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                  <text>LA PLUMA
Buenos Aires. Cooperativa Editorial Limitada, 1920.-R. Mesa Fuentes: Elogi1&gt;
de la Fiest• de ta Prima1Jera. Santiago de Chile, 1920.-Manud ugarte: Las esjOllláneas. Barcelona, Biblioteca Sopena.-José María Salaverría: Santa Teresa
de Yenh Enciclopedia, Madrid.-Pedro Prado: A/sino. Editorial •Minerva&gt;, Santiago de Chile.-Luis Araquistain: España en ,t crisol. :Editorial cMinerva&gt;,
Barcelona.
Revistas,-&amp;,aña, Madrid.-Belles-Lellres, París.-Cuba Contemporánea,
La Habana.-L:i Ronda, Roma.-La Gonnaissance, París.-EJ Espectador, Barcelona.-Letras, C6rdoba.-Yuoentud, Santiago de Chile.-Nos, Orense.-Arg-uitectura, Madrid.-Claridad, Santiago de Chile.- Vida /Vuestra, Buenos Aires.Reju·torio .Americano, San José de C. R.-Die A/ilion, Berlín.- Via Lióre, San
Jo~ de C. R.-Le Carnet-Crilig-ue, París.-España y América, Cádiz.-Mercure
de France, París.-Hermes, Bilbao.-Aclion, París.-Athenaeum, Zaragoza.-La
Lectura, Madrid-Le Progrt!s Cioig-ue, París.

AÑO 11.

.\IADRID, MARZO 1921

NúM. 10.

FEDRA

GACETILLA
Los chicos de la escuela... ultraísta.-Siguiendo la moda de Parísdel año pasado-unos cuantos jóvenes que pretenden ocupar las avanzadas
literarias, celebraron noches atrás la primera velada ultraísta. Pese a la excelente disposición de los espectadores, el espectáculo resultó sobremanera
lato. Sobr.S tiesura de ateneo provinciano y faltó, no digamos ya humour, sino
simple buen humor. Nosotros sólo sacamos en consecuencia que el señor Lasso
de la Vega no sabe francés, que el señor Paskiewiu-perfectamente caracterizado de polaco-no sabe español, y que ninguno de los demás lectort·s sabe

TRAGEDIA EN TRES ACTOS
ACTO TERCERO

dad4.
A la manera de... «Padre nuestro que estás en los cielos; santificado sea el
tu nombre, venga a nos el tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en
el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y no nos dejes caer en la
tentación, más líbranos de mal, amén.

1

1.ª

F1,;DR.,, muy débil, casi moribunda, apoyándose eo el brazo de E
FEDRA.

VSTAQUU.

Por fin va a acabarse esta tortura'
· Llega la hora del
d escanso!
EusTAQUIA. p
FEDRA.
/ro, q~é ~a~ hecho, hija mía?
No podia vivir más no d' . .
~re e hijo enemistados p~r ia ~1v1r en este infi~mo;_pahto, sin mi Hipólito' M p h m1 y sobre todo sm Hipódrá a verme morir ·a dasa a orlabvendrá, no? Ahora venrme e eso de viático
l , 1t·
•
mo ... no. el primero' Ah .
d
... e u 1' uia?
así, Eustaq
.
o1 a ven rá a perdonarme, no es
EusTAQUIA. s·i, se le ha llamado y Pedr
.
y en vista de tu estado d .º6 en su f?ndo ansiando verle
, 1 su vema ...

128

129

•

�LA PLUMA

'LA PLUMA

.
. to lo hecho; ahora quiero
.... Ahora s1eénl . él no! Me moría... no
Vendrá... vendrá
· · pero con , sm
de él
vivir vivir, v1v1r,
e iba a su cuarto, hoy ya ,
d'~ más' Cada vez qu
·unto a la que fue su
po 'lo a U~rar allí y desesperrme,~ luego ese Marcelo,
~:a• se me rompía el cora7:
penetrábame hasta lo
t~rrible Marcelo... su ~d 1 guarda mi acusador.
ese
ª que 'adivinar
· · lo .
más hondo; era ~1· demonio
l ée tenía
. . nado m1 secreto, o s '
d
Ha a 1v1
la
No es lo peor eso.
t
odré decir la verdad, toda
lEusrAQUIA. y ahora, ante la muer e, p dre e hijo, vivirán e~ paz_'!
FEDRA,
d d a Pedro. y ellos, pa
d án de este m1 sacuver a
.
erte Se acor ar
d ?
• mí sobre m1 mu
·
• me lo conce es
su1; u' , \timo favor, Eustaqu1a,
fic10? n u
d )
EuiTAQUIA- Habla.
No; me lo conce es.
FtoRAEusuQUIA - Habla!
Otóro-amelo!
. .
FEDRA,
~torgado...
.
.
lt1·ma
confesión,
la
de
m1
enor
P
EusTAQUIA.
mi Virgen.
Toma esta carta. Es m1 us·n ello la Virgen,
FEDRA,
meo- es la verdad entera. ~aria Cuando haya yo m':1e1 de l~s Dolores,no lll:e per~~ta bo~a que llevará su último
to, cerrados estos OJOS y a Pedro, a su padre. Se la enbeso, entrega esta carta
tregarás?
EusrAQUIA. Sí!
Me lo juras?
.
FEDRA,
Te
lo
juro,
pero...
.
.
en
su
memoria
...
EusTAQUIA,
no'· quiero vivir pura
Oh,
no,
·•
,
,
· lma
Fl;DRA,
.
No descansana m1 a
!
EusTAQUIA, Pues lo que es as1...
Así;
solo
la
verda~
H1pu~~~\uedase
bajo
el
pesot:eu:
FEDRA,
. ,ase al infierno s1
después de muer

FJDRA,

~d.~

~~e~~r~~~~:rQ;:~~r:~:=~~b:~~~~r~:

2~:n!~·/!1º0
h" sobre m1 recue .
dre e lJO
ómo murió?
a mi madre... e
~USTAQUIA. Deja eso!
130

•

EusTAQUIA.
FtDRA.

EusTAQUIA .
FEDRA.
EusTAQUIA.
FEDRA.
EUSTAQUIA.
FtoRA.
EUSTAQUIA.
FEDRA . •

Sí, murió pura, besándome. Y yo moriré pura también.
Solo la verdad purifica. Todo lo verdadero y lo verdadero solo es limpio. Si no me presento con la verdad,
cómo me admitirán en el cielo y me perdonarán lo mucho que he pecado en gracia a lo mucho que he amado? No es verdad, ama, que Nuestra Señora de los Dolores, que su divino hijo me perdonarán?
Si crees, confiesas y te arrepientes ...
Oh, sí, sí, ahora creo, ahora sí que creo y reconozco y
confieso mi crimen... el último sobre todo, el de mi
muerte. Perdón, Jesús mío, perdón! Jesús mío, maestro
del dolor, tú con el dolor me has dado la fé salvadora.
Nunca hubiese creído que en vaso tan frágil como
cuerpo de mujer cabría tanto dolor sin hacerlo pedazos.
Pero esto que has hecho, Fedra, esto es un pecado
muy grande!
Sí, lo sé, pero dí, no es un sacrificio?
El sacrificio habría sido decir la verdad, toda la verdad.
Sin la muerte? No, sin muerte no hay sacrificio.
Pero la muerte es Dios quien ...
Dios me la manda!
No blasfemes, Fedra!
Oh, Jesús mío, sigo loca, loca; cúrame con la muerte tú
que te dejaste matar en cruz para curamos ... Perdóname! Y ahora vamos, entremos, quiero acostarme; no
puedo ya tenerme en pié ... Vendrá, sí, vendrá! (Se retira apoyada en el brazo de Eustaquia.)

PxDRO

P!DRO.
lliRCELO.
PEDRO.

y

MA1tCIIL00

(entrando con Marce/o.) De modo que...
Esto es cosa grave, gravísima. Ya ayer me ternia... Y
esta mañana peor! Temo ...
Hasta...
131

�LA PLUMA
Sí, hasta eso. Ha sido terrible, fulminante ... no me lo
explico ... alguna traidora dolencia... pesares .. .
Y grandes ...
PEDRO.
El corazón está deshecho.
M.ARCELO,
Sí, deshecho el corazón, pero, dime, por lo que más
PEDRO.
quieras, Marcelo, dime, sabes algo?
De su enfermedad?
MA_RCELO.
De
la de su alma.
PEDRO.
El alma no entra en mi profesión. Y si he de decirte la
MARC"iLO.
verdad no creo en ella ni en sus enfermedades.
Pero...
PEDRO.
Dejemos ahora eso. Lo urgente es tratar de curarla si es
MARCELO.
posible y me temo que no; alargarle la vida cuanto se
pueda y será muy poco, y en todo caso y esto es lo
más seguro, que no sufra. (En este nzomento sale del
cuarto Eustaquia.)
Sí, sí, nada de sufrir! (a Eustaquia.) Cómo va?
PEDRO,
EusTAQUIA. Cada vez peor.
Entremos a verla. ( Entran.)
MA.RC"iLO.

LA PLUMA

MARCELO.

3.ª
EusuQUIA,

Esto se va... Pobre Fedra! a lo que llevan estas pasiones! Jamás la hubiese creído capaz de semejante cosa.
Y no puedo quitarme de la cabeza a su madre y aquella
muerte tremenda. Parece que con aquel beso, lo único
que de ella recuerda ésta, le transmitió su alma y su
sino. Y esa medalla, esa medalla, qué cosas secretas ha
oído! qué ardores la han calentado! Me pidió más agua
(llama) y salí a respirar. Parece morirse de sed ... está
que abrasa (a Rosa que aparece.) Trae más agua, Rosa!

ROSA.
EusTAQUIA.

RosA.
EUSTAQUIA.

RosA.
EusTAQUIA.

RosA.
EusTAQUIA,
132

ªª

t

EusTAQUIA .a: HIPouTo.

HIPóLITO.
EUSTAQUIA.
HIPóLITO.
EUSTAQUIA.

(desde_ la, puerta.) y o.
Oyh, Hipolito, adelante'
Fedra?
·
Mal,
muy
mal
se
llamado. ·
'
muere Y de prisa. Por eso se te ha

HIPóLITO.
EUSTAQUIA.
HIPóLITO.

Se muere? de qué?
De pasión!
Qué fatalidad' Jamás lo h .
la culpa (pasa Rosa h . ~b1ese creído. y yo, yo tengo
PEor qué?_ por no hab~e~i~~~rto llevando el agua) yo...
•ustaqma... !
Ah, vamos.
No, eso nunca nunca n
ner remedio a tiem o , C ~ca. .P~ro ac!15o pude yo poadiviné antes?
t. orno v1v1 tan ciego? cómo no lo
bres!
orpes, qué brutos somos los hom-

EUSTAQUIA .
HIPóLITO.
EUSTAQUIA.
HIPóLITO.

qul

4.ª
EusTAQUli

A y D.ios mío! morirse así ta .
sin sustancia ... y cuand '·b n Joven, t!ln de repente, tan
0 1
Quién? Fedra?
amadrmar mi boda...
Sí, me lo había prometido
ba excusarse diciéndome aunque ya al último buscaría la ~esgracia a mi matri~~::ala mano y que llevaEs posible. Pero ya l
· .
Esto, ésto sí que par~c;ef, no ~o qu1e~e él cielo...
pobre señorita Fedral V raer esgracia... mal agüero
al ir a salir.) Aquí e~tá oy por el agua ( desde la puert;
Quién? (Vase Rosa.) ···

y Ros.&amp;..

Y cómo sigue?
Mal, muy mal, cosa perdida, Rosa.

EUSTAQUIA.
HIPóLITO.

Algo ...
No vemos la sima hast
pude vivir junto a ella~ue .esta:nos a su borde. Cómo
besos?
n ciego. cómo no entendí sus

�LA PLUMA
EUST/..QUIA.

LA PLUMA
EusTAQUIA.

Es que hay cosas que vosotros los hombre!! creéis se
os deben de juro y por eso no reparais en ellas. Un
hombre rara vez entiende de diferencia de amores; sois
todos egoístas, libertinos por egoísmo y por egoísmo

Mira, tu padre está ahí dentro·
c~lo, y no conviene que te u ' en e~ cu;irto, con Mars1 ~ale, y sin aviso. Ve ahi :fa ver_ as1, tan de súbito)
gmen sale. (Vase Hipólito.)'
gabmete, y espera. Al-

virtuosos ...
Eusn.QUIA Y MA1tCELO.

Dxcaos y RosA.

(que sale lloranrfe.) Pobrecilla! da pena! Me llamó, me
dió excusas por no poder ya amadrinar mi boda; «aunque te lo prometí)) decía... como si fuese suya la culpa...
Y consejos! No tendré otra ama que más me quiera.

RosA.

(Vase.)
EusTAQUIA II

134

EusTAQUIA.

Disgustos...
L
d isg~stos
º; ha
que
sido? no matan así· Necesito saber la verdad·

MARCELO.

EUSTAQUlA.
EUSTAQUIA.
MARCELO.

HxrouTO.

Sí, mi virtud, una virtud ciega, era egoísmo. Sintiéndome firme no sentí que se caía ella... Y luego aquella
vida de campo en que busqué alimento a mi exceso de
vitalidad... aquello me hizo torpe. Y yo que recuerdo
habérsela recomendado a ella invitándole a ir. conmigo,
solos los dos, al campo! Acaso habría sido mejor, acaso
habría yo visto claro más a tiempo ... No, no me lo per-

dono ...
ya tarde...
EusrAQUIA. Es
Siempre es tarde. Pobre madre! Y quiere verme antes
HIPóLITO.
de morir? También yo. Para pedirle perdón de mi torpeza, de mi ceguera, de mi brutalidad de cazador que
no advertí cómo se caía y no la sostuve a tiempo, antes
que la cosa no tuviese ya remedio ...
Y ahora este terrible paso ... no ha sabido esperar... Ya
EusTAQUlA. le decía yo que esperase, que era aun joven, que erais
füpÓLITO.

(saliendo.) Bueno señora ah
cer, solos, usted tiene qu~ s ~ra !que estamos, al pareesto?
a er a verdad; qué ha sido

MARCELO.

7.ª

H1PÓL1TO.

MARCELO.

jóvenes...
Calla, calla! Un padre nunca muere!

EusTAQUlA.
MARcELO.

EusTAQillA.
MARCELO.

EuSTAQUIA.
MARCELO.
EUSTAQUIA.
MARCELO.

EUSTAQUIA.
MARcELO.

Pues ... lo que usted supone.
'
Se tomó unas pastillas ...
Tres o cuatro Pero o D"
No tenga ust~d cuid~d~·
n Marcelo .. J
caso. y no preo-unto
,'
cua es mi deber en cada.
Qué? qué es lo ºque ad1?~s, porque lo otro... lo adivino
Para qué soy medico,
, . ivmar
•
señora? Ad ,
,
dre, a la madre de Fed h
emas conoci a su ma
aig_o, po, rradición de
":inocido a su he,mana,
DeJemos viejas historia
, e su abuela...
Sí,
dejémoslas·
pero
st·
..
sangre...
,
, nora, hay cosas que van con la

:t• I?f

r:.;.;J.

si

Don Marcelo!
No, si no he dicho nada! Bien
,
.
b~e Pedro y eso que de
trate de disuadir al po11
S1, de ella qué tenía u ed ª ··:
, .
Nada; es ella misma q ~ ecrr? q~e tiene ahora?
No la juzoqmen se ha Juzgado!
Ved d· ºu~mo~, pue~, nosotros.
. r a , se Juzgo, se condenó ha
tidad de la cosa juzgada! p b ; que respetar la santanto a ver cerca otro enferi/e edro! E~ fin, voy en
falta. (Vase.)
' aunque aqm ya no hago
1 35

�LA PLUMA

LA PLUMA
I 1.ª
PEDRO
EusTAQUIA

PEDRO.

EusTAQUIA.
PEDRO.

y

PEDRO.

por usted y por...
. do del cuarto)
(sal zen
· Pregunta
,
Ahí, en el gabinete esta. 1 vea (va Eustaquia a busPues, sí! 9~e ven~a... 9ue :ame ·f~erzas para soporta~
car a H_ipolzt~) Dios mb10 't Estoy acorchado. No sé s1
esto! M1 debilidad me as a.
vivo ...

PEDRO.

EUSTAQUIA.
PEDRO.

EUSTAQUIA.
PEDRO.

EUSTAQUIA.
PEDRO.

10.ª

EUSTAQUIA.
EusTAQUIA, P11DRO e H1PÓUTO.

.
ueda cabizbajo frente a su padre que le
Entra Hip6lito coi:i Eustaqu1a ytsee~ silencio con la mirada.
mide un momen o
PEDRO.

H1PÓLITO.
PEDRO.

HlPÓLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.
PEPRO.

HIPÓLITO.
PEDRO.

H1PÓLITO.
PEDRO.

136

Estás otra vez aquí ya?
Me mandaste llamar.... h matado' (se cubre la cara.)
Yo no! ella... ella a qmen as
.
Padre, padre, per~ónll
ll 1 y es ella ella la que dice
Perdón? Ve a pedd~rrtsel º. a e e~it"te ella p~rdón ... l ve si su
te llama para pe 1 e o... p
corazón es grande!
· · d tan ciego, por
Sí, necesito su perdón, por haber v1v1 o
no haber...
más tarde aún, entra!
Es ya tarde! Pero antes que sea
entra a que te perdone, entra!
Contigo, padre...
1 1 O has dejado acaso de ser
Eh? cómo? No! enltra so_ o~ cara de la muerte ... ve tu
mi hijo? Veos so os, ca1 a
obra en todo su horror!
1

Padre
Te he· dicho que entres! (entra H•"'
iroTt
i o.)

y

EusTAQUIA.

Yo también quiero morirme, ama, y que mw-amos todos! Para qué vivir? para qué haber nacido? Y luego ...
Luego ... qué?
Nada, cosas que oye uno por dentro, dichas por una
vocecilla de demonio cuchicheándonos en lo obscuro,
cuando se está a solas y no quiere uno oir, no debe oír...
No, no debe oírlas ...
No oye usted? esos sollozos dentro! qué se dirán?
Entre usted a oirlo!
No, eso es sagrado! Ahora llora... ahora silencio... qué
silencio!
( aparte.) El último beso... el primero!
12.ª
DICHOS e HIPÓLITO.

HIPóLlTO.
PEDRO.

HIPÓLITO.
PEDRO.

EUSTAQUIA .
HIPóLITO.

EusTAQUIA.
HIPÓLITO.
EusTAQUIA.
HrPÓLITo.

(saliendo descompuesto.) Se está acabando, padre, y
quiere despedirse de ti.
Qué, te perdonó?
Sí, y Dios nos perdonará a todos!
Terrible penitencia la que té aguarda, terrible! ( entra al
cuarto.)

Qué?
Esto es superior a mis fuerzas; vale más luchar a puñetazos con un oso enfurecido. Diga, ama, qué ha sido
esto?
Hijo mío!
Vamos, qué ha sido?
Pues, lo que te figuras ...
Qué ho1rnr! Sí yo, yo la he matado con mi ceguera, yo!
Pobre madre! pobre padre!
137

�LA PLUMA
LA PLUMA

HIPÓLITO.
DICHOS

PEDRO.

EusTAQUIA,
PEDRO.

HIPÓLITO,
PEDRO.

EusTAQUIA,
HIPÓLITO.
EusTAQUIA.
HIPÓLITO.
EUSTAQUIA.
HIPÓLITO.

HIPÓLITO.
PEDRO.

HIPóLITO.
PEDRO.

HIPÓLITO.

y

PEDRO.

(saliendo.) Descansó al fin. (Siéntase sollozanao.) Cuando
entré apenas si tenía fuerzas para mirarme ... ese perdón
acabó con las que le quedaban ... ni pqdo siquiera darme el beso de despedida... parecía no verme ... miraba
no sé a donde ... Sólo sacó un hilito de voz para hablarme de no sé qué última confesión escrita que usted,

ama ...
Eso para más adelante ...
No, ahora, ahora mísmo!
Pero padre ...
Padre? eh? qué es eso? a ver, qué es? aún hay más secreto? sabré al fin la verdad toda? (va hacia el hijo.)
(interponiéndose.) No, no! sea! ( entrégale la carta que Pedro se pone a leer.)
( a Eustaquia.) Y eso, qué es?
La verdad.
La verdad? toda la verdad?
Sí, la verdad toda!
Oh ... (intenta ir al padre, pero se detiene) pero sí, sí!
ahora hace falta la verdad, por él, por roí, por ella, por
su mejor memoria y por la verdad misma sobre todo!
(yendo a Hipólito con la carta en la mano.) Y esto que
dice aquí, hijo, qué es?
La verdad!
Toda la verdad?
Sí toda; la verdad desnuda, la verdad después de la.
muerte.
Y por qué no me la revelaste antes, hijo mío?
Quién? yo? contra ella? contra tí? contra tu paz, tu sosiego y tu honor? y para qué? solo para defenderme?
Sí, bien hecho! eres mi hijo, hijo mío, de mi sangre!

PEDRO.
138

•

PEDRO.

HIPóLITO.
EusTAQUIA.

Pero cómo has podido dejar así Oh
como loco, no sé lo que me d. ···
, n?, ~o, no, estoy
to o vivo... Hijo! hijo! hijo mí1;io ... no se s1 estoy muer-.
(yC:'-do a sus brazos.) Padre!
(mientras le tiene abrazado.) Después d
una santa mártir! ha sabido morir'
e todo ha sido,
Sepamos vivir, padre!
·
Tenía razón, es el sino!
FIN

MIGUBL DB UNAMUNO·

�HAIKAIS
DE LAS CUATRO , ESTACIONES
A Adolfo Salazar.

I
6n la capilla de la noche
velos de nieve
¡Primera comunión de invierno!

II
f]{oy le ponén a los aleros
las golondrinas
sombreros de paja.
· (Un baikai de entretiempo.)

'Godavía ... Pero no:
mira el campo, las nubes, tu alma:
¡ya!... Pero no: todavía...
III
.,Ca tierra llega hasta el mar
y llega el mar hasta el ~íelo
y el cielo llega hasta q)zos.

IV
fil[ escaparate todas
las riquezas del año: .
.liquidación por derribo.

BNRIQUB DffiZ CANBDO
"1 40

..

EL RETRATO DESCONOCIDO
una gran ansiedad y un temor inexplicable en conocer de cerca la vida de aquel viejecito de mirada abs-traída, que estaba retratado tan finamente, con tanta
pulcritud, en aquella fotografía del año 60. Este retrato .
conservaba aún aquella indefinible expresión, esa expresión que sale
muy de adentro, de un dibujo a la pluma, que encontré un día en el
archivo de mi casa y que representaba a un joven, a un adolescente,
con un libro abierto sobre la mesa y mirando, al través de la ventana, el campo. Era un dibujo de vagos contornos, con líneas apenas .
insinuadas, que me hizo pensar en algunos de los primeros retratos
de Rossetti y en la impresión que me producía el campo, cuando salía a verle, en una larga convalescencia. Aquel adolescente había vivido en medio de una gran paz. No tuvo sobresaltos su vida, ni brus-co~ cambios, ni un gran dolor, ni una gran alegría. Sin embargo,
cuando el adolescente es un viejecito, que viste de negro, asiste todas las mañanas a la iglesia, es hermano de muchas cofradías, tiene
en la mirada, en esta mirada de un retrato perfecto, algo que no se
puede uno explicar sin pensar en un dolor misterioso, en una callada ansiedad, en un presentimiento, en una resignada tristeza que estf..t

D

ENÍA

�LA PLUMA
iLA PLUMA

ue deja en el corazón la
lejos del vivir cotidiano y aparente, per_o q señora que tanto le coaso Hoy la anciana
'
S bé
.
'
h detalles de su vida. a r
.huella honda d e su p
.
va a contar mue os
nocio y le quiso, me
. t
te este retrato pulcro, fino, son.algo de lo que ahora pres1en o an
,riente.
. . . cu ·o retrato me enseñas, hijo mío,
Era muy bueno este v1eJecito, yd
meneé a preguntarle. Era
·
señora cuan o co
.,
.me ha dicho la anciana
t asados en la que él nac10 y
'
.
la ciudad de sus an ep
&lt;tan bueno que en
1 11
ban el buen señor. Nónca tuvo pnen la que tú naciste, todos e . ama
d mandó a nadie por deu'd'tos cuantiosos, nunca e
1
sa en cobrar sus re 1
,
1
·t d de sus rentas entre os
rtió mas de a m1 a
das muchas veces repa
or Ame'rica cuando era
'
y ··
r Europa Y P
pobres de su ciudad. iaJO pv . . d
via·¡es formó una bibliocuantos D1anos e sus
'
.
. "6
;joven; escnb1 no se
ba los días enteros. Fué siemsa en la que pasa
teca selecta y numero ,
. tt
pestre· nada me gusta com,
, ·t b ólico un espir u cam
•
,
,pre un espm u uc
,
.
has veces En ella se caso y en
,1,
• a Je oí decir mue
·
.mi ciudad camresin • . . d
t no suvo una paz inefable, 1a
.,
.
ya smtten o en or
J
f
ella muno, anciano '
·de la adolescencia, esa paz pro unpaz nunca olvidada de la nmez y d odía turbar.
.da, fuerte, venida de 1~ al_to, q:e natea :ensamiento doloroso, este re•
Pero este mirar ensimisma o, es
t
t ato tuvieron una raíz
El
.
t parece ver en es e re r '
.cóndilo sentir que e
.11 de aquel noble señor.
.
da
soc:egada
y
senci
a
muy honda en l a v1
.
.
. da iba siendo cada vez
.
.
que esta vida, que su vi
,1)ensaba de cor.t muo
.
.
f ·ón de otra vida antoda ella era inevitable repe ici
menos suya, que
.
.
. nte llena de aparente sileQcio,
. d
vida misteriosa, vac11a ,
tenor' e una , .
d ella conturbada, triste, fata l.
ero
allá,
en
lo
intimo
e
,
D ue's de un gran á\bun
·P
·
a pausa esp
,
Hizo la amable ancia~a un ·1 h bia unas cuartillas, amarillentas
.
retrato· Junto a e a
. .
d , aquel bello retrato y compren,dorado saco un
,
ran emoción cuan o v1
. .
1 d 1 ulcrv viejecito y a aquel d1buJo, que
ya. Senh una g,
.dí que se parecia tanto a e p

me hacía pensar en Rossetti. Luego leí las cuartillas, y después mi
ansiedad y temor por el vacilante viejecito se convirtieron en una
cálida simpatía humana .
Las cuartillas, con letra muy clara, decían así:
«¡Oh adolescente pálido, de frente limpia y de triste mirar!, ¿dónde te he visto una vez en la vida? ¿Qué misteriosa voz me dice junto
a mí, que también tengo tu misma mirada, más hacia aJentro que
sobre el vano espectáculo de afuera, y la tristeza de lo irremediable,
lo impreciso y lo fatal? Como esta voz me dice, ¡oh retrato amigo!,
que hay una línea tenue que nos une a tí y a mí, que hay en mi espíritu vacilante el mismo impulso, ·1a misma ansia que en el tuyo, que
tu vida va siendo mi vida también.
Nada sé de tí ni quiero saberlo. Viviste hace muchos años, pasaste sin que te conocieran; un silencio, una amable penumbra te
envolvió en la vida. Hoy he preguntado-¿quién observaría el temblar de mi voz?-¿de quién es este retrato? Y alguien ha comenzado
a recordar. «No, no es de Diego, el hijo menor de mi pobre hermano; no, no es de él, pero ¿cómo se le parece tanto?:. He querido ver
los retratos de Diego, y he sentido una gran alegría al comprender
que este adolelicente pálido, de mirada triste, con la fusta de juguete
enarbolada, como para dejarla caer suavemente, sin ruido y sin enojo, no era Diego, no se parecía en nada a Diego, un mozo altivo de
figura donjuanesca. Sigues siendo desconocido, y por eso tienes sobre mí, ¡oh figura ondulante y frágil!, aquel secreto influjo de Hylas,
el mancebo perdido, o alguno de los príncipes suaves que pintó
Van Dyck.
Algún día te buscarán en el álbun de los grandes escudos; verán
tu puesto vacío y nadie pensará-¿cómo se habría de pensar?-que
yo he sentido una rara alegría cuando he abierto las planchas doradas
del feo libro, he cortado las líneas de papel que te aprisionaban, te
143

�LA PLUMA

he colocado un buen rato sobre mí, he comenzado a hablarte y para
no apurar este difícil goce te he guardado cerca de mis cartas, y un
pensamiento amable y cándido se ha apoderado de mí. El pensamiento de un diálogo sin palabras, en la media noche cuando todos
los ruidos se hayan apagado y el cielo se haya cubierto de esplendo,
lunar. ¡Oh, adolescente, todo parecía feliz bajo la luna!»

EL VIAJE DE ESPAÑA

JOSB M.ª CHACON Y CALVO

ELCHE
(;/ cauce abrasado
de un río sin agua;
sobre la ladera
-rojiza, escarpadaun
pueblo mu11
blaneo que no es flrC
JC'I
.,
. •
vrán ni {}a/ata.
equmez,
ffosado en gentil

mariposa alba
5_:lbre
el rojo peta/o
de un clavel u,
Je cnc,urcza
C"JA
•
t , ch
.,
e es un 'lJZtano del jardín de 9lrabia. ,
6ste betunero

~tsenor
s~brá el fl&lt;orán palabra a palabra?
ventrudo que el an J,

uen pasea
con culmosa marcha
•
¿aguarda el expreso en que h J
el tMah
a ue venir
a
orna nuevo de la era cercana?
¿i7antasía todo?

'º
144

¿9l uno, aunque anda suelto, reclusión le cuadra?
1 45

�LA PLUMA

!B ·emos del tren. tJxigeno y sot
&lt;lJ rea1•J
creen
iaad · $,.yan los fantasmas.
s del tren y, la realidad,
.
.
!Ba1amo l
- 'JI ahora con substancia.
nos torna a ensueno.
.
,
(;stamos en (;[che, es decir, «aq::i:• b. I
en c/1,ra ia
l
¡y a la vez estamos, penos,
.Eas palmeras son...
¡una extravagancia/
-{;so desde .fuego- .
!Pero éstas, tan altas
son, y tan robustas,
y tantas ¡y tantas!
-!Baedeker nos dice
que de cien mil pasan'}/ hay en este bosque
de la flora rara,
un ímpetu tal,
una... yo diria seguridad clara,
; un hervor de vida que se siente plena
y no cede raya;
que uno, amedrentado, regresa a su tren,

al otente y la fuerte encina,
se mete en su jaudla.l
!Pájaro que sabe e nog P
del roble y del haya,
yo no se, q ue· hacer en medio de este bosque,
del trino y del ala.
.
.
(;n la paz del extraño silencio
y la luz extraña,

LA PLUMA
los mástiles fuertes de los fuertes troncos
¿aguardan la vela que les troque en nautas?
.Ca quietud inquietante g nooisima
del bosque asombroso, enfermo de afasia,
a los nervios lleva
a tensión tan alta, ·
que si el tren no parte...
/qué haré de la lira, del trino, del ala/
¡{;/ bosque de G/chel
¡/;xótico ingerlo en tierras de /;spañal
¡Claridad g silencio/
J'Y un bosque es umbria que cantal
Gn tierra de absurdos,
(;/che es el absurdo por antonomasia.
:M.ástiles que esperan
la vela pirata;
columnas de templo
que se hunde, o se alza
-entre nieblas se muere la tarde,
g en neblina nace la pura mañana-.
(;/che, en mi recuerdo,
es:la vieja estampa
del viejo libro de familia, que uno
de chiquito, a diario hojeaba.
Cosas que pasaron en los lueñes tiempos,
g en tierras lejanas,
donde uno no ha ido g no puede ir
porque, « la quimera, solo van las almas.
147

�LA PLUMA

(;l bosque de (;lche
es la plenitud del ;lslam de &amp;spa~a.
.Eos tJmeyas tienen el solar aqur,
en que hacer su casa.
#

tSi el pasado vue~ve,
los vientos clama,
como fNietzche, ,oco, a
cobijaréis un dia, palmeras,
la tienda blanca
de tJmar, el del verde estandarte
y la media luna dorada.
(;l templo de &amp;lche
la deidad agua~da. ¡, • este templo;
ffor eso nos de1a tan 1rro
con toda su traza,
no tiene sentido;
es... «la cosa rara&gt; .
. duda;
lo «raro&gt; es «curioso", sin 1m
y
.
mueve las a as.
pero lo curioso no
LUIS G. BILBAO•

COMIENDO PERDICES

.

felices?
Comiendo perdices-final dichoso de cuento de hadasestaban cuando nos volvimos a ver. Otro que yo hubiera
aceptado como auténtica aquella estampa de la felicidad,
cuyos colores tan bien mentían los que el amor enciende. A mí no
me era dificil penetrar la verdad, por mi intervención, no tan liviana y azarosa como ellos mismos quizás supusieran, en la extraña
aventura de su boda. Creo que, en todo caso, me bastara no más mirarlos para descubrir luego la superchería de su contento. Es menester
la ceguera profesional de un juez, la ingenuidad de una criada lugareña, la torpe envidia de las amigas casaderas, para confundir la engañosa apariencia de una luna de miel, harto ajustada a un modelo
clásico, con la felicidad natural e insospechada.
Para mí la actitud de ella fué una revelación. Despojada de todos
los atributos que mi imaginación había ido acumulando en adorno
de su figura en tantos años de amistad desinteresada, comprendí en
un punto mi derrota moral. ¿Era la misma mujerr
El vulgo de sus conocidos no experimentaba el menor desasosiego, la incertidumbre más pequeña en su identificación. Yo, por
mi parte, nunca hubiera arrostrado tampoco el escándalo de una declaración negativa de su personalidad. Mis ojos reconocían los su_

II

RAN

149

�LA PLUMA
yos; el rubio bermejo de su cabeza ensortijada, de ángel rebelde fogueado en el infierno, y cuya mirada celeste hubiérase contagiado
del verde pecado terrenal; la pálida tez picardeada graciosamente por
leve paño pecoso bajo los ojos; la boca, gordezuela y entreabierta;
los apretados dientes, cuya correcta hilera había conseguido descabalar, obligando caprichosa a un dentista a destacar ligeramente un
colmillo-lo que añadía cierta malignidad a su sonrisa, hasta entonces sobrado inocente-; el hoyuelo de la barbilla; el cuello de chico;
y las manos, aquellas manos inconfundibles, no tanto por delicadas
cuanto por expresivas-¡singular convergencia espiritual de todo su
ser en las uñas pulidas!-Era ella.
Pero la manera como insistió en hacerme ver su felicidad; el im¡:mdor con que una y otra vez repitió palabras capaces, por manidas, de
encanallar los sentimientos que encarnan, que sólo el silencio puede
salvar de una ruina definitiva ante la propia conciencia; la exacta
correspondencia de gestos e inflexiones de voz con la emoción que
pretendía representar, y que tan mal se compagina con la verdadera,
ridícula siempre por el desequilibrio expresivo que la sinceridad s.upone, me convencieron de mi derrota, repito. Toda mi labor educativa de tantos años mo5trábaseme cuán vana en la primera comprobación experimental.
De limitarse a ostentar su dicha con cuantos artificios sugiere la
astucia, sin pretender la aquiescencia de su marido, aún hubiera podido yo seguir creyendo en cierta complicidad conmigo, en cierto
disimulo que me asegurase la mutua inteligencia de antaño, en algo,
en fin, que permitiera atribuir su ventura, no al abandono de sí misma a una fatalidad placentera, mas a la voluntad triunfadora, al humorismo consciente con que yo había querido fortalecer su terquedad femenina. Aquel empeño en solicitar el asentimiento de su marido me descubrió la realidad terrible. Estaba vencida. ¿Y él?
150

LA PLUMA
· Él desafiaba impávido m·1 reproche y
~1s pal~bras la menor alusión alevos . no e~ que yo deslizara en
p10 sentir hasta el punto d
a. Pero, ¿como disimular el
l
e que no se d I t
proen e movimiento apenas perceptibl
e a e en el gesto contenido
en sus matices más recónditos al a e'. en el tono de voz, familiare~
·
t ud sm
• recelo ni recato?migo
· h emos comparti.do .la JUven
. con. q UJen
M1 propia naturalidad, la forzada
mdiferencia complaciente con q
·
ue me most b
ue,
sm
osar
confesárnoslo
cada
I
ra a en aquel momento
q
tn:s, eran indicio evidente de I
cua' tanto habíamos temido los
os callados c
m
º. a cuenta de su traición. Traición
. argos que nutrían mi ánimeJante a esa grosera catástrofe en ' entiéndase bien, en Rada seu~~ mujer, la dignidad de dos hom!ue_ su~I~ perecer, a manos de
pmtu que hasta entonces nos había . es, _tra1c1ón, quiero decir, al esmsp1rado, traición al desinterés
queE~uiaba nuestras acciones.

espectáculo de aquella felicidad
me ~rovocaba invencible naúsea. i:as cartas en que uno y otro
toda v~a daban pábu((; a la esperan:e lefineron su fatal encuentro,
guardia de su independencia Mº t . mbos me confiaban la salvaun refugio contra la vulgarid~d ,en ras_ se reservaran en mi ánimo
a~untaran, en holocausto a la ~ poco t~portaba que las gentes se
d1cación. Aún hoy, al cabo del /ral social, el tanto de aquella claumo en mi opinión de entonces ~:pohvuelvo a leerlas y me confirc~rreo, como escritas que esta~an
o ~e recibirlas¡ en el mismo
ntficar a mis ojos la confabulación
a misma fecha, no podía sigme mostró patente. Decía él:
en contra mía que al verlos se

e:~

«En la frontera, a tantos de ta t
&gt;H ' t
nos.
.
e eme de vuelta. ¡Y qué vuelta' Q .
.
rusmo de un telegrama p
: mzás sena preferible el lacoara anunciarte · • 1 ·
cumplo cuarenta años.
m1 u tima aventura. Hoy
» y mañana me caso.

I

�LA PLUMA

LA PLUMA
&gt;Lo que oyes. Sé que no te producirá tanta impresión la noticia
en sí, como el dártela con !;Olemnidad para nosotros improcedente.
Aunque nunca hemos descartado la posibilidad de ajustar nuestros
actos a la pauta normal de la vida exterior, desde luego estábamos
tácitamente conformes en rehuír toda complicación que menoscabase nue,tra integridad moral. Si hay en el mundo una fraternidad sin
,entimentalismo es la nuestra; fraternidad en que has conquistado la
primogenitura sin comercio de lentejas-por más que digas que soy
yo el inspirador de tu filosofía, sé muy bien hasta qué punto es tu
seguridad la que me alienta-. El suceso no merecería, pues, comentari• que subrayara la simple participación de boda, sin las circunstancias que lo han originado. La sorpresa no está en que m• case,
sino en quién es la novia.
&gt;Como en las novelas que no leo, volvía yo hace una semana de
la última ronda por mi mundo. De haber sido un romántico melenudo, tendría a estas horas la boca amarga con el gusto del hastío. De
haber corrido en pos de juveniles engaños, estaría desengañado.
Esto por lo que hace al viaje. No creas, sin embargo, que el aburrimiento ha entrado por mucho ni por poco en mi decisión.
&gt;Volvía, como te digo, perfectamente sereno, cuando he aquí
que, al llegar a la frontera, me encuentro, por azares del desbarajuste ferroviario, sin equipaje, y, lo que es peor, sin dinero, en absurda
obediencia a los últimos decretos fiscales del ministro de Finanzas
francé,. Total, que en protestas vanas se me fué el tiempo, y con el
tiempo el tren. No me quedaba más solución que aguardar el de la
noche. Y al hotel de la estación me dirigía ya, cuando, al cruzar la
sala de espera, me sentí asaltado por una mirada irresistible.
&gt;Es lástima que el abuso vulgar haya achabacanado la palabra,
porque no hay otra que mejor sirva para el caso. Restitúyela todo
su sentido. A ti no voy a disimularle la verdad, que nadie más sería
152

capaz de comprender, sin atribuir lo
.
s? ... y no temas que infli·a a
sucedido a un flechazo amor smceraclón innecesaria. J
nuestra harmandad la ofensa de u:a
&gt;Aquella mirada que fué .
mis OJOS
· en las pupilas
' de queprimero
· atrayente, concitó
surtí un e fl ~vio
ª.• y vencido ese pequeño sobresalto que produce siempre lo im
do ya n uestras atropelladas p previsto
Ib
, apen as me dt. cuenta cuana ras reconstituían con cie~ rotos
pormenores un pasado vivo
en recuerdos imprecisos
&gt;Ella y yo hemos
pensado un
·
en no solicitar antes, de uno y ot~omomento que habías hecho mal
en que ahora se juntan tus me· • , esta nuestra mutua comprensión
nos ha enturbiado el ánimo el JOres afanes. Pero ni en ese momento
defendernos contra nosotros mfs::ar q_ue nos juzgaras incapaces de
dado con que nos has tenido sin s, m mucho menos que en el cuibra de celos. Después hem
conocernos, hubiera la menor soro
. tu sabiduría en losmotivos d e esta ocasión noos acertado
a descu bnr
b ta
sus
contingencias
no de pen d an
de tus
hilos
'
o
s
nte
E
·

aú:

&gt; n _fin, que ella me da el descanso
la serenidad, las zapatillas de orillo
, la paz, el sosiego, el reposo,
, que ya voy necesitando ...
&gt;Porque son cuarenta 1
»Salud.&gt;
os que cumple este don Juan.

y la firma al pie.
La carta de ella prestáb
esperanza se apoyaba:
ase más todavía al equívoco en que mi

:AQuerido
ta~tos de tantos, en la frontera
maestrillo· No
.

primera quiebra de su ~onfi::ah: des~edido de usted por evitar la
q_ue _estoy curada de toda sensible~a~l Cre? tenerle bien probado
cmd1do de la menor consideración .
ego1smo con que he presa cubierto de sospecha I
de orden familiar y social me po
a guna en ese respecto · He d eJa
. do mi casa
ne
1 53

�LA PLUMA

LA PLUMA
sin duelo ni zozobra. Pero ya en el umbral de la suya para decirle
adiós, me he vuelto atrás poseída de no sé qué extraña cobardía
ante el presentimier.to de una escena excesiva. No hay por qué negar que el humano barro en que usted ha sabido encender la lamparilla ardiente en que me consumo, me liga esta vez a una preocupación indigna de discípula de tal maestro. Pero he preferido soslayar
la despedida, a arrostrar su desprecio de usted si mi flaqueza se derramaba en lágrimas importunas. Por lo demás, no se trataba de pedirle consejo. Demasiado sé que usted no puede por menos de aprobar mi empeño. Mi vocación de aventurera quizás sea innata; a usted cabe, sin embargo, por entero, la responsabilidad de mi decisión;
a usted debo el afáu de vivir los sueños, de convertir la novelería en
realidad.
&gt;Y ahora, una noticia sin importancia: Me caso mañana.
&gt;La gente a quien haya escandalizado mi fuga, no acertará jamás
a comprender la lógica de mi fantasía. Se les antojará que para este
viaje no hacía falta tan inusitado aparato. Cualquier otra solución
más inmoral hubiera parecido más adecuada a mi gusto por la libertad. A usted no necesito decirle cuánto más fiel a sus enseñanzas
soy casándome, que no alardeando de fáciles travesuras.
&gt;Una vez pasado el Bidasoa-mi Rubicón-, me senté en la primera sala de espera. Proponíame no más encontrar un compañero
de viaje. Cuando vi entrar al elegido de mi capricho voluntarioso, le
impuse nuestro común destino. El azar solo ha intervenido para reunir en el tiempo de un horario de ferrocarril y en el espacio de una
estación dos criaturas de un mismo pensamiento: el de usted.
&gt;Este don Juan ha de encontrar en mí, cada día, el renovado ardor, la complicada variedad de deseos, el eterno femenino que la limitación de las demás mujeres le ha obligado a buscar en una tras
otra. Por algo me dijo usted, no sé cuándo, que yo era una entele154

quia viva, una entdequilla de
ma 'd
carne y hueso. Quiero hacer de m1··
n o un sultán monógamo.
&gt;H&lt;ista la vista.&gt;
Y aquí su nombre.
Pese
a la intención de ambos, encaminada
.
J'b
ya . d
l rarse de mi tiranía, el texto de una
sm uda alguna a
y otra carta denota cuán arraigada estaba en su ánimo . tó .
habíanme servido para i m1 rle nea, arma la más eficaz de cuantas
nocu ar en aquellos d
.
mentación el humor inmunizad
. os SUJetos de experior contra Ja deg
.6
.
n moral de
1a H umamdad. No me inf1m1'dó ' pues gran co enerac1
1
..
que bastara tan poco tiempo
' .
sa a noticia, ni creí
, A
para arrumar en
,.
mio. I reunirnos de nuev f é
su espmtu la obra del
o u cuando eché d
1
proceder quirúrgicamente .
.
e ver a necesidad de
si no quena cont ·
cend encia con la realidad cot'd'
ag1arme de su condes1 1ana.
-Niña mía-le dije aprovechand
de él en busca de cioarrostá
o. una ausencia momentánea
No te rías; el caso e; grave É:t: ~ per~1~a. Tú verás lo que haces
que afrontes una prueba h; . s p1rrem1s1blemente perdida, a meno~
11
d
ro1ca. rueba hero.
ama o a sugerirte. Allá te las com
i~a que no soy yo el
No hubo más. ¿Para qué? N' h ~ongas contigo misma.
vé y . d
1 ac1a falta mas ta
.' s1 udara yo de mi fatal influ.
.
mpoco. Así la salmi confianza, la esquela rosa tan ~~• aqu1 tengo para robustecer
su I mente perfumada, que recibí
la misma mañana del e'-t - '
- rano suceso de l
1,
por los periódicos el nú
d
a ca ,e de...-Todos sabéis
mero e la casa -L
.
morandum descuidadamente I 'd d .
a esquela simula un mese
t
o v1 a o al revers d l
.
pre extaba su en-:ío El
t
.
o e aviso con que
.
·
pre exto decia·
Querido maestrillo Le es
.
vemr
·« sin
· empacho Hemos
·
peramos
maña
.
na a cenar. Puede usted
·
·
variado el me ·
szempre perdices, cansan.
nu, por aquello de que
&gt;Su fiel discípula.&gt;

�LA PLUMA

LA PLUMA
. e!lcrt·to con lápiz:
En el' reverso se !eta
«Lunes.-Ritz.
&gt;Martes.--Real.
.
:.Miércoles.-Estudio Zub1aurre.
&gt;Jueves.-Té Legación.
&gt;Viernes.-Filarmónica.
&gt;Sábado.-Prueba.
&gt;Domingo.-?&gt;
. 0 nada en esta clave!
. .
1Y el Juez Instructor no ha v1st
ya de mi reivind1cac1ón
Yo fuí a cenar aquella noche setguroveces a aliviar mi espera
d.6 dos o res
profesora!. La doncella acu t
l tardanza inusitada de sus seno•
con oficiosas suposiciones sobre a ·t ·ón que su demora apenas
. d de innegable ag1 ac1 '
res. É l llegó pose1 o . .
recobró al punto.
justificaba. Pero a mt vista_ se • -insinuó la doncella al ver que
-La señora no ha vemdo aun
.
ás al comedor.
o
nos encaminábamos sin m
. atención a sus menores m me apresuré a llenar el
Quizás fuera efecto de mi exces1vab
. ·entos· pero me parec1·6 que duda a, Y
v1m1
'
d" minuto:
gran silencio aquel de me io
Es que hov tenia prueba.
. n nutó Parecía como
•
l bra no se 1 ,
•
1
No obstante recalcar yo la pa a '
turas en qué templar e
. . le prestara nuevas apoya
. . intervenc10n
s1 m1
lta al maestro
ánimo.
. .
d.. flemático-no le ocu
Veo que la d1sc1pula- lJO
.
.
l marido ignora.
. . d
. aun las menudencias que e
\la me babia invita o a
n1
1
uela en que e
Yo entonces saqué a esq
.
.cenar y le mostré el reverso.
eda llenar todavía el hueco
~Se la traigl)-insistí-para que pu
una interrogación al
h
como ves, por
. .•
"ble que le haga tra1c1on
a ora, d el domingo , detentado
.
, a manana es post
destino inmediato. De aqut d l apuntación habitual.
. si. no se ayuda e a
la roemona,
156

-¿Vamos a buscarla-interrumpió él entonc.?s-, y cenamos en
cualquier parte?
La doncella se atrevió a proponer la posibilidad de que nos cruzáramos en el camino sin vernos.
Pero a esta objeción supo responder él con tan sosegado aplomor
que recobró del todo mi estima.
-No; sé muy bien dónde está la señorita.
A la criada, por otra parte, no podía extrañarle tal extravagancia,
hecha como estaba al caprichoso afán del matrimonio por trastrocar
las costumbres, no bien empezaban a serlo.
Echamos escalera abajo, y luego calle arriba, sin vacilar él en la
dirección, ni yo en seguirle. Entramos en Lhardy, pidió el reservado
a su nombre; nos sentamos a comer.
Cuando aparecieron las perdices me miró y se sonrió elegantemente.
Yo respeté su silencio acerca de ella. Ya en los postres, solicitó
de improviso mi opinión. Y se la dí sinceramente satisfecho de haber recobrado sobre él un ascendiente que me pertenecía de juro.
Ni que decir tiene que ni él al pedírmela, ni yo al dársela, hicimos
la menor alusión al suceso material que la ecasionaba.
-Te reconozco-Je dije-, y celebro ese auto-rescate en que te
complaces. Creo que de cuantas actitudes propones, la más difícil, y
por lo tanto la más digna de nuestra especulación, es la fuga. La
propia entrega a la justicia de los Tribunales, el arrostrar la cárcel e
incluso el patíbulo, el desafiar la audiencia pública, revelan una gran·
cobardía. La confesión, la aceptación de la defensa abogacil, las protestas de inocencia, no son, en fin de cuentas, sino procedimientos
acomodaticios para esquivar el miedo físico a la huida. En la huída,
por encima de toda otra consideración, hay que proveer materialmente, y no con argucias sentimentales ni moralejas a la propia sal157

�LA PLUMA

vación. Un verdadero hombre de acción, que aspire a perpetuar su
memoria en la pantalla cinematográfica, no en gestas literarias, no
debe aceptar otro punto de vista que el de la fuga.
Desde la frontera me puso un telegrama que interceptó la policía. Después no he vuelto a saber de él; espero, de un momento a
otro, carta suya, datada en algún país con el que no haya Tratado
de extradición.
El Juez instructor no ha conseguido hacer la menor luz en el sumario.
Y, sin embargo, o mucho me engaño-sólo la complicación innecesaria que en un ánimo policíaco susciten los folletines de ese
género, puede turbar la simple vista hasta el punto de hacer indesdfra ble la verdad en sus señales más claras.
El cadáver, en posición de decúbito supino, fué hallado entrada
ya la tarde del día siguiente. La dueña de la casa adujo en su descargo la frecuencia con que ocurría el que una pareja amorosa permaneciera silenciosamente recluíca horas y horas en aquel mismo
gabinete clandestino de cuarta plana, sin que a ella le fuera dado
permitirse curiosidad alguna que menoscabara la discreción en que
su clientela confiaba. Había oído, sí, a la hora del crimen sin duda,
cierto ruido como de persecución, rodar de sillas, y sofocados gritos
y risas. Pero lo estimó como amoroso Juego. El criminal, a quien no
había visto entrar, por voluntad de la asesinada que al contratar la
habitación exigió abrirle ella misma la puerta-cosa, en verdad, un
·tanto extraña, ya que suele ser la dama quien, en casos semejantes,
se recata, y el galán quien espera; pero, ¡son tan incongruentes las
exigencias ae los enamorados!-el criminal salió tan inopinadamente, que nadie en la casa-la dueña, una amiga corredora de alhajas
y la criada-se dieron cuenta de su huida.
Levantado el cadáver, y hecha la autopsia, los forenses dictamiC1.aron que babia muerto estrangulada.
58

LA PLUMA
La declaración de la duncella ent
.
e~ebrec16 más el misterio. Aseguraba la muchacha que ni 1 ,
1 d'
e menor disgusto pa ,
os ias anteriores al suceso l " 1· .
. recia empañar en
,
a 1e 1c1dad del m t ·
.
servia desde su instalación en M d ·ct
a nmomo, a quien
ª
ri • La noche ant
en la mesa para cenar el seño h b'
. .
es, sentados ya
•b
•
r a 1a rec1b1do u
t
o rec1 o no esperó siquiera el «boton
n~ car a, cuyo sobre
es&gt; del Continental que fué a
llevarla. El señor luego d 1 1
,
e eer a, había mirad
senora, que parecía muy risueña también
o muy sonriente a la
-Es un anónimo-había dicho el _·
.
cella entraba con la sopa.
senor, a tiempo que la don-

-¿Y no sabes de quién?-había c
go a reír los dos.
ontestado ella, rompiendo lueEn el registro judicial se encontró el a 6 .
tracto en mi primera declaració
fi
n nimo, que me fué mosLa esquela decía:
n, a n de que reconociera la letra.
«Tu mu·Jer te engaña. Soy yo quien te 1 •
de celos, porque te quiero s· .
o dice; yo, que estoy loca
¡
· 1 quieres detalle
os. Te espero en la calle de (
.1
s, manana puedo dárte'ód'
y aqu1 a calle y el ,
n icos han divulgado) L
numero que los pet
. a casa es de absolut
ti
roa e abriré la puerta. A las ocho.&gt;
a con anza. Yo misLos peritos calígrafos estuviero
.anónimo era de puño y letra d !In conformes conmigo en que el
e e a.

C. RIVAS CHBRIF

1 59

�LA PLUMA
sufre deseo de elevación y no aspiraciones mediocres, ni mucho menos
estériles compromisos.

LETRAS ITALIANAS
de nuestros escritores alguna
quisiera destacar ~e la ma;:s demás, y en cierto sentido
figura menos confundible qu~l var a cabo un esfuerzo nada
más expresiva, tendrla qu~enete -No existe hoy, como otra
común. y el por qué es ev1 ran ~rosista que domine sobre la
0
1
vez hemos ::t;::c::r :r~: :::::. s~:e!e ho[h:ntr:r::~::t:~s : ci::m~:
0
masa y dé
é de la desaparición de Goe
(p
a la influencia del
Ale_mania ~;~~:), que los escritores, a fin ~: ~:::~:e una concienc~a
temao un
uieren antes que na
consumen s10
gran poeta muerto, q
l t En tal rebusca se afanan y
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l
roblemas de ar e.
i las cosas, el momen
clara de os P
Claro que estando as
é
s de transide las poca
d
poco menos.
resulta o o
.
presenta los caracteres .
. en talentos criesencialmente tip1co y
mo hoy ha sido Italia tan nea fi bre de re.
N ca en efecto, co
.
s jóvenes tanta e
c1ón.- un ,
o se ha sentido en 1o.
el treintenio que
ticos: nunca comob~cZ: de investigación. M1entrasl e~gera navecilla de
·miento Y no
barcaban en ª
.
1 los escritores se em
nac1
d"do
~a o liviana ofrecida por
nos ha prece
'
n la fama pequen
ria1 . ·t· ción o se contentaban co
. rte de los jóvenes se asoma se
h la mayor p:i
l .ona· y el esa im1 a
un público amorfo, oy
d. lo desentraña, lo se ecc1
,
·t,limente al propio mundo, loe::~
abrasa en ellos todas_ las :::~:en
fuerzo es tan intens;e;:e~sta rebusca, este ansia, esta ~::s1::• quien las.
simpatia; como que reve
dades, y los cansa. . .
por lo demás asent1m1ento y
u1EN

;;da,

En los elementos supervivientes de la vieja generación (y digo vieja
por entendemos y distinguirla de la joven) la crítica nueva ha ido descubriendo en estos últimos tiempos valores auténticos que quedaban en
sombra; y esta tensión, esta afición a investigar son asimismo indicio de
seriedad: en cuanto se muestra evidente en los jóvenes el deseo, y aún
diríamos la necesidad de esclarecer a toda costa el pasado antes de buscar el porvenir, y de ver con lucidez el camino que los ingenios de ayer
han recorrido.
He aquí el caso de Albertazzi: Un escritor que produce desde hace
veinte años, solitario, encerrado, testarudo, en una forma de arte suya
que no halaga el gusto ajeno, antl!s bien lo irrita, humorista fino y comedido, clási!:o en las intenciones, seguro en la escritura, honrado. Renato
Serra, el joven crítico del grupo cvociano", fué el primero en darse cuenta; pero tal reconocimiento se ensancha ahora, y se ocupan de él otros
críticos de primer orden: Cecchi, Pancrazi, Tonelli, Spaini.-Hemos dicho
escritor clásico, y no retiramos el terrible y grande epíteto.-La palabra
tal vez responda imperfectamente al concepto que queremos expresar;
pero es, por otra parte, la más próxima, la más segura, la menos incierta.-El arte de Albertazzi, enteramente humano, compuesto, todo color,
es en efecto de los raros que obedecen a la tradición, en cuanto saben
mantenerse siempre en una linea de sobriedad, ya que no excelsa: con
caracteres netos y precisos en punto a la escritura, con toques leves y,
con todo, firmes, de!representación.-En suma, Albertazzi es, a diferencia
de otros muchos novelistas italianos de hoy, un verdadero escritor.-Las
novelas que Carducci no escribió, las ha escrito Panzini, ha dicho el propio Serra; pero nosotros diremos que las ha escrito Albertazzi. En efecto,
el arte de Panzini es harto nervioso, e incluso cuando grande, femenino de tono; de suerte que responde poco o nada al temperamento carducciano, firme, huesudo, rígido.
Albertazzi sí que se le parece; y no sólo en aquellas novelas que evocan mundos y lugares pasados y lejanos, sino también los modernos de la
1(

160
161

�LA PLUMA
LA PLUM A

. .
sin embargo nervio- sin nerviosidad Y
rente
·1· de Bolonia de Romana,
·onados· sin ímpetu apa
• .
todo, emoc1
•
E m1 1a,
sos· sin excesiva emoción y, con
; pesar de ello agilísimos.
·. es muy verdad que apenas_ eny De ahí nace la vena de Albertazzt, y . ro es sie,1,pre carducc1ana,
é abrevarse, pe
,cuentra luego otra agua en qu
.
de factura y de esqueleto: ,
l demás bien poco si en Albertazz; n~
Mas esta semejanza dma por. o
o humor que es comp eta
·
cunoso Y seren
s caracin"luso responde en su
existiera y personalis1mo, un
' yo de su temperamento; y q_ue - la que desde niño ha resmente su , .
l h dado vida, y en
tere!i fijos a la tierra que os a
d
buscan mepirado.
las cortas, cuan
nO
Sus novelas, y sobre todo sus nov:. os s"' desarrollan las más veces
dios históricos o resueltamen~e fantá:, 1c fi~l.-La lengua, aunque rot~, es
.
de Emilia labonosa, tenaz,
. ·embre ha recurndo a
en esa tierra
'
_ .d
Albertazz1 s1
.
,
ura,
de los escntore:;
·taliana·
y
por
anad1
la toscana, la 1
' '
italiana, amante como es .
las buenas fuentes del habla
.
los del diez y seis.
.
bre todo de los trecentlstas y
. l de la mayor parte de
antiguos, so
r desgracia, a
como, po d h"1spazos '{ muchas veces sorSu fantasía no es plana,
.
· a to a c
'
·
· a1os novelistas italianos, sino v1v ~ b. eran desechado, hieren la 1mag1~á
rendente.-Motivos que otros u 1 a de la nada aparentemente, P_ón de Albe,tazzi de tal suerte , que creé, nsele en complejas y azarosas.
&lt;:t
r ras trubraca(y es inútil investigar
•
l
zobulas deleitosísimas, y tramas ige
as ra
Pero lo que cuenta sobre todo en s~.º de conocer, de seccionar el hornnes de ello) es la necesidad d: estu iar,
d
no· y por eso,
. h la Humamdad.
bre, o mejor d ic o,
.ó está en segun o p1a . .
L
En su obra, toda otra preocupact n
estamos ante un clásico. . os
l éndo\o de que
,
rec1sadecía, nos convencemos ey .
\ hombre, porque \o ve1a~ ~
dásicos contemplaron esenc1al~~nte ~versal sin exciuir la esp1ntual. y
mente en el centro de toda la :1 a un and~ sonríe sobriamente ante sus
Albertazzi ama a los hombres, rncluso ~un sentimentalismos, sobrio y razocon un amor s1
defectos y manías; pero

°

1 .

nado.
t62

• *

*

El caso de Panzini es menos triste que el de Albertazzi. Es muy verdad que Panzini ha trabajado veinte años sin aceptación del público ni de
la critic:i-; pero desde el día en que Borgese, Cecchi, Serra, Prezzolini y
algún otro empezaron a estudiar su obra, Panzini ha avanzado mucho.
Discusiones críticas, concesiones periodísticas: y luego, la fama, un público que fué aumentando poco a poco, el acatamiento casi unánime de
la nación. Hoy Paozini es de los escritores más leídos y más gustados.
Hay ya quien habla de repeticiones, de cansancio y hasta de senilidad:
porque Panzini produce mucho, y los escaparates de las librerías tienen
siempre de muestra algún libro suyo. Pero Panzini no nos parece a nosotros en modo alguno cansado ni envejecido. Cierto que su arte no da
ya aquella clara y d iamantina poesía que admiramos en La lanterna dí
Diogene; pero por otra parte se ha reforzado y ensanchado; y mientras
en un tiempo se contentaba con coger apenas cierta tranquila poesía de
las cosas y de las vidas humildes, hoy, turgente, parece, por el contrario,
preocupado de los problemas esenciales de la vida, y trémulo se vierte
en dolientes elegías.- Sus últimos libros ll díavolo nella mza librería
(Moñdadori) y ll mondo erotando (Treves), no son novelas, sino páginas
líricas de sarcasmo y de pena, donde raramente el poeta se abandona a
las descripciones cristalinas de un tiempo, y solamente eleva su grito sobre las tristes consecuencias de la decadencia moral del siglo: por de contado, en páginas ligeras y perfectas como suyas.
Sea como quiera, este escritor está todavía vigoroso y con fuerzas, y
yerra quien lo cree al margen de su actividad. Yo &lt;liria más bien que,
prt:cisamente hoy, si logra la fuerza de síntesis que sólo los más grandes
tuvieron, su dolor, su ansia y su arte podrán confluir, límpidos, en una
obra orgánica y definitiva: en la verdadera obra maestra, en suma.

***
Pirandello no ha sufrido como Panzini una oscuridad de veinte años,
y mucho menos la durísima suerte de Albertazzi. No diremos que su fama
haya estado ha1&gt;ta ayer a la altura de sus méritos; pero es cierto que desde que se asomó al arte no le faltó la atención del público y de la critica;
r63

�•
LA PLUMA
y si en estos últimos tiempos su posición se ha reforzado y es considerado

como uno de los más grandes y nobles escritores italianos, débese sobre
todo a que ha dedicado últimamente su actividad al teatro, el cual, y no
sólo en Italia, tiene el mérito (o el inconveniente) de conducir a un escritor al contacto inmediato con la muchedumbre: contacto que lue~o se resuelve en ei aplauso y la fama.
Luigi Pirandello es un escritor casto. Y digo casto, no porque rehuya
las situaciones veristas ni haga ostentación de moralidad, sino porque yo
siento en él, como tal vez en ningún otro escritor moderno, una honradez
de intenciones muy rara hoy en dia. En efecto, aun cuando la poca fortutuna de sus primeros libros le sugerla que el camino para llegar al público
era muy otro, supo obstinarse en un tipo de arte escéptico, amargo, enervante, fiel a su temperamento, que le llevaba a verlo todo tras una lente
de desconfianza e incredulidad.
Cójanse sus primeros volúmenes y hojéense los últimos publicados por
los editores Battistelli y Treves, el Carnevau dei Morti y Tu Rldi. En
ellos está Pirandello con su sonrisa cortante, tras de sus personajes y sus
¡ áginas, con su obstinada y singular amargura que raramente encuentra
un filón de bondad, y a él se aferra.-Han tardado en llamarle maestro;
pero hoy dla, entre los novelistas italianos, él es ciertamente quien presenta sobre todos los demás una muchedumbre de figuras varia y numerosa; el que más se ha acercado, aunque sólo sea de pasada, a todos los
problemas del alma y del cerebro humano. Su arte no es llano, libre, fácil:
es triste y desconsolado: pero tanto más convence y llega a nuestro ánimo, cuanto más se abandona precisamente al espasmo de la negc1ción. Si,
alguna vez sentimos en sus novelas el sofisma; otra nos parece que sus
personajes han n~cido más del razonamiento que de la vida; pero hay
tanta originalidad, por lo demás, eu sus movimientos fantásticos y psicológicos y tanta coherencia, que el lector está dominado y vencido, incluso antes de que dude de la verosimilitud de lo que lee y oye.
Muchas discusiones ha suscitado también su teatro, por llevar a la escena personajes y acciones extrañamente, y aun dir!amos diabólicamente
trazados; pero pues que el arte es también malicia, además de instinto, su
164

LA PLUMA
teatro
.
. qu
. d responde a esa castidad d e conc1enc,a
'b
sm uda,• personal y nuevo • El est,·1o de Pira d 11e arn a declamos·, y es
.
n e o ¡cuán adherido está a
1a materia, a la sustancia de sus creac,onesl
D
d
llozante como es, puede sorprend
espe azado, roto, casi sobriedad clásicas· pe ·o •i bº
~r a un amante de la Unea y de la so'
" ien se mira nos da
ra podido expresarse de otro mod ,d
m~s cuenta de que no hubieº.' ~ que su construcción angustiosa
responde perfectamente a la
angustia V1sual y 5
• •
ta1, en una palabra, es su estilo.
ens1t1va del escritor: que

•••
y lleg~mos a los más jóvenes. Uno de 1
los más discutidos es Marino Mo tti E
os ~ás notados y también de
sorprendido nunca. Quien recuer;e ,"us ste_ escntor, en verdad, no nos ha
poesfas debió sentir en el Moretf d
primeras novelas y sus primera,
ser más tarde, lograda la madure l : ~nton~s lo que había de llegar a
ba los personajes delicados y s fz:d os veinte años Marino Moretti amaexc
ºó
u n os que a los tr · t
•
~pc1 n, sus personajes. y su arte
etn a y cinco son, sin
~ac10so, también hoy, aunque cada
ayer nos parecía delicado y
~steza, se nos muestra pequeño, humilde s veteado de melancolía y de
vierte en este escritor un sufi . .
. y' en el fondo, amargo. Se adno h bº
nm1ento continuo y pat t
. en e, como si la vida
u iese encontrado para él una hora b
¡°mo hombre, tiene el mismo carácter de uena, 01 hallado cario.o alguno.
s~ arte: tímido, bueno, incapaz
e hacer mal; una verdadera alma d
~arece nacido en época ajena a la su ea franciscano. Marino Moretti, que
tiempos vertiginosos que le ha
dy '. que no parece responder a los
re ·
n pro uc1do sufre
,.
b
,
, en e,ecto, como nadie·
P c1samente porque no tiene ti
y se ie ob ligado todos los d' uerza asta a.te fis ·tea 01· moral para luchar ,
retr~sado; como uno de esos1::;e:n; ntuevta renunci~. Yo le llamarla un'
· atrá s, a un paso más t(• .nd an o enfermizos Y cansados, que
la vida d eJa
pues que su arte es en cuanto hum~~ o _Y tardo que el de los más. Pero
un carácter, leemos a Moretti e
'. e srncero, y pues que tiene en fin
·
de niño, su casi calculada timºdon 5 impatia .y gusta
.
mos su tierna
dulzura
eoriqu
' ez, que lo distingue d 1 d
ece con contornos aunque i d .
e os emás, que lo
,
n ec1sos, personales. He aquí dos nue-

día~:

165

�•
LA PLUMA
LA PLUMA

,.

vos volúmenes suyos: La voce di Dio y Lestofanti (Treves), y he aqui
una vez más a sus personajes que parecen temblar de continuo con los
vendavales de fuera, como si estuvieran todos en un claustro o en una
estufa bien cerrada. l!Cuántos son ya los personajes de Marino Moretti?
Una muchedumbre: y si intentamos coordinarla, la vemos andar pesadfi.
y tarda, como una procesión religiosa, en una atmósfera indecisa, sin sol
y neblinosa: hombres, mujeres, niños, unidos todos por la cadena del dolor que por lo demás pesa sólo lo bastante para humedecer sus rostros
de lá~imas y dar a sus cuerpos un grave cansancio.

•••
Rosso di San Secondo no es todavia un escritor formado, pero no se
puede negar que es rico de posibilidades y susceptible de desarrollo.Yo prefiero este tipo de escritor, porque quien desde las primeras obras
se logra, ya se sabe la meta a que puede llegar; mientras que quien lucha, quien se afana, quien a cada paso se ve obligado a buscar el camino
que le parece haber perdido, ese, a mi t&gt;ntender, puede quizás no triunfar; pero si triunfa tiene ante si un espacio más vasto y horizontes menos
cerrados. Rosso di San Secondo es, por lo demás, uno de los escritores
bien dotados que no saben todavía su propio mundo. Ha dado ya a la
literatura narrativa y al teatro varios volúmenes y comedias, y ha conseguido un nombre envidiable. Pero por lo que hace al arte está todavia
por colocar. Ha dado, es verdad, en las Elel{ie a Marike, en Ponentino y
en otras páginas, discreta medida de su ingenio. Ha escrito una novela
sólida, La fuga, una comedia irónica,· Marlonette che pasione!; mas, en conjunto, es un escritor sin hacer todavia.-Del Occkio chi·uso (Bellini,
Roma) a lo commemoro Loletta y a la recentísima Festa delle Rose (Treves), ha progresado notablemente, pues en sus primeras síntesis dramá·
ticas se nadaba harto en la literatura; pero, sin embargo, no puede decirse en conciencia que tenga aún el dominio de S\J:S propios medios, que
sepa, en suma, lo que debe decir.
Es muy verdad que un escritor puede desperdiciar tres o cuatro años
o malgastar en experiencias cuatro o cinco volúmenes; pero me parece
166

que San Secondo
empieza a desperdiciar d emas1a
. d o. De la se "d d .
.
.
gun a , mcluso excesiva, de sus primeras páginas, a., 1a marcha mcoh
ña d e las últimas,
el
paso
es
ilógico
y
el
·
dº
.
erente
.
proce 1m1ento f tá · y extrapue
e
dec1r
en
sustancia
qué
se
pro
d
.
pone m. a d ónde va an st1co;
T' no se
aun en la rebusca, se afana todavía o
t bl
. a parar.- iembla
rituales con el mundo de fuera p p Ir es a _ecer ciertas relaciones espi. ero a relación no
¡
con claridad, y cuando cree habe r la a1canzado con i se e · revela. todavía
. .
un nada se la veda de nuevo co trº~é
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mprov1sada mtu1c1ón,
10
•
'
ns
n o o a desb d d · •
mverosímilmente extrañas· Con t od o, en estas pági a an a as !lógicas
o
.
das Y no satisfactorias se siente .
. .
n s, aunque equivoca'
viva Y casi simpática l fi
tor, y no se pierde la esperanza de ue a
ª. _gura del escridiapasón, cese en un momento d d q
p sada esta cns1s, ahora en su

a o.

••*
y detengámonos ahora un momento en otr .
. .
sa la crítica desde las columnas d
. º. Joven, que s1 bien profe.
e un gran d1ano roma
b
Y esencialmente
.
' poeta · Hablo d e E mi·uo Cecch1. En E no ~es, soá re todo
conocidos sus ensayos críticos· los ás b 11
..
spana ser n pronto
~anctis; pero, repito, Cecchi n~ est:todoeé~::m duda desp~és de los de
libro: La storla della leterattuY&lt; . le (T
sus ensayos m en su noble
tividad critica y de coment . -a ing. se reves), en las páginas de su acano, en suma La figura d
t .
muy otroa
. caracterese yesno
e Joven
. . relieve considerada en t o dos sus
¡
•¡ tiene
.
e 1 espmtual y el moral· En e~ect0 , 1os tiempos
.
,
os
u
timos
no le da
t 1
n, Y a vez no le
d arán nunca la razón precisam t
jano y anacrónico qu~ no pued;n e porque en su acción hay algo de letumbres de los hombres de h
~ngran:rse en modo alguno con las cosnas de un diario romano y oy. lomo , ~ dicho, habla desde las columºd
, , como os cnttcos de todo el
d
v1 ad periodlstica ha de versar
I
mun o, su acti ducción mediocre y a
d
' por o general, y perderse, sobre la propaga a que su país le da S ·
·
que ejercita esa profesión hu 'Id
.
. e1s o siete años hace ya
~
m1 e y tnste: y con todo
1
•
anos, nadie ha podido acus 1
d
,
' en se s o siete
dios, de concesiones p tiºóardo nunca e compromisos, de términos me• ar
e un punto el
·
¡
de tanto tiempo no se ha apart d
pnmer da y hoy, después
'
a o un centímetro de la línea que se im167

�LA PLUMA
puso. Tales firmeza y austeridad no han sido sin amarguras. Ahora bien,
como el lector comprenderá, si esa austeridad no tiene compensacion~s
inmediatas, es rica y densa de compensaciones intimas, y he aquí que un
día, en este joven contrito y severo que no ha pedido honores a la vida
ni a los hombres, que ha aguantado insultos y enemistades, he aquí, digo,
que despunta tlmida, pero segura, la obra poética, tl libro personal. Quien
comprenda cierta soledad augusta y cierta tenacidad, sabe ya lo que Emilio Cecchi puede haber dado en el libro susodicho, que se intitula Ptscí
Rossl (Vallecchi, Firenze). ~Qué ha dado? Una sensibilidad cargada y
constreñida, el dia que encuentra sú vena y trabajosamente descubre sus
raíces, ya se sabe cuán clara y segura puede ser, cuán rica de pensarnieato y densa de calorías, aunque Umida. Ptsci Rossi es un libro del
que no se puede hablar en una crónica breve, porque cada página, y aun
diremos cada palabra, es viva y justa. Además, no es libro de poeta,
libre y suelto, sino de un hombre que se afana dolorosamente en busca
de un mundo nuevo, y, lo que es más raro, habituado a las selecciones,
a las eliminaciones, a continuo y febril temor de lo supérfluo. Esta lucha
no persiste en todas las páginas; pero claro que en un nuevo libro ciertos
ataderos con la cultura, ciertos peligros de tropiezos y salidas falsas, que
todavía se transparentan, desaparecerán; y el poeta surgirá de su crisálida Hmpido y cristalino.-Pero, repito, más que en sus resultados inmediatos, hemos querido considerar hoy a Emilio Cecchi como problema
en desarrollo, y, as{ considerado, se puede declr en verdad que es de los
más interesantes y prometedores de nuestra generación.

MARIO PUCCINI
Memento.- Savi L"pes. Le orittini neo-latini (Hoepli-Milano). - Nicola
Moscardelli. L'ultima foglia (Vallecch1-Firenze).-V. Spinazula. L'artc di Dante
(Riccardo Ricciardi-Napoli).-G. D, Ruggiero. Storia della filosofía (LaterzaBari).-Edizioni Politúlu de •ll Soleo&gt; (Cittá di Castello).-G/i Scienziali ltaJiani (Nardeccbia-Roma).-f. Pastoru:lu. 11 Randagio (Mondadori-Roma).E. Bo11aiuti. Escursioni spirituali (G. Bardi-Roma).-A. Tilglur. Filosofi Antichi
(Athanor-Todi).-Ennini. Poeti epici latini (Istituto Calogerá-Roma).-Manzo,ú, Carteggic, (Hoepli-Milano).-Turri. Dante (Barbera-Firenze).-P. Barólra.
Quaderni di memorie (Barbéra-Firenze).-Corrado Ri&amp;ci, OrC::ed ombre dantesche (Lemonnier-Fireoze.-Lettere di S. Gerola1'W (Desclée-Roma).-E. Tret11s. Santo Frence1co (Battistelli-Firenze), etc.
168

ANDANDO
Dí lo mismo m la tOTTe

que en la choza del pobre:
la palabra que cueste,
nunca la que te sobre.

Paso de caracol,
lleva el sol,
Aprende:
marcha lenta y peremne.

Aquí, mata de trébol.
Allá, flor del espino.
Lefos,
un /ir,:o.

�LA PLUMA

LA PLUMA

A éste, la paz del día,

"Líbrete DZ:os...!" te dirá la gente.

y al ,tro el sombrerazo.

n,:os no te debe li"bra, de nada;

Al hada del sendero

ni del beso hedz·ondo, ni del filo del hacha.

todo, todo y aun algo.

Todo nos salva.

Cogerás de la nieve,

Un pantano podrúio,

porque tu corazón
se quen,a de otra suerte.

un bosque transparente,
lagos con barcarolas
mares con misereres

y cogerás la flama

atraviesa; de todo

de todos los saharas;

nos queda lo que debe.

porque los corazones

Porque al fin, el destino

se pasman
llegando a derta raya,

es llevar en elpecho,
acribillado el lirio
que brotó la mañana
de nuestro natalicio.

y hay que arrofarles
llamas.
No hay mayor alegría

La flor se desbarata

que cumplir lo temido:

lo mismo con el beso

posarás por la barra

que con la puñada.

del puente quebradizo.

170

17 0

•

�LA PLUMA

DE LAS MONTAÑAS
Así, como vosotras, en tl mitin
de ta naturaleza multifqrme;
junto al valle de almendros
y la fresca ladera
y ti río y los fardiºnes.
Así, como vosotras, en el mitin
de nubes y de soles,
siºn adornos, sin cambios,
en sobriedad eterna,
un tanto arisca. lefos
y por encima de nuestros te1ados.
J. MORBNO Vll.LA

... CASTILLO FAMOSO
embarullado y sin norte en lo material, a merced de
la improvisación en el ordenamiento exterior de su vida,
no está menos indeciso al borde de las rutas del espíritu.
Su cuerpo aumenta (leso es crecer?) con todo lo que, viniendo de otras partes, aquí se aglomera; pero aun no se le vé con
vigor propio sobrado para echar en el suelo raíces tan profundas
que no se puedan arrancar. ~o procede de dentro a fuera; toma lo
que le dan; engulle, pero no asimila ni depura. Toda novedad superficial es posible y se le abre un crédito proporcionado a su insolencia de advenediza. La mente de Madrid .se despierta ahora del sopor
infantil, y su curiosidad, que empieza a irritarse, se esparce en devaneos. Madrid recobra sangre, y goza sinti•ndose vivo, como el que
maltrecho y todo, se escapa de un trance de muerte. Si la villa se remoza, se alegrarán los nietos de mis amigos; de aquí a cincuenta
años, nacer o vivir en Madrid puede que sea nacer o vivir en alguna
parte. Sin coherencia ni densidad, al Madrid de hoy le falta el galardón de la madurez inteligente. Ni gusto, ni estilo.
A Madrid le cupo en suerte estilizar la decadencia de España; de
la gloria apenas si conoció más qu'! el orgullo, de la grandeza, el empaque, de la opulencia, el sinsabor de haberla disipado. La villa debía
de ser entonces horrenda, fosca a pesar de esta luz, pero destiló losresiduos de un espíritu ya amanerado y sutil, y ardió con una llama.
ADRID,

l7J

�LA PLUMA

.quizá venenosa, única: pocos espectáculos habrá visto el mundo
como el de aquella hoguera en que vino a suicidarse una civilización
peculiar, macerada por el fanatismo candente, por la guerra, y por el
aislamiento. Fué Madrid, sus ingenios, su gusto, su público, quien
redujo a líneas de arte ese mundo agonizante y su proyección profunda en el pasado. Quizá solo en aquel tiempo baya sido Madrid verdadera capital de España, y por ello una gran literatura nacional es,
de paso, por más "de un rasgo, madrileña. A través de esas obras
literaiias se vé muy bien al pueblo a que iban dirigidas, sobre todo
a través del teatro. Los mejores espíritus de la época arengaban
desde las tablas, y al avivar en el auditorio la memoria poetizada de
sentimientos y hechos colegidos en las gestas y en el ámbito nacionales, producíase la conmoción instantánea y contagiosa que solo la
palabra hablada suscita; el público no imponía su gusto en la mera
estructura formal, imponía su alma toda, quería contemplarse en
aquel espejo, y así, cada victoria del genio era el destello de una
conciencia despierta aún, que se acendraba, y que ansiaba perdurar
cuando ya apenas le restaba cuerpo donde albergarse. Por este hecho se mide el verdadero valor del advenimiento de la capital política a la primacía literaria; y como entonces no había un ágora, el
pueblo madrileño, apasionado por su teatro, entretuvo el hogar único
donde las esperanzas, los ensueños y los desvaríos del espíritu de la
gran familia ibérica hablaban en libertad. Prodújose el fenómeno
propio de las grandes épocas de unidad espiritual, que a veces sobrevive y a veces se adelanta a la dislocación o al agrupamiento territorial: hubo una materia poética común a todos los rangos de la
sensibilidad, y que, elaborada por los mejores con insuperable dignidad de estilo, era popular.
Madrid dimitió esa función presidencial en beneficiQ de nadie, o
.más bien se quedó sin asamblea en que presidir. Yo tengo escasa
174

LA PLUMA

afición a lo pintoresco, y al repasar la ten
.
dos siglos de estupor, muy cum lido
ue vida de Madrid en sus
leñas más preciadas lejos d
p
s, algunas de las flores madrila vida de España ,M d ºde envanec~rme, me humillan. Índice de
, a n se encogió s
hi 6
su propia salaa, y tuvo un or ullo de ' e ac c , recociéndose en
de hacer de la necesidad v!tud
pobre, ese orgullo que pretencomo para afrectar a quien n
y s~ revuelca en ella, y la exhibe
drid oficinesco y jacarandoso o ~e aviene ~ com~artirla. Fué el Masus fines, que decía· «De
~i~d cont~adictor interno, sin idea de
verlo.• El día en que .Mad ºd a n al cielo, y allí un agujerito para
n , encerrado en sus
t t .
.
que empezaban a disputarle la rim .
.
cua ro apias, vió
a un localismo rival n
d p acta, se d1ó tal vez cuenta de que
cendencia y que lo pl:bpue e op~n~rsele otro localismo sin trans.
'
eyo madnleno no debe
d
riosidad de barrio ja á
.
pasar e ser una cuE
, m s un valor de ctrculación nacional.
n las promesas actuales de re
. .
.
pruebas de nuestra buena vol t ~ac~m1e~to m~nle~o abundan las
acaso hagamos otra capital y ~~aª Es ~dn~ rev_1~e sm memoria, y
los valores esquilmado Co
pana sm visible soldadura con
s.
mo es hoy un islot
d
mundo en que apenas
f .
e a yacente a un
tor, quisiera empezar apart1c1pa, Madrid, para advenir a centro direc'"
en erarse y a no quedar •
. .
siempre mal. Pero le
ialta el archivo de la e
tumbos entre la ingen~~e~enci~, y anda sin tino ni contraste, dandG
llega, y le ocurre lo
a y e recelo. Tan pronto se pasa como no
do el hombre más p!uvee a_ldpaleto desconfiadillo y crédulo, que sienm o contra los timo
que se deje timar. Nótese el re
s'. apenas pasa día sin
oye el «argumento de cult
speto y veneración con que Madrid
·
ura•, aunque consista
¡
simple expresión verbal S 1 1
por o común en
. o o e argumento patriótico le aventaJ·a y
cuando luchan qu
t · t·ismo vence. Esa es la delan'
tera que les 11 , e no es raro' el pano
evamos a los pueblos se . bá b
cultura tiene tanta fu
.
m1- r aros, donde la idea de
erza que sirve para arrancarles en su nombre la

M

1 75

�LA PLUMA
independencia. La cultura en Madrid se emplea para todo: para rogar
que no se escupa, o lanzar una empresa industrial, o cohonestar la
pedantería, o defender un arte pedestre, o proscribir la jovialidad del
humor. Es broquel imperforable que sirve, cuando menos, para detener el primer golpe. Luego cada cual, puesta la ropa en salvo, nada
como puede. ¡Y qué de negocios hemos visto, que en otras partes se
contentarían con la etiqueta de su utilidad, autorizarse en Madrid
ante los pazguatos con las ínfulas de la cultura! Eso comprueba el
vigor del resorte, y le da a Madrid cierto viso de pueblo colonial.
Pero el simple respeto exterior y afectado es, si se compara tiempos
c◊n tiempos, una adquisición formidable, y lo mejor sería cultivarlo
hasta que cale y deje de ser el cobertor de un desdén profundo que
ya no se atreve a ser cínico. En rigor, la mente de Madrid no eo; aún
bastante.,,afilada para escindir y disecar las especies intelectuales, ni
las especies intelectuales mismas ~on aquí tan robustas y varias que
puedan ni necesiten combatir entre sí para que las mejores sobrevivan. Esto es lo que explica y disculpa la buena voluntad con que
Madrid se amolda a las con... 1usiones provisionales de los aprendices. En Madrid, el triunfo es de los que empiezan. Es que no hay
críti:::a, me dicen. Cierto; o más bien la crítica es proporcionada al
vigor de las obras que se producen. Un caletre bien formado y
amueblado, puesto a tasar Jo que hay aquí con un criterio valedero para más de seis meses, no tardaría en granjear fama de
caníbal. O por lo menos, tendría que degollar a muchos inocentes, cuando lo mejor es quizá dejar que sigan viviendo a
crédito hasta que sus esperanzas y las nuestras acaben por fructificar o se marchiten solas. Todo hombre que se parapeta detrás
de unas gafas y se recalza el sobaco con un cartapacio henchido de
papelotes, y calla, abrumado por la gravedad de sus descubrimientos
de principiante, me parece respetable, y estoy pronto a seguirle una

LA PLUMA
vez y otra hasta los bordes de los Mediter .
.
hace, por lo común Madrid
raneos que mvente. Así
.
'
' que no se acuerda de
d
sm cesar a la experiencia fatigosa de un
. ~ª- a, y retorna
aprend1zaJe mtt"rminable.
Madrid descubre cada lustro . 1
, mc uso cada año el
la santidad, el poderío, y se aco e
. • amor, 1a am bición,
nal obligatorio que el corazón _g gustoso sm otra espera al doctrivida le duele como un chasco Jovedn PS~omulga. Cada lección de la
.
pesa o. 1 sus guías no t d
n guar que no hay cerros en Úbeda· ue
ar an en aveque las nieblas llegan puntuales a'I q
las lechuza~ son blancas;
todo, este no es un país tan mal obe;mpezar Bru~ar~o (después de
marismo, se llama a enga ·o L g
nado), Madnd, mcapaz de hun • es vuelve la espald
abandonados gastan la ma t .
a, Y 1os maestros
.
es na en probar que s
ó ·¡
Jan en pureza a los a etitos de
us m v 1 es aventaMadrid no aprende lu ex . lo~ prede~esores que fracasaron. Pero
.
penenc1a es discontinua L
en el punto de partida. y habiendo oído
. o repone todo
voz trémt1Ja
,
preguntar tantas veces con
por q~é están las dos osas
de banarse en el mar siempre medrosas

no se le ha ocurrido, para poner a
_'
mandar a la escuela a los
prue'Ja la calidad del lirismo.
ignorancia de la astr )no ~re~ntantes, no sea que se trate de simple
sado que está por nacer~ 1a. ero ese sería el Madrid docto y avi-

BL PASBANTB BN CORTB

e

p

ti)

176
1 .1

1 77

�LA PLUMA

cSn el rincón mostraban sus perfiles austeros
'Gestigos del heroico simbolismo de ayer,
'Y entre una paralela de epígramas fumaban
C:uatro femmes savantes ajenas a EMoliére.

AL POETA ARGENTINO EVAR MENDEZ
..,.
te he evocado esta noche en París
-.:,var, •
· ya,
GJ
l f'1' ,t que te ad"zvzna

eon le pnnce
;,; ar,z c:r◄
l
t
b
confrére te saludan os va es

cSn la niebla fluyente de los vasos pletóricos
9Je ca/é, de cerveza, de ilusión o de geen
;i)ibujó la voluta los enérgicos rasgos
9Je una cara silueta: ¿9?.ictus era o ;Joaquín?

0

'Y
como a ueln.
la «Closerie de .lilas»
G.ue gestan g orza en

- sentimentales, de
.
cu bl, de tus vemte
anos
cfl,a
J
t u es,'
•'uerzo y tu gran
p le ios de 0nsueño, ue
&lt;Gas a ac
h or el arte que amabas
cSinceridad de luc a P_ d 9l uel Pauvre Lelian...
9l traves de la magza e q
• ·tas a la .luna
'° t , tus complicadas vzsz
,
\.;On e . , l reino de l a misan
· t ropza
'JI tu excurszon a
. dote una
, te salvaron las musas dan
,
'Y como
.
d . Primavera, Poesza ...
fllor en Ma1, que es eczr
· tas precoces
9lllí estaban algunos d adazs
a11
,
l . l ue les daba c1,wnon.,
Con sus ~ubes
s~ agitaron libérrimas,
.tas han e~asle '°h l O » fR.oberto y 9lbsalón.
flaltabas tu Y e « \.; u '

J;9/,~:

flverio trajo en sus ojos dormilones y lúcidos
.Ca seda incomparable de su bella amistad
'Y oyó en lenguaje eslavo reverencias la obra
;i)e ffngenieros, poeta de una nueva verdad.·
Cf;rajo el vizconde el dardo de su fina ironía
flJerard su fantasía, su pluma 9)'/;sparhés,
'Yo traje en mi recuerdo .Ca Pua y .Ca &lt;:Siringa
'Y fMonsegur y Crespo trajeron su ajedrez.
flrente al poeta jóven que cenó cien estrellas
flJebiendo luego el lírico licor en el caJé:J
'lin estudiante pálido nos recordó en su jerga·flue así inzció sus años el glorioso !l)onnay.~--

-·~

.Ca pléyade entusiasta puso en tensión ¡~;·;,das
!De oro de la lira... cSurgióJEMoreas, CVerlaine...
179

�LA PLUMA
LA PLUMA

!Paul flort melodizaba sus sencillas leyendas
Yo recité a .Cugones, a ff{errera y a 9?..ubén.
~obre la brisa eólica que aligeró la atmós(era
Cargada de quimeras, de humo azul, de pasión,
~intióse imponderable en sus alas inmensas
.Ca música del viento que desala ~anón.
Pues viejos cancioneros, bardos ilustres, críticos,.
flilóso/os que inquieren nuestra razón de ser,
{;uardan fresco el espíritu y el corazón alegre
Con la luz que proyecta sobre ellos la mujer.
:Dos hastiados misóginos en agudas saetas,
Concretaron la oculta potencia de su spleen,
Un futurista ameno negó a 93ergson, y un sabio
:Dijo que el infinito tendrá algún día fin.
fl&lt;.arys, hindú sereno, sostuvo ideas graves
t2ue ~are 'Galo!f, el vate ruso, oyó y aplaudió
Y ante madame Orlo/f que vivia cien éxtasis
fliloso/aba el verbo sutil de ~ercereau.

91,lguien lloró al poeta con t
tlue al punto su sollo
h. an honda emoción
P
a1
zo se zzo gr
ura -viher el ~uerte
l
ave,Y total:
a,
/4
esca tor que
l .
.¿ouscó y hall ' l
en e marmol
o as manos de la Marcha Nupcial.
Cuando cesa la orquesta d, l
'G'rás de la dicha al
e as almas los ióvenes
'Yo me d" . .
t' egres y ruidosos se van
zrz10 so o como anf .
,
fMe asiste en el cami l lana a mz casa,
no a uz de 9Udeharán.

'!f.

pues que tu recuerdo me ac
-•
!Poetzca que quiso regalarme !Pi ompano en la noche
'Y puesto que d, [/¡
.
aul flort,
fl.ue sabe del ;;ac: ~a;cza tu sensibilidad
r, e amor, del dolor...
'Y tienes una lira ar
!Para soñar y vives t p la ~antar y un alma
'be envío con la pros: g. .ºrz~ en un rincón,
P
•
szn rztmo de · • l
..La Joven /ortaleza de . . .
mz epzsto a
mz vze1a a/ección.
VICBNTB .MARTINBZ CUIT~O
París, Febrero

Ciencia y literatura, pintura y escultura,
'Godo el bagaie lírico de tu t2uartier .Catín
~e estremeció un instante cuando una voz adusta
!Pronunció en la velada el nombre· de fRubén.
180

1921.

�LA PLUMA
de los predominantes en la crítica de la sociedad española al comenzar el

LIBROS y REVISTAS

siglo.
Quien pretenda orientarse en lo que acerca de España y de sus destinos se
ha pensado y escrito por los españoles contemporáneamente al desastre, as(
como en los años que más de cerca le siguieron, advertirá que toda aquella
producción, en su fase puramente crítica, si tiene hoy un valor documental e
informativo, puesto que nos revela un estado de conciencia ya histórico, no
puede imponérsenos por el vigor de sus conclusiones ni, menos aún, por la
autoridad de sus métodos. Lo primero que hicieron «algunos» buenos españoles en aquel trance fué naturalmente chillar, enfurecerse, o plañir, y rasgarse las vestiduras. Pero fueron solo algunos. Si su escaso námero, y la sordera com6n, los inutilizaron como i.ombres de acci6n, la falta de reposo y la
turbación del alma (causada por \a noble angustia ante el presunto aniquilamiento inminente de Espada) no les preparaban mejor para una crítica s6lida,
que exige tiempo y postula la esperanza. Con un pie en la acción politica inmediata, y otro en la filosofía de la historia y en la crítica, se corre mucho peligro de no hacer en ninguno de los dos campos cosa de provecho. La perdición
del español moderno, que es no saber o no poder partir como se debe las vocaciones y no acertar a realizarse plenamente dentro de los limites escogidos,
no perdonó a los pioneers de la regeneración nacional. Sus escritos son en demasía turbulentos y están contaminados de arbitrismo; muchas de sus conclusiones las contaría maese Nicolás, el barbero, entre los «advertimientos impertinentes que se suelen dar a los príncipes». En rig•r, los inventores y propugnadores del europeísmo dejaron tras de sí una obra que, en conjunto, es lo
menos europea posible.
Refiriéndose a Costa, Araquistain echa de menos un serio estudio crítico
de la obra del cleón de Graus,. Estudio difícil, porque la producción de Costa
es múltiple y desigual; estudio que para ser completo y veraz, debería explicar
la obra por el hombre, puesto que lo descomunal en Costa fué el c:irácter.
Se ha hablado de levantar el mausoleo de Costa en la cima del Moncayo. Bien;
pero del .Moncayo mismo se sabe qué altitud tiene y de qué materiales está
hecho. Yo no quisiera escribir (porque no lo pienso) nada que parezca irrespetuoso para Costa. Vivió como un héroe. Fué el corazón español lacerado. .:Encarnó una España llena de honradez y de buena fe, que aspiraba fervorosamente a salvarse sin salir demasiado de sus antiguos quicios. Su formación
historicista y su temperamento excesivamente conservador prestan un alcance
insospechado a su idea de «reconstitución». Costa pasa por haber arrinconado
ciertos chirimbolos histórioos de que se había hecho un uso desmedido; quizá
sea así; pero otros le eran caros, y le emocionaban, sólo por su prestigio espaliol. Costa, como todos los espaiioles de s..1 tiempo (¿llegan a dos las excepciones?), fué también un sorprendido, un desengañado; en su inmenso coruón, el
fracaso despert6 ecos formidables; pero el atrezzo oratorio del siglo XIX ocupa
todavía harto sitio en su alma: se vé que hay demasiada batalla de Villalar, demasiadas Cortes de Castilla, demasiado Justicia de Aragón... Y acaso también
demasiada confianza en el leal entender y en la cordura de capa parda de los
honrados varones concejiles. En suma: la solidez de su punto de vista histórico
113

�LA PLUMA

,.

y la eficacia del resorte moral que pretendía disparar nos parecen muy discutibles. ,Costa-observa Araquistain-sintió profundamente la emoción de España y de lo español...; pero se le escapó lo genérico humano•. Me inclino a
darle la razón, a pesar de que Co11ta repite mucho: ,Antes libres que solventes, antes hombres que españoles•, porque probablemente solo quería expresar con eso la rebelión contra el Estado oligárquico y caciquil. Menos dudoso
es que el programa de Co3ta, despensa y escuela, no pasa de ser una fórmula
previa, preñada de cuestiones capitales, de los verdaderos problemas. Araquistain se pregunta: «¿Qué escuela quería Costa? ¿Y cómo yeía la distribución
de la riqueza?» Con la respuesta a tales preguntas se mide todo lo que hoy nos
separa de aquel hombre. En general, la violencia y la minuciosidad de la visión inmediata que Costa obtiene de las cosas, le achican el horizonte; ta1 es
la plasticidad de su imaginación, que todo se representa en ella con relieve doloroso; de ahí su estertor, sus urgentes clamores, y la asignación de plazos brevísimos para el hundimiento total de España; la futil superficialidad de ciertos
e remedios• quizá viene también de la ansiedad que no admite espera: resulta
que España ha de salvarse por obra del Estado (unas Cortes, unos jueces), el
c1;1al necesitará salvarse primero a sí propio mediante un esfuerzo cuyos mó•
viles y trámites no se veo muy claros. En lo alto, como garantía intangible,
está el «cirujano de hierro•; su función consiste, en último término, en ~uplir
la conciencia colectiva de sus compatriotas.
El criterio con que Araqui11tain. se aplica a j11zgar las cosas de España (criterio que no es solo personal, sino expresivo de lo que significa actualmente
el europefsmo) difiere del de Costa por más de una razón. Su preocupación
dominante es el hombre: el fin de toda acción pública, de toda política, C6 elevar ilimitadamente la dignidad de cada individuo. En el caso de España, son
aceptables los caminos que conduzcan a establecer la equivalencia entre lo
español y lo humano: que lo específico nacional no sea una minoración de valores universales o un estorbo para percibirlos. En el orden:político, ese liberalismo se realiza mejor que nada por la democracia. Araquistain, que en política es socialista militante, ve en el socialismo cun retorno a lo elemental por
entre la maraña de las desviaciones históricas•. cEl socialismo -aiiade-, como
todo grao movimiento espiritual, parte de la idea de humar.idad para coocluír
en el individuo concreto y físico, pasando por la nación étnica y geográfica•.
Ese modo de anteponer la categoría de humanidad a la categoría nacional, y
esa consideración superior del movimiento ascensional del proletariado (prescindiendo aquí de lo que sea meramente esp{ritu de partido o de clase), movimiento que Costa no ponderó como era debido, son, cuando se refieren a los
problemas de España, dos rectificaciones importantes al costismo. Pero hay
otra quizá más profunda; consiste en fiar menos en una revolución constitucional y política que en la transformación moral del individuo, en nuestro caso,
del español. Cuando se tiene del carácter nacional la idea que Araquistain expoae en los &lt;iltimos capítulos de su libro, no se puede poner mucha espcrania
en el milagro de una convulsión social, aunque de ella salga abolida la propiedad.
,Atonía del sentido moral para todo lo que cae fuera de la órbita doméstica•:
tal es la dolencia española. Y eso ¿cómo se cura? No será por la coerción extc184

LA PLUMA
rior. Araquistain
. se da así la mano con quie
~gra_ron h. ero1camente la vida (con h
, nes_. p_ensando en otra España conc1ón
mtenor del. hombre nuevo• y o no
ero1smo
d1st10to
ro'
A a · t ·
estoy Je·
d del de Costa) a la ,,
rma_r qu1s am; y s1 uno se pone a catalo
J OS
e com:;&gt;artir la opinión de
v;erte que todos los propósitos desiote gar Jªs observaciones personales, ada canee de nuestros ojos han e
. resa os que se han ido tronchand
comEo por ser frívolos, o' pueri)e;e~,~~ nf tanto por ser estúpidos los gesto~cª!
. sa preocupación moral do0::ina cr ener e~ ~1 corazón una cloaca.
viene que este su libro despierte en el etl cspmtu d_c Araquistain y de ella
ce or resonancias graves.
M. A.

f

•••
Zonobia Camprabi de Jlménez J
Esjada, traducciones.-I. JinetesyLA~anl Ramón Jlménez: El Yirasol ., la
'
,._za e ma,· de Job.o B S
J
Nunca como ahora se han vi~to los e
'
. yngc.
ta;;t colmados_de traducciones. A juzgar sC:pF~es de las librerías españolas
e_ /r~s, pud1e~a creerse en una cxplos[ó r da c~an_da que de ellas hacen los
f~~a°E el afán 10tcrnacionalista caractcrí~ti~: c~n~s1dad en el_ púb!ico, contauropa. Mas son tales el desconcie
e ª producción literaria de
~e obras extr_anjcras y la falta de criteri~to en que se multiplican las ediciones
e a su elección, que luego se echa d
he, salvo raras excepciones presi
ra!1cia no se debe sino a la escasa r~ ver . asta qu~ punto semejantt- 'exube:
~1c~ que para el editor supone la idqi~~~~~n
y.ª la ventaja econó1 1 n desplanola
an¡eros.
e a propiedad de títulos ex
r De ahí q uc 1a ¡abor en c..c se r d
cothlabToración con su esposa ~~s ob.:~af.udan
IRamó'?' Jiménez, cuya de0
rana
agorc sigoifi
'
a versión modelo d R
~~~ctor quizás no'advier~u;,;J~~~/:¡~~rf;pccció; en_ cada caso, algo má~
er que de e llo depende en much
' ero_ ª~ importante a nuestro el!falta suele mostrarse la producción / parte la d1gn1dad litcrari;. de que tan
~f~ ~~: m~lgtastado muchas palabras ~~~~·c1!:!p~!~ idcl tordpchabuso pcriodístid
micn o a la atención del lector
ecua o a menester ahora
,:d. Córrese el riesgo si no, de que vo~=~r qu~ las ~es~ituya su prístina clari. reza, moral, cuando referidos al ar
. os 1nsushtu1blcs, como conciencia
b1~~ la moral arlistica de Juan Ram¿~ rcrgan toda eficacia expresiva. Ahor~
na ' ad en las letras españolas sus r
im ~ez_ d~fine de tal modc; su perso_dan tan singular relieve ¡ su ac~~~~~clnnc1p1os deri_vados de la Dclleza
vure~~os que mejor expliquen la serena ar!~~~ca de vc10te año~, qnc no hay
•
en que su obra se deseoni •No serán• pues, nunca sus traducciooc
mucho menos apartamiento del ca . s mer? ~escanso de la labor original
prolongación de aquella, y hasta~'~¡° pro¡1c!o a su inspiración, sino natu:
mana, como si quisiera ayuda 1
~ra ec1rsc que su explicación más
cruzada por el triunfo del esp(ri;ucsib:~P;f hcsfudcrlzo ~on el ajeno en la común
u e a berra.

~f:1ª
1

{;'ºª

;:1

q:~

�..
LA PLUMA

LA PLUMA
Inauguran con Jineles hacia el mar Zcnobia Ca~prubí y Juan Ra~ón Jimé•
nez una nueva serie de traducciones, cuyo solo utulo general El 'J,,-ast1l y la
Espada dice más oon s11gestiva concisión que cien páginas de advertencias y
progra:nas. El nombre de Synge, la boga de cuyos dramas ha trascendido a
Europa no ha mucho, es desconocido en España. Un grupo de a1!cionados y
actores incipientes :preparan para .muy en breve la reprcsentac1ó_n de este
cuadro trágico en que alienta el espíritu heroico_ de esa Irlanda, q~izás menos
enigmática para un público español que para el rn_glés. Teatro poético en toda
su excelsitud, no se diluyen los caracteres dramáucos en vaguedad de ensueño
sin evocación posible en la escena¡ antes bi_en, hieren dire~tament~ _nuestro
sentimiento con la representación escueta, simple, de la realidad estilizada en
los menudos pormenores cotidianos que llenan la secular gravedad del
tiempo.
.
.
Escrito Riders to tite sea en una a manera de deformación poética de un
dialecto gaélico, han procurado sobre todo los traductores_ la fidel!d~d literal,
sin adaptarla a ninguni, modalidad popular española que c1rcunscn~1era a ?e•
terminada región, en el ánimo del lector o del _espectad&lt;?r, el ª~J?ho sentido
humano de esta tragedia, en que la muerte gobierna la vida trad1c1onal de sus
personajes, no ya con la vaga fatalidad, un tanto literaria, de los dramas de
Maeterlinck, sino con esa su terrible pr&lt;'sencia de todos los días.
C.R. C.

***
Eduardo MarqaJna: E.I beso en la herida.-Novela.-Estrella, Madrid

}:i

•••
Aa«a.to Strlndbcrg: Da,ua Macabra
Publicaciones «España•, Madrid

19~0.

Escriia acaso con el pie forzado impuesto por el editor a la serie de •Novelas para mujeres• en que ésta se incluye, revélascnos una vez má~ patente el
esfuerzo de trabajador incansable con que Eduardo Marquina, líneo, drama•
turgo, novelista, multiplica su activida? literaria.
.
.
Adviértese en todas sus obras un smcero afán de comu01cac1ón con el púb!ico, empeño en que suelen fracasar la mayor parte de los e~crito~es, por
desestimiento voluntario y altivo unas veces de la menor trans1genc1a, de la
menor abdicación personal en aras de la mutua comprensión¡ por el deseo
exagerado las más de obtener el aplauso _aun ~ cost~ ?el propio sentir. Mar•
quina se propone honradamente la conv1venc1a esp1ntual con el lector, con el
espectador, concediéndoles sí, desde luego, el derecho a la amenidad de la novela o el drama que ofrece a su consideración, pero sin renegar del lirismo,
de la presencia del poeta que dignifica cuanto toca.
El beso en la herida es, pues, una novela eminentemente romántica, pese al
ambiente natural en que sus amorosas peripecias se desarrollan. Romántica,
en cuanto al autor, sin rebozo, exalta a conciencia la abnegación de una mujer
wwrena y slfJillana, destacandú la pasión en que se consume la protagonista
sobre el sencillo cuadro de la vida diaria. Romántica .además en cuanto al procedimiento del novelista, que parece haber querido imponer al lector un ritmo
acelerado a medida que la narración avanza, disimulando el drama que ha de
estallar luego, bajo los claros tonos, la limpidez del aire, el grato olor a Sevilla
186

J

de la primera parte cuya com
• •
cia de Valera, para preci itars~O 1C16 n nos recuerda a veces la alambicada gras11cesión de acontecimie!tos rá i~spufs conforme la a~ci6n transcurre en una·
mente acumulados, como en
amente expu_eSt os e mcluso melodramática1
Alarcón o de Fernán Caballero. l\~e~~~Jraasm~rtéticas de D._ Pedro Antonio de
parezcan falsos inventados si . .
. icamente, decimos, no porque nos
n_eos, e~to es, p¿r reducidos.' pa~ ~~s:~~ca~~ó¡° huma_na, sino por extemporáCJO de tiempo breve en realidad
gu ª emoción del lector, a un espalando en la lenta progresión de 1~:ra t~n gran des~arga como se ha ido acumu-·
el romanticismo de Et beso en la he,-~;rtulos anteriores. En resumidas cuentas,
sobrado de la que tan fielmente a areceno se nos m~estra_ falto de vida, i;ino,
rcl11s, bt'llos frescos, firmes 6leot ta en sus pá;1?as pmtada-lindas acuac~mo el de la gitanilla plañidera s~brel eta! belhs1mo apunte al agud fuerte,
misma, contada por la gente ue l .
e cadáve~ de_ Almudena-. La vida
el p_oetA dramático, cuya nob~ in:e~~:ó~T~l ei91a historia, espiritualizada por
capitulo, sacados del Shakespeare de Ot ¡, ~e ªJ;n los versos que glosa cada
La 1 empestad y, sobre todo de e,
e ~: e 0 ~ 0 Y ~u_lieta, de Ha,,,/et, de
'
omo gus1t:1s, espeJO de hnsmo dramático.
C. R. C.

192

;.-

T rad

.

uccióo de Manuel Pedroso. _

Coincidiendo con &lt;'1 anuncio de la í
~ el Teatro de la Princesa ha inau ur;acasada cor_npañía dramática alemana
rial, dando la primera versión caste,1 d~ sus pubhcac1ones esta nueva editoq~e demuestra la persistencia en sus ªºIt
e un/fª~ª de Strindberg. Elección
huo del semanario España el mirad e I ores e mismo propósito loable que
una curiosidad mal avenida con el aº: eu~opeo ~e cuantos españoles sienten
Es lástima que el buen aficion d
o ambiente nacional.
probar con la representación esc~nfc! ~ea;ro no haya tenido ocasión de coma buen seguro para el lector que b
e e ecto de la lectura, desconcertante
agrado de la facilidad.
usque ante todo en una obra iiteraria, el
No es, sin embargo, Danza .A:facabra un d
rama.oscuro. Por el contrario, los
1:3racteres muéstranse tao descarnados
t!camente, que nos sobreco en el án. por 1a p~s16n 9ue los gobierna dramáSino con la fatalidad implac:ble de 1~:o n~ c?n irrealidad de fantasmas vagos,
en toda su desnuda crueldad.
sentimientos humanos puestos en juego
El espectáculo de la vida exa b d
.
en.el que el Mal triunfa ioclus~ ~r 1 ~ en un confh_cto ~e terrible sencillez,
ahí toda la tragedia. Horrible e
upre~a purificac1ón de la muerte. He
espíritu como toda concep&lt;.iónpe:~oª? ldepres1va~ao!es bien, fortalecedora del
La composición del drama a ri~a _me?te pe mista. .
severa línea de los sentimientos pu
".1~ta desproporcionada, se ajusta a la
el desequilibrio aparente, efecto de~ ~6:_1g10ao ~on un rigor tal que justifica
a .,1ca estricta con que se desarrolJa la.

ºyª

!

tª

187

�LA PLUMA
acción lenta, saturada de reservas diná:nicas, que hacen inevitable la explosión
'final de cada acto y armónica la relación total de las escenas, desmedidas a
fuerza de agotar el dramaturgo toda la capacidad de pasión-de mala pasiónde sus personajes.
Creciente la boga de Strincfüerg en el Norte de Europa de la guerra a la
fecha, llenos los teatros de Alemania del gran público que acude a las representaciones de sus obras, cuya actualidad ha llegado este año incluso a París
-donde el teatro extranjero suele obtener pocos sufragios, quizás por la perfecta adecuación del propio al ambiente francés-, la publicación de Dansa
Macabra revela el prurito digno de encomio de continuar la obra de España,
al tanto siempre de las modalidades exóticas susceptibles de ejercer una influencia renovadora en nuestro público y en nuestros escritores.
c. R. c.

**•
Ja.an de la Bocina: Los Maestros del Arfe Moderno. l. De Incres a TouJou,eLautnc.-Madrid, Calleja.
Reunidos en volumen, que tendrá adccuaaa continuación en otro próximo,
cobran estos artículos periodísticos toda la significación que su autor se propuso al escribirlos. Leídos en serie se nos muestra mejor la intención del cr(tico, supeditada en cada caso a un concepto estético, en modo alguno abstracto
ni puramente especulativo, antes bien fundado en la interpretación lógica de
las obras que considera. Además, esta consideración y aquel concepto, enderezados no ya a construir ninguna teoría sistemática, sino simplemente a exponer ante el profano las causas y efectos inmediatos del arte contemporáneo,
pretenden ante todo dar a los hechos su plenitud, revelándolos no en su anatomía, minuciosamente desligados, vacíos de su propio aliento, mas coa la apariencia, el color, la animación de la vida misma.
Constituyen este primer volumen hasta veintidós semblanzas de los pintores y escultores cuya obra determina las corrientes artísticas más importantes
del pasado siglo: Oc lngrcs a Toulouse-Lautrec, los uombres de Corot, Dclacroix, Courbet, Puvis de Chav~nncs, Mcunicr, Manet, Rops. Degas, \Vhistlcr,
.Fantin-Latour, Rodin, Odilon Rcdon, Monct, Pisarro, Sisley, Renoir, Cézanne
Gauguin, Carriérc y Van Gogh son, cuándo jalones de etapas netamente definidas en la historia del arte, cuándo simples puntos de referencia en que apoy.a.r
la visión crítica del arte contemporáneo. No se propone Juan de la Encina
ningún empeño erudito, sí solo divulgar, interpretando a los ojos del público
su significación, las teorías en que los artistas encauzan el prurito de expansión espiritual. ¿Qué carácter, qué íntimo sentido tienen el academicismo de
lngres o la romántica exaltación de Dclacroix? ¿Cómo se explica la gran conq11ista de la luz por lo? pintores impresionistas y el audaz retorno al concepto
grávido de la representación plástica, que implican las tendencias ahora predominantes? ¿Hasta qué punto se funden y triunfan en superior armonía de
contrarios las dircccionc::s más opuestas en principio? ¿De qué suerte se influ:-yen mutuamente medios técnicos inventados con muy diferente propósito del
188

LA PLUMA
fin estético a que luego sirve ? ·Q
~as :e~c•b·ones ~~rendidas deci~e~ l~ép~~nud~J indcidencias, qué azares ajenos a
~n e a or cntica no es menester
ucc1 n e la obra maestrar ¿Qué consuda per la torpe repetición acadé:rra con~ervar una tradición pura, ervergentes a las nuevas auroras&gt; ·Qué ca,_abnendo todos los días los ojof de 1
de los artistas en lucha con ·el
d~nsenanzas se desprenden de la vida he o·ªs
l~s de l~s -~anifestaciones liter1:r~a~ºo ambi~n~c? ¿Qué transfusiones espir:t~~~
!~~~~t~:::tª11 en ocasiones pcrnicios:1:;~~~s~~:ce!u :ipoác~
predstan.
singular
mmo
e pmtores
y
Tales son algunas de las consider .
tura de los amenos artículos de J
ac1ones que al aficionado sugiere la 1
nas afean tal cual descuido en el
de la Encina, cuya limpidez literaria a e~=
voca-dt tan li~eral-al traducir los
alg~na que otra interpretación eciuíque errores fácilmente subsanables en do_s.
e alguno~ cuadros, erratas más
e 1c1ones sucesivas.
C. R. C.

~!~u

tgJ

c. R. c.

�LA PLUMA

LA PL UfMA
,

. o al texto impreso de una (a-

ción a Dario.-No a Dano, srn E el último número de
Una c&lt;;&gt;rrec . La haila,'ina de los ji~s &lt;fesnudos. Cdo provisional-nuestro

mosa poesia ~uya.
a la palabra último un sen I
vidcntemenEspaña-y quE1s1é_ramobt::.canedo señalaba el erro~ cor: ~~::ora de aquella
colaborador nnquc . . 6 en El canto errante la prunc
te a su juicio, se ,mpnm1
composición:
Iba en un ¡aso rttmico y felino
A auances dulces, áriles o ~u'!4s,
C•n airo de animal y de d1vmo
La bailarina de los jies desnudos.

. fi . y al hacer la indica1 t xto repite e1mo. •
d
1·m•
En vez dcbl a~jc~i;~:~:r~:fa~
coerrección que su_g~~~mo; :º:¡
de
0
ción, apunta a,e c
or la economí l de la compos1c1 ' al 0 uien por habérpucsta, más aun qu~ fa hemos visto así. Qu~siéramos 9-~e arime~tc o en ma•
·toda ella. Pero nunc
haberla visto unpresa ongm.
sela oído decir _al poetafio p~: o invalidara nuestra hipótesis¡- El primero es
nuscrito aut~ntic?, c~n :alidad han venido luego a confirmar ª~ticular a DíezDos testimo01osllo~quín D. Juan Alcover, que, en c~rt~oi de Miramar, la
,del noble p~eta ma
n el oeta una tarde en un _mira ue fué por cierto
Canedo le dice: «Pasé coen M~llorca· entrevista inolv1dab_le
d de un ocaso
segu~da v; que écs~~vfargo silcncio'impucsto porJa ~bhfo~ ~os recordamos
la últ1i:nª· cspu ~zo palidecer intcosam~ntc a
~~ilarina de los pies des•
rmarav11loso,. que .
Darío recitó preosamcnte a d ·t dice:
versos propios y a1cn1~·
verso de la estrofa que uste c1 a
.nudos, y, en efecto, e ercer
..
Con algo de animal y de dmno.•
.
.
a la memoria unos
l
rta de Alcovcr, se oos v,1cnenal
lur. son los
Al citar este trozf de
vierte o las anteriores l~ncas . g~or~os hoy en el
versos suy~s, sobre Ro~~~ Darío con el título de L liostt, m e
versos dedicados a u
libro Cap al tard:
41 ·¡
Ha arrib,zt un h•me intensament j ' '
gue la dolsa lira ¡unteja ¡er joch; .
~ ·ne-~aporta
un até /,cálit,
a terra mve,
,_
porta un até jove d1l pais del foc .

~::~f:

.°i_;

·J

L

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.
mar ue en • Los Lunes de El¡,,..
El segundo testimonio e~ de Gabri~~rº rot~n~amentc e~ que siempre(~~

:?~a1E:~€! 1;::i~ty~;?~}~?}::7i;~:;:2~~:.

0

·{sfe,.a~~~:;i~:~~it
~te ~r:,masl
¡ d'go como es oa u •
b
d
leo esa bella poes a '1 b fi /'no es efectivamente, a sur a.•
J..a repetición de la pa a ra e '
'

Así, pues, las futuras ediciones de Rubéa Darío habrán de tener en cuenta
esa corrección, que ao es un descuido del poeta, como otros que Alomar y
Dícz-Caocdo han citado, sia.&gt; mero error de copia o de impresión, rutinariamente aceptado luego.

Bl semanario «España•: Esta revista, fundada por García Bilbao hace
seis años, dirigida eo sus comienzos por Ortega y Gasset, y ulteriormente por
Araquistaio, cesa de publicarse. El punto a que ha llegado la carestía de los
medios materiales de confección de un periódico, y la apática reserva de nuestro público, que cuando su devoción es mayor, suele no pasar de uoa actitud
expectante, fiando la defensa de aquello que le place más a la buena voluntad... ajena, han dado con ella en tierra. Volvemos a quedarnos sin periódico
libre. Ciertos tipos y clases de la sociedad española se alegrarán, porque el
semanario Espa,1a, que ha machacado sin tregua en la recia costra de la insensibilidad nacional, veía corroborada su autoridad por el rencor de los beocios
recalcitrantes. Si, eo contra de nuestro deseo, la desaparición del semanario
España es definitiva, y quienes lo han defendido hasta lo último dejan a otros
la dificultosa tarea de reemplazarlo, ni su fundador, ni quienes lo han dirigido
y orientado deberán pensar que su esfuerzo ha sido estéril. España no es un
propósito malogrado. Quien pretf'oda conocer las inquietudes, las esperanzas
que, en una fase crítica de la vida espiritual española, han agitado a lo más
selecto de la generación que ahora llega a la madurez, tendrá que buscarlo en
esas páginas. &amp;paña ha removido muchos falsos valores enquistados en el
aprecio público, ha puesto en circulación otros nuevos; las líneas generales de
,u acción suponen una idea de lu que debiera ser nuestro país, tao distinta de
la realidad presente, que los españoles de mañana, si valen más (esperámoslo)
que los de hoy, mirarán en el pensamiento director de Espa,1a un brote precoz
de su propio espíritu.

***

La invención del cine ¿pned• compararse a la de la imprenta?La excelente revista parisina Le Crapouillot, nacida en las trincheras, acaba
de publicar (16 de febrero) un número cspccialmcotc dedicado al cinematógrafo. «La invención de la imprenta-escribe M. Pcrrot-no fué sino un perfeccionamiento mecánico en el desenvolvimiento de la escritura manuscrita.
La invención del cinc es, por el contrario, uoa revolución; es una transformación completa en la manera de expresarse y de comprender, uoa especie de
esteoo-ideografía, legible por todos». Artículos sobre la estética del cine (Alcxandre Arnoux, Galticr-Boissiére, Delluc, Braga, Colio), al~uoas fotos, y muy
buenos dibujos de Oberlé, Jean Loup, Foy, Naza y otros, componen un número
que los españoles devotos de este nuevo arte leerán con provecho. Y al que
más le aprovechará será al autor de los insufribles e letreros chistosos» con
que empezaron a estropear las cintas en un cine de la calle de Génova, y que
ya ha hecbo escuela.

�LA PLUMA
a ,las
atencl.ón SO"tenida
.
írancesas que /lconsagran
~.
• cosu
·
Entre las revistas
Ad ás de las crónicas
po1ibcas,
inespañolas se cuenta L'Europe_ No~v\tros ~:n buenas recensiones de cuanto
serta periódicamente 1!nª. revista e l
aquí se publica de algun interés.

**•
. .
arís) re resenta, en lo político y social.
El semanario Le P1·ogrés Civu¡ue (P uí Esp'tiia. Se halla, no obst3:nte su gran
un papel análogo al que representaba aq 11 mamiento a la generosidad de sus
difusión, en un apuro grave, y _hac~e~en ~il francos. La suscripción se cu~re
lectores, pidiéndoles un donatlvpo
, Civique cuantos atienden a las senas
b
leer Le rogres
.
pront_amente. .D e eén úblico planteadas hoy en Francia.
cuestiones de mter s p
. . 1R
.
dí . Lusitania Madrid, Ed1tona e11:s,
Libros recibidos: Rogeho Bl~e: i \o.-Mario 'puccini: Viva l'anarckta,
1920.-Canci~nero de amor..:.._~ª~~iam'e/ Vida de los mártires, trad. de Rafael
Bemporad-F1renze, 192 1.
•
Calle·a Madrid, Calleja, 1921.
J •
• •
, -La Connaissance, París.-N?s, Oren~e.es, Pans.
B
Ai.r·es -Re,.u·tono Amencano,
Revistas•• Belles-Lett1
.
v,·d
Nuest1·a
uenos
·
-r
E,,,, Ar uitectura, Madnd.- 1
Vía LibYe San José de C. R.- 5rana
sa! José de C. _R.-Die Aktion, Ber~~-París.-Le' Carnet-Critique, París.-Le
y América, Cádiz.-~eYcur~ de Fra~o~velle París.-La Revue de l' Epoque, PaProgrés Civique,. Pans,-;L EPdo_fe Sevilla ...'.....Atkenaeum, Zaragoza.-L;i Ronda,
rís.-Le Crapouillot, Pans.- gina,
Roma.

ª

,'

GACETILLA
&lt;Si Churruca hubiese derrotado a Nellion en Tra-

PeqtJ.eñas causa■...
d
fectos: ...yo ganaría ah ora tanto dinero como BerProducen ¡ran es e
nard Shaw•.
R. de Maeztu (El Sol, 5 de marzo).

falgar ... •

*

**

E n Madrid, y en ...-arlas expesiciones:
-Aaah....
-¿Eh?

.

.

-¡Hil ¡Hi! ¡H1!
-Oooohl
-¡Uh!

192

Algunos críticos de arte.

A.&amp;O II.

1

MAD RID , A B RIL 1921

NÚM. 11.

~

LOS CVERNOS
DE DON FRIOLERA

ESPERPENTO

SV AVTOR

DON RAMÓN DEL VA LLE-INCLÁN
PRÓL O G O
AS FERIAS DE SANTIAGO EL VERDE, en la raya
de Portugal. El corral de una posada, con entrar y salir de
gentes, tratos, ofertas y picardeo. En el arambol del corredor, dos figuras asomadas: Boinas azules, vasto entrecejo,
gozo contemplativo casí infantil y casi austero, todo acude a decir que
aquellas cabezas son vascongadas. Y así es lo cierto. El viejo rasurado,
expresión mínima y dulce de lego franciscano, es Don Manolito el Pintor: Su compañero, un espectro de •ntiparras y barbas, es el clérigo he193

�</text>
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                <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>En junio de 1920 apareció el primer número de La Pluma, sin nombre de director o de editor, solamente con la mención “Redactores: Manuel Azaña y C. Rivas Cherif”, aunque seguidamente se indicaba: “Pedidos y suscripciones a Manuel Azaña, Hermosilla, 24, duplicado – Madrid”, que era el domicilio particular del redactor, y en consecuencia podía suponerse que hacía también de editor y de administrador. Subtitulada “Revista literaria” anunció en sus primeros números: “Se publica mensualmente en Madrid en fascículos de 48 páginas”, lo que fue cierto hasta el número 7, pero del 8 al 25 los fascículos tuvieron 64 páginas, y desde el 26 al 37 alcanzaron las 80 páginas, excepto el 32, extraordinario dedicado a Valle-Inclán, que llegó a las 96, el doble del tamaño inicial. Se vendía el ejemplar suelto a dos pesetas, y los suscriptores se beneficiaban de un interesante descuento, ya que se les enviaban seis fascículos por nueve pesetas y doce por quince. Lo que no se modificó fue el formato, de 22,5 por 15,5 centímetros, así como el diseño, que era obra de Azaña, lo mismo que el título y el lema que lo justificaba: “La pluma es la que asegura / castillos, coronas, reyes / y la que sustenta leyes.” La cubierta llevó inicialmente un adorno tipográfico, pero después incluyó el sumario del número. Se encuadernaba con tapas facilitadas por la revista, en volúmenes de seis números, excepto el primero, que reunió las siete iniciales del año 1920. Se compuso en la Imprenta Artística de Sáez, sita en el número 21 de la calle del Norte, Publicó 37 números, o fascículos, todos de gran interés histórico.</text>
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              <text>Rivas Cherif, Cipriano de, 1891-1967, Redactor</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>El paseante en corte</name>
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      <name>Enrique Diez Canedo</name>
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