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                  <text>fWA

Cada mujer tiene "su" perfume; Nosotros
tenemos el perfume de todas las damas.

La Ciudad
de Londres'
"La Casa de la Moda"

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NÚME RO 5.

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PEGASO

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~

REVJSTA SEMANAL

ª

DIRECCIÓN: Enrique González Martínez.-Efrén Rebolledo. -Ramón López Velarde.
Jesús Urueta.
Julio Torri.
Mariano Silva.

Rafael Cabrera.
José D. Frías.
Antonio Caso.
Esteban Flores.

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Jesús T. Acevedo (El Paso.)
Ricardo Arenales.
Mariano Brull.
Maria Enriqueta.
Gustavo E. Campa.
Rubén M. Campos.
Bartolomé Carbajal, y RnsaP.
Alberto María Carreño.
Francisco José Castellanos.
Luis Castillo Ledón.
Ignacio B. del Castillo.
José M.a Chacón y Calvo.
Eduardo Colín.
Carlos Díaz Dufoo, jr.
Arnulfo Dominguez.
Enrique Fernández Granados
Genaro Garcín.
Augusto Genin.
Francisco González Guerrero.
Luis González Obregón.

EN LAS CARRERAS
DE AUTOMOVILES
LA NOTA CULMI~
NANTE FUE

Rt::DACCIÓN·
Rafael López.
Genaro Estrada.
Jesús Villalpando.

Saturnino Herrán.
Jorge Enciso.
Alberto Garduño.

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Alfonso Cravioto.
Manuel Toussaint.
Antonio Castro Leal.
Enrique Fernández Ledesma

COLABORACIÓN:
Carlos González Peña.
Max. Henríquez Ureña.
Pedro Henríquez Ureña.
Alba Herrera y Ogazón.
Manuel Herrera Lasso.
Mateo Herrera.
Jesús García Gutiésrez.
Juan B. Iguíniz.
Manuel ltuarte.
Carlos Lazo.
J. López. Portillo y Rojas.
Federico Mariscal.
Pablo Martínez del Río (Madrid).
Amado Nervo (Madrid.)
José de J. Núñez y Domínguez
Eduardo Pallares.
Emilio Pardo Aspe.
Manuel de la Parra.
Manuel M. Ponce.
Alfonso Pruneda.
DIBUJANTES.
Leandro Izaguirre.
Carlos Neve.
Antonio Gómez.
José Tovar.
Francisco de la Torre.
Alfonso Garduño.

FOTÓGRAFOS
PUBLICISTAS: Maxim 's.
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Adrián Recinos (San José de
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Manuel G. Revilla.
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Genaro Fernández Mac Gi-egor.
Artemio del Valle Orizpe.
Samuel Ruiz Cabañas.
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REVISTA SEMANAL
Registrado como utíc1.1lo de segnnda clase el día 9 de marzo ,de 1917.

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TOMO 1,
MEXICO, D. F., 5 DE ABRIL DE 1917
NUM. 5
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SEMANA

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Por Ramón López Velarde

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Una de estas noches tomaba yo en un café la colación
que se usa entre gentes de buena conciencia. Era ya la
hora solapada en que se nace, se muere y se ama. Con
todo, Méjico fingía una necrópolis. Yo, sin ser la Capi·
tal, sentíame como otra necrópolis. Con la diferencia de
que en mí no se recataban alumbramientos,. ni agonías,
ni el vértigo equidistante de la cuna y la fosa. Me limita.
ha a estar un poco triste, según corresponde a un coetáneo de la filosofía médica y de los histólogos que pa.
decen de literatura. Carmelita, mesera 5-con un 5 dorado, en un redondel de luto-evolucionaba a mi alrede·
dor, zalamera y ladina. Carmelita, mesera 5, va a ser
suprimida por la moral del Gobierno del Distrito. ¿Qué
habría opinado sobre esto Monsieur Bergeret? iPobres
sacerdotisas del café con leche! No pude ponerr¡ie a tono
Con Carmelita, mesera 5, porque su problema económi ·
co, agravado con la virginidad del Palacio Municipal,
nublábame de conmiseraciones baladíes. Y como si no
fuera bastante la carga melancólica de la fecha, he aquí
que, en el tablado de la dudosa orquesta, descubro, de
violín, a mi antiguo conocido el sacristán de Tercera Orden, en San Luis Potosí. Los que no sois clericales (ioh ·
hazail.a!) no estáis capacitados para sentir la tragedia de
un sacristán convertido en violinista. Yo interrumpí mi
colacion para ir a preguntar al sacristán qué pieza acababan de tocar. Con el rubor consiguiente a su metamorfosis, me mostró su papel pautado: B eatifú l
8p,·ing. iCristo me valga! ¿Querrán Alfonso Cravioto,
Juan Le6n o José Romano Muil.oz hacer algo por la edu•
cación de mi sonoro sacristán? Si se negasen a ello, en
atención a que se trata de un violín reaccionario .. ..
Yo, en realidad, me considero un sacristán fallido. En
mi quiebra, matizo la Semana Mayor con mi violín jor·
nalero. Y recuerdo los Jueves Santos en que Matilde, que
era alta como una buena intención, glacial como los éteres, blanca como un celaje de plenilunio, y fértil como
un naranjo, lucía por la breve ciudad su mantilla y su
cintura afable. Matilde visitaba los Monumentos. La patricia negrura de su traje frecuentab¡t los templos en el
día eucarístico. Mi punible promiscuidad asocia siempre a Matilde con las palabras de la Cena: ''He deseado
ardientemente comer esta Pascua con vosotros." (iNo poder
citar en latín, para que no me juzguen pedante!) Porque
la ciudad era espléndidamente solar y porque las seil.o·
ritas de rango que poblaban sus calles, vestían de tiniebla ritual, aquellos Jueves Santos sugerfanme una espa.

ciosa moneda de plata manchada de tinta. Matilde, gota
de tinta, celaje, éter, naranjo, buena intención:yo sé que
hoy penas, desterrada y alcanzada de dinero, y que, sin
temor a convertirte en estatua de sal, vuelves la cabeza
al predio vernáculo. En la Semana Mayor de tu destie·
rro, para consolarte, yo te ofrecería, en la palma de la
mano, una reducción de la moneda de plata manchada
de tinta. Como las aldeas microscópicas que, edificada.s
en un cartoncillo, halagan el instinto de posesión de los
nifios.
Los Viernes Santos, en torno de la Cruz viuda, con sá•
bana o sin ella en los brazos, según la exegésis de los
capellanes, apretábanse, compungidas, las gotas de tinta, sin que la compunción les estorbase soslayar a los
novios. Por las vertientes del Calvario ascendían las al·
mas de la .Agua florida, de la.Agua de colonia, de las Flo•
res de amor .... toda la perfumería bonachona que duerme un ail.o para desperezarse en la ceremonia del Pésame. i Ceremonia patibularia, contrita, perfumada y
amatoria!
Matilde se casó. Si antes la califiqué de glacial, es
porque me helaba su talle fugitivo, como los éteres al
evaporarse. Pero pocas personitas he conocido tan efusivas como ella. Su ternura brindaba el apasionado buen
gusto de una madreselva que hablase. Matilde, al casar·
se, me produjo una pena de las hondas. Con mi escasa
afición a la lógica, yo la había sonado fértil y estéril.
Una noche, al filo de las diez, la ví andar en la Plaza de
Armas, con precavida lentitud. Supe luego que cumplía
con una indicación facultativa. La madreselva justificaba
su nombre, su cruento nombre.
Matilde, celaje, gota de tinta, naranjo, éter, buena intención y madreselva: en los atardeceres desamparados
en que la ventisca de marzo sacude las frondas de mi ansiedad, y en que la u!ía ilustre de la luna disemina ca·
losfríos vesánicos~ me encamino a tu calle para asomar.
me a tus vidrieras y aliviarme con tu figura, todavíaado·
rabie. Estiro el cuello, atisbando tu sala improvisad&amp;.
Tus hijos juegan, y su juego que es prenda. de la eterni·
dad del dolor, me amarga los sueil.os retrógrados que te
forjaban fértil y estéril. Tus hijos juegan. Tú, tienes en
el regazo una bola de hilaza, o consultas tu portamoneda
o te miras en un espejo, superviviente de tu ruina. Y en
la Semana Mayor de tu mayor duelo, yo te ofrecería, en
la palma de la mano, para consolarte, una reducción de
la moneda de plata con gotas de tinta.

PEGASO

1

�RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO
LA CEREMONIA DE "LA SEÑA"

~~ NUESTRA PAGINA DE POEMAS

-,~1

Por Jesús García Gutierrez
Hace algunos anos que, al acercarse los días solemnes de la Sema·
na Santa, los habitantes de las
cabeceras de los diversos obispados
del país no dejaban de acudir presurosos a sus Catedrales, en los
días de antemano senalados por el
calendario, para ver desfilar a los
canónigos en lenta y majestuosa procesión y presenciar con la atónita
curiosidad del que no entiende, las
simbólicas ceremonias de nLa Seña/' tan llenas de majestad e.uanto
de misteriosas significaciones.
En el día de hoy apenas si a los habitantes de la capital de la república nos es dado presenciar en nuestra vieja catedral esas ceremonias,
y esto no precisamente porque muchas catedrales estén cerradas y
sus cabildos dispersos, sino porque
tenemos entendido que liace algunos anos qne la Santa Sede manifestó a los Prelados de la Iglesia Mejicana que veda con gusto que dejaran
de practicar esas ceremonias, exóticas en la liturgia romana, y todos
obedecieron prontos, como era natural; pero el de México pidi6 y obtuvo la gracia de que en su catedral se
siguiera practicando «la sefia&gt;, como, en efecto, se renueva todos ]os
anos por estos días en que se acercan los solemnes de la Semana Santa.
Y a fe que es de aplaudir que los
canónigos de nuestra vieja catedral
conserven todavía estas arcaicas ceremonias, porque con ellas nos conservan algunos girones de un pasado ya remoto, y cada afio remozan
los esplendores de los ya lejanos
tiempos de la colonia.
En efecto, en 1534 firmaba en Toledo el Ilmo. Sr. Zumárraga el instrumento de erección del Obispado
de Méjico, y en el párrafo 32 de dicho
instrumento decía textualmente:
&lt;El oficio divino, así el diurno como
el nocturno, así en las misas como
en las Horas, hágase siempre y dígase según la costumbre de la iglesia de Sevilla, hasta que se celebre
el Sínodo.&gt;
Y en 1858 se celebró, bajo la presidencia del Ilmo. Sr. Moya y Contreras, el celebérrimo Concilio III
Mejicano, y en él se hicieron los es-

tatutos por los cuales se rige todavía nuestra Catedral, y en el capítulo XIV de esos estatutos se mandó
que todos los miembros del cabildo
usaran el traje que entonces se acostumbraba &lt;en las iglesias catedrales
de España, por santas constituciones&gt;. Y de entonces datan las sobrepellices abiertas por los costados
y de larguísimas mangas rasgadas
que todavía se usau es la Catedral
y que llevan los canónigos volteadas
sobre los hombros; de entonces las
capas negras con capuz que usan en
el tiempo de invierno; de entonces
hts capas negras de larguísima cauda que lucen en la ceremonia de &lt;la
seíla&gt;, y de entonces, por último,
las majestuosas y simbólicas ceremonias de «la seña&gt;, porque todo
eso era lo que en el siglo XVI se
acostumbr~ba en las catedrales de
la madre Espana, y principalmente
en la de Toledo, primada de las espaílola81 respetabilísima por su antigüedad y oor su historia, y en la
de Sevilla. de donde en lo eclesiástico dependía la Iglesia mejicana.
Andando el tiempo se fueron desgajando del tronco ramos ya frondosos que formaron después otros
tantos árboles, y cada nueva Iglesia
que era erigida en la nacíón mejicana, llevaba de aquí los estatutos, los
usos y costumbres, y, por ende, las
capas de larguísimas caudas y las
vistosas y lucidas ceremonias ·de «la
sefl.a&gt;.
Pero más tarde, ora por una ra•
zón, ora por otra, los cabildos de las
diversas catedrales comenzaron a
pedir y obtener de la Santa Sede
que se les cambiara el severo y arcaico traje coral que habían llevado
de la catedral de Méjico por otro
más vistoso y lucido, y comenzaron
a verse en las catetrales los preciosos trajes prelaticios que usan en el
día de hoy muchos canónigos, y si
comenzaron a renunciar voluntariamente muchas de las costumbres
que de Rquíhabían llevado, no había
por qué conservaran la de &lt;la sei'ía&gt;,
que hasta incómoda resulta en las
catedrales que no tienep_ el coro en
el centro, según se estila todavía en
las espaf!olas.
Empero, los canónigos de nuestra

DE ANDRES TERZAGA
Crecemos como el árbol: hacia abajo y hacia arriba.
Como el árbol, nos perpetuamos en dos sentidos. Qui
sieran tus ángeles-ioh hermano mío!-que seas un árbol creciendo siempre hacia arriba, desprondido en absoluto de la noche de tus raíces, de las gredas sin luz
donde se clava tu instinto. Un árbol maravilloso que,
safándose del suelo, suba; suba llevando en la copa, cada vez más frondosa, el coro inocente de sus pái&amp;ro§, _ ..

Catedral han querido conservar, y
a través de los siglos han conserva·
do con amor, los usos y costumbres
que heredaron de sus mayores; se
rigen todavía por los estatutos for•
mados en 1585 y por las constituciones que ailos antes escribió para
ellos el Ilmo. Sr. Montúfar; no han
querido cambiar el traje co.ral que
usaron los primeros canónigos que
formaron, en pleno siglo XVI, el primer cabildo de la entonces naciente
catedral; y paralos que amamos las
antiguallas de nuestra tierra, es una
verdadera delicia ver cómo todavía
en nuestra catedral se observan
usos y costumbres de las iglesias
espanolas del siglo XVI, que ya en
muchas partes desaparecieron hace
tiempo.
Por eso no podemos menos de
aplaudir que todavía conserve·n con
amor }a ceremonia de &lt;la seña&gt;,
y cuando en estos día's, los vemos
desfilar en procesión lenta y solemne por la severa crujia, a través de
las naves siempre sombrías. de la
catedral. más ensombrecidas en la
Semana Santa por los velos morados
que cubren el oro de sus altares
churriguerescos, cubierta la cabeza
con el capuz y arrastrando por la
alfombra larguísima cauda, -por un
momento nos sentimos transporta.
dos a los tiempos ya lejanos de la colonia, y nos parece que vamos a ver
reaparecer en toi"no nuestro las pelucas em oolvadas, las casacas galo•
neadas los espadines, bastones y
demás ~tenda-s de los virreyes, oidores y próceres de la Nueva Espana.
Porque, aunque a los ojos delvul·
go, las ceremonias de «l_a sen.a&gt; no
ofrezcan más que el cunoso espectáculo, -del cual no entienden jotade los canónigos desfilando del coro
al altar mayor, y la bandera negra
con su cruz roja, desplegándose ora
en un sentido, ora en otro, al compás de las estrofas del Panqe linqu_a,
a los,ojos del amante de nuestra historia de nuestras tradiciones Y cos·
tumbres, es un girón de los tiempos
que pasaron, es un recuerdo de_ los
siglos anteriores, es unremozamrnnto de anejas costumbres, es algo que
nos trae gratisimos recuerdos de
pasadas grandezas.

Al margen de &lt;Ligeia•, de Edgard Poe:
...... La vida no se detiene. Brilla &lt;extranamente&gt; en
otros rostros y otras horas y otros días que no sabemos;
solivia las losas de las tumbas; llena los ámbitos y espacios por sobre nuestras cabezas. Sólo las formas cam·
blan. La «voluntad&gt; de vivir es eterna! gritan ensilencio los ojos de Sigeia, luciendo en la cara espectral de
Rowna. Y,· en silencio, gritan su terral":
-La muerte tampoco se detiene!. ..

DE FRANCIS JAMMES
EL ASNO DEL DOMINGO DE RAMOS
(1'raducción de Enrique Gonzcilez Martinez)

Pacía con mi madre la hierba azul del prado,
de un sabor como nunca acre y azucarado.
Sobre el cielo sin mancha, en trazos incisivos,
se. alzaba el verdinzgro Monte de los Olivos.
Pastábamos desde antes de que rayara el día;
el globo de Ja luna lentamente perdía
·
su luz, del sol naciente a las tintas bermejas.
Todo estaba tranquilo. Se oían las abejas,
el canto del arroyo chocando en los ribazos,
Y nuestro ramoneo como tijeretazos.
Mi mafue estaba atada, yo libre en la pradera.
Ella, en pie, meditaba bajo de una palmera.

Bien pronto, los discípulos vinieron hacia el prado
Y a mi madre desatan; vi que flla los seguia
tranquila y dócilmente, como que ya sabía
el asna de pupilas como la noche bellas
que aquel deber estaba escrito en las e;trellas.
En cuanto a mi, inocente, tienden una mantilla
sobre mi :flaco lomo revolcado de arcilla,
Y contento, adm\l'ado y distraído, eché
a andar.
Así llegamos, al :fin, a. Bethphagé.
En la pequeña plaza, multitud bullanguera
contaba con los dedos en debate animado.
Un muchacho tocaba un pito de madera.
Alguien dijo: ~al Maestro anunciad que han llegado~.
Un joven, de un tabuco se asoma en el umbral.
Creí tener en frente una luz celestial
que hizo cerrar mis ojos y me turbó el sentido.

Por el azul cruzaron dos palomas en vuelo.
Las vi, sentí la vida con íntimo alborozo,
Y·- las patas al aire -me revolqué en el suelo.
- - - .De pronto, oi a mi madre que lanzaba un sollozo.
No era el cotidiano rebuzno, era un gemido
que desgarraba el cielo, hondo, desconocido .
Mi alegria trocóse en dolor de repente.
Y la vida seguia su curso dulcemente:
Brincaban saltamontes en la hierba aromática;
un gato, frente a un perro, en actitud extática
vigilábalo inmóvil, con el pelo erizado.
'

Se acercó recogiendo la orla del vestido.
Murmuró entre sonrisas: •dejad al inocente
animal que, sin cuerda, se vaya libremente
al campo en que pacía~. Asi dijo el Maestro
hablando de mi madre que aun guardaba el cabestro.
Sentí sobre mi frente un gran soplo l}asar
Y tan sólo fui dueño de gemir y temblar.
¿Qué cosa iba a pasarme? Yo nada comprendí.
Hubo un silencio. Luego, Dios monto sobre mi.

DE ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ
LA PARABOLA DEL CAMINO

de toda adoración, se encuentra mudo.
El otro peregrino
recnerda cada voz, cada celaje,
y guarda los encantos del paisaje.
Y los hombres lo cercan porque vino
a traer una nueva en su lenguaje,
y hay en su acento up hálito divino ..... .
Es como Ulises: hizo un bello viaje
y lo cuenta al final de su destino . . ..

La vida es un camino .....
Sobre rápido tren, va un peregrino
salvando montes. Otro va despacio
y a pie; siente la hierba, ve el espacio ..... .
Y ambos siguen idéntico destino.
A 10s frívolos ojos del primero
pasa. el destile raudo de las cosas
que se velan y esfuman. El viajero
segundo bebe el alma de las rosas
y escucha las palabras del sendero.

Porque la vida humana es un camino.

LA PIEDAD QUE PASA

De noche, el uno duerme en inconsciente
e infecundo sopor. El tren resbala
fácil sobre el talud tle la pendiente,
y el viajero no siente
que en la campiña próvida se exha.la
un concierto de aromas ....

Cayó sobre la arena un pétalo de rosa ....
Para que no lo estrujen los pies del peregrino,
mi mano suavemente lo apartó del camino
y le cavó en el musgo la tumba silenciosa.
Bajo rosal materno el pétalo reposa ......
Sobre el rincón que guarda su sueño y su destino,
de la cercana fuente el chorro cristalino
hará crecer la hierba y ocultará la fosa.

El prudente
que marcha a pie, reposa bajo el ala
de un gran ensueí'ío, y trepa por la escala
excelsa de Jacob. Cuando el oriente
clarea, se echa a andar, pero señala
el sitio aquel en que posó la frente.

Los pájaros del huerto han detenido el ala ..... .
La vesperal penumbra en el jardín instala
su indecisión de tintes cual funeraria ofrenda.

Ambos llegan al término postrero;
mas no sabe el primero
qué vió, qué oyó; su espíritu 1 desnudo

C~ando caigan los velos de la noche oportuna,
la piedad, revestida con ropaje de luna
Y un dedo sobre ~l labio, cruzará por la senda.
PEGASO

�EL JUICIO

DE JESUS

DE QUEIROZ
BRILLANTE PAGINA DE ECA
,
En un espacio con pavimento de mosaico, frente al solio donde
se alzaba el asiento curul del Pretor, estaba Jesús de pie, con las
manos en cruz y débilmente atadas por una cuerda de esparto que
colgaba hasta el suelo. Un largo albornoz de lona gruesa, orlado ,
de azul, le cubría basta los pies, calzados con sanda,lias ya gasta•
das por los caminos del desierto y atadas con correas. No le ensangrentaba la cabeza esa corona inhumana de espinas, como
yo había leído en los 'Evangelios: ten-ía un turbante blanco hecho
de una larga tira de lino¡ un.cord~l lo atAha por debAjO de la barEN EGIPTO

loaba su prudencia; celebraba a su padre Herodes el Grande, restaurador del templo. Su hijo Antipas, era generoso y fuerte . . , .
Pero, reconociendo su sabiduria, Sareas extrañaba que el Tetrar.
ca se negase a confirmar la sentencia del Sanhedrín que condenaba a Jesús . . .. ¡.No estaba aqnella sentencia fundada en las le.
yes q~e diera el Señór? El justo Hannán había interrogado al Rabi y el Rabi habíase E'incerrado en un silencio ultrajante. ¡,Era
aquella la manera de responder al puro, al sa.hio, al piadoso Han.
nán? Por eso un celoso, sin contenerse, abofeteara el rostro del
Rabí. ... ¿Dónde está el respeto de los antiguos tiempos y la Vijneración al pontificado?
Su voz grave y hueca resonaba bajo las arcadas. Yo, aburri~o.
bosteza.ha. Sareas después proclamó los derechos del Templo. ¿Y
aquel Templo cómo lo respetaba el Rabi? Amenazando destruirlo .... ¡ Y la blasfemia, arrojada al Santuario, subía basta el seno
de Dios!
Bajo el toldo los Fariseos, los Escribs.s, los Netbenims dél Templo, esclavos sórdidos, susurri:iban como arbustos silvestres queuu
viento comienza a agitar. Y Jesús permanecia inmóvil, abstraídamente indiferente, con los ojos cerrados como para abismarse mejor en un sueño continuo y hermoso. Se levantó el Asesor roma,
no: dejó en el escabel su abanico de hojas, recogió con arte el
rnn.nto forense y saludó tres veces al Pretor: su mano delicada co,
menzó a ondular en el· aire, haciendo brillar una joya.
-¿Qué dice?
-Cosas muy hábiles-murmuró Topsius.-Es un pedante, p
tiene razón. Dice que el Pretor no eR judio; que nada l:!Rhe de
Jehová; que no le importan los prClfetas que se alznn contra Jehová,
EN EL MONTE DE LOS OLIVOS

Y como leña seo~ que una chispa inflama, el furor de los Fariseos y de los servidores del Templo rompi'ó en clamores im acientes: ·
p
-¡Crucifícale, crucifícale·r
Pomposamente el intérprete decfa en griego al Pretor los grito
tumultuosos. lanzado~ en la le.ngua siria que habla el pueblo d!
Judea. Ponc1ó g?lpeo con el pie sobre el mármol. Los lictores Jevao~aron en e~ aire ~as varas que terminaban en una figura de
águiht.: el escriba ~r1tó en nombre de Cayo Tiberio: los brazos
amenazadoreli se. ba.Jaron y fué como un viento de terror que so.
pJ!l,8e ante la maJestad del Pueblo romano.
De nuevo habló Poncio, lento y distraído:
-¿Dic~s que eres rey? ?~.qué es lo que haces a.qui?
Jes6.8 d1ó otro paso hacia el Pretor. Su stl.ndalia pisó fuertemen
te sobre las losas, como si tomase posesión suprema de la tierra·
LM palab~as que sali~ron de .t1us labios secos me pareció que ful:
guraLan vivas en el atre, como el resplandor que salió de sus ojos

jud.fos enir6, porqu~ ~isár en día. pascual un suelo pagttno era dc'.1sa impura ante el Senor. Sareas anunció altivamente al tribuno
que algunos de la nación de Israel, ante la puerta del Palacio de
s~s p~dres, estaban ~aperando al Pretor. Luego, pasó un largo
8
~~enc10 ll~no de ansiedad. Después, dos lictores avanzaron : tras
eb os, cammando a pas~s largos, con la amplia tcga recogida 80 •
re e1 pecho apareció Pilatos.
Todos l_os turban:es se inclinaron, saludando al Procurador de
Judea. PI13:t?s habiase detemdo al pie de la estatua de Augusto;
Y como repitiendo el gesto de la noble figura de mármol
extendió
1 a mano:
'
~Que la paz sea con vosotros y con vuestras pal&amp;bras .. Hablad.
Sa.re~s adelantóse y declaró que sus corazones venía.n en \•erdad
11 enos e Pª~······ pero habiendo el Pretor dejado el Pretorio sin
confirmar m analar la sentencia del Sanheridrin, ellos se hallaban
CON LA CRUZ

negral'!.

-He venido a ~ate m~ndo para predicar la verdad. Quien dese~ la verdad, quien qmera pertenecer a la verdad tendrá que oír
MI VOZ.

Pilatos le miró un momento pensativo: después encogióse de
homhros.
-¡La verdad!. ..... ¿Y qué es la verdad?
Jesós de Nazareth enmudeció,
En el Pri:i~rio reinó_ un sil~ncio profundo, como si todos los corazones hubiesen sentido la mcertidumbre. Pilatos descendió los
r~1Rtro escal?nes de bronc~, recogiéndose la amplia toga; y prece.
1!tdo de los hctores y seguido del Asesor, penetró en Palacio, por
e.ntre el ru?1or de Rrmas de los legionarios que lo saludaban batiendo el. hierro de las lanzas y el bronce de los escudos.
Inmediatamente se. al~ó ~or todo el patio un áspero y ardiente
susurro, como de abeJas irritadas, Sareas peroraba blandiendo el
há.cu lo entre. los fariseos que jllntaba.n las manos c~n terror.
·
Otros, alPJados, murmuraban sordamente. Un viejo~ dejRndo
ANTE PILÁTOS

Un angel se le apareció ,i José y le il'ijo: ~f,1J,vántate y hi¿yen

Le obligaron a Uevar sn ()J·nz y Jesúa cayó tres veces ..... .

ba encara.colada y Aguda. Los cabellos secos, pasados por detrás
de las orejas, le caían en rizos por la espalda; y en el rostro flaco,
requemado, bajo las cejas densas, unidas, negreaba con una profundidad infinita el resplandor de sus ojos. No se movia, fuerte y
sereno, delante del Pretor. Tan sólo algún estremecimiento de las
manos atadas, delataba el tumulto de su corazón¡ y a veces respiraba. largamente, como si su pecho, acostumbrado a los libres y
claros aires de los montes y de los lagos de Galilea, se sofocase ba•
_io el palio romano y la estrechez formalista de la Ley. A un lado,
Sa.reas, miembro del Sanhedrin, que babia dejado en el suelo su
manto y su báculo dorado, iba desenrollando y leyendo, con adormecedora canturía, una tira oscura de pergamino. Sentado en un
eilcabel, el Preter romano, sofocado por el calor ya áspero del mes
,i_e Nizam, refrescaba con un abanico de bojas secas de hiedra la
foz rasurada y blanca; un escriba vi€'jo, en una mesa de piedra

C?mo el hombre que ve la uva en la viña suspendida sin secar
madurar.
. l;'oncio pareció penetrado de equidad y de clemencia.
----:Interrogué a vuestro preso y oo hallé en él culpa que deba
castigar el Procurador de Judea ...... Antipas Herodes que es prudent~ Y fuerte y practica vuestra Ley y ora en vue~tro templo
tamb1?n le inte_rrogó y ninguna culpa halló en él.. .... Ese hombr¿
sólo dice cosas rnpoherentes como los que hablan en sueños.
. Entonces, con un sombrío murmullo, todos retrocedieron deJando al Rabi Robam solo en el umbral de la sala romana. Lentame?:te, sereno, como si explicase· la ley, el Rabi alzó la mano
y d1¡0:
-; Delegadú de C_é~ar, Poncio, muy justo y muy sabio! El hombre que tú llamas v1l"1onario, hace años que ofende nuestras leyes
Y blasfema de nuestro Dios. Pero ¿cuándo le hemos prendido nos~
lll

LOS OlSCIPULOS

LA CRUCIFIXION
Se prosterna, ora 'Y diGe: GPadre, hágaae tu voiwntad» ... .. .

Jesús busea s1is disdpnlos entre los artesa,no1s y los pescado·l'es ..

llena de tabularios, afilaba minuciosamente sus cálamos¡ entre ambos, el intérprete, infeliz e imberbe, sonreia con las manos en la
cintura., arqueando el pecho, donde llevaba pintado un papagayo
hermejo. En redor del toldo. volaban constantemente palomas.
Fué asi como yo he visto a Jesús de Gd.lilea., preso delante del
Pretor de Roma.
En tanto, Sareas, que babia terminado la lectura de un pergamino, saludó a Pilatos y comenzó en griego una a.renga verbosa y
aduladora. Hablaba del Tetrarca. de Galilea, del noble Antipas:

v que la espada de César no venga a Dioses que no protegen•
César.
Terminó el Asesor, Ylánguidamente, dejóse caer en su escabel
De nuevo habló Sareas. Ahora, más retumbante, acusaba a Jesiu,
no de su revuelta contra Jehová y el Templo, sino de sus preten·
is iones como principe de la casa de David. Toda la gente en Jern·
¡;,,a\em babia.le visto llegar por la puerta de Oro, en falso triun
rodeA.do de palmas verdes, en medio d_e una multitud de galil
t1ne gritaban: -u¡Hossa·na al Hijo de David! ¡Hossana al Rey de
I ;raelb1
-¡ Es el hijo de David que viene para hacernos mejores!-gri
a In lpios la voz de Gad, llena de persuasión y de amor.
El Pretor se dispuso a interrogar al Rabi. Yo, temblando,
dmo nn legionario empujaba a Jesús, que alzó la faz. Incliná
dnse levemente hacia el Rabi, con las manos ahiertas que pa
dan soltar, dejar caer todo el interés por aqael pleito ritual
tiectarios arguciosos, Poncio murmuró aburrido e incierto:
-¿Eres tú acaso el Rey de los Judfos? .... Los de tu nación
traP,n ante mi. ... ¿Qué has hecho? .... ¿Dónde tienes ese reiD
El intérprete, infatuado, de pie, junto al solio de mármol,
pitió muy alto las palabras del Pretor en la antigua. lengua b
hraica de lo8 Libros Santos: como el Rabi permanecia silencioso,
la.i gritó en el dialecto caldeo que se usa en Galile!l.. Entonces Jes
dio un paso. Oi su voz. Era clara, segura, dominadora y seren
-Mi reino no es de este mundo. Si por voluotad de roi Pad
fuese yo Rey de Israel, no esta~·ía ante tl con efita cuerda en
m1mos .... ¡Pero mi reino no es de este mundo!
Un gritó partió der¡;esperante:
-¡Entonces que lo saquen de este mundo!

Entonces Pilatos s~ ZCllVa ias mam
, os y Zes d•ce.·
·
•
«y
_ o soy 1,nocente
de la sangre de este justo».

suelto .su man_to que volaba, corria por entre los vendedores de pa
nea ácimos gritando:
-¡Israel está perdido!
Gt\d surgió ant? nosotros alzando los brazos tfiunfantes:
-El Pretor es Justo y liberta al Rl'lbí.
Con la f,1,z resplandeciente, nos revelaba la dulzura de su esper~a~a, El _Ra.bí, apenM fuese suelto, dejaría JesusaJem donde Jas
pie ras eran m~nos duras que los corazones. En Betbania le esper~ban sus amigos armados: al romper la luna partirian para el
. ctd·i . .1:1..
A(( í estaban aquellos que le 'amaban. ¡,No era
Jn,1e1s de E nga
~ 6s b~rmano de los esenios? Como ellos 1 el Rabi predicaba. el
1
l ª?!eCio de loa bienes terrenos, la ternura por los que son pobres
Y R incomparable belleza del Reino de Dios.
Yo, crédulo, me regocijaba, cuando un tumulto invadió la ga1
Era el bando negro de los fariseos. Dirigióse hacia el lugar
011
e el Rabí Robam conversaba con Manasés, envolviendo dulr.emente en los dedos los cabellos del niño, más dorados que los
.ntaües. Sareas, con la firmeza de quien intima empezó a decir:
-Rabi Robam, es nec~sario que ·bablP-s
Pretor y salves
noesLra Ley.
Y luego de todos lados fué un suplicar ansioso.
-Rabi, habla al Pretor. Rabi, salva a Israel.
el E!_Rabi se alzó majestuoso como un gran Moü,és. Después con
~no de la mano, se puso a caminar en silencio: tras él la iurba
ucía_un rumor de sandalias en las losas de mármol. Nos de•
,mosJ~nto ..a la puert~ de ~e~ro: Los pesados goznes rechina•
100
ton·
un tribuno del palac10 ncud1ó. Nos detuvimos todos, amonados en el umbral. En el centro de la sala fria y mal iluminada
ergufase pálidamente una estatua de Augusto. ' Ninguno de Jos

ti~

ai'

&amp;i,¡

••••. •Y Jes-ús fue crncijicado.

otros, _cuándo le hemo~ traído ante tí? Solamente cuando le be.
mos visto entrar en trmnfo por l_a Puerta de Oro aclamado como
rey de Jud?8:· Porque Judea no tiene otro rey sino Tiberio. Apenas _un sed 1cioao se proclama contra el César, le apresamos y le
casttg~mos. Eso hacemos nosotros que no gobernamos por el Cé
sar, DI cobramos de su erario.
La fa_z de Pilatos ~e obscureció con uns nube de cólera. Aquella
tortuosidad l de los
abo
"d Judioa-que
·
' execrando a R oma, pregona ban
ra un ce o rm oso por el César para poder, en nombre de la

PEGASO
P,EGASO

5

�autoridad, saciar un odio sacerdotal, sublevó la rectitud del
romano.
-Callad. Los procuradores de César no vienen a aprender, en
una colonia bárbara del Asia, sus deberes para con César.
Mana.ses que estaba a. mi lado, y se tiraba impaciente de la
barba, alejóse con indignación. Pero el Rabi prosiguió tan indiferente a la ira de Poucio como a los balidos de un cordero que con•
dujese a las aras.
-Tn amo te da a guardar una viña y tu dejaa que entren en
ella y que la vendimien. ¿Para que estás en Judea? ¿para qué es
tá la sexta legión en la torre Antonia?
Poncio, ten presente qae nuestra voz es lo bastante clara y lo
bastante alta para que el CéBar la oiga.
Poncio dió un paso lento hacia la puerta; y dijo con los ojos
clavados en aquellos judios que lentamente le iban enlazando en
la trampa sutil de sus rencores religiosos:
-No temo vuestras intrigas. Elio Lamma es mi amigo .. ... . ¡Y
César me conoce bien!
El .Rabi Robam repuso, sereno y apacible como si conversase a
la sombra de un verjel.
-Tú ves lo que no está en nuestros corazones, Poncio; pero
nosotros vemos lo que está en el tuyo. Tú qaieres la destrucción

de Judá.
Un estremecimiento de cólera devota pasó entre los fariseos. El
Rabi Robam continuaba denunciando al Pretor con serenidad y
lentitud.
.
-Tú quieres dejar impune al hombre que pregonó la insurrec•

haber desacuerdos. ¡Siempre os hice concesiones! Más que ningdu
procurador deBde Coponio he respetado vuestras leyes ..... .
Dudó un momento; después, frotándose lentamente las m&amp;n01
y sacudiéndolas como mojadas en un agua impura, continuó;
-¿Queréis la vida de ese visionario? ¿Qué me importa? Tomad.
la ...... ¿No os basta la flagelación? ¿Queréis la cruz? ¡Crucificadlo!
¡Pero no soy yo quien derrama esa sangre!
Un levita macilento clamó con pasión:
-Somos nosotros y que esa sangre caiga sobre nuestras cabezaa,
Algunos se estremecieron: creian que todas las palabras tienen
un poder sobrenatural y hacen reales las coeas pasadas.

•*•

Entre un brillo de armas, surgieron nuevamente las vart1.s de lot
lictores. l;'oncio, pálido y pesado, volvió a e.copar el asiento Cu.
rul. Reinó silencio tan profundo, que se oyeron las bocinas que
toca.han a lo lejos en la torre Mariana. Poncio Pilatos, con Un&amp;
dignidad indolente, alzando levemente' el brazo desnudo, confirm6
en nombre de César la sentencia del Sanbedrín que juzgaba en Je,
rusalem ... ..... .
Los fariseos triunfaban. Junto a nosotros, dos muy viej01
se besaban en silencio las barbas blancas¡ otros agitaban en el aire
los bastones, o b.nzaban sarcásticamente la. e.xclamaoión forenee
de los romanos: t&lt;Bene et belle. Non potest meliu8h)
Pero de pronto el intérprete apareció encimR de no escabel, oa,
tentando sobre el pecho su papagayo flamante. La turba enmudeció sorprendida. El fenicio, después de haber consultado coo
el escriba, sonrió y gritó en caldeo alzando los l;lrazos cargadoe de
pulseras de coral:
-¡Escuchad!. En esta. vuestra fiesta de Pas~ua, el Pretor de Je,
rusalem acostumbra, desde que Valerio Grato así lo determinó,
con el beneplácito de César, perdonar a un criminal.. ... El Pretor
os propone el perdón del Rabi. ..... ¡Escuchad todavía! Vosotrai
tenéis también el derecho de escoger entre los condenados. Et
Pretor tiene en su poder, eu los calabozos de Herodes, otro sentenciado a muerte.........
Dudó y de nuevo consnltó con el escriba. Luego, volviéndose 1
la multitud, gritó con la faz :i¡isueña:
-Uno de los condenados es el Riibi Jescboua que aquí tenéiey
que se dice hijo de David ...... Ese es el que propone el Pretor ..... .
El otro, endurecido en el mal, fué preso por haber dado muerte
traidoramente a un legionario en una riña cerca dt&gt;. Xistus. Sn
nombre es Bar-Abbás. ¡Escoged!
Un grito brusco y enronquecido partió de entre los fariseos:
-¡Bar-:Abbás!
Y después por el atrio, confusamente, fué :resonando el nombre
de Bar-Abbas, y un esclavo del templo, de sa.yal amarillo, llegando basta las gradas del solio, rompió a grits.r enfrente de Poncio:
-¡Bar-Abbás! ¡Oye bien! ¡Oye bien! ¡Bar-Abbás! ¡El pueblo
sólo quiere a Bar-Abbás!
El cuento de una lanza le hizo rodar por las losas. Pero ya toda la gente gritaba:
-¡B:u-Abbás! ¡Bar-Abbás!
Casi nadie conocíaalli a Bar-Abbás. Muchos, ciertamente, tam•
poco odiaban al Rabí; sin embargo, engrosaban el tumulto porque
sentían, en aquella reclamación dei preso que atacara a los legionarios, un ultraje al Pretor romano, togado y augusto en su tribu•
na!. Poncio, entre tanto, indiferente al vocerfo de aquella turba,
escribía en una gran hoja de pergamino posada sobre sus rodi1la&amp;
En torno los clamores ya disciplinados resonaban en cadencia e&amp;
mo mazos en una era:
-¡Bar-Abbásl ¡Bar Abbás!
Entonces Jesús lentamente volvióse Ílacia aquel populacho du•
ro y revoltoso que le condenaba: en sus ojos refulgentes y ht'imt
dos, en el fugitivo temblor de eus labios, sólo apareció en aquel
momento una tristeza misericordiosa por la inconsciencia d
aquellos que a.si empujaban hacia la muerte al amigo de los bom·
breit ......... Con las manos atadas limpióse una gota de sudor: d
pués quedó ante el Pretor, . mudo e inmóvil, corno si ya no pe
neciese a este mundo.
El escriba, batiendo con una regla de hierro en la. mesa de piedra, impuso silencio tres veces en nombre de César. El tumulto
ardiente agonizaba. Poncio se levantó: sereno, sin demostrar im·
paciencia ni cólera, elevó la mano pronunciando el mand~
final:
-¡Id, y crucificadlo!
4

1J1ater dolorosa

ción declarándose rey en una provincia de üéBar, para tentar, con
tal impunidad, otras ambiciones más fuertes y hacer que un nue•
vo Judas de Gamala ataque las guarnicioues de Samaría. Así
preparan un pretexto para descargar sobre nosotros la espada imperial, y extinguir completamente la vida nacional de JudeR.. Tú
quieres una i:-evolución para ahogarla en sangre, y presentarte ante César como soldado victorios_o y administrador sabio, digno de
un proconsulado o de un gobierno de Italia. Nosotros estiimos en
paz con César y cumpliremos nuestro deber, condenando al homª
bre que se levantó contra César ...... ¿Tú no quieres confirmar e¡
tuyo confirmando esta condena? ¡Bien! l\fandaremos emisarios a
Roma para que lle,;en nuestra sentencia y tu negativa. Salvando
ante el César nuestra responsablidad 1 moatraremos a César como
procede en Judea aquél que representa la ley del Imperio ...... Y
ahora, Pretor, puedes volver al Pretorio.
Poncio frunció las cejas e mclinó la frente. César, de~confiado
y siempre inquieto, tal vez sospecharía un pacto entre él y aquel
rey de los judíos ¡Tal vez su justicia y su orgullo en mantenerla. le
costasen el proconsulado de Judea! Llegó lentamente hasta el
umbral de la puerta, y abriendo los brazos, conmovido por un
impulso magnánimo de conciliación, comenzó a decir:
-Hace siete años que .gobierno Judea. ¿Cuándo me habéis en·
contra.do injusto o infiel a las promesas juradas? ...... Ciertamente
que vuestras amenazas no me conmueYon ...... César me conoce
bien ...... Pero, entre nosotros, para provecho de César no debe

;........................................ ,.. ,, ...,,.,,,,,.,,,,,,.,,,,,.,

ES UNA DE LAS MAS HERMOSAS TEMPORADAS EN QUE SE GOZA DEL DESCANSO CON
TODAS LAS COMODIDADES.

...................... ,,..,..,,, ... ,..,......., ...... ,,.... n)11111111m1•1•11111••111111N•oo•-•••••"•"""''•"""'"'"''• .. •m• ....... .,..,.,..,.,,,,, •• ,,,1111111,11u•u•1110111111111m1n•1•111, ............. ,..,,,,111111m•----.,JI,

6

SANCTORUJVr::
Como a dos kilómetros de Tacuba se recata en un ángulo del camino un pequetlo cementerio coronado
por vetustísima iglesia. Es Sanctorum. El templb, en ruinas, debe de
ostentar vestigios arquitectónicos
dignos de ser admirados o, por lo
menos, qonocidos. Vamos a Sancto·
rum! &lt;Seguid la ruta que conduce
al panteón espallol y luego otra llat··
,deada por magueyales que.se aparta de la primera por el lado izquierdo&gt;. Eso es cuanto nos servirá de
, guía. Y partimos, dejándonos con.
, ducir, más que poi~la breve indicación, por nuestro sentido de_lo colo' n_ial que podría, como otro hilo de
Ariadna, desintrincarnos el dédalo
d~ las modernas vulgarid ade s, y
descubrirmos el celado tesoro .
En el ancho camino, a la húmeda
claridad de este domingo de Sept1em bre, no son ideas a legres, ; hi-

de_z de colorido en las plantaciones,
1n1cia una mueca doliente. Pasan

tre~ hompres enlutados. Luego dos
muJeres y una chiquilla. A lo lejos
se presiente la negra peregrinación
de otros seres enlutados. Y todos
ellos, caminantes de la tristeza ha·
c_en el fúnebre blasón-levement~ sentimental, un poco severo del amplio
cuadro d~ atonal incipiencia.....
Pero en el fondo, a la izquierda
?a surgido una pequeña iglesia ro~
Ja, de contorno elegante. Sin duda
es Sanctorurn. Y con la obsesión de
Ed1po, en su anhelo de leer los enig
mas a fuerza de mirar los ojos a la
Esfinge, olvidamos todo el secreto de
l~- nuestra, más callada, más miste ·
riosa, no menos sufriente.
Mas ella retrocede tras el espesor
de la bruma, queriendo anadir el
obstáculo de la distancia. Al cabo
va d~jándose cefiir por nuestras mi-

...,,,,..,,,,...........................,..............................,,.,,.,........,,,.,,.,,,,...,,,,,,,. ,,,,,...................,,,,,.,,....,..........,...,,...,,,,. ,,. ,,.,....,.,,,,,,,,...............

LA SEMANA SANTA
EN SAN ANGEL INN

-

ARTE COLONIAL

PIEGAao

jas gozosas de la vida, quienes tejen
el sartal de sus danzas. Los perfiles del horizonte, esfumándose bajo
el nublado, dan al paisaje la melan·
colía de lo indeterminable y la cru•

radas y, vencida, extiende su forma
que es como un desgarramiento.
Pedemos apreciar un ábside almenado que se distingue del cuerpo de
la iglesia por ser más angosto. El
PEGASO

campanario, cuyo perfil se destaca
sobre el plúmbago celeste, parece
afiadido posteriormente al templo;

es de dos .cuerpos, muy semejante
a los campanarios del siglo XVII
que abundan en la ciudad de México.
Llegados al cementerio, hay que
bordear su tapia de blancura deslumbradora para alcanzar el interior. Más que la morada de la muerte, semeja el jardín de la melancolía; pero_ jardín salvaje en que la exuberancia de su vegetación quisiera ocultar las tumbas infamantes
La iglesia se levanta en el fondo:
Sus muros poderosos sostenidos
por contrafuertes enormes, eL cor•
te de su fachada principal, las hue·
llas que restan del envigado la con·
centración del ornato en la portada·
son todos indicios de que la cons'.
trucción del templo data acaso del
siglo XVI. Pero, lo que ~obre todo
hace presumirlo, es el carácter de
los ornatos. Los ele la fachada ostentan, a la par que un medíoevalismo visible, como los ángeles que a
ambos )•dos de la puerta exhalan
su dibu¡o anguloso, cierta tendencia
del _Renacimiento que pretendía sugerir en cada pórtico el orgullo de
un escudo de armas.
·
. El interior nos ensena la disposición de una basílica rudimentaria
el tipo de las primeras iglesias qu~
~e construyeron en la nueva Espana. Componíanse de una sencilla
n_ave, alargada con techo plano de
vigas, Y un ábside en el fondo
o_puesbo a la puerta. Dentro del es'.
ti.lo que los _ar9~itectos llaman franciscano primitivo, hay muchas pe·" :
qu~ll~s variantes, sobre todo en los .
edific10s rurales, una de ellas es ésta. No de las más elementales pues
presenta el ábside separado' de la
nave por un arco, el antiguo arco
7

�San Angel y ei del Desierto de los
Leones, ha sido transformado actualmente en Hospital Militar.
Dejémosle que guarde sus habitantes, los hijos del dolor y de la
sangre, y sigamos nuestro paseo
dominical. Otra vez admiraremos
sus ruinas, su estanque hermosísimo de colorida arquitectura, en medio de un parque magestuoso, sus
prolíficos rosales, de flores como
bocas de fuego.

triunfal de las verdaderas basílicas, y arcos de descarga a lo largo
de los muros. Los ornatos que cubren el arco triunfal son de lo más
rico que pueda imaginarse, é interesantísimos como muestra de los
relieves en estuco que se hacían en
México. En sus dibujos se ven mez·
clarse los elementos europeos del
Renacimiento con los motivos indígenas de ornato a la par que los tra·
zados geométricos recuerdan \os
adornos mudéjares que recubren
muchos edificios de Espa!ia. Es asimi'smo de marca netamente prehispánica el carácter del relieve muy
poco profundo, como el de los monolitos donde grabaron las hazanas
de sus héroes y los arcanos de su
ciencia aquellos hombiesde hierro.
Sanctorum es una ruina. Y no la
acompaña ni un peque!io ademán
preservativo; la yerba, invadiéndola,
simboliza el afán de la naturaleza
por arrebatar la al dominio del hombre. De sns múltiples escudos-que
indican, seguramente, la intervención directa de algún noble de la
Colonia en la vida de Sanctorumel más hermoso ha sido llevado a la
Academia de San Carlos. Allí espera su suerte, como símbolo mudo
de inconformidad, tan hermético en
sus signos que parece haber perdido la expresi6n frente á los asombros de Miguel· Angel.
A dos pasos de Sanctorum se halla otra reliquia colonial: San Joaquín. Quizás monasterio, pues tiene
el mismo carácter que los conventos
campesinos de los alrededores de
México, como los de Churubusco,

El cielo continúa como adormeci•
do bajo la hopalanda de la bruma.
La melancolía del ambiente absorve
los rayos solares, dejando la tierra
entregada al ensuefio de su propio
calor. Y recito mentalmente aquellos versos de Rodenbach, hechos,
al parecer, a este propósito:
.... Dimanche, c'était le jour des lentes pro(menades
par des qnais endormis, devastes esplana•
(des,
au long d'un mur d'hospice, au long d'un
(canal mort
ou le brouillard, a peine une heure, se dis·
sipe ....

.... Le diman che est l~ jour ou Pentend
les cloches!
Le dimancbe est le jour ou l'on pense a la
mort!
MANUEL

VIDA ARTISTICA Y LITERARIA
Un grupo de
simpatizadores
de los Aliados,
ha organizado
unos Juegos Florales que tienen por objeto demostrar el sentimiento latino, por
medio de sus poetas y hombres de letras.
L":i Juegos estarán bajo el patronato de la.
Alia,nza Francesa, y tendrán verificativo
1:m uno de los principales coliseos de la capital, bajo un selecto programa q~e se está formando, y que en su oportumdad daremos a conocer.
Su Majestad la Reina de los Juegos Florales y su Corte de Amor, estará- formada
por señoritas de las principal~s f~milias_de
las colonias francesa, belga, 1tahana e mglesa.
El Honorable Cuerpo Diplomático será
invitado para presidir la fiesta, acompañando a su Majestad la Reina. y su Corte
de Amor, en calidad de Chambelanes.
He a.qui la convocatoria:
TEMAS

1.-Canto a la batalla del Marne, en
verso castellano, poesia. épica. Primer premio, consistente en una flor natural, derecho a elegir la Reina de los Juegos Flora.les y un mil pesos en oro nacional. 21?
Primio, un objeto de arte.
2. -Tema. Consecuencias del triunfo de
los Aliados en el desarrollo intelectual,
moral y económico de la Humanidad. Pro8

LA GRAN GUERRA

El camino, al regreso, es más triste porque no hay un afán de curiosidad que nos guíe, incitándonos en
la ruta. Escúchanse a lo lejos, len·
tas y cansadas, las voces del campanario; se presiente un entierro:

TOUSSAINT.

.....................................................................................................................................,. ,.................................................................... ,...........................................................................

Juegos florales
de la Alianza Francesa

Campamento del ejército francés en el Marne

sa. Pri~er Premio, objeto de arte. 2? Premio cien pesos, oro nacional.
s.'-Teroa. Canto a la mujer aliada. En
verso de rima perfecto. Primer Premio,
objeto de arte. 2° Premio, colección de li·
broa de lit~ratura francesa.
BASES

1.-El Certamen queda abierto desde
esta fecha hasta el di.a 18 del entrante mes
de abril.
2.-Todos los trabajos que envien los
concursantes deberán ser inéditos y envia•
dos en sobres cerrados y certificados, al

Apdo. Postal número 1705.
3.-Los concursantes enviarán sus trabajos en dos sobres, en nao irá la composición amparada por un lema, y en el segundo, el nomhre y do~ici_lio del ~utor.
4.-No se devolverá nrngun trabaJo. El
Jurado Calificador será integrado por persona perita, siendo Presidente de dicho
Jurado el notable j1,uisconsulto Jean Dnpuy 1 abogado de la Legación francesa.
5. -El Jura.do Calificador rendirá su die~
taro.en precisamente el día 20 de abril, sobre las composiciones premiadas, anunciándóse por medio de la prensa sus lemas,
para que sus autores se J:&gt;resenten a recibir
las recompensas el día de la fiesta que se
celebrará el 30 de abril.
La extensión de los trabajos se deja a
voluntad de los concursantes.
Las obras premiadas serán leidas por
PEGASO

•

sus autores o por la persona que designen,
quedando al arbitrio del Jurado Califica•
dar la elección de las composiciones en
prosa que deban leerse, atendiendo para
ello a su extensión.
El mantenedor de los Juegos Florales
será uno de los abogados de más renom·
bre en el foro mexicano.
El producto integro de la fiesta será en•
treg-ado al ExcelentisimO señor Ministro
de Fr.-tncia.
Próximamente daremos a conocer el
nombre de las casas que han donado pre•
mios, los cuales se exhihirán en sus a.pa•
radores basta un día antes de la fiesta.
Se suplica a las principales casas comer•
ciales, se sirvan colocar esta convocatori11,
en lugar visible, así como a la Prensa partidaria de los Aliados, la reproducción de
ella.
Todo asunto relacionado con los Ju egos
Florales, puede dirigirse al Apdo. Postal

1705.
EL COMITÉ ORGANIZADOR DE LOS JUEGO!!
FLORALES.

El señor" in·
geniero D. Nor•
de introducción
berto Domin·
- ·
gnez fné recibido como socio activo de la Sociedad de
Geografía y Estadistica en la sesión que
este instituto celebró el jueves pasado. El
señor Dominguez presentó un estudio ti·
tulado c1Los Estados Unidos y el dominio
del Océano Pacifico.,i
Estudio

iLos bárbaros, cara Lutecia! ....
Cuando Rubén Daría escribió este
verso célebre tuvo una visión profétíca. Su gran alma sensitiva, flotan·
do sobre el océano de luz y de alegria
de París, adivin6 la tempestad que
fermentaba tras la cinta poética y
azul del Rhin; y lanzó, estremecido
ante el porvenir, ese grito de alerta
que precedió algunos años al ronco
tronar delos cañones con que la invasión llamó a las puertas de Francia.
Los bárbaros, cara Lutecia ....
Porque llenos de entorchados, con
sus cascos puntiagudos rematando sus
redondas cabezas rubias, los alemanes de hogaño solo difieren de los de
antaño por la indumentaria y la perfección suprema de sus medios de
destrucción. Bajo el paño flamante de
los uniformes, respira el mismo bárbaro musculoso que hace siglos dejó
las obscuras selvas germanas y arra
só como un huracán el mundo romano. Solo que en aqsellos tiempos la
masa invasora iba demoliendo todo
con la inconsciencia de una fuerza ciega y la actual ejecuta una labor calculada, discutida y aprobada en el silencio de los gabinetes después de
veinte centuria.s de civilización cristiana.
Roto el dique, el mismo empuje, la
misma ferocidad primitiva han hecho
correr por la médula de la humani
dad un calosfrío de espanto.
&lt;Debéis infligir a los habitantes de
las ciudades invadidas el máximum
de sufrimiento .... Debéis dejar en
las ciudades que atraveséis únicamen ·
te ojos que lloren,~ decía Bismarck
en 1870. •No nos impoºr ta que In catedral de Reims haya sido o no demolida y con ella pierda el arte uno de
~us más grandes monumentos: lo que
importa es saber si nuestras fuerzas
han entra.do nuevamente victoriosas
a Reims•, escribe con diab6lico des·

enfado otro prócer alemán. Destruir,
demoler, aterrorizar: he ahí la concepción prusiana de la guerra, practica•
da ya en la antigüedad por los otros.
En su deseo de vencer nada ha podido detenerlos: han herido sin piedad en 10 que estimaban más sensible:
en la población, en las creencias, en
los intereses, soñando falsificar a la

~'
~
' . i"'s. ..;.,

,

.. ,

ron la. misma suerte y ciudades an·
tes floreciente.s son hoy montículos de
escombros.
París escapó.
Estaba condenado también a la destrucción y hu bíera Volado si el heroísmo francés, gigante en su desesperación, no golpea la nuca de la bestia
en las llanuras de la Marne.
iLos bárbaros! ....
Los bárbaros van ya en retirada.
Mostrando las zarpas, \iefendiéndose, ganan lentamente el camino de
su patria, dejando en cada una de sus
etH.pas giroaes ensangrentados de su
desmesurado sueño.
Tras ellos parece que el mundo renace.

..

*,

-L.

~

.l[onseñor Jlercier,
Cardenal Primado de Belgica

Naturaleza en sus sacudimientos fur·
mida bles.
Por eso los cañones alemanes se han
cebado en el estupendo prodigio de
piedra de la catedral de Reims. Por
eso la catedral de Senlis, la de Soisons,
la de Amiens, la de Laon, la de Noyon, la iglesia de Saint-Etienne, la de
Nuestra Señora de Brebiéres, conservan en sus torres y en sus naves
la huella de los obuses. Pqr eso las
iglesias de Loo, Oostkerke, vVulveringenx, Dinant, cien más, corrie
PEGASO

La labor de los sacerdotes en las
día~ de prueba fué extraordinaria.
Bien sea quedándose en las poblaciones invadidas para defender a las fa.
milias inermes; bien sea acompañando a los soldados en las líneas de fuego
para proporcionarles los consuelos
de la reliá,!ión cuando c~ían heridos de
muerte, han cumplido sus deberes
con abnegación ejemplar. Muchos de
ellos pagaron con la vida su celo cristiano; otros han pasado largos m~ses
en los hospitales curándose las lesiones recibidas en el frente de batalla.
Los germanos no solo no los respetan:
los odian. Son, al fin y al cabo, los
que sostienen la fe en los cat61icos y
les inspiran confianza en el porvenir.
Sin ellos, quizá los creyentes, sintiéndose abandonados por su Dios, hu.hieran flaqrreado. Tienen en esta
pugna de rn.zas su parte de gloria por
haber sabido sostener, cuando todo
parecía vacilar, la fuerza espiritual
de los suyos. haciéndoles dulce el sacrificio e infundiéndoles la necesidad
de vencer.
Es curioso el siguiente relato que
hace uno de ellos refiriéndose al rena9

�cimiento de la fe en el soldado francés:
&lt;La gran guerra nos ha reservado
sorpresas consoladoras. Fértil en no
bles ejemplos, ba visto resucitar la fé
y florecer el culto. Nuestras tropas
del frente oran lo mismo que se baten: con fervor. Cada día que pasa
nos trae nuevos testimonios de este
renacimiento religioso en la armada.
He aquí una emocionante manifestación de este milagroso espectáculo.
•Sobre la misma línea de fuego, en
las trincheras avanzadas, a cien metros de las posiciones alemanas, ha
sido levantado un altar a la gloria de
María.
·
Uno de los últimos días de Abril.
dos soldados del 219 territorial va-

sombreaban y la cera ardía en los
candeleros de piedra.
El capitán y el ayudante de la compañía llegaron los primeros a dar pia-

manera ausente. Guardaban en
lidad la fe de su infancia, recitab
todavía algunas oraciones y áun as
tian algunas veces a la misa. La gu

gaban entre las ruinas de nn Jugare

jo desecho por las bombas, buscando
en los jardines abandonados algunas
rosas para adornar la entrada de sus
casamatas.
De pronto les asaltó el mismo pen
samiento:
-Dentro de dos días esta remos a 19
de mayo ¿por qué no celebramos el
mes de María en la trinchera?
De retorno en su guarida sometieron la idea a la aprobación de sus
compañeros de armas, quienes la acogieron con vivos transportes de alegría; y pocas horas después, durante
la guardia nocturna, uno de la imagi naria modelaba a la luz de la luna la
estatua de' la Virgen, mientras las manos piadosas de un ayudante le preparaban la arcilla. Los dos trabajaban
indiferentes al estallido de las bombas, cuyos fragmentos parecían a par·
tarse del taller improvisado de la M adona.
Al día siguiente, a las primeras
horas, toda la escuadra puso manos
en la obra y el altar quedó en breve
levantado.
Detrás de la Virgen de arcilla, una

Rwinas de la, iglesia dei Paubourg Pave

en Verd,un

cruz blanca, toscamente tallada, abría
sus brazos entre dos almenas que ciejaban ver a lo lejos las prime ras defensas enemigas. Cascadas de flores la
10

Por la fortaleza con que ha hecho
frente a la situación desesperada de
su pueblo, descuella sobre todos el
Cardenal Mercier. Solo, en medio
del desastre, ha sido el amparo constante de las dispersas familias belgas
Su voz, vibrante de justicja, resonó
la primera entre el clamor angustiado de las ciudades aniquiladas. Y sigue resonando todavía ....
En vano los delegados del Kaiser
han tratado de cerrar esas labios que
claman con tan tremendas palabras
contra la iniquidad. Su acento, escapándose de entre los e,;combros humeantes, se eleva cada vez más alto,
comunicando a la humanidad su temblor de indignación.

* **

Arril,a: [nterim· de la iglesia de 8a'/'Cy. - Igl~sia -~ cem_ente1·i? de Douy-l_a }!-avWe. ~En ei cent
Interior!/ torre de la iglcs·i a de Connu:y. AbaJo: fü¡;¡,nas en la 1eg1,ón dei Marne.

doso ejemplo y se arrodillaron ante
el improvisado santuario 1 que tenía
esta invocación:
NUESTRA SEÑORA DE LAS TRINCHE·
RAS, ORAD POR :NOSOTROS.

Después el Capellán avanza, ben·
dice el altar y reza el rosario. Oficiales, Suboficiales y soldados, de rodillns, responden a las orac10nes que se
elevan hacia la Virgen.
El servicio de las trincheras de primera línea es sumamente penoso y
oblig11. a relevos frecuentes. Antes de
abamdonar sus casamatas, · los solda dos o-ra.baron en un escudo de madera h~siguiente inscripción:
&lt;6'ste altar, elevado bajo el nombre·
de Nuestra Señora delasTrincberas.
fué bendecido por el Capellán el 19
de ma \"O de 1915. La 9~ escuadra de
la 6• · Compañía del 21º territorial
que la ha erigido, recomienda a los
· que le sucedan su conservación» .
Este renacimiento de la fe y de las
prácticas religiosas-dice otro sacerdote-es un Q'ran consuelo para DO·
sotros. Guardémonos, sin embargo,
ele creer en la conversión en masa,
en las conquistas definitivas. En ~a
mayor parte de los casos se ,.tr~ta mas
bien de un retorno a las practrnas religiosas que de un retorno a la fe. La
pruebtt que sufren los ha _hecho reflexionar y encontrar su antigua fe un
poco ado~mecida pero de ninguna
PEGASO

rrit y la presencia del sacerdote 1
ha hecho salir de su apatía y de- su 1
diferencia. Es mucho lo alcanzad
pero a eso se concretan los resul
dos obtenidos hasta la fecha.
Otros éxitos más importantes qui
zá se preparan. Quiero hablar de
simpatía que los sacerdotes se h
creado entre los no creyentes.
principio encontré en mi batall
mucho de frialdad y suspicacia.
gu nos me dispensaron una acogi
muy penosa. Frecuentemente ofa,
abandonar los grupos 1 malvadas b
mas. Gracias a Dios esto. ha. pnssd
La. constante visita a 1as trinche
las ocupaciones de mi ministerio,
actividad desplegada, han acabe
por hacer comprender a todos que
sacerdote es un hombre de deber q
sabe al mismo tiempo mostrarse bu
camarada. Obreros, comisarios, i
tructores sostienen con el sacerdo
las más cordiales relaciones y se si
te rodeado de una atmósfera de
nevolencia que le hace accesibles
dos losgrupos.--Nocreemos 1 oigo.
cir algunas vec·es, pero _al menos
ne buenos sentimientos.
El sacerdote reanima así en lss
mada la fe en el alma de los crey
tes v cuando no convierte a los ot
hac~ al menos obra de tolerancia,
paz, de concordia social. Es la ª?
ra de la nueva Francia que empl
a asomar&gt; . . .. . .

El cable acaba de comunicar la noticia de que los Estados Unidos se
unirán probablemente a los aliados y
tomarán parte en la contienda europea.
El Presidente Wilson ha salido al
fin de su actitud expectante y ha de- ·
finido claramente en el Congreso de
la Unión la conducta, la única conducta, que en las actuales circunstancias podría seguir el pueblo americano: ir también a la guerra 1 arrojar en
la balanza del destino el peso de sus
gigantescos recursos para apresurar
el término del conflicto.
La decisión del Profesor de Prínceton ha ca.usado inmensa sensación
.Y todavía a la hora en que escribimos
estas líneas, se jgnora si las Cámaras
la aprobarán, concediendo al Ejecutivo de la Unión la autorización ne•
cesa.ria para declarar la gue.rra a Alemonia y hacer uso de las fuerzas de
msr y de tierra. Hay en· el seno de
ellas demasiados intereses encontrados para que una petición de tal natu raleza pase sin graves y acaloradas
discusiones.
·
Pero es tal la efervescencia que en
la República han despertado los últi-

El l'io Sam:-iY bfen 1 Guilkrmu? ......

(De 11.The lndependenh, d.e Nueva rorh').

mos atentados germanos, que a nadie
sorprendería que las voces que todavía se levantan para condenar toda
empresa de carácter bélico sean ahogadas por las que exigen el pronto
castigo_de la nación que ha hecho imposible con sus actos de piratería
submarina 1~ vida pacífica en toda la
tierra.
Con la República del Norte serán
ya quince las naciones en guerra:
Alemania, Austria Hungría, Bulgaria .Y Tt1rquí'n. por una parte; Inglaterra, Frnncia, Italia, Rusia,, Japón,
China. Rumanía. Servia.. Montenegro, Portugal y Estados U nidos, por
la otra. ¿Concluirá aquí el incendio• Brasil, ligado a Portugal por
estrechos vínculos de sangre. se agita bajo el potente soplo bélico que
pasa por el mundo. Quizá tras el coloso del Norte seguirán otros pueblos
que todavía contemplan sosegados el
rojo horizonte.

G-iiillermo:

-Aqui están Bélgica y la, Ley internacional iqué valiente quiere a-uudar
a estas seño1·as?
(Dei •Life9, de Nueva Yo 1·Jc).
PEGASO

Busque Ud. el próximo número de 11 PEUW
11

1

�LIBROS Y REVISTAS
G. DESDEVISES OU DEZERT: L' Ec1.1se: E:,PAGauu: DES

lNDES A I,A
en lle.une. Hii,punique, nú,nero 45 1 febrero de
1917, pp. 112·29$.-Uua vez más el Archivo de Iadíai, de Sevilla,
vasta mina inagota~le de documentos relacionados con la domina•
t:ióu espa ño!a t::n América, nos ofrece la fecunda liberalidad de sus
tesoros-que sin duda guarda.u aún muchas sorpresas-en la admi•
ri-1ble i:,Íntesis que Desdevise8 du Dezert acaba de publicar sobre
11:1. iglei:;ia espafiola en las Indias Occidentales, tema de por sí vario,
dificil y de alto interés, y en el cual el autor ba querido penetrar
únicamente en la parte que se refiere al siglo décimo octavo. El
est~dio en que nos ocupamos ofrece mucha importancia para la
historia mexicana, porque las noticia.a de este país son muy abuntfa.ntes eu el trabajo de Desdevises. Están recientes las excelentes
inve~tigaciones que sobre México efectuaron en Sevilla el señor
Francisco del Paso y Troncoso y el P. Cuevas, y ahora el insondable archivo nos manda una nueva partida de lo mucho con que
todavia sorprende a los historiadores.
El autor revisó la. enorme correspondencia CQ.mbiada entre los
representantes de la autoridad civil y los de la eclesiástica; las
memorias que los obispos y los superiores de los monasterios enviaban, a veces, al Consejo de Indias y en ocasiones a los monarcas, con queja!:'!, solicitudes de gracias y mercedes, informes administrativos y graves secretos de estado¡ los informes de los visitadores de iglesias y de conventos y los memoriales de los prelados,
relativos a sus diócesis; los procesos en que interven'.ía el clero y
una. multitud más de piezas, cuya sola revisión basta a amedrentar al más decidido aficionado a esta clase de trabajos.
No se estrecha Desdevises a presentar metódic1tmente sus investigaciones, para provecho y comentario de los historiadores,
sino que, mostrándose profundo conocedor en la materia-que lo
eij quien abarca y dii;cture sensatamente por la historia de los numerosos pueblos.de América-revela estar penetrado del ambiente de la época y poseer la erudición necesaria. que debe tener no
sólo quien se dedica a estudios de aquelcaráctn, sino todo el que
desée cosechar provecbosam.ente materiales para las obras de
aliento; porque es frecuente el caso de que compiladore!:! de admirable laboriosidad, hubieran lograrlo realizar obra excelente si,
aparte de sus cualidades de paciencia, se hubieran dado a estudiar previamente la materia qne coleccionan.
Desdevises presenta en su estudio observaciones perceptiblemente personales. Pala él, todo el sistema colonizador español en
América radica en la idea d,e explotación y de evangelización a
ultranza, sostenida y fomentada por la avidez de los conquistadores y el fanatismo de los colonos primitivos; y piensa que el verdadero origen de los actnales paises de América, como unidades
independientes, a pesar de sus analogías de origen y costumbres,
viene de la división y aislamiento, desde el siglo -. XVI perfec~a.mente ma.rcados, de las provincias eclesiásticas y civiles de América, división que no pudieron modificar los concilios 1 algunos de
los cuales, el de 1869, ordenado por Carlos III, bnsc11ba el acercamiento de los diversos pueblos ocCidentales sometidos a la corona. de España.
El archivo sevillano ha arrrja&lt;lo en el trabajo que nos ocupa,
curiosos datos sobre la riqueza de las primenH1 ciióce~is america~
nas y sobre la distribución irreguiar y frecuentt&gt;mente odiosa de
los recursos eclesiásticos, como lo revela, entre otros, el caso del
ohispo de Michoacán y lo comprueban también los de otrns provincias, en donde, mientras que los prelados gozaban de in_gresos
exhorbitantes, los eclesiásticos de inferior dignidad 9penas logra.h11.n el snstento, y menos si eran originarios del país, pues para
!OFI altos cargos y prebendas se preferia a los nacidos en España.
Refiriéndose a los templos,. el autor crée que la magnificencia
de muchos de ellos se debe a la emulación que para construirlnFI
y dotarloA se &lt;lespertó entre los colonos. La catedral de México
-afirmsi:, du Dazert-puede ser admirada en runlqnierii g-ra,n riudad de Europa; y se lamenta de que el ma.yor núrnero de lo3 tern

FIN nu xvm. 811&lt;:cu:.

SANATORIO

p!o3 hay,¡,n i:!ido construídos en los Siglos XVII y XVIII, en que
los arquitecto~ emplearon «una lameutable aridez en las línea::i y
una vulgar oruamentaciónn. E1:1ta frase nos recuerda la general iuCQrnpremiióu con que ven los europeos la arquitectura colonial me
xicaua, y el calificativo de 1irquilect1ira bárbara, que leimos hace
poco en el Polybiblibn, en una nota en donde se bablab1:1. sobre Ja¡,¡
construcciones de e1:1tilo churrigueresco refo~mado en nue:ltro pais,
y al cual justamente llama Churrig1.:1era Mexi0ano el arquitecto
l\Iariscal. No obstante, admite Desdevises que en México el arte
arquitectónico presenta, ua.lgunas veces, una nota brillante y muy
original en la construcción de iglesias monásticas y parroquia.leen.
Queremos creer que el autor no tieue noticias de las casas señonales y de enseñanza construídas en México durante los tres primeros siglo3 de la dominación española.
La bi!itoria eclesiástica mexicana se enriquece, en el trabajo
que comentamos, con informes y relaciones unas veces de profundo inLerés para el estudio del espiritu de la época, otras 'reveladores de costumbres, caracteres y, en general, de la vida consuet □ dinaria de los eclesiásticos en el Siglo XVIII. Pasan por estas
págin~s la noble figura del memorable Ruiz de Cabañas, obispo
de Guadal'ajara, benefactor insigne, propagandista desinteresado
y ardoroso de todo lo grande; pasan las sombras graves y edifican•
tes de los que en el segundo tercio del siglo décimo oct11vo componian el Capitulo de la Puebla de los Angeles, con sus misticos,
sus cientificos, sus teólogos, sus predicadores, sus canonistas, to•
dos de brillante reputación; el extraño y eminente doctor Mier y
el extravaga.nte Borunda; pasan las frecuentes rencillas de los prelados, los cabildos y las órdenes monásticas; la organización d(&gt;
universidades, colegios y seminarios y el funcionamiento de l:u,
misiones, y todo en un cuadro claramente reproducido, en donde
se ven las inarmónicas agrupaciones de la. época, en donde jnnto
a personajes sin relieve se encuentran hombres cabalmente 1lus•
tres.y armoniosos en su tiempo y en donde un abigarra.miento de
riquezas y miserias se destaca en un fc.ndo de lucha y egc.i1m10.
Para. quien consulte el Teatro Eclesiástico, de González Dávila,
la Historia Ecle8iá8tica Indiana, de Mendieta y el Teatro Americano, de VillasEñor, la obra de Desdevie.es dn Dezert es un complemento indispensable.
G. E .
LUIS CASTILLO LEDÓN.~EL ÜHOCOLATE. 1-41Jéxico, DPpm-fomento ,Editoriat de la Dirección General de las Bellas A"Ties, 1817, fn
121:'-El folleto de Luis Castillo Ledón es el primero &lt;le las «Monografia,,; Nacionalista.En que publica la. Dirección de Bellas Artes.
Paree-e uno de esos artículos que Alfred Franklin publicó en su
ml'lguífica colección de La Vie Pvivée d' AutrPjois.
~¡ estudio se refiere exclusivamente a México, patria del cho•
colate 1 según los testimonios de los más autorizados cronista~ de
nue,1tras cosas: Pedro Mártir, Oviedo, Berna!, Clavijero y el DoC':•
tor Juan de Cárdenas en sus Problemas y secretos maravillosos de las
Indias, reeditados recientemente por el Museo. Se habla en la
Monografía de los primeros cultivadores del cacao, en Tabasco y
la América Centn1l; de la grnnde afición que pcr el chocolate tenia el suntuoso Moctezuma II; de la introducción de la. bebida a
Europa por el conquistador Hernán Cortés; de las propiedades te
rn.péuticas que se le atribuian en tiempos de la Colonia; de las curiosas costumbres que su uso originó en la sociedad rlel virreinato
y de los utensilios que entonces se emplearon para fabricar y to
ma.r cómodamente el sabroso chocolate. Duélese el autor de que
t,n:i.tánJ.ose de una bebida genuinamente mexicana, su origen se
at,ribuya a Europa, y de que oea solicitada mtis C(lmunmente F:0·
l!ÚO las fórmulas española y frfl11cesA, q11e s.egún }g, na.cionAl, que
le es más propia y cara.cterísticA..
A la monografía de El Chocolate seguirán (,tras de ::isnntos (&gt;X·
clusivamente me-;:icanos.

F.l Coronel Gonzd,lez, v1;ncedor de la 1i.t categoría, en el auto gJ!rotos• número 5

Cuando abandonamos el domingo
pasado el Hipódromo de la Condesa
creímos qne el entusiasmo por las
carreras aumen~aría cada domingo
y que el triunfo se lo disputa.rían
entre mayor número de autos y pilotos, pero desgraciadamente no fue
así. Para las efectuadas el día 1? de
abril hubo muy pocas inscripciones
y corrieron algunos coches que ya
habían medido sus fuerzas en la ant,erior.
En la primera categoría corrieron
un Ford núm. 2 de 15 H. P., de A.
Martínez. piloteado por Alvaro Ba.sail; un Delahaye, de 12 H. P., núm.
3, de J . Fría, piloteado por Jiménez
Y un Protos núm. 5, del coronel Re'.
gino González, piloteado por él mismo. Primer lugar: Protos. Segundo:
Delahaye, Tercero: Ford.
Poca importancia, como es muy
natural, sena.la una carrera en que
se presentan tres corredores. Si siguen las cosas as.í se disputaran el
campeonato una rueda delantera y
una tracera de un mismo coche 1 y

para eso nos quedamos en ca5a, porque Gedeón se encargaría de avisar-

El cfenómeno~ Amam·u 1lhiñoz, vencedor de la

12

de

Bucareli

Df LA PfÑA GIL HrnMANOS.

MORENO

PEGASO

Núm.

c~tegoria, al terminar ia carrera

Antiguamente la cuestión era comprar
un buen piano. Ahora. la cuestión es
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QUIRU RG-ICO

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nos por el teléfono que &lt;la copa correspondió a la delantera&gt;.
La segunda categoría resultó un
poco más interesante: fue la disputa
entre seis marcas: American, Packard, Benz, Hunbert, Chalmers y
Gobron. Todos estuvieron empe!losos por salir bien, pero Casaux, que
manejaba el American, se acordó de·
sí mismo y corrió más que ninguno.
Oasaux, me decía un compafiero, al
fin y al cabo, es Casaux.
La tercera categoría pudo haber
tenido interés. Corrían un Fiat, piloteado por el coronel J. Ordó!lez, el
Hµdson de Aspe Suinaga, piloteádo
por ese &lt;fenómeno&gt; casi &lt;Zepelín&gt;
que se llama Amaury Mn!loz; el
American del General Salinas, llevado por él mismo 1 otro American
ele Napoleón Pena, riloteado por
Luis Arévalo, y un ........ Pope To·
ledo.
El Pope susodicho, en cuanto le
echan agua .... pope, se resfría.
El American del General Salinas
caminaba muy bien, pero en la vuelta doce se quedó a consecuencia del

Casa especialista en Pianos Automátiros

21.
PEGAsro

rn

�calzado. El otro American salió como pudo, pero salió.
El Fiat, en mi concepto, debió
haber competido con el Hudson, pe·
ro desde un principio empezó a fa.
llar de nua manera alarmante y éste
último se lo llevó con ocho vueltas.
Claro que el Fiat es bueno, pero
Amaury es mucho mejor. El Hudson corre, corre, corre, pero Ama u·
ry Munoz es el Juan Silveti de la
gente que huele a gasolina.
La cosa acabó a tiros. Los solda·
dos guardadores de la pista empezaron a disparar sus armas ,para
asustar a la gente que. invadió el terreno de peligro cuando el Fiat y el
Packard todavía no terminaban el
recorrido. Amaury Munoz salió con
bien. pero un charro que atravesó
la pista fue alcanzado primero por
el Fiat y después por la Cruz Roja.
Naturalmente y mientras el pueblo
siga en la creencia de que cada domingo habrá •Auto embolado•, en la
casa de Guardiola tendrán que hacer más caldo de pollo.
Sería de recomendar a Jos organizadores que para las próximas carreras lleven más autos a la pista y
dejen más bobos fuera de ella.
VOLANTE.

FOOT-BALL
&lt;Amicale Francais de Me.xique&gt;
contra &lt;Junior&gt;. Gana el &lt;Junior&gt;
por cinco a cero.
A las 3. 30 de la tarde del último
domingo, y en el terreno del •Junior&gt; se verific6 el~ncuentro entl'e
los teams •A. F. 'M. &gt; y •Junior&gt;
con el resultado expresado.
Desde los primeros momentos
comenzó a dominar el &lt;Junior&gt;, estando durante casi todo el juego so·
bre el goal contrario, no logrando,
sin embargo, durante el primer me•
dio tiempo, anotarse más de un tanto, debido a que el &lt;A. F. M.• se
defendió enérgicamente de los fuer•
tes ataques de sus contrarios, consiguiendo en alguna .ocasión llegar
a 111 meta del &lt;Junior&gt;, aunque sin
anotarse ningún tanto por la opor-

Beneficio de Dora Vlla

uCasaux, , vencedor de la 2f!, categoria, con el ~Arnérica11 ».

tunidad y eficacia de las defensas
contrarias, especia.lmente Abigail 1
que siempre se distingue en este
puesto.
Durante el ~P~undo tiempo los
francese~ estuvieron dominados por
completo por Pl «:J unior1&gt; y los vimos
jugar desalentados y apáticos, lo
que agregado a que la mayor parte
de sus jagadorPs Ron noveles o están fuera\ de práctica, y que no procuraron combinar nada en sus ataques. dió por resultado que los del
&lt;Junior&gt;, para los que no pasaron
inadvertidos estos detalles, se anotaran durante el segundo tiempo
cuatro goals más.
De los vence~ores se distinguieron: Abigail en la defensa, Alexanderson en el ataque y Díaz Rubín
en el ala, centrando magistralmente
en dos ocasiones y tirando un magnífico corner, que no fue r&lt;!matado
debido a la oportuna intervención
de Nicolau y Rica del &lt;A. F. M.&gt;
De los vencidos 1 Rica por lo trabajador y oportuno. y además parando el corner de Díaz Rubín ya
mencionado: Nicolau, atacando con
deci~i6n y a.yudando eficazmente a

Un aspecto interesante de las carreras

14

Rica al parar el corner precitado y
parando con la cabeza muy oportunamente un slwot frente al goal.
También debemos hacer mención
del 0oal-keepei· que tuvo algunas paradas magistrales que le fueron. jus•
tamente aplaudidas por propios y
extrafios. annque también tuvo un
error que le cost6 un tanto a su
equipo, por dejar pasar la b.ola materialmente entre las manos. En general su juego fue muy bueno.
_ El •Amieale&gt; no debe desalentarse por esta derrota, pues además de
que fue vencido por el equipo más
fuerte de la presente liga, algunos
de sus jugadores están fuera de
práctica. Ojalá y que en próximos
juegos veamos en el campo a algunos
de sus antiguos jugadores. El domingo estaban de espectadores.

El último sábado, en el Mexicano,
celebró su función de béneficio Do·
ra Vila.
Nosotros celebramos mucho la
delicadeza de Dora. Cada día, físicamente, es más sutil Dora; quizá andando el tiempo, llegue a ser una
ave con calzado Luis XV, una calandria con falda ancba ...... la esposa
de un mirlo.
Dora, en ese sentido, ha llegado,
ha triunfado; está a un paso de comprometer con su presencia a las
alondras.
Dora, actriz, es inenos, según mi
entender, que Dora ave.
iAve, Dora!
La pieza escogida: La Zagala de
los Quintero.
Mutio, como siempre, empenoso;
quizá más que otras veces ...... pero
Mutio.
Por el Arbeu
Beneficio de las segundas tiples.
En el programa Clara Elena Sán.
chez, Josefina Llaca, Mimí Derba,

Adalberto López Gontiz y Eduardo
Lejarazo. No asistimos. ¿Pero qué

Colón.--Como las hojas

Este coliseo presenta de cuando e11
cuando obras de .verdadero valer.
La comedia de Giacosa •Como las
hojas&gt; es fina, muy fina y bien valía
la pena de que la hubieran presentado con más estudio. Es meritorio
que nuestras empresas lleven a la
escena esta clase de obras, pero sería mucho mejor qua las distinguieran de las otras. Una cosa es el
&lt;Roble de la Jarosa&gt; y otra &lt;Como
las hojas&gt; •iVamos, que estas no son
hojas del mismo roble!-Por lo demás, Taboada es un actor que tiene
bastante talento.

"'

·X·'*

D01·a Vila,

entre flores y palomas, la noche
de su, beneficio

ganarían nuestros lectores si hu biésemos asistido?

Ahora viené el silencio de la Se·
mana Santa. iBendito sea el silencio'
iQué buena falta hace un año santo!
Un ano de tregua a estas tempo·
radas teatrales anémicas y faltas de
emoci6n, un ano de cine: haga Maciste todo lo que quiera de sus ex·
tranos bíceps: que se desbarate las
narices Kri-Kri; que siga Pina Menichelli en su danza sentimental.

SOMBREROS

* **
También se jugó en terrenos del
•Deportivo• un Matcli entre el primer equipo del &lt;Roma&gt; y el tercero
del &lt;Deportivo•, saliendo vencedor
el &lt;Roma&gt; por dos goals contra cero.
Durante el primer tiempo estuvieron dominando los del &lt;Roma&gt;
que lograron anotarse sus dos tantos, correspondiendo el segundo a
Rafael Suárez que tiró superior·
mente un penalty aplicado al &lt;Deportivo&gt;.
Durante el segundo tiempo los del
&lt;Deportivo&gt; se defendieron mejor
que en el primero y procuraron hacer más efectivo su ataque, logrando
pasar una vez la bola por la meta
de 1 &lt;Roma•.
Del Roma se distinguieron: Enri·
que y Cristóbal García. Quijano,
Pascual López Velarde y JorgeFernández.
Por parte del •Deportivo&gt; sus jugadores estuvieron trabajadores y
entusiastas, sobresaliendo las de·
fensas, que estuvieron oportunas y
efectivas y a las que se debió en
gran parte que el «Roma&gt;no se anotara más tantos.
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              <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>Estrada, Genaro, 1887-1937, Redacción</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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