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Registrado como artículo de segunda clase et día 17 de marzo de 1917.

TOMO l.

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MEXIGO, D. f., 31 Dt MAYO Dt 1917.

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EL Z,A.PATISMO DESAPARECE

E

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NUM. 12.

-------- ·~-----Los rumores de que el zapatismo, exhausto de recursos, l:entes víctimas de sus atentados; y cada vez que la bomba crimermado por la deserción y amenazado por el espectro pavoro- , minal estallaba y arrojaba al abismo y a la muerte mujeres y
., del hambre, ha iniciado arreglos de rendición con el gobierniños, la civilización se estremecía y la sociedad impetraba el
no, es motivo de beneplácito para los que anhelan que la admicasti¡¡'o para los culpables,
nistración actual encuentre libre de obstáculos .el camino, por
Pero bajo la enseña de exterminio viven todavía las necesidonde irá lerita, pero seguramente, a la reconstrucción de la'
dades
invocadas por el zapatismo en sus primeros tiempos, y
República. La desaparición de cualquier grupo enemi¡¡'o del or-

den, fortalece al gobierno, que simplifica con ella sus graves

tras del crimen colectivo .alienta la angustia de los oprimidos.

dificultades interiores; pero la solución pacífica del problema

Por eso la idea de que, vuelto sobre sus pasos, el zapatismo,

zapatista adquiere una capital importancia, ya que entraña .Por

busque el amparo del l!'Obierno, hace concebir esperanzas de
que todo termine bien para todos. La extinción por la fuerza del

SUS oríl!enes y por los caracteres que ha asumido siempre, urí

grupo indómito qué se alzó por un fin justo y a quien el tiempo

SÍfnificado social de que carecen otros grupos rebeldes más numerosos y más temibles en el orden militar.

convirtió en malvado, tiene la tristeza de las esperanzas fallidas;

El zapatismo, prostituído por la mezcla de elementos espú-

mientras que la rendición voluntaria tiene a su lado la nobleza
del perdón y la sublimidad de las redenciones.

reos, corrompido por influencias nocivas de exaltados agitadores,
convertido en el más tremendo de los bandidajes por una larga
actitud de guerra a muerte contra todo orden establecido, tuvo

Hemos hablado solamente de las consecuencias morales del
caso; pero si pasamos a las del orden material y práctico, vere-

en sus orígenes una bandera de justicia, fué el grupo represenlativo de la clase proletaria en lucha por un ideal económico,

mos qué inmensas ventajas traería para el gobierno la desaparición del fantasma zapatista. Piense en el alivio militar que

étnico y social; fué la protesta contra el abuso .de los poderosos;

experimentaría el Ministerio de la Guerra con aprovechar las

lué el reto contra la esclavitud disimulada, la rebeldía contra la fuerzas que en Morelos combaten, en sus otras campañas contra

EN NUESTRO DEPARTAMENTO DE l\lAY OREO
·GRANDES DESCUENTOS

abyección moral impuesta por la plutocracia dominadora. Una

los disidentes; reflexiónese sobre el nuevo campo industrial y

8Dsia de mejoría, un afán de libertad económica, un · deseo de

aj;?rícola que volver:ía a la vida para remediar en mucho la esca-

lacudir el YUl!'O de su postración precipitó las masas proletarias

sez amenazante. Entonces se comprenderá que la rendición de
Zapata es algo que influirá de un .modo serio en la tranquilidad
del país, ya cansado de luchas y sediento de paz.

1 lllla lucha sangrienta contra el capataz opresor y contra la

ía del opulento.

La misma ignorancia del grupo en armas facilitó la obra
évola de los predicadores sin conciencia, y lo que fué grito

A LOS REVENDEDORES

"EL PALACIO DE HIERRO"

libertad y le~a de manumisión, trocose en guerra a muerte
Ira toda cla~e de instituciones sociales. Los que se quejaban
despotismo violaron la propiedad; los que clamaban por su
'dad de hombres perdieron toda noción de resprto a la' vida
·na; los que pedían compasión, no la tuvieron para las Jno-

El ¡¡'obierno que con su prudencia y tino lleve a cabo la
obra de pacificación del Sur, habrá conse¡¡'uido con ello todas
las ventajas enumeradas; pero habrá logrado un triunfo más
¡¡rande todavía: el reconocimiento por el zapatismo que depone
las armas, de que en el ¡¡obierno hay fuerza y justicia. Las hordas rebeldes no abrigarían seguramente confianza .Para poner
sus futuros destinos en manos injustas o débiles.

P.EGA'.SO
3

�La Discreción en la Vida
y en el Arte
Por MANUEL TOUSSAINT

Abomino de la discreción y, si queréis escuchar mis razones, abominaréis
de ella también vosotros. Mas no de lo
que hoy llaman discreción, el arte de
(!Uardar en la memoria, resistiendo a las
tentaciones de la lengua cuantas parlerías
impresionan el oído. Eso es asunto de
educación y de temperamento ·y no cae
bajo el dominio de mis facultades.
Tampoco abomino de la discreción en
el sentido amplio y vigoroso que a esa
palabra daban los clásicos; como Gracián,
que escribió un opúsculo para mostrar
cómo es un Discreto, sino de la discreción que mata las facultades rebeldes y
personales del espíritu, para producir
una conformidad anodina con el medio
ambiente. Esta discreción se asemeja un
poco a la prudencia; sólo que la segunda
es causada por el temor; la primera es
ingénita, es dominadora; la prudencia
huye, la discreción se impone. Un hombre no puede ser discreto e imprudente,
casi ninjlún hombre prudente es discreto.
Os describiré la discreción que odio,
y luego daré mis motivos para odiarla.
Un hombre discreto es el que obra en
todos los momentos de su vida como debe obrar; el que dice siempre lo que debe decir, nada menos y nada más. El
hombre discreto calla cuando debe callar
y habla cuando es imprescindiblemente
forzoso que su voz turbe la serenidad
del ambiente. Sus· palabras tienen la
ponderación de un análisis meticuloso y
sus respuestas son, casi siempre, incoloras. Se diría que el hombre discreto
créese enviado de Dios para mantener el
equilibrio en el mundo, y hacer que se
cumplan las profecías: donde se pone su
espíritu, reina la calma. No temáis que
haya contratiempo alguno en una re·
unión a que asiste!un hombre discreto, es
una especie de agente de seguros contra
incendios, contra reyertas, contr-a discusiones, contra miradas, contra palabras,
contra suspiros, contra toda cosa que
pueda caber bajo el adjetivo indiscreto.
El tiene siempre una lista de respuestas
usuales, que nada dicen, pero que responden sin comprometer; y ese es su
rasgo fundamental; no comprometerse
nunca, ni comprometer a otro, ni permitir que nadie pueda comprometerse ni
aun por su propia voluntad. La única
virtud de los hombres discretos es que
sirven para dar las malas noticias sin
que acontezcan desmayos ni se derrumben ecuanimidades: hacen la necesaria
preparación de artillería para que siga
sin fallar el asalto de las malas nuevas,
4

rápidas como centellas y mortíferas como
enviados de Satán.
Aparte de eso, ¿qué ventajas puede
tener la discreción? Ninguna a cambio
de daños innumerables que fácilmente
pueden conocerse.
En primer punto, el hombre discreto
destruye constantemente el sentido dramático de la vida, porque este sentido
-único que hace la vida digna de ser
soportada- nos viene de lo inesperado
y lo inesperado no sucederá nunca frente a un hombre discreto. Por eso es tan
poco interesante el teatro español contemporáneo: es demasiado discreto, sigue demasiado a la vida vul!!af y si ésta
no nos interesa bien vivida, menos va
a interesarnos mal representada; por eso
es tan sul!estivo el teatro del Norte, que
ha roto toda malla de discreción y habla
al espíritu por labios superhumanos, o el
de Bernard Shaw, cuya agilidad· espiritual rivaliza con su finísimo poder satírico, y en el que realza constantemente
a nuestros ojos Jo que no quieren ni
pueden ver los ojos discretos.
La discreción ha concluído con el interés de toda plática; porque nadie desea
oír lo que debe decirse y todos anhelamos escuchar lo que no debe decirse; las
mujeres sobre todo. Una conversación
en que se presuponen las frases de los
interlocutores es absurda o menos que
absurda, imbécil. El arte de enamorar
es enemigo de la discreción, porque se
funda en decir cosas indebidas, bajo el
disfraz de cosas valientemente sinceras.
En relaci~n con la palabra, el vicio de
ser discreto, no encontrará lugar adecuado sino en las prudentes extremas derechas de los parlamentos y allí será mordaza constante e ineludible.
Pues, si pasamos al terreno del Arte,
¿cuánto no podemos decir contra la discreción? Es la mano férrea que ahoga el
impulso del eenio por arrancar hacia la
esfera y produce, en vez de una obra
brutal, una obra únicamente .discreta.
¡Oh, artistas, destruid vuestras obras
discretas, aunque dejéis una sola en que
viva vuestro espíritu! Lo discreto, en el
Arte, casi se confunde con Jo mediocre,
que es como decir los cuadros Bou(!Uereau o las novelas de Ricardo León.
Recorred las épocas de todo arte. Los
llamados siglos de oro son siglos de indiscreción artística, vuelo libre en los cie- ·
los del arte de todos los l!enios indiscretos. Las decadencias implican un acrecentamiento de la discreción, como la
llamada escuela pseudoclásica de las letras castellanas, punto máximo de honraPEGASO

da discreción, de tediosa discreción, deintolerable discreción.
En literatura, desde luego, toda discre
ción es absurda porque quien quiera ser
discreto debe comenzar por no escribir:
la literatura es una indiscreción. Los que
hacen literatura discreta -y hay quienes la hacen, a pesar de todo- laboran
sobre colinas de viento, edificios de pesa.
dos bloques de fastidio. Los grandes ge.
nios literarios ignoraban del todo la discreción; en tanto que uno de los productos más legítimos de esta cualidad: la regla de las tres unidades, pongo por caso,
ha estado a punto de privar de Teatro a
la Humanidad. Casi este arg'umento bastaría para hacerla odiosa, si no existieran
además, los preceptistas, los nunca bien
detestados Hermosilla y Campillo, Legouvé y Albalat, hijos legítimos y padres
a su vez de la discreción literaria, y
próximos parientes, acaso, de Mr. Emile
Fa(!Uet, rico en esta renombrada virtud.
Dice Osear Wilde que la vida de las
mujeres es menos tediosa que la de los
hombres, porque tiene más prohibiciones
que salvar; puede decirse, también, que
es porque son menos discretas, porque
tienen mejor concepto de la vida. Los
hombres se imag'inan ser seres superiores porque sujetan sus días a un molde
pesadamente intelectual. De grado, se hacen víctimas de su odiosa discreción.

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El Gentilhombre enfermo.
SU ULTIMA VISITA
TR~DUCCION ESPECIAL PARA &lt;PEGASO&gt;.

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquél a quien todos llamaban el
¡rentil hombre enfermo. Sólo queda de él,
después de su desaparición súbita, el recuerdo de su sonrisa inolvidable y un retrato de Sebastián del Piombo, que le representa envuelto en la sombra muelle
de una pelliza, con una mano enguantada que deja caer, flácida, como si estuviera dormido. Los que lo quisieron más
y yo fuí uno de esos raros, se acuerda~
también de su piel singular, de un amarillo pálido, transparente; de la ligereza
casi femenina de sus pasos y de la expresión habitualmente extraviada de sus
ojos. Le gustaba hablar mucho, pero nadie comprendía todo lo que quería decir
y aún hubo al(!unos que no quisiero~
comprenderlo, porque las cosas que decía eran demasiado horribles.
Era, en verdad, un sembrador de espanto.
Su'presencia daba a las cosas más sencillas un color fantástico, los objetos tocados por su mano parecía que entraban
inmediatamente al mundo de los sueños.
Sus ojos no reflejaban las cosas presentes, sino las desconocidas y lejanas que
no veían los que estaban con él. Nunca
le preguntó nadie cuál era su mal y por
qué razón afectaba no curárselo. Incesantemente caminaba sin detenerse jamás ni de día ni de noche. Ninl!Una persona supo dónde estaba su casa ni le co~ió ja?1ás padre ni hermanos. Aparecio un d1a en la ciudad, y después de alEUnos años, otro día, desapareció.
1:1 víspera de su desaparición, muy de
manana, cuando apenas el cielo comenzaba a emblanquecerse, lle(?ó a mi cuarto a despertarme. Sentí sobre mi frente
la_ suave caricia de su guante, y lo ví frente 8 mí, envuelto en su abrigo, con su
eterna sonrisa y los ojos más extraviados
que de costumbre. Por la rubicundez de
sus párpados se conocía que había velado toda la noche y esperaba el alba an2U&amp;liosamente porque sus manos tembla1.in Y todo su cuerpo temblaba de fie-

bre.

Porrúa Hnos.
2=1- DEL RELOJ YDONCELES

.

-¿Qué tiene usted,- le pregunté;-su
lllal lo atormenta más que de ordinario?
- ¡Mi mal,- respondió,- mi mal! ¿De
:nera que ustep cree como todo el mun, que yo tengo un •mal», que existe un
mal, •que es mío?•!.. ¿Por qué no decir de
llDa vez que •yo mismo soy un mal?» Na-

da hay que.ª mí me pertenezca, pero yo
soy de alguien, existe un hombre a quien
yo pertenezco.
Estaba habituado a sus conversaciones
extrañas, de manera que no le respondí
Y prosel!UÍ mirándolo. Mi mirada debió
ser muy dulce, porque se acercó más a
mi lecho Y sentí otra vez sobre mi frente
el blanco contacto de su guante.
- •Usted no tiene ni sombra de excitación,- continuó diciendo,-está perfecta~ente sano Y tranquilo. Puedo, pues, decirle al~o que-~¡ vez lo asombrará; puedo decirle qmen soy. Escúcheme usted
atentamente, por favor, porque quizá no
puedo decir_ dos veces Ja misma cosa, y
tengo necesidad de decirlas cuando menos una vez.
AJ concluir estas palabras se echó sobre un sillón que estaba junto a mi lecho
Y siguió diciendo:
'
-«Yo nosoyun hombre real, no soy un
hombre como los otros engendrado por
hom~res._ Yo no nací como usted y los
demas; nmguna mano meció mi cuna ni
hubo mirada que siguiera mi crecimiento; nó conocí ni la adolescencia ni los dulces lazos de la familia. Soy, y quiero de~ir!o, aunque usted no lo crea, soy •la
imagen de un sueño• y nada más. Una
expresión de William Shakespeare es
para mí literalmente, trágicamente exacta: .•estoy hecho de la tela de que están
he~hos vu:stros sueños•. Existo porque
existe alguien que me sueña. Hay alguien
q~e duerme y sueña y me ve obrar, vivir, moverme, Y que en este momento
su:ña que di(!o todo esto. Cuando ese algu!e~ comenzó a soñarme, yo comencé a
existir: soy una de sus imaginaciones
una de sus creaciones, un huésped de su~
largas fantasmagorías nocturnas. El sueño de ese «alguien• es de tal manera int~nso y persistente que me hago visible
aun para aquellos que velan.
Pero el mundo de los que velan el
m~ndo de ~a realidad concreta, no e~ ~l
m10. ¡Me siento tan a disgusto en medio
d~ ,1ª v~l~r solidez de vuestra existencia. M1 vida verdadera es la que se desarrolla lentamente~en el alma de mi creador dormido ...
. No_c_rea usted que hablo enigmática Y
s1mbohcamente. Lo que digo es la verda,~, toda la sencilla Y terrible verdad.
DeJese usted de abrir tanto los ojos Y no

me vea con ese aire de piedad y de espanto ....
No me atormenta el hecho de ser actor
de un sueño. Los poetas dicen que la vida del hombre es la sombra de un sueño
Y los filósofos han sugerido que la realidad es una alucinación. A mí, al contrario, me persigue otra idea: «¿quién es el
que me sueña?• ¿Quién es ese alg'uien
ese ser desconocido, a quien no pued¿
conocer y cuya propiedad soy? ¿Quién
me ha hecho surgir de repente de las tinieblas de su cerebro fatigado y quien al
despertar me extinguirá súbitamente, como una llama a un soplo imprevisto?
iCuántos días he pensado en ese amo
que duerme, en ese mi creador, absorto
en el curso de mi vida efímera! Verdaderamante debe ser grande y poderoso
el ser para quien nuestros años son minutos, y que puede vivir toda la vida de
un _hombre en una de sus horas y la historia de la humanidad en una de sus noches. Sus sueños deben ser muy vivos
f?ertes y profundos para proyectar exte:
normente las imágenes de manera que
parezcan cosas reales. ¿No será acaso el
mundo el producto perpetuamente variable del entrecruzamiento de sueños de
seres semejantes· a él? Pero no quiero
generalizar demasiado: dejemos la metafísica a los imprudentes: Cuanto a mí
me contento con la pavorosa certeza d;
ser la criatura imaginaria de un gigantesco soñador.
¿Quién es él? He aquí el problema que
me a(!ita hace tiempo, desde que descubrí la materia de que estoy hecho. Usted
comprende la importancia de ese problema para mí. De la solución que le encontra~ dependía todo mi destino. Los per~OnaJes de los sueños gozan de mucha
libertad; de manera que mi vida no estaba toda det~rminada por mi origen, sino
que depend1a en gran parte de mi voluntad. Necesitaba, sin embargo, saber quién
era el que me soñaba, para elegir el estilo de mi vida. Al principio me atormentaba la idea de que podía bastar la menor
co~ para despertarlo, es decir, para aniquilarme. Un grito, un ruido, un soplo
podían de repente sumergirme en la nada. Ten~a entonces ape(!o a la vida y por
esta razon me torturaba en vano por adivinar cuál~s eran sus gustos y las pasiones de _m1 ~oseedor desconocido, para
dar a m1 existencia las actitudes y las
formas que pudieran af;¡'radarle. Temblaba a cada instante a la idea de hacer alg'o
que ~u~iera ofenderlo, asustarlo, y por
consiguiente, despertarlo. Algún tiempo
~e_I~ imaginé ~ manera de una oculta
d1vm1dad e~angel!ca y me esforzaba por
llevar la vida mas virtuosa Y santa del
mu_!ldo. U~ día, al contrario, pensé que
sena un heroe pal!"ano Y me coroné de
hojas de vid, Y canté los himnos de la
embriaguez, Y dancé con las frías ninfas
en los claros de los bosques. En fin, creí
for~ar parte del sueño de algún sabio
subhme Y eterno, que se hubiera Elecidi-

P.eG.JtSO
5

�do a vivir en la• re¡¡iones superiores del
espíritu, y me pasé noches en vela sobre
as cifras · de las estrellas, sobre las dimensiones del mundo y la composición
de los seres vivos.
Finalmente, cansado y humillado, pensando que debía servir de espectáculo a
ese a,I110 desconocido e inco2"noscible,

noté que esta ficción de vida no valía
tanta bajeza y tanta cobardía aduladoras.
Deseé entonces lo que antes me causaba
horror: su despertar.
Me esforzaba por llenar mi vida de
cosas tan horribles que se despertara y
saltara de espanto. Nada hay que no haya
puesto en obra para interrumpir la triste
comedia de mi vida aparente, para destruír esta ridícula larva de vida que me
hace semejante a los hombres ....
Ningún crimen fué extraño a mí, ninguna ignominia desconocida, ningún terror me hizo retroceder. Asesinaba con
torturas refinadas a viejos inocentes; envenenaba el agua de las ciudades; incendiaba en un mismo instante las cabelleras
de muchísimas jóvenes¡ despedazaba con
I1'.lis dientes frenéticos a todos los niños
que encontraba en mi camino. En la n0che, buscaba la compañía de gigantescos
monstrues negros y silbosos que los hombres no conocen; tomaba parte en innumerables aventuras de gnomos, íncubos,
kobolds y fantasmas; me precipitaba de
Jo alto de una montaña a un valle árido,
rodeado de cavernas llenas de osamentas
blanqueadas; y las brujas me enseñaron

sus aullidos largos de fieras hambrientas,
que hacen saltar de noche aun a ]os más
fuertes. Pero me parece que aquél que
me sueña no se asusta de lo que os hace
temblar a vosotros los hombres. O bien
goza con la vista de lo que hay más horrible o no se cuida ni se espanta de nada. Hasta aquel día no he podido despertarlo y yo sigo con esta vida innoble,
servil e imaginaria.
¿Quién me libertará de ese alguien
que me sueña? ¿Cuándo aparecerá el alba
que le llame a su obra? ¿Cuándo sonará
la campana, cuándo cantará el gallo,
cuándo resonará la voz que deberá despertarlo? Mucho tiempo hace que espero
mi liberación. ¡Con cuánta ansiedad espero el fin de este sueño en el que me
ha tocado representar un papel tan monótono!
En este momento estoy haciendo la
última tentativa. Digo a mi •soñador&gt; que
soy un sueño; quiero que sueñe que está
soñando. ¿Verdad que esto pasa también
a los hombres? ¿Y que despiertan cuando están soñando? Por esta razón he venido a visitar a usted y le he dicho todo
esto. Quisiera que el que me ha creado
advirtiese en este momento que no soy
un hombre real, con lo que dejaría de
existir un instante, aun como imágen
irreal. ¿Cree usted que lo conseguiré?
¿Cree usted que a fuerza de gritarlo y repetirlo despertaré sobresaltado a mi invisible sueño?»
Al terminar estas palabras el Gentil-

Página de Andrés Terzaga
Quien lee a Voltaire, asiste a una fiesta de risa y de maldad, dispuesta con
mucho más ingenio que genio, y tiembla
por su flora celeste ante la amenaza de
aquellas manos prontas a segarla. Disciplinas o ideales cimentados en lo metafísico y lo abstracto, sueños realizables en
un plano superior al de la ex;stencia ordinaria, luchas por rasgar el velo que ·
nos oculta el secreto de las causas y
principios, fervorosos anhelos del más
allá .... ¡ay de todo ello cuando cae hajo
el hacha jacobina de su pluma!
Voltaire es un ciego en el palacio del
alma. En vano invoca la presencia de su
dueño: él no se muestra a los astutos,.
ni a los maliciosos, ni a los sordos. No
se penetra en tan sagrado lu¡¡ar •razonando» así sea de un modo admira ble, ni
es la indigente argumentación del sentido común el arma propiCia para conquis•
tar sus tesoros. De allí que el filósofo
que llenara el si¡¡lo XVIII, fuera toda su
vida un deísta a obscuras, amarrado, en
su vejez, al suplicio de la dµda y al rego•
cijo poco noble de la sátira.
El autor del «Cándido• no monta en
Pegaso; teme caerse de las estrellas. Pasea su célebre sonrisa jinete en un mulo
6

sagaz que ha aprendido dialéctica. Recoriozcamos, no obstante., que no es tiempo perdido el empleado en leerle. Trátase de un «sabio» hecho a prueba de
amarguras, con un conocimiento grandísimo del mundo y de los hombres, vale
decir: con un e-randísimo conocimiento
de la ruindad y de la miseria humana,
pero incapaz de compre:nder lo eterno
que alimenta en los Profetas y en los Libros Santos. Espíritu sin intuiciones, alicorto para los altos vuelos sobre la vida,
asaz concreto, frío, exento de tonos y
matices, siempre a flor de asunto, resulta bajamente ~vulgar cuando pretende
burlarse de ciertas cosas ....
Apenas si hay al¡¡o que le apasione de
una manera profunda. Muéstrase cobarde ante el misterio, socarrón y malo para con lo que no entiende. Tiene, sí, dé
vez en cuando un éhispazo divino, mas
se apaga al renglón siguiente. Es una piqueta en lo tambaleante, un demoledor
de ruinas. Jamás lo hubiera sido de murallas enteras, firmes. Desgraciado el
débil a quien cautive la ló¡¡ica volteriana!
La Iglesia estuvo muy puesta en razón
al con¡batirle tan encarnizadamente,

PEGASO

hombre enfermo se movía violenlamentt,
en su asiento, quitábase y poníase el
guante en la mano izquierda y me miraba con unos ojos más extraviados que
nunca. Parece que esperaba de un mo. mento a otro algo extraordinario y pavoroso. De cuando en cuando fijaba sus
ojos en su cuerpo como si esperara verlo
disolverse, y se acariciaba muy nervioso
la.frente con la mano.
-¿Usted cree todo esto, verdad? ¿Usted
tiene la convicción de que no mien\o?
¿Pero por qué no desaparecer? ¿Formo
yo parle de un sueño que no ha de terminar jamás, del sueño de un durmiente eternfJ, de un eterno soñador? Consuéleme siquiera, procurando alejar de
mi esta idea horrible. Sugiérame alguna
estratagema, ale-una intriga, ale-ún procedimiento que me suprima. Se lo supli•
co con toda mi alma. ¿No le inspira compasión este espectro hastiado y desfallecido?
Y como yo sie-uiera silencioso me miró
y se puso de pie. Parecióme mucho más
alto que antes; y me llamó la atención
una vez más la diafanidad de su cutis.
Notábase que sufría inmensamente. Todo su cuerpo estaba agitado. Tenía el aspecto de un animal que quiere libertarse
de las mallas de alguna red. La suave
mano enguantada estrechó a la mía por
última vez ....
Murmurando algo en voz baja, salió de
mi cuarto, y solamente •alguien:• lo ha
visto después.
Glovanl PaplnL

pues Vollaire es un enemigo terrible.
Embaucadores, eseribas, merca9eres y
fariseos, concluyen por dejar en manos
del filósofo la máscara tras la cual ofician,
siendo, por otra parte, de la índole de su
pensamiento, ese su empeño tenaz en
mostrar de los sepulcros blanqueados
sólo la gusanera interior. La farsa monstruosa de los antiguos papas, tan duchos
en crímenes como en teoloefa; las depredaciones de los reyes, tanto más vora•
ces cuanto más insaciables; los privilegios absurdos de los grandes señores,
aliados naturales de toda injusticia; la
vanidad rotosa y mendigante -aunquebien compuesta y soberbia -de poetas
sin estro- y escritores sin letras; la en·
vidia mal humorada y tuberculosa de
zoilos y aristarcos .... recibieron, pe23,·
do y sin asco, el latigazo de Voltaire.

Con todo, Voltaire ha servido a Dios
quizá no dándose cuenta él mismo, como
en nuestros .días lo ha servido Nietzsche,
quien se llama a si mismo -en cierto prólogo profundamente doloroso-cabogado
del diablo•. Más alta que las más altas
montañas, más alta ql\e las estrellat
más alta que aun nuestra espezanza, hay
una línea en la cual cabe Mara! ~l lado
de San Francisco de Asís ....

FCTEMf\5 íf'fE.[7f TU
•

Película retórica

Damasco

•

Esta luz, este sol y este paraje
de jardin comedido,
son de cinematógrdfo:
un lugar bien hallado
para la escena de uua filma .... Sombras
en que la perspectiva se diluye
como a pincel; parterres presuntuosos
a lo Luis XV; claros de boscaje
como manchas de ocre
en las decoraciones de o¡:,ereta.

''El único bien está
dentro de vosotros."
Palabras de La Sábiduría.

Detúveme a la vera del camino.
¿A dónde ir, dónde buscar un rayo
de luz que me guiara bajo estos
sempiternos nublados?
¡Nunca un rayo de sol,
ni el asomo de un astro!
Me acosó el desaliento del vivir.
Paso a paso
proseguí por la ruta abandonada,
tan cansado
que al fin no tuve fuerzas . .
Y la luz de un relámpago
me deslumbró un momento
y me sentí cegado como Saulo. ,
Y una voz se alzó dentro mí misrriO
Y me gritó: «¡adelante!», en el callado
misterio de un atardecer. Yo iba
a ciegas, casi a rastras, sorteando
a tientas los peligros del camino.
Mas la voz interior, bajo el dorado
cielo crepuscular, logró a su influj9 ·
que se abrieran mis párpados,
1
Y tal me dijo aquella voz Íntefna
.
hasta haberme hondamente subyugado,
que en un transporte místico,
sonámbulo,
prosigo desde eri.Íonces lentamente ,.·"'·
por la ruta encantada de.Damasc&lt;:&gt;.

Y un cenador agreste,
y un tronco derribado,
y una fuente lejana,
y un cielo azul, y un aire
ceremonioso, que sacude apenas
los ramajes pomposos y benévolos ....

Y por las avenidas, bajo una
mancha de luz rosada,
departe una pareja
en estilo de amantes ....
(Estoy seguro que Ella piensa: « ¿Cómo
n.o está ante mí la cámara propicia,
s1 soy como una copia
de Susana Grandais: ... ? El fuma y calla.

Recuerda la apostura negligente
de Gustavo Serena,
y piensa en la oportuna
impresión de una cinta ultra-romántica.
(Miradas, y suspiros, y deseos,
y buena fe q';lizás .... Silencio pensativo,
y una mano Indolente
que traza monogramas en la arena
con la fina contera de la .fina sombrilla.)

'

Ella se digna conceder un breve
instante de interés al escenario:
~¡Qué bien está-comenta, este jardín! Parece que la mano
de Abril, húmeda v cauta
ha lavado las florés, y ha bruñido
las hojas ....

,. •

,,..\

-r

'-""~·

MANUEL DE LA PAJtRA.

i:

El la mira sonriente
• y embelesado. Con fervor de nifio
acoge la cumplida sutileza
y se ríe con lástima
de Schopenhauer ....
Pero no recuerda
que ya Regnier ha visto
«por las trémulas hierbas correr los pies desnudos
de Abril .... »

•

...L\lbor · ·

•

Cuando viene la rubia primavera florida
.,
siento en mi sér un vago y hondo estremecimiento
algo como la savia que asciende al árbol siento '
cual si al venir abril retofiara mi vida·
'

, ·. r

cual si en gaseosa espuma subiera la 'escondida
fuerza int7rna de mi alma, para expandir al viento
como el vino su aroma, mi ebriante pens.imiento
que sube efervescente de mi savia exprimida.
Y siento un infinito placer, como si en yemas
reventaran mis ramas al beso del sol flavo
Y. se nevara en flores cada rama de almendro,
Y fues~ cada flor poesía en mis poemas.,
Y cuaJara en un fruto que de una ley esclavo
madurara siti:Jientes con la vida que acendro!

Termina el acto;
los amantes se alejan
con ese andar retorico
y muelle, conque avanzan
hacia -:..na perspectiva luminosa
las parejas de dne.
Y yo pienso en la gracia
de Susana Grandais, y en los hoyuelos
de Pina Menicheli ....
ENRIQUE FERNÁNDEZ L&amp;DESMA.

RuBÉN M. CAMPO$.

PEGASO

.--

7

r

�Del "Gaspar de la N uit"
de Louis Bertrand
Traducción de RAFAEL CABRERA

EL VENDEDOR DE TULIPANIS
El tulifJá n es entre las jlo1·es

lo que el pavo r eal entre las
aves. El 1mo carea d e ;Perfume, el otro no liene v oz: el uno
se enor1rullece de su atavfo y el

El vendedor de tulipanes se inclina res·
petuosamente y en silencio, desconcertado por una inquisitiva mirada del duque
de Alba cuyo retrato, obra maestra de
Holbein, está suspendida del muro.

otro de su cola.

LA BARBA EN PUNTA

asesino condenado a la horca, él, puerco
de Israel, entre dos puercos de Flandes.,
Treinta alabarderos se desprendieron,
con pasos resonantes y pesados, de la
sombra del corredor. -•Fuego de vues.
tras alabardas•,- les dijo con mofa el carnicero Isaac. Y por una ventana se pre.
cipitó al Rhin.
MADAME DE MONTBAZON
Madam, d e Afontbazd,, /14(
una belllsima criatura que, li•
te ,-a lmente, m urid de amor e,r
el pas ado sil[lo, por el calmllero
de la .Rue, que no la amaba t 11
lo absoluto.

JARDÍN DE LAS FLORES RARAS Y CURIOSAS.

Nin¡¡ún ruido, si no es el cru¡¡ir de las
hojas de vitela bajo los dedos del doctor
Huylten, que sólo aparta la vista de su
Biblia cubierta de góticas iluminaciones,
para admirar el oro y la púrpura de dos
peces cautivos en los húmedos flancos de
una vasija de cristal.
Se abre la puerta: es un vendedor de
flores que, cargado con varias macetas
de tulipanes, se excusa de haber interrumpido la lectura de tan sabio perso•
naje.

-Maestro,-dice,-¡he aquí el tesoro
de los tesoros, la maravilla de las mara vi·
Has, una planta como no florece sino una
cada cien años en el serrallo del emperador de Constantinopla!
-¡Un tulipán!-exclama el viejo irritado,-¡un tulipán! ;símbúlodel or¡¡ullo y la
lujuria que enjendraron en la desventurada ciudad de Wittemberg la detestable
herejía de Lutero y Melanchton!•
Maese Huylten cierra el broche de su
Biblia, coloca en el estuche sus anteojos,
y tira· de la cortina de la ventana, que deja ver al sol una flor de la pasión con su
corona de espinas, su esponja, su látigo,
sus clavos y las cinco llagas de Nuestro
Señor.
·

S i no tiene uno la cabeza erluz"da,
E l julo d e la. barba rizado
Y el mosl.aclzo enhiesto ,
S erá menospreciado por las dam a s.
0

POESfaS DE D ASSOUSY.

Ah~ra bien, ,había fiesta én la sinagoga, tenebrosamente constelada de lámparas de plata, y los rabinos, con ropas talares y anteojos, besaban sus !almudes
murmurando, gangueando, escupiendo o
sonándose, unos sentados, otros no.
Y he aquí que de improviso, entre tan~
tas barbas ovaladas, redondas, cuadradas•. vedijosas, que se ensortijaban, Que
olían a ambar y a benjuí, se notó una
barba cortada en punta.
Un doctor llamado Elebotham, tocado
con un gorro de franela cintilado de
pedrería, se levantó y dijo: •iProfanación! ¡aquí hay una barba en punta!•
- ¡Una barba luterana! ¡Una capa corta! Matad al filisteo. Y la multitud pataleó de cólera en los bancos tumuituosacrificador j¡?'ritaba:sos, mientras
«¡Dame, Sansón, tu quijada de asno! •
Pero el caballero Melchor desenrolló
un pergamino legalizado con Ias armas
del imperio: •Orden, leyó, para detener
al carnicero Isaac van Heck, por ser un

e,

Lo que ambiciona Alemania
Por BURTON

I
Por qué está Alemania tan deseosa de
firmada paz en los momentos actuales?
La prensa da como explicaciones naturales que los Imperios Centrales están a
punto de agotar sus recursos en materia•
les y hombres y especialmente expen•
mentan grandes privaciones debido a la
escasez de víveres. La declaración reciente de Herr Zimmermann, el Secretario de Relaciones Exteriores, de que Alemania difícilmente se atrevería a publi•
car sus condiciones de paz, a causa de
que por su extrema liberalidad se interpretasen como muestra palpable de s~
debilidad, indica a las claras la dura situación que prevalece en el interior del
Imperio. ¿Cuáles son estas condiciones
8

J. HENDRICK

tan excesivamente liberales? Lo primero
que viene a las mientes es la idea de la
cesión de Alsacia-Lorena a Francia¡ el
restablecimiento de Bélgica, indemnizándola debidamente; la entrega del Trentino a Italia; f desocupación de todos los
territorios conquistados, quizá indemnizándolos por los daños sufridos. Parece probable que Alemania consentiría en
hacer al2unas de esas concesiones, pero
es casi increíble que hiciese todas ellas.
Que el Kaiser abandonó desde hace mucho tiempo la idea de una victoria aplastante y concentró todas sus esperanzas
en entablar la partida, es la convicción a
que han llegado casi todos , los críticos
sagaces. Sin embargo, ¿cual es exactamente el concepto alemán de una guerra

PEGA'.SO

MIU4 0 RIAS DE SAINT-SIMON,

l

La doncella colocó en la mesa un vaso
con flores y los blandones de cera, cuyo,
reflejos ponían cambiantes rojos y ama,
rillos en las cortinas de seda azul que estaban en la cabecera del lecho de la enferma.
- ¿Crees que vendrá, Marietla?-¡0h!
dormid, dormid un poco, señora!-Sí,
pronto dormiré para soñar con él por toda la eternidad.
Se oyó el ruido de al¡ruien que subía la
escalera.
- ¡Ah! ¡si fuese él! - suspiró la mori•
bunda, sonriendo, con la mariposa de los
sepulcros revoloteando sobre sus labios.
Era un pajecillo que traía de parte de
la Reina, a la señora duquesa, confituras, bizcochos y elíxires, en una bandeja
de plata.
- ¡Ah! no viene,-dijo ella con vozdesfalleciente, - no vendrá! Marietta, dame
una de estas flores para que la aspire y
la bese por el amor de él!
Cerró entonces los ojos Madama de
Montbazón y permaneció inmóvil. Habla
muerto de amor entregando su alma en
el perfume de un jacinto.

tablas? ¿Qué obtendrían con ello las potencias teutónicas? ¿Qué conseguirían
entonces los aliados? ¿Cómo se reharía
el mapa de Europa después de una paz
basada en ese concepto fundamental?
Varios voceros han clamado contra la
teoría de una paz basada sobre el empa·
te de la guerra. Un volumen reciente·
mente impreso en París, titulado La

Trampa Pan-germana Desenmascarada por André Chéradame, del cual s~ba
publicado una versión inglesa con prologo por el Conde Cromer, tiende a prevenir al mundo contra una paz que se fun·
de sobre la idea del empate de la campa·
ña. Simultáneamente apareció un lib~
más notable que versa sobre la obra ti·
tulada Mittel Europa, por Friedrich
Naumann, debido a la pluma del Profesor W. J. Ashley, de la Universidad de
Birmingham-lnglaterra-•con mucho cl
más importante libro que se ha p~b_l'.~
do en Alemania desde que princ1p10

Conducción de heridos después del sangriento asalto de la posición de Vfmy,
tenazmente defendida por el ejército alemán.

conflicto•, el cual confirma muchas de
las conclusiones expuestas por el vehemente autor francés. Estas dos obras,
discuten el mismo tema, una desde el
punto de vista alemán y la otra desde el
francés y tratan ambas de resolver la
cuestión que embarga el pensamiento de
la humanidad: ¿Qué si¡¡nifica para el
mundo una paz basada sobre un sistema
de compensaciones? Más especialmente,
¿qué puede obtener Alemania de una
paz semejante, que la compense verosí•
milmente de las penalidades y privaciones del conflicto actual?
La frase constantemente empleada por
Naumann-que es miembro del Reichsta¡¡ y uno de los escritores alemanes de
más fuste sobre cuestiones políticas y .
económicas- explica toda la guerra y delinea la paz por la cual lucha ahora el
Imperio alemán. La frase Mittel Europa,
es el título del libro Europa Media o
Europa Central. Una rápida ojeada al
mapa, aclara la situación. Herr Naumann
describe la Europa Central de una manera pintoresca y que le es sui generis.
Como la mayor parte de los intelectuales
alemanes, no se hace ilusiones respecto
al futuro de la guerra, ni tiene la menor
idea de que el presente conflicto sea sucedido por una época Wilsonia de paz
milenaria. La esencia de su obra es la
necesidad que expone, de una esmeradísima preparación para la guerra que ha
de seguir a ésta.
Casi naturalmente, por lo tanto, su
descripción de la nueva Europa reviste

un carácter militar. Habiendo demostrado este conflicto la inutilidad de las fortificaciones y de los métodos antiguos de
defensa, es inevitable que las preparaciones futuras se basen sobre la guerra
de trincheras. En vez de levantar fortalezas, la nación construirá un sistema
complicado y perfecto de atrincheramientos fronterizos y los mantendrá constantemente listos para su ocupación militar
inmediata. La Europa futura poseerá •un
sistema de muraUas chinas y romanas
hechas de tierra y alambrado de púas•.
Dos enormes trinc;heras especialmente
se extenderán una del Bajo Rhin a los
Alpes, otra del Báltico, cerca de Riga, al
Mar Negro, incluyendo una parte de Polonia y posiblemente también Rumania,
aunque cualquier intento que tienda a
determinar el curso de esas nuevas defensas es inútil, puesto que las condiciones de paz han de fijarlo. Pero estas
trincheras fronterizas construídas en una
forma que parezca la más inexpugnable
y listas constantemente para su ocupación militar, dividirán claramente la Europa continental en tres partes. Tendremos la Europa Occidental, que consistirá de Francia y España, la Europa Ociental, que se integrará por Rusia, y la sección entre ambas, descrita atinadamente
como Mittel Europa o Europa Central.
Esta última gran subdivisión contendrá
el presente Imperio alemán, con Holanda y Bélgica tal vez, Austria Hungría,
los Estados bálkánicos y Turquía- aunque con toda intención- Herr Naumann

sólo alude como de paso a la inclusión de
éstos últimos países. Ahora bien la cuestión que principalmente atañe al futuro
de Europa es si ha de haber una tercera
frontera que se extienda al Este y Oeste
respectivamente y que siga la Iínea ac•
tual divisoria entre Austria-Hungría y el
Imperio Hlemán. Esto es, si Alemania y
Austria-Hungría han de formar una entidad política y económica o si después
de la guerra han de mantener una existencia separada, quizá rompiendo su
alianza que ha durado por cerca de 30
años y posiblemente abrigando ideales
antagónicos. La cuestión estriba en saber si ha de crearse un nuevo estado
Mittel Europa, con Austria-Hungría y
Alemania como los poderes predominantes y federados, a consecuencia de la
conflagración actual, proceso que Herr
Naumann considera como absolutamente
esencial a la existencia de ambas monarquías centrales. Esto es, la alternativa
que se presenta a Alemania e3 ]a formación de este nuevo estado de Mittel Europa o la desaparición como ~ran potencia mundial. •La guerra» dice, •ha venido
a ser creadora del alma de la Europa
Central•.
¿Por qué es este nuevo Estado tan
esencial a la preservación de la existencia de las naciones teutónicas? Porque
como resultado de la organización industrial y económica, el transporte rápido y
las comunicaciones, los enormes ejérci•
tos y las monstruosas flotas-éstas últimas tanto para fines militares como mercantiles - solamente una super•nación,
puede contarse como elemento en el
mundo del siglo XX. Este concepto no
deja campo alguno para la existencia en
el futuro de las pequeñas nacionalidades
y no tiene en cuenta para nada las organizaciones nacionales, tales como Bélgica, Holanda, los Estados balkánicos, España, ltaJia, y aun quizá Francia. •Estos
Estados más·pequeños•, dice Herr Naumann, •viven solamente por la tolerancia
de los mayores, o arrostrando su precaria existencia a costa de las contiendas
de las nacionalidades poderosas•. La humanidad, como dijo Cecil Rhodes, •piensa ahora en continentes•. Este autor parece prever la inte1,?ración del mundo futuro que se dividirá en cuatro- y seguramente no en más de cinco poderosas
soberanías-soles enormes, que por la

Si usted puede pasarse
un Domingo en

SAN ANGEL
y no lo hace,

INN

lricurre en una falta imperdonable en contra de su propia felicidad,

Le podemos ofrecer lo que nadie puede ofrecerle:

HORAS DE TRANQUILIDAD Y DICHA.
PEGASO
9

�Los Revolucionarios Rusos
Por RAMIRO DE MAEZTU

Por todas partes se ve un lugar de~catástrofe siniestra. uno de esos terrenos nauseabundos. espantosos y de
ingrato terror. como si se hubieran vaciado alll los detritus de la desolación ...

atracción mutua traerá todos los más pequeños Estados satélites dentro de sus
órbitas. Ya tres de esos Estados mónstruos se han determinado de una manera
precisa. Son Gran Bretaña, Rusia, y los
Estados Unidos de América. Hay sólo
tres puntos en el mundo, dice el autor
alemán, «donde el Gobierno se ejerce
realmente», Londres, Nueva York, y
Moskow (o Petrogrado). Inglaterra está
atrayendo dentro de S\l influencia política a Francia y a Italia, y los Estados Unidos indudablemente harán de todo Norte
y Sud América, no exactamente sus dependencias políticas, pero naciones cuya
vida política difícilmente podría conservarse si no es bajo la dirección de supoderoso vecino del Norte. Quizá otro
gran centro de dominio político y económico puede formarse en China y Japón,
aunque sobre este pqnto el autor al parecer abriga sus recelos, pensando evidentemente que es más probable que el
Oriente sea absorbido dentro del sistema planetario de una u otra de las grandes soberanías.
Naumann no enumera, con toda intención, al Imperio alemán como una de
esas grandes potencias, sino que admite
con toda franqueza que no está a la altura de Gran Bretaña, Rusia o los Estados
Unidos de América. El Imperio alemán,
como hoy existe, es demasiado pequeño,
carece en extremo de recursos materiales y de riquezas y como este autor alemán francamente lo expresa, no tic:ne el
genio para gobernar y colonizar que los
tres grupos mundiales existentes han
desplegado. Los alemanes poseen ciertamente una gran habilidad para la organización económica, pero «falta saber si
tenemos o no además de esa organización y de esa técnica, esa cualidad indispensable para la unión mundial,. esa hábil flexibilidad que encontramos en tres
diversa.s formas entre rusos, ingleses, y
americanos .... A fin de ser una nación
descollante, de primer orden y económica, se necesita UH.a especie de aceite internacional, esto es, el arte, el gran arte
de manejar a los hombres, de inspirar
simpatías a otros, de compenetrarse éon
su naturaleza y sus ideales. Prácticamen·te hemos sido en general maestrillos del
estilo antiguo y oficiales sin título con lá-

piz en ristre' y mostachos incipientes».
Sin embargoi los pueblos alemanes
pueden lle¡¡ar a adquirir ese arte bajo la
fuerza de la necesidad. Existe la posil:¡i,
lidad entre estos pueblos en conjunción
con otras razas de la Europa Central, de
formar un cuarto estado . mundial-un
nuevo estado d_e Mittel Europa. ; Alema ·
nia, .con_ Austria-Hungría, formará una
ñueva. organización centrál que. puede
desarrollar una g_ran fuerza _,ecOnómica y
políti\:!a-un nuevo sol que verterá calor
y luz sobre un nuevo sistema planetario.
Herr Naumann de,spliega ,una modestia
casi antialeffiana al estimar ·· esta nueva
fuerza mundial. •Siempre, dice, quedará
una cuarta potencia-nunca tan gr3.nde
como las otras tres: Tal nuevo Estado,
sin embargo, debe ·erigirse o bien Alemania y Austria desaparecerán.» En este

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nuevo Estado mundial e] autor ve la razón última de la guerra actual. «La enes•
tión de saber si un centro separado en la
Europa central puede mantenerse entreRusia e Inglaterra se está hoy resolviendo por medio de las armas con todas las
energías de Europa y con un torrente
incesante de san¡¡re. El grupo humano
que puebla la Europa central está ahora
peleando por el lugar que ha de ocupar
en el mundo. Si perdemos la guerra,
probablemente nos veremos condenados
para siempre a ser una ·nación satélite.
Si somos victoriosos a medias, entonces
tendremos que recurrir más tarde a una
nueva guerra. Si ganamos u'na victoria
decisiva o · perdurable,_ aligeraremos la
tarea que les toca~ nuestros hijos y nio•
tos, porque entonces la Europa central
perdurará al través de los siglos venideros». ;,

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ammW~~~~l!l!IIÍÍ!iiilll
gente clientela, que acabamos de recibir de St. Louis, Mo.
1000 pares de calzado en botas. choclos y zapatillas
para damas, modelos Ingleses y Americanos para caballeré&gt; y formas cómOdas y durables para niños.

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menos costosos.

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No. 10-E

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PEGASO

Lo que ocurrirá en Rusia no puede
predecirse, como tampoco lo que podrá
acaecer en el resto de Europa. Desde la
hora en que se declaró la guerra europea
tuvimos muchos hombres la sensación
de hallarnos embarcados en un buque sin
rumbo conocido. Justo es añadir que no
faltaron estadistas que lo habían visto
antes. Los desesperados esfuerzos realizados por sir Edward Grey para evitár
la guerra se inspiraban en la clara conciencia de esta inmensa incertidumbre.
El despacho que dirigió a Viena el 23 de
julio de 1914 decía:
«Si llegan a ir a la e-uer~ siquiera cuatro e-randes potencias de Europa, se me
figura que se producirá un estado de cosas peor que el de 1848, y que sean cualesquiera los vencedores en la guerra,
muchas cosas podrán desaparecer completainente. »
Pero tan seguros estaban los Imperios
Centrales de que alcanzarían una victoria
rápida y aplastante que no le hicieron
caso. Ahora es ya tarde para todo. La
revolución rusa es un hecho-un hecho
incomparable en la historia del mundo-.
Nadie puede prever sus consecuencias.
Una de ellas puede ser la de que se constituya en Rusia un poder militar a cuyo
lado sean juegos de niños los ejércitos
de Alemania y Austria como lo fueron
también comparados los ejércitos que
prod]!jo la revolución francesa en 1793.
Se habla mucho del genio militar de Napoleón. Pero la figura de Napoleón no es
sino la más afortunada entre las mil que
sureieron en la Francia revolucionaria.
Todo lo q~e llamamos napoleónico, la
leva en masa, la organización de los almacenes militares, los movimientos rápidos de tropa para aplastar en detalle al
enemigo antes de que éste se concentre,
los ataques por columnas profundas había sido ya ejecutado por el Comité de
Salud Pública y sus noveles generales.
Lo que me hace pensar en la posibiiidad de que la Rusia revolucionaria produzca un poder militar tan inmenso como
el de la Francia Revolucionaria es el llamamiento a todos los pueblos del mundo
que acaba de publicar el Consejo de los
Diputados de Obreros y Soldados, de
Petrogrado. Ese Consejo fué la junta
que hizo, en primer término, la revolución. En este manifiesto se dirige un
llamamiento especial al proletariado de
Alemania y Austria, que dice:
&lt;Hemos derrocado nuestro despotismo.
Estamos luchando por nuestra libertad y
la de todo el mundo. Condenamos los
fines agresivos de las clases gobernantes
de todos los países. Apelamos a las democracias de Alemania y Austria para
que si¡¡an nuestro ejemplo. Desde los

primeros días de la guerra se os dijo que
al hacer armas contra la autocrática Rusia defendíais la libertad de Europa contra el despotismo asiático. Muchos de
vosotros creísteis que con ello se justificaba el apoyo que dísteis a la guerra.
Esa justificación ha cesado de existir.
La Rusia democrática no puede ser una
amenaza a la libertad y a la civilización.»
Los revolucionarios rusos tienden sus
brazos al pueblo alemán y al austriaco,
pero ello no quiere decir que la nueva
democracia abandone las armas y ofrezca
la mejilla a los jefes de los Imperios
Centrales. El manifiesto añade:
&lt;Defenderemos resueltamente nuestra
libertad contra todos los ataques reaccio•
narios, tanto de dentro como de fuera.
La revolución rusa no cederá terreno a
las bayonetas de los invasores y no se
dejará aplastar por fuerzas militares externas.»
·El presidente del Consejo de los Diputados de Obreros .es un hombre de la
Georgia llamado Chbeidze. Conviene
aprenderse su nombre porque está !la-

_mado a fi¡¡urar entre los más altos de la
nueva Rusia. Cbheidze hasta ahora era
uno de los revolucionarios rusos máS
hostiles l!, la continuación de la guerra,
:en la que no veía más que ambiciones de
P,ríncipes, generales y capitalistas. -La
posibilidad de que también los pueblos,
las n~cion~s sean ar:,n biciosas, no se le
había bcurrido hasta ahora. Chheidze
pasaba por ser el enemieo inrreconciliable de la guerra, como también lo fueron
Robespierre y Marat antes de ser constituído el Comité de Salud Pública. Pues
ahora Chheidze explica el Manifiesto del
Consejo que preside en estás palabras:
.•Ahora hablamos nosotros, el pueblo,
por encima de lo que puedan decir los
diplomáticos. Al apelar a los alemanes no
lo hacemos dejando caer de nuestras manos los fusiles. Y antes de discutir la
paz proponemos a los alemanes que sigan nuestro ejemplo y derroquen a Guillermo, que· lanzó su pueblo a la guerra,
como nosotros derrocamos nuestra autocracia. Si los alemanes . no escuchan
nuestro llamamiento, lucharemos 'por.
nuestra libertad hasta la última gota de
nuestra sangre. Hacemos nuestra oferta
con las arma~ en la mano. No significa
el llamamiento que estemos cansados y
pidamos la paz.»
En efecto, significa todo lo contrario;
en primer término, porque no es proba-

Región en que actualmente se de.sarrolla la ofensiva franco' británica.

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FRANCISCO VILLA15PESA.

Rutas ••Cuidas por la armada alemana en su mo\/lmlento de retirada ante la acometida franco-británica.

hle que los alemanes les escuchen. Y si
los escuchan, pues ya estamos del otro
lado de la calle y se acabó la guerra europea, pero también la Europa a que se
refería sir Edward Grey en su despacho
a Viena el 23 de julio de 1914.
Pero como no es probable que las palabras de Chheidze produzcan en Alemania efectos de ley, el nuevo Gobierno
ruso está organizándose militarmente en
proporciones tan gii?antescas, que el entusiasmo del ejército en el frente es sólo
comparable al de los ejércitos franceses
de la revolución.
Un aviador ruso escribe, por ejemplo,
a un periódico de Petroi?rado:
&lt;El entusiasmo es tan grande en las
filas, que si vosotros, los de la retaguardia, no estropeáis las cosas, no tardarán
en caer las barreras que separan lo posible de lo imposible. Ideas que nos hacían
sonreir amargamente, como las de llegar
a Viena y a Berlín, nos parecen ahora
factibles. Pero no os dejéis ganar por la
histeria y por el fanatismo. En nombre
de la gran cosa que ha ocurrido, domináos, derramad agua fría por vuestras
cabezas y concentrad vuestros pensamientos y eneri?ías en nosotros, que ya
sabemo·s en qué dirección volveremos los
nuestros. Aquí no hubo demostraciones
ni vielencias. Los hombres oyeron las
noticias de la revolución como si fueran
una oración maravillosa, preciosa y sagrada. &gt;
Fijáos en una cosa. El nuevo Gobierno ruso no es ya imperialista. Aunque
haya imperialistas en su seno, el pueblo
ruso no es imperialista, y ha cesado de
pedir la conquista de Constantinopla, como si renunciase al sueño secular de sus
Czares, por ser de los Czares. Por ese
lado puede parecer que el nuevo régimen ruso no ofrece tantas resistencias a
la paz como el antiguo.
Pero reparad en lo que piden los revolucionarios rusos para hacer la paz. Fijáos en que ípiden nada menos que el
triunfo de la revolución en Alemania y
Austria. Y ello es harto más difícil de
conceder, por lo menos desde el punto
de vista de los gobernantes de Berlín y
de Viena, que Constantinopla.
12

Destacamento francés conduciendo un cañón de gran alcance ala línea de fuego.

Lector, lector, el mundo ha dado una
gran vuelta. Aún no nos damos cuenta
de ello. Pero debemos prepararnos todos
a abrir nuestras entendederas, porque
las noticias que vamos a recibir en los
próximos meses excederán con mucho a
nuestra capacidad actual para entenderlas.
Ramiro de Maezta.

Los caza-submarinos
.
americanos
Por A. READER

Una de las primeras medidas adoptadas por el Gobierno de los Estados Unidos ante la amenaza del submarino alemán, y como protección eficaz de su marina mercante, ha sido la idea, verdaderamente yanqui, de construir hasta 2,000
embarcaciones del tipo Elco, llamadas
por el humorismo anglo-sajón, esencialmente gráfico, avispas de mar.
Estos barquichuelos, destinados especialmente a la destrucción de submarinos, y acerca de cuya positiva eficiencia

militar podría dar noticias el Almirantaz•
go Británico, que viene utilizándolos en
número de medio millar, aproximadamente, desde el comienzo de la guerra
submarina exasperada a que se entrega•
ron los Imperios Centrales desde febrero
último, son de invención norteamericana.
Los ideó un ingeniero, Henry R. Sutphen,
de la Elco Company, de Nueva Jersey, y
constituyen una verdadera maravilla del
arte naval militar. Su tamaño es reducido: poco más que una de esas gasolineras deportivas, encanto de veraneantes
en nuestros puertos del Norte. Y, en
realidad, el terrible invento, enemigo
formidable del sumergible teutón, nació
del barco de recreo allá en las plácidas
aguas de los grandes lagos norteamericanos. Una contingencia que no prevería
ciertamente, la sagaz mirada de Von
Tirpitz, el azuzador de la guerra naval ~udesca.
Preocupado el ingeniero Sutphen con
el giro que iba adoptando la guerra marítima, y ante la posibilidad de que los
Estados Unidos tuvieran que intervenir
en la contienda, ocurriósele transformar
el pleasure - boat construído durante

EL BANQUETE A VILLAESPESA

1 -?r.1nci'lco Villaespesa.-2, 3, 4, S y 6 -Enrique González Martínez, Efrén Rebo~edo,
·Rafael López Jesús Villalpando y José D. Frías, redactores de PEGASO -7 Y 8,
José deJ. Núñez y Domínguez y Nicolás Rangel, colaboradores de PEGASO.
0

PEGASO

veinte años en sus talleres, para recreo
de millonarios, en nave marcial. Y la
evolución del botecillo pacífico hacia el
arma de aniquilamiento se operó. El
cascarón de metal se convirtió en armadura de madera para dar a la nave mayores condiciones de flotabilidad; el motor
de 60 caballos fué sustituído por otro de
500; se modificaron las líneas del barco,
afinándose la roda hasta adoptar la buída
forma del espolón; se suprimió la cabina
de lujo para hacer de ella torrecilla de
mando, y se emplazó a proa un cañón de
6 centímetros y de tiro rápido. La avispa
de mar, enemizo mortal del submarino,
estaba creada.
Sus ventajas militares son las sieuientes: escasa visibilidad a la mirada del
enemil!O, marcha veloz, para poder. dar
caza cómoda al sumergible (mínimum de
diecinueve nudos por hora); calado insii?nificante, apenas metro y medio, para
hurtar el blanco al torpedo enemigo, cuya marcha se efectúa a profundidades de
cuatro y cinco metros¡ considerable poder ofensivo, en cuanto el cañón de tiro
rápido puede hacer veinte disparos por
minuto, bastando una granada para enviar al fondo a un submarino; cualidades
marineras capaces de resistir los peores
temporales y las mares más duras; gran
radio de acción, puesto que puede este
caza-sumergibles permanecer diez días
sin tomar puerto. Las características hablan de lo reducido del tamaño de la
avispa de mar. Mide, en efecto, 24 metros de eslora total y 3 de m•.m~a, desplazando 30 toneladas escasas.
El rasgo saliente de la novísima nave
de ~erra, es la positiva ventaja representada por su reducido calado. Entablado el combate con el submarino, éste no
puede hacer uso de su principal arma, el
torpedo, por la ya mencionada ausencia
de blanco. Ha de recurrir, por lo tanto,
a su artillería, y como el Cáñón lo lleva
emplazado y oculto en su seno, le es absolutamente necesario salir a la superficie y colocar la pieza en batería. Todo
ello es descubrirse a la puntería del ca7.ador, que en cinco minutos puede arrojar sobre el dol?o tudesco una granizada
de postas explosivas de 12 libras. Hay,
pues, 99 probabilidades contra una, de
que el sumere-ible rehuya el duelo y·pro-

cure ponerse en franquía, si le da tiempo
el formidable fuego del enemigo.
Nos proporciona los anteriores datos
The Sun, de Nueva York, el que afirma
al propio tiempo que el Almirantaze-o ini?lés llevaba adquiridos de los astilleros
Elco, en febrero último, 550 barcos de
ese tipo, todos los cuales están prestando
excelente servicio en el Canal de la Mancha, en el Mar del Norte y en las costas
del Reino Unido. Según dicho diario, la
avispa de mar ha realizado ya admirables proezas que serán conocidas, sin
duda, el día en que la guerra finalice con
el triunfo, a cada hora más cierto, de las
naciones aliadas contra el imperialismo
teutón.

Mis meJores versos . ..... , . . .. . . S 1.20
El Alto de los Bolumios....... ... ., 1 .80
Las lloras que j,asan veladas de
Amor .............. ......... ,, r .80
Lucllas, Confidencias. Prólogo de
Vargas Vila ....... .. ....... .. ·. .. 1 So
Las Joyas de Margarita, Breviario de Amor, La Tela de Penélope, El Milagro del Vaso de Agua ,, 1 .80
InUmidades, Flores de Almendro,
Prólogo de Pompeyo Gener ... .... ,, 1. So
Los Nocturnos del Generalife. Poesías ...............•........... ., 1 So
Doiia Maria de Padi1la, Las Cenas
de los Cardenales • •.•• .. . ...... ., 1 .80
En el Desti'erro • ••. , .. . . . . . . . . . . . . ., o. 70
Una Partida de AJedrez. Arreglo
castellano de la comedia de Giuse
ppe Giacosa........ . ........... .. 0.70
La Copa del .Rey de Thule, La Atusa Enferma con prólogo de Juan
R. Jiménez. ... ..... , ............ ,, 1.80
Alcázar de las Perlas .. ...... . . . ,, 2.10
Ldmparas Votz"vas ... .. ..... .. ... ,. 1 So
El Espejo Encantado. . . . . • . . . . . . . . , , 2 . ro
Judith ... . ..... ............ ....... ., 2 . 10
Doña Maria de Padilla, Ed. .Renaci~
2. ro

mi"e11to .....•....... . . .•.•..•.. ,,

Aben'Humeya. Tragedia Morisca en
cuatro actos y en verso . . . . . . . . . . . .,
Campanas Pascuales . .. .. . . . . . . . ,,
El Reloi de Arena.... • .. ...... .,

2. 40
2 . 10
1.20

"CERVANTES"
Revista Mensual Ibero-Americana.
Directores: Francisco Villaespesa,
Luis G. Urbina y José Ingenieros.
Colección completa. . . ... . . . 7 vol. ,.

10.00

NOVEDADES LITIRARIAS

Servicio de palomas mensajeras establecido
en el frente de batalla.

Tropas inglesas en horas de descanso.

La señora, al ajustar a la criada, le pregunta:
-¿Preferirá usted salir a paseo los domingos o los lunes?
-¡Oh, no, sef'lora; no quiero salir los domingos porque están los paseos llenos de
gente ordinaria. Así es que pueden ustedes
salir los domingos y yo me quedaré a
guardar la casa.

PEGASO

E. HoMs. Las Unicas .Rosas. Comedia en dos acto~. . . .
.. . .. . .. . ., 1. 8o
RAMÓN R. P~RBZ DB AVALA. Las
Mdscaras Ensayos de crítica teatral .... ............ .......... ,. 2.10
J. V. LASTARRIA, La América vol. l.
América y Europa vol. II. Y t1ltimo: Revoluciones y Guerras Ameri,anas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
4. So
M. A. BBDOYA. El Hijo del Docto,;
Woljfan .. .. .. .. .. .. . . .. .. . . .. .. ,. 2, 10
EDUARDO ZAMACOJS. Duelo a muerte ,. 1.50
SALVADOR DfAZ MIRÓN . Lnscas . .. .. .,
1.70

El gran novelista y filósofo ruso, conde
León Tolstoy, que negaba a la sociedad el
derecho de castigar, un ctía, en una calle
de Petrogrado, vió a un vigilante que detenía a un sujeto, y dirigiéndose al agente, le
dijo:
-¿Sabe usted leer?
-Ciertamente.
-¿Ha leído usted la Santa Biblia?
-Sí, señor.
- Entonces, ¿por qué olvida que no se
debe hacer al prójimo lo que uno no querría que le hicieran?
El representante de la autoridad miró al
conde, y después de un instante de reflexión, contestó:
-¿Usted, sef'lor, sabe leer?
-Sí, sé.
-¿Ha leído los reglamentos de policía?
-No.

-Pues bien: vaya a su casa y léalos.
13

�es adversa al medio social que mejor entiende de achaques artís ticos.
POR EL ARBEU
l'IAGALOl'IA!iJAS. l'IAQUETAS. Tales
son los títulos de los volúmenes, en verso, de Francisco.González León, de quien
publicamos en nuestro número pasado
al¡¡unos poemas inéditos. Esta nota biblio¡¡ráfica se desvlll afectuosamente de
los volúmenes mencionados, para consi¡¡nar al¡¡unos de los caracteres de González León y de su obra ¡¡eneral. Escasamente conocido aquí, (apenas si publicó
al¡¡o en la Revista Moderna) González
León vive como un ermitañn en La2"0S,
Jal. Peina los cincuenta, entre¡¡ado a la
farmacia. Su juventud, se¡¡ún he sabido,
fué de zambra y de ilusión. Por su clausu•
ra actual, clausura de celda, han de diva¡¡ar el presumido ¡¡olpe de las tijeras
de sastres difuntos, la risa de más de una
actriz dadivosa y un insistente són de vihuelas. Todo en vano. Un pardo clericalismo es quien manda.
Su obra es moderna, por el alma. Hon•
do y atingente, González León, en mi
sentir, no es inferior al temperamento de
Nervo. Y jÚz¡¡o que el temperamento del
ermitaño de Lagos aventaja al de ciertos
poetas nuestros, de los conceptuados como primates. Su ejecución es desmañada. Ello no me resfría. Más bien me hala¡¡a, como la flora silvestre que abraza
los muros de un templo, lejos del Arzobispo de Guadalajara. Quizá un día pueda yo ocuparme con la extensión debida
en este poeta, a quien estimo consanguíneo y a quien ruego me perdone de haber violado sus retiros, por presentarlo
a la ponzoñosa celebridad.
R. L. V.
GABRIEL D' ANNUIIZIO: LA VIRGEN
URSULA. -Traducción directa del italiano, precedida de un estudio sobre el
autor, por Carlos González Pef!a.-Portada de Saturnino Herrán.-CULTURA.-Abril 30 de 1917.
Toca hoy a D' Annunzio fi¡¡urar entre
los autores que populariza la publicación
Cultura. De la enorme labor dannunziana
escogióse una novela corta, La Virg'en

Ursula, para presentarlo al amplio ¡¡rupo de sus lectores. La traducción de la
obra y el estudio acerca de la personalidad del autor se debe a nuestro infati¡¡able Carlos González Peña.
Ha logrado D' Annunzio, en punto a

novela, el mérito de crear un género
muy suyo. En un estilo extraordinario,
personal y que recurre al abi¡¡arramien•
to de ·un crudo realismo, relata la biografía subjetiva de seres predestinados. Y la
fuerza de la evolución espiritual es tan
vigorosa que, cerrando con todo, nos de·
ja la huella de al¡¡o formidable que ha
cruzado frente a nosotros. Tal es La V ir¡ien U rsula; después de una enfermedad
tremenda, al renacer de su salud extenuada, Ursula, la hija del Señor, siente
despertarse en ella un insólito anhelo de
ternura y de voluptuosidad. Y la potencia del amor sobre un sér que había reconcentrado su deseo en años de abstinencia es !án ¡¡rande, que la lleva a un
punto terrible de excitación sexual. Y perece. Eso es todo. Lo demás es como el
conjunto de nudos que va atando los hilos separados. El carácter místico de la
hermana viene a subrayar los ardores de
Ursula, y el amor de Ursula por Marcelo insignificante resulta como idealiza•
do por la fuerza de la escena brutal.
La re a c c i ó n psicoló¡¡ica despierta en
Ursula encontradas emociones y decide
morir; pero la vida se impone y para vivir recurre a un medio absurdo: a un hechicero de quien ha oído milagros: el
viaje y la i¡¡norancia de la mujer del brujo la matan. El sabor de cuadro popular
que tienen algunos pasajes hace que pensemos en las pinturas de al¡¡ún Teniers
italiano, y el estilo vigorosísimo da a la
obra el relieve de un bronce de Rodín.
Adorna el cuaderno una portada de
Saturnino Herrán y una caricatura de
D'Annunzio, debida a la pluma de Ol~f
Gulbransson, no Gulbranffon como eqm·
vocadamente aparece al pie del dibujo.
M.T.

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todo pedido foráneo.

ñora Fábre¡¡as interpretó con inteligencia el papel de Sabara y el señor Martínez Tovar estudió concienzudamente la
obra cobrando nutridos aplausos. La entrada estuvo floja y esto lo atribuimos al
precio de las entradas ($3.50 luneta), pues
si bien es cierto que el insiene vate granadino goza de simpatías entre nosotros,
también lo es que la situación económica

El sábado subiq a la escena En Flandes
se ha puesto el sol, de Marquina. De la
obra no hay que hablar; se han dicho ya
todos los elogios. La interpretación fué
mediana a causa de la violencia conque
en nuestro México, se acostumbra poner
las piezas. El lunes Parker, el martes
Ibsen, el miércoles Shakespeare, el jueves los Quintero, el viernes Linares Rivas, el sábado Marquina y el domin¡¡o
Muñoz Seca, Berstein y Benavente. ¡Ca

goooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

EL MODELO QUE ANUNCIAMOS
AQUI ES DE RECLAME, YTIENE

Esq. Ave. Madero y Gante.
PEGASO

111 EL FABHGAS
El último sábado se estrenó en este coliseo la obra de Francisco Villaespesa intitulada Aben-Humeya. El éxito artístico
fué bastante lisonjero. El autor fué llamado a la escena repetidas ocasiones.
Nos abstenemos de hacer crónica detallada de la obra porque los diarios ya lo
han hecho y con bastante acierto. La se-

En este coliseo celebró su beneficio
el viernes pasado el primer actor Manuel
Villarreal, con la opereta jLa Criolla.
Manuel Villarreal es muy conocido de
nuestro público y es un actor que siempre trabaja bien y que ha tenido la mala
pata de que ni el público ni la crítica le
hayan dado su verdadero puesto. Villarreal tiene tantas facultades como narices. El catarro que en la Chata Oviedo
puede ser un simple cosquilleo en
Villarreal puede ser un ccaso Ga/oso•;
o, cuando menos, el mentol tendría que
costearlo el Tesoro Americano.
Dicen pos ahí que Villarreal, desde
qu~ empezó la tragedia europea, no ha
de¡ado de oler a sangre. ¡San¡¡rones!
El martes debutó Onofroff en el mismo teatro. Este tío puede su¡¡estionar a
un motorista y hacerlo creer que se ha
bañado recientemente. ¡Qué más!
POR EL COLOII

Representante en México.

.·&lt;

Av. 5 de Mayo 32.
Ericsson, 10-27.

Despacho 311.
Mexicana, 54 Neri.

~OOOO()()OO()ooo:'~&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;oo8
PEGASO

15

�ray! Se necesitan actores de sesenta Hf&gt;.,
seis cilindros y magneto Boch.
Taboada, encima de lo de él, tenía un
resfrío. Plasencia se supo el Valdés como yo sé que tengo que pagar la renta
de mi hangar, pero no lo declamó, en mi
concepto, tan fanfarronamente como el
rojo y gualda de la capa y el jubón lo
piden. Sin embargo, Plasencia puede hacer un buen Valdés.
Emilia del Castillo dijo muy bien toda
la obra.
Padilla sacó unas barbas que compró,
con dólares, en tiempo del papel.
El domingo, en la moda, se estrenó
Como Hormigas, comedia en dos actos
del autor de La Garra. En esta obra Linares Rivas no es tan fuerte como en casi todo su teatro. Como Hormigas es de
una factura delicada, de una desbordante humanidad y un constante interés fundado en la gracia sutil y blanca de una
tesis que parece relente espiritual sobre
las horas cálidas y sordas en que transcurrimos.
La obra está muy bien repartida. To•
dos justos y dándose cuenta de la intenc'ión noble y blanca del autor. Plasencia
dice un cuento del segundo acto-cuento encantador- con verdadera agilidad.
Como Hormigas llevará algunos hidalgos a la taquilla, para mayor honra

El banquete a Villaespesa

- No sé en qué consistirá que todas las
moscas se me echan siempre encima.
-Claro, como que tiene usted la desgracia de ser diabético,

*

* * mía: los hombres
-Desengáfiate, hija
prefieren una mujer ignorante a un a mujer
ilustrada.
-¿Pero tú te figuras que todos los hombres son como papá?
***

Cierto día entró un paleto en un local
recien desocupado, y no viendo género alguno en los anaqueles, preguntóle al duefio.
-¿Me hace el favor de decirme qué es lo
que venden aquí?
- Pues aquí vendemos cabezas de burro.
- iRediéz, que venta ha debido ha.:er,
que ya no queda más que la suya!

***

- Papá: ¿me podría yo casar con la abuelita?
-¿Casarte tú con mi madre?
- ¿No se ha casado usted con la mía?

Grupo de paseantes en el Canal.

***

del arte y particular regocijo de «Don
Prudencia».
BUFFALMACO.

- Nifio, no le ensefi es al loro palabras
feas.
-No se las ensefio, mamá. Precisamente
le estoy ensefiando las que no ha de aprender.

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por A. SANDOVAL
BLANCAS:

A r AD, P4AD, T6AD, R 2 D,
A7AR, P3CR ( 6 piezas).

NEGRAS:

P3R, R4R. P3AR, P5CR (4 piezas).

Las blancas j uegan y daa mate eo tres jugadas.

PARTIDA NUMERO 13.
GAMBITO DANES

BLANCAS

*

NEGRAS

Coll ing.

Mieses.

r. P4R

r. P4R

2.

3.
4.
5
6.
7.

8.
910.

rr.
12.
r3.
14.
r5.
r6.

P4D
P3AD
A4AD
A XP
CD3 A
CR2R
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D 3D
AX A
T D ,D
P XP
T R1R
C4 D
CXPAI!
D6T jaque.

2. PXP
3. P XP
4 . PXP

5.
é.
7.
8.
9.
ro

D2R
P3 AD
P 3D
A3R
C2D
PXA
II. P4D
I2 PRXP
r3. o- o- o
14. D2A
15. PXC
r6 R 1C.

17. DXPA
18. C5C
19. A4D
20. T8R ! 1

r7. C3C
r8 C5A
19. TrA
Se rioJeo.
Tanto el elegante problema como la muy
bella partida que publicamos hoy, están entresacados de la obra de ajedrez que recien•
temente ha publicado el conocido ajedrecista
jalisc,ence don F. de P. Arancegui. La obra
titulada: Pcíginas selectas de AJerlr&lt;'z que
consta de ~oo páginas, contiene además de im•
p~rtaotes conocimientos teóricos, problemas y
finales muy interesantes, 60 part das que son
otras tantas obras de arte sabiamente recooiladas por el Sr. Arancegu i, c uyo talento co~o
jugador y como teórico supimo~ apreciar durante su breve estancia eo esta ciudad el año
pasado. El buen plan de dicha obra y el juicio
y competencia con que está escr ita nos hac&lt;&gt;
que no dejemos pasar la ocasión de felicitn
calurosamente a su autor eo su noble empeño
de e nriquecer la literatura ajedrecística de
o uestro país.
En el próxi mo número publicaremos, ade·
más de uoa par tida del Campeón mexicano,
A. G. Conde, uo bello problema de algún re•
putado compositor mexicano y la solución de
los p roblemas que ya hemos publicado.

Entre conyuges:
-¿Y aún te atreves a mirarme a la cara?
- ¿Qué quieres . . . . iA todo se acostumbra uno! ....

* **
-¿No te gusta el novio que te imponen
tus radres?

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o 30
. ...

***
-Tenga usted piedad de este desgraciado que se encuentra sin trabajo.
-¡Y todavía se queja usted de no trabajar con este calor! . . ..

* **
Asistía cierto personaje a una comida, y
una señora muy encopetada deseosa de
saber si ella o una prima suya era preferida por aquél le preguntó:
-Vamos a ver: si mi prima y yo cayésemos al río ¿cuál salvaría usted primero?
-¡Ay, señora! Sé muy bien que usted
nada perfectamente.

***
Dos ladrones muertos de hambre, ad•
vierten la presencia de una pareja de la
guardia civil.
-Estamos perdidos, nos van a dar caza
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                <text>Pegaso fue una revista de variedades publicada en la Ciudad de México en 1917. Cubrió varios temas del momento e incluía una sección donde tuvieron cabida los escritores de la transición entre Modernismo y Posmodernismo. Su giro no era exclusivamente literario, pues la intención era tener sustentabilidad, lo que no se habría logrado sin diversidad temática. Enrique González Martínez, Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo, tres reputadas figuras del momento, fueron sus fundadores y directores. Según lo refiere el propio González Martínez en una carta a Alfonso Reyes, el impulso inicial se debía a un interés puramente artístico y a la comunión de visiones. A pesar de no tener una declaración de principios ni un manifiesto, la postura estética es patente en la selección de materiales y colaboradores; además, algunas tendencias estéticas, como el “coloquialismo”, y grupos literarios del momento, como el Ateneo de la Juventud y el grupo de la revista Nosotros (1912-1914), tuvieron un escaparate en Pegaso. Esta “magazine de actualidades con literatura”, según la define la introducción a la edición facsimilar del Fondo de Cultura Económica, alcanzó los veinte números. Duración 08 de marzo de 1917 a 27 de julio de 1917.</text>
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