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                  <text>eolección 1\riel
AÑO XI -

VOL 111

1

'

SU:NI:ARIO
LORD SALISBU RV ... . •• ...
LUIS ARAQUISTAIN ... ... .

Las naciones n1orihundas

Europa y Am&lt;!rica
RAM!RO .DE MAEZTU ... . La verdadera originalidad
ER:--ESTO REHA:--1 •..••.... Pleg;1ria

.,

JOSE RODRIGI 'EZ CER~!A El milagro de los claveles
URBANEJ-\ ACHELPOHL Ji:! mejor disfraz
ARMANDO DO:--OSO . . . . •. Los grandes líricos alemanes

1

1

contemporáneos

A. :\I .\RGARIXOS C... ... . .

Hombro contra hombro

11

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Colección Rríel

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Octubre a Diciembre de 1916

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I mprenta G reffas

�tas nadonts moribundas
Fragmento de un famoso discurso &lt;k Lord Salislmry

rFodéis dividir, en términos generales, a
las naciones del mundo en vivas y morí=
hundas. Por una parte veis grandes países
de enorme poderío que van creciendo cada
año en potencia, en riqueza, en dominio, en
perfeccionamiento de su organización. Los
ferrocarriles les han dado la facultad de
concentrar en un punto la totalidad de la
jue_rza militar de su población y de reunir
ejércitos de una magnitud y de una poten=
cia nunca soñadas por las generaciones que
pasaron. La ciencia ha puesto en manos de
esos ejércitos armamentos cada vez más
poderosos en su eficacia destructora, y que,
por lo tanto aumentan el poderío- el terri=
ble poderío - 1 de los que tienen la fortuna de
poder emplearlos.
Junto a estas espléndidas organizacio•
nes cuya fuerza nada parece disminuir y

�4

COLECCIÓY A.RIEL

cuyas actuales aspiraciones para lo futuro
solo podrán resolverse mediante un arbitrio
sangr~ento1Junto a ellas1 hay cierto número
de sociedades a las que no puedo denominar
sino moribundas1 aunque el epíteto haya de
ª?Li~drseles, naturalmente1_en grados muy
distintos y en mity diversas medidas de a=
plicación cierta. Son principalmente sacie=
dades no cristianas1 pero siento decir que
no
todas estdn en tal casoI • en semeiantes
'J
E,
✓s:ados, la desorganización y el decaimien=
to progresan casi tan de prisa como la con=
centración y el poderío c_reciente van pro=
l[resando en las naciones vivas que están
;unto a ellas. 0ecenio tras decenio van de=
bilitándose1 empobreciéndose encontrándose
1
1:ds /altas de hombres que dirijan O de i1;1,s=
tttuciones en que puedan fiar) acercándose
al /Jarecer cada vez más a su destino y a.
garrdndose1 no obstante) con extraña tenaci=
dad a su propia vida.
El desgobierno en ellas no sólo no se CU=
r~ sino que acrecienta de continuo. La sociedad y la sociedad ofi.cial la adm • • ~
.,
,
inis~ra=
cion, es una masa corrompida) de modo que

LAS NACIONES MORIBUNDAS

5

no hay terreno firme en que se pueda asen=
tar esperanza ninguna de reforma o restauración) y cada una en su ~ra,do ~fr~cen
un cuadro terrible a la porción mas ilustrada del mundo) un cuadro que) por desgracia el aumento de n~estr~s '»:edios ~e información y comunicación _dibu;a con lineas
más oscuras y más conspicuas a la faz ~e
todas las naciones, apelando a sus senti=
mientas tanto como a sus intereses y pidiéndoles que aporten remedio. Hasta cuándo
es verosímil que pueda durar este estado de
cosas no intentaré profetizarlo. Todo lo que
puedo indicar es que el proce~~ c~ntinúa) que
los Estados débiles van debilitandose y los
Estados fuertes fortaleciéndose cada vez más.
No es necesario el don de profecía para
n-iostraros cuáles han de ser los resultados
inevitables de este doble proceso. tPor una u
otra razún- por las necesidades de la polí=
tica o sopretexto de la filantropía-las na=
ciones vivas irán poco a poco amenguando
el territorio de las moribundas) y rápida=
mente aparecerán semilleros y causas de
conflicto entre las naciones civilizadas. No

�6

OOLEOOIÓN ABIEL

hay que suponer1 claro está1 que a ninguna
de las naciones vivas se le consienta el provechoso mon0polio de curar y sajar a esos
infortunados pacientes (risas) y la controversia estribará en quién ha de tener el
privilegio de hacerlo y en qué medida lo ha
de hacer. Tates cosas introducirán causas
de fatal disentimiento entre las grandes,..
naciones1 cuyos poderosos ejércitos se están
mutuamente amenazando. Tales son a mi
1
parecer1 los peligros que nos amenazan en
el período que se aproxima. Es un período
en que nuestra resolución1 nuestra tenacidad
1
nuestros instintos imperiales1 han de llegar
a su máximo. .No permitiremos, indudablemente1 que Inglaterra se halle en posición
desventajosa en ningún caso de nuevos
arreglos que puedan ocurrir. Por otra parte,
no hemos de sentir celos en el caso de que la
desolación y la esterilidad sean vencidas por
el engrandecimiento de una rival en regiones a las que no puedan extenderse nuestras
armas.
(ESPAi;IA, Madrid.)

Europa yJlmtrica
• d e la guerra no
r consecuencia
. se
~~!ocratiza Al~~&lt;1;nia, e_stlo es, siG~~
.
1 f milia impena y a su
s~ le qmlta a ~o\bsoluto del ejército,. la
bierno e ~an s ue una tregua. Segmrf
paz
q d a d e1 u'ltimo medio s1. dno 1seraazmá
arma
sien o a p . á t'tánicamente
en el res1 e trabaJar 1
•
1
g o, s. . t de las economías nac10na es,
tablec1m1en
gigantescos presutornarán otra vez 1os se intensificará de
puestos ~e ¡;er~~ los armamento~ y al
nuevo
la nva
b de
unos anos, c1'nco' diez o vemte,
~~b~evendrá otro terrible choque que acabe de destruir a Europa.
se abre ante
, 1 panorama que
He aqU1 e
neraciones eurolos oj~s de las nuev!sJ:mania en forma
peas si no se vence 1i ro ara Europa
qu: deje¿g: ::~ig:~J! arlostrarlo? Seen era.
os los recuerdos que esrán tan espants deje en la conciencia
ta ~,uerra de ;a~r;otunda la certidumbre
de
y d e rep etirse si no se desde :H,uropa
que habrán

S

°

ª-

!

�8

OOLEOOIÓN ARIEI,
EUROPA Y AÚRIOA

militariza a Alemania, que en este caso el
Continente europeo sufrirá probablemente una despoblación como nunca antes en
su historia. La emigración no es sólo una
fuerza del ha~ bre hacia el pan; el emigrante huye_ t_am bién m_uchas veces por motivos espintuales, ávido de una libertad y de
una se&amp;"uridad que acaso no halle en las
viejas civilizaciones.
Este es el gran peligro para Europa:
que los hermanos y los hijos de los que
ahora sucumben a millones en los campos
de batalla se alejen de los viejos países europe_os como de u~ polvorín situado en
medio de una lJuvia de chispas. ¿Quién
podría seguir aquí trabajando fecundamente en todas las artes de la paz si no
desaparece en lo alto la turbonada de una
nuev~ guerra? El espíritu, para que crée,
necesita garantías de reposo y duración.
Un hombre o un pueblo amenazado de
11?-Uerte no puede entregarse a otras actividades que las que le su2"iere el instinto
de conservación.
e.
Europa, es verdad, ha vivido durante
medio siglo bajo una t?rme_nta y no por
esto se ha despoblado m ha interrumpido
la tarea de acrecentar los tesoros materiales e ideales del hombre. Es que los euro-

9

peos se habían acostumbrado a vivir bajo
la amenaza, y además había~ puesto
una confianza excesiva en los dioses que
tenían el rayo en la mano y en los pararrayos que habían de detenerlo. Era tan
monstruosa la idea de una guerra europea,-y la realidad ha superad~ con sus
horroresalaidea,-queno parecrn que hubiese nadie dispuesto a contraer la responsabilidad de provocarla. Este fué el primer
error. Por otra parte, se tenía tal fe en la
acción pacifista de la mayor parte del ca·tal Y del trabajo, que era general la
pi
.
"bili"tana
, una gu erra
creene1a
de queimposi
de esta magnitud. Este fué el segundo
error.
.é .
Cuando se restaure la paz, conc1 rtese
como se concierte, no hay d~1da _que estas
fuerzas de contención-conciencia de responsabilidad en los goberna:1te~ Y anhelo
de paz en una parte del capitalismo Y en
toda la clase obrera-serán mayor~s g,ue
nunca y, por lo tanto, h2brá desmmmdo
el peligro de una nueva guerra europe~ •
Pero la memoria de la actual será tan d~lacerante, que E_uropa te!Ilerá su repeti ción con centuplicada ansiedad. Ese estado psicológico, mezcla de terro: y d~sengaño, puede engendrar un refiuJo emigra-

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ICUBOPJ. Y .AlliBIOA

10

OOLKOCI6llf ilBL

t?rio de inmensa gravedad para el contmente europeo.
En la !uta de oi:ie_n,te a occidente que
va recomendo la civilización a través de
los siglos, América es el nuevo punto de
descanso.. Freo.te a Europa, despea.azada
e? lucha mtestma por sus propias instituciones secu~ares,. América se ofrece ancha
en el espacio y nea de contenido suficiente l?ara tod?s y limpia aún de ~as compleJas máqwnas de Gobierno que acaban
por hacer omnipotentes a los menos contra los más. ~o es extraño que el europeo,
encorvado baJO el peso de sus oligarquías
de un cap.i~alismo implacable y de uno~
d~beres mili~ares aplastantes, vuelva los
OJOS a Aménca co:rno a la tierra de promis~ón donde el hombre puede, sin esfuerzos
&lt;:1clópeos como aquí, en Europa, ser más
libre y hallar mayores holguras materiales.
Allí .no hay t~davía peligros de guerras
cont.mentales m paces armadas que son
tan. msoportables como las guerras. Con
el he~po, a~aso esté también condenada
~l_llénca a .enredarse en esos sistemas pohticos, regidos por la fuerza sin derecho
no por el derecho con fuerza, que acaba~
con los pueblos y con las civilizaciones
aunque todo hace esperar que en es~

11

Continente los hombres y las naciones alcancen un grado de libertad y de respeto
mutuo no conocido antes en la historia.
De toda suerte, sea cual fuere el destino
lejano de América, su realidad inmediata,
si Europa no emerge triunfante de la ordalía que en estos momentos sufre, acrecentará poderosamente la fascinación que
ha venido ejerciendo, desde su descubrimiento y singularmente a fines del siglo
XIX y comienzos del XX, sobre los europeos.
Esta es la gran amenaza para la continuidad histónca de Europa. Si después
de haber perdido en los campos de batalla
varios millones de hombres jóvenes, que
eran la fuerza física y la lozanía espiritual,
las nuevas generaciones optasen por la
emigración antes que arrostrar una nueva
guerra deestaíndole,¿qué seria delcóntinente europeo? Dejarían de fructificar los
campos, de producir las fábricas, de crear
obras insignes las ciencias y las artes, de
parir nuevas libertades la política, y Europa entraría gradualmen,te en la categoría de esas regiones del mundo oriental
que duermen hoy, realizada su misión,
un profundo sueño del espíritu, esperando quizás que en la eterna rotación de las

�12

OOLl!:COIÓN ABI!:L

cosas vuelva a ellas otra vez, en un día
lejano, la hora de despertar impetuos,·
mente.
Europa tiene la intuición de que esta
guerra es para ella en conjunto, y no sólo para algunas de sus· partes, una lucha
de vida o muerte. Alemania es como un
quiste, cargado de ponzoñas, que le ha
salido al cuerpo europeo. Y esta guerra
es como uua operación quirúrgica emprendida para eliminar los malos humores de la autocracia y del militarismo germánicos. Francia no quiere resignarse a
dejar de ser el centro nervioso del mundo. Inglaterra guarda aún en su seno
grandes tesoros de libertad y quiere vivir
todavía su magnífica grandeza para llevarlos a buen parto. Italia también anhela que perdure aún la hora europea para
que puedan madurar los frutos de su pujante rena&lt;:imiento. Rusia, que es1;iritualmente comienza a ser una potencia europea, lucha heroicamente porque Europa
no sucumba en _la cñsis o salga de ella en estado de descomposición y decadencia. La
Europa sana hará un esfuerzo sobrehumano par~ extirpar el tumor que amenaza su existencia. Todo es preferible, incluso la muerte por la vida, antes que

EUROPA Y AMÉRICA

13

transigir con un nuevo estado de cosas
en que la vida europea sea una muerte
lenta.
Los aliados sacrificarán el último hombre y hasta el último franco con tal de
abatir, de un modo u otro, el poderío
militar de Alemania, porque una paz indecisa sería mortal para toda Europa.
Acaso el mismo pueblo alemán vea a la
postre que sus intereses, como miembro
de la familia europea, amenazados de disgregación si la guerra no termina de manera decisiva, están asociados a la derrota del régimen de autocracia que impera
en Alemania. U na revolución eF'Ilinaría
espontaneamente el maligno tumor.
Es, pues, Europa entera, sin excluir a
los neutrales y no sólo unos u otros beligerantes, la que está empeñada en una
lucha de vida o muerte. Toda Europa,
incluso la misma Alemania, está interesada en una inequívo.. a derrota de la
autocracia germánica. Otra cosa significaría que la ci" :lización europea comenzaba a decaet·. Y esto, por ahora,
no puede convenirte a fa misma América. Una emigrac:ión excesiva y desordenada de hombres, huyendo aterradamente ante la idea de una nueva guerra

�14

OOLEOIÓN ARIEL

europea, no sería provechosa para. ,el
continente americano. Toda evoluc1on
progresiva requiere su tiempo y su compás. Funesta es la batallad~ hombres
para el desai:rollo de un pa1s; pero. el
exceso repentmo puede engendrar violentas conmociones. Parece fatal q1;1e
América sea la heredera de Europa; sm
embargo este proceso ha de ser gradual
para qu~ la herencia no abrume y d_e,squicie. He aquí cómo en suma, tamb1_en
América debía estar profundamente interesada en el triunfo de ~urop~ sobre
sí misma, no sólo por afimdade~ ideales,
sinó también por ley de su propio desenvolvimiento.
LUIS ARAQUISTAIN
( Amlrica Latina. París.)

ta otrdadtra orlginalidad
TI mí me parece que la causa

de que nuestros
r:lintelectuales no traten asuntos de interés
mundial consiste, en parte, en que se afanan demasiado en buscar temas nuevos. Con ello se olvidan de que la verdadera originalidad no consiste en querer introducir motivos nuevos en la
conciencia humana, sino en tratar originalmente, esto es, espontáneam ente, los motivos eternos, que son esencialmente inagotables. Y basta
nutrir el espíritu de los clásicos universales-que
no son los de cada nación, sino los comunes a
todas las naciones-para que sus temas se bagan,
naturalmente, nuestros temas. No crean nuestros escritores que la elección de asuntos es cosa
baladí y que lo importante es el estilo. Nadie lee
hoy ninguna de las 120 novelas de Jorge Sand.
Y era el mejor escritor de su tiempo: ''la vaca
lechera del bello estilo", la llamó Nietzsche.
Pero dentro de cien años se seguirá leyendo a
Ibsen. Lo que interesaba hace 2.300 años a los
clásicos de Atenas y Jerusalén, seguirá interesando al mundo dentro de 1 .ooo años.

�16

Y también puedo dar un buen consejo a los
lectores, si es que les atañe la gloria e influencia
d~ las letras españolas. Presten su apoyo enérgico a los escritores que les hablen de lo que a
ellos les interese, y no de lo que sólo les distraiga.Cuando el tema de un escrito sea fundamental para su propia vida individual, es porque se
hallan ante.un tema universal,a menos que no se
trate de quitar ~ poner a un ministro, de quien
esperan un destmo. Y si aplicando este criterio
dan s~ apoyo a los escritores de lo interesante,
contnbuyen a que la patria literatura se haga
también interesante.
RAMIRO DE MAEZTU.

-Plegaria
Que htce s ohre ta F.lcrópolúi cuando ttegué a
comprender su perfecta hetteza.

nobleza! Oh belleza sencilla y verdader a! Diosa cuyo culto i-ignifica razón y sabiduría, tú cuyo templo es una lección eterna
de conciencia y de sinceridad, tarde llego a l
umbral de t us misterios; traigo a tu altar
muchos remordimientos. Para hallárte han
sido menester dcs\"elos infinitos. La iniciación
que tú conce~ías al ateniet?se, al nacer, con
una sonrisa, yo la he conquistado a fuer za de
reflexión, al precio de largos esfuerzos.
Yo nací, diosa de los ojos azules, de padres
bárbaros, entre los Cimerios buenos y virtuosos que habitan a la orilla de un mar sombrí~, de rocas escarpadas, batidas siempre
por las tormentas. Allí apenas se conoce el
sol· las flores i-on los musgos marinos, las al.
gas' y las conchas multicolores
que se encuentra n en el fondo de las bahías solitarias. Allí
las nubes parecen sin color, y la misma alegría es algo triste; pero allí manan de las rocas fuentes de agua fría y los ojos de las jóvenes se asemejan a esas verdes fuentes donde,
sob re fondos de hierbas onduladas, se mira
el cielo.

O

H

'

�18

PLEGARIR, DE RENAN

OOtEO&lt;llÓN A.RIEL

Mis padres, tan atrás cuanto podemos remontarnos, vivian consagrados a las navegaciones remotas, por mares que ignoraron
los argonautas. Yo oí, cuando era niño, las
canciones de los viajes polares; fuí arrullado
al recuerdo de los témpanos flotantes, de los
piélagos brumosos y blancos como la leche,
de las islas pobladas de aves_ que cantaban a
sus horas, y que, alzando el vuelo en bandada, oscurecían el cielo.
Fuí educado por sacerdotes de un culto extraño, salido de los sirios de Palestina. Ellos
eran sabios y santos. Me enseñaron las largas historias de Cronos, que creó el mundo, y
de su hijo que, se dice, hizo un viaje a la tierra.
Sus templos son tres veces más altos que el
tuyo, oh Euritmia! y parecen florestas, pero
no son sólidos y se derrumban al cabo de
quinientos o seiscientos años. Son fantasías
de bárbaros que imaginan que se puede hacer
bien algo fuera de las reglas que tú trazas a
tus inspirados, oh Razón! Pero estos templos
me agradaban; yo no había estudiado tu arte divino, y en ellos encontré a Dios. Allí cantaban himnos de los cuales me acuerdo aún·
"Salve, estrella del mar.... reina de los que gi~
menen este valle de lágrimas", o bien: "Rosa
mística, Torre de marfil, Casa de oro, Estrella matutina .... " Escucha diosa, cuando me
acuerdo de esos cáQticos, se derrite mi corazón y casi me torno apóstata. Perdóname
esta ridiculez; tú no puedes figurarte el encan-

19

to de que los magos bárbaros han !mpregnado esos versos y el dolor con que s1go tras la
razón desnuda
., •
11 d
y luégo, si supieras cuán d1fi.c1l ha eg'.1
. t e.l Toda nobleza ha desaparecido.
a ser servir
d y
Los escitas han conquistado el ~un o. a
no hay república de hombr~s hbres; s?l~
quedan reyes hijos de sangre tmpurah_ma
tades que te harían reir. Cargant~s tper oreos llaman ligeros a los _que te s1rven ....Un~
pambeocia terrible, una liga de todas l~s to:
terías, extiende sobre el mundo u:i:ia p anc ú a
de lomo bajo la cual nos asfixiamos .. A in
afa a uellos que te honran, cuánta p1ed~d
~ebes t~ner! Te acuerdas de aqu~l caledont
ue hace cincuenta años, rompt6 tu tempo
~ g~lpes de martillo para transp~rt,arlo: T~~
Je? Así proceden todos .... Yo escnb1, seg n a .
~nas de las reglas que tú _amas, &lt;:h Teoi:~ada del joven dios a quien serv1 en m1 ma v1_
me tratan como a un Evhemero; me
f anc1a, y
, bº t
e
escriben para preguntarme _que o ~e o . m
propuse. Ellos no estiman smo lo que s1r¡e
para hacer fructificar sus bols~s d~
er:s y para qué se escribe la vida e os t~. oh Cielo! s1 no es para hacer amar lo dts~s,o que hubo en ellos, y para demostrar que
vino divino vive aún y vivirá eternamente en
es
el corazón de la humantºd a d?.
Recuerdas aquel día, baio el arconta~fo ~e
Dionisodoro, en que un cbiqui_t? y f&lt;:o JUdt~,
que hablaba el griego de los smos, vmo aqu1,

°

1~

f .

rore~.

�OOLIOOIÓN A.BU:L

reco_rrió ~us_ pórticos sin comprenderte, leyó
tus mscripc1ones al revés y creyó encontrar
en tu recinto un altar dedicado a un dios que
~ería el dio~ desconocido? Pues bien, aquel
Judío ha trmnfado; durante mil años te han
llamado ídolo, oh Verdad! durante mil años
el _mundo !'la sido un desierto en el que no ger•
mmaba una fl~r. Durante ese tiempo tú te
c~llaste, oh Salp1_nge! clarín del pensamiento.
D10sa del orden, imagen de la estabilidad ce·
leste, éramos culpables por amarte, y hoy
que, a fuerza de concienzuda labor hemos
logrado aproximarnos a ti, nos acusa~ de haber cometido un crimen contra el espíritu humano al destrozar cadenas que ignoró Platón.
Tú sola eres joven, oh Coral Tú sola eres
pura, oh Virgen! Tú sola eres sana, oh Higia!
Tú s?la eres fuerte, oh Victoria! Tú guardas
las ciudades, oh Promacos! Tú tienes lo que
debes tener de Marte, oh Area! La paz es tu
fin, oh Pacifica! Legisladora fuente de las
. .
.
'
constituciones Justas; Democracia, tú cuyo
dogma fundamental es que todo bien viene
del p_ueb)o, Y, que, dond_e no hay pueblo para
nutrir e msp1rar al genio, no hay nada enséñanos aextraer el diamante delas much~dumb:es impuras. Providencia de Júpiter, obrera
d1vma, °!adre de toda industria, protectora
del trabaJo, oh Erganea! tú que haces la no·
bleza d~I trabajad&lt;;&gt;r civilizado y le pones tan
por encima del escita perezoso; Sabiduría, tú

PL'tGARIA t&gt;E RUAN

21

que Zeus engendró despnés de haberse recon•
centrado sobre sí mismo, después de haber
respirado profundamente; tú. que habitas ~n
tu padre, completamente umda as~ es~nc1a;
tú que eres su compañera y su conc1enc1a; Energ!a de Zeus, chispa que enciende y mantie•
en el fuego en los héroes y en los hombres de
genio haz de nosotros espiritualistas cumplidos. El día en que los atenienses y los rodios
lucharon por el sacrificio, tú preferist~ habi.
tar con los atenienses por ser más sabios. Tu
padre sin embargo, hizo descender a Pluto en
una n~be de oro sobre la ciudad de los rodios,
porque ellos también habían rend_ido home•
naje a su hija. Los rodios fuero1;1 neos, _pero
los atenienses tuvieron el mgemo, es decir, la
verdadera alegría, la eterna alegría, la divina
infancia del corazón.
El mundo no se salvará sino volviendo a ti,
repudiando sus ligaduras bárbaras.Corramos,
acudamos en tropel. Qué bello día a_quel en
que todas las ciudades que han recogido des·
pojos de tu templo, Venecia, París, Londres,
Copenhague, repararán su~ r&lt;;&gt;bos, formar_án
teorías sagradas para restttu,r los ?espoJOS
que poseen, diciendo: "Perdónam&lt;;&gt;s, diosa! era
para salvarlos de los malos genios de la no·
che" y reedificarán t~s muros.al són d~ laflau;
ta, para expiar el crimen del mfame !,1sandro.
Después irán a Esparta a maldecir el suelo
donde fue aquella maestra de erro.res som·
bríos, y a insultarla porque ya no existe.

�PLEGARIA DE RENAN

22

'

2S

OOLECJÓN ARI EL

. F irme en ti, yo resistir, a mis fatalés conseJeros; a mi esccpt ismo que me hace dudar del
pueblo; a mi inquietud de espíritu que,cuando
he halla~o la verdad, me la hace buscar siempre; ª. mi fant asía que, después de que la razón
~e ha 1m,P~esto, me impide sosegarme. Oh Arquegeta. ideal que el genio encarna en sus
obras maestrns, yo prefiero ser el último en tu
c?sa que el primero fuera. Sí, yo me asiré al estilobato de tu templo; olvidaré toda disciplina que no sea la tuya, me haré estilita sobre
tus columnas, mi celda estará sobre tu arquit ~abe. Y i:ún algo más difícil! por ti me haré,
s~ puedo, mtolcrante, parcial. Sólo a ti amaré.
1' o voy a aprender"tu lengua y a desaprender
todo lo demás. Seré injusto con el que no te
perte?.ezca; me haré el servidor del último de
t us h1.1os .. Los habitantes actuales de la t ierra
qne tú &lt;l_1ste a Erecteo, yo los exaltaré y los
ensalzare y trataré de amar hasta sus defec•
tos; yo me persuadiré, oh Hipia! que descienden de los caballeros que celebraron allá arriba, s~bre el mármol de tn friso, su fiesta eterna. 1' o arrancaré de mi corazón toda fibra
q~e no sea razón y arte puro. Dejaré de amar
m1s enfer~cd~des, y de complacerme en mi fiebre; Sosten rm firme propósito, oh Salutaria!
Acorreme, oh tú que salvas!
Cnántas dificultades, en efecto preveo!
C.uáros hábitos espirituales tendré 'que cam:
bmr. Cuánto~ recuerdos hechiceros deberé
arrancar de m1 corazón. Ensayaré, más no me

siento seguro de mí mismo. Tarde te be cono·
cido, belleza perfecta. Yo sufriré vacil.aciones·
debilidades. Una filosofla, perversa, s10 duda,
me ha hecho creer que el bien y el mal, el pla,
cer y el dolor, lo bello y lo feo, la razón Y la
locura se transforman los unos en los otros
por matices tau indiscernibles como los ~el
cuello de la paloma. No amar nada, .no odia~
nada absolutamente, llega aser s~b1duría. ~t
una sociedad, si una filosofía, s1 una rehgi6n hubiera poseído la verdad ~b~oluta,
esa sociedad esa filosofla, esa reltgtón ha·
bría vencido' las demás y viviría sola en la
hora presente. Todos los que .ba!ta hoy han
creído tener razón se han en ga nado;. clara·
mente lo vemos. ¿Podemos n?sotros ~m loca
presunción creer que el porvemr no no~Juzga r~
como nosotros juzgamos el . pasado . He ah1
las blasfemias que me sugiere mi espíritu profundamente relajado. Una literatura qu.e, C?·
mola tuya , fuera sa~a del todo no excttana
ahora más que el tedio.
.
Tú sonríes de mi ingenuidad. Sí, el tedio ......
Estamos corrompidos, qué hacer! Ire más. le·
jos, diosa ortodoxa, yo te diré la depra':ac16n
íntima de mi corazón. Razón y buen sentido no
bastan. Hay poesía en el Estrimón he~ado
y en la embriaguez del tracio. Vendrán .s!~los
en que tus discípulos pasa rán por los disctpu•
los del tedio. El mundo es más grande de lo
que tú crees._Si t~hubiera.s visto las nieves del
polo y los m1stenos del cielo austral, tu fren-

•

�/
24

COLECCIÓN ARIEL

te, oh diosa siempre
cible; tu cabeza má serena, no sería tan apa•
sos géneros de belle!agrande, abrazaría diverTú eres verdadera pura
f;
mol no tiene manch~
' 1er ecta; tu már•
gia Sofía, que está e~ 1;.ro e. templo de Habién un efecto divino izanc10, produce tamyeso. El es la imagen
s~~ l~drillos y su
El se derrumbará per · ~
ve a del cielo.
grande que pudier~ con~ si tu cela fuera tan
derrumbaría tamb·,
ener una multitud, se
U .
1en.
n mmenso río de olvido
u!1 abismo sin nombre Oh "&lt;?s arrastra en
dios único! Las Jágrim~s d abismo, tú eres el
son verdaderas lágrimas· { todo~ los pueblos
los sabios encierran una , o~ sudenos de todos
do· es aquí en el mundo s11n
l1ªrbe
olo eyverdad.
s ·- LTotoses
pasan
como
lo
h
b
ueno. os
a
b!leno que fuesen eter!os
rs, y DO sería
mdo no debe ser ja , . a e que se ha teun_o en paz con ella ~!!n~na cadena. Queda
cmdadosamente en el
d
la ha envuelto
donde duermen los dio su ario de púrpura en
ses muertos.

J~f

ºf

º.

(Traducción de Cornelio H'
ERNESTO RENAN
1spano.)
(EJ Gn(lico. Bogotá. Colombia.)

€1 milagro dt los cta~dts
ono lo vió el Hermano cuando, con un indígena desfallecido iba, a la media noche, para el hospital que acababa de fundar; y hubo horror en sus ojos y hielo de pavura en su corazón.
Un breve relámpago de espada, un cuerpo de
hombre que caía en brazos culpables, un grito
que rasgó la tiniebla como una puñalada ....
Garrida y noble ella; galán él. Un padre colonial, con puntillos de honor, rectilíneo, como un
trueno la voz, la mano en el puño del acero, tal
cual lo pedían la perilla hidalga y el bigote entrecano, quemado por los heroicos soles de Flandes. Esa noche les sorprendió; y la estocada rom·
pió a la vez una vida y un beso.
Nada supo la autoridad, porque el cadáver fué
enterra&lt;io a prisa por la servidumbre, en un campo cercano; pero ella sí lo supo, enloquecida, a}
volver del desmayo; y en sollozos gemía cuando
llegó la orden implacable que la arrojaba a la

C

calle....
En la casuca humilde, el hermano Pedro ponía
bálsamo en las llagas de sus enfermos, - llagas

�26

OOLEOOIÓN ARIKL

que para él eran como rojas flores de su místico
jardín. Todo lleno de aromas del campo estaba
el patio, pequeño como un pañuelo, ardiente de
sol. La salutación de los vecinos franciscanos
pon{a melódica pureza en el luminoso amanecer.
Y el Hermano tenía para los indígenas doloridos,
palabras más suaves que_ el bálsamo; y pensaba,
al componer la almohada .de éste o al llevar agua
en el tinajo para la sed de aquél,-que el Señor
Dios se dignaba bendecir su obra y ungía sus manos piadosas y su espíritu, que era santo en fuerza de ser ingenuo.
Resonó una aldabonazo imperioso. Y al abrir,
se presentó ella, lívida, albor"otada la cabellera
como por un ráfaga de locura, empurpurado e1
delantal de batista con la sangre adorada .... Se
arrojó a los pies del Siervo de Jesús, que la reconoció y rememoró el nocturno paso de tragedia;
y se sintió henchido de una misericordia infinita.
Ella le dijo su pena de una sola vez.
Pensaba dedicarse a la plegaria en un convento,
el resto de su vida, miserable ya: llevar su casco
roto y su arboladura deshecha al puerto de salvación. Pero antes quería visitar la tumba de]
bien amado y llevarle siquiera una ofrenda de
flores. Y como estaba tan desamparada, sin un
maravedí y pronto la ciudad serfa un hervor de
comentarios, acudía a él, al varón justo, para que
la ayudase.

EL llILAORO DE LOS CLA.ffl,Ui

27

Pedro'· nunca vacilara
:N' o vaciló el hermano
. ntó por la sepulara
el
bien.
Levantá:1dola
pregsaur
a algún puesto
p
1l que iban a pa.
6
• tura. Pens e a
d del Hermano los de
o el firme an ar
..
de flores; per
. d interrogadora• le dtJO:
jó atrás. y ante la m1ra a or voluntad del Señor.
-Sígueme, que esto ~s p lt al pié del monte,
Llegaron al campdo indcu laº• mañana. Ella cayó
'
n el ar or e
.
que vest1a co lá rimas la tierra removido rodillas y banó con , g
en oración y fué
p dro se puso
.
da;~ el h~rmano e delantal con que ella se cuel imlagr~, porqu
6 de claveles en que se conbría los OJOS se colm
que cayeron des,
gre del muerto, Y
vert1a 1a san
. .
.
sobre la tumba ....
b dados en lluvia silenciosa
or
'
JOSE RODRIGUEZ CERNA

:1

(Esfinge . Tegucigalpa. l

�'&amp;L :IBlOB DIID'W

El mttor disfraz
Bajo el sol la pedrera rebrillaba. Era como una
gris escarapela en medio de la greña tostada que
vestía la desnudez veraniega de los cerros. Abajo,
entre la pedrería desmoronada, rota,algunos ranchos se d~sputab~n l?s palmos de tierra plana
para ergwr su m1sena, en virtud de un tácito
. por el cual sus moradores, ayudarían a'
convemo,
agrandar la llaga, la escarapela a su dueño don
Melchor Quiñones, quien ya sin otros bienes de
fortuna sino la dicha roca, se armara de un pico
Y una chomp a, para extraer el sustento cotidiano
a la prole que pródiga le circundaba.
La pedrera parecía arder bajo el sol, un solazo
de e~tfo. Un ruido seco , monótono, la fabla
del hierro con la piedra, repercutía doliente en la
desolación de los contornos.
~riba: en la escarapela, haciéndose mayor en
la d1afamdad del aire, la silueta de un hombre se
dibujaba. Y era el hombre arrogante y varonil a
pesar de su madurez cincuentona y de las prematuras arrugas que surcaban hondo, su tez dorada
por los resoles. Su traje estrafalario prestábale un
aspecto raro, estrambótico. Vestía calzones de

29

iio militar rojo, viejos y estropeados y sobre
a guardacamisa mugrienta un paltolevita nede luengos faldones. La cabeza cubríala un
ñuelo o tapajo de colores vivos, sujeto tras la
uca con un nudo del cual se desprendían unos
mo cintajos chillones. El hombre golpeaba
on la chompa la piedra viva. A ratos como patomar alientos se enderezaba y volvía el busto
enérgico y arrogante y su silueta estrafalaria se
delineaba en el vado, en la soledad de los cerros.
Ningún pensamiento torturante parecía ~al~r
bajo la amplitud bondadosa de la frente, m mn·
gún encono mordiscar bajo la arcada caja del pecho. Su mirada se deslizaba tranquila por los
contornos y lejanías. Aparentaba su ánimo poseer la apacible conformidad de los que espera~
confiados y candorosos en el acaso, en la volubrlidad del destino.
La chompa golpeaba a veces presurosa Y tenaz, como que si un tropel de necesidades aguijara el brazo de don Melchor Quiñones. La chompa
era la que hablab a y decía de la miseria , desam•
paro y ruina, en la cual cayése don Melchor, no
obstante el esfuerzo opuesto al derrumbe. Todo
por qué ley, por qué motivo, no sabía distinguir•
lo con claridad palmaria la cliompa, pero sí estaba convencida de que fuera necesaria y fatal consecuencia de la confabulación de los nuevos elementos e intereses, al dislocarse las unidades colo-

�31

30

OOLF.COJÓ~ ARJl':L

niales, por que todo cambio o nuevo rumbo de
una sociedad o civilización, encierra en sí todos
los trastornos y desquiciamentos de una colosal
derrota.
Ese era el hueso de la historia, que vestían las
calladas amarguras, df quien no quiere ceder sino tras luengo y desesperado forcejeo. Acosado
~uiñones: ampárase en aquel cerro realengo, va~
héndose de ilusorios derechos coloniales, de cuando los suyos contaban en su mayorazgo dilatados
valles Y villas y casales. Allí, escondido, en un
ranchón improvisado a las faldas del cerro que
bautizó "Monte Parnaso," sobrellevara co~ entereza sus penas y araña que araña la piedra,
arráncal~ el escuálido sustento con la orgullosa
conform1dad de un cristiano viejo y bien nacido.
C~ando compromisos sociales o urgencias de
la vida le empujan hacia la ciudad, don Melchor
Qui1iones se transforma como que si recobrara
~odos sus r.ucros al echarse encima la gastada
mdumcntana de los buenos tiempos. Altivo sin
arrogancia pueril, 'guarda intacta la caba1Je~osidad de cuantos le precedieron en el arraigo. Sálenle al er¡cuentro los amigos y no olfatean necesidades ni miserias. A fuerza de afabilidad y de
soltura guarda las apariencias, consérvase don
~lelchor Quiñones. Xo sabe lamentarse. El implora~ le es valla invencible. Desconoce los procedimientos acróbatas, los descoyuntamientos verte-

brales, es un hombre de una sola pieza, fuerte,
sólida, capaz de asaltar, pero no de ovillarse como can hecho a la servidumbre. Cuando indiscretos le inquietan acerca de su alejamiento, habla con calma de su retiro .voluntario al "Monte
Parnaso", una cosa misteriosa, la cual, nadie sabe
dónde se encuentra, ni para lo que sirve ni vale,
pero donde él trata de rehacer su fortuna o ampararse del desastre. Don Melchor, como muchos
otros, es solo una sombra, la sombra de los muertos, porque existen extraños seres, con los cuales
a diario nos codeamos, que sólo son sombras vanas, proyección de esperanzas y energias soterradas, en asecho de una nueva reencarnación a la
hora propicia de los resurgimientos.
Ya iban para tres los días con aquel martes de
carnestolendas, que la chompa golpeaba, golpeaba sin cesar en un loco afán de ganar tiempo.
Día y noche don Melchor Quiñones, mientras los
otros andaban de mojigangas, transformados en
mamarrachos, tunstas, bailarines e invertidos,
hería la roca por preparar trabajo rendidor, impulsado por los crueles y silenciados aprietos
del calamitoso hogar, en la ª?soluta carencia de
cuanto pueda engañar una larga e hiposa agonía.
A ratos Don Melchor interrumpía el trabajo,
vencido por la contracción tenaz del esfuerzo. Se
enderezaba, echaba hacia atrás los hombros, tomaba aire y volvía bajo el esplendor del sol a la

�32

:&amp;L MEJOR DISFRAZ

OOLEOOIÓN A.RIEL

mísera faena, como que si con el mecánico gol·
peteo, ahuyentara las penas, aletargara el pensar. Pero el roer de las penas y el aletear de
los pensamientos, no conocían tregua apesar de
la aparente confianza en sí mismo, que la optimista expresión del semblante divulgaba. Don
Melchor estaba lleno, rebosaba amarguras infinitas, solicitado de continuo por atormentadoras ideas, en la burla perenne que el destino hacía de sus más triviales esperanzas. A sus años,
errado había por todos los caminos, llamado a
todas las puertas con golpes claros y precisos,
pero en balde, que existía en él° un algo que lo
extravió siempre, algo que estaba en él mismo,
en su órbita, en su médula, algo que no había podido vencer ni la asidua perseverancia ni la varonil energía
La pedrera ardía. La chompa golpeaba. Un
niño escuálido subía por un sendero movedizo
hacia la bruf1ida escarapela. Cuando estuvo cerca, gritó:
-Qué dejes eso papá! Qué cuándo vienes almorzar ?
La fabla del hierro con la piedra repercutía
doliente en la desolación de los contornos.
El niño continuó subiendo, subiendo. Hun•
díanse los pies en los cascajos y subia, subía ja.
deando. Voceó:
-Papá, papá. Ya nosotros almorzamos!

'

33

' do

La chompa golpeaba impertérrita, con son1
aordo, seco y profundo.
. .

El rapaz, alcanzó la cima. Su vocec1ta Jadeosa

se dejó oir:

.
-Son las tres. Ven, ven a almorzar.
Don Melchor sonrió_sorprendido. El niño asomaba en la pendiente su cabecit a rubia, pero
la chompa no se detuvo.
Se impacientaba el rapaz. Era monótono el
trabajo. El sol era candela. No había dónde gua.
recerse. Hasta los dient es de la roca e?haban
chispas. Era la aridez absoluta del casca10 y la
calisa.
El niño buscaba la sombra de Don ~elchor .
-¿ H asta cuándo, hasta cuándo, papá.
Don Melchor por distraerle:
-Este es el último barreno. No ves, lo at aco l
Ahora la mecha. Acerca la ceba.
El niño :
- ¡Ay l ¡ay l ¡qué sol !
Don Melchor arreglando las mechas :
- Uno , dos, tres.
El niño :
-Déjalos, d éjalos papá .
Don Melchor:
-Ya estamos, ves I Ahora t e vas corriendo,
corriendo. Cuidado con caer .
El niño:
-Contigo me voy.

�S5

- 84
- : - - -- - -~0'!'0~LltOO~!!&lt;I6~N~A!Rl!!E'!!f,_ _ _ _ _ __

Don Melchor:
- ¿ Estás
loco? Voy a dar ·r uego a 1as mechas
.
El mño, rehacio:
•
-Me quedo contigo.
Don Melchor , encaminando al niño por 1

ª-

~~

-Corre que te alcan zo. Me esperas allá h .
¡ Anda !
a aJo.
El ~iño:
-¿ Tú vienes?
Don Melcb.,r:
-;:-Prendo las mechas y t e alcanzo.
El rapaz se aleja saltando A
hasta las rodillas en los ca ·.
veces se hunde
Dnn ~Iekhor le hace señatc:~~s. Se vuelv~ y ríe.
vez más El . .
p
que se aleJe cada
.
.
muo canana con lentitud
d
tiene, ora se aleja revoloteando en 1 'oradse e.
mo pi.a ·
a vere a co•
.
nposa en prado florido . Don Me! h .
ciente sig
d
e or unpa. ue su escender caprichoso El .
ha perdido con los matorrales

.

m~o. se

guc. Don 1lelchor aún en 1 ' ya no se le d1st ma punta de los ·
atalaya. Ni sombra de rapaz N
pies
rr.:inco, la soledad, el sol.
. l ada, nada ; el ba.Jonla:\lelchor
da la espalda al barranco y exa
b
mina s ce as. Dialoga interiormente:
-Tres son, tres los barrenos que se 11
tres dfas. )lafiana habrá lajas I3 .
evaron
s
•
.
,
Ja$ para toda
.
onne satisfecho, A chup d h
aviva el tizón de su tabaco · L as ceha
os ondos
as están bien
la "... mano.

calculadas, le darán tiempo para ponerse en salvo.
Se inclina y enciende las mechas. Se aleja con lentitud, después a zancadas, Juego corre y se vuelve tratando de achatarse sobre el sendero. Han
de estallar pronto. Los calzones rojos llamean.
Los cintajos del trapajo se baten como alas. Desciende, desciende. Se detiene. El rapaz le ha salido al encuentro. No hay tiempo para incre par.
Corren juntos. El sendero es estrecho. Don Melchor le estimula:
-Corre, corre, corazón, corre, hijo.

Enorme, enorme, en un solo estallido revien•
tan las minas, Corren bajo una lluvia de cascajos
y una laja pasa silbando como una flecha, Los
golpean los pedruscos, El rapaz se detiene indeciso como si el sendero se borrara a sus ojos.
Cúbrelo con su cuerpo don Melchor. Un soplo ardiente Je hace volver hacia atrás. Inmensa, chamuscada, candente, una piedra como una ráfaga

pasa por encima de su hombro. El niño rueda,
rueda cerro abajo. La piedra le aplastó el cráneo.
Suspenso, en alto los brazos, don Melchor semeja un gigante . Ciego, se precipita por la ladera que huye bajo los pies, en un rodar de piedras,
Dentro los cariaquitales del barranco alzó a su
hijo. Corre, corre. Sobre su hombro la cabeza del
rapaz se agita, bambolea desangrándose.
En el ranchón del "Monte Parnaso" no hay

�36

EI, MEJOR. DJSFllAZ

OOLECOIÓN A.RIEL

bálsamo, no hay hilas. Don Melchor en su traje
estrafalario corre, corre.
Las primeras callejas de la ciudad, contrahechas,
torcidas, jorobadas, están ahf. La botica no anda
lejos. Ya se distingue la alameda parroquial.
En plena fiebre de carnestolendas la calle rebosa. La llenan los carruajes, los autos y peatones. Las serpentinas se cruzan y engarzan en los
balaústres. Los Golfos ruedan en el arroyo. Se
disputan a puñetazos las baratijas. En su vano
empeño por alcanzar la suprema imbecilidad, por
todas partes mete su nariz pintarrajeada, la numerosa y vaTia pros.'lpia del hazmereir. Don ?lielchor, corre, salta, empuja, golpea. La chusma corre tras él, ansiosa1 alborotada. Ya llega. Le ahoga
el jadeo: don Melchor se agarra a las puertas de
la botica. Intenta hablar, no puede y extiende.
hacia el farmaceuta la mano crispada en medie;,
de la muchedumbre que Je envuelve y arropa.
El farmaceuta al primer golpe de vista:
-¡ Extraordinario, extraordinario, el mejo~
disfraz 1
Un Bachiller que se apertrecha con aguas de
olor:
-Un girondino.
Los golfos:
-Un girondinc;,. Un girondino.
Don Melc:hor:
-¡ Mi hijo!

37

•• -

al B b'ller·
El farma~euta
~c 1 • •
.
-Tiene
un leJ· os Mirandmo.
El Bachiller:
-El año terrible.
Don Melchor:
-Muerto. El médico.
El ·Bachiller:
-La santa gui.llotina.
El farmaccuta:

1· ·t res un amolador.·

-Lo que debe so 1c1 a

El Bachiller:
.
- . Está roma la cuchilla?
l Melchor iracun
·
do·.
Don
·1
1
_ 1Imbéc1 es.
Los golfos:
-El girondino.
b cia la multitud:
Don Melchor avanza a
-¡ un médico 1
Los golfos:
-Un girondino.
'd .
como enloquec1 o.
.
h
Don Melc or
.
M' hi'o . mi destmo sea,
-Malditos, malditos. t J ,
se...
detiene Su mirar es vago,
Don Melchor se
.. desmesuradamente
ronto sus o¡os
a esalocado. De p en h . c1a
. él , hacia
su person
•
abiertos se vue1v
trafalaria y rota.
La chusma vocea:
-El:~ondino 1

�SS

I

Don Melchor corre corre h • la
El Bachiller:
'
acia
pedrera.
- ¡ Qué tipazol
El farmaceuta;
-¡ El mejor disfraz 1
LUIS URBANEJA ACHl!:l,POHL.
/

Caracas, 1916.
( La Rm f4 .)

g¡anoeslírtcos alemanes contemvmánuos
f.QN la época en que se inició el movimiento

~U

naturalista en la literatura alemana, prersor de toda la corri,.ute de r enovación lite- b
raria moderna, escribía Federico Nietzsche:
"Ha querido el destino que yo tenga la mala
•uerte de ser contemporáneo de un agotamiento del espíritu a1emán, de una pobreza que
inspira piedad". El viejo romanticismo germánico, redivivo en las instituciones tradiciona les, en el régimeu foudal que Napo1eón fué
el primero en combatir, y la lenta pero segura prusianización tudesca, no hadan ntás q\te
contribuir a mantener un sistema político caduco que coartaba el desenvolvimiento de las
instituciones y repercutía en el ambiente de los
cenáculos artísticos: la ausencia de libertad,
de amplia iniciativa, de cosmopolitismo, man ifestábanse en los versos mediocres de un
P lateo y de un IIeyse; ~n lns estrofas prosaicas de un Teodoro Storm, de un Conrado
F ernando Meyer y de un Teodoro Fontane.
Si el primer cuarto del siglo diednueve habla sido una brillante realincif&gt;n iuca.l literaria, los arios que le siguieron fueron estériles
~ n bellas cosechas: uno que otro fuerte espírit u aislado, como robles en medio de una árida
llanura, no lograron constituir una uueva
selva como en los brillantes años del apogeo

�/
40

OOLEOCIÓN AJUn,

de Goethe y Schiller, cuando toda nna generación altísima sublimó las más bellas aspiraciones tudescas en las flores magníficas de
centenares de obras inmortales. Felizmente, y
aunque algunos años antes, en medio de esa
generación que se iniciaba, alzáronse tal dos
cipreses sagrados, las enormes presencias de
Hebbel, el poeta de "Judit" y de la magnifica trilogía "Los Nibelungos", creador genial
que ha resucitado en el teatro moderno el
amplio espíritu de los maestros griegos; y
Moerike, cuyo canto resnena como una voz

aislada y magnífica en medio de la vulgaridad ambiente de su tiempo. Con sobrada razón ha dicho uno de sus amigos que si este
lírico toma un puñado de tierra entre sus
manos y lo moldea un poco, bien pronto se
transforma en un pájaro que bate sus alas y
echa a volar. En los versos de Moerike ha
reencarnado el espíritu de Goethe: tal es la
pureza de su canto, tal la admirable limpidez
de su arte, tal la amplia armonía de sus poemas transparentes; baladas dulces, suaves,
armoniosas: urnas de cristal a través de las
que se ve un corazón que sangra y un espíritu
eternamente inquieto. A veces se diría que este poeta es como un niño que vive ma:ravillado ante el milagro de la vida y de la naturaleza.
Despúes de la guerra del 70, la embriaguez
del triunfo ahoga todas las voces: los estruendos patrioteros acallan los ecos más puros

LOS BB.4.NDM LÜLIOOS • • • •••

u

•
dio del vértigo de la
que se insmúan !º me el gl ante de la saga
nación que resucita, ast
g_ bros tras el
.d todos sus m1em
que ha reuu1 o
a nuevamente para la
combate Y dP~'jf.1;. canta y nadie le esculucha. Gott e . e
ue a uel momento de
cha: no parece s100 q añotes y trotar de ca•
bronce, de arrastrar d~~ poeta pindárico, hueballerías r~lam;se a oeta ha nacido en no
co y son aJero · ese P .
ha hecho la
oficial del ejército irnsttl~~e
sus ojos el
campaña de1 set en a Y d s batallas Lilien•
sueño triunfal dedlas grpªaºtrioterlsmo lnsopor•
a pesar e su
..
·
croo es '
.
ta de transtcl6 n, neo e0
table, un curto~o p~e t!vo y declamador: un
consonantes, tma¡p~a
. un rincón de a·
d
"6 "La
V1'ctor Rugo en m1matura,
¡ lirica de don e nact
quella enorme s~y¡ ,, Detleve de Liliencron
Leyenda de los tg os ·lar en la poesta lírica
marca una etapa si~g?. 1movimiento natuale?'ana: cuan:~:e ~~~c~:s:r; canta a la vida,
raltsta, ya él e "d" p las emociones fuertes,
las luchas cuott tanas, ·entos de la energía.
los grandes deslfm~:fs':ncia militar que le
Por e~~ ª"':ª?ª ª li ro del instante, desape rm1tt6 vivir el pe gl
tamf O y a a muer te·, por eso
.
fiando a1 des
y
hubiera
querido
que
biéa gustaba e Ia ca:o Shakespeare y Turtodos los p~etas, c~lla En las noches cruza
gueneff, se dieran a
· le a ante las cam·
Liliencro~ los campos, se a d:Í\rabajo diario,
piñas, asiste_ a I;&gt;- edpº\:?Í~motora, trueca la
ensalza el tnun10 e

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�OOLJ:OOION ,llUJ:I.o

espada por la azad .
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tiforme, variado ~• es, en n, un .P?Cta mul.
' co, sonoro or1gtnal
anuncia en sus versos l
b.'
' que
la poesía lírica tudesc: ~:md to to~al que en
Su influencia entre la jo
e ven_ir tr~s él.
ria alemana es
ven generación ltterapronto han de ~:~~~:od~ P~:ltq;h.ets bien
t man y
de Verltaeren.
Las obras de Tol t 0
d
.
Ibsen y de Zol . s Y Y e Dosto1ewsky de
a, 1mpu1san d fi ·t·
'
movimiento naturalista
e DI 1v3:mente el
un golpe en el teatro de .¡jue se mamfiesta de
man, de Halbe
en to auptman, de Suder•
promut've la Esce!a Libr:~ el d~spertar que
desde ese instante la infl e I!erlm. -~ partir
dernista va en au~en
uenc1a estettca moha de malograr- en el to _ascendente, que nada
vista editada p¿r 1 Eprimer ~úmero de la retas palabras: "El d~re~f n~ )Libre se leían escontenido en un solo co o e nuevo arte está
es verdad" He
Cncepto: este concepto
. rmann onrad h bl t
bº
de la nueva tendencia de I
a , a ~m tén
toda convención , " q u e' no ahapoes1a
d · libre
· de
más que en lo verdadero
e 10_sp1rarse
primitivo"· que habl •d~n lo natural, en lo
razón.
'
a irectamente al coAl desenvotvimiento .
.
de Alemania debe
gigantesco mdustrial
vo: una poesía uecosrrb~ponder un arte nuefuerzo del trabajo
energía, el es"Nuestro mundo ha d .ªª acta de la vida:
co-escribe Arno Rol eJadNo de ser romántiz . uestro mundo es

1: ur:t 1~

tan soto moderno". El primer libro de este
poeta es un libro lírico de abierta índole so-

iial; en "El Libro del Tiempo" se escucha el
ftSOnar de los martillos; se anuncia la gesta

del trabajo y se siente la miseria que crea ta
desigualdad social. Pero no será. esta obra sino sus libros futuros los que afirmen ta excelencia de su personalidad tfrlca: ''Phantasus"
y "Dafnis", serie de esquises del siglo diecisiete, prueban cuanto se ha alejado de sus fieros
arrestos iniciales. Antaño cantaba: ''Tan lejos como la vista alcanza, se ven nada má.s
que los trigos, tal si fuesen hombres que aguardaren la madurez" (1). Sólo concibe al
poeta moderno que participe de tas inquietudes de su tiempo:
Modun sei der Poet,
Modem vom Scheitel bis zum Sohle.

Hoy la poesía de Holz se ha tornado refinadamente cosmopolita, y parece el poeta haber
olvidado ese su lema tras el cual riñó sus
mejores luchas por el naturalismo: "Que el
arte y la naturaleza sean tan sólo una coaa" (2).
También Schlaf, uno dé los primeros teorizantes del naturalismo, se alej6 de su punto
inicial de partida y, sigttiendo la orientación
de Watt Whitman, cuya influencia ha sido
definitiva en sus obras, se mantiene en un in(1) Sonst nichts, sowie der Bli.ck auch schweifte .•.
(2) Kunst und Natur

Sel eines nur,

�OOLSOOIÓN .lltIEI,

'
:'

~:
1

t

1

LOII GUNI&gt;:U r.t.rooa •••••.

46

t~nso aislamiento fitos6fico, contemplando ta
no a peligrosas bizarrías verbale~ e ideol6givida que pasa con serenidad y dulzura. Su
s. A él se le atribuye la patermda? de una
i1;1dividualismo es altamente interesante: rabra humorístico-crítica que en la hterat'!-ra
e1onatista en el fondo, concibe sus poemas
contemporánea tudesca tuvo un eco parecido
con el espíritu de un catedrático que viviese
al de "Le livre des. Masques" de Remy de
en su tebaida ideal, totalmente desconsolado
Gourmont en Francia.
'd
de tod?s los valores, p~ro ardoroso creyente
Una vez' más, como antes ~ab_ía su~ed1 o
de la vi&lt;;la. En su poem1ta Otoño leemos esta
-~ con el naturalismo, la influencia literaria co~dulce nota final: "Así... mi cabeza en tus romopolita acentuó ?efiniti_vamente el movidillas: ¡Qué dulce!_ ¡C6mo mi pupila parece
miento de renovact6n linea: sobre todo el
~ormtrse en tu puptla! ¡Qué suaves siento dessimbolismo francés y los mejores yoetas c_onhzarse los minutos!" (1).
temporáneos ingleses: norteamericanos e tt~:
La fundación de una serie de publicaciones
lianos: Baudelaire, cuyas "Fl~res del Ma
sucesivas dan vida definitiva al movimiento
traduce Stephan George; Verlame, que llega
iniciado en la lírica: la ''Deutsche Dichtung''
a ser popular en los cenáculos; Mallarmé, .
.
"Die Gesellschaft", la "Neue Rundschau"
Jales Laforgue, Henri de Regnier, alguna~ de
sobre todo "Die Insel'', dirigida por Otto
cuyas traducciones aparecen en la revista
Julio Bierbaum, acogen a todos los nuevos
" Pan "· Wal Whitman, cuyas " Leaves of
p~r!aJiras. En "Die Gesellschaft", Bierbaum
Gass,, ~erte al alemán Juan Schlaf de~pués
m1c1a una campaña cruda y activa en dede h;ber leído los poemas del lírico americano
fensa del arte nuevo contra los rimadores
en la traducción de Knortz y ~olleston; Maeª?&lt;?Cenados y co1:1tra los que siguen la tratcrlinck, Verhaeren, D'Annunzio, que en. Hud1c16n de los antiguos poetas tudescos. Biergo de Hofmannsthal encuentra u~ s~guid or.
baum es un buen poeta, pero antes que tal
Pero es justo reclamar en este movimiento ases menester considerarle como a uno de los
cendente derenovaci6n literaria un lugar muy
que dieron mayor impulso al movimiento de
alto para Federico Nietzsche. &lt;;uando_Branrenovación literaria en Alemania. El verso de
des publica su ensayo sobre el i_deol6g1co_ de
Bie~baum es suave_, correcto, con algo de par''AsíhablabaZarathustra", sus libros comiennasiano y de sentimental; su "Irrcrarten der
zan a ser buscados ávidament~, :'e. le lee con
Liebe" es un bonito libro, sencillo, ~taro, ajeinterés profundo y su obra pr:nc1p1a a trans·
formar los sentimientos y las _ideas. de la nue(1) Sol Mein Kopf auf deinen Knien •••
va generación. Nietzsche ha sido, s10 lugar a

1

y

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�L08 G!U.l(I)III IJ!U008 ••••••

OOL&amp;OIÓ1' U!&amp;

duda, el msyor lírico n •d
el 61tlmo cuart d 1 • act .º en Alemania en
biaba Zarathu~ra~' siglo d1eclnueu. "As! haes un poema un
f
fi co poema vaciado en diam . '
magn •
imágenes, su vocabula . fnfna prosa; su■
luminosa de su
rí d no, a orma breve y
za ideológica d: !':s ~ os,_ la espléndida bellepoeta admirable un rceraectdones, ha.cen de él un
· pesa sobre
' tod a1 or
genial cuya ID•
·
fl nencta
)'
de la pasada centuri a a ttera~ura de fines
presente Cl
a y de comienzos de la
.
.
aramente encontra
1
Ntetzsche en Ja fuerte indi ºd r:os a go de
en los poemas en la . v1 ua ! ad de Ibsen,
en .las sutiles
s tdeolog,as de Dehmel
Gourmont en los cc1ooes morales de Remy
~ramas d¡ Hauptm~':om~. ~e thlaf y en los
Joven generación una d . t~ zsc e le da a la
individualismo y hace dctn;a fundada en el
alemana Jo q
h" .ª cm s por la lengua
ller ni M ~e no . tcte:on ni Goethe, ni Schi'
oer1ke, nt He1ne·
t
prueba con los más bello . es.~ e~, poner a
les toda su ductilidad
s e9uiltbnos verba•
e
armomosa
omo en Francia habla
..
parnasianos, Gauthier sob::ontec,do con los
clamaron la doctrina estéf tddlo, que pro•
arte, en medio de los
. tea e arte por el
romanticismo, as! ta:~r;:otes estruen~os ?el
pronto los que hablan sid en Al~mama bien
turalismo se iban 1 • d 1os confeos del nalos excesos de su e~~~n. o p~o a poco de
mann escribía "La
~- mientras Hanpt•
joven l!rico fundaba 1':,8~~1~?ttn defi;8"a?nele", un
ª er urd1eKunst"

.tse •

'

.,

en la que comienza a dar a conocer a los slm•
bolistas franceses: Baudelaire y Mallarmé,
Verlaine y Laforgue. Mientras los naturalistas querían hacer de sus obras reflejo de la vida
múltiple y libre, Stephan George sólo buscaba el refinamiento morboso de lo exquisito:
las sensaciones suaves y complicadas, los rebuscamientos satánicos del arte, los vocablos
sugerentes y las ideas obsesoras. Su estética
es ante todo individualista hasta más allá del
bien y del mal; su literatura es enemiga de la
democracia. El poeta vive encerrado en su
turris eburnea y no escucha ni quiere oir los
tumultos de la urbe civil. Vive para él en consonante consagración ideal, en eterna actitud
misteriosa. Su aristocratismo ~s intransigente: desprecia las multitudes, odia las antologías, edita sus libros en ediciones lujosas, con
caracteres especiales y papeles riqn!simos.
Del cenáculo que presidía George hace algunos años, era uno de los más fieles concurrentes Rugo de Hofmannsthal, que más tarde
se alejó del maestro para constituirse también eu jefe de capilla. Hofmannsthal fué uno
de los primeros más constantes colaboradores de la "Blatter fúr die Kunst" . En el primer número de la revista escribía el autor de
"Elektra": "Ella quiere que sea el arte algo
puramente intelectual que se base sobre una
nueva manera de expresión y de sensibilidad"
Dicho manifiesto iba directamente enderezado contra el naturalismo, cuya vida comen-

�oor.aoor6w ilDIL

zaba ya a arrastrarse con languidez. Fono
do cerca de George y bajo la influencia de 1
simbolistas, especialmente de Gabriel d'A
nunzio, su obra acusa una transparente p
reza: minucioso y artista, su estilo semeja
encaje sutil, tejido con hilillos de oro puro
en el que el poeta ha prendido sus emocioo
como un joyero una perla. Enamorado de lo
exótico, casi todas sus obras son motivos a•
r_rancados a la historia y a la leyenda y estihzados a traves del crisol de su sensibilidad.
Como George, Hofmannsthal se refugia en el
P!lsado, huyendo la vulgaridad presente, la
vida actual, falta absoluta de interés para su
ar1;e: el ~ena~miento, la antigua Grecia, el
Onente mistenoso de las Mil y una Noches, le
atra~n co1;1 el canto~ enervante de un perfume
rancio y leJano. Un fltmbolodel armonioso equilibrio de su poesía podrían ser aquellos versos
de su pequeño poema Ambos: "Llevaba la copa en la mano; su barbilla y su boca semejá.banse a su _borde. Tan suave y seguro era su
paso, que ni una gota se derramaba de la copa" (1). Oigamos, en cambio, este final de su
Vo~Frühling , que denuncia la influencia cercanfsima de las "Serres chaadcs" de Maeterli!1ck: "Se ha escapado (habla el poeta del
viento) por la flauta en un tembloroso grito;
a la hora crel;'usc~lar ha volado lejos... ha
pasado en el silencio, a través de la pieza ru(1) Sie tru¡den Becher ID de Hand•••

LOS oUIO&gt;U Lfmoos;,....~- ....

49 • -

y ha extinguido dulcemente la lumbre
la lámpara (2).
. .
Suma y compendio de todo el lmsmo tudesactaal es Ricardo Dehmel, cu~a. obra decaden6 tempestades _en 1~ ºl?m16n c~andió a la estampa su hbro MuJer y Umver". Es el de Dehmel el temperamento r:J?-ás
mpleto y vigoroso de la presente genen~_c1ón
·ca germánica: fuerte, sensual, expresivo Y
iginalísimo. No ha existido un lí~co que,
mo Dehmel, haya comprel!dido e mterpredo a Verla ine: sus traducciones del poeta
e ' 'Sagesse" son perfect as. Dehmel es en el
ndo un naturalista doblado de un filósofo
• quieto: contempla la vida, los seres, el amor
niversal y el amor human.o, fuente sagrada
de la vida. Su poema Oración noct urna de la
novia es uno de sus mejores cantos,_y da la
edida de todo su ardoroso sensualismo. La
m,nada invoca al amante porque su "soledad
la incendia"; quiere estar cerca de él, be_ber
eus fuerzas, fundirse con él e? el fuego ardiente del amor: "Noche de ardiente deseo, mundo que atormentas, sueño t erreno: ¡sol, so)!
¡Oh, mi amante, mi esposo!". Est e poema,
que aún sigue escandalizando a pa~atos como
el incomprensivo Muret, promoVtó más ~e
una discusión violent a cuando Dehmel lo dió
a la estampa. El libro ".Las t ransformac}ones de Venus" es un curioso poema erótico
(2) Er glitt durch mit Schweigen • .•

�CIOL'EOOI6K ilIZL

en la que presenta la alegoría venusina; todas
las formas del sentimiento amoroso: Venus
Bestia y Venus Creadora; Venus Perversa y
Venus Primitiva. El amor abarca para el
poeta el arco de la vida desde el nacimiento
hasta la muérte misma en el símbolo fecundo.
Dehmel es un poeta total, un poeta com pleto como Walt Whitmann o el belga Verhae·
reo. Su cauto abarca la vida entera en todas
sus manifestaciones, desde sus orígenes hasta
su evolución más elevada y abstracta. Hombre profundamente sincero, de carácter de hierro, ha hecho de su vida una tremante hogue•
raen la cual se funden todos los prejuicios y
los convencionalismos todos. En 1899 separóse de su mujer con acuerdo de ella misma
porque, según reza en su autobiograffa, "un
amor más fuerte me había cogido" (weil eine
stii.rkere Liebe mich ergriff).
Los poemas de Ricardo Dehmel tienen, como la poesía de Vedaiue, todo el encanto $U•
gerente de las palabras que se pronuncian a
media voz, en sordina, dejando que caigan
sobre la sensibilidad como pétalos húmedos:
he aqui la Ciudad tranquila, una ciudad silenciosa, dormida, que solo turba el canto de
un niño: "Y a tra ,('S del humo y de la niebla,
se inició un canto suave que brotaba de la
garganta de un niño" (1).
(LosDUS. Santiago de Chile,)

ARMANDO DONOSO

(tt,,. und durch den Rauch und Nebel. .•

f

ederfco Nfet.icbe
EL OTOÑO

He aquí el otoño que me hiere
con su espada de hielo el corazón.
1Aléjate J Mi espíritu se muere .
mientras el viento canta su canción.
El sol sube despacio sobre el monte,
descansa a cada paso en su ascensión;

la esperanza ha huldo; el horizonte
es triste. Me duele el corazón.

El mundo se marchita ... se marchita ..•
el arpa mustia suena su canción, .
la canción del otoño que está escrita
sobre la nieve de un corazón.
Traducción de Wilheim Kcfper ·

ECCEHOMO

V d d ' Yo no conozco mi origen-voraz co¡ era.
.
totomo la llama-ardo y me consumo .-_y cuan
co se convierte en luz,-y Jo que deJo no es más
que carbón.-l. Verdad ¡ 1soy como la llama 1
Traducción de A. D.

�52

COLECOIÓlf .UI&amp;L

ULTIMA VOLUNTAD

¡ Irse I Verle morir como .yo le ví un dia,-a
aquel amigo que fué luz-en mi oscura juventud.-Grave e inquieto era; tal un danzador-en
medio de una batalla:-entre los luchadores el
más alegre ;-entre los gloriosos el más firme.Fuerte, pensante, sereno-en la claridad de su
destino.-Tembloroso cerca de ]a victoria,-rebosante de alegría ante el presentimiento-de un
triunfo ganado en el umbral de la muerte;-dando órdenes en la agonía, cuando-lo que ordenaba era su muerte.
1Ah! i Irse! Verle morir como yo le ví un díacon el gesto de un vencedor.
Traducción de A. D.

LfRIC08 .UillUNU

63

LA ISLA DE LA FELICIDAD

La luz bromea en el caliente establo
y en él dos vacas de reposo gozan.
Gallo y gallinas, a la prole atentos,
con prodigiosos desperdicios sueñan.
El zagal, en la hebilla de las calzas,
tierno cantar al hermanito silba.
Mozo, gallo y polluelos, descuidados
viven ante el raudal del Universo.
Traducción de E. Diez C;medo.

Oton 'juUo Bferbaum
SUEÑO EN EL CREPUSCULO

Detlev de l.-ílíencron
LA GOLONDRINA

Mecen al niño los maternos brazos·
cruza el aire en ziszáz la golondrina.'
Mayo; ternura fiel de un ser al otro·
cruza el aire c·n ziszás la golondrina. •
Luchas del hombre; sumisi5n o triunfo•
cruza el aire en zisi:1:s la golondrina. •
Tres puñados de tierra sobre un féretro•
cruza el aire en ziszáz la golondrina ! '
'fraduccióo d~ E. Oí~&amp; Ca.11cdo.

Praderas dilatadas, dulzura vespertina;
surgiendo estrellas van; el sol declina;
busco a la más hermosa, lejos, en los confines
de los prados, en esta dulzura vespertina;
voy por entre los setos ue jazmines.
En ta paz vespertina, por la tierra del amor,
camino sin cesar, no me apresuro;
suave lazo sedeño me retiene seguro,
en la paz vespertina, en las tierras del amoY,
ID un tibio, azulado resplandor.
Traducción de E. Diez C&amp;11edo.

�54

• LÍRICOS

COLB:OOIÓN ARIZL

'8ítardo Oehmd
LA CIUDAD SILENCIOSA

Hay en el valle una ciudad.
Obscuro va quedando el día,
pronto en el cielo ya no habrá
luna ni estrellas; noche fría
tan sólo reinará.
Los montes al pueblo en la masa
cautivan de nieblas ingentes;
ni techo, ni patio, ni casa,
ni sonido el humo traspasa:
sólo, apenas, torres y puentes.
El caminante siente miedo:
pero, en el fondo, una sutil
lucecita brilla en las nieblas
y un canto de alabanza, quedo,
sale de una boca infantil.
Traducción de E. Diez Canedo.
NOCHE EVOCADORA

Mientras los campos se obscurecen-mis pupilas se tornan más transparentes.-Ya apunta la
luz de una estrella-y los grillos redoblan su letanía.
Cada voz es más evocadora :-lo vulgar hácese
milagroso.-Detrás del bosque el cielo está más
pálido,-mientras las cimas se bañan de claridad.

ALDAMB:8

· ·ero '- como la lui
y tú no notas al pasar, v1a1
~ en el amplio seno de las som~:~~~o;:~:~fnesperadamente, te sientes sobre•
cogido.

Traducción de A, D.

]lrno ftol~
FRENTE A . MI VENTANA

Canta un pajarillo
ante mi vent ana.
Arrobado le escucho; mi corazón aguarda.
Canta.

Me recuerda lo que tuve de niño
y que luego olvidé.
T raducción de A. D.
E N UN JARDIN

En un jardín,
bajo los árboles ensombrecidos,
ardamos la noche de verano.
ª~un no despunta ninguna estrella.
De una ventana,
en crescendo,
•
. í
llegan los acordes de un v1ol n.
La lluvia de oro deslumbra.
Las lilas embalsaman,
mientras en nuestros corazones
se levanta la luna.
T raducción de A.

D.

�56

ÚBICOI .a.LDIAD8

SOBRE EL MUNDO

Pasan las nubes sobre el mundo.
Su luz pasa
a través del bosque.
1Corazón, olvida !

se disiparon en el valle obscuro
mis vagos pensamientos de crepósculo,
y entre las aguas de una mar tranquila
me hundí callado•.• y se me fué la vida.

Vi cálices de flores misteriosas

Del sol benéfico
fluye un sopor agradable,
Y de las revueltas flores nacen
propicias consolaciones.
i Olvida 1 ¡ Olvida!
De la espesura, el canto de un pájaro ...
Canta su canto.
1La canción de la felicidad !
Traducción de A. D.

nugo de nofmannstbal
SUEÑO VIVIDO

y negras, que brillaban en la sombra:

y en corrientes de tinte anaranj~do
-como tibios fulgores de topaciouna luz que pintaba la floresta,
de triste claridad amarillenta,
y todo estaba lleno por las olas
de una rara cadencia melancólica,

Y sin lograr siquiera comprenderlo,
mi turbada razón, pero sabiéndolo,
clamaba sin cesar entre mi mente,
que aquella realidad era la Muerte ..,
y la Muerte hecha música; la hermana
de los hondos anhelos; la que ama

El Valle del Crepúsculo llenaban
perfumes grises de color de plata,

a los seres que viven, y los busca,
toda vigor, entre la noche adusta.

como cuando la luna se tamiza
p or entre nubes de borrosas tintas.

y en silencio y oculta entre mi alma
lloraba por la vida una Nostalgia,

No era la noche sin embargo. Presto
co n los aromas de matiz de argento

y lloraba y lloraba como llora

el que se va-llevado por las olas

11'

�·, 68

OOLEOOION ABIEL

en una enorme embarcaci6n marina
de fantásticas velas amarillasque a los-tenues fulgores del ocaso,
desde las aguas de un azul opaco
consigue divisar en la ribera
todo el cariz de la ciudad paterna:
y se ofrecen las calles a sus ojos
y percibe el murmullo de los pozos,

y de los caros bosques familiares
aspira los aromas otoñales,
y se finge de pies entre la arena,
como en las horas de la edad primera,
transido de inquietud, con las pupilas
arrasadas en lágrimas esquivas,
y ve el roto cristal de su ventana
y tras ella su alcoba iluminada...
Pero la enorme embarcación marina
que no surte jamás en las orillas,
sigue adelante en el silencio mudo
que hacen las aguas de un azul obscuro,
sobre los viejos mástiles tendidas
melancólicas velas amarillas 1. ..
Tradu~ión de Guillermo Valencia.• . ~

LÍBICOS ALDL.Ura6

ó9

Stepban George
ANIVERSARIO

Hermana, toma el cántaro
de tierra gris;
·
no olvides la costumbre, Yvente luego
en pos de mí:
Hoy ha siete veranos que lo vimos:
recuerda ... En tanto
que Bl hablaba, nosotros en el pozo
hundíamos risueñas nuestros cántaros !
Después ... un mismo dia
nuestro novio perdimos: Hoy, hermana,
iremos a buscar en la llanura
la fuente que sorobrean
dos álamos y una haya,
para que allí
llenemos en silencio nuestros cántaros
de tierra gris ...
Traducción de Guillermo Valencia.

�HOKBBOOOX'l'lli HOJI.BJtO

ffombro contra bombro

e

las varias tribus
hermoso territ .
que poblaban el
pública Oriental lo~r; que hoy forma la Re.
lugar prominen'te a uaraníes ocupaban un
ta con los Charrú~s ufque en guerra abiersil, sus implacables Íer°s M_~melucos del Braban caza como a b tegu1 ores, que les daban y vendían por es:1:~s.feroces, los herraEn una de las mu h
.
•
los Guaraníes conf;d:rs mvas1on,es de éstos,
un poderoso e]ército 'ldos, hab1an reunido
las inmediaciones de{ue::n~:n acampando en
Las reyertas y rivalid
y.
tre los caciques uar a ,es, tan ~omunes enrompimiento, y pr2xim~ntes, o~as1onaron un
cada uno se retiró co0
a venir a las manos,
le pareció.
su gente donde mejor
Uno de los caclques G
.
taba mayor número' de uaym1rá~, el que convadear el río y se guare .~om~atten!es, logró
Los demás formand c1 en a vecma selva.
charon hacia ~l nort o alas paralelas, marEl enemigo que ac:~haba
•
cuando los vió dividid
bsus moví1!31entos,
os y astante leJosunos
NTRE

l

61

de otros, cayó sobre ellos y los fué batiendo
en detalle.
Los que escaparon de aquella espantosa
carnicería, anduvieron tres días y tres noches
vagando por los montes, perseguidos siempre
por los Mamelucos, hasta que, muertos de
hambre y de frío, pudieron llegar a las márgenes del Uruguay, favorecidos por la oscuridad de la noche.
'Estaba muy crecido el río y había vara y
media de agua sobre el paso, que era un estrecho banco de arena. La fuerza de la corriente ponía espanto, y los baqueanos declararon
que era imposible pasar.
Los fugitivos, cuyo número crecía por instantes, llegaban, y al ver a sus compañeros
detenidos por aquel obstáculo insuperable, se
sentaban tristemente a la orilla del río, escondiendo la cabeza entre sus manos.
Empezó a despuntar el alba y a divisarse en
lontananza, en la cumbre de las lejanas cuchillas, las ordas de los Mamelucos, que husmeaban su presa. Las mujeres y los niños rompieron en sollozos y gemidos. Algunos hombres
corrieron instintivamente hacia la orilla, pero
al tocarla, retrocedieron amedrentados por
el imponente espectáculo que ofrecía el Uruguay desbordado.
Un joven alto, robusto, de vigorosa musculatura y excelente nadador, detúvose únicamente, y, confiado en su destreza y en sus
nervios de acero, se precipitó en el río.

�62

OOLICOIÓN ARU:L

Otros y otros le siguieron.
Lucharon un momento ... pero debilitados
por _el cansancio y la falta de alimentos remolmearo_n, y describiendo un ancho cir~ulo,
desaparecieron arrebatados por la corriente.
Poco después, sus cadáveres flotaban sobre
las olas. Horrible desesperación se apoderó del
al~a de los Guaraníes, y de nuevo los niños y
muJeres ensordecieron el aire con sus alaridos.
Lo~ que se encontraban seguros en la selva,
acudieron ~I tumulto desde la orilla opuesta
Y una sonnsa satánica iluminó el pálido ros'.
tro del vengativo Guaymirán, que capitaneaba aquella tribu, la única que se había salvado del desastre general.
En ~•to un grito formidable retumbó en el
espac.10 como el sordo rugido del trueno: los
enemi?os acababan de divisar a los dispers?s.-¡Protegednos, hermanos!-gritó un anciano adivino, dirigiéndose a sus antiguos
compañeros-los Mamelucos, después de deg~llarnos pasarán el río mañana y harán lo
mismo con vosotros.
El cacique pareció reflexionar, y un murmullo de &lt;;ompaslón_se levantó entre su tribu.
_Las muJeres, los 01ños y los heridos les tendieron sus brazos.
_El sol rompió las densas nubes que lo envolvt~n y trepó lentamente por el horizonte ilummando con rasgos de fuego aquella escena
desgarradora.
-Sí, es preciso salvarlos-exclamó un joven

RODILO OON"l'tlA BOOBO

entusiasta-caerá sobre nosotros la maldi:
ción de Dios y el desprecio de los hombres, SI
ne&gt; lo hacemos.
.
-Unidos, somos invencibles,. tornó a decir
el adivino: pero a)slados y ho_stiles seremos la
presa y el escar010 de las tnbus más despre•
ciables.
.
,
Guaymirán levantó l'?s OJOS ~l astro, s1m•
bolo de su común creencia, y herid~ en las pu·
pilas por su lnz irresistible, sac~d1ó su larga
cabellera como si quisiese arr'?iar de sí los
malos pensamientos que le d~n:unab3:ni y vol·
viéndose rápidamente al v1eJO ad1vmo, le
gritó:
-Que cien hombres de los más fuertes, en·
lazadas las manos con las manos, hombro
contra hombro, se adelan~en en lí~ea ~ecta
sobre el banco hasta la mitad del no. Noso·
tros haremos lo mismo y formaremos as! un
estrecho canal que sirva de tránsito .ª los débiles, y de invencible barrera a la puJanza del
río. Así lo ejecutaron, y entonces, a favor de
aquella muralla de pechos hum3:n_os, asegurándose en ella, el resto de los fug,tivos pasó
y trasladó a la ot~a orilla a los niños, a los
heridos y a las mujeres.
Cuando llegó el feroz Mameluco enco~tró
la playa desierta; pero confiado en que ba¡ase
el río, sentó allí su campamento.
Los Gnaraníes derrotados, ganaron la selva, comieron y ?urm!eron tra~quilos esa noche, y, restableetdos de sus fatigas, en la ma-

�CJOI.WOOIÓN ABIU.

drugada del siguiente dia, aliados con la nu•
merosa falange de Guaymirán, sorprendieron
a los Mamelucos y no dejaron uno solo con
vida.
Pueblos del Río de la Plata y de toda la
América española, partido que por diversos
senderos perseguis uu mismo ideal, el imperio
de las lnstitaciones, el bien, la felicidad de la
patria, imitad en la buena como en la mala
fortuna el proeeder de Guaymirán: unidos
sois invencibles, pero aislados y hostiles, seréís la presa y el escarnio de las más despre•
ciables tribus.

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H 125 varas del Parque Central
Esta imprenta se ~ncuentra
instalada yá en su nuevo y espacioso local, situado en la Calle 4.• Sur, entre las Avenidas
4. • y 6.•

Oeste, á 125 varas

del Parque Central, construido
especialmente para tipografía y
que presta grandes comodidades
para el trabajo.
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EDICIONES NITIDAS Y COIIRECTAS • • •

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                <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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              <text> Colección Ariel de Joaquín García Monge. La misma fue una importante revista cultural que iniciara en 1906 bajo la dirección de su fundador y terminada en 1917 por Alfredo Greñas, sucesor de García Monge en la dirección de la revista. La Colección Ariel se caracterizó por difundir una selección de literatura clásica y moderna de distinguidos intelectuales latinoamericanos, europeos y estadounidenses. A partir de 1908 la revista incluye una sección denominada "Rincón de los niños"  </text>
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