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                  <text>LA _PLUMA
Gautier no vió Avila; algunos dioses menores se han aplicado a manifestar sil
reacción espiritual frente a la ciudad de la Santa: así Martinenche, en sus Propos d' i:!,spagne, y P. Suau en su Espagne, Te,·re d'epo/le, entre otros. M. Pitollet,
que fué profesor de lengua y literatura españolas en Hamburgo, trató hace
años de sintetizar los rasgos específicos de una ciudad de Castilla en una conferencia titulada: .Muy noble, leal y lteroica ciudad. Ahora quisiera hablar de Avila
en su realidad objetiva. Dejemos a un lado, por de pronto, a la Virgen de Avila. Santa Teresa es un hecho de historia que cada cual puede interpretar seg6n
sus propias teorías. Dejemos también la arquitectura. Las murallas se desmoronan, escandalosamente abandonadas, en torno de esta Siena en decadencia,
cdonde las calles son horribles, donde las viviendas, de granito grisáceo, hielan
el alma; donde la catedral es una fortaleza, donde nada es del presente, ni
siquiera las dos posadas con pretensiones de hotel, que uno se apresura a abandonar por el oasis de Madrid, donde, al menos, el Palace y el Ritz constituyen
dos islotes de vida europea en ese gran aduar de prostitución, de caciquismo,
de haraganería y de verbalismos.• En Avila florece la miseria castellana rural;
unos cuantos señoritos iletrados perpet6an, sobre la plebe harapienta y pueril,
el antiguo sistema de explotación de la ignorancia y de la superstición en provecho de una casta que ni siquiera tiene la excusa de monopolizar la elegancia
del espíritu. Quiere recordar tao sólo que en Avila, además de Torquemada,
inquisidor general, duerme su &lt;iltimo sul"ño El Tostado; con ellos se completa
el tríptico: Teolog{a, Inquisición, Misticismo, en que se resume la expresión espiritual de Avila.

• ••
Grecia.-Revista decena! de literatura.-Director: Isaac del Vando-Villar.Madrid.
Ha reaparecido en la corte esta revista literaria que antaño se publicaba en
Sevilla. Ultraístas, creacionistas, dadaístas colaboran en ella, más que con ardor
apostólico, con académica insistencia. Traducen al español el último grito europeo, del cual nos Jlega amortiguado el eco a través de los Pirineos-todavía
los hay-. Pero revelan, pese a todos los distingos que pretendamos oponerles,
y aun a su pesar a veces, un sincero afán revolucionario por trocar los medios
de expresión que la antigüedad clásica nos ha legado con el Renacimiei:to, del
que las artes viven.
·
No todos los humoristas líricos de Grecia solicitan por igual nuestra atención. Gerardo Diego, Adriano del Valle, la gnbadora en madera Norah Borges, y especialmente Jacques Edwards nos parecen dotados de cierta personalidad, difícil de destacar entre las estrechísimas reglas de la nueva estética.
Bien venida sea Grecia, juvenil vanguardia de la batalla que compartimos
contra las fósiles fortalezas en que adolece nuestra literatura contemporánea,

c. R. c.

ARO l.

1

HADRID, SBPTIÉMBRB 1920.

Nú.M.

4.

fat?sa Y licencia de

la Reina Castiu

==

JORNADA SEGUNDA
OeCORAClÓJ"l

N

ocf)e de oe1!ano. ~ luna en la t
Ho f1!agante de t?osa Y faam{n
4 ' Un pa::
ca la t,~mula tnaaa ~ con fuegos dsu encafe cal=
e baldosín~
e Cuna sobt!e
'
et cá
inte1!columnio deseu b1!e e ( espacio ~ donado
de ~
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mat!a vea( ~ CeistaUnas (á
'
el topacio nr de (a ( ·
__
mpa1!as quieb1!an
~. U en t1!t.S palpita el C1!istal ~

J l,

:/:-a;a·

144

1.45

�LA PLUMA

LA PLUMA

-

-----

-=- ESCENA PRii\1 l{RA -=DoN LINDO.
·I
1

P

'LATICAN en el estrado -= bajo el círculo dorado -=- 'Y trén,u/o
de la luz . . Don Lindo, y un jorobado, o=. guitarrista de ta-

EL JOROBIITA.

ólado - . tn el género andaluz. o=EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.
DON LINDO.
EL JOROBETA.

DoN LINDO.
EL JOROBETA.
DoN LINDO.
EL JOROBETA.

..

DoN LtNDO.
EL JOROBETA.

DoN LINDO.
EL JOROBETA.

DoN LtNDO.
EL JOROBETA.
DoN LINDO.
EL Jea.OB&amp;TA.
146

I

Parece que esta noche pendonea,
en un baile de trueno la patrona,
la veremos llegar con una pea.
Si te diese lo mismo decir mona.
Cómo te pagas del hablar finústico.
No se aviene conmigo el modo chulo.
Del castellano sarraceno y rústico,
prefiero recibir la coz de mulo.
A ti te gusta la extranjera parla,
corbatas de París, te de Inglaterra,
y donde esté una furcia anonadarla
diciéndola: pardón. Nombre de perra.
¡Ay, Torraba\ ¡Torraba, yo me muero!
¿Qué tienes, Querubín?
¡Que mi alma llora!
¡Torroba, ya no estoy en candelero!
¡Iguales el Señor y la Señora!
Torroba. en prenda de amistad...
Supongo
que pretendes tocarme la joroba
para mudar la suerte, y no me opongo,
que la amistad la entiende asi Torraba.
En h desgracia se agradece un acto
tan lleno de ternura.
No seas niño.
Yo pongo a tu servicio mi artefacto,
y tú me das un duro. ¡Ole el cariño!
¿Por qué no hablas al Rey en mi provecho?
Ya no atiende el patrón mis letanias.
Confórmate a tu suerte: a lo hecho pecho.
Tú privas siempre aqui.
Son tus lllanias.

DoN LlNDo.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA.

DON LINDO.
EL JOROBETA,

DoN LINDO.

EL JOROBETA.

DoN Lnmo.

¿Te figuras que a estar en capitales
me t_ocas por un duro la joroba? •
¿Que es un duro, gachó?
Veinte reales.
¿Y e~o es P~gar su mérito a Torroba?
Aqu1 no existe protección al arte
Y tendr~ que volverme a los cafeses
con la tior~a. Oyeme un aparte:
me está sahendo el Rey, Plata-Meneses.
Los reyes son volubles.
¡Ya lo veo!
¡Pero luciera yo cuatro entorchados!
Tal como soy, a nadie aguanto un feo
y tengo hecha_ la cruz a estps estrados'.
Pero _tras la m1 cruz de Caravaca
me Vln? con empeños cierto Ieg~
que_ quiere hablar al Rey, y naturaca,
Ulp1ano To~roba que haga el ruego.
¡Poco que tienes tú la cara dura
para saber negarte!
¡Asi se pasa!
No has gastado conmigo esa fi nura.
La, finura del hombre es en su casa.
¡T_u estás con el patrón en candelero!
Mientras le traigo historias del Casino
o de las Cucas. Acabando, cero.
A _otr? le cuentas ese cuento chino.
Mi remo fué una nube de verano
aun ~uando no lo creas. La tortllla
volv1óseme en un vírame la mano
Y hoy nada pinto con la Camarilla'.
Por lo cual, me verás tomar soleta
tan y cuanto al patrón y al lego a;iste.
No volverás a 01rme una falseta.
En los cafeses ganaré mi alpiste.
Tu lego es un fantasma.
Cuando veas
al lego entrar.-Si el Rey le otorga audiencia
que si le otorgará. Sé sus ideas
'
en par~cidos casos de conciencia.
¡No quieres ayudarme!
147

�LA PLUMA
EL JoROBBTA.

LA PLUMA
Mira, niño,
una venda le pones a tu herida,
pues nunca vuelve, si se fué, el cariño
¡Torraba sabe mucho de la vida!

-ESCENA TI-=-

E

=

L Rey sale de su alcoba:
calzones de mameluco, .._ melifula
voz de eunuco, -=-:- saludo amable de coba. -=--=-

EL

REY CoNSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

Et

REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JCJROBETA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

EL

REY Co:-.soRTE.

EL JOROBETA.
I'

EL REY C&lt;:&gt;NSORTE.
148

¡Buenas noches! ¡Me alegra tu visita,
Ulpianol ¿Por dónde se flanea?
Por el mundo ganándome la guita.
¿Y por el mundo qué se ~hismorrea? .
¡Hay de todo, Señor! Chismes de hamo~
chismes de vecindad, de portería,
y hay alguno también, extra()rdinario,
que tiene premio de la lotería.
¡Ya me lo contarás!
.
Tengo un amigo,
que me deja a mi chico, si lo cuenta.
En la antesala está, vino conmigo.
Deja marrullerías, y revienta.
Es el caso, Señor, que con el ruego
de hablaros, me ha venido un franciscano~
varón de mucha ciencia, aun cuando lego,
Que da consultas para el Vaticano.
¿Y sabrá divertirnos?
¡Se diquela!
.
¿Y en la antesala está?
Matando un sueño.
¿Queréis que le haga entrar?
¿Y esa novela
merece oirse?
¡Mi palabra empeño!
1Dos cartas extraviadas! ¡Dos palomas
que llegan a posarse en vuestro alerol
¡Ulpiano, no gastes esas bromas!

EL JOROBETA.

[

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL RE·, CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CoNSORTB.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

¡Os las quieren vender!
¿Cuánto dinero?
Ha de pedir para sacar su escote,
que es un tío más listo que Cardona.
¿Le has metido los dedos?
Por el lote,
un millón pagará la Real Persona.
Rebajará si es hombre de conciencia.
No es sujeto cerrado a las razones.
¡Tendré que revestirme de paciencia!
¡Le sacais al Gobierno dos millones!
¿Trae encima las cartas?
¡Es muy guaje!
Veré de averiguarlo.
¡Justamente!
Si las trae le enfrío de un viaje.
Don Lindo, hazle pasar. Tú sé prudente.

-= ESCENA III

-✓~

LAS

alabardas con sus regato11es -=-z- baten. Sale una bruja de e,rtremés. ,oo, En las manos, calzadas con mitones,= alzado pulcramente el guardapiés. -

UN ü]IER.
LA INFANTA.
EL RRY CONSORTE.
LA INVANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA INFANTA.

¡Su Alteza la Infanta Francisca!
¡Me vengo aquí con mi calceta,
y a echar una mano de brisca,

hasta perder una peseta!
¡Estoy sin humor, abuelita!
¡Jesús, con tus malos humores!
¿A ti qué te pasa?
¡La guita
que no le da sus resplandores!
¿Ese, quién es?
Un tío camama.
Y sobre todo un atrevido.
Tú guardas silencio.
149

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.
EL JOROBl!.TA.
LA INFANTA.
EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

~

EL REY CONS..)RTB.
LA INFANTA.

¡Madama,
perdone vu si la he metido!
¿Dónde hallaste a ese jorobeta?
¡Abuelita, Ulpiano Torrobal
¿Es tocador?
Es un chancleta
que a la guitarra le da coba.
¿No sabes callar?
¡Soy San Bruno!
Y aunque me ahorquen no hago chis.
¿De dónde sacaste a ese tuno?
Me lo han mandado de París.
¡Yo recuerdo a este jorobeta!
Fué punto fijo mi joroba
un año entero en la saleta.
¡Mi amigo Ulpiano Torrobltl
Ven, echaremos una mano
de malilla, ya que mi nieto
está de non.
Con Ulpiano,
quería tratar un secreto.
Para decirme que me vaya
no me vengas con fah1edades;
me voy sacudiendo la saya,
que yo soy Doña Oaridades.
oo

ESCENA IV

-:.o

EL

Sopón,_fingido lego me~dica_nte, r.-:. asoma m la puerta, humildes
los o;os. r.-:. La alfor¡a a la espalda llena de rebojos . . y po,la capucha oculto el semblante. .:::e

LA INFANTA.

EL RBY CONSORTE.

LA INFANTA.
EL JOROBBTA.

LA INFANTA.
150

¿Oye, ese lego franciscano,
quién es? ¡ Me parece un bendito!
Es un pariente de Ulpiano.
¡Qué gracia tiene!
¡Baila el vito!
Como el lego de aquella historia,

EL JOROBETA.

Et
LA

SOPÓN.
INFANTA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.

EL JOROBETA.
EL REY

CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL SOPÓN.

EL REY

CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL JIJROBETA.
EL REY CONSúRTE.

EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL R ,;:y CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

que bailando por los mesones
llenaba la alforja. ¡Y la gloria
ganó con esas oraciones!
¡Hay que ver la sabiduría
que se guarda en esa sentencia!
¿Mucha verdad?
¡Mucha Misia!
¡San Pedro es un pozo de ciencia!
Una limosna te prometo:
pasa por mis habitaciones.
Os dejo con vuestro secreto
y con vuestras conspiraciones.
¿Cuántas reverencias debo hacer, hermano?
Tres reverencias es bastante.
¿Diga, hermano, debo besarle la mano
al Rey?
Si os la pone delante...
Llega, buena pieza; bésame la mano.
¡Ya tus intenciones por Ulpianol
¿Esas dos palomas que de tu capillo
vienen a posarse sobre mi bolsillo,
en cuánto las tasas?
Piden dos millones.
¡Jesús!
La pareja.
¡No me desazones!
Hijo, te las llevas; pues no tengo antojos.
¿Verdad que es muy caro? ¡Pídeme los ojos!
Os las regalara, si fuese su dueño;
pero un penitente me metió de empeño...
Tú no me la pegas.
Aquí sabe mucho.
¡Las cartas! ¡Las cartas!
Le entró el arrechucho.
¡Con tu regateo me das un sofoco!
Vea, hermano lego, de bajar un poco.
Son las instrucciones de mi penitente.
¡Pero ese sujeto debe ser un ente!
¡Y la otra, la tonta de la pandereta!
¡Se pierde de buena!
¡Y de algo coqueta!

sé

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.
EL SOPÓN.
EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL SOPÓN.
EL REv CONSORTE.

O

¿Tú no la conoces?
¡A bien que uno es lego!
¡Y la susodicha encubre su juego!
Hablemos, hermano, sin hacer sondajes,
y sin chalaneo. ¿Cuánto son sus gajes?
Corriendo el peligro de extralimitarme,
cincuenta mil duros.
¡Igual que matarme!
Esas escrituras pondrás en mi mano
mucho más baratas. ¿Verdad, Ulpiano?
¡Verdadl Dos millones son mucho dinero.
Con uno es bastante.
¡Calla, majadero!
Uno es justamente cincuenta mil duros.
¡Con tus metimientos me sacas de apuros!
¿Dónde están las cartas?
Donde las esconde
aquel penitente.
¿Y quién me responde
de que no es engaño? Trata tú, Torroba,
el negocio, y mira cómo le das coba.

VN un mohín adecuado = hace mutis el monarca,
beta se enarca
como un Ministro de Estado.

EL JOROBETA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓ,,.

=

=

=

EL JOROBB1' A.

EL SoPóN.

EL JOROBETA.

EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.

No haga cucamonas.
Ulpiano Torroba, ve por el talego,
y tendrás lo hablado de mano del lego.
Verás un milagro de lo más sencillo:
que las susodichas vuelan del capillo.
Me asalta una duda, y he de ver primero
si son milagrosas, igual que el dinero,
mis manos. La chunga aquí finiquita.
¡Afloja las cartas!
Afloja la guita.
El hábito al suelo.
¡Me quedo en pelota!
¡ 1 a mí qué me importa esa chirigota!
¡Jesús qué impudencia!
¡Dame esos papeles!
Guárdatelos, hijo, que para babeles
me basta el convento. A mi penitente,
de lo aqui pasado, le póndré al corriente.

=

ESCENA IV=-

y el jorfJ-

¿Diga, hermano lego, rezan aquel cuento
de la buena pipa, allá en su convento?
Si esconde las cartas en la bocamanga,
sáquelas, hermano, para que haya changa.
Siempre aquel que paga pone condiciones.
¡No se encuentran en la calle los millones! ·
¿Se permite, hermano, que pregunte al lego?
Diga usted, hermano.
¿Dónde está el talego?
No se apure, hermano, porque está en recaudo
contra los rateros.
¡Previsión que aplaudo!
¿Y cuál es el cuño?
Onzas peluconas.
¿Quiere las contemos?

'T'RABANDOSE en los hábitos, el lego se escabulle, . . y sale corre-

J - teando el Rey, del camarín.= La vágula libélula de la sonrisa bulle
sobre su boca belfa, pintada de carmín.

=

=

EL REY CONSORTE. ¡Te dejó las cartas! ¡Se fué sin dinero!
EL JOROBETA.

¡Le vuelvo su fama, que es un caballero!
Me dijo: cTorroba, las pongo en tu mano.
Cobra, que en mi celda te espero, Ulpiano.•
Y al hombre que pone esa confianza
en mi, no le juego una mala chanza.
EL REY CONSORTE. ¡Pero yo no tengo tanto numerario!
EL JOROBETA.
Se pide al Gobierno, como extraordinario.
EL REY CONSORTE. No he visto las cartas, y no sé siquiera
el valor que tienen.
EL JOROBETA.
¡Una friolera!
¡Valen dos millones, como dos pesetas!
EL REY CONSORTE, ¡Tanto!

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL JOROBETA,
EL REY CONSORTE,
EE JOROBE.TA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA

E

¡Tienen golpes, que ni los poetas!
¡Dame que las Jea!
¡Os dan un sofoco!
SI son como dices, quizá pida poco.
Hazme tú lectura de algunos renglones.
¡Mala letra tiene en las ocasiones!

L Rey f)one en la oreja-:-=- la mano, en curvatura, -:-=-y con la voz
perpleja, -=- Torraba hace lectura.

=

EL JOROBETA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE,
EL JOROBETA,
EL REY CONSORTE,
EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

e Ayer te he guipado, yendo de paseo,
&gt;Y esta pavitonta cegó e~ t~_mante?·
&gt;¡Me muero por verte, rn1 mno grac1osol
&gt;¡Te quiero por tuno y por asqueros~l&gt;
¡No sigas! ¡~o sigas\ ¡Conozco su est1l?I
¡Viene una metáfora que levanta en vilo!
¿Se dice metáfora cuando hay un descaro?
¡Metáfora! ¡Vaya un boquible raro!
Para el Gran Preboste escribí este pliego.
Pido dos millones.
Uno para el lego.
Y según te explicas, quizá pida poco.
¡Pedidle la luna!
¡Dirá que estoy loco!
Pido dos millones.
Quien pide la luna,
en buena gramática, pide una fortun_a.
Pido dos ir.iliones, que es lo categónco.
Al pedir dinero, no hay que ser retórico.

"RUZÁ Don Lindo la azotea_. y melancólico_solfe~ ~ !'Uspiros.,
que al viento se van. .a- Y el Rey con som zsa aszatica o.::- aco•
ge la melodramdtica o-::- desesperación del galdn. -.i.

O

EL REY

CONSORTE.

¡Ven acá, Don Lindo! Llama a mi Intendente.
Quiero consultarle, que es hombre prudente.
Y a Don Tragatundas pasa igual recado.
Quiero consultarle, que es hombre bragado.

-= ESCENA V=
R

ECHINA una puer~a:

-=-:- Sale repentino o-::- un viejo la~ino . .
que estaba debas. ~ Y enfrente aparece, -=o torciendo el
mostacho,-=-=- otro mamarracho-=-=- al mismo compds.-=-:-

A vuestro real deseo el Intendente
acude. Y por allí Don Tragatundas.
EL lNTENDl!:NTE.
¡A la orden del Rey me bago presente!
¡ Yo saco mis pistolas de las fundas!
TRAGATUNDAS.
EL REY CONSORTE. ¡Ya llegará ocasión!
¡Ni oste ni moste!
TRAGATUNDAS.
EL REY CONSORTE. Mándale sacar filo a la matona.
Quiero envidarte contra el Gran Preboste.
¿Y qué voy a hacer yo con esa mona?
TR.AGATUNDAS.
¡A mi hombres duros y de pelo en pecho
¡A mi los demagogos proletarios!
Uno por uno me los escabecho,
y que haga la Prensa comentarios.
¡A vuestros pies está vuestro Intendente!
EL INTENDENTE.
EL REY CONSORT&amp;. Reclamo tu consejo de hombre cuco
para sacar el máximo cociente
de ciertas cartas que me &lt;lió un frailuco.
EL INTENDENTE.
¿Hay cartas otra vez?
¡Con indulgencia!
EL JOROBETA.
EL INTENDENTE.
¡Ya pesqué esos rumores por palacio!
¿Y qué hay que hacer?
EL JOROBETA.
Estúdielo vuecencia.
Bueno es pensarlo y resolver despacio.
EL INTENDENTE.
Llfs dos palomas portan en los picos.
EL JOROBETA.
Dos ganzúas que abren las gabetas
del Gobierno. ¡Llegó la de ser ricos!
TRAGATUNDAS.
¿Qué se puede pedir?
¡Muchas pesetas!
EL JOROBETA.
EL REY CossoRn. Al Gran Preboste mand o este despacho
conminatorio. Pido dos millones.
EL INTENDENTE.
En el pedir no debe haber empacho.
TRAGATUNDAS.
Se piden tres, y son tres particiones.
DoN LINDO.

1 55

�LA PLUMA
LA PLUMA

O

VERA el Intendente el pliego -=- con un guiño de gitano,
cobrarlo, palaciego, ~ al Rey le besa la mano. -

EL

JOROBETA.

TRAGATUNDAS.

EL JOROBETA.

TRAGATUNDAS.

EL JOROBETA.
TRAGATUNDAS.

El. JOROBETA.
EL REY CONSORTE.

EL JOROBETA.

oc-

y al

Mi general, c:mmigo no se cuenta.
¡Ahora reparo ~n ti, Domingo Siete!
Desarruga ese ceño de tormenta,
que a mí no se me asusta con membrete.
Yo no suelto las cartas sin la guita
de un millón, para el lego franciscano,
y a quien no esté conforme se le invita
a tomar una copa con Ulpiano.
¡En presencia del Rey no hay desafíos!
¡Es un convite!
No te pongas jaque.
Te doy un puñetazo de los míos,
y revientas igual que un triquitraque.
Pruébelo su merced.
¡Que está empalmado!
¡Ulpiano Torroba, no me irrites,
que estoy de tu joreba jorobado!
¡Buena correspondencia a mis convites!

=

ToRNA el l1ltendente
con andar pausado,= solemne la fre11J te ~ y el cuello estirado. ?=EL INTENDENTE.
EL REY CONSORTE.

EL INTENDENTE.
EL REY CONSORTE.
EL INTENDENTE.
EL

REY CONSORTE.
DON LINDO.
EL REY CóNSORTE.

156

Hice del dos un tres.
¡Perfectamente!
¿Hallas bien los conceptos, la manera... ,
lo del impedimento dirimente
y del divorcio ...?
¡Todo de primera!
¡Es un escrito digno de la Historia,
¡Me complace que sea de tu agrado!
Yo me lo aprendería de memoria,
si no estuviese tan desmemoriado.
¡Don Lindo!
¡Majestad'
Al Gran Preboste

TR.t.GATUNDAS.

D

lleva este pliego. Aguarda que lo lea,
y vuelve aquí.
Que sepa ese armatoste
que si niega los cuartos, hay pelea.

ON LINDO toma el Mensaje ,:.e. e indinándose, suspira . .::--:- Y
Si, Majestad-un guaje- ~ sopla haciendo tararira. e-::-

~ESCENA VI._.

L

=

LEGAN dando voces atorbellinadas
la Infanta Francisca y
dos de sus dueñas,~ torcidos los moños, las lenguas trabadas,
- y un mimo grotesco de niñas pequeñas• .:-.:LA INFANTA .
UNA DUEÑA.

LA ÜTRA DUEÑA.
LA lNFANTL
UNA DUEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

Et. REY CONSORTE.
LA

INFANTA.

¡Qué espíritu mundano! ¡Qué sacrilegio!
¡Disfrazarse de lego de San Francisco!
¡Y qué hablar renegado(
¡Su florilegio,
Son las fulminaciones de un basilisco!
¡Vengo muerta del susto! ¡Jesús qué lucha!
¡Yo le arañé la cara!
¡Yo el colodrillo!
¡Yo traje entre las uñas, con la capucha,
esta tripa con pelos!
¡Toma el cerquillo!
¡Qué endiablada ocurrencia la de ese tuno!
¡Si parece un Demonio de pesadilla!
¡Ay, si con él no sueño, mañana ayuno!
¿Qué gritan esas lenguas de taravilla?
Manda hacerme una taza de malvavisco,
pues vengo con el pulso sobresaltado.
¡Aquel lego no era lego francisco!
¡Un pícaro muy grande, y un deslenguado!
¡Las barbas que llevaba, barbas postizas!
¡El cerquillo lo tiene puesto Ulpianol
¡Y las cartas! ¡Las cartas! ¿No te horrorizas?
¡Dos cartas que te afectan, tiene en su mano!

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL REY

C()NSORTELA INFANTA.

EL JOROBETA.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
EL JOROBETA.

E

L REY CONSORTE.

¿Dónde visteis al lego?

EL }OROBErA.

Fué a visitarme.
Me vendía las cartas por cierto pico.
¡Vino como el Demonio para tentarme!
Ya no tiene esas cartas.
¡Cállate el picol
Entre las tres logramos meterle preso.
Lo guardo Pn un armario, bajo esta llave.
A mis años no pueden achacar eso
a una concupiscencia. ¿Verdad?
¡Quién sabe(
¡Mi honor inmaculado[ Le daré suelta.
Ya no paso la noche con ese pillo.
Hay que mirarse mucho, que en cada vuelta,
sacándonos los trapos, hay un corrillo.
¡Heroico Tragatundas, corre a salvarme!
Es el segundo armario que hay en el fondo.
¿Adónde vas, Torraba?
Voy a e&lt;:lipsarme.
¡Aún ha de regalarnos tu cante jondol

LA INFANTA.
EL Jo1toBEfA.
EL REY CONSORTE.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA

INFANTA.
CONSORTE.
LA INFANTA.

EL RJty

EL JOROBETA,.

LA INFANTA.

=

=

EL REY

CONSORTE.

LA INFANTA.

EL REY CONSORTE.
EL, JOROBETA.
LA INFANTA.

EL JOROBETA.

LA

INFANTA.

¡Explícame, abuelita, qué pretendías
tP.niendo en un armario cerrado al lego!
Esta noche bailarnos unas folías.
¡Qué preguntas las tuyas, y qué borrego!
La gazuza le hiciera cantar de plano
dónde esconde las cartas de esa simplona.
¡Si las dichosas cartas tiene Ulpianol
¿Me permite ausentarme la Real Persona?
¡Que tú tienes las cartas! Dámelas, niño.
Toma, para que fumes, una peseta.
Se agradece, Misia.
Si es un cariño.

COLTANDO el naipe sobre el tapete= s; alza una dueña de mal
cariz,
y la otra dueña grita en falsete, -=-o- y acompañando su
sonsonete ~ abre los palmos en la nariz. .:-o

U

C'ONANTES las espuelas, que despiertan los ecos
fabulosos dt
tantas hazañas en Marruecos.= parte Don Tragatundas, ti bigote teñido.= R.etemblón en la adusta brama de im resoplido.
Y
entretanto las dueñas de la lnfanta Francisca, . . apartadas dtl
corro, se entregan a la brisca. ~

U

¿Oye, vendrán las cartas a mi estafeta?
Irán magnetizadas.
¿Cuándo?
Mañana.
Si las tiene escondidas en el capacho.
¡Pide un millón por ellas este Juan Rana!
¡Llega acá que te huela! ¡Tú estás borracho!
Niño, como no busques que te remoje,
vas a darme las cartas. ¡Yo las reclamo!
El ejemplo del lego me sobrecoge;
pero quiere las cartas el Rey mi Amo.
¡Mira que otros más listos no te las roben!
Ya las tengo escondite.
¡Dios alabado!
Tú no puedes leerlas, que eres muy joven.
Ya sabe lo que dicen.
¡Te habrás volado!

=

UNA DUEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNA DuEÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNA DUEÑA.
LA INFANTA.
LA ÜTRA DUEÑA.
UNADUBÑA.
LA ÜTRA DUEÑA.

¡Te gané! ¡Te gané!
¡Qué tramposa!
No se puede jugar contigo.
¡Te gané! ¡Te gané!
¡Qué gran cosa!
¿Tú nunca pierdes?
¡Y lo digol
Mari-Rosita, cuando pierde
siempre se enoja unas migajas.
¡No me enojo!
¡Y está que muerde.
Lo que digo es que no barajas.

�LA PLUMA

LA PLUMA

= ESCENA

VII -

E

NTRA Don lragatzmdas, una mano aferrada oe. del espantadt&gt;lego, en la cerviz rapada.= Y exprimiendo los ojos,y doblando
,I zancajo ~ saca el iego la lmgua a modo de badajo.
Aflojad un poco la mano,
que voy a escupir el galillo.
Lo tengo en los dientes.
Hermano,
TRAGATUNDAS.
se lo traga, y es más sencillo.
EL REY CONSORTE. ¡Parece que fuiste a la guerra!
¿Sales del saco de los gatos?
EL JOROBETA.
Eso granjean en mi tierra
LA INFANTA.
los terceros de malos tratos.
Yo no m(:rezco ese reproche
EL SOPÓN.
por proponeros un negocio.
Quisiste estafarme esta noche.
LA INFANTA.
Te ganó la mano este socio.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
:Ulpiano, no seas iluso!
Tú sólo guardas una copia.
¡Me la has pegado! Y por tu abuso
EL JOROBETA.
otra vez me sumo en la inopia.
Yo pido a todos mil perdones,
EL SOPÓN.
pues el amor a la Corona,
más que el amor a los millones,
me trajo aquí.
Y esta persona.
EL JOROBETA.
EL SOPÓN.
Del negocio nada se saca,
divulgado que sea el secreto.
Haya prudencia.
¡Naturacal
EL JOROBETA.
Tiene pupila este sujeto.
EL SOPÓN.
Dejemos el guiño de engaño,
hablemos con claras razones,
y sin jugar a hacernos daño.
¡Muy buenas amonestaciones!
EL JOROBETA.
Procedamos honradamente
EL SOPÓN.
repartiéndonos los dineros.

=

EL SOPÓN.

1

160

EL bITUIDENU.
ELSoPóN.
El.JOROBETA.

¡Se juntó demasiada gente!
¿Pues cuántos somos, caballeros?
Tres y no más. El Rey Mi Amo,
este lego de San Francisco,
y el que le trajo.
LA lN:P'ANTA.
¡Yo me crispo!
EL INTENDENTE.
¡Yo me hago cruces!
TRAGATUNDAS.
¡Yo me inflamo!
LA INFANTA.
~Quién ha cerrado en el armario
a este tuno?
LAS Dos DUEÑAS.
¡Con nuestra ayuda!
LA INFANTA.
¡Un lnctimiento innecesario!
Me bastaba sola.
EL SOPÓN.
·¡Sin duda!
TRAGATUNDAS.
¿Quién ante el Rey te puso ahora?
EL INTENDENTE.
¿Quién dió el consejo más prudente?
EL SOPÓN.
,!Y quién inflamó a la Señora? ·
UNA DUEÑA.
¡Ay, qué lego concupiscente!

ROMANT!CA se desmaya, _.Y com_o ~iern s de Ayuno, . . al pe.
cado dando baya o:, un zanca10, inoportuno, . . asoma bajo
la saya.=
LA INFANTA.

Ex. REY CONSORTE.

,;

EN

¡Ay que le ha dado un patatús,
a esta niña q•le quiero tanto
por tu culpa! ¡Jesús! ¡Jesús!
No enseñes las piernas!
¡Qué espanto! :

=

ESCENA VIII -

el salón, con una morisqueta, ~ atortolado irrumpe et majadero-=-:. que portó al Gran Preboste la estafeta - del Rey,y el
casó erplica aspaventero. Do:N L1Nno.

¡Traigo turbados los sentidos!
¡Qué juras y qué palabrotas!
¿No os cantan, Señor, los oídos?
¡Ay, que viene! ¡Siento sus botas!
161

�LA PLUMA

LA PLUMA
EL REY CoNSOlt.TI!.

RANDO hacia la puerta, .o-e, en zoeobrante alerta, ~ calla l11
reunión. oc, Las pisadas, con eco~ difust1, por ti hueco . .
rodaban cu/ salón. .oo Ponía un estr11,mbote
al re.&gt;onante trote .,.

M

=

EL SoPÓN,
LA lNrANTA.
EL SoP6N.

EL JoaOBBTA-

¡No es oportuno que me vea!
¿Te conoce?
¡Seguramente!
1Tú has tenido la mala idea
de ir con las cartas a ese ente!
¿Qué has pedido por las mi6ivas
al Gran Preboste?
La bicoca
de un destino en Oases Pasivas.
¡Con poco sellaba tu bocal
¿Y dinero?
•
¡Ni una moneda!
1Mas ved que me atrapa!
Te escondo
de mi meriñaque en la rueda.
¡Pero sé formall
¡Yo respondo!
oc,

E

se oculta el lego Francisco . .oo Lleta
el Gran Preboste: Llamas
y bramas cu basiliseo . .::-o

EL GRAN Pn»osTB.
LA INFANTA.
EL GRAN PREBOSTE.
EL SOPÓN. •

=

¡La docta tertulia del Amo!
¡Faltabas tú!
¡Y acudo al reclamo!
¡Cúcúl

• VUELTA de fantoche,
del viejo 11iandónl

'

oc,

oc, golpe

=

de bastón,

Deja ese gesto de amenaza.
LA INFANTA,
EL GRAN PREBOSTE. ¡No se burla nadie de míl
Es el cuclillo en 'a terraza,
LA INFANTA.
que se alegra de verte aqui,

t

S

=

ACA las orejas, ,=,o guiña la pu1&gt;i/a
otra vez se asila.
r , ,.. .11 cabe las viejas -

LA INFANTA.

ESCENA IX . .

N el ruedo de las damas

~EBOSTE.

?º~

tlgolpttkl bastón• .,,..
EL SOPÓN.
EL R.Ev CoNsoan.
EL SoP6N.
LA INFANTA.

Por mi nota est4s al rrl
Una ofuscación
co ente...
se os puso, Señor, en la frente
como un moscardón.
EL REY CONSOlt.TE. Teng~
cartas de una damL
LA INFANTA.
¡De ptttmtnfl
EL REY CONSORTE. Y tú, celoso de su fama
me das a mi...
'
EL GRAK Pauosn. Por la camama
un potosi.
¡So.~ dos carta" falsificadas!
LA INFANTA.
¡D11olo Bias!
EL JOROBETA.
¡Yo tengo las cartas!
EL GRAN Pu»osn.
.
Copiadu
de man? aJena las tendrás.
En la pista de esa impostura
he dado orden de prisión '
contra un tuno que en su frescura
pretendía la sinecura
de una mitra.
EL SOPÓN.
¡Era la ocasión!

EL GRAN

No te inquietes: Es uipiano
EL JOROBETA.
que hace dos voces.
'
EL GRAN PREBOSTE Las
t
¡De chipén!
CONSORTE.. ¿Pue~~eª~:i~~?n de su mano.

iL ~RY

E~ R!:Nc::;Bosu. De. un_ escritor republicano.
EL GRAN PRE~~:~~ C1~ueopc1eosas q~e e~toy en Belén!
·

,a.e,

mirada ftrocht . .

n conc1enc1a
qu~ estáis tocando el violín.
EL REY eONSORTE. 1N t un. dfa más en evidencia!
LA INFANTA.
Hoy pido el divorcio.
EL REY CoNSORTK
L
.
¡En latín!
EL GR p
· 1 e escnbo al Papal
1 AN
REBOSTE.
~
R
No hari caso
•
S enor y ey.
Pongamos las bestias al paso
Y hablemos a ley.

�LA PLUMA

SOS OE Nlet2SCttE
Et REY CONSORTE. Mi nota no cierra el camino
de una transacción.

(Páglna1 de un Hb,o en p,enaa.)

Et GRAN PREBOSTE. Pero lo hace tan supino,
Et RBY CONSORT&amp;.
Et GRAN Paimosn.
Et REY CoNSORTE.
Et GRAN PREBOSTE,
LA MANTA.

Et GRAN PREBOSTI!.
Et JoROBBTA.
Et REY CONSORTE.

que no siendo del Club Alpino
es imposible la ascensión.
Siento decirte que no es cuerdo
buscarle al gato los tres pies.
Tomaré en Consejo el acuerdo
de meteros en Leganés.
~Te niegas a todo convenio?
¡Claro que sil
¡Abusas! ¡Conoces su genio de gilll
Me vendían por un destino
esas cartas, y no piqué.
Si no ha picado en un comino,
imagino
que voló el parné.
¡Mi divorcio, como otras veces,
no quedará en conversación!
1Apuré las últimas heces!
¡Mi pundonor hizo explosión!

C'us regios ojos el velo .::-::- de las

u·

lágrimas ofusca, .::-::- y en la faltriquera busca,.::-::- para sonarse, un pa,iuelo. -=-o-

Et GRAN PREBOSTE. Bebed uná taza de tila,
Majestad.
Y tras una noche tranquila
meditad.
Con vuestra venia me retiro
y os beso los pies.
LA INFANTA.
¡Tragatundas, pégale un tirol
No lo dejes para después. ·
Et REY CONSORTE. ¡No, Tragatundasl ¡Me horroriza
que corra la sangre por mí!
¡Una pali'za,
eso sn

EL

Rey vuelve la pupila;,.... mete, como el avestruz,,::,:, el pico baj•
la axila ,::,:, y se le apaga la luz . .:o
PIN DE LA SEGUNDA JORNADA

16-.

RAMON DBL VALLB-INCLAN

Beomas, Aedides y Oenganzas

Probad mis platos, señores,
comiendo abriréis la gana
y os parecerán mañana
me.fores.
Repetid, os aconse.fo
(JUe mezcléis con apetito
lo reciente con lo añe.fo
os t'nvr:to.

Ayer me cansó buscar
hoy encuentro;
y cuando el viento me azota
si navegar contra el viento.

�LA PLUMA

LA PLUMA

-----COlOQUlO

¿Estuve enfermo? ¿He sanador
~ Y quién mi médico Ita sidor
¡Ah! si todo lo he olvidado:
mi médico fui el olvido .
t1A6lA el PROOER610

Sená'llo y raro, dulce y severo,
pulcro y astroso, fi,no y grosero
ser todo quiero.
Y que se cuente:
Hombre viviente
fué loco y cuerdo;
era paloma, era serpiente
y, a veces, cerdo.
ttecce ttorrto

Soy la llama; soy la llama,
y al alumbrar me consumo,
y lo que toco se inflama,
y queda ceniza y humo.
¡Soy la llama, soy la 1/amaJ
166

el PR011MO

Quien del pró;imo se fú
un guía a su lado aguante:
yo voy solo, que me guíe
quien t¡ztt"era, pero delante.

el

l16€Rt0

Me detengo y escucho
el latir de mis venas:
m rumor me Iza engañado;
pensaóa oír cadenas,
¡qué mucho
si" estuve encadenado!

ett oeRAtlO
"Hay que comer nuestro pan
,on el sudor de la frente",
te dirán:
¿Sudandor ¡Qué desatino!
/ Vaya un consefo imprudente!
Con el sudor de la frente
hay que beber nuestro vino.

�LA PLUMA

LA PLUMA
LOS MUY SU'ttLeS

Entran mefor de puntillas que a gatas:
por el ofo de la llave y no por la puerta fra,ica.

¿lnvestigarr ¿Cómo, cuándor

y auNp,U escribo a grandes bazor
cada ras{fo es una falta.
En cambio, lo que concibo'
de un modo que no se usa
jcon qué claridad transcribo,
Al que leerme rehusa
¿qué más le da si es confusa
la letra con que lo escribor

Al peso
del libro impreso
r,as arrastrando tu vida
y cayendo y levantando
lzasta la última caída.

El que ha de llegar, llega, porque puede

y porque le place,
y nada le importa que diga la gente •
si es temprano o tarde.

Mi pluma no corre, salta
voy escribiendo a pedazos

Una mufer me decía
al despuntar la mañana
¡Si eres feliz en ayunas
qué será si te emborrachas!

Cuando hablo,
para no cansarte, amigo,
con las cosas que te digo
me pongo disfraz de diablo:
nzas no me sirve de nada
el diabólico disfraz,
fa bondad de la mirada
no la cubre el antifaz.
Traduoclón do

PRANCISCO A. DB !CAZA

�LA PLUMA

Peeegeinos cueiosos
1oege 8011~ow y + +
la Bib(ia en españa

T

Borro~, de familia de labradores, establecida desde muy antiguo
c~rca de L1skeard, en Cornwall, se fugó de su casa, siendo todavía mozo,
por esqmv_ar las consecuencias de una fechoría juvenil, y sentó plaza de soldado
en 1783. Diez años más tarde, cuando era sargento, se casó con Ana Preferment
hija de un agricultor de East Dereham, Norfolk, de abolengo francés prnbable~
mente. En 1798,_ ~omás Borrow obtuvo el grado de capitán, del que no pasó
en su carrera w1htar. En 1800 le nació un hijo, Juan Tomás, que fué pintor y
solda_d o y acabó por emigrar a Méjico en busca de fortuna, murie ndo en aquellas berras e? 183~. El S de julio de 180~ nació, en East Dereham, el hijo segundo del m~tnmomo Borrow, Jorge Enrique, el cual, treinta y tres años más
tar~e, ha~1a de ser popular en Madrid con el nombre de Don '.Jorgit, el znglés.
La rnf:mcia de Jorge transcurrió en diferentes poblaciones de Inglaterra y de
Escocia, ~ ~;ce~ a los cambios de guarnición del regimiento en que se rvía su
padre. V1a¡o primeramente por las provincias de Sussex y Kent, y en 1808 y
1810 estuvo otra vez en su pueblo natal. Jorge era •un niño triste que gustaba
de permanecer horas enteras en un rincón solitario, con- la cabeza caída •sobre
el pe~ho, dominado ror ~n abatimiento peculiar; a vece~ sentía una impresión
de miedo muy extrana, sm causa reah. Sus padres le de¡aban vagar libre mente
por los campos. En 181~ conoció a Ambrosio Smith, el gitano a quien después
repre s1;ntó en sus escritos con el nombre de Jasper Petulengro, y se juraron
f~atermdad. El_ desarrollo mental de Jorge fué algo tardío. Comenzó los estudios ~e humamdades en Dereham, y los continuó en Edimburgo, después en
Norw1ch, Y el_ a~o 181 S en la «Academia. Protestante , de Clonmel (Irlanda),
adonde e l re gumento de su padre fué destrnado. La vida escolar Je curó de su¡
OMÁS

"'70

hábitos insociables y de su reserva. A Jorge le gll6taban los estudios pero no la
sujeción de la escuela. Sentía inclinación natural por los idiomas, /Ios aprendía con desusada facilidad; su memoria era descomunal. Amaba la vida al .iire
libre y los deportes. Las aventuras, propias o ajenas, reales o soñadas1 encandila?ªº su imagin~_ción. En Irl~nda, además de aprender la_ lengua del país, se
babia hecho gran Jinete. Termmadas las guerras napoleómcas y licenciado el
regimiento, los Borrow se establecieron en Norwich. Jorge leía griego en la
Gramma,· School, y de un emigrado francés tomaba lecciones de este idioma
de italiano y de español; cultivaba, además, la caza y el pugilismo. Los gusto;
y las costumbres de Jorge Je hicieron antipático a su padre; no se Je parecía en
nada; ten~ale por un verdadero ~itano, y, desentendiéndose de él en Jo posible, le deJaba hacer cuanto quena. En 1818, Jorge se encontró de nuevo con
Ambrosio Smitb, o Jasper Petulengro, y, yéndose con él a un campamento de
gitanos, los acompañó por ferias y mercados, se inició en s 11s costumbres y
aprendió su idioma.
Llegado el momento de adoptar una profesión que le diese para vivir, Jorge, dudoso entre la Iglesia y el Foro, se decidió por el último; así se lo aconsejó un amigo en situación semejante a la suya, diciéndole que la abogacía cera
la mejor carrera para quienes (como ellos) no pensaban ejercer ninguna, . El
padre de Jorge le costeó el aprendizaje, colocándole en 1819 de pasante en casa
de 11.nos curiales de Norwich. Pel'.O Jorge debía de tener mediana afición a los
.pleitos. Aprendió galés, danés, hebreo, árabe, armenio, y en el despacho de sus
maestros trabajaba en traducir de esas lenguas al inglés; su amigo William
Taylor le enseñó el alemán. Así vivió el pobre cinco años, amarrado a un oficio tan opuesto a su vocación. Quizá la lectura de libros de viajes y aventuras
le fué entonces más gustosa y necesaria que nunca, como desquite de la aridez
de su empleo. A Jorge Borrow le gustaban mucho Gt1 Bias, el Peregrino d&lt;Bunyan, Steroe, el Chi!de Harold, y, sobre todos, De Foe. ,¡Oh genio de De Foe,
yo te saludo!-exclama en su autobiografía- . ¡Cuánto no te debe el mío pobrísimo!,
En 1824, el capitán Tomás Borrow murió, dejando por heredera de sus escasas rentas a su mujer. Jorge, que llegaba entonces a la mayor edad, se marchó a Londres a buscarse la vida en cuanto terminó su contrato de pasantía.
Llevaba por todo capital un legajo de traducciones; pero sus esperanzas eran
muchas. Su primera estancia en Londres fué poco placentera. Luchaba con la
escasez, con la falta de salud, con la inseguridad del trabajo, y padeció además
la crisis característica de la juventud al encararse indefensa con la vida y las
amarguras de la vocación, que busca a tientas su camino. Jorge se interrogaba
acerca del valor de la existencia y de la verdad. «¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo
bueno y Jo malo? ¿Para qué he nacido? ¿Todo perecerá y será olvidado, todo es
nnidad?&gt; Y no encontraba respuesta. satisfactorid. El futuro misionero era en!onces ateo empedernido; su amigo Taylor, además de enseñarle el alemán, le
inculcó la irreligión. La tristeza y el descorazonamiento de Jorge fueron tales,
que sus amigos temie ron verle poner fin a sus días. Por aqueJla época publicóBorrow algunas traducciones de poesías e xtranjeras (var ios romances espa-.
171

�'
LA PLUMA
LA PLUMA
fioles) (1); escribió, por encar~ de un editor, una colección de «causas c61ebres• (2), y tradujo para una revista fragmentos de leyendas danesas (3). Pero
en ,825, el periódico en que escribía desapareció; riñó, además, con el editor
que le daba trabajo y se quedó en la calle con sus manuscritos y un puñado de
-dinero. Supónese que el ammcio de un librero le indujo a escribir, para zafarse de sus apuros del momento, una Vida y aventu1·as de José Sell, obra publicada, al parecer, con otros cuentos y narraciones en una colección que hoy no se
aabe cuál fué. Vendida la obra, Borrow se marchó de Londres, abandonando la
literatura, y viajó a pie en busca de salud corporal y de paz para su ánimo.
Cuatro meses duró su vida errante. Volvió a encontrar a Jasper Petulengro, y
se fué con él a vivir en hermandad con los gitanos, trabajando en hacer herraduras, y preso en las redes honestas de una linda moza de la tribu. Dt"spués
compró un caballo y recorrió Inglater,ra e~ b~s~a
aventuras. Cuando cst~s
\•iajes concluyeron, Jorge Borrow tema vcintidos anos. Era alto, flaco, zanquilargo, de rostro oval y tez olivácea; tenía la nariz encorvada, pero no demasiado larga; la boca bien dibujada y ojos pardos, muy expresivos. Una canicie precoz le dejó la cabeza completamente blanca. Las cejas, prominentes y espesas,
ponían en su rostro un violento trazo obscuro.
·
Jorge Borrow, al escribir, andando el tiempo, sus narraciones autobiográficas se empeñó en rodear de misterio ciertos años de su vida (1826-1832), y con
alu~iones más o menos veladas quiso dar a entender que se había visto envuelto en misteriosas aventuras y dado cima a dilatados viajes por países como la
India, China y Tartaria. lgnórase, en efecto, lo que Borrow hizo en esos años;
pero en sentir de sus biógrafos más autorizados, es excesivo tanto misterio. Probablemente, Borrow vivió todo ese tiempo sin ocupación fija, viajó un poco y
escribió por gusto y por encargo. En 1826 se publicó una colección de sus traducciones del danés (4) con otras composiciones suyas. Dos años más tarde apareció una traducción de las ,Memorias de Vidocq (s; atribuída a Borrow; insertó en
-algunas revistas trabajos de menos importancia. Viajó por la Europa occidental y parece que estuvo en Madrid, pero este viaje no pudo entrar en el marco
de La Biblia en España.
.
Un gran cambio sobrevino en la vida de Jorge Borrow durante el año 1833,
que decidió de su destino. Conocía Jorge Borrow a una familia residente en
Oulton Hall, cerca de Lowestoft (Suffolk), de la que formaba parte Mrs. Mary
Clarke, de treinta y seis años, viuda de un marino. Un reverendo pastor, relacionado con esa familia, indujo a Jorge Borrow a solicitar de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera un empleo donde pudiera utiliz~r su conocimien-

d:

(1) cBcroard's Address to his army•, aballad from the Spanisb; cThe aingiqg Mariner•, a balla4
from the Spanish¡ cTbe French Pcincess•, a hallad from the Spanish. En cMonlhly 'M agazine• , vol. S1
(1S.4),

, ,

.

,

.

(2) cCelebrated Trials, and ~Remark..able Cases oí Cr1manal JUns.prudence, from the earhe1t recorda to the year 1825&gt;. 6 vo1s. Knigbt and Lavv, London. 182s.
(3) cDanish Traditions aod Superstitions.• En cMontbly lfagazine&gt;, vols, sS, 59, 6o.
(4) cRomantic Ballads&gt;, translated from the Dinish, and Miscellaneous pieces, by Geor,e Bonow; Norwich, S. \Villdn, 1826.
.
(s) c)1emoirs of Vidocq&gt;, principal agent of the P'rcnch police unli\ 1827. Wntco by him■elf
translated from the French, 4 •olt, London. Whittaker Treacber and Arnof, 1828•19.

to de los idiomas. Jorge se fué a pie a Londres, y en veintidós horas recorrió

una distancia de ciento veinte millas. En su frugal pobreza, Jorge sólo gastó en
el viaje cinco peniques y medio, en un litro de cerveea, medio de leche, un pedazo de pan y dos manzanas. Los señores de la Sociedad Bíblica, después de
examinarle de lenguas orientales durante una semana, le preguntaron si estaba dispuesto a ap1ender en seis meses la lengua manchú. Aceptó Jorge, y con
un buen viático se volvió a Norwich, ya en diligencia; estudió con ahinco, y a
los seis meses triunfaba en las pruebas a que sus futuros jefes le sometieron.
Por aquellos mismos días, Jorge Borrow se retractó de su ateísmo; ya fuese
por influjo de Mrs. Clarke, o porque las ideas que le inculcó su amigo Taylor
arraigaron poco en su espíritu y se marchitaron al acercarse la treintena, lo
cierto es que Borrow profesó un protestantismo t.m fanático como el ateísmo
que abandonaba. No tardó en asimilarse el «tono misionero• ni en adoptar la jerga propia de sus patronos. Cuando aún se hallaba en curso su nombramiento, uno
de los secretarios de la Sociedad Bíblica censuraba así el estilo de una carta de
Borrow: «Perdóneme usted si, como sacerdote y mayor que usted en años, aunque no en talento, me atrevo, con la mejor intención, a hacerle una advertencia
que podrá no ser inútil.&gt; Acota una frase que ha llamado la atención de alguno de
dos excelentes miembros de nuestro Comité•: aquella en que «habla usted de
la perspectiva de ser útil a la Divinidad, al hombre y a usted mismo. Sin duda
quiso usted decir la perspectiva de glorificar a Dios, pero el giro de sus palabras
nos hizo pensar en ciertos pasajes de la Escritura, tales como Job, XXI, 2, cte.•
La respuesta de Borrow debió de ser tal, que el mismo reverendo le escribía:
«El espíritu de su última carta es verdaderamente cristiano, en armonía con
aquella regla sentada por el mismo Cristo y de la que Él dió, en cierto sentido,
tan prodigioso ejemplo, que dice: «El que se humille será ensalzado.• Finalmente, la Sociedad Bíblica aceptó los servicios de Borrow y le envió a Rusia,
para donde salió sin dilación, a mediados de año, a colaborar en la transcripción y colación del manuscrito de la Biblia, traducida al manchú, y en la impresión del Nuevo Testamento en la misma lengua.
Jorge Borrow estuvo en Rusia hasta septiembre de 1835. Sirvió con celo y
buen éxito a la Sociedad Bíblica; visitó Moscú y Nowgorod y proyectó t1n
viaje a China, a través del Asia, para distribuir el Evangelio por el Oriente. El
Gobierno ruso le negó los pasaportes. Ese proyecto de viaje fué, en opinión de
uno de sus biógrafos, el único motivo que tuvo Borrow para creer, y hacérselo
creer a sus lectores, que había estado en el Oriente remoto (1). Durante su
estancia en Rusia tradujo al ruso unas homilías de la Iglesia anglicana, y publicó en San Petersburgo dos colecciones de poesías traducidas por él al inglés:
Targum (2) y el 1 alismán (3).
(1) «¿No le ha chocado a usted nunca-le escribía en una ocasi6n su amigo el danés Hasfeldt-cuánto
se parece usted al buen hidalgo Don Quijote de la Mancha? A mi juicio, podría· usted pasar fácilmente
por hijo suyo,&gt; W. Knapp cLife, writings and correspondeace oí George Borrow&gt;. London, Murray
1890, Vol, I, pág. 1qo.
(2) cTargum, or metrical translations from thi rty Janguages and dialects•, by George Borrow. St. Pe,
tersburg, Schulz an Beneze, 1835.
(3) cT?ie Talisman», from the Rusiam of Alexander Pu1hkio 1 with other pieces. St. Petersburg,
Se bulz and Benere, 1835.

173

�LA PLUMA
En octubre de 1835 volvió Jorge Borrow a Inglaterra, y, apenas llevaba un
, mes en su país, la Sociedad Bíblica decidió utilizar de nuevo sus servicios, enviándole a Lisboa y Oporto con encargo de acelerar la propagación de la Biblia
en Portugal.
Ni la Sociedad Bíblica ni Jorge Borrow preveían entonces que sus campa. das en la Península iban a tener la importancia que después adquirieron. Para
la Sociedad, el envío de Borrow a Portugal era un empleo interino, en espera
•, de que se decidiese su viaje a China. Borrow ignoraba si tendría o no en Portugal libertad suficiente para lanzarse a una propaganda intensa ni si el ánimo
,de la gente se hallaría bien dispuesto para recibirla.
Jorge Borrow se embarcó en Londres el 6 de noviembre de 1835, y llegó a
,Lisboa_&lt;;! 13 del mismo mes (1); visitó los alrededores de la capital, hizo una
excurs1on por el Alemtejo, y de estos viajes y de sus conversaciones con el representante de la Sociedad Bíblica en Lisboa nació la determinación de aplazar
· sus trabajos en Portugal. Borrow resolvió pasar a E~paj'ía, Salió de Li,boa para
Badajoz el I de enero de 11361 cruzó la frontera el día 6, detúvose-en Badajoz
·-diez días, y por Mérida, Oropesa y Talavera llegó a Madrid. Por el camino fué
madurando su plan de campaña: le pareció necesario, ante todo, hacer una
tirada de la Biblia en castellano, porque sólo podían circular las impresas en
el reino. Pero lo difícil no era eso· lo difícil era obtener permiso para imprimirla sz'n notas, Desde la invenciód de la imprenta, hasta 1820, no se había impreso en España ninguna traducción de la Biblia descargada de comentarios Y
notas. y que fuese, por tanto, de tamaño manual y de precio reducido, accesible a todos. En 1790 apareció la traducción de Scio, en diez volúmenes en folio,
y en 1823, la de Amat, en nueve volúmenes en cuarto. Al amparo de la fugaz
libertad política instaurada por la revolución de 1820, se imprimió en Barcelona (1820) el Nuevo Testamento, traducción de Scio, pero sin notas; desde entonces, hasta la llegada de Borrow a España, nada más se había hecho. La J:&gt;ropaganda de las Sociedades Bíblicas no consiste1 esencialmente, en predicar
una confesión determinada, sino en difundir la lectura de la Biblia, poniendo al
alcance ~el. mayor número el texto genuíno de la Escritura. Como, en opinión
de l&lt;?s cristianos reformados, los dogmas y prácticas de la Iglesia romana con·
trad~cen la letra y el espíritu del libro sagrado, basta la lectura de su texto aut~nhco, y la :estauración del sentido propio en su inteligencia e interpreta•
c1ón, p~ra m(nar J.as bases de la dominación papista. Así, Borrow, abundando
e_n las 10tenc1ones de sus directores, y con autorización expresa de ellos! ge~tionó desde !~ego el permiso que necesitaba para imprimir el Evange!t&lt;? sin
-notas, y_, ,vencidas no pocas dificultades, se dispuso a reimprimir en Mad~1d la
tr~d~1cc1on del Nuevo Testamento, de Scio, editada sin notas po,r la Soc1ed_ad
Bibhca en Londres, 1826. Borrow y la Sociedad lilíblica desconoc1an las vers10•
~es caste!l~nas de la Biblia, hechas por los antiguos reformistas españoles,
libros rans1mos entonces.
•
Borrow se fué de Madrid a los pocos días de la revolución de La Granja
(r¡ Fechas establecidas por Mr. Knapp, separándose de las que Borrow da en cThe Bible •
.:".5pain•.

174

LA PLUMA
-estuvo en Granada y Málaga (viaje no referido en La Biblia en España) se embarcó en Gibraltar, llegó a Londres el 3 de octubre, instó en la Socrcd¡d Bíblica la inmediata apertura de la campaña de propaganda en España, y, aceptados sus planes, se reembarcó el 4 de noviembre, llegando a Cádiz el 22 del
mismo mes. Por Sevilla y Córdoba se dirigió Borrow a Madrid, adonde llegó
·el 26 de diciembre. No perdió el tiempo. En 14 de enero de 1837 firmaba con
~d_rés Borrego ~l cont:ato para la impresión del Evangelio, y en I de mayo
-s1gu1ente se publicó el libro (1). Borrow obtuvo de la Sociedad Bíblica autorización para repartir en persona la obra por los pueblos, y, dejando en Madrid
encargado d&lt;: sus as.untos a don 1:uis Usoz y Río, emprendió, acompañado de
s? famoso cnado gnego, el larguísimo viaje por Castilla la Vieja, Galicia, Astunas Y, Sa_ntan?e:, que duró· desde mayo a noviembre de 1837. De regreso en
Madrid, 1mpnm1ó dos nuevas traducciones parciales del Nuevo Testamento·
u~a traducción _del Evangelio de Sao Lucas al caló (2), hecha por él, y otra dei
mismo Evangelio al vascuence, por un señor Oteiza (3).
La publicación del Evangelio en caló, la apertura tic un Despacko de la Sociedad Blílica en la calle del Príncipe, los métodos empleados por Borrow para
llamar la atenció°: del público hacia su obra y ciertas imprudencias de otros
agentes de la Sociedad en España, provocaron la intervención de las autorida~es y desencadenaron u?a borrase.., en la que naufragá la propaganda evangélica, f, a la larga, puso fm a los trabajos de Borrow en España; de ella nació
también 1:1n primer disentimiento entre la Sociedad y su agente, disentimiento
que termmó en ruptura. En enero del 38 el jefe político de Madrid secuestró
los libros existentes en la tienda abierta por Borrow; en mayo fué preso Do,i
Jo, ge por desacato a un agente de la autoridad y por vender libros impresos
fuera del reino, introducidos en España con infracción de las leyes vigentes.
Borrow ~uen~a en La Biblia en_ España la historia del secuestro y de su prisión;
pero om_1te ciertos hechos que mfluyeron grandemente en aquellas resoluciones
del Gob1,erno1 hechos que Borrow no conoció hasta después de salir de la cár-cel. Hab1a por entonces en España otro agente de la Sociedad Bíblica llamado
GraY,don,_q~e operaba principalmente en las provincias de Levante. Graydon,
-q1;1e _1mpnm1ó en Barcelona una edición del Nuevo Testamento y otra de la
B1b!1a (A: y N. T.), sin notas, en 1837, no se limitaba como Borrow a propagar
el libro, srno que repartía folletos, prospectos y opú~culos atacando al Gobierno moderado, y al clero español y sus doctrinas. Esta conducta produjo algunos
( 1)
l:l Nuevo Testamento, traducido al español de la Vulgata Latioa, por .el Rmo. P. Phelipe Scio
:e S. M...iguel, de las Escuelas Pías, obispo electo de Segovia. ~fadrid, imprenta a cargo de Don Joaquia
e laBarrera1 1837. En s.•, 53-4 páginas.
r·
( 2)
Embeo e ·Majar6 Lucas. Brotoboro rodado andré la chipé grie¡a, acána chibado andré o Roma·
a6 o chipé es Zincalés de Seoé.
El Evangelio. según S. Lucas, traducido al Romani, o dialecto de los gitanos de España1 Madrid,
2837. En 16."1 177 páginas.
Se¡unda edición: Criscote e Majar6 Lucas, chibado andré o Roman6 1 o chipé es Zincalés de SeséEl Evangelio según S. Lucas, traducido al Romaní, o dialecto de los gitanos de España. Lund.ra_.
1872. En 16."1 177 págs.
(3) Evangelio a San Lucas en Guissan, El Evangelio según S. Lucas, traducido al vascuence, [Ma,
?\d 1 imprenta de la Compañía Tipo¡rá6ca, &lt;838. En 16.º, 176 pá¡1•

175

�LA PLUMA
LA PLUMA
escándalos en Valencia, Murcia y Málaga; y como Graydon se pro~amaba, no
sólo agente de la Sociedad Bíblica, _sino íntim~ colaborador y asociado de Borrow, dió pretexto para que el Gobierno, mov'.do por lo~ _curas, desfogara su
inquina tratando a ~o~ Jorge ~on _extrema~o ngor. La pns1ón de Borrow y las
reclamaciones del mm1stro bntámco produ1eron, com&lt;? ~ucdc sup':m~r~e, una
reunión precipitada del Consejo de ministros, un ofrec1m1cnto de d1m1s~ón por
parte del jefe político e interpelaciones en las Cort~s. ccnsur_and? al Gobierno...
por su lenidad. Excarcelado Borrow, supo por el mm1s_tro británico la par~c que
la conducta de Graydon había tenido en sus pers~cuc1onc;5, -y se le ocur~1ó es•
cribir sendas cartas al Correo Nacional y a la Sociedad Bibhca des~utorizand~
y condenando el proceder de su_ colega. En la ca_rta al Correo_ Naeton~l, publicada el 27 de mayo, se titula «~mco agente autorizad~ en Espana d~ la~· B.• E~
la carta a sus directores de Londres, luego de rcfenr la&amp; entrevistas del ministro británico con Ofalia, dice respecto de Graydon: •Hasta ~I ~omento P:C·
sentc, ese hombre ha sido el ángel malo de la c~u~a de la B1bha e_n Espana,
y también el mío, y ha emple_ado tales proccd11_n1entos .Y :scog1do de ta~
modo las ocasiones, que casi siempre ha conseguido dern~ar IE&gt;s planes h~
cederos trazados por mis amigos y por mí para la propagac~ón del Evangelio
de una manera permanente y segura.• La respuesta de la Sociedad fu~ 1;1n cruel
desengaño para Borrow: rcconocíase en ella que Graydon era tan le~1ttmo representante de la Sociedad Bíblica como él; no se accedía a desautorizar Y con•
dcnar su proceder, y, además, se le advertía a Borr?w que en adelante se abs•
tuviese de publicar cartas como la del Correo Nacional. Por su _parte, el Go•
bierno español, tras algunos artículos oficiosos en que ~e. le exc1ta_b~ a proce•
der •con mano dura• contra los escarnecedores de la rehg1ó11, proh1b1_ó de Real
orden (25 de mayo) la circulación y venta del Nuevo Testamento editado por
Borrow.
En relaciones poco cordiales con sus jefes,, y frente.ª la hostil ida? resuelta
de los gobernantes españoles, Borrow no pod1a ya realizar en la Penmsula una
obra duradera ni fructífera. Aquel verano del 38 anduvo Don Jorge por la Sagra y por tierras de Segovia. El 24 de agosto llegó a sus manos_ la orden de sus
jefes llamándole a Inglaterra, y allá se fué, a través. de Fr_anc1a, Y en. tres o
cuatro meses que permaneció en su país zanjó sus d1fer~nc1as con los d1rect~res y logró que Je enviaran a España por tercera y última vez. El 31 de d1•
cie~bre de 1838 desP.mbarcó en Cádiz, y, salv? los tres _primeros meses qu_e
pasó en Madrid dedicado a la propaganda, casi todo el ano 39 est~vo en ?evilla, en relativa inacción. Allí fueron a buscarle l\~s. Clarke Y( su h1Ja, a qu~e!1cs
instaló en su propia casa de la Plazuela de _la Pila Seca. _Hizo, solo, _un VJaJC a
Tánger, donde Je alcanzó la orden del Comité de la Sec1edad Bíblica, dando
por terminada su misión en España, y en Tánger se aca~a brusc.-m_ente _la narración de sus aventurns. De retorno en Sevilla, anunció su matnmomo con
Mrs. Clarke (la Señá Biuda con Don Jorgito et Brujo), y comenzó l&lt;?s prepar~tivos para volver a Inglaterra. Una disputa con un alcalde de bar~10, en Sevl•
lJa, le costó ir a la cárcel, donde le tuvit:ron treinta hor~s; todav1a ~stuvo en
Madrid gestionando las reparaciones debidas por el agravio, Y en abril de i84o
176

.e embarcó para Inglaterra con Mrs. Clarke y su hija y su corcel árabe. Apen~ tomó tierra, se casó y fué_ ª. instalarse en Ou/lon Coitare (Lowestoft), pro~•edad_ de su esposa, donde VIVIÓ muchos años entregado a las pacificas tareas
hterarias.
~ primero que publicó foé su obra sobre los gitanos (1), en la que había
t,:abaJad~ m_ucho durant~ su perma~encia en, España. Contiene una descripc16n prelimmar de los gitanos de diversos pa1ses, y un estudio de la historia y
costumbres _de los de España, compuesto de observaciones personales y extractos de hb~os referentes a ellos. Siguen una colección de poesías populares
en caló, ~ecog1das verbalmente por Borrow, y un vocabulario. En Tñe Zincoli
se aprecia cuna fuerte personalidad y una observación extraorclinaria&gt; ( 2 )·
per~ cualquiera puede advertir el desorden con que está compuesto el libro'.
Es importante para conocer las costumbi;:es de los gitanos, y completa además
algunas aventuras que en La Biblia en España sólo están indicadas.
La publicación de Tñe Zincali puso a Borrow en relación con Ricardo F ord
docto en cosas hispánicas, que preparaba por entonces su Manual de Espa:
ña (3). Ford acons7jó a Borrow que publicase sus aventuras personales y se deJara.de ~xt~ac~ai: libracos españoles.. Al saber!que tenía entre manos una Biblia
en
!ns1shó en sus advertencias: nada de vagas descripciones, nada d~
erudición libresca; hechos,_ muchos hechos observados directamente; arrojo
para no caer en las vulgandedes; no preocuparse del buen decir· evitar las
g~oñerías y la declamación. Borrow se aprovechó de esos con~cjos. En su
r~t!ro de Oulton ordenó y completó los materiales de que disponía: diarios de
na1e, cartas a la Sociedad Bíblica, y en diciembre de 1842 se publicaba la
obra (4), que velozmente le llevó a la celebridad.
. S~ triunfo fué inmenso. En el primer año se agotaron seis ediciones de a
nul eiemplares en tr_es volúmenes, y una e~ición de diez mil ejemplares en dos
tc:imos. Dos veces reimpresa en Norteaménca aquel mismo año 43, fui'. tradu~a al _alemán, al francés y al ruso: en 191, iban publicadas más de veinte edi~ooes mgle?as de la obra. Borrow saboreó la popularidad; sus escritos postenores contribuyeron poco a sostenerla. Sus aventuras en España despertaron
en el p~blico un deseo muy vivo de conocer otros hechos de la vida del «héroe•. lt1cardo Ford le aconsejó que es~ibic~ su auto~iografía. Don Jorge, sin
levantar m~no, compuso el Lavengro, historia de su miíez y juventud, continuándola anos después (5), hasta la fecha en que comienza aquel misterioso pe-

lu/'!"ª•

h) The Zioeali, • · An Accouot of the Gyp1ie1 of Spain With an orifinal colleclion of their Sonp
ud Poet,y,and a cop,.,us DictionaryoftheirLanguace. ByGeor¡e Borrow ... ID two volwnes. London

Joha

M.urray, 1141.
'
t vol. London Chapman and Hall , u .
9
(3) • ~Hand-Book_ for Travellers in Spaln and Reden at Home.• London: Murray, ,s45 , •· ; 0 1. g,•
Laa ed1c1onea postenorea ~,tán abreTiadas o adaptadas a 101 itioervioa del ferrocarril. El •erdadero
•Jlord, no ha vuelto a parecer•. (Knapp.)
(4j Th_e Bible in Spain, or the Journeya, AdYeDture., and lmprisonements of u Eollilhman io a.o
• ttempt to c1rculate the Scripture1 in tbe Pen insule. By Georce Borrow, author of •The GypaÍea in
8 paln,, ln three To!ume,; London Jobo Murray, 1843.
1
.a.... (s)
Lano¡ro; the Scbolat"the Gypsy-the Priest. By Geor¡e Borrow... In three -,olume1, Lon•
_,,Lo, Jobo Murray, 1'51.The Romany Rye; a aequel to La...nrro. By Georie Borrow... h two •olumea
ndoa. John Munay, 1857.

(•) E. Thomu: George Borrow, the man and bis book1.

,

�LA PLUMA

LA PLUMA

.
a se hizo mención. La obra defraudó las esperanzas del
ríod&lt;? de su v1d,a_de que Y . . d" nación del autor, pronunciaron sobre cl!a un
público: los cntlcos, con gran m tg
"6 ri urosamentc veraz, y aparec1a un
fallo adverso; se aguardaba u?a n~rra~t má~ uc suficiente para desorientar
revoltijo de sucesos reale\ ~ ~~!11:;~~e de lo\ue algunos llamaron su !fracaal lector. Borrow se.~onso -~ 1 t\ntribuir a suavizarle el humor, cada d1a más
so•. La vanidad hen a n:&gt; i ~ a c . c·a la vida sedentaria de escritor. Sentía,
.áspero y.agri?· Llevaba ~o.n tm?ac1cn
uos • terrores• le atormentaba~. Bo.además, i~qu~c~udes rfh1tsas, ~~~0ufra de su patria: misiones li~e.ranas en
rrow quena v1a1ar y so ic1 emp . ero sin resultado. Hizo un v1a1e por el
Asia, el Consulado de Ho~g-Kong, pdatos acerca de la vida y lenguaje de sus
-oriente de Europa, Y recogt~ nuevos .
Macedonia Anduvo también por su
amigos los gitanos en H~ngna, V~aqu1a y y recogió parte del fruto de estas
país; visitó Gale~, Escocia y o¡rosl u~1~f!s~ obra importante que publicó. Desde
jornadas en un libro (1), que /é .ª -~ catorce años sin producir nada después de
1860 r~s~día en L~nd~s,l don e 1~v~oen tanta obscuridad, en tal silenci&lt;?, que &amp;!·
la apanc1óo de W1ld a es,_sum
or el deseo de conservar su antigua pr1guoos le creían m~erto; Estimulado
cultivaban ya con diferente método, se
macía en los estudios gitanoS, qu~ ~ r. ( ) del dialecto de los oitanos ingleses,
lanzó a publicar en 1874 un vocat_u ard10 E2 suma· Borrow se ,.sobrevivió; tan
·
• d perd"d
1 a.
obra que, al apareCcr , -•ra yaKana 1cua
_ a.odían devolverle
la notoneda
sólo la muerte-observa Mr. n pp p
hó de Londres en 1874 y se refu•
La muerte tardaba en llegar. ~orr&lt;?wdse dm=~~ 1869 El arriscado Don Jorge de
gi6 en su casa de Oulton;_ esta a v1u o e
ue v·ivía tr;ste y solo en una casa
otros tiempos era ~o anciano de ::~~:~~1~ q por el jardín recitand? poemas
de campo mal cuidada, Y se P
I dad y «sus conversaciones con
de su cosecha. S~ extraño c.o!1tincnte,ai~~nsfaefinca, crearon en torno s~yo una
los gitanos, a quienes permit~a a~am~n viéndole pasar le gritaban: ¡Gitano! o
especie de leyenda. Los fc ac ~-~• stra fué con su]~at:ido a vivir en su com•
¡Brujo!• Muy ce:,ca ya d~ 6md:u•uJi de 1881 el matrimonio se fué a Lowestoft
pafüa. En la man~na de 2
J m letamente solo; mucho les rogó quc,no se
a sus asuntos, de1ando ,ª Bor~~~ co o 1e di" eroo que ya otras veces hab1a exfuerao, p_orque se sen?afmo~u~~~~o alguJo. Cuando volvieron, a las pocas hopresado igual temor sm un ª
ras, se lo encootra.1:on ?1uert~.
f
en tér'lninos absolutos, el mejor libro
Aunque Tlle B1ble in Spain no uese,
diferencia respecto de sus otros
de Borrow, sería en t,odo caso, c~n eoo::~ción de nuestro público. El mérito
~scritos, el que. más bful~s tefdna ;;:ación de España le hicieron pop ula: en
intrínseco del libro y a.s1ogu ar re. do en varias naciones de Europa, motivos
Inglaterra y Nortearnénca y _conoc1_
e nuestro aís con más el de ser los
también valederos para ~u d1vulga~1ón a~te ioterefada'. actol'CS en las escenas
~spañoles, no lectores distantes, smo p

s"

:¡

tos

f

B Geor,:e Borrow... ¡,. three -.ol11m•.
(r) Wild Wa!es: its people, Lao,:uare, and Scenery. 1
•
Londoo, John Murray, ,~6_•1.' W d·B k ofthe Romany, or Bn,:li1h Gypsy Lan,:uar;e••. By G9oll
(2)
Romano Lavo•L1 .
or
oo
Borrow. London, John llurray, 18H·

y su tierra marco de aquella narración. No es muy honroso para nuestra curio-

sidad que hayan transcurrido cerca de ochenta años desde que vió la luz, sin
.ponerlo hasta hoy, traducido, al alcance de todos.
El libro fué compuesto, en su mayor parte, en los lugares mismos que describe. Borrow redactaba un diario de viaje, y remitía, además, a la Sociedad
Bíblica, cartas de relación de sus aventuras y trabajos. La Sociedad prestó a
Borrow las cartas luego de cerciorarse de que, al aprovecharlas, no cometería
ninguna indiscreción. c¡No he revelado los secretos de la Sociedad!» decía después Borrow; en efecto, no mienta su desacuerdo con los directores, y tribut?
a Graydon, el «ángel malo• de la causa bíblica, ardientes elogios. Las cartas d e
Borrow a la Sociedad Bíblica (1) son tan extensas como la mitad de Tlze Bible
in Spain; pero sólo aprovechó la tercera parte de ellas en la composición del
Jibro; lo demás salió de sus diarios, fundiéndose todo al calor de su espíritu
cuando recordaba y revivía a distancia las impresiones indelebles recibidas.
Tres son los temas de la obra: la difusión del Evangelio, Don :Jorge el inglés
y Espaiia. Los tres se enlazan en un conjunto armónico; la propaganda evangéJica es el propósito deliberado de que remotamente trae origen el libro, y
constituye su armazón interior; todas las idas y venidas de Don Jorge, todos
sus pensamientos van encauzados a la divulgación de la palabra divina. Los
homb1·es y las tierras de España, materia de su experiencia, constituyen, no
sólo una decoración de fondo, asombrosa por el relieve y el color, sino el ambiente en que se mueve y respira un personaje extraordinario, algo distinto
de Borrow, pero que es Borrow mismo, despojado de toda vulgaridad y flaqueza, elevado a la categoría de semidiós. De esos temas, el evangélico es el que
nos importa menos. España, país de misiones, España, país de idólatras, era
un punto de vista nuevo, dentro de nuestro solar, en 1835, e irritante para
quienes, dueños de la religión verdadera, habíanla exportado durante siglos.
No será hoy menos irritante para buen número de personas el antipapismo d e
Borrow; pero es improbable que los españoles descontentos, los no conformistas, rompan a gritar: ¡Al &amp;ampo, al &amp;ampo, Don :Jorge, a prnpagar el Evangelio de
Inglaterra! En el fondo, la preocupación de Borrow es de la misma índole que
la de los e idólatras•, sus enemigos. La regeneración de España por la lectura
&lt;lel Evangelio sería un programa que acaso hiciera hoy son reir.
El mayor número ~eguiría una opinión análoga a la de Mendizábal, que a la
insistencia con que Bonow solicitaba el permiso para imprimir el Testamento,
salvación única de España, respondía: «¡Si me trajese usted cañones, si metrajese usted pólvora, si me trajese usted dinero para acabar con los carlistas!.
Pero Don :Juan y Medio, y los liberales que hicieron la desamortización eclesiástica, no se atrevían a permitir que circulase el Evangelio sin notas. Aunque
movido por un fanatismo antipático, en favor de Borrow hablan su osadía personal, la consideración de que luchaba contra un poder omnímodo, irresponsable, y la de que formalmente pugnaba por un mínimo de hospitalidad y de
Hbcrtad, sin las que los hombres en sociedad son como fieras, y eso está siem(1)

•Letters oí Georre Borrow to tbe Bible Society•, edited by T. H , Dar!ow, 1911.
1 79

�LA PLUMA
pre bien, hágase como se haga. El libro de Borrow es un precioso documento
para la historia de la tolerancia, no en las leyes, sino en el espíritu de los españoles.
The Bi/Jle in Spain es un libro autobiográfico. cEl principal estudio de Borrow fué él mismo, y en todos sus mejores libros él es el asunto principal y el
objeto principal.. (1) No emplea en esta obra las confidencias, no se confiesa
con el lector; su procedimiento consiste en dejar hablar a los que Je tratan
para pintar el efecto que su persona y sus hechos causan en el ánimo del prójimo; asomándonos a ese espejo vemos la imagen de un Don Jorge muy aventajado: subyugaba y domaba a los animales fieros; los gitanos le adoraban; era
la admiración de los manolos; temíanle los pícaros; confundía al posadero ruin
y a los alcaldillos despóticos; encendía en sus admiradores devoción sin límites; era afable y llano con los humildes; trataba a los potentados de igual a
igual y hacía bajar los ojos al soberbio; nunca se apartaba de la razón, ni perdía
la serenidad; en suma: el héroe y el justo se funden en su persona; es un apóstol que propaga la palabra de Dios, pero sin el delirio de la Cruz, sin romper el
decoro; es un caballero andante que se compadece de la miseria, y a cada momento cree uno verle emprender la ruta de Don Quijote, pero ._sin burlas, sin
yangüeses, en una España que creyese en él y le tomase en serio. Apóstol y
caballero están bajo el amparo del pabellón británico.
Borrow se colocó, o colocó a su héroe en un escenario sin segundo, de tal
fuerza que, para nuestro gusto, el aventurero se borra, se disuelve en el paisaje o queda a la zaga de la muchedumbre española que suscita. Es difícil encontrar otro caso en que un escritor haya triunfado con más brillllntez de la
hostil realidad presente. Borro-:v lucha a brazo partido con la realidad española, la asedia, poco a poco la domina, y con la lentitud peculiar de su procedimiento acaba por poner en pie una España rebosante de vida. No se atuvo a
una realidad de cguía oficial&gt;. Lo que le importaba era el carácter de los
hombres, y no de todos, sino de los de la clase popular, donde los rasgos nacionales se conservan más puros. Labradores, arrieros, posaderos, gitano3, curas de aldea, monterillas, mendigos, pastores, pasan ante nosotros, y al verlos
gc&amp;ticular y oírlos hablar, creemos encontrarnos con antiguos conocidos. Unos
son pícaros, otros santos; unos son listos, otros muy zotes; casi todos groseros, muchos con sentimientos nobles, y unidos, en general, por un aire de familia inconfundible, y la verdad es que, con todas sus picardías o su zafiedad,
no puede uno dejar de quererlos. Tuvo además Borrow una espléndida visión
del campo, y lo sintió e interpretó de un modo enteramente moderno. Así.
Don Jorge descubrió y pintó, en realidad, lo que quedaba de España. Arranca•
dos los árboles, agostado el césped, arrastrada en mucha parte la tierra vegetal, asomaba la armazón de roca, con toda su fealdad y su inconmovible fll'•
meza.
El lector de La Biblia"en España apreciará seguramente el novelesco inte·
rés de algunos pasajes que parecen arrancados de un libro picaresco, el moví-

LA PLUMA
miento de ciertos cuadros propios de un cepisodio nacional&gt; el sabo d O tr
csce_nas de cos!umbres,
bosquejos de tipos y caractere; con t r e
as
méntos que es mnecesano ,eñalar; pero lo mismo ante ellos que ant:i~~sdo~ros
tos del_ hbro, y frente a la repulsión que ciertos juicios-ex resos
e ec~ntend1dos_-del autor puedan suscitar en el ánimo de un es _P 1
~ sobreta~ Pf.tv_emdo para no i?currir en las descarriadas apreciad~~~~ q~~n:;:~c:
e~ ~ 1 1~ se han proferido en nuestro país. La Bibita en Espaiia es un libro de
v1a1es, c~erto; pero _hay que entenderse acerca de su calidad. No es un informe
a la Sociedad Bíblica acerca de los progresos del Evangelio en Es - 01·
•cuadro
del
político,
~ana,
un
'é
d estado
·
- social' etc· • • de la naci'ón , 01• u n 1•t·merano
para rec1 n casa os, 01 una resena de las catedrales v otros monumentos p
- d
para ueo de lo~ snobs de ambos mundos; La É_iblia en España es unae~t~:ªd:
a~e, una creación, y con ª:reglo.ª eso hay que ¡uzgar de su exactitud del par •
czdo del retrato y de las «10venc1ones• del autor. Los paisajes los 1u' ares 1:a
figuras, están notados co~ puntua~idad; es excelente en la inteligencia le las'cos~~mbres y no hay en 4:l hbro ca11catura ni falsificación de sentimientos. Episo1os ~ompuesto~, no vistos por Borrow; personajes inventados a Jutinando rasgo~ d1sper~os, sm duda los na de haber; pero eso ¿es ilícito? PudYera compararse a creac~ó1;1 de Borro~ a una estatua de mayor tan,año que el natural La
verdad arlíshca del con1unto y su efecto conmovedor son innegables El Úb 0
no es s6 lo verdadero; es, en ciertos puntos, revelador.
·
r

!ºª

d~

-MANUEL AZA8A

.'

(1) 'Bd. Thomu, cap. IL

18o

11

�L.A PLUMA

-· castillo

M

famoso.

sin ser todavía el reino de Dios, es ya el Edén de los mendigos. Madrid incuba pordioseros, acoge a los de fu~ra, los pro!ege, los retiene. Circular por Madrid es he°:dir masas de m1serables-c1egos, tullidos, pustulosos-, 9u_e acosan, o g_1men, o cantan, o blasfem?n, o
insultan, o profieren amargu1s1mas seotenc!as sobre _el valor de la_ vida Y
de los bienes de este mundo. El paseante, s1 no mendiga, parece un mtruso
en ese vasto coto de la hermandad de la roña: los dueños son los pobres.
y en cuanto llegado el estio se marchan de ~adrid l?s. dos ~ocenas de
familias a quienes su fabulosa fortuna les p~rm1te no v_1v1r de hmosna, las
calles de la capital quedan por su,as. Madnd es un asilo suelto.
.
Sería un exceso decir que envidio a los pordioseros; pero los _admiro,
como a gente capaz de adaptarse sin vacilación al géoe~o. de vida más
acorde con el ambiente. En Madrid, donde todo está proh1b1do, cada :ual
hace lo que se le antoja. Recontar las vejaciones a que uno vive suJeto,
desde la Constitución del Estado hasta el minúsculo deber de conservar
los billetes del tranvfa, pasando por los mandamientos de la S~nta Madre
Iglesia y el Reglamento de la SocIEDA~ ~ILARMÓNICA, es operación penosa
y aflictiva. Un madrileño observante v1v1ría emparedado entre ordenanzas.
Pero Madrid es incoercible: el buen madrileño «se mata con su pa_dre• ~or
mantener su prestigio personal, fundado, como se sabe (remm1scenc1as
del fuero de hidalgufa), en el privilegio de hacer alguna cos~ q_ue al
común de los mortales se le prohibe. La cualidad de madnleno se
adquiere poco a poco a medida que se -aprende a quebrantar condesenvoltura normas que sólo acatan las gentes si? importancia. ~ -yida en
Madrid es un compromiso, renovado a cada mmuto, entre arbitrariedades.
ADRID,

18 2

individuales. Los mendigos perfeccionan el sistema. Quienes, saltando
sobre los falsos respetos humanos, profesan la mendicidad, abrazan una
vida libérrina, sin Dios, sin Estado, sin Trabajo, vida anterior al pacto
social, y se mueven con holgura entre dos infinitos de arbitrariedad: la
limosna y la policía.
Los pobres de pedir cuentan en la villa con el apoyo de la opinión
pública. Ante todo, por la secreta admiración de quienes no se atreven a
mendigar y quisieran una libertad ígual para su orgullo. El público protege a los pobres contra la autoridad cuando de tarde en tarde pretende
darles caza para encerrarlos en un asilo. El público (y no hay que decir los
pobres, que se defienden a mordiscos) acierta. Se sigue la angosta senda
de la mendiguez por conservar el albedrío, prefiriendo a la pitanza la
libertad. Encerrar a los pobres es malear la profesión. Si algún estadista
ininteligente, abundando en la manía de ordenarlo todo, hiciera de la pordiosería un organismo oficial, con su cuerpo de aspirantes, ingreso por
oposición, escala cerrada, jubilaciones y derecho a usar uniforme, nadie
querría, en términos tales, ser mendigo. Después, los madrileños amparan
y respetan a los pordioseros por motivos de religión. Los pobres son de
Dios. Un pobre es el arquetipo del cristiano. Veinte siglos de cristianismo son aún más fuertes que veinte siglos de literatura, y aun en el incrédulo la vista de un pobre remueve no se sabe qué confusos remordimientos y pavor, reliquia de emociones fenecidas. Perseguir a los pobres les
parece una impiedad tan grande como quemar los muertos.
Los pobres se reparten el imperio de las calles e imprimen sobre el
rostro de Madrid sus dedazos mugrientos. Hay pobres de puesto fijo,
que Madrid está habituado a ver como partes integrantes de los inmuebles junto a los cuales posan; si un día. los quitasen, el taadrileño no se
encontraría a gusto en sus calles, le faltaría algo, como si la fuente de la
Gbeles desapareciera por ensalmo. Sirven para computar el paso rápido
del tiempo, y uno se da cuenta de la brevedad de la vida al observar cómo
engorda y encanece la ciega del jardín de Riera, y cómo se le apaga la voz
al tullido de San Luis, y cómo, en general, se estragan y arruinau los más
recios ejemplares de la cofradía. Un puesto de pedir limosna, con su zona
de influencia bien definida y su parroquia fija, es uno de los negocios más
pingües a que pueden aspirar los jóvenes talentos sin empleo; y las familias que por ventura poseen algún monstruo y consiguen un lugar céntrico
para exhibirlo, ya no tienen que preocuparse del mañana. Menos importantes son los pobres que no están fijos, sino sometidos a un movimiento
de traslación rigurosamente medido, como el de los astros: pasan por los
mismos sitios a las mismas horas: la ciega gorda y sentimental, que aún
no ha concluido de cantar al son de su guitarra el vals que empezó hace
183

�LA PLUMA

....

veinte años; el ciego de la ocarina; el empresario de teatros arruinado
(según proclama el cartel que lleva al pecho); ese otro ciego misterioso
que recorre solito todo Madrid sin más que imprimir al brazo derecho un
giro natatorio; el chicuelo que clava en el cráneo de sus clientes un horrible cantar, a grito herido (voz impostada en el entrecejo), mientras su
acompañante, mocosa soñolienta, pasa el platillo de latón (¿hay algo para
el pobre ciego...?) y se restrega los párpados: tales son los más notorio$
de esta categoría. Debajo pululan las tropas ligeras de la hermandad, que
libran batalla a toda hora y en cualquier terreno, saquean al liberal y asedian al escaso, se desplegan entre dos esquinas, se concentran sobre un
café, envuelven a las familias dadivosas, cortaa la retirada al transeunte
esquivo. Son tantos y enseñan tales miserias, que algunos días Madrid
parece una ciudad atacada de la peste. Los muñones, las llagas, las cicatrices, por muy horrendas que sean, no pueden esconderse: son el orgullo
y la mejor arma de los pobres: hay que resignarse a verlos, como _nos
resignamos a ver los caballos destripados en la Plaza para que haya
fiesta.
No a todos les repugna la miseria astrosa. Hay quien come y bebe
en la terraza de un café, conversando amigablemente con un mendig&lt;1
que, en pie a su lado, paga con chuscadas la limosna. La buena armonía
en que viven ciertos pobres con los señoritos madrileños es un espec táculo único en el mundo. Ea los cafés de moda, donde se reúne la gente
aficionada a exhibir sus módicos placeres, circulan los mendigos por
entre las mesas, se mezclan en la conversación de la clientela, conocen
algunos de sus enredi\los, le sirven de correveidiles, hablan el mismo lenguaje y, en el fondo, tienen las mismas aspiraciones e ideas. En la otra
punta de la escala, el señorito es también un caso de adaptación cabal al
ambiente. En Madrid, para no chocar, hay que ser mendigo o señorito, y
de hecho, un señorito suele ser un pordiosero en vías de hacerse.
La mendicidad presta a la vida de Madrid un tono patético que por
otros lados no tiene. El hecho trivial de rehusar un periódico se complica
con emociones penosas cuando una voz lastimera nos dice que es cpara
ayuda de un panecillo•, o e para dar de comer a estos niños•; ·al salir del
café, en las noches de invierno, se tropieza con turbas de chicuelos desnudos que brincan de frío en el asfalto y hacen chistes a costa de su hambre; y si es en verano, ccuando los pobres viven•, no falta ninguna noche
esa pareja de ciegos que con voces cavernosas canta: • ¡Shiquiya, shiquiya.. .l 1Shiquiya delarmamiáa ...l• Y uno se aflige pensando que la copla, la
guitarra, las voces y el imbécil expresionismo de los ciegos, despiertan en
los oyentes una congoja placentera... En fin, los mendigos están en Madrid para curarnos de vanidades. Pero ellos, personalmente, no sufrea
184

LA PLUMA
nada; su vida no es menos fecunda en ioces que la de cualquier mortal.
Hace años andaba todavía por esas calles un mendigo monstruoso, cargado de años y de enfermedades, en verdad horrible de ver. Se arrimaba a
l?s transeuntes, y recreándose en el asco que producia, rezongaba: cSe!ionto, t_engo más _hambre que _un oso;·· Est?Y ~ás aburrido que la virgen,
señontol• Alguien le aconsejó un d1a: cMira, tu ya no puedes vivir mucho:
y para lo que haces en el mundo... ¿Por qué no buscas la celebridad? Coge
una bomba y tírala desde el galliaero del Real...&gt;
-¡La vida es muy amable, señoritol-respondió.

BL PASBANTB BN CORTB

Don Cacique (óleo)
Personaje torvo
MalJín
Alfondo la dramática Sierra tk Pancoróo
Sobre la nariz
Espe_juelos verdes
Donde se o_jeriza tu1 bio mal carl,:
Tipo de Satán
Mano de Caín
Muy Rey tk los NaÍIJes ji m~ sacn'stdn
El semblanteJalde
Capisayo gn's
Empinada m alto la vara de Alcalde

y

A pesar de eso
Un breve infeliz
De malas costumbres y muy poco seso.'
Personaje torvo
De un pueblo de la áspera Sierra de Pancorho
(Oh!
Lejos _de Parls...)

ANTONIO BSPINA GARCÍA

�LA PLUMA.

llBROS Y ReOlStAS
R. Blanco-Pombona.-Dramas mínimos.-Biblioteca Nueva.

...

«En estas cortas historias-nos dice su autor-trasudan el dolor y la imbecilidad del hombre en campos, pueblos y ciudades de América; en campos,
pueblos y ciudades de Europa. Lo más corriente en estas historietas-dramas
mínimos-ha sido observar al hombre viviendo su vida y con sus costumbres
peculiares en el país donde el autor nació. Pero como el autor ha salido de su
país y conoce otros pueblos, pudo, en otros pueblos, ver al hombre, y procuró
observarlo.
&gt;Ha descubierto, y en todas partes, cosa igual: un fondo idéntico de estupidez, de maldad y de dolor.•
De los cuentosji·anceses, y,¡nquis, de cualquier parte, americanos-el campo,
los pueblos, la ciudad-y españoles, en que divide su colección de D,·amas mínimos el Sr. Blanco-Fombona, los americanos nos interesan espedalmente, y si hu•
biéramos de elegir uno entre todos, el titulado El Catire llevaríase la preferencia, incluso sol;ire Los salvado1n de la Patria, sátira cruel de un levantamiento
revolucionario en Venezuela. Tal vez no consigue el Sr. Blanco-Fombona la variedad que se propone, en detrimento acaso de la fuerza con que se acusan los
caracteres que le son más familiares. Quizá ese fondo de estupidez, de maldad
y de dolor com6n a todos sus cuadros produce en el lector la impresión de un
prejuicio más que de una experiencia. En todo caso, sólo después de cerrado
el libro le es dado reaccionar al crítico. Tan sugestiva es la lectura de estas páginas, escritas en un estilo animadísimo, cortante, apasionado, cuya v;olenta
ironía recuerda a veces la de otro americano pesimista: Luis Bonafoux,
C. R. C.

*

*

Valery-Larband.-Poétes espagnols et lzispa110-américains contemporains.-lA
Nom,elle Revue F,·an;aise.-I 'Juillet 1920,
El Sr. Valery-Larbaud, distinguidísimo escritor francés, cuyas novelas, y so•
bre todo cuyas notas y traducciones de literatura inglesa, constituyen uno de
186

los .Pr!ncipales, atractivos_ de la Nouvelle .Revue Fran;aise, dedica en el númerode ¡uho un articulo muy 111teresante a algunos poetas españoles. No sin excu·
sarsc modestamente por tratar un tema extraño a sus estudios habituales
lle.vado de su :tmor a la lengua castellana y en atención al afectuoso requeri~
miento que ?esde las ~olumnas de F.sjaña le hiciera Enrique Díez-Canedo
Le symbol,sme_ fran;a,s et la ¡,_oésie espagnole moderne, libro del Sr. Zerega-F ombona, sug1érele algunas atmadísimas observaciones, tal la que apunta
como más eficaz en los poetas españoles la curiosidad que despertó la lectura
de Los Raros, de Rubén Darío, que la influencia directa del gran americano. No
obstante ser és.ta tan grande. Muy acer_tada nos parece, asimismo, la invitación
que hace a D1ez-Canedo-a quien diputa primero entre los críticos españoles ~onternporáneos-alentándole al estudio de que no es, en todo caso sino
prefacio el del Sr. Zerega-Fombona.
'
Habla d~spués con gran elogio de Ricardo Guiraldes, cuya novela Rauclzo
(Buenos A_1res, 1917), como antes su libro de versos El cencerro de cristal
(Buenos_ Air~s, 19!6), le co!oca entre los primeros, y el primero acaso, de la
generación hterana argentma más reciente.
Y por último, c_on ~olivo de Et humo dormido, de Gabriel Miró, insiste en
proclamar su ad_m1rac1ón por _Raf!1Ón Gómez de la Serna, de quien ya se había
ocupado, Y a quien
traducido incluso (Hispania, núm. 3, 1918, y Litteralure;
scptembre, 1919). Miró y Gómez de la Serna, con Juan RamónJiménez le pare
cen los más notables poetas españoles.
'
Y aquí se nos ocurre una reflexión, que no es esta la primera vez que nos
a.salta. ¿Cóm,o espírit_u~ tan franceses como_ e_l :del Sr. Valery-Larbaud (y entié~~ase aqu1 por espmtu _francés ~se claro JU1c10 de que Francia se enorgullece
lcg1timame_nte en sus escntores) pierden al contacto con la realidad española su
característico sentido de la justicia literaria?
Compartiendo, como compartimos, con el Sr. Valery-Larbaud la admiración
por Ju~n Ramón Jiméne~, .por.?abriel ~fir?, por Ramón Gómez de la Serna, ¿no
se advierte luego la prec1p1tac1on que s1gmfica,no ya el preterir algunos nombres
más! que acaso no conoce, no ?~stante s'-! larga estancia en España, pero aún
la cita en un solo haz de prestig10s tan dispares? Y si en ciertos aspectos .Miró
le.puede parecer un Jamm~s español, ¿cómo comparar su lírico preciosismo humilde con la pompa y sonondad d'annunzianas, pretendiendo asimilar la labor de
uno y otro en sus respectivos idiomas?
He~10s de congratularnos, con todo, de que la literatura española empiece
• .cons1_derarse allende el Pirineo con un criterio menos limitado que el de los
laispamstas de cátedra.
C.R. C.

?ª

•••

Clandio de la Tor.re.-La lzuella ¡,erdida.-Rafael Caro R:tggio.-Editorial
Madrid.

Es es~e el segundo libro de su joven autor, cuya asidua colaboración en el
IICm~nano España muestra la fina distinción espiritual característica de Et can1• diverso, volumen de poesías con que se dió a conocer recientemente.

�LA Pi..UMA
LA PLUMA
En el prólogo de La huella ;erdida sincérasc con graciosa modestia del
aparente desorden que preside sus páginas. Gustaba, dice, cuando niño, de ha•
-cer pequeñas escapatorias a cierto lu~ar llamado los Arenales, junto al mar de
su tierra canaria. Y al volver pretend1a 1 como ahora en sus .andanzas literariaa,
descubrir la propia huella, que ya no encontraba.
Revela desde luego tal preocupación cierto empeño, juvenil por excelencia:
el de renovarse para no morir en prematuro agostamiento. Y con ser pocos los
años-de 1914 a la fecha-que separan los cuentos e impresiones reunidos CD
este tomo por demás simpático y sugestivo, adviértese en La kuella pe,-dida el
propósito de condensar e intelectualizar cada vez más la expresión. Pero no
hay en realidad el desorden de que, excesivamente riguroso consigo mismo, se
.acusa. El tono sentimental es el mismo, y muy de nuestro tiempo, en las dos•
dentas páginas del libro. Un buen tono en que el sentimiento lírico corrige dignamente todo exceso con cierta prudente ironía, templada a su vez con cierto
romántico decoro. El apunte titulado Florín e Hijos (Compañía ilimitada) 5
quizá el más representativo del límpido humorismo de Claudio de la T_orre
acaso el primer escritor en quien empieza a vislumbrarse una posible literatura canaria, caracterizada en la sensualidad nativa del cuento Sur, que el comer•cio inglés de las islas, inteligentemente dirigido en un afán espiritual, atempera a la sonrisa del mundo civilizado.
c. R. c.

•••
.Manuel Ugarte.-EI pon,enir de la A.mlrica e~añola.-Valcncia, Editorial,
Prometeo,

....

1920.

«Un político ad usum-escribe el Sr. Ugarte-es un hombre que dice las
,cosas oportunas que pueden serle útiles. Un escritor, en la alta acepción de la
palabra, ...dice las cosas necesarias, aunque éstas puedan perjudicarle.• Guiado por esa idea de su profesión, el señor Ugarte no les escatima las verdades
.a sus compatriotas al hablar de los peligros que amenazan el porvenir de su
tierra, como no se las escatimó a los españoles, hace años, al escribir sobre Es•
paña. El señor Ugarte da la voz de alarma a los hispanoamericanos, excitándolos a defenderse contra la ascendente marea anglosajona. Agrupados los
hechos capitales de la política exterior de los Estados Unidos durante un siglo
-como los agrupa y repasa el señor Ugarte-es difícil sustraers:: a la impre•
sión de que el peligro es cierto y creciente: sean ejemplo Méjico, Cuba, Pana•
má, Santo Domingo. Y desde que la obra se publicó por vez primera-afirma
,el autor en el prólogo de esta edición, la definitiva-la salvación se ha hecho
más difícil.
En la composición del libro, como en toda la propaganda que ha hecho en
América y en Europa, el señor Ugarte se inspira en un patriotismo continental
y de raza, superior a las divisiones arbitrarias del territorio americano en. estados independientes. «No es posible hacer brotar de cada una de las veinte
repúblicas, nacidas de divisiones convencionales, una razón superior y diferell·
188

te que au1_1c la voluntad c,n _vista de un e&amp;fuc~zo seguro y un fin alto.• Esa ra•
aón superior ?rota de_)a unidad de raza y de idioma; por tanto, desde la frontera septentrional meJ1cana hasta el cabo de Hornos (incluída la variante O -.

tuguesa) ,debe formarse un bloque único-salvando en cuanto sea precisnp l~s
autonom1as locales-para oponerse, moral y materialmente al bloque sajón d 1
Norte.
'
e
Los sentimient~s del ~eñor Ugarte. respecto de España y sus opiniones
acerca de la her&lt;:nc1a espanola en América nos parecen justos; cualquier español de buen sent~do los aceptará. ~o.ternos que del programa de remedios propuesto po~ el senor Ugarte en la ultima parte de su libro, resulta que los hispano~mencanos, para no ser devorados por los yanquis, necesitan curarse de
los m1sm~s defectos y desechar er~ores muy ~arecidos a los que, según opinión
gene~al, t_1enen post~ada y desvalida a Espana. No somos bastante doctos en
amencamsmo pa~a Juzga~ de la e~~ctitud de la pintura, ni, sobre todo, de las
esperanzas de meJora! quizá el leg~tlmo temor al predominio de los sajones no
~aste para f!Oner en_Pte una América española robusta y unida: como que el pehgro yanqui no es smo el &lt;"xponente de la debilidad y desgobierno de nuestros
~ermanos de ultramar. En la contienda que el señor Ugai-te bosqueja, a Espana le cabe p~co que hacer, hoy por hoy; pero ningún español leerá sin cierta
ª!Dargura el hbro d:l ~ñor Ugarte, escrito con pasión contagiosa; como ocurre
s1empr~ que un esp1ntu noble concibe una mejor ordenación de las cosas que,
luego, implacablemente, no son.
M.A.

•• •
Manuel Conrotte,-La intervendon de E~aña en la independencia de los Esta.., dos Unidos de la América del Norte.-Madrid, Suárez,

1920.

¿Cuáles fu:ron, en definitiv~, la cuantía y la eficacia de los auxilios prestados por Espana a los colonos mgleses de Norte América rebelados contra la
metr?poli? Al proteger, andando el tiempo, las insurrecciones de las colonias
espanolas, en la forma y con los resultados que nadie olvida, los Estados Unido! fueron general~e!1te acusados de ingratitud. La excelente monografía del
senor Co1!r~tte se dmge a esclarecer aquella cuestión, y, de rechazo, muestra
que este ultimo cargo carece de fundamento «por haber sido la intervención
que España tuvo en la eman&lt;;ipac_ión de los Estados Unidos tan secundaria, que
sólo puede tomarse como ep1sod1O de escaso relieve en sus crónicas nacionales., Contien_e el lib~·o. una puntual .relación sacada de fuentes originales ( correspondencia de f!lm1stros y embaJadores_ de los países interesados, y notas
r~servadas de_ Flondablanca), de las negociaciones que precedieron a la conce116n de los pnmeros_socorros, de los térmi~?s y modo como se concedieron, y
de los pl~nes y conc1e~t?s, ya de orden m1htar, ya político, que los beligerantes estudiaron o suscribieron, hasta llegar al ajuste de una paz en la que todos,
ulvo los colonos rebeldes, salieron perdiendo. El auxilio a la insurrección ame181)

�LA PLUMA

LA PLUMA
·ricana fué para las dos Cortes borbónicas uo episodio de la dilatada contienda
con Inglaterra, disputándole la supremacía naval, España consideró que el teatro principal de la guerra estaba en Europa y concentró sus esfuerzos en dos
objetivos de carácter nacional: .Mahón y Gibraltar. Lejos de sentir el Rey simpatía por la causa de los rebeldes, el proyecto de auxiliar poderosamente a los
americanos en su propio país tropezó con la oposición decidida de Carlos 111:
cel reparo... de la inconsecuencia y mal ejemplo que el Rey daría para sus propios súbditos revoltosos del PerCi, Río de la Plata y Nuevo Reino de Granada,
era absolutamenk invencible sin faltar a lo que Su .Majestad debe a las más estrechas obligaciones de su soberanía.• La política de España en todo este negocio pecó de indecisa en los procedimientos; el hecho de que la potencia católica y conservadora por excelencia ayudase a unos revolucionarios protestantes y liberales implicaba una contradicción radical que el malhumorado don
.José Moñino no podía resolver, y menos podía sustraerse a las dificultades
de una política invariable, heredera de tradiciones ¡:randiosas y empeñada cu
sostener un programa mundial, pero sin súbditos, sin industria, sin dinero; asl,
· al final de cada aventura no cosechaba más que sinsali&gt;ores. El siglo que· pretendió regenerarse, continuó en demasiadas cosas la historia de España, ya esquilmada. La verdad es que, salvo la restauración de algunos estudios o la introducción de otros nuevos, nos interesa poco el siglo xvm español, tan melan· cólico y apagado como los Sitios Reales de sus monarcas cazadores.
M. A.

•••

.

Tomás M.orale1.-Las rosas de Hércules.-Madrid, Librería Pueyo, XCXIX
La mu a de este poeta no va vestida a la moda del día, mas tampoco se adorna con carnavalescas antiguallas. Si no está desnuda no ciertamente por pudor.
antes bien por mejor encendernos el deseo con los pomposos laureles que decoran más que encubren su mitológica monstruosidad. La musa de Tomás MoTales es una sirena arribada del más puro mar latino a las africanas playas canarias.
En cuatro partes se divide este segundo libro de Las rosas de Hércules (en
cuyo volumen primero, todavía inédito, anuncia su autor la reimpresión, con
otros nuevos, de los Poemas del Amor, de la Gloria y del Mar, publicados en
1908); Los himnos fervorosos; Alegorías; Epfstolas, Elogios, Elogios fúnebres; Paemas de la Ciudad Comercial, amén de un Preludio y un Envío a Leonor, su com·
pañera. La disposición exterior-incluso las viñetas de Nestor y Miguel de la
Torre y las guardas de Hurtado de Mendoza-recuerda li inspiración de lo_s
Laudi de D'Annunzio; la dignidad musical de los versos está -;in duda aprend!·
•-0a en la pauta cosmopolita de Rubén Darío; no pretende el poeta desmentir
su buena casta. Pero sin duda habría que buscarle más segura genealogía en algún robusto lírico español del siglo de oro, cuyo sentimiento se aviene me-

j~r a los poderosos ecos de la trompa épica que a los plácidos sone1 de la
hra.
Y así canta en la Oda al Atlántico:
cEl mar, el gran amigo de mis sueños, el fuerte
titán de hombros cerúleos e inenarrable encanto.•
y ve al otoño que
,Desnudo bajo el húmedo verdor de la espesura
la rubia sién corona con detonantes flores
y un sarmiento flexible que arrolla su cintura
deja caer uo pámpano que cubre sus pudores.•
y le reza a cRubén,
arca del sacro pensamiento latino!,
tu índice iluminado nos señaló un camino.•
-o llora serenamente En la muer/e de Fernando Jiortún:
cEspíritu apacible,
fino mancebo de la faz hermosa,
¡a qué lugar sensible
se partió, milagrosa,
tu juventud, que era como una rosa?•

..:r~·

¡; ;~~1;; ~4~¡1¡; ...

~i&gt;~~ii~~á~,' ~~~que en el mundo tuviste,
y a un mismo tiempo, era cortés y triste... •
Siempre acordada la voz elocuente al rumor sonoro del mar, que baña la
clara ciudad de la Gran Canaria, patria del poeta, cantor en ella de un vasto
horizonte surcado de velas latinas y humeantes chimeneas de acorazados britanos.
c. R. c.
Libros recibidos:

-E. Ontañón: Breviario sentimental, Madrid; Pu"yo, 1920.
-C. R. Avecilla: Mademoiselte Gris, Madrid; Sociedad G. E. de Librería.
-Luis Esteso: La Lujuria, Madrid; Pueyo, 1920.
-Luis del Valle: Emociones, Editorial «Atheneum•, 1950.
-Juan Sin Tierra: Ante la a'llalancha, Málaga; 1920.

Gacetilla.
La infanta Paz, los bolcheviques y la critica salmantina.-Hace
ya algunos días recibimos una carta de un amigo nuestro que escapaba de
Vai:sovia, y entre otros detalles menos interesantes, nos decía: cEn Varso191

190

�LA PLUMA
Tia se ha quedado-al menos esa era su (iltima palabra-dofia Sofía Casanova.
El embajador-un ave rara entre nuestros diplomáticos, que se preocupaba inteligentemente de cada español que a él acudía-y yo, hicimos lo imposible por
convencerla de que saliese de Varsovia. Un automóvil tuvo a su disposición,
mientras centenares de pobres mujeres esperaban toda la noche a las puerta
de las agencias de viaje por ver si conseguían aún un billete&gt;.
La infanta doña Paz se quedó, pues, en Varsovia para poder contar lucio
en el A B C horrores bolcheviques.

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-Lo que ustedes oyen. Años ha, de paso Su Alteza en Salamanca para Alba

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de Tormes, donde a la sazón propugnaba la construcción de una basílica, obsequió a lo principalito de la población con un té literario. Una de las señoritas
invitadas, felicitándose con otra de la admiración que juntas- profesaban por
dofia Paz de Borbón, entonces colaboradora de La Correspondencia, insinuó:
-Escribe unos artículos preciosos, sobre todo los que firma con el pseudónimo cSofía C.,asanova•.
Por cierto que la señorita en cuestión, a quien en vano buscamos _pan
ofrecerle la crítica literaria en LA PLUMA, como le presentaran luego a un distinguido escritor, de tournle de feria por aquellos días con la Compañía Guerre•
ro Mendoza:
-¿Cómo?-exclamó ingenuamente-. ¿Don Gregorio Martí11.ez Sierra? ¡Y a
mí que me tenían dicho que era un pseudónimo de su señora!

Nosotros, no.-Ambos interesados nos han contado el caso en sendas cartas publicadas en los periódicos. La Internacional publicó una Balada de los /J,u.
nos burgueses, escrita por D. Pío Baroja, quien al saberla denunciada por el fis•
cal de Su Majestad solicitó de su amigo el Sr. Azorío que intercediera, dadas
sus relaciones con personajes influyentes, por ver de arreglar el asunto. Ello
es que el juez, oída declaración al Sr. Baroja, ha procesado al director de L,z
/nternacio11al, Sr. Nuñez de Arenas(!!!), quien, acostumbrado a padecer persc•
cución por la justicia en calidad de socialista, ha aceptado sin protesta el endoso
Pero el Sr. Baroja, soliviantado por uo justo comentario del semanario España, se confiesa cobarde (quizá por emular a otro amigo del Sr..Azorío, Mon
taigne, no por su cobardía glorioso, sino por filósofo), y aún dice que el señor
Nuiiez de Arenas no es un Cid...
El A B C manifiéstase conforme con el insigne escritor. Nosotros, no.

A1'i O l.

1·

MADRID, OCTUBRE 1920.

NÚM. 5.

la condena de Unamuno

S

se midiera el valor de los sucesos por la atención y el espacio
que les consagra la Prensa diaria, nos parecería, al recordar ahora la condena de Unamuno, que desenterrábamos un tema fabuloso.
Pero el le~tor sabe que la lesión inferida por aquel fallo al derecho
justo no se ha reparado, el escándalo perdura. ¿Y en qué ha de mostrarse más tenaz el escritor sino en la defensa de la libertad de escribir? No por franquicia profesional. Combate por un derecho que no
es sólo de su gremio, sino investido naturalmente a la conciencia
humana.
En España se disfruta virtualmente de cierto número de libertades: a condición de no usarlas. Así la de emitir el pensamiento. ¿Qué
importa proclamarla en una ley, si luego los intereses de una familia, de una corporación, de una compañía la aniquilan a fuerza de
definir como delitos todos los embates posibles de un juicio independiente? La condena de Unamuno descubre a los más distraídos lo
monstruoso de esa legalidad. Tan monstruosa, que no se atreverá a
llevar hasta el fin sus rigores. Tiraniza, pero se esconde si la opinión
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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