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                  <text>LA PLUMA
hay en sus filas proletarios subyugados y patronos abusivos. «Se comprende la
sindicación de aquéllos contra éstos; pero la de todos juntos, ¿contra quién?•
El libro es muy personal, escrito con brioso desenfado, a veces excesivo; no
h,.biera perdido nada con filtrar un poco más ciertas ideas, como en Jo relativo
a la especialización en las «profesiones científicas•; ¿y qué significa aquello del
«doctrinarismo que siembra la duda y el sensualismo que perturba nuestra
moral?•
M. A.

*

* *1920), Jules Romains inserta una nota
En la Nouvelle Revue Fran;aise (abril
acerca del «movimiento de los espíritus• en Cataluña. No pretende atraer las
reflexiones ni la simpatía del lector sobre la situación política del Principado,
ya que los franceses se han afanado durante un siglo en descubrir naciones
oprimidas y no es seguro que los resultados hayan sido buenos. El nacionalismo catalán, además, no es una doctrina de catástrofe; los catalanes no preparan metódicamente una guerra civil; piensan que una civilización elevada y armoniosa es un arma poco menos eficaz que la artillería. Veneran su poesía y su
lengua. Un pueblo ignorado, negado, se agrupa en torno de su centro espiritual
y comprueba su razón de existir ai contacto de su poesía. La nueva Cataluña
ha sido fundada por los libros. Una antología francesa de la poesía catalana
mostraría al lecter francés que la concepción corriente del carácter español,
aun despojada de ciertos rasgos de burda composicion, evidentemente falsos,
no puede aplicarse a los catalanes. La amistad intelectual de Francia y Cataluña se recomienda, además, porque en la obra de reconstrucción que ha de
hacerse en Europa para equilibrar u11a gran civilización intelectual, debe Francia buscar con cuidado a los que por sus dotes naturales y sus aspiraciones espontáneas son sus colaboradores inmediatos. Los catalanes poseen buen sentido, optimismo, gusto por la vida, sin el énfasis ni la ligereza meridionales,
justamente odiadas por los hombres del Norte. l'ero no es seguro que sean in vulnerables a las malas intluencia&amp; que puedan corromperlos.

Gacetilla.

1,

Gracias sean dadaa.-A todos los colegas que han acogido con palabras
corteses el nacimiento de LA PLUMA. Muy ruborizada, porque es jovencita, LA
Purra promete acentuar sus cualidades, y, ya que no pueda suprimirlos del
todo, promete al menos cambiar de defectos, que es también un modo de mejorar.
Nos place haber hallado en Castrovido, qur. nos dedicó en El Pafs un saludo tan inteligente y cordial. un coadyuvante para nuestra campaña de urbanismo madrileño. Llamado a colaborar en un diario más joven aún que LA
PLUMA, Castrovido abre una sección con el mismo título que la de nuestro Paseante en Corte. ¡Muy bienl Espernmos que dentro de poco todos los periódicos
reconoce~án a la estética de la villa la importancia que nosotros le hemos dado.
96

AÑO J.

1

MADRID, AGOSTO 1920.

NÚ.M. 3,

Fansa Y licencia de
(a

Reina Casti~a :: ~
APOSTILlÓN

~ovte tsabeUna. ~ Befa Setembvina. ~ i:;at?sa de
muneC05 •'--'J•i.a
M~rtctososecos~delossemanaeios
.
~.

eevo(ucion:irios ~ la Gotda, la flaca Y ec ~
Blas.• ~
Mt musa
.
.
b
d moderna ~ enat?ca la pierna,~
se( cim
va,
se
on.
ula,
_
se
comba
se
ac"u(a
.
•
,
lJ
~ con
e t?tngot?vango .._. titmico del tango ~ Y t?eeoge la
falda dettás. ~
PeRSOJ'iAJes
Re·la Reina. ~
· e{ Re"
.. eonso,t e. ~ lucel!o, JY[anolo, compadl!e de {a
ma.
~ JY[a11i=JY[o11ena, Aaafata. ~ e1 e,an Preboste -.. Un f
7
· -.IU U::
97

�LA PLtJMA

LA PLÜMA

11

diante sopiSta. e.-,c.... Don Gaogárabete, 1'ta,qu~ Lecbugutno, amante de (a
Reina. e.-,c.... Don t,inito, Genti(,,)1omb11e del Re1,1. ~ toln!o ba, fo11obado
guitan!sta, faoo11ite del Re1,1. ~ el estudiante eon düf•a~ de lego. ~
La lnfanta fiianc!sca. ~ El Ma11011 Gene,al Don 't11agatundas. ~ el ln,:;
tendente del Re1,1. ~ Dos camall!stas de la Reina. ~ Dos Damas de la
lnfanta. e-,.... Ronda de mafos calamucanos. ~

oeCOAACIÓ)'i

LucERO DEL ALBA.

Mil.1-MORBNA.
LucBRo DEL

ALu.

MARI-MORBXA.
LUCERO DEL ALBA.

n oet?de y eosa, una tfotesta ""?&gt; de fatdines u suetido:::
ie~. ~ los oioline, de la ovqucsta ""?&gt; ()acen papel de
,msenot?es. ""?&gt;
~ Cala la luna los follajes. ~ Y albea e( palacio eea( ~ que
act?obático en los mh!afes ""?&gt; del lago, da un salto moetal. ""?&gt;

e
,·

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

JORNADA PRIMERA,:,.- ESCENA PRIMERA

o::-

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

J l'N Manolo y

V

una azefata ..a- conversan bajo los negrillos.
Muere la tarde. Serenata~ de ranas y grillos. ,o.::,
MAiu-MORENA.

LUCERO DEL .ALBA.

MARI-MORl,NA.
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA,
LlJCERO DEL ALBA.
1

1

MARI-MORENA,
LUCERO DEL ALBA.
MARI-MORENA.

¡Con que está la señora soberana,
mi comadre, tan guapa y repolluda!
¿Y hay novedades?
Para la semana,
mediante Dios, saldremos de la duda.
Pues que nos traiga un príncipe.
¡Así sea!

LUCl!RO DEL ALBA.
MAII.I-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

Recibido el recado, acá roe vine.
¿Qué se ocurre?
Tuvimos una idea.
Puede que sin decirla la adivine.
¡Vaya que nol

MARI-MORENA.
LUCERO DEL ALBA.

r
98

Me llama la Señora
porque sabe que en mí tiene un te~plado,
que carga su trabuco en toda hora
para ~Ha. ¿Es verdad? ¿Fué bien hablado?
1Chap1ón, hablaste como un loro viejo!
No me hagas cambalaches con el nombre
El que llaman Chapión es un pendejo,
•
y Lucero del A!ba todo un hombre.
Perdona, Chapión.
. .
1No haya un disgusto!
AntoJa ir de mantón a la verbena
la Señora.
¡La Reina es de mi gusto!
¿Y cuál es mi incumbencia en la fae ?
L
d.
na
uego ispone ir de tapadillo
a un baile de candil.
, .
tViva la Pepa!
¿Tu tienes quien nos guarde?
El Tempranillo
el Zaino, el Mengue, el Toño Y Paco Che~a.
Los de siempre. ¡La flor!
¡Ténlo secreto!
Como el dar pasaporte a un cristiano
y para no olvidarte del respeto
.
hay _que ver de no estar calam:cano.
Mari-Morena deja que presuma
un poco, al escuchar tus dicharachos
El Lucero del Alba, si se ajuma
•
es más fino que el Rey de los g~bachos
¿Y cuál ~aile ha de ser el preferido?
.
El que vieras mejor.
¡Todos son buenos!
El del Rango, el Manolo, el Buen Cumplido...
99

�LA PLUM.A
MARI-MORENA.

·'

LUCERO DEL ALBA.

No faltan en ninguno calvatruenos..
Yo me najo. Pudiera el Gran Preboste,
si en conversa nos ve, ca~r de la luna.
Caso de preguntar, ni oste ni moste.
¡De mi nadie sacó verdad alguna!

E

L talle.ondulante con ondulaciones ,:,,e, de gata,y pimpante-=-=- rit11zo de tacones - .huye la azafata, y su risa fresca ,.. en la escalinata canta picaresca. ,:,,e,

'"'ESCENA II -

E

'L fraque azul abotonado, media guedeja, ,:,,e, y la gavina tkrribada
sobre ia oreja, -=-=- pintando chirlos en el aire con el bastón ,:,o

hace su entrada el Gran Preboste: un fantasmón. ~ Tose su excelencia, un ojo guiñado -=-=- bajo la humareda tk su
tagarnina. e,:, Con~toses, Lucero se marca,y alzado -=-=- el catite, a su
excelencia se avecina. EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.

...
EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.
EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.
EL GRAN PltEBOSTE.
LUCERO DEL ALBA.

EL GuN PuaosTE.

LUCERO I,)EL ALBA.
EL GRAN I'ItEBOSTE.
LUCBRO DEL ALBA.

¡Me parece!

S ALUD~ y se a~eja Lucero

e,,,:, con marchoso compás de pies
apretandost pinturero -e,:. a la cintura el marsellés ,::-=,

~

¡Tú por acá!
Me tira aquella prenda;
la ando por camelar, y es piedra dura;
lleva sobre los ojos una venda,
y no sabe apreciar esta pintura.
¿Y aquellos barrios cómo están?
Lo mismo
que una balsa de aceite.
¿No hay barruntos
de jollfn?
Al que chiste lo descrismo,
y me engraso las botas con sus untos.
Si algo observas...
No tenga usía canguelo.

Allf nadie conspira. Por ahora
en su olivo se está cada mochuelo.
Saben que es mi comadre la Señora.
¿Quiere usía un cigarro? Es contrabando
de Gibraltar. ¡Tabaco peluquillal
Precisamente yo lo estoy buscando!
¡Procúrame una buena pacotilla!
No quiero despistarte de la caza
amorosa que sigues.
Se agradece.
Cuando observes jaleo por la Plaza
de Antón Martín, me avisas.

~

ESCENA III =

R EV?LANTE el suelto manteo ~ y al aire el tricornio, un So.. pon, salta en la arena del paseo -.:. con .flexible g-enu.fierzon.-=-.:Et SOPÓN.

EL GuN PREBosrn.
EL SoPóN.
EL GRAH PREBOSTE.
ELSoP6N.
EL CuN PREBOSTE.

Perdone su excelencia si interrumpo el discurso
genial de sus ideas, y en falta soy incurso.
Pero el ser pretendiente justifica mi falta
que la liebre se ha de matar en donde s;lta.
¿Tú me tomas por liebre?
Metafóricamente.
Prescinde de metáforas para ser pretendiente.
Al colgarme ese mote, también fuí metafórico.
¡Plaga de Salamanca es tu verbo retórico!

100
IOJ

�LA PLUMA
LA PLUMA
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,

EL SOPÓN.
EL GRAN PllEBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,
EL SOPÓN.

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.

...

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE,
EL SOPÓN.

¡No olvidemos Sevilla!
¿Eres tú sevillano?
Bautizado en la misma pila que Cayetano.
Bachiller in utroque.
¡Sopón! Y a lo que veo,
por alcanzar la sopa, arrastras el manteo;
despacha en tres palabras lo que quieres, taimado.
En tres palabras solas: ¡Quiero un arzobispado!
¡De oir tal insolencia, mi bastón se enarbola
para romperte el cráneo!
¡Es muy dura esta bola!
Sal de aqui, que pudiera costarte tu insolencia
tratos con el verdugo.
Espere su Excelencia
que exponga mis razones, y verá si hay pupila
al pretender el Arzobispado de Manila.
¡Sin duda que eres loco!
¡Loco! ¡Y la sinecura
pretendo de una mitra!
¡Ahf está tu locura!
Repasad este escrito.
¿Quién lo firma?
Paquita.
.
Da en la carta una cita.
¡Nunca tuvo estos rasgos la real escri~ural
¡A voces pide un trato de cuerda tu impostura!
Ese papel es copia.
¡Qué cosas la Señora
escribe! ¡Reconozco su pluma pecadora!
Pues la carta es trasunto de otra que está en recaudo;

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL

GRAN

PREBOSTE.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.

EL

GRAN

PREBOSTE.

¡El nombre de la Reina!

si merezco la mitra declare V'Qestro laudo,

EL SOPÓN.
EL GRAN PRE:aOSTB.
EL SOPÓN.

EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN hEBOl!TE.

No te daré la mitra, pero haré tu fortuna,
si esas cartas me entregas.
¡Yo sueño con la luna!
¡Sólo os daré las cartas vestido de encárnadol
¡No admito condiciones, cuando estoy enfadado!
¡Entrégame esas cartas!
¡A cambio del anillo!
¿Pero estás ordenado?
¡He sido monaguillo!
Con el tricornio llevo oculta la tonsura.
Dame las cartas, deja dormir esa locura,
y no quieras que en una mazmorra te sepulte.
¿Dónde están esas cartas?
Permitid que lo oculte.
¡Despidete del dial
¡Le hago mi reverencial
Hablarán las gacetas de mi caso, Excelencia.
Les pondré una mordaza.
Jugando del vocablo,
puede el gacetillero asestar su venablo.
¡Meditad!
Si me pides la Insula Barataria,
te doy su virreinato. Pero a la estrafalaria
pretensión de una mitra, hazle cruz de renunoio.
Si te nombro arzobispo te pone veto el Nlmcio.
Señor, hay precedentes.
¡No seas embustero!
¡Mi palabra!
¡Es posible! ¡Los desconozco! Pero
si existen precedentes, ya no es un desatino.
Obispo de Pamplona ha sido el Valentino,
con sólo la tonsura, que luego fué casado.
¡Pues no tengo noticia yo de ese desahogado!
IOJ

�LA PLUMA

LA PLUMA
¿Quién hizo el n0mbramiento?
Su padre, que era Papa.
Tú llevas él Demonio debajo de la capa.
¿OíHeis de César Borgia, Duque del Valentino?
¿Ese que los poetas nuevos llaman Divino?
¡Con el hijo de un Papa te quieres igualar!
Atended que la mitra la pido en Ultramar.
¿Quieres ser Intendente?
Arzobispo es bastante.
Más gana un Intendente.
Pero queda cesante.
Pues te zumba esa mosca borriquera en el cráneo,
irás con ella a sepultarte en un subterráneo,
y educarás ratones, mientras te pudres vivo.
Permitid, Excelencia, que antes tome el olivo.

EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL S@PÓN.
EL GRAN PRJ,;BOSTE.
EL SúPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN.
EL GRAN PREBOSTE.

EL SOPÓN.

CE salva por pies = con el ¡fú! del gato = y

U

gro garabato.

EL GRAN PREBOSTE.

...,

=

el manteo es .., ne-

1

¡A ese tuno que escapa! ¡A ese del manteo!
¡A ese del tricornio! ¡A ese... 1 ¡No le veol
Haré que me lo arreste esta noche la poli
y recobre las prendas de una pluma panoli.

,e.e,

ESCENA IV=

'ACI ¡Tac! ¡T:Jc! Don Gargarabete ~ surge con fatuo taconeo .-c.
y el bastón con un moliuete
bajo las sombras del paseo.-.
¡ Tac!¡ Tac!¡ Tac! D~n Gargarabete.

T

EL GRAN PREBOSTE.

1'

DoN GARGARABETE.

=
=

¡Al veros, don Gargarabete,
sin querer se fruncen mis cejas!
¡Dejad, que me sigue el copete!

EL GRAN P1tRBOSTE.

Esperad que os diga mis quejas.
Ved esta copia. ¡Os han robado,
señor mfo, el originall
DON GARGARABETE.
¡Nunca a mi mano fué llegado
· este mensaje!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Hay un rival!
DoN GARGARABETE.
¡Mañana le paso un florete!
¡No lo tolero!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Calma!
DON GARGARABETE.
¡Por
mi gracia de Gargarabete
le llevo al campo del honor!
EL GRAN PREBOSTE.
Querido amigo, a lo hecho pecho.
¿Su merced en quién para mientes?
DON GARGARABETE.
En uno del Circo sospecho.
EL GRAN PREBOSTE.
¡Esas mallas concupiscentes!
DON GARGARABETE.
¡Los caprichos de la Señora!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Y si la atajo en sus caprichos,
me lava la cara y me llora
con unos golpes y unos dichos!
¡Pero me extraño del secreto!
DON GAR.GARABETE.
¡Ha puesto los ojos tan bajo!
EL GRAN PREBOSTE. Convengamos que ese respeto
no hace honor a su genio majo.
Do;x GARGARABETE.
¡Y el Rey Consorte esto tolera!
EL GRAN PREBQSTE.
¡Para esto es el Rey Consorte!
DON GARGARABETE.
¡Y no le rompe la mollera!
EL GRAN PREBOSTE.
¡No son los usos de la Corte!
DON GARGARABET.E,
¡Aun ayer con sus embelecos
me retenía en los rincones!
¡Qué idilios en aquellos huecos!
EL GRAN PREBOSTE.
¡Qué ejemplos para los ratones!
DON GARGARABETE,
Vos pebiérais de poner coto

�LA PLUMA
a los idilios cortesanos.
Y promoviera un alboroto
inútil. ¿Quién ve tantas manos?
DoN GARGARABETE.
Pues el motln se viene encima;
todo el mundo protesta.
EL GRAN PREBOSTE.
¿Pero
porque la Reina se comprima
van a echar carne en el puchero?
Sin las intrigas de Inglaterra
no se moviera aquí una paja,
yo conozco mucho mi tierra,
pero el oro inglés Je trabaja.
Hoy tenemos ya puritanos
que hablan en contra de los toros,
de los garrotines gitanos
y nuestra indolencia de moros.
Puritanos que a toda hora
sacan a cuento la moral,
sin comprender que es la Señora
una Reina Meridional .
Esos tontos de mojigata
pretenden un grano de anís:
¡Que tenga la sangre de horchata
la Señora, como una mis!
DoN GAI!tGARABETE.
¡Pues está la gente que arde!
EL GRAN PREBOSTE.
Para acallar esos babeles
irá a les toros una tarde
con pañolón y con claveles.
No tratan con ningún doctrino;
he sido antes tabernero
y sé poner el agua al vino.
Este pueblo es muy novelero.
¡La señora tiene qna falta!

LA PLUMA
¡Una no más! La incontinencia
epistolar. ¡Su 'pluma exalta
el amor, con una inocencia!
Las palabras las lleva el viento,
pero las cartas son traidoras,
no dejan de hablar un momento,
son voces de todas las horas.

EL GRAN PREBOSTE.

IQ6

R

VMOR de risas. La fronda . . cruzan con paso sutil= dos tapadas,y la blonda -a,o, de sus mantillas enronda - con un misterio ti perfil.~
EL GRAN Pttl!BOSTE.

DoN GARGARABETE.
EL GRAN PREBOSTE,

DoN GARGARABETE.
EL GRAN PREBOSTE.

C

Allá van dos de zagalejo,
las caras con el rebocillo
muy cubiertas. Me llega el dejo
de un enredo de tapadillo.
¡Válgame Dios, una es la Reina!
No se irá sin darle un consejo.
Si acaso llora o se despeina,
vos tan terne.
¡Soy perro viejo!
¡Ingrata! ¡Perjura! ¡Traidora!
Es preciso llevarla el son.
Os ha tratado la Señora
igual que a la Constitución.

=

ON la ckiste,-a de soslayo - y un grito terrible m falsete
se
eclipsa Don Gargarabete o:. para no hacer un Dos de Mayo. -::;::.

�LA Pt tJ,MA

LA PLUMA
1, 1

~ESCENA

LA SEÑORA,
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
!,.A SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE,
LA SEÑORA.

1111

1
1

' 1
1

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.

1

'",11

...

EL GRAN

'L palacio entre los ramajes o-&amp;o del jardín se muestra y recata; -.:.
tiembla invertida en los mirajes . . de las fuentes, su columna:a. ~

EL GRAN PREBOSTE.

,. ,

LA SEÑORA.

E

1

'

ti:t GRAN Pitnosn.

v ..

¿Adónde se encamina la Señora,
me pudiera decir?
No te lo digo
porque vas a reñirme.
¡A buena hora
os acuerdan mis rifíasl
Ven conmigo.
¿Pero adónde, Señora?
¡Ven y calla!
¡Sin saberlo no voyl
¡Qué terco eres!
A un baile de candil.
¿Y esa canalla?
¿Quieres que vayan solas dos mujeres?

=

E

PREBOSTE.

LA SKÑOR.A.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREJSOSTB.
LASEÑou.
EL GRAN P_REBOSTI.
LA SEÑORA.
EL GRAN PRnOSTE.
LA SEÑORA.

Et GRAN PREBOSTE.
fa. GRAN PREBOSTE.

EL GRAN PitEBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

LA SE~ORA.

A

MONADA la escolta cabecea .::-e- y bajo el cielo del jardín, levanta
una grotesca imagen de Y udea r.;:,. como aquel Paso de
Semana Santa~ que un indiano 1'8faló a mi aldea.~
108

=

¡No es sensato!
Mañana me presentas el decreto.
Hay Prensa, y puede darnos un mal rato.
Con la censura guardará el secreto.
¡Ya no hay nadie que crea sus embustes!
¡Ojalá fuera así!
¿Vienes conmigo?
Hay un asunto grave.
¡No me asustes!
Dos cartas que escribisteis a un amigo.
¿Y son, sin duda, comprometedoras?
¡Son cartas incendiarias!
¡No me cuentes!

¡Las cartas que escribimos las señoras

'N la sombra se inicia ia patrulla de jaques
que a Lucero del
Alba pidió Mari-Morena. ,.. Y en el claro de lun&lt;J los huecos meriñaques oo abren su rododendro sobre la blanca arena. ._
¿Pero sabéis, Señora, que en los bailes
de candil el Diablo hace las suyas?
¡No seas camastrón! ¡Harto los frailes
me cantan ese pliego de aleluyas!

¡lmagino que todo es una chanza!
¡Muy mal imaginado, señor mío!
Pues si alguno se entera de la danza
nos arman en las Cortes el gran lío.
Se disuelven las Cortes.

LA SEÑORA.

LA SEÑORA.

en cierto estado de delicuecentesl
¿Y qué piden por ellas los mambises?
¡La Mitra de Manila!
¿Dénde es eso?
Viene a caer allá por los palses
de Ultramar.
Les daremos ese hueso.
¡Y los vaticanistas son capaces
de arrancarnos los ojos!
rAy, qué empeño
por aguarme la noche! ¡Y qué incapaces
todos, para sacarme de un empeño!
Si no le das la Mitra, lo haces Duque,
Embajador, Ministro, General.

�LA PLUMA
EL GRAN PREB09I'E.
LA SEÑORA.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑOR.A.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑOR.A.

EL GRANPuBOSTE.

L•- SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

.

:Í...A SEÑORA.
EL GRA,, PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PRBiOSTE.
LA SEÑORA
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA
EL GRAN PREBOSTE.

LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
110

Mi amada Reina no se me en(urruque;
haremos a ese tuno concejal.
¡Dichosas cartas de un corazón tierno!
¿Y a quién van dirigidas?
Aún se ignora.
¡Yo escribo muy formal por el invierno!
¡Serán de este verano!
¡Son de ahora!
De ahora no son.
¡Se tratará de un timol
¡Y tú eres el gatera, el de pestaña,
el que las ve venir! ¡Valiente primo!
¡Mira que haberte dado esa castaila
No me enojara de que fuese engaño,
aun cuando la Señora me moteje.
Serán cartas antiguas.
Pero el dailo
lo hacen igual.
¿Y quién será ese peje?
De estudiante sopón lleva bayetas.
¡No pudiste buscarme amor más bajo!
Pensé fuera disfraz.
Las enjaretas
con un maravilloso desparpajo.
¡Es favor que me hacéis!
No seas irónico,
y dime alguna frase de esas cartas.
Vuestro verbo de amor es anacrónico
en la boca de un viejo.
¡Ya me hartas!
¡Quién puede retener en el meollo
aquel volcán de vuestro diccionario!
¡Dime, al menos, qué trazas tiene el po llol

LA PLUMA
EL GRAN 1&gt;.REBOSTE.
LA SESORA.

MARI-MORENA.
LA SEÑOR.A.

MARI-MORENA.
LA SEÑORA.
MARI-MORENA.
LA SEÑORA.
Mur MORENA.

EL GRAN PREBOSTE.

MARI-MORENA.
fu. GJtAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
EL GRAN PREBOSTE.

l&gt;ues las trazas de ser un perdulario.
Estoy por recordar, y cuando creo
que voy a conseguirlo, doy de bruces
y se_ me va la idea de paseo.
Man-Morena llega a darme luces.
¿Qué manda la Señora?
,
Llega, hija.
¿Tu recuerdas si tuve una novela
en un baile de Poi?
Un estudiante.

No estoy muy fija.

¡Ha sido en la Zarzuela!
¿Hubo algo, verdad?
Un ramalazo
sanguíneo, que os duró sólo tres días.
Ya me acuerdo, mujer, de aquel pelmazo
¡Qué memoria la tuya ea cosas mías!
.
¡Ramalazo ~e sangre! ¿Y no diquelas
lo l1_ue requiere el caso, Mariquilla?
¡Yo, no señor!
¡Un par de sanguijuelas!
¿Dónde, señor?
¡Sobre la rabadilla!

LA f

alrulla calamucana -=-:. ba:fo la luna hace .
,
JO de la fontana . . al zambullido de la
zzg-zas oc. y el esperana -=o hace ¡cltás! ~

VoCEs oa T.A PATRULLA. ¿Qué ocurre? Q
LUCERO.
A .
¿ ué sucede? ¡Preveaidosl
EL
¿ qu1é11 hay que diñár 1
GRAN PREB9STI!
¡Qué ab d
se a, Excelencia?
LA Sl!ÑO!lA.
"
sur o es éste!
Con tus alaridos
los despertaste, Y es la somnolencia.
111

�LA i&gt;L u1iA

l

t de rer
J. ,1,,ona -=-=- bermeja
'NFLA la luna los carrillos -:,c. y su caro~
de risa detona ,e-e- por encima de los negrillos. -

EL GRAN PREBOSTE.
LUCERO.

EL GRAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
EL GRAN PREBOSTE.

LUCERO.
EL GRAN PREBOSTE.
MARI-MORENA.
LA SENORA.

Guarde la buena gente cortesla.
Ha sido un sobresalto motivado
a tanto tener ojo en la vigia
de la Señora.
¡Ya me he penetrado!
¿No gasta usla reloj.&gt;
Lo gasto, pero
no lo saco de noche entre estos pillos.
1No hay uno que no sea un caballero!
l 1
¡un caballero de cortar bolsil os ?
¿Y por qué antojas tú saber la hora
Porque el baile ha de estar en su momento
y no debe perderlo la Señora.
.
¡Siempre tienes mi mismo pensam1entol

Divagación a (a (ua
de las candilejas. ==

.

L

,110 • ..,
VCERO se precia con toses de guar
=-c. Rie la comadre feltz Y
carnal - y un temblor cackondo le baja del papo a1 anca
fondona de yegug, 'real. Ven , Lucero, a mi lado, y dame rosca.
LA St!ÑORA.

EL GRAN PREBOSTE.
LA SEÑORA.
EL GRAN PREBOSTE.

L

¿Disolveré las Cortes?
1Ya lo creo!
¿No te di mi palabra?
¡Que otra mosca
no pique a la Señora en el paseo!

A luna desde su ventana -=-=- celeste, contempla _el ran~afe ...~ : .
salta bu1lona la rana-=-.:- en la lttz de un móvil enca¡e. .:-::
la
un volatin .,.. en
na l a arquesta _,_ los grillos o=- y kace la luna l'
cima de los negrillos, - que le sirven de trampa m. ,_

=

PIN DE LA JORNADA PRIMERA.

RAMON DBL VALLB-INCLAN
Il:Z

Espejo de costumbres llaman al teatro los retóricos. ¡Qué mucho si los
moralistas fruncen el entrecejo considerando los espectáculos al uso! Y no
es que yo quiera romper lanzas ni cañas en pro de ningún pudoroso bombero de servicio. La moralidad de mis reflexiones es muy otra.
Pornefandas que puedan parecer las costumbres reflejadas en la escena,
nunca lo serán tanto como la de llenar el público los teatros donde todo
mal gusto tiene hoy aberrado culto. Y si, por lo quf' de otras partes hemos visto o nos cuentan, la epidemia ha prendido en el mundo civilizado
en general, en España adquiere ya los mismos caracteres endémicos que la
grippe, pongo por universal azote.
Nunca como ahora ha habido tan poca afición al teatro. Basta considerar los innumerables que funcionan, incalificables todos, con pingües rendimientos, sin duda. Desde la altiva Princesa a la ruin pesquería de la
Chelito, por no citar sino los coliseos madrileños de que toman bárbaro
ejemplo los de provincias y América, no hay un solo lugar donde distraer el ánimo de las miserias cotidianas.
En España no hay teatro, con sobra de ellos. Faltan el autor dramático, el cómico y el público. Con el género chico ha desaparecido el último
vestigio de literatura teatral, siqaier fuera de baja estofa la de los saineteros que en estos tiempos de pan llevar acertaron todavía a crear una
generación de intérpretes y espectadores, en la fecha postrera de un teatro iniciado por el batihoja Lope de Rueda, y culminante en la producción dramática del XYlIJ.
8
lll

�LA PLUMA

ol
ITT''

La decadencia actual del espíritu público, el derrumbamiento de la
-sociedad española, el desolado ambiente en que se consume la burguesla
de la Restauración y la Regencia, adviértense sobre todo en los espectácu¡os. No soy de los que juzgan más triste que otro alguno el del Congreso
de los Diputados, ni más vergonzoso el de las corridas de toros. Peores
me parecen el oropel, la ñoñez, el caótico escándalo que infestan los escenarios; sobremanera abominables las infames mixtificaciones a que suele darse el nombre de uatr,s artistícos. Contra ese mercantilismo de
mala fe debemos esforzar la voz cuantos defendemos en el arte un patrimonio común del artista y el público.
Los llamados teatros de arte, de que no hemos tenido en España
sino tal cual parodia esporádica, nacieron varios lustros ha, en pleno éxito del realismo escénico francés, al triunfar en el Boulevard los autores y
actores educados en el Teatro Libre de Antoine. Surgieron entonces los
teatros de arte como protesta estética contra el verismo fin de siglo. Opusieron al naturalismo la estilización. Ello ha dado lugar al romanticismo

dec01 ativo de ahora.

..

Estos términos antagónicos no se:emplean aquí de una manera definitiva, ni se pretende con ellos clasificar estrictamente las últimas tendencias de las artes escénicas. Diferenciadas en esencia, aseméjanse muchas
veces en tantos detalles exteriores cuantas son las influencias recíprocas
entre las formas tradicionales y las modernísimas normas. Intento señalar tan sólo las manifestaciones que jalonan, en la época critica que vivimos, el camino del porvenir.
Wágner, con su concepto sinfónico de las bellas artes, puestas a contribución en el drama sin esa supeditación de valores, esa jerarqula que
presupone todo teatro cldsíco, inaugura en la segunda mitad del pasádo
siglo la confusión estética en que se afanan hoy vanamente_ los direc~o~es
de escenas &amp;rtísticas. Al querer fundir la plástica, la dramática y la mus1ca
en la suprema slntesis de Bayreuth, erige una nueva Babel. La pretendida
armonia degenera en tumulto. Perece la idea monstruosa y sólo el músico se salva.
De los despojos del wagnerismo, de la simiente esparcida aqul y allá
114

LA PLUMA

;J

por los vientos antiwagnerianos
.
Renace remozada la danza· Lo'1· geFrllllllnanl nuevos modos del arte teatral.
•
•
e u er sadora D
sentido musical a los antiguos cá
d'
uncan, prestan color y
ra Imperio y Antonia la Ar en:one~ e la estatuaria. En España, Pastoprodigiosa intuición a que s·g
oáa epuran el zapateado de tablao con
.
,
1rve m s que de
ñ
c1ón que les dispensan literatos
f
cose anza de acicate la atenbailes rusos.
y ar istas. Corren Europa en triunfo los
. ~l apogeo del ballet difunde la afición a 1
.
mfluJo en el arte dramát·
.
a pantomima decorativa cuyo
1co anuncia la bo
d
'
ahora relegado a unos cua t
.
ga e1 teatro artístico, hasta
. .
n os escenanos de Mos , d M .
el prestigio de los cuales debf
ás
cu, e umch, de Parls
•
ase m a su rareza q
fi
.
'
e d ucac16n estética del p 'bl"
L
ue a su e cac1a en la
u ico. os nombres d
R •
antagonista Gordon Craig i"lust
e un e1nhardt, o de su
•
ran una nueva mod p
, .
no, las vastas escenas y com licada m
. . a. ero en ultimo térmificticia sencillez del otro i
_aqumana teatral del uno, como la
la decoración sobre el te~t:~;:::t~cn:. inversión nefasta: el predominio de

¡.

. La restauración de la paz ofrece dil d
.
c1onado al teatro Por do .
l
ata o campo a la cunosidad del afi.
quier, sa vo en Espa~
d .
terés por ver de hallar el es ectá
na, ~e a vierte el mismo inpúblico removida por la gup
clulo corres~ond1ente a la sensibilidad del
erra Y a revoluc1ón E F
·
te, tenemos este año diversos
. n rancia, especialmendramaturgia de los ti"
ensayos teatrales, susceptibles de incubar la
.
empos nuevos. No suel
p
para tnvenciones arduas d
. ,
e ser arfs lugar adecuado
.
e mnguo orden en c
t
• .
na se eJercita. Fiel guardad
.
uan os 1a actividad humaora, en cambio de un t d" "6
ea grado sumo la facultad d d"
.
,
a ra 1c1 n crítica, posee
•¡
e 1scern1r y elabor
f.
•
m1 able, la primera materia a t' ti
.
ar, en orma fác1Imeote asifrancesas. Tal es su prioci
i~ c~ import~d~ de allende las fronteras
donde el ciudadano un·
pla v1prtu -tal as1m1smo su limitación-. Por
.
1versa , en arfs mejo
c1clopédico resumen de los I b t .
r que en otra parte, halla ena ora onos del mu 0 d 0 d
.
tura experimental.
Y e toda exótica aven-

t

. Asf, pues, vemos a Lugné-Poe reanud I
.
ve10te años con el c1·cto "b .
ar a labor emprendida hace
•
1 semano que ha co ft 'd
.
la temporada actual del teatro de 'z•o
ns i u1 o casi exclusivamente
euvre, amén de tal cual novedad de

�LA PLUMA

1

.1

'l

..

segundo orden. La representación de Casa de Muñeca, interpretada este
invierno por esa Nora, cuyo temperamento sólo admite parangón con el
patetismo de Eleonora Duse, por esa colaboradora póstuma del propio
Ibsen-he nombrado a Suzanne Despres-bastarfa para justificar la obra
de Lugué-Poe que persistente en una tradición propia, aunque un tanto
estricta, rehuye el gran público, limitando el número de espectadores de
su teatro, a semejanza de algunas sociedades inglesas importantísimas en
el movimiento dramático contemporáneo; práctica beneficiosa para suscitar
la comunicación entre el escenario y la sala, pero que puede degenerar en
una especie de pseudo aristocraciaartistica, perniciosa para el arte mismo.
Opuesto al pequeño teatro ideal de l'Oeuvre, Fermln Gemier, Shylock
imponderable en el Mercader de Venecia que poco antes de la guerra le
consagró entre los primeros directores de escena, propónese lograr esa
comunión de actores y público en la obra dramática que constituye la virtud esencial del teatro antiguo. \Jno de sus primeros empeños ha sido el
de romper el marco habitual de los escenarios, guiado de una opinión fecundísima en futuras posibilidades, ya que no cierta en su realización ac.
tual; la de que la escena imprime carácter y suscita un género obligado. Y
así, ensayando grandes representaciones con numerosas comparsas en que
figuran gimnastas y atletas, movidas con un criterio plástico y musical, con
amplia arquitectura por fondo, en el anfiteatro de un circo, pretende crear
un espectáculo que corresponda a la conciencia social contemporánea en
la misma medida que el teatro y los juegos de la antigüedad clásica resumían artísticamente el espíriru del pueblo congregado para presenciarlos.
Si el resultado no responde a la intención de Gémier, débese a un error
de concepto, hijo de la confusión wagneriana antes aludida. La decadencia del teatro no consiste tan sólo en el aislamiento material del escenario, en el alejamiento tradicional de la perspectiva, en el estrecho marco
de la embocadura usual. Prueba de ello es que Gémier, suprimiendo los
prejuicios exteriores de la ficción teatral, en las tres obras represeatadas
esta temporada bajo su dirección en el teatro Antoine y en el Circo de Invierno, ha roto la divisoria entre las tablas y la platea, ha hecho que en
diversos pasajes de la representación los personajes circulen por entre el
116

,

LA PLUMA
. público, e incluso reciten desde un palco·
tisfechos o no del espectáculo h
, y c?n todo, los espectadores, sa, an permanecido a1·eno I d
,
s a rama, sin abandonarse por un momento a la e mociº6 n comun
que Ge .
tar. Pero es que ni la Maria d. l C.
mier pretende suscide Murcie-, ni el Edi"o rl'11 'Ieabrmedn'.fide Feliú y Codina-A~jardlns
.
-r , -J
as, i uso que no ref d'd
ta Samt-Georges de Bouhélºier en un .,,also estil d
. un. i o por el poe•
la Gran Pastoral adaptada de 1
• o e misteno medioeval, ni
as representaciones
1
podían tener para el públi·co d p f
popu ares de Provenza
e ar s más que u · t é •
'
de teatro de la Naturaleza s·10 ., d
nin er s pintoresco. Mezcla
•
,on o natural de j
lí .
dio, de escena clásica sin tragedi 1
,
uegos o mpicos sin esta.
a, e ensayo de Gém ·
más, h fbndo producto de la confus'ó d l
ier es un monstruo,
El Vimx-Colombler-que d 1 i~l e as artes, no de su armonía.
inicia vict~riosamente una reac;ió: sal:d:~l~ue se alza toma su nombreponderancia de la obra dramát"
S d'
en los teatros de arte: la pre.
tea. u irector artísti J
presande de toda representac1'ó . t'ó .
co, acques Copeau,
n pie nea del lu
d 1
•
ma, Y encomienda a la luz y 1 .
gar e a acción del dra.esHlo del autor, el sugerimie:t~u~:~ad: los a~tores, fieles servidores del
absoluta, tal es el camino La b
ecoración. De no ser esa la verdad
·
o ra de arte no
l
.
cosmos, pero sf la sugestión qu 1 .
.
es a representación del
pectador para que éste co
e e .amsta eJerce sobre el ánimo del esta contemplación que aquélmlponfga ideCalmente los términos que faltan en
e O rece. uando el h b ·
nuevo el universo se pierde en l
. . . om re intenta crear de
bidurfa clásica.
e caos. La hm1tac1óo es fuente de toda sa .

;.e

. El teatro del Vieuz-Colombler quizá adol
.
literaria, capaz de reducir verbi
.
ezca de excesiva contención
ámbitos de la catedral gó't·
glrac1a, el a~to sacramental propio para los
ica a as comedidas
·
.
proporciones de una capiUa protestante. Acaso Shak
espeare necesite más lib
d
con el vulgo, que no el tono en d
¡
erta , más contacto
tores harto cultos; tal ve h
emas a erudito y meticuloso de unos acque el austero recogimie:toa~a ~eo~ster el tabladillo al aire libre, mejor
ción de su nombre s·
be a se ecta asamblea educada en la venera•
Colombier paréce~e 110 e; argo de lo cual, la orientación del Vieuxtioción de géneros y ta s aclerlt~da, en cuanto implica ante todo la disco a 1teratura dramática.

7e

117

�LA PLUMA

~,

.· li!

;,¡

Más audaz, aunque menos consistente, existe ya en germen un teatro
futurista, es decir, que mira al porvenir. Sólo un espectáculo-concert ha
dado hasta ahora bajo la dirección del esteta Jean Cocteau. Hace ya
unos años, Marinetti-que ensaya hoy en Italia un teatro sumamente sintético, de acción quintaesenciada-proclamó en delirante programa la
supremacia del music-hall, expresión purísima, a su entender, del arte teatral contemporáneo. El intento de Cocteau y sus amigos, influido de los
bailes rusos, de las teorías de Gordon Craig acerca de la inferioridad de
la mímica del actor respecto a la máscara, y del marinettismo susodicho,
ha tenido brillante [realización, merced al apoyo de los ricos de pronto
y a los intérpretes de la pantomima, escogidos entre los mejores acróbatas y payasos, finamente caracterizados con grotescas cabezas de cartón,
y adiestrados en una mecanización humorística de verdadera gracia decadente. Porque, en último término, semejantes modos de arte revelan un
espíritu aristócrata gastado en agudas elucubraciones escépticas. La época
critica que el mundo atraviesa exige la creación de ese teatro social,
que de antaño apunta en diferentes tentativas. Tal se proponen las Fiestas
del Pueblo, organizadas recientemente en París con progr~as musicales
propios para grandes multitudes. En el pasado abril, los coros_de obreros
y la orquesta formados por monsieur Doyen bajo su batuta, interpreta·
ban en la sala del Trocadero la Novena Sinfonía ante una muchedumbre
fervorosa.
En España, la Escuela Aueva de educación socialista ensaya un teatro
fundado en el mismo criterio por que se rigen actualmente las escenas
efidalu de la República rusa. Pues que todo nuevo teatr_o propónese. ~l
renacimiento del drama legendario, de los graµdes mitos, cifra de cada c1v1lización, en tanto no surge el poeta trágico capaz de plaamar la historia
de su tiempo, menester será levantar el ánimo público con las representaciones heroicas de los tiempos caducos. Y que los grandes griegos, el
inglés único, los monstruosos españoles, los claros franceses, los ro~ánticos alemanes, el noruego fuerte, los rusos delirantes, abran caIWno al
futuro.
La reciente representación de Un enemigo del pueblo, de Ibsen, interu8

LA PLUMA
pretado por actores bisoños, ante un público popular, en el Teatro Español, con motivo del último Congreso de la Unión General de Trabajadores, ha revelado hasta qué punto es fácil la regeneración de nuestra
escen.a a base de.actores y espectadores no contaminados por el ambiente.
.Mientras subsista la organización actual de la sociedad, corresponde al
artista ~antener el fuego sagrado del arte puro, es decir, trascendente. Ha
de suscit~r la creación del tipo cómico universal, en el espectáculo de
cuya pasión purgue la Humanidad su afán, el Arlequín, el don Juan, el
Char~ot. Para ello es preciso luchar sin tregua contra el rebajamiento in~uStnal del teatro. Hay que orear la escena, organizar espectáculos al aire libre, fundar cooperativas de cómicos y autores en sustitución de las empresas explotadoras del negocio teatral, reeducar al cómico y al espectador libertándolos de los hábitos adquiridos en una rutina ayuna de ideal.
~ordon C.raig pr?pone como remedio la sustitución del actor, que humaniza excesivamente las proporciones y el tono de la obra dramática por
I
.
•
'
.ª manoneta mgrávida. Entre nosotros, D. Ramón del Valle-Inclán cuya
Juvent ud mtenor
·
· reverdece a cada primavera, ensaya con mano maestra
'
e.n su teatro la farsa heroica fuera del tiempo y el espacio de los escenanos actuales. Se habla de la posibilidad de contratar por una temporada
el Teatro del Pic,o'·
.
.
~· ~z, d e R orna, cuyas r~presentac1ones
descubnrían
como
antaño, los b a1·1es rusos, nuevos horizontes
.
'
a nuestros ojos cansados
de
tanta pobretería y desamparo artísticos.
'
. Pero nunca se insistirá bastante sobre la necesidad de fijar bien los térmmos y señalar difierenc1as,
·
· ·
.
en ev1tac1ón
de las confus10nes
a que suele
dar lugar nuestra ignorancia de las cosas más elementales. Hay que tener
: cuenta que en Madrid, donde no halla empresario para sus obras don
iguel de Unamuno, se llama todavía teatro popular al ~·an &lt;ros!. de
J,.
J•
,
Joaquín fficenta (padre), que aún se forman Compañías capaces
de representar los dramas imberbes de Joaquín Dicenta (hijo) y que de cuando en
cuando se e tr
.
.
'
. '
,
s ena, con pretensiones de renovación artística, una tragedia
del Sr. Grau.

C. RIVAS CHBRIP.

�.~.....:••-,•Mltt•Ye7. . . . .~........ ~ ~ - - - - • • ._

Poloo de Otoñ
...,. . .

............................,...•• •.I.

.... -~·--•"-~

I
Alza el viento otoñal sobre la lierra
potvo que antaño palpz"tó de vida,
y la nube reseca nos convz'da
-memento-a meditar; pero se cierra
con los ofos la mente, que en la guerra
no hay que pensar en paz, y la partz'da
sz'endo a muerte, la muerte el alma olvida
y a luchar por luchar no más se aferra.
Diríase que el corazón del mundo
se paró de latir, y en un momento
bafo el pálz'do cielo moribundo
nos llama al polvo seco el bafo vúnto
con sz'lbo de agonía gemebundo
en ocaso de otoño amarillento.

II
Es ocaso de otoño; dulcemente
va el río-una ola sola, llana y lenta120

LA Pi.UMA
llevándose la manta amarz·llenta
de las hofas que el viento del poniente
arranca de los chopos; contra elpuente
presa el agua entre pt'edras se lamenta
y el sol al enterrarse la ensangrienta
de luz; el delo pésame en la frente.
Las horas todas son una sola hora,
hora amarilla y tierna, hora de ocaso,
tinta en sangre que presto se evapora;
abierto al delo el corazón es vaso
donde la noche su rocío llora
cuando nos abre, al fin, el postrer paso

III
Postrer paso que vienes de ta cuna,
vas cediendo ya al canto que te briza;
el viento del otoño al agua rzza
con rzzo en que se rompe de la luna,
.que nace llena-¡espefo de fortuna!-,
el retrato en el agua; se agudiza
el oído al silencio y se enhechiza
d alma, lz'bre de z'lusz'ón alguna.
En este atardecer del tardo octubre
terrz'ble paz espesa, zrrespz'rable,
121

�LA PLUMA

como polvo de plomo el cielo cubre;
el mundo calla para que nos hable
este viento otoñal que nos descubre
las heces del reposo inacabable.

1 11

•
IV
Del fondo del reposo que no acaba
brotaste, mi alma llena, a contemplarte
sola y desnuda de universo, aparte
de la vida de muerte que se traba
con el polvo otoñal; se coronaba
de almas el cielo-espefo-al asomarte
y era el espefo celes#al del arte
tu creación, de que te hiciste esclava.
Pronto otra vez desnuda, tse testigo
potvo i·nerte ha de hacérsete, y el poso
de ese polvo será tu último abrigo,
quieto, mudo, i·ntangi·ble y tenebroso,
y a él llevarás lo que nació contigo
y arma fué de tu lucha y blanco)! coso.

...

MIGUBL DB UNAMUNO
Salamanca 24-9-1919

quía musical de Amécica
o

indigenismo y eut?ope1~ac1on
.,

., JI

D

de una temporada de orientalismo agudo y de más largo·
tiempo aún de orientalismo más tranquilo-y más convencional-,
comienza a quererse en la música un color «occidental• que no sabemos
todavía con clarid~d qué es lo que sea, pero que no nos ilusiona demasiado si lo que se entiende por «occidental&gt; en música es poco más o
menos el «color europeo&gt; con que se distinguieron siempre las consecuencias del germanismo musical.
ESPUÉS

Precisamente este exceso de europeización fué lo que provocó la•
reacción orientalista. Los pueblos que tenían música de un color propio
se resistían bastante bien a la intrusión germánica. Ésta se verificaba en
los planos pretendidamente superiores de la actividad artística de cada·
País; es decir, que los músicos so{-disants sabios, debían serlo por hacer
música alemanizante. No así los compositores de menor cuantía, que se •
refugiaban en la música popular. Tenidos en menos, gozaban, en cambio,
de los beneficios de la inmunidad. Y, por eso, cuando los efectos de la
inoculación germana se dejaron sentir con violencia y cuando, para antL.

12.1
123

�LA PLUMA

..

doto de ella, se pregonó el «nacionalismo», fueron aquellos músicos
menospreciados quienes se convirtieron en modelos para la gente que
vino después.
Tal fué lo ocurrido en Rusia. Munich y Leipzig se habían colado en la
vida musical rusa con grandes aires de plancheta; pero la reacción fué
fuerte y aquellos músicos rusos que hadan «música para cocheros» limpiaron bien el ambiente viciado. Como abrieron las puertas de Oriente,
todo un mundo nuevo de color, de melodía, de ritmos se derramó por su
país como una avalancha, y tan grande, que no sólo los inundó a ellos
sino que se extendió por toda Europa, tan beneficiosamente como un
desbordamiento del Nilo.
Estas curas de exotismo son remedios admirables, pero son remedios
heroicos: a vida o a muerte. Hay que reaccionar pronto; si no, se sucumbe.
Y Europa, después de asimilarse todo ese orientalismo, se afirmó vigorosamente en un retoñar simultáneo del arte musical de cada una de esas
naciones.
Y por eso se habla ahora-como consecuencia de ese impulso- de
buscar algo que pueda considerarse como típicamente occidentalista.
No sin peligro, porque el exagerado creerá necesario para mostrarse
«occidentalista&gt; el abominar del orientalismo anterior y caerá en un cerebralismo seco y frio, casi peor que el germanismo aquel que aborreda. El
occidentalismo nuevo paréceme que lleva malas trazas. Ya lo examinaremos en otra ocasión. Pero por el momento pensamos: ¿y si este movimiento hacia Occidente fuese tan vivo que impulsase a los músicos más
allá del Atlántico? Pues he aquí una nueva cura de exotismo que podría
volver a atemperarnos.
.
-Siempre y cuando que América fuese considerada como cosa exótica y no como la sucursal de Europa. (Artísticamente, a lo menos.)
Ahora bien, habría que decir a los americanos: Si nosotros hemo~ de
ir a buscaros, haced el favor de no venir a nuestro encuentro. Amencanizaos bien vosotros mismos, evitad las inoculaciones europeas.
Yo creo que esto lo sienten ya algunos músicos del doble continente.
,Hay aún muchos que con la cara negra o los rasgos aztecas se ponen cuello
124

LA PLUMA
planchado y fabrican música europea. 1Qué error profundo! ¡Como si no
fuera mucho más interesante ser negro o ser azteca! Mientras que Darius
Milhaud hace un coktail de ritmos del •quartier chocolat• neoyorquino
y de machichas auténticamente negro-brasileñas, pues hay cada ColeridgeTaylor que sueña con los ciclismos franckistas y canta a Hyawatha con
un romanticismo alemán que da tristeza. ¡Si a lo menos nos hubieran
sabido hacer un romanticismo longfellowiano, menos mal! Para el norteamericano de los Estados interiores, una música basada en las costumbres
aviejadas de esos Estados podría ser un buen descubrimiento. Encontrar
hoy la sensibilidad de hace un siglo y sus modas, 1qué cosa interesante!
. Más aún los negros auténticos, cuya música es prodigiosamente sugestiva: (Desde Dvorak hasta nuestros días de cabaret, el negrismo nos ha
enviado buenas cantidades de •color&gt; a los europeos.) Mayor confianza tenemos en Henry T. Burleigh y en Will Marion Cook, con sus «espirituales»,
tan llen~s de carácter y de fuerza-alegría y nostalgia en rara y exquisita
proporción-que en compolsitores como Charles-Martín Loeffler, que
ponen en música a Maeterlink (La Morte de Tintangiles), siquiera Loeffler
sea,con Parker-Carpénter y alguno más,un compositor muy distinguido.
El peor de los males musicales de los Estados U nidos es su furiosa
importación. Sus revistas de comercio musical dan vértigos a fuerza de
retratos, reclamos, bombos zepelinescos y la más absoluta vaciedad en el
fondo. Aunque desfila por todos sus Estados una tropa de virtuosos de
toda calaña, la labor de un Kurt Schindler, por ejemplo, haciendo cantar
~úsica regional, música negra, música de todos los países de Europa que
tienen algún carácter-España, Escandinavia, Rusia, Irlanda...-es mucho
más sana y más fecunda. Si la iniciativa cundiese por el interior de la gran
república podríamos ver multiplicados ejemplos análogos a la colección
de • Viejas canciones inglesas en los Appallachias del Norte&gt; y a colecciones de música indígena.
***
Esa riqueza indígena parece ser extraordinariamente grande en Méjico~
Algunos escritores como Manuel M. Ponce han hecho estudios interesan125

�LA PLUMA

..

,tes que nos informan de los bailes y tonadas que llegados de Europa
hacia el siglo xvm se aclimataron allí, mientras que se perdieron o poco
menos en España. Tal el «jarabe• descendiente probable de nuestro «zapateado• 0 de las «seguidillas» manchegas, mientras que hacia la costa, los
«&lt;lanzones•, «tangos• y «guajiras•, parecen haberles llegado de Cuba. La
vida musical de Méjico es hoy bastante activa. Conocemos los nombres
de muchos compositores y críticos. Escriben música y escriben artículos
que parecen di-stinados a demostrar que alli no s~ les pasa ~ada_ de lo que
,corre por Europa. ¡Lástima que esta preocupación les d1stra1ga en su
interés de lo que queda quieto allá al fondo de su tierra! En los libritos
que escriben leemos mucho sobre Beethoven, sobre Chopín, sobre Mussorgsky inclusive, junto a una constante loa a la_ músic_a. universal. ~l d~a
que la señorita Alba Herrera Ogazón pueda añadir a su mteresante h1stona
del arte musical mejicano un capítulo dedicado a los «músicos autóctonos•
(passtz le mot...) nos alegraremos vivamente.
.
¡Y cómo debe sonar esa manigua antillana! Cuba y Santo Dommgo
tienen una riqueza espléndida en música indígena, de un carácter y de una
originalidad potentemente acentuada, algun?s ~e cuyos acen~os no n~s
son desconocidos a las gentes de Europa, s1 bien se hayan ido desvirtuando a lo largo de nuestras costumbres coloniales. Ni Persia ni Arabia
•tienen más vivos colores ni más deliciosas inflexiones, ni ritmos más insinuantes1 ni timbres instrumentales más llenos de sugestiones. Un músico
genial y sin educación sofística podría crear con ellos algo tan rico y tan
, espléndido como un Borodino o un Rímsky...
.
.
Las Repúblicas Centrales reconstruirián a buen seguro una preh1stona
musical si estudiasen los instrumentos indígenas encontrados, y aun hoy
si vigilasen las costumbres musicales de sus indiÓs. La músic~ i~cásica, de
la que algo se ha recogido, está llena de interés, y las descnpc1ones qu_e
.se nos hacen de sus danzas y de sus instrumentos populares. En el Peru,
algunas colecciones de • Yaravies• quiteños han servido a compositores
españoles, y creemos que a alguno de su país. En cambio :n Santo
Domingo, junto a la «media tuna• y al «punto y llanto•, acompanados por
«cuatro• (guitarras pequeñas), al aristocrático «galeron• y al «zapateo»,
120

LA PLUMA
-~~rente del'd: Cuba, se encuentran aú::i en vigor los «areitos» típicamente
indios... También la «danza» de Santo Domingo, aun semejante a la habanera, conserva su original irregularidad rítmica. Muchos músicos dominicanos-la educación musical en Santo Domingo fué con la universitaria la
más antigua de América-ensayaron a llevar la «danza• al terreno artístico, Y muchos nombres sobresalieron en ese empeño, llevando la • danza
tropical» a Méjico, a Cuba (donde cedió su puesto al «danzón» de ritmo
más monótono y elemental) y a Colombia, donde se mezcló con el «bambuco» (otro pariente cercano de la habanera), a las «cumbias• características de los negros de la costa, a los •pasillos» y demás típicas canciones
-de los llanos Y a los ligeros «torbellinos» netamente colombianos y uno
de los más claros ejemplos del primitivismo constructivo en la músita
popular.
Algunas muestras de la música cultista de Chile han figurado en programas dedicados exclusivamente a músicos argentinos. Hoy es probablement: la Argentina la República que más trabaja por asimilarse en sus producci~nes «de arte• el canto pampero; pero es, creemos, la más pobre en
melodta popular. •Gatos» y «vidalitas» animan la ya abundante cantidad
de ~úsica debida a artistas del país que alternan en los programas de la
Sociedad Nacional de Música de Buenos Aires, quienes siguen ávidamente el movimiento de renovación musical de Europa y vigilan el rumbo
de las nuevas tendencias. Y como éstas son francamente contrarias a los
viejos dogmatismos, a los anquilosados criterios y a los formalismos caducos es seguro que la mejor lección que sacarán de ello será la de comprobar que es dentro de la misma América donde sus musas tienen el refugio.
Para ellos Y para nosotros, entre la decrépita Euterpe de nuestras longitudes Y la virgen musa cobriza inca, azteca o araucana, la elección no
parece dudosa.

ADOLFO SALAZAR

127

�LA PLÚMÁ
las otras! Algún día hablaremos de ellas.) Tengo todo eso que he dicho,
y tengo más: tengo cuatro veraneos en el magín y todos tiran de mí con

furia.

Ct?ónieas

dé "la Dame de
,Cuándo se va usted2 o el
vet?aneo de Bucidán. ~
. tos de conversación, todavía los ojos
no llevamos tres mmhu
·do por entero en ese exa.
. n nos habla no nos an recorn
'
.
e qw: .d
hostil sobre todo de las mujeres, que le deJa a u~o,
men r p1 o y
'
. d
ced de la sonrisa de aprobación
a no ser que toro!! la misma acti~~ ': ~::tiva y ya salta la irritante prepasajera o del signo de compas1 n e
,
gunta:
-¿Cuándo se va USt ed?
lo diga desde el
0
Porque es necesario que uno se lmharche&lt;Íici:e ~:n veces a la misma
.
d calor y aunque se e aya
. .
pnmer asomo e
,
b
firme de las conv1cc10-·
persona la fecha fijada, como para compro ar 1o
nes, nunca deja de preguntar:
.

T

•

ODAVÍA

d

-¿Cuándo se va usted?
.
rta A cualquier parte fuera de
Cuándo y no adónde. Esto poco impo .
Madrid. Al cabo Norte o a Pozuelo:
' y o sé cuándo, porque no sé·
Yo yo no sé cuándo he de irme.
n
.
la
, ···.
un kilométrico intacto; unos ahorrillos, porque. soy
adonde ir. T:ngo . ,
. . libertad tan completa, que m se me
escritora me1or retnbu1?~ que e(Px1ste, las otras?, se me preguntará. ¡Ah,.
ocurre pensar en el femm1smo. ero, ¿y
128

Oeeaneo oasc.J
La babia es de juguete; la playa, también. Pero el puerto, ría adentro,
es una cosa seria. Negra, apestosa como todo lo serio. Sobre la bahía de
jyguete, unas montañas, las únicas salidas al mundo, por donde va la carretera. Aquel lado, a la estación. Por allí viene, bamboleándose, cargado
de gentes, de baúles y cajas y de más gentes encima de las cajas y de los
baúles, el automóvil grande, a dejar en la plaza unos veraneantes afanosos, En los días de fiesta hay música en la plaza y los bailarines van y viene]J sueltos, altas las manos, de un lado para otro, con una rapidez convulsiva; primero se agitan los más cercanos al quiosco de la música; luego
· los inmediatos; y así se van contagiando, de grupo en grupo, todos, hasta
los chiquillos en los alrededores, como una aureola de la danza. La noche
es tranquila. Una voz de barítono en la fonda. Quizá, por la otra carretera, los vivos focos de un automóvil rápido. En las bajas sidrerías un doble
coro marinero. Y las luces del muelle, trazando la limpia curva, todas
iguales, menos las dos de la boca, más altas y de más profundo reflejo,
una verde, otra roja.

'

Oeeaneo leoantino
Sin movimiento, se suda. La tierra un horno, el mar un ascua, el cielo
como la imagen de la impiedad. Hay que tener cerrados los postigos, vestir trajes leves, conservar el abanico en la mano, poner los ojos en el cantarillo rezumante. Se van muriendo las moscas sobre el papel vinoso; parece que todas las del mundo vienen a ver morir a las elegidas por el destino. A lo lejos, el cabo se mete en el mar, coronado de pinos de alta
copa; la mirada cala el pinar por entre los troncos. Al anochecer, bajo las
frondas negras hay un incendio que no las consume. Por la parte llana,
9

�LÁ PLUMA
LA PLUMA
una nube de polvo es la carretera; dos palmeras, un huerto, una palmera,
otro. Nada más se levanta del suelo. Todo el día es una larga espera de la
noche divina, sin rumor, con todas las estrellas arriba, o en el plenilunio,
con una lechosa claridad que penetra hasta los huesos y deja transparente el alma, perdida, con la luz, en el cielo, en la tierra y en el mar.

Oe eaneo bl!itánieo

~

,¡
·11!•

.1....,.,,,,
111

,:111 ~

1
..

Pero aquí ¿no hay tierra? Suave felpa verde es el suelo combo; verde
la luz de las enramadas espesas, verde el rfo cortés, casi artificial. No hay
más que dos colores, el verde y el blanco: son blancas las canoas, blancos
los trajes de sport, blancas las aves, que al posarse en el cesped parecen
más blancas todavía. Y un cielo que no se atreve a ser azul, que no logra
ser verde o blanco y se mantiene gris, neutral. Los amigos recién afeitados, al aire los antebrazos musculosos, hechos a la raqueta y al rem~, las
sonrosadas amigas de rubio pelo y boca chiquita, del tamaño de una pasta para el te, y capaz, sin embargo, de tragarse, entero, un ensangrentado
rosbif, me aguardan. Y va volando la canoa por el río tardo, impelida por
el rítmico esfuerzo unánime, y salta la pelota casi rasando la red, y ·,asa
la bandeja substanciosa, complemento del trabajo abrasador, y la carne
roja pasa en el plato. Deporte, alimento, salud. Todo lo demás es cortesía.

Oe.eaneo septcmtrional
Dejamos el fijord de Trondhjem a bordo de un recio bergantín-el

Bjornstjerne o el Kong Haakon-y vamos, como los. vikings, hacia el botín, en demanda del sol de media noche. La costa, como partida a golpes
de hacha. El mar, como un mediterráne0. El crepúsculo lento, lento, lento. Conversación erizada de nombres raros, que luego correspoden a lo
más sencillo, a lo más patriarcal. Y, compañeros inseparables, los prismáticos. Todo Julio Veme renace en nuestra memoria; ¿habrá pemmícan suficiente a bordo? ¿Nos veremos atacados por el escorbuto? Y este aire, que
130

ho podríamos soportar más que aquf y en 1
ta, duro, el verano... Un día se a b, 1 e ~ue, a pesar de todo, palpi.
ca a e contmente· 1
claro; a tierra; más más arriba El k d k
.
, e mar se abre, más
'
·
o a , el hbro de
ver lo que nunca hemos visto.
apuntes ... Vamos a

* **

Estos son los cuatro paisajes que tiran de mf
.
potros de fuego. No sé cuál preferir Al l d d , descuartizándome, como
Buridán, que se muere de hamb É.l
a o e los potros veo al asno de
re.
se muere de h b
ceur se queda en la corte.
am re y la Dame de

e

Pero no se lo digan a nadie, por n·10S•••

LA DAMB DB CCEUR

li.tS OtOlet~s
Cuando en los huertos paternos vivía yo au'n
.
u ·
b
,
Y mz seno

P ro ignora a el ajan y las venganzas de amor,

una mujer tras la cerca pasaba a menudo· vol ,
lueo-o , 'l',,
,
vza
º mas pa zua, y eran como violetas sus ojoJ.
Mazos de violetas eran ba7J·o las ce1·as s
.
D'.
J
us OJOS.
z;e: ¿Por qué has de volver todas las tardes asír
Dijo, riendo: Un día sabrás este dulce mi., .
Nada
s,erzo.
en eI mundo es tan dulce: Y esto te basta por hoy.
Luego se fué sonriente. Yo busco lafiuente Y m
.
todos l d'
,
e mzro
os zas, por ver las violetas brotar
.
.

GWSBPPB LIPPARINI
(Tr. de B. D-C.)
131

�LA PLUMA
As( tendrá una continuación la maravilla del Exodo.
Hasta pronto, pues, y ah( le envio eso para la revista.
Suylsimo siempre.-Rubén.

Número 3.

Pata los amigos de Rubén Dacio
el primer número de L., PLUMA dimos cuenta de ~na pequeña cole~ci6n
de cartas de Rubén Darío, publicada por V. Garc1a Calder6~ en P~ns.
A título de colaboración, para la nueva edición de ese ep1stolano, publicamos once cartas de Rubén Darío a Amado Nervo, encontradas entre los
papeles de éste.
A. R.
N

E

Carias de Rubén Oa1?1o

De París a México.-Par!s 28 junio 1904.
Querido Amado: Estas Hneas son un post-scriptum de mi carta de ayer.
El articulo enviado servirá de prólogo a un (tachado: «pequeño•)
volumen de versos de Blanco-Fombona, titulado Pequdia Opera Lírica.
Vale et me ama.-Rubln.

Número 4.
Parls II noviembre 1905.
Mi siempre querido y admirado Amado: Fué en verdad una mala ocurrencia de la suerte el que, estando en España juntos, no 001 hayamos visto.

Número 1.

Su carta me ha traído su recuerdo y una prueba más de una de las
pocas amistades, entre iguales, que yo haya encontrado.
Mentalmente, es inútil que le diga que le he seguido a través de tiempo
y espacio, y que veo en usted al más admirable, sin discusión, de nuestros
poetas.

De Madrid a México.-(Recibida en México _el 21 de febrero de 1904)
Al Sr. D. Amado Nervo.-México.-Mi quendo poe_ta: Le ~ando_ un
O Estoy aqui con Francisca. He tenido un chico que tiene siete
gran ab raz •
·
b ·¡ y le
meses.-Me Voy a Africa • y estaré en París de vuelta en a n . - a
escribiré largo y cosas.-Ri,bén.

Su coto no es pequeño como usted dice. Caben en él montes y lagos
de la más pura belleza, que yo me he complacido en visitar.
Ya nos veremos, porque estamos a un paso.
No me deje de escribir cuando pueda.
Le abraza, Rubén.-Francisca le envia sus buenos saludos.

Número 2.

Número 5.

De Paris a México.-30,.rue Feydeau.-Parls, Junio 27, 1904.
Querido Amado: ¡Un gran abrazo! ¡Me dice Quintanilla que usted ven·
drá pronto! ¡Soberano!

30, rue Feydeau.-Paris 16 abril 19()6.
Querido Amado: Siquiera un saludo, ya que me encuentro relativamente mejor de mi dolencia. Acabo de leer dos preciosas cosas suyas en
los dos últimos nümeros de la .Revista Moderna.

a Amado ~evo + + +
•

132

133

�LA PLUMA

LA PLUMA
¿Cómo sigue usted? Ye tengo grandes ganas de ir a Madrid para que
hablemos¡ largamente. ¿Cómo sigue eso? ¿Publicó Chocano su libro? ¿Qué
«potins&gt; nuevos hay? París, por su parte, goza de su primavera.
Le abraza su, R. Dario.-.-¿Sabe usted si V. Vila está en la corte?

Número 6.
7 octubre 1909.
Querido Amado: Recibí su «mot&gt; a mi vuelta de París, donde he
pasado cerca de un mes. ¡Viaje indispensable!
Cuando quiera echar un párrafo, venga a la calle Claudio Coello, 60
-señas sólo para usted-, de preferencia por la tarde, tempran_o. Y quiero
saber también cuál es su hora en su casa.-Muy suyo siempre, R. Darío.

Número 7.
Claudio Coello, 6o.
Querido amigo: Voy a partir definitivamente dentro de poco, y antes
de irme tendría gusto en verle y despedirme. Me encontrará usted a cualquier hora. Suyo afectísimo, R. Dan.o.

Número 8.

' .,

(En papel del Mundial Mag-azz·ne.)
París 3 julio xgn.-Sr. D. Amado Nervo, Madrid.
Mi &lt;:J.Uerido Amado: Vamos siguiendo con Mundtal. ¿Cuándo me envía un cuento o versos? Mándeme cosas. Cuentos ·sobre todo. Harl
pagar al recz'bír.
¿Cómo lo trata el «Nuevo&gt; México? Yo, de mí, no sé nada aún. Más
bien malos barruntos, según algo que hablamos con Gamboa. Ya veremos.
¿Conoce usted al npevo Ministro de Instrucción Pública?
No he recibido los ntmeros de Revista Moderna. De todos modos, que
no nos traten tan duro, que no hemos hecho ná.
«Au revoir&gt;. Suyo afectísimo, R. Darío,

Número 9.
(En papel del Mundial.)
4 rue Herschel.-Paris 8 septiembre 19n.
Querido Amado: Sus Filosofías me encantan, y es, sobre todo, porque las mias son muy semejantes. Nos encontramos ante las cosas, y cambiamos una mirada de vaga iniciación.
A lo práctico: ¿Querria usted escribir una de esas «cosas&gt;, pero con
destinación plutot femenina, para Elegancías? Además de esto, ¿cuánto
cobraría usted si fuese esa colaboración fija, una página para cada número?
Esto es, dos al mes. Si ello está dentro del presupuesto de la Administración, crea usted que el «affaire&gt; está hecho. Y comience a enviar.
¿Es cierto que Pichardo ha desaparecido? ¿Qué hay de eso?
Su afectísimo y viejo amigo, R. Darío.

Número 10.
(Papel de Mundial-Elegancias.)
133, rue Michel Ange.
Querido Amado: Recibí sus nuevos versos. Ya vería los otros publicados. «Ella&gt; le inspirará más, igualmente bellos.
Un ruego: hágame el favor de averiguar si el Gobierno de Nicaragua¡a quien envié una nota conminatorial-en vez de enviarme a mí mis cartas de retiro, las ha remitido al Gobierno español. Le digo esto, entre
otras cosas, para saber si no me registrarán mi equipaje aún ... Es decir: si
sigo siendo tenido como miembro del Cuerpo diplomático en España.
El 25 salgo para Barcelona; diez días después estaré en Madrid. ¡Ya
nos veremos! Muy suyo, R. Darlo.

Número 11.
(Papel de Mundíal-Eiegancz'as.)
133, rue Michel Ange.
Excmo. Sr. D. Amado Nervo, Encargado de Negocfos de México,
Madrid,

�4A PLUMA
Mi querido Amado: No he podido antes de ahora anunciarle mi venida. Espero que haya algo de más calma en su justa tristeza.
Estamos muy gozosos de su continua colaboracién en Mundial y
cElegancias•, y esperamos se sirva seguir favoreciéndonos.
Durante mi viaje, tuve el pesar de saber la muerte de D. Justo. Sentí
no estar en París para que Mundi'al hubiera hecho el homenaje que aquel
buen maestro se merecía.
Querido Amado, mándeme sus bellos versos y sus lindas prosas.
No se extrañe de que esta carta no vaya escrita por mí, pues me
encuentro en este momento en cama, sufriendo una de aquellas crisis que
usted conoce, desde nuestra antigua intimidad.
.
Soy, mi querido Amado, su amigo de siempre, Rubén Darío.
París 28 diciembre 1912.

llBROS y ReOtStAS
Ramón del Valle-Inclán.-Divinas palabras.~ragicomedia de aldea. Opera Omnia. Vol. XVII.

PO€MAS oe CtRCUJ'lSíAJ'{ClAS PR0SAlCAS
es

UttA fACtUAA

..

Sueño roto por el Extraño
-tan pertinaz ante la puerta,
inmóvil quizá todo un mio
en su tintineante alerta
si de un vuelo no despestaño
la pupila en el alba muerta-:
reverencia al sabio e.rmitañB,
durmiente en su cueva sin puerta,
sueño roto por el Extraño.

JORGB GUILLBN
136

Don Ram6n del Valle-lnclán ha avalorado la edición en curso de sus obras
completas con esta tragicomedia que s6lo conocíamos, ridículamente mutilada,
con un criterio de sábado blanco, al publicarse antaño en El Sol. La obra ahora
aparece restituida en las frases y pasajes que la irrespetuosa direcci6n del periódico consider6 necesario supri11J.ir entonce¡;_
Un primer impulso reflexivo muévenos, sobre todo, a comparar las nuevas
lecturas que Valle-lnclán nos ofrece con el resto de la producción española actual. Contingencias, sin duda, del mercado de libros, han decidido en estos últimos años a coleccionar en serie sus obras, a escritores en plena madurez,
cuyo propósito no puede ser en modo alguno el dar su labor por cumplida, con
proporcionar al lector una visi6n de conjunto, que induce, desde luego, a la
crítica definitiva. La circunstancia, sin embargo, de pertenecer esos escritores
la generacz"ón del 98, obligado jalón en la Historia de España, y en la litera.
na por ende, ayuda a considerar semejante empeño editorial, como ese a
modo de público examen de conciencia, que corona con la numeración de sus
obras la vida activa del literato.
. En efecto, las recopilaciones de Azorín, de Pío Baroja, sugieren cuándo la
idea de caducidad, de agostamiento progresivo y prematuro, cuándo la del voluntario retiro al remanso de la serena crítica, en el caso más favorable, o de
la perdici6n en políticos sofismas indefendibles. La emoción que volvemos a
sentir leyendo las felicísimas promesas de una juventud que parecía pletórica,
apasionada, llena de esperanza, se quiebra gustando los frutos de ahora, sin
virtud germinativa, tristes ecos de un grito moceril, perdido luego en el propio vacío interior.
Muy otro es d caso de D. Ramón del Valle-Inclán. Gusta él de ponderar risueño su lozanía, y a fe que no le engaña la confianza en sí mismo. No hay en

ª.

in

�LA PLUMA

...

LA PLUMA

en España escritor más joven; condición, ajena al correr del tiempo, cuyas excelencias estimamos en más que todas las sabidurías que los años enseñan.
Como todo aquel que en el propio ~sfuerzo se complace, Valle-Inclán experimenta de continuo la necesidad de proponerse una nueva dificultad que vencer. No se abandona jamás a la e.noción circunstancial, ni se rinde a la hacedera repetición de lo ya logrado. Una vez que trascienden a su mirada, cobran
las cosas un sentido taumatúrgico, se desdoblan, se nos revelan en cambiantes
insospechados, se trasmutan por arte y gracia del creador que nuevamente las
saca de la nada en que la ceguera espiritual de los hombres las tiene sumidas.
Pero no obedece simplemente al capricho de la fantasía descarriada. Incluso en
las extravagancias a que se entrega alegremente, un concepto puro preside la
divagación. He aquí por qué nos parece de los raros escritores de conciencia,
para quienes la literatura se confunde con la moral más alta.
El escenario de Divinas palabras es el mismo de las Comedias bárbaras, perfumado de los mismos A1·omas de leyenda que difunde la música d~ la Sonata
de Otoño. La clásica unidad de lugar tiene en la obra de Valle-Inclán una intención más comprensiva que la¡eñalada en las retóricas. La decoración no varía:
las tierras de Galicia. El tiempo permanece asimismo detenido en la perenne
continuidad del paisaje que encuadra los sentimientos primitivos del hombre.
La acción está regida por las leyes naturales. En cada escena se desarrolla un
drama, insertado a su vez en la general tragedia. Cambia, eso sí, la luz intelectual que el autor proyecta sobre los temas eternos de la historia del mundo.
Ha querido D. Ramón del Valle-Ioclán en Divinas palabras extender el dictado genérico de tragicomedia, dándole una acepción más en consonancia con
el espíritu moderno, que la de mera sucesión de acontecimientos fatales contrastados con otros livianos, llamados a cortar con la risa la tensión dolorosa
que aquéllos suscitan en el ánimo. Ha intentado depurar esa norma, deduciendo la emoción tragicómica, no de la parodia que sigue a la escena grave, sino
del monstruoso desacuerdo entre la acción dramática y la contemplación del
público. Es decir, que en tanto los actores se rinden al espanto con que la terrible fatalidad los domina, el espectador ideal se siente movido a risa. Mientras que cuando los personajes del drama se elevan con hiperbólica ironía sobre las circunstancias macabras de la intriga, el espectador se siente sobrecogido. Efecto que consigue con una contrapo~ición de perspectivas sentimentales.
·
Y aún resuelve en Divinas palabras otro problema que solicita la atención
del crítico: el del estilo, quintaesenciada armonía en que se funden con un vigor
representativo, sobriamente obtenido, los tonos peculiares de la paleta de Valle-Inclán. El trabajo de eliminación, de condensación, de simplificación, con
que ha castigado la pluma, en una labor cada vez más consciente, ha reducido
ya el concepto casi dialectal de su prosa a los límites de la expresión pura.
Las palabras, henchidas de un sentido popular sutilizado, adquieren esa virtud
universal capaz de imbuir en cualquier efímera fi~ura humana el alma bíblica
de un mujik.

C. R, C.

Ramiro de Maeztu.-La crisis del Humanismo

B"br t
derna y contemporánea.-Barcelona EditoriaÍ-M' I 10 eca de Cultura mo'
10erva, 1 92 0 .
La obra de Ramiro de Maeztu es •
't" d
tad como fundamentos del Estado :n ~na en ica . e la autoridad y de la liberdes en el principio de función&gt; Una ?d erno Y u~ intento de basar las sociedaa este libro, a saber: cla de u~ los h~;a centra -y nu_eva-;-sirve de armazón
unos con los otros, como crien las escu bres
1 !1° se asoc)an mmediatamente los
ser genérico transindividual como m t: ª5 h~erales, m están asociados en un
que están asociados y se as¿cian en
ienen as escuelas _conservadoras, sino
en bienes colectivos y últimamente e11 as lcomune:, materiales y espirituales,
duce el autor la doctri~a ue llama 'L va_ ore~ umversales•. De esta idea detenida por el Renacimienio en la fó • \Pn¡naci~ de las cosas•, frente a la sostítulo, algo equívoco, de la obra.
rmu a • a pnmacía del hombre•. De aquí el
Al descubrir el Renacimiento el gra
, • .
.
didad, por lo menos en el campo de la n pr1n_c1_p10 de relatividad, cuya fecuntrasladaron los humanistas al homb si c1e~c1as exactas, no_se ha agotado aún,
creerse en la existencia de una mo rf o~ e1es todos de la vida moral. Dejó de
en sí mismas y porque participó.hara dob¡et~va, en la que las cosas eran buenas
absolutos• de Ja física de
. n . e ª ondad suprema. Con los «lugares
Renacimiento fué la crisiss~~f~ec;tr?n los &lt;v~lores absolutos• de la ética. El
Tras el_ período orgánico que si:ai&amp;!faºE~e~u~r~! Y de la f: en lo absol_ut?.
tada, viene, como dirían los sansimon.
ª ~ ia coi;i _su vida alegre y hmina, que todavía no ha llegado a su fin'.anos, el periodo critico de la edad modei-Una moral subjetiva reemplazó a ¡
t·
se as:ntaron los principios autoritari: anl;gua ¡nora! p~atónica y sobre aquélla
dos diferentes organizaciones de la S .Y d der;._ que sirven de fundamento a
mente por haber olvidado que el ho oi1e a . mbas han fracasado definitivapasada guerra es un reciente test' m. re es, por naturaleza, un pecador; y la
¿Sobre qué bases sería u
i°:10010 que confirma una vez más esta teoría.
La respuesta a tan rav~ p es, posible e:tablecer una organización social firme?
Sr. Maeztu Como v~rsad¿reg~?-t~ c~nSht~ye la parte constructiva del libro del
contestación sin cimentadae~e;~1p mas losóficas, el autor no aventura una
los capítulos: •Rebasamiento de \aª~in~t)Son fundamei_itales, a este respecto,
las cosas• y •Funciones y valores •.) e1 a y de la autoridad•, «La primacía de
Sobre el fondo de una fil
f' . r
. .
lucha en las escuelas medioei:1~ ra rea ista, idénh~a a la que suscitara áspera
con valor intrínseco-el Poder 1 Je~~~~ ue se ~J_an en cuatro los universales
tu profesa una moral ob'eti ,
.
' a Justicia y el Amor-, el Sr. Maezbién. Según éste nirigfu{h/\qu~_su·vedde apoyo a un derecho objetivo tammismo le ocurre' a un Esta rn re iene erecho a nada, corno tal hombre, y lo
nacen de la función ue de~~- Los_ derechos del Estado, como los del hombre
mial destinada a sustltu·
mpenan. De aquí, una sociedad sindicalista O gre~
1
Roma, en los dos siJJare:Jei3.im~~~i~~!11aldmelnDte e:Ó_sten, fundadas, como la de
-r
Y e omzmum.
.,_ He
. intentad o t razar como un
esquema
·
,. t
1 libro del Sr. Maezt
• muy imper,ec o por su brevedad,.
u, esquema o resqmen que no deja traslucir el profundo

:::S

!•

=

1

�LA PLUMA

LA PLUMA
interés y el singular valor de esta obra, que constituye, sin duda, el esfuerzo
más considerable realizado por un español en el extenso campo de las ideas
filosóficas desde hace mucho tiempo. De estricta justicia es reconocerlo, y si
las presentes líneas tienen algún propósito, aparte del de contribuir a la mera
propaganda de la obra, es el de estimular a su autor para que escriba otras,
animándole con el convencimiento de que sus palabras no son acogidas con
zafia indiferencia, sino con el respeto y la atención que merecen.
Libros análogos a La Crisis del Humanismo-que no es, por otra parte, cla
obra de un periodista atareado•, como modestamente dice su autor, sino labor
de largos años de incesantes estudios y de viva agitación espiritual-debieran
publicarse en nuestro país, al menos uno cada tres meses, y mientras así no
suceda, por lo que revela la falta, tanto como por la falta misma, España significará muy poco en el comercio intelectual del mundo, por mucha oceanogra•
fía o por mucha filología que se ha~a.
J. A. P.

***

J. Maynard Keynes.- Tite economic consequences of the peace.-London, Mac•

millan, 1920.
Este libro, de universal resonancia, se dirige a demostrar que las condicio•
nes de paz impuestas a los alemanes en Versailles son una violación de la p~labra dada y de la moral internacional comparable a la violación que c?metió
la propia Alemania al invadir Bélgica, y además, en el orden _económic~, de
imposible cumplimiento. Alemania rind~ó las armas en la creenci~ de que_ iban
a aplicarse los cCatorce Puntos» de Wdson; las notas y mensa¡es cambiados
entre los beligerantes para llegar al armisticio constituían un pacto obligatorio
para ambas partes. Pero la Conferencia de París, .Y e! Consejo de los Cu~tro,
en vez de limitarse a regular los •detalles de aplicación• del programa wilsoniano, cimentaron una •paz púnica», estran¡tulando a los vencidos, sin nin¡tuna
preocupación de humanidad ni de reciprocidad, y sin enterarse siquiera de lo
que pedhn el porvenir y la vida de Europa. Las causas de tamaño des~str~ son
principalmente de orden psicológico. ?.fr. Keynes_ muestra cói:n? han 1d~ influyendo en las resoluciones cde los Cuatro• la presión de la opim~n pó.bhca_ sobreexcitada, las combinaciones electorales de Lloyd George, las ideas arcaicas
de Clemenceau y la imprevista inferioridad de Wilson. Las P,áginas en que míster Keyoes describe los propósitos y el proceder de cada uno de los miembros
del Consejo de los Cuatro, sus métodos de discusión, y su manera de obtener
cfórmulas» que salvasen las apariencias, son fortísimas y de sabor muy amargo. El autor no habla de oídas: era representante oficial de Ja_Teso~e~í~ inglesa en la Conferencia, y dimitió el cargo al convencerse de la i!11pos1billdad de
obtener una modificación real de las proposiciones de paz. El libro es una acusación abrumadora: la incompetencia y la impostura se reu~iero~ para reorganizar el mundo, entre sorbos de te y las boutades de un a oaano violento y d_es·
ilusionado. Ya estamos viendo que el mundo no se somete; pero cla ~elegac16n
germánica-escribe Mr. Keynes-no acertó a exponer con palabras inJlamadas

y proféticas la cualidad que principalmente distingue a ese Tratado de c . t

· 1a ms~ncendad,.
· ·
•
uan las
os
1e han prece,d1_'do en 1a h'1st ona:
Mr. Keynes deja a 11n lado

cláusulas po!1t_1cas del Trata?o; estudia solo su parte económica.
~as cood1c1ones de paz henden ª. destru!r el sistema económico alemán,
arrumando ~us fundamentos: comercio exterior, explotaciones mineras, transpo~es y régimen aduanero. Per? después de arruinar a Alemania, el Tratado
le impone una cuenta de rep~rac1one~ que podrá llegar a doscientos mil millones. _Mr. Keynes, con estad1sticas cop!osas, p~u~ba que no se ha dejado a Alema~ua rec~so~ para pag~, y acaso m para v1v1r. Rectifica, además, la cuenta
de 10demmzac1óo por danos, y no es ésta la parte menos interesante de la ob
Por último, tras una _descripción del estado en que ha caído la Europa ceotr:t
y_que amenaza también~ ~os vencedores, Mr. Keyoes propone ciertos remedio~, que abarc~n: }a rev1s1?n del Tratado; el finiquito de las deudas interaliadas, el empréstito mter~ac1onal y reforma de la moneda, y las relaciones de
Europa central con Rusia.
El l!b_rp (Evangelio de_ l?s revisionistas) debe ser leído y difundido. Hay ya
~na ed1c1on francesa (Edzltons de ta Nouv. Rev. Fr.) y veo anunciada otra italiana. No será en Francia ~onde menos impresión cause el libro de Mr. Keynes,
que ~xpone en forma sencilla y con calma verdades que era imposible formular sin ser tachado de bochojite y defaitiste de la paix.
M.A.

León-Pelipe.-Versos y oraciones de caminante.-Madrid, , 9 20.
La apari?6n ~e un nue1:o poeta señálase siempre en los fastos del tiempo.
1:,os anales hterar!os del ano que corre datan ya con piedra blanca el primer
libro de León-Felipe. Se ha celebrado su advenimiento con inusitado aleluya
en este pozo del silencio que suele ser ttladrid. Bienvenido sea este poeta que
pretende permanecer «lejos de toda escuela y tao distante de los aotig11os ortodoxos ret~rico~ como de los modernos herejes•, porque e Mi voz-añadeC;l opaca y sin brillo y vale poca cosa para reforzar un coro. Sin embargo me
sirve muy bien para rezar yo solo bajo el cielo azul... ,
'
~on todo, pese a la soledad que desea para sus oracione31 como reza bajo
el cu:lo azul,__y; no en obscura capilla, le toma el alma cierto vago anhelo de comunión espmtual con sus hermanos los hombres:
•Poesía...
tristeza honda y ambición del alma..•
¡cuándo te darás a todos.. a todos...
al príncipe y al paria,
a todos...
sin ritmo y sin palabras!,
. No quiere •el verbo raro ni la palabra extraña,, sí que sus versos tengan el
mismo corte de recio paño que 1el manto de Manrique, coplero de su padre
141

140

�LA PLUMA
Chirrían los goznes rotos de una puerta;
el viento vellones de la nieve arranca,
y la vieja calle, dormida y desierta,
parece una cinta de seda muy blanca.

á dolo él coa un gesto propio, nuevo. Quiere que de su
muerto,una
auaqued
llehvecaho, so'lo queden, como de la rosa, el brillo y el aroma.
verso,
vez es
«Así es mi vida,
piedra,
como tú, piedra pequeña.

Una luz opaca de las sombras sube,
y el reloj-pupila de un monstruo de mitolas horas recita con voz destemplada.

.. . .. ... .. ········· ....... .

~¿~~

t~; 4~~ ~~- ii~; ·;~r~ict~-.

En el cielo negro se rasga una nube,
y por la ventana que da al infinito
se asoma la luna, curiosa y helada.•

para ser ni piedra
de una lonja,
.
.
ni piedra de una Aud1enc1a.

...........................

...........................

como tú,
que, tal vez, estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera.•
.
·
t
mo un balbuceo, silabeando casi las
Cortado el ntmo constantemea ~ co
t h mildad mal avenida sin
.
F ga de cierta compues a u
'
emociones, Le6 n- e 11pe se P~
. d
do Pero cuyos acentos nos ganan
duda con el clamor revoluc1oaano e 1 mua •
desd~ luego con su austero lirismo.
C. R. C.

* *
.
C
balán
"aminos
.Martinez or
.-..,,
•··-(Poemas.)-Editorial Levante.

...

é
r donde el poeta nos lleva, aliviándo•
No son ciertame_nte nuevo~ éstos po ellos las huellas de otros pasos, los
noslos con sus canciones. Adv1 r~enfes ~:ales vamos harto próximos. Pero se
ecos de otros can\ores, a la zag~ e ? ·tual para glosar temas marchitos ya_ en
da tan buena gracia nuestro gwa espvi
suave música a la letra conocida,
fuerza de repetidos, tan agudamde~te 1e p~:eescasa afición a descubrir nuevos
que no po_demos por menos de iscu par
.
sendei;os ideales..
.6
. ide los Poemas diversos, los Poemas s:n·
Una gran digmdad de exp~es1 n pres n Caminos ... A veces, el acierto p1ctimentalea, los Poemas ~eblil!Jdeddio fire~~~~s :a humorismo lírico de la mejor ley.
tórico revela una sens1 1 a
m:;i '
Tal el soneto Nieve:
«En las altas horas, el viento remueve
de los ventanales la cristal&lt;:ría. ,
La iglesia del pueblo es, baJO la, meve,
de una arquitectura de confitena.

C. R. C.
***
Luis Pemández Ardavín.-Láminas de folletín y de misal.-Editorial Pueyo.
Madrid,

1920.

Pocos poetas han logrado, como Ardavín, tan halagüeña fama con el primer
libro de versos. Ved la lista de sus obras, que preside esta nueva edición de
sus poesías, publicadas en diversos periódicos de 1914 a la fecha, y comprobaréis que el r~ombre de que goza se cimenta en Medit.:zciones y otros poemas,
' volumen publicado seis años hace, y ea una pieza dramática, La campana, representada por Enrique Borrás con aplauso y editada en 1919.
La labor de Ardavín es harto más copiosa, sin embargo. En ese mismo
tiempo ha estrenado un drama en colaboraci6u con Federico García Sanchíz, y
dos comedias musicales con el maest,-o Vives. No sé si la exclusión de estas
producciones en el somero catálogo susodicho significa voluntaria desconsideración a modo de feliz expurgo, o se debe a circunstancias ajenas a la autocrítica. No podemos sustraernos a la inquietud de semejante duda. La estimación
que por Ardavín sentimos no es, en modo alguno, independiente de su virtud
poética. Vemos en él un compañero de fatigas. No queremos que se rinda a la
primera sonrisa fácil del éxito falaz, ni al blando calorcillo del sol que más
caliente. Nos causa ~rto espanto que pueda ser presa de las malas compañías. La de Catalint13árcena-tan mal acompañada a su vez-, la del autor de
Bohemios, temas de sus versos actuales, llevan, ¡ay!, quizá a continuar la historia de España ante el abono de Za Princesa. Una vez estropeado el paladar
¿cómo discernir el buen gusto? Pasan los figurines de las modas y sólo la belleza queda. Todo el resto es ¿lite1·aturar Protesto: también la hay buena. El
autor de Meditaciones y otros poemas, el autor de La campana, sabe dónde está
la verdad, cuya amistad no excluye la nuestra.
c. R. c.

* * •

En Les Marges (junio d·e 1920), M. Camille Pitollet cuenta sus impresiones
de Avila. ¡Qué de sensaciones re~erva a sus devotos la tierra de España! En
punto a notación de paisajes hay que volver siempre al Viaje de Gautier; pero
143

�LA _PLUMA
Gautier no vió Avila; algunos dioses menores se han aplicado a manifestar sil
reacción espiritual frente a la ciudad de la Santa: así Martinenche, en sus Propos d' i:!,spagne, y P. Suau en su Espagne, Te,·re d'epo/le, entre otros. M. Pitollet,
que fué profesor de lengua y literatura españolas en Hamburgo, trató hace
años de sintetizar los rasgos específicos de una ciudad de Castilla en una conferencia titulada: .Muy noble, leal y lteroica ciudad. Ahora quisiera hablar de Avila
en su realidad objetiva. Dejemos a un lado, por de pronto, a la Virgen de Avila. Santa Teresa es un hecho de historia que cada cual puede interpretar seg6n
sus propias teorías. Dejemos también la arquitectura. Las murallas se desmoronan, escandalosamente abandonadas, en torno de esta Siena en decadencia,
cdonde las calles son horribles, donde las viviendas, de granito grisáceo, hielan
el alma; donde la catedral es una fortaleza, donde nada es del presente, ni
siquiera las dos posadas con pretensiones de hotel, que uno se apresura a abandonar por el oasis de Madrid, donde, al menos, el Palace y el Ritz constituyen
dos islotes de vida europea en ese gran aduar de prostitución, de caciquismo,
de haraganería y de verbalismos.• En Avila florece la miseria castellana rural;
unos cuantos señoritos iletrados perpet6an, sobre la plebe harapienta y pueril,
el antiguo sistema de explotación de la ignorancia y de la superstición en provecho de una casta que ni siquiera tiene la excusa de monopolizar la elegancia
del espíritu. Quiere recordar tao sólo que en Avila, además de Torquemada,
inquisidor general, duerme su &lt;iltimo sul"ño El Tostado; con ellos se completa
el tríptico: Teolog{a, Inquisición, Misticismo, en que se resume la expresión espiritual de Avila.

• ••
Grecia.-Revista decena! de literatura.-Director: Isaac del Vando-Villar.Madrid.
Ha reaparecido en la corte esta revista literaria que antaño se publicaba en
Sevilla. Ultraístas, creacionistas, dadaístas colaboran en ella, más que con ardor
apostólico, con académica insistencia. Traducen al español el último grito europeo, del cual nos Jlega amortiguado el eco a través de los Pirineos-todavía
los hay-. Pero revelan, pese a todos los distingos que pretendamos oponerles,
y aun a su pesar a veces, un sincero afán revolucionario por trocar los medios
de expresión que la antigüedad clásica nos ha legado con el Renacimiei:to, del
que las artes viven.
·
No todos los humoristas líricos de Grecia solicitan por igual nuestra atención. Gerardo Diego, Adriano del Valle, la gnbadora en madera Norah Borges, y especialmente Jacques Edwards nos parecen dotados de cierta personalidad, difícil de destacar entre las estrechísimas reglas de la nueva estética.
Bien venida sea Grecia, juvenil vanguardia de la batalla que compartimos
contra las fósiles fortalezas en que adolece nuestra literatura contemporánea,

c. R. c.

ARO l.

1

HADRID, SBPTIÉMBRB 1920.

Nú.M.

4.

fat?sa Y licencia de

la Reina Castiu

==

JORNADA SEGUNDA
OeCORAClÓJ"l

N

ocf)e de oe1!ano. ~ luna en la t
Ho f1!agante de t?osa Y faam{n
4 ' Un pa::
ca la t,~mula tnaaa ~ con fuegos dsu encafe cal=
e baldosín~
e Cuna sobt!e
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et cá
inte1!columnio deseu b1!e e ( espacio ~ donado
de ~
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mat!a vea( ~ CeistaUnas (á
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el topacio nr de (a ( ·
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mpa1!as quieb1!an
~. U en t1!t.S palpita el C1!istal ~

J l,

:/:-a;a·

144

1.45

�</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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