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                  <text>A.riel
eo.tección
AÑ'O XI - VOL. II
SU::tv.1:ARIO
LUIS ARAQUISTAIN ...... :
RAMIRO DE MAEZTU......
ANTONIO JOSE IREGUI.. ..
E. DIEZ CANEDO.. . ..... ...

Apropósitodeuna donación
El honor en la Edad Media
El árbol y el hombre
La poesla castellana y Rubén
Darío
ANTONIO MACHADO ...... Apuntes, Parábolas, Proverbios
y Cantares.
ELISEO RECLUS..... ... . . . .
CARLOS GO!IIZALEZ PEÑA
ENRIQUE JOSE VARONA..
ALFREpO TENNYSON....
JUAN ll¡IILTON...... •. . . • . ..

Enseñanza de la geograffa
Flor de madroño
Como Byron
Noche de verano
Soneto a su mujer, difunta

euaderno 86

sa

:Jost, eosta ~lea, Stptttmbrt 1s dt 1916
Imprenta Greffas

��OOLECCION ARIEL

tPero bien salta a la vista que el espíritu
fÜ su _ilantropía (•) era, sin embargo, profundamente reconstructor. .Al dar ese mill6n a la Casa del Pueblo, le animó seguramente el deseo de que la clase obrera se sirfliese de él, mediante la enseñanza, para sus
reivindicaciones. Con sagaz intuición observó quizd que el problema de la clase obrera
en general, pero muy singularmente de la
española, es la elevación de su niv§l mental.
Y más concretamente aún, la gran cuestión
de la clase obrera española es formar un
mú;leo numeroso de directores competentes. La característica del partido obrero
~pañol ha sido hasta ahora, en sm fmzciones públicas, la honradezj ya es tiempo de
qué también lo sea la competencia. Un parlido como éste tiene la obligación de que sus
periódicos posean más sustancia ideológica
y mayor poder crítico que los demás perió•
• La del millonario español Dn. Cesareo del Cerro, que legó
al morir 1000000 de pesetas a la Casa del Pueblo.

61BLlOTE CA

CENTRAi,.

U.A. N.L

�dú:os¡ que sus concejales sepan 'de na47"'1~
m1,1nicipal más que los demds concej~
que sus representa•tes de todo orden cont&gt;..,
can las cuestifmes . públicds-económieas
pedagógicas, militarBs, etc.-mejor qus
demás rep,ressntantes¡ que sus organi8~
res conozcr.ln la técnica de organizar mejor,
que los hombres de los otros partidos. fJ&gt;s-ro
· ¿cómo conseguir esto? Los obreros tienen
escaso tiempo para el estudio, y los hombres
que van a ese partido ya preparados son 'i(&gt;•
cos, poquísimos.
Si el Sr. Cerro hub-iera conocido la escuela de estudios superiores que el partido so-cialista alemdnsostiene en Berlín, le hubiera
interesado tan magnífica institución, y aca.
so, dado su espíritu, hubiera aconsejado la
creación de otra semejante en España. En
esa escuela se enseñan nada mds qué cinco
o· sei~ materias fundamentales e indispettsables para hombres ya adultos-todos ellü$
obreros-que luego serdn concejales, diputa:.
dos, organizadores, propagandistas, directores de cooperativas y de periódicos. Cursos
brefles-seis meses continuos-, pero int8~

p...,...---~_.._. .. ---- ·--.....
.JAftTj,t ~.,

l partido sostiene a /,os alumnos y
, durante el curso, a las familias
sostén eran. Esta escuela p,r.epara homa la gobsrnación y dirección Je la
idad. fPero sus enseñanzas se vierten
tarde sobre la clase obrera total. Un
· dico escrito por hombres b-ien preparaun aisiurso p,ronunciadp en el fParlasobre impuestos, por ejemplo, por un
ico en su materia, darán a la clase obrera
contenido pedagógico que no podrán
llar en ninguna otra parle. U1!'I escuela
, además de ser un anticipo de lá univérideal, de la unwersidad para todos,
encerrar potenci,a/,mente más energía
adora que muchos afws de lucha ha-

.

LUIS ARAQUISTAIN

�Bt. HONOR '.IN l l BDAD IIEDJA

€1 bonor tn la €dad mtdia
Américo Castro ha publicado reD
cientemente en la ''Revista de Filología española" un estudio sobre el "ConON

cepto del Honor'' en nuestra literatura de
los siglos XVI y XVII. Sabido es que el
honor desempeñaba una función principaHsima en nuestro teatro clásico. Perderla
honra equivalía a perder la vida. Así era
la sociedad española de aquellos siglos. Y
así hablaban y obraban los personajes de
Lope de Vega y Calderón.
Y a no pensamos así los españoles. Los
mejores creen que la virtud, el obrar bien,
vale más que el honor, definido como la
opinión favorable que los demás tengan
de nosotros. Y los peores españoles piensan que la vida y la riqueza son bienes muy
superiores al de la honra y al de la virtud.
¿Po~ qué no pensaban así los españoles
de los s1glosxv1yxvn? ¿Por qué creían que
la _vida sin el honor carece de sentido y lo
primero que se les ocurría, al sentirse infamados, era la idea de matar a alguien o

325

de morirse de melancolía? He aquí el tema que Don Américo Castro se plantea
en este estudio que juzga "inactual".
¿Inactual? Y o no sé de estudio alguno
que penetre más hondo en el problema de
la guerra europea. Claro está que el Sr.
Castro no ha pensado para nada en la
guerra al consultar los centenares de libros en que ha documentado su trabajo.
Pero ya verán ustedes.
Las raíces del concepto del honoren los siglos XVI y xvn hay que buscarlas en la Edad
Media. Al investigar la Edad Media el Sr.
,C astro encuentra en las Partidas que Alfonso el Sabio llama hombres honrados a
los de buena posición. El primer motivo
de honra era en nuestro siglo xm la posición, ''y así, el máximun de honra se debe
al rey", el segundo la realización de notorias proezas y en último término la virtud
del hombre. Por otra parte se llamaba "honor'' al donativo (casa, tierra, rentas o usufructos de algún realengo) hecho por el
rey a un vasallo.
Solo que aún no hemos llegado al punto esencial. Lo esencial del honor en la Edad Media consistía en ser el signo externo de la posición social de cada hombre.
Los honores del rey eran la corona real y

�OOL900IÓ1' .dISL

el cetro: como el honor del alcalde era la
vara o las llaves de la ciudad. El honor
mío, si mi oficio se hubiese conocido en la
Edad Media, habría consistido, por ejem•
~lo, en el permiso para lucir en las proces10nes un bonete adornado con una pluma de gallina y para andar detrás de los
arqueros pero delante del usurero mayor
de la ciudad.
En la Edad Media no existían derechos
s~bjetivos, tales como el derecho de propieda_d, al modo que los ha creado la re- volución francesa. El artículo 17 de la De• claración de los Derechos del Hombre di~e: ."Como la propiedad es un derecho
mviolable y sagrado, nadie puede ser privado de él, como no sea cuando la necesidíl;~ pú~lica, legalmente constatada, lo
exiJa ev!dente~ent_e, y. bajo la condición
de una mdemmzac16n Justa y previa".
Este concepto del derecho a la propiedad es el que rig-e en todas las sociedades
moder!1as, lo mismo en Alemania que en
Fran:1a, en los. Estados Unidos. que en
Espana, y por cierto con gran satisfacción
de l~s clases conservadoras de todas las
naciones.
En la Edad Media, no se conocían los
derechos subjetivos, invención moderna,

BL BONOB 'IN LA '&amp;DAD X'SDIA

827

o la idea de la personalidad. Ninguna
· ión social se fundaba entonces en un
ho ~ubjetivo. El rey mismo podía ser
puesto, y era depuesto frec_uentf:mente,
o no desempeñase a sabsfacc1ó~ g~1 su función específica de hacer JUSben la distribución de los honores, que
n, a la vez,. las posiciones sociales.. ~n
anto a los disfrutantes de estas posic10' nunca se hallaban tan seguros de
como lo están ahora. Lo que el rey
ba, el rey quitaba.
·
En las sociedades modernas el honor
ha sutilizado tanto que ha perdido to'base material. Lo importante, desde
punto de vista material, es ser rico, J?Orue la mala fama no nos puede qmtar
ri9.ueza. U na vez ricos somos ya indend1entes de lo que los demás piensen o
'gan de nosotros. De ahí que la riqueza
el supremo bien para los más de los
om bres modernos.
Este deseo de poseer riqueza-sanciodo por el concepto subjetivo del derecho-es lo que ha hecho colonizarse el
mundo. Los hombres se han lanzado en
estos siglos a las India~ de Orie1:3te y de
-Occidente, con el propósito de ennqueccrae, para no necesitar luego ajustar la vi-

�328

OOLEOOIÓN A.RIEL

sa a lo que piensen de ellos los demás.
Así se ha colonizado el mundo, pero
cuando estaba ya colonizado, surge Alemania y dice:
"No por haber venido tarde me voy a
quedar sin la parte del mundo a que aspiro. Vosotr&lt;;&gt;s os habeis apoderado del
planeta en virtud del derecho subjetivo
del primer ocupante. Yo opongo a vuestro derecho subjetivo el de creerme con
más fuerza que vosotros''
He aquí un conflicto de derechos subjetiv&lt;;&gt;s contra derechos subjetivos. Y este
conflicto no puede ser solucionado de un
D?-odo ju~ídi~o. Ni tampoco podrán soluc!onarse Jundicamente los conflictos que
sigan a esta guerra hasta que los hombres no caigan en la cuenta de que los
derechos subjetivos son absurdos y de
que, en realidad, nadie tiene derecho
más que a cumplir su deber, es decir
a desempeñar la función que le corres~
ponda.
Pero si la sociedad es justa encomendará a _cada ciudadano y a cada pueblo,
l&lt;:1- función para que se halle mejor capacitado. Esta apreciación que los demás
hacen de la capacidad de cada hombre o
de cada pueblo es realmente su honor.

EL HONOR EN LA ltDAD MEDIA

829

No hay solución jurídica a l~s ~onftictos
creados por los derechos subJetlvos a la
propiedad y a la soberanía ~mo no sea
restaurando en su valor medioeval el estímulo del honor, como fundamento de las
sociedades, y acapando de raíz con t?d~s
los derechos subjetivos, tanto de los mdividuos como de los Estados.
De lo cual se deduce que la Ed8;d Media hacía muy bien al da~ tanta 1mportancia al honor. Es que sm honor no ha-bía entonces ni posición ni pan.
RAMIRO DE MAEZTU

�EL ÁRBOL Y EL HOKBB.E

El árbol y ti bombrt

e

ntre las leyes más admirables que la naturaleza nos muestra como rectoras de la vida, ninguna tan sabia ni tan profunda como esta
de la correlación universal, que liga el sér al sér,
el árbol al hombre, el agua a la vida, la mente a
la estrella, la luz a la hoja y a la flor, a la pupila
y a la imágen.
\
¡ Qué misteriosa gravitación del lampo que
humaniza el sol, fijando la luz y el calor en el
árbol para sazonarlo en el fruto que luego ha de
bullir en la arteria purpúrea y destellar de nuevo en la célula y el neurona ! ¡ El sol es el que
prepara y adereza la vida del vegetal nutricio,
encarnándose en la flor y en el fruto maduro; él
es quien fija el carbono en la hoja, separándolo
del oxigeno, que adereza así para el pulmón!
¡ Qué profunda correlación entre el insecto y
la flor que fecunda con el mensaje de amor que
de otras flores trae en sus alas, y esa del aire,
Illensajero de amores en los cálices, donde deposita los gérmenes de vida! Cuando el miasma
devora la vida, viene el ciclón que lo sepulta en
zonas que lo encadenen. Cuando el insecto devora al animal, viene el ave que lo salva. ¡ Cuando la sequedad despuebla la llanura, viene el

331

vbol que llama el nido, condensa el agua pluviosa' y hace brotar el manantial.

.
El árbol es el amigo del hoffibre y paranmfo
de su hogar. El árbolspan, el árbol-agua, el
árbol-sombra, el árbol-lumbre, el árbol-paz. El
es el que morigera el.invierno y templa el verano,
apacigua las tempestades y amansa los ~uracanes y aquilones, guarda la humedad am~1ente
y llama a las nubes pluviosas, hace fluir los
manantiales y congrega a su sombra las cunas
y los nidos. El es el que da capa vegetal al sue~o
húmico regularidad al meteoro, a la cabana
abrigo 'al 'cuerpo salud, a la ciudad pulmón, al
niño frondas y al poblado horuelos. El árbol
del pan, el artocarpo, da al labriego el ~ande
cada día sin trigo ni maíz, y el de la lluvia da
a )a región que la sed devora, sombra, humedad
y manantial aéreo.
1Imagen fiel de los hombres, los árboles entrelazan sus raíces en el subsuelo profundo, como el
hombre en los más hoµdos estratos de la raza y
de la historia, para vivir y crecer, elevando unos
y otros sus cabezas hacia los cielos_ estrellados,
bajo la santa comunión de la paz, sm que falte
nunca luz bastante para nutrir las frondas y las
mentes ni savia bastante en el seno de la roa'
•
dre tierra
para nutrir
ramas Y e~pe~anzas 1•
Obrero de vida, el vegetal distribuye e~ cada estación la mies y el textil, la fibra Y el tmte,

�332

'\

m, ÁRBOL T Et BOKBBlt

OOLIIOO!Ó1' il.IU,

el combustible y el sustento, transformando el
hidrocarburo en jugo nutricio. Ampara a la agriC?ltura c_ontra la sequedad y la inundación, contra el hielo y el vendaval. A la industria da su
fibra, al riel su apoyo, al palacio su columna
al navío su armadura, sostén al alambre, al libr~
su hoja, al laúd su armonía.
Mulle el pensador la cuna del hombre en el
bosque nativo, donde colg6 el nido primitivo de
sus hijos, Y de cuyas ramas form6 la masa y la
fle~ha, el cayado y el báculo. Su fe prístina simboliz6 en el árbol el bien y el mal, hizo de él con
qué domar las ondas procelosas del mar y con
qué penetrar en el misterio del más allá: el féretro. Bajo la paz de las encinas nemorosas ofici6
la fe druídica y tambiém la justicia franca. La
leyenda tom6 de él con qué encender las ascuas
proféticas de Isaías, y de sus simientes hizo el
maestro de los maestros la sublime parábola
del sembrador, y puso en el labio ungido de Asís
este himno: "¡Hermano!"
El árbol,
. el agua y el aire , trinidad de vida '
que el dios Pan encarna en el hombre en el más
eufórico de los sentimientos humanos: el sentimient~ de la naturaleza; de donde fluyen las
creencias, que al través de las edades apaciguan
las ansiedades humanas y calman las tempestades d~l dolor. La dendrolatría cuelga del árbol
sus mitos y la poesía sus ritmos, como el ave sus

813

-.atares. El arbolado es el que guarece la paz
los prados, almacena el sol para devolverlo
a el carbón terciario, hecho luz y calor al soplo
ftOCBdor de la ciencia y el arte.
Un árbol es una idea, que crece; una idea es
• árbol, que da verdad por fruto. Las ideas
andan por los arbolados, como las auras por las
:frondas. Higiene de las urbes, discurre la vida
por el jardín y el parque; belleza da a las calles
'J avenidas; esparcimiento, granero, techo, he,.
raldos del pensamiento escrito. Es el exponente
de la cultura moderna, adorno de las ciudades.
Emblema de la patria, el. árbol acompaña al tra·
bajo, sombrea las cunas, disciplina el vigor del
Diño y dota de viático de vida al hijo. Sembrad
árboles al pie de cada cuna, dice el sabio. Cuando es tiempo de enviar al hijo en busca del pan
espiritual a la escuela, os dará sus primeros frutos para alimentarlo; cuando sea tiempo ?e ~U•
trir su espíritu con las verdades de la ciencia,
ya os dará su cosecha de mader~ y combust_ible,
y cuando vaya a aprender a vivir de sí mismo
por medio de una profesión, os habrá colmado
muchas veces con sus frutos.
Regulador de la vida, el árbol rige la lluvia,
el viento, el calor y el aire; enfrena el torrente
y la inundación y acrece el manantial: la ~rza
que quita al huracán la distribuye .en las bnsas
y las auras refrescantes; quita al coruscante

u

�334

COLECCIÓN ARllL

meteoro su energía destructora, protege el plantío contra el frío, el hielo, el granizo y el polvo.
Vivo, es el árbitro de la vida, guión orgánico entre el mineral y el fluido, gas, aire o líquido; entre el blastema y la sangre, entre la luz y el
pensamiento, cuyo órgano nutre con sus jugos.
Muerto, abona con sus despojos el suelo que le
dio la vida. Primero fue abrigo, hogar y foco;
luego se hace emporio, mensajero de lajdea en
el periódico y el libro. ''Muriendo, el árbol ha
adquirido una vida superior: de tosca materia,
casi se ha convertido en espíritu".
Defensor de la vida, el árbol es el soldado que
vence la muerte, al miasma febril, con el elíxir
de su corteza trófica; al desierto inhospitalario,
con el oasis umbroso; al granizo y la helada,
con sus paramentos de frondas; al fuego abrasador, con la frescura de su follaje; a la inundación, la marisma y la torrentera, con sus hercúleos troncos. Zapador del progreso, el árbol avanza en silenciosa marcha, por las estepas y las
faldas de las montañas, trepa a las rocas alpinas,
escala la cima de los Andes y del Himalaya, y
clava, cerca del azur, su cimera alada, donde
anidan el ensueño deI azul y el verdegay de la
esperanza.
La conquista y el dominio del trópico la hará en primer lugar el árbol prolifico, precusor
pel poblado, heraldo de la agricultura. Despen-

EL ÁRBOL Y EL I!OMIIRE'.'..-_ _ _ _S:..:3:..:.5_

------

saque deambula al través del valle y del _collado; camino que anda cargado de pan Y vm_o,
leche y miel, lumbre y combustible; frutos m1l.
' Hablad de libertad al pueblo, donde el terreno
~esnudo de árboles sólo muestra la esterilidad
del eriazo como una maldición! ¡ Hablad de fe
al pueblo, cercado por el desierto, donde sól~
se arrastra por sobre la pátina musgosa, el liquen del fetiquismo y el espejismo dolie~te del
hombre, que sueña paraísos! Hablad de 1deal~s
a los que mueren de soledad y de laceria, sucio
el cuerpo, sucia el alma, ayunos del árbol Y
del agua que le sirve de guía. ¿ Podrá nacer
allí la noción del soberano, la planta democrática, la concepción del derecho y d~ la ju_sticia, donde el yermo devasta el suelo mhosp1talario, bajo el cielo inmisericorde? El gobierno
será para él el peor castigo, la religión flagelo
y la ley cadenas.
El arbolado nos brinda esa copa de azul, que
amor escancia. Un vagaroso ensueño circula
por entre el follaje, penumbra d_el misterio q~e
habita en las frondas. La serenidad Y la alegria
extraen del árbol los goces de la vida, como
éstos la savia de la tierra; las despliegan al viento en la cabellera de hojas Y de flores, que
en callado ahinco elevan en pos de más luz en el
regazo etéreo del tiempo.
ANTONIO JOSE IREGUI

(Cromos. Bogotá.)

�LA PO'BSÚ OA8T:ILLANA ....

Ja voe.sia ,a.steffauá g~n.6éu 'l)ario

U

iuicioso crítico de la América española,
q uien se debe quizá el más cumplido estudio que de Rubén Darío se ha hecho, escribió en él las palabras que siguen: "Rubén
Darío, acaso pertenece hoy, más que a la
América, a España". Esta opinión de Pedro
Henr{quez Urtña no es más que el complemento, a muchos años de distancia, de la tan
conocida de José Enrique Rodó: "Indudablemente, Rubén Pario no es el poeta de América". El joven maestro dominicano y el reconocido maestro oriental convienen, pues, por
exclusión, en una característica del poeta
muy digna de ser tenida en cuenta: en su noamericanismo. No hay que tomar, con todo,
en un sentido de rigurosa literalidad tales
pareceres por autorizados que sean. En el de
Pedro ~enríquez, hay ya una palabra que
atenúa.
Para las nuevas generaciones literarias españolas Rubén Dado no es tampoco un americano. Un Andrés Bello, un José Joaquín de
Olmedo, un José María Heredia, un Olegario
Víctor Audrade, con estar dentro de la tradición quintanesca y mostrarse, en la forma,
muy próximos a nosotros, están, espiritualN

337

mente, más lejos, no solo por la materia del
canto, americana en ellos, sino por algo más
fuerte: por el transcurso del tiempo, corno lo
están nuestros mismos Quintanas y Gallegos,
Arriazas y Listas. Nuestros verdaderos ;compatriotas no sonfos que han nacido en nuestro
suelo sino los que viven en nuestros mismos
dias. Los grandes cantores que abren en España y en América, el siglo XIX, tienen otras
preocupaciones, se sustentan de otras ideas,
brotan de escuela muy distinta. Rubén Darío
se levanta en el centro de nuestra sensibilidad y tiene la virtud de orientarla por caminos nuevos. No es el momento de hablar de
nna literatura española y de una literatura
hispano-americana ( tp ucho menos de tantas
literaturas como estados). El idioma es lo
que da independencia a una literatura y sólo
en modalidades exteriores se diferenciarán
las literaturas de América de las de sus viejas metrópolis, mientras no posean un medio
de expresión substancialmente distinto . Pero ¿cuántos cientos de años se necesitarán
para la formación de las lenguas neo-españolas?
Sólo para los muy apegados a la tradición,
a la inmovilidad de las formas lingüísticas,
puede aparecer Rubén Darío como un iconoclasta. Negar que en nuestro país se le ha
discutido, sería vano; pero más vano sería
tal vez afirmar que los que le discutían conocieron de su obra más que las ocho o diez poe-

•

�338

OOLEOOIÓN ARlEL

sías repetidas en todas partes, cien "!eces
parodiadas y más de una vez no en_tend1das.
Hay que insistir en afirmar lo castizo de sus
versos, siguiendo a Valera que decía, de los
de Azul... : "Los versos de Usted se parecen
a los versos españoles de otros autores, y no
por eso dejan de ser original~s: n&lt;? recuer~an
a ningún poeta español, 01 antiguo, n_1 ~e
nuestros días". Desde que esto se escnb1ó
(1889) el verso de Darío cambió bástante:
pero véanse, en cuanto a la forma, el Friso,
el soneto A maestre Gonzalo de Berceo, para
no citar más, en Prosas profanas; el Trébol
de Cantos de vida y esperanza; los tercetos
de la Visión en El canto errante, y tendremos,
en todas las grandes etapas de la poesía de
Rubén Darío, fuertes ejemplos de versificación
clásica suficientes para mostrar a quien Jo
dude que, si eligió otros caminos, no fué por
más llanos, sino por más adecuados para su
sentido poético. Aun_a los_ mismos vei:sos _qu_e
se tiene por revoluc10nanos, no sena d1f1cil
hallarles abolengo. Quedan sus "versos libres" a la manera francesa, explicables también por nuestra silva, su tentativa de métrica bárbara, discutida por quien más elementos de comprensión debiera teuer, por el
vulo-o literario, y &lt;le gran efecto en la lectura
en ;oz alta y sus ricas e innumerables combinaciones rítmicas v agrupaciones estróficas.
Todo esto trajo Rubén Darío a la posía española, en lo exterior y embarcada en tan opu-

LA POESÍA CASTELLANA • • ••

339

lenta nave toda la riqueza de un alma en que
se funde la refinada sensibilidad de las viejas
razas con un fmpetu juvenil, primitivo, que
denuncia otra sangre.
El contacto con la poesía francesa determinó en el genio de Rubén Darío la corriente que
hubo de llevarle a plena sazón. Un libro suyo,
L os Raros, habla con elocuencia en este punt o . Los descubrimientos, las admiraciones de
Darío apuntan allí¡ pero fuera pueril reconocer ud. maestro suyo en cada uno de los escrit ores que estudia. No debe tanto como se ha
dicho a Verlaine y nada a Mallarmé. Mucho,
en cambio a Banville, a Gautier, al mismo
Catulle M~ndés¡ no poco a Moréas, a Tailhade, aun a poetas obscuros c&lt;?m? Paul_ ~u~gou,
en quien se hallaría ~l mov1m1en!~ m1c1al de
algunas muy notorias compos1c1ones-que,
por otra parte, son en Darlo totalmente diversas y a veces superiores a sus dechados.
En resumen, sus maestros fran~eses, más hay
que buscarlos entre los parnas18:nos que entre
los simbolistas; como parnasiano le define
Rodó cuando escribe: "Los que, ante todo,
buscais en la palabra de los yersos _la realidad
del mito del pelícano, la 10genmdad de la
confesión, el abandono generoso y veraz de
un alma que se os entrega toda entera, renunciad por ahora a cosechar estrofas que_ sangren como arrancadas a entrañas palpitantes". Esto lo dice a propósito de Prosas profanas; pero lo dice mejor aun el poeta en la

�?40

OOLEOOIÓN ARIEL

primera composición de'los' Cantos de vida y
esperan~a, que eu estas páginas se repr~d~ce.
En ese libro, su personahdad aparece ya_ libre
y definida; pero aun, como e~ los posteriores,
su acento se.,moldea en amplios vasos que le
tienden ya Gabriel D' Annunzio, ya Walt
Whitman. Todo esto lo trae también a la
poesía española.
Cuando llega~Darfo a España, en ~892, la
poesía languidece, Zorrilla va a morir; callan
Núñez de A.rce y Campoamor. Apenas preludian Manuel Reina y Ricardo Gil. Sólo se oye
a los Velarde, a los Ferrari, a los Cavestany
-si es que se les oye. Y sobre todos, se alza
la voz nueva y robusta de Salvador Rueda.
Darío es su amigo. Escribe el Pórtico para su
colección titulada En tropel (1893). Ha dado
ya a diversas revistas composiciones posteriores a Azul... , entre ellas la Sinfonía en gris
mayor (España y América, Madrid, 25 Septiembre 1892). Pero cuando se le conoce vredaderamente es a raiz de Prosas profanas;
algún raro ejemplar de la primera edición corre de mano en mano. Jacinto Benavente en
1\tfadrid Cómico y en La Vida Literaria,
Luis Ruiz Contreras en la Revista Nueva, reproducen poe~ías, publican originales inéditos. Un grupo de poetas jóvenes se forma en
torno suyo. Surgen los nombres de Francisco
Villaespesa, Juan Ramón Jiménez, Manuel y
Antonio Machado, entre otros menores. La
n_u eva poesía castellana empieza.

LA POESfA OASTELLANA ••••

341

¿Qué debe a Rubén Daría la nueva poesía
castellana? Para los que se figuran que todo
en ella son "princesas pálidas" la re!'lpuesta
es ~ácil. Quizá nosea muy difícil tampoco, yla
meJor que se puede dar es la que una escritora francesa, Rachilde, dió a los que le preguntaban qué papel había desempeñado Verlaine
en la poe¡,fa de su tiempo: "Abrió las ventanas". Rubéo Darío abrió también las ventanas a los poetas españoles. Les dió a conocer
los poetas extranjeros que él amaba; leyó
con ellos los poetas primit-ivos españoles· les
libertó de la rigidez de una versificación 'atada por inflexibles reglas; les dió la preocupación de la forma, transformando el período
oratorio, que hace impresión cuando se redondea, en la expresión cortada, rica en sug:estiones, valiosa por sí misma: algo de exotismo; algo de arcaísmo; algo de preciosismo.
Y, con todo, eso les trajo el don de una exquisita sensibilidad para lo nuevo. No se ha
hablado aún, gracias a Dios, entre nosotros,
del "sucesor de Rubéo!&gt;Darío". Ni11gún poeta
tuvo sucesores jamás. Interrumpido queda el
canto que el poeta no pudo acabar, y los oíd.os se vuelven no al que intenta continuarlo
s100 al que canta con más dulce o más viva
expresión un canto nuevo. Si en los principales poetas españoles de hoy se encurntra algo
que a Ruhén Daría se debe, predilección por
los metros que él empleara, por cierta manera de elocución, por cierto vocabulario, en to-

�OOLEOOIÓN ARIET,

342

dos ellos hay personalidad bastante para ser
algo más que discípulos del maestro. Con oídos nuevos han escuchado la música del mundo, con ojos nuevos han contemplado la naturaleza, con nueva sensibilidad han seguido
el movimiento de su espíritu; con nueva voz
han cantado. Pero el maestro los puso en libertad y los soltó en el aire, para qne en él se
fuesen, como las bandadas de que hablan las
Florecillas, unos a oriente y otros a occidente, unos al norte y otros al mediodía.
No en todos los poetas españoles de hoy influyó Darío: Ahí están Unamuno, Eduardo
Marquina, Enrique de Mesa. Pero, esto no
obstante, algo ha cambiado en la poesía española desde que Rubéu Darío apareció y por
sn nombre ha de empezar el capítulo de nuestra historia literaria en que se estudie la poesía de los comienzos del siglo XX.
E. DIEZ-CANEDO.
(España. M adrid.)

ffpontes,

Parábolas, Proverbios gcantares

Ya en los campos de Jaén,
amanece. Corre el tren
por su s brillantes rieles
devorando matorrales '
alcaceles,
'
te~raplenes, pedregales,
olivares1 caserí as1
praderas y cardizales,
montes y valles sombríos.
Tras la turbia ventanilla
pasa la devanadera
del campo de primavera.
La luz en el techo brilla
de mi vagón de tercera1
entre nubarrones blancosJ
.oro y grana.
La niebla de la mañana
huyendo por los barrancos.
¡Este insomne sueño mío!
¡Este frío
de un amanecer en vela! ....
fJ?.esonante,

�344

OOLEOOIÓN ABIBL

jadeante,
marcha el tren. El campo vuela.
Enfrente de mí, un señor
sobre su manta dormido¡
un fraile y un cazador,
-el perro a sus pies tendido.
Yo contemplo mi equipaje,
mi viejo saco de cuero¡
y recuerdo otro viaje
hacia las tierras del 1Juero.
Otro viaje de ayer
por la tierra castellana ....
jpinos del amanecer,
entre .A.lmazán y Quintana! ....
j Y alegría
de un viajar en compañía!
Y la unión
que ha roto la muerte un día!
jManofrta
que aprietas mi corazón!
'Tren, camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.
Soledad,
sequedad.
'Tan pobre me estoy quedando
que ya ni siquiera estoy

APUN'l'BS, PARÁBOLAS ....

conmigo, ni sé si voy
conmigo a solas viajando.
Si hablo, suena
mi propia voz como un eco,
y está mi canto· tan hueco
que ya ni espanta mi pena.
Erase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar,
y se metió a jardinero.
·
Estaba el jardín en flor,
y el jardinero se fué
por esos mares de 1Jios.
Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
.Abrió los ojos el niño
y el caballito no vió.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar ·
y por la crin lo cogía'. ...
"j .A.hora no te escaparás!"
.A.penas lo hubo cogido
el niño se despertó.
'Tenía el puño cerrado.
El caballito voló.
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad

�346

COLEOCIÓN ARJEL

un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
"¿Tú eres de verdad o no?"
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: "Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.''
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: "¿·Tú eres sueño?"
¡Quién sabe si despertó!
Si me tengo que morir
poco me importa aprender.
Y si no puedo saber,
poco me importa vivir,
"¿Qué es amor?", me preguntaba
una niña. Contesté:
"Verte una vez y pensar
haberte visto otra vez."
Todo hombre tiene dos
batallas que pelear.
En sueños lucha con /JJios¡
y despierto, con el mar.

APUNTES, PARÁBOLAS .....

347

Pensar el mundo es co,no hacerlo nuevo
de la sombra o la nada, desustanciado y fr{o.

Bueno es pensar, decolorir el huevo
11t1iversal, sorberlo hasta el vacío.
Pensar: borrar primero y dibujar después,
1J quien borrar no sabe camina en cuatro pies.
Una neblina opaca confunde toda cosa:
e] monte, el mar, el pino, el pájaro, la rosa.
Pitágoras alarga a Cartesius la mano,
Bs la extensión sustancia del universo humano.
Y sobre el lienzo blanco o la pizarra oscura
se pinta, en blanco o negro, la cifra o la figura.
Yo pienso. (Un hombre arroja una traíña al mar
y la saca vacía; no ha logrado pescar.)

"No tiene el pensamiento tra{ñas sino amarras,
las cosas obedecen al peso de las garras",
exclama, y luego dice: "Aunque las presas son,
lo mismo que las garras, pura figuración."
Sobre la blanca arena, a parece un caimán
que muerde abincadamente en el bronce de Kant,
Tus formas, tus principios y tus categorias,

redes que el mar escupe, enjutas y vac{as.
Xratilo ha sonreído y arrugado Zenón
el ceño, adivinando a M. de Bergsón.

Puedes coger cenizas del fuego heraclitano,
•as no apuñar la onda que fluye, con tu mano.
Vuestras retortas, sabios, s6lo destilan heces.
¡Oh, machacad eurt"apas en vuestros almireces!

�348 .

COLECCIÓN ARIEL

Medir las vivas aguas del mundo . ... ¡desvarío!
Entre las aos agujas de tu compás va el río.
La realidá es la vida, fugas, funambulesca.,
el cigarr6n voltario, el pes que nadie pesca.
Si quieres saber algo del mar, vuelve otra ves,
un poco pescador y un tanto pes.
En la barra del puerto bate la marejada,
y todo el mar resuena conw una carcaja_da.

349

APUNTES, PARÁJIOLAS ••••

lijo del mar, navega,-o se pone a volar:
Bu pensamiento tiene un vuel(! de gaviota,
que ha visto un pes de plata en el agua saltar.
Y piensa: "Es esta vida tma ilusi6n marina
'ae un pescddor que un día ya no puede pescar." El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
:y sueña que es la muerte una ilusi6n del mar.
Sanlúcar de Barramtda, 1915.
ANTONIO MACHA.DO

Puerto tie Santa Maria, 1915 .

Sobre la limpia arena, en el tartesio llano
por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que revérbera,
los párpados, que borran el mar en la pitpila.
Y se ha d&lt;&gt;rmido y sueña con el pastor Proteo
que sabe los rebaños del marino guardar;
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha o[do los caballos de Poseid6n hablar.
El otro mira al agua. Su pensamiento flota,

(La Lteh,ra. Madrid.)

•

�LA ENSEÑANZA DI!: LA GEOGRAFfA

Enstñanza dt la fitografía
rama de la instrucción puede ser
concebida sin sus complementos natura·
les, mediante los cuales forma un conjuntó
con el resto del saber. Sería, pues, aventurado querer trazar un plan de estudios geográficos sin tomar en cuenta todas las otras
disciplinas de la enseñanza.
No teniendo a mi alcance el programa detallado &lt;le las materias que dividen el tiempo
de los alumnos, en las escuelas a que me dirijo en este momento (1) admito como cierto
que la descripción de la Tierra, o geografía
INGUNA

N

(tjEliseo Reclus, cuyo nombre no debe s~r prece~ido ni s~guido
de adjetivos, tenla verdadero mterés en la 1~strucc1ón del niño ar•
gen tino. Entendía que nuestro suelo seria asiento de un gran pueblo, cabeza de esta América, y muchas veces en el transcurso de
una amistad de veinticinco años fueron motivo de nuestras conversaciones o correspondencia los destinos de est~ pals. Cuan.do du•
rante su destierro en Suiza trepábamos las C';'lmas qu_e dom1~an s
habitación de entonces, en Clarens, y el vecmo trágico castillo
Chillon, y admirábamos el azulado lago de Grnebra, ante las eter
nas nieves de los Alpes, surgía de nuestra charla el futuro de Patagonia que yo acababa de recorr 7r y d~ cuyo oeste esa~ verdes &lt;:vli
nas esas aguas esas nieves casi eran imágenes reducidas. Vernt
año's después fr~uenté su sencillo hogar-colmena de Bruselas y e
problema del noroeste argentino y del P~dfico fué en&lt;:arado por SIi'
luminoso saber. El dilatado Chaco, las tierras correntmas y entr
rrianas avanzadas no comprendidas del porvenir nacional, los lla
nos de Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba y San Luis, las serranl
centrales, tan poco apreciadas como conocidas en sus riquezas na
turales, las montañas, lagos y se_lvas australes, lo~ bos_ques tucum
nos, salteños y misioneros, las tierras secas del mtenor tan sem

851

propiamente dicha,ocupa a los niños durante tres horas, a lo menos, por semana. Ade!Dás tengo efl cuenta un número al menos
Jgual de h?ras _dur~te las cuales, con motivo d_e la h_1s.tona _umversal o nacional, la geografí~ s'?hcita el mterésde los alumnos de manera indirecta.
Considero también como ya establecido·
ue los paseos y las excursiones en plena nauraleza, 1~ gran educadora, deben ser numerosas y sertamente dirigidas. En fin, supongo
~l maestro.como un espíritu amplio, generaltzador, abierto a todas las impresiones nuevas. No lo querría demasiado recaraado de
tarea, pues una cierta tregua es indispensa;,ble para que el pensamiento no se entorpezca
Y para que el profesor no se haga un pedante
oun nulo.
No es una paradoja decir que las lecciones
jan~s ª1ªs de Estados Unidos, convertidas en vergeles como all{

le:~

~s

ngeles, en Mendoza y San Juan, el uso de la~ a

as de

Jilo ~l ~:dt5 tbs, de l?s lagos, de los arroyuelos, sin gasta~s co-

os.• o1es sm talarlos, en fin, la conservación de la ' r
~~ªn~en~c,o al a trayés_ de las genei:aciones venideras, con efa~

h

1
:im
b res deela ~n1ct!~~:~átk':.' q~e ~~ti~:~ió ¿¡ c;i~:e~~~ti,ed~~:
1)0s~~:1~ ~ue ha t~ast~rnad'? su organismo con 1~ alteración ele la

1emas

Iros

e -~~ m dn.': espinal el R!o Paraná, fueron otros tantos
c1arovi entes. Cuando más t;ude le recordé desde a uí nues-

i«..~,~º.f'~nes anhel'?s y le pedI que escribiera algo sobre la ense-

:c-;·en _e a geo~afia, tan poco cultivada en la escuela ar entina
,_ hoyvió¿as Pj}gmdas que s!gu_e~ y que he conservado inéditas has:
&lt;él . • on e :is eseo prmc1p1ar este volumen de EL MONITOR
1mero que~ publica bajo mi dirección, Léanlas ma ·
'
medátenlas y pract(quenl~s-harán obra buenae~~~! 1~
sente 1ºanfrrar n a la vez la m_emona de su autor teniendo siempn,
ase con que termm~n.

¿:
Jlat~\~u;o:,

F.

P. MORENO.

�INSd°ANU DI:

852

OOLZOCIÓ!I .Utt'KL

suplementatias, o todo lo que se les p~rezca,
deben ser evitadas, con el mayor ~mdado,
por el profesor, fuera del tiempo. estrictamente consagrado a la enseñanza direta.
En los paseos, el que acom palie a los niños,
hermano, amigo o maestro de escuela! de~e
abstenerse absolutamente de dar expltcac10nes que no le sean pedidas. Pero si es ingenioso y si comprende bien el arte de hacer pen·
s~ a los alumnos, no dejará de guiarlos su•
cesivamente en los alrededores, de modo de
hacerles adivinar a ellos mismos y compren·
der a fondo, una completa lección de cosas.
Aun en las planicies de aluviones, encontrará
muchas irregularidades ~~ terre':10 que para
los discípulos serán plan1c1es, colmas, valles y
quebradas. No faltará tampoco en alguna
parte del distrito de la escuela un curso de
agua, riachuelo o río, P?r el que lo~ mucha·
cbos puedan seguir las riberas o el hilo de la
corriente mostrándose los unos a los otros,
los recodos, los rápidos, los grandes fondos,
los vados y los bancos de arena; ellos ve~án
tam biéo los di versos accidentes de la orilla
con cantiles, promontorios, taludes, arenales
y playas.
. .
,
..
Si tienen la suerte de v1v1r en pa1ses de sitios
grandiosos, de montañas o lito~al_ oceánico,
entonces la variedad de los pa1saJes les per•
mitirá ver metódicamente, como en resúmen,
la Tierra toda y conocerla y comprender quizás todos los fenómenos. ¡Y qué constrastes

t¿

GEOGRil'fA

863

tam !'ién en las transformaciones que el hombre _mtro~uce en la superficie de la tierra,cultivos diversos, bosques y jardines! En fin
las excursiones realizadas a través de lo~
caml!os son las °:'ejores para facilitar la vista
del cielo con sus Juegos de luz y de sombra y
la Í&lt;,&gt;rma si_e~pre cambiante, de las nubes que
el viento d1v1de, desparrama o acumula en cirros y ha~e desploma~ en aguaceros sobre el
euelo. Y s1 por casuahdad, los niños se hau
despertado muy temprano o se pasean tarde
a_lapare'7r las estrellas, aprenderán los mistenos de! c1eloy_ las relaciones del astro terrestre
con la m_mens1dad del espacio. Pero, en todas
esas lecciones de cosas, que se confunden con
la alegria de la marcha y de la vida al aire libre, recuerde el profesor siempre las palabras
d~ Spencer: "Debe decirse al niño lo menos po·
Slble y hacerle encontrar lo más posible".
En la escuela las lecciones toman otro carácter y se hacen más precisas en su enseñauza, pero sobre t':'do ahí está el peligro, porque
los. maestros disponen de manuales que lfs
ammoran la tarea y que les dispensan de sacar •!_curso de su prop\o fondo. Por su parte,
los_mnos, cuya_memo~1a recibe y guarda tan
~c,lmente las 1m presiones, se dejan imponer
sm pro:°star la recitación nemoténica de algunas !meas y parece que todo dice: la lección
de geogr~a está hecha, la conciencia queda
en paz. S10 embargo, cuán en desacuerdo está
tal método con la verdadera enseñanza, por-

�111111

que ella dispenea de todo esfuerzo a la
geucia, propiamente dicha, y se1imita a fi
rar palabras que se graban ea los repliega
del cerebro y que ocupan un sitio que po
llenar más provechosamente el conocimiea
real de las cosas. Yo me he encontrado con •
ños que, atravesando un rio, no tenían
alguna de que el nalnbre de esa corriente d
agua, recitado en la clase tuviese la menor
!ación con el agua corriente que fluía bajos
piés. La memoria sin el pensamiento es u
cosa que degrada, que rebaja al hombre,
reduce a simple materia bruta, como la r
en que ha grabado su nombre.
No acudamos, pues, más que moderadam
te a la memoria y limitémosnos a saber mir
La lógica de las cosas querrá precisamen
que esas primeras miradas tengan un cará
absolutamente sint,tico, comprendiendo a
vez los horizontes opuestos, el del cielo y el
la escuela. Ea efecto, para aprender a con
la Tierra, es necesario medirla, determin
sus rasgos, fijar las posiciones relativas.
prof, sor se verá, pues, obliga do antes que
do, a ejercitarse con sus alumnos, en ver b"
en qué medio se encuentra la sala de la escuel
y el espacio que ocupa: es un trabajo de
grafia que comienza por lo infinitamente
queño, el trabajo inmenso de la medición d
mundo, pero que no puede hacerse sin el e
pleo de medios que precisamente nos son a
ministrados por el conocimiento de la ast

en la que el~ tiene de 111ás grandioso
• la más sencill!l aposición ,géográfic~
ta la observación del meridiano Sin
rgo, esa observación entra fácilmente en
po de los estudios directos que el niilo
emprender y verificar. Desdeluego, comrá de una manera ~eral que el sol "se
ta" en
zona del horizonte, que cada
varia débilmente y c¡ue "se pone" ea tr
• cuyo punto diario es igualmente ºoc:
ra ble. Reconoce aal los dos lad!s odel contorno tetreatre, el oriente y el
•ente. Esto "8 es mucho, pero el Ju ar
0 de esos dos puntos cardinales noglo
clar!'-mente ~odavla, a cansa de la
~60 d1um_a, !'11entras, que la línea del
iano se d1bu~ará diariamente a mediocon una exactitud perfecta.
vara derecha plantada en tierra, a
de cuadrante o de gnomon basta para
ar la sombra en el momento del día
ue ésta ~s más corta. Esta sombra es
• da pr~isamente en el sentido del nor1_ se h_ab1ta el hemisferio septentrional· en
1recc1ón del sud si se vive en el hemi~feopuesto. El escolar que comprueba la
ón de esta soro bra, conoce así nna de
lfneas fundamentales de la geometria te: la del meridiano que une un polo al
polo. Laconstrucci6n de una linea transque corte el meridiano en ángulo recdará los otros dos puntos cardinales.

ª.ºª

�S56

OOLEOOIÓN ARIEL

El niño posee pues, por las medidas precisas,
los primeros elementos del mapa. En adelante, sabrá orientar todas las líneas trazadas
en la superficie terrestre.
En cuanto a la medida de distancias, puede practicarla como nuestros antepasados,
sea por el número de pasos o por el de codos o brazos, sea por cualquier otra medida
convencional, la del metro, cuyo origen geo
désico se le enseñará luego.
Estos primeros estudios, que pueden com•
binarse con los paseos y aun con los juegos,
deben, sin embargo, hacerse seriamente y con
método, pues son el punto de partida de toda la enseñanza geográfica. Preparado con
esos conocimientos, el alumno puede ya dibujar el mapa, es decir, el plano, de la sala
de clase; luego puede medir y situar un espacio más grande, y finalmente, abordar toda
una extensión considerable, un campo con
casa y granja, arroyos y senderos, colinas
y valles. Adquiere así el verdadero ~entido
de las orientaciones, de las distancias, de
las posiciones relativas.
Según los formatos del papel que emplea
para su trabajo, aleja o aproxima los diferentes puntos que aparecen en su mapa, y sefamiliariza así con un nuevo conocimiento
de capital valor en la ciencia: aprende a determinar las proporciones y a servirse de es. calas diferentes. El maestro de escuela debe
insistir durante mucho tiempo en ese nuevo

ENSEÑANZA. DE LA. GEOGRAFÍA

357

progreso y hará reproducir el mismo mapa,

en grande y en pequeño, de manera que la
vista aprenda a distinguir prontamente la

proporción exacta de las reducciones del dibujo. Una vez alcanzada esta conquista, el escoiar se encontrará mejor preparado, como
geógrafo, que la mayoría de sus contemporáneos adultos.
Calculamos en un semestre el período preparatorio de los cursos de geografía, consawado a esos trabajos preliminares.. Según
naestra opinión, el curso correspondiente de
historia, desarrollado durante el mismo espacio semestral, trataría paralelamente de la
istoria local del pais, que el niño puede abar'Car con su mirada o que tiene siempre presente a su inteligencia en sus conversaciones diarias. Así el escolar francés oirá hablar constantemente de París y el alumno argentino
tendrá sus ideas dirigidas hacia el estuario
del Plata.
· Seo-uro ya de su geografía local, el alumno
emp~enderá sin peligro el estudio de la geografía de conjunto. El uso de globos es enton:ees indispensable, pues sin el empleo de una
esfera le es absoluta mente imposible al niño
comprender la superficie verdadera de su país,
comparado con la superficie de la Tierra entera. Pero en toda escuela bien provista, el globo terrestre está allí; fácilmente manejable,
sea que se le tenga suspendido libremente del
techo o colocado sobre un ancho plato de ma-

�358

COLEOOIÓN A.RIEL

dera, o que se le haga girar alrededor de un
eje de metal. La experiencia adquirida en las
escuelas, desde la época de los grandes descubrimientos mundiales, es decir, desde hace
cuatro siglos, nos enseña que la forma más
cómoda de globos para la enseñanza de la
geografía, no pasa de 2 metros de circunferencia, que es la proporción de la veinte millonésima parte 1: (20.000.000) en relación con las
verdaderas dimensiones de la Tierra. En un
globo de este tamaño, nada incómodo, por
cierto, convendrá que el maestro haga determinar por sus alumnos la forma y la posición
relativa del país natal estudiado en el curso
preparatorio. La verdadera localización de la
comarca conocida, comparáda con el resto de
la Tierra, no puede dejar de fijarse entonces
en el espíritu con una precisión absoluta. Tal
es el medio de aprender, y no existe otro, pues
los mapas planos son necesariamente inciertos y engañosos. No pueden tener utilidad sino para los que saben; y engañan fatalmente
a los que están todavía en el período del estudio. Es pues, un verdadero crimen contra la
enseñanza lógica y normal colocar mapas o
atlas en manos de los niños. En efecto, los
roa pas de tal o cual comarca olvidan toda re·
presentación de la redondez de la tierra y por
eso mismo aquellos aparentan ser una parte
indefinida de la superficie del globo: ninguna
proporción verdadera está indicada. Hecho
tanto más grave por cuanto estando las pro·

ENSERANZA DE LA GEOGRAFÍA

359

yecciones de las costas dibujadas de acuerdo
con procederes diferentes, resulta que las representaciones son diversamente erróneas, sea
en la zona central o en el contorno. Sucede a
menudo con el manejo de los mapas, del sistema más frecuentemente usado ( el de los meridianos paralelos, trazados según el método
de Mercator) que, comarcas de la zona glacial, insignificantes por sn extensión, parecen
diez veces mayores que las vastas tierras
ecuatoriales. El testimonio de la vista deja, a
pesar de todo, una impresión duradera y de(initiva en el espíritu maleable de los niños.
En fin, los mapas de atlas son igualmente
condenables puesto que, a excepción de una
sola colección, la del inglés Proctor, qne por
lo demás es de mny pequeñas dimensiones, estos mapas están trazados en diferentes esca·
las y por consecuencia no pueden compararse
entre ellas sino con la ayuda de cálculos matemáticos, para los cuales el espíritu no está
preparado. En un atlas, el país origi~ario está siempre representado con proporciones colosales en relación a los países lejanos, y es
por esto que se supone sin trabajo que Java,
sacrificada en el atlas, es una pequeñísima isla
y que el Japón es un archipiélago insignificante. Lo cual hace pensar: ¿cómo puede co_loc:1r·
se ali! una población décuple de la que indica
el censo en la R. Argentina? El precepto absoluto en la escuela primaria modelo es, pues:
suspender el empleo de mapas y de atlas du-

�OOLJ:OOIÓN ilIICL

rante todo el periodo de estudio y reemplazarlo por el manejo de un material escolar
que no falsee las ideas. La escuela tipo de que
hablamos posee ya un globo a la escala del
veinte milésimo, en el cual el escolar puede reconocer todos los puntos designados en sus
posiciones relativas y todas las tierras mencionadas en sus dimensiones proporcionales.
Pero ese globo modelo no es suficiente; es indispensable emplear un globo de trabajo, sim•
ple bola torneada, según la misma escala del
veinte millonésimo y revestida de uua cubierta apizarrada en la cual el alumno dibujará,
y borrará los trazos de la tiza. El nifio fijará
ahí el lugar preciso de su pueblo natal, trazará el curso del rfo vecino, el macizo de la montaña más próxima; todos los delineamentos
geográficos que sean objeto de la enseñanza
tendrán inmediatamente su sitio en el globo
de estudio. Los alumnos comprenderán fácilmente, o me¡or dicho, verán. La comprensión
se hace por vía directa y por ló tanto, sin ningún esfuerzo.
El globo de estudio es del mismo modo absolutamente indispensable para otra disciplina científica. Servirá también para las leccio•
nes de cosmograña. Lá línea del meridiano
que el alumno en su curso preparatorio
aprendió a trazar sobre el suelo mismo, la dibujará sin esfuerzo sobre la redondez planeta•
ria y:e-irvidirá la superficie de polo a polo en
tantos cortes como se Je pedirán, en 360 o

ENSElbNZA. DI: LA 011:00RA.PfJ.

361

400, por ejemplo. Sabrá desarrollar también

la línea del ecuador a igu·al distancia de los
dos puntos matemáticos de los polos, conformándose para las latitudes con la convención
de las líneas paralelas que se suceden en cada
hemisferio, cada noventa o cien grados. Con
la misma evidencia comprenderá que la tierra
al dar vuelta alrededor de stt eje presenta su
superficie al sol durante veinticuatro horas;
y nada le será más fácil que hacerle contrastar de hora en hora la sombra de la noche y
la luz del día en Ja superficie del globo. Y hasta Je proporcionará una satisfacción hacerle
coincidir exactamente, el rayo del sol sobre
el globo con la hora precisa del lugar en que
se encuentra, de manera que en el mismo instante la bola suspendida en la escuela ocupa
con la Tierra misma, una posición estrictamente paralela. La inclinación del eje terrestre, la línea de la eclíptica, el equilibrio de los
trópicos, serán explicados igualmente por la
posición del globo con relación a un foco de,
luz que representa el sol. Es muy natural que
puedan aprenderse tantas cosas por el empleo
de un simple globo escolar, puesto que ese globo, infinitamente pequeño, respecto a la Tierra, no deja de ser por eso, su representación
exacta.
Esto no es todo: las lecciones de historia se
darán también por medio del globo. Ya hable
el maestro de los hallazgos en el suelo profundo, ya de fósiles, o del hombre de Trinil o

�36.2

COLECCIÓN ARIEL

del de Neardenthol, ya mencione las grandes
invasiones y el rechazo de los pueblos, los
grandes choques de las naciones, la población
de las tierras, los lugares donde acontecimientos memorables han ocurrido, los alumnos
señalarán con facilidad en el globo, el punto,
la línea o figura que corresponda exactamente con la lección.
Pero el maestro experto que quiere estar
completamente seguro de la atención de sus
alumnos, no se contentará con llamarlos al
globo apizarrado, los unos después de los otros, para darles una lección práctica, sea de
geografia o de historia. Les pondrá también
entre sus manos un globo de "juguete", de
pequeñas dimensiones ( al 8.000.000 por
ejemplo con más o menos 50 centímet;os de
circunferencia, 16 centímetros de espesor), a
fin de que tengan a la vista el medio de se=ir
las explicaciones dadas sobre el globo de" demostraciones, dibujando en él todos los puntos y. líneas, según el modelo. Deben poder
maneJarlo con desenvoltura y hacerlo girar a
voluntad. Esto constituirá uno de los objetos
de estudio más precioso y a la vez, más cómodo que poseerá el alumno.
Por importantes y necesarios que seau en
la enseñanza escolar los objetos que se colocan al alcance de los niños, no valen ciertamente, como medio educativo, lo que las obra~ que provienen del trabajo personal y reflexivo. Durante el período de estudios, a lo

ENSEÑANZA DE LA. GEOGRAFÍA

363

menos desde principio del segundo año, llegará un momento en que el profesor no deberá limitarse a la simple de~cripción; y el joven
estudiante tendrá mayor iniciativa propia en
sn educación geográfica.
Suficientemente hábil para dibujar un mapa
de su pueblo de residencia, con orientación y
proporciones verdaderas, se ejercitará en adelante en representartambién las regiones accidentadas con su verdadero relieve y la forma de
su estructura. Este trabajo metódico, practicado segúnlos procederes regulares que el profesor le indicará; le dejará una impresión imborrable de las formas terrestres, de su aspecto, de su arquitectura íntima y de su parte de
influencia en el transcurso de la historia.
Durante el segundo, y sobre todo, durante
el tercer año del curso, el profesor puede, creemos, servirse de mapas, pero solamente de
mapas que representen una extensión poco
considerable de la superficie terrestre, 500.000
kilómetros, a lo más, de modo que con muy
débil esfuerzo de imaginación pueda uno figurarse la ligerísima inclinación que esta mínima parte de la película terrestre debería
tener realment~. Pero para espacios más extensos, sobre todo para las regiones continentales, Europa, Asia, Africa, Australia, América del Norte y del Sud, y aun para las
partes de los continentes, tales como la Argentina, el Brasil, Bolivia, se hace indispensable el empleo de "discos" o "escudos" globu-

�364

t

OOLEOOIÓN A.RIEL

lares, es decir, fragmentos o cortes circulares
de la superficie del globo que componen los
países respectivos. La experiencia nos enseña
que el mejor método para exponer esos discos
es suspenderlos en la pared de la escuela, donde producen un efecto estético muy atrayente, Pero su gran mérito consiste en fijar para
siempre en el espíritu de los niños la impresión verdadera de la forma terrestre de las
diversas comarcas. Gracias a este método de
enseñanza, el discípulo tendrá, lo que'faltaba a
sus predecesores, educados según los procedimientos antiguos: una gran facilidad para
disipar el caos aparente de las posiciones geográficas. Posee el hilo conductor a través de
ese dédalo, sobre todo si ha tenido la suerte
de tener por director de estudios a un hombre
que haya comprendido la vida, las cosas y sn
constante evolución al través del espacio y
del tiempo. Aun desde el punto de vista moral, obtendrán ventajas apreciables los jóve•
nes que hayan aprendido la geografía y el
encadenamiento de los hechos históricos en
presencia del globo, más que por medio de
mapas erróneos y difícilmente comprensibles.
El mejor medio de formar h,pmbres rectos,
valerosos, llenos de iniciativa, es guiarlos por
nna clara exposición de la verdad.
ELISEO RECLUS .

rlor dt madroño

D

E vencida iba la tarde cuando Juana divisó,
a lo lejos, en la serenidad de la llanura, el
ganado que, a modo de sutil franja negruzca y
ondulante, volvía al establo.
Encaramóse sobre la cerca de toscas piedras;
guiñó los ojos, herida por la viveza de la claridad
vesperal, y lleváridose la diestra a la altura de la
frente, a guisa de pantalla, envuelta en el rebocillo azul, medio deshilado y no poco raído, se
dió a mirar, a mirar tan larga, tan fijamente como se lo permitía su buena vista campesina, en
dirección de donde las bestias se aproximaban.
Tramontaba el sol en aquel instante. Dijérase
un bólido rojizo que caía en un in visible mar del
ocaso, lanzando fulguraciones de oro. La paz de
la sombra se iba haciendo en los llanos, en los
pequeños valles de la toluqueña sierra, en tanto
que mesetas y picachos se bañaban en una luz
macilenta, y en la suave transparencia azul nubes errantes se coloreaban levemente. Una dulzura infinita parecía descender de lo alto. En el
grave silencio de la tarde, oíanse lejanos los gri•
tos de los "caleros" que azuzaban el ganado; el

�366

COLECOI6N ARIEf,

mugir lento y solemne de los sementales que entre las vacas venían, y el ladrido de los perros en
la corralada. Apenas si un soplo de viento levantábase de vez en cuando, arrastrando la paja
abandonada en la cercana era.
Y Juana miraba, miraba .... Allá venía, sf. Distinguíale marchando con asentado paso a la vera
del camino, la "cobija" al hombro, el ancho som~
brero de palma, medio deshecho por el uso y los
temporales, echado hacia atrás; el apretado pantalón azul un tanto caído, y los brazos colgantes,
rozando casi las manos el Jamo del perrazo negro
y enjuto que trotaba a su lado. ¡Y de qué buenas hechuras su hombre le parecía, siguiendo a
la vacada ! ¡Y cómo quisiera que se acortasen las
distancias para tenerle ya cerca, darle un cachete
y un tirón de orejas cariñoso, precursores ambos
de la cena calientita y picante que los dos comerían junto al fogón, iluminadas sus caras famélicas por el esplendor rubicundo de las brasas! Pero no, no llegaba; lejos aún Je te1úa. Ni todos sus
desevs fueran capaces de cambiar el tardo paso
de las bestias, ni así se desquiciara el mundó, el
buenazo de su marido echaría a correr por verla,
dejando atrás a los animales. Como a las niüas
de sus ojos les quería, y más que a élla, a Flor
de madrofio, la muchacha codiciada en cinco leguas a la redonda en los tiempos todavía recientes de su celibato.

J'LOR DE IU.DROSO

367

¡ Ah, las murrias de eJlaal principio, ante aquel
amor de su hombre por toros y vacas ! ¡Las grescas que armó I Las caras que pu~o de recién casada, cuando José de Jesús desaparecía en los establos horas enteras 1
'
Que tal hiciera si con otra mujer .. de razón,"
aunque
. fea,.se hubiese presentado ante el cura,
no importaría;¡ pero con ella, buena moza como
otra ninguna; con ella, a quién habían "arañado
las manos" el mayordomo, el caporal y el 1'hontero, y algo más que las manos el "niño" del amo
que de mal gusto no pecaba!. ...
En la casa de la hacienda, una legua no distante del establo, allá tras de las lomas, había
nacido y se había criado. A la sombra de los señores creció y se hizo guapa. Supo vestir tan ri.
camente sus enaguas de percal bien planchadas,
sus rebozos de Santa María, y hasta calzó zapatos. Pusiéronla por mote Flor de madroño, porque de la flor del madroño tenía la rosada blancura, la redondez simpática, una exuberancia
apetitosa dentro de su pequeñez casi minúscula;
y Flor de madroño se la quedó paralos díasde su
vida, con regocijo de la gente charra que la pretendía, y de los gañanes que, no muy confiados,
hasta ella solían alzar los sandios ojos. Y sucedió
que ni charros ni palurdos consiguieron nunca algo más que una mirada: Flor de madroño, que
se distinguiera entre el ''gatería'' de Toluca1
.

�368

OOLEOOIÓN ABllt

adonde una vez la llevaron sus amos, y que por
bocado sabroso para paladar que supiera catarlo
se la tuviese, fué a caer en brazos de José de Jesús el vaquero ni más ni menos ....
'
·
1
1'y no se arrepentía,
por Maria santísima
. Lo
pensaba ahora, mirándole ve:3-ir, ya más cerca,
más cerca, envuelto en la clandad de una ráfaga
solar que descendía de la cumbre sobre aquella
parte del camino que trepaba en la falda del cerro. No se arrepentía, no. José de Jesús era bueno como los trigos de la vega: no se e1:1~orrachaba no tenía tampoco el vicio del despilfarro. Cabalita como la recibía entregábale la "raya"_ los
sábados, y en sus cinco sentidos habfal~ visto
siempre, limpia la boca de aquel tufo hediondo a
pulque que traían los peones de El Salto, cada
domingo que iban a Santiago. Tampoco enamo-

raba....
•
t 1
Pero al llegar aquí de su rústico elogm men a •
Flor de madroño se puso seria1 de risueña que estaba; llevóse las puntas del rebozo a la boca, y
clavó las pupilas con mayor fijeza e~ José_de Jeús que se encontraba ya a escasa d1stanc1a.

s No podía creerlo. ¡ Cómo era posible que Jasé
de Jesús volviese a entenderse con María Petra,
la mujerzuela aquella con quien tuvo sus dares
y tomares en días de soltero! ¡Ni cómo podl~ suponer que María Petra viniera al establo mismo,
y allí, entre la~ bestias, quizá en los pesebres .... ¡

FLOR DE lUDROítO

369

1 No I Todo se reducía, sin duda, a puras imaginaciones de su comadre. No se falta a una mujer
a los seis meses de casado. Si fuese al año .... ¡ vaya .... ! Pero ¿ y el ensimismamiento de José de
Jesús?¿ Y aquel no querer hablar, ni reir, ni bromearse, que Je notaba desde el sábado, en que
había ido a la hacienda para dar aviso de la enfermedad de la "Consentida?" ¿ Qué eran? ¿ A
qué obedecían?
-1 José de Jesús !-gritó, viéndole a pocos
pasos.

Ya las primeras vacas se acercaban al establo.
Olfateaban la pastura fresca, el caliente rincon•
cilla bajo de techo, junto al pesebre, propicio a la
noche , y era de ver la alegría que revelaban sus
ojazos de ordinario tranqui19s. A saltos, cornadas
y coces rnetíanse por e} enorme portón abierto en
el muro blanco, coronado de tejas rojas, donde
cabrilleaba el último esplendor del crepúsculo.
Invadían el patio empedrado, oloroso a boñiga,
en el centro del cual, dentro del recinto apartado que les correspondía, hallábanse ya los becerros, que asomaban el hocico húmedo por entre
los travesaños de las puertas, bramando mansamente, como si ltan:asen amorosos a las madres.
Pero lo peor era que se apelotonaba, que se estrechaba el ganado en el recio portón. sobre todo
aquella tarde, con gran enojo de José de Jesús,
que ya venía corriendo, seguido del perro negro

�370

FLOR l&gt;E IUDliOIO

OOLEOOIÓN' A.Rlltt.,

~ descargarlo sobre
las lucientes ancas de las bestias. .
-¡ Eh, tú, calero, échales duro s1 no queren
y con el puño en alto, pronto

,!

ajuiciarse! ¡Errea, ''Bonita!'~ Mándale una
guanta da a1 "Don Juan Tenorio.. !..,.
d
Corria sudorosa, rojo, encoraJ1n~ o.

.. su misa
y Flor de madroño le d iJo,

.

- .

y nsuena:

-José de Jesús....
,
y él respondió:
"d "?
..
. .... ¿Cómo va la "Consenti a
-Guenas,
muJer
-Mal.
• ·
tente
y pasó de frente, sin volverse s1qu1era, a
al tro iezo del ganado contra el muro.
. 1
-· ~m úi"alo pa allá !-repetía.-¡ Dale rec10.
l
P él; respondíale e1 " co1ero " • mozuelo
Gritaba
de cara terrosa y sucia camisa y calzón de mant Gritaban también del interior los demás vaa.
queras
y todo en vano, porque "Don Juan Te. ,,'uno de los sementales, suizo de pura ranono
• t
l puer
za empefiábase en bravuconear Jun o a a
. ta' sembrando miedo y desorden. Fué_ pre~iso
q~e José de Jesús llegase, y rápido, sm mira. tos mavores le asestara un pufi.etazo en
m1en
.,
'
é
l retumplena testuz,.acompañado de un i rrea. . .
bante, para que 1a hermosa bestia se decidiese
d 1
entrar seguida a continuación por el resto e
;anado,'que iba desapareciendo lentamente por
el amplio portón.
y en tanto José de Jesús, huraño, atendía a

371

estos menesteres, Flor de madroño quedó pensativa y como absorta en un pensamiento junto
a la cerca, envuelta en la luz azul pálida, de la
noche que empezaba a insinuarse. No llor6 como
en tales ocasiones solía hacerlo; no se indignó
por la frialdad del saludo; no habló. Con andar
distraído de sus piés descalzos sobre el suelo tapizado de estiércol, encaminóse a casa al humilde cuarto que a ·un lado del portalón del establo
se hallaba, y por el cual salía de lo alto del techo, chimenea arriba, el humo plomizo del fo.
gón, en la melancolía del crepúsculo que comenzaba a extinguirse.
Preparó la frugal cena de la noche. Arrodillada ante el metate, la blancura de sus brazos, libres de la opresión de las mangas, contrastaba
con el amarillo de la masa de maiz con que hacía las tortillas, que de sus manos pasaban al coma!, rodeado por las llamas rojizas de los leños
del fogón, y del coma! al cesto. Trafagueaba
maquinalmente. Su pensamiento corría por
otra parte. A su memoria acudían las palabras
de ]a comadre: -" Ande, no sea tonta, no se
11
"fíe : a la otra le gusta su marido, y vendrá a
quitárselo el día que menos lo aguarde."
Habíase quedado inmóvil, cuando él entró. Ni
una pregunta,:ni un gesto; encerrábase el vaquero en o~stinado mutismo, Cogió el tosco plato de
1

�117!

OOLBOOIÓ11' ABBL

chile rebosante; se acercó al cesto de las tortillas,
y empezó a engullir en silencio ....
-¿ Qué te pasa, José ?-interrogó, mirándole.
-Nada.
Había terminado ya. Se puso en pie. Salió ....
Y pasaron las horas.
:Flor de madroño no se dió cuenta de su paso.
Aquel sentimiento informe, nacido a la primera
sospecha, iba creciendo en su interior, creciendo,
creciendo .... Era como si una espina, una grande
espina punzante, a modo de las que en los senderos torturaban a menudo sus pies, se la hubiera clavado en las entrañas. Era como si las lengüetas de aquella lumbre del fogón, que enrojecían su rostro, se alargaran, quemándole el alma.
Mustia, habíase agazapado en el rincón lleno de
humo y de hollín; no pensaba; no sentía. Cuando salió de su anonadamiento, vió que José de
Jesús aún no había tornado. Congojosa y sorprendida se levantó. Fué hasta el umbral. Reinaba la noche en los campos; la luna, en su último
cuarto, esplendía en el piélago azul.
E instintivamente, Flor de madroño se dirigió
al establo.
Penetró en el ancho zaguán, internándose en el
patio en torno al cual se alzaban los blancos muros bañados de clara luz de luna, y se percibía la
respiración de las bestias. Detúvose junto a la
puerta de largos travesaños que encerraba aslo

J'LOR DIIKADRO:ltO

973

críos; algún becerrillo dejó oír, en la noche, su lamentación por la madre lejana.
Le faltaban las fuerzas. El flaquear de sus piernas, un deseo grande de gemir, impedíanla que
siguiera adelante. Mas, al propio tiempo, los celos
que se despertaran ya en su ánimo, la dieron valor para llevar a cabo la pesquisa. Su marido estaba allí, y era menester encontrarle.
•
Maquinalmente se dirigió hacia la parte del establo que todavía se conservaba sumida en la
sombra. Tres pasos más allá, Flor de madroño
escuchó el rumor ondulante de una voz: un cuchicheo de ternura, infinitamente amoroso,que la
heló.-¡ Con que, era verdad;la rival vencía!Cautelosa, avanzó hada la puerta, que se hallaba
entreabierta. Un vaho saturado de olor de estiércol y de silo envolvió su rostro que, sin ruido,
iba asomando lento por entre las maderas de la
puertecilla rústica. Las vacas, echadas las unas,
al pesebre aún las otras, rumiaban quietamente .... Y descubrió allí en la penumbra, junto a
una de ellas, casi abrazado al lomo ancbfsimo, la
cara junto ala noble testuz de abierta cornamenta, a José de Jesús, que hablaba quedo, dulcemente, al animal enfermo, a la "Consentida,"
que por la tarde volviera del campo, entre las úl.
timas del ganado, con paso débil y el mirar de sus
grandes ojos inquietantes, revelador del mal que
la consumía.

�374

OOLEOOIÓN ABIEL

Flor de madroño retrocedió, sorprendida y gozosa, emprendiendo el retorno a la casuca, bajo
la luna.... Y aquella noche, en el quicio de su
puerta, a la entrada del establo, mientras aguar- daba al vaquero, sintió gana de cantar, y hubiera apostado que las estrellas le sonreían.
CARLOS GONZALEZ PEÑA
(Nosotros, Méjico.)

tomo Byron
J

A Gabriel Zlndegui, en Londres.

TINTE el horror prolongado de esta furio·
n.sa demencia de la guerra europea, se sien- .

te el ánimo casi impedido de protestar, por
temor de ser acusado de creerse uno superior,
siquiera porque conserva algunas vislumbres
de razón. Más de una vez he leído, en periódicos parisienses, burlas acerbas contra los que
se permitían dolerse de esta inútil matanza
sin medida, que sólo ha de deftir en pos de si
inacabable estela de rencores y anhelos de
venganza.
Pero hay un aspecto de las enormes pérdidas que está sufriendo la humanidad, el cual
bien se puede considerar y deplorar desde ahora; porque para él no cabe alegar compensación, ni sombra de compensación.
Los grandiosos edificios arruinados, las fábricas colosales destruidas, los pueblos, las
ciudades taladas y hasta derruídas, todo puede restaurarse. Los millares y millares de niños huérfanos y errantes, pueden ser recogidos y educados. Los ríos de sangre humana
se secarán al cabo, y nuevos hombres vendrán
a ocupar los huecos que esos otros innumera-

�878

OOLaaará ilDL

b1es han dejado. Pero ¿quién o qué devolved.
al mundo 1os a1tos ingenios que prematuramente ha perdido?
En medio de la anivenal mediocridad humana, ésos que acendran en su mente la quinta esencia de nuestra espiritualidad, esos vasos tao exquisitos y tao frágiles, tienen demasiado valor, para que 1os veamos sin espanto
caer quebrantados y ser arrastrados en el
vórtice de] torbellino. ¡Cuántos artistas, cuántos pensadores, cuántos investigadorea de Ja
naturaleza y de) hombre habrán sido abatidos, no por la mano de Ja fatal segadora, en
Ja forma de morbo o longevidad, sino por
el choque tremendo de las pasiones humaoaa
·des bordadas!
Voy a circunscribirme a un solo caso, porque se trata de un mancebo, en la plenitud de
la vida y en el primer florecimiento de su genio. No porque sea el único llegado a mi noticia, ni siquiera el único de su lengua y de su
dedicación artfstica. Si Rupert Brooke, inglés como Byron, poeta como Byron, cayó
como él en el próximo Oriente; Thomas Mac
Donagh, joven como Brooke, y también poeta señalado, ha cafdo en Dublrn bajo las has inglesas.
1aPero hay elementos tan especialmente trágicos en e1 destino que ha cabido al insigne poeta
inglés desaparecido sin gloria para sus armas
en el Egeo, que me mueven a señalarlo, entre
los devorados por esta guerra insensata.

OOIIO--

ffl

La fama ha consagrado de ribito el ftllOmbre de Rapert Brooke por los cinco aonetos

que, con el tftulo sombriamente laminoso de
"1914-," se publicaron el afio pasado y alcansaron de seguida m tíltiples ediciones. Estos sonetos, en un parnaso tan rico en esa forma
poftica como el inglés, se colocaron desde luego al lado del celebérrino de Blanco Wbite
Nigbt and Deatb y el igualmente bello de
Lee-Hamiltoo A Fligbt from, Glorv. El crltico de Tbe Times dijo que en ellos la nota peraonal se patentizaba con mayor realce, que en
niag6n otro sonetista inglés desde los tiempos
de Sidney, el renombrado autor de Astropbel
and Stella. Y como es sobre todo el lirismo lo
que caracteriza a la mocleroa poesfa inglesa,
de los lakistas acá, el elogio resultaba en realidad extraordinario.
Que los sonetos de Brooke son personales,
por los sentimientos que traducen y por la forma de que los viste, no puede _negarse, y basta
leerlos para encontrarse poseído el lector por
la emoción que despierta siempre lo hondamente sincero, cuando se expresa de modo que
hable al corazón. Pero en la hora de espanto
uiversal en que fueron producidos, lo que demuestra desde luego su excelencia es que fueron escachados y repetidos por un pueblo entero, que sintió revelada su alma de ese ÍD9tante supremo por la voz del poeta. El poeta
sintió por todos, como todos y habló para todos. Vaticinó.

•

�378

OOLEOCI6N Al!.IET,

Now, Gotl oe tluznked WM has maldttd u, with His IU1ur.

Así prorrumpió el poeta, y con él toda su
nación se encontró dispuesta y aparejada para esa hora suprema. El poeta miraba tranquilo, serenamente la mu~rte, y consagraba
para siempre a la patria distante la pequeña
porción de tierra extraña, donde habían de
blanquear sus huesos, la fosa en que serían
arrojados; y cada soldado inglés en Bélgica,
en Turquía, en Egipto, en la frontera de la India distante, en las remotas regiones alemanas de Africa, confirmaba el voto.
Mucho más personales aparecen las poesías
anteriores del joven escritor; porque, en esa
tierra consagrada irónicamente a la originalidad, sus versos se distinguen por un sabor peculiar, que los hace inconfundibles con ningugunos otros.
El exotismo, que tanto se ha celebrado en
su gran contemporáneo Rudyard Kipting y
que ha traído tantos lectores al francés Pierre
Loti, constituye la atmósfera natural que respira Brooke, y que lo hace contemplar, entre
regocijado y zumbón, el desfile mental de las
más pintorescas imaginaciones. Nada hay semejante, en lo que yo conozco, al cielo que
promete a la tahitiana Manua, donde la infinita variedad de las cosas que asedian nuestros sentidos terrenales se reducen a la perfecta unidad.
...there, on tbe Ideal Reef,
Thunders the Everlasting Sea.

COKO BYl!.ON

879

Naturalmente, esta doctrina nada tiene de
original, y no es en ella donde veo la singularidad del poeta; sino en la serie de ilustraciones de la doctrina, propias todas y cada una
para herir la mente, diversamente conformada y poblada, de la joven isleña del Gran
Océano. Y no es menos sutilmente irónica
aunque no tiene nada de original sino por 1~
forma, la conclusión en que invita a Manua a
vagar en torno de la perezosa y cálida laguna, enlazada la mano con otra mano humana, o a confiarse a las blandas caricias del
agua en la ribera. Carpe diem ...
Y sin embargo, en este espíritu, que parece
tan dispuesto a revolar ligeramente sobre los
afectos y hasta sobre los grandes problemas
que se han llamado trascendentales, se descubre de súbito una profunda vena de melancolía, con la cual toca las fibras más sensibles de
nuestra lira interna. El joven marino inglés
que data sencillamente tantos de sus verso~
En el Pa,;ííico, se revela hermano menor el
Benjamín como si dijéramos, de aqu.el Jaq~es,
que puebla con sus saudades la semi encantada y encantadora floresta de Arden. Nada es
más capaz de descubrirnos la fragilidad etérea de n,ue~tras más arraigadas pasiones, que
el cambio mcesante de panoramas y el anudar
y romper reiterados de nuestras relaciones,
que nos condenan al papel de huéspedes perennes. El mundo ha vuelto a ser para nosotros posada de trajinantes, pero sin mansión

�980

OOLICOIÓN A.RIEL

definitiva a donde arribar mañana. Desde que
el hombre midió la tierra y, con el auxilio de
su invención y su industria, la ha encontrado tan pequeña que en pocos días la circunva•
la, con el cambio de lugar todo va cambiando
en sus sentimientos. Las instituciones que sirvieron de descanso y abrigo al hombre seden•
tario no están ya aparejadas al judío errante
moderno. Y sentimos como pensamos, y pen•
samas como sentimos.
El poeta, que ha sabido encontrar bella ex•
presión y transparentes símbolos para estos
nuevos estados del alma moderna, ha sido un
gran poeta. Su muerte extemporánea denuncia, con clamor más penetrante, el horrible
crimen de lesa humanidad que se perpetra en
Europa.
ENRIQUE JOSE VARONA
(Revista Contemjorduea. Cartagena, Colombia.)

•

~ocije be verano
(DEL INGLES, DE LORD TENNYSON.)

Duerme el pétalo rojo, duerme el blanco.
No se mueve el ciprés en la avenida,
Ni en la taza de pórfido el pez de oro:
Vela el cocuyo: vela tú ante mí.
Se abate el pavo real como un fantasma,
E irradia su luz blanca junto a mí,
Yace la tierra, Dánae ante los astros,
Como tu corazón yace ante mí.
Huye en silencio el meteoro, y deja
Un surco, cual tu pensamiento en mí.
Repliega el lirio toda su ternura
Y en el seno sumérgese de11ago.Plégate tú, mi amada, y te desliza
Como un lirio en mi ser, piérdete en mí.
(Trad. de Julio Arc~val.)

�jonefo a .5U mujer, bifunfa

!INDICE

(DEL INGLES, DE JUAN MIL TON.)

Creí ver a mi santa compañera,
Traída a mí desde su sepultura,
Como a Admeto, la pálida figura
De Alceste, el brazo de Hércules trajera.
Mi esposa, cual mujer que parto hubiera,
Según la Antigua Ley, lavada y pura,
Y tal como en la Gloria mi alma a ugura
í·- Para siempre gozar su vista entera
'
Llegó de blanco, y pura cual su mente.
Aunque su faz velada, yo veía
Ternura, amor, bondad, ornar su frente
Como en rostro ninguno se podría.
Mas se inclinó a besarme tiernamente
Y desperté en mi noche, al nuevo d!a.
(Trad . de Julio Arcevat.}

AGUAYO, A.M.: De una encuesta, p.127
ALTENBERG 1 PETER: De diecisiete a treinta, p. 257
ARGUELLO, SANTIAGO: Ante el cadáver de Darlo, p. 31
BAEZ, CECILIO: El descubrimiento de América, p. 78
BARBAGELATA, HUGO D.: Influencia de las ideas francesas
en la Revolución de Hispano América, p. 265
BUNGE, CARLOS OCT AVIO: Sugerir ideales, p. 68
CARBONE, ADELA: Los niños juegan a la guerra . .. p . 195
CARLYLE, TOMAS: BoUvar. p. 130
CASTELLANOS, JESUS: Cultivemos nuestro jardín, p. 169
CASTRO, ALFONSO: Conviene hermosear la escuela, p. II
CHAVERRA, GASPAR: El rey mudo, P• 63
CH~KHOFF, ANTON: La dormilona, p. 19
DE HOYOS Y VINENT, ANTONIO: El pájaro maravilloso,
p. 83
DE LA ROSA, LEOPOLDO: Salmo de creencia, p. 53• El Señor Jesucristo, p. 253
DE REISSET, VIZCONDE: Los amores de la Princesa de
Clermont, p. 204
DE TEJADA, GONZALO M.: Loores a San Isidro Labrador, p.
182

DIEZ CANEDO, ENRIQUE: La poesia castellana y Rubén Darío, p. 3:36
DOMINICI, PEDRO CESAR: Talento y carácter, p. 1
FERNANDEZ FERRAZ, VALERIANO: Una carta, p. 57
GONZALEZ DIAZ, FRANCISCO: Lo sustancial, lo cualitativo, p. 164
•
GONZALEZ PEÑA, CARLOS: Flor de madrofío, p. 365
GRAY, TOMAS: Elegía, p. 157
GUZMAN, ERNESTO A: La primera lluvia, p. 39. Tu cabellera, p. 41

�~ t i m e ÚltdA, PBDIO, 111 ~

I'• to. lAít

- - p . po
HISPANO, CORNELIO: Loo de l'allll\
p. 11N
IREGUI, ANTONIO JOSE: El ""-l 7 el 1-bre, p. ~
KANTOR. M.; Sobno olgallCIII dnmu de IIJseG, p. uo
ÚNARl!S, OSCAR: La perf'ecta o1ecrfa, p. "7S
LUGONES, LEOPOLDO: 1&gt;e1"111m, de loo po&amp;,,jll,
Un buen queso. p. 303
MACHADO, ANTONIO: Ap,p,... P-.., Pto.- ,f
Cantares, p. 943
MAEZTU, RAMIRO DE: El de la M.........
uJ, p. ,s. El 'honor en la 1ldad Media, p. SI&amp;
MILTON, JUAN, 1. m mojer. dl1imta, p. - MONTANER, JOAQUIN: '"l!I -.Iajero, p. "'5o
lfU!loz, MANUl!L MARIA: Del blblleo, p.
NERVO,
La IUdn p. 44-.tao, p. 9'. SI espina bien&gt;, p. D!1
NIETO, RICARDO: La pleclo4 de la pluma, p. 6.5
NJN FRIAS, ALBERTO: El callo de la madnl, p . . .
l'ERl!Z DE AVALA; IL\MON La IJelf relluce, p. 1P.1
RECLUS, ELISEO: La ......._ do la geogndla, p. lJSl)
REYES, ALFONSO: Sir Edwar Grey y la tragodla del ........
lo. p. no
RODO, JOSE ERNIQUE: El de la polria, p. 1!1S
RUSKIN, JHON: El plagk&gt;, p. lg8
TENNVSON, Lord ALFREDO: Noche de p. tlh
TORRJ, JULIO: La COllqulala do la laoa, p.55
TOVAR. ROMULO: ¡Dulce Fnmc:ial, p. 141
tJHRBACH, FEDERICO: Simiente de agonfu. p. di
UNAMUNO. MIGUEL DE: Sobre la necesidad de penar, p.
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VARONA, E. JOSE: NuevOS reduct!:&gt;9, p. Lf6. Como B,r-.
p. !175
VASCONCELOS, JOSE: Libros que leo sentado 1:, - p
leo de pi6, p. 93
VELASQUEZ, SAMUEL: El punto 81181, p. l;K
WHITE, E. M-, Berpon y la edacacidn, p. ors
ZALD_U MBIDE, GONZALO: La ~cia 1 la raena. p. -

=0:

Et..,_

pos ea qae ~
ntonces, el nata1a!i5
ustaba de eufea11smo1.
g ed" •6n que consta de
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mera en qne se an po
t6fanes.
L ISTBAT
tomo coatit11•: YB
, LAS NUBES; el segundPL.
Ll

PAZ, LA8 AVIBP.lll,
TESMÓFORAS, LAS AVES,
JlllJEBF.8 LAs RANAS.

LA

elegaateO:ente impresa co~e
'·ones de arte griego, se vden
el volumen en to as

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!I autores de Arat\n
ras de los meJO~·
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              <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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