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3a. CALLE DE LA PALMA No. 34.

LA VIDA FEBRIL
Por MANUEL TOUSSAINT

Será por intlueucia de los Estados I..;nidos; serií
JJOrque el mundo ha perdido la razón , sení porque el
lu¡ú1bre desea terminar de una buena 1·ez con sus días,
pero nuestra existencia se ha tornado una da11Za febril.
~jos aquellos tiempos de placidez colonial, ei1 que al
claror de los últimos matices luminosos, se aguarda pacientemente el , toque de vraáó11. La noche parecía
aprisionar todos los malos espíritus ante las largas vibraciones r la campana iba dejando en los huecos de
rada pensativo interior como un d~jo de santidad.
Hoy, los progresos de la industria han permitido
acelerar las comunicacione8 de modo vertiginoso: más
de un buen veciuo conoceréis segura mente c~mo yo, que
Reostumbra sautiguarne y persignarne cliez vecfü antes
de sacar el pie derecho- nunca saca el izquierdo-al
umbral de su puerta. Y lamentaréis coumigo, aunque
malérnlas sean mis suposiciones, no cree1·os autorizado
a usar de tales amuletos contra los adelantos de la Dinámica.
. A ese acrecentamiento de 1oco111oe:ió11 hemos respondido con decuplicar la velocidad de nuestra vida, si no es
que a esto último se debe lo primero; si no es que el
aereuplano se inventó para que el hombre tuviese un
niedio de trasporte digno de sus ideas en el siglo XX:
Margarita de Navarra no hubiera podido escribir su
HepfCl'lneron en aeroplano, corno pudo cscri birlo en su
magnífica litera.
.
Un gran poeta uucstrn, un poeta que puede decirse
llltérprete de la ,·ida, tanto la ha comprendido y exaltado, cantaba no hace mucho tiempo:
A vivir, a vivir, que se escapa la vida!

Y este verso fuera la euse11a de II uest:ros días, si no
hubiese discrepancia de fondo: pül'quo vil'imos la ,·idn

~in vivir; después de treinta aiíos como estos de l\Jlü o
lü 17, ;_quién puede afirmar que ba ,i vido 0 \'i l'ir es
algo muy distinto que devorar días. me&amp;es y aüos. Es
la saturación del espíritu con cada instante vi1·ido; es
ser sol y alumbrar porque la l"ida es luz. Vivir 2s algo doloroso y solemne, algo que pide un ambiente más
sereno, más sobrio. Nada hallo de m,ís gráfica fuerza
para explicarme la vida intensa que m1 símbolo, (como
no fumo, debo advertir que no me parece l'l1lgar): ririr 1's
dark el !JOlpe a la i:ida.
**

Pero el ansia de vivir, vivir como sea, r,ípidamente. vertiginosamente, es el anhelo de nuestro tiempo. Y
¿,quién Ya a poder encauzar a la vida por el· antiguo .Y
ancho sendero'' .Montaría lo mismo querei- reglamentar la ,·elocidad de los rehímpagos o edificar caminos
en la trayectoria de los planetas. La Yida se fuga y en
su fuga, arrastra a nuestro espíritu, a menos que sea
tan pesado que la vida puede pasearse por él.
De continuár así, difícil es prever los términos a
que llegue nuestra existencia. Sólo puedo asegurar que
la única di,·ersión que toleren nuesh·os nietos será el
circo, que goza ya de gran estima. El circo honra a
la humanidad, sólo los pedantes 110 gustan del circo.
Acrobatismo intelectual, circo de barrio en que tras de
la harina que oculta a medias la faz del payaso se columbra la tragedia del hambre, circo en el más innoble
sentido, en el sentido político, todo es homenaje a los
antepasados cuadrumanos del hom 1re. La afición'' al
circo podría ser aducida por Darwiu como una nueYa
prueba de la evolución de las especies y por Haeckel como prueba decisiva de la ascendencia simiesca de los
sabios alemaues.

PEGASO

3

�La literatura sufrirú modificaciones de gran hascendencü,. Los l'ersos en vez de medirse púr sílabas.
se medirán con micrófono. si 110 es que en vez d~ meduse, se pes_an con pesa-cartas. Las nol'elas seran _Telegadas al olvido, o cuando mús, los mM1cos usarnn;as
como ¡n·e,·entil'o, para aquellos enfermos de veloci ad
cuyo cerebro requiera inyecc:ioncs de pesader.. Los llbr~s didácticos, ya se adi1·iua, serán empleados co~uo
lastre en los vehículos aéreos o en los gabrnetes de f;s 1ca, para explicar el peso específi:o de lus cuerpos. , -Y. el
literato se expone a carecer de pubhco, JJ?rque el 1rnbhc~
tiene mucha prisa, como el lite\ato de tiempos ]Jasados
carecía de público porque el publico rebosaba peie':ª·
La humanidad cambia: sale de su pereza como el car~col de su cofre; l,í11zase a dm1zas febriles corno espitu loco; rnelYe al olimpo; el literato siempre sale__ soln·anclo. Poi· eso el buen literato es el que se avergnenza de serlo. ?íietzsche Jo dijo.
,
,
Futurisrno, cubismo, preterismo. ,.Cual sera el
capricho del arte? Quir.ás, en el vértigo del mornrnell-

to, al mayor anhelo de los artistas, se_a, representar el
reposo, el reposo absoluto. «Ayer, duau entonces, el
prodigio del arte, /'homme qu, 1,wrchc, o el San Juan
Bautista de Rodiu, debían su prestig10 rncomparable al
movimiento que parece latir e11 los miembros de_bronc;·
Hoy, el movimiento se produce por i-eglas demasrndo fa.
ciles; busquemos el _reposo _cuy? secreto ba nrnrrt~.» ..
La imaginacwn se fatiga tratando de fiJat P:Ispectivas. Acáso los seres que nielan
prote_pdus
por su rnlocidad como el halo de nn ún~el _Y no ven nada
fuern de sí n\ismos porque el espacio , a s1e11do de,01ado por el golpe de sus alas; acaso cam h'.e t_odo ,; el
mundo se torne incognosc1hle: e11to1wes solo 1estarn la
amplitud de la cúpula celeste, polícroma_ al a_tardece'.
como si fuese el interior de un domo b1zantrno. 1
rompiendo el hieratismo rígido de los 111osa1cos. con
ia armonía de sus curvas. corno una embuaguez de
sei;enidad, será visto únicamente por los OJOs del artista. el eterno, el diviuo, el rnfatigab\e rnelo de los
alciones.

"ªº

taba con la malicia ingénita de los
ojos.
·
En tanto duraba la conte~plación del cura, púsose ella a ¡,estirarse las medias con la mayor natu~lidad de1 gesto, con !a oabez'.'- ba¡a
y levantando las faldas al'nba de
la rodilla.
·
.
-¿ Sahes ?~dijo de_ pronto.-La

LA RAPAZA
Po, ENRIQUE GONZALEZ MART!NEZ

Acababa el cura de Villahonda
de dar las últimas plumadas a aquel
sermón del Hijo Pródi,go que había de valerle, andando los meses,
la suspirada prebenda, los laureles
de la fama y el íl:em más _de una
codiciable capellanía, es decir, miel
sobre hoj üelas. Alto, buen moz;i,
sano y fuerte, llewba co!1 gallaroia
· sus cuarenta a&gt;ios, y hacia diez que
µaseaba su inocente vanidad de
orador, su mediocridad perfecta Y
su gordura incipiente por las tortuosas callejuelas de aque.1 curato
modesto que había de ser firme_ pedestal de su ya segura y glonosa
canonjía.

Aq!Íella noche, ya pasadas las
diez, saboreaba de antemano sus
triunfos oratorios, repantigado en
un sillón de cuero, rod.eado de algunas docenas de libros y las manos .
cruzadas sobre el rollizo abdómen,
cuando sintió que alguien le cogía

con una boca encendida y _unos ojos
tau negros, que iris y puprla se confundfan C'n una so~a mancha negrP
y lustrosa como cuenta de {nabache.
-Buenas noches, Susana. '.Vle
has asustado, hija mía.
. .

Y mientras decía esto y acar1c1a-

ba el rostro de la niña, con,templábala el cura con una extmña éunosidad. No había experimentado el
señor cura ni susito ni srnrp.resa; Susana acostumbrabn entrar así todas

bs noches procurando no ser sentida; pero al santo varón agrad,,bale fingir aspavientos ya que con
ello daba gusto a la mimad" ch,qui-ila.
Era interesante de verdad aquella mujercita, en quien ha'.:Jírcn Ueg-ado ya los encantos ele la Juventud sin borrarse todavía ~?..s gracias infain¡tiles. El seno, de precoces

turgencias; hinchaba ya el corpi-

por el cuel!o, y una vocecilla afl.aut~.:i..da, úspera y penetraute, la grita-

ño · las caderas, un poco ri ngo.stas:
rna~·caban ya sus curvas deleitosas;

ba en las orejas:

bajo las faldas, demasiado cortas
pai~a RU estatura, se dejabam ver
unas piemas admirablemente formadas que eran ya reallidad y no

- i Buenas noches, padrino!

Y antes de obtener contestación,
se le plantó delante una chiquilh de
trec~ años apenas, un tanto esp:.g~_da para su edad, blanca, pelirroja,

4

promesa, y en el rostro, un aire de

ingenuidad y aturdimiento contras-

PEGASO

medalla perdida parrotó al fin.
y mostró una de pl-ruba su¡eta con
una cinta negra que resaltaba en
la blancura de su cuello.
-Es del Carmen-añadió-y regalo de Goyo.
Quedó lueg.o un _insti;nte como
sumida en una me,d1tac1on profunda, con la miraida en ,el suel_o y el
labio inferior entre fos di~tes,
gesto que le era muy pec_u,har, y
luego, con brusquedad, &amp;alw_ de la
habitación tararea.nd!O .un aire de
iglesia oído en el rosano de la tardeEra tri.8\te la historia de aquella
persomta caída em el sombrfo ~~­
rato como un ave exótica de qmen
sabe qué frondas desconoc1das.
Bien presente tenía el cura la no•
che lluvios,a en que llamaron a su
puerta con foertes aJldabonazos
mientras le gritaban desde aba¡o:
-Paidre, una confesión; la "Pa•
1

Joma" se muere . . . .
.
La Paloma, una meretriz casi
vieja, recién llegada a1 pueblo Y conocida ya de todo el mundo por l_o
que tenían de ostl~Uitosos sus vestidos, de exagerado su colorete Y_de
provocativo su porte, había verndo
a Villahonda acompañada de una
chicuela de ocho abriles, en ese .res"'
censo vertigino,so de _las gentes:
su edad y de su ofic10. Le pare
3Jl párroco que era ayer cuando ha-

hía cruzado

por las fangosas calles
de Viilahonda, precedido del sereno
que alumbraba a medias el camino
con la legañosa linterna, iev,tando
eon trabajo los baches de la vía.
Grabado en su imaginación tenía
e] rostro de la que yacía -en el lecho,
J'()Stro que debió 'de haber sido beflo, pero ajado ya poi!' ,el vicio de los
últimos escaños que acaban con la
juvent,ud y la hermosura. Había seguido luego la confes.ión monótona
de la cortesana vulgar, y, por último, el ruego ele la moribunda que
vibraba todavía en •sus oídos: "Padre, encáTguese usted de Susana,"
mientras ésta, en '21 cuarto contig,uo, rodeada de oficiosas vecinas
que la contemµla:bau con lástima,
paseaba ·sus azorados ojos sin una
s&lt;ila lágrima sobre aqu&lt;'lllos rostros
extraños y dotlielJites. Luego, la
muerte de la ramera, sobrevenida
al aman'eoer; los temores del cura
por la responsabilidad de la adopción, y los refunfuños del ama que
no cesaba de murmurar por lo bajo: "i Lo que habrá visto esta hija
del arroyo!" Después, las gracirus y
vivezas de ,la muchacha que habían
desvanecido Ja,s nacientes runtipatías; la primera comunión hecha,
al cumplir diez año's, con una exaltación mística y un fervor religioso
que había,ri rayado en lo anormal
y patológico; la;; crisis histérica•s
presentadas periódicame111te y alternando con arranques impropios
de sus años; tristezas sin motivo,
Dantos sin causa alguna, y, por último, aquella gran crisis sobrevenida un mes antes, a la media noche,
cuando el ama acudió a las vooes de
Susana que rígida y en pie junto a
u blanco lecho de doncella, miraba
eon espanto y sin dal'se de ello
cuenta, algo no esper-ado ni leido
todavía en sus libr,os favoritos .
-Vamos, vamos-había tenido
que decir la vieja-eso, a,l fin y al
eabo, tenía que ,mceder.
Y acompañó ha;s,ta el amanecer
a la chiquilla tranquilizada a medias, pero que no pudo pegar los
OJOS en lo restante de la noche.
Cuando mamaron a primwa misa
1 oyó el ama toser y carraspear al
tura, fué preciso habla·de -del asunto Y referir1e con mil rodeos y cireun.Joquios, que fa crisálida se habla convertid'o en mariposa.
Todo aquello pasaba en fantástica Procesión por las mientes del cual mirar a la niña que se había
urrido tan bonifomenJtle, y como
aquel instante entrara ,el ama
n una palmato•ria en una mano
en otra las pantuflas del buen páo. asaltaron, a éste, de pronto,
Y aotlvidados temores de herenmorbosas y de endiabla,dos
vismos, y cual si fuera cuestión
. trapo más o menos, dijo d.irilldose a la anciana vig~lante:
-Doña Ramoua, es preciso bajar

las faldas a la chica. Ya tiene para
ello edad ...... y pantorrillas.
Cuando Susana aband0n'J la estancia, sa,Iió a un angosto corredor

en cuyo extremo terminaba 'la escalera que condncía a ]as habitaciones altas. A la luz del farol soñoliento que iluminaba el corredorcillo, divisó Susana a Gayo, el sacristán, que en una silla reclinada en
la pared, dormía con la boca abierta y rc-ncando con estrépito. Era
un adolescente Jlacncho y pálido,
de arremangada nariz y labios des-

coloridos, que había crecido trabajosamente a la sombra de los muros &lt;le la parroquia, y a quien con-

denaba al sacerdocio la protección
sub conditione de&lt;J cura de Vi □a­
honda. A los catorce años había visto venir como caída del cielo a Susana, aquella natura1'eza inquieta y
movediza que empezó a alegrar la
casa triste y silenciosa con las notas agudas d,e sus risas y los gorgeos de sus cantos iu:f'amtiles; y una
vehemente inclinación, un deseo
vago, pero irresistible, lo había ligado con aquella criatura mensa-

jera de luz, ele encantos, de alegría,
El la acompañó en sus ju.egos, la
llevó de la mano por los jardines,
admiró sus precocidades inauditas,
y sintió por ella un afecto casi paternal ; pero cuando se trasformó
en una mujercita, aquel sencillo
afecto cambió de forma; las mi,radas maliciosas de Susana turbaban
hondamente al mancebo inexperto
y desmañado que no había visto el
mundo sino a través de los ventani llos del coro; sus nacientes encantos le ponían fuera de sí, y su cortedad inconegible le hacía huír de
la muchacha sin quer,ar confesa,r se
a sí prnpi-o qué clase de sentimiento había germina-do y crecido dentro de su oprimí-do corazón.
Se quedó Susana contemplando
un instante al que dormía, alcanzó
con la mallo un taJlo de hierba de
un tiesto vecino, y con él púscse a
cosquillear las narices del descuidado durmiente. Como éste despertara sobresaltaido y estornudando
con estrépito, la autora del daño subió a grandes zancadas la escalera
de pino que conducía a la alcoba y"
en ella se encerró echando por di2ntro la llave. Encendió la luz, luego
aguzó el oído y creyó percibir el rumo,r de alguien que cautelosamente
subía por la escalera; hasta lt2 pareció oír rechinar suavemente los
peldaños y se figuró escuchar un
leve crujir de coyunturas y el soplo
casi imperceptible de una respiración ahogada. Experimentó la S2JIsación de "que era vista," y sintió
un extraño y voluptuoso calosfrío
que recorrió su cuerpo con el inefable del&lt;iite de una caricia.
No era la vez única que Susana
era objeto de semejante espionaje.
Ella sabía que Gregorio acechaba

PEGASO

la ocasión de sorprenderla; pero la
invencible timidez del muchacho
con observar sin ser visto, cOn sus-

pirar a solas y con amar en silencio. ¿ Por qué esa noche, en un re-

pentino arranque de sensibilidad
generosa, le asaHó la idea de ofrecer a aquellos ojos mendicantes de
amorosas visiones, la regia dádiva
de su cuerpecito desnudo? Se asegu-t·ó con rápida mirada de que la
cerradura daba paso a la luz, y ante el espejo del tocador colocado
junto a la puerta, comenzó su n\lc- .
turno tocaclq. Graciosamente anudó el haz crespo de sus bermejos
cabellos, desabrochó :l a blusa, desató el cinturón, y uno a uno y con

lentitud estudiada, fueron cayeindo
los velos que 'CcuM,aban su hermosura en botón, de líneas indecisas
y turbadoras. Su de&amp;nudez fué coonpleta un instante, el cortísimo que
medió en el cambio de la breve camiúlla de encajes vaporosos por l.a
luenga y cerrada de dormir, un instante en que apareció sin gasas importunas su cuerpo como ampo de
uieYe sonrosada al que la nachmte
y discreta pubertad no macuJaba
todavía, y en cuya blan'cura resaltaba, como nota triunfante, el airón de fuego de los cabellos rojos.
Entre las espumas de las caídas ropas que rodeaban los pies menudos
d:e Susana, parecía renovarse el
mito de Venus naciente y vencedora.
De un soplo la chiquilla apagó la
luz. Aguzó de nuevo el oído y le
pareció escuchar otra vez el crujir
de coyunturas, los pasos furtivos
que se alejaban haciendo rechinar
los paldaños, y adquirió ,,¡ conveucimient10 de que estaba sola. Se
arrodilló a tientas junto al lecho ,,
rezó larga y fervorosamente. Se
echó después en la cama, se a.rreirnjó entre las sábanas; vínole
en,tonoes u¡¡ deseo inmoderado de
reír, de reír a carcajad8!s, y sintió

sacudido su cuerpo como si fuera
presa de convulsiones epiléµticas.
Cuando el acce,!&lt;o de risa se hubo
apaciguado un poco, murmuró &lt;'n
un tono a 1-a vez burlón y cariñoso
-¡ Buena noche t,e vas a llevar,
encanij a:do !
Y volvió a reír hasta que el sueño cerró blandamente sus ojos .... ·
Tenía razón el cura de VillahiO,nda: era preciso alarga.r el vestido
de la rapaza.

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�LOS CABARETS DE NUEVA YORK

POEMAS INEDITOS
Por F&lt;J?,ANCISCO GONZALEZ LEO/\/.

SUICIDIO

casas. como
fué la casa de rni abu,•la
donde andurn mi 11ii1ez.

Crepúsculo lila y oro: l,,udcs de t',rga110
(en el roro
de una ip;lesia con \'Cntual.
.,· algo oculto, que s,• hesa
qur susp1rn ...
·,.A l"uirn reza
por " In ao-onía \'espera I'.
De1·a
. , ~nística oblaciti11'.
deja, lento carrillón
que ,·on sus manos liliales
el crepúsculo me o¡mma
la \'ejez del corazón.
Deja que un filtro sutil
me escancie en su luz la luna.
La luna ... ¡,no ,·es'' la luna
trne un r,íliz de marfil.
¡Yo &lt;'11 la vida ture un duef~o ...
yo en la vida aun lle,·o el sueno
pertinaz de una ilusión ...
Déjame mirar la luna:
si la luna es tm beleño,
,¡uiero en tósigos de ensueüo
suicidRrme el coiazón.

.J([USICA VAGA

º·

ITJallO tempraJWl'O

ljll ('·

('11 1,n
0

lllfl f1a !la

desgranas el ,·,·1wro
dr tu mrlancol ia ...
P(amente
pía un gilguero en mi rent&gt;1na;
r en el alero de enfrente,
;le la casa que ha,1· cerrana,
1111a hilera rocinp;lem
de los ültin11&gt;s aviones
(colegiales con sotana)
&lt;'Omentan las II u blazones
de la mañana.

**:!:

Lontananzas d,• ilusiones.
postrimerías de emociones:
romanres del alma mía .....
Momento arcano en que siento
que es llernda de la mano
mi yaga melancolía,
por la vaga melodía
de 1111 melan06lico piano.

SOLARIEGA
Esas casas amuebladas
que sus dueño, nunca habitan:
Yiejas casas misteriosa_s,
,·iejas casas que donmtan.
Entornadas las Yitrinas,
apenumbran las estancia,; espaciosas;
casi nunca. nunca hay rosas
sobre un huerto displicente,
v es un snefio de hojas secas
~] esp~jo de la fuente. .
Y quien sabe que m1steno de poesía
se difunde en el sahumerio
de la ,·ieja mueblería,
y quien sabe de qtte cosas estén llenas
las garrafas de las cavas
y las grandes alacenas ..
Ne insinúan en los pretiles ,·irreinales
los cantares de torcazas,
r ha,· frescuras com·entuales
~u l;s sombras de esas casas,
Casas de hosco Mayordomo:
de pretérita cancela;
de católica v~jéz:

LLOVIZNANDO
La llovizna, en mi rnntana,
reza tras dr Jas ritrinas,
la Letanía Lauretana:
La llodrn~ es frnncisrana
de las monjas capuchinas.
La serMica ... que en esa
melancólica tristeza
de esta tarde anonadada,
me imprecisa una abadesa
de conciencia c-onttll'bada.
Monotonías rle bre1·iario:
cláusulas a la sordina;
rumor de confesonario,
y en la lluvia cristalina .
los desgranes de un rosarw.
Es la púlida abadesa;
es su queja de fontana;
es su obsesora tristeza.
La llovizna en mi ventana,
reza y llora: llora y re1.a.

fría

mos hecho cargo de todos.
Vamos a Rcctor's al salir del
teatro.
En la parte baja, iluminaPor Genaro Fernández Me. Gregor.
da a giorno, nos quitan la impedimenta, (solamente abrigo y somEsta raza yankee si no conser6 pies pasados de estatura, y con
brero); subimos, con una multitud
1-a la e~tirada corrección de sus
una circunferencia torácica capaz
que
hace lo mismo, por una escaantepasados los ingleses, pues bien
de intund1r respeto á un bú1alu de
lera
tapizada con alfombra de alsabido es que el l\Jlllericano es en
las pr,aderas.
to pelo, y vamos contemplando, al
k,eneral desatento y tosco, guarEl principio y la institución ansubir cada escalón, a todas las dada sí, en todos los actos de su vi1edichas demuestran ¿ qué cosa?
mas que ascienden también. Son
da, el deseo de aparecer respeta-¿ Una candidaz primitiva o un retantas que nos marean, nos ::i.tur-,
ble, sin máculas m·orales de ninguJinamiernto de ultra-civlización?
den, nos asfixian por compresió'l,
na especie.
Los J.atinos optamos por solll'eil'
ya que a veces quedamos empareTal pensaba yo, no en la Igle,ia,
sin profundizar demasiado. Y no
,fados,
(y valga la expresión, aun.
ui en un salón de cO'll:ferencias o en
es que seamos escépticos. Creemos
que mejor fuera decir, encojinaalgún otro lugar serio, sino en 1111
en la honradez femenina, pero ...
dos), entre cuatro hembras elásticabaret neoyorkino, a las dos de la
clasificamos.
cas como paquetes de c.c,1cbo.
madrugada, después de haber hePues bien, de la creencia yan~ep
Las hay bellas y feas. Be:Ias con
cho una gira por diez o más c~nde que hablo se deriva un diluvio
esa clásica helleza que han heredatros recreativos, (empleamos el
de consecuencias: la mujer es sa.
eufemismo), de la misma espegrada; siempre tiene razón; nadie , do las hijas ele Tío Sam, y feas con
cie.
esa obesa J' flácida fealdad de casi
puede dirigírsele por pror,ia inidatodas las americanas cuando doPara comprender bien qué signitiva; no hay luga,r es en que pue.
blan
los tl'einta y cinco.
ficación tiene un cabaret en vanki dan entrar unas mujeres y otras
landia, hagamos una breve excurTodas van bien vestidas, y las
no; todas tienen derecho a salir
sión por el concepto que sus h:1l&gt;ijudías, en número suficiente para
soias a cualquier parte y a cualtantes han establecido, oficialmenalegrar a .Tehová, llevan joyas en
quiera hora del día y de la noche,
te, sobre sus costumbres. Partaprofusión. No tanta, sin embargo,
etc., eic. Consecuencias inmediamos del siguiente axioma: en ,il
que alcance a cubrir la pródiga holtas del régimen de emancipación
leritorio de la Unión, todas las mugura de los escotes.
que nuestros primos han implanjeres son honrada!S.
Si, imprudentemente, desde el
tado, y del cual, nosotros, ret.róY para sostener este asert.o, dig.
escalón en qne estoy parado, alzo
gradamentie ,abominamos.
no de un caballero sacado ele la~
la vista a los escalone~ superiores,
Y esto tiene naturalmente sus
páginas del Amadís, están los po.
veo toda una gama cromáJtica de
aplicaciones a los cabarets.
lieemen, irlandeses los más, con
. .... de ..... cómo decirlo honesCon ,describir uno, ya nos habreta,mente? ¡bueno! de medias se♦
:;.;,. ❖~#❖❖•
· •... ❖+❖❖❖
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PEGASO

111

7

�deñas, dejadas sin trabajo ~l descubierto por las faldas de ultima
moda.
Allá aquello no tiene importancia· la .... la .... media, es un artíc~lo que se exhibe como el pañuelo, y los ojos pecamm?sos pueden deleitarse. ¡ )lo los m10s ! pues
como dice mi buen amigo Carlos
Barajas, eso no es. digno de un
buen padre de fanulrn.
.
Pero, por fin, llegamos al piso
alto. Otra espera para que no~ toque el turno de penetrar en e, salón. El portero, un gentleman encasacado, es inflexible; guarda ~l
orden rigurosamente; el orden, digo, entre las gentes, porque en lo;
Estados Unidos un dolar tiene
precedencia sobre una persona, Y
quién lo lleva pasa como el Yehículo, pasa con su dueño. Por lo
tanto, nosotros ya estamos dentro.
'
Un salón en que domina el ?rillo
de los oros. Es enorme; soshe~en
su techumbre columnas monoht1cas de mármol; tiene en derredor
una especie de palco cercado por
un balaustre dorado; está lleno de
mesillas, arriba y abajo, excepto
en el centro cuyo piso está encerado para el baile. La orqu~sta, de
singanos naturalmente, esta en un
·tablado, en uno de los ángulos.
El ruido es infernal. Todos charlan y ríen, todos snenan unas a
modo de castañuelas, formadas por
un cañuto de madera y dos pelotillas, en forma de cerezas, que lo
golpean.
Hay más de mil personas en
aquél ámbito, en donde hace un
calor veracruzano, no ·obstante que
afuera nieva. Se come y se bebe;
poco vino porque el yankee es más
dado al refresco que a otra cosa;
¿ o será que cunde el ejemplo del
grape-ju ice presidencial?
La multitud femenil es mixta.
)Te Jo insinúa mi cicerone que, según dice, tiene mucha práctica en
estas andanzas. Sí noto que en
ciertas 1nesas reina la más compl~ta cordialidad ... , muy respecta ble, como debe ser. Un prelu?i_o
de orquesta y de una puerta d1s1mulada con una cortina, salen hasta dos docenas de bailarinas, jóvenes bonitas ágiles, porque allá
,

la fealdad no tiene el derecho de
hacerse histrionisa.
Llegan al espacio centml ~ m1ci:rn sus giros y cante..,. Estan lo
,,trictamente cubirrtas p;1rs decir que no están enteramente desnudas. Bullen, ríen, saltan; proyectan sus pies contra las narices
de los espectadores próximos, loo
hacen guiños y carantoñas.
Veo las caras de los hombres,
¡Magníficas! El pintor ibseniano
ele "Cuando resucit€,mos" hubiera tenido curiosos modelos. Las
mujeres ríen plácidamente; algunas muestran en los ojos un estrabismo precursor.
Cuando termina el número, otros
por el estilo le siguen, desempeñados por las nüsmas mu~hachas
con nuevos tra¡es; (¡permitaseme
esta hipérbole!).
Después del "show,'' empieza el
baile general, y aquí es donde el
ca1·ácter yankee serio y moral, pero sociable, puede ser observado a
maravilla.
¡ Toclo el mundo a bailar! El foxtrot, el one-step, las hawaias, todos los endiablados pasos que ahora privan, ..... de muchas menos
cosas que los antiguos.
La orquesta convulsa se disloca.
Los cuerpos se mueven en el mismo lugar, señalando ritmos de negro epiléptico. Una matron'.1 9ue
pudiera alimentar a un reg1m1ento ent€ro de cow-boys, baila con un
efebo imberbe y flexuoso hipnotizado po·r su escote. Un clergyman,
cano y arrugado, lleva en vilo a u_na
miss de carita angélica, de o¡os
límpidos y azules, vestida de traslúcido blanco . .... hasta la corva,
estrictamente. A esta pareja la
han pegado malévolamente por los
carrillos.
La música es un flagelo ígneo;
se oye un jadear universal; apr!étanse más los cuerpos; los OJ os
chispean.
Pero todo va envuelto en respetabilidad. Na-die se atreve a hablar
con su vecino; nadie lanza uno de
esos gritos que nuestros temperamentos latinos no serían capaces
de contener; las danzantes pasan
por entre las manos convulsas sin
detrimento para sus gasas y para
,us encajes. Cualquiera que en-

,

•

••

•

.. rara repent.iname11¡te, vería

Al Sr, .Jonh Hankin, uno de los
má:; finos escritoras ingleses del siglo XX, debemos algunas comedias
y algunos ensayos; su labor no es
extensa, porque murió demasiado
j ·,ven en plena vida londinense. De
sus comedias sobresale, por su sencillez y amenidad, "The Cassilis
Engagement, " verdadero modelo
entre !as producidas por la joven
generación ingle.;a.
La escena es un salón elegante,
en la residencia campestre &lt;le la
familia Cassilis, donde se charla;
se habla con calor-detalle extraño
en salón tan discreto-de algún sucedido ·en fa familia: presumímos
algo grave: la aparición de un nuevo Reine rebeld·e, una quiebra, la
inoportuna muerte de álguien. Pero
la conversación continúa, y "por la
pobre )frs. Cassilis" sabemos que
el compromiso contraído por su hijo Geofrey, el último Cassilis, oon
una desconocida, un muchacha pobre, es la causa de la inquietud. Se
sospecha también que fa dominante
Lady Remenham, muy noble y muy
pobre, no puede tolerar que Geoffrey quede, así, lejos del aJcance
da su hija, la linda Mabel. Mrs. Cassilis, sin embargo, parece contenta
de la aventura, y ha invitado a
Ethel, la pl'ometida de Geoffrey,
así como a su madre, Mrs. Borridge, a pasar unos días en el campo
con ellos. Llegan Mrs. Borridge y
Ethel, y desde luego se advierte
que son imposibles_ Mrs. Cassilis a
solas con su hermana Lady Marchmont, descubre sus fríos planes
que desbaratarán el absurdo enlace: extremar la oposición, el con. traste entre su mundo nefinado y la
terrible \'Ulgaridad de las Borridge.
Todo esto, bajo la apariencia de
completo agrado, de perfecta aprobación a los gustos de su hijo.

concupi~cencias que ruge en aque-

llos pachos.
La fiebre se ha apoderado de 105
violines que rechinan, del bajo que
hipa, de los timbales qu_e truenan,
de los giiiros que semeJan columna:s vertebrales frotadas con un
1frodisiaco. Los ejecutantes no se
contienen y se ponen de pie, moviéndose al tocar como poseídos,
¡Nadie queda en las mesillas; la
muchedumbre se ha dejado arrebatar por aquella ronda de sabat;
· todos bailan!
· Rólo yo me conservo impertérrito, ... ¡ porque no se bailar!

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•
PEGASO

THE CASSILIS

1

•
•
• • • • ......
'• t..:••!•❖ •!••:-•:--:-•:•❖·•!...:••:••:••!••!• ❖-':·❖ ~!·•!• ...•···•-!••!t•.•-!•-!•••º•'"'"'•'
•• ~•...........
• • • ••.•:••!•.,••!--!
• ..:••!••}W❖❖•"-t.........-:..-.••r:O.:.

8

EL NOVIAZGO DE CA SS/LIS

sala de baile enteramente correcta y .. , ¡ sólo fijándose!
'Al acabar la pieza, todos los bailarines insaciados se detienen y,
sin sentarse, aplauden pidiendo el
bis. Se concede, y ..... continúan
1.o que tenían comenzado.
.
La música marca una cadencia
loca. Las prejas se excitan; se
conoce en los rictus únicos índices, en m2dio de todo aquél eicterior comedido, de la oleada de

t

Acto segundo.-El jardín.

Mrs. Borridge y Ethel, "bien &lt;lOmidas y mejor dormidas,'' recuerdan el pasado, comparan, y afirma
Mrs. Borridge a su hija, menos entusiasmada, que poT fin han entrado en su elemento. La dueña de la
casa se presenta, amable y distinguida; muestra su vulgaridad Mrs.
Borridge, ylse nos antoja indudab1e
que Mrs. Cassilis "pasará por la
Puerta de marfil." Oportunamente
llega Mabel, que es, por su valer eomo contraste, la pieza principal en
el ajedrez de su madrina. En subsecuentes conversaciones, el efecto
buscado es notable. Mrs. Borridge
está encantada, su lengua más y
IIUís suelta; su feeling de hallarse

en continuo contraste, al grndo rle
producir un claroscuro.
Mrs. Cassilis, perfecta en su elegancia, altiYa en su frivolidad, ~jeENGAGEMENT
cuta con rapidez lo que concibe·
fría
en 21 pelirro, mantiénese im"en casa" cada vez más fuerte;
pa-i
,,le
frente al triunfo del con
todo anuncia la derrofa de Ethel.
trincante-la salida airosa de Ethel
Mrs. Cassilis finísima con Mrs. Boc1.ianrlo rompe el compromiso, J&lt;:,
rridge. Mrs. Borridge enamorada
demasiado noble; se considera muy
de Mrs. Cassilis. Mrs, Cassilis no
por encima de Ethel para hacer de
puede enseñar mayor cariño a
esa
lucha asunto de amJ1· pr,,Ethel. Ethel curiosa todavía.
pio: lo único que no qui,,En el tercer acto encontramos a
re es el matrimonio de GeoM
Mrs. Borridge tan demasiado "en
frey. ¿ Qué le importa el triunfo
casa," que tememos ya un desenlaaparente d~ Ethel, si el triunfo .desce. El final de una comida, a la que
barata
el enlace? Alcanza su desee,
asistió la mejor sociedad de esos
la pública d,rrota no la altera. Colugares, es interesante. Ethel co?mo la vemos siempre junto a Mrs.
versa con un solterón, su comun
Borridge,
la aprecia.mas mejor. Se
cdio a la tirantez, al puritanismo,
piensa en la ,mergía desplegctda pales atrae mútuamente, y ella conra no sucumbir a sus impertinenversa con animación; le hace sus
cia~, a sus ft'ases tontas y vacías ~,
confidencias, y acaba proponiéndoa sus entusiasmos plebeyos.
le, al parecer en broma, huír a PaOfrecen las comedias modernas
rís; él asustado, sm comprender la
pocos tipos tan bien comprendidos
burla, le predica,-se despiden: '·E,.
como el de Mrs. Borridge ; repreLondres nos veremos."
senta a maravilla lo desagradable
Mabel canta un "lied," y entori.cfos
y lo molesto, lo que está todavía
Ethel se sienta al piano y entona
muy abajo de lo cursi. Es su me_ic,r
una canción de Leicester Square.
encarnación. Su desconcertante paMurmu'llos. Geoffrey, cortado, relinodia final es perfecta, aunque nos
crimina, aunque con temor, a Etatormente demasiado.
h2L Ella, altiva, propone la ruptuLady Remenham, la de ]03 manra, que él impide sentimentalmendatos imperiosos, viene de la comete.
.
dia y de la novela del siglo Xi'IJI.
Acto cuarto. Mrs. Borridge conLady Catherine de Bourgh, en Pr!fía a Mrs. Cassms que su hija cree
de and Prejudice, de Jane Austen,
decente volver ya a Londres. Mrs.
la reconocería como hija. Wilde
Cassilis convence a la convencida
oultiva el tipo en todas sus cumeMrs. Borridge de que no deben hadias; es algo esencial de sus sal,,cerlo: teme ¡ior el coronamiento de
nes; seguramente lo es de todos los
su obra. Pero Ethel, ya decidida,
altos salones ingleses, donde no
rompe ccn Geoffrey y lo anunciD u
pueden pasarse sin esas damas enla sorprendida Mrs. Cassilis, y a la
copefadas, llenas de palabras J de
más sorprendida Mrs. Borridge,
cuarteles, que dan órdenes siempn\
que hace, entonces, una desagradaen medio de temeroso silenc;o. Coble escena de plebeya despechada,
mo ese ambiente no es el que rnús
Llega Lady Remenham, mientras
pinta Shaw, sólo ,las recuerda su
se despiden, a enterarse de todo y
Lady Britomart Undershaft, de
hace sentir a las intrusas el peso
'\1.ajor Barbarn.
'
0rgulloso de sus blasones. Su fü,_
Ethel es demasiado rl'da, no es
gada es simbólica, la Il'cbleza que
bastante inteligent,e, ni bastante
triunfa, la tradición que se imprJJe.
distinguida para adaptarse
me.
Para gustar de esta comedia dedio, y hacer así obra eg~s~tica. Cabemos olvidar su base falsa: lapopaz de encender pasiones catna1e~,
sibilidad del compromiso entre dos
de ser quizá la rein3 de los barrios
personas de tan opuestos medios
bajos de Londres, no lo ,es de enasociales. Fundada sobre enredos
morar a un maycrazgo inglés y llearn011nsos, comprueba, una vez más,
gar a tirante cast,ellana. Le falta
el aserto de Gilbsrt Murray que haagudeza. chic y di,tinción, y tiene
ce descender la novela y el teatro
el suficiente mal gusto de aprovemodernos de los "scriotores erotichar un vulgar y sentimental epicii," de los novelistas de la decasodio de ómnibus para relacionardencia griega. Manifiesta su origi.-,3 con GeJffrey. Todo ello la hace
nal detalle de 'la vida de sociedad.
antipática; v vuelve, a la vez, derrran facilidad en el diálogo y sutil
n,,siado fácil el desarrollo de la cofuerza descriptiva.
media.
Muestra, en pocos rasgc•s, el or111ahel. aunque cbscura, nos agrag-ullo del noble inglés, que es una
da. Quizá su misma discreta obscutradición continua, y '1a plebe a
ridad, sv aristocrática mediocridad
quien poco deslumbra ya el brillo
sean lo que nos cautive. Geoffrey.
de los blasones. Hankin levallira socomo ella, e, la aoacible juventud
bre estos dos motivos su com2dia,
noble inglesa, aplastada por tradiy mantiene el interés trayén,1ol,os
ciones y formulismo:;; tranqufla y

a•

PEGASO

9

�llena de inegnuidacl. El solterón
Warrington, :observador y egoísta;
el sacerdote, y la fría Mrs. Herris
sirven de marco a los ante.riorer.
personajes.
De todas las individualidades Señaladas y de minucioso estudio de
ambiente en el salón o ,en el jardi!l
se vale Hamkin para reproducir una
atmósfera peculiar, verd11dero monumento del sentido común. Desde
la p·rimera c001vel'sación. a pesar
del chisme que domina, de las incómodas personas, de •su ningún interés por cosas elevadas, se desprende. el tono de lo pulcro y lo educado. Es el salón de Mrs. Cassilis un
salón de lo convencionalmente elegan,te y de los buen¡c:s modales, sin
nada origina-1 ; un sauón como hay
muchos. Ninguno de sus asiduos es
intrfosecamente distinguido; no oímos ningún comentario que delate
al artista, a,l crítico, siqwiera al dilettante. Pero su conversadón
,siempre a medi¡o tono, excepto la
de Lady Remenham, nos atrae; sus
maneras tan finas nos placen, al
grado de no dasear---a.unque en esto influye tambi-én Jo demasiadn
grosero del personaje--el triunfo
de Ethel; un medio, en fin, que no
producirá 1nada elevado; pero que
produce allgo mnue y muy del siglo
XX.
Nada mejor que este ambiente
para las buenas conversaciones. En
un medio tan suave, tan opaco, tan
falto de acción, el discurso tiene
que ser lo atractivo. Ell diálogo no

puede gozar de mejor escenario para hacerse oír; no atraerá por -sus
asuntos, no porque lo adornen palabras valientes, ni ideas nuevas, ni
tampoco porque sugiera algo misterioso o tremendo; es interesante
porque está lleno de buenas palabras, de observac~ones útiles, porque revela a perfección los caTacteres. Esta comedia es un estudio d&lt;ol
"smart set" y de sus charlas; retrata el medio de Wilde, el admirable decidor de frases, el que, según
Hankin mismo, con The Importance of Being Earnest, pudo crear
una especie nueva en el teatro. Fina como las de Shaw, no es tan incisiva; no abunda en brillantes paradojas. El autor, capaz de observa_
ción intensa, no abraza tanto como
pudiera; no hace critica; sólo describe. Pinta un cuadro de género.
Según Stevenson, los ilibros que
releemos más a menudo, no so~
siempre los que admiraml0$ más:
los escogemos, y vdlvemos a leer
por muchas y variadas razones. como escogemos y frecuentamos a
nnestms amigos. De ellos El No·
viazgo de Cassilis, es muestra de
arte menor en la literatura. Porcelaiila elegante o débil acuarela, la
colgamos ceJlo·sos en nuesiúro má3
íntimo rincón, a donde acudimos a
solazar nuestros fatigas, como el
que estudia a CaJlamis cuando descansa volviiendo su mirada a un Prnicaud.
Xavier lcaza.

EL GRITO DE LAS COSAS
Traducción especial para
PEGASO.

Todos los testimonios, aun los
más minu¡;ioeos del dibujo, de la fo
tcgrafía y del cinema, no podrían
dar una idea de la abyecta destrucción llevada a cabo en el Soma, en el curso de su r.etirada vergonzosa por los alemanes. S, lame1,
te la vista, en el terreno mismo y
bajo e•l delo ofendido, de estás
ruin asmalvadas, es capaz de dar
una ncción exacta de ello y fijarla
para siempre en el libro de cuentas
de la memoria.
Todavía bajo la impresión de horror y de disgusto que me ha producido este horrible e:;pectáculo,
no pueda retener una indignación
que quisiera poder comunicar a mis
lectores.
Parece que se ha dicho ya to,do
sobre el carácter sis-temático y especial de esta barbari€. No cabe
duda; pero es preciso vdlver a decirlo. Por otra parte, cuando está
uno en .él lugar de los acdntecimien10

ros y se tiene a la vista la destrucción que cubI'e extensiones, en lo
que pueden abarcar la mirada y el
pensamiento, se tiene la impresión
de que nada de lo que se escribe a
cu,enta, es susceptible de dar idea
de semejante abominación. De estos cuadros de aniquilación surge
una lección perpetua. De estas hogueras apagadas y ya frías suben
llamas que nos circundan y humaredas que nos inspira,n. Estas tierras removjdas y revueltas por In
mano criminal del enemigo, producen lo que deben en ellas y en nosotros. Aun endurecido, es,\e suelo
es una fuente y nosotros bebel".os
allí el filtro amargo y milagroso
qua impid.e olvidar. Todo hombre
que haya podido ver y tocar estos
vestigios. no tiene el derecho de
permanecer
espectador
mudo.
egcLta del silencio, ni 4e guardar
para sí sdlo su indignación y ;:;u
odio; debe sembrarlos, esparcirlos
como una palabra de orden,-y decir
a cada uno :-"que pase la voz.''

Pl:CASO

En veinte aldeas destrozada.,;
Chauny, pequeña ciudad florecien'.
te y rica, ofrece un modelo de destrucción atroz. Cuando después de
haber pasado por kilómetros ente.
ros de residuos de la barbarie, sin
que se Ie escape a uno el detalle,
se llega a la Plava Mayor y se v,
a la dereoha, a J,a izquie11da. adelan.
te, detrás, y alrededor de sí. el Pa.
lacio de Justicia, la Alcaldí:a, el Tea.
tro, todos J.as edilicios, todas las ca
'SRp1:1qumuap 'SllpRJ;O[S\P 'Sll'.¡OJ ~t

o bien en las que subsisten rectas
y atónitas, las fachadas acusadoras, no se puede comprender todo
de una vez. El horror de esta visión
es tan via1ento, tan bruseo y de tal
manera inesperado, que llega a Joinverosímil; y el brillo de la luz, la
dulzura del medio• día, hecho para
bañar y acariciar la v,ida y que no
viene ya a posarse sino sobre espacios de muerte y abandono, añaden todavía ailgo a lo irreal. Se aabe
bien i ay! que no se sueña; pero la
verdaJd del desastre tiene oocesidad
de un mom·eruto para imponérsenos,
lo mismo que para hacerse admitir por nuestros ojos y por nuestra
reflexión. Y -después, a lo lejos en
tedas direcciones, el mismo aspeeto i-nevitable y siniestro se presenta y se reproduce, el mismo estupor
trágico de las mur~llas que han permanecido en pie, la misma postra,.
ción desolada de las que han caído,
la misma acumulación y el mismo
amontonamiento ,de pobres bienea
perdidos, de recuerdos rotos, el
mismo caos de asi-los, de refugios,
el mismo desie1100 de felicidad y de
ternura, el mismo polvo de los hogares, el mismo vacío y la misma
tumba. . . . Es preciso rendil'se a
la evidencia. Entonces aparece todo el detalle del sistema, el oo-den
y el método del trabajo.
Es gigantesca, ciclópea, esta labor de destrucción, y denota
mismo tiempo la regularidad del
esfuerzo puniúual. No resulta de una
crisis de arrebato, ni ,de una epilepsia de furor; no, ha sido concebido
y ejecutado en la calma y la aplicación, como un deber oI'dina,ria y eatidiano, porque ha demandado día.~.
semanas y aun meses. Y eso es la
que indigna, esa perneverancia
tranquila para destruir bien, esa
monotonía del daño, esa continuidad sererua. Sin distimción de tamaño y de ciilidad, cada habitación ha
sido atacaida hasta ceder a !las golpes, y apenas ha caído, se pasaba
a la siguiente sin perdonar una so!a.-"Después del 2 tiraremos el 4,
el 6, el 8 ..... " Y así sucesivamente a lo lavgo de la calle. La degollación de los inocentes. fü1sta en el
cabo de la más insignifica,nte calle_iuela, la última cabaña, aquella después de la cual no hay construcciones y comienza el campo, ha sido
objeto del mismo a,taque disciplina-

do. Jamás estos hon1b1•es que se dicen soldados, han .experimentado
un minuto de crunsancio físico y
moral ni han tenido un reguelda de
disgusto, un hipa de aga1tamienta y
de confusión. ,Jamás los subalterno:;
han encontrado el medio de expresar a sus jefes, por la hentitud de
sus brazos y el l.énguaje mudo de
sus miradas, que ya era bastante,
que no podían ya pulverizar cecinas, destrozar a.lcaba·i y exterminar capillas; y nunca tampoco los
:-:eñores oficiale·s d~mostraron disgusto del trabajo, afán de no poner la mano en la masa, limitándose, inactivas, a vigilar desde lo alta de su arrogancia la acción excecrable; ni se han santido descorazonados por la labor que el alto
mando les imponía. Ninguno de
ellos ha sentido nada ni ha tenido
que ejercer violencia sobre sí mismo; y esto les pone en vergiienza
ante la humanidad civfüzada, y esto da a su conducta por lo pronto
estúpida y tan inútil como ma.Jvada,
un valor de intención pe,rversa y
de voluntad cruel muy particular.
El hecho de tratar lo inanimado
con un rigor y un sa1vajismo ya
culpables contra lo animado, asimila la desih-ucción de las aldeas, tal
como ellos la han practicado, a un
asesinato ideal de los habitantes.
El exceso de crueldad hacia todas
estas humildes moradas, da a cada una de erlas el título de víctima,
y a cada uno de los ejecutores, el
de as,esino; -po,rque han destruido

condenado las ntinas núsmas, estas
ruinas honestas, conmovedoras y
puras, a aparecer deshonradas. Por
su manera de tratarlas, las han envilecido. Han llegado a ser, gracias
a ellos, repugnancia y fealdad. Allí
dc·ncte se ha ejercitado francament,e la brutalidad del obús, la
destrucción guarda siempre, por terrible que sea, una especie de fatalismo grandioso. Pera aquí no hay
nada semejante. Por tedas partes
se ve un lugar d,o &lt;latástrofe siniestra, uno de esos terrenos nauseabundos, espantosos y de ingrato terr1or como si se hubiera venido a vaciar allí los detritus de la desc'1ación. Se diría que son ciudades ent,-ras de restos inmundas volcadas
por un ciclón; el temblor de tierra
de una Messina de inmundicias. Y
Aspecto de una ciudad abandonada todo esto compone una mezcla innoble de desperdicios, de objetos
por las tropas alemanas
degrada,dos, rotos, torcidos les
unos contra los otros, cacerolas y
sombreros de mujer, camas de fiecon espíritu de sangre, no ya corro desa1·ticuladas, vajilla, tejas hemo se mata, sino como se asesina;
chas polvo, sillcnes podridos como
han derribado cobardemente casas
cadáveres, almohadas despanzuviejas como quien maJta a anciarradas como vientres, estercolero
nos; han dado muerte a casas que
de toda, jaulas a,plastrudas, . una
sstaban vacías o sin defensa; anabominable y repugnante feria de
tes o después del criginal, han fufierros viejos que extienden al infisilado al retrato; como el que viernito sus exhibiciones de suciedad Y
te un polvo de muerte en el vaso
~us montones de cenizas.
de una persona, han envenenada
Cuando la importancia y la solila-s pozos y las fueintes; han estrandez de las construccion1es han regu1,ado las iglesias, lapidado las cuclamada la dinamita, los barrios denas y los lechos de los niños y las
molidos presentan sin duda un asmuieres a quienes han cogido como
Sigue a la Págh~aW
esclavos. El resultado es que han

CARICATURA EXTRANJERA

ar

Germanía, agobiada por el militarismo prusiano, co
]umbra en el horizonte el día de su liberación.

PEGASO

Guillermo: ~¡Gran Dios! ..
medad es muy contagiosa ....

Y estaenfer

11

�para los jabones, la glicerina que
piden las fábricas de explosivos,
los abonos que necesitan las tierras . .. .. ¡ quién sabe! . . ... quizá
la margarina que en caJidrud de
mantequilla da sapidez al negro
pan de centeno qtre se elabora en
el hogar de los desheredados de
la suerte!
La noticia del descubrimiento de
esta fábrica siniestra, ha sido la
más sensacional de la semana. Se
sabía qua los alenümes CICntaban
todavía con muchos recursos para
hacer frente a la situación a que
los ha llevado lentamente la guerra; pe-ro nadie podía imaginarse
que -.~n1t,re ellos figurara el de beneficiar a sus muertos!
Infantería inglesa disparando durante ur: encarnizado
combate de vanguardia librado durante la última
ofensiva.

Ametralladoras británicas rechaza~ contra ataq11e efectuado por los alemanes para recuperar una
posición perdida.

1

¿ Qué contingente podrán presha s ido n1uy ventajosa para no star a la Entente los Estados Uniotros: a cambio ele algunos buqu e;
dos?
perdidos, nos ha tmído un ah &lt;.
Como una l'espuesta a esta pretan pocteroso como los Estados Unigunta que está en los labios de
dos. Del&gt;emos fü;]icitarno s por ella ...
todos desde que el President e W u•••
son se negó a seguir desempeñanLos admiradores de la ciencia
do el ridículo papel que le habfr.
alemana deben estar satisfechos.
asignado en la tragedia europea ,e1
Los químicos educados para lle.va•r
emperador Guillermo, acaba de
a todo el mundo la gracia de la
!legar a las costas ingtlesas una
K ultura, después de la matanza preflota de torpederos norteamericameditada en ]1os sihsnciosos gabinenos que ayudarán a las naves brites del E stado Mayor alemán, acatánicas 1em su campaña contra los
submaTinos.
El viaje se hizo sin .nov•fldad alguna, y durante él los sumernil&gt;l·es
teutones cuidaron de no asomar
sobre las aguas el ojo traidor de
su periscopio.
.
El arribo de estos buques ha sido sa.ludado con muestras de júbilo por el pu·eblo inglés, más que
por los centenare., de cañones que
llevaban a borclo, por el caudal de
fuerza moral que aportan a la pug,., '··.·
na. En lo sucesivo no sólo se disputara;en la soledad de los mares llenos de misterio$OR p~ligros, la suer,.~;~
..,;;,.; .
,t'&lt;.'-'
te de la vieja Inglaterra, la de
Francia, la de Italia, cuyas bande~•.
ras han flotado sobre el tumulto
de tantos combates, sino }a de la
.. &lt;" .-'·-:-·"'.'.~
joven República Norteamericana.
Esto significa pllra los aliados la
s·eguridad completa de la victoria y
justifica las palabras die Lloyd
George, qui,en al referirse a la guerra pirática de los sumergibles, dij·o un día 1 con mu€str.as de rego- Submarino americano navegando a
cijo:
toda maquina durante una excur·
-La campaña de los submarinos
sión de patrulla por el Atlántico.

'1:iÍF
..
.....

;'"··.

;,_•

12

PEGASO

ban de dar una muestra de todo
lo q11e, apurados por las circunstancias, pueden hacer.
A causa del bloqueo inglés, implacable a pesa•r &lt;le las excursiones
de los sum2rgibles, Alemania se
ha visto cada día más urgida de
materias primas. Las pocas que se
producen dentro de sus filas, n.
bastan pm,a lle-nar :las necesidades
de sus empresas industriales, y las
que puede agen.cia-rse fuera, se quedan en la gigantesca estacada que
rodea sus fronteras y sus costas.
Necesitaba g ra sa s : grasas para fa.
bricar la glicerina que requieren
sus explosivos, grasa para fabricar
jabones, grasa par fabricaT lubricantes . .... ¡Y no la•s había!
Enton&lt;l2S se acuerda de sus químicos, y sus químicos resuelven el
problema.
¿Grasa?
Por centenares de toneladas la
están propm·ci.onando a la madn
patria los indus.t.riales t,eutones, sin
más trabajo que someber a un tratamiento especial los cadávieres de
lo,s soldados que caen en los cam•
pos de batalla, "por su Dios, por
su patria, etc., etc.
La ciencia alemana ha batido el
reco,r d en la tare•a de sacar eil mayor provecho a la canne de cañón.
Ni Francia, ni el Riaino Unido, ni
la patria de Marconi, pueden ufanarse de haber alcanzado ,t1anto. El
sold·a•do alemán no, sólo está contribuyendo ahora con su innegable
valor y su inteligencia, a sostener
la dinastía Hohenzollern: apenas
cae destrozado por la. metralla enemiga. es ,recogido por diligente,
obreros y llevado a una fábrica,
donde su pobre carne lacerada,
puesta en manos d-e la ciencia, conp
tinúa sirviendo a la desmesurada
nmbición de la e.amarilla militar
de Berlín. De ella salen las grasas

Rusja tii~ne ya nuevo gabinete.
Solucionada la crisis que se registró hace días con la renuncia de
Milukcff y de Gud•chkoff, la situación ha quedado en manos del partido radical encabezado por el príncipe Lvoff. Pero este cambio en el
gobierno no significa, como se ha
dicho, que el pueblo ruso se halle
dispuesto a abandonar a sus aliados p,actando una paz vergonzo-sH
con el imperio aJemán; al con.t.rario,
los directores de la política rusa,
al llegar al poder, han manifestad ~

claramente su propósito de oor.h•·
nuar la guerra hasta que la antocracia vecina caiga hecha pedazo s
y cesa de ser un peligro para la naciente democracia moscovita.
Los soldados, movidos por lac;
maniohras de los agentes alemane.s,

interesadJos en relajar la disciplina
de sus adversarios, se entregan a~tualmente al ensueño de una paz
próxima; el rio de odio que separaba a los combatientes, ha desaparecido; los hombres se cambian pa•
labras de fraternidad; lo•s cañones
y los fusiles descansan; el altc,
mando teutón sonríe . . . . H2tvo- la
llegada al frente del Ministro Kerens1{y acabará con ,es1e peligroso
estado de cosas, recordando a los
descarriados que la República moscovita no debe, no puede surgir a
la vida bañada 611 el lodo de una
def-ección, y que es preciso pelear
para ~lcanzar el puesto que su patria debe ocupa.r en el mundo.
Barrida esta pasajera nube que
se cierne sobr.2. el ejército ruso
amenazando &lt;lisolv3rlo, volve.rá a1
cauce ,t;ágico que le ha abierto el
destino, y la pugna suspendida renace-rá colfl un vigor des.c!c:noddo e:1
aquel frente.

• • •
.!

Escena en las calles de París llenas
actualmente de gloriosos mutilados.
El gendarme:
a los bravos!

~ i Paso

Y mientras el oso formidable re1uiere d.3 ·n uevo la espada, inglese,,
franceses e italianos conitinús.11 gastando, en baballas que se suc~cier.
sin interrupción, 1-a potencia militar de Alemania.
¿ Dónde se hallará Hindemburg,
que n:o da muestras de vida?

+!•❖•"-•:-•:•-:- ♦:•❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:-:•❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:•❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:· ❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖•:•.;..❖❖❖❖❖-!❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖❖;;
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PEGASO

13

�TEATROS Y CINES

_ _ _ _ _ _ _!

1

El último sábado simultáneamente subió a la escena en el teatro Colón y rn el "Fábregas" el drama
histórico en cuatro actos de Luis N.
Parker, adaptado a la escena española por Manuel Linares Ri vas y
Federico Reparaz titulado ''El Cardenal."
Hablemos de la obra: "El Cardenal" es en nuestro concepto una de
las piezas verdaderamente teatrales, justamente teatrales, sin recurrir a pirotecnias absurdas; transcurre dentrn de un constante interés y siempre tiela lo que la historia
cuenta de los Médici;, esa falai,je
de hombres y mujeres que pasó so ore la humanidad dejando una es tela pcodigiosa de sublime interés.
Alguien ha dicho por allí que es un
molodrama vulgar; que asoma la
arcaica daga y el escalofrío de la
muerte sobre las tablas. Es verdad
que Bartolomé Chigi empapa la escena con su sangre y es verdad
también que el ambiente de tragedia flota con insistencia alrededor
de los personajes, pero ésto en un
drama histórico. que arranca de
años de tremenda inquietud, zozobra constante y que envuelven las
vidas de los hijo, de Lorenzo el
Magnífico. está bien. y no debe la
crítica fátua sonreír malévolamente
y con desprecio. como si se tratara
de una gandulada de Pérez Escrich,
máxime cuando la parte de técnica,
la arquitectun teatral dP- la obra,
es absolutamente perfecta. Parker
ha sabido darle a su .obra un inte-

rés inconmensurable y Linares Rivas- tan experto en teatralidady Reparaz los traductores. la traen
a nuestra len¡rua conservando y cuidando todos los detalles efectistas
con toda limpieza. "'El Cardenal"
ha sido un éxito en Inglaterra, en
Estados Unidos y en España. En
México hay sonrisas malicie sas y
tontas, pero en México, esta conducta está bien. Los que dicen despectivamente de "El Cardenal" no
comprenden tampoco '"Una mujer

Estreno de "El Ca-rdenal"
Una escena emocionante.

sin importancia" de Osear Wilde.
En · "El Cardenal" les parece que
sobra una puñalada y en su fuero
interno, les parece que a "Una Mujer sin importancia" le hace falta
un tiro.
Los que sepan historia y sepan de
las vidas de Julio II, de los Borgia
de los Médicis, aplaudirán esas es'.
cenas en que apenas el ambiente
deja de vibrar por los sacudimientos del crimen para recibir la gema
de los exámetros de Virgilio.
Señores incipientes: la viuda de
Lorenzo el Magnífico no podía cantar "Mari Mari," ni conoció a Tosti, ni a los Quintero. ¡Que le vamos
a hacer!
Las interpretaciones.
En el Colón la interpretación ha
sido hecha con bastan te cariño. Segundas partes que antes titubtaron
Y en otras obras han pasado con deflcienci&amp;, se han percatado de que
estudiando, sabiendo los papeles
pueden poner obras serias y compe'.
tir así con otras empresas que están
toda vía algo lejos de asombrarnos
con su personal.
Julio Taboada ha comprendido
muy bien el personaje de Juan de
Médicis; lo lleva ·decorosamente, lo
dice con la majestad que requiere
y en dos escenas mudas, dos escabrosidades de la pieza, altas, difíciles. sale airoso e impcniendo al
público una vez más la verdad que
este cronista ha dicho muchas veces: Taboada tiene talento. Ahora
que Ta boada tiene un trabajo excesivo. lleva una larga y pesada temporada ,fue ha destruido su voz y
necesita reposo y atenderse para
que no nos prive de su labor rr.cdesta y digna de aplauso en tantas
ocasiones.

1.

La obra en el Colón ha sido montada con toda propiedad, superando
en mucho al foro del "Fábregas."
El sillón del Cardenal es una maravilla arqueológica que se impone
plásticamente y despierta incomparables leyendas en los espíritus delicados. ¡Bien, Sr. Diez! ¡Bien,
Sr. Diez! i Rediéz ..... qué bien!
En el "Fábregas" la interpreta·ción también ha sido bastante buena. Virginia no tiene un papel digno de entusiasmar. En realidad no
se sabe lo que la señora ha conseguido o perdido-si es que ha per
dido-desde el tiempo que no la vemos. La Claricia encarna perfectamente bien e" élla porque hasta
su talla es una talla "de a Médecis." El primer actor Sr. Martínez

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Núm. 10-E.

5 de Mayo
14

PfGASO

Tovar está bien, bastante bien, y
mucho deseamos hacer un juicio
detenido, sincero y franco, de su
labor, pero nos reservamos hasta
darnos mejor cuent'J. de su valer
artístico. Martínez Tovar en días
pasados, hizo algunas decl~raciones
a la prensa diaria y en ellas no
campeaba por cierto la modestia.
Estamos conformes en que la modestia es una virtud que huele un
poco a alcanfor, pero todo tiene sus
límites, y eso de decir que "se está
tocando a las puerta• d" la celebridad" tiene sus bemoles. Los porteros de la celebridad son algo sordos, toca mucha gente a sus puertas y a veces se descompone la campana eléctrica,
BUFFALMACO.

s2guido haciendo sus prácticas de juegos atléticos en 1Ja Condesa, lo:s profeso-

res del Depa1,ta.mento de Militarización,
bajo la dirección de nuestro nuevo cronista de Sport, sellar Alfredo B. Cue•
llar. En !}os últimos juegos olímpicos, el
S de mayo, ptldimos obser.var los progreso!: que

han

alcanzado

los señores

RaOJ Contrera,s en el disco y bala, el
señor Bocerri l con la garrocha, Alfreü.o

Ramos en las carreras cor :as. Wtlfrido
Plana, campeón de 100 metros, y Manuel Díaz en el saJ,to de altura. La mayor part-e de estos jóvenes nunca se
habían dedicado a juegos atfléti'Cos

de

campo. Los profesores que asiste~ a IaE
prActica,s son cuarenta y tres. Todos SBestAn prepa,rando con detenimiento para los próximos juegos deil día 16 de
septiembre.
LUZ Y

Fl.lERZA.-A. B. C.

El domingo !)asado, a las 10.30 de J:-'1.
lllañana, jugaron su primer juego de
liga los equipos "A. B. C." y "Luz y
'Puerza" en terrenos del primero, en Ia
colonia Roma. Los ju.ú.adores de ''Luz

y Fuerza" han mejorado notablemente
y su team, que a1i principio de la lig,1
presentaba pocas probabilidades de ocupar nn buen p ¡1esto ,al final, hoy va })Ol'
huen camino. Al comenzar el partido
fahaha al ''A. Il. C.'' Rugo Enríque::
Simori í, s11 mGdio ize¡ui&lt;'rclo.
Desde un principio se vió que Zava\a,
e} único jugador de primera, fuerza de)
"A. B. C.", se proponia entregar el juego. En la. primera mitad se anotaron
un goal los de negro y verd'e . El punto
pudo ser evita do por Za...-ala: Nieto Je
.!;'ritó que parara él goilpe y Zava.¡a le
conlestó: "Déjalo que lo mpta." Con
esto Jos jugadores de "Luz y F,uerza''
cobraron confi::rnza. En la segunda mitad el "},_ .B. C." hace un goal, tras de
rudo ataque. Durante -..~einte (minli:os
el partido estuvo -empatado.
Zavala
cambió su posición, pasrrn,do a la linea
de ataque s:in hacer más que desorgani.
zar a los jugadores del "A. B. C." Ya
para finalizar, los rle negro y verde :·e
anotaron dos tantos más que afirman
su vic:oria sobre e'l "A. B. C." por 3
a l.
El juego estuvo bastante limpio, aos
jugadores
(le "Luz y :wu.erza"
mt":
ade!antados y los del "A. B. C." des 01:_
g-anizados por el desorden que Znvala
introdujo cambiando de lugar.

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15

�EL GRITO DE LAS COSAS
Viene de la página 11

pecto terrífico más elevado y que
se mantiene arquitectónico, pero
donde se fi.i a siempre como un cartel la villanía del crimen intencional, perpetrado con la mano fríamente y sin riesgo. Ham, Chauny
y otras ciudade3 muestran así vastos y poderosos talleres cuya ex~ losión es titánica. Sobre la" chi ·
meneas semejantes a columnas
Vendome de ladrillos y que yacen
rotas, la montafia de las calderas
yergue sus flancos y sus picos de
d::strczados blindajes. Se creería
ver el formidabb hacinamieP.to de
una colisión de trenes expresos, un
derrumbamiento de la mala u.e laa
Indiaa precipitada en un abi.;mo
desde lo alto de un via,~Hd0 desmoronado, aniquilado.
En fin, han mutilado. derribado.
matado .J.os árboles. ¿ Y qué árboles? Los frutales; lo mismo los de
los modestos jardincitos, que los
de los huertos opulentos.
¡Ah! estos árboles cortados te.
dos a la misma altura (a la altura
de los brazos impíos que b.4 martirizaban), caídos y acost:ido,; todos
en el mismo sentido, con discipli-

na, yo los he visto por millares y
millares durante horas enteras.
No estando ya retenidos a su tronco sino por un colgajo de corteza y
de carne, mostraban su garganta
blanca abierta de donde se admiraba uno de que no salieran, como
de un cuello decapitado, olas de sangre; y con sus ramas desplegadas,
crispadas, abrazaban a la tierra para mant•enerse y asirse a ella todavía si npoder resolverse a renunciar a su intento, como si quisieran
introducir en la misma tierra sus
ramas para tratar de hacerlas prender y que llegaran a ser raíces
nuevas.
Esta abominación de los árbolc;3
es la que hiere más al soldado, y
no la perdonará nunca. Ella ha
puesto en su puño la fuerza del hacha, ella ha puesto en su corazón
los dientes feroces de la sierrn . .Por
que, sobre todo en la gnerrn. y
después de haber hollad!) 1os derechos del hombre, no ataca impunemente a las cosas la brutalirlud bárbara y las maltrata con ip:ncminia.
Entonces las cosas piden ,;ccorl'u y
gritan, y las piedras hace!' o:[r su
religioso clamnr; y este grito que

primero lo arrancan el sufrimi
y la cólem es también el ele la
ganza y la justicia. . . . . Las ciu~
des que se derrumban vugh-en a
caer así sobre las cabez'-1s de los
que las abaten, y el árbo1 cercell&amp;do que gime anuncia los llantos y
el rechinar de dientes de ;os infa.
mes leñadores.
Henri Lavedan.

- Scf\ori to, ¿ es de usted
- Y ele usted.
-Gracias. Lo
mordido.
- Otro día le muerde usted a él, y en
paz.

t:ua señora c&gt;n 1·a en
¡,ara &lt;le\'olver un loro que habta comprado tiempo atrÍis.
-¿ Qué pasa ?-le pregunta el duefío.

--:\'ada, que usted me engañó asegur:índome que el loro repetfa. cua.n1
¡,a]abras oyese, y por mé.s que ie hablo no repite ninguna.
--Señora, yo no engaño a nadie. Le
vuelvo a afirmar que ese animalito le
r epetiré. cuantas palabras oiga. Lo difícil es hacfr~eJas oír, porque el pobreci]J¡¡ es sordo como una tapia.

•••

~

SENORA

de Ajedrez.
Acargo de f . González Martinez jr.

ESTUDIO NUMfRO 1.
Por W. y M. Platoff

BLANCAS:

P2TO, A7CD, AlAD P6R
R7TR (5 piezas)
'
,NEGRAS:
P6TD, R5TD, T5AD, C6D
P3AR, P3TR (6 piezas.) '
Las Blancas juegan y entablan.

PARTIDA NUMERO 12.

APERTURA DEL PEON ;DÉ fA. DAMA
BLANCAS.

NEGR.AS.· •.

J. R. Capablanca
l. P4D
2. C3AR
3. P3R
4. P4AD
5. C3AD &amp; AID
7. 0-0
8. P4R
9. CxP
10. AxC
U. A2AD
12. P3CD
13._ A2CD
14 030

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~

•••
Papá. es.a tarde he ido a dar un
pru,eo al cemen:,erio y he Jeído los epitafios de las tumbas.
- ¿ Y qué te han parecido?·
-Qne •no !,é dónde entierran a los
malos.

•••
- i.\fira, t!Ste es el capitán Fulé.nez,
que se fué a buscar el Pol.o Norte.
- Pnes no sabfa que le hubiese perdido.

;: : =~

1

·~-~·--~=-=~

,

1

+ Hi• ❖ H I H 1 1 1 t-1 •I• 1 l 1 ! H

[Frente a Motolinia]

•••
-¿ Has comido carne de caballlo alguna vez?
- -Si, en París. Por cieno que me a-en-

tq muy mal. Toda 1a· n oche me estuvo
dando vueltas en eq estómago.
-Es que serfa de caballo de circo.

•••
-No sé qué hacer. Tengo una muchacha pobre, a quien quiero mucho,
Y una viuda rica, que me quiere mucho
a mí. ¿ Qué harías- tú?
-Yo seguiría loa impulsos del corazón.
- Pues entonces, me voy a casar con
la pobre.
-Muy bien. Y ahora dime: ¿dónde
vive esa viuda?

......................•.•.........

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de Enrique Gonzále z Martín€z. Port&amp;da de
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PAGINAS S_ELECTAS DE AJEDREZ. Por F. de P. Arance- "
gm. Un vol.___ __ _ _ _ _ _ __ _
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LA ESFERA. Colección completa de esta revista mundial "
la primera de España. Seis vol s. encuadernados
con tapas especiales, y los números publicados
del año actual.,.;:-::=-=c-:,.,----;~ - -,, 240.00
MEXICO A TRAVEZ E&gt;E LOS SIGLOS. Cinco volúmenes encuadernados en holandesa con lomos efe piel 100 00
MEXICO Y SU fVOLUCION SOCIAL. Tres volúmenes ~n- "
.
~uadernados elegan_te_mente_-c---,--- - - ., 60.00
. Revistas ilustradas recibimos las más importantes que se publican en España y Estados U nidos,

¡

URQUIJO ¡
Av. 16 de Septiembre Número 17.

• * *
-¿ Por qué te has separade de t11
marido?
-Por incompatibilidad de caracteres. Es un hombre de genio insoportable, Y yo, que también tengo un ca'l'á.cter violentísimo.
- Pues en .onces lo tenéis igual. ¡No
veu la incompatibilidad!

1a. Calle de Bolívar Núm. 9. Apartado 941. México, D. f.

¿Quien no desea comer platillos apetitosos? t_
¿Quian no desea comer como en su casa?
Venga Ud. a comer en la casa de

•••
-¿ Es decir que has dado ca,la.baeal
al príncipe?
-¡Era demasiado viejo!
-Pero, ¿y su título?
-¡Era demasiado nuevo!

Librería de Andrés Botas e Hijo

&gt;1+1-❖❖-H-❖❖ 1 •I 1 •I •I l •I •H-+❖❖❖❖❖❖❖ +-H-❖-.4❖❖+-H--H-❖-H-+

+

•••
A un inelivNluo ae le &lt;li&amp;pa.r,a, e1 revólver y }a bala pasa rozando la cabeza
de Gedeón, quien e:x:,cla.ma.:
--¡ Qué bé.rbaro! Dé usted gracias a
que no ha hecho mé.s que rozarme. ffi •
me llega usted a matar.. . . . ¡no ea
mala la pailiza que le pego'

,

Desde 1885 combate esta clase de afecc¡ones.
Aproveche usted su larga práctka.

1
PEGASO

rar.

¿Padece usted esta o alguna otra erupción cutánea
de la que quiere usted sanar pronto? Consulte usted
al Dr. fNRIQUf HfRNANDfZ Y ORTIZ, 3a. calle del
Carmen, No. 30, o escribale al Apartado Postal 573.
México, D. f.

Altos de "La Mallorquina."

16

-Vamos a Yer: si Je doy ochc, nueces a •u hermanito •Y después le quito
sei~, ¡,qué resultaré.?
-Que mi hermanito se e-chará a llo-

ECZEMA

HILOS
HILAZAS
V SEDAS

R. A. DAY

a A3D
7. 0-0
8. PxPR

1.0. C3AR. -2
11. P3TR.-3
12. P3CD
13. A2CD .
14 . P3CR.-4
15. C4TR.-5
_ 1'x p ! !-7
16. R2C. -6
17
l8. CSR
17. C3AR
18. P4AD.-8
1~ AxPrj¡ ! !
l~ RxA
20. CxP J, . !
Sci rinden.
NOTAS por el Dr. ü. S. Bernstein.
, . (Rigaschen Zeitung.)
1.-I~utilmente las Negras cierran la
diagonal a su AD. MtJ. or es 4
A4AR.
. . . '
2. -Una jugada débil que da la ventaja
a las Blancas. Preferible era 10.
P3TR con la continuación P4AR seguida de P4R. No sería bueno comenzar por 10 ...• P4AR, a causa
de 11.A2AD, P4R; 12.P5AD, seguido
de13.A3CD j. yl4.C5CR. Capablan-

Como sabemos que no ha podido conseguir en los Almacenes
de Ropa sus

Nosotros hicimos un gran pedido y lo tenemos a sus órdenes.

·s: co20

ca aprovecha la debilidad de su adversario brillar, t emen te.
·
3.-Las Negras, sin atender a nada debieron jugar P4AD para librars~ un
poco de su encerramiento.
4. -A causa ,de la amenaza 15. P5D. Si
14 . . . . D2AD para continuar con
P4AD y PiR. las blancas hubieran
respondido 15.P5AD, A2R; 16. P5D
y ganaban.
5.-Jugando muy débilmente· era necesarísi~o. J?2R, aun9ue e; cierto que
en prmc1p10 no es Justo colocar la D
en una columna dominada por la T
enemiga. Esta maniobra era, a pesar da todo, útil, en la circunstancia
para f.ortalecer el punto débil 3R y
al mismo tiempo protegea la ireg~n. da fila.
&amp;.-Si i.6·. . . . , A5AR; 17.TxP, AxA;
TxA, PxT; DxP j, C2CR; 20.C7TRj
. R24.; ~l.C5Rj y ganan.
'
7 :-Sacrificio ·evidentemente correcto.
8. -Hubiera sido relativamente mejor
1~ .. : , • AxC, pero no podía salvar
esta partida que gana Capablanca
merced a una magnífica combinación final.

¡

i-O:--t..:+❖•H❖H-❖❖ ❖❖❖❖#❖❖

�</text>
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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