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                  <text>números publicados de EL CUENTO SEl1AffAL
Afio 1.--:--Primer semestre.-1.• Jacinto Oclavio Picón: Desencantu.-2_. Jacinto Benavente: La sonrisa de Gioconda.3.: Gregorio Martine~ Sierra: Aventura.-4.• Eduardo Zamacois: La cita.-5.• Salvador Rueda: La guitarra.-6.• Anto-

r;i10 Zo~aya: La maldita culpa.-?.• Emi!ia Pardo Bazán: Cada uno ... -8.~ Joaquín Dicenta: Una letra de cambio.-9.· Feltpe Trigo: Reveladoras.-10. José Francés: El alma.viaiera.-11. Eduardo Ma.rquina: La caravana.-12. Juar¡. Pérez Zúñiga: La soledad del campo.-13. Pedro de Répide: Del Rastro á Maravillas.-14. l\Ianuel Bueno: Guillermo et apasionado.-15. Manu1c:I Linar~s Hivas: La espuma del champagne.-16. Pedro Mata: Ni amor ni arte.-17. Amado Nervo: Un
sue,io.-18. Ale1a_ndro Saw~: Il_istoria de una reina.-19. F. Villaespesa: m milagro de tas rosas.-20. S. y J. Alvarez Qui'ntero:_ La madrecita.-:--21. Sm~s10 Delgado: El fin de una leyenda.-22. Ram.irez-Angel: De corazón en cora-zón.--:-23. A. Larrub1era: La conqtusla dol Jándalo.-24. Mauricio López-Roberls: Las tres reinas.-25. Co!omb"ine: Et tesoro del castillu.
26. F. Serrano de la Pedrosa: ¡ Por mata!
Segundo semestre.-27. Pablo Parellada.: Pompas de jabón.-28. Ramón Pérez de Aya.la: Artemisa.-29. Manu~l Ugarte: L_a lependa del oaucho.-30. Mariano vanJ,·o: Deuda pagada.-31. Arturo Reyes: La Moruchita.-32. Angel Guerra:
Al «¡allo&gt;1.-33. I1.ah1el Leyda: Santificarás las íestas.-34. Cristó!Jal de Castro: Luna, lunera ... -35. Ricardo J. Calnrineu·.
Alma~ errantes.-3~. Francisco F. Villegas (Ze a): Confesión.-37. Claudia Frollo: Cómo murió Arriaga.-38. Antonio Palomero: JJon Claudw.-39. Pompeyo Gener: Utimos momentos de Miguel Servet.-40. Carlos Luis de Cuenca: Lo que son
l~s cosa.s.-41: J. López Pinillos:.Frenle al mar.-42. Blanca de los Ríos: Las hitas de D. Juan.-43. Julio Camba: Et destierro.~44. l\liguel Sawa: La mm1eca.-45. Luis Bello: El corazón de JesUs.----4G. J. Ferráncliz: Et «Dies ir.e" de San
lluberto.-47. A. R. BonnaL: Un hombre serio.-48. Alberto Insúa: /,as señoritas.-49. J. M." Salaverría: Et literato.-50.
Apeles Mestres: La espada.-51. Blanco-Belmonte: La ctenrJia del dolor.-52. Rafael Salillas: Quiero ser santo.
Año. 11.-Pri~er semestre.-53. NúM.ERO-ALMANAQUE: Del camino. por Joaquín Di'centa. Precio: 50 ct!ntimos.-54. Manuel Linares íllvas: Un fiel amador ... -55. Antonio Zozaya: Cómo delinquen los viejos.-5G. Eduardo r..Iarquina: «!.a
mueslTan.-57. Arturo Gómez-Lobo: La send4 esteril.-58. ~inesio Delgado: Esp1Tilu puro.-•59. Pedro de Répide: El solar
de la bolera.--60. Eduardo Zomacois: El collar.-61. J. Francés: Mientras las horas duermen.-62. Gabriel Miró: Nómada.
63. Ramón A. Urbano: El barbero del usta.-64. Pascual ~antacruz: Nobleza obli9.a.-65. José l\l." l\fatheu: Un bonito
negocio.-66. Leonardo S0etil: Los cuernos de la luna.-67. Francisco F. Villegas (Zedl:l): La fábrica.-68. Blanca de ·os
Ríos: Madrid goyesco.-69. Felipe Sassone Viendo la vida-70 y 71. Benito Pérez Galdós: Gerona.-72. Jacinto Oclavic,
Picón: Riyales.-73. G. · J\.larlínez Sierra: Torre de mar/il .-74. A. Hernández-Catá: El pecado originai.-75. Arturo Reyes: El Niño de los Caireles.-76. F. García-Sanchiz: Jiistoria romántica.-77. Felipe Trigo: El gran simpático.-78. Ramón l\l. Tenreiro: Em.bruiamienlo.
Segyndo semestre.-79. Cristóbal de Castro: Las insaciables. -SO. Joaquín Dicenta: La gañanía. -81. Colombin'!:
S~nderos de viéla.-82. S8;lvador Rueda: El poema de los otos.-83. José Santos Chocnno: La cruz y el sol.-84. Claud10 Frollo: Las cuatro muicres:-85. Eduardo Marquina: Co11teia sinieslra ... -86. l\fauricio López-íl.oberts: En la cuarta
plana..-87. A. Zozaya: La princesila de Pan y Miel.-88. Pedro de Répide: Noche perdtda.-89. Manuel Ugarte: La som/Jra
de la madre.-90. Pedro i\lala: Ctiesla abajo.-91. F. Serrr no de la Pedrosn: El itl\mperaor".-92. Joaqtún Dicen ta:
Galerna.-93. J. Benave11lc: Nuevv coloquio de los perros.-lJ4. A. Ma.rlinez Olmedilla: Por dónde viene la dicha.-95.
Condesa de Pardo llazán: Allende la verdad.-96. J. Ortiz de Pineda: La dicha humilde.-97. Eduardo Zamacois: Ti:l
paral11ico.-!J8. Felipe Trigo: Las posadas del Amor.-99. J. l\1." Salaverria: .Mundo subterráneo.-100. A. GonzálezBlanco: Un amor de provincia.-JOl. J. López Pinillos: Los en~mir,os .-!02. Antonio Zozaya: La bala /ría.-103. Condesa de Pardo Bo.zán: Belcebli.-104. Juan PCrez Zúflign: El cocodrilo a;:;ul.
Afio lll.-Primer semestre.-105. i\lanuel Bueno: El talón de Aquiles.-100. Enrique López Alarcón: La Cru;:; del Carifto.-107. J. Téllez y López: Maler a.dmirabilis.-108. R. Url nno: La Santa Fe.-J09, F. Flores García: El padrino.-110.
G. I\Jadínez Sierra: Egloga.-111. Felipe Trigo: Lo irreparvble.-112. J. J. Lorente: Fueros de la carne.-113. J. Benn\·enle: i A 'Ver que hace un hombre!-114. Cijes Aparicio: La venaan;:;a.-115. F. Pcriquet: Exhauslo.-116. López de 1-Iaro:
Vulgaridad..~1l7. Crislólml de Castro: La bonita y la /ea.-1I8. ·Eugenio Sellés: E11suefws de mm1ecas.-119. Luis Calpena: L'n mtlaaro del Arte.-120. Pedro !\tata: La celada de Alonso Quijano.-12l. R. del Valle•Inclán: Una terlul'ia de
antmio.-I22. José .\1." i\.latheu: Entre el oro y la sangre.-123. Alberto Insúa: Cómo cambia el amor.-124. Pedro G. M1:1.gro: Hfrlalr,uía 111orisca.-125. nirardo León: Amor de carirlad.-l2li. F. Serrano de la Pedrosa: La broma.--"127. Emilio Carrére: El dolor de llegar.-128. Eduardo '.\1arquino: Beso de oro.-129. Guillermo Hernández: Peda;;os de vida.130. Jasó Francos Hodrí¡;ruez: La hora [eli;;.
Segundo semestre.-131. Engenio Koel: Alma de sanla.-132. L11is de Tapia: Asi en la lierra.-133. Junn A. C:avestuny: La Ni?"'l.a de los rubies.-13ft. Luis Antón del Olmet: Por r¡ué soy un bohemio.-135. E. Menéndez y Pelayo: Rl
~o!e.-I3G. B~rnardo Herrero Ochoa: La esfinge de hielo.-137. Luis Huidobro: Carucho.-138. Federico Urrr.cba: El suicidw de Regule;:;.-139. J. Pous y Pagés: El hombre bueno.-t40. Alfonso García del Bu~to: Sue1io de honar.-141. Benigno Vareln: La Terrorisla.-142. Andrés González-Blanco: F:l castigo.-143. Francisco Villaespesa: El último .1wderram1n.-.144. E. Gómez Corrillo: Nuestra Se11ora de los Dios Verdes.-145. _F. Falero I\Iarqnino: Rara avis.~146. Felipe
Trigo: A todo honor.-147. Ramón Pérez de A.rain: Senlimenlal Club.-148. Carmen de Burgos (Colombine): En ta guerra.-14n. íl.nfael López de Tlaro: Del Tajo en la ribera.-150. Eduardo r..1arquina: Rosas de sangre.-151. Martínez Cuen•
ca: Semana de Pasión.-152 Concepción Girneno de Flaquer: U11a Eva moderna.-153. Alberto Insúa. El crimen de la
calle de ... -154. Carlos Fernández .Suaw: El poema de Cararol.-155. Luis Cánovas: El obstáculo.-156. Sofía Casanova:
La prinrpsa del amor herrnoso.-157. Miguel Ramos Carrión: La reina de los l\tadgyares.
Afio IV.-Primer semestre.-158. Salvador Rueda: El J)oema á la muter.-159. Pedro de Répide: Un cuento de. vieias.-160. Dorio de Gáclex: Por el camino de las tonlerias ... -161. Arturo neyes: De mi almiar.-162. Vicente AlfJlela:
La senda lriste.-163. Joaquin Belda: Un baile de trajés.-164. Carlos Miranda: Mi núla..-165. Benigno \.arela: Relámpagos ·de mi vida.-lGG. Antonio l\l. \'iérgol: La tragedia politica.-167. Felipe Sassonc: En carne viva.-168. Joaquín
Dicenla: El idilio de Pedrin.-169. \Valclo A. Inslla: Vida truncada.-170. Prudencio Canitrot: El seiiorito ruraL-171. Angela Barco: Fémina.-172. A. Hernández Catá: La dislancia.-173. E. Marquina: Fin de ra.:a.-174. Antoriio de Hoyos v
Vinent: La reconquista.-175. Luis Huidobro: La casa número 1s .......:.1?6. José i\laría Tenreiro: La a,qonia de Madrid.
177. Emilio Correre: Elvira la espiritual.-178. Gustavo Vivero: Amelia.-l70. Concha Espina de Serna: La ronda de
los galanes.-180. ~lark-Twain: El capitán Tormenla.-181. Anatole France: Kor111n «el Atríbala&gt;).-182. Francisco Rodríguez ~!arln: A.::ar.
Segundo semestre.-1S3. León Tolstoy: Valor.-184. Felipe Trigo: Además del frac.-1S5. Coletle \Villy: /\li alma era
callliva ... -186. Alberto Insúa: La camarera del Bar hlglés.-187. Alfonso Daudet: Calvario.-188. CharlPs Baudelaire:
La Fanfnrló.-189. Antonio de !Ioyos y Vinent: La estocada de la larde.-190. Robert L. Stevenson: El diahlo embolellado.-191. ~lnnuel Linares Rivas: Lo aue no vale la pena. -192. Emilio Carrere: Aventuras de Amber, el lu.chador.193. E¡;a de Queiroz: El difunto.-194. José ~1." SalaYerria: NicC:foro, el tirano.-195. Paul Hervieu: Los ojos verdes Y
los o¡os a.::ules.-196. Juan Tomás Salvnny: Quinientas pesetos.-197. Benigno Varela: La humilde curiosa.-198. Joa.qufn llelda: So ha11 burlas con el casero.-rn9. A. González manco: Idilio de a~tlea.-200. Emiliano Ramirez An.irel: Tuventud, Jlusión 11 Compafüa.--201. José Francés: La venganza del rto.-202. Augusto Marlinez ülmedilla: El precipicio.
203. Federico Jaques: La ültima iugada.-204. Alejandro ;.,arrubiera: na Paz.-205. Julio de Hoyos: Eva.ngelina.-206.
Manl'icio López Roherls: Mar adentro.-207. Luis Antón del Olmet: La risa cM fauno.-208. Pedro de Répide: Un conspirador rle m¡er.-209 Núi\U:ílO F.XTRAORDI:-JARIO. López Silva: El palio tranquilo
.Afio V.-Primer semestre.-210. Francisco Villaespesa: La ve.nqa.nztt de Aischa.-211. Eugenio Noel: El rny se divierte.
212. Isaac l\luñoz: Los oios de Astarlé.-213. !\.1anuel Arana1. Castellanos: El cofo, campeón.-214. Arturo Reyes: Snn_qre
tiifrrna.-215. Emilio.no Rarnirez Angel: Historia sin desenlai:e.-216. José M. Matheu: Después de la caida.-217. J. López
PinHlos: El ladron;;uelo.-218. f. García Sn.nchiz: Pastorela.-219. Vicente Pastor: Los amores de Vicente Pastor.

Todos estos números están á la venta en nuestra Administración, Foenca1ral, 90, al precio de 30 céntimos ejemplar

�El:cuento semanal ~ ·:!==:!~:~

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e Co=rre=o:•: :4=:::
09·=======~======cc•c·-:--•·-~
NUESTRO NÚMERO PRÓXIMO

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El crimen de un partido político

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Realmen te, mi estado físi&lt;:o d('jaba mucho que
dese.ar, y en cuanto al moral, cm desastroso.
Había rolo mis relaciones con la duquesa, cuyas burlas y engallas se hn&lt;'íun intolerables; y
Flora, la admirable cupletista del 1,Parafso terrenal)), mi consuelo y distracción en las anormalidades afectivas de aqúé lla, hambrienta de
g loria y de pesetas, sin hacer caso de m is f-:Úplicas, se había marchado á París.
Por otro lado, en el Casino y en varios Círculos análogos tuve que ver cómo se me escapaban de la cartera muy cerca de seis mil duros,
afanosos de duplicarse 6 triplicarse en una combinación ruletruia.
Todo, en aquel invi erno, había conspirado contra mi tranqu ilidad amorosa y económica, agr·n~

\.iJIHlo lu c.tfe1TitJ11 u:,111ütii·u 1~JCºr o1¡4-,,:..
· ¡;,¡¡;iffl,aJidad nit' a11 iq11iluha.
¿.t,J11l• haf•er·! lJt'spué~ de lurgo 1lisr11rrir1 coni-.
p1·(•111!i que 110 111c quNlaba olJ-a :,;.(ilución que eonsuJlar ul dod r H on1 y sornekrnte ú su dictan11111.

.\ si lo hice. ~le fui ú yerlc á su espléndido gabinete ele la ca ll e de PrC&lt;'iados, en donde lo hall é
pukro y elt&gt;gautc corno sien1pre 1 y como siempre dc.'St&gt;sperado por la ola de E'nfermos que dia~
1·ianH nle inHtdía su casa.
- Ya sabe usted cómo' estoy-le di je.
- Si: exceso de fatiga en los pulmones, cunsaneio articular, &lt;lolores bronquiales y tos áspera y frecuente. Todo eso moles ta, })€ro no cons~
lituye una amenaza de muerte inminentc--eontestú el insigne médiro 1 con su touill o irónico de
costumbre.
- Y bien 1 ¿qué debo haced
- Recogerse un poc~ más temprano; no hacer
tauta Yida de casino y de /oyers; no trata r ta n
d&lt;'spcclinm1enle los iulereses, que al fin pueden
tener también un crnnpleto ocaso, de continuar
por el camino que usted llera, y disminuir cuanto sea posible, de no eYi tarlos · en absoluto, los
sacrificios á Venus.
- ¡Doctor! Bien sabe usted que estoy doble•
mente viudo y que mi vida, desde hace dos semanas, nada tiene que en,·idiat á la .del mismísimo San Anton io.
1

�-Sería inúlil, sefíorito; cuanto más se seca,
más se moja-contestó.
I ntervino J ofre, á tituló de conocedor de la localidad.
-:El mar. ¿No ves el 1rnll''?-clijo-. De él viene
la humedad, en forma de evaporaciones continuas.
En efecto; el mar eslaba allí, lamiendo tos cimientos de la parte ~ol'te del palacio, defendida
medianamente por una cadena de rocas verdosas, puntiagudas, bordadas de estrías y ranuras hechas por el eterno batir del oleaje : era
el mru-, sin duda alguna, quien daba á la entrada
de mi casa aquel aspecto desolador y helado quP.
hacia pensar en las cavernas.
· Traspasamos el patio y ascend imos por la esMadrid.
-Pero ¿á dónde?-------exclamé 1 aterrado a la idea calera sefi.orial, polvorienta y matizada de ved,e abandonar el campo de mis aventuras y tas musgosas 1 signo evidente de que ningún ser
humano había pasado por alli desde tiempo intriunfos.
memorial.
-¿!\o tiene usted una cusa en Villamar?
-Juan-volví a preguntar humorísticamente al
-Sí.
viejo
sirviente-: ¿también el mar ha convertido
-¿Y no está en condiciones de habitabilidad?
esto en ptado·!
-Ya_ lo creo 1 en excelentes condiciones.
-Sefi.orito-----contcstó, confuso y avel'gonzado,
-Pues váyase usted á Viltarnar: allí enconel
criado-: como no le esperaba; como crei que
trará lo que necesita: reposo 1 aires azoados, yodos y arseniatos que, si. no le curan complela- no volvería por aqui después de tantos años, la
verdad, no hice 'e! aseo que era ele mi obligación;
mcnlc, Ie·permitirán pasar sin mucho quebranto
le pido que me perdone.
fl invierno próximo. .
-Bueno, bueno; trn.nquilíZale que no voy á
uDel cncmjgo el consejo)), dije para mi coledespedirle;
así como así tü formas parte del edito, barruntando naturaJmenle que todo médico
ficio,
estás
unido á él como la humedad á estas
es enernigo del hombre, aunque particularmente
1
piedras.
•
lo estime y aprecie. Y sin hablar una palabra
-Y
por
la
lealtad-agregó
Jofre.
más con el doctrr Roca, que era médico de mi faJ\.Iomentos después estábamos en el salón inmilia des.de tiempo in.memorial, y había enterrado
mediato
á mi alcoba; yo, tumbado en un softi.,
á m.is padres y á todos mis .hermarios, me fui
y Jofre, sentado correctamente en una butaCa. ·
á casa, aJTeglé el equip'lje y 1 en et. expreso de la
-Daniel-dije, iniciando lti conversación-: ·te
,noche que salía para Villamar, sin despedirme
encuentro
un poco viejo.
9:e amigos ni amigas, dejé á ~:Iadrid.
-Es verdad-contestó con acento marcadarnente mclancólico----1 estoy bastante viejo; ¡qué
quieres, no pude, aunque lo int-en~é~ detener los
II
ruios!
--¿Sin embargo--'--rcpli_qué- 1 no lo son en nún1er-0 que asuste.
En lri estación me e~pe!'aba ini campa.llera de
-J\lrra, aquí en lo sagrado· de la intimidad
la infancia Daniel Jofre.
_ Nos abrazamos efusivament.e, montamos en no quiero , mentir : he cumplid_&lt;): los ,cuarenta y
1
Uñ. -coche bastatlte desvencijado .y,· al troifr mo- cinco.
lestísimo· de dos· caballejos pel1;1dos, adornados . -¡Tantos! ¿Cómo puede ser eso, si yo no_ llecon gruesas cplleras cuajadas de cascabeles, que gué aú.n- á los treinta y seis? .,
~Yo soy bastante mayor· que lú; ¿no recut:rsonaban con ruido desapacible y atormentador1
atravesamos las calles de Villamar, penetrando das que Cuando ibamos al Instituto tú eras un
en el barrio de la nobleza-una especie de Acró- Hbebei1 de pantalón corto y y.o estaba frisando en
·
'
polis inal)ordable, ell la que se coilsel':va cuanto los diez y pcho?
-No 1 110 recue1·do eso, sino qu-e fuímos los ~negueda de linaJudo en aquella cilldad, que los
buceadores de la arqueología pretenden funda- j ores ·amigos y camarD.das 1 l9s que más nos :cp1_eríamos de t.oq.os los compafi.eros, Y que tú, uü
qada menos.,· por un hijo natu~·al de Júpiter,
Al poner 10-S pies en e1 zaguán de mi -ca.&lt;.:.a, buen Daniel, me ayudabas y defendías en .todas
sentí un eslremecimiento de terror. La hume- las loitas y pedreas que librábamos con los uri~
dad de las losas era tan grai:de que_podl'ía·afir- ltotesn en los altos de Santa Comba y en el campo de Platea.
marse que acababan de regarlas:
Y, sin poder domfriar mis n_ervios ni mi emoNo pude corite·nerme, y pregwllé Q.i criado que
_ción, dí un abrazo á J ofre, que1 no mer,tos conmocuidaba aquel rmtedHuvíano edilicio:
vido y con los ojos. h úmeclo.s y tierll?~• apa1eaba
-Y esto ¿no puede secarSe?..

-Ya,· ya-replicó el dador Roca-. Lleva usted unos días de tranquilidad, cierto es; pero el
invierno y parte de la primavera fueron de un
desgaste enorme, de un derroche monumental,
y... ahora tocamos los resultados.
-¿De modo que? ...
-Que debe usted refrenar.se un poco, dar menos gusto á la bestia y pensar que ésUt pued€ negarse muy pronto, por no tener fuerzas, á llevar
la excesiva carga que usted le impone.
--Entonces, ¿qué me aconseja usted?-pregunié1 un pooo alarmado del tono serio con que el
médico revistió sus últinn.s palabras.
-Lo mejor será que 1 sin olvidar él tralamie11to que le tengo ordenado, se marche usted de

1

4a,

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l.1

1

¡

mocleraclnmonJe con su bastón hu~ puntas de sus
botas, de brillante charol.
Daniel Jofre era un tipo origillal y un poco ex~ravagantc. Hijo de una familia acomodada y de
ilustre abolengo, nunca había querido saJir de
·Villamar. Por no perder de vista su calle Impe-

rial1 ~u úoulevanl, sus jardines, su alameda1 sus

y espcc:ialn1ente su Acuario-nombre con
que era couociclo el ptincipal centro de recreo ele
la localidad-, decidió ahogar todas sus ambiciones Y no pudo darse otra carrera que la. de profeso!' rncrcanlil, única que podía estudiarse allí.

!\tl)élles1

�Em delgado, de u11a ,ldga,lcz qne recordaba

de él v vo teníamos mH:strns YiYiendas -corno en
el ce;ll;·o y en el ernmnche. Conocía á lodo el
Cl·sar: de nariz larga y a!llada. bastante inclinada
mundo v en muchas rasas había recogido hishaciu la izquierda; dp color all'zado, con vblunltorias ;n~e tanto tenían ele ridículas como de aobres obscul'Os de heno renén cortado, y ojo;: azu- Jorosa~ - y, ú nce~, trágicas. Especie de cllalnsos, de Pxpre!-ión tristona y dulcc&gt;. Las orejas, , blillo desocupado, mataba el tiempo colándos~
irn11Pusas. tras¡,an•11lubH11 de tal 11101l0 la luz. &lt;JU~ pur las · rendijas de la~ purrtas y sorpn•nclienao
¡iodin lecr:-.c á sn t nl\·(•s; parer·ínn m'Pjns ele Pn- en la al('oba, en la cocina y en el cornr&lt;lor los
c-njl'. El rostm Pru lnrgo. guanlmul1, m1 si11gular 111ús rr&lt;·ónditos sPcretus de ;;us convecinos.
¡¡¡11·1)ddo 1·on f') di' 1&gt;. C.Jnijok, sernbnulo á t l'f':\oda sc&gt; esC'apaha. ú su ojo prrspicaz y pl"llechos de P~pi1111las rd1eld1·s y granos atrofiados,
trnn!P, ni naclie podíu IPYa11tar la frente ante t'!I
qul· i111pedían PI cref'imiento &lt;le la harba. \ cr1la- sin ex¡,unrr:--e á que tuviese que bajarla. a\'&lt;'l'dcra111c11IP, .Jolre &lt;'l'U clt: un feo soberano; pero gnnzarlo y confuso.
ltahia !'11 l'! r•u11ju11lo de su per,;r,11a una expresii'm tal de hu11clacl, 1111 aire tun atractivo y simpúlico, que ~l' ltada qm•rer de cuantos le traIII
taban.
GP11Prall111·11te. e11 Yillnmur se contaba con ~I
El i'""to de aquel din-el rte 111i llegada-y los
¡mra todos los as1111los ,le nlg1111a i111porlatl&lt;'in
nl'ho snresivos los co11sagré fl recibir y pagar
1¡11e a!Pdnha11 al , ..,·indnrio.
Y bitas.
¿llabi!1 '!IIC &lt;1111· 1111 asullo 1·11 PI ,\&lt;'Uario". Pues
Era de rigor 1¡11c viniesen á Vf'l'111e los graves
era l&gt;,mi"l q11i,·11 suliciluha cl1• h1 Direcl!ya la
y 1·i 1·c11ns¡H•1·tos pt'rs,maje.,; de In .\r.1·ópolis: á
iiulis¡ll'11sahle aulorizacii',11, !'I qui• mn•glaha los
11111d1os de Pilos ¿,110 111e ligaban lazos lle parensalo11Ps, clispo11ia 1·1 /111/1'/ ~- c1111eert11ba las ¡,arrt. seo·? En 111ayur ó 111t•11or gra&lt;lu, érar11os todo!5
jas &lt;11• i'os c·◄ 1lillollf•.~, q111· 1lirigia &lt;"1111 ad,•rto 111a • 111·i111os; 110 podía, lJLll' tai1to, cxcusannc &lt;le co1·a, illoso. ¡,Se l'sp1•rnlrn ú 1111,, 111i11btrn &lt;!lll' duIT1•spo11cler ú ::;11 ate11dú11.
ra11!1· su g11hiP1·110 d1• tn•s llll'sl's hahia c1111,·Pdid11
l't•ro ¿&lt;¡ué hu sirio de su Yicln'?- 111e prcgun&lt;'I uslalludo dt&gt; 1111a an·1dda'? l &gt;anid :-1' 1•111·,11·gaba
laban las sPi1oras que le11íun l1ijas casadera.-;
de lo:-- sol1•in11es prPparatin,s dt• la \'bita. cl1•I
¿.Cuúnlos af1os 11,·,·a usted ~In n•11ir ú \'illamur··?
redl&gt;iu 1il-11to y rle i11icia1· los apla11:--o::; 1·11 la rs-.\lgunos, scfiura, algu11ós- eontl':--laha. ínvatarión: onle1111ha el cortejo. que Pll SPndos corial&gt;lelllente.
clt1•s y autos m:0111¡,afiai•ia ú S. E. ú s11 1•11lracla
- S1• c-onoce q11c le gusta á usted 1;1ás San Se1•11 la dudad: arreglalm las ltnbilal'Íones qui' dl'- bustián.
hia ocupar l'n la casa de s11 r~prcscnta11te polí- .:--:o lo crea usted.
tiro, el ho11ornhle cad1111c dl' su bm1do: el lmr1o.
-\'amos. sea usted lrai1co: co1110 allí hay más
t¡ue el ilustre liu1nhrn ,-olía 110 dnrsé para nn
rliv&lt;'rsio111·~ y nm los reyes, y hay mucho mujeperder el smtl•i p o!Yo de la moralidad curtesana,
río y se tirn ele la orf'ja á Jorge ...
~· orga11izaba "' b1mq111'1c d1• ritual, :-l'f1ala11do
;Seliorn! ;por Dios!
los orarlores qur, :--in trrnor ú 111el&lt;'r la pata, po\ a&gt;·a. no se haga ustrd el impecable.
&lt;lian l&lt;'lidtnr ni amado huésp1•tl.
:\o lo i11tento; pero...
;Qui'· udi\'i1lnd y qué aderlo desplegaba ¡,ara
Sí, y las mujeres son más guapag que aquí;
Pstas 1•11sa!&lt; Joln•'. ;:'\o t,•níu cornpf'lidor, , ni mm rausas todas por las c¡ue nos condt&gt;na ·usted al
c¡uien prctmdit&gt;se sustit11i1k!
desrl(•11 y al olvido.
.\luchas veces su~ amigos habion qtll'rido YO-Por Dios, H•tiora, no haga usted afirmaciotarle paru cor1c1•j11l ó diputado pruvi11l'ial. en
nes tan inf'xactns; 111b trahajos, mis f'Sluclios y
justa n·m1111H't1sc1 d&lt;' sus habilidadPs y de~i11telllis negol'ios, r•if'rlo Ps que 111c han alejado de
n•sados senidos ú Yilla111a1·; ¡,ero !'.·l. enamorado
\'illa111ar: pt'ro nunca he deja,lo de recordarla
de su i11l1Ppt•1tdr1t1fa y dP su libertad, negúra!:'P
con euri,-10; y en c1w11to ú sus mujeres ...
1·csup1fu111&lt;'11ll' ú rel'ibi1· tales honores, ulegando
Sí, ya conozl'O la frasp &lt;le cliché: son encan&lt;'!&lt;las &lt;',·a11gélicas 1-uzu11Ps:
tarlorag, ideales, ¿verdad'?
quiero cargos pura los qne no me con- l'slcd lo &lt;licl'.
sidero apio. que 1·1·1•m1 r&lt;•;;p011sabilidades y no clan
De este eorle y hechura, más ó menos modifisosiego :,;i se dt&gt;s1•1npcfian n•etai11t•nlc; no soy cados, eran todos los diálo~os que me veía oblitan pobre ,¡u&lt;' log 11erP:-.itc para c·on1e1', ni tan
gado á SM,lener en mis vi!-ütas á las rasas de mis
inocente que los a1·eptc para ser\·ir de escabel
parientes y comecinos.
.
•l\ los qi11111aslas y avrnt11rerns de la política. Por
En In calle habíanme ahraza!lo los amigos de
ahí ar~dan it dcntos- agrrgaba- los qur. se 111a- la niliez \" los condiscípulos del Instituto, convert an por akanzarlos.
tidos en ·rt'spetables y severos padres de famiEstus excl'lf'n!p:,; cualidades no impedían que ·lia. abogaclos sin pleitos unos. de la Comisión
.Jof1·e poseyPse, y en grado superlati\'o, los Jlf'Caprovinrial otros, médicos á caza de enfermoil
clos de la c·uriosulacl y de la 11n11·11111ración. A \'Cmuchos, y con galones de capitanes y comanl'Í"uahn con un inte1·és si11c1•rn Y profundo cuan- dantes de los dilere11 tes cuerpos de la plaza no
!;ocunía 1·11 la ,·illa, tanto c•11
\l'l'ópolis- donpocos. Ta111bi(·11 me l'slrPchaba11 las manos con

ú Casio, el COlll¡&gt;tllll'l'O de Bruto rn el asesinato de

-:--o

1;

11111cha 1•f11siún los rc¡1111 ters de la f&gt;I'• 11,;a l111·ul,
r¡111• In s11g\!slin1111lm ~• atraía 1·1111 su ruleta y su
1¡11e ll1•gai·o11 ú &lt;'Ollf•ed1•1·111e s&lt;'is lí11eas de elogios
~ocicda&lt;l f'Osrnopolila. ell'gnntr, 1nundana ,· disy liil' ll\'CHicla,; 1·n fu :--t'Cl'ió11 de 11\'it1jl'l'08 clistin- cr,,ta.
·
g11idosn, suhrdú11d11me c·11n nlgm111 d&lt;':--cuntiuuza
:\o rt'co1 daba n1e11(1s á Flora, la nclorable culos ,-,•1wdon·s y dipufadns ú Cortes. l1·111er11so,-;,
pltlisl,1, tau unw hle, tan sofíadora, tan rstupensin d11dn, d1• quP yo i11tr11t11se !ll'rlurhurll's l'l!
dunH•11tc hPcha c1ue. &lt;·11 concurso de belleza. ha••l 11,-,, ~- clisft 11!!' &lt;le ,-;us feudos político~.
_hria ar·1·1 hntado el ¡11·cmio á la mis111n Fl'iné, ó.
Estu,e \P1·&lt;1adp1·a111c•11lP &lt;'1tlt·!'lt•11ido lu pri11wr
la (JlW srguia ('11 sus midmtzas ))Of la lllOdPl'TIU
s,·111mm d1• 11,1Pstmwia111 \',llnmar. C01TPll'at11ln
llal,ilo11ia. Prwa11lnndo á parisin1,-;r•s ;y rlesplupor s11s 1·1111&lt;',; y c·111!Pjo11Ps, pur sus jnrdi11c•s &gt;lllill1do yarH¡ui,;, Hl'¡.(Prtli1ws y l1msilc:fíos.
a,·P11idas. por sus 111111•l1Ps y ¡,aseos: nyellflo 111ba
t.·11u tard,•, &lt;le:--p11és dP hal&gt;er recorrido los 111uct·n Sm1 .José y scJ 111ú1t l'll la igl,•sia de los l'all1•s, JH'e,;c nl'ia&lt;lu la snlida de dns grandes vapodrPs I lonti11i1·os: aJH'f'IHlicndn de rnr•rnüria los
l'Ps t!IJt• 111111·,·hahnn &lt;'11 demanda de Hio Janciro
110111h1·ps cl1! Indas las chicas 1111e v c,r ,u lwnnoy Burnos ,\ires, al&gt;a1Tolados de &lt;'f'hollas y alsura y elPgurwia llanwhan 111i alt-nción; usi:,;
tl1'n11os-&lt;los prodnctos dr la 111iseriu rural qnl'
tir11clu c•n 1·1 uCitll'n ¡'¡ la tanela di' las do,·" 1k
ih,111 á &lt;1frP1·r1·sr ú los estómagos pantagruélicos
l,l no&lt;'hP, r•n (1111' sP &lt;'xhihía al 11al111·nt una 11!1wa,
d,• In,; 11rhP;-: ullra111nrirw:s-, y de ciar \'aria,1k los &lt;IPs1·,·hos di'! J1al'lw ,¡,. la;: Injuria;,:, que
n1,•ltas ¡1111· ,.¡ /1r,11/r1·11nl, 1•11 c-0111p111iin d1•l i11:--Ppretendía ohspan1hlP .Jorr·f',
c11re"'l' á la
torn,~ PI alto 1·,·Fornnt·ina, llepPd1n el,• 1 ra !'O.
g11é• ít ol\ 1d11 ri'\ (1 :S ilf'l 1'rÚ111c cl1\ mi cloIJt1 l 11118 a 1 ('P1,•ucia J' ú :--allll'llf Pl'Ííl, ('lla!J·
hm't•ar llllU 1111€'do.
di' itnprnvi\'a y 11rny graso, dijl' ft llli
1 a 1•xis!Pm·i11 .
,lllti,l(o:
Tosía poc-o y
- ;.~ahes una
sin 1lolor; palrosn'!
pitáha1111i PI ro- ¡,(.&gt;116·?
rnzón orclcma- (.&gt;ne 111r· fasdanwntc; 1 os
ti1liode11111110&lt;l0
IH'n·ios, libres
PS)&gt;illilos11; q11,•
de su tensión y
re\'i1•11to si e,-fó
dureza, propor1:outiuúa, y que
cionaban á mís
no concibo cómo
n1t'tsculos una flexibilidad agradable y plúl'ida,
lú 110 le has suicHlado qui11ieJ1fas ,·cces Prt e::-11'
,-iP11du, en genei-al, mi e:,lado muy superior al
poblaehóu.
&lt;Juc en :\ladrid h11bo de produr-irmc tanta alarma.
-'\o tengo tan mal gu:;to: rl suiridio queda
Pern, quizú esto mismo, el bierl&lt;'slar físico y
purn los habilitados que desfalcan la Cnja y para
111ural que s1•ntia. el ckspcjo l'fi c¡11c entraba 111i
los tniuislro,- que pierden una,; elecciones; yo
&lt;'t'l'&lt;'bro co111pagi11arnlo JH'Usa111ie11lo,- -é hil\UIHIH- ,·i,·o aquí c-01110 el JH'Z &lt;·n rl aguu.
cln id,•n:; de cosa,; y ¡&gt;Prsoua.s u11:,;P11tes, 111e pro- Ciertarnrute. bien \'eo lo. qrrn te rclucl'n las
dujel'oll esas llHlltifPstado11e.~ sinlomúticas cl1'l l'Sl:UlllUS.
1
aburl'i111iento. que se dmt á t·onc1&lt;·er por el bo~-¿Lo dice:,; por las pt&gt;rla5 y zatlrillo.., que adorl&lt;·zo, ¡Kir el cansancio y tksahril11k11to dP lo que
1ta11 111i n1rn? Pues es nCC'P~ario quo~sepas qui'
se mim, cuyas lí'rleas y &lt;:ontomos s1• e,:f1rnw11 y
rnnslilny1•11 111i orgnllo y que á t•stas jvyas debo
piPrde11 sin 1lejar huPlla en la l'C'li11a. y por 1111
IIIÚS tic 1111 ll'i11nfo lU!lOl'OSO.
d,•:,;eo rirn y ardiPlll&lt;' d&lt;' tornar ú lo:; hahituul,•s
- ¿Srrú ¡iusibhr?
lngares y a1·1•rcm·se á los :-f'r1•s queridos.
- , tai1 posihlf'. ¿.Ha!- olvidado aquel refrán:
~le a1·orclaba, ú d1•specho ,te la rnl1111facl d,•
«La 11111jl•r· y In loba ... c!C'. 11'! Pues en Yillamar
oh·itlarln. di' la cl11c¡11c:-a .\ngt'lu. 1·uy11 ingPniu liP1w mud1ns pnrlidurins Ju sf'nlPnciu.
:sntil y burV,n Imito 111c 1•11l1·p(p11in ~- ¡•11irnaha.
- :\o 111&lt;• l'Xlnuiu, porc1111• ac¡11i la e5cuela di'
de sus 111orhideet·s de 111at1·1,11a ro111ana: d1• In Ps- 1estt'•li,·a Pstá r&lt;'111·1isP11lu&lt;la por las cargadorus d&lt;'
cncla ele las Ju.Iins y l'op(•a,; y de su arlP inf'Ol11- carbón l'II l'I 111ul'lll' cll' ~agur.
parablr parn aplut;ar los ePlus di' sus side Olt'los
- \o dir(• q,w no: l"'t'o lns hetuira:-, bailadnas
y li•ner emboba,lo y c11nte11to ·a1 d11q11e su ma- y c11plelislns que tanto ad111il'úis en \Jadrid, y
rido, comentador irn,ig11e y cC'lebrado di'! drama
por las cual!':- os nnuináis con deplorable frecalderoniauo ,1 srcre/o ayrarin, secrel&lt;I n•11rnP111·ia, son, r.usi si&lt;•111prr, lo !llÚs mulo de esa
1

aw1;a. ill

- ¿Qn(• hará'?- p('nsaha-. ¿.Estarti rn nianitz,
ó ltabr·á tonl(ldO l'I cm11i110 ele ?\iza·? Posible er·a
r.stn último, rorq11c cerca de :\iza Pstú :\lórnwo,

escuda. l11 t!ll&lt;' ya para nada 110s sin·e á no"'otros.
- ¡.Tf' has pi11ehado?
- :'\11 lll'\U allllen•s.

�-Vaya, acabemos con los chistes necios. Lo
que te digo, mi querido Daaiel 1 es que esto no
me resulta; que estoy harto de ver tanta&amp; muj(.'res cursis eri la calie Irnpe'ri.aJ, que, por llevar
unos traje§ me-clianos, ,se creen reinas de la
moda y árbilras ele la cleganda1 y tantos hombres del género chico, que no conocen más político de altura que l\law·a, ni nülitar más bravo
y aguerrido que Azciirraga, y que, por haber
visto torear á Machaco, se consideran preparados y con fuerzas para atorn1enlar novillos en

la plaza de toros.
: -Pue.s, mira, Enriquc--cste es 1~i nombr~1
siento de veras que le abwTas, porque, s1 te
tnarchas, corno presumo que lo deseas, lo qut!
habías ganado en salud y fuerz.a en los pocos
días. qué aquí llevas, lo pierdes para siempre--

dijo con acenlo de srncero afedo J ofre
, -No-respondi--; yo no quisiera irme; pero,
si tú no invenlas algo que rne entretenga1 me
veré precisado á hacerlo. El tedio \·uclve á invacUrme1 y el corazón no tardará en mostrarse
i.lgil,acLo y lutbulenlu.
-¿Quieres que visitemos los puéb!os y aldeas
rle los alrededores'? Son hermosísimos; tienen
úampifiDs csplénd1dns 1 rías de ensueflo y algunos monumentos notablf!s.
-Gracias; no prelcndu emular á He.clús, ni
hacer wéi'-itos para una plaza en la Academia
de lá-Historia: tan escasamente me interesan
los monumentos, que vamos á dar la vuelta sin
llegar al faro, no sea el diablo que se aparezca
por ahí el bruto de Gerión con su n1a.z.a y nos
dé un susto.
J ofre rió cortésmente, aunque no :-:atisfecho
del chist.e , y· a1nbos dimos la vuelta. hacia ·la
j
ciu&amp;d.
·
--Una. idea se me ocurrn-djjo de pront.o, golpeúndose suavemente la frente.
·~~Ah!-exclarné, elevando las manos al cie10-:--¡una ideal ¿Tienes una idea?
--Y eso te asombra, porque Lener una idea ..
-¿Quión lo duda.'? Es hallarse.frente á un aspecto Ue la vida.
-Y, el.aro, á ti le pai'.Cce muy lógico y razonable que en tu pueblo natal no se encuentre un
hombr-e capaz de tener una idea.
-¿Acaso se sabe aqui lo que es In, vida?
-Te diré· aunoue no tenem06 enormes boulevares1 ni p~seos de dos lcguas 1 ni jardines como
el RetirD, ni mujeres que. gasten en un día lo
que á mi me basta para un allUi vivimos la vida,
y la vivimos intensa y profundamente.
-Pero, ¿e.so es cierto?
-Y tan cierlo.

--Pruébamelo,
-:\l.aüana en• el Acuario.
--¿En el Acuario?
-Sí, á las diez en punto de la malian~.
Intrigado por la se.riedad con que se ex1wesaba
Jofre, dije:
-Iré; pero ¡infeliz de ti si me engaflas!

IV
A las diez en punto estábamos Jofre y yo en
el Acuario.
El salón, que acababan de arreglar los moms1 brillaba por su limpieza y buen orden. Los
recios y grnndt.!s c,orlinones de terciopelo rojo
qye sepnraban la tertulia del departamento de
tn.:•si\lo 1 reflejaban en las paredes, &lt;:ubiertas de
espejos 1 y los sofás y bl1tacas 1 amplios y cómoctc,s1 parecían esperar á los socios para que se
arrellanasen plácidamenl.c en sus mullidos asientos. Dos cuadros de e.sea.so valor artístico cubrían los lienzos de las paredes del fondo; una
copia de uLu rendición ele Breda)), de Velázquez,
cuyas 1.-rnws parecían chuzos de sereno, y una
rnu.rina, Lle autor sin nombre 1 en que chocaban
contra r oe.as de porcelana olas lánguidas de·
azul turouí. De estas obrns em-a.11ecíase bastante
la DirecÍiva del Acuario 1 aunque sólo conseguía.
deslumbrar &lt;"011 ellas á los que arribaban de Perrn1mbucJ y á las sefiorito..s Que concurrían á los
V$U.ltus cun helado y rigodón.
En justicia, no era dable exigi-r al casino de
Yilbni::i..r (!Ue tuviese una. galería como la del
duque de ,\ Iba.

Completa1ncntC' solos Jofre y yo1 pues !,as villrnnarinos s-on poco mn.drugadores, nos acomodainos en el gran vcnillnal de la derecha, sentados el uno frente al otro y teniendo en medio
unn. rn:f:sa ele ajedrez para apoyar los co-dos1 y
cmpezn.mo.s á nüra.r ú la gente que cruzaba por
In cnlle.
Eran chicas de vuelta del n1iercado, con sus
e-estos muy limpios y relucientes 1 a.dorna&lt;;los con
cintas de metal blanco ó dorado, y ve,slidas con
bastunlc pulc.r:itud; modistillas que pasaban en
rápida. carrera, llevando del brazo cajas forradas de hule negro, en cuyo seno misterioso iban
lus vestidos en prueba de las damas de alto copt!le; crilldos, con trazas de ordenanzas mili!Ftres con nii1os 0ue conducían al colegiv; vendedor1es de peri6di;os de l\tadrid y de la lucalidad,
que gl'itab.an dcslempludamente los títulos, y limr,iabütas aslroSüi5 y de8camisad~s, &lt;1.ue insulla1,an ira.:::undos ú los que no se sometían al tormcnlo de sus cerlillos.
-Y bien, querido Daniel,. son las diez y estarnos en el Acuario,---dije á Jofre, que fumaba susegadamLmte un cigarrillo---. ¿Cufmdo empieza~
á .demostrarme Ju verdod de tu afirmación de
ayer? ;,Quieres decirme por dónde anda aquí la
vida?
Daniel sonrió oon dulzurai pasóse suavemente
la mano por el largo mentón 1 retorció las guías
de su bigote, la joya natural de que más se
envanecía 1 y mirándome. con aire superior1
cJijo:

-¡lncr~dulo! Alza los ojos y cqntempla la galería del frcrite. ¿Qué ves?
Qbcdecl maquinalmente, dirigiendo la mirada
hacia el lugar indica.do por Jofre.
, --Voo cinco ó s?is mujeres, que unas cosen,

otras leen y una me parece que nos observa con
algún disimulo-contesté.
-Esas mujeresl que son cuatro, pues- de las
tres viejas debernos prescindir, se llaman las
ul\lelancólicasl)--dijo Daniel-~ la mayor tiene
treinta y cinco afíos 1 fué bastante guapa y tuvo
varios noYios; pero, cuando estaban corridas los
amonestaciones para C?,Sarse con el último de
ellos ...
-¿Qué?
--El •nuy tunante se n:al'chó al Paraguay, en
donde se dedicó .á la quiromu!lcia y ul noble
usportll ele mal.ar frailes y robar conventos. l.a
segunda ya cumplió lu.s lrPinta y tres, y nadie,
que yo sepa, llegó á decirle: i1íl11c.na cara tiene
usled.1i Padece de atac!ucs nerviuiR•OS, consecuencia de una afección neurótica que la domina, y
profes.u. libremente las doctrinas ferninistas. Sostiene que las mujeres sobrepujan en capacidad
rn0ntal á los hombres, y Que todos drbian ser
reducidos á la esclavitud. En cuunto á los solteros mayores de treinta afios 1 según ella, hay
que fu:-;i!arlos por imbéc:i!cs ...

está que trina contra el comercio y !p. il1dust.ria,
y afirma tfue estás factores del progreso sólo
sirven para fomentar una esclavitud nueva, consentida y amparada por los Gobiernos má~ liberalos y .dernócral-as 1 de !a cual son víctimas
~os viaj:rnlcs y sus uOvias. i\Ie figuro, que éstá,

-Corno tú.
-Chico, lo de soltero me cuadra; pero lo ele
imbécil...
-A los dos nos enertja el caltficati\'o; prosigue:
1
-Y porque 1 esos que quieren disfrutar de lós
placeres del matrimonio sin sufrir sus amargu1·as 1
son verdaderos defraudadores de la sociedad, que
tiene derecho á que ninguno de sus miembros rel1uya el deber de constituir w1a Jami!ia. El Estado
- afirma la pobrccilla f'H sus cscritos 1 pór(lue le
da por escribir-l si com1Jl'endiese los altos fines
para que- está formaclo instituiría el matrimonio obligatorio 1 y en Lodo ca.so sería justo que
castigase á esos Tenorios de ocasión 1 más daflos.os para la moralidad dolnéstica que la tubercülo.sis para los pobr'es, ron una Juc•rte contribución1 que podía be1wficiar á los matrimonios que tuviesen más de cinco hijos.
-Pues 1 mira, Daniel 1 no n1:e rarete que vaya
muy desacertada en sus teorías la rhica. Verdaderamente nosotro·s somos sf'res perjudiciales
al Estado y a la Patria, pOfi!ue les hurtamos la
formaciJn ele hombres, gastando nuestras fortunas y nuestras viriles cnergítis en fursas de
amor y borrachéras de lujuria, que son· estéri1,,s para el desarrollo de la poblaCió_n y, si acaso,
aurnentan la cofrupción y activan la decadencia. de las razas, tras lo C!Ue vieucn la anemia
y flojedad de las naciones.
-Si así lo sientes-dijo Jofrc-1 ¿por ·qué no
te asocias ca.tóltcamcilte con la feminista?
-HomLre, una coso e)'.: predicar ..
-Sí 1 y otra casarse: prosigo mi relación-agregó Daniel riendo-. La tercera se mete entre
l0s veintiocho y los lreint~ Y. le ha.ce el arnol' un
Yiajante ele comercio. Pero éste, ·como un judío
errante, no tiene punLo de reposo y aqui n unen.
puede detenerse el tiempo necesario para cambiar un apretón de mauoo con ella. La pobre
1

1

como las otru.s, rnorirá en la galería sin viajar

y sin v.iajm1le.
~¿Y la cuarta?
-¡Ah: La cuarta vive en plúoo cielo de ilusiones; corno que no ha cumplido los diez y oohv
y se co!Jsiclcra con derecho á esperar á su príil.·
cipe libertador: debe 11cgar wia tarde Eer~na del
oloüo, cuando k~s olmos y los castaños sueltan
sus hojas y los higos de San J\liguel están bien
maduros. Ella lo espera, segura de que ha de
venir, y 1 en tanto no llega, hace suertP.s y adivinaciünes con la ba1·aja de su padre.
-¿Es fabricante de naipés?
-No; los manipula con JlroYecho, que -es
mejor.
Empezaba á. inLerl:'sarrne el relato1 y la curiosidad morbosa de mi amigo transmitiase á mi es-

�t)iritu, ansioso de crmocel' los secreto~ de aql!ellas gentes, que recordaba vaga1nente de mis
aüos &lt;l!:! la infancia y que ah·ora encontraba en
toda. su plenitud pasional.·
S1; allí lUtnbién dcbian producirse las tormentas familiares, los dulores inll-rnos y esos choqncs de almas que no ha.::\?H ruido, 11ue son lnl~icos y siiellciosos porque s.on más dil.:i.c~rantcs
é incruentos; allí también habia drama. ¿Pm· qué
\!O conf:-~rlo? Deseé iniciarme en los rnistenos
\rillnmarinos, que en lofre teuían su C!oelio, y
decidí seguir cscucliúndole.
Pero aquella mafiana no pudo c011Íinuar el relato, 1&gt;-wque Lilipul del Castillo---recicnlemente
electo dipuLado proYincial--entró como una tromba en el sal6n 1 nialdiciendo de la vida y queriendo suicidarse· porque no hal&gt;ia podido hablar
con su novia rilás que cinco horas durante lu

r11ai1ana.
Jofre y yo 10· abamlonai11os á su dulor y á. sus
plnu~ibles pensa111irntos fúuebn•s 1 sC'guros de
tiue no había de rcali ✓.arlos 1 y -q_os fuimos á rnuri1}0sear po'I' la calle l mpl'rial, invacliela ya por
mujeres Jllur guapas y h&lt;Jnibrrs hastm1lC' fpos
y exóticos.
A la mitad de la \'ia, rrrca drl u1n·1acrn ele
música dP la \'itula de Pá.rga 1 Yin10s aparl'Cl'I'
un lipo cxti~a\·agunl&lt;' y cl{rn nesco, (fo larga..-; 111e[('nas cenié{cnli.1~, c1íf'il«do (·umo un fOrPro \. ck
oj1:s dirninutci" y obli&lt;:uos. \'pstía un trnjf' Z.olur
rancla, de ari&lt;:ho pirntaló11 y chaqucl de fal&lt;lonr~ enorn1es1 ·cubrit'ndo la rnbcllera mrro\·ingia
con . un sombre-r·o /l~ c.;opa coetáneo df'l 1·ry

.,

\\·a111ba.
¿ \·e:-; n;c qllé (ÍL'H" tun• so(t'i'Ümk ➔ 7 qt1c 1

c~n

gr1iuf!cxionf•s .('Q1oil'li-~ salu&lt;l--a .á tos.to el n11111clo·!
~ -dijo Daniel. _ ..•i&amp;
-Si.
T"
-¿Sahcs quién &lt;'s·?
-Lo ]wN;umo: el sacrislún (lp la (·cüedru! ó el
primer ador .di."' In í'_o111pnfiia-que udúa cu el
circo.
-Ni lo uno ni lo otro: es un en1bnja&lt;lor extraordinario q_ue su alteza el prfa1·ipc de .\lonlecristi ha r1wiado CL'rca de la Socie&lt;latl OcC'aJlOgrúfica, fundada aquí hace (los nwsrs por unos
cuantos espirilus supNiures que desean clasificar pulpos y perc\,bcs y llevar una gorra azul
aclornad.1 con galón de oro y escudo con cuarlcles ele gules y sinople.
-Es un tipo original.
-Y tanto; co1no que sus profundos conocj¡nienltJ:-i ü:Liolúgicos le ¡wrn1i l t'll c:ulctdo11or los mús
selectos Pjemplares de &lt;'st' gl•nern d&lt;' moh1sco:-.
que usan lenks y auto, para el rnuseo de su
seitor, aunque dowk 11111t'::dra \'f'l'dadC&gt;ra inteligencia y habilidad es Pn la industria del hf'lminlo intestinal.
-¿Qué clase de labor PS esa?
--¿!\o la conóces'!
-No.
.:.:..:...Pue·s consiste rn trnpczar cOn rualquier incauto que lome de la caja que tenga á su caTgo

&lt;'n calidad de lesorrro un par ele mil duros y
los enlrcgue á cambio del sPcrelo ele la extirpa-

ción de la bicha intestinal.
--Ya, ya voy cornp1;endiendo.
-81 helminto ¡qué eluda hay! no se expulsa
por el recto, porque suele no tenerlo el pacicnlc, sino &lt;1ue se dPsliza. con destreza malabáric·a
de la manga de la americana al vaso que tanto
m:aba el gran Yenclome. Llega al fin ú descubl'irse la superchería, y el i111poslor recibe· una
palizu. n1onun1ental, que tiene que ir ú c:urarsc
á Francia; pero las diez mil del ala posan al bolsillo del ilustre ictiólogo.
-Daniel, ¿sabes una cosa?
-¡,Qué?
-Que estoy encantado _de Villa.mar.
-Esto es nada. querido Enrique; ya Yerás las
rnnru.villas y sorpresas que te aguardan si te dccid('s A cstuUinr la fauna marítima y lcrrrslrc
&lt;I&lt;' l'$la ht•r1Jirn y e11c:antndorn población.
Eran ct•rcu de hu; dos, y pensamos en ir á
comer.
TtimamGs la ruta. crue colllluce á la \nópolis,
cruzando la plaza de La Heroína, en donde un
l\ lunicipio budista l'OnstruyP, dcscl.c el atio cinrurnta del pasado ~iglo, un 1·01wentu para bónzu!:-, perclit,rnlonos rn ,las lahnin.liras rúas que
!-i11ti1'ron orgullosas l'l peso 'de la hunwnidad glol'io:-;a de Carlos V.

cruenta jornada de Alcázar-Kivir ó defender las
minas de los carniceros madrilefí.os?
-.\luy bien-palmoteó I\icanor-; digo, rnuy
mal 1 porqL~c, antPS que hace r discursos hueros,
hay que tener patriofi.srno 1 (ligo yo: ¿se insulló
nuestra bandera·? ¿se han asesinado \-illunamrnte compatriotas nucstros? 1 pues hay que lavor
la ofensa, digo yo, y vengar ú nuestros aprecia-

el Acuario se fuman, me:Jevantó del asiento. rogiéndome por un brazo. y con fuerza nerYiosa
me arraslró hacía la puerta del fondo y con direcrión á la Alameda.
--Yámonos 1 por Dios~dijo-,. esto es odioso,
intolrrablC' y de una sosera mortal.
-¡.Y es hoy cunndo te clas eurnta ele ello? ¿La
fU11eiún 110 se repite tocias las tardes?

bles difuntos.
-La venganza

-Cállate, aborrezco ú ese imbécil de 7\icanor;
porque le crlebran algunos chistes de burdel y
le oyen cuentos que ruborizarían ú las peseadoras1 se considera Pl Carrelio de la \'illa1 cuarnio
110 es más que un bufón infame digno de.l gano-

es inmoral - berreó ?\ farat

Pérez.
-I3ien--rontinuó '\"icanor-; suprimamos la
palabra uvenganza)) y pongamos en su lugar

V

.\quel día no nos fu6 posihl&lt;' \·oh·er al Acuarto .
Cuando concluíamos de tbmar café apareció
lloberto Carranza, sportman muy distinguido y
admirado en \'illamar por sus bolas alias, su
gorra ele chau[leur 1 su auto y el millón de pes('tas que había heredado de su padre, un excelen te
trabajador que em¡wzó bacirndo chocolate á bL'azo y terini11ó elabo1-ruir1ulÜ ton la Diputación,
las ranetrrns y Jw letras ºprocedentes de Ultramar.
\'cnía exprcsa111f'nle á conYiclarnos á da.r un
paseo en su excelente RennUlt de :m ,·uhnllos.
¿Cómo desairar un ofrceímicnto ton espontánea y tarinosamente heeho?
A Daniel no le gustaban nada estos modernos
vel1ículos, tanto por su Yrlociclad insensata y
fuera de lo racional, corno por lo fáeilmenle que
dan el pasaporte para la eternidad al más. saludable y feliz individuo; pE&gt;ro ante e.l rurgo efe Ca~
rranza y mi conforniiclad Rr avino ó. rcaLizm· la
excursión.
-¿:\'os pcrmiles, querido Roberto, que pasemos al locador á a1Tcglarnos un poco?-in terl'ogué á Carranza.
-Ya lo creo-contestó-, no faltaba más.
Y con elegante desenfado, sin esperar fni ofrecimiento, tomó un habano de la caja que se encontraba sobre la mesa en donde se nos había
servido el café.
-Este tío-murmuró Jofre, al tiempo que nos

ucasligoj), digo yoi pero siempre habrá que- castigar á esos salvajes kabileños.
-Si; pero eso nos costará ríos de sangre y
millones ele pesC'las-dijo con voz apenas pern•plihl&lt;• 1lon Cosme, que 1{•1111.&gt;!nba por :;u:; cupones.
-Sefior Gandia-griló Trasancos-, ¿para qué
sirven el dinero y los hombres sino para ofrecer-los en holocausto de la patria.?
..--Y tú, ¿cuándo te sacrificas?
:--), l uy pronto lo verás.
Si, cuando Yayas con la Crnz Hoja, dá1ulcile
¡ii:-;to con el uniforme qul' le han hecho y {'Omif'11dote las gallinas th'slinadns pn,·a los lwridos~recalcó Nicanor.
-¡Sabandija burocráliru.! 1 cáUalC' ú no respon do 'de autopsiar mafi.ana á un burro-rugió, conü•
camente amenazador, Trasancos.
Jofre, que ya no podía resistir ni el vocerío incongruente y agrio, ni la atmósfera espesa y asl1xiante del humo ele los malos cigarros que en

tr ó de un destierro á femando Púo por &amp;'is
llll'SeS.

- Uombn\ no tanto, te ciega la pasión contra
él; el chico no es un Carrc.i'io, cirrt&lt;1mcnle pero
cli('e algunas cosas con buena sombra y es oportuno y vivo para la réplica; es Yerdad que tiene
un poco ·suelta la lengua, esa viborilla que con
tanto cuidado. guarda la Loca, µero el enlendimiento no está entumecido. Ko te molestes,
qttericlo Daniel nUIHJUe le diga una pcq11eim
1

1

ver&lt;lncl ...
-¡Habla!
-Que aquí, en dondr se piensa una :-;rmana un
chiste y se contluye por dejru· pasm· la oca~ión
sin so. ltarlo, hom b1•cs como Nicanol' rstún drstt&gt;n lraclo~,

son ele otro ph111l'la.
-Tienes razón, en ~!arte estada mejor, porque allí, según mis nnticias, los cm pleados de
•Aduanas no salen ele sus casas sin bozal.
-Eros implacablr.
-Justo, y nada más.

�VII

ti, villamarino desarraigado que ya nada conoce
de su tierra 1 la vida y mi.lagros de los que por
Entramos en 18. Alameda, un paseo largo y es- aquí pasen.
trech.o, de árboles raquíticos y enfermos, opera-l\lira, ¿ves esos dos que vienen dándose el
dos ·en su ramaje con más frecuencia de la re- brazo1 hablando quedo y con una cordi"alidad
comendada por lus leyes de la arboricultura di- emocionante?--'Continuó Jofre dirigiendo la visvidido en varias calles paraJelas: urta, la ~ás ta hacia dos caballeros que iban á. cruzar por
ancha y la que podría recrearse mirando á la nuestro frente.
bahía si no" lo hnpid"ics~m las barracas de los cines
-Sí 1 los veo muy bien.
y los cafetines y lJars de feria allí plantificados
-Cuu,lquiera diría que son intimas aniigos,
con grave leSión del ornato y de la estética, la que se aprecian y quieren entrañablemente;
disfruta, por Juro de seiioría, la aristocracin 1
pues no hay nada de eso, se aborrecen hasta el
nunca conforme con las invasiones, cada vez punto de sentit' el uno contra el otro la tentamás numerosas, que en ella vienen efectuando ción drl homi cidio, pero la pulitica los une y huhace arios las mocl istilJas guapas y bi('n arregla- rnaniza.
ditas y los dependientes do los bazares y de las
-¿Qué política?
lienclas de ultra.marinos; In~ otras cuatro son clf'I
- -La. del C'Stó111ago 1 la que se harc en esos la-.
p.ueblo y á ellas acuden también las gentes tími- boratorios culinarios que suelen llamarse Gobiei·das, que se amparan de la menguada sombra de nos civiles, Diputaciones, Ayuntamientos, Juzlos olmos pata no ser seccionadas por las acera- gados municipales, Delegaciones y demás orgadas lenguas que1 cómodamente arrellanadas en nismos de esta especie.
los sillones del paseo grande, operan sobre los
-¿~on correligionarios?
que andan, como en un hospital de sangre, des-Nada ele eso; el bizco ('S conservador, aunque
pués de un fiero oombale, operan los cirujanos. anta!lo, cuando andaba escaso de ropa, era. anarEn la cabecera principnl de la Alnmeda hav quizante, y el otro, el de los Jentcs, aunque en
una estatua, CfliC seguramente no está firma.el; 1875 le teníamos por agente y reclutador de don
por Praxiteles, de un benefa.ctor de Villamar que Carlos, ahora e~ demócrata y anticlerical conno es, seguram·ente 1 el inventor ele las patatas venc.:ido.
fri las á la inglesa1 y haciéndole pendant, al otro
-¡Qué pintor0sco!
extremo 1 un colgadizo que aspira á pasar por
- Las convirciones ('HirP nosütros han pasado
teatro.
dt• inoda; lo que' importa eR lener furrza y seguA pesar de estas ligeras deficiencias, la Ala- ra la. drspen$a; esos la. tienen, y aunque cada
meda resulta muy atractiva y pásanse allí bas- uno la quisiera. Loda para sí-y de aquí su odio
tante cnLretenidas las UJ,rdes de Agosto, y en par- oc·ullo--, con10 saben que eso no es posible, tranticular las de los domingos, que son las ¡)referi- sigen y f-e mantienen arma al brazo en sus froudas por el señorío para lucir sus elegantes ata- lcras respecli vas.
víos veraniegos.
-¡,De modo que las ideas? ...
Era temprano, y Jofre y yo pudimos sentarnos
-Ko continúes; eso de las ideas es una simp.le
en dos sillas del centro, frente al café de Pro- entelequia que no llegamos á percibir nunea
copio, que ha sabido consolidarlo allí en plena aunq'ue nos atiborremos de percebes, crustáceos
Alameda, no obstante carecer de cimientos.
sabrosí::iimos que, si no aguzan el entendimiento,
Por delante de nosotros tenía que pasar la so- afinan la picardía.
ciedad de Villamar entera, amén de los foraste-¡Diantre!
ros que van á bru'íarse ó á darse sendos atraco-No te asustes por lan poca cosa: ya verás
nes de sardinas baratas.
otras de mU.s substancia y meollo; deja pasar á
-'-Aquí estaremos admirablemente--dijo Jofre
estos que suelen l1acernos bien en senlicll:l colee•
encendiendo un cigarrill'o y lanzando al espacio tivo y que ernpiczo á creer que realmente se
espesas bocánadas de humo--1 la tarde está se- quieren y estiman.
rena, el sol no molesta y la concurrencia prom1:-¿Por qué?
le ser enorme.
-Porque ambos comulgan con nna misma hos•
-¿ Habrá películas?
tia, aunque en altares- diferentes, con la hostia
-De todos los géneros y formas; hoy es un de nuestra ignorancia y de nuestra ing6nita
día á propósito para que conozcas á Villa.mar, pereza.
sus aledafios y sus asiduos vjsitantes-contestó
-¡Daniel!1 tu chismorreo empieza á ser cocon el rostro iluminado de satisfacción el insig- rrosivo.
ne murmurador Daniel.
-Si corno yo conocieses hace treinta afiül5 á
-Conste-dije á modo de aclaración precisa-- esos dos magna.les, no te extrañarían mis paque yo no pregunto, que eres tú, villamarino por labras.
los cuatro costados, quie,n _habla y dice.
---Serían dos buenos mozos.
-Admito la reserva y te absuelvo de todo pe-Sí 1 cJe·buten.
cado; soy yo, Daniel Jofre, natural y vecino de
Pasó un caballero gigante.seo, colosal, especie
Villamar, soltero de voluntad y uDiablo cojuelo)) de Hércules con levita1 snlemne, erguido, mide ocupación, quien va á .permitirse _contarte á rando con aire de Dios protector ú derecha é 1z-

quierda1 de ojos negros y profLmdos, acariciando
su luenga y nívea barba, recibiendo y contcstm1do innumrrables saludos.
-¿Quién ese patriarca?-interrogué ú. J0fre.
-No te has equivocado; nuestro gran padre e~.
Pl $Ull!O pontífice\ el que hemos conYerlido ett
sagrado icono y al cual, sin cxrf'prión, rendimos
culto todos los villumarinos; no se sabe con certeza cuándo arribó ú estas pluyas 1 porque de
pretender fijar fechas exactas habría que remontarse á la edad de piedra ó al tiempo en que era

-¿Qué puede ser un cacique sino un hombre
de autoridad y prestigio al cual siguen muy contentas las rnasas?
-Estás equivocado, es algo más: un cacique
entre nosotros es un sefior feudal con n1esnacta 1
jug.larcs 1 peto y caldera, _alta y baja justicia." Puede atrnpel!at\ clcspojar1 ozútar y, si !e place, leYantar la horra y colgar &lt;le ella á cuantos le molesten; ¡un cacique!, ahí e"s nada, es el trasunto
de la divinidad, una Yfrgen inn1aculada con calzones, un San Antonio sin ·cerdo-porque suyo::;
son todos los del pu,ehl9_-, la qÚinta esencia de!
poder, de la. sabiduría y 9e la viveza; un cacique
es siempre un vivo qµ~ vive del no vivir de .los
demás.

·

-.\le parece, qucri~lo Daniel, que tu elocuencia nativa te lleva hasta el punlo de recargar un
poeo más de lo debido la~ tifltas· del relrato.
-Pues mr (!tlcdp con nrgro en la paleta. f;¡
te dijese que e11 pleno siglo xx ha)' caciques e11lrr nü-solros f'!ll(' !;'jrrrr1J. r-1 ctcrec-ho de pernada,
¿rne creei}us_'? ·
-¡Hornbre!, la rnrdad, se me resiste un
poco.
~Y, sin embargo, los huy, puedo probarlo
CO!l cloeumentos fehacientes, siquiera en estos
díás no vayan las üesposaclas á sus castillos por
miedo á la rechifla de los siervos.
-Pero Daniel ese noble anciano, ¿cómo
podrá? ..
-¡Alto ahí, don Enrique!: yo no he dicho que
ese llaga uso del derecho ni que lo baya hecho
nunca; desde su jU\·entud tengo entendido que
rra adversario del servicio obligatorio y partidario de la redención ú inctúlico.
l\le pareció 1'cgular el chiste y lo reí con grnn
satisfacc:iún de Jofre 1 qne t)Or distraerme y echárselas de ironista sería capaz de dejar sin pild,
no sólo á sus convecinos 1 sino á todos los habitantes del globo.
\'enían andando graciosamenlc, cimbreando
los lalles delgados y e~be,ltos y exhi_biendo las
caderas redondas y provocativas 1 dos jóvenes
hermosísimas, de ojos verdes y negros, con luz
tan intensa y vi \'a que dejaban medio ciegos a
cuanlos las miraban.
l\le incorporé en mi asiento y las contemplé
ron la cul'iosidad del amateur 1 del que sabe distinguir los brillantes l0gitirnos de los fnbrica..d.os
al rarbono.
-¿Te gustan'?-prcgun'.ó Daniel.
-Estupendamente. No se Yen mejores ejemplares en la C:istellana ni en la Carrera de San
Jcróni1no.
-Y 1 sin embargo, se puede conseguir cualqui&lt;:ra ele ellas á poco precio.
-¿Qué dices 1 Jofre'?
-Dándole el brazo hasta ta \'icaría y oyendo
á su lado, duranLe seis minutos, la abominable
epístola de San Pablo.
-Ko se me alcanza la baratura.
-1\i á mi tampoco: pero hay millones de mentecatos que parecen Jlersonas y no son más que
1

jon'n 1 gallardo y dominador de- corazones el
padre d.e nuestro ilustre dramaturgo Peláez.
--¿Procede de Ultramar?
-Ca, hombre, de Palenria; pero, aun siendo
de tierra adentro, se dió tan buena ma.lin y luyo
tanto ángel para convertirnos ú. su devoción, que
le hicimos diput.ado 1 conde, senador, y no es rurdenal porque tiene varios relollo-s crue ya son directores generales y consejeros de una porción
de organismos oficiales y particularrs.
-Muchos bienes os habrá prodigado.
-Figúrate: él dió y quitó esLanros; hizo oficiales quintos á Luliplén; 1nultiplicó las escuelas
corno Jesucristo los panes, aunque los maestro:,
sólo existían en la nómina; procligó Las secrei.arías de todas las especies; exportó 6.. Cuba y Filipinas, cuando eran 11uestras1 ,·islas (!jnspcclo-rcs
que de puro derrotados rxci1abm1 á úal'les li1nosna y hoy tienen palacetes 1 auto y cusas de campo;
construyó rn.minos y carretrras; extendió el área
de los muelles y, en suma, fué la providencia de
miles de familias que no sabían de qué át'bol
ahorcar á sus hijos.
-Preciso es que sea un poderoso taumaturgo
para obrar tales maravillas-dije interrumpiendo la verborrea de Jofre.
-O un cac-iquc-rcc:lificó éste--; por lo Yisto
tú no sabes lo que es un cacique por estas zonas.

�borricos, pant los ,·nales r11trar l'll la \'i&lt;'aría
es una brolllu. -Sí, una hrorna (!UP rlura toda la vielfl.
J&gt;a,;m·an la!i chicas rozf\ndo sm; vestidos co11
nosolroR y rnvol\"il•llClonos en mtu suaYC onda
de «.\lis delidus», l I perfume de 1110da: 111i cornz&lt;'m las sal11cló con sncudidas violPnlil;;, e!tW cle•moslrnba11 PI rfeí'lo qur &lt;'ll mí hnbíu11 prnducido.
Lo obs&lt;•rvc'J Jofrr, y c·oH sonia rk viPjo rural
prPg1nitó~
-¿Te atosigas, 111uchaf'l10·?
-El ('USO 110 es para. llH'llOS. ¡Qué andal'PS, Daniel, &lt;111é anclares! ¿Son a11claluzas? ¿tal nz se' illanw,·?
- -Sí, del barrio d&lt;' Sanla r-.largarila; pero no
te 1•11tu,üasn1t•s, porqur este afio 110 ,·an al bailr.
-¿(_)ué q11ir1·rs clrdr?
-(l11e cada una tiP1ie s11 rtO\·io, y, r·so sí. al
no, iazgo son muy fidl'S.
-¡,l&gt;l' rnoclo qw• dl•bo pcl'(l(&gt;r toda e1;;pen:rnza?
Ilu111bn&gt;, hasta e·iel"lo pn11to; si te pasas co11
11ose,tr11,:; el i11drrno, la! ,·pz consigas algo.
- ;.1'01· qu(•·?
-1'11rq11P lus 11m·-ios &lt;IP rslas chicas $OH como
las golo11dri11u,-;: IIP¡..!all en ,,erano y se rseapau
ill m1-11·1'Cf'l' los íríos dPI oloi1n.
T(;rabu t·1111 notas lall d_rstemplndas y . agudas
rl úrga11n ,!PI «Ci11l'» i111111·diato m, aria &lt;Ir J,o.~
¡1ay//.WS, q11&lt;·, no pudit•mlu l'csislirle, me levanlt\ v si11 clf'IP11rrn1e llegué al bl)t1/&lt;'1•arcl.
J;,rre me siguió cm110 u11 ¡wrro ka!.
Dimos algunas \'11( llas; Jll'l'O ú los pocos minutos yolvimos ú la. ,\ lmneda que nos llalllaba con
su ani111ació11, con su ruido, con el vaho excitador de sus encantadoras lllUjeres y con PI punzan(&lt;' deseo de Yer nueva.s películas.

VIII
El paseo, c¡uc rebosaba de gP11l&lt;', estaba en su
plenitud: mujeres preciosas, de una bellt'za incomparable, sugestivas y atrayentes, que pedían
amor v besos; hombres de todas las caladuras,
que n~ despl'rclic-iuban la nt:asión ele 11!1irlear»
con las que se prestaban iL !'llo, y niíios y niüas
que. corno botones de rosa &lt;'11 pri111nrera. se preparaban parn florecPr. Rei11aba una alegria sencilla, animada, verdadera y put'a ({UC hacía p€nsa.r en que también la felit'i&lt;lad p11Pcle un instante acar-iciar á los mortales.
Las risas rran francas, las c·om•prsacimH•ti ruidosas y la::l palabras. ro1110 sacias, hendían l'l
espacio. Oianse declaraciones amorosas, juramentos de fidelidad, reproches que engendraba
el celo y promesas de himeneo.
Las películas del .cin€matógrafo villarnarino
pasaban c011 rapidez relarnpagueanle. Apenas si
había tiempo para conserrnr.las en la retina.
El ir v vrnir confuso de tanta gente, que se
amontor{abo, que co11tinua111ente iba tropezando,
me produjo algún 111areo ~ fatiga.

-1Ja11iel- -dije ú (•sic-, estoy un poco cansado; ¿quieres que vayamos ahí enfrente á to~
111ar un Yáso de cen·rza·?
-,\ tus ó1•denes.
Derivamos hacia el cafetín de l'rocopio y perlinws una grande de dorada
Desde nuestro puesto co11tcmplúl&gt;amos aquella
1m·z&lt;'ol1111za d" ge11!Ps, bnslanlt' Pxtran1gante )
hl'leról'lita, que de IIPIIO :, l'1111 lo;, 111ás i11gcnuu"
entusiasmos ,,,, r11ln•guba ul depot•f•le las vurltas d&lt;' una pnnta ú otra de la .\la11H'da, sin que
furrn parte á ami11urar aquéllos la uube de
polvo que, ro1110 llll Yelo imnenso, las envolvía.
La fauna ,;o&lt;'ial hnhía \'l!rtido esa tarde en el
pasen villainal'ino el conjunto de sus más raras
espcdrs. El niin(l,;culo oc(•ano rslu ha rrpleto de
merluzas, s&lt;·!lo;;, ralamarl'S, y no !'se·aseahun los
pulpos y prr&lt;'ebc;,. ¡(_)ué plúeida salisfa&lt;'d{111 se
advp1•lín l'll to(los! ¡Qu(• ¡tlpgría clPnolahan sus
))J'IIS('OS lllO\"illiientus y SIIS g1·itos ner\'ÍOSOS y
l'&lt;'Jl&lt; !idos'. Por un IIHll11P11l0 ltlt' S&lt;'1_1lí lll('hlllc'Úliro y íllús11fn. ¿ Por qu(! lodos H&lt;!UCIJos srrcs,
u11idt1s por ('] m•xo llP. lugar, por las lll•tas ar111011Ío,-;as &lt;111c&gt; clt'sdc rl kiosco lanzaba al &lt;':-podo la banda 11rn11idpal. por ('I a111liie11I&lt;' tibio ~cl11l1·t&gt; d1· la ul111ú,-[t'1·a. p111· PI hálito lllislerio,;o
que de los u11us pasaha ú 111,; otros y por PI d!'!-\ya111•ri111ieJ1t11 e¡ne producia11 lns pulubras, los piropos, lr s ,·uli11ü;,, las ear,·ajadas y la;; pn,111&lt;'sas d1• gratas horns futurns, HO llu1Jíai1 dP rn11s!ilidar (•:;lt' 111i11ulo y \Í\ irlu por 1111a Plernirlad·?
¿.Por !!lié, al sali1· di' la ,\la11u•,h1, 10111aban ít
des!'o11o&lt;·er,-p, ú ('mil1•111plarsc ec,11 d1·sclP1-10:;a pn•,., 11l'i/,11. ú so11reir íaba1111'11IP y ú wonkr~e sin
piedad·?
Joín· nw distrajo de estos pe11sa111ie11los rur.sig. qnc, 1;;i11 duda, ruge111ln1ba la pésima calidad de la cerveza &lt;!lle 110s habím1 servido, para
clecirmc:
-.\hí Yil el doctor Sangrc&lt;lo, &lt;!llt' lo &lt;'lll'H locln
haC'i,•11clo 01irios de harbero y de cleuti::-tu.
Y pasó un ho111hre desgarbado, sof,olicnto,
con lu mirada perdicla f'll la ar{'11a y rl rostro
pálielo y sin expresién1 de ,·ida.
- l'ern ¿Ps cierto que ha&lt;'l' curas J11aradllosas'!
- \~i dit:t&gt;ll muchus gP11le,-;, y !'OlllO la \'esa11ia !'slít en todas las capas so&lt;:iull's, 110 es &lt;•xlrai10 c¡11e nnH'hus se deje11 11lucinnr por los nodsi111t,s proC'e&lt;limirnlos de eslr fa1111 :-ísinw clodor.
- Y tú ¿no le deja.rías !!Hilar los dientrs?
- ¿l'arn 11u(•, si me los li111pio Indos los día1;;?
- 'l PS(' q1w
ll'US t'I clodor t·1,11 uniforme de'
niaPsll'anll', gnl!al'(lo y altiro l'01110 el doll Tan&lt;'l'l'llo de la IPyell(la 111PllitH'\'al. ¿1¡11ién es'?
-¡Oli! E,-,, PS m10 de 111H•stros 111ás pintorescos v adorable;, \"illarnari11os: figúrate que le ha
dad~ por ser publiri:::;ta. y ludas las mañanas.
aun las de lluvia, nos ob¡.;r&lt;¡uia 1·ou u11a hoja ...
- -¿De bacalao?
·
--¡Quiá!, ron una ,·olante y en lt'lra del mejor
v lllás visible tama1io. ¿Fnlánez estornudó?, pu e$ ·
)'ª cslá al quite nurHlro hombre con su hoja haciPrHlo la g(•m'si~ &lt;lrl ('Slomu&lt;lo: d1111n &lt;le IH• con-

"ª

siderarse filológica y gramaticalmenle; si el gran
César estornudó ó no antes de la batalla de Farsalia y si el melón, tomado en rajas sin azúcar,
es ocasionado á producir tan destemplado mido.
-¿Y aún no le hicieron académico?
-En ese pleito anda, y acabará por srrlu, que
entre nosotros no hay como ponerse ú la grefia
con PI senticlo común para ser aca&lt;U•mi&lt;'o y hasta
Prest&lt;• Juan de las Indias.
-Tienes razón, el arquc•lipo de ,los arad(•micos
moc!Prnos lo &lt;lió aquel mar&lt;¡ués rnitacl alano, mitad snevo, que, presidiendo una vez la ,\caclemia
de la Historia, dijo:
-«nien lo sabéis, señores; los moros que venían ele las selvas occidentales de Europa, fueron los primeros iuvasores de Espa1ia, fundiéndose con los aborígenes ~· produeic11do la belia
raza greco-romana.»
-Que chistoso eslús hoy.
-r.omo &lt;le ordinario. ¡1or no pecar de inconse&lt;'ue11fr. i\lini ese olro, tan hinchado y desdeñoso,
quP pnn'cc que perdona á lodo el pas€o la vicla;
Jlllf',i t·stá 111aJyendirndo sus fincas.
- ¿.Para jugar'!
- Peor aún, para entregur;e al sport automo\'ilista.
-¿Acabará por estrellarse?
-¿Quién Jo eluda, sobre todo l&lt;'niPndo su &lt;'astillo roquero en la calle de la Estrella?

IX
-¿ Te parece que hoy uos dirijamos á la playa?-me preguntó Daniel.
-'.\o me seduce el bafio--contesté.
-Pero verás á los que se bailan; aquello es la
mar ele entretenido.
-¿Y se está cerca del mar?
- -¡Guasón!, ya te chupará!&gt; los dedos contemplando á las nereidas dr \'illamar.
-¿Todm, las villamarinas pertenecen á ese
grnpo?
-También hay focas y ballenas: aquí recalan
todos los habitantes del Atlántico.
-Entonces, ¿no os faltarán tiburones?
- Los tenemos grandes y chi!'os, mozos y
viejos.
-¿Y acometen?
-Se dan casos.
-¿l'uedes contarme uno?
- Ya lo creo; escucha:
Cierta nwliana dr Octubre y finalizando éste,
batían rurlamente las ola~ contra las prñas con
tal l111petu que parecían querer tragarsr las casetas de bailos, cuando, envuelto en una ele aquéllas, cayó sobre la arena de la playa un tilruroncillo tan joven como enamorado; al vel"Se allí,
conoció el terreno, lo bordeó no sin alguna dificultad y llegó hasta el mnlecón; ¿.y qué te figuras que enGontró?
- l\o puedo adivinar.
-Pues á la nereida ele sus pensamientos, que

daba con unu guitana, por carecer de !il'a, una
serenata al dios :'\epluno; no fué este entretenimiento cle.l agrado del tiburón y, sin considerar
lfUC se trataba. de un dio:;. y tocado del ateÍSmo
moc!C'rno, que llega hasta el fondo de los mares,
la emprendió ú tiru1;; con ella.
-¡Qué barbarida&lt;l! ¿,\ tirns?
-!..;í, ú tiros, como lo oyt&gt;s; pues qué, ¿no sa~
hías que 11ue.slrm, Sl'lacios 11sai1 la browing?
-¿Y la mató?
-.\ 111erlias; la elc·jó malherida, y sin la guitarra.
-¿Y él"?
-El pobrecillo se hundió para siemprl' en el
líquielo elemento.
-Es curioso.
-¿ \'amos ó no á la playa?
-Andando.
:\linutos elespués estábamos frente al mar. El
oknjr l'ra suave y manso, y las aguas, de un azul
pálido brillante, venían si!Pnciosas y amables tí
brsar la. playa, re1novie11do la fma ~rena en 011clas d&lt;-' plata oxidada. Perdido en el horizonte,
110 llH'llos a:rnl qnP el mar sobre el cual proyectaba sn sornh1·u, alzúbase rl histórico faro c¡ue con
Imita ansia demandan las naves· que del lado
opnPslo rrnzan el inmenso Atlántico. A derecha é
izc¡nit'l'(!a p11eblecilto:, akg1t&gt;s, plenos de luz y sntmados de belleza, en los &lt;¡ne parer,ía lloberse detenido con Indos sns rnrantos el alma helena. Un
ralordllo &lt;lulce y tentador incitaba á despojarse
&lt;Ir las ropas y, á ser posible, sin mallas, arrojarse
en aquellas aguas acariciadoras y engaJiosas.
:--;o c¡uerlaban casetas disponibles: todas estaban 01·111nulas, y de su sc11u misterioso emergían
hlPalPs y cli,·inas rnujeres, malamente envueltas
en 1x,poncs blanco,;, capas airosati y flotantes ~:
níreas sábanas, y ataYiaclas ron trajes holgados, c¡uc dejaban al deseuhierto piernas, brazos
y senos tentadores.
¡Qué ad11iirable rnriedacl!
.\11flt1·ile debía. trnrr allí toda su progenie femenina.
¡Qué líneas y qué !'ontornos! ¡Qué formas tan
Px1111isit-0s! ¡Cómo se recrPuria :\ligue! Angel ante
nq111'! subli111e espectáculo de la =-,;aturaleza YiYa
y palpitante!
Yo Pstaba. bastante conmo\"ido y sentía las
palpiladoncs del corazón que tanto me habiai
alarmado Pn la primavera.
¿.Qué·? ¿.•\&lt;'uso r&lt;'lrocedía en n1i cura? ¿Volvía•
ú 111i:- fatigas, ú mis canRaneios, á aquellos eslacios ele laxitud y de debilidad orgánica que me
habían obligado á escapar ele .\ladrid?
1
~lt• senté &lt;'n un banco para reponern,e y respil'ar libremmte el ambier.te yodado ele la playa ..
Daniel. &lt;!Ue acl\irtió mi anormalidad físic!l,
sonl'ió y con tono burlón dijo: .
- I';o ie asustes, hombre de alfeñique: el rojo
que colorea tus mejillas y los fuertes latidos que
sacuden tu corazón no los produce tu enfermedad, á mi jui&lt;'io dcfinili mm ente vend&lt;la, sino
la \"isla clr&gt; esas 1llt1jrres 1lesparnpanantes, que

�inl'i!an a:! pecado:-' que, como sirenas adorables,
están ahí chapuzándose á nu eslra ,·ista 1 para
tentarnos y reirse de nuestra formalidad.
- 1\le _parece que tien es razón, Daniel. ¡Yaya
unas mnjercilas! Te digo que ni en Biarritz, nl

en Trouville, ni en San Sebasliún. las he risto
niejores.
- ;Ah!-dijo Daniel con marcada satisfacción-.

Podernos eslar envanecidos los villamar·inoS con
nues tro ganado femenino; no sólo sirve para el

consumo interior\ sino vara la exportación. ¿lgnorabas que en estas a.guas dió tonos maravillosos á sus carnes la bella Otero, y que, tras esos
montccillos, levántase la poética cabru1a · en donde Cupido y sus Gracias guardaron la cuna de
esa moderna Tais .que nos han robado los granQes amadores de la belleza positiva?
-De lo que estoy admirado,_ mi querido Daniel, es de que permanezcas en estado honesto
c:;on mujeres 'á la vista de estas hechuras; bien
se conoce que ninguna te considera digno de su
anzuelo.
;- -Eslás en un error; he sido objeto .fo muchas
tentatiYas de pesca.
-¿Y no te has dejado coger?
-No, por cierto; he mordido el anzuelo 1 pero
sin caer en la red.
- -¡Ah, truhán!
-Quiero conservar esta feliz independencia,
que me. permite amasias á todas y no esclavizarme ú ninguna.
Sentóse también Jofre y empezanios á pasar
reyisla á todas aquellas mujeres que, como visiones de ensueño, surgían de las casetas y, alegres y vivas, mal cubiertas con sus flotantes capas1 se lanzaban, dando gritos de fingido terror,
á las olas pláddM y rumorosas.
-¿ Ves aquella rubia, de ojos verdes como el
heno 1 que da grandes manotadas al agua, ernpc·
fiada, al p~recer, en ganar el faro'l-dijo Daniel.
-Sí 1 y p0r cierto que nada admirablemente.
-Pues csa 1 desde que estuvo aquí la princesa
Estefania de Portugal, á la que acompafió dos
horas ensefiándole el Museo Antropológico, la
Granja Agrícola y el Faro, que son nuestras
tl_'.e·s principules rnaravillas, se hace llamar exce•
lencia.
_ -¿De· quién'!
-De sus criados y del _chautJeur, porque los
¡;\emás no aguantarían la tostada.
: -Tiene eso la mar de gracia.
. -No lo sabes tú bien; figúrate que se presenta por la mañana la maritornes en su al.coba
preguntándole:
. -¿Su excelencia vai á lomar el chicolate na
cama?
· -Ya le tengo dicho á usted, Simona- contesta su exoelencia.......;.1 que no se entra en mi cámara
~in pedir la venia y hablarme en puro caslel!ano.
; ·-Bueno, ¿pois da á sefiora, digo á excelencia,
sua liceilcia para traelle ó chicola:te?
,, .-No, iré al hall á tomarlo. Puede usted rallrarse y avise al chautieur que prepare el auto
para las doce, porque tengo que ir á ver á la
duquesa · del Burga que :ha llegado á su pazo,
¡ah! y déme las alpargatas, digo las zapatillas,
que·voy á levantan-ne-. Debo advertirte-sigue
murmurando implacablemente Jofre -que los
abuelos de esta excelencia hicieron una. fortuna
colosal fabricando y vendiendo alpargatas y otras
menudencias.
-Y qué, ¿eso te parece á ti un gran crimen?
-¡Hombre!, te diré.. crimen no digo que &amp;ea;

'

'

pero, la verdad 1 no es esa la mejor recomendación para darse tanto pisto.
-Estás muy equivocado, Daniel: ese es un
prejuicio tuyo, uno de los muchos de que no podéis libraros los que vivis tan en familia en estas peque.fías poblaciones. Et industrial, en esta
época, suple al guerrero de los tiempos medioevales; si éste cor1:quistó con la espada y con el
valor riquezas y blas.ones, aquél adquiere hoy
con sus esfuerzos, con su habilidad 1 con su cálculo, con su previsión y con su in!eligencia las
mismas cosas. Y &amp;i me apuras, te diré que estas
conquistas son mucho más nobles y de~de luego menos cl'uentas que las de antafio.
-¡Chico!, repara que te acercas al fuego; ¿no
han estado tus antepasados todos en cuantas
guerras sostuvo Espafia desde el siglo xv1?
-No puedo ocultarlo, ni de ese pasado me sería lícito renegar; la guerra era el vivir de entonces, y los que tal vida adoptaban eran caballeros dignísimos que cristalizaban en esos héroes
que inmortalizaron la leyenda y la historia; pero
ahora es otra la psicología de la vida y otra la
orientación de las sociedades, y no es aventurado afirmar que industriales, agricultores . y co•
merciantes son los señores del mundo, ya que de
su Jabor combinada nace cuanto es progreso, civilización y bienestar.
-Qué bi_en y qué elocuentemente defiendes á
la rubi~; si te gusta, ~nünate1 que está todavía
soltera, pues aunque frisa en los treinta y cinco
se conserva muy bien y harias ci;m ella la gran
pareja.
-No, no defiern;lo á esa mujer que no conozco
ni me interesa; rc~tifico tus errores de mentalidad que te llevan, por atávicas preocupaciones,
·tt juicios y críticas injustas que bien veo flotan
en este ambiente enrarecido é infecto. Levanta
el almR.i mira Jejos, más allá de esas rocas pe_ladas y de- esas aguas azulosas y verás que hay
un mundo grandioso, colosal, en donde se trabaja sin descanso y se transforma la vida ensanchando sus horizontes, y no se pregunta á ningún hombre de udónde viene)), sino &lt;elO que haceu .
-l\1e- has matado, Enrique, y nada tengo que
conlesl.ru\ porquE': cuanto _dices me parece el propio Evangelio. Ea, dejemos á la rubia y mire·m os
hacia aquella morena entrada en carnes que €e
da grar.ldes_ chapu~ones, ensayando saltos- de delfín. y muestra, de vez en cuando. unos ojos
negro~ · que parecen tefiidos · con sombras de
abismo.
-Poeta estás. Danfer.
-Y tú1 disef.tador y dómine, querid-0 Enrique.
-¿,Quién es la morena?
-Pues una de nuCstras más distinguidits feministas: ·µronuflcia discursos anárquicos en el Recreo Artísti('o, ni&lt;l.iendo violentamente la emancipa.cióñ tal.al de la mujer y p·roclamando su
derecho á inlen&lt;'nir en la cosa pública:·defiendt!
la escuela laica; ataca á los pobres jCsuítas;
quieFe la exclaustración -de 18s monjas, 61 Cuan~
dJ menos, que se las conceda el privileg}o de ad-

�111ihr tn ,-u,- ,•1.1111u11idn,!cs jón uc's ca::-fo,-, para,
X
huc·t•r •l&lt;' Pl111;; ho1111Jn·s rw1•feclo:-:, y hucc n•rgos
1,1t,d1•r11i,-lag !:-in mcdiua ni armonía, grnrnúlica
Fiuallznndo S.c¡,t iéu I hrc c111 pecé ú :-ellli r u11
1ti 01lc.grufía: lu1uhi{·n :-t• ,·artPa 1·011 llm·ío y
alH11·l'imicnto que lomuba lodas las Iomws del
G,1en tl ,lllll'(llC'Íl'O.
disgusto.
· 1'11&lt;•,- uie ¡ia1e,'e llll prrnligio de su srxo.
.\c¡uellu ya 110 111c rc:-ullaha. Uc pronto había
- -l'or cierto tjUt' en estos i'tllirno1- tiempos an1ln perdido para mi todos su,; alrncth·us \'illnmar;
á s11 nlredc,lor u11n J¡i,,foria •!lle liem• lnnlo dt•
y la! vez por lu fl'ccU1:1wia con c¡uc 1·ní,111 grnni'·iimit-a co111r1 &lt;.k dolol'O:-a.
tlts chulmscos, por el cvlor vhs1a1ro. y triste que
L'ué11l&lt;1ln.
to11 nlJu l.'! l'il'lo, de ordinario de un azul intenso;
- -11,we n·inli&lt;'inc:o ar11J;.:, pllC'::; t1:a, nirn,¡ue npa- por lu suciedad de ::;us ,·alle:.-:, conYerlidas en fnnl't'1ala treinta. meroou á In,; tinturas y pornac'a:a:.
gn•cs por los 1¡ue no era pns1hlc lrm1sitar, echó·
ha lrnspnsodo la eu111lJ1•e dP lu 111,·dia n•1t111ria.
,te 111emi;; ú .\ladrirl, q!lc en lnle·,- días, pasados
fu(• nO\ ia de un , asr~ que c:-;111\"o a&lt;¡uí siJTif'lld , los e,-.li\·a)e:;, rcnac1a ú esa \'ida ugiladu y febril
u11 l'l11pleo en l Inciendn. E:olos nmore,- termina- c¡11c le es pe&lt;'uliar y cpw tiene tunlos fcrYicntes
roa al =&lt;u· fra,:;lo&lt;lutJo u II u1 :::en. l'c1·0 hace unos npasionndos.
t•C'ho mr_-;;ps redbió una r·orla l'll In rual su n11- fü,lo ha IPnui11aclo dije una rnnfiana ú Dali.:!uo noyio, evocando lo ¡iasarlo, dec!nll', poc1, 11H -: ,os encantos de nuestra Yilla \'lln esfuIIIÚS ,·, liléll())i. !ll sig11i1•Jtll': «l '11n fp(iz r·ns11ul:111ú111losc ro11 la aparición del invierno, q ue aquí
tlad mr ha !)('flnitido , er tu retrato en la reYi!:&lt;lri ~e adelanta 1uús que en c,lras portes. Este llo\·c1·
d&lt;'tt11r,l ,¡11c aq11i ,:se ¡,11hlic-n. Y hL 1111 ..dado sor- rlimio fu liga el espíritu y amenaza con transp1·endid 1 v ah!&gt;OJ lo en ::;u , 011l emplación. Está, formar en rana,- á lo::: hombres; y la verdad, que11111s guapa ,¡ue nunr·n. y l11s njos 111c hn parel'ido Da11iP.l, 110 deseo ('()Jlverlirmc c11 hulracio.
cirio que miran con 11,ú;, inleusidntl y atrcicDa11icl no 1·p¡,lk¡j: comprendía mi ca11~ancio
' iú11 ,¡rw u11iaiio. Todo · 1111 a11I ig110 nnw1·, que ,11! las l'osas y de las g1•11lcs de \'illamur y deja.l'Oll,.,L'nuha i11lnl'lu, se hu desperlndo ante l11 ha de telldcn,rn m1e\·os lazo:- que me retu\'iesen
it:kal inmqrJ1: ;;b '!llC estas lil&gt;rl': y,¡ la111hié11 lu 11 ,;11 In,lo.
l'sluy: ;.r¡uit•n:;; r¡ne n•a1111L1'!111ns nw•sl1·0 iclili,1·!
~111 1•,11harg11, &lt;'Oll una \ isihle emoei1in &lt;¡uc re;Je d,•ddl',- ú i'l'111111c-io1· ú lu lihPrlacl y asoda1 le n·lnbu frum·;1111e11I" 1111 niriiH• c!Pl 1¡11l' tal n•z
;1 111i púl' medio de esa \'ieja fórlllula, de r¡nc aún ern yo muy digno, urnnturóse á decir:
no jlo&lt;lrmos pl'l;;éi111li1·. 1¡11P se llm11a n1a!t·üno-¿Por 1¡111• 110 le ,,ni11"1,; á visilnr el Ct1!=-lillo de
11io'! ¡.,¡11i1 n·,- ,¡11,· 1ws ,·as,·111os·?., E:\.1·11so dccil'lt&gt; !11 cl11r¡11esa de P11t•11te- \'en, restaurado recienleq111.• l'iln dió al trn,-le ,·011 todu-.. sus doctriuas fc1, ,,·1,I,· ~- de un eslil,i gúh·o purísimo?
mi11istas y J'l'n1l11,·1111mrias r iJIH! ar·t•pló, j111Jilo:\o tengo \ alrn·-respornlí-¡.mra ""g11ir prn:;¡1. ·la 111·0JK&gt;sieiú11 El \'i&lt;'jo a111anle hada latir si.:ll, ·in ntlo e;;ccnas mollótona~ y nr co,;as que
lllll'\'UillPlllc su ,·o ruzú11 sen,-ihle. Te ahorni ri• ahulllln11 &lt;'11 cuulq11ier lugai·; ad1•111ús, ¿rne perq1:sodio,- ii111e&lt;·csn1fo,-. , \,'Ol'ú!ll'{lll \'Cr~c y :-;e mites 1¡11t' H'a franco?
\'tl'l'{Jll: pt&gt;ro ; hnl'l'ihl,• r!,·,·Ppdún! el Yasr·o 110
- ¿l'or c¡ué no'? ¿Qué derecho tengo ú impcdírpndo n·sisli1· l'I dL!-t'llf'Hnlo de una juventud agoslclo?-cunle~ló Daniel.
ladn y d .. una 1k11tad11rn poslizn, amén de unns
-i'IIL'S bien, tus historias yo. no me interesan,
carn,:s tl,•:-1.onlanles. y, llamándose ú engoiio en
fü&gt; 1111! 1'nlretienen, no comhaten 111i Jmslín, han
pn•scncia del ol'iginal, que era muy diferente al ¡wrtlido el cfcdo sugestirn que lt1Yicr11J1 ni prinrPlntto. &lt;liJo: 11 \ '111'!\'&lt;1.n Y ... 110 \'olvi6.
cipio. QtÍicro rnh"er á :\ladrirl, á llli ra;.ino, á mis
¿Y ella?
[ouers, á mis a111ores, ú mis Yigilias 1'11 el resc
Se quedó como el que
vbiones y siendo mús tauranL bebiendo champafia y oyendo !ns carcá:' •
fc111inbl.a y enemiga de los ho111bres r¡ue 11unro.
jadas alegres y ruidosas de mis amigas.
Esla. h isloriela. viene siendo el rnanjar predilec--Eres un enfermo incurable-&lt;lijo mclancóllto, hace un trimestre, de !oda la socicclarl villa- can1f'n!e Jofrc--; nada te salrnrá: Ye, marcha, co~
mari na.
rre ó. l a muerte, que ella le espera en ese :\Ia.drid
-Pues me pmece qnc mús bien debierais com- aborrecible que ·onsume tantas Yidas y anula
padecer su clesengafio y cargar sobre el Ynsco tantas energías.
falaz y criminal toda la ridiculez de la acción
-Qué importa morir-repliqué-, si se m 'u ere
-Estás hoy por tomar la defensa de lodo el
ron el alma a.legre y el cuerpo ahilo de placeres:
mundo-dijo Daniel aJgo amoscado.
Cuatro días despurs de esta. corn·ersarión ha~
-Te rc¡uirncas; estoy por hacer justicia y des- llábame de nuevo en m i cuarto de la calle de Pevan~er vuestras preocupaciones locales.
lit{ros.
- En \"bta de lo c:ual, arnado Quijote, digo EnY cosa rara, no reco rdaba nada de las historique, renundo desde este momento al oficio de
ria; tragicómic,is r¡ue Daniel Jorre me había
Cheherazada; si quieres saber más historias vete
contado.
á Ilagdad.
Como películas de un cinematógrafo habían
Y abandonando nuestros asientos y e l encanpasado ante mis ojos s in dejar huella en el cetador espectáculo, nos volvimos á Villamar.
rebro.

no

,·e

0

Jfadrid, Xoriem bre /910.

:Po:a.

11EftSUALES

·podrá usted adlJIIIIi las

: acredttadas blclcletas :

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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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              <text>Zamacois, Eduardo, 1873-1971, Fundador</text>
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              <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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              <text>Insua, Waldo A., 1858-, Colaborador</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Novela Cinematográfo Provincial</name>
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