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                  <text>��CARTAS AMATORIAS

DE LA AVELLANEDA
INTRODUCCIÓN

No obstante el parecer de don Marcelino Menéndez y Pelayo acerca de la publicación de estas cartas que ahora ven la luz
en Cuba por primera vez, parecer expresado en el sentido de
que la Avellaneda
no hubiese agradecido mucho estas revelaciones póstumas, tan frecuentes
en F rancia como desusadas entre nosotros (a),

entiendo que deben ser conocidas en nuestra patria las epístolas amorosas que la insigne poetisa camagüeyana escribió a don
I gnacio de Cepeda y Alcalde, nacido en Osuna (España) el 21
de enero de 1816. Y lo entiendo así, porque pienso en estos asuntos lo mismo que los franceses: que todo cuanto se relacione con
las grandes figuras nacionales, debe ser estudiado, conocido,
divulgado, cuidadosamente recogido y reverentemente examinado, a fin de que ningún aspecto de ellas quede en la sombra; y
sin gue tales escudriñamientos signifiquen, en absoluto, falta
de respeto a l a memoria de quienes, cualesquiera que hayan sido
sus defectos en la vida privada, siempre merecen, por sus éxitos personales y el brillo de su actuación pública, la consideración que nadie les niega por la publicidad de sus desánimos o
flaquezas. Por el contrario, l a divulgación de estas intimidades suele acrecentar la simpatía pública por determinados personajes, aunque no han sido raros los casos en que el conocí( a)

Hi&amp;toria de la Poeala Hiapano-Americana, Madrid, 1 911, t. I, p. 273.

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�18

19

CUBA CONTEMPORÁNEA

CAR'rAS A)fATOHI.\S DE LA AVELLANEDA

miento de íntimos detalles personales ha hecho descender algunos grados el nivel de la admiración popular.
Lo mismo que se ha hecho en Francia con Gcorge Sand-que
tantos puntos de contacto tiene con la Avellaneda-, con Víctor
Hugo, con Napoleón y con otras figuras descollantes en la historia literaria y política francesa, y que en cierto modo viene
realizando en Cuba con el inmortal Martí nuestro compatriota
Gonzalo de Quesada, ¿ hay razón para que aquí no se haga con
la Avellaneda, f'S decir, para que se repita entre nosotros respecto de ella, puesto que ya está hecho en España ·desde hace
seis años YEntiendo que no.
No puedo prever cómo será recibida en Cuba la divulgación
de estos documentos en que

sen que ésta no era buena en los comienzos de la vida literaria de
la poetisa, o que era anticuado su modo de escribir,-que fué
después ganando en perfección y en belleza, notables en las últimas cartas de esta colección.
Por mi parte, debo hacer constar que en esta reproducción
respetaré fielmente los modos de escribir de la poetisa y del
comentador y anotador de sus cartas amatorias. Sólo introduciré una variación, que nada tiene que ver con los textos, que en
nada los altera: consiste en que las notas irán numeradas correlativamente en cada una de las partes de que consta el libro de
donde copio, en vez de recomenzar la numeración en cada
página en que las haya. Además, también hago constar que, salvo
indicación en contrario, todas las notas son del señor Cruz de
Fuentes : son mías las que aparecen entre paréntesis cuadrados,
en el texto del prólogo, de las cartas o en el de las acotaciones del
Sr. Cruz de Fuentes, y las que señale con estas letras: N. del C.
(Nota del copista.)
Como antes he dejado entender, presumo que no faltarán
comentarios maliciosos por la publicación de estas cartas; pero
quiero ignorarlos. Las publico porque sé que en Cuba,
desde que en 1907 apareció en España el libro que las contiene,
muchas personas desean leer estas epístolas escritas con todo
el fuego que tradicionalmente se atribuye a las hijas de los
trópicos. El único ejemplar llegado a la Habana, según mis noticias, es este del cual las tomo: pertenece a la biblioteca del
Ateneo de la Habana, donde muy pocas personas pudieron verlo a causa de que estuvo perdido algún tiempo.
Cierto día, cuando catalogaba yo, por razón de mi cargo de
Secretario de Canje y Correspondencia del Ateneo, los volúmenes guardados en sus casi vacíos estantes, tuve la alegría de
que mis manos diesen con el preciado libro perdido; y temeroso de que algún bibliómano, bibliófilo o malintencionado, lo hiciese desaparecer quizás para siempre, sin más provecho que el
suyo personal, decidí copiarlo y dar a conocer la copia en la
primera oportunidad favorable. Ninguna mejor que esta del
año en que se celebra el centenario del fausto natalicio de la
gloriosa camagüeyana, que será solemnizado con festejos nacionales el 23 de marzo y la erección de una estatua en su ciudad

hay datos muy importantes para la psicología de la poetisa, que en parte
confirman, y en parte rectifican, la idea que por tradición de los que la conocieron, se tiene de ella (b);

pero es indudable que, a1mque sólo sea por lo interesantes que
son, deben ser conocidos aquí lo mismo que lo fueron en España,
donde, a pesar de la exigua tirada de la obra de la cual los tomo
(300 ejemplares, no puestos a la venta), están bastante divulgados; y nadie, que yo sepa, se ha escandalizado por la publicación de ellos, ni nadie, tampoco, reparó en que acaso el comentador de estas cartas puso demasiado empeño en hacer resaltar los defectos ortográficos de la ilustre cantora, que las trazó
sin pensar en que algún día sus arrebatadas epístolas amorosas
serían objeto de nimia crítica y de la curiosidad de sus compatriotas.
No se me oculta que los documentos deben ser publicados
tal y como fueron escritos ; por lo tanto, creo que ha hecho
bien el señor Lorenzo Cruz de Fuentes, recopilador y comentarista de estos a que voy refiriéndome, en respetar la ortografía
de la Avellaneda: pero, a mi entender, no tuvo necesidad de
señalar el "abandono" y el "descuido" de la escritora : con
haber indicado que respetaba escrupulosamente la ortografía de
los originales, era suficiente para que los lectores comprendie(b)

Op. cit., p. 272•78.

�20

COBA CONTE~IPORÁNEA

natal ; y como sé que presto un servicio a las letras de mi patria
con la publicación de estas cartas, ninguna consideración ha sido
bastante a detenerme en el propósito de darlas a luz, acariciado
desde que cayeron en mis manos.

•••
A.demás de los interesantes artículos que dedicaron a este
libro, entre otros notables escritores españoles, don Francisco
Rodrígue7. Marín en la revista matritense A. B. O. (reproducido
en el Diario de la Marina, Habana, edición de la tarde del 22
de enero de 1909), y la Condesa de Pardo Bazán (véase el diario citado, edición matinal del 24 de julio de 1910), el admirado
crítico cubano Enrique Piñeyro, fallecido no hace mucho en
París, dedicó también a estas epístolas, tres años después de
publicado el volumen que las contiene, un bello artículo en El
Fígaro de esta capital, número del 22 de enero de 1911. Está
fechado en París el 30 de diciembre de 1910; y como da una
síntesis exacta del contenido del libro, admirablemente escrita
como casi todo lo que salió de la elegante pluma de aquel compatriota casi olvidado, con evidente injusticia, no resisto al deseo de transcribirlo íntegro, menos el último párrafo, que no hace
al caso para mi propósito. El artículo se titula La Avellaneda y
Safo, y dice así:
Gertrudis Gómez de Avellaneda falleció en Madrid el año de 1873, y en
el cortejo que acompañó su cadáver al cementerio '' no éramos, dijo Carlos
Frontaura, al siguiente día en el Eco de Ambos Mundos, más que seis escritores"; ¡ tan olvidada la tenían ya, allí donde habia vivido muchos años y
ganado lauros infinitos en teatros y liceos! Creo que asimismo ha sido hasta
el presente, recordada apenas de tiempo en tiempo por sus antiguos cofrades ó por los nuevos cultivadores de las letras.
Mas he aquí que al cabo de treinta y tantos años de aquella triste mañana de Febrero en que, tan poco acompañada, la llevaron al Campo Santo
de San Martín, vuelven inesperadamente á la superficie en el mundo español su nombre, sus escritos y la historia entera de su vida, á suscitar animadas discusiones, á dar pábulo á interesantes apreciaciones. Todo ello en
virtud de la aparición de un librito, impreso en corto número de ejemplares,
no puestos de venta en las librerías, ni tampoco en casa de la persona que
quiso costear la edición! El pequeño volumen, que á manera de bólido des·
prendido de la bóveda celeste atravesó nuestra atmósfera y cayó crepitan-

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

21

do contra el suelo, se compone de una autobiografía, nunca impresa, desconocida, en que cuenta Gertrudis los sucesos más íntimos de su vida hasta
el año de 1839, y de cuarenta cartas amorosas, escritas en diversos momentos desde ese mismo año hasta 1854, dirigidas á un caballero andaluz que
conoció en Sevilla, por quien muestra inequívocamente sentir el más vivo,
ardiente afecto, y es el mismo individuo para quien fué escrita la autobiografía. No hay misterio alguno en el asunto, ni respecto á la persona ni en
cuanto á los sentimientos que las agitaron; pero es de sentirse que solamente se uos comuniquen las cartas de la amante y no las del hasta ahora
ignorado individuo que logró inspirar á tan bella é inteligente mujer pasión
tan larga y tan profunda. Sábese perfectamente, sin embargo, que se llamaba D. Ignacio de Cepeda, que era en 1839 un joven de veintitrés años, que
concluía sus estudios en la Universidad, y que Gertrudis, joven entonces de
veinticinco años, se enamoró de él perdidamente, es decir, con toda la capacidad de amar concentrada en su corazón volcánico, y que bien se reflejaba
en su encendida tez morena, en sus radiantes ojos negros y en su impetuoso
carácter. Duraron esos amores quince años, como de las fechas de las cartas
se deduce, pero interrumpidos varias veces: por oposición de la familia del
novio, por viaje y residencia de la poetisa en Madrid; luego por el primer
matrimonio de Gertrudis. Reanudados después de la viudez, extinguiéronse
por último en 1854. En este año hacía ya tiempo que residia D. Ignacio en
Huelva, ocupado en dirigir grnndes y ricas propiedades agrícolas heredadas
de sus padres; mientras ella, establecida en Madrid, se consagraba á escribir para el teatro en busca de nuevos laureles, que en efecto recogió abundantemente con piezas como "Los Duendes en Palacio" y otras, no de las
mejores suyas, pero sí de las más aplaudidas entre todas. También Cepeda contrajo en ese año matrimonio con una dama distinguida de su provincia, y esta señora, viuda hoy, es la que ha costeado la impresión del tomo,
acompañado de minucioso artículo necrológico en honor del difunto consorte.
Confieso que han sido para mí estas cartas una gran sorpresa, paes hasta
este momento había siempre pensado, por todo lo que de ella directamente
sabía así como por sus escritos, que el orgullo y la entereza habían sido
los rasgos predominantes del carácter de la .Avellaneda, y que á los actos
de su vida podía aplicarse mejor que á sus escritos aquella frase, de gusto
bien dudoso, atribuida á D. Juan Nicasio Gallego: '' es mucho hombre esta
mujer". Recordaba igualmente que la vez única que en su tomo de poesías
claramente parecía aludir á un desengaño amoroso, había expresado su
pena en versos que realmente tienen mucho más de coléricos y orgullosos
que de tiernos y doloridos; versos que cuadran bien con lo que Ferrer del
Río, su contemporáneo, en alguna parte llama '' la altivez y soberbia de
su carácter". Son éstos:
Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos;
Nunca, si fuere error, la verdad mire!
Que tantos años de amarguras llenos
Trague el olvido : el corazón respire !

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CARTAS AJ\IATORIAS DE LA AVELT,ANEDA

COBA CON'l'E:lfPORÁNEA

Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo
Una vez y otra vez pisaste insano ....
No era tuyo el poder que irresistible
Postró ante ti mis fuerzas vencedoras.
Quísolo Dios y fué: gloria á su nombre l
Todo se terminó: recobro aliento:
¡ Angel de las venganzas! ya eres h~mbre;
Ni amor ni miedo al contemplarte siento.
No son muchos los versos amorosos entre los de la Avellaneda Y, como á
los que acabo de citar, apenas le viene bien el adjetivo, si, por eje~plo, se
les compara con las dos odas casi completas y los otros frag~entos mmortales que nos quedan de la gran poetisa griega, que en la isla de Lesbos nació y vivió seiscientos años antes de J. C. No babia existido hasta el presente razón directa de recordar á Safo al tratar de la poetisa cubana. Pero
el caso es aho1·a diferente. La Avallaneda amó, no cabe duda, amó con pasión física, profunda, dominadora; del mismo modo que la mujer admirable de Lesbos amó á Faón, el hermoso barquero, de que vagamente nos habla
la leyenda. Pero cúmplenos deplorar---eolocándonos en un punto de vista
de arte exclusivo,-que por desgracia al confesar y expresar la interesante
cubana su ardoroso sentimiento, no lo hiciera en verso sino en prosa. Las
cartas á. Cepeda, palpitante imagen de lastimosa realidad, eco vibrante de
gritos de pasión incontrastable, no tendrían precio, serían extraordinaria
maravilla, si estuviesen engastadas en el fino y. resistente metal en que fijó
ella sus poesfas. Una prosa rápidamente escrita, no releída por su autora
antes de emprender el camino que por fortuna la traería al fin y al cabo
hasta nosotros, sin tener siquiera corregidas las faltas de ortografía, no
puede consolarnos de la ocasión frustrada, única en cierto modo, de poseer
en hermosos versos castellanos la historia auténtica de una pasión femenina
arrebatada, no etérea y mística como la de Victoria Colonna, ni circunspecta y vacilante como la Elizabeth Barrett, sino esencialmente humana y sin
otro objeto que ser igualmente correspondida. Esto precisamente fué lo
que apenas pudo la infeliz lograr, pues Cepeda resultó más tibio, más indiferente en suma que el mismo Faón. Muy violenta debió ser la indignación
de Gertrudis y el rompimiento de las relaciones, cuando ni siquiera parece
ella haber pensado en reclamar sus cartas y evitar así que pudieran algún
dfa publicarse por iniciativa extraña y en desfavorables condiciones, como
ha sucedido.

•••
El libro que contiene estas epístolas de la egregia poetisa,
"la más grande de todos los tiempos", como alguien la ha llamado, consta de 158 páginas en 8.0 , y se intitula así:
LA AVELLANEDA I Autobiografía y cartas de la ilustre poe-

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tisa I hasta ahora inéditas, 1 con un prólogo y una necrología 1
por I D. Lorenzo Cruz de Fuentes, 1 Catedrático del Instituto
Gral. y Técnico de Hitelva, 1 Individuo correspondiente de la
Real Academia de la Historia, 1 &amp;c., &amp;c. 1 Publícase á expensas de
la Ilma. Sra. D.ª María de Córdova y Govcmtes, 1 viuda de Cepeda. 1 Huelva, 1 I mprenta y Papelería de Miguel Mora y Compa1íía, Sagasta, 6. l 1907.
En la última página, la correspondiente al colofón, dice lo
siguiente: Esta obra no se vende. Tirada, 300 Ejemplares.
El libro está dividido en cuatro partes : la primera, que es
el prólogo, consta de ocho páginas; la segunda, titulada Autobiografía de la Sra. D.ª Gertr-udis Gómez de Avellaneda, cuenta
treinta y dos; la tercera, rotulada Cartas de la Sra. D.ª Gertrudis Gómez de Avellaneda, tiene noventa y cuatro y en ella aparecen cuarenta epístolas numeradas de la I a la XXXX (sic; en
vez de XL), y la cuarta y última, intitulada Necrología del Ilmo.
Sr. D. Ignacio de Cepeda y Alcalde, que es la persona a quien
fueron dirigidas, consta de catorce páginas.
En la primera parte, o sea el prólogo, el señor Lorenzo Cruz
de Fuentes atinadamente presenta a La Peregrina en el nuevo
aspecto de su estilo epistolar. V arias de estas cartas, sobre todo
algunas de las últimas, realmente son notables por el vigor y la
elevación del pensamiento, por la elegancia del estilo y la belleza de los conceptos. El compilador, en ciertas partes, creyó
prudente suprimir pasajes o palabras; y por noticias particulares que tengo, parece que en este volumen de que voy tratando
no están todas las cartas de la Avellaneda al señor Cepeda.
Si el señor Cruz de Fuentes se decide a hacer una segunda
edición de este libro ( como parece ser su propósito), &amp;las publicará todas y añadirá nuevos datos tendientes al conocimiento
íntimo de la genial lírica? De esperar es, y que complete los
pasajes tnmcos de algunas de estas cartas. Así será el libro
doblemente interesante, y no dudo que en Cuba tendrá excelente acogida esa segunda edición de obra de tan grande interés
para nuestras letras.
CARLOS DE VELASCO.
Enero. 1914.

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CUBA CON'l'EMPORÁNEA

PRÓLOGO
Las obras de D.ª Gertrudis Gómez de Avellaneda están ya juzgadas definitivamente por la crítica literaria y el nombre ilustre
de su inspirada autora ocupa lugar preeminente entre los más esclarecidos poetas que brillaron en el parnaso español, y como
el primero entre las poetisas, que hablaron la lengua de Cervantes. No seré yo quien repita aquí sandia y torpemente lo
que con tan profundo conocimiento de la materia y por elegante
modo dejaron consignado en luminosos artículos periodísticos,
en cartas laudatorias ó en eruditos prólogos, varones tan preclaros como D. Juan Nicasio Gallego, don Alberto Lista, D . Nicomedes Pastor D~az, D. Juan Valera, D. Pedro Antonio Alarcón, D. Severo Catalina y el Duque de Frías, por no citar más,
que sobresalen en la república de las letras, unos como poetas,
otros como críticos, otros como novelistas, y todos como maestros
consumados del bien decir.
Pero con tener el público un perfecto conocimiento del soberano arte de la .Avellaneda desde que salieron a luz los cinco
tomos de sus obras literarias (1), que nos la presentan ceñida
su frente de la triple corona de novelista, de poeta lírico y de
autor dramático, todavía nos es posible conocerla bajo un nuevo
aspecto por todos ignorado, como modelo en el estilo epistolar,
merced á unos manuscritos, que paran hoy en nuestro poder,
trasmitidos por el que fué su propietario el Ilmo. Sr. D . Ignacio
de Cepeda y Alcalde; quien mirando en mí, no seguramente al
más hábil de sus amigos, sino á uno de los más devotos y sinceros, quiso confiarle el honroso encargo, que yo acepté agradecido como un halago de la fortuna, de dar a los moldes de la
imprenta tan preciosas reliquias. Hasta aquí habíamos apreciado los altísimos méritos de la ilustre hija de Puerto-Príncipe,
de la insigne Tula, como familiarmente era llamada, por los
(1) Obraa literarias de la Señora Doña Gertrudi8 G6mez .4.vellaneda--Oolecci6n Oompleta--Madrid--lmprenta 11 Bstereotipia de M. Rivadeneyra, calle del D,..
que de Osuna, número 8-1869.

CARTAS A~TORIAS D.I!: LA AVELLANEDA

25

escritos dedicados a ver la luz pública, en los que quiso ella
darse á conocer al mundo literario como artífice de la palabra
y del pensamiento, más [sic] ahora han de ser avaloradas también
esas sus bellas cualidades de escritora correctísima, espontánea
como pocas, y de muy profunda pensadora, aún en aquellas producciones que trazó su pluma, condenadas al nacer por su autora á ser rotas o quemadas sin remisión alguna, cruel sentencia
que por suerte no llegó a cumplirse. Estas son la autobiografía
y las cartas que publicamos, inspiradas en la más ardiente y
noble pasión amorosa que puede concebirse y dirigidas, con el
sigilo de que tanto gustan los enamorados, al que fué sagrado
objeto de sus más puros y dulces amores, á sit ídolo, á su Dios,
como repetida vez le llama.
Corría el año 1839 cuando la Srta. Gertrudis Gómez de .Avellaneda, que ya había acreditado el pseudónimo La Peregrina
con que firmaba algunas de sus producciones poéticas, conoció
en Sevilla entre la buena sociedad, que le aplaudía y le admiraba, á D. Ignacio de Cepeda, joven entonces de 23 años, hijo
de noble familia ursaonense, estudiante de la Facultad de Derecho, tipo de hermosura varonil, culto sin presunción, elegante sin amaneramiento, bondadoso y afable por naturaleza, y
para que nada le faltase para llenar las aspiraciones del más
exigente corazón femenino, era rico por su casa, que poseía cuantiosos bienes de fortuna en la dicha ciudad, en Osuna, en Villalba del .Alcor y en Almonte. Con estas raras cualidades, difíciles de reunir en un solo sujeto, no es de extrañar que la eminente poetisa, que también se hallaba en la exuberancia de la juventud, empezando por ser su amiga más sincera, no tardase en
ver prendida en SJ&gt; pecho la llama del amor y que aceptase como
un don del cielo á aquél su amigo, que satisfacía los estímulos
de su corazón de fuego, y en el cual se armonizaban y sintetizaban las realidades de la vida con los ensueños de mujer, que
en su portentosa imaginación se había forjado.
Pero esas ilusiones, ese férvido entusiasmo de que están, no
llenas, sino rebosantes las cartas de aquella época, fueron para
la genial cubana como el heno, verde á la mañana, seco
á la tarde, ó cual gentil amapola tronchada al nacer por rudo
arado. La revolución operada en su espíritu fué súbita y dolo-

�CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

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CUBA CONTE)IPORÁNEA

rosa: el ídolo cayó de su profanado altar y se destruyó el culto.
Cuál fué la causa de tanta desventura Y No lo sabemos á cien6
cia cierta. Los celos tal vez; la pasión absorvente, [sic] avasalladora, que no conocía límites, de la franca india, como graciosamente á sí propia se llamaba la simpática Tula; y la templanza sostenida del Sr. Cepeda ante el temor instintivo de entregarse con armas y bagaje á aquella inteligencia poderosa,
que algún día podría anularle con su superioridad indiscutible,
debieron hacer el milagro. El hecho es, que en los primeros meses del año 1840, pierden las cartas su tinte apasionado, para
reducirse paulatinamente á una correspondencia entre dos amigos muy íntimos, muy queridos, pero nada más que amigos,
como antes lo habían sido; y que esa transformación de afectos costó á la poetisa una de esas crisis morales, que forman
época en la vida del individuo, dejando en el alma huellas imborrables. '' En un rapto de mal humor-decía-he rasgado dos
actos de mi drama (2). En otro rapto de mal humor hice trizas el vestido que debía ponerme esta noche. . . no será extraño,
que en otro me arroje por el balcón. . . A Dios, ten compasión
de una mujer, que pudo ser algo en el mundo y que ya es nada.
Amame ó mátame. . . no hay para mí otra alternativa. ¡ Tantos
días sin verte 1. . . tienes de hielo el corazón t. . . ¡ qué significa
esto?. . . te pesa ya mi amor Y. . . Acaso te pese, pero no tanto
como á mí la vida." (3)
De aquí nacieron el pesimismo, la tristeza, el desengaño y la
melancolía, que impregnaron su alma tierna y apasionada desde sus años juveniles y de que van saturadas muchas de las poesías líricas engendradas por su fecundo numen. Bien lo echa
de ver sin acertar con la explicación el eximio poeta y profundo crítico Sr. Gallego (4). "Al lado-dice-de las ideas nobles y de la elevación de espiritu, que distinguen á nuestra poe-

tisa, se notan ciertos suspiros de desaliento, desengaño y saciedad de la vida, que harán creer al lector ( como nosotros lo
creímos al ver algunas muestras en un periódico de Cádiz) que
son fruto de la edad madura, de esperanzas frustradas, de ilusiones desvanecidas por una larga y costosa experiencia. ¡ Cual
fué, pues, nuestro asombro cuando nos encontramos con una
señorita de veinte y cinco años, en extremo agraciada, viva y
llena de atractivos!. .. Posible es, que la señorita Avellaneda
tenga fundadas razones para estar disgustada, hasta el punto
de pintarse consumida de tedio ( tal es el asunto de uno de sus
más bien torneados sonetos) (5), cuando su condición social, sus
pocos años y sus dotes personales debieran lisonjearle infinito;
pero es harto más probable que esté algún tanto contagiada de
la manía del siglo y sea más ficticio que real el desaliento que
nos pinta en algunas de sus composiciones. Acaso tendrán en
esto no pequeña influencia las horas desusadas que dedica a
su estudio, y suelen ser desde la una a las cuatro de la mañana.''
Y en parecida equivocación no pudo menos de incurrir por
falta de datos el gran estilista, el sabio maestro ·de las letras patrias, don Juan Valera, al juzgar en notabilísimo artículo (6)
con la altura de miras, que le era propia, las producciones líricas
de la Avellaneda, de la cual asegura con sobrado fundamento,
que en ese género--"no tiene ni tuvo nunca rival en España,
y sería menester, fuera de España, retroceder hasta la edad más
gloriosa de Grecia para hallarle rivales en Safo y en Corina, si
no brillase en Italia, en la primera mitad del siglo XVI, la bella
y enamorada Victoria Colonna, Marquesa de Pescara;"-pero
abunda en la misma opinión del Sr. Gallego, de que nuestra
poetisa se había contagiado del menosprecio del mundo y de los
hombres,-"sentimiento propio de este siglo y fuente de rica
y elevada aunque amarga inspiración; "-y al establecer un paralelo entre ambas poetisas, afirma de la española, que-'' se había visto obligada acaso a conservar con frecuencia su ideal en

(2) El drama L1011cia que entonces escribla y que fué estrenado en Sevilla
el 6 de Junio de 1840.
( 3) Carla escrita en SeTilla y remitida i la Posada de la Castalia, calle del
Burro (hoy Alfonao el Sabio), con esta indicación en el sobrescrito--""'- D. Ignacio
Cepeda en S. :M. (au mano). No tiene fecha, coal\ muy común en esta correspondencia, pero de au contenido se deduce qua fué escrita en los Carnavales de 184.0.
( 4). D. Juan Nicasio Galle¡o en el prólo¡o i la l.ª edición de las poeala■
de la Avellaneda, Madrid. 18n.

(5) Alude, sin duda, al titulado Jfi .ICal, que 1!.¡ura el último en la edl·
ci6n mencionada en la nota anterior.
(6) Publicado con motivo de la aparición de laa Obras Lit,rarial de la Avellaneda, Madrid, 1869, y reproducido recientemente en el número extraordinario la
Revista Uni6n Ibtro-A.11urieana, correspondiente al 80 de Abril de 1905.

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CUBA CONTEMPORÁNEA

abstracto y en vago, por no poderlo fijar, ni concretar, ni determinar en persona alguna de las que ha encontrado por el mundo, "-mientras que la italiana tuvo en su marido, el heróico [sic]
Marqués de Pescara, vencedor en cien batallas, il suo bel sole,
el motivo perenne de sus apasionados versos.
De hoy más podrá asegurarse, sin miedo de caer en evidente
error, que ese desdén misantrópico, ese desaliento y tedio de la
vida, que cual ténue [sic] sombra envuelve á casi todas las poesías
líricas de la Avellaneda, no nacieron de su prurito de imitar á
los vates melancólicos, muy de moda en aquella era, antes bien,
fueron los ópimos, aunque amargos frutos de un estado psicológico, determinado por el choque de pasiones, que en tempestad
tumultuosa se desencadenaron en su pecho, y que el ídolo que
adoraba, deshecho y pro/anado en 1840 y renacido á los siete
años como el fénix de sus cenizas, no era un ser extraterrenal,
abstracto, ni quimérico, sino vivo, animado, de carne y hueso
como los demás hombres, y de altiva frente,
'' Que alumbrada pareeia
Por resplandores del alma.''

Para nadie será ya un secreto, que D . Ignacio de Cepeda era
el afortunado mortal, por quien sonaron los acentos más delicados de la apasionada lira de la Avellaneda; ora cante en bien
pulidas estrofas el placer de haber hallado el tierno objeto de
sus amores,
Reflejaba su mirada
El azul del cielo hermoso;
No cual brilla en la alborada,
Sino en la tarde, esmaltada
De tornasol misterioso.
Yo, en profundo arrobamiento,
De su hálito los olores
Cogf en las alas del viento,
Mezclado con el aliento
De las balsámicas flores.
Porque era, no hay duda, tu imagen querida,
Que el alma inspirada logró adivinar .....
Aquella que en alba feliz de mi vida

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

29

Miré para nunca poderla olvidar.
Por tí fuá mi dulce suspiro primero;
Por tí mi constante, secreto anhelar . ....
Y en balde el destino, mostrándose fiero,
Tendió entre nosotros las olas del mar (7);

ora llore en sentidísimas endechas su ausencia y definitivo apartamiento,

,

No existe lazo ya: todo está roto :
Plúgole al cielo así: ¡ bendito sea l
Amargo cáliz con placer agoto:
Mi alma reposa al fin: nada desea.

Cayó tu cetro, se embotó tu espada .....
Mas ¡ ay 1 ¡ cuan triste libertad respiro l

Hice un mundo de tí, que hoy se anonada,
Y en honda y vasta soledad me miro.
¡ Vive dichoso tu! ¡ Si algún día
Ves este adios, que te dirijo eterno,
Sabe que aún tienes en el alma mía,
Generoso perdón, cariño tierno (8).

A la primera época, de las dos que dejamos indicadas, pertenece la autobiografía escrita á ruegos del Sr. Cepeda, ó lo que
parece más verosímil, por propia iniciativa de su autora, que
quiso dar á conocer su pasado al hombre á quien ya había entregado su corazón. Aparecen en ella consignados con notable
ingenuidad los recuerdos de la niñez y de la primera juventud,
su venida á España y á Sevilla, y hasta secretos del bogar doméstico, por lo que exigía en el primer párrafo, que llamaríamos
prólogo, que el fuego devorase aquel papel inmediatamente que
fuera leído, y que nadie más tuviese noticia de su existencia; y
(7) Poesla titulada ..t ti, que figura en la edición de 1841 y fué escrita por
la A,•,llnneda A fines del afio 1839.
(8) Poesla t itulada también Á. Cl, como la anterior, publicada en la edición
de 1850 y que probablemente escribirla su autora en Noviembre de 1847, luego
de quedar rotas para siempre sus relaciones amorosas con el Sr. Cepeda.
Además de las dos composiciones Á. tl, hay otras en la colección completa de
sus obras (1869) como el "Soneto imitando una oda de Safo", "Amor y Orgullo",
"'Mi Mal" 1 "El Porqué de la Inconstancia", &amp;c., &amp;c., respecto á las cuales es tam·
bién evidente el motivo de su inspiración.

�31

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

30

COBA CONTEMPORÁNEA

como dudando de que se hubieran cumplido tan duras condiciones, decía á los pocos días en carta al Sr. Cepeda (9) : "Respecto al cuadernillo, que dí á V., sabe V. mis condiciones. Están en
él consignadas las personas por sus nombres y encierra confianzas, que sólo á V. pudiera yo haber hecho, pues soy sumamente
reservada en asuntos domésticos. Por todo esto no estaré tranquila hasta saber que ha sido quemado por V. mismo: lo ruego y lo
exijo. "-Igual advertencia hace en algtmas de sus cartas que
corresponden al citado año 1839, y en las que fueron escritas
en la segunda época de relaciones amorosas, o sea el otoño de
1847, cuando, ya viuda de su primer marido la eminente poetisa,
volvió á tratar de cerca al Sr. Cepeda, que se detuvo en Madrid
larga temporada al emprender su viaje, no de recreo, sino de
instrucción, por diversas cortes europeas.
Unas y otras, así como la autobiografía, fueron guardadas con
esmero y cariño, como oro en paño, por su ilustre propietario, no
ciertamente por vanidad, que nunca conoció esa pasión, sino por
grato recuerdo de sus años juveniles; y así, no consintió jamás
en que fueran publicadas en vida suya, limitándose á dar su
permiso para que salieran á luz después de su muerte,-"si
podían servir para enaltecer más y más el mérito de la insigne
escritora y satisfacer la curiosidad de querer conocer hasta el último punto sus más íntimos pensamientos, "-como me
decía en carta de 16 de Julio de 1902, contestando á mi amistoso
requerimiento de que no quedasen condenados á perpétuas [sic]
tinieblas manuscritos tan preciados. Comprendiéndolo así la Ilma.
Sra. D." María de Córdova y Govantes, viuda del Sr. Cepeda,
ha querido rendir un homenaje de cariño á la veneranda memoria de su esclarecido esposo, costeando la presente edición, que
seguramente le agradecerán los amantes de las buenas letras, y á
la que se ba creído oportuno agregar por el autor de estas líneas
una NECROLOGÍA del Sr. Cepeda, que por sus talentos y sus méritos fué digno objeto del amor de la primera de las poetisas españolas.
(9) Escrita en Sevilla probablemente el 8 de Agosto de 1889 y mandada ¡¡ la
Pos:lda de la Castaña con esta indicación en el sobre :-"AJ Sr. D. Ignacio de Cepeda, el joven, en S. M."

Hora será ya de terminar este desmedrado prólogo, para que
los lectores (si alguno paró mientes en él) puedan saborear las
hermosas páginas que dejó trazadas la pluma de la inspirada
escritora.

AUTOBIOGRAFÍA
DE LA SRA. D.A. GERTRUDIS GÓ}IEZ DE AVELLANEDA
"23

DE JULIO Á L.A.

1

DE LA NOCHE. "

(l)

Es preciso ocuparme de V. (2); se lo he ofrecido; Y, pues,
no puedo dormir esta noche, quiero escribir: de V. me ocupo al
escribir de mí, pues sólo por V. consentiría en hacerlo.
La confesión, que la supersticiosa y tímida conciencia arranca á una alma arrepentida á los pies de un ministro del cielo,
no fué nunca ~ás sincera, más franca, que la que yo estoy dispuesta á hacer á V. Después de leer este cuadernillo, m~ _conocerá V. tan bien, ó acaso mejor que á sí mismo. Pero ecs1Jo dos
cosas. Primera: -que el fuego devore este papel inmediatamente
que sea leído. Segunda: que nadie más que V. en el mundo, tenga noticia de que ha existido.
V. sabe, que he nacido en una ciudad del centro de la Isla
de Cuba (3), á la cual fué empleado mi papá el año de nueve
( 1) En el original no se dice el año, ni el Jugar de la confección de este cuad6,-nillo, como lo llamó su autora, que consta de 21 hojas en cuarto, sin foliar; pero
RU contenido y los antecedentes, que he tenido á !&amp; vista, no dejan lugar á la
menor duda de que fu6 escrito en Sevilla el año 1889.
La poetisa escribe constantemente devo, deve, de1;ia.; adoctar; tttbe, tubo; pro•
hi-vir, prohivia; conaerbo; ecsesiba, en.aesibamente; acit1 (proposición); aprovar, apro11aba; y usa rara vez de !&amp; X, supliéndola por S cuando le sigue consonante Y por el
grupo O. S. cuando Je sigue vocal. Estas ligeras faltas, as! como el uso de S por
e ó por z, ó de letra mayúscula por minúscula ó viceversa, se han re_spetado en
la presente edición tales como aparecen e11. el original; lo cual se advierte desde
ahora para que los lectores no carguen r. cuenta del cajista lo que es propio del
descuido y abandono con que en esta ocasión escrib!a la Sra. Avellaneda.
(2) D. Ignacio de Cepeda y Alcalde, A quien se le entregó este cuaderno. En
el texto se le nombra varias veces por su apellido).
(3) Puerto Pr!nc!pe, ciudad harto atrasada entonces, que no tenia escuelas
públicas, ni teatro.

�32

CUB.\ CO~TElll'ORÁ..'IEA
C,\RTAS A)f.-\TORI.\S DE LA A \'ELLA~EDA

y en la cual casó algún tiempo después con mi mamá, hija del
país (4).
.
. .
No siendo indispensables estensos detalles sobre m1 nacimiento para la parte de mi Ilistoria, que pueda intere~ai: ~ V., no le
enfadaré con inútiles pormenores, pero no suprimire tampoco
algunos que pueden contribuir á dar á V. más esacta idea de he,
chos posteriores.
Cuando comencé á tener uso de razón, comprendí que habia
nacido en una posición social ventajosa: que ~i familia_ materna ocupaba uno de los primeros rangos del pa1s, que mi _Padre
era un caballero y gozaba toda la estimación que merec1a ~or
sus talentos y virtudes, y todo aquel prestigio que e_n una cmdad naciente y pequeña gozan los empleados de cierta c_lase.
Nadie tubo este prestigio en tal grado: ni sus antecesores, m sus
sucesores en el destino de comanda&gt;1.te de los puertos, que ocupó en el centro de la Jsla; mi padre d~ ha brillo á _s u empleo con
sus talentos distinguidos, y había sabido proporcionarse las re1:J.ciones más honoríficas en Cuba y aun en España.
.
Pronto cumplirán 16 años de su muerte, mas estoy cierta,
mu,· cierta que aun vive su memoria en Puerto Príncipe, Y que
no se pron,uncia su nombre sin elogios y bendicio_ncs: ~ ~adie
hizo mal. y ejecutó todo el bien que pudo. En su v_ida ?l~bhca Y
en su vida privada. siempre fué el mismo, noble, mtrepido, veraz. generoso é incorruptible.
Sin c:mbargo. mamá no fué dichosa con él: acaso porq~e no
puede haber dicha en una unión forzosa, acaso_ porque s1e~do
demasiado joven y mi papá más maduro, no pudieron tener s1mpatías. l\fas siendo desgraciados, ambos fueron por lo menos
irreprochables. Ella fué la más fiel y virtuosa de las esposas,_ Y
jamfts pudo quejarse del menor ultraje á su dignidad de muJe1·
y de madre.
. ,
Disimúleme V. estos elogios: es un tributo que det•o rendir a
los autores de mis días, y tenqo cierto orgullo cuando al recor~ar
las virtudes, que hicieron tan estimado á mi padre, puedo decir:
soy su bija.
0

(4) Sabido es que loa padres de la Avellaneda fueron el capitfi.n de navlo
D. Manuel G6mez de A..-ellaneda y D .• Francisca de Arteaga.

33

Aun no tenía nueve años cuando le perdí (5). De cinco hermanos que éramos, sólo quedábamos á su muerte dos : :Manuel y
yo ; así es que éramos tiernamente queridos, con alguna preferencia por parte de mamá acia 7\Ianolito y por papá acia mí.
Acaso por esto, y por ser mayor que él cerca de tres años, mi
dolor en la muerte de papá fué más vivo que el de mi hermano.
Sin embargo, ¡ cuán lejos estaba entonces de conocer toda la
estcnsión de mi pérdida!
Algunos afios hacía que mi padre proyectaba volverse á España y establecerse en Sevilla; en los últimos meses de su vida
esta idea fué en él más fija y dominante. Quejóse de no dejar
sus huesos en la tierra nativa, y pronosticando á Cuba una suerte
igual á la de otra Isla vecina (6), presa de los negros, rogó á
mamá se viniese á España con sus hijos. Ningún sacrificio de
intereses, decía, es demasiado: nunca se comprará cara la ventaja
de establecerte en España. Estos fueron sus últimos votos, y
cuando más tarde los supe deseé realizarlos. Acaso éste ha sido
el motivo de mi afición á estos países y del anhelo con que á
veces he deseado abandonar mi patria para venir á este antiguo
mundo.
Quedó mamá joven aún, viuda, rica, hermosa (pues lo ha
sido en alto grado) y es de suponer no le faltarían amantes, que
aspirasen á su mano. Entre ellos Escalada (7), teniente coronel
del regimiento que entonces guarnecía á Puerto Príncipe, joven
tambié11, no mal parecido, y atractivo por sus dulces modales y
cultivado espíritu. l\famá le amó acaso con sobrada ligereza, y
antes de los 10 meses de haber quedado huérfanos, tuvimos un
padrastro. l\fi abuelo, mis tíos y toda la familia. llevó muy á mal
este matrimonio; pero mi mamá tubo para esto una firmeza de
carácter, que no había manifestado antes, ni ha vuelto á tener
después. Aunque tan niña, sentí herido de este golpe mi corazón;
sin embargo, no eran consideraciones mezquinas de intereses 111!
{5) . Los tenía cumplidos, puesto qne nació el 23 de ?i!ano de 1814, y según
su propia cuenta, au padre hablA muerto i fines de 1823. Igual equivocación dejó
anotada en algunas de aus cartu. Los editores de sus poesfas en 1850, la supusie•
ron nacid&amp; en 1816.
{ 6) Santo Domingo.
{7) D. Gaapar Escalada, Teniente Coronel del Regimiento de León.

�35

CU.BA CONTEMPORÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

que me hicieron tan sensible á este casamiento: era el dolor de
ver tan presto ocupado el lecho de mi padre y un presentimiento
de las consecuencias de esta unión precipitada.
Afortunadamente sólo un año estuvimos con mi padrastro,
pues, aunque una real orden inícua y arbitraria nos obligaba á
permanecer bajo su tutela, la suerte nos separó. Su regimiento
fué mandado á otra ciudad, y mamá no se resolvió á dejar su
país y sus intereses para seguirle. Ocho años duró esta separación; sólo dos ó tres meses cada año iba Escalada á Puerto Príncipe con licencia, y se portaba entonces muy bien con mamá Y
con nosotros. Por tanto, éramos felices! Aunque tenía mamá
otros hijos de sus segundas nupcias, su cariño para con nosotros era el mismo. A Manuel, sobre todo, siempre le ha querido
con una especie de idolatría, y á mí lo bastante para no poder
formar la menor queja. Dábaseme la más brillante educación
que el país proporcionaba, era celebrada, mimada, complacida
hasta en mis caprichos, y nada esperimenté que se asemejase á
los pesares en aquella aurora apacible de mi vida.
Sin embargo, nunca fuí alegre y atolondrada como lo son
regularmente los niños. Mostré desde mis primeros años afición
al estudio y una tendencia á la melancolía. No hallaba simpatías
en las niñas de mi edad; tres solamente, vecinas mías, hijas de
un emigrado de Santo Domingo, merecieron mi amistad. Eran
tres lindas criaturas de un talento natural despejadísimo. La
mayor de ellas tenía dos años más que yo, y la más chica dos
años menos. Pero esta última era mi predilecta, porque me parecía, aunque más joven, más juiciosa y discreta que las otras.
Las Carmonas ( que este era su apellido) se conformaban fácilmente con mis gustos y los participaban. Nuestros juegos eran
representar comedias, hacer cuentos, rivalizando á quien los hacía más bonitos, adivinar charadas y dibujar en competencia
flores y pajaritos. Nunca nos mezclábamos en los bulliciosos juegos de las otras chicas con quienes nos reuníamos.
Más tarde, la lectura de novelas, poesías y comedias, llegó á
ser nuestra pasión dominante. Mamá nos reñía algunas veces
de que siendo ya grandecitas, descuidásemos tanto nuestros adornos, y huyésemos de la sociedad como salvajes. Porque nuestro
mayor placer era estar encerradas en el cuarto de los libros, le-

yendo nuestras novelas favoritas y llorando las desgracias de
aquellos héroes imaginarios, á quienes tanto queríamos.
De este modo cumplí trece años. ¡ Días felices, que pasaron
para no tornar más!. .. -Cepeda! mañana continuaré escribiendo. Estoy fatigada y la pluma es malísima, &amp;qué hará 'V.
ahora 1 Dormir acaso ! Ojalá !

34

"25

POR LA MAÑANA"

Hoy no le veré á V. verosímilmente, pues según su sistema,
creo que no irá á la ópera, á la cual iré yo. Creo, empero, que
el motivo de no ir V. no será hallarse malo, pues me molestaría
infinito esta suposición, creyendo que mis impertinentes instancias de anoche para que fuese V. á Cristina (8), fuesen la causa
de ello.-Voy á continuar mi relación y procuraré abreviarla.
Mi familia me trató casamiento con un caballero del país,
pariente lejano de nosotros. Era un hombre de buen (aspecto)
personal y se le reputaba el mejor partido del país. Cuando
se me dijo que estaba destinada á ser su esposa, nada ví en este
proyecto que no me fuese lisonjero. En aquella época, comenzaba á presentarme en los bailes, paseos y tertulias, y se despertaba en mí la vanidad de mujer. Casarme con el soltero más rico
de Puerto Príncipe, que muchas deseaban, tener una casa suntuosa, magníficos carruajes, ricos aderezos, etcétera, era una
idea que me lisonjeaba. Por otra parte, yo no conocía el amor
sino en las novelas que leía, y me persuadí desde luego que
amaba locamente á mi futuro. Como apenas le trataba y no le
conocía casi nada, estaba á mi elección darle el carácter que
más me acomodase. Por decontado me persuadí, que el suyo era
noble, grande, generoso y sublime. Prodigóle mi fecunda imaginación ideales perfecciones, y ví en él reunidas todas las cualidades de los héroes de mis novelas favoritas : El valor de un
Oroondates, el ingenio y la sensibilidad apasionada de un SaintPreux, las gracias de un Lindor y las virtudes de un Grandisón.
Me enamoré de este ser completo, que veía yo en la persona de
(8) Paseo junto al Guadalquivir, frente al palacio de San Telmo, donde se
reunta la buena sociedad sevillana en las noches de verano.

�36

CUBA CONTEMPORÁNEA

mi novio. Por desgracia, no fué de larga duración mi encantadora quimera; á pesar de mi preocupación, no dejé de conocer
harto pronto, que aquel hombre no era grande y amable sino en
mi imaginación; que su talento era muy limitado, su sensibilidad muy común, sus virtudes muy problemáticas. Comencé á entristecerme y á considerar mi matrimonio bajo un punto de vista menos lisonjero. En aquella época, mi futuro tubo precisión
de ir á la Habana, y su ausencia, que duró diez meses, me proporcionó la ventaja de poder olvidar mis compromisos. Como no
veía á mi novio, ni casi se me hablaba de él, apenas, rara vez, me
acordaba vagamente, que ecsistía en el mundo. La Amistad ocupaba entonces toda mi alma. Adquirí una nueva amiga en una
prima, que educada en un Convento, comenzó entonces á presentarse en sociedad. Era una criatura adorable ; yo, que no ama
ba á ninguna de mis otras primas, me incliné á ella desde el
primer momento en que la ví.
He notado en el curso de mi vida, que si bien alguna vez se.
ha engañado mi corazón, más frecuentemente ha tenido un instinto feliz y prodigioso en sus primeros impulsos. Rara vez he
encontrado simpatías en aquellas personas, que á primera vista
me han chocado, y muchas he adivinado en dicha primera vista,
el objeto de mi futuro afecto.
l\Ii prima obtuvo desde luego mi simpatía y no tardó en
ocupar un lugar distinguido en mi amistad. únicamente Rosa
Carmona la rivalizaba, pues ninguna de las otras dos Carmonas
fueron de mí tan queridas corno ella. Cuando estábamos todas
reunidas, hablábamos de modas, de bailes, de novelas, de poesías, de amor y de amistad. Cuando Rosa, mi prima y yo estábamos solas, solíamos ocuparnos de objetos más serios y superiores á nuestra inteligencia. Muchas veces nuestras conversaciones tenían por objeto los cultos, la muerte y la inmortalidad.
Rosa tenía mucho juicio en cuanto decía, y yo admiraba siempre la esactitud de sus raciocinios: En cuanto á mi prima, era
como yo, wia mezcla de profundidad y ligereza, de tristeza y alegría, de entusiasmo y desaliento : Como yo, reunía la debilidad
de mujer y la frivolidad de niña con la elevación y profundidad
de sentimientos, que sólo son propios de los caracteres fuertes y
varoniles. ¡Yo no he encontrado en nadie mayores simpatías!

CAR'fAS A~IATORIAS DE LA AVELLA:SEOA

37

Siendo las cinco jóvenes, no feas, y gozando reputación de
talento, fuimos bien pronto las señoritas de moda en Puerto
Príncipe. Nuestra tertulia, que se formó en mi casa, era brillantísima para el país : En ella se reunía la flor de la juventud del
otro sexo y las jóvenes más sobresalientes. Todos los forasteros
de distinción, que llegaban á Puerto Príncipe, solicitaban ser introducidos en nuestra sociedad, y nos llevábamos todas las atenciones en los paseos y bailes. .A.trajimos la envidia de las mujeres, pero gozábamos la preferencia de los hombres, y esto nos
lisonjeaba.
Volvió en eso mi novio, pero yo no le ví sin una especie de horror: Desnudo del brillante ropaje de mis ilusiones, parecióme un
hombre odioso y despreciable. 1\fi gran defecto es no poder colocarme en el medio y tocar siempre en los estremos. Yo aborrecía á mi novio tanto como antes creí amarlo. Él no pudo apercibir mi mudanza, porque jamás habíale yo mostrado mi afecto.
Mis ilusiones nacieron y acabaron allá en el secreto de mi corazón, porque, tan tímida como apasionada, no concebía yo entonces que se pudiera, sin morir de vergüenza, decir á un hombre:
yo te amo. Como no devía casarme hasta los 18 años, y sólo tenía
15, y como mi novio me visitaba muy poco, aquel matrimonio me
ocupaba menos de lo que devía. Mirábalo remoto, gozaba lo presente y no interrogaba al porvenir.
Lola (la segunda de las Carmonas) y mi prima, entablaron
relaciones de amor casi al mismo tiempo, y esta circunstancia, al
parecer sencilla para mí, tubo, no obstante, una notable influencia : Ellas amaban y eran amadas con entusiasmo : yo era la confidenta de ambas. Entonces se operó en mí una mudanza repentina y estraña. Híceme uraña y caprichosa: Las diversiones y
el estudio dejaron de tener atractivos para mí: Huía de la sociedad y aun de mis amigas ; buscaba la soledad para llorar sin saber por qué, y sentía un abismo en mi corazón. Y o no era ya el
objeto más amado de dos de mis amigas: ellas gozaban en otro
sentimiento una felicidad, que yo no conocía. ¡ Yo sentía celos y
envidia! Pensando en aquella ventura, que mi imaginación engrandecía, invocaba al objeto que podía dármela: ¡ aquel objeto
ideal que formé en los primeros sueños de mi entusiasmo ! Creía
verle en el Sol y en la Luna, en el verde de los campos y en el

�gg

CUBA C'ONTEMPOltÁNEA

azul del cielo : las brisas de la noche me traían su aliento, los
sonidos de la música el eco· de su voz: Y o le veía en todo lo que
hay de grande y hermoso en la naturaleza!; ¡ deliraba como con
una calentura !
Sin embargo, aquella situación no estaba destituída de encantos. Yo gozaba llorando, y esperaba realizar algún día los
sueños de mi corazón.
¡ Cepeda! ¡ cuánto me engañaba!. . . ¿ dónde ecsiste el hombre que pueda llenar los votos de esta sensibilidad tan fogosa
como delicada Y ¡ En vano le he buscado nueve años ! ; ¡ en vano !
He encontrado hombres!, hombres, todos parecidos entre sí:
ninguno ante el cual pudiera yo postrarme con respeto y decirle con entusiasmo : Tú serás mi Dios sobre la tierra, tú el dueño absoluto de esta alma apasionada. Mis afecciones han sido
por esta causa débiles y pasajeras: Yo buscaba un bien que no
encontraba y que acaso no ecsiste sobre la tierra. Ahora ya no le
busco, no le espero, no le deseo : por eso estoy más tranquila.
Esta tarde ó mañana continuaré escribiendo. A Dios!

"25

POR LA TARDE'~

Fué introducido en nuestra tertulia un joven, que apenas
conocía. Una antigua enemistad, trasmitida de padres á hijos,
dividía las dos familias de Loynaz y Arteaga. El joven pertenecía á la primera y mamá á la segunda; por consiguiente, ninguna relación existió hasta entonces entre nosotros. Un primo
mío había sido el primero que rompiera la valla, uniéndose en
amistad con un Loynaz. Las familias, que en un principio llevaron muy á mal dicha amistad, por fin se desentendieron, y Loynaz, prevaliéndose de ella, solicitó visitarme. Mamá lo reusó algún tiempo, pero tanto instó mi primo, tanto ridiculicé yo aquella enesmitad rancia y pueril, que al fin cedió y Loynaz tuvo entrada en casa. No tardó en granjearse la benevolencia de mamá
y en ser el más deseado de la tertulia. .Aunque muy joven, su talento era distinguido, su figura bellísima y sus modales atractivos.
Mis compromisos y la enemistad de nuestras familias eran
dos motivos poderosos para alejar de él toda esperanza respecto

CARTAS AMATORBS DE LA AVELLANEDA

39

á mí; pero sin tomar el aire de un amante, él supo mostrarme
una preferencia, que me lisonjeaba. Nuestras relaciones eran
meramente amistosas, y toda la tertulia las consideraba así. En
cuanto á mí, no me detenía en ecsaminar la naturaleza de mis
sentimientos: Leía con Loynaz poesías, cantaba dúos al piano
con él, hacíamos traducciones, y no tenía yo tiempo para pensar
en nada, sino en la dicha que era para mí la adquisición de un
tal amigo.
Por el verano nos fuimos al campo, á una posesión prócsima
á la ciudad, y llevé conmigo á Rosa Carmona, que, desde que mi
prima tenía amante, había llegado á ser mi amiga predilecta.
Loynaz, mis primos y muchos amigos de ambos sexos, iban á visitarnos con frecuencia. ¡ Tube días deliciosos! Sin embargo, entonces mismo se me ofrecieron motivos de inquietud y de penas.
Yo estaba encantada con Loynaz, pero me hallaba muy lejos de
creerle el hombre según mi corazón. Encontrábale más talento
que sensibilidad, y en su carácter un fondo de ligereza que me
disgustaba. Como amante, no llenaba él mis votos, mas le miraba
como amigo y me había aficionado infinito á su trato. Rosa me
hizo entrar en aprensión. Empeñóse en persuadirme, que nuestra prete_ndida amistad no era más que un amor disfrazado, y
por lo IlllSmo más peligroso. Recordábame sin cesar mis compromisos Y hacía de mi novio elogios, que hasta entonces no le había
yo oido. Ponderando las ventajas de aquel matrimonio, me intimidaba al mismo tiempo con suponerlo inevitable, porque sólo
con escándalo y afligiendo á mi familia, decía ella, podría yo
romper un empeño tan serio y tan antiguo.
A fuerza de decirme que yo amaba á Loynaz, llegó á persuadírmelo; pero como siempre conocía yo que no era él quien podía
comprenderme y que no me inspiraba ni estimación, ni entusiasmo, aquel amor no me hacía dichosa cual yo deseaba, y en vez
del orgullo que deve sentir un corazón, que encuentra lo que
busca, yo sentía aquella especie de humillación, que nos causa
la persuasión de habernos aficionado á un objeto, que n9 nos
merece.
Volvimos a la ciudad en el mes de Septiembre á asistir á
las bodas de mi prima, que se casó entonces con el hombre que
amaba. Sus amores y los de Lola Carmona habían comenzado al

�40

41

COBA CONTEllPORÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

mismo tiempo, como ya he dicho, y al mismo tiempo casi se casaron ambas, aunque de un modo bien diferente. Mi prima vió
aprovada su elección por toda la familia; Lola, contrariada por
la suya, se casó depositada y se marchó inmediatamente á la
Habana con su marido. .Así me ví privada de una de mis
amigas.
Acompañé al campo á los reciencasados, y cuando volví un
mes después, encontréme una gran mudanza. Loynaz había sido
despedido de casa, y, bajo el pretesto de que quería marcharse
con su marido, mamá había fijado para dentro de tres meses mi
matrimonio, que antes señalara para el cumplimiento de mis
18 años. El novio á todo se prestaba: ni me amaba (según he
creido siempre) ni me aborrecía. Deseaba establecerse con una
niña de su familia, que tubiese inocencia y alguna hermosura.
:Mi abuelo le había dicho que yo era la que buscaba, y que me
daría además todo su quinto (9) (que ciertamente no era despreciable), si me casaba con aquel hombre. Esto le había decidido á él y esto era lo que le movía.
Al llegar yo y saber las novedades ocurridas, quedé anonadada, y sin saber á qué atribuirlas. Pero no tardé en saberlo todo y
en sufrir el primero y más terrible de mis desengaños.
Es tarde, Cepeda, continuaré luego.

dad, la música por lo menos pudiera atraer á V. á la ópera. Yo,
que be padecido sin duda penas más reales que las que V. pueda
tener, yo que conozco tanto como V. por lo menos, el mundo
y la Sociedad, no siento esa misantropía; y aunque no vea ni
á la sociedad ni al mundo al través del encantado pr isma de las
ilusiones, aún conozco que necesito del uno y de la otra : Aqué
secreto es, pues, ese que V. me oculta 1 ¡ingrato! V. se apodera
de mi confianza y me reusa la suya: V. se llama mi amigo y
disimula V. ~nmigo ! Escuche V. No le demando á V. sus secretos, no; yo los respeto; pero pídale V. á Dios que no los
haya yo adivinado.
Si la idea que desde anoche me persigue no es una aprensión
mía; si la vida retirada, que V. hace, tiene el motivo que sospecho .. . yo seré siempre su amiga de V., pero conoceré que V .
no lo es mío. Más; conoceré que es V. capaz de arterías y pequeñas falsedades, conoceré que V. no me ha comprendido, y ...
qué sé yo!, veré en V. 1m hombre como todos los demás: De
anoche acá V. ha decaído tanto en mi opinión, que . . . (por qué
no he de decirlo todo 1) que casi temo aumentar con el nombre
de V. la lista de mis desengaños. Y o perderé, si así fuere, yo
perderé una ilusión, una última ilusión que me ha lisonjeado
algunos días ; pero V. perderá más: sí. Porque, ¿ dónde hallará
V. otra amiga como yo T V. no sabe, no puede saber, cuán puro,
cuán desinteresado, cuán tierno es el afecto que me inspira.
Pero, &amp;á dónde voy a parar 1; yo me contradigo !- No, caro Cepeda, no perderá V. mi amistad mientras ella tenga para V.
algún valor; pero yo le suplico á V. en nombre del cielo y de la
sinceridad de mi alma, yo le conjuro á V., que si esta amistad
perjudica á intereses del corazón más caros, que si teme V. escite
ella celos y origine disgustos á un objeto querido, no se valga V.
de pretestos para evitarlos. Oiga V. Es demasiado noble y pura
nuestra amistad para que sufra las sombras del misterio ; yo no
podré tolerarlo ciertamente; pero si la manifestación de ella
puede ofender al amor, el amor es primero: la amistad deve ser
sacrificada, y lo será: yo lo ecsijo. )'li corazón no variará por
esto y en él siempre ocupará Cepeda un lugar distinguido. (11)

'' Á LA

1

DE LA. NOCHE''

He visto á Curro (10) en el Teatro, á V. no: tampoco lo esperaba. &amp;Pero habrá de continuar V. un género de vida semejante Y No es cierto que el solo disgusto de la Sociedad le inspire á
V. esa especie de misantropía; no, no es posible. Se necesita haber padecido mucho, haber sido la víctima de la sociedad para
aborrecerla en ese grado. V. que no tiene motivos positivos para
estar quejoso de ella; V . puede conocer sus vicios é injusticias,
y no entregarse á ella con la imprudencia de la inesperiencia y
la sencillez; pero no es posible que sin poderosísimos motivos
huya V. de ella tan obstinadamente á los 23 años. Si no la socie(9) La quinta. parte de su capital.
(10) D. Francisco Oepeda, hermano de D. Ignacio.

(11) Como babrin observado los lectores, la poetisa suspende en todo este
apartado la narraci6n de sn autobiorrafla para dejar escape al impulso de loa

�43

CUBA CO:STE:\JPOHÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA A \'ELLANEDA

~Iañana continuaré mi historia y acaso la concluiré; pero
no la tendrá V. tan pronto, porque mañana no nos veremos. Es
preciso evitar un trato tan frecuente, porque su sociedad de V.
me haría disgustar de cualquier otra, y yo no deseo estrechar el
círculo de mis goces, sino ensancharlo lo posible. A Dios, hasta
mañana, es decir, hasta mañana en este papel, pues repito que
voy á probar, si me es ya necesaria absolutamente la sociedad
de V., estando tantos días como posible me sea sin verle.

quejaba de un desaire, que no había merecido. ''No ignoro, me
decía, los compromisos que respecto á V. ha contraído su familia, Y V. sabe mejor que nadie con cuanta delicadeza los he respetado,
pero, pues no se ha sabido apreciar mi conducta, no
.
quiero por más tiempo violentarme: sepa V. que la amo y que
á todo estoy dispuesto, si encuentro en V. iguales sentimientos.''
Me pareció que había en aquella carta más orgullo que pasión, pero m~ conmoví sin embargo. 'Tratando á aquel joven,
nunca le hubiera amado, porque su frivolidad, tan visible, era
un antídoto colocado felizmente junto á cualquiera dulce emoción que me inspiraba: pero cuando no le ví, cuando le creí desairado injustamente, ofendido y desgraciado por mi causa mi
afecto acia él tomó una vehemencia, que acaso jamás hubier~ tenido de otro modo. Sin embargo, tube bastante prudencia para
dominarme, y en mi contestación le decía, que estaba resuelta
á sacrificarme por complacer á mi familia, casándome con un
hombre, que aborrecía. "No soy insensible á su afecto de V. (le
decía al concluir), pero respetaré mis vínculos, y suplico á V.
no vuelva á escribirme. " (12).
No hizo caso de esta súplica: me escribió, dos veces más, cartas muy apasionadas, invitándome á romper un empeño, que le
hacía infeliz y á mí igualmente, pero no le contesté y cesó de
escribirme.
A pesar de esta conducta tan prudente y de la resignación
con que me prestaba á un enlace aborrecido, sufría mucho de
parte de mi familia. ~famá era y es un Angel de bondad, pero el
~ran defecto suyo es un carácter tan débil, que la constituye
Juguete de las personas que la cercan. Mis tíos la inducían á tratarme con rigor y continuamente la disponían en mi contra interpretando odiosamente mis más sencillas operaciones. ' &amp;Y
pensará V. que mis tíos deseaban mucho la realización de mi matrimonio Y Nada de eso; aparentábanlo así, pero hubiesen dado
cualquier cosa por impedir dicho enlace. En primer lugar les pesaban las mejoras, que mi abuelo se disponía á hacerme ; en segundo, deseaban para su hija mi novio, y acaso al emplear tanto

42

'' 26

POR LA MAÑANA''

La despedida de Loynaz y la procsimidad de mi casamiento
fueron para mí dos golpes tan sensibles como inesperados: pero
¡ cuál quedé al saber la mano de la cual ine habían sido asestados ! . . . Rosa, mi amiga, mi confidente Rosa, había persuadido á
mamá, que ecsistía una correspondencia amorosa entre Loynaz y
yo, que él me inducía á romper mis compromisos, y conociendo
ella mejor que nadie la pureza de mis sentimientos y rectitud
de mis intenciones, fué bastante vil para aparentar temores de
que, arrastrada por la pasión, que me suponía, diese algún paso
imprudente é irremediable. ¡ Logró completamente su objeto 1
¡ Cepeda! ; ¡ y sólo tenía 15 años aquella mujer 1; ¡ qué habrá llegado á ser después !
Yo no conocía ni el mundo, ni los hombres: era tan inocente
é inesperta como en el día en que naei ; babia creído que Rosa me
amaba y que era incapaz su corazón de una perfidia: El conocimiento de aquella primera decepción fué para mí un golpe
mortal, que cayó de lleno sobre mi alma.
Pero, admire V. mi candor y sencillez! Rosa logró persuadirme, que sólo mi interés y la ternura de la amistad la habían desidido á aquel paso, y me juró, que sus intenciones eran las más
puras y desinteresadas. La creí y la perdoné 1
Loynaz me escribió, y por primera vez dejó de designar con
el nombre de Amistad el sentimiento que yo le inspiraba. Refería cómo mamá le había probivido continuar visitándome y se
celos, que comenzaban f. levantarse en su pecho, y que, como indicamos en el
Pa6L00o, fueron nna de laa causaa de la ruptnra de relaciones amorosas con el
sellor Cepeda.

1

4l

{12) La preciai6n que da f. esta cita y i la anterior la Sra. .Avellaneda al cabo
de_ ~iez afios, que hablan aido escritas las cartas, demuestra que conservaba loa
on11nalea de Loyna1 y los borradores de las contestaciones.

�44

CUBA CONTEMPORÁNEA

y tan inmerecido rigor conmigo, no tenían otro objeto sino precipitarme á una resolución atrevida, que secundase sus miras
secretas : ¡ harto lo lograron 1
Estaba ya en vísperas de mi matrimonio; casa, ajuar, dispensa, todo estaba preparado. Pero hubo un momento en que no
me hallé con fuerzas para consumar el sacrificio, uno de aquellos
momentos en que se obra sin pensar. Y o dejé furtivamente mi
casa, y me refugié con mi abuelo, que estaba en una quinta
prócsima á la ciudad. Me arrojé desolada á sus pies, y le dije
que me daría la muerte antes que casarme con el hombre, que me
destinaban.
Aquel rompimiento fué ruidoso: toda mi familia se mostró
altamente sorprendida é indignada de mi resolución : mis tíos,
que en su interior se regocijaban, fueron los primeros en declararse contra mí: sólo en mi abuelo hallé bondad é indulgencia,
aunque nadie sintió tanto como él la rotura de un casamiento
que él había formado: ¡ yo sufría mucho!; no ignoraba que la'
opinión pública me condenaba; ¡ despreciar un partido tan ventajoso! ¡ tener el atrevimiento de romper un compromiso tan serio, tan adelantado, tan antiguo! ¡ dar un golpe mortal á mi
familia! Esto pareció imperdonable: se dijo desde luego, que yo
era una mala cabeza (mis tíos y mis primas fueron los primeros
en decirlo), que mi talento me perdía, y que lo que entonces
hacía, anunciaba lo que haría más tarde, y cuanto haría arrepentir á mamá de la educación novelesca que, me había dado. Mi
padrastro fué entonces á Puerto-Príncipe y se apuró la medida
de mis sufrimientos.
Una especie de fatalidad, que me persigue, hace que siempre
se tomen circunstancias y casualidades funestas para hacer parecer más graves mis ligerezas : digo ligerezas, aunque ciertamente no creo lo fuese la de romper un compromiso, que mi corazón
reprobaba.
Circunstancias independientes de mí, enteramente independientes, originaron disgustos entre mi abuelo y mi padrastro.
Éstos llegaron á ser tales, que mi abuelo salió de casa donde
vivía cuando no estaba en el campo, y se fué á la de un~ de mis
tíos. El público que sabía la rotura de mi casamiento y nó los disgustos posteriores, que hubiera entre Escalada y mi abuelo, no

CARTAS AMATORIAS DE J.A AVELLANEDA

~

I

45

dejó de declarar, que mi abuelo salía de casa altamente indignado conmigo. 1\1i tío y mis primas, que siempre vieron con envidia y temor la predilección, que mi abuelo tenía por mamá _Y
por mí, se aprovecharon de tenerlo en su _casa p~ra co~b~tlr
dicha preferencia, haciéndole creer que era mmerec1da. Pmtoseme como una loquilla novelera y caprichosa: dijeron que mamá
me pcrdfo. con su ecsesiba indulgencia y la libertad que me dejaba de seauir mis estravagantes y peligrosas inclinaciones; en fin,
no dcsp:rcliciaron ningún medio para prevenir en contra de
mamá y de mí al pobre viejo paralítico, que, sin vigor físico ni
moral era una cera á propósito para recibir todas las impresiones'. ¡ Consiguieron su objeto!: mi abuelo murió tres meses
después de mi rompimiento y apareció un testamento, que anulaba el que había hecho á favor de mamá y de mí, dejando su
tercio y su quinto á mi tío ·Manuel, en cuya casa murió.
Mi padrastro, para descargarse de la culpabilidad de ser
causa de esta mudanza y de los perjuicios de mamá, pregonaba
que por la incomodidad, que le causara mi rompimiento, había
mi abuelo dejado la casa y variado sus disposiciones á favor de
mi tío echando sobre mí la culpa, que sólo él tenía. M:i tío Y mis
prima~ (que no me perdonaban el tener algún mérito, ni aun
después que me habían robado el afecto de mi abuelo), decían,
que el golpe mortal, que yo le había dado al pobre anciano, ha:
bía precipitado su muerte : en fin, todo el mundo decía, que m1
locura en romper el matrimonio había privado á mamá del tercio de mi abuelo y á mí misma de su quinto.
Yo tenía un alma superior á intereses de esta especie, y ¡ sábelo
Dios!, en las lágrimas que vertí, una sola no fué arrancada por
el pesar de perder aquella codiciada herencia. Pero mi corazón
estaba desgarrado por las injusticias de que era objeto. Yo tenía el íntimo convencimiento de que mi abuelo no se fuera de
casa por causa de mi rompimiento: sabía cuánta indulgencia
y cariño había yo hallado en él después de aquella pretendida
locura, que se decía haberle ecsaltado tanto: ningún remordimiento tenía de ser causa de su muerte, pero, no obstante, sentía que me agoviaba el dolor y el arrepentimiento. ¡ Cuántas veces lloré en secreto lágrimas de hiel, y pedí á Dios me quitase la
ecsistencia, que no le había pedido, ni podía agradecerle 1 ¡ Cuán-

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47

CQBA CO~TEMPORÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

tas envidié la suerte de esas mujeres, que no sienten ni piensan;
que comen, duermen, vejetan, y á las cuales el mundo llama muchas veces mujeres sensatas! Abrumada por el instinto de mi
superioridad, yo sospeché entonces lo que después he conocido
muy bien : Que no he nacido para ser dichosa, y que mi vida
sobre la tierra será corta y borrascosa (13) .
Faltaba una cosa para colmar la medida de mis pesares y la
suerte no me la reusó. Supe, sin poder dudarlo, que Rosa Carmona y Loynaz se amaban. Sólo entonces comprendí los motivos
de la anterior conducta de aquella falsa mujer, y el más profundo desprecio sucedió en mi corazón á una amistad indignamente burlada.
Estas fueron, ¡ oh Cepeda!, estas las primeras lecciones que
me dió el mundo: Esto encontré, cuando inocente, pura, confiada, buscaba amor, amistad, virtudes y placeres; ¡ inconstancia! ¡perfidia! sórdido interés ! ¡ envidia! crimen, crimen y nada
más. ¡, Soy culpable, pues, de no amarle 1 ¡, puedo tener ilusiones? . . ... Pero vivo como si las tubiera, porque el mundo, amigo
mío, se venga cruelmente del desprecio, que se le hace. Es preciso aparentar vida en la frente, aun cuando se lleve la muerte en
el corazón.
Cepeda!, querido Cepeda! ¡, Será cierto que V . siente como
yo cuán poco vale este mundo y sus corrompidos placeres?; ¡, no
será V. otra nueva decepción para mí?; ¡, quién me asegura que
no es V. un hipócrita?; ¡, quién me garantiza su sinceridad? .....
Cepeda!, Cepeda!, si V. no es el primero de los hombres, forzoso es que sea V. el último, y ... . . · lo confieso, vacila mi juicio
entre estos dos estremos. Sin embargo, ya ve V. que mi imprudencia me arrastra: Este cuaderno es una prueba de ello. Acaso
me arrepentiré algún día de haberlo escrito. ¡ Qué importa !
Será un desengaño más, pero será el último.

graciada, y como yo lloraba un desengaño. Su marido, aquel
amante tan tierno, tan rendido, se había convertido en un tirano. ¡ Cuánto su.fría la pobre víctima! ¡ y con cuán heróica virtud ! l\fi cariño acia ella llegó al entusiasmo, y mi horror al matrimonio nació y creció rápidamente. Yo no trataba sino á mi
prima, y aquella vida sedentaria, triste y contemplativa, alteró
mi salud. Púseme tau delgada y enferma, que alarmada mamá
me llevó al campo. Allí pasé tres meses de soledad : soledad esterior 'S soledad del corazón!; no me mejoré y volvimos á la ciudad.
¡ Triste, muy triste fué aquella época de mi vida!; aun me afüje
el recordarla. Tenía la esperanza de morir pronto, pero momentos tenía en que me parecían demasiado lentos los progresos de
mi mal y sentía impulsos de apresurar yo misma su resultado.
Uis principios religiosos y el afecto entrañable, que tenía por
mamá y mi hermano, (14) sofocaban este impulso.
1\fi padrastro tenía también una salud quebrantada, y lo
atribuía al clima. Persuadióse que moriría, si no se venía á España, y como no aborrecía la vida como yo, determinó realizarlo. Este proyecto me sacó de mi desaliento; deseaba otro cielo,
otra tierra, otra existencia: amaba á España y me arrastraba á
ella un impulso del corazón. Disgustada de mi familia materna,
anhelaba conocer la de mi padre, ver su país natal y respirar
aquel aire, que respiró por primera vez. Tomé, pues, un empeño
en decidir á mamá á establecerse en este antiguo mundo. Escalada, por su parte, usaba de toda su influencia á fin de determinarla, pintándola (15) mil ventajas en el cambio. Pero mamá
resistía apoyada por sus parientes.
A pesar de esto, Escalada vino á Puerto Príncipe y empezó á
vender tierras y esclavos, y á mandar sobre los bancos de Francia todo el numerario posible. Luego, creyendo más fácil desidir
á mamá si la sacaba de su país y familia, la propuso ir á parar
algunos meses en Cuba, (16) donde estaba de guarnición

"POR LA TARDE"

:r-.n única amiga era ya mi prima Angelita;

(14) Aunque tenia tres hermanos, Pepa, Emilio y Felipe Escalada, del segundo matrimonio de su madre, quiso aqui 1a poetisa referirse exclusivamente 6, su
hermano entero D. Manuel Gómez de Avellaneda, por quien sintió siempre un
carillo entratlable.
(15) El uso del Za, como dativo, en vez de le, es incorrección, que no debe imitarse. En igual defecto incurre varias veces la inspirada poetisa en este escrito:
sirva la presente advertencia para lo sucesivo.
( 16) Quiso decir S an/iago de Cuba.

era como yo des-

(13) No se equivocaba la eximia escritora. Su vida fué breve, puesto que
no cumplió los 59 •años de edad, y las contrariedades, que sufrió su espíritu,
fueron grandisimas, aun en medio de los triunfos literarios, que un dia alcanzara

'

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CUBA CONTElIPORÁNEA

su regimiento. Todos secundamos sus esfuerzos y lo conseguimos.
Sensible, más sensible de lo que yo creía, me fué el arranque
de mi país y la separación de mi prima; pero al llegar á Cuba
los objetos nuevos me dieron nueva vida.
Santiago de Cuba es una ciudad poco más ó menos como
Puerto Príncipe, y más fea é irregular. Pero su bellísimo cielo,
sus campos pintorescos y magníficos, su concurrido puerto y la
cultura y amabilidad de sus habit:mtes, la hacen muy superior
bajo cierto aspecto. 'l'ube en aquella ciudad una aceptación tan
lisonjera, que á los dos meses de estar allí ya no era yo una forastera. ,Ta más la vanidad de una mujer tubo tantos motivos de
verse satisfecha. Yo fní generalmente querida y obsequiada, y
jamás podré olvidar los favores, que he devido á los habitantes
de Cuba. Entonces volví á tener gusto al e..:;tudio y á la sociedad.
Hice algunos versos que fueron celebrados con entusiasmo ;
entreguéroc á las diversiones, en las cuales era deseada y colmad¡,, dr ob~eqnios. V. supondrá que no me faltaron aspirantes: tengo algún orgullo en decirlo : los jóvenes más distinguidos del
país se disputaban mi preferencia. Ninguno, empero, la consiguió
esclnsiva. l\fi predilecto en un baile era el mejor danzador, en
un paseo el que montaba con más gracia un hermoso caballo, en
tertulia el que tenía más amena y variada conversación. Ninguna ilusión de amor tube en Cuba, y por consiguiente, no saqué
de ella ningún desengaño. Acaso por esto la amo tanto.
Loynaz fué á Cuba cuatro meses despu'és que nosotros, é intentó renovar sus pretensiones. Escusaba sus amores con Rosa
diciendo, que ella le había en cierto modo comprometido, y me
juraba que yo era su primero y único amor, y que su viaje no
tenía otro objeto que obtener mi perdón y reconciliarse conmigo.
Yo no me negué ni á la una ni a lo otro: Perdonéle y le otorgué
mi amistad, pero fuí infl.ecsible respecto al amor. Antes de volverse á Puerto Príncipe, solicitó la promesa de seguir con él
correspondencia por escrito, y, mediante que prometió serían
sus cartas meramente amistosas, condescendí á su demanda. En
efecto, ambos seguimos dicha correspondencia con admirable
esactitud hasta su muerte, acaesida á mediados del año de 37,
cuando él cumplía los 25 de su edad y cuando ya estaba yo en
España.

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

49

l\Ii padrastro supo aprovechar tan bien su ascendiente sobre
mamá, y yo por mi parte le secundé de tal modo, que al fin logramos determinarla á venir á España.-El día 9 de Abril de
1836, nos embarcamos para Burdeos en una fragata francesa,
Y sentidas y lloradas, abandonamos ingratas aquel país querido,
que acaso no volveremos á ver jamás.
Perdone V.!; mis lágrimas manchan este papel; (17) no
p.uedo recordar sin emoción aquella noche memorable en que ví
por última vez la tierra de Cuba.
La navegación fué para mí un manantial de nuevas emociones.- ' ' Cuando navegamos sobre los mares azulados, ha dicho
Lord Byron, nuestros pensamientos son tan libres como el Occéano. ''-Su alma sublime y poética devió sentirlo así: la mía lo
esperimentó también. Hermosas son las noches de los Trópicos
Y yo las había gozado; pero son más hermosas las noches deÍ
Occéauo. Hay un embeleso indefinible en el soplo de la brisa,
que llena las velas ligeramente estremecidas, en el pálido resplandor de la luna que reflejan las aguas, en aquella inmensidad que vemos sobre nuestra cabeza y bajo nuestros pies. Parece
que Dios se revela mejor al alma conmovida en medio de aquellos dos infinitos--¡ el cielo y el mar !-y que una voz misteriosa
se hace oir en el ruido de los vientos y de las olas. Si yo hubiese
sido atea, dejaría de serlo entonces.
También esperimentamos tempestades y puedo decir con Heredia:
.
·
"Al despeñarse el huracán furioso,
al retumbar sobre mi frente el rayo
palpitando gocé .. . ...... .. .. . . ''
Por fin, después de malos y buenos tiempos y de sentir todas las impresiones consiguientes á una larga navegación el
primero de Junio saludamos con júbilo las risueñas costas d~ la
Francia.
Los días que pasé en Burdeos me parecen ahora un lisonjero
sueño. Abríase mi alma en aquel país de luces y de ilustración.
No amé, no sufrí, apenas sé si pensaba. Estaba encantada y mi
(17)

A1in se ven en el manuscrito las- manchas de las 1'grimas.

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CUBA CONTEMPORÁNEA
CARTAS A~IATORIAS DE LA AVELLANl!:DA

corazón y mis ojos no me bastaban. Fué forzoso dejar aquella
seductora ciudad y no lo hice sin lágrimas.
Ningunas simpatías podía yo encontrar en Galicia, y viniendo de una de las primeras ciudades de Francia, la Coruña me
pareció inferior á lo que realmente es, pues hoy la creo una
de las más bonitas poblaciones de España. Pero el carácter gallego me desagradaba y el clima me sentaba mal. Sin embargo,
acaso me hubiese acostumbrado y se disiparía la primera impresión desagradable que sentí al llegar á ella, si motivos inesperados no me hubiesen dado reales y positivos pesares. A Dios, hasta
luego.
"POR LA NOCHE"

Mi padrastro se había manejado bien con nosotros hasta entonces : entonces se desenmascaró. Estaba en su país y con su
familia nosotros lo habíamos abandonado todo. Su alma mez'
quina abusó
de estas ventajas.
No molestaré á V. con detalles enojosos de nuestra situación doméstica; bástele saber que no hubo pesares y humillaciones, que yo no devorase en secreto. :Mamá era muy infeliz, y yo
carecía de fuerzas para sufrir sus pesares, aunque llevaba los
míos con constancia. l\fanuel (18) tubo precisión de marcharse
al estrangcro; tan comprometido se vió por mi padrastro. ¡Oh!
sería nunca acabar, si quisiera contar por menor las ridiculeces,
tiranías y bajezas de aquel hombre, que yo devo y quiero respetar todavía como marido de mi madre. Dios Jo sabe, y será algún
día juez de ambos.
En aquella situación doméstica tan desagradable conocí á
Ricafort y fuí amada de él: también yo le amé desde el primer
día, que le conocí. Pocos corazones ecsistirán tan hermosos como
el suyo; noble, srnsible, desinteresado, lleno de honor y delicadeza. Su talento no correspondía á su corazón : era muy inferior
por desgracia mía. Conocí pronto esta desventaja: aunque generoso Ricafort parecía humillado de la superioridad que me atribuía: sus ideas y sus inclinaciones contrariaban siempre las mías.
( 18)

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No gustaba de mi afición al estudio y era para él un delito que
hiciese versos. Mis ideas sobre muchas cosas le daban pena é inquietud. Temblaba de la opinión y decíame muchas veces :-qué
Ioararás cuando consigas crédito literario y reputación de ingeni~ Y Atraerte la envidia y ecsitar calumnias y murmuraciones.
-Tenía razón, pero me helaba aquella fría razón.
Aunque mostra.Qa de mi corazón el concepto más elevado y
ventajoso, no se me ocultaba que le desagradaba mi carácter, y
me repetía que este carácter mío le haría y me haría á mí misma
desgraciada. Yo me esforzaba en reprimirlo y sofocaba mis inclinaciones por darle gusto; pero esta continuada violencia me
entristecía y notándolo él se convencía de que no podría nunca
'
,
hacerme dichosa. Sin embargo de todo esto, nos amábamos mas
cada día.
Mis pesares domésticos llegaron á afectarme tanto, que necesité desahogar mi pecho y se los comuniqué : ¡nunca olvidaré
aquel momento! ¡ Yo ví sus ojos arrasados de lágrimas! Entonces, con aquel acento, que la falsedad no podrá nunca imitar, me
rogó aceptase su corazón y su mano y le diese el derecho de protejerme y vengarme.
Muchos dias vacilé; mi horror al matrimonio era estremado,
pero al fin, cedí : mi situación doméstica tan insufrible, mi desamparo, su amor y el mío, todo se unió para determinarme, y
cuando le dije que consentía en ser su esposa, tomé la resolución
de consagrar mi ecsistencia á hacer la suya dichosa, y quitármela en aquel momento en que no pudiese llenar este objeto. Talento, placeres, todo se aniquiló para mí : sólo deseaba llenar las
severas obligaciones, que iba á contraer, y hacer cuanto en mi
poder estubiese para aligerar á Ricafort las cadenas, que le imponían. ¡ Oh Dios mío!, porqué no pude hacerlo!. . . . . Tú sabes
si eran puras mis intenciones y sinceros mis votos! : porqué no
los escucbastes? ( 19) Yo no aseguraré, que hubiera amado siempre á Ricafort, ¿ porque quién puede responder de su corazón 1,
pero cierta estoy de que siempre le habría estimado, y que nunca
le obligaría á maldecir el día en que se uniera á mi suerte, pues
si no puedo responder de mis sentimientos, puedo por lo menos

Su hermano, ya citado en otra nota.
( 19)

Sobra la

6

Jlnal.

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CUBA CONTE:.\IPORÁNEA

CARTAS AUATORIAS DE LA AVELLANEDA

responder de mis acciones. Pero nada de esto devía ser : la funesta debilidad de mi carácter devía trastornarlo todo.
Nuestra unión no pudo verificarse por de pronto. Él era
altivo y yo también : ni uno ni otro queríamos depender de nuestras familias ni un solo día, y gracias á mi padrastro, mis intereses estaban embrollados, y Ricafort no contaba sino con un sueldo mal pagado. Hice proposiciones racionales á mi padrastro,
que no las admitió! : solicité de la Corte el derecho de mayoría
pintando mi situación esepcional, pero antes de obtener resultado fué depuesto Ricafort, padre, y el hijo tubo orden de reunirse á su regimiento. Hice justicia al General (20) : Conocía su
caracter y franqueza y no dudaba, que hallaría en él un padre;
pero yo tenía demasiado orgullo para entrar en su familia como
una mendiga, y resolví no casarme hasta no poder aclarar mis
intereses y decir á Ricafort cuáles eran éstos y la mayor ó menor
seguridad que presentaban.
En fin, después de muchas vacilaciones y penosas escenas
Ricafort marchó á su destino. Dolorosa me fué, muy dolorosa
esta separación, aunque estaba yo muy lejos de creerla eterna;
pero pasados los dos primeros meses pensé mucho en las diversidades, que ecsistían entre Ricafort y yo, me pregunté á mí
misma, si aquella superioridad, que él me suponía, no sería tarde ó temprano un origen de desunión, y reflecsionando en las
contras del matrimonio y las ventajas de la libertad me dí el
parabién de ser libre todavía. Vino mi hermano por entonces á
la Coruña ..... mucho necesito ahora de la indulgencia de V.,
querido Cepeda, porque me avergüenzo todavía de mi ligereza.
Vino mi hermano y desaprobó mi unión. Representóme la triste
suerte de los militares en las actuales circunstancias (21) : hablóme con entusiasmo de un viaje, que quería hiciésemos juntos
á Andalucía para conocer la familia paterna ( de la cual me
hizo elogios que hoy conozco inmerecidos) y de lo dichosa que
sería yo con mi mayoría, pudiendo gozar una vida cómoda é independiente conforme á mis indicaciones: sobre todo me dijo, y
fué lo que más impresión me hizo, que, si me casaba con Ricafort

y le seguía, nos separaríamos él y yo para siempre acaso. t, Qué
diré á V. para justificarme 1. . . . . nada, nada es bastante. Fuí
debil é inconsecuente. Marché con mi hermano á Lisboa : no he
vuelto á saber de Ricafort.
Si se eceptua el dolor de la separación de mamá, puedo decir que dejé con placer la Galicia. Eran muy pocas las personas,
que en ella me merecían algún afecto, y no ignoraba yo que tenía
muchos enemigos : De este número eran todos los parientes de
Escalada. Gracias al cielo no podían herirme en mi honor por
mucho que lo desearan, pero daban mil punzadas de alfiler á mi
reputación bajo otro concepto. Decían, que yo era atea, y la
prueba que daban era que leía las obras de Ruseaux (22) y que
me habían visto comer con manteca un viernes. Decían, que yo
era la causa de todos los disgustos de mamá con su marido y la
que la aconsejaba no darle gusto. La educación que se da en
Cuba á las Srtas. difiere tanto de la que se les da en Galicia, que
una mujer, aun de la clase media, creería degradarse en mi
país egercitándose en cosas, que en Galicia miran las más encopetadas como una obligación de su sexo. Las parientas de mi
padrastro decían por tanto, que yo no era buena para nada porque no sabía planchar, ni cocinar, ni calcetar ; porque no lababa
los cristales, ni hacía las camas, ni barría mi cuarto : Según ellas
yo necesitaba veinte criadas y me daba el tono de una princesa.
Ridiculizaban también mi afición al estudio y me llamaban la
Doctora. Una hermana de Escalada dió de bofetones á una criada de casa, porque interrogada respecto á mí, en una casa en que
ella había dado tan brillantes informes, tubo la pobre mujer la
estravagancia de decir que yo era 1m Angel, y que, lejos de ser
imperiosa ni ecsigente en la casa, todas las criadas me querían
por mis buenos modos.
V. supondrá cuán poco sentiría dejar aquel país y si podré
volver á él con gusto, aun cuando tenga la desgracia de que
vuelva á él mi familia.
Luego que rompí mis compromisos y me ví libre, aunque no
más dichosa, persuadida de que no devia casarme jamás y de
que el amor da más penas que placeres, me propuse adoctar un

(20) El Sr. Ricafort, padre, que por lo visto era el Jefe de la comandancia
militar de la Coruña.
(21) Ocioso parece advertir al lector, que se estaba en plena guerra carlista.

J

53

(22) Sin duda quiso escribir Rot&lt;sseau (Juan Jacobo), cuyos libros ,sobre todo
el Contrato aocial y el Emilio, andaban tan en boga en aquella época.

�55

CUBA CON'fEMPORtÚrnA

CARTAS AMATORIAS DE LA AYELLANEDA

sistema, que ya hacía algún tiempo tenía en mi mente. Quise
que la vanidad reemplazase al sentimiento y me pareció que valía más agradar generalmente que ser amada de uno solo: tanto
más cuanto que este uno nunca sería un objeto que llenase mis
votos. Y o había perdido la esperanza de encontrar un hombre
según mi corazón. No busqué ya pues ni amor ni amistad: deseaba impresiones débiles y pasajeras, que me preservasen del tedio
sin promover el sentimiento. Sin embargo, no podía aturdirme
por más que me esforzaba. Separada por primera vez de mamá,
sin esperanza de volver á ver á Ricafort ( al cual amaba aún),
sintiendo más que nunca el vacío de mi alma, disgustada de un
mundo que no realizaba mis ilusiones, disgustada de mí misma
por mi impotencia de ser feliz, en vano era que quisiera aturdirme y sofocar en mí este fecundo germen de sentimientos y dolores.
Otro desengaño tube además, y no de los menos dolorosos. Yo
amaba mucho á mi hermano : con él había llevado el desinterés
hasta un grado que otros me vituperaron : con él había sido siempre afectuosa, condescendiente y delicada. Al verme sola con él
por el mundo esperaba que su conducta conmigo correspondiese
á la mía: ¡ me desengañé muy pronto! Conocí que el hombre
abusa siempre de la bondad indefensa, y que hay pocas almas
bastante grandes y delicadas para no querer oprimir cuando se
conocen más fuertes.
Hubiera yo querido mudar mi naturaleza. Creí que sólo sería
menos desgraciada cuando lograse no amar á nadie con vehemencia, descon:6ar de todos, despreciándolo todo, desterrando
toda especie de ilusiones, dominando los acontecimientos á fuerza de preveerlos, y sacando de la vida las ventajas que me presentase, sin darles no obstante un gran precio. Yo me avergonzaba ya de una sensibilidad, que me constituía siempre víctima.
Más de un año hace que trabajo por conseguir mi objeto, no
sé si será trabajo perdido. En este tiempo dos veces he contraído pasageras relaciones; tan pasageras que una de ellas no duró
quince días. Mi corazón, no las formó, fué la cabeza únicamente,
la necesidad de una distracción, el ejemplo de la sociedad en que
vivía: nada más. Fueron empeños de sociedad más bien que de
amor.

Bien en breve me fastidié, y rompí sucesibamente aquellos
semiamores sosos con tanta ligereza como los había contraído.
No hablaré del proyecto de mi tío :B,elipe (23) de casarme en
Constan.tina (24) con un mayorazgo del país, y de cómo mi hermano, que tan opuesto era á que yo me casase, tomó un empeño
entonces á favor de mi novio. Esto no merece mayores detalles,
pues en nada ha influído semejante proyecto ni en mi corazón
ni en mi destino. Pero devo estenderme más en la relación de un
compromiso recientemente concluído y que V. no ignora. Es preciso no callar nada y que sepa V. los motivos, que tube para formarlo y para concluirlo. ¡ Los motivos que tube para formarlo l. . . . . embarazada me veré para decirlos : mas no importa. n1i franqueza ecsije que yo los diga; la delicadeza de V. le
ordena olvidarlos tan luego concluya de leer ésta.
Adios: necesito un momento de descanso: Además son las
diez y voy á vestirme para ir á buscar á Concha (25) para el
Duque (26). Espero que yendo yo tan tarde no encontraré á V.
en casa de Concha.

5-t

.....

J

"Á LA

1

DE LA NOCHE"

En efecto, no encontré á V. y he sabido que no estubo. ¡ Mil
gracias l Conozco ahora que ecsiste realmente entre los dos una
prodigiosa simpatía. V e.o que al mismo tiempo hemos tomado
una misma resolución. Sí, es preciso : es absolutamente preciso
vernos menos frecuentemente. Nos haríamos de otro modo cada
vez más insociables y raros. Por tanto, declaro á V., que yo por
mi parte voy á huir á V. con esmero. Estamos los dos demasiado tristes y desilusionados para querer estarlo más. Preciso es
que busque V. sociedad más alegre y yo lo mismo. Pero no busque V. una amiga sin.cera: yo reclamo este título, ¿entiende VY:
por fin, me resuelvo á quebrantar mi propósito. Sí; yo ofrezco
á V. mi am.istad. Pero tenga V. entendido, que puedo ser su ami(23) D. Felipe G6mez de Avellaneda, hermano del padre de la poetisa.
(24) Pueblo de la provincia de Sevilla donde nació el padre de la Avellaneda.
(25) La Srtn. Concepción Noriegn, amiga Intima de la poetisa.
(26) La plaza de Sevilla llamada entonces Duque de Medina Sidonia y poco
después, como ahora, Duque de la Victoria.

�56

CUBA CO~TEMPORANEA

CARTAS A~fATORIAS DE LA AVELLANEDA

ga sin verle diariamente, ni acaso nunca; y que será V . mi amigo, mi único amigo, pero no deseo, ni deve V. desear ser mi tertuliano y acompañante. Mañana acabaré esto: no sé cuando se
lo daré á V. Buenas noches : tengo una terrible jaqueca.
" HOY

27

POR LA TARDE"

Al mismo tiempo que empezó á obsequiarme Méndez Vigo (27)
dirigíame otro (28) algunas atenciones. Este otro me agradaba
más de lo que yo deseaba. Sentíame inclinada á él por una fuerza estraña y caprichosa y me estremecía al pensar que aun podía
amar, tanto más cuanto que, creyendo entonces que existía una
_enorme diferencia entre los caracteres é inclinaciones de aquel
dicho sujeto y yo, preveía en un nuevo amor un nuevo desengaño. Sin embargo, un instinto del corazón parecía advertirme, que
era llegado el momento en que devía espiar ( 29) mis pasadas inconsecuencias, y sin saber porqué me sentía dominada.
Sé cuanto más fuerte se hace una inclinación combatida y no
quise combatir la mía, pero no quise tampoco entregarme á ella
esclusivamente, por que temía se hiciese de este modo omnipotente. Era, pues, preciso oponer la vanidad al sentimiento y distraer con un pasatiempo el interés demasjado vivo que sentía.
¡ Cepeda!, yo prescindo de todo para ser sincera: por Dios!,
no me juzgue V. con severidad.
El hombre que me interesaba se desviaba de mí, y el que no
me agradaba redoblaba sus atenciones y asiduidades. El primero me causaba con su influencia en mi corazón serias inquietudes y me picaba con su indecisión; el segundo me lisonjeaba y me
divertía con su amor de niño y me parecía bien poco peligroso.
Hice lo que me pareció más conveniente á mi tranquilidad y
lo que supuse de menos consecuencia. Admití los afectos del uno
y procuré sofocar los que el otro me inspiraba. ¡Ya está dicho
todo! : ahora olvídelo V.
No disimularé que el candor de mi joven amante, su amor
(27)

D. Antonio,

f,

quien cita luego por su nombre.

(28) El propio D. Ignacio de Cepeda, para quien se escribió esta autobiografía.
(29) Como se ve fácilmente, por usar con frecuencia de la S en vez de X, cuan-

do va seguida de consonante, ha dicho la poetisa upiar por e,:piar, vocablos de
muy distinta ai¡nijlcaci6n.

l

¡

57

entusiasta y mil prendas apreciables, que descubría en él, llegaron á conmoverme. ¡ Pobre niño! ¡ cuánto me ha amado!; &amp;porqué este caprichoso corazón no supo corresponder dignamente?. . . . . no lo sé !
Me inspiraba un afecto sin ilusiones, sin calor: un afecto indefinible, que algunas veces me parecía devía semejarse al que
una madre siente por su hijo: no se ría V. de esta comparación.
En qué consistía que ese joven no me produjese otra clase de
amor? Yo no podré decirlo, porque no lo sé á fé mía. No es mal
parecido, ni tonto, V. lo sabe, y aun puedo decir, que ecsisten
ciertos puntos de simpatía entre nuestro modo de sentir, pero
él me amaba á mí como yo amaría, si encontrase un hombre según mis deseos. Pero él no era este hombre: en vano me esforzaba, y á fuerza de decirle que le amaba quería persuadírmelo á
mí misma : en vano me reprochaba de caprichosa é ingrata interiormente: en vano! Confesaré á V. lo que entonces no quería
confesarme á mí misma: Al lado de aquel joven sentía momentos
de insoportable tedio, y sus espresiones más apasionadas hallaban frío mi corazón y me producían á veces un no sé qué de
hastío.
¡ Era esto un capricho inesplicable del eorazón, porque yo le
quería! ¡ Sábelo Dios! Yo le quería, repito, pero no podré, sin
desmentir mi íntimo convencimiento, decir que le amaba. No
puedo esplicar esta diferencia, pero la concibo perfectamente.
Estaba él demasiado enamorado para limitar sus deseos á
unas sencillas relaciones, pasageras sin duda. Quiso arrancarme
la promesa de que sería su esposa y absolutamente la reusé. Manifestéle mi repugnancia al matrimonio, y tampoco le oculté que
mi amor no era de naturaleza tal, que me inspirase el deseo de
ser suya. Llamóme muger original, fría, sin corazón : ¡ Cuántas
lágrimas ! ¡ Cuántas reconvenciones!
Yo hubiera roto con él, si la compasión no me hubiese inspirado esperar para hacerlo á que se pasase, como no dudaba sucedería, esa ecsaltación de amor, que entonces le poseía. Le ví
padecer tanto, que me conmoví, y como se ofrece la luna á un
chiquillo, que llora por ella, le ofrecí yo á él que sería suya algún día.
Una vagatela le indispuso luego con mamá, y le trataba ésta

�59

COBA CONTEMPORÁNEA.

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

con tal esquivez y aun desatención, que, ofendida yo, le prohiví
por su propio decoro venir á casa en algunos días, para que se
calmase mamá y hacerla yo entender lo desatenta que estaba
con él por un motivo tan pueril. El pobre muchacho creyó ya
que no volvería á verme: qué sé yo lo que pasó en aquella cabeza.
Lo cierto es, que hizo mil locuras irreparables. Después de algunos días de afán y mortal inquietud, que mis cartas las más tiernas no podían calmar, cometió la imprudencia de hablar á su
padre y escribir á mi hermano diciendo el deseo y resolución
que tenía de casarse conmigo; sin haber consultado antes mi
voluntad, acaso porque dudaba de ella.
Interrogada por mi .familia, desde luego declaré seriamente
que no pensaba en semejante matrimonio, y mi hermano se lo
escribió así á Méndez Vigo.
Entonces fué Troya! : no molestaré á V. con pormenores enfadosos. El pobre chico creo que se trastornó, pues, entre mil
disparates que dijo y hizo, me escribió una carta (que conserbo
como casi todas las suyas) en la que me juraba se daría un pistoletazo, si no me casaba con él antes de tres meses.
Temí cualquier cosa de él, mucho más cuando supe, (Bravo (30) lo sabe también) que andaba llorando en los paseos y
cafees como un loco: tube, pues, a su situación todas las consideraciones, que ecsijía, le escribí cartas llenas de ternura y le ofrecí que sería suya más tarde.
Pero nada bastó : no sé qué espíritu maligno se había apoderado del pobre joven. Saben sus amigos hasta que punto se estraviaba por momentos su razón.
La piedad tal vez me hubiera determinado á casarme con
él ( á pesar que menos que nunca me inspiraba aprecio ni confianza aquel carácter tan débil y aquella cabeza tan frágil), si
el orgullo de mi nombre no me lo hubiera absolutamente prohivido.
El padre de ese joven, que, según tengo entendido, es responsable á su hijo del dote considerable que le llevó su primera
esposa (y que sin duda no deseaba desposesionarse de él, como
tendría que hacerlo casándose su hijo) dijo, que no aprovaba

su matrimonio sino dentro de tres años, pues aun era muy joven
para contraer tan serio empeño. En consecuencia á esta manifestación reusó venir á pedir mi mano, como parece quería su
hijo, y éste le amenazó con que pediría al Jefe político la licencia, que él le reusaba. Todo esto pasaba sin que yo supiese nada,
ni remotamente lo sospechase. ¡ Puede V. figurarse mi indignación á la primera noticia, que llegó á mis oídos! Se apuró mi sufrimiento y rompí enteramente con el imprudente joven, escribiendo al padre una carta en la cual le manifestaba, que jamás
había tenido la intención de casarme con su hijo ni con su aprovación, ni sin ella. Por tanto devía mirar como locuras del joven
todos los pasos, que hubiese dado con este objeto, y le aconsejaba
y rogaba le mandase á viajar para distraerle.
Pocas personas sabrán en Sevilla estos pormenores, pero
muchas han sido sabedoras de la desesperación de .Antonio (31) y
de los reproches que me dirijía en su ecsaltación. Así es, que por
una fatalidad de mi estrella siempre me condenan las apariencias, se me juzga sin comprender mis motivos. Yo sé que se me
censura haber jugado con la sensibilidad de ese joven y se me
tacha de inconstancia y coquetería. Y a V. conoce mi culpa!: no
he tenido otra, sino entablar (como hacen todas en Sevilla) unas
relaciones, que suponía ligeras y sin consecuencias de ninguna
especie: ¡ esta es toda mi culpa y sabe Dios cuánto me he
arrepentido de ella! Si después no pude resolverme á sacrificar
mi libertad y mi delicadeza casándome con él sin la pública aprovación de su padre, ciertamente no merezco por ello censura, y
sería muy despreciable á mis ojos, si hubiera procedido de otro
modo. La pasión no me haría faltar á mi decoro entrando á la
fuerza en una familia: ¡ cuánto menos la compasión!
lVIarchóse por fin .Antonio y yo respiré : parecióme ver la luz
después de una larga prisión ó lanzar un peso enorme largo tiempo sostenido.
Lo confieso : quedé cansada de amor : aquel amor delirante
y frenético, que yo no había participado, me causaba fatiga.
Por eso me fijé más que nunca en mi sistema de no amar nunca. He jurado no casarme nunca, no amar nunca; y aun me pro-

58

(30) D. Pedro Gómez Bravo y Pern!a, amigo intimo del Sr. Cepeda desde que
estudiaron juntos en el Colegio de la Asunción de Córdoba.

•

(31)

El Sr. M6nde• Vigo.

�60

CUBA CONTEMPORÁNEA

pongo ya abjurar también todo empeño, aun los más sencillos y
pasajeros.-Un mes después de la marcha de :Méndez Vigo volvió
V. de Almonte. (32).
Está concluida mi historia! : pensé antes no haberla escrito
sino en su ausencia de V., porque quería tener con V. una correspondencia epistolar, pero luego varié de idea, porque no pienso ya que devemos entablar dicha correspondencia. ( 33)
Nada más me resta que decir, caro Cepeda; ahora recuerde
V. mis condiciones.-Éste será reducido á cenizas tan luego sea
leido, y nadie más que V. en el mundo sabrá que ha existido.
Á Dios: no sé cuando nos veremos y podré dar á V. este cuadernillo.
Acaso con él voy á disminuir la estimación con que V. me
favorece y á debilitar su amistad : no importa! ¡, Devo sentir el
dar á V. armas para combatir una amistad, que acaso conviene
á ambos deje de ecsistir1 Ya seré siempre amiga de V. aun cuando no ecsista amistad entre nosotros. Es decir, le estimaré á V .
aun cuando cese de manifestárselo.
Á Dios, querido mío: sacuda V. esa melancolía, que me aflije.
Créame V.: para ser dichoso modere la elevación de su alma y
procure nivelar su ecsistencia á la sociedad en que deve vivir.
Cuando la injusticia y la ignorancia le desconozca y le aflija,
entonces dígase V. á sí mismo : Ecsiste un ser sobre la tierra que
me comprende y me estima.
Sí, creo comprender á V. y estimarlo: ¡ si me engañase! ¡ si
fuese V. otro de lo que yo le creo ! . . . . . sería un desengaño más:
¡ y qué importa uno á la que ha sufrido tantos!!
(Hay la rúbrica de la Avellaneda).
P. D. He leido ésta y casi siento tentaciones de quemarla.
Prescindiendo de lo mal coordinada, mal escrita, &amp;c., ¡, Devo
dársela á V.? No lo sé: acaso no. Ciertamente no tengo de que
(82) J.. este pueblo, donde pasaba temporadas el Sr. Cepeda por tener aill casa
sus padres, fueron dirigidas desde Sevilla las c&amp;rtas de la Avellaneda en Agosto
y Septiembre de 1839; cartas que fueron contestadas 4 Doña Ama.dora de Almonte

que era el pseudónimo adoptado por la poetisa mientras permanecieron en se·
creto esas relaciones amorosas.
· (38) Por lo visto, volvió á variar de idea la eminente escritora, pues se con•
serva la correspondencia epistolar posterior á esa resolución suya.

61

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

avergonzarme delante de Dios, ni delante de los hombres. Mi
alma y mi conducta han sido igualmente puras: Pero tantas vacilaciones, tantas lijerezas, tanta inconstancia ¡, no deven hacer
concebir á aquel, a quien se las confieso, un concepto muy desventajoso de mi corazón y mi carácter?
6Devo tampoco descubrir los defectos de personas, que me
tocan de cerca, como lo hago? . . ... No ciertamente, Cepeda: no
devo. Para resolverme á dar á V. este cuaderno es preciso que le
estime á V. tanto, tanto, que no le crea un hombre, sino un ser
superior.
No sé, pues, qué hacer: lo guardaré y seguiré, para darlo ó
quemarlo, el impulso de mi corazón cuando vea á V. por primera vez.
(Hay la, rúbrica de la Avellaneda).

CARTAS

&lt;1 &gt;

DE LA SRA. D.A GERTRUDIS GOMEZ DE AVELLANEDA

I
UN A HOR.\ DE DESVELO Y MELANCOLÍA EN LA NOCHE DEL
LIO

(2i

=

13

DE JU-

DEDICAD.A. Á MI "COMPAÑERO DE DESILUSIÓN".= PARA
ÉL SOLO

Á vejez prematura te condena
el desaliento de tu joven alma!
sientes del tedio la insufrible pena!
ningún consuelo tus dolores calma !
En tus amores viste decepciones,
crimen y error en el imbécil mundo,
( 1) Estas cartas adolecen de los mfamos defectos ortográficos notados ya en
la autobiografía, y además se advierten en ellas los vocablos siguientes: descritiva,
ptmellon, quando, baya, egtrcer, utrahordinario, inborrable, ineaauato, ésa.rico, haya
por halla, hora por ora, obserbar, vercivir, vervalmente, cuyas faltas, como las otras
á que nos hemos referido, van desapareciendo conformo avanza la fecha de la co·
rrespondencia.
(2) Sevilla, 1839.

�62

CUBA CONTElIPORÁNEA

y sucedió á tus dulces ilusiones
desengaño mortal, tedio profundo.
Así la aurora de tu hermosa vida
se despojó de mágicos colores,
así la senda de tu edad florida
yace marchita sin verdor ni flores.
Ay! yo comprendo tu penar insano!
porque mi suerte cual tu suerte fiera
aquí en mi seno con airada mano
fecundo germen de dolor vertiera.
También, cual tú, costosos desengaños
atesoré con ávida amargura,
y el horizonte de mis tiernos años
surcó una nube de foral pavura.
Cielo sin claridad, campo sin flores,
estéril arbol en fecunda tierra,
mi juventud sin goces, sin amores,
á la esperanza del placer se cierra.
Éste es ¡ Ignacio ! mi fatal destino,
y éste también el que te acecha airado,
si de la vida al áspero camino
te lanzas sólo en tu vigor fiado.
No del sentir el mágico tesoro
exhausto yace en mi oprimido seno :
ven pues ¡querido! y el ardiente lloro
podamos juntos confundir al meno.

También tiene el llanto
goces silenciosos,
perfumes preciosos
de pálida flor.
Como hay en noche
benigno rocío,
que del seco estío
mitiga el calor.
l\:Ias no los lazos de amistad me nombres,
que en la amistad del mundo yo no creo,

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

63

y en el lenguaje impuro de los hombres
traiciones temo, si cariños veo.
Ni del amor la copa emponzoñada
libaremos sedientos de ventura:
la del dolor tomemos, y, apurada
entre los dos, partamos su amargura.
Del pesar 1~ terrible simpatía
esa nos una y nuestro lazo sea,
.v de la muerte á la región sombría
juntos el mundo descender nos vea.
Acaso en esa tumba
dó juntos bajaremos,
un destello gocemos
de lumbre celestial.
Acaso un genio aguarda
nuestras almas dolientes
para abrirles las fuentes
del placer eternal.
G. G. de A.

1fe hace mal, mucho mal, oir á V. espresar sus ideas, dolores
y esperanzas.-Ya ve V. por esta composición qué pensamientos
me inspira.-Atienda V. á los versos y no á las ideas.
Efectivamente, á veces me abruma esta plenitud d e vida y

quisiera descargarme de su peso: He trabajado mucho tiempo
en minorar mi ecsistencia moral para ponerla al nivel de mi
ecsistencia física. Juzgada por la sociedad, que no me comprehende, y cansada de un género de vida, que acaso me ridiculiza; superior é inferior á mi secso, me encuentro extrangera en
el mundo y aislada en la naturaleza: Siento la necesidad de
morir. Y sin embargo, vivo y pareceré dichosa á los ojos de la
multitud.
Mas lo creerá V. así? .... . No, yo lo sé, y por eso temo nuestras conversaciones. Esto mismo que escribo no podría hablarlo
sin conmoverme demasiado: porque cuando ambos nos sentimos uno junto al otro abrumados de la vida, cansados del mundo, entonces no sé qué delirio irreprimible me hace desear la
muerte para ambos.

V

�6-1

COBA CO~TEMPORÁNEA

V. me habla de amistad, y no ha mucho que sintió V. el amor:
y O no creo ni en una ni en otro. Busco en emociones pasageras,
en afectos ligeros, un objeto .en que distraer mis devo~adores
pensamientos y me siento así menos atormentada: porque mconstante en mis gustos cánsome fácilmente de todo, Y los afectos
ligeros, que apenas me ligan, no me ~r_iv~ del derecho de se:
guir el instinto de mi alma que cod1~1a liberta?·. Algun~ vez
deseo hallar sobre esta tierra un corazon melancohco, ardiente,
altivo y ambicioso como el mío: compartir con él mis goces Y
dolores y darle este ecseso de vida, que yo sola no puedo soportar: Pero más á menudo temo en mí esta inmensa _fac?ltad
de padecer, y presiento que un amor vehemente susc1:aria e~
mi pecho tempestades, que trastornarían ac~so mi !az~n Y fill
vida. Además : ¡, llenaría aún el amor el abismo de m1 alma!
Todo lo he provado y todo lo desech~: amor y amist_~d ! : !, que
puedo, pues, ofrecer á V., querido mío? La eomp~s1on de un
corazón atormentado! . . . . . y mis versos para distraerle un
momento de ocupaciones graves.
(Hay una rúbrica).
DOMINGO

4

DE AGOSTO &lt;3 )

Re recibido la de V. á su devido tiempo y sin que haya
ocurrido la menor novedad: No sé por qué le parecía á V. poco
seguro este conducto, cuando es el menos sugeto á riesgos (4):
Sin embargo, puesto que V. dudaba y me _di,ce aguarda le a~use
el recibo de la suya, lo hago, y me permitire, aunque falte ~ su
encargo de v., añadir algunas líneas más. Si le es á V. eno~oso
leerlas, guarde V. esta carta sin pasar de esta línea, pero leala
algún día.
.
.
Algún· día remoto cuando yo haya deJado p~ra s~empre est~s
países, y que mi memoria, sin tener bastante mfl.uJo par~ ~g1tarle ó enojarle, tenga el necesario para hacerle grat~ un ult~o
recuerdo de mi cariño. Acaso no nos volveremos a ver mas:
- (S) Año 1889.-En ésta como en todas las demá~ cartas de _esa 6poca, que no
expresan el lugar, deberá entenderse que fueron escritas en Sevilla.
( 4 ) Suponemos que el conducto seria algún confidente de los enamorados.

CARTAS AMATORIAS DE LA AVl~LLAXEDA

65

!, quién sabe? V. se marcha á Almonte hoy ó mañana, yo partiré á Cádiz con mi hermano (5) dentro de 10 ó 15 días y estoy
resuelta á permanecer un mes por lo menos (6) : Si en este tiempo mamá tiene orden de marchar á Galicia (como todo lo anuncia) en ese caso me quedaré en Cádiz, y acaso cuando le deje
sea para atravesar nuevamente los mares y separarme de V.
1.800 leguas. ¡, Porqué, pues, reusará V. oírme, acaso por última
vez? ¡ Es tan solemne tma despedida aun cuando sólo sea para
tres días de ausencia! .. . ¡, quién nos asegura al dejar un objeto
querido que volveremos á encontrarle V Oh!, y en esta horrible
duda, en esta posibilidad terrible de una eterna separación ¡, deverán despedirse enojados dos amigos que se han querido V ¡, deverán separarse sin dirigirse tma mirada de consuelo, una palabra de reconciliación? Cuando se buscasen sin poder hallarse,
cuando no esperasen volver á verse más ¡, no sentirían entonces
un tardío arrepentimiento de no haber perdonado 1
V. se ha resentido conmigo : ¡ cosa rara! ¡ es V. un hombre
singular!: otl·o en lugar suyo se hubiera lisonjeado, porque mis
tonterías de la otra noche á mí sola me perjudicaban, á mí degradaban, á mí ridiculizaban (7) ; y yo sola tengo derecho por
lo tanto para estar irritada conmigo misma. Pero V. no sé por
que pudo ofenderse tanto. Sin embargo, básteme saber que lo
e~tá para ~o querer se marche V. en esa disposición. Yo no estoy,
ru tengo a la verdad motivo ninguno de estar con V. enojada,
porque del mismo modo que yo me perjudiqué á mí misma y
sol_amente á mí entregándome á aquel rapto estravagante y caprichoso de cólera, pues prové con mi conducta que era una necia, y una imprudente, sin sentido común; así V .... (8) se
perjudicó, porque mostró que no tenía un corazón tan puro
como me lo había dicho, y yo creía, ni una conducta digna del
hon:ibre, que se atrevía á ofrecer una grande, tierna y santa
anustad. Ay! Las grandes pasiones se tocan casi siempre: yo no
(5) D. Manuel, su hermano de padre y madre.
( 6) El contenido de las cartas siguientes demuestra que si realizó la poetisa
su viaje á Cádiz, fué obra do muy pocos dias.
'
'
(7) Se refiere á una escena destemplada que tuvo con el Sr. Cepeda, ,; quien
habla acusado de vanos amorios.
( 8) Se ha creído oportuno suprimir tres renglones inspirados en los celos
que devoraban i In poetisa, y faltos por tanto de verdad.

�66

CUB.\. CO:STE)lPOR.b:EA

sé si puede dar una grande amistad el que ha dado multiplicados amores!
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .............. . ...
Nell 'anima innocenti
Y aric non son fra loro,
le limpide sorgenti
d'amore é d'amistá.

C.\ln.\S .UL\TOHIAS DE LA AYELLA:Sl-:DA

6í

memoria. A Dios, pues, tú que me inspiras una ternura fraternal tú por cuva dicha daría una parte de mi sangre, recibe mi
' ' y ya que
. no me lo retornes vierte sobre él una lágrima de
A Dios,
reconciliación : tendría un placer en verte esta noche, pero no lo
ecsijo. A Dios.

(Está rnbricada.)

III &lt;9&gt;

JI etastasio.
En las almas inocentes
una misma es la fuente
de que manan el amor
y la pura amistad.
Ha dicho ::\Ictastnsio y acaso lo he creído yo misma así, y por
eso no esperaba saliese del puro manantial de una alma cual la
de V. dos sentimientos tan diversos. y que diese amores vulgares
un corazón capaz de sublime amistad.
Pero en todo esto no hay que det'a irritarnos al uno contra
el otro. V. es bastante generoso para perdonar la dureza de mi
franqueza en atención á que la inspira un interés vivísimo, y qlte
con permitírmela con V. le doy una prueba de cuán superior le
creo á esos fátuos vanidosos, que no tienen bastante razón para
conocer, que no la han tenido siempre, y no pueden perdonar el
que se les bable el lenguaje algo áspero de la verdad. Yo tampoco devo ofenderme, antes bien agradecer la confianza que V.
me ha dispemiado : sólo me irritó en un primer momento el que
no fuese V. tan grande, tan sin igual, tan sublime corno lo deseara mi corazón. ¡ Pero porqué sería tan injusta que se lo reprochase á V. como un crimen!
Cepeda! tu eres lo que has sido, lo que serás siempre para
mí, el más amable de los hombres y el más querido de los amigos: esto eres todavía y esto tienes que ser mientras yo viva:
¡ porqué pues nos separaremos de este modo 1 ¡, te lo aconseja así
tu corazón? ¿podrás no conocer el mío? En cuanto á mí, no puedo, ni quiero : Es preciso que te diga, que te quiero aun más que
á ningún hombre he querido, y que si el destino ha ordenado no
te vuelva á ver más, conserbaré de tí una tierna é inborrable

::\Ii amable amigo: cumpliendo mi promesa y siguiendo los
impulsos de mi corazón, tomo la pluma para saludar á V. Y preguntarle si ha llegado sin novedad á esa (10) , si ha desaparecido
el esplín y el dolor del pecho, y si no ha olvidado sus amigos.
Yo me encuentro bastante embromada con males de estómago y un istérico que me devora. Paso muchos días en cama poseída de tristeza y fastidio insoportable, pero espero que pasará, pues hoy me encuentro mejor.
Nada nuevo ocurre en Sevilla: Dícese que pronto comenzarán
las óperas, pues ya vinieron los papeles, que faltaban á la compañía: También se corre que viene el famoso Carlos la Torre,
pero no hallo á esta noticia la menor verosimilitud, pues Sevilla no puede sostener al mismo tiempo compañía de verso Y
compañía italiana.
El Duque (11) sigue lo mismo que V. le dejó: voy no todas
las noches y me fastidio grandemente. Temo que V. me haya pegado su misantropía, pues hago un verdadero sacrificio en salir
de casa.
He concluido mi traducción de la La Fuente (12), y espero
me diga V. si quiere que se la mande y cómo: Ahora comienzo
á traducir el A.nniver.~ario de "l\Iilevollc (13), poeta casi tan dulce como Lamartine, aunque menos profundo.
(9) No tiene fecha, pero au eontenido indica que debió ser escrita en la 2.•
quincena de Agosto de 1889. El sobre esti dirigido en esta forma: "Condado dt
Nitbla.--Sr. D. Jpacio Ctptda en A.Imante."
(10) La villa de Almonte.
(11) La plan de este nombre.
(12) Poesla de Mr. Lamartine contenida en las NvzvAS MsoITAOION3S, que
se publicaron en 1823.
( 13) MiUwou• quiso eaeribir la Avellaneda.

�68

CUBA CONTE)IPORÁNP.:A

CARTAS A)fA'l'ORIAS DE LA AYELL,\NEDA

¡, Y V., mi tierno amigo, qué hace Y. • . • Cuando se pasee V.

por los campos á la claridad de la luna, cuando escuche el murmullo de un arroyo, el soplo ligero de la brisa, el canto de un
ruiseñor, cuando persi1:a el aroma de las flores ... entonces piense V. en su amiga; porque todos esos objetos son tiernos y melancólicos como mi corazón. Perdón! no he olvidado nuestro convenio, y contendré la pluma.
Escríbame V. : si absolutamente no quiere dirijir las cartas a mi nombre, puede rotularlas á D.ª Amadora de Almonte,
nombre algo bizarro, que creo no corre peligro de hallar tocayo.
A Dios, Cepeda: cuídese V. mucho, diviértase y cuente siempre con el afecto fraternal de su amiga, T11la.
P. D. l\fi viaje á Cádiz se dilata.

IV
SR. D. IGNACIO CEPEDA
He recibido la amable de V., mi caro amigo, con tanta mayor
satisfacción cuanto que informada por Concha (14) de que no
estaba V. en Almonte, sino en otra parte, que designó su hermano (15), y de cuyo nombre no me acuerdo (16), temía hubiese padecido estravío mi carta. Varias veces mandé una criada
al correo y siempre me dijo que no había carta, hasta que ayer,
siéndome imposible salir yo, me valí de Concha, la cual fué ella
misma al correo y me trajo al momento la suspirada de V. (17)
Celebro que esté V. bueno, como en ella me dice, y menos melancólico que en ésta : Yo por mi parte quisiera poder decir otro
tanto, pero por desgracia no es así. l\ris dolores de estómago me
han dado mucho que hacer, y mi melancolía se aumenta cada
día. ¡ V. me pide que la venza ! . . . . . Ciertamente, es grande el
influjo que una súplica de V. egerce en mi corazón, pero en este
punto acaso no esté en mi poder el complacer la solicitud de su
(14) La Srta. Concepción Noriega, ya citada en la AUTOBioORAFÍA,
(15) D. Francisco de Cepeda.
(16) El Sr. Cepeda estaba en la Riliza, dehesa del término de Lucena del Puer•
to (Huelva), propiedad de su padre.
(17) Ocioso parece advertir al lector, que la epfstola amorosa no habla sido
llevada por el cartero 6 rasa de la Avellaneda por venir rotulada á Dofia Amadora
de Almonle-Lista de correo.

69

tierna amistad. Aparte de la ausencia de mi mejor, de mi único amigo, que es suficiente causa para melancolizarme, tengo
tantos otros motivos de tristeza! ¡ La espectativa de una separación acaso prócsima y larga de una madre que amo con ternura!
i la indecisión en que batallo sin saber aún, qué partido tomar,
ni qué suerte me espera! ¡ la necesidad de independencia y el
temor de la opinión, que me impide proporcionármela! ..... En
fin, tantas y tantas cosas me agitan al presente ( en que según
las apariencias se aprocsima el día de la crisis) que la amistad
misma, la dulce y lisonjera amistad de mi Cepeda no será poderosa á darme tranquilidad. Pero, basta: hablemos de otra cosa:
¡ yo quisiera que mis cartas fuesen tan risueñas ! ¡ ah! ya lo veo,
imposible ! La amargura de mi corazón se mezcla en todas ellas.
Perdón!
:ivfandaré mi traducción (18) por el conducto que me indica
pero será luego que tenga tiempo para escribirla, pues el borra~
dor está ininteligible y la única copia leíble, que tenía la he
mandado á Cádiz por compromiso. Los Sres. Redactores del nuevo periódico de literatura, que sale en dicha ciudad con el nombre de La Aureola, me han escrito una lisonjera carta rogándome cediese á su periódico algunas de mis composiciones y aun. negarme, me he visto forzada á complacerles' por
' haque qmse
ber intervenido en el asunto un paisano mío á quien estimo y
que se ha empeñado de un modo, que no podía yo sin desaira~le
mantener mi negativa. Así pues he cedido á La Aureola mi traducción, poniendo la condición de que no se imprimiera firmada
con mi nombre sino enteramente anónima.
Ya enviaré á V. tan pronto pueda una copia, y de antemano
reclamo su indulgencia. Preciso fuera que V. conociese el original para que formase un juicio esacto de la grandísima dificultad
de la traducción. Lamartine, uno de los más grandes poetas de
la moderna escuela y acaso el más dulce y fácil, tiene sin embargo algo de vago y metafísico en su poesía, y una manera de
decir que es ciertamente intraducible. Sus ideas en muchas compo~iciones son tan delicadas, que se marchitan, por decirlo así,
baJo la pluma del traductor y sus giros son á veces tan atre(18)

La de La Fuente de Mr. Lamartine, ya citada en la carta anterior.

�-70

. .......--

CUBA CONTE)íPORÁNEA
CARTAS AMATORIAS DE LA

vidos que intimidan. He procurado en La Fuente traducir con
la esactitud posible, penetrándome de los pensamientos é ideas
del autor, pero estoy muy lejos de la satisfacción de creer, que
he logrado imitar con mediano acierto su versificación fl,uida y
armoniosa, y aquel colorido místico y melancólico, que distingue
sus composiciones.
Respecto á mi novela (19), he sometido sus diez primeros capítulos á la censura de mi compatriota, ya mencionado, hombre
instruido y de gusto, que felizmente se halla ahora en esta ciudad, y he tenido el gusto de que mereciese su aprobación. Él ha
animado mi tímida pluma, asegurándome que la parte descritiva
está trazada con esactitud y variedad y que los caracteres están
bien delineados y desenvueltos con vigor. Su bondad le ha hecho
propasarse hasta dar al estilo elogios inmerecidos, y juzgar de
altamente interesante el plan de la novela. Á pesar de mi amor
propio he conocido el favor de este juicio, pero me ha animado
sin embargo á continuar haciendo esfuerzos para merecerlo
mejor.
Ya ve V., mi buen amigo, que le hablo de cosas que no son
más que cosas: ya ve V. que evito un lenguaje, que V. llama de
la imaginación y que yo diría del corazón : V. le juzga peligroso
Y le destierra de nuestras cartas. Yo suscribo á su formidable
sentencia, pero ¡, qué temes tú, amigo mío? ¡, qué peligro quieres
evitar? Acaso oyendo y empleando el idioma del corazón temerás no poder impedirle adelantarse demasiado? : temerás sentir
ó inspirar un sentimiento más vivo que el de la amistad? ...
Si es cierto, tranquilízate: yo te aseguro, que no me amarás
nunca sino como á tu hermana, y que en mi alma no hallarás jamás otros afectos, que los que hoy día me envanezco de espresarte. Yo he meditado mucho en estos días sobre la naturaleza de
nuestros sentimientos, y te lo juro, este ecsamen me ha tranquilizado. Yo perdería mucho si tu dejases de ser mi amigo para
ser mi amante. Amantes!. . . ¡ cercan tantos á una mujer
joven y de tal cual mérito! Pero ¡, dónde hallar un amigo como tú ? Amantes!. . . mira, me empalagan ya; esa cáfila
(19) Se refiere II la titulada Sab, que la autora no tuvo t. bien incluir en la co·
lección completa de sus obras literarias (Madrid, 1869).

1

t

¡

A YEJ,LA~EDA

71

de aduladores, que asedian nuestro sexo, me ~arecen poca c_os~
un para divertirse una un rato con sus nec10s galanteos. 1Ni
ª
· porque soy una
puedo
yo creer que me amen ! Uno me ob seqma,
forastera que no conoce, cuya clase acaso juzga dudosa,. cuyas
costumbres ignora y acaso pueden ser fáciles, cuya conquista no
le parecerá dudosa, y me obsequia creyendo que puedo ser, su
capricho, su juguete, su pasatiempo,. ~u placer de. algunos d1as.
Otro me obsequia, porque hace profes1on de ob_se~mante ~e cuantas mugeres bien parecidas se le presentan: sm ideas, sm cálculos, sin esperanzas, sólo por el prurito de ,galantear y hacer de
elegante. Otro me obsequia porque ~da a la cuart~ pregunta
como suele decirse y oliendo donde gmzan: Soy Americana Y por
ser Americana supone que soy rica, lo cual basta para que for:°'e
sus cálculos de matrimonio. En fin, otro me h~ce e~ amor solo
por vanidad: porque se lisonjearía de. ser m1 n_ov10, no p~rque yo le guste, sino porque cree _darse 1mportancia en la s~ciedad con la preferencia de una muJer, que es celebrada, que d~cen
tiene algún talento. Hé aquí, querido Cepeda, los motivos
que impulsan á la mayor parte de aquellos, que_ me hacen la
corte : y estando yo en esta persuasión ¡, podré 01rlos con otro
objeto, que el de burlarme de ellos 1
.
y v. qué hallará en las mugeres que digan amarle 1 Una ~ce
que le ama, y no ama más que su colocación : Desea un marido,
un estado, que es la ambición de las mugeres vulgares, ! lo busca en V. Otra dice amarle y sólo ama en V. á su pasatiempo, _al
que le regala el oído, y la lisonjea en la sociedad: al q_ue sat1sface su vanidad, y al que dejaría sin pesar por, otro mas galán,
de más representación social, de más nombrad1a, &amp;c., &amp;c. Otra
dice amarle y sólo ama en V. sus propios placeres, Y . .... __i oh!,
rubor causa decirlo, pero lo vemos cada día para ve~gu~nza
nuestra : vemos esta clase de mugeres que degradan la di~md~d
de su sexo, y son á mis ojos más despreciables, que la escoria mas
vil de la tierra.
. y tal es el amor en nuestra triste y corrompida sociedad!
' podía él ecsistir entre nosotros 1 Oh ! no, Jamas.
. , t E sos
• cómo
~rofanados nombres de amante Y_ querida déjal~s á otros Y á
otras. 'rú serás mi amigo, yo tu amiga de toda la vida, Y no deves
temer que sea degradado nunca el santo caracter de nue~tros

�72

COBA COl'\'rR)1PORÁNEA

vínculos. ¿ Temerás tú cuando yo no temo 1 Todo lo dicho te prueba, que nada arriesgas en dejar hablar tu corazón. No interpretará la vanidad tus palabras, ni puede tu amiga confundir la
espresión de tus sentimientos con la jerga insípida del galanteo,
que llaman amor. En cuanto á mí, haré lo que quieras : no te
espresaré mi cariño, si esto te hace mal, pero ¡ me cuesta tanto
este esfuerzo!
Cepeda! ya lo ve V.; mi pluma corre á pesar mío y dice más
de lo que quiero decir: Yo deviera ofenderme en vez de alhagar
á V., pero mi orgullo tan susceptible en otras no lo es en esta
ocasión. No tema V., vanidoso; no tema V., que yo le crea enamorado si usa conmigo un lenguaje tierno: ¡, me cree V. una niña
ó una vieja~ No tema V., repito, y para tranquilizarse enteramente sepa V., que el día en que le creyese á V . enamorado de
mí, ese día cesaría de amarle, y no le vería á V. más. Con que,
con esta seguridad su libertad no corre ningún riesgo conmigo,
ni tiene V. necesidad de alarmarse de mi ternura, como sí viese
en ella un lazo de hierro pronto á aprisionarlo. ¡ Amable melancólico! ¡ qué poco mundo tiene V. ! Perdóname amigo esta frase,
pero me hace gracia, tanta gracia ver tu temor y adivinar tu
corazón al través de ese velo con que piensas cubrirlo ! Me temes, Cepeda, no lo niegues, temes que me posesione yo de tu
corazón, temes los lazos de hierro, que pudieran ser consecuencia de tu amor por mí, y crees evitar algo acogiéndote á la sagrada sombra de la amistad. Oh!, eres un niño, sí tal crees: ¡ cuánto
te engañas, querido, cuánto, si crees que la amistad señalaría límites, que el corazón respetara! ¡, qué importa el nombre á los sentimientos? ¿ dejan de ser los mismos? Lo que deve tranquilizarte no
es eso, sino el saber que no hayas en mí un enemigo de tu libertad,
y que por mi propio interés cuidaré de no dar á tu corazón, más
vehementes afectos, que los que hoy abrigue.
Raro, original es el papel que hago contigo. Yo muger tranquilizándote á tí del miedo de amarme : ¡ es cosa peregrina! Pero
contigo no soy muger, nó, soy toda espíritu, y ninguna regla es
aplicable á este cariño esepcional, que me inspiras.
Muy larga es esta carta, pero no imitaré yo á los que acaban
las suyas jurando (nada menos que jurando) ser más corto en
lo sucesivo. Ésta es larga, pero aun lo será más la que escriba

CARTAS AMATOR!AS DE LA AVELLANEDA

73

cuando no se me ordene no usar espresiones que conmuevan demasiado y hagan. m1icho da1io.
Nada nuevo ocurre en Sevilla: el primero del entrante coli'lienzan las ópera~: se hará dicho día el Juramento de Mercadante: La señora Hossi, nuestra actual prima dona, dicen que
es muy buena.
El Duque sigue bien, aunque las noches son ya algo frescas:
La alameda vieja (20) es la que deve estar muy sola después
que se ausentó mi amable misántropo.
Y o sigo yendo al Duque, siempre que puedo, y luego iré a las
óperas y á todo lo que se presente. Lamartine comienza una composición suya con este verso :
Et j 'ai &lt;lit dans mon crour: que faire de la vie Y
Y yo he dicho á mi corazón : qué haré de la vida 1
No hay remedio! : hacer lo que hacen los demás y dejar correr
. el tiempo.
A Dios, mi amado amigo, cuídese V., diviértase y vuelva
pronto donde le llaman los votos más sinceros de una amistad
tiernísima.
Espresiones de Concha, y mil afectos de su invariable.-Tula.
Sevilla y Agosto 28

839
P. D. Ruego á V. disimule la incoherencia de esta, y su poca
unidad y defecto de estilo. Veo que está rara, pero va según mi
cabeza. ¡ Tengo tanta confusión en ella! : y luego mi humor hoy
es malísimo.
( Continuará.)

(20)

La de Hércules.

�r

U

LA APOTEOSIS DEL «CAUDILLO&gt;&gt;

173

casmo en el rostro macilento o plácidamente abotagado de los
caciques-buhos, y ponen el fuego santo de la ira patriótica en
quienes anatematizan la apoteosis del ''caudillo'' y censuran la
inconsciencia o la mald.!.d de los que la preparan con la esperanza de que p~eda ser nuevamente dispensador de buenos bocados!

,

NUESTRA POBLACION RURAL
Y LA LIGA AGRARIA
Vivamente interesado por el bienestar de nuestra población
rural, y considerando que el objeto de la Liga Agraria ha de
ser favorecer no solamente los intereses de los capitalistas y directores industriales de las grandes empresas agrícolas, sino
también el mejoramiento de las condiciones de vida en
nuestros campos, para que los trabajadores manuales puedan
tener las mismas oportunidades que las grandes poblaciones
ofrecen a sus residentes; erigiéndome en defensor espontáneo de
las clases trabajadoras, de los obreros del campo, escribo estas
líneas a fin de cooperar-si mis ideas fuesen prácticas y practicables-a la obra de fomento agrario en que la Liga se halla
empeñada.
El programa de la asamblea reunida el 15 de noviembre último en los salones del Centro Asturiano, contiene dos artículos
que revelan los buenos propósitos de la Liga y que se prestan
para su desenvolvimiento amplio: los artículos tercero y cuarto.
El tercero establece las que se consideran urgentes necesiclades de los agrarios de Cuba. Se reducen al abaratamiento de
los fletes y der echos arancelarios, al fomento de la inmigración
y a facilitar el crédito hipotecario.
El abaratamiento de los fletes y derechos arancelarios favorece inmediatamente, y de modo igual, a los empresarios y a los
trabajadores manuales ; porque tiende a rebajar el costo de
. producción, por una parte, y por otra permite r educir el precio
de los artículos de primera n ecesidad.
El fomento de la inmigración es problema que. debe estudiar-

JULIO Vn,LOLDO.
Habana, febrero, 1914.

�CARTAS AMATOmAs DE LA AYELLANEDA

CARTAS AN1ATORIAS
DE LA AVELLANEDA
(Continuación.)

V
SR. D. IGNACIO CEPEDA &lt;21 )

Con una imaginación muy viva y á la par un corazón sensible el silencio de dos correos (22), que ha guardado mi amigo,
me tiene sobrado inquieta y afligida para poder imitarlo. No
habiéndome sido posible salir sola con una criada, pues siempre que lo he intentado se me han agregado personas de mi
familia, no he podido ir personalmente al correo; pero he
enviado en los dos, á que roe refiero, á una criada de mi confianza y siempre me ha dicho, que no tengo carta. Dudando aún y
figurándome fuese efecto de su mal leer, como sucedió la vez
pasada, mandé á Solano, aquel muchacho de las Mendizábal,
que viene mucho á casa, donde V. le habrá visto algunas veces,
y tampoco roe dió noticias satisfactorias. Aunque ya no tenga
esperanza, con todo, pienso ir yo misma mañana, si logro salir
solamente con una criada, para cerciorarme por mis propios
oJ·os.
· --.: ; '~,. ;~-~l
"Mil temores me agitan al trasar estas líneas: ¿ estará V. en(21) No tiene fecha, pero debió ser escrita en los primeros d(as de Septiem•
bre de 1839, porque en ella se da cuenta de baber llegado á Sevilla la noticia del
"brazo de Vergara, hecho que, como es sabido, tuvo lugar el 31 de .Agosto de ese año.
La indicación del sobre es: Condado de Niebla--Sr. D. Ignacio Cepeda en A.lmonte.
(22) Hay que tener presente, que el correo entre Sevilla y Almonte era entonces bisemanal, los miércoles y los silbados.

li5

fermo 1 ¡, contendría mi última carta alguna espresión, alguna
frase, que le haya enfadado con su amiga 1 O acaso un olvido,
una falta de interés en esta correspondencia le ha desidido á interrumpirla tan bruscamente. Todo puede ser y acaso haría yo
mucho mejor en imitar su silencio, que en inquirir la causa.
Pero ya V. lo ve, no puedo hacel'lo, porque esa virtud, que llaman prudencia, no es la que más predomina en mi caracter, y
siento demasiado para poder pensar mucho. Así mis acciones
no son siempre las que se aguardan, y se resienten algunas veces de poca re:flecsión y mucha franqueza. Pero si hago mal en
escribir á un amigo que estimo, porque él manifiesta poco deseo
de este recuerdo, el orgullo podrá condenarme, mas no ciertamente mi corazón, ni acaso el de V. Luego que V. mismo me diga,
que fué voluntario este silencio, que me inquieta, entonces quedaré satisfecha y no seré importuna. Jamás seré la primera en
romper las relaciones amistosas, que nos unen, pero no reusaré
nunca el borrar hasta sus recuerdos de mi corazón cuando crea
que ellas no son de igual interés para ambos.
Grandes y felices novedades se han verificado en nuestro horizonte político. Maroto con varios otros Generales y veinte y
un batallón ha reconocido á la Reina pa.~ándose mediante un
convenio con Espartero al ejército de éste. Dícese además, que
D. Carlos se ha acojido al pavellón Inglés, y si esto es cierto, no
concibo cómo ese pobre hombre ha olvidado un ejemplo no remoto de la tenebrosa política del gabinete de S. James (23).
Las cortes se han abierto el primero de este mes con la mayor solemnidad, y bajo tan felices auspicios &lt;levemos esperar
una pronta y perfecta paz. Ya era tiempo !
Mamá está de enhorabuena por decirlo así; la consolidación
del gobierno actual la saca de grandes inquietudes. Su marido
había empleado mucho dinero en papel y bienes nacionales y
estaba, como suele decirse, con el credo en la boca. Ahora el papel ha subido prodigiosamente y si la cosa no varía, su fortuna
se triplica y se asegura con grandes ventajas. La suerte favorec~
de una manera tan visible á mi padrastro, que los mayores des(23)

Alude sin duda al proceder de los ingleses con N3pole6n I, después de

la batnlla de Waterloo.

�176

CulH. C'ONTEMPORÁ:-IEA

CAn'fAS A~L\TORTAS DE l,A AY!!:lJ, ANll:J)A

atinos, que hace, se convierten en beneficio suyo, y los que le han
llamado loco en sus empresas impremeditadas y atrevidas le admiran al verlas felizmente realizadas.
Con todo, yo estoy muy lejos de alegrarme de la conclusión
de la Guerra por lo que respecta á mi interés personal; pues
todo esto tiende á separarme más presto de mamá, ó á alejarme
de este país, que amo, si me resuelvo á seguirla.
En fin, el tiempo desidirá : por ahora no quiero pensar en ello.
Hemos tenido dos lindas óperas de Mercadante y Donizzetti:
El J1tramcnto y Marino F'alicro: en estos días el Teatro ha estado iluminado y la concurrencia ha sido grande. Pero, créame
V., caro Cepeda, en nada gozo. Su ausencia de V. deja un gran
vacío para mí en todas las ceremonias, y deseo con ardor vuelva V. pronto á donde le llaman los votos más sinceros de una
amistad la más tierna.
A Dios hasta entonces-Gerfrudis.

due) ( 26), un mes deve ser mío, y ecsijo me lo ofrezca V. y se
comprometa á no dejar á Sevilla hasta pasado dicho mes.
Mi dulce amigo, 1, me lo negará V. ?
Tengo, más que nunca, ahora necesidad de un amigo, y
1, quien si no es V. merece de mí este título? Después que le
quiero á V. he roto poco á poco todas mis otras relaciones de
amistad, y en V. be concentrado todos mis afectos. Con nadie
I uedo aconsejarme sino con V., y con nadie sino con V. me
permito confianza. Ya ve V. á lo que esto le obliga: á no desoirme cuando le digo: 'l'e necesito.
A Dios, no volveré ya á distraer á V., sino esperaré el día
en que me diga: Por un mes pertenezco esclnsivamente á la
amistad.
(Está rubricada.)

VI

r

Tengo enfermo á mi hermano y también lo está mi padrastro
en Bilbao: por consiguiente no salimos de casa.

(Hay otrn rúbrica.)

C24&gt;

Querido amigo mío : por fin está á mi vista la grata de V. de
l1 del presente, que ha disipado todas mis inquietudes. Seré
corta, muy corta como V . me lo aconseja; pero escuche V., que
voy á usar una vez de los derechos, que me da la amistad.
Necesito de V., de sus consejos, de su talento para iluminarme, de su cariño para dirijirme en la prócsima crisis, que deve
:fijar mi destino (25). Necesito de V., amigo mío: es preciso que
hablemos largamente, pues tengo mucho que decirle, mucho.
.Ahora respeto sus estudios y le dejo á plena libertad; pero
tenga V. presente que es jóven y tiene toda una vida que consagrar al estudio, al amor, á la patria, á su familia, y que la
amistad sólo le pide algunos días.
Un mes siquiera ( después que concluya V. y se gra(24) El ser esta carta la contestación í, una del Sr. Cepeda, fecha 11 do Septiembre de 1839, nos Ita guiado para colocarla en este lugar. En el sobre se lee:
"Condado de Niebla-Sr. D. Ignacio Cepeda en Almonte"; y se ve claramente la
cifra "1839" en el sello de la Administración de Correos de Sevilla.
(25) Alude sin duda á lo quo dijo en la carta anterior; que tendría que separarse de su madre ó resolverse á acompai\arla en su viaje á Galicia donde
residfo su padrastro el Sr. Escalada.

177

VII

&lt;27&gt;

.Antes de anoche te dije, que había enviado á tu casa un
libro y no pude añadir, por los testigos que había, que dicho
libro era, como lo es el que hoy te mando, un pretesto para escribirte, sin que el portador se haga cargo. La fatalidad hizo
que no te encontrase en tu casa el mensajero, y rasgué la carta
en un momento de impaciencia contra la mala suerte, que la
hizo volver por dos veces á mis manos, cuando la suponía en
las tuyas.
Nada empero contenía dicha carta de importante; era solamente la espresión de mi tristeza en varios días, que no te veía,
(26) El Sr. Cepeda se preparaba. entonces en Almonte para. recibir la investidura de Licenciado en Leyes, pero lo delfoado de su salud retrasó ese acto
bosta el 18 de Febrero de 1840.
(27) El Sr. Cepeda debió acudir galantemente al dulce requirimiento hecho
en la carta anterior, pues la presente y las seis que le siguen fueron escritas
indudablemente en Sevilla en Noviembre y Diciembre de 1839 y mandadas por con•
fidente, ó por el correo interior, á la Posada de la Castalia. Ninguna. de las siete
tiene fecha, descuido corriente en su autora, por Jo que han sido ordenadas (sin
presumir del acierto) según los grados de p:isión, que acusan en el abrasado corazón
de la poetisa.

�]iS

l'i9

CUBA CONTEMPORÁNEA

CAlí'l'AS AMA1'0RIAS Dl!: LA AVET.f,ANEDA

y una proposic1on, que ahora voy á repetir en pocas palabras.
V eremos si te agrada.
Pronto vas á graduarte y creo que saliendo de eso podrás
verme con más frecuencia: aun antes de graduarte nos hemos
de ver algunas veces, porque ¿ cómo vivir así, querido amigo 1
¡, quién tiene resistencia 1 : la mía comienza á faltarme no obstante todos mis propósitos. He pensado, pues, que devemos convenir en una cosa, y es que siempre que tu vengas y esté yo
sola aprovechemos tales momentos para realizar un deseo, que
tengo hace mucho tiempo, y que es el de leer contigo alguna
obra interesante. Aun estando mamá podemos, si nos agrada,
entretener un rato en la lectura, pues ningún inconveniente
veo en ello, si á tí no te desagrada mi proyecto. Con este objeto
he hecho una lista de algunas obras de mi gusto, que voy á
nombrarte para que tu escojas la que te parezca y me lo digas.
Yo la tendré en casa inmediatamente y la comenzaremos en la
primera oportunidad. ¡ Qué placer presiento, mi dulce amigo,
en leer contigo una obra interesante!
En primer lugar, porque quiero que conozcas al primer
prosista de Europa, el novelista más distinguido de la época,
tengo en lista el Pirata, los Privados rivales, el Wawerley y el
Anticuario, obras del célebre W alter Scott.
Seguidamente Corina ó Italia por 11fadame Stael. Novela
descriptiva del más hermoso y poético país del mundo, y hecha
esta descripción por la pluma de una escritora, cuyo mérito
conoces. Además han dado algunos amigos en decirme, que hay
semejanzas entre mí y la protagonista de esta novela, y deseo
por eso volver á leerla contigo, y buscar la semejanza, que se
me atribuye con ese bello ideal de un genio como el de la Stael,
Sigue la Atala del inmortal y divino Chateaubriand, porque
te agradan todas las escenas de la naturaleza, todos los corazones prúnitivos, en fin, el hombre en su estado normal; y esta
linda obra te satisfará.
Luego las poesías de Lista, Quintana y Heredia, porque
como dice uno de estos poetas :
. . . . . . . . . . Verás la poesía
del corazón y mente descendiendo
al corazón y mente arrebatarse.

Esta es mi lista, escoje tú la obra, que mejor te parezca y
avísamelo. Verás qué placer gozamos en los momentos, que pasemos juntos. A tu elección dejo también tus visitas á casa, pero
no quiero que dejemos de vernos por un motivo . . . . . leeremos
juntos ¡, no es este un placer 1 A Dios, mi bien.
(Está rub1·icada.)

VIII
SR.

D.

IGNACIO CEPEDA

Hasta hoy sábado que vino el correo general no se me h'"a
traído la carta de V ., querido Cepeda, y para que ésta no duerma hasta el miércoles en la estafeta determino enviarla directamente á su casa de usted.
Cuando antes de anoche me dijo V. que mandase al correo,
porque me había V. escrito, se olvidó advertirme que la carta
venía á mi nombre y no al adoctado en nuestra correspondencia. Así, aunque ayer mandé, no me la trajeron porque la persona encargada buscó á D." Amadora de Almonte y no á mi
nombre. En fin, ya está en mis manos esta querida carta.
Una vez por semana!. . . solamente te veré una vez por semana!. . . Bien: yo suscribo, pues así lo deseas y lo ecsijen tus
actuales ocupaciones. Una vez por semana te veré únicamente;
pues señálame por Dios ese día feliz entre siete para separarle
de los otros días de la larga y enojosa semana. Si no deterininases ese día ¿ no comprendes tú la agitación que darías á todos los
otros 1 En cada uno de ellos creería ver al amanecer un día feliz,
y después de muchas horas de agitación y espectativa pasaría
el día, pasaría la noche, llevándose una esperanza á cada momento renovada y desvanecida, y sólo me dejaría el disgusto del
desengaño. Dime, pues, para evitarme tan repetidos tormentos,
qué día es ese que devo desear : ¿ será el viernes 1 : en ese caso
comenzaremos por hoy ( 28) : si no, será el sábado. ¿ Qué te parece 1 Elije tú: si hoy, lo conoceré viéndote venir; si mañana,
avísamelo para que yo no padezca esta noche esperándote. En
(28) Obsérvese la distracción qne sulre la escritora. No era viernes cuando
eseribia, sino sábado, día en que se habla repartido en Sevilla el correo general,
como .ha dicho en el principio de esta carta.

�180

CIJB..\ CONTF.MPOllÁKEA
CAlnAS A)CATOJlIAS DE LA AYEl,LA~EDA

las restantes semanas ya sabré el día de ella, que tendrá para
mí luz y alegría.
Ya lo vé V., me arrastra mi corazón!: no sé usar con V. el
lenguaje moderado, que V. desea y emplea; pero en todo lo
demás soy dócil á su voz de V., como lo es un niño á la de sn
madre. Ya ve V. que suscribo á no verle sino semanalmente.
Pero, p10 irá V. al Liceo?: ¡, ni al hailc 1 Para decidirle á V.
no será bastante, que yo le asegure no habrá placer para mí
en estas diversiones, si V. no asiste?
No eleve V. tener en casa meuos confianza que en la de Concha, y puede V. venir con capa, ó como mejor le parezca: Pero
si absolutamente no puede V. tener esta confianza en casa, dígame V. dónde quiera que le vea; en casa de Concha ó donde V.
designe, y no me sea imposible ir, allí me hallará V.
Cepeda ! Cepeda ! &lt;leves gozarte y estar orgulloso, porque
este poder absoluto que egerces en mi voluntad deve envanecerte. ¿ Quién eres, ¿ qué poder es ese 1 ¿ quién te lo ha dado 1. .. .
'l'ú no eres un hombre, no, á mis ojos: Eres el Angel de mi
destino, y pienso muchas veces al verte, que te ha dado el mismo Dios el poder supremo de dispensarme los bienes y los males, que devo gozar y sufrir en este suelo. Te lo juro por ese
Dios que adoro, y por tu honor y el mío ; te juro que mortal
ninguno ha tenido la influencia -que tú sobre mi corazón. Tu
eres mi amigo, mi hermano, mi confidente, y, como si tan dulces
nombres aun no bastasen á mi corazón, él te da el de su Dios
sobre la tierra. ¿ No está ya en tu mano dispensarme un día
de ventura entre siete T Así pudieras también señalarme uno
de tormento y desesperación y yo lo recibiría, sin que estuviese
en mi mano evitarlo! Ese día, querido hermano mío, ese día
sería aquel en que dejases ele quererme; pero yo lo aceptaría
de tí sin quejarme, como aceptamos de Dios los infortunios inevitables, con que nos agovía.
No me haga V. caso: tube jaqueca á media noche y creo que
me ha dejado algo de calentura (29) : ¿ no es verdad 1 mi cabeza no está en su ser natural.
(29) Obsérvese la graciosisima corrección, que asimisma [aio: por "a si misma"] se hace la poetisa, aparentando retirar los conceptos emitjdos con tanto !ue¡:o
y verdad como ternura y delicadeza.

181

A Dios. Lo que es esta nochr. si V. me ve, será en casa, porque C. (30) ha quedado en venir, y no puedo yo ir á su casa
sabienilo viene ella á la mía.
Deseo leer ú V. un Himno patriótico, que acabo de componer (31), y otros versos á un Jilguero (::32).
A Dios otra vez, mi dulce amigo: no conscrbes ésta, rásgala,
tP lo ruego. Es una carta de dislates, que sólo la desconfianza
de que todas las que escriba hoy salgan lo mismo me hace mandar ésta. Hay días en que está uno no sé como: días en que el
corazón se rompería, si no se desahogase. Yo tenía necesidad de
decirte todo lo que te he dicho; ahora ya estoy más tranquila.
No me censures por Dios.
(Está rnbricada.}

IX cs3&gt;

/:

Caro amigo: aprovecho la visita, que ha venido á hacerme
una de mis antiguas criadas, menos torpe de las que tengo actualmente, para ponerte estas líneas, encargándola (34) llevárielas.
No irás al baile, ya lo sé, y no quiero infringir mis propósitos imporlunándote con ohjeto de verte en él. Pero como deseo
contarte qué tal estubo ~- lo que hice. y lo que ví. y lo que hablé . . . . todo!: como deseo referirte las personas que estaban,
los trajes de las señoras, en fin. todo. todo como ya dije, espero
que tu tengas también alguna curiosidad de saberlo, y te im·ito
(sin comprometerte) á que vengas mañana por la noche.
El baile, según parrcc. no estará demasiado concurrido, pues
anocl1e mismo ,irnos despnebando en el Teatro hiUetes sueltos,
Y se nos dijo, que había sido preciso liacerlo, porque no había
más que 44 suscritorrs. Pero si V. estuviera. ¡, no estaría harto
concurrido para mí? .... No se:·á ! ¡ pacirncia ! Voy adqnirien(30)
(31)
(32)
(38)

La Srla Concepción Noriega repelida n• citada.
Ignoramos si llegó ~ publicarse.
Impresos con el titulo Á. mi jilqutro en la colección de 1841.
En el sobre lleva eata indicación: "Sr. D. Ignacio Oepeda en S. M."

(au mano").

(34) Vuelvo á incurrir en el defecto, ya notado en la AUTOBIOOBAPIA, de usar
del la como dativo en vez de le.

�182

CUBA CONTEMPORÁXEA

CARTAS .UIATORIAS

do con V. una resignación admirable, de la que no me creía
capaz: porque á la verdad, vida mía, puedo muy bien decirle á
V. aquel verso de una comedia de 1\foreto:

183

Un momento ha vencido
mi audacia imprudente,
esta alma tan soberbia .....
¡ vedla ya dependiente !

¡ Qué tibio galán haceis ! !

Y sin embargo yo lo sufro con un estoicismo heróico. ¡, Sabes
que á veces me pregunto á mí misma, porqué he de querer á un
hombre tan poro complaciente, tan poco asíduo, tan poco apasionado como tú? 1\Ic lo pregunto y no alcanzo respuesta de
rni pícaro corazón, tan caprichoso. Pero, no, Ignacio mío, no es
verdad! Él me responde siempre satisfactoriamente y me dice
que te ama porque eres bueno. noble. sincero, porque eres el
mejor homhre del mundo, y es justicia amarte cuando se ha
tenido la dicha de conocerte.
Ya lo ves: aunque mis cartas comienzen algunas veces
amargas, ó festivas, siempre las concluyo más tiernas que devieran ser, y tu abusas, ingrato, de esta ternura mía para hacer
cuanto te se antoja y nunca lo que yo deseo. Ya me las pagará
V., Señor mío, el día en que esté yo ele humor de hacer desesperar á V. : digo, si acaso V. se desespera por alguna cosa ....
Baya esta heridita entre tantas flores como le prodigo, porque
á fé mía, que no merece V. tanta bondad.
A Dios, mañana, eh? .... esto es, si puede V., si se lo permiten sus estudios, visitas, &amp;. ; y ahora acuérdate un momento
de que te ama á pesar de tus indocilidades tu demasiada
buena, G.
0

X
Voy á prohartc que no soy tan dócil, como anoche mi:' reprochaste, á tn antigua orden. Voy á saludarte con ht pluma., ya
que veri:almente no purdo hacerlo hoy. Vida mía!, qué mala
noche he pasado, qué mala estoy, qué triste ! . . . . No tengo vida
sino para amarte; para todo lo que no es tu amor estoy insensible. Ni me agrada escribir, ni leer, ni bordar, ni la calle, ni
mi casa. Si algún talento be tenido, creo positivamente que lo
he perdido ya, porque me encuentro lo más necia y fa,:;tidiada.
He leido no sé donde:

DE LA AVELLANEDA

'

Yo hr mandado siempre en mi cornzón y en mis acciones con
mi entendimiento, y ahora mi entendimiento está subyugado
por mi corazón, y mi corazón por un sentimiento todo nuevo,
todo estrahordinario. ¡ Posible es, Dios mío, que cuando yo me
crC'ia lihre ya del dominio del amor, cuando me persuadía haberle conocido, cuando me lisonjeaba de experta y desilusionada haya caído como una víctima débil é indefensa en las garras
de hierro de una pasión desconocida inmensa y cruel! ... ¡ Posible
es, Cepeda, que yo ame ahora con el corazón de una niña de 13
aííos !... ¡, qué es C'sto que por mí pasa? ¡, qué es esto que siento? ...
dímelo, dímelo po1·que yo no lo sé. Es harto nuevo para mí, te lo
juro. Y yo be amado antes que á tí, he amado, ó lo he creído así,
:r sin embargo, uunca, nunca he sentido lo que ahora siento. Es
amor esto? No, hay algo de más, no es amor solamente. Es el
infierno, que se ha venido á mi corazón. ¡ Qué feliz era! ¡ cuán
tiernamente te amaba! ¡ los Angeles me envidiarían! Y ahora,
ahora, cuán desgraciada! ¡ cuánto sufro! ¡ cuánto, querido mío!
¿ Y por qué? ¡, qué ha sucedido? 1, qné cosa me atormenta? Nada,
yo no lo sé. Es acaso que Dios castiga el eseeso de amor, haciéndole un martirio? Es que el corazón humano es estrecho y se
l'OJJ1pe cuando está demasiado lleno? ... Es un presentimiento
de desgracia? ¿ es una plenitud de felicidad? 1, es un defecto de
mi organización, o una inconsecuencia de mi espíritu ?. . . . . Yo
no lo sé, pero estoy abatida, padezco. soy desgraciada.
No te pido, que vengas á menudo, no: ni aun el Lunes como
has ofrecido. 1\1ejor será mas tarde: el martes, el miércoles, el
jucYes ..... en fin, cuando yo esté menos triste que ahora, porque tu presencia tan cara, tan deseada antes, ahora aumentaría
mi tristeza. Cuidado ! Cepeda, cuidado ! . . . ten cuidado de mi
corazón, tenlo ... mira que puedo morir. Tñ no sabes, no puedes
saber, que puedes matarme, no lo sabes. Pues bien, acaso te es
muy fácil. Si quieres mi vida, si quieres conserbar tu amiga,
ctúdala; dale tranquilidad, dale sosiego. Yo conozco que eres

�18-1

C0B.\ CON'n:MPOR.{NEA

más prudente que yo, y me acuerdo que alguna vez me has
pedido paz y olvido. Olvido nó, pero paz, yo quiero dártela y quiero tenerla. Tú tenías razón, la tenías. Paz! sí,
paz!, yo la necesito como tú y como tú la demando. De hoy en
adelante de común acuerdo nos daremos paz, bien mío. ¡ Desgraciados los que quieren apretar el corazón basta romperlo! : los
que dan impulso á una máquina sin saber si tienen fuerzas para
detenerla cuando quieren! Es santa, es sagrada la vida del corazón y nos empeñarnos en gastarla. Por que todo se gasta, todo!
Hoy no puedo resistir mi corazón: me ahoga! : mañana acaso
estará parado y frío. Nada es inesausto! Se deven respetar los
sentimientos y se devc temerlos. Ellos pueden dar la dicha ó la
desgracia. Tú no querrás darme sino felicidad. Si para dármela
antes bastábatc amarme; para dármela al presente es preciso
más. Es preciso que me compadezcas, y acaso . . . acaso, que dejes de verme. ¡ Cuánto me cuesta decírtelo! : rompe ésta, y A
Dios.

(Hay una rúbrica).

XI

A

L.\. t.'NA DE L..\ NOCHE :

No robaré sino un momento de estas horas, que consagras al
estudio: solo tm momento y perdóname. Acabo de leer tu carta
y me es imposible dormir esta noche sin decirte, que eres un
Angel, y yo. . . una loca. Mira; lloro y lloraré muchos días mi
conducta de esta noche; Cepeda!, perdón! Yo deví conocer que
las pueriles arterías, que acaso se us311 con razón y utilidad con
hombres V11lgares, no devían emplearse con un corazón, con un
caracter tan superior como el tuyo. Yo deví conocer, que una
111ín venganza era indigna de tí y de mí: ¿ &lt;Jué podré decirte T
'rn no sabes aún cuan frívola, cuan loca he sido; porque acaso te
habrás creído que el deseo de ver la comedia, o de complacer á
Ojeda, como te dije, me impulsaba á ir al Teatro. Lo habrás ereido y me juzgarás pueril solamente: ah!, soy más; soy injusta,
suspicaz, orgullosa, neciamente orgullosa y vengativa. He ido al
Teatro, y estaba resuelta á ir aunque llovies~n rayos, porque esta-

1&amp;5

ha incomodada, ofendida; porque soy tan loca, que me llené de
sospechas al saher, que no estahas C'n tu casa cuando mandé mi
carta; porque cuando ví que viniste de tarde á C'asa me figuré que
lo hacías para poder rC'tirarte temprano y marcharte á otra partC';
porque en aquel momento mi fatal imaginación me pintó toda
tu conducta conmigo como tibia, calculada, cautelosa: porque
Jmbo un momento en que me atreví á decirme á mí misma:
"Ese hombre no me ha amado nunca, y sólo ha querido aprovechars&lt;' del afecto que conoció me inspiraba". Y á esta terrible sospC'cha mi orgullo me dictó mil necedades. Aun hay más;
cuan&lt;lo hajé y te dije que iba al TC'atro me enfadó la frescura
con que lo oistC': Yo deseaba, que te incomodases, que te quejaS&lt;'S, que te dieses por sentido. Tu frillldad me pareció una prueba
&lt;le indiferencia, y la oposición que hiciste á ir al Teatro fué en
mi concepto una consecuencia de tu resolución de hacer alguna
otra visita en esta noche. Yo hubiera sido feliz, si me hubieses
dicho: yo no quiero que bayas á la comedia Esto deseaba ... vé
cuán loca soy !, y por mucho que quise disimular mi incomodidad, creo que tu deviste conocerla. El ver que te quedaste en el
Teatro disipó una parte de mis inquietudes, y tu carta . . . ¡ bendita sea! ... tu carta me ha hecho conocer cuánto es tu corazón
más tierno, más confiado. más hermoso q11e el mío: me ha hecho
conocer, que soy más ligera que una niña, más injusta que la
muger más inferior, y que tu eres siempre tierno y sincero. Es
verdad que yo amo con más vehemencia, más eselusivamente que
tú; pero tú me aventajas en que amando menos sabes amar mejor. Tu ternura sufrida, confiada, s 11hlime m su nobleza, vale
más que mi amor de fuego, injusto, F:ospcchoso y tirano. Ya estoy arrepentida y te pido perdón, jurándote por la memoria
de mi padre y por lu de tu m~dre, qne jamás volveré á incurrir
&lt;'11 semejantes necedades. ¡ :'.\fe perdonas, no es verdad T: porque
tu alma llena de nobleza de1•e estar tam hién llena de indulgencia. En lo sucesivo, manda, dispón, yo quiero obedecerte en todo,
y tú obra libremC'nte, porque todo Jo que hagas será bueno y
justo. , Lo oyes f ....
Ven cuando puedas, yo no te ecsijiré ya nada; pero cuando
te vea dime que me perdonas y déjame besar tu mano: ¡ tu
mano querida que esta noche no quise acercar á mis labios!. ...

�CU B ·l CO~TElIPORÁl'\EA

186

C..\ltT.~!- .DfATORIAS llE L.\ .\YBLI.ANEDA

, b mi corazón. Yo no deví espeA Dios: tengo tu carta aqm so red
admirarme. y bien. i Tú
d tí . esta carta no eve
rar otra
cosa
e
,
.
'd
nada tengo que temer
.
mi. h ermano · m1 i o1o . .. . D. ,
eres m1. arrugo,
de tí, y mi sola obligación es adorarte. A ios.

(Está rnbt·icada.)

XII
un momento á sus estudios con
Perdóneme V. que_ le robe
y
lo he dicho á V. otras
,
so
moportunas.
a se
.
.
l
algunas meas, aca
s mu eres razonables. que msp1ran
veces, que no soy una de esa
g por lo muy sensato de sus
d
· v g dejar de
admiración al hombre. que ama~,
.
az de cierta pru c&gt;ncia, . .
procederes. Yo soy ~ncap ;
un nií10 que no sufre con• . , -.:r h , l\h corazon es como
'
.
escribir
a
v. o~. ..
.
ll
..,
evo misma me ame,'al tomar
' la pluma, untrad1cc1on, Y aunqu • . .
t
.o puedo resistir al deseo de
· di ' md1scre a n
portuna, antoJa za ~
. '
a'caso un acontecimiento impor· que cosa ... •
t á y
con ar
..... ,
. rr 1 d Nada &lt;le eso: lo que tengo que
tan te? i una aventura sm., ': a N
1 ,Je V ni me crea pueril.
,
. un sueno ! o se )lll
.,
,
contar a V. es..... '
V
t n alto concepto de m1, que
Por desgracia ha formado . un a . da a' ocultar lo que reals·1 me veo precisa
t . ·l
para no desmen u º. ca
di V que no det:o ser celosa,
mente siento. Fn eJ~mplo: me ce ~e con celos me pongo al
porque tengo demasiado talentDo, Y qt modo por no rehajar tni
.
es vulgares. e es e
1
mvel. de
. t o 1•mpulsada á devorar en
· s de v · me sien
. as , muger
1
sublimidad a os OJO
., d l
·smo modo al eeder al deseo
,
· t , entos Ahora e mi
secreto
o1 m.
~
i me avergiienzo, pensando q ne voy a
de contar ~ V. m1 su:n~ e~. á la suhlime idea, que de mí se ha
parecerle a V. muy lil enoi

m":

formado.
.
una mucrer que se tcn~a
Vea V., purs, si es desgrapcia para tic' lo ~ta. de tener V.!
to , ¡ ero por q
de ella un _alto conc~p .
no hallará en mí una de esas mu• No le he dicho Y~ m1s!na que
d rlas de esas que son tan rad mro sm compren e
,
.
.
a' las debilidades Y caprigeres, que yo a t
t
tan superiores
zonables, tan s;nsa as, . sienten celos, ni sueñan cosas, que les
eden callar! y o se lo he
chos del corazon, que ~:
cause una viva impres1on Y que no pu

187

dicho á V., que soy como Dios me ha hecho y no como yo quisiera ser. y no es culpa mía. si no me halla V. tan sublime como
se ha figurado: porque se le antojó figurárselo. ¡ ::\Ii talento!
Ah Cepeda!. . . . . ¿ crees tú que el talento sea un antídoto contra la sensibilidad? 6 te parezco una mugrr vulgar cuando me
siento morirá la espantosa idea de que otra muger, acaso indigna de una mirada tuya. reciba tus caricias. tus espresiones de
amor? i me rebajo á tus ojos cuando recelo y tiemblo de ver
profanado el ohjeto de mi culto .v de mi idolatría?
Los tibios no temen:
¡ infelices ellos !.....
Ha dicho lm gran poeta; y los poetas en punto á sentimiento
nunca se engañan.

Yo nunca he sido celosa. nunca. pero era porqur no amaba:
Porque á tí, á tí estaba reserva&lt;lo hrccrme conocer esta pasión
única, que yo me engañé alguna nz ere.vendo sentir por otro,
y á tí que amo tanto estaba resen·ado tamhién hacerme celosa.
Pero ¿ no comprendes tú mis crlos? . . . . . No sabes tú lo que
rres á mis ojos? Rodeado estás para mí clr una atmósfera de .....
de qué diré 1 ¡ de santidad! Sí. rerdóneme Dios si esta palabra
le ofende. Creo que eres sag-rado. que nadie sino yo tiene el derecho de mirark. de amarte. dP d&lt;'cí1-tclo. C'uando una muger
ama. como yo te amo, no ve un hombre en su amante; nó ! : es
1m angel, es un ser divino en cuya frente cree descubrir un sello de santidad. Oh!. desgracia al hombre. que echa lodo sobre
este sello sagrado. y que dice á Au amada: yo no soy más que
un hombre l Yo tengo celos, sí, pero antrs que tu me lo dijeras
no se me ocurrió la idea de que por ellos me rebajase á tus ojos.
¡ Cept'da !, una muger vulgar no ama como yo, ni tiene celos como
yo. Fna mugcr vulgar celaría en tí su novio, yo celo mi ídolo,
mi Dios, que tiemhlo ver profanado.
Pero aun cuando sea una debilidad de mi corazón este sentimiento, hágame él menos suhlime, hágame más vulgar, yo no
puedo vencerlr. Yo seré sublime en amarte, y esto me hasta.
Porque yo te amo con un amor que tú mismo no comprendes:
yo lo he conocido! No lo comprendes, nó. Este culto de mi corazón, esta pasión pura, inmensa, tu corazón no la ha entendido.

�1S8

cunA CONTEMPOR,\NJ,:A

Y o misma, yo tcm blaha el llegar á amar con todas las fuerzas
de mi alma; como que conocía sus inmensas facultades, conocía
mi natural tendencia al entusiasmo, y me figuraha en 1ma gran
pasión combates continuos, ambición insaciable del corazón,
agitación, delirio y un penoso esfuerzo de la razón contra el
sentimiento. ¡ Cuím feliz soi al ver que me engañaba! Yo te
amo, te adoro, y sin embargo-¡ el ciclo me es testigo !-nunca
be sentido mi alma tan llena y satisfecha. Si se e$cptúa el disgusto de vertP. tan de tarde en tarde y de cavilar en esos amores
que tubiste, y acaso tienes aún. si se eceptúa eso nada me agita
y soy feliz. Desde el momento en que me dijiste, que me amabas
y yo te abrí mi corazón. desde aquel momento, que tanto había
temido, cesaron todos mis sobresaltos, todas mis vacilaciones.
Me sentí feliz y lo soy cada día más. Nó, yo no deseo más, yo
renuncio á toda otra felicidad. &amp;Cuál es superior á la de amarte
y ser amada de tí? b me creerás, empero, si te digo, que con todo
este amor yo no deseo inspirarte eso que los hombres llaman pasión! No, yo quiero que me ames con cstrcmo, con vehemencia,
como yo te amo, pero no quiero que tu amor difiera del mío.
Creo que me entenderás: una queja me has dado anoche, que
me fué dolorosa. Por Dios, no des motivo de que vuelvas á tenerla. Cepeda!, tú no me has conocido: tú no has comprendido
mi amor. Yo quiero tu corazón, tu corazón sin compromisos de
11inguna rspccic. Soy libre y lo eres tu; libres det·cmos ser ambos siempre, y el hombre que adcinicre un derecho para humillar
á una muger, el hombre que abusa de su poder arranca á la
muger esa preciosa libertad: porque no es ya lihre quien reconoce un dueño. Si el mundo fuese más pnro, más santo. si volviésemos á la edad de inocencia en que este mundo viejo y corrompido era aun joven y puro, entonces yo no sé cuales serían
mis opiniones; pero hoy día sé, que el hombre que es amado
con idolatría. con veneración, puede hacerse culpa.ble de egoísmo y crueldad cuando se reviste con el derPcho de superioridad.
¡ Y qué mayor superioridad que la de ser árbitro del destino de
otro, Creo que me comprenderá V., Cepeda! : yo no estaría tranquila, si no le dijese á V., que no me ha comprendido, y que yo
sería despreciable á mis propios ojos, si la pureza de mi corazón
no justificase la demasiada franqueza, que con V. me permito.

C.\RTAS A)I.\TORL\8 HE l..\ A \"EI.T•.\XF.DA

Dios mío!, Y V. ha creido
Atención.

baSt a. i :\Ii sueúo ahora!

He soñado anoche
1
.
tro, V. recibí
,' .que ioy,_ mientras yo estaba en el Teavo á V U a udna \1S1ta _m~1y mteresante. En el sueño le veía
·· eno e remordilll1entos d ·
•
agradablemente la noche: i Pobre .T ec1r, _rmentras p~ba muy
voy al Teatro por e.studiar r
E.
ella creera que no
ticiosa, me tiene embron1ad. .a.. s··. s ebsucno, como soy supers. m c1•1 a~go nad
··
tranquilizarme Sab n
. ·
·
,
a ecs1Jo para
. ~ e Y. que uo qmero las c
. lºb
pontánearncntc (•) L
.
osas smo 1 re y esDios. ( Está rubricada/ que se pl{lc ya no es voluntario--A

t ... , :

XIII

C35l

Xo me será posible decir vervalmente nada d
,
e su carta porque ya V. me conoce.
los objetos que me in~~:::a~roppen:a a conmoverme hablando de
, v
.
··
•
re11ero tomar la plu
d
a l . graeias por la pura al ,
ma para ar
carta tierna entusiasta 1·egr1~, que me ha hecho sentir con su
r
'
Y 1sonJera.
1 o la acepto!, yo acepto esa arnistad
.
.
cer, Y la correspondo con la mía L
, ' que ~e hsonJeo mereno partirá V. con nad1·e que p . ª, mia esclus1va, Cepeda, que
C
.
,
oseera solo , ·
preciso retirarla no sería pa
I
l , un1co. uando fuese
hombre después de Cepeda 1:ªoit odca: ad en ?tro, nó: i Ningún
&lt;lo , ' e
rn ra e illl I Ninguno
.
mio. uando se apaaase e
.
.
' quer1tú has encendido incap;z queºc1a~1 cdorazón este santo fuego que
,
'
ria e otro alguno . s'l
•
• o o mur1end o a todo sentimiento po&lt;l ,.,
1 amarte á tí
.,
,a cesar ce
E sta confes1on no me causa ni b
.
.
creo digno de oirla Y capaz d
ru .ºr, m embarazo porque te
que me anima no necesita ~ compi_ehe~derla. El sentimiento
ni deve ser ultrajado con art;;, eosCm1ster1osos_ para espresarse,
lo digo sin turbación ni inquiet~:- uando te digo que te amo, te
vulgar de tma muger á un h
porque este amor no es el amor
om re, es el casto y ardiente amor

b

(*) Aquí sel1nla el comenta · 1
tAneamente"; Y no es error,
e,~ror dt'. la •~vellaneda, la • de
el Sr. Cruz de Fuentes olvida Que en In é
s eocr,to llempre. En otras ocasiones
muchas palnbrns se escribían tal c~m
po,·n en que fueron escritas estas cartas
(35) Su contenido nos indica o apnr?cen en ellas. (N. dtl O.)
'
del Sr. Cepeda ' Almon'que deb16 ser escrita en vfsperas de Ia marcb a
KI,

ai;:J~:; ~:~:

"a.pon•

�100

C\JBA CONT~)IPORÁNEA

CARTAS A:lfATORIAS DE LA A \'ELLANEDA

de una alma pura y apasionada á otra alma digna de ella. Sentirlo, inspirarlo, me llena de orgullo, me engrandece á mis ojos
y me hace probar un placer indefinible, celestial, que deve se~
mejarse á la felicidad de los Angeles.
¡ Cepeda! ¡ querido de mi corazón ! perdóname haber interpretado siniesttamente algunas acciones tuyas, haber dudado
momentáneamente de tu afecto y sinceridad. Y a se disiparon
todas mis dudas y temores: tu carta ha bastado. Cada letra tuya
es á mis ojos w1 sello de sentimiento y de verdad. Yo he llorado
sobre ella, dulce amigo, lágrimas deliciosas cual no han salido
otras de mis ojos: he llorado y hubiera querido en aquel momento verte, y que llorases también. ¡ Ese llanto hace tanto bien!
l\Ii corazón desde entonces está tranquilo, gozoso, feliz! . ....
Cuarenta ó cincuenta días pasarán sin vernos: yo quiero
que en ese tiempo se consagre V. todo al estudio; lo quiero, pero
no lo deseo. l\fi razón forma un voto y otro mi corazón. Yo que
no tengo estudios forzosos me prometo pensar mucho, muchísimo en mi amigo ausente.
Á Dios : recibe mi más tierno Adios, pues no podré dártelo
sino muy frío vervalmente, ¡ y ojalá que aun así pueda dominarme lo bastante para no manifestar tma emoción demasiado visible! Los ojos indiferentes que nos obserban verían en mi enternecimiento el dolor de una muger, que se separa de su amante, y esta suposición sería una injuria, una profanación. Tú
solamente, tú eres el que sientes como yo, y el que apreciarás
este Á Dios que te doy solo á tí: Recíbelo: yo imprimo en él
mis labios y deposito en él la espresión más tierna del más puro
y santo afecto.

(Está rub1·icada.)

191

XIV cas¡
SEVILLA

15

DE ABRIL DE

1840 :

Teniendo la convicción de que me hahr-á V. escrito, aun no
be podido ir al correo á sacar la carta, que duerme indudablemente en aquellas cajas. (37) Siempre que he salido me han
acompañado tantas personas, que no me he atrevido á llegar al
correo, y tampoco me he resuelto á fiarme de las criadas de casa
pues son nuevas las que hay ahora y no sé si merecen confianza.'
Pienso mañana, si ya no llueve tanto como hoy, proporcionar
salir con Carmen y Concha (38 ) bajo cualquier pretesto y llegar por el correo; pero no quiero perder la oportunidad del
que sale hoy para escribir á V., porque deseo abrir nuestra correspondencia con una esplicación, que evite á ambos embarazos
en lo sucesivo.
En la separación acaso eterna á que pronto nos veremos condenados será para mí un consuelo recibir algunas cartas de V.
Y dirijirle las mías; pero es preciso para que esta correspondencia esté exenta de inconvenientes determinar su naturaleza
amigo mío. Nuestras cartas serán las de dos amigos, no amigo~
como lo hemos sido en algún tiempo, porque aquella amistad
era una dulce ilusión ; la de ahora será más sólida porque no
será hija del sentimiento, que antecede al amor, serálo sí de aquel
que sobrevive á él, y que se funda precisamente sobre sus desengaños. No sé si hablaría así otra muger en mi posición respecto á V.; pero ya he dicho mil veces, que no pienso como el
común de las mugeres, y que mi modo de obrar y de sentir me
pertenece esclusivamente.
V. me ha dicho, juzgándome por ajenas opl.Illones, que soy
inconstante, Y yo sin negar que en cierto modo merezco este
(36) 1'.ªS doce cartas, que publicamos á continuación, siet-e de 1840 y cinco de
aíios post-er1~r~s, demuestran la ruptura de las relaciones amorosas, á las cuales
habla sobrev1V1do una amistad franca y cariñosa, según hemos hecho notar en el
PRÓLOGO.

(37)

Por lo visto, el Sr Cepeda habla dirigido el sobre á D.a :.!madora de .¡¡.

(38)

Las Srtas. de Noriega, hermanas.

monte.

�192

CUBA CONTEMPOR.ÜiEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVEI.LANF.DA

nombre, me atrevo á asegurar á V. con la franqueza, que me
caracteriza, que no lo he sido nunca con V., ni podré serlo en
ninguno de los afectos, que justa y profundamente haya sentido mi corazón. Pero soy, como ya le he dicho á V., incapaz de
imponer cadenas al sentimiento más espontáneo y más independiente, ni de admitir como amor todavía lo que ya no es
más que el esfuerzo de un corazón noble y agrauecido, que quiere engañarse á sí mismo ¡ Cuán poco me conoces, Cepeda, si
has pensado un momento, que podía yo imitar á aquellas, qut&gt;
cuando cesan de ser amadas aun quieren oprimir con el peso de
su cariño ! Porque el amor, que ya no se participa, no es un
bien, nó, es un mal, una tiranía.
Largo tiempo me he hecho ilusión sobre tus sentimientos
y he interpretado lisonjeramente la frialdad de tu· conducta.
En vano se me decían cosas, que devían desengañarme! Pero
por fin te he visto anunciarme friamente una separación acaso
eterna, te he visto desechar sin conmoverte las proposiciones,
que una loca pasión me dictaba, te he oído confesar que tienes
secretos, que no me juzgas digna de saber. . . . . últimamente
he sabido positivamente que otras distraceiones más nuevas te
ocupaban en las horas en que yo suspiraba por verte, y como
no soy tonta, aunque sí sobrado confiada, ví por fin rasgarse el
velo, que yo misma había puesto sobre mis ojos. Sábelo Dios!:
desde aquel momento miré rotos para siempre todos nuestros
vínculos, pero no formé la menor queja de tí. Sólo una cosa
pudiera reprocharte, y es la falta de franqueza, es no haberme
dicho ya no te arno. Porque la inconstancia no es un vicio, ni
un crimen, es solamente una debilidad del corazón, ó acaso una
cualidad inherente á la naturaleza humana; pero la falsedad,
el engaño, es un delito, una bajeza indigna de todo corazón
noble. Nunca creo que tiene motivo de quejarse el amante, que
cesa de ser amado, si no es cuando cesa de serlo sin que se le
diga. El amor es un fuego divino, que Dios enciende y apaga
á su voluntad, y la voluntad del hombre es impotente para :mantenerlo, ó reanimarlo una vez estinguido. Pero cada uno puede
ser sincero siempre que quiera, y yo no puedo perdonar al
pérfido, mientras que sólo compadezco al inconstante. Pero adiviné, que si tu no habías sido franco conmigo era efecto de una

suma delicadeza y quise ahorrarte el embarazo de una declaración penosa, o la perseverancia en una conducta violenta y aun
culpable, pues hay culpa donde hay artificio. En efecto, yo me
he adelantado á decirte: eres libre; y hoy te lo repito con toda
la solemnidad posible.
No es del caso decirte, si he padecido mucho ó poco al tomar
la resolución de romper nuestros vínculos. . . . . ¿ á qué conduciría eso f Basta que sepas, que me hallo con valor para renunciar tu amor sin morir, y que después de penosas luchas conmigo misma he triunfado de una pasión insensata. 1, Acaso no
te amo ya YSoy demasiado franca para ocultar que te amo tanto
corno el día en que más te lo haya manifestado; pero confieso
también, que tengo en mí fuerzas superiores á las que creía encontrar, y que no creo difícil convertir mi amor en el afecto de
una hermana. Como quiera que sea, es cierto que sólo deseo hoy
ver á V. tranquilo y dichoso y merecer una amistad menos viva,
pero más durable, que aquella que me hizo algún tiempo tan
dichosa. Todos los otros vínculos, que nuestros corazones hayan
imprudentemente formado, quedan rotos desde hoy. . . . . ¡ y
ojalá pudiésemos aniquilar su memoria! Á Dios! : escríbame V.
directamente.
(Está -rubricada.)

193

XV
SEVILLA

21

DE ABRIL DE

1840 :

Por fin logré poder salir sin muchos testigos y fuí al momento al correo. He visto su carta de V. y antes de contestar á ésta
quiero advertirle, que en lo sucesivo siempre que me escriba V.
rotule las cartas con mi nombre, para lo cual ya he hablado al
cartero diciéndole la hora en que deve traerme ·mis cartas, á
fin de recibirlas yo misma de su mano. Siéndome tan difícil
poder salir sin personas de mi familia tendría que mandar sacar
las cartas de D.' Amadora de Almonte á alguna criada, ó al
mozo, lo cual quiero evitar, porque habría de decirles el nombre
mencionado, y sabiendo que no es el mío desde luego se creerían

�195

CUllA CON'fE~IPOHÁNEA

CAnTAS ,ÚI.\TO!l!AS DE LA kVEl,LANED.\

instru_ídos en una correspondencia secreta: lo saldrían diciendo
por todas partes y yo temo mucho dar á esta clase de gentes el
derecho de creerse enteradas de mis asuntos. Además, las criadas no saben leer, y el mozo cuando acaricia demasiado la
botella habla más de lo que conviene. Aunque no sea nuestra
correspondencia epistolar una cosa que requiera tan escrupuloso secreto, yo no gusto de mezclar criados en nada qne me interese, y prefiero recibir sus cartas de V. como las demás, aun
cuando tenga el trabajo, por mejor decir la molestia, de levantarme temprano los días de correo, á fin de que nadie reciba mis cartas sino yo misma. Ahora voy á contestar la grata de
V. brevemente, pues tengo una jaqueca qu~ me atormenta desde
anoche cruelmente.
No sé cómo entender aquéllas palabras: "Tú has amargado
mi destino.'' Dios me es testigo que he deseado hermosearle en
vez de amargarle, y que mi propia ventura me interesa menos
qne la de V. Si hay un destino obscurecido, amargado, si hay entre los dos un porvenir destruido no es el de V., Cepeda, nó.
¿ Dice V. que mi imaginación vistió con sus galas el sentimiento
vago, sin color, que yo le inspiraba, y que le hizo elevar hasta el
cielo para descender luego convertido en vrrdad? .... Lo comprendo, sí, lo comprendo. Yo misma he visto descender esa
ve,·dad destruyendo mis más dulces ilusiones; pero ciertamente
mi imaginación al engañarme no ha hecho mal á nadie sino á
mí. Y bien: por una ley eterna de la naturaleza todo lo que
tiene principio, tiene crecimiento, plenitud, decadencia y fin.
Yo no pude esperar nunca sustraer de esta ley al sentimiento,
que inspiraba, ni al que me animaba. Ilarto preveía, que una
pasión que coloca al alma en una situación violenta no podía
ser eterna, y que su misma actividad ecsesiva devía acelerar su
destrucción.
Yo comprendía, que el encanto que me inspirabas, ese perfume del amor, que se evapora como una esencia preciosa, devía
forzosamente agotarse con el tiempo; pero tenía la convicción
de que al marchitarse esa ilusión, frágil y pasajera como las
flores, quedarían llenando su vacío sentimientos más sólidos y
no menos hermosos. El aprecio de tus virtudes, la estimación
de tu caracter, el tierno cariño devido á tu corazón noble y sin-

cero, la consideración y el agradecimiento, que toda muger sensible profesa toda su vida al hombre, á quien ha elejido libre y
espontáneamente por su protector y su amigo. Estos sentimientos no están sujetos, como las ilusiones de la pasión, á mudanza
forzosa, y ellos llenan el alma cuanuo la pasión ha desaparecido.
Yo no podía asegurar cuánto tiempo conserbaría el hechizo de
mi amor, que te transformaba á mis ojos en un ser ideal ó celeste; pero sé, que con el cabello blanco y la tez llena de arrugas aun serías para mi corazón, helado por los años, el primero
ele los hombres y el objeto de mi estimación y mi ternura. Esto
que creía respecto á mí, esto pensaba también de tí. Sin esperar hacer eterna en tu alma la ilusión del amor, me lisonjeaba
con creer que nunca desaparecerían de ella la amistad, el afecto profundo, que sobrevive á la juventud y aun á la muerte.
Sí, á la muerte; porque el principio eterno de vida, que sentimos en nosotros y que vemos, por decirlo así, flotar en la naturaleza, este soplo de la Divinidad, que circula en sus criaturas,
no puede ser sino amor. Amor espiritual, que no se destruye con
el cuerpo, y que deve ecsistir mientras ecsista el gran principio
del cual es una emanación.
He visto huir de tu corazón el amor, y, si he llorado, no he
osado al menos quejarme. Es una desgracia para la cual estaba
preparada. Siento yo misma entibiarse mi corazón progresivamente con la frialdad del tuyo, y preveo la destrucción de mis
últimas ilusiones; pero me resigno. Lo que no puedo soportar
es la idea de que una separación eterna va á ponerse entre los
dos, y que tú has tenido el valor cruel de anunciármela; que
tienes secretos y me los ocultas; que tienes pesares y me los callas; que nuevos amores te ilusionan y no has querido tener la
franqueza de confesármelos; en fin, lo que me aflije, lo que
roba todas mis esperanzas no es perder al amante, nó, es buscar
al amigo y no encontrarlo. ¡ Esto no lo preveía!; para este desengaño no estaba mi corazón preparado! Precisada á estimarte
menos, á mí misma no puedo estimarme, y rebajándote á tí, me
humillo yo propia.
1, Pero á qué conduce todo esto T. . . . Cepeda! olvidemos todo
lo pasado : aun podemos ser amigos, porque aun nos estimamos
lo bastante para creernos recíprocamente dignos de este título.

Hli

�1\)6

CARTAS AMATORIAS DE T.A AVELLANEDA

COBA CONTE~IPOR,\NEA

Coloquémonos en lo positivo y no queramos con un idealismo,
que no puede realizarse, prepararnos cada día nuevos y dolosos desengaños. Ni el amor, ni la amistad son tales como los sueña una imaginación poética, y cual los apetece un ardiente corazón. .\Iucho tiempo había que yo lo sospechaba y entreveía
esta triste verdad. V. pudo obscurecérmela, ó mejor diré, V.
logró encubrírmela con uu velo de oro, y le soy á V. deudora
de unas ilusiones, que ya no esperaba gozar. ¿ Serán ellas las
últimas de mi vida! Lo ignoro. Paréceme que aun tiene mi corazón tesoros de afectos, y que aun necesita para agotarlos muchos desengaños. Pero podré sentir por otro lo que V. me ha
hecho sentir? Es ya digno mi corazón de ser legado á un noble
corazón 1 Este fuego divino, que le l1a abrasado, le ha envilecido
en vez de.sublimarle? ... . No lo sé. Una cosa únicamente puedo
asegurar, y es, que si yo fuese hombre y encontrase en una
muger el alma, que me anima, adoraría toda la vida á esa muger. ::.\Iarchita mi alma á fuerza de desilusiones aun se siente
con fuerzas para amar, y no atreviéndose ya á enlazarse con
otra, acá en la tierra, siento que ansía desprenderse de su cárcel é ir á buscar en el cielo una fuente de eterno amor. Esto me
da placer, porque jamás me siento tan infeliz, como cuando en
momentos de desaliento creo que estoy destinada á sobrevivir
á mi corazón. Déjame pues, Cepeda, déjame aun la postrera
ilusión. Déjame creer, que no has despreciado mi corazón por
hallarle indigno del tuyo. Ah!, será preciso que al perder la
dicha sienta también abatido mi orgullo?. . . . A Dios.
(Está rubricada.)

XVI
SEVILLA

29

DE ABRIL DE

1840 :

Querido amigo: tengo á la vista la grata de V. última: ~ qué
más podré decir respecto á ella 1. . . . Vale más no tocar nuevamente un asunto espinoso y del cual harto hemos hablado ya.
Estoy además tan agoviada de negocios de toda especie, que
apenas tengo lugar para respirar.

]9i

&amp;Se hará mi Drama (39) sin que V. le vea 1 Estamos ya en
los ensayos y creo que para el 15 de l\1ayo se podrá egecutar.
No puede V. figurarse lo mala que es la compañía dramática,
que nos ha venido, y el trabajo que me dan en los ensayos Asisto á todos, como también Ojeda, pero, por más que hacemos, tenemos ambos la desagradable persuasión de que saldrá muy
mal el Drama. Por lo demás todo se me presenta del modo más
lisonjero. Las empresas de Valencia, S'!Yilla y Granada se han
disputado el Drama, como si fuese una obra sin segunda, y lo
he cedido á las tres (prefiriendo á Sevilla para qur lo ejecute
primero) con convenios ventajosos para mí. Lombia, primer
actor de esta compañía, hombre de talento y más buen literato
que cómico (40), ha hecho tales elogios del Drama á la empresa de Madrid, que según me anuncian se me harán pronto proposiciones por aquellos Teatros, cosa tanto más lisonjera para
mí cuanto que Figueroa y Fernández, que han hecho los mayores empeños, porque se ejecuten sus Dramas en Madrid, aun
no han conseguido, que se hayan aceptado por la empresa. Tampoco Granada ha admitido ni la Estela, ni Isabel de la Paz, y
á mi L eoncia no solamente la piden con los términos más honoríficos para la autora, sino que los periódicos (que tendré el
gusto de enseñar á V. cuando nos veamos) están llenos de elogios más lisonjeros, no del Drama, que aun no conocen, sino
del talento que suponen generosamente á la autora. Málaga en
su lindo periódico "El Guadalhorce ", redactado por los hombres más distinguidos de aquella ciudad, hace también un anuncio del Drama muy lisonjero para mí, manifestando el mayor
deseo de que se haga en aquel Teatro. No sé cómo han cundido
tan pronto la especie, que en todas partes se sabe ya, que he
hecho un Drama; pero esto me ha proporcionado el placer de
' conocer las simpatías, que mis composiciones líricas han tenido
en todas partes.
Aquí sólo '' El Sevillano'' ha dicho algo, pues los otros periódicos los reserva la empresa para cuando esté en víspera de
egecutarse.
(39) El titulado Leoncia, no comprendido por su autora en la colección com·
pletn de sus obrns.-(Madrid, 1869.)
(4.0) D. Junn Lombin, nutor de varias composidones drnmáticns y de un arto
de declamar, que tituló El Ttatro.

�CUBA CONTl,MPORÁNF.A
CARTAS A~fATOHIAS ni,; LA AVELLANEDA

Respecto á la novelita, aun antes de haber abierto la suscrfoión, tengo aquí 20 suscritores, que, á los primeros rumores,
qne corrieron de esto, fueron á sentar sus nombres en la imprenta del "Conservador", que es donde se hará la impresión ( 41) ; de Granada me escriben lo mismo los redactores de
"La Alhambra ", que apenas ha corrido la voz de que iba á
abrirse suscrición para una novelita de La Peregrina (42),
cuando todos los socios de aquel Liceo habían acudido á sentar
sus nombres; y de Málaga me dicen, que tengo ya doce suscritores y diez y ocho suscritoras. ::\Ie dicen que el bello secso :'11alagueño está decidido en mi favor, y que mis versos han hallado
entre ellas una estrahordiuaria simpatía. He dado tres ó cuatro
composiciones nuevas en días pasados á periódicos de Granada
Y :\fálaga, que ya verá V. cuando venga; la última que dí á
"La Alhambra" ha agradado muchísimo, según me dicen. Por
este último correo me escriben de Valencia los redactores de
"Psiquis", periódico de literatura, pidiéndome composiciones
con grandes elogios de las que han visto en otros periódicos, y
enviándome de regalo una porción ele poesías, música y figurines.
Ya ve V. como devo estar muy satisfecha con el ecsito tan
brillante de mis ensayos literarios. Dios quiera que al conocer
la novela y el drama, no decaiga el entusiasmo y que por querer ser Dramática y Novelista no pierda el concepto, que como
poeta lírico be adquirido. Dicen que el quP mucho abarca poco
aprieta.
No sé cómo me he distraído, que escribiendo en esta página
me he pasado á la otra, como V. notaría arriba. Pero así va;
no deja de entenderse.
Mi Padrastro está en ::\Iadrid: acaso muy pronto se marchará
la familia á dicha villa. Lo que es .ro, vaya la familia ó no, cuento marcharme á fines del verano.
( •'1) Creemos ron sobrado fundamento, que no lle'.!6 , imprimirse en SevillR, sino en Madrid á fines del afto a:gu iento 6 principios de 1842, pues D. AlbPrto
Li1ta, á quien !ué dedicada, acusaba i su autora el re,ibo de un ejemplar en
rarta !ecb:ida en Cádiz el 20 de Marzo de 184!!, J hablando del libro le decla: "Sab
me ha parecido un ensayo feliz, que promete , Espalla un buen novelista."
,éaoe lo que dice la Avellaneda de su novela en la Carta n.o 4.
(42) Sabido es Que con el pseudónimo La Pertprina firmaba la Avellaneda
sus primeras producciones !fricas.

Mi hermano (43) se ha ido á Constantina porque mi tío (44)
está muy malo; y mi tía (45), abuela de las de Fajardo, murió
el 25 de éste.
A Dios, amigo mío, crea Y., que al renunciar el derecho de
dar á V. otro nombre más dulce, no han variado los sentimientos
de aprecio y ternura con que será siempre su más amante hermana,
Gertrudis.

XVII
SEvn,L.\. 12 DE ::\fayo

(46)

Querido amigo : ignoraba que V. estubiese enfermo y al saberlo me ha sido cstrcmadamente sensible. No estoy, como V.
supone, tan preocupada con mis obras, que no sea sensible á
todo cuanto tenga relación con V., y ciertamente el ecsito del
Drama me ocupa mucho menos, que su salud de V. Cuidarse,
querido, y no ser injusto otra vez.
Leoncia no está aun capaz de salir al público, pues necesita
ensayarse más. Los actores están más interesados que yo en su
lucimiento y por lo tanto no se egecutará hasta el 29. Ya me lo
piden de Madrid también, y mando una copia por este correo.
Estoy tan ocupadísima este correo con un sin número de
cartas, que tengo que contestar, que me veo precisada á dejar
á Y. por hoy, rogándole que se cuide, y que crea le quiere con inalterable afecto su amiga, Gcrtrudis. ( 47)

XVIII
SEVILLA 26 oE )f.\.yo c•s&gt;

El haber tenido muy mala á mamá, y no el &lt;&gt;star tau ocupada, como V. supone, en admirar mis obras, es la causa de no
(43)
(44)

(45)

D. Manuel, hermano de padre y madre de la Avellaneda.
D. Felipe Gómei de A.-ellaneda.
D.• Maria, hermana de D. Felipe, citado en la nota anterior.

( 46)

1840.

(47)

El sobro dice: "Sr. D. Ignacio Cepeda en Almonte."

( 18)

184.0.

�200

CUBA t1l:-IU~MPOU,{:rnA
CART.\S A~L\ TORI.IS DE LA A Vl•:LI,A~EOA

hahcr vuelto á escribirle después de mi última. No por esto
niego, que me hayo bastante molestada con mi Drama y Novela, porque me rohan mús horas de aquellas, que yo quisiera coui:;agrarl"s; pero no me ocupo de ellos para admira1·Irs, sino para
corrcp-irlcs. En fin, creo que si V. r;11i('rC wr la p;·imcra y segunda t'gccución de Dconcia dct·c salir para esta incontinenti.
Para el 2!) y :JO de éste está s1'ííalad11, ~· an11que haré lo posible
por retardarla, á fin de que V. la ,ra, no sé si lo conseguiré.
Hoy mismo he hablado respecto {t esto con Lombia. ~- ú la Damt1,
y me han dicho, que era un gran trasto1·1vl ('Sta nueva dilación,
pero qnc verían con el empresario, si se transfería para el l.º
de Junio La Novela tiene ~·a muchos sm;critorcs. pero ni aun la
he copiado (•n limpio. por lo cual cs~á Ojeda enfadadísimo conmi!:'"o. Ya ve V. cuan negligente estoy con mis obras.
Los males de V., querido, más son aprensiones que otra
cosa.
Y. se figura que padece y padece realmente en esta aprensión : yo soy el reverso de la medalla. Física y moralmente estoy
enferma. pero me engaño á mí misma diciendo, que nada sufro.
¡ Ah Cepeda!. . . sus males quiméricos y mi felicidad mentida
deren pasar del mismo modo . .. . Pero no hablemos de eso : sería
infringir un solemne propósito.
Por SeviUa no ocurre novedades dignas de ser referidas.
Solamente que se espera de un día á otro al hermano del Rey
ele Inglaterra, y que se preparan bailes. toros y otros festejos.
Y. sabrá ya la muerte del desgraciado Córdova, y que ha
pasado por esta su cadáver, que segvn sus últimos deseos, devc
descansar en su país de V. (49). De todos los a:nigos y partidarios que tenía en Cádiz y Sevilla en los días de su prosperidad,
no ha habido uno solo que acompañase los restos rnortalE&gt;s del
proseripto. Temerían contagiarse con su desgracia. . . . ¡ Qué
lección! ¡ Qué despreciahle es el voto de un público tan mczc¡ni-

(49) El General D. Lnis Fernánde1 de Córdo.-1&gt; muerto en Liabo,. y lle.-ado i
enterrar 6 Osnna, de donde era natural el Sr. Cepeda. La buena acogida y mtíl•
tiple• ■tcnc,onea que recibiera el General, durnnto la (1&gt;0&lt;"a de su destierro en
aqurll" ..-illa, lo movieron i dejar ronsi~nnda en su testamento aquelln dispo&amp;i•
1·ión, para que ae cumpliern su palabra de caballero de que 1:olrur11 6
ciro
6 muer'o.

ºª"""

201

!

no tan inco~stante ! . . . . ¿ Cree V. que pueda yo, aun cuando
~ubiese la aptitu_d de conseguir cierta gloria, dar un valor real
a ese fantasma impostor, que llaman opinión, aprecio público,
etc. etc? Ah, no ! Y o nací para tener mi mundo en un corazón
que me_ amase . •:• no 1~ he conseguido y permanezco peregrin~
en medi? de la tierra, aislada en medio de la creación.
A Dios, Cepeda; venga V. á ver mi Drama, aunque luego
se m_arc~e, Y á despedirse de la autora, que acaso no volverá á
ver Jamas. El mes que viene parto para )Iadrid (50).

(Está rubricada.)

XIX
JuNro 3 DE 1840 cs1¡
Dos líneas nada más : estoy en guerra otra vez con mis muelas Y no me a~rcvo, á escribir, sino lo indispensable para decir
á V.,_ que_ ~or mteres de que V. vea el Drama he ido dilatando
su eJecucwn en términos, que el público se ha enfadado
do8
h
fi .
, pues
veces se an Jado los carteles anunciándole y dos veces
~e ha~ quedado esperándole. Definitivamente se hace el 6 d
este sm falta
alguna, "J s1· v . no viene
· ha b r án sido
. mfructuosas
.
e
•
las d~te~c1_ones y nunca conseguiré mi objeto.
. Mi VIaJe á l\Iadrid acaso sea el primero de Julio, acaso se
dilate hasta fines;. (52) pues esto depende de la compañera que
llevo.. qu_e es la vmda de mi primo Castro, que ha venido de
l'lfadnd a conocer la familia v retorna el mes q
·
.
,.
ue '-'lene, pero
aun no sabe con fiJeza el d1a. )Ii padrastro está también en
Madrid.
i Busco yo la opinión púhliea con preferencia á los m'
duces afc t r
1
'
as
.,
_e os · · · · · · i os más dulces afectos!.. . . . ¿ es v
qmcn lo dice 9
-.:r á
·
·
,
·,
. '·. · · · · ' ·, qme~ m1 corazon los ha prodigado, v.,
que era m1 umverso Y por qmen yo hubiera sacrificado no sola-

(!~))

EEI v!aje ~e la Poetisa i la Corte se retrasó hasta el otoflo.

scr,ta, sin duda alguna en Sev·u
sobre ae lee: "~r. D. Ignacio Cepeda en A;m:n::~~ se ve por eu contenido. En el
cart~~2)

I

Se d1lat6 basta el otoño, segiln dejamos consignado en nota A la anterior

1

�202

CUBA CO);TEMPORÁ.NEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

mente los inconstantes y frívolos elogios del mundo, sino también todo aquello que no era V. . . . . ¿ V. dice que yo aprecio
más que á los afectos el sufragio del mundo 1. . . . . Ah! : no sé
si es esta la sola Yez, que habla V. lo que no siente.
Quando venga V. verá varias composiciones mías, que no
conoce, y que no incluyo, porque las tienen los amigos como sucede siempre; una que acabo de recibir va adjunta. ( 53)

XX
SR.

D.

IGNACIO CEPEDA

MADRID

24

DE NOVIEMBRE DE

1840:

Mi nunca olvidado amigo: Hasta hace muy pocos días no ha
llegado á mis manos una carta de V. y me apresuro á contestarla tan pronto me lo permiten mis ocupaciones.
Por Perico Bravo (54) he sabido que está V. mejor de sus
calenturas: le doy la enhorabuena y deseo se restablezca pronto
y perfectamente.
Aquí me va muy bien en esta corte, á donde vine (poco después que V. dejó á Sevilla) por motivos de intereses y asuntos
domésticos, que tenía que arreglar con mi padrastro, y también
para probar, si variando de clima y de objetos llenaba el inmenso vacío de mi alma ó aturdía por lo menos mi devorante
pensamiento. En efecto, estoy algo mejor, moralmente, que en
Sevilla; pero no en amores, como V. supone ( que ya para mí no
existen), sino porque aquí me he consagrado esclusivamentc á
la literatura.
He devido á este Liceo la más lisonjera acojida: estoy rela-

(58) Esta carta no fuá firmad&amp;, ni rubricada por la Avellaneda.
La poesla, que venia adjunta, es la titulada La Primav•ra, que se incluyó
luego en la edición de 1841 y en la Coleeción de 1869. Aparece impre,a en una
hoja, que perteneció sin duda á una revista literaria, por traer trozos de dos ar·
tlculos, uno sobre la poesla pastoril y la égloga piscatoria, y otro con noticias de
China.
(54) D. Pedro Gómez Bravo y Pernía, ya citado en fa AUTOBIOGRAF!A.

203

cionada con los talentos más notables de la época y con varias
familias, que me proporcionan amable sociedad. J\Ii hermano
se ha venido también, y lo que es ahora estamos en perfecta
armonía y perfecta independencia. ( 55)
He hecho muchas composiciones para este Liceo, que han
agradado mucho, especialmente la última, que saldrá un día
de estos en la revista Española. He vendido toda la colección
á un empresario de libros y se darán en un tomito para el mes
de Enero . (56) El drama Leoncia se ha hecho en Cádiz y Granada con feliz éxito, principalmente en Granada, y ahora se
está ensayando aquí. Pronto daré al Teatro otro Drama y espero que será muy superior al primero. (57)
Y a ve V. que no pienso en amores . .... para mí pasó la juventud del corazón, amigo mío. Sólo me queda de sus últimas
ilusiones un recuerdo profundo de amargura y una cicatriz
eterna, que señale el lugar en que estubo, la herida, como la losa
que marca un sepulcro. . . . Ah!, sí,. . . . . la comparación aunque triste es esacta: mi corazón es el sepulcro en que yacen
yertas é inanimadas todas mis esperanzas de ventura.
Deseo se conserbe V. bueno y le ruego no olvide que tiene
su más sincera amiga en
Gertrudis G. de A.
P. D. La dirección para las cartas á mí es calle del Clavel,
número 3, cuarto 2. 0

(55) La armonía no era moneda corriente entre la poetisa y su hermano Don
Manuel, que es á quien se refiere.
(56) No salió á la luz el tomo de poeslas hasta los últimos días de 1841, es
decir, casi un afio después de lo calculado por la .Avellaneda, pues D. Juan Nicasio
Gallego firmó el Prólogo en Noviembre de ese año.
( 57) Tardó casi cuatro años en representarse. Se refería al drama titulado AJ·
/01180 Mtmio, estrenado el 13 de Junio de 1844 en el Teatro de La Cruz de la corte.
Su autora le llamó Munio A.lfonso en la edición de 1869, luego de razonar en nn
prefacio el motivo de la trasposición de nombres.

�CARTAS AMATORIAS DE LA A\"J&lt;JLJ,ANIWA

20-1

205

CUBA CON'l'EMPORÁ.'IEA

Tus cartas, cuando con ellas quieras complacerme, diríjelas con solo mi nombre, que esto basta. Pensamos mudar de habitación, no sé donde iremos á parar; pero soy muy conocida y
los carteros buscarán mi casa.
A Dios, no seas perezoso y ven á ver á tus amigas, ya que
una sola no puede atraerte. Siempre tu apasionada-Tula.

XXI
S1t. D .

lGN.&lt;1.CJO CEPEDA:
MADRID

1\lAYO 13

(SS)

Con tus apariencias y fama de sincero eres á veces un poquito mentiroso, y muchas sobrado sagaz y astuto. ¡, :Ole lisonjeas
en tu carta para que envueltas en dulzuras trague las mentirillas, que me envías, y no heche de ver la sutileza de ciertas csplicaciones?
Bien; yo soy la criatura más fácil de engañar, ó por lo menos
de darse por engañada. Hago por creer todo aquello que me halaga, y no hay para mi estóma«o manjar indigesto con tal que
me lo den con azúcar.
No te mando mis poesías, nó; ni te digo si has entrado en
algo en el pensamiento de alguna de sus composiciones. (59)
Si quieres mis obras y mi retrato, que saldrá pronto en mi tercer novela, ( 60) ven á buscarle. Aquí te daré libros y esplicaciones, allá nada te mando.
Es una vergüenza, que no vengas á Madrid, y una ingratitud, que dejes se marche sin verte una amiga, que, si no la más
querida, es sin duda la más apasionada de cuantas tienes.
Pienso marcharme en este año bien sea á país estranjero,
bien á América. Necesito estender mis conocimientos y mi reputación literaria, y ya nada nuevo me ofrece España. Pero quisiera verte antes y decirte un largo y tierno adiós.
1\fi corazón primitivo ó nó, ( 61) siempre es fiel á la religión
de los recuerdos, y hay cuerdas en él, que no se gastan, aunque
tal vez se enmohescan.
(58) Es del año 1843, cuya cifra se lee en el sello de la Administración de Co·
rreos. El sobre lleva esta indicación: "Provincia de Huelva-Sr. D. Ignacio Cepeda.\lmonte."
(59) Y aun en algoa, antes y después de la fecha de esta carta, según hemos de·
jado consignado en el PRÓLOGO.
(60) La titulada Doa m-ugerea, á cuya lectura en el original, no impreso aún, in·
vitaba al Sr. Cepeda en carta de 13 de Marzo de ese mismo año 1843.
Su primera novela fué Sab, ya citada en otra nota, y la segunda se tituló La
Baroneaa de Yo""'· La primera y la tercera no fueron incluidas en la edición
de 1869.
( 61) Subrraya la frase, porqne el Sr. Cepeda habla calificado de primitivo, esto
es, bondadoso y sencillo, á la par que fuerte é impetuoso, el corazón de la poetisa.

XXII
/í

MADRID

5

DE JULIO (~2 )

Apenas vuelvo de mi paseo tomo la pluma para tí, aunque
nada puedo decirte, que no sepas. A pesar de tus quejas te creo
profundamente convencido de lo mucho que te quiero. Pero
me supones distraida en lo que llamas mi gloria; me supones
perdida en una inmensidad de goces; das por cierto que soy
feliz, y hé aquí porque no quisiera escribirte. Sé que me quieres; que padecerías si destruyese esas ilusiones, que te formas
respecto á mi destino : y ¿ cómo conservártelas sin mentir 1. . . ..
¿ ni qué decirte si no te hablo de mí 1
Abrumada con el peso de una vida tan llena de todo, escepto
de felicidad; resistiendo con trabajo á la necesidad de dejarla;
buscando lo que desprecio, sin esperanzas de hallar lo que ansío; adulada por un lado, destrozada por otro; lastimada de
contínuo por esas punzadas de alfiler, con que se venga la envidiosa turba de mugeres envilecidas por la esclavitud social;
tropezando sin cesar en mi camino con las bajezas, con las miserias humanas; cansada, aburrida, incensada y mordida sin cesar. . . . . hé aquí un bosquejo de esta mi ecsistencia, que tan
fausta y brillante te finges.
Envejecida á los 30 años, siento que me cabrá la suerte de
sobrevivirme á mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insuficiente para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras.
Y a lo ves: nada grato puedo decirte : en otros días buscaba
(62) Es del año 1845, según se lee en el sello de la Administración de Correos
y esti dirijido [sic) el •obre al "Sr. D. Ignacio Cepeda en Sevilla."

�ctJnA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELT.ANEDA

un corazón que recibiese el mío : ahora no busco más que los
medios de ~turdirle ó aniquilarle. Todos, hasta tú mismo, han
tenido una gota de hiel, que dejar en mis recuerdos: todos,
hasta tú mismo, han tenido una esperanza, que marchitar en
mi alma, y ahora cojeis todos el fruto : ahora para nada os
sirvo • ni aun para escribiros una carta agradable.
Sin embargo, sabes que te quiero, y que con estas insulsas
ó amargas líneas, te envío un sentimiento, un afecto de inalterable amistad.
Tula.
P. D. Querrás hacerme un pequeño obsequio? Una persona
desea, por motivos personales que sería largo esplicar, . saber
cómo se llamaba el padre de Gabriel García Tassara, sevillano,
que reside en esta ( 63). Si puedes averiguarlo, sin que nadie
sospeche el motivo porque lo haces, te estimaré me lo digas. La
misma persona desea saber, qué concepto merece en esa nuestro joven; dónde reside su familia; y qué antecedentes tiene.
Se me ha recomendado el secreto y yo fío en tu discreción,
que sabrás guardarlo. Estas averiguaciones no son, ni pueden
ser en perjuicio del tal : no media otro interés, que el del corazón. Adios. Dime también el nombre de su madre y padrastro.

XXIII

''

207

CO~'l'Ell1POH,(:-;EA

MADRID

25

DE JULIO &lt;64 )

Querido Cepeda: perdona el innoble papel en que te escribo:
se va el correo, estoy de mudada y no encuentro otro papel á
mano. Te ofrezco, antes de todo, mi nueva habitación calle del
Horno de la Mata, n.º 9, cuarto principal, y luego voy á contestar brevemente tu grata última.
No he visto la carta á que te refieres, ni mamá la ha recibido,
según dice; por consiguiente ignoro qué solicitud es la que en
ella me recomendabas: mi influjo es poco ó ninguno, pero si
( 63) Ocioso parece advertir al lector, que el Tassara es el inspirado poeta do
eso nombre.
( 64) En el sello de la Administración de Correos se lee claramente, 1845.-El
aobre está dirigido como en la anterior.

me esplicas el negocio haré en tu obsequio cuanto pueda para
que consiga tu amigo lo que pretende.
Te doy gracias por las noticias que me das del joven consabido (65) . ¿Has sospechado acaso que fuese Pepita (66) la
interesada en ellas? No, amigo, te aseguro que nó bajo mi palabra: (67) te aseguro también que no es cuestión de matrimonio ( 68) .
Ese joven, es decir el sujeto de quien te demandé informes,
no trata apenas á mi familia, y por lo que respecta á mí puedo
asegurarte que creo concluida para siempre la amistad, que
le tube Es una de aquellas personas, que juzgué ligera y ventajosamente y que en el día no juzgo ni bien ni mal. Es para
mí un ente nulo. La esplicación del interés, que tenía en saber
el nombre de sus padres y el concepto que gozaba en esa, se:r,:ía
cosa larga y hoy inoportuna. Te repito sí, que no es cosa de
matrimonio.
Conque piensas en casarte? . . . . . No te lo censuro, ni lo
apruebo. Para mí la verdadera felicidad no consiste en el estado
que se tiene; así como no creo que la bondad de los gobiernos
consista en su forma. El matrimonio es mucho ó poco según se
considere : es absurdo ó racional según se motive.
Yo no me he casado, ni me casaré nunca; ( 69) pero no es
por un fanatismo de libertad, como algunos suponen. Creo que
no temblaría por ligarme para toda la vida, si hallase un hombre capaz de inspirarme una estimación tal, que garantizase
la duración de mi afecto. Más; tengo la convicción de que no
hay dicha en lo que es pasagero, y digo, como Chateaubriand,
que si tuviese la locura de creer en la felicidad la buscaría en
( 65) El Sr. Tassara, de quien habla en la carta anterior.
( 66) La Srta. Josefa Escalada, tipo de rara hermosura, hermana de madre de
la Avellaned~.
(67) Bien pod!a asegurarlo bajo su palabra la Srta. Avellaneda, puesto que era
ella misma la que acababa de cortar las relaciones amorosas, que habla soatenido
con el Sr. Tassara.
(68) No mentla la escritora, porque en el momento que hablaba (b) ya no ae
trataba de casamiento.
(b) Deberla decir "en que hablaba"; y más exactamente aún, "en que escri•
bla". (N. del O.)
( 69) Sabido es que la notable poetisa se cas6 dos veces: una con D. Pedro Sabater, Jefe Pol!tico de Madrid, y otra con el Coronel de Artiller!a D. Domin¡¡o
Verdugo.

�203

ctJnA dO]l;TE)fPOHANEA

la costumbre. El matrimonio es un mal necesario del cual pueden sacarse muchos bienes. Yo lo considero á mi modo, y á mi
modo lo abrazaría. Lo abrazaría con la bendición del cura
ó sin ella : poco me importaría: para mí el matrimonio
garantizado por los hombres ó garantizado por la recíproca fé
de los contrayentes únicamente, no tiene más diferencia, sino
que el uno es más público y el otro más solemne: el lIDO puede
ser útil á la impunidad de los abusos y el otro los dificulta: el
uno es más social y el otro más individual. Para mí es santo todo
vínculo contraído con recíproca confianza y buena fe, y sólo
veo deshonra donde hay mentira y codicia. Yo no tengo, ni
tendré Ull vínculo, porque lo respeto demasiado; porque el
hombre á quien me uniese debía serme no solamente amable,
sino digno de veneración; porque no he hallado, ni puedo ballar
un corazón bastante grande para recibir el mío sin oprimirlo, y
un caracter bastante elevado para considerar las cosas y los
hombres, como yo los considero.
Tu no estás en ese caso : eres el hombre y puedes buscar felicidad en una muger aun cuando ella no esté á tu altura. Créeme sin embargo; no te cases con una tonta: la mayor virtud no
compensa el defecto del talento; y aun me atrevo á decir, que no
hay virtud en la estupidez. Las ligerezas, las faltas mismas de
una muger son males más remediables, que la incapacidad de
comprender aún las mismas virtudes, que acaso se practican. El
talento se extravía, pero la tontería no sabe s:quiera que sigue
el buen camino, y si lo deja no lo recobra jamás. Cásate, si lo
crees conveniente, pero acuérdate siempre de que una amiga
te aconseja, no juzgar nunca virtud la frialdad de las almas
ineptas, ni pensar como algunos, que la ignorancia garantiza el
corazón.
Esta es ya muy larga y aun no te he dicho, que pienso establecerme en París. Sí, amigo mío; parece que en aquella capital puedo prometerme mayores ventajas de mi pluma, y como
no soy rica y quiero asegurarme una vejez sin privaciones, pienso en irme á donde mejor paguen. Esto, sin embargo, aun no es
cosa decidida. V eremos ( 70) .
(70)

No lleg6 6 realizarse tal proyecto.

CAR'I"AS AMATORIAS JlF: LA A\'ELJ.A]l;EDA

Estoy cansada del mundo, de los obsequios, de las calumnias,
de la adulación, de la gloria y hasta de la vida. Necesito otro
espacio mayor ó menor que este: otra vida de más calma ó de
más agitación. El amor no ecsiste ya para mí; la gloria no me
basta: quiero dinero, pues: quiero la vida de los viajes ó la vida
del retiro muelle y lleno de goces del lu.jo. Tampoco me sería
ingrato irme á una pobre aldea á criar pichones y á cultivar
flores; pero aun no puedo, porque necesito de mi pluma.
En fin, si tu te casas con una buena chica, que tenga talento,
que sea bonita para que no sea celosa, que te quiera mucho y
merezca ser correspondida, suspenderé mi curso vagabundo para
ir á donde quiera que esteis á cantaros un lindo epitalamio y
á pasar ocho días con vosotros. &amp;Aceptas 1
Adios; acabo de publicar una oda, que ha alborotado á
:;\Iadrid, y que me ha valido un gran regalo del Infante D.
Francisco de Paula ( 71). 're la manderé un día de estos, y hoy
me repito tu amiguísima-Tula.
P. D. La gota de hiel (72) no encerraba acusación ninguna. No era hiel de engaños, ni perfidias, nó: yo no escribo á
gentes que engañan : era hiel de otro género. Hay hiel en el
fondo de todo cáliz dulce: hay hiel. . . . . y bien amarga!. ....
en la indiferencia, que sigue á un sentimiento, que se creyó inmutable.
Yo he dicho en una novela:-" No acuscis al corazón de perder sus ilusiones; así como no se acusa al arbol por ceder sus
hojas al inclemente soplo del viento.''-&amp; Pero el arbol desnudo y el corazón desengañado no pueden llorar la pérdida de
sus flores Y Sin acusar á nadie se puede decir : han hecho á mi
corazón un daño con voluntad ó sin ella.

(71) La oda titulada El B,corial, escrita i petición del citado Infante, estando
con la poetisa en aquel real sitio.
(72) Contesta la Srta. Avellaneda 6 las observaciones, que debió hacerle el
señor Cepeda A esta frase contenida en su carta anterior :-"Todos, hasta tú mismo, h:in tenido una gota de hiel, que dejar en mis recuerdos."

�XXIV
SR..

D.

IGNACIO CEPEDA:
J\lADRID

14

DE FEBRERO DE

211

CARTAS A)IATORIAR DE LA A\'ELLANEDA

CUBA co:-TE~POlL&lt;\.N'EA

1847

Desde que recibí la tuya última deseaba tener un día libre
que dedicar á tí; pues no podría satisfacerme el limitarme á
las fórmulas de una lacónica contestación : pero está escrito,
que yo me vea incesantemente contrariada, y sucede que hace
más de un mes me encuentro con las roanos tan cuajada de sabañones, hijos legítimos del cruel frío, que aquí está reinando,
que no puedo mover la pluma sin padecer atrozmente. No quiero, sin embargo, retardar por más tiempo el darte noticias mías,
diciéndote, que me he mudado á la calle de San Marcos, n.° 18,
cuarto principal, adonde debes dirigirme tus cartas, siempre
que te dé la lmmorada de recordar mi existencia.
Siento muy mucho, que no salieras diputado, aunque des
por tu parte tan mezquino valor á una circunstancia, que te
obligaría á volver á ver á tus antiguas y leales amigas. Siéntolo, digo, porque, á pesar de todo, tendría un placer, de los poquísimos de que soy ya susceptible, en charlar largamente contigo de aquellos días, ya lejanos, en que tan sinceramente nos
llamábamos amigos. Acaso no me conocerías ya: he envejecido
veinte años en estos siete, que han pasado. 1\fi alegría huyó
para no volver: desapareció aquella coquetería, que alguna vez
te dió enfado, pero acaso era lo que más te agradaba en mí;
porque tal es el corazón del hombre. Todo pasó, todo, como
nuestros sentimientos de entonces, y resta de la Tula, que conociste, una sombra pálida y fría, que va por momentos diafanándose más. ¿ Quédame siquiera el talento Y No lo sé; pero siento que se apagó la última chispa de la creadora llama de la poesía.
Se empeñan en probarme que soy hoy más gran poeta que antes;
mienten: equivocan la rima con el estro: la mano y el oído
hacen los versos : la poesía necesita del corazón, y el mío es un
cadáver lleno de heridas, que ya no brotan sangre.
Te hago un retrato, que de seguro no despertará en tí los
deseos de volver á verme. Sin embargo, escucha: ven : deja por

•

un mes siquiera ese clima de juventud y ardores : ven bajo el
templado y con frecuencia nublado cielo de Castilla. Aquí se
siente de otro modo, y creo que todavía tendría yo un destello
de poesía para celebrar tu venida, y un lado vivo en el corazón para aposentar recuerdos, que nos habían de enternecer.
¡, Y no se goza en la ternura Y
Tu has sido más dichoso que yo, y acaso tu corazón pudiera
aun rejuvenecer un poco el mío fatigado. Tu amistad conservará tal vez perfumes que la asemejen al amor, y la mía podrá
participarlos. Pero no quieres 1: Amas tu Sevilla con su implacable sol, con sus flores impertinentes de lozanía perpétua, con
sus mugeres que no envejecen á los 30 años, porque no sienten
nunca: la amas, y es probable que yo encuentre el reposo final
antes que tú el cansancio de esos goces. Oreo que debo morir
pronto: que me llama imperiosamente mi pobre amigo, el compaiíero de mis últimos días de juventud, alma ardiente y generosa, que también envejeció y murió á los 30 años (73). Ya ves
que mi carta no es divertida; pero allá va á probarte al menos,
que no te olvida tu siempre fiel amiga, T1tla.

XXV
SR.

D. loNACIO

CEPEDA :
MADRID

1.0

DE AGOSTO DE

1847

Te escribo, querido Cepeda, en un día de triste aniversario
para mí : en el día en que en el pasado año quedé viuda (74) ;
pero he recibido hoy tu carta de Cádiz, y no quiero que quede
justificada la acusación, que en ella me haces, de ser tarda en
contestarte.
Celebro que no haya tenido efecto la semi-pensada boda, de
que me hablaste. Tu no eres para casado; pocas mugeres entenderían tu carácter y acaso no hay una sola, que te pudiera
hacer feliz. Pero ¡ de qué modo se alcanza la felicidad en la
tierra 7. . . . ¡, cuál es el camino que conduce á ella Y. . • . Tú,
( 73) Su primer marido D. Pedro Sallater, que babia fallecido en Burdeos el
1.o de Agosto del afio anterior al en que se escrib!a esta carta.
(74) Véase la última nota de la carta anterior.

�212

CGDA CO:STEMPOllÁ:SEA

CARTAS A)[ATORIAS DE L.\ A\'ELLANEDA

como yo, acabarás por remontar tus esperanzas más allá del
mundo visible: como yo creerás en Dios y de Dios sólo esperarás esa dicha, que perseguimos en vano durante nuestra fiebre
juvenil, como el niño que corre tras las caprichosas formas de
la bruma, empeñado en abrazarlas.
:,re voy haciendo devota; no devota vulgar; ya comprenderás
que esto no es posible; pero devota á mi modo.
A propósito de matrimonio; te diré que á pesar de mis :n
aüos (75) y de mi aspecto de sepulcro de ilusiones, un joven de
25, que diz que es mny rico, se empeiiu en hacerme contraer segundas nupcias. Es habanero, lo cual es para mí un gran defecto; es más joven que yo, lo cual aún es un defecto mayor; es
de un talento mediano, de esos que se encuentran sin dificultad;
de una figura que no es mala, pero que me causa mala impresión, porque tiene un aspecto marchito, ajado, y cuando esta
clase de deslustre en una cara juvenil no es efecto de un ardoroso pensamiento, de una alma desvastadora, se me antoja que
debe causar asco, porque revela secretos vicios. Mi apasionado,
sin embargo, pasa entre los que le conocen por hombre de buenas costumbres y hasta frío. En efecto se me figura que ese pobre joven es todo hueso y fibra; allí no hay ni sangre ni nervios: quiero decir, ni pasión, ni sentimiento. La hecha de joven
pensador, inglesado, melancólico, escéntrico; pero á mí sólo me
parece un pedante de cierto género, propio del país en que
nació: parece un ser muy vulgar con pretensiones de no serlo.
¿ l\Ie ama ese hombre? Creo que no es posible: nos divide un
abismo. Lo cierto es que me dice, que quiere casarse conmigo;
que aparenta un entusiasmo por mí, del cual no le creo capaz:
y ya sea que todo lo que dice se aparte de la verdad y hable
como buen americano, sin pensar lo que dice; sea que por vanidad quiera comprar con su libertad la posesión de una muger,
que tiene alguna celebridad, lo cierto es, repito, que está empeñado en sacarme un sí, que reuso con más fastidio que enojo
de su pretensión.
)Ii familia me hacen muy sensatas refleesiones para probarme que seré una loca, sino lo agarro á dos manos: mis amigas

se conjuran para convencerme de que es un joven interesantísimo y que nació para mí: pero yo me empeño en creer, que
merezco mejor destino, que el de pertenecer á un hombre como
él, y á pesar de que me espanta la soledad que me amaga, á pesar de que siento necesidad de lazos, de hábitos, de deberes domésticos; en fin, te lo confesaré, á pesar de que creo, que el
ser madre me reconcialiría con la vida, que empiezo á aborrecer,
no me resuelvo á unirme á un hombre, á quien me es imposible
respetar y del cual me río muchas veces, aunque no soy maligna.
Mamá y Pepa se van por fin á Galicia; ambas te dicen mil
cosas y ofrecen escribirte antes de su marcha. Los hermanos
varones siguen buenos : Felipe no está en Madrid, aunque viene á menudo: Manuel tan calavera como siempre : Emilio en la
Academia de Artillería (76). Las Noriegas (77) buenas y pobres. Los chicos cada día más monos y guapos. Y a ves que soy
estensa y esacta en cuanto me preguntas.
&amp;Porqué no te haces sacar diputado y vienes á vernos, amigo
ingrato 1 Si la política no te agrada, hacerlo debes por la amistad al menos. El papel se acaba, pero no el deseo de charlar contigo, que siempre tengo para que conozcas, que te quiere sin
alteración,
Tttla.

(75) La cuenta de sus aiíos no la llevó nunca bien La A\"ellaneda. Ya d¿jamos consignado cu otn noto, que bnLln nacido ~l año 181'l.

XXVI
HOY :MIÉRCOLES

6 DE

ÜCTUBRE ( 75 )

Recibo en cama todavía tu contestación á la mía de anoche.
y veo en ella palabras y aun párrafos enteros, que no puedo
dejar un momento sin respuesta. Dices que, haciéndote &lt;'ntendf'r
que me pareces de poco valer no cs¡Jere yo jamás r¡iw tú deduzcas
la consecuencia de que te quiero. Desde luego es indudable, que
(76) D. Felipe y D. Emilio Escalada, hermanos de madi·o de la Avellaneda. Las
dom/is personas ya las conoce el lector.
(77) D.• Concepción y D.• Carmen, amigas de la poetisa.
( 78) Las once cartas siguientes fueron sin duda escritas en Madrid y re•
mitiC:.os ¡¡ mano r. su desti no durante el mes de Octubre de 1847, temporada
que el Sr. Cepeda pasó en In corte cuando se dirijla [sic] al extranjero, y corres•
ponden ¡¡ la segunda y 1íltima época de las relaciones amorosas de la poetisa
con el dicho personaje. Como no tienen fecha, 6 excepción do esta primera, han
sido colocadas de modo, que no resnlte incongruencia en su coordinación.

�214

CUBA CONTEJIIPORÁNEA

CARTAS AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

no podía yo esperar tan anómala consecuencia, ni creo que, si
ella ecsistiera, tu aceptarías ni estimarías en nada un cariño
semejante. ¡, Qué es el afecto que no se funda en la estimación?:
pero tu tergiversas de una manera increíble el sentido de mis
palabras, y te agravias y me agravias al interpretar mis sentimientos. ¡ Yo creerte de poco valer!. . . . ~ en qué fundas tan
inconcebible suposición? Yo, es verdad, te he dicho. más ó menos acaloradamente, que no hallaba en tu corazón aquel grado
de calor en los afectos, que el mío siente y busca en los corazones
que ama ; te he dicho (no sé si con justicia, pero si sé que con
indicios claros de no ser absurda mi creencia), que tu no posees
una de aquellas almas espansivas y tiernas, que simpatizan con
todos los agenos pesares, adivinan todos los combates y borrascas
del sentimiento y suavizan con su ternura activa y férvida las mismas pasiones. que escitan. He creído y lo he dicho con mi natural veracidad, que eres más sentimental que sensible profundamente, más amable que amante; que tienes más bondad que
pasión y menos ternura que talento. Pero se deduce de esto que
te tenga por de poca valía? ¡, Es la facultad de amar, por ventura, la so]a escelencia del hombre? Tu honradez, tu veracidad,
tu clara inteligencia, tu lealtad de alma, tu caracter, frío si se
quiere, pero noble y digno son cualidades de poca valía? ¡, Tan
vulgares las crees, que puedas suponer, que pasen para mí desapercibidas? No; siempre te he visto digno de ser amado, aun
cuando alguna vez haya creido, que tu no sabes amar. Acaso ni
aun eso he creído; sólo he comprendido que á mí no me amabas.
Pero ni tu falta de amor á mí, ni aun la tibieza, que en general
pudiera tener tu corazón en la región de las pasiones, es motivo
pai·a que yo piense que vales poco : ¡ qué absurdo, amigo mío !
Napoleón no sabía amar y ciertamente que á nadie se le ha
ocurrido, que por razón de su poca ternura dejase de ser el
primer hombre del mundo. Newton, dicen que jamás tuvo una
querida ( 79), y yo me hubiera enorgullecido de tenerlo por
amigo.
Y o no creo que Tasso, porque amó hasta morir de amor y sin

juicio, valiese más que Newton ó Napoleón; diré si, que el alma
de Tasso simpatiza más con la mía; que lo comprendo mejor;
que, si lo hubiera conocido y amado, lo hubiera creido más capaz de hacerme dichosa que lo fueron Newton y Napoleón. El
gran genio de Tasso nacía de un alma eminentemente apasionada, el de los otros de un espíritu altivo y profundo ; todos valían mucho y se asemejaban poco.
Perdona esta especie de digresión: yo no he pretendido nunca que puedas ser otro de lo qiie Dios te hizo, ni menos he pensado, que debas estar descontento de lo que eres. Oh, nó ! : al
contrario : poseer lo necesario para hacerse estimar y estar esento de la cruel facultad de amar mucho es un privilegio envidiable, que sólo reciben los que nacen para ser felices. Puedo haberme engañado al creerte de este número, pero ciertamente que
no te he ultrajado, que mi creencia esaeta ó errónea no te es en
manera alguna ofensiva. Esto sólo he querido probarte.
Yo misma soy juzgada mal : muchos, que creen conocerme,
dic"lll que yo soy lo que creo de tí, esto es, que tengo más e~píiitu que comzón: se engañan torpemente; pero jamás les ac,,sl)
de que me agravian: me desconocen : esto es todo.
Dices además, que te parezco singular, y creo que lo c,ov
por mi mal. No pretendo que mis singularidades sean virtud,;-,;
sé sí que nacen de origen elevado. Impetuosa y sincera puedo
parecer inconsecuente, pero lo que hallarás siempre en el fondu
&lt;'S 11erdad. Ni quiero pasar por mejor de lo qi1.e soy, ni siendo
Jo que soy me hallo descontenta de mi suerte. Sé que hay en mí
·nncho bueno y mucho malo; que todo el que me conozca debe
.forzosamente estimarme como yo me estimo, y no más, ni menos. Estimarme, no como á ser perfecto, no lo soy ni quiero parecerlo, pero sí como alma elevada, incapaz de bajezas; capaz
de estravíos y de grandes virtudes. No sé, si soy siempre prudente; temo que no lo seré mmca; pero desafío que se me pruebe que he sido alguna vez falsa ó mezquina. Ilfis defectos tienen
la talla de mis cualidades, y tal cual soy me he presentado á
tí. ¿ Me amaste tú como soy 1 1, Me crees rugna ?. . . . . no lo sé;
pero sí sé que, tal cual soy yo, no hallarás otra en el mundo.
Serán peores ó mejores, pero no serán como-T1tla.

(79) La palabra querida deberá entenderse en el mejor sentido, esto es, en
el de que no am6 jamás A mujer alguna.

215

I

!

�216

cun.-1.

CO~TEMPORÁNEA

XXVII

Anoche hemos hablado mucho de mi marido Y te he dicho
que una de sus cualidades, no 1a má~ ~preciable en é~, era u~
talento profundo y luminoso. Como quisiera hacer~e amigo suy_o,
esto es ligarte en cierto modo á la respetuosa Y tierna memona,
que d~ él conservará eternamente mi corazó~, te mando hoy
esas páginas, acaso las más notables que ecs1stan de nuestra
historia contemporánea, como una muestra de la verdad, que
te dije. Los cuadernillos adjuntos son las primer~ entregas de
una obra estensa, que trabajaba mi pobre anngo cuand~ la
muerte lo arrebató en la flor de sus años: Obra que hubiera
sido admirable y que desde su comienzo fué juzgada tal por
los hombres eminentes de todos los partidos. Verás en esas pocas páginas, únicas que se imprimieron an~nimas Y sin pretensiones, verás, digo, la revelación de un gemo_observa~o~ ! perspicaz, verás la elevación de ideas y la rect:.tud de Jmc10, que
anuncian, que el autor hubiera llegado á 1ma altura grande
como historiador, si la muerte no hubiera corta~o su car:era;
y te agradará su estilo sencillo, puro, elegante siempre Y a veces brillante y enérgico á la par.
Quiero que conozcas lo posible al hombre que fué mi es~o~o
y que era digno de ser tu amigo : me p~rece q~1e p_uede ecs1stir
estimación ann cuando ya no ecsista qmen la msp1ra, Y yo deseo tu estimación no solamente para mí, sino para todo lo que
me toca; para todo lo que vive en mis recuerdos. Esto _te probará una verdad, que yo misma conozco hoy mucho meJ01: q_ue
hace tres días, y es que siempre ocupas un lugar muy d1St,1~guido en la región de mis afectos, que ert&gt;s 1ma de las poqms1mas personas á quienes yo aprecio de corazón.
.
Además paréceme que quiero ahora, que necesito, tomar
alguna infl~1encia en tu alma: ¡, sabes por qué? Po~que intento
co nvertfrte: intento hacerte creyente; porque te qmero Y estoy
cierta de que no hay felicidad posible para un alma escépti-

CAltT.\S .\:UATOf(IAS nE LA AVELL..\KEDA

ca. (80) Puesto que es preciso creer algo, tener una fe, y que es
absurdo y peligroso buscar esto en los hombres, menester es
elevarnos humillándonos: este es el gran secreto. La verdad
está cerca, el orgullo la busca allá donde no puede hallarla: no
comprende que en su vuelo insensato se aleja del blanco á que
quiere encaminarse. Y bien, yo quiero que cuando nos separemos otra vez, ay !, acaso por la última; yo quiero que lleves de
mí un recuerdo eterno y sagrado ; una tsperanza inmortal;
quiero que hablemos mucho de Dios, de esa verdad única, y
para ello necesit o que me concedas un poco de aquella amistad,
que me daba en otro tiempo algún derecho á ser entendida por
tu corazón. Esta amistad no nos será peligrosa; no: Dios á
quien invoco para que se haga col!.ocer de tí, la santifica; y
este mi corazón, herido é incapaz de ilusiones, responde de que
no puedes ya hacerle ningún daño, ni recibirlo de él. Así pues,
amigo mío, concédeme sin temor tu afecto fraternal, y dame
ocasiones de traspasar á tu alma, que me es querida, el celestial
consuelo, que dulcifica la mía: la religión ! Créeme; las almas
elevadas no pueden vivir sin ella : necesitan esa escala divina
para remontarse fuera de la tierra. Yo. . . . perdona mis delirios y aunque me llames loca: yo siento en mí una misteriosa
revelación, que me dice, que esa luz que brilló para mí, que
estaba. en las tinieblas, no se me ha dado para mí sola: que eres
tú el destinado á verla, á sentirla en mí, y que tu camino futuro será alumbrado por ella. Oh! si yo pudiera hacerte este inmenso bien. . . . entonces tu afecto hacia mí sería inacabable.
Pensaba ponerte dos líneas y he emborronado un pliego. Y a
lo ves: he dado en la manía de hacer prosélitos y eres ahora el
objeto de mis tiros.
¿ Te veré esta noche~ ¿ 8í? A dios: te quiere con un afecto
puro y tierno de hermana tu antigua amiga-Tula.
(80) Deberá advertirse, que ~sta rarla rorresponda á la época do '°erdadera
exaltación religiosa, que tuvo la célebre poetisa; que de otro modo no tendr!an
explicación las frases dirijidas [si-e], medio en broma, medio en serio, a) Sr. Cepeda,
modelo ronstante del cab31lero cristiano lo mi:smo en su juveutud, que en stt ve•
nerablo ancianidad.
Protestando el Sr. Oepeda de esas palabras de la Avellaneda, me decía en
carta del 16 de Julio de 1902 :-"Jamás vió en mí una sombra que obscureciese
mi constante creencia de católico, apostólico, romano, en los pocos dfas que ella
(la poetisa) tuvo de exagerada devoción, en que me dijo se habla metido á beata, annquo no vulgar."-(Véase la carta xxv.)

�218

CUBA CO.:iTF:MPORÁNEA

XXVIII
Anoche te escribí y rompí la carta, esta noche tl' escribo también: pcl'O salga como quiera no la romperé. Hesíg~ate.
.
l\Iis n('rvios sigurn &lt;'11 su agitación y uo me deJall &lt;lorm Ir,
sin embargo no me hallo mal; casi estoy contenta. He pasado
más de tres horas á tn lado y aunque no hayas rstado mu;v afectuoso, tampoco has dicho ck esas palalJras tu.vas, q1_1r alarman
á mi vivísima snsceptibilida&lt;l. 'l'r (Scriho, pues, en primer lugar,
porque te quiero esta noche casi tanto como antes de la maldita
noche de mi dolor de estómago: y en segundo lngar porque se
me ocurre• dreirte dos palabras sobre una que te he oido Y que
te rebatí. Dijistr, que deseabas hablar de mí con Tassara. Escucha : yo ,w trmn que hables ele mí con 'l'assara, porque yo te
he dicho más de lo que por él puedes saber : esto es, no es porq ne
rrcele que le oigas nada en mi daño el haberte suplicado que
no me nombres á él. He sido su amiga (81) y si él es caballero,
como creo, no puede hablarte mal de mí, por orgullo al menos.
Si no es caballero, si me tiene mala voluntad, si su franqueza
contigo rs mayor que con otros de sus amigos, te &lt;lirá que soy
un caracter voluhle, inconsecuente, ligero, que no tengo corazón, que he querido hacer con él 1111a comedia, etc.; pero aun
cuando tenga de mí el peor concepto posibl&lt;'. y sea capaz de
espresarlo, es bien cierto, que no puede decirte eosa más grave,
que lo que por mí misma sabes; esto es, que lo he querido: esto
no te lo dirá, porqu&lt;" él no lo sahe tanto como rn, y tú por mí.
Siendo yo tan franca &lt;JU&lt;' te he dicho, con admiración tuya,
las borrascas, que mi imaginación levante por ese hombre, el
estremo con que me empeñé t"n hacerme amar y el valor que dí
á los sentimientos. que le inspiré. por dudosos que furrau, k
he dicho más que tu me pregu11tah11s y más ele lo que tie,ws
derecho a saber. Si llegara un caso que creyera ele mi deber
darte cuenta de cada palabra ó afecto de mi vida anterior, lo
haría también, como lo hice noble y lealmente cuando hubo un
hombr e sincero y amante, que me dijo: yo te amo. Es pues
(81) Su novia, quiso decir, por el mes de Junio de 1845, lo cual dejnmos indi•
cado en nota , la carta :u.in.

CARTAS .\)IATIIRl.\S DE LA .I.VEI.LA!\EJ&gt;A

:?Jfl

indudable, que yo no temo que tu sepas por T . más de lo que
por mí sabes, y que estoy tan lejos de temer, que lo que sabes
y más (y cuanto he pensado y obrado y imaginado) te diría yo
propia, aun cuando fuese en mi daiio, si tu me dijeses algún
día: "mi corazón, que te ama, quiere leer en el tuyo página
por página."
Aun sin esto tu sabes que soy franca contigo y aun con todo
el mundo. ¿ Sabes, pues, por qué se11tiré mucho que hables de
mí á. Tas.-;ara? 'l'c debo esta explicación y te la daré en dos
palabras.
Tengo orgullo: por esceso de él, sí; por esceso de orgullo he
sido y soy indulgente con tu amigo. Sé que él no me conoce;
que se ha formado de mí un ente ideal, qne no soy yo; al paso
que yo lo conozco á él mejor que su madre. Porque lo conozco,
lo aprecio; porque no me conoce, no es él capaz de comprender
que le aprecio. Yo soy indulgente como Dios cuando me siento
superior, y por eso soy indulgente con T.: tengo sobre él la
superioridad de conocerlo sin ser conocida, y además la de haher sido mejor y mas leal y más generosa que él. Y o sólo pudiera odiar á la persona con quien huhiese sido yo misma mala
ó falsa, porque esa persona tendría en ese caso la superioridad
única que me irrita, la del obrar mejor que yo. Con T. no hay
eso; pi&lt;'nse de mí tan mal como quiera, no puede decir jamás
que él ha obrado mejor que yo, y acaso lo que le haga aborrecerme es el sentirse en este punto en posición desventajosa respecto á mí. Pero por mucha que sea mi indulgencia r mi orgullo, tengo también mi poquito de vanidad, y sabie~do que ese
hombre no quiere ocuparse &lt;le mí, que hasta grosero se me ha
manifestado, que lo es no solamente conmigo sino con mis mayores amigos, sólo porque lo son ; no puedo prescindir de la
repugnancia que siento á que&gt; tú, ú otro que me trate. le busque
una conversación que él, en su orgullo inmenso, pueda creer
se le suscita con anuencia mía. Y o le perdonaría desde luego
el que hablase de mí con odio, con desprecio, como quisiera, no
le doy en el día bastante valor para ofenderme por lo que piense de mi: pero me desagradaría mucho, que él pudiese suponer,
que yo tomaba interés en averiguar ahora lo que él cree y dice
de mí, cuando tengo motivos para saber que no se ocupa de mi

�CART.\S A~f..\TORIAS Dfl T..-\. A\'ELLA:SEDA

2:!0

existencia ni para bien ni para mal. Su ambición, su deseo de
figurar lo absorve completamente, y la mujer con q'.1ien , está
enredado es la única, que le conviene. bA qué, pues, irle a recordar mi nombre! , A qué exponerme á la humillación de que
.
. q
él sospeche, que se hace con m1 anuencia.
.
Este es mi solo temor; y en prueba de ello te digo, que lo
que únicamente te suplico, te ecsijo, es que jamás le digas, q~1e
yo he pronllllciado sn nombre en tu presencia; que no le deJes
el menor pretesto para creer, que yo sé que es tu amigo, ó que
tn sabes por mí que lo ha sido mío. Por lo demás bien puedes,
si tanta. curiosidad tienes en saber cómo piensa respecto á mí,
dE&gt;cirle cuando venga al caso, quE' te han dicho qne lo ha amado
m 11ch o w1a amiga tuya, y nombrarme en huen hora; no me
importa, como tampoco el que te diga cuanto mal quiera de ~í.
Sólo ecsijo, que no sepa jamás que su nomhre se ha pronunciado entre tú y yo. y que es por mí por quien sabes lo que sabes.
Si él se estima. creo que te dirá. que soy nna persona á q11irn
aprecia: si es fátuo, te dirá que sí, que he rstado loca por él, Y
acaso añadirá, como en gloria suya, que él jamás me amó: en
esto no sé si mentiría. Si es que realmente me amó y que ahora
me ahorrrce, te dirá que soy el diablo y que me desprecia ó me
cletrsta .... esto último ine lisonjearía. Dilr, pues. lo qu0 qnicras, con tal que alejes todo indicio de ser yo sabedora. Este es
mi solo interés.
Pero quisiera yo saber. . . ¡, esa curiosidad tuya, el disgusto
mal disimulado con que me oías esta nocl1e cuando te ensalzalJa
mi pasado ídolo, qué significan! )fo amas tú realmente~ ; ¡ tienes celos! ..... Si tal creyera . . ... no té : sería infeliz. pero
tendría placer, doloroso placer. De exprofeso te hablaba de él
esta noche : me estendía, ponderaba de intento: es la única vez
que he visto en tu cara la cspresión de la pasi.ón; y esta confesión, que ahora te hago, te esplicará porqué después he estado
más cariñosa contigo. Sí; cuando te hablaba de T. me pareció
que tenías celos: me pareció que me amabas: todo lo que dijiste
no bastó á destruir en mí la imprE&gt;sión de aquella idea. Y bien,
Cepeda; si tu me amases y tuvieras celos de un afecto anterior
á mi casamiento, serías más riguroso que aquél, que me dió su
nombre; pero no te tacharía de injusto. Yo no podría mentir

221

negando lo que realmente fué; esto es, que fuese por capricho ó
sin él, fuese una pasión fatal ó un acaloramiento del orgullo,
yo he querido á ese otro, que no eres tú, ni es Sabater: pero
¡ puedes tú suponer que quede de aquello nada en mi alma t
¡ Pedirías á una viuda cuenta de su corazón en un pasado, que
cesó de pertenecerle á ella misma desde que un hombre incomparable la colocó bajo la égida de su nombre respetado t Además, • es tan grave delito amar en una muger que era libre f
Severo has estado, muy severo, y sin embargo siento que te
perdonaría de todo corazón, si fuese tu severidad efecto de
celos. Si no es así, no me lo digas, nó ; porque un rigorismo frío
me parecería basta ridículo.
'fe be dicho que soy un poco loca y ya ves como te lo pruebo
enviándote esta larga carta; y para que sepas que además de
un poco loca soy loca por completo, acabo diciéndote que te
amo y que te he mentido siempre que lo contrario haya dicho.
Haz tú de este amor lo que quieras; hazlo un culto, una pasión
loca ó una amistad tierna; creo que puedes darle caraeter á tu
placer, y que yo siempre quedaré contenta con tal que, ya me
hagas tu amiga ya tu amante, sepas comprender, que soy exclusivista y exijente, y que no tolero nada á medias.
Es casi de día y aun sigo viendo visiones, tal está mi cabeza.
Adios, te abraza-T.
(Continuará.)

�LA. COMPAÑÍA DE JESÚS

;

BlBLIOGRAFlA
Emilio Bacarclí l\Ioreau. HACL\ TIERRAS VIEJAS. (Notas e impresiones de viaje) . . . Imp. F. Sempere y Comp.", Editores.
Valencia. [1913] 8.°, 159 p.
El laborioso autor de las Crónicas de Santiago ele Cuba, cuyo tercer
tomo saldrá bien pronto de las prensas, ha 1eunido en un pequeño volumen
sus impresiones de viaje por Europa y por Asia.
Hacia tierras viejas se intitula el volumen, queriendo indicar con ello
el término y la finalidad de viaje tan útil y recreativo: Egipto y Palestina. La descripción del trayecto, pasando por Nueva York y París, es,
empero, igualmente interesante. La razón es obvia.: no son las impresiones de viaje lo interesante de este libro, sino las reflexiones intensas y vibrantes de un alto y noble espíritu, un espfritu del siglo xx, que se revela
en cada una de esas páginas. Muchos libros de viaje se han escrito, y no
faltar{m quienes hayan superado al señor Bacardí en la descripción de
los sitios que han visitado. En muy pocos libros de esa índole, sin embargo,
podremos encontrar, como en éste, la revelación de un carácter y los reflejos purísimos de un alma. Por eso el libro del señor Bacardí, que una vez
más se muestra ferviente enamorado de los grandes ideales de verdad y
de bien que al tra\·és de los siglos persigue inútilmente la humanidad, es
algo más que un libro de viajes: es un libro sano y honrado; es, en suma,
por los altos conceptos que encierra, un libro civilizador.

Juan Barros. EL ZAPATO CmNo. Novela. Santiago de Chile,
Imprenta Barcelona. Moneda, esquina de San Antonio. 1913.
s.•, 162 p.
El autor de este libro parece, al tra\·és de la impresión que dejan sus
páginas, ser joven todavía. El libro tiene el únpetu y la espontaneidad
juvenil, y, consecuentemente, también revela alguna inexperiencia en el
manejo del idioma y en el estudio de las almas.
Empero, este libro muestra un temperamento. Sorprende, en toda la

313

dormía, yendo a tocar a la puerta del colegio el propio Gobernador, a las doce de la noche del día 15 de junio de 1767. Fueron
sorprendidos todos en sus celdas, durmiendo, al pie de cada cual
colocaron dos centinelas y, ya prisionei:os, fueron sacados de
ocho a nueve de la mañana del siguiente día, sin dejarlos llevar
nada, sólo sus hábitos y breviarios; siendo alojados unos a bordo
de los barcos que a ese objeto estaban preparados, y los otros
recluídos en Regla, hasta que les llegara la hora de partir.
Confiscáronseles los bienes, que según inventario ascendían a más
de $ 4-00,000
Después de casi un siglo de ostracismo, en 1853, volvieron los
jesuítas a estas playas, siendo alojados primero en el colegio
por ellos fundado, que se nombró más tarde, según dijimos antes, de San Carlos y San Ambrosio, e instalándose luego, en
1854, en el entonces convento y hospital.de los padres belemitas
y que es hoy el actual colegio y convento de jesuítas (plaza de
Belén).
Fieles a la advertencia que hicimos al empezar este trabajo,
creemos no haber tomado partido en pro ni en contra. de esa
institución. En el primer sentido no lo hemos hecho, porque
nos faltan el prestigio y autoridad que otros tienen, para hacernos escuchar al hablar de "tan poderosa organización", y, por
ser tan modestos nosotros, no habríamos de elevar más el concepto de que disfruta; y en la segunda forma, ¡ líbrenos Dios
de la Santa Excomunión! No hemos he·cho más que "exponer".
FRANCISCO

G.

DEL VALLE.

ITab'.rna. 6 rlc letrero !le 1%1.

Cáustica es la pluma del joven e inteligente nbngndo autor rle este lntencionnrlo trabajo, pluma que colahvró en las f'xtingulrlas publirociones lit ulnrlns Rrri,ln de E,tudi~11les
tk Dtredio y El Estudio, y que lntegrllmPnte redactó, durnnte los nllos de 190-J a 1907. el
Boldln Oficinl &lt;Id Colegio de t."otarios de la lTnbana. Es de actna lidad la publi~nción rle este
bien informado articulo donde a grnn&lt;les trazos se r~fiere In hl~toria lle In Comrnllla que
pomposa y recientemente ha celebrado aqnt el centenario &lt;lo su restablecimiento y por ~¡
damos las más expresi,·as gracias al Dr. Gonzilez del Yalle.

�CARTAS A:M.A.TOR:t.A.$ DE LA AVELLANEDA

CARTAS AMATORIAS
DE LA AVELLANEDA
( Oonclusión.)

XXIX
Siento que te hayas creído en el deber de escribirme : para
darme noticias de tu salud era bastante un recado verbal. Has
querido sin duda atenuar el disgusto que iba á causarme el
saber, que no habías dormido bien y que te sentías m~lo,. con
decirme que me estimas profimdamente y que eres el mas sincero de ,nis amigos. Te doy gracias por estas líneas de tu billete.
Y o no sé si eres mi amigo; no sé siquiera si yo deseo que lo
seas; pero en lo tocante á la estimación, que dices tener de mí,
te aseguro que creo merecerla, y que espero conservarla. Yo no
se por qué añades, que debo estar muy satisfecha de mí misma.
Para merecer tu aprecio y el de todas las almas nobles, creo
que es suficiente la lealtad de la mía y la honradez de mis sentimientos; pero para estar satisfecha de mí misma, como presumes debo estarlo, menester sería que gozase ya esa paz, que
me deseas, y que en vano pido cada día á Aquel que únicamente puede dármela: á Dios!
Anoche te reías de mí, porque entiendo como lo entiende la
Iglesia católica, en la cual he nacido, los preceptos divinos (82):
(82)

315

hoy me dices, casi en tono de zumba, que nada temeré de Dios,
ni de los hombres. Si yo fuese una de esas almas que recelosas
de patentizar su flaqueza hacen profesión de sprits forts, como
dicen los franceses ( 83) ; si tuviera la desgracia de pertenecer
á la numerosa clase de gentes menesterosas de cierto género de
triste celebridad, acaso al oirte me amedrantaría [sic] con el recelo de parecerte vitlgar : acaso creería que la fé de mis padres
era una cosa ridícula y que mi gloria consistiría en ocultar la veneración, que me inspira. Pero no es así : yo no temo. jamás el
ridículo; es un traje que no le viene á mi talla: tengo orgullo
en prof~sar las creencias en que fuí educada, y que he adoptado
libre y meditadamente después de muchos años de examen
profundo. No busco la reputación de espíritu fuerte; desprecio
íntimamente á los que hacen alarde de una incredulidad, que
creen necesaria para probar su inteligencia, y doy gracias á
Dios porque la mía, la que él me concedió, es capaz de llegar á
la altura en que se ve la mezquindad lamentable de aquellas,
que sólo alcanzan la despreciable gloria de escarnecer lo que
no son capaces de admirar.
Yo temo á Dios; pero sólo á Dios. Los hombres pueden inspirarme compasión, si son débiles y sin justicia; afecto, si son
rectos y capaces de dignas acciones; pero temor jamás. Si yo
desdeño la opinión del vulgo, es porque conozco á los hombres :
conociéndolos no es posible ni temerlos ni respetarios.
Cuando yo obro bien adoro la mano soberana, que me ha
sostenido: yo, por mí, soy como todos los hombres fragil y culpable: no puedo estar satis/echa de mí misma nunca, j amás;
porque lo bueno que en mí exista me ha sido dado gratuitamente.
Mi libre albedrío, que es lo que tengo, no me lleva forzosamente al bien, y hé aquí porqué yo lo esclavizo á los preceptos
de Aquel, que me los dió.
Todo esto no te parecerá muy sublime; si andas á caza de
peregrinas ideas, las mías no te satisfarán; pero yo estoy muy
contenta con ellas; muy contenta: ellas han sido el áncora, que

También los entendls asl el Sr. Cepeda, según hemos indicado en nota

fr. la earta XXVII; pero en su afán d e oír las chispeantes ocurrencias de su interlo·

cutora, aparentaba con tranquilidad estóica [sic] herirla en lo mfr.s Intimo de sus
sentimientos.

( 83) La frase espíritu fuerte era equivalente en aquel tiempo á enciclopedista,
volteriano, incrédulo.

�316

CUBA CONTEMPORÁNEA

he encontrado en este proceloso océano de la vida, en que tantas tempestades han turbado mi juventud: ellas son mi esperanza para los años de la vejez. Yo que como Salomón puedo decir,
he examinado y juzgado cuanto existe bajo del sol y he visto
que todo es vanidad; yo que nada he poseido que me satisfaciera, y que he conocido que existía una distancia inmensa entre
el vacío de mi corazón y los goces de la vida humana; yo que
no anhelaba gozar, sino saber, esperar y amar. . . yo, repito, he
visto asombrada, que esas creencias sencillas, al alcance del
vulgo, pueden lo que no han podido ni el amor, ni la gloria mundana, ni los esfuerzos de la inteligencia : han llenado aquel vacío; me han enseñado la ciencia mayor; me han alumbrado con
la luz de una esperanza más grande que mi propia ambición.
Si no gozo todavía la paz, la espero al menos; y esto es un gran
bien, créelo. Oh!, para almas como la mía se necesitan grandes
sacrificios, grandes luchas, grandes esperanzas. Todo esto lo he
hallado en esas creencias, que te causan risa. He hallado más
aun: he hallado una fuerza, que desafía al mundo, que se burla
de las opiniones humanas. Si lo que produce tales resultados es
una mentira risible, preciso es que la mentira sea lo más grande que existe : que la mentira sea Dios.
Esta larga carta no te robará ninguno de los instantes, que
necesitas para tus ocupaciones y visitas : la mandaré de noche
para que la halles al irte á acostar y la leas en cama, mientras
esperas el sueño.
Y bien, aun tengo que hablarte de tu billete, aunque tan corto sea. Dices en él, que si meto la mano en mi corazón no encontraré nada, que me alarme. Lo he hecho : sí : he examinado
mi corazón y creo que pasada la terrible escitación de anoche,
en medio de la cual lanzó á mis labios un grito de pasión, creo,
digo, que en efecto se ha calmado. Si no lo hubieras escitado tanto; si, respetándolo más, hubieras gozado de lo que él te daba sin
precipitarlo en una región peligrosa, creo que acaso le hubieras
hecho mayor mal, que el que hoy siente. Hubieras sido muy
peligroso, siéndolo menos en apariencia. Anoche he visto al
hombre; mi corazón le amó sin embargo : hoy se ha dado cuenta
de todo aquello y me parece que, libre de la emoción física, que
entonces le turbaba, ha comprendido que im hombre siempre es

CARTAS· AMATORIAS DE LA AVELLANEDA

35fi

-5.º, que en lugar de la violenta y por lo mismo cada vez más
insuficiente y más incierta dotación, que los Estados Pontificios
dan á su soberano, todos los pueblos cristianos llenarían noble
Y dignamente este deber común, materialmente imperceptible
para cada uno. Deber católico que ampliaría ó completaría este
pensamiento con solo incluir en la cuota de cada nación la suma
con que todos sus individuos contribuyen hoy por gracias apostólicas al sostén de la curia romana ..... ;-6.º, que esta dotación colectiva, que debería distribuirse con arreglo al número
de católicos de cada país, podría, y acaso convendría mucho
.
que tuviera
un pequeño aumento respecto á los Estados del Pa-'
pa; aumento que, con el caracter de reconocimiento de su soberanía temporal, no sólo dejaría vivos esos derechos para las
eventualidades del porvenir, sino que contribuiría poderosamente á salvar los graves obstácuos, que para una renuncia pura
Y absoluta de los Estados temporales, pudieran presentarse;7.º, que las consideraciones de la soberanía temporal, que para
el Papa es lo accesorio, no pueden llevarnos hasta desconocer
que la violenta conservación de estos Estados y sus rencorosa~
protestas contra el Soberano temporal van desviándoles del Soberano Pontífice y constituyéndoles en verdaderos protestantes.
l\1al inmenso que, si se reconociese posible atajar con la indicad~ renuncia, esta sería dulcísima para nuestro santísimo padre
P10 IX, cuyas grandes amarguras afligen también profundamente á toda la cristiandad." .... .. ....................

.. ..rr'a:i:i· ~~~- ~¿ct~ht~- "i~1{ ~~~ibid~.- -~~. ~~b¡;g~; -~~~ ~~~~¡¿. j;~r
las personas timoratas, que la conceptuaron ofensiva á los oidos
piadosos, al paso que tachaban de liberal á su autor - y como
éste no se había propuesto en modo alguno disminuir
respeto
Y la admiración, que debe inspirar el santo Padre, sino defender su independencia y la dignidad de la Iglesia católica se
apresuró á retirar de la circulación su folleto. ¡ Con cuánta ~orpresa ;erían cuatro años después esas personas piadosas, que
se hab1an confirmado por desgracia aquellos temores y aquellas
predicciones! (16)

:1

. (16) Sabido es. que el 20 de Septiembre de 1870 invadieron los soldados de
Vietor Man~~! la ciudad d~ Roma y que desde aquella techa se constituyó el
Pont!ftee prisionero volnntar10 en el Vaticano.

�356

CUBA CONTEMPORÁNEA

Desde ea época, la más culminante de su vida ejemplar, habitó constartemente el Sr. Cepeda su casa de Almonte, que, según su pro¡ia frase, tiene tanto de palacio como de cortijo. De
allí le sacó il pueblo en masa para darle la vara de Alcalde la
mañana del22 de Septiembre de 1868, al recibirse la noticia del
comienzo di la Revolución : allí fué el consultor constante de
todos los A:untamientos, que se sucedieron en la villa; el abogado gratuio de cuantos demandaron su dictamen ó su consejo; el bie:thechor más decidido de los pobres, que pronunciaban su noIIDre con respeto, porque jamás cerró sus oidos á las'
miserias ajmas y su dinero fué siempre el primero para remediar las cahmidades públicas ó las necesidades privadas.
Aristócr:ta por su c1ma, por condición ingénita y por sus
aficiones tu·o por rara cualidad inherente á su caracter la de
ser afable, lano y cortés en su trato, á estilo de los grandes señores, lo msmo con el rico que con el pobre, con el rudo que
con el instr1ido, con el anciano que con los niños. Vivió no obstante en cie:to distinguido aislamiento de sus convecinos, único
medio de cmservarse inmune á las rencillas y pasiones políticas
locales; mai su casa estaba siempre abierta á todo el mundo,
que por tralicional costumbre entraba y salía por ella con plena libertad ~orno en la suya propia, pero con un respeto extraordinario cano si aquel recinto fuera un templo.
Obró sienpre el bien, practicó las virtudes cristianas, fué
amante de 11 verdad, generoso y caritativo, no hizo mal á nadie,
no tuvo enenigos. ¡ Dichoso él, que al bajar al sepulcro, cargado de años : de merecimientos, pudo decir desde lo íntimo de su
conciencia ané la justicia, aborrecí la iniquidad, por eso he sido
querido y nspetado de todos !
LORENZO CRUZ DE FUENTES.
Hueln 18 Joviembre 1907.

[FIN]

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                <text>Primera gran revista del pensamiento cubano del siglo veinte, que alcanzó un gran prestigio internacional, aunque su existencia no fue ajena a intentos de proscripción e ignorancia en el interior de la isla. Apareció con periodicidad mensual en La Habana desde enero de 1913 hasta agosto de 1927,  El grupo de sus redactores fundadores, fueron: el historiador, escritor, periodista y diplomático Carlos de Velasco y Pérez (1884-1923), que fue su primer director, hasta finales de 1920; el escritor, bibliotecario y abogado Julio Villoldo (1881-1953), su administrador, redactor jefe desde 1922, y director interino en tres ocasiones (de septiembre de 1919 a febrero de 1920; de abril a julio de 1925 y de mayo a julio de 1926); el poeta, periodista e ingeniero Mario Guiral Moreno (1882-1963), que fue su segundo y último director; el periodista José Sixto de Sola Bobadilla (1888-1916), que fue redactor-jefe desde abril de 1916; el escritor y abogado de origen dominicano Max Henríquez Ureña (1885-1968) y Ricardo Sarabasa.</text>
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    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>Cuba Contemporánea, Revista Mensual, 1914, Año 2, Tomo 4, No 1, Enero</text>
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              <text>Primera gran revista del pensamiento cubano del siglo veinte, que alcanzó un gran prestigio internacional, aunque su existencia no fue ajena a intentos de proscripción e ignorancia en el interior de la isla. Apareció con periodicidad mensual en La Habana desde enero de 1913 hasta agosto de 1927,  El grupo de sus redactores fundadores, fueron: el historiador, escritor, periodista y diplomático Carlos de Velasco y Pérez (1884-1923), que fue su primer director, hasta finales de 1920; el escritor, bibliotecario y abogado Julio Villoldo (1881-1953), su administrador, redactor jefe desde 1922, y director interino en tres ocasiones (de septiembre de 1919 a febrero de 1920; de abril a julio de 1925 y de mayo a julio de 1926); el poeta, periodista e ingeniero Mario Guiral Moreno (1882-1963), que fue su segundo y último director; el periodista José Sixto de Sola Bobadilla (1888-1916), que fue redactor-jefe desde abril de 1916; el escritor y abogado de origen dominicano Max Henríquez Ureña (1885-1968) y Ricardo Sarabasa.</text>
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              <text>Imprenta de Aurelio Miranda </text>
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              <text>Henríquez Ureña, Max, 1885-1968, Redactor</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Autobiografía de Gertrudis Gómez de Avellaneda</name>
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