". El amor a esta bella
ave simbólica desde antiguo:
ignem perosus,
Quoe colat elegit contraria flumina flammis ..•

ha hecho que tanto a mí como al ,e.spañ_ol
Marquina nos haya censurado un critico hispano-americano, anteponiendo al av: bla~ca de Leda el ave sombría, aunque m10erv1na,el buho. D e cierto, juzgo en su metamorfosis más satisfecho al hijo de Sthenelea
que a A:,cálafo. Y cor. todo, en varias
partes afirmo la sabiduría del ~uho. Por
el símbolo císnico torno a ver lucir la espe-

�44

RUBÉN DARÍO

ranza para la raza solar nuestra; elogio al
pensador augurando el triunfo de la Cruz;
me estremezco ante el eterno amor. En
"Retratos'' presento en lienzos evocatorias
pasaJas figuras de la grandeza y del carácter hispánicos: cuatro caballeros y una abadesa. Luego ritmo al influjo primaveral, en
un romance cuyo compás corto de pronto.
En "La dulzura del Angelus" hay como un
místico ensueño, y presento como verdadero refugio la creencia en la divioidad y la
purificaci6n del alma y hasta de la naturaleza por la íntima gracia de la plegaria.
"Tarde del trópico" fué escrita hace mucho tiempo, cuando por la primera vez sentí bajo mis pies las vastas agnas oceánicas,
en mi viaje a Chile. Era para mí entonces
todo en la poesía el semidiós H ugo. Los
"Nocturnos", en cambio, dicen una cultura
posterior, ya han ungido mi espíritu los
grandes ''humanos", y así exteriorizo en
versos transparentes, sencillos y musicales,
de música interior, los secretos de mi combatida existencia, los golpes de la fatalidad,
las inevitables disposiciones del destino.
Quizás hay demasiada desesperanza en algunas partes; no debe culparse sino a los
marcados instantes en que una mano de
tiniebla hace vibrar mayormente el cordaje

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA.

martirizador de nuestros nervios. y l~s
i vida· "un vasto dolor y cmverd a des de m
· . .
o·
ueños"·
vago nend a d os peq . , ''el v1aJe,, a un
" 1
d
te por entrevistos b_a,rcos ; e g_r~,no" e
o raciones que florec10 en blasfemia ; 1~~
azoramientos del cisne ent~e los. charcos ;
''el falso azul nocturno de mquen,da bohe . " ... Sí, más de una vez . pense en t que1
m1a
pude ser feliz, si no se hubiera opues o de
"rudo destino''. La oración me ha salv~ o
siempre, la fe; pero h~me atacad? tamb1é_n
la fuerza maligna poniendo e~ m1 enten_d1miento horas de duda y de !ra. Mas &lt;'.no
han padecido mayores agresiones los más
grao d es Santo s). He cruzado por lodazales.
..
Puedo decir como el vigoroso meJ1cano:
"Hay plumajes que cruzan _el pantano-Y,
no se manchan: mi plumaje e~ de esos_.
En cuanto a la bohemia inquenda, ¿habn_a
yo gastado tantas horas de mi vid~ en a~1tadas noches blancas, en la enfona artificial y desorbitada de los alcohole~, en el
desgaste de una juventud . demasiad? robusta, si la fortuna me hubiera so~re1do y
si el capricho y el triste error aJenos no
me hubiesen impedido, despué:, de una
crueldad de la muerte, la formac1on de un
hogar? ...

�46

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

kt1BÉN DARfO

Esperanza olorosa a h. b
Del ruisefü'r primaver~f" as frescM, trino
Azucena tronchad
y ffi/ltinal,
Rebusca de¡ d" ha por un fatal destino,
a lC a, persecución del mal

sea n d a d as a la suprema
·· ·· R
, Y gracias
.
zon, s1 puedo clamar con
aovertura de este libro· "S' el ve~so de la
.
· 1 no ca1 fué
~ue D ios es bueno·!" En la ''C
'6
porno en primavera'~ d"
d' anc1 n de oto.
floridos en un
igo a tos a los años
. . ,
a melancolía conata q . .
se 1ns1ste en
, ue, s1
día algo c
parangon_ar, tendría su melo.
orno un sent1me t 1
t1ano Es de tod
.
n a eco musse.
as mis poes' 1
,
suaves y fraternos
ias a que mas
do. En "Trebo!" ~~razones ha_ conquis_taespañolas·' en "Ch antas
}'." h,o, menaJe a glorias
· .·
teologal incensa la más bl~na aspiración
tudes· en los si .
su ime de las vir'
gutentes versos· "·Oh
moto mentaJI"
¡
· 1
terre tencias maléfic!s~sa a _amenaza de las poel peligro de la ~/ mas adelante se señala
mosa Varona queerna enfemiga, _de la hernos o rece s
1
~anzana ... ; en "Filosofí "
iempre a
Justeza de la obra t ª1 se comprende la
,
na ura y de l d" .
razon, contra las feas
-·
a tvrna
cias; en "Led ,,
Y darnoas aparien.
a se vuelve a cant I 1 .
•
p siq
. · ar
d el Cisne·, en "D"ivrna
" a .g ona
en el torbellino lírico I 'I _u1s ... se tiende,
.
' a u timo consu I
I
consue1o cnstiaoo ''El
e o, a
sos", cuyo sentido. .
soneto
trece ver10comprend1do ha hecho

?e

41

balbucir juicios distantes a más de un critico de poca malicia, es un juego a la Mallarmé, de sugestión y fantasía. Los versos
que van a continuación elevan a la idealidad y alivian del peso a las miserias morales. Después vendrá un paternal recuerdo,
un himno al encanto misterioso femenino,
un loor al Gran Manco, un madrigal ocasional, un canto a la siempre para mí atrayente Thalassa, una meditaciún filosófica,
seguida de otras, una silueta bíblica; alegorías y símbolos. Un soneto hay que
tiene una dolorosa historia: "Melancolía''.
Está dedicado a un pobre pintor venezolano que tenía el apellido del Libertador.
Era un hombre doloroso, poseído de su
arte, pero mayormente de su desesperanza. Le conocí en París; fuimos íntimos, me
mostró las heridas de su alma. Yó procuré
alentarle. Pasado un corto tiempo partió
para los Estados U nidos. Y no tardé en
saber que en Nueva York, en el límite de
sus amarguras, se había suicidado. "Aleluya" exalta el don de la alegría en el universo y en. el amor humano. "De otoño"
explica la diferencia entre los mayos y los
diciembres espirituales; en el poema "A
Goya" me inclino ante el poder de aquel
genial príncipe de luces y tinieblas¡ en

�48

49

RUBÉN DARfO

OAN'l'OS l&gt;E Vtl&gt;A Y ESPERANZA

"Caracol" junto el misterio natural a mi
incógnito misterio; en "Amo, amas", pongo el secreto del vivir en el sacro incen.dio
universal amoroso; en el "Soneto autumnal al marqués de Bradomin",. al celebrar
un gran ingenio de las Españas, exalto
la aristocracia del pensamiento; en otro
"Nocturno" digo los sufrimientos de los
invencibles i_nsomnios cuando el ánima
tiembla y escucha; en "Urna votiva'' cumplo con la amistad; en "Programa matinal"
se expone un epicurismo todo poético; en
"Ibis'' señalo el peligro de las ponzoñosas
relaciones; en "Thanatos" me estremezco
ante lo Inevitable; ofrendo una ligera y
rítmica galantería bauvillesca; en "Propósito primaveral" de nuevo se presenta una
copa llena de vino &lt;le las ánforas de Epicuro.
La ''Letanía de Nuestro Señor Don
Quijote" afirma otra vez mi arraigado idealismo, mi pasión por lo elevado y heroico.
La figura del caballero simbólico está coronada de luz y de tristeza. En el poema
se intenta la sonrisa del "humour''-como
un recuerdo de la portentosa creación cervantina,-mas tras el sonreír está el rostro
de la humana tortura ante las realidades
que no tocan la complexión y el pellejo de

Sancho. En ''Allá lejos" hay un rememorar de paisajes tropicales, un recuerdo de
la ardiente tierra natal, y en "Lo fatal",
contra mi arraigada religiosidad y a pesar
mío, se levanta como una sombra temerosa
un fantasma de desolación y de duda.
Ciertamente, ·e n mí existe desde los comienzos de mi vida, la profunda preocupa•
ción del fin de la existencia, · el terror a lo
ignorado, el pavor de la tumba, o, más
bien, del instante en que cesa el corazón su
ininterrumpida tarea y la vida desaparece
de nuestro cuerpo. En mi desolación me
he lanzado a Dios como un refugio, me he
asido de la plegaria como de un paracaída.
Me he llenado de congoja cuando he examinado el fondo de mis creencias, y no he
encontrado suficientemente maciza y fundamentada mi fe, cuando el conflicto de
las ideas me ha hecho vacilar y me he sentido sin un constante y seguro apoyo. Todas las filosofías me han parecido impotentes, y algunas abominables y obra de locos
y malhechores: En cambio, desde Marco
Aurelio hasta Bergson, he saludado con
gratitud a los que dan alas, tranquilidad,
vuelos apacibles y enseñan a comprender
de la mejor manera posible el enigma de
nuestra estancia sobre la tierra.

�RUllfN DARfO

Y el mérito principal de mi o~ra, ~i alguno tiene, es el de una gran sinceridad,
el de haber puesto "mi corazón al desnudo" el de haber. abierto de par en par las
pu~rtas y ventanas de mi castillo ínterior
para enseñar a mis hermanos el ha~itáculo
de mis más íntimas ideas y de mts caros
sueños. He sabido lo que son las crueldades y locuras de los ho!11bres: He sido
traicionado, pagado con ingratitudes, ca•
lumniado, desconocido en mis mejores intenciones por prójimos mal inspirados, atacado, vilipendiado. Y he sonreído con
tristeza. Después de todo, todo es nada,
la gloria comprendida. Si es cierto que "el
busto sobrevive a la ciudad'', no es menos
cierto que en lo infinito del tiempo y del
espacio el busto, como la ciudad, y ¡ay! el
planeta mismo, habrán de desaparecer an•
te la mirada de la única Eternidad!
Parfs. 1913

LA LARVA *
se hablase de Benvenuto Cellini
C
y alguien sonriera de la afirmación
que hace el gran artífice en su "Vida", de
OMO

haber visto una vez una salamandra, Isaac
Codomano, dijo:
-No sonríais. Yo os juro que he visto,
como os estoy viendo a vosotros, si no una
salamandra, una larva o una empusa.
Os contaré el caso en pocas palabras.
Y o nací en un país en donde, como en
casi toda América, se practicaba la hechi~ería y los brujos se comunicaban con lo
invisible. Lo misterioso autóctono no desapareció con la llegada de los conquista• .A propósito _de esta página, quizá sea oportuno recordar

el s1gu1ente pasaJ e de la Autobiograf{a de Darlo:

" Como dejo escrito, con Lugones y Piñeiro Sorondo hablaba
~ucho sobre ciencias ocultas. Me había dado desde hada largo
tiempo a esta clase de estadios, y los abandoné a causa de mi
t xtremada nerviosidad y por consejo de médicos amigos. Yo
habla desde muy joven tenido ocasión, si bien raras veces, de
observar la presencia y la acci~n de las fuerzas misteriosas y
::ir.aña~, que _alÍn no han llegado al conocimiento y dominio de
ciencia oficial. E n Caras y Caretas ha aparecido una página
Ñ!ª en que narro cómo en la plaza de h catedral de León, en
1caragua, una madrugada vi y toqué una larva, nna horr ible

�T,A LARVA

52

53

RUBtN DAldO

dores. Antes bien, en la colonia aument6,
con el catolicismo, el uso de evocar las
f~erzas extrañas, el demonismo, el mal de
OJO, En la ciudad en que pasé .mis primeros años se hablaba, lo recuerdo bien,
como de cosa usual, de apariciones diabólicas, de fantasmas y de duendes. En una
familia pobre, que habitaba en la vecindad
de mi casa, ocurrió, por ejemplo, que el
espectro de un coronel peninsular se apareció a un joven y le reveló nn tesoro enterrado en el patio. El joven murió de la
v_isita extraordinaria, pero la familia quedó
nea, como lo son hoy mismo los descendientes. Aparecióse un obispo a otro obispo, para indicarle el lugar e n que se
enco_n traba un documento perdido en los
archivos de la Catedral. El diablo se llevó
mate~alización sepnl~ral, estando en mi sano y comple to j uioio.
T a~b1é n en La Nación, de Buenos Aires, he contado cómo en
la _cm~ad de _G11a!emala t11ve el anuncio psico-fisico del fa1lecim1ento de m1 amigo el diplomitico costarriqueiio J orge Cast ro
~eraández, en los mismos momentos en que él morla en la
c111dad de Panami ; y la p~vorosa visión nocturna q11e tuvimos
en San Salvador. ~l escritor polltico Tranquilino Chacón, in•
crédulo y ateo; vmón que nos llenó mis que de asombro de
espanto.
"He cont~do ta~bi~n los casos de ese género, acontecidos a
gentes de m1 conoc1m1ento. En Parls, con Leopoldo Lugones,
hémos observado en el doctor Encansse esto · es el célebre
Papus, ~ s interesantlsimas; pero aegú~ lo dejo' expresado
no he seguido en e_sa clase de investigaciones por temor j usto'.
a alg11na perturbación cerebral."

a una mujer por una ventana, en cierta
casa que tengo bien presente. Mi abuela

me aseguró la existencia nocturna y pavorosa de un fraile sin cabeza y de una mano
peluda y enorme que se aparecía sola,
como una infernal araña. Todo eso lo
aprendí de oídas, de niño. Pero lo que yo
v1, lo que yo palpé, fué a los quince años·
lo que yo vi y palpé del mundo de la~
sombras y de los arcanos tenebrosos.
. En aquella ciudad semejante a ciertas
ciudades españolas de provincia, cerraban
todos los vecinos las puertas a las ocho, y
a más tardar, a las nueve de la noche. Las
calles quedaban solitarias y silenciosas. No
se oía más ruido que el de las lechuzas
anidadas en los aleros, o el ladrido de los
perros en la lejanía de los alrededores.
Quien saliese en busca de un médico,
de un sacerdote, o para otra urgencia nocturna, tenía que ir por las calles mal empedradas y llenas de baches, alumbrado
apenas por los faroles de petróleo que daban su luz escasa colocados en sendos
postes.
Algunas veces se oían ecos de músicas
o de cantos. Eran las serenatas a la manera española, las arias y romanzas que decían, acompañadas con la guitarra, las

�54

BUBÉN DARfO

ternezas románticas del novio a la novia.
Esto variaba desde la guitarra sola y el
novio cantor, de pocos posibles, hasta el
cuarteto, septuor, y aun orquesta completa y un piano, que tal o cual señorcete
adinerado hacía resonar bajo las ventanas
de la dama de sus deseos.
Y o tenía quince años, una ansia grande
de vida y de mundo. Y una de las cosas
que más ambicionaba era poder salir a la
calle e ir con la gente de una de esas serenatas. Pero ¿cómo hacerlo?
La tía abuela que cuidó de mi niñez,
una vez rezado el rosario, tenía cuidado
de recorrer toda la casa, cerrar bien todas
las puertas, llevarse las llaves y dejarme
bien acostado bajo el pabellón de mi cama.
Mas un día supe que por la noche habría
serenata. Más aún, uno de mis amigos,
tan joven como yo, asistiría a la fiesta,
cuyos encantos me pintaba con las más tentadoras palabras. Todas las horas que precedieron a la noche las pasé inquieto, no
sin pensar y preparar mi plan de evasión.
Así, cuando se fueron las visitas de mi tía
abuela-entre ellos· un cura y dos licenciados-que llegaban a conversar de política,
o a jugar al tute, al fusileo o al tresillo¡ y
una vez rezadas las oraciones y todo el

LA LARVA

lí5

mundo acostado, no pensé sino en poner
en práctica mi proyecto de robar una llave
a la venerable señora.
'
Pasadas como tres horas, ello me costó
poco, pues sabía en donde dejaba las llaves, y además, dormía como una bienaventurada. Dueño de la que buscaba y sabiendo a qué puerta correspondía, logré salir
a la calle, en momentos en que, a lo lejos,
comenzaban a oirse los acordes de violines, flautas y violoncelos. Me consideré un
hombre. Guiado por la melodía, llegué
pronto al punto en donde se daba la serenata. Mientras los músicos tocaban, los
concurrentes tomaban cerveza y licores.
Luego, un sastre que hacía de tenorio, entonó primero "A la luz de la pálida .luna",
y luego "Recuerdas cuando la aurora .... "
Entro en tantos detalles para que veais
cómo se me ha quedado fijo en la memoria
cuanto ocurrió esa noche para mí extraordinaria. De las ventanas de aquella dulcinea, se resolvió ir a las de otra. Pasamos
por la plaza de la Catedral. Y entonces ....
He dicho ya que tenía quince años, era en
el trópico, en mí despertaban imperiosas
todas las ansias de la adolescencia.... Y en
la prisión de mi casa, de donde no salía
sino para ir al colegio, y con aquella vigi-

�56

RUBÉN DARÍO

lancia, y con aquellas costµmbres primitivas.... Ignoraba, pue·s, todos los misterios.
Así, cuál no sería mi gozo cuando, al pasar
por la plaza de la Catedral, tras la serenata, vi, sentada en una acera, arropada en
su rebozo, como entregada al sueño, a una
mujer. Me detuve.
¿Joven? ¿Vieja? ¿Mendiga? ¿L0ca? Qué
me importaba. Y o iba en busca de la soñada revelación, de la aventura anhelada.
. Los de la serenata se alejaban.
La claridad de los faroles de la plaia
llegaba escasamente. Me acerqué. Hablé;
no diré que con palabras dulces, mas con
palabras ardientes y urgidas. Como no
obtuviese respuesta, me incliné y toqué la
espalda de aquella mujer que no quería
contestarme y hacía lo posible porque no
viese su rostro. Fuí insinuante y altivo. Y
cuando ya creía lograda la victoria, aquella figura se volvió hacia mí, descubrió su
cara, y, ¡oh espanto de los espantos! aquella cara estaba viscosa y deshecha; un ojo
colgaba sobre la mejilla bue.s osa y saniosa;
llegó a mí como un relente de putrefacción. De la boca horríble salió primero
como · una risa ronca; y luego, aquella
''cosa," haciendo la más macabra de las

LA LAltV.l

57

muecas, produjo un ruido que se podría
indicar así:
-"Kgggggg... !"
Con el cabello erizado, di un gran salto,
lancé un gran grito. .Llamé.
Cuando llegaron algunos de la serenata,
la "cosa," había desaparecido.
Os doy mi palabra de honor, concluyó ·
Isaac Codomano, que lo que os he contado
es completamente cierto.

�DILUCIDACIONES

DI LUCI DACION ES

,,y

os pensamientos e intenciones de un
Wpoeta son su estética", dice un buen
escritor. Que me p1ace. Pienso que el dón
de arte es aquel que de modo superior hace que nos reconozcamos íntima y exteriormente ante la vida. El poeta tiene la visión
directa e introspectiva de la vida y una supervisión que va más allá de lo que está
sujeto a las leyes del superior conocimiento. La religión y la filosofía se encuentran
con el arte en tales fronteras, pues en ambas hay también una creencia artística. Estamos Jejos de la conocida comparación del
arte con el juego. Andan por el mundo
tantas flamantes teórías y enseñanzas estéticas... Las venden al peso, adobadas de
ciencia fresca, de la que se descompone más
pronto, para aparecer renovada en los catálogos y escaparates pasado mañana.
Yo he dicho: Cuando dije que mi poesía
era "mía en mí,'' sostuve la primera condi.
ción de mi existir, sin pretensión ninguna
de causar sectarismo en mente o voluntad

95

ajena, y en un intenso amor a lo absoluto
de la Belleza. Y o he dicho: Ser sincero es
ser potente. La actividad humana no se
ejercita por medio de la ciencia y de los
conocimientos actuales, sino en el vencimiento del tiempo y del espacio. Y o he
dicho: Es el Arte el que vence el espacio
y el tiempo. He meditado ante el problema de la existencia y he procurado ir hacia
la más alta idealidad. He expresado lo expresable de mi alma y he querido penetrar
en el alma de los demás, y hundirme en la
vasta alma universal. He apartado asimismo, como quiere Schopenhauer, mi individualidad del resto del mundo, y he visto
con desinterés lo que a mi yo parece extraño, para convencerme de que nada es
extraño a mi yo. He cantado, en mis diferentes modos, el espectáculo multiforme
de la naturaleza y su inmenso misterio.
He celebrado el heroísmo, las épocas bellas de la historia, los poetas, los ensueños,
las esperapzas. He impuesto al instrumento lírico mi voluntad del momento, siendo
a mi vez órgano de los instantes, vario y
variable, según la dirección que imprime
el inexplicable Destino.
Amador de la cultura clásica, me he nutrido de ella, mas siguiendo el paso de

�60

I&gt;lLt!OlDA&lt;ltONlilS

:RUBÉN DARÍO

mis días. He comprendido la fuerza de las
tradiciones, en el pasa-do, y ·de las previsiones, en lo futuro. He dicho que la tierra
es bella, que en el arcano del vivir hay
que gozar de la realidad ali-mentados de
ideal. Y que hay instantes tristes, por culpa de un monstruo malhechor llamado Esfinge. Y he captado también a ese monstruo malhechor. Y o he dicho:
E: incidencia la Historia. Nuestro destino supremo
Está má, allá del rumbo que marcan fugaces las épocas,
Y Palenke y :.-i A tlántida no son más que momentos soberbios
Con que pun túa D ios los versos dt su augusto Poema.

He celebrado las conquistas humanas y
he, cada día, afianzado más mi seguridad
de Dios. De Dios y de los dioses. Como
hombre, he viYido en lo cotidiano; como
poeta, no he claudicado nunca, pues siempre he tendido a la eternidad. Todo eJlo
para que, fuera de la comprensión de los
que me entienden con intelecto de amor,
haga pensar a determinados profesores en
tales textos; a la cuquería literaria, en escuelas y modas; a este ciudadano, en el
ajenjo del Barrio Latino, y al otro, en las
decoraciones "arte nuevo'' de los "bars" y
musichalls. He comprendido la inanidad
de la crítica. Un diplomado os alaba por
.o menos alabable que tenéis; y otro os

')

censura en mal latín o en esperanto. Este
doctor de fama universal os llama aquí
' 'ese gran talento de Rubén Darío'', y allá
os inflige un estupefaciente desdén .... Este
amigo os defiende temeroso. Este enemigo
os cubre de flores, pidié ndoos por lo bajo
una limosna. Eso es la literatura. Eso es
lo que yo abomino. Maldígame la pótencia
divina, si alguna vez, después de un roce
semejante, no he ido al baño de la luz
lustral que todo lo purifica: la autoconfesión ante la única Norma.
.. • *

Jamás he manifestado el culto exclusivo
de la palabra por la palabra. "Las pa1!1bras
-escribe el señor Ortega y Gasset, cuyos
pensares me halagan,-las palabras son
logaritmos de las cosas, imágenes, ideas y
sentimientos, y por tanto, sólo pueden emplearse como signos de valores, nunca como valores." De acuerdo. Mas la palabra
nace juntamente con la idea, o coexiste
con la idea, pues no podemos darnos cuenta de la una sin la otra. Tal mi sentir, a
menos que alguien me contradiga después
de haber presenciado el parto del cerebro,
observando con el microscopio los neurones de nuestro gran Cajal.

�DILUctt&gt;AatONU

83

62

En el principio está la palabra como
única representación. No simplemente como signo, puesto que no hay antes nada
que representar. En el principio está la
palabra como su manifestación de la uni11
dad infinita, pero ya conteniéndola. Et
verbum erat Deum.''
La palabra no es en sí más que un signo, o una combinaci6n de signos; mas lo
contiene todo por la virtud demisírgica.
Los que la usan mal serán los culpables si
no saben manejar esos peligrosos y delicados medios. Y el arte de la ordenación
de las palabras no deberá estar sujeto a
imposición de yugos, puesto que acaba de
nacec la verdad que dice: el arte no es un
conjunto de reglas, sino una armonfa de
caprichos.
Yo no soy iconoclasta. ¿Para qué? Hace
siempre falta a la creación el tiempo perdido en destruir. Malhaya la filosofía que
viene de Alemania, que viene de Inglaterra o que viene de Francia, si ella viene a
quitar, y no a dar. Sepamos que muchas
de esas cosas flamantes importadas, yacen,
entre polillas, en ancianos infolios españoles. Y las que no, son pruebas por corregir
para la edición de mañana, en espera de
una sucesión de correcciones. Aquí se está

ahora, editorialmente-en Palma de Ma-

llorca-desenterrando de sus cenizas a un
Lulio. ¿Creéis que este Fénix resucitado
contenga menos de lo que puede dar a la
percepción filosófica de hoy cualquiera de
los reporters usuales en las cátedras perio•
dísticas y más o menos sorb6nicas del día?
Construir, hacer, ¡oh juventud! Juntos
para el templo; solos para el culto. Juntos
para edificar; solos para orar. Y la cons•
tanda no será la menor virtud, que en ella
va la invencible voluntad de crear. Mas
si alguien dijera: ••Son cosas de ideólogos," o "son cosas de poetas," decir que
no somos otra cosa. Es expresar: además
del cerdo y del cisne, que nos han adjudicado ciertos filósofos, tenemos el ángel.
¡Tener ángel, Dios mío! Pido exégetas
andaluces.
Mallorca.

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MARQL'E" Dtc -;\:,;'rll,l.\'1;\-íanr,on,i .rdmr,s. Por D
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Ut: l&lt;O ! , ..,

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3 \: J S. I

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-f:•,I lfda?1lf1r 1c P..&gt;r:n. ~nrc1:-.0Alon~0Cort~S
l'Ot-:\1.\ DI, \:IO CID l'ur lJ k.uu6n M,·uéndez P1d1l &lt;Ir la
R~"' Ac ulc-1111.t Ei:;p.d,ol:1
L._ \'lll\ DE L\Z~RILl.0 DE IOR\IE, l'or I&gt;. Julio Ce_jadrr.
FEk:S \:S 110 OF IIER~ER:\ - l'~tt11s l'rülog &gt; y notas por
D \"1l·t-ntt.· (j ,rcf,1 tk Diego.
r,~:R\' A:-1 l li..:, - \' • ,l, r¡tm/larrr P«'llngn y no•,, por D. Fran
cisco k.• dlfg,u.•z M rin. &lt;lt" l I lü·;i1 Ac.1 tcm1 ... hsp..1tioh1..
FR. Ll'IS DI!: 1.Eü:S
D, l s 11 m4r, dt ( r,st, Tomo I Por
O Ft"1enco de Onls
FR. A:0-:T0:-.10 DI:: GL'EV \R \ - lft114•/'r,, d, ( rlt .~ a 1a
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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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              <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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