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                  <text>IOTECA

CENTRAL

• A. N. L.

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en los bars, pida V d.

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I

REFRESCOS INCHAUSPE

�HEVJ~T! DE FILO~OFÍA
=

Cultura Ciencias. Educación

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PUBLICACION BIMESTR-\L
DIRIGIDA POR EL

Dr. José Ingenieros

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aparece en Yolw:ilcnea de 150 a 200 páginas

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Director:

E.

MARTINENCHE

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Charles Lesca, V. García Calderón
Aparece el

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'!';oalles, Rachilde, Gérard d'Ilouvillc, Louis

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D. Barha~elata, A. Zére,-a f Iiorubona. cte.

Redacción y Admin:stracil, 11

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���l48

:-;osOTROS

des hombre::; no suelen formarse recogiendo migajas en los festines oficiales de los opresores, sinó alzan&lt;lo la voz contra todas
las formas de la opresión, de la inmoralicla&lt;l y ele la injusticia.
Porque fué revolucionario, Vasconcelos sabe hoy ser patriota,
en esa noble significación del patriotismo que consiste en honra,·
a la patria con obras buenas y no en explotarla con dec1amacio
nes malas. Porque fué revolucionarig tiene el vehemente deseo
de acrecentar la justicia en la sociedad. sin encadenar voluntades a ningún dogmatismo de secta o de partido. En la &lt;lirección de la Preparatoria, en el rectorado de la Universidad, en
la federalización ele la Enseñanza, en la organización de las Bibliotecas Populares y finalmente en el Ministerio de Instrucción
Pública, ha demostrado ser un espíritu nuevo, uno de los pocos
espíritus incontaminados por las pasiones malsanas que dejó la
guerra europea, que pueden contemplar la situación actual del
mundo sin anteojeras germánicas o aliadas.
Pero si gTande es su labor pública, no menos meritoria e5su producción intelectual, slngularmente aplica.da a las más nobles disciplinas filosóficas. Algunos de sus mejores ensayos han
s'do editados y comentados en la Rc·vista de Filosofía, ele Buenos Aires; todos los americanos cultos conocen sus ljbros eximios: Pitágoras, El 1nonismo estético, Dii!agaciones literarias,
Promcteo Vencedor y Estudios Indostánicos, cuyo análisis sería
en este momento inoportuno.
Por todo ello, los escritores argentinos aqui reunidos, saludamos en el amigo ilustre y querido compañero a todos Jos
hombres de esa generación mexicana que ha emprendido la obra
magna de regenerar las costumbres políticas, para hacer cada
día más efectiva la soberanía popular; que ha emprendido la re- ·
forma educacional combatiendo el analfabetismo, qifundiendo el
libro, renovando la vida universitaria y artística, sugiriendo ideales dignificadores del ciudadano; que ha emprendido la reforma
social sobre bases generosas, anteponiendo los intereses sociales del pueblo al egoísmo individual de pocos privilegiados, afrontando la solm;ión del problema agrario por la patriótica expropiación de vastos feudos incultos v su adjudicación posesoria a
los que con su trabajo sabrán convertirlos en fuentes de bienestar y progreso nacional.

POR LA U~ION LAT!lW Al!ERICAK\

149

Estas hermosas iniciativas, cuya experimentación está des
igualmente avanzada en los diversos Estados federales. hacen
t¡tte hoy :México merezca. además de nuestra simpatía, nuestro
estudio. Convertido en Yasto laboratorio social, los países de
la América Latina podremos aprovechar muchas de sus enseñanzac; para nuestro propio deseuvolvimiento futuro.
II. -

La deslealtad del Panamericanismo

Por sobre otros moti\'()~ rle simpatía intelectual :-i,· social,
nos acercan, a todos los latinoamericanos. razones g-raves de
orden sociológico y político.
Sería necio callarlas, corno si ocultándolas dejaran de exis11r; poder pronunciar ~iertas verdades es, por cierto, un privilegio, y hasta una compensación, p~ra los que rehuímos voluntariamente las posiciones oficiales que Suelen andar apareadas con la política banderiza.
Decimos, debemos imperativamente decir, que en los poco:-.
años ele este siglo, han ocurrido en la América Latina sucesos
que nos obligan a reflexionar con sombría seriedad. Y desearíamos que las palabras pronunciadas en este ágape fraternal
de escritores argentinos, en honor de un comp.."lñero mexicano.
tuvieran eco en los intelectuales del continente, para que en
tocios se avivara la inquieta preocupación del porvenir~
No somos, no queremos se1· más, no podríamos seguir siendo, panamericanistas. La famosa doctrina de nlonroe, que pudo
parecernos durante un siglo la garantía de nuestra independencia política contra el peligro de conquistas europea$, se ha revelado gra&lt;luahnente como una reserva del derecho norteamericano
:1 protegernos e intervenirnos.. El poderoso vecino y oficioso
amigo ha desenvuelto hasta su más alto grado el régimen de la
producción capitalista y ha akanzado en la última guerra la hegemonía del mundo ; con la potencia económica ha crecido la
"oracidad de su casta privilegiada, presionando más y más la
política en sentido imperialista, hasta convertir al gobierno en
instrumento de sindicatos sin otros principios que captar fuentes de riqueza y especular sobre el trabajo de la humanidad,
esclm·iza&lt;la va por una férrea hancocracia sin patria y sin moral.

�150

NOSOTROS

En }as clases dirigrntes del gran Estado ha crecido, al mismo
tiempo. el sentimiento de expansión y de conquista, a punto de
que el clásico "América' ,para los americanosº no significa ya
otra cosa que reserva de "América - nnestra América Latina
- para los Norteamericanos".
Adviértase bien que consignamos bechos, sin calificar des·
pectivamente a :-us autores. No es burlándose de los norteamericanos, ni injnriándolos, ni mofándose de ellos. como se pueden
plantc;i.r y resoh-er los problemas que hoy son vitales para Ja
América Latina. El peligro de Estados Unidos no proviene de
su inferioridad sino de su superioridad; es temible porque es
grande. rico y emprcmledor. Lo que nos interesa es saber si
hay posibiHdad de equilibrar su poderío, en la metlida necesaria
para salvar nuestra independencia polírica v la sohcranía rif'
nuestras nacionalidades.

POR J,A UNION LATINO AMERICANA

161

ct1ando España reconqt1istó a San;o. Domi~go? _; Y en 1_~4ct1ando Napoleón III fundó en Mex1co el 1mpeno d~ Max1m1l:ano de Austria? ¿ Y en 1866, cuando España bloqueo los puertos del Pacífico? ¿Y cien veces más, cuando con el pretexto
de cobrar deudas O proteger súbditos las naciones europ:as_ cometían compulsiones y violencias sobre nuestra: republicas,
cc,mo en el caso, justamente notorio a los argent.mas, de Venezuela?
Esa equívoca doctrina, qne nunca logró imponerse contra
intervenciones europeag, ha tenido al fin por función asegur~
la exclusividad de las intervenciones norteamericanas. P~recta
la !lave de nuestra pasada independencia y resultó la ganzua _de
naestra futura conquista; el hábil llavero fingió cuidarnos ,cien
s.ñns, lo mejor que pudo, pero no para nosotros, sino para el.

.. * *
La hura

parece grave. Ha llegado el momento de re
solver si dehemos dar nn ¡ no l decisivo al panamericanismo y
a la doctrina de 11onroe, que al despren&lt;lerse de su primitivn
ambigüedad se nns presentan -hoy como instrumentos de engaño esgrimidos por c1 partid_o imperialista que sirve en el go•
hierno los intereses del capitalismo.
Si durante el siglo pasado pudo parecer la doctrina de Manroe una garantía para_ el ' 1principio de las nacionalidades" contra
1
el dcrecho _de intervención'\ hoy a(kertimos que esa doctrina,
en su interpfetaci~ín actual, expresa el "derecho de intervención''
d.e los E~tados Unidos contra el "principio de las nacionalidades" latinoamericanas. De hipotética garantía se ha convertido
en peligro efectivo.
Llamamos hipotética :;tt garantía en el pasado ; los hechos
lo prueban. .¿ Impusieron los norteamericanos la doctrina de
Monroe, en 1833. cuando Inglaterra ocupó las islas Malvinas,
pertenecientes a la Argentina? ¿ La impusieron en t838 cuando
la escuadra francesa bombardeó el castillo de San Juan de Ulúa?
¿ La impusieron en los siguientes años, cuando el almirante Le..
blanc bloqueó los puertos del Río de la Plata? ¿ Y en ,86,,
&lt;'.

110.s

\ sí nos lo sugiere la reciente política imperialista norteamericana, que ha seguido una trayectoria a1armante para :ad~ la
América Latina. Desde la guerra con España se poses1on~ .de
p 11 erto Rico e impnso a la independencia de Cuba las co~d1c10-t1es veiatorias de la vergonzosa Enmienda Platt. No tardo mucho en- amputar a Colombia el istmo que le permitiría unir por
Panamá sus costas del Atlántico y del Pacífico. Intervino luego
en Nicaragua para. asegurarse la posi?Ie vía ,1,e _otro canal ~nteroceánico. Atento contra la soberama de }i.1ex1co, con la m
feliz aventura de Veracruz. Se posesionó militarmente de Haití,
con pretextos pueriles. Poco después realizó la ocupación vergonzosa de Santo Domingo, alegando el habitual pretexto de
¡,a6ficar el país y arreglar sus finanzas.
Desde ese momento la locura del partido imperialista parece
desatarse. La ingerencia norteamericana en la polític~ de ~1:éxico, Cuba y Centro América tórnase descarada. Quiere e1ercítar el derecho de intervención y lo aplica de hecho, unas veces
corrompiendo a los pol_íticos con el oro de los empré_s~itos¡ ot~~s
injuriando a los pueblos con el impudor de las exped1c1ones nuhtares.

�152

NOSOTROS

. . Ayer no más, hoy mismo, obstruye y disuelve la Federac~on Centroamericana, sabiendo que todas las presas son fáCJJes d~ devorar s~ se dividen en bocados pequeños. Ayer no más,
hoy mismo, se mega a reconocer el gobierno constitucional de
}.,féxico, si a_nte~ no Je firr:1a tratados que implican privilegios
par~ un cap1ta.J1smo extran1ero en detrimento de los interese~
nac10nales. Ayer no más, hoy mismo, inflige a Cuba la nueva
afrenta de imponerle como interventor tutelar al general Crow~
der.

• **
Leo, señores, la consabida objeción en mucho~ rostros
Panamá es el limite natural de la expansión y allí se detendi:á
el imperialismo capitalista. 1\fuchos, en verdad, lo hemos cre.í&lt;lo ~sí. hasta hace pocos años; debemos confesarlo, aunque este
sentimiento de egoismo colectivo no sea muy honroso,. para nosotros.. Las ~aciones m~s distantes, Brasil, Uruguay, Argentina
Y Chile, creianse a cubierto de las garras del águila, confiando
en que la zona tórrida sería un freno a su vuelo.
. Algunos, últimamente, hemos advertido que estábamo::
equivocados. Sabemos ya que voraces tentáculos se extienden
por el ~acífi~o y P?r el Atlántico, con miras a asegurar el contralor fmanc1ero, directo o indirecto, sobre varias naciones del
Sur, Sabemos también - pese a la diplomacia secreta - de
vag~s negociaciones sobre las Cuayanas. Sabemos que algunos
gobiernos ~ que ~o nombramos para no lastimar susceptibíli¿ades - v1ven baJo una tutoría de hecho, muy próxima a Ja
1gnomm1a sancionada de derecho en la Enmienda Platt Sabemos que ciertos empréstitos recientes contienen cláusulas que
aseguran un contralor financiero e implican en alguna medida
el derecho de intervención, Y, en fin, sabernos que en los últi
mos años la filtración norteamericana se hace sentir con intensidad creciente en todos los engranajes políticos, económicos v
sociales de la América del Sud,
·
¿ Dudaremos todavía? ¿ Seguiremos creyendo ingenuamente que la ambición imperialista terminará en Panamá? Ciegos
seríamos si no advirtiéramo5 r¡ue Jos países -del Sur estamos en

POR J,,\ UKION LATINO ,\!,lllRICAKA

153

la primera fase de la conquista, tal como antes se produjo en los

países del X orte, que sienten ya el talón de la segunda,

* **
Hace pocas semanas, un ilustre amigo dominicano, Max
Henríquez Ureña, fijó en pocas líneas el "sistema" general de
la conquista. "El capitalismo norteamericano, ~mo y señ~r. de
su país, y director de las conciencias de los mas altos poh~co•
en aquella nación envilecida por el m~tcho oro_ que posee, qu~er~
especular con menos riesgo o con mas segund~des en la fe~ttl
zona tropical; quiere garantizar, sin dudas y sm temor, la inversión de su dinero; quiere adquirir, protegido por el poder
µúblico. tierras baratas con títulos dudosos; quiere llevar peones
baratos donde no los haya, aunque representen un peligro en el
orden cie la inmigración y perjudiquen al trabajador nativo. Para conseguirlo, azuza a su gobierno, que es su esclavo;
v el plan, tantas veces puesto en práctica, es el de ofrecer. con
vivas protestas de amistad, un empréstito al pueblo pequeño que
se ha entrampado por la inexperiencia o la torpeza de sus gobernantes; y puesto ese primer eslabón de la cadena, cuando,
por causa de esa hipoteca del porvenir nacional, reaparece ,, el
estado de insolvencia del tesoro público, se ofrece otro en1prestito, pero se exigen mayores garantías, y empréstito tras empréstito, en el momento de crisis más aguda, se toman e~ pr~nda las aduanas de la nación endeudada. Tras esa garantla, viene la fiscalización económica de todos los resortes de produc.:-ión que tiene el gobierno deudor; y tras la dirección plena y
absoluta de la vida económica, o simultáneamente con ella, surge la ingerencia política dfrecta y dictatorial, y la medida final
es el control del ejército nacional, o el establecímiento de tropas norteamericanas en el territorio de esa suerte dominado y
explotado, Esa 'es la obra codiciosa del capitalismo expansionista que tiene alquiladas, para obedecer sus designios, la conciencia y la voluntad de los estadistas que preconizan "la diplomacia del dallar".
Estas palabras contienen una advertencia seria: el peligro
no comienza en la anexión,- como en Puerto Rico, ni en la inter-

�lS4

,

NOSOTROS

,·~nc-:ón. roc--o en Cuba, ni en la expedición rmlitar, como en
hféxico. ri en el rupi 1-~je, como en Nicarag,ia, ni en la secesión
terr!toria:, como en Colombia, P.i l'n Ia ocnpacion armarla, como
en Haití, ni e,:, la compra, como en la!J Gua"·ar·as. El pelir,ro, en
su primera fa~"", e &gt;mienza en la hiroteca progreiva de la indepeoclencia ~1.cion:J mr~i.....:te empréstitos destinados a renovarse
y aument:r sin cesar, en c•&gt;ndicione,; cada vez más clf'primeIHes
para la soherama de :05 acc¡.1 tar.tes. El a1 ostoJ c11b~·10 José
Martí advirtió hace tiempo lo r,ue he y repite cJn voz conMovida
el eminente Fnril.!.11e Jo~é V:irona: !?'' ardémonos de que la co~
operacir'in de amigo~ poderosos pueda •ransforniarse rn un protector:i&lt;lo que sea un puc,te hacia la ser\'idumbre.
¿ No dij::i \Vilson. para conqui¡far nue!,Lras simpatías, du•
rante la guerra. que se re.peta ~fa el de ·echo de la,;;; pc~ueñas nacionalidades y que todos' los puc1-tlú9 serían FLre3 ele darse el
gobif':rno &lt;¡ue m&lt;'jor ks pa ..eciera? ¿ Dónde er,tán su, princi-pios il ¿(Ym10 los ha ~nlir:i(lo su propio país? ¿En Cuba, in·
terviniencJo en su poJ:tica? ¿ En l\féxic'l, desconociendo al ger
bierno qu~ los mexicanos cree11 meJor? t ~ n ~i~to D, mingo,
sust:'hyendo el .r.obierno propio por comision..·ulos :nilitares, y
1&gt;freciendo retirarse de !a is],.;. :i. condici,;n ele imponer antes tratados indecorosos? ¿ Y dónde i·i a para:- nuestn independen~
cia nacional - 1a &lt;Je todos - si C4lla nuevo emprést;;o contiene
cláus:11:t!; que .aume'1tan el contralor financiero y p0líti{"o (lf"t
prestamista 1

l'OR LA lNION LI\TINO A~URICANA

155

f r ince~es,
como
.
d s r or 1( .,• r,rcstar-1ista3
Y ·
·
.
•
,nt('n·encwnes arma a T
,
cm tra hs mtervenc101 nueb,o clP UP¡'Jta
.
,
•
1
aC!ba de ::nostrar o e l-. :
.
·ali ·ta 1r,h,. y ¿por q1Je
l cap1tah~nio
impen ,c;tr~ rlo el, .-ucLlo &lt;l e '1'
nes ar'."'lacfas pe. r e
.
.., e•
1
estuv.J d1::;puesto a 'W - ~
no ~ec1rlo con.o
·ón de Yerac111z.
xico cuanüo la insensata ~~l~11;a~~ la A,.1', :é .. ica Latina, &lt;le un caso
Se tr .ta, para los pu.
.
: ~ " que " mcnu,lo lo
. de defensa n:i.ctor . "' "'-• ,.
. ¡·
de ve• da•lera )' sun
1
ohrnantes, El capta 1s100
lten muchos &lt; e ijUS g
·
~
i~noren u ocu
.
.
1 fuente!;. d,~ nw :;tras nqurza.
nort,"3rner1Ca!1o quere ca¡,tar as l
con d• rcrho de interven,
cn1rarse su ¡::ont a or,
¡ - · te
n;.tcÍO!!.:..ec; y aset,....
.
radica v O'J.n.:.1tiz:...r o:. n, .
cii' n para pr,&gt;L:ge,.. l?s cap~alei~n~~;io qne ;nt:e t;:.:Jto, nos dejen
rese~ de los resta1mst.a~.
s l
. más rn mi -:al. ).Iient as un
.
d •a ¡mhtica rae a v. z
•
1 d
\·na ''l&lt;leper. ene
'
.
. bteptic1amente, e
ere
.
tenrYa expresa o su
f ,
E., tJ/o ('x~ran1er?.
º '. . e~cle:ocia polítiC"l n0 es e ect1va;
_~1:.0 de intervencrnn. la mdcp
d
1·erno que no secunde
· ,,. e a reconocer to o go 1
la
,.•
mient:as se mecu ·
..
tenta cjmtra
SOU\."·
. leuio y de ahsorc10n, a
.
,u -: . ol:tira de pnv · ~
hec'JOs q~·.e rennncta
.
. 1
. t as no drmuestre con
..
.
r-¿'3Ía nacu.:na ; m1&lt;&gt;n r
. i .
.rado como un pai!; am1g1 ,.
a semejant• políti.ca, no p1.e• e !jer m1

III. -

La Unión Latina Americana

t hos pare~rá it:rtece$ario, que las
D'gam1 s, U"' ::;e a tm e
. t nnn.iA ...a&lt;las esperan,
. . -,; :'lan .. ·&lt;lo hrga :.,en e r- '·' f d
p:!.la! Jr.l;. r,reu..en Le ·
~. ma y serv ,.. de ,,n a·
, , Tr . iría para tm~1ar cor
·
·
&lt;h una or.1s1cn
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palabras con1prometec1ov2 ◄ 1 a cp.mr1a~.
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ment). a 1as
,
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•
,
.
n1ás
. 1 . _,¡q 11e no teng&lt;-n
· valor que la autor-1 a
r:..-. ;.:1ert2""len I'.!, º'
,
.,
felizmente, de la cauteosa
1
n onl del r•1e las pronun_cia, h.ªJre,, convenciona' .smo diplomát~:-t.::·1.~&lt;ltz a que ~11ele ap.1star"Joc e.:
ª.

***
Y bien señcres: sea cual fuere la .ideología que pr.-,fcsemo•
en materia politic1, se:1.r cuales í neren nnrstras concepdc-nes SO·
hre el régimen eccn6mir:o más convd1iente pan 1un:e"ltar la
justira social en nuestros pueblos, sentimos v:go:-oso y pujante
el amor a 'a 'ibre 1:-acionalidad cuando : ensamos en el peligro
'&lt;le perderla, ante la amenaza df' un imperialismo extran_iero.
Aun los i&lt;lea1istas más rar1icales saben exal11r sus corazones y
armar su brazo cuando cjércLos de extraños y bandas de mer•
cenarios golpean a las r uert15 del hog'-' r comí: n, como con hella
-beroicidarl lo h:. &lt;lernostra&lt;lc ayer ti pueblo de R.¡s,a contra las

ese·

nafüladcs
[l
f ""ente a un
Creemos q, . e nuedtras nac10 . ,. v alabar la l,ni6n Pa~
,
O e !regarse sum1s0:&lt;lilema de h •erro.
·
·
. ·aros)
prepan.rse en
.
" • . pan los ncrtea..:1.er,c • ' 0
am, ..1c.ana t~~menca
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d
.
1'3.ndo las base-; de una
.
f &lt;l r su ·11depc- enc•a. ce'
c,,~ún a d e en e ·
, .
Latina para lns Jatinoamel'nié-n Latino ;\r.e·icana (kiencarla tarea es la•ga y d'lícit
~ b
os que e"ita seg1m
d
ricanns }. ... a em .
1
. t e es crcaclos n la sombra
e
pues ya existen 1ruy granc,es m er s

+;_co.

�POR LA UN!ON l,ATINO A~IERLCA'&lt;A

15J

NOSOTROS

podero~os sindicatos financieros D 1
•
·
esa entarse &lt;le ant
1.a magmtnd
de la empresa
.
•
emano por
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, eqmva1e a rendirse ·
,
c1 o el que se considera venc·d
C
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mas de conducta a los gobernantes desprevenidos o acomodaticios. Pues, hay que decirlo también, mientras no exista una
,conciencia social Lien consolidada en los pueblos, no hay mucho
1¡ue esperar de la acción oficial de los gobiernos, fácilmente ex*
traviable en los conciliábulos de la diplomacia secreta.
Las fuerzas morales deben actuar en el sentido de una pro·gresiva compenetración de los pueblos latino americanos, que
sirva &lt;le premisa a una futura confederación política y económica, capaz de resistir conjuntamente las coacciones de cualquier impirialismo extranjero. La resiste11cial que no puede
oponer hoY ninguna nación aislada, sería posible si todas estuviesen confederadas.
El viejo plan, esencialmente político, de confederar direc1amente los gobiernos, parece actualmente irrealizable, pues la
mayoría de ellos está subordinada a la voluntad de los norteamericanos, que son sus prestamistas. Hay que dirigirse primero a los pueblos y formar en ellos una nueva conciencia nacional, ensanchando el concepto y el sentimiento de patria, hac.iéndolo continental, pues así como del municipio se extendió
a la provincia, y ele la provincia al estado político, legítimo sería
que alentado por necesidades vitales se extendiera a una confe,leración de pueblos en que cada uno pudiera acentuar y desenvolver su~ características propias, dentro de la cooperación
y la solidaridad comunes.

**•
Esta labor, que no pueden iniciar los gobiernos deudores
sin que les corte el crédito el gobierno acreedor, podría ser la.
misión de la juventud latino americana. ¿ Qué consideraciones
diplomática~ impedirían que los intelectuales más representativos de varios países iniciaran un movimiento de resistencia moral a la expansión imperialista? No olvidemos que muy nobles
y previsores gritos de alarma, lanzados por distinguidos escritores, no han tenido eco ni continuidad por falta de cohesión.
¿ No podría aprovecharse la experiencia y dar organización a
tanto esfuerzo que se esteriliza por el aislamiento?
Formada la opinión pública, hecha "la revolución en los
espíritus" como hoy suele decirse con frase feliz, sería posible

��1(19

l(QSOTROS

De los prados lejanos recogerán los vientos
Sa.Jumzos de recinas, de 11utsgos, de sarmi"entos
Reverdecidos. Luego, al volar sobre d mar
C nn olor de saHtre se podrán saturar.
Aquí no. El pefía.uo muerto y gris no da nada:
J\Ti vahos de arboledas ni olor a agua salada.
Y en. mi alma que anles era un pomo de aroma
Ya ninguna fragancia el mes de Octubre

t01r:a.

JUAN,\ DE IBAJ&lt;HOUROU.

GERHART HAUPMANN
en el año 1889.
Preparábame yo para el bachillerato en un colegio de
Ilerlin. Pero mucho más que ]as recias cadencias de Demóstenes o las lánguidas elegancias I-Ioracianas, nos apasionaba 1a lucha por 1a renovación estético-literaria que se desarrolla~
l1a alrededor nuestro.
El crecimiento repentino que había sorprendido a la vieja
ciudad de Berlín en ~sos decenios, había dado lugar a un movi
miento literario nuevo, mundano en sus aspiraciones y folletin1••;co en su esencia. Era esa literatura, al fin y al cabo, nadl
mí.s que arte industrializado. Pero sus protagonistas, merecidamente olvidados en nnestros días, se daban por defensores de
·a independencia intelectual y prctehdían honores públicos como destructores del clasicismo oficial. Entretanto, la verdadera literatura alemana, había huído de la metrópoli para
e~::ablecerse en las provincias. Teodoro \V . Storm seguía publi,·anclo sus novelas sobre la vida del Schleswig Holstein,
llevando una vida retraída en una aldea de su terruño natal,
mientras que en Zurich, Gottfried Keller y Conrad Ferdinand
M eyer componían sus cuentos, hallando el uno su tema predilecto en la vida aldeana suiza y el otro en los acontecimientos del
rer,acimiento italiano. Y en Viena, el inolvidable Ludwig Anzengruber estrenaba sus comedias llenas de sabor castizo.
La índole ficticia de los géneros pregonados en Berlín, del
cla3icista y del folletinesco, hizo entonces estallar una verdadna revolución entre 1os jóvenes. Y. no es exageración si aplicamos términos de la vida política a un movimiento literario.
Porque ocurrieron en los teatros verdaderos pugilatos en-

E

RA

4

,

��GERHART HAUPTMANN
164

'SOSOTROS

dad está llena de1 anhelo eterno, es un poema de m1st1c1smo sen~
timental en medio del ruiclo de los tehl.res, es la imperecedera
protesta de la buena voluntad contra los éxitos obtenidos por
la astucia. Ya en un episodio de su segundo drama. Haupt~
mann había aludido a la fuerza triunfadora "del viejo ensueño
primaveral" y de los remedios que brinda la pureza de las intenciones para todas las desgracias. Y si, en Los tejedores, el drama termina con la derrota de los que, a tanteos, buscan el reino
de los cielos en la tierra, llauptmann, como profeta empedernido
de todas las utopías, extiende sobre los vencidos la mortaja
de las simpatías humanas y del triunfo espiritual.
Esta visión de una victoria trágicamente espiritual, en el
fondo, brota de una tendencia irresistib!ernente mística del poe·
ta. Se manifiesta en todas las formas que pueden corresponder
a las del sufrimiento humano. Se encarna en todos los concep·
tos utopistas e irrealizables que ha inventado el corazón o el
cerebro humano, y en todos los casos posee, en el sentido más
amplio de la palabra, una inspiración esencialmente religiosa.
Por su índole mística prescinde de las preferencias. &lt;logm5.ticas
en tal grado que puede identí ficarse con cualquier dogma, siem·
pre que sea sincero y, con este motivo, espiritual.
Cada utopía, forzosamente, implica un dualismo irreconci
liable. Describe la realidad con los procedimiento del naturalismo y se complace en la asquerosa fealdad de los hechos.
Pero al mismo tiempo, sólo se sirve de lo ignominioso para
ensalzar ]a hermosura del "viejo ensueño primaveral" y para
hacer resaltar con luminosidad más sobrenatural las gracias
utópicas que se destacan en alto relieve del fondo oscuro de
la vida cotidiana.
Gerhart Hauptmann, poeta de estos anhelos inagotables e
invencibles, había pasado cluraIJ,te su niñez varios años en el
ambiente de una secta mística que, por la fuerza de sus inspi•
raciones, ha influenciado frecuentemente a poetas. Se trata de
los "hermanos moravianos", de los Herrnhuter. Esa comuni•
dad, fundada en 1722 por el conde de Zinzendorff, mantiene
establecimientos de enseñanza en casi todos los países del mundo.
En la Alta Silesia, donde nació Hauptmann y donde ha pªsa&lt;lo
toda su juventud, los hermanos moravianos forman el elemento
4

163

más activo en la vida espiritual ele la c~mpaña y ele las aldeas.
Gerhart I-fanptmann había vivido entre estos defensores de la
virla lmmilde y de la absoluta devoción a la cruz. Y por todas
sus obras pasa, como soplo inspirador, la idea moraviana que
sólo en la abnegación y en )a renuncia se puede em:ontrar la ver·
&lt;ladera felicidaJ, buscada por la mayoría de los hombres en los
placeres y el lnjo de los éxitos materiales.
El matiz religioso y espiritualista de las primeras obras de
Hauptmann había pasado inadvertido tanto por sns amigos co·
mo por sus adversarios. En el "poema &lt;le ensueño" que en el
año de 1893 había terminado bajo el título La asunción de Jua•
1iita J.la'lcrn, -el dualismo naturalista- místico de Hauptmann
está representado por el desarrollo paralelo de &lt;los acciones dramáticas, de las cuales una pasa en una casa de caridad asqu~
ro~. y la otra en e1 país de los anhelos realizados. Si, en Los
tejedores, el "capitalista'' había si&lt;lo e] representante de la co·
dicia desalmada, esa vez fueron los ht:éspedes de esta casa, los
vagos y "atorrantesJJ, los que torturan a la humilde e indefensa
criatura Juanita, junto con su padre, el albañ.il borracho rvlat·
tern. Juanita, enloquecida por los malo.:; tratamientos del ebrio
!,a oído la voz de J esus que la llamaba desde las mansas aguas de
un estanque. El maestro de escuela la ha salvado en momentos
en que estaba ~1.hogándose. La ha llevado a la casa de caridad don•
de. en medio de tma juerga desvergonzada ele miserables, se
muere la desgraciada criatura. Esta es la parte naturalista del
drama. A st1 lado está el poema rom:U.tico. Callan los chillidos
inmundos de fa chusma crapulosa, la esi:c.na se vuel"'e oscura y
emergen las personalidades de la leyenc!a con fas cnales sueña.
la moribunda. El sastre del folklore le toma las medidas para
hacerle su traje de novia celeste. Su madre di fnnta, que lleva
los rasgos de la virgen, le trae claveles de la eterna cittclad.
Angeles cantan la alegria de sus prados y atalayas. E1 maestro
de escuela, que insensiblemt:;nte se trasforma en 1a personalidad
de Jesús, la invita a la vida nueva. J uan_ita se muere con el ref1e;o de esas glorias en !a sonrisa de sus labios exangües. Y
ter'.11ina el poema en una escena naturalista en la cual el méciiro cf"rtifica, en presencia de una hermana de caridad, la muerte
de la enferma.

�168

NOSOT,R.0S

La incongruencia de la vida institntidonal y del corazón
humano, tal es de nuevo el tema ele la "asunción de Juanita
ifattern". Queda la inspiración del anhelo siempre igual, a
pesar de Ias diferencias e..xteriores que determinan la forma de
sus manifestaciones. Y choca esa visió:i utopista de una criatura maltratada tanto como la de unos obreros hambrientos contra la rigidez formalista de la colecti viJad. La codicia de los
arrivistas, aún dentro del ambiente de los atorrantes tanto corno
en el de los enriquecidos, la viveza &lt;le los hábiles que saben con'fuistar y gozar, halla un apoyo natural en el oficialismo y
la acción automática de los decretos. Todo lo que hnele a institm:ión definitiva, a representantes de la autoridad mientras
estén en el ejen.:ir:io &lt;le sus funciones, en fin, a la letra muer•
ta de los párrafos y a escolástica instituri&lt;,nal, siempre y en
todas partes, forman una coalición irresistible contra los humildes. Estos decretos han· sido promulgados, probablemente con
las mejores intenciQnes. Sns servidores no sólo creen hacer el
bien, sino, en su vida ·intima, obran por impulsos humanos y
1,umanitarios; pero se dejan pen.,ertir en cuanto se transforman en instrumentos irreflexiv 1 1s. de leyes . inhuma'las. Es esta
una vida de dolores, un valle ele lágrimas, ·que reserva a los
buenos sólo la corona de espinas pero que, al fin y al cabo, carece de verdadera realiclad.
Gerhart Hauptmann ha simbolizado estos conceptos td.gico-místicos en varias obras. Su Colega Carnpton es la tragicomedia de un pintor que, no por haber obtenido la fama e importa11tes cfttedras en la academia de bellas artes, deja de
~er un bohemio incorregible, invariable-mente en conflicto con
sus superiores y hasta con los mismos or&lt;lenanzas ele la academia. En El ahrigo de ¡,iel de 1111/ria. los oficiales del tribunal,
preocupados de política, instintiv 1mcnt':! se empe1ian, junto con
los ladrones de esta piel, en esconder el .crim::n y en prote7er
a los bribones . Y en las tragedias Rosa BeruJ v El arriero
llenschel, el arte naturalista y melancólico én Gerhart Hauptmann llega a sus más altas y perfectas manife,;taciones.
El arriero H cnschel y Rosa Bernd son dos obras trágicas
cuyo escenario es el mundo de la g-cnte sencilla. El héroe
y la heroína son campesinos cuya viqa termina trágicamente.

GERIIART HAUP'fMANN

167

E l "arriero Henschel" es un hombre bondadoso Y confiado. Después de muerta su primer esposa, vuelve a casarse con
una muchacha mala, ambiciosa, de mal genio y tacaiía. Le engaiía y, rodeado por las burlas de los aldeanos, ·a pesar de las
simpatías de unos pocos, Henschel, por fin se ahorca desespe1 iado en una forma que algo recuerda al fin de don Zoilo en Bat'ranca Abajo, de Florencia Sánchez. Rosa Bernd es una muchacha de los campos, Henn de vida, sabrosa y espontáne?· Su padre
quiere casarla con un muchacho de bondad indiscutible pero dotado de una apariencia p_oco atractiva. Es un joven miembro de
una colectividad meclio mística, exangüe y enfermizo. Rosa Bernd,
confundida en sus sentimientos, perseguicla por los hombres,
cae. Porque tiene vergüenza, mata a su hijo y, en un proceso,
presta falso juramento. Termina el drnma cuando viene la policía para buscarla y cuando - rasgo característico en el poeta
- el novio menospreciado. recorclánclose de que todos somos
pecadores. sintetiza sus sentimientos en una palabra de_ supremo perdón: "Pobre chica. . • Dios mío, lo que ha temdo que
sufrir!"

* * *
Gerf1art I-Iauptmann ha nacido el 15 de noviembre de 1862.
Cumplira dentro de poco los sesenta años. Su patria que le considera como el más indiscutido poeta alemán contemporáneo,
prepara altós honores para él. En Breslatt, la capital de 1a pro~
vincia de Silesia, ha sido estrenada to&lt;la su obra dramática en
o:-den cronológico. F.l 15 de noviembre será declarado feriado,
y en las e:cneias de todo el país se celebrarán homenajes. Y
será esta fiesta en honor del más grande poeta de la caridad ht1n1ana, del amor fraternal, del perdón y de la simpatía con los
humildes que sufren.
ALBERTO HAAS.

�EL MONTE DE LOS OLIVOS

EL MONTE DE LOS OLIVOS

('J

(De Alfredo de Vigny}

I

EN la noche, Jestís ·marchaba solitario_,
Vistiendo rl blanco lino como un 111uerto el sudario.
Dormían los discípulos al pie de la colina.

Por medio a los olivos, que

wi

viento aciago inclina,

Jcsiís va a grandes pasos, como ellos l&lt;'mbloroso,
1"riste, en ansias mortales, el mirar tc11cbroso;

Se alza sorprendido, marcha mln, llrga donde
Más tupidos los órbolcs le atajan. Frío _y lento,
Resbala de sus sienes como un sudor sangriento.
Retrocede, desciende, nrita al fin. conturbado~
"¡No podríais orar y velar a mi lado?"
Alas :1,1acen los apóstoles en un sue,io siniestro.
Nadic 1 ni Pedro mismo, responde a su .Alaestro.
}.[ucvc de 11un•o el Hijo del lfombre el paso lento;
Como un pastor de Egipto, busca en el firmamento
Si el Angel, desde el fondo de""ª estrella, le asiste;
Pero 1ttia ,wlJe, oscura nwl la t1ínica triste
De una viuda, cu .ms pliegues el desierto ha sumido.
Y Jcs1ís, recordando cuánto /zaúfo sufrido,
Ya por treinta y tres altos, se vió hombre; y, fatal,
Llenó invencible espanto su corazón mortal.
Tm.10 frÍo. Tre.s veces clamó en intimo acento:
"j Padre ,nío!" A .sus •voces resj&gt;o1tdió sólo el viento.
Cayó tostrado en ticffa; tuvo, en su mal profundo,
Un pensamiento humano sobre el hombre y el mundo;
-Cayó en tierra, y el orbe sintió con un temblor
Caer el Salvador a los pies del Criador.

Al pecho, en cru:1, las manos; la 'l'Cste al seno opresa,
CHal un ladrón norútrno que ocultara stt presa.
Sa marcha, que las brciias _y la espesura arrostra,
Lleva a un luqar que llama1i Grthsema11í; - se postra
En tierra alli, la- frente contra el pcllasro frío,
Y despuJs mira aJ áelo llamando: "¡ Padre mío!"

Y el cielo permanece ,iegro, y Dios no responde.
(*)

No ha sido hasta hoy, one yo sera, vertirlo al castt-llano este poema de

Viin,y, con ~1" una &lt;lo: las inspiracinni:s máxiniac; rle la lírica íranc-esa, v constituir,
en ~u intl'nsidad ~oberana, un vcn!adrrn tlrrhado dl' p0esia lilosñlic:i. fiara quienes
no lo h-t11?an pres!!Olt'. ri:cordaré i;:ue la trítica ha visto 1:n él el "segnnrlo rstado"
dd !)&lt;'n~amiento del pran ¡,orta. en ~u conc .. pciéin del destino h11m:mo: to,lo !'ér
sm,1:rior, moral o intt':ectua?mt·nte, t'stá rirrfln,1inado al rnfrimiento ("Moisés'');
Dios, si C'Xi!'te, !'e &lt;lo:&lt;nreoc-upa 1le lo'!. hombres, pues- enmucl,·,·ió ante la misma
Pll'1ta[ia riel Hm•!!? ("El '\lO(lte (!e _los qlivos"): y así, ante la suprema i11iqui&lt;l:td
del l rearlor ommnclc:ntc o Url Destino c1e1t,,, una reserva estoica es 11u1:Cstra sola
:i.ctitncl dtJ?na: "~ólo ,:1 ~;1e11cin es i;::randl:', 10,lo el res!o es flar¡uria'' ("La Mul'rte
del 1.obo"). 'fraducidos ya por mí 11'1 ¡,ntmas ¡trimero y Ultimo de esta tri•
logia, ¡1re,:ento ahnni eHa v .. rsión dd Mgnndo. realit:irla, por ,.cierto, con sincer&amp;
temor ele habtr Jllle1-to manos f)&lt;'ado,u en tan alta hermosura, pero con un esmrro
l&lt;'t"nc:lrado por e;;e temor mi~tno. C. O.

II
Jesús decía: "¡ Oh Padre, deja que mm viva! espera
Que haya dicho a los hombres mi palabra postrera!
¡No ~irntcs cómo el 1wmdo, cómo el género humano,
Sufric11do con nii carne. se estremece en tu 1110110!
Es que la Tierra gime de dolor, si se lleva
L-a m~crtc a quienes diren una palc 1Jra nueva,
Y hasta hoy, sólo has drjado caer sobre szi roca
La palabra del cielo que ha traído mi boca.
Pero es esa palabra tan pura, y su. dulzura
Tan honda, que ha embriagado la humana criatura
De una gota de 11ida y de divinidad 1
Cuando al;rirndn los bra.:;os dije: "Fraternidad".
•

169

�170

NOSOTROS

"Padre! si fu.í. con láarimas tu mensajero augusto,
Si he recatado al Dios bajo la faz del justb;
Si al sacrificio hum.ano di luminosa palma;
Si a la ofrenda del cuerpo substit1tí la del alma
Y a las cosas el símbolo donde su, esencia late:
El óbolo al tesoro, la palabra al combate
C 01no a la sangre el vino que el ánfora enipurpura

,,

1

Y a los carnales 111ie1nbros el pan sin. levadura;
Si he cortado los tiempos en dos: él uno esclavo
Y el otro libre~· - eu noinbre del pasado que lavo,
Por 111i sanqrc y mi cuerp{J que sufre y 'lla a morir.,
Vierte la •mitad para fa,uar el por-ven"ir !
Arroja de antemano, Padre liberador,
La n~itad de esa san,gre de inocencia y de amor
Sobre aquellos que 1oi día, cmt.. i1npávida frente,

Proclamarán,: ªEs lícito matar al inocente."
Sabenios que ·vendrán, en lns tiempos f1tluros, _
En 11ied:io a falsos sabios, .dominadores duros
Que, turbando las almas~ de nació1i en nación.,
Irán dando un sentido falso a ·mi redención.
- ¡ .fl )' !, veo ya a los h.0111,bres, que nie oyen todavfa,

Cuál 11111dan en veneno cada palabra 1nía;
~léjame ese cáliz, niás cruel d-e aceptar
Q2te la hiel o el acíbar o las aguas ¡!el mar.

1

! :·

Los rí.qidos azotes, la corona de espinas,
l,os clavos ~, la la.n sa que al Salvador destinas,
Toda la cruz, en fin, qite se yergu,e JI me aguarda,
Nada, oh 1-ni Padre, nada cual eso me acobarda!
Cumulo los Dioses sufren bajm- hasta los mundos,
No hau de dejar en ellos sino rastros profit-ndos~·
Y si a esta Tierra misera, Señor, he descm1dido,
Que cla1naba por mí c;On eterno ge,m ido,
Pué par dejar al irme dos Angeles e,i ella,
lJe quien la estirpe humana besara al fin_ la hi&lt;ella:
La feliz Certidumbre, lo Esperan:,a 110nfiada,
Que Jmellan sonrientes vuestra excelsa · ni.orada.

EL MONTE DE LOS OLIVOS
l.,fas dejaré mañana mi can-wl vestidura,
Habiendo alzado afHmas al 1nartto de mnar17ura
Qu.e denso envuelve al 111..u.ndo, velo aciago y fatal
Q1te la ciñen las manos de la Duda y el Mal.
"¡Mal y Duda! ¡Ah, dejadme que ya en polvo les vuelva/
Padre, ·vos los prrvisteis: dejad.,,ne que os absuelva
De haberlos permitido. - Ved: es la acusación.
Que pesa onin-ipresente sobre la Creación.' Que Lázaro, los ojos a nueva luz despiertos,
No calle más el nrande sc-C1'eto de los tnuertos:
Su mente ilumtinent0s1 y cuanto vió recuerde,
Y hable al fin. - Lo que dura, lo que fugaz se pierde;
Qu,é pusiste allá en lo hondo de la inmensa Natura,
Q-ué pides y qué ofreces a toda criatura;
Qué amor enlaza, al ritmo de sus coloquios »tu.dos,
Los cialos y la tierra con impalpables 11udos;
Cu.ál m.uere 3-1 cuál renace todo bajo tu die"stra;
Por qué lo q1.1c se oculta, por qué lo que. se 11-u,estraJ·
Si los astros del cielo, por su tu,rno probados}
Se ven} eomo este 11zismoJ culpables y salvados; '
Si el mundo es para ellos o ellos son para el mundo;
Qué l!e".1a e;i sí el misterio de claro :v de fe.nmdo,
De ignorante el saber, de falso la razón;
P,ar qtté lucha el espfr-itu con su débil prisión,
Y por qué van las almas, por dos únicas vfos,
11l tedio de las plácidas y i:agas alegrías
O a la rabia sin fin de las turbias pasiones,
En letargo brumoso o ásperas convu.lsiones;
Por qu{ pende la Muerte, coma fúnebre espada,
Sobre la Creación sin cesar desgarrada;
Si lo justo y el bien, si lo injusto y el mal
Son t 1iles arcidentes de un círculo fatal,
O si del universo cual firmísitnos polos,
Perduran, cielo y tierra sob,-ellevando solos;
Y por qué ht fustiria ve con ojos serenos
La muerte de los niñ-os y el dolor de los buenos;

171

��174

LEOPOLDO LUGO:NES

NOSOTROS

o su vértigo; y nunca el mito de] potro lírico f11é más plausible
que en esa tierra de poetas humildes que llevan la lira en el zurrón para cantar en la tapera de la "china" sus vidalitas dramáticas. Así los beduinos de la pampa recuerdan al abuelo probable
que después de gastar la pólvora en las desbocadas "fantasías",
hace gemir la flauta de las noches árabes.
Cuando Lugones olvida sus h:ibituales gongorismos y las
excursiones por los Andes de su verso escarpado. tiene blancuras
y requiebros ele gnitarra crio11a. Cinco lihros admirables, por lo
menos, le acreditan maestro; pero él siente la necesidad &lt;le hacinar obras como lápidas para colocar su estJtua encima . Sarmiento debió ser así. Con tal premura insolente de acaparar disci~
plinas humanas, aquella intacta juventud de Lugones; pero ¡ válgame Dios! un físico peor.

La mano ,-elluda del Polifemo está templando guitarras.
Sus últimos libros son de payador, y Martín Fierro le hubiera
cebado el mate amargo. El áspera dulzura de los panales ialvajes
y los hombres enérgicos es la recompen,a de su madurez. Como
escribiera Estanislao del Campo sus famosas impresiones de un
gaucho en una representación del Fausto, así los yersos· amatorios de Lugones parecen - y este es un elogio conmovi&lt;lo la adaptación criolla de la Vita Nuova. ~Tirad a Beatriz en Palermo (el Palermo de Bacnos Aires). El poeta conoce aquel
"mirabile tremare'' del sublime libro. mas no regresa a la "cámara de las lágrimas" ni queda "maravillosamente triste" sino inquieto cuando m{is, inquieto sí y humilde en la giróvaga noche
porque el diamante nocturno está rayando el alma de vidrio.
¿ Quién no la ha sentido estregada por e5mcriles de Dios? La admira ble Endcr!ta de Lugones alcanz:i entonces la dub:ura acongojada, la temerosa ventura y ese arte &lt;lel suspiro que maravillan
en los sonetos y baladas ele la Vida Nurva .
Pero el argentino Dante no es co!érico ni asume 1a tristeza
teologal del otro. Aquí resuena en el rumor fabri1, ·en el rodeo de
los centauros la serenata de un incrédulo sentimental que sólo cree
en la vida: exclusiva fe de Lngones. Su opt!mismo es quizás
la virtud menos pregonada y la más evidente de sus Juegos Frutales. Poesía de hombre de acción que en la berra libre y ubérrima, lleva la camisa del hombre feliz, casto y fuerte como los

175

Pela~gos. F.! me escribió en unos inéditos apunt:s sobre su musa dilectísima-aqnella Jnana de Lugones canonizada ya por los
• dos poetas representativos de nuestra América-esta frase atrevida v risueña que pudiera servir aquí de epígrafe:
-Tengo la reputación de ser el marido más fiel de Buenos
'.Aires-y la merezco.
Vi;NTURA GARciA CALDERÓN.

París, 1922.

�POESIAS

POESIAS

No. tio tuve tm amor. ¡ Lo tenqo ahora!
ahora que se nutre, en mis entrañas,
con la 'vida cruel de lo imposible;
ahora que me ·viene, desde el alma,
con un .rabor de sangre hasta la boca;
ahora que. en las noches solitarias,
111c oscurece la Plata de la luna
y me puebla el insomnio de fantasmas!

No,

Horrendo amor

Y o tuve un migran arnor . .• u.n .crave amorenardiente
que hasta
carne oscura la co,ivirtió
ful.qor
y me mató la idea debajo de mi frente
y estranguló los cantos de mi garganta en flor . .•

110 tuve 1m amor. ¡ Lo tenr,o ahora!
A hora (JIW la 111icl de la alborada
no se dcrrpma '\'a sobre mi copa
j.' que siento temblar. como una cana
oculta en el cabello de tui ensucfío,

el adiós de la dicha que se marcha.
Ahora que en mí mismo no me encuentro

No sé si fué en la noche de tm invierno lejano

y que nadie me llama.

o en una farde rubia, cuando la conocí,

y que soy el vencido de tm recuerdo:
del recuerdo de amor (JUC tanto amaba!

porque 111e hirió tan Izando del roce de su. mano
que la estación y el día,, todo se borra en ,ní. ..
Recuerdo solamente que fué mientras brotaba
una •fragancia tibia nn. cora.=6n lunar,
cuando tomó mi vida para hacerla szi esclava
y cada nueva pena que en mi dolor clavaba
1ue cnscil.ó la divina ciencia de perdonar.

¿Piedad'! ¿A11ior? ¿Ternura:" ... No tuvo nada, tiada
de lo que el hombre busca, herido de inquietud,
cua11do apoya en un seno su frente fatigada
:v rompe entre las pcfi.as la cinta de su espada
cansado de ir luchando tras de si, juventud . ..

Su amor fué sólo el grito de una carne violenta,:
me besó con la hora, no con el cora::ón.
Su cora~6n estaba manchado de u11a afrenta:
la hija de Dalila buscaba en oní a Sansón ...

A hora que la quiere
el hervor de mi débil carne- humana,
de mi carne anhelosa
.que :vo creí saciada,
ahora que la quema
el fuego de mi alma
que )'O dije apagado,
ahora que la busca sin hallarla
este latir del cora!:6n avaro
que se nutre de lágrimas!
No, no tuve un amor. ¡Lo tengo ahora!
Ahora que me muerde las entrañas,
ahora que we virne, hasta la boca,
con 1fn sabor de sangre, desde el al,Ha! ~ •.

lTT

����18!

NOSOTROS

para alejar todos los obstáculos, que se oponen al destino que les
ofrecen la naturaleza y la civiiización ( 3).
Nada mejor que esas palabras para explicar las causas naturales que hacen C(\mprender perfectamente la fraternidad latinoamericana.
La guerra mexicano-yanki del año 1848, que hizo comprender a los hispano-americanos la necesidad de unión motivó la
firma ?el Pacto de Unión de los Estados Americano~. el dia 15
de Set:embre de 1856. Ese pacto fué suscrito por Cliile, Perú y
Ecuador. El 9 de Koviembre del mismo año se adhirieron México, Guatemala, Costa Rica, Salvador, Perú, Nueva Granada, y
Venezuela.
En ese pacto se establecieron normas para evitar las guerras, Y como lo hicieron otros congresos, se determinaba la formación de un consejo de plenipotenciarios, el que, entre otras
atribuciones, tenía la de mediar en caso de cliscusiones entre los
contratantes.
Invitados por la República del Perú, los representantes de
'Bolivia, Chile, Ecuador, f:alvador y Venezuela se reunen en
&lt;:ongreso el IS de Noviembre de 186~ y el 23 de Enero de 1865
firmaron una convención para el mantenimiento de la paz. En
esta convención se determina la forma de resolver los conflictos
internacionales por medio del arbitraje.
Después de 103 Congresos Centro-Americanos de 1876, 1837,
1888, 1889. 1895 y 1907 (4), en los que se trató de realizar una
confederación de Repúblicas Centro Americanas, la idea de confederarse es abanadona&lt;la por las repúblicas latino-americanas,
pero en cambio se multiplican los congresos para tratar infinidad
de asuntos de derecho internacional público y privado, en los que
reinan gran cordialidad y espíritu pacifista, pues en muchos se
firmaron tratados de arbitraje permanente.
En 188o se celebró un tratado de arbitraje entre las repúblicas de Colombia y Chile en el cual se determinaba que la solución
(3) Traducción del francés (p:ir no ~ener a ma_no el texto originan,
t&lt;;&gt;mada de !a obra de A. Alvarez, 1.e Dro1l fotematio,wl Américaiu. Paris, 1910, p3g. 52.
(4) Como se verá m;;s adelante en 1921 se volvió a realizar una

Confederación Centro-Americana.

•

EL PACIFISMO EN U. AMF,RICA LATINA

de los conflictos internacionales por el arbitraje debía ser un
principio de derecho internacional público americano.
El Gobierno de Colombia invitó a los dem'ts países de la
América cspaüola a reunirse en 188r. en Panamá, a fin de celebrar tratados análogos al que acababa de firmar con Chile. La
mayoría de las repúblicas ele Centro y Sud América respondieron
al llamado.
Los representantes ele las Repúblicas Argentina, Bolivia, Co}ombia, Perú y Venezuela firmaron, en Caracas, el año 1883 un
acta solemne por la cual entre otros principios de derecho internacional americano se declaró que el arbitraje debía ser el medio
por el cual debían resolverse los conflictos internacionales.
El Primer Congreso Pan-Americano, se realizó en \Váshington, desde el mes de Octubre de 1889 a Abril de 1890. En ese
congreso, debido a los esfuerzos de los delegados de la Argentina y el Brasil, se sancionó el arbitraje permanente y obligatorio para to&lt;las aquellas cuestiones que no afectan su independencia "como un principio de derecho internacional público americano."
En el Segundo Congreso Pan-Amex icano, reunido en Mé,.. "
xico en 1902, se disct1tió 1a adhesión a la Convención de La
Haya, que coi:nprcndía el arbitraje facultativo. La Argentina
(5) y el Perú, a la cabeza de la mayoría ele las delegaciones, presentaron un amplio proyecto de arbi!raje obligatorio. El Con•
greso sancionó, en cambio, la adhesión a La Haya. Por separado
(5) Defendiendo el arbitraje ohligatorio, los delegados argentinos
decían en una memoria: "Con tratado o sin él, el gobierno argentino c:stá
resuelto a terminar todas las cuestiones internacionales pJr el arbitraje."
La República Argentina es el pais que ha celebn.cd.J mayor número de
trafadvs de arbitraje obligatorics de carácter general y así lo réconoce el
•mincn:e intcrnacionalis:a chileno Alejandro Alvarez diciendo en su obra
1.t Droil lulanatiamrl Awéricain: "I.a Re Publique Argc11tine est pcn:-.
,ítre le f'ays qui a passé le plus gra11 n::,mbre de traités d arbitrage obligo-.
toíre et _qhiéral". Pílg. 242.
He ac¡ui la lista de los tratados de arbitraje celebrados por la Areentina:
Bolivia, 1902; Brasil, 1905; Colombia, 1912; Chile, 1902; Españ~
1916; Ecuador, 1911 (110 ratificado); Francia; Convención de Arbitraje,
1910: Tra'.ado de Arbitraje, 1914 (vigente); Estados Uuidcs de Norte
América: Tratado &lt;le Arbitraje. 1go8 (no ratificado); Tratado Pacifista1
1914 (no ratificado); Inglaterra: Convenio de Arbitraje, 1910 (no rati:ficado); Italia, 1S98-1~07 (vigente, el más amplio de los celebrad0s); Pa..
raguay, 1899; Portugal, 1909 (no ratificado); Uruguay, 1899. Protocolo,
,dicionales 1899, 1900, y dos en 1901.

�•
187

NOSOTROS

EL PACIFISMO EN LA AMERJCA LATINA

se fim1ó un tratado de arbitraje obligatorio entre las siguiente:!
naciones: Argentina. Bolivia, Guatemala, 1v1éxico~ Paraguay, Pe·
rú, Santo Domingo, San Salvador y Uruguay.
En el Tercer Congreso Pan-Americano, reunido en Río de
Janeiro en el año I&lt;)OÓ, no se trató el arbitraje, resolviéndoSJ:
{micamente la forma en qne este as\lnto se trataría en la S(',
gum.la Conferencia de la Paz, a reunirse en La Haya.
En el Cuarto Congreso Pan-Amerirano, reunido en Bueno'i
Aires en 1910, no se trató et arbitraje.
En todos los momentos ha sido grande el esíu.erzo realizado
por los homhres de América-Latina pa~a asegurar la paz en el
continente, y cabe recordar aquí las palabras &lt;le un gran ciudadano. el Doctor Roque Sáenz Peña. pr'Jnuncia&lt;las en La Haya,
en la Segun&lt;la Conferencia de la Paz, en Julio de 1907: "Estimamos, en efcctn. que la creación de una Corte Permanente, aún
. cuando su jurisdicción fuese voluntaria, constituye un encamin3.mientn hacia la Paz. Aparte dtl arbitrafe obligatorio, que la
Repúhlicá Argentina tanto desearía snscribir con la totalidad de
las naciones a(JUÍ representadas, nos parece evidente, etc.,.
El r S de ~etiembre del año 1921, n11evamente vuelven a
reunirse, los representante::; ele las Repúb'.icas Centro-AmericaR
nas para tratar de realizar la deseada confederación. tantas veces
disnelta por cansas diversas. La rennlóu tuvo lugar en Tegucigalpa. y ahí se resolvió ta Con (ederación Centro-Americana.
Fl espíritu pacifist,a está tan encarnado en lo m'.1s recóndito
del alma americana. que en muchas naciones se ha incluído en
su ley fundamental, la obligación de procurar el arreglo pacífico de los conflictos internacionales, por medio del arbitraje,
antes de lanzarse a 1a guerra ( 6) . U na de las constituciones,
de la República del Ecmidor, determina que el Presidente o
quien esté encargado del Poder Ejecutivo puede ser acusa~

&lt;lo por traición. entre otras causas ¡¡por provocar guerra

186

injusta" (7).
Es. pues en la América-Latina donrfe por primera vez se
inserta en las cartas fundamentales de lo!- pueblos, preceptos constitucionales ele un pacifismo sincero y houroso. En América tiene
el honor de. haber sido el Vruguay el primer pueblo gue en su
Constitución recomienda "emplear .. todos los medios posibles de
solucionar los conflictos internacionales antes que recurrir a la
guerra. La Constitución del Brasil es la primera que habla de
arbitraje.
Y es una nación- latino americana, la República Argentina,
1a que, habiendo triunfado en una guerra, sostuvo el principio de
que la victoria no da derechos.

Ha siclo indispensab1e dar las anteriores noticias retrospectivas para que se comprenda bien el estado espiritual de.los latinoamericanos al estallar la Gran Guerra de 1914.
nn deberán ha('rrlo sin antes proponer el arbitrame11to de mm o más t,oiencias amir¡as."
· Parn a!frm::ar esfl'\principin. debrrá inlr~rfo_cirse c:i_ f(l~ns fo~
h'ntndns inlrrnacinnales q111? crlelire la, Republ11:a. es.a clrmsufa.
•'Tnfas fas rlifrrrncios que fmd1cSl'11 .msrif&lt;rYse cnfrc las parrr~ cmitnz.lnntes drherán srr S'llllCf;das ni arliitramrnlo de una o mas nacimtcs amigas. m1tes· de aJ,e 1ar o la guerra."
La Cons~i1udó~1 de lns Estadrs Uni~lns de _Vc11~.-;1tl'la del '!ño t ~ ,
&lt;fice en su artírulo 1~8: ""Po In.~ 11·&lt;rlf1rlns mfl'nrnn,.,nrt 1rs Sl' ¡,n,idra la df11!-,
sula de qitr "Tndas las cfiferMci~s en/re las pm·:;s contratantes se dec 1d1-,
f'á11 fi,ir orhitramirntr, sil~ a¡,darrli1t a la r¡1wrm.
, •
Entrl" las atribtv·ionf'S acordadas al Presidente de. la R:oubl1ca por la
Con::;+iturión ele la R,,nt',hlira _Oriental del U:ug-uav d:t a110 1820. en ~u
artkulo 81. se rtirt:: "Dec1arár la nuerra fm'.'&lt;lla rrs,¡ 111c1ón d~ la As{!mbha
-Gr11 cral. drsfmés de 1wf1"r cmfl 1Pndo lf'dns los medios de cmtarla. sm me-.
nDual,o del /11,nM e i11drf,f'11.rl,,nria 11arin11a 1.''

!6) En la Constitución de los Estados Unidos d~l l]rasil. sancionada
en 18QI, se dice: Art. ~4 N." II. - "Auctm·i:;ar o Gowrno a declarar au~-rra. si ,ia li~•er lngur OH malloyrar-sr o rcci~rso de ar{Jitt"amenle. e a fazr:r
a /Jclé;." Y m ís arlelante, el Art. 88 dice: "Os Esrados do Bntsil em caso
algum se cmpenharao guerra de cnnq1,ista. din:cta oH indPrectamc1~te, por
.s1 ou em alffrm(a mm oufra nacao."

·

El artículo Q8 de la Constitución de la República Dominicana de 1907.
dice: "L&lt;?s Poderes encargadas por es/a Constil1ición de. declarar la g1icrrrJ

_

En la r-efon,-,a c-rrstitucinpal reali1ada en el Urmroay el ano rnr8,
prowulgarta et 3 de Fnern . en la Sección VI~ el~ la nu"va Constitución,
corrf"Sp'}P(iiP11te al P&lt;'der FJecutivo a sus atr1huc1011es. deheres. Y l\rerr~gativas (C'~n IH. Art. 70). se. amp1:a e_l concf'pto de _1::i. a11trnor C0 ns~ttuC'ión, dirierdo. en el inciso r8 ( a~nhur-intiC'S d .. 1 Pres•de.,,te · de la Rcpu-;:
blica) : &lt;•nerhrrar la rtuerra. pr-f&gt;7'frJ. res,., 1m::i6n d~ la .1\ samblea General, 51
fuese imprsihle el arhitraie o es1 e ncr dir-se resultado."
(7) Constitución de la 'QLepública del Ecuador del año 1906, art. 82,

���JOSE ENRIQUE RODO

JOSÉ ENRIQUE RODÓ
Y EL INTIMO SENTIDO DE SU OBRA &lt;1l
A Jnaqufo de Vedia, después de la lectura da w articulo sobre Emilio Bcclur.

propósito principal que se ha tenido en c~enta ,al preparar
este texto para estudiantes superiores del Castellano en lo,
Estados l!nidos, ha sido ofrecerles un ejemplar moderno &lt;le la
literatura Hispano-Am:!ricana, que es justamente tenido por una
obra maestra, dondequiera es hablada la lengua de Cerv~ntes.
El tema de /lricl nü es ni local ni nacional, es universal y
tiene este interés para lo:5 estadounidenses, qne aparte de la pureza del lenguaje, se ocupa de dos grandes corrientes_ de ideas, a
fin de descubrir cná1 debiera ser el .concepto de la vida en nues-

E

1,

tra actual civilización.
En la mente del autor parece haber habido dos ideas fundamentales en lo que concierne la palabra civilización, una concepción de la cual Grecia fr;é el más alto exponente y otra, que la
raza anglo-s~jona ha puesto en práctira. El discurre sobre at~b~s
puntos de visto como lo haría un no:able maestro ~nte sus d1sc1-pulos favoritos, posiblemente en una epoca, que debido a su avanzada edad. él contempla dejarles lo que solemos no~1brar su testamento literario. Como es costumbre entre estn&lt;l1antes, le han
dado un apodo al venerable maestro y en el opúsculo lleva el nombre de Próspero en memoria del sabio, que Shak;speare tan _fe~
lizmente describe en J.a Tempcstnd. Así como el, es este b1e~
amado profesor universitario: puede prevenir desastres, Y deb1( 1)

Para servir de prólogo a una edición an?tad-!-, comentada Y C?tl

un vocabulario para uso de líbro de lectura en u111vcrs1dadcs de habla tn•

&amp;lesa.

193

do al m;1.g1co andar de sus pensares, despierta v1s10nes en las
mentes de sus oyentes. Sobre la cátedra desde la cual habla, hay
tma estatuita broncínea de Aricl que viene a constituir un apreciable símbolo de la elevación de sus ideales . De este encantador
e,;píritu del aire, toma su nombre el celebrado ensayo. Le recuerda a uno de los· diálogos platónicos, pero se acerca aun más a los
Dialogues Philosophiques de Ernesto Renán, quien renovó para
ta literatura europea, esa sapiencia he'.énica que consiste en dud~r
de todo con gracejo y nobleza. Así fueron puestas en tela de juicio muchas de las llamadas certidumbres de la vida. Si este modo
de pensar no conduce como parecería inducirse al escepticismo,
con toda seguridad vuelve imposible el fanatismo y ese, a buen
seguro es un mérito. no p,oco común de esta clase de escritos.
Mnchos de los diálogos de Renán y otros de sus escritos, estudian el antagonismo entre el idealismo social y el materialismo,
personificados para él, en Ariel y Calibán. Este era uno de sus
asuntos favoritos y naturalmente pasó a serlo en su lejano discípulo, c¡uien ha sido en todo momento un asiduo lector de sus libros. También ha sido desarrollada esta idea, con mucha perspicacia, por Alfred Fouil:ée, en su libro sobre el derecho en Inglaterra, Francia y Alem:1.nia.
'
Cualquiera que sea la crí~ica moral, científica o histórica que
se haga sobre el atrayente filósofo bretón, respecto de un punto
no habrá diferencias de opiniones: su estilo, maravilloso en su
sencillez; divinamente hermoso en s11 harmonía. ¡ Qu:én no re&lt;'nerda para siempre, una vez oídas sus líne:as, evocando al través de las brumas impenetrables del morir, a su hermana Enr iqueta. nacida desde ese mome:nto a la más encantadora inmortalidad pcética.
No siempre podremos harmonizar por entero con las ideas
de Rodó sobre la civilización utilitaria de Estados Unidos, acaso nos opongamos a. algunas de sus otras vistas, pero no podremos dejar de admirar su riquísimo léxico, las ondulaciones insinuantes de sus párrafos. Rodó domina a su estilo, porque tiene
el imperio absoluto de sus ideas. Dice lo que ha menester en
el menor número ele palabras posibles. pero en las más escogidas,
harmoniosas y artísticas que puede espigar en el idio~a altiso~
nante de Castilla, la altiva. La len!!ua de Calderón en sus ma-

�NOSOTROS

JOSE ENRIQUE RODO

nos, toma la brevedad del francés, su claridad y su músical
dukednmbre. Al leerle, se experimenta ese nostálgico sentir, que
Coethe · ha expresado tan musicalmente en su poema lírico sobre
el Kukelhao bei Ilmenau:

como el ejemplo más ilustre para la clase de desarrollo que el
pensador-artista des~aria fuera seguido por la juvenh1d del nuevo continente. Muy pocos autores al tratar este hermoso tema
ban ido más allá en riqueza de imágenes, en figuras poéticas ~
en nob!es sentires.

104

"Sobre· todas 1as cimas hay reposo,
En todas las cumbres, se siente.
Apenas un aliento;
Los pajarillcs enmudecen en el bosque,
Espera aUn, pronto descansarás tú también."

Su estilo respira la calma experimentada en las alturas, en
medio de árboles gigantes, sobre la ribera de un lago tranquilo.
A semejanza de lo que ocurre en los escritos de sus maestros
Platón. Goethe, Ren\n, Taine, Guyau y Emerson, abundan en
los ensayos del erudito escritor, alusiones felices a los viejos
mitos, parábolas de los Evangelios, cuentos inmortales vueltos a
ser contados en la manera exquisita que lo hace Gualterio Pater,
en Mario, el Epinírco. Con el anclar del tiempo, Rodó naturalmente ocupará en la literatura hispánica el sitio ocupado por
Pater 1 en las letras inglesas. Pertenece él a esa familia de escritores-artistas qne han fundido en una sola manifestación, un
alto propósito moral y un pristino amor de lo bello.
Arirl hizo su aparición en I9::x), en una época de poca brillantez para las letras castellanas: los viejos maestros habían muer- to o estaban por morir. En la América-Latina predominaba fa
influencia del naturalismo; aún las generaciones vivían en el
encantamiento producido por Zola y su escuela. En filosofía
reinaba el m1terialismo. Ariel vino a ser com() el estandarte de
una reacción qu~ com¡:,nzaba a sentirse en el mundo de las ideas.
~u é:&lt;ito fré instantáneo en América y E$paña. Todos lo~
grandes escritores es;tañoles le saludaron como una obra maes·
tra, cual una joya de forma y fondo. El librito, - pues, poco
nutridas eran sus páginas, - ft:é preferido desde un principio
por su elocuencia tranquila, su serenidad sostenida, su dia'é:tica
sutil y la incomparable cualidad de su estilo. El argumento no
podía ser mis nob'e ni mí.s atrayente. Buscaba enfrentar las
de1etéreas influencias de un utilitarismo y ciertos quicios cultura'es {)lle tienrlen a hacer del hombre, !.ma personalidad equilibrada.· La comunidad de A tenas presentóse ciertamente a Rodó,

195

Este ensayo ft:é seguido por otros dos uno, de ellos sobre Ruhén Daría, el más gran poeta modernista del habla castellana. No es
tan feliz en pensamiento o forma como el Ariel que desde un principio fré reconocido como algo excepcional por los escritorec;
continentales y tamb'.én. cosa muy rara de lograr, por los más
notables literatos españoles, tales como Valera y Leopolclo Alas.
En 1907 apareció una serie de artículos sobre el l.ibcralismo
, Jacobinismo, muy íntimamente asociado con las actividades políticas de nuestro autor. El gobierno ultraliberal de don José Battlle
y Ordóñez habia dispuesto se despojaran las oficinas públicas y los
hospitales del Estado, del Crucifijo, símbolo augusto de la redención por el amor. Esta odiosa medida que hacía desvanecer
una de las más hermosas tradiciones de la colonia, foé vivamente combatida por ta alta sociedad y los intelectuales de arraigo patriótico. Aunque Rodó no fuera, por cierto. un cristiano de
profesión o de testimonio, opinó que esté acto, dictado por un
estrecho espíritu sectario, iba en contra del unánime consenso
de !a opinión pública sobre la personalidad única de Cristo, venerado aún por anarquistas, socialistas y positivistas.
Consec'ltente con sn delicada probidad intelectual y moral,
protestó vigorosamente contra la ejecución de esa medida en gran
número de ensayns que cosecharon para él, la estima general de
la sociedad m1s seria y consciente del país. .Desde ese momento
fré como Carlos ).faría Ramírez, esa otra cumhre del pensamiento
uruguayo, un portavoz de la conciencia nacional.
En t9o&lt;J, apareció su obra de más volumen y aliento: Afoti't'fJS de Proteo. En carta hermosa y de sustancia, como todas la:;
suyas, al autor de este ensayo, dícele haber puesto allí Jo más intengo y acabado de su labor hasta esa é9oca. EstábJmos en el
año 1909, días de oro aún para nuestra humanidad. Con mis
amplio horizonte y mis reposo que en Aricl, para seguir el mismo
brillante hilo de su palabra, tiende la vista por parecidos campos
de meditación y de prédica, aunque concretándose especialmente

��ala

1 oUU
mff 11 11 • •• : 4eL . . _ formas de ot Jk
, PfOfundu de lá Yli1á 80D eo delílitiva 1111
't,i11111ñ propia a a ~ y talo, 7 ip.11
..,,_ SU 1'NlfRIO, debeii afernrse ~ ¡i!Íeblot a éllill.

_r..,..

tefflido, 1caánlo mi; lutmt

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republii:a-'

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Refiriéadoeé a ~ asumoa, -,,1,1a 'Rod6 a - - ,
clama: lle 111 ¡atria, modélo Yividde ele lo toe fllE alllillr ".
• 90dédad patrida, que e\ éultD 'die lot recaerdos cle1
. .. ~ - t
de aelecci6n y de
.~aufliiiliíflll
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l, ~ ..........WJ•í;luelidedes

·- - -·~
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llegíiló ,... -4
de. citó E
b
, ese désánollo barm6iiico p la

~ de

del aocialillno de . . , di IÍd falaca
lapncrisiii~ fp!&amp;IIÍtall
11 Ufl!P91, 1at1illd&gt; -, - - ~ '1
•
por 11e111eirr a tiilC1ÍI ClOllta 11:, p lillú
""-'-'rn:aau • 1 1idltdat kl Cllfe eate I t tM;t • ~
111 dipto ,-:IIJIIII, pdel ~ pólíla al
tillitl&amp;iíl''tli,raddL•' Ells#e .,. 411111 r, 11f,l, 1e 'QIJIIIÍÍt1~-de 11 ~éilbicl ~ , . : POCIOI
IIJ lt!(D!lilíó.o. V16se ~ -a-e li ¡JOlkica 1. le todu-_. impor1á en palses prquelios y faltal ~ •
¡,eultento pua loe mtelec:taales. IttYitado a
~ del #tido offciál, hubiera ie,poiKli,lo
•
que lé- ofreci6 fá Yáé1ta a 111 ~
:i&lt;h,.....rlolo

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&amp;W de .-r: ~Nol J.~

ea-'et~•í'Ws,•~~•111

·~,.....- . - del ~

Probleilla urgente es desráa •
r, lli c:alií la expresi611, al 9istema democrltico.
y ca ottos problemal! fUMP'il""'!h .para la ~ d ,
an aiteaic, .-,; JW.i~
mflO
ta )i!IIIJilíl»s 1, ~ t'llllt 1
ébiilO - - ;ftfikr ,.,;,;,;,,...,
hamc.i.; fida ~ 1a .,.. pitte cid •
actividades de la méftte, se conseguirá. niedialité
•ílé¡~1aioa,a.c.• 11D Dllm&gt; Ideal del vivir. l. eátiada i1e Rod6
·JJOII-., J11180 • la. peuónalidiad del eacritor !,ajo la faz "8
·-iep,11!1 servidor de les llib a1U&gt;s idl!alta. Anaba en la'
ilñ!nm • - ~ c:ansa. por caya ~ baói'éie
lloras de 1111, ~ Yltla ~ Ceil
, fec:to eea6do de la llbettad 1 de la fattielii &gt; usp 111 d
_ajeac! coaio pocos U)'l!giláyol, pllllO SU Jlltiima y 111
1l1()la1 en la 1lataaza de aqa6ltos; que ,emndicabaa ti
redlo de ~ coatra el ptestlglo 'C)ID'llqli(ihSlti
podu efecotivo. -,. pesar de las hennoslsimu pah\llrll.l, •
tas en las IIO llleDO!I hamo.,as IXJbStitucioats Ja •
el presidente absorbe toda iniciam en asuntos de Bata
~iera sien,p,e ere qae 1i, P,~a lfagisiratara
eD
CftD P!,triola U lrambn,-.periol', ello IIO

t&amp;anfá-Wa o _..eííár,

tlól'I)~

filiitl,iBYlcli&gt;4ó~y er sllei!do, que ff8iiltan 1lt III aliandono
cfetenaiálron a wlver 1111 ojoa hacia Europa,
le enan tan C11r11L Bn cartas a ua
•
amico 9llyO. Julio Piqu~ le e,qneila CllllltiO
..j,"9\-.dla'" dél medio -1iiete intdedual.
·
. . . .,' ie¡ti!l lili'IDl111l.... ~ ..

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tl ~ . ,aié ditir,

cliJa(ill •

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~ El naiizar este anbe1o fai

pad6n. Eeia aditucl de- SIi espíritu palO
cmui6n y sileació en,1oa labiOa.
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... .~ ia p9(1{1aib&gt;. . . el ........rio litdio ugea,
y é,w,a, te ofreá6 et ¡llleSto áe Wtresponal én
allliliclonar por .-ez p1hilera d f)llls de tu DIICi •

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da¡iei;IIJo la silente admimi6n que saa
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Pl" • genio. Una clemostracl6n él)IJáldida ttaalml del má. eminalle hijo artistico cle1 Unigaa:,,
estimación universal en que habla de admirarle sn
~

�200

NOSOTROS

Fuése para no volver jamás. Triunfalmente, sin detalle
algt.mo que pudiera anunciar su tan próximo fin, desapareció de
la vida de la América-Latina, rodeado del más desinteresado cariño y de la más ardiente admiración. ¡ Qué gran satisfacción
habrá sentido su alma, de tan exquisita simpatía para el valor
ajeno!
Comenzó su peregrinar cultural por Italia, la bien amada
cJe poetas y de artistas. Ello se tradujo para las letras, en el bello
libro, titulado El canil110 de Paros. Divídese en meditaciones
y anclcmzas. ¡ Viaje de asombro y de misterio, de melancólico
trascendentalismo iba a ser éste! Se nos presenta aquí el viejo
mito alegórico que enseñaba en el clásico perisarniento, el transcurso ineludible de las cosas y de los hombres. "Beauté oblige",
qué intensas horas, las últimas horas, en stt fantástico andar ante
13.s inagotables sugestiones estéticas de Florencia, de Roma, de
Bolonia, Tívoli y N ápoles.
En Palermo, donde el cielo es inmensa turquesa, donde el
espíritu hel.énico aun flota en ruinas y se detiene tan a menudo en
cuerpos humanos, halló Rodó su muerte, el 2 de Mayo de 1917.
Réstame decir para cerrar este breve ensayo, que· Rodó poseía las mejores cualidades del hombre latino-americano, unidas
a esa seriedad de propósito e integridad moral, tan hondamente características del castellano de antaño.
Su recuerdo nos inspirará siempre reverencia y respeto por
la belleza intelectual. Vivirá entre nosotros, mientras el pensamiento sereno, engarzado en arte supremo, sea una fuerza para
nuestro desenvolvimiento.
ALB&gt;:RTO NIN FRÍAS.

Buenos Aires. Junio 30 de 1922.

LA CAMPA~A DEL GENERAL BULELE

Q

ui;1uoo Bulele: Sólo tres trajes hemos podido mandarnos

hacer este invierno para cada una. Estamos desnudas.
-Sí, papá. Tenemos los justos: uno para saraos, otro para
la calle y otro para recibir visitas.
-Usad balones para dentro de casa. Estaréis menos desnudas. Con diez metros de franeleta hasta tendréis uno para ir
de compras; decidme, sinó, para qué sirven los abrigos.
-¡ Batanes!
-¡Papá!
-Los usaba mi madre.
-¿ Los hubiera usado siendo la esposa de un general?
-Mira, Teresa: lo único que deseo es que no choquéis a
ninguno; pero ¿ qué necesidad hay de cambiarse tan a menudo
de ropa?
-En la época de tu madre, Bulele, imperaba ese criterio
con relación a las ropas interiores; ya ves si se ha modificado.
De mí te piré que ni me enseñaron a jabonarme la espalda. Si
yo hubiese seguido por donde me llevaban, estaría, como entonces, llena de pingos para tapar, ¡ para tapar!
-Ahora mostráis demasiado. Si la higiene ha traído estas
indecencias, va maldigo la higiene.
-Justa~ente; puede decirse que recién ahora la mujer es
limpia. Claro: ha sentido la necesidad de rehabilitarse. Los modistos Que crearon los grandes escotes habrán oscurecido un
poco el -;,ielo con el polvo, pero han hecho una obra de limpieza.
-Según eso, todavía no estáis del todo limpias, porque aún
os falta algo por desnudar.
-Papá: sería mejor que hablases en un sentido. . . figurado. Piensa que 1o que dices es como para ruborizarme.

�.;:.s¡C&amp;no _.,. la -jfir Pl#ll ~ • pllllm'. ~ clV 17;
·•hipnet
,
-, Pap6.- ;o, - voy 1
~ Criátina. m ~ mtrari. ea , . . .
lilaidri! e hija están .....,_ '!h al 111fá ele la peqae11a-....1"" ala
dciílile se apJic:a todo el gmto y que ft 1111i&gt;(d,k de co11,ijat la casa. Reparad ea b liópra dondt bly babi1w ·••
-c1íitmilda a &lt;ODC1etar lá lidibr espritual de la kmilia, c.ulOCelal
ar 1)Ullto el valor y el acierto cM loe llel'ei que a . . . . . .
~ la ariltoUacla que reswne todo 111 icli=a1 m un -6a de
6estal. bdlameme llhjado: y la due media o la pelJllelia llarguesla. que ae inspiran ea te
oime- ,macho ,111r

.-y
1••~--•••~--Uálordetmuehle

ltift CldlíliiM a:.ti majrr ,._ •

lll a¡fepil¡clp -cid timlcr de ..,_
dlbld no hay que devaane los _ . ai &amp;g1lillT el iUg&amp;lio CIINI
iam!Dtivu. Ella se nos pnwola lal cual es cle9de el lljiiiiJdllu
qile elllrt:Cha la -IIO.. Deide etltllnCeS pone Sil einpclio deihunbramol con lo ~elle de la alfombra, la wriedad de 111&gt;
oidtoa ~ el té, o el c:aadnl aquel de •autor dl:8CXlDDCidó,. gurt
1111 es otra i:oa que él plagio laOlellllble de alguno f . - . Y
• • ,-abe li admirar 1116s la gracia. iál.ilatlte ~ 1DdD ID
G:p6ca ,1a ~ de fflir CIIQ IJllm alumato;
1dlla

Y el .-,a1'Bulele.,..,., coa fltuulia asi.
1
•

t.riirlad rqdor._
•

Se pisea con ~ ¡ara no dellaratar los muebles y parque car«e del vigor de los geiw-.1es de ~ Jefe de Dimi6á,
~ por el ~ para- la ai;tquisicióri de material -W'liéo, ministro, quebianl6 la ditdplina ea lu tnlpa9, adqúkierCIII
las significación de 6ti1es ~ficile, infundió deapii6 -en
la bul'CICf1lda. y bahieM deao,gmü.ailo el arte de lá . . . . . para
a5 uy ie si el gobierno le lmbiere enooaíeadado su aptiraci(wJ
. Cuecla 1le pasi6a por las c:harreteras, el aable y el unif!)tme
« rico pafio, qUe. ~ lo que mantiene viYO el -espiritu de oficial
{rente al a,ldado. A IIO meiliar 811 mujer, Bulele -ia 1111i.11ieute a medias. 'l'eresa. de ca.'ltidad recomendable, no tra11Sfor•
m6 al hombre fflll4i'cre que existla eh él, pero lo vistió de C-aeral. Domin6la el afán -de aaec:entar el habe'r c:oiiyugal cm
saeldol pracresivoa y"$ftl" Sil ftll&amp;O· Cuando &amp;g6 a ~

dea811Íí1i],Ci4'!14'í!f,''I -.VlJlnte . . . . . .
. - bi~ Habla ~ ilt Bulae m. peu'O,•je de maeoci(il. Era él i¡Ulea debía pnfiélrf.hora ... inéle~:allilO. Teresa 00 ,:ate$ de ed11Pa8'1'9, pero .comp1enpara J1íCar a 11. ...-.idad erV¡,recilo despe.bn • toa
infáclir a Buléle élpiritu de ~ Y le instó al ejemlectQns edific:aatel qae llacllm Hofflírúar a ta- eocinera.
l■I:~ { u ~ y llt:bia como lln
6aic» wi,i,.des
'fida 11111ltar, y eecudlilia coa ~ pacieáda. ~
mh de 1- ~ f ~ :ifUe conaban lóa 1abloi dií -.
ffdtilllU lela,'qne del ~ Opinabl{ t¡ue al 'lf tfall~ ~ púa de
ea que vivían no era ueí:eilllrio,
amitener 1111 general; que hubiae guerras. El detestaba
J)O!' 1u !arpa j ~ los aaJos aJiNEIIMII J la dieblanclacara
.-¡Pooria ha1lanne tan a P,sto Juato • ,a■o4,v - ~
ea c6amfu pe II ftw,. ,e,c:ii:N,..._ a il • ~ lt
?
'!Si ~ la p,:trt." era Ullil CIIJ..éCdm:ÍII ele- au ftal1ista
de penar. Loé aC11Dtm111ieatm "van y 'tÍellffl" y el -.erarte, la más pura habilidad era para Bulele sahstraerse a
jo. Lo. mejor era qued~ quietecito, dejar puar lii ta•
Teresa no mnia los enibafa. Huta su c:orpai.a pan,cia
IU IOlidea de apúita.
,_t)e haberme -■do C11a e l ~ Pedllil;
a éll1lil

COI.._.,,

R..-.

ff!!il~

a-.

~ • ~ l o s labios y dejaba ~ r 111 imper;iend,
..-¿Qui quieres que !lell? ¿Por qué no me dfjas traaqullol
.:....Ganas poto; _ . . - es qe e1efts tu gradmción. P"ft&lt;
.fla , . . - .rápida, qar tP conquiste ililllitado csiditu en el
_.,.,••• 'Y en los Jl!mei,s. N ~ tener 1114a "estülos,
lliueblej,, -nií1 dinero y villa a la ffltrada del }IOlfo. Ge:.
bayAiDChoa; .-sitas un cambio de uniforme. Es preBulele, que ... algo y 1ltgue9 • héroe o mamca1.
8ulele medita. Esta vez Teresa ae hla expi-do sin eufey com~ que no ha de poder subltraene a Sil inftu11 conoc:e de antemllno su destino y es desgraciado. Quisiera
-lllpdo .. pinknl«, de la gti,tja ¡ara mit tlUIJplilo, pero

�vu

En un fflÓD limpio y decQrado, con pocu 1aceí,
,I
C&amp; 1i'J 'Blitele. Va por ewwwt¡o del eelot Mini9tro de la Cáena • íMJ,rr:lrttr laa Iov1i&amp; lliJ,IIR♦ le,anladu ~ ~ r-•
iSíll' 1tr'l1-0I l i+lli'í i t ..,..
-...-..fllllft.;
Jlltieqllitlae;llilót,-maimillll,. . . . . . . . . . ~ .
fllCo IIO amsénlicJos a Cilma • - ~eriwi6u'" del ~
puato. "Le •compa&amp;an pemc111, secretarios• _,;odistt,
r-·
• ,__,
~-~
fot. Su fflllW' y su hija le hán precedido con puaje "8 y
tiotlel pago. Cuandll B IJecue y haya -hado los c1irm efe(;
ebJdc,. Teresa le informará IObre lu vmtaju y defedol l'le la
..._ Ya paer1ea fas peritoe pnilm. a,n Jo,- diente&amp; 1a ctan.'clel
maeerial, echane lioca al+ló, mlidir, -hoatar - 1ais ~ :
et wrdadero !Jifonne lo hati lit gaterala. ~ l•meol• qae 111
,+Jvuca qae los peritoe, porque en flliqaes estos 1!0lll1-lllimtos mh cuesd6n de peqliefia polltka. c.cia todQ, ,e . . . - •
1aa fonnalidedes de estilo -,, a su YUelta, et aer,aal ilm&amp;a • ta.
11' bidpales miembros acompallantes a c:onferellda en •
c:aa; se come, se baik y al final Bule!e se of,- par.- coafecdo-

_. el informe definitivo. Se levanlan ~ ptu1Utas de _..
- . ; et_gmeral protesta, ea ,roz (a la ¡wnla que habla- iJat
a) caqtiVI por tll elegPrde ~ qae denola a- 111ped11riclill

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�1108

NOSOTROS

mirada . tiene el reflejo uniforme de la aceituna. Confortado,
Bulele aventura una pregunta:
-¿ Suele morir mucha gente en las guerras, Conde?
-Depende de la táctica y su arte que han variado mucho.
Cuando vos érais niño, :fJ'apaes era belicosa. Yo actuaba en política y en el 1-iinisterio de la Guerra. Era el único ñapaés que.
siendo cojo, no pedía limosna. La mendicidad era entonces una
industria aplicada a tocias las esferas. Harto de pedir, el gobierno volvió sobre sus antiguos humos y quiso conquistar. Fué por
lana y salió trasquilado. Murieron allí, en cambio, ñapa.eses que
molestahan, gente con nuevas ideas, enfática y terrible. Esa fué
la guerra en la que murieron menos generales. ¿ No es esto lo
,que os interesa, querido Bulele?
-¿ Y decís que ahora? ...
-El sisteÍna de trincheras os favorece. A medida que el
tiempo avanza Jo:; generales se alejan más del teatro de la guerra. Pero no es cuestión de alejarse hacia el campo enemigo.
Sólo se necesita ingenio y tacto. No os falta y os sería fácil llegar a Mariscal.
En este punto de la conversación Bulele estira golosamente
ambas piernas, palmea con dulzura al Conde y cruzándose de
brazos dice:
-¡Mariscal! Es un empleo firme. Para justificar la dignidad el rey da un bastón. Con él tendremos derecho a castigar a
nuestro antojo.
-Podréis llegar al cielo y golpear reciamente a su puerta.
-¿ Sabéis si es de práctica honrar con una sombrilla a la
mariscala?
-Es de práctica recibir el homenaje de la Nación.
-Conde, mi aniigo: nunca os hablé ,con mayor cordialidad
que ahora. Sois el primero a quien con fío esta esperanza: e1evar
a todas las dignic'acles a mi 'l'ere!-a. La vejez se acerca y pronto
e1la nc. podrá Juchar más por mí. Su sagacidad, su poder ele
e-rientación han constrnído mi grande..,.a. Si abandona el timón
tengo la seguridad de que Bulele perderá la esperanza de llegar
a puerto seguro.
-En ese caso, general, podría yo remar por vos, si qui&amp;iérais.

LA CAMPAflA DEL GENERAL BULELE

ll0$

-¡ A su edad, Conde !
-l\fi partir.lo, mi fortuna; no sabéis de cuántas manos dis..
¡,ongo. ¿ Queréis llegar a Mariscal, Bulele?
El general enciende el pitillo que se le ofrece. Tiene el aire
grave y ávido de un sapo devorando moscas. En el "agón no
estan mas que el Conde y él. No hay pared ele por medio tras
de la cual el mundo les escuche. Pueden aventurarse a comunicar a Ja palabra e1 tenebroso espíritu de su p~nsamiento. Pueden
desnudarse de pies a cabeza y vestirse tal como son, tal nadie
sabe que son. Pueden, caute!osamente, preparar )a más leve
como )a más sinie~tra de 1as desgracias.
-General: ¿conocéis Cafría? ... Es el lugar adonde la
humanidad ha de acudir, anhelosa, antes de un siglo. A poco
que tardemos se revelará a otros extraños sn riqueza. i-Iis expertos han ido de incógnito, alentados por ciertos indicioS, han
nteado y han descubierto. ¿ adivinad qué? ...
Bulcle abre la boca y estira sus cejas.
-¡ Petróleo! - musita el Conde, haciendo resbalar su aliento sobre la mesa.
-¡ Petróleo!. . . Conde: y ¿ para qué sirve el petróleo si no
ttsa.mos más lámparas?
-Los naturales de Cafría - responde el Conde sin inmutarse - usáhanlo para embalsamar cadáveres y ahora 1o emplean en el tocado para su cabello.' Pero las razas civilizadas lo
~estilan obteniendo la 'bencina c1ue usamos para quitar las manchas, la ,·aselina que habéis empleado para defender de la oxidación el caño de la escopeta, la nafta ...
-¡ Y la naftalina!
-No; ésta proviene de la hu11a, cuyo imperio se extingue.
E1 petróleo es el nuevo rey que se avecina. ¿ Quiere Vd. que lo
coronemos en tierra fapaesa para gozar de su hermoso destino?
-Coronarlo y encadenarlo. Un rey así se valdrá de las alas
para obedecer a su inconstancia.
-¡ Oh. genera]! Si amamos a :Rapaes debemos conquistarle
Cafría, su futura gran fuente de recursos. Se le,·a1\tarán ciudades, la cruzarán ferrocarriles, instruiremos a sus hijos, ya que
no es prudente hacerlo con los padres, y por muchos siglos se

������LA CAMPANA DEL GENERAL BULELE

NOSOTROS

Bu]ele, emocionado, no -abre· el pico más que pá.ra ·saludar.
Estrecha efusivamente la mano del monarca y, mientras se aleja
siente por primera vez la inútil 111olestia de ser héroe o mariscal.
Quisiera_, en ese inomento, que Cafría fuese una lejana visión de
ensueño. "¡ Ah, Hule1e, Bulele: cómo te has dejado engañar l"
Sobre sus .mejillas ruedan calientes lágrimas.
9

Bulele ha equipado magníficamente, por cuenta del gobierna
y a cargo del pueblo, siete batallones. Valido del misterio que
ene-ubre estas pequeñas proeias de los generales, ha conseguido,
agotando ,:arias partidas del presupuesto, ultimar hasta los más
pequeños detalles de su empresa, sin que se entere la opinión pública. Por su parte, el Conde ha prometido mantenerla en silencio
hasta la hora oportuna, a pedido del rey que consiente, en prin•
cipio, con iniciar una campaña.
La generala instruye a Bulele:
-Irás a Cafría y no desembarcarás hasta que la campaña
baya terminado.
-¿Cómo?
-Te llevas un plano, anteojos de larga vista, aparatos telegráficos y varios teléfonos: con ayuda del Estado Mayor diriges
la campaña desde el acorazado. No te olvides de llevarte tabaco
para fttmar mucho y dar muestras ele gran preocupación. Todos
los sábados te mandaré pastelitos por el hijo de Carmen, que es
oficial, y a quien podrías dar un puestecito en el Estado Mayor.
Escribe sin faltas de ortografía.
-El rey constituirá mi Estado Mayor y te confieso que éste.·
me inspira más temor que los cafrianos. Como es ele práctica,
íµcluirá en él a alguno de mis enemigos para hacer 1a crítica de
la camp.aña. ¿ Y cómo empezar ésta?
-Mandas colocar una hilera de cañones delante, detrás la
caballería, luego unas cuantas ametralladoras gobernadas por
buenos artilleros, no sea que maten a todos los caballos, y al final
gente a pie: la infantería y los golfos con hondas que quieran ir
de este barrio.
-Y sí se van todos: ¿quién queda para proteger al Estado
Mayor?
-Bulele.

221

-~Yo?
-Te armas de coraJe y en caso de peligro ... proa hacia
lilapaes.
El rey tendrá que postergar su cacería. Antes que nada, tu
pellejo.
-¿ Y los soldados?
-¿ Vas a una guerra s1tmdo sentimental?
Entretanto, el Conde, audaz y oportuno, ha dado el golpe.
Después del alcohol ha introducido en Cafría a las bonitas ñapaes~s ~ y éstas, 1a primer noche -de su aventurn.. pagada en buena monecla por anticipado, han siclo degol1a&lt;1as en los camastros
de s11s tiendas junto a ]os cafrianos seductores.
La prensa adicta al Conrle y de la que no se sahe si es él
quien sostiene a ella o ella quien sostiene a él, ba interrumpido la
tranquila cena Qe los ñapaeses:
"1D1FZ FAMTLIAS DE TURISTAS 1'.APAESES DEGOLLA" DAS EN CAFRlA !
11
De un navío destinado por el gobierno fiapaés para proteger e1
~, Comercio marítimo, ccntinuamente amena,.ado p::-ir loS piratas. nos te" leQ:rafían que se pre-sume que diez familias de turistas ñaJnésC's han
"i::it!o dep;olladas en Cafrja. por haberse -recogido cle-1 !T'ar un zapato t1ue
"df'hió pertenecer a uua distinguida seiiorita que salió, hace dos semanas,
"con destino a Cafría. El zapato f'S de charnl, 11Ú1T'ero 3.1, de l&lt;'s i11dus" triales Lcntejo Herrranrs. c-onrcidrs fabricantes del ramo en ésa".
' 1Por m1C'st..a parte, hf'mos hecho las avt"riguaci011es. con la urg-t"TI('"ia
'' c1t1c el casro rcquit·re y hemcs cowprohado que I0s s~fiorcs "Anlocdo,._
'"'Salazar y Cowpaflía", rstahleridr-s en la e-a lle Pffirales número 48, &lt;¡ue
'"se surten d::: les susodichos fahricantes desde- hace cuatro lustres. sin
"te11rr riirgu~a queja para elles, rnag!'naron. iunt\l Cf'n otros. a una
"dis+inf!:uirla seüorita, de nombre Clara y de pelo castaño, el zapato de
•u referencia".

1
' Fn
e1 momento en que terwi11amos &lt;le escribir lo que antecede,
i~nos l!ega un nuevo despacho, concebido en est&lt;•s términos:
"Negro nadando has..a l;'Ste 11avín. a cnYa cuhierta se le ab·ó. declara
"ha.!1er venido para manifestar que él fué quien arroió el zapato al mar
~• para llair,i:ir tmrstra atención, y c:ue lo tC'n-Ó del pié &lt;le una de las &lt;le~
"galladas, que forn,ahi:i.11 corno veinte familias: v a juzi:rar -¡mr el con~
"c&lt;&gt;pto d&lt;' núrr.rrn que tie11en e-n cuanto a familia lrs C'afrianns, nued()
u asegurar ('Ue n::'san lrs deg-ollar!cs de un e-enterar di." personas. Nave" !!:l.mos hacia
fria espcrar&gt;ÜO la ::tutori7a!.'ión del ::rohiernn para proteo ger en forma eficaz la vida de los turistas ñapacses sobrevivientes".

e~

Estas noticias produjeron gran consternación en torio :F3"a- .
paes. Solamente hubo calma en el apartado retiro de los sabios y

��NOSOTROS
del rey ta ratificación de lo siguiente: "Comisiónase al General
clan Ambrosio liulelc, indicado por el señor_ Preside1:te del C~~sejo en el transcurso del &lt;lebate, para org~mzar una 111ten·_enc1on
militar en Ca iría, pedir cuentas a_ sus hab1tanfes por los cnmenes
cometídos y proteger las vidas de los ñapaeses sobreviv.i e1;te)s.
1
Los gastos de la campaña se fijan en 50.000.~ de conos ,_1 •
La primer partida había sido ganada halnln~ente. Can:mo
de Palacio1 el Conde fantaseaba sobre su maravilloso destmo.
El sería re y, el Rey del PetrOlea~ Tocios los autom_ódl~s que se
cruzaban, Ycloces, con el suyo; todas las luces que 1lummaban la
ciu&lt;lad, las máquinas, de cuya quietud prolongada florece el hambre; la alegría, en fin, del movimiento y el encanto ~e la noche
le pertenecerían. En sus manos estaría el dar o no alimento; recogerse en su alcoba con la única luz y dejar a Ñapaes en la
sombra.
. ,
Pero este pensamiento Je pro&lt;lujo un escalofrío y termmo
por decir en yoz alta, dentro del automóvil, donde él sólo podía
escucharse, "que lo único que deseaba era que le pagasen buenos
precios".
•
Paróse el antomóyi] frente a la puerta secreta de Palacio,
donde al diablo, cierta vez, se le agarró la cola. El Conde, más
avisado, entra en él y, acompañado por personal de servicio, recorre un dédalo ele galerías hasta el despacho en que el rey recibe a los tl inistros.

-11ajestad - dice después de salucar: - El Congre~o de
los Diputados, por unanimidad ( el rey sabe cóm~ se cons_1~1en
estas unanimic!ades en Rapaes) ha resuelto la mtcrvenc10n a
Cafría. Os ruerro que la firméis.
y al extend:r el pliego ve a Bulele a su izquierda, tembloroso
y pálido.
.
Míranse los tres, sabedor cada cual de su hgera o grave
codicia. angustia(!os por un miedo cerval a la acusación.
El Conde, más acostumbrado por su edad u aporrear la conciencia. se -anticipa a romper el molesto silencio:
-Firmad, majestad. Haremos la guerra un pocq cruel, de
modo que el pueblo, en lugar de acusarnos, se pre_ocupe de sus
dolores. Me em:argo de proporcionarle otros enenngos.
Y el rey firmó.
(1)

Cono: moneda· imaginaria equivalente a una L

l.A CAMPAílA Dl(L GENERAL _llUI El.E

Seguramente que la generala no hubiese dudado tanto.
AUanadas diversas dificultades de orden diplomático con naciones vecinas, clánse al mar Bulele y su tropa en un acorazado,
n1111bo a. Cafria.
Ha sido la despedida bullanguera y llena de confianza en el
&lt;:xito. Se tiene la seguric!ad de partjcipar en una expedición cuya
mayor dificultad a Yencer consiste en tirar de las orejas a tos ca-

frianos bajo sus albornoces. Se les ha regalado a los soldados
cigarriIIos, flores, chocolate, y se han dado unos a otras furtivos
besos.
Los ñapaeses son amantes del espectáculo. Les seduce esa
turbación que produce el pe1igro desconocido, y son tan fieros en
el comhate como estóicos en el silencio. Su alma es eminentemente parlante, de ciega aventura, débil para adaptarse al porvenir.
Son entusiastas y tienen encarnizada constanc:a en el error, esperándolo todo de la alquimia. Son c~egos y son enamorados.
Pueblo de actores. ha agregado innumerables capítulos al primitivo decálogo clc! honor.
Bien los conoce el Conde, listo, de mirada traviesa, que ha
elegido para sus planes a Bulele. el único buey en toda la torada.
Si triunfa quiere recompensarlo; si no triunfa procurará complacer a la generala.
Ella está vigilándolo todo en Rapaes y ha fundado, con carácter de permanente, la "Asociación Patriótica de Damas", cuya
comisión directiva la forman viudas o esposas de coroneles, de
una nbicuidad menos feliz que la suya. De esta manera lima las
uñas &lt;le la oposición con promesas vagas y prepara su apoteosis
del mariscalato.
En tanto. el acorazado navega en son de guerra por aguas
tranquilas. Kada turha su marcha. Estaha previsto. Bulele Jo
confi rn 1a. aliviado y sereno, después de haber Yomitado todos los
manjarrs del copioso último banquete.
Apo)·ado en la borc1a se dirige a sn Estado Mayor:
-Navegamos. Es evidente que navegamos, con más calma,
y que el munc'o no conduye allí, en esa [nea que, como sabréis,
se llama horizonte.

��NOSOTROS

228

LA CAMPA!ilA DEL GENERAL BULEÍ:.E

º

-Calmaos, general. Soy un viejo lobo, u~ _manso perro ..
un bravo tiburón, según los casos. Si me_ cast1ga1s os e:pone1~
a erder la campaña. ¿ Quién conoce Ca fna? U11a cam1:1na per
clisa a vuestra edad ... ¿ No es cierto, Bulele, que quere1s volver
rico y marisca] ?

. .

más sonidos. Un repen-

,
L.os o:clos ele Bnlele no distinguen
.
.
tino aturclÍmiento le impide valer!=e de su_ Ii_viana. conc1enc1_a e
. . ·1men te , el Capitán Perilla repite con ms1stenc1a, apremiado
mut1
por la llegacla de un grupo de ,1ficiales: .
.
-Bulele: tú debes ayudarme; necesito ser neo., Te~;o

familión de toclos los demonios y, te lo confieso a

t1

so '

u:1~

querida.
.
1 d ·
Y,· antes de que entren en el gabinete del genera , et1ene,
amisto~amente. a sus compañeros que Uegan.
- -El general descansa - díceles.
y todos se van, tambaleándose dentro de sns botas..
A media noche. Bulele, más despejado, sube a cubierta y
sar a ])roa Los centinelas apirtansc respetuosamente
'\"3. a e1esran
·
·
• de sus
v et.anclo los pierde de vista, siente un grato c_a 1_or que mva
.
-,
E "C 1 u Se da cuenta por la canc,a retozona de la
pies. ~s
ane ª ·
el
•
ecle
cola, que frota su bota, pues. en el hueco don e esta no pu
distinguirlo.
.
1
Se levanta calcula la distancia y orientado por e ru~-run
Ce lo: leYes ron,quiclos del perro, ebrio de cólera; mueve su. p_1crna
'
h hacia atrás ])ara cohrar impulso, levantala y d1ng~ a
oerec a
b'
1 1
Perilla
ucanela" un feroz puntapié, como se lo ~u iera ~ ac o a
d '
al Conde, a Cafria y a Rapaes, si los hubiera tem&lt;lo a todos efonte ,, juntos.
. 1
E
f •
Ún grito de dolor ahogado y Canela cornenr o.
so ue

1
d
El general ha deshecho su bota contra e acoraza o.

todo.

El Capitán Perilla es el primero que desembarca en. Cafría.
• • 1 con e.
·¡ en el bote · ,·einte soldados, dos oficiales y un
Han vemco
1
mente
armados. Lo. primero
que hace es
Cta
f
1
ca m. per e
.
¡ .go pear1
.
. . e1 suelo · como s1 Ca f na fu ese una ta ,e, na ma
con 1mpac1enc1a
l
atendida. Nadie 1e responde. Es nna costa yerma a 1a que 1a

229

arrihado. Llega el viento con desgano, pasa sobre 1a superficie
árida y se va. lg-i,al hace el sol, igual hace la vida. ¿ Cómo se le
ha ocurrido al capitán Araña, que gobierna el acorazado, lle,·arlos allí a con1uistar con la misma probabilidad de éxito que el
recoger frutos de una semiJla sembrada en una tabla? ... Y mira
al mar, lanzando una maldición. No se ha desvanecido su fiero
gesto cuando se Je ocurre algo encliabiado. Vuelve al bote y, con
gesto rápido y ademán de asombro. comunica a sus subordinados
que detrás de una roca ha_v un ejército escondido. Todos quieren
desembarcar pero él los contiene.
-Nada se hace sin el permiso del general.
Y bogan con denuedo hasta llegar al acorazado.
-Mi general - dice Perilla dirigiéndose a Bufelc, con la
mano en la boréa y los pies en la escala - : están preparados
para el ataque. He visto asomar lan?as y arcabuces por detrás
de una roca. Los dirige un jefe gordo. de piernas combadas
como la hoja de una cimitarra. Al verme, ha sido tal su asombro
que se han quedado patitiesos. ¡ Ah ! ¡ veinte pares de piernas
como ésta tuviera yo!. .. ¿ Queréis, General, conquistar en cuatro puntapiés a Ca fría?: ¡ Bombardeala i
El Estado Mayor medita largamente sobre lo proyectado.
Se reune día y noche en el despacho del general, donde "Canela''
no osará jamás introducir la cola. Allí comen. duermen, hablan
de mujeres y de los vinos generosos de :Ñapaes, cuyo ustock" se
e.""&lt;tingue. Al fin, cansados, fastidiados, una noche recomiendan
a Bulele que decida. El está sentado en su butaca, blandamente
a.cogida a un grato sueño y, al parecer, escucha. De madrugada
despierta y se entera de la resolución por el asistente. Sube a
cubierta, llama al condestable, dá órdenes, reparte el trabajo
y ¡ a cañonazo limpio! De esta vez Cafría queda limpia de yuyos.
Vna semana entera truena el cañón . despertando a los caírianos que acudf'n, abandonando su pacífica ocupación de emborracharse. azorados. rerelosos. Densas poh·are&lt;las, tierra removida y un acorazarlo que vomita humo a lo lejos. Es todo Jo que
ven. Descalzos, mugrientos, perdiendo las c·hilabas, disparan a
caballo en todas direcciones para poner sobre aviso a sus jefes.
Cafría se prepara con singulares probabilidades de éxito.
Nqociará sus frutos con los extranjeros, dejará que éstÜs pe-

�NOSOTROS

280

netren y pongan pie en alguna encrucijada del territorio, que
admirablemente conocen, y en cuanto los tengan a mano, ¡ azote
limpio! Es la ley del azote que castiga las malas aventuras. Luego comunicará que Fulano de Tal, militar de importancia,. ~stá
prisionero y cuesta tanto su rescate. Es, a todas luces, un v1s1ble
éxito comercia].
A los ñapaeses también les preocupa su ladillo práctico. Se
han enterado de los cateas, del petróleo y otras zarandajas Y adquirirán, a precio de conquistador, tierras cafrianas. Envia_rán
notarios y jueces para legalizar su rapiña, y boticarios y médicos
para imprimir a Cafría carácter de aldea ñapaesa.
Bulele ha pedido víveres y refuerzos.
-Cafría debe estar limpia de salvajes - dice con énfasis.
-Como una tabla limpia - asevera con sorna, Peril1a.
-Creo que podría suspenderse esto de los cañonaz:os continúa Bulele. - Me está doliendo la cabeza. ¿ Se conoce que
estoy congestionado?
--La nariz un poco colorada, los ojos turbios ... Me parece
buena idea, - responde Perilla.
Y volvienclose, agrega:
-: A ver muchachos: a comer ; basta de cañonazos!
El últim~ ha sido disparado con unánime recogimiento. Va
en él, resumido, tomo el militarismo bichoco de ~apaes. ?es~arra la aparente inmovilidad del espacio, perturbando su mfimta
ansia de paz. Va a Cafría, pujante, terrible, a incrustarse villanamente en un altibajo y morir como un puerco, preso en la trampa
por su hocico. Pero ha llevado consigo la virilid_ad de Marte,
congraciándose con la fecunda Belo~a. Ha termma¿o de despertar el instinto guerrero de los cafnanos. Ha detenido la labor
de ]a escuela, apenas naciente, y ha supeditado a una suerte de
guerra la ruina o la prosperidad del hogar. Ha re~orza&lt;lo las
cadenas q_ue sujetan a los cafrianos al borde del abismo de la
barbarie. Ha sido feliz en su intento y desgraciado en su obra.
En el horizonte, hacia Ñapaes, penachos de humo aumentan
de volumen. Es la flotilla que trae la civilización, como e11os
dicen; pero la traen encerraCa en plomo, envain~~ª.' confiada .ª
hombres a quienes se arrastra torpemente al sacnfic10, cuya ?11ra&lt;la es mansa y revela ansiedad por la paz del hogar que de¡an,
1

LA CAMPA!M DEL GENERAL BULELE

231

y cuyas manos tratan de distraer, ejercitándose en el manejo de
nueYos útiles, la dolorosa reconvención del pensamiento.
Traen la civilización. Pero ¿ dónde está ella que no se la ve
ni en 1a sonrisa de un niño ni en la esperan-.1:a de un maestro? ...
Ir de etapa en etapa, dolorosamente ; llegar hasta Fidias, Sócra1es, Jesús, Copérnico, y descubrir que la pólvora supera al penEarniento, que el exterminio es un método evolucionado de educación, que la eternidad del mal sobrevivirá al último hombre.
~apaes está convulsionado. Noticias de hazañas inverosímiles, de grandes riauezas, de honor ultrajado los mueve a sostener
el combate. El Conde aliéntalos hábilmente. El rey invoca a
Dios, a la patria, coloca medallas y da mendrugos. Librase de
la molestia de atender a todos los militares pedigüeños mandándolos a Cafría para ganar una condecoración. La generala fomenta el culto del soldado y funda asociaciones para tejerles bufandas y camisetas. Se dicen sobre la táctica y el valor en la
guerra grandes tonterías.
Bulele, en tanto, se olvida de las prometidas quintas y su
ascensión al mariscalato. Tiene la humana debilidad de creer que
toda a□.uelia efervescencia es su _o bra, que su mano pequeña y
regordeta, más femenina que la de la generala, toca invisibles
timbres y los hombres, las bestias. las máquinas acuden a cumplimentarle y ponerse al servido de sus intenciones. Mentalmente, se eleva por sobre los hombres, los héroes y montado a caballo sobre los dioses recorre los universos, echado de bruces
para no golpear con su cabeza en los límites del espacio in finito,
a que se han referido dos físicos-astrónomos que participan de
la campaña.
Un ladrido de ªCanela" le vuelve a la realidad. Detiénese a
mirar 511 bocaza y su cola abultada, que se agita constantemente.
No se le ocurre llamarle con mimos y darle un puntapié. Le compadece.
-"¡Ah. pobre Canela! - pien~a. - Eres un espíritu mediano. Puedes engendrar. ,;olamente. la estrecha avaricia del Conde o la torpe gula de la ((enerala. 1fonos mal que vives a mi lado
)' puedes lamerme. Perilla es un idiota. Todos son una punta de
idiotas."
Y por primera vez se siente satisfecho de sí mismo.

�232

NOSOTROS

Trece años de aventuras guerreras, de desa:-tre económico.
de fiehre política han transcurrido. Se ha conseguido avanzar
unos kilómetros en Cafr.ía y retroceder siglos en el camino de la
civili7.ación. :Rapaes ha sacrificado miles de soletados y malgastado mil1ones de conos. Y·oces aisladas de prote:;ta se oyen cuando
un revés es el final de una nueva aventura. Pero el pueblo tiene
oídos de mercader. Da su hacienda y su sangre y sacrifica tristemente su porvenir. ¡ Oh su ciega y deplorable heroicidad 1
El rey quisiera desandar lo anc.!ado. pero no se atreve. ¿ Quién
sostendría su trono si contrariase al ejército? Ahora se habla de
una dominación pacífica, en la que nadie cree. Para ello tendría
que cambiar totalmente la estructura político-social de Rapaes.
Y está por verse.
El Conde ha envejecido solamente. Ha hecho escuela y pequeños negocios, bastantes decentes para su edad. Inalterablemente, como es de suponer, cojea.
La mariscala, gorda a todas luces, tiene una hermosa Villa
en Mortalla, lugar de cacería 1 fincas en la capital, automóvil y
un yerno, diplomático, de renombre. Con él disC'ute, sagaz y opor
tuna, sobre asnntos de Estado y le da sabios consejos para la
próxima conferenda de La Haya.
Bulele, mariscal. encarna el espíritu caduco de :Aapaes. Es
el protector del ejército y un gran amigote del rey. Por no contrariar a la mariscala, ha engordado también. Cuando algún periodista Je visita relata sus ha1añas 1 que he de referir en un libro, y h~sta ha prometido escribir sus memorias, siguiendo la
costumbre de otros colegas suyos, quizás con más talento. Ha
de referirse a los pequeños hechos más que a las grandes acciones, donde la individualidad t:e pierde. La mariscala se ha ofrecido para escribirle unas, por su cuenta, destinadas a las escuelas. Pero él ha rechazado dignamente esta intromisión, aunque
es de temer que la consulte.
En un viaje de placer por la región con1uistada (pues ha
tiempo que resignó 1a dirección de las operaciones) descubrió que
a los ca fri:mos les agradaba el estampido de los fusiles ; y les
ha rega1a.do, a los adictos, unos con esta· inscripción: "Sed bravos y ~~d sumisos".

LA CAMPA:flA DEL GENERAL BULELE

23S
1
Se ha propuesto reprimir la política guerrera. Y la otra
noche, conversando, en rue&lt;la de amigos, sobre la manera de
extender a ]os cafrianos los beneficios de la civilización ñapaesa,
tuvo una luminosa ocurrencia.
-¡Caramba! - dijo con visible alegría. - Lo que allí
hace falta es una plaza de toros.

L. RE1ssm.
Junio, 1922.

•

I

�CRONICA DE LA VIDA INTELECTUAL FRANCESA

CRÓNICA DE LA VIDA INTELECTUAL FRANCESA
Flaubert y Rimbaud, extremos de la joven literatura. - Los
jóvenes y sus revistas. - "Saül" de André Gide y e\
cambio de los ''valores" teatrales. - Mario Meunier y
el humanismo.
me pidiesen resumir en dos palabras las tendencias actuales de la literatura francesa, me sentiría un tanto trabado,
porque nada me parece más rico y más complejo que este asunto.
Sin embargo, después de muchas vacilaciones, me decidiría a citar
dos nombres que, según mi criterio, las sintetizan en cierto modo;
citaría los nombres de Flaubert y de Rimbaud.
Flaubert que representa el orden, el clasicismo, la alta cultura, la dignidad un tanto austera del escritor. Rimbaud, por el
contrario, que encarna el genio bajo su forma tosca y natural,
con toda su espontaneidad, sns giros impre,•istos, sn abandono.
pero también con su frescura incomparable, su magnética
atracción, su sorpresa constante; y a causa de todas estas cualidades, que él posee én el más alto grado, y por decirlo así,
en estado puro, era casi fatal que 1a juventud lo eligiese por
maestro, por ideal. Y de hecho, lo que hoy llaman la joven literatura. es decir, el conjunto de escritores (sobre todo poetas)
que tienen entre diez y ocho y treinta años, se han nutrido de tal
manera en 1as Illuminations, que es imposible no hallar sus formas habituales en casi todas sus obras. Es la misma manera de
presentarse ante la vida, manera abrupta, salvaje, ingenua; es el
mismo procedimiento de expresión directo, intenso, violento,
desdeñoso de toda transición y preparación. Es el mismo desprecio por las exposiciones y explicaciones. Es, en una pala-

S

1

235

bra, la imagen preferida a la metáfora, la sensación sobreponiéndose a la idea.
De esta doctrina se derivan para el artista varias exigencias,
especialmente la de la brevedad. En efecto. es imposible presentar estados de alma tan violentos, de otra manera que por
relámpagos. En unas cuantas líneas se ha dicho todo. Es por
lo tanto preciso restringirse. Es por esto que los jóvenes de hoy
llenan sus revistas con trozos tan cortos. y publican folletos tan
exigüos. No dicen sino lo esencial. o a lo menos lo que creen
esencial. El público haría mal si creyera que es por impotencia.
Absolutamente. Es por un desprecio ( muy aristocnhico en el
fondo) de la falsa fuerza . Una vez que se han descargado del
exceso de su emoción, una vez que han expresado lo que en eJ
fondo de ellos mismos sentían la necesidad imperiosa de decir,
se callan, prefieren mil veces sugerir todo el resto. Y si se recuerda la enorme cantidad de papel empleada, no ha mucho, por
la mayorÍa de los autores para referjr en detalle el más pequeño
de sus sentimientos, sin ahorrarnos nada, con sus deducciones y
conclusiones, si se piensa que la mayoría de esos sentimientos
eran triviales y sin la m5.s mínim:i novedad y sin profundidad alguna no se puede sino a~radecer la sobriedad de los rec'.én llegados. En ello hay una reacción necesaria, y desde que existe, ine"itabte. Lejos de irritarnos por eso, no tenemos más que inclinarnos ante ella y buscar las causas . Por mi cuenta, la encuentro ampliamente justificada por el abuso de la literatura psicológ!ca y retórica, abuso que para nosotros a veces terminaba por
producirnos verdadera repugnancia. No es extraño que los jóvet~es, siem~re ávidos de formas nuevas, se hayan desviado con
Lorror ele esas vanas charlas y recursos agotados. Han encontrado
&lt;:n Rimbaud el maestro y ejemplo que necesitaban.
Pero aquí se impone una distinción. En~re lo que se sueña
hacer y lo que se hace. sobre todo cuando se es joven, hay
- siempre un abismo. El hecho de Que se esté hastiado de cierto
anticuado modo de expresión, no implica, como consecuencia, tener
capacidad para sobresalir en el modó de expresión contrario; y
si algunos poetas están a sus anchas en la forma "Rimb1udiana"
l1asta el extremo de que se podría creer que les es natural, y en
cierto modo orgánica, para 1a mayoría no es más que una for-

�286

KOSOTROS

ma imitada y- que inmediatamente deja ver, por bajo el pr~pio
tc•rnperamento, los puntos artificiales de la s..utura . Para dec1_rlo
tocio en una palabra, ta mayoría de los jóvene5 ''hace" a lo R1m-baud, como hubiese hecho antaño a lo Leconte de Lisie o a ~o
Flaubert. La debilidad del pensamiento y la pobreza de senst•
bi1idac1 se advierten pronto bajo la máscara de intensidad ex,..
presiv;, esa concentración únicamente verbal tien_e alg_o de J:&gt;~~
rarnente mecánico que a veces choca hasta producir 1a 1mpres10n
de un sacrilegio, sobre todo cuando se ha amado como a uno de
tos más milagrosos poetas del mundo al genial autor de La sai.so:,.
en e11fer.
Entonces, involuntariamente, se siente 1a necesidad de una
reacción nueva y se vuelve hacia otro ideal. Es en ese momento,
que, por decirlo así, fatalmente se halla uno frente a Flau?ert.
Flaubert en quien la idea era la única dueña, Flaubert cuya non•
radez artística, se hubiese rebelado ante el fácil procedimiento de
una literatura hecha únicamente de gritos, suspiros y ha1lazgos. La
fórmula neo-rimbaudiana, no puede, en efecto, convenir. sino en
ciertos momentos de emoción o de lirismo. No conviene, en for- ·
ma alguna, al relato, y aún menos a la novela, fuera esta de aventuras o psicológica. Por otra parte. mucha g_ente siente la necesidad de escribir libros de largo aliento. obedeciendo a ciertas
rigurosas leyes de composición, sin que por esto. caigan en el
charlatanismo; y es lo que explica que el culto de Flaubert no ·
esté próximo a extinguirse. Después de un eclipse de varios
años ( durante los cuales la nueva generación era presa &lt;le verdadera embriaguez por haber descubierto a R;mbaucl y a Lautréamont) ese culto reaparece, congrega automáticamente a sus fieles,
y se justifica con muy serias razones en la conciencia de los mejores artistas. Vueh·o a la imagen que había hallado hace poc~:
se trata &lt;le un fenómeno de polarización. Cada cual ya hacia.
cionde Je arastra su temperamento, y esto forma, en cierto modo,
do,; campos en el ejército literario; dos campos qne de lejos produCen el efecto de luchar entre sí, pero que si se examinan las
cosas de más cerca, no estin animados de verdadera hostilidad,
pues. en el fondo, y ante todo, luchan por el ideal, contra una
misma mediocridad.
Existen, por cierto. muchos "malentendjdos" · en la compo-

CRONICA DE LA VIDA INTELECTUAL FRANCESA

237

sición de esos dos ~jércitos, pues veo en el campo Rimbaud a
.:Ouchos ,que estarían mejor en las filas del adversario, y en el
campo de Flaubert, veo algunos jefes que estarían más cómodos
entre los contrarios, y creo &lt;ljscernir igualmente en los dos campos
una gran cantidad de voluntarios que están ahí únicamente porque toman por vocación guerrera, no sé qué embriaguez juvenil
pasajera, después ele la cual volverán al más burgués silencio.
Pero esto no contradice la exactitud de mi observación bajo e1
punto de vista general: estamos réalmente en presencia de dos
escuelas, y es una vez más, bajo nombre y máscaras diferentes,
la antigua, la eterna lucha, entre el clasicismo y el romanticismo,
la edad maclura y la juventud .. la sensibilidad y la inteligencia.
Lejos de mí la idea de criticarlas. Es por el contrario con gran
satisfacción que la señalo, pues nuestra histúria está ahí para.
probar qne de su mayor o menor intensidad, ha dependido siempre la vita1idad de nuestra literatura. No es buen signo el que
todo el mundo esté satisfecho de lo que es. Pero la inquietudpor el contrario, y la duda y las vacilaciones. hacen brotar de tierra las vocaciones y las maduran. Es en medio de esas inquietudes que se han desarrollado siempre los talentos apreciables.

•

* *
Puesto que estamos en el capítulo de los jóvenes, yo quisiera
decir aquí algunas palabras con respecto a las revistas que le,;; sirven de órganos. No asombraré a ~adie si digo que nacen, viven v m:1eren en medio de la indiferencia del gran público.
Ha ~i&lt;lo siempre así. Pero· el hecho de que los lectores de novelas de éxito las ignoren. no les impide abs~lutamente nacer, y,
ai.ln má5&gt; su vitalidad está en razón invers.:1. de sus escasos medios.
Basta· para adivinar con qré pasión el público re&lt;luc;do que e1las poseen las lee y sostiene. E!on violentas, llenas
de intransigencias a menudo injustas y a veces incomprensibles,
pero son prodigiosamente vivas, divertic!as, sabrosas. Se desprende de ellas una poderosa impresión de juventud Hay L-.
Feuil.'rs libres. Cráat.=011. &lt;;a ira, Les Essais critiq11es. L'rruf d-ur.
1.rs Rssais lil&gt;rcs, Act:'on, Les Faattes, J11te1itio11s. Sigarw.:r, L,;
disque vert, L' Esprit nouveau y otras que olvido. Y nacen más

�NOSOTROS

CRONICA DE LA VIDA INTELECTUAL FRANCESA

cada día. Los señores Jean Cocteau, Paul .Morand, Max Jacob,
André Salman, Blaise Cendrars, son sus jefes, sus maestros, a
pesar de su juventud, y congregan a su rededor una pléyade de
poetas más jóvenes como los Sres. Philippe Soupault, Pierre Revtrdy, Louis Aragon, Georges Gabory, Max Ernst, Marce!
\l\'illard, Georges Ribemont-Dessaigues, André Breton, Raymond
Radiguet, Vicente I-Iuidobro, Robert Honnert, Francis Gérard,
Mathias Lubeck, Maurice David, etc. 'fados estos autores tienen
talento. Es entre ellos que es preciso buscar las glorias de mañana.

Tuvimos por lo tanto, en el "Vieux Colombier", la sorpresa
de reconocer que Sai:l era una obra teatral del más poderoso
interés. Seguimos la acción interior con una curiosidad ardiente,
escuchamos arrobados el espléndido idioma. André Gide es un
maestro del estilo.

238

*

* *
El teatro "Vil!ux Colornb:er" nos dió el otro día una representación de Saiil. de André Gide, que fué para muchos una
revelación.
Para decir verdad, yo conoc'.a desde largos años esa pieza
intensa y curiosa, por haberla leído en la é_?oca de su aparición
(en l/Ermita.c,e, creo. o en la Revue BlanchtI). 11e pareció entonces de una psicolog' a tan auCaz, a la vez excepcional y violenta, y de una tal libertad de presentación, que la creí hecha
únicamente para ser leí¿a e imposible de subir a escena. Es
verdad que en esa época el nivel dramát:co era tan b1jo y la pe1 eza de los empresarios tfln grande, que todo lo que no estaba
compuesto seg-ún la trivial fórmula de los proveedores de "vaudevi lles" psicológicos, parecía irrepresentable, y que los mejores
de entre nosotros. impresionados, se inclinabat1 ante el aforismo
de los especialistas que proclamaban con aire superior al hallarse
en presencia de toda obra profundamente humana: "¿ Qué quiere
usted? ¡ &gt;[ o es te:itr;l !"
Pero la tentativa de Jacques Copeau tuvo justamente por
resultado probarnos con la absoluta claridad del fi~ó~ofo antiguo
ge.e demostrab:i el movimiento andandb, que hijo el punto de
vista de la presentación escén:ca Henry Bataille era "solo l:teratura'' y que Ehakespeare era te1tral, y no solamente Shakespe1.re,
sino. en general, todo autor que burlándose con toda t:bertad de
lc!-i convencionafü:m'Js de tiempo y espacio, ob=dece solo a la ~sullfema ley dramática Gel intei-é3 en la acción.

239

Es este un prejuicio ( un muy feo prejuicio) que se disipa.
Gracias siempre a esos augurios ingenuos que evocaba hace un
momento, creíamos todos que el estilo dramático excluía toda
be11eza verbal, al punto que los personajes ele una comedia o de
un drama, no podían expresarse más que en un idioma cursivo,
chato y trivial, incorrecto, ilegible en el papel. Hoy ponemos la,
cosas en su sitio y sabemos ( por repetidas experiencias) que ~1
estilo dramático no excluye más que una cosa: los trozos lar•
gas. Hay que ser breve, es preciso que las frases pronunciadas
por el actor, demuestren su psicología y hagan avanzar la ac•
ción, lo que no les obliga, en modo alguno, a ~er mal construída.
I'or el contrario, una sabia y expresiva dicción, haciendo valer la belleza verbal de una frase, aumenta sin::,ilarmente, por el
placer estétic-o que nos Ca. la impresión de plenitud que el autor
se propone hacernos sentir. Esa felicidad hemos tenido en el
"Vieux Colombier", escuchando Saiil. Y al mismo tiempo que
la satisfacción de saber que una obra más, apasionada y bel1a,
escapaba al repertorio del "teatro en una butaca", para entrar en
el de otro modo plástico. expresivo y vivo del Hteatro realizado"
al mismo tiempo, digo, que esta satis facción, pensábamos en geue-al, y ¡ con qré placer! en los progresos qt1e el esfuerzo de
J acques Copeau y de algunos otros innovadores, ha hecho
alcanzar a nuestra escena francesa. No se trata menos, en efecto, que de un trastorno en los valores. Nuestros ojos se han
habituado a decorados más simples, más Jógicos y más evocadores: nuestro espíritu a obras más libres. más profunCas y más
JJellas, y en adelante la horrible producción uboulevardiere" nos
parecerá añeja, muerta e irrepresentable, mientras que las de
Shakespeare, Thomas Heywood, Calderón y Lope, Musset y M,riméc, son esencia] v auténticamente teatrales. Por su libertad
p:-odigiosa, por la abundancia de situaciones, por la sutileza y agilidad ele la l:nea central de su acc:ón, por su noble lirismo, Saiil
se emparenta con las mejores obras de estos maestros.

�2(0

NOSOTROS

CRONICA DE LA VIDA INTELECTUAL FRANCESA

*

* *
Ustedes no ignoran que nuestros estudios clásicos están gra•
vemente amenazados. Se les ataca por toclas partes. Jamás la o1a
de materialismo que amenaza sumergir el viejo mundo, Je ha
dado más rudos golpes. Parece que la divisa de la época fuese
"¡ Es preciso ir lo más aprisa posible!". Para eso no es necerio incomodarnos con ninO'Ún estudio desinteresado. Todo aque•
.
llo que no produce inmediatamente dinero, de~~, ser suprmudo. Las nociones científicas en esta nueva rev1s1on de los valores. tienen aún ciertas probabilidades de salvarse, porque la,
aplicaciones prácticas de la ciencia son consirle:aclas. como _sus-ceptibles de procurar riqueza. Pero la cultura literaria no t1en_e
:ya ninguna razón de ser y el latín y el grieg-0 se ven ~ada d~a
más desechados. Se procura. en el programa de estudios umv?rsitarios reducirlos al más estricto mínimum, y os aseguro que
hay hoy
una cantidad de jóvenes que no saben d~ éstos ni
la primera palabra. Y es una cosa extremadan:en~e triste: po:que se puede aún discutir la utilidad del conocm11ento del latm
en el manejo perfecto de la lengua francesa'. pero lo. que e~
absolutamente indiscutible es la necesidad de chcho estudio y del
griego en sus obras maestras, para la form1ción del_ ~spíritu. ~s
un pocó cuestión de educación. Quien no sepa qmen es Platon
y Tácito, no es un hombre perfectamente e&lt;lu_ca&lt;lo. ,
En medio de esta decadencia, ¡ con que alegria salud~mos
todo indicio de reacción. de elevación! Así les A1argc~ tuvieron
1a idea de íunclar una nueva rúbrica mensual: humamsmo, Y la
confiaron a :Mario 11eunier. No se podría elegir mejor.
Mario Meunier es, en efecto, un helenista notable. Se le debe
1a traducción. en un francés impecable y lírico. de Antigona, &lt;le
fófocles. y de dos diálogos de Platón: El Banq,icte y ;edro. Ha
Gaclo pruebas de una erudición que iguala la de. los ~1as famosos
entre sus mavores y - lo qne para mí vale aun mas - de un
sentido dclica~lo de Ja poesía y ele la filosofia . . Se ~ahe que para
Jos griegos estos dos términos, filosofía y poes1a, le1os de s~r ~ntinómicos, se prestaban c..·n cierto modo mutuo apoyo y const1tman

.

día

241

los &lt;los aspectos inseparables y a menudo confundidos, de un
sentimiento idéntico de 1a naturaleza y de lo divino. A 1a cultura
griega. penetrada hasta su esencia íntima, Mario Meunicr debe
el haber comprendido esta profunda verdad, y por ello es que
sns traducciones de Platón nos procuran una emoción tan perfecta, tan viva, nos parecen tan a nuestro alcance. En su crónica de "Margesu presta a la crítica de todos los trabajos concernientes al humanismo, desde los más esotéricos hasta aquellos de simple epistemología, un sentido idéntico de la belleza,
una noble sabiduría, una moderación ática, yo no sé qué de
platónico en efecto. que encanta el espíritu. Gracias a él, gracias a los notables trabajos · que nos señala, gracias a la maravillosa penetración de su criterio sobre ellas, nosotros adquirimos el sentimiento tranquilizador - los dioses sean alabados
por ello - que la curiosidad por los estudios clásicos no ha
muerto, y que a pesar de los programas más beocios, quedará
siempre en Fraocia un público capaz de interesarse por las manifestaciones del pensamiento puro. Con su tacto_ exquisito de
artista. Mario Meunier nos tiene al corriente de este movimiento
algo secreto, que sin él pasaría inadvertido, y nos hace palpar la
continuidad a través ele los siglos, de una tradición esotérica, cuyo
lirismo en Esquilo, sabiduría en Plotino y compostura en Cicerón, no fueron más que aspectos diversos. Gracias a él comprendemos su emocionante unidad.
\

París.

FRANCIS Dll MIOMANDRJ';.

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�NUESTRO HOMENAJE A JOSE VASCONCELOS

249'

Carlos Pellicer cerró la fiesta con la lectura de s1&lt; Canto a Amé-rica.
Asistieron a la comida:
tl!

Pedro Henríquez U,·eiia, Roberto 11,fon(entgro, Sc1iorita de Gon.eález Martínez, Gener.al Manuel Pérez Trcvü1.o y Siñora,t.A.ntonio
Mediz Bolio, Capitán Ló¡,ee, L. Padilla Nervo, Héctor González
.Martínez, R. Gómr:z Robe/o, Fam-zy Anif2fo de Trcves, A1itonio

NUESTRO HOMENAJE A JOSE VASCONCELOS

E

rreves, Cor/os Pellicer, Luis Pascarcll'a, fféctor Ripa Alberdi,
Julio Rinaldini, Radvlfo Franco, Carlos /¡,f1,u:io Srfonz Pclia, lósé

n.

muy grande alcanzó la co111ida que el.
del corrie,ite
ofrecieron los escritores argcnlinos, por. ,mnat,va de est~

XlTO

.

re-z_,,~ta,

~

Gabriel, Octavio Pinto, Nicolás Coronado, Eusebio Cómcz, Jorge

Af. Rol,de, ¿[rfuro Cancela, Raquel Adler, Se,iora de Adler, Alberto Palcos, luan Carlas Rébora, Miguel A. Camino, Gregario
López Naguil, Ra_fael Alberto Arricta, Frat1cisco Chclía, Arturo
Lagorio, Valrntín Thibon de Libian, A11ibal Norberto Ponce, Adelia Di Cario, Luis Ponce y Gómcz, José Benigno Canado, Víctor

n José Vasconcelos, ilustre escritor que desde e
do Educación I'ríblica de /J1éjico está reali:Jando mra

de
.
ai
de muy hondo
11bra de gra11dísima trascendencza en su. p s, y

J,1 misterio

interés en América.
d la ,naso
Afás de setn1la comensales se se11taron en tor_uo ~
j\1 ,
. dos Por el calor
•simple co11ze11salcs anona
. de la .szm pattat a ,. d'e..
'a stt em,bajador ettraordinario, qutt, de seguro, an e ,ia ~
¡:c~i? sido 111,e.jor como a.nle los corazones de los que en este pazs

Vega, Remo Rossi, .1 fargarita Celcstini de Rossi, Enriq1w Fei~
tnimn, Ignacio Córdoba (hijo), F. lcasate Larios, losé Villegas,

l2tan Antonio Vil!oldo, Julio Dilló11, Roberto A. Ortelli, Luis d,
Franr_esrn, R01U Pre1. 1isrh, C. TroncoJo, Sthirhez Ai:::corbe~ César
_Dávila, Gloria Ba_vardo, Alcman_v Villa~ l.. eonidas Alastrostéfano,
A1art·in llfigucns, Enriqne Amorim, Alfredo Q'Conncll, A1ayorino Ferraría, Alfredo A. Bianchi, Julio .Noé y E_milio Suárez

~

escri~:;dicil animado foé el ambiente. A los fostres, e~ doc;or'
José In cnic;.os, eucarg~do por la directión de _?--:osoTROS es;:':
g
l
l •ó el extenso y 1zotable discurso que, po
dar a Vasconce os, e)
, ·
"uesto a la ca-. 1161110s destocado de esta e, omca y r
i111portanc10,
_
_.
m verdadero trillnfo.
1 H"Ó
b ,.. de este. número. 1 ngcmcros a~ca
.., 1
. d l
e.-.. a "d amen.t e fHé aplaudido durante la lectura, y ovaczona o a Repet1

Calimano.
E:rrusaron su inasistencia los sciíorcs: Enr·ique Go112ález
Jfartínrs -y se/Jora~ Rfrardo Rojas, Robería F. Giusti~ Alfredo
L Palacios, Emilio Frers, Alberto Nin Frías y José Naría Mon11er Saus.

f imrl de . ella.,

l
p I bras
ºda don José Vasconct?lps con as a a C~ntesfo enscg:t:licamor. Julio Noé brindó, luego, en breves
que mas addanlc p, 1
:
U - Roberto Montenegro y
or Pedro J-l c11nqucz
re11a,
.
b
pala ras, P
. d
.. 10 prc~cntes en la cormda.
Julio Torri, de la embaJa a 11~c1JffaJ l, E italbrá:n 111i11istrq ar~
, Ureña 'V el doctor .H a,wt
.
,
Hennque::
, .. - . _
. _
enseguida los discursos, cuyo
genti110 en }d CJICO, . rni?~ov1saron - ublicmnos en su i11teg1·idacI.
texto, tomado taqwgraf1_cam(!n~e, P - ria de Enrique Gon::ález
· AJ d',.. Eolio le.va wm m
Do1i A ntomo
e '~ .
' .. p deberes oficiales, y el poeta
M artine2, ausente del honicnaJe or

José hgcnieros, Manuel E. Ma/brán, Alejandro Korn, A1tg1trBmzge, Julio Alvare:: del Vaya, Alberto fVilliams, Julio Torri,

'
Discurso de José Vasconcelos

.,

Con el más vivo agradecimiento recibo el homenaje que se
sirve dedicarme esta Revista donde los lectores latinoamericanos
se nutren de las más altas y hermosas doctrinas. El análisis que
ha hecho el Doctor Jn1:enieros de la sitri;ición &lt;le nuestra raza
íberoamericana será meditado en el mnndo entero y serv1ra para
que unos y ·otros recapaciten sobre sus deberes. Pertenezco yo

�NOSOTROS

a la raza de los invariablemente optirriistas, no porque crea en la
realidad sino porque creo en el ideal y sé que éste es in-Vencible
y no necesita del apoyo de la tierra para ser eterno. Com? Xº
tenO'o la conciencia de que esta raza nuestra posee una m1s1on
,espiritual que cumplir, confío en ella y sé que esa misión habrá
de realizarla en la prosperidad o en el infortunio, pronto o .tarde,
pero indefectiblemente, porque nadie es capaz de ahogar el espí.ritu. Luchamos y unas veces caemos y otras veces logramos fugaces victorias, pero dueños de un?.r vo~acíón cl~ra, conta~os con
ella y con nosotros mismos, con el destino y el tiempo. S1, con el
tiempo que trae en su seno los gérmenes del cambio que ~enueva
la historia y transforma las épocas. Luchamos por la doctrina que
no amengua las patrias sino que exalt.a y protege a todas las
patrias y al mismo tiempo queremos qu~ las patrias nacionales se
imperen y se confundan con las patrias étnicas. Sabemos que el
mundo va hacia esa transformación pot más que las instituciones
del pasado se sigan oponiendo a la marcha del ideal nuevo. Creemos que fa felicidad relativa y la verdadera libertad de los hombres no se conquistarán nunca dentro de las normas sociales que
hoy rigen a los pueblos y procuramos ápresurar el tránsito. Desconfiamos de la palabra y nos dedicamos a trabajar los hechos,
creemos en la acción iluminada y sabernos que nuestros enemigos
no son sólo los enemigos de 11éxico, ni los enemigos de la raza
iberoamericana, sino que también so~ los enemigos de sus propios
pueblos. Los pueblos no quieren la opr¿sión, no quieren las con..
qui 5tas, no quieren las guerras; los pueblos no son ya los rebaños
que siguen sin tino la ruta que les señala la ambición de los perversos. Los pueblos son cada vez más dueños de sus destinos: las
clases desaparecen y son las castas las que en todos los tiempos
han hecho la gLterra unas contra otras. para disputarse la explotación de sus semejantes. Ellas han hecho además las patrias para
consolidar la explotación.
Pero al desaparecer tas castas desaparecerán las opresiones,
tanto en lo interior como en _lo internarional. Llegaremos entonces a un internacionalismo generoso en que las patrias o las confederaciones raciales ,e constituirán o se desintegrarán conforme al gusto libre de los hombres. Yo aprovecho esta ocasión
para decir a los propietarios y a los redactores de la Revista

NUF.STRO HOMENAJE A JOSE VASCONCELOS

24&amp;

~ osoTROS,

ct¡anto apreciamos en México la labor que llevan a
efecto. Y el deseo que anima a todos nuestros escritore~ de colaborar en ella. El N osoTROS de esta revista, nunca lo hemos interpretado de una manera exclusiva: sabemos, porque la Revi~ta nos lo ha demostrado y lo demuestra en estos instantes,
que ese NosoTRoS quiere decir todos los hijos de la América
latina: todos los que hablan español: todos los que comulgan con
los ideales de la confraternidad y la libertad de los pueblos.

Brindis de Julio Noé
Ya sabéis por la palabra de José Ingenieros, - amigos Torr1,
Montenegro y Henríquez Ureña, - cuál es el espíritu que esta
noche nos ha reunido. Al agociar vuestros nombres a este simplícísimo homenaje de camaradería, sólo quiero deciros que admiramos vuestras obr~s; que en Henríquez Ureña vemos a uno de lo~
más fuertes talentos, a uno de los más probos eruditos del continente ; que, como americanos, nos enorgulJece la obra magnífica
del compatriota Roberto Montenegro, y que en las páginas de
Julio Torri sentimos la presencia de un grande y noble espíritu
Por vosotros alzo la copa, por vosotros y por nuestros jóvenes camaradas de Méjico, y por todos los que desde el Bravo
hasta el Plata sabemos, al decir NosoTRos. - titulo y fe de nuestra revista - , quienes somos y adónde vamos.
Discurso de Pedro Henríquez Ureña

!\.'fe es grato en esta ocasión expresar, por una parte, nues·
rra gratitud por la cordial acogida que aquí hemos encontrado,
en nombre de mis compañeros Torri y 11ontenegro, y en rr,i
propio nombre, ya que, como miembro de la Universidad N acio~
nal de México, me ha tocado participar en este viaje de la Misión
l{exicana a la América del Sud, y, por otra parte, como domini•
cano, dar las gracias al Dr. Ingenieros por el recuerdo que dedicó a Santo Domingo y a la misión que, compuesta por mi hermano l\Iax y por el Doctor Federico Henríquez y Carvajal, vine
a este país hace poco más de un año.
Debo declarar, como Vasconcelos, que estoy entregado en
estos momentos a la felicidad de estar en la Argentina. Para mí,

�NOSOTROS

246

- y el Dr. Ingenieros lo sabe, porque de eso hablamos hace seia
años en Nueva York, - era una vieja ilusión venir -a la Argentina. Tuve siempre el presentimiento, y ahora lo he podido confirmar, de que la Argentina: a pesar de la prOpaganda periQdístictt que lo pinta como país "muy europeo", es en ·v erdad un pahi
ntuy americano, es decir, muy hispano-americano; de que el tipo
de civilización/ y hasta el tipo de ciudad, que aquí está desarrollándose_, tienen caracteres propios, y, sin perder el sentido de
universalidad, la amp1itud en que cabe todo lo humano, tienet:l .
sabor genuino y arraigo en la tierra que los sustenta.
Como mi dedicación principal es la Iit"eratura. y, dentro de

Ja literatura, más que producir cosas mlas, admirar las ajena&amp;.
.de.sde hace muchos años admiro las obras argentinas, y puede
decir que a traYés de e11as he admirado siempre el ímpetu y cl
brillo del espíritu argentino. Y este ímpetu, que desde hace años
se manifiesta en el florecimiento económico e intelectual, es 11na
característica pem,anente, y no una consecuencia accidental de
aquel florecimiento. Cuando era la Argentina un país con pocos
habitantes y sin significación internacional, tenían _sus hombres
el mismo ímpet\t orgulloso que hoy mueve toda la vida nacional;
,ese es el que animaba las páginas de Sarmiento o los versos de
An&lt;lrade. 1foy americano es, y debe serlo. este orgullo de las
cosas nuestras, este orgullo que la Universidad 1vlexicana ha convertido en un lema, que yo desearía, - como todos los que pertenecemos a aquella institución, - se difundiera por toda nuestra
'América.
La misión de nuestra raza, de _nuestra América, es una mi ·
sión espiritual, como lo ataban de recordar Ingenieros y Vasconcelos. Aun a riesgo de parecer contagiado de aquella ingenuidad
que en los tiempos de la colonia daba el nombre de Atenas a la,
ciudades cultas del Nuevo 1\1:undo, yo me atrevo esperar, - y el
maravilloso esplendor de nuestra moderna poesía pudiera ya comenzar a justificarlo,- que nos, toqne devolver a la civilizaciónel sentido espiritual que le dieron la Grecia clásica y las repúblicas italianas desde Dante hasta Leonardo. Pero hasta los pesimistas me permitirán que invoque el ejemplo de Grecia y de
Italia para recordar a nuestra _Améri.ca que la desunión es el desastre. Yo -veo la significaciótl. de nuestro viaje en las palabrat

\

NUESTRO HOMENAJE A JOSE V ASCONCELOS

247

que ha&lt;'e poco dijo nuestro compañero de la Universidad, aqui
presente. Ricar&lt;lo Gómez Robe1o: Bolívar dijo que quien pretendiera unir á. los puehlos de 1a América española araría en el mar;
y bien: lo que hubiera pareciclo milagro se está realizando; nuestros barcos vienen arando en el mar. La salvación de ~uestra
América. para que llegue pura y fuerte a cumplir su misión espiritual, está en la unión, y yo deseo que la Argentina se afirme
cada vez más y más en su papel ele guía, para que en un futuro
no lejano sea una ,·ealida&lt;l el lema de la Universidad de México:
1
'Por mi raza i1ablará el espíritu".
Discurso de Manuel E. Malbrán
Señores:
No me queda otro recurso que acceder a vnestro pedido,
ya que tengo la obligadón de ser corté5 con quienes tan genti:mente me han brindado la ocasión de participar de esta fies~
ta tan sugestiva; y nunca más que en este caso obediencia es
cortesía.
Pero he de traer a título de justificación un recuerdo de
ini juventud : Hace muchos años, en Córdoba, mi cindad natal~
oí hablar por primera vez a Leopoldo Lugones; y éste comenzó
•u discurso renegando de la Suerte, "su madrastra", porque
lo objigaba esa noche a hablar en presencia de Joaquín V. Gon:z:\Jez. Considerad entonces mi situación de esta noche, y si
tendré yo razón para renegar de la mía, yo, que no soy Lu,.
gones, y que me veo obligado por vosotros mismos a hablar
en vuestra presencia.
!-le decide vuestro pedido, y acaso también una frasecita que ha desliza&lt;ln~ con sutileza y con jntención el Doctor Ing1mieros en su brillante discurso, al referirse a los tartamudeos
diplomáticos. ITa querido sin duda hacer alusión a la forma
en que se supone, que_ los diplomáticos eluden con frecuencia
asumir actitudes definidas. Es posible que eso sea exacto.
11e complazco en reconocer que tanto Vasconcelos como
Ingenieros tienen la enorme virtud de no ser prudentes. Y
llamo a esto virtud con absoluta sinceridad, ya que la pn1den:..
cia considerada en sus extremos, hace siempre recordar al "pru-

I

�248

NOSOTROS

NUESTRO HO\!ENAJE A JOSE VASCONCELOS

dente" de que habla Lucrecio, que contemplaba impasible e irón~co &lt;les-de su asilo seguro, los frecuentes er_rores de los hombres. Prudencia inútil, o prudencia muy parecida a la cobardía.
Y en alguna parte he leído al referirse a los "prudentes"
recordar el canto tercero de la Divina Comedia: cuando el poeta
::a.1 trasponer ia puerta señalada con la divisa fatídica "Lasciati
ogni speranza ... ,. escucha clamores desesperantes y de tortilra, pregunta a su guía quienes son los castigados allí y cuál
ft,é su culpa, y el guía responde que son los que no se decidieron entre el bien y el mal, los que acompañaban a los ángeles que
ni se rebelaron contra Dios, ni lo sirvieron. Vale decir, los prudentes!

América, recordé en esa misma conferencia que esa unión no de:
bia ser considerada como una unión de defensa 1 ni mucho meno,
de ataque, puesto que era un ideal superior a cualquier situaciór,
Cel momento, y una aspiración anterior a cualquier situación cont~mporánea; que era un sentimiento que estaba en todos los esp1ntus y que su realización no importaría sino seguir la ley espiritnal que está transformando la organización social del planeta,
Y. que lleva a los pueblos, como a los individuos, a unirse o aso('Jarse con los seres que representan iguales tendencias, las mi5
mas simpatías, análogos il1tereses; pero que para realizar esa
• t!nión espiritual, había que comenzar por combatir y corregir
M1estros propios errores, ya que según lo he oído yo mismo a
\7asconcelos, para criticar la idiosincrasia extranjera, hay que comenzar por ser moralmente superior al extranjero.
En resumen, más o menos, algunos de los mismos concer,&gt;tos
que acaba de exponer tan brillantemente el Doctor In(J'enieros
o
, Jo
que evidencia lo que antes he dicho: que si soy tartamudo, por.
fo menos se me entiende.

Pero yo declaro no ser tan virtuoso 1 en este sentido, como
Ingenieros o como Vasconcelos y en consecuencia, y por cualquier razón que vosotros querráis imaginar, no puedo seguir
¡,aso a paso al Doctor Ingenieros en todos sus bellos postulados
de ética internacional. Es posible que esto haga que él me incluya en la clasificación de los tartamudos a que se ha referido;
pero tengo, no obstante, una satisfacción: si el tartamudeo diplomático es, como lo supone Ingenieros, casi general, yo soy
posiblemente de aquellos que han tartamudeado menos, o de los
tartamudos a quienes se les entiende sin mayor dificultad.
Abundo, en principio, en los mismos sentimientos de Ingenieros, en lo que se refiere a la unión ele los pueblos de nuestra
América. Tuve oportunidad de exteriorizarlo hace poco tiempo en la Universidad de La Plata. Esbocé allí la vida Mexic2.na, y me referí al escaso conocimiento que de ella se tiene en
e~ resto del continente, como asimismo a las causas que han inducido a juzgarla erróneamente; sugerí en aquella oportunidad
a los alumnos de la Universidad la conveniencia de hacer un estudio serio y sesudo de las turbulencias de México, para desentrañar las causas económicas y sociales de las mismas, y recordé
el concepto de Vasconcelos que decía alguna vez que la clave de
toda la historia política de México era "el más alto ideal político
teniendo que desenvolverse en medio de las más tremen&lt;las dei;-;igualdades económicas''.
Al referirme a la unión espiritual de los pueblos de Hispano

Por lo que respecta a las palabras que acaba de pronunciar
el distinguido universitario Doctor Pedro Henríquez Ureña.,
quiero tarnb:én aprovechar de esta oportunidad, para significar
una vez más mi agradecimiento a la Universidad Nacional de
México, y la complacencia con que cumplo, siempre que se presenta la ocasión, con la promesa que le hiciera en ocasión solemne.
Cuando aquella Universidad me honró con el título de "Doctor Honoris Causa" signifiqué, que aceptaba ese honor como un
mandato, mandato que traduje recordando el lema de la tricentenaria Universidad de Córdoba, mi tierra: "lTt partet nomem meum
c0rarn gentibus" "Para que llevéis mi nombre a los corazones de
las gentes".
Cumpliendo ese mandato, recordé en la Universidad de La
Plata la obra educacional de esa Universidad de México, y muy
especialmente su labor intensa de hispano americaniSmo, bajo la
entusiasta dirección de ·Vasconcelos; hice resaltar, como lo hago
hoy, todo el significado que tiene el hecho, para muchos insigtll~
ficante, de haber modificado el escudo de esa Universidad, en
•l mapa de la América Latina, sostenido por un águila y un

�'2ó0

NOSOTROS

NUESTRO HOMENAJE A JOSE VASCONCELOS

cóndor y rodeado de esta divisa: "Por mi raza hablará. e1 espíritu".
Y por último signifiqné mi optimismo, mi plena y absoluta confianza, en que el espíritu hablará para decirnos que no es imposible la realización &lt;le lo que sueñan Vasconcelos e Ingenieros;
para decirnos que debemos unirnos en el afecto y en el amor, si1t
odios, sin rencores, sin acritudes para nadie; para decirnos que
ha llegado la hora de trabajar honrada y entusiastamente en cosa¡
serias, que pongan el ideal latino americano como norma de nuestras acciones patrióticas, y para decirnos que de escuchar su: voz,
veremos surgir en los países de América, la noble, la fuerte, la
g 1.oriosa ~'Nueva España", nombre augural con que los conquia-tadores bautizaron a México.

trarle qne stt voz no ha sonado en el desierto. Cuando él os dé
las gracias, recordad que es México quien habla por su boca,
México que os ama y que os comprende, 1\-léxico que os hace
signos de inteligencia solamente conocidos de los pueblos afines,
y q_ue un día serán comunes a todas las naciones de la tierra •..
Y a la hora del ágape cor&lt;lial, no me neguéis la honra insigne de
,entirme a su lado y con vosotros.

•

Carta de Enrique González Martínez
Buenos Aires, Octubre

II

de

1922.

Sei1ores Alfredo A. Bianchi y Julio Noé.
11.fis queridos amigos:
Por quienes lo clan y por qui~n lo recibe, no quiero que me
juzguéis ausente del homenaje a Vasconcelos. M:e asocio con el
alma a la reunión grata y memorable en que sentáis a vuestra
mesa a un hombre nuevo y fervoroso, consagrado í_ntegramente
al más noble de los apostolados, a un hombre que cree toda,vía en ideales de raza y en la redención del pueblo por la es·
cuela. Agasajadlo y queredlo porque es digno de vosotros; porque no es el pensador frío ni el declamador sonoro, sino el iluminado diligente; porqt\e no es el contemplat\vo absorto, sino el
hombre de acción que se da totalmente a su obra y no desespera
de verla concluida y perfecta. Este ilustre embajador espiritual
a quien tanto admiro y a quien tanto quiero, nació de nuestra&amp;
luchas y se nutrió con nuestros dolores. Es como un árbol cuyaa
hojas limpió el viento tempestuoso ele nuestra revolución y cuyas
raíces sorbieron aguas fecundas desbordadas en horas de cataclismo. E1 os trae un mensaje fraterno, él cuya alma sabe qur
entre el norte y el sur de la América Latina no hay distancias ni
fronteras; y como vosotros pensáis lo mismo, tendedle la mano
que él estrechará efusivamente, y fortaleced su corazón al dem~

2ól

'

�LETRAS ARGENTINAS

conozca mal, y
que en realidag
No parece
mentalidad del
ciles, prosaicos
que el autor de

2S3

dé, por eso, más importancia a su libro de la
tiene.
ser el del verso el idioma más apropiado a la
señor Quiroga. Los suyos son ásperos, indócon frecuencia. No es en la poesía, sin duda,
Cerro Nativo dará mejor resonancia a su nom-

bre.

LETRAS ARGENTINAS

Cabaut y Cía., BuenO"-

de la publicación de . Cerro Nativo, el nombre dt
Carlos B. Quiroga ha quedado asociado, necesariamente,
a una de nuestras provincias de más autóctono color.
En ese libro, frondoso acaso, pero Heno de vigor y no
escaso en páginas de intenso colorido, el escritor de Catamarca
ha puesto lo mejor de su personalidad: el vehemente amor por
las cosas de su tierra, su arraigado nacionalismo, su localismo
inteligente. Con frecuencia sus descripciones conviértense en
exaltados cantos, y su prosa adquiere sabor de epopeya.
En Cartilla Romántica, pequeño volumen de versos, Quiroga se nos aparece distinto. Escaso ambiente lugareño hay en
sus páginas. El poeta cierra sus ojos al medio ambiente, y
escucha su voz interior. Y esa voz tiene entonación romántica
"Despi.:és de peregrinar por variadas escuelas literarias en abo·
lidos tiempos de juventud - nos dice en el prólogo - he
llegado a esta sencilla conclusión: no hay esencia poética delos sentimientos del alma que no brote temblorosa y romántica
Y ello es así, porque el romanticismo no es otra cosa, en el fondo, que lma exaltación de espiritualiclad".
No es el caso ele discutir aquí las palabras de ese prólogo,
n: las ideas del señor Quiroga sobre el romanticismo, ni sobre lo~
gustos que hoy dominan en nuestra literatura.
Muy posible es que el autor de Cartilla Romántica los

D

ESPUÉS

Editorial "Tor". -

CºN

VERSO
Cartilla Romántica., por Carlos B. Quiroga. Aires, 1922.

Los Consuelo~ por Hlcto,. Rodríguez Pujol. Buenos Aires, 1922#

_deliciosa ~etulancia. de muchach~ , fuerte, se presenta
Hector Rodnguez Pu¡ol. ¿ Por que sorprenderse? Siempre se es así a los veinticuatro años, y si no todos dicen las palabras que el autor de Los Cons1&lt;alos ha puesto en el prólogo
de su libro y en la nota biográfica y bibliográfica que a sus versos precede, no .es porque algunos sean más modestos, sino porque un natural buen gusto las ahoga al nacer.
Otro es el espíritu que Rodríguez Pujol muestra' en sus
poemas. En su pequeña ciudad de provincia, el poeta se siente
humilde y entristecido. Sin los tempranos amores que ilusionaron su adolescencia, y sin el grande amor que aún n9 le ha lleg~do, las mujeres y la vida toga le entristecen. En su casa,
entre sus buenos libros, cuidado por solícitas gentes, el poeta
teje sus versos ligeramente elegíacos. No en vano ha leído a
Jt:an Ramón Jiménez, y no en vano cae el sol en el horizonte.
¿ Quién rlo tiene una
pena por la tarde

cuando el sol se aleja
como un alma errante?

Libro de mocedad, Los C012suclos carece, tal vez, de lo
más propio y profundo de su autor. ¿ De lo más propio y profundo? ¿,N"o lo son, acaso, esa tristeza y esa melancolía? No.
Esa melancolía, esa tristeza, son del ambiente provinciano, de
las lecturas preferidas, de la edad del poeta. Pues no es de extrañar que sea ligeramente gris un bello amanecer de primavera ...

�NOSOTROS

254:
Las Cámaras del Rey.

e

J)Ot

Carlos M. Griinberg. - Buenos Aires, 1921.

melancolía hay, también, en los _versos de Carla•
1'1. Grünberg, pero como otros han sido sus libros de
cabecera, su acentO .no alcanza la nota elegíaca. Entre esos
libros babia algunos de Lugones: Los C repúsrulos del Jardín,
tal vez; acaso, El libro de los paisajes. Se advierte esa influencia en la primera mitad del libro: sensual y erótica en una de
sus partes, y descriptiva en otra.
La tristeza de Grünberg no nace de desventuras, pues sv
IERTA

LETRAS HISPANO-AMERICANAS
Fé de propósitos.

vida es harto bella
siendo; como es, inteligencia y vida.

M

son los libros que diariamente llegan a e~ta Revista,
ele toda Hispano-Améric:i., y huelga decir cuán varia es !a
~lidad dentro de la cantidad.
Todos. sin embargo, serán objeto de nuestra viva atención.:
lo exigen la trascendencia del momento en que nace la literatura
hi!-pano-americana de hoy y Ias corrientes en qne se desenvuelve,
por encima de cualquiera otra razón de índole sentimental - con
pesar éstas en nosotros infinitamente - que pudiera existir, y
existe.
Solo una limitación hemos de poner a tal propósito y es la de
tiempo: el número hace completamente imposible seguir la prorlucción día n. día, si se la quiere· estudiar con amor; fuerza será
retanlarse ..•
Para que 1os autores sepan que sus obras nos han llegado ·y
que tornan turno, en cada número publicaremos Ia lista de las recibidas. Esta lista no da prioridad; el mérito sí.
FCHOS

Lo que ha entenebrecido su espíritu,
fué la maldad del hombre, la imprevista
maldad que el hombre por el hombre alienta.

En los versos de la parte titulada "Las lunas de Saturno"
e~tá lo mejor de este libro. Grünberg alcanza en e11os una concisión de expresión ta], que puede -asegurarse desde ahora la
excelencia de la obra futura de este joven poeta.

El poema de la Uuvia, por H oracio A. Rcga Jf olina. ...;.... Editorial
.. Selección". Buenas Aires, 1922.
- ..-:....,.-:.t

11uvia ha inspirado más de cuarenta composiciones al señor Rega l\folina. No son pocas. En so1a una, y muy
breve, Ver1aine dejó dicha, para todos los siglos, la melancolía
de'" su corazón, entristecido como la ciudad bajo la lluvia. Tamb~én en un poema pudo decir el autor de es~e libro todas las
emociones, todas 1as ideas, que el espectÍlculo de la lluvia le
sugería. Al repetirlas, malgastó el asunto y compus9 un libro
monótono y monocorde.

L

A

JULIO NOÉ,

Imposihilitados d(&gt; comentar en este número Tos, muchos libros aparecidos Ílltiman1cnte. dejamos -para los próximc:1s la criti_ca a los vnlúrnene-s de Lugoncs. Rojas, G'1hrez. Garhe. Gcrc:hunoff._, Cancela .. Fcrnández Uoreno, Méndez Calzada, Barrenechea, Gut1errez 1 .Kantor,
Montagne, etc.

El hijo del león, novela. por Vicente A. Salavcrri. Editorial "Buenos Aires". - xg:22.

H

.\CE

Cooperativa

quince años era Salaverri, gran devoto de Valle Indán

y anarquista, devoción y tendencia qne se acuerdan perfectamente aunq11e su vecindad parezca paradojal. Hace (]t1ince años,

pues. Salaverri tenia una inspiración puramente libresca: vallei::-1dani~mo, anarquismo ... todOs estos "isrnos" revelaban uno solo:
ndilettantismo", crónica enfermedad de la juventud? que sah--ada,
indica en quien lo ha logrado, el habers-e encontrado; algo tan raro
en literatura, aunque tan sencillo.

�NOSOTROS

LET!-tAS H!SPANO-AA!ERICANAS

Salaverri convaleció y curó de los. "ismos" de su primera
juventud. Hoy se ha encontrado y es él. Guarda un poco la re1:eldia de la mocedad; aquella, que lo llevó a reverenci_ar .la ~e
'']os ojos tristes y aterciopelados" y el "clestrua": ~t aec~1 f1cabo ;
por sus obras vagan, en ocasiones, ciertas rem1m~cenc1a de. es..
tilo y construcción valleinclanesca - del Valle lnclan de Genfalles de antaHo y El Resplandor de la Hoguera - Y_ algunos de s:'"
personajes de vez en cuando dejan caer, aquí y a11a. protestas ª';'iladas hijas del esfumado ácrata libresco; pero sobre su ayer, m~s.
lejano en ]a evolución que en el tiempo, lev~ntase un presente
lleno de originalidad y riqueza, donde sazonan frutos opulentos.
Salaverri se revela, antes que nada, posesor de un vigoroso
sentirlo de to trágico. Y no sabríamos decir si este sentido lo lle~a
a pintar tipos violentos u obstinados, - caracteres . en que m~s
ffecuentemcnte florece la tragedia, - a tos que domma la fatalidad O si la índole realista ,!e sus novelas es la causa. En Este cm
101 Í,nís •.• dice por boca de uno de sus personajes: "Aquí todo
es áspero, puntiagudo, hiriente... Pare~e un emblcm_a del carácter criollo". . • Sea una u otra la razon, la nota mas alta_ de
s obras la da cuando precipita a los hombres en su destmo.
su
.. dlL'
Véase "Vaho heróico". ese admirable capítulo de El
.l 1,1;0
e con
que sólo tiene igual en los capítulos XIV a XVI de Los cru::ados
de la causa; y si no es bastante. algunos de sus cuentos, como El
Tembladera! y La H1&lt;ella, sobre todo el primero.
La novela del novecientos busca cada vez más sus nuevos
moldes. La tra.nsición se opera intensamente, y si las formas
finitivas no han sido halladas aún, creemos que se acercan, orig1mi]es y humanas. En esta corriente está El hijo del León, muy
nacional por su ambiente, su léxico; muy universal, muy mode_rna,
por su arquitectura. La novela, géne~o litera:io _en que culmman
1a~ civilizaciones, es y tiene que ser, mas que mngun otro, 1a expresión de éstas. Cómo esa expresió"n más sintética y acabada t~mhién es el hombre, la novela para llegar a su forma perf;ct~ tiene
que ser autobiográfica, y así será defin~tiva, porque sera siempre
muy moderna. Al talento y arte de los es":itores darle el sab~r
y el interés .• Ealaverri busca en su vida ep1sod10s de su~. obras.
en su vida propia y en la de los que le rodean, que tamb:en es su
vi'da. El es el hombre de las ciudades en el campo hoslll y ama-

do. A veces leyendo sus novelas tenemos la impresión de que 1as
empieza, 1as va adelantando, sm saber cómo las terminará. Este
es el mayor elogio que podemos hacerle, como el de que sus tipos
no tienen volumen personal y aparecen cual ilustraciones de
anécdotas. Y es elogio porque la vida - por antonomasia lo im¡,revisto magüer ]os profesores de voluntad yankees - y los hombres que ha queri&lt;lo pintar son así : aquélla, imprecisa, éstos, sin
finalidad, sin más raigat,oJre en el ayer que la de la rutina, ni más
horizontes que el hoy: como lo dice el autor: ';bohemios, nómades por naturaleza, que se ofrecen por la comida cuando aprieta
la necesidad y a quienes, con algun6s pesos. hartos, no hay quién
Tetenga ni ofreCiéndoJes oro".
Novelista del canzyo se ha 11amado a Salaverri y creemos justo
el calificativo, no tanto por que el escenario de sus obras sea el
&lt;"ampo y campesinos la mayoría de sus person;jes, sino porque
?o ha sentido como ningún otro en amb:is orillas del Plata. Hay
en Este era un país . .. a modo de intermezzo lírico, un himno al
ctoño, y es por aquí por donde hemos descubierto mis definidamente ese sentimiento. Los cantos a la primavera, estación del campo, son literatura falsa y relumbrona de quien ha visto aquél en
las ideas hechas. En cambio ese hombre que ranta al otoño de las
cañadas y las pampas, ha vivido la íntim1 emoción de la naturaleza
frente a ella, bajo la caric'a del sol a campo abierto, ha amado la
tierra ... y amar es conocer.

?:-

257

Con elementos tan ricos para un novelista, cuando Salaverri
encuentre su tema y Jo desarrolle como puede, dará en la gran
novela. Por hoy Salaverri todavía no ha llegado a lo definitivo,
con reconocerle el alto valor que le reconocemos. Salaverri busca.
El hijo del León, menos cuidada en estilo y construcción que
Este era un país ... , más intensa en cambio, es la clásica anti tesis
de las. gentes ciudac!anas y las campesinas. Salaverri se complace
en pintar por contrastes. Así Leonor y Palmira, mujeres de su
obra, son también nuevas Marta y María. Los episodios que viven tienen similitud de situaciones con los de a1ue1las Cecilia y
Venturita de Palacio Valdés en El cuarto poder. El espíritu y la
carne puestos frente a un hombre rle lucha, voluntarioso y activo.
no sufrirán nunca competencia. Hacia la sensualidad que da 1a

��260

NOSOTROS

venes, defectuosos. llenos de curvas que marcan el atormentado
girar de sus autores en busca de la definitiva orientación, semejante al ascender de los aviones, - donde palpita_ el horror
-0e los caminos reales, que esos otros libros de lamida forma,
perfectos para el profesor de preceptiva, dónde los versos, como
los cangilones de una noria, describen perennemente la misma
elipse y sacan en cada vuelta la misma cantidad de agua.
De los primeros salen los poetas, de los segundos. . . nada.
Simpliciter. versos de José Esquivcl Pren, México, 1922.

E

s'I':r-~ volumen de versos fom1a parte, tamb:én, de las ediciones ,.\Tosotros a que nos hemos referido más arriba.

El Sr. Esquive! Pren es otro poeta que ama la sencillez
pero traducida de muy distinto modo:
"Repudia todas las complicaciones,
que la vida es así, casi desnuda".

dice en Suprema sencillez, portada del libro.
Es lógica 1a reacción, dónde, hasta no hace mucho y aún
hoy mismo, aunque esporádicamente, el abuso de los atavíos
había traído la oscuridad, la ampulosidad y tantos otros vicios
a cual más nocivo para la fiel y bella presión del pensamiento.
En Sim.pliciter no se abomina de la preceptiva: el señor
Esquivel emplea con ligeras alteraciones las formas usuales.
Tampoco tienen sus temas afán de refinamientos ni rarezas artificiales, el poeta solo quiere:
"saber lo que se siembra cuando es luna creciente,
interrogar las horas a las costelaciones,
y yoJvcr a mi huerto con el sencillo afán
de un almuerzo que humea. cerno el del pobre Juan".

La parte de Simpliciter dedicada a describir la vida de "los
pueblos que están solos y lejos" es superior a la titulada Poema
de los Besos. Hay en aqnella más emoción y más frescura, aun-

que en las dos camrée una elegante facilidad y musicalidad.
No son, sin embargo, originales, los motivos que trata _Esquive! Pren, en esa primera parte sobre todo. En España,
Machado lleva por mérito propio el cetro ele! género; en América, Darío hizo también admirables cosas. Siguiéndolos a am-

LETRAS HISPANO -AMERICANAS

2Gl

bos, el autor de Simpliciter) a su manera, pinta amables y sua~
ves momentos de la vida sencilla.
Su libro se lée con interés y agrado.

E.

SUÁREZ CALIMANO.

Libros recibidos:

Los ciegos, por Carlos Loveira. La go::adora del dolor
por Graziella Garbaloza. La muerte nueva, Una mala mu,jer,
Hernández Catá. Los partidos tradicionales, por Ariosto D.
González. Rosas y Espinas ML,ticas, por César Barja. El en si,
por Alfonso Fabi!a. Agres/€, por Domingo A. Caillava. Ritmos
Breves, por Alberto Carvajal. Estalactitas, por Horacio Blanco
Fombona. Cantos de Amor, de dolor y de lucha, por Carlos Gómez Cornejo. El alma en los Cristales, por Carlos Préndez Saldías. Romance de las horas, por Ernesto Noboa - Caamaño. Alas
Nuevas, por Pedro Leandro Ipuche. Hacia las Cumbres, El alma
de la Rosa, por Gastón Figueira. La Ruta, por Juan Mario Magallanes. Las Tribulaciones de una familia decente, por Mariano
Azuela. , Fénfa·, por Carlos E. Keimer. La Estirpe Brava, por
Santiago Maciel. Los Horizontes, por Daniel de la Vega. Horas,
por Mario Briceño - Iragorry. Rumores del Silencio, por Luis
Rodríguez Legrand. Raíz Salvaje, por Juana ele Ibarbourou. El
hermano asno, por Eduardo Barrios.

po;

�BIBL!OGRAFIA

BIBLIOORAFIA
LETRAS FRANCESAS
Pierre et Luce. oor Romain Rolland. Librería Ollendorff. - París.

N

ADA

Ilustraciones de Gabriel Belot.

nos lleva tan ciegamente al amor como la vecindad de la muerte,

seamos o no conscientes de su cercana presencia. Fluidos ignorados

del conocimiento humano dictan desconocidas leyes a nuestra jactancia de
dueños del mundo. Ellas son nuestro lazarillo por los ásperos caminos
que pretendemos abrir. Si pasamos el peligro queda la languidez de un
recuerdo o. tal vez. una nueva vida, fui:raz triunfadora.
Renán en L'abbt'sst! de Jouarre y más modernamente Edmond Gui~
raud en Marie-Vic1oirc, han presentado el inquietante probJema; aquél
tratándolo en el terr~no filosófico, éste llevándolo al teatro.
Romain Rolland en Pierre et Luce. esa oequeiia joya que es una imprecación contra la guerrn-la muerte-, también roza la interrogante.
El romance de amor de los adolescentes se inicia en el ''metro", una noche
de bombardeo aéreo, junto a una escena de sangre: "A cet instant, un
homme affolé, qui se couvrait le visage ~e ses mains, descendait. l'escalier
de la station et vint rou:er en has. On eut encore le tcmps de voir le sang
qui coulait au travers de Sf'S doigts ..• I.e tunnel et la nuit, de nouveau .•.
Dans le wagon, des cris d'cffroi: ''Les Gothas sont venus! ... " Dans l'einotion commune qui fondait en un seul ces corps entassés ..fa main a·mit
sa:si fa main qrii le frOlait. Et quand il lct·a les '.\'Cu.r, il •1.1it que c'etait
Elle". Y así Pierre y Luce, penetran en el dolor del amor por el dolor de
Ja muerte. No Berran. como la heroh1a en Marie-Vicloire, a la p'lsesión.
El breve idilio bajo los obuses es un crescendo admirable de pasión y de
reproche. que finaliza aplastado p~r la fatalidad en la casa de Dios, mientras los himnos de paz y de fe, el grave acento del órgano, suben como las
nuhfs de incienso, a buscar las alturas, de donde Jlega la muerte, injusta,
cruel, bárbara ...
"Pacis Amor Deus" ..• La sentencia de Propercio, siendo un sarcasmo puesta al frente del libro, tiene además el valor de un epitafio ...

E. S. C.
LIBROS VARIOS
La musiaue et les nations, vor G. han Aubr:v. O. W. Chester Lda.)
-

Londres, IQ22.

La casa editora J &amp; W. Chester Lda., de Londres. que se está singularizando desde hace varios años por la puhlicación de ohras de
algunos de los más destacados músicos contemporáneos, acaba de enri-

268

quecer su notable catalogo, con uno de los últimos libros: La .Musique
t, lts Natinns del seiior G. Jean Aubry, tan excelente musicógrafo
como distinguido escritor y poeta.
ya en un volumen. precedent"e, aparecido en 1916 y titulado La
.M11srqu~ Franrmse d_au_;ourd'lmi, .~l mismo autor nos había puesto en
pres&lt;'nc1a de esa prod1g;msa florac1on musicaJ representada por Debussy,
iRavel, Roussel, de Severac, Dukas, Fa_ure, Florent Schmitt, d'lndy,
Chausson, etc., y en una breve confrontación comparativa e11tre la musica alemana Y la francesa, a la vez que recordaba la grandeza de aquélla
~esde Bac,h .ª \Vagner- definia claramente el ideal y las características de la ultima.
, El nuevo libro del Señor G. Jean - Aubry constituido a base de
articulos cura mayor pa_rte, según lo anticipa el autor, vieron la luz en
diversas revistas, es en cierto modo complemento dt! la anterior y de análogo o mayor interés aún.
Para los que, hasta la fecha no se han planteado el problema de
J~ nacionalidad en la. músíca, tan inquietante entre nosotros y cuya solut1ón neta apenas v1slumb.ran tres o cuatro d~ nuestros comp:Jsitores;
para a&lt;¡udlos que no conciben que el Arte musical como toda otra actividad espiritual está sujeto a un proce~o de ev&lt;_)lución incesante; para tos
'l1;1C, con una ~cp.or~ble estreche~ .de angulo visual, no se han percatado
aun de la ex1stcnc1a dC'l magnifico movimiento musical europeo o lo
condenan sumariamente con mal disimulada indiferencia la lectura del
trabajo del Señor J ea.n ~ Aubry será particularmente p~ovechosa. Pero
P?r otra parte ha!lar.ín e-specialmente grata su lectura aquellos que tno~
v1dos par la mguietud renovadora han sahido enriquecer su sensibilidad
Y sentimiento anístico, al poner su espíritu en contacto con los hom•
bres Y las obras ;i~brc (JUe diserta el autor. Le acompaiiará.n así mejor
en su fervor estetrc.::&gt;, del que tantas muestras nos viene suministrando
hace aiios.
Es .notorio el. predominio ejerci~o e:1 et carrwo de la música por
Alemama . y Aust~1a, dcsd~ las postrunenas del siglo XVIII y durante
toda la primera mitad dd siglo pásado y sus causas determinantes han sido
c_oncretadas en el interesantísimo capítulo con que se inicia el presente
hb~o. titulado "Liszt y el nacionalismo musical", p:&gt;r el que se pone de
relieve uno de los aspectos menos divu'gado de la vida artística del suegro de \Vagner y se puntualiza la acción fecunda de este extraordinario
"agitador musical".
La. aparición. de los músicos ,:i.1s?s y el concomitante resurgimiento mus1~I franc-es - dos acontec1m1entos trascendentales de la última
mitad del siglo XIX - debían repercutir saludablemente en el arte
extranjero y ncutr:..11i73r. en parte, la hegemonía absorbente de la música
alemana que, en adelante - y sin que ello implique, . huelga decirlo disminuir el valimiento intrínseco de és'.a y su influencia educativa ~ habrá que considerar simp?emente como •·hecho histórico" para contemJ?!ar otro hecho: _"tal .vez el más singular e importante que se haya
mamfestado en la h1stona del arte, en el curso de los últimos cincucn!a años: el despertar de las nacionalidades musicales", según las
propias_ palahras del eutor. F.s sohre tópico de tan alto interés Qile és•e
se extiende preferentemente en su obra, mediante estudios sobre "El
rcnacimic11t0 musical español", "La renovación musical italiana" y nLa
mllsiC'a ¡,,~,e~a actual". en los cuales traza una síntesis de la actividad
musical habida en estos tres países. desde el momento auroral de sus
respectivos resurgimientc,s hasta nuestros días. Pero es bueno advertir
que, no obstante presentarnos una vista de conjunto. el señor Jean _ Att4
bry que une a sus dotes de finísimo escritor. una amQlia versaci6n en
la materia, ha sabidv destacar debidamente sus figuras" centrales y fos

������274
mo autor -

NOSOTROS

LAS REVISTAS

o una s'.ltira de ciertos medios y tipos intelectuales, no ofrece

la menor novedad. Basta recordar, sin reb;:isar la curva de estos últim0s
aíics, !..e _Po_ete assasiné, de A~ollinaire - antecedente sugeridor, sin duda
del fl.fo'l11mtc11to V. P.-, curiosa farsa chaplinc:sca, en la que el p.&gt;e ..a
Croniamanta\ termina sus días asesinado pur la muchedumbre. en la -~e'..
m.ral degollina poética, riromovida por Tograh, el prop:igandista liróf~Í:&gt;0.
Y como sitiras m~s inmediatas. con la vis.a vueita hacia Francia uhi
están la comedia de Duhamel L'a·w¡,re des athléles. las lltcmoires d'u11 'dada
bc~~ogueu.x, por Pierre Mille y Timuu le magnifique, de 1\fax Daireaux,
todas ellas presuntamente alusivas a las ges.as y figuras del dada1smo
especialmente la última donde Timen, fundador del P.Jlimortismo es
trasw1to cruel de Fraucis Picabia.
'
Y en resumen, pudiera preguntarse,
cuil es la ética y estética a extraer de_ ~sta novela? ~inguna. :t,,;¡ la intención cjemp.ificanle de un joco~o anticipo de apcstasias finales, ni la empachosa reprimenda escobstica
que condena la hcterodcxia y llama hacia el º'bue1\ camino" a los ·•espíritus descarriados". Pues yo quiero suponer que Cansincs-Asscns, tan buen
amigo de los poetas. tan incurablemente Cbrio de lirismc.s, y, antaflo
tácito instigador de subversiones, no hahr{1 querido explicarnos una l~c•
ció:1 de ortodoxia academicista. Con t(dn, su retroceso le hace perder
totalmente su jerarquía en el nuevo orden y la estima intelectual .Je 10s
que antes buscaban su contraste crítico. Sin embargo, yo, individual y
strenamente, aunque sin incurrir en d,screpancia de grupo, y menos aúu,
en actitudes de halago, quisiera insinuar que Cansiuos-Asse11s no debiera
desenfocar cnticamcnte las pe1 spei::,ivas nuevas. Dcsinteresa.damcnte,
prest·indiendo de su obsesión cpigó:1ica - y extirp:md.:i el arraigado tÓ•
pico dr. n,aestros y discípulcs - dcLiera orientar su simpatía h1,xmenéutica a la defensa e iluminación de los nu~vos móJulcs, mejor que inclinarse
a los elogios locales - ¡ abominables concesiones scvil1anis,as 1-. en d
caso de interesarle aún la adhesión de "les más jóvenes" y la estima de:
los •·mejores".
Diiucidados ya todos los extremns desprendidos del M01.,i111ic11fo V. P .,
temcmcs haber insistido demasiado scbre un libro de un radio de alusiones
y de lectores tan exiguo y para cuya comprcnsién se ncccsna s1.:r, en cicr ,o
modo, m1 .. iniciado". Por ello, queremc.s presentir jovialmente el gesto
d.c k,s lectores "profanos" que entraron en cs~e libro, - tras leer .._stos
escolies - con la misma disp::sición del espíritu con que leerian en la
Prensa un "suceso" acaecido entre gentes Cl.inocido.s. acuitas cm1 iniciales,
y que al volver la última p'1gina empiezan a querer averigu:ir, esforzá.i1d.úsc en hallar los cuerpos sin sumbra y las claves rcve1adura.s ...

lll;

El Renacimiento Xilográ '.ico. Tres grabadores UJ.traistas
«Qu;siera que cada !'nea fuese como
una' fibra de mi sensibilidad, para lograr una vi;;ión com 1ilet:i.me11te ,ngenua y renov:ida .. -~

Noa,u1 Boal ¡::s_

A t.

contemplar algunos de les bellos grabadcs en madera qu~ publica
en el magnífico número especial dcdicádo a este ane la r~vis a Selectimi, de Bruselas. adquiere solidez nm.s.ra persuasión de asis.ir a mi
ir.tercsante renacimiento xikg-r.ifico. L, s '"hois" de ar.istas belgas y
holandeses como 1-fasereel, Cantré. Cncks, Brusselmai:s: los franc&lt;s•:s
Galanis, Morir. Jean, Daragnés, Flouquet, Laboureur, Dufy; los rusos
como Kebedcfí, Zadkine y otros de d1vcrsas naciona,1dadcs cuno Ben Sus-

275

~;;n, Gallien, Mambour, Jahl, etc., que re,,elan tan disímiles temperamentos
Tie11en idéntico acellto fuerte y neto, como obras dE: un arte áspero y pri~
mitivo, q_ue espeja una realidad intacta y contorsionada, en su alba rci-urn:cta.
¿ A qué debe su auge refloreciente el arte "muy anti¡uo y muy mo•
derno" del grahadd en madera. y por qué la contemplación de un "bois
_pcr_fecto" ncs produce una sacudida emocional de distin,a índole. más
11onrla y persuasiva. que un dibujo o uu óleo? Dificil elucidar estas
intern¡gacinncs. Señalemos solo les signes de su alcance. El amor p;:Jr
la obra bien hecha confeccionada por la mano del artista -, y aquí
encaja el doctrinal de '"Xenius" -, el cansancio y rc.icción frente a los
fríos medios mecánicos reproductivos, que no permiten la intervención
del artista, la tendencia de éstos hacia las estru::turas netas y vcr.ebra..:
das: He ahí, quiz.i, ahrun,¡s de los motivos indu;:tores de este renacimiento del grabado en madera, que avanza con brío y carcteres tan singulares. Así, una de las técnicas elementales. el medio primario de estampación directa, que fué des.errado desde el siglo XVII, cuando otros
procedimicntcs vinieron a simplificar esta tarea, dt:spués del grabado en
cobre y de la litografía. resurge transformad.,. Porque al manumitirse
de la tara inicial pseudo fotf_Jgráfica, adquiere categoría de arte nuevo
y fragante, deviniendo medio favorito de los artis:as vanguardistas extranjercs. al perforar la dura calidad de la materia y hallar, esas severas
estructuraciones, que revelan su tangencialidad espiritual con los módubs
del arte negro y oceánico .•.
Como subraya André de Ridder, sagaz crítico belga. en su interesante prdacio de Selection, ei cultivo de la madera exige un gran
tlominio del artista snbrc si mismo, y, al ser este intfr9rete de sí •mismo,
puede abocar a conseguir obrás de crt!aci6n y no de re9roducción. El
grabado es menos "linear in" que el dibujo - agrega de Ridder - : "En
d primf'ro, la línea no s:&gt;lo cierra los cuerpc1s y delimita las superficies,
:o;ino que constituye un verdadero elemento 91.í.stico: se adhiere a la forma
6ostcniéndda. cc.mo una colun-na s:stiene una arquitec ura. De ahí
el ritmo arquitectónico. el equilibrio rnnstructivo, 9or la certera fusión
é!e p1an0s y acopfamieinto de masJ.s, que d~be im9~rar en el ''bois" p~rfecto. Y si algunos ,'beis" estin s:1lamente compuestos a base de d~s
tomos. del ajedrezado ekme-ntal en negro y hlanco - como en Gallien - 1
c,1 otros hav un matiz intermedio una zona de grises - ejemplo: Galaris -. d::inde la luz rt!aliza sus m.is difíciles e&lt;¡uilibrics nlás ic(ls. El
"bois" dehe as,irar p---r tanto, al nüximo relieve pl.ís:ico, conseguid·:J
por una gran dfpuración linraria.
Al hoiear Selccfi&lt;in advcrtimcs colT'p·acidcs el nombre de nuestro
carr,arada \V!ad\·slaw Jahl. He aquí. nos d~ci'll(~s la incorp:1ración de un
grahador ul!raista - no obs'ante su nacionalid:ul ext.at1}era - a la faange vam~uardista internacional. Y corstatamcs también que es en este
dominio. d'l11de desrle Fsnaña - por juhilnsa exC'epción a es:i falta de
valf"'res que en las confrontacinncs artís icas mr,dernas padecemcs podemc-s esgriTT'ir tres nombres preciares (compensacirncs de la aus:.&gt;ncia de un Picasso o U'l Juan Gris nu!,.strcs) .... au:1que ningu,o de
ellos eTT'p~ro habC'r cristalizad'l en el vórtice madrileiio de ruestro movimiento. sea espaiiol... Ta S!'ñorita .J'orah Borges. argentina; Rafad
Flarradas. uru~uayo. y \Vlad,·slaw Jahl J}'1laco. tienen p,r encima de
ttl c:o11verg-e11cia en el ultrais'Tlo y de haherse car,rt&lt;'rindo e1,m., gra•adores en las _publicaciones que van de Grl'ria a Tahlrrns pts'lndo por
Vltra y Rrfft"Cf(lr_ muy distinta y bien rlcs~acada pers:ma 1idad ..
Y au.,que ésta ya es cnnocich de nu"'!-·ro amhiente. con objeto de
hacer entrar sus valores en les frisos extranjeros, he aquí unas siluetas
~ rlurales técuicas, poseen un mismo estremecimien,o renacentista.

��l\OSOTROS

.,.

LAS REVISTAS

,~~·.~·1

mente dis!)Ues~as. demuestra que en el arte del verso tónico, como en d
del métrico, l.o que se llama versJ libre ha mu_v felizmente matado a al
gunas vulgarnlades pero no ha traído nada nuevo.
~ El grupo Ccntrífug_o . ha dado el excelente p:ieta AsscicH (El rto
senor de acero) y el umc::&gt; pJeta moderno puramente lírico Pas~ernai
autor de "Mi hermana la v:da". En este último. nos s~ducc la ~ohriedad c1
la busca de los 1~1edics. Toda la novedad as::&gt;mbrada y bárbara de un
homb~e que ha visto ~I, mundo por primera vez después del diluvio (o
despues de l_a Re\.:oluc1on) _es contada, por él, sin nada de innovacióu
barata de ehmolog,a y de smtaxis.
_T_C;dos !,es po~tas ,.Que acabo de nombrar, son llamados, más bien p:jr
lrad1c1on,
fu unstas . Se les opJne los Imaginistas. Es~a últim:
escuela se parece_ a las d&lt;! occidente, que llevan d mísmo nombre. E11
1922, sus afirmac1one~, a pesar de su ap.iriencia revolucionaria, se revela:-1
prof!-'-ndamente reacc10nanas. Antes del "1maginismo" ya la poesía rus,
J}ose1a el defecto de ser demasiado imaginista. En lugar del culto de
!a imagen, más valdría una buena litr:pieza, pues la p:ies1a rusa dt!s3orda.
igual que los depar.iamentos modernos; el lujo, lo suphflu::,, descomponr
J~ pureza de las !meas y de las _superficies. Afirmando que se pucdr
l..::er _un poema empezando por el fmal, y que cada verso pcséc su valo,
propio de ima~en. les "imaginisias" demuestran claramente que les m(
t~c~ corstr!1chvcs les son desconocidos. El exceso de plástica es una
perdida de tiempo.
Felizmel!te, el único gran poeta "imaginista", FssC:nine, se Jiber;_. 1
c&lt;i.da vez méls de este d;)gma, yendo instintivamente hacia la claridad ·/
la seyeridad. Eu sus últi.mcs poemas Pougatcheff y Ea el país de lr.1·
,an&lt;fllas. f-:ay ,tC;do un universo entero y preciso. Diríase que define d
1.:ara~tfr es¡&gt;ec1f1co !erren~) d~. la 1;&gt;oesía rusa; Exis~e. pues, un país rn
el s1g o XX, que sm estthzac1on m arqueolog,a, da a luz poetas medi,·
c,•ales .•.

Sus versos, en ~uropa, deben dar la impresión de un ciudada11v
que sentado en el cafl:, 1;11 fateara, to~ olores de la tierra, de los trigaJci,
de los . bcsqucs. Las tm~gencs rusticas, la avalancha de los ritmos, la
generc~:dad de los yers·:s y su exceso de libenad, tcdo esto había de-·
aparecido de Fra_nc!3: desde la f:éyade. Se observa en él la tcndenci;-1
de un hombre v;1m.1ttvo a ~ar vida a objetes inanimados. Tcdo, desde fa
funa hast~ la maquina, ha .sido ex9rcsado como medio de "hu:nani1.ació:1 •·
(En (?cc1dente, al ~ontrano. se busca en las cosas mecánicas, imágent·s
para pmtar lo que vive, lo que es humano).
, Además ~e les. "F~turis!as" y los "Imaginistas", debo mencionar t....
da".'1a a Manna Sv1eta1eva. En sus recientes obras (Sobre /r,s corcc!t.,,..oJcs), etc., romp~ con tcdJ lo que en p:icsia es puramente ornamentat
Desnudez de _lfS valabras, rapidez y fogosidad del ritmo en cortas es
lrofas ..supn:s1on de los verbos; sus rebuscamientos se parecen, en cfr·i
la medida, a les de Ehrenbourg, en su libro '' El amor destmctor" c 5
pccialmente.
'
.. ,Pe:rogra~o .asun:ie un p~pel muy distinto. Es el guardián de la tra
d1c1on; Sus mcl1scl.}t1bles rr.er:tcs s~n, en vrimcr lugar, la europ~izac:.rn,
de~pues el predn~1mio de las líneas sobre el caes de las manchas. y h,
con~truc~ión arqmtectónica de los individues, de las palabras. Pero tod•.J
esto esta ancnadado por al1;0 de cadavérico.
~asta . con Jº!"ªr altunos l_ibrcs. muy bien acahad'lS desde el punto
el!' vista t1pcgraf1co, para cerciorarse de que su milésimo 1922, es u1t
error. Así, p~es, lo que fué visible para tcd::is (de 1914 ~ 1917), has!a
para les rentistas de J..-leudon. ha pa_sad'l desapercibido para les ojos de
los poetas del "Petrogrado rojo". No hay entre ellos sino dos verda.

llW

df"rcs poetas, Anna Achmatova (Anno Dotnini, 1921) y Mandelstamm
(Tristire).
lJar.i concluir, la renovación es indiscutible, a pesar de la embria•
guez y del alocamie1_1to que sigue a la revomc1ó11. .Me imagino que las
rc1acioncs con el Occidente ayudarán todavia más.
:K ues~ra poesía, ccmo el suelo mismo de Rusia, es muy rica en posit-ilidacles. Recién estamos aprendiendo a explotarla. Sin el "Capital" de
Europa, Yale decir, sin la infiuencia de sus ccs.umbrcs nuevas, la mecánica, el cinema. la prensa, no lo podriamos. Pero, por parte, la poesh.
rusa, trae al Occidcn.e una corriente fresca de barbarie, pa1abras de hor,·
bre'i de las cavernas, la nosibilidad de asJmbrarse todavía cómo el primer
humano, y nombres como los de Maiakowsky y de Essenine.
] I. LA PROSA.

La prosa, la novela, siguen siempre a la ep'.)peya pnm1ttva. En Rusia,
la pnes1a revolucionaria ha precedido a la }{evolución; en cuanto a ta
prosa, se alim~nta de revolución. La poesía marchó con el período de
iniciación, la orcsa con el de vulgarización.
Los caracteres de la antigua pJesia y de la vieja prosa rusas son
idé11ticcs. Se les pueden comparar a las dos, con bloques de materia todavía bruto. Producto de cxca\·aciones, m.1s bien que de contrucciones
a.caladas. Escudriíiamieuto en profu1:d:dad y ausencia de creación arquitectónica. La mayor parte de los antigu ;s orosisi.as rus::is son mag..
nific:r:s mineros. Es.o puede aplicarse a escritores llenos de talento, des~
graciadamcnte poco cm1ocidos en Europa, como Leskoff y Rosanoff
Cogol y Dostoicwsky, este último sobre todo. son excepciones. Hasta en
el fo.ndo de la mina, miran hacia arriba. Quitenle a Los H erma11os Karama~off. las profundidades psicológicas, filosóficas y éticas¡ quedará
una novela criminal de asombrcsa arquitectura.
La época simbolis~a ha prcducido &lt;bs nc.,tables prosistas, Andrés
Biely (Pctcrs?urg) y Sologoub (Los diablillos).
l\o son ep·:gonos. p~ro sí, herederos p:itentes de los mismos abuelos,
G,Jgol y Dostoiewsky. La guerra y la Revolu::ión vinieron: el derribamiento de las ccstumbres, ia catástrofe interior y exterior, es decir, un
períc do muy p::ico pre picio a la pesada pros:i. Vino después un. alto; desgraciadamente, la ruvtura con las antiguas f?rmas 110 se prod1;11? dm:-ante
este período de espera. En 1922 se ha visto reaparecer v1eJos hbros
y nuevos es::ritorcs, re"estidos del mismo sello. nacidos de una misma
·familia. Igual complicación universal. igual indefensión infantil: w1a
11ave cargada de oro, con remes en lugar de hélices.
Abordando el estudio de los d:mes particulares de los prosistas rusos
de hriy, encontramos inevitablemente la sombra de Biely (p:,eta, filósofo,
novelista. antrcpolnf!ista. ahsoiutamente nada hombre de le1.ras. p~ro verrladero profeta) . Biely siguicnrlo la busca de los temas trad~cionales, _los
conflictcs interiores del hcmbre. ha creado una forma particular, mitad
prC'sa. mitad verso. Una palabra en su novela de quinientas p\ginas. sigJiifo.·a la misrra ccsl que. para el poeta, un epitafio de dos líneas. Es una
presa constru'.da. si se puede decir. siguiendo las leyes de los "outlaws",
con un desborde de aliteraciones. de asonancias. de ritmos, etc . Así está
escrito el primer tomo de su ep:,peya, La vida de tm coittemporáueo,
que debe abarcar diez volúmenes.
Remiso{, hombre del siglo XV, 110 es un estilista; es la última personificación (¿la últirr:a?) de la lengua p-pu!ar. Sus libros s?n unos
apócrifos conterr.pruáncos. Sohre la revolución. ha escrito. primero, Lá-.
grimns sobre la pérdida, de la tierra msa; después ha conSlgrado obras:

�280

NOSOTROS

sazo!1adas con extraordinarios suspiros, al ser humano, que bebe té, se
santigua. cae enfermo y muere, sin preocuparse si el día de su muerte
será inscrito en el libro de la historia.
!luy ot:o se revela Ale~is Tolstoi. Es un ''Barine" contemporáneo.
un fcu,dal. sm l~s leyendas tl1 las crtcncias, más con el ritual y la pereza.
Debuto con anecdotas asombrt:s:1s sobre las ccs~umbres de los scliorcs
ru~os~ Y ter.min~, _casi al m~smo tiempo, por una novela, El Ca111iJ1o de !a
Cru::. desatmo t1p1co de emigrado sobre la tormenta universal que ha malogr:irlo el confort, y por la glorificación política de la potencia de loa
Soviets.
..
,
Un buenísimo prosista del tipo occidental es Zamatine. Se ha acercado a la revolución y extrajo de ella los mat~riales de su obra; es decir.
trata de volcar el elefante soplándolo. Rehusa respetuosamente desaparecer debajo dt: la'i patas. pero consiente en quedarse sentad.:, sobre el lomo
Todos los. escritores de les cuale&amp; hcmcs hablado. se han afirmado y~
en ~1crta m&lt;.&gt;d1d~, antes de la revolución. Después de ésta. como dije, ha
Vt-111do un comp3s de espera, durante el cual no han prc,ducido ·nada. En
este _momcnt~,. l_o~ recién llegados se cuentan por decenas, Pilniak, Ivanof,
Slo111m~~y. N1k1tme. etc. Han tomado. sin embargo, de Bicly su instrum1.:ntac1011 de las palabras y a Rcmisof el sentido etimológico de los tüminos. Pero el plano arquitectónico ha quedado sin solución. ¿ Cómo
hacer ,·aler todas esas riquezas?
Algunos de cn~re elks_. Pílniak, por ejemplo. en su novela Aiíos á6
.~ambre, tratan de mtroducir el lector en la selva de los acontecimientos
Resulta. e! miedo a la anécdota. la brevedad de las frases. el amor ai
presente, la subjetivación .Y la ~ucesión rápi&lt;la dt" las imígenes.
Los ?tros, al contrar)o, y sobre todo E~1renhourg &lt;!ulio Coronilo,
de.) cultivan lo que oc..dnamcs llamar la espma d irsal misma del tema.
De ahí resulta la lógica, la busca de Ja objetividad, etc. Todo lo que
1
1a entrado en occideme. en los temas de las novelas de aventuras ha
o~sado del la_do de Rusi~. -~ª razón. es Lícil de comprender: la misma
vida, Y los anos de revo.uc1on. conshtuven un tema más aventurero más
a!iomlJroso. que el d~ cualquier novela: Sin embargo, en el intcré's de•
mostrado onr el escritor por el teffa, se encuentra un serio peii,n-o.
Cuando el lector lee. con atención sostenida, un libro como Aiios de
hamhre nu sabe en qué consiste c-1 misterio de tal atracción si es en ta
creación del autor p si e1~ _la grandeza del tt'ma~ Es eviden:e' que. a pesar
del talento de vanos recten llegados, a pesar de las adquisiciones de la
Pr?sa rusa. después ~e Sologouh. Remiso{ y Biely, el tema se vue]ve
mas vasto :iue- el escritor: hoy este hecho lo valoriza, mañana lo aplastará..
De ah, se demuestra la necesidad de la voluntad. de la claridad del
;&gt;lan único: Tal vez_. ciertos de est~s cltmentos de creación, no dañ~rían
a los escntores occidentales, quienes. en el furor de J.-lamar la atención
van h~ta La A1ló,11ida. Pero las nuevas costumbres rusas, si se quiere
revestirlas de las formas del arte. l'xigen del es:ritor. no solamente un
ojo avisado, un oído fino, una inteligencia analítica. instinto, sinó también
el compás Y la escuadra. En la bu!-ca de esta simple escuadra tan difícil
d~ _alcanzar. se pu~; descubrir la lección más imp')rtante y la más patet1ca de la revoluc,on que acaba. Y cuando ésta dejará de ser un tema
para volverse un método. la nueva pr, sa rusa se manifestará en toda
su potencia; pues si todo el mundo puede aprender a construir cuando
las piedras fal-tao 110 se puede inventarlas.
'
Tnd. de E. S. C.

LAS REVISTAS

281

Los nuevos poetas del Uruguay.'.
1

En "Rn•ista de Re7.•islas • de Méjico (Sctirmbre r7 de 1922), ha nf,arecido el sig,tienlc articulo del escrito'r urug11c1yo Huyo D. Darbayelala:
desde París al que he dejado unos días este verano y en el
E que recuerdo
un viaje reciente transcurrido en el Plata en cuyas dos
SCRIBO

ciudades. en Buenos Aires y en Montevideo. fui cordialmente recibido
por los ntelcctuales de las generaciones nuevas.
En Buencs Aires. los hallé agrupados alrededor de la revisb
1"'0s1)TR0s. a la r¡u'! Jos espíritus amplios, los d~ Alfredo Bianchi y de
• Julio Noé. han sabido dar t111 sello característico en el que purdc:. descubrirse las ideas un tanto conservadoras del sei:,.indo ( 1) junto a las avan
zadas del otro, comp3.iiero tle\ talcntcso Roberto Giusti. ex-codirector,
al que oJ:s,,quian !)C':' üll:'l. con la etiqueta ~e comunista. En el simphico
y pt!&lt;¡ueño !oc-al del periódico de rcforencia unen sus caNcs d-! atrayentes
voces poetas disímiles como Pedro 1[iguel Obligado, M&lt;1rasso Rocca y
Burghi. frente a novelistas con~agrados como Ma1~ud G.llvez. &lt;¡uicri,
de cuando en cuando, se comp 1ace en hacer competencia a críticos de
distinto telT'peram,mto y de verdadera penetración cerno Alvaro ?\lelián
Lafinur. Anibal Norberto Ponce y Rafael de Diego, por no C'itar sino
tres nombres. ya que al decir de Arturo de la Mota, otro de los colaboradores de Noson:os. "raro seria encontrar un escritor argentino que no
hava realizado función de crítico o se haya senlido tal -en alguna ocasión".
Mas. aunque tarde, me apercibo .que no es de los escritores argentinos jóvem s de los c¡ue intento ocuparme, sino de los "poetas nuevos"
de la tierra en que nací. del pcquciio y lejano Uru~uay a cuyas generaci0nes literarias pasadas he dedicado un extenso lihro.
lncludab 1rn~ente. ni R()dó ni Herrera Reissig han sido substituidos
en su propia tierra. en la que ambos produjeron lo más imperecedero
de sus ot-.ras resprrtivas. Fst'l. en cambio. llenado con creces el lm~ar
que la td.gica muerte rie Dclmira A$'ustini dejó vacante." Allí impera
!ioberana - y todos sus co!egas le rmdcn tributo. excepción hecha de
1faría FU!!f'nia \'az Ferreira,- la simpítica. hella v orig-inal pnctis.!
Juana de Tbarbnurou. que sabe de p:mteismos aunque desruida la gastada
uiitología e ignora Jns precirsisimos y las r.irc1:as de importación ero
la que nos han manado .._.í!rias generaciones poéticas de nuestra América
8

•••
/ruma de lbarbooroti nacida y creada en nuestra campiña agreste,
surcada par arroyos y colinas. expresa en poesía In que ve y siente en
torno de ella. Y son nurstras cosas, nuestro ciclo. nuestra fa11na y
nue¡;;tra flora lns que la inspiran. Culpa no es de el!a la de presentarse,
a \'eces, con aires de prieta oriental. según lo han hecho notar cnn acierto
algunos de sus críticos. Ella es sobre tcxln humana y ele ella no podría
decir Roció que "no es el poeta de América", de su Amé-rica. al menos.
De los mismo,¡ "p:tJ?cs" de la Ibarhourou. de la ciud:.id aldeana o
colonial de 11elo. es Emilio Oribe. en quien creyó descuhrir Villacspesa,
a la aparición de sus primeros libros, el continuador de Herrera Reissig,
( 1) De ale-o ha lle snvirme edar en la dirección de No~oTROS. Y ha de ser,
•hora.para preguntar a mi bnen am'go Darbap:elata si está seguro que mis ideaa
conser-vado:·as. !\'o, mi amigo, no. E" estos tiempos, sólo son conservadores
!o~ viejos y los tímidos. Yo no he llegado a la vejez y ya no soy tímido. - ] U·
t.IO Not.
10n

�NOSOTROS
y el que, hoy, en detrimento de su atrayente ¡:-ersonafidad, va cayendo eu
prosaísmos y en imitaciones ul¡,ramcdcrnas.
_ Quien no pierde su_ personalidad sino~ que, ppr el contrario, la vigoriza con el cor~er del tiempo, es Corles :iabat ErcaslJ', solitario y rebC:.
de c¡ue exterioriza su sentir y sus anhelos de redención en poemas en IN
que la hrevedad no puede ser su caractCS'Ística.

Opuesto a Sabat Ercasty, con la p::&gt;ética humi:dad que da título ,;.i
uno de sus mejores libros. compone sus risueítos cantos en una ciudad
espaiiola en la que es cónsul, Julio J. Casal, tan fecund~ como sano.
Los mis jóvenes de tod::s, sin palideces románticas, ni exótica·s influencias, con mucha hispínica fuerza y mucho apego al solar nativo,
se llaman Federico Morador, Manurl Bet1a-;,•c11te .l' Fcrná11 Sih.ta Valdés.
Al Agua del Tiempo, de este último,. considera la Ibarbourou. en generosa carta, "uno de los libros más helios, más americanos y más admirables de nuestro continente". Impúscse Morador con su libro Pors!a
'!parecido ~::;r la misma época de otro vol_umen de Benavente, en el
este advert1a (]ue sus versJs. sus Motivos Pueblerinos, no tienen un origen libresco sino que responden "a realidades propias y concretas de
la vida que ha vivido". Tal profesión de fe confirma lo aseverado eo
es~e final de es~ozo crítico en el que, acaso, faltan alguncs nombres, los
de _lo~ que escriben teatro en verso: Ya111011d1í Rodríy1u~ y Carios }.,f
Princn,al!c; los de Pereda Valdés. lpuchc . Casaravilla, Ge11ta. Lem:i ...
De mi genernción, dos'p,:etas atraen mis simpatías: Julio Raríl Mm
di!aharsu y Jnsé Pedro Segundo. Un crítico joven y de porvenir acab:1
de a.firmar con justeza q_ue el primero ºvive en poesía". De SegUndv
p:::dna drscontarse que "vive en !lrofcsor", avaro de su tcs:&gt;ro cscondid,1
de poemas. que traicionan a un temperamento exquisito de p:&gt;co común
elegancia.
hfendilaharsu, que ha alcanzado el honor de ser traducido al italiano,
va, con su co01;1añero, tramontando la cuesta de la carrera literaria e11
la que le alargan la mano José Maria Dc.'yado y Julio Lere,ia JuanicJ
que, en contraria dirección deben estirar Sus brazos hacia los contcin'
nor!iner:s jóvenes de Herrera Reissig y cuyos tres preclaros sobrevi
vientes se apeliidan V'asseur, Frugmii y Falco.

qu;

•••
Tarea difícil y hasta vana es la de ponerse a designar sitios t·
indicar valores entre las capillas y tendencias literarias que hoy en el
Uruguay bregan p~r abrirse un camino hacia la luz que antes emergió
con el ejemplo y con la crítica de lo alto de la Torre de los Panoramas.
del ba 1cón sierrpre i'.uminado del Mirador de Próspero . No puederi
sentarse afirmaciones cate!!óricas al resr&gt;ecto.
Cahe, sin embargo, tener fe en los que llegan ungidos de verdad y
de quimeras, .bregando por mantener un individualismo que los honra.
sin dejar. por eso. de contri! uir con un rayo m~s a la "corona de hu
puesta snhre las frentes humildes y augustas rendidas a la pesadumbn·
del trahajo o a las fatalidades de la realidad". Ante algunos de ellos,
Ja Ibarbourou, especialmente. no podrá repetirse la amarga queja d"'
Taine, de que "nues~rcs poetas 1-uscan lo que interesa, no lo que es bello.
tran~formándcse así en factores de pasi&lt;'nes. no de felicidad".
Un sano viento pampero parece barrer las malas yerbas amaritten
tas. que. cual hojas caídas dr. los árboles. arrastra11 consigo los achatados casc-aheles y las fa 1sas piedras coloreadas con les que ncs aturdieron
has;a ayer lrs malos discípulos de· escuelas cuyo oportunidad histórica no
supieron penetrar,

NOTAS Y COMENTARIOS
Emilio Berlsso.

C

1a inesperada muerte de Emilio Berisso, _el Teatro Nacio~
nal sufre nuevamente otro fuerte golpe. En el espacio de
&lt;los meses ha perdido con César Iglesias Paz y Emilio Berisso, a
&lt;los de sus mls serios escritores. Pocas obras escribió Berisso,
pues sólo estrenó tres: La amarra invisible, Con las alas rotas y
Ll gérmcn disperso, constituyendo una de e1las, Con las alas
fofas, que llegó, casi, hasta las doscientas representaciones con~
secutivas, el más grande éxito de nuestro teatro. Podrá discutirse
este drama, encontrársele defectos y frondosidades retóricas, pero
no podrá negarse que es una de las obras más vigorosas, valientes
v de honda emoción que hemos visto representar en estos últimos
años.
Por esto y por ser el suyo un espíritu delicado y_bondadoso, su
repentina desaparición causó doloroso estupor. Alfredo l\Iéndez
Cal&lt;leira, en representación de la Sociedad Argentina de Autores
expresó elocuentemente esta impresión general, en las sentidas
palabras que a continuación reproducimos :
ON

"Triste misión la que me han confiado mis compañeros de la Sociedad
Argentina de Autores, y mts triste aun si se consi~cra que me encuentro
frente a este féretro, a pesar de las horas trans:::urrnbs desde que supe la
nt,ticia fatal, con el corazón oprímido. el espíritu enfermo. bajo la· influencia \acC'rante de una vt&gt;rd:i.dera alteración mC1ral, que se diría nacida de la
voluntad de cerrar les ojos a la evidencia. del anhelo de pJdcr rebelarse
contra la injusticia. contra esa fuerza oculta y por oculta más cruel, que
determinó la cesación de ta vida cuyos restes encierra esta caja.
Emilio Berisso ha muerto. Los que tuvimcs la fortuna de acercarnos
.a su ('Spíritu. canservaremos, en la religión del recuerdo, devotamente,
el brillo de su inteligencia.
.
Les que necesitaron _de ~u bon~ad ,Y les que buscaron al :3m1_go en la
hora del desconsuelo, Jamas olvidaran las generosas p:1lp1tac1ones de
su ser.
,
1· •
"ó
y es que Emilio Berisso, intelectual en la. mas amv 1a. acepc1 n
del vocablo. estudicsn con método. con calma, sm aprcsuram1e1~to. oue
sabía mucho y que quería saber aún más; que unia a la profund1da!l del

�284

NOTAS Y COMENTARIOS

NOSOTROS

concepto, 1a gracia de la forma; que oulía su frase como un orfebre supedazo de oro; que había hecho un culto de su amor a lo bello, era también sencillamente hueno.
Y esa bondad que formaba parte de su ser, se descubría en · todas las.
manifestaciones de su inte;igencia y eu cada una de las disposiciollCS de
su ánimo. Ingénitame11te bueno, se diría que, frente a una aflicción, era.
todo él un acto de misericordia.
Los libros, con tanta frecuencia absorbentes de los sentimientos hu..
manitarios capaces de dignificar al ser humano, no habían conseguido
penetrar en su sensibilidad, no habían podido secarle el corazón.
Cultivando su cerebro, haciendo un ramillete con las flores de su jar~
din, formando honradamente su bienestar material y ante todo y en
todo momento, amparo y sostén de su hogar dignisimo, en el que fué
respetado y querido, con un respeto que era reconocimiento de su carif10
y de su justicia y con su. cariño que era veneración. pasó la vida sin odios
ni amarguras. Por eso es más cruel su desapctrición en plena vida. en
toda la iuerza de su inteligencia, cuando mucho hermoso y grande se
podía esperar de su talento y de su virtud.
·
1 Su hogar! Imagino la escena y me horroriza la idea del dolor in~
mensa de esa esposa amante, de esa madre buena. de esos hijos que se
formaron en el santo amor de la familia. al amparo del padre ejemplar
que, por darles todo, quiso ser el único encargado de cultivarles !a inteligencia y educarles el corazón. Que Dios les dé resignación para so•
portar la inmensa pena!
El teatro nacional, sobre el cual parece que sopla un viento de infortunio, sufre otro rudo golpe. Emilio Berisso era wia de sus figuw~.
más representativas.
Triunfó ampliamente con esa obra que se diría un grito del alma:
Con las alas rptas. pero no logró envanecerlo la voluptuosi&lt;lad del laurel.
Sencello y modesto) se encerró en su tie11da a trabajar cu la espera.i:1
obra definitiva. Un extraíio designio tronchó .la columna, acaso en el
preciso momento en que· se afi1"maha el capitel.
Pero la obra realizada, vasta y fuerte, quedará como un valor positivo en las letras argentinas, y también como una afirmación. en el propósito. invariahlemente mantenido, de hacer obra de alto nivel moral y
de pura evpresión artística.
En nombre de la Sociedad Argentina Ge Autores, me inclino respe-tttoso ante lós restos del autor de A la vercz de mi senda.

Isaac del V ando - Villar

jé;-

inquieh1d. En sus páginas e·ncontraron fácil cabida todos los
venes. cuyas comp0siciones se apartaban de todas las. reglas _poet1c-as v Jiterarias existentes; de ahí que, como no tenia una tdeolcgía ,definida - el ultraísmo no se conocía aún - G~c~ia incurrió en muchos errores. publicando, a veces, compos1C1ones de
escaso o de ningún valor literario.
Pero precisamente, de ahí, de esos errores~ es de donde ha
surgido esa ten&lt;lenda qne ahora se ha definido tan claramente
con el nombre de ultraísta.
Y a don Isaac del Vando-Villar le cabe el mérito de haber
mantenido durante 52 números, una revista que - como Gre,10 no era sino el instrumento de exposición de una ten&lt;li::ncia literaria en gestación, va.le decir, · el exponente de los titubeos y las vacilaciones de una juventud inquieta.

Nicolás María de Urgoiti.
mediados de este mes, se halla en Bue~os_ Aires don
1\icolás :!\Ta.ría ele Urgoiti, uno de los mas interesantes
hombres de empresa que en la actualidad cuenta España, fun&lt;iaclor de la gran Cornpaiiía La Papelera Española y de las ero1
-presas nacidas de ella: la socie&lt;lad editora "~a11:e' y ~os diarios madrileños El Sol y La Vo::: l]ue en los ultimas anos han
cambiado la mentali&lt;lad y los sistemas del periodismo espaiiol.
Además de la Argentina, el señor Urgoiti piensa visitar
e! l~ruo-uay y Chile. 1\Iuy posible es de que de su ·visita derive
una in:ensificación de las relaciones literarias y editoriales entre
-España- y estos países, que, por ciertO~ nos encantaría.

D

l!SDtt

E

s nuestro huésped el señor Isaac del Van&lt;lo-Villar, venido a
estas tierras de América con el objeto de pronunciar variaSa
conferencias a fin de divulgar las modernas tendencias literarias,
de las cuales fué, en España, uno de sus principales propulsores.
En· efecto, en medio del caos literario reinante en :Madrid,
hace~osa de tres años, cuando la influencia de los futuristas italianos por un- lado, y la de los dadaístas y cubistas por otro, habían conseguido despertar en la juventud una curios1datl, una inquietud, fué cuando D. Isaac del Vando-Villar fundó la revista
Grecia, cuyas páginas fueron un cÓmpendio de esa curiosidad o

285

"SºN

Llamamiento de; Anatole Fran~e
en socorro de los niños rusos.

niños, son inocentes y se mueren de hambre.
"
!'Si no se 1es socorre morirán cinco millones. La foto,, grafía implaca'hle os lo ha demostrado: descarnados, ~nertes,
"muelos, implorando con ojos ya opacos un bocado de altmen~?·
n Si no socorréis a esas criaturas, e_
s a imagen que habels
,, visto 05 perseguirá como un remordimiento el resto de vues-

�286

"tra vida. Pensareis: ''yo lo he visto agonizando, y me he
"apartado de él, pudiendo haberle salvado."
" Socorred a los hijos de las madres que muerieron de ham . .
" hre o que van a morir teniéndolos en brazos. Todavía un
,, tenue soplo los anima!
"J:;ad pronto un pedazo de pan ! Y que se levanten y que
vivan!!"
No olviden nuestros lectores las palabras del maestro Francc. Se reciben donaciones en los principales diarios.
Pro hambrientos de Rusia

L

NOTAS Y COMENTARIOS

NOSOTROS

exposición artística organizada en Córdoba por un grupo
de pintores, a total beneficio de los hambrientos de Rusia,
l1a obtenido un gran éxito. En el acto de la inauguración, la seíiora Leonilda Barrancos de Bermann leyó las ~llas y nobles paInbras que a continuación transcribimos:
A

"Sólo una p1gina de Checof o de Andreef, e.."Xaccrbándonos hasta la
hipcrestesi;i., p::dría aprcxirr:arncs a 1a realidad del drama ruso en toda
su tremenda ma~'11itud: oorque el oaís de las noches espectrales y d1~
las pc-r::ecuciones horribles, ha dado sit&gt;mpre por la voz &lt;le sus p·Jetas y
escritores la nota justa del sufrimiento. El canto de los homhres de1 r.eptcntrión, ccíiudcs, místiccs y buenos, es la su9erada angustia de su'i vidas
ohscuras y trágicas.
Hoy no llegan a nosotros, tra:ré.ndonos como hace treinta años d
"cscak:frio nuevo", con que irrumpieron en p'eno reinad:&gt; simholista, con
el acento brumoso, opaco. de sus \'crsos. sino que cl*an por lahi,.s de
Máximo Gorki a la !)iC'rlad de los hombres. Ha s'.do necesario, sin embargo, que mostraran la llaga abierta, les ojos desmesurad.,s. el vielttre enor ..
rr.e o vacío. el infamante montón de huesos de los moribund,1s en la desolación de las cs~ep3s, para que nu~!&gt; ra sensibilidad que creíamos casi
cu!minando en la más penetrante acuidJ.d, se haya puesto a tono con la
pavori:-sa a~nnía de veinte l' cinco millones de seres.
Seilorc!-: Sólo elevando la protesta hasta el grito p'.Xlríamos decir
cu.;nto rr.uerde al C'Crazón la suspicacia. la falta de sentimiento de solidaridad humana. la estrechez de miras de ks que en nombre de- principios,
de leyes y de formas consagradas les niegan ayuda, cspeculatldr:&gt; s'1hre el
harrhre en e!&gt;pera dd momento oportuno p3ra el go 1p~ eficaz al régimen
p'."llítico que nC's les cuenta entre sus adietes; cómo duele la ccg-uera de
los que pretenden encerrar ks hechos en el término de sus vidas. sin la
\risión del a~·er y del maiiana. atentes a la prqueñez de su cxiste_nria varia,
que no lrs prrmite ser s-:-ncillawente huenf"'S. de les que han prestado a 1a
palahra de Na,,scn el tono de i1l'prc,ación y a Alvarez del Vavo. en1re
nosotros, la cümentada forma de !)'llé1T"ica de sus conferencias!
¿ Fs creíh'e que sea neccs'.'lrin cx~licar. tratar de conmover. razonar,
mostrar la p· sihilidad de Que el hambre aiena rr!-tc a'q-n al pc-cu\io propio.
para qt1e les homhrs de fortuna. vuelvan los ojos a lf'S niñns. de rostros
marcados por el hambre y la desesperanza, como en una espantosa pesa•

281

Ri!la, y que tienden la mano clamando la vida que pueden, que están en et
ineludih:e &lt;leber de salvarles?
Desespera pensar en la exigüidad del patrimonio moral que legaremos
a las generaciüncs p:ir \·enir, sino lo acrecentamos con un sentido mis
hondo de la solidaridad huma.na.
Es de es ricta justicia que declare que los que más han dado, son los
que menos p:;sl'en. Así esta ciudad que es la m.1s rica del plÍs y asi tam•
bién los artistas nacionales - sólo faltan aquí las firmas de algunos
triunfadcres - que en Buenos Aires !lrimcro y hoy en esta ciudad ha•1
respondido generosamente al llamado espontáneo del noble pintor Carlos
Camilloni y de la comisión local. permitiendo reunir un co11junto apreciable de obras que si no es el ex9:mente m~s acah~do del arte de cada
uno, es sí de la nobleza de cs;&gt;íritu de estos sembrad ,res de belleza qui:
sahen como es de dura la vida cuJ.ndo las manos s~,stienen una l~mpara
prcpia y están todos los vien:os para arrebatarla. Por eso. sin extraviarse
&lt;'n discusicnts sobre las causas que provocan en Rusia la m:1s espJ.ntosa
&lt;1e las hambres, han dado algo mas que monedas de oro, en el amor, en
la. rebusca de la hellc1a alcanzada o no, con c¡ue trazaron un cuadro. El
.;rte supera esta \"ez. su d:m de s:mp:itía, que es el de su s::ila presencia, al
dar a los hombres hasta la misma \·ida.
Confiamos. Seiiores Artis·as, en que el pueblo de Córdoba os ayudará
a salvar la vida de esos infelices comp1ñeros vu:::stros, cs:-ritorcs. p::&gt;etas,
artistas. que se mueren en medio del espectáculo incomparable de la estepa
blanquísima."

Obras presentadas para optar a
los premios de la Municipalidad de Buenos Aires (1922)
PROSA.

El Escepticismo Contemporáneo. por :\fariano Antonio Barrenechea; El Oficial como Educador, por Enrique Jáuregui;
Ji,¿n de Historia, poi Perfecto P. Bustamante; El Deporte Arf¡rntiuo, por César Viale; Jfujcrcitas, por Josr:é Quesada; Amor,
por Josré Quesada; Juan de Caray, Fundador de Buenos Aires,
por l\atalio Abe! Varlell; En los campos de Boo~, por Roberto
A. \Yiikinson; Alta Gracia, por }.farcelo Peyret; Apuntes para
[,J Htsforia de nuestra Pintura :\' Escultura. por José ~daría Lozano 11oujan; Otros Tiempos, pot l\fo.nuel Pico; Cuentos PolíL'romos, por l\Iarcial Tielascoain; La Canción de la Aguja, por
A delia Di Car lo; !.a Montaña, por Enrique Napolitano; Historias sin imtortancia, por Víctor Juan Gnillot; La Poéttca N ucva,
¡:.or Edmundo 1lontagne; Rt•velacién, por R1quel Acller; Victoria Colomrn, por ~1oi~és Kantor; Sendas de [u:; y so111bra, por
Frnesto H. Canale; Prosas raras, por Ik:atríz Justa Gallardo;
Daile ,, Filosofía, por Roberto Cache; El dolor de vivir, por Flo·

�288

INTENTIONS

NOSOTROS

rencio J. A maya; Ideales rotos, por Leopoldo K. Wimmer; Jeslls
en Buenos Aires, por Enrique ~Jéndez Calzada; Hace trn siglo,
por E. G. Fer,1ánclez; Pcpcloco, por Fraocisco Ca,miío; Pepelocn Emptrador, por Francisco Cam:uio; El Amor Vencido, por
Gust:'.lYO 1fartínez Znviría; Bl Vengador, por Gustavo ).Jartínez
Znvi:-ía; El Secreto de una Náyáde. por :"alvador G. Rueda; E,/
Vértigo y otros cuentos, por Arturo S. 110111; Cuando todo pasa, pur Cristián Del Plata; El Alma de los Ni,fos. por Delfina
Bunge de Gúlvez ¡ Los mujeres y la 'l.'ocación, por Delfina Bunyc ele Gálvez; Las Imágenes del lnfiuito, por DeHina Uunge de
Gálvez; 1lf1Piccas de carne l' la Gata roja, por Ricardo G. Chenaut; Trrs Relalos Portc,ios, por Arturo Cancela; Críticas Extemporáneas, por J11lio A. Rinalclini; La Logia Lautaro y la /n,.
druprndr11ria de América, por Antonio R. Zúlliga; La Dcmocra•
eta Económica, por Arturo Pallejá.
POESÍA.

El Himno de mi Trabajo, por Ernesto :Mario Barreda;
Extasis, por Félix D. Visillac; La Ro::aida, por Emilio P. CorL'ere.; De las Horas Pasadas. por Ricardo 11. Llanes; La Ciudad
e11 Ruinas, por Ricardo Gutiérrez; Del Jardí,i de mis Recuerdos,
por lrene Ilarthalot; Por Gracia de Amor, por Delfina l\[olina v
Vedia de Dastianini; Ncfelibnl, por Ezequiel l\fartínez Estra&lt;law;
Wlllsira en verso, por !víayorino Ferraría; Aguas scrcuas, por
Arturo \'ázquez Cey; .lfi Rosal está en flor. pos 1lanuel J. Sampcrio; Poema de la l.lu·zria, por Horacio A. Rega Malina; El 1\fi.
/agro de las Ro.ws. por Rosalba Aliaga ~armiento; Humanidad,
por flartolomé f.alíndez; La F,strc//a fiel, por Enrique Puga Sataté; Agua que va. por Godofredo D. Coca; Poemas de Prirviu~
ria. ¡,or Alfredo R. Bu fano; Los Ag11il11chos, por Leopoldo 1larechal.

''NosoTRosº.

COSMOPOLIS

Rrt'1ir ffli"nsut'lle de littrraJurt.' a /&gt;rib!ié
HNm,:,.o.f d ..·s ¡,o,'mcs,
O&lt;'tH7Cs inéditcs

dans .res /l~nnir,s
r¡;~us,
e.JNU, ,._.marq11es,

Fran1;oit - Paul Alibert, Jo han Boj("r,
Cha~les. du B.os, Gtor,es Chennt-viCn.',
Ben¡anun Crém1eux1 I.uc1en Pabre Leó_nPau
Par~. \'alel'}' Larbaud 'Ramon
Gómt'Z de La Serna, Franz H~lÍens, F.dmond JaJouz, M;u'ct'I Jouhandn.u, James
Joyce. Prani;ois Mauriac. Pau! Morand,
Marcd Proust, Julcs Romains Julcs Sn•
pervielle, Paul Valéry, l'tc.
'

..........................

Dirttfeu,.: PIBRRB A.'-/DRE- MAY

Adminiatration:

14 rae de Rome, Paria, VIIleme.

·rur,&lt;',

''COS\{t1l'OLIS" intnesa, no ~olamen:~ ;1 •.. ~ 1, .. ••~ c-¡,aiioles.. ~in,1 ., los de
t• ,!, ~ .. l?s 1--:1,,.,. T.~clas la~ adil·ida,1es de
la \ 1-1;,. ,1,·l Art,· y ,,,.¡ p,,,-.antit"i:to
'?''l_cn:¡,ur~nc,, 5on C"X11:1··,1n,: I.:t..-r;itura,
l ','!'.•''I, l',ir,,~ •. ;~ti&lt;"• 1,l:ir11,·a,. M• M('a,
8, •~1...¡;rr,1,:1, l.:r-,n,ra, c&lt;tr.inJt"ra~, 1111,no.::r:,1,a"', ,te ~(' f"llc-U&lt;"ntran '-"ª su suma.ri'l
"COS'10l'OLJS'' "" h ~ola rn·!,.ta qu~
i_ th'&lt;!&lt;" ,!ar a tr,dos_ In$ lecto1c1, una idea
':."1.11; '"!ª rl~ la aí't,vi&lt;l.l&lt;l mtekrtual et;pa'·º;ª· S:•i. rri1.;1"&gt; !o"·" todas le ('!ocritoru de
,,1,or, Y su, n:1.1&lt;l,os gcneraki; tantJ s,,n
'.I&lt;" ;nuu:,-, ,.!,· f.1.~11.1 ,mivt&gt;r•a~ u,mo de
"vnu,!, ',::e_ i.c a,,;,,m:in al elenco de I.s
~c1:.-,~ ('nr:s:!lu;, n1do úgur.1i. Jt:" gran por•
ni:·r i,or '\J :ak111,,_ "COS'.\!Ol'OLIS"
a¡,an·,-,. t1,,1,,., J,_,, m,·,,·~. en volúmenes de
una 1-'" p;•f,'1t·.., , ei: hcrr.:o~o formato en
n1arto m:i.y,,r.
Su~cril_,i1l, ~. U níuntro: 1. r,esctas.
Sub",~npc1&lt;,n Anua!: ,,. pc-st'tas para Es-,
I'ª"ª Y Jº 11ar a el Extranjero.
Dirt-ccif)n de ~ubscripcton~ y pedidos
a la~ ,:,ficinas de "COSMOPOLIS'. Larr~
1~.
Apartad,1, so.,. o a CaLallero de llia•
ua, 28. -- .'\tadnd.
Oep,"1sito ~en~:al para !a \'enta al ~r
mayor: Sociedad General Espaf1ola de Li•
breria, Ft'rrnz, 21. Madrid. Apartado, 428.

!

Redaction:
6 rae de Phalsbourg, París,
XVIIomo.
Le N.t.&amp;o: Fren~ fr. 2 Etran¡¡u ír. 2 50
Alioiu.e.aal: ,, ,. 20
,,
., 2:/
E,khlt fl IVII tlfW l 20 ..,_pi.i,111 tar KolllQdt:

eo
.. es
Lire le numéro &amp;pecial du Ier.
Kovembre 192~, entierement conaca a VALERY LARBAUD.

•••

R,·:úra mó'nsual de LitrraturtJ y CrltitlJ
D1Rr.:·:.- : A. lfrr1,J11de:: CatJ.
Si:11nT.,1&lt;10 DI'. Ri:o.,,:nós: G1úilern10 tu

TALIA

AMÉRICA''

len. GENOVA (Italia)
OS AIRES, RIO DE JANEIRO,
~ y NEW YORK
de lo

Co■paliu,

Italiana.

�</text>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752665&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>Nosotros fue una revista cultural argentina publicada entre 1907 y 1943. Sus fundadores fueron Alfredo Bianchi y Roberto Giusti. Su publicación fue entrecortada —en sus inicios sufrió fuertes problemas económicos—, con interrupciones en 1910, 1911, 1912, 1934, 1940. La muerte de Bianchi puso fin a la revista. En ella colaboraron autores argentinos y del extranjero.  Su creación, según Emilio Zulueta, contribuyó «decisivamente a la "integración hispánica"». No debe confundirse con la revista homónima mexicana Nosotros, publicada entre 1912 y 1914. </text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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